Cuando las razas inferiores dicen basta, es violencia

El 30 de mayo de 1921 un lustrabotas huérfano de 19 años se dirigía al baño para negros en un edificio de Tulsa, Oklahoma, y, al tropezar, tocó el brazo de una joven blanca. Alguien vio el incidente y lo denunció como intento de violación (con frecuencia, la imaginación pornográfica se asienta en la violencia del poder inverso). Aunque la joven Sarah dijo que había sido un accidente, los llamados a “linchar al negro” provocaron una serie de ataques de hordas blancas y reacciones de vecinos negros. Como reacción a la reacción, en pocos días aviones privados bombardearon uno de los barrios negros más prósperos del país, dejando casi cien muertos y a miles sin sus casas.

Los grandes traumas de una sociedad se disparan siempre con pequeñas cosas. El 25 de mayo pasado, la sospecha de que un billete de veinte dólares fuese falso terminó en una denuncia de un cajero de Minnesota y en la muerte del sospechoso como consecuencia de una brutalidad policial innecesaria y significativa. No fue un caso excepcional; como en Brasil, otro país con un trauma histórico similar, cada año en Estados Unidos miles personas mueren por violencia policial y la mayoría de las víctimas repiten un patrón similar: negros, mestizos y pobres. Días atrás, Georgia se había conmovido por el asesinato de Ahmaud Arbery, un joven negro que había estado haciendo jogging antes que Gregory McMichael, un expolicía retirado y su hijo Travis lo asesinaran por sospechoso. Esta vez, el crimen fue filmado por alguien llamado William Bryan, quien mantenía contacto con la “seguridad” de los McMichael —no está de más recordar que los irlandeses, antes de convertirse en blancos durante el siglo XX, eran considerados tan indeseables como los negros.

Pocos años atrás, para protestar contra el racismo, el futbolista Colin Kaepernick comenzó a arrodillarse al sonar el himno nacional antes de cada partido (entre otras razones, la letra del himno amenaza a los esclavos con la tumba). Las voces de escándalo resonaron desde la Casa Blanca hasta la granja más humilde. No pocos, incluidos el presidente Trump, propusieron que todos aquellos que siguieran su ejemplo “antiamericano” deberían perder sus trabajos. Obviamente, el valiente futbolista no estaba violando ninguna ley y mucho menos la constitución; sí aquellos que amenazaron su libertad de expresión. La idea de Theodore Roosevelt de que “los negros son una raza perfectamente estúpida” no ha cedido; sólo la forma de no decirlo.

Colin Kaepernick protestaba por la violencia policial. Se había quedado corto, como todos aquellos que no tienen ojos para la violencia internacional, históricamente cargada de racismo, a la cual Washington ha sido adicto por muchas generaciones en nombre de la libertad —de la libertad de imponer su criterio y sus intereses a cualquier precio. “Todos queríamos matar negros; es como un juego adictivo; matamos a miles y todos estaban como locos; cuando la matanza terminó, no se vio muy bien, pero así es la guerra”, escribió un voluntario de la Company H del Primer regimiento del estado de Washington en Filipinas. Por no seguir con las dictaduras tropicales, o el bombardeo indiscriminado del 80 por ciento de Corea, o el fusilamiento de refugiados, o las masacres en Vietnam (donde millones fueron exterminados bajo las bombas o con químicos defoliantes), o las tortura y los bombardeos sobre niños y población inocente fueron rutinarias en Irak, Afganistán y Guantánamo, sin ninguna consecuencia legal. Para no volver sobre América Latina, donde desde principios del siglo XX se impusieron sangrientas dictaduras para “enseñarles a los negros a gobernarse a sí mismos” antes que surgiera la maravillosa excusa de la lucha contra el comunismo unas generaciones después y los supuestos patriotas latinoamericanos comenzaran a repetirlo hasta nuestros días a flata de mejores excusas. Cuando despreciar a las razas colonizadas se convirtió en algo incorrecto, se continuó demonizando naciones y “culturas enfermas” para continuar el mismo ejercicio de la arrogancia.

Como en muchos otros casos que no alcanzaron los titulares de la prensa porque no alcanzaron a ser filmados, el cajero de Minnesota llamó a la policía y la policía reaccionó con el reflejo racista que está enquistado en una parte de una sociedad (especialmente aquella que, como lo explicamos antes, gracias al sistema electoral y representativo heredado de la esclavitud, tiene un poder político desproporcionado). Poco después, tres policías blancos tenían sus rodillas sobre el cuerpo de George Floyd, quien, al igual que otra víctima conocida, Eric Garner, repitió varias veces “no puedo respirar”. Uno de ellos, el oficial Derek Chauvin, que con su rodilla sorda llevó a Floyd a la muerte, al igual que su víctima había trabajado como guardia de seguridad en el mismo bar, El Nuevo Rodeo. A partir de ahí, se desató la violencia por la cual cuarenta ciudades del país fueron puestas bajo toque de queda.

Las manifestaciones pacíficas se tornaron violentas poco después. La alcaldesa de Atlanta, Keisha Bottoms, una mujer negra, una representante doble de las minorías en este país, realizó un discurso apasionado frente a las cámaras de televisión acusando a los vándalos que han incendiado algunos edificios de enemigos de las legítimas protestas. Cualquiera en su más sano juicio debería apoyar su posición. Sin embargo, también es necesario preguntarse, ¿hasta cuándo los abusados por la violencia racial deben ser moderados cuando los abusadores no lo son y se perpetúan generación tras generación? El gran James Baldwin, en ocasión de una rebelión similar en 1968, habían dicho: “las únicas veces en que la no violencia ha sido admirada ha sido cuando es practicada por los negros”. Obviamente, ni Baldwin ni Malcolm X se convirtieron en santos nacionales.

Sí, la violencia es siempre condenable. Todos estamos en contra de la violencia y algunos la consideramos la peor estrategia para cambiar la sociedad y la mejor excusa de la represión y la reacción para dejar las cosas como están. Como siempre, las protestas han sido calificadas como “incitación extranjera”. A este punto, es difícil determinar si hay algo de cierto en esto. Lo que ha sido comprobado es que, por 250 años la violencia racista ha acompañado a esta sociedad fronteras adentro y se ha proyectado fronteras afuera (bastaría con recordar los experimentos de con sífilis en Guatemala por parte de los médicos estadounidenses, antes de la infame destrucción de su democracia por parte de la CIA) y no ha menguado por la generosidad de los de arriba sino por la rebelión de los de abajo.

No hay país en el mundo que esté libre de racismo, pero algunos están fuera de competencia y han sido fundados y se han enriquecido sobre los valores más radicales y persistentes del racismo. El racismo estadounidense hunde sus raíces en su propia fundación. Bastaría recordar a Benjamín Franklin, preocupado por la llegada de europeos no del todo blancos. O a líderes como el gran Thomas Jefferson cuando, como era costumbre en su época, tenían hijos con sus esclavas y ni siquiera liberaba a su hijos por no ser blancos puros, condenándolos a la esclavitud en la dictadura más perfecta, cuya declaratoria de independencia de 1776 reconocía que “todos los hombres son creados iguales” y su constitución, diez años después, insistía que en eso de  “We the people”, donde ni los negros ni los indios ni los mexicanos eran parte de “nosotros, el pueblo”, por lo cual hasta estados arrancados a México, como Arizona, para ganar el derecho al voto debieron esperar hasta bien entrado el siglo XX cuando la mayoría de la población pasó a ser blanca.

Cuando los pueblos dicen basta, quienes están en el poder tienen dos opciones: aumentar la represión o ceder un poco para limitar las pérdidas. En ningún caso se trata de una revolución, pero a partir de cierto momento la revuelta podría convertirse en una rebelión semejante a la de los años 60 que terminen con la herencia de los años 80.

 

jm, 1 de junio de 2020

 

https://www.huffingtonpost.es/entry/cuando-las-razas-inferiores-dicen-basta-es-violencia_es_5ed6c516c5b68b9bb45f5154?utm_hp_ref=es-opinion-internacional

En EEU hay racismo estructural enquistado, dijo Majfud

  • PUNTOS DE VISTA

En EEU hay racismo estructural enquistado, dijo Majfud

La mayoría están en contra del racismo, pero cada tanto se dan hechos, como el asesinato de George Floyd, que lo expresan, señaló

4 de junio de 2020
Actualizado: 11:58h

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El académico y analista político uruguayo residente en Estados Unidos Jorge Majfud, dijo en Puntos de vista que si bien la mayoría de la población de Estados Unidos está en contra del racismo, hay un racismo enquistado, a veces ideológico y explícito, pero también estructural. Agregó que también hay un componente racista fundacional, que en los documentos de creación de la nación aparece la concepción de la raza blanca superior.También a través de la historia ha aparecido la victimización de grupos blancos, señaló. Eso ha dado lugar al argumento ‘nos atacaron primero, como excusa para reaccionar contra grupos que ven como amenazas. Se crean falsas banderas que justifiquen las acciones de represión, sostuvo. “Eso es parte del racismo ideológico”, dijo Majfud.

Cada tanto se dan hechos, como el asesinato de George Floyd, que expresan esas corrientes racistas subterráneas, se rebasa en vaso y aparecen las movilizaciones de protesta. “No creo que lo que está pasando tenga consecuencias legales, pero sí va a poner ciertos límites a una serie de abusos que de otra manera no alcanzan los grandes titulares o no conmueven a la población” dijo Majfud.

Jorge Majfud

 

 

 

Quand les classes subalternes racisées disent Ça suffit !, c’est de la violence

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Le 30 mai 1921, un cireur de chaussures orphelin de 19 ans se dirigeait vers les toilettes réservées aux noirs d’un immeuble de Tulsa, dans l’Oklahoma, et, alors qu’il trébuchait, il toucha le bras d’une jeune blanche. Quelqu’un a vu l’incident et l’a dénoncé comme une tentative de viol (souvent l’imagination pornographique est basée sur la violence du pouvoir d’inversion). Bien que la jeune Sarah ait déclaré qu’il s’agissait d’un accident, les appels à « lyncher le Nègre » provoquèrent une série d’attaques par des hordes de Blancs et à des réactions des habitants noirs. En réaction à cette réaction, des avions privés bombardèrent quelques jours plus tard l’un des quartiers noirs les plus prospères du pays, faisant près de cent morts et des milliers de sans-abri.

Les grands traumatismes d’une société sont toujours déclenchés par de petites choses. Le 25 mai dernier, le soupçon qu’un billet de vingt dollars était contrefait a amené un caissier du Minnesota à appeler la police et a conduit à la mort du suspect suite à une brutalité policière inutile et pesante. Ce n’était pas un cas exceptionnel ; comme au Brésil, un autre pays avec un traumatisme historique similaire, chaque année aux USA, des milliers de personnes meurent des violences policières et la plupart des victimes ont un profil similaire : noires, métisses et pauvres. Quelques jours plus tôt, la Géorgie a été choquée par le meurtre d’Ahmaud Arbery, un jeune homme noir qui faisait son jogging avant que Gregory McMichael, un flic retraité, et de son fils Travis, l’assassinent en tant que suspect. Cette fois, le crime a été filmé par un certain William Bryan, qui était en contact avec la « sécurité » des McMichael – il faut rappeler que les Irlandais, avant de devenir blancs au cours du XXe siècle, étaient considérés comme aussi indésirables que les Noirs.

Il y a quelques années, pour protester contre le racisme, le footballeur Colin Kaepernick a commencé à s’agenouiller lorsque l’hymne national était joué avant chaque match (entre autres raisons, les paroles de l’hymne menacent les esclaves : « Aucun refuge n’a pu sauver ni le mercenaire ni l’esclave/ De la frayeur des déroutes et de la tristesse de la tombe »). Des cris d’indignation se sont fait entendre de la Maison Blanche jusqu’à la plus humble des fermes. Plus d’un, dont le président Trump, a proposé que tous ceux qui suivraient son exemple « anti-américain » soient virés (« fired ») de leur boulot. De toute évidence, le courageux footballeur n’enfreignait aucune loi, et encore moins la constitution ; ceux qui menaçaient sa liberté d’expression, oui. L’idée de Theodore Roosevelt selon laquelle « les Noirs sont une race parfaitement stupide » n’a pas faibli ; seulement la manière de ne pas le dire.

