Ideología reversa

La cultura de las máscaras III

Ideología reversa

Cada vez que los líderes del tercer mundo se propusieron nacionalizar los recursos naturales de sus países, se los acusó de “vende patrias” y de pretender “introducir ideas foráneas”, como si existiese alguna idea que no tuviese algo de foráneo.

Las dos acusaciones han sido, por generaciones, dos clásicos de la cultura popular cuyos orígenes no son difíciles de rastrear siguiendo los rastros del interés económico internacional. Cuatro casos archiconocidos fueron cuatro presidentes electos democráticamente y depuestos por similares golpes militares precedidos por similares estrategias de desestabilización y seguidos de similares dictaduras: Jacobo Arbenz, cuando intentó nacionalizar una pequeña fracción de tierras en Guatemala en manos de la United Fruit Company; Mohammad Mossadegh, cuando intentó cumplir su promesa electoral de nacionalizar el petróleo en manos de British Petroleum en Irán; Patrice Lumumba, cuando intentó conservar los recursos minerales de Katanga en el Congo en manos de las empresas belgas; y Salvador Allende, cuando intentó nacionalizar el cobre y la banca en Chile en manos de empresas estadounidenses (alguno de estas terribles políticas, como la redistribución de tierras, ya habían comenzado con el presidente anterior, el conservador moderado y rival de Allende, Eduardo Frei Montalva).

Otros ejemplos abundan, pero casi todos hundidos en el generoso olvido de los pueblos. Todos fueron acusados, por las potencias coloniales de su momento, de querer entregar sus países al poder extranjero y de promover ideas extranjeras. Como solución a sus planes de nacionalización, primero la propaganda y luego las armas lograron devolver los recursos nacionales a manos de empresas privadas extranjeras con la obvia asistencia de gobiernos extranjeros que en todos los casos, y de forma documentada, actuaron como extensión de los negocios privados en nombre del interés general.

Esta operación de subasta de países se llevó a cabo o se consolidó con la imposición de “ideas extranjeras”, para nada espontaneas ni producto de ningún debate democrático, sino como parte de un plan deliberado por parte de las potencias extranjeras.

Por ejemplo, cuando en los años 50s se hizo evidente el sostenido crecimiento de la izquierda en Chile, se comenzó el envío de estudiantes de economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a/y desde la Universidad de Chicago. No a cualquier departamento sino a estudiar bajo el directo tutelaje de Milton Friedman y Arnold Harberger, los ideólogos de la reacción contra la corriente iniciada por el cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por la cual la superpotencia volvió, por unas décadas, a políticas sociales (New Deal, Nuevo Acuerdo). En 1958 Jorge Alessandri le había ganado a Allende por una mínima diferencia de votos y en 1964 la CIA financió exitosamente la campaña electoral de Frei contra Allende. En 1970 el dinero no fue tan efectivo y Allende terminó ganándole a Jorge Alessandri, por lo cual la MIMO (Mafia Internacional de Millonarios Organizados) recurrió al mismo Plan B de todos los casos anteriores: golpe de Estado y dictadura militar para “salvar al país” de alguna amenaza de moda contra la libertad.

Gracias a esta dictadura y a otras en América Latina, los Chicago Boys, los economistas entrenados en la ideología de Friedman, tuvieron carta libre para actuar en Chile y en otros países. Este grupo, sus ideólogos y sus apologistas, centraron y centran hoy sus elogios en la idea de que son ellos quienes han promovido el “libre mercado” y las “libertades individuales”.

Ambos, libre mercado y libertades individuales son ideas muy nobles y positivas. Si no fuese por la hipocresía con la que se las ha aplicado sistemáticamente. No hubo y nunca habrá libre mercado bajo el tutelaje neocolonial y neo imperialista sino lo contrario. Mucho menos hubo libertades individuales, ya que estas políticas necesitaron múltiples dictaduras militares primero y más tarde dictaduras bancarias sobre países arruinados y endeudados por las dictaduras anteriores. El libre mercado y las libertades individuales significaron, bajo estas políticas, libertad de algunos mercados para imponer sus condiciones e intereses sobre otros, y libertad de algunos, de unos pocos individuos para decidir sobre otros individuos, sin excepciones una abrumadora mayoría. Este discurso, esta efectiva manipulación ideoléxica, es semejante al mito que celebra la independencia de Texas de México aduciendo que fue para gozar de “mayores libertades políticas” sin aclarar que se trataba de “mayores libertades de unos a esclavizar a otros”, ya que el gobierno mexicano había regalado tierra a los inmigrantes anglosajones sin haber legalizado la esclavitud, verdadera fuente del “milagro económico” del sur estadounidense.

Pinochet no solo no fue acosado económicamente por Nixon, como lo fuera Allende, sino que además recibió todos los beneficios posibles (morales, ideológicos, militares y económicos) de la superpotencia. Pese a todo, la pobreza y el desempleo no solo continuó creciendo en el llamado “Milagro económico chileno” (mito propagado y diseminado por la poderosa ultraconservadora Heritage Foundation, fundada por Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors) sino que además, en los 80s, el país se sumergió en una dolorosa crisis económica que ocurrió simultáneamente en otras dictaduras menos exitosas del continente.

Quienes entregaron al país y sus recursos naturales tan codiciados por las exitosas compañías occidentales a fuerza de una dictadura sangrienta, no se los llamó “vende patrias” sino “salvadores de la libertad”. Las ideas indoctrinadas como un dogma incuestionable (cuestionado en todas las universidades de Estados Unidos, menos en el departamento de Friedman) por una simple decisión estratégica de las agencias de Estados Unidos, no se las llamó “ideas extranjeras”.

Fue una operación perfecta, o casi perfecta. Otro típico caso de “ideología reversa”. La mafia neoliberal (a través de sus voceros más pobres, es decir fanáticos) se encargó siempre de acusar a cualquier grupo universitario o de activistas sociales o de intelectuales críticos de practicar las ideas del teórico marxista italiano Antonio Gramsci. Sin embargo, si bien la izquierda tradicional fue gramsciana por su análisis de la realidad y por su natural resistencia crítica al poder (que se expresa y consolida por el sentido común prefabricado), la derecha internacional fue siempre gramsciana en la aplicación del poder a través de las ideas colonizadas.

Se puede ocupar un país, se puede imponerle un gobierno títere por un tiempo limitado, pero si el objetivo es permanecer, la única forma posible es colonizar las ideas de un pueblo hasta inocularlas con un interés parasitario que con el tiempo terminarán adoptando como propias. Tan propias que cualquier cosa que suene diferente, como la recuperación soberana de sus recursos, será aplastada con calificativos como “ideas foráneas” –y sus propulsores “vende patrias”.

Pero a toda esta ingeniería de las ideas que define nuestro mundo hay que sumarle un aliado fundamental: ese miedo que es parte de la condición humana, ese miedo de un mendigo que es capaz de matar y morir por conservar las pocas pero sonantes monedas que le tiró un buen señor a la salida de la iglesia y que le costó todo el día ganar.

El 19 de mayo de 2019, en Morehouse College de Atlanta, el multimillonario invitado a dar el típico discurso moralizador de graduados, Robert F. Smith prometió pagar la deuda de los estudiantes por haber estudiado. La audiencia estalló en llanto. Un gesto noble, sin dudas. Con sus viejas trampas, por lo expuesto desde hace veinte años…

 

JM, mayo 2019

 

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Miénteme suavemente

Una señora participante por videoconferencia (le había prometido a su esposo hacer esta valiente pregunta):

–¿Por qué usted está siempre criticando todo?

–Porque siempre nos están mintiendo.

–Uno no puede vivir así todo el tiempo. Va a terminar enfermo y nos va a enfermar a todos.

–Si usted quiere le miento. Seguro que me cree. No me curaría yo pero sin duda sería un alivio para usted.

–Usted viviría mejor.

–Sí, sin duda, es el camino más seguro.

El Ecce Homo uruguayo

Ahora Uruguay tiene su “Ecce Homo”. En nuestros tiempos donde se premia el esperpento, no es un mérito menor. En mi época de arquitecto, cualquier estudiante hubiese sido excomulgado de la universidad por semejante despropósito. Debe dar miedo sentarse siquiera, por lo funerario, por el abismo a las espaldas, y por lo descontextualizado. Del dinero gastado ni hablar, aunque, considerando la cultura pooph actual, puede ser una fuente de recursos turísticos. 
Por otro lado, cuando miro a otras partes, pienso que ojalá todos los países del mundo estuviesen ocupados con este tipo de debates y sus problemas fuesen tan terribles como estos.

