Capotean Interview

by Toni Montesinos (originally published in Spanish here >>)

 

In 1972, Truman Capote published an original text that became the autobiography that has never been written. He titled it “Self-portrait” (in The Dogs Bark, 1973), and in it he gave himself with cunning and brilliance. Those questions that serve to proclaim his frustrations, desires, and customs, now, extracted, for the most part, form the following “Capotean interview”, with which they devote themselves to the other side, that of life, of Jorge Majfud. 

 

If you had to live in one place, never being able to leave it, which one would you choose?

In reality, that place exists: it is childhood. Now, if it were to be a physical, particular place, I think it would be that huge tree on my grandparents’ farm where I could see my loved ones who are no longer there and, somehow, those who were not there yet.

Do you prefer animals over people?

Sometimes. It does not depend on what animals but on what people.

Are you cruel?

So so, like everyone else. Frequently, truth is a form of cruelty and one must decide if it is worth it. Other times, one is cruel only through ignorance or petty passions, such as annoyance or frustration.

Do you have lots of friends?

I have a few friends sure and many friends maybe.

What characteristics do you look for in your friends?

I do not look for anything in particular. Each one is different and friendship, like love, is something that happens without any logic.

Do your friends usually disappoint you?

Yes, like any other kind of human being. But I worry much more about disappointing them.

Are you a sincere person?

I do not think anyone can answer that question sincerely. More than sincere, I try to be honest. 

How do you prefer to spend your free time?

Reading a book that does not kill my time. Talking to someone who does not kill me over time. 

What are you afraid of the most?

The suffering of my loved ones.

What scandalizes you, if there is anything that scandalizes you?

At my age almost nothing scandalizes me. I am disgusted with hypocrisy, the scandal of a kiss and the tolerance of violence, the death of a single child under smart bombs, the oppression of entire peoples, the Lies of Mass Destruction. 

If you had not decided to be a writer, to lead a creative life, what would you have done?

If I were not a writer walking or washing dishes would be a lot less interesting. I don’t know, I have done many different things in my life. Maybe I would have been a physicist. I was always attracted to Theory of Relativity.

Do you practice any type of physical exercise?

If walking on the beach is an exercise …

Can you cook?

No, but I try almost every day.

If Reader’s Digest commissioned you to write one of those articles on “an unforgettable character,” who would you choose?

I would not know who to write about. We are all forgettable.

What is the most hopeful word in any language?

“Sorry”.

And the most dangerous?

“Patriotism.”

Have you ever wanted to kill someone?

Never, even as a child, despite having seen so many people die and kill themselves.

What are your political leanings?

I always resisted all temptations, which were not few, to associate with a political party. The parties split, divide in very arbitrary ways. They are a necessary evil, like the monolineal simplification of left and right. Now, among all the simplifications I prefer the less used up and down and take sides for those below. 

If you could be something else, what would you like to be?

Someone who could abolish pain and death.

What are your main addictions?

Read, drink two beers, travel to the past, imagine what will come, people’s timeless smile … I do not know, so many things. In short, life.

And your virtues?

I hope that I have some, although who knows if this has any importance.

Imagine that you are drowning. What images, within the classical scheme, would pass through your head?

The water, I suppose.

¿De verdad quiere usted salvar vidas humanas?

Señor, presidente, ¿por qué comenzó usted tan temprano? ¿Cuál era la urgencia? Sí, ya sabemos, la edad y todo eso, pero ¿no era que iba a hacer las cosas diferente? No, no me refiero solo a Siria. El mes pasado su ejército bombardeó Mosul y murieron casi doscientas personas. El mundo apenas se conmovió, pero muchos niños murieron en ese ataque. Sí, ya sé que ustedes no tenían intención de matar ningún niño inocente. Tal vez su colega, ese otro enamorado del poder que preside Siria tampoco quería matar niños. Será malo pero no tan estúpido. Su objetivo era el mismo que el de ustedes: los terroristas del Estado Islámico. Pero a ellos (si fueron ellos, claro) no les importó que entre las cincuenta o sesenta victimas hubiesen niños, como no les importó a ustedes en Mosul. ¿Sabía que los pobres también tienen niños? Hasta en la base militar que acaba usted de bombardear en Siria murieron niños. Cierto, no tantos, y probablemente eran hijos de militares. Pero niños al fin, ¿no?  

Su portavoz ha dicho que ni Hitler usó armas químicas como el dictador de Siria. Eran las preferidas de Churchill, ¿recuerda? No, no lo sabe. Supongo que al menos sabrá que ustedes las usaron sistemáticamente en Vietnam, por mencionar un solo caso. ¿No? El famoso Agente Naranja no se llamó así peor le color de se su pelo. No murieron cincuenta ni cien personas. Probablemente murieron millón de personas y otro millón nació y sigue naciendo con malformaciones. Bueno, supongamos que los malditos profesores exageran las cifras. Digamos que solo murieron mil o dos mil, para no ofender a nadie.

¿Pero usted? ¿No era que iba a hacer las cosas diferentes? No, yo no. No soy tan ingenuo. Yo no le creo a ningún político, ni al más malo. Es un defecto que me quedó de la dictadura militar en la que crecí.  Lo sé, lo sé. Todos dicen lo mismo antes de ganar las elecciones. Pero uno tampoco puede dejar de anotarlo. Faltaba más, que además de acusarnos de radicales peligrosos por usar palabras y no armas ni dinero, además nos dedicáramos al silencio cómplice.

No hace mucho, usted dijo que la Guerra en Irak había sido producto de mentiras. Cuando nosotros lo dijimos antes de que se lanzara esa aventurita, resultamos que éramos infantiles, poetas desvinculados de la realidad. Claro, porque un billonario como usted sí sabe lo qué es la realidad… Mejor dicho, eso era antes. Ahora es prácticamente imposible ocultarla, por lo cual la moda es la indiferencia o la difamación.

Vayamos a lo que importa. ¿Es usted realmente honesto sobre sus intenciones de salvar vidas alrededor del mundo, vidas de inocentes como conmovedoramente dijo antes de bombardear Siria? ¿De verdad? Por favor, dígamelo con la mano en el pecho. ¿Sí? Bueno, ¿entonces, por qué no bombardea el mundo con alimentos, con medicinas, con libros, en lugar de arrojar doscientos millones de dólares diarios solo en bombas como se ha venido haciendo desde hace ya muchos años? De esa forma ahorrará usted millones.  Millones de vidas y millones de dólares.

Claro, la seguridad nacional y todo eso. Siempre habrá gente que insista en lo mismo. No le conviene a la seguridad nacional alimentar a los enemigos. Son los mismos que han creado gran parte del problema, sino todo el problema. Pero considere por un segundo que los enemigos se crean por millones cada vez que una bomba que cuesta un millón de dólares cae sobre un grupo de casas que no llegan siquiera a la  cuarta parte de ese valor, cargada de buenas intenciones pero matando inocentes como resultado tradicional e inevitable. ¿Qué libertades perdieron ustedes cuando fueron derrotados en Vietnam, aparte de millones dólares y millones de vidas humanas? ¿O el mundo está mejor hoy que antes de la invasión a Irak? ¿Estamos mejor luego de trillones de dólares invertidos en guerras que han dejado millones de muertos? ¿Está usted mejor? ¿Se siente usted hoy más seguro que antes? Qué pregunta tonta, ¿no? Tal vez usted sí, pero no el resto. Entonces ¿es por eso que usted también insiste con un método tan absurdo?

Claro, hay que vender, la economía debe ser reactivada, debe crecer sin pausa o todo se va al diablo. ¿Pero que es lo que se iría al diablo? ¿Los buenos negocios? Si, obvio, la muerte es un gran negocio desde hace siglos. Pero es probable que la vida sea un mejor negocio, no a corto plazo, sino a largo plazo. Imagine todos esos miserables sobreviviendo en esos países tan horribles que ustedes suelen bombardear de vez en cuando, en lugar de hambrientos y moribundos tendrían algo de dinero para comprar sus cachivaches. Es más, muchos de ellos, sino casi todos, no vendrían a joder a estos países tan pulcros y bien organizados y muchos menos tendrían el concepto que tienen de ustedes, los salvaguardas de la libertad y la civilización.  

¿No sabe usted que en toda sociedad, en toda la historia, la tercera ley de Newton se aplica mejor que a los cuerpos inertes? ¿Cómo? ¿Que le gustó las dos últimas palabras? ¿Pero, en serio, se acuerda de la tercera ley de Newton? Toda acción produce una reacción. Usted no puede jugar al ta-te-ti sin siquiera considerar que el otro también juega. Usted no puede orinar sobre México y pensar que los mexicanos van a festejar. Lo mismo cuando cree que ganar significa aplastar o marginar a otros seres humanos. Eso que usted confunde con la competencia, como buen zar de los negocios.

¿Cuál es la próxima aventura, Sr. Presidente? ¿Asia? ¿África? ¿América Latina? ¿Los hielos antes eternos del Ártico y del Antártico? Porque de eso estamos seguros, Sr. Presidente. Habrá muchas otras nuevas aventuras y muchos más muertos. No, no, sus hijos no. Bueno, no creo. Los hijos de los otros, de esa gente que ni siquiera parece gente. Porque no se vaya a creer, como todos los políticos se creen, que usted va a hacer algo diferente.  La sangre no lo va a sacar de su puesto sino todo lo contrario. Sólo la próxima crisis económica pondrá en duda sus capacidades éticas y morales.

Mientras tanto, diviértase, porque, salve, Cesar, los que van a morir te saludan.

 

JM.

13 de abril de 2017

 

 

 

“No le conviene a Trump que Flynn hable” Entrevista

Entrevista con Jorge Majfud

Gerardo Yong

Michael Flynn no ve la suya. A mediados de febrero tuvo que renunciar a su cargo como asesor en seguridad nacional por haber omitido que se reunió con diplomáticos rusos durante la campaña de Donald Trump. Acosado por las investigaciones del comité de inteligencia del Senado y el FBI, esta semana pidió inmunidad a cambio de revelar información sobre los contactos que mantuvo con el Kremlin, los cuales podrían haber llevado a la victoria del magnate inmobiliario.Ambas instituciones le negaron su petición, principalmente porque resulta difícil que alguien que está siendo investigado pueda solicitar ese tratamiento especial. Poco después, las cosas empeoraron para él cuando se reveló que en su declaración de bienes ocultó los pagos que había recibido por parte de empresas rusas. En un intento por corregir esta situación, Flynn presentó una lista complementaria pero no pudo salvarse del escándalo y ahora se encuentra al borde de sufrir consecuencias legales.Según algunos analistas internacionales, Flynn está tratando de salvarse a cómo dé lugar y de sortear esta situación que pondría en serios predicamentos al gobierno de Trump. Para otros, les trae el recuerdo de la situación enfrentada durante la administración republicana de Ronald Reagan, cuando el coronel Oliver North intentó capotear las investigaciones sobre la venta ilegal de armas a Irán, así como el desvío de fondos a la guerrilla anticomunista en Nicaragua.
Ni siquiera habían pasado 24 horas luego de la negativa de inmunidad a Flynn cuando la administración Trump recibió otro golpe: Steve Bannon, considerado la columna vertebral de la política dura del magnate, fue despedido del Consejo de Seguridad Nacional. ¿La razón? Su abierta tendencia a rechazar todo lo que brille como islámico, así como su apego a una cercanía con Rusia.Esta fue la culminación de una jugada iniciada por el teniente general Herbert Raymond McMaster quien, desde que asumió el cargo de consejero de Seguridad Nacional hace un mes, se opuso a las técnicas radicales de Bannon por considerarlas poco realistas y efectivas, además de ser alguien que carecía de experiencia militar.Reconocimiento de culpaEn entrevista con Siempre!, el analista y catedrático en la Universidad de Georgia, Estados Unidos, Jorge Majfud señaló que el caso de Flynn ya contiene un reconocimiento tácito de culpabilidad que puede afectar al gobierno de Trump.Asimismo, indicó que el magnate neoyorquino se encuentra nervioso ante la posibilidad de que su exasesor pueda revelar información comprometedora. Hasta el momento, Trump solo ha señalado que Flynn es víctima de una “caza de brujas”, pero no ha intentado defenderlo abiertamente. Por el contrario, ha buscado desmarcarse del asunto lo más lejos posible y de rectificar un gobierno que se está convirtiendo en una pesadilla por todos los desaciertos que ha registrado en tan poco tiempo. Aquí les presentamos las respuestas que este experto uruguayo proporcionó a nuestro medio vía correo electrónico.

¿Qué implicaciones tiene la solicitud de inmunidad que pide Michael Flynn a cambio de revelar la información sobre sus contactos con Rusia?
En primer lugar, yo diría que cuando alguien solicita inmunidad a cambio de una declaración es porque se tiene la conciencia sucia. ¿Qué puede tener de malo que alguien tenga amigos rusos? Bueno, en este caso los indicios y las sospechas de relaciones ilícitas se vienen acumulando desde hace bastante tiempo.Según el director del FBI (paradójicamente uno de los responsables directos del triunfo de Trump) no hay lugar a dudas de que existieron contactos y acciones concretas por parte del gobierno ruso para favorecer al viejo amigo americano. El único consuelo que nos queda a escépticos como yo es que Hillary Clinton no hubiese significado un mar de diferencias con el lunático que tenemos hoy en la Casa Blanca.
¿Cómo queda Trump y su administración ante esta situación? Es decir, en caso de que Flynn revele algo grande, se habla de interferir un proceso democrático y hasta de posible traición a la patria. ¿Qué opina? 
Según Trump, Flynn hizo lo correcto solicitando inmunidad debido a la existencia de una “caza de brujas”. No creo que al presidente le importe la suerte de su amigo más que la suya propia. Está preparando un discurso y una argumentación que podrá usar en su defensa en el futuro, que a todas luces es bastante oscuro.Más le conviene que Flynn no declare. Cuanto menos se sepa mejor. Para empezar, es muy difícil que un hombre de negocios, no cualquier honesto hombre de negocios sino un pez gordo que siempre ha jugado en la primera división del mundo, esté limpio. Tal vez pueda estarlo alguien como Bill Gates, alguien que hizo su fortuna de otra forma y sin proponérselo, pero no un especulador y mucho menos alguien como Trump, un ego desesperado por triunfos económicos, por golpes de fortuna cuando la realidad parecía decirle otra cosa en los años setenta y ochenta, alguien que en los noventa declaró pérdidas multibillonarias en un solo año (¿cómo un exitoso hombre de negocios pierde un cuarto de su fortuna en un año?) para evadir impuestos por una década, alguien que fue salvado por los millonarios negocios inmobiliarios en Rusia desde los ochenta y noventa. 

En espera del momento adecuadoSegún la prensa estadounidense, hay grandes políticos de su propio partido que están dando la espalda a Trump por lo oneroso que está resultando su gobierno y por su falta de práctica política, ¿qué opinión le merece?
El presidente solo representa la extrema derecha en su megalomanía militarista y antiestatal (los ricos están cansados de mantener a los pobres de la clase media), en sus convicciones patriarcales y raciales, pero no en su carencia de ortodoxia religiosa. No es que le estén dando la espalda ahora sino que cuando vieron que no podían ganarle en 2016 se arrodillaron para no perder sus puestos y posiciones en el poder, y no perderán ninguna oportunidad para deshacerse de él y poner en su lugar a un conservador más tradicional, como el vicepresidente Mike Pence. Simplemente, están esperando el momento o están calculando hasta dónde les conviene oponerse al presidente para no abrirles la puerta a los demócratas. Para estos, más vale un lunático propio que alguien más decente del otro partido.Por su lado, los demócratas están dejando jugar, es decir, han virtualmente desaparecido para que en el partido de gobierno se apuñalen unos a otros mientras la población espera con ansias la aparición de algo diferente que encarne las viejas frustraciones de la población, es decir, los demócratas otra vez, que vienen a ser más de lo mismo pero no tan caricaturescos.
Abril 2, 2017

El peligro del arte mexicano

En 1934 John Rockefeller había intentado convencer a un artista comunista, Pablo Picasso, para que inmortalizara el gran muro del Centro Rockefeller y la idea de “la inteligencia humana dominando las fuerzas de la naturaleza”. Picasso no aceptó, por lo cual el poderoso empresario contactó al muralista mexicano Diego Rivera, otro gran artista y conocido marxista de la época, quien antes había trabajado en Estados Unidos pintando otros muros.

Diego Rivera aceptó y viajó a Nueva York con su compañera, la no menos célebre pintora Frida Kahlo. Pero Rivera hizo algunos cambios al boceto original. Asumiendo que la primera enmienda de la constitución de Estados Unidos era válida en cualquier caso, no tuvo reparos en expresar sus opiniones políticas en su mural mezclando a Lincoln con Lenin. En una escena de la película Frida (Julie Taymor 2002), se recuerda el momento en que Nelson, el hijo de John Rockefeller, le pide a Diego Rivera borrar las connotaciones políticas del mural que estaba pintando en el Rockefeller Center. Para peor, Rivera había agregado algunos personajes reales de la época como sospechosa crítica política, como lo hiciera Miguel Ángel en la capilla Sixtina o Dante en su Divina Comedia. De hecho, no podía existir la escuela ni obra alguna del muralismo mexicano sin temas políticos. La idea de que cosas como la crucifixión de Jesús puedan ser algo depurado de su pesado peso político sólo podía ser producto de la cosmovisión de una iglesia que había estado mil años en el poder político, no de un mexicano o de alguien nacido en países periféricos, más bien impotentes, que se había formado en la conciencia de la permanente humillación social y nacional.

Pero aquel muro, el muro de John y Nelson Rockefeller, era un muro privado. Diego argumentó que aquella pintura era suya (“It’s my painting”) y el señor Nelson Rockefeller, cediendo a las presiones de sus amigos, agregó: “on my wall” (“en mi muro”). Consecuentemente, el mural de 18 pies de alto fue destruido.

Desde entonces el inigualable arte muralista mexicano nunca tuvo otra gran oportunidad de que un millonario estadounidense le ofreciera generosamente un gran muro de cinco metros de alto para decir todo lo que el poder político y económico no quiere que se diga.

Hasta hoy.

Otro millonario, devenido presidente de Estados Unidos por los avatares ciegos de la historia, se ha empeñado en dale a los nuevos muralistas mexicanos la oportunidad de sus vidas construyendo un muro de tres mil kilómetros de largo por diez metros de alto.

La ironía es que una de las condiciones que ha puesto el mecenas Donald Trump en sus pliegues de licitación es que el muro debe verse atractivo e impecable (“beautiful”) desde el norte, sin importar cómo se vea desde el sur. Esta idea revela una escala infantil del universo, ya que asume que los estadounidenses van a poder apreciar semejante obra desde Nueva York o desde Los Angeles, o que por lo menos van a peregrinar y fotografiar el perfecto e insípido Muro de los lamentos II. Irónicamente, la única perspectiva que tendrán los estadounidenses de su muro es la perspectiva sur desde el confort de sus hogares y a través de los medios, de las redes sociales y los libros de arte.

Sólo esta declaración es una muestra de ignorancia y extrema ingenuidad que debería hacer naufragar semejante obra faraónica con un propósito quijotesco. El Muro Trump no será lo suficientemente alto para detener los aviones por donde ingresa la mitad de los inmigrantes ilegales al país, ni lo suficientemente grande para el ingenio de gente desesperada. De concretarse, el muro lucirá impecable y perfecto desde el norte, pero todo el arte, el dolor y la intensidad de la vida se verán desde el sur. Sin la menor duda, el mundo y la historia registrarán esta última perspectiva, la del supuesto perdedor, no la otra, y obviamente estará llena de connotaciones políticas, aparte de existenciales, como todo gran arte.

Se diría que no sólo el arte mexicano sino el país entero deberían sentirse afortunados de semejante expresión surrealista que ni siquiera la compañera de Diego Rivera, Frida Kahlo (ni Siqueiros ni Orozco), hubiese soñado: un muro de más de tres mil kilómetros de largo y diez metros de alto, a un costo de veinte mil millones de dólares, totalmente inútil para impedir la inmigración ilegal pero ideal para el celebérrimo arte muralista mexicano –e ideal para la humillación del exitoso y arrogante hombre de negocios.

 

J.M.

Entrevista capotiana a Jorge Majfud

Por Toni Montesionos

 

En 1972, Truman Capote publicó un original texto que venía a ser la autobiografía que nunca escribió. Lo tituló «Autorretrato» (en Los perros ladran, Anagrama, 1999), y en él se entrevistaba a sí mismo con astucia y brillantez. Aquellas preguntas que sirvieron para proclamar sus frustraciones, deseos y costumbres, ahora, extraídas en su mayor parte, forman la siguiente «entrevista capotiana», con la que conoceremos la otra cara, la de la vida, de Jorge Majfud.

 

Si tuviera que vivir en un solo lugar, sin poder salir jamás de él, ¿cuál elegiría?

En realidad, ese lugar existe: es la infancia. Ahora, si tuviese que ser un lugar físico, particular, creo que sería aquel enorme árbol en la granja de mis abuelos donde podía ver a mis seres queridos que ya no están y, de alguna forma, a los que no estaban aún.

 

¿Prefiere los animales a la gente?

A veces. No depende de qué animales sino de qué gente.

 

¿Es usted cruel?

Más o menos, como todos. Con frecuencia, la verdad es una forma de crueldad y uno debe decidir si vale la pena. Otras veces, uno es cruel solo por ignorancia o por pasiones mezquinas, como pueden serlo el fastidio o la frustración.

 

¿Tiene muchos amigos?

Tengo unos pocos amigos seguro y muchos amigos tal vez.

 

¿Qué cualidades busca en sus amigos?

No busco nada en particular. Cada uno es diferente y la amistad, como el amor, es algo que se da sin ninguna lógica.

 

¿Suelen decepcionarle sus amigos?

Sí, como cualquier otro tipo de seres humanos. Pero me preocupa mucho más decepcionarlos a ellos.

 

¿Es usted una persona sincera?

No creo que nadie pueda contestar a esa pregunta sinceramente. Más que sincero intento ser honesto.

 

¿Cómo prefiere ocupar su tiempo libre?

Leyendo un libro que no me mate el tiempo. Conversando con alguien que no me mate con el tiempo.

 

¿Qué le da más miedo?

El sufrimiento de mis seres queridos.

 

¿Qué le escandaliza, si es que hay algo que le escandalice?

A mi edad ya casi nada me escandaliza. Me repugna la hipocresía, el escandalo ante un beso y la tolerancia a la violencia, a la muerte de un solo niño bajo bombas inteligentes, a la opresión de pueblos enteros, a las Mentiras de Destrucción Masiva.

 

Si no hubiera decidido ser escritor, llevar una vida creativa, ¿qué habría hecho?

Si no fuera escritor caminar o lavar los platos sería mucho menos interesante. Nos sé, he hechos muchas cosas diferentes en mi vida. Tal vez hubiese sido físico. Siempre me atrajo la Teoría de la relatividad.

 

¿Practica algún tipo de ejercicio físico?

Si caminar por la playa es un ejercicio…

 

¿Sabe cocinar?

No, pero lo intento casi todos los días.

 

Si el Reader’s Digest le encargara escribir uno de esos artículos sobre «un personaje inolvidable», ¿a quién elegiría?

No sabría sobre quién escribir. Todos somos olvidables.

 

¿Cuál es, en cualquier idioma, la palabra más llena de esperanza?

“Perdón”.

 

¿Y la más peligrosa?

“Patriotismo.”

 

¿Alguna vez ha querido matar a alguien?

Nunca, ni de niño, a pesar de haber visto tanta gente morir y matarse.

 

¿Cuáles son sus tendencias políticas?

Siempre resistí todas las tentaciones, que no fueron pocas, de asociarme a un partido político. Los partidos parten, dividen de formas muy arbitrarias. Son un mal necesario, como la simplificación monolineal de izquierda y derecha. Ahora, entre todas las simplificaciones yo prefiero la menos usada de arriba y abajo y tomar partido por los de abajo.

 

Si pudiera ser otra cosa, ¿qué le gustaría ser?

Alguien que pudiese abolir el dolor y la muerte.

 

¿Cuáles son sus vicios principales?

Leer, beber dos cervezas, viajar al pasado, imaginar lo que vendrá, la sonrisa sin tiempo de la gente… No sé, tantas cosas. En fin, la vida.

 

¿Y sus virtudes?

Ojalá tenga alguna, aunque quién sabe si esto tiene alguna importancia.

 

Imagine que se está ahogando. ¿Qué imágenes, dentro del esquema clásico, le pasarían por la cabeza?

El agua, supongo.

 

T. M.

Occidente hoy. Entrevista.

Por Gerardo Yong, revista Siempre, Mexico

 

Para expertos internacionalistas como Jorge Majfud, de la Universidad de la República del Uruguay,  Trump no es más que un empresario caprichoso que juega a hacer política desde sus mansiones en Florida. Un tipo obsesionado con Europa oriental, Rusia y Putin, quien prácticamente lo tiene atrapado en su propio juego de poder.

En entrevista con Siempre!, Majfud, quien también es egresado de la Universidad de Georgia, advirtió que esa “relación de amor puede convertirse en odio en cualquier momento, porque los egos son muy sensibles”.

  

1) ¿Cómo calificaría el gobierno de Trump a la mitad de sus cien primeros días?

Patético. Es un narcisista patológico, un pobre millonario que en 2015 reconoció haberse sorprendido de haber llegado tan lejos en las internas republicanas. Él mismo creyó lo que creyeron todos, que su incursión en el rodeo político, estilo Homero Simpson, era parte de su especialidad: el negocio de la diversión y la frivolidad.

Ahora, la misma ordinariez kirsch de las nuevas cortinas doradas de la Casa Blanca son apenas un reflejo de lo que es su nuevo inquilino: un niño rico y caprichoso que nunca maduró porque no tuvo necesidad de hacerlo. Cuando no está jugando al golf aquí en Florida en su castillo Mar-a-Lago está respondiendo por Twitter cada tontería que mira en su programa favorito “Fox and Friends”. La mayoría de las cosas que afirma están divorciadas de cualquier prueba o hecho, por lo que tiene un equipo detrás justificándolo sin muchas herramientas.

En estos los primero cincuenta días de su presidentica se ha promovido una reforma de salud con la típica mentalidad de los negocios que arrasa en el mundo, según la cual uno recibe la solidaridad del resto de la sociedad sólo cuando no la necesita. Gracias a esta mentalidad, hasta ser mujer era un problema antes del odiado Obamacare. Esos seres desagradables eran improductivos porque cada tanto tenían necesidades extrañas; los enfermos no podían comprarse un seguro porque podían causarle pérdidas a la empresa carroñera; y un largo etcétera.

Ahora se ha dejado claro que el medioambiente no les interesa. Ha aumentado el gasto militar, como si fuese poco, y ha reducido todo lo demás. Para pagar una parte de su absurdo muro (un exabrupto poético que le va a costar caro) ha dejado sin recursos a las viviendas de ayuda social. Pero la realidad también está hecha por los alienados, como bien lo muestra la historia. El motor principal de esta revuelta  (ya que ni califica para revolución) es el antiguo odio racial y de clase que lo mueve y mueve a sus seguidores.

 2) Hay señales en los medios de comunicación de que el gobierno de Trump se está basando más en la mentira y en la desinformación, ¿qué opinión tiene de esto y adónde cree que podrían llevarle estas acciones?

En estos dos últimos años los grandes medios de comunicación están sufriendo su propia medicina. Es cierto que ha habido y hay medios y periodistas valientes que investigan y publican hechos y verdades que son más bien inconvenientes, pero también los medios han tradicionalmente apoyado narrativas parciales y oficiales, como ha sido el caso de las guerras, donde muchas cadenas apoyaban las justificaciones de los gobiernos para invadir países, desestabilizar gobiernos y sociedades en nombre de la libertad y no de los intereses de los grandes negocios. El último gran ejemplo fue Irak. Todos los grandes medios apoyaron ese crimen de lesa humanidad que hoy se traduce en guerras civiles y nuevos grupos fundamentalistas islámicos, por no ir a la raíz, al caso de la destrucción de la democracia iraní de Mohammad Mosaddegh en 1953 cuando quiso nacionalizar el petróleo en manos de los británicos.

Esos crímenes no están desconectados de las tragedias que vivimos hoy, pero la prensa siempre ha omitido esos hechos y por el contrario ha sido complaciente: los rebeldes son “criminales” “asesinos” mientras la destrucción de democracias, como la guatemalteca en 1954, no fue para defender los intereses de las empresas estadounidenses sino para “derrocar el comunismo”, etc. Lo mismo Chile y tantos otros viejos ejemplos. La prensa, la gran prensa, tanto norteamericana como latinoamericana, ha sido cobardemente cómplice, por acción o por omisión, por miedo o por conveniencia, de todos esos crímenes y ahora se encuentra con su propia caricatura en frente, con esos personajes ridículos llamados Trump o Le Pen, atacándola como forma de enfurecer a la población por las razones equivocadas. La gente se enfurece son sus hermanos de piel oscura pero no con sus propios crímenes, que se cuentan con millones de víctimas.

Hay una diferencia: antes los medios engañaban a la gente con verdades parciales, con omisiones, con simples mentiras. Esto no lo invento Joseph Goebbels sino un austriaco norteamericano llamado Edward Bernays, quien trabajó para varios gobiernos estadounidenses durante el siglo pasado, vendiendo cigarrillos, guerras y golpes de estado. De hecho los nazis aprendieron de este mercenario que, paradójicamente, era judío. Pero por entonces, para todo ello debían ocultar datos, hechos (casi siempre ese trabajo era realizado por agencias del gobierno como la CIA, por ejemplo). Actualmente ya ni siquiera la revelación de los hechos importa demasiado. La gente necesita creer, necesita que les mienten y están dispuestos a creer como en una secta por encima de cualquier hecho, dato o lógica.

