1921. Puerto Rico: Corrupción latina en el patio trasero

Washington DC. 30 de julio de 1921—El presidente de Estados Unidos, Warren Harding, designa a Emmet Montgomery Reily como el nuevo gobernador de Puerto Rico. Conocido como hombre de negocios en Texas, Kansas y Missouri, Reily tiene una diversa y mediocre carrera política, pero es un firme propulsor del americanismo, es decir, de la introducción de los valores de Estados Unidos en sus nuevas posesiones de ultramar. El mismo Harding debe corregir su discurso de inauguración tropical, pero el nuevo gobernador ignora las sugerencias del presidente y lee sus propias notas y proclama que en Estados Unidos no existe ninguna intención de que Puerto Rico llegue un día a ser un país independiente. Una avalancha de cartas inunda su flamante oficina. Mont Reily se queja del lenguaje empleado por sus críticos.

Dos décadas atrás, el 12 de abril de 1900, se había aprobado la Ley Foraker (en honor a su creador, el senador de Ohio Joseph B. Foraker) por la cual el gobernador de Puerto Rico sería desde entonces elegido por el presidente de Estados Unidos. Todas las leyes propuestas por la isla debían ser aprobadas por el Congreso de Estados Unidos. El dinero de la isla sería el dólar y su idioma oficial, aparte del idioma que habla el pueblo, sería el inglés. A partir de entonces, las escuelas comenzaron a usar ese idioma para enseñar a los niños que, casi sin excepción, solo entienden español.

El primero de mayo de 1900, Charles Herbert Allen, el empresario y ex representante de Massachusetts en el Congreso, el hombre que controlaba el 98 por ciento del comercio del azúcar, se había convertido en el primer gobernador de la isla. Medio millar de visitantes casuales provenientes de Estados Unidos fueron nombrados en diversos puestos del gobierno. En un año sus negocios florecieron, aunque el 85 por ciento de los niños de la isla no podían acceder a una escuela en funcionamiento.

Poco después, como forma de promocionar su país caribeño y elevar su estatus en el país de las leyes, el gobernador Allen había declarado que Puerto Rico era la isla con más blancos en todo el Caribe. En 1917 la ciudadanía estadounidense fue extendida sobre los habitantes de Puerto Rico, aunque con algunas limitaciones fundamentales, como la imposibilidad de votar por el presidente de Estados Unidos.

Para cuando el exitoso empresario y gobernador regresó a Nueva York, su empresa se había convertido en la azucarera más poderosa del mundo. Los funcionarios que fueron nombrados por su breve gobierno le aseguraron tierras gratis, subsidios y beneficios impositivos.

Ahora, seis gobernadores más tarde y a poco tiempo de tomar posesión del cargo como servidor público, el gobernador Emmet Montgomery Reily sigue la tradición: nombra funcionario de algo a cada estadounidense que llega a la isla de visita. Se hace amigo de la arquitectura española pero no de su idioma. Impone que la educación sea realizada exclusivamente en inglés, aun cuando los niños de la isla no hablan ese idioma. El 22 de setiembre de 1921, en medio de la crisis del precio del azúcar, renunciará a su cargo de gobernador y volverá a Estados Unidos. Los cientos de funcionarios estadounidenses que ha dejado en la administración le asegurarán muy buenos negocios en la importación de azúcar.

En apenas 25 años de ocupación y 27 gobiernos estadounidenses, las poderosas azucareras han reemplazado el café, conocido como “el cultivo del pobre” por el azúcar y Puerto Rico ha multiplicado las fortunas de las empresas norteamericanas. El desempleo trepa del 17 al 30 por ciento.

El 23 de febrero de 1936 dos miembros del Partido Nacionalista matarán un policía como represalia del asesinato de cuatro nacionalistas a manos de la policía, el 24 de octubre del año anterior. Los dos detenidos serán ejecutados en un cuartel de San Juan. El pueblo de la isla reaccionará con indignación y las autoridades detendrán a Pedro Albizu Campos. Campos, boricua graduado de Harvard University, también había servido en el ejército de Estados Unidos durante la Primera Guerra mundial. Cuando fue designado a un batallón de negros, de repente se da cuenta que es negro o, por lo menos, mulato. El problema con Campos será su percepción de la realidad. En sus años en el gran país del norte, por alguna razón, se había hecho la idea de que los puertorriqueños siempre serían ciudadanos de segunda clase, por alguna poderosa razón (su raza, su aspecto, su idioma o como quiera llamarse) y resolverá iniciar una lucha por la desamericanización de la isla. Por una decisión de la Suprema Corte de Estados Unidos los ciudadanos de Puerto Rico serán reconocidos como ciudadanos de ese país, pero más tarde sus conceptos de los derechos humanos, aprobados por su nueva constitución, serán anulados por el Congreso del país protector por considerar que los derechos civiles no son derechos humanos y, si lo fueran, serían demasiado peligrosos para el derecho sagrado de la propiedad privada.

La idea de Campos no irá muy lejos. Junto con otros revoltosos, será acusado de sedición. El jurado, compuesto de diez estadounidenses y dos portorriqueños, lo condenará por diez votos a favor y dos en contra.

JM. De La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina . 

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Edición e tapas duras:

https://www.barnesandnoble.com/w/la-frontera-salvaje-jorge-majfud/1139378646?ean=9781737171003

Cuba and the United States, tyrannies and dictatorships

In 1997 a Cuban friend told me “Fidel is a dictator, but not a tyrant.” We were in a province of Mozambique where he worked as a doctor and I as an architect. That afternoon, in a courtyard of African red ground, I did not understand his idea. It seemed contradictory. For some reason, I never forgot it until, a few years later, reviewing declassified documents, I thought that Washington was not a dictatorship, but a tyranny.

The trap of the words was not in the apparent contradiction of Javier’s sentence but in the habitual deception that ideoléxics carry, for example, when words like “democracy” or “dictatorship” are used as if they were the Moon and the Sun: two clearly differentiated bodies, but not the only moon or the only sun in the Universe. In this way, a hegemonic power that dictates its will outside borders and lacks equal representation for all its citizens (especially for those who are not millionaires) like the United States, a paramilitary regime like Colombia, a neoliberalism imposed with blood like the Chilean, or a system like Norwegian or Icelandic are called “democracies” alike. For strategic reasons, Haiti or Honduras are not called “capitalism”, even though they are more capitalist than the United States. I would not like to insist again that it is not capitalism, but hegemony that defines the power and (material) wealth of a country.