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Somos nuestros abuelos

“Mis dos hijas son mellizas”, me dijo una señora de Colombia, “y son el día y la noche; una es tranquila y la otra un manojo de nervios; una no puede con las matemáticas y la otra es una luz; una es sociable por demás y la otra no tiene amigos”. Sin embargo, durante el embarazo la madre comió lo mismo y sufrió el mismo estrés para ambas, nacieron el mismo día (no perdamos el tiempo con especulaciones astrológicas), tuvieron los mismos padres y la misma educación.

En el siglo XIX se hicieron populares las tesis raciales sobre el carácter de los individuos y de los pueblos. Estas teorías surgieron en Europa, no por casualidad. Siglos antes, las explicaciones dominantes sobre la creación de la Humanidad y su diversidad procedían de las teorías religiosas (también llamadas Fe o Evidencia de los textos sagrados) según las cuales María, Jesús y los angelitos eran todos rubios y los africanos habían sido teñidos de negro por el pecado de ser negros. El pecado de Adán y Eva los expulsó del Edén pero les permitió prosperar, cosa que no se veía en los bárbaros africanos, sobre todo después de la colonización europea.

En el siglo XIX las teorías religiosas sobre la creación debieron convivir con las teorías científicas, como la teoría de la Evolución. Otra vez, estas visiones del mundo surgidas en Europa explicaban cómo los blancos eran el resultado de una larga evolución detrás de la cual habían quedado los africanos y un poco más atrás los monos. Bien, Darwin nunca escribió esto, ni su teoría apoya semejante interpretación, pero las ideas más populares sobre la Evolución humana justificaban no sólo la superioridad de la raza blanca sino su brutal explotación del resto del mundo que los racistas de antes llamaban “proceso civilizatorio” y los de ahora llaman “progreso y prosperidad”.

Estas teorías cayeron en desgracia gracias al desgaste analítico de algunos escritores, como lo fueron en América Latina el cubano José Martí y el peruano González Prada a finales del siglo XIX y principios del XX.

A principios del siglo XX las teorías psicoanalíticas se expandieron para reemplazar el fisiologismo (un mal sueño era solo la consecuencia de una mala digestión) por la creencia en las experiencias psicológicas (de la infancia) y verbales (de la adultez) como creadoras de toda la realidad humana. Gracias a este abuso, a finales del siglo XX ya no quedaban hijos sin culpar a los padres de sus propios fracasos ni padres sin sentimiento de culpa por los fracasos ajenos.

A principios del siglo XXI los avances de la genética y la neurología volvieron a poner el foco en el factor biológico, pero esta vez liberados de la ficción arbitraria de las razas (irónicamente, este camino lo inauguró el genetista y racista James Watson en los 50s).

Si en la Edad Antigua características como la depresión o la homosexualidad eran atribuidos a los “humores”, si en la Edad Madia a los demonios, si en el siglo XX, el sigo del psicoanálisis, se los atribuía a los traumas de la niñez, en el siglo XXI las explicaciones se desplazaron sobre el material genético heredado de los padres (lo cual es casi, casi una absolución).

De forma paralela a las investigaciones sobre los individuos, la investigación de los problemas psicológicos se extendió sobre los grupos y sobre los pueblos. Paradójicamente, las teorías sobre el “carácter de las naciones” tan populares entre los ensayistas de principios de siglo XX y superadas por sus colegas de las generaciones posteriores, han vuelto con una vestimenta diferente.

Múltiples estudios recientes (sería imposible incluir una bibliografía mínima en este espacio) han analizado, utilizando métodos cuantitativos y de big data los efectos en las olas migratorias de los últimos siglos. Algunos, por ejemplo, han demostrado que los inmigrantes con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) de un determinado pueblo (judíos) emigraron a países más lejanos que el resto. Otros, analizando los nombres comunes en oposición a los nombres raros (más que causas de sus nombres, consecuencias de sus padres), descubrieron que los segundos emigraron más y los primeros se quedaron (Escandinavia), produciendo tendencias políticas claras, generaciones después: los descendientes de quienes se quedaron hoy apoyan más sistemas de salud universal y los que se fueron, más individualistas, menos. Otros estudios apuntan a la dinámica de la “auto selección” de los inmigrantes: quienes emigran (Europa, América latina) son aquellos dispuestos a tomar riesgos, lo cual en países como Estados Unidos habría producido una sociedad de emprendedores. Etc. Así, los inmigrantes pasarían el material genético a su descendencia, es decir, a los futuros pobladores de ese país.

A partir de aquí solo podemos comenzar a especular. Por ejemplo, eso explicaría el grado de ansiedad y competencia de una parte fundamental de la población estadounidense, con un exceso de testosterona y, por ende, su necesidad de ganar sobre el impulso de solidaridad.

Otra región poblada en su mayoría por inmigrantes, como Uruguay y Argentina, posee sus propias características que podríamos sospechar desde esta perspectiva. Por ejemplo, el carácter melancólico, la pérdida o la ausencia representados en las letras de tango. Estas características son culturales (como la impronta igualitaria trazada por José Artigas y ciertas costumbres charrúas) y no necesitan recurrir a la genética para explicarse, pero tampoco pueden excluir la posibilidad, como ya no podemos decir que la depresión, la bipolaridad, la euforia y casi todas las condicionantes más importantes de un individuo no tienen una base genética. Las historias de decisiones intempestivas por las cuales nuestros abuelos decidieron emigrar no son raras. Es decir, no se trata sólo del traspaso de las características culturales de cada país sino de la selección de individuos por sus características genéticas.

Tal vez podríamos agregar el impulso amplificado de una condición humana que puede ser universal pero que en países como Uruguay y Argentina es un deporte nacional, que se expresa por todas partes aunque de formas muy subterráneas: la necesidad de descargar culpas en otros, aunque sean nuestros afectos; de aliviar frustraciones propias por el sentimiento de culpa ajeno. ¿Se trata de una herencia cultural, genética o de ambas?

Claro que, pese a estos nuevos descubrimientos, la cultura y la educación siguen siendo los instrumentos decisivos para cambiar lo que somos. Es decir, para la libertad de los individuos y de los pueblos y para su propia opresión también.

Bueno, creo que en mis novelas he hecho un trabajo algo más decente que estas brevísimas notas a un costado del camino, pero la idea central es simplemente esa: de formas diferentes revivimos las vidas de nuestros antepasados creyendo que hacemos algo fundamentalmente nuevo.

Ellos pensaban igual.

 

JM, Profesor uruguayo estadounidense. Tequila y El mismo fuego son sus dos últimas novelas; también este año ha publicado el libro de ensayos The Autumn of the West.

 

El mismo fuego 5

Sumergidos y Emergentes

La economía y la sociedad argentina se sumergen en una larga crisis y Morgan Stanley Capital International la califica, oficialmente, como “mercado emergente”. Otra prueba de que para los dueños del capital y del mundo no importan ni la economía ni los habitantes de un país tanto como la “libertad de los capitales” (En 2009, con una economía harto más estable, se le había quitado a Argentina ese mismo status, por la mala idea de ejercer su soberanía imponiéndole a los capitales extranjeros un límites de tiempo para entrar, extorsionar y fugarse cuando se les de la gana).

Claro que bastará esta resemantización de la realidad para darle el alivio que los amigos se merecen por tanta obediencia.

 

JM, mayo 2019

 

 

 

El mismo fuego (2019)

El mismo fuego 5

Contratapa:

El mismo fuego es una novela y es una autobiografía existencial basada en las experiencias del autor durante la pasada dictadura militar en su país. Los hechos reales, los nombres,el país y la posterior evolución de diferentes tragedias han sido alterados para proteger la verdad. Con una estructura sintáctica que carece del pronombre relativo que, la novela expresa en el lenguaje las mismas ausencias funcionales que existen en la memoria absoluta de su protagonista, el niño José Gabriel, sin por ello impedirle representar un mundo que su exagerada memoria registra en detalle pero su comprensión no puede abarcar en su totalidad. “Una mañana, los niños jugaban en una vieja carreta cuando sonó un balazo. ¿Por qué nacemos, si tenemos que morir? Los años van pasando, como pasan los árboles ante la ventana del tren; y Jorge sigue buscando la respuesta”. Eduardo Galeano.

El mismo fuego 2

Primeras páginas El mismo fuego inicio (abrir PDF)

 

Ediciones papel de tapa blanda:

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Mexico (eBook)

 

 

“EXCLUSIVO: EMPEZÁ A LEER EL MISMO FUEGO, DE MAJFUD”, MDZ WWW.MDZOL.COM

 

Venezuela enferma: soluciones (im)posibles

En distintos ensayos hemos analizado la recurrencia del patrón histórico de acoso a toda opción política no alineada con las superpotencias hegemónicas (no hay que ser muy despierto; las pruebas y evidencias están por todas partes): el caos diseñado en múltiples países en los últimos cien años, el financiamiento de grupos armados o desestabilizadores con nombres bonitos como Freedom fighters (“Luchadores por la libertad”), la promoción y financiación de golpes de Estado y el posterior apoyo ideológico, mediático, militar y económico a los regímenes amigos que luego se llaman “restauración de la democracia” y no “libertad para mis negocios”.

