Cuando las filtraciones de información secreta las practica el poder secreto

En 2022, el FBI allanó la mansión arabesca del expresidente Donald Trump en Florida. Se lo acusa de robarse cientos de documentos clasificados. De los casos más impactantes de publicación de documentos clasificados luego de los “Pentágono papers” están los de WikiLeaks de Julián Assange, las revelaciones de la soldado Chelsea Manning y del ex agente de la CIA y la NSA Edward Snowden. Sin embargo, el filtrado de información clasificada, secreta, ha sido por mucho tiempo una práctica de los poderes oscuros de Washington, la mayoría de las veces con propósitos propagandísticos.

Cuando en 2013 la filtración de miles de documentos secretos de la NSA probó que Washington no sólo espiaba a ciudadanos de otros países, el presidente Barack Obama salió a la prensa para negarlo. El 18 de junio, afirmó: “Lo que puedo asegurarles es que si usted es un ciudadano de Estados Unidos, la NSA no puede escuchar sus conversaciones telefónicas… Eso por ley”. Las palabras del presidente ocultaban una realidad más tenebrosa: la recopilación de billones de metadatos no se tipifica como “escucha directa” sino la recolección y guardado de quién hizo un llamado, a quién, a qué hora, desde dónde. Combinando tres o cuatro de estos eventos, las historias personales de cada individuo saltan solas: problemas psicológicos, embarazos no deseados, deudas, visita a laguna página pornográfica o donación a algún sindicato o grupo de activistas y cualquier otro evento normal en cualquier ciudadano que nunca ha violado ninguna ley pero que podrá ser usado en su contra cuando sea necesario.

En 2012, Washington alertó de la posibilidad de que las compañías chinas de telecomunicación, Huawei y ZTE, pudieran estar “violando las leyes estadounidenses”, al mismo tiempo que la NSA instalaba chips espías en routers y computadoras que las compañías estadounidenses exportaban a diferentes países. Los routers exportados por Cisco, por ejemplo, estaban infestados con programas espías, probablemente sin el conocimiento de la compañía, ya que esta práctica se realizaba (o se realiza) interceptando los equipos listos para la exportación e insertándoles bugs capaces de apropiarse de redes enteras en otros países. La NSA también instaló back doors en las computadoras de millones de estadounidenses, interceptó los servidores, las computadoras y los teléfonos de decenas de millones de estadounidenses para recoger y guardar sus datos personales. En el caso de las compañías estadounidenses que producen en China, la ley por la cual se rigen no es la china sino la estadounidense. Razón por la cual la limitación de la independencia de las compañías extranjeras, como las chinas, suelen correr a cargo de una especie de “jurisdicción extraterritorial” de la justicia de Washington, como ocurrió con Huawei en 2018.

La publicación de los documentos que probaron el espionaje de casi todos los ciudadanos estadounidenses por parte de la NSA también mostró que esta super agencia secreta también entregó estos datos a la unidad Cuerpos de Inteligencia del ejército de Israel, al mismo tiempo que se quejaba de que Israel no era recíproco sino que, por el contrario, espiaba a los ciudadanos estadounidenses, definiendo a los servicios secretos de Israel como “uno de los espionajes más agresivos contra Estados Unidos”. Un documento filtrado afirma que una NIE (National Intelligence Estimate) ubica a Israel como “el tercer servicio de Inteligencia extranjero más agresivo contra Estados Unidos”. Dos años después de estas revelaciones, en 2015, el primer ministro de Israel Benjamin Netanyahu negó un informe del Wall Street Journal, filtrado por la Casa Blanca de Obama.

Cuando ese mismo año, 2015, un informe del Senado de Estados Unidos reveló que la CIA no sólo había torturado sospechosos inocentes en la prisión ilegal de Guantánamo, sino que también le había mentido al Senado y a la Casa Blanca, la misma CIA filtró parte de su propios documentos secretos para generar en la Opinión Publica la idea de que la tortura (“interrogación mejorada”) había sido, de alguna forma, efectiva para mantener el país libre de atentados terroristas. Algo que se probó falso, aunque no es necesaria ninguna comisión investigadora para darse cuenta de que ninguno de los mayores eventos históricos fueron alguna vez detectados “a tiempo” por “inteligencia”.

En la página 401 del mismo informe, se concluye que “la CIA filtró información clasificada a algunos periodistas sobre su programa aún secreto sobre Detención e Interrogación, la que luego fue publicada”. El objetivo era lavar su imagen. Los Assanges y los Greenwalds del poder nunca fueron perseguidos ni demandados ante justicia o tribunal de ningún tipo. Por ejemplo, “como lo afirma un email interno, la CIA ________ nunca abrió investigación alguna sobre el libro The CIA at War de Ronald Kessler, a pesar de que contenía información clasificada… El asesor jurídico John Rezzo escribió que esta decisión se había basado en que la relación de la CIA con el escritor Kessler había sido bendecida por el director de la Agencia. Otro ejemplo es cuando los oficiales de la CIA y los integrantes del Comité Selecto Permanente de Inteligencia de la Cámara de Representantes observaron que un artículo escrito por Douglas Jehl en el New York Times contenía una cantidad importante de información clasificada”. A pesar del acceso ilegal y privilegiado de información secreta, no por casualidad, la misma comisión del Senado concluye que “tanto el libro de Kessler como el artículo de Jehl contienen afirmaciones falsas sobre la efectividad del programa de interrogación de la CIA”. Antes de pulir sus artículos, Jehl proveía de una copia a los agentes de la Agencia, incluso asegurándoles que el texto enfatizaba en las virtudes de las técnicas del programa secreto de “interrogación mejorada”. Lo mismo hizo Ronald Kessler en 2007 para otro de sus libros: no sólo le entregó a la CIA el borrador sino que incluyó los cambios y críticas que la agencia le había devuelto. (El best seller de John Barron, KGB: The Secret Work of Soviet Secret Agents también había recibido fondos y promoción de la CIA.)

La lista de logros detallados por los dos periodistas (captura de terroristas, prevención de ataques) se probó falsa. Pero la maquinaria de propaganda de la Agencia necesitaba “hacer público ‘nuestra historia’ para crear opinión pública y en el Congreso”. Ya en abril de 2005, la Agencia había seleccionado información conveniente para preparar a los oficiales que iban a ser entrevistados por el periodista el periodista Tom Brokaw de NBC News sobre el Programa de Interrogación en las cárceles secretas en el exterior. Más tarde se sabría que el programa Dateline NBC no sólo contenía información clasificada sino también historias inventadas sobre logros de la CIA en la captura de terroristas que no fueron registrados ni siquiera por parte de la misma agencia. Según el director de Counterterrorism Center, Phillips Mud, si la CIA no era capaz de venderse bien ante el público, el Congreso podría “limitar nuestras atribuciones y meterse con nuestro presupuesto; tenemos que dejar claro que lo que estamos haciendo es algo bueno; debemos ser más agresivos allá afuera: o contamos nuestra versión de la historia o nos comen”.

En gran medida, la competencia de la CIA con el FBI y el robo mutuo de atribuciones y créditos se basa en celos profesionales y en una vieja lucha por presupuestos, a pesar de compartir la misma ideología política y geopolítica de la dominación de los siempre peligrosos “otros de abajo”. En un email del 15 de abril de 2015 a varios abogados de la CIA, un oficial expresó su preocupación por esta práctica de la misma Agencia de filtrar información secreta. No se conoce respuesta alguna.

Sí se conoce que la CIA destruyó los videos que había grabado en las sesiones de tortura, de la misma forma que, después de algún tiempo, suele quemar los documentos clasificados que, de ser filtrados por gente más independiente, no dejaría una buena imagen de la maquinaria y el fantasma de los recortes presupuestarios podría volver a tocar la puerta. El mismo informe de la comisión del Senado, en sus datos de apéndice, comparó las declaraciones de la CIA en el Congreso con los documentos de la misma CIA y concluyó que sus agentes mintieron ante los legisladores y ante la ciudadanía. Naturalmente, sin consecuencias legales y sin pasar o pasando como una golondrina por la conciencia de la Opinión Pública.

¿Cuál es el destino, el uso que futuros gobiernos, futuros paranoicos y futuros análisis de Inteligencia Artificial harán de esos billones de datos personales de cientos de millones de ciudadanos? Para mí la respuesta es inevitable, si continuamos la misma lógica de espionaje individual y la manipulación de la verdad colectiva: en un futuro no muy lejano, los análisis de ADN y los diagnósticos psicológicos de los individuos serán usados para clasificar a los individuos. Por ejemplo, aquellos diagnosticados con “Trastorno de Oposición Desafiante” (TOD, o, como bien se conoce en una “segunda” interpretación psicológica “Trastorno de las Ansias de Libertad”), serán automáticamente acosados y marginados, no sólo en sus posibilidades políticas sino, también, laborales.

Por si fuese poco, los sistemas de espionaje tienen la capacidad de buscar información en todos aquellos archivos que creímos eliminar de las nubes y hasta de nuestros discos duros de nuestras computadoras privadas. Esta información ha sido filtrada ilegalmente por disidentes; sin embargo, también sabemos que las mismas agencias secretas, incluido el FBI, han practicado la extorción masiva permitiendo que la población sepa del espionaje masivo que practican (algo que podríamos llamar “estrategia de la paranoia ajena”). Esto no sólo crea una autocensura pública sino también una autocensura privada y, más allá, autocensura de pensamiento como en los peores momentos de la Inquisición europea.

Jorge Majfud, setiembre 2022. (Capítulo abreviado del próximo libro del autor.)

Necesitamos más autistas

En una de esas reuniones de colegas y con algún que otro desconocido, una de esas donde (me han dicho y se leen en las memorias de manipuladores jubilados) suelen ir los agentes secretos con un vaso de whisky en la mano a conversar de cultura, un señor de Texas, aficionado a la historia de América Central, me preguntó mi opinión sobre Julian Assange y Edward Snowden. Ellos saben que pocos profesores resisten la tentación de dar respuestas radicales cuando alguien entra en sus áreas de estudio. Tampoco resultaba difícil saber que en los últimos meses yo había comprado varios libros sobre el tema, aparte de mis investigaciones en el National Archive. En pocos minutos, el señor de la corbata morada había llegado al punto previsible:

¿Ha observado usted que todos ellos tienen algún problema psicológico? Assange es un womanizer (mujeriego). El exagente Snowden está bien casado, pero ni siquiera llegó a graduarse de la secundaria, a pesar de su notable inteligencia. El soldado Bradley Manning, luego Chelsea Manning, se reveló como una mujer atrapada en el cuerpo de un hombre. Glenn Greenwald se enamoró de un hombre brasileño y se fue a vivir allá… No digo que ser homosexual o transgénero sea algo malo, sólo que es un factor común que comparten todos ellos. ¿Qué significa este patrón psicológico?”.

“No, pero…” Por entonces, me acordé de la persecución de negros, gays y lesbianas que en Estados Unidos había puesto en práctica el senador Arthur McCarty y el infame director del FBI, Edgar Hoover, durante la Guerra Fría, por considerar que los negros y homosexuales eran propensos a traicionar a su país y a su religión al simpatizar con las causas comunistas de justicia e igualdad.

En 2019 y después, el mismo presidente de Brasil, Capitán Jair Bolsonaro, se refirió a Greenwald repetidas veces haciendo referencia a su sexualidad (“Do you burn the donut?”) como forma de descalificación personal e ideológica, a lo que el periodista estadounidense contestó observando la clara fijación anal del presidente. Luego de las revelaciones de Snowden en 2013, Greenwald y su proyecto The Intercept también fueron claves para denunciar la corrupción del sistema político brasileño, desde los corruptos jueces anticorrupción como Sergio Moro, quien logró poner en la cárcel al entonces candidato favorito a la presidencia, Lula, hasta los parlamentarios más corruptos que años antes habían destituido a Dilma Rousseff bajo alegaciones de corrupción.

De las etiquetas más comunes en disidentes incómodos como Julian Assange, Chelsea Manning y Edward Snowden están los de “narcisista” o algo relacionado con alguna discapacidad. Bob Schieffer, el periodista estrella de CBS (irónicamente, en un programa titulado “Face the Nation”), intentó deslegitimar las revelaciones de Snowden, calificándolo de “joven narcisista que se cree más listo que todos nosotros” y comparándolo con los riesgos que corrió Martin Luther King, quien se quedó en el país luego de violar las leyes injustas de su época. Para continuar el tejido de la tradicional telaraña mediática, el poderoso Business Insider tituló: “Bob Schieffer de CBS destruye a Edward Snowden en 90 segundos”. Edward Snowden y Glenn Greenwald (el periodista que publicó los documentos filtrados por Snowden) fueron calificados repetidas veces de “cobardes” y de “traidores”, uno por huir a Hong Kong y el otro por mudarse a Brasil. El veterano periodista de CBS no mencionó que Martin Luther King fue perseguido por el FBI y finalmente asesinado, como la mayoría de los líderes de la época, por “individuos no vinculados al poder”.

¿Qué significa este patrón psicológico para usted, profesor?” insistió el señor del whisky con mucho hielo, a quien nunca había visto antes pero que me había aclarado de entrada que no era un profesor nuevo.

Para mí significa que el mundo necesita más gays, más transexuales y más autistas”, fue lo único que se me ocurrió decir, creo que más bien para deshacerme de aquel señor con una autoestima tan elevada y con una mal fingida ignorancia. Funcionó, por el momento.