Colin Kaepernick protestait contre la violence policière. Il avait échoué, comme tous ceux qui n’ont pas d’yeux pour la violence internationale historiquement raciste à laquelle Washington a été accroché pendant de nombreuses générations au nom de la liberté – la liberté d’imposer ses vues et ses intérêts à tout prix. « Nous voulions tous tuer des Noirs ; c’est comme un jeu addictif ; nous en avons tué des milliers et tout le monde était fou ; quand les tueries ont cessé, ça n’avait pas l’air bien, mais c’est à ça que ressemble la guerre », écrivait un volontaire de la compagnie H du premier régiment de l’État de Washington aux Philippines. Pour ne pas parler des dictatures tropicales, ou du bombardement aveugle de 80 % de la Corée, des fusillades de réfugiés, ou des massacres au Vietnam (où des millions de personnes ont été exterminées sous les bombes ou avec des produits chimiques défoliants), ou de la torture et du bombardement d’enfants et d’innocents, monnaie courante en Irak, en Afghanistan et à Guantanamo, sans aucune conséquence juridique. Pour ne pas revenir sur l’Amérique latine, où depuis le début du XXe siècle, des dictatures sanglantes ont été imposées pour « apprendre aux Nègres à se gouverner eux-mêmes » avant que la merveilleuse excuse de la lutte contre le communisme n’émerge quelques générations plus tard et que les supposés patriotes latino-américains ne commencent à la répéter jusqu’à ce jour faute de meilleures excuses. Lorsque le mépris des races colonisées est devenu incorrect, on a continué à diaboliser les nations et les « cultures malades » s afin de poursuivre le même exercice d’arrogance.

Comme dans de nombreux autres cas qui n’ont pas fait les gros titres parce qu’ils n’ont pas été filmés, le caissier du Minnesota a appelé la police et celle-ci a réagi avec le réflexe raciste qui est ancré dans une partie de la société (surtout une partie qui, comme nous l’avons expliqué précédemment, grâce au système électoral et représentatif hérité de l’esclavage, a un pouvoir politique disproportionné). Peu après, trois policiers blancs étaient agenouillés sur le corps de George Floyd, qui, comme une autre victime connue, Eric Garner, a répété plusieurs fois « Je ne peux pas respirer ». L’un d’entre eux, l’officier Derek Chauvin, qui avec son genou sourd a provoqué la mort de Floyd, avait travaillé comme agent de sécurité dans le même night-club que sa victime, El Nuevo Rodeo. À partir de là, la violence a éclaté et quarante villes du pays ont été mises sous couvre-feu.

Les manifestations pacifiques ont tourné à la violence peu après. La mairesse d’Atlanta, Keisha Bottoms, une femme noire, double représentante à double titre [ ???!!! les femmes seraient-elles une minorité ?, NdT] des minorités de ce pays, a fait un discours passionné devant les caméras de télévision, accusant les vandales qui ont mis le feu à certains bâtiments d’être des ennemis des protestations légitimes. Toute personne de bon sens devrait soutenir sa position [ces propos n’engagent que leur auteur, pas le traducteur, NdT]. Cependant, il faut également se demander jusqu’à quand les personnes victimes de violence raciste doivent être modérées lorsque les agresseurs ne le sont pas et se perpétuent de génération en génération. Le grand James Baldwin, à l’occasion d’une rébellion similaire en 1968, avait déclaré : « Les seules fois où la non-violence a été admirée, c’est lorsqu’elle est pratiquée par des Noirs ». De toute évidence, ni Baldwin ni Malcolm X ne sont devenus des saints nationaux.

Oui, la violence est toujours condamnable [???]. Nous sommes tous contre la violence et certains d’entre nous considèrent que c’est la pire stratégie pour changer la société et la meilleure excuse pour la répression et la réaction de laisser les choses telles qu’elles sont. Comme toujours, les protestations ont été décrites comme une « incitation étrangère ». À ce stade, il est difficile de déterminer s’il y a une quelconque vérité dans tout cela. Ce qui est prouvé, c’est que depuis 250 ans, la violence raciste a accompagné cette société de l’intérieur et s’est projetée hors des frontières (il suffit de se rappeler les expériences de syphilis au Guatemala par des médecins usaméricains, avant la tristement célèbre destruction de sa démocratie par la CIA) et n’a pas diminué du fait de la générosité de ceux d’en haut mais de la rébellion de ceux d’en bas.

Aucun pays au monde n’est exempt de racisme, mais certains sont hors compétition et ont été fondés et enrichis par les valeurs les plus radicales et persistantes du racisme. Le racisme usaméricain est enraciné dans ses fondements mêmes. Il suffit de se souvenir de Benjamin Franklin, qui s’inquiétait de l’arrivée d’Européens pas tout à fait blancs. Ou des dirigeants comme le grand Thomas Jefferson qui, quand, comme c’était la coutume à son époque, ils avaient des enfants de leurs esclaves, ne les libéraient même pas libéré parce qu’ils n’étaient pas de purs blancs, les condamnant à l’esclavage sous la dictature la plus parfaite, dont la Déclaration d’indépendance de 1776 reconnaissait que « tous les hommes sont créés égaux » et sa constitution, dix ans plus tard, a insisté sur le « Nous le peuple », dont ni les Noirs, ni les Indiens, ni les Mexicains ne faisaient partie, si bien que même les États arrachés au Mexique, comme l’Arizona, ont dû attendre une bonne partie du XXe siècle pour obtenir le droit de vote lorsque la majorité de la population est devenue blanche.

Quand les peuple disent ça suffit !, ceux qui sont au pouvoir ont deux options : augmenter la répression ou céder un peu pour limiter les pertes. Il ne s’agit en aucun cas d’une révolution, mais à partir d’un certain moment, la révolte pourrait se transformer en une rébellion similaire à celle des années 60 qui mettrait fin à l’héritage des années 80.

Nacionalistas y patriotas

Las palabras son paquetes que contienen múltiples significados y algunas, los ideoléxicos, piensan por nosotros cuando estamos distraídos. Por ejemplo, a lo largo de la historia moderna la palabra nacionalismo ha significado al menos dos cosas perfectamente opuestas, dependiendo de si hablamos del nacionalismo de un país que mantiene colonias subyugadas, legal o económicamente, o del nacionalismo de aquellas colonias y de aquellos países acosados (generalmente en nombre de la libertad) que luchan por reivindicar sus derechos y su valor como pueblo, como seres humanos libres y dignos de respeto y orgullosos de su propia belleza.

El primero es un nacionalismo tribal, étnico y con frecuencia racista. Es un instrumento de opresión y deshumanización que se considera, por su raza o por su cultura, superior al resto y con derechos especiales de oprimir, de imponer sus criterios, sus intereses y sus formas de vida. El segundo es un instrumento de lucha contra la arbitrariedad de ese mismo poder y de esa misma ignorancia. Es un instrumento simbólico, político y psicológico de resistencia que lucha por reivindicar su igualdad humana ante las otras naciones. Es un instrumento de liberación.

Otra precisión necesaria se refiere al campo semántico del primero, del nazionalismo. Sus fronteras semánticas ni siquiera coinciden con las fronteras físicas de la nación que representan cuando ondean la bandera de su país. Esto queda cuantitativamente demostrado cuando consideramos el cúmulo de discusiones, furias, insultos y amenazas que motivan a un nazionalista, no contra otras naciones sino contra sus adversarios nacionales.

Para un nacionalista exacerbado no hay nada mejor que otro nacionalista exacerbado, aunque sea un nacionalista de otra nación. Los verdaderos enemigos de los nazionalistas son sus propios compatriotas que piensan diferente, sobre todo todos aquellos que tienen el valor de realizar una crítica profunda, incómoda, inconveniente, ese servicio supremo que alguien puede hacerle a un país y que los nacionalistas exacerbados llaman traición a la patria. La verdadera patria de un nacionalista exacerbado, de un patriota rabioso es su ideología, no su patria. Un nazionalista está incapacitado para entender que ningún país del mundo le pertenece ni tiene derechos civiles especiales por encima de cualquier otro ciudadano de su país. Ni tiene derechos humanos especiales por encima de cualquier otro ciudadano de cualquier otro país.

Para un nacionalista exacerbado, solo las verdades dulces son patriotas, las verdades que pintan a sus héroes recién afeitados y montando un caballo blanco. Cuando no hay verdades que adulan, lo mismo da una buena mentira. Como el nacionalismo es una secta, creer es una obligación y cualquier cuestionamiento una grave traición. Las verdades amargas, las verdades más necesarias, aquellas que nadie quiere escuchar porque remueve los crímenes propios, son consideradas traiciones a la patria. Si el país Z acosa, arruina o invade el país X (naturalmente, Z es una potencia y X es un país pequeño y pobre, nunca al revés) y alguien en el país Z levanta la voz para defender los derechos y la dignidad del país X, el nazionalista saltará como un resorte con su previsible pregunta en forma de respuesta: “¿Y por qué no te vas a vivir a X?” Siempre es dulce, conmovedor y un acto heroico defender la razón del más fuerte. (Sobre todo si es un nuevo ciudadano del ganador Z, porque estos nacionalistas necesitan ser un doscientos por ciento nacionalistas Z para sentirse un verdadero Z.)

Para este tipo de nacionalistas no hay servicio mayor a la patria que ir a una guerra, sin importar si es una guerra justa o una guerra criminal, sobre todo si alguien más va a la guerra por ellos. Las guerras hacen mucho ruido y nadie escucha. Cuando no hay guerras o no hay invasiones a algún país lejano, cuando las bombas y sus víctimas se han callado y algunos pueden volver escuchar, la guerra continua fronteras adentro contra aquellos que se atreven a desenterrar uno o dos muertos incómodos. Pero ¿qué servicio mayor puede hacerle un ciudadano a su país que decirle la verdad, sobre todo cuando ese país va a aplastar a miles de inocentes o, peor, cuando ya lo ha hecho y un pueblo embrutecido por el nazionalismo lame sus heridas morales colgándose medallas e historias heroicas que van a alimentar aún más el nazionalismo?

 

JM, abril 2020

La raza superior siempre se tiene fé

En 2015 el presidente Barack Obama inauguró el Global Health Security and Biodefense para prevenir futuras pandemias.

En 2017 el presidnete Donald Trump la redujo lo más que pudo para ahorrar recursos y revertir otra idea de su predecesor mulato.

En 2019 Trump creó una “Fuerza Espacial” que anunció con bombos y platillos como la cuarta fuerza militar de Estados Unidos para una nueva guerra de las galaxias. En poco tiempo se emplearon 16.000 funcionarios y se destinaron 15.000.000 millones de dólares para la nueva guerra por inventar. 

Meses después, en 2020 la epidemia COVID 19 destruyó todas las ganancias de los últimos cinco años de “negocios primero” y recortes de impuesos para los ricos en Wall Street y seis millones de pustos de trabajo en solo tres semanas. Cuando una periodista le preguntó por los criterios para definir el fin de la crisis, el presidente Trump señaló su cabeza con un dedo e indicó que la decisión suprema no estaba en la ciencia sino allí adentro. 

En 1897, el futuro presidente de Estados Unidos, Theodore Roosevelt, luego de insistir como muchos otros políticos en la fortuna de ser hombre y blanco para tomar sabias decisiones, había publicado que “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo, desde América hasta Australia… Afortunadamente, la democracia, con un claro instinto egoísta en favor de la raza blanca, ha sido capaz de mantener alejadas a las razas invasoras”.

 

JM, abril 2020

 

¿Nos dirigimos a la Fase Andes 72?

No pocas veces en mis clases he propuesto el análisis del caso de la tragedia de los Andes de 1972. Esta es una de las pocas historias relevantes donde el factor político es mínimo, casi inexistente (consideremos que hasta la crucificcion de Jesús está cruzada y definida por poderosas motivaciones políticas). Por lo general, en la discusión suelen surgir dos grupos: algunos estudiantes reconocen que no saben cómo actuarían en una situación semejante mientras otros, de plano, afirman que jamás recurrirían a la antropofagia para sobrevivir tres meses en un valle helado de los Andes. 

Sin considerar los casos antiguos de canibalismo con una fuerte carga ritual, la historia moderna registra múltiples casos de antropofagia por parte de gente considerada civilizada, desde la fundación de la primera colonia anglosajona en Estados Unidos hasta la brutal conquista del Oeste. La vida en este planeta existe gracias al instinto de conservación, notoriamente complementado con el instinto sexual para acelerar la diversidad genética y así la adaptación evolutiva a medios inhóspitos y cambiantes. El instinto de conservación es tan fuerte que es capaz de echar mano a recursos que en otras situaciones serían impensables e imperdonables. Nadie puede asegurar cómo reaccionaría ante una situación extrema y mucho menos cuando esa situación se prolonga por semanas, por meses.

