El autor socialista del juramento patriótico de EE.UU

2013-07-07 • CULTURA

En 1892, con motivo del cuarto centenario del descubrimiento europeo de América, Francis Julius Bellamy creó el famoso juramento que se repite hoy en Estados Unidos para jurar lealtad al país y a la bandera: “I pledge alleg

And Justice for All -- Pledge of Allegiance 5-...

And Justice for All — Pledge of Allegiance 5-9-09 9 (Photo credit: stevendepolo)

iance to my flag and to the Republic for which it stands, one nation, indivisible, with liberty and justice for all” (“Prometo lealtad a la bandera y a la República que representa, una nación, indivisible, con libertad y justicia para todos”).

Está de más decir que este juramento es una de las oraciones favoritas de los grupos más conservadores, religiosos, nacionalistas y defensores acérrimos del capitalismo como “lo americano”.

Las ideas sobre qué es y qué significa el patriotismo o lo “auténticamente americano”, o “lo auténticamente francés”, “basado en la tradición”, en la “defensa de la unidad”, “por el camino de Dios”, aparte de expresar sentimientos legítimos por sí mismos, son también instrumentos ideoléxicos: poseen una intencionalidad proselitista y una subliminal carga de violencia que universalmente siempre se ha ejercido en la definición misma de lo qué significa ser un habitante de un país determinado, más allá del respeto objetivo por sus leyes.

La historia registra innumerables casos y siempre repiten patrones psico-sociales y modus operandi muy similares: por ejemplo, para Fernando e Isabel en el siglo XVI, para el general Francisco Franco en el siglo XX, y para muchos entre medio y más acá, los verdaderos españoles eran los cristianos viejos (es decir no contaminados, sin abuelos moros o judíos), o los que hablan castellano, o los que defendían la familia tradicional, etc. Una causa sobre la “verdadera naturaleza” de las cosas sociales se vuelve radical, inflexible y violenta cuando la realidad lo niega. De esa forma, la definición del “buen español” que ocupó la vida de distinguidos escritores, académicos, políticos y sacerdotes, excluía, negaba y trataba de olvidar la enorme diversidad étnica, religiosa, cultural y lingüística que existió en la península Ibérica y luego en lo que se llamó España, ya desde tiempos de Séneca y desde mucho antes, desde los tiempos de los fenicios y los visigodos.

En 1924 a la palabra “bandera” se le agregó “de los Estados Unidos de América”. Pienso que no se trató de un cambio semántico sino sólo de una aclaración: por entonces se percibía que había demasiados inmigrantes y algunos se podían confundir al decir “mi bandera”. Tampoco hay que olvidar que en algunos grupos sociales cundió lo que se llamó “Red Scare” (“Temor Rojo”), como consecuencia del triunfo de la Revolución rusa y de la emigración de los anarquistas europeos.

En 1954, el presidente Eisenhower aprobó el agregado de “under God” (bajo Dios), lo cual hubiese encontrado la clara oposición de la mayoría de los Padres Fundadores, quienes reconocieron no sólo el derecho privado y público de creer en cualquier dios sino, incluso, en el derecho de no creer en ninguno.

Ésta fue la primera modificación importante de la frase original de Bellam. No obstante, no fue el primer cambio semántico, porque el símbolo fue sufriendo cambios progresivos y radicales para expresar diferentes ideas subliminales o explícitas y para ser usado con objetivos algo diferentes.

Lo curioso es que, si nos situamos históricamente a fines del siglo XIX, podemos observar que el famoso juramento de Bellamy refleja las propias ideas de su autor, como no es de extrañar, a pesar de alguna posible crítica posmodernista. Las expresiones de “I pledge allegiance to my flag and to the Republic for which it stands, one nation, indivisible, with liberty and justice for all”expresan de forma inequívoca los valores centrales de “unidad” y de “libertad y justicia para todos”, lo cual no sólo fue un principio socialista e iluminista radical, sino que estaba en abierta contradicción con los aristócratas y las sociedades estamentales de Europa y con los conservadores (sobre todo del sur) de Estados Unidos, que no creían ni en la igualdad ni en la libertad de los negros, de los pobres y de los no elegidos. No obstante, los ideoléxicos “libertad” e “igualdad” han triunfado desde el siglo XIX a tal grado que ahora son casi incuestionables como símbolos.

El ideoléxico “socialista” ha sido consolidado con un valor negativo como símbolo, aunque sus significados todavía están en disputa mediante el uso de sustitutos, como lo es la palabra liberal.

Nada de esta metamorfosis ideoléxica es casualidad. Francis Julius Bellamy era un socialista cristiano, pero los conservadores no lo mencionan, quizás para no recordar su condición de criminal ideológico. Algo parecido ocurre con la idea actual de que los Padres Fundadores de Estados Unidos, eran hombres religiosos y conservadores. Esta idea se ha popularizado de forma casi unánime a pesar de que es históricamente errónea: si los autores de la Revolución americana hubiesen sido conservadores lo último que habrían producido es una revolución. Si no fueron más allá de sus idealismos iluministas, de libertad, igualdad y laicismo en la cosa pública fue, precisamente, por la oposición de los conservadores, por algunas contradicciones propias y porque los cambios ideológicos introducidos en las primeras cuatro décadas del nuevo país habían llegado demasiado lejos para un mundo que todavía seguía sumido en gobiernos totalitarios, hereditarios, aristocráticos, teocráticos en su mayoría o en revoluciones políticamente inestables como en Francia.

Igual que sucede con los textos religiosos, allí donde dice “es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que un rico acceda al reino de los cielos” termina por significar que la riqueza es una prueba de que un rico ha sido elegido para entrar al reino de los cielos, aún antes de nacer. Es decir, la desigualdad fue establecida por Dios al principio de los tiempos, y aunque se acepte el ideoléxico de “igualdad” y “diversidad” luego de una derrota semántica de dos siglos, la solución consiste en redefinir los campos semánticos de dichos ideoléxicos y asignarles valores diferentes en condiciones diferentes. Es decir, cuando no se puede cambiar una palabra en una escritura sagrada, ya sea la Biblia, el Corán o la Constitución X, la solución es interpretar: donde dice blancosignifica negro. Luego de un tiempo de repetirlo el significado original no sólo se echará al olvido sino que, cuando alguien intente sacarlo a la luz nuevamente, será desacreditado con diferentes mecanismos sociales, como la burla o el descrédito y la condena que históricamente deben sufrir los revisionistas.

Jorge Majfud

Milenio (Mexico)

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La invención del pasado

Portrait of Thomas Jefferson by Rembrandt Peal...

Portrait of Thomas Jefferson by Rembrandt Peale, 1805. New-York Historical Society.

De cómo defender los interese presentes con un pasado hecho a la medida.

 

Unas semanas atrás me llamaron de una radio para discutir sobre la propuesta del control de armas en Estados Unidos. Una persona, a la que respeto sin reservas, argumentó que cualquier limitación al derecho de portar armas constituye una violación a la Segunda enmienda. Razón por la cual, deduje, todos los aeropuertos y los edificios federales de Estados Unidos estarían violando sistemáticamente la Constitución.

De ahí pasó a defender el espíritu americano y los valores que fundaron a este país.

Obviamente, eso del “espíritu americano”, como el espíritu de cualquier país, es algo mucho más vago y contradictorio de lo que se cree, ya que no veo que el “espíritu” de las sociedades esclavistas del siglo XIX, cotos de caza de los conservadores modernos, sea precisamente lo que se está revindicando. Tampoco creo que “los valores” sobre los cuales los llamados Padres fundadores crearon una nueva nación sean, precisamente, los valores religiosos en general y cristianos en particular, tal como se insiste como premisa y corolario inevitables.

En toda la Constitución de Estados Unidos y en la Carta de Derechos que le sigue, no hay una sola mención a Jesús; ni siquiera a Dios (la única referencia al “Señor” es sólo una costumbre de la época para fechar un documento). Nada de lo cual significa que estos fundamentos sean antirreligiosos o anticristianos, aunque no es difícil encontrar expresiones anticlericales en figuras claves como Thomas Jefferson o Thomas Paine. La separación de la religión y el Estado fue, precisamente, uno de los elementos más radicales que introdujeron los llamados Padres Fundadores.

No obstante, la mayoría de los ciudadanos americanos está convencida que la expresión “One Nation Under God” (“Una nación sometida a Dios”) es la base de los valores que fundaron este país a fines del siglo XVII, y no pocos se la atribuyen a la Constitución o a la Carta de Derechos, cuando no a alguna figura fundacional. Todo a pesar de que esta invocación fue agregada hace apenas medio siglo.

El famoso “Juramento de lealtad” que repiten los niños en las escuelas cada año no fue escrito en 1789 ni resume el espíritu religioso de los padres fundadores: en su brevedad, resume tres olas de miedos mucho más recientes.

Su inventor, Francis Bellamy, escribió y propuso esta plegaria en 1892 con la excusa del cuarto centenario del descubrimiento europeo de América. Este cristiano y declarado socialista americano quiso poner el acento en la “unión” (“one nation indivisible”). ¿Por qué? Obviamente porque los peligros de la secesión continuaban latentes luego de finalizada la Guerra Civil pocos años atrás.

Luego, las oleadas de inmigrantes llevaron a que en los años 20 se pusiera el acento en aclarar a qué país se refería “mi bandera”, por lo cual agregaron “la bandera de Estados Unidos de America”.

Una tercer ola de miedos por el avance del comunismo en Europa hizo posible la paranoia macartista de los 50 y, en 1954, se agregó la referencia a Dios, por lo cual su aprobación por parte del congreso significó una grosera violación a la propia Constitución de Estados Unidos, ya que la enmienda más sagrada de ésta, la primera, no sólo establece el inalienable derecho a la libre expresión sino, y en lógica coherencia, establece que “el Congreso no hará ley alguna con respecto a la adopción de una religión”.

La Revolución americana y sus fundamentos no establecieron una base religiosa a la nueva sociedad, lo cual era moneda común en la época. Precisamente intentaban evitar esto mismo tomando todas las medidas necesarias para apartar la religión de los asuntos de un Estado que debía ser radicalmente laico, y así lo prueban no sólo la Constitución y la Carta de Derechos sino una vasta gama de ensayos y cartas de los ahora llamados Padres Fundadores.

Pero cada ola conservadora necesita inventar su propia tradición, su propio pasado y el olvido general a través de la prédica, el sermón y la propaganda. De otra forma no se explicaría por qué muchos cristianos conservadores en Estados Unidos son precisamente aquellos que defienden el libre uso de las armas dentro de fronteras y son los más propensos a las intervenciones militares afuera. Jesús fue un pacifista radical a pesar de que vivió en un tiempo brutal, cuando Palestina/Israel era una colonia del imperio romano. (Mateo 5:38-4 Lucas 22:47-51). Son contradicciones perfectamente explicables desde un punto de vista histórico pero no desde un punto de vista moral, como por ejemplo, la aversión de Jesús al militarismo, al mercantilismo y a las riquezas materiales (Mateo 21:10-17, Marcos 10-25, etc.) que desde hace un buen tiempo son la misma base moral del capitalismo o de sus más radicales defensores.

Claro que es difícil para cualquiera de nosotros seguir a Jesús en prescripciones como: “no resistas al que te haga algún mal; al contrario, si alguien te pega en una mejilla, ofrécele también la otra”. Pero mucho más difícil resulta casar estas prescripciones con la prédica y las acciones de los cristianos más conservadores de la derecha americana. Difícil pero no imposible, porque la historia nos muestra que siempre ha sido posible encontrar a alguien que nos demuestre que allí donde Moisés, Jesús o Mahoma dicen “blanco”, en realidad querían decir “negro”. O viceversa, dependiendo de la conveniencia y los intereses del momento.

En el olvido confiamos.

Jorge Majfud

Milenio (Mexico) >>, Nac.

La Gaceta (Argentina)

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«Novela de la crisis: sobre las raíces y los desarraigos» con Susana Baumann

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Las raíces son lo último que se seca

O

 

Entrevista al escritor hispano Jorge Majfud


Susana Baumann
: ¿Cómo resumirías el tema central de tu última novela, Crisis? Por Susana Baumann, periodista, New Jersey.

Jorge Majfud: En todo texto existen diferentes niveles de lectura. Muchos más y más complejos en los textos religiosos y de ficción. Pero el ensayo, por citar sólo un género literario, es más directo, expresa y problematiza las ideas y las emociones más consientes de un autor. La ficción, si no es un mero producto de un cálculo de marketing, por ser una forma insustituible de explorar la realidad humana más profunda, posee niveles más profundos y más complejos, como los sueños, como la vida.

crisis capa

En el caso de Crisis, en un esfuerzo simplificador podría decir que los temas centrales son el drama de los inmigrantes latinoamericanos, sobre todo de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos y, en un nivel más profundo, si se me permite el atrevimiento, el drama universal de los individuos que huyen de un lugar buscando una vida mejor pero que en el fondo es una huída de uno mismo, de la realidad que es percibida como injusta y no se resuelve con la fuga. La fuga es un perpetuo aplazamiento pero también es un permanente descubrimiento, una profunda exploración existencial que no alcanza quien permanece confortable en su propio coto de caza. La incomunicación, la violencia moral, económica y cultural son componentes inevitables de ese doble drama social y existencial. También la violencia más concreta de las leyes, cuando son funcionales a la deshumanización. Etc.

S.B. ¿Por qué esa estructura donde no existe la linealidad?

J.M. Cuando hacemos un análisis, cuando escribimos un ensayo, podemos distinguir claramente la forma del contenido. Sin embargo, en la ficción y quizás en la existencia irracional, vital, esto no es posible. Si decimos que un sueño significa algo, estamos diciendo que contiene algo que no se visualiza en primera instancia y que, como cualquier símbolo, vale por lo que no es.  Así ha sido la historia bíblica, desde José hasta la lógica de todos los análisis modernos, como el marxismo, el psicoanálisis, y la de cualquier crítica posmoderna que pretenda poner un poco de orden e inteligibilidad al caos de los estímulos y las percepciones.

Si mal no recuerdo fue Borges quien complementó o quizás refutó esta idea dominante afirmando que la imagen de una pesadilla no representa ningún miedo: son el miedo. Por otro lado sabemos que el estilo de un escritor expresa su propia concepción sobre el mundo. En el caso de una novela concreta, más allá del factor de formación consciente del escritor, que muchas veces da el oficio, existe un factor que procede del fondo, del contenido mismo del libro. Es decir, el estilo, la estructura de una novela expresan en sí mismos el tema o los temas centrales, las ideas y sobre todo las intuiciones y las percepciones que el autor pueda tener de una historia o sobre una determinada circunstancia que le resulta vital y significativa.

Más concretamente, la estructura y el estilo de Crisis son lo que en artes plásticas sería un mosaico o en las ciencias sería un fractal. Cada historia puede ser leída de forma independiente, es una historia particular pero al mismo tiempo si las consideramos en su conjunto forman otra imagen (como en un mosaico), otra realidad que es menos visible al individuo y, también, forman la misma realidad a una escala mayor (como en el fractal). Por eso muchos personajes son diferentes pero comparten los mismos nombres (Guadalupe, Ernesto, etc.), porque son “personajes colectivos”. Creo, siento que a veces creemos vivir una vida única y particular sin advertir que estamos reproduciendo antiguos dramas de nuestros antepasados, y los mismos dramas de nuestros contemporáneos en diferentes espacios pero en condiciones similares. Porque somos individuos por lo que tenemos de particular y somos seres humanos por lo que compartimos con cada uno de los otros individuos de nuestra especie.

S.B. La novela se ubica en distintas geografías físicas y sociales de Estados Unidos.

J.M. Sí, en parte hay una intención de reivindicación del vasto pasado y presente hispano dentro de unos límites sociopolíticos que insisten en ignorarlos…

S.B. ¿Pero cuál es la intención de esta evidente diversidad? ¿Cómo se explican desde un punto de vista formal?

J.M. Al igual que los individuos, cada fragmento posee sus propias particularidades y rasgos comunes. Cada historia está ambientada en diversos espacios de Estados Unidos (América latina aparece en inevitablesflash-backs) que al mismo tiempo son similares. Es la idea que expresa un personaje cuando va comer a un Chili’s, un restaurante de comida tex-mex. (Cada vez que entro en alguno de estos restaurantes no puedo evitar enconarme con algún fantasma de esa novela o algún otro que quedo excluido sin querer). Si bien cada uno reproduce un ambiente entre hispano y anglosajón, lo cierto es que uno no podría deducir por sus detalles y su espacio general si la historia o el drama se desarrolla en California, en Pensilvania o en Florida.

Al mismo tiempo, para cada ciudad elegí nombres españoles. Es una forma de reivindicación de una cultura que ha estado bajo ataque durante mucho tiempo. Pero basta mirar el mapa de Estados Unidos para encontrar una enorme cantidad de espacios geográficos nombrados con palabras españolas, en algunos estados son mayoritarios. Pero son tan invisibles que la ignorancia generalizada las considera palabras inglesas, como “Escondido”, “El Cajón”, “Boca Raton” o “Colorado”, y por ende la misma historia de la cultura hispana desaparece bajo este manto de amnesia colectiva, en nombre de una tradición que no existe. El español y la cultura hispana han estado en este país un siglo antes que el inglés y nunca lo ha abandonado, por lo cual no se puede hablar del español y de la cultura hispana como “extranjeros”. La etiqueta es una violenta estrategia para un imperceptible pero terrible culturicidio.

S.B. Me llamó la atención la mención del valor del Dow Jones para iniciar cada historia…

JM: Bueno, los valores son reales y acompañan esa “caída” existencial, el proceso de “crisis”, que es social, económico y es existencial, usando un recurso frío, como son los valores principales de la bolsa de Wall Street. Nuestra cultura actual, incluida la de los países emergentes como China o cualquier otro que se presentan como “alternativas” al modelo americano, están sustentados en la ilusión de los guarismos, ya sea de las bolsas o de los porcentajes del PIB. La economía y las finanzas son el gran tema de nuestro tiempo y todo se mide según un modelo de éxito que nació en Estados Unidos en el siglo XX. La caída y cierta recuperación del Dow Jones acompañan el drama existencial y concreto de cada personaje. Así como estamos en un espacio y en un tiempo, también estamos en una realidad monetaria (sea virtual o no, pero realidad en fin, ya que es percibida y vivida como tal).

S.B. Vamos a terminar por el principio. Cuéntenos sobre su infancia y sus comienzos, su infancia en Uruguay.

J.M. Mi infancia en Uruguay, como la infancia de cualquiera, fue la etapa más importante de mi vida. Como muchos, la recuerdo como una tierra misteriosa y fantástica, llena de seres queridos que ya no están. Como pocos, tuve una infancia terriblemente marcada por los acontecimientos políticos del Cono Sur durante los años 70, con una familia dividida entre Tirios y Troyanos, entre el sufrimiento, la tortura (sobre todo la tortura psicológica y moral) y la solidaridad, entre el poder y la resistencia, entre los discursos oficiales y las verdades reprimidas, entre el universal crimen (aceptado por la cultura popular) de los que trazan una línea en el suelo y dictan: “o estás de un lado o estás del otro”. Hasta que uno dice “no estoy de ninguno de los dos lados” y se convierte en un crítico sospechoso; pero crítico al fin.

S.B. ¿De dónde procede la inquietud literaria?

J.M. Aprendí a leer los diarios antes de entrar a jardinera (kindergarten). Leí unos pocos clásicos a escondidas (lo recuerdo como un descubrimiento fantástico), asumiendo que la literatura era algo inútil y sospechoso. En mi adolescencia me dediqué a la pintura y a la escultura, como mi madre. Gracias a Leonardo da Vinci me decidí por la arquitectura, por el arte escondido detrás del prestigio de las matemáticas y los problemas prácticos. De todas formas no pude resistir la tentación de escribir ensayos y ficción mientras era un solitario y casi esquizofrénico estudiante en la Facultad de Arquitectura del Uruguay, descubriendo una gran ciudad, Montevideo, lejos de la familia y los amigos. En aquella soledad llena de gente, el mundo que procedía de la imaginación y la memoria me procuraba de un vértigo y una emoción estética muy parecida a la plenitud de la libertad, que raras veces alguien experimenta en su totalidad. La literatura no sólo curó mis conflictos psicológicos, sino que también me dio una nueva perspectiva filosófica acerca de lo que es la realidad y la ficción, lo que es importante y lo que no lo es. Luego de recibirme trabajé como arquitecto, sobre todo haciendo cálculos de estructura, pero siempre supe que lo hacía para sobrevivir, no por vocación. De esa época me viene la convicción que la realidad está más hecha de palabras que de ladrillos. En esa época ya había publicado mi primera novela, Memorias de un desaparecido, en 1996, y había reconocido un destino: cuando alguien sabe que bajo cualquier circunstancia y practicando cualquier otra profesión continuará escribiendo, que el mundo cobra un sentido superior visto desde esa actividad y que morirá considerándose un escritor, sin importar qué diga la crítica o los lectores, entonces no es que uno ha encontrado su verdadera vocación sino que su vocación lo ha encontrado finalmente a uno, rendido ante las evidencias.

S.B. Desde entonces ha publicado mucho. ¿Cuáles considera que son sus mayores logros?

J.M. No tengo muchos logros. La vida de un escritor, como la de una persona cualquiera, se parece a su résumé: el curriculum más impresionante esconde una lista de fracasos, varias veces más extensa. Mi mayor logro es mi familia. Dudo de muchas cosas que hago a diario, muchas veces de forma obsesiva, pero nunca dudaré de haber dado vida a un ángel que espero que sea un buen hombre, no libre de conflictos y contradicciones pero un hombre honesto, tranquilo y lo más feliz posible. Eso no tiene una explicación racional. Como todas las cosas más importantes de la vida, que son muy pocas, no dependen de la razón.

S.B. ¿Cómo se llega a la posición que usted ocupa actualmente?

J.M. Si la pregunta se refiere a mi actividad literaria, ignoro la respuesta e ignoro si lo que asume la pregunta es cierto: que he alcanzado alguna posición. Si se refiere más concretamente a mi actual profesión como profesor en Jacksonville University, la respuesta no es complicada: hay un llamado de una universidad para un puesto full time publicado a nivel nacional para doctores en el área X, se envía la solicitud y documentos necesarios, el comité de búsqueda elige algunos entre cientos de otros doctores para una serie de entrevistas en una conferencia nacional. Después de un tiempo y de las correspondientes deliberaciones, se eligen tres candidatos para una visita a dicha universidad. Luego de un proceso de antevistas, pruebas y demostraciones de clase, etc., finalmente se elige uno. Claro que el proceso nunca termina, y para un extranjero es mucho más complicado y difícil.

S.B. ¿Qué les diría a los jóvenes que están empezando una carrera en la literatura?

J.M. Les diría que traten de pensar desde un punto de vista diferente al suyo propio. El mundo y hasta la realidad más humilde y pequeña es siempre más amplia y compleja de lo que uno puede percibir y pensar al principio. Si no se dedican a la política, les recomendaría que no simplifiquen, que no sean maniqueos, que sean conscientes de esta complejidad, que cuestionen sus propias convicciones. Les recomendaría que escriban con convicción. Si bien como personas debemos ser humildes antes nuestras imperfecciones, como escritores debemos ser soberbios en el sentido de que no debe importarnos más las críticas que nuestras propias convicciones literarias y filosóficas. El escritor debe saber lo que está haciendo, porque cuando escribe es como un dios y todo lo demás no importa. Finalmente, sólo por no extenderme demasiado, les sugeriría que, al mismo tiempo, se liberen de las estrechas definiciones de “éxito”, generalmente asociadas al dinero y al prestigio.  No digo que no sea legítimo buscar mejorar la economía familiar, individual, o el reconocimiento hacia lo que uno hace. Eso es humano y es un derecho. Me refiero a la simplificación que la estrechez de esos valores significa, por la cual, por ejemplo, ser un buen padre o una buena madre o un buen hijo o un buen amigo cada vez cuentan menos en nuestras nociones de “éxito”.

Crisis (novela)

Ed. baile del Sol, Tenerife

Milenio I, II, III, IV México

 

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El factor “expectativas”

The lads

The lads (Photo credit: KatherineKenny)

Debates presidenciales

El factor “expectativas” en las sociedades de consumo

Unas horas antes del segundo debate presidencial en Estados Unidos entre el republicano Mitt Romney y el presidente Barack Obama, mis estudiantes me pidieron una predicción sobre el resultado de esa noche. Considerando que había acertado en los puntos centrales del “sorpresivo” primer debate en el que el candidato republicano emergió como vencedor revirtiendo dramáticamente la caída libre en la que se encontraba según las encuestas de las semanas anteriores, quisieron probar mi método de predicción.

Aunque los individuos se definen por un alto grado de impredictibilidad, no tanto así las sociedades o los grupos numerosos. Resumiendo, mi respuesta fue que esa noche se decidía el presidente de Estados Unidos y que esta vez la pésima imagen que dejó el presidente Obama en el debate anterior, contrariamente a lo que se hablaba en todos los rincones, sería fácilmente reversible debido al factor “expectativas” que, como lo adelantamos en el primer debate, iba a perjudicarlo de forma dramática.

En todo debate político, sobre todo en una cultura post-libros, existen dos pilares centrales: el primero, el dialéctico, es una batalla que no todos entienden. El vencedor dialéctico no es necesariamente el vencedor anímico. Este es el segundo pilar: el psicológico, y se refiere por un lado al candidato y por el otro al público.

Para la mayoría de los votantes, el psicológico es el único que realmente cuenta, aunque digan lo contrario. Tanto el primer debate como el segundo (como en el debate entre los vicepresidentes), la gente prestó atención y luego recordó la actitud de cada uno. ¿Por qué Obama fue un “desastre” en el primero? No por los datos o los argumentos que expuso. Simplemente porque no se mostró como el hombre energético que se supone es; porque no miró a su adversario o evitó su mirada; porque tomó demasiadas notas y por esa razón vimos a un hombre cabizbajo la mayor parte del tiempo. Este body language (lenguaje corporal), esta actitud del individuo decidió la preferencia de millones de personas, según las encuestas. La culpable de esta catástrofe para Obama y la gracia para Romney se resume, otra vez, en una palabra: las expectativas. Este fue mi argumento en las radios y la televisión latinoamericana horas antes del primer debate.