Unos años después, una de mis estudiantes más avanzadas que escuchó el diálogo se pasó por mi oficina para discutir detalles del curso que estaba tomando y me mencionó una investigación que había leído sobre ética y autismo. El estudio, publicado en The Journal of Neuroscience en febrero de 2021 por un grupo internacional de nueve expertos (“Right Temporoparietal Junction Underlies Avoidance of Moral Transgression in Autism Spectrum Disorder”), realizó un experimento con dos grupos de personas, uno compuesto por individuos clasificados dentro del “espectro autista” y el otro con gente fuera del mismo, es decir, en lenguaje popular, “gente normal como nosotros”. A ambos grupos se le propuso donar una suma de dinero para asociaciones, una benéfica (para la educación de niños y adolescentes en Brasil) y otra que permite la crueldad animal (eliminación de perros y gatos de las calles) en dos contextos diferentes: unas donaciones hechas con audiencia y otras de forma anónima. En un caso, se ofreció una ganancia económica personal por apoyar la crueldad animal. El modelo computacional reveló que el grupo de personas con autismo no aceptaron esta ventaja personal en detrimento del dolor ajeno, aún cuando seleccionaban la mejor opción de forma anónima.

Podemos inferir que este estudio no sólo desarma la idea de la valoración débil del contexto moral de los autistas que, con frecuencia, los lleva a involucrarse en problemas sociales, sino que revela su contrario: un sentido moral superior al de la “gente normal”. Es decir, esta normalidad no sería otra cosa que la adaptación del entorno a los intereses personales (corrupción) y la manipulación de la opinión ajena que termina valorándolos como “gente exitosa”, a pesar de que deberían estar en un intenso tratamiento psicológico, de no ser por una cultura enferma que los protege, premia y aplaude.

Esa “gente normal” es la que está en el poder económico y político de los países. Cuando David Miranda, esposo de Glenn Greenwald, se encontraba de paso en Inglaterra, los servicios secretos lo detuvieron y acusaron de terrorismo. Terrorista por ser pareja de un terrorista, definido en la acusación de la siguiente forma: “El señor Miranda lleva a sabiendas material cuya divulgación pondría en peligro la vida de las personas. Además, la divulgación, o amenaza de divulgación, está diseñada para influir en un gobierno y se realiza con el fin de promover una causa política o ideológica. Por lo tanto, esto entra dentro de la definición de terrorismo”.

Cuando las agencias secretas deciden ataques secretos, mortales y devastadores en territorio extranjero, ¿no ponen en peligro la vida de ninguna persona? Cuando plantan artículos o hacen circular rumores falsos ¿no generan opinión en medios masivos? ¿No están tratando de influir en ningún gobierno a través de la Opinión Pública? Los gobiernos paralelos nunca son calificados de terroristas, según sus propias y muy elásticas definiciones de terrorismo. Es la manera obvia de pensar. Ellos están en el poder; a sus poderosas ficciones llaman realidad y normalidad, no “problemas mentales”.

JM, agosto 2022

https://www.pagina12.com.ar/479274-quien-es-la-gente-normal

Psychopatriotism 

By a 1994 law (Holocaust Education Bill), there is a subject called Holocaust in Florida public schools, by which the racist atrocities that occurred in Europe against the Jewish people are studied. In 2020, Governor Ron DeSantis signed another law requiring all schools to certify that they are teaching new generations about the Holocaust. At that time, the congressmen of the Afro community managed to include in the programs the mention of the Ocoee Massacre, where more than 30 black people were murdered in 1920, which, to understand the endemic racism and social injustices, comes to be like explaining the human body by its shadow. 

By another law, since 2022, in those same high schools in Florida, it is prohibited to openly discuss the racist history of the United States. The reason is, according to Governor Ron DeSantis, that “No one should be instructed to feel as if they are not equal or shamed because of their race (…) In Florida, we will not let the far-left woke agenda take over our schools and workplaces. There is no place for indoctrination or discrimination in Florida.” 

If that is not talked about, that does not exist. On this side of the Atlantic, racism does not exist and never did. 

The same slave owners who defined millions of slaves (the basis of the country’s prosperity) as “private property” based on their skin color, called that system the “blessing of slavery,” which they wanted to “expand throughout the world” to “fight for freedom” while calling their system of government “democracy” (Brown, 1858). 

The same ones who robbed and exterminated native peoples much more democratic and civilized than the new gold rush nation before the gold rush called it “self-defense” against “unprovoked attacks” by savages (Jackson, 1833; Wayne, 1972). 

The same ones who invented the independence of Texas to reinstate slavery and then the war against Mexico to appropriate half of its territory, the same ones who killed and raped women in front of their children and husbands, did so by the unquestionable design of “Manifest destiny” of God (Scott, 1846). 

The same ones who practiced the sport of killing blacks in the Philippines did so to fulfill “The White Man’s Burden” of civilizing the world (Kipling, 1899). 

The same ones that invaded, corrupted, and plagued Latin America with banana republics, destroyed democracies and planted dozens and dozens of bloody dictatorships, did so to fight for freedom and democracy (Beveridge, 1900; Washington Post, 1920; CIA, XXX). 

The same ones who rained Asia with atomic bombs, millions of more beneficial bombs without a year of truce, chemical agents on millions of human beings and left thousands dead wherever they passed, called this extreme exercise of racism “heroic victory”, even when they were humiliating defeats (Johnson, 1964; Bush, 2003). 

But you can’t talk about that because it can offend someone with white skin who feels identified with all those champions of freedom, democracy, and divine justice. 

As a popular song to recruit volunteers for the invented war against Mexico said: 

Justice is our motto 

our country, always right (Pratt, 1847). 

Not by chance, every time these groups of fanatics felt that their privileges were threatened by the never accepted equity, they invented theories of self-victimization, such as the “white extermination” theory, articulated in the 19th century to justify colonialism and oppression of non-Caucasian peoples (Pearson, 1893) and has now been reborn as a novelty as the “Replacement Theory” that criminalizes immigrants from non-European countries as “dangerous invaders” (Camus, 2010). 

Not by chance, Adolf Hitler was inspired by the then institutionalized racism of the American far-right that indoctrinated millions of people to feel superior because of their skin color and millions of others to accept their inferiority for the same reason (Grant, 1916). 

Not coincidentally, Hitler awarded America’s great businessmen and forbade the teaching of “leftist stuff” in public education. Before persecuting and killing Jews, in 1933 he closed the famous Bauhaus school for being full of “anti-Germans” and being a “refuge for leftists” who wanted to question and change history. 

In Florida and throughout the country, education systems should start with a subject called “Patriotic Hypocrisy” to develop some of the intellectual capacity to face historical reality without sugar coating it and without the fantasies of Hollywood, Disney World, the Ku Klux Klan, and other sects. 

We are not responsible for our ancestors’ crimes, but we assume them as our own when we deny or justify them. We are responsible for the crimes and injustices that are committed today thanks to the denial of reality that, not without fanaticism, we call patriotism. A criminal and racist denialism, since, once again, it denies justice and the basic right to the truth of the victims so as not to disturb the sensibilities of others, the dominant group for more than two centuries, the one that insists on the strategy of complacency and self-victimization to calm their frustrations and foundational hatred. Even worse when that right to truth has been curtailed by laws and a culture full of taboos, all in the name of a democracy that hinders them and they use it, as it was used by the demagogues of ancient Athenian Democracy to demonize and then execute Socrates for question too much. Everything legally, needless to say, until the laws are written by others. 

What greater indoctrination than denialism or the prohibition of revising history? What more indoctrination than imposing complicit silence or a “patriotic history” in schools, replete with myths created post factum and without documentary support? 

Jorge Majfud 

Terroristas

Para aplicar la Teoría política de los campos semánticos, los grupos marginados del poder, los colonizados y los oprimidos del mundo, deberían empezar a devolver el favor calificando de «terroristas» (así, de forma indiscriminada, por las dudas y sin sentimiento de culpa) a los dueños del dinero, de los medios y de las armas.

De esa forma, tarde o temprano, los terroristas de arriba ya no podrán llamar terroristas a los de abajo, cada vez que algo no les convenga, sin tener que, por lo menos, hacer un esfuerzo de explicación lógica y racional de sus interminables e insaciables abusos.

jm, agosto 2022.

Psicopatriotismo

Por una ley de 1994 (Holocaust Education Bill), en las escuelas públicas de Florida hay una materia llamada “Holocausto”, por la cual se estudian las atrocidades racistas ocurridas en Europa contra el pueblo judío. En 2020, el gobernador Ron DeSantis promulgó otra ley que exige que todas las escuelas primarias y secundarias certifiquen que están enseñando a las nuevas generaciones sobre el Holocausto. Por entonces, los senadores de la comunidad afro lograron que también se incluya en los programas la mención a la Masacre de Ocoee, donde 30 personas negras fueron asesinadas en 1920, lo que, para entender el racismo endémico y las injusticias sociales, viene a ser como explicar el cuerpo humano por su sombra.

Por ley, también, desde el año 2022, en esas mismas escuelas secundarias de Florida, está prohibido discutir la historia racista de Estados Unidos. La razón radica, según el gobernador Ron DeSantis, en que “no se debe instruir a nadie para que se sienta como si no fuera igual o avergonzado por su raza. En Florida, no permitiremos que la agenda de la extrema izquierda se apodere de nuestras escuelas y lugares de trabajo. No hay lugar para el adoctrinamiento o la discriminación en Florida”.

Si de eso no se habla, eso no existe. De este lado del Atlántico, el racismo no existe y nunca existió.

Los mismos esclavistas que definían como “propiedad privada” a millones de esclavos (la base de la prosperidad del país) en base a su color de piel, llamaron a ese sistema “bendición de la esclavitud”, la que querían “expandir por todo el mundo” para “luchar por la libertad”, al tiempo que a su sistema de gobierno llamaban “democracia” (Brown, 1858).

Los mismos que robaron y exterminaron a pueblos nativos mucho más democráticos y civilizados que la nueva nación de la fiebre del oro antes de la fiebre del oro, lo llamaron “defensa propia” ante “ataques no provocados” de los salvajes (Jackson, 1833; Wayne, 1972).

Los mismos que inventaron la independencia de Texas para reinstaurar la esclavitud y luego la guerra contra México para apropiarse de la mitad de su territorio, los mismos que mataron y violaron a mujeres frente a hijos y esposos, lo hicieron por el designio divino del “destino manifiesto” de Dios (Scott , 1846).

Los mismos que practicaban el deporte de matar negros en Filipinas lo hicieron para cumplir con “la pesada carga del hombre blanco” de civilizar el mundo (Kipling, 1899).

Los mismos que invadieron, corrompieron y plagaron América latina de repúblicas bananeras, destruyeron democracias y plantaron decenas y decenas de dictaduras sangrientas, lo hicieron para luchar por la libertad y la democracia (Beveridge, 1900; Washington Post, 1920; CIA, XXX).

Los mismos que regaron Asia con bombas atómicas, millones de bombas más benéficas sin un año de tregua, agentes químicos sobre millones de seres humanos y dejaron millares de muertos por donde pasaron, llamaron a ese ejercicio extremo de racismo “heroica victoria”, aun cuando fueron humillantes derrotas (Johnson, 1964; Bush, 2003).

Pero de eso no se puede hablar porque puede ofender a alguien de piel blanca que se sienta identificado con todos esos campeones de la libertad, la democracia y la justicia divina.

Como decía una canción popular para reclutar voluntarios para la guerra inventada contra México:

La justicia es el lema de nuestro país

el que siempre tiene razón (Pratt, 1847).

No por casualidad, cada vez que esos grupos de fanáticos sintieron que sus privilegios estaban amenazados por la nunca aceptada igualdad, inventaron teorías de auto victimización, como la teoría del “exterminio blanco”, articulada en el siglo XIX para justificar el colonialismo y la opresión de pueblos no caucásicos (Pearson, 1893) y ahora ha renacido como una novedad como la “Teoría del reemplazo” que criminaliza a los inmigrantes de países no europeos como “peligrosos invasores” (Camus, 2010).

No por casualidad, Adolf Hitler se inspiró en el por entonces institucionalizado racismo de la extrema derecha estadounidense que adoctrinó a millones de personas a sentirse superior por su color de piel y a otros millones a aceptar su inferioridad por la misma razón (Grant, 1916).

No por casualidad, Hitler condecoró a los grandes hombres de negocios de Estados Unidos y prohibió que en la educación pública se enseñe “cosas de izquierdistas”. Antes de perseguir y matar judíos, en 1933 cerró la célebre escuela Bauhaus por estar lleno de “anti-alemanes” y ser un “refugio de izquierdistas” que querían cuestionar y cambiar la historia.

En Florida y en todo el país, los sistemas de educación deberían empezar por una materia llamada “Hipocresía patriótica” para desarrollar en algo la capacidad intelectual de enfrentar la realidad histórica sin edulcorantes y sin las fantasías de Hollywood, de Disney World y del Ku Klux Klan.

No somos responsable de los crímenes de nuestros antepasados, pero somos responsables de adoptarlos como propios al negarlos o justificarlos. Somos responsables de los crímenes y de las injusticias que se cometen hoy gracias al negacionismo de la realidad que, no sin fanatismo, llamamos patriotismo. Un negacionismo criminal y racista, ya que, otra vez, niega justicia y el básico derecho a la verdad de las víctimas para no incomodar la sensibilidad de los demás, el grupo dominante desde hace más de dos siglos, el que insiste en la estrategia de la autocomplacencia y la auto victimización como forma de calmar sus frustraciones y su odio fundacional. Peor aun cuando ese derecho a la verdad se ha cercenado por leyes y una cultura llena de tabúes, todo en nombre de una democracia que les estorba y usan, como a los demagogos de la antigua Atenas la usaron para demonizar y luego ejecutar a Sócrates por andar cuestionando demasiado. Todo de forma legal, está de más decir, hasta que las leyes son escritas  por otros.

