No señor, usted no es capitalista

Un atardecer de otoño de 2008 o 2009 tuve una conversación en un estacionamiento con uno de los guardianes del campus de la universidad en Pennsylvania en la que trabajaba. El señor, un hombre en sus sesenta a quien siempre aprecié y creo que él me apreciaba igual, con una seguridad que se la envidio, me dijo:

“Yo pienso así porque soy capitalista”.

Agotado por una larga jornada le dije, sin pensar que no era el momento ni el lugar:

“No, señor, usted no es capitalista. Usted es un trabajador asalariado. Usted no es capitalista, sólo tiene fe en el capitalismo, como tiene fe en Jesús; pero de la misma forma en que usted no es Jesús, tampoco es capitalista”.

JM, julio 2020

Hechos y relatos

Desde principios del siglo XX la física entendió que el fenómeno observado no es independiente del observador, sea por su perspectiva (Teoría de la relatividad) como por el mismo hecho de observar que modifica el fenómeno observado (física cuántica).

En el caso de los hechos referidos a la natrualeza humana el problema es infinitamente más complejo. No existen los hechos puros. En cualquier caso, todos los hechos de lo que considramos el mundo exterior y factual nos llegan siemrpe a través de una narrativa que lo muestra o lo demuestra, lo aclara o lo oscurece. Es mas: podemos mirar sin ver, pero si vemos algo es porque lo estamos pensando, y si lo pensamos estamos proyectando sobre el hecho todo lo que sabemos o creemos saber a través de años de otros hechos aprendidos a través de otros relatos.

Nuestro objetivo debe ser, para comenzar, reconocer este factor. Segundo, a lo más que podemos aspirar en la búsqueda de la verdad es que ese lente sea lo más tranparente posible, que nos acerque al hecho o nos aleje para ganar perspectiva, que nos sirva como un telescopio o como un microscopio. No podemos eliminarlo porque entonces no veríamos nada, ni siquiera nuestros propios sueños.

jm, julio 2020

Derechos especiales

“Wanted. El gobierno ofrece un millón de dólares por Henry Kissinger y Elliott Abrams, entre otros, luego que un juez de ese país latinoamerciano ordenara la captura internacional por crímenes contra la humanidad”.

Nunca nadie leerá este titular. Lo natural es lo contrario.

El 21 de julio de 2020, el gobierno de Trump emitió una orden de captura y una recompensa de cinco millones de dólares por la captura del presidente del Tribunal Supremo de Venezuela, Maikel Moreno, acusado de corrupción. El secretario de Estado Mike Pompeo explicó la decisión: Moreno “aceptó sobornos para influir en los resultados de algunos casos criminales en Venezuela; con este anuncio estamos enviando un mensaje claro: Estados Unidos está en contra de la corrupción”.

Dos décadas atrás, por poner sólo un ejemplo de normalidad, en agosto de 2001, como respuesta al requerimiento del juez español Baltasar Garzón para que el ex secretario de Estado Henry Kissinger declare ante los tribunales internacionales por su participación en la mafia de generales que asesinaba desde Tierra del Fuego hasta Estados Unidos, pasando por Europa, y de otras diversas formas en las sangrientas dictaduras latinoamericanas, el gobierno de George W. Bush emitió un comunicado protestando: “Es injusto y ridículo que un distinguido servidor de este país sea acosado por cortes extranjeras. El peligro de la Corte Penal Internacional es que un día los ciudadanos estadounidenses puedan ser arrestados en el extranjero por motivaciones políticas, como en este caso”.

jm, julio de 2020

A cuarenta [47] años del golpe.

A cuarenta años del golpe.

La generación del silencio

A los tres años subí a la torre de control del cuartel de Rivera, Uruguay, y toqué las alarmas. Al grito de “se escapan los tupas” se desplegaron los militares hasta que me descubrieron y me gritaron “¡Bajate de ahí, hijo de una gran puta!”. Esto lo recuerdo bien. No recuerdo, como decía mi abuela y lo repetían otros, que me bajé enojado y el milico me llevó arrastrando de un brazo.

Eso fue en el año 1973. Antes había conocido la cárcel de Salto y por último la de Libertad, con motivo de las visitas que mi familia le hacía a mi abuelo, Ursino Albernaz, “el León pelado”, el viejo rebelde, la oveja negra de una familia de campesinos conservadores. Según diversos testimonios, el viejo fue detenido por darles de comer en su granja a unos tupamaros prófugos. Desde entonces tuvo que aguantar todo tipo de torturas, encapuchado y golpeado por algunos de sus vecinos de poco rango; con las manos atadas por detrás, tuvo que esquivar los piñazos del ahora célebre capitán Nino Gavazzo, a quien hasta los servicios de inteligencia de Estados Unidos (con un historial vergonzoso en las dictaduras de la época) impidieron su ingreso al país calificándolo de “borracho bocón” cuando se supo de la amenaza contra la vida del congresista estadounidense Edward Koch.

De esos cursos en el infierno, mi abuelo salió con una rodilla reventada y algunos golpes que no fueron tan demoledores como los que debió sufrir su hijo menor, Caíto, muerto antes de ver el final de lo que él llamaba “tiempos oscuros”.

En la cárcel de Libertad (la más famosa cárcel de presos políticos se llamaba así porque estaba en un pueblo del mismo nombre, no por la incurable ironía rioplatense), el tío Caíto le confesó a su madre que había sido allí, en la cárcel, donde se había convertido en aquello por lo cual estaba preso. Siempre hablaban a través de un vidrio. Luego seguíamos los niños por otra puerta y salíamos a un patio tiernamente equipado con juegos infantiles. Allí estaba el tío, con su bigote grueso y su eterna sonrisa. Su incipiente calvicie y sus preguntas infantiles. A mí me elegían siempre para memorizar los largos mensajes que todavía recuerdo, ya que desde entonces perdí la generosa capacidad de olvidar. Entre los niños hamacándose y tirándose de los toboganes, yo me acercaba al tío y le decía, en voz muy baja para que no me escuchara el guardia que caminaba por allí, el mensaje que tenía.

El tío había sido torturado con diferentes técnicas: en Tacuarembó lo habían sumergido repetidas veces en un arroyo, lo habían arrastrado por un campo lleno de espinas. Lo habían encerrado en un calabozo y, mostrándole una riñonera ensangrentada, le habían informado que lo iban a castrar al día siguiente, razón por la cual había pasado aquella noche intentando esconder sus testículos en el vientre hasta reventar. Al día siguiente no lo castraron, pero le dijeron a su esposa que ya lo habían hecho, por lo cual su flamante esposo ya no le iba a servir ni de esposo ni de padre para sus hijos.

La tía Marta volvió al campo de sus suegros y se pegó un tiro en el pecho. Mi hermano y yo estábamos ese día de 1973 en aquella casa del campo, en Tacuarembó, jugando en el patio al lado de una carreta. Cuando oímos el disparo fuimos a ver qué ocurría. La tía Marta estaba tendida en una cama y una mancha cubría su pecho. Luego entraron personas que no puedo identificar a tanta distancia y nos obligaron a salir de allí. Mi hermano mayor tenía seis años y comenzó a preguntarse: “¿Para qué nacemos si tenemos que morir?”. La abuela Joaquina, que era una inquebrantable cristiana a la que nunca vi en iglesia alguna, dijo que la muerte no es algo definitivo, sino sólo un paso al cielo. Excepto para quienes se quitan la vida.

–¿Entonces la tía Marta no irá al cielo?

–Tal vez no –contestaba mi abuela–, aunque eso nadie lo sabe.

El tío Caíto murió poco después de salir de Libertad, en 1983, casi diez años más tarde, cuando tenía 39. Estaba enfermo del corazón. Murió por esta razón o por un inexplicable accidente en su moto, una noche, en un solitario camino de tierra, en medio del campo.

Ninguno fue un desaparecido. Ninguno murió en una sesión de tortura. Como muchos, fueron simplemente destruidos por un sistema y por una cultura de la barbarie.

El resto, aquellos niños que fuimos, seguiremos de alguna forma vinculados con esa barbarie hasta nuestras muertes. Nos queda, sin embargo, la posibilidad de ejercitar nuestra libertad de conciencia y hacer algo con todo ese estiércol, como un agricultor que abona un suelo en procura de algo más bello y productivo.

El 27 de julio de 1973 tuvo lugar el golpe de Estado cívico-militar que duró hasta 1985 y que precedió al golpe en Chile el 11 de setiembre y el de Argentina tres años después.

* Escritor. Jacksonville University.

Pagina/12 (Argentina)

Milenio (Mexico)

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40 ans après le coup d’Etat en Uruguay, la génération du silence.

par Jorge Majfud *

Toutes les versions de cet article : [Español] [français]

A trois ans je suis monté sur la tour de contrôle de la caserne Rivera, en Uruguay, et j’ai déclenché les alarmes. Au cri de « les tupas s’échappent », les militaires se sont déployés jusqu’à ce qu’ils m’aient découvert et m’ont crié « Descends de là, fils de grande pute ! ». Ceci je m’en rappelle bien. En revanche je ne me souvient pas , ce que racontait ma grand-mère et d’autres le répétaient, que je suis descendu fâché et que le milico m’a traîné par un bras.

Cela se passait durant l’année 1973. J’avais connu auparavant la prison de Salto et finalement celle de Libertad, à l’occasion des visites que ma famille faisait à mon grand-père, Ursino Albernaz, « le Lion chauve », le vieux rebelle, la brebis galeuse d’une famille de paysans conservateurs. Selon divers témoignages, le vieux a été arrêté pour avoir donné à manger dans sa ferme agricole à des tupamaros en cavale. Dès lors il a dû supporter tout type de tortures, cagoulé et frappé par certains de ses voisins de peu de rang ; avec les mains attachées par derrière, il a dû éviter les pains du désormais célèbre capitaine Nino Gavazzo, que même les services d’intelligence des Etats-Unis d’Amérique (qui ont un historique honteux dans les dictatures de l’époque) ont empêché d’entrer dans le pays en le qualifiant « d’ivrogne parleur » quand on fut au courant de sa menace contre la vie du parlementaire US Edward Koch.

De ces cours dans l’enfer, mon grand-père est sorti avec un genou éclaté et quelques coups qui n’ont pas été aussi démolisseurs que ceux dont a dû souffrir son fils cadet, Caíto, mort avant de voir la fin de ce qu’il appelait des « temps obscurs ».

Dans la prison Libertad (la plus célèbre maison d’arrêt de prisonniers politiques se nommait ainsi parce qu’elle était dans une petite ville du même nom, et non à cause de l’incurable ironie du Rio de la Plata), l’oncle Caíto a confessé à sa mère qu’il avait été là, dans cette prison, où il avait été transformé en ce pourquoi il avait été emprisonné. Ils parlaient toujours à travers une vitre. Ensuite nous les enfants arrivions par une autre porte et sortions dans une cour « gentiment » équipée de jeux pour enfants. Là, se trouvait l’oncle, avec sa moustache lourde et son éternel sourire. Sa calvitie naissante et ses questions puériles. Ils me choisissaient toujours pour mémoriser les messages longs dont je me souviens encore, puisque depuis lors j’ai perdu la généreuse capacité d’oublier. Entre les enfants se balançant et se jetant des toboggans, je m’approchais de l’oncle et lui disait, à voix très basse pour que le garde qui marchait près ne l’écoute pas, le message que j’avais.

L’oncle avait été torturé avec différentes techniques : dans la ville de Tacuarembó ils l’avaient submergé de façon répétée dans un cours d’eau, ils l’avaient traîné par un champ plein d’épines. Ils l’avaient enfermé dans un cachot et, en lui montrant un sac banane ensanglantée, ils l’avaient informé qu’ils allaient le châtrer le jour suivant, raison pour laquelle il avait passé la nuit à essayer de dissimuler ses testicules dans le ventre jusqu’à les éclater. Au jour suivant ils ne l’ont pas châtré, mais ils ont dit à son épouse qu’ils l’avaient fait, et qu’ainsi son conjoint flambant neuf n’allait déjà plus lui servir ni de conjoint, ni de père pour ses enfants.

Tante Marte est retournée au domaine de ses beaux-pères et s’est tiré un coup de feu dans la poitrine. Mon frère et moi, ce jour de 1973 dans cette maison du domaine, à Tacuarembó, jouions dans la cour à côté d’une charrette. Quand nous avons entendu le coup, nous sommes allés voir ce qu’il se passait. Tante Marte était allongée sur un lit et une tache couvrait sa poitrine. Sont ensuite entrées des personnes que je ne peux pas identifier à tant de distance et qui nous ont obligé à nous sortir de là. Mon frère plus grand, il avait six ans a commencé à se demander : « Pourquoi naissions-nous si nous devons mourir ? ». La grand-mère Joaquina, qui était une chrétienne inébranlable que je n’ai jamais vue dans aucune église, a dit que la mort n’est pas quelque chose de définitif, mais seulement un pas vers le ciel. Excepté pour ceux qui se suicident.

– Alors tante Marte n’ira pas au ciel ?

– Peut-être pas –répondait ma grand-mère, bien que cela personne ne le sait.

L’oncle Caíto est mort peu après être sorti de Libertad, en 1983, presque dix ans plus tard, quand il avait 39. Il était malade du cœur. Il est mort pour cette raison ou par un accident inexplicable sur sa moto, une nuit, sur un chemin de terre isolé, au milieu de la campagne.

Aucun n’a été un disparu. Aucun n’est mort lors d’une session de torture. Comme beaucoup, ils ont été simplement détruits par un système et par une culture de la barbarie.

Le reste, ces enfants que nous avons été, nous continueront d’une certaine manière liés à cette barbarie jusqu’à nos morts. Il nous reste, toutefois, la possibilité d’exercer notre liberté de conscience et de faire quelque chose avec tout ce fumier, comme un agriculteur qui abonde un sol dans à la recherche de quelque chose de plus beau et productif.

Le 27 juillet 1973 eut lieu le coup d’État civil-militaire qui a duré jusqu’à 1985 et qui a précédé le coup d’Etat au Chili le 11 septembre et celui de l’Argentine trois ans après.

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo. Paris, le 27 juin 2013.

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Tristes memórias da ditadura uruguaia. A geração do silêncio

 

Após narrar fatos vivenciados no contexto da ditadura uruguaia, com marcas profundas em seu ser, o escritor Jorge Majfud reconhece que aquilo que resta dessas terríveis experiências de torturas e de traumas é “a possibilidade de exercitar nossa liberdade de consciência e de fazer algo com todo esse estrume, como um agricultor que aduba um terreno em busca de algo mais belo e produtivo”. O artigo é publicado no jornal Página/12, 27-06-2013. A tradução é do Cepat.

Eis o artigo.

Aos três anos, subi à torre de controle do quartel de Rivera, Uruguai, e disparei os alarmes. Sob o grito de “estão fugindo os tupas” (tupamaros), agitaram-se os militares, até que me descobriram e gritaram: “Desça daí, filho de uma grande puta!”. Recordo-me bem disto. Não me lembro, da forma como dizia minha avó e outros repetiam, que desci irritado e que o milico me arrastou pelo braço.

Esse foi o ano de 1973. Antes, havia conhecido a prisão de Salto e, por último, a de Libertad, em razão das visitas que minha família fazia para meu avô, Ursino Albernaz, “o Leão pelado”, o velho rebelde, a ovelha negra de uma família de camponeses conservadores. Segundo diversos testemunhos, o velho foi detido por ter dado comida, em sua fazenda, para alguns tupamaros fugitivos. Desde então, precisou aguentar todos os tipos de torturas, encapuzado e golpeado por alguns de seus vizinhos de baixa categoria. Com as mãos presas para trás, teve que evitar os golpes do agora célebre capitão Nino Gavazzo, a quem até os serviços de inteligência dos Estados Unidos (com um histórico vergonhoso nas ditaduras da época) impediram de entrar no país, qualificando-o como “bêbado charlatão”, quando se soube da ameaça contra a vida do congressista estadunidense Edward Koch.

Desses momentos no inferno, meu avô saiu com um joelho arrebentado e com alguns golpes que não foram tão demolidores, como aqueles sofridos pelo seu filho mais novo, Caíto, morto antes de ver o final do que ele chamava “tempos obscuros”.

Na prisão de Libertad (a mais famosa prisão de políticos se chamava assim porque ficava num povoado como o mesmo nome, não pela incurável ironia rio-platense), o tio Caíto confessou para sua mãe que havia sido ali, na prisão, que tinha se convertido naquele pelo qual estava preso. Sempre conversavam através de um vidro. Em seguida, nós, as crianças, íamos por outra porta e chegávamos a um pátio ternamente equipado com jogos infantis. Ali estava o tio, com seu bigode grosso e seu eterno sorriso. Com sua incipiente calvície e suas perguntas infantis. Sempre me escolhiam para memorizar as longas mensagens que ainda me lembro, já que, desde então, perdi a generosa capacidade de esquecer. Entre as crianças, nos escorregadores, eu me aproximava do meu tio e dizia-lhe, com a voz muito baixa, para que o guarda que caminhava por ali não me escutasse, a mensagem que tinha.