Básicamente la explicación previa al segundo fue la siguiente: vivimos (sobre todo en Estados Unidos) en una cultura moldeada por el consumo y las finanzas. Razón por la cual, si observamos con cuidado la psicología del mercado (que es fundamental en casi todos sus conductas bipolares), tendremos la clave para comprender muchos otros fenómenos de esta sociedad, sobre todo el fenómeno político, que básicamente está cruzado por las leyes del mercado y la cultura del consumo: se invierte en candidatos y en políticas, se consumen candidatos y narrativas sociales.

Observemos qué ocurre en Estados Unidos el primer viernes de cada mes a las 8: 30 AM. Un nuevo informe oficial sobre la creación de puestos de trabajo durante el mes anterior es aguardado con gran expectativa por todos los grandes medios que ponen el tono de lo que es importante y lo que no lo es. En las horas previas se discute el numero que espera el mercado, que es el resultado de un promedio de opiniones entre economistas. Al menos eso es lo que se afirma. Pero lo importante no es realmente el número sino la diferencia entre este número y el oficial, que es tomado como “la realidad”, aunque luego sea revisada dramáticamente al mes siguiente. A diferencia que en otros países donde se mienten los números para mostrarlos mejores de lo que son, en Estados Unidos el gobierno normalmente predice un numero menos favorable. ¿Por qué? Probablemente porque han entendido el factor “expectativas”.

A las 8:31 de ese viernes se anuncia el “numero real” de nuevos puestos de trabajo creado (o destruidos). Si ese número es inferior al esperado, el Dow Jones y Wall Street en general se deprimen, lo que en alguna parte significa la evaporación de algunos cientos de millones de dólares. Si es superior, estos mismos templos celebran con subidas eufóricas, las que luego se van moderando.

Lo mismo ocurre el ultimo viernes de un trimestre, esta vez a las 9: 30 AM, cuando suena la campana de Wall Street. Todas las expectativas giran entorno a un numero esperado sobre el PIB de ese período. Otra vez, los economistas dan sus opiniones, las que son promediadas para alcanzar un numero, digamos 1,5 por ciento. Y la historia se repite: cualquier punto por encima o por debajo definen si las bolsas suben o bajan. Si alguien manipulara ese número y lo llevase al uno por ciento, cualquier resultado mayor a uno e inferior a 1,5 producirían un alza en esas mismas bolsas. Pero el resultado es el opuesto cuando se espera un numero mayor.

Lo mismo ocurre en Europa con la prima de riesgo, por ejemplo. Si Moody’s amenaza con rebajar la calificación de los bonos de un país a “bonos basura” y luego no lo hace, las bolsas suben. (En ingles “mood” es “humor” y “moody’s” puede traducirse como “lo del humor cambiante”.)

No importa la realidad sino las expectativas que se hayan establecido acerca de esa realidad (virtual). De la misma forma que en la prensa las imágenes no valen por mil palabras ni son objetivas de nada, sino esclavas del texto que “dicen” qué significa realmente esa imagen, lo mismo ocurre con los números en la economía actual, dominada por los símbolos: no importa si un numero es bueno o es malo. De hecho no es ni bueno ni malo hasta que un político o los medios nos convencen que realmente es un número bueno o es malo. La batalla semántica por la valoración de un número, como de un ideoléxico, es decisiva. Y para ello están la propaganda y el discurso, que básicamente son dominados por los medios que a su vez son dominados por los grandes capitales.

Esta ilusión no solo es una forma de realidad sino que tiene la virtud de cambiar muchas realidades. No otra cosa son los “estímulos” a las economías, que básicamente consisten en inyecciones de símbolos, sobre todo símbolos numéricos. El problema radica en que cada cierto tiempo las comunidades financieras despiertan o se dan por enteradas de que no pueden continuar haciendo dinero de esas realidades virtuales. Entonces viene lo que se llama “crisis”, las cuales no son más que fuertes depresiones de las expectativas que llevan a los mercados y a las sociedades a una espiral histérica que afecta la economía real.

Jorge Majfud

Jacksonville University

Pagina/12 (Argentina)

Noam Chomsky

Noam Chomsky, el incómodo susurro de la conciencia occidental

 

 

El último libro de Noam Chomsky en español no existe aún en inglés. Básicamente, consiste en cuatro extensas conferencias editadas especialmente para dar a luz aIlusionistas, un libro centrado en los problemas de nuestro tiempo desde una perspectiva histórica y crítica que, naturalmente, los dueños del mundo y sus fieles creyentes van a objetar con vehemencia. En el mejor de los casos.

En el primer capítulo («Yo soy Kinda»), el autor toma como motivo conductor la historia de una niña que conoció en Beirut en 2006, pero sobre la cual había escrito años antes. A partir de la historia personal de Kinda, Chomsky repasará la lógica histórica de las últimas décadas en regiones tan distintas como Libia, América Central y Haití. El capítulo se centra en las relaciones de poder de los gobiernos dominantes, la ingeniería de sus represiones, las estrategias de las representaciones de la realidad, la omnipresencia de sus aparatos propagandísticos, las narrativas sociales que piensan por los individuos, y los medios que justifican los fines.

El autor se ocupa también de las relaciones entre los Estados y las corporaciones. Sin pausa, Chomsky argumenta y detalla las formas en que lobbies privados conducen las políticas de Estado, desde la política de Gran Bretaña en tiempos de Adam Smith hasta las más recientes intervenciones de Estados Unidos en América Latina durante la Guerra Fría.

La lógica es tan obvia, dice Chomsky, que «debería enseñarse en las escuelas primarias»: el apoyo millonario a un candidato significa que «las elecciones son compradas y que los compradores esperan ser recompensados» por la inversión. Entre las políticas que resultarán como consecuencia, están las privatizaciones, como sería el próximo caso del Seguro Social en Estados Unidos si se aplica la conocida fórmula: luego del desprestigio, de la desfinanciación y de la bancarrota de un servicio público que en la actualidad se autofinancia por el aporte de la población, la salvación se deja en manos de las eficientes empresas privadas, las cuales, a su vez, serán luego nacionalizadas una vez más a coste de la población, apenas dejen de dar ganancias.

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Chomsky se refiere a las más recientes revueltas en el mundo árabe para luego desmenuzar lo que considera la raíz de los conflictos actuales, como el plan que las naciones vencedoras de la Segunda Guerra, con Estados Unidos a la cabeza, desarrollaron con respecto a las áreas estratégicas, como lo son aquellas que concentran las fuentes de energía fundamentales.

La obra se ocupa también del problema ambiental. Luego de señalar el menosprecio por la comunidad científica que alerta sobre un problema serio causado por la expoliación humana del planeta, y los intereses que motivan las reacciones negacionistas, Chomsky recuerda las declaraciones de un representante republicano de Estados Unidos: «el nuevo jefe de uno de estos comités para el medio ambiente, explicó que el calentamiento global no puede ser un problema porque Dios prometió a Noé que no habría otro diluvio. Este tipo de gente está a cargo de este tipo de problemas».

Finalmente, Ilusionistas termina con una sección de preguntas y respuestas donde Chomsky se muestra, como es habitual en su carácter, crítico sin concesiones pero optimista: a no ser por los problemas ambientales, las sociedades han hecho ciertos progresos, no por el buen corazón de quienes ostentan el poder sino por el activismo de los grupos de trabajadores y ciudadanos comunes, sin el poder de los capitales, de los gobiernos y de la gran prensa, pero suficientemente organizados como para marcar ciertos límites que hacen que tengamos sociedades más o menos civilizadas y no una jungla donde solo rige la ley del más fuerte en nombre de un progreso (en el mejor de los casos) que no se lo debemos a los semidioses.
La lectura de este libro, como la lectura de Chomsky en general, es una demostración de coraje intelectual, un ejercicio crítico aun en la discrepancia, y una prueba sobre los valores humanos y democráticos que no todos pasarán.

 

Jorge Majfud

 

El Huffington Post

Adelanto del Capitulo IV >> 

 

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Memoria, igualdad y democracia

Romney

Romney (Photo credit: Talk Radio News Service)

1. Igualdad y democracia

 

Las leyes medievales, como las recogidas y dictadas por los escribas de Alfonso el Sabio en el siglo XIII, afirmaban que todo lo prohibido y prescripto estaba basado en la voluntad de Dios y en las mejores tradiciones religiosas, cuyos siglos de permanencia probaban sus bondades. La tortura y la pena de muerte que se ensañaban con las mujeres, moros y judíos, pobres y vasallos, no eran aplicables a la nobleza. Obviamente, no se podía juzgar igual la nobleza de un noble con la vileza de un villano. Por eso, para defender su verdad y honor los caballeros, los “hijosdalgo”, podían lidiar a caballo mientras los hijos de nadie debían hacerlo de a pie. Por entonces, las leyes escritas se justificaban diciendo que ésta era la mejor forma de poner a salvo el honor de un noble, sin tener que exponerlo al terrible método de una investigación que podría perjudicarlo con las mentiras del vulgo. Todo según la voluntad de Dios, según sus intérpretes oficiales.

La historia ha traído algunos progresos, como el reconocimiento de todos los seres humano a ser considerados iguales por el derecho, lo que luego incluyó el igual derecho a ser diferentes. Aunque ahora el discurso de los arengadores conservadores intente secuestrar la autoría de estos logros, ninguno de ellos fue posible por las iglesias en el poder sino a pesar de ellas.

La igualdad fue un valor importante o incipiente entre los cristianos mientras fueron ilegales en el imperio romano, pero desapareció como por arte de magia tres siglos después de la primera crucifixión de Jesús, cuando el imperio los adoptó como la religión oficial.

Diecisiete siglos más tarde, cuando los “teólogos de la liberación”, mal o bien intentaron retomar aquel espíritu igualitario que favorecía a los pobres y marginados de este mundo, fueron literalmente asesinados poco después de ser etiquetados como “marxistas” o “curas rojos”.

 

 2. Memoria y democracia

 

Por tradición tendemos a confundir a la democracia con los sistemas que la sirven, como lo es el sistema electoral, el Estado de derecho, las voluntades de la mayoría, la protección de las minorías y de las libertades en general.

Estamos de acuerdo que es el menos malo de todos los sistemas. Pero todas las “democracias” sufren de sus propias deficiencias que distinguen la palabra y la idea con ostentosas comillas. Las comillas son su corona de espinas. La democrática Atenas se dejó convencer por los demagogos de Anito para ejecutar a Sócrates, uno de sus mejores ciudadanos y probablemente el griego mas universal de todos los siglos. En nuestro tiempo, por ejemplo, una de las mayores debilidades de la democracia es la memoria de la gente, intoxicada por las densas humaredas que emanan de la industria de la información. A su vez, esta debilidad de la democracia es la mayor fortaleza de los políticos, de los Anitos de nuestro tiempo.

Por ejemplo, en Estados Unidos se ha vuelto un lugar común culpar al Estado y a sus servicios sociales por la crisis económica. Obviamente olvidan que la crisis de 2008 fue creada por el sector privado, más específicamente por el sector financiero, por los bancos y por las mega compañías. Una vez instaurada una crisis sin precedentes desde la Gran Depresión de los años treinta, el Estado salió a salvar esos bancos y esas compañías, con relativo éxito. Esta operación no podía realizarse sin generar deuda publica. Ahora, como retribución de la mala memoria de la gente, se culpa al Estado por la deuda que tiene y como solución al déficit y a la ineficiencia estatal, se proponen nuevas reducciones de servicios y, por supuesto, nuevas privatizaciones.

Todo lo cual resulta a la larga muy lógico, desde una mentalidad maquiavélica: el sector de las grandes compañías y sectas privadas crean una deuda, son salvadas por el Estado, es decir por el pueblo, y luego, como solución al endeudamiento, proponen más privatizaciones. Y el pueblo, que se hizo cargo de financiar la salvación de las mismas sectas privadas que crearon la crisis, aplaude la solución con entusiasmo.

 

 

Jorge Majfud

Jacksonville University

majfud.org

La Republica (Uruguay)

La Republica II (Uruguay)

Milenio (Mexico)

Milenio II (Mexico)

La ciudad de los muertos

Andy Warhol, Marilyn Diptych (1962)

de la novela Crisis (2012)

 

Viernes 6 de marzo. Dow Jones: 6.626

Colma, California. 6:15 PM

El señor Fernando Villa llegó esta tarde, como había prometido. Vino sólo; no quiso que la opinión de su esposa y de sus hijos fuera a precipitarlo en una mala decisión. Le marqué en el mapa donde estaban los Villa y los Fernández Soto y sin decir mucho se fue para allá con su chofer.

La esposa del señor Villa estuvo la semana pasada. Vino con sus lentes negros y su sonrisa tan bonita. Hizo unas preguntas raras, estuvo una hora dando vueltas en su auto y se fue. Se lamentaba que los muertos no podían mudar de residencia cuando el barrio se ponía feo. Quería saber si se podía y le dije que no, que me parecía que no se podía pero eso tenía que consultarlo con un abogado. O consultó o se olvidó, pero no volvió con la historia de mover a su familia del Camino Real, que más que Camino Real, decía, era una autopista como cualquier otra y llena de muertos desconocidos.

No se puede uno andar mudando finados, por algo estos barrios se llaman Eternal Home Cementery, porque son para siempre, le dije, muy respetuosamente. Pero ella me dijo que nada es para siempre y tal vez tenía razón, porque gran parte de la población de Colma vino desplazada por decreto de los cementerios de San Francisco, hace como un siglo, cuando la tierra se puso cara.

Y vaya a saber Dios si un día no se abre la gran falla que está aquí no más a la vuelta y todos estos huesitos terminan desparramados por el mar. En todo caso se joden los habitantes de Pacífica, me dice mi hijo, porque son los que están del otro lado de la falla. Pero yo no me fío que se vaya a hundir sólo la franja de la costa. Si viene el gran temblor vamos a saltar todos.

Mi hijo, que es economista, siempre se ríe de mis temores sobre la falla. Él tiene una visión diferente. Me dice que tal vez no sería tan trágico. Así como se hunden las tierras así también surgen por otro lado. Así que si perdemos Pacífica y una buena rebanada de la península, bien podríamos ganar alguna que otra isla, cuyo valor inmobiliario sería incalculable.

El señor Villa debe ser de la misma opinión. Debería presentarle a mi hijo que siempre soñó con trabajar en Google. Pasa que el señor Villa ahora está para otra cosa. Desde hace meses viene y da vueltas por Colma buscando el lugar ideal. Qué más ideal que estar con sus viejos, le digo a Eusebio, pero pasa que el señor Villa no le gusta el lugar, o no está seguro de la opción, porque siempre hay una mejor opción, y menos después que los Ayala construyeron ese horrible panteón para su hija Lucy con un ángel llorando encima del coffin. Es kitsch, dice. Les faltó pintarlo de dorado, dice. Además la chica aquella tenía unas costumbres que lo espantan al señor Villa. No sé, Eusebio tampoco sabe qué costumbres pero creo que tenía tatuajes hasta en lo que no se nombra y se rapaba para que se le vieran los tatuajes que tenía en la cabeza. Otra loquita de esas que andan por el downtown, pero por ahí no era mala del todo.

En Colma hicimos lo que pudimos por presentarle al señor Villa todas las opciones habidas y por haber y todavía no se decide. Su único consuelo, dice, es que como las opciones son inacabables, siempre va a tener la libertad de elegir algo mejor. El problema es que en ese proceso de elegir la muerte le puede tomar de sorpresa. No digo porque el señor Villa sea viejo, no. No debe pasar de los sesenta. Pasa que cuando uno cumple esa edad, lo digo por experiencia, uno empieza a pensar en la parca, como dice la canción del Serrat. Debe ser lo que le anda pasando al señor Villa y por eso anda buscando un lugar con buena vista.

Cuando supe que la tumba al lado del nicho de la Marilyn Monroe en Los Angeles había sido vendida en más de cuatro millones de dólares enseguida me dije, ese es el señor Villa. Los de Colma sabemos que la tumba de Marilyn es una de las más populares de su cementerio, por lo que tener un nombre y un lugar a su lado tiraría para arriba las ventas de cualquier empresa. El Westwood es chiquito al lado de Colma, una poquita nada, pero hay que reconocer que tiene su plantel de famosos. Además de la Monroe están Dean Martin, Truman Capote y Farrah Fawcett, el ángel que se mudó para allí hace poquito. Dicen que justo arriba de la Monroe, boca abajo, estaba un tal Richard Poncher con una lápida que decía “Al hombre que nos lo dio todo y más”. Pero su viuda decidió sacarlo de allí, no por celos sino porque necesitaba pagar un millón de dólares por la hipoteca de su casa de Beverly Hills. Lo puso a la venta por eBay en medio millón de dólares y zás, bingo. Pero luego resultó que el japonés que la compró se dio cuenta que no tenía el dinero suficiente y la viuda se lo ofreció a los ofertantes que no habían llegado a la desesperación del japonés.

Yo sé que el señor Villa y su esposa son pesos pesados en eBay. Él porque tiene acciones ahí y ella porque es adicta a las compras. Eso me lo dijo Eusebio. Pero al otro día vi llegar al señor Villa y me dije que no. Pero quién sabe, digo yo. Quién sabe si el señor Villa no compró ese nicho al lado de la Monroe y todavía sigue indeciso, buscando algo en Colma, que en realidad es el mejor lugar, a juzgar por el paisaje. Quién sabe si no estará buscando una segunda opción para luego vender la primera. Quién sabe si lo del nicho al lado de la Marilyn no fue más que una inversión.

Quién sabe si en realidad no se trata de un regalo del señor Villa para su esposa. O aquel encima de Marilyn o éste de Colma. Al fin y al cabo a la señora le gustan mucho las señoras. Como tiene tiempo siempre puede pensar en otras opciones. Y el señor Villa prefiere verla junto a otra mujer por toda la eternidad a soportar una aventura más con alguno de sus maestros de gimnasia.

 

Jorge Majfud

De la novela Crisis (2012)

Milenio (Mexico)

Milenio II (Mexico)

 

 

Teología del dinero IV

El secuestro de la moral

 

 

print JESUS DRIVING the MERCHANTS from the TEM...

 1.    La violencia de las simplificaciones

Durante años he leído y estudiado diferentes tesis que intentan probar, como un teólogo prueba lo que nunca intentó cuestionar, cápsulas del tipo “la propiedad es el robo”. Esta afirmación resulta tan verdadera como falsa, dependiendo de dónde se aplique; no obstante, el espiritu de partido necesita simplificar para tomar posición combativa.

Como es la regla, una vez que un ideoléxico está consolidado se ponen cosas diferentes dentro de una misma bolsa. Por ejemplo, dentro de “propiedad privada” o de “éxito” cabe una diversidad de ideas y cosas con valores frecuentemente opuestos. “Éxito” significa muchas cosas, pero dentro de un mundo creado por la narrativa conservadora norteamericana, significa acumulación ilimitada de capitales financieros y de poder político y religioso.

Pero “éxito”, aún dentro de un estrecho marco capitalista, también puede referirse a un inventor que se hace rico al mismo tiempo que beneficia a millones de personas con el resultado de sus ideas. ¿Qué tiene que ver el éxito económico y social de un innovador con el éxito de un especulador de bolsa que se hace millonario arruinando a vida de miles sino de millones de personas? ¿Qué tiene que ver aquel “mercado” que historicamente ha expandido la cultura y el bienestar material de los pueblos con aquel otro “mercado” que ha esclavizado continentes cuando no ha destruido y prostituido culturas enteras?

Por otro lado, el modesto éxito de un pequeño empresario o artesano es normalmente despreciado por aquellos otros que, por ejemplo, se consideran creadores sólo porque escriben poesía o novelas, pintan cuadros o hacen alguna forma de música. Sin embargo, un creador puede ejercer su genio en cualquier actividad, con un lápiz, sobre un teclado, en un taller de bicicletas o revolucionando la forma en que la gente usa una cerradura o un simple jabón. Un poema, si realmente tiene valor, puede expandir la experiencia existencial de un individuo, de una sociedad, levantándola de la miseria de los actos meramente animales, como comer y reproducirse. Pero también un simple proceso de purificación de agua puede sacar de la miseria material a pueblos enteros. Las dos son creaciones humanas, aunque se refieren a diferentes aspectos vitales de la existencia.

Entonces, en un mundo diverso, en lo personal no me preocuparía que alguien invierta toda su creatividad para convertirse en un millonario exitoso. Como escritor, por ejemplo, no me interesa en lo más mínimo hacer fortuna ni mido el éxito de mi trabajo por la venta de mis libros. Sí me interesa que quienes aman el lujo y el dinero no lo obtengan explotando a los demás. Algo que es muy difícil, argumentará alguien. Pero no imposible, y así como no creo que debamos imponer a todos mi desprecio por el lujo y las joyas, tampoco sería justo que quienes aman el dinero y consideran fracasados a quienes no pertenecen a esa religión, impongan sus reglas de juego a una sociedad por la simple virtud del poder excesivo que emana de sus cuentas bancarias y sus influyentes amigos.

Veamos cómo la pasión de unos se puede traducir en el martirio de otros.

 

 

2. Robo para la corona

Ahora, dentro de esta relatividad de un mundo vasto, complejo y diverso, podemos observar ciertos patrones históricos que nos aportan pistas para comprender la “normalidad” de nuestro presente. El poder, que puede llegar a ser un agente constructivo, con más frecuencia ha sido opresivo y destructor. En Estados Unidos, por ejemplo, los grupos más conservadores son los grupos más religiosos, que son los grupos más ricos o aquellos grupos que trabajan y repiten con pasión un discurso en defensa de las clases altas, conservadoras y religiosas. Cuando un pobre defiende con tanta pasión el derecho a la acumulación ilimitada de capitales, lo hace como si fuese condición y consecuencia del “éxito del capitalismo”. Generalmente este pobre es republicano, religioso y conservador, ya que no rico.

Naturalmente, los partidarios del egoísmo como virtud del capitalismo ortodoxo deben recurrir a un had hoc que pueda unir este impulso individualista con el altruismo religioso y humanista del que presumen ser los campeones: la compasión, una especie de impuesto moral que no se paga por obligación al Estado laico sino personalmente o a través de una iglesia, de forma voluntaria y cuando sobra. De esa forma se puede ver la mano que arroja las limosnas en la puerta de la iglesia mientras los pobres repiten “que Dios se lo pague”. Un negocio redondo por donde se lo mire.

Entonces, se da la paradoja de que los partidarios del egoísmo como virtud del éxito económico y divino son también los más fanáticos practicantes de una religión como la crisitiana, que desde su fundación y de forma explícita en sus Escrituras opta por los pobres y condena el mercado y la riqueza. El humanismo renacentista había revindicado el comercio como una legítima actividad humana, rescatándola de la maldicion católica (que no se aplicaba de obispos para arriba); pero más tarde el calvinismo logró que Dios reconociera la riqueza como signo de virtud moral y metafísica y condenara a los pobres por sus vicios o por no haber sido elegidos antes de nacer.

El patrón histórico ha sido siempre el mismo: cada vez que una revolución religiosa es hecha por los de abajo, por los marginados que en cierto momento se convierten en mayoría y su conciencia rebelde madura y triunfa en el discurso social, dicha revolución es secuestrada por los ricos y poderosos. No otra cosa ocurrió con la rebelión de los pobres y marginados iniciada por Jesús contra el establishment de los poderosos fariseos, colaboracionistas de un imperio ocupante como lo era el imperio romano de la época. No otra cosa ocurrió tres siglos después cuando los perseguidos cristianos se convirtieron en mayoría y de ahí en religión oficial del Imperio, legalizada estratégicamente por un emperador brutal como Constantino e institucionalizada luego de una forma aún más brutal por siglos de violencia física y moral, administrada por una policía dogmática que tuvo sus peores tiempos en la Inquisición, persiguiendo a su vez a todo lo que no se parecía a sí mismo o amenazaba los privilegios de reyes, príncipes, duques, abismos, cardenales, papas y otros administradores del poder y la riqueza social del momento. No otra cosa ocurrió con la rebelión de Lutero cuando reivindicó los derechos del individuo sobre el poder arbitrario y concentrado de los papas. No otra cosa ocurrió cuando los perseguidos peregrinos trajeron a América sus nuevas sectas y sus formas menos aristocráticas de organización social y unos siglos después terminaron convirtiéndose en las doctrinas dominante de los políticos y de los empresarios en el poder.

No otra fue la historia de los Estados modernos, que surgieron como revoluciones de los de abajo o a favor de los de abajo contra el abuso arbitrario de los de arriba. Sin embargo, ahora cuando vemos que la mayoría de los “representantes” pertenecen a la minúscula minoría más rica del país (bajo la excusa del ser “exitosos”), vemos que los Estados modernos están dirigidos por aquellos por los cuales surgieron los Estados modernos en defensa del resto más numeroso y menos poderoso de la sociedad.

Entonces, de forma casi invariable la historia nos muestra que los ricos son especialistas en secuestrar Estados, religiones y narrativas sociales. En consecuencia, no es extraño que algunos desconfíen de los hermosos discursos que elogian el “éxito” de los ricos que están en el poder mientras se presentan como los salvadores de la moral, la religión, y además, como beneficiarios de los pobres que no saben cuidarse a sí mismos.

 

Jorge Majfud

Jacksonville Univeristy

majfud.org

Milenio (Mexico)

La Republica (Uruguay)

Farenheit 451: Arizona y los traficantes de libros prohibidos, por Merrit Wuchina

Hace más de cinco años, a medianoche, en un callejón oscuro detrás del Centro de Convenciones George R. Brown de Houston, Texas, una camioneta negra se detiene en una esquina. Un hombre con campera de cuero y anteojos oscuros salta afuera y agarra una pila de grandes cajas de cartón que esperan en el muelle de carga. Sus cómplices lo ayudan, con sigilo, a cargar el pesado botín en el baúl.

“Hey, Tony”, pregunta una mujer, mientras le alcanza una caja. “¿Qué vamos a decir si aparece la cana y nos pregunta qué estamos haciendo?”.

“Bueno, les diré que sólo somos un montón de librotraficantes”, replica Tony, riendo. Abre la caja y pasa los dedos por los lomos: Like Water for Chocolate (Como Agua para Chocolate), The Devil’s Highway (El Camino del Diablo),Curandera, The House on Mango Street (La casa en Mango Street).

