La gran crisis del siglo XXI

Porque el pasado está hacia adelante y el futuro hacia atrás, sólo podemos ver el primero, con cierta precisión, y apenas sentir el segundo, como una brisa unas veces, como un vendaval otras. Si al menos tuviésemos un espejo para poder echar una mirada al futuro… Pero no. Al menos que ese espejo sea el pasado mismo que, al decir de Mark Twain, no se repite, pero rima.

Cada vez que alguien se detiene un instante en su marcha atrás, se levantan las voces advirtiendo de los peligros, cuando no de la inutilidad, de las predicciones que, de forma despectiva, se etiquetan como futurología.

Lo primero es cierto: es un intento peligroso. Lo segundo no: no solo es útil; también es una necesidad, si no una obligación moral.

Hoy, en 2017, estamos sentados sobre una bomba de tiempo. Mejor dicho, sobre dos, interconectadas.

La primera es la creciente, excesiva y desproporcionada acumulación de dinero y, por ende, de poder político y militar de una minoría cada vez más minoritaria, tanto a escala global como a escala nacional. Esta acumulación crecientemente desproporcionada, producto de la espiral que retroalimenta el poder del dinero con el poder político-mediático y viceversa (dinámica que produce bolas de nieve primero y avalanchas después) se agravará aún más por la automatización del trabajo. El desempleo en los países ricos, centros del control financiero, narrativo y militar, aumentará la tensión, no porque la economía del mundo rico colapse sino, quizás, por lo contrario. El creciente fascismo y las reacciones micropolíticas de la izquierda con marchas y contramarchas, serán solo síntomas violentos de un problema mayor.

La segunda bomba de tiempo, es la gravísima amenaza ecológica, producto, naturalmente, de la avaricia de esa minoría y del sistema económico basado en el consumo y el despilfarro ilimitado, en el desesperado crecimiento del PIB a cualquier costo, aun al costo de la destrucción de los recursos naturales (flora y fauna) y de sus mismos productos (automóviles, televisores y seres humanos). El desplazamiento de millones de personas debido al aumento de las aguas y los desiertos, nuevas enfermedades y el creciente costo de la tierra, acelerarán la crisis.

Cualquiera de estas dos bombas de tiempo que estalle primero hará estallar a la otra. Entonces, veremos una catástrofe mundial sin precedentes. 

La hegemonía de Estado Unidos, que se asume será pacíficamente compartida por una sociedad de conveniencia con China, muy probablemente seguirá la Trampa de Tucidides, y el evento decisivo, del conflicto y de la derrota militar de la Pax americana, será un evento de gran magnitud en el área del Pacifico Este. La marina más poderosa del mundo y de la historia, encontrará una derrota material, política y, sobre todo, simbólica. Solo la futura crisis demográfica en China (el envejecimiento de la población y las anacrónicas políticas de inmigración y la desconformidad de una generación acostumbrada al crecimiento económico) podría retrasar este acontecimiento por décadas.

El panorama, por donde se lo mire, no es alentador. Quizás de ahí el cerrado negacionismo de quienes están hoy en el poder. Ese negacionismo ciego en todas las esferas está hoy representado por el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y por las corrientes nacionalistas y neo racistas, precisamente cuando el problema es global. La presidencia de este país podrá ser reemplazada por un candidato de la izquierda, en el 2020 o en el 2024, pero no será suficiente para detener el desarrollo de los acontecimientos ya desencadenados. Por el contrario, será una forma de renovar la esperanza en un sistema y en un orden mundial que está llegando a su fin de forma dramática.

Si bien es necesario continuar luchando por las causas justas de las micro políticas, como los derechos de género en el uso de baños públicos (que para los individuos no tiene nada de “micro”), etc., ninguna de estas medidas y ninguna de estas luchas nos salvará de una catástrofe mayor. Cuando ya no haya tierra, agua, alimentos, leyes, cuando los individuos y los pueblos estén luchando por sobrevivir de la forma más desesperada y egoísta posible, a nadie le importarán las causas de la micro política. 

Lo bueno es que, si bien el pasado no se puede cambiar de forma honesta, el futuro sí. Pero para hacerlo primero debemos tomar conciencia de la gravedad de la situación. Si realmente vamos caminando hacia atrás, rumbo hacia el abismo, el simple acto de detenerse un momento para pensar en un cambio de rumbo, parece lo más razonable.

 

jorge majfud

dec. 7 2017

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Uruguay : Haro sur les intellos

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Le quotidien El País* de Montevideo (Uruguay),  dans son éditorial du 7 Novembre 2017, crie haro sur les écrivains Eduardo Galeano et Mario Benedetti et l’auteur-compositeur-interprète Daniel Viglietti (disparu le 30 octobre) pour avoir appuyé la violence, les accusant d’avoir été « coresponsables des déviations tragiques d’un secteur de la jeunesse uruguayenne».  Le simple mot « déviations » rappelle la dictature uruguayenne et bien d’autres, comme la junte argentine,  dont le ministre des Affaires sociales se plaignait que le problème des étudiants était qu’ils avaient trop de temps pour penser et que la « l’excès de pensée produit des déviations ».

Pas un mot sur  la violence chronique qu’El País a soutenue, avant, pendant et après la dictature, rien. Ainsi donc, dans un continent en proie à des dictatures brutales, des assassinats de masse, racistes et de classe, un siècle avant que la Guerre froide serve de prétexte à plus d’oppression et de tueries, les intellectuels auraient été les promoteurs de la violence.

Pas les généraux qui ont ordonné la disparition des dissidents, qui violaient et torturaient à volonté, beaucoup d’entre eux conseillés par des nazis (comme Klaus Barbie) protégés des puissances “du monde libre”.

Pas les grands patrons qui téléphonaient au gouvernement usaméricain pour soutenir un petit putsch par-ci, un petit putsch par-là.

Pas les grands propriétaires fonciers qui disposaient de leurs péons et de leurs enfants comme de leur bétail.

Pas des commissaires qui ont appris les techniques de torture dans des écoles internationales.

Pas de ceux qui dépensaient des millions de dollars pour acheter des armes ou des opinions dans les médias.

Pas les propriétaires des grands médias qui ont manipulé l’opinion publique ou simplement caché la réalité avec beaucoup de fumée pour perpétuer l’état semi-féodal.

Oh, non, ils étaient tous des hommes responsables et modérés, des citoyens honorables prêts à se sacrifier pour la Patrie. Tous répétaient qu’ils avaient servi le pays pour ne pas dire que le pays les avait servis.

Non, bien sûr, les radicaux dangereux étaient ces intellectuels qui utilisaient des idées et des mots radicaux. Ces radicaux dangereux à cause  desquels l’Amérique latine était comme elle était et si elle n’était pas pire, c’était grâce aux dictatures qui ont servi à une minuscule classe d’ exportateurs et  d’exploiteurs pendant plus d’un siècle, soutenue par ses  armées, ses écoles, ses églises et ses grands médias.

Certes, l’Uruguay n’a pas été le pire cas en Amérique latine. C’était peut-être presque une exception, précisément à cause de son niveau d’éducation précoce et de ses figures critiques. Mais ces putains d’intellos pointés du doigt par El País ne limitaient pas leurs critiques à leur propre pays, qui les méritait (ou non ?), mais surtout ils l’étendaient à la réalité mille fois plus brutale de l’Amérique latine et à ses implications logiques avec l’impérialisme international ( quelque chose qui, de toute évidence, n’existait pas pour El País et beaucoup de ses lecteurs).

 

NdT:

Principal quotidien uruguayen, El País, fondé en 1918, a toujours été lié aux « Blancs », les conservateurs issus des grands propriétaires fonciers et grands éleveurs, opposés aux « Rouges », réformistes et progressistes. Il a apporté un soutien inconditionnel à la dictature (1973-1985), censée avoir sauvé la nation du « chaos », de la « ruine » et de la menace du « totalitarisme marxiste ». Ci-dessous un exemple de Une, du 28 juin 1975. Le journal annonce la capture de 20 « factieux » (des guérilléros urbains du MLN-Tupamaros) au cours d’une opération où 3 « meneurs » ont été abattus. Comble du scandale : les « terroristes » avaient un arsenal contenant des « grenades argentines ».

 

 

U.S.A. ¿Confía Dios en nosotros?

 

U.S.A. ¿Confía Dios en nosotros?

 

Autor : Majfud, Jorge
ISBN : 978-84-9134-224-3
Colección : N/D
Edición : rústica
Tipo : PUV
Páginas : 304
Idioma : castellà
PVP : 17,50€

Selecció d’assaigs crítics sobre la realitat econòmica, cultural i política d’Estats Units i les seues vastes implicacions internacionals. Entre els temes centrals sobre els quals l’autor ha reflexionat en les últimes dues dècades es troben la cultura de les màscares en l’art popular i en l’inconscient nacional, la hiperfragmentació de l’individu, la construcció de la realitat a través de narratives socials, el dictat narratiu dels majors poders socials, com són els diners i les castes socials que ens han portat progressivament a una nova forma de feudalisme, ja no assentat en la propietat de la terra sinó del capital i les finances. En tots els assaigs es pot veure la urgència de respondre al moment històric, als seus esdeveniments particulars amb un esforç permanent per contextualitzar-los en un marc històric major, entenent que l’oblit és una de les principals armes de la violència moral, social i, finalment, militar.Selección de ensayos críticos sobre la realidad económica, cultural y política de Estados Unidos y sus vastas implicaciones internacionales. Entre los temas centrales sobre los cuales el autor ha reflexionado en las últimas dos décadas se cuentan la cultura de las máscaras en el arte popular y en el inconsciente nacional, la hiperfragmentación del individuo, la construcción de la realidad a través de narrativas sociales, el dictado narrativo de los mayores poderes sociales, como lo son el dinero y las castas sociales que nos han llevado progresivamente a una nueva forma de feudalismo, ya no asentado en la propiedad de la tierra sino del capital y las finanzas. En todos los ensayos se puede ver la urgencia de responder al momento histórico, a sus eventos particulares con un permanente esfuerzo por contextualizarlos en un marco histórico mayor, entendiendo que el olvido es una de las principales armas de la violencia moral, social y, finalmente, militar.

http://www.lallibreria-uv.es/USA-Confia-Dios-en-nosotros-Isbn-978-84-9134-224-3-Codigo-BJC,000148

 

 

https://www.ju.edu/spanish/latinoture/libros/USA.php

 

 

 

 

The Routledge History of Latin American Culture

The Routledge History of Latin American Culture (Hardback) book cover

Edited by Carlos Manuel Salomon

© 2018 – Routledge

380 pages

Purchasing Options:$ = USD
Hardback9781138902565
pub: 2017-12-27

Table of Contents

 

 

Introduction: Cultura en Llamas – Carlos Manuel Salomon

1. Indigenous Cosmology and Spanish Conquest – Jorge Majfud

2. Andean Identity and Historical Agency – Javier F. Marion

3. The Trajectory of the African Michelina: Identities, Slavery, and Post-Abolition at the Parish of Nossa Senhora do Pilar, Rio de Janeiro, Brazil – Nielson Rosa Bezerra

4. Caste, Race, and the Formation of Latin American Cultural Imaginaries – Laura Ines Catelli

5. African Flavor in Latin American Music – Umi Vaughan

6. The Politics of Enunciation: Indigenista and Contemporary Indigenous Literatures – Gloria E. Chacón

7. Resistances in Caribbean Literature (the 1930s to the Present) – Yolanda Martínez-San Miguel

8. Art, Revolution, and Indigenous Subjects – Tatiana Flores

9. Chicano/a Latino/a Studies in Mexico (History and Evolution) Academy, Literature, Art, Theater, and Cultural Practices – María del Socorro Gutiérrez Magallanes

10. New Latin American Revolutionary Cinema – Silvia Alvarez Olarra

11. Amerindian Foodways of the Other Borderlands – Enrique Salmon

12. Popular and Rural Schooling in Modern Latin America – G. Antonio Espinoza and Andrae Marak

13. Political Cultures of Social Movements – Magalí Rabasa

14. The Mapuche and “El Compañero Allende”: A Legacy of Social Justice, Historical Contradictions, and Cultural Debates – Rosamel Millaman

15. Catholic Social Movements Face Modernity – Miranda Lida

16. The Energetic Body: Machines, Organisms, and Social Thermodynamics in Colombia’s Path to Modernity – Stefan Pohl-Valero

17. Feminism in the Southern Cone: The Periodical Press for and by Women – Claudia Montero

18. Feminisms, Gender, and Indigenous Women in Latin America – Astrid Ulloa

19. The Feminist Debate in Mexico – Gabriela Cano

20. Cultural Identity in Latin America: Toward a Cooperative Understanding of our Past – Carlos Manuel Salomon, with Laura Inés Catelli, Jorge Majfud, Paloma Martínez Cruz, Magali Rabasa, Enrique Salmon, Umi Vaughan, and Gloria E. Chacón

21. Migrant Transnational Engagements 2000–2015 – Xóchitl Bada

22. Ancestral Wells of Love and Belonging: For Breath to Return to Love – Ana Clarissa Rosada Durado

23. The Intimate Life of the Pocha: A Genealogy of the Self-Ironic Turn in Chican@ Culture – Paloma Martínez Cruz

24. Queen of las Fiestas Patrias and Other Stories: Oral History, Memory, and Latinx Culture – Carlos Manuel Salomon

Caporales

a mis amigos indocumentados

 

Cuando los ricos y poderosos invadieron el mundo

en nombre de la civilización

y saquearon y masacraron por siglos

los caporales aplaudieron

 

Cuando los ricos y poderosos descendieron sus capitales en sociedades enfermas

en nombre del progreso, no del interés propio

y corrompieron y apoyaron golpes de Estado

los caporales aplaudieron

 

Cuