Los servicios secretos también apoyan el arte

En 1970 los servicios de inteligencia de EE.UU. (CIA y otros) tenían un presupuesto de 8 millones de dólares e invertían en propaganda (artículos, editoriales y cables plantados) en diarios, revistas, radios, TV y en la promoción de canciones y libros en casi todos los países de la región—incluso en Estados Unidos, a pesar de que no tenían jurisdicción (Operation Mockingbird).

Hoy su presupuesto de 60.000 millones. No vamos ser malos y pensar que dejaron de apoyar el arte y la cultura con un poquito más.

JM, octubre 2021

Mauricio Macri y la vieja cuña del poder en las universidades

El expresidente de Argentina Mauricio Macri anunció: “fui convocado por el Adam Smith Center for Economic Freedom de la UIF para ser parte de su programa de liderazgo académico”. Como aman la palabra “liderazgo” la ensartan también en eso de “académico”. También anunció que dará clases. En realidad, no lo han nombrado profesor (sería contra las reglas) sino que le han otorgado una beca “Senior leadership fellow” para compartir “su visión de liderazgo para implementar políticas de libre mercado en su país”. Al menos son objetivos y no dicen “por su éxito económico y social”. Según el sistema académico, este es un cargo temporal y por invitación, diferente al proceso de varios meses de competencia y selección entre cientos de candidatos especialistas en un área que requiere la selección de cada profesor. 

Sin duda, otra forma de jugar con el sistema. El sistema de comités, con puntajes y votaciones para la elección de profesores en este país es bastante transparente. Por lo menos más transparente que en casi cualquier otra área del mercado laboral. Pero los políticos y los voceros de El Uno (el 1%) suelen protestar porque los profesores en Estados Unidos tienden a ser progresistas (45 % vs. 9 % de conservadores). Ello se debe a razones naturales: los poderosos, los dueños del dinero no necesitan ideas; aquellos que aman el dinero y el poder tampoco se dedican al estudio o a la investigación. Estos son, por regla, asalariados, gente apasionada por la investigación y no por la acumulación patológica de capitales. Por la misma razón, no abundan muchos capitalistas entre los sindicatos de obreros. No, no todos queremos ser millonarios; lo que no queremos es que nos gobiernen los millonarios, los secuestradores de democracias en nombre de la democracia. 

Pero el poder no acepta áreas sin intervenir y, por eso, abundan las propuestas para “equilibrar” el profesorado entre “izquierda” y “derecha”, como si se tratase de una balanza para disimular que en realidad estamos hablando de políticas “de los de arriba” y políticas “de los de abajo”. No deja de ser una paradoja el hecho de representar la política como algo horizontal y equilibrado como una balanza cuando el poder político y económico se distribuye entre El Uno y el restante 99 por ciento. Lo único “equilibrado” consiste en que, por razones de “combo político” (Dios, el patriotismo y los capitales), las elecciones entre El Uno y un partido del 99 por ciento suelen terminar en un empate técnico. El Uno tiene casi tanto capital como el resto de la población, pero sabe cómo invertirlo.

Las universidades estadounidenses invitan a figuras conocidas, incluso reconocidos fracasos como Macri, por tres razones: 1. Por marketing. 2. Porque el invitado realmente tiene algo que decir o cuando se trata de una figura reconocida, como “caso de estudio”. La mayoría sabe que no va a aprender nada de estos personajes, pero les interesa ver en directo cómo un mono pela una banana. 3. Porque son una forma de “equilibrar” la tradicional tendencia del profesorado a pensar “diferente a nosotros”, es decir, diferente a los dueños del dinero y de los países a través del secuestro de las democracias liberales. 

¿Dónde está el quiebre democratico en las universidades estadounidenses que facilita esta tercera razón? Por un lado, las leyes académicas se escriben y se votan democráticamente por las asambleas de profesores, por lo cual incluso una universidad privada sin fines de lucro funciona como cooperativa: su objetivo no es la acumulación de capitales, como en cualquier empresa. Sin embargo (lo he mencionado en las asambleas), desde este nivel hacia arriba, hasta las universidades públicas dejan de ser democráticas, como lo son muchas universidades latinoamericanas y europeas donde los estudiantes, los profesores y los exalumnos tienen derecho a votar por sus autoridades. En Estados Unidos no. Funcionan como El Vaticano. Así como los cardenales eligen al Papa y el Papa elige a los cardenales, así funcionan las universidades estadounidenses en su nivel ejecutivo: los miembros del board of trustees (directorio) eligen al presidente y el mismo ejecutivo elige a los miembros del board of trustees

Cierto, estas universidades suelen destacarse por sus investigaciones, pero ello se debe al poder económico (producto del poder hegemónico) que hace posible que la mayoría de los inventores sean extranjeros. Pero si hablamos de democracia, no hay discusión. Sus cúpulas ejecutivas son tan antidemocráticas como cualquier gran empresa; y como cualquier gran empresa se representan como los “líderes del mundo libre”.

Es por eso que, cada tanto, algún miembro de algún directorio (muchos empresarios de peso y con una tendencia ideológica opuesta al profesorado y que a nadie se le ocurriría cuestionar) decide promover el “equilibrio ideológico” sin competencia académica, por lo cual no es raro que los invitados a dar discursos de graduación o apuntados a dedo, como Macri, sean de la misma ideología del poder. 

Por supuesto que estos repetidos llamados a “equilibrar las tendencias ideológicas entre los profesores” tampoco se aplican a las bolsas del mundo, ni a las iglesias, ni a los directorios de las grandes empresas como Amazon o Facebook. No, porque toda gran empresa es una perfecta dictadura y el modelo (cada vez tengo menos dudas) procede del sistema esclavista, supuestamente derrotado en 1865.

No es raro que la maquinaria mediática haya insistido sobre la sabiduría administrativa del hombre de negocios como presidente, reduciendo la complejidad humana de un país a la realidad unidimensional de una empresa exitosa. Aunque las empresas exitosas están siempre protegidas por los Estados, su retórica es anti-Estatal. Quieren eliminar el Estado que las limita pero acrecentarlo en las áreas que las sostienen, como las fuerzas de represión (la policía, los ejércitos) mientras maldicen y se benefician de los servicios que les ahorran ocuparse de sus empleados (escuelas, hospitales, pensiones) y de la infraestructura que usan y abusan (calles, autopistas, alumbrado público, Internet, aeropuertos) mientras reclaman que se les bajen los impuestos o evaden billones de dólares en sus cuentas offshore–algo sobre lo que el expresidente Macri sí puede dictar cátedra. 

Por una simple trampa lingüística, un pequeño “empresario” que lucha cada día por pagar unos pocos salarios se considera parte del mismo gremio de Jeff Bezos y Elon Musk, y los defiende más que a sus empleados. Mientras que su único poder político es un voto, una corporación empresarial tiene el poder de presionar legisladores, de comprar candidatos con sus mega donaciones y, como en Estados Unidos, de escribir las leyes que luego los senadores del pueblo van a votar. Y todos felices, aunque, por simple lógica matemática, el 99 por ciento de quienes sueñan con llegar a ser parte de El Uno nunca alcanzarán la utopía neofeudal, porque el sistema que defienden está hecho para el éxito del 0,01 por ciento, esos especialistas en secuestrar todo el progreso de la humanidad de los últimos siglos y presentarlo como mérito propio al tiempo que se embolsan las ganancias de ese progreso, casi todo creado por radicales demonizados y por inventores asalariados. 

De igual forma, estos “institutos académicos” inventaron el mito del “Milagro chileno” para Pinochet, apoyado por toneladas de dólares desde Washington (poco después de estrangular la economía de ese mismo país porque “los chilenos votaron irresponsablemente” por Allende, según Nixon y Kissinger). Aun así, no pudieron evitar crisis tras crisis, las que no dejaron un Chile mejor y ni siquiera un crecimiento del PIB mucho más elevado que el de otros países “fracasados”. Lo mismo las bombas de dólares para el rescate de los títeres aliados, como, por ejemplo, el de Carlos Andres Pérez ante el Caracazo de 1989, al mismo Macri en 2018, junto con el bloqueo mediático y económico de los “modelos fracasados”.

Ahora, como las universidades de Estados Unidos son islas progresistas en mares de conservadurismo, los dueños del dinero invitan como “profesores” a políticos fracasados o responsables de arruinar países como Juan Domingo Cavalo, José María Aznar o Mauricio Macri–todos precedidos por el título “liderazgo”.

JM, octubre 2021

La espina de Galeano en Uruguay

Pese al obvio ninguneo del gobierno uruguayo en el Cincuenta aniversario de Las venas abiertas de América Latina a una de las máximas figuras literarias del continente (disimulada con tributos –aunque merecidos– a José Enrique Rodó), otros países tienen la decencia de rescatar a Eduardo Galeano, un gigante imposible de disimular https://twitter.com/majfud/status/1447289562091429896

JM, octubre 2021.

Documentos desclasificados sobre paramilitares colombianos

Washington, DC, 4 de octubre de 2021. Reportes desclasificados del Departamento de Estado y de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) “reconocen la relación de larga data entre las fuerzas de seguridad del Estado [colombiano] y los paramilitares”. Estos informes serán utilizados como evidencia para el juicio contra un exlíder paramilitar colombiano iniciado la semana pasada en un tribunal federal de Estados Unidos en Miami.

 El juez federal Edwin Torres determinó que Carlos Mario Jiménez, el exlíder paramilitar conocido como “Macaco”, fueron responsables del asesinato del líder comunitario colombiano Eduardo Estrada en 2001. El caso fue llevado por el Centro por la Justicia y la Rendición de Cuentas (CJA) y la Comisión Colombiana de Juristas (CCJ) en representación de las víctimas en Colombia. Con más de once años de preparación, los demandantes presentaron la denuncia inicial el 15 de junio de 2010.

 El presidente colombiano Álvaro Uribe extraditó a Jiménez a Estados Unidos en 2008, donde fue condenado y cumplió 11 años de una condena de 33 años por tráfico de drogas. Su extradición y la posterior decisión de Estados Unidos de enfocarse únicamente en cargos de narcotráfico, impidieron que miles de víctimas del grupo paramilitar de Macaco, el Bloque Central Bolívar (BCB), pudiesen iniciar un juicio por asesinatos, masacres y otros actos de violencia. En 2019 Jiménez fue liberado y repatriado a Colombia, donde fue arrestado de inmediato por cargos de homicidio y conspiración.

 Al pronunciarse a favor de los demandantes, Torres citó “una gran cantidad de pruebas” de que el BCB “operaba en una relación simbiótica con actores estatales colombianos” en el Magdalena Medio de Colombia. La evidencia ayudó a establecer que los paramilitares estaban operando bajo la apariencia de la ley cuando cometieron asesinatos y otras atrocidades, una condición necesaria para presentar una demanda en virtud de la Ley de Protección a las Víctimas de la Tortura (TVPA) de EE. UU.

 El testimonio pericial presentado por los demandantes cita documentos desclasificados obtenidos por el Archivo de Seguridad Nacional y otras pruebas para mostrar cómo el BCB y otros miembros de las Autodefensas Unidas de Colombia (AUC) se beneficiaron de una relación de cooperación con las fuerzas de seguridad colombianas.

 Un informe desclasificado de la Agencia Central de Inteligencia (CIA) de marzo de 2001 citado por dos expertos clave es un ejemplo especialmente vívido de la colaboración del Estado colombiano con el BCB de Macaco pocos meses antes del asesinato de Estrada. La CIA dijo que el BCB y otro bloque de las AUC que “fueron forzados temporalmente a reubicarse” por el Ejército colombiano el mes anterior “fueron posteriormente liberados, junto con sus armas”. “El Ejército los trató ‘bien'”, según el informe.

El profesor de la Universidad de Toronto Luis Van Isschot citó una serie de pruebas desclasificadas de la colección del Archivo de Seguridad Nacional para ilustrar el patrón de cooperación de larga data entre los grupos paramilitares ilegales y los actores estatales colombianos, incluida nuestra publicación de 2007 sobre los vínculos del ejército colombiano con el grupo paramilitar conocido como Triple A finales de la década de 1970 y registros relacionados con la masacre de febrero de 2000 en El Salado.

 Otros documentos citados en el testimonio se refieren al general Rito Alejo Del Río, excomandante del Ejército que en 2012 fue condenado por el asesinato en 1997 del líder comunitario Marino López. Un cable de la embajada de marzo de 1998 decía que el ex comandante de la Brigada 17 había ordenado a sus tropas que trabajaran con grupos paramilitares en el Magdalena Medio “siempre que estuviera físicamente ausente del área” y que había desviado “un avión cargado de armas y municiones a los paramilitares en el Región del Magdalena Medio en 1985”. Otro cable encontró que el “armamento y equipamiento sistemático de los paramilitares” por parte de Del Río a mediados de la década de 1990 “fue fundamental para su éxito militar en ese momento”.

 Los registros adicionales muestran que los funcionarios estadounidenses tenían serias dudas sobre si el ejército colombiano tenía algún interés en combatir a los grupos paramilitares que consideraban aliados de facto contra los insurgentes de izquierda. Uno de ellos relata una reunión de 1999 en la que el Subcomandante del Ejército de Colombia dijo a los funcionarios estadounidenses que sus tropas “no tenían ningún interés en perseguir a los paramilitares”, caracterizándolos como “delincuentes comunes apolíticos” que “no amenazaron el orden constitucional mediante actividades subversivas”. Semanas después, el agregado militar de la Embajada confirmó que las “Fuerzas Armadas de Colombia no han perseguido activamente a los miembros de los grupos paramilitares porque los ven como aliados en la lucha contra la guerrilla, su enemigo común”. Un cable de enero de 1999 firmado por dos altos funcionarios del Departamento de Estado denunció el hecho de que “el paramilitarismo ha seguido creciendo” en Colombia “y que el gobierno ha hecho poco para enfrentarlos”.

Un cable de la embajada de diciembre de 2001 citado por la experta en Colombia Gimena Sánchez-Garzoli de la Oficina de Washington para América Latina (WOLA) describe una atmósfera de colaboración tácita entre los paramilitares y las fuerzas de seguridad en Barrancabermeja, durante mucho tiempo un semillero de violencia insurgente y paramilitar. La Embajada dijo que sus contactos con el gobierno colombiano fueron “cuidadosos de no aparecer como apologistas de los paramilitares”, pero sin embargo estaban “convencidos de que Barrancabermeja está mejor hoy que hace un año, cuando todavía estaba dominada por la guerrilla”. La policía y los militares colombianos afirmaron que “la mayor presencia de los paramilitares ha reducido el caos y la violencia en Barrancabermeja, pero que su éxito se debe en gran parte al hecho de que, a diferencia del ELN y las FARC, los paramilitares no atacan a las fuerzas de seguridad del Gobierno de Colombia que patrullan la ciudad. “

Otro cable citado entre los registros judiciales describe cómo Macaco continuó administrando su imperio paramilitar desde la prisión en 2007 y trabajó con Vicente Castaño y otros ex miembros de las AUC con la esperanza de revivir una “red nacional en la línea de las antiguas AUC”. El jefe de inteligencia de la Policía Nacional, el general Oscar Naranjo, dijo a los funcionarios de la embajada que Macaco y otros miembros del BCB “siguen siendo beligerantes y comprometidos con la retórica antisubversiva” y que Castaño “disfruta de una” colaboración significativa “de elementos de la policía y el ejército”.

 El juicio civil contra Macaco es un primer paso importante en la demorada búsqueda de justicia por las atrocidades cometidas por el BCB. Claret Vargas, abogado senior de CJA, calificó la decisión como “una victoria para la verdad”.

 “Después de más de una década de litigio y más de mil páginas de pruebas… un tribunal ha reconocido los hechos que rodearon el asesinato de Eduardo y responsabilizó al director del BCB”, dijo Vargas en un comunicado publicado en el sitio web de CJA.

  “El gobierno de Estados Unidos tuvo la oportunidad de procesar a Macaco por sus crímenes de derechos humanos cuando solicitaron su extradición de Colombia”, dijo Daniel McLaughlin de CJA. “Sin embargo, su decisión de centrarse únicamente en los cargos de narcotráfico significa que el fallo de hoy puede ser la única responsabilidad que Macaco ve por sus crímenes de derechos humanos”.

 El director de la CCJ, Gustavo Gallón, dijo que esperaba que el fallo “contribuya a nuestros esfuerzos de rendición de cuentas por los asesinatos del BCB y también envíe un mensaje contundente a las víctimas colombianas de abusos de derechos humanos para que no pierdan la esperanza”.

https://nsarchive.gwu.edu/

4 de octubre de 2021

JM

Extracto del libro La frontera salvaje (páginas 576/6) :

[…]

Por décadas, Washington continuó transfiriendo miles de millones de dólares al ejército colombiano para su lucha contra las FARC y el tráfico de drogas sin disminuir y mucho menos terminar con la violencia y las matanzas de pobres. Luego del comunicado de la Casa Blanca, en un lapso de apenas diez años, los paramilitares (solo por casualidad, algunos visten con uniformes de los Marines Corps) ejecutaron a más de 100.000 personas en Colombia, en su mayoría activistas, campesinos y pobres. Colombia, sede del mayor sistema de bases militares de Washington en América del Sur, no sólo se ha distinguido por sus carteles de las drogas y sus exportaciones a Estados Unidos sino que, sobre todo luego del fin de las guerras civiles en América central, ha sido la capital del crimen paramilitar en el continente. Nada de esto ha sido suficiente para cuestionar su sistema democrático, los crímenes sistemáticos y las injusticias sociales financiadas por los intereses de las corporaciones internacionales. Para este año, de los 321 asesinatos de líderes defensores de los derechos humanos en el mundo, 126 habrán ocurrido en Colombia. El segundo país más peligroso del mundo para los defensores de los Derechos Humanos habrá sido México, con 48 asesinados, el tercero Filipinas, con 39, el cuarto Guatemala con 26 y el quinto Brasil con 23. Todos, menos uno, son países latinoamericanos protegidos por Washington y con una larga historia de intervenciones de sus trasnacionales. Las cifras se mantendrán más o menos iguales por los años por venir. Como observará Dan Kovalik, en los llamados países de la “troika de la tiranía”, Venezuela registrará cinco asesinatos ese mismo año, ninguno a manos del gobierno, Nicaragua cero y Cuba cero.

Este fermento de violencia paramilitar en favor de las grandes compañías extranjeras y de los hacendados más poderosos, sedientos de nuevos recursos mineros y más tierras para la industria agropecuaria, hicieron popular al presidente Álvaro Uribe, quien también explotó el lema de “la ley y el orden” como pocos. Uribe es un poderoso hacendado vinculado al narcotráfico, según la misma embajada de Estados Unidos en los años 90 y según los informes del gobierno de George W. Bush en la década siguiente. En 2008, mientras miles de tumbas cerradas por los paramilitares eran abiertas por la investigación de Justicia y Paz, un primo del presidente, Mario Uribe Escobar y exsenador, fue acusado y condenado a cuatro años y medio por sus conexiones con el paramilitarismo. A pesar de las confesiones, los documentos, las fotografías y los abundantes videos que vinculan a los paramilitares con figuras reconocidas de la política colombiana, el gobierno nunca se cansará de negar cualquier vínculo comprometedor. Lo mismo la oposición venezolana, de paso por el país vecino.

Pero el poder es astuto como un zorro. No sólo sabe negociar sino también despistar al más desconfiado. Durante la presidencia de Álvaro Uribe se extraditaron a Estados Unidos varios de los miembros responsables del narcotráfico, de abusos sexuales sistemáticos contra mujeres y menores, y de masacres de miles de víctimas que cada tanto aparecen en fosas comunes. Los acusados sólo son extraditados por la primera razón, el narcotráfico. Para sorpresa o para confirmación de sospechas por parte de los activistas de derechos humanos, en Estados Unidos los criminales obtuvieron condenas que rondan los diez años y algunos recibieron como premio la residencia permanente en este país. Los investigadores independientes entienden que la razón radica en que muchos tenían conexiones con el presidente Álvaro Uribe y con Washington y convenía acusarlos por una parte de sus crímenes en lugar de remover el resto, logrando confesiones parciales a cambio de penas mucho más generosas que no se adecúan ni a terroristas ni a genocidas. Por si esta jugada no fuese suficiente para considerarla una genialidad, de esta forma los paramilitares extraditados no pudieron ser investigados por la justicia de Colombia, a la que el presidente Uribe acusa de izquierdista y de tener simpatías por las víctimas, como si la justicia estuviese para otra cosa. Antes del arresto y deportación de los cabecillas paramilitares, sus casas y oficinas fueron saqueadas por las fuerzas de seguridad, por lo cual la justicia colombiana nunca tuvo acceso a ninguna de sus computadoras o archivos personales. En Estados Unidos, a uno de los jefes paramilitares, Salvatore Mancuso, se le escapan algunos datos en medio de la investigación por narcotráfico. Los escuadrones de la muerta no sólo recibían dinero de Chiquita Bananas, sino de otras multinacionales estadounidenses como Dole y Del Monte.[1]


[1] Dole Company es el nuevo nombre de la Standard Fruit Company, una de las bananeras responsables de la manipulación política en procura de buenos negocios en América Central que solían resolverse con alguna invasión o “cambio de régimen” a principios del siglo XX. Chiquita Bananas es el nuevo nombre de la United Fruit Company, también responsable de golpes de Estado en países como Honduras y Guatemala, que llevaron a la destrucción de sus democracias, a la militarización de sus sociedades, a la radicalización del racismo local, y a la masacre de cientos de miles de gente sin importancia.

[…]

La mejor universidad (nota al margen)

Ninguna universidad me enseñó tanto como el hambre, el frío y la soledad durante tantos años, desde niño y por todos los continentes. Ojalá nuestros hijos y estudiantes puedan aprender sin tanto rigor. Ojalá, pero nos hemos resignado a la catástrofe global de ya no luchar por otros.

jm, set 2021

El otro Brasil, el poderoso País del pasado

El “quilombola” Luciano Simplício fue blanco del ataque de un comerciante bolsonarista nacido en la ciudad de Portlegre (RN). Alberan Freitas, dueño de un pequeño mercado, ató a un niño en situación de calle, lo golpeó y lo arrastró por la calle.

Tampoco es casualidad que Brasil haya sido el último país de las Américas que abolió la esclavitud (1888, 60 años después de las repúblicas) como no es casualidad que muchos esclavistas confederados, derrotados en EE.UU en 1865 (luego vencedores en la guerra ideologica, como propongo en el proximo libro a salir este año publicado por la Universidad de Valencia), emigraron hacia allí.

Ambos países se parecían mucho. Todavía se parecen mucho en algo.

¿Quiénes somos los (buenos, malditos) hispanos? 

Este artículo le fue solicitado directa e insistentemente al autor por un medio para celebrar el “Mes de la Herencia Hispana en Estados Unidos”, pero luego rechazado por “razones de adecuación”. El autor resumió las ideas de un encuentro virtual, el que tuvo lugar exactamente un año atrás y fue promocionado por el Instituto Cervantes de Estados Unidos el cual, pese al reclamo del autor, el video de la conversación con otros destacados escritores y académicos nunca se hizo público. Debido a discrepancias con el criterio de la publciación, los colegas de la academia organizaron una jornada de desagravio del autor.

El Mes de la Herencia Hispana fue creado por el presidente Ronald Reagan, como forma de expandir la misma idea del presidente Lyndon Johnson de una semana a un mes.

¿Quiénes somos los (buenos, malditos) hispanos? 

La primera vez que visité Estados Unidos en 1995 debí llenar un formulario antes de aterrizar. En la sección “raza” escribí “sin raza”. Fue la primera vez en mi vida que leía semejante clasificación. Una década después, luego de viajar y vivir en medio centenar de países, volví para sentarme en un salón de clase. Con el tiempo, comprendí que había que jugar el juego: cuantos más “hispanos” marcan “hispano” en lugar de “blanco”, más fuerza política les reconoce el gobierno. La lógica es antigua: los grupos subalternos aceptan ser confinados a una cajita con una etiqueta conferida por el grupo dominante. Por compartir un idioma, una historia y una “otredad”, queriendo y sin querer, a mis cuarenta años me fui convirtiendo (entre otras cosas) en “hispano”.

Como todo grupo social, somos una invención, una construcción simbólica y política. De hecho, las calificaciones hispano y latino son inventos del gobierno de Estados Unidos. Nada raro, considerando la obsesión racial que ha sufrido este país desde antes de su fundación. Como invento, somos una realidad y, como realidad, muchos quieren salir de la cajita, no por rebeldía sino por sumisión. Un “z” que necesita ser aceptado por el grupo A debe ser doscientos por ciento “a” para ser aceptado como un “casi-a”.

En una sociedad civilizada es lícito cambiar, pero nadie necesita olvidar quién fue y quién es para ser integrado o aceptado (dejo de lado el requisito neo esclavista de la asimilación). Es más: “ser aceptado” es otra necesidad inoculada. ¿Qué carajo me importa que los demás no me acepten como soy? Cuando alguien en un supermercado se molesta porque “un-otro” le habla en español a su hijo o a la cajera, dictando sus propias leyes sobre “el idioma que se debe hablar en este país” está violando las mismas leyes que dice defender, ya que todo aquello que no está prohibido por ley está permitido.

Como lo demuestra la historia, ningún progreso hacia los “iguales derechos” procedió de los grupos en el poder sino de la resistencia organizada de los de abajo. En este sentido, los “hispanos” de Estados Unidos tenemos una deuda histórica. Sí, tuvimos un César Chávez, pero hemos sido demasiado complacientes con una lista obscena de injusticias. No hemos tenido un Malcolm X que se atreviera a hablar de frente al poder de una forma radical, no edulcorada. Peor que eso: no pocas veces hemos traicionado la heroica lucha de otras minorías. Por dos razones: una, porque los inmigrantes privilegiados no han resistido la tentación de pasarse por blancos; otra, porque los latinoamericanos también hemos sido corrompidos por siglos de intervenciones y dictaduras promovidas por Washington y las corporaciones que ponían y sacaban títeres como presidentes o dictadores, que exigían leyes y privilegios para sus negocios, que destruyeron democracias dejando millones de masacrados y exiliados, primero bajo la vieja excusa racial de que éramos mestizos corruptos (porque no considerábamos a los negros como una raza inferior) o que no sabíamos gobernarnos porque éramos indios o negros. Luego de la Segunda Guerra Mundial apareció la maravillosa excusa de la lucha contra el comunismo para continuar haciendo lo mismo que se había hecho desde principios del siglo XIX. Los proesclavistas estadounidenses expandieron la esclavitud sobre los territorios indios y la reinstauraron sobre los territorios mexicanos, todo bajo el repetido discurso de “promover la libertad y la democracia”. Esa práctica nunca cambió, aunque se volvió más sofisticada, con las multimillonarias y secretas intervenciones de la CIA y de las ricas elites criollas en nuestro continente. 

También hemos traicionado a nuestros hermanos del sur, al negar esta realidad racista y clasista de la arrogancia imperial de Washington. Por ser una potencia hegemónica, con la capacidad de imprimir trillones de la divisa global y con cientos de bases militares por todo el mundo, Estados Unidos tiene la capacidad de hacer muy buenos negocios torciendo el brazo de aquellos pueblos “desalineados”. A países extremadamente pobres como Haití y Honduras nadie llama capitalistas, aunque sean más capitalistas que Estados Unidos. Así, la mayor expulsión de migrantes (negros, mestizos, pobres) procede de estos países capitalistas que no son bloqueados por Washington sino apoyados con millones de dólares y con la clásica narrativa moral y mediática.  

Ahora los inmigrantes, quienes dependen de su trabajo para sobrevivir, deben seguir la ley de la oferta y la demanda de una forma más dramática que los capitales. Pero los capitales son libres; los trabajadores no. Ni siquiera son libres de decir lo que piensan. Las mismas leyes de inmigración (cualquiera que haya ido a una embajada estadounidense por una visa lo sabe) detestan a los trabajadores.

Entonces, cuando un “z-Hispano” llega a un país con esta fuerza hegemónica, muchas veces huyendo de la violencia, la corrupción y el caos organizado por ese mismo país, se trasviste en un “a-Hispano”. Muchos alegan venir huyendo de países donde no tienen libertad de expresión, pero apenas escuchan una opinión diferente vomitan el viejo mito del grupo A: “si no estás de acuerdo, vete a otro país”. Como si la adulación al poder, como si la confirmación de los mitos nacionales fuese una obligación moral y constitucional. Como si los países tuvieran dueños, como si fuesen sectas, ejércitos, equipos de fútbol, partidos políticos. Como si la crítica y la búsqueda de la verdad fuesen antiestadounidenses…

En 2019 un fanático masacró 23 hispanos en un Walmart de Texas alegando que éstos estaban invadiendo su país. Una copia de la vieja inversión lingüística de Andrew Jackson quien, luego de robar y masacrar a los pueblos nativos, los acusó de agresión sin provocación; o la de James Polk, quien inventó una agresión de México “en suelo estadounidense” para tomar la mitad del territorio del vecino. El viejo recurso de “fuimos atacados primeros y debimos defendernos” (como en El Maine y tantos otros casos de falsa bandera) vive en el ADN de los fanáticos nativistas, algunos de ellos “a-hispanos”, monumentos a la ignorancia.

El profundo racismo de políticos y ultra religiosos simpatizantes del KKK, inspiradores de Hitler (según sus propias palabras) renació como un triunfo ideológico luego de que la Confederación fuera derrotada militarmente. No sin ironía, el actual México y todos los países del Caribe y de América Central no son estados de Estados Unidos porque los mismos invasores descubrieron que esos países estaban llenos de negros. Cuando Lincoln terminó con la larga dictadura estadounidense, los ex esclavistas impusieron las leyes Jim Crow por las cuales los cubanos de Florida (que en sus clubes, industrias y hospitales no discriminaban blancos de negros) debieron separarse a la fuerza y adoptar las costumbres de los exitosos anglosajones. Nuevo México y Arizona no se convirtieron en estados plenos con derecho a voto hasta 1912, cuando Washington pudo verificar que la mayoría hispana había retrocedido desde 1848 hasta convertirse en una minoría. Desde 1836, los hispanos que quedaron de este lado de la frontera se convirtieron en los “bandidos invasores” (romanizados por Hollywood en El Zorro) y los que llegaron debieron luchar en las cortes hasta principios del siglo XX para demostrar que eran blancos. Durante la Depresión de los 30s, medio millón de estadounidenses fueron deportados a México porque tenían caras y acentos mexicanos, por lo cual muchos continuaron luchando por blanquearse. 

Esa psicología del colonizado, del desesperado por ser aceptado a fuerza de travestismos, continúa viva, por lo cual el mayor servicio que cualquiera puede hacerle a este país no es ir a la playa con la bandera de las barras y las estrellas estampada en el short de baño, sino decirle la verdad. Sobre todo, aquellas verdades inconvenientes, aquellas que han sido sepultadas por la fuerza ciega de la barbarie en nombre de la civilización.

Hasta entonces, seguiremos siendo cómplices de mitos imperiales. De la misma forma que para no desentonar mantenemos esos inútiles plantíos de césped frente a nuestras casas (perfectamente geométricos y sin vida humana alrededor; expresión neurótica de control anglosajón), igual procedemos con los mitos. Este país nunca superará el trauma de su Guerra Civil ni hará grandes progresos sociales hasta que no deje de mentirse. Los hispanos podemos contribuir a un cambio valiente o sumarnos a la cobardía de la autocomplacencia y la adulación lacrimógena del poder.

jm, agosto 2021

Les Yankees nous appellent « Hispanics » : c’est quoi ça ?

JorgeMajfud, 14/9/2021
Traduit par Fausto Giudice, Tlaxcala

Le Mois du patrimoine hispanique est célébré chaque année aux USA du 15 septembre au 15 octobre. L’auteur, écrivain et enseignant uruguayen vivant à Jacksonville en Floride, dit tout le mal qu’il en pense.-FG

Cet article a été demandé directement et avec insistance à l’auteur par un média pour célébrer le “mois du patrimoine hispanique aux USA”, mais il a ensuite été rejeté pour des “raisons d’adéquation”. L’auteur y a résumé les idées d’une réunion virtuelle, qui a eu lieu il y a exactement un an, promue par l’Institut Cervantes espagnol aux USA. Malgré les réclamations de l’auteur, la vidéo de la conversation avec d’autres écrivains et universitaires éminents n’a jamais été rendue publique. En raison de désaccords avec les critères de la publication, des collègues universitaires ont organisé une journée de réparation pour l’auteur.

Le Mois du patrimoine hispanique a été créé par le président Ronald Reagan afin d’étendre l’idée du président Lyndon Johnson d’une semaine à un mois et a été commercialisé par les grands médias usaméricains.-JM

Fresque murale intitulée “Histoire et culture mexicano-américaine dans le Houston du 20e  siècle” par les artistes Jesse Sifuentes et Laura López Cano au Sam Houston Park, dévoilée en 2018 à Houston, au Texas.

La première fois que j’ai visité les USA en 1995, j’ai dû remplir un formulaire avant d’atterrir. Dans la section “race”, j’ai écrit “pas de race“. C’était la première fois de ma vie que je lisais un tel classement. Dix ans plus tard, après avoir voyagé et vécu dans une demi-centaine de pays, je suis revenu m’asseoir dans une salle de classe. J’ai fini par comprendre qu’il fallait jouer le jeu : plus les “hispaniques” marquent “hispanique” au lieu de “blanc”, plus le gouvernement leur reconnaît un poids politique. La logique est ancienne : les groupes subalternes acceptent d’être confinés dans une petite boîte avec une étiquette conférée par le groupe dominant. En partageant une langue, une histoire et une “altérité”, volontairement et involontairement, à la quarantaine, je suis devenu (entre autres) “hispanique”.

Comme tout groupe social, nous sommes une invention, une construction symbolique et politique.En fait, les étiquettes “hispanique” et “latino” sont des inventions du gouvernement usaméricain. Rien d’étrange, compte tenu de l’obsession raciale dont souffre ce pays depuis avant sa fondation. En tant qu’invention, nous sommes une réalité et, en tant que réalité, beaucoup veulent sortir de la petite boîte, non pas par rébellion mais par soumission. Un “z” qui a besoin d’être accepté par le groupe A doit être à deux cents pour cent “a” pour être accepté comme un “quasi-a”.

Dans une société civilisée, il est permis de changer, mais personne ne doit oublier qui il était et qui il est pour être intégré ou accepté (je laisse de côté l’exigence néo-esclavagiste d’assimilation). De plus, “être accepté” est un autre besoin inoculé. Qu’est-ce que j’en ai à foutre si les autres ne m’acceptent pas comme je suis ? Quand quelqu’un dans un supermarché s’énerve parce qu'”un autre” parle espagnol à son enfant ou à la caissière, en dictant ses propres lois sur “la langue à parler dans ce pays“, il viole les lois mêmes qu’il prétend défendre, puisque tout ce qui n’est pas interdit par la loi est autorisé.

Comme le montre l’histoire, aucun progrès vers l'”égalité des droits” n’est venu des groupes au pouvoir, mais de la résistance organisée de ceux qui sont au bas de l’échelle. En ce sens, les “Hispaniques” des USA ont une dette historique. Oui, nous avons eu un César Chávez, mais nous avons été trop complaisants avec une liste obscène d’injustices. Nous n’avons pas eu de Malcolm X qui a osé s’élever contre le pouvoir d’une manière radicale et non édulcorée. Pire que cela : il n’est pas rare que nous ayons trahi la lutte héroïque d’autres minorités. Pour deux raisons : d’une part, parce que les immigrants privilégiés n’ont pas résisté à la tentation de se faire passer pour des Blancs ; d’autre part, parce que nous, Latino-Américains, avons également été corrompus par des siècles d’interventions et de dictatures promues par Washington et les entreprises qui ont installé et éliminé des marionnettes comme présidents ou dictateurs, qui ont exigé des lois et des privilèges pour leurs entreprises, qui ont détruit les démocraties en laissant des millions de personnes✎ EditSignmassacrées et exilées✎ EditSign, d’abord sous la vieille excuse raciale que nous étions des métis corrompus (parce que nous ne considérions pas les Noirs comme une race inférieure) ou que nous ne savions pas nous gouverner parce que nous étions Indiens ou Noirs. Après la Seconde Guerre mondiale, la merveilleuse excuse de la lutte contre le communisme semblait permettre de continuer à faire ce qui avait été fait depuis le début du XIXe siècle. Les USAméricains pro-esclavagistes ont étendu l’esclavage aux territoires indiens et l’ont rétabli sur les territoires mexicains, le tout sous le discours répété de “promotion de la liberté et de la démocratie”. Cette pratique n’a jamais changé, même si elle est devenue plus sophistiquée, avec les interventions multimillionnaires et secrètes de la CIA et des riches élites créoles de notre continent.

Nous avons également trahi nos frères du Sud en niant cette réalité raciste et classiste de l’arrogance impériale de Washington. En tant que puissance hégémonique, avec la capacité d’imprimer des billions de dollars en monnaie mondiale et avec des centaines de bases militaires dans le monde, les USA ont la capacité de faire de très bonnes affaires en tordant le bras de ces peuples “mal alignés”. Des pays extrêmement pauvres comme Haïti et le Honduras, personne ne les qualifie de capitalistes, même s’ils sont plus capitalistes que les USA. Ainsi, la plus grande expulsion de migrants (noirs, métis, pauvres) vient de ces pays capitalistes qui ne sont pas bloqués par Washington mais soutenus par des millions de dollars et le récit moral et médiatique classique.

Or les migrants, qui dépendent de leur travail pour survivre, doivent suivre la loi de l’offre et de la demande de manière plus dramatique que le capital. Mais le capital est libre, les travailleurs ne le sont pas. Ils ne sont même pas libres de dire ce qu’ils pensent. Les lois mêmes sur l’immigration (toute personne qui s’est déjà rendue dans une ambassade usaméricaine pour obtenir un visa le sait) expriment une haine pour les travailleurs.

Ainsi, lorsqu’un “Hispanique z” arrive dans un pays doté de cette force hégémonique, fuyant souvent la violence, la corruption et le chaos organisés par ce même pays, il devient un “Hispanique a”. Beaucoup affirment avoir fui des pays où ils n’ont pas de liberté d’expression, mais dès qu’ils entendent une opinion différente, ils débitent le vieux mythe du groupe A : “si tu n’es pas d’accord, va dans un autre pays“. Comme si la flagornerie envers le pouvoir, comme sila confirmation des mythes nationaux était une obligation morale et constitutionnelle. Comme si les pays avaient des propriétaires, comme s’ils étaient des sectes, des armées, des équipes de football, des partis politiques. Comme si la critique et la recherche de la vérité n’étaient pas usaméricaines.

En 2019, un fanatique a massacré 23 Hispaniques dans un Walmart du Texas en affirmant qu’ils envahissaient son pays. Une copie de la vieille inversion linguistique d’Andrew Jackson qui, après avoir volé et massacré les peuples indigènes, les accusait d’agression non provoquée ; ou celle de James Polk, qui inventait l’agression mexicaine “sur le sol américain” pour prendre la moitié du territoire du voisin. Le vieux “nous avons été attaqués les premiers et avons dû nous défendre” (comme avec l’USSMaine etdans tant d’autrescas d’opérations sous faux drapeaux) vit dans l’ADN des zélateurs nativistes, dont certains sont des  “Hhispaniques a“, parangons d’ignorance.

Le racisme profond des politiciens et des sympathisants ultrareligieux du KKK, inspirateurs d’Hitler (selon ses propres termes), renaît sous la forme d’un triomphe idéologique après la défaite militaire de la Confédération. Non sans ironie, le Mexique d’aujourd’hui et tous les pays des Caraïbes et d’Amérique centrale ne sont pas des États des USA parce que les envahisseurs ont eux-mêmes découvert que ces pays étaient remplis de Noirs. Lorsque Lincoln a mis fin à la longue dictature USaméricaine, les anciens esclavagistes ont imposé des lois Jim Crow en vertu desquelles les Cubains de Floride (qui, dans leurs clubs, leurs industries et leurs hôpitaux, ne faisaient pas de discrimination entre les Blancs et les Noirs) ont dû faire sécession par la force et adopter les méthodes des Anglo-Saxons qui avaient réussi. Le Nouveau-Mexique et l’Arizona ne deviennent des États votants à part entière qu’en 1912, lorsque Washington peut vérifier que la majorité hispanique a régressé depuis 1848 pour devenir une minorité. À partir de 1836, les Hispaniques restants de ce côté de la frontière sont devenus les “bandits envahisseurs” (romantisés par Hollywood dans El Zorro) et ceux qui sont arrivés ont dû se battre devant les tribunaux jusqu’au début du XXe siècle pour prouver qu’ils étaient blancs. Pendant la dépression des années 30, un demi-million d’USAméricains ont été déportés au Mexique parce qu’ils avaient le visage et l’accent mexicains, si bien que beaucoup ont continué à lutter pour se blanchir.

Cette psychologie du colonisé, du désespéré qui cherche à se faire accepter en se travestissant, est toujours présente. C’est pourquoi le plus grand service que l’on puisse rendre à   ce pays n’est pas d’aller à la plage avec la bannière étoilée sur son maillot de bain, mais de lui dire la vérité. Surtout les vérités qui dérangent, celles qui ont été enterrées par la force aveugle de la barbarie au nom de la civilisation.

D’ici là, nous resterons complices des mythes impériaux. Nous procédons avec les mythes tout comme nous conservons ces pelouses inutiles devant nos maisons (parfaitement géométriques et sans vie humaine autour d’elles : une expression névrotique du contrôle anglo-saxon). Ce pays ne pourra jamais surmonter le traumatisme de sa guerre civile ni réaliser de grands progrès sociaux tant qu’il ne cessera pas de se mentir à lui-même. Les Hispaniques peuvent soit contribuer à un changement courageux, soit rejoindre la lâcheté de la complaisance et l’adulation larmoyante du pouvoir.

El lento suicidio de Occidente (2002)

Lo que hoy está en juego no es sólo proteger a Occidente contra los terroristas, de aquí y de allá, sino —y quizá sobre todo— es crucial protegerlo de sí mismo. Bastaría con reproducir cualquiera de sus monstruosos inventos para perder todo lo que se ha logrado hasta ahora en materia de respeto por los Derechos Humanos. Empezando por el respeto a la diversidad. Y es altamente probable que ello ocurra en diez años más, si no reaccionamos a tiempo”. (2002)

Occidente aparece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecución preventiva de inocentes. Virtudes como la tolerancia y la autocrítica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende ahora, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algún tipo de progreso, ético y material. La mayor esperanza y el mayor peligro para Occidente están en su propio corazón. Quienes no tenemos “Rabia” ni “Orgullo” por ninguna raza ni por ninguna cultura sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos pero tampoco tan malos.

Actualmente, algunas celebridades del pasado siglo XX, demostrando una irreversible decadencia senil, se han dedicado a divulgar la famosa ideología sobre el “choque de civilizaciones” —que ya era vulgar por sí sola— empezando sus razonamientos por las conclusiones, al mejor estilo de la teología clásica. Como lo es la afirmación, apriorística y decimonónica, de que “la cultura Occidental es superior a todas las demás”. Y que, como si fuese poco, es una obligación moral repetirlo.

Desde esa Superioridad Occidental, la famosísima periodista italiana Oriana Fallaci escribió, recientemente, brillanteces tales como: “Si en algunos países las mujeres son tan estúpidas que aceptan el chador e incluso el velo con rejilla a la altura de los ojos, peor para ellas. (…) Y si sus maridos son tan bobos como para no beber vino ni cerveza, ídem.” Caramba, esto sí que es rigor intelectual. “¡Qué asco! —siguió escribiendo, primero en el Corriere della Sera y después en su best seller “La rabia y el orgullo”, refiriéndose a los africanos que habían orinado en una plaza de Italia— ¡Tienen la meada larga estos hijos de Alá! Raza de hipócritas” “Aunque fuesen absolutamente inocentes, aunque entre ellos no haya ninguno que quiera destruir la Torre de Pisa o la Torre de Giotto, ninguno que quiera obligarme a llevar el chador, ninguno que quiera quemarme en la hoguera de una nueva Inquisición, su presencia me alarma. Me produce desazón”. Resumiendo: aunque esos negros fuesen absolutamente inocentes, su presencia le produce igual desazón. Para Fallaci, esto no es racismo, es “rabia fría, lúcida y racional”. Y, por si fuera poco, una observación genial para referirse a los inmigrantes en general: “Además, hay otra cosa que no entiendo. Si realmente son tan pobres, ¿quién les da el dinero para el viaje en los aviones o en los barcos que los traen a Italia? ¿No se los estará pagando, al menos en parte, Osama bin Laden?” …Pobre Galileo, pobre Camus, pobre Simone de Beauvoir, pobre Michel Foucault.

De paso, recordemos que, aunque esta señora escribe sin entender —lo dijo ella—, estas palabras pasaron a un libro que lleva vendidos medio millón de ejemplares, al que no le faltan razones ni lugares comunes, como el “yo soy atea, gracias a Dios”. Ni curiosidades históricas de este estilo: “¿cómo se come eso con la poligamia y con el principio de que las mujeres no deben hacerse fotografías. Porque también esto está en el Corán”, lo que significa que en el siglo VII los árabes estaban muy avanzados en óptica. Ni su repetida dosis de humor, como pueden ser estos argumentos de peso: “Y, además, admitámoslo: nuestras catedrales son más bellas que las mezquitas y las sinagogas, ¿sí o no? Son más bellas también que las iglesias protestantes” Como dice Atilio, tiene el Brillo de Brigitte Bardot. Faltaba que nos enredemos en la discusión sobre qué es más hermoso, si la torre de Pisa o el Taj-Mahal. Y de nuevo la tolerancia europea: “Te estoy diciendo que, precisamente porque está definida desde hace muchos siglos y es muy precisa, nuestra identidad cultural no puede soportar una oleada migratoria compuesta por personas que, de una u otra forma, quieren cambiar nuestro sistema de vida. Nuestros valores. Te estoy diciendo que entre nosotros no hay cabida para los muecines, para los minaretes, para los falsos abstemios, para su jodido medievo, para su jodido chador. Y si lo hubiese, no se lo daría” Para finalmente terminar con una advertencia a su editor: “Te advierto: no me pidas nada nunca más. Y mucho menos que participe en polémicas vanas. Lo que tenía que decir lo dije. Me lo han ordenado la rabia y el orgullo”. Lo cual ya nos había quedado claro desde el comienzo y, de paso, nos niega uno de los fundamentos de la democracia y de la tolerancia, desde la Gracia antigua: la polémica y el derecho a réplica —la competencia de argumentos en lugar de los insultos.

Pero como yo no poseo un nombre tan famoso como el de Fallaci —ganado con justicia, no tenemos por qué dudarlo—, no puedo conformarme con insultar. Como soy nativo de un país subdesarrollado y ni siquiera soy famoso como Maradona, no tengo más remedio que recurrir a la antigua costumbre de usar argumentos.

Veamos. Sólo la expresión “cultura occidental” es tan equívoca como puede serlo la de “cultura oriental” o la de “cultura islámica”, porque cada una de ellas está conformada por un conjunto diverso y muchas veces contradictorio de otras “culturas”. Basta con pensar que dentro de “cultura occidental” no sólo caben países tan distintos como Cuba y Estados Unidos, sino irreconciliables períodos históricos dentro de una misma región geográfica como puede serlo la pequeña Europa o la aún más pequeña Alemania, donde pisaron Goethe y Adolf Hitler, Bach y los skin heads. Por otra parte, no olvidemos que también Hitler y el Ku-Klux-Klan (en nombre de Cristo y de la Raza Blanca), que Stalin (en nombre de la Razón y del ateísmo), que Pinochet (en nombre de la Democracia y de la Libertad) y que Mussolini (en su nombre propio) fueron productos típicos, recientes y representativos de la autoproclamada “cultura occidental”. ¿Qué más occidental que la democracia y los campos de concentración? ¿Qué más occidental que la declaración de los Derechos Humanos y las dictaduras en España y en América Latina, sangrientas y degeneradas hasta los límites de la imaginación? ¿Qué más occidental que el cristianismo, que curó, salvó y asesinó gracias al Santo Oficio? ¿Qué más occidental que las modernas academias militares o los más antiguos monasterios donde se enseñaba, con refinado sadismo, por iniciativa del papa Inocencio IV y basándose en el Derecho Romano, el arte de la tortura? ¿O todo eso lo trajo Marco Polo desde Medio Oriente? ¿Qué más occidental que la bomba atómica y los millones de muertos y desaparecidos bajo los regímenes fascistas, comunistas e, incluso, “democráticos”? ¿Qué más occidental que las invasiones militares y la supresión de pueblos enteros bajo los llamados “bombardeos preventivos”?

Todo esto es la parte oscura de Occidente y nada nos garantiza que estemos a salvo de cualquiera de ellas, sólo porque no logramos entendernos con nuestros vecinos, los cuales han estado ahí desde hace más de 1400 años, con la única diferencia que ahora el mundo se ha globalizado (lo ha globalizado Occidente) y ellos poseen la principal fuente de energía que mueve la economía del mundo —al menos por el momento— además del mismo odio y el mismo rencor de Oriana Fallaci. No olvidemos que la Inquisición española, más estatal que las otras, se originó por un sentimiento hostil contra moros y judíos y no terminó con el Progreso y la Salvación de España sino con la quema de miles de seres humanos.

Sin embargo, Occidente también representa la Democracia, la Libertad, los Derechos Humanos y la lucha por los derechos de la mujer. Por lo menos el intento de lograrlos y lo más que la humanidad ha logrado hasta ahora. ¿Y cuál ha sido desde siempre la base de esos cuatro pilares, sino la tolerancia?

Fallaci quiere hacernos creer que “cultura occidental” es un producto único y puro, sin participación del otro. Pero si algo caracteriza a Occidente, precisamente, ha sido todo lo contrario: somos el resultado de incontables culturas, comenzando por la cultura hebrea (por no hablar de Amenofis IV) y siguiendo por casi todas las demás: por los caldeos, por los griegos, por los chinos, por los hindúes, por los africanos del sur, por los africanos del norte y por el resto de las culturas que hoy son uniformemente calificadas de “islámicas”. Hasta hace poco, no hubiese sido necesario recordar que, cuando en Europa —en toda Europa— la Iglesia cristiana, en nombre del Amor perseguía, torturaba y quemaba vivos a quienes discrepaban con las autoridades eclesiásticas o cometían el pecado de dedicarse a algún tipo de investigación (o simplemente porque eran mujeres solas, es decir, brujas), en el mundo islámico se difundían las artes y las ciencias, no sólo las propias sino también las chinas, las hindúes, las judías y las griegas. Y esto tampoco quiere decir que volaban las mariposas y sonaban los violines por doquier: entre Bagdad y Córdoba la distancia geográfica era, por entonces, casi astronómica.

Pero Oriana Fallaci no sólo niega la composición diversa y contradictoria de cualquiera de las culturas en pleito, sino que de hecho se niega a reconocer la parte oriental como una cultura más. “A mí me fastidia hablar incluso de dos culturas”, escribió. Y luego se despacha con una increíble muestra de ignorancia histórica: “Ponerlas sobre el mismo plano, como si fuesen dos realidades paralelas, de igual peso y de igual medida. Porque detrás de nuestra civilización están Homero, Sócrates, Platón, Aristóteles y Fidias, entre otros muchos. Está la antigua Grecia con su Partenón y su descubrimiento de la Democracia. Está la antigua Roma con su grandeza, sus leyes y su concepción de la Ley. Con su escultura, su literatura y su arquitectura. Sus palacios y sus anfiteatros, sus acueductos, sus puentes y sus calzadas”.

¿Será necesario recordarle a Fallaci que entre todo eso y nosotros está el antiguo Imperio Islámico, sin el cual todo se hubiese quemado —hablo de los libros y de las personas, no del Coliseo— por la gracia de siglos de terrorismo eclesiástico, bien europeo y bien occidental? Y de la grandeza de Roma y de su “concepción de la Ley” hablamos otro día, porque aquí sí que hay blanco y negro para recordar. También dejemos de lado la literatura y la arquitectura islámica, que no tienen nada que envidiarle a la Roma de Fallaci, como cualquier persona medianamente culta sabe.

A ver, ¿y por último?: “Y por último —escribió Fallaci— está la ciencia. Una ciencia que ha descubierto muchas enfermedades y las cura. Yo sigo viva, por ahora, gracias a nuestra ciencia, no a la de Mahoma. Una ciencia que ha cambiado la faz de este planeta con la electricidad, la radio, el teléfono, la televisión… Pues bien, hagamos ahora la pregunta fatal: y detrás de la otra cultura, ¿qué hay?”

Respuesta fatal: detrás de nuestra ciencia están los egipcios, los caldeos, los hindúes, los griegos, los chinos, los árabes, los judíos y los africanos. ¿O Fallaci cree que todo surgió por generación espontánea en los últimos cincuenta años? Habría que recordarle a esta señora que Pitágoras tomó su filosofía de Egipto y de Caldea (Irak) —incluida su famosa fórmula matemática, que no sólo usamos en arquitectura sino también en la demostración de la Teoría Especial de la Relatividad de Einstein—, igual que hizo otro sabio y matemático llamado Tales de Mileto. Ambos viajaron por Medio Oriente con la mente más abierta que Fallaci cuando lo hizo. El método hipotético-deductivo —base de la epistemología científica— se originó entre los sacerdotes egipcios (empezar con Klimovsky, por favor); el cero y la extracción de raíces cuadradas, así como innumerables descubrimientos matemáticos y astronómicos, que hoy enseñamos en los liceos, nacen en India y en Irak; el alfabeto lo inventaron los fenicios (antiguos linbaneses) y probablemente la primera forma de globalización que conoció el mundo. El cero no fue un invento de los árabes, sino de los hindúes, pero fueron aquellos que lo traficaron a Occidente. Por si fuera poco, el avanzado Imperio Romano no sólo desconocía el cero —sin el cual no sería posible imaginar las matemáticas modernas y los viajes espaciales— sino que poseía un sistema de conteo y cálculo engorroso que perduró hasta fines de la Edad Media. Hasta comienzos del Renacimiento, todavía habían hombres de negocios que usaban el sistema romano, negándose a cambiarlo por los números árabes, por prejuicios raciales y religiosos, lo que provocaba todo tipo de errores de cálculo y litigios sociales. Por otra parte, mejor ni mencionemos que el nacimiento de la Era Moderna se originó en el contacto de la cultura europea —después de largos siglos de represión religiosa— con la cultura islámica primero y con la griega después. ¿O alguien pensó que la racionalidad escolástica fue consecuencia de las torturas que se practicaban en las santas mazmorras? A principios del siglo XII, el inglés Adelardo de Bath emprendió un extenso viaje de estudios por el sur de Europa, Siria y Palestina. Al regresar de su viaje, Adelardo introdujo en la subdesarrollada Inglaterra un paradigma que aún hoy es sostenido por famosos científicos como Stephen Hawking: Dios había creado la Naturaleza de forma que podía ser estudiada y explicada sin Su intervención (He aquí el otro pilar de las ciencias, negado históricamente por la Iglesia romana) Incluso, Adelardo reprochó a los pensadores de su época por haberse dejado encandilar por el prestigio de las autoridades —comenzando por el griego Aristóteles, está claro. Por ellos esgrimió la consigna “razón contra autoridad”, y se hizo llamar a sí mismo “modernus”. “Yo he aprendido de mis maestros árabes a tomar la razón como guía —escribió—, pero ustedes sólo se rigen por lo que dice la autoridad”. Un compatriota de Fallaci, Gerardo de Cremona, introdujo en Europa los escritos del astrónomo y matemático “iraquí”, Al-Jwarizmi, inventor del álgebra, de los algoritmos, del cálculo arábigo y decimal; tradujo a Ptolomeo del árabe —ya que hasta la teoría astronómica de un griego oficial como éste no se encontraba en la Europa cristiana—, decenas de tratados médicos, como los de Ibn Sina y iraní al-Razi, autor del primer tratado científico sobre la viruela y el sarampión, por lo que hoy hubiese sido objeto de algún tipo de persecución.

Podríamos seguir enumerando ejemplos como éstos, que la periodista italiana ignora, pero de ello ya nos ocupamos en un libro y ahora no es lo que más importa.

Lo que hoy está en juego no es sólo proteger a Occidente contra los terroristas, de aquí y de allá, sino —y quizá sobre todo— es crucial protegerlo de sí mismo. Bastaría con reproducir cualquiera de sus monstruosos inventos para perder todo lo que se ha logrado hasta ahora en materia de respeto por los Derechos Humanos. Empezando por el respeto a la diversidad. Y es altamente probable que ello ocurra en diez años más, si no reaccionamos a tiempo.

La semilla está ahí y sólo hace falta echarle un poco de agua. He escuchado decenas de veces la siguiente expresión: “lo único bueno que hizo Hitler fue matar a todos esos judíos”. Ni más ni menos. Y no lo he escuchado de boca de ningún musulmán —tal vez porque vivo en un país donde prácticamente no existen— ni siquiera de algún descendiente de árabes. Lo he escuchado de neutrales criollos o de descendientes de europeos. En todas estas ocasiones me bastó razonar lo siguiente, para enmudecer a mi ocasional interlocutor: “¿Cuál es su apellido? Gutiérrez, Pauletti, Wilson, Marceau… Entonces, señor, usted no es alemán y mucho menos de pura raza aria. Lo que quiere decir que mucho antes que Hitler hubiese terminado con los judíos hubiese comenzado por matar a sus abuelos y a todos los que tuviesen un perfil y un color de piel parecido al suyo”. Este mismo riesgo estamos corriendo ahora: si nos dedicamos a perseguir árabes o musulmanes no sólo estaremos demostrando que no hemos aprendido nada, sino que, además, pronto terminaremos por perseguir a sus semejantes: beduinos, africanos del norte, gitanos, españoles del sur, judíos de España, judíos latinoamericanos, americanos del centro, mexicanos del sur, mormones del norte, hawaianos, chinos, hindúes, and so on.

No hace mucho otro italiano, Umberto Eco, resumió así una sabia advertencia: “Somos una civilización plural porque permitimos que en nuestros países se erijan mezquitas, y no podemos renunciar a ellos sólo porque en Kabul metan en la cárcel a los propagandistas cristianos (…) Creemos que nuestra cultura es madura porque sabe tolerar la diversidad, y son bárbaros los miembros de nuestra cultura que no la toleran”.

Como decían Freud y Jung, aquello que nadie desearía cometer nunca es objeto de una prohibición; y como dijo Boudrilard, se establecen derechos cuando se los han perdido. Los terroristas islámicos han obtenido lo que querían, doblemente. Occidente parece, de pronto, desprovisto de sus mejores virtudes, construidas siglo sobre siglo, ocupado ahora en reproducir sus propios defectos y en copiar los defectos ajenos, como lo son el autoritarismo y la persecución preventiva de inocentes. Tanto tiempo imponiendo su cultura en otras regiones del planeta, para dejarse ahora imponer una moral que en sus mejores momentos no fue la suya. Virtudes como la tolerancia y la autocrítica nunca formaron parte de su debilidad, como se pretende, sino todo lo contrario: por ellos fue posible algún tipo de progreso, ético y material. La Democracia y la Ciencia nunca se desarrollaron a partir del culto narcisita a la cultura propia sino de la oposición crítica a partir de la misma. Y en esto, hasta hace poco tiempo, estuvieron ocupados no sólo los “intelectuales malditos” sino muchos grupos de acción y resistencia social, como lo fueron los burgueses en el siglo XVIII, los sindicatos en el siglo XX, el periodismo inquisidor hasta ayer, sustituido hoy por la propaganda, en estos miserables tiempos nuestros. Incluso la pronta destrucción de la privacidad es otro síntoma de esa colonización moral. Sólo que en lugar del control religioso seremos controlados por la Seguridad Militar. El Gran Hermano que todo lo escucha y todo lo ve terminará por imponernos máscaras semejantes a las que vemos en Oriente, con el único objetivo de no ser reconocidos cuando caminamos por la calle o cuando hacemos el amor.

La lucha no es —ni debe ser— entre orientales y occidentales; la lucha es entre la intolerancia y la imposición, entre la diversidad y la uniformización, entre el respeto por el otro y su desprecio o aniquilación. Escritos como “La rabia y el orgullo” de Oriana Fallaci no son una defensa a la cultura occidental sino un ataque artero, un panfleto insultante contra lo mejor de Occidente. La prueba está en que bastaría con cambiar allí la palabra Oriente por Occidente, y alguna que otra localización geográfica, para reconocer a un fanático talibán. Quienes no tenemos Rabia ni Orgullo por ninguna raza ni por ninguna cultura, sentimos nostalgia por los tiempos idos, que nunca fueron buenos pero tampoco tan malos.

Hace unos años estuve en Estados Unidos y allí vi un hermoso mural en el edificio de las Naciones Unidas de Nueva York, si mal no recuerdo, donde aparecían representados hombres y mujeres de distintas razas y religiones —creo que la composición estaba basada en una pirámide un poco arbitraria, pero esto ahora no viene al caso. Más abajo, con letras doradas, se leía un mandamiento que lo enseñó Confucio en China y lo repitieron durante milenios hombres y mujeres de todo Oriente, hasta llegar a constituirse en un principio occidental: “Do unto others as you would have them do unto you” En inglés suena musical, y hasta los que no saben ese idioma presienten que se refiere a cierta reciprocidad entre uno y los otros. No entiendo por qué habríamos de tachar este mandamiento de nuestras paredes, fundamento de cualquier democracia y de cualquier estado de derecho, fundamento de los mejores sueños de Occidente, sólo porque los otros lo han olvidado de repente. O la han cambiado por un antiguo principio bíblico que ya Cristo se encargó de abolir: “ojo por ojo y diente por diente”. Lo que en la actualidad se traduce en una inversión de la máxima confuciana, en algo así como: hazle a los otros todo lo que ellos te han hecho a ti —la conocida historia sin fin.

Jorge Majfud

Montevideo, 8 de enero de 2003

Bitacora (La Republica)

https://www.voltairenet.org/article125889.html

Por mar y por aire, no más

A veinte años del único 9/11 que importa

El ex primer ministro de Inglaterra lo acaba de hacer una vez más. En una conferencia conmemorativa del veinte aniversario de los atentados terroristas de 2001 en Nueva York, ha insistido que “necesitamos más botas [soldados] en el campo de batalla para combatir el terrorismo”. Claro que ese terrorismo no surgió de la nada sino de las históricas intervenciones de Inglaterra y de Estados Unidos y, más recientemente, de la financiación de los muyahidín (de donde surgirían Osama bin Laden y los fundadores de los Talibán) por parte de la CIA.

No volveremos sobre esos detalles, pero sería oportuno recordarle al famoso exministro algunas lecciones de la historia. La misma advertencia sirve para Blair y para todos los demás líderes que calificarían como criminales de guerra si no fuesen líderes de las principales potencias mundiales: Londres y Washington sólo han tenido alguna chance de éxito cuando descargaron toneladas de bombas sobre “islas de negros” (como se informaba a principios del siglo XX); sobre “aldeas amarillas” a mediados del siglo XX; sobre “nidos de comunistas” décadas después, y sobre “cuevas de terroristas” a principios del siglo XXI.

Cuando los ingleses pusieron sus botas en Argentina y Uruguay no les fue bien. Tuvieron más suerte con sus bancos (inventando guerras intestinas con sus fakes news) que con sus soldados. Cuando pusieron sus botas en tierra, no les fue nada bien. Tampoco les fue bien por tierra a sus primogénitos, los fanáticos protestantes de Washington, aunque siempre supieron venderse muy bien, porque si algo son es eso: buenos vendedores. Sus mayores “hazañas” fueron siempre, por lo menos desde mediados del siglo XIX, gracias a bombardeos a mucha, mucha distancia. Veracruz, por ejemplo, fue objeto de varias lluvias de bombas hasta 1914 y, aun así, las potencias mundiales nunca pudieron quebrar la resistencia del pueblo mexicano. En 1856 (desde el mar, naturalmente) el capitán Geogre Hollins barrió San Juan del Norte en Nicaragua con una lluvia de cañonazos porque las autoridades locales querían detener a un capitán estadounidense que había asesinado a un pescador. En 1898, más de 1300 bombas cayeron sobre la capital de Puerto Rico para liberarla (hasta hoy los boricuas no pueden elegir presidente de su país ni tienen senadores en Washington, como consecuencia de un siglo y medio de liberación). En 1927 la única posibilidad de revertir una pasmosa derrota en tierra a manos de los campesinos hambreados de Augusto Sandino en Nicaragua, quienes tenían a los marines y a la Guardia nacional arrinconados en el pueblo de Ocotal, fue con el primer bombardeo aéreo militar de la historia. Unos meses antes de las célebres bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, en sólo una noche murieron cien mil civiles no combatientes en las ciudades japonesas de Nagoya, Osaka, Yokohama y Kobe. En la noche del 10 de marzo de 1945, el general Curtis LeMay ordenó arrojar sobre Tokio 1500 toneladas de explosivos desde 300 bombarderos B-29. 500.000 bombas llovieron desde la 1:30 hasta las 3:00 de la madrugada. 100.000 hombres, mujeres y niños murieron en pocas horas y un millón de otras personas quedaron gravemente heridas. Esta historia será eclipsada (olvidada) debido a las mediáticas bombas atómicas que, tres meses después, caerían sobre Hiroshima y Nagasaki matando a otro cuarto de millón de inocentes no combatientes. Lo mismo más tarde en la empobrecida Corea del Norte, donde las bombas arrasaron el 80 por ciento de ese país. Los generales Douglas MacArthur y Cutis LeMain masacraron al 20 por ciento de la población sin que ninguna nación decente se escandalizara. Ente 1969 y 1973, cayeron sobre Camboya más bombas (500.000 toneladas) que las que cayeron sobre Alemania y Japón durante la Segunda Guerra. Lo mismo le ocurrió a Laos, a Irak, a Afganistán…

En 1961, luego de la traumática derrota del mayor complejo militar de la historia en una isla pobre, Cuba, uno de los organizadores, el agente de la CIA David Atlee Phillips, reconoció que todo se había debido a que Castro y el Che Guevara habían aprendido de la historia y Washington no.

Cada vez que Washington puso “botas en tierras”, fracasó. O tuvo un éxito parasitario, como en el desembarco en Cuba en 1898, cuando los “negros rebeldes” tenían su independencia casi ganada y había que evitar una nueva Haití tan cerca. O como en Normandía, conocido como Dia D, cuando los rusos ya habían puesto 27 millones de muertos sobre tierra antes que los occidentales secuestraran toda la gloria de haber derrotado al nazismo, esa cosa tan querida y popular entre los grandes empresarios estadounidenses.

Los pocos éxitos anglosajones han sido siempre por bombardeos desde lejos, desde el mar o por aire y sobre pequeñas islas llenos de negros, algunas minúsculas (como Granada en 1983) o sobre países pobres con un ejército hambreado. Los modernos bombardeos por aire no son otra cosa que una extensión de los anteriores bombardeos por mar, como lo prueban los “destructores”, los “portaviones” y la misma palabra “marines” para referirse hasta a los paracaidistas.

