Un laberinto llamado América Latina

Por Carlos Manuel Salomón, PhD, University of California

 

En 2017 la editorial británica Routledge, especializada en temas académicos, publicará el libro The Routledge History of Latin American Culture editado por el activista y profesor latinoamericanista de la Universidad Estatal de California Dr. Carlos Salomón.

El libro cubre temas fundamentales en la exploración de un conocimiento profundo de la realidad latinoamericana que van desde los lejanos momentos en que dos formas de ver y entender el mundo se encuentran y colapsan a principios del siglo XVI hasta la problemática de las últimas olas migratorias y sus consecuentes reacciones pasando por la formación de las clases sociales en la colonia, los conflictos raciales, de género, sus expresiones artísticas, culturales y políticas. Diversos especialistas de diferentes procedencias analizan y reflexionan sobre una de las realidades más heterogéneas, complejas y contradictorias del mundo: América Latina a través de su historia, de su conciencia y de su inconsciente colectivo, a través de las diferentes regiones geográficas y simbólicas, en relación con el otro y consigo misma.   

Como forma de reflexiones finales, el profesor Salomón conversa con uno de sus autores, Jorge Majfud, acerca de las percepciones y problemáticas de la identidad latinoamericana en las Américas.

 

CS: Emigrar, aprender otras costumbres y otra lengua, cambia muchas cosas. ¿Ha cambiado su comprensión de América Latina desde su traslado a los Estados Unidos?

JM: Para comenzar habría que considerar una dimensión existencial que normalmente omitimos al responder este tipo de preguntas: yo ya no soy exactamente el mismo, soy doce años más viejo y casi todo se ve distinto desde esta altura de los cuarenta y siete. También eso que imprecisamente llamamos América Latina ha cambiado, casi tanto como el resto del mundo.

Luego sí podemos reflexionar sobre la dinámica cultural. Ver la cultura propia desde la inmersión de otra ajena es siempre revelador. Uno tiene con qué comparar y contrastar la visión interior y la exterior. Lo mismo ocurre con el lenguaje: a medida que aprendemos una segunda lengua nos volvemos más conscientes de la naturaleza de la primera.

América Latina es una región vasta y extremadamente diversa, por lo cual hablar de “nuestra cultura” es producto de otra trampa del lenguaje: probablemente un mexicano de Chihuahua y otro de Arizona o de California tienen más en común que cualquiera de esos dos grupos y un argentino, por ejemplo. Pero a las culturas latinoamericanas nos une el idioma, la conciencia de la existencia del otro y la forma cómo el Gran Hermano del norte nos ha tratado en más de un siglo. Es su mirada y, a veces, es la intimidación de su musculatura lo que ha formado parte de nuestra identidad común. Por ejemplo, la idea del otro, la negación de la hispanidad dentro de las propias fronteras de Estados Unidos y la clasificación étnica, típica de este país, que todavía define odios y elecciones.

Cuando venía en el avión en el año 2003 me dieron un formulario donde, entre otros datos, se debía marcar “raza”. Me pareció algo muy exótico y escribí arriba: “no race”. Nunca me sentí ni latino ni hispano hasta vivir unos años aquí. Esa clasificación, de hecho, es un invento estadounidense, el cual ahora se ha transformado en una bandera de reivindicación, porque nosotros (los otros) hemos entrado en un juego que no inventamos y hemos aprendido a jugar para no sufrir las consecuencias de la derrota absoluta.

 

CS: Ha sido una historia compleja, marcada por conflictos reales y simbólicos.

JM: Si. Desde un punto de vista académico, es imposible profundizar en la historia de las relaciones entre Estados Unidos y América Latina sin encontrarse con una larga lista de crímenes presentados como salvaciones, de dictaduras en nombre de la libertad y la democracia. Tal vez esas cosas marcan tanto o más que una guerra, porque se trata de una lucha por el rescate de verdad secuestrada, más allá del mero triunfo de la fuerza bruta. Afortunadamente la arrogancia y desdén con la que se ha mirado a América Latina desde el norte (basada en la ignorancia de los crímenes propios como intervenciones, complots, imposición de sangrientas dictaduras a lo largo del subcontinente, etc.) ha sido limitada y mitigada por los mejores estadounidenses, que tampoco han sido pocos, gente con un gran coraje intelectual que no se ha dejado amedrentar por la propaganda ni las reacciones tribales de sus propios pueblos. Por supuesto que nuestros pueblos también tienen muchos pecados que confesar. Nuestros pecados han sido siempre fratricidas, abusos ilimitados de las tradicionales clases gobernantes, de los propietarios de esos países, sobre millones de despojados o marginados, sin tierra, sin capitales, sin educación y sin derechos. Las dictaduras (el terno Plan B de las democracias oligárquicas) violaron, torturaron y asesinaron en masa a sus propios pueblos. Ninguno de esos pecados consistió en invadir con tanques, barcos de guerra, propaganda para destruir gobiernos e imponer otros en Estados Unidos o en algún país Europeo, africano, asiático o lo que sea.

 

CS: ¿Qué ha cambiado de todo eso?

JM: Hoy América Latina no es aquella región del realismo mágico poblada de dictadores guardianes del sistema de monocultivos. Pero todavía vive sus propios conflictos, como la vieja tendencia de sus gobernantes a perpetuarse en el poder. La corrupción latinoamericana sirvió a todos, en diferentes proporciones: sirvió a las potencias mundiales para explotar sus recursos con mano de obra barata; sirvió a las oligarquías criollas para enriquecerse con la sangre de la chusma y del indiaje; y sirvió a los más pobres para sobrevivir. Todavía existe mucho de eso, sobre todo en grandes países como Argentina, México y Brasil y unos cuantos pequeños como en América Central.

 

CS: ¿Es la corrupción un problema típicamente latinoamericano?

JM: En su forma sí. En Estados Unidos la corrupción es diferente. Normalmente es legal, como cuando poderosos lobbies presionan a sus representantes en el congreso (más de la mitad son millonarios y proceden el uno por ciento de la población) para aprobar leyes que los beneficia. Luego esos grupos son los menos interesados en violar sus propias leyes, obviamente.

 

CS: Es curioso cómo se comenzó a sentir latinoamericano cuando vino a los Estados Unidos. A mí me sucedió lo contrario. Fue cuando viajé y estudié en México e, irónicamente, cuando leí la obra de su amigo y compatriota, Eduardo Galeano. Esto podría tener algo que ver con la forma en que los latinos se asimilan en las escuelas públicas. Para mí, estudiar, vivir y aprender en América Latina fue una revelación. El trabajo de Galeano realmente me dio un sentido de lucha contra el colonialismo en América Latina. 

JM: Ahí es necesaria una precisión. Debemos diferenciar la identidad latinoamericana de la hispana. La primera fue una invención de los franceses en el siglo XIX para incluirse en el proceso de las nuevas repúblicas; la segunda fue resultado de los gobiernos estadounidense, sobre todo en los años ochenta. Es lo que terminó por oficializar la clasificación del hispano como “el otro” por parte de la cultura angloamericana que se siente orgullosa de su “melting pot” (that never melts), que más bien es un archipiélago que se agrupa conflictivamente en casilleros étnicos y raciales que, en el mejor de los casos, se tolera. Luego, estas fracturas sociales deben ser resueltas con un fuerte discurso patriótico, con la insistente idea de unión. Cuando uno ve que los discursos oficiales y populares insisten en algo es porque la realidad es precisamente la contraria. La primera identidad, la latinoamericana, fue y todavía es básicamente regional y cultural, cuando no regional y política; la segunda, la idea, la percepción y la identidad de ser “hispano” es, como es propio de la historia y la cultura estadounidense, un fenómeno étnico, a pesar de la enorme diversidad étnica del grupo aludido. 

 

CS: Con diferencias que van desde México hasta Argentina y que incluyen herencias tan dispares como la indígena, la africana y la europea.

JM: Así es. Históricamente el Cono Sur, sobre todo Argentina y Uruguay, se consideraban los “europeos del sur”, aquellos que no descendían de ninguna tribu ni civilización prehispánica sino de los barcos. Fue a mediados del siglo XX que comenzamos a dejar de mirar tanto a Francia con admiración, a Italia con nostalgia y a España con dolor para mirar a nuestros hermanos del continente. Es exactamente lo que le ocurre al joven argentino Ernesto Guevara cuando recorre el continente: descubre la América latina (o, mejor dicho, la América indígena) y se descubre como latinoamericano. Los intelectuales ya lo habían intentado mucho antes, de una forma algo forzada (José Martí, José Rodó, Rubén Darío, José Vasconcelos, etc.), pero será la conciencia política del siglo XX lo que la convertirá en una realidad, es decir, en un sentimiento más que una idea. La Revolución cubana fue un punto de inflexión en ese sentido. Los rioplatenses, los que éramos civilizados porque habíamos matado a todos los salvajes, los que teníamos los mejores sistemas de educación, las mejores economías, el más alto desarrollo del continente, con un alto ingreso per cápita y con avanzados programas sociales que habían equilibrado bastante las clases sociales, nos encontramos de repente con nuestro propio declive y luego con nuestro sentimiento de culpa por no haber pertenecido del todo a América latina. Especialmente escritores como Neruda, Benedetti y Galeano crearon o consolidaron esa conciencia continental por la cual comenzamos a sentirnos latinoamericanos.

Sin embargo, sentirse “hispano” o “latino” no es exactamente lo mismo y hay que vivir en Estados Unidos para apreciar la diferencia, porque es una identidad básicamente norteamericana.

 

CS: ¿De qué forma te sientes conectado con las historias de los aztecas, de los incas y del mestizaje espiritual? ¿Hay algo en ellos que define el espíritu de América Latina?

JM: Intenté responder a esa pregunta en el libro El eterno retorno de Quetzalcóatl y en algún que otro artículo. Por ejemplo: la misma idea del Cono Sur como una región cultural construida por europeos y criollos blancos en la casi ausencia de la herencia indígena sobrevive hoy, al extremo de que el ex-presidente de Uruguay, Julio María Sanguinetti escribió que no recibimos nada de los charrúas, ni una palabra. Claro, los robamos y los matamos porque eran tan salvajes que no aceptaban nuestra cultura a cambio de sus tierras y su libertad. Pero a mí siempre me sorprendió descubrir como en el lenguaje castellano sobrevivían expresiones, ideas de pueblos tan lejanos como los guaraníes, los incas e, incluso, los mayas. El lenguaje callejero de mis amigos de la primera adolescencia estaba lleno de indigenismos que nadie advertía como tal. ¿Qué se puede esperar, entonces, de países con una fuerte tradición indígena como Bolivia, Perú, Guatemala o México? No me refiero a lo más visible, como las formas de vestir, de cocinar o de organizar sus fiestas. De ahí surge la pregunta de si es posible borrar completamente una cultura en un  proceso de colonización violenta. Mi hipótesis de partida fue simplemente no: la represión de una memoria no significa eliminación sino todo lo contrario: el elemento reprimido se transmuta, se trasviste para sobrevivir en las sombras, igual que en la psicología individual. Entonces hay que rastrearlo, sobre todo en un formato que le fue ajeno: el formato escrito, los documentos del colonizador, los libros de los ilustrados europeístas donde se podría detectar la tradición oral, reprimida por la ley y la vergüenza de lo propio, tan típica del colonizado, etc.

 

CS: ¿Dónde podríamos sospechar esa herencia profunda?

JM: Por ejemplo, en la misma evolución histórica y luego mitológica de un argentino como Ernesto Che Guevara. El Che tiene mucho de un dios mexicano como Quetzalcóatl y mucho de la forma indígena (ya no solo prehispánica) de ver el mundo, como la relación sangre/oro, vida/muerte. Lo mismo las utopías de los intelectuales de izquierda. La utopía en Eduardo Galeano, un uruguayo marcado por la sensibilidad indígena o, al menos, antimaterialista de Noroccidente, no tenía nada de marxista, ni era materialista ni estaba en el futuro (el progreso industrial) sino en el paradigma cósmico/ecologista de la mentalidad indígena, de la vuelta al origen, del pasado perdido como aquello que está hacia delante, más allá del futuro.

 

Febrero 2017

Externalities and the critical difference between a statesman and a businessman

Spanish: Externalidades: la crítica diferencia entre un estadista y un hombre de negocios

In 2012 the Presidency of the United States was disputed between Barack Obama and Mitt Romney.  At that time, in various press media outlets, I emphasized the simple idea that to be a successful businessman is a merit, but it does not make anyone a good governor since a country is not a business. Some two years ago, in our university, we attended a commencement speech delivered by Mitt Romney on success, full of commonplaces and empty ideas, which demonstrated how mediocre and arrogant a successful businessman could be, although not as successful or as mediocre as the present President Donald Trump.

More or less at that time, Noam Chomsky sent me various articles and commentaries on the key reality of externalities. In a few words, externalities are certain effects that do not enter the equation of a good business deal. Two parties can make an excellent deal, but this does not mean that, in the long-term results and in a broader context, it will benefit all or even themselves, as the basis of economic liberalism indicates: pursuing individual interest necessarily leads to the benefit of the rest of society.

For example (I briefly recall two examples from Chomsky): an excellent deal between two businesses can lead to an international or ecological catastrophe. Lower taxes have an immediate effect on business:  individuals can see the impacts on their savings and can undertake negotiations that are very convenient at the beginning. When the governments invest less in infrastructure, those who use the roads end up bringing their cars to a mechanic more frequently. Everyone complains about taxes and all prefer to pay less, but no one complains at what they must pay to repair their cars. Generally, the contrary is true since we are all thankful for a good job done by a mechanic. In other words, the destruction of the environment and the destruction of goods such as cars, glass, roofs, etc. has a positive effect on the economy, but in the long-run it doesn’t generate more wealth nor is it responsible for the reality that surrounds us, such as the environment, social equilibrium, and the economy in the long term. 

  A successful businessman does not worry about the cost of an employee’s previous education nor the future fate of his employees when they lose work. In great measure, this is assumed by the cursed State, not to speak of other aspects, such as the police repression of violence caused by obscene social inequality caused by the success of a few. The State is accused of bleeding the successful businessmen with unjust taxes that prevent the successful from being even more successful.

To put this in some figure: the fact that a soccer player is an excellent penalty kicker does not make him an excellent coach. A businessman is an able chess player when his hand is checkmating the adverse queen (harassing the adversary before closing an excellent move) but this does not make him a great chess player who needs to plan the game from the beginning.

Even more graphic: the nature of the successful businessman is already evident in the first week of the administration of Donald Trump.  His stormy and erratic measures and decrees reveal the hand of a businessman: pressure, intimidation in the short term to cut down a tree without thinking of the forest.  The idea of castigating Mexico with 20 percent customs barriers on their exports to the United States does not consider that all of these exports, according to the rules of the capitalist world that Trump pretends to represent, are not produced by a fantastic and arbitrary element but by the old rules of supply and demand. A collapse of trade relations between the United States and Mexico, two great commercial partners, will bring serious harm to the US economy. Even apart from the geopolitical consequences, such as a Mexico seeking alliances with China, for example.

If we look at every decision taken by President Trump, each based on the same superstition of the way that the world works, as if externalities did not exist, as if everything is reduced to a struggle between powerful businessmen: the approval of the Dakota pipeline without considering the possible ecological impacts, the blocking of refugees from countries that are victims of globalization, as if there were no human rights of children of wars and there were no diplomatic retaliation of possible allies, the beginning of the harassment of Mexico, their third most important economic partner, as if the United States were an island or would respond to the mercantile context of planet Jupiter, and a long etcetera.