“Y les diré que estamos haciendo algo peligroso –compartir las obras de escritores y poetas latinos”.

***

El nombre completo del hombre es Tony Diaz, un escritor y profesor de Houston, que tomó su primer riesgo literario en 1988. Pese a que le dijeron que “los latinos no leen”, comenzó Nuestra Palabra: Los Escritores Latinos Diciendo lo Suyo, una organización sin fines de lucro que albergó a 30.000 pesonas en el tercer Edward James Olmos Latino Book and Family Festival, creando el más grande evento literario realizado jamás en Houston –la cuarta ciudad más poblada de los Estados Unidos. Desafortunamente, esa mega feria literaria se acabó después de la recesión de 2008. Desde entonces, la organización se concentró en firma de libros, lecturas de poesía y talleres.

Con todo, fue en una de esas mega ferias, celebradas entre 2002 y 2008, donde Díaz conoció a la periodista multimedia Liana López. Le pidió que se ocupara de manejar las lecturas de autor, las actuaciones de bandas y los paneles de debate. Las ferias de libros eran grandes y excitantes, pero al final del día, López, Días y los voluntarios de Nuestra Palabra se ocupaban de la menos glamorosa tarea de cargar los paquetes de libros en camionetas. Es allí que empezaron a bromear sobre ser traficantes de libros.

Por entonces, Díaz también conducía un programa de radio semanal para Nuestra Palabra en 90.1 FM KPFT-Houston. Invitó a López a unírsele en el aire con su coproductor Bryan Parras, activista y periodista. Durante años, Parras había estado trabajando con el Foro Social de los Estados Unidos, una caravana de autobuses que va de Oklahoma a Detroit para presentar una multitud de plataformas de justicia social. Eventualmente, López se unió a Parra en la caravana y ayudó a encontrar lugares para que los activistas durmieran y comieran en el camino.

Cuando los comentaristas políticos propusieron construir un muro en la frontera entre los Estados Unidos y México, el grupo reaccionó con una parodia. Comenzaron a llamarse “Mexican Minutemen” y reclamaron seguridad en la frontera entre los Estados Unidos y Canadá. Emitieron comunicados de prensa, hicieron carteles y organizaron una protesta frente al consulado canadiense.

Lo que jamás imaginaron era que en 2012 terminarían empacando libros prohibidos: Like Water for Chocolate,The Devil’s Highway,Curandera y House on Mango Street. Esta vez, no se trataba de llevarlos a un evento literario: formaban parte de una red de bibliotecas clandestinas en ciudades que iban de Houston, Texas, a Tucson, Arizona.

***

El programa de Estudios México-Americanos del Tucson Unified School District (TUSD) era único. Con un enfoque alternativo, enseñaba la historia de los Estados Unidos a través de la lente de la literatura latina y chicana. Libros como Critical Race Theory de Richard Delgado y otros materiales que usualmente no se ofrecen sino en la universidad formaban parte del curriculum. Los estudiantes inscriptos en el programa se vanagloriaban de una tasa de graduación del 93 por ciento –casi el doble del promedio nacional para estudiantes latinos.

Sin embargo, el programa cayó bajo el fuego de los legisladores de Arizona. En mayo de 2010, el Fiscal General de Arizona, Tom Horne, presentó la HB 2281, que llamaba a eliminar los cursos de estudio étnicos que “promueven el derrocamiento del gobierno de los Estados Unidos, el resentimiento hacia una raza o una clase de personas (y) están diseñados principalmente para estudiantes de un grupo étnico en particular”. Un año más tarde, TUSD pidió una auditoría independiente de su programa de Estudios México-Americanos. La auditoría concluyó que el programa se adecuaba a la ley.

Sin embargo, al distrito escolar no le bastó. El 6 de enero de 2012, el superintendente John Huppenthal anunció que el distrito perdería 15 millones de dólares de financiamiento si no cumplía con HB 2281 y retiraba su programa de Estudios México-Americanos. Cuatro días más tarde, el consejo escolar de TUSD votó suspender el programa y ordenó que todos los libros y materiales asociados con él fueran retirados de los salones de clases.

Oficiamente, los administradores anunciaron que siete libros habían sido quitados durante la jornada escolar, empaquetados y puestos en un depósito por un período indefinido. Libros como la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire y Critical Race Theory de Richard Delgado fueron “confiscados”. Sin embargo, con la eliminación del programa, más de cincuenta libros de éste fueron prohibidos a maestros y estudiantes. Entre ellos, títulos de escritores latinos y chicanos como Sandra Cisneros, Junot Díaz y Carmen Tafolla. Incluso textos de escritores no latinos, como  Shakespeare, Thoreau y Howard Zinn no podían ser enseñados o referidos en el contexto racial o de la historia mexicano-americana.

Los estudiantes contaron que los libros les fueron quitados de las manos durante la clase y relacionaron la experiencia con la Alemania nazi. Algunos dijeron haber tenido pesadillas, otros no podían dormir. En la Chaolla High School, más de un centenar realizaron una marcha hasta la sede de TUSD, a cinco millas, en reclamo e respuestas. El supervisor de los Estudios Étnicos, Dra. Lupita Garcia, replicó: “Este país es Norteamérica. Si vivieran en México… estudiarían historia mexicana”.

Tony Diaz señala la ironía de esa declaración: “Los estudiantes son estudiantes norteamerianos. [Los estudios mexico-americanos] son la historia de Norteamérica”. Otra ironía es que, hasta ahora, TSUD no ha dejado de enseñar historia europea.

Un día después de que la prohibición entrara en efecto, un juez federal dictaminó que los estudiantes podían demandar al Estado y cuestionar la constitucionalidad de la ley. El profesor de Historia Lorenzo López y su hija, la estudiante de segundo año KorinaLópez, son los demandantes en la causa contra el Estado que argumenta queHB 2281 viola sus derechos, según lo establecido en Primera Enmienda.

En una semana, los libriso que alguna vez fueron el corazón de un programa riguroso se tornaron invisibles. Los estudaintes estaban ansiosos por un cambio, pero tenían poco poder contra el sistema.

Pero, a 900 millas, en Houston, sus gritos de auxilio fueron escuchados.

***

Después de que los libros fueron confiscados en Tucson, Tony Diaz y Bryan Parras filmaron un video para Librotraficante frente al garage de Díaz en Houston y anunciaron su decisión de actuar.

“Mi nombre es Tony”, dice en el video, en el que viste un saco y anteojos oscuros, parado frente a una van negra.

“Puede que usted haya oído que Arizona tuvo la audacia de prohibir los estudios latinos”. El baúl de la van aparece lleno de cajas y títulos como “La breve y maravillosa vida de Oscar Wao”, de Junot Díaz.

“Bien, estoy aquí para introducir unas pocas palabras en el léxico de Arizona”.

Tony levanta su puño derecho, desafiante.

“Primera frase: Librotraficante. Yo y mis camaradas librotraficantes estaremos contrabandeando libros hacia Arizona esta primavera (boreal) de 2012”.

El movimiento Librotraficante comenzó el 16 de enero (de 2012), cuandoBryan Parras leyó un artículo sobre los hechos de tucson. Inmediatamente envió un tuit convocando a todos los LibroTraficantes: “Los LT se dirigen a Tucson c/más libros prohibidos de los que la ‘Policía del Pensamiento’ puede manejar. Sigan sintonizados…” También envió la noticia a Diaz y Lopez, que la enviaron a sus amigos, y así siguiendo. Pronto, la historia giraba por toda la red.

Mientras tanto, en San Antonio, la poeta y escritora chicana Carmen Tafolla seguía las noticias sobre Tucson y leía las reacciones de sus amigos en Facebook. Entonces, recibió una llamada que la sacudió.

“Estás en la lista, ¿sabés’”, le contó otro escritor, “por Curandera”.

Tafolla fue hasta su biblioteca y extrajo la colección de poemas que había escrito casi treinta años antes. Estaba programada para su republicación en septiembre. “Si yo fuera administradora de escuelas”, pensó, “¿cómo leería esto?”. Así que, con ojos críticos y lentamente, Tafolla releyó su propia obra, buscando cualquier rastro de material ofensivo.

Abrió en su pieza de ficción “Quality Literature”, en la que un estudiante pregunta a su profesor si puede escribir un ensayo sobre un autor chicano. El profesor replica: “la literatura chicana simplemente no tiene calidad… ¡Ni siquiera ha sido reseñada por la PMLA!”

“Sabés qué”, se dijo. “Los administradores de Tucson ni siquiera leyeron los libros”.

Volvió a Facebook. Al ver el alerta en el muro de Diaz con las historias de Arizona, replicó: “¿Y ahora qué? ¿Significa que tengo que contrabandear mis libros a Arizona en una bolsa de papel marrón?” (NdT: como la utilizada para ocultar las botellas de licor).

Diaz respondió a su pregunta en un video de Librotraficante: “Segunda Frase: Libros [Espaldas] Mojados (NdT: el juego de palabras tiene sentido en inglés. “Espaldas mojadas”, como se llamaba a los inmigrantes mexicanos y “Libros”). Hay libros que contrabandearemos ilegalmente a través de la frontera para que sean utilizados en clases clandestinas en los que realizaremos los estudios literarios latinos”.

Diaz saca Woodcuts of Women (Graados de Mujeres), de Dagoberto Gilb.

“Una dosis letal de Dagoberto Gilb te está llegando, Arizona”.

***

Junto con otros dos colegas, Lupe Mendez y Laura Acosta, el grupo comenzó a planear una Caravana Librotraficante, no diferente a las del Foro Social de los Estados Unidos que Parras y Lopez habían ayudado a organizar. La caravana fue una extensión del trabajo del equipo, durante 14 años, en Nuestra Palabra y los once años que pasaron en su programa de radio. A través de ambos proyectos, los Librotraficantes ya tenían una red informal de escritores latinos en todo el país.

Arrancando el 12 de marzo de Houston, Texas, la caravana pasaría por todas las ciudades del sudoeste –San Antonio, El Paso, Mesilla y Albuquerque– antes de llegar a Tucson el 16 de marzo. En esas ciudades, planeaban distribuir un juego completo de todos los libros prohibidos y otra literatura multicultural a organizaciones locales sin fines de lucro en un esfuerzo por crear “librerías clandestinas”. En cada ciudad, el grupo lideraría lecturas de los autores prohibidos, como Sandra Cisneros, Luis Alberto Urrea y Carmen Tafolla.

Después de emitir un comunicado de prensa, recibir la atención del Huffington Post, el New York Times, la CNN y Democracy Now!, y contactar con amigos y familia, el grupo reunió a 35 personas que acordaron viajar con ellos en el autobús durante una semana.

Hasta que comenzara, el grupo pasaba de sus trabajos al comedor de Lopez, que habían convertido en una improvisada sala de reuniones con pizarrón y proyector. Recibieron 1.000 libros, por valor de unos 20.000 dólares. Pero para lanzar la Caravana, estimaban que necesitarían 80.000$. Recibieron otros $15,000 en donaciones.

Durante las reuniones, discutían sus motivos para formar la Caravana. “Los estudiantes lo valen”, relató Lopez. “Tony y yo fuimos los primeros de nuestras familias en graduarnos en la universidad… Para un montón de latinos, atravesar la escuela secundaria es un desafío”.

“Si cosas como esta podían pasar en Tucson, donde tenían un programa sólido, bien establecido, ejemplar, durante años, con todo el apoyo de la comunidad, entonces podían pasar en cualquier parte”, decía Tafolla.

Pese a la significación del proyecto, el group también tenía sus temores respecto de comenzar la Caravana. Se preguntaban si los estudiantes de Tucson aceptarían su ayuda, si poner sus ideas en acción sería tan fácil como hablar al respecto, o si su enojo las arruinaría. Pero, al final, sus máximas personales sonaban verdaderas.

“Las leyes pueden fallarnos, pero podemos siempre recurrir al arte y empujar”, dijo Diaz.

“Si alguien iba a hacer algo, nosotros teníamos el poder de hacerlo”, dijo Lopez.

***

A las diez de la mañana del 12 de marzo, la Caravana Librotraficante comenzó con una despedida en Houston, Texas. Un centenar de personas se reunieron fuera de Casa Ramirez, una tienda mexicana propiedad de Mariano Ramírez, que alguna vez había marchado con César Chavez. Los manifestantes portaban carteles hechos por la autora de libros infantiles Marie Elena Cortez, que decían: “Los legisladores de Arizona  trataron de borrar nuestra historia, así que estamos haciendo más!” ; “Todo Arte es Ruptura” ; “Sólo el Arte Puede Salvarnos” ; “Tenemos un sueño… libros libres (NdT: “free” es “libres”, pero también “gratuitos”) para todos!”

En una carpa frente a la tienda, Tony Diaz se paró, micrófono en mano, detrás de una mesa cubierta con pan dulce, frutas y dulces mexicanos.

Entre los manifestantes había íconos de la comunidad como los activistas por los derechos de los inmigrantes María Jimenez y Pancho Claus, un hombre vestido con un traje Zoot rojo que entrega juguetes a los niños latinos en Navidad. Un conductor del canal de noticias Fox 26 entrevistó a los organizadores y ganaron un espacio en TV. Cuando el bus partió, la multitud lo ovacionó y corrió detrás suyo, deseando buen viaje a sus treinta y cinco librotraficantes.

La Caravana Librotraficante llegó a San Antonio para un mitín y una lectura frente al Alamo. Una audiencia de turistas, estudiantes, seguidores con posters, políticos, escritores, periodistas y hasta roqueros punk con cortes de pelo Mohawk se pararon a su alrededor para ver a poetas como Lorna Dee Cervantes contando su experiencia. Bryce Milligan de Wings Press estaba allí, con una donación de 200 libros de Curanderas, cuya fecha de publicación había sido coordinada para que los libros pudieran unirse a la caravana.

También Carmen Tafolla estaba entre la audiencia. Aunque había ayudado a Díaz a organizar el evento en el Centro Cultural Guadalupe, previsto para esa noche, no planeaba hablar. Tafolla había contraído una infección respiratoria y su médico le recomendó silencio total si no quería perder la voz.

“Hemos prohibido a nuestros autores… contrabandistas, como Carmen Tafolla”, dijo Díaz, mientras exhibía su libro prohibido Curandera y le pasaba el micrófono.

En ese momento, Tafolla no tenía idea de qué iba a decir, pero sabía que tenía que hablar.

“Un abrazo a todos aquí, porque están haciendo la tarea de la democracia”, dijo. La multitud la ovacionó. “Están haciendo la tarea sobre la que este país fue supuestamente construído”.

Algunos de los turistas del Alamo habían venido a escuchar a los oradores, pero la historia que escucharon no era la típica de los libros de la historia de los Estados Unidos. Era la historia presentada en Occupied America, Rethinking Columbus y otros libros chicanos. La multitud escuchó cómo el Alamo, el “santuario de la Libertad de Texas”, fue una vez parte de Mexico, y cómo los méxicanos-americanos como Tafolla no habían migrado ilegalmente a los Estados Unidos –en verdad, sus ancestros era nativos de la tierra antes de que fuera considerada Texas o Mexico.

“Volví a leer mi libro”, dijo Tafolla. “Hablaba sobre paz, sobre acabar con las guerras, sobre estar orgullosos de quienes somos como seres humanos. Hablaba del hecho de que la historia de San Antonio no empezó con ese edificio”, señaló al Alamo detrás suyo. “La historia de San Antonio comenzó 3.000 años antes, tal vez más”.

Tafolla también leyó en el Centro Cultural Guadalupe más tarde ese día y terminó sin voz por dos semanas, pero le da orgullo decir que valió la pena.

Luego, la Caravana emprendió su camino hacia El Paso, donde ofreció una lectura en el Mercado Mayapan en la histórica Chinatown de la ciudad. El barrio surgió en la década de1880 y alguna vez fue habitada por inmigrante mexicanos, anglos y chinos.

Pero luego de la lectura, hubo un pequeño problema.

“Tony, ¿donde vamos a dormir?”, preguntó uno de los pasajeros.

“Sabés –dijo—que hay chicos de 18 años que están demandando al estado de Arizona mientras van al colegio y trabajaban medio turno, por no hablar de tratar de mantener una relación con alguien y de ser chicos, y vos te parás ahí y me preguntás dónde va a dormir tu culo de clase media?”

El grupo decidió gastar en un hotel por esa noche. Parecía un precio pequeño que pagar, considerando lo que iban a recibir de escritores durante la Caravana. En San Antonio, Sandra Cisneros los había recibido en su casa y les había dado de comer. En Mesilla, Nuevo Mexico, Denise Chávez les dio dinero y coimda. Y Rudolfo Anaya les dio la bienvenida en su casa, dijo una plegaria por ellos y hasta les dio unos shots de tequila.

Finalmente, el grupo llegó a la soleada Tucson el 16 de marzo por la tarde. Carteles empapelados con caras rubias, sonrientes, de ojos azules se cernían sobre la ciudad repleta de restaurantes mexicanos y negocios de artesanías “coloniales”. En las calles, gente de diversos orígenes étnicos –negros, latinos, blancos—pululaban vestidos con el color verde del Día de San Patricio. En el John Valenzuela Youth Center, los Librotraficantes fueron recibidos por estudiantes y alumnos del Distrito Escolar Unificado de Tucson para una conferencia de prensa.

Acarreadores de libros llevaron más de mil libros a un centro juvenil, creando la primera “biblioteca underground” de Tucson. Mientras tanto, otros los entregaban a chicos por la calle desde la ventanilla de un low rider. Miembros de la Asociación Raza de Educadores de Los Angeles, California, trajeron un poco de arte callejero de LA a Tucson. Colgaron posters, pintados con spray de la obra Borderlands/La Frontera de Gloria Anzaldúa y la Pedagogía del Oprimido de Paulo Freire.

En un taller para cien estudiantes y cien maestros, Bryan Parras dio una clase del Teatro de los Oprimidos, Tony Díaz habló sobre sus prácticas de enseñanza de literatura latina, la autora Diana López dio una clase sobre cómo usar la antología Hecho en Tejas en una clase, y escritores prohibidos como Dagoberto Gilb compartieron sus experiencias. Al final de la sesión, cada maestro recibió una copia de Curandera, de Carmen Tafolla.

La Caravana ofreció su última Exhibición Literaria o, como se refirió a ella Díaz, una noche de “Prosa Que Te Cambia la Cabeza”, en la Universidad de Arizona.

Lorna Dee Cervantes leyó uno de sus poemas incluído en el libro prohibido Divisiones Infinitas (Infinite Divisions: An Anthology of Chicaca Literature), y de poetas como Orlando Ramírez y Sherman Alexie, cuyo trabajo también está incluído en antologías prohibidas.

La líder de la Caravana Liana Lopez se puso de pie para leer “Loose Woman”, un poema de Sandra Cisneros.

Por supuesto, no hubiera sido una noche “que te cambia la cabeza” sin la “dosis letal” que Díaz prometió a Arizona tres meses antes en su video –una dosis de Dagoberto Gilb. Desde un teléfono celular verde, que Gilb llamó, jocosamente, su “iTechAztec”, leyó no uno de sus propios poemas sino uno de Abelardo Lalo Delgado, llamado “América Estúpida”, que es parte de la antología prohibida Cantos al Sexto Sol.

“Stupid America,” leyó Gild, “remember / that Chicano / flunking math and English / he is the Picasso / of your western states / but he will die / with one thousand / masterpieces / hanging only from his mind.”

(“América Estúpida/ recordá/ aquel Chicano/ que reprobó matemática e inglés/ es el Picaso/ de tus estados del Oeste/ pero morirá/ con mil/ obras maestras/ colgando sólo de su mente”)

***

Puede que la literatura latina en Arizona esté en cajas, pero los escritores, poetas y activistas que están detrás de los libros están saltando hacia afuera de las páginas. En lugar de desaparecer, estas voces se han vuelto más visibles, haciéndose escuchar de maneras y en lugar que nunca antes habían considerado.

Según Díaz, “ahora es la tarea de nuestra gente unirse y luchar en nombre de todos los norteamericanos para preservar el más esencial de los valores de norteamérica: la Libertad de Expresión. Debemos desafiar la censura”.

Para resistir la censura, Díaz prevé que Librotraficante se convierta en más que una lucha contra Tucson, en un movimiento nacional para promover la enseñanza de estudios étnicos. Ya ha propuesto un diplomado en estudios de Librotraficante.

“Es nuestro trabajo como artistas inspirar y dar instrumentos a nuestros estudiosos para cuantificar nuestra historia”, dijo Díaz. Propone un estudio de la historia a través de una “Demografía Cuántica”, o un estudio del multiculturalismo con la visión de que la historia se construye a partir de una serie de puentes culturales –como los hay entre los inmigrantes mexicanos, chinos e irlandeses en el Chinatown de El Paso—y no sólo un hilo singular de la historia de un grupo.

Desde que se hizo la Caravana, el movimiento Librotraficante ha recibido apoyo del Houston Chronicle y una cobertura en profundidad del Texas Observer. Un columnista del New York Times escribió también sobre la política de Arizona de censurar preguntas sobre raza. Un documental sobre el programa de Estudios México-Americanos de Tucson, llamado Precious Knowledge (Conocimiento Precioso)  se lanzó al aire en Independent Lens, de PBs, el 17 de mayo. Hasta el Daily Show (NDT: popular programa de humor politico progresista) ha satirizado la situación, con una entrevista al consejero escolar de TUSD, Michael Hicks.

En tanto, mientras las copias de Curandera de la escuela esperan reuniendo polvo en Tucson, Carmen Tafolla fue declarada Poet Laureate (Poeta Laureada) en la cámara del concejo de la ciudad de San Antonio. La decisión fue tomada independientemente de los hechos en Tucson (Tafolla estaba entre 16 nominados por miembros de la comunidad de San Antonio y fue elegida en forma unánime por un comité nacional de poetas), pero resultó justó que fuera a la vez prohibida y honrada por su trabajo.
Tafolla quiere usar el título para mejorar el futuro. “Creo que podemos evitar que ocurra (en San Antonio)”, dijo. “Creo que también puedo usar mi voz para llegar a una audiencia nacional. Daré un discurso en la American Library Association en junio (de 2012) sobre la prohibición. Creo que el rol del Laureado da crédito al hecho de que escritores con calidad e ideas humanísticas están siendo prohibidos porque son México-americanos o parte del programa de Estudios México-Americanos”.

“Recuerdo cuando nuestro primer donante nos dio 100 dólares”, recuerda Lopez. “Dijo: ‘no estaba realmente segura de que lo lograrían’”. Después de apoyar y ver a sus colegas llegar a seis ciudades, reunir a varios grupos sociales y de activistas, leer sus trabajos e incluso escribir sus propias poesías por primera vez, Lopez ve un gran desarrollo personal. “Ha vuelvo a la gente mucho más segura respecto de una obra de la que no había estado muy segura antes”.

Con un nuevo título académico en preparación, atención de los medios nacionales y miles de libros en bibliotecas clandestinas en todo el Sudoeste, es difícil creer que la lucha de los Librotraficantes contra la censura comenzó como nada más que una broma entre amigos mientras cargaban cajas después de una feria literaria.

 

http://www.elpuercoespin.com.ar/2012/07/09/farenheit-451-arizona-y-los-traficantes-de-libros-prohibidos-por-merrit-wuchina/

 

Sobre el proyecto de legalizar la cannabis en Uruguay

Map indicating locations of Argentina and Uruguay

Sobre la legalización de la marihuana en Uruguay

Nunca estuve ni estaré a favor del uso innecesario de ninguna droga. Mucho menos de su comercio para destruir vidas ajenas. Bastante basura en hermosos envases estamos obligados a consumir cada día en los alimentos y casi no podemos evitarlo. Recuerdo que en las aldeas más alejadas de África había vastos campos de estas plantas que crecían salvajes y los nativos no le daban ningún uso, excepto cuando una vez por año se aparecía por allí algún hombre blanco. Es la misma historia del uso ancestral de la hoja de coca en Bolivia y de sus derivados alucinógenos en la cultura occidental.

Obviamente que la pandemia de las drogas es una consecuencia directa del sistema capitalista tardío, en lo que se refiere a su tráfico y comercialización, pero sobre todo es una consecuencia natural de la cultura del consumismo que cada día se va agravando sin que se perciba claramente como se percibe un terremoto o un tsunami. No obstante ningún gobierno del mundo hoy en día está en situación real de cambiar por sí sólo ni el sistema ni la cultura consumista. Por lo tanto, debe recurrir a medidas paliatorias que, aunque modestas, a largo plazo pueden producir cambios revolucionaros.

En consecuencia, estoy a favor de la legalización de la marihuana con restricciones. Al fin y al cabo el alcohol puede ser tanto o más destructivo que la marihuana y no sólo es legal en la mayoría de los países sino que casi no existen organizaciones criminales asociadas a su tráfico y, en consecuencia, la violencia en proporción a la que produjo hace décadas la Ley seca en Estados Unidos es mínima.

Obviamente que luego queda por saber qué margen hay para el abuso de este derecho individual. O si ni siquiera hay un margen, conociendo la naturaleza humana. Sin embargo, los beneficios pueden ser mucho mayores que los perjuicios.

Por su tamaño, por su ubicación geográfica –con respecto a los circuitos del narcotráfico–, por la relativa buena educación de sus ciudadanos, por su larga historia de modernidad y progresismo, Uruguay es el país ideal para poner en marcha este experimento como lo hiciera ya en otras áreas de la vida social.

Sí, es un experimento. Esto no es malo, sino todo lo contrario. Como dice mi amigo Noam Chomsky, debido a que cualquier sociedad posee una altísima complejidad que la hace incomprensible e imprevisible en su totalidad, no es posible hacer cambios radicales sin correr el riesgo de destruir todo lo bueno que se quiere conservar. Por eso, no hay mejor forma de avanzar en los cambios sociales que por progresivos experimentos, por el quizás poco atractivo método de prueba y error.

Como en todo experimento en el que participan seres humanos, es necesario ser moderado y cuidadoso con las personas que podrían resultar negativamente afectadas.

Por otra parte, aún si el experimento fracasara, el Uruguay le estaría haciendo un favor al resto de la humanidad y el país siempre podría revisar y revertir el paso dado.

Jorge Majfud

Jacksonville University

Página/12 (Argentina)

Milenio , Nac. (Mexico)

Panama America (Panama)


Sobre La ciudad de la Luna

Jorge Majfud’s books at Amazon>>

«Ciudad lunar»

 

ENTREVISTA de  María José de Acuña

El escritor a contraluz. [Montevideo>>]

«Se refiere más a un mundo esquizofrénico, orgulloso de sus miopías», asegura Jorge Majfud, escrito uruguayo radicado en EEUU, acerca de su última novela. «La ciudad de la Luna». Entrevistado en España. Majfud asegura escribir » porque sufro y me apasiona la complejidad del mundo que me rodea».

Jorge Majfud, tacuaremboense nacido en 1969 reside e imparte docencia en Georgia, Estados Unidos. Colaborador habitual de medios de prensa en Uruguay, México y España, tuvo su debut como novelista con» Hacia qué patrias del silencio» en 1996. Entrevistado en Marid por la periodista María José de Acuña, Majfud acerca de literatura, política y otros ingredientes de la realidad actual.
Intelectual comprometido, apasionado por el conocimiento desde un agudo sentido crítico, controvertido e incansable pensador con vocación de filósofo, estimulador de conciencias, contrario a la mercantilización de la cultura por lo inevitable de la banalización de la literatura, todas las características apuntadas definen a Jorge Majfud. Autor de numerosos ensayos con los que ejercita al lector en inusuales reflexiones acerca de la historia, del hombre y la mujer -de sus traumáticas incertidumbres y contradicciones, de sus cuestionables paradigmas y de lo que para él son sin duda falsos ídolos, – de los síntomas autistas de nuestras sociedades., tras Hacia qué patrias del silencio (memorias de un desaparecido) y La reina de América acaba de publicar su tercera novela con Baile del Sol. En La ciudad de la Luna, recrea una ciudad perdida en el desierto de Argelia, Calataid. 

A través de la ficción de un espacio cerrado, Majfud se refiere a problemas más globales recurriendo a esta metáfora «para hablar de una enfermedad histórica que se presenta como una virtud de nuestro tiempo -asegura-. Como en cada tiempo, los pueblos han tendido a considerarse los elegidos de Dios, la reserva moral del mundo, los poseedores de la única lengua que se entiende. Eso es algo que encontramos día a día tanto en Oriente como en Occidente. Sobre la mesa -y debajo también- están los resultados».

MA. Como latinoamericano comprometido, uno de los temas que más parecen preocuparle es la realidad de América Latina y todo lo que ello significa, especialmente en los ensayos que se publican cada semana en muchos países. Si pudiera hacer una extrapolación de escenarios, ¿cuántas ciudades-sociedades similares a Calataid podría imaginar en su área geográfica de origen?
JM. Muchas. El Cono Sur de Stroessner, Videla y Pinochet. La Cuba después de aquella revolución que pareció realizar los mejores sueños de un «hombre nuevo», libre de la locura de la avaricia del capitalismo, pero que también cayó en otra forma de orgullo cerrado que casi no deja lugar a la autocrítica. La España de Franco. En fin, la lista es larga. 

A pesar que el protagonista quería fugarse a Nueva York, Calataid es también -quizás, sobre todo- el arrogante Estados Unidos de los Bush y de toda esa ola conservadora que se radicalizó, especialmente, con Reagan y que no terminará con Obama. Y es también el Afganistán de los talibán. La España imperial rodeándose de muros para salvar su pureza de religión y de sangre, es el Estados Unidos conservador e imperial rodeándose de muros para salvar la pureza de su mentada «particularidad histórica», de su Dios privatizado, de su libertad que en el discurso de los fanáticos se vuelve una momia sin vida, excusa para otras opresiones. 

Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo que se opone al humanismo oprimiendo a sus individuos concretos y a la vez se ufana de su democracia y su libertad. Bueno, como La ciudad de la luna no es una novela de misterio puedo adelantar el final, ¿no? El protagonista es sentenciado a ajusticiar en público, con un hacha, a un supuesto criminal en la plaza Matriz. Luego de resistirse a semejante bestialidad, la masa termina empujándolo a «cumplir con su deber». Cuando la víctima está agonizando, ya sin movimientos, el protagonista le descubre el rostro y descubre a su hermana, la poeta sin piernas que escribía sus versos incendiarios en flechas de papel. Este acto, con sus variaciones, ocurrió en el Afganistán de los talibán en los ’90. Recuerdo la foto como una pesadilla. 

MA. Usted dejó la arquitectura para dedicarse a la docencia y a escribir. Hace unos meses escribió un artículo que tituló «¿Por qué escribimos?» y, entre otras reflexiones, manifestaba lo siguiente: «escribo porque sufro y me apasiona la complejidad del mundo que me rodea. Escribo porque quiero batalla con este mundo que no me conforma y escribo porque a veces quisiera refugiarme en algo que no está aquí y ahora, algo que está libre de la contingencia del momento, algo que se parece a un más allá humano o sobrehumano. Pero todo lo que escribo surge a partir de aquí y ahora, de mi inconformidad con el mundo». ¿Se siente heredero de aquellas voces que padecieron la férrea censura de la dictadura vivida por su país de origen durante más de una década? 
JM. Tal vez «heredero» es una palabra muy amplia para el caso. Crecí en la dictadura y en la conciencia de la contradicción que existe entre el discurso público y los hechos a la luz de una segunda mirada crítica. Escuché esas voces muchas veces, pero no puedo saber si hay algo de ellas en mi voz literaria o simplemente toda la historia pesa en mí como pesa en cualquiera y cada uno la procesa según su conciencia, sus posibilidades y habilidades. 

MA. En la actualidad y, desde hace algunos años, vive, trabaja y crea (si las tres cosas pudieran considerarse compartimentos estancos) en Estados Unidos. ¿Cómo de cerca se siente de la literatura uruguaya de hoy «que se mira a sí mismo, de forma autocrítica y nada complaciente», según palabras de Gustavo Esmoris en un reciente análisis sobre su obra?
JM. Muchos conocen mi rechazo a los patriotismos de juramentos y escarapelas. También mi profundo amor por la tierra donde pasé quizás las vidas más importantes de mi vida. Hasta que me muera, una parte seguirá viviendo en mi infancia, en mi adolescencia y juventud. Es como el lenguaje. No importa cuán correctamente escriba en inglés; nunca podré publicar algo si no siento el ritmo del texto, el color, el sabor de la palabra, de la idea, del compás discursivo. 

Para mí el inglés es sólo una herramienta; nunca será como el español, mi casa. Por otro lado, desde un punto de vista filosófico y literario, siento que los localismos se van aburriendo y desvaneciendo. Hoy en día casi no tengo contacto con lo nuevo que se escribe y publica en Uruguay. Es algo que siempre lo tengo como una materia pendiente. Me da la impresión de que nuestra generación latinoamericana, nuestros temas, nuestras preocupaciones ya no se definen por fronteras geográficas, ya no está atada a los regionalismos del siglo pasado, los pueblos Macondo en la América tropical, los dictadorcillos en sus islas, los Dostoyevsky en los bares de Montevideo y Buenos Aires. En fin, tal vez la nueva generación sea más cosmopolita y transnacional. O tal vez me equivoco, como tantas veces, por hablar sin pensarlo dos veces.

MA. Ante la pérdida de Mario Benedetti usted manifestó sentir una «mezcla de tristeza y alegría que agradece lo vivido y lo leído» y dolor o nostalgia «como si una parte del Uruguay se hubiese hundido en el mar, estando tan lejos, y la perdí para siempre». ¿Qué ha representado en su vida y en su obra una personalidad como la del célebre escritor que se nos fue?
JM. A Mario le debemos el ejemplo de amor a la literatura y el compromiso con su tiempo. Benedetti fue la antítesis de Borges. Creo que el exagerado volumen de su obra incluye muchas páginas que tal vez no eran necesarias. Pero lo bueno que ha dejado es tanto que se le perdona todo eso. En lo personal, es como si el Uruguay de mis primeras vidas hubiese cerrado un capítulo, como la muerte de mi abuelo. 

�Majfud con Euardo Galeano en Filadelfia, EEUU

 
Cada paso que damos nos acercamos a la muerte. Es algo obvio, pero de sólo pensarlo al caminar da melancolía y agradecimiento por los pasos dados, por los que damos, por los pasos que todavía vamos a dar sin miedo. Eduardo Galeano suele decir que narrar es postergar la muerte. Él es un amante de Scheherazade. No puedo estar más de acuerdo en este punto. Podríamos agregar también aquello de «Stat rosa pristina nomine; nomina nuda tenemus». «La rosa ya es sólo un nombre; sólo nombres nos quedan». Eso es lo trágico, pero también hay una esperanza: «¿Dónde está tu gloria, Babilonia? ¿Y Darío? ¿Y Ciro? 

Ernesto Sábato lo dijo de otra forma, en su última novela, Abaddon: «un día todo será pasado y olvidado y borrado. Hasta los formidables muros y la fosa que rodea la inexpugnable fortaleza.» O algo así.

MA. ¿Cómo vivió las últimas elecciones en Estados Unidos?
JM. ¿A propósito de la inexpugnable fortaleza.? Con intensidad y en detalle.

MA. Cree que pese a la crisis, la ilusión del pueblo norteamericano por Obama permanece intacta como al día siguiente de su victoria?
JM. Bueno, recuerde lo de Heráclito. Con todo, su popularidad es muy alta y no es pese a la crisis sino, en parte, por la crisis misma. Aunque ya lo habíamos adelantado en el 2006: había un recambio generacional que traería sorpresas. Y esto se manifestaba mucho antes de la crisis financiera del 2008. Claro, ya vendrán tiempos peores para su popularidad y mejores para la economía, pero se defiende muy bien. Ha impulsado cambios que son positivos. Vamos a ver si puede hacer más. Por lo que leo entrelineas de sus actos y discursos, creo que en su mente hay más claridad de lo que puede demostrar según las limitaciones que puede tener cualquier persona en su lugar.

MA. ¿Ha notado algún cambio de rumbo respecto de la relación con América Latina desde que asumió el poder la nueva Administración? 
JM. No. Todavía no. América Latina no importa mucho en este momento. El levantamiento de la exclusión de Cuba en la OEA, lo dijimos varias veces en las radios que nos consultaron sobre esto mismo, no tiene gran importancia más allá de los discursos hechos para consumo interno. Hay demasiados actos simbólicos, demasiados encuentros y cumbres de mandatarios y nunca pasa nada. Es para la prensa. En el caso de Estados Unidos el gran cambio se viene con la creciente influencia de los hispanos. Actualmente hay 45 millones, más de la cuarta parte indocumentados. Estados Unidos es uno de los países más populosos de Hispanoamérica, casi como España. Y esta proporción va en crecimiento, como una marea silenciosa pero inevitable. En una década o antes comenzarán a aparecer a la luz sus hijos, una generación mejor educada y con más poder económico, político y cultural. 

MA. Volviendo a La ciudad de la Luna, como lectores nos enfrentamos a una prosa un tanto experimental: en una misma frase pueden confluir diferentes narradores o un mismo narrador desde otras perspectivas y planos narrativos distintos, incluso mediante el uso de un castellano antiguo. Es como caminar por las dunas del desierto que retrata en la novela: desde cada una de las montañas de arena se observa una perspectiva diferente y todas son igual de verdaderas y válidas. ¿Qué ha pretendido con esta experimentación técnica en la narración?
JM. Claro, por momentos el castellano coloquial de Calataid es un tipo de castellano antiguo con sus particularidades. Una de las teorías sobre la fundación de Calataid sostiene que fue realizada por un ejército perdido de la reconquista cristiana de la península ibérica. Parte de la variación gramatical y sintáctica procede de algunos estudios que hice sobre textos originales del siglo XII y XIII e, incluso del siglo XVI, con la aparición de las estructuras lingüísticas que corresponden al «vos» que sobrevive hoy en el Río de la Plata y en regiones del norte de Sudamérica y de América Central, en lugar del más moderno «tú» que hoy usan ustedes en España. Luego algunos pronombres como «ello», etc., son producto de una intuición personal puesta en practica sobre el origen de los modernos pronombres personales de objeto directo e indirecto. 

Aparte de esa particularidad lingüística, está la experiencia de la forma literaria que podríamos llamar, por momentos, una especie de «cubismo», aunque no me gusta el término aplicado a literatura. Con todo tuve cuidado de no abusar del método para que la forma no interfiera con la historia en lugar de confirmarla. Hay una lectura en mi adolescencia que tal vez sirva como referencia. Jean Paul Sartre hizo un experimento semejante en Los caminos de la libertad (1945). Esa novela me fascinó. Allí Sartre mezclaba diferentes espacios, casi simultáneos, en un mismo párrafo. Lo único que yo he agregado es la pluralidad de voces narrativas -primera, segunda, tercera and so on- en un mismo párrafo y a veces en una misma frase. La intención era darle protagonismo a la ciudad: una idea, un prejuicio no pertenece a una persona sino que es una creación colectiva. 

MA. La ciudad de la Luna está ambientada al sur de Argelia y la historia transcurre en una época convulsa, políticamente hablando. En el pasado mes de abril el país celebró elecciones presidenciales y en zonas como la Cabilia, salvando las distancias, seguramente se podrían recrear los escenarios de ficción imaginados por usted para Calataid: Tizi Uzu, su capital, era una ciudad cubierta por el barro provocado por la lluvia que cayó durante la mañana. Como celoso observador de la actualidad internacional, ¿qué futuro más o menos próximo presume para un país como Argelia?
JM. El norte de África vivirá un renacimiento en este siglo pero tendrá que luchar contra sus Calataids. La ciudad de la Luna se terminó de escribir hace algunos años. Desde entonces y aún antes ocurrieron muchos hechos puntuales que ya comenté en el epílogo de la novela y que parecen predichos por la ficción. Quizás haya muchos más. Unos pueden ser casualidades, no sé, pero porque considero que la ficción es el resultado de la realidad, de las realidades que no aceptan ser llamadas ficciones, aún cuando son producto de la fantasía y el delirio de algunos personajes siniestros, no puede ser casualidad que realidad y ficción se confundan. Porque son las dos caras de una misma moneda y conociendo una se adivina la otra, como pueden serlo los sueños y la vigilia. 

Ahora, con respecto a Argelia. Creo que la novela se ambienta allí porque lo dictó la lógica de la ficción. Fue un proceso natural; y hoy que puedo identificar una docena de calles, rincones, edificios, arcos, sótanos, murallas y callejones con sus espacios, sus formas y sus personajes ya no podría moverla a otra parte. Es verosímil soñar, imaginar una ciudad encerrada por espesos muros, por su propia cultura y por un vasto desierto en esa región. En lugar de Argelia pudo ser Libia. No lo sé. Como ya dije antes, la historia se refiere más a un mundo esquizofrénico, orgulloso de sus miopías. Un mundo que funciona a la inversa del precepto «think globally, act locally» y, por el contrario, piensa provincianamente y actúa globalmente. Y esto, lamentablemente, es universal.

MA. Para finalizar, una curiosidad: ¿existe, o ha existido, Salvador Uriburu?
JM. Sí, existe. Es uno de los personajes de la novela. Fuera de ella, he conocido a algunos personajes como él. 

MA. ¿Es el mismo que aparece en The Walled Society publicada el año pasado en The Humanist?
JM. Sí. Ese título, La ciudad amurallada, fue uno de los títulos de la novela y esos relatos en inglés -cuidadosa traducción de Bruce Campbell- son capítulos de la novela que publica ahora Baile del Sol en español. 

 [Montevideo>>]

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«La ciudadanía cultural y las leyes ‘Greaser’ del siglo 21»

English: Great Seal of The State of Alabama

Por Bruce Campbell

 
Los latinos están desapareciendo de las escuelas públicas, de las cocinas de los restaurantes, de las obras de construcción, y de los sembrados del estado de Alabama.

Se alegran los nativistas, xenófobos, racistas, y activistas y legisladores del Partido Republicano que apoyan la nueva legislación dura (HB 56) que toma por blanco a los migrantes indocumentados.

La huída de miles de latinos del estado a pesar de su estatus legal no es una consecuencia imprevista de la legislación – es precisamente su objetivo.  Como Lindsey Lyons, el alcalde de Albertville, Alabama, lo dijo en una entrevista con National Public Radio: «Vamos a ver un éxodo de los que se mudan a otros estados que no contemplen semejante legislación.»  El objetivo no es la reforma al sistema de inmigración; el objetivo es hacer que la población latina creciente se vaya.

Para los autores y para quienes apoyan la ley, el estado de Alabama está viviendo una fantasía que han promovido y han deseado ver puesta en escena al nivel nacional.  De modo importante, la fantasía de una población latina que se pierde de vista no es una fantasía estrictamente legal.  Se trata, de hecho, de un proyecto cultural, y tiene una larga historia.

Cultura, Poder, Ilusión
¿Cómo hacer que decenas de millones de latinos desaparezcan de la esfera pública nacional? Es un truco espectacular, comparable al truco del ilusionista David Copperfield cuando hizo desaparecer la Estatua de la Libertad frente a un público televisivo.  La decepción de Copperfield en 1983 se hizo bajo el cubierto de la oscuridad y usando una manipulación estratégica de la perspectiva del público. Las artimañas que buscan la invisibilidad relativa de los latinos en los Estados Unidos se llevan a cabo en plena luz y recurriendo a manipulaciones retóricas y medidas legislativas.

A estas alturas, nos es bastante familiar la retórica. La asociación constante, tocada como tambor por los nativistas anti-inmigrantes, entre los términos «ilegal» y «mexicano» y «inmigrante,» amplificada y reproducida por los medios masivos y en el discurso demagógico político, ha creado una nube semántica que oscurece la presencia, en plena vista, de diversos millones de latinos en la vida pública de los Estados Unidos.

El dueño de un restaurante en el vecindario donde vivo en Minneapolis, un hombre que había emigrado (legalmente) de Ecuador, me relató una experiencia que tuvo mientras tomaba un paseo veranal con su hijo. Fue interrogado por la policía, y la suposición pertinaz de los oficiales de policía fue que el ecuatoriano era mexicano, y al parecer creían también que había entrado a los Estados Unidos ilegalmente.

«Soy de Ecuador,» me dijo, «pero sólo podían ver a un mexicano ilegal.» La Estatua de la Libertad, se podría decir, se esfumó frente a sus propios ojos.

La ilusión pública en este caso resulta de mensajes culturales que niegan a los latinos su ciudadanía cultural – es decir, el derecho de ser diferente y de contribuir con esa diferencia al proceso público.  Teóricamente, todos los ciudadanos son iguales bajo la ley.  Sin embargo, en la práctica las normas culturales públicas están estructuradas por una jerarquía implícita de valores y privilegios que eleva a algunos ciudadanos por encima de otros.

Piense de cómo en una reunión pública el ciudadano que habla un inglés acentuado con una fonética no inglés podría conllevar menos autoridad moral con su audiencia que el locutor nativo hablante del inglés, a pesar de ser igualmente inteligibles y poseer los mismos derechos legales los dos. O piense de cómo un hombre que lleva un dashiki del oeste de África podría parecer, para muchas personas de un público estadounidense, un extranjero.  Las jerarquías de raza, clase social, género, y hasta edad se reflejan en el reconocimiento, o negación, de la ciudadanía cultural plena de diferentes grupos sociales.

Las marcas de las diferencias culturales en el cuerpo político pueden ser, y frecuentemente son, convertidos en signos de estatus de ciudadano de segunda clase.  Esta es una encrucijada importante de la cultura y la política en los Estados Unidos (igual que en otros países), un nexo de lo cultural y lo político que se aprovecha activamente por los que quisieran que los latinos se desaparecieran de la esfera pública.

El tomar por blanco a los inmigrantes con el martillo retórico de «ilegal» golpea pesadamente para sujetar en la mente pública una cadena de equivalencias.  Donde se trata de los latinos, el martillo y el yunque anti-inmigrantes de «ilegal» y «mexicano» buscan convertir a la piel morena, el español, y otras marcas de la visibilidad latina, en señales de la periferia de la vida pública estadounidense.  «Ellos,» nos dicen a los no latinos, no son como «nosotros.»

Destrás del amarillismo de los medios y de las posturas de campaña electoral, se halla una política de subrodinación y aislamiento cultural, y de divisionismo cívico. En la medida en que las marcas externas de la identidad latina se convierten en el equivalente cívico de letras escarlatas, los latinos se dejan menos legítimos como actores públicos, y menos visibles como compatriotas y ciudadanos. En el mismo proceso, los recursos específicos de su herencia cultural que podrían traer al proyecto nacional quedan categóricamente segregados y expulsados de las esfera pública.

Las consecuencias culturales son diversas. El español no se reconoce como lenguaje legítimo de participación cívica.  Regiones enteras del país se despojan de su rica herencia hispana en las mentes de muchos estadounidenses, a quienes se les facilita el olvido de la historia pluricultural grabada en topónimos como Arizona, Nevada, y Florida.

La ignorancia por parte del público estadounidense sobre los puertorriqueños – quienes a partir de la ley Jones de 1917 nacen ciudadanos de los Estados Unidos, aunque sin el derecho de votar en las elecciones de los Estados Unidos – se profundiza y se extiende a otra generación más.  El bilingüismo se hace sospechoso, en vez de ser reconocido como un tremendo recurso económico y cultural nacional, y como una virtud cívica.  Otras formas importantes de cultura pública – los murales, los corridos, las pachangas, entre otras – se castigan como cultura del Otro.  Las voces críticas de la política exterior de los Estados Unidos, las voces de las comunidades que tienen experiencia directa de las implicaciones para los derechos humanos para los Salvadoreños, para los Guatemaltecos, y otros, del financiamiento militar o de los tratados comerciales, se silencian.

Y mi vecino ecuatoriano-americano se encuentra enredado en una decepción de la cultura de masas que le niega la ciudadanía cultural plena, a pesar de sus derechos legales innegables.  Se le niega el poder de definir su propia presencia pública, su propia identidad como compatriota y ciudadano, y de ser reconocido como auténticamente Americano.

Ley, política, cultura
La magia negra promulgada por la retórica pública manipuladora tiene sus límites, afortunadamente.  La gente puede aguantar, y responder, los insultos.  Y el discurso público nunca es asunto de un solo lado.  Mi vecino ecautoriano-americano, por ejemplo, sin duda ha relatado su experiencia a muchos de sus compatriotas, produciendo una conciencia local que sirve de contrapeso en alguna medida para la tergiversación general de las realidades nacionales ejecutada por el amarillismo anti-inmigrante.  Los educadores siguen enseñando el español, y el interés estudiantil en el idioma sigue creciendo al lado del número creciente de estadounidenses que reconocen el valor político y económico y cultural del bilingüismo.

Y en algún momento, el discurso anti-inmigrante empieza a decir más sobre él que lo produce que sobre el objeto de su rencor.  De las 308 millones de cabezas contadas en el Censo de 2010, más de 50 millones (o más de 16%) se identificaron como Hispano o Latino. En algún momento, el hablar como si 16% de la nación no existiera (o no debiera existir) se convierte en estrategia de payaso (por no decir algo más fuerte).

Este es el momento en que entran en el escenario los mecanismos legislativos del  espectáculo cínico de la desaparición de los latinos.  Una confluencia de intereses xenófobos, nativistas, y Republicanos – después de haber visto desarrollarse los cambios demográficos de las últimas dos décadas, y al ver la consolidación de las consecuencias electorales de tales cambios – percibe una necesidad aún mayor de aislar la cultura latina y subordinar la participación pública de los latinos. Han aprendido que la retórica sola está perdiendo su magia.

De manera predicible, después de que las elecciones de 2008 resultaron en victorias convincentes para el Partido Demócrata, con márgenes significativos de apoyo entre los votantes latinos, en varios estados las asambleas legislativas bajo control Republicano han aprobado leyes que toman por blanco a los inmigrantes indocumentados.

La asamblea del estado de Arizona en 2010 aprobó SB 1070, una ley que criminaliza el no llevar consigo documentos que acrediten el estatus legal y permite que la policía detenga a cualquier persona sospechada de ser inmigrante indocumentado. (Para dejar claro que el blanco político y cultural incluía a los ciudadanos latinos, la mayoría Republicana también aprobó una ley que prohibe la enseñanza de Estudios Étnicos en las escuelas públicas.)  Luego, en 2011, los estados de Georgia, Indiana, Utah, y Carolina del Sur aprobaron sus propias versiones de la ley de Arizona, promoviendo de manera semejante las prácticas del perfil racial en el tratamiento oficial a los latinos y la criminalización de los esfuerzos por integrar económicamente y socialmente a los inmigrantes indocumentados.

No queriendo quedarse atrás, el estado de Alabama aprobó HB 56, una ley que, entre otras cosas, prohibe a que los inmigrantes indocumentados asistan a las unidersidades estatales, criminaliza «el transporte, el hospedaje, o el alquiler de propiedad» a los indocumentados, y requiere que las escuelas públicas verifiquen el estatus legal de todos sus estudiantes.

Estas leyes aplican el poder del estado – en la forma de las prácticas del perfil racial – para apoyar los mensajes culturales que subordinan y marginalizan a los latinos y los excluyen de las esfera pública.  Una medida del efecto cultural de la ley en Alabama: los niños latinos que no han desaparecido de las escuelas públicas ahora reportan que son maltratados e intimidados por otros niños que les dicen «ilegales.»

Todos estos estados comparten dos elementos clave: Primero, el gobierno del estado está bajo el control del Partido Republicano, y segundo, el Censo de 2010 halló una tasa de crecimiento drámatica de la población latina/hispana entre 2000-2010, un crecimiento demográfico que pronto o tarde podría poner en peligro la dominancia política de los Republicanos en el estado.

Georgia, Carolina del Sur, y Alabama vieron tasas de crecimiento alucinantes para la población latina/hispana, de 96.1%, 147.9%, and 144.8%, respectivamente. La tasa de crecimiento en Indiana para la categoría demográfica de Latinos/Hispanos fue 81.7%, y en Utah’s 77.8%, casi doble la tasa nacional para el mismo sector de la población. En el caso de Arizona, el crecimiento del sector latino/hispano fue «sólo» 46.3% – pero lo que sería aún más preocupante para los Republicanos, los racistas, y los xenófobos: la población latina/hispana había llegado a representar aproximadamente 30% de la población del estado.