Obviamente que en esta pandemia de COVID 19 no estamos en esa fase de la desesperación. Más bien estamos lejos. Pero vamos en esa dirección y basta un detonante para que las piezas de dominó desaten su energía destructiva. Por varias razones, lo que antes la gente llamaba “normalidad” nos condujo a esta crisis y nos conducirá a otras (el consumismo irracional, el desmembramiento o negligencia de la trama social, de los programas y servicios sociales, desde los médicos hasta las coberturas laborales, asistenciales y de suministro de alimentos, el fanatismo de los líderes mundiales y sus “yo y nosotros primero”, apoyado por furiosas hordas y sectas de frustrados racistas). 

Para muestra de este absurdo bastaría anotar que hace pocos días los productores en Estados Unidos estaban arrojando desde camiones cisternas millones de galones de leche en buen estado a las cloacas, mientras miles de personas (de sus propios conciudadanos) a kilómetros de distancia hacían horas de fila para recibir un poco de comida gratis. La lista es extensa. Obviamente que los negocios y la ley de “los beneficios primeros” no son buenos coordinando algo que no tiene un beneficio inmediato ni nunca fueron buenos considerando las externalidades de la economía. De hecho, la solidaridad de donar lo que no se puede vender podría afectar negativamente los precios, por lo cual es mejor destruir los alimentos que otros desesperadamente necesitan. 

Tal vez con la excepción del salto del virus de un animal a un ser humano, nada del resto es por puro azar. Esta crisis muestra y demuestra que la base principal de la economía no es la economía; que la base de los maravillosos negocios no son los negocios; que la base del éxito de los exitosos no es meramente el éxito de los exitosos; que todas esas cápsulas ideoléxicas son dogmas, fundamentalmente esparcidos desde la cultura, desde la política, desde los medios y desde los poderosos intereses financieros de Estados Unidos, tanto que hasta en otras culturas deben usar las mismas palabras en inglés para expresar correctamente lo que dice el dogma asimilado. 

 Si el mundo y los países más afectados no vuelven, al menos por un tiempo, a eso que antes se llamaba “normalidad”, esa leve fiebre que no enciende las alarmas, en algún momento (imposible predecir cuándo y dónde) las personas más civilizadas del planeta van a entrar en la fase Andes 72. Esto significa que podemos estar moviéndonos a una serie de estallidos sociales donde hasta el individuo más sensible, racional y civilizado pasa del respeto y la solidaridad social a la desesperada búsqueda de la sobrevivencia individual y familiar. 

Ojalá que estemos lejos de ese momento y que las cosas se reviertan antes. También esto es probable. Pero no subestimemos la fuerte posibilidad de un escenario Andes 72. Diez años atrás habíamos escrito que esta posibilidad se daría con el agravamiento de la crisis ecológica y las diferencias sociales. Probablemente la pandemia del Coronavirus haya adelantado esa catastrófica posibilidad. De por sí ya es una catástrofe. El año pasado agregábamos: “los seres humanos somos especialistas en mentirnos y solemos despertar con alguna crisis, como un conductor que se duerme al volante mientras maneja y algo indeseable lo devuelve a la realidad”.

Ahora el mejor escenario consiste en que (1) no lleguemos a ese punto de quiebre y que (2) como sociedad global tengamos la sabiduría de pensar globalmente y no meramente en base a los alegres dogmas que solo ven beneficios financieros a corto plazo. Los dogmas ideológicos que pretenden estar libres de ideología deberán ser revisados con más seriedad y con menos arrogancia de parte de sus creyentes. Como por ejemplo aquella ley sagrada de que “la búsqueda del interés personal conduce al bien común; una mano invisible organiza, equilibra y armoniza los intereses individuales en el bienestar colectivo, alcanzando el óptimo social como un resultado involuntario e ideal de la conducta espontánea de los hombres”. 

Por supuesto que todos tenemos intereses personales y suelen ser todos muy diferentes. Por supuesto que todos apreciamos la libertad individual y no toleramos la arbitrariedad de ningún poder estatal o privado que nos limite y nos imponga su fuerza sin más razón que el beneficio y la libertad de esos poderes y su elite beneficiaria. Pero cuando una dimensión humana se convierte en ley, como una secta basa toda su teología en una sola frase bíblica, se convierte en dogma. La actitud que sacraliza el interés personal por sobre todo lo demás (por casualidad, siempre es el interés personal de los más fuertes) es una especie de sublimación civilizada de los instintos más profundos y arcaicos de canibalismo. Así, un dogma adoptado por una mayoría termina llevando a la mayoría, o a todos, a la catástrofe, como las ratas encantadas del flautista de Hamelín.

Para empezar será necesario sacar del poder a todos aquellos jefes de Estado que entienden que un líder es un ganador (como un empresario exitoso que gana destruyendo a la competencia) y no un líder racional, alguien que no desprecia ni la ciencia ni la crítica, que posibilita entendimientos y cambios coordinados en beneficio de la sociedad (global) para beneficio de sus miembros (países, individuos) y no al revés, que es lo que hasta ahora han propuesto y practicado los enardecidos nacionalistas con su mentalidad tribal, los fanáticos de los negocios primero, de la acumulación, del consumo irracional y la destrucción ilimitada como única definición posible de éxito

 

JM, abril 2020

 

La vana arrogancia de los expertos

Dr., Máster, o lo que sea, Canciller de Uruguay Ernesto Talvi:

De mi mayor consideración.

Es verdad que cada una de las ideas y declaraciones del general, ex comandante del ejército uruguayo del pasado gobierno del Dr. Tabaré Vázquez (y, como es tradición en América Latina, rebelado contra su presidente a falta de mayor promoción) Manini Ríos, no tienen forma de defenderse sin caer en niveles cloacales. 

Pero si el general Manini quiere discutir sobre si más Keynes y si menos Friedman en el actual gobierno de derecha de nuestro país, no debería usted responder con una profunda muestra de debilidad y arrogancia descalificado a su temporal adversario por no ser economista. (A decir verdad, en realidad es su socio; usted no estaría donde está sin sus votos; si él traicionó a quien lo designó y promovió, no haga usted lo mismo para quedar bien con la historia). Es exactamente lo que hacen los ineptos: le refriegan su título al adversario dialéctico como si fuese un argumento. “Yo no me meto en temas militares; que él no se meta en temas de economía”, más o menos ha dicho usted en la televisión local.

Podemos estar de acuerdo en que hoy en día cualquiera se toma el atributo de discutir sobre cualquier especialidad, y por lo general con notable superficialidad y vana arrogancia, pero la opción contraria es aún peor. ¿Se imagina usted no discutiendo nada que no caiga dentro de lo aceptado como “economía”? Pues, usted debería estar en silencio la mayor parte del tiempo, lo cual no es el caso, sobre todo desde que entró en la arena política.

Pero si el general Manini Ríos o cualquier otra persona quiere discutir sobre la pertinencia de Keynes y Friedman en nuestros días, no importa si es militar, médico o vendedor de helados. Imagine que se me ocurra a mí decir que en una reunión sólo yo puedo opinar de arquitectura porque soy el único arquitecto en un grupo dado. O de relaciones internacionales, sólo porque resulta que doy clases de eso en alguna universidad del mundo. No tendría ningún sentido, aparte de hacer el ridículo. Esa soberbia de decir que “esa discusión ha sido saldada hace cuarenta años” vale lo mismo que decir que usted no quiere discutir el fondo de las dos opciones. Artigas y Jefferson murieron hace un par de siglos, y hoy los ejemplos de cada uno echarían mucha luz en cualquier discusión, si se diera (creo que el primero llevaría amplia ventaja en las cuestiones éticas sobre la justicia social y el racismo, pero eso sería parte de la discusión).

Los “expertos” en el poder y bastante fuera de práctica académica o de ejercicios intelectuales profundos que hace tiempo se daban en nuestros cafés del sur, no se cansarán nunca de proclamar que los asuntos del pasado, pasados son; que las discusiones teóricas de cuarenta años atrás “están saldadas”, como si se tratase de una discusión entre física newtoniana y la física cuántica y hoy no hubiese profundas divergencias en las opiniones de los “expertos” en economía, muchos de los cuales han sido distinguidos con premios Nobel y no le tienen miedo a discutir la pertinencia de Keynes o de Friedman. Por no mencionar los editoriales y las discusiones semanales en publicaciones liberales como The Economist, del que seguramente usted será suscriptor. Los expertos en economía no predijeron ni la gran crisis de 2008 ni siquiera se imaginaron que la base de toda la economía no tienen nada que ver con la economía y los negocios, como ha quedado demostrado con la devastadora pandemia de COVID 19 que en estos momentos sufrimos. ¿Se imagina usted a los genios de los Chicago Boys, a los creyentes de Milton Friedman y sus variaciones maquilladas proponiendo la “mano invisible del mercado”, de los negocios sin externalidades, y del poder absoluto de “los beneficios primero” como forma de solucionar esta catástrofe?

Eso de que “el dilema X es una discusión saldada” y que nadie puede hablar de economía excepto expertos en economía como usted, sobre todo cuando se lo dice desde las alturas del súbito poder (aunque sea de un país pequeño) y desde la arrogancia ideológica (usted ha dicho que en la Universidad de Chicago ha aprendido que la economía es cuestión de datos duros, cosa que ni los economistas más celebrados del planeta se lo creen) es como como si una mujer con un ojo morado no tuviese derecho a reclamar por violencia doméstica porque los hombres solían pegarle a sus mujeres en tiempos de la prehistoria y desde entonces muchas cosas han cambiado. Es decir, según esa costumbre servil de explicar la realidad para los de abajo, ya no existe el imperialismo, ni la hegemonía, ni las elites legislando en su favor, ni las narrativas de los grandes medios funcionales a los grandes intereses económicos ni un largo etcétera. Todas esas son discusiones viejas, sesentistas, del siglo diecinueve. Como lo puso en práctica el propagandista Edward Bernays hace más de medio siglo, con resultados sorprendentes e irrefutables, la mejor propaganda de un sistema de dominio económico y político consiste en hacer que los supuestos expertos digan lo que nosotros queremos que otros escuchen y crean. Descalifica, descalifica que algo quedará.

Pues, no, Dr. Talvi. Muchas cosas no han cambiado desde hace doscientos años. Lo que han cambiado son los discursos y las excusas de los “expertos” para que quienes están en el poder nacional (usted ahora) y en el poder internacional (olvídese, usted no está ni estará nunca ahí; es solo un colaborador) continúen haciendo lo mismo: cambiar para que nada cambie.

Personalmente no creo que usted haga todo esto de forma deliberada, aunque me puedo equivocar. Sospecho que usted no es un hombre malo. Tiene usted toda la razón cuando dice que sin justicia no hay república. De hecho, sin justicia no hay casi nada.  Lo que dice y hace es porque se cree un experto. Igual, las clases privilegiadas siempre creen que tienen razón y entienden la realidad mucho mejor que el resto de la sociedad porque toman whisky etiqueta negra mientras los tontos se conforman con vino de mala calidad y no saben que la discusión entere Keynes y Friedman fue saldada hace cuarenta años cando los Chicago Boys hacían lo que se les antojaba en las dictaduras amigas de América Latina y recibían tsunamis de dólares de Washington para demostrar que estaban en lo cierto.

Atentamente

Jorge Majfud

 

 

 

 

 

 

Basta de decir que nadie es responsable de la pandemia

Aunque no haya culpables por esta pandemia, hay que dejar de decir que nadie es responsable de la magnitud de la tragedia. Varios líderes mundiales deberían ser juzgados ante una Corte internacional por irresponsabilidad, fatua egolatría, arrogancia exitista, vanidad, avaricia y fanatismo, pero sabemos que no lo serán y ellos también lo saben y actúan como tales. Sin ellos, con gente más racional, más humilde (con líderes que no se arroguen la facultad de hablar en nombre de Dios), la tragedia pudo haber sido mucho menor de lo que es y de lo que será. 

El mundo ya no será el mismo luego de la peste aunque buscará desesperadamente volver a “la normalidad”, porque a la locura siempre le ha gustado llamarse así. Los ideólogos del neoliberalismo, del capitalismo salvaje, los profetas del interés propio, del progreso individual, de la agresividad de los negocios y los beneficios primero como religión no desaparecerán; heridos de muerte, se volverán aún más agresivos y el resto de la humanidad seguirá esperando la próxima pandemia, la próxima catástrofe climática para salir corriendo desesperados a buscar una solución. Y será tarde. Algo mucho peor que la actual pandemia del coronavirus.

