Today’s World was Already Described at the Beginning of the Century

Between 2005 and 2009, Jorge Majfud wrote two different books that explain the world we are currently living in which, in 2016, began to be perceived as an unexpected novelty.

The first book, published in 2005, is titled La narración de lo invisible. Una teoría política sobre los campos semánticos (The Narration of the Invisible. A political theory on semantic fields), an essay and analysis book, and the second book, published in 2009 [Second editon EAE] and titled La ciudad de la Luna (The City of the Moon) is a novel. 

Contradicting the classic precepts of economic materialism, La narración de lo invisible analyzes the importance of the semantic struggle and social narratives as determinants in our world’s social and political outcomes.
It draws a definition of the positive semantic fields (what is) and the negative fields (what is not) defined by the association of the established/consolidated social valuations (ideolexicos) to outline the meaning of the disputed/still uncrystallized social valuations.

In the novel La ciudad de la Luna (The City of the Moon) (anticipated by the same author for years in different journalistic articles and in short stories), he describes, in a metaphorical way, a city in the Sahara desert called Calataid, inhabited by European immigrants since the Spanish Reconquest.

The city is surrounded by thick walls, and its inhabitants, divided into sects that hate each other, are considered, as a whole and with a strong patriotic pride, the moral reserve of the world. Calataid hates immigrants and every new idea that comes from outside, such as the secular thought of Enlightenment, to the point of eliminating his only contact with the outside world, a train that arrived once a month with almost no passengers. Finally, with another reference that reminds us of the current drama of climate change and the rising sea levels, the inhabitants of Calataid deny the growing threat of desert sands that will eventually sink the arrogant city, blinded by its fighting and self-indulgent narratives.

These two books, published more than a decade ago, offer two global perspectives from different literary genres. They both warned us, long ago, what we were going to live through from the second decade of the 21st century.

Today, just a few people recognize this reality. The rest simply do not see it or refuse to see it.

Translation of Jorge Majfud’s The Walled Society by Bruce Campbell

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El destino de un millón de jóvenes a subasta. DACA o los 25 mil dólares por cabeza

Hoy, 19 de enero de 2019, el presidente Donald Trump ha propuesto negociar las vidas de miles de jóvenes amparados por DACA (medida ejecutiva del gobierno de Barack Obama de 2012 y ampliada en 2014, cuyos beneficiarios son conocidos como “dreamers/soñadores”, un eufemismo o una ternura por demás idiota pero que, al menos, los beneficiaba temporalmente por períodos de dos años), por unos 5.7 billones de dólares, solución que pondría fin al cierre más largo de la historia del gobierno de Estados Unidos. Claro que cualquiera con un poco de memoria histórica sabe que, cuando un político o una super empresa privada dice que realizará una obra por 5.7 billones de dólares (5,7 mil millones, en castellano) es porque de antemano sabe que antes de terminarla comunicará al gobierno de turno que necesitará más tiempo y mucho más dinero para finalizar la obra, confiando que dicho gobierno no tendrá otra opción que facilitar los recursos para completar la obra. En este caso, un monumento a la inutilidad, el despropósito y el ego.

Hace exactamente un año publicamos el artículo “El destino de un millón de jóvenes a subasta. DACA o los 25 mil dólares por cabeza”, por lo cual me abstengo de repetir los mismos razonamientos de entonces. Si a alguien le interesa, puede leerlo en https://majfud.org/2018/01/30/el-destino-de-un-millon-de-jovenes-a-subasta/ o en algún otro sitio. 

jorge

19 de enero de 2019.

 

Por qué el actual ataque contra el humanismo es una catástrofe global

Más allá de las variaciones, de las ambigüedades y contradicciones que podemos observar en lo que llamamos “humanismo”, como en cualquier fenómeno histórico y, sobre todo, humano, creo que también podemos entender con una relativa claridad el Humanismo, básicamente desde dos puntos de vista, uno diacrónico y otro sincrónico.

El primero, por referirse a la historia, es más “objetivo”, es decir, es más fácilmente contrastable con la literatura y el mar de documentos que nos han llegado. El segundo, se refiere más a una concepción filosófica de lo que es.

Empecemos por el segundo:

Sincrónico

Cada vez que en alguna clase menciono algún fenómeno social o algunos valores individuales como relativos al humanismo, mis estudiantes casi automáticamente piensan que estoy recurriendo a una explicación atea. Para algunos, humanismo y marxismo serían casi la misma cosa. Este error conceptual no es casualidad, ya que es el mismo que se asume en los medios y en muchos libros, incluso en algunos libros académicos de las últimas décadas. Para mí decir que el humanismo es una concepción atea es tan erróneo como decir que Dios y religión son la misma cosa. Hoy en día, sobre todo entre los grupos más conservadores, la sola idea de que alguien pueda prescindir de una religión para tener alguna idea o creencia de Dios es por lo menos inconcebible. El rechazo espontáneo es similar al que debió experimentar D. F. Sarmiento al anarquismo de los gauchos. Al mismo tiempo que estos grupos insisten en definirse como apolíticos, en negar que la muerte de Jesús fue (además) un hecho radicalmente político, se empeñan en mezclar política con religión.

Si tuviese que destilar o abstraer al máximo el primer rasgo “necesario” que define el pensamiento humanista diría que radica en la libertad del individuo. No me refiero a ese fetiche político del cual se ha abusado en los dos últimos siglos y, sobre todo, en las últimas décadas. Me refiero a un grado relativo, probablemente mínimo, de libertad concreta en un individuo concreto. Libertad de pensamiento y libertad de acción.

El marxismo más radical (a juzgar por los artículos que publicó durante diez años en The New York Daily Tribune, Karl Marx no era un típico marxista) no podía ser un humanismo porque consideraba que las ideas (y todo aquello perteneciente a la superestructura) era una consecuencia directa de la base, de las condiciones económicas, productivas, etc. Este aporte intelectual del marxismo es de una importancia histórica inconmensurable (de hecho explica el largo fracaso de algunos humanistas, laicos y religiosos, que por siglos lucharon contra la esclavitud y debieron esperar hasta la Revolución industrial, a las nuevas condiciones de producción y explotación para que sus valores morales se impusieran). Pero la verdad, como siempre, no se termina allí y, con frecuencia, resiste y destruye cualquier confortable convicción. En este sentido el marxismo más radical y panfletario era (o es) “anti-humanista” por lo que tenía de determinista. En oposición (no sin cierto grado de paradoja) estaría el intento de Jean Paul Sarte de reconciliar el existencialismo con el marxismo. Las corrientes existencialistas han sido básicamente corrientes humanistas, desde el existencialismo religioso de Soren Kierkegaard hasta el existencialismo ateo de Jean Paul Sartre, por el rol decisivo, central, que tenía el concepto de libertad individual (con sus implicaciones emocionales, antes que racionales).

Lo mismo podemos observar en ciertas corrientes religiosas, protestantes o islámicas, que tienen una concepción fatalista del destino del individuo y de la humanidad: el destino está escrito, decidido de antemano; no hay nada que un individuo pueda hacer para salvarse o perderse, etc. Todas estas son concepciones anti-humanistas porque no reconocen la libertad, el libre albedrío, como facultades definitorias del ser humano.

Lo mismo el capitalismo: cada vez que, como ideología, la libertad se reduce a una libertad de mercado pero en su extremo todo se reduce a la ley de oferta y demanda, a “la mano invisible del mercado”, entonces el destino humano estaría regido por una fatalidad meta-humana, divina o material, y, por lo tanto, no es un humanismo.

Ahora, ¿dónde radica a capacidad de libertad de un individuo? Por supuesto que lo primero que uno piensa es en la libertad física y los ejemplos de personas encarceladas o esclavizadas por sus problemas económicos surgen casi de forma automática. Esto es una parte importante del problema, pero no es toda, ya que es parte de la condición humana estar limitados por barreras materiales, unas que permiten mucho espacio y otras que son capaces de aplastar a un ser humano, como lo es la tortura física y psicológica, la violencia física y moral.

Pero creo que en su sentido más profundo la libertad se basa y se define en la capacidad creadora del individuo, más allá de las condiciones favorables o desfavorables en las que se encuentra.

Es decir, si bien es cierto que casi todas nuestras ideas proceden de algún lado, son heredadas o producto de unas condiciones económicas, sociales y culturales dadas, también es cierto que hay un espacio, aunque sea mínimo, para la creatividad, para lograr que la combinación de dos elementos genere un tercer elemento nuevo, diferente. De otra forma, la historia siempre se repetiría mecánicamente, y si bien creo que en lo más profundo nuestra condición humana no ha cambiado mucho en los últimos milenios, que repetimos de forma inadvertida historias similares a la de nuestros abuelos y antepasados, también entiendo que la libertad está en cada variación y en cada decisión de ser o de hacer algo diferente a lo que podría indicar la rutina y el sentido común.

Cada vez que elegimos no seguir al primer instinto, el primer impulso, la mecanicidad de un acto rutinario, cada vez que elegimos cambiar con algún propósito y no sólo somos concientes de nuestras condiciones dadas sino que además dirigimos nuestras acciones por caminos nuevos, estamos ejercitando cierto grado de creatividad, es decir, cierto grado de libertad. Es decir, es en ese preciso memento en que estamos siendo humanos. Y cuando lo reconocemos y lo revindicamos, además de humanos somos humanistas.

 

Ahora veamos el problema según su maduración histórica.

Diacrónico

El humanismo moderno fue uno de los principales motores de la dramática revolución que marcó el fin de la Edad Media y el surgimiento del Renacimiento, dos nombres discutibles, ya que reflejan un punto de vista particular, que es el del Iluminismo y la Ilustración. De hecho, el Iluminismo del siglo XVIII es hijo del humanismo, como lo es el Renacimiento de los siglos XV y XVI.

Si tuviese que hacer un breve resumen, muy sintético, de los cientos de volúmenes que he ido estudiando sobre el tema a lo largo de los años, creo que podríamos hacer una lista de esos valores que desde el siglo de Dante, Petrarca y Averroes, sino antes, significaron una lentísima, casi imperceptible pero radical revolución que se prolonga hasta nuestros días:

1) El humanismo puso el acento en la libertad del individuo. Por definición y concepción, toda doctrina fatalista o filosofía determinista es anti-humanista.

2) Consideró que el arte y la literatura enseñan a ser seres humanos. Este es un descubrimiento de la antigua Grecia.

3) Consideró que la historia no es necesariamente un proceso de corrupción y degradación, como durante milenios lo ilustró la metáfora de las edades según los metales, que comenzaba en la Edad de Oro (el Edén) y terminaban en la Edad de Hierro. Esta concepción del tiempo y de la historia fue dominante en muchas culturas de la Antigüedad y, sobre todo, en la tradición judeocristiana.

4) Si la historia puede progresar, entonces los valores morales (por lo menos algunos) pueden cambiar según los contextos; no son inamovibles ni han sido definidos para siempre por una sola Revelación.

5) Leer es interpretar. Como consecuencia, es posible que aquí se haya comenzado a destruir la idea de que el autor es la autoridad. Esta concepción (derivada de la idea de que el Autor de la Biblia y del Corán es Dios, que leer es tratar de descubrir la intención del autor, y que por tratarse de Dios sólo podría haber una verdad única) progresivamente se fue degradando, sobre todo referido a textos no religiosos.

6) Por lo tanto, si es posible que un signo irradie varios significados posibles (no cualquier significado, de lo contrario dejaría de ser un signo), la diversidad no es un atributo del demonio sino algo meramente humano.

7) La popularización de la cultura a través de la imprenta, que los mismos humanistas provocaron, es una “vulgarización” (el conocimiento al vulgo) positiva desde un punto de vista democrático.

8) Consecuentemente, surge un interés por las culturas populares, los romances, los refranes, y las lenguas vernáculas.

9) Surge la extraña idea de que a través de la educación de los niños se podría definir un cambio social.

10) En literatura, se produce un redescubrimiento de los géneros del diálogo y la epístola.

11) El comercio no es algo maldito. Es sólo otra actividad típicamente humana que beneficia el bienestar material y la expansión de la cultura.

12) Se reconoce el valor de la multiplicidad de puntos de vista y, en consecuencia, el eclecticismo y la tolerancia.

13) El Estado y las religiones deben estar separados. El primero debe garantizar la libertad de cultos. (Siglo XIV).

Muchos humanistas, generalmente académicos, profesores de letras procedentes de Grecia y Turquía no eran religiosos. Sin embargo, los siglos XIV, XV y XVI abundarán en humanistas religiosos, como los poetas italianos, los ensayistas españoles o la gran figura holandesa, Erasmo de Róterdam. En este sentido, es probable que la crítica de los católicos humanistas a la autoridad excesiva de la iglesia (aparte de sus críticas a la corrupción eclesiástica de la época) y su concepción del valor de la lectura y la relectura des-institucionalizada, hayan preparado el camino al protestantismo. Lo cual será una nueva paradoja histórica, porque de aquí surgirán las doctrinas más fatalistas y anti-humanistas de la Era Moderna.

También podríamos considerar a Miguel de Cervantes y un siglo antes a Bartolomé de las Casas como otro humanista católico, probablemente converso, quien en las primeras décadas de la conquista española de América se opuso a la esclavitud de los indígenas por motivos humanitarios (por entonces, una elite de intelectuales apoyaba la idea de un “derecho natural” universal, algo muy parecido a lo que hoy son los “derechos humanos”), resistiendo a teólogos como Ginés de Sepúlveda que intentó justificar la esclavitud de las razas inferiores usando la Biblia. Fue necesario que pasaran cuatro siglos para que su prédica se materializara, fundamentalmente gracias a las nuevas condiciones de producción creadas por la Revolución Industrial.

Nuestro tiempo sería imposible de concebir sin la revolución humanista. Valores como la libertad, la diversidad, la igualdad, la democracia, los derechos humanos y la conciencia humana como motor de progreso moral, ahora son casi paradigmas. Hoy casi todas las religiones aceptan estos valores como fundamentales. Sin embargo, creo que es necesario observar que ninguno de esos valores fue resultado de la lucha de ninguna religión dominante sino todo lo contrario: esos nuevos valores encontraron enardecidas y brutales resistencias de las fuerzas más conservadoras, generalmente apoyadas por las iglesias oficiales de turno. La libertad fue maldecida por religiosos como Santa Teresa, quien consideraba que la obediencia y el reconocimiento de la jerarquía masculina era decisión de Dios. Hasta en el siglo XX, la democracia fue maldita en algunos países y en para algunas tradiciones religiosas era obra del Demonio que buscaba destruir las sanas jerarquías del mundo predicando desobediencia y libertad. La diversidad, hasta no hace mucho, fue vista siempre como una inmoralidad. La posibilidad de que diferentes religiones puedan tener partes de verdad, fue siempre motivo de persecuciones, torturas y guerras sangrientas. Incluso en la Europa renacentista, el antisemitismo y cualquier otro tipo de discriminación y persecución racial era considerado una obligación ética, cuando no las guerras santas, que hasta hoy sufrimos.