Es difícil no llegar a la conclusión de que la legislación anti-inmigrante en estos estados se trata de un esfuerzo por cambiar los hechos demográficos para futuras elecciones, y antes del momento inevitable en que una reforma federal y comprensiva de la política migratoria ofrezca una oportunidad para hacerse ciudadanos a los estimados 12 millones de inmigrantes indocumentados en la nación, principalmente de México y Centroamérica.

A la misma vez, la legislación anti-inmigrante al nivel estatal puede verse como un esfuerzo desesperado por usar la ley como aparato para extender la vida de una política cultural que ha buscado históricamente la subordinación y la exclusión de los latinos de la esfera pública.

Redefiniendo América
Lo que está en juego en la coyuntura actual no es una cuestión solamente de leyes y resultados electorales.  Los parámetros culturales de la vida pública en los Estados Unidos también se están jugando. Lo que está en juego en el largo plazo es nada menos que las formas y el significado de la vida pública democrática en América  – es decir, la cuestión de quién se permite hablar, y cómo, y sobre qué.

Es importante recordar (y no permitir que otros olviden) que la cultura política que niega a los latinos la igualdad en la vida pública en los Estados Unidos tiene una larga historia.  Los esfuerzos actuales por expulsar a los latinos de la vida pública tienen parentesco común en los asaltos a los mexicano-americanos que ocurrieron después del Tratado de Guadalupe Hidalgo de 1848, el acuerdo oficial que puso fin a la guerra entre los Estados Unidos y México, y mediante el cual México cedió a los Estados Unidos aproximadamente la mitad de su territorio nacional.

El Tratado de 1848 incluyó una opción de ciudadanía estadounidense para los muchos mexicanos que de repente se econtraron viviendo en territorio ajeno, pero el sentimiento xenófobo y racista conspiró con ciertos intereses económicos para despojar a los mexicanos de su tierra en toda la región afectada por el Tratado, y quitándoles además sus concesiones mineras en California durante la fiebre de oro en aquella época. Una de las múltiples maneras en que estos intereses operaron al cuerpo social para extirpar la presencia mexicano-americana fue el aprobar de legislación que tomaba por blanco a los aspirantes a la ciudadanía.

Las leyes «Greaser» (así llamadas por sus partidarios, con el término racista «Greaser» indicando claramente el objetivo de la legislación) incluyeron una ley infame que se aplicaba explícitamente a «Toda persona típicamente conocida como ‘Greaser’ o de sangre india o española…y que anda armada y no es pacífica y quieta» [«All persons who are commonly known as ‘Greasers’ or the issue of Spanish and Indian blood…and who go armed and are not peaceable and quiet persons»]. Este ataque legislativo contra la presencia pública de los mexicano-americanos y los indígenas fue antecedida por el Impuesto al Minero Extranjero de 1850, el cual les cobró una tarifa abusiva a las concesiones mineras de los no nativos, con la consecuencia práctica de despojar a los mexicanos y latinoamericanos (y los franceses y alemanes) de sus concesiones en el contexto de la Fiebre de Oro. Por supuesto, la hostilidad xenófoba avivada contra los hispanohablantes ninguna distinción hizo entre los mexicanos y los californios nativos.

La política cultural que intenta desaparecer a los latinos no podrá superar la realidad contundente de una población creciente.  David Copperfield pudo desaparecer a la Estatua de la Libertad, pero al salir el sol la próxima mañana, allí estaba otra vez.  La diferencia es que Copperfield no quería cambiar el significando de la Libertad.

A final de cuentas, los intentos nativistas por actualizar para el siglo 21 las leyes «Greaser» del siglo 19, no harán que los latinos desaparezcan literalmente. Pero las artimañas en este caso cambian el significado potencial de América, disminuyen las posibilidades democráticas, debilitan el diálogo y las relaciones sociales posibles tanto en el presente como en el futuro.  Los recursos culturales y las perspectivas que los latinos podrían traer consigo a la mesa común se desprecian y se mantienen al margen de la esfera pública nacional.  Nuestros esfuerzos por contrarrestar la desigualdad promulgada y promovida por estas leyes necesitan encararse con la dimensión cultural de la lucha por definir la democracia americana.

Bruce Campbell es profesor de Estudios Latinos/Latinoamericanos en St. John’s University en Collegeville, MN.  Es autor de ¡Viva la historieta!: Mexican Comics, NAFTA, and the Politics of Globalization (University Press of Mississippi, 2009), y Mexican Murals in Times of Crisis (University of Arizona, 2003)

Margaret

La asistente

Todos los martes de noche llegaba Margaret con sus carpetas de apuntes y sus materiales didácticos. Todos los martes de noche María José y Ernesto la escuchaban atentamente. Margaret era una asistente social del gobierno que enseñaba a los padres a criar a sus hijos. Estos funcionarios ponen mucha atención en las familias de hispanos, porque es bien sabido que proceden de una cultura machista y violenta. El entrenamiento consistía en una larga charla de cuarenta minutos más un video didáctico de diez minutos y una demostración práctica de diez minutos más, lo que sumaba una hora al fin de la cual María José y Ernesto firmaban un papel diciéndole al gobierno que el programa estaba funcionando.

El martes 8, Ernesto llegó de mal humor de la constructora, quince minutos antes que Margaret, tuvo que hacer esfuerzos titánicos por mantenerse atento a la lección de la semana. Si no fuese porque pasaría por mal padre y peor esposo, hubiese dicho que lo dejaran tirarse quince minutos en el sofá con una copa de vino. Pero resistió. Era su voluntad y también era su trabajo, resistir, demostrar a la funcionaria del gobierno y al resto de los conocidos que podía llegar del trabajo molido y a veces humillado —Ernesto consideraba una humillación cualquier orden que debía cumplir contra su voluntad y en silencio— y cambiar pañales, lavar los platos y cantar al mismo tiempo.

Pero en los diez minutos finales de ese día, Luisito estuvo más inquieto que de costumbre. Repitió tres veces la misma pataleta que a los chicos les da a esa edad, griterío a toda garganta seguido de revolcadera por el piso, todo por un lápiz que el padre le negó por peligroso. Ernesto se limitó a decir “no”, primero y “no!” después, lo que condujo a la intervención de la especialista:

—Procure no decirle que no. Esa es la palabra que más escuchan los niños. Por eso reproducen la negatividad en sus conductas.

—Qué podemos hacer en estos casos, Margaret —preguntó María José.

—Abrácelo. Ustedes deben consolarlo. Díganle que lo quieren. Demuéstrenle que no perderá su amor por el yogurt derramado. Eso desarrollará su autoestima y su confianza en los mayores.

—Ves, Ernesto. Tú siempre dices que los padres son educadores, no consoladores.

 Antes que terminara la frase, Luisito tiró el yogurt sobre la alfombra y Ernesto, en otro descuido, le dijo que no volviera a hacerlo más. Pero se lo dijo con tanta vehemencia que sorprendió a Margaret.

Como buena profesional, sin perder la calma y el tono suave, casi sensual, Margaret le explicó que lo que había hecho Ernesto era un ejemplo de un error muy común entre los padres latinos.

—Cual? —preguntó Ernesto casi arrepentido.

—Levantarle la voz al niño.

—Qué se supone que debería haber hecho?

—En estos casos la Asociación fuertemente recomienda explicarle al niño que el yogurt no va en la alfombra. Incluso, para no herir su sensibilidad, usted debió acercarse al niño y jugar con el yogurt derramado. Al fin de cuentas igual deberá usted pasar un quitamanchas. Es el mismo trabajo.

—Sí suena muy práctico, como siempre. Pero no creo que sea para tanto. Cuando tenga un jefe como el mío y un chiquillo como Luisito, ya va a saber lo qué es vivir en un mundo dibujado con límites gruesos.

—Señor Campos —razonó tranquilamente Margaret, rehuyendo siempre a mirarlo a los ojos—, el niño tiene dos años… Ya tendrá tiempo de aprender todo eso.

—Cuanto antes mejor. Además, no creo que entienda una explicación sobre la inconveniencia de tirar el yogurt en la alfombra cada vez que está lleno.

—Por sus palabras deduzco que su infancia no ha sido fácil.

—Cierto.

—Ha presenciado escenas violentas en su casa paterna?

—Sí, algunas.

—Su padre le pegaba a su madre?

—No, qué va. En todo caso era al revés. Pero ni siquiera eso. También la vieja era una mujer tranquila.

—Entonces?

—Por ejemplo, más de una vez tuve que ver cuando a mi padre se le moría una vaca y no tenía más remedio que cuerearla.

—Cuerearla? Qué significa eso?

—Sacarle el cuero. Tenía que abrirla con un cuchillo por la panza, así, de arriba abajo, y desollarla con cuidado para poder conservar el cuero al menos.

—Qué horror! Y usted qué edad tenía?

—Cinco o seis años.

—My God! Eso es suficiente para traumar a un niño. A su padre no le importaba? Qué grado de educación tenía?

—Mi padre había terminado la secundaria y nada más. Y por eso mismo no podía darse el lujo de perder la vaca entera. Al menos así rescataba el cuero, y como aquello era la Pampa, aunque me decía que me fuera lejos, igual a los cien metros yo podía ver cómo cuereaba el animal muerto. Y no le cuento cuando un baqueano tenía que matar un cerdo clavándole un cuchillo en el corazón. El bicho gritaba como un marrano.

—My God!

—Alguien tenía que hacerlo. Todos tenían que comer. Qué comió usted hoy?

—Ensalada. Qué más recuerda?

—A veces por ahí andaba la familia del occiso, una pareja de cerdos que se ponían a hacer el amor delante de mí. Esas cosas no se olvidan.

—Qué horror! Todo eso explica la violencia.

—Perdón, cuál violencia?

—La violencia en los países latinos.

—Sin embargo yo no soy un criminal. Nunca he matado a nadie y detesto la violencia de todo tipo. Sin ir más lejos, no soporto que de los cien canales de televisión que tengo aquí, en por lo menos noventa siempre estén matando, sacándole un ojo o pegándole un tiro en la cabeza a alguien. Quiere que le muestre?

—No hace falta. Pero todo eso es ficción.

—El sexo también puede ser actuado, y sin embargo es tabú o es pornografía. Si uno se descuida, los niños pueden ver quince asesinatos por noche. Pero si dos personas se dan un beso de lengua lo censuran. Se puede representar un crimen pero no se puede representar el amor.

—Mi pastor siempre dice algo muy sabio. El mal del mundo nace cuando se confunde el sexo con el amor.

—No, yo no los confundo. Pero tampoco me aparecen necesariamente incompatibles. O acaso no es posible que sexo y amor sean la misma cosa alguna vez? Digo, en un mundo tan materialista cada tanto es posible que sean la misma cosa, por milagro o por coincidencia. Aunque más no sea representado. Pero no, para la moral pública el sexo nunca es amor y siempre es obsceno. Así que hay que prohibirlo y predicar en su contra, para olvidar que el mal no nació con el sexo sino con el crimen contra el prójimo. Pero para decirle la pura verdad, a mí los cerdos de la Pampa me enseñaron no sólo que el sexo es algo natural sino que además me explicaron lo que mis padres no sabían cómo hacerlo de forma más científica. Pero en la televisión, cuando un tipo o una hermosa mujer —disculpe que no haya dicho “hermoso hombre”; no es que sea machista, es que soy heterosexual—, cuando algún adonis o alguna amazona le apunta a la frente de un desdichado y lo revienta de un disparo tipo misil transcontinental, ni uno ni otro dicen alguna mala palabra. Eso está prohibido y cuidadosamente controlado.

—En los países latinos no?

—No. En las televisiones de nuestros países se putea de lo lindo.

—Por favor, Ernesto! —se quejó María José, advirtiendo que la conversación se había desvirtuado del todo.

—Qué? No es cierto? —insistió Ernesto— Allá se besa más seguido de lo que se mata y las mujeres andan medio desnudas.

—Parte de la cultura machista.

—Sí, andan medio desnudas como en todos los países donde impera el machismo. A excepción de las mujeres musulmanas, que por su retraso cultural visten de más. Porque el machismo no sabe vestir a las mujeres. O las viste con poca ropa o las viste de más. Nunca en su justa medida, como en Estados Unidos, donde las mujeres son libres.

—Usted no negaría que en sus países impera el machismo.

—Imperan muchas cosas. Claro, todos tenemos defectos. En eso le doy la razón. También tenemos problemas con la delincuencia callejera, con el crimen organizado, con la pobreza organizada de las favelas. Pero en general nos gusta menos la muerte, la sangre, la excitación del crimen tipo Agatha Christie o las máquinas de matar, tipo Arnold Schwarzenegger. Al menos que no tengamos cine propio. Al fin y al cabo hay que reconocer que The Terminator tenía muy buenos efectos especiales. Toda una ciencia.

—Le repito que todo eso es ficción. Nuestros programas de educación infantil han funcionado desde hace años y en todos los modelos puestos en práctica la violencia está prohibida, llámese decir “no”, como usted lo ha hecho, como retar al niño por un yogurt derramado en la alfombra. Los niños reproducen lo que ven.

—Sin embargo en esta casa nadie tira el yogurt en la alfombra ni tenemos la costumbre de meter los dedos en los enchufes. Para mí que está en la naturaleza del niño, y como en la naturaleza no hay enchufes con corriente eléctrica ni alfombras que cuidar, no queda más remedio que educar. Y más vale un no bien clarito que un ni con complejos.

—Espero que usted no esté pretendiendo darnos clases a nosotros. Los estudios indican claramente que se debe erradicar toda forma de violencia en la educación de un niño.

—Me alegro. Ya le dije que no aplaudo ninguna forma de violencia. El problema es definirla. También es violencia hacerle creer a un niño que el mundo es blando como un osito panda.

—Hace años que categorizamos y erradicamos cada tipo de violencia y le puedo decir que todos estos planes han sido un éxito.

—De dónde deduce usted que han sido un éxito?

Sólo por leves momentos Margaret parecía molestarse con los cuestionamientos de Ernesto. Sin prisa, comenzó a ordenar sus papeles en la carpeta azul.

—Muchos estudios lo demuestran contundentemente —respondió.

—Desde cuando datan esos experimentos?

—De las décadas de los sesenta y de los setenta.

—A ver, déjeme ver. Si no me fallan los números, todos los soldados y los generales y los políticos y los pastores que han participado y apoyado la última guerra en Irak, por mencionar sólo una de las tantas, fueron educados de niños según esos métodos de no violencia. Cómo es que niños tan alejados de palabras fuertes, del rigor de los padres, de la muerte y del sexo en todas sus formas son capaces de bombardear mercados y ciudades llenas de niños? Niños como el mío, como los de usted. Sabía cuántas personas van muriendo en Irak? Más de medio millón, si consideramos personas a los iraquíes, claro.

—Es diferente.

—Sí, es diferente. Todo es hecho con el más puro lenguaje, con la gramática perfecta. Libertad, democracia, Dios, civilización. La sangre no salpica. Los muertos no tienen familiares que lloran. Esos jovencitos —con una alta autoestima, no vamos a dudarlo—, esos jovencitos que van a matar fanáticos a otros países piensan que están en un video game. Aprietan un botón y ni tienen que pasar por el desagradable espectáculo de presenciar lo que ellos mismos hacen. Y si alguno ve algo en vivo y en directo, es decir, algún descuartizado afuera de la pantalla azul y verde, entonces lo mandan a psicólogos de prestigio, programas que han tenido éxito, teorías científicamente comprobadas y avaladas por estudios de prestigiosos doctores. Y los que no van a la guerra ni se suicidan al volver se dedican al abuso de la Coca Cola, en el mejor de los casos, o a la coca a secas, en el peor. Sabía usted que este país, con niños tan bien educados y alejados del sexo y la violencia de decir no, es el mayor consumidor de estupefacientes del mundo? Sabía usted que en el país donde están prohibidas las malas palabras y alguna que otra cola hermosa en la televisión, donde una mirada puede ser considerada acoso sexual —de hecho aquí ninguna mujer resiste que la miren a los ojos; cuando uno las mira, esquivan la mirada como si fueran monjas cortejadas— no obstante, y tal vez por eso mismo, esto está lleno de psicópatas sexuales y asesinos en serie? En nuestros atrasados países los asesinos matan porque son bestias. Le pegan un tiro a uno. Casi no se conoce eso de matar en serie, porque es un invento de la producción y reproducción sistemática de cosas. Los asesinos en esos países atrasados no calculan, no aprietan botones y suprimen doscientas mil personas en un sólo día. Eso sólo es posible en un país donde los niños son criados bajo las mejores teorías psicológicas de la no violencia y el pudor.

Margaret no perdió la calma. La contuvo para que no se le escapara. Miró el reloj. Con mucha elegancia dijo que se había hecho tarde. Tres minutos tarde. Los padres firmaron. Margaret confirmó el número de palabras que Luisito podía pronunciar. 33. Normal para su edad, pero si en la próxima visita no había podido unir un sustantivo con un adjetivo habría que derivarlo a un especialista. Tomó sus cosas, con suavidad y se despidió con la misma sonrisa de siempre.

Pero un segundo después que la puerta se cerró, se escuchó que decía:

—Fuck you.

Ernesto no supo distinguir si el tono era de rabia contenida o era el mismo tono imperturbable de siempre. De lo que sí estaba seguro es que Margaret había querido ser escuchada. La mejor oportunidad de su vida de decir una mala palabra en público.

 

Jorge Majfud

In Entre Orientales y AtlantesAntología de relatos uruguayo-canaria. (short stories) Tenerife, Spain: Editorial Baile del Sol, 2010.

Nosotros y los otros I y II

Injuries / Heridas

El Muro

Nosotros y los otros (I)

 

Americanos

Las masivas campañas de indignados en Europa han cruzado el Atlántico para convertirse en el movimiento de los Occupy Wall Street. En estos casos, los manifestantes no han ocupado por la fuerza ningún edificio publico o privado sino los centros simbólicos de las ciudades, desde Nueva York hasta Jacksonville. El conocido profesor de Princeton University, Cronel West, ha planteado cierta continuidad entre la primavera árabe y el otoño americano. No parecen tener, no obstante, mucha relación; sus orígenes y sus reivindicaciones son diferentes, aunque quizás el espíritu sea aquel que anunciamos diez años atrás: “Antes de la gran revolución civil habrá una profundización de la crisis de este orden obsoleto. Esta crisis será en casi todos los ámbitos, desde el orden político hasta el económico, pasando por el militar. La Superpotencia es actualmente muy frágil debido a su recurso militar, con el cual ha minado el arma más estratégica de la antigua diplomacia […] no podrá resistir un contexto crecientemente hostil porque su economía, base de su poderío militar, se debilitará en proporción inversa. Hoy está en condiciones de ganar cualquier guerra, con o sin aliados, pero los sucesivos triunfos no podrán salvarla de un progresivo desgaste. El resultado inmediato será una gran inseguridad mundial, aunque ésta se superará con la revolución civil. En este momento de quiebre, Occidente se debatirá entre un mayor control militar o en la desobediencia civil, la cual será silenciosa y anónima, sin líderes ni caudillos” (La Republica, 2003).

Políticamente, el movimiento no es estéril, pero no creo que todavía sea capaz de cambiar ningún sistema. El sistema capitalista entra en crisis en Occidente (no es la primera vez y tal vez no sea la última) y es exitosamente salvado en Oriente. Sin embargo, este movimiento de manifestantes es la necesaria respuesta al hegemónico discurso conservador que instauraron los años ochenta y cuyo fenómeno reciente más visible es el Tea Party, movimiento claramente reaccionario y conservador de una tradición inventada a su manera, que poco o nada tiene que ver con el pensamiento de los llamados “padres fundadores”.

Como reacción a la reacción de la izquierda norteamericana y a la manifestación organizada y espontánea de los occupy, no han faltado las voces que recomiendan a los manifestantes irse a Cuba (en muchos casos, sino en la mayoría, son expresiones de hispanos “conservadores”).

Estas voces, que se autodefinen como democráticas, ejercitan el más tradicional de los fascismos populares. Durante la dictadura brasileña de los setenta, el aparato de propaganda acuñó un eslogan que funcionaba perfectamente con la centenaria cultura semi feudal del continente: “Brasil, potência”, “Brasil, ámelo o déjelo». Igual en la España del franquismo: aquellos que no eran “españoles verdaderos” (como en tiempos de Fernando e Isabel) debían abandonar la bendita patria.

En Estados Unidos esa mentalidad no ha sido ajena. Como siempre, desde los grupos más conservadores se intenta definir qué es un individuo, una familia, un pueblo; todo lo que no se adecua, es un enemigo. Para algunos, si a alguien se le ocurre cambiar un país o criticarlo por su sistema económico, por su cultura o sólo por alguna de sus partes, aunque sea su propio país debería abandonarlo para no caer en contradicción. Esta idea, bastante común, pertenece a la tradición fascista más extendida y oculta en los pliegues de la conciencia popular. Significa que los países tienen dueños: si no te gusta el orden que tiene mi casa, ahí está la puerta. La casa es mía.

Así, un país le pertenece a quienes piensan de una forma X y actúan de una forma X y, por ende, son consecuentes Xs. Los otros deben aceptar el poder de los Xs o convertirse a Xs para no caer en mortal contradicción.

Esa es, en resumen, la idea subyacente en la mentalidad conservadora de los radicales del Tea Party: este país ha sido secuestrado por los “raros” (los bárbaros progresistas, los liberales sin moral) y debemos salvarlo. Si los raros no están de acuerdo con nosotros, son contradictorios, ya que nosotros somos la esencia de este país, etcétera. No es un problema dialéctico, de razón o de justicia, sino, como en una tribuna de fútbol, el “ser verdadero y autentico” en un sentido extendido más allá del grupo X, es aceptado simplemente por su lealtad al grupo X. Es decir, X es la verdadera letra del alfabeto.

No es sólo un problema estadounidense; es universal.

(continúa)

Jorge Majfud

Jacksonville Univeristy

majfud.org

Milenio (Mexico)

La Republica (Uruguay)

Milenio II (Mexico)

Nosotros y los otros (II)

Antiamericanos

Si nadie (que no sea fascista) puede reducir ningún país del mudo a una ideología, una raza, una religión, un idioma y una única tradición, por pequeño que sea, mucho menos esta operación es posible en un país gigante y extremadamente diverso, heterogéneo y contradictorio como Estados Unidos. Pero no sólo los fascistas conservadores persisten en esta actitud. La misma es emulada por posturas antiamericanas que reducen esta diversidad a un único individuo: “el americano” o “el yanqui”. Generalmente el sustantivo “americano” va asociado a “ignorante”.

La etiqueta es contradictoria especialmente cuando procede de aquellas voces que simultáneamente acusan “al americano” de ser imperialista. Lo cual hoy en día es una operación rutinaria, cómoda y políticamente correcta, que no conlleva ningún coraje intelectual y con frecuencia mucha autocomplacencia que distrae y neutraliza una crítica productiva contra una realidad –el imperialismo– que no es única sino parte de una realidad mayor y más compleja.

El mismo Che Guevara, que no sin razón acusó a Estados Unidos de ser una potencia imperial, brutal como cualquier imperio, diferenció de forma explicita el gobierno del “pueblo americano”. Un amigo norteamericano que detestaba la guerra en Irak, una vez me dijo que no se puede separar una cosa de la otra y que lo que hace el gobierno es también responsabilidad del pueblo que lo elige.

Hasta aquí estoy de acuerdo. Nadie es totalmente inocente, ni aquí ni allá. Pero no se puede responsabilizar a decenas de millones de personas que abiertamente han estado en la oposición, de ser responsables de lo que hace su gobierno o el aparato que lo rodea. Si así fuera, todos los latinoamericanos seríamos igualmente responsables por lo que han hecho nuestros gobiernos, desde las dictaduras más criminales de la historia hasta las democracias con sus injusticias pendientes. También en América Latina exterminamos a nuestros indios, humillamos a nuestros negros (aunque el racismo norteamericano, especialmente el del sur, se lleva o se llevó todos los premios en la categoría). Nuestras barbaridades, nuestros crímenes no fueron mayores porque nuestros PIBs no llegaron a ser nunca aquellos de los imperios modernos y antiguos. Esto ya lo sabían los griegos cuando respondieron a los espartanos que reclamaban “justicia” ante el dominio comercial y, por ende, militar de Atenas. Tucídides, en Historia de la guerra del Peloponeso, reproduce los argumentos de los enviados de la “democratica y tolerante” Atenas: “y una vez que ya éramos odiados por la mayoría, y que algunos ya habían sido sometidos después de haberse sublevado, y que ustedes ya no eran nuestros amigos como antes, sino que se mostraban suspicaces y hostiles, no parecía seguro correr el riesgo de aflojar. […] Disponer bien de los propios intereses cuando uno se enfrenta a los mayores peligros no puede provocar el resentimiento de nadie […] Tampoco hemos sido los primeros en tomar una iniciativa semejante, sino que siempre ha prevalecido la ley de que el más débil sea oprimido por el más fuerte; creemos, además, que somos dignos de este imperio, y a ustedes mismos así les pareció hasta que ahora, calculando sus propios intereses, se ponen a invocar razones de justicia, razones que nunca ha puesto por delante nadie que pudiera conseguir algo por la fuerza para dejar de acrecentar sus posesiones. […] en todo caso, creemos que si otros ocuparan nuestro sitio, harían ver perfectamente lo moderado que somos. […] En el caso que ustedes nos vencieran y lograsen tomar la dirección del imperio, rápidamente perderían la simpatía que se han ganado de los demás gracias al miedo que nosotros inspiramos […] Cuando los hombres entran en guerra, comienzan por la acción lo que debería ser su último recurso, pero cuando se encuentran en la desgracia, entonces ya recurren a las palabras”.

Estas palabras, que tristemente son siempre actuales, fueron pronunciadas y escritas dos mil años antes de Macchiavello y Thomas Hobbes.