La culpa la tiene el peronismo

El pasado 3 de febrero el presidente de Argentina Alberto Fernández se reunió con la canciller Angela Merkel en Berlín. En la cena, la canciller le tiró la previsible pregunta que repiten todos dentro y fuera de Argentina: ¿Qué es el peronismo? La respuesta fácil de siempre es decir que nadie lo sabe exactamente. Es una forma de no decir nada y de, al mismo tiempo, menospreciar un movimiento que, para bien o para mal, fue y todavía es relevante en la vida de aquel gran país, mezcla milagrosa de sabihondos y suicidas. 

La respuesta del presidente argentino no fue la mejor. Más propia del presidente que es que del profesor que fue: “no somos populistas”, “soy un socialdemócrata”. Luego, el conocido sofisma atribuido a Perón: “Argentina es un tercio radical, un tercio conservadora y otro tercio socialista, pero todo somos peronistas”.

La canciller, en su decimoquinto año en el cargo, le dice que leyó el libro Qué es el populismo? del alemán Jan-Werner Müller. Un asesor agrega: “lo que a nosotros nos queda claro es que el populismo es una forma de ejercer el poder, y por eso ustedes pueden ser de derecha y de izquierda al mismo tiempo”. El presidente argentino sale al cruce argumentando que el peronismo ha heredado las masivas crisis de 1989 y la de 2002 y las ha resuelto. Ahora, previsiblemente, se repite la historia con el caos heredado del gobierno de Mauricio Macri.

El asistente replica con otro lugar común: “pero ha sido el peronismo que creó el caos al principio. Ustedes han dominado Argentina desde 1946 y, desde entonces, el país ha pasado de ser una potencia del Primer mundo a un país más del Tercero”. Según reportan medios como The Economist, a estas palabras siguió “un raro silencio del presidente de Argentina”. De ahí se pasó a otro tema y a las bromas de siempre.

Para comenzar, el clásico argumento acerca de la decadencia del país del Primer mundo debido al peronismo, confunde causas con consecuencias e ignora las poderosas fuerzas externas y la propia historia argentina. Es como señalar que las gráficas anuales de criminalidad y la de ventas de helados coinciden con un incremento en los veranos y un descenso en los inviernos y, de ahí, deducir que los helados son los causantes de la criminalidad en los países. 

El populismo peronista hizo posible que en 1947 las mujeres tuviesen derecho al voto, pese a la resistencia de los responsables conservadores en el Congreso. Pero el peronismo no fue ni más populista ni más proteccionista que cualquiera de los gobiernos estadounidenses anteriores. Ni más socialista que el exitoso gobierno de F. D. Roosevelt. Muchos otros países latinoamericanos comenzaron el mismo prolongado declive social, político y económico más o menos al final de la Segunda Guerra. Uruguay no tuvo nada parecido al peronismo y experimentó casi la misma historia de decadencia y autoritarismos de derecha. Podríamos seguir con países muy diferentes, como Chile, Bolivia, Brasil y tantos otros. Es cierto que uno de los articuladores de la política de Industrialización por sustitución de importación (ISI) fue el economista argentino Raúl Prebisch, pero el modelo fue aplicado en muchos países latinoamericanos, incluso antes (Getulio Vargas en Brasil). Cuando Perón inicia estos planes para desarrollar la industria argentina, al principio da buenos resultados. Su mayor pecado (aparte de enfrentarse a la oligarquía dominante y a su brazo protector, otro ejército latinoamericano) consistió en aplicar el ISI demasiado tarde, sesenta años más tarde que Estados Unidos. Los cinturones de pobreza en América Latina (favelas, villas miserias) de los años 60 en adelante se deben, en gran parte, a este tardío e inevitable intento de industrialización en procura de la independencia económica en un mundo que ya había definido dos de los tres supercentros industriales, por entonces casi listos para entrar en la Era postindustrial. Para no seguir con el neoliberalismo que devastó Argentina desde Martínez de Hoz pasando por Menem, una ideología que nada tiene de peronista.

Otra falacia es que “el peronismo ha dominado la política de Argentina desde 1946”. Por supuesto que su legado es indeleble, pero no debemos olvidar que “el dictador Perón” fue presidente sólo tres veces (siempre por elecciones) y no pudo completar dos de los tres períodos. Hay que recordar que Perón fue derrocado en un sangriento golpe de Estado en 1955 y que desde entonces Argentina vivió una pesadilla de diferentes golpes y dictaduras militares hasta los años 80. César Milstein, luego Nobel de medicina, recuerda que por los años 60 el general Onganía había prometido “arreglar el país” expulsando a todos los intelectuales; lo cual hizo sin los resultados esperados, sino todo lo contrario. 

Solo por mencionar uno de los relevantes factores externos, hay que recordar también que cuando la CIA se funda en 1947 y desplaza al FBI de las operaciones clandestinas en América latina, nunca dejó de intervenir en sus gobiernos y en sus organizaciones populares. Según los cientos de miles de documentos desclasificados y según las múltiples memorias de sus mismos agentes secretos, unos arrepentidos y otros orgullosos de su trabajo, los métodos favoritos y recurrentes fueron (¿o son?): 1) Inyección de millones de dólares en los grandes medios de prensa, cuyos dueños solían ser los amigos de los agentes encubiertos; 2) Infiltración de movimientos sociales o de partidos políticos; 3) Masivas campañas de desinformación, siempre a través de terceros “y de forma que siempre podamos negar nuestra intervención aún cuando las pruebas sean irrefutables”; 4) Creación de rumores: “la gente siempre está dispuesta a creer en rumores, sobre todo cuando no tiene idea de cuál es realmente la verdad”; 5) Desestabilización económica; este recurso solía contar con sabotajes crediticios de los gobiernos de turno en Washington, pero las campañas periodísticas y los rumores callejeros inventando falsos enemigos contribuían a la desestabilización de los gobiernos no amigos, sean democráticos o autoritarios, hasta que eran sustituidos por las tradicionales dictaduras amigas (el comunismo era el nuevo falso positivo de la Agencia que daba y de las clases altas que recibían, pero este modus operandi hunde sus raíces en el siglo XIX en el Caribe y América Central; en el Cono Sur llegará poco antes de la Guerra Fría); 6) Inyección de millones de dólares para los partidos democráticos amigos y para las dictaduras amigas cuando el partido amigo perdía las elecciones.

Es cierto que el peronismo ha convivido con la centro derecha (Menem) y la centro izquierda (Kirchner) al mismo tiempo o de forma sucesiva. Es probable que este fenómeno se deba a sus orígenes. No por casualidad el embajador de Estados Unidos, Spruille Braden, que había llegado por orden de Dios para corregir el rumbo, se oponía a la industrialización y a los sindicatos en Argentina, los que habían sido visibilizados por la Revolución del 43 y luego por el peronismo, sobre todo el de Evita. Seguramente el peronismo no fue inmune a la estrategia de la CIA y de varios gobiernos de Estados Unidos: (1) la infiltración permanente (“nuestra opción dentro del enemigo”) y (2) la demonización de los movimientos independentistas o rebeldes (“ustedes son los únicos responsables de su propio fracaso”). 

 

JM, febrero 2020

 

 

C’est la faute au péronisme

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Le 3 février dernier, le président de l’Argentine, Alberto Fernandez, a rencontré la chancelière Angela Merkel à Berlin. Lors du dîner, la chancelière lui a lancé la question prévisible qui est répétée par tout le monde à l’intérieur et à l’extérieur de l’Argentine : C’est quoi, le péronisme ? La réponse facile habituelle est de dire que personne ne le  sait exactement. C’est une façon de ne rien dire et, en même temps, de rabaisser un mouvement qui, pour le meilleur ou pour le pire, était et est toujours pertinent pour la vie de ce grand pays, un mélange miraculeux de petits malins et de suicidaires.

La réponse du président argentin n’a pas été la meilleure. Elle était plus typique du président que du professeur qu’il a été : « Nous ne sommes pas des populistes », « je suis un social-démocrate ». Puis, le sophisme bien connu attribué à Perón : « L’Argentine est un tiers radicale, un tiers conservatrice et un tiers socialiste, mais nous sommes tous péronistes ».

La chancelière, dans sa quinzième année de mandat, lui a dit qu’elle a lu le livre Qu’est-ce que le populisme ? de l’Allemand Jan-Werner Müller. Un conseiller a ajouté : « Ce qui est clair pour nous, c’est que le populisme est une façon d’exercer le pouvoir, et c’est pourquoi vous pouvez être de droite et de gauche en même temps ». Le président argentin rétorque en faisant valoir que le péronisme a hérité des crises massives de 1989 et 2002 et les a résolues. Maintenant, comme on poeut s’y attendre, l’histoire se répète avec le chaos hérité du gouvernement de Mauricio Macri.

Le conseiller répond par un autre lieu commun : « Mais c’est le péronisme qui a créé le chaos au départ. Vous dominez l’Argentine depuis 1946 et, depuis lors, le pays est passé du statut de puissance du Premier Monde à celui de pays du Tiers Monde ». Selon des comptes-rendus de médias comme The Economist, ces mots ont été suivis par « un étrange silence de la part du président argentin ». Puis on est passé à un autre sujet et aux blagues habituelles.

Pour commencer, l’argument classique sur le déclin du pays du Premier Monde dû au péronisme confond les causes avec les conséquences et ignore les puissantes forces extérieures l’histoire même de l’Argentine. C’est comme si l’on faisait remarquer que les graphiques annuels de la criminalité et des ventes de glaces indiquent une augmentation en été et une diminution en hiver, et que l’on en déduisait que les glaces sont la cause de la criminalité.

Le populisme péroniste a permis aux femmes d’obtenir le droit de vote en 1947, malgré la résistance des dirigeants conservateurs au Congrès. Mais le péronisme n’était ni plus populiste ni plus protectionniste que tous les gouvernements usaméricains qui l’avaient précédé. Pas plus socialiste que le gouvernement de Franklin Delano Roosevelt, qui fut une réussite. De nombreux autres pays d’Amérique latine ont entamé le même déclin social, politique et économique prolongé vers la fin de la Seconde Guerre mondiale. L’Uruguay n’avait rien à voir avec le péronisme et a connu à peu près la même histoire de déclin et d’autoritarisme de droite. Nous pourrions continuer avec des pays très différents, comme le Chili, la Bolivie, le Brésil et tant d’autres. Il est vrai que l’un des articulateurs de la politique d’industrialisation par substitution aux importations (ISI) a été l’économiste argentin Raúl Prebisch, mais le modèle a été appliqué dans de nombreux pays d’Amérique latine, y compris avant (Getulio Vargas au Brésil). Lorsque Perón a lancé ces plans pour développer l’industrie argentine, ils ont d’abord donné de bons résultats. Son plus grand péché (à part avoir affronté l’oligarchie dominante et son bras protecteur, une autre armée latino-américaine) a été d’appliquer l’ISI trop tard, soixante ans après les USA. Les ceintures de pauvreté en Amérique latine (favelas, villas miserias) à partir des années 1960 sont largement dues à cette tentative tardive et inévitable d’industrialisation en vue de l’indépendance économique dans un monde qui avait déjà défini deux des trois supercentres industriels, alors presque prêts à entrer dans l’ère post-industrielle.

Une autre erreur est de dire que « le péronisme domine la politique argentine depuis 1946 ». Bien sûr, son héritage est indélébile, mais il ne faut pas oublier que « le dictateur Perón » n’a été président que trois fois (toujours par élection) et n’a pas pu terminer deux des trois périodes. Il faut rappeler que Perón a été renversé par un coup d’État sanglant en 1955 et que depuis lors, l’Argentine a vécu un cauchemar de différents coups d’État et de dictatures militaires jusqu’aux années 1980. César Milstein, qui a ensuite reçu le prix Nobel de médecine, se souvient que dans les années 1960, le général Onganía avait promis de « réparer le pays » en expulsant tous les intellectuels ; ce qu’il a fait sans les résultats escomptés, bien au contraire.

Pour ne citer qu’un des facteurs externes pertinents, il faut également rappeler qu’à partir de sa fondation en 1947, la CIA a évincé le FBI des opérations clandestines en Amérique latine, et n’a jamais cessé d’intervenir dans ses gouvernements et organisations populaires.

Selon les centaines de milliers de documents déclassifiés et selon les multiples souvenirs de ses propres agents secrets, certains repentis et d’autres fiers de leur travail, ses méthodes préférées et récurrentes étaient (ou sont ?) : 1) L’injection de millions de dollars dans les grands médias, dont les propriétaires étaient les amis des agents infiltrés ; 2) L’infiltration de mouvements sociaux ou de partis politiques ; 3) Des campagnes massives de désinformation, toujours par le biais de tiers « et de telle sorte que nous puissions toujours nier notre intervention même lorsque les preuves sont irréfutables » ; 4) Le lancement de rumeurs : « les gens sont toujours prêts à croire les rumeurs, surtout quand ils n’ont aucune idée de la vérité » ; 5) La déstabilisation économique ; cette ressource comptait sur les sabotages de crédit des gouvernements au pouvoir à Washington, mais les campagnes journalistiques et les rumeurs de rue inventant de faux ennemis ont contribué à la déstabilisation des gouvernements inamicaux, qu’ils soient démocratiques ou autoritaires, jusqu’à ce qu’ils soient remplacés par des dictatures amies traditionnelles (le communisme était le nouveau faux positif de l’Agence qui donnait et des classes supérieures qui recevaient, mais ce modus operandi a ses racines au XIXe siècle dans les Caraïbes et en Amérique centrale, il arrivera dans le Cône Sud peu avant la guerre froide) ; 6) L’injection de millions de dollars dans les partis démocratiques amis et dans les dictatures amies lorsque le parti ami perdait les élections

Il est vrai que le péronisme s’est positionné au centre droit (Menem) et au centre gauche (Kirchner) en même temps ou successivement. Il est probable que ce phénomène soit dû à ses origines. Ce n’est pas un hasard si l’ambassadeur usaméricain, Spruille Braden, envoyé spécial de Dieu pour corriger le tir, s’est opposé à l’industrialisation et aux syndicats en Argentine, rendus visibles par la révolution de 1943 et plus tard par le péronisme, en particulier celui d’Evita. Le péronisme n’était certainement pas à l’abri de la stratégie de la CIA et des différents gouvernements usaméricains : (1) l’infiltration permanente (« notre option au sein de l’ennemi ») et (2) la diabolisation des mouvements indépendantistes ou rebelles (« vous êtes les seuls responsables de votre propre échec »).

El profesor de Humanidades Majfud gana el premio Literario Internacional Independiente.

El profesor de la Universidad de Jacksonville, Jorge Majfud, puso mucho de sí mismo en su novela El mismo fuego , que recientemente ganó el Premio Literario Internacional Independiente.

Orrizonte Atlantico, la agencia literaria italiana que organizó la competencia, llamó a la novela del Prof. Majfud “una autobiografía existencial basada en las experiencias del autor durante la última dictadura militar en Uruguay”. El Prof. Majfud considera que el “yo” es esencial para escribir ficción.

Prof. Majfud

“El arte real es una exploración del mundo humano interior”, dice el profesor Majfud, quien está a punto de ver su octava novela publicada este año. “Para comprender los sentimientos de los demás, necesitamos explorar y comprender nuestros propios sentimientos y emociones, normalmente contaminados con nuestras propias ideas, que nunca son exclusivamente nuestras, sino que provienen principalmente de una larga historia humana. De la misma manera que un automóvil es una extensión de nuestro cuerpo, el arte –…

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Entretenimiento perpetuo

Cuanto más monótona e intrascendente se vuelve la vida en los países desarrollados, más cámaras se le suman a los teléfonos inteligentes. Hasta no hace muchos años los teléfonos venían con una cámara, lo que significó un avance para registrar las brutalidades del poder que antes quedaban enterradas con sus víctimas. Luego se agregaron dos a medida que la industria del entretenimiento en los países desarrollados se democratizaba. Hace un año iPhone agregó tres cámaras, una al lado de la otra. Ahora los más jóvenes se desesperan por tener el teléfono con cuatro cámaras mientras se burlan de quienes tienen la antigüedad de tres cámaras. 

Como los seres humanos somos, en una creciente mayoría, cada día más irrelevantes en el sistema de producción dominado por ultra efectivos robots y sistemas de inteligencia artificial implacables, lo único que quedará será mantener entretenidas las masas, jugando videojuegos o inventando infinitos pranks de treinta segundos que los individuos consumirán durante interminables horas mientras un puñado de otros individuos toman las decisiones importantes sobre sus vidas y sobre el destino del planeta.

Pronto tendremos teléfonos con tantas cámaras como ojos tiene una mosca, para registrar el vacío interior y toda la basura que vamos generando en un mundo sobrepoblado de falsas novedades que no nos dejan ver la destrucción real del planeta y el vaciamiento de nuestras vidas anestesiadas por el entretenimiento perpetuo que, como cualquier droga, necesitará una dosis cada vez más alta para lograr el mismo estímulo que nos aleje de la depresión del vacío y la nada. 

Afortunadamente, el futuro no existe; es algo que está en construcción ahora mismo, y siempre hay una posibilidad de despertar. Lamentablemente, los seres humanos somos especialistas en mentirnos y solemos despertar con alguna crisis, como un conductor que se duerme al volante mientras maneja y algo indeseable lo devuelve a la realidad. 

 

JM, enero 2020

 

 

Entretenimento perpétuo

Quanto mais monótona e irrelevante se torna a vida nos países desenvolvidos, mais câmaras são acrescentadas aos telemóveis inteligentes. Ainda há poucos anos os telemóveis vinham com uma câmara, o que significou um avanço para registar as brutalidades do poder que antes ficavam enterradas com as suas vítimas. Depois passaram a ser duas, à medida que a indústria do entretenimento nos países desenvolvidos se democratizava. Há um ano o iPhone juntou três câmaras, com uma ao lado da outra. Agora os mais jovens desesperam por ter o telemóvel com quatro câmaras e gozam com os que ainda têm a antiguidade de três câmaras.

Como os seres humanos somos, numa crescente maioria, cada vez mais irrelevantes no sistema de produção dominado por ultra-eficazes robôs e sistemas de inteligência artificial implacáveis, o único que sobrará é manter entretidas as massas, jogando videojogos ou inventando infinitos pranks [“apanhados”] de trinta segundos que os indivíduos consumirão durante intermináveis horas, enquanto um punhado de outros indivíduos tomam as decisões importantes sobre as suas vidas e sobre o destino do planeta.

Em breve teremos telemóveis com tantas câmaras como olhos tem uma mosca, para registar o vazio interior e toda a porcaria que vamos gerando num mundo sobrepovoado de falsas novidades que não nos deixam ver a destruição real do planeta e o esvaziamento das nossas vidas anestesiadas pelo entretenimento perpétuo que, como qualquer droga, necessitará de uma dose cada vez maior para conseguir o mesmo estímulo que nos alheie da depressão do vazio e do nada.

Felizmente, o futuro não existe; é algo que está em construção agora mesmo, e há sempre uma possibilidade de despertar. Lamentavelmente, os seres humanos somos especialistas em mentir-nos e costumamos despertar com alguma crise, como um condutor adormecido ao volante e algo indesejável o devolve à realidade.

 

Texto de Jorge Majfud publicado na Rebelion a 28 de janeiro de 2020. Tradução de Alexandre Leite.

 

 

ZBAVITJA E PËRJETSHME

Sa më monotone dhe e parëndësishme bëhet jeta në vendet e zhvilluara, aq më shumë kamera u shtohen telefonave inteligjentë. Nuk ka pak vite që telefonat na vinin me një kamerë, gjë që tregonte një përparim për të regjistruar brutalitetet e pushtetit që më përpara qëndronin të varrosur me viktimat e tyre. Më pas, ndërkohë që industria e argëtimit në vendet e zhvilluara po demokratizohej, u bënë me dy kamera. Ka një vit që iPhone, nga njëra anë në tjetrën, është bërë me tri kamera. Tani më të rinjtë janë të etur ta kenë telefonin me katër kamera, ndërkohë që tallen me ata që kanë vjetërsirën me tri kamera.
Duke qenë se jemi qenie njerëzore, në një shumicë që rritet, çdo ditë e më të parëndësishëm në sistemin e prodhimit të zotëruar nga robotë ultra efektivë dhe sisteme të inteligjencës artificiale të pamëshirshme, e vetmja gjë që do të mbetet do të jetë të mbahen masat në argëtim, duke luajtur video lojëra ose duke shpikur truke të pafundme, prej tridhjetë sekondash, që individët t’i konsumojnë për orë të tëra, ndërkohë që një pjesë e vogël individësh të tjerë marrin vendime të rëndësishme për jetën e tyre dhe fatin e planetit.
Së shpejti do të kemi telefona me aq kamera sa sy ka një mizë, për të regjistruar zbrazëtinë e brendshme dhe të gjitha mbeturinat që do prodhojmë në një botë të mbingarkuar me risi të rreme, të cilat nuk do të na lënë të shohim shkatërrimin e vërtetë të planetit dhe zbrazësinë e jetës tonë të anestezisuar nga argëtimi i përhershëm që, si çdo drogë, do të kërkojë një dozë gjithnjë e më të fortë, për të arritur të njëjtin stimul që na largon nga depresioni i zbrazëtisë dhe i asgjësë.
Për fat të mirë, e ardhmja nuk ekziston; është diçka që tashmë ndodhet në ndërtim e sipër dhe ka gjithmonë një shans për t’u zgjuar. Fatkeqësisht, ne qeniet njerëzore jemi të afta për t’u gënjyer dhe zakonisht zgjohemi me ndonjë krizë, si një shofer që e zë gjumi mbi timon, ndërkohë që automjeti vazhdon të ecë, dhe e kthen në realitet diçka e padëshirueshme.

Janar 2020

Në shqip: Bajram Karabolli

Horhe Mahfud (1969) – shkrimtar dhe eseist uruguaian. Ka mbrojtur titujt master në letërsi dhe doktor në filozofi në Universitetin e Xhorxhias (2008). Është i njohur për romanet e sidomos për esetë e tij kritike që janë botuar rregullisht në mediat dhe gazetat më prestigjioze të botës: Milenio Diario (Meksiko), La Republika (Montevideo), Panamá América, La Vanguardia (Barcelonë), Courrier Internacional (Paris), Hispanic Culture Review (Universiteti George Mason), Pegaso (Universiteti i Oklahomës), Tiempos del Mundo (Washington), etj.
H. Mahfud, veç Universitetit Georgia ka qenë profesor në Universitetin Linkoln dhe në Universitetin Jacksonville. Ai ka marrë disa çmime letrare ndërkombëtare: Mención Premio Casa de las Américas, La Habana, Cuba 2001, Excellence in Research Award’, University of Georgia 2006, and Faculty Award for Excellence in Scholarship and Professional Activities, etj.
Është autor i dhjetëra librave, midis të cilave shquhen: “Koha që më takoi të jetoj” (2004), Qyteti i hënës (2009), “Iluzionistët” (2012), “Kritika e pasionit të pastër”, etj.

La trampa de las palabras

Las palabras velan y revelan, cubren y descubren. Las palabras curan y las palabras matan. Cuando no se piensa en las palabras, ese instrumento insustituible del pensamiento humano, otros lo hacen por nosotros y le dicen a cada una lo que deben decir. Entonces, las palabras se vuelven esclavas de los de arriba y esclavizan a los de abajo. Entonces, las palabras engañan y tratan de pensar por uno mismo.

Dentro de cada palabra hay una multitud de significados, muchas veces contradictorios, pero siempre triunfa uno de ellos a conveniencia del poder social de turno, y así cada palabra impone una idea, una forma de pensar y, finalmente, una realidad que se convierte en indiscutible hasta que alguien vuelve a pensar en las palabras con otras palabras.

Por ejemplo, los ideoléxicos tolerancia, libertad, americano, éxito, fracaso, violencia y todas sus combinaciones posibles en combos convenientes.

Por ejemplo:

Se afirma que los críticos que luchan por los derechos iguales de los diferentes y son antiimperialistas o antibélicos son contradictorios porque se oponen a una guerra contra Irán mientras en Irán ponen a los homosexuales en la cárcel o los condenan a muerte. En cambio nosotros, los salvadores del mundo, sí respetamos los derechos de los homosexuales (cuando nos conviene; por no recordar que en el siglo pasado el FBI los investigaba, los perseguía y perdían sus trabajos), lo que nos da el derecho de bombardear e invadir países que no lo hacen (excepto si son nuestros aliados, como Arabia Saudí). Luego les decimos qué hacer, nos quedamos con sus recursos e imponemos el imperio de la libertad en ese país y en todos los países que lo rodean. Y a eso le llamamos coherencia.

Theodore Roosevelt, premio Nobel de la paz, decía que la invasión de Filipinas, donde los marines mataban negros por deporte, en realidad era por humanidad, y también decía que “la paz llega con la guerra”. Ciento veinte años más tarde, otro presidente, Donald Trump, bombardea a un ejército enemigo “para evitar la guerra”. Cuando Irán responde con el bombardeo de dos de sus bases en Irak y su escudo antimisiles resulta inefectivo, dice que “el enemigo se está retirando”. La voz del poder no necesita pruebas y las pruebas en contra, por evidentes que sean, son mudas.

Cada tanto, como en Azizabad y en tantos otros lugares, decenas de niños en algún país lejano mueren bajo las bombas inteligentes (a veces 60, a veces 90 de un solo golpe) y la acción se la reporta como un éxito porque un supuesto terrorista se cuenta entre las pocas víctimas y la gente decente que en los paises libres vive en paz gracias a dichas acciones de humanidad y coraje, los echa inmediatamente al olvido. Solo nuestros muertos son verdaderos porque duelen.

Entonces algunos pacifistas reaccionamos contra todo tipo de violencia. Y está bien. Pero cuando no diseccionamos como se debe esa simple palabra (no mencionemos el resto de la narrativa), volvemos a caer en la trampa semántica. Porque no es lo mismo la violencia del colonizador que la del colonizado, la violencia del opresor que la del oprimido. La violencia del invasor se la llama defensa propia y a la violencia del invadido se la llama terrorismo. 

Y así un largo etcétera, tan largo como cualquier diccionario de cualquier lengua.

 

JM.

 

Le piège des mots

Traducido por  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Les mots voilent et révèlent, couvrent et découvrent. Les mots guérissent et les mots tuent. Quand nous ne pensons pas aux mots, cet instrument irremplaçable de la pensée humaine, d’autres le font pour nous et disent à chacune ce qu’ils doivent dire. Alors, les mots deviennent les esclaves de ceux d’en haut et asservissent ceux d’en bas. Alors, les mots trompent et essaient de penser à votre place.

La pauvre a attrapé la peur d’avoir des poils sur la langue

Dans chaque mot il y a une multitude de significations, souvent contradictoires, mais l’une d’entre elles triomphe toujours à la convenance du pouvoir social du jour, et ainsi chaque mot impose une idée, une façon de penser et, finalement, une réalité qui devient indiscutable jusqu’à ce que quelqu’un pense à nouveau aux mots avec d’autres mots.

Par exemple, les termes du lexique idéologique comme tolérance, liberté, américain, succès, échec, violence et toutes leurs combinaisons pratiquement possibles.

Par exemple :

On prétend que les critiques qui luttent pour l’égalité des droits des différents et qui sont anti-impérialistes ou anti-guerre sont contradictoires parce qu’ils s’opposent à une guerre contre l’Iran alors qu’en Iran on met les homosexuels en prison ou on les condamne à mort. En revanche, nous, les sauveurs du monde, respectons les droits des homosexuels (quand cela nous arrange), ce qui nous donne le droit de bombarder et d’envahir des pays qui ne le font pas (sauf s’ils sont nos alliés, comme l’Arabie Saoudite). Ensuite, on leur dit quoi faire, on prend leurs ressources et on impose l’empire de la liberté à ce pays et à tous les pays qui l’entourent. Et nous appelons cela la cohérence.

Le prix Nobel de la paix Theodore Roosevelt a déclaré que l’invasion des Philippines, où les Marines tuaient des Noirs pour le sport, était vraiment une question d’humanité, et il a également dit que « la paix vient avec la guerre ». Cent vingt ans plus tard, un autre président, Donald Trump, a bombardé une armée ennemie « pour éviter la guerre ». Lorsque l’Iran répond en bombardant deux de ses bases en Irak et que son bouclier antimissile s’avère inefficace, il dit que « l’ennemi bat en retraite ». La voix du pouvoir n’a pas besoin de preuves, et les preuves contre elle, aussi évidentes soient-elles, sont muettes.

De temps en temps, comme à Azizabad et dans tant d’autres endroits, des dizaines d’enfants dans un pays lointain meurent sous les bombes intelligentes (parfois 60, parfois 90 d’un coup) et l’action est rapportée comme un succès car un supposé terroriste fait partie des quelques victimes et les personnes décentes qui, dans les pays libres, vivent en paix grâce à de telles actions d’humanité et de courage, les jettent immédiatement dans l’oubli. Seuls nos morts sont vrais car ils font mal.

Ainsi, certains d’entre nous, pacifistes, réagissent contre tout type de violence. Et c’est bien. Mais quand on ne dissèque pas correctement ce simple mot (ne mentionnons pas le reste du récit), on retombe dans le piège sémantique. Parce que la violence du colonisateur n’est pas la même chose que celle du colonisé, la violence de l’oppresseur n’est pas la même chose que celle de l’opprimé. La violence de l’envahisseur est appelée légitime défense et la violence de l’envahi est appelée terrorisme.

Et ainsi un log etcetera, aussi long que n’importe quel dictionnaire de n’importe quelle langue.

 

Gracias a: Tlaxcala
Fuente: https://majfud.org/2020/01/09/la-trampa-de-las-palabras/
Fecha de publicación del artículo original: 09/01/2020
URL de esta página en Tlaxcala: http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=27829

 

 

El mito interminable

He tenido estudiantes y hasta he sido consejero de algunos soldados estadounidenses que volvieron de la guerra de Irak, muchos destrozados, con visibles mutilaciones o con posttraumatic stress disorder. Muchos pueblan mis novelas Crisis y El mar estaba sereno, además de decenas de artículos.

Muchos quisieron creer que sus traumas valieron la pena.

Muchos se dieron cuenta que fueron usados para otro miserable crímen masivo que quedará por siempre impune.

O casi.

 

JM, enero 2020.

La trampa de Tucidides

Más allá de las motivaciones electorales del presidente Trump, metido en un proceso de impeachment, con el bombardeo y asesinato sin aviso de dos altos oficiales extranjeros en un país extranjero, Estados Unidos ha subido un nuevo peldaño en sus antiguas prácticas imperialistas pero también se ha acercado a la “trampa de Tucídides” sin que nadie lo empujara. 

Lo novedoso es que este patrón histórico, descubierto por el historiador griego hace más de dos mil años, requiere que un imperio en descenso se cruce con otro en ascenso. En este caso, la novedad es que el primero se va metiendo en la trampa solo, como si el imperio en ascenso no fuese China sino el resto del mundo. 

Claro que no podía faltar la justificación, como otro clásico. El secretario de Estado, Mike Pompeo, ha declarado que el asesinato evitó un ataque en marcha. La credibilidad de estos voceros vale tanto como la del presidente Trump o la del ex presidente George Bush, cuando intentó justificar la invasión a Irak.

O como tantas otras acciones. Basta con mencionar la reciente investigación del USA Today que revela los hechos acontecidos en Afganistán el 22 de agosto de 2008. Luego del bombardeo de Azizabad, los oficiales del ejército estadounidense (incluido Oliver North, convicto y perdonado por mentirle al Congreso en el escandalo Iran-Contras) informaron que todo había salido a la perfección, que la aldea los había recibido con aplausos, que se había matado a un líder talibán y que los daños colaterales habían sido mínimos. 

No se informó que habían muerto decenas de personas, entre ellos 60 niños. Un detalle.

 

JM, enero 2020

 

Le piège de Thucydide

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Au-delà des motivations électorales du président Trump, qui est impliqué dans un processus de destitution, avec le bombardement et l’assassinat inopiné de deux hauts fonctionnaires étrangers dans un pays étranger, les USA ont franchi une nouvelle étape dans leurs vieilles pratiques impérialistes mais se sont également rapprochés du « piège de Thucydide » sans que personne ne les y pousse.

Ce qui est nouveau, c’est que ce schéma historique, découvert par l’historien grec il y a plus de 2 000 ans, exige qu’un empire en déclin croise un empire montant. Dans ce cas, la nouveauté est que le premier se met tout seul dans le piège, comme si l’empire montant n’était pas la Chine mais le reste du monde.

Bien sûr, la justification ne pouvait pas manquer, c’est un autre classique. Le secrétaire d’État Mike Pompeo a déclaré que l’assassinat avait empêché une attaque en cours. La crédibilité de ces porte-parole vaut autant que celle du président Trump ou de l’ancien président George Bush, lorsqu’il a tenté de justifier l’invasion de l’Irak.

Ou comme tant d’autres actions. Il suffit de mentionner la récente enquête de USA Today qui révèle les événements survenus en Afghanistan le 22 août 2008. Après l’attentat d’Azizabad, des responsables militaires usaméricains (dont Oliver North, condamné et gracié pour avoir menti dans le scandale Iran-Contra dans les années 1980) ont déclaré que tout s’était parfaitement déroulé, que le village les avait accueillis sous les applaudissements, qu’un dirigeant taliban avait été tué et que les dommages collatéraux avaient été minimes.

On n’informa pas que des dizaines de personnes, dont 60 enfants, avaient été tuées. Un détail.

Premio Literario Internacional Independiente 2019

 

Se otorgó en Italia el Premio Literario Internacional Independiente en su séptima edición que distingue a escritores en lengua italiana, francesa y española en los géneros de libros publicados en novela y poesía y en inéditos presentados a concurso en los mismos géneros.
Este año el certamen estuvo dedicado a la memoria del escritor uruguayo Juan Carlos Onetti, Premio Cervantes 1980.


Los premiados han sido, por categoría de Novela editada en 2019, el estadounidense Jorge Majfud, por su novela El mismo fuego, y por novela inédita Tiempos de batalla, de la colombiana María Ligia Acevedo. En poesía publicada, el primer premio fue para Raquel Vázquez, de España, con Lenguaje ensamblador, mientras que en categoría inédita se premió a la también española Ana Vega, por su poemario Origen.
Por su parte, los finalistas fueron: En novelas editadas, Edmée Pardo (México), con Las lágrimas de Tánato. En categoría inédita, Christophe Vallée (Francia), con Vol d’enfance, Fernando Rivera Díaz (Perú), con Cenotafios y María Ligia Acevedo (Colombia), con Tiempos de batalla. En poesía publicada, los finalistas fueron: Alexis Soto Ramírez (Cuba), La moda albana, Giancarlo Stoccoro (Italia), Prove di arrendevolezza. En categoría poesía inédita, los finalistas fueron Angela Caccia (Italia), con Malinconico felice y Eloisa Ticozzi (Italia), con La cura dell’infinito.

A juicio de la entidad organizadora Orizzonte Atlántico, el primer premio en novela editada, El mismo fuego de Jorge Majfud es “es una autobiografía existencial basada en las experiencias del autor durante la pasada dictadura militar en Uruguay”, mientras la novela inédita premiada, Tiempos de batalla “habla de los avatares de los seres humanos en su paso por el mundo y cuanto afrontan con valentía y decisión en procura de alcanzar las metas que se proponen en cada etapa de sus existencias”. E poesía publicada “Lenguaje ensamblador de Raquel Vázquez es un poemario que busca adentrarse en los límites y aristas del lenguaje” mientras que en categoría de poesía inédita, Origen, de Ana Vega, “El poemario busca indagar en el origen de la palabra, en esa búsqueda de la expresión exacta, desnuda”.

Premio Literario Internacional Independiente. 2019 Séptima edición.
Orizzonte Atlantico, Italia
Agenzia letteraria, P.IVA 12184030018
Associazione culturale, CF 94078090019
premio@plii.it
https://www.orizzonteatlantico.it/2019-vii-edizione?lang=es

 

Premio Literario Internacional Independiente 2019

 

 

El mayor mito de la historia

De cómo el “mundo rico” duerme sobre los despojos del pasado

Comencemos por un lugar común que todavía no pudimos refutar: el dinero no lo puede comprar todo. Es, por este axioma, por lo cual quienes tienen mucho de eso detestan tanto todo aquello que no se puede comprar. Como la dignidad, por poner sólo un ejemplo. 

Ahora dejemos de lado a los dueños del mundo y veamos qué ocurre con el resto. Quienes ven más gente por debajo que por encima y que, por alguna razón profunda, sienten una comezón en la conciencia, necesitan comprar también confort moral y se compran cien paquetes de “todo lo que tengo, lo tengo gracias al esfuerzo propio”, “si no soy más exitoso es porque los holgazanes me roban a través del Estado”, “si no fuera por nosotros, el país se hundiría en la miseria”. Etcétera. 