Es, en este sentido, que alguna vez he dicho que el humanismo es la última gran utopía de Occidente. Porque es en sus principios, como el valor de la humanidad como una totalidad y de los individuos como una diversidad positiva, donde radica la esperanza de un mundo que todavía sufre de canibalismo. Dudo que haya alguna religión particular que pueda unir a la Humanidad y mitigar así sus trágicos conflictos. No dudo tanto de que son los valores humanistas los únicos capaces de unir la enorme heterogeneidad de la humanidad que, como una orquesta sinfónica, sea capaz de tocar una misma sinfonía, armónica, gracias a la diversidad de sus instrumentos.

 

 

 

Immigration, History, Politics, and the Latino Vote

2019 Lectures

 

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IMMIGRATION AND THE LATINO VOTE 

January 30, 2019 4:30 pm McKee 113 

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WCU Humanities Initiative

WCU welcomes Uruguayan-American scholar and author Jorge Majfud. 

In the first event, Dr. Majfud will join Dr. Benjamin Francis-Fallon (WCU History) in a panel about Immigration and the evolution of the Latino Voting Bloc in the US. 

Join us also the following day, when Dr. Majfud will engage in a dialogue with Dr. Alberto Centeno-Pulido (WCU World Languages) about immigration, racism, and the role of intellectuals in the public sphere as explorers of the human experience.

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For more information, contact Alberto Centeno-Pulido at acentenopulido@wcu.edu

 

 

  

The Walled Society

The Walled Society

http://www.freeuni.org/the-walled-society/

 

The Walled Society

 

A Novel That Foresaw Our Present World

The City of the Moon(La ciudad de la Luna) by Uruguayan American writer Jorge Majfud,published in 2009, is a metaphor of the world a decade after its publication, a world obsessed with walls, with nationalisms, with tribal or racial divisions, with identity politics, with the pride of different sects in a hyper-fragmented society that abandons the values of Illustration and submerges into a new Middle Age.

The novel takes place in Calataid, a walled city to the south of Argelia between 1955 and 1992. This city, surrounded by the Sahara desert, probably founded by a lost body of troops from the Spanish Army after the Iberian Reconquista, possesses the particularity of being inhabited almost exclusively by white Europeans, most of them Christians, secluded in a quiet and unknown corner after the independence of Argel in 1962. In order to survive, Calataid seeks to cut the last physical and cultural ties with the outside world, especially with the almost empty train that, almost like a ghost, reaches her once a month. One of its protagonists and narrators is the monster-son of an Argentinian physician who, from his own loneliness, sees the reality of a society that considers itself the perfect moral reserve of the corrupt world. Under the presumption of a free and democratic society, religious moralism and social discourse oppress true diversity that exists in the city. Despite the evident traces of decadence, urbanistic, economic ethical, Calataid resists all change until it succumbs to a tide of sand that overcomes its thick walls. Calataid can be understood as a metaphor of contemporary societies that, as much in the East as in the West, are capable of imploding by the strength or their own pride, until crushing their individuals before sinking down into collective decadence. It is a metaphor of the hate and sectarian violence that manipulates us in the name of our own good and it is also a metaphor of the final emptiness of all human power.

Calataid ends up sinking into the sands of the Sahara, in an almost inadvertent way by its inhabitants that insist on denying the danger that threatens its thick walls.

Part of the narration experiments with the perspectives of cubism, in such a way that in a single sentence, different narrators can join together (multiple subjects and multiple verbal times) with the intention of accenting the main character of the city-society.

L.M.S.

Spanish Department

First Chapter 
IF CALATAID WAS CHARACTERIZED BY ANYTHING, it was by its nightly groans, by those ghostly echoes that bounced off the dark alleys of San Patricio, between the thick walls of Compassion and Gitanera since the time of the colony, from the times of its painful founding. Those groans that were never defined by pain or by pleasure, between ecstasy and the martyrdom of insanity, between holiness and sin. The groans of Calataid that were preceded by the last bell tolls of the center and, more recently, by the absurd thundering of the Basiliscus trumpet -blasts without order or harmony, like a call to the demon at the entrance to the Holy City of Calataid.

HIS MOTHER HAD BEEN PARTLY RIGHT. Playing jazz or that damned tango at the train station, in a country that had become intolerant to everything Western, was it not a way of dangerously exposing a town of Europeans, refugees of other definitely overcome human miseries? A town that had been the advancement of the spiritual adventure of Europe -according to Doctor Uriburu himself-, long before the insatiable colons arrived, and that at that time had become the lagging disbandment, huddled since 1962 in a corner of the infinite Sahara, trying not to move or make noise so as to not be seen, so that one would not hear of them in children’s stories, always expectant of saving the world from the last tremor, from chaos, from the tragic but necessary end.

Everyone knew that one day word would go out that, hidden in the demon-possessed desert of Barbaria, a musician was playing jazz and, quicker than a rooster’s crow, the fanatics of the great moorish sect would come for him and would find an entire town of unfaithful (according to their erroneous conception of God), with their churches full of images and their bodegas full of wine, with their proud Freedom.

“Blurred Freedom” /the Basiliscus father had written, doctor Uriburu, seven years prior, in a notebook that disappeared along with some other books one day after his death-, freedom that was never welcomed in Calataid, but is now rescued as an old piece of junk from an abandoned trunk in a basement, discovered by chance and with desperation by a scared member of the family that ran off to take refuge in the darkness of a house on the brink of caving in, on the brink of being crushed by the infernal vomit of the Vesuvius.

A town that would not have time to explain, according to others, that they had nothing to do with the oppressors of the colony, with the being and nothing of Paris nor with the socialists nor Budiaf nor Ali kafi nor with the Organisation Armée Secrète. And though it be miraculously granted the Western right to show them all that, they wouldn’t be able to hide their churches and plaster saints; nor their marble virgins with a beautifully insolent breast; the barefoot and unclothed Saint Theresa in her best momento of ecstasy, about to be run through several times by the spear of that beautiful angel, in one of the discrete corners of the Mother church; nor its pig breeding grounds on the outside that served as trash dumps; nor its noble reproductions of Fra Angelico on the walls of the Town Hall and the largely hated image of the half-naked David; nor its pagan books kept safe in the basements of the five blind towers, with its lookouts permanently walled in in 1962; nor its Bibles ignorant of Mohammed; nor its door knockers announcing the monstrous fetishism of each dweller; nor its gardens and squares full of labenders from France and poppies from China; nor its women without chador nor its men that occasionally participated in the calm of wine and rational conversation, of Aristotle and Saint Augustine, of cheese and meat during Ramadan. They would rip the stone knocker that precedes the West Gate off; they would break open the walls, like in 1847; they would burn the churches, tear down the five blind towers and dig up the sacred graves; they would hang the theater widow from her neck with two yards of Casablanca; they would behead the mayor and drag the Russian man from the Palestine shop through the streets. And was that not all, by any chance, the secret desire of a deformed and rancorous being like the Basilicus?

[…]

“The Walled Society”, narrated by Gregory Allen Siders. An English chapterfrom La ciudad de la Luna(video):

A chapter from the novel The City of the Moon by Jorge Majfud:   http://www.thesquawkback.com/2011/09/… 

Original in Spanish at http://www.ensayistas.org/curso3030/t… (2004) Analysis athttp://www.ensayistas.org/curso3030/t...

Título: LA CIUDAD DE LA LUNA
Autores: Jorge Majfud
ISBN-10(13): 978-84-92528-26-4
Referencia: M-96
Fecha de publicación: 2009
Número de páginas: 286
Idioma: Español

Malas noticias sobre Uruguay: el país cada año es más democrático

Uruguay continúa creciendo en el ranking global sobre democracia y libertades civiles que elabora anualmente The Economist. En el 2018 se situó solo por debajo de Canadá en las Américas y por encima de todos los otros países, incluido, obviamente, Estados Unidos. Más allá de que los rankings sean siempre materia de discusión, el punto central es que no se puede sospechar que The Economist (soy subscriptor y lo leo semanalmente en su versión papel desde hace años) está lejos de considerarse una publicación marxista o algo cercano a la izquierda (para esa catarsis de acusaciones, estamos los profesores, al menos aquí en ee.uu)

Este dato sería celebrado en cualquier gobierno conservador o reaccionario, pero como se trata de un gobierno algo a la izquierda, se lo ningunea o desacredita. Mejor repetir en los medios, sin parar, que los crímenes han aumentado (lo cual también es un problema real que el actual gobierno debe enfrentar con mejores ideas, pero no es solo un problema de ese país sino de casi todos los demás).

Bueno, llamen al famoso ranking de The Economist algo irrelevante. Obviamente, el tradicional ranking del mejor futbolista de América elaborado por El Pais de Uruguay sí, eso sí es cosa seria…

 

Otro dato inquietante (inquietante para alguno de nosotros; para otros es una buena noticia) de este reporte es que, al mismo tiempo que en el mundo la participación política de la gente ha aumetnado, al mismo tiempo las libertades civiles han disminuido (ver grafico)

Inquietante pero previsible, según hemos pulicado anteriormente, ya hace muchos años. 

JM.

 

Fuente

https://www.economist.com/graphic-detail/2019/01/08/the-retreat-of-global-democracy-stopped-in-2018

War of the Pigs and tribal politics

Jorge Majfud

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

To distract attention from the global assault by 0.1 percent of the world’s population, we have a growing War of the Pig (Diary of the War of the Pig, novel by Bioy Casares, 1969, engL 1972) but extended to the most diverse extremes the Argentine novelist ever imagined: young against old, whites vs.  blacks, Latinos vs.  Anglos, fat vs.  skinny, truckers and miners vs.  university students, beer drinkers vs.  abstainers, vegans vs.  vegetarians and vegetarians vs.  carnivores, feminists of the first wave vs.  Instagram feminists and vs.  men, machistas vs.  feminists, men vs. women, lesbians vs. heteros and heteros vs. gays, Ford drivers vs. Chevrolet drivers, bearded Harley-Davidson bikers vs. beardless professors, third-generation vs. first-generation immigrants, gun lovers and Saturn believers vs. Uranus believers. Good haters vs. bad haters (another untranslatable word defecated in the centre of the world for consumption by the periphery).

At the beginning of this century (still with some optimistic faith in a new form of radical, direct democracy of a “disobedient society” liberated from its great leaders and from the manipulations of the financial aristocracy) we began to publish on the return of “The Mental Frontiers of Tribalism” (2004, tribal, in the European sense of the word, because the “wild tribes” I found in Africa were the most civilized and peaceful people I’ve ever known in my life), about the new “Culture of Hatred” (2006) and about the possible return of Western monsters (“The Slow Suicide of the West”, 2002) such as fascism, arrogance and intolerance towards “the other”. The most recent article “The own opinion and other banalities” (2015), then read as satire, is now a reality: machines can easily opine on everyone based on their consumption habits or on their social, racial position, etc.

But we can still speculate that all that medieval mentality that has been installed in the world can be just a reaction to a major historical movement, deepened in the sixties or, in the worst case, a historical cycle in itself that has come to stay for many years. (I don’t believe that much in the latter. Most likely in a few decades we will be talking about a reaction from those from below. We haven’t crossed the inevitable break line yet and it’s not going to be pleasant for anyone.

The new interactive media have not helped significantly to know the other better (the other individual, the other culture) but, probably, the opposite.

Why? What happened?

Many years ago, with an outside view from within the great power, we were surprised that in the United States one could guess a person’s political affiliation just by looking at her face, seeing her walk, without the need for her to say a word. That apparent absurdity is currently the fashion trend in the world.

We did not foresee that one of the repressed monsters to which we had referred before that moment and which define us as human beings, opposed to altruism, to the search for justice and coexistence, would be strengthened thanks to the same interactive media. I am referring to the blind ego, to the need to feel superior to the rest at any price, to the “Trump syndrome” in everyone as an illusory source of pleasure (not happiness) that only causes more anxiety and frustration.

In other words, it is the politics of the aforementioned tribes (nationalisms) and micro tribes (social bubbles). Many times, bubbles prefabricated by the culture of consumption.

From this atomization of politics and society into tribes, into microbubbles, our global culture has become increasingly toxic, and hatred of the other into one of the common factors that organizes it. Hate and inevitable frustration exacerbated by the struggle for social recognition, by the five-minute fame, by the desire to become viral thanks to some frivolity, by the need for “visibility”, the old word and obsession of USAmerican culture before it was adopted as its own and natural by the rest of the world. (A few months ago, a Uruguayan congresswoman, Graciela Bianchi, not a millennial but an older woman, defended herself in front of an Argentine journalist questioning her statements by saying that she had “a lot of visibility” in her country.)

But since not all individuals can be famous, “influencers” (much less when the individual no longer exists, when it is a flat, standard, repeated entity with minimal variations that each one considers fundamental), the need for individual recognition is projected in a larger group, in the tribe, in the irrational nationalist or racial feelings where the fury for a flag of a country or for the flag of a football club hardly differs but in scale. Thus, if even an individual named Donald Trump, a millionaire who has become president of the most powerful country in the world, needs to humiliate and degrade the rest in order to feel superior, it is not difficult to imagine what goes through the grey muscle of millions of other less fortunate abstainers.

The humanist idea of equality-in-diversity, the paradigm that most recently defined the Modern Era (apart from reason and secularism) and which was an absurd novelty until the 18th century, has suddenly lost much of its prestige.

Although it may seem absurd, people get tired of peace, they get tired of justice, they get tired of solidarity. That is why they need, from time to time, a great conflict, a catastrophe, in order to put aside again “the rage and pride” a la Oriana Fallaci, that toxin of the individual, of the race, of the tribe, of the group in front of  an enemy and to return to worry for the values of justice and the collective survival.

For this reason, certain periods of world peace and solidarity are possible, but humanity itself is doomed to self-destruction, sooner or later. Human nature is not content with discharging its most primitive energies in football stadiums, in presidential elections, but needs to humiliate, rape and kill. If others do it in its name and with a beautiful flag, so much the better.

History will continue to be written in the eternal struggle of power against justice, but moral arrogance, selfishness, individual or collective, will always have the sword of Damocles in their hand. The novel The City of the Moon, published late in 2009, was a clear metaphor for the world that came after this new medievalism in which we are slowly sinking as Calataid sank in the desert sands while its members hated each other in sects that considered themselves the moral reserve of the world.