También los pueblos que han sufrido el azote de la Atenas contemporánea, como Esparta (releer el delicioso clásico de Bertrand Russell, A History of Western Philosophy), nos hemos considerado los campeones de la moral. Entonces, nos sentimos en el derecho de simplificar a un pueblo diverso como el norteamericano en un solo “yanqui imperialista e ignorante”.

El imperialismo, en sus diversas formas, es una realidad; ya nos hemos encargado de analizarlo y denunciarlo casi sin tregua. Pero la idea repetida que leemos y escuchamos siempre de que “los americanos son unos ignorantes” o “los americanos no tienen cerebro”, no deja de ser paradójica: gente sin cerebro tiene la abrumadora mayoría de las mejores cien universidades del mundo; gente sin cerebro ha cambiado, para bien y para mal, el mundo de la ciencia y la tecnología en el último siglo y sobre todo en los últimos cincuenta años; gente ignorante y sin cerebro ha extendido su brutal dominio en el comercio y en la geopolítica. Todo llevado a cabo sobre gente que, se presume, sí tiene verdadera cultura y verdadera inteligencia.

Sin duda, una cultura, un pueblo inteligente y educado puede ser victima cruel de una horda de bárbaros. Eso está demostrado en la historia. Pero ningún imperio se puede sostener mas allá de sus propias agresiones bélicas si los pueblos oprimidos no colaboran en su propia opresión. Pero esos pueblos están demasiado ocupados riéndose de la ignorancia y de la poca inteligencia de los habitantes del imperio. Tal vez la moral, la sabiduría y la inteligencia de quienes se burlan de las carencias del imperio que los oprime debería estar, por lo menos, entre comillas, sino entre signos de interrogación.

Tal vez la ignorancia es más concreta y se reproduce no en los pueblos sino en individuos concretos. Los ignorantes americanos confunden a los mexicanos con Pancho Villa y a los italianos con Silvio Berlusconi. Los ignorantes mexicanos y los ignorantes italianos confunden a los norteamericanos con Lady Gaga y Chuck Norris. Aparte de la ignorancia, los une la misma tradición: el chauvinismo, con frecuencia disfrazado de nacionalismo y de conmovedores patriotismos.

Sospecho que para construir un mundo más justo y democrático del que tenemos y hemos tenido siempre, hace falta terminar con esta estéril tradición. Entre otras cosas, claro.

Jorge Majfud

Jacksonville Univeristy

majfud.org

Milenio (Mexico)

Milenio II, MR (Mexico)

La Republica (Uruguay)

El Teniente Coronel Gavazzo y la CIA

El Teniente Coronel Gavazzo y la CIA

Hay por lo menos dos innovaciones en las guerras modernas: una es el ataque preventivo; la otra es la condena de un grupo o de un individuo por lo que hubiesen podido hacer. En el caso latinoamericano, podemos ver cómo las guerrillas lucharon por violar las constituciones de sus países y para evitar que lograran hacerlo, los militares la violaron de hecho. Con un agregado: no fueron una simple reacción a la violencia del momento sino el resultado tradicional de una violencia institucionalizada por décadas en sociedades claramente autoritarias y opresoras, continuación de los abusos de clase y de raza que procedía de la colonia y se prolongó sin quiebres en las republicas de papel, estados semi feudales legitimados por maravillosas leyes y constituciones que sólo los desheredados y la clase media respetaban.

Siglos de cultura feudal no cambian con ningún gobierno ni con ningún maquillaje ideológico. Lo demuestran los personalismos que plagan izquierda y derecha casi por igual.

Los arqueólogos de las mentalidades todavía hoy pueden rastrear algunos fósiles. Un ejemplo anecdótico, aunque no único, es el caso del

Tte. Cnel. José Gavazzo y otros militares de la última dictadura en Uruguay. Recientemente el militar retirado publicó un largo relato donde acusa a los comunistas por lo que pudieron hacer o por lo que hicieron sus pares en la Unión Soviética. Lo cual es una forma obvia de justificar los crímenes propios con los ajenos. Algo similar sería sentenciar a Gavazzo, Videla o Pinochet, por los crímenes cometidos por el franquismo. Aunque sus motivaciones y prácticas son igualmente fascistas y reaccionarias, no se puede juzgar a unos por lo que hicieron otros.

A juzgar por sus escritos que el Tte. Cnel. Gavazzo acaba de publicar en el día de hoy, ni siquiera entiende la historia que él mismo formó parte, más como tétrico y patético títere (que a su vez movía los piolines de otros subtíteres), que como protagonista conciente de las causas y acciones que lo motivaban. Sí, conozco la respuesta: “yo sé lo que digo porque lo viví”. El argumento senil también sirve para darle el mismo crédito intelectual a los tupamaros, sus enemigos a muerte por entonces, que también vivieron el mismo tiempo aunque suelen recordar una realidad algo diferente y en casos incompatible. O habría que aceptar que Cristóbal Colon tenía razón cuando afirmaba que había llegado al Asia cruzando el Atlántico, ya que fue él quien lo hizo y no nosotros.

En 2007, una carta abierta de los familiares de militares presos por violación a los derechos humanos le pedía al entonces presidente de Estados Unidos, George Bush, que interfiriera en los asuntos judiciales del Uruguay para liberar a quienes lucharon contra la influencia extranjera. Como semejante contradicción no tuvo el efecto esperado, ahora el Tte. Cnel. Gavazzo mitiga sus días publicando un sitio que se llama “En voz alta”, donde publica las grabaciones intrascendentes de conversaciones telefónicas en los años setenta, con más nostalgia que inteligencia, y firma sus redacciones como “prisionero político” (de un régimen democrático y de derecho al que, curiosamente, llama “régimen”). El cambio de “preso” por “prisionero” no lo dignifica pero le da un toque militar al asunto, e injustamente significa lo mismo que durante la dictadura significaba “preso político”.

Ahora, si algo no tienen los presos políticos es voz. De hecho, se los encarcela para silenciarlos, no para victimizarlos. Eso debería saberlo el teniente coronel, alguien que vivió los tiempos que ahora intenta comprender con más lecturas y con menos recursos intelectuales. Cuando él y sus secuaces secuestraron un país en nombre de su salvación, no se podía hablar ni en voz baja. Esta prohibición no estaba limitada a los presos políticos sino a todo aquel ciudadano que no pensara como ellos. Yo mismo, siendo un niño de siete años, debí pasar horas mirando la pared de la escuela, en castigo por hacer demasiadas preguntas a la maestra. Bastaba con ser sospechoso de pensamiento para ir a la cárcel, perder el empleo o ser directamente torturado de una forma más física. El resto gozaba de libertad de expresión, lo que demuestra que el régimen no era tan terrible.

Aunque el coronel mantiene todas las garantías constitucionales e internacionales y puede publicar cuanto le dicta su brillante intelecto, y algunos otros militares retirados salen en la televisión tratando de explicarnos, con tono grave y académico, quién fue un horrible y perverso “italiano llamado Gramsci”, difícilmente pueda recibir el honor de ser considerado un preso político. Lo cual es una paradoja, ya que es como tratar de reclamar el título que alguna vez tuvieron sus victimas (con excepción de los secuestrados, torturados y desaparecidos).

En uno de sus capítulos (vamos llamarlo así) el Tte. Cnel. habla del “terrorismo de Estado” de la Unión Soviética, citando a Stalin y otros clásicos. Aquí, en Estados Unidos, he tenido muy buenos alumnos cuyos abuelos fueron famosos camaradas de Stalin y reconocidos criminales. De ser por el Tte. Cnel. Gavazzo deberían estar presos o en observación. Por alguna razón, el Retirado no alcanza a percibir que aquellos matones de Stalin fueron lo más parecido a su horda de militares que asolaron America Latina. Los diferenciaba la mano con la que cometían sus atropellos a los Derechos Humanos (la escala de la barbarie también, en el caso de un país demográficamente minúsculo como Uruguay). Denunciando la barbarie ajena se daban el lujo de justificar las barbarie propia.

El señor Tte. Cnel. y sus secuaces no sólo aniquilaron seres humanos; también asesinaron la historia. No por su lucha contra el fascismo comunista (a la cual yo mismo me sumaría de haber vivido en la Unión Soviética) sino por su lucha contra la democracia y los derechos humanos.

Obviamente, no pretendo razonar con alguien que no se arrepiente de nada; se sienten orgullos de sus crímenes, razón por lo cual no entiendo por qué no aceptan la cárcel con orgullo de mártires en lugar de llorar como marranos al mejor estilo Augusto Pinochet cuando estuvo a punto de perder su libertad. Cuando vi llorar a este señor comprendí por qué los generales y dictadores siempre iban detrás de sus ejércitos. Como el Tte. Cnel. Gavazzo, estos valientes soldados de la patria sólo se enfrentaban a un prisionero cuando estaba amarrado y encapuchado (si me pide nombres, se los puedo dar; pero estoy seguro que su valentía no le dará para tanto).

Así, los ex dictadores se consuelan pensando que son victimas del marxismo internacional y no de la justicia. Pero para que tengan en cuenta que no fueron los marxistas los únicos que los consideraron criminales peligrosos, recomiendo el análisis de un informe secreto de la CIA, aun sin traducir al español.

Según un documento desclasificado el 9 de julio de 2002 y en archivos de George Washington University, en 1976, en plena dictadura, Washington bloqueó el viaje de los militares uruguayos José Pons y el mayor José Nino Gavazo. ¿Por qué?

El documento fue firmado por Harry W. Shlauderman y dirigido a Mr. Habib, el 13 de diciembre de 1976, en los últimos días de la presidencia de Gerald Ford y con el conocimiento del reciente triunfo del demócrata Jimmy Carter, a un mes de asumir la presidencia de Estados Unidos.

El título es elocuente: “Uruguayan Threat Against Congressman Koch”. En la segunda página, bajo el subtítulo de “secreto”, el informe cita un telegrama de Siracusa, informando la decisión del gobierno uruguayo (por entonces presidido por el Dr. Aparicio Méndez pero controlado por las Fuerzas Armadas a través del Consejo de Estado) de asignar a José Pons y Nino Gavazzo, a quienes identifica como miembros del “Servicio de Inteligencia” (nombre paradójico, pero comprensible entre gente con la costumbre de colgarse medallas unos a otros).

De forma explícita, el documento refiere que “aparentemente Gavazzo es un tipo peligroso”, por lo cual se recomendó que se informara al embajador en Montevideo que “esos dos caballeros [sic] no serían bienvenidos a Estados Unidos”.

Aparentemente, una de las razones principales radicaba en que las autoridades norteamericanas consideraban un riesgo el hecho de que pudieran actuar como oficiales en suelo estadounidense, siendo dos personajes claramente  identificados con la campaña antiterrorista llevada a cabo en Uruguay.

De forma explícita y reiterada, el informe señala que sólo la amenaza contra el legislador Koch es suficiente razón para bloquear la entrada de estos dos militares al país. Sin embargo se asigna al embajador la tarea no permitir entrar a estos militares sin dar más detalles. En realidad, el gobierno norteamericano presionó al uruguayo para que retirase a sus candidatos que pensaba enviar a Washington.

La razón se encontraba en una carta enviada al jefe del Departamento de Justicia de Estados Unidos y fechada en Octubre 9 de 1976, en la cual el congresista Edward I. Koch menciona que los servicios de inteligencia de Estados Unidos habían detectado la intención de los militares uruguayos de enviar alguien a Estados Unidos para atentar contra su vida. El motivo que había enfurecido a los oficiales uruguayos de entonces fue la acción del congresista de Nueva York para retirar la ayuda militar a Uruguay debido a “la represión contra su propio pueblo” y especialmente por los actos de terrorismo perpetuados en Argentina contra los refugiados uruguayos” y en consideración del reciente atentado terrorista en el DC contra el chileno Letelier.

Según consta en varios documentos de la época y otros más recientes, al principio la CIA tomó la amenaza de los militares uruguayos como la “amenaza de unos bocones borrachos”. Sin embargo, luego del asesinato de Letelier las investigaciones y las amenazas tomaron otro tono.

Obviamente, habría mucho para discutir sobre el apoyo de algunos gobiernos de Estados Unidos a muchas dictaduras a lo largo y ancho de America latina. Pero el punto ahora es otro y creo que el Tte. Cnel. Gavazzo y sus conspiradores vocacionales sabrán comprenderlo. Aunque, claro, nunca hay que subestimar la brutalidad (física e intelectual) de seres graduados en las academias de la muerte.

De cualquier forma, recomiendo la publicación de alguno de los escritos del Tte. Cnel. Gavazzo. Son didácticos desde muchos puntos de vista.

Jorge Majfud

2011

La Republica (Uruguay)

MDZ (Argentina)

Mitos fundamentales sobre la inmigración

Mythes de base sur l’immigration (French)

 

Seis mitos fundamentales sobre la inmigración

 

En casi todos los países y a lo largo de diferentes épocas, las clases más conservadoras han estado siempre en los extremos de la pirámide social. En Estados Unidos la retórica conservadora ha logrado captar parte de los sectores de los extractos más bajos de la sociedad, no recurriendo a liberar a los ricos de impuestos (para esto está la ideología del “trickle down”) sino creando el demonio del inmigrante ilegal. No hay nada mejor para canalizar las frustraciones de las clases más bajas que crear enemigos tribales dentro de la misma clase.

Así se han aprobando leyes como en Arizona y en Georgia, que criminalizan a “los sin papeles”, lo que ha provocado la fuga de muchos trabajadores indocumentados de un estado a otro. Como resultado, los pequeños y medianos empresarios del área de la construcción y sobre todo de la actividad agrícola se quejan que no hay brazos para levantar las cosechas. Solo en la costa oeste los puestos de recolectores sin ocupar superan los cientos de miles. Claro, hay que trabajar sin aire acondicionado.

Innumerables estudios (ej. Damian Stanley y Peter Sokol-Hessner, NYU; Mahzarin Banaji, Harvard Univ., etc.) han demostrado que el miedo al otro es prehistórico y provoca reacciones negativas hasta en la persona más pacífica cuando se le presentan diferentes imágenes de diferentes rostros. No obstante, aquellos que entendemos que existe cierto grado de evolución humana, no defendemos un rasgo milenario por el sólo hecho de ser milenario. Podemos asumir que el amor y el odio, el temor y la solidaridad, como lo sugieren las mayores obras de arte, son emociones irreductibles, no cuantificables por principio y definición, y seguramente inmanentes a todos los seres humanos a lo largo de la historia. Pero no las formas en que los individuos y las sociedades se relacionan para desarrollarse y evolucionar. Si no hay progreso histórico en cada individuo (cualquier tibetano del siglo V puede ser social y moralmente superior a un habitante contemporáneo de Rio o Filadelfia), en cambio podemos esperar que sí lo haya en una sociedad dada que es capaz de aprovechar la experiencia histórica, propia y ajena. Si en los primates existe la mentira, la explotación y las jerarquías sociales y políticas (Frans de Waal, etc.), ello no es un indicio de que estas estructuras (culturales) sean insuperables sino, a juzgar por las diferencias entre algunos hombres y un orangután, todo lo contrario. Al menos que los conservadores propongan a los monos como pruebas, no de una posible evolución sino de la imposibilidad de evolucionar.

En la problemática de la inmigración inevitablemente juegan estos elementos primitivos, aunque maquillados con retóricas cargadas de preceptos ideológicos sin una racionalidad mínima. Por lo tanto son mitos, creencias indiscutibles (es decir, realidades) para determinados grupos, producto de repeticiones, sobre todo mediáticas.

Más allá de que nunca apoyamos ni apoyaremos la opción de una inmigración ilegal, el punto central aquí es analizar la realidad instaurada.

 

Mito I: Con los inmigrantes aumenta la criminalidad

Falso. Diferentes estudios de diferentes universidades (Robert Sampson, Harvard University; Daniel Mears, Florida State University; Public Policy Institute of California, PPIC, etc.) han demostrado claramente que a un incremento de la inmigración sigue un descenso de la criminalidad. También se ha observado que sobre todo la primera generación de inmigrantes es menos propensa a la violencia que la tercera, muy a pesar de las mayores necesidades económica que suele sufrir la primera generación. La relación inversa entre violencia e inmigración latina, puede resultar paradójica, considerando la violencia brutal que existe en las sociedades de las que proceden estos inmigrantes. Paradoja que, como toda paradoja, es apenas una contradicción aparente con una lógica interna; obviamente, muy fácil de explicar.

Mito II: Los inmigrantes le quitan los trabajos a los nacionales

Falso. En todos los países del mundo siempre se ha buscado a alguna minoría débil para descargar todas las frustraciones de cada crisis. En Estados Unidos algunos desempleados se quejan de que los inmigrantes ilegales les quitan los trabajos, lo cual resulta una muestra de época inteligencia y probablemente de mala fe: es mejor quedare en casa o salir a comer a un restaurante con el dinero del Estado que ir a hacer trabajos duros que sólo aquellos inmigrantes pobres (los ricos no emigran) son capaces de hacer.

Los inmigrantes más pobres no hablan inglés (en ocasiones, los mexicanos y centroamericanos ni siquiera hablan español), no conocen las leyes, no tienen papeles para trabajar, son perseguidos o viven escondiéndose y aún así consiguen trabajos que los “pobres americanos” no pueden conseguir. ¿Cómo hacen?

Por el contrario, estudios serios demuestran que la inmigración ayuda a crear nuevos puestos de trabajo (Gianmarco Ottaviano, Università Bocconi, Italia; Giovanni Peri, University of California). Según un estudio de Pew Research Center, en los tres últimos años la inmigración ilegal latinoamericana a Estados Unidos ha caído 22 por ciento, sin que esto haya significado un descenso de la tasa de desempleo. De hecho, sólo los inmigrantes indocumentados aportan más de medio millón de consumidores al año.

Mito IV. Los inmigrantes ilegales son una carga porque usan servicios públicos que no pagan.

Falso. Cualquier ciudadano desocupado o que gane menos de 18.000 dólares anuales hace uso gratuito de cualquier servicio médico y de muchos otros servicios públicos y privados, como vivienda y pensiones. Los trabajadores sin papeles acuden a un servicio sanitario en última instancia (The American Journal of Public Health) y en muchos casos pagan por consultas y tratamientos. Muchos ni siquiera denuncian robos y abusos. Ningún camionero pretendería lucrar con su máquina sin llevarla alguna vez al mecánico, pero muchos ciudadanos que se benefician de los trabajadores indocumentados esperan que éstos nunca acudan a un hospital, a pesar de que los trabajos que hacen suelen ser los más peligrosos e insalubres.

Según la National Academy of the Sciences de Estados Unidos, los números muestran que estos inmigrantes aportan más de lo que toman de la economía nacional. Según el economista Benjamin Powell, estos trabajadores aportan 22 billones de dólares anuales y su legalización fácilmente aumentaría esa cifra.

En términos globales, el principal factor que pone en ventaja a Estados Unidos con respecto a las demás economías desarrolladas (incluida la emergente China) radica en su todavía alta tasa de trabajadores jóvenes, en gran medida debido a la alta tasa de natalidad entre la población hispana y a la inmigración misma, sin la cual programas como el Social Security serían insostenibles en un futuro cercano.

Mito V. Los indocumentados no pagan impuestos.

Falso. Los indocumentados pagan impuestos de muchas formas, directas o indirectas. Según cálculos de los últimos años, cada inmigrante ilegal paga miles de dólares en impuestos, mucho más que muchos ciudadanos inactivos. En total, el Social Security recibe más de 9 billones de dólares anuales de estos contribuyentes que probablemente nunca reclamarán ninguna devolución en forma de pensiones o beneficios. Actualmente hay cientos de billones de dólares aportados por trabajadores fantasmas (Eduardo Porter, New York Times; William Ford, Middle Tennessee State University; Marcelo Suárez-Orozco, New York University).

Mito VI: Los inmigrantes ilegales tienen poder corporativo.

Falso. Los inmigrantes no nacionalizados, sobre todo los ilegales, no votan en ninguna elección. En muchos casos ni siquiera pueden votar en las elecciones de sus países de origen, aunque sus millonarias remesas nunca han sido rechazadas ni despreciadas.

El slogan de “latinos unidos” es un buen negocio para las grandes cadenas de medios hispanos en Estados Unidos, pero esta unión es muy relativa. Aunque hay un sentimiento de “hispanidad” dentro de cualquier mundo “no hispano”, lo cierto es que las rivalidades, rencores y chauvinismos solapados surgen apenas “el otro no hispano” desaparece del horizonte tribal. También los estatus legales e ideológicos son, en casos, radicalmente inconciliables. Basta con considerar un trabajador mexicano ilegal y un balsero cubano, protegido por ley.

Jorge Majfud

majfud.org

Julio 2011, Jacksonville University

Gara (España)

Claridad (Puerto Rico)

Milenio , II (Mexico)

La Republica (Uruguay)

Mitos fundamentales sobre la inmigración

Jorge Majfud’s books at Amazon>>


 

 

La ONU presentó el Mapa del Hambre 2011

Se basa en datos del Programa Mundial de Alimentos, iniciativa financiada por donaciones voluntarias. Haití, República Dominicana y Bolivia registran los índices más altos de desnutrición en América Latina

La investigación establece seis categorías para clasificar la desnutrición mundial. Por colores, el celeste representa a las naciones con un 5% -o menos- de  población desnutrida. En esta categoría aparecen, entre otros, los países europeos, Rusia, los Estados Unidos, Japón y Canadá; pero también se ubican países latinoamericanos como México, Costa Rica, Chile, Uruguay y Argentina. Con menos del 5% de su población desnutrida, además, se registran algunos países africanos y árabescomo Marruecos Argelia, Libia, Egipto, Siria, Arabia Saudita y el persa Irán. Del África subsahariana sólo aparecen Sudáfrica y Gabón.

El hambre, para las naciones en desarrollo, representa un costo de más 450 mil millones de dólares al año. En este punto es donde entra en acción el PMA: «Durante las emergencias llevamos alimentos a donde más se necesite para salvar las vidas de las víctimas de desastres naturales, de las guerras o conflictos civiles. Una vez que las emergencias han pasado, usamos los alimentos para ayudar a las comunidades a reconstruir sus vidas destrozadas».

Según detalla el PMA en su sitio web, una de cada seis personas en el mundo no tiene alimentos suficientes para estar saludable y llevar una vida activa. «El hambre y la desnutrición son consideradas a nivel mundial el principal riesgo a la salud, más que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntas».

La mayoría de los países latinoamericanos están calificados en las primeras tres categorías de este mapa.  El caso más preocupante es el de Haití que registra una desnutrición «muy alta», mayor al 35 por ciento.  República Dominicana y Bolivia, tienen una tasa  «moderadamente alta», entre un 20 y un 34 por ciento.  

 

Honduras, Nicaragua, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Paraguay entraron en la categoría «moderadamente baja», con niveles de desnutrición de entre el 10 y el 19 por ciento. Y finalmente Brasil, aparece pintada en amarillo con una tasa de entre el 5 y el 9 por ciento.

El PMA detalla que entre las principales causas del hambre están los desastres naturales, los conflictos, la pobreza, la falta de infraestructura agrícola y la sobre-explotación del medioambiente. Recientemente, el número de personas con hambre se incrementó debido a las crisis financieras y económicas.

 

El programa de Naciones Unidas, además explica que existe otro tipo de hambre, el oculto «producto de la deficiencia de micronutrientes y hace a las personas más susceptibles a las enfermedades infecciosas, perjudica el desarrollo físico y mental, reduce la productividad laboral y aumenta el riesgo de una sufrir una muerte prematura».

Los cinco objetivos estratégicos del PMA son: Salvar vidas y proteger los medios de subsistencia en emergencias. Prevenir el hambre aguda e invertir en medidas de preparación para casos de catástrofe y de mitigación de sus efectos. Reconstruir las comunidades y restablecer los medios de subsistencia después de un conflicto o una catástrofe o en situaciones de transición. Reducir el hambre crónica y la desnutrición. Fortalecer la capacidad de los países para reducir el hambre.

Esta iniciativa se financia con aportes voluntariosEn su sitio online se especifica que con sólo 25 centavos de dólar se garantiza «una taza de alimentos que contengan todos los nutrientes necesarios para un día». El eslogan es «llena la taza», con un dólar aportado, se llenan cuatro.

fuente>>

Un poco de literatura «Hispano-American»

Juan Goytisolo, Instituto Cervantes Berlin May...

Image via Wikipedia

Claro que tengo algunas discrepancias con este artículo.

Por ejemplo, el párrafo:

«A principios de 1959, una nueva ola de refugiados de la Revolución Cubana estableció una prensa de exilio de amplio alcance. Chilenos, salvadoreños, nicaragüenses y otros expatriados hispanoamericanos han contribuido también a la literatura del exilio. Algo relativamente nuevo de esta última literatura del exilio es que muchos de sus textos se llegaron a traducir al inglés, y la obra de escritores liberales, como los argentinos Luisa Valenzuela, Manuel Puig y Jacobo Timmerman, los chilenos Emma Sepúlveda y Ariel Dorfman, el salvadoreño Mario Bencastro, entre otros, se publicaron junto a las voces más conservadoras del exilio cubano, como las de Heberto Padilla y Reinaldo Arenas.»

Aquí se nota el dualismo norteamericano de «liberal» = de izquierda / «conservador» = de derecha.

Así se produce una clasificación curiosísima de Reinaldo Arenas como escritor conservador» (los conservadores estarán pegando el grito en el cielo sólo por las «obscenidades»  del cubano y los izquierdistas harían lo propio con calificaciones como «liberales», mala palabra entre la izquierda latinoamericana, aunque no en la izquierda europea y casi una bandera de la izquierda norteamericana.

Pero dejo aquí para que los lectores aprecien otras líneas que valen la pena.

 

Panorama de la literatura hispana de los Estados Unidos

por Nicolás Kanellos

Históricamente, todos los diversos grupos étnicos que por facilidad y conveniencia llamamos «hispanos» o «latinos» crearon una literatura en Norteamérica aun antes de que existieran los Estados Unidos. El volumen de su escritura a través de más de cuatrocientos años es tan cuantioso que habría que emplear a miles de estudiosos durante muchos años para investigar y recuperar, analizar y hacer accesible la totalidad de las expresiones hispanas que merecen ser preservadas y estudiadas.