¿Qué mayor adoctrinación que el negacionismo o la prohibición de revisar la historia? ¿Qué más adoctrinación que imponer el silencio cómplice o una “historia patriótica” en las escuelas, recargada de mitos creados post factum y sin sustento documental?

jm, agosto 2022

https://www.pagina12.com.ar/476737-psicopatriotismo

Psychopatriotisme yankee

Jorge Majfud, 21/8/2022
Traduit par Fausto Giudice, Tlaxcala

En vertu d’une loi de 1994 (Holocaust Education Bill), les écoles publiques de Floride ont une matière appelée “Holocauste”, dans laquelle sont étudiées les atrocités racistes commises en Europe contre les juifs. En 2020, le gouverneur Ron DeSantis a promulgué une autre loi exigeant que toutes les écoles primaires et secondaires certifient qu’elles enseignent l’Holocauste aux nouvelles générations. Dans le même temps, les sénateurs de la communauté afro ont réussi à faire inclure dans le programme la mention du massacre d’Ocoee, où au moins 30 Noirs ont été tués en 1920, ce qui, pour comprendre le racisme endémique et les injustices sociales, revient à expliquer le corps humain par son ombre.

Par la loi également, à partir de 2022, dans ces mêmes lycées de Floride, il est interdit de discuter de l’histoire raciste usaméricaine. La raison, selon le gouverneur Ron DeSantis, est que « personne ne devrait apprendre à se sentir inégal ou à avoir honte de sa race. En Floride, nous ne laisserons pas l’agenda de l’extrême-gauche prendre le contrôle de nos écoles et de nos lieux de travail. Il n’y a pas de place pour l’endoctrinement ou la discrimination en Floride ».

Si on n’en parle pas, ça n’existe pas. De ce côté-ci de l’Atlantique, le racisme n’existe pas et n’a jamais existé.

Les mêmes esclavagistes qui définissaient des millions d’esclaves (la base de la prospérité du pays) comme “propriété privée” sur la base de leur couleur de peau, appelaient ce système une “bénédiction de l’esclavage”, qu’ils voulaient “répandre dans le monde entier” pour “lutter pour la liberté” tout en appelant leur système de gouvernement “démocratie” (Brown, 1858).

Les mêmes personnes qui ont volé et exterminé des peuples autochtones bien plus démocratiques et civilisés que la nouvelle nation de la ruée vers l’or avant la ruée vers l’or, ont appelé cela de la “légitime défense” contre des “attaques non provoquées” de sauvages (Jackson, 1833 ; Wayne, 1972).

Les mêmes personnes qui ont inventé l’indépendance du Texas pour rétablir l’esclavage, puis la guerre contre le Mexique pour s’approprier la moitié de son territoire, les mêmes personnes qui ont tué et violé des femmes devant leurs fils et leurs maris, l’ont fait selon le dessein divin de la “destinée manifeste” de Dieu (Scott, 1846).

Ceux qui pratiquaient le sport de tuer les Noirs aux Philippines le faisaient pour assumer “le lourd fardeau de l’homme blanc” de civiliser le monde (Kipling, 1899).

Ceux-là mêmes qui ont envahi, corrompu et affligé l’Amérique latine de républiques bananières, détruit des démocraties et implanté des dizaines et des dizaines de dictatures sanglantes, l’ont fait pour lutter pour la liberté et la démocratie (Beveridge, 1900 ; Washington Post, 1920 ; CIA, XXX).

Les mêmes personnes qui ont arrosé l’Asie de bombes atomiques, de millions d’autres bombes bénéfiques sans trêve, d’agents chimiques sur des millions d’êtres humains et qui ont laissé des milliers de morts partout où ils sont passés, ont qualifié cet exercice extrême du racisme de “victoire héroïque”, même s’il s’agissait de défaites humiliantes (Johnson, 1964 ; Bush, 2003).

Mais nous ne pouvons pas en parler car cela pourrait offenser une personne à la peau blanche qui s’identifie à tous ces champions de la liberté, de la démocratie et de la justice divine.

Comme le disait une chanson populaire utilisée pour recruter des volontaires pour la guerre inventée contre le Mexique :

La justice est la devise de notre pays
Celui qui a toujours raison (Pratt, 1847).

Ce n’est pas un hasard si, chaque fois que ces groupes de fanatiques ont senti que leurs privilèges étaient menacés par l’égalité jamais acceptée, ils ont inventé des théories d’auto-victimisation, comme la théorie de “l’extermination des Blancs”, formulée au XIXe siècle pour justifier le colonialisme et l’oppression des peuples non caucasiens (Pearson, 1893) et qui renaît aujourd’hui sous la forme d’une nouveauté, la “théorie du grand remplacement”, qui criminalise les immigrants des pays non européens en les qualifiant de “dangereux envahisseurs” (Camus, 2010).

Ce n’est pas une hasard si Adolf Hitler a été inspiré par le racisme institutionnalisé de l’extrême droite usaméricaine qui a endoctriné des millions de personnes à se sentir supérieures en raison de la couleur de leur peau et des millions d’autres à accepter leur infériorité pour la même raison (Grant, 1916).

Ce n’est pas un hasard si Hitler a décoré les grands hommes d’affaires usaméricains et a interdit l’enseignement des “choses de gauche” dans l’éducation publique. Avant de persécuter et de tuer les Juifs, il a fermé en 1933 la célèbre école du Bauhaus parce qu’elle était remplie d’“anti-allemands” et qu’elle était un “repaire de gauchistes” qui voulaient remettre en question et changer l’histoire.

En Floride et dans tout le pays, les systèmes éducatifs devraient commencer par une matière appelée “Hypocrisie patriotique” pour développer une certaine capacité intellectuelle à faire face à la réalité historique sans les édulcorants et les fantasmes d’Hollywood, de Disney World et du Ku Klux Klan.

Nous ne sommes pas responsables des crimes de nos ancêtres, mais nous sommes responsables de les faire nôtres en les niant ou en les justifiant. Nous sommes responsables des crimes et des injustices qui sont commis aujourd’hui grâce au déni de la réalité que, non sans fanatisme, nous appelons patriotisme. Un négationnisme criminel et raciste, car, une fois de plus, il nie la justice et le droit fondamental à la vérité des victimes pour ne pas froisser la sensibilité des autres, le groupe dominant depuis plus de deux siècles, celui qui insiste sur la stratégie de l’auto-indulgence et de l’auto-victimisation pour calmer ses frustrations et sa haine fondatrice. Pire encore lorsque ce droit à la vérité a été restreint par des lois et une culture pleine de tabous, tout cela au nom d’une démocratie qui les entrave et qu’ils utilisent, comme les démagogues de l’Athènes antique l’ont fait pour diaboliser puis exécuter Socrate pour avoir posé trop de questions. Tout cela est légal, cela va sans dire, jusqu’à ce que les lois soient écrites par d’autres.

Quel plus grand endoctrinement que le négationnisme ou l’interdiction de réviser l’histoire ? Quel plus grand endoctrinement que d’imposer un silence complice ou une “histoire patriotique” dans les écoles, surchargée de mythes créés post factum et sans support documentaire ?

La libertad de expresión bajo vigilancia

 En 1999 la Cámara de representantes de Washington aprobó el proceso de impeachment del presidente Clinton por su escándalo sexual con la becaria Mónica Lewinsky. La decisión y segura remoción del presidente pasó al senado, dominado por el partido republicano. Para ello, se necesitaban dos tercios de los votos, número asegurado según las intenciones manifiestas de los senadores que querían ver al presidente saliendo por la puerta de atrás de la historia. 

Perdido por perdido, la defensa del presidente contrató a Larry Flynt, el mogol de la pornografía mundial, dueño de revistas y productor de películas del género. Casi sin tiempo, Flynt pagó una página completa en el Washington Post ofreciendo un millón de dólares a aquellos que pudiesen probar historias similares a la del presidente, protagonizadas por miembros del Congreso. Miles de llamados y grabaciones cayeron de inmediato. Flynt ni siquiera se molestó en escucharlas. 

Temerosos de escándalos públicos, algunos legisladores comenzaron a confesar infidelidades a sus esposas. La voz más importante a favor del impeachment, el portavoz de la cámara baja y representante del ultraconservador estado de Luisiana, Bob Livingston, renunció misteriosamente el mismo día en que se debía votar. Desde entonces y hasta hoy, Bobby se dedica al lobby en Washington (es decir, a visitar a los legisladores en sus oficinas y a invitarlos a fiestas para hablar de negocios). De repente, la mayoría condenatoria en la cámara alta se convirtió en minoría. Diez senadores republicanos votaron a favor de perdonar al presidente demócrata. De la obligación de matar a pedradas a la infiel, legislada en el Antiguo Testamento, se pasó, en pocos días, al amor del Nuevo Testamento: “Vete, hijo, y no peques más”. El presidente fue perdonado. 

Este recurso del enchastre ajeno es viejo conocido entre los agentes de CIA y la NSA. Pero la industria privada del enchastre y la intimidación también es un negocio privado. Los clientes más frecuentes de estas empresas son poderosos políticos y otras empresas privadas con poder de extorción en su noble lucha por la “libre empresa” y la “libre competencia”. Aunque poco conocido, el negocio de perseguir adversarios políticos o disidentes independientes es multimillonario. No por casualidad, estas corporaciones privadas comparten con las agencias secretas del gobierno la misma ideología, aunque las políticas de austeridad de los gobiernos siempre alcanza a los de abajo; nunca a las corporaciones ni a las agencias secretas, la verdadera “mano invisible del mercado”.

No por casualidad, este recurso siempre se ejerce de arriba hacia abajo, sobre todo sobre aquellos de abajo que pueden representar un obstáculo o un peligro para sus intereses, como críticos, investigadores y periodistas independientes.

En junio de 2022, se reveló que el joven periodista Nate Monroe del Times Union de Jacksonville, Florida, había sido vigilado y fotografiado por una empresa consultora de Alabama, cuyo eslogan es “Resolvemos problemas”. Una fotografía que se hizo pública lo muestra conversando con su novia en el patio de su casa. El pecado de Monroe fue hacer un trabajo decente de investigación sobre el intento de privatización de la gigante eléctrica de la ciudad de Jacksonville, JEA, la que luego se reveló como un plan deliberado y corrupto de sus propios directores, aplicando la vieja estrategia de la receta neoliberal: convertir una empresa pública en ineficiente para que la opinión pública apoye su venta a los eficientes privados. Otra vez, la mano invisible del mercado.

Unos meses antes, los ex directivos de la empresa pública, Aaron Zahn y Ryan Wannemacher habían sido acusados de conspiración, pero liberados luego de pagar una fianza de cien mil dólares cada uno. La idea de los exdirectores, según informó el Dayly Record de Jacksonville, consistía en recibir varios millones de dólares en caso de que lograsen la privatización de la empresa pública, valorada en más de 11 mil millones de dólares.

Según la información revelada por el Florida Times Union, reconocida por la propia empresa de Alabama, el archivo sobre el Monroe consta de 72 páginas e incluye “su historial financiero, su afiliación política, los nombres y números de teléfonos de sus parientes y vecinos, su número de Seguro Social, la marca de su automóvil, los números de su licencia de conducir, la patente de su auto y los lugares donde ha vivido desde su infancia”.

El instructor de periodismo de la Universidad de Florida, editor de la Associated Press y ganador de un Premio Pulitzer, Ted Bridis, declaró a la prensa que “es realmente antiestadounidense estar vigilando a los periodistas”. No importa que sepamos que la NSA lee y escucha millones de mensajes por año. Siempre que en este país se revela un caso de corrupción o de moral dudosa se lo califica así, antiestadounidense, no importa si se trata de una tradición con un historial de un par de siglos.

Una vez derrotados los poderosos esclavistas el Sur en la Guerra Civil (poderosos por su poder desproporcionado en el Congreso, por las mayores fortunas del país debido a la esclavitud, y por un fanatismo racial y religioso que perdura hasta hoy), fueron reemplazados por el creciente poder de las corporaciones. Los empresarios más poderosos continuaron las prácticas de explotación, deshumanización y concentración de la riqueza de los esclavistas, solo que desde finales del siglo XIX los esclavos fueron reemplazados por trabajadores asalariados y, de la misma forma, fueron demonizados como peligrosos individuos que querían subvertir el orden de Dios, según el cual la libertad, la civilización y el progreso existen gracias a los de arriba.

Diferente a las dictaduras personalistas o de las juntas cívico-militares, en las democracias liberales se suele aceptar lo que en Estados Unidos se encuentra resumido en la Primera enmienda. Gracias a este primer artículo del Bill of Rights, el derecho a expresar una opinión está protegido de la amenaza de terminar en la cárcel. No es poco. Naturalmente, las limitaciones a este derecho y los recursos del poder para limitar este derecho básico de los de abajo son múltiples.

Los periodistas, por buenos que sean, se encuentran limitados por las líneas editoriales de los medios en los que trabajan, los cuales, a su vez, están condicionados por sus clientes, es decir, ya no los lectores de los cuales dependían casi exclusivamente, sino de los grandes anunciantes, quienes, naturalmente, subscriben una determinada ideología de clase. 

Los rebeldes, disidentes o simplemente investigadores incómodos son el objetivo natural de la maquinaria del poder. Sus instrumentos más comunes (antes de la persecución y la cárcel, como es el caso de Julian Assange y Edward Snowden) son el acoso y la descalificación. Pero la democracia, la libertad de expresión y el menos reconocido “derecho a la verdad” no existen por los grandes poderes concentrados sino a pesar de ellos; no existen a pesar de los rebeldes y disidentes sino gracias a ellos.

JM, julio 2022

https://www.pagina12.com.ar/446511-la-libertad-de-expresion-bajo-vigilancia

https://archive.org/details/2022-08-11-jorge-majfud-eeuu

https://ar.radiocut.fm/audiocut/jorge-majfud-en-una-vuelta-al-mundo

https://archive.org/details/2022-08-11-jorge-majfud-eeuu

Good, Damned Hispanics: Who Are We?