Es verdad que hay gente sacrificada y hay holgazanes de primera, pero esos son factores de la ecuación, no la ecuación completa. Pongamos un ejemplo obvio que es invisible o inexistente en los grandes debates mundiales. Mientras uno duerme en un país paradójicamente llamado desarrollado (como si el desarrollo fuese un estado terminal descrito por un pasado participio) el oro que se apila por toneladas en los grandes bancos no duerme. Trabaja, nunca para, y trabaja billones de veces más que cualquier orgulloso empresario desclasado, de esos que hasta en Cochabamba ahora se llaman entrepreneurs. Una buena parte de ese oro fue literalmente robado de varios países latinoamericanos y africanos, por varios siglos. Sólo en las primeras décadas de la Conquista americana, más de 180 toneladas de oro y 16.000 toneladas de plata se embarcaron de México, Perú y Bolivia hacia Europa. Los registros de impuestos de Sevilla no dejan lugar a muchas discusiones. Para no seguir con el guano, el cobre, el café, las bananas del resto del continente; los diamantes, el oro y lo más valioso de las entrañas de África. Para no seguir con las riquezas que siglos de colonialismo nórdico arrebató de diferentes continentes del sur con sangre de millones que quedaron en el camino de este negocio ultra lucrativo que definió la jerarquía del mundo. Lo único que los imperios dejaron en esos continentes fue miseria y una profunda cultura de la corrupción, asentada en el despojo legitimado y en la ausencia de justicia ante el racismo y la brutalidad, física y moral, de los poderes locales contra los de abajo, de los mestizos que, al golpear a un indio en Bolivia, en Guatemala, o a un negro en Brasil, en el Congo,  se sentían (y se sienten) blancos arios. 

Más allá de sus méritos propios en otras áreas, Europa y Estados Unidos no se hicieron solos. Se hicieron gracias al trillonario despojo del resto del mundo. Nada de ese “desarrollo” logrado en los siglos previos se evaporó. Ni un gramo de esas toneladas de oro y plata se evaporó. Ni la vergüenza se evaporó, porque nunca existió o sólo castigó a los mejores europeos, a los estadounidenses más valientes, que terminaron demonizados por las serviles narrativas sociales.

Cada tanto aparece alguna queja displicente de los desarrollados del mundo o de sus orgullosos bufones sobre las quejas de los pobres acerca del pasado y del presente. “Los pobres no salen de su pobreza porque no se hacen responsables de su presente”. Hasta dos generaciones atrás se explicaba todo por la “inferioridad de las razas” (Theodore Roosevelt, Howard Taft, Adolf Hitler y millones de otros) y ahora se prefiere arrojar, como una bomba de racimo, bellezas como “la enfermedad de sus culturas” y “la corrupción de sus gobiernos”. 

Es una verdad existencial que uno debe hacerse cargo de su propia vida sin descargar en otros los fracasos propios. Uno debe jugar con las cartas que le tocaron. Pero también es una simplificación criminal cuando aplicamos esta misma lógica del individuo a los pueblos y a la historia, como si cada país se hiciera de cero cada vez que nacemos. Los individuos no heredan los pecados de sus padres, pero heredan sus ideas y todos sus bienes, aún cuando fueron logrados de forma inmoral o ilegítima.

Gracias a ese orden, el mundo tuvo como monedas globales el peso español, la libra inglesa y el dólar estadounidense. Gracias a tener una divisa global y dominante, no sólo fue posible instalar cientos de bases militares alrededor del mundo para hacer buenos negocios, sino que desde hace décadas basta con imprimir dólares sin aumentar el depósito de oro de las reservas nacionales. Si cualquier país menor imprime papel moneda, automáticamente destruye su economía con hiperinflación. Si Estados Unidos, Europa y ahora también China hacen lo mismo, simplemente crearán valor como quien recoge agua un día de lluvia, succionando ese valor de los millones de depósitos de millones de ahorros de millones de trabajadores alrededor del mundo. (Hace un tiempo, en un debate de una universidad, un economista me dijo que esta idea no tiene sentido, pero no fue capaz de articular una explicación). 

Creer que sólo existe el pecado, la responsabilidad y los méritos individuales es el mayor mito (producto de la ideología protestante) de los últimos siglos que mantiene un sistema de explotación global. Cuando un pobre diablo (me incluyo) trabaja siete días a la semana, tiende a creer (quiere creer) que todo lo que ha logrado es sólo por mérito propio. De igual forma, cuando un pobre diablo trabaja siete días a la semana en un país pobre de América Latina o de África, lo vemos con condescendencia por no ser tan inteligentes y meritorios como los otros (nos-otros). Pero el oro acumulado en los bancos por siglos, las riquezas robadas con las mismas manos de sus víctimas, los privilegios arbitrarios debido a un orden que hace las cosas posibles para unos e imposibles para otros, continúa trabajando para los inocentes herederos de siglos pasados. 

Como esta es una verdad enterrada, no sólo por la propaganda del poder sino por la mala conciencia de los de abajo, unos deciden perpetuar este orden de cosas comprando confort moral, justificándose con cien unidades de “yo lo merezco; quienes lo cuestionan son inadaptados, demonios que merecen la cárcel o la muerte”. Entonces, se transforman en soldados dialécticos disparando argumentos llenos de bilis a quienes incomodan ese confort moral. Las municiones más baratas son: “si no estás de acuerdo con el sistema, no votes”, “si no estás de acuerdo con este país, vete a otro”, “si no estás de acuerdo con que existan pobres, dona tu casa a los pobres”, “si no estás de acuerdo con nosotros, arruinate y vete a vivir debajo de un puente”, “si crees que los inmigrantes pobres merecen ser tratados como seres humanos, lleva a dos o tres a dormir en el cuarto de tu hija” y toda esa batería mediocre pero efectiva. Efectiva, precisamente porque es mediocre; no por su calidad McDonalds es el restaurante más popular del mundo. 

Otros prefieren decir lo que piensan, aunque lo que piensan no convenga a sus intereses ni a su confort moral. Por el contrario, sólo les trae más problemas. 

Pero de ellos es eso que no se puede comprar con dinero.

 

JM, diciembre 2019

 

 

“Sabemos cómo hacerlo y podemos volver a hacerlo”

De cómo los de arriba son elegidos por los de abajo. El sutil caso de Uruguay

 

Durante casi todo el siglo XX, como en muchos otros países latinoamericanos, los presidentes en Uruguay se elegían por mayoría simple. Es decir, los presidentes como Julio María Sanguinetti y tantos otros solían llegar al poder con un tercio de los votos.

Cuando en los años 90 la izquierda se perfilaba a ganar por primer vez las elecciones con el mismo sistema, se lo cambió a tiempo.

Veamos un antecedente crucial que ya duerme en el olvido pero que muchos en ese país recordarán. En 1992 un referéndum popular (promovido por ciudadanos sin poder político) anuló la ley de privatización de la empresa pública más exitosa del país, la de telecomunicaciones ANTEL, por un histórico 73 por ciento de votos. El revés fue una bofetada popular a la mayoría de los legisladores conservadores de los dos partidos tradicionales. El partido Colorado, devenido progresista en las décadas más prósperas del país a principios del siglo XX y de derecha oligárquica en los decadentes años 60, ahora se sumaba al partido conservador, el partido Nacional, a la ola neoliberal que promovió el FMI en los años 90 y que terminara en una catástrofe económica y social que marcó por décadas a los países latinoamericanos desde México hasta Argentina.

Cuatro años más tarde, en 1996, no por referéndum sino por un acuerdo político, se aprobó una reforma constitucional que establecía la obligación de un balotaje en caso de que ningún partido obtuviese la mayoría absoluta, lo que garantizaba que los dos partidos tradicionales, que por más de un siglo habían derramado sangre y odios mutuos, pudiesen sumar votos contra el cambio. 

En las elecciones siguientes de 1999, el opositor de izquierda, Tabaré Vázquez, obtuvo casi el 40 por ciento de los votos y el conservador y neoliberal, Jorge Batlle, el 32 por ciento. En un régimen tradicional, el presidente hubiese sido el primero, pero esta vez no. En el balotaje, el candidato del partido Colorado (irónicamente llamado “rosado” por sus adversarios, en referencia a la mezcla de Blancos y Colorados) fue elegido presidente. El candidato opositor de la izquierda, Tabaré Vázquez, tuvo que ganar por más del 50 por ciento de los votos en la primera vuelta, en 2004 (y después de la mayor crisis económica de la historia moderna del país) para convertirse en presidente. 

Gracias a la reforma constitucional de 1996, los mismos de siempre (el hijo y nieto de presidentes, Jorge Batlle, después de otro hijo de presidente, Luis Lacalle Herrera) pudo ser presidente una vez más en 1999. La OEA, guardián de la democracia, que no se escandalizaba por las dictaduras militares que asesinaban en masa ni pedía elecciones donde ni siquiera las había, mucho menos iba a decir una palabra sobre la repentina reforma constitucional para “perpetuarse en el poder” que, hay que reconocerlo, fue total y absolutamente legal. Porque, como decía Jorge Pacheco Areco, un ex presidente militarista del partido Colorado cuando se postuló sin éxito a presidente luego de la dictadura: “Nosotros sabemos cómo hacerlo y podemos volver a hacerlo”. 

Cuando el partido progresista gana las elecciones de 2004, obtiene mayoría parlamentaria pero no le resulta suficiente para aprobar una reforma constitucional (la que requiere ⅗ de los votos) para ampliar el derecho al voto por correo a los ciudadanas residentes en otros países, como existe en muchos otros países. Tanto la derecha como la izquierda sabían que la mayoría de los emigrados eran potenciales votantes progresistas, es decir, del Frente Amplio. Luego de dos años de discusiones, el proyecto de ley no fue aprobado. Años más tarde, en 2009, un grupo de ciudadanos impulsó una reforma constitucional para incluir a los ciudadanos que residían en el exterior. Al fin y al cabo, si nuestros parientes, hijos y nietos de europeos podían votar en las elecciones de países que nunca habían visto, ¿por qué no podían aquellos uruguayos de nacimiento hacer lo mismo desde el extranjero por el país al que seguían perteneciendo por derecho?

Mezclado con las elecciones del 2009 en donde el candidato progresista José Mujica fue elegido, el plebiscito no alcanzó la mayoría y el proyecto de ley fue olvidado. 

Ahora, el mismo candidato conservador que fuese derrotado en las elecciones de 2014, Luis Lacalle Pou (hijo y nieto de presidentes) y  la misma derecha en Uruguay gana las elecciones con una diferencia de 30.000 votos y se convierte en el próximo presidente del país más exitoso en términos económicos y sociales de América Latina en los últimos quince años, después de Bolivia, un país más pobre en términos relativos y con una histórica violencia racista y social difícil de equiparar. (La alternancia en el poder es parte del juego democrático liberal. Mi querido padre hubiese estado feliz con este resultado y yo respeto a sus votantes. El problema es cuando se hacen alianzas con militaristas que se creen dueños del honor de las sociedades y de los países por fuerza del garrote que pagan sus víctimas con sus impuestos; cuando se obtiene el apoyo de nazis; cuando se insiste en modelos neoliberales que han fracasado mil veces y cuando se repite una narrativa conspirativa inventada en Washington hace décadas atrás  para ocultar las conspiraciones de hecho). 

Ahora, la derecha tradicional ha recuperado la presidencia después de quince años, por un margen de 30.000 votos. Gracias a otra de sus magistrales estrategias, la abrumadora mayoría del diez por ciento de los uruguayos que vivimos en el extranjero, es decir, más de 350.000, no pudimos votar. Como no hubiese podido el mismo prócer del país, José Artigas, del que tanto se llenan la boca quienes menos lo conocen. 

¿Se entiende ahora por qué, de repente, en 1996 se volvieron defensores del sistema de balotaje y lo aprobaron a tiempo, primero, y luego en 2006 votaron en contra del voto consular?

Si hay algo que no se les puede reprochar es incoherencia histórica. La derecha conservadora y neoliberal siempre sabe cómo hacerlo. De otra forma no se entendería cómo, en todas partes del mundo, la opción por los de arriba es apoyada por al menos la mitad de los de abajo.

 

JM, nov. 2019

Las paradojas del militarismo (II)

Artigas, el tantas veces traicionado

 

Las dictaduras militares en América latina solían presentarse con eslóganes como la Patria, el Honor, la Libertad y la Democracia. 

Incluso, en Uruguay, en la secundaria teníamos una materia con un título y un contenido triplemente paradójico, “Educación Moral y Cívica”. Allí, la dictadura militar levantó monumentos al General José Artigas. Como una de las profesiones de Artigas fue la de militar y los pueblos le dieron el título de “general”, los militares y generales del siglo XX se sintieron identificados con el título del libertador y quisieron que lo identificaran con ellos. 