Debido a su variedad y perspectivas múltiples, lo que llamamos literatura hispana de los Estados Unidos es mucho más complejo de lo que demuestran los textos producidos en los últimos cuarenta años. Esta literatura incorpora las voces del conquistador y del conquistado, del revolucionario y del reaccionario, del nativo y del desarraigado de su tierra. Es una literatura que proclama un sentido de lugar y pertenencia a los Estados Unidos mientras que también elimina fronteras y es transnacional en el sentido más posmoderno posible. Es una literatura que trasciende conceptos de etnicidad y raza, mientras que lucha por una identidad chicana, nuyorriqueña, cubanoamericana o simplemente hispana o latina.

La introducción de la cultura occidental en las tierras que eventualmente pertenecerían a los Estados Unidos fue obra de gente hispana: españoles, africanos y amerindios hispanizados, mestizos y mulatos. España fue el primer país que introdujo una lengua europea escrita en el área que llegaría a ser la parte principal de los Estados Unidos. Desde 1513, con los diarios de viaje a la Florida de Juan Ponce de Léon, la práctica de la escritura en los registros civiles, militares y eclesiásticos se volvió habitual en los lugares que se convertirían en el sur y el suroeste hispanos de los Estados Unidos.

La cultura escrita no sólo facilitó los registros de la conquista y la colonización, sino que hizo surgir las primeras descripciones y los primeros estudios de la flora y la fauna de estas tierras nuevas para europeos, mestizos y mulatos. Hizo posible la formulación de las leyes para su gobernación y facilitó su explotación comercial al mismo tiempo que creaba una historia de estos territorios -una historia oficial que no siempre concordaría con la tradición oral-.

La lengua española se extendió al norte de la Nueva España y hacia las tierras que a mediados del siglo XIX llegarían a ser parte de los Estados Unidos como resultado de conquista, anexión y compra.

Todas las instituciones del mundo letrado -escuelas, universidades, bibliotecas, archivos del gobierno, tribunales y muchas otras – fueron introducidas en Norteamérica por gente hispana a mediados del siglo XVI. Los hispanos que se establecieron en las trece colonias británicas en Norteamérica tuvieron acceso inmediato a la imprenta. Hacia 1780 ya estaban publicando sus libros y periódicos en las primeras imprentas de los Estados Unidos. Editaban centenares de libros políticos, así como libros de literatura creativa, muchos de ellos en apoyo a los nacientes movimientos de independencia en Hispanoamérica.

En Louisiana y más tarde en el suroeste y hasta parte del noreste, las publicaciones bilingües llegaron a ser a menudo una necesidad de comunicación, primero para las comunidades hispano-francesas y más tarde para las poblaciones donde convivían hispanos y angloamericanos, ya que dichas publicaciones, incluyendo las publicaciones literarias, reflejaban cada vez más la vida bicultural de los Estados Unidos.

Al principio del siglo XIX, la cultura literaria de los hispanos empezó a poseer las funciones de expresión que la han caracterizado hasta el presente. Se distinguen tres tipos de expresión correspondientes a los nativos, los inmigrantes y los exiliados. Estas categorías se relacionan con los procesos socio históricos que los hispanos han experimentado en los Estados Unidos. No solamente reflejan las tres identidades generales de los hispanos en los Estados Unidos a través de la historia, sino que también nos permiten entender sus expresiones literarias.

Estos tres procesos y patrones históricos de manifestación cultural echaron raíces profundas en el legado oral y escrito de los exploradores y colonos de las vastas regiones que llegaron a formar parte de los Estados Unidos. Esta base fundacional incluyó descripciones de la flora y la fauna, de encuentros con los amerindios, de la evangelización y de la vida diaria en la frontera, tal como la percibían los españoles y la gente hispana (incluyendo a africanos, amerindios, mestizos y mulatos), incorporadas en crónicas, diarios de viaje, etnografías, cartas y en la tradición oral.

Los primeros textos fueron escritos por los exploradores que crearon los mapas de este territorio y escribieron tra- tados sobre su gente, como Álvar Núñez Cabeza de Vaca y Fray Marcos de Niza. También escribieron los primeros poemas épicos en lengua europea, como los del soldado Gaspar Pérez de Villagrá en su Historia de la Nueva México y el misionero Francisco de Escobedo en La Florida . Más tarde, colonizadores y misioneros como Fray Jerónimo Boscana y los autores anónimos de las obras de teatro popular Los tejanos Los comanches y las canciones Indita Alabado desarrollaron una literatura mestiza, mostrando muchos de los modelos culturales que sobrevivirían hasta la actualidad. Este fermento literario, tanto escrito como oral, se manifestó en los territorios del norte de la Nueva España , después México, sin acceso a la imprenta.

Aunque el mundo de los libros, las bibliotecas y la educación había sido introducido por los españoles en Norteamérica, la estricta prohibición de la imprenta por la Corona Real en sus territorios del norte impidió el desarrollo de la impresión y de la publicación entre la población que vino a ser la base hispana nativa más grande y fuerte de los Estados Unidos de hoy día: la cultura méxicoamericana del suroeste. No obstante la falta de acceso a la imprenta, el legado de expresión oral y popular ha persistido en estas tierras, reforzando no sólo la cultura en general sino también creando una base muy rica para la expresión literaria escrita. Irónicamente, el uso extendido de la imprenta y la publicación por hispanos en los Estados Unidos se desarrolló en un medio ambiente de habla inglesa, en el noreste de los Estados Unidos.

Literatura hispana nativa

La literatura de los hispanos nativos nace primero de la experiencia del colonialismo y la opresión racial. Los hispanos estuvieron sujetos a más de un siglo de «racialización,» la cual resultaba de la visión que tenían los anglosajones de los hispanos como una raza fisiológica, cultural e intelectualmente inferior a la suya.

A través de doctrinas como la «leyenda negra española» y el «destino manifiesto» (teorías racistas que justificaban la apropiación de tierras y recursos naturales por los ingleses y los angloamericanos), los hispanos fueron subsecuentemente conquistados y/o incorporados a los Estados Unidos como resultado de la compra de sus territorios; posteriormente fueron tratados como sujetos coloniales, como en los casos de los mexicanos en el suroeste, los hispanos en Florida y Luisiana, los panameños en la zona del canal y en el mismo Panamá, y los puertorriqueños en el Caribe. Por otra parte, los cubanos y los dominicanos también se desarrollaron como pueblos a principios del siglo XX, sometidos a muchas formas de dominación del gobierno colonial de Estados Unidos.

Durante los cien años que siguieron a la expansión estadounidense en el siglo veinte hubo grandes inmigraciones provenientes de países de habla hispana. Estas olas de inmigrantes estuvieron directamente relacionadas con la administración colonial practicada por los Estados Unidos en sus tierras natales y el reclutamiento de mano de obra para mantener la máquina industrial de los Estados Unidos a un ritmo galopante. Así se creó una nueva población hispana con ciudadanía estadounidense: los cientos de miles de hijos de inmigrantes hispanos, cuyas perspectivas culturales sobre la vida en los Estados Unidos han sido fundamentalmente diferentes de las de sus padres, inmigrantes y exiliados.

La literatura nativa hispana se desarrolló primero como una literatura de minoría étnica entre los hispanos que ya residían en el suroeste de México cuando los Estados Unidos se apropiaron de este territorio. Hasta ahora no se han encontrado los textos hispanos de Luisiana y Florida de la época colonial de los Estados Unidos y de sus inicios como estados. La literatura nativa hispana se ha manifestado específicamente en una actitud de reclamo de derechos civiles, políticos y culturales.

Desde sus orígenes en el siglo diecinueve, los editoriales de Francisco Ramírez, las novelas de María Amparo Ruiz de Burton y la literatura nativa hispana en general se han ocupado del estado racial, étnico y minoritario de sus lectores. Haciendo uso de ambos idiomas, el español y el inglés, la literatura nativa hispana ha incluido a los inmigrantes entre sus intereses y ha mantenido una relación con las distintas tierras de «origen», como Cuba, México, Puerto Rico y España.

Pero la razón fundamental para la existencia de la literatura nativa hispana y su punto de referencia han sido y continúan siendo las condiciones de vida de los latinos en los Estados Unidos. A diferencia de la literatura de inmigrantes, la literatura nativa no tiene un pie en una supuesta tierra natal y otro en los Estados Unidos, ya que la mayoría de los nativos nacieron en los Estados Unidos o en territorios que fueron incorporados a esta nación. Esta literatura no comparte esa doble mirada que siempre contrasta la experiencia en los Estados Unidos con la experiencia en la tierra natal. Para el pueblo hispano de los Estados Unidos, la tierra natal es los Estados Unidos; no tienen la intención de regresar al México, Puerto Rico o Cuba que recuerdan con nostalgia.

Por lo tanto, esta literatura muestra un firme sentido de lugar, a menudo elevado a un estatus mítico. Los chicanos, por ejemplo, adoptaron en los años sesenta y setenta a Aztlán, el legendario lugar de origen de los aztecas, supuestamente ubicado en lo que es hoy el suroeste; este concepto les dio -como mestizos- prioridad en estas tierras sobre los uropeoamericanos.

Lo que era para los inmigrantes el «Trópico en Manhattan» o la «Pequeña Habana», en los años sesenta y setenta se transformó en un lugar donde reinaban culturas nuevas, sintéticas y sincréticas, como en «Loisaida»(el barrio bajo sureste de la ciudad de Nueva York), tan elogiado por el poeta y dramaturgo nuyorican Miguel Piñero en Lower East Side Poem y otros trabajos, y El Bronx de Nicholasa Mohr en El Bronx Remembered . Este sentido de pertenencia a una región o lugar donde su cultura ha transformado el medio ambiente físico y cultural es una manifestación entre otras del sentimiento general de que estaba surgiendo una cultura nueva derivada de la síntesis de las viejas culturas hispana y anglosajona, inicialmente enfrentadas antitéticamente.

La literatura de inmigración

Mientras que la literatura de inmigración plantó raíces en los periódicos a mediados del siglo diecinueve en California y en Nueva York, a fines del siglo surgió una expresión inmigrante bien definida. Aunque Nueva York había sido el puerto de entrada de millones de europeos y centenares de miles de hispanoamericanos, las ciudades mayores del suroeste recibieron un flujo de aproximadamente un millón de mexicanos de clase trabajadora durante la Revolución Mexicana de 1910. La política exterior de los Estados Unidos para con el Caribe hispánico aseguraba un influjo constante de obreros puertorriqueños, cubanos y dominicanos.

Los Ángeles, San Antonio y Nueva York, por ende, recibieron el mayor número de inmigrantes y consecuentemente pudieron apoyar el mayor número de instituciones culturales, entre ellas teatros, asociaciones de escritores, periódicos y editoriales. San Antonio llegó a ser la sede de más de una docena de casas editoriales hispanas, más de las que existían en cualquier otra ciudad de los Estados Unidos. Los Ángeles produjo casi una veintena de casas teatrales y numerosas compañías dramáticas y líricas que hacían giras constantes por el suroeste. En Nueva York, Los Ángeles, San Antonio y en muchas otras ciudades, apareció un tipo de empresario hispano, refugiado o inmigrante, con suficiente capital para establecer negocios de todo tipo para servir a la creciente población en los barrios hispanos.

Construyeron de todo, desde fábricas de tortillas hasta teatros y cines, y por medio de su liderazgo cultural en las organizaciones mutualistas, las iglesias, los teatros, los periódicos y las editoriales difundían una ideología nacionalista que aseguraba tanto la solidaridad como el aislamiento de sus comunidades o, si se prefiere, de su mercado. Los refugiados económicos y políticos se asentaron en estas ciudades porque tenían tradición y población hispanas y porque sus bases industriales se estaban expandiendo, experimentando la industrialización y la modernización rápidas, tan necesarias para crear puestos de trabajo para los refugiados económicos y oportunidades de inversión en negocios nuevos para los empresarios.

Nueva York ofreció muchas oportunidades en las industrias de manufactura y servicios, mientras que Los Ángeles y San Antonio eran también buenas bases para el reclutamiento de obreros industriales y campesinos migratorios.

Desde su llegada a los Estados Unidos, los inmigrantes hispanos habían usado la imprenta y la literatura en su lengua nativa para mantener un vínculo con la tierra natal, mientras intentaban adaptarse aquí a una sociedad y una cultura nuevas. La literatura inmigrante hispana comparte muchos de los rasgos distintivos que Park identificó en1922 en un estudio sobre la prensa inmigrante. Entre esas características mencionó: 1/ el usar en forma predominante la lengua de la tierra natal, 2/ el servir a una población unida por esa lengua, sin importar su país de origen y 3/ el fomentar y solidificar el nacionalismo (9-13). La literatura de inmigración sirve a una población en transición desde la tierra natal a los Estados Unidos y refleja las razones para emigrar al recordar las vejaciones y las tribulaciones del inmigrante; también facilita el ajuste a la nueva sociedad, mientras conserva un vínculo con la patria.

Implícitos en los rasgos que señalan Park y otros estudiosos de la inmigración están los mitos del «sueño americano» y el «crisol de razas»: la creencia de que los inmigrantes vinieron para encontrar una vida mejor de la que tenían en la patria, incluyendo una mejor cultura, y que ellos o sus descendientes rápidamente se volverían estadounidenses y que entonces no habría ya más necesidad de una literatura en la lengua del «país viejo» ( old country ). Estos mitos y muchas opiniones de Park acerca de los inmigrantes europeos no nos ayudan en absoluto a comprender la literatura hispana de inmigración; el inmigrante hispano nunca vino a asimilarse a la población angloamericana ni a «fundirse» con los otros grupos en un «crisol de razas». Al contrario, la historia de los grupos hispanos en Estados Unidos ha mostrado lo infundible y poco asimilacionista de las etnias hispanas. La inmigración de hispanoamericanos ha sido constante desde la misma fundación de los Estados Unidos hasta el presente, y ni se atisba el final de este fenómeno ni se puede anticipar en un futuro previsible.

En general, la literatura hispana de inmigración muestra una doble perspectiva: compara el pasado con el presente, la tierra natal con el país nuevo, su propia cultura con la del angloamericano, y equipara la resolución de estos conflictos con el retorno a la patria del narrador, los personajes, el lector o la comunidad de inmigrantes. La literatura de inmigración trata de preservar y fortalecer la cultura de la tierra natal mientras facilita el acomodamiento a la tierra nueva. Además de ser fervientemente nacionalista, esta literatura busca representar y proteger los derechos de los inmigrantes protestando contra la discriminación, el racismo y los abusos de los derechos humanos. Como mucha de esta literatura surge de la clase trabajadora, frecuentemente adopta los dialectos de la clase rural y trabajadora inmigrante. Hoy en día la literatura temprana de inmigración puede considerarse como un museo de la oralidad de sus tiempos.

Entre los temas predominantes de la literatura de inmigración están: 1/ la descripción de la metrópoli, a menudo en términos satíricos o críticos, como se ve en los ensayos de José Martí, «Pachín» Marín y Nicanor Bolet Peraza; 2/ la descripción de las vejaciones y las tribulaciones de los inmigrantes, especialmente cuando llegan a los Estados Unidos, y una vez llegados, desde la explotación como trabajadores hasta la discriminación como extranjeros y gente de «raza», como en las obras de Daniel Venegas y Conrado Espinosa; 3/ el conflicto entre las culturas anglosajona e hispana; 4/ la resistencia a la asimilación y la correspondiente promoción del nacionalismo, siempre presentes en esta literatura; y 5/ el conflicto entre las clases sociales.

Los autores más politizados, incluyendo los de la clase trabajadora, lanzan su discurso literario bajo la premisa de un retorno inminente a la tierra natal y con una advertencia para sus paisanos, que todavía no han emigrado, de que no vengan a los Estados Unidos porque se enfrentarán a la desilusión y la explotación. Estas advertencias a sus compatriotas de los peligros que los esperan son un pretexto, pues en realidad se están dirigiendo a su barrio o «colonia» de inmigrantes aquí en el «vientre del monstruo», para usar el término de José Martí. Ello permite a los autores establecer causa común y solidaridad con sus lectores; así, el escritor y el lector u oyente juntos dan testimonio a los no iniciados, los novatos potenciales, los destinados a sufrir en el futuro como han sufrido los protagonistas de las obras literarias de inmigración. Por supuesto, esta fórmula y los temas dependen de la premisa fundamental de la literatura inmigrante: el regreso a la patria. Para realizar ese retorno, se necesita preservar la lengua, la cultura y la lealtad a la patria.

Casi invariablemente, las narrativas de inmigración terminan con los personajes principales regresando al suelo patrio. Quedarse en la metrópoli conduce a la muerte, la justicia poética más severa, como nos lo muestra la primera novela de inmigración, Lucas Guevara (1914) de Alirio Díaz Guerra y, casi medio siglo más tarde, La carreta (1953) de René Marqués.

Debido a las migraciones masivas de mexicanos y puertorriqueños de clase trabajadora durante la primera mitad del siglo XX, mucha de la literatura de inmigración se encuentra en la expresión oral, en las canciones del pueblo, en el teatro popular y otras expresiones literarias y artísticas de la clase trabajadora. El corrido anónimo «El lavaplatos» reproduce el mismo ciclo de la clase trabajadora que se ve en la novela de Daniel Venegas, Las aventuras de Don Chipote, o cuando los pericos mamen : dejar el hogar para buscar trabajo en los Estados Unidos, desilusionarse al trabajar aquí como una bestia de carga y regresar a la patria.

Las canciones de desarraigo y añoranza por la tierra natal pueden escucharse en Lamento de un jíbaro , décimas puertorriqueñas (en estrofas cantadas con diez versos y una rima como de soneto). Pero la última desilusión y vergüenza para el inmigrante es ser deportado, como lo documentan los versos melancólicos del corrido de Los deportados y el editorial A los que vuelven de Rodolfo Uranga. Muy a menudo, el desarrollo de esta literatura se da en el lugar de trabajo, ya sea en las calles recorridas por Wen Gálvez como vendedor de puerta en puerta, en la fábrica de La factoría (1925) de Gustavo Alemán Bolaños, o bajo el sol en los campos de cultivo en El sol de Texas (1926) de Conrado Espinosa. Pero también son frecuentes los temas domésticos, aun en las obras contemporáneas, tales como La carreta de René MarquésEl súper (1977) de Iván Acosta, que enseñan el conflicto entre niños aculturados y su padres.

Para las comunidades de inmigrantes hispanos la defensa de los derechos civiles y humanos se extendió a la protección de sus barrios en contra de la influencia de la cultura angloamericana y de los verdaderos peligros que se presentaban en el lugar de trabajo, en las escuelas y en la política pública. El descontento editorial ha dominado las publicaciones de los inmigrantes en las ciudades mayores desde principios del siglo veinte. Joaquín Colón, presidente de la Liga Puertorriqueña e Hispana y hermano de Jesús Colón, utilizó el Boletín de la Liga durante los años 30 para castigar a la comunidad hispana por sus fallas. Los editoriales en los periódicos hispanos resonaron constantemente con los reclamos de igualdad y en contra de la discriminación y la segregación; la defensa de la comunidad no era un tema visible solamente en los títulos.

Editorialistas del suroeste, también, desde Nemesio García Naranjo a la familia Idar y Rodolfo Uranga, atacaron el maltrato de los capataces y las autoridades de las comunidades de hispanos inmigrantes y nativos. Uranga censuró una de las mayores injusticias perpetradas contra los inmigrantes mexicanos (y también contra muchos nativos): las deportaciones generales que se llevaron a cabo durante la Depresión.

Actualmente los periódicos en español continúan con la misma tradición, criticando repetidamente la discriminación y las deportaciones de el Servicio de Naturalización e Inmigración, y los autores inmigrantes a su vez siguen erigiéndose como un baluarte de vigilancia y defensa de sus comunidades. Como los puertorriqueños han sido ciudadanos estadounidenses desde 1917, la deportación no ha sido parte de su imaginario. Mientras que los puertorriqueños del continente han tenido la inmigración y la migración profundamente grabadas en su memoria colectiva, el miedo a la deportación como una forma de discriminación y opresión ha estado mayormente ausente.

La literatura hispana de exilio

Estudiar la literatura hispana de exilio en los Estados Unidos es examinar los grandes momentos en la historia política del mundo hispano, desde principios del siglo XIX hasta el presente: la intervención napoleónica en España, los movimientos independentistas de las colonias americanas de España, la intervención francesa en México, la Guerra del 1898, la Revolución Mexicana , la Guerra Civil Española, la Revolución Cubana , las recientes guerras civiles en Centroamérica y las numerosas luchas en la América española contra los regímenes autocráticos y las intervenciones extranjeras, incluyendo las frecuentes incursiones por parte de los Estados Unidos en los asuntos domésticos de estos países.

El partidismo estadounidense en la política interna de las repúblicas hispanoamericanas ha tenido el efecto de estimular la expatriación de sus ciudadanos a estas tierras. Todas estas luchas produjeron miles de refugiados políticos en los Estados Unidos a lo largo de su historia. Debido a la expansión territorial de los Estados Unidos y a la inmigración hispana, se fueron albergando poco a poco en los Estados Unidos grandes comunidades de hispanohablantes que continuamente recibirían a los expatriados. De este modo, los refugiados encontraban sociedades similares donde podían efectuar negocios y ganarse la vida mientras esperaban cambios en su patria que posibilitaran algún día su regreso.

Buena parte de la literatura de los exiliados ha surgido tradicionalmente del deseo y la esperanza de que la patria de origen se independizara política y culturalmente, ya sea del imperio español o de los Estados Unidos. Mucha de esta literatura, particularmente la del siglo XIX, es altamente lírica e idealista en su poesía y elegante en su prosa. Sin embargo, también se caracteriza por un tono agresivo y argumentativo que resulta de su compromiso político.

La publicación de periódicos y libros por hispanos empezó a finales del siglo dieciocho en tres ciudades: Nueva Orleans, Filadelfia y Nueva York. A juzgar por el número de libros políticos publicados a principios del siglo diecinueve, el motivo principal para los españoles, cubanos, puertorriqueños y otros hispanoamericanos en los Estados Unidos era su deseo de influir en la política de su tierra natal. Los refugiados políticos de habla hispana de España e Hispanoamérica repetidamente han recurrido al exilio en los Estados Unidos para ganar acceso a una prensa libre y, de este modo, poder ofrecer a sus compatriotas noticias e ideologías políticas sin censura. Debían enviar sus escritos como contrabando en barcos a la tierra natal, de manera que se pasaran clandestinamente de mano en mano.

En muchos casos, la prensa del exilio también se comprometió en campañas políticas para recaudar fondos, en organizar a la comunidad de expatriados y en conspirar con revolucionarios para derrocar regímenes en sus países de origen. La razón de ser de la prensa de exilio siempre ha sido influir en la vida y la política en la tierra natal, al proveyendo información y opiniones sobre la tierra natal, cambiando o apoyando la opinión pública en su patria sobre la política y el gobierno, y asistiendo en la colecta de fondos para derrocar al régimen existente.

La libertad de expresión existente en el exilio era altamente deseable en comparación con la que existía en las tierras de origen. El registro histórico está lleno de ejemplos de prisión, tortura y ejecución de escritores, periodistas y editores durante las luchas para establecer la democracia en Hispanoamérica. Numerosos autores exiliados, algunos representados en esta antología, sufrieron torturas en las prisiones y muerte en los campos de batalla en las Américas. Muchos, que se veían a sí mismos como patriotas sin patria, fueron forzados a vivir en el exilio y a peregrinar de país en país, creando sus obras literarias y esparciendo sus doctrinas políticas mientras peregrinaban.

Parte de la importancia de la literatura del exilio para las letras hispanas de los Estados Unidos radica en que sirve de base para el transnacionalismo de nuestra literatura y cultura; nuestro ser y nuestra literatura no caben ni dentro de los confines geográficos y políticos de los Estados Unidos, ni los de los países de origen. Las comunidades hispanas de los Estados Unidos nunca han estado en realidad aisladas del resto de las Américas y del mundo de la cultura hispana y el idioma español; la influencia y el impacto de los hispanos en Estados Unidos, haya sido su vehículo el inglés o el español, no se han limitado a su comunidad étnica o nacional. No hay duda de que la literatura escrita por los exiliados hispanoamericanos y españoles en los Estados Unidos es una parte importante de la herencia literaria hispana de éste país.

Los primeros libros políticos impresos por hispanos en el exilio fueron escritos por ciudadanos españoles que protestaban contra la instalación por parte de Napoleón de un gobierno títere en España a principios del siglo XIX. Estos exiliados publicaron poesía y novelas, además de tratados políticos. En su mayoría estos primeros libros de protesta fueron impresos en las primeras imprentas angloamericanas. Típico de esta corriente propagandista fue el ataque a Napoleón en España ensangrentada por el horrendo corso, tyrano de la Europa , publicado en 1808 en Nueva Orleans por un autor anónimo. Un poco después, las guerras dirigidas a independizar de España a los países hispanoamericanos fueron apoyadas por numerosas publicaciones ideológicas basadas en las enseñanzas de Thomas Paine, Thomas Jefferson y John Quincy Adams. Recomendaban la adopción de la Constitución de los Estados Unidos y su sistema de gobierno por el mundo hispano.

El movimiento independentista que duró más años en el hemisferio fue el de las colonias españolas de Cuba y Puerto Rico. Muchas de estas campañas independentistas fueron planeadas, mantenidas y propagandizadas desde tierras estadounidenses. Uno de los primeros y más ilustres exiliados

fue el sacerdote y filósofo Félix Varela, fundador del periódico El Habanero en Filadelfia en 1824 y autor de Jicoténcal(1826), la primera novela histórica en lengua española y uno de los primeros documentos que apoyaron los movimientos de independencia con la Leyenda Negra.

Con un subtítulo de «periódico político, científico y literario», El Habanero militó abiertamente por la independencia de Cuba. Tanto con su periódico como con su novela y otros escritos, Varela estableció el precedente para los cubanos y puertorriqueños de imprimir y publicar en el exilio y de tener sus obras circulando clandestinamente en sus tierras natales. En efecto, los libros de Varela sobre la filosofía y la educación, la mayoría de los cuales fueron publicados en los Estados Unidos, eran los únicos best sellers en Cuba, y el mismo Varela se convirtió en el autor más popular en el primer tercio del siglo XIX; esto a pesar de que había una conspiración de silencio en la que no se permitía ni nombrar a Varela en público bajo pena de persecución por las autoridades (Fornet 73-4).