O tio havia sido torturado com diferentes técnicas. Em Tacuarembó, haviam-lhe afogado repetidas vezes em um córrego, arrastando-lhe por um campo cheio de espinhos. Fecharam-lhe num calabouço e, mostrando-lhe uma bolsa ensanguentada, informaram-lhe que iriam lhe castrar no dia seguinte, razão pela qual passou aquela noite tentando esconder seus testículos no ventre até arrebentar. No dia seguinte, não o castraram, mas disseram para sua esposa que já haviam feito isto, razão pela qual seu flamejante esposo já não lhe serviria como esposo, nem como pai para seus filhos.

A tia Marta voltou para a fazenda de seus sogros e deu um tiro no peito. Nesse dia de 1973, meu irmão e eu estávamos naquela casa de campo, em Tacuarembó, jogando no pátio ao lado de uma carroça. Quando ouvimos o disparo, fomos ver o que aconteceu. A tia Marta estava estendida numa cama e uma mancha cobria seu peito. Em seguida, entraram pessoas, que não posso identificar depois de tanto tempo, e nos obrigaram a sair dali. Meu irmão mais velho tinha seis anos e começou a se perguntar: “Para que nascemos, se temos que morrer?”. A avó Joaquina, que era uma inquebrantável cristã, que nunca vi em Igreja alguma, disse que a morte não é algo definitivo, mas apenas uma passagem para o céu. Exceto para aqueles que tiram a sua própria vida.

– “Então, a tia Marta não irá para o céu?”

– “Talvez, não – respondia minha avó -, apesar de que ninguém sabe”.

O tio Caíto morreu pouco depois de sair da prisão Libertad, em 1983, quase dez anos mais tarde, quando tinha 39 anos. Estava doente do coração. Morreu por esta razão ou por um inexplicável acidente em sua moto, uma noite, num solitário caminho de terra, no meio do campo.

Não houve nenhum desaparecido. Nenhum morreu numa sessão de tortura. Assim como muitos, simplesmente foram destruídos por um sistema e por uma cultura da barbárie.

O restante, aquelas crianças que fomos, de alguma forma, continuaremos ligados com essa barbárie até as nossas mortes. No entanto, fica-nos a possibilidade de exercitar nossa liberdade de consciência e de fazer algo com todo esse estrume, como um agricultor que aduba um terreno em busca de algo mais belo e produtivo.

No dia 27 de junho de 1973, ocorreu o golpe de Estado civil-militar que durou até 1985 e que precedeu o golpe no Chile, do dia 11 de setembro, e o da Argentina, três anos depois.

Instituto Humanitas Unisinos (Brasil)

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Las raíces americanas del nazismo

Si eres rubio, perteneces a la mejor gente de este mundo. Pero todo se terminará contigo. Tus antepasados han cometido el pecado de mezclarse con las razas inferiores del sur. Como resultado, las mejores cualidades de los rubios, pertenecientes a la raza creadora de la mejor cultura, se ha ido corrompiendo, sobre todo aquí, en Estados Unidos”.

Así comienza el New York Times su artículo destacado del 22 de octubre de 1916 basado en el nuevo libro de Madison Grant The Passing of the Great Race (El final de la Gran Raza) quien, “en palabras mucho más científicas”, alerta del fin de la raza rubia a manos de los blancos de pelo castaño y, peor, de los de pelo castaño de piel oscura. Según el autor, el problema de los nórdicos era que no disfrutaban del frío y preferían el calor y la calidez soleada del sur, pero sólo podían subsistir en estas regiones tropicales como dueños de las tierras sin tener que trabajarlas. Los habitantes de India hablan la lengua aria pero su sangre ha perdido la calidad del conquistador. El autor, en una de sus conclusiones más moderadas, descubre que la solución está en las prácticas del pasado. “Ninguna conquista puede ser completa si no se extermina a las razas inferiores y los vencedores llevan a sus mujeres con ellosPor estas razones, los países al sur del cinturón negro de Estados Unidos, y hasta los estados al sur de Mississippi deben ser abandonados, es decir, libres, dejados a la suerte de los negros”. 

Las ideas de superioridad de la raza blanca para explicar y justificar el imperialismo moderno fueron moneda común durante el siglo XIX en ambos lados del Atlántico, generaciones antes que apareciera la excusa del comunismo. En Estados Unidos, las justificaciones científicas eran necesarias para mantener a su numerosa población negra (primero como esclavos y luego como ciudadanos segregados) en el lugar que supuestamente les correspondía según las reglas del orden, la civilización y el progreso. 

Ya avanzado el siglo XX, los memorandos y los  informes de diferentes políticos, senadores y embajadores continuaron con esa tradición. El jefe para América Latina y eventual embajador, Francis White, durante décadas escribió reportes y dio conferencias a futuros diplomáticos explicando que “con algunas excepciones, los gobiernos de América latina, sobre todo aquellos en los trópicos, poseen muy poca sangre blanca pura y mucha deshonestidad”. Para White, Ecuador era un país retrógrado porque tenía “apenas cinco por ciento de sangre blanca; el resto son indios o mestizos”. Su consejo a los futuros cónsules y embajadores que lo escuchaban en una conferencia en 1922 fue: si les toca un país de indios, sepan que “la estabilidad política está en proporción directa a la cantidad de blancos puros que ese país posea”.

Según Grant, y según muchos otros, la raza blanca ha sobrevivido en Canadá, en Argentina y en Australia gracias a que ha exterminado a las razas nativas. Si la raza superior no extermina a la inferior, la inferior vencerá. “Por mucho tiempo, América se ha beneficiado de la inmigración de la raza nórdica, pero lamentablemente, en los últimos tiempos también ha recibido gente de las razas débiles y corruptas del sur de Europa. Estos nuevos inmigrantes ahora hablan el idioma de la raza nórdica, usan la misma ropa, han robado sus nombres y hasta comienzan a aprovecharse de nuestras mujeres, aunque apenas entienden nuestra religión y nuestras ideas.

The Passing of the Great Race no se convirtió en un best seller inmediato, pero sí en uno de los clásicos del racismo científico del siglo XX que encontrará eco fácil en las élites económicas y en sus aspirantes pobres de raza blanca. Entre sus ávidos lectores se contarán Theodore Roosevelt y Henry Ford, futuro admirador y colaborador de Adolf Hitler, quien lo recomendará. The Boston Transcript publicará que todas las personas pensantes (es decir, blancas) deberían leerlo. El libro produjo un fuerte impacto en la clase dirigente y ayudó a definir las categorías que los elegidos usaron luego para redactar las leyes de inmigración en Estados Unidos en 1924: arriba se ubica la raza nórdica, más abajo los judíos, españoles, italianos e irlandeses y, aún más abajo, todo el resto de apariencia oscura. Según el autor, “la capacidad intelectual de las razas varía como varían los aspectos físicos de cada una… A los estadounidenses les ha llevado cincuenta años para comprender que hablar inglés, usar buena ropa, asistir a la escuela y a la iglesia no transforma a un negro en un blanco”. El autor no aclara si los racistas procedentes de las razas superiores no son las inevitables excepciones a la regla, ya que es bien sabido que entre los blancos también existen los integrantes con aguda discapacidad intelectual que, por obvias razones, no se consideran como tal y son los primeros en adoptar esta teoría de la superioridad por asociación que no requiere méritos individuales. 

Unos años después, en 1924, del otro lado del Atlántico, un soldado en su celda llamado Adolf Hitler leerá con pasión el libro de Madison Grant y comenzará a escribir Mi lucha. Hitler reconocerá The Passing of the Great Race como su biblia. Cuando Hitler se convierta en el líder de la Alemania nazi, su ministro de propaganda, Joseph Goebbels, leerá con la misma pasión el libro Propaganda, del estadounidense judío, doble sobrino de Sigmund Freud, Edward Bernays. Berneys no inventará las fake news pero las elevará a la categoría de ciencia. Diferente a su tío Freud, probará que estaba en lo cierto cuando, en 1954, por pedido de la CIA, logre hacer creer al mundo que el nuevo presidente de Guatemala no era un demócrata sino un comunista. Como consecuencia de esta manipulación mediática, cientos de miles de muertos alfombrarán los suelos de Guatemala en las siguientes décadas. 

El soldado Adolf Hitler no tenía ideas radicales. Tampoco era un pensador radical, sino todo lo contrario: sus ideas y su pensamiento eran de uso común en su época, sobre todo del otro lado del Atlántico. En Estados Unidos, la idea de una gloriosa raza teutónica y aria amenazada de extinción por las razas inferiores eran moneda en curso durante el siglo XIX, desde los encapuchados del Ku Klux Klan hasta para presidentes como Theodore Roosevelt, pasando por marines y voluntarios que cazaban negros por deporte, violaban a sus mujeres y se divertían justifiando las violaciones como forma de mejorar la raza de las islas tropicales. Es muy probable que el nazismo hunda algunas de sus raíces en el sur de Estados Unidos, mucho antes de perder la memoria durante la Segunda guerra mundial.

Diez años más tarde el zoólogo de la Universidad de Berkeley Samuel Holmes propondrá la esterilización forzada de los mexicanos en Estados Unidos (de la misma forma que se había esterilizado a diez mil idiotas sólo en California) para resolver el serio problema racial que significaba disminuir la calidad de la raza estadounidense. “Los hijos de los trabajadores de hoy serán ciudadanos mañana”, afirmaba Holmes. En artículos sucesivos, repetirá la advertencia hecha por Theodore Roosevelt sobre el “suicidio racial” que encontrará eco no sólo en los miembros del Ku Klux Klan sino en una vasta masa de ciudadanos anglosajones, la que derivará, durante la Gran Depresión, en la persecusión de mexicanos y en la deportación de medio millón de ciudadanos estadounidenses con aspecto de mestizos.

jm. junio 6, 2020

https://www.huffingtonpost.es/entry/las-raices-americanas-del-nazismo_es_5edd7548c5b6077818319139?j7g
https://rebelion.org/las-raices-estadounidenses-del-nazismo/
https://www.pagina12.com.ar/275940-los-ideologos-de-hitler

En EEUU hay racismo estructural enquistado, dijo Majfud

Hitler’s Ideologues: The U.S. Racism that Bore Fruit in Mein Kampf

Hitler saw The Passing of the Great Race as his Bible.

“If you are a blond, you belong to the best people in the world, but it’s all over with you! Your forebears committed the fatal mistake of intermingling with inferior brunettes, and as a result the great qualities of the blond race, which gave the world the highest type of culture, have been sadly undermined and the predominant traits of the brunettes are asserting themselves more and more until their complete triumph is foreshadowed, especially in the United States.”

Thus begins an October 22, 1916, New York Times feature article based on the newly published book The Passing of the Great Race by Madison Grant, who “in more scientific language” warns of the end of the blond race at the hands of brown-haired whites and, worse, of those with brown hair and dark skin. According to Grant, the problem of Nordic peoples was that they did not enjoy the cold and preferred the heat and sunny warmth of the south, but were only able to subsist in the tropical regions as owners of the land instead of working it. The inhabitants of India still spoke the Aryan language but their blood had lost the quality of the conqueror. Grant, in one of his more moderate conclusions, discovered that the solution lay in the practices of the past: “No ethnic conquest can be complete unless the natives are exterminated and the invaders bring their own women with them… It is quite evident that the West Indies, the coast region of our Gulf States, perhaps, also the black belt of the lower Mississippi Valley must be abandoned to Negroes.”

The ideas of white racial superiority used to explain and justify modern imperialism were common currency during the 19th century on both sides of the Atlantic, generations before Communism became the excuse. In the United States, scientific justifications were necessary in order to keep a large Black population in the place (first as slaves and later as segregated second-class citizens) that supposedly corresponded to them according to the rules of order, civilization, and progress.

Well into the 20th century, the memoranda and reports of various politicians, senators and ambassadors continued that tradition. The Assistant Secretary of State for Latin America and later Ambassador to Mexico, Francis White, for decades wrote reports and gave lectures to future diplomats explaining that “With certain exceptions, a general characteristic of most governments of Latin America, especially those in the tropics and having a very small pure white population, is that great dishonesty exists among public officials.” For White, Ecuador was a “very backward country” because its population was only “5% pure white, the rest mixed blood or pure Indian.” His advice to trainees in 1922 was that if they were assigned a non-white country, they should know that “political stability in these countries is more or less in direct proportion to the percentage of pure white inhabitants.”

According to Grant, and according to many others, the white race had survived in Canada, in Argentina, and in Australia thanks to the extermination of the native races. If the superior race does not exterminate the inferior one, the inferior race will triumph. “At the time of the Revolutionary War the settlers in the thirteen Colonies were overwhelmingly Nordic,” but by the mid-19th century “the new immigration […] contained a large and increasing number of the weak, the broken and the mentally crippled of all races” from the south of Europe. “These immigrants adopt the language of the [native-born] American, they wear his clothes, they steal his name and they are beginning to take his women, but they seldom adopt his religion or understand his ideals.”

The Passing of the Great Race did not become an instant best-seller, but it did become one of the classics of scientific racism of the 20th century, and one that would resonate easily with white economic elites and aspiring poor alike. Among Grant’s avid readers can be counted Theodore Roosevelt and Henry Ford, the latter a future admirer and collaborator of Adolf Hitler, who had recommended Grant’s book to him. The influential daily newspaper The Boston Transcript concluded that every thinking (which is to say, white) person should read it. The book had a big impact on the ruling class and helped define the categories that elected officials used to draft U.S. immigration laws in 1924: the Nordic race located at the top, below them the Jews, Spanish, Italians and Irish and, even farther down, all those of dark complexion. According to Grant, “race implies heredity and heredity implies all the moral, social and intellectual characteristics and traits which are the springs of politics and government.” And “it has taken us fifty years to learn that speaking English, wearing good clothes and going to school and to church do not transform a Negro into a white man.” Grant does not clarify whether the racists originating from the superior races aren’t the inevitable exceptions to the rule, since it is well known that among white people there are also members with acute mental backwardness who, for obvious reasons, do not view themselves that way and are eager to adopt this theory of superiority by association which requires no individual merit.

A few years after its publication, in 1924, on the other side of the Atlantic, a soldier in his prison cell named Adolf Hitler would read Grant’s book with great passion and begin to write his Mein Kampf. Hitler saw The Passing of the Great Race as his Bible. When Hitler became the leader of Nazi Germany, his Minister of Propaganda, Joseph Goebbels, would read with the same passion the book Propaganda, by the Jewish American and double nephew of Sigmund Freud, Edward Bernays. Bernays did not invent “fake news” but he elevated it to a category of science. Unlike his uncle Freud, he would prove he was right when, in 1954, by request of the C.I.A., he managed to make the world believe that the new president of Guatemala was not a democrat but a Communist. As a consequence of this media manipulation, hundreds of thousands of dead would carpet the earth of Guatemala over the next several decades.

The soldier Adolf Hitler did not have radical ideas. Nor was he a radical thinker, quite the contrary: his ideas and his thinking were commonplaces in his time, above all on the other side of the Atlantic. In the United States, the idea of a glorious Teutonic and Aryan race threatened with extinction by the inferior races was standard currency during the 19th century, from the hooded Ku Klux Klan to presidents like Theodore Roosevelt, including Marines and volunteers who hunted Blacks for sport, raped them and justified rape as a way of improving the race on tropical islands. It is very likely that Nazism finds its deepest roots in the southern U.S., long before losing its memory in the Second World War.

Ten years later, the University of California, Berkley zoologist Samuel Jackson Holmes proposed the forced sterilization of Mexicans in the United States (in the same way that 10,000 “idiots” had been sterilized in California alone) in order to address the serious problem represented by the diminishing quality of the nation’s racial stock. “The children of the workers of today will be citizens tomorrow,” Holmes asserted. In successive articles, he repeated the warning made by Theodore Roosevelt about “racial suicide” that would resonate not only with members of the Ku Klux Klan but with a broad swath of Anglo-Saxon citizens, a warning that would result, during the Great Depression, in the persecution of Mexicans and in the deportation of a half-million U.S. citizens with a mixed-race appearance.

Translated by Dr. Bruce Campell, Saint John’s University

Jorge Majfud

Jorge Majfud is an Uruguayan-American writer and an associate professor at Jacksonville University.

 

 

Les sources d’inspiration usaméricaines du nazisme

Jorge Majfud


Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي
 

« Si vous êtes blond, vous faites partie des meilleures personnes au monde. Mais tout cela va se terminer avec vous. Vos ancêtres ont commis le péché de se mêler aux races inférieures du Sud. En conséquence, les meilleures qualités des blonds, qui appartiennent à la race qui a créé la meilleure culture, sont devenues corrompues, surtout ici aux USA ».