The first time I visited the United States in 1995, I had to fill out a form before arrival. In the “race” section, I wrote “no race.” It was the first time in my life that I had read such a classification. A decade later, after traveling and living in some 50 countries, I returned to set up in a classroom. Over time, I understood that you had to ‘play the game’: the more “Hispanics” mark “Hispanic” instead of “White,” the more political power the government affords them. The logic is well-traveled: Minority groups accept being confined to a box with a label conferred by the dominant group. Through sharing a language, a history, and an otherness, at 40, I began converting myself into a “Hispanic.”

Like any group, we are an invention. In fact, the term “Hispanic” is an invention of the United States government. Nothing new, considering the country’s obsession with race since before it was founded. As an invention, we Hispanics are a reality, and as a reality, many wish to escape from the box, not in rebellion but rather in submission. A “z” that needs to be accepted by the “A” group must be at least 200% “A” to be accepted as an “almost-A.”

In a civilized society, change is allowed, but no one needs to forget who they were and who they are to be integrated or accepted (leaving aside the neo-colonial doctrine of assimilation). Furthermore, the idea of being “accepted” is another invented need. Why the hell do I care if others do not accept me as I am? When someone in a supermarket sees red because an “other” speaks to their child or the cashier in Spanish, decreeing their own laws about “the language that must be spoken in this country,” this person is breaking the same laws they claim to defend: Everything that is not proscribed by the law is permissible.

As history shows, no progression towards “equal rights” originated from the groups in power; they came from the organized resistance of those below. In this sense, we “Hispanics” in the United States have a historical debt. Yes, we had a César Chávez, but we have been far too accommodating in the face of an obscene list of injustices. We have not had a Malcolm X who dared to speak directly to power radically rather than delicately. Even worse, countless times we have betrayed the heroic struggles of other minorities: Firstly, because privileged immigrants have been unable to resist the temptation to pass off as White. Secondly, because we Latin Americans have also been corrupted by centuries of interventions and dictatorships promoted by Washington and the corporations that installed puppets as presidents or dictators, demanding laws and privileges for their businesses, destroying democracies, and leaving behind millions of exiles and massacred bodies.

Initially, this was justified by the traditional racial excuse that we were corrupt mestizos (because for us “the n*** does not belong socially to a degraded race”) or that we did not know how to govern ourselves because we were indigenous or Black. After WWII, the marvelous excuse of the fight against communism emerged to continue doing the same things that had been done since the beginning of the 19th century. The U.S. pro-slavery contingent expanded slavery across Native American territories and restored it throughout Mexican lands, all justified by the repeated discourse of “promoting freedom and democracy.” This practice never changed, although it did become more sophisticated with the multi-million-dollar secretive interventions of the CIA and the rich creole elites in our continent.

We have also betrayed our brothers and sisters in the South by denying this racist and classist reality behind the new imperial arrogance. As a hegemonic power with the ability to print trillions of the global currency and with hundreds of military bases all around the world, the US can conduct very profitable business by twisting the arm of those “non-compliant” nations. No one calls impoverished countries such as Haiti and Honduras capitalist, even though they are more capitalist than the US. Thus, the greatest expulsion of migrants (usually Black, Brownand poor) comes from these capitalist countries that are not on Washington’s boycott list. On the contrary, they are financed with millions of dollars as well as the classic media narrative.

Now, the immigrants, who depend on their work to survive, must adhere to the law of supply and demand in an even more dramatic fashion than capital. But capital is free; the workers are not. They are not even free to say what they think. The immigration laws (anyone who has been to a U.S. embassy for a visa will be aware of this) hate workers.

So, when a “z-Hispanic” arrives in a country with this hegemonic force, often fleeing from the violence, corruption and chaos organized by that same country, they dress up as an “a-Hispanic.” Many claims to be fleeing from countries where they do not have freedom of expression, but the second they hear a different opinion, they vomit the old myth from the “A” group: “if you do not agree, go to another country.” It is as if the adulation of power and the reification of national myths were a moral and constitutional obligation, as if countries had owners, as if they were cults, armies, football teams, political parties, as if critical thinking and the search for the truth were somehow anti-American…

In 2019, a terrorist killed 23 Hispanic people in a Walmart in Texas, alleging that they were invading his country. This was a mirror of the linguistic inversions of Andrew Jackson, who after pillaging and massacring Native American communities accused them of unprovoked aggression, and James Polk, who made up a Mexican aggression “on American soil” to expropriate half of the neighbor’s territory. The traditional recourse to “we were attacked first, and we had to defend ourselves” (such as with the USS Maine and in countless other false flag operations) is in the DNA of nativist fanatics, some of them “a-Hispanics,” all of them monuments to ignorance.

The profound racism of politicians and KKK-sympathizing ultra-religious zealots, from whom Hitler took inspiration, was reborn as an ideological triumph after the Confederacy was defeated in battle. Not without irony, modern-day Mexico and all Caribbean and Central American countries are not states in the U.S. because the invaders discovered that those countries were full of Black people. When Abraham Lincoln ended the long U.S. dictatorship, former slaveowners brought in the Jim Crow laws. As a result, Cubans in Florida (which in its clubs, industries, and hospitals did not discriminate between Black and White people) were separated by force and obliged to adopt the customs of the successful Anglo-Saxons. New Mexico and Arizona did not become states with the full right to vote until 1912 when Washington was able to verify that the Hispanic majority had receded since 1848 to the point of becoming a minority. From 1836, Hispanics that stayed north of the border became the “invading bandits”. Those that arrived had to fight in the courts until the beginning of the 20th century to prove that they were White. During the Great Depression in the ‘30s, half a million Americans were deported to Mexico because they had Mexican faces and accents, causing many to continue fighting to ‘whiten’ themselves.

This psychology of the colonized, of the individual desperate to be accepted through disguising themselves, continues to this day. Consequently, the greatest service that anyone can do for this country is not to go to the beach with the stars and stripes emblazoned across their bathing suit but rather to tell the truth. Above all, inconvenient truths, those that have been buried by the brute force of barbarism in the name of civilization.

Until then, we will continue to be complicit in imperial myths. Just as we maintain those useless patches of grass at the front of our houses to avoid raising eyebrows (perfectly geometric and with no sign of human life around them, the neurotic expression control), we do the same with national myths. This country will never overcome the trauma of the Civil War, nor will it achieve great social progress, until it stops lying to itself. We Hispanics can contribute to a courageous change, or we can join the ranks of cowardly self-satisfaction and the misty-eyed adulation of power.

Jorge Majfud, 2021

La grande crisi del 21° secolo: democrazie dirottate, propaganda e ribellioni

di JORGE MAJFUD

Il professor Walter Scheidel, nel suo libro The Great Leveler, ha mostrato, in modo più che convincente, che dalla preistoria ai giorni nostri, tutti i sistemi socioeconomici conosciuti dall’umanità tendevano alla disuguaglianza e si sono conclusi in catastrofi globali. Il primo è abbastanza ovvio e lo stiamo vedendo oggi: chi ha potere finanziario ed economico ha infiammato il potere politico, che produce un effetto valanga. I ricchi e le loro corporazioni sono i grandi donatori dei partiti politici e poi scrivono le leggi a loro piacimento. Nel 1971, un classico dei fumetti politici, The Wizard of Id lo riassumeva meglio: “La regola d’oro è che chi ha l’oro fa le regole”.

L’attuale capitalismo corporativo è un’eredità del sistema schiavista: in nome della libertà, dello sfruttamento di coloro che stanno sotto, della concentrazione della ricchezza, della sacralizzazione dei padroni-imprenditori e della demonizzazione dei lavoratori-schiavi.

Nel 2013, il filosofo francese Thomas Piketty ha scritto il suo acclamato libro Il capitale nel ventunesimo secolo in cui sosteneva che, in larga misura, la crescita della disuguaglianza è dovuta al fatto che la ricchezza dei ricchi (basata sullo stock di tutti i beni) è cresciuto più velocemente dell’economia e del reddito degli altri, cioè più velocemente dei salari di coloro che lottano per sopravvivere.

Ma la disuguaglianza non è solo economica; è anche razziale, sessuale, religiosa, ideologica e culturale. Per generazioni, le società hanno dibattuto sul significato della disuguaglianza sociale e se questa sia buona o cattiva. Una delle ipotesi conservatrici (poiché non sono mai arrivate alla categoria delle teorie) si basava sulla giustificazione della disuguaglianza come conseguenza naturale della prosperità. In una tribù o nell’antichità le differenze non erano mai così grandi come nelle nostre (orgogliose) società attuali. Da qui l’idea che (1) la prosperità derivi dalla disuguaglianza o (2) la disuguaglianza sia una conseguenza necessaria e inevitabile della prosperità. “Mai prima d’ora i poveri sono stati meno poveri di oggi”, e per tutto questo dobbiamo ringraziare il capitalismo e i ricchi.

Questa dimostrazione di ignoranza radicale è la bandiera di libertari e neoliberisti, missionari contro l’intervento dei governi (dei loro regolamenti e delle loro tasse) nella vita sociale ed economica dei popoli. Ironia della sorte, hanno come modello ideologico le corporazioni americane, la cui prosperità, come quella europea, è stata costruita sulla schiavitù e sulla forza di brutali interventi imperiali (dei governi e delle loro agenzie segrete) sul resto dell’umanità. Né vedono le corporazioni come dittature come lo erano i feudi nel Medioevo e le repubbliche delle banane più recentemente.

Puri miti. Dove viene mostrato che la prosperità deriva dalla ricchezza accumulata dai ricchi? Perché non vedere che lo sviluppo e la ricchezza sono prodotti dell’umanità, basati sull’esperienza accumulata e sulla conoscenza della storia umana millenaria?

Un altro dogma del mondo di oggi risiede in una lettura errata dello stesso Adam Smith, secondo il quale ogni progresso sociale si basa sull’ambizione e sull’egoismo dell’individuo. Da qui il mito sociale secondo cui progresso e prosperità si basano sull’ambizione degli individui di essere milionari, motivo per cui non c’è bisogno di “punire il successo” con le tasse. Un mito popolare ma a buon mercato, se si considera che tutto il progresso, tutte o quasi tutte le invenzioni tecniche, scientifiche e sociali registrate nella storia (anche nell’era capitalista) sono state fatte da persone che non pensavano a quei dannati soldi.

I miti sociali non vengono dalle persone. Vengono dal potere. Sì, (1) la rivoluzione industriale ha moltiplicato (2) la ricchezza e (3) la disuguaglianza di cento volte, ma non è possibile separare i tre elementi del (4) brutale imperialismo euro-americano. Se il Sudamerica avesse depredato per secoli il resto del mondo, oggi sarebbe un modello di progresso e di sviluppo.

Il fatto che oggi i poveri siano meno poveri di ieri non è una prova dei benefici del capitalismo, poiché l’umanità sta facendo progressi da millenni e tutto a un ritmo accelerato. Nessun progresso tecnico o scientifico non è dovuto al capitalismo o ai capitalisti. I milionari li hanno appena rapiti. L’attuale capitalismo corporativo è un’eredità del sistema schiavista: in nome della libertà, dello sfruttamento di coloro che stanno sotto, della concentrazione della ricchezza, della sacralizzazione dei padroni-imprenditori e della demonizzazione dei lavoratori-schiavi.

In questo momento, il capitalismo non sta portando altro che problemi esistenziali, come (1) la distruzione del pianeta a forza di una crescita basata sul consumo e la distruzione e (2) l’aggravamento delle differenze sociali, che porteranno a maggiori conflitti. Il capitalismo è esausto e la crisi sta nel negare la socializzazione del progresso umano, che sarà inevitabile (dopo il crollo) con la massiccia robotizzazione e lo sviluppo dell’IA.

Suggerire di risolvere il problema della disuguaglianza con le dispense è come combattere un’infezione con l’aspirina. Invece di essere curata, l’infezione aumenta. Il crollo potrebbe essere evitato con un accordo globale, ma se la sanità mentale non fosse una merce rara, non annegheremmo in una crisi ambientale ora. L’alternativa è un collasso globale, una situazione distopica in cui tutte le leggi accettate oggi come dogmi, come il valore del dollaro e della proprietà privata, vengono infrante. Un crollo dove non ci sono vincitori ma una definitiva regressione al medioevo.

Se in una città ci fossero bambini che muoiono di fame e qualcuno si accendesse una sigaretta con una banconota da cento dollari, sarebbe immorale. Bene, questa è la situazione oggi. Vale a dire che siamo nel primo livello di tre:

1) Morale: è immorale che i bambini muoiano di fame in un mondo super ricco e ipertecnologico. I bisogni primari coperti sarebbero il primo passo di una civiltà umanistica.

2) Ingiustizia: Poi, ci sarebbe la discussione dell’ingiustizia di ciò che spetta a ciascuno e in base a quale motivo.

3) Convenienza: una discussione meno rilevante riguarda la necessità o la convenienza dell’iniquità. Per molti di noi, l’equità favorisce lo sviluppo e persino la produzione di ricchezza. La crescita come prerequisito per qualsiasi ridistribuzione è un dogma creato dal potere.

I super ricchi sono i nemici dell’umanità. Non solo rapiscono la ricchezza dal resto dell’umanità, non solo monopolizzano la politica nelle democrazie e nelle dittature, ma le tengono in uno stato di ipnosi attraverso (1) i grandi mezzi di propaganda, (2) i mezzi di distrazione, divertimento tossico e frammentario , e (3) in virtù del fatto di mantenere milioni di altri esseri umani in uno stato di bisogno, come schiavi salariati senza il tempo di pensare che i loro fratelli e vicini non sono i pirati.

Ma gran parte dell’umanità ama, ammira e desidera i super ricchi, come gli schiavi hanno amato i padroni che hanno lanciato loro una pozione alla fine di una giornata estenuante. Il maestro e la pozione furono ricevuti come una benedizione e i ribelli come i demoni che volevano capovolgere il mondo.