Obviaron algunos detalles, como su acción y pensamiento. Cuando en 1811 Artigas vence a los españoles en la batalla de Las Piedras, le ordena a sus soldados “clemencia para los vencidos”. En el siglo XX, sus supuestos seguidores entendieron que “clemencia” significaba “tortura”, “desaparición”, y “vencidos” eran todos aquellos desarmados que no pensaban como ellos y se atrevían a decirlo. No fueron a ninguna guerra contra otros ejércitos de otros países sino que sus oficiales se daban una vuelta por las cárceles y las salas de tortura cuando sus “vencidos” estaban atados de manos y reventados física y moralmente según las más sofisticadas técnicas de tortura, y a eso le llamaban “guerra”. Entregar el país a los intereses extranjeros que habían financiado otros golpes en el continente significaba “defender la patria de la influencia extranjera”.

Ahora, cuando en muchos países del Sur se pensaba que las democracias habían sido recuperadas, los militaristas resurgen de los cuarteles o (caso de Uruguay) levantando otra vez el nombre del General Artigas como si fuese una cachiporra. 

Sin embargo, a todos los militaristas que se llaman “artiguistas” y se dedican a amenazar y golpear a los pueblos con el poder y las armas que pagan éstos mismos, les recuerdo un fundamento de las Instrucciones del año 1813 del Gral. Artigas, un militar antimilitarista y fundador moral de lo que quedó de su proyecto federal, la provincia de Uruguay: “El despotismo militar será precisamente aniquilado con trabas constitucionales que aseguren inviolable la soberanía de los pueblos”.

Seguramente no por casualidad, el General Artigas se exilió sus últimos treinta años en “un país extranjero” (hoy no podría votar en las elecciones de su país) y no por casualidad se negó a regresar al Uruguay cuando gobernaban los héroes mataindios, ahora multiplicados en sus estatuas de bronce y en la furia de quienes dicen seguir sus verdaderos valores, siempre dispuestos a dar palo a los de abajo o a quienes los representan.

Como lo vemos todos los días en tantos países de la región; como lo vemos cada vez que echamos una mirada a la historia: señores uniformados de impunidad, ustedes siempre tan duros con los de abajo y tan blandos con los de arriba. ¿No les da un poquito de verguenza?

 

Jorge Majfud, noviembre 2019

 

 

Uruguay : José Artigas, tant de fois trahi
Les paradoxes du militarisme (II)

 

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

L’auteur commente ici le nom choisi par le groupement de militaires et de civils de droite qui, en Uruguay, a pris le nom de Mouvement social artiguiste -en référence au héros national de l’indépendance, José Artigas (17564-1850) – pour soutenir la candidature à l’élection présidentielle de l’ancien commandant en chef de l’armée, le général Manini Ríos, qui a obtenu 11% des voix au premier tour et a contribué de manière décisive à la victoire au deuxième tour du candidat de la droite « multicolore »  Lacalle Pou. Ces usurpateurs du qualificatif artiguiste auront leur mot à dire dans la politique du nouveau président. Leur modèle, loin d’être Artigas,est plutôt un autre militaire, le capitaine (ER) Bolsonaro.-NdT

Les dictatures militaires d’Amérique latine se présentaient autrefois avec des slogans comme Patrie, Honneur, Liberté et Démocratie.

En Uruguay, au collège, nous avions même une matière au titre et au contenu triplement paradoxaux : « Éducation morale et civique ». La dictature militaire y érigea des monuments à la mémoire du général José Artigas. Comme l’une des professions d’Artigas fut celle de militaire et que les peuples lui donnèrent le titre de “général”, les militaires et les généraux du 20ème siècle se sentirent identifiés au titre de libérateur et voulaient qu’on l’identifie avec eux.

Ils avaient négligé certains détails, comme son action et sa pensée. Lorsqu’en 1811 Artigas vainquit les Espagnols dans la bataille de Las Piedras, il ordonna à ses soldats la « clémence pour les vaincus ». Au 20ème siècle, ses prétendus disciples traduisirent “clémence” par “torture”, “disparition” et “les vaincus” étaient tous ces désarmés qui ne pensaient pas comme eux et qui osaient le dire. Ils ne sont pas allés en guerre contre d’autres armées d’autres pays, mais leurs officiers faisaient le tour des prisons et des salles de torture lorsque leurs “vaincus” avaient les mains liées et se faisaient massacrer physiquement et moralement selon les techniques de torture les plus sophistiquées, et c’’était ça qu’on appelait “guerre”. Abandonner le pays à des intérêts étrangers qui avaient financé d’autres coups d’État sur le continent se traduisait par « défendre la patrie de l’influence étrangère ».

Or, alors que dans de nombreux pays du Sud on pensait que les démocraties avaient été restaurées, les militaristes refont surface depuis les casernes ou (dans le cas de l’Uruguay) brandissent à nouveau le nom du général Artigas comme si c’était un nerf de bœuf.

Mais à tous ces militaristes qui se disent “artiguistes” et se consacrent à menacer et à battre les peuples avec le pouvoir et les armes payées par ceux-ci, je veux rappeler un fondement des Instructions de 1813 du Général Artigas, un militaire antimilitariste et fondateur moral de ce qui resta de son projet fédéral, la province de l’Uruguay : « Le despotisme militaire sera précisément anéanti par les obstacles constitutionnels qui assurent la souveraineté inviolable des peuples ».

Ce n’est certainement pas par hasard que le général Artigas s’est exilé au cours de ses trente dernières années dans “un pays étranger” (aujourd’hui il n’aurait pas pu voter aux élections de son pays) et ce n’est pas par hasard qu’il a refusé de retourner en Uruguay quand les héros tueurs d’Indiens régnaient, maintenant multipliés dans leurs statues de bronze et dans la fureur de ceux qui disent suivre leurs véritables valeurs, toujours disposés à bastonner ceux d’en bas ou  leurs représentants.

Comme nous le voyons tous les jours dans tant de pays de la région, comme nous le voyons chaque fois que nous jetons un coup d’œil sur l’histoire : messieurs en uniforme d’impunité, vous êtes toujours si durs avec ceux d’en bas et si doux avec ceux d’en haut.

JM

 

Courtesy of Tlaxcala
Source: https://majfud.org/2019/11/26/las-paradojas-del-militarismo/
Publication date of original article: 26/11/2019
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=27551

 

 

 

El viejo sueño de los golpistas travestidos

El capital político de Uruguay en declive

 

Cuarenta años atrás, el Capitán Nino Gavazzo reventó a piñas a mi abuelo cuando el viejo tenía las manos atadas en un interrogatorio. Ese era el método, la regla del procedimiento. Ese ha sido el concepto del “honor” y “valentía” de los cobardes profesionales que se llenan la boca y el pecho con el valor, el patriotismo y la defensa de la nación.

Cuarenta años después, para continuar la vieja historia, y para estar a tono con el estratégico neo fascismo en América latina, también en Uruguay los militares de alto rango tantean las aguas de un golpe de Estado en el caso de que la “coalición multicolor” que integran no gane el balotaje de mañana, 24 de noviembre. Como es muy probable que ganen con el aporte minoritario del diez por ciento de su electorado, no necesitarán echar mano al histórico Plan B y, como antes en tantos otros países del continente, se hablará de “recuperación de la democracia” y de “la herencia maldita”. 

Sí, en dicha coalición hay demócratas, y nada de malo tiene la alternancia política en el poder. Todo lo contrario. El problema es cuando un demócrata comienza a recibir apoyos de los nazis y fascistas, de quienes conspiran en las sombras, desde sus bastiones de poder de las grandes empresas y de los cuarteles, de aquellos que amenazan desde distintos grupos asociados al ejército (supuesta institución neutral subordinada al Estado), cuando se les pide un “voto patriótico” a los familiares de los uniformados y no se pregunta por qué. 

Una ironía trágica radica en que los autoproclamados “patriotas” y los “ultra nacionalistas” de todo el mundo no odian otras naciones tanto como odian a sus propios connacionales que no piensan como ellos y, además, tienen el descaro de gobernar cuando son elegidos. Casi todo el tiempo se pasan combatiendo a otros con su propia ciudadanía. Si a veces el discurso es contra el extranjero, ello se debe a un desplazamiento semántico: no pueden decir que odian o quieren exiliar a sus connacionales, como los racistas hablan de naciones y no de razas, pero todas su energías se invierten contra sus propios compatriotas. Dividen en nombre de la Unión. No los une la Patria, la integración del otro que vive en su propio país, sino el odio al diferente, el odio a quien se atreve a pensar y reclamar su derecho a decirlo y hacerlo conforme a las leyes.

En todos los índices internacionales, incluido los de grupos conservadores como el británico Democracy Index, en los últimos años Uruguay se ha posicionado por encima de países como Estados Unidos en calidad de democracia y en el ejercicio de las libertades individuales. Como la estrategia discursiva ha sido siempre el efectivo divorcio narrativa/realidad, se han encargado, desde militares hasta políticos, en insistir en lo contrario: “en Uruguay hay dictadura”, etc. Vieja y conocida página cuarta del manual.

Este clan hermético y conspirativo, como una serpiente que se muerde su propia cola, ha vivido retro alimentándose de la literatura política inventada durante la Guerra fría por las agencias propagandísticas de los servicios de inteligencia extranjeros (no es una opinión, es una vieja y múltiple confesión de parte, disponible en los documentos desclasificados del gobierno de Estados Unidos). Así, continúan repitiendo el cuento de Caperucita roja como un rosario, para no perder la fe y para mantenerla viva en un grupo significativo de gente que los defiende con fanatismo pese a haberlos sufrido de múltiples formas indirectas. 

Quienes gozan del dinero seguro de los impuestos acusan a otros en el gobierno o en el servicio público de hacer lo mismo. Quienes violaron los Derechos Humanos más básicos o silenciaron estas violaciones gritan que “La ley debe caer no suave sino implacablemente sobre los corruptos de toda condición”. Hasta ese grado de desvergüenza puede llegar un hombre. 

El Klan amenaza cada vez que puede, con anónimos colectivos o personalizados desde diferentes medios con una impunidad familiar, desde sus oscuros búnquers, con sus medias palabras o con silencios significativos cuando las víctimas de su pasado régimen fascista le reclaman la verdad sobre sus familiares desaparecidos. 

O con discursos como el más reciente del senador electo Gral. Manini Ríos, violando la veda electoral y reconociendo (ahora de forma explícita) el perfil político e ideológico de las fuerzas armadas latinoamericanas desde finales del siglo XIX. El General se olvida de su alto grado castrense y de haber sido ascendido por ese gobierno que desprecia y declara, al estilo de los Comunicados del pasado: “a ellos esta vez los soldados les contestamos que ya los conocemos”. La conocida frase (suficientemente ambigua, como lo indica el Manual) que suele aplicarse también a quienes no somos políticos ni pertenecemos a ningún partido.

Es verdad, ustedes los conocen y nos conocen. Conocen lo que decimos y lo que hacemos, porque no escondemos nada. Nosotros no andamos tramando a escondidas, ni en cuarteles ni en sectas. Todo lo que pensamos, equivocados o no, lo decimos en público, en entrevistas, en nuestras clases; lo publicamos en libros, en artículos, con firma, nunca de forma anónima. 

En los últimos quince años, Uruguay nunca tuvo una recesión económica, se convirtió en el país latinoamericano con mayor PIB per cápita al tiempo que en el país que mejor distribuye la riqueza en medio de un contexto regional que desde hace años arde en profundas crisis económicas y sociales. Por eso mismo, el coronel Carlos Silva asegura que es precisamente ese gobierno que ha llevado al país a la ruina porque es “marxista” (supongo que marxista como el presidente Donald Trump, quien construye una torre y tiene negocios allí). Por si fuese poco, el gobierno democrático de su país es traidor y antipatriota

Para los fascistas, todos quienes no piensen como ellos son antipatriotas. Sin embargo, y con excepciones, si en los países latinoamericanos hubo injerencia directa y efectiva, si fue posible la entrega de los recursos nacionales y los derechos más básicos de sus poblaciones bajo dictaduras a lo largo de 150 años, fue gracias a esos autoproclamados “patriotas” que se cuelgan medallas unos a otros, mientras se llenaban la boca con el cuento de que salvaron al país de ser entregado al interés extranjero.

El General Manini Ríos acusa a sus adversarios políticos de ser “los mismos que no se han cansado de insultar a aquel que viste un uniforme”. No, general. No ha sido la gente, ni los críticos, ni ningún partido político que “ha insultado la institución armada”; con las inevitables excepciones a la regla, la historia y el presente dicen que han sido ustedes mismos, sus capitanes y generales, con la complicidad sádica de unos algunos soldados y la complicidad interesada de muchos civiles. 

 

JM, noviembre 2019

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