C’est ainsi que le New York Times commence son article vedette du 22 octobre 1916, fondé sur le nouveau livre de Madison Grant, The Passing of the Great Race [Le déclin de la grande race], qui, « en des termes beaucoup plus scientifiques », avertit de la fin de la race blonde du fait des blancs aux cheveux bruns et, pire, des basanés aux cheveux bruns. Selon l’auteur, le problème des populations nordiques est qu’elles ne profitaient pas du froid et préfèrent la chaleur et le soleil du sud, mais ne pouvaient subsister dans ces régions tropicales qu’en tant que propriétaires de la terre sans avoir à la travailler. Les habitants de l’Inde parlent la langue aryenne mais leur sang a perdu la qualité du conquérant. L’auteur, dans une de ses conclusions plus modérées, découvre que la solution réside dans les pratiques du passé. « Aucune conquête ne peut être complète sans que les races inférieures soient exterminées et que les vainqueurs emmènent leurs femmes avec eux… Pour ces raisons, les pays au sud de la ceinture noire des USA, et même les États au sud du Mississippi doivent être abandonnés, c’est-à-dire libres, laissés au sort des noirs ».

Les idées de supériorité blanche pour expliquer et justifier l’impérialisme moderne étaient courantes au XIXe siècle des deux côtés de l’Atlantique, des générations avant l’apparition de l’excuse du communisme. Aux USA, des justifications scientifiques étaient nécessaires pour maintenir l’importante population noire (d’abord en tant qu’esclaves puis en tant que citoyens séparés) au lieu qui lui avait été assigné selon les règles de l’ordre, de la civilisation et du progrès.

Au fil du XXe siècle, des notes et des rapports de divers politiciens, sénateurs et ambassadeurs ont perpétué cette tradition. Pendant des décennies, le chef pour l’Amérique latine et futur ambassadeur, Francis White, a écrit des rapports et donné des conférences aux futurs diplomates en expliquant que « à quelques exceptions près, les gouvernements d’Amérique latine, en particulier ceux des tropiques, ont très peu de sang blanc pur et beaucoup de malhonnêteté ». Pour les Blancs, l’Équateur était un pays arriéré parce qu’il n’avait « que cinq pour cent de sang blanc ; le reste est constitué d’Indiens ou de métis ». Son conseil aux futurs consuls et ambassadeurs qui l’écoutaient lors d’une conférence en 1922 était le suivant : si vous échouez dans un pays d’Indiens, sachez que « la stabilité politique est directement proportionnelle au nombre de blancs purs que possède ce pays ».

Selon Grant, et beaucoup d’autres, la race blanche a survécu au Canada, en Argentine et en Australie en exterminant les races natives. Si la race supérieure n’extermine pas la race inférieure, c’est la race inférieure qui l’emportera. « Pendant longtemps, l’Amérique a bénéficié de l’immigration de la race nordique, mais malheureusement, ces derniers temps, elle a également accueilli des personnes issues des races faibles et corrompues du sud de l’Europe. Ces nouveaux immigrants parlent maintenant la langue de la race nordique, portent les mêmes vêtements, ont volé leurs noms et commencent même à profiter de nos femmes, même s’ils comprennent à peine notre religion et nos idées ».

The Passing of the Great Race n’est pas devenu d’emblée un best-seller, mais il est devenu l’un des classiques du racisme scientifique du XXe siècle qui trouvera facilement un écho parmi les élites économiques et leurs pauvres aspirants blancs. Parmi ses lecteurs avides, Theodore Roosevelt et Henry Ford, un futur admirateur et collaborateur d’Adolf Hitler, le recommanderont. The Boston Transcript écrira que toutes les personnes pensantes (c’est-à-dire les blancs) devraient le lire. Le livre a eu un fort impact sur l’establishment et a contribué à définir les catégories que les élus ont ensuite utilisées pour rédiger les lois sur l’immigration USA en 1924 : tout en haut se trouve la race nordique, en dessous les Juifs, les Espagnols, les Italiens et les Irlandais, et tout à fait en bas le reste des basanés. Selon l’auteur, « la capacité intellectuelle des races varie tout comme les aspects physiques de chacune… Il a fallu cinquante ans aux Américains pour comprendre que parler anglais, porter de bons vêtements, aller à l’école et à l’église ne fait pas d’un noir un blanc ». L’auteur ne précise pas si les racistes des races supérieures ne sont pas les inévitables exceptions à la règle, car il est bien connu que parmi les blancs, il y a aussi des personnes atteintes de déficience intellectuelle aiguë qui, pour des raisons évidentes, ne sont pas considérées comme telles et sont les premières à adopter cette théorie de la supériorité par association qui ne requiert pas de mérite individuel.

Quelques années plus tard, en 1925, de l’autre côté de l’Atlantique, un soldat dans sa cellule nommé Adolf Hitler a lu avec passion le livre de Madison Grant [La première édition allemande, intitulée “Der Untergang der großen Rasse. Die Rassen als Grundlage der Geschichte Europas” a été publié à Munich par J. F. Lehmann en 1925 ; l’éditiion française, traduite et préfacée par l’inénarrable comte Vacher de la Pougerie, socialiste, marxiste et…théoricien de l’eugénisme, est parue en 1926, chez Payot, NdT] et il va commencer à écrire Mein Kampf. Hitler reconnaîtra Le déclin de la Grande Race comme sa bible. Lorsque Hitler deviendra le leader de l’Allemagne nazie, son ministre de la propagande, Joseph Goebbels, lira avec la même passion le livre Propagande, du juif américain, double neveu de Sigmund Freud, Edward Bernays. Bernays n’inventera pas les fake news mais les élèvera au rang de science. Contrairement à son oncle Freud, il prouvera qu’il avait raison quand, en 1954, à la demande de la CIA, il a réussi à faire croire au monde que le nouveau président du Guatemala n’était pas un démocrate mais un communiste. Cette manipulation médiatique fera des centaines de milliers de morts au Guatemala au cours des décennies qui suivront.

Le soldat Adolf Hitler n’avait pas d’idées radicales. Il n’était pas non plus un penseur radical, mais bien au contraire : ses idées et sa pensée étaient d’usage courant à son époque, surtout de l’autre côté de l’Atlantique. Aux USA, l’idée d’une glorieuse race teutonne et aryenne menacée d’extinction par les races inférieures était monnaie courante au XIXe siècle, des hommes cagoulés du Ku Klux Klan aux présidents comme Théodore Roosevelt, en passant par les Marines et les volontaires qui chassaient les Noirs pour le sport, violaient leurs femmes et se divertissaient en justifiant le viol comme un moyen d’améliorer la race des îles tropicales. Le nazisme a très probablement eu ses racines dans le sud des USA, bien avant qu’il ne perde sa mémoire pendant la Seconde Guerre mondiale.

Dix ans plus tard, le zoologiste Samuel Holmes de l’université de Berkeley proposera la stérilisation forcée des Mexicains aux USA (de la même manière que dix mille idiots ont été stérilisés rien qu’en Californie) pour résoudre le grave problème racial que constituait la diminution de la qualité de la race usaméricaine. « Les enfants des travailleurs d’aujourd’hui seront les citoyens de demain », affirmait Holmes. Dans des articles successifs, il répétera l’avertissement de Theodore Roosevelt sur le « suicide racial » qui trouvera un écho non seulement chez les membres du Ku Klux Klan mais aussi chez une vaste masse de citoyens anglo-saxons, ce qui conduira, pendant la Grande Dépression, à la persécution des Mexicains et à la déportation d’un demi-million de citoyens usaméricains ayant l’air de métis.

 

Les idéologues d’Hitler
Le racisme étasunien qui a germé dans « Main Kampf »

par Jorge Majfud *

Toutes les versions de cet article : [Español[français]« Si vous êtes blond, vous appartenez aux meilleurs gens de ce monde. Mais tout prendra fin avec vous. Vos ancêtres ont commis le péché de se mêler aux races inférieures du sud. En conséquence, les meilleures qualités des blonds, appartenant au créateur de la meilleure culture, ont été corrompues, surtout ici aux États-Unis ».

C’est ainsi que le New York Times commence son article vedette du 22 octobre 1916 basé sur le nouveau livre de Madison Grant, « The Passing of the Great Race » (La fin de la Grande Race) qui, « en termes beaucoup plus scientifiques », met en garde contre la fin de la race blonde aux mains des blancs aux cheveux châtain et pire, de ceux aux cheveux châtain et à la peau obscure. Selon l’auteur, le problème des Nordiques était qu’ils ne jouissaient pas du froid et préféraient la chaleur et la chaleur ensoleillée du sud, mais ils ne pouvaient subsister dans ces régions tropicales en tant que propriétaires fonciers sans avoir à les travailler. Les habitants de l’Inde parlent la langue aryenne mais leur sang a perdu la qualité de vainqueur. L’auteur, dans l’une de ses conclusions les plus modérées, découvre que la solution réside dans les pratiques passées. « Aucune conquête ne peut être complète si les races inférieures ne sont pas exterminées et si les vainqueurs amènent leurs femmes avec eux … Pour ces raisons, les pays au sud de la ceinture noire des États-Unis, et même les États au sud du Mississippi doivent être abandonnés, c’est-à-dire libres, laissés au sort des noirs. »

Les idées de supériorité de la race blanche pour expliquer et justifier l’impérialisme moderne étaient monnaie courante au XIXe siècle des deux côtés de l’Atlantique, des générations avant l’apparition de l’excuse du communisme. Aux États-Unis, des justifications scientifiques étaient nécessaires pour maintenir sa grande population noire (d’abord comme esclaves, puis comme citoyens ségrégués) à la place supposée légitime selon les règles de l’ordre, de la civilisation et du progrès.

Au fur et à mesure que le XXe siècle avançait, les mémorandums et les rapports de différents politiciens, sénateurs et ambassadeurs perpétuaient cette tradition. Le chef pour l’Amérique Latine et éventuel ambassadeur, Francis White, a pendant des décennies rédigé des rapports et donné des conférences aux futurs diplomates expliquant que « à quelques exceptions près, les gouvernements d’Amérique Latine, en particulier ceux des tropiques, ont très peu de sang blanc pur et beaucoup de malhonnêteté ». Pour White, l’Équateur était un pays rétrograde parce qu’il n’y avait « que 5% de sang blanc ; les autres sont des Indiens ou des métis ». Son conseil aux futurs consuls et ambassadeurs qui l’écoutaient lors d’une conférence en 1922 était : si vous avez affaire à un pays d’Indiens, sachez que « la stabilité politique est directement proportionnelle au nombre de blancs purs que possède ce pays ».

Selon Grant, et selon beaucoup d’autres, la race blanche a survécu au Canada, en Argentine et en Australie grâce au fait qu’elle a exterminé les races indigènes. Si la race supérieure n’extermine pas l’inférieur, l’inférieur l’emportera. « L’Amérique a longtemps bénéficié de l’immigration de la race nordique, mais malheureusement, ces derniers temps, elle a également accueilli des personnes issues des races faibles et corrompues du sud de l’Europe. Ces nouveaux immigrants parlent désormais la langue de la race nordique, portent les mêmes vêtements, ont volé leurs noms et commencent même à profiter de nos femmes, même s’ils comprennent à peine notre religion et nos idées. »

Le passage de la grande course n’est pas devenu un best-seller immédiat, mais oui un des classiques du racisme scientifique du XXe siècle qui trouvera un écho facile dans les élites économiques et dans leurs pauvres aspirants blancs. Parmi ses lecteurs avides, on compte Theodore Roosevelt et Henry Ford, futur admirateur et collaborateur d’Adolf Hitler, qu’ il recommandera. Le Boston Transcript affichera que tous les penseurs (c’est-à-dire les blancs) devraient le lire. Le livre a eu un fort impact sur la classe dirigeante et a aidé à définir les catégories que les élus ont ensuite utilisées pour rédiger des lois sur l’immigration aux États-Unis en 1924 : la race nordique est au-dessus, les juifs, les espagnols, les italiens et les irlandais en dessous et, plus bas, tout le reste d’apparence sombre. D’après l’auteur, « Les capacités intellectuelles des races varient en fonction des aspects physiques de chacune … Il a fallu cinquante ans aux Américains pour comprendre que parler anglais, porter de bons vêtements, aller à l’école et à l’église ne transforme pas un noir en blanc ». L’auteur ne précise pas si les racistes des races supérieures ne sont pas les exceptions inévitables à la règle, car il est bien connu que les Blancs ont également des membres avec un retard mental aigu qui, pour des raisons évidentes, ne se considèrent pas comme tels et ils sont les premiers à adopter cette théorie de la supériorité par association qui ne requiert pas de mérite individuel.

Quelques années plus tard, en 1924, de l’autre côté de l’Atlantique, un soldat dans sa cellule nommé Adolf Hitler lira avec passion le livre de Madison Grant et commencera à écrire Main Kampf Mon combat]. Hitler reconnaîtra Le passage de la grande course comme sa bible. Quand Hitler devient le chef de l’Allemagne nazie, son ministre de la propagande, Joseph Goebbels, lira avec la même passion le livre «  Propaganda : Comment manipuler l’opinion en démocratie] », du juif étasunien, double neveu de Sigmund Freud, Edward Berneys [1]. Berneys n’inventera pas les fausses nouvelles mais les élèvera à la catégorie de la science. Contrairement à son oncle Freud, il prouvera qu’il voyait juste, quand en 1954, à la demande de la CIA, il réussit à faire croire au monde que le nouveau président du Guatemala n’était pas démocrate mais communiste. À la suite de cette manipulation médiatique, des centaines de milliers de morts tapisseront le sol du Guatemala au cours des décennies suivantes.

Le soldat Adolf Hitler n’avait aucune idée radicale. Il n’était pas non plus un penseur radical, mais bien au contraire : ses idées et sa pensée étaient d’usage courant à son époque, surtout de l’autre côté de l’Atlantique. Aux Etats-Unis, l’idée d’une glorieuse race teutonique et aryenne menacée d’extinction par les races inférieures était monnaie courante au XIXe siècle, du Ku Klux Klan encagoulé aux présidents comme Theodore Roosevelt, en passant par les marines et les volontaires qui chassaient les noirs par sport, violaient leurs femmes et se sont amusés à justifier les viols comme un moyen d’améliorer la race des îles tropicales. Le nazisme a très probablement ses racines dans le sud des États-Unis, bien avant de perdre la mémoire pendant la Seconde Guerre mondiale.

Dix ans plus tard, le zoologiste de l’Université de Berkeley, Samuel Jackson Holmes, proposera la stérilisation forcée des Mexicains aux États-Unis (de la même manière que 10 000 handicapés ont été stérilisés dans la seule Californie) pour résoudre le grave problème racial de la diminution de la qualité de la race américaine. « Les enfants des travailleurs d’aujourd’hui seront citoyens demain », a déclaré Holmes. Dans des articles ultérieurs, il réitérera l’avertissement de Theodore Roosevelt sur le « suicide racial » qui trouvera un écho non seulement chez les membres du Ku Klux Klan mais parmi une vaste masse de citoyens anglo-saxons, ce qui conduira, pendant la Grande Dépression, à la persécution des Mexicains et à la déportation d’un demi-million de citoyens étasuniens d’apparence métisse.

Jorge Majfud* pour Página 12

Página 12. Buenos Aires, 2 juillet 2020.

 

 

Аргентинское издание рассказывает о «научном» расизме в США первой половины XX века. Автор считает, что американские расовые идеологи вдохновили не только Ку-Клукс-клан, но и Адольфа Гитлера. Автор утверждает, что расисты из США еще до Гитлера выдвинули порочную идею превосходства одной расы над другой, а также заговорили о возможности истребления «низших рас». Приводится и тот факт, что мастера нацистской пропаганды Йозефа Геббельса вдохновляла книга «отца американского пиара» — Эдварда Бернейса, человека, разработавшего методику современной пропаганды как кратчайшего пути к сердцу «короля нашего времени» — массового избирателя.

идеологи Гитлера

Американский расизм, который вдохновил Гитлера на написание «Майн кампф».

Хорхе Махфуд (Jorge Majfud)

сли ты белый, то ты относишься к высшей расе. Но ты такой последний, потому как твои предки согрешили, войдя в союз с низшими расами юга. Из-за такого смешения лучшие качества создателей высшей расы, белых, испортились, особенно здесь, в Соединенных Штатах Америки».

Именно так начинается статья «Нью-Йорк Таймс» от 22 октября 1916 года, посвященная новой книге Мэдисона Гранта «Закат великой расы», в которой автор, пользуясь «более научными терминами», предупреждает о конце белой расы, которая неизбежно сменяется белокожими брюнетами и, что еще хуже, смуглыми брюнетами. По словам автора, проблема северных стран заключалась в том, что они не довольствовались холодным климатом, предпочитая ему теплое солнце юга. И хотя эти белые говорят на арийском языке, в них больше не течет кровь завоевателей. Автор считает, что решение проблемы состоит в применении давно известных практик. «Завоевание не является таковым, если победители не истребляют низшие расы и не уводят с собой их женщин… По этим причинам страны к югу от черного пояса Соединенных Штатов и штаты к югу от Миссисипи должны быть брошены и отданы неграм”.

В девятнадцатом веке мировые державы по обе стороны Атлантики (очевидно, имеются в виду и США, и Великобритания, и Франция — прим. ред.) оправдывали свой империализм идеями превосходства белой расы, причем делали они это особенно активно до победы коммунистической революции в России. В Соединенных Штатах научные обоснования были необходимы для того, чтобы указать многочисленному черному населению (сначала в эпоху рабства, а затем во времена сегрегации), что положение граждан второго сорта — это их законное место в соответствии с законами природы, цивилизации и прогресса.