Fonte: Common Dreams, 18 Luglio 2022

The Great Crisis of the 21st Century: Hijacked Democracies, Propaganda, and Rebellions

The super-rich are the enemies of humanity.

JORGE MAJFUD July 18, 2022

Professor Walter Scheidel, in his book The Great Leveler, showed, more than convincingly, that from prehistory to the present day, all the socioeconomic systems known to humanity tended towards inequality and ended in global catastrophes. The first is quite obvious and we are seeing it today: those who have financial and economic power have inflamed political power, which produces a snowball effect. The rich and their corporations are the big donors to the political parties and then write the laws at their convenience. In 1971, a classic of political comics, The Wizard of Id summed it up best: “The golden rule is that he who has the gold makes the rules.”

The current corporate capitalism is a legacy of the Slave system: in the name of freedom, the exploitation of those below, the concentration of wealth, the sacralization of the masters-entrepreneurs, and the demonization of the workers-slaves.

In 2013, the French philosopher Thomas Piketty wrote his acclaimed book Capital in the Twenty-First Century in which he argued that, to a large extent, the growth of inequality is due to the fact that the wealth of the rich (based on stock of all assets) grew faster than the economy and the income of the rest, that is, faster than the wages of those who struggle to survive.

But inequality is not only economic; it is also racial, sexual, religious, ideological, and cultural. For generations, societies have debated the meaning of social inequality and whether this is good or bad. One of the conservative hypotheses (since they never reached the category of theories) was based on justifying inequality as a natural consequence of prosperity. In a tribe or in ancient times the differences were never as great as in our (proud) current societies. Hence the idea that (1) prosperity comes from inequality or (2) inequality is a necessary and inevitable consequence of prosperity prevailed. “Never before have the poor been less poor than today”, and we have to thank Capitalism and the rich for all this.

This show of radical ignorance is the banner of libertarians and neoliberals, missionaries against the intervention of governments (of their regulations and their taxes) in the social and economic livesof the peoples. Ironically, they have the US Corporations as their ideological model, whose prosperity, like Europe’s, was built on slavery and by force of brutal imperial interventions (by governments and their secret agencies) on the rest of humanity. Nor do they see corporations as dictatorships in the way fiefdoms were in the Middle Ages and Banana republics more recently.

Mere myths. Where is it shown that prosperity comes from the accumulated wealth of the rich? Why not see that development and wealth are products of humanity, based on the accumulated experience and knowledge of the millenary human history?

Another dogma of today’s world lies in a misreading of Adam Smith himself, according to whom all social progress is based on the ambition and selfishness of the individual. Hence, the social myth according to which progress and prosperity are based on the ambition of individuals to be millionaires, which is why there is no need to “punish success” with taxes. A popular but cheap myth, if we consider that all the progress, all or almost all the technical, scientific, and social inventions recorded in history (even in the Capitalist Age) have been made by people who were not thinking about the damn money.

Social myths do not come from the people. They come from power. Yes, (1) the Industrial Revolution multiplied (2) wealth and (3) inequality a hundredfold, but you can’t separate the three elements of (4) brutal Euro-American imperialism. If South America had plundered the rest of the world for centuries, today it would be a model of progress and development.

The fact that today the poor are less poor than yesterday is not proof of the benefits of Capitalism, since humanity has been making progress for millennia and all at an accelerated rate. No technical or scientific progress is not due to Capitalism or the capitalists. The millionaires just kidnapped them. The current corporate capitalism is a legacy of the Slave system: in the name of freedom, the exploitation of those below, the concentration of wealth, the sacralization of the masters-entrepreneurs, and the demonization of the workers-slaves.

At this moment, Capitalism is bringing nothing but existential problems, such as (1) the destruction of the planet by dint of growth based on consumption and destruction and (2) the aggravation of social differences, which will lead to greater conflicts. Capitalism is exhausted and the crisis lies in denying the socialization of human progress, which will be inevitable (after the breakdown) with massive robotization and the development of AI.

To suggest that the problem of inequality be solved with handouts is like fighting an infection with aspirin. Instead of being cured, the infection increases. The breakdown could be avoided by a global agreement, but if sanity were not a rare commodity, we would not be drowning in an environmental crisis now. The alternative is a global collapse, a dystopian situation where all the laws accepted today as dogmas, such as the value of the dollar and of private property are broken. A collapse where there are no winners but a definitive regression to the Middle Ages.

If in a town there were kids dying of hunger and someone happened to light a cigarette with a hundred-dollar bill, it would be described as immoral. Well, that’s the situation today. That is to say that we are in the first level of three:

1) Moral: It is immoral that children die of hunger in a super-rich and hyper-technological world. Basic needs covered would be the first step of a humanistic civilization.

2) Injustice: Then, there would be the discussion of the injustice of what falls to each one and based on what reason.

3) Convenience: A less relevant discussion is about the necessity or convenience of inequity. For many of us, equity favors development and even the production of wealth. Growth as a precondition for any redistribution is a dogma created by power.

The super-rich are the enemies of humanity. Not only do they kidnap wealth from the rest, they not only monopolize politics in democracies and dictatorships, but they keep them in a state of hypnosis through (1) the great propaganda media, (2) the media of distraction, toxic fun and fragmentary, and (3) by virtue of keeping millions of other humans in a state of need, as wage slaves with no time to think that their brothers and neighbors are not the pirates.

But a large part of humanity loves, admires, and desires the super-rich, as the slaves loved the masters who threw a potion at them at the end of an exhausting day. The master and the potion were received as a blessing and the rebels as the demons who wanted to turn the world upside down.

JM, july 2022

https://www.commondreams.org/views/2022/07/18/great-crisis-21st-century-hijacked-democracies-propaganda-and-rebellions

El gran quiebre del siglo XXI

El profesor Walter Scheidel, en su libro The Great Leveler mostró, de forma más que convincente, que desde la prehistoria hasta nuestros días todos los sistemas socioeconómicos que conoció la humanidad tendieron a la desigualdad y terminaron en catástrofes globales. Lo primero es bastante obvio y lo estamos viendo hoy en día: aquellos que tienen poder financiero y económico tienen poder político inflamado, lo que lleva a un efecto bola de nieve. Los ricos y sus corporaciones son los grandes donantes de los partidos políticos y luego escriben las leyes a su conveniencia. En 1971, un clásico de los comics políticos, The Wizard of Id  lo resumió de forma insuperable: “La regla de oro consiste en que quien tiene el oro hace las reglas”. 

En 2013, el filósofo francés Thomas Piketty escribió su aclamado libro El Capital en el siglo XXI donde expresó que, en gran medida, el crecimiento de la desigualdad se debe a que la riqueza de los ricos (basado en acciones y propiedades) creció más rápido que la economía y los ingresos del resto, es decir, más rápido que los salarios de quienes luchan por sobrevivir. 

Pero la desigualdad no es solo económica; también es racial, sexual, religiosa, ideológica y cultural. Desde generaciones, las sociedades han debatido sobre el significado de desigualdad social y si esto es bueno o malo. Una de las hipótesis conservadoras (ya que nunca alcanzaron categoría de teorías) radicó en justificar la desigualdad como una consecuencia natural de la prosperidad.  En una tribu o en la Antigüedad las diferencias nunca fueron tan grandes como en nuestras (orgullosas) sociedades actuales. De ahí se impuso la idea de que (1) la prosperidad procede de la inequidad o (2) la inequidad es una consecuencia necesaria e inevitable de la prosperidad. “Nunca antes los pobres fueron menos pobres que hoy”, y todo eso hay que agradecérselo al capitalismo y a los ricos. 

Esta demostración de ignorancia radical es la bandera de libertarios y neoliberales, misioneros contra la intervención de los gobiernos (de sus regulaciones y sus impuestos) en la vida social y económica de los pueblos. Irónicamente, tienen a EEUU como modelo ideológico, cuya prosperidad, como la europea, fue construida en base a la esclavitud y a fuerza de brutales intervenciones imperiales (de los gobiernos y sus agencias secretas) sobre el resto de la humanidad. Tampoco consideran que las corporaciones son dictaduras como lo eran los feudos en la Edad Media y las repúblicas bananeras más recientemente. 

Meros mitos. ¿Dónde se demuestra que la prosperidad procede de la riqueza acumulada de los ricos? ¿Por qué no ver que el desarrollo y la riqueza son productos de la humanidad, sobre la experiencia y el conocimiento acumulado de la milenaria historia humana?

Otro de los dogmas del mundo actual radica en una mala lectura del mismo Adam Smith, según el cual todo progreso social se basa en la ambición y el egoísmo del individuo. De ahí, el mito social según el cual el progreso y la prosperidad se basan en la ambición de los individuos por ser millonarios, razón por la cual no hay que “castigar el éxito” con impuestos. Un mito popular pero barato, si consideramos que todos los progresos, todos o casi todos los inventos técnicos, científicos y sociales que registra la historia (incluso en la Era capitalista) han sido hechos por gente que no estaba pensando en el maldito dinero. 

Los mitos sociales no proceden del pueblo. Proceden del poder. Sí, (1) la Revolución Industrial multiplicó (2) la riqueza y (3) la desigualdad por cien, pero no se puede separar los tres elementos del (4) brutal imperialismo euro-estadounidense. Si América del Sur hubiese saqueado al resto del mundo por siglos, hoy sería modelo de progreso y desarrollo. 

El hecho de que hoy los pobres sean menos pobres que ayer no es una prueba de las bondades del capitalismo, ya que la Humanidad ha venido haciendo progresos por milenios y todos de forma acelerada. Ningún progreso técnico o científico se debe al capitalismo ni a los capitalistas. Los millonarios solo lo secuestraron. El capitalismo corporativo actual es una herencia del sistema esclavista: en nombre de la libertad, la explotación de los de abajo, la concentración de la riqueza, la sacralización de los amos-empresarios y la demonización de los trabajadores-esclavos.

En este momento, el capitalismo no está aportando nada más que problemas existenciales, como (1) la destrucción del planeta a fuerza de crecimiento basado en el consumo y la destrucción y (2) el agravamiento de las diferencias sociales, las que conducirán a mayores conflictos. El capitalismo está agotado y la crisis radica en negar la socialización del progreso humano, el cual será inevitable (luego del quiebre) con la robotización masiva y el desarrollo de las IA. 

Sugerir que el problema de la desigualdad sea solucionado con limosnas es como combatir una infección con una aspirina. En lugar de curarse, la infección aumenta. El quiebre podría evitarse por un acuerdo global, pero si la sensatez no fuese un bien escaso, no estaríamos ahogándonos en una crisis ambiental. La alternativa es un colapso global, una situación distópica dende se rompan todas las leyes aceptadas hoy como dogmas, como el valor del dólar, de la propiedad privada. Un colapso donde no haya ganadores sino una regresión definitiva a la Edad Media. 

Si en un pueblo hubiese gente muriéndose de hambre y alguien se le ocurriese encender un cigarro con un billete de cien dólares, sería calificado de inmoral. Bueno, esa es la situación hoy en día. Es decir que estamos en el primer nivel de tres:

1) Moral: Es inmoral que mueran niños de hambre en un mundo superrico e hiper tecnológico. Necesidades básicas cubiertas sería el primer escalón de una civilización humanista.

2) Injusticia: Luego, quedaría la discusión de la injusticia de lo que le toca a cada uno y en base a qué razón. 

3) Conveniencia: una discusión menos relevante es sobre la necesidad o la conveniencia de la inequidad. Para muchos de nosotros, la equidad favorece el desarrollo y hasta la producción de riqueza. El crecimiento como condición previa a cualquier redistribución es un dogma creado por el poder.

Los superricos son los enemigos de la Humanidad. No sólo le secuestran riqueza al resto, no sólo monopolizan la política en democracias y dictaduras, sino que lo mantiene en estado de hipnosis a través de (1) los grandes medios de propaganda, (2) los medios de distracción, de diversión tóxica y fragmentaria, y (3) por la virtud de mantener a otros millones de humanos en estado de necesidad, como esclavos asalariados sin tiempo para pensar que los piratas no son sus hermanos ni sus vecinos. 

Pero gran parte de la humanidad ama, admira y desea a los superricos, como los esclavos amaban a los amos que les arrojaban una pócima al final de una jornada agotadora. El amo y la pócima eran recibidos como una bendición y los rebeldes como los demonios que querían poner el mundo patas arriba. 

JM, julio 2022

https://www.pagina12.com.ar/447598-el-gran-quiebre-del-siglo-xxi

https://www.commondreams.org/views/2022/07/18/great-crisis-21st-century-hijacked-democracies-propaganda-and-rebellions

https://parstoday.com/en/radio/programs-i179800-the_great_crisis_of_the_21st_century_hijacked_democracies_propaganda_and_rebellions

Javier Mireles

https://www.commondreams.org/views/2022/07/18/great-crisis-21st-century-hijacked-democracies-propaganda-and-rebellions

The Great Crisis of the 21st Century: Hijacked Democracies, Propaganda, and Rebellions

The super-rich are the enemies of humanity.

JORGE MAJFUD July 18, 2022

Professor Walter Scheidel, in his book The Great Leveler, showed, more than convincingly, that from prehistory to the present day, all the socioeconomic systems known to humanity tended towards inequality and ended in global catastrophes. The first is quite obvious and we are seeing it today: those who have financial and economic power have inflamed political power, which produces a snowball effect. The rich and their corporations are the big donors to the political parties and then write the laws at their convenience. In 1971, a classic of political comics, The Wizard of Id summed it up best: “The golden rule is that he who has the gold makes the rules.”