The only idea that Trump was able to sell to his voters, to return lost jobs to US industry, pressuring and intimidating US businesses, could be a penalty goal, but in the long run, it involves a number of goals against. Again, according to the logic of capitalism, it is not possible to produce the same cars and the same chairs with workers that in China make a few thousand dollars per year, as with workers that in the US would earn forty or sixty thousand dollars. 

For a number of years, we have been repeating what the cause and consequences are: the solution that businesses require in the face of this imbalance between costs and final prices is even faster automation in the automobile industry, a tendency that goes back decades, but there are other sectors where robots continue to expand.  The accused universities continue to bring more value added at the expense of traditional workplaces, in agriculture, in services and even in transport. Today, in many of the industrial states of the North center of the US (unhoped for Trump voters) the profession of a truck driver is one of the principal ones due to the expansion of the economy. Nevertheless, the reality of cars, buses, and trucks that do not need drivers will increase.

This is an inevitable reality unless we come to a civil or international war and we return to earlier stages of industrial capitalism. 

Obviously, a successful businessman could be a great statesman, as could a trade union leader, a military man or a professor. But none of these will be a good political leader or a good president if he believes that applying his successful union methods, or military or pedagogical methods will be the key to governing a country well. This is nearsightedness and, sooner or later, reality will pass over us when we ignore it because of the force of self-pleasing narrations.

This is much more the case if we are dealing with an ego blinded by his own light.  Then all that we can hope for are crises of all kinds: economic in the best case; social or even war in the worst. 

31/01/2017

(Translated for ALAI by Jordan Bishop)

– Jorge Majfud, Uruguayan-US writer and profesor, is autor of Crisis y La reina de América among other books

 

Externalidades: la crítica diferencia entre un estadista y un hombre de negocios

English : Externalities and the critical difference between a statesman and a businessman

En 2012 se disputaron la presidencia de Estados Unidos Barack Obama y Mitt Romney. Por entonces, en varios medios de prensa, enfaticé la simple idea de que ser un exitoso hombre de negocios es un mérito pero no hace a nadie un buen gobernante, ya que un país no es una empresa. Hace un par de años debimos soportar en nuestra universidad un pobrísimo discurso de Mitt Romney sobre el éxito, lleno de lugares comunes e ideas vacías, lo que demuestra cuán mediocre y arrogante puede ser un exitoso hombre de negocios, aunque no tan exitoso ni tan mediocre como el actual presidente Donald Trump.

Más o menos por aquella época, Noam Chomsky me envió varios artículos y comentarios esclarecedores sobre la realidad clave de las externalidades. En pocas palabras: las externalidades son todos aquellos efectos que no entran en la ecuación de un buen negocio. Dos partes pueden hacer un excelente negocio, pero eso no significa que los resultados a largo plazo y en un contexto mayor vayan a beneficiar al resto ni a ellos mismos, como indica la base del liberalismo económico: perseguir el interés individual necesariamente conduce al beneficio del resto de la sociedad.

Por ejemplo (recuerdo brevemente dos ejemplos del mismo Chomsky): un excelente negocio entre dos empresas o dos a pises pueden conducir a una catástrofe internacional o ecológica. Bajar los impuestos tiene un efecto inmediato en los negocios: los individuos pueden ver los efectos en sus ahorros y pueden iniciar negocios en principio más convenientes. Sin embargo, según estudios cuantitativos, cuando el Estado invierte menos en reparar las carreteras, los usuarios terminan llevando sus autos con más frecuencia al mecánico. Todos se quejan de los impuestos que cobra el gobierno y todos quieren pagar menos, pero nadie se queja de lo que debe gastar en reparar sus autos. Generalmente ocurre lo contrario, porque todos agradecemos un buen trabajo de nuestro mecánico. En otras palabras, la destrucción del medio ambiente y la destrucción de los bienes como autos, vidrios, techos, etc., tiene un efecto positivo en la economía pero a largo plazo no genera más riqueza ni es necesariamente responsable con la realidad que nos rodea, como el medio ambiente, el equilibrio social y la economía a largo plazo.

Un exitoso hombre de negocios no debe preocuparse por la educación previa ni por la suerte posterior de sus empleados cuando pierden su trabajo. En gran medida, de eso se encarga el maldito Estado, por no hablar de otros aspectos, como la represión policial de la violencia causada por los obscenos desequilibrios sociales causados por el éxito de unos pocos. Estado al que se acusa de desangrar a los exitosos empresarios con injustos impuestos que impiden que los exitosos sean más exitosos.

Por ponerlo en un par de figuras: que un jugador de fútbol sea un excelente pateador de penales no lo hace un excelente director técnico. Un hombre de negocios es un hábil jugador de ajedrez cuando su mano está dando jaque mate a la reina adversaria (acosando al adversario antes de cerrar un excelente trato), pero eso no lo hace un gran jugador de ajedrez que debe planificar la jugada desde el inicio.

Más gráfico: esa naturaleza del exitoso hombre de negocios ya se está observando en la primera semana del gobierno de Donald Trump. Sus tempestuosas y erráticas medidas y decretos revelan la mano del hombre de negocios: presión, intimidación a corto plazo para cortar el árbol sin considerar el bosque. La idea de castigar a México con un veinte por ciento de aranceles a sus exportaciones a Estados Unidos no considera que todas esas exportaciones, según las reglas del mundo capitalista que el Sr. Trump presume representar, no se producen por una arbitrariedad fantástica sino por las viejas reglas de la oferta y la demanda. Un colapso de las relaciones comerciales entre México y Estados Unidos, dos grandes socios comerciales, significara un castigo a la misma economía estadounidense. Aparte de las consecuencias geopolíticas, como sería un México buscando alianzas con China, por ejemplo.

Si observamos cada decisión tomada por el presidente Trump, cada una está basada en la misma superstición de cómo funciona el mundo, como si las externalidades no existieran, como si todo se redujese a una puja entre dos poderosos hombres de negocios: la aprobación del oleoducto de Dakota sin considerar sus posible efectos ecológicos; el bloqueo de refugiados de países víctimas de la globalización, como si no existiesen los derechos humanos de los niños de la guerra y no existiesen resentimientos de posibles aliados; el inicio del acoso a México, su tercer socio económico más importante, como si la economía estadounidense fuse una isla o respondiese al contexto mercantil del planeta Júpiter; y un largo etcétera.

La sola idea que Trump supo vender muy bien a sus votantes, de devolver los puestos de trabajo de la industria a los estadounidenses presionando e intimidando a las empresas estadunidenses puede ser un gol de penal, pero a largo plazo significa varios goles en contra. Otra vez, según la lógica del capitalismo, no es posible producir los mismos autos y las mismas sillas con obreros que en China ganan unos pocos miles de dólares al año con unos obreros que en Estados Unidos ganan cuarenta o sesenta mil dólares.

La causa y consecuencia la hemos venido repitiendo desde hace años: la solución que encontraran las empresas ante ese desbalance entre costos y precios finales es una aún más rápida automatización: en la industria automovilística es una tendencia que tiene décadas, pero hay otros sectores donde los robots seguirán expandiéndose y las malditas universidades seguirán aportando cada vez más valor agregado en detrimento de los tradicionales puestos de trabajo: en la agricultura, en los servicios e, incluso, en el trasporte. Hoy en día, en muchos de los viejos estados industriales del norte centro de Estados Unidos (inesperados votantes de Trump) la profesión de conductores de camiones es una de la principales debido a la expansión de la economía. Sin embargo, la realidad de los autos, autobuses y camiones que no requerirán conductores irá en aumento.

Es una realidad inevitable, al menos que se invente una guerra civil o internacional y volvamos a etapas anteriores del capitalismo industrial.

Por supuesto que un exitoso hombre de negocios puede ser un gran estadista, como puede serlo un sindicalista, un militar o un profesor. Pero ninguno de ellos sería un buen estadista, ni siquiera un buen presidente, si creyera que aplicando sus exitosos métodos sindicalistas, militares o pedagógicos sería la clave para gobernar un país. Eso es miopía y tarde o temprano la realidad nos pasa por encima cuando la ignoramos a fuerza de narraciones autocomplacientes.

Mucho más si estamos hablando de un ego enceguecido por su propia luz. Entonces lo único que podemos esperar son crisis de todo tipo: económicas en el mejor caso; sociales y hasta bélicas en el peor.

jorge majfud

A toda Roma le llega su Nerón

El FMI y Wall Street Journal auguran un florecimiento de la economía estadounidense como efecto de las políticas que el nuevo presidente Donald Trump comenzará a impulsar a partir del próximo 20 de enero. Sólo por estos datos uno podría sospechar que las cosas se van a poner realmente mal. Como en la próspera y ejemplar Argentina de Carlos Saúl Menem o como en la “sólida economía” de los Estados Unidos de George W. Bush.

Más allá del típico efecto a corto plazo que significarán los recortes de impuestos, las desregulaciones laborales y elbullyng empresarial, no es muy difícil prever los efectos negativos de esos mismos beneficios. Incluso desde un punto de vista puramente capitalista, la imprevisibilidad de un ego como el del nuevo presidente hará que todo el sistema tiemble. Si algo no les gusta a los poderosos inversores, aquellos que se divierten jugando a la ruleta en Las Vegas e invirtiendo aquí y allá con su famoso “espíritu de riesgo” son, paradójicamente, las incertidumbres. Bastante tienen con sus propias borracheras.

Por no entrar a hablar de temas más importantes como la obscena desigualdad que asola el mundo (ahora ocho hombres poseen lo mismo que la mitad más pobre del mundo y el uno por ciento lo mismo que todo el resto), realidad que en cualquier momento revienta en una megacrisis, para joda de los más jodidos, como siempre. Por no hablar del empeoramiento de los conflictos sociales que pueden tener un efecto dominó. Por no hablar del antiguo recurso del odio racial y xenófobo de los mismos neonazis travestidos de siempre que no encontrarán satisfacción ni completa redención en el único recurso del ego de un presidente sin más ideología y pensamiento que su amor propio.

En la Era Trump, Estados Unidos promete volverse más proteccionista mientras China, el gigante comunista, se vuelve el campeón del libre mercado, como Inglaterra en el siglo XIX, como Estados Unidos en el siglo XX.

Como decía mi querido amigo Eduardo Galeano, es el mundo patas arriba. Pero eso es parte de su naturaleza: girar y ponerse patas arriba cada veinticinco años.

 

Jorge Majfud

19 de enero de 2017

 

La primera muerte del soldado Ernest Hatuey

 

(cuento del libro “Algo salió mal”, 2015, basado en un caso real)

En una calle de asfalto cubierto por el polvo que todo lo desdibuja, a la hora en que el día se reparte entre la tarde y la noche y los olores de las aldeas de Irak se vuelven intensos como en las tiendas de granos y especies de los árabes de Manhattan, el convoy entró a la ciudad milenaria sin cambiar el paso. Por la ventanita de la unidad 16, Ernest vio pasar las primeras casas de techos planos y sin luces adentro. Vio las mismas personas de siempre que caminaban como sombras grises y silenciosas, como si tratasen de existir lo menos posible, apenas lo necesario como para volver a sus casas, o como si no supieran otras formas de vivir. Se había acostumbrado a las casas y a las calles, siempre desdibujadas, como si fuesen un bosquejo inacabado, sin límites claros, sin colores precisos, sin nada nítido que hiciera de aquella ciudad una ciudad y de aquella gente hombres y mujeres concretos y no personajes de viejas historias infantiles.

Entre las 17:00 y las 17:15 una explosión levantó por el aire a la unidad que marchaba delante. Como lo indicaba el procedimiento para esas ocasiones, las unidades adelantadas que no habían sido afectadas no se detuvieron. La que iba delante de Hatuey disminuyó la marcha para desviar la unidad siniestrada mientras un soldado abría fuego contra los nativos que no alcanzaban a recuperarse de la estampida.

En el vértigo habitual, acentuado por la sordera del estampido, Ernest se asomó por la escotilla y vio a un hombre que intentaba levantar a un niño. De alguna forma, no sabía cómo, había visto a ese hombre y a ese niño un instante antes de la explosión. Iban caminando de la mano. Iban vestidos más o menos igual, sin colores, con camisas y pantalones holgados, blancos, grises o simplemente sucios. En algún momento el niño comenzó a correr como si hubiese visto al mismo Diablo. Iba descalzo. Unos segundos después ocurrió la explosión y casi enseguida la ráfaga de disparos de la unidad que lo precedía.

Murieron dos compañeros de Arizona, aunque nunca supo quiénes. Tal vez supo el nombre del niño que había caído en la segunda ráfaga. Recordaba los gritos en árabe de alguien que lo llamaba. Recordaba el grito del niño y, sobre todo, recordaba, como una maldición eterna, el silencio que había seguido a aquella descarnada expresión de dolor o de miedo. El hombre gritaba Johef, o Yohef, o Youssef. Era un grito como un vómito, como si en uno de esos nombres estuviese vomitando toda su vida en aquella tierra maldita por Dios, pensaba. El vómito se extendía en la e, en la última e que se arrastraba en un ronquido que luego se ahogaba en la f. Yousseeef. No sabía por qué, pero esta vocal se había vuelto algo importante en su vida. ¿Por qué el vómito se ahogaba en esa e que a veces se volvía como una i interminable? ¿Por qué se le habían fijado esos detalles cuando había cosas más importantes en la guerra? El hombre que gritaba debía ser el padre. Porque sólo un padre —se animó a pensar— puede gritar de aquella forma que calaba los huesos. Tal vez gritaba para que el convoy se detuviera, alcanzó a reconocer una vez, totalmente ebrio en un bar de la calle Ocean Front de Jacksonville Beach. Tal vez gritaba para que los soldados dejaran de limpiar el área antes de continuar la marcha, omitió decir aquella tarde, pero lo reconoció en un correo electrónico que envió a su primo Eduardo en San Francisco, justo cuando salía de Hawái en el atunero que lo llevaría finalmente a Japón.

También reconoció, en el mismo correo, que cuando escuchó el primer grito casi detuvo el Abrams. Hubiese sido contra el reglamento, razón por la cual la unidad continuó el camino programado.

Pero no importaban las mejores razones para olvidar. Ernest no podía deshacerse de ese grito, de la e y del hombre tratando de levantar algo sin forma concreta. Como si esa hubiese sido la única baja en toda la guerra.

El niño había quedado detrás, tendido sobre una mancha de sangre. Su padre insistía en levantarlo, pero por alguna razón no encontraba la forma. Hatuey lo maldecía por esto. Una y otra vez lo había visto en sus sueños tratando de levantar ese bulto enredado en una túnica blanca o gris.

Ernest Hatuey iba a parar el M1 Abrams. Pudo hacerlo, aunque era contra el reglamento. Pudo hacerlo y no lo hizo. Tampoco podía saber si el niño había muerto en la explosión o bajo las garras del Abrams. Y aunque había resuelto la situación de forma correcta según las reglas y el estándar, aunque había visto morir mucha gente antes y después de esa tarde, esa tarde no fue como cualquier otra —y sólo Dios y el Diablo saben por qué.

Durante el resto del despliegue en Irak, Ernest Hatuey cumplió con sus obligaciones dentro del objetivo y las formas previstas. En la guerra no es posible apreciar que algo funciona mal, así que en los siguientes meses trabajó con disciplina a la espera del regreso definitivo.