Tony Blair estuvo en Jacksonville, Florida, en 2014. Dio una conferencia sobre Irak, abundante en bromas y anécdotas divertidas sobre la guerra y la posguerra, por lo cual cobró una fortuna. Pero ni una palabra sobre lo que unos años atrás, con absoluta impunidad, el mismo expresidente George Bush había reconocido: las razones (“excusas”) para ir a la guerra habían sido “basadas en errores de inteligencia”. El tercer aliado, el presidente de España que quería sacar a su país “del rincón de la historia”, José María Aznar, había sido más honesto, reconociendo que no había sido lo suficientemente inteligente para darse cuenta de que se estaban equivocando como niños. Desde esa misma España, poco antes de la invasión, explicamos el absurdo de los argumentos y la catástrofe por venir en Irak y Afganistán y la futura crisis económica en EEUU, la que ocurrió en 2008. ¿Pero qué importa? Sólo murió poco más de un millón de inocentes. “Stalin mató más…” Y el Genghis Khan, y…

Esa noche, ante el rostro sonriente e iluminado del exótico primer ministro, levanté la mano para preguntar por el millón de muertos y las armas de destrucción masiva que nunca encontraron. Nunca me llegó el micrófono. Estaban todos tan emocionados de conocer al ex primer ministro de Inglaterra…

Con un fuerte sentimiento de frustración y de forzada indiferencia, salí de la sala y me fui al estacionamiento. En un pedazo de papel escribí, para el día siguiente: “Si le debes mil dólares a un banco, tienes un problema. Si le debes un millón, el banco tiene un problema”. Me recordó al escritor español Ángel Ganivet (1898): “Un ejército que lucha con armas de mucho alcance… aunque deja el campo sembrado de cadáveres, es un ejército glorioso; y si los cadáveres son de raza negra, entonces se dice que no hay tales cadáveres… un hombre vestido de paisano, que lucha y mata, nos parece un asesino”.

JM, setiembre 2021.

Ultimo libro: La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.

By sea and by air, and nothing more
20 years since the only 9/11 that matters

Translated by Andy Barton, Tlaxcala

Tony Blair, the former UK prime minister, has gone and done it again. In a conference commemorating the 20th anniversary of the terrorist attacks in New York in 2001, he insisted that “we need some ‘boots on the ground’” to fight against terrorism. Of course, this terrorism did not come out of nowhere; rather, it emerged from the historic interventions of the UK and USAmerica, and more recently, from the CIA’s funding of the Mujahadeen (which gave rise to Osama bin Laden and the founding members of the Taliban).

We will not go over those details now. However, this would be a good opportunity to remind the famous former prime minister of a few lessons from history. The same warning goes for Blair and all the other leaders who would qualify as war criminals were they not in charge of the world’s leading powers. London and Washington have only ever had a chance at success when unloading tonnes of bombs over “islands of Blacks” (as the beginning of the 20th century taught us); over “yellow villages” in the mid-20th century; over “communist hotbeds” decades after, and finally, over “caves of terrorists” at the beginning of the 21st century.

When the British put boots on the ground in Argentina and Uruguay, things did not go well. They had better luck with their banks (generating internal conflicts with their fake news) than with their soldiers. Whenever they put boots on the ground, it did not at all go well. Neither did it go well for their proverbial sons and daughters, the protestant fanatics in Washington, although the latter always knew how to market themselves well, which is one thing they most certainly are: good salespeople.USAmerica’s greatest “feats” were always, at least since the mid-19th century, thanks to bombing campaigns from far, far away. For example, Veracruz was the target of various bomb showers until 1914, and even then, the world’s powers never broke the resistance of the Mexican people. In 1856 (from the sea, of course), Captain George Hollins wiped out San Juan del Norte in Nicaragua with a torrent of canon fire because the local authorities sought the detention of a USAmerican captain who had assassinated a fisher. In 1898, more than 1,300 bombs fell on Puerto Rico’s capital to free it (to this day, Puerto Ricans cannot choose the president of their country, nor do they have senators in Washington, a consequence of a century and a half of liberation). In 1927, the only chance of reversing an astonishing defeat at the hands of the famished peasants standing alongisde Augusto Sandino in Nicaragua, who had the marines and the National Guard camped out in the town of Ocotal, was with the first aerial military bombing campaign in history. 

Months prior to the famous atomic bombs in Hiroshima and Nagasaki that massacred 250,000 innocent people, in a single night, 100,000 non-combatant civilians died in the Japanese cities of Nagoya, Osaka, Yokohama and Kobe. During the night of 10th March 1945, General Curtis LeMay ordered 1,500 tonnes of explosives to be thrown over Tokyo by 300 B-29 bombers. In total, 500,000 bombs rained down from 1:30 a.m. to 3:00 a.m., with 100,00 men, women and children dying in the space of a few hours, and a million others left critically injured. This story would be eclipsed (forgotten) due to the media spectacle of the atomic bombs that would fall on Hiroshima and Nagasaki three months later, killing another 250,000 innocent, non-combatant civilians. The same would occur at a later date in the impoverished North Korea, where bombs would obliterate 80% of the country. Generals Douglas MacArthur and Curtis LeMain massacred 20% of the population without provoking the outrage of a single decent nation. Between 1969 and 1973, more bombs fell on Cambodia (500,000 tonnes) than fell on Germany and Japan during WWII. The same happened to Laos, Iraq, Afghanistan…

In 1961, after the traumatic defeat of the biggest military complex in history by a poor island, Cuba, one of the organisers, the CIA agent David Atlee Phillips, accepted it was all due to the fact that Fidel Castro and Che Guevara had learned from history, while Washington had not.

Every time that Washington put ‘boots on the ground’, it either failed or achieved a parasitic success, such as in the Cuba landing in 1898, when the “rebellious Blacks” had just about won their independence, and USAmerica had to avoid a new Haiti in such close proximity. The same goes for Normandy, known as D-Day, when the Russians had already left 27 million bodies on the ground before the West stole the glory of having defeated Nazism, this cherished and immensely popular achievement among the wealthy USAmerican business class.

The few Anglo-Saxon successes have always resulted from long-distance bombing, either from the sea or from the air, and always on small islands full of Black people, some of them miniscule (such as Granada in 1983), or on countries with a famished army. The modern bombings are nothing more than an extension of the previous bombardments from the sea, as proved by the “destroyers”, the “aircraft carriers”, and even the word “marines” to refer to the parachuters themselves.

Tony Blair was in Jacksonville, Florida, in 2014. He gave a conference on Iraq, full of jokes and amusing anecdotes about the war and post-war, for which he charged a fortune. Not a word, however, about something that George W. Bush had conceded a few years back with absolute impunity: the reasons (“excuses”) for going to war had been “based on intelligence errors”. The third ally, former Spanish president José María Aznar, who wanted to lead his country out of the “corner of history”, had been more honest, conceding that he had not been intelligent enough to realise that they were making childish mistakes. From Spain, shortly before the invasion, we explained the absurdity of the arguments and the catastrophe that would follow in Iraq and Afghanistan, as well as the future economic crisis in USAmerica, which came in 2008. But what did that matter? Only a million or so innocent people died. “Stalin killed more…”. And Genghis Khan, and…

That night, before the smiling, illuminated face of the exotic-looking prime minister, I raised my hand to ask about the million dead bodies and the weapons of mass destruction that they never found. The microphone never reached me. Everyone was just so excited about meeting the former UK leader…

With a strong sense of frustration and forced indifference, I left the hall and went to the parking lot. On a piece of paper I wrote, for the following day: “If you owe a bank a thousand dollars, you have a problem. If you owe a million, the bank has a problem”. It reminded me of the Spanish writer Ángel Ganivet: “An army that fights with long-range weapons… even if it leaves the battlefield littered with dead bodies, is a glorious army; and if the bodies are Black, they say that there are no such dead bodies… a man dressed as a peasant, who fights and kills, we consider to be an assassin.

La pregunta del siglo

¿También vamos a culpar a los comunistas, a los socialistas, a los musulmanes, a los homosexuales, a los inmigrantes pobres, a los pobres que todavía están vivos y a todo tipo de “otros” por la catástrofe climática que, por primera vez en la historia, está poniendo en duda la existencia de la especie humana en este planeta?

¿O habrá que mirar un poquito más para arriba para ver que lo que chorrea no es prosperidad sino mierda?

JM, sept. 3. 2021

Tiempos oscuros (2002)

“El presidente informó sobre una nueva política exterior de Estados Unidos, diferente a la adoptada a partir del 11 de setiembre de 2001. Una que, dijo, estaría más guiada por la competencia con China y Rusia”.

Titular del New York Times, Presidente Joe Biden, Casa Blanca, sobre la retirada de Estados Unidos y la entrega de Afganistán a los Talibán. Setiembre 2021

Es por esta razón (la lucha de intereses) que en el siglo XXI la mayor tensión será provocada por Estados Unidos y China. Según las perspectivas de crecimiento chino, no sería difícil suponer que esta tensión se hará crítica en el año 2015. Los países islámicos aún poseen una de las más importantes fuentes de energía de la economía moderna y los «intereses» de pocos de ellos difieren de aquellos de Occidente: el imperio teológico. Pero China, la dormida e imperialista China, irá en busca de aquello que Noroccidente posee: el poder económico mundial“.

Tiempos oscuros (octubre de 2002)


Tiempos oscuros

(artículo publicado Bitácora, Diario La República de Montevideo, 23 de octubre de 2002)

Hace unos años, más precisamente seis, escribíamos respondiendo a la muy de moda teoría de Francis Fukuyama, que «podemos vivir algún tiempo en el Fin de la Historia, pero aún no podemos acabar completamente con ella. Por dos razones: es posible que aún quede algo por construir y, sobre todo, es seguro que aún queda mucho por destruir. Y basta con crear o destruir para hacer historia»1. Ahora, aún después de los trágicos acontecimientos que el mundo conoce, considero que pretender entender la tensión internacional bajo la única lupa del «choque de civilizaciones» (clash of civilizations) es una nueva simplificación, tan conveniente a intereses particulares como la anterior.

Empecemos por observar que pocas cosas hay más inapropiadas que el término «Aldea Global». De mi experiencia africana creo haber aprendido que una de las características de una «aldea» no es la riqueza ni las comunicaciones a distancia ni el egoísmo tribal, sino todo lo contrario. En una aldea de la sabana, cada mujer es la madre de cada integrante, y el dolor de uno es el dolor de todos. Sin embargo, en lo que paradójicamente se llama «aldea global», lo que predomina es la lucha de intereses: cada país y sobre todo cada minúsculo grupo financiero lucha a muerte por la imposición de sus intereses, los que casi siempre son económicos. Todo por lo cual sería más apropiado llamar a nuestro mundo (si todavía están interesados en usar metáforas indigenistas) «tribalismo planetario». «Aldea global» es sólo un triste oxímoron.

Como siempre, las diferencias más visibles son las culturales. Y en un mundo construido por la imagen y la propaganda un turbante, un kimono y un smoking tienen más fuerza simbólica que una idea transparente. Ya en otro espacio hemos defendido la diversidad de paradigmas culturales y existenciales. Sin embargo, la historia también nos dice que existieron, desde hace miles de años, culturas y concepciones religiosas y filosóficas tan distintas como se puedan concebir, conviviendo en un mismo imperio y en una misma ciudad, y no necesariamente sus integrantes se relacionaban intercambiando piedras y palos. Las piedras siempre aparecen cuando los intereses entran en conflicto. También el presente nos dice lo mismo: existen lugares geográficos donde la tensión del conflicto es extrema y otros, con la misma o con mayor diversidad cultural, donde la tolerancia predomina.

En el actual contexto mundial, lo único cierto es la existencia de intereses opuestos: las castas financieras contra las castas productivas, los ricos contra los pobres, los poderosos contra los débiles, los dueños del orden contra los rebeldes, los consumidores contra los productores, los honrados contra los honestos, and so on. Quiero decir que más importante aún que el novedoso «choque de civilizaciones» es el antiguo pero siempre oculto «choque de intereses».

Lamentablemente, esa tensión irá en aumento si no hay cambios geopolíticos importantes, porque el llamado «mundo globalizado» es, antes que nada, un «mundo cerrado», esto es, un planeta que se encoge, con áreas geográficas fijas y con recursos escasos y limitados. Ya no quedan continentes por descubrir ni provincias indígenas por usurpar en nombre de la Justicia, la Libertad y el Progreso. Después de la desarticulación de los países del Este y de su colonización cultural y económica tampoco quedan consumidores blancos. Sólo el entusiasmo de un Kenichi Ohmae pudo haber dicho: «people want Sony not soil» (entendiéndose «soil» también como «tradición» y «cultura»).

Como siempre, los métodos y las apariencias han cambiado: ya no existen «enfrentamientos» en el sentido tradicional: ahora se mata de sorpresa o a la distancia. Ya no existen «héroes» de batalla. Sin embargo, al mismo tiempo que el gran poder se ha ido concentrando en pocas manos, también ha surgido un poder atomizado, desparramado en manos de individuos anónimos y oscuros. Y también ellos disponen de un arma mortal: el conocimiento sin sabiduría.

¿Y cuál es la respuesta de nuestros sabios gobernantes? Bien, ya la conocemos. Pero no olvidemos que dividir el mundo entre Buenos y Malos sólo conduce a un violento diálogo de sordos, ya que todos se consideran a sí mismos buenos, y malos a los demás. El único camino hacia la paz y hacia la justicia sigue siendo el diálogo, la negociación y, sobre todo, una mayor cultura de la reflexión. Necesitamos más de eso que se está eliminando de nuestros programas de enseñanza porque es «improductivo»: pensamiento filosófico.

Es por esta razón (la lucha de intereses) que en el siglo XXI la mayor tensión será provocada por Estados Unidos y China. Según las perspectivas de crecimiento chino, no sería difícil suponer que esta tensión se hará crítica en el año 2015. Los países islámicos aún poseen una de las más importantes fuentes de energía de la economía moderna y los «intereses» de pocos de ellos difieren de aquellos de Occidente: el imperio teológico. Pero China la dormida e imperialista China irá en busca de aquello que Noroccidente posee: el poder económico mundial.

Sólo la destrucción de las Torres Gemelas es el símbolo más poderoso y trágico de la historia de Estados Unidos (no por el número de víctimas; el siglo XX conoció horrores mayores y debemos decir que todos eran seres humanos, aunque fuesen pobres y tuviesen la piel negra o amarilla). Pero la fuerza del símbolo impide ver otras realidades que también amenazan su primacía sobre la Tierra. Estados Unidos no perderá su posición predominante por los ataques terroristas; por el contrario, éstos han servido para consolidar su presencia militar en todo el mundo. Y no hay que dejarse engañar por las estadísticas. Cada vez que un gobernante de cualquier país, sea electo democráticamente o autoimpuesto por otro tipo de fuerza oscura, se ha embarcado en guerra con otro país, su popularidad ha crecido hasta niveles irracionales. Atacar a un país vecino o a otro más lejano es muy ventajoso para el orgullo y la ambición de un solo hombre que no alcanza a resolver los problemas propios de su país o de su lejana infancia (Si los «líderes» fuesen a las guerras que ellos mismos promueven, seguramente tendríamos un mundo en paz, por una razón doble). Es mucho más fácil ser líder en la guerra que en la paz, pero no es este tipo de liderazgo el que es propio de los gobernantes sabios. Claro, se podrá decir que el tiempo es el juez supremo. Pero no olvidemos que cuando la historia habla ya es tarde y, para entonces, los protagonistas se han convertido en piezas óseas de museos o en monumentos recordatorios.

Los años dorados de América no culminarán por las acciones de un hombre a caballo, escondido en una cueva inubicable, sino por el surgimiento de una nueva potencia. Los países árabes están lejos de alzarse con el imperio que alguna vez ostentaron. No sólo porque no están dadas las condiciones políticas y culturales que los aglutine, sino porque al Islam actual no le interesa tanto la conquista militar y económica como la conquista o imposición de una moral que no es tan rentable ni imperialista como lo fue la ética protestante de siglos anteriores.

En el año 1996 escribíamos2«Cuando los regímenes comunistas cayeron, no cayeron por sus carencias morales; cayeron por sus defectos económicos. Y eso es, precisamente, lo que se les reprocha como principal argumento. Al parecer, la justicia sólo llega con el fracaso económico. ¿Qué diremos de este anacrónico fin de siglo cuando fracase? ¿Debemos esperar hasta entonces para decir algo? (…) Sobre el próximo siglo se terminará de dibujar un terrible triángulo, en cuyos vértices se opondrán la concentración libre del Capital, los desplazados y la Pobreza, y la Democracia, la que será el objetivo y el instrumento de los otros dos vértices que se oponen». Ahora, a seis años de estas palabras, qué es necesario que ocurra para que los entusiastas ideólogos del Orden Mundial reconozcan que han fracasado, vergonzosa y criminalmente?

En los nuevos conflictos habrá, naturalmente, muertos. Y sin duda ellos serán, como siempre, los mismos inocentes sin rostros y sin nombres para la conciencia mundial: la muerte de cientos de miles de ellos no duele tanto como puede doler la desaparición de Lady Di.

En este nuevo siglo, no sin tragedia como suele ocurrir siempre, el mundo comprenderá que la solidaridad no sólo es justa sino que también es conveniente. Lo que para una especie particularmente egoísta como la nuestra significa «suficiente». Será recién entonces cuando las obscenas diferencias y privilegios que hoy gobiernan el mundo comiencen a disminuir.

Jorge Majfud, Montevideo.

Bitácora, Diario La Rep[ublica, 23 de octubre de 2002

http://www.cervantesvirtual.com/obra-visor/el-tiempo-que-me-toc-vivir—ensayos-0/html/001d0518-82b2-11df-acc7-002185ce6064_3.html

Freedom Fighters: Contras y Talibanes

RT

2 de febrero de 1983: los muyahidín (por entonces llamados “freedom fighters” o “luchadores por la libertad”) son recibidos en la misma Casa Blanca por el presidente Ronald Reagan.

Luego de la derrota en Vietnam, el ex secretario de Estado Henry Kissinger y la ex socialista y futura halcón de la derecha del gobierno de Reagan, Jeane Kirkpatrick, manifestaron que, para recuperar el prestigio perdido, Estados Unidos debía inventar alguna guerra que pudiesen ganar. Según Kirkpatrick, Nicaragua era una buena candidata, pero mejor aún era Granada, una isla en el Caribe de apenas cien mil habitantes, cuyo presidente había cometido la osadía de declarar que su país era independiente y soberano y, por lo tanto, podía tener comercio con quien se le antojase. La gloriosa invasión y la liberación de los estudiantes estadounidenses que no querían ser liberados de una tiranía inexistente, tuvo lugar en 1983 y hasta los burócratas que nunca abandonaron sus escritorios en Washington recibieron medallas al valor en la guerra.

La estrategia procede de los primeros años del siglo XIX, cuando Washington quiso anexar Canadá y terminó con la casa de gobierno en llamas (a partir de ahí pintada de blanco, para esconder la infamia del humo), por lo que decidió expandirse hacia el oeste y hacia el sur, tierra de razas inferiores y desarmadas. A finales del mismo siglo, luego de predecir “una explosión” en Cuba y un año antes de inventar el mito del hundimiento del USS Maine, en 1897, apenas nombrado secretario adjunto de la marina por el presidente McKinley, el futuro presidente Theodore Roosevelt le escribió a un amigo: “estoy a favor de casi cualquier guerra, y creo que este país necesita una”. Nada mejor que ser ofendidos a noventa millas de distancia por un imperio que se caía a pedazos como lo era España, armados con barcos de madera para defenderse de navíos metálicos y con tecnología de última generación.

En su tercer película, en 1988, Rambo (Sylvester Stallone) luchará codo a codo con estos valerosos “freedom fighters” de la exótica Afganistán. La misma catarsis de frustración de Vietnam, la misma historia de la superpotencia militar que, por sí sola, sólo podía derrotar pequeñas islas tropicales como Filipinas o Granada y, para peor, en 1961 fue derrotada por una de ellas y sin ayuda, Cuba.

Como tantos otros grupos “rebeldes”, los talibán son una creación, aunque no original, de la CIA. En los años 70 y 80 Washington se propuso derrocar al gobierno socialista del escritor Nur Muhammad Taraki. La secular República Democrática de Afganistán, presidida por una breve lista de intelectuales de izquierda, sobrevivió a duras penas de 1978 a 1992, cuando fue destruida por los talibán. Si Muhammad Taraki y otros que le sucedieron habían luchado por establecer la igualdad de los derechos de las mujeres (como en 1956 otro socialista árabe, Gamal Nasser en Egipto), los talibán irían por el camino contrario. 

Como lo recoge el mismo New York Times en un obituario olvidado, Osama bin Laden había recnocido: “Allí [en Tora Bora] recibí voluntarios que venían del reino saudí y de todos los países árabes y musulmanes. Establecí mi primer campamento donde estos voluntarios fueron entrenados por oficiales paquistaníes y estadounidenses. Las armas fueron proporcionadas por los estadounidenses, el dinero por los saudíes”. El complejo de Tora Bora, donde se escondían los miembros de Qaeda, había sido creado con ayuda de la CIA para funcionar como base para los afganos que luchan contra los soviéticos y contra el gobierno de la época. Aunque los muyahadin y los taliban no fueron un mismo grupo, como Osama Bin Laden y como muchos otros, el fundador de los Talibán, Mohammed Omar, fue un muyahid. 

Un año antes de recibir a los muhayadin en la blanquísima Casa Blanca, el mismo presidente Ronald Reagan había visitado a uno de sus “dictadores amigos”, el genocida guatemalteco Efraín Ríos Montt, y lo había reconocido como un ejemplo para la democracia de la región. Lo mismo habían hecho poderosos pastores, fanáticos como Pat Robertson del Club700. Entre las proezas del dictador Ríos Montt se incluye el haber masacrado a más de 15.000 indígenas a los que se les había ocurrido la mala idea de defender sus tierras, codiciadas por las corporaciones extranjeras y la tradicional oligarquía criolla. Poco después, el presidente Reagan, hoy elevado a la categoría de mito por republicanos y demócratas por algo que no hizo (la desarticulación final de la Unión Soviética), calificará a los Contras de América Central (los militares de la derrotada dictadura de Somoza en Nicaragua), también como “freedom fighters”.

Cuando el Congreso de Estados Unidos prohíba más millones de dólares al grupo terrorista de los Contras, la administración Reagan venderá en secreto armas a Irán a través de Israel; el dinero lavado será depositado en un banco suizo y luego transferido a los Contra en Honduras.

Como los muyahidín, los Contras fueron entrenados y financiados por la CIA y, poco después, se convertirán en las maras que asolan América Central y, en casos, los mismos Estados Unidos.

Cuando los entrenadores vuelvan a su país, Estados Unidos, se dedicarán a “proteger la frontera” de los invasores pobres que vienen en busca de trabajo. De pura nostalgia, muchos de esos pobres serán cazados como si se tratase de
revolucionarios en su propia tierra.

Cuando en agosto de 2021 los Talibán tomen decenas de ciudades y, finalmente Kabul, en apenas una semana, pulularán los análisis de prensa en Estados Unidos, tratando de explicar lo inexplicable, luego de veinte años de guerra, ocupación, cientos de miles de muertos y cientos de billones de dólares. Todos, o casi todos, harán gala de su radicalismo analítico y comenzarán o culminarán con la advertencia: comencemos por el “very beginning” (el principio del principio) de esta historia: los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2021.

Como había dicho el mismo Ronald Reagan en la Biblioteca del Congreso, el 24 de marzo de 1983 para celebrar la conquista del Oeste Salvaje: “los estadounidenses no creían del Oeste lo que era verdad sino lo que para ellos debía ser verdad”.

Claro que también hubo estadounidenses dispuestos a decirles a los fanáticos las verdades que son, no las que deberían ser. Claro que muy pocos agradecieron semejante favor. Todo lo contrario.

 

JM, agosto 2021

 

 

 

https://debateplural.com/inicio/2021/08/21/contras-y-talibanes/

“Freedom Fighters”: Contras und Taliban

 

Präsident Reagan mit Vertretern der afghanischen Mudjahedin am 2. Februar 1983 im Weißen Haus

QUELLE:MICHAEL EVANS LIZENZ:PUBLIC DOMAIN

Jorge Majfud

Nach der Niederlage in Vietnam sagten der frühere Außenminister Henry Kissinger und die ehemalige Sozialistin und spätere Ultrarechte in der Regierung von Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick, dass die USA einen Krieg erfinden müssten, den sie gewinnen könnten, um verlorenes Prestige zurückzugewinnen.

Kirkpatrick zufolge war Nicaragua ein guter Kandidat, aber noch besser war Granada, eine Karibikinsel mit kaum 100.000 Einwohnern, deren Präsident so unverschämt war zu erklären, dass sein Land unabhängig und souverän ist und daher mit jedem Handel treiben könne, mit dem es Lust hatte.

Die glorreiche Invasion und Befreiung US-amerikanischer Studenten, die sich nicht von einer nicht existierenden Tyrannei befreien lassen wollten, fand 1983 statt, und selbst die Bürokraten, die ihren Schreibtisch in Washington nie verließen, erhielten Medaillen für Tapferkeit im Krieg.

Die Strategie stammt aus dem frühen 19. Jahrhundert, als Washington Kanada annektieren wollte und damit endete, dass der Amts- und offizielle Regierungssitz des Präsidenten der Vereinigten Staaten in Flammen aufging (danach wurde er weiß gestrichen, um die Schande des Brandes zu verbergen), so dass er beschloss, nach Westen und Süden zu expandieren, in Gebiete von “minderwertigen und unbewaffneten Rassen”.

Am Ende desselben Jahrhunderts, nachdem er “eine Explosion” in Kuba voraussagte und ein Jahr vor der Erfindung des Mythos vom Untergang der USS Maine im Jahr 1897, schrieb der gerade zum stellvertretenden Marineminister von Präsident Willian McKinley ernannte und zukünftige Präsident Theodore Roosevelt an einen Freund: “Ich bin für fast jeden Krieg, und ich denke, dieses Land braucht einen”.

Es gibt nichts Besseres, als neunzig Meilen entfernt von einem auseinanderbrechenden Imperium wie Spanien angegriffen zu werden, mit Holzschiffen bewaffnet, um sich gegen Metallschiffe und modernste Technologie zu verteidigen.

In seinem dritten Film, 1988, wird Rambo (Sylvester Stallone) Seite an Seite mit diesen tapferen “freedom fighters” (Freiheitskämpfern) des exotischen Afghanistan kämpfen. Dieselbe Katharsis der Frustration von Vietnam, dieselbe Geschichte der militärischen Supermacht, die im Alleingang nur kleine tropische Inseln wie Grenada besiegen konnte und zu allem Überfluss 1961 von einer dieser Inseln, nämlich Kuba, ohne Hilfe besiegt wurde.

Wie so viele andere “Rebellen”-Gruppen sind auch die Taliban eine Schöpfung der CIA, wenn auch keine originäre. In den 1970er und 1980er Jahren versuchte Washington, die sozialistische Regierung des Schriftstellers Nur Muhammad Taraki zu stürzen. Die säkulare Demokratische Republik Afghanistan, die von einer kleinen Gruppe linker Intellektueller geführt wurde, überlebte nur knapp von 1978 bis 1992, als sie von den Taliban zerstört wurde.

Wie die New York Times selbst in einem vergessenen Nachruf berichtet, hatte Osama bin Laden eingestanden: “Dort [in Tora Bora] habe ich Freiwillige empfangen, die aus dem saudischen Königreich und aus allen arabischen und muslimischen Ländern kamen. Ich richtete mein erstes Lager ein, in dem diese Freiwilligen von pakistanischen und US-amerikanischen Offizieren ausgebildet wurden. Die Waffen wurden von den Amerikanern geliefert, das Geld von den Saudis”.

Das Tora Bora-Gebiet, in dem sich Qaida-Mitglieder versteckten, war mit Hilfe der CIA als Stützpunkt für die Afghanen eingerichtet worden, die gegen die Sowjets und die damalige Regierung kämpften. Obwohl die Mudjahedin und die Taliban nicht ein und dieselbe Gruppe waren, war der Gründer der Taliban, Mohammed Omar, ein Mudjahedin wie Osama Bin Laden und viele andere.

Ein Jahr bevor er die Mudjahedin im Weißen Haus empfing, hatte Präsident Ronald Reagan persönlich einen seiner “Diktatorenfreunde”, den völkermordenden Guatemalteken Efraín Ríos Montt, besucht und ihn als ein Beispiel für die Demokratie in der Region anerkannt. Das Gleiche taten mächtige Pastoren, Fanatiker wie Pat Robertson vom The 700 Club.

Zu den Heldentaten des Diktators Ríos Montt gehörte das Massaker an mehr als 15.000 Indigenen, die auf die schlechte Idee kamen, ihr Land zu verteidigen, das von ausländischen Konzernen und der traditionellen kreolischen Oligarchie begehrt wurde.

Kurz darauf stellte Präsident Reagan, der heute von Republikanern und Demokraten für etwas, das er nicht getan hat (die endgültige Zerschlagung der Sowjetunion), zum Mythos erhoben wird, die Contras in Mittelamerika (Soldaten der gestürzten Somoza-Diktatur in Nicaragua) ebenfalls als “Freiheitskämpfer” dar.

Als der US-Kongress weitere Millionen Dollar für die terroristischen Contras untersagte, wird die Reagan-Regierung heimlich über Israel Waffen an den Iran verkaufen; das gewaschene Geld wird in einer Schweizer Bank deponiert und dann an die Contras in Honduras überwiesen werden.

Wie die Mudjahedin wurden auch die Contras von der CIA ausgebildet und finanziert und werden bald darauf zu den Maras, die Mittelamerika und in einigen Fällen auch die USA selbst heimsuchen.

Wenn die Ausbilder in ihr Heimatland, die USA, zurückkehren, werden sie “die Grenze” vor den armen Eindringlingen schützen, die auf der Suche nach Arbeit kommen. Aus reiner Nostalgie werden viele dieser armen Menschen eingemeindet, als wären sie in ihrem eigenen Land Revolutionäre.

Als die Taliban im August 2021 in kaum einer Woche Dutzende Städte und schließlich Kabul einnehmen, sprießen in den USA die Presseanalysen nur so und versuchen, das Unerklärliche zu erklären, nach 20 Jahren Krieg, Besatzung, Hunderttausenden von Toten und Hunderten von Milliarden Dollar. Alle, oder fast alle, zeigen ihre analytische Radikalität und beginnen oder enden mit der Warnung: Beginnen wir mit dem “very beginning” (dem Anfang vom Anfang) dieser Geschichte, den Terroranschlägen vom 11. September 2021.

Wie Ronald Reagan selbst am 24. März 1983 in der Library of Congress anlässlich der Eroberung des Wilden Westens sagte: “Die Amerikaner glaubten vom Westen nicht, was wahr war, sondern was für sie wahr sein sollte”.

Natürlich gab es auch US-Amerikaner, die bereit waren, den Fanatikern die Wahrheiten zu sagen, die sind, nicht die, die sein sollten. Natürlich waren nur sehr wenige für einen solchen Gefallen dankbar. Ganz im Gegenteil.

https://amerika21.de/analyse/253667/kabul-game-over

La confesión de Bin Laden (nota al margen)

“El complejo de Tora Bora donde se escondían los miembros de Qaeda había sido creado con la ayuda de la C.I.A. como base para los afganos que luchan contra los soviéticos.

“El propio Bin Laden describió la lucha en Afganistán de esta manera: ‘Allí recibí voluntarios que venían del reino saudí y de todos los países árabes y musulmanes. Establecí mi primer campamento donde estos voluntarios fueron entrenados por oficiales paquistaníes y estadounidenses. Las armas fueron proporcionadas por los estadounidenses, el dinero por los saudíes “.

The New York Times, May 2, 2011

L’intelligence du Tyrannosaurus : la logique myope du business

JorgeMajfud, 13/8/2021
Traduit par Fausto Giudice

Le 25 février 2021, le président Joe Biden a ordonné une frappe militaire à la frontière syrienne avec l’Irak (du côté syrien, bien sûr, afin de ne pas perturber les autorités et les médias du protectorat irakien), en représailles aux attaques d’une milice pro-iranienne depuis la ville irakienne d’Erbil. Bien entendu, cette action n’a fait la une d’aucun grand média occidental, le tout à l’enseigne du dix-neuvièmiste « nous avons été attaqués sans raison et avons dû nous défendre »

Vieille histoire. Nous n’allons pas revenir sur le génocide des autochtones sur ce continent, jamais appelé par son nom. Pour rappeler un cas récent, le 22 août 2008, sous la présidence Obama, après le bombardement d’Azizabad en Afghanistan, les responsables militaires usaméricains (dont Oliver North, condamné et gracié pour avoir menti au Congrès dans le cadre du scandale Iran-Contra dans les années 1980) ont déclaré que tout s’était parfaitement déroulé, que le village les avait accueillis par des applaudissements, qu’un chef taliban avait été tué et que les dommages collatéraux avaient été minimes. Minimes. C’est le sens de la valeur de la vie d’autrui. Il n’a pas été signalé à l’époque que des dizaines de personnes avaient été tuées, dont 60 enfants.