3) A 70 años del inicio de la Guerra Fría, que mantuvo a EU y la Unión Soviética, cómo percibe la relación EU-Rusia.

Una relación entre mafiosos. Así funcionan los grandes negocios y entre machos se entienden. Más allá de que muy probablemente Putin posea secretos de Trump que escapan al conocimiento público, ambos se parecen como individuos. No es casualidad que Trump se haya casado con dos mujeres eslavas, siendo que detesta tanto a los inmigrantes, lo que demuestra que la raza no es un factor secundario en tanto odio. Esa relación de amor puede convertirse en odio en cualquier momento, porque los egos son muy sensibles, pero por el momento los elementos principales de la narrativa de la guerra fría (ideológicos) no están presentes. Solo persiste un factor omnipresente: los intereses de las grandes compañías, de los grandes negocios. Muchos de ellos, negocios personales, como las relaciones del mismo Trump o de sus asesores, como Rex Tillerson.

 

¿Es el retardo mental una característica de las razas superiores?

Un día de febrero de 2017 el periodista Jorge Ramos entrevistó a Jared Taylor, ferviente seguidor del presidente Donald Trump y miembro fundador de la organización racista “American Renaissance”. Las palabras y argumentos de Taylor son tan antiguas como andar a pie. Lo nuevo, o mejor dicho lo renovado, es el desparpajo con que los racistas han salido del closet luego del fenómeno Trump, lo cual es el aspecto positivo de esta historia.

Arthur Schopenhauer una vez escribió: “El que los negros hayan caído de preferencia y en grande en la esclavitud, es evidentemente una consecuencia de tener menos inteligencia que las demás razas humanas”. No vamos a decir que los alemanes de raza pura son menos inteligentes porque perdieron las dos guerras mundiales, a ver si tenemos problemas con los señores Trump y Taylor. En cualquier caso, el hecho de que algunos pueblos hayan caído en la esclavitud significaría que tienen menos inteligencia esclavista. El gran filósofo alemán escribía en un siglo donde el racismo se había hecho ciencia para justificar la toma europea del mundo por asalto. El Diccionario de psiquiatría de Antoine Porot definía a la sífilis y los parásitos como “psicopatología de los negros” recomendando la deportación de esos seres desagradables a las colonias expoliadas por Francia.

Por entonces, y aún hoy, se echa deliberadamente al olvido que cuando el centro de la civilización era Grecia o Roma, los rubios del norte eran considerados no sólo bárbaros (es decir, gente sin lengua) sino incapaces de alguna proeza intelectual, como libros y puentes. Y también fueron con frecuencia esclavizados por los europeos del sur, mientras en el norte de África y en Medio Oriente se desarrollaban las ciencias y las matemáticas que aún hoy significan la base de nuestro orgulloso progreso material. Los algoritmos no fueron inventados por Antoine Porot ni por el señor Taylor sino por un persa (no digamos iraní, por las dudas) hace más de mil años. Por no hablar del alfabeto de los fenicios y los números de los árabes que por mucho tiempo la misma Europa se resistió a adoptar por prejuicios culturales pero sin los cuales, incluido el imprescindible concepto del cero, ni siquiera la llegada del hombre a la Luna hubiese sido posible. Cuando el mundo islámico se convirtió en el centro de la civilización, de las artes y de las ciencias, la Europa de los rubios genios era gobernada por fanáticos religiosos cuando no por bárbaros que asolaron las ciudades más desarrolladas de su tiempo. No por coincidencia algunas tribus dieron sus nombres a la violencia bruta, como los vándalos.

Aquellos pueblos de gente tan bonita eran atrasados en muchos aspectos, menos en su eficiencia para destruir y conquistar. Lo mismo podemos decir de civilizaciones avanzadas de Mesoamérica, con ciudades futuristas en comparación a las sucias y malolientes capitales europeas de la época, aunque no tan avanzadas en el arte de matar, destruir y conquistar. Por las mismas razones siempre se insiste en la brutalidad de los rituales de los aztecas, cuando por la misma época la Inquisición torturaba y quema vivos por miles a disidentes y herejes al tiempo que los nuevos europeos comenzaron a nombrar extensas zonas como África, otrora centro de otras civilizaciones que por miles de años fueron la vanguardia del progreso intelectual, como “Barbaria”.

Hoy Europa, con derecho, puede estar orgullosa de su nivel de civilización, tanto material como social, mientras otras regiones del mundo, alguna vez cuna de la razón y el humanismo, se ven sumergidas en el caos y la esclavitud moderna. No obstante, ¿quién podría decir que todos esos cambios se debieron a cambios genéticos en los pueblos?

Pero también hoy el crédito moral de la mala conciencia de Europa tras la Segunda Guerra mundial comienza a agotarse. Los setenta años de progreso social y económico también. Del otro lado del Atlántico, la mala conciencia del racismo estadounidense ha salido del closet después de años de sofisticadas simulaciones.

La idea de razas es básicamente una construcción cultural. Podemos ver y concebir algunas diferencias entre un negro y un blanco como entre una mujer y un hombre. Dejemos de lado la problemática de la construcción de géneros y veamos que las supuestas razas son clasificaciones arbitrarias de hecho: en Estados Unidos se segregaba a los irlandeses por pelirrojos al límite de no permitirles acceder a determinados servicios o simplemente se los asesinaba por cualquier motivo. El odio de los primeros blancos hacia los nuevos blancos debía ser tan intenso como que el que alguna vez encontré en África entre miembros de distintas etnias por diferencias que yo no era capaz de percibir. Hoy en día muchos de esos supremacistas blancos son descendientes de aquellos irlandeses o polacos o italianos perseguidos y odiados por sus “razas”. ¿Por qué no hay una raza de ojos celestes y otra de ojos negros? Etc.

Pero vayamos al argumento ético sobre las inteligencias.

Hace años, Charles Murray y Herrnstein hicieron algunos estudios sobre “ethnic differences in cognitive ability”mostrando gráficas de coeficientes intelectuales claramente favorables a la raza blanca. En mi juvenil libro de ensayos Crítica de la pasión pura, escrito en una aldea de África en 1997, anoté una observación sobre estos estudios: “supongamos que un día se demuestre que hay razas menos inteligentes (y que se defina exactamente lo que quiere decir eso de “inteligencia”, sin recaer en una explicación escolar o zoológica). En ese caso, las creaturas deberán estar mejor preparadas para la verdad. Esto quiere decir que debemos esperar que las razas se traten entre sí como si no estuviesen unas por encima de otras sino en la misma superficie redonda de Gea. Es decir, que no se traten como ahora se tratan suponiendo una inteligencia racial uniforme”.

El señor Jared Taylor, como Ginés de Sepúlveda en el siglo XVI y todos los racistas que han pisado y asolado este planeta, consideran que la diferencia de inteligencia, es decir la superioridad racial, justifica que unos grupos dominen sobre otros o que tengan más derechos que otros a vivir en un país que asumen, por razones místicas, como propiedad privada de una raza y una cultura, olvidando otro elemento obvio: el pasado es un país extranjero, frecuentemente irreconocible con un supuesto nosotros.

Aquí surgen otras obviedades que también se echan convenientemente al olvido:

 

1.  No debemos olvidar que en cualquier caso, como lo demuestra la historia de los países y las civilizaciones, la cultura es el verdadero factor relevante, es decir, la inteligencia colectiva, y no tanto la inteligencia biológica. También podemos observar la importancia de esta dimensión, la cultural junto con otras como la alimentación, etc., cuando vemos que los test de inteligencia muestran que las diferencias entre blancos y negros han disminuido entre los años sesenta y noventa. ¿Alguno de estos grupos cambió su ADN en un proceso evolutivo ultra-exprés?

 2. Jared Taylor dice que los negros son menos inteligentes que los blancos y los blancos menos que los asiáticos (esta última observación es un impuesto argumental). Pero como está hablando de promedios, se debe entender que en el grupo B de los menos inteligentes hay individuos que superan la inteligencia de muchos otros pertenecientes al grupo A de los más inteligentes. ¿Significa esto que algunos negros deberían gobernar a los blancos o, al menos, tener el privilegio de ser sus vecinos? No, por supuesto. Porque la inteligencia es una justificación pero a no confundirse: el odio no es hacia los retardados mentales sino hacia los negros.

3.  Sr. Taylor, según los famosos test de coeficiente intelectual (IQ), yo pertenezco al uno por ciento más dotado de la población mundial. ¿Debemos los miembros de esta secta (bastante estúpidos e inhábiles en otros aspectos humanos, lo digo por experiencia aunque esa es una obviedad que no necesita confesión) reclamar algún derecho especial sobre el restante 99 por ciento? ¿Tal vez derecho a un voto doble? ¿A un doctorado exprés? ¿A una promoción automática en nuestras carreras? Bueno, si tenemos la piel un poco oscura o un acento extranjero, obviamente no. Si se trata de un caucasiano racista, uno de esos obsesionados con el tamaño del cerebro y de su pene, sí obviamente.

4.  ¿Un ser humano es un pedazo de cerebro, frecuentemente equivocado?

 

JM, marzo 2017

Los Hijos del Sol o la lógica del racismo

Luego de la espectacular victoria en los comicios generales, el partido de los Hijos del Sol decidió clonar a los tres líderes principales para recuperar la pureza de la raza superior amenazada por la diversidad.

Al tiempo que sus hijos iban creciendo y multiplicando las generaciones de los Padres refundadores, se procedió a la expulsión de todos aquellos invasores de rostros lejanos, mucho de los cuales los ancestros de los Hijos del Sol habían encontrado al llegar a la Tierra prometida. También se expulsó a un quinto de los descendientes de los Padres refundadores por sus rasgos africanos, un cuarto por no ser suficientemente blancos y la mitad por no alcanzar el promedio de coeficiente intelectual esperado.

Este esfuerzo histórico dio finalmente sus resultados. La raza fue depurada a imagen y semejanza de los tres Padres refundadores.

No obstante, pocas generaciones tomó para que la nueva sociedad advirtiese diferencias notables entre los tres grupos: al igual que los Tres Padres, todos tenían más o menos la misma piel blanca. Al igual que los Tres Padres, unos poseían el pelo rojizo, otros ojos celestes y otros marrones, casi negros.

Poco tiempo después ocurrió lo inevitable: cada grupo reclamó el derecho de poseer la tierra, la verdad de Dios y la verdad de los hombres debido a una de estas diferencias que conformaban razas incompatibles e irreconciliables. Las diferencias llevaron a una guerra de cinco años que diezmó la población y puso la existencia del planeta en riesgo.

Cada grupo, cada subgrupo, cada individuo no pudo dejar de odiarse unos a otros por sus diferencias, porque eso era, precisamente, lo que habían heredado todos de los originales Padres fundadores. El odio a los otros. 

 

JM

marzo 2017

Churchill: The Ugly Briton

Few statesmen of the 20th century have reputations as outsize as Winston Churchill’s. And yet his assiduously self-promoted image as what the author Harold Evans called “the British Lionheart on the ramparts of civilization” rests primarily on his World War II rhetoric, rather than his actions as the head of a government that ruled the biggest empire the world has ever known. Madhusree Mukerjee’s new book, Churchill’s Secret War, reveals a side of Churchill largely ignored in the West and considerably tarnishes his heroic sheen.

In 1943, some 3 million brown-skinned subjects of the Raj died in the Bengal famine, one of history’s worst. Mukerjee delves into official documents and oral accounts of survivors to paint a horrifying portrait of how Churchill, as part of the Western war effort, ordered the diversion of food from starving Indians to already well-supplied British soldiers and stockpiles in Britain and elsewhere in Europe, including Greece and Yugoslavia. And he did so with a churlishness that cannot be excused on grounds of policy: Churchill’s only response to a telegram from the government in Delhi about people perishing in the famine was to ask why Gandhi hadn’t died yet.

As Mukherjee’s accounts demonstrate, some of India’s grain was also exported to Ceylon (now Sri Lanka) to meet needs there, even though the island wasn’t experiencing the same hardship; Australian wheat sailed past Indian cities (where the bodies of those who had died of starvation littered the streets) to depots in the Mediterranean and the Balkans; and offers of American and Canadian food aid were turned down. India was not permitted to use its own sterling reserves, or indeed its own ships, to import food. And because the British government paid inflated prices in the open market to ensure supplies, grain became unaffordable for ordinary Indians. Lord Wavell, appointed Viceroy of India that fateful year, considered the Churchill government’s attitude to India “negligent, hostile and contemptuous.”

Churchill said that history would judge him kindly because he intended to write it himself. The self-serving but elegant volumes he authored on the war led the Nobel Committee, unable in all conscience to bestow him an award for peace, to give him, astonishingly, the Nobel Prize for Literature — an unwitting tribute to the fictional qualities inherent in Churchill’s self-justifying embellishments. Mukerjee’s book depicts a truth more awful than any fiction.

Tharoor, a Member of Parliament in India, is the author of Nehru: The Invention of India and other books

Un laberinto llamado América Latina

Por Carlos Manuel Salomón, PhD, University of California

 

En 2017 la editorial británica Routledge, especializada en temas académicos, publicará el libro The Routledge History of Latin American Culture editado por el activista y profesor latinoamericanista de la Universidad Estatal de California Dr. Carlos Salomón.

El libro cubre temas fundamentales en la exploración de un conocimiento profundo de la realidad latinoamericana que van desde los lejanos momentos en que dos formas de ver y entender el mundo se encuentran y colapsan a principios del siglo XVI hasta la problemática de las últimas olas migratorias y sus consecuentes reacciones pasando por la formación de las clases sociales en la colonia, los conflictos raciales, de género, sus expresiones artísticas, culturales y políticas. Diversos especialistas de diferentes procedencias analizan y reflexionan sobre una de las realidades más heterogéneas, complejas y contradictorias del mundo: América Latina a través de su historia, de su conciencia y de su inconsciente colectivo, a través de las diferentes regiones geográficas y simbólicas, en relación con el otro y consigo misma.   

Como forma de reflexiones finales, el profesor Salomón conversa con uno de sus autores, Jorge Majfud, acerca de las percepciones y problemáticas de la identidad latinoamericana en las Américas.

 

CS: Emigrar, aprender otras costumbres y otra lengua, cambia muchas cosas. ¿Ha cambiado su comprensión de América Latina desde su traslado a los Estados Unidos?

JM: Para comenzar habría que considerar una dimensión existencial que normalmente omitimos al responder este tipo de preguntas: yo ya no soy exactamente el mismo, soy doce años más viejo y casi todo se ve distinto desde esta altura de los cuarenta y siete. También eso que imprecisamente llamamos América Latina ha cambiado, casi tanto como el resto del mundo.