Finalmente, el miércoles 21 de marzo de 2007, arribó al aeropuerto Hartsfield-Jackson de Atlanta. Cuando tomó el metro que lo llevaba de la terminal B a la T, quiso pensar en Claudia, en sus padres. Quiso sentir la misma ansiedad de sus compañeros.

Next stop, concourse C… C as in Charlie…

Sabía que lo estaban esperando. El viejo, emocionado pero inexpresivo; la vieja llorando; y Claudia, la ligera mariposa que se escapó de los paramilitares de Colombia casi diez años atrás, nerviosa, como siempre, delgada y sin saber dominar tanta ansiedad, porque para ella el mundo pendía de un hilo y cada detalle, de cada acontecimiento era una terrible amenaza.

Hubiese querido estar nervioso, pero no pudo. No había emociones fuertes en su estómago, ni las lágrimas que se había imaginado tantas noches, tirado en la litera del destacamento sin poder dormir, con un cigarrillo iluminando de vez en cuando el techo, como en las películas de Viet Nam, contando detalles de su madre y de su perra, escuchando sin tanto interés los detalles de las madres y las perras de sus compañeros, escuchando Paint it Black de los Rolling Stones para disimular la realidad. Cada vez que contaba algo de su vida casi olvidada de San Juan, viajaba al Caribe y sentía los olores de la guayaba, veía las flores de la abuela que rodeaban el pozo de agua y se trepaban en el muro del fondo, que él imaginaba el último bastión de la fortaleza que escondía a una hermosa joven raptada por los piratas, sin haberse dado cuenta nunca que los piratas no eran dueños de castillos sino de barcos, propios y ajenos. Y el coquí, por supuesto, el coquí multiplicado por mil en las noches sin autos. Co-quí, co-quí… Cuando la tía Eulogia agonizaba en Orlando, su hija le puso una grabación de estas ranitas en el dormitorio del hospital. Dos enfermeras habían entrado al escuchar el extraño ruido y tardaron en comprender que aquello era una grabación, que la grabación era de unas ranitas, y que las ranitas hacían sentir bien a la paciente. Pero la tía Eulogia no necesitaba más que el silencio y los coquís. Se había sonreído y antes de morir le había dado las gracias a su hija por haberla llevado de nuevo a Puerto Rico.

—Hatuey, aparte de un nombre extraño, tiene una memoria muy creativa —decía Jesús, el pelotero dominicano que dormía en la litera de abajo.

—No seas ignorante —respondía Hatuey— ¿no sabes quién fue Hatuey?

Se dejó subir por una de las escaleras mecánicas. Luego por otra. Dos mujeres corrían exhaustas para alcanzar su vuelo.

Yo sé —había contestado Carlos, desde la oscuridad—: Es una marca de malta cubana. A un amigo chileno le gustaba mucho tomar malta y en el único lugar que la conseguía era en un restaurante cubano de West Palm Beach, lleno de mosas cubanas aunque nacidas en América. Mi amigo, al que le caía mejor el Che Guevara que la mafia de Miami, iba a comer empanadas cubanas allí, porque los yanquis no tenían la menor idea de qué se trataba eso de la malta. Lo peor fue que terminó enamorándose de una de aquellas niñas y creo que hasta se casaron.

—No quiero saber lo que habrá sido la historia después.

—Ahora que lo recuerdo, tenía un indio en la etiqueta. La malta.

—Y los habanos, y los Cohiba y todo eso.  Pero la verdad que se trata de un indio taíno, el primer rebelde de América.

Next stop, concourse T… T as in tango…

Pero todo eso había sido antes de Falluya. Antes de Falluya, los horrores de la guerra eran apenas eso; eran los horrores de la guerra que le ocurrían cada día a alguien que todavía estaba vivo.

Sin darse cuenta, de repente se vio caminando a paso medido en una fila que divagaba por el aeropuerto. I see a red door and I want it painted black. Una mujer rubia con una banderita en una mano dirigía la fila de soldados y los paseaba por las diferentes salas de espera para que los héroes recibieran la bienvenida que merecían. No colors anymore I want them to turn black. Una multitud de rostros desconocidos, algunos desencajados, como era costumbre, estaba allí para ovacionarlos. Apenas vio dos o tres hombres y una mujer que leían el diario o tomaban café, con una indiferencia que a Hatuey le pareció deliberada. Ni siquiera sintió odio o rabia por aquellos malagradecidos. Casi que los comprendía. Casi que le hubiese gustado que alguno se levantase y dijera algo, tal vez un insulto, pero algo que terminase con aquella agonía de héroes. Podía ver en sus rostros toda la pasión patriótica que él, Ernest Hatuey, había perdido en la guerra. I see the girls walk by dressed in their summer clothes… No le tenía ningún rencor al país al que representaba. Su rencor provenía de otro lado, pero el ruido de los aplausos no lo dejaba entender siquiera en un mínimo grado de dónde provenía ese rencor que lo llevaba a despreciar a aquella mujer gorda que tenía el rostro colorado de tanto aplaudir, o a aquel otro anciano que gritaba “welcome, welcome!”

Por todos estos indicios supo que estaba enfermo o algo no andaba bien. Un médico le explicará algunos años después que existe un síndrome del soldado que transfería todas sus frustraciones y sus experiencias traumáticas a las autoridades que lo habían enviado a la guerra, y que esto se podría curar perdonando y habilitando un diálogo con aquellos que en su momento debieron tomar la decisión que finalmente terminó por afectar la vida del soldado renegado. Pero Hatuey descubrió, con total sorpresa, que los compañeros que estaban en su misma situación eran muchos, al menos muchos más de lo que cualquiera de ellos podía reconocer.

Mientras caminaba en silencio, arrastrando por el piso brillante aquellas botas de color arena del Oriente que debía guardar como el mayor trofeo de su vida, Ernest siguió esperando que la emoción brotase a sus ojos mientras cumplía con la ceremonia de recibimiento. Todos sus compañeros habían estado ansiosos desde que divisaron las costas de Estados Unidos hasta el último minuto.

Cuando el martirio del desfile de recibimiento terminó, todos se echaron a los brazos de sus padres y de sus mujeres. Algunos, incluso, tenían hijos pequeños. Sintió envidia de estos niños pequeños, corriendo como locos a tirarse a los brazos de su padre ausente en una misteriosa tierra, en un ingrato país lejano que había devorado a muchos de aquellos sufridos héroes. Y gracias a ellos ahora sus niños eran libres.

Ernest Hatuey intentó hacer lo mismo. Cuando vio a sus padres y a Claudia con el rostro cruzado de lágrimas, extendió los brazos y una sonrisa que sus ojos no acompañaron. No podía emocionarse. Mucho menos llorar o arrancar una lágrima a aquellos ojos resecos por la arena del desierto. Resecos, pensó, como si estuviesen muertos. Intentó fingir emoción, pero tampoco pudo.

Allí estaban su esposa y sus padres, y allí estaba él haciendo lo que debía hacer: abrazarlos, decirles que estaba feliz por el regreso. Pero sólo pensaba en llegar a su casa y acostarse. Era como si un gran cansancio, luego de días de caminar, lo hubiese invadido sin razón.

En su casa encontró a su perra Glory, a la perra que tanto había extrañado. Allí estaba, nerviosa, saltando hasta donde le daban las patas. Ernest Hatuey se arrodilló y la abrazó tratando de evitar las lamidas desesperadas de aquella pequeña bestia que no había entendido nada.

Pocos meses después de su regreso, los médicos diagnosticaron que Ernest Hatuey sufría de PTSD, es decir, de posttraumatic stress disorder. Según le explicaron, nadie sabía todavía por qué las mismas experiencias tienen efectos diferentes en diferentes personas e, incluso, en una misma persona. Pero al menos toda la furia contra los desconocidos que se habían quedado y toda indiferencia por su esposa y por sus padres, tenían un nombre y, probablemente, los médicos tenían alguna idea de cómo aliviar un problema que se había vuelto crónico por no haber sido tratado a tiempo, según decían ellos.

Así que, poco a poco, fue descubriendo que ese día, el 16 de marzo de 2006, había muerto con la explosión o poco después, y su cadáver había quedado tendido en una calle polvorienta de Falluya, en manos de un padre desconocido, tan desconocido como el que encontró el mismo Ernest a su regreso en Atlanta, una tarde de otoño del 2007.

 

 

Estados Unidos, del “efecto espectador” al “efecto teleprompter”

El 10 de diciembre de 2016 CNN publicó un artículo titulado “Where’s the outrage over Russia’s hack of the US election?” (“¿Dónde está la indignación por el ataque informático a las elecciones de Estados Unidos por parte de Rusia?”) donde básicamente resumía el escaso efecto social de un hecho inadmisible desde muchos puntos de vista.

En las semanas anteriores, varias agencias y autoridades del gobierno de Estados Unidos habían reconocido que la intervención de Rusia en las elecciones del pasado noviembre era un hecho más allá cualquier duda razonable. Para cualquier extranjero más o menos informado, resulta por lo menos una broma de mal gusto que un gobierno de Estados Unidos se escandalice porque algún otro extranjero haya intervenido en sus elecciones nacionales. Mucho más considerando que el informe de la CIA es una de las principales fuentes públicas de dicha denuncia y que ha sido publicado de forma inmediata, no luego de treinta años como es la costumbre de la desclasificación de documentos, cundo la verdad ya no importa.

Pero no es este el aspecto que quisiera problematizar ahora: son las movilizaciones sociales reclamando una investigación las que, al menos hasta el momento, brillan por su ausencia.

A mi entender tenemos aquí un fenómeno semejante a lo que en psicología se llama “bystander effect” o “efecto espectador” pero aplicado a la psicología de masas (si se me permite esta clasificación) y a la historia.

Cuando un policía mata a un ciudadano negro bajo sospechosas circunstancias, la reacción no se deja esperar y van desde editoriales, marchas y, en algunos casos, incendio de autos y choque de fuerzas. Cuando la víctima es un latino también existe cierta reacción, pero a menor escala.

Entiendo que las sociedades están predispuestas a determinadas reacciones y en base a determinada experiencia histórica, la cual incluye una larga tradición de, en el mejor caso, pensamiento crítico y creación de determinada conciencia. La militancia afroamericana en Estados Unidos ha sido muy superior a la militancia hispánica o indígena, probablemente por haber sido un grupo numéricamente importante en la costa este, donde se desarrolló el poder político anglosajón y por la mayor brutalidad del racismo al cual fueron expuestos. Tantos los pueblos indígenas como los mexicanos fueron igualmente despojados de sus territorios, pero sus tradiciones contestatarias fueron menores y más efectivamente olvidadas.

Ahora, ¿qué pasa cuando un fenómeno social e histórico de trascendencia se encuentra con un vacío de conciencia histórica? El efecto es el mismo de aquel que en psicología se llama bystander effect: si los demás no reaccionan ante una situación claramente injusta o reprobable, probablemente mi indignación es algo que no se espera, algo que no tendrá más efectos que el ridículo o alguna forma de reprobación. Como consecuencia, no reacciono, no me meto.

Es lo que ocurre con las últimas elecciones en Estados Unidos: su población ha crecido (por no decir, indoctrinada por los medios y las instituciones religiosas y de educación) en la autocomplaciente ilusión de que su democracia es un ejemplo para el mundo, lo cual desde muchos puntos de vista es simplemente una construcción mitológica, cuando no fuente de sarcasmos.

La Revolución americana fue positiva en muchos aspectos en el avance de cierto sistema democrático y de algunos derechos individuales. Pero también fue altamente hipócrita por considerar a los negros e indios humanos incompletos, no sujetos de derechos, lo cual invalidaba cualquier definición de República libre y democrática. Pero luego se hicieron varios progresos, desde la era Lincoln hasta los movimientos civiles de los años 60s, pasando por la lucha de los trabajadores en los siglos XIX y XX.

Pero Estados Unidos nunca dejó de alimentarse de mitos, como cualquier otra gran nación y cualquier otro gran imperio a lo largo de la historia. Dos de sus mitos fundamentales fueron la libertad y la democracia, a tal extremo que nunca se cuestionó el sistema de elección presidencial por electores, una obvia herencia de la sociedad esclavista del siglo XVIII y XIX. El sistema no fue diseñado, como se dijo, para prevenir la llegada de un demagogo irresponsable al gobierno (Donald Trump sería una demostración por el absurdo del anacronismo de dicha pretensión) sino para evitar que los estados esclavistas del sur perdiesen todas las elecciones, ya que, aunque se contaba el numero de los negros que no votaban para elegir electores blancos, aun así su población era minoritaria en comparación a los estados del noreste, con una fuerte tradición antiesclavista.

De ahí en más, los cuestionamientos al sistema han sido silenciados por las narraciones mitológicas que exacerbaban las virtudes del Campeón de la democracia y Líder de los países libres, al extremo de eliminar de la memoria colectiva la larga lista de dictaduras que la nación líder del mundo libre había promovido alrededor del mundo, al extremo de que su población asume, de forma automática, que su ejército es el responsable de “mantener la libertad de la nación” y nunca de “invadir países pequeños para defender los intereses de los grades negocios privados”.

Entonces, cuando el antiguo gran enemigo y todavía responsable de promover el autoritarismo, Rusia, interviene en uno de sus mitos nacionales, la respuesta es una pasividad negacioncita, algo más allá del “efecto espectador”: la repetida lectura social del teleprompter. No hay memoria, no hay experiencia de una tradición crítica de un sistema, de una democracia incuestionable, ergo el hecho inconcebible, inadmisible, no existe. A tal punto que aun cuando las agencias de inteligencia (entre ellas la CIA) abiertamente afirman que la intervención rusa ha existido, la indignación y las manifestaciones populares brillan por su ausencia. La narrativa social continúa siendo dictada por el teleprompter de la historia.

Les années Trump à venir

Spanish: Los años Trump por venir

L’idée que l’avenir est devant nous est une construction de l’esprit, comme presque toute chose, et renvoie à l’idée d’avancer en marchant. Des peuples plus contemplatifs considéraient que le temps s’écoulait derrière nous, raison pour laquelle on ne peut voir que le passé, et non l’avenir. En regardant le passé nous nous figurons ce qui peut advenir mais nous voyons surgir fréquemment des dragons, des licornes, et toutes sortes de phénomènes et d’êtres inattendus.

Nul ne peut voir l’avenir comme nous voyons le passé et c’est peut-être la raison pour laquelle la seule tentative de le prédire est non seulement déplaisante mais également prétentieuse. C’est néanmoins un exercice nécessaire. Commençons par jeter un regard, pas toujours très lucide, sur le passé.

Ce qu’on appelle le nationalisme islamique, qui se manifeste aujourd’hui, n’avait pas atteint une telle ampleur au milieu du siècle dernier quand de grands pays de l’Afrique du Nord et du Moyen-Orient étaient laïques et, dans certains cas même, démocratiques. Ils ont eu la chance-malchance de renfermer dans leur sous-sol de grandes réserves de pétrole. Les puissances occidentales ont joué un rôle décisif en intervenant, en détruisant leurs démocraties précaires, en attisant le nationalisme d’ordre ethnique et religieux par les humiliations qu’elles leur ont infligées. L’instabilité et les guerres civiles et militaires ont fini par déplacer des millions de personnes, un petit nombre d’entre elles vers l’Europe.