Sin embargo, nada de esto debería significar (vamos a repetirlo una vez más) un apoyo al actual gobierno de Nicolás Maduro. No debería, pero así es la dinámica de la pasión política desde hace siglos: como en el ajedrez, los peones son los primeros en morir luchando por una pasión (una religión, una ideología, unos valores morales) mientras detrás la aristocracia sobrevive para llevarse los beneficios (las tierras en el Feudalismo, el oro, la plata y el cobre en la Era de las conquistas, el petróleo en nuestro tiempo). Como si se tratase de un partido de futbol donde los fanáticos se aman y se odian según la banderita que los cubre mientras alguien más se lleva los millones a sus cuentas bancarias.

En el caso venezolano ocurre un fenómeno que podíamos llamar “mazo de naipes”. Tenemos dos grupos de cartas: uno ideológico y otro humanitario. Mezclamos los naipes y repartimos a dos jugadores que resultan uno “a derecha” y el otro “a izquierda”. Vemos los jugadores, pero no vemos los naipes y nos posicionamos de un lado o del otro como si no hubiese otras posibilidades.

En lo personal y desde el punto de vista ideológico, para mí el gobierno de Maduro está lejos de lo que podría aspirar como una sociedad sin las obscenas diferencias sociales entre ricos y pobres, entre inversionistas y trabajadores, entre beneficiados y beneficiarios. Pero también hay que recordar que desde los primeros años de la experiencia de su predecesor, Hugo Chávez, el propósito golpista y el bloqueo ideológico estuvo siempre presente por razones obvias y tradicionales que no vamos a enumerar ahora.

Aunque esto pone furioso a muchos, voy a repetirlo: la oposición es Nicolás Maduro con otros intereses y en otro rol. A Maduro le quedó grande el rol de presidente y a la derecha (herederos de los Pérez Jiménez y los Andrés Pérez) le quedó chico el rol de oposición.

Como sea, y como dijo el congresista y candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Ron Paul: “déjenme decirles por qué tenemos problemas en América Central y en América del Sur: porque hemos estado metidos en sus asuntos internos hace tanto tiempo, nos hemos metido en sus negocios y así creamos a los Chávez, hemos creado a los Castros de este mundo, interfiriendo y llevando caos en sus países y ellos han respondido sacando a sus líderes constituidos”. El público de Miami lo hizo callar con sus abucheos. Porque no hay peores inquisidores que los conversos.

 Ahora, dejando de lado las raíces del problema, es lícito considerar los frutos, casi todos amargos. Uno de esos frutos, del cual han participado Tirios y Troyanos, es la crisis humanitaria creada dentro y fuera de Venezuela.

Adentro está la grave escasez de los productos más elementales, como lo son los alimentos y las medicinas (no es necesario intentar introducir camiones por la fuerza cuando, desde mucho antes, hemos estado donando toneladas de medicamentos a través de Unicef USA y muchos otros medios más pacíficos y menos propagandísticos). Tampoco debemos minimizar la excesiva represión del gobierno, aunque algunos la considerarán una consecuencia legitima, no una causa del problema. Cierto, muchos disidentes, como el autoproclamado presidente (más allá de los 30 días constitucionales) Juan Guaido, hablan y organizan actos públicos llamando a la rebelión en las calles sin ser detenidos ni torturados ni desaparecidos. Desaparecer era la norma en las decenas de dictaduras militares que la oligarquía criolla, aliada a Estados Unidos, diseñó y apoyó en América Latina por más de un siglo. Todavía es la norma en países incuestionados por Occidente, como lo son los “regímenes aliados” de Arabia Saudí, Israel, China y tantos otros. Incluso en muchos países considerados “democráticos” por mucho menos muchos fueron enviados a la cárcel.

Pero aun así (sobre todo aquellos que sufrimos dictaduras de otros signos) no podemos ignorar que en Venezuela existen denuncias y testimonios de abusos a los derechos humanos que deben ser tomados en serio y que, considerando la situación anómala, no me extrañaría que pudiesen ser de mayor gravedad.

Para completar, también tenemos la masiva emigración de venezolanos desesperados que, como casi todos los emigrantes sin privilegios, no sólo deben sufrir el desgarro de dejar su tierra sino las dificultades de adaptarse cultural, laboral y socialmente a un nuevo país que no siempre los recibe con la solidaridad humana (no ideológica) que se merecen.

Una solución, para nada radical, apenas moderada, sería que el presidente Nicolás Maduro renuncie y deje su cargo (¿hay alguien indispensable?), no en manos de la oposición sino del segundo o del cuarto en línea de su partido hasta que se normalice el proceso electoral y legislativo. Claro, algo bastante improbable, pero podría estar en la mesa de negociación si hubiese una mesa de negociación.

La otra solución, para nada radical, apenas moderada, sería que la oposición renuncie a sus contactos en Estados Unidos y Colombia y se concentre en la Asamblea Nacional y en cualquier elección. Por más limitada que sean las “garantías del gobierno”, si se puede llamar a la rebelión y al levantamiento armado del ejército en múltiples actos callejeros (o flirteando con una invasión estadounidense, una más de cien, solución que sólo llevaría a un golpe de Estado que deslegitime cualquier pretensión de cambio), también podría ocupar el lugar para el cual fueron elegidos en elecciones. Claro, algo bastante improbable, pero podría estar en la mesa de negociación si hubiese una mesa de negociación.

Como siempre, me dirán que no puedo opinar porque no vivo en Venezuela. La respuesta es la misma que venimos repitiendo desde hace treinta años: si vivir en un lugar y en un tiempo fuesen suficiente para tener las cosas claras, no habría ninguna razón para que la gente de ese país se odiase ni tuviese lecturas tan radicalmente diferentes de los mismos hechos. Venir de o vivir en un lugar no significa que alguien sepa lo que ocurre en cada una de sus instituciones (nacionales o extranjeras) que deciden su suerte. De hecho, rara vez alguien sabe lo que está ocurriendo en su propia casa mientras lanzan esa genialidad de “yo sé lo que digo porque vivo allí”.

De hecho, resulta doblemente paradójico recibir este tipo de acusaciones (cuando no amenazas) de gente que, como solución, promueve intervenciones militares y económicas de otros países, como si el gobierno de Estados Unidos pudiese intervenir cuando quiera, pero sus ciudadanos no pudiesen pensar fuera del dogma porque “no viven la realidad”.

 

JM, 5 de mayo de 2019

 

El mismo fuego

 

TapaTequilaEl mismo fuego 5

 

 

 

 

 

 

 

La ideología sin ideología (II)

Poco después de la caída del muro de Berlín, tuvimos que soportar una avalancha de discursos, políticas neoliberales y muletillas como El fin de la historia (un verdadero poema épico) y El choque de las civilizaciones (nueva poesía llamando a nuevas hazañas). No era muy difícil ver que lo que tendríamos sería más bien un choque de intereses y que mientras haya algo por construir y por destruir habría historia, que es como decir mientras haya que respirar para seguir viviendo.

Por entonces, a pesar de los múltiples ejemplos de recientes dictaduras capitalistas en América Latina, el dogma triunfante era la eucaristía entre el capitalismo y las democracias liberales a un punto que se confundía una con otra de la misma forma que se confundía socialismo con dictadura. Ambas confusiones que cualquiera puede detectar hoy en día en cierta clase de estadounidenses (o desesperados candidatos a serlo) anestesiados en los medios cada día, en los bares los sábados de noche y en las iglesias donde van a lavar los trapos sucios los domingos por la mañana.

Los heraldos de ese orden neoliberal y de pensamiento único nunca se imaginaron que unas décadas después estaríamos viviendo en un nuevo casamiento promiscuo entre la última forma de capitalismo y las nuevas variaciones de democracias antiliberales y, en casos, entre capitalismo y comunismo, como es el caso de China. El capitalismo ha sido un habilidoso promiscuo, capaz de mantener relaciones carnales con sus más impensados antagónicos, como lo fueron el cristianismo, las democracias liberales y el comunismo. No es casualidad ni es un fenómeno extraño. Si por algo se caracterizan los fanáticos de cualquier religión es por contradecir sus propias raíces para servir a sus propios intereses. Hoy en día, por ejemplo, son los cristianos conservadores quienes más obsesionados están en demonizar a los de abajo. Todos los grupos sociales siempre temen más a los de abajo que a los de arriba que los gobiernan y explotan. Pero en el cristianismo capitalista llega a la patología de demonizar a los más débiles de una sociedad (los pobres, los inmigrantes) y a arrodillarse indulgentes ante los más ricos y poderosos que hacen y deshacen el gobierno y el país a su antojo. Una paradoja vergonzosa para los seguidores de un rebelde que vivió rodeado de todo tipo de marginales y finalmente fue ejecutado por el poder imperial del momento. Todo lo cual no sólo es una contradicción sino una cobardía radical de quienes se asumen, como suelen repetir en el himno nacional, individuos “en la tierra de los libres y en la casa de los valientes”.