Luego sí podemos reflexionar sobre la dinámica cultural. Ver la cultura propia desde la inmersión de otra ajena es siempre revelador. Uno tiene con qué comparar y contrastar la visión interior y la exterior. Lo mismo ocurre con el lenguaje: a medida que aprendemos una segunda lengua nos volvemos más conscientes de la naturaleza de la primera.

América Latina es una región vasta y extremadamente diversa, por lo cual hablar de “nuestra cultura” es producto de otra trampa del lenguaje: probablemente un mexicano de Chihuahua y otro de Arizona o de California tienen más en común que cualquiera de esos dos grupos y un argentino, por ejemplo. Pero a las culturas latinoamericanas nos une el idioma, la conciencia de la existencia del otro y la forma cómo el Gran Hermano del norte nos ha tratado en más de un siglo. Es su mirada y, a veces, es la intimidación de su musculatura lo que ha formado parte de nuestra identidad común. Por ejemplo, la idea del otro, la negación de la hispanidad dentro de las propias fronteras de Estados Unidos y la clasificación étnica, típica de este país, que todavía define odios y elecciones.

Cuando venía en el avión en el año 2003 me dieron un formulario donde, entre otros datos, se debía marcar “raza”. Me pareció algo muy exótico y escribí arriba: “no race”. Nunca me sentí ni latino ni hispano hasta vivir unos años aquí. Esa clasificación, de hecho, es un invento estadounidense, el cual ahora se ha transformado en una bandera de reivindicación, porque nosotros (los otros) hemos entrado en un juego que no inventamos y hemos aprendido a jugar para no sufrir las consecuencias de la derrota absoluta.

 

CS: Ha sido una historia compleja, marcada por conflictos reales y simbólicos.

JM: Si. Desde un punto de vista académico, es imposible profundizar en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina sin encontrarse con una larga lista de crímenes presentados como salvaciones, de dictaduras en nombre de la libertad y la democracia. Tal vez esas cosas marcan tanto o más que una guerra, porque se trata de una lucha por el rescate de verdad secuestrada, más allá del mero triunfo de la fuerza bruta. Afortunadamente la arrogancia y desdén con la que se ha mirado a América Latina desde el norte (basada en la ignorancia de los crímenes propios como intervenciones, complots, imposición de sangrientas dictaduras a lo largo del subcontinente, etc.) ha sido limitada y mitigada por los mejores estadounidenses, que tampoco han sido pocos, gente con un gran coraje intelectual que no se ha dejado amedrentar por la propaganda ni las reacciones tribales de sus propios pueblos. Por supuesto que nuestros pueblos también tienen muchos pecados que confesar. Nuestros pecados han sido siempre fratricidas, abusos ilimitados de las tradicionales clases gobernantes, de los propietarios de esos países, sobre millones de despojados o marginados, sin tierra, sin capitales, sin educación y sin derechos. Las dictaduras (el terno Plan B de las democracias oligárquicas) violaron, torturaron y asesinaron en masa a sus propios pueblos. Ninguno de esos pecados consistió en invadir con tanques, barcos de guerra, propaganda para destruir gobiernos e imponer otros en Estados Unidos o en algún país Europeo, africano, asiático o lo que sea.

 

CS: ¿Qué ha cambiado de todo eso?

JM: Hoy América Latina no es aquella región del realismo mágico poblada de dictadores guardianes del sistema de monocultivos. Pero todavía vive sus propios conflictos, como la vieja tendencia de sus gobernantes a perpetuarse en el poder. La corrupción latinoamericana sirvió a todos, en diferentes proporciones: sirvió a las potencias mundiales para explotar sus recursos con mano de obra barata; sirvió a las oligarquías criollas para enriquecerse con la sangre de la chusma y del indiaje; y sirvió a los más pobres para sobrevivir. Todavía existe mucho de eso, sobre todo en grandes países como Argentina, México y Brasil y unos cuantos pequeños como en América Central.

 

CS: ¿Es la corrupción un problema típicamente latinoamericano?

JM: En su forma sí. En Estados Unidos la corrupción es diferente. Normalmente es legal, como cuando poderosos lobbies presionan a sus representantes en el congreso (más de la mitad son millonarios y proceden el uno por ciento de la población) para aprobar leyes que los beneficia. Luego esos grupos son los menos interesados en violar sus propias leyes, obviamente.

 

CS: Es curioso cómo se comenzó a sentir latinoamericano cuando vino a los Estados Unidos. A mí me sucedió lo contrario. Fue cuando viajé y estudié en México e, irónicamente, cuando leí la obra de su amigo y compatriota, Eduardo Galeano. Esto podría tener algo que ver con la forma en que los latinos se asimilan en las escuelas públicas. Para mí, estudiar, vivir y aprender en América Latina fue una revelación. El trabajo de Galeano realmente me dio un sentido de lucha contra el colonialismo en América Latina. 

JM: Ahí es necesaria una precisión. Debemos diferenciar la identidad latinoamericana de la hispana. La primera fue una invención de los franceses en el siglo XIX para incluirse en el proceso de las nuevas repúblicas; la segunda fue resultado de los gobiernos estadounidense, sobre todo en los años ochenta. Es lo que terminó por oficializar la clasificación del hispano como “el otro” por parte de la cultura angloamericana que se siente orgullosa de su “melting pot” (that never melts), que más bien es un archipiélago que se agrupa conflictivamente en casilleros étnicos y raciales que, en el mejor de los casos, se tolera. Luego, estas fracturas sociales deben ser resueltas con un fuerte discurso patriótico, con la insistente idea de unión. Cuando uno ve que los discursos oficiales y populares insisten en algo es porque la realidad es precisamente la contraria. La primera identidad, la latinoamericana, fue y todavía es básicamente regional y cultural, cuando no regional y política; la segunda, la idea, la percepción y la identidad de ser “hispano” es, como es propio de la historia y la cultura estadounidense, un fenómeno étnico, a pesar de la enorme diversidad étnica del grupo aludido. 

 

CS: Con diferencias que van desde México hasta Argentina y que incluyen herencias tan dispares como la indígena, la africana y la europea.

JM: Así es. Históricamente el Cono Sur, sobre todo Argentina y Uruguay, se consideraban los “europeos del sur”, aquellos que no descendían de ninguna tribu ni civilización prehispánica sino de los barcos. Fue a mediados del siglo XX que comenzamos a dejar de mirar tanto a Francia con admiración, a Italia con nostalgia y a España con dolor para mirar a nuestros hermanos del continente. Es exactamente lo que le ocurre al joven argentino Ernesto Guevara cuando recorre el continente: descubre la América latina (o, mejor dicho, la América indígena) y se descubre como latinoamericano. Los intelectuales ya lo habían intentado mucho antes, de una forma algo forzada (José Martí, José Rodó, Rubén Darío, José Vasconcelos, etc.), pero será la conciencia política del siglo XX lo que la convertirá en una realidad, es decir, en un sentimiento más que una idea. La Revolución cubana fue un punto de inflexión en ese sentido. Los rioplatenses, los que éramos civilizados porque habíamos matado a todos los salvajes, los que teníamos los mejores sistemas de educación, las mejores economías, el más alto desarrollo del continente, con un alto ingreso per cápita y con avanzados programas sociales que habían equilibrado bastante las clases sociales, nos encontramos de repente con nuestro propio declive y luego con nuestro sentimiento de culpa por no haber pertenecido del todo a América latina. Especialmente escritores como Neruda, Benedetti y Galeano crearon o consolidaron esa conciencia continental por la cual comenzamos a sentirnos latinoamericanos.

Sin embargo, sentirse “hispano” o “latino” no es exactamente lo mismo y hay que vivir en Estados Unidos para apreciar la diferencia, porque es una identidad básicamente norteamericana.

 

CS: ¿De qué forma te sientes conectado con las historias de los aztecas, de los incas y del mestizaje espiritual? ¿Hay algo en ellos que define el espíritu de América Latina?

JM: Intenté responder a esa pregunta en el libro El eterno retorno de Quetzalcóatl y en algún que otro artículo. Por ejemplo: la misma idea del Cono Sur como una región cultural construida por europeos y criollos blancos en la casi ausencia de la herencia indígena sobrevive hoy, al extremo de que el ex-presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti escribió que no recibimos nada de los charrúas, ni una palabra. Claro, los robamos y los matamos porque eran tan salvajes que no aceptaban nuestra cultura a cambio de sus tierras y su libertad. Pero a mí siempre me sorprendió descubrir como en el lenguaje castellano sobrevivían expresiones, ideas de pueblos tan lejanos como los guaraníes, los incas e, incluso, los mayas. El lenguaje callejero de mis amigos de la primera adolescencia estaba lleno de indigenismos que nadie advertía como tal. ¿Qué se puede esperar, entonces, de países con una fuerte tradición indígena como Bolivia, Perú, Guatemala o México? No me refiero a lo más visible, como las formas de vestir, de cocinar o de organizar sus fiestas. De ahí surge la pregunta de si es posible borrar completamente una cultura en un  proceso de colonización violenta. Mi hipótesis de partida fue simplemente no: la represión de una memoria no significa eliminación sino todo lo contrario: el elemento reprimido se transmuta, se trasviste para sobrevivir en las sombras, igual que en la psicología individual. Entonces hay que rastrearlo, sobre todo en un formato que le fue ajeno: el formato escrito, los documentos del colonizador, los libros de los ilustrados europeístas donde se podría detectar la tradición oral, reprimida por la ley y la vergüenza de lo propio, tan típica del colonizado, etc.

 

CS: ¿Dónde podríamos sospechar esa herencia profunda?

JM: Por ejemplo, en la misma evolución histórica y luego mitológica de un argentino como Ernesto Che Guevara. El Che tiene mucho de un dios mexicano como Quetzalcóatl y mucho de la forma indígena (ya no solo prehispánica) de ver el mundo, como la relación sangre/oro, vida/muerte. Lo mismo las utopías de los intelectuales de izquierda. La utopía en Eduardo Galeano, un uruguayo marcado por la sensibilidad indígena o, al menos, antimaterialista de Noroccidente, no tenía nada de marxista, ni era materialista ni estaba en el futuro (el progreso industrial) sino en el paradigma cósmico/ecologista de la mentalidad indígena, de la vuelta al origen, del pasado perdido como aquello que está hacia delante, más allá del futuro.

 

Febrero 2017

Externalities and the critical difference between a statesman and a businessman

Spanish: Externalidades: la crítica diferencia entre un estadista y un hombre de negocios

In 2012 the Presidency of the United States was disputed between Barack Obama and Mitt Romney.  At that time, in various press media outlets, I emphasized the simple idea that to be a successful businessman is a merit, but it does not make anyone a good governor since a country is not a business. Some two years ago, in our university, we attended a commencement speech delivered by Mitt Romney on success, full of commonplaces and empty ideas, which demonstrated how mediocre and arrogant a successful businessman could be, although not as successful or as mediocre as the present President Donald Trump.

More or less at that time, Noam Chomsky sent me various articles and commentaries on the key reality of externalities. In a few words, externalities are certain effects that do not enter the equation of a good business deal. Two parties can make an excellent deal, but this does not mean that, in the long-term results and in a broader context, it will benefit all or even themselves, as the basis of economic liberalism indicates: pursuing individual interest necessarily leads to the benefit of the rest of society.

For example (I briefly recall two examples from Chomsky): an excellent deal between two businesses can lead to an international or ecological catastrophe. Lower taxes have an immediate effect on business:  individuals can see the impacts on their savings and can undertake negotiations that are very convenient at the beginning. When the governments invest less in infrastructure, those who use the roads end up bringing their cars to a mechanic more frequently. Everyone complains about taxes and all prefer to pay less, but no one complains at what they must pay to repair their cars. Generally, the contrary is true since we are all thankful for a good job done by a mechanic. In other words, the destruction of the environment and the destruction of goods such as cars, glass, roofs, etc. has a positive effect on the economy, but in the long-run it doesn’t generate more wealth nor is it responsible for the reality that surrounds us, such as the environment, social equilibrium, and the economy in the long term. 

  A successful businessman does not worry about the cost of an employee’s previous education nor the future fate of his employees when they lose work. In great measure, this is assumed by the cursed State, not to speak of other aspects, such as the police repression of violence caused by obscene social inequality caused by the success of a few. The State is accused of bleeding the successful businessmen with unjust taxes that prevent the successful from being even more successful.

To put this in some figure: the fact that a soccer player is an excellent penalty kicker does not make him an excellent coach. A businessman is an able chess player when his hand is checkmating the adverse queen (harassing the adversary before closing an excellent move) but this does not make him a great chess player who needs to plan the game from the beginning.

Even more graphic: the nature of the successful businessman is already evident in the first week of the administration of Donald Trump.  His stormy and erratic measures and decrees reveal the hand of a businessman: pressure, intimidation in the short term to cut down a tree without thinking of the forest.  The idea of castigating Mexico with 20 percent customs barriers on their exports to the United States does not consider that all of these exports, according to the rules of the capitalist world that Trump pretends to represent, are not produced by a fantastic and arbitrary element but by the old rules of supply and demand. A collapse of trade relations between the United States and Mexico, two great commercial partners, will bring serious harm to the US economy. Even apart from the geopolitical consequences, such as a Mexico seeking alliances with China, for example.

If we look at every decision taken by President Trump, each based on the same superstition of the way that the world works, as if externalities did not exist, as if everything is reduced to a struggle between powerful businessmen: the approval of the Dakota pipeline without considering the possible ecological impacts, the blocking of refugees from countries that are victims of globalization, as if there were no human rights of children of wars and there were no diplomatic retaliation of possible allies, the beginning of the harassment of Mexico, their third most important economic partner, as if the United States were an island or would respond to the mercantile context of planet Jupiter, and a long etcetera.

The only idea that Trump was able to sell to his voters, to return lost jobs to US industry, pressuring and intimidating US businesses, could be a penalty goal, but in the long run, it involves a number of goals against. Again, according to the logic of capitalism, it is not possible to produce the same cars and the same chairs with workers that in China make a few thousand dollars per year, as with workers that in the US would earn forty or sixty thousand dollars. 

For a number of years, we have been repeating what the cause and consequences are: the solution that businesses require in the face of this imbalance between costs and final prices is even faster automation in the automobile industry, a tendency that goes back decades, but there are other sectors where robots continue to expand.  The accused universities continue to bring more value added at the expense of traditional workplaces, in agriculture, in services and even in transport. Today, in many of the industrial states of the North center of the US (unhoped for Trump voters) the profession of a truck driver is one of the principal ones due to the expansion of the economy. Nevertheless, the reality of cars, buses, and trucks that do not need drivers will increase.

This is an inevitable reality unless we come to a civil or international war and we return to earlier stages of industrial capitalism. 

Obviously, a successful businessman could be a great statesman, as could a trade union leader, a military man or a professor. But none of these will be a good political leader or a good president if he believes that applying his successful union methods, or military or pedagogical methods will be the key to governing a country well. This is nearsightedness and, sooner or later, reality will pass over us when we ignore it because of the force of self-pleasing narrations.

This is much more the case if we are dealing with an ego blinded by his own light.  Then all that we can hope for are crises of all kinds: economic in the best case; social or even war in the worst. 

31/01/2017

(Translated for ALAI by Jordan Bishop)

– Jorge Majfud, Uruguayan-US writer and profesor, is autor of Crisis y La reina de América among other books

 

Externalidades: la crítica diferencia entre un estadista y un hombre de negocios

English : Externalities and the critical difference between a statesman and a businessman

En 2012 se disputaron la presidencia de Estados Unidos Barack Obama y Mitt Romney. Por entonces, en varios medios de prensa, enfaticé la simple idea de que ser un exitoso hombre de negocios es un mérito pero no hace a nadie un buen gobernante, ya que un país no es una empresa. Hace un par de años debimos soportar en nuestra universidad un pobrísimo discurso de Mitt Romney sobre el éxito, lleno de lugares comunes e ideas vacías, lo que demuestra cuán mediocre y arrogante puede ser un exitoso hombre de negocios, aunque no tan exitoso ni tan mediocre como el actual presidente Donald Trump.

Más o menos por aquella época, Noam Chomsky me envió varios artículos y comentarios esclarecedores sobre la realidad clave de las externalidades. En pocas palabras: las externalidades son todos aquellos efectos que no entran en la ecuación de un buen negocio. Dos partes pueden hacer un excelente negocio, pero eso no significa que los resultados a largo plazo y en un contexto mayor vayan a beneficiar al resto ni a ellos mismos, como indica la base del liberalismo económico: perseguir el interés individual necesariamente conduce al beneficio del resto de la sociedad.

Por ejemplo (recuerdo brevemente dos ejemplos del mismo Chomsky): un excelente negocio entre dos empresas o dos a pises pueden conducir a una catástrofe internacional o ecológica. Bajar los impuestos tiene un efecto inmediato en los negocios: los individuos pueden ver los efectos en sus ahorros y pueden iniciar negocios en principio más convenientes. Sin embargo, según estudios cuantitativos, cuando el Estado invierte menos en reparar las carreteras, los usuarios terminan llevando sus autos con más frecuencia al mecánico. Todos se quejan de los impuestos que cobra el gobierno y todos quieren pagar menos, pero nadie se queja de lo que debe gastar en reparar sus autos. Generalmente ocurre lo contrario, porque todos agradecemos un buen trabajo de nuestro mecánico. En otras palabras, la destrucción del medio ambiente y la destrucción de los bienes como autos, vidrios, techos, etc., tiene un efecto positivo en la economía pero a largo plazo no genera más riqueza ni es necesariamente responsable con la realidad que nos rodea, como el medio ambiente, el equilibrio social y la economía a largo plazo.

Un exitoso hombre de negocios no debe preocuparse por la educación previa ni por la suerte posterior de sus empleados cuando pierden su trabajo. En gran medida, de eso se encarga el maldito Estado, por no hablar de otros aspectos, como la represión policial de la violencia causada por los obscenos desequilibrios sociales causados por el éxito de unos pocos. Estado al que se acusa de desangrar a los exitosos empresarios con injustos impuestos que impiden que los exitosos sean más exitosos.

Por ponerlo en un par de figuras: que un jugador de fútbol sea un excelente pateador de penales no lo hace un excelente director técnico. Un hombre de negocios es un hábil jugador de ajedrez cuando su mano está dando jaque mate a la reina adversaria (acosando al adversario antes de cerrar un excelente trato), pero eso no lo hace un gran jugador de ajedrez que debe planificar la jugada desde el inicio.

Más gráfico: esa naturaleza del exitoso hombre de negocios ya se está observando en la primera semana del gobierno de Donald Trump. Sus tempestuosas y erráticas medidas y decretos revelan la mano del hombre de negocios: presión, intimidación a corto plazo para cortar el árbol sin considerar el bosque. La idea de castigar a México con un veinte por ciento de aranceles a sus exportaciones a Estados Unidos no considera que todas esas exportaciones, según las reglas del mundo capitalista que el Sr. Trump presume representar, no se producen por una arbitrariedad fantástica sino por las viejas reglas de la oferta y la demanda. Un colapso de las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos, dos grandes socios comerciales, significara un castigo a la misma economía estadounidense. Aparte de las consecuencias geopolíticas, como sería un México buscando alianzas con China, por ejemplo.

Si observamos cada decisión tomada por el presidente Trump, cada una está basada en la misma superstición de cómo funciona el mundo, como si las externalidades no existieran, como si todo se redujese a una puja entre dos poderosos hombres de negocios: la aprobación del oleoducto de Dakota sin considerar sus posible efectos ecológicos; el bloqueo de refugiados de países víctimas de la globalización, como si no existiesen los derechos humanos de los niños de la guerra y no existiesen resentimientos de posibles aliados; el inicio del acoso a México, su tercer socio económico más importante, como si la economía estadounidense fuse una isla o respondiese al contexto mercantil del planeta Júpiter; y un largo etcétera.

La sola idea que Trump supo vender muy bien a sus votantes, de devolver los puestos de trabajo de la industria a los estadounidenses presionando e intimidando a las empresas estadunidenses puede ser un gol de penal, pero a largo plazo significa varios goles en contra. Otra vez, según la lógica del capitalismo, no es posible producir los mismos autos y las mismas sillas con obreros que en China ganan unos pocos miles de dólares al año con unos obreros que en Estados Unidos ganan cuarenta o sesenta mil dólares.

La causa y consecuencia la hemos venido repitiendo desde hace años: la solución que encontraran las empresas ante ese desbalance entre costos y precios finales es una aún más rápida automatización: en la industria automovilística es una tendencia que tiene décadas, pero hay otros sectores donde los robots seguirán expandiéndose y las malditas universidades seguirán aportando cada vez más valor agregado en detrimento de los tradicionales puestos de trabajo: en la agricultura, en los servicios e, incluso, en el trasporte. Hoy en día, en muchos de los viejos estados industriales del norte centro de Estados Unidos (inesperados votantes de Trump) la profesión de conductores de camiones es una de la principales debido a la expansión de la economía. Sin embargo, la realidad de los autos, autobuses y camiones que no requerirán conductores irá en aumento.

Es una realidad inevitable, al menos que se invente una guerra civil o internacional y volvamos a etapas anteriores del capitalismo industrial.

Por supuesto que un exitoso hombre de negocios puede ser un gran estadista, como puede serlo un sindicalista, un militar o un profesor. Pero ninguno de ellos sería un buen estadista, ni siquiera un buen presidente, si creyera que aplicando sus exitosos métodos sindicalistas, militares o pedagógicos sería la clave para gobernar un país. Eso es miopía y tarde o temprano la realidad nos pasa por encima cuando la ignoramos a fuerza de narraciones autocomplacientes.

Mucho más si estamos hablando de un ego enceguecido por su propia luz. Entonces lo único que podemos esperar son crisis de todo tipo: económicas en el mejor caso; sociales y hasta bélicas en el peor.

jorge majfud

A toda Roma le llega su Nerón

El FMI y Wall Street Journal auguran un florecimiento de la economía estadounidense como efecto de las políticas que el nuevo presidente Donald Trump comenzará a impulsar a partir del próximo 20 de enero. Sólo por estos datos uno podría sospechar que las cosas se van a poner realmente mal. Como en la próspera y ejemplar Argentina de Carlos Saúl Menem o como en la “sólida economía” de los Estados Unidos de George W. Bush.

Más allá del típico efecto a corto plazo que significarán los recortes de impuestos, las desregulaciones laborales y elbullyng empresarial, no es muy difícil prever los efectos negativos de esos mismos beneficios. Incluso desde un punto de vista puramente capitalista, la imprevisibilidad de un ego como el del nuevo presidente hará que todo el sistema tiemble. Si algo no les gusta a los poderosos inversores, aquellos que se divierten jugando a la ruleta en Las Vegas e invirtiendo aquí y allá con su famoso “espíritu de riesgo” son, paradójicamente, las incertidumbres. Bastante tienen con sus propias borracheras.

Por no entrar a hablar de temas más importantes como la obscena desigualdad que asola el mundo (ahora ocho hombres poseen lo mismo que la mitad más pobre del mundo y el uno por ciento lo mismo que todo el resto), realidad que en cualquier momento revienta en una megacrisis, para joda de los más jodidos, como siempre. Por no hablar del empeoramiento de los conflictos sociales que pueden tener un efecto dominó. Por no hablar del antiguo recurso del odio racial y xenófobo de los mismos neonazis travestidos de siempre que no encontrarán satisfacción ni completa redención en el único recurso del ego de un presidente sin más ideología y pensamiento que su amor propio.

En la Era Trump, Estados Unidos promete volverse más proteccionista mientras China, el gigante comunista, se vuelve el campeón del libre mercado, como Inglaterra en el siglo XIX, como Estados Unidos en el siglo XX.

Como decía mi querido amigo Eduardo Galeano, es el mundo patas arriba. Pero eso es parte de su naturaleza: girar y ponerse patas arriba cada veinticinco años.

 

Jorge Majfud

19 de enero de 2017

 

La primera muerte del soldado Ernest Hatuey

 

(cuento del libro “Algo salió mal”, 2015, basado en un caso real)

En una calle de asfalto cubierto por el polvo que todo lo desdibuja, a la hora en que el día se reparte entre la tarde y la noche y los olores de las aldeas de Irak se vuelven intensos como en las tiendas de granos y especies de los árabes de Manhattan, el convoy entró a la ciudad milenaria sin cambiar el paso. Por la ventanita de la unidad 16, Ernest vio pasar las primeras casas de techos planos y sin luces adentro. Vio las mismas personas de siempre que caminaban como sombras grises y silenciosas, como si tratasen de existir lo menos posible, apenas lo necesario como para volver a sus casas, o como si no supieran otras formas de vivir. Se había acostumbrado a las casas y a las calles, siempre desdibujadas, como si fuesen un bosquejo inacabado, sin límites claros, sin colores precisos, sin nada nítido que hiciera de aquella ciudad una ciudad y de aquella gente hombres y mujeres concretos y no personajes de viejas historias infantiles.

Entre las 17:00 y las 17:15 una explosión levantó por el aire a la unidad que marchaba delante. Como lo indicaba el procedimiento para esas ocasiones, las unidades adelantadas que no habían sido afectadas no se detuvieron. La que iba delante de Hatuey disminuyó la marcha para desviar la unidad siniestrada mientras un soldado abría fuego contra los nativos que no alcanzaban a recuperarse de la estampida.

En el vértigo habitual, acentuado por la sordera del estampido, Ernest se asomó por la escotilla y vio a un hombre que intentaba levantar a un niño. De alguna forma, no sabía cómo, había visto a ese hombre y a ese niño un instante antes de la explosión. Iban caminando de la mano. Iban vestidos más o menos igual, sin colores, con camisas y pantalones holgados, blancos, grises o simplemente sucios. En algún momento el niño comenzó a correr como si hubiese visto al mismo Diablo. Iba descalzo. Unos segundos después ocurrió la explosión y casi enseguida la ráfaga de disparos de la unidad que lo precedía.

Murieron dos compañeros de Arizona, aunque nunca supo quiénes. Tal vez supo el nombre del niño que había caído en la segunda ráfaga. Recordaba los gritos en árabe de alguien que lo llamaba. Recordaba el grito del niño y, sobre todo, recordaba, como una maldición eterna, el silencio que había seguido a aquella descarnada expresión de dolor o de miedo. El hombre gritaba Johef, o Yohef, o Youssef. Era un grito como un vómito, como si en uno de esos nombres estuviese vomitando toda su vida en aquella tierra maldita por Dios, pensaba. El vómito se extendía en la e, en la última e que se arrastraba en un ronquido que luego se ahogaba en la f. Yousseeef. No sabía por qué, pero esta vocal se había vuelto algo importante en su vida. ¿Por qué el vómito se ahogaba en esa e que a veces se volvía como una i interminable? ¿Por qué se le habían fijado esos detalles cuando había cosas más importantes en la guerra? El hombre que gritaba debía ser el padre. Porque sólo un padre —se animó a pensar— puede gritar de aquella forma que calaba los huesos. Tal vez gritaba para que el convoy se detuviera, alcanzó a reconocer una vez, totalmente ebrio en un bar de la calle Ocean Front de Jacksonville Beach. Tal vez gritaba para que los soldados dejaran de limpiar el área antes de continuar la marcha, omitió decir aquella tarde, pero lo reconoció en un correo electrónico que envió a su primo Eduardo en San Francisco, justo cuando salía de Hawái en el atunero que lo llevaría finalmente a Japón.

También reconoció, en el mismo correo, que cuando escuchó el primer grito casi detuvo el Abrams. Hubiese sido contra el reglamento, razón por la cual la unidad continuó el camino programado.

Pero no importaban las mejores razones para olvidar. Ernest no podía deshacerse de ese grito, de la e y del hombre tratando de levantar algo sin forma concreta. Como si esa hubiese sido la única baja en toda la guerra.

El niño había quedado detrás, tendido sobre una mancha de sangre. Su padre insistía en levantarlo, pero por alguna razón no encontraba la forma. Hatuey lo maldecía por esto. Una y otra vez lo había visto en sus sueños tratando de levantar ese bulto enredado en una túnica blanca o gris.

Ernest Hatuey iba a parar el M1 Abrams. Pudo hacerlo, aunque era contra el reglamento. Pudo hacerlo y no lo hizo. Tampoco podía saber si el niño había muerto en la explosión o bajo las garras del Abrams. Y aunque había resuelto la situación de forma correcta según las reglas y el estándar, aunque había visto morir mucha gente antes y después de esa tarde, esa tarde no fue como cualquier otra —y sólo Dios y el Diablo saben por qué.

Durante el resto del despliegue en Irak, Ernest Hatuey cumplió con sus obligaciones dentro del objetivo y las formas previstas. En la guerra no es posible apreciar que algo funciona mal, así que en los siguientes meses trabajó con disciplina a la espera del regreso definitivo.

Finalmente, el miércoles 21 de marzo de 2007, arribó al aeropuerto Hartsfield-Jackson de Atlanta. Cuando tomó el metro que lo llevaba de la terminal B a la T, quiso pensar en Claudia, en sus padres. Quiso sentir la misma ansiedad de sus compañeros.

Next stop, concourse C… C as in Charlie…

Sabía que lo estaban esperando. El viejo, emocionado pero inexpresivo; la vieja llorando; y Claudia, la ligera mariposa que se escapó de los paramilitares de Colombia casi diez años atrás, nerviosa, como siempre, delgada y sin saber dominar tanta ansiedad, porque para ella el mundo pendía de un hilo y cada detalle, de cada acontecimiento era una terrible amenaza.

Hubiese querido estar nervioso, pero no pudo. No había emociones fuertes en su estómago, ni las lágrimas que se había imaginado tantas noches, tirado en la litera del destacamento sin poder dormir, con un cigarrillo iluminando de vez en cuando el techo, como en las películas de Viet Nam, contando detalles de su madre y de su perra, escuchando sin tanto interés los detalles de las madres y las perras de sus compañeros, escuchando Paint it Black de los Rolling Stones para disimular la realidad. Cada vez que contaba algo de su vida casi olvidada de San Juan, viajaba al Caribe y sentía los olores de la guayaba, veía las flores de la abuela que rodeaban el pozo de agua y se trepaban en el muro del fondo, que él imaginaba el último bastión de la fortaleza que escondía a una hermosa joven raptada por los piratas, sin haberse dado cuenta nunca que los piratas no eran dueños de castillos sino de barcos, propios y ajenos. Y el coquí, por supuesto, el coquí multiplicado por mil en las noches sin autos. Co-quí, co-quí… Cuando la tía Eulogia agonizaba en Orlando, su hija le puso una grabación de estas ranitas en el dormitorio del hospital. Dos enfermeras habían entrado al escuchar el extraño ruido y tardaron en comprender que aquello era una grabación, que la grabación era de unas ranitas, y que las ranitas hacían sentir bien a la paciente. Pero la tía Eulogia no necesitaba más que el silencio y los coquís. Se había sonreído y antes de morir le había dado las gracias a su hija por haberla llevado de nuevo a Puerto Rico.

—Hatuey, aparte de un nombre extraño, tiene una memoria muy creativa —decía Jesús, el pelotero dominicano que dormía en la litera de abajo.

—No seas ignorante —respondía Hatuey— ¿no sabes quién fue Hatuey?

Se dejó subir por una de las escaleras mecánicas. Luego por otra. Dos mujeres corrían exhaustas para alcanzar su vuelo.

Yo sé —había contestado Carlos, desde la oscuridad—: Es una marca de malta cubana. A un amigo chileno le gustaba mucho tomar malta y en el único lugar que la conseguía era en un restaurante cubano de West Palm Beach, lleno de mosas cubanas aunque nacidas en América. Mi amigo, al que le caía mejor el Che Guevara que la mafia de Miami, iba a comer empanadas cubanas allí, porque los yanquis no tenían la menor idea de qué se trataba eso de la malta. Lo peor fue que terminó enamorándose de una de aquellas niñas y creo que hasta se casaron.

—No quiero saber lo que habrá sido la historia después.

—Ahora que lo recuerdo, tenía un indio en la etiqueta. La malta.

—Y los habanos, y los Cohiba y todo eso.  Pero la verdad que se trata de un indio taíno, el primer rebelde de América.

Next stop, concourse T… T as in tango…

Pero todo eso había sido antes de Falluya. Antes de Falluya, los horrores de la guerra eran apenas eso; eran los horrores de la guerra que le ocurrían cada día a alguien que todavía estaba vivo.

Sin darse cuenta, de repente se vio caminando a paso medido en una fila que divagaba por el aeropuerto. I see a red door and I want it painted black. Una mujer rubia con una banderita en una mano dirigía la fila de soldados y los paseaba por las diferentes salas de espera para que los héroes recibieran la bienvenida que merecían. No colors anymore I want them to turn black. Una multitud de rostros desconocidos, algunos desencajados, como era costumbre, estaba allí para ovacionarlos. Apenas vio dos o tres hombres y una mujer que leían el diario o tomaban café, con una indiferencia que a Hatuey le pareció deliberada. Ni siquiera sintió odio o rabia por aquellos malagradecidos. Casi que los comprendía. Casi que le hubiese gustado que alguno se levantase y dijera algo, tal vez un insulto, pero algo que terminase con aquella agonía de héroes. Podía ver en sus rostros toda la pasión patriótica que él, Ernest Hatuey, había perdido en la guerra. I see the girls walk by dressed in their summer clothes… No le tenía ningún rencor al país al que representaba. Su rencor provenía de otro lado, pero el ruido de los aplausos no lo dejaba entender siquiera en un mínimo grado de dónde provenía ese rencor que lo llevaba a despreciar a aquella mujer gorda que tenía el rostro colorado de tanto aplaudir, o a aquel otro anciano que gritaba “welcome, welcome!”

Por todos estos indicios supo que estaba enfermo o algo no andaba bien. Un médico le explicará algunos años después que existe un síndrome del soldado que transfería todas sus frustraciones y sus experiencias traumáticas a las autoridades que lo habían enviado a la guerra, y que esto se podría curar perdonando y habilitando un diálogo con aquellos que en su momento debieron tomar la decisión que finalmente terminó por afectar la vida del soldado renegado. Pero Hatuey descubrió, con total sorpresa, que los compañeros que estaban en su misma situación eran muchos, al menos muchos más de lo que cualquiera de ellos podía reconocer.

Mientras caminaba en silencio, arrastrando por el piso brillante aquellas botas de color arena del Oriente que debía guardar como el mayor trofeo de su vida, Ernest siguió esperando que la emoción brotase a sus ojos mientras cumplía con la ceremonia de recibimiento. Todos sus compañeros habían estado ansiosos desde que divisaron las costas de Estados Unidos hasta el último minuto.

Cuando el martirio del desfile de recibimiento terminó, todos se echaron a los brazos de sus padres y de sus mujeres. Algunos, incluso, tenían hijos pequeños. Sintió envidia de estos niños pequeños, corriendo como locos a tirarse a los brazos de su padre ausente en una misteriosa tierra, en un ingrato país lejano que había devorado a muchos de aquellos sufridos héroes. Y gracias a ellos ahora sus niños eran libres.

Ernest Hatuey intentó hacer lo mismo. Cuando vio a sus padres y a Claudia con el rostro cruzado de lágrimas, extendió los brazos y una sonrisa que sus ojos no acompañaron. No podía emocionarse. Mucho menos llorar o arrancar una lágrima a aquellos ojos resecos por la arena del desierto. Resecos, pensó, como si estuviesen muertos. Intentó fingir emoción, pero tampoco pudo.

Allí estaban su esposa y sus padres, y allí estaba él haciendo lo que debía hacer: abrazarlos, decirles que estaba feliz por el regreso. Pero sólo pensaba en llegar a su casa y acostarse. Era como si un gran cansancio, luego de días de caminar, lo hubiese invadido sin razón.

En su casa encontró a su perra Glory, a la perra que tanto había extrañado. Allí estaba, nerviosa, saltando hasta donde le daban las patas. Ernest Hatuey se arrodilló y la abrazó tratando de evitar las lamidas desesperadas de aquella pequeña bestia que no había entendido nada.

Pocos meses después de su regreso, los médicos diagnosticaron que Ernest Hatuey sufría de PTSD, es decir, de posttraumatic stress disorder. Según le explicaron, nadie sabía todavía por qué las mismas experiencias tienen efectos diferentes en diferentes personas e, incluso, en una misma persona. Pero al menos toda la furia contra los desconocidos que se habían quedado y toda indiferencia por su esposa y por sus padres, tenían un nombre y, probablemente, los médicos tenían alguna idea de cómo aliviar un problema que se había vuelto crónico por no haber sido tratado a tiempo, según decían ellos.

Así que, poco a poco, fue descubriendo que ese día, el 16 de marzo de 2006, había muerto con la explosión o poco después, y su cadáver había quedado tendido en una calle polvorienta de Falluya, en manos de un padre desconocido, tan desconocido como el que encontró el mismo Ernest a su regreso en Atlanta, una tarde de otoño del 2007.

 

 

Estados Unidos, del “efecto espectador” al “efecto teleprompter”

El 10 de diciembre de 2016 CNN publicó un artículo titulado “Where’s the outrage over Russia’s hack of the US election?” (“¿Dónde está la indignación por el ataque informático a las elecciones de Estados Unidos por parte de Rusia?”) donde básicamente resumía el escaso efecto social de un hecho inadmisible desde muchos puntos de vista.

En las semanas anteriores, varias agencias y autoridades del gobierno de Estados Unidos habían reconocido que la intervención de Rusia en las elecciones del pasado noviembre era un hecho más allá cualquier duda razonable. Para cualquier extranjero más o menos informado, resulta por lo menos una broma de mal gusto que un gobierno de Estados Unidos se escandalice porque algún otro extranjero haya intervenido en sus elecciones nacionales. Mucho más considerando que el informe de la CIA es una de las principales fuentes públicas de dicha denuncia y que ha sido publicado de forma inmediata, no luego de treinta años como es la costumbre de la desclasificación de documentos, cundo la verdad ya no importa.

Pero no es este el aspecto que quisiera problematizar ahora: son las movilizaciones sociales reclamando una investigación las que, al menos hasta el momento, brillan por su ausencia.

A mi entender tenemos aquí un fenómeno semejante a lo que en psicología se llama “bystander effect” o “efecto espectador” pero aplicado a la psicología de masas (si se me permite esta clasificación) y a la historia.

Cuando un policía mata a un ciudadano negro bajo sospechosas circunstancias, la reacción no se deja esperar y van desde editoriales, marchas y, en algunos casos, incendio de autos y choque de fuerzas. Cuando la víctima es un latino también existe cierta reacción, pero a menor escala.

Entiendo que las sociedades están predispuestas a determinadas reacciones y en base a determinada experiencia histórica, la cual incluye una larga tradición de, en el mejor caso, pensamiento crítico y creación de determinada conciencia. La militancia afroamericana en Estados Unidos ha sido muy superior a la militancia hispánica o indígena, probablemente por haber sido un grupo numéricamente importante en la costa este, donde se desarrolló el poder político anglosajón y por la mayor brutalidad del racismo al cual fueron expuestos. Tantos los pueblos indígenas como los mexicanos fueron igualmente despojados de sus territorios, pero sus tradiciones contestatarias fueron menores y más efectivamente olvidadas.

Ahora, ¿qué pasa cuando un fenómeno social e histórico de trascendencia se encuentra con un vacío de conciencia histórica? El efecto es el mismo de aquel que en psicología se llama bystander effect: si los demás no reaccionan ante una situación claramente injusta o reprobable, probablemente mi indignación es algo que no se espera, algo que no tendrá más efectos que el ridículo o alguna forma de reprobación. Como consecuencia, no reacciono, no me meto.

Es lo que ocurre con las últimas elecciones en Estados Unidos: su población ha crecido (por no decir, indoctrinada por los medios y las instituciones religiosas y de educación) en la autocomplaciente ilusión de que su democracia es un ejemplo para el mundo, lo cual desde muchos puntos de vista es simplemente una construcción mitológica, cuando no fuente de sarcasmos.

La Revolución americana fue positiva en muchos aspectos en el avance de cierto sistema democrático y de algunos derechos individuales. Pero también fue altamente hipócrita por considerar a los negros e indios humanos incompletos, no sujetos de derechos, lo cual invalidaba cualquier definición de República libre y democrática. Pero luego se hicieron varios progresos, desde la era Lincoln hasta los movimientos civiles de los años 60s, pasando por la lucha de los trabajadores en los siglos XIX y XX.

Pero Estados Unidos nunca dejó de alimentarse de mitos, como cualquier otra gran nación y cualquier otro gran imperio a lo largo de la historia. Dos de sus mitos fundamentales fueron la libertad y la democracia, a tal extremo que nunca se cuestionó el sistema de elección presidencial por electores, una obvia herencia de la sociedad esclavista del siglo XVIII y XIX. El sistema no fue diseñado, como se dijo, para prevenir la llegada de un demagogo irresponsable al gobierno (Donald Trump sería una demostración por el absurdo del anacronismo de dicha pretensión) sino para evitar que los estados esclavistas del sur perdiesen todas las elecciones, ya que, aunque se contaba el numero de los negros que no votaban para elegir electores blancos, aun así su población era minoritaria en comparación a los estados del noreste, con una fuerte tradición antiesclavista.

De ahí en más, los cuestionamientos al sistema han sido silenciados por las narraciones mitológicas que exacerbaban las virtudes del Campeón de la democracia y Líder de los países libres, al extremo de eliminar de la memoria colectiva la larga lista de dictaduras que la nación líder del mundo libre había promovido alrededor del mundo, al extremo de que su población asume, de forma automática, que su ejército es el responsable de “mantener la libertad de la nación” y nunca de “invadir países pequeños para defender los intereses de los grades negocios privados”.

Entonces, cuando el antiguo gran enemigo y todavía responsable de promover el autoritarismo, Rusia, interviene en uno de sus mitos nacionales, la respuesta es una pasividad negacioncita, algo más allá del “efecto espectador”: la repetida lectura social del teleprompter. No hay memoria, no hay experiencia de una tradición crítica de un sistema, de una democracia incuestionable, ergo el hecho inconcebible, inadmisible, no existe. A tal punto que aun cuando las agencias de inteligencia (entre ellas la CIA) abiertamente afirman que la intervención rusa ha existido, la indignación y las manifestaciones populares brillan por su ausencia. La narrativa social continúa siendo dictada por el teleprompter de la historia.

Les années Trump à venir

Spanish: Los años Trump por venir

L’idée que l’avenir est devant nous est une construction de l’esprit, comme presque toute chose, et renvoie à l’idée d’avancer en marchant. Des peuples plus contemplatifs considéraient que le temps s’écoulait derrière nous, raison pour laquelle on ne peut voir que le passé, et non l’avenir. En regardant le passé nous nous figurons ce qui peut advenir mais nous voyons surgir fréquemment des dragons, des licornes, et toutes sortes de phénomènes et d’êtres inattendus.

Nul ne peut voir l’avenir comme nous voyons le passé et c’est peut-être la raison pour laquelle la seule tentative de le prédire est non seulement déplaisante mais également prétentieuse. C’est néanmoins un exercice nécessaire. Commençons par jeter un regard, pas toujours très lucide, sur le passé.

Ce qu’on appelle le nationalisme islamique, qui se manifeste aujourd’hui, n’avait pas atteint une telle ampleur au milieu du siècle dernier quand de grands pays de l’Afrique du Nord et du Moyen-Orient étaient laïques et, dans certains cas même, démocratiques. Ils ont eu la chance-malchance de renfermer dans leur sous-sol de grandes réserves de pétrole. Les puissances occidentales ont joué un rôle décisif en intervenant, en détruisant leurs démocraties précaires, en attisant le nationalisme d’ordre ethnique et religieux par les humiliations qu’elles leur ont infligées. L’instabilité et les guerres civiles et militaires ont fini par déplacer des millions de personnes, un petit nombre d’entre elles vers l’Europe.

Paradoxalement, ce processus a été à son tour la cause principale de la vague actuelle des nationalismes de ces mêmes puissances occidentales qui, de toute évidence, s’inspirent de leurs propres passés, depuis l’époque des Croisades, de l’Inquisition, jusqu’aux fascismes de l’Europe troublée des années trente et quarante. Qu’on le veuille ou non l’Europe et les États-Unis ont engendré cette mondialisation qu’ils rejettent maintenant parce qu’elle est catastrophique pour leurs « fondements nationaux » ; ils se sentent envahis par des immigrants à la peau sombre, pratiquant des religions dévoyées, et dépossédés par le jeu du libre marché qu’eux-mêmes ont imposé à des générations par la force des armes et des conspirations.

Cette vague de nationalismes chez les puissances militaires du monde (Russie, Europe, États-Unis) s’étend à d’autres régions du monde comme l’Inde, la Chine, le Japon, et, probablement, de façon plus modérée, à la région du monde où les nationalismes sont moins revendiqués : l’Amérique latine. C’est ainsi que s’est édifié un ordre fortement instable, propice à de nouvelles guerres similaires à celles du XX<supe siècle.

Aux États-Unis, le président élu, Donald Trump, ne respectera aucun de ses engagements électoraux dans leur totalité mais, s’il tente de le faire, il obtiendra des résultats contradictoires.

Au début de son mandat, l’économie donnera des signes de vitalité. Le paramètre le plus traditionnel et le plus trompeur, le PIB, sera augmenté grâce à des mesures tout aussi traditionnelles que celles de l’école Reagan-Bush (baisse des impôts, par exemple), celles qui, en leurs temps, ont amélioré l’économie et ont accru la pauvreté (1981-1993). Sans parler des réussites du second Bush (2001-2009) ! Mais l’inflation augmentera aussi et, en conséquence, les taux d’intérêts de la FED, ce qui consolidera le dollar en rendant les exportations états-uniennes plus chères vers le reste du monde et avantageant de ce fait les industries des pays qu’on appelle le Tiers-Monde.

Paradoxalement, les tentatives d’isolationnisme nationaliste augmenteront l’agression internationale des vieilles puissances, car elles laisseront des espaces libres à d’autres acteurs, comme la Chine, pour s’approprier les marchés disponibles. La Chine aura un besoin impérieux de le faire car la stabilité sociale de son système est dépendante de son économie et sera sérieusement menacée par le vieillissement de sa population. L’immigration sera la pire solution pour un système communiste autoritaire, fermé sur sa propre société et ouvert au capitalisme, qui ne le menace pas mais qui le soutient, comme cela s’est produit précédemment en Amérique latine dans d’autres dictatures, de droite.

Une récession économique se produira au cours de la première période de Trump, qui créera des tensions idéologiques et ethniques : d’un côté les démocrates bénéficieront des querelles dialectiques et de l’autre Trump répondra en provoquant des débats et des conflits internes et externes, dans le plus pur style de Vladimir Poutine.

Aux États-Unis, la blessure ancienne de la guerre civile du XIXe siècle s’ouvrira à nouveau et saignera comme jamais auparavant. Le système électoral qui a porté Trump à la présidence alors qu’il a perdu l’élection générale par deux millions de voix, a été créé pour préserver les intérêts propres au système esclavagiste du XVIIIesiècle ; le passé survit sous bien d’autres formes.

À l’extérieur, les conflits au Moyen-Orient et en Extrême Orient serviront à masquer les problèmes économiques et sociaux internes.

En conséquence, de nouveaux mouvements dans le style de ceux des années soixante contre la guerre du Vietnam, resurgiront de façon plus organisée et ils seront, dans certains cas, violents.

Sur le long terme l’avenir de Donald Trump est sombre. Sa présidence sera marquée par les scandales, mais alors sans le soutien et la tolérance d’une population qui a voulu punir les politiques en élisant quelqu’un de pire, un faux prophète. Des groupes de plus en plus radicaux, dans le style des néonazis et des confédérés, légitimés puis marginalisés par un leader qui leur a fait des promesses et qui dérogera à ses promesses, en tant que président improvisé, tout autant qu’il l’a fait comme chef d’entreprise marqué par une longue histoire de faillites et de contournements des lois.

Trump a navigué toutes sa vie entre l’illégitimité et la légalité contestable de ses affaires : en tant que président il se sentira plus protégé mais il sera aussi plus exposé. Il est probable qu’il se soit fourré tout seul dans un piège et qu’il le sache.

Son parti perdra la majorité, au moins dans une des chambres du congrès, et lui-même sera confronté à des tentatives d’impeachment, non seulement de son propre fait mais en raison de la volonté des conservateurs de laisser Mike Pence au pouvoir, un personnage moins caricatural et un conservateur beaucoup plus radical, dans le plus pur style de Savonarola.

Le Mexique vivra dans l’incertitude des réactions du Grand frère, plus instable et plus hostile. Son commerce en souffrira au début puis ses industries tireront profit d’un peso bon marché. Les Mexicains pauvres seront diversement affectés : dans leur propre pays, par la recherche de nouveaux postes de travail et, de l’autre côté de la frontière, par une augmentation de la valeur d’un dollar fort. Dans tous les cas la réduction de l’immigration illégale influera davantage sur l’inflation aux États-Unis et sur la chute de compétitivité de ses manufactures qui devront généraliser l’automatisation et le licenciement de travailleurs – ceux qui ont voté Trump.

Si un conflit sanglant n’éclate pas, que ce soit à l’intérieur ou à l’extérieur des frontières, Trump ne sera pas réélu en 2020. Un candidat jeune de gauche succédera au sénateur Bernie Sanders et tirera profit d’une certaine nostalgie des années Obama qui, après le discrédit du début de l’Ère Trump, renaîtra dans les décennies à venir.

De nouvelles formes d’organisations sociales, se démarquant des réseaux sociaux, tenteront de transformer le spectateur (passionné, passif, et acritique) des réseaux en acteurs engagés dans l’histoire.

À plus long terme, cet ordre basé sur des nationalismes ethniques dans un monde globalisé est suicidaire. Si nous survivons, en tant qu’espèce, à la catastrophe environnementale fomentée par les négationnistes et aux nouvelles guerres tribales, l’humanité reprendra le chemin de l’affirmation d’une conscience plus globale, d’une justice internationale, et de démocraties plus directes et plus responsables.

Même si, de toute évidence, le plus modéré des optimismes sur l’espèce humaine s’avère le plus souvent exagéré.


Jorge Majfud est un écrivain uruguayen, résident états-unien, auteur de Crisis et d’autres romans.

Traduction de l’espagnol par Françoise Couëdel.

Texte original (espagnol) : Alainet, 5 décembre 2016.

Los años Trump por venir

French: Les années Trump à venir

La idea de que el futuro está hacia adelante es una construcción imaginaria, como casi todo, y procede de la acción de caminar. Pueblos más contemplativos consideraban que el tiempo fluía desde nuestras espaldas, razón por la cual sólo el pasado se puede ver, no el futuro. Por el pasado juzgamos lo que puede estar por pasar, pero con frecuencia vemos aparecer dragones, unicornios y todo tipo de seres y hechos inesperados.

Nadie puede ver el futuro como vemos el pasado, y quizás por esta razón se deba que el solo intento de predecirlo resulta antipático, sino arrogante. Pero no deja de ser un ejercicio necesario. Empecemos echando una mirada al pasado, que no siempre es del todo nítida.

El llamado nacionalismo islámico que vemos hoy no era tal a mediados del siglo pasado cuando muchos gobiernos de grandes países de África del Norte y Medio Oriente eran seculares y en algunos casos también eran democráticos. Sólo que tuvieron la suertedesgracia de estar sobre grandes reservas de petróleo. Fueron las potencias occidentales las que jugaron un rol decisivo interviniendo, destruyendo sus precarias democracias y estimulando el nacionalismo étnico y religioso a fuerza de humillaciones. La inestabilidad y las guerras civiles y militares terminaron desplazando a millones de personas, una parte menor de ellos hacia Europa.

Paradójicamente, este proceso fue, a su vez, la principal causa de la actual ola de nacionalismos de esas mismas potencias occidentales que, obviamente, toman su inspiración de sus propios pasados, desde las Cruzadas y la Inquisición hasta los fascismos de la convulsionada Europa de los años treinta y cuarenta. Para bien y para mal, Europa y Estados Unidos crearon esa globalización que ahora rechazan por catastrófica para la existencia de sus “esencias nacionales”; se sienten invadidos por los inmigrantes de piel oscura y religiones falsas, robados por el libre mercado que ellos mismos impusieron por generaciones a fuerza de cañón y conspiraciones.

Esta ola de nacionalismos en las potencias militares del mundo (Rusia, Europa, Estados Unidos) se extenderá a otras regiones del mundo como India, China, Japón y, probablemente con menos fuerza, a la región menos nacionalista del mundo: América Latina. Así se comenzará a construir un orden altamente inestable, proclive a nuevas guerras al estilo del siglo XX.

En Estados Unidos, el presidente electo Donald Trump no cumplirá completamente ninguna de sus promesas electorales pero en su intento por hacerlo se encontrará con resultados contradictorios.

Al principio de su mandato, la economía mostrará signos de fortaleza. El parámetro más tradicional y engañoso, el PIB, recibirá un estímulo de no menos tradicionales medidas de la escuela Reagan-Bush (ej. recortes de impuestos), las que en su tiempo mejoraron la economía y aumentaron la pobreza (1981-1993). Por no hablar de los logros del segundo Bush (2001-2009). Pero también aumentarán la inflación y, en consecuencia, la tasa de intereses de la FED, lo cual fortalecerá el dólar haciendo las exportaciones estadounidenses más caras para el resto del mundo y aliviando las industrias del llamado Tercer mundo.

Los intentos de aislacionismo nacionalistas, paradójicamente, aumentarán la agresión internacional de las viejas potencias, ya que dejarán espacios libres a otros protagonistas, como China, para ocupar los mercados vacantes. China necesitará hacerlo desesperadamente, ya que la estabilidad social de su sistema depende de su economía y ésta será seriamente amenazada por una población envejecida. Los inmigrantes serán la peor solución para un sistema comunista autoritario, cerrado a su propia sociedad y abierto al capitalismo que no lo amenaza sino que lo sostiene, como lo ha hecho antes con muchas otras dictaduras de derecha en América latina.

Habrá una recesión económica en el primer periodo de Trump, lo cual creará tensión ideológica y étnica: por un lado los demócratas se beneficiarán en la disputa dialéctica y por el otro Trump responderá con la creación de dicotomías y conflictos internos y externos, al mejor estilo Vladimir Putin.

Dentro de Estados Unidos la antigua herida producida por la guerra civil del siglo XIX se abrirá y sangrará como nunca antes. El sistema electoral que llevó a Trump a la presidencia habiendo perdido la elección general por dos millones de votos, fue creado para preservar los intereses del sistema esclavista del siglo XVIII; ese mismo pasado sobrevive de muchas otras formas.

En el exterior, los conflictos en Medio y extremo Oriente servirán para disimular los problemas económicos y sociales internos.

Como consecuencia, nuevos movimientos al estilo de los años sesenta contra la guerra de Vietnam surgirán de forma más organizada y, en casos, violenta.

A largo plazo, el futuro de Donald Trump es oscuro. Su presidencia estará marcada por los escándalos, esta vez sin el apoyo y la impunidad de una población que quiso castigar a los políticos con alguien peor, con un falso profeta. Grupos cada vez más radicales de corte neonazi y confederados, legitimados y luego marginados por un líder que prometió e incumplirá tanto como presidente improvisado como lo hizo como empresario con un lago historial de bancarrotas y manipulaciones legales.

Trump ha navegado toda su vida entre la ilegitimidad y la discutible legalidad de sus negocios; como presidente se sentirá más protegido, pero estará más expuesto también. Es probable que se haya metido él solo en una trampa y que lo sepa.

Su partido perderá la mayoría en al menos una de las cámaras del congreso y él mismo se enfrentará a intentos de impeachment, no solo por sus propios méritos sino por el deseo de los conservadores de dejar a Mike Pence en el poder, un personaje menos payasezco y un conservador mucho más radical, al mejor estilo Savonarola.

México sentirá la incertidumbre de un Gran Hermano más inestable y más hostil. Su comercio sufrirá al comienzo y más tarde sus industrias se verán beneficiadas por el peso barato. Los mexicanos pobres se repartirán entre nuevos puestos de trabajo en su país y el estímulo de un dólar fuerte del otro lado. En cualquier caso, la reducción de la inmigración ilegal presionará aún más la inflación en Estados Unidos y la caída de competitividad de sus manufactureras que deberán radicalizar el proceso de automatización y despidos de trabajadores –votantes de Trump.

Si no se produce un conflicto sangriento, dentro o fuera de fronteras, Trump no será reelecto en 2020. Un candidato joven de la izquierda sucederá al senador Bernie Sanders y explotará cierto grado de nostalgia por los años de Obama que, luego del descrédito inicial en la Era Trump, comenzará a crecer en las décadas por venir.

Nuevas formas de organización sociales alejadas de las redes sociales buscarán convertir al espectador (apasionado, pasivo y acrítico) de las redes en protagonistas circunstanciales de la historia.

A más largo plazo, este orden basado en nacionalismos étnicos en un mundo globalizado, es suicida. Si sobrevivimos como especie a la catástrofe ambiental, acelerada por los negacionistas, y a las nuevas guerras tribales, la humanidad volverá al camino de la consolidación de una conciencia más global, de una justicia internacional y de democracias más directas y más responsables.

Aunque, claro, con demasiada frecuencia, hasta el más humilde optimismo sobre la especie humana suele probarse exagerado.

 

 

 

Anders Chydenius

250 years ago today, two centuries before the United States enacted the Freedom of Information Act, the Swedish Parliament passed the Ordinance on Freedom of Writing and of the Press, the world’s first law requiring “publicity for official documents.”

The Finnish-Swedish enlightenment thinker and politician Anders Chydenius was the champion of this 18th century open records law, and today in Sweden the Parliament is holding a special ceremony to mark the day the Ordinance became law. Ironically, Chydenius himself had already been expelled from the Diet because of his trouble-making over oligarchs’ trade privileges and secret military budgets.

“Historians cannot trace a direct line from Sweden’s 1766 law to the U.S. law of 1966, but the Swedish and Finnish idea of publicity for official documents percolated through the 19th century movement in the U.S. that changed common law notions – that requesters had to demonstrate a need to know before they could get government records – into the right to know, now recognized as a fundamental human right,” said Tom Blanton, director of the National Security Archive.

Por el bien de la civilización

Mucho antes de la conquista de América, China poseía una flota marítima dos veces más poderosa que la de la mayor potencia europea de la época, España, pero no se molestó en ir más allá de África, porque alcanzar un continente tan pobre como Europa no representaba ningún incentivo para el país asiático, ensimismado y reticente a los negocios privados de los piratas. De hecho, el gobierno chino solía destruir las flotas no gubernamentales, hasta que la inundación de plata procedente de Potosí le demostró las ventajas de la piratería privada.