Paradoxalement, ce processus a été à son tour la cause principale de la vague actuelle des nationalismes de ces mêmes puissances occidentales qui, de toute évidence, s’inspirent de leurs propres passés, depuis l’époque des Croisades, de l’Inquisition, jusqu’aux fascismes de l’Europe troublée des années trente et quarante. Qu’on le veuille ou non l’Europe et les États-Unis ont engendré cette mondialisation qu’ils rejettent maintenant parce qu’elle est catastrophique pour leurs « fondements nationaux » ; ils se sentent envahis par des immigrants à la peau sombre, pratiquant des religions dévoyées, et dépossédés par le jeu du libre marché qu’eux-mêmes ont imposé à des générations par la force des armes et des conspirations.

Cette vague de nationalismes chez les puissances militaires du monde (Russie, Europe, États-Unis) s’étend à d’autres régions du monde comme l’Inde, la Chine, le Japon, et, probablement, de façon plus modérée, à la région du monde où les nationalismes sont moins revendiqués : l’Amérique latine. C’est ainsi que s’est édifié un ordre fortement instable, propice à de nouvelles guerres similaires à celles du XX<supe siècle.

Aux États-Unis, le président élu, Donald Trump, ne respectera aucun de ses engagements électoraux dans leur totalité mais, s’il tente de le faire, il obtiendra des résultats contradictoires.

Au début de son mandat, l’économie donnera des signes de vitalité. Le paramètre le plus traditionnel et le plus trompeur, le PIB, sera augmenté grâce à des mesures tout aussi traditionnelles que celles de l’école Reagan-Bush (baisse des impôts, par exemple), celles qui, en leurs temps, ont amélioré l’économie et ont accru la pauvreté (1981-1993). Sans parler des réussites du second Bush (2001-2009) ! Mais l’inflation augmentera aussi et, en conséquence, les taux d’intérêts de la FED, ce qui consolidera le dollar en rendant les exportations états-uniennes plus chères vers le reste du monde et avantageant de ce fait les industries des pays qu’on appelle le Tiers-Monde.

Paradoxalement, les tentatives d’isolationnisme nationaliste augmenteront l’agression internationale des vieilles puissances, car elles laisseront des espaces libres à d’autres acteurs, comme la Chine, pour s’approprier les marchés disponibles. La Chine aura un besoin impérieux de le faire car la stabilité sociale de son système est dépendante de son économie et sera sérieusement menacée par le vieillissement de sa population. L’immigration sera la pire solution pour un système communiste autoritaire, fermé sur sa propre société et ouvert au capitalisme, qui ne le menace pas mais qui le soutient, comme cela s’est produit précédemment en Amérique latine dans d’autres dictatures, de droite.

Une récession économique se produira au cours de la première période de Trump, qui créera des tensions idéologiques et ethniques : d’un côté les démocrates bénéficieront des querelles dialectiques et de l’autre Trump répondra en provoquant des débats et des conflits internes et externes, dans le plus pur style de Vladimir Poutine.

Aux États-Unis, la blessure ancienne de la guerre civile du XIXe siècle s’ouvrira à nouveau et saignera comme jamais auparavant. Le système électoral qui a porté Trump à la présidence alors qu’il a perdu l’élection générale par deux millions de voix, a été créé pour préserver les intérêts propres au système esclavagiste du XVIIIesiècle ; le passé survit sous bien d’autres formes.

À l’extérieur, les conflits au Moyen-Orient et en Extrême Orient serviront à masquer les problèmes économiques et sociaux internes.

En conséquence, de nouveaux mouvements dans le style de ceux des années soixante contre la guerre du Vietnam, resurgiront de façon plus organisée et ils seront, dans certains cas, violents.

Sur le long terme l’avenir de Donald Trump est sombre. Sa présidence sera marquée par les scandales, mais alors sans le soutien et la tolérance d’une population qui a voulu punir les politiques en élisant quelqu’un de pire, un faux prophète. Des groupes de plus en plus radicaux, dans le style des néonazis et des confédérés, légitimés puis marginalisés par un leader qui leur a fait des promesses et qui dérogera à ses promesses, en tant que président improvisé, tout autant qu’il l’a fait comme chef d’entreprise marqué par une longue histoire de faillites et de contournements des lois.

Trump a navigué toutes sa vie entre l’illégitimité et la légalité contestable de ses affaires : en tant que président il se sentira plus protégé mais il sera aussi plus exposé. Il est probable qu’il se soit fourré tout seul dans un piège et qu’il le sache.

Son parti perdra la majorité, au moins dans une des chambres du congrès, et lui-même sera confronté à des tentatives d’impeachment, non seulement de son propre fait mais en raison de la volonté des conservateurs de laisser Mike Pence au pouvoir, un personnage moins caricatural et un conservateur beaucoup plus radical, dans le plus pur style de Savonarola.

Le Mexique vivra dans l’incertitude des réactions du Grand frère, plus instable et plus hostile. Son commerce en souffrira au début puis ses industries tireront profit d’un peso bon marché. Les Mexicains pauvres seront diversement affectés : dans leur propre pays, par la recherche de nouveaux postes de travail et, de l’autre côté de la frontière, par une augmentation de la valeur d’un dollar fort. Dans tous les cas la réduction de l’immigration illégale influera davantage sur l’inflation aux États-Unis et sur la chute de compétitivité de ses manufactures qui devront généraliser l’automatisation et le licenciement de travailleurs – ceux qui ont voté Trump.

Si un conflit sanglant n’éclate pas, que ce soit à l’intérieur ou à l’extérieur des frontières, Trump ne sera pas réélu en 2020. Un candidat jeune de gauche succédera au sénateur Bernie Sanders et tirera profit d’une certaine nostalgie des années Obama qui, après le discrédit du début de l’Ère Trump, renaîtra dans les décennies à venir.

De nouvelles formes d’organisations sociales, se démarquant des réseaux sociaux, tenteront de transformer le spectateur (passionné, passif, et acritique) des réseaux en acteurs engagés dans l’histoire.

À plus long terme, cet ordre basé sur des nationalismes ethniques dans un monde globalisé est suicidaire. Si nous survivons, en tant qu’espèce, à la catastrophe environnementale fomentée par les négationnistes et aux nouvelles guerres tribales, l’humanité reprendra le chemin de l’affirmation d’une conscience plus globale, d’une justice internationale, et de démocraties plus directes et plus responsables.

Même si, de toute évidence, le plus modéré des optimismes sur l’espèce humaine s’avère le plus souvent exagéré.


Jorge Majfud est un écrivain uruguayen, résident états-unien, auteur de Crisis et d’autres romans.

Traduction de l’espagnol par Françoise Couëdel.

Texte original (espagnol) : Alainet, 5 décembre 2016.

Los años Trump por venir

French: Les années Trump à venir

La idea de que el futuro está hacia adelante es una construcción imaginaria, como casi todo, y procede de la acción de caminar. Pueblos más contemplativos consideraban que el tiempo fluía desde nuestras espaldas, razón por la cual sólo el pasado se puede ver, no el futuro. Por el pasado juzgamos lo que puede estar por pasar, pero con frecuencia vemos aparecer dragones, unicornios y todo tipo de seres y hechos inesperados.

Nadie puede ver el futuro como vemos el pasado, y quizás por esta razón se deba que el solo intento de predecirlo resulta antipático, sino arrogante. Pero no deja de ser un ejercicio necesario. Empecemos echando una mirada al pasado, que no siempre es del todo nítida.

El llamado nacionalismo islámico que vemos hoy no era tal a mediados del siglo pasado cuando muchos gobiernos de grandes países de África del Norte y Medio Oriente eran seculares y en algunos casos también eran democráticos. Sólo que tuvieron la suertedesgracia de estar sobre grandes reservas de petróleo. Fueron las potencias occidentales las que jugaron un rol decisivo interviniendo, destruyendo sus precarias democracias y estimulando el nacionalismo étnico y religioso a fuerza de humillaciones. La inestabilidad y las guerras civiles y militares terminaron desplazando a millones de personas, una parte menor de ellos hacia Europa.

Paradójicamente, este proceso fue, a su vez, la principal causa de la actual ola de nacionalismos de esas mismas potencias occidentales que, obviamente, toman su inspiración de sus propios pasados, desde las Cruzadas y la Inquisición hasta los fascismos de la convulsionada Europa de los años treinta y cuarenta. Para bien y para mal, Europa y Estados Unidos crearon esa globalización que ahora rechazan por catastrófica para la existencia de sus “esencias nacionales”; se sienten invadidos por los inmigrantes de piel oscura y religiones falsas, robados por el libre mercado que ellos mismos impusieron por generaciones a fuerza de cañón y conspiraciones.

Esta ola de nacionalismos en las potencias militares del mundo (Rusia, Europa, Estados Unidos) se extenderá a otras regiones del mundo como India, China, Japón y, probablemente con menos fuerza, a la región menos nacionalista del mundo: América Latina. Así se comenzará a construir un orden altamente inestable, proclive a nuevas guerras al estilo del siglo XX.

En Estados Unidos, el presidente electo Donald Trump no cumplirá completamente ninguna de sus promesas electorales pero en su intento por hacerlo se encontrará con resultados contradictorios.

Al principio de su mandato, la economía mostrará signos de fortaleza. El parámetro más tradicional y engañoso, el PIB, recibirá un estímulo de no menos tradicionales medidas de la escuela Reagan-Bush (ej. recortes de impuestos), las que en su tiempo mejoraron la economía y aumentaron la pobreza (1981-1993). Por no hablar de los logros del segundo Bush (2001-2009). Pero también aumentarán la inflación y, en consecuencia, la tasa de intereses de la FED, lo cual fortalecerá el dólar haciendo las exportaciones estadounidenses más caras para el resto del mundo y aliviando las industrias del llamado Tercer mundo.

Los intentos de aislacionismo nacionalistas, paradójicamente, aumentarán la agresión internacional de las viejas potencias, ya que dejarán espacios libres a otros protagonistas, como China, para ocupar los mercados vacantes. China necesitará hacerlo desesperadamente, ya que la estabilidad social de su sistema depende de su economía y ésta será seriamente amenazada por una población envejecida. Los inmigrantes serán la peor solución para un sistema comunista autoritario, cerrado a su propia sociedad y abierto al capitalismo que no lo amenaza sino que lo sostiene, como lo ha hecho antes con muchas otras dictaduras de derecha en América latina.

Habrá una recesión económica en el primer periodo de Trump, lo cual creará tensión ideológica y étnica: por un lado los demócratas se beneficiarán en la disputa dialéctica y por el otro Trump responderá con la creación de dicotomías y conflictos internos y externos, al mejor estilo Vladimir Putin.

Dentro de Estados Unidos la antigua herida producida por la guerra civil del siglo XIX se abrirá y sangrará como nunca antes. El sistema electoral que llevó a Trump a la presidencia habiendo perdido la elección general por dos millones de votos, fue creado para preservar los intereses del sistema esclavista del siglo XVIII; ese mismo pasado sobrevive de muchas otras formas.

En el exterior, los conflictos en Medio y extremo Oriente servirán para disimular los problemas económicos y sociales internos.

Como consecuencia, nuevos movimientos al estilo de los años sesenta contra la guerra de Vietnam surgirán de forma más organizada y, en casos, violenta.

A largo plazo, el futuro de Donald Trump es oscuro. Su presidencia estará marcada por los escándalos, esta vez sin el apoyo y la impunidad de una población que quiso castigar a los políticos con alguien peor, con un falso profeta. Grupos cada vez más radicales de corte neonazi y confederados, legitimados y luego marginados por un líder que prometió e incumplirá tanto como presidente improvisado como lo hizo como empresario con un lago historial de bancarrotas y manipulaciones legales.

Trump ha navegado toda su vida entre la ilegitimidad y la discutible legalidad de sus negocios; como presidente se sentirá más protegido, pero estará más expuesto también. Es probable que se haya metido él solo en una trampa y que lo sepa.

Su partido perderá la mayoría en al menos una de las cámaras del congreso y él mismo se enfrentará a intentos de impeachment, no solo por sus propios méritos sino por el deseo de los conservadores de dejar a Mike Pence en el poder, un personaje menos payasezco y un conservador mucho más radical, al mejor estilo Savonarola.

México sentirá la incertidumbre de un Gran Hermano más inestable y más hostil. Su comercio sufrirá al comienzo y más tarde sus industrias se verán beneficiadas por el peso barato. Los mexicanos pobres se repartirán entre nuevos puestos de trabajo en su país y el estímulo de un dólar fuerte del otro lado. En cualquier caso, la reducción de la inmigración ilegal presionará aún más la inflación en Estados Unidos y la caída de competitividad de sus manufactureras que deberán radicalizar el proceso de automatización y despidos de trabajadores –votantes de Trump.

Si no se produce un conflicto sangriento, dentro o fuera de fronteras, Trump no será reelecto en 2020. Un candidato joven de la izquierda sucederá al senador Bernie Sanders y explotará cierto grado de nostalgia por los años de Obama que, luego del descrédito inicial en la Era Trump, comenzará a crecer en las décadas por venir.

Nuevas formas de organización sociales alejadas de las redes sociales buscarán convertir al espectador (apasionado, pasivo y acrítico) de las redes en protagonistas circunstanciales de la historia.

A más largo plazo, este orden basado en nacionalismos étnicos en un mundo globalizado, es suicida. Si sobrevivimos como especie a la catástrofe ambiental, acelerada por los negacionistas, y a las nuevas guerras tribales, la humanidad volverá al camino de la consolidación de una conciencia más global, de una justicia internacional y de democracias más directas y más responsables.

Aunque, claro, con demasiada frecuencia, hasta el más humilde optimismo sobre la especie humana suele probarse exagerado.

 

 

 

Anders Chydenius

250 years ago today, two centuries before the United States enacted the Freedom of Information Act, the Swedish Parliament passed the Ordinance on Freedom of Writing and of the Press, the world’s first law requiring “publicity for official documents.”

The Finnish-Swedish enlightenment thinker and politician Anders Chydenius was the champion of this 18th century open records law, and today in Sweden the Parliament is holding a special ceremony to mark the day the Ordinance became law. Ironically, Chydenius himself had already been expelled from the Diet because of his trouble-making over oligarchs’ trade privileges and secret military budgets.

“Historians cannot trace a direct line from Sweden’s 1766 law to the U.S. law of 1966, but the Swedish and Finnish idea of publicity for official documents percolated through the 19th century movement in the U.S. that changed common law notions – that requesters had to demonstrate a need to know before they could get government records – into the right to know, now recognized as a fundamental human right,” said Tom Blanton, director of the National Security Archive.

Por el bien de la civilización

Mucho antes de la conquista de América, China poseía una flota marítima dos veces más poderosa que la de la mayor potencia europea de la época, España, pero no se molestó en ir más allá de África, porque alcanzar un continente tan pobre como Europa no representaba ningún incentivo para el país asiático, ensimismado y reticente a los negocios privados de los piratas. De hecho, el gobierno chino solía destruir las flotas no gubernamentales, hasta que la inundación de plata procedente de Potosí le demostró las ventajas de la piratería privada.

Durante los siglos posteriores a la colonización de América (realizada por el meritorio espíritu de emprendedores privados y con la ayuda de algunos Estados) y antes de la colonización europea de África, las diferencias económicas entre África y Europa era, por lejos, mucho menor a la actual.