No, nothing we see now was a surprise of history.

La guerre au cochon et la politique tribale

par Jorge Majfud

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي


Pour détourner l’attention de l’assaut mondial du 0,1 % de la population mondiale, nous avons une guerre au cochon  croissante (
Journal de la guerre au cochon , roman de Bioy Casares de 1969) mais étendue aux extrêmes les plus divers que le romancier argentin ait jamais imaginé : les jeunes contre les vieux, les blancs contre les noirs, les Latinos contre les Anglos, les gros contre les maigres, les camionneurs et les mineurs contre les étudiants, les buveurs de bière contre les abstinents, les vegans contre les végétariens et les végétariens contre les carnivores, les féministes de première vague contre les féministes Instagram contre les hommes, les machinistes contre les féministes, les hommes contre les femmes, les lesbiennes contre les hétérosexuels et les hétérosexuels contre les gays, les conducteurs de Ford contre les conducteurs de Chevrolet, les barbus Harley-Davidson contre les professeurs imberbes, les immigrés de la troisième génération contre les ceux de la première génération, les amoureux des armes et les adeptes de Saturne contre les adeptes d’ Uranus. Les bons haïsseurs contre les mauvais haïsseurs (“haïsseurs”, haters en anglais, un autre mot intraduisible déféqué dans le centre du monde pour consommation dans  la périphérie).

Au début de ce siècle (avec encore une certaine foi optimiste  en une nouvelle forme de démocratie radicale, directe, d’une “société désobéissante” libérée de ses grands dirigeants et des manipulations de l’aristocratie financière), nous avons commencé à publier sur le retour des “Frontières mentales du tribalisme” (2004, tribal, au sens européen du terme, parce que les “tribus sauvages” que j’ai rencontrées en Afrique étaient la chose ce que j’ai connu de plus civilisé et de plus pacifique dans ma vie), sur la nouvelle “Culture de la haine” (2006) et sur le retour possible des monstres occidentaux (“Le lent suicide de l’Occident”, 2002) comme le fascisme, l’arrogance et l’intolérance envers “l’autre”. L’article le plus récent “L’opinion propre et autres banalités” (2015), lu alors comme une satire, est désormais une réalité : les machines peuvent facilement se faire une opinion sur chaque individu en fonction de ses habitudes de consommation ou de sa position sociale, raciale, etc.

Mais on peut encore spéculer sur le fait que toute cette mentalité médiévale qui s’est installée dans le monde n’est peut-être qu’une réaction à un grand mouvement historique, approfondi dans les années soixante ou, dans le pire des cas, à un cycle historique en soi qui est venu pour rester pendant de nombreuses années (je ne crois pas beaucoup à cette dernière hypothèse. Il est fort probable que dans quelques décennies, nous parlerons d’une réaction de ceux d’en bas. Nous n’avons pas encore franchi la ligne de fracture inévitable et ce ne sera agréable pour personne).

Les nouveaux médias interactifs n’ont pas beaucoup aidé à mieux connaître l’autre (l’autre individu, l’autre culture) mais, probablement, le contraire.

Pourquoi ? Que s’est-il passé ?

Il y a de nombreuses années, avec un point de vue extérieur de l’intérieur de la grande puissance, nous avons été surpris qu’aux USA, on puisse deviner l’affiliation politique d’une personne simplement en regardant son visage, en la voyant marcher, sans qu’elle ait besoin de dire un mot. Cette absurdité apparente est actuellement la tendance à la mode dans le monde.

Nous n’avions pas prévu que l’un des monstres refoulés auxquels nous avions fait référence auparavant et qui nous définissent comme des êtres humains, opposés à l’altruisme, à la recherche de la justice et de la coexistence, serait renforcé par les mêmes médias interactifs. Je fais référence à l’ego aveugle, au besoin de se sentir à tout prix supérieur aux autres, au “syndrome de Trump” chez chaque individu comme une source illusoire de plaisir (et non de bonheur) qui ne fait que provoquer plus d’anxiété et de frustration.

En d’autres termes, c’est la politique des tribus susmentionnées (les nationalismes) et des microtribus (les bulles sociales). Souvent, des bulles préfabriquées par la culture de la consommation.

De cette atomisation de la politique et de la société en tribus, en microbulles, notre culture globale est devenue de plus en plus toxique, et la haine mutuelle est devenue un des facteurs communs qui l’organisent. La haine et l’inévitable frustration exacerbée par la lutte pour la reconnaissance sociale, pour la gloire de cinq minutes, pour le désir de devenir viral grâce à une quelconque frivolité, pour le besoin de “visibilité”, un vieux mot et une vieille obsession de la culture yankee avant d’être adoptés comme siens et naturel par le reste du monde. (Il y a quelques mois, une députée uruguayenne du nom de Graciela Bianchi, pas une née avec le siècle mais déjà âgée, s’est défendue contre les questionnements d’un journaliste argentin sur le fondement de ses propos en affirmant qu’elle avait “beaucoup de visibilité” dans son pays.)

Mais comme tous les individus ne peuvent pas être célèbres,  des “influenceurs” (encore moins lorsque l’individu n’existe plus, lorsqu’il s’agit d’une entité plate, standard, répétée avec des variations minimales que chacun considère comme fondamentales), le besoin de reconnaissance individuelle se projette dans un groupe plus large, dans la tribu, dans les sentiments nationalistes ou raciaux irrationnels où la furie pour un drapeau de pays ou pour un drapeau de club de foot ne varie guère sinon en ampleur. Ainsi, si même un individu nommé Donald Trump, un millionnaire qui est devenu président du pays le plus puissant du monde, a besoin d’humilier et de dégrader les autres pour se sentir supérieur, il n’est pas difficile d’imaginer ce qui passe par le muscle gris de millions d’autres personnes moins fortunées qui ne boivent pas.

L’idée humaniste de l’égalité-dans-la-diversité, le paradigme qui a récemment défini l’ère moderne (en dehors de la raison et de la laïcité) et qui était une nouveauté absurde jusqu’au XVIIIe siècle, a soudainement perdu beaucoup de son prestige.

Même si cela peut paraître absurde, les gens en ont assez de la paix, de la justice, de la solidarité. C’est pourquoi ils ont besoin, de temps en temps, d’un grand conflit, d’une catastrophe, pour mettre de côté “la rage et l’orgueil » fallaciens [d’Oriana Fallaci, NdT], cette toxine de l’individu, de la race, de la tribu, du groupe en fonction d’un ennemi et se soucier à nouveau des valeurs de justice et de survie collective.

Pour cette raison, certaines périodes de paix et de solidarité mondiales sont possibles, mais l’humanité elle-même est condamnée à l’autodestruction, tôt ou tard. La nature humaine ne se contente pas de déployer ses énergies les plus primitives dans les stades de football, lors des élections présidentielles, mais doit humilier, violer et tuer. Si d’autres le font en son nom et avec un beau drapeau, tant mieux.

L’histoire continuera à s’écrire dans l’éternelle lutte du pouvoir contre la justice, mais l’arrogance morale, l’égoïsme, individuel ou collectif, auront toujours l’épée de Damoclès dans leurs mains. Le roman La Cité de la Lune, publié tardivement en 2009, était une métaphore claire du monde qui a suivi ce nouveau médiévisme dans lequel nous sombrons lentement comme Calataid sombre dans les sables du désert tandis que ses membres se haïssent mutuellement dans des sectes qui se considèrent la réserve morale du monde.

Non, rien de ce que nous voyons maintenant n’était une surprise dans l’histoire.

 

La guerra de los cerdos y la política tribal

La guerre au cochon et la politique tribale

Para distraer la atención del asalto global del 0,1 por ciento de la población mundial, tenemos una creciente Guerra del Cerdo (novela de 1969 de Bioy Casares) pero extendida a los extremos más diversos que el novelista argentino nunca imaginó: jóvenes contra viejos, blancos contra negros, latinos contra anglos, gordos contra flacos, camioneros y mineros contra universitarios, bebedores de cerveza contra abstemios, veganos contra vegetarianos y vegetarianos contra carnívoros, feministas de la primera ola contra feministas Instagram contra hombres, machistas contra feministas, hombres contra mujeres, lesbianas contra heteros y heteros contra gays, conductores de Ford contra conductores de Chevrolet, contra barbudos de Harley-Davidson contra profesores sin barba, inmigrantes de tercera generación contra inmigrantes de primera, amante de las armas y creyentes en Saturno contra creyentes en Urano. Odiadores buenos contra odiadores malos (“odiadores”, haters, otra palabreja intraducible defecada en el centro del mundo para consumo de la periferia).

A principios de este siglo (todavía con cierto optimismo en una nueva forma de democracia radical, directa, de una “sociedad desobediente” liberada de sus grandes líderes y de las manipulaciones de la aristocracia financiera) comenzamos a publicar sobre el regreso de “Las fronteras mentales del tribalismo” (2004, tribal, en el sentido europeo de la palabra, porque las “tribus salvajes” que encontré en África eran lo más civilizado y pacifico que conocí en mi vida), sobre la nueva “Cultura del odio” (2006) y sobre el posible regreso de los monstruos occidentales (“El lento suicidio de Occidente”, 2002) como el fascismo, la arrogancia y la intolerancia hacia “el otro”. El más reciente artículo “La opinión propia y otras banalidades” (2015), por entonces leído como sátira, hoy es una realidad: las máquinas fácilmente pueden opinar por cada individuo basadas en sus hábitos consumistas o en su posición social, racial, etc.

Pero todavía podemos especular que toda esa mentalidad medieval que se ha instalado en el mundo puede ser solo una reacción a un movimiento histórico mayor, profundizado en los sesentas o, en el peor de los casos, un ciclo histórico en sí mismo que ha llegado para quedarse por muchos años. (No creo tanto en esto último. Lo más probable es que en unas décadas estemos hablando de una reacción de los de abajo. Todavía no hemos cruzado la inevitable línea de quiebre y no va a ser agradable para nadie).

Los nuevos medios interactivos no han ayudado significativamente para conocer mejor al otro (al otro individuo, a la otra cultura) sino, probablemente, lo contrario.

¿Por qué? ¿Qué pasó?

Muchos años atrás, con una mirada exterior desde dentro de la gran potencia, nos sorprendía que en Estados Unidos uno pudiese adivinar la afiliación política de una persona con sólo mirarla a la cara, con verla caminar, sin necesidad de que dijera una sola palabra. Ese aparente absurdo es actualmente la tendencia de moda en el mundo.

No previmos que uno de los monstruos reprimidos a los que nos habíamos referido antes de ese momento y que nos definen como seres humanos, opuesto al altruismo, a la búsqueda de justicia y convivencia, se iba a potenciar gracias a los mismos medios de interacción. Me refiero al ego ciego, a la necesidad de sentirse superior al resto a cualquier precio, al “síndrome Trump” en cada individuo como fuente ilusoria de placer (ya que no de felicidad) que solo provoca más ansiedad y frustración.

En otras palabras, es la política de las antes mencionadas tribus (los nacionalismos) y de las micro tribus (las burbujas sociales). Muchas veces, burbujas prefabricadas por la cultura del consumo.

A partir de esta atomización de la política y de la sociedad en tribus, en microburbujas, nuestra cultura global se ha convertido en algo crecientemente toxico, y el odio al otro en uno los factores comunes que la organiza. Odio e inevitable frustración exacerbada por la lucha por el reconocimiento social, por la fama de cinco minutos, por el deseo de convertirse en virus por alguna frivolidad, por la necesidad de “visibilidad”, antigua palabra y obsesión de la cultura estadounidense antes de ser adoptada como propia y natural por el resto del mundo. (Hace unos meses, una diputada uruguaya de nombre Graciela Bianchi, no una milenial sino una señora mayor, se defendía del cuestionamiento de un periodista argentino sobre los fundamentos de sus declaraciones diciendo que ella tenía “mucha visibilidad” en su país.)

Pero como no todos los individuos pueden ser famosos, “influencers” (mucho menos cuando el individuo ya no existe, cuando es un ente plano, estándar, repetido con mínimas variaciones que cada uno considera fundamental), la necesidad de reconocimiento individual se proyecta en un grupo mayor, en la tribu, en los irracionales sentimientos nacionalistas o raciales donde la furia por una bandera de un país o por la bandera de un club de futbol casi no difieren sino en escala. Así, si hasta un individuo llamado Donald Trump, un millonario que ha llegado a ser presidente del país más poderoso del mundo, necesita humillar y degradar al resto para sentirse superior, no es difícil imaginar lo que pasa por el músculo gris de millones de otros abstemios con menos suerte.

La idea humanista de igualdad-en-la-diversidad, el paradigma que más recientemente definió la Era Moderna (aparte de la razón y el secularismo) y que fuera una novedad absurda hasta el siglo XVIII, ha perdido, de repente, gran parte de su prestigio.

Aunque parezca absurdo, los pueblos se cansan de la paz, se cansan de la justicia, se cansan de la solidaridad. Por eso necesitan, cada tanto, un gran conflicto, una catástrofe, para volver a dejar de lado “la rabia y el orgullo” fallaciano, esa toxina del individuo, de la raza, de la tribu, del grupo en función a un enemigo y volver a preocuparse por los valores de la justicia y la sobrevivencia colectiva.

Por esta razón, son posibles ciertos períodos de paz y solidaridad mundial, pero la humanidad en sí está condenada a la autodestrucción, más tarde o más temprano. La naturaleza humana no se conforma con descargar sus energías más primitivas en los estadios de futbol, en las elecciones presidenciales, sino que necesita humillar, violar y matar. Si lo hacen otros en su nombre y con una bonita bandera, mucho mejor.

La historia seguirá escribiéndose en la eterna lucha del poder contra la justicia, pero la arrogancia moral, el egoísmo, individual o colectivo, siempre tendrán la espada de Damocles en su mano. La novela La ciudad de la Luna, publicada tardíamente en 2009, fue una metáfora clara del mundo que vino después, de este nuevo medievalismo en el que nos vamos hundiendo lentamente como Calataid se hundió en las arenas del desierto mientras sus integrantes se odiaban unos a otros en sectas que se consideraban la reserva moral del mundo.

No, nada de lo que vemos ahora fue una sorpresa de la historia.

 

JM, 2 de enero 2019

Tequila

Libros Recomiendan

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tequila-portadaTequila, de Jorge Majfud
Sudaquia Editores, Diciembre 2018, 546 páginas.