En su mayoría, los periodistas y escritores expatriados trabajaban con publicaciones periódicas en idioma español o bilingües: algunos periódicos políticamente orientados se publicaban también en inglés para influir la opinión pública angloamericana y la política del gobierno de los Estados Unidos con respecto a Cuba y Puerto Rico.

Muy pocos de los intelectuales exiliados encontraron trabajo en la prensa de habla inglesa, excepto como traductores. Una notable excepción fue Miguel Teurbe Tolón que en los años 50 del siglo XIX trabajó como el experto sobre Latinoamérica para el Herald de Nueva York. Teurbe Tolón había sido director de La Guirnalda , periódico de Cuba, donde también había iniciado su carrera literaria como poeta. En los Estados Unidos, además de trabajar para el Herald , publicó poemas y comentarios en español y en inglés en publicaciones periódicas; también tradujo al español Common Sense de Thomas Paine y la Historia de los Estados Unidos de Emma Willard. Teurbe Tolón fue uno de los fundadores de la literatura hispana de exilio, no sólo por el tema del exilio en muchas de sus obras, sino también porque sus escritos figuran prominentemente en la primera antología de la literatura de exilio publicada en los Estados Unidos, El laúd del desterrado (1856) un año después de su muerte.

Desde las publicaciones de Heredia, Varela, Teurbe Tolón y sus colegas, la literatura de exilio ha sido una de las corrientes constantes en la cultura y letras hispanas de los Estados Unidos. Muchos de los escritores que los siguieron en el siglo XX construyeron sus obras sobre la base de esta tradición, poniendo su arte al servicio de causas políticas.

En general, la literatura del exilio se ha ocupado más de las condiciones políticas de la patria que del destino de la comunidad de hispanos en los Estados Unidos. Siempre está implícita la premisa del regreso a la patria y por esta razón tampoco se preocupa mucho por el peligro de la asimilación a la cultura anglosajona durante la estancia en los Estados Unidos, que se supone es temporal. A pesar del sueño del retorno a la patria, la razón histórica del exilio de muchos individuos y sus familias es la residencia permanente en los Estados Unidos por motivos que varían. Sin embargo, como el exiliado ve el regreso siempre como inminente, tiene miedo de echar raíces en tierra extraña.

La visión de la cultura nacional, por otra parte, es estática, basada en la vida tal como estaba cuando dejaron la patria; así que muchas veces esa visión no refleja la evolución de la cultura en la tierra natal durante la ausencia de los exiliados. Los autores exiliados en el siglo XIX apelaron a la «leyenda negra» (propaganda inglesa y holandesa sobre los abusos que sufrieron los indígenas a manos de los españoles, para justificar su competencia colonial con España en el Nuevo Mundo) y, en su afán de construir una identidad americana, muchas veces se identificaron con los indígenas conquistados y abusados por los españoles. Su literatura no sólo era culturalmente nacionalista, sino también políticamente nacionalista, dado que estos autores pretendían construir la nación no sólo con la pluma en la mano sino con el fusil en el campo de batalla.

En el mundo de la literatura y del periodismo, la actividad creativa y editorial de los exiliados cubanos y puertorriqueños rivalizó con la producción de los escritores en la tierra natal. Muchos de los escritores e intelectuales dirigentes de ambas islas produjeron un corpus considerable de obras en el exilio, muchas veces más de lo que habían logrado bajo el represivo gobierno de la colonia española. Este legado sustancial incluye muchas obras fundacionales como los ensayos de Lorenzo Allo, Enrique José Varona y José Martí.

Algunas de las figuras cubanas y puertorriqueñas más importantes siguieron los ejemplos de Heredia, Varela y Teurbe Tolón escribiendo, publicando y militando desde el exilio en Filadelfia, Nueva York, Tampa, Cayo Hueso y Nueva Orleans hasta el estallido de la Guerra del 98. Muchos de ellos eran periodistas y editores al igual que prolíficos poetas del exilio: Bonifacio Byrne, Pedro Santacilia, Juan Clemente Zenea y, posterior pero más importante, José Martí. Todos ellos estudiaron las obras de su modelo, José María Heredia, cuyo peregrinaje lejos del suelo nativo se recuerda en algunos de los versos más románticos del siglo diecinueve. En efecto, abrir El laúd del desterrado con su «Himno del exilio» era rendir homenaje a Heredia.

Mientras que los expatriados cubanos y puertorriqueños tenían que someterse a largos viajes en barco e inspecciones de las autoridades aduaneras para entrar como refugiados a los Estados Unidos, los exiliados mexicanos cruzaban la frontera con relativa facilidad para establecer su prensa en el exilio. Dado que no hubo patrulla fronteriza hasta 1925, simplemente cruzaban caminando lo que era una frontera abierta para los hispanos para instalarse en las antiguas comunidades de origen mexicano del suroeste.

En efecto, la frontera abierta había servido durante décadas como una ruta de escape para numerosos criminales y refugiados políticos de ambos lados de la línea divisoria. La prensa mexicana de exilio comenzó alrededor de 1885, cuando el régimen de Porfirio Díaz en México se hizo tan represivo que un gran número de editores y escritores se vieron forzados a exiliarse en el norte. Hacia 1900, el ideólogo revolucionario más importante, Ricardo Flores Magón, lanzó su periódicoRegeneración en la ciudad de México. Anarquista militante, Flores Magón fue encarcelado en México cuatro veces por su periodismo radical.

Después de un encarcelamiento de ocho meses, durante el cual se le prohibió leer y escribir, Flores Magón se fue como exiliado a los Estados Unidos y para 1904 había comenzado de nuevo a publicar Regeneración en San Antonio, en 1905 en San Luis, y en 1906 en Canadá. En 1907 fundó Revolución en Los Ángeles, y nuevamente en 1908 reinstituyó en esta Ciudad a Regeneración. Durante todos estos años, Flores Magón y sus hermanos emplearon todos y cada uno de los subterfugios posibles para contrabandear sus escritos desde los Estados Unidos a México, incluso envasándolos en latas o envolviéndolos en otros periódicos que eran enviados a San Luis Potosí, desde donde eran distribuidos a simpatizantes en todo el país. También se convirtieron en dirigentes de sindicatos y de movimientos anarquistas entre las minorías de los Estados Unidos. Debido a sus esfuerzos revolucionarios, fueron constantemente perseguidos y reprimidos por ambos gobiernos, el mexicano y el estadounidense.

Numerosos periódicos hispanos del suroeste se hicieron eco de las ideas de Flores Magón y se afiliaron con su Partido Liberal Mexicano. La prensa mexicana del exilio floreció hacia la década de 1930 con periódicos semanales que representaban una u otra facción política. Las casas editoras se afiliaban a menudo con periódicos y publicaban desde folletos políticos hasta novelas de la revolución.

En efecto, antes que cualquier otro género literario, la novela de la revolución fue la que más floreció, ya que los periódicos y sus casas editoriales publicaron más de cien de estas novelas. A través de la novela de la revolución, autores expatriados como Teodoro Torres y Manuel Arce reaccionaron ante el cataclismo que había interrumpido sus vidas y había causado que muchos de sus lectores se reubicaran en el suroeste de los Estados Unidos. Entre los escritores se encontraba la gama completa de las facciones revolucionarias en cuanto a lealtades e ideologías, pero la mayoría de ellos representaban una reacción conservadora a los cambios socialistas en el gobierno y a la reorganización social forjada por la revolución.

Una de las primeras obras del género se considera hoy un clásico de toda la literatura latinoamericana, Los de abajo de Mariano Azuela, que no era un contrarrevolucionario. Los de abajo apareció como novela en serie en un periódico de El Paso y luego fue editada en forma de libro en esa misma ciudad en 1915. Después de su publicación le siguieron decenas de obras del mismo género desde San Diego a San Antonio. Pero estos libros se oponían a la Revolución Mexicana y sus editores por lo común eran exiliados conservadores que habían llegado al exilio con buenos recursos para establecerse en las comunidades méxicoamericanas y convertirse en empresarios culturales o en hombres de negocios. Algunos de ellos fundaron periódicos, revistas y casas editoriales para servir a la comunidad de refugiados económicos en rápida expansión. Sus periódicos eventualmente se convirtieron en una prensa para inmigrantes más que para exiliados cuando su espíritu empresarial llegó a ser más fuerte que su compromiso político para con su tierra natal.

La otra gran ola de refugiados políticos es la que llegó cruzando el Atlántico: los liberales derrotados por el fascismo español. Las comunidades hispanas a lo largo de los Estados Unidos simpatizaron con la causa de estos refugiados; muchas eran las organizaciones cubanas, mexicanas y puertorriqueñas que hicieron campañas para juntar fondos para los republicanos durante la Guerra Civil Española. Los españoles expatriados establecieron rápidamente su propia prensa del exilio. Sus esfuerzos encontraron un suelo fértil en comunidades de la era de la Depresión en las que se concentraba la organización social y sindical.

Manhattan y Brooklyn eran centros hispanos de fervor antifascista y contribuyeron con títulos tales como España Libre(1939-1977), España Nueva (1923-1942), España Republicana (1931-1935), Frente Popular (1937-1939) y La Liberación (1946-1949). Además, muchas de las organizaciones socialistas hispanas, en las que los inmigrantes españoles eran prominentes, también publicaron periódicos que apoyaban la causa republicana: el periódico anarquista Cultura Proletaria(1919-1959), El Obrero (1931-1932) y Vida Obrera (1930-1932). Algunos de los escritores españoles más destacados se refugiaron en los Estados Unidos y en Puerto Rico durante la Guerra Civil y el régimen del dictador Francisco Franco: entre ellos, el novelista Ramón Sender y los poetas Jorge Guillén y Juan Ramón Jiménez, ganador del Premio Nobel mientras vivía en el exilio en Puerto Rico.

El enfoque de la protesta escrita se transformó durante el siglo veinte; su propósito ya no era apoyar las luchas de independencia sino atacar las dictaduras modernas y los regímenes autoritarios que se habían apropiado del poder en muchos de los países hispanoamericanos. Otro propósito era criticar las repetidas intervenciones de Estados Unidos en la política interna de las repúblicas hispanoamericanas, casi siempre a favor de los dictadores y sus regímenes represivos.

El poeta que escribía con el seudónimo Lirón fue uno de los combatientes más provocadores en sus ataques contra Francisco Franco. Así mismo el salvadoreño Gustavo Solano, con el seudónimo de «El Conde Gris», consignó al dictador guatemalteco Manuel Estrada Cabrera al infierno en su obra Sangre (1919); antes de vivir exiliado por muchos años en los Estados Unidos, Solano fue encarcelado en México por sus actividades revolucionarias y se convirtió en persona non gratapara casi todos los gobiernos centroamericanos debido a su lucha por lograr una América Central unida y democrática.

Desde su lejana perspectiva en los Estados Unidos, otros escritores centroamericanos, como el nicaragüense Santiago Argüello, reavivaron la visión ignorada de Simón Bolívar de crear una América unida, no sólo para salvarla de las amenazas imperialistas de los Estados Unidos, sino también para integrar las culturas y economías de Centro y Suramérica.

Los puertorriqueños Juan Antonio Corretjer y su esposa Consuelo Lee Tapia militaron por medio de su periódico Pueblos Hispanos y de sus escritos individuales a favor de la independencia de Puerto Rico de los Estados Unidos: la última lucha independentista hispanoamericana. Corretjer, después de servir una sentencia en una penitenciaría federal de Atlanta por sus actividades nacionalistas, se instaló en Nueva York después de que las autoridades federales le prohibieran retornar a Puerto Rico. La administración militar de los Estados Unidos en la isla era mucho más represiva que las autoridades en Nueva York u otras ciudades del continente.

Los disidentes puertorriqueños disfrutaban de mayor libertad de asociación y pasaban más desapercibidos al escribir en español y crear sus organizaciones en las comunidades hispanas de Nueva York, Tampa y Chicago, que bajo la severa vigilancia del gobierno colonial de la isla. Corretjer y Tapia se reconocían como líderes de los escritores puertorriqueños en Nueva York interesados en el retorno a una isla independiente, mientras que algunos de sus compatriotas, incluso los más radicales como Jesús Colón, quienes también escribían en Pueblos Hispanos , insistían en que los hispanos ya habían encontrado un hogar permanente en Nueva York.

A lo largo del siglo XX los refugiados políticos han contribuido en gran medida a la cultura de inmigración hispana en los Estados Unidos. La Revolución Cubana y la Guerra Fría , articulada por medio de las guerras civiles en Centroamérica y Chile, produjeron una gran cantidad de refugiados políticos que continúa hasta el presente, y los gobiernos dictatoriales en estos países y en Argentina se convirtieron en temas de la literatura del exilio hispano.

A principios de 1959, una nueva ola de refugiados de la Revolución Cubana estableció una prensa de exilio de amplio alcance. Chilenos, salvadoreños, nicaragüenses y otros expatriados hispanoamericanos han contribuido también a la literatura del exilio. Algo relativamente nuevo de esta última literatura del exilio es que muchos de sus textos se llegaron a traducir al inglés, y la obra de escritores liberales, como los argentinos Luisa Valenzuela, Manuel Puig y Jacobo Timmerman, los chilenos Emma Sepúlveda y Ariel Dorfman, el salvadoreño Mario Bencastro, entre otros, se publicaron junto a las voces más conservadoras del exilio cubano, como las de Heberto Padilla y Reinaldo Arenas.

Mientras la población hispana de los Estados Unidos siga creciendo -se estima que hacia 2050 representará un cuarto de la población total- y se integre más la economía de los Estados Unidos con aquellas que están al sur de la frontera a través de tratados como el Tratado Norteamericano de Libre Comercio, la cultura estadounidense inevitablemente estará más directamente ligada a la política interna de los países hispanoamericanos.

En el futuro previsible la cultura hispana del exilio continuará siendo parte de la cultura de los Estados Unidos, Estados Unidos seguirá siendo el lugar preferido desde donde los refugiados políticos puedan utilizar la prensa y los medios electrónicos de comunicación para expresar su oposición a los gobiernos de sus tierras natales. En años recientes hemos visto el ascenso de la literatura del exilio hispano en las listas de best sellers y en el cine, como en el caso de obras de Reinaldo Arenas y Manuel Puig.

En conclusión, los refugiados políticos hispanos han dejado una marca indeleble en el carácter y la filosofía de las comunidades hispanas en los Estados Unidos mediante sus periódicos y su liderazgo en organizaciones comunitarias e iglesias. Sus perspectivas históricas sobreviven hoy en la cultura hispana sin importar mucho si algunos refugiados en particular han regresado o no a su tierra natal. Muchos de los que se han quedado aquí, así como sus hijos, se han casado con otros hispanos nativos e inmigrantes; muchos de éstos, al pasar el tiempo, han pasado a ser parte de la gran comunidad que hoy se reconoce como una minoría étnica nacional.

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Hispanic population exceeds 50 million, firmly nation’s No. 2 group

U.S. Census Bureau Regions, Partnership and Da...

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By Michael Martinez and David Ariosto, CNN
March 24, 2011 4:08 p.m. EDT

(CNN) — The growing Hispanic population in the United States has reached a new milestone, topping 50 million, or 16.3% of the nation, officially solidifying its position as the country’s second-largest group, U.S. Census Bureau officials said Thursday.

«Overall, we’ve learned that our nation’s population has become more racially and ethnically diverse over the past 10 years,» said Nicholas A. Jones, chief of the bureau’s racial statistics branch.

Several trends emerged from the 2010 census, according to Robert M. Groves, director of the Census Bureau, and Marc J. Perry, chief of the population distribution branch.

The country is growing at a smaller rate. Growth is concentrated in metropolitan areas and in the American West and South. The fastest-growing communities are suburbs such as Lincoln, California, outside Sacramento. And standard-bearer cities such as Boston, Baltimore and Milwaukee are no longer in the top 20 for population, replaced by upstarts such as El Paso, Texas, and Charlotte, North Carolina, the officials said.

The most significant trend, however, appeared to be the nation’s new count of 50.5 million Latinos, whose massive expansion accounted for more than half of the nation’s overall growth of 27.3 million people, to a new overall U.S. population of 308.7 million, officials said.

The Hispanic population grew 43% since 2000, officials said.

In stark contrast, all other populations together grew by only about 5%, officials said. The nation as a whole expanded by 9.7%.

Bureau officials declined Thursday to say how much illegal immigration has spurred growth among Latinos and other minorities, saying the sources of the growth are still being studied.

«Those are actually very excellent questions,» said Roberto Ramirez, chief of the bureau’s ethnicity and ancestry branch. «We are actually in the middle of the process of investigating that.»

D’Vera Cohn, a senior writer at the Pew Research Center in Washington, said the birth rate, rather than immigration, is the primary driving factor in the Latino boom.

Hispanics now account for nearly one-quarter of children under the age of 18, Cohn said.

«Hispanics are a younger population, and there are just more women of a child-bearing age,» she said.

Although immigration remains a major contributor to Hispanic population growth, the recent recession and high employment rates may have prompted a tapering off in the rate of foreign-born nationals seeking U.S. residence, analysts said.

Intensified border patrols may have reduced illegal immigration, but those measures «remain at the margins,» said William Frey, a demographer at The Brookings Institution.

He added that America’s overall undocumented immigrant population — estimated at between 10 million and 11 million people — may have even declined in recent years, though accurate numbers are difficult to acquire.

While the white population increased by 2.2 million to 196.8 million, its share of the total population dropped to 64% from 69%, officials said.

The Asian population also grew 43%, increasing from 10.2 million in 2000 to 14.7 million in 2010, officials said. Asians now account for about 5% of the nation’s population.

The African-American population, which grew by about 4.3 million, is now about 40 million, or 12.6% of the population, a slight increase over 12.3% in 2000, officials said.

Persons reporting «some other race» grew by 3.7 million, to 19 million, or 5.5% of the nation, figures show.

The vast majority of Americans, 97%, reported only one race, with whites as the largest group, accounting for about seven out of 10 Americans.

The remaining 3% of the population reported multiple races, and almost all of them listed exactly two races. White and black was the leading biracial combination, figures show.

«The face of the country is changing,» said Jeffrey Passel, demographer at the Pew Hispanic Center.

Demographic data had already been released for all states except New York and Maine and for the District of Columbia.

In fast-growing states where whites and blacks dominated past growth, Hispanics are now the greatest growth engine, Frey said.

The significance of the numbers to the United States is more than just an increase of an ethnicity. Research shows that along with the changing demographics, the country has become more diverse in other ways, Passel said. For instance, there is a substantial mixing of the American population through interracial marriage, he said.

Another change is the concentration of the growing populations.

Previously, the Hispanic population was concentrated in eight or nine states; it is now spread throughout the country, Passel said.

Meanwhile, most of the data released so far show decreases in the population of white children, Frey said.

Minorities will have a greater presence among future generations, he said. For example, in Nevada, 61% of children are minorities, compared with 41% of adults.

In border states like Texas, demographers say, Hispanic populations are expected to surpass non-Hispanic populations within the next decade.

«Without question, we are becoming a Hispanic state,» said Texas state demographer Lloyd Potter.

«I live in San Antonio, and there you see Spanish advertisements, television shows and newspapers everywhere,» he said.

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La irrelevancia de la razón “¿Cómo Dios pudo permitir que sucediera esto?”

1963 Spanish peseta coin with the image of Fra...

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La irrelevancia de la razón

“¿Cómo Dios pudo permitir que sucediera esto?”

En 1974 Jorge Luis Borges le comentó a Ernesto Sábato que a su juicio bastaba con un dolor de muelas para negar la existencia de un Dios todopoderoso. Esta observación sería rigurosamente cierta si consideramos que el Todopoderoso es, al mismo tiempo, Todobondadoso. Si Dios permite que ocurra en el mundo un solo gramo de mal es porque quiere que ocurra o no puede evitarlo. Si de verdad existe una lucha del Bien contra el Mal, entonces Dios aún no domina su propia creación o no quiere hacerlo. O es, como dice Isaías (45-6): “Fuera de mí no hay ningún otro. Yo modelo la luz y creo la tiniebla, Yo creo la dicha y la desgracia. Yo soy Yahve, el que hago todo”. También Pedro Abelardo, después de justificar la traición de Judas con las propias Escrituras, escribió, no sin fisuras: “¿quién ignora que el mismo diablo no hace más de lo que Dios le permite? […] El poder lo recibe de Dios; la voluntad, en cambio, le viene de sí mismo”.

La idea de un dios todopoderoso y desprovisto de un solo gramo de maldad es imposible para la lógica. Pero no demuestra su inexistencia, ya que un ser perfecto debe ser in-inteligible para los mortales. Por otra parte, Dios no es una proposición científicamente refutable, al decir de Karl Popper.

De cualquier forma, una discusión teológica es como una partida de ajedrez: sus conexiones con el mundo exterior son irrelevantes. La religión es lo contrario: es una forma de acción, muchas veces política, pocas veces metafísica, aunque con frecuencia se sirve de las interminables e inconducentes discusiones teológicas.

Es extraño que algunos consideren que el ateísmo es una posición científica y no una postura religiosa como cualquier otra. Pero no es menos extraño que los religiosos, que reniegan de cualquier teoría que prescinde de alguna intervención supranatural, no descansan en su absurda obsesión por demostrar la verdad contenida en las Sagradas Escrituras. No aceptan que cualquier página considerada sagrada en cualquier religión deja de ser un objeto de fe en el preciso momento en que se convierte en un hecho científicamente demostrado. Si algo es, o parece absurdo (como poner a todas las especies del planeta en un barco y luego negar siquiera la posibilidad de que los millones de especies que hoy lo habitan fueron consecuencia de alguna evolución) y usted literalmente cree en ello, ¿qué mejor prueba de su santidad?

Más consecuentes son quienes consideran o reconocen que uno no puede comprender (completamente) los designios de Dios.

No obstante, cada vez que en el mundo ocurre una catástrofe, como el terremoto en Japón o el huracán Katrina en Nueva Orléans, se reavivan las discusiones teológicas. En algunos países como Estados Unidos, una poderosa minoría ha secuestrado el discurso social con sus amenazas patoteológicas. En el mejor de los casos, los más civilizados, apenas conocen a alguien preguntan “¿a qué iglesia va usted los domingos?”; no si uno va a alguna iglesia.

Cuando no estoy cansado respondo, “no voy a ninguna iglesia, señora, Dios me libre”. Lo cual no es del todo cierto, porque cuando paso por algún templo que me inspira, entro con permiso.

“¿Entonces, no cree usted en Dios?”.

“Creo que sí, aunque nunca le pido prosperidad ni me persigno para que mi equipo de fútbol gane. Lo único que le pido siempre a Dios es que exista”.

“¿Cómo es posible creer en Dios y no tener iglesia?”, más de una vez me han preguntado en este país, con los ojos más abiertos de lo necesario.

Con frecuencia se cita el momento que en el programa de televisión The Early Show de Nueva York, la periodista Jane Clayson le preguntó a la hija del célebre telepastor Billy Graham sobre los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York:

“¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?”, inquirió, lo que recuerda el conocido cuestionamiento sobre Auschwitz.

La hija del pastor respondió:

“Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero durante años hemos estado diciéndole que salga de nuestras escuelas, que salga de nuestro gobierno y que salga de nuestras vidas. Y siendo el caballero que es, creo que Dios ha resuelto retirarse. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?”

En todo el mundo se repitió, no sin emoción y lágrimas, este momento como “una respuesta profunda y sabia que dejó muda a Jane Clayson”.

Sin duda que hay que tener una fe muy profunda para creer que el creador del Universo actúa como un niño resentido unas veces o como un amante celoso otras. Pero esto es una cuestión de opinión. Lo que no es materia de discusión es el hecho de que los terroristas que perpetraron los atentados del 11 de setiembre tenían la misma opinión de Virginia Graham Foreman. Sobre todo, odiaban el tipo de decadencia humanista y secular que por mucho tiempo caracterizó el experimento histórico de este país, que las teocracias odiaron y que las nuevas republicas iberoamericanas intentaron copiar en el siglo XIX. Sus “padres fundadores” no fueron religiosos conservadores como cree la mayoría de los norteamericanos (¿cómo un conservador puede hacer algo revolucionario como fundar un país diferente o una nueva religión?) sino una elite de políticos humanistas que había diseñado y logrado, por primera vez, un gobierno y un Estado separado, por ley y en sus prácticas, de todo tipo de injerencia religiosa. Y por primera vez, un Estado que se fundase, al menos en teoría, en la igualdad como paradigma. No porque odiaran a Dios sino porque creían en el derecho a la libertad de los individuos (antes de excluir a los esclavos) y en un tipo radical, para la época, de democracia moderna como alternativa a las teocracias y las monarquías absolutistas.

Salvo algunos teólogos, los predicadores no necesitan ser racionales. Les basta con un par de aforismos para niños porque saben que los respalda la fe ciega de quienes lo siguen. Más que el Amor los protege el Miedo. Así logran confundir a Dios con sus propias religiones y las opiniones de sus pastores y sacerdotes con la opinión más reciente de Dios.

También Torquemada fue llamado “luz de España y el salvador del país” por enviar a la hoguera a los herejes. También Francisco Franco acuñó monedas que rezaban “Caudillo de España por la gracia de Dios” por el mismo mérito. Lo que prueba que hay amores que matan.

Pero no juzguemos a Dios por sus seguidores.

Claro que el racionalismo de los últimos tres siglos se convirtió en otra forma de fanatismo; también religioso, si se quiere. Pero tampoco fue culpa de la Razón sino de una reacción ciega que terminó negando todo lo irracional y espiritual que también forman parte de la condición humana.

En los países occidentales de hoy, la mayoría con gobiernos e instituciones públicas basadas en las ideas humanistas de libertad y laicidad, ya no se pueden quemar individuos por razones de opinión. Al menos no sin una buena excusa. Esto no fue un logro de ninguna religión sino a pesar de casi todas las religiones del momento. Fue un logro de los humanistas que lentamente liquidaron las teocracias y el fanatismo religioso que poco o nada tenían que ver con Dios.

Jorge Majfud

marzo 2011

Jacksonville University

majfud.org

Milenio (México)