Tampoco esto es casualidad. Toda “narratura” es una máscara de una realidad que conviene invisibilizar o travestir. Uno de los pilares básicos de la narrativa neoliberal consistía en confirmar la “muerte de las ideologías”, como si la suya fuese una expresión de las ciencias o de la naturaleza y no una ideología en sí misma, una de primer grado. Claro que una de las fortalezas del neoliberalismo y de su padre, el capitalismo, consiste en la simpleza casi primitiva de sus fundamentos: creer que la libertad es una lluvia que cae sobre todos por igual o adoptar mitos como el que afirma que si ayudamos a los ricos a ser más ricos, algo de toda esa riqueza se derramará algún día a los de abajo. Basta con un simple acto de fe y cierto entrenamiento pornográfico para adoptar semejante fantasía.

Los otros pilares son también contradictorios: el nacionalismo apela a un sentido de la neutralidad ideológica. Esa bandera, que representa a España o a Brasil o a EE.UU., es la misma siempre y, al representar a todos los ciudadanos, debe ser neutral. Por supuesto, su uso y abuso narrativo no lo es.

Estas supersticiones no difieren de aquella que afirma que las iglesias son políticamente neutrales, que su objetivo y acción es la salvación de las almas y no de los cuerpos. No hay nada más político que la pretensión de neutralidad política. Si hubo un hombre político, en el sentido profundo de la palabra, ese fue Jesús, razón por la cual fue ejecutado.

El dogma, la ideología (neo)neoliberal a partir de los 70s, se podría resumir en los siguientes mandamientos:

  • Privatiza. Los privados siempre lo hacen mejor que el gobierno.
  • Reduce el maldito gobierno. Un momento. Reduce solo aquellos programas que beneficien a las mayorías sociales, como salud, educación, retiros, seguros de desempleo, canastas de alimentación, etc.
  • Austeridad ante todo (¿Han observado que quiénes más recomiendan austeridad son los superricos?)
  • Militariza. No todo el gobierno es malo. Aumenta el poder del ejército y la policía, que deben quedar en manos del gobierno porque le asegura a los más ricos (especialmente desde el siglo XIX en América Latina hasta hoy) estabilidad social ante las crisis que crean las políticas de libertad desigual. (Desde los tiempos de la colonia, todos los alzamientos sociales fueron provocados por las diferencias sociales del continente más desigual del mundo).
  • Desregula, el trabajo de los de abajo y los límites de inversión y desinversión de los de arriba. Los trabajadores serán libres de irse sin sus trabajos y los inversores serán libres de irse con su dinero.
  • Deja hacer. Elimina toda interferencia del gobierno en la economía, excepto cuando éste debe acudir al salvataje de sus sabios operadores del mercado. Los grandes inversores deben arriesgar seguro: cuando aciertan, se llevan las ganancias por mérito propio; cuando se equivocan, los gobiernos los salvan por vergüenza ajena.
  • Libera el mercado. Cuando las democracias neoliberales no puedan contener el descontento popular, se debe garantizar esta libertad por todos los medios, incluso con dictaduras militares. En realidad no es libertad de mercado sino libertad de los capitales. Pero no lo digas así.
  • Sacraliza y demoniza. Lloverás narraciones dogmáticas que incluyan la demonización de toda alternativa y la prevención de cualquier ejemplo alternativo. A los desastres sociales y económicos, como en el Chile de Pinochet, llámalos Milagro.
  • Predica con el ejemplo. Las potencias occidentales se encargarán de invadir y aplastar “malos ejemplos” que pudiesen desafiar el dogma neoliberal, mientras los ejércitos vernáculos, como los de Medio Oriente, África y América Latina se especializarán en reprimir a sus propios pueblos, ya que prácticamente desconocen la guerra con otros ejércitos nacionales. Para eso están los ejércitos centrales de Europa, Estados Unidos y, pronto, China.

Todos estos preceptos son altamente ideológicos por lo cual la pastilla no está completa sin su cápsula, sin sus elementos ideoléxicos que consisten siempre en sustituir una realidad por su símbolo opuesto.

Por ejemplo, como anotamos al principio, para vaciar de elementos progresistas o independentistas de bloques como el Mercosur se recurre (Macri, Bolsonaro, etc.) al discurso de la desideologización, de la despolitización y la neutralidad de los mercados. Nada de eso se aplica cuando se bloquean económicamente países menores o más débiles como Cuba, Venezuela, Irán y cualquier país que no se alinea a los intereses y a la ideología del interesado. Nada de este rol de policía del mundo es cuestionado ni se sospecha de tener algo que ver con alguna ideología o con alguna dictadura capitalista como China o Arabia Saudí.

 

JM, abril 2019.

Más en Las narraturas del capitalismo (2019) y The Autumn of the West (2019)

 

 

 

 

Servidores y serviles

Mientras los servidores y esclavos de Roma, mercenarios y serviles voluntarios, continúan perdiendo su tiempo insultando y amenazando, sigo trabajando y diciendo lo que entiendo es la verdad, lo que parece ser una verdad del todo inconveniente y, por lo mismo, una verdad necesaria. (Sí, mi correo es ese mismo).

 

JM

La ideología sin ideología (I)

 

Para el dogma hegemónico, limpiar de ideologías (independentistas o progresistas) en las relaciones económicas de bloques como el Mercosur significa “aplicar las reglas neutrales del libre mercado”. Bloquear y acosar por generaciones economías de países menores que intentan explorar cominos no alineados a las superpotencias, no tiene nada de ideológico sino más de la misma neutralidad ideológica” de los mercados.

 

A principios de 2019 varios diarios occidentales repetían que los nuevos presidentes de Argentina y Brasil se habían propuesto “vaciar de política el Mercosur”, como antes habían prometido “desideologizar la educación” y el resto de la vida social. El 19 de abril, El País de Madrid tituló “El Mercosur vuelve al origen” y subtituló: “Macri y Bolsonaro avanzan sobre la idea de que el bloque está ideologizado y debe recuperar el espíritu comercial que estuvo en el punto de partida”. Al igual que la sugerencia del presidente de Brasil de grabar e intimidar a profesores con lecturas revisionistas de la historia, “profesores víctimas” de las ideologías de izquierda, se asume que no se trata de liquidar la libertad de cátedra sino de una simple “limpieza ideológica”.

Cuando un presidente habla de limpieza, lo que parece una escoba en su mano suele ser una ametralladora.

Este tipo de discurso, tan fácil de inocular en la población, no es nuevo. El concepto está basado en la idea de la ausencia de ideología en sus (llamémoslo) “instituciones garantes”, que son los medios de prensa al servicio del poder financiero, la iglesia y el ejército. Sin embargo (y esto no es una paradoja sino parte de la lógica histórica), si hubo y si hay instituciones recargadas de ideología en América Latina y en tantas otras regiones periféricas del mundo desde hace siglos estas han sido y continúan siendo, precisamente, la gran prensa, las iglesias dominantes y los ejércitos.

Otro ingrediente, aunque no institucional sino cultural y presente en cada una de las “instituciones garantes”, con un fuerte contendió ideológico que se pasa siempre como algo neutral, es el patriotismo. ¿Quién diría que la bandera de un país no representa a todos por igual? ¿Quién diría que ese acto ridículo de ponerse la mano en el corazón mientras suena el himno nacional y un niño se muere de hambre no es un gesto sacrosanto, emocionante y lacrimógeno como una telenovela latinoamericana? Eso cuando se trata del himno y del patriotismo de algún país satélite y no del himno y del patriotismo de alguna superpotencia, y los niños no mueren de hambre sino bajo bombas inteligentes y en nombre de la libertad.

Pues no. Aunque bandera hay una sola, la paria no le sirve a todos por igual ni todos dan lo mismo por la patria. Cuanto menos un grupo da por esa fantástica ficción, más patriota es su discurso, razón por la cual cuando un parásito con visibilidad pública se muere, todos dicen que “sirvió a la patria” y nadie dice cuánto “la patria le sirvió a él”.  

La otra fuente de donde brota esta idea de “neutralidad ideológica” es la idea del libre mercado promovida por la ideología neoliberal. El mercado podría ser neutral, pero nunca la forma en que se instrumenta.