En el verano de 1998, siete estudiantes universitarios deciden emprender un viaje de graduados desde la costa atlántica de Florida hasta la costa californiana del Pacífico en una motorhome. En su recorrido por la interestatal 10 comenzarán a revelarse las verdaderas personalidades de cada uno. En Nueva Orleans, después de una noche de excesos, despiertan en una habitación de motel para descubrir que uno de sus integrantes había sido asesinado. Temiendo que cualquiera de ellos pudo ser el asesino, continúan viaje con el cuerpo del compañero como si fuese un viajero más. Una serie de decisiones apresuradas los llevará por el infierno de la frontera y el desierto, de la culpa y el silencio hasta encontrar una solución inesperada.
Tequila es más que una aventura de camino; esta novela explora el despojo de las máscaras que todos llevamos dentro como individuos civilizados y la invención de otros sustitutos como formas egoístas de sobrevivencia.
Raquel, la narradora se entera, por las noticias, del asesinato de un coreógrafo en Los Ángeles llamado Guzmán, quien ella conoce como German. Sabe que el asesino es Roque, el mismo que la ha perseguido por años, como un cazador bosquimano.
Roque es uno de los siete integrantes de un viaje de graduados realizado quince años atrás por la interestatal 10 desde la costa atlántica de Florida hasta la costa pacífica de California, el cual estuvo marcado por un juramento y una tragedia. Poco antes de abandonar Florida tienen problemas con Roque. Después de una disputa, Roque tiene sexo en la motor home en marcha con una de las integrantes que más lo había resistido. Por su creciente agresividad, en particular hacia Guzman, el miembro gay del grupo,es obligado a abandonar el grupo y jura vengarse, pero debe bajarse en Mobile, Alabama.
En New Orleans, luego de una noche de tequila y marihuana, el resto del grupo se despierta con el ruido de disparo en una de las habitaciones de un motel. Descubren a uno de los compañeros, Guzman, muerto en una cama y vestido de mujer.
El grupo abandona el motel de Luisiana sin saber quién pudo haberlo hecho debido a la intoxicación de la noche anterior. Llevan a Guzman, el muerto, por el resto del trayecto, vestido y conservado en frecuentes baños de tequila. En El Paso, Texas, contactan a un inmigrante mexicano, German, para que los ayude a contactar a un “coyote” para hacer desaparecer a German del otro lado de la frontera. Pero el plan no resulta y siguen viaje, esta vez con German.
Al tiempo de andar y después de varios días, descubren que German afeitado es el doble de Guzmán. Se lo atribuyen al parecido que tienen todos los que pertenecen a otras etnias pero comienzan las especulaciones para sacar ventaja del hecho.
Como quien recibe un órgano para iniciar una nueva vida, Germán decide adoptar la identidad de Guzmán (el que finalmente entierran en Arizona, luego de perderse en el desierto) y hace su vida en Los Angeles, en el rubro del cine, tal como Guzmán quería hacer.
Pero Raquel sabe que Roque mató a Guzmán dos veces, en 1998 y en 2013 y que continuará acosándola. Ella tiene un plan para terminar con Roque, que incluye su propio suicidio.

“En esta novela, la exaltación de la juventud se convierte en una tragedia y persigue a una mujer por muchos años. La prosa clásica de Majfud nos lleva a través de imágenes y pasiones que logran enlazar el espíritu de América Latina con los peligros ocultos en la frontera sur de los Estados Unidos. Definitivamente, una emocionante novela que te dejará hipnotizado”.
Carlos Salomón, profesor de Estudios fronterizos en California State University.

“Una narradora decidida a afrontar un pasado violento nos atrapa en sus recuerdos. Una vez más, Jorge Majfud comparte su perspicaz mirada sobre una sociedad enferma de los excesos su de modernidad”.
Brigitte Natanson, profesora de literatura latinoamericana de Université d’Orléans, Francia.

“Tequila es una novela atrapante donde la aventura, el delito y el viaje se unen al sentido ético y de exploración psicológica que caracteriza las obras de Jorge Majfud. Esta vez el uruguayo va más allá de las fronteras que había ya sobrepasado en sus novelas anteriores y nos trae una historia lineal pero que contiene muchas historias relacionadas entre sí. El mayor acierto de Tequila está en su narración, la cual llega a ser obsesiva, con sutileza y rigurosidad en la construcción de cada personaje y en la trama misma. En fin, una novela majfudiana…
Leonor Taiano, University of Notre Dame du Lac.

“Majfud incomoda al lector con su prosa inconformista y una disección de la realidad norteamericana nada convencional. Si en la excelente novela Crisis de 2012 fueron las experiencias no contadas de inmigrantes latinoamericanos en los EE.UU., en Tequila, la noticia de un asesinato en Los Ángeles rememora un juramento y una tragedia que vuelve del pasado para perseguir a la narradora que detalla un secreto largamente oculto que explica el desenlace”.
Jorge Catala-Carrasco, profesor de Estudios Hispanicos en Newcastle University, Inglaterra.

Paperback: 546 pages
Publisher: Sudaquia Editores (December 20, 2018)
Language: Spanish
ISBN-10: 1944407413
ISBN-13: 978-1944407414

Tequila

In the summer of 1998, seven college students decide to take a graduation road trip from the Atlantic coast of Florida to the Pacific coast of California. On their trip down I-10, the true personalities of each one will begin to reveal themselves. After a wild night of partying in New Orleans, they awake in a hotel room to find that one of their fellow travelers has been murdered. From that moment on, a series of hasty decisions will lead them through the hellish landscape of a desert, through infernal guilt and silence, until an unexpected solution is found. A mirage of a solution, like all the rest. Tequila is more than a road-trip adventure. Rather, the novel explores the stripping off of the masks all of us wear within as civilized individuals, and the invention of other substitutes as selfish means of survival.

tequilaTequila, by Jorge Majfud

A Summary

 

The narrator finds out, from the news, of the murder of a choreographer in Los Angeles called Guzman, whom she knows as German. She knows that the murderer is Roque, who has persecuted her for years like a Bushman hunter.

Roque is one of seven college students of a graduate trip made fifteen years ago on Interstate 10 from the Atlantic coast of Florida to the Pacific coast of California, which was marked by an oath and a tragedy. Shortly before leaving Florida they had problems with Roque. After a dispute Roque had sex in the RV underway with one of the members who had most resisted him. Because of his growing aggressiveness, particularly towards the gay member of the group (Guzman), he was forced to leave the group and swore revenge, but he had to get off in Mobile, Alabama.

In New Orleans, after a night of tequila and marijuana, the rest of the group woke up to the sound of gunshots in one of the rooms of a motel. They discovered one of the fellow travelers, Guzman, dead in a bed and dressed as a woman.

The group left the Louisiana motel without knowing who could have done it due to the intoxication of the previous night. They took Guzman (the dead man) for the rest of the journey, dressed and kept in frequent tequila baths.

In El Paso, Texas, they contacted a Mexican immigrant, German, to help them contact a “coyote” to make German disappear on the other side of the border. But the plan did not work, and they continued their journey, this time with German.

After several days of traveling west they discovered that German shaved was Guzman’s double. They attributed it to the similarity that all those belonging to other ethnic groups had, but speculations began to take advantage of the fact.

Like someone who receives an organ to start a new life, German decided to adopt the identity of Guzman (who was finally buried in Arizona after getting lost in the desert) and made his life in the film industry in Los Angeles, like Guzman wanted to have done.

But the narrator knows that Roque killed Guzman twice – in 1998 and in 2013 – and that he would continue to harass her. She has a plan to kill Roque, which includes his suicide.

 


 

“In this novel, the exaltation of youth is turned into a tragedy, and haunts a woman for many years. Majfud’s classic prose takes us on a journey through images and passions that succeed in tying together the Latin American spirit with the hidden dangers on the southern border of the United States. It’s most definitely a moving novel that will leave you hypnotized.”

Carlos Salomón, Professor of Borderlands Studies at California State University.

 

 

“A narrator determined to confront a violent past entraps us in her memories. Once more, Jorge Majfud shares his keen perspective on a society sickened by the excesses of modernity.

Brigitte Natanson, Professor of Latin American Literature at Université d’Orléans, France.

 

“Tequila is an arresting novel where adventure, delight and life on the road are united with the ethical sense and psychological exploration which characterize the works of Jorge Majfud. This time, the Uruguayan writer goes well beyond the borders he had already crossed in his previous novels to bring us a linear story that nonetheless features several interrelated narratives. What Tequila gets most right is its narration, which becomes obsessive, with subtlety and precision employed in the construction of each character and the plot itself. In short, a Majfudian novel…

Leonor Taiano, the University of Notre Dame du Lac.

 

“Majfud makes the reader uncomfortable with his nonconformist prose and a thoroughly unconventional dissection of the North American reality. While the excellent novel Crisis (2012) features largely unknown experiences of Latin American immigrants in the United States, in Tequila, news of a murder in Los Angeles triggers the memory of a solemn oath and a tragedy that returns from the past to haunt the narrator, who describes in detail a long-hidden secret that explains the final outcome.”

Jorge Catala-Carrasco, Professor of Hispanic Studies at Newcastle University, England.

 

 

Paperback: 546 pages
Publisher: Sudaquia Editores (December 20, 2018)
Language: Spanish
ISBN-10: 1944407413
ISBN-13: 978-1944407414

more about Tequila

Brevísimo comentario sobre el 2018

Cada tanto uno se aburre de algo, como de una camisa, y lo cambia. Pero ser racista y no sentir un mínimo de solidaridad por los más débiles de una sociedad no es una moda. Ni siquiera es algo nuevo. Es, simplemente, inmoral.

Lo será por siempre. 

 

jm, 26/12/2019

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Le faux dilemme du patriotisme

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Au cours de mes années comme professeur dans diverses universités aux USA, j’ai eu des étudiants dans mes classes qui poursuivaient des carrières militaires. Marines, aviateurs et toutes sortes de futurs membres de l’élite de l’armée US. Ce groupe est minoritaire dans les universités non militaires (généralement pas plus de quatre pour cent). En tant que professeur conseiller, on m’a parfois affecté  des ex-combattants des guerres d’Afghanistan et d’Irak (celle-la même que, depuis janvier 2003, depuis l’Espagne, nous dénonçions dans différents médias comme un crime international et à l’origine de la future crise usaméricaine). Ces jeunes, dont beaucoup souffrent du SSPT (Syndrome de stress post-traumatique), m’ont confié leurs expériences, leurs frustrations et même leurs fanatismes, dont certains se retrouvent dans mes romans, sous d’ autres noms et dans d’autres histoires.

Dans mes cours sur l’Amérique latine, j’essaie de ne pas manquer les événements les plus importants de l’histoire des Amériques, largement ignorés par le grand public et même par les étudiants universitaires eux-mêmes. Des événements où le rôle joué par les USA a souvent été, comme toute personne modérément informée le sait, pathétique : la dépossession des territoires indiens ET Mexicains, les interventions sanglantes dans les pays des Caraïbes et d’Amérique centrale pour défendre les grandes entreprises internationales, l’arrogance et le racisme explicite, l’installation ou le soutien à des dictatures sanglantes partout, la répression des mouvements populaires, la destruction de démocraties comme au Guatemala et au Chili, le soutien au terrorisme d’État ou aux terroristes renversés, comme les Contras du Nicaragua (les fameux  “Combattants de la liberté” de Reagan), les assassinats de religieux, d’ouvriers, de paysans, de syndicalistes, de journalistes et d’intellectuels sous différents prétextes par des mafiosi formés dans des institutions comme l’École des Amériques ou par leurs soldats, qui ont obéi à l’ordre de nettoyer les toilettes de leurs supérieurs et d’assassiner un village de suspects. Et un long, long etcetera.

Malgré les récits populaires que chaque pays répète jusqu’à la nausée, de l’endoctrinement toujours sous-jacent du Nous-sommes-les-bons-les-autres-sont-les-méchants, ces jeunes, chaque fois qu’ils ont été confrontés à la dure réalité documentée et prouvée des faits historiques, ont toujours été respectueux. Du moins en classe. Respectueux d’une manière que l’on trouve rarement chez les Latino-Américains des élites dirigeantes traditionnelles des différentes républiques bananières du Sud ou des classes subalternes qui ont soutenu toutes sortes d’atrocités contre leurs propres peuples, toujours au nom de quelque prétexte, selon le moment historique : Nègres marrons, Indiens saouls, pauvres feignants, ouvriers parasites, domestiques putes, prêtres communistes, intellectuels marxistes, and so on.

Une fois, un de ces ex-combattants de l’armée US m’a proposé d’écrire un essai sur Ernesto Che Guevara. Je lui ai donné le feu vert, comme il ne pouvait en être autrement face à la demande d’un étudiant intéressé à faire des recherches, mais il ne s’est jamais présenté à mon bureau pour discuter du projet. Lorsque le délai a expiré, il est apparu et m’a dit, avec le ton de quelqu’un qui parle très sérieusement :

« Bien que cela n’ait aucune importance académique, je dois vous dire que je suis anticommuniste et que je n’ai jamais aimé Ernesto Guevara. Mes amis à Miami disent que c’était un assassin. Mais si j’avais été guatémaltèque ou bolivien dans les années 1960, je n’ai aucun doute que j’aurais rejoint la guérilla du Che ».

Il a laissé sa dissertation sur la table et il est parti.

Il serait presque impossible pour un Latino-américain d’être capable d’une telle ouverture. Les Latino-Américains ont tendance à être plus fanatiques. Parce que le colonisateur n’a pas besoin d’être un fanatique pour défendre ses intérêts. Le colonisé, quelqu’un qui défend sa propre oppression jusqu’à la mort, oui.

Ici, aux USA, j’ai rencontré de nombreux Latino-Américains (heureusement pas la majorité) prétendant avoir échappé à une dictature communiste (qui, dans l’histoire de l’Amérique latine, sont de rares exceptions par rapport à la riche et séculaire tradition des dictatures capitalistes) où ils ne pouvaient s’exprimer librement. Dès que vous dites quelque chose qui ne leur plait pas, ils vous invitent à quitter le pays de la Liberté et à vous installer au Venezuela. Une mentalité intolérante et autoritaire qui en dit long sur la réalité qu’ils sont censés avoir laissé derrière eux. Comme cette autre étudiante qui n’a pas aimé quand j’ai dit que le FBI considérait Posada Carriles comme un terroriste dangereux, parce que son grand-père cubain avait aussi travaillé pour la CIA et vivait aussi à Miami (en fait, le grand-père suivait mes cours sur son téléphone, comme l’étudiante elle-même me l’avait avoué).

Une fois, un de mes étudiants latino-américains m’a lancé une de ces questions typiques qui sont comme des petits chevaux de Troie.