In 2013, the French philosopher Thomas Piketty wrote his acclaimed book Capital in the Twenty-First Century in which he argued that, to a large extent, the growth of inequality is due to the fact that the wealth of the rich (based on stock of all assets) grew faster than the economy and the income of the rest, that is, faster than the wages of those who struggle to survive.

But inequality is not only economic; it is also racial, sexual, religious, ideological, and cultural. For generations, societies have debated the meaning of social inequality and whether this is good or bad. One of the conservative hypotheses (since they never reached the category of theories) was based on justifying inequality as a natural consequence of prosperity. In a tribe or in ancient times the differences were never as great as in our (proud) current societies. Hence the idea that (1) prosperity comes from inequality or (2) inequality is a necessary and inevitable consequence of prosperity prevailed. “Never before have the poor been less poor than today”, and we have to thank Capitalism and the rich for all this.

This show of radical ignorance is the banner of libertarians and neoliberals, missionaries against the intervention of governments (of their regulations and their taxes) in the social and economic livesof the peoples. Ironically, they have the US Corporations as their ideological model, whose prosperity, like Europe’s, was built on slavery and by force of brutal imperial interventions (by governments and their secret agencies) on the rest of humanity. Nor do they see corporations as dictatorships in the way fiefdoms were in the Middle Ages and Banana republics more recently.

Mere myths. Where is it shown that prosperity comes from the accumulated wealth of the rich? Why not see that development and wealth are products of humanity, based on the accumulated experience and knowledge of the millenary human history?

Another dogma of today’s world lies in a misreading of Adam Smith himself, according to whom all social progress is based on the ambition and selfishness of the individual. Hence, the social myth according to which progress and prosperity are based on the ambition of individuals to be millionaires, which is why there is no need to “punish success” with taxes. A popular but cheap myth, if we consider that all the progress, all or almost all the technical, scientific, and social inventions recorded in history (even in the Capitalist Age) have been made by people who were not thinking about the damn money.

Social myths do not come from the people. They come from power. Yes, (1) the Industrial Revolution multiplied (2) wealth and (3) inequality a hundredfold, but you can’t separate the three elements of (4) brutal Euro-American imperialism. If South America had plundered the rest of the world for centuries, today it would be a model of progress and development.

The fact that today the poor are less poor than yesterday is not proof of the benefits of Capitalism, since humanity has been making progress for millennia and all at an accelerated rate. No technical or scientific progress is not due to Capitalism or the capitalists. The millionaires just kidnapped them. The current corporate capitalism is a legacy of the Slave system: in the name of freedom, the exploitation of those below, the concentration of wealth, the sacralization of the masters-entrepreneurs, and the demonization of the workers-slaves.

At this moment, Capitalism is bringing nothing but existential problems, such as (1) the destruction of the planet by dint of growth based on consumption and destruction and (2) the aggravation of social differences, which will lead to greater conflicts. Capitalism is exhausted and the crisis lies in denying the socialization of human progress, which will be inevitable (after the breakdown) with massive robotization and the development of AI.

To suggest that the problem of inequality be solved with handouts is like fighting an infection with aspirin. Instead of being cured, the infection increases. The breakdown could be avoided by a global agreement, but if sanity were not a rare commodity, we would not be drowning in an environmental crisis now. The alternative is a global collapse, a dystopian situation where all the laws accepted today as dogmas, such as the value of the dollar and of private property are broken. A collapse where there are no winners but a definitive regression to the Middle Ages.

If in a town there were kids dying of hunger and someone happened to light a cigarette with a hundred-dollar bill, it would be described as immoral. Well, that’s the situation today. That is to say that we are in the first level of three:

1) Moral: It is immoral that children die of hunger in a super-rich and hyper-technological world. Basic needs covered would be the first step of a humanistic civilization.

2) Injustice: Then, there would be the discussion of the injustice of what falls to each one and based on what reason.

3) Convenience: A less relevant discussion is about the necessity or convenience of inequity. For many of us, equity favors development and even the production of wealth. Growth as a precondition for any redistribution is a dogma created by power.

The super-rich are the enemies of humanity. Not only do they kidnap wealth from the rest, they not only monopolize politics in democracies and dictatorships, but they keep them in a state of hypnosis through (1) the great propaganda media, (2) the media of distraction, toxic fun and fragmentary, and (3) by virtue of keeping millions of other humans in a state of need, as wage slaves with no time to think that their brothers and neighbors are not the pirates.

But a large part of humanity loves, admires, and desires the super-rich, as the slaves loved the masters who threw a potion at them at the end of an exhausting day. The master and the potion were received as a blessing and the rebels as the demons who wanted to turn the world upside down.

Los esclavos de la casa

Qué triste los disfrazados

del pobre Sur en el grandioso Norte

pies secos de países masacrados

como Vietnam, empobrecidos y fumigados

como las repúblicas bananeras o bloqueados

como los negros desobedientes.

*

Oye, qué triste esos esclavos que gritan

¡libertad! ¡libertad! ¡libertad!

¡Bienvenidos a la bendita casa de la libertad!

*

Qué triste tantos mercenarios

sin sueldo, burlándose sin descanso

del hambre de sus hermanos

en los países que dejaron, mientras posan

delante de vidas que pagan en cuotas, delante de altos

edificios de cristal a los que nunca entrarán sino como

aspirantes a esclavos exitosos que comienzan

desde abajo en el sótano y terminan arriba

en la planta baja, o como

turistas en sus propias ciudades.

*

Qué triste tantos disfrazados

pobres de buen estatus, con sudor acumulado

en sus deudas, llenos de sueños de grandeza

a la sombra de un león, para lamerle

las garras, para sentirse importantes, para creerse

felinos, aunque solo sean pequeños

roedores presumiendo del éxito ajeno según

la definición ajena del éxito.

*

Qué triste tantos héroes

como rémoras que se pegan

a los tiburones en busca de protección, para comer

los parásitos del gran depredador. 

*

Qué triste cuando los esclavos gritan

¡libertad! ¡libertad! ¡libertad!

¡Bienvenidos a la tierra de la libertad!

*

Qué triste tantos amantes

como los buenos esclavos que defendían

a los amos blancos cuando azotaban

a los malos esclavos negros.

*

Qué triste tantos creyentes

como el Judas que le vendió

al imperio un rebelde de los de abajo

por treinta monedas de plata y luego se compró

una iglesia y un Lamborghini.

*

Qué triste tanto sudor lleno de pastores

del Evangelio según el Éxito

de la vida según la muerte

de la libertad según las bombas

del coraje de one dollar según la risa

y la furia cobarde de Ronald McDonald.

*

Qué triste tantos arrimados

gritando por más muros por más

látigos del hacendado que los proteja

contra sus hermanos perdedores

los perdedores que necesitan

los ganadores de la muerte dorada.

*

Qué triste ese esclavo que grita

¡libertad! ¡libertad! ¡libertad!

¡Bienvenidos a la gran tierra de la libertad!

*

Los negros de la casa

(los llamaba el gran negro del campo, Malcom X)

los esclavos bien vestidos

los esclavos arrimados al brillo del cristal

los esclavos convencidos, orgullosos

los esclavos con derechos especiales

los esclavos que odian a sus hermanos pobres

aquellos que quedaron trabajando

bajo el sol de un dios indiferente.

*

Pobres los esclavos que gritan

¡libertad! ¡libertad! ¡libertad!

¡Bienvenidos a la tierra de la libertad!

A la libertad del amo blanco

a la libertad rica del amo rico.

***

JM, julio 2022

Neomedievalismo. El problema es la libertad ajena

Vamos a comenzar repitiendo algo que tiene décadas: la definición de “pro vida” no sólo es profundamente hipócrita sino que asume que los movimientos pro aborto son “anti vida”. Ni aquellos que se definen como “pro aborto” consideran que un aborto es algo bueno o divertido sino, en circunstancias especiales, un mal menor, resultado de problemas estructurales, sociales, culturales e individuales.

En este sentido, podemos decir que la reciente decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos contra el derecho al aborto en circunstancias especiales (dejado a discreción de los estados) es sólo una parada más en el camino de regreso hacia el Medioevo. No se trata solo de un cambio cultural (muy probablemente, una reacción a un movimiento progresivo de mayor escala histórica, hacia la expansión de la “igual libertad”) sino, como siempre, parte de una estrategia que protege las micro minorías económicas, las que en algún momento serán el centro de conflictos y reivindicaciones de las nuevas generaciones. Ellos lo saben y necesitan distraer el problema creando combos políticos donde sus programas político-económicos vayan de la mano de algún dios popular o de algún fanatismo de moral privada, arraigado en la sociedad. En el mundo anglosajón, protestante, ese elemento debe tener algo de sexual y de puritanismo. Las cruzadas bélicas que dejan millones de muertos en nombre del amor cristiano, están bien.

El año pasado, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, principal aspirante a la Casa Blanca en 2024, ocupó los titulares con la decisión de prohibir libros de historia y de matemática que hicieran referencia a la Teoría crítica de la raza y a cualquier otro cuestionamiento o revelación sobre el racismo endémico de su país en las escuelas primarias y secundarias. De la misma forma, logró que se aprobara la ley conocida como “No digas gay”, según la cual los jóvenes de este país pueden hablar de guerras, drogas y violaciones, pero no de la mera existencia de gente extraña, un poquito diferente a nosotros. Como ellos, los raros, no se meten en nuestras vidas privadas, nosotros nos metemos y legislamos sobre las suyas convirtiéndolos en tabúes que no sólo destroza la psicología de los jóvenes gays, lesbianas y transexuales sino que vuelve a poner a nuestros hijos heterosexuales en la maldita jaula represiva y temida del machismo tóxico que sufrimos nosotros.  

En el mismo sentido y dirección se encuentra la Corte Suprema. Aunque nunca se lo reconozca abiertamente, la Suprema Corte es un organismo altamente político, razón por la cual cada vez que muere o se retira uno de sus nueve miembros comienza una desesperada batalla en el Congreso para nombrar al nuevo juez según su orientación ideológica y en base a disputas sobre su sexualidad o sobre otras distracciones. La mayoría de sus miembros (6 en 9) fueron nominados por presidentes conservadores del Partido Republicano. Cinco de ellos elegidos por los presidentes George W. Bush (2) y Donald Trump (3), ambos llegados a la Casa Blanca luego de haber perdido el voto popular en las elecciones generales y gracias a un sistema electoral que fue diseñado para proteger el sistema esclavista del escasamente poblado (por blancos) pero poderoso sur en el siglo XIX.

Poderoso por su fanatismo. Ese mismo que en junio de 2020 enfrentó con un cuerpo de policía militarizado a una manifestación pacífica de ciudadanos negros que protestaban contra el racismo de la policía y seis meses después, el 6 de enero de 2021 enfrentó con palitos a los neoconfederados blancos, armados hasta los dientes con armas de fuego, otra tradición del temeroso y temido sur esclavista, con el objetivo conocido por el FBI de dar un golpe de Estado asaltando el Congreso e impidiendo la confirmación del nuevo presidente demócrata.

Este poder basado en “derechos especiales” de un grupo que en gran medida está compuesto por los admiradores y auto victimizados confederados y supremacistas blancos, el único grupo que puso en peligro real la existencia de ese mismo país que ahora dicen defender como ningún otro. Los mismos que se llenan la boca con el patriotismo y estratégicamente acusan a los críticos, la esencia de cualquier democracia, de ser “antiamericanos”.

Ese poder especial de una minoría que asume como un dogma ser mayoría, se encontró con una vacante en la Corte Suprema en febrero de 2016, cuando murió el juez liberal (izquierda, en el lenguaje estadounidense) Antonin Scalia. Correspondía al presidente demócrata Barak Obama nominar un reemplazo el que, obviamente, sería de su línea política. Los republicanos bloquearon esta nominación por casi un año hasta que el nuevo presidente republicano, Donald Trump, estuvo en la Casa Blanca y pudo nominar al conservador Neil Gorsuch.

El último miembro ingresado a la Corte Suprema confirma este razonamiento. El 18 de setiembre de 2020, a poco más de un mes de las elecciones generales que ganaría Joe Biden, murió la jueza liberal Ruth Ginsburg. Los republicanos lograron nominar y aprobar en tiempo récord a su candidata conservadora Amy Coney Barrett, el 27 de octubre de 2020, días antes de las elecciones.

Debido a esta decisión de la Corte (grupo altamente político y mayoritariamente compuesto por hombres) el CDC, organismo del gobierno, calcula que las mujeres negras sufrirán un incremento del 33 por ciento de muertes relacionadas a sus embarazos. Para miles de mujeres, un embarazo significará una sentencia de muerte.

¿Qué sigue en este camino hacia el Medioevo? Uno de los miembros de la Corte Suprema, el juez ultraconservador Clarence Thomas, lo dejó claro por escrito: “En casos futuros, debemos reconsiderar todos los precedentes sustantivos del debido proceso de este tribunal, incluidos Griswold [1965, por el uso de anticonceptivos], Lawrence [2003, contra la criminalización de la homosexualidad] y Obergefell [2015, en favor del matrimonio igualitario]”.

En otras palabras, el veterano conservador de la Superma Corte afirmó que los próximos pasos hacia este neomedievalismo será prohibir los matrimonios del mismo sexo, criminalizar las opciones sexuales diferentes y el uso de pastillas anticonceptivas.

Si continuamos por esta línea de regresión histórica, nos encontraremos que el próximo paso sería la prohibición del divorcio y el matrimonio interracial, el cual fue ilegal hasta que la Suprema Corte levantó su prohibición en 1967, cuando el juez Thomas tenía 19 años.

Claro que este objetivo de savonarola converso podría encontrar un obstáculo. El juez, héroe de los conservadores protestantes, católicos y supremacistas blancos, es un hombre negro (o “afroamericano”, aunque en los hechos sea menos afroamericano que el blanco Elon Musk) y está casado, en segundas nupcias, con la activista conservadora Ginni Lamp, una mujer rubia, miembro del Tea Party y fundadora del Liberty Central y del Liberty Consulting.