No debería ser difícil, entonces, explicar por qué el menú de las extremas derechas es tan diverso como es, al mismo tiempo, variaciones de una misma cosa: “patria, familia y religión”, “intereses especiales”, libertad de los mercados, libertad de los ricos y poderosos, militarismo y pretendida neutralidad ideológica.

Cuando durante la década de 2005-2015 (la maldita década de prosperidad de las economías latinoamericanas) los países latinoamericanos se asociaron en (un exceso de) grupos regionales motivados por proyectos comunes y por ideologías progresistas, se los acusó de actuar por razones ideológicas y no por la gracia de la neutralidad mercantil que una década antes habían terminado en las peores crisis conocidas en un siglo. Desde hace por lo menos un siglo, cada vez que las grandes potencias occidentales impusieron o apoyaron brutales dictaduras en África, en Medio Atiente y en América Latina lo hicieron para proteger la “neutralidad del mercado” y de las empresas. Sus empresas. Cada vez que bloquearon el comercio de aquellas otras experiencias independentistas, no alineadas, y destruyeron exitosamente sus economías para probar que no había alternativa, nunca se dijo que todo eso se hacía por pura ideología sino por las sacrosantas libertad y neutralidad de los mercados.

Para esta narratura y su cadena de repetidoras, bloquear económicamente a una isla comunista del Caribe por medio siglo e inundar con dólares decenas de “dictaduras amigas” no es un acto ideológico sino de pura libertad de los mercados.

Ahora, al final de la segunda década del nuevo siglo, otra vez los “nuevos neutrales” afirman que su cruzada radica en poner las leyes del mercado sobre la ideología. Por esta misma razón pueden comerciar con la comunista China (libertad de capitales, censura de ciudadanos).

Cuba, en cambio (ese bonito ejemplo de que “el socialismo nunca ha funcionado en ninguna parte del mundo”) no puede comerciar sin interferencias ideológicas con la mayor economía del mundo y, por muchas décadas, fue acosada por los satélites del Sur.

Cuando Fidel Castro se reunió con Richard Nixon en Washington, tres meses después de tomar el poder en la isla, Eisenhower se fue a jugar golf. Castro intentó mantener una relación comercial normal, “desideologizada” con Estados Unidos, pero Washington estaba convencido de que lo podía arreglar todo a fuerza de golpes de Estado o de bombas, como había hecho, por ejemplo, en Guatemala, en Irán y en Corea del Norte (y como lo haría en el Congo, en Chile y en tantos otros países), y no iba a permitir un ejemplo desafiante de independencia, de éxito económico o existencial que no fuese el propio.

Lo mismo Venezuela hoy, más allá de los desastres políticos y económicos de Maduro: se la estrangula aún más para demostrar que “el socialismo no funciona” (de Portugal o Noruega hablamos cuando les vaya mal), que existe un “único modelo posible de éxito” (Condolezza Rice) que incluye la “neutralidad desideologizada” de los mercados, de todos los brutales atropellos morales, legales, económicos y militares contra aquellos que insisten en explorar un camino independiente, diferente.

 

JM, abril 2019

 

Más en La narratura del capitalismo

 

                                                                    

L’idéologie sans idéologie (I)

Translated by  Fausto Giudice

 

Pour le dogme hégémonique, purifier des idéologies (indépendantistes ou progressistes) les relations économiques des blocs comme le Mercosur signifie “appliquer les règles neutres du marché libre”. Bloquer et harceler pendant des générations les économies de petits pays qui tentent d’explorer les voies d’un non-alignement sur les superpuissances, n’a rien d’idéologique, ce n’est là que la “neutralité idéologique” des marchés. 

 

Début 2019, plusieurs journaux occidentaux ont répété que les nouveaux présidents de l’Argentine et du Brésil avaient proposé de “vider le Mercosur de la politique”, comme ils avaient promis auparavant de “désidéologiser l’éducation” et le reste de la vie sociale. Le 19 avril, El País de Madrid a titré “Le Mercosur retourne aux origines” ; chapeau : « Macri et Bolsonaro avancent sur l’idée que le bloc est idéologisé et doit retrouver l’esprit commercial qu’il avait au départ ». Comme la suggestion du président brésilien d’enregistrer et d’intimider les enseignants par des lectures révisionnistes de l’histoire, “professeurs victimes” des idéologies de gauche, on suppose qu’il ne s’agit pas de liquider la liberté académique mais d’un simple “nettoyage idéologique”.

Quand un président parle de propreté, ce qui ressemble à un balai dans sa main est généralement une mitrailleuse.

Ce genre de discours, si facile à inoculer dans la population, n’est pas nouveau. Le concept est basé sur l’idée de l’absence d’idéologie dans ses (appelons-les ainsi) ” institutions garantes “, que sont les médias au service du pouvoir financier, l’Eglise et l’armée. Mais (et ce n’est pas un paradoxe mais une partie de la logique historique), s’il y a eu et s’il y a des institutions surchargées d’idéologie en Amérique latine et dans tant d’autres régions périphériques du monde depuis des siècles, ce sont précisément la grande presse, les églises dominantes et les armées qui l’ont été et continuent à l’être.

Un autre ingrédient, non pas institutionnel mais culturel et présent dans chacune des “institutions garantes”, avec une forte connotation idéologique toujours présentée comme quelque chose de neutre, c’est le patriotisme : qui pourrait dire que le drapeau d’un pays ne représente pas tout le monde de manière égale, que cet acte ridicule de mettre sa main au cœur pendant que résonne l’hymne national et qu’un enfant meurt de faim ne constitue-t-il pas un geste sacrosaint, excitant et lacrymogène comme une telenovela latinoaméricaine ? Cela quand il s’agit de l’hymne et du patriotisme d’un pays satellite et non de l’hymne et du patriotisme d’une superpuissance, et que les enfants ne meurent pas de faim mais sous des bombes intelligentes et au nom de la liberté.

Eh bien, ce n’est pas le cas. Bien qu’il n’y ait qu’un seul drapeau, la patrie ne sert pas tout le monde de la même façon, et tout le monde ne donne pas la même chose pour la patrie. Moins un groupe donne pour cette fiction fantastique, plus son discours est patriotique, c’est pourquoi quand un parasite à la visibilité publique meurt, tout le monde dit qu’il a “servi la patrie” et personne ne dit combien “la patrie l’a servi”. 

L’autre source de cette idée de “neutralité idéologique” est l’idée de libre marché promue par l’idéologie néolibérale. Le marché pourrait être neutre, mais jamais la façon dont il est instrumentalisé.

Il ne devrait donc pas être difficile d’expliquer pourquoi le menu de l’extrême droite est aussi diversifié, en autant de variantes de la même chose : “patrie, famille et religion”, “intérêts particuliers”, liberté des marchés, liberté des riches et des puissants, militarisme et prétendue neutralité idéologique.

Lorsqu’au cours de la décennie 2005-2015 (la décennie maudite de la prospérité des économies latino-américaines), les pays d’Amérique latine se sont associés dans (un excès de) groupes régionaux motivés par des projets communs et des idéologies progressistes, ils ont été accusés d’agir pour des raisons idéologiques et non par la grâce de la neutralité du marché qui, une décennie auparavant, s’était terminée par les crises les plus graves connues depuis un siècle. Pendant au moins un siècle, chaque fois que les grandes puissances occidentales ont imposé ou soutenu des dictatures brutales en Afrique, au Moyen-Orient et en Amérique latine, elles l’ont fait pour protéger la “neutralité du marché” et des entreprises. Leurs entreprises. Chaque fois qu’elles ont bloqué le commerce dans ces expériences autres  d’indépendance, non alignées et qu’elles ont réussi à détruire leurs économies pour prouver qu’il n’y avait pas d’alternative, on n’a jamais dit que tout cela n’avait été fait que par pure idéologie, mais pour la sacro-sainte liberté et neutralité des marchés.

Pour cette narration et sa chaîne de répétiteurs, bloquer économiquement une île communiste des Caraïbes pendant un demi-siècle et inonder de dollars des dizaines de “dictatures amies” n’est pas un acte idéologique mais un acte de pure liberté marchande.

Aujourd’hui, à la fin de la deuxième décennie du nouveau siècle, les “nouveaux neutres” prétendent une fois de plus que leur croisade consiste à faire passer les lois du marché avant l’idéologie. C’est précisément pour cette raison qu’ils peuvent commercer avec la Chine communiste (liberté du capital, censure des citoyens).

Cuba, d’autre part (ce bel exemple que “le socialisme n’a jamais fonctionné nulle part dans le monde”) ne peut commercer sans interférences idéologiques avec la plus grande économie du monde et, pendant de nombreuses décennies, elle a été harcelée par les satellites de celle-ci dans le Sud.