« D’après ce que j’ai compris, dit-il, vous êtes un citoyen uruguayen et un citoyen américain. Vous avez la double nationalité. Ma question est : en cas de guerre entre l’Uruguay et les USA, quel pays défendriez-vous ? »

La question était révélatrice. Elle révélait un ensemble bien connu de préceptes idéologiques qui sont souvent manipulés à la perfection par les politiciens et tous ceux qui croient qu’un pays est un monolithe idéologique, une secte, une armée, une équipe de football. J’ai entendu des questions semblables dans d’autres pays, assénées comme un marteau, sur les Juifs, les musulmans et tous ceux qui sont perçus comme binationaux.

Mon élève, que j’apprécie en tant que personne, dans son uniforme kaki des Marines, cet après-midi-là, a souri, comme s’il venait de faire échec et mat.

Je me suis limité à lui répondre qu’il était très facile de répondre à la question, même si on y répondait toujours mal quand on y répondait.

« En tant que citoyen des deux pays, ce dilemme ne produit aucun conflit en moi. Dans un cas hypothétique (et absurde) de guerre entre l’Uruguay et les USA, je n’hésiterais pas à me mettre du côté de la vérité et de la justice, c’est-à-dire de ceux qui, à mon avis, ont raison. Je défendrais qui a raison dans la dispute. De cette façon, je leur rendrais un service à tous les deux, même s’il serait modeste et sûrement non pertinent. À l’un pour avoir défendu sa raison et son droit, et à l’autre pour avoir résisté à son erreur ».

Le garçon a dit qu’il comprenait. Qui sait ? Je ne suis pas si optimiste à propos d’autres personnes qui ont déjà fossilisé des convictions comme celle du “patriotisme” et d’autres prestigieuses fictions lacrymogènes. Des citoyens honnêtes et d’autres, qui ont été endoctrinés depuis l’âge préscolaire à donner plus d’importance à un chiffon coloré qu’à la vérité et à la justice.

 

El falso dilema del patriotismo

En mis años como profesor en diferentes universidades de Estados Unidos, me ha tocado tener en mis clases a estudiantes que estaban realizando la carrera militar. Marines, aviadores y todo tipo de futuros integrantes de las elites del ejército estadounidense. Este grupo es minoritario en universidades no militares (normalmente no pasa del cuatro por ciento). Como profesor consejero, me fueron asignados algunas veces excombatientes de las guerras Afganistán y de Iraq (esa misma que, desde enero de 2003, desde España, denunciamos en diferentes medios como un crimen internacional y el origen de la futura crisis estadounidense). Estos jóvenes reventados, física y emocionalmente, muchos de ellos con PTSD (trastorno de estrés postraumático) me confesaron sus experiencias, frustraciones y hasta fanatismos, alguno de los cuales habitan en mis novelas, con otros nombres y en otras historias.

En mis cursos sobre América Latina intento que no falten los eventos más relevantes de la historia de las Américas, ampliamente ignorados por el público en general y hasta por los mismos estudiantes universitarios. Eventos donde el papel que jugó Estados Unidos frecuentemente ha sido, como cualquier persona medianamente informada sabe, patético: despojo de los territorios indios, de los mexicanos; sangrientas intervenciones en los países caribeños y centroamericanos en defensa de las grandes compañías internacionales, arrogancia y racismo explicito, instalación o respaldo de sangrientas dictaduras por todas partes, represiones populares, destrucción de democracias como en Guatemala y en Chile, apoyo al terrorismo de Estado o a terroristas depuestos, como los Contras (“Freedom Fighters”), asesinato de religiosos, obreros, campesinos, sindicalistas, periodistas e intelectuales bajo diferentes excusas por parte de mafiosos entrenados en instituciones como la Escuela de las Américas o por sus soldados, que tanto obedecían la orden de limpiar los baños de sus superiores como de masacrar una aldea de sospechosos. Y un largo, larguísimo etcétera.

A pesar de proceder de las narrativas populares que todos los países repiten hasta el hastío, del siempre subyacente adoctrinamiento de Nosotros-somos-los-buenos-y-los-otros-los-malos, estos jóvenes, cada vez que se enfrentaron a la dura realidad documentada y probada de los hechos históricos, han sido siempre respetuosos. Al menos en el salón de clase. Respetuosos de una forma que rara vez se encuentra entre los mismos latinoamericanos procedentes de las tradicionales elites dominantes de las diversas repúblicas bananeras del sur o de las clases subalternas que apoyaron todo tipo de atrocidades contra sus propios pueblos, siempre en nombre de alguna excusa, dependiendo del momento histórico: negros quilomberos, indios borrachos, pobres haraganes, obreros parásitos, sirvientas putas, curas comunistas, intelectuales marxistas, and so on.

Una vez, uno de esos excombatientes del ejército estadounidense me propuso escribir un ensayo sobre Ernesto Che Guevara. Le di luz verde, como no podía ser de otra forma ante la petición de un estudiante interesado por investigar algo, pero luego nunca apareció por mi oficina para discutir el proyecto. Cuando se vencía el plazo de entrega, apareció y me dijo, con el tono de voz de alguien que está hablando muy en serio:

“Aunque no tiene ninguna importancia académica, debo decirle que soy anticomunista y que nunca me cayó bien Ernesto Guevara. Mis amigos de Miami dicen que era un asesino. Pero si yo hubiese sido un guatemalteco o un boliviano en los años sesenta, no tengo dudas que me hubiese unido a los guerrilleros del Che”.

Me dejó su ensayo en la mesa y se fue.

Sería casi imposible que un latinoamericano fuese capaz de este tipo de apertura. Los latinoamericanos suelen ser más fanáticos. Porque el colonizador no necesita ser fanático para defender sus intereses. El colonizado, alguien que defiende a muerte su propia opresión, sí.

Aquí en Estados Unidos conocí a muchos latinoamericanos (por suerte no la mayoría) que dicen venir escapando de alguna dictadura comunista (que en la historia latinoamericana son raras excepciones comparadas con la rica y centenaria tradición de las dictaduras capitalistas) donde no podían expresarse libremente. Apenas uno menciona algo que no les gusta, te invitan a abandonar el país de la Libertad y mudarte a Venezuela. Mentalidad intolerante y autoritaria que, obviamente, dice mucho sobre la realidad que supuestamente dejaron atrás. Como aquella otra estudiante que no le gustó que dijese que el FBI consideraba a Posada Carriles como un peligroso terrorista porque su abuelito cubano también había trabajado para la CIA y también vivía en Miami (de hecho, el abuelito solía seguir mis clases por su teléfono, según me confesó la misma estudiante).

Cierta vez, uno de mis estudiantes latinoamericanos me lanzó una de esas típicas preguntas que son como caballitos de Troya.

“Según tengo entendido –dijo–, usted es ciudadano uruguayo y estadounidense. Tiene doble ciudadanía. Mi pregunta es: en caso de una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, ¿a qué país defendería usted?”

La pregunta era reveladora. Revelaba un paquete conocido de preceptos ideológicos que suelen manipularse a la perfección por los políticos y por todos aquellos que creen que un país es un monolito ideológico, una secta, un ejército, un equipo de futbol. Escuché preguntas similares en otros países, aplicadas como un martillo sobre judíos, musulmanes, y todos aquellos que son percibidos como binacionales.

Mi estudiante, al que aprecio como persona, con su uniforme caqui de los marines esa tarde, sonrió, como quien acaba de dar jaque en una partida de ajedrez.

Sólo me limité a aclararle que la pregunta era muy fácil de responder, a pesar de que siempre se respondía mal, cuando se respondía.

“Como ciudadano de ambos países, ese dilema no me produce ningún conflicto. En un caso hipotético (y absurdo) entre una guerra entre Uruguay y Estados Unidos, no dudaría en ponerme de lado de la verdad y la justicia, es decir, de quien, a mi juicio, está en lo justo. Defendería a quién tiene razón en la disputa. De esa forma, les haría un favor, aunque modesto y seguramente irrelevante, a los dos. A uno por defender su razón y derecho, y al otro por resistir su error”.

El muchacho dijo entender. Quién sabe. No soy tan optimista con respecto a otra gente que ya ha fosilizado convicciones como eso del “patriotismo” y otras prestigiosas ficciones lacrimógenas. Ciudadanos honestos y otros no tanto quienes han sido adoctrinados desde la tierna edad preescolar a dar más importancia a un trapo de colores que a la verdad y a la justicia.

 

JM, diciembre 2018

种族主义无需种族主义者

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种族主义无需种族主义者

“世界新地图”
© Rafat Alkhateeb / Cartoon Movement

乌拉圭裔美国作家豪尔赫·马杰夫(Jorge Majfud)认为,如今关于所谓“移民危机”的争论具有种族主义的成分。这种模式在不同的法律、叙事和实践中不断重现,数个世纪以来一直如此。 在以史实举例说明之后,他指出人们在这场激烈的争论中忽略的一个问题,即今天有50万欧洲人在美国非法居住,而在墨西哥非法居住的美国人则有100万之众。

豪尔赫·马杰夫

在我的课堂上,我总是努力澄清观点与事实之间的区别。这既是一项基本规则,亦是一个十分简单的智力练习,但是在启蒙时代之后,我们便疏于进行这项练习了。2005年在课堂上,我注意到有一些学生提出某观点“是正确的,因为我相信它”,而且他们并不是在开玩笑。从那时起,我便开始十分注意这个显而易见的问题。也是从那时起,我便注意到越来越明显的将物理学与形而上学混淆的趋势( 然而哲学家阿维罗伊在一千年前便澄清了这一问题),即将信仰作为至高无上的标准,而忽略与信仰相反的一切事实。这一想法起源于美国南部的教堂。

但是批判性思维远远不仅限于分辨事实与观点。让我们来试图定义事实这一概念。矛盾的是,绝对意义上的客观来源于单一视角。而且人人都知道,如果使用照相机或摄像机的镜头,只能捕捉到事实的某一部分,这一部分通常是主观的,或者打着所谓“客观”的旗号扭曲了事实。

出于某些原因,学生们往往对观点比对事实更感兴趣,也许是因为他们过度相信观点是数千事实的综合。这是一个非常危险的想法,但我们亦不能在需要发表观点时逃避。我们能做的,就是意识到观点即使经过深思熟虑,仍然是需要经过检验或者质疑的。

一个观点

一天,学生们讨论了5000名中美洲人(其中至少1000名儿童)为了逃离暴力,乘坐大篷车前往美国与墨西哥边境这一问题。美国总统特朗普下令关闭边境,并将避难者称为“入侵者”。2018年10月29日,他发布推特称:“此举是为对我国的入侵,我们的军队在此恭候。”美国单单在边境部署军队一项的支出就达到了两亿美元。

我有一名学生坚持希望听到我对此事的观点,我便从这个问题中最有争议的方面开始论述。我观察到美国是建立在对侵略的恐惧之上的,只有小部分人一直了解这一弱点会带来怎样的后果。也许这种偏执的看法与1812年英国入侵有关。但从历史上来看,除了2001年的9·11事件,及在此之前发生在外国领土的美军基地的珍珠港事件,还有20世纪初墨西哥人潘乔·比利亚短暂侵入美国之外,美国几乎从来没有在其领土上受到侵略。但自美国建立之初,便不断入侵他国:打着包围安全的旗号,首先侵略印度,接下来是半个墨西哥,并在得克萨斯到加州重新建立奴隶制,并介入拉丁美洲事务,镇压民众抗议并支持血腥的独裁统治,这些事件无一例外都以悲剧收场。

因此,几千个穷苦民众会入侵世界上最强大的国家这一观点,仅仅是个蹩脚的玩笑罢了。同样,从另一个角度来看,墨西哥人采取同样的仇外言论也是不好的,这种做法无异于向他人施加自己曾经承受过的痛苦。

批判视角

在讨论过程中,我顺便提到了除偏执外,该理论还有种族歧视的成分。

我的一个学生说:“保卫边疆并不代表需要成为种族主义者。”

确实如此。保卫边疆或维持法律秩序并不代表我们需要成为种族主义者。乍一看,这句话看似无可辩驳。但如果我们从历史角度来看,并考虑到目前的时代背景,更加广义的种族主义便浮现在我们眼前。

19世纪末,法国小说家阿纳托尔·弗朗士写道:法律在平等的大前提下,同样避免富人与穷人露宿桥下、在街头乞讨、偷盗。”支持经济分层文化的并不都是精英主义者,宣扬性别主义的也并不全是性别主义者。通常的情况是人们无意中参与了某种文化活动并支持某项法规。

我在黑板上画了一个几何图形,并询问同学们看到了什么。所有人都回答说看到了立方体或盒子,即使是最有创意的想法也没有脱离三维的概念。但事实上,我画的仅仅是由三个菱形组成的六边形而已。一些澳大利亚部落的居民看到这幅图片,并不会想到三维的概念,而是二维的图像。我们所看到的图像是我们所认为的客观。

双重标准

当林肯总统在美国内战(1861-1865)中获胜时,他结束了长达百年的独裁统治,但在此之前,人民都称之为“民主”。在18世纪以前,黑人奴隶在南加利福尼亚等州的比例超过50%。但是他们并不是美国公民,甚至连最基本的人权都没有。

在林肯总统执政的多年以前,种族主义者和反种族主义者均提议解决“黑人问题”的办法就是将他们“送回”海地或非洲。最终,许多黑人奴隶成立了利比里亚(我的一名学生阿迪亚便来自这个国家)。英国人也采用了同样的方法,以“摆脱”英国的黑人。随后,在林肯总统执政期间,黑人成为美国公民,但控制其数量的办法是通过增加获得投票权的难度(例如设立人头税)与向移民开放国家边界。

自由女神像是法国人民为纪念1776年独立宣言一百周年向美国人民赠送的礼物。如今,她仍在无声呐喊:“给我你们疲惫、穷苦、蜷缩而渴望自由的人民……”通过这样的方式,美国向大批贫穷的移民敞开了大门。当然,其中绝大部分是贫穷的白人。有许多人反对意大利人和爱尔兰人的到来,因为他们是红头发的天主教徒。但无论如何,人们对待他们的态度好过黑人。黑人无法从非洲移民,不仅因为他们到美国的距离比欧洲到美国的距离更远,也因为他们更加贫穷,而且当时几乎没有任何航线能够让他们到达纽约。中国人有更多机会能够到达西海岸,也正是因为这个原因,1882年通过的一项法令禁止中国人来到这里。

我知道这是一个调整人口结构,也就是调整政治、社会及种族结构的有效方法。目前对于改变而产生的紧张情绪仅仅是旧时逻辑的延续而已。如果不是这样的话,成为少数群体的一部分与和他人不同又有什么关系呢?