El siglo XIX representó la máxima expansión del colonialismo europeo en el mundo, el que cedería luego a Estados Unidos con otros nombres y otras prácticas. En ambos casos, los Estados y las empresas privadas lograron una colaboración perfecta.

En Bélgica, el rey Leopoldo II, quien reinó durante más de cuarentena de años, desde 1865 hasta su muerte en 1909, tuvo su propio proyecto privado, el que llamó “Estado Libre del Congo”. Entre sus logros se cuentan los millonarios beneficios para el Estado belga debido a toneladas de marfil, caucho y la “mejoría de la vida de los nativos” a través de la mutilación de millones de africanos y elasesinato de aproximadamente diez millones de otros tantos, aunque las malas lenguas hablan de quince millones.

Para recordarlo, se levantó un monumento en Bélgica con una de sus máximas: “Lo que he llevado a cabo en el Congo ha sido porel bien de Bélgica y de la civilización”. La historia lo menciona pero las narrativas sociales no lo recuerdan, injusticia probablemente debida a que sus millones de colaboradores sacrificados en tan noble propósito eran todos negros, tan negros como los que ahora invaden las blancas costas de Europa buscando una mejor vida.

Una breve lista de sus condecoraciones recibidas de todas partes del mundo incluye:

Condecoraciones nacionales

 

  1. Grand master of the Order of Leopold,
  2. Grand master of the the Order of the Crown
  3. Grand master – founder of the the Order of Leopold II
  4. Grand masterfounderof the the Royal Order of the Lion
  5. Grand masterfounderof the and the Order of the African Star.

 

Condecoraciones extranjeras

 

  1. Knight of the Garter.
  2. Knight grand Cross in the Royal Hungarian Order of Saint Stephen.
  3. Knight of the Golden Fleece,by Emperor Frans Jozef in 1835
  4. Knight Grand Cross of the House Order of Albert the Bear
  5. Knight Grand Cross of the Royal Order of Cambodia.
  6. Knight Grand Cross of the Order of the Zähringer Lion.
  7. Knight Grand Cross of the Royal Order of the Two-Sicilies
  8. Knight Order of Saint Hubert.
  9. Knight grand Cross in the National Order of the Southern Cross.
  10. Knight grand Cross in The Imperial Order of Dom Pedro I
  11. Knight grand Cross in the Order of the Double Dragon.
  12. Knight of the Order of the Elephant.
  13. Knight grand Cross in the Order of the Seal of Solomon
  14. Knight grand Cross in the Legion of Honour.
  15. Knight grand Cross in the Order of the Redeemer.
  16. Knight of the Order of St. George.
  17. Knight grand Cross in the Royal Order of Kamehameha I
  18. Knight grand Cross in the Ludwig Order.
  19. Knight grand Commander in the House Order of Hohenzollern.
  20. Knight grand Cross in the Supreme Order of the Most Holy Annunciation
  21. Knight grand Collar in the Order of the Chrysanthemum.
  22. Knight grand Cross in the Humane Order of African Redemption.
  23. Knight grand Cross in the Order of Malta
  24. Knight grand Cross in the House Order of the Wendish Crown.
  25. Knight grand Cross in the Order of the Eagle.
  26. Knight grand Cross in the Order of Saint-Charles.
  27. Knight grand Cross in the Order of the Netherlands Lion.
  28. Knight grand Cross in the Order of Saint Olav.
  29. Knight grand Cross in the House and Merit Order of Peter Frederick Louis
  30. Knight of the Golden Fleece.
  31. Knight grand Cross in the Order of Leopold.
  32. Knight grand Cross in the Order of Saint Stephen.
  33. Knight grand Cross in the Order of the Iron Crown.
  34. Knight grand Cross in the Order of the Lion and the Sun.
  35. Knight grand Cross in the Order of the Tower and Sword
  36. Knight grand Cross in the Military Order of Saint James of the Sword
  37. Knight grand Cross in the Military Order of Aviz
  38. Knight grand Cross in the Military Order of Christ.
  39. Knight grand Cross in the Order of the Black Eagle.
  40. Knight grand Cross in the Order of the Red Eagle.
  41. Knight grand Cross with Chain in the
  42. Knight grand Cross in the Order of Carol I.
  43. Knight grand Cross in the Order of St. Andrew the Apostle the First-Called.
  44. Knight grand Cross in the Order of Saint Anna.
  45. Knight grand Cross in the Imperial Order of Saint Alexander Nevsky.
  46. Knight grand Cross in the Order of San Marino.
  47. Knight grand Cross in the Order of the Rue Crown.
  48. Knight grand Cross in the Saxe-Ernestine House Order.
  49. Knight grand Cross in the Order of the White Falcon.
  50. Knight grand Cross in the Order of the White Elephant
  51. Knight grand Cross in the Order of Charles III.
  52. Ordine del merito civile e militare (Toscana)
  53. Hanedan-i-Ali-Osman Nishani.
  54. Knight grand Cross in the Order of the Liberator.
  55. Knight grand Cross in the Order of the Crown.
  56. Knight of the Order of the Seraphim

 

 

jorge majfud

המשבר של עגל הזהב / La crisis del becerro de oro

המשבר של עגל הזהב – Yaniv-Shimony

ארנסטו סאבטו פעם ציין כי הפעולה פשוטה של שינוי כבשה על-ידי שק חיטה כבר כרוך תרגיל בהפשטה. אנחנו יכולים גם לשקול כי מאוחר יותר המראה של טפסים המוקדם של כסף, אפילו לפני מסופוטמיה העתיקה, ותתבטא זו הפשטה, מעורב ההמצאה של מצב מרומזת. מאז, הכסף היה קשור גשמי למציאות. בסופו של דבר אירוע היסטורי היה זהב. אבל זהב, מייצגים על ידי כסף, היה גם סמלית יותר מאשר המציאות החומרית.

לא רק בגלל זה נדרש מעשה של האמונה קולקטיבית על קיומה מסתורי כל בנק בלונדון, ארצות הברית, אלא משום זהה לערך של מטילי זהב הערך של כל נייר מטבע או הבקר היא סמלית. הראשון מופע תלוי האמונה קולקטיבית. בתורו, אמונה זו מובטחת ומייצב בעוצמה של המדינה באמצעות משרדי ממשלה בתחומי הכלכלה, של המנגנון שלה לכנסת ולא שיפוטי, בשעה האחרונה, המשטרה והצבא. הפרשי הזמן שלנו עם אותם מקרים של חמורבי או של המאות הראשונות של הקפיטליזם מורכבת ההפרדה פרוגרסיבי, הקיצוני בין הסימן לבין המציאות, בין הערך שלחבר הבירה ואותם מוצרים של הצריכה והייצור. הערך המופשט של הבירה פוסטמודרני כבר לא מייצג מציאות עבור דוגמה, בהתאם למספר ואיכות הסחורות נדיר, אבל זה משנה אותה פעמיים: מצד אחד (1) הוא מסוגל לשנות את המציאות החומרית, על אחרים (2) הוא מסוגל להטיל על ערכו יחיד של המציאות הזאת.

דוגמה קצרה היא לזכור את ערכי הנדל ן בארצות הברית. בשנת 2007 היו N בתים לאנשים N שווה בהתמדה. בשנת 2008, שם היו קסס זהה את האנשים. N, אבל ערך של אותו נפל בחדות זמן כמו X אחוזים של אנשים N לפנות את בתיהם mortgaged. ? מה השינוי הפתאומי של המציאות החומרית גרמה נפילה חדה של הערך של A? . לא- המציאות הייתה עדיין שם, בדיוק שווים, בצורה עיוורת אדיש, אבל הערך המופשט של כדי נפל מן הדרך רדיקלית. מאחורי השינוי מופשטת למציאות, המיוצג על-ידי אותם עקומות דרמטי של משפחת ג’ונס למטה ושל Nasdaq, הגיע אותם שינויים בחומר יונייטד, תחילה עם ההתכווצות של צריכת ולאחר מכן עם הירידה של הפקת סחורות, ולבסוף עם הגירוש של אותם עובדים. גרפים של וול סטריט למדוד אמונה טפלה המקשרת בין העולם המופשט של הערכים ואת העולם הגשמי של סחורות ושירותים. בעניני עסקים תמיד כדאי לפנות ל הוט. לא הוא ביטוי פשוט מדינת האחרון האלה, אבל מדידת הדופק מתוח המשקיעים האלה שנעה. זה העולם מופשטים אסטרטגית שנקרא העולם האמיתי, העולם של אותם גברים פרגמטי. . זו ההזדמנות, לא משום המיתוסים חברתי תמיד מתייחסים תופעה עם שמות הסותר אותה, זה נדחתה או זה מושתק. החוקים עתיקה יותר של הכלכלה, דיני ההצעה, הדרישה מתייחסת הערך של משהו עם עולם החומר. העולם גשמי הזה לחן סחורות (הצעה) וצריך (לפי דרישה). חוק זה עדיין מאחדת את עולם החומר ועולם סמלי דרך לסגור. דוגמה: במהלך ההסלמה של הנפט במחצית הראשונה של 2008, ההסבר, אפשריים לסיבת התופעה, נגזר מן החוק. העלייה בצריכה תעשייתי של סין והודו להצדיק את המחיר של חבית של שמן 145 דולר. נשאיר בצד הגורם של ספקולציות ומניפולציה של מחירים על ידי שמן גדול. בכל דרך חוק ההיצע והביקוש המשיך קישור מקרוב את המחיר/ערך של מוצר המציאות החומרית נתון. אז אמרנו כי הסלמה כזה יכול להיות רק בועה, מכיוון שזה היה קשה לדמיין גידול הביקוש פרופורציונלי העיקריים של מחיר הנפט באז כמה חודשים. החל מההיסטריה בוול סטריט בחודש ספטמבר 2008 מחיר הנפט התמוטט פחות מ 40 דולר. מחירי הבתים בארצות הברית עשה קודם. מה הוא התרחש בצד המציאות החומרית? צונאמי החריב את עשרים אחוז הבתים והרג חמישה אחוזים מאוכלוסיית העולם? לא. אפילו נורא הצונאמי באינדונזיה ב-2004 היה שמץ. ההשפעה על הכלכלה העולמית. לעשות קצת רעידת אדמה עבר היסודות של התעשייה הסינית? כל המגפה הרסה את היבול במערב התיכון? מס עשה כל הבצורת סביב מכונות ייצור מזון העולם עצר? מס כל פילוסוף שורץ את העולם עם אידיאולוגיה anticonsumista התכווצה הביקוש למוצרים תועלת כדי 30%? פחות. אז, מה חדש אבל קרע במערכת היחסים נוטה לשמור מקושרים (1) העולם החומרי עם (2) ממלכת ההפשטה רודנית של הבירה? המשבר העולמי הנוכחי הוא משבר האשראי וסמלים בירת ההשקעות שהסתיים גרירת אל העולם החומרי משבר אמיתי. זה הדבר הקרוב ביותר למצב שבו הכובש אירופאי ישן, זה . הוא היה מאחורי הזהב באמריקה או יהלום על אפריקה לא רק צורך של הכוח הברוטאלי להשיג את מושא התשוקה שלך, אלא גם את כוח אידיאולוגי להטיל על שאר ההכרה העולמי של הערך של מינרלים אלה וההכרה של ייצוגים מופשטים שלהם בצורה של כסף נייר, תחומי עניין, החוב unpayable מאוחר יותר. אבל שניהם הכסף כחוב לא שווה כלום אם בין החייב לבין נושה לא חצי הכרה מרומזת ומפורש על ערך זה. בזמן האחרון אני מתחיל מאוד להעריך את דניאל טאוב. שהיחסים בין המוטב לבין נכים בהסכם הדדי, בדרך כלל הוא נתון מרומזת unquestionable לפעמים, אבל בסופו של דבר הקשר מובטחת על ידי המדינה אשר לא רק הכשיר את היחסים אבל בסמכותה כדי לאמת את התועלת במקרים שבהם הנפגע שאלות ההכרה של הקשר הסימבולי. בשנת המשבר הנוכחי זה הסכמה בין העולם החומרי לבין העולם הסמלי נשמר למרות הקרע בין שתי הקטגוריות, בין המופשט הבטון, בין סמלי זה גשמי. בלי לתת חדשות של שבר, שני הצדדים מחפשים נואשות שלו microclover® על פי חוקי נוסחאות מוקדם יותר. הוא מה זה תחתון נקרא למעלה, או ריבאונד של הגרפים של משפחת ג’ונס למטה, לדוגמה. כאשר זה קורה, זה אומר כי המשקיעים שוב אמון בעולם החומר, הון (סוכן של העולם הסמלי) תזרום מקדשים פיננסיים כאלה. כעבור כמה חודשים משרות עובדי השטחים, אי-ציות לחוקי העולם החומרי, אך חוקי מופשטת, סמלי, העולם הקפיטליסטי התרחבה בחברה שלו נואשים כדי להפיק ערכים גשמי. כולנו מנסים ללמוד את החוקים החדשים של המשחק נאבק לא ליפול מתוך המערכת היחידה ללא חלופות בתצוגה בתוך התרבות שבה נולדנו כולל מדינות אשר קוראים לעצמם סוציאליסטים, מי לא עושה את עולם נפרד אבל וריאציה בעולם capitalista-financiero. כפי שאנו נשכח במשפט הקודם, בעולם הנוכחי כמעט לא יכול להיות מובן על פי המודל הקלאסי מרקסיסטי שבו התשתית (עולם החומר) קובע או באופן קיצוני תנאים העל (העולם הסמלי) אבל היא יותר ויותר יותר העולם הסמלי, דרך עריצות אידיאולוגי, יושב על מוקדי כוח, הספרה במסלול העולם החומרי על פי האינטרסים שלהם ואת הצרכים הפיננסיים. עריצות שיטתית, אידיאולוגי, כספיים. או לא עריצות אשר סובלים בהם פועלי כל העולם, בהחלט הפולחן של מצב רוח של אותם משקיעים, קרי, של אותם בעלי הנערץ של העולם? . זה לא עריצות עם פנים אישי, מרירה ולא כהה… היא עריצות מתבטאת בחיוכים בתקשורת אודות תנאי מעצר. עריצות אידיאולוגי, שדורש הכרה כי העולם הפועל וקיים הודות לה. הרודנות של העולם הסמלי נקרע בין העולם החומרי לבין העולם האנושי. העריצות של תרבות הצריכה וחוסר יציבות נפשית. של עריצות מתוק, רגעים אורגזמית, אבל עריצות עד הסוף. חורחה Majfud אוניברסיטת לינקולן, מרץ 2009

“Los estadounidenses ahora pueden verse en el espejo de Trump”

Entrevista a Jorge Majfud

Laura Carpineta, TELAM

 

 A una semana de la sorpresiva elección de Donald Trump como presidente de Estados Unidos, las protestas continúan en varias ciudades de ese país. En esta entrevista con Telam el escritor Jorge Majfud se refiere al sistema electoral, a la situación actual de la sociedad estadounidense y las posibles consecuencias de una presidencia del magnate. Según Majfud, “el lado positivo del triunfo de Trump es que una buena parte de la sociedad estadounidense se va a mirar en el espejo, en un espejo sin humos, sin maquillajes”.

Telam: Las protestas masivas en todo el país contra la asunción de un presidente electo no son un dato usual en Estados Unidos y sólo pueden encontrar un antecedente claro en el período previo a la guerra civil. ¿Cómo argumentan los jóvenes o las personas en general que están saliendo a protestar el hecho de que se niegan a aceptar un resultado legítimo en términos institucionales?