Lorsque Fidel Castro a rencontré Richard Nixon à Washington, trois mois après avoir pris le pouvoir sur l’île, Eisenhower était allé jouer au golf. Castro essaya de maintenir une relation commerciale normale, ” désidéologisée ” avec les USA, mais Washington était convaincu qu’il pouvait tout régler par des coups d’Etat ou des bombes, comme il l’avait fait, par exemple, au Guatemala, en Iran et en Corée du Nord (et comme il le ferait au Congo, au Chili et dans de nombreux autres pays), et il ne permettrait pas le défi d’un exemple d’indépendance, de réussite économique ou existentielle autre que la sienne propre.

Il en va de même pour le Venezuela aujourd’hui, au-delà des désastres politiques et économiques de Maduro : on l’étrangle encore plus pour montrer que “le socialisme ne fonctionne pas” (du Portugal ou de la Norvège on en parle quand ça va mal), qu’il existe un ” unique modèle possible de succès” (Condoleezza Rice), qui inclut la “neutralité désidéologisée” des marchés et toutes ces brutalités morales, légales, économiques et militaires contre ceux qui s’acharnent à vouloir emprunter une voie différente et indépendante.

 

JM.

Reparaciones y distracciones

Estados Unidos está embarcado en una discusión por una posible “reparación” a los descendientes de esclavos propuesta por la izquierda 170 años después de la Guerra Civil. No se menciona los linchamientos que siguieron después y no es necesario ser un genio para saber cómo terminará esta discusión nacional ahora de moda.

Sin embargo, si vamos a discutir reparaciones por los brutales crímenes racistas cometidos contra un sector de la sociedad más de un siglo atrás, bien se podría empezar por hacer algo para reducir el rampante racismo actual.

Bien se podría comenzar por reparar a las víctimas de los numerosos y sangrientos golpes de Estados en diversas partes del mundo (en África y, sobre todo, en América Latina), crímenes internacionales que sus gobiernos perpetuaron, promovieron o apoyaron. Todos crímenes reconocidos por sus propios documentos desclasificados.

Para no entrar a hablar de guerras criminales como la más reciente de Irak o los cientos de prisioneros que fueron torturados en Guantánamo por una década antes de ser declarados inocentes y sin compensación alguna.

Muchas de estas víctimas y muchos de sus hijos todavía están vivos, porque toda esa barbarie no fue cometida hace un siglo sino más bien ayer, en términos históricos.

Entonces, señores, si de verdad queremos ser justos y buenos, recordemos que aquellos que no son ciudadanos estadounidenses también son seres humanos.

Claro que no daría ninguna fortuna para compensar una mínima fracción de tantas víctimas y lo mejor es siempre distraer la atención planteando imposibles.

 

JM, abril 2019.

 

Reparations and distractions

The United States is embarking on a discussion for a possible “reparation” to the descendants of slaves proposed by the left 170 years after the Civil War. There is no mention of the lynchings that followed, and it is not necessary to be a genius to know how this current national discussion will end.

However, if we are going to discuss reparations for the brutal racist crimes committed against a sector of society more than one century ago, we could begin by doing something to reduce the current rampant racism.

We could begin by repairing the victims of the numerous and bloody coup d’états to place brutal military dictatorships in numerous parts of the world (in Africa and, above all, in Latin America), international crimes that American governments perpetuated, promoted or supported. All crimes recognized by their own declassified documents.

Not to talk about criminal wars like the most recent in Iraq (“based on wrong information”) or the hundreds of prisoners who were tortured in Guantanamo for a decade before being declared innocent and without compensation.

Many of these victims and many of their children are still alive, because all that barbarism was not committed a century ago but rather yesterday, in historical terms.

So, Ladies and Gentlemen, if we really want to be fair and right, remember that those who are not US citizens are also human beings.

Of course, no country’s fortune would be enough to compensate a fraction of so many victims, and the best thing is always to distract people’s attention proposing some impossible nice idea.

 

JM, April 2019.

Corrupción ilegal vs. corrupción legalizada

Ilegal: corrupto

Luego de las conocidas mega crisis de la última etapa del ciclo neoliberal latinoamericano de los 90s, entre 2003 y 2014 el PIB de Brasil pasó de 558 mil millones a casi 2,5 billones de dólares, por encima del Reino Unido. Durante este boom de la economía brasileña y de una notoria mejoría en los estándares sociales de las clases más bajas, advertimos varias veces que su talón de Aquiles sería la corrupción, la cual es una tradición no solo en Brasil sino en todo país que no se ha desligado completamente de la mentalidad colonial, que es la que más generó corrupción en los países pobres de África y de América latina, enseñando a los de arriba a corromperse por ambición patológica y a los de abajo por necesidad ante un sistema de leyes que, como decía un caporal, se respetaban pero nunca se cumplían.

En 2016, la presidenta Dilma Rousseff fue condenada por corrupción por un congreso repleto de corruptos y debió abandonar su puesto de presidenta, acusada de maquillar los números presupuestales. Hasta el momento no se han aportado prueba alguna de su implicación en la corrupción de Petrobras, que fue la razón que inició la súbita fiebre anticorrupción, amplificada desde el 2011 por las redes sociales y el tradicional odio oligárquico (racista, sexista y clasista) inoculado hasta en el más pobre.

Más recientemente, el expresidente Lula (odiado por haber sacado a treinta millones de brasileños de la pobreza, siendo que no tenía otro título que el de trabajador metalúrgico) fue condenado por aceptar, a cambio de favores empresariales, reparaciones gratis en un costoso apartamento de su propiedad a nueve años de prisión (más que cualquier genocida latinoamericano) y por lavado de dinero a 12 años.

Cuando Lula fue enviado a prisión era el candidato a la presidencia favorito en las encuestas. El juez que lo condenó, Sergio Moro, nuevo héroe de la ética y la “lucha contra la corrupción”, aceptó el Ministerio de Justicia (cargo político) ofrecido por el recientemente electo presidente Jair Bolsonaro, principal adversario y enemigo de Lula. Siendo senador, Bolsonaro votó por el impeachment de la presidenta Rousseff al tiempo que daba vivas a la pasada dictadura militar.

Este tipo clásico de corrupción latinoamericana, tragicómica, carnavalesca, es de una alta ingenuidad. Siempre existió y en períodos de dictadura militar se multiplicó bajo el silencio de la censura, lo que le confería esa ilusión de paz, honor y rectitud que las oligarquías suelen repetir para justificar sus crímenes y abusos históricos.

Este tipo de corrupción es condenable porque es ilegal. Razón por la cual desde Europa y desde Estados Unidos se considera siempre que esos países nunca se desarrollan porque son demasiado corruptos. “América latina, droga y corrupción”, es la representación que tienen de nosotros. Por supuesto que del masivo consumo de drogas en el Primer Mundo que hace posible la alta criminalidad en los países del Sur, no se habla. Colombia ha sido, por generaciones, el país sudamericano con más bases militares de Estados Unidos y sigue siendo, por lejos, el mayor productor de cocaína del mundo (por casualidad, Estados Unidos es el mayor consumidor). Pero los narcoestados son los otros. La criminalidad en México se disparó en la primera década de este siglo como consecuencia de la llamada Guerra contra las drogas, lo que demuestra la persistencia de la ingenuidad de pretender que la militarización de las sociedades es la respuesta a la violencia creada por la brutal desigualdad económica y la ilegalidad de las drogas.

De la corrupción de los negocios del actual presidente de Estados Unidos se podrían escribir libros. Bastaría con recordar la insistencia de negarse a mostrar sus declaraciones de impuesto.

It’s legal, dude

Pero vayamos a la madre de todas las corrupciones: la corrupción legal. Podríamos empezar por cualquier parte, por ejemplo por la genocida corrupción belga en el Congo, que dejo millones de asesinados a total impunidad. Antes de la dictadura del títere Mobutu, que siguió al magnicidio de Lumumba y otros frustrados presidentes, el país fue por un siglo una empresa privada y casi todos los abusos cometidos allí eran legales, precisamente porque los criminales y corruptos hacían las leyes. Podríamos continuar por horas y días analizando casos similares.

En noviembre de 2018, Miriam Adelson, una mega donante del entonces candidato Donald Trump, esposa del billonario de los casinos Sheldon Adelson, recibió la Medalla de la Libertad de manos del presidente Donald Trump. Cuando se lo comenté a Noam Chomsky en relación a la “corrupción latinoamericana”, dijo: “comparada con la corrupción aquí en Estados Unidos, la latinoamericana es un juego de amateurs”. Imposible resumirlo mejor.

El 13 de abril de 2019, el USA Today (un diario al que no se puede sospechar de comunista, de subversivo o de alguna de esos versos aprendidos de memoria por los reaccionarios latinoamericanos), junto con el The Arizona Republic and the Center for Public Integrity, publicaron una investigación confirmando lo que habíamos escrito desde hace muchos años. El título lleva toda la ironía que merece: “Copy, paste, legislate”.