Более поздние доклады различных политиков, сенаторов и послов XX века поддерживали данную риторику. Глава латиноамериканского направления в дипломатии США, а позже и посол в Эквадоре Фрэнсис Уайт десятилетиями писал доклады и читал лекции будущим дипломатам, объясняя, что «за некоторыми исключениями в странах Латинской Америки, особенно в тропиках, мало чисто белого населения, при этом много мошенников». Для Уайта Эквадор был отсталой страной, потому что среди его населения «всего пять процентов белых; остальные — индейцы и метисы». На конференции 1922 года, обращаясь к будущим консулам и послам, которым предстояло работать на индейских территориях, он заявил, что «политическая стабильность прямо пропорциональна проценту чисто белых людей в стране».

Согласно Гранту и многим другим авторам, белая раса «выжила» в Канаде, Аргентине и Австралии благодаря истреблению туземных рас. Если высшая раса не истребляет низшую, побеждает низшая — так думали такие, как Грант, причем под низшими расами понимались и некоторые народы Европы. «Америка долгое время выигрывала от иммиграции скандинавской расы, но, к сожалению, в последнее время она также принимала слабые и коррумпированные расы Южной Европы. Эти новые иммигранты теперь говорят на языке скандинавской расы, носят их одежду и имена, более того, пользуются нашими женщинами. Но при этом они не понимают нашу религию и ценностей”,- писал Грант, очевидно, имея в виду католических иммигрантов из Италии и Испании.

«Закат великой расы» не стал бестселлером, но, тем не менее, был признан классикой научного расизма 20-го века, которая с легкостью нашла отклик среди экономических элит и белых претендентов на пост президента США. Среди его заядлых читателей были Теодор Рузвельт, а также поклонник Адольфа Гитлера — знаменитый промышленник Генри Форд. Газета «Бостон Транскрипт» писала, что все думающие люди (то есть белые по цвету кожи) должны ее прочитать. Книга оказала сильное влияние на правящий класс и помогла составить иммиграционные законы США в 1924 году: в приоритете были северные расы, ниже шли евреи, испанцы, итальянцы и ирландцы, а уж затем и остальные «темные» расы. По словам автора, «интеллектуальные способности рас варьируются в зависимости от физических аспектов каждой из них… американцам потребовалось пятьдесят лет, чтобы понять, что английская речь, хорошая одежда, посещение школы и церкви — все это не превращает черного человека в белого». Автор не уточняет, являются ли дураки-расисты из высших рас неизбежными исключениями из этого правила, поскольку хорошо известно, что среди белых попадаются люди с умственной отсталостью, которые по понятным причинам не считают себя глупыми. Так вот, именно они-то первыми и приняли эту  теорию расового превосходства.

Спустя несколько лет, в 1924 году, по другую сторону Атлантики, солдат по имени Адольф Гитлер с энтузиазмом прочтет книгу Мэдисона Гранта и начнет писать «Майн кампф». «Закат великой расы» станет для Гитлера своеобразной Библией. Когда Гитлер станет лидером нацистской Германии, министр пропаганды Йозеф Геббельс с той же страстью прочтет книгу «Пропаганда» американца, еврея по происхождению, двоюродного племянника Зигмунда Фрейда. Этого человека звали Эдвард Бернейс. Господин Бернейс призывает не говорить народу стопроцентной неправды, однако пичкать его пропагандой, преподнося полезную вам информацию как научную и выверенную. В отличие от своего дяди Фрейда, он не имел никаких комплексов. И честно считал, что был прав, когда в 1954 году по просьбе ЦРУ убедил мир в том, что новый президент Гватемалы был не демократом, а коммунистом — хоть это и была неправда. В результате его манипуляций со СМИ в Гватемале несколько десятилетий будут умирать сотни тысяч людей.

У солдата Адольфа Гитлера на самом деле не было идей, сильно отходивших от расистской моды начала двадцатого века. Не был он и радикальным мечтателем, как раз наоборот: его идеи и мысли широко использовались в его время, особенно на другой стороне Атлантики. В XX веке в Соединенных Штатах активно обсуждалась угроза исчезновения славных тевтонской и арийской расы. Их судьбу оплакивали многие, начиная от деятелей Ку-клукс-клана в капюшонах до таких президентов, как Теодор Рузвельт, а также морских пехотинцев США, которые “на гражданке” охотились на черных, насиловали их женщин и оправдывали насилие необходимостью улучшения расы тропических островов. Некоторые исследователи считают, что корни нацизма берут начало на юге Соединенных Штатов, задолго до Второй мировой войны.

Десять лет спустя зоолог из Университета Беркли Сэмюэль Холмс предложит принудительную стерилизацию мексиканцев в Соединенных Штатах (как и стерилизацию 10 тысяч идиотов в Калифорнии), чтобы решить серьезную расовую проблему ухудшения качества американского населения. «Дети сегодняшних рабочих завтра станут гражданами», — сказал Холмс. В последующих статьях он будет повторять предупреждение Теодора Рузвельта о «расовом самоубийстве», которое найдет отклик не только среди членов Ку-клукс-клана, но и в огромной массе англосаксонских граждан, что приведет к преследованию мексиканцев и депортации полумиллиона американских граждан смешанной расы во время Великой депрессии.

 

 

 

Hitler’in İdeologları: Mein Kampf’ta Meyve Veren ABD Irkçılığı – Jorge Majfud

 

“Eğer bir sarışınsan, dünyanın en iyi insanlarına aitsin, ama her şey seninle! Ön ayaklarınız, aşağı esmerlerle iç içe geçmenin ölümcül hatasını yaptı ve sonuç olarak dünyaya en yüksek kültür türünü veren sarışın ırkın büyük nitelikleri üzücü bir şekilde zayıfladı ve esmerlerin baskın özellikleri kendilerini daha fazla iddia ediyor ve özellikle Amerika Birleşik Devletleri’nde tam zaferi ön plana çıkıncaya kadar. ”

Böylece 22 Ekim 1916’da başlıyor, New York Times, yeni yayınlanan Büyük Yarışın Geçişi kitabına dayanan bir makaleye yer veriyor.“daha ​​bilimsel dilde” Madison Grant, kahverengi ırkın sonunda kahverengi saçlı beyazların elinde, daha da kötüsü, kahverengi saçlı ve koyu tenli olanların uyarısı yapıyor. Grant’e göre, İskandinav halklarının sorunu, soğuktan zevk almamaları ve güneyin sıcaklığını ve güneşli sıcaklığını tercih etmeleri, ancak tropik bölgelerde çalışmak yerine arazinin sahibi olarak geçebilmeleriydi. Hindistan sakinleri hala Aryan dilini konuşuyordu, ancak kanları fatih kalitesini kaybetmişti. Grant, daha ılımlı sonuçlarından birinde, çözümün geçmişin uygulamalarında yattığını keşfetti: “Yerliler yok edilmedikçe ve işgalciler kendi kadınlarını onlarla birlikte getirmedikçe hiçbir etnik fetih tamamlanamaz… Batı Hint Adaları, Körfez Ülkelerimizin sahil bölgesi, belki de,

Modern emperyalizmi açıklamak ve meşrulaştırmak için kullanılan beyaz ırksal üstünlük fikirleri, 19. yüzyılda Atlantik’in her iki tarafında, komünizm bahane haline gelmeden nesiller boyunca ortak para birimiydi. Amerika Birleşik Devletleri’nde, büyük bir Siyah nüfusun yerinde (önce köleler ve daha sonra ayrılan ikinci sınıf vatandaşlar olarak) yerde tutulması için düzen, uygarlık ve ilerleme kurallarına göre bunlara karşılık gelen bilimsel gerekçeler gerekliydi.

20. yüzyıla kadar çeşitli politikacıların, senatörlerin ve büyükelçilerin muhtıraları ve raporları bu geleneği sürdürdü. Latin Amerika Dışişleri Bakan Yardımcısı ve daha sonra Meksika Büyükelçisi Francis White, onlarca yıl boyunca raporlar yazdı ve gelecekteki diplomatlara “Belirli istisnalar dışında, Latin Amerika’nın çoğu hükümetinin, özellikle tropik bölgelerde ve çok küçük bir saf beyaz nüfusa sahip olmak, kamu görevlileri arasında büyük bir sahtekârlığın var olmasıdır. ” Beyaz için Ekvador “çok geri kalmış bir ülkeydi” çünkü nüfusu sadece “% 5 saf beyaz, geri kalan kan veya saf Hintli” idi. 1922’de stajyerlere tavsiyesi, eğer beyaz olmayan bir ülke atandıysa,

Grant’e ve diğerlerine göre beyaz ırk yerli ırkların imhasıyla Kanada, Arjantin ve Avustralya’da hayatta kaldı. Üstün ırk düşük olanı yok etmezse, düşük ırk zafer kazanacaktır. “Devrim Savaşı sırasında, on üç Kolonideki yerleşimciler ezici bir biçimde İskandinav’dı, ancak 19. yüzyılın ortalarında“ yeni göç […] çok sayıda zayıf, kırılmış ve zihinsel sakatlık içeriyordu. tüm ırklar ”ı seçin. “Bu göçmenler [doğuştan] Amerikalıların dilini benimsiyorlar, kıyafetlerini giyiyorlar, isimlerini çalıyorlar ve kadınlarını almaya başlıyorlar, ancak nadiren dinini benimsiyorlar veya ideallerini anlıyorlar.”

Büyük Yarışın Geçişi, anında en çok satan haline gelmedi, ancak 20. yüzyılın bilimsel ırkçılığının klasiklerinden biri ve beyaz ekonomik elitlerle ve aynı zamanda fakirlerin peşinde koşan biri haline geldi. Grant’in hevesli okuyucuları arasında, Grant’in kitabını kendisine tavsiye eden Adolf Hitler’in gelecekteki hayranı ve işbirlikçisi Theodore Roosevelt ve Henry Ford sayılabilir. Etkili günlük gazete The Boston Transcripther düşüncenin (yani beyaz olan) onu okuması gerektiği sonucuna vardı. Kitabın yönetici sınıf üzerinde büyük bir etkisi oldu ve 1924’te ABD göçmenlik yasalarını hazırlamak için seçilen yetkililerin kategorilerini tanımlamaya yardımcı oldu: üst kısımda yer alan İskandinav yarışı, Yahudiler, İspanyol, İtalyanlar ve İrlandalı ve hatta daha da aşağı , tüm koyu tenliler. Grant’e göre, “ırk kalıtım, kalıtım siyasetin ve hükümetin kaynakları olan tüm ahlaki, sosyal ve entelektüel özellikleri ve özellikleri ima eder.” Ve “İngilizce konuşmanın, iyi kıyafetler giymenin, okula ve kilisenin bir Zenciyi beyaz bir adama dönüştürmediğini öğrenmek elli yılımızı aldı.” Grant, üstün ırklardan kaynaklanan ırkçıların kuralın kaçınılmaz istisnaları olup olmadığını netleştirmez,

Yayımlanmasından birkaç yıl sonra, 1924’te Atlantik’in diğer tarafında Adolf Hitler adındaki hapishane hücresindeki bir asker Grant’in kitabını büyük bir tutkuyla okuyacak ve Mein Kampf’ı yazmaya başlayacaktı . Hitler , Büyük Irkın Geçişini İncil’i olarak gördü. Hitler Nazi Almanyasının lideri olduğunda, Propaganda Bakanı Joseph Goebbels, aynı tutkuyla Propaganda kitabını okuyacaktıYahudi Amerikalı ve Sigmund Freud’un yeğeni Edward Bernays tarafından. Bernays “sahte haber” icat etmedi, ancak bir bilim kategorisine yükseltti. Freud amcasından farklı olarak, 1954’te CIA’nın talebi üzerine dünyayı Guatemala’nın yeni başkanının bir demokrat değil bir Komünist olduğuna inandırdığında haklı olduğunu kanıtlayacaktı. Bu medya manipülasyonunun bir sonucu olarak, yüz binlerce ölü, önümüzdeki birkaç on yıl içinde Guatemala dünyasını halı kaplayacaktı.

Asker Adolf Hitler’in radikal fikirleri yoktu. Radikal bir düşünür de değildi, tam tersine: fikirleri ve düşüncesi, zamanının ötesinde Atlantik’in diğer tarafında ortak yerlerdi. Amerika Birleşik Devletleri’nde, aşağı ırkların yok olmasıyla tehdit edilen görkemli bir Cermen ve Aryan yarışı fikri, 19. yüzyılda kapüşonlu Ku Klux Klan’dan spor için Siyahlar avlayan gönüllüler ve Theodore Roosevelt gibi başkanlara kadar standart para birimiydi. , onlara tecavüz etti ve tropik adalarda yarışı iyileştirmenin bir yolu olarak tecavüzü haklı çıkardı. Nazizmin, İkinci Dünya Savaşı’nda hafızasını kaybetmeden çok önce, güney ABD’deki en derin köklerini bulması muhtemeldir.

On yıl sonra, Kaliforniya Üniversitesi, Berkley zoolog Samuel Jackson Holmes, Amerika Birleşik Devletleri’ndeki Meksikalıların zorla sterilizasyonunu önerdi (aynı şekilde yalnızca Kaliforniya’da 10.000 “aptal” sterilize edildi), temsil ettiği ciddi sorunu ele almak için ulusun ırksal stokunun kalitesinin düşmesi. Holmes, “Bugünün işçilerinin çocukları yarın vatandaş olacak” dedi. Ardışık makalelerde, Theodore Roosevelt’in sadece Ku Klux Klan üyeleriyle değil, Anglo-Sakson vatandaşlarının geniş bir alanı ile rezonansa girecek olan “ırksal intihar” hakkındaki uyarısını tekrarladı, Büyük Buhran sırasında ortaya çıkan bir uyarı Meksikalıların zulmünde ve karışık ırk görünümüne sahip yarım milyon ABD vatandaşının sınır dışı edilmesinde.

Kaynak:commondreams.org

İngilizce Çeviri: Bruce Campell, Saint John’s Üniversitesi

Türkçe Çeviri: Simurg News Redaksiyon

Cuando las razas inferiores dicen basta, es violencia

El 30 de mayo de 1921 un lustrabotas huérfano de 19 años se dirigía al baño para negros en un edificio de Tulsa, Oklahoma, y, al tropezar, tocó el brazo de una joven blanca. Alguien vio el incidente y lo denunció como intento de violación (con frecuencia, la imaginación pornográfica se asienta en la violencia del poder inverso). Aunque la joven Sarah dijo que había sido un accidente, los llamados a “linchar al negro” provocaron una serie de ataques de hordas blancas y reacciones de vecinos negros. Como reacción a la reacción, en pocos días aviones privados bombardearon uno de los barrios negros más prósperos del país, dejando casi cien muertos y a miles sin sus casas.

Los grandes traumas de una sociedad se disparan siempre con pequeñas cosas. El 25 de mayo pasado, la sospecha de que un billete de veinte dólares fuese falso terminó en una denuncia de un cajero de Minnesota y en la muerte del sospechoso como consecuencia de una brutalidad policial innecesaria y significativa. No fue un caso excepcional; como en Brasil, otro país con un trauma histórico similar, cada año en Estados Unidos miles personas mueren por violencia policial y la mayoría de las víctimas repiten un patrón similar: negros, mestizos y pobres. Días atrás, Georgia se había conmovido por el asesinato de Ahmaud Arbery, un joven negro que había estado haciendo jogging antes que Gregory McMichael, un expolicía retirado y su hijo Travis lo asesinaran por sospechoso. Esta vez, el crimen fue filmado por alguien llamado William Bryan, quien mantenía contacto con la “seguridad” de los McMichael —no está de más recordar que los irlandeses, antes de convertirse en blancos durante el siglo XX, eran considerados tan indeseables como los negros.

Pocos años atrás, para protestar contra el racismo, el futbolista Colin Kaepernick comenzó a arrodillarse al sonar el himno nacional antes de cada partido (entre otras razones, la letra del himno amenaza a los esclavos con la tumba). Las voces de escándalo resonaron desde la Casa Blanca hasta la granja más humilde. No pocos, incluidos el presidente Trump, propusieron que todos aquellos que siguieran su ejemplo “antiamericano” deberían perder sus trabajos. Obviamente, el valiente futbolista no estaba violando ninguna ley y mucho menos la constitución; sí aquellos que amenazaron su libertad de expresión. La idea de Theodore Roosevelt de que “los negros son una raza perfectamente estúpida” no ha cedido; sólo la forma de no decirlo.

Colin Kaepernick protestaba por la violencia policial. Se había quedado corto, como todos aquellos que no tienen ojos para la violencia internacional, históricamente cargada de racismo, a la cual Washington ha sido adicto por muchas generaciones en nombre de la libertad —de la libertad de imponer su criterio y sus intereses a cualquier precio. “Todos queríamos matar negros; es como un juego adictivo; matamos a miles y todos estaban como locos; cuando la matanza terminó, no se vio muy bien, pero así es la guerra”, escribió un voluntario de la Company H del Primer regimiento del estado de Washington en Filipinas. Por no seguir con las dictaduras tropicales, o el bombardeo indiscriminado del 80 por ciento de Corea, o el fusilamiento de refugiados, o las masacres en Vietnam (donde millones fueron exterminados bajo las bombas o con químicos defoliantes), o las tortura y los bombardeos sobre niños y población inocente fueron rutinarias en Irak, Afganistán y Guantánamo, sin ninguna consecuencia legal. Para no volver sobre América Latina, donde desde principios del siglo XX se impusieron sangrientas dictaduras para “enseñarles a los negros a gobernarse a sí mismos” antes que surgiera la maravillosa excusa de la lucha contra el comunismo unas generaciones después y los supuestos patriotas latinoamericanos comenzaran a repetirlo hasta nuestros días a flata de mejores excusas. Cuando despreciar a las razas colonizadas se convirtió en algo incorrecto, se continuó demonizando naciones y “culturas enfermas” para continuar el mismo ejercicio de la arrogancia.

Como en muchos otros casos que no alcanzaron los titulares de la prensa porque no alcanzaron a ser filmados, el cajero de Minnesota llamó a la policía y la policía reaccionó con el reflejo racista que está enquistado en una parte de una sociedad (especialmente aquella que, como lo explicamos antes, gracias al sistema electoral y representativo heredado de la esclavitud, tiene un poder político desproporcionado). Poco después, tres policías blancos tenían sus rodillas sobre el cuerpo de George Floyd, quien, al igual que otra víctima conocida, Eric Garner, repitió varias veces “no puedo respirar”. Uno de ellos, el oficial Derek Chauvin, que con su rodilla sorda llevó a Floyd a la muerte, al igual que su víctima había trabajado como guardia de seguridad en el mismo bar, El Nuevo Rodeo. A partir de ahí, se desató la violencia por la cual cuarenta ciudades del país fueron puestas bajo toque de queda.

Las manifestaciones pacíficas se tornaron violentas poco después. La alcaldesa de Atlanta, Keisha Bottoms, una mujer negra, una representante doble de las minorías en este país, realizó un discurso apasionado frente a las cámaras de televisión acusando a los vándalos que han incendiado algunos edificios de enemigos de las legítimas protestas. Cualquiera en su más sano juicio debería apoyar su posición. Sin embargo, también es necesario preguntarse, ¿hasta cuándo los abusados por la violencia racial deben ser moderados cuando los abusadores no lo son y se perpetúan generación tras generación? El gran James Baldwin, en ocasión de una rebelión similar en 1968, habían dicho: “las únicas veces en que la no violencia ha sido admirada ha sido cuando es practicada por los negros”. Obviamente, ni Baldwin ni Malcolm X se convirtieron en santos nacionales.

Sí, la violencia es siempre condenable. Todos estamos en contra de la violencia y algunos la consideramos la peor estrategia para cambiar la sociedad y la mejor excusa de la represión y la reacción para dejar las cosas como están. Como siempre, las protestas han sido calificadas como “incitación extranjera”. A este punto, es difícil determinar si hay algo de cierto en esto. Lo que ha sido comprobado es que, por 250 años la violencia racista ha acompañado a esta sociedad fronteras adentro y se ha proyectado fronteras afuera (bastaría con recordar los experimentos de con sífilis en Guatemala por parte de los médicos estadounidenses, antes de la infame destrucción de su democracia por parte de la CIA) y no ha menguado por la generosidad de los de arriba sino por la rebelión de los de abajo.

No hay país en el mundo que esté libre de racismo, pero algunos están fuera de competencia y han sido fundados y se han enriquecido sobre los valores más radicales y persistentes del racismo. El racismo estadounidense hunde sus raíces en su propia fundación. Bastaría recordar a Benjamín Franklin, preocupado por la llegada de europeos no del todo blancos. O a líderes como el gran Thomas Jefferson cuando, como era costumbre en su época, tenían hijos con sus esclavas y ni siquiera liberaba a su hijos por no ser blancos puros, condenándolos a la esclavitud en la dictadura más perfecta, cuya declaratoria de independencia de 1776 reconocía que “todos los hombres son creados iguales” y su constitución, diez años después, insistía que en eso de  “We the people”, donde ni los negros ni los indios ni los mexicanos eran parte de “nosotros, el pueblo”, por lo cual hasta estados arrancados a México, como Arizona, para ganar el derecho al voto debieron esperar hasta bien entrado el siglo XX cuando la mayoría de la población pasó a ser blanca.

Cuando los pueblos dicen basta, quienes están en el poder tienen dos opciones: aumentar la represión o ceder un poco para limitar las pérdidas. En ningún caso se trata de una revolución, pero a partir de cierto momento la revuelta podría convertirse en una rebelión semejante a la de los años 60 que terminen con la herencia de los años 80.

 

jm, 1 de junio de 2020

 

https://www.huffingtonpost.es/entry/cuando-las-razas-inferiores-dicen-basta-es-violencia_es_5ed6c516c5b68b9bb45f5154?utm_hp_ref=es-opinion-internacional

En EEU hay racismo estructural enquistado, dijo Majfud

  • PUNTOS DE VISTA

En EEU hay racismo estructural enquistado, dijo Majfud

La mayoría están en contra del racismo, pero cada tanto se dan hechos, como el asesinato de George Floyd, que lo expresan, señaló

4 de junio de 2020
Actualizado: 11:58h

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El académico y analista político uruguayo residente en Estados Unidos Jorge Majfud, dijo en Puntos de vista que si bien la mayoría de la población de Estados Unidos está en contra del racismo, hay un racismo enquistado, a veces ideológico y explícito, pero también estructural. Agregó que también hay un componente racista fundacional, que en los documentos de creación de la nación aparece la concepción de la raza blanca superior.También a través de la historia ha aparecido la victimización de grupos blancos, señaló. Eso ha dado lugar al argumento ‘nos atacaron primero, como excusa para reaccionar contra grupos que ven como amenazas. Se crean falsas banderas que justifiquen las acciones de represión, sostuvo. “Eso es parte del racismo ideológico”, dijo Majfud.Cada tanto se dan hechos, como el asesinato de George Floyd, que expresan esas corrientes racistas subterráneas, se rebasa en vaso y aparecen las movilizaciones de protesta. “No creo que lo que está pasando tenga consecuencias legales, pero sí va a poner ciertos límites a una serie de abusos que de otra manera no alcanzan los grandes titulares o no conmueven a la población” dijo Majfud.

Jorge Majfud

 

 

Quand les classes subalternes racisées disent Ça suffit !, c’est de la violence

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Le 30 mai 1921, un cireur de chaussures orphelin de 19 ans se dirigeait vers les toilettes réservées aux noirs d’un immeuble de Tulsa, dans l’Oklahoma, et, alors qu’il trébuchait, il toucha le bras d’une jeune blanche. Quelqu’un a vu l’incident et l’a dénoncé comme une tentative de viol (souvent l’imagination pornographique est basée sur la violence du pouvoir d’inversion). Bien que la jeune Sarah ait déclaré qu’il s’agissait d’un accident, les appels à « lyncher le Nègre » provoquèrent une série d’attaques par des hordes de Blancs et à des réactions des habitants noirs. En réaction à cette réaction, des avions privés bombardèrent quelques jours plus tard l’un des quartiers noirs les plus prospères du pays, faisant près de cent morts et des milliers de sans-abri.

Les grands traumatismes d’une société sont toujours déclenchés par de petites choses. Le 25 mai dernier, le soupçon qu’un billet de vingt dollars était contrefait a amené un caissier du Minnesota à appeler la police et a conduit à la mort du suspect suite à une brutalité policière inutile et pesante. Ce n’était pas un cas exceptionnel ; comme au Brésil, un autre pays avec un traumatisme historique similaire, chaque année aux USA, des milliers de personnes meurent des violences policières et la plupart des victimes ont un profil similaire : noires, métisses et pauvres. Quelques jours plus tôt, la Géorgie a été choquée par le meurtre d’Ahmaud Arbery, un jeune homme noir qui faisait son jogging avant que Gregory McMichael, un flic retraité, et de son fils Travis, l’assassinent en tant que suspect. Cette fois, le crime a été filmé par un certain William Bryan, qui était en contact avec la « sécurité » des McMichael – il faut rappeler que les Irlandais, avant de devenir blancs au cours du XXe siècle, étaient considérés comme aussi indésirables que les Noirs.

Il y a quelques années, pour protester contre le racisme, le footballeur Colin Kaepernick a commencé à s’agenouiller lorsque l’hymne national était joué avant chaque match (entre autres raisons, les paroles de l’hymne menacent les esclaves : « Aucun refuge n’a pu sauver ni le mercenaire ni l’esclave/ De la frayeur des déroutes et de la tristesse de la tombe »). Des cris d’indignation se sont fait entendre de la Maison Blanche jusqu’à la plus humble des fermes. Plus d’un, dont le président Trump, a proposé que tous ceux qui suivraient son exemple « anti-américain » soient virés (« fired ») de leur boulot. De toute évidence, le courageux footballeur n’enfreignait aucune loi, et encore moins la constitution ; ceux qui menaçaient sa liberté d’expression, oui. L’idée de Theodore Roosevelt selon laquelle « les Noirs sont une race parfaitement stupide » n’a pas faibli ; seulement la manière de ne pas le dire.

Colin Kaepernick protestait contre la violence policière. Il avait échoué, comme tous ceux qui n’ont pas d’yeux pour la violence internationale historiquement raciste à laquelle Washington a été accroché pendant de nombreuses générations au nom de la liberté – la liberté d’imposer ses vues et ses intérêts à tout prix. « Nous voulions tous tuer des Noirs ; c’est comme un jeu addictif ; nous en avons tué des milliers et tout le monde était fou ; quand les tueries ont cessé, ça n’avait pas l’air bien, mais c’est à ça que ressemble la guerre », écrivait un volontaire de la compagnie H du premier régiment de l’État de Washington aux Philippines. Pour ne pas parler des dictatures tropicales, ou du bombardement aveugle de 80 % de la Corée, des fusillades de réfugiés, ou des massacres au Vietnam (où des millions de personnes ont été exterminées sous les bombes ou avec des produits chimiques défoliants), ou de la torture et du bombardement d’enfants et d’innocents, monnaie courante en Irak, en Afghanistan et à Guantanamo, sans aucune conséquence juridique. Pour ne pas revenir sur l’Amérique latine, où depuis le début du XXe siècle, des dictatures sanglantes ont été imposées pour « apprendre aux Nègres à se gouverner eux-mêmes » avant que la merveilleuse excuse de la lutte contre le communisme n’émerge quelques générations plus tard et que les supposés patriotes latino-américains ne commencent à la répéter jusqu’à ce jour faute de meilleures excuses. Lorsque le mépris des races colonisées est devenu incorrect, on a continué à diaboliser les nations et les « cultures malades » s afin de poursuivre le même exercice d’arrogance.

Comme dans de nombreux autres cas qui n’ont pas fait les gros titres parce qu’ils n’ont pas été filmés, le caissier du Minnesota a appelé la police et celle-ci a réagi avec le réflexe raciste qui est ancré dans une partie de la société (surtout une partie qui, comme nous l’avons expliqué précédemment, grâce au système électoral et représentatif hérité de l’esclavage, a un pouvoir politique disproportionné). Peu après, trois policiers blancs étaient agenouillés sur le corps de George Floyd, qui, comme une autre victime connue, Eric Garner, a répété plusieurs fois « Je ne peux pas respirer ». L’un d’entre eux, l’officier Derek Chauvin, qui avec son genou sourd a provoqué la mort de Floyd, avait travaillé comme agent de sécurité dans le même night-club que sa victime, El Nuevo Rodeo. À partir de là, la violence a éclaté et quarante villes du pays ont été mises sous couvre-feu.

Les manifestations pacifiques ont tourné à la violence peu après. La mairesse d’Atlanta, Keisha Bottoms, une femme noire, double représentante à double titre [ ???!!! les femmes seraient-elles une minorité ?, NdT] des minorités de ce pays, a fait un discours passionné devant les caméras de télévision, accusant les vandales qui ont mis le feu à certains bâtiments d’être des ennemis des protestations légitimes. Toute personne de bon sens devrait soutenir sa position [ces propos n’engagent que leur auteur, pas le traducteur, NdT]. Cependant, il faut également se demander jusqu’à quand les personnes victimes de violence raciste doivent être modérées lorsque les agresseurs ne le sont pas et se perpétuent de génération en génération. Le grand James Baldwin, à l’occasion d’une rébellion similaire en 1968, avait déclaré : « Les seules fois où la non-violence a été admirée, c’est lorsqu’elle est pratiquée par des Noirs ». De toute évidence, ni Baldwin ni Malcolm X ne sont devenus des saints nationaux.

Oui, la violence est toujours condamnable [???]. Nous sommes tous contre la violence et certains d’entre nous considèrent que c’est la pire stratégie pour changer la société et la meilleure excuse pour la répression et la réaction de laisser les choses telles qu’elles sont. Comme toujours, les protestations ont été décrites comme une « incitation étrangère ». À ce stade, il est difficile de déterminer s’il y a une quelconque vérité dans tout cela. Ce qui est prouvé, c’est que depuis 250 ans, la violence raciste a accompagné cette société de l’intérieur et s’est projetée hors des frontières (il suffit de se rappeler les expériences de syphilis au Guatemala par des médecins usaméricains, avant la tristement célèbre destruction de sa démocratie par la CIA) et n’a pas diminué du fait de la générosité de ceux d’en haut mais de la rébellion de ceux d’en bas.

Aucun pays au monde n’est exempt de racisme, mais certains sont hors compétition et ont été fondés et enrichis par les valeurs les plus radicales et persistantes du racisme. Le racisme usaméricain est enraciné dans ses fondements mêmes. Il suffit de se souvenir de Benjamin Franklin, qui s’inquiétait de l’arrivée d’Européens pas tout à fait blancs. Ou des dirigeants comme le grand Thomas Jefferson qui, quand, comme c’était la coutume à son époque, ils avaient des enfants de leurs esclaves, ne les libéraient même pas libéré parce qu’ils n’étaient pas de purs blancs, les condamnant à l’esclavage sous la dictature la plus parfaite, dont la Déclaration d’indépendance de 1776 reconnaissait que « tous les hommes sont créés égaux » et sa constitution, dix ans plus tard, a insisté sur le « Nous le peuple », dont ni les Noirs, ni les Indiens, ni les Mexicains ne faisaient partie, si bien que même les États arrachés au Mexique, comme l’Arizona, ont dû attendre une bonne partie du XXe siècle pour obtenir le droit de vote lorsque la majorité de la population est devenue blanche.

Quand les peuple disent ça suffit !, ceux qui sont au pouvoir ont deux options : augmenter la répression ou céder un peu pour limiter les pertes. Il ne s’agit en aucun cas d’une révolution, mais à partir d’un certain moment, la révolte pourrait se transformer en une rébellion similaire à celle des années 60 qui mettrait fin à l’héritage des années 80.

Nacionalistas y patriotas

Las palabras son paquetes que contienen múltiples significados y algunas, los ideoléxicos, piensan por nosotros cuando estamos distraídos. Por ejemplo, a lo largo de la historia moderna la palabra nacionalismo ha significado al menos dos cosas perfectamente opuestas, dependiendo de si hablamos del nacionalismo de un país que mantiene colonias subyugadas, legal o económicamente, o del nacionalismo de aquellas colonias y de aquellos países acosados (generalmente en nombre de la libertad) que luchan por reivindicar sus derechos y su valor como pueblo, como seres humanos libres y dignos de respeto y orgullosos de su propia belleza.

El primero es un nacionalismo tribal, étnico y con frecuencia racista. Es un instrumento de opresión y deshumanización que se considera, por su raza o por su cultura, superior al resto y con derechos especiales de oprimir, de imponer sus criterios, sus intereses y sus formas de vida. El segundo es un instrumento de lucha contra la arbitrariedad de ese mismo poder y de esa misma ignorancia. Es un instrumento simbólico, político y psicológico de resistencia que lucha por reivindicar su igualdad humana ante las otras naciones. Es un instrumento de liberación.

Otra precisión necesaria se refiere al campo semántico del primero, del nazionalismo. Sus fronteras semánticas ni siquiera coinciden con las fronteras físicas de la nación que representan cuando ondean la bandera de su país. Esto queda cuantitativamente demostrado cuando consideramos el cúmulo de discusiones, furias, insultos y amenazas que motivan a un nazionalista, no contra otras naciones sino contra sus adversarios nacionales.

Para un nacionalista exacerbado no hay nada mejor que otro nacionalista exacerbado, aunque sea un nacionalista de otra nación. Los verdaderos enemigos de los nazionalistas son sus propios compatriotas que piensan diferente, sobre todo todos aquellos que tienen el valor de realizar una crítica profunda, incómoda, inconveniente, ese servicio supremo que alguien puede hacerle a un país y que los nacionalistas exacerbados llaman traición a la patria. La verdadera patria de un nacionalista exacerbado, de un patriota rabioso es su ideología, no su patria. Un nazionalista está incapacitado para entender que ningún país del mundo le pertenece ni tiene derechos civiles especiales por encima de cualquier otro ciudadano de su país. Ni tiene derechos humanos especiales por encima de cualquier otro ciudadano de cualquier otro país.

Para un nacionalista exacerbado, solo las verdades dulces son patriotas, las verdades que pintan a sus héroes recién afeitados y montando un caballo blanco. Cuando no hay verdades que adulan, lo mismo da una buena mentira. Como el nacionalismo es una secta, creer es una obligación y cualquier cuestionamiento una grave traición. Las verdades amargas, las verdades más necesarias, aquellas que nadie quiere escuchar porque remueve los crímenes propios, son consideradas traiciones a la patria. Si el país Z acosa, arruina o invade el país X (naturalmente, Z es una potencia y X es un país pequeño y pobre, nunca al revés) y alguien en el país Z levanta la voz para defender los derechos y la dignidad del país X, el nazionalista saltará como un resorte con su previsible pregunta en forma de respuesta: “¿Y por qué no te vas a vivir a X?” Siempre es dulce, conmovedor y un acto heroico defender la razón del más fuerte. (Sobre todo si es un nuevo ciudadano del ganador Z, porque estos nacionalistas necesitan ser un doscientos por ciento nacionalistas Z para sentirse un verdadero Z.)

Para este tipo de nacionalistas no hay servicio mayor a la patria que ir a una guerra, sin importar si es una guerra justa o una guerra criminal, sobre todo si alguien más va a la guerra por ellos. Las guerras hacen mucho ruido y nadie escucha. Cuando no hay guerras o no hay invasiones a algún país lejano, cuando las bombas y sus víctimas se han callado y algunos pueden volver escuchar, la guerra continua fronteras adentro contra aquellos que se atreven a desenterrar uno o dos muertos incómodos. Pero ¿qué servicio mayor puede hacerle un ciudadano a su país que decirle la verdad, sobre todo cuando ese país va a aplastar a miles de inocentes o, peor, cuando ya lo ha hecho y un pueblo embrutecido por el nazionalismo lame sus heridas morales colgándose medallas e historias heroicas que van a alimentar aún más el nazionalismo?

 

JM, abril 2020

La raza superior siempre se tiene fé

En 2015 el presidente Barack Obama inauguró el Global Health Security and Biodefense para prevenir futuras pandemias.

En 2017 el presidnete Donald Trump la redujo lo más que pudo para ahorrar recursos y revertir otra idea de su predecesor mulato.

En 2019 Trump creó una “Fuerza Espacial” que anunció con bombos y platillos como la cuarta fuerza militar de Estados Unidos para una nueva guerra de las galaxias. En poco tiempo se emplearon 16.000 funcionarios y se destinaron 15.000.000 millones de dólares para la nueva guerra por inventar. 

Meses después, en 2020 la epidemia COVID 19 destruyó todas las ganancias de los últimos cinco años de “negocios primero” y recortes de impuesos para los ricos en Wall Street y seis millones de pustos de trabajo en solo tres semanas. Cuando una periodista le preguntó por los criterios para definir el fin de la crisis, el presidente Trump señaló su cabeza con un dedo e indicó que la decisión suprema no estaba en la ciencia sino allí adentro. 

En 1897, el futuro presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, luego de insistir como muchos otros políticos en la fortuna de ser hombre y blanco para tomar sabias decisiones, había publicado que “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo, desde América hasta Australia… Afortunadamente, la democracia, con un claro instinto egoísta en favor de la raza blanca, ha sido capaz de mantener alejadas a las razas invasoras”.

 

JM, abril 2020

 

¿Nos dirigimos a la Fase Andes 72?

No pocas veces en mis clases he propuesto el análisis del caso de la tragedia de los Andes de 1972. Esta es una de las pocas historias relevantes donde el factor político es mínimo, casi inexistente (consideremos que hasta la crucificcion de Jesús está cruzada y definida por poderosas motivaciones políticas). Por lo general, en la discusión suelen surgir dos grupos: algunos estudiantes reconocen que no saben cómo actuarían en una situación semejante mientras otros, de plano, afirman que jamás recurrirían a la antropofagia para sobrevivir tres meses en un valle helado de los Andes. 

Sin considerar los casos antiguos de canibalismo con una fuerte carga ritual, la historia moderna registra múltiples casos de antropofagia por parte de gente considerada civilizada, desde la fundación de la primera colonia anglosajona en Estados Unidos hasta la brutal conquista del Oeste. La vida en este planeta existe gracias al instinto de conservación, notoriamente complementado con el instinto sexual para acelerar la diversidad genética y así la adaptación evolutiva a medios inhóspitos y cambiantes. El instinto de conservación es tan fuerte que es capaz de echar mano a recursos que en otras situaciones serían impensables e imperdonables. Nadie puede asegurar cómo reaccionaría ante una situación extrema y mucho menos cuando esa situación se prolonga por semanas, por meses.

Obviamente que en esta pandemia de COVID 19 no estamos en esa fase de la desesperación. Más bien estamos lejos. Pero vamos en esa dirección y basta un detonante para que las piezas de dominó desaten su energía destructiva. Por varias razones, lo que antes la gente llamaba “normalidad” nos condujo a esta crisis y nos conducirá a otras (el consumismo irracional, el desmembramiento o negligencia de la trama social, de los programas y servicios sociales, desde los médicos hasta las coberturas laborales, asistenciales y de suministro de alimentos, el fanatismo de los líderes mundiales y sus “yo y nosotros primero”, apoyado por furiosas hordas y sectas de frustrados racistas). 

Para muestra de este absurdo bastaría anotar que hace pocos días los productores en Estados Unidos estaban arrojando desde camiones cisternas millones de galones de leche en buen estado a las cloacas, mientras miles de personas (de sus propios conciudadanos) a kilómetros de distancia hacían horas de fila para recibir un poco de comida gratis. La lista es extensa. Obviamente que los negocios y la ley de “los beneficios primeros” no son buenos coordinando algo que no tiene un beneficio inmediato ni nunca fueron buenos considerando las externalidades de la economía. De hecho, la solidaridad de donar lo que no se puede vender podría afectar negativamente los precios, por lo cual es mejor destruir los alimentos que otros desesperadamente necesitan. 

Tal vez con la excepción del salto del virus de un animal a un ser humano, nada del resto es por puro azar. Esta crisis muestra y demuestra que la base principal de la economía no es la economía; que la base de los maravillosos negocios no son los negocios; que la base del éxito de los exitosos no es meramente el éxito de los exitosos; que todas esas cápsulas ideoléxicas son dogmas, fundamentalmente esparcidos desde la cultura, desde la política, desde los medios y desde los poderosos intereses financieros de Estados Unidos, tanto que hasta en otras culturas deben usar las mismas palabras en inglés para expresar correctamente lo que dice el dogma asimilado. 

 Si el mundo y los países más afectados no vuelven, al menos por un tiempo, a eso que antes se llamaba “normalidad”, esa leve fiebre que no enciende las alarmas, en algún momento (imposible predecir cuándo y dónde) las personas más civilizadas del planeta van a entrar en la fase Andes 72. Esto significa que podemos estar moviéndonos a una serie de estallidos sociales donde hasta el individuo más sensible, racional y civilizado pasa del respeto y la solidaridad social a la desesperada búsqueda de la sobrevivencia individual y familiar. 

Ojalá que estemos lejos de ese momento y que las cosas se reviertan antes. También esto es probable. Pero no subestimemos la fuerte posibilidad de un escenario Andes 72. Diez años atrás habíamos escrito que esta posibilidad se daría con el agravamiento de la crisis ecológica y las diferencias sociales. Probablemente la pandemia del Coronavirus haya adelantado esa catastrófica posibilidad. De por sí ya es una catástrofe. El año pasado agregábamos: “los seres humanos somos especialistas en mentirnos y solemos despertar con alguna crisis, como un conductor que se duerme al volante mientras maneja y algo indeseable lo devuelve a la realidad”.

Ahora el mejor escenario consiste en que (1) no lleguemos a ese punto de quiebre y que (2) como sociedad global tengamos la sabiduría de pensar globalmente y no meramente en base a los alegres dogmas que solo ven beneficios financieros a corto plazo. Los dogmas ideológicos que pretenden estar libres de ideología deberán ser revisados con más seriedad y con menos arrogancia de parte de sus creyentes. Como por ejemplo aquella ley sagrada de que “la búsqueda del interés personal conduce al bien común; una mano invisible organiza, equilibra y armoniza los intereses individuales en el bienestar colectivo, alcanzando el óptimo social como un resultado involuntario e ideal de la conducta espontánea de los hombres”. 

Por supuesto que todos tenemos intereses personales y suelen ser todos muy diferentes. Por supuesto que todos apreciamos la libertad individual y no toleramos la arbitrariedad de ningún poder estatal o privado que nos limite y nos imponga su fuerza sin más razón que el beneficio y la libertad de esos poderes y su elite beneficiaria. Pero cuando una dimensión humana se convierte en ley, como una secta basa toda su teología en una sola frase bíblica, se convierte en dogma. La actitud que sacraliza el interés personal por sobre todo lo demás (por casualidad, siempre es el interés personal de los más fuertes) es una especie de sublimación civilizada de los instintos más profundos y arcaicos de canibalismo. Así, un dogma adoptado por una mayoría termina llevando a la mayoría, o a todos, a la catástrofe, como las ratas encantadas del flautista de Hamelín.

Para empezar será necesario sacar del poder a todos aquellos jefes de Estado que entienden que un líder es un ganador (como un empresario exitoso que gana destruyendo a la competencia) y no un líder racional, alguien que no desprecia ni la ciencia ni la crítica, que posibilita entendimientos y cambios coordinados en beneficio de la sociedad (global) para beneficio de sus miembros (países, individuos) y no al revés, que es lo que hasta ahora han propuesto y practicado los enardecidos nacionalistas con su mentalidad tribal, los fanáticos de los negocios primero, de la acumulación, del consumo irracional y la destrucción ilimitada como única definición posible de éxito

 

JM, abril 2020

 

La vana arrogancia de los expertos

Dr., Máster, o lo que sea, Canciller de Uruguay Ernesto Talvi:

De mi mayor consideración.

Es verdad que cada una de las ideas y declaraciones del general, ex comandante del ejército uruguayo del pasado gobierno del Dr. Tabaré Vázquez (y, como es tradición en América Latina, rebelado contra su presidente a falta de mayor promoción) Manini Ríos, no tienen forma de defenderse sin caer en niveles cloacales. 

Pero si el general Manini quiere discutir sobre si más Keynes y si menos Friedman en el actual gobierno de derecha de nuestro país, no debería usted responder con una profunda muestra de debilidad y arrogancia descalificado a su temporal adversario por no ser economista. (A decir verdad, en realidad es su socio; usted no estaría donde está sin sus votos; si él traicionó a quien lo designó y promovió, no haga usted lo mismo para quedar bien con la historia). Es exactamente lo que hacen los ineptos: le refriegan su título al adversario dialéctico como si fuese un argumento. “Yo no me meto en temas militares; que él no se meta en temas de economía”, más o menos ha dicho usted en la televisión local.

Podemos estar de acuerdo en que hoy en día cualquiera se toma el atributo de discutir sobre cualquier especialidad, y por lo general con notable superficialidad y vana arrogancia, pero la opción contraria es aún peor. ¿Se imagina usted no discutiendo nada que no caiga dentro de lo aceptado como “economía”? Pues, usted debería estar en silencio la mayor parte del tiempo, lo cual no es el caso, sobre todo desde que entró en la arena política.

Pero si el general Manini Ríos o cualquier otra persona quiere discutir sobre la pertinencia de Keynes y Friedman en nuestros días, no importa si es militar, médico o vendedor de helados. Imagine que se me ocurra a mí decir que en una reunión sólo yo puedo opinar de arquitectura porque soy el único arquitecto en un grupo dado. O de relaciones internacionales, sólo porque resulta que doy clases de eso en alguna universidad del mundo. No tendría ningún sentido, aparte de hacer el ridículo. Esa soberbia de decir que “esa discusión ha sido saldada hace cuarenta años” vale lo mismo que decir que usted no quiere discutir el fondo de las dos opciones. Artigas y Jefferson murieron hace un par de siglos, y hoy los ejemplos de cada uno echarían mucha luz en cualquier discusión, si se diera (creo que el primero llevaría amplia ventaja en las cuestiones éticas sobre la justicia social y el racismo, pero eso sería parte de la discusión).

Los “expertos” en el poder y bastante fuera de práctica académica o de ejercicios intelectuales profundos que hace tiempo se daban en nuestros cafés del sur, no se cansarán nunca de proclamar que los asuntos del pasado, pasados son; que las discusiones teóricas de cuarenta años atrás “están saldadas”, como si se tratase de una discusión entre física newtoniana y la física cuántica y hoy no hubiese profundas divergencias en las opiniones de los “expertos” en economía, muchos de los cuales han sido distinguidos con premios Nobel y no le tienen miedo a discutir la pertinencia de Keynes o de Friedman. Por no mencionar los editoriales y las discusiones semanales en publicaciones liberales como The Economist, del que seguramente usted será suscriptor. Los expertos en economía no predijeron ni la gran crisis de 2008 ni siquiera se imaginaron que la base de toda la economía no tienen nada que ver con la economía y los negocios, como ha quedado demostrado con la devastadora pandemia de COVID 19 que en estos momentos sufrimos. ¿Se imagina usted a los genios de los Chicago Boys, a los creyentes de Milton Friedman y sus variaciones maquilladas proponiendo la “mano invisible del mercado”, de los negocios sin externalidades, y del poder absoluto de “los beneficios primero” como forma de solucionar esta catástrofe?

Eso de que “el dilema X es una discusión saldada” y que nadie puede hablar de economía excepto expertos en economía como usted, sobre todo cuando se lo dice desde las alturas del súbito poder (aunque sea de un país pequeño) y desde la arrogancia ideológica (usted ha dicho que en la Universidad de Chicago ha aprendido que la economía es cuestión de datos duros, cosa que ni los economistas más celebrados del planeta se lo creen) es como como si una mujer con un ojo morado no tuviese derecho a reclamar por violencia doméstica porque los hombres solían pegarle a sus mujeres en tiempos de la prehistoria y desde entonces muchas cosas han cambiado. Es decir, según esa costumbre servil de explicar la realidad para los de abajo, ya no existe el imperialismo, ni la hegemonía, ni las elites legislando en su favor, ni las narrativas de los grandes medios funcionales a los grandes intereses económicos ni un largo etcétera. Todas esas son discusiones viejas, sesentistas, del siglo diecinueve. Como lo puso en práctica el propagandista Edward Bernays hace más de medio siglo, con resultados sorprendentes e irrefutables, la mejor propaganda de un sistema de dominio económico y político consiste en hacer que los supuestos expertos digan lo que nosotros queremos que otros escuchen y crean. Descalifica, descalifica que algo quedará.

Pues, no, Dr. Talvi. Muchas cosas no han cambiado desde hace doscientos años. Lo que han cambiado son los discursos y las excusas de los “expertos” para que quienes están en el poder nacional (usted ahora) y en el poder internacional (olvídese, usted no está ni estará nunca ahí; es solo un colaborador) continúen haciendo lo mismo: cambiar para que nada cambie.

Personalmente no creo que usted haga todo esto de forma deliberada, aunque me puedo equivocar. Sospecho que usted no es un hombre malo. Tiene usted toda la razón cuando dice que sin justicia no hay república. De hecho, sin justicia no hay casi nada.  Lo que dice y hace es porque se cree un experto. Igual, las clases privilegiadas siempre creen que tienen razón y entienden la realidad mucho mejor que el resto de la sociedad porque toman whisky etiqueta negra mientras los tontos se conforman con vino de mala calidad y no saben que la discusión entere Keynes y Friedman fue saldada hace cuarenta años cando los Chicago Boys hacían lo que se les antojaba en las dictaduras amigas de América Latina y recibían tsunamis de dólares de Washington para demostrar que estaban en lo cierto.

Atentamente

Jorge Majfud

 

 

 

 

 

 

Basta de decir que nadie es responsable de la pandemia

Aunque no haya culpables por esta pandemia, hay que dejar de decir que nadie es responsable de la magnitud de la tragedia. Varios líderes mundiales deberían ser juzgados ante una Corte internacional por irresponsabilidad, fatua egolatría, arrogancia exitista, vanidad, avaricia y fanatismo, pero sabemos que no lo serán y ellos también lo saben y actúan como tales. Sin ellos, con gente más racional, más humilde (con líderes que no se arroguen la facultad de hablar en nombre de Dios), la tragedia pudo haber sido mucho menor de lo que es y de lo que será. 

El mundo ya no será el mismo luego de la peste aunque buscará desesperadamente volver a “la normalidad”, porque a la locura siempre le ha gustado llamarse así. Los ideólogos del neoliberalismo, del capitalismo salvaje, los profetas del interés propio, del progreso individual, de la agresividad de los negocios y los beneficios primero como religión no desaparecerán; heridos de muerte, se volverán aún más agresivos y el resto de la humanidad seguirá esperando la próxima pandemia, la próxima catástrofe climática para salir corriendo desesperados a buscar una solución. Y será tarde. Algo mucho peor que la actual pandemia del coronavirus.

La culpa la tiene el peronismo

El pasado 3 de febrero el presidente de Argentina Alberto Fernández se reunió con la canciller Angela Merkel en Berlín. En la cena, la canciller le tiró la previsible pregunta que repiten todos dentro y fuera de Argentina: ¿Qué es el peronismo? La respuesta fácil de siempre es decir que nadie lo sabe exactamente. Es una forma de no decir nada y de, al mismo tiempo, menospreciar un movimiento que, para bien o para mal, fue y todavía es relevante en la vida de aquel gran país, mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas. 

La respuesta del presidente argentino no fue la mejor. Más propia del presidente que es que del profesor que fue: “no somos populistas”, “soy un socialdemócrata”. Luego, el conocido sofisma atribuido a Perón: “Argentina es un tercio radical, un tercio conservadora y otro tercio socialista, pero todo somos peronistas”.

La canciller, en su decimoquinto año en el cargo, le dice que leyó el libro Qué es el populismo? del alemán Jan-Werner Müller. Un asesor agrega: “lo que a nosotros nos queda claro es que el populismo es una forma de ejercer el poder, y por eso ustedes pueden ser de derecha y de izquierda al mismo tiempo”. El presidente argentino sale al cruce argumentando que el peronismo ha heredado las masivas crisis de 1989 y la de 2002 y las ha resuelto. Ahora, previsiblemente, se repite la historia con el caos heredado del gobierno de Mauricio Macri.

El asistente replica con otro lugar común: “pero ha sido el peronismo que creó el caos al principio. Ustedes han dominado Argentina desde 1946 y, desde entonces, el país ha pasado de ser una potencia del Primer mundo a un país más del Tercero”. Según reportan medios como The Economist, a estas palabras siguió “un raro silencio del presidente de Argentina”. De ahí se pasó a otro tema y a las bromas de siempre.

Para comenzar, el clásico argumento acerca de la decadencia del país del Primer mundo debido al peronismo, confunde causas con consecuencias e ignora las poderosas fuerzas externas y la propia historia argentina. Es como señalar que las gráficas anuales de criminalidad y la de ventas de helados coinciden con un incremento en los veranos y un descenso en los inviernos y, de ahí, deducir que los helados son los causantes de la criminalidad en los países. 

El populismo peronista hizo posible que en 1947 las mujeres tuviesen derecho al voto, pese a la resistencia de los responsables conservadores en el Congreso. Pero el peronismo no fue ni más populista ni más proteccionista que cualquiera de los gobiernos estadounidenses anteriores. Ni más socialista que el exitoso gobierno de F. D. Roosevelt. Muchos otros países latinoamericanos comenzaron el mismo prolongado declive social, político y económico más o menos al final de la Segunda Guerra. Uruguay no tuvo nada parecido al peronismo y experimentó casi la misma historia de decadencia y autoritarismos de derecha. Podríamos seguir con países muy diferentes, como Chile, Bolivia, Brasil y tantos otros. Es cierto que uno de los articuladores de la política de Industrialización por sustitución de importación (ISI) fue el economista argentino Raúl Prebisch, pero el modelo fue aplicado en muchos países latinoamericanos, incluso antes (Getulio Vargas en Brasil). Cuando Perón inicia estos planes para desarrollar la industria argentina, al principio da buenos resultados. Su mayor pecado (aparte de enfrentarse a la oligarquía dominante y a su brazo protector, otro ejército latinoamericano) consistió en aplicar el ISI demasiado tarde, sesenta años más tarde que Estados Unidos. Los cinturones de pobreza en América Latina (favelas, villas miserias) de los años 60 en adelante se deben, en gran parte, a este tardío e inevitable intento de industrialización en procura de la independencia económica en un mundo que ya había definido dos de los tres supercentros industriales, por entonces casi listos para entrar en la Era postindustrial. Para no seguir con el neoliberalismo que devastó Argentina desde Martínez de Hoz pasando por Menem, una ideología que nada tiene de peronista.

Otra falacia es que “el peronismo ha dominado la política de Argentina desde 1946”. Por supuesto que su legado es indeleble, pero no debemos olvidar que “el dictador Perón” fue presidente sólo tres veces (siempre por elecciones) y no pudo completar dos de los tres períodos. Hay que recordar que Perón fue derrocado en un sangriento golpe de Estado en 1955 y que desde entonces Argentina vivió una pesadilla de diferentes golpes y dictaduras militares hasta los años 80. César Milstein, luego Nobel de medicina, recuerda que por los años 60 el general Onganía había prometido “arreglar el país” expulsando a todos los intelectuales; lo cual hizo sin los resultados esperados, sino todo lo contrario. 

Solo por mencionar uno de los relevantes factores externos, hay que recordar también que cuando la CIA se funda en 1947 y desplaza al FBI de las operaciones clandestinas en América latina, nunca dejó de intervenir en sus gobiernos y en sus organizaciones populares. Según los cientos de miles de documentos desclasificados y según las múltiples memorias de sus mismos agentes secretos, unos arrepentidos y otros orgullosos de su trabajo, los métodos favoritos y recurrentes fueron (¿o son?): 1) Inyección de millones de dólares en los grandes medios de prensa, cuyos dueños solían ser los amigos de los agentes encubiertos; 2) Infiltración de movimientos sociales o de partidos políticos; 3) Masivas campañas de desinformación, siempre a través de terceros “y de forma que siempre podamos negar nuestra intervención aún cuando las pruebas sean irrefutables”; 4) Creación de rumores: “la gente siempre está dispuesta a creer en rumores, sobre todo cuando no tiene idea de cuál es realmente la verdad”; 5) Desestabilización económica; este recurso solía contar con sabotajes crediticios de los gobiernos de turno en Washington, pero las campañas periodísticas y los rumores callejeros inventando falsos enemigos contribuían a la desestabilización de los gobiernos no amigos, sean democráticos o autoritarios, hasta que eran sustituidos por las tradicionales dictaduras amigas (el comunismo era el nuevo falso positivo de la Agencia que daba y de las clases altas que recibían, pero este modus operandi hunde sus raíces en el siglo XIX en el Caribe y América Central; en el Cono Sur llegará poco antes de la Guerra Fría); 6) Inyección de millones de dólares para los partidos democráticos amigos y para las dictaduras amigas cuando el partido amigo perdía las elecciones.

Es cierto que el peronismo ha convivido con la centro derecha (Menem) y la centro izquierda (Kirchner) al mismo tiempo o de forma sucesiva. Es probable que este fenómeno se deba a sus orígenes. No por casualidad el embajador de Estados Unidos, Spruille Braden, que había llegado por orden de Dios para corregir el rumbo, se oponía a la industrialización y a los sindicatos en Argentina, los que habían sido visibilizados por la Revolución del 43 y luego por el peronismo, sobre todo el de Evita. Seguramente el peronismo no fue inmune a la estrategia de la CIA y de varios gobiernos de Estados Unidos: (1) la infiltración permanente (“nuestra opción dentro del enemigo”) y (2) la demonización de los movimientos independentistas o rebeldes (“ustedes son los únicos responsables de su propio fracaso”). 

 

JM, febrero 2020

 

 

C’est la faute au péronisme

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Le 3 février dernier, le président de l’Argentine, Alberto Fernandez, a rencontré la chancelière Angela Merkel à Berlin. Lors du dîner, la chancelière lui a lancé la question prévisible qui est répétée par tout le monde à l’intérieur et à l’extérieur de l’Argentine : C’est quoi, le péronisme ? La réponse facile habituelle est de dire que personne ne le  sait exactement. C’est une façon de ne rien dire et, en même temps, de rabaisser un mouvement qui, pour le meilleur ou pour le pire, était et est toujours pertinent pour la vie de ce grand pays, un mélange miraculeux de petits malins et de suicidaires.

La réponse du président argentin n’a pas été la meilleure. Elle était plus typique du président que du professeur qu’il a été : « Nous ne sommes pas des populistes », « je suis un social-démocrate ». Puis, le sophisme bien connu attribué à Perón : « L’Argentine est un tiers radicale, un tiers conservatrice et un tiers socialiste, mais nous sommes tous péronistes ».

La chancelière, dans sa quinzième année de mandat, lui a dit qu’elle a lu le livre Qu’est-ce que le populisme ? de l’Allemand Jan-Werner Müller. Un conseiller a ajouté : « Ce qui est clair pour nous, c’est que le populisme est une façon d’exercer le pouvoir, et c’est pourquoi vous pouvez être de droite et de gauche en même temps ». Le président argentin rétorque en faisant valoir que le péronisme a hérité des crises massives de 1989 et 2002 et les a résolues. Maintenant, comme on poeut s’y attendre, l’histoire se répète avec le chaos hérité du gouvernement de Mauricio Macri.

Le conseiller répond par un autre lieu commun : « Mais c’est le péronisme qui a créé le chaos au départ. Vous dominez l’Argentine depuis 1946 et, depuis lors, le pays est passé du statut de puissance du Premier Monde à celui de pays du Tiers Monde ». Selon des comptes-rendus de médias comme The Economist, ces mots ont été suivis par « un étrange silence de la part du président argentin ». Puis on est passé à un autre sujet et aux blagues habituelles.

Pour commencer, l’argument classique sur le déclin du pays du Premier Monde dû au péronisme confond les causes avec les conséquences et ignore les puissantes forces extérieures l’histoire même de l’Argentine. C’est comme si l’on faisait remarquer que les graphiques annuels de la criminalité et des ventes de glaces indiquent une augmentation en été et une diminution en hiver, et que l’on en déduisait que les glaces sont la cause de la criminalité.

Le populisme péroniste a permis aux femmes d’obtenir le droit de vote en 1947, malgré la résistance des dirigeants conservateurs au Congrès. Mais le péronisme n’était ni plus populiste ni plus protectionniste que tous les gouvernements usaméricains qui l’avaient précédé. Pas plus socialiste que le gouvernement de Franklin Delano Roosevelt, qui fut une réussite. De nombreux autres pays d’Amérique latine ont entamé le même déclin social, politique et économique prolongé vers la fin de la Seconde Guerre mondiale. L’Uruguay n’avait rien à voir avec le péronisme et a connu à peu près la même histoire de déclin et d’autoritarisme de droite. Nous pourrions continuer avec des pays très différents, comme le Chili, la Bolivie, le Brésil et tant d’autres. Il est vrai que l’un des articulateurs de la politique d’industrialisation par substitution aux importations (ISI) a été l’économiste argentin Raúl Prebisch, mais le modèle a été appliqué dans de nombreux pays d’Amérique latine, y compris avant (Getulio Vargas au Brésil). Lorsque Perón a lancé ces plans pour développer l’industrie argentine, ils ont d’abord donné de bons résultats. Son plus grand péché (à part avoir affronté l’oligarchie dominante et son bras protecteur, une autre armée latino-américaine) a été d’appliquer l’ISI trop tard, soixante ans après les USA. Les ceintures de pauvreté en Amérique latine (favelas, villas miserias) à partir des années 1960 sont largement dues à cette tentative tardive et inévitable d’industrialisation en vue de l’indépendance économique dans un monde qui avait déjà défini deux des trois supercentres industriels, alors presque prêts à entrer dans l’ère post-industrielle.

Une autre erreur est de dire que « le péronisme domine la politique argentine depuis 1946 ». Bien sûr, son héritage est indélébile, mais il ne faut pas oublier que « le dictateur Perón » n’a été président que trois fois (toujours par élection) et n’a pas pu terminer deux des trois périodes. Il faut rappeler que Perón a été renversé par un coup d’État sanglant en 1955 et que depuis lors, l’Argentine a vécu un cauchemar de différents coups d’État et de dictatures militaires jusqu’aux années 1980. César Milstein, qui a ensuite reçu le prix Nobel de médecine, se souvient que dans les années 1960, le général Onganía avait promis de « réparer le pays » en expulsant tous les intellectuels ; ce qu’il a fait sans les résultats escomptés, bien au contraire.

Pour ne citer qu’un des facteurs externes pertinents, il faut également rappeler qu’à partir de sa fondation en 1947, la CIA a évincé le FBI des opérations clandestines en Amérique latine, et n’a jamais cessé d’intervenir dans ses gouvernements et organisations populaires.

Selon les centaines de milliers de documents déclassifiés et selon les multiples souvenirs de ses propres agents secrets, certains repentis et d’autres fiers de leur travail, ses méthodes préférées et récurrentes étaient (ou sont ?) : 1) L’injection de millions de dollars dans les grands médias, dont les propriétaires étaient les amis des agents infiltrés ; 2) L’infiltration de mouvements sociaux ou de partis politiques ; 3) Des campagnes massives de désinformation, toujours par le biais de tiers « et de telle sorte que nous puissions toujours nier notre intervention même lorsque les preuves sont irréfutables » ; 4) Le lancement de rumeurs : « les gens sont toujours prêts à croire les rumeurs, surtout quand ils n’ont aucune idée de la vérité » ; 5) La déstabilisation économique ; cette ressource comptait sur les sabotages de crédit des gouvernements au pouvoir à Washington, mais les campagnes journalistiques et les rumeurs de rue inventant de faux ennemis ont contribué à la déstabilisation des gouvernements inamicaux, qu’ils soient démocratiques ou autoritaires, jusqu’à ce qu’ils soient remplacés par des dictatures amies traditionnelles (le communisme était le nouveau faux positif de l’Agence qui donnait et des classes supérieures qui recevaient, mais ce modus operandi a ses racines au XIXe siècle dans les Caraïbes et en Amérique centrale, il arrivera dans le Cône Sud peu avant la guerre froide) ; 6) L’injection de millions de dollars dans les partis démocratiques amis et dans les dictatures amies lorsque le parti ami perdait les élections

Il est vrai que le péronisme s’est positionné au centre droit (Menem) et au centre gauche (Kirchner) en même temps ou successivement. Il est probable que ce phénomène soit dû à ses origines. Ce n’est pas un hasard si l’ambassadeur usaméricain, Spruille Braden, envoyé spécial de Dieu pour corriger le tir, s’est opposé à l’industrialisation et aux syndicats en Argentine, rendus visibles par la révolution de 1943 et plus tard par le péronisme, en particulier celui d’Evita. Le péronisme n’était certainement pas à l’abri de la stratégie de la CIA et des différents gouvernements usaméricains : (1) l’infiltration permanente (« notre option au sein de l’ennemi ») et (2) la diabolisation des mouvements indépendantistes ou rebelles (« vous êtes les seuls responsables de votre propre échec »).

El profesor de Humanidades Majfud gana el premio Literario Internacional Independiente.

El profesor de la Universidad de Jacksonville, Jorge Majfud, puso mucho de sí mismo en su novela El mismo fuego , que recientemente ganó el Premio Literario Internacional Independiente.

Orrizonte Atlantico, la agencia literaria italiana que organizó la competencia, llamó a la novela del Prof. Majfud “una autobiografía existencial basada en las experiencias del autor durante la última dictadura militar en Uruguay”. El Prof. Majfud considera que el “yo” es esencial para escribir ficción.

Prof. Majfud

“El arte real es una exploración del mundo humano interior”, dice el profesor Majfud, quien está a punto de ver su octava novela publicada este año. “Para comprender los sentimientos de los demás, necesitamos explorar y comprender nuestros propios sentimientos y emociones, normalmente contaminados con nuestras propias ideas, que nunca son exclusivamente nuestras, sino que provienen principalmente de una larga historia humana. De la misma manera que un automóvil es una extensión de nuestro cuerpo, el arte –…

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Entretenimiento perpetuo

Cuanto más monótona e intrascendente se vuelve la vida en los países desarrollados, más cámaras se le suman a los teléfonos inteligentes. Hasta no hace muchos años los teléfonos venían con una cámara, lo que significó un avance para registrar las brutalidades del poder que antes quedaban enterradas con sus víctimas. Luego se agregaron dos a medida que la industria del entretenimiento en los países desarrollados se democratizaba. Hace un año iPhone agregó tres cámaras, una al lado de la otra. Ahora los más jóvenes se desesperan por tener el teléfono con cuatro cámaras mientras se burlan de quienes tienen la antigüedad de tres cámaras. 

Como los seres humanos somos, en una creciente mayoría, cada día más irrelevantes en el sistema de producción dominado por ultra efectivos robots y sistemas de inteligencia artificial implacables, lo único que quedará será mantener entretenidas las masas, jugando videojuegos o inventando infinitos pranks de treinta segundos que los individuos consumirán durante interminables horas mientras un puñado de otros individuos toman las decisiones importantes sobre sus vidas y sobre el destino del planeta.

Pronto tendremos teléfonos con tantas cámaras como ojos tiene una mosca, para registrar el vacío interior y toda la basura que vamos generando en un mundo sobrepoblado de falsas novedades que no nos dejan ver la destrucción real del planeta y el vaciamiento de nuestras vidas anestesiadas por el entretenimiento perpetuo que, como cualquier droga, necesitará una dosis cada vez más alta para lograr el mismo estímulo que nos aleje de la depresión del vacío y la nada. 

Afortunadamente, el futuro no existe; es algo que está en construcción ahora mismo, y siempre hay una posibilidad de despertar. Lamentablemente, los seres humanos somos especialistas en mentirnos y solemos despertar con alguna crisis, como un conductor que se duerme al volante mientras maneja y algo indeseable lo devuelve a la realidad. 

 

JM, enero 2020

 

 

Entretenimento perpétuo

Quanto mais monótona e irrelevante se torna a vida nos países desenvolvidos, mais câmaras são acrescentadas aos telemóveis inteligentes. Ainda há poucos anos os telemóveis vinham com uma câmara, o que significou um avanço para registar as brutalidades do poder que antes ficavam enterradas com as suas vítimas. Depois passaram a ser duas, à medida que a indústria do entretenimento nos países desenvolvidos se democratizava. Há um ano o iPhone juntou três câmaras, com uma ao lado da outra. Agora os mais jovens desesperam por ter o telemóvel com quatro câmaras e gozam com os que ainda têm a antiguidade de três câmaras.

Como os seres humanos somos, numa crescente maioria, cada vez mais irrelevantes no sistema de produção dominado por ultra-eficazes robôs e sistemas de inteligência artificial implacáveis, o único que sobrará é manter entretidas as massas, jogando videojogos ou inventando infinitos pranks [“apanhados”] de trinta segundos que os indivíduos consumirão durante intermináveis horas, enquanto um punhado de outros indivíduos tomam as decisões importantes sobre as suas vidas e sobre o destino do planeta.

Em breve teremos telemóveis com tantas câmaras como olhos tem uma mosca, para registar o vazio interior e toda a porcaria que vamos gerando num mundo sobrepovoado de falsas novidades que não nos deixam ver a destruição real do planeta e o esvaziamento das nossas vidas anestesiadas pelo entretenimento perpétuo que, como qualquer droga, necessitará de uma dose cada vez maior para conseguir o mesmo estímulo que nos alheie da depressão do vazio e do nada.

Felizmente, o futuro não existe; é algo que está em construção agora mesmo, e há sempre uma possibilidade de despertar. Lamentavelmente, os seres humanos somos especialistas em mentir-nos e costumamos despertar com alguma crise, como um condutor adormecido ao volante e algo indesejável o devolve à realidade.

 

Texto de Jorge Majfud publicado na Rebelion a 28 de janeiro de 2020. Tradução de Alexandre Leite.

 

 

ZBAVITJA E PËRJETSHME

Sa më monotone dhe e parëndësishme bëhet jeta në vendet e zhvilluara, aq më shumë kamera u shtohen telefonave inteligjentë. Nuk ka pak vite që telefonat na vinin me një kamerë, gjë që tregonte një përparim për të regjistruar brutalitetet e pushtetit që më përpara qëndronin të varrosur me viktimat e tyre. Më pas, ndërkohë që industria e argëtimit në vendet e zhvilluara po demokratizohej, u bënë me dy kamera. Ka një vit që iPhone, nga njëra anë në tjetrën, është bërë me tri kamera. Tani më të rinjtë janë të etur ta kenë telefonin me katër kamera, ndërkohë që tallen me ata që kanë vjetërsirën me tri kamera.
Duke qenë se jemi qenie njerëzore, në një shumicë që rritet, çdo ditë e më të parëndësishëm në sistemin e prodhimit të zotëruar nga robotë ultra efektivë dhe sisteme të inteligjencës artificiale të pamëshirshme, e vetmja gjë që do të mbetet do të jetë të mbahen masat në argëtim, duke luajtur video lojëra ose duke shpikur truke të pafundme, prej tridhjetë sekondash, që individët t’i konsumojnë për orë të tëra, ndërkohë që një pjesë e vogël individësh të tjerë marrin vendime të rëndësishme për jetën e tyre dhe fatin e planetit.
Së shpejti do të kemi telefona me aq kamera sa sy ka një mizë, për të regjistruar zbrazëtinë e brendshme dhe të gjitha mbeturinat që do prodhojmë në një botë të mbingarkuar me risi të rreme, të cilat nuk do të na lënë të shohim shkatërrimin e vërtetë të planetit dhe zbrazësinë e jetës tonë të anestezisuar nga argëtimi i përhershëm që, si çdo drogë, do të kërkojë një dozë gjithnjë e më të fortë, për të arritur të njëjtin stimul që na largon nga depresioni i zbrazëtisë dhe i asgjësë.
Për fat të mirë, e ardhmja nuk ekziston; është diçka që tashmë ndodhet në ndërtim e sipër dhe ka gjithmonë një shans për t’u zgjuar. Fatkeqësisht, ne qeniet njerëzore jemi të afta për t’u gënjyer dhe zakonisht zgjohemi me ndonjë krizë, si një shofer që e zë gjumi mbi timon, ndërkohë që automjeti vazhdon të ecë, dhe e kthen në realitet diçka e padëshirueshme.

Janar 2020

Në shqip: Bajram Karabolli

Horhe Mahfud (1969) – shkrimtar dhe eseist uruguaian. Ka mbrojtur titujt master në letërsi dhe doktor në filozofi në Universitetin e Xhorxhias (2008). Është i njohur për romanet e sidomos për esetë e tij kritike që janë botuar rregullisht në mediat dhe gazetat më prestigjioze të botës: Milenio Diario (Meksiko), La Republika (Montevideo), Panamá América, La Vanguardia (Barcelonë), Courrier Internacional (Paris), Hispanic Culture Review (Universiteti George Mason), Pegaso (Universiteti i Oklahomës), Tiempos del Mundo (Washington), etj.
H. Mahfud, veç Universitetit Georgia ka qenë profesor në Universitetin Linkoln dhe në Universitetin Jacksonville. Ai ka marrë disa çmime letrare ndërkombëtare: Mención Premio Casa de las Américas, La Habana, Cuba 2001, Excellence in Research Award’, University of Georgia 2006, and Faculty Award for Excellence in Scholarship and Professional Activities, etj.
Është autor i dhjetëra librave, midis të cilave shquhen: “Koha që më takoi të jetoj” (2004), Qyteti i hënës (2009), “Iluzionistët” (2012), “Kritika e pasionit të pastër”, etj.

La trampa de las palabras

Las palabras velan y revelan, cubren y descubren. Las palabras curan y las palabras matan. Cuando no se piensa en las palabras, ese instrumento insustituible del pensamiento humano, otros lo hacen por nosotros y le dicen a cada una lo que deben decir. Entonces, las palabras se vuelven esclavas de los de arriba y esclavizan a los de abajo. Entonces, las palabras engañan y tratan de pensar por uno mismo.

Dentro de cada palabra hay una multitud de significados, muchas veces contradictorios, pero siempre triunfa uno de ellos a conveniencia del poder social de turno, y así cada palabra impone una idea, una forma de pensar y, finalmente, una realidad que se convierte en indiscutible hasta que alguien vuelve a pensar en las palabras con otras palabras.

Por ejemplo, los ideoléxicos tolerancia, libertad, americano, éxito, fracaso, violencia y todas sus combinaciones posibles en combos convenientes.

Por ejemplo:

Se afirma que los críticos que luchan por los derechos iguales de los diferentes y son antiimperialistas o antibélicos son contradictorios porque se oponen a una guerra contra Irán mientras en Irán ponen a los homosexuales en la cárcel o los condenan a muerte. En cambio nosotros, los salvadores del mundo, sí respetamos los derechos de los homosexuales (cuando nos conviene; por no recordar que en el siglo pasado el FBI los investigaba, los perseguía y perdían sus trabajos), lo que nos da el derecho de bombardear e invadir países que no lo hacen (excepto si son nuestros aliados, como Arabia Saudí). Luego les decimos qué hacer, nos quedamos con sus recursos e imponemos el imperio de la libertad en ese país y en todos los países que lo rodean. Y a eso le llamamos coherencia.

Theodore Roosevelt, premio Nobel de la paz, decía que la invasión de Filipinas, donde los marines mataban negros por deporte, en realidad era por humanidad, y también decía que “la paz llega con la guerra”. Ciento veinte años más tarde, otro presidente, Donald Trump, bombardea a un ejército enemigo “para evitar la guerra”. Cuando Irán responde con el bombardeo de dos de sus bases en Irak y su escudo antimisiles resulta inefectivo, dice que “el enemigo se está retirando”. La voz del poder no necesita pruebas y las pruebas en contra, por evidentes que sean, son mudas.

Cada tanto, como en Azizabad y en tantos otros lugares, decenas de niños en algún país lejano mueren bajo las bombas inteligentes (a veces 60, a veces 90 de un solo golpe) y la acción se la reporta como un éxito porque un supuesto terrorista se cuenta entre las pocas víctimas y la gente decente que en los paises libres vive en paz gracias a dichas acciones de humanidad y coraje, los echa inmediatamente al olvido. Solo nuestros muertos son verdaderos porque duelen.

Entonces algunos pacifistas reaccionamos contra todo tipo de violencia. Y está bien. Pero cuando no diseccionamos como se debe esa simple palabra (no mencionemos el resto de la narrativa), volvemos a caer en la trampa semántica. Porque no es lo mismo la violencia del colonizador que la del colonizado, la violencia del opresor que la del oprimido. La violencia del invasor se la llama defensa propia y a la violencia del invadido se la llama terrorismo. 

Y así un largo etcétera, tan largo como cualquier diccionario de cualquier lengua.

 

JM.

 

Le piège des mots

Traducido por  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Les mots voilent et révèlent, couvrent et découvrent. Les mots guérissent et les mots tuent. Quand nous ne pensons pas aux mots, cet instrument irremplaçable de la pensée humaine, d’autres le font pour nous et disent à chacune ce qu’ils doivent dire. Alors, les mots deviennent les esclaves de ceux d’en haut et asservissent ceux d’en bas. Alors, les mots trompent et essaient de penser à votre place.

La pauvre a attrapé la peur d’avoir des poils sur la langue

Dans chaque mot il y a une multitude de significations, souvent contradictoires, mais l’une d’entre elles triomphe toujours à la convenance du pouvoir social du jour, et ainsi chaque mot impose une idée, une façon de penser et, finalement, une réalité qui devient indiscutable jusqu’à ce que quelqu’un pense à nouveau aux mots avec d’autres mots.

Par exemple, les termes du lexique idéologique comme tolérance, liberté, américain, succès, échec, violence et toutes leurs combinaisons pratiquement possibles.

Par exemple :

On prétend que les critiques qui luttent pour l’égalité des droits des différents et qui sont anti-impérialistes ou anti-guerre sont contradictoires parce qu’ils s’opposent à une guerre contre l’Iran alors qu’en Iran on met les homosexuels en prison ou on les condamne à mort. En revanche, nous, les sauveurs du monde, respectons les droits des homosexuels (quand cela nous arrange), ce qui nous donne le droit de bombarder et d’envahir des pays qui ne le font pas (sauf s’ils sont nos alliés, comme l’Arabie Saoudite). Ensuite, on leur dit quoi faire, on prend leurs ressources et on impose l’empire de la liberté à ce pays et à tous les pays qui l’entourent. Et nous appelons cela la cohérence.

Le prix Nobel de la paix Theodore Roosevelt a déclaré que l’invasion des Philippines, où les Marines tuaient des Noirs pour le sport, était vraiment une question d’humanité, et il a également dit que « la paix vient avec la guerre ». Cent vingt ans plus tard, un autre président, Donald Trump, a bombardé une armée ennemie « pour éviter la guerre ». Lorsque l’Iran répond en bombardant deux de ses bases en Irak et que son bouclier antimissile s’avère inefficace, il dit que « l’ennemi bat en retraite ». La voix du pouvoir n’a pas besoin de preuves, et les preuves contre elle, aussi évidentes soient-elles, sont muettes.

De temps en temps, comme à Azizabad et dans tant d’autres endroits, des dizaines d’enfants dans un pays lointain meurent sous les bombes intelligentes (parfois 60, parfois 90 d’un coup) et l’action est rapportée comme un succès car un supposé terroriste fait partie des quelques victimes et les personnes décentes qui, dans les pays libres, vivent en paix grâce à de telles actions d’humanité et de courage, les jettent immédiatement dans l’oubli. Seuls nos morts sont vrais car ils font mal.

Ainsi, certains d’entre nous, pacifistes, réagissent contre tout type de violence. Et c’est bien. Mais quand on ne dissèque pas correctement ce simple mot (ne mentionnons pas le reste du récit), on retombe dans le piège sémantique. Parce que la violence du colonisateur n’est pas la même chose que celle du colonisé, la violence de l’oppresseur n’est pas la même chose que celle de l’opprimé. La violence de l’envahisseur est appelée légitime défense et la violence de l’envahi est appelée terrorisme.

Et ainsi un log etcetera, aussi long que n’importe quel dictionnaire de n’importe quelle langue.

 

Gracias a: Tlaxcala
Fuente: https://majfud.org/2020/01/09/la-trampa-de-las-palabras/
Fecha de publicación del artículo original: 09/01/2020
URL de esta página en Tlaxcala: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=27829

 

 

El mito interminable

He tenido estudiantes y hasta he sido consejero de algunos soldados estadounidenses que volvieron de la guerra de Irak, muchos destrozados, con visibles mutilaciones o con posttraumatic stress disorder. Muchos pueblan mis novelas Crisis y El mar estaba sereno, además de decenas de artículos.

Muchos quisieron creer que sus traumas valieron la pena.

Muchos se dieron cuenta que fueron usados para otro miserable crímen masivo que quedará por siempre impune.

O casi.

 

JM, enero 2020.

La trampa de Tucidides

Más allá de las motivaciones electorales del presidente Trump, metido en un proceso de impeachment, con el bombardeo y asesinato sin aviso de dos altos oficiales extranjeros en un país extranjero, Estados Unidos ha subido un nuevo peldaño en sus antiguas prácticas imperialistas pero también se ha acercado a la “trampa de Tucídides” sin que nadie lo empujara. 

Lo novedoso es que este patrón histórico, descubierto por el historiador griego hace más de dos mil años, requiere que un imperio en descenso se cruce con otro en ascenso. En este caso, la novedad es que el primero se va metiendo en la trampa solo, como si el imperio en ascenso no fuese China sino el resto del mundo. 

Claro que no podía faltar la justificación, como otro clásico. El secretario de Estado, Mike Pompeo, ha declarado que el asesinato evitó un ataque en marcha. La credibilidad de estos voceros vale tanto como la del presidente Trump o la del ex presidente George Bush, cuando intentó justificar la invasión a Irak.

O como tantas otras acciones. Basta con mencionar la reciente investigación del USA Today que revela los hechos acontecidos en Afganistán el 22 de agosto de 2008. Luego del bombardeo de Azizabad, los oficiales del ejército estadounidense (incluido Oliver North, convicto y perdonado por mentirle al Congreso en el escandalo Iran-Contras) informaron que todo había salido a la perfección, que la aldea los había recibido con aplausos, que se había matado a un líder talibán y que los daños colaterales habían sido mínimos. 

No se informó que habían muerto decenas de personas, entre ellos 60 niños. Un detalle.

 

JM, enero 2020

 

Le piège de Thucydide

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Au-delà des motivations électorales du président Trump, qui est impliqué dans un processus de destitution, avec le bombardement et l’assassinat inopiné de deux hauts fonctionnaires étrangers dans un pays étranger, les USA ont franchi une nouvelle étape dans leurs vieilles pratiques impérialistes mais se sont également rapprochés du « piège de Thucydide » sans que personne ne les y pousse.

Ce qui est nouveau, c’est que ce schéma historique, découvert par l’historien grec il y a plus de 2 000 ans, exige qu’un empire en déclin croise un empire montant. Dans ce cas, la nouveauté est que le premier se met tout seul dans le piège, comme si l’empire montant n’était pas la Chine mais le reste du monde.

Bien sûr, la justification ne pouvait pas manquer, c’est un autre classique. Le secrétaire d’État Mike Pompeo a déclaré que l’assassinat avait empêché une attaque en cours. La crédibilité de ces porte-parole vaut autant que celle du président Trump ou de l’ancien président George Bush, lorsqu’il a tenté de justifier l’invasion de l’Irak.

Ou comme tant d’autres actions. Il suffit de mentionner la récente enquête de USA Today qui révèle les événements survenus en Afghanistan le 22 août 2008. Après l’attentat d’Azizabad, des responsables militaires usaméricains (dont Oliver North, condamné et gracié pour avoir menti dans le scandale Iran-Contra dans les années 1980) ont déclaré que tout s’était parfaitement déroulé, que le village les avait accueillis sous les applaudissements, qu’un dirigeant taliban avait été tué et que les dommages collatéraux avaient été minimes.

On n’informa pas que des dizaines de personnes, dont 60 enfants, avaient été tuées. Un détail.