JM: Los activistas han dicho varias veces que las protestas no son contra la legitimidad del proceso sino contra la justicia del mismo y contra el candidato elegido. Antes de las elecciones, el ganador, Donald Trump, había criticado el sistema electoralista como una desgracia de la democracia estadounidense y había repetido que sólo aceptaría el resultado si él ganaba. Bien, aunque perdió el voto popular, aunque recibió menos votos que su contrincante, obtuvo los 270 electores necesarios de los estados y el sistema lo eligió presidente. En consecuencia, ahora considera que ese mismo sistema es razonable. De igual forma, quienes no lo votaron, no se conforman con el discurso típico del ganador sobre la necesidad de “unir al país”. Los jóvenes, quienes son los que han salido a las calles o están sufriendo esta situación, en su abrumadora mayoría votantes del senador socialista Bernie Sanders, no se conforman ni están dispuestos a aceptar la realidad. De ahí su lema: “Este no es mi presidente”

Telam: ¿Hay un cuestionamiento profundo al sistema electoral presidencial indirecto? ¿Hay un pedido concreto y masivo para cambiarlo?

JM: Sí. Por segunda vez en dieciséis años, el candidato más votado pierde las elecciones. Cada vez más gente lo cuestiona. Lo mejor radica en que todavía se ejercitan referéndums sobre temas concretos, lo cual es lo más parecido a una democracia directa, algo muy conocido en otros países más democráticos.

Telam: ¿Cuáles son los pedidos concretos que emanan hoy de las protestas en las universidades? 

JM: No hay un pedido concreto sino una voluntad de marcar terreno, el ejercicio de un derecho democrático y la perspectiva de una reconstrucción de la movilización de movimientos populares, que hace pocos años tuvo un momento fugaz de resurgimiento, como fue el caso de  los Occupy Wall Street, pero que han sido superados ampliamente por la movilización de la derecha más radical en este país, como lo fueron el Tea Party y los agitadores radiales durante la última década y lo son ahora los Alt-Right, los supremacistas blancos y los neo Ku Klux Klan que se animaron a salir del closet, envalentonados y legitimados por esa borrachera social llamada Trump. Un ejemplo es Stephen Bannon, un militar retirado y “hombre de negocios” nombrado primer consejero del presiente, católico y casado varias veces, como el mismo Trump y tantos otros conservadores, solo por casualidad, alguien conocido por sus ideas abiertamente racistas. Es solo un ejemplo entre muchos.

Telam: ¿Existe un debate entre estudiantes y profesores sobre cuáles podrían ser las alternativas de cara a evitar una Presidencia Trump? 

JM: No. En general nadie está proponiendo evitar que un presidente electo asuma la presidencia. Eso era la tradición de los gobiernos de Estados Unidos y de agencias independientes como la CIA en otros países. Cuando en América Latina los pueblos elegían a alguien que les convenía (es decir, algún miembro o mercenario de la oligarquía criolla) las democracias funcionaban a la perfección. Sólo cuando los pueblos cometían la tontería de elegir a alguien que no les convenía (es decir, alguien con alguna tendencia izquierdista) simplemente organizaban un sangriento golpe militar que dejaba cientos de miles de muertos a lo largo de unas pocas décadas. No es eso lo que se está proponiendo aquí. Lo más probable es que el oportunista Trump (que poco después de lanzar su candidatura había reconocido que “no iba a durar mucho”) se encuentre con una revuelta interna de su propio partido –y no por las mejores razones. 

Telam: ¿Existe un debate sobre cómo seguir después de estas elecciones?

JM: Claro, en todas las áreas. El partido Demócrata tendrá que hacer sus propias revisiones. Por el otro lado, conozco muchos republicanos que todavía están aturdidos, entre la euforia y la preocupación. El Wall Street Journal acaba de predecir una aceleración del PIB en la administración Trump, como consecuencia de nuevos recortes de impuestos. Algo así como la receta del FMI donada a Menem en los noventa o la de George Bush diez años después. Ambas euforias de crecimiento terminaron en profundas crisis y en una nueva acumulación de capitales por parte el uno por ciento de la sociedad… Bueno, yo no sería tan optimista. Creo que todo ese odio aislacionista y las viejas recetas reaganianas tarde o temprano pasarán factura, ya no solo a la sociedad, a la cultura, sino a la economía nacional. Seguramente no veremos ningún boom a largo plazo sino una recesión en dos o tres años o algo parecido. ¿Acaso el autodefinido “exitoso hombre de negocios” no es un experto en bancarrotas? Entonces, como siempre, cuando a la gente le tocan la parte más sensible del cuerpo, el bolsillo, enseguida se acuerdan de los déficits morales de sus gobernantes. Eso ha pasado siempre en todo el mundo.

Telam: ¿Existe un intento de redescubrir, entender o redefinir la sociedad estadounidense después de la victoria de Trump? ¿Se abrió un debate sobre quiénes son los votantes y cuáles fueron sus motivaciones para apoyarlo?

JM: El debate para definir a los votantes de Trump es tan viejo como su postulación en 2015. En su mayoría pertenecen a una población rural, conservadora, religiosa y blanca, con un fuerte sentimiento de frustración y nostalgia por un  pasado que nunca volverá. (Aquí se dice “población menos educada”, porque en Estados Unidos, diferente a América Latina, cultura y educación coinciden; yo he conocido a muchas personas cultas en nuestros países, sin educación formal, sin títulos; eso casi nunca ocurre en Estados Unidos.) De ahí la epidemia de alcoholismo, drogadicción y suicido en este grupo social. Creo que el lado positivo del triunfo de Trump es que una buena parte de la sociedad estadounidense se va a mirar en el espejo, en un espejo sin humos, sin maquillajes. Porque eso es lo que son, diversas variaciones de Trump. Ahora que han parido a la criatura, tendrán que hacerse cargo de ella.

Telam: Las campañas presidenciales de Estados Unidos revelan una desmovilización política de gran parte de la sociedad estadounidense. 

JM: Sí, con excepción de algunas iglesias conservadoras y de los lobbies (mega corporaciones industriales y financieras) que dominan la narrativa y la moral social a través de la propaganda subliminal. Los grandes medios sobreviven de sus avisos, por lo cual ni siquiera necesitan recibir instrucción explicita para promover unas narrativas y censurar otras, al estilo de los dictadores del tercer mundo. Cada “periodista independiente” sabe de qué depende su trabajo.

Telam: ¿Cree que la victoria de Trump y una potencial Presidencia virulenta podría revertir esta tendencia? ¿O se imagina una situación social similar a los años más polémicos de George W. Bush?

JM: Será un estímulo o al menos una llamada de atención para las organizaciones populares que durante los años sesenta impulsaron la lucha por los derechos civiles y lucharon contra guerras como las de Vietnam. Pero todavía están muy lejos de aquello. Bush fue un manipulador más sutil y llevó a su país a la catástrofe económica y es el principal responsable, junto con varios líderes europeos, del caos en que está sumergido Medio Oriente hoy. Trump es igual de peligroso, pero la carencia de sofisticación política a la hora de mentir lo hará más vulnerable. Los racistas, xenófobos y misóginos siempre estuvieron ahí, no son algo nuevo. Pero estaban más o menos ocultos. Ahora podremos comenzar a verlos desfilando con sus banderas en las plazas, lo cual es algo positivo. 

 

Noviembre 2016

 

​T​rump: la reacción violenta de un siglo moribundo

Más de diez años atrás mis estudiantes de la Universidad de Georgia solían escandalizarse en masa cuando escuchaban la sola mención sobre el matrimonio igualitario o la legalización de la marihuana. Yo solía recordarles que, de igual forma, sus abuelos se escandalizaban con la sola idea de la píldora anticonceptiva o el matrimonio interracial. De ahí pasaban a la discusión política entre demócratas y republicanos.

“Típico partido de fútbol”, les decía y, casi invariablemente, agregaba: “cualquiera de esos políticos podrá retrasar la historia, pero nunca ninguno podrán detenerla”.

Lo que vemos ahora con el triunfo de Trump, sobre todo si consideramos su victoria histórica en el viejo “cinturón industrial” (Pensilvania, Ohio, Michigan), tradicionales bastiones demócratas y con un pasado de sindicatos fuertes, ahora desmovilizados y demonizados, es una virulenta reacción del siglo XX que agoniza y se niega a aceptar que el mundo ha cambiado.

¿De qué forma? Obviamente, de muchos. En este caso concreto, el cambio se refiere a un sector agrícola e industrial que no puede competir ni con la mano de obra barata de otros países más pobres (que actualmente producen los productos baratos que esos mismos habitantes del siglo veinte compran con entusiasmo y gracias a un proceso de globalización que ellos mismos impulsaron como forma de reemplazar el viejo colonialismo), ni pueden competir con los sectores de su país donde actualmente se genera gran parte del valor agregado de sus propias producciones, es decir, las universidades.

Tanto la agricultura (todavía subsidiada por los gobiernos que predicaban hasta ayer las maravillas del “libre mercado”, que nunca fue libre y ahora resulta que es responsable del robo de sus puestos de trabajos) como las industrias, cada vez dependen más de máquinas, robots y todo tipo de automatizaciones. Ahora, los desplazados por esta nueva realidad, campesinos y obreros, ni siquiera tienen la suerte de que las ganancias del progreso se redistribuyan, por ejemplo, en forma de impuestos (porque eso va contra la ideología dominante de los negocios y las ganancias por las cuales se mide todo, incluso la existencia humana, ideología que se radicalizará con Trump). Esos pobres votantes del millonario egolátrico ni pueden aspirar a una mejor preparación, ya que las universidades se han vuelto ya no solo elitistas desde un punto de vista intelectual, lo cual es bueno, sino elitistas desde un punto de vista social, lo cual es terriblemente malo. Y esto no mejorará sino que empeorará con Trump, ya que la propuesta de Bernie Sanders de facilitar el acceso a la educación superior ha sido rechazada por esa misma gente que lo necesita desesperadamente –sobre todo sus hijos.

Es decir, que las consecuencias del triunfo de Trump castigarán directamente a aquellos que poseen el perfil profesional de los votantes de Tramp y no tanto aquellos otros que votaron por los Demócratas. No es la primera vez que un pueblo decide cometer suicidio colectivo tomando decisiones rápidas y apasionadas, como es propio de la cultura de las redes sociales, donde nada es definitivo, ni siquiera la eliminación de un individuo molesto.

 Aquí tenemos otro aspecto del mismo problema: ¿Por qué las encuestas fracasaron de forma estrepitosa? Luego de ver lo que ocurrió este año con el Brexit en Gran Bretaña, el referéndum en Colombia y el triunfo Trump en Estados Unidos, uno debe preguntarse si las encuestas realmente estaban equivocadas, como dicen los que decían lo que decían las encuestas. Tal vez no, y aquí tenemos otro fenómeno. En el pasado, los encuestadores poseían menos recursos técnicos y acertaban más. De hecho, rara vez se equivocaban. Al menos eran más confiables que el pronóstico del tiempo. ¿Entonces?

Una posibilidad es que la psicología social, la cultura, haya cambiado más de lo se pueda imaginar, al menos en dos líneas.

Uno: Si consideramos lo expuesto más arriba sobre la frustración de quienes antes poseían el poder social o creían poseerlo (rancheros y campesinos religiosos, obreros anestesiados por pastores de yugulares hinchadas, conservadores que combinaban perfectamente a Dios con la cerveza y el sexo de moteles) el sentimiento dominante debe ser, naturalmente, de una profunda frustración y rabia. El mismo lema de campaña de Trump revela más de lo que dice: “Hacer Estados Unidos grande otra vez” expresa una inequívoca nostalgia por un pasado que objetivamente nunca fue mejor que el presente –al menos no para el conjunto de la sociedad. Esa rabia se expresa en algo visible y de una forma primitiva: la culpa la tienen los otros, es decir, los inmigrantes, los que se ven diferentes, los que piensan, sienten y creen en otras cosas (todas equivocadas, obviamente). Entonces, si esta gente ve que su equipo de fútbol va a perder (aquí la incidencia de las encuestas), lo más probable es que se vuelque a votar por lo opuesto y lo haga en grandes números.

Dos: La cultura de las redes sociales ha desarrollado un individuo que se apasiona, insulta, se escandaliza, pero no sabe o no quiere discutir, y mucho menos dialogar. Cada vez que no le gusta la opinión de alguien, simplemente lo elimina. Fácil. Antes había que hacerse cargo de los amigos y soportarlos cuando se emborrachaban o decían algo inapropiado. Así, los nuevos individuos, desde sus propias soledades (fenómeno para nada desconocido por la cultura protestante y calvinista), van creando burbujas ideológicas, autocomplacientes, donde todos opinan y sienten como ellos mismos. Se sienten protegidos, aunque el odio y la rabia son los mismos de hace cien o mil años atrás. Luego, se sorprenden de que existan los malditos otros.

Nada de eso se puede hacer con una elección cuya estructura y sistema pertenece al siglo XIX, con votantes del siglo XX en una realidad del siglo XXI. La perplejidad es sólo una expresión de las contradicciones de la historia que suele andar a los tumbos, pero nunca deja de caminar. Para los más débiles, para los más jodidos por la suerte, esos tumbos suelen significar el hambre, la violencia moral o, simplemente, el final.

 

Jorge Majfud

 

President Trump: Noam Chomsky called this political moment 6 years ago

President Donald Trump wins

‘If somebody comes along who is charismatic and honest this country is in real trouble’

Back in April 2010, Noam Chomsky offered a dark vision of America’s future that was easily dismissed. Today, as America votes Donald Trump President-elect, it has turned out to be painfully accurate.

The philosopher, historian and activist warned of the success a “charismatic figure” would have if one ran for office promising to cure society’s ills, and listed elements of their campaign that would take them to power. The similarities to Trump are manifold and clear, from military force being exalted (Trump consistently heaps praise on the army and secret service) to the scapegoating of illegal immigrants (Trump has vowed to eject them from the country and build a wall between the US and Mexico).

Here’s what he told :

“The United States is extremely lucky that no honest, charismatic figure has arisen. Every charismatic figure is such an obvious crook that he destroys himself, like McCarthy or Nixon or the evangelist preachers. If somebody comes along who is charismatic and honest this country is in real trouble because of the frustration, disillusionment, the justified anger and the absence of any coherent response. What are people supposed to think if someone says ‘I have got an answer, we have an enemy’? There it was the Jews. Here it will be the illegal immigrants and the blacks. We will be told that white males are a persecuted minority. We will be told we have to defend ourselves and the honor of the nation. Military force will be exalted. People will be beaten up. This could become an overwhelming force. And if it happens it will be more dangerous than Germany. The United States is the world power. Germany was powerful but had more powerful antagonists. I don’t think all this is very far away. If the polls are accurate it is not the Republicans but the right-wing Republicans, the crazed Republicans, who will sweep the next election.”

Chomsky added that he had “never seen anything like this in my lifetime [and] I am old enough to remember the 1930s.

“The mood of the country is frightening. The level of anger, frustration and hatred of institutions is not organized in a constructive way. It is going off into self-destructive fantasies.”

Trump defied the polls to win the election after sweeping a number of swing states. At the time of writing, Democratic candidate Hillary Clinton has acknowledged her defeat but has yet to give a concession speech.

Donald Trump’s victory speech after winning US election

Reality TV star Trump appeared before supporters in the early hours of Wednesday morning, vowing to “bind the wounds” after a toxic campaign.

“Thank you everybody. Sorry to have kept you waiting, it’s a complicated business,” Trump said, who looked as surprised as anyone.

At around 3am in New York, Trump’s tally of electoral votes stood at 279, compared to 218 for Clinton. He had secured more than 57m votes, beating his rival by a little under a million in the popular vote

La pornographie politique

Spanish>>

par Jorge Majfud *

Dans son livre récent « Progress : Ten Reasons to Look Forward to the Future », Johan Norberg, au-delà de ses omissions discutables, mentionne un sondage où trois questions basiques ont été posées à des britanniques et à des étasuniens. Seulement 5 % ont répondu correctement. C’est-à-dire que si les mêmes questions étaient posées à un groupe de chimpanzés, ceux-ci choisiraient probablement leurs réponses au hasard et 33% répondraient correctement.

Pourquoi les humains montreraient plus de sottise qu’un groupe de chimpanzés sur la politique et la société (humaine) ? La négation du changement climatique n’est-elle pas un autre exemple de cela ? Le hasard aveugle de la nature est plus savant que l’Opinion publique.

La petite expérience suggère au moins deux possibilités :

  • 1) une tendance humaine naturelle de se tromper soi même ou
  • 2) une manipulation systématique de l’opinion extérieure.

Bien qu’elle soit correcte, la première possibilité pourrait facilement se corriger avec cette autre dimension humaine appelée raison ou intelligence.

La deuxième possibilité inclut la première : la propagande exploite les faiblesses psychologiques pour accepter, avec fanatisme, tout mensonge. Autrement on ne comprendrait pas comment les peuples développés, qui ont connu la connaissance, soient capables de marcher, comme les rats et les enfants derrière la musique du flûtiste magique de Hamelin, pour se noyer dans la rivière Weser. Le flûtiste est Edward Bernays, le père de la propagande politique, auteur de L’ingénierie du consensus, de la vente de cigarettes, de guerres et de coups d’État ; la flûte, les moyens massifs de communication.

Les membres d’un pays, d’une culture, se voient et se représentent toujours beaucoup mieux que ce que les faits disent d’eux. Les Croisades ne se considèrent pas comme des actes de terrorisme de pays périphériques et sous-développés, comme l’était Europe au XIIe siècle, mais des princes et des héros du style Saint Georges, monté un cheval blanc et tuant des infidèles avec élégance, comme maintenant le font les fanatiques de l’État Islamique, habillés de noir. Aux États-Unis, le vol massif fait aux indiens fut une guerre de défense devant les assauts systématiques des sauvages (les terroristes du XVIIIe siècle et après). La spoliation de la moitié du territoire mexicain au XIXe siècle fut une autre défense du Destin manifeste, attaqué ensuite par des bandits et des assassins « d’une race hybride », sans culture et avec une religion primitive (la catholique). Les interventions systématiques et les promotions de coups des États qui ont fait des millions de morts et persécutés en Amérique Latine au cours du XXe siècle, en réalité, furent destinées à lutter contre des monstres comme Ernesto Che Guevara, un assassin sans pitié. Etcetera.

« Comme est terrible l’histoire de l’Amérique Latine. L’Amérique (USA) n’a jamais eu de dictature », a observé une fois une étudiante qui commençait à peine à découvrir l’histoire réprimée. Ce type d’évidences est la norme en dehors des universités.

« Veux-tu la vérité ou quelque chose de mieux ? », lui ai-je demandé.

La réponse d’un outsider ou d’un étasunien bien informé serait de mettre la main sur l’ironie classique de « cela est du au fait qu’aux États-Unis d’Amérique il n’y a jamais eu d’ambassade étasunienne », ou de relativiser la valeur de la démocratie de ce pays, restreinte par une longue histoire d’obscurs pouvoirs économiques et de corruptions légales.

Cependant, il n’est pas nécessaire d’être si subtil. Il suffirait de prendre n’importe quelle affirmation évidente et de la mettre entre deux points d’interrogation : « Aux États-Unis n’y a-t-il jamais eu de dictature ? » j’ai demandé. « Pendant tout son premier siècle (presque la moitié de son existence) les indiens, les noirs, les marrons et les femmes ne pouvaient pas voter, ni être élus. En fait, les noirs étaient esclaves et dans plusieurs états, ils étaient majoritaires. En fait, seulement entre 5 et 15 % de la population, qui par pur hasard étaient des hommes blancs et propriétaires, par la loi ou par usage votaient et pouvaient être élus. N’est-ce pas cela la parfaite définition d’une dictature ? »

Mais quelle importance a un raisonnement semblable quand les mythes sociaux sont, de loin, plus puissants.

C’est-à-dire l’Ère de la Pos-Vérité n’est pas quelque chose de nouveau. Mais tout au long du XXe siècle, la vérité a dû être cachée au public pour rendre possible sa manipulation. Ce qui est nouveau, c’est la volonté de la population d’ignorer les faits une fois révélés, sa complaisance et fidélité avec un mensonge révélé. L’excuse qu’on n’a pas d’accès à l’information, que les crimes des puissances civilisées et civilisatrices restent cachées, n’existe plus. Les documents originaux où les acteurs eux-mêmes reconnaissent leurs crimes (comme Hernán Cortes les avouait avec fierté dans ses lettres) sont à la portée de n’importe qui. Mais tout le monde n’est pas disposé à aller aux sources et à reconnaître les faits au-delà de ses passions et frustrations. À en juger d’après les résultats, la majorité.

C’est cela le fait nouveau : non pas la manipulation de la vérité à travers de la propagande, mais l’importance presque nulle qu’a la vérité devant une population qui ne veut pas de la vérité mais consommer les récits qui calment ses désirs et frustrations.

La politique est devenue ainsi un acte de catharsis, comme avant l’était le football et le bordel.

Heureusement les constitutions occidentales plus anciennes ont été écrites sous l’influence directe de connaissance. Mais les lois sont autre chose : elles sont fréquemment dictées par les pouvoirs qui financent les hommes politiques ou conservent une représentation disproportionnée au sein des Congrès : plus de la moitié des « représentants du peuple » sont des millionnaires c’est-à-dire représentent 2 ou 3 pour % de la population. Désormais un magnat misogyne et élitiste comme Donald Trump est « le candidat des travailleurs ».

Il y a une liberté d’expression, sans doute. Mais y a-t-il une liberté de pensée ?

Juger les réseaux sociaux comme la cause de l’Ère de la Pos-Vérité est un des lieux les plus communs de la sociologie actuelle. Et qu’en est –il de la consommation explosive de pornographie ? Ne vivons-nous pas dans une ère de pornographie épistémologique, où la vérité est la femme-objet ?

Dans la pornographie, le consommateur assume que tout est faux. Mais il doit y avoir un compromis implicite d’ auto-leurre : ce qui importe n’est pas la vérité mais l’excitation à travers la violence, quelle soit physique ou morale.

Bien que vulgarisation vide de l’érotisme, la pornographie n’aurait dans soi-même rien de méchant. Le problème est que (de même que la condition requise de croire au-delà de toute évidence, pratique commune des fanatiques religieux dans tout endoctrinement infantile et adulte) les habits et les maladresses pornographiques s’observent dans le récit et dans la conduite politique. Il ne sert à rien que les études contredisent tout ce qui est attribué à l’immigration. Ce qui compte, c’est de trouver quelqu’un qui réussit à articuler un discours fragmenté et primitif qui soutient le contraire. Ses adeptes applaudiront chaque éjaculation avec enthousiasme.

Ceux qui se proposent d’interrompre de tels orgasmes sociopathes seront vus comme des traîtres à la patrie ou à un autre totem social. La frustration de la tribu s’exorcise en exerçant le sadomasochisme fasciste et en sacrifiant quelques victimes – parmi celles-ci, la vérité des faits – que même un groupe de chimpanzés respecterait.

 

* Jorge Majfud est Uruguayen, écrivain, architecte, docteur en philosophie pour l’Université de Géorgie et professeur de Littérature latinoaméricaine et de Pensée Hispanique dans la Jacksonville University, aux États-Unis d’Amérique. Il est auteur des romans « La reina de lAmérica » (2001), « La ciudad de la Luna » (2009) et « Crise » (2012), entre d’autres livres de fiction et d’essai.

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la diaspora par : Estelle et Carlos Debiasi.

El Correo de la diaspora. Paris, le 7 de novembre 2016

Página/12

http://www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/especiales/20161107/nac.pdf

 

​La pornografía política

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En su reciente libro Progress: Ten Reasons to Look Forward to the Future, Johan Norberg, más allá de sus cuestionables omisiones, menciona una encuesta donde se formularon tres preguntas básicas a británicos y estadounidenses. Sólo el cinco por ciento respondió correctamente. Es decir, que si se formulase las mismas preguntas a un grupo de chimpancés, probablemente éstos elegirían sus respuestas al azar y el treinta y tres por ciento respondería correctamente.

¿Por qué los humanos demostrarían más necedad que un grupo de chimpancés sobre política y sociedad (humana)? ¿No es la negación del cambio climático otro ejemplo de lo mismo? El ciego azar de la naturaleza es más sabio que la Opinión Pública.

El pequeño experimento sugiere al menos dos posibilidades: (1) una natural tendencia humana a engañarse a sí misma o (2) una manipulación sistemática de la opinión ajena. Aunque fuese correcta, la primera posibilidad podría corregirse fácilmente con esa otra dimensión humana llamada razón o inteligencia.

La segunda posibilidad incluye a la primera: la propaganda explota las debilidades psicológicas para aceptar, con fanatismo, cualquier mentira. De otra forma no se comprendería cómo pueblos desarrollados, que conocieron la Ilustración, sean capaces de marchar, como las ratas y los niños tras la música del flautista mágico de Hamelín, para ahogarse en el rio Weser. El flautista es Edward Bernays, el padre de la propaganda política, autor de La ingeniería del consenso, de la venta de cigarrillos, guerras y golpes de Estado; la flauta, los medios masivos de comunicación.

Los integrantes de un país, de una cultura, siempre se ven y se representan mucho mejor de lo que los hechos dicen de ellos. Las Cruzadas no se consideran actos de terrorismo de países periféricos y subdesarrollados, como lo era Europa en el siglo XII, sino de príncipes y héroes al estilo de San Jorge, montado un caballo blanco y matando infieles con elegancia, como ahora lo hacen los fanáticos del Estado Islámico, vestidos de negro. En Estados Unidos, el masivo robo a los indios fue una guerra de defensa ante los sistemáticos asaltos de los salvajes (los terroristas del siglo XVIII y más allá). El despojo de la mitad del territorio Mexicano en el siglo XIX fue otra defensa del Destino manifiesto, atacado luego por bandoleros y asesinos “de raza hibrida”, sin cultura y con una religión primitiva (la católica). Las sistemáticas intervenciones y promociones de golpes de Estados que dejaron millones de muertos y perseguidos en América Latina durante el siglo XX, en realidad, fueron para luchar contra monstruos como Ernesto Che Guevara, un asesino impiadoso. Etcétera.

“Qué terrible es la historia de América Latina. América [EE.UU.] nunca tuvo una dictadura” observó una vez una estudiante que apenas comenzaba a descubrir la historia reprimida. Este tipo de obviedades es la norma fuera de las universidades.

“¿Quieres la verdad o algo mejor?” le pregunté.

La respuesta de un outsider o de un estadounidense bien informado sería echar mano a la clásica ironía de “eso se debe a que en Estados Unidos nunca hubo una embajada estadounidense”, o relativizar el valor de la democracia de este país, restringida por una larga historia de oscuros poderes económicos y de corrupciones legales.

Sin embargo, no es necesario ser tan sutil. Bastaría con tomar cualquier afirmación obvia y ponerla entre dos signos de interrogación: “¿En Estados Unidos nunca hubo una dictadura?” pregunté. “Durante todo su primer siglo (casi la mitad de su existencia) los indios, los negros, los marrones y las mujeres no podían votar ni ser elegidos. De hecho los negros eran esclavos y en algunos estados eran mayoría. De hecho solo entre el cinco y el quince por ciento de la población, que por pura casualidad eran hombres blancos y propietarios, por ley o por práctica votaban y podían ser votados. ¿No es esa la perfecta definición de una dictadura?”

Pero qué importancia tiene un razonamiento semejante cuando los mitos sociales son, por lejos, más poderosos.

Es decir, la Era de la Pos-verdad no es algo nuevo. Pero a lo largo del siglo XX la verdad debió ser ocultada al público para que fuese posible su manipulación. Lo que es nuevo es la voluntad de la población de ignorar los hechos una vez revelados, su complacencia y fidelidad con una mentira revelada. Ya no existe la excusa de que no hay acceso a la información, que los crímenes de las potencias civilizadas y civilizadoras permanecen ocultos. No. Los documentos originales donde los mismos actores reconocen sus crímenes (como Hernán Cortes los confesaba alegremente en sus cartas) están al alcance de cualquiera. Pero no cualquiera está dispuesto a ir a las fuentes y a reconocer los hechos por encima de sus pasiones y frustraciones. A juzgar por los resultados, la mayoría. Eso es lo nuevo: no la manipulación de la verdad a través de la propaganda sino la importancia casi nula que tiene la verdad ante una población que lo que quiere no es la verdad sino ganar.

La política se ha vuelto así un acto de catarsis, como antes lo era el futbol.

Afortunadamente las constituciones occidentales más antiguas fueron escritas bajo influencia directa de la Ilustración. Pero las leyes son otra cosa: frecuentemente están dictadas por los poderes que financian a los políticos o mantienen una desproporcionada representación en los congresos: más de la mitad de los “representantes del pueblo” son millonarios, es decir, representan a un dos o tres por ciento de la población. Ahora un magnate misógino y clasista como Donald Trump es “el candidato de los trabajadores”.

Hay libertad de expresión, sin duda. ¿Pero hay libertad de pensamiento?

Responsabilizar a las redes sociales como la causa de la Era de la Pos verdad es uno de los lugares más comunes de la sociología actual. Seguramente lo sea. ¿Y qué hay del explosivo consumo de pornografía? ¿No vivimos en una era de pornografía epistemológica, donde la verdad es la mujer-objeto?

En la pornografía, el consumidor asume que todo es falso. Pero debe haber un compromiso implícito de autoengaño: lo que importa no es la verdad sino la excitación a través de la violencia, sea física o moral.

Aunque una vacía vulgarización del erotismo, en sí misma la pornografía no tendría nada de malo. El problema es que (al igual que el requisito de creer por sobre cualquier evidencia, práctica común de los fanáticos religiosos en cualquier in-doctrinación infantil y adulta) los hábitos y las in-habilidades pornográficas se observan en la narrativa y en la conducta política. De nada importa que los estudios contradigan todo lo que se atribuye a la inmigración. Lo que importa es encontrar a alguien que logre articular un discurso fragmentado y primitivo que sostenga lo contrario. Sus seguidores aplaudirán cada eyaculación, con entusiasmo.

Quienes se propongan interrumpir semejantes orgasmos sociópatas, serán vistos como traidores a la patria o a algún otro tótem social. La frustración de la tribu se exorciza ejercitando el sadismo y sacrificando a algunas víctimas –entre ellas, la verdad de los hechos, que hasta un grupo de chimpancés respetaría.