你不需要成为一名种族主义者……

显然,如果你是一名遵纪守法的良民,你并不会为此成为一名种族主义者。但是,如果国家的法律和文化具有种族主义的色彩,你也会在不知不觉中受到影响。在美国,没有人反对加拿大或者欧洲移民,在欧洲甚至南美洲的南部(拉丁美洲最南部地区,居民主要是欧洲人的后裔)也是如此。但与此同时,人人都在担心黑人移民与南部的混血移民,因为他们不是白人,也不是“好人”,而是贫穷的“坏人”。目前,美国共有约50万来自欧洲的非法移民,但并没有人关注该问题,正如100万美国公民正非法居住在墨西哥,却无人关注一样。

移民所来自的国家没有一个是共产主义国家。那么,让我们从共产主义的角度来考虑冷战前一个世纪的种族和文化因素:每一名深肤色的工人都被视为罪犯,而不是共同发展的机遇。移民法律本身就充满了对贫穷工人的恐惧。

诚然,并不只有种族主义者才会支持法律法规及保卫边境的安全。当我们满口强调对人权与自由的斗争与同情时,也并不只有种族主义者才会传播和支持传统种族主义与社会分级的范式。

 

延伸阅读:

联合国在马拉喀什启动协作网络,支持会员国解决移民问题(link is external)

豪尔赫·马杰夫

豪尔赫·马杰夫是美国佛罗里达州杰克逊维尔大学拉美文学及国际研究学的教授,是著名的乌拉圭裔美国作家,常为国际媒体撰文,并著有多部小说,包括《美国皇后》、《危机与龙舌兰》及多部文集,如《语义场理论》。

العنصرية لا تحتاج لوجود عنصريين لاثباتها

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العنصرية لا تحتاج لوجود عنصريين لاثباتها

«خارطة جدية للعالم»
© Rafat Alkhateeb / Cartoon Movement

إن النقاش حول ما نسميه “أزمة الهجرة” له بعد عنصري. فهو نمط يعيد نفسه باستمرار في قوانين وحكايات وممارسات مختلفة، حيث حصل ذلك على مدى قرون وفقا لما ذكره الكاتب الأوروغواياني الأمريكي خورخي ماجفود. ويشير الكاتب من خلال رحلة استكشافية عبر التاريخ الى وجود صمت تام حيال النقاش الساخن ذاته، عن أي ذكر لنحو نصف مليون مهاجر أوروبي يعيشون بصورة غير شرعية في الولايات المتحدة ومليون أميركي آخر يعيشون بصورة غير قانونية في المكسيك.

خورخي محفوظ

من التمارين الفكرية البسيطة التي نحن مدينون بها في عصر ما بعد التنوير والتي اعتبرها من المهام الأساسية عند إلقاء المحاضرات هو عملية التمييز بين الحقيقة والرأي. فقد أصبحت مهووسا حيال بعض الأمور الواضحة عندما لاحظت في سنة 2005 أن بعض الطلاب كانوا يجادلون بأن شيئًا ما «صحيح لأنني أؤمن به» – وهم لم يكونوا يمزحون. فمنذ ذلك الحين والشك ينتابني في أن مثل هذا التكييف الفكري، مثل الخلط بين الفيزياء والميتافيزيقيا (كما أوضحه ابن رشد قبل ألف عام تقريبا) – والذي أصبح عاما بعد عام مهيمنا بشكل متزايد (الإيمان كمعيار أعلى، بغض النظر عن كل الأدلة على العكس) –  ترجع أصوله الى الكنائس المهيبة في جنوب الولايات المتحدة.

لكن التفكير النقدي لا ينطوي على مجرد تمييز الحقائق من الآراء، فمحاولة تعريف الحقيقة يكفي. حيث ان فكرة الموضوعية في حد ذاتها تنبع من منظور واحد ومن عدسة واحدة وأي شخص يعرف أنه بعدسة واحدة أو فيديو واحد يتم التقاط جزء واحد فقط من الواقع، والذي غالباً ما يكون غير موضوعي أو يستخدم لتشويه الواقع لمصلحة الموضوعية المفترضة.

لسبب ما، يبدي الطلاب اهتماما كبيرا للآراء أكثر من الحقائق. فقد يكون السبب هو الاعتقاد الخرافي بأن الرأي المستنير هو نتاج آلاف الحقائق، وهذه فكرة خطيرة ، ولكن لا يمكننا التنصل والهروب من مسؤوليتنا في إبداء رأينا عند الحاجة. فكل ما يمكننا فعله وما يجب علينا القيام به هو أن نلاحظ أن المصادر المطلعة لا تزال تشكل رأياً يجب اختباره أو تحديه.

وجهة نظر

ذات يوم، ناقش الطلاب فرار قافلة تضم 5000 أمريكي من أمريكا الوسطى (من بينهم ألف طفل على الأقل) هروبا من العنف الدائر متجهين إلى الحدود المكسيكية الامريكية. في حين أمر الرئيس الامريكي دونالد ترمب بإغلاق الحدود واصفا هؤلاء الفارين بـ«الغزاة». وفي 29 أكتوبر 2018، غرد ترامب قائلا: «هذا غزو لبلدنا، والعساكر بانتظاركم!».  وهذا التمركز العسكري على الحدود وحده كلف الولايات المتحدة حوالي 200 مليون دولار.

وبما أن أحد طلابي أصرّ على معرفة رأيي، اتخذت الجانب الأكثر إثارة للجدل كبداية للتعبير. وكانت ملاحظتي أن هذا البلد، الولايات المتحدة، قد تأسس على خوف من الغزو، ولم يعرف سوى عدد قليل من الأشخاص كيفية استغلال هذا الضعف، مع عواقب مأساوية. فربما يكون جنون الشك هذا قد جاء مع الغزو الإنجليزي عام 1812، ولكن لو نتمعن في التاريخ نجد أن الولايات المتحدة لم تتعرض عمليا للغزو على أراضيها – باستثناء هجمات 11 سبتمبر 2001، وتلك على بيرل هاربور الذي كان في ذلك الوقت قاعدة عسكرية على أراض أجنبية، وقبل ذلك في بداية القرن العشرين الهجوم الذي قام به شخص يمتطي حصانا يدعى بانشو فيلا. لكن الولايات المتحدة تخصصت بالفعل في غزو دول أخرى منذ تأسيسها – فقد استولت على الأراضي الهندية، ثم نصف المكسيك، لإعادة تثبيت العبودية من تكساس إلى كاليفورنيا. كما تدخلت بشكل مباشر في شؤون أمريكا اللاتينية لقمع الاحتجاجات الشعبية ودعم الديكتاتوريات الدموية – كل ذلك باسم الدفاع والأمن، وكانت تدخلاتها مصحوبة دائما بعواقب مأساوية.

ولهذا فإن الفكرة بأن بضعة آلاف من الفقراء على الأقدام سيغزون أقوى بلد في العالم هي ببساطة مزحة من العيار الثقيل، وكذلك كانت هذه المزحة بنفس الثقل بالنسبة لبعض المكسيكيين على الجانب الآخر لِيتبنوا نفس الخطاب الموجه الذي ينطوي على كراهية الأجانب والذي تم توجيهه إليهم – مما تسبب بنفس الإساءات التي عانى منها الاخرين.

وجهة نظر نقدية

ذكرت في السياق ذاته أن الدافع العنصري كان حاضرا بالاضافة الى جنون الشك الأساسي.

وقال أحد الطلاب: «لست بحاجة لأن تكون عنصريا للدفاع عن الحدود».

وبالفعل لاحظت صحة ذلك، فأنت لست بحاجة إلى أن تكون عنصريًا للدفاع عن الحدود أو القوانين. فللوَهلة الأولى، نجد أن البيان لا يقبل الجدل، ومع ذلك، لو أخذنا بعين الاعتبار التاريخ والسياق المعاصر الأكثر اتساعا، فإن نمطًا عنصريًا صريحًا يظهر لنا جليا وعلى الفور.

ففي نهاية القرن التاسع عشر، كتب الروائي الفرنسي أناتول فرانس: «القانون في مساواته المهيبة، يحرم الأغنياء والفقراء على حد سواء من النوم تحت الجسور والتسول في الشوارع وسرقة الخبز». فليس من المهم أن تكون من النخبة لكي تدعم ثقافة طبقية اقتصادية. ولست بحاجة إلى أن تكون متحيزًا جنسيًا لنشر أكثر أشكال التمييز الجنسي شيوعًا.  فكل ما يتطلبه الأمر هو الانخراط في ممارسات ثقافية معينة والتعبير عن دعمك لبعض القوانين أو غيرها.

لقد قمت برسم صورة هندسية على اللوح وسألت الطلاب عنها، أجاب الجميع أنهم رأوا مكعبًا أو صندوقًا. لم تخرج الاختلافات الأكثر إبداعًا عن فكرة الأبعاد الثلاثية، في حين أن ما رسمته في الواقع لم يكن أكثر من ثلاثة دالات على هيئة شكل سداسي. فبعض القبائل في أستراليا لاترى نفس الشكل بأبعاده الثلاثة بل بالأحرى تراه على هيئة شكل ثنائي الأبعاد، فنحن نرى ما نعتقده وهذا ما نسميه بالموضوعية.

ازدواجية المعايير

عندما خرج الرئيس أبراهام لينكولن منتصرا من الحرب الأهلية الأمريكية (1861-1865)، وضع حدًا لديكتاتورية مائة عام، والتي حتى يومنا هذا يسميها الجميع بـ«الديمقراطية». فبِحلول القرن الثامن عشر، كان العبيد السود يشكلون أكثر من خمسين في المائة من السكان في ولايات عدة مثل ساوث كارولينا – في حين لم يكونوا مواطنين أمريكيين ولم يتمتعوا حتى بالحد الأدنى لحقوق الإنسان. وقبل عدة سنوات من حكومة لينكولن، اقترح كل من العنصريين والمناهضين للعنصرية حلاً «لمشكلة الزنوج» وذلك من خلال إعادتهم إلى هاييتي أو أفريقيا، حيث انتهى الأمر بالعديد منهم إلى تأسيس دولة ليبيريا (أحد طلابي، أدجا، هو من عائلة قادمة من هذا البلد الأفريقي). قام الإنجليز بنفس الشيء ل«تخليص» إنجلترا من السود. ولكن في ظل حكم لينكولن أصبح السود مواطنين، وكانت إحدى الأساليب لتقليصهم وجعلهم أقلية هي تصعيب عملية التصويت (مثل فرض ضريبة على الاقتراع) و أيضًا من خلال فتح حدود البلاد للهجرة.

لا يزال تمثال الحرية الذي أهداه الشعب الفرنسي إلى الشعب الأمريكي للاحتفال بالذكرى المئوية لإعلان الاستقلال سنة 1776، يبكي بشفاه صامتة: «أعطني حشودك المتجمعة المتعبة الفقيرة التواقة الى التنفس بحرية». وبهذه الطريقة، فتحت الولايات المتحدة أذرعها لموجًات من المهاجرين الفقراء. بالطبع، كانت الغالبية العظمى من البيض الفقراء. حيث عارض الكثيرون قدوم الإيطاليين والإيرلنديين لأنهم كاثوليك من ذوي البشرة الحمراء. ولكن كان ينظر إليهم على أنهم أفضل من السود. ولم يكن السود قادرين على الهجرة من أفريقيا، والسبب في ذلك ليس فقط لأنهم أبعد كثيرًا من الأوروبيين، ولكن أيضًا لأنهم كانوا أكثر فقراً، ولم تكن هناك أية طرق شحن ليصلوا بها إلى نيويورك. في حين كان لدى الصينيين فرص أكثر للوصول إلى الساحل الغربي،  ولكن سُن قانون في عام 1882 يمنعهم من المجيء لمجرد كونهم صينيين.

حسب فهمي، كانت هذه طريقة خفية وقوية لإعادة تشكيل التركيبة السكانية، وهذا ما يسمى بالتكوين السياسي والاجتماعي والعنصري للولايات المتحدة. فالعصبية الحالية حول التغيير في الشكل ليست أكثر من استمرار لهذا المنطق القديم نفسه. إن لم يكن الأمر كذلك، فما هو الشي المشين في كونك جزءًا من مجموعة أقلية أو أن تكون مختلفًا عن الآخرين؟

لست بحاجة إلى أن تكون عنصريا…

من الواضح أنك إذا كنت شخصًا صالحًا وكنت تؤيد تطبيق القوانين بشكل صحيح، فهذا لا يجعلك عنصريًا. فأنت لست بحاجة إلى أن تكون عنصريًا عندما يكون كل من القانون والثقافة عنصريين. ففي الولايات المتحدة، لا أحد يحتج على المهاجرين الكنديين أو الأوروبيين، وينطبق الأمر نفسه على أوروبا وحتى في المخروط الجنوبي لأمريكا الجنوبية [المنطقة الجنوبية لأمريكا اللاتينية، التي يسكنها بشكل أساسي أحفاد الأوروبيين]. لكن الجميع قلقون من السود والأشخاص المختلطين من الجنوب. لأنهم ليسوا بيضا و «جيدين» ولكنهم فقراء و «سيئيين». ففي الوقت الراهن، يعيش ما يقرب من نصف مليون مهاجر أوروبي بشكل غير قانوني في الولايات المتحدة ولا أحد يتحدث عنهم، كما لا يتحدث أحد حول كيف يعيش مليون مواطن أمريكي في المكسيك، والعديد منهم بصورة غير شرعية.

بإبعاد دريعة الشيوعية على أنها السبب (أيا من تلك الدول، التي تعاني من فشل مزمن والتي قدم منها المهاجرون، كانت شيوعية) دعونا مرة أخرى نقوم بمراجعة المبررات العرقية والثقافية التي سبقت حقبة الحرب الباردة. يُنظر الى جميع العاملين ذوي البشرة الداكنة على أنهم مجرمون بدلا من فرص للتنمية المتبادلة، حتى قوانيين الهجرة ذاتها مشبعة بالخوف من العمال الفقراء. وبالفعل، فأنت لست بحاجة إلى أن تكون عنصريًا لدعم القوانين وحدود أكثر أمنًا، ولا تحتاج إلى أن تكون عنصريا لتنشر وتدعم نموذجًا عنصريًا وطبقيًا قديمًا، بينما نملأ أفواهنا بترهات حول الرحمة والنضال من أجل الحرية والكرامة الإنسانية.