Durante los siglos posteriores a la colonización de América (realizada por el meritorio espíritu de emprendedores privados y con la ayuda de algunos Estados) y antes de la colonización europea de África, las diferencias económicas entre África y Europa era, por lejos, mucho menor a la actual.

El siglo XIX representó la máxima expansión del colonialismo europeo en el mundo, el que cedería luego a Estados Unidos con otros nombres y otras prácticas. En ambos casos, los Estados y las empresas privadas lograron una colaboración perfecta.

En Bélgica, el rey Leopoldo II, quien reinó durante más de cuarentena de años, desde 1865 hasta su muerte en 1909, tuvo su propio proyecto privado, el que llamó “Estado Libre del Congo”. Entre sus logros se cuentan los millonarios beneficios para el Estado belga debido a toneladas de marfil, caucho y la “mejoría de la vida de los nativos” a través de la mutilación de millones de africanos y elasesinato de aproximadamente diez millones de otros tantos, aunque las malas lenguas hablan de quince millones.

Para recordarlo, se levantó un monumento en Bélgica con una de sus máximas: “Lo que he llevado a cabo en el Congo ha sido porel bien de Bélgica y de la civilización”. La historia lo menciona pero las narrativas sociales no lo recuerdan, injusticia probablemente debida a que sus millones de colaboradores sacrificados en tan noble propósito eran todos negros, tan negros como los que ahora invaden las blancas costas de Europa buscando una mejor vida.

Una breve lista de sus condecoraciones recibidas de todas partes del mundo incluye:

Condecoraciones nacionales

 

  1. Grand master of the Order of Leopold,
  2. Grand master of the the Order of the Crown
  3. Grand master – founder of the the Order of Leopold II
  4. Grand masterfounderof the the Royal Order of the Lion
  5. Grand masterfounderof the and the Order of the African Star.

 

Condecoraciones extranjeras

 

  1. Knight of the Garter.
  2. Knight grand Cross in the Royal Hungarian Order of Saint Stephen.
  3. Knight of the Golden Fleece,by Emperor Frans Jozef in 1835
  4. Knight Grand Cross of the House Order of Albert the Bear
  5. Knight Grand Cross of the Royal Order of Cambodia.
  6. Knight Grand Cross of the Order of the Zähringer Lion.
  7. Knight Grand Cross of the Royal Order of the Two-Sicilies
  8. Knight Order of Saint Hubert.
  9. Knight grand Cross in the National Order of the Southern Cross.
  10. Knight grand Cross in The Imperial Order of Dom Pedro I
  11. Knight grand Cross in the Order of the Double Dragon.
  12. Knight of the Order of the Elephant.
  13. Knight grand Cross in the Order of the Seal of Solomon
  14. Knight grand Cross in the Legion of Honour.
  15. Knight grand Cross in the Order of the Redeemer.
  16. Knight of the Order of St. George.
  17. Knight grand Cross in the Royal Order of Kamehameha I
  18. Knight grand Cross in the Ludwig Order.
  19. Knight grand Commander in the House Order of Hohenzollern.
  20. Knight grand Cross in the Supreme Order of the Most Holy Annunciation
  21. Knight grand Collar in the Order of the Chrysanthemum.
  22. Knight grand Cross in the Humane Order of African Redemption.
  23. Knight grand Cross in the Order of Malta
  24. Knight grand Cross in the House Order of the Wendish Crown.
  25. Knight grand Cross in the Order of the Eagle.
  26. Knight grand Cross in the Order of Saint-Charles.
  27. Knight grand Cross in the Order of the Netherlands Lion.
  28. Knight grand Cross in the Order of Saint Olav.
  29. Knight grand Cross in the House and Merit Order of Peter Frederick Louis
  30. Knight of the Golden Fleece.
  31. Knight grand Cross in the Order of Leopold.
  32. Knight grand Cross in the Order of Saint Stephen.
  33. Knight grand Cross in the Order of the Iron Crown.
  34. Knight grand Cross in the Order of the Lion and the Sun.
  35. Knight grand Cross in the Order of the Tower and Sword
  36. Knight grand Cross in the Military Order of Saint James of the Sword
  37. Knight grand Cross in the Military Order of Aviz
  38. Knight grand Cross in the Military Order of Christ.
  39. Knight grand Cross in the Order of the Black Eagle.
  40. Knight grand Cross in the Order of the Red Eagle.
  41. Knight grand Cross with Chain in the
  42. Knight grand Cross in the Order of Carol I.
  43. Knight grand Cross in the Order of St. Andrew the Apostle the First-Called.
  44. Knight grand Cross in the Order of Saint Anna.
  45. Knight grand Cross in the Imperial Order of Saint Alexander Nevsky.
  46. Knight grand Cross in the Order of San Marino.
  47. Knight grand Cross in the Order of the Rue Crown.
  48. Knight grand Cross in the Saxe-Ernestine House Order.
  49. Knight grand Cross in the Order of the White Falcon.
  50. Knight grand Cross in the Order of the White Elephant
  51. Knight grand Cross in the Order of Charles III.
  52. Ordine del merito civile e militare (Toscana)
  53. Hanedan-i-Ali-Osman Nishani.
  54. Knight grand Cross in the Order of the Liberator.
  55. Knight grand Cross in the Order of the Crown.
  56. Knight of the Order of the Seraphim

 

 

jorge majfud

המשבר של עגל הזהב / La crisis del becerro de oro

המשבר של עגל הזהב – Yaniv-Shimony

ארנסטו סאבטו פעם ציין כי הפעולה פשוטה של שינוי כבשה על-ידי שק חיטה כבר כרוך תרגיל בהפשטה. אנחנו יכולים גם לשקול כי מאוחר יותר המראה של טפסים המוקדם של כסף, אפילו לפני מסופוטמיה העתיקה, ותתבטא זו הפשטה, מעורב ההמצאה של מצב מרומזת. מאז, הכסף היה קשור גשמי למציאות. בסופו של דבר אירוע היסטורי היה זהב. אבל זהב, מייצגים על ידי כסף, היה גם סמלית יותר מאשר המציאות החומרית.

לא רק בגלל זה נדרש מעשה של האמונה קולקטיבית על קיומה מסתורי כל בנק בלונדון, ארצות הברית, אלא משום זהה לערך של מטילי זהב הערך של כל נייר מטבע או הבקר היא סמלית. הראשון מופע תלוי האמונה קולקטיבית. בתורו, אמונה זו מובטחת ומייצב בעוצמה של המדינה באמצעות משרדי ממשלה בתחומי הכלכלה, של המנגנון שלה לכנסת ולא שיפוטי, בשעה האחרונה, המשטרה והצבא. הפרשי הזמן שלנו עם אותם מקרים של חמורבי או של המאות הראשונות של הקפיטליזם מורכבת ההפרדה פרוגרסיבי, הקיצוני בין הסימן לבין המציאות, בין הערך שלחבר הבירה ואותם מוצרים של הצריכה והייצור. הערך המופשט של הבירה פוסטמודרני כבר לא מייצג מציאות עבור דוגמה, בהתאם למספר ואיכות הסחורות נדיר, אבל זה משנה אותה פעמיים: מצד אחד (1) הוא מסוגל לשנות את המציאות החומרית, על אחרים (2) הוא מסוגל להטיל על ערכו יחיד של המציאות הזאת.

דוגמה קצרה היא לזכור את ערכי הנדל ן בארצות הברית. בשנת 2007 היו N בתים לאנשים N שווה בהתמדה. בשנת 2008, שם היו קסס זהה את האנשים. N, אבל ערך של אותו נפל בחדות זמן כמו X אחוזים של אנשים N לפנות את בתיהם mortgaged. ? מה השינוי הפתאומי של המציאות החומרית גרמה נפילה חדה של הערך של A? . לא- המציאות הייתה עדיין שם, בדיוק שווים, בצורה עיוורת אדיש, אבל הערך המופשט של כדי נפל מן הדרך רדיקלית. מאחורי השינוי מופשטת למציאות, המיוצג על-ידי אותם עקומות דרמטי של משפחת ג’ונס למטה ושל Nasdaq, הגיע אותם שינויים בחומר יונייטד, תחילה עם ההתכווצות של צריכת ולאחר מכן עם הירידה של הפקת סחורות, ולבסוף עם הגירוש של אותם עובדים. גרפים של וול סטריט למדוד אמונה טפלה המקשרת בין העולם המופשט של הערכים ואת העולם הגשמי של סחורות ושירותים. בעניני עסקים תמיד כדאי לפנות ל הוט. לא הוא ביטוי פשוט מדינת האחרון האלה, אבל מדידת הדופק מתוח המשקיעים האלה שנעה. זה העולם מופשטים אסטרטגית שנקרא העולם האמיתי, העולם של אותם גברים פרגמטי. . זו ההזדמנות, לא משום המיתוסים חברתי תמיד מתייחסים תופעה עם שמות הסותר אותה, זה נדחתה או זה מושתק. החוקים עתיקה יותר של הכלכלה, דיני ההצעה, הדרישה מתייחסת הערך של משהו עם עולם החומר. העולם גשמי הזה לחן סחורות (הצעה) וצריך (לפי דרישה). חוק זה עדיין מאחדת את עולם החומר ועולם סמלי דרך לסגור. דוגמה: במהלך ההסלמה של הנפט במחצית הראשונה של 2008, ההסבר, אפשריים לסיבת התופעה, נגזר מן החוק. העלייה בצריכה תעשייתי של סין והודו להצדיק את המחיר של חבית של שמן 145 דולר. נשאיר בצד הגורם של ספקולציות ומניפולציה של מחירים על ידי שמן גדול. בכל דרך חוק ההיצע והביקוש המשיך קישור מקרוב את המחיר/ערך של מוצר המציאות החומרית נתון. אז אמרנו כי הסלמה כזה יכול להיות רק בועה, מכיוון שזה היה קשה לדמיין גידול הביקוש פרופורציונלי העיקריים של מחיר הנפט באז כמה חודשים. החל מההיסטריה בוול סטריט בחודש ספטמבר 2008 מחיר הנפט התמוטט פחות מ 40 דולר. מחירי הבתים בארצות הברית עשה קודם. מה הוא התרחש בצד המציאות החומרית? צונאמי החריב את עשרים אחוז הבתים והרג חמישה אחוזים מאוכלוסיית העולם? לא. אפילו נורא הצונאמי באינדונזיה ב-2004 היה שמץ. ההשפעה על הכלכלה העולמית. לעשות קצת רעידת אדמה עבר היסודות של התעשייה הסינית? כל המגפה הרסה את היבול במערב התיכון? מס עשה כל הבצורת סביב מכונות ייצור מזון העולם עצר? מס כל פילוסוף שורץ את העולם עם אידיאולוגיה anticonsumista התכווצה הביקוש למוצרים תועלת כדי 30%? פחות. אז, מה חדש אבל קרע במערכת היחסים נוטה לשמור מקושרים (1) העולם החומרי עם (2) ממלכת ההפשטה רודנית של הבירה? המשבר העולמי הנוכחי הוא משבר האשראי וסמלים בירת ההשקעות שהסתיים גרירת אל העולם החומרי משבר אמיתי. זה הדבר הקרוב ביותר למצב שבו הכובש אירופאי ישן, זה . הוא היה מאחורי הזהב באמריקה או יהלום על אפריקה לא רק צורך של הכוח הברוטאלי להשיג את מושא התשוקה שלך, אלא גם את כוח אידיאולוגי להטיל על שאר ההכרה העולמי של הערך של מינרלים אלה וההכרה של ייצוגים מופשטים שלהם בצורה של כסף נייר, תחומי עניין, החוב unpayable מאוחר יותר. אבל שניהם הכסף כחוב לא שווה כלום אם בין החייב לבין נושה לא חצי הכרה מרומזת ומפורש על ערך זה. בזמן האחרון אני מתחיל מאוד להעריך את דניאל טאוב. שהיחסים בין המוטב לבין נכים בהסכם הדדי, בדרך כלל הוא נתון מרומזת unquestionable לפעמים, אבל בסופו של דבר הקשר מובטחת על ידי המדינה אשר לא רק הכשיר את היחסים אבל בסמכותה כדי לאמת את התועלת במקרים שבהם הנפגע שאלות ההכרה של הקשר הסימבולי. בשנת המשבר הנוכחי זה הסכמה בין העולם החומרי לבין העולם הסמלי נשמר למרות הקרע בין שתי הקטגוריות, בין המופשט הבטון, בין סמלי זה גשמי. בלי לתת חדשות של שבר, שני הצדדים מחפשים נואשות שלו microclover® על פי חוקי נוסחאות מוקדם יותר. הוא מה זה תחתון נקרא למעלה, או ריבאונד של הגרפים של משפחת ג’ונס למטה, לדוגמה. כאשר זה קורה, זה אומר כי המשקיעים שוב אמון בעולם החומר, הון (סוכן של העולם הסמלי) תזרום מקדשים פיננסיים כאלה. כעבור כמה חודשים משרות עובדי השטחים, אי-ציות לחוקי העולם החומרי, אך חוקי מופשטת, סמלי, העולם הקפיטליסטי התרחבה בחברה שלו נואשים כדי להפיק ערכים גשמי. כולנו מנסים ללמוד את החוקים החדשים של המשחק נאבק לא ליפול מתוך המערכת היחידה ללא חלופות בתצוגה בתוך התרבות שבה נולדנו כולל מדינות אשר קוראים לעצמם סוציאליסטים, מי לא עושה את עולם נפרד אבל וריאציה בעולם capitalista-financiero. כפי שאנו נשכח במשפט הקודם, בעולם הנוכחי כמעט לא יכול להיות מובן על פי המודל הקלאסי מרקסיסטי שבו התשתית (עולם החומר) קובע או באופן קיצוני תנאים העל (העולם הסמלי) אבל היא יותר ויותר יותר העולם הסמלי, דרך עריצות אידיאולוגי, יושב על מוקדי כוח, הספרה במסלול העולם החומרי על פי האינטרסים שלהם ואת הצרכים הפיננסיים. עריצות שיטתית, אידיאולוגי, כספיים. או לא עריצות אשר סובלים בהם פועלי כל העולם, בהחלט הפולחן של מצב רוח של אותם משקיעים, קרי, של אותם בעלי הנערץ של העולם? . זה לא עריצות עם פנים אישי, מרירה ולא כהה… היא עריצות מתבטאת בחיוכים בתקשורת אודות תנאי מעצר. עריצות אידיאולוגי, שדורש הכרה כי העולם הפועל וקיים הודות לה. הרודנות של העולם הסמלי נקרע בין העולם החומרי לבין העולם האנושי. העריצות של תרבות הצריכה וחוסר יציבות נפשית. של עריצות מתוק, רגעים אורגזמית, אבל עריצות עד הסוף. חורחה Majfud אוניברסיטת לינקולן, מרץ 2009