Ahhh… la palabra liberty es tan bonita. Siempre y cuando no se trate de la libertad ajena, claro.

JM, junio 2022

https://www.pagina12.com.ar/433237-el-problema-es-la-libertad-ajena

https://archive.org/details/jorge-majfud

Mercenarios de los medios

Una practica común (no «un-American»): el columnista del Florida Times-Union de Jacksonville, FL, perseguido por compania que se dedica a difamar, por su posicion contra la corrupción de la eléctrica JEA para privatizarla.

jm, junio 2022

«Nuestra arma principal escupe palabras, no balas»

El experto en propaganda computacional, Samuel Woolley, en 2020 publicó en su libro The Reality Game la historia de Jascha, quien se había instalado en Ucrania en 2013, un año antes del golpe de Estado. Durante este período, “fue testigo de nuevas formas de manipular la opinión pública usando información de muy baja calidad destinada a determinados grupos en el país. Más tarde nos dimos cuenta de que Ucrania era la avanzada de la propaganda computacional en el mundo. Ahora [2020] cuando queremos tener una idea de hacia dónde va el futuro de las fake news y de los bots políticos, simplemente miramos hacia Ucrania usamos Ucrania como caso de estudio”. En Computacional Propaganda, libro en el que reunió en 2019 una decena de expertos, reiteró la idea: la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda computacional ha sido una guerra entre Rusia y Occidente en Ucrania desde los primeros años del siglo XXI.

Aparte de la CIA, desde 1997 la OTAN se aseguró de fundar agencias en Ucrania, para que las milicias cibernéticas aprendan el arte de la guerra moderna, es decir, de la propaganda computacional, con la fundación del “Centro de Información y Documentación (NIDC)”. Según sus declaraciones de principios, se trataba de un mecanismo que apuntaba a “crear conciencia y comprensión sobre los objetivos de la OTAN en Ucrania”, formando por décadas a “periodistas independientes”.

Los diagnósticos de los expertos han sido abundantes y consistentes, pero ninguno ha alcanzado los titulares de los grandes medios occidentales. El 16 de marzo de 2022, Sean McFate, integrante del Atlantic Council, fue directo: “Rusia puede estar ganando la guerra en el campo de batalla, pero Ucrania está ganando la guerra de la información. Esa es la clave para obtener el apoyo y la simpatía de los aliados”. Un oficial del Departamento de Estado señaló que “los ucranianos han dado una clase magistral en guerra de información”. Otro alto funcionario de la OTAN, en calidad de anonimato, le reconoció al Washington Post que el gobierno de Ucrania estaba haciendo un “excelente trabajo de comunicación” y de “operación psicológica” junto con un centenar de compañías publicitarias y medios internacionales. Es probable que esta funcionaria anónima sea Natalia Popovych, presidenta de One Philosophy, poderoso grupo que gestiona la imagen de gigantes como Microsoft, McDonald’s, MasterCard y Opel, financiadas, a su vez por varios gobiernos europeos, por la embajada de Estados Unidos en Ucrania, la USAID y el Institute for Statecraft de Inglaterra.

La guerra de Washington en Vietnam, como en Irak o en Afganistán más recientemente, fue una vergonzosa derrota que los medios dominantes y la industria cultural se empeñaron en presentar como una victoria moral. Más que eso, se vendió como una victoria militar, sobre todo en las películas, al extremo que hasta estudiantes universitarios aún hoy se sorprenden cuando escuchan que su país perdió la mítica guerra de Vietnam, recordada en millones de gorras de baseball que usan los “héroes ancianos” en McDonald o en Walmart para que los dejen pasar primero en la fila de la caja y, de ser posible, se arrodillen y les repitan aquello de “gracias por su servicio”, “gracias por proteger la libertad de nuestra nación”. 

Al igual que la humillación de Bahía Cochinos en 1961, en Vietnam la derrota se basó, en alguna medida, en un defecto de la propaganda, pese al tsunami de millones de dólares inyectados por la administración de Johnson para demonizar a los disidentes más conocidos (Martin Luther King, Mohammed Ali, Noam Chomsky, Edward Said…) y a estudiantes que protestaban contra la guerra, hasta el extremo de reprimirlos a tiros en varias universidades. El resultado fue parcial pero sintomático: los padres de los estudiantes masacrados en universidades como Kent State University justificaron la violencia policial para evitar alguna forma de antipatripitsmo. 

En Cuba se debió a la observación del médico argentino Ernesto Guevara, quien en 1954 se encontraba en Guatemala cuando la CIA destruyó esa democracia manipulando los medios. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, una anomalía histórica en América latina, Guevara aseguró: “Cuba no será otra Guatemala”. Las enigmáticas palabras revelaban mucho para quienes tenían algún conocimiento de la realidad, como el agente de la CIA David Atlee Phillips quien, luego de la vergonzosa derrota, afirmó: “Castro y Guevara aprendieron de la historia; nosotros no”. Una década después, ocurrió algo similar en Vietnam. La millonaria maquinaria propagandística de Washington había regado ese país no sólo con armas de destrucción masiva, como el Agente Naranja, sino también con seis mil millones de panfletos para convencer a la población de su superioridad moral. El resultado fue catastrófico: los vietnamitas usaron los panfletos como papel higiénico.

Tanto en las Guerras Bananeras, como en la Primer Guerra Fría, como en esta Segunda Guerra Fría, las estrategias de la propaganda imperial son las mismas. Una de las consecuencias directas de la guerra psicológica consiste en el objetivo maniqueo que el presidente George W. Bush resumió en su paranoia belicista: “O están con nosotros o están contra nosotros”. Como decía la CIA en los 50s, “nuestra principal arma escupe palabras, no balas”. De esta forma se secuestran los pueblos para que se identifiquen con sus gobiernos que, básicamente, son instrumentos de las multimillonarias corporaciones. Ese “nosotros” apela a lo que hace dos décadas llamamos “La enfermedad moral del patriotismo” (ver también, “Las fronteras mentales del tribalismo”). Nada diferente al lema de la dictadura brasileña: “Brasil, ame-o ou deixe-o”. Por “Brasil” querían decir “nuestra ideología, nuestra oligarquía, los dueños del país”. Bajo este lema expulsaron al pedagogo y teórico Paulo Freire, “por ignorante” y antipatriota. 

Esta estrategia de la propaganda convierte a cualquier crítico en un enemigo, tal como lo definiera la socialista convertida en halcón conservador del gobierno de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick (no hay seres más resentidos que los conversos). Según la consejera y luego embajadora ante las Naciones Unidas, “aquellos que nos definen como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.

Por esta lógica profundamente antidemocrática, gente decente que podría hacerle algún bien real a su propio país y al mundo se convierte con extrema facilidad en ciudadanos dóciles, autocensurados y funcionales a los intereses ajenos—en nombre de sus propios intereses, claro, porque en eso consiste cualquier tipo de propaganda.

Según mi modesto entender, no existe democracia sin dos requisitos fundamentales:

1) Tanto el poder político, económico como mediático deben estar supervisados y controlados por el pueblo (en el caso de las redes sociales, a través de comités internacionales);

2) Una democracia verdadera se mide por su tolerancia a la crítica radical, porque el pueblo también puede equivocarse, aún en un estado ideal donde su opinión no ha sido manipulada por el poder de turno.

JM, junio 2022

https://archive.org/details/jorge-majfud

Radio Centenario-1250 AM Montevideo
En Mañanas de Radio recibimos al escritor, docente, investigador y arquitecto Jorge Majfud, radicado actualmente en EEUU, quien compartió sus experiencias en varios países. Majfud, oriundo de Tacuarembó actualmente dicta calases en la Universidad de Georgia en EEUU, luego de ejercer como arquitecto en Mozambique o España entre otros países. Su último trabajo editorial “La frontera Salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina”, es un recorrido por los eventos más importantes de los últimos doscientos años que marcaron la expansión de las Trece colonias sobre las naciones indígenas y sobre ese vasto territorio que hoy llamamos América Latina sino también la revelación de la lógica de sus guerras infinitas, de su expansión y de sus sistemáticas intervenciones, directas o secretas en los diversos pueblos del sur.▶️
https://rebelion.org/nuestra-arma-principal-escupe-palabras-no-balas/

El mercado de las innovaciones (micro)

Durante la Edad Media, todo lo nuevo era atribuído al Demonio. Desde hace pocos siglos, lo Nuevo es estimado como algo valioso (el arte, la poesía, la ciencia, la tencología).

Hasta ahi estoy de acuerdo.

Lo que fastidia es el mercado de la innovación tecnológica que nos obliga cada año a hacer todo diferente para continuar haciendo lo mismo.

jm, junio 2022

Gun fanaticism, foundational racism 

The holy verse of conservatives in America is the Second Amendment passed in 1789. Like any verse in any holy book, it is brief and open to different interpretations. As in any religion, they are theological interpretations, that is, political. 

A conservative interpretation leads us to conclusions unwelcome by conservatives. Thomas Jefferson (his books were banned for being an “atheist”) was of the undogmatic idea that all laws should be changed according to the needs of each generation. But both Jefferson and the rest of the “founding fathers” were racists, a detail that is not recognized even by today’s racists. 

The verse of the amendment reads: “A well-regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed.” 

Five words are the keys to understanding what the amendment means: Militia, free State, people, and Arms. Let’s start with the last one. 

5. Arms. In the same way that the word “car” then meant something quite different from what “car” means today and hence the new traffic laws, the same occurs with the word which meant “arms” meant a flintlock or a musket rifle. In any case, for a person to be able to kill another, he had to be at a distance of a few yards, and, after shooting, he had to do some craft work to reload. For some decades, “the people” and the judges understand that with the word “weapons”, in 1789 the founding fathers also referred to an AR-15 and other assault rifles capable of killing, at a much greater distance, several dozens of people. 

4. People. From the same constitution of 1787, the word “people” in “We the people” meant “white man, a slaver, and owner”. By no means black, Indian, or poor white. But a word is an ideolexicon, that is, a bag used to load different ideological meanings. 

 3.,2. Free State. The idea of “free states” as opposed to “slave states” belongs to an advanced nineteenth century that was struggling to abolish slavery, long after expanding it over Indian and Mexican territories where slavery did not exist or was illegal. In 1789 and for a few generations thereafter, “the free state” was the slave state of whites. In fact, in all the letters, congressional transcripts, and newspaper articles it is assumed that “the free race” was the white race, since the others were incapable of understanding freedom. Slavery expanded in the name of Law, Order, and Freedom. The third stanza of the national anthem written in 1814 by Francis Scott Key, proclaims: 

No refuge could save the hireling and slave

From the terror of flight, or the gloom of the grave”. 

The song was prompted by the British burning of the government house in Washington, later painted white by the slaves to hide the memory of the fire. England punished a similar attack by the Americans on Canada, when they wanted that territory as the fourteenth state. Many black slaves sided with the invader, for obvious reasons, and the patriot Scott Key, a slaveholder by law, unleashed his poetic fury in the famous song, now the National Anthem. 

1. Militia. As anyone in their right mind can see, the expression “a well-regulated militia” does not mean individuals acting on their own. But that is not all. In both the 18th and 19th centuries these militias were the slavers’ police. How could a handful of white masters subdue a majority of black slaves? Not by the whip but by firearms. But since the masters formed a confederation in each state and among the slave states, the armed militias were of vital importance to safeguard the lives of the white masters and the system itself, which produced the richest men in the country, the slave capitalism of the 19th century, even when the north was already an old pole of commercial and industrial development. 

Every right is regulated, and all interpretation depends on the political interests of the moment. Let’s see an absurd example referred to the First Amendment, of which I count myself as a radical defender. 

In 2010, the Supreme Court ruled in favor of Citizens United, a “non-profit” organization in favor of the rights of large corporations. Its founder, Floyd Brown, defined it as follows: “We’re just old-fashioned, blue-collar social conservatives. These are people who couldn’t care less about politics, want to be left alone by government, but if their country calls for them to fight abroad, will”. For this type of old Anglo-Saxon fanaticism, the brutal interventions in other countries are not political nor are they about racism and economic interests. 

In the lawsuit and in the final ruling, five members out of nine of the Court understood that the limitation of donations from any group to a candidate constituted a “violation of freedom of expression.” In addition, they began to have the right to do so anonymously, which is known as “dark money”. Of course, again, in the “Nation of Laws” everything is legal. Corruption is a thing of Latin Americans and poor blacks in Africa. 

As is often the case in a democracy hijacked by corporations, the citizens had a different opinion. In 2010, a survey by ABC and The Washington Post had revealed that 80 percent of Americans were opposed to the elimination of barriers and limits on donations to politicians proposed by Citizens United.

The (political) interpretations against regulations always favor those who are in power. Nobody says that in every airport in the United States the Constitution is violated because the carrying of weapons is not allowed. The age to buy assault rifles is 18 years, but if it were up to the fans, it would be six years, when the victim enters school and does not feel free and safe. Now, is the 18-year limit not a regulation? It is not in the Second Amendment.

Meanwhile, 40,000 people die each year in this country from gun violence. Not accidentally, the killings are often racially motivated against “inferior races,” since that obsession is in the DNA of this country’s history. Blacks, Asians, or Hispanics do not slaughter whites out of hatred. The problem of crime in black neighborhoods is due to this same history of discrimination: when they became citizens, they were immediately segregated at gunpoint and by various policies such as the layout of highways or the criminalization of certain drugs introduced by the same CIA to the country and used by Nixon, deliberately, to criminalize blacks and Latinos. 

This is the concept of freedom of those who suffer from a paranoia that does not let them be free. And they impose it on others in the name of freedom—and, as in times of legal slavery, are defended even by the “happy slaves”. 