لمزيد المعلومات:

مؤتمر مراكش الحكومي الدولي 2018 لاعتماد الميثاق العالمي للهجرة الآمنة والمنظمة والمنتظمة

حكومات العالم تعتمد الاتفاق العالمي للهجرة لمنع المعاناة والفوضى(link is external)

مراكش… الأمم المتحدة تطلق شبكة تعاونية لدعم الدول الأعضاء في إدارة الهجرة(link is external)

رابطة المدن الأمريكية لمكافحة العنصرية والتمييز

 

خورخي محفوظ

أستاذ في الأدب الأمريكي اللاتيني والدراسات الدولية بجامعة جاكسونفيل في فلوريدا، في الولايات المتحدة. ساهم خورخي محفوظ، وهو كاتب امريكي اوروغواياني مشهور، بانتظام في وسائل الإعلام الدولية، كما ألف العديد من الروايات بما في ذلك ملكة أمريكا، كرايسس اند تيكيلا، بالاضافة الى عدة مقالات

Для расизма не нужны расисты

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Для расизма не нужны расисты

“Новая карта мира”.
© Rafat Alkhateeb / Cartoon Movement

По мнению уругвайско-американского писателя Хорхе Махфуда, в дискуссиях о так называемом миграционном кризисе отчетливо слышны ноты расизма, не утихающие на протяжении вот уже многих веков и то и дело звучащие в законах, публичных выступлениях и укоренившихся моделях поведения. Отталкиваясь от текущих событий, Махфуд предлагает нам посмотреть на историю Соединенных Штатов критически и указывает на полное отсутствие в этих ожесточенных спорах упоминаний о полутора миллионах белых мигрантов, нелегально проживающих в Мексике и США.

Хорхе Махфуд

На своих занятиях я всегда четко разграничиваю факты и мнения. Сегодня, в эпоху отвержения идеалов Просвещения, эта простая мыслительная операция имеет принципиальное значение. Впервые я осознал очевидную необходимость такого разграничения в 2005 году, когда услышал из уст некоторых моих студентов слова «это так, потому что я в это верю» ‒ причем говорили они совершенно серьезно. С тех пор я не раз задумывался о том, где берет начало этот интеллектуальный рефлекс, это смешение физических и метафизических понятий, о котором 1000 лет назад говорил Аверроэс и которое с каждым годом лишь сильнее закрепляется в людских умах ‒ вера как высшая ценность, даже когда реальность утверждает обратное. Не причастны ли к этому влиятельные церкви на юге США?

Однако критическое мышление ‒ феномен намного более сложный, чем простое разделение фактов и мнений. Попробуем дать определение факту. Как это ни парадоксально, само понятие объективности предполагает некоторую односторонность, рассмотрение предмета лишь с одной точки зрения, через один объектив, если провести аналогию с фотоаппаратом. Однако не секрет, что в объектив камеры или фотоаппарата видна лишь часть реальности, которая, к тому же, зачастую является субъективной или намеренно используется для искажения реальности под прикрытием объективности.

Как бы то ни было, студентов интересуют скорее мнения, чем факты. Быть может, причина кроется в суеверном убеждении, что мнение эксперта обобщает в себе тысячи различных фактов. Это убеждение, однако, таит немало подводных камней. Безусловно, мы вынуждены выражать свое мнение, когда нас об этом просят. Но и в этом случае мы можем ‒ и даже обязаны ‒ напомнить, что даже мнение самого выдающегося специалиста представляет собой не более чем мнение, которое еще нужно доказать или опровергнуть.

Мнение

На днях мои студенты обсуждали идущий в сторону США пеший караван ‒ около 5 000 выходцев из Центральной Америки (по крайней мере пятую часть которых составляют дети), которые бегут от процветающего в их странах насилия. Президент США Дональд Трамп приказал закрыть границы, назвав этих нищих мигрантов, надеющихся обрести в Соединенных Штатах убежище, «захватчиками». Возмущенное послание, которое он опубликовал в своем Твиттере 29 октября 2018 года, ‒ «Это вторжение в нашу страну, и наша армия ждет вас!» ‒ облетело весь мир. Переброска военных к границе обошлась США в каких-то 200 миллионов долларов.

Один из студентов очень просил меня высказать свое мнение, и я решил подойти к вопросу со стороны, вызывающей наибольшие противоречия. Вся история Соединенных Штатов проникнута страхом перед вторжением внешних захватчиков, и всегда находились люди, которым удавалось ‒ с трагическими последствиями ‒ использовать эту слабость в свои интересах. Возможно, эта всеобщая паранойя уходит корнями в 1812 год, когда на Америку напали англичане, однако история гласит, что территория Соединенных Штатов не знала вторжений (за исключением терактов 11 сентября 2001 года, нападения на американскую военную базу Перл-Харбор на Гавайях в 1941 году ‒ заметим, что в то время Гавайи не еще принадлежали США ‒ и, в самом начале XX века, краткого вторжения на территорию страны мексиканца Панчо Вилья верхом на своем коне. В то же время сама эта страна с момента своего основания не прекращала вторгаться и захватывать: сначала исконные земли индейцев, затем половину мексиканской территории начиная с Техаса, с целью установления рабства, вплоть до Калифорнии. Вспомним и прямое вмешательство во внутренние дела стран Латинской Америки путем подавления народных восстаний и оказания поддержки кровавой диктатуре под лозунгами обороны и безопасности. Последствия всего этого неизменно были трагическими.

Так что мысль, что несколько тысяч несчастных пеших иностранцев захватят самую  сильную державу мира ‒ не более чем плохая шутка. Под стать факту о том, что небольшая группа мексиканцев по другую сторону границы поддержала эти ксенофобские идеи и учинила другим насилие, от которого они сами страдали.

Критический взгляд

В ходе той беседы со студентами я вскользь упомянул, что помимо ничем не оправданной паранойи эта дискуссия носит расистский характер.

«Но ведь вовсе не обязательно быть расистом, чтобы защищать свои границы», ‒ возразил один из моих собеседников. Безусловно, это так, был мой ответ. Для защиты границ или законов вовсе не требуется быть расистом, и, на первый взгляд, это утверждение кажется неопровержимым. Однако если мы посмотрим на историю страны или текущие события в более широком плане, в глаза сразу же бросается откровенно расистская модель.

В конце XIX века французский писатель Анатоль Франс писал: «С целью установления равноправия закон запрещает спать под мостом, просить милостыню и красть хлеб одинаково всем людям, как богатым, так и бедным». Не обязательно быть элитаристом, чтобы поощрять разделение общества на классы. Не нужно быть женоненавистником, чтобы поддерживать гендерную дискриминацию в самых гнусных ее проявлениях. Чаще всего достаточно лишь следовать заведенному порядку или выступать в поддержку определенных законов, не пытаясь посмотреть на них критически.

Я нарисовал на доске геометрическую фигуру и спросил у студентов, что они видят. Кто-то говорил о кубе, кто-то о коробке, но даже самые оригинальные ответы не выходили за рамки трехмерности, хотя я изобразил лишь три ромба, соединенные в шестиугольник. В каких-нибудь австралийских племенах этот рисунок ассоциировался бы исключительно с двухмерностью. Мы видим лишь то, что думаем, и называем это объективной реальностью.

Двойные стандарты

Одержав победу в войне Севера и Юга (1861-1865), Авраам Линкольн положил конец столетней диктатуре, которую мы продолжаем называть «демократией». В  XVIII веке чернокожие рабы составляли более половины населения в таких штатах, как Южная Каролина, но при этом не считались ни американскими гражданами, ни даже людьми, обладающими минимальным набором прав. Еще задолго до Линкольна сторонники и противники расизма предлагали решить «негритянский вопрос», отправив чернокожих на Гаити или в Африку, где те позднее основали Либерию, историческую родину моей студентки по имени Аджа. Англичане поступили точно так же, чтобы «очистить» Англию от своих чернокожих. Однако при Линкольне чернокожие были признаны гражданами страны, и с целью их превращения в меньшинство было не только ограничено их избирательное право (например, посредством введения специального налога), но и открыты границы для иммигрантов.

Статуя Свободы, дар Франции по случаю столетия со дня принятия американской Декларации независимости 1776 года, продолжает свой немой призыв: «Отдайте мне ваш изможденный, ваш обездоленный народ, столь жаждущий свободы…». И действительно, в США полились волны бедных мигрантов. Подавляющее большинство из них, естественно, были белыми. Многие американцы были против приема итальянцев и ирландцев по причине их рыжих волос и католической веры. Но все-таки они были на лучшем счету, чем чернокожие. Африканцы же попросту не могли добраться до Америки – не только потому, что от Нового Света их отделяло намного более значительное расстояние по сравнению с европейцами, но и потому, что они были несравнимо более бедными. К тому же, в то время практически отсутствовали морские пути, соединяющие Африку с Нью-Йорком. Китайцам было проще добраться до западного побережья США, и можно не сомневаться, что именно по этой причине в 1882 году был принят закон, запрещающий им въезд на американскую территорию на основании лишь одного их китайского происхождения.

Я считаю, что именно так были очень ловко и успешно сформированы демографические – иными словами, политические, социальные и расовые – пропорции США. Нынешнее беспокойство по поводу изменения этих пропорций следует той же логике. Но разве есть что-то плохое в том, чтобы принадлежать к меньшинству, отличаться от других?

Не обязательно быть расистом…

Безусловно, если вы порядочный человек и приветствуете соблюдение закона, вы автоматически не становитесь расистом. Но вовсе не обязательно быть расистом, если в общественном сознании уже укоренились расистские законы и культура. Никто в США не выступает против мигрантов из Канады или Европы. То же самое можно сказать о Европе и даже о Южном конусе [самой южной части Латинской Америки, населенной преимущественно потомками переселенцев из Европы]. При этом всех поголовно настораживают чернокожие и метисы с юга. Лишь потому, что они не белые, а значит, «хорошие», а бедные, а значит, «плохие». В настоящее время в Соединенных Штатах проживает около полумиллиона нелегальных мигрантов из Европы. Однако никто о них не вспоминает, как никто не упоминает и миллион американцев, проживающих в Мексике – по большей части так же нелегально.

Поскольку сослаться на коммунизм более невозможно (ни одно из государств, стабильно находящихся в состоянии кризиса и являющихся основными странами происхождения мигрантов, не принадлежит к числу коммунистических), у нас остаются лишь оправдания расового и культурного свойства, бывшие в ходу до холодной войны. В каждом темнокожем трудящемся нам видится преступник, а не возможность для общего развития. При виде рабочих без средств к существованию миграционные законы диктует панический ужас.

Да, не обязательно быть расистом, чтобы защищать законы и требовать укрепления границ. Не обязательно быть расистом и для того, чтобы, на словах сочувствуя и поощряя свободу и уважение человеческого достоинства, на деле воспроизводить и закреплять старую расистскую и классовую модель.

Читайте также:

Что нужно знать о Договоре по миграции(link is external) (Марракеш, Марокко, 10 и 11 декабря 2018 года)

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Хорхе Махфуд

Известный уругвайско-американский писатель и преподаватель латино-американской литературы и международных исследований в Джексонвильском университете (США) Хорхе Махфуд является автором таких романов, как La reina de América («Королева Америки»), Crisis («Кризис») и Tequila («Текила»), и целого ряда эссе, среди которых Una teoría política de los campos semánticos («Политическая теория о семантических полях»). Х. Махфуд регулярно сотрудничает с различными международными изданиями.

Le racisme n’a pas besoin des racistes

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Le racisme n’a pas besoin des racistes

« La nouvelle carte du monde »
© Rafat Alkhateeb / Cartoon Movement

Le débat sur ce qu’on appelle la crise migratoire a une composante raciale qui se répète constamment dans différentes lois, discours et pratiques depuis des siècles,  selon l’écrivain uruguayen-américain Jorge Majfud. Après un détour par l’histoire, riche en enseignements, il rappelle à quel point le million et demi d’immigrants blancs qui vivent illégalement aux États-Unis ou au Mexique sont absents de ce débat houleux.

Jorge Majfud

Dans mes cours, je distingue toujours clairement les faits des opinions, c’est un principe, un exercice intellectuel très simple auquel nous contraint l’ère actuelle de refus des Lumières. Cette évidence a commencé à m’obséder en 2005, quand j’ai découvert que certains de mes étudiants affirmaient qu’« une chose est vraie parce que j’y crois », et ils ne disaient pas cela pour rire. Depuis, je me suis demandé si ce conditionnement intellectuel, cette confusion entre physique et métaphysique, dissipée il y a près de 1 000 ans par Averroès, et qui s’impose chaque année davantage ‒ la foi comme valeur suprême, contre toute réalité ‒ ne trouvait pas sa source dans les imposantes églises du sud des États-Unis.

Mais la pensée critique est bien plus complexe que la distinction des opinions et des faits.  Qu’on se contente d’essayer de définir un fait. La notion même d’objectivité, paradoxalement, procède d’une seule perspective, d’un seul objectif ; or chacun sait qu’avec l’objectif d’un appareil photo ou d’une caméra on n’obtient qu’une partie de la réalité, laquelle, bien souvent, est subjective ou utilisée pour déformer la réalité en prétendant à l’objectivité.

Pour une raison ou pour une autre, les étudiants s’intéressent donc plutôt aux opinions qu’aux faits. Peut-être à cause de la croyance superstitieuse qu’une opinion informée est une synthèse de milliers de faits. Idée périlleuse. Pourtant nous sommes bien obligés de donner notre opinion quand on nous la demande. La seule chose que nous pouvons – et devons – faire dans ce cas est de rappeler qu’une opinion, même éclairée, reste une opinion, qu’il faudra prouver ou réfuter.

Une opinion

L’autre jour, les étudiants discutaient de la caravane des 5 000 ressortissants d’Amérique centrale (dont au moins un millier d’enfants) en marche vers la frontière des États-Unis, fuyant la violence de leurs pays. Le président Donald Trump avait ordonné la fermeture des frontières, qualifiant d’« envahisseurs » ces immigrants pauvres en quête d’asile. Il s’indignait dans un tweet du 29 octobre 2018 : « C’est une invasion de notre pays et notre armée vous attend ! » L’envoi de militaires aux frontières a coûté aux États-Unis la bagatelle de 200 millions de dollars.

Un des étudiants ayant insisté pour que je donne mon avis, j’ai attaqué par le côté le plus controversé : ce pays, les États-Unis, est fondé sur la peur d’une invasion, et une poignée de personnes ont toujours su exploiter cette faiblesse, avec des conséquences tragiques. Peut-être cette paranoïa est-elle née lors de l’invasion anglaise de 1812, mais l’histoire nous dit pourtant que le territoire américain est toujours resté inviolé (si l’on excepte les attentats du 11 septembre 2001, l’attaque de Pearl Harbor en 1941 ‒ une base militaire à Hawaï, territoire étranger à l’époque ‒ et avant cela, au tout début du XXe siècle, la brève incursion d’un Mexicain à cheval nommé Pancho Villa). En revanche, le pays s’est spécialisé dans l’invasion depuis sa fondation : conquête des terres indiennes, puis de la moitié du territoire mexicain depuis le Texas, pour rétablir l’esclavage, jusqu’en Californie ; intervention directe dans les affaires intérieures de l’Amérique latine, en réprimant les mouvements populaires et en appuyant des dictatures sanglantes, tout cela au nom de la défense et de la sécurité. Avec, toujours, des conséquences tragiques.

Par conséquent, l’idée que quelques milliers de marcheurs pauvres vont envahir le pays le plus puissant du monde n’est qu’une plaisanterie de mauvais goût. Comme est de mauvais goût le fait qu’une poignée de Mexicains de l’autre côté de la frontière adoptent ce discours xénophobe, infligeant à d’autres les violences qu’ils ont eux-mêmes subies.

Vision critique

Dans le courant de la conversation, j’ai mentionné, en passant, qu’outre une paranoïa injustifiée, ce débat contenait une composante raciale.

« You don’t need to be a racist to defend the borders », a rétorqué un étudiant. Certes, ai-je répondu. Nul besoin d’être raciste pour défendre les frontières ou les lois. À première vue, l’énoncé semble irréfutable. Mais si on considère l’histoire et le contexte actuel au sens large, un schéma ouvertement raciste saute aussitôt aux yeux.

À la fin du XIXe siècle, le romancier français Anatole France écrivit : « La loi, dans un grand souci d’égalité, interdit aux riches comme aux pauvres de coucher sous les ponts, de mendier dans les rues et de voler du pain ». Nul besoin d’être élitiste pour défendre une culture de classe. Nul besoin d’être sexiste pour reproduire le sexisme le plus abject. La plupart du temps, il suffit de perpétuer, sans aucun sens critique, certaines pratiques culturelles, ou de défendre une loi quelconque.

J’ai dessiné au tableau une figure géométrique et je leur ai demandé ce qu’ils voyaient. Tous ont répondu : un cube, une boîte… Même les réponses les plus créatives ne sortaient pas de l’idée de tridimensionnalité, alors que je n’avais dessiné que trois losanges réunis en hexagone. Certaines tribus australiennes n’auraient perçu cette même image qu’en 2D. Nous voyons ce que nous pensons et appelons cela l’objectivité.

Deux poids, deux mesures

En sortant victorieux de la guerre de Sécession (1861-1865), le président Abraham Lincoln a mis fin à une dictature centenaire qu’on continue d’appeler « démocratie ». Au XVIIIe siècle, les esclaves noirs représentaient plus de la moitié de la population dans des États comme la Caroline du Sud, mais ils n’étaient pas considérés comme des citoyens américains, ni comme des êtres humains pouvant jouir d’un minimum de droits. Bien avant Lincoln, des racistes et des antiracistes ont proposé de résoudre le « problème des Noirs » en les « renvoyant » en Haïti ou en Afrique, où beaucoup d’entre eux ont fini par fonder le Libéria, d’où est originaire la famille d’Adja, une de mes étudiantes. Les Anglais ont procédé de la même façon pour « nettoyer » l’Angleterre de ses Noirs. Or sous Lincoln, les Noirs sont devenus des citoyens, et une façon de les réduire à une minorité a été non seulement de les empêcher d’aller voter (par exemple en leur imposant une taxe), mais aussi d’ouvrir les frontières à l’immigration.

La Statue de la Liberté, don des Français à l’occasion du centenaire de la Déclaration d’indépendance américaine de 1776, continue de proclamer de ses lèvres closes : « Donne-moi tes pauvres, tes exténués, tes masses innombrables aspirant à vivre libres… » En effet, les États-Unis ont accueilli des vagues d’immigrants pauvres. Bien entendu, des pauvres blancs, dans leur écrasante majorité. Beaucoup se sont opposés à l’arrivée des Italiens et des Irlandais parce qu’ils étaient roux et catholiques. Mais ils valaient quand même mieux que les Noirs. Les Noirs ne pouvaient pas émigrer d’Afrique, non seulement parce qu’ils étaient plus éloignés des côtes américaines que les Européens, mais surtout parce qu’ils étaient bien plus pauvres que ces derniers et qu’il n’y avait quasiment pas de voies maritimes les reliant à New York. Les Chinois étaient mieux placés pour atteindre la côte ouest, et c’est sans doute pour cette raison qu’une loi a été votée en 1882, pour leur interdire l’entrée du simple fait qu’ils étaient Chinois.

C’est ainsi, selon moi, qu’on a, avec beaucoup de subtilité et d’efficacité, remodelé la démographie, autrement dit la composition politique, sociale et raciale des États-Unis. La nervosité provoquée actuellement par une modification de ces proportions ne fait que suivre la même logique. Sinon, quel mal y aurait-il à appartenir à une minorité, à être différent des autres ?

Nul besoin d’être raciste…

Bien sûr, si vous êtes un homme de bien et que vous êtes favorable à ce que les lois s’appliquent comme prévu, ce n’est pas cela qui fait de vous un raciste. Nul besoin d’être raciste quand les lois et la culture le sont déjà. Aux États-Unis, personne ne proteste contrhttps://news.un.org/fr/story/2018/12/1031001(link is external)e les immigrants canadiens ou européens. C’est la même chose en Europe, et même dans le Cône Sud [région la plus australe de l’Amérique latine, peuplée majoritairement par des descendants d’Européens]. Mais tous s’inquiètent des Noirs et des métisses du Sud. Parce qu’ils ne sont pas blancs, et donc « bons », mais pauvres, et donc « mauvais ». Il y a actuellement près d’un demi-million d’immigrants européens illégaux aux États-Unis. Personne n’en parle, comme personne ne mentionne le million d’Américains vivant au Mexique, pour la plupart illégalement.

L’excuse du communisme n’ayant plus cours (aucun de ces États chroniquement défaillants d’où proviennent les migrants n’étant communiste), il ne nous reste plus que les excuses raciales et culturelles d’avant la Guerre froide. Dans tout travailleur à la peau sombre, on voit un criminel, non une possibilité de développement mutuel. Les lois sur l’immigration sont prises de panique à la vue de travailleurs pauvres.

C’est vrai, nul besoin d’être raciste pour défendre les lois et exiger le renforcement des frontières. Nul besoin d’être raciste pour reproduire et consolider le vieux modèle raciste et de classe, tout en ayant la bouche pleine de compassion et de défense de la liberté et de la dignité humaine.

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Coalition des villes américaines contre le racisme et la discrimination

Jorge Majfud

Professeur de littérature latino-américaine et d’études internationales à l’université de Jacksonville, aux États-Unis, Jorge Majfud est un écrivain uruguayen-américain de renom, à qui nous devons notamment les romans La reina de América (La reine d’Amérique), Crisis et Tequila, ainsi que des essais comme Una teoría política de los campos semánticos (Une théorie politique des champs sémantiques). Il collabore régulièrement avec différents médias internationaux.

Racism does not need racists

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Racism does not need racists

“World new map”
© Rafat Alkhateeb / Cartoon Movement

The debate on what we call a “migration crisis” has a racial component. It is a pattern which consistently repeats itself in different laws, narratives, and practices, like it has done over centuries, according to Uruguayan-American writer Jorge Majfud. Taking us on an instructive detour through history, he points out the total absence, in this same heated debate, of any mention of half a million European immigrants who live illegally in the United States and another million Americans living illegally in Mexico.

Jorge Majfud

In my classes, I always try to make clear the difference between opinions and facts. It is a fundamental rule, a very simple intellectual exercise that we owe ourselves to undertake in the post-Enlightenment era. I started becoming obsessed with such obvious matters when I found out, in 2005, that some students were arguing that something “is true because I believe it” – and they weren’t joking. Since then, I’ve suspected that such intellectual conditioning, such a conflation of physics with metaphysics (cleared up by Averroes almost a thousand years ago) – which year by year becomes increasingly dominant (faith as the supreme criterion, regardless of all evidence to the contrary) – has its origins in the majestic churches of the southern United States.

But critical thinking involves so much more than just distinguishing facts from opinions. Trying to define what a fact is would suffice. The very idea of objectivity itself paradoxically originates from a single perspective, from one lens. And anyone knows that with the lens of one photographic or video camera, only one part of reality is captured, which quite often is subjective or used to distort reality in the supposed interest of objectivity.

For some reason, students tend to be more interested in opinions than facts. Maybe because of the superstitious idea that an informed opinion is derived from the synthesis of thousands of facts. This is a dangerous idea, but we can’t run away from our responsibility to give our opinion when it’s required. All that we can and should do is take note that an informed opinion continues to be an opinion which must be tested or challenged.

An opinion

On a certain day, students discussed the caravan of 5,000 Central Americans (at least one thousand of whom were children) fleeing violence and heading for the Mexican border with the US. President Donald Trump had ordered the border closed and called those looking for refuge “invaders”. On 29 October 2018, he tweeted: “This is an invasion of our Country and our Military is waiting for you!”. The military deployment to the border alone cost the US about $200 million.

Since one of my students insisted on knowing my opinion, I started off with the most controversial side of the issue. I observed that this country, the US, was founded upon the fear of invasion, and only a select few have always known how to exploit this weakness, with tragic consequences. Maybe this paranoia came about with the English invasion of 1812, but if history tells us anything, it’s that the US  has practically never suffered an invasion of its territory – if we exclude the 9/11 attacks in 2001; the one on Pearl Harbor, which at the time was a military base in foreign territory; and, prior to that, at the very beginning of the twentieth century, the brief incursion of a Mexican named Pancho Villa mounted upon a horse. But the US has indeed specialized in invading other countries from the time of its founding – it took over the Indian territories, then half of Mexico, from Texas, to reinstall slavery, to California; it intervened directly in Latin American affairs, to repress popular protests and support bloody dictatorships – all in the name of defence and security. And always with tragic consequences.

Therefore, the idea that a few thousand poor people on foot are going to invade the most powerful country in the world is simply a joke in poor taste. And it’s likewise in bad taste for some Mexicans on the other side to adopt this same xenophobic talk that’s been directed at them – inflicting on others the same abuse they’ve suffered.

A critical view

In the course of the conversation, I mentioned in passing that in addition to the foundational paranoia, there was a racial component to the argument.

“You don’t need to be a racist to defend the borders,” said one student.

True, I noted. You don’t need to be a racist to defend borders or laws. At first glance, the statement is irrefutable. However, if we take history and the wider current context into consideration, an openly racist pattern jumps out at us right away.

At the end of the nineteenth century, the French novelist Anatole France wrote: “The law, in its majestic equality, forbids rich and poor alike to sleep under bridges, to beg in the streets, and to steal their bread.” You don’t need to be an elitist to support an economically stratified culture. You don’t need to be sexist to spread the most rampant type of sexism. Thoughtlessly engaging in certain cultural practices and voicing your support for some law or another is quite often all it takes.

I drew a geometric figure on the board and asked students what they saw there. Everyone said they saw a cube or a box. The most creative variations didn’t depart from the idea of tri-dimensionality, when in reality what I drew was nothing more than three rhombuses forming a hexagon. Some tribes in Australia don’t see that same image in 3D but rather in 2D. We see what we think and that’s what we call objectivity.

Double standards

When President Abraham Lincoln emerged victorious from the American Civil War (1861-1865), he put an end to a hundred-year dictatorship that, up to this day, everyone calls “democracy.” By the eighteenth century, black slaves had come to make up more than fifty percent of the population in states like South Carolina – but they weren’t even citizens of the US, nor did they enjoy even minimal human rights.

Many years before Lincoln, both racists and anti-racists proposed a solution to the “negro problem” by sending them “back” to Haiti or Africa, where many of them ended up founding the nation of Liberia (one of my students, Adja, is from a family which comes from that African country). The English did the same thing to “rid” England of its blacks. But under Lincoln blacks became citizens, and one way to reduce them down to a minority was not only by making it difficult for them to vote (such as by imposing a poll tax) but also by opening the nation’s borders to immigration.

The Statue of Liberty, a gift from the French people to the American people to commemorate the centenary of the 1776 Declaration of Independence, still cries with silent lips: “Give me your tired, your poor, your huddled masses yearning to breathe free…” In this way, the US opened its arms to waves of impoverished immigrants. Of course, the overwhelming majority were poor whites. Many were opposed to the Italians and the Irish because they were red-headed Catholics. But in any case, they were seen as being better than blacks. Blacks weren’t able to immigrate from Africa, not just because they were much farther away than Europeans were, but also because they were much poorer, and there were hardly any shipping routes to connect them to New York. The Chinese had more opportunities to reach the west coast, and perhaps for that reason a law was passed in 1882 that prohibited them from coming in just for being Chinese.

I understand that this was a subtle and powerful way to reshape demographics, which is to say the political, social and racial make-up of the US. The current nervousness about a change to that make-up is nothing more than the continuation of that same old logic. Were that not the case, what could be wrong with being part of a minority group or being different from others?

You don’t need to be a racist…

Clearly, if you’re a good person and you’re in favour of properly enforcing laws, it doesn’t make you a racist. You don’t need to be racist when the law and the culture already are. In the US, nobody protests Canadian or European immigrants. The same is true in Europe and even in the Southern Cone of South America [the southernmost region of Latin America, populated mainly by descendants of Europeans]. But everyone is worried about the blacks and the hybrid, mixed-race people from the south. Because they’re not white and “good”, but poor and “bad”. Currently, almost half a million European immigrants are living illegally in the United States. Nobody talks about them, just like nobody talks about how one million United States citizens are living in Mexico, many illegally.

With communism discarded as an excuse (none of those chronically failing states where migrants come from are communist), let’s once again consider the racial and cultural excuses common to the century prior to the Cold War. Every dark-skinned worker is seen as a criminal, not an opportunity for mutual development. The immigration laws are themselves filled with panic at the sight of poor workers.

It’s true that you don’t need to be racist to support laws and more secure borders. You also don’t need to be racist to spread and shore up an old racist and class-based paradigm, while we fill our mouths with platitudes about compassion and the fight for freedom and human dignity.

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Jorge Majfud

Professor of Latin American Literature and International Studies at Jacksonville University in Florida, in the United States, Jorge Majfud is a renowned Uruguayan American writer, who regularly contributes to the international media. He is the author of many novels including The Queen of AmericaCrisis and Tequila, and books of essays such as A Theory of Semantic Fields.