Dans un article mineur pour les futurs historiens, le New York Times du 25 février cite le gouvernement usaméricain qui déclare à propos du nouveau bombardement que « cette réponse militaire a été proportionnelle et a été menée sur la base de mesures diplomatiques appropriées ». Comme depuis le XIXe siècle, le gouvernement anglo-saxon s’arroge, sans ledire, des droits spéciaux d’intervention dans le monde pour rétablir l’ordre de Dieu et des bonnes affaires. Comme le publiait la United States Democratic Review de New York en 1858, dans son article “The Fate of Mexico”, « les gens de cette espèce ne savent pas comment être libres et ne le sauront jamais tant qu’ils n’auront pas été éduqués par la démocratie américaine, par laquelle le maître les dominera jusqu’à ce qu’ils apprennent un jour à se gouverner eux-mêmes… La Providence nous oblige à prendre possession de ce pays… Nous ne prendrons pas le Mexique pour notre propre intérêt, ce qui serait une plaisanterie impossible à croire. Non, nous allons prendre le Mexique pour son propre bénéfice, pour aider les huit millions de pauvres Mexicains qui souffrent du despotisme, de l’anarchie et de la barbarie ».

Neuf ans plus tôt, le journal Springfield de Chicago analysait l’offense des Mexicains pouravoir donné des terres libres d’impôts aux citoyens usaméricains au Texas, mais les avoir forcés par des lois barbares à libérer leurs esclaves : « Nos compatriotes avaient le droit de se rendre au Mexique sur la base du droit sacré du commerce ». La liberté des maîtres de la terre à la liberté dumarché et du droit sacré à la propriété. Rien n’a changé, sauf les scénarios et le paysage technologique, du fait simple et inévitable du progrès millénaire de l’humanité.

Or, ni le New York Times ni l’administration Biden ne mentionnent que dans les attaques des sauvages miliciens pro-iraniens, un seul USAméricain a été tué et que dans cette riposte sobre et proportionnée, 17 indigènes innocents ont dû mourir sous les décombres. En vertu de la glorieuse constitution usaméricaine de 1787, un Noir valait les trois cinquièmes d’un Blanc (bien entendu, les Blancs n’étaient pas à vendre ; cela ne concernait que le calcul électoral dans lequel les Noirs ne votaient pas). Dans les attentats les plus récents, le ratio est fixé à 1/17. Quelqu’un connaît-il le nom des victimes ? Que se serait-il passé si l’armée mexicaine ou chinoise avait tué 17 USAméricains sur le sol américain ? Cette arrogance raciste, couverte par d’innombrables couches de maquillage linguistique, par la lassitude et l’anesthésie de l’habitude, reste aussi vive qu’aux temps de l’esclavage et du colonialisme sauvage.Rien de différent ne s’est produit et ne se produit en Afghanistan. Oui, les Talibans sont une calamité. Mais avant d’expliquer la méchanceté du monde par l’existence des “méchants” (cette simplification de la mentalité simplifiée usaméricaine), il faut se demander pourquoi les méchants existent. Ne seraient-ils pas une création des “gentils” ? Les “gentils” ne seraient-ils pas aussi méchants que les méchants mais blancs, riches et prospères ?

Combattante du bataillon féminin de la milice populaire durant la révolution de Saur (27 avril 1978) menée par les communistes afghans. Photo Viktor Khabarov

Dans le cas des Talibans, ils sont une création de Londres, de Washington et de la CIA, lorsqu’ils ont entrepris, dans les années 1970 et 1980, de renverser le gouvernement socialiste de l’écrivain Nur Muhammad Taraki. La République démocratique séculaire d’Afghanistan, présidée par une courte liste d’intellectuels de gauche, a survécu à grand-peine de 1978 à 1992, date à  laquelle elle a été détruite par les Talibans. Si Muhammad Taraki et d’autres qui lui ont succédé s’étaient battus pour instaurer l’égalité des droits pour les femmes (comme l’a fait en 1956 un autre socialiste arabe, Gamal Nasser, en Égypte), les Talibans prendraient un autre chemin, comme  une marche arrière d’un millier d’années.

La même vieille histoire que celle de plusieurs autres États laïques du Moyen-Orient. Pour rappeler l’un des exemples les plus traumatisants, en 1953, la CIA a détruit la démocratie laïque en Iran et imposé la dictature du Shah pour sauver les intérêts pétroliers de British Petroleum et des entreprises usaméricaines, ce qui s’est terminé par la révolution islamique de 1979 et des millions de dollars et des années de récit médiatique pour combattre le régime des ayatollahs.

Un an après avoir renversé Mohammed Mossadegh, Washington et la CIA ont fait de même au Guatemala. En fait, le plan était de « faire du Guatemala un autre Iran ». Le président démocratiquement élu, Jacobo Árbenz, a dû se réfugier à l’ambassade du Mexique, puis (comme le médecin Ernesto Guevara) fuir de ce pays, qui allait ensuite subir quarante ans de massacres pour un coût total de 200 000 Guatémaltèques morts. Dans les années 1980, en Afghanistan, la CIA a organisé et soutenu les moudjahidine rebelles contre le gouvernement socialiste. Les moudjahidines sont devenus les Taliban et certains ont fait partie d’Al Qaïda.

L’intelligence la plus puissante du monde s’est distinguée par tout sauf l’intelligence. Des milliards de dollars pour chacune de ses interventions secrètes ont été suivis de milliards de dollars pour combattre les démons créés par ces patriotes.

Maintenant que Washington a retiré ses troupes d’Afghanistan, plusieurs villes tombent comme des dominos aux mains des talibans. Après vingt ans et 85 milliards de dollars investis dans l’armée de ce pays, ils sont incapables d’arrêter l’avancée d’un groupe de fanatiques médiévaux. Comme toujours, les seigneurs de la guerre usaméricains pensent qu’ils peuvent tout résoudre avec des bombes et des millions de dollars. Comme toujours, ils ont tort. Ou bien ils n’ont pas tort et ce n’est que le business de la guerre que le président Eisenhower a dénoncé en 1961.

Pendant ce temps, les fanatiques de ce côté continuent de ressasser cette « « utte pour la liberté et la démocratie”, exactement la même lutte et les mêmes mots utilisés par les promoteurs anglo-saxons de la bénédiction de l’esclavage au 19ème siècle.

Majfud 13/8/2021

Inteligencia Tyrannosaurus: la lógica miope de los negocios

El 25 de febrero de 2021 el presidente Joe Biden ordenó un ataque militar en la frontera de Siria con Irak (naturalmente, sobre el lado sirio, para no molestar ni a las autoridades ni a los medios del protectorado iraquí), como represalia por los ataques de una milicia proiraní desde la ciudad iraquí de Erbil. Por supuesto, esta acción no alcanzó los titulares de ningún gran medio de Occidente, todo bajo el lema decimonónico de “fuimos atacados sin razón y tuvimos que defendernos”.

Vieja historia. Ahora no vamos a volver sobre el genocidio indígena en este continente, nunca llamado por su nombre. Sólo por recordar un caso reciente del 22 de agosto de 2008, durante la presidencia de Obama, luego del bombardeo de Azizabad en Afganistán los oficiales del ejército estadounidense (incluido Oliver North, convicto y perdonado por mentirle al Congreso en el escándalo Irán-Contras en los 80) informaron que todo había salido a la perfección, que la aldea los había recibido con aplausos, que se había matado a un líder talibán y que los daños colaterales habían sido mínimos. Mínimos. Ese es el sentido del valor de la vida ajena. Por entonces no se informó que habían muerto decenas de personas, entre ellos 60 niños. 

En un artículo menor para los futuros historiadores, el New York Times del 25 de febrero recogió las palabras del gobierno de Estados Unidos sobre el nuevo bombardeo, según el cual “esta respuesta militar ha sido proporcional y ha sido llevada a cabo en base a las correspondientes medidas diplomáticas”. Como desde el siglo XIX, el gobierno anglosajón asume, ahora sin mencionarlo, derechos especiales de intervención en el mundo para restablecer el orden de Dios y de los buenos negocios. Como lo publicó en 1858 el United States Democratic Review de Nueva York, en su artículo “El destino de México”, “gente de este tipo no sabe cómo ser libre y nunca lo sabrá hasta que sea educada por la Democracia americana, por la cual el amo gobernará sobre ellos hasta que un día aprendan cómo gobernarse solos… la Providencia nos obliga a tomar posesión de ese país… No vamos a tomar México por nuestro propio interés, lo cual sería una broma imposible de creer. No, vamos a tomar México por su propio beneficio, para ayudar a los ocho millones de pobres mexicanos que sufren por el despotismo, la anarquía y la barbarie”.

Nueve años antes, el diario Springfield de Chicago analizaba la ofensa de los mexicanos por haberles regalado tierras, libres de impuestos, a los ciudadanos estadounidenses en Texas, pero los habían obligado por leyes bárbaras a liberar a sus esclavos: “Nuestros compatriotas tenían derecho a visitar México en base al sagrado derecho del comercio”.  La libertad de los amos de la tierra a la libertad del mercado y del sagrado derecho a la propiedad. Nada ha cambiado, excepto los escenarios y el paisaje tecnológico, por una cuestión simple e inevitable del milenario progreso de la humanidad.  

Ahora ni el New York Times ni el gobierno de Biden mencionan que en los ataques milicianos de los salvajes pro iraníes solo un estadounidense resultó muerto y que en esta represalia, aleccionadora y proporcionada, 17 nativos inocentes debieron morir bajo los escombros. Para la gloriosa constitución estadounidense de 1787, un negro valía tres quintos de un blanco (claro, los blancos no estaban en venta; esto era solo para el cálculo electoral en el cual los negros no votaban). En los bombardeos más recientes, la proporción se establece en 1/17. ¿Alguien sabe los nombres de las víctimas? ¿Qué hubiese ocurrido si el ejército mexicano o el chino hubiesen matado 17 estadounidenses en suelo estadounidense? Esta arrogancia racista, cubierta por incontables capas de maquillaje lingüístico, por el cansancio y la anestesia de la costumbre, continúa tan viva como durante los tiempos de la esclavitud y del colonialismo salvaje.

Nada diferente ocurrió y ocurre en Afganistán. Sí, los talibán son una desgracia. Pero antes de explicar el mal del mundo por la existencia de “los chicos malos” (esa simplificación de la simplificada mentalidad estadounidense) hay que preguntarse por qué existen los chicos malos. ¿No será que son una creación de “los chicos buenos”? ¿No será que “los buenos” son tan malos como los malos pero blancos, ricos y exitosos?

En el caso de los talibán son una creación de Londres, de Washington y de la CIA, cuando en los años 70 y 80 se propusieron derrocar al gobierno socialista del escritor Nur Muhammad Taraki. La secular República Democrática de Afganistán, presidida por una breve lista de intelectuales de izquierda, sobrevivió a duras penas de 1978 a 1992, cuando fue destruida por los talibán. Si Muhammad Taraki y otros que le sucedieron habían luchado por establecer la igualdad de los derechos de las mujeres (como en 1956 otro socialista árabe, Gamal Nasser en Egipto), los talibán irían por otro camino, como mil años en reversa. 

La misma vieja historia de varios otros estados seculares de Medio Oriente. Por recordar uno de los ejemplos más traumáticos, en 1953 la CIA destruyó la democracia secular en Irán e impuso la dictadura del Shah para salvar los intereses petroleros de la Biritish Petroleoum y de las compañías estadounidenses, lo que terminó con la revolución islámica de 1979 y más millones de dólares y años de narrativa mediática para combatir el régimen de los ayatolás.

Un año después de derrocar a Mohammed Mossadegh, Washington y la CIA hicieron lo mismo en Guatemala. De hecho, el plan fue “haremos de Guatemala otra Irán”. El presidente democráticamente electo, Jacobo Árbenz, debió refugiarse en la embajada de México y luego (al igual que el médico Ernesto Guevara) huir a ese país, que a partir de entonces sufriría cuarenta años de masacres a un precio total de 200.000 guatemaltecos muertos. En los años 80s en Afganistán, la CIA organizó y apoyó los rebeldes muhyadin contra el gobierno socialista. Los muhyadin se convirtieron en los Talibán y algunos formaron parte de Al Qaeda.

La Inteligencia más poderosa del mundo se ha destacado por cualquier cosa menos por inteligente. A los billones de dólares que costaron cada una de sus intervenciones secretas, siguieron aún muchos más billones de dólares para combatir los demonios creados por estos patriotas.

Ahora que Washington ha retirado sus tropas de Afganistán, varias ciudades han ido cayendo como un dominó en las manos de los talibán. Luego de veinte años y de 85 mil millones de dólares invertidos en el ejército de ese país, no son capaces de detener el avance de un grupo de fanáticos medievales. Como siempre, los señores de la Guerra en Estados Unidos creen que puede resolverlo todo a fuerza de bombas y de millones de dólares. Como siempre, se equivocan. O no se equivocan y solo se trata del negocio de la guerra que denunciara el presidente Eisenhower en 1961.

Mientras tanto, los fanáticos de este lado continúan repitiendo eso de “la lucha por la libertad y la democracia”, exactamente la misma lucha y las mismas palabra usadas por los promotores anglosajones de la bendición de los esclavitud en el siglo XIX.

JM, agosto 2021

Último libro La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.



L’intelligence du Tyrannosaurus : la logique myope du business

JorgeMajfud, 13/8/2021
Traduit par Fausto Giudice

Le 25 février 2021, le président Joe Biden a ordonné une frappe militaire à la frontière syrienne avec l’Irak (du côté syrien, bien sûr, afin de ne pas perturber les autorités et les médias du protectorat irakien), en représailles aux attaques d’une milice pro-iranienne depuis la ville irakienne d’Erbil. Bien entendu, cette action n’a fait la une d’aucun grand média occidental, le tout à l’enseigne du dix-neuvièmiste « nous avons été attaqués sans raison et avons dû nous défendre »

Vieille histoire. Nous n’allons pas revenir sur le génocide des autochtones sur ce continent, jamais appelé par son nom. Pour rappeler un cas récent, le 22 août 2008, sous la présidence Obama, après le bombardement d’Azizabad en Afghanistan, les responsables militaires usaméricains (dont Oliver North, condamné et gracié pour avoir menti au Congrès dans le cadre du scandale Iran-Contra dans les années 1980) ont déclaré que tout s’était parfaitement déroulé, que le village les avait accueillis par des applaudissements, qu’un chef taliban avait été tué et que les dommages collatéraux avaient été minimes. Minimes. C’est le sens de la valeur de la vie d’autrui. Il n’a pas été signalé à l’époque que des dizaines de personnes avaient été tuées, dont 60 enfants.

Dans un article mineur pour les futurs historiens, le New York Times du 25 février cite le gouvernement usaméricain qui déclare à propos du nouveau bombardement que « cette réponse militaire a été proportionnelle et a été menée sur la base de mesures diplomatiques appropriées ». Comme depuis le XIXe siècle, le gouvernement anglo-saxon s’arroge, sans ledire, des droits spéciaux d’intervention dans le monde pour rétablir l’ordre de Dieu et des bonnes affaires. Comme le publiait la United States Democratic Review de New York en 1858, dans son article “The Fate of Mexico”, « les gens de cette espèce ne savent pas comment être libres et ne le sauront jamais tant qu’ils n’auront pas été éduqués par la démocratie américaine, par laquelle le maître les dominera jusqu’à ce qu’ils apprennent un jour à se gouverner eux-mêmes… La Providence nous oblige à prendre possession de ce pays… Nous ne prendrons pas le Mexique pour notre propre intérêt, ce qui serait une plaisanterie impossible à croire. Non, nous allons prendre le Mexique pour son propre bénéfice, pour aider les huit millions de pauvres Mexicains qui souffrent du despotisme, de l’anarchie et de la barbarie ».

Neuf ans plus tôt, le journal Springfield de Chicago analysait l’offense des Mexicains pouravoir donné des terres libres d’impôts aux citoyens usaméricains au Texas, mais les avoir forcés par des lois barbares à libérer leurs esclaves : « Nos compatriotes avaient le droit de se rendre au Mexique sur la base du droit sacré du commerce ». La liberté des maîtres de la terre à la liberté dumarché et du droit sacré à la propriété. Rien n’a changé, sauf les scénarios et le paysage technologique, du fait simple et inévitable du progrès millénaire de l’humanité.

Or, ni le New York Times ni l’administration Biden ne mentionnent que dans les attaques des sauvages miliciens pro-iraniens, un seul USAméricain a été tué et que dans cette riposte sobre et proportionnée, 17 indigènes innocents ont dû mourir sous les décombres. En vertu de la glorieuse constitution usaméricaine de 1787, un Noir valait les trois cinquièmes d’un Blanc (bien entendu, les Blancs n’étaient pas à vendre ; cela ne concernait que le calcul électoral dans lequel les Noirs ne votaient pas). Dans les attentats les plus récents, le ratio est fixé à 1/17. Quelqu’un connaît-il le nom des victimes ? Que se serait-il passé si l’armée mexicaine ou chinoise avait tué 17 USAméricains sur le sol américain ? Cette arrogance raciste, couverte par d’innombrables couches de maquillage linguistique, par la lassitude et l’anesthésie de l’habitude, reste aussi vive qu’aux temps de l’esclavage et du colonialisme sauvage.Rien de différent ne s’est produit et ne se produit en Afghanistan. Oui, les Talibans sont une calamité. Mais avant d’expliquer la méchanceté du monde par l’existence des “méchants” (cette simplification de la mentalité simplifiée usaméricaine), il faut se demander pourquoi les méchants existent. Ne seraient-ils pas une création des “gentils” ? Les “gentils” ne seraient-ils pas aussi méchants que les méchants mais blancs, riches et prospères ?