Según esta investigación, en los últimos ocho años en los 50 Estados de la Unión se aprobaron leyes para beneficiar “intereses especiales” de grandes compañías. Según el informe, cada vez que los legisladores escriben una ley, tanto las grandes corporaciones como los lobbies llenan los espacios vacíos que son necesarios para beneficiarlos.

En solo este periodo analizado, 10.163 proyectos de ley fueron propuestos en los congresos estatales, todos copias de los modelos escritos directamente por grupos de intereses especiales. Si los legisladores usaran los software que se usan en las universidades estadounidenses para detectar plagio, sus autores hubiesen sido expulsados de sus puestos a la primera de cambio, como son expulsados, muchas veces sin piedad, jóvenes estudiantes de 22 o 25 años por plagiar un párrafo en un modesto paper.

Aunque las grandes empresas ya usan inteligencia artificial para detectar lo que no detectan los análisis de palabras, esta investigación no incluyó aquellas leyes que fueron reescritas de cero y que pudieron incluir las mismas ideas y propósitos. Estos miles de casos analizados eran los más obvios de “copia y pega”.

2.100 de esos proyectos se convirtieron en leyes. La gran mayoría de estas leyes beneficiaron a las grandes industrias y a las ideologías conservadoras. Irónicamente, todos estos modelos comienzan con las palabras “libertad” y “derecho”, y mencionan los principios y las leyes anteriores en las cuales se ampara y justifica el nuevo proyecto de ley.

Esta investigación confirma los resultados de otra más antigua realizada por Princeton University que afirmaba que las chances de que un proyecto de ley con la aprobación de la población tenía un 30 por ciento de probabilidades de ser aprobado, mientras que aquellos proyectos ampliamente impopulares tenían, también, un 30 por ciento de probabilidades de ser aprobados.

En otras palabras, la opinión del pueblo no vale una hamburguesa de McDonald’s. Tal vez sí una Cajita Feliz.

Es esta la madre de todas las corrupciones que no se llama corrupción.

JM, 13 de abril de 2019

 

Últimos documentos declasificados en EE.UU.

Resumen:

  1. Los nuevos documentos desclasificados en Estados Unidos (fecha 26 de octubre de 1975) hoy demuestran que Marcos Osatisky fue secuestrado por la policía de Córdoba. El informe de EE.UU de entonces confirma que Osatisky fue torturado por los servicios de la policía del gobierno de Lacabanne, lo que lo condujo a la muerte. El cuerpo no fue trasladado de Córdoba a Tucumán por el grupo Montoneros, como lo informó la prensa, sino por la misma seguridad de Lacabanne. Según el reciente documento de los servicios secretos de Estados Unidos en Argentina en la década de los 70s, el propósito del traslado fue evitar que alguien pudiese realizar una autopsia que probase la muerte por torturas.
  2. Otro documento del 24 de julio de 1976 informa que el propósito del Plan Condor era “eliminar los líderes terroristas de América Latina”.
  3. Otro documento secreto del 13 de agosto de 1976, afirma que por petición del Departamento de Estado para discutir la “Operación cóndor”, el señor Ryan afirmó en esa reunión que las implicaciones de esta operación (OP), aunque beneficiarían los intereses del país, podrían tener implicaciones condenables sobre el plan de asesinar líderes sociales en America latina. El documento también menciona sobre el peligro de los efectos negativos en posibles pedidos de presamos financieros por parte del gobierno de Argentina si se dieran a conocer estos informes de asesinatos.
  4. El documento fechado el 28 de setiembre de 19776 reconoce que la Operación Cóndor (que incluye a Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia y Paraguay)  “tiene su centro en Chile” y su objetivo es combatir el “terrorismo marxista” (obviamente, con toda la fuerza del terrorismo de Estado).
  5. El documento menciona la posibilidad de establecer células en Europa y especula sobre la posibilidad de que el atentado (terrorista) del coche bomba que asesinó a Orlando Letelier en 1976, y su secretaria en Washington haya sido planeado por los miembros de la Operación Cóndor. (Hoy sabemos que fue realizado por esta mafia de generales latinoamericanos en colaboración con varios conocidos miembros del exilio cubano en Miami, alguno de ellos procesados más de diez años después, en los 90s, y enviados a la cárcel en Estados Unidos por esta y otros atentados terroristas).
  6. El documento fechado el 9 de marzo de 1976, confirma que los funcionarios de la embajada cubana Jesús Cejas Arias y Crensecio Galanena Hernández fueron secuestrados por fuerzas de la seguridad argentina, asesinados y arrojados al rio Lujan con barriles de cemento. Los cuerpos fueron recuperados por miembros voluntarios de los bomberos, pero no pudieron ser identificados, al igual que otras victimas de la SIDE.
  7. Un cable del 3 de diciembre de 1976 informa sobre el malestar de los generales argentinos ante las critica sobre la estrategia “blanda” de su actuación. El general Suarez Mason criticó también estas políticas demasiado débiles para luchar contra el terrorismo.
  8. 16 de febrero de 1977. Los países participantes de Operación Cóndor se ponen de acuerdo para actuar en Francia para eliminar disidentes, cuya operación se llamó “Teseo”. Luego de un período de entrenamiento, un equipo de elite fue enviado a Francia, aunque la CIA no tenía información verificable si este equipo había sido enviado a Francia o no.
  9. 15 de mayo de 1977: Los generales argentinos se quejan de no recibir igual trato por parte del nuevo Departamento de Estado en su informe al Congreso de Estados Unidos, notando que el gobierno de Israel ejercía la misma violencia contra los “terroristas árabes” que la usada por los militares argentinos durante la dictadura.
  10. 8 de setiembre de 1977: Secuestro y asesinato del embajador de Argentina en Venezuela Héctor Hidalgo Sola a manos de un grupo de la SIDE. El único propósito de este secuestro fue demandar dinero de la familia de Sola.
  11. 7 de abril de 1978: La CIA, los servicios secretos de Francia y de Inglaterra discuten planes para establecer otra organización similar al Plan Condor luego de visitar una de sus oficinas en Buenos Aires en setiembre de 1977.
  12. 12 de abril de 1979: confirmación de la ejecución del líder montonero Norberto Habegger.
  13. 21 de mayo de 1983: Ejecución de “nueve subversivos”.
  14. 27 de julio de 1985: desaparición de dos miembros de la embajada de Cuba (Jesús Cejas, Cresencencio Galamena, etc.) en 1976. Aníbal Gordon, “un miembro de la extrema derecha argentina” estuvo en el interrogatorio de las víctimas en “El Jardín” (Automotores Orletti).

 

JM, Abril 12, 2019.

 

 

 

 

Dodecalogue of Success

[Spanish]

This formula has been tested and implemented from the origins of international politics to our times. 

1) Call any non-aligned government “regime”.

2) Hack and lock it.

3) Destroy its economy.

4) Contribute to social chaos as much as you can.

5) Repeat that failure is proof that there are no alternatives.

6) Finance the “freedom fighters.”

7) Replace their irresponsible governments with friendly regimes.

8) Call it “Restoration of Democracy”.

9) Suspend harassment and economic blockade.

10) Send ships full of capital with “Assistance for progress”.

11) Ensure “free competition” for your business.

12) Repeat.

 

JM, April 4, 2019.

Dodecálogo del éxito

[English]

Esta fórmula ha sido probada e implementada desde los orígenes de la política internacional hasta nuestros tiempos. Su vigencia es de absoluta actualidad.

 

1) Llama “régimen” a todo gobierno no alineado.

2) Acósalo y bloquéalo.

3) Destruye su economía.

4) Contribuye al caos social tanto como puedas.

5) Repite que el fracaso es prueba de que no existen alternativas.

6) Financia a los “luchadores por la libertad”.

7) Reemplaza sus gobiernos irresponsables por regímenes amigos.

8) Llámalo “restauración de la democracia”.

9) Suspende el acoso y el bloqueo económico.

10) Envía barcos llenos de capitales con “ayuda para el progreso”.

11) Asegura la “libre competencia” para tus negocios.

12) Repite.

 

JM, abril 4, 2019.

 

¿Ayuda humanitaria?

Hay muchas formas de donar para los más necesitados en Venezuela.
Por ejemplo, desde el pasado mes de agosto, UNICEF ha provisto de 130 toneladas de medicinas y nutrientes para los niños en ese país acosado de afuera, de adentro, de arriba y de abajo. Una de las organizaciones que he usado por años para este tipo de donaciones, como para otros casos de países en guerra es, por ejemplo, UNICEF-USA, UNHCR, etc. 
Hay muchas otras formas muy simples, verdaderamente pacíficas y efectiva de donar, de ayudar de verdad cuando se quiere y cuando se puede. Yo lo hago todos los meses con diferentes grupos o directamente usando PayPal donate
De verdad, no es necesario intentar introducir a la fuerza camiones con ayuda humanitaria a ese país.
Basta un minuto y unos cuantos clics.  
JM, abril 3, 2019

Sindicato de millonarios, huelga de capitales

Es mil veces más fácil y más efectivo creer que los pueblos le deben la justicia social y el progreso material a un puñado de multimillonarios que creer que el calentamiento global y la desaparición de los insectos le deben algo a los humanos.

Es mil veces más fácil y más efectivo organizar una huelga de capitales que una huelga de trabajadores. Es mil veces más fácil organizar un sindicato de millonarios para presionar, a su antojo, a los pueblos y a sus gobiernos, que un sindicato de maestros, de obreros, de empleados de un supermercado o de peones rurales. Cuando a un trabajador no le gusta su trabajo o su salario tiene la libertad de irse sin su trabajo y sin su salario a otra parte. Cuando a un inversor no le gusta el trabajo ajeno o los salarios ajenos, tiene la libertad de irse con su dinero a otra parte.

En los países donde es al revés, es porque la huelga de capitales ya ha ocurrido de una forma masiva y el país se encuentra quebrado o acosado por quienes gobiernan el sistema económico que nos gobierna a todos los demás.

En los países donde es al revés, las inundaciones son responsables de la lluvia y los trabajadores son responsables de la miseria y de las crisis sociales.

Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general, la solidaridad social de programas de educación, de salud o de desarrollo equitativo puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no deja claro que reconoce la sacralidad de las transnacionales y sus escribas.

Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no se inclina ante aquellos inversores que juegan con miles de millones (de dólares y de personas) con la misma responsabilidad con la que beben whisky y le tocan el culo a una empleada de hotel.

Ningún gobierno que reconozca que todo el progreso social y económico del mundo presente no es el producto de un puñado de exitosos millonarios sino de siglos de luchas sociales y de miles de contribuciones de pensadores y de modestos genios de las ciencias y la tecnología, casi siempre asalariados, tiene posibilidades de continuidad.

Todos los gobiernos del mundo, sean de derecha o de izquierda, de arriba o de abajo, deben proteger, como perros rabiosos, la libertad absoluta de los capitales para aterrizar en sus países y para volar a sus paraísos seguros (safe havens) cuando se les plazca, que es siempre cuando a las sociedades se les ocurre realizar algún reclamo sobre su contribución a la riqueza. Es ahí cuando las sociedades quiebran y los pueblos entienden que con las limosnas vivían mejor.

Es decir, a los grandes capitales no solo se los debe adular, en la práctica y en los cuentos de hadas, sino que también se les debe garantizar el derecho privado a la extorción universal.

Está de más decir que este sistema, organizado y gobernado por un puñado de multimillonarios, padres fundadores y protectores de todo el progreso de cada país (desarrollado o subdesarrollado, exitoso o arruinado), padres sacrificados e incomprendidos protectores de la humanidad, de una humanidad irresponsable, no tiene un ápice de democrático.

Razón por la cual la Libertad y la Democracia son sus banderas, esas mismas que ondean como péndulos ante los ojos de los pueblos que luego irán a linchar a quienes no están de acuerdo con este estado de hipnosis colectiva.

 

JM, marzo 2019.

Cándido y el Elogio de la locura

(La Cultura Pooph II, diez años después)

En el pasado, equivocados o no, por lo general quienes opinaban sobre política italiana o congoleña se habían leído la historia de Italia, del imperio romano, tenían alguna idea sobre la belga, sabían algo de la vida y obra de Leopold II y qué había pasado con Lumumba. Ahora el mundo está lleno de genios que opinan primero y luego intentan informarse. Si alguien se atreve a criticar el optimismo en curso, es etiquetado y desautorizado como un viejo que no entiende el presente. Como si los adultos no fuesen parte del presente. Como si los más jóvenes entendieran mejor algo del pasado, ese tiempo que, de alguna forma, produjo este presente. Como si las nuevas generaciones no pudiesen ser radicalmente reaccionarias. 

Antes no era necesario ser un estudiante universitario para poseer este tipo de cultura amplia y profunda. Ahora ni siquiera los estudiantes universitarios alcanzan un mínimo de aquel conocimiento que servía a la libertad de conciencia y no únicamente a los propósitos del dinero, el consumo y el confort de “un mundo más eficiente”.

Es verdad, aquella “gente culta” solía ser (aun suelen serlo), gente por los de abajo. No se trata de una simple cuestión gramciana, como gustan apuntar desde el otro lado. Se trata de una reacción natural ante el poder social. De la misma forma que las universidades en todo el mundo, desde Argentina hasta Japón, desde Mozambique hasta Estados Unidos eran y siguen siendo bastiones progresistas, el resto de las grandes instituciones que dominan el poder social están dominados por conservadores elitistas y reaccionarios: empresas transnacionales, inversionistas, medios de comunicación dominantes, ejércitos, iglesias de todo tipo.

De la misma forma que la cultura solía ser (y aún lo es, en términos generales) el reducto de la izquierda, las redes sociales lo son ahora de la derecha. Lo primero ya lo explicamos. ¿Cómo se explica lo segundo? Creo que se explica de la misma forma que se explica la antigua practica de esclavos negros castigando con latigazos a sus hermanos esclavos, a los negros, a los indios más rebeldes. A los malos negros, a los malos indios. Es decir, por la falsa conciencia, por la moral parasitaria, aquella moral adoptada para beneficiar los intereses ajenos. 

Tal vez en unas pocas décadas, como siempre cuando la verdad ya no interese o sea inofensiva, descubriremos cómo funcionan de verdad los algoritmos de las redes sociales, así como descubrimos, décadas después cómo la propaganda inaugurada por Edward Bernays en Estados Unidos y continuada brevemente por los nazis en Europa y por muchas más décadas por el estalinismo, manipuló la opinión y la realidad del mundo durante el siglo XX de una forma más científica de lo que lo había hecho en los siglos anteriores, desde los más pequeños hábitos consumistas a las mayores tragedias de la gran política, como las guerras y los golpes de Estado en África y en América Latina.

Por entonces, los gobiernos del mundo y las elites financieras tomaron una amplia ventaja de los nuevos medios de comunicación masivos e inmediatos (la radio, el cine y la televisión) como en el siglo XIX lo habían hecho con la prensa escrita, mientras los libros quedaron en manos de intelectuales del otro lado del espectro del poder. Nótese cómo la misma palabra “intelectual” fue desprestigiada y desmoralizada por la propaganda, hasta el extremo de que hoy se precia y se paga más la estupidez que la cultura. Nadie se hace viral por genial sino por idiota, y tanto Youtube como las otras mega aldeas dominadas por un puñado de manipuladores (otra vez, en nombre de la liberad y la democracia), recompensa esta idiotez con miles de dólares, lo cual para ellos no llega a ser ni siquiera una propina. Si antes, apenas unas pocas décadas atrás era necesario ser Roberta Flack cantando Killing Me Softly With His Song para llamar la atención del mundo, hoy vale más una pobre mujer sentada en el inodoro y cantando sin armonía alguna “Sitting in tha Toilet” para hacerse una celebridad global, para recaudar una fortuna e inspirar a cientos de millones de jóvenes a lograr la misma hazaña.

 Algunos de estos prestigiosos modelos de conducta social, paradigmas del antiintelctualismo, son llamados, en múltiples idiomas pero con la misma gracia y la misma palabra del inglés, “influencers”. Claro, eso sin contar los millones de pobres aspirantes que cada día trabajan gratis para estas megacorporciones tirándose de una escalera, rompiéndose la nariz, filmándose en el baño sin llegar siquiera a rescatar cincuenta centavos con los nuevos subscribers, pero aportando definitivamente a esa cultura de la estupidez, del odio neo tribal y otras naturales frustraciones individuales y colectivas.

No lo sabemos todavía, no tenemos pruebas (más allá de la lectura de los patrones históricos que se parecen a la tabla periódica de Mendeleev con vacíos significativos), porque así es como funciona, según reconoció el mismo Bernays en los años noventa, al final de su vida: esa es la naturaleza del poder, estar en otro lado, no allí donde se supone que está, protegido por el anonimato y la ignorancia de quienes lo sufren o lo defienden.

La evidencia, el incontestable hecho de que el 0,01 por ciento de la población mundial ha secuestrado casi todos los progresos de la humanidad hasta el día de hoy, no se ve o no importa. Porque para eso, no por casualidad, está la nueva cultura. Y los esclavos continúan peleándose y odiándose entre sí, repitiendo las narrativas funcionales del poder y adoptando fervorosamente sus valores, elogiando las cadenas que los protegen contra el frío.

JM, marzo 2019