Jorge Majfud, June 2022. 

La doble vara de la propaganda occidental

Sin defender la censura en distintos países de Oriente y del Sur colonizado (todo lo contrario, pero a veces hay que aclararlo para algunos niños de escuela), agreguemos un ejemplo más de cómo opera la propaganda de las potencias occidentales, siempre tan orgullosas de su libertad cada vez que se miran en el espejo de Narciso.

Voice of America (VOA), que junto con TV Martí y otros canales (en sus nombres incluyen términos como Free o Liberty) es una rama de la Agencia estadounidense para los Medios Globales financiada por el gobierno de Estados Unidos. Fue fundada en 1941, en principio con el noble objetivo de contrarrestar la propaganda nazi, hija directa de la propaganda estadounidense, de la misma forma que Joseph Goebbels se inspiró en Edward Bernays y Hitler en Madison Grant.

Desde entonces, VOA no ha dejado de operar en decenas de países, especialmente durante la Guerra Fría y después, “para promover los valores democráticos”. Más allá de los eslóganes, VOA es un conocido conglomerado de medios de propaganda que en el pasado sirvió para preparar golpes de Estado duros, con invasiones o intervenciones militares directas. Hoy en día su presupuesto, procedente del gobierno de Estados Unidos, es de cientos de millones de dólares y opera en diferentes países creando opinión pública.

También ha sido una de las extensiones mediáticas de la CIA. Como la Agencia, VOA es un organismo permanente y, en teoría, no está pensada para actuar en territorio estadounidense sino en el resto del mundo. Pertenece a lo que se clasifica como “white propaganda”, es decir, propaganda no secreta, pero de tal forma que no parezca propaganda. Ejemplos de “black propaganda” usado y abusado por la Agencia y las corporaciones privadas del Primer mundo abundan en la historia reciente del erróneamente llamado Tercer mundo.

Al igual que los medios financiados por gobiernos extranjeros, VOA se define a sí misma como “independiente del gobierno” de Estados Unidos que la financia. Nadie esperaría lo contrario de un medio que se presenta como campeón de la verdad, la libertad e independiente de toda ideología o poder político. Claro que, como en cualquier otro caso, es razonable asumir que en algún momento algún periodista ha ejercido su libertad en contra de la ideología dominante. Pero, como los op-eds de los grandes medios, sólo se trata de un impuesto moral que las corporaciones no democráticas deben pagar para considerarse democráticas o, al menos, tolerar y acomodarse a una sociedad compleja, contradictoria y relativamente abierta como todavía lo son algunas sociedades occidentales, fundamentalmente gracias a sus disidentes, aquellos que no se resignan a la idea de que los países tienen dueños, son ejércitos, tribus o sectas.

Basta con realizar un micro experimento compartiendo en las redes sociales cualquiera de las noticias de VOA. Los creadores masivos de opinión colectiva como Twitter no advierten, como en los otros casos de medios financiados por gobiernos no alineados (TeleSur de Venezuela, RT de Rusia o de algún medio público de China), que “este medio está financiado por el gobierno de…”

Es lo que se llama Prensa libre, la que, aparte de medios financiados por Washington, incluye otros conglomerados privados y más poderosos, libres de toda sospecha de poseer intereses especiales, como CNN, Fox News, y una larga lista de mercenarios creadores de la Libre Opinión del Pueblo–sea el pueblo que sea.

jm, junio 2022.

https://www.pagina12.com.ar/428845-la-doble-vara-de-la-propaganda-occidental

jm, junio 2022.

 

El fanatismo de las armas y el racismo fundacional

El versículo sagrado de los conservadores en Estados Unidos es la Segunda enmienda aprobada en 1789. Como cualquier versículo de cualquier libro sagrado, es breve y abierto a diferentes interpretaciones. Como en cualquier religión, son interpretaciones teológicas, es decir, políticas. 

Una interpretación verdaderamente conservadora nos lleva a conclusiones poco deseadas por los conservadores. Thomas Jefferson (sus libros fueron prohibidos por ateo) era de la idea poco dogmática de que todas las leyes deben ser cambiadas según las necesidades de cada generación. Pero tanto Jefferson como el resto de los “padres fundadores” eran racistas, detalle que no es reconocido ni siquiera por los racistas de hoy.

El versículo de la enmienda reza:

A well-regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed” (Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.)

Cinco palabras son las claves para entender qué significa la enmienda: 1. Militia, 2., 3. free State, 4. people y 5. Arms. Empecemos por esta última. 

5. Arms. De la misma forma que la palabra “car (carro)” significaba en el siglo XVII algo bastante diferente a lo que hoy significa “car (auto)” y de ahí las nuevas leyes de tránsito, lo mismo la palabra “arms” significaba una flintlock o un rifle musket. En cualquier caso, para que una persona pudiese matar a otra debía estar a una distancia de pocos metros y, luego de disparar, debía realizar un trabajo artesanal para recargar. Desde hace algunas décadas, la gente y los jueces entienden que con la palabra “armas”, en 1789 los (sagrados) padres fundadores se referían también a una AR-15 y a otros rifles de asalto capaces de matar, a mucho mayor distancia, a varias decenas de personas antes que cualquiera atine a correr o a defenderse. 

4. People. Desde la misma constitución de 1787, la palabra “people” en “We the people” significaba “hombre blanco, esclavista y propietario”. De ninguna manera negros, indios o blancos pobres. Pero una palabra es un ideoléxico, es decir, un saco que sirve para cargar diferentes mercancías.

 3., 2. Free State. La idea de los “estados libres” opuestos a los “estados esclavistas” pertenece a un avanzado siglo XIX que se debatía en abolir la esclavitud, mucho después de expandirla sobre territorios indios y mexicanos donde la esclavitud no existía o era ilegal. En 1789 y por unas generaciones más, “el estado libre” era el estado esclavista de los blancos. De hecho, en todas las cartas, trascripciones del Congreso y artículos periodísticos se asume como algo obvio que “la raza libre” era la raza blanca, ya que las otras eran incapaces de entender la libertad. La esclavitud se expandió en nombre de la Ley, el Orden y la Libertad. La tercera estrofa del himno nacional escrita en 1814 por Francis Scott Key proclama:

Ningún refugio puede salvar al asalariado y al esclavo

del terror de la huida, de la sombra de la tumba”.

La canción de este abogado fue motivada por la quema de los británicos de la Casa de gobierno en Washington, luego pintada de blanco por los esclavos para ocultar la memoria del fuego. Inglaterra quiso castigar un ataque similar de los estadounidenses a Canadá, cuando querían ese territorio como el estado catorce. Muchos negros esclavos se pusieron a favor del invasor, por obvias razones, y el patriota Scott Key, esclavista de ley, descargó su furia poética en la famosa canción, ahora Himno nacional.

1. Militia. Como cualquiera en su sano juicio puede darse cuenta, la expresión “una Milicia bien regulada” no significa individuos actuando por cuenta propia. Pero eso no es todo. Tanto en el siglo XVII como en el XIX estas milicias fueron la policía de los esclavistas. ¿Cómo un puñado de amos blancos podía someter a una mayoría de negros esclavos? No por el látigo sino por las armas de fuego. Pero como los amos formaban una confederación en cada estado y entre los estados esclavistas, las milicias armadas eran de vital importancia para salvaguardar la vida de los amos blancos y el sistema mismo, el cual produjo los hombres más ricos del país, el capitalismo esclavista del siglo XIX, incluso cuando el norte ya era un antiguo polo de desarrollo comercial e industrial. 

Todo derecho está regulado y toda interpretación depende de los intereses políticos del momento. Veamos un ejemplo radical y absurdo referido a la Primera enmienda, de la cual me cuento como radical defensor.

En 2010, la Suprema Corte (con una amplia mayoría de jueces elegidos por presidentes conservadores) falló en favor de Citizens United, una organización “sin fines de lucro” a favor de los derechos de las grandes corporaciones. Su fundador, Floyd Brown, la definió así: “Somos gente a las que no les importa la política; gente que desea que el gobierno los deje en paz; pero si nuestro país nos llama a luchar en el extranjero, lo haremos con gusto”. Para este viejo fanatismo anglosajón, las brutales intervenciones en otros países no son políticas ni son sobre intereses económicos, sino puro patriotismo, Dios y la moral.

En la demanda y en el fallo final, cinco miembros en nueve de la Corte Suprema entendieron que la limitación de donaciones de un grupo cualquiera a un candidato constituía una “violación a la libertad de expresión”. Además, pasaron a tener el derecho de hacerlo de forma anónima, lo que entre los académicos se conoce como “dark money” (“dinero oscuro”). Claro, otra vez, en “El país de las leyes” se hace todo legal. La corrupción es cosa de latinoamericanos y de negros pobres en África.

Como suele ocurrir en una democracia como la de Estados Unidos, secuestrada por las corporaciones, los ciudadanos tenían otra opinión. A principios de 2010 una encuesta de ABC y The Washington Post había revelado que el 80 por ciento de los estadounidenses se oponía a la eliminación de trabas y límites en las donaciones a los políticos propuesta por Citizens United.

Las interpretaciones (políticas) contra las regulaciones favorecen siempre a quien tiene el poder. Nadie dice que en cada aeropuerto de Estados Unidos se viola la Constitución porque no se permite el porte de armas. La edad para comprar libremente rifles de asalto es 18 años, pero si fuese por los fanáticos de las armas, sería seis años, cuando la víctima entra a una escuela y no se siente libre y segura. Pero el límite de 18 años no deja de ser una regulación. ¿Dónde se lee eso en la Segunda enmienda?

Mientras tanto, 40.000 personas mueren cada año en este país por violencia de armas. No por casualidad las matanzas suelen tener una motivación racial contra “las raza inferiores”, ya que esa obsesión está en el ADN de la historia de este país. Los negros, los asiáticos o los “hispanos” no masacran blancos por odio. El problema de la criminalidad en los barrios negros se debe a esta misma historia de discriminación: cuando se convirtieron en ciudadanos, fueron segregados de inmediato a punta de revolver y por diversas políticas como el trazado de autopistas o la criminalización de ciertas drogas introducidas por la misma CIA al país y usadas por Nixon, de forma deliberada, para criminalizar negros y latinos.

Este es el concepto de libertad de quienes sufren de una paranoia que no los deja ser libres. Y se la imponen a los demás en nombre de la libertad—como en tiempos de la esclavitud legal, defendida hasta por los “esclavos felices”.

JM, junio 3, 2022.

https://elpais.bo/opinion/20220605_el-fanatismo-de-las-armas-y-el-racismo-fundacional.html

1847. Texas. El sueño de un revólver super potente

Huamantla, Tlaxcala. 31 de agosto de 1847—A cinco días de haber arribado a México, Samuel H. Walker, héroe de las guerras contra los indios en Norteamérica e inventor, junto con Samuel Colt, de los célebres revólveres Colt Walker, es enviado a Santa Fé para rescatar un pequeño grupo de americanos que había sido atacado por rancheros mexicanos. Los valientes rangers de Texas capturan a varios hombres y los ejecutan sin más protocolo. Excepto uno, el que fue enviado con una nota del Capitán Walker a la banda de criminales con una advertencia: “si sabemos de cualquier otro acto de robo o asesinato, todos los responsables serán ahorcados y todas sus propiedades serán destruidas”.

El martes 31, el capitán Walker recibe noticias de la reciente batalla de Puebla. El sargento George W. Myers escribe en su diario: “Uno de los valerosos soldados americanos recibió un disparo justo debajo de la oreja, el que alcanzó a penetrar hasta su boca. El soldado mordió la bala con sus dientes y disparó al mexicano agresor, el que murió al instante”. El sábado 9 de octubre, otra bala atraviesa la espalda del capitán Samuel Walker. Según reportes posteriores, mientras es asistido por sus compañeros, pronuncia sus últimas palabras: “Me estoy muriendo. No pierdan tiempo conmigo. Díganle al capitán Lewis que no se rinda jamás. Luchen mientras quede un hombre respirando”. Llorando, el capitán Burst dice: “daría seis años de mi vida por haber podido hablar con el capitán Walker antes de morir”.

Los mexicanos, escribe el sargento Myers, “le ponen pimienta roja a todo lo que comen y nos temen más que el Diablo al agua bendita, aunque ellos nos llaman los diablos del capitán Walker”. El representante de Texas en el Congreso asegura que el último deseo del capitán Walker era descansar a la sombra del heroico The Alamo. Un oficial de Pensilvania escribió en su honor: “el capitán Samuel H. Walker tenía más sentimiento y compasión por los pobres de México que ningún otro oficial que he conocido en mi vida. El capitán nunca permitió que se cometiera ninguna injusticia contra ese pueblo”. Ulysses Grant, en cambio, el 20 de octubre, desde Monterrey, le había escrito a Julia: “la prensa ahí lo exagera todo; ¡ahora resulta que han hecho del capitán Samuel Walker un héroe de las mil batallas!”.

Samuel Walker fue enterrado a una milla de El Álamo, cerca de San Antonio, más precisamente en Huamantla (que en náhuatl cuahuitl significa “abundancia de maní”, que en inglés significa “abundance of peanuts” o “abundancia de cosas sin valor”). Walker ha muerto el mismo año en que su sueño de un revólver super potente se hace realidad con el invento y marca registrada Colt-Walker. Alguien, probablemente una mujer, le había disparado desde un balcón con una escopeta obsoleta.

JM.

de La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

https://www.pagina12.com.ar/424623-masacre-en-texas-a-los-18-un-chico-no-puede-comprar-alcohol-
https://radiocut.fm/audiocut/jorge-majfud-en-estados-unidos-armas-son-una-religion/#

Jorge Majfud «En Estados Unidos las armas son una religión» Felicitas Bonavitta. AM 530 – Somos Radio