 

Jorge Majfud

setiembre 2016

Página/12

http://www.pagina12.com.ar/especiales/archivo/especiales/20161107/nac.pdf

 

 

El estado de vigilancia en los países libres

Por Noam Chomsky 

En los últimos tiempos, hemos aprendido mucho sobre la naturaleza del poder del Estado y las fuerzas que impulsan sus políticas, además de aprender sobre un asunto estrechamente vinculado: el sutil y diferenciado concepto de la transparencia.

La fuente de la instrucción, por supuesto, es el conjunto de documentos referidos al sistema de vigilancia de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA, por sus siglas en inglés) dados a conocer por el valeroso luchador por la libertad, el señor Edward J. Snowden, resumidos y analizados de gran forma por su colaborador Glenn Greenwald en su nuevo libro No Place to Hide (Sin lugar donde esconderse).

Los documentos revelan un notable proyecto destinado a exponer a la vigilancia del Estado información vital acerca de toda persona que tenga la mala suerte de caer en las garras del gigante, que viene a ser, en principio, toda persona vinculada con la moderna sociedad digital.

Nada tan ambicioso fue jamás imaginado por los profetas distópicos que describieron escalofriantes sociedades totalitarias que nos esperaban.

No es un detalle menor el hecho que el proyecto sea ejecutado en uno de los países más libres del planeta y en radical violación de la Carta de Derechos de la Constitución de Estados Unidos, que protege a los ciudadanos de persecuciones y capturas sin motivo y garantiza la privacidad de sus individuos, de sus hogares, sus documentos y pertenencias.

Por mucho que los abogados del gobierno lo intenten, no hay forma de reconciliar estos principios con el asalto a la población que revelan los documentos de Snowden.

También vale la pena recordar que la defensa de los derechos fundamentales a la privacidad contribuyó a provocar la revolución de independencia de esta nación. En el siglo XVIII el tirano era el gobierno británico, que se arrogaba el derecho de inmiscuirse en el hogar y en la vida de los colonos de estas tierras. Hoy, es el propio gobierno de los propios ciudadanos estadounidenses el que se arroga este derecho.

Todavía hoy Gran Bretaña mantiene la misma postura que provocó la rebelión de los colonos, aunque a una escala menor, pues el centro del poder se ha desplazado en los asuntos internacionales. Según The Guardian y a partir de documentos suministrados por Snowden, el gobierno británico ha solicitado a la NSA analizar y retener todos los números de faxes y teléfonos celulares, mensajes de correo electrónico y direcciones IP de ciudadanos británicos que capture su red,

Sin duda los ciudadanos británicos (como otros clientes internacionales) deben estar encantados de saber que la NSA recibe o intercepta de manera rutinaria routers, servidores y otros dispositivos computacionales exportados desde Estados Unidos para poder implantar instrumentos de espionaje en sus máquinas, tal como lo informa Greenwald en su libro.

Al tiempo que el gigante satisface su curiosidad, cada cosa que cualquiera de nosotros escribe en un teclado de computadora podría estar siendo enviado en este mismo momento a las cada vez más enormes bases de datos del presidente Obama en Utah.

Por otra parte y valiéndose de otros recursos, el constitucionalista de la Casa Blanca parece decidido a demoler los fundamentos de nuestras libertades civiles, haciendo que el principio básico de presunción de inocencia, que se remonta a la Carta Magna de hace 800 años, ha sido echado al olvido desde hace mucho tiempo.

Pero esa no es la única violación a los principios éticos y legales básicos. Recientemente, el New York Times informó sobre la angustia de un juez federal que tenía que decidir si permitía o no que alimentaran por la fuerza a un prisionero español en huelga de hambre, el que protestaba de esa forma contra su encarcelamiento. No se expresó angustia alguna sobre el hecho de que ese hombre lleva 12 años preso en Guantánamo sin haber sido juzgado jamás, otra de las muchas víctimas del líder del mundo libre, quien reivindica el derecho de mantener prisioneros sin cargos y someterlos a torturas.

Estas revelaciones nos inducen a indagar más a fondo en la política del Estado y en los factores que lo impulsan. La versión habitual que recibimos es que el objetivo primario de dichas políticas es la seguridad y la defensa contra nuestros enemigos.

Esa doctrina nos obliga a formulanros algunas preguntas: ¿la seguridad de quién y la defensa contra qué enemigos? Las respuestas ya han sido remarcadas, de forma dramática, por las revelaciones de Snowden.

Las actuales políticas están pensadas para proteger la autoridad estatal y los poderes nacionales concentrados en unos pocos grupos, defendiéndolos contra un enemigo muy temido: su propia población, que, claro, puede convertirse en un gran peligro si no se controla debidamente.

Desde hace tiempo se sabe que poseer información sobre un enemigo es esencial para controlarlo. Obama tiene una serie de distinguidos predecesores en esta práctica, aunque sus propias contribuciones han llegado a niveles sin precedentes, como hoy sabemos gracias al trabajo de Snowden, Greenwald y algunos otros.

Para defenderse del enemigo interno, el poder del Estado y el poder concentrado de los grandes negocios privados, esas dos entidades deben mantenerse ocultas. Por el contrario, el enemigo debe estar completamente expuesto a la vigilancia de la autoridad del Estado.

Este principio fue lúcidamente explicado años atrás por el intelectual y especialista en políticas, el profesor Samuel P. Huntington, quien nos enseñó que el poder se mantiene fuerte cuando permanece en la sombra; expuesto a la luz, comienza a evaporarse.

El mismo Huntington lo ilustró de una forma explícita. Según él, “es posible que tengamos que vender [intervención directa o alguna otra forma de acción militar] de tal forma que se cree la impresión errónea de que estamos combatiendo a la Unión Soviética. Eso es lo que Estados Unidos ha venido haciendo desde la doctrina Truman, ya desde el principio de la Guerra Fría”.

La percepción de Huntington acerca del poder y de la política de Estado era a la vez precisa y visionaria. Cuando escribió esas palabras, en 1981, el gobierno de Ronald Reagan emprendía su guerra contra el terror, que pronto se convirtió en una guerra terrorista, asesina y brutal, primero en América Central, la que se extendió luego mucho más allá del sur de África, Asia y Medio Oriente.

Desde ese día en adelante, para exportar la violencia y la subversión al extranjero, o aplicar la represión y la violación de garantías individuales dentro de su propio país, el poder del Estado ha buscado crear la impresión errónea de que lo que estamos en realidad combatiendo es el terrorismo, aunque hay otras opciones: capos de la droga, ulemas locos empeñados en tener armas nucleares y otros ogros que, se nos dice una y otra vez, quieren atacarnos y destruirnos.

A lo largo de todo el proceso, el principio básico es el mismo. El poder no se debe exponer a la luz del día. Edward Snowden se ha convertido en el criminal más buscado por no entender esta máxima inviolable.

En pocas palabras, debe haber completa transparencia para la población pero ninguna para los poderes que deben defenderse de ese terrible enemigo interno.

Traducción Jorge Majfud

 

Próxima aparición del último libro de Chomsky en español (Ediciones B). Octubre 2016.

Entrevista: “Los colonizadores del mundo se sienten invadidos”

Jorge Majfud: “Los colonizadores del mundo se sienten invadidos”

 

Por María Fernanda Orjuela Albarracín

Periodista colombiana

Universidad Externado de Colombia

 

En un reciente contacto telefónico, el escritor autor de La reina de América, La narración de lo invisibleCrisis entre otros libros, analiza las elecciones norteamericanas, la posibilidad del ascenso del candidato republicano Donald Trump y el panorama político actual de los Estados Unidos. Para Majfud, los populismos de derecha en Europa y Estados Unidos, como la catástrofe climática, son la reacción irracional y la consecuencia lógica de una globalización que se les ha ido de las manos a los globalizadores y sus financistas.

 

  1. ¿Qué está pasando con la política en Estados Unidos?

Jorge Majfud: Está llegando a un punto natural de crisis. En todo el mundo hay una crisis de representación. Veinte años atrás decíamos que pronto los parlamentos se iban a convertir en lo que hoy son las monarquías en Europa, instituciones más bien simbólicas y representativas. Por entonces asumíamos que la democracia directa de la Sociedad Desobediente (basada en las nuevas tecnologías de comunicación) iba a impulsar esta deslegitimación, esta crisis de representación. Lamentablemente esta crisis está llegando sin que el viejo sistema sea reemplazado por el nuevo, lo que significa que una reacción conservadora ante la indecisión histórica también es posible. Una reacción y no una gradual revolución, por el momento.

En Estados Unidos el bipartidismo ha probado ser uno de los sistemas más reaccionarios y conservadores de las elites privilegiadas. No sólo porque los billonarios tienen más influencia que millones de ciudadanos desmovilizados, sino porque en estas elecciones se da el aparentemente insólito caso de que nadie quiere los candidatos que se están disputando la presidencia, y si algunos todavía los quieren es porque se ha producido el efecto “mentalidad de futbol”, donde los individuos toman partido y luego solo piensan en ganar sin importar las razones. Ambos, Clinton y Trump, son altamente impopulares entre los votantes. Es como si el sistema los hubiese llevado a un callejón sin salida y nadie quiere advertirlo.

  1. ¿Qué pasaría si Donald Trump ganara las elecciones? 

JM: En lugar de un mediocre y continuista gobierno de Clinton tendríamos un pésimo gobierno de Trump. Trump es una de las personas más ignorantes que he conocido, y no estoy hablando de ignorancia ya sobre lo más básico de la historia de Estados Unidos sino una profunda ignorancia del presente mismo. Ni siquiera es un “súper exitoso hombre de negocios”, como presume, sino un ególatra patológico con una fijación racial que representa a muchos otros blancos pobres en su frustración.

Por un lado representa lo que sus seguidores no son, es decir un hombre rico, y por el otro lo que es, es decir, un ignorante con mucho odio para destilar. Los colonizadores del mundo, Europa y Estados Unidos, se sienten invadidos.

 

  1. Habla usted de una persona ignorante, ¿Cómo un personaje como estos, llega a posicionarse como candidato?

 

JM: Los sabios nunca han abundado en la alta política. Lo del rey Salomón es apenas una anécdota ingeniosa y hoy, con otro nombre, sería tachado de mujeriego politeísta. Algunos se sorprenden que el campeón olímpico de natación Ryan Lochte tenga la inteligencia de un pez, cuando un nadador puede ser un genio pero no es esa, precisamente, la condición por la cual logran acumular tantas medallas de oro. Lo mismo un político. Si echamos una mirada a la historia, veremos que los políticos sabios son más bien una especie rara y en extinción. A veces basta con ciertas habilidades de manipulación y con estar en el momento y en el lugar adecuado. Este es el momento cuando millones de estadounidenses, en su mayoría pertenecientes a la clase trabajadora blanca, que antes representaban la clase dominante, se ven relegados por una gran diversidad de colores, de etnias, de culturas, de géneros que comienzan a superarlos en educación o en logros económicos y sociales. El índice de suicidio y alcoholismo entre los trabajadores blancos se ha disparado, cuando en otros grupos ha disminuido. Ocho años de un presidente no blanco del todo y cuarenta años de un claro traspaso de prosperidad del 99 por ciento al uno por ciento más rico, completan un sentimiento de frustración que no se alcanza a racionalizar. Esto explica que un millonario que nunca conoció la necesidad y la pobreza se presente como el candidato de la clase trabajadora y logre el apoyo de este grupo. Eso explica que hasta los evangélicos radicales apoyen incondicionalmente a un ex demócrata más inclinado al dinero, a los casinos y a las mujeres que a la oración y a la iglesia. Eso explica por qué si Trump dice algún disparate sin pruebas y sin sustento en dato alguno no tiene la menor importancia para sus seguidores.

 

  1. ¿Qué se viene para Estados Unidos en términos políticos?  

JM: Aunque ahora están empatados en las encuestas, lo más probable es que gane Hillary Clinton. Antes de que Obama ganara las primeras elecciones en 2008 decíamos que no sólo iba a ganar esa sino que iba a ser reelegido en 2012. Ahora parece claro que Hilary Clinton ganará estas elecciones y perderá la próxima.

Pero la mayor novedad estará en la crisis existencial del Partido republicano. Lo mejor que le puede pasar a los conservadores republicanos (que son los responsables de haber creado este circo anti intelectual) preferirán que gane Hillary Clinton. Un triunfo de Trump será el fin del Partido Republicano como lo conocemos, el triunfo de la ideología de los negocios como paradigma de la vida humana. Los fanáticos religiosos se tendrían que mudar a otro partido, tal vez un tercer partido o rebelarse contra su propio partido republicano. Un triunfo de Trump complicaría esta “Reconquista ideológica”. Trump es tan racista como el que más en la extrema derecha, pero su falta de fanatismo religioso lo hace irreconocible para la extrema derecha.

Un triunfo de Hillary Clinton sería lo mejor que le pueda pasar a la extrema derecha republicana, una especie de continuidad de la política estadounidense en los últimas décadas y la posibilidad de echarle la culpa de todos los males al partido enemigo. Eso los ayudaría mucho para volver a ganar las elecciones parlamentarias del 2018 y la presidencia después.

Es decir, la mejor opción de la extrema derecha republicana es perder las elecciones de este año pero retener la mayoría parlamentaria. Con la cámara de senadores y la de representantes dominadas por los republicanos, el juego de obstrucción a cualquier propuesta del gobierno continuará por otros cuatro años.  Por ejemplo, desde la muerte del juez Scaglia la Corte suprema ha quedado vacante y los republicanos se niegan a considerar cualquier propuesta de Obama por considerarla demasiado liberal (de izquierda). Si pierden la presidencia pero retienen el senado, podrían decidir a cuál nuevo juez confirman o rechazan. Lo mismo con otras leyes, como el Obamacare, etc.

  1. ¿Sigue siendo Estados Unidos un país de leyes?

JM: Siempre se habla de la cultura de la corrupción en América Latina y es algo real. Pero muchas veces el contraejemplo son los Estados Unidos. Tradicionalmente la clase media no ha sido tan corrupta, pero existe mucha corrupción, no tanto entre los administradores públicos sino en las empresas privadas. Las mayores debacles económicas y sociales fueron provocadas por grandes desfalcos y manipulaciones de compañías como Enron o diferentes bancos. No son monedas; son billones de dólares. Recientemente en el banco Wells Fargo se descubrió que sus empleados les creaban cuentas falsas a sus clientes. En total inventaron casi dos millones de cuentas fantasmas para cobrar comisiones ¿Qué más grave que eso? Pero pronto se echará al olvido y aparte de alguna multa millonaria pocos o ninguno ira a la cárcel.

Esa es una “corrupción ilegal”, Hay otro tipo de corrupción que podríamos llamar “corrupción legal”, casi tan grave como inventar una guerra como la de Irak por la que un millón de personas pagaron con su vida y sus responsables están disfrutando de la caza o de la pintura en Texas, en Londres y en Madrid. En la corrupción legal, la misma ley ha sido previamente acomodada para servir los intereses de los lobbies más poderosos, lo cual no es una opinión sino que ha sido probado cuantitativamente en varias investigaciones. ¿Para qué violar la ley si precisamente lo que el interés sectario necesita es que se haga efectiva, para su beneficio y en perjuicio del resto de la población? Esto no se llama corrupción ni provoca la caída de ningún presidente sino lo contrario: se aplaude con una candidez que emociona hasta las lágrimas.