Combattante du bataillon féminin de la milice populaire durant la révolution de Saur (27 avril 1978) menée par les communistes afghans. Photo Viktor Khabarov

Dans le cas des Talibans, ils sont une création de Londres, de Washington et de la CIA, lorsqu’ils ont entrepris, dans les années 1970 et 1980, de renverser le gouvernement socialiste de l’écrivain Nur Muhammad Taraki. La République démocratique séculaire d’Afghanistan, présidée par une courte liste d’intellectuels de gauche, a survécu à grand-peine de 1978 à 1992, date à  laquelle elle a été détruite par les Talibans. Si Muhammad Taraki et d’autres qui lui ont succédé s’étaient battus pour instaurer l’égalité des droits pour les femmes (comme l’a fait en 1956 un autre socialiste arabe, Gamal Nasser, en Égypte), les Talibans prendraient un autre chemin, comme  une marche arrière d’un millier d’années.

La même vieille histoire que celle de plusieurs autres États laïques du Moyen-Orient. Pour rappeler l’un des exemples les plus traumatisants, en 1953, la CIA a détruit la démocratie laïque en Iran et imposé la dictature du Shah pour sauver les intérêts pétroliers de British Petroleum et des entreprises usaméricaines, ce qui s’est terminé par la révolution islamique de 1979 et des millions de dollars et des années de récit médiatique pour combattre le régime des ayatollahs.

Un an après avoir renversé Mohammed Mossadegh, Washington et la CIA ont fait de même au Guatemala. En fait, le plan était de « faire du Guatemala un autre Iran ». Le président démocratiquement élu, Jacobo Árbenz, a dû se réfugier à l’ambassade du Mexique, puis (comme le médecin Ernesto Guevara) fuir de ce pays, qui allait ensuite subir quarante ans de massacres pour un coût total de 200 000 Guatémaltèques morts. Dans les années 1980, en Afghanistan, la CIA a organisé et soutenu les moudjahidine rebelles contre le gouvernement socialiste. Les moudjahidines sont devenus les Taliban et certains ont fait partie d’Al Qaïda.

L’intelligence la plus puissante du monde s’est distinguée par tout sauf l’intelligence. Des milliards de dollars pour chacune de ses interventions secrètes ont été suivis de milliards de dollars pour combattre les démons créés par ces patriotes.

Maintenant que Washington a retiré ses troupes d’Afghanistan, plusieurs villes tombent comme des dominos aux mains des talibans. Après vingt ans et 85 milliards de dollars investis dans l’armée de ce pays, ils sont incapables d’arrêter l’avancée d’un groupe de fanatiques médiévaux. Comme toujours, les seigneurs de la guerre usaméricains pensent qu’ils peuvent tout résoudre avec des bombes et des millions de dollars. Comme toujours, ils ont tort. Ou bien ils n’ont pas tort et ce n’est que le business de la guerre que le président Eisenhower a dénoncé en 1961.

Pendant ce temps, les fanatiques de ce côté continuent de ressasser cette « « utte pour la liberté et la démocratie”, exactement la même lutte et les mêmes mots utilisés par les promoteurs anglo-saxons de la bénédiction de l’esclavage au 19ème siècle.

T-Rex intelligence: the myopic logic of business

Jorge Majfud, 13/8/2021
Translated by Andy Barton, Tlaxcala

On 25th February 2021, USAmerican President Joe Biden ordered a military strike along the border between Syria and Iraq (on the Syrian side, of course, to not anger the authorities or media from the Iraqi protectorate) in retaliation to the attacks by a pro-Irani militia in the Iraqi city of Erbil. As expected, this action did not make the front pages of any big Western media outlet, all under the 19th-century slogan of “we were attacked for no reason, and we had to defend ourselves”.

 
A story as old as time itself. Now is not the time to review the indigenous genocide on this continent, a genocide never called by its name. We will just pick out a recent incident from 22nd August 2008, during the Barack Obama presidency. After the bombing of Azizabad in Afghanistan, USAmerican military officials (including Oliver North, convicted and pardoned for lying to Congress during the Iran-Contra affair in the ‘80s) reported that everything had gone according to plan, that the village had greeted them with applause, that a Taliban leader had been killed and that the collateral damage was minimal. Minimal. This is the sense of value of other’s lives. What they did not report at the time is that tens of people had died, including 60 children.

In a less-publicised article for future historians, on 25th February, the New York Times reported the words of the USAmerican government regarding its latest bombing campaign, according to whom “this proportionate military response was conducted together with diplomatic measures, including consultation with coalition partners”. Just like since the 19th century, the Anglo-Saxon government assumes, now without mentioning it, special global intervention rights to re-establish God’s order and profitable business. As the United States Democratic Review from New York published in 1858, in its article “Mexico’s destiny”, “this type of people does not know how to be free, and they will never know under they are educated by American democracy. For this reason, the master will govern them until, one day, they learn how to govern themselves… Providence obliges us to take control of that country… We are not going to take control of Mexico out of our own self-interest; this would be a joke that would be impossible to believe. No, we are going to take control Mexico for its own benefit, to help the eight million poor Mexicans who suffer due to despotism, anarchy and barbarism”.

Nine years earlier, Chicago’s Springfield diary analysed the offence committed by Mexicans of having gifted tax-free land to USAmerican citizens in Texas while ordering them, through ‘barbaric’ laws, to free their slaves: “our compatriots had the right to visit Mexico under the sacred right to trade”. The freedom of the masters of the land to the freedom of the market and the sacred right to private property. Nothing has changed, only the settings and the technological landscape due to the simple and inevitable progression of humanity since the turn of the millennium.Now, neither the New York Times nor the Biden government mention that only one USAmerican was killed in the pro-Irani militia attacks. Similarly, they omit that in the retaliation, exemplary and proportional, 17 innocent natives were left to die under the rubble. In the glorious USAmerican constitution of 1787, a Black person was worth three fifths of a White person (of course, Black people were not for sale; this was merely for the electoral calculations in which the Black population did not vote). In the most recent bombings, the ratio is set at 17:1. Does anyone know the victims’ names? What would have happened if the Mexican or Chinese army had killed 17 USAmericans within the country’s borders? This racist arrogance, masked by infinite layers of linguistic gymnastics, by the fatigue and anaesthesia of regularity, is every bit as alive today as it was during the period of slavery and colonial barbarism.

Nothing different occurred or is occurring in Afghanistan. Yes, the Taliban are a disgrace. However, before trying to explain the world’s ills using the existence of the “bad guys” (this simplification of the USAmerican mentality, itself simplified), we have to ask ourselves why these bad guys exist. Are they not in fact a creation of the “good guys”? Are the “good guys” not every bit as bad as the bad guys, but instead they are White, rich and successful?

In Taliban’s case, they are a creation of London, Washington and the CIA when in the ‘70s and ‘80s they proposed overthrowing the socialist government of the writer Nur Muhammad Taraki. The secular Democratic Republic of Afghanistan, presided over by a short list of left-wing intellectuals, barely survived between 1978 to 1992, when it was destroyed by the Taliban. Where Muhammad Taraki and his successors had fought to establish the equal rights of women (just as another Arab socialist in 1956, Gamal Nasser in Egypt), the Taliban would head down another path, the destination set at 1,000 years in the past.

This is but the same old story of various other secular states in the Middle East. To remember one of the most traumatic examples, in 1953, the CIA destroyed the secular, democratic republic in Iran, imposing the dictatorship of the Shah to preserve British Petroleum and USAmerican oil extraction interests. This would eventually lead to the Islamic Revolution in 1979 and even more millions of dollars and a years-long media narrative to combat the regime of the Ayatollahs.

A year after the overthrow of Mohammed Mossadegh, Washington and the CIA did the same thing in Guatemala. In fact, the plan was “we will turn Guatemala into another Iran”. The democratically elected president, Jacobo Árbenz, was forced to seek refuge in the Mexican embassy and then (just like the doctor Ernesto Guevara) to flee to the country, leaving behind a Guatemala which would go on to suffer 40 years of massacres paid with the price of 200,000 dead Guatemalans. In the ‘80s in Afghanistan, the CIA organised and lent its support to Mujahadeen rebels against the socialist government. The Mujahadeen became the Taliban, while some formed part of Al Qaeda.

The most powerful intelligence agency in the world has stood out for just about everything other than intelligence. After each of the billions of dollars that their secretive inventions cost, further billions promptly followed to combat the demons summoned by these patriots.

Now that Washington has withdrawn its troops from Afghanistan, many cities have begun falling into the hands of the Taliban. After 20 years and 85 billion dollars invested into the country’s army, it is unable to halt the advance of a group of medieval fanatics. As per usual, the men and women of war in the USAmerica think that they can resolve everything with bombs and millions of dollars. Like always, they are wrong. Or perhaps, instead of being wrong, this is just a case of the war economics denounced by President Dwight Eisenhower in 1961.

Meanwhile, the fanatics on the ‘good’ side continue to drone on about “the fight for freedom and democracy”, the very same fight and the very same words used by the pro-slavery Anglo-Saxons during the 19th century.

El mundo civilizadamente correcto

El gobernador de Nueva York, el demócrata Andrew Cuomo, renuncia por acusaciones de haber tocado a mujeres sin permiso y se suma a una larga y aburrida lista de distracciones públicas.

Los poderosos del mundo civilizado caen siempre por algún escándalo sexual o por alguna otra razón de carácter personal. Hasta ahora, ninguno ha tenido que renunciar por alguna de esas guerras que dejan cientos de miles de muertos. Mucho menos ha tenido alguno que enfrentar una corte de justicia, razón por la cual, por ejemplo, en Estados Unidos los presidentes nunca temen dejar el poder como en algún país sujeto de acoso internacional. No necesitan perpetuarse en la presidencia ni le conviene al verdadero poder, que radica en las mega corporaciones que financian partidos políticos y dictan las leyes económicas en los congresos (las leyes morales siempre quedan a cargo de sus votantes o de sus adversarios). 

No porque no haya razones para acusar a alguno de esos presidentes de crímenes de guerra, de crímenes de lesa humanidad, como las matanzas sistemáticas de indios, negros, mestizos del Sur, asiáticos del Este y del Oeste; como las bombas atómicas sobre dos ciudades; como el uso de bombas, químicos y otras armas de destrucción masiva en Corea, en Vietnam; como la destrucción de democracias y la imposición de decenas de dictaduras genocidas en América latina con el único objetivo de continuar haciendo buenos negocios; como mentir descaradamente para inventar otra guerra en Irak dejando millones de muertos para luego disculparse por “el error de inteligencia” y retirarse como un buen abuelo a pintar retratos mediocres en un lujoso rancho de Texas.

Como decía una canción popular durante la guerra de expropiación del territorio mexicano (Horace Pratt “Mira esa bandera”. Canción de una madre patriota a su hijo),

“La justicia es el lema de nuestro país

el que siempre está en lo cierto”.

Cuando en 1847 el senador Abraham Lincoln cuestionó la moral de esta guerra, el representante demócrata de Missouri, John Jamieson, le gritó desde su banca: “un patriota nunca cuestiona a su presidente, menos cuando estamos en guerra; no importa si la guerra es justa o no”.

Ninguno, ni un presidente ha temido un solo minuto la posibilidad de enfrentar un tribunal nacional; mucho menos una corte de justicia internacional. Ni siquiera cuando las matanzas ocurrieron entre blancos poderosos, como en la Guerra Civil. Hasta los caídos en desgracia fueron siempre perdonados o librados de cualquier responsabilidad legal. La Constitución mantiene un silencio cómplice ante la posibilidad de que un presidente pueda ser condenado y los expertos se entretienen discutiendo sobre el breve periodo de cinco años en que ese milagro podría ocurrir luego de consumado el crímen, incluso luego de ser removido por un impeachment. En 1977, el mismo Richard Nixon afirmó que “lo que hace un presidente nunca es ilegal” y la historia de los hechos indica que tenía razón.

Ser rico y poderoso no solo permite secuestrar las orgullosas democracias del “mundo libre” sino que, además, confiere inmunidad ante los más perfectos sistemas de justicia, siempre implacables con los de abajo.

Excepto cuando la testosterona no se desborda en los negocios o en las guerras sino en la cama equivocada.

JM, agosto 2021

Quiero expandir la bendición de la esclavitud al mundo

Hazlehurst, Mississippi. 11 de setiembre de 1858El senador y exgobernador de Mississippi, Albert Gallatin Brown, en un aplaudido discurso proclama: “Quiero poner un pie en América Central, por las razones ya repetidas varias veces. Quiero Cuba, y todos saben que, antes o después, será nuestra. Si la comegusanos de España la cede por un precio razonable, mejor. Si no, igual la tomaremos. Quiero Tamaulipas, Potosí, y uno o dos estados más de México… Y los quiero por la misma razón: para que la esclavitud se expanda por todo el continente… Sí, quiero todos esos países para que podamos expandir la esclavitud. Quiero expandir la bendición de la esclavitud a todos los rincones del mundo, como expandimos la religión del Señor… No quisiera imponerles nada, sino convencerlos, como convencemos a los demás de las bendiciones de los Evangelios. Claro que sé que es una tierra de rebeldes y que no van a aceptar ni a recibir nuestra bendición tan fácilmente…

Mientras los estados del Sur continúan expandiendo el sistema eslavista, en mayo la revista United States Democratic Review de Nueva York, en su artículo “El destino de México”, asegura que: “Muchos países nos acusan de insistir demasiado sobre eso del Destino manifiesto. En esto tienen razón. Nosotros sentimos la mano de Dios sobre nosotros… México comenzó su historia con todo a su favor, excepto una: su gente no era blanca, no eran caucásicos… Tenían una mala mezcla de sangre española, indígena y negra. Gente de este tipo no sabe cómo ser libre y nunca lo sabrá hasta que sea educada por la Democracia americana, por la cual el amo gobernará sobre ellos hasta que un día ellos aprendan cómo gobernarse solos… México no se puede gobernar a sí mismo. Pero ha llegado el tiempo por el cual la Providencia nos obliga a tomar posesión de ese país… No vamos a tomar México por nuestro propio interés, lo cual sería una broma imposible de creer. No, vamos a tomar México por su propio beneficio, para ayudar a los ocho millones de pobres mexicanos que sufren por el despotismo, la anarquía y la barbarie”.

El presidente, los senadores y los empresarios saben que Estados Unidos necesita acortar los seis meses de transito que necesita un barco para ir de la costa este a la costa oeste por el estrecho de Magallanes. Por Nicaragua o por Panamá podrían hacerlo en menos de un mes. Pero Inglaterra tiene necesidades similares y amenaza con establecerse en América Central. El senador Albert Brown de Mississippi considera esta presencia inaceptable: “Si queremos América Central, la forma más barata y rápida es ir y tomarla, y si Francia o Inglaterra interfieren, le leeremos la doctrina Monroe y punto”.

No sólo la necesidad de ser ofendidos para luego reclamar un castigo por las ofensas recibidas ha sido un arma psicológica, política y prebélica del nuevo país, del nuevo imperio anglosajón, sino también de Gran Bretaña. Ante la arrogancia de Estados Unidos sobre su derecho a decidir el destino de las Américas, su ministro de relaciones exteriores, Lord Clarendon, cuatro años atrás había dicho que los estadounidenses eran “una nación de piratas”. La historia sería divertida si no fuese trágica. El primer ministro Palmerston, había estado de acuerdo y se había burlado con acento de inglés americano de la pretensión de ser “la nación más grande del mundo”. En un memorándum del 10 de setiembre de 1854, Lord Clarendon había observado que “no habrá ni un solo país que algún día no sea expuesto a la arrogancia de Estados Unidos… y un día volverá a todas las naciones del mundo contra ellos”.

Pero no era solo arrogancia lo que había definido al nuevo imperio sino un profundo fanatismo racial y religioso que lo llevará, como a cualquier pueblo fanático, a lograr grandes cosas mientras, por ser el ganador, será representado por propios y ajenos no como resultado del fanatismo sino del sentido común y pragmático de una raza, primero, y de una cultura superior, después. El representante de Missouri, Thomas L. Anderson, en 1859 se había sumado al debate expansionista sobre el Caribe y América Central. Como la mayoría, no quería ni imaginar la posibilidad de mezclar la superior raza anglosajona con la de idiotas negros y mestizos del sur, pero aun así persistía la necesidad de controlar el área por razones geopolíticas y de tránsito comercial entre el Atlántico y el Pacifico. Aunque más improbable que en el caso de los territorios arrancados a México, todavía quedaba la posibilidad de que “ola tras ola de inmigrantes” mejoren América Central hasta que “sus supersticiones, su ignorancia y su anarquía sea reemplazada por la paz, el conocimiento, el cristianismo y por nuestras instituciones nacidas en el Cielo”.

Del libro La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.