Theodore Roosevelt, among many others, put it clearly: “The democracy of this century needs no more justification than the simple fact that it has been organized so that the white race gets the best lands in the New World.” That democracy was adapted a thousand times to serve a minority, no longer so white but economically and financially dominant. In formal democracies, the ruling classes do not censor as in a traditional dictatorship; Critics are reduced to the silence of the mainstream media or, when these transcend in some way, they are demonized as in the days of the Inquisition.

In formal democracies, one percent only needs to convince half plus one of the voters to stay in political power. Not a difficult task when, for example, God is included in the package of his “values ​​and principles”. But the micro elite above does not depend on the lower half to maintain economic power. Only when that power is in question, formal democracy is replaced by fascist dictatorships, like those supported by Washington and transnationals throughout a long history. Until the middle of the 19th century, slaveholders had managed to convince a majority (including slaves) that slavery was the best regime for expanding freedom and civilization. When democracy became inevitable, they hijacked it with similar ideas: the wealth of the rich is the best way to expand the well-being and freedom of the workers.

Even so, that vague and contradictory idea that we call “democracy” is still the best utopia and the best resource of those below. But let’s be clear: none, no matter how crooked, exists thanks to the powerful on duty, but in spite of them. The same are the individual and collective rights and freedoms; all are the product of endless (and demonized) struggles from below.

In the United States, racist and class principles, flags of the defeated Confederation, consolidated internal borders and spread to Latin America, where they imposed dozens of dictatorships, always in complicity with the eternal Creole oligarchy, generations before the wonderful excuse appeared. of communism.

Since then, Washington and the mega-corporations have been the main promoters of communism and other left-wing alternatives on the continent. One of the first cases dates back to the 1930s with the massacres of Indians and peasants in El Salvador, but the foot on the gas occurred after the Second War, when the most important ally of the United States, the Soviet Union, became the only opponent with power and possible inspiration for the Third World against the old Anglo-Saxon tyranny. It is, at this moment, when the CIA was born (1947) and, shortly after, they created, among many others and without realizing it, Che Guevara.

When the CIA and the UFCo managed to destroy “the communist regime of Jacobo Árbenz” in 1954, one of the only signs of democracy in the region, the young doctor Ernesto Guevara had to flee to Mexico, where he met other exiles, the Raúl brothers and Fidel Castro. When the Cuban Revolution triumphed in 1959, Guevara warned: “Cuba will not be another Guatemala.” In other words, its independence from the US empire would not be boycotted with first media bombings, induced mobilizations and later military attacks, as in Iran, as in Guatemala. When four months later Fidel Castro visited the White House to confirm trade and diplomatic relations with Washington, Nixon, Eisenhower and the CIA already had another invasion in mind. The custom of overthrowing pro-independence alternatives was so long and the arrogance by an overwhelming military and media force so blind, that they could not foresee neither a shameful defeat nor an insurmountable trauma in the Bay of Pigs. The CIA agent in charge of operations in Guatemala and Cuba, David Atlee Phillips, wrote that the problem with the failure was that Che and Castro had learned from history and Washington had not.

But Che Guevara is described as a murderer for having ordered the summary execution of 200 criminals from the Batista regime (the CIA reported that it was nowhere near the number executed by the previous regime) while Cuban terrorists such as Posada Carriles, Orlando Bosch and many others who dedicated themselves to planting bombs in airplanes, ships, hotels, diplomatic cars, such as Orlando Letelier’s, and collaborated with genocidal mafias such as Operation Condor, were protected by Washington. The massacres of hundreds of thousands of victims in a few decades in Central America alone by the grace of Washington and the CIA were to bring peace, democracy and freedom to those lands. (After Stalin, those killed for political reasons in Latin America far outnumbered the victims in communist countries under the influence of the Soviet Union.)

The same practice, the same interests, the same discourse of the slavers of the previous century with new ideoléxicos. From the logic of history, Fidel Castro and the dozens of Augusto Pinochet are not the same thing, although in simplified language both can be labeled as dictators. Cuba and Che are also a direct consequence of Washington’s imperialism, but for opposite reasons.

For that reason, although by all Western standards it can be said that Cuba is a dictatorship, it is necessary to remember that the United States is the tyranny that created it, a brutal tyranny that has been going on for at least two hundred years. Cuba was the first great defeat of that arrogance and, for some reason, it has managed to resist for 60 years.

Is a reverse dictatorship necessary to defeat the two-century tyranny? We don’t like the answer of the story. But it is clear. Although (or because) we are radical democrats, we are not going to go out and throw stones at the strangled island in the name of freedom. We could never side with the mercenaries.

JM, July 2021

https://www.commondreams.org/views/2021/07/20/cuba-and-us-difference-between-dictatorship-and-tyranny

Dictadura cubana, tiranía estadounidense

English: “From Cuba and the United States, tyrannies and dictatorships”

En 1997 un amigo cubano me dijo “Fidel es un dictador, mas no un tirano”. Estábamos en una provincia de Mozambique donde él trabajaba como médico y yo como arquitecto. Esa tarde, en un patio de tierra roja africana, no comprendí su idea. Parecía contradictoria. Por alguna razón, nunca la olvidé hasta que, unos años después, revisando documentos desclasificados, pensé que Washington no era una dictadura, pero sí una tiranía. 

La trampa de las palabras no estaba en la aparente contradicción de la frase de Javier sino en en el habitual engaño que llevan los ideoléxicos, por ejemplo cuando palabras como “democracia” o “dictadura” se usan como si fuesen la Luna y el Sol: dos cuerpos claramente diferenciados, pero no la única luna ni el único sol del Universo. De esa forma, una potencia hegemónica que dicta su voluntad fuera de fronteras y carece de igual representación para todos sus ciudadanos (sobre todo para quienes no son millonarios) como Estados Unidos, un régimen paramilitar como el colombiano, un neoliberalismo impuesto con sangre como el chileno, o un sistema como el noruego o el islandés se llaman por igual “democracias”. Por razones estratégicas, no se llama “capitalismo” a Haití o a Honduras, aunque sean más capitalistas que Estados Unidos. No quisiera volver a insistir que no es el capitalismo, sino la hegemonía la que define el poder y la riqueza (material) de un país. 

Theodore Roosevelt, entre muchos otros, lo puso de forma clara: “La democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo”. Esa democracia se fue adaptando una y mil veces para servir a una minoría, ya no tan blanca pero sí económica y financieramente dominante. Sólo un ejemplo: en las democracias formales, las clases dominantes no censuran como en una dictadura tradicional; se reduce a los críticos al silencio de los grandes medios o, cuando estos trascienden de alguna forma, se los demoniza como en tiempos de la Inquisición. La lógica es simple: en las democracias formales, al uno por ciento le basta con convencer a la mitad más uno de los votantes para mantenerse en el poder político. Tarea nada difícil cuando, por ejemplo, se mete a Dios en el paquete de sus “valores y principios”. Pero la micro elite de arriba no depende de la populosa mitad de abajo para mantenerse en el poder económico. Sólo cuando ese poder está en cuestionamiento, la democracia formal es rápidamente reemplazada por dictaduras fascistas, como las apoyadas por Washington y las transnacionales a lo largo de una larga historia. Hasta mediados del siglo XIX, los esclavistas habian logrado convencer a una mayoría (incluyendo esclavos) que la esclavitud era el mejor régimen para expandir la libertad y la civilizacion. Cuando la democracia se hizo inevitable, la secuestraron con ideas similares: la riqueza de los ricos es la mejor forma de expandir el bienestar y la libertad de los pobres. 

Aun así, esa idea vaga y contradictoria que llamamos “democracia” sigue siendo la mejor utopía y el mejor recurso de los de abajo. Pero que quede claro: ninguna, por chueca que sea, existe gracias a los poderosos de turno, sino a pesar de ellos. Lo mismo los derechos y las libertades individuales y colectivas; todas son producto de interminables (y demonizadas) luchas de los de abajo.

En Estados Unidos, los principios racistas y clasistas, banderas de la derrotada Confederación, se consolidaron fronteras adentro y se extendieron a América latina, donde impusieron decenas de brutales dictaduras, siempre en complicidad con la eterna oligarquía criolla, generaciones antes de que apareciera la maravillosa excusa del comunismo. 

Desde entonces, Washington y las megacorporaciones han sido los principales promotores del comunismo y de otras alternativas de izquierda en el continente. Uno de los primeros casos se remonta a los años 30 con las masacres de indios y campesinos en El Salvador, pero el pie en el acelerador ocurre luego de la Segunda Guerra, cuando el más importante aliado de Estados Unidos, la Unión Soviética, se convierte en el único opositor con poder y en posible inspiración para el Tercer Mundo contra la vieja tiranía anglosajona. Es, en este momento, cuando nace la CIA (1947) y, poco después crean, entre muchos otros y sin advertirlo, al Che Guevara. Cuando la CIA y la UFCo lograron destruir “el régimen comunista de Jacobo Árbenz” en 1954, uno de los únicos indicios de democracia en la región, el joven médico Ernesto Guevara debió huir a México, donde se encontró con otros exiliados, los hermanos Raúl y Fidel Castro. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, Guevara advirtió: “Cuba no será otra Guatemala”. Es decir, su independencia del imperio estadounidense no sería boicoteada con bombardeos mediaticos primero, movilizaciones inducidas y ataques militares despues, como en Iran, como en Guatemala. Cuando cuatro meses después Fidel Castro visitó la Casa Blanca para confirmar las relaciones comerciales y diplomáticas con Washington, Nixon, Eisenhower y la CIA ya tenían otra invasión en mente. La costumbre de derrocar alternativas independentistas era tan larga y la arrogancia por una abrumadora fuerza militar y mediática tan ciega, que no pudieron prever ni una derrota vergonzosa y ni un trauma insuperable en Bahía Cochinos. El agente de la CIA encargado de las operaciones de Guatemala y Cuba, David Atlee Phillips escribió que el problema del fracaso fue que El Che y Castro habían aprendido de la historia y Washington no. 

Pero el Che Guevara es descrito como un asesino sin misericordia por haber ordenado la ejecución sumaria de 200 criminales del régimen de Batista (la misma CIA informó que ni por lejos se aproximó al número de ejecutados por el régimen anterior) mientras que los terroristas cubanos como Posada Carriles, Orlando Bosch y tantos otros que se dedicaron a poner bombas en aviones, barcos, hoteles, en autos diplomáticos, como el de Orlando Letelier, y colaboraron con mafias genocidas de todo tipo, como la misma Operación Cóndor, fueron protegidos por Washington. Las masacres de cientos de miles de víctimas en unas pocas décadas sólo en América Central por la gracia de Washington y la CIA fueron para llevar la paz, la democracia y la libertad a esas tierras. (Luego de la muerte de Stalin y hasta 1989, los asesinados por razones políticas en América Latina superaron con creces las víctimas de los países comunistas bajo la influencia de la Unión Soviética.) 

La misma práctica, los mismos intereses, el mismo discurso de los esclavistas del siglo anterior con nuevos ideoléxicos. Desde la lógica de la historia, Fidel Castro y las decenas de Augusto Pinochet no son la misma cosa, aunque en el lenguaje idealizado se puedan etiquetar a los dos como dictadores. También Cuba y el Che son consecuencia directa del imperialismo de Washington, pero por razones opuestas. Hasta un candidato a la presidencia de Estados Unidos, el conservador republicano Ron Paul lo reconoció así antes de ser abucheado como el Diablo en Miami. 

Por esa razón, aunque según todos los estándares occidentales se puede decir que Cuba es una dictadura, es necesario recordar que Estados Unidos es la tiranía que la creó, una tiranía brutal que lleva por lo menos doscientos años. Cuba fue la  primera gran derrota de esa arrogancia y, por alguna razón, ha sabido resistir 60 años. 

¿Es necesaria una dictadura inversa para lograr vencer a la tiranía de dos siglos? La respuesta de la historia no nos gusta a nadie. Pero es clara. Aunque (o porque) somos demócratas radicales, no vamos a salir a tirar piedras sobre la isla estrangulada en nombre de la libertad. Jamás podríamos estar del lado de los mercenarios ni de los adulones, muchos de ellos ex comunistas que cambiaron de ideología apenas cambiaron de país y de residencia, porque no bastaba con el auto y la casita con césped en Miami sino que había que calmar la conciencia también, vendiéndola a un precio muy bajito.

JM, 2021

Para más detalles, ver su último libro La frontera Salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

https://www.pagina12.com.ar/355688-de-cuba-y-estados-unidos-tiranias-y-dictaduras

https://www.alainet.org/es/articulo/213070

https://750.am/2021/07/22/las-ideas-de-rutherford-hayes-sobre-la-desigualdad-el-editorial-de-victor-hugo-morales/

Haití 2021

Uno: El presidente protegido por Washington en Haití amenaza con independizarse

Dos: Paramilitares de Estados Unidos y Colombia asesinan al presidente de Haití

Tres: Estados Unidos y Colombia se comprometen a colaborar con la investigación

Cuatro: Nuevo caos de violencia en Haití

Cinco: El gobierno interino de Haití solicita la intervención militar de Estados Unidos.

Seis: La historia nunca se repite, pero rima.

jm, julio 2021

Más sobre Hatí:

Estados Unidos (su lado agusanado) censura su propia historia

La revisión de la historia desde una perspectiva crítica del racismo (“critical race theory”), el esclavismo en nombre de la libertad y la civilización y el imperialismo (también, en nombre del la libertad y la civilización) ha levantado polvo, gritos y lágrimas en este país. De repente, en cuestión de semanas, ha comenzado un duro debate nacional (más bien, una guerra cultural) sobre la revisión de la historia por sus pecados raciales y hasta se han aprobado leyes urgentes en estados como Florida, por las cuales queda terminantemente prohibida la revisión de la historia en los centros de enseñanza, algo muy primitivo y fascista, pero que está instalado en “la gran democracia y líder del mundo libre”.

En Florida, el gobernador pro-Trump y muy probable pre candidato a la presidencia en 2024, Ron DeSantis (¿por qué los más obtusos nacionalistas son siempre descendientes de aquellos que fueron perseguidos, como irlandeses, italianos, judíos o hispanos? ¿por qué esa necesidad pornográfica de sentirse integrados y aceptados?) no sólo ha firmado leyes contradiciendo otras leyes, aprobando que los estudiantes graben a sus profesores con el propósito de detectar alguna tendencia ideológica (la tendencia de los otros, no la de ellos) sino que, además, se ha prohibido por ley la enseñanza de cualquier revisión de la historia que ponga en evidencia el racismo, la ideología y la práctica esclavista de este país. Es fascismo con esteroides, pero también con una máscara democrática, la misma máscara de siempre. La negativa de discutir algo no es otra cosa que una burda confesión. 

Hasta algunos generales del ejército de EE.UU, como el general Mark Milley, han tomado partido por aceptar la revisión, cosa que ha puesto furiosos a los fanáticos “patriotas y nacionalistas” que lo discuten por las Redes sociales, estimulados por años de frustraciones personales y por galones de cerveza. https://twitter.com/majfud/status/1412024568290623488

De esta forma tan elegante, patriótica, heredera de la Confederación esclavista del siglo XIX y de los más sofisticados complots del siglo XX, “La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina” queda de facto prohibida en las instituciones de enseñanza (directamente en aquellas de educación bilingüe y, por referencia, en todas las demás), aunque no se la nombre.

Mejor no nombrarla.

JM, julio 2021

 

Esos neutrales y apolíticos que esperan a la vuelta de la esquina

Creo que, a esta altura de la historia, cualquiera sabe, o puede comprender, que basta con vivir en una sociedad, por primitiva y pequeña, por anónima y desarrollada que sea, para dejar de ser neutrales en la administración del poder. Sin embargo, aun en un mismo individuo hay momentos de compromiso y momentos de renuncia. Es humano. Nadie puede ser un gladiador todo el tiempo. Por salud mental, a veces es necesario retirarse; a veces es legítimo concentrar la mirada en una taza de café y cambiar por un momento los versos del Neruda que le cantaba a los mineros explotados por los del Neruda que le cantaba al amor romántico. Eso en el mejor de los casos, porque no pocas veces, en uno de esos ataques imaginarios de irresponsabilidad, más de uno desearíamos mudarnos a una isla en el Pacífico y no escuchar más del mundo.

Pero existe una actitud que podríamos aceptar bajo la clasificación precaria de “neutral”, y dentro de ésta existen los neutrales indiferentes y los neutrales dedicados a tiempo completo. Nunca nadie verá en los medios ni en las redes sociales a un conspirador profesional discutiendo sobre política, uno de esos mercenarios pagados por agencias secretas que no saben qué hacer con presupuestos de once cifras pero sí saben qué hacer con aquellos que se atreven a pensar diferente. Por el contrario, desde una arrogancia insuperable, se muestran posando alegres en una playa, recomiendan dietas para perder peso o participan en alguna disputa sobre deporte, sobre los dichos de alguna actriz o sobre el sexo de los ángeles. ¿Cómo distinguir a estos “neutrales diseñados” de los verdaderos indiferentes, de los cansados, de los hastiados o de los honestos ignorantes? ¿Por su bella sonrisa? ¿Por la nada que dicen? No, imposible. 

Pero, como bien saben los investigadores de la academia, cuanto mayor sea la muestra más claro y confiable será el patrón que rige un fenómeno. Procedamos según el método. Consideremos alguna de esas instituciones fuertemente politizadas pero obsesionadas con su propia neutralidad política, como las autoridades eclesiásticas de alguna gran religión o de otras fuerzas represivas como, por ejemplo, los generales de los tradicionales ejércitos latinoamericanos. Es decir, no consideremos en la muestra ni a los jefes globales (dueños de bancos y transnacionales, directores de agencias secretas, secretarios de Estado de grandes potencias) ni a los vasallos honorarios (soldados, asalariados felices solo cuando su equipo mete un gol, amables y abnegadas amas de casa). Consideremos sólo poderosos generales, es decir, mandos medios. 

Una lista rápida, resumida e incompleta de este patrón histórico no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de la neutralidad y de su preferencia por los traidores (por una mera razón geográfica, dejemos de lado casos como el del dictador Francisco Franco, ascendido a general por la democracia republicana de España meses antes de comenzar a destruirla):

Antes de convertirse en el dictador más importante de la historia de México, el general Porfirio Díaz había sido perdonado por Lerdo de Tejada por su intento de golpe de Estado contra Benito Juárez. Poco después, el presidente Tejada sería exiliado por su salvador.

En Bolivia, el general René Barrientos había sido promovido por el presidente Víctor Paz Estenssoro (todavía con algún resto de sus convicciones revolucionarias) unos años antes de que lo sacara del gobierno con un golpe de Estado. 

En un viejo y amplio plan de conspiraciones de la CIA contra Allende y de asesinatos de militares en favor del orden constitucional, el presidente chileno había ascendido al general Augusto Pinochet, sustituto del general Carlos Prats (a su vez sustituto de otro constitucionalista asesinado por la CIA, el general René Schneider) por su neutralidad política. 

En Argentina, un católico que no se perdía misa los domingos, el dictador y genocida general Rafael Videla había sido promovido por la presidente Isabel Perón, debido a su reconocida neutralidad y desinterés por la política.

En Panamá, el general Manuel Noriega había sido promovido por Omar Torrijos, quien poco después moriría en un accidente aéreo, a meses de la muerte de otro presidente rebelde, el ecuatoriano Jaime Roldós, en otro accidente aéreo. Noriega, empleado de la CIA y uno de los mayores narcotraficantes de la región, perseguirá a los seguidores de Torrijos.

En Uruguay, un caso más reciente y menos trágico, pero que cumple con el mismo patrón, es el del general Manini Ríos, promovido por el presidente socialsita Tabaré Vázquez como Comandante en jefe del Ejército Nacional. Manini Rios se convertirá en uno de los más férreos opositores al gobierno de Vásquez y fundará un nuevo partido donde los viejos y los nuevos fascistas y apologistas de la dictadura de ese país encontrarán consuelo y una plataforma de acción. 

Poco después, en Bolivia, el general Williams Kaliman Romero, miembro ad hoc de la larga tradición nazi en Bolivia, también será promovido por el presidente Evo Morales, antes de que lo obligue a renunciar a la presidencia. 

La lista de estos ejemplos históricos y neuróticos, profundamente relevantes para los pueblos y significativos para las matemáticas estadísticas, es más larga, pero estoy seguro de que aburriría a los lectores, ofendería a los “patriotas amantes de la libertad”, del honor y del helado de vainilla, y superaría el límite de palabras que hasta los medios más honestos no pueden rebasar. 

JM, junio 2021

Ultimo libro: La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en Amérioca latina.

Fútbol rebelde

São Paulo, Brasil. 4 de diciembre de 2011—A las 4: 10 de la madrugada, a los 57 años, muere Sócrates de Souza Vieira de Oliveira, conocido como Sócrates, uno de los mejores futbolistas de la historia e integrante de la mejor selección de Brasil que, por cosas del fútbol, no pudo ser campeona del mundo en 1982.

Hijo de un padre aficionado a la literatura, Sócrates no fue un jugador profesional hasta muy tarde, luego que, a los 24 años, se graduó de médico. En 1982, junto al sociólogo Adílson Monteiro Alves, rescató al club Corinthians de una temporada que lo había hundido hasta el fondo de la tabla de posiciones. Con Adílson, Wladimir y Walter Casagrande, fundó la Democracia Corinthiana, un experimento anarquista donde los jugadores y los entrenadores tomaban las decisiones más importantes por votación. La idea, ridiculizada por muchos, no fue un fracaso. Luego de veinte años sin ganar nada, el Corinthians salió campeón de la liga paulista dos veces, en 1982 y en 1983. Por si fuese poco, los irresponsables autogestionados lograron pagar las deudas del club y obtuvieron un superávit de tres millones de dólares.

El equipo fue el primero en salir a la cancha con anuncios estampados en su camiseta sin colores como las páginas de un libro, pero no eran anuncios comerciales sino mensajes políticos como “Democracia” o “Diretas Já (Elecciones ya)”. La osadía causó una profunda molestia entre los militares y entre los amantes del deporte-por-el-deporte, pero una aún más profunda admiración y complicidad de los hinchas hizo imposible detener a los jugadores.

En 1983 se propuso la Enmienda Constitucional Dante de Oliveira para llamar a elecciones nacionales. Sócrates advirtió que, si la propuesta no era aprobada, dejaría el país. El 2 de marzo, la enmienda fue rechazada y Sócrates marchó a Italia. El movimiento iniciado bajo el nombre Diretas Já no se detuvo y, junto a la crisis económica agravada en América Latina por la suba de las tasas de interés de la FED y la multiplicación de la deuda de las dictaduras amigas, terminó por derribar al régimen militar. En el mundial de México 86, en momentos en que América Central se desangraba con las dictaduras de Washington y el paramilitarismo de los Contras, Sócrates se puso una vincha blanca con la leyenda “Reagan asesino”. En 2002 reconoció: “Siempre supe que estábamos haciendo política. El fútbol es el único medio que puede acelerar el proceso de transformación de nuestra sociedad porque es nuestra mayor identidad cultural. Todos entienden de fútbol; de política, nada”.

Pero en una entrevista para The Guardian de 2010, Sócrates reveló su mayor debilidad: “ser sensible no siempre es lo mejor que te puede pasar”. Ahora, derrotado por su alcoholismo, Sócrates, el jugador más elegante, el capitán de la selección nacional del mejor equipo de la historia, el doctor rebelde que demostró que las cosas pueden ser de otra forma, el pintor, el escritor, el bohemio, acaba de morir esta madrugada. Hoy es domingo. En una entrevista de 1983 había dicho que quería morir un domingo, un día en que el Corinthians salga campeón.

Por la tarde, el Corinthians se consagra campeón de Brasil. Multitudes de futbolistas campeones del mundo serán olvidados. Sócrates no.

Gavazzo en el aniversario del Golpe (nota al margen)

A propósito del programa Zero Hour de Richard Eskow

En momentos de desaliento, me da mucha alegría cuando un camionero que va por una autopista en la noche de Nueva York o de Arizona me envía un mensaje de agradecimiento.  

De mi experiencia en EE.UU. he conocido estadounidenses de probado coraje intelectual como para denunciar no solo el racismo endémico de su país sino también el imperialismo centenario y mutante de Washington y sus megacorporaciones. Casi tantos como latinoamericanos que se ofenden ante cualquier crítica radical (que es la única crítica con alguna importancia) a las brutales intervenciones de Washington. Incluso, he conocido algunos “marines” a la vuelta de las trágicas guerras a las que fueron enviados en sus juventud, quienes son férreos críticos de esas mismas guerras, mientras los integrantes de las clases acomodadas (con sus medios dominantes y sus sirvientes dominados) en esos países colonizados y embrutecidos reaccionan furiosos cada vez que escuchan alguna crítica a esos poderes que sostienen el orden global que les otorga sus miserables privilegios de clase—todo en nombre de la libertad, como era el caso de los esclavistas del siglo XIX.

¿Por qué? Creo que la respuesta es bastante obvia: la mentalidad del colonizado es más fuerte en América Latina que en los propios Estados Unidos. Aquí, en Estados Unidos, pueden ser fanáticos mesiánicos, pero los colonizados son los otros, aquellos que sirven al orden hegemónico en otras tierras. Incluso cuando la presencia y la injerencia de Washington ha disminuido hasta mínimos históricos en algunos rincones de América latina, la moralidad del colonizado persiste con el fanatismo del colonizador que se ha retirado.

Para mí es un honor haber estado, hace un par de noches, en el programa de Richard “RJ” Eskow, Zero Hour, con su millón de televidentes y radio escuchas (perdón por dos expresiones que suenan tan feo).

En momentos de desaliento, me da mucha alegría cuando un camionero que va por una autopista en la noche de Nueva York o de Arizona me envía un mensaje de agradecimiento.  

48 aniversario del golpe de Estado en Uruguay. La complicidad de los grandes medios

27 de junio de 1973—Con la oposición de la marina, el presidente electo Juan María Bordaberry y otro ejército latinoamericano deciden salvar la libertad, la democracia, la patria y el honor contra la influencia extranjera. Para eso debe suprimir las libertades individuales, el parlamento, los derechos humanos y permitir que el plan de Washington se lleve a cabo al mismo tiempo que se culpa a alguien más (en este caso, los Tupamaros) de la necesaria dictadura. Como otros casos en América latina, la campaña electoral de Bordaberry había sido en parte financiada por la dictadura brasileña, otra hija de la desestabilización programada del gobierno de Washington que terminó con el gobierno progresista de João Goulart en 1964,  la instalación de otra dictadura militar y la creación de los Escuadrones de la muerte.

 El agente de la CIA asignado a Uruguay en 1964, Philip Franklin Agee, se encuentra en Londres escribiendo sus memorias, de donde será expulsado, no por sus operaciones encubiertas sino por sus revelaciones. Durante la década anterior, escribe Agee, los grandes medios en Uruguay, como en otros países latinoamericanos, estaban inoculados. Con un presupuesto de un millón de dólares anuales (equivalente a más de ocho millones para el año 2021) y siguiendo los lineamientos de Mockingbird Operation (Operación Sinsonte) cada día se plantaban “dos o tres artículos de propaganda” en diarios como El País, La Mañana y El Día. Los artículos eran pasados como editoriales sin firmas, lo cual aumentaba la idea de realidad objetiva y luego eran, previsiblemente, citados por otros medios. En abril de 1964, recuerda Agee, la CIA había plantado un artículo de media página en el diario colorado La Mañana firmado por Hada Rosete, representante del Consejo revolucionario cubano, en el cual había hecho circular la idea de la presencia de armas rusas y cubanas en el hemisferio para apoyar a grupos subversivos en Venezuela, Honduras, Perú, Colombia, Argentina, Panamá y Bolivia, operación supuestamente dirigida a muy larga distancia por las embajadas soviéticas y cubanas en México, Buenos Aires y Montevideo, las tres únicas embajadas soviéticas existentes en el continente durante los años cincuenta. El artículo había sido escrito por los agentes Gerald O’Grady y Brooks Reed. Otros artículos publicados en los principales diarios del país habían sido escritos en Nueva York por el cubano Guillermo Martínez Márquez, editor de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Estas son prácticas comunes en el continente y más allá. En 1976 la Comisión Otis Pike de la Cámara baja y la comisión Church del Senado de Estados Unidos reproducirán uno de los informes de la CIA fechado en octubre de 1970 sobre su actividad sistemática de plantar editoriales y proveer información falsa o conveniente en los medios locales para influir o preparar una intervención. En sus propias conclusiones, la comisión Church revelará el “uso sistemático de la prensa, de las radios, del cine, de panfletos, de posters, de correo directo” por parte de la CIA. En el caso del programado golpe de Estado en Chile, a semanas de la asunción de Salvador Allende: “San Pablo, Tegucigalpa, Lima, Montevideo, Bogotá, Ciudad de México reportan que se continúa reproduciendo el material sobre el tema Chile. Incluso algunas partes se han reproducido en el New York Times y en el Washington Post. Los esfuerzos de propaganda continúan dando resultados satisfactorios en la cobertura de noticias según nuestros lineamientos…” Las memorias de agentes de la CIA, como las de Howard Hunt publicadas en 2007, reconocerán estas prácticas y sumarán otras, puestas en duda por la misma comisión Church del senado que lo investigó treinta años antes. El 26 de diciembre de 1977 el New York Times publicará una investigación con otros nombres de medios involucrados en esta operación millonaria de desinformación, entre ellos Avance, El Mundo, Prensa Libre, Bohemia, El Diario de las Américas y The Caracas Daily Journal, aparte de múltiples programas de radio por toda la región y agencias de noticias como EPS y Agenda Orbe Latino American. Diversos agentes de la CIA también operan encubiertos o con permiso en agencias de noticias como Reuters, The Associated Press y United Press International. En algunos casos, como Combate, ni siquiera sus editores sabían del origen de la financiación. Nueve años atrás, un desconocido profesor de Harvard llamado Henry Kissinger, sobreviviente de la persecución nazi en Alemania, había resumido toda la filosofía imperialista con su clásico cinismo: “Existen dos tipos de realistas: aquellos que manipulan los hechos y aquellos que los crean; Occidente necesita hombres capaces de crear su propia realidad”.

Radios como La Voz de la Liberación fueron creadas de la nada para el golpe de Estado en Guatemala en 1954, pero la práctica más común por sus costos y, sobre todo, por su credibilidad fue la inoculación de medios establecidos y con algún prestigio. La televisión y algunas radios de Uruguay también habían caído en esta red, pero se prefería a los diarios porque eran el espacio ideal para introducir ideas e información política que luego sería repetida por los otros medios. En el tranquilo país del extremo Sur, la CIA, que también había trabajado con funcionarios, policías y políticos, había encontrado dificultades en la universidad y en las organizaciones populares. Diferente a su anterior experiencia en otros países del continente, había reconocido el agente Agee, Uruguay era más difícil de corromper con dinero debido a su alto desarrollo social y económico y a una fuerte educación que procedía de los tiempos de José Batlle y Ordóñez a principios de siglo. Por esta razón, en lugar de infiltrar grupos de izquierda y organizaciones universitarias como la FEUU, habían decidido trabajar más a nivel de la educación secundaria, esperanzados de que estos estudiantes más jóvenes un día serían universitarios.[1] También habían invertido en la promoción de “sindicatos libres” alternativos y en políticos mediáticos y ruralistas como Benito “Chicotazo” Nardone (luego presidente por un año) los cuales también eran canales para la narrativa y las políticas de la CIA.[2] Durante la Guerra Fría la estrategia era subsidiar los grandes medios de prensa latinoamericanos con dinero secreto o a través del pago de publicidad. Durante la Era de Internet la estrategia será posicionarlos en las autopistas más transitadas de Internet, en manos de las compañías estadounidenses con frecuentes conexiones con Washington. Como lo demostrarán diversos estudios de instituciones como la American Institute for Behavioral Research and Technology, para 2015 las grandes compañías habrán invertido 20 mil millones de dólares anuales sólo en forzar la búsqueda de información para privilegiar una opción política sobre otra.

El plan resultó según lo previsto. No sólo se estableció una dictadura por once años en uno de los países más democráticos de América Latina, sino que, además, como en cualquier otro país al sur del río Grande, se inoculó la idea de que la barbarie militarista no era un ataque sino una defensa contra las injerencias extranjeras. Por las generaciones por venir, una considerable proporción de la población y de los políticos continuará justificando la dictadura militar y culpando de sus violaciones de los derechos humanos a un grupo guerrillero llamado Tupamaros, surgido en los años sesenta y desarmado mucho antes del golpe de Estado. El argumento de que un país puede suprimir los derechos humanos para luchar contra quienes desean destruir los derechos humanos seguirá siendo un éxito casi absoluto de la propaganda organizada en Washington desde el siglo XIX. La idea de que los grandes medios de prensa y los ejércitos latinoamericanos defienden el honor y las injerencias extranjeras, también.

Los negacionistas funcionales (muchos de ellos educados en estos grandes medios de manipulación) se encargarán de descalificar a Agee por haber desertado de la CIA y no mencionarán que sus revelaciones no fueron negadas por otros agentes y directores de esa agencia, sino lo contrario. Diferentes confesiones de agentes que se mantuvieron fieles a su misión hasta sus últimos días reconocerán y confirmarán estas prácticas sin ninguna comezón de conciencia.

La CIA opera en cada país desde dentro de compañías aéreas, mineras y de servicios de limpieza (en mucha de las cuales es accionista) hasta sindicatos y centros de educación. Pero los medios de información y entretenimiento siempre han sido un área de extrema sensibilidad y utilidad. Los medios son los principales creadores de opinión y de sensibilidades y, como lo reconoció Edward Bernays mucho antes de que se inventara la CIA, la mejor forma de administrar una democracia es decirle a la gente lo que deben pensar. Como lo practicó innumerables veces el mismo Bernays cuando fue contratado por Washington para vender un golpe de Estado o por una empresa privada para vender tocino, la Opinión pública es un producto, algo que se fabrica y se vende como cualquier otro producto. Sólo hay que hacer que otros digan y repitan lo que nosotros queremos que se diga y se repita sin que nunca se sepa su verdadero origen. “Sobre todo cuando la gente no tiene ni idea de dónde procede realmente una mentira”.

Por las décadas y por las generaciones por venir, los grandes medios de prensa dominantes y creadores de opinión pública en casi todo el mundo serán conservadores, de derecha. Como parte de la misma lógica, serán acusados de ser liberales, de izquierda.

En sus manuales, la CIA y del National Security Council (“A Plan for National Psychological Warfare” del 10 de julio de 1950) compartían un consenso que les habían robado al propagandista Edward Bernays: la forma más efectiva de propaganda “es aquella en la cual el sujeto se mueve en la dirección deseada por las razones que él cree que proceden de su propia libertad”.

En Argentina, la decepción de los peronistas por el nuevo peronismo de derecha y la actividad subversiva (nacida bajo la dictadura de Onganía en los 60) habían alcanzado niveles de nerviosismo nacional y sirvieron para una nueva excusa de las fuerzas de represión. Pocos meses antes de las elecciones de 1976, con una violencia paramilitar de la extrema derecha actuando a su antojo, los militares decidirán dar un nuevo golpe de Estado y evitar el triunfo del ala izquierda del peronismo, representado por Héctor Cámpora, candidato favorito para esas elecciones. 

En Uruguay, el golpe de Estado de 1973 tampoco tuvo como objetivo derrotar a los tupamaros que ya habían sido derrotados. Había que eliminar la amenaza de una opción popular por la fuerza de los votos. En Chile, el golpe de Estado no fue posible antes del triunfo de Allende, sino después. Esta fue la diferencia. 

Años después, las elites en el poder político y social no se cansarán de repetir que, de no haber sido por los grupos rebeldes de izquierda como los Tupamaros, las dictaduras militares nunca hubiesen existido. Esta fabricación se convertirá en un dogma. Como los traumas de las dictaduras, sobrevivirá en las generaciones por venir. 


[1] El agente Gerald O’Grady estaba a cargo de financiar estos grupos.

[2] Benito Nardone había sido reclutado por el jefe de la CIA en Uruguay, Everette Howard Hunt, uno de los autores intelectuales del golpe de Estado en Guatemala contra Jacobo Árbenz en 1954, participante de la invasión de Bahía Cochinos en Cuba en 1961 y futuro cómplice del presidente Richard Nixon en la eliminación de las grabaciones que, finalmente, lo llevarían a renunciar a la presidencia de Estados Unidos. Cuando Herrera y Nardone ganen las elecciones, el lunes 1ro. de diciembre de 1958 el diario El País titulará a lo ancho de toda su portada “Venció el pueblo”. El 9 de noviembre de 1960, la CIA informará del discurso del presidente Nardone denunciando “las actividades cubanas en Uruguay”. Dos meses después, el 10 de enero, Nardone expulsará a los embajadores de Cuba y de la Unión Soviética por intromisiones en los asuntos nacionales.

El imperialismo es cosa de machos

Minneapolis, Minnesota. 2 de setiembre de 1901—Cuatro días antes del atentado que le costará la vida al presidente William McKinley, su vicepresidente, Theodore Roosevelt, da un discurso en Minnesota sin mencionar ni una sola vez la palabra de moda, imperialismo. En su lugar, defiende “la energía expansiva” de los hombres que, con hacha en mano, hicieron a Estados Unidos gracias a “la hombría esencial del carácter estadounidense”. Los discursos que equiparan la masculinidad al imperialismo abundan y resuenan en los rincones más débiles de la psicología de los votantes. ¿Y qué mejor que la guerra para probar a un hombre?

En 1897, apenas nombrado secretario adjunto de la marina por el presidente McKinley, Roosevelt le escribió a un amigo: “estoy a favor de casi cualquier guerra, y creo que este país necesita una”. Roosevelt es otro aristócrata que nunca superó el trauma de que sus padres hayan pagado a otro para que fuese a la Guerra Civil en su lugar. En sus años de Harvard se dedicó al boxeo, pero no fue suficiente para calmar sus complejos de macho blanco. Antes de llegar a la Casa Blanca como presidente, solía posar disfrazado de Daniel Boone en los estudios de Nueva York y repetía, día por medio, que quienes no se atrevían a ir a la guerra en tierras lejanas no eran hombres ni le hacían honor a la raza teutónica.

En 1898, como consecuencia de la invasión a Cuba y Filipinas, la mujer más reconocida de Estados Unidos, Jane Addams, había ingresado a Liga antiimperialista. Las historietas a favor de Roosevelt comenzaron a representar a los antiimperialistas vestidos de mujer. Las historietas en contra de la nueva fiebre (como la de Grant Hamilton) representan a Roosevelt como un imperialista con sombrero tejano y una espada entre las piernas que se parece más a un pene erecto que a cualquier espada conocida. Como otros antiimperialistas de la época, Addams luchará también por los derechos de las clases trabajadoras de Estados Unidos y por la igualdad de derechos de las mujeres.

También las minorías habían tomado partido contra el imperialismo. En 1898, en un discurso multitudinario en Ashfield, Massachusetts, el maestro y líder negro más influyente de la época, Booker Taliaferro Washington, se había negado a aceptar las nuevas aventuras colonialistas bajo una feroz conciencia que será pronto olvidada: “Fuimos a las Islas Sándwich (Hawái) con una biblia en la mano para ganarnos el alma de los nativos y terminamos quedándonos con su país sin otorgarles el derecho de decir si estaban de acuerdo o no”.

Pero el senador Henry Cabot Lodge, el principal aliado de Theodore Roosevelt, descalificó estas críticas por inconsistentes. El 7 de marzo de 1900 tomó la palabra en el Congreso para refrescar la memoria histórica de sus poderosos colegas: “Se ha dicho una y otra vez, hasta el hastío, que hemos hecho mal en apropiarnos de esas islas sin el consentimiento de sus pobladores, ya que el principio de justicia de Estados Unidos no lo permite. ¡El consentimiento de los gobernados!”Un apasionado Lodge le recordó a sus colegas de la Cámara alta que la Declaratoria de Independencia no se realizó con el consentimiento de los gobernados y continuó: “¿Le pedimos opinión a los negros? ¿A las mujeres?” No. Luego, fulminó: “tomamos Luisiana sin consultar a sus habitantes y la gobernamos sin su consentimiento mientras lo consideramos necesario… Luego vino la Guerra contra México y, por el tratado de Guadalupe Hidalgo, nos hicimos de una gran parte del territorio de ese país… Había muchos mexicanos viviendo en esos territorios y nunca le pedimos su consentimiento para gobernarlos… Estados Unidos tiene una gran misión en el mundo. Una misión por el bien y por la libertad. La misión de cumplir con el Destino manifiesto”.

En sus últimos años, Theodore Roosevelt tendrá un ataque de conciencia ideológica y se pasará a las causas de la izquierda. Fundará el Partido Progresista y tanto Booker Washington como Jane Addams apoyarán su candidatura. Naturalmente, esta vez Roosevelt perderá las elecciones de 1912, porque no son los hombres solos, por machos que sean, los que deciden la suerte de una nación y la historia de todas las demás naciones del mundo.

JM, de La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

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El mundo de los otros (nota al margen)

Hace unas décadas que he aprendido a no tomarme los insultos como algo personal.

Hace pocos días, me dió mucha pena por una chica que me destrató por una niñería. Luego me confirmaron que estaba atravesando por serios problemas personales.

El mundo ajeno es siempre más dificil de lo que uno se imagina.

jm

La broma del siglo

Génova, Suiza. 16 de junio de 2021–En la conferencia de prensa en Hotel del Parc des Eaux-Vives, el Senador por casi medio siglo, vicepresidnete por dos períodos y ahora presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se despacha con convicción y comodidad:

¿Cómo sería si el resto del mundo considerara que Estados Unidos interfiere directamente en las elecciones de otros países y que todo el mundo lo supiera? ¿Cómo sería si nosotros nos involucrásemos en actividades en las que él [el presidente de Rusia] participa? Eso disminuye la reputación de un país […] No es lo que hago yo; son las acciones que realizan otros países, en este caso Rusia, las que son contrarias a las normas internacionales […] Ellos no pueden dictar lo que sucede en el mundo“.

Fue el prank del siglo. Sin embargo, no hubo risas.

El 24 de marzo de 1983, en la Biblioteca del Congreso, el presidente Ronald Reagan había repetido, no como crítica sino con orgullo, las palabras del historiador Henry Commager: “la creación de los mitos nacionales nunca estuvo libre de conflictos; los estadounidenses no creían del Oeste lo que era verdad sino lo que para ellos debía ser verdad”.

El patrón histórico es claro. No hay nada nuevo bajo el sol.

Veteranos de guerra, engranajes del fanatismo global (nota al margen)

Incluso hoy es un secreto a voces: miles de soldados de regreso de esas guerras de mierda se suicidan por año en EE.UU. Fui “consejero” de algunos estudiantes, ex combatientes de la guerra de Irak en la Universidad de Jacksonville, todos con serios problemas psicológicos. Ver https://majfud.org/…/la-primera-muerte-del-soldado…/ Muchos aplausos a los héroes y mucho más silencio a la basura que votan los hipócritas criminales mientras miran el baseball tomando cerveza.

Uno de ellos, sufriendo de PTSD me dijo que su equpo de psicologos le había dicho que para curarse debía convencerse de que “él no era una víctima”.

Le dije que no estaba de acuerdo. Que para mí, él, cientos de miles de soldados y algunos millones de nativos de paises lejanos y desconocidos eran la perfecta definición de lo que es una víctima de la barbarie global. Que si no se entendía algo tan básico muchos más, incluyendo a sus hijos, iban a sufrir la misma tragedia que tenía que sufrir él en ese momento.

No sé si no le gustó mi curso o si el equipo de expertos psicólogos le recomendó abandonarlo. Tiempo después supe que el muchacho continuaba en su mala costumbre de pelearse en los pubs de Jacksonville por cualqueir cosa. Exactamente como el personaje de El mar estaba sereno.

“Mohammed Ali convence a un suicida, veterano de la Guerra de Vietnam, para bajarse del balcón”.

Intereses personales (nota al margen)

Una vez tuvimos una discusión en clase y una estudiante, con convicción, me preguntó por qué criticaba tanto la situación social si yo no estaba tan mal.

“Cierto”, me ayudó a pensar en voz alta, “cuando miro a mi alrededor veo que yo no estoy tan mal, pero si esa fuese una razón para no ver y reconocer el dolor ajeno, sería un perfecto hijo de puta”.

Todavía estoy de acuerdo con eso de no acomodar las ideas a los intereses personales.

jm.

https://www.barnesandnoble.com/w/la-frontera-salvaje-jorge-majfud/1139378646?ean=9781737171003

The Autumn of the West

on the economic, political, and cultural realities of the first two decades of the century 21st with “an outsider’s view from the center”: the culture of masks of the United States’ cultural industries and national unconscious, the hyper-fragmentation of the contemporary individual, the construction of reality through social narratives, the narrative dictated by the major social powers of money and the social castes who have taken us steadily toward a new form of feudalism, one no longer based on ownership of the land but of finance capital. In all of the essays that comprise this book, one can see the urgency of responding to the historical moment, to the specific events that have occurred over the past two decades, but with an unflinching effort to contextualize events within their greater historical framework. Because, as the author asserts, forgetting is one of the principal weapons of moral, social, and, ultimately, military violence.

https://www.barnesandnoble.com/w/the-autumn-of-the-west-jorge-majfud/1131077183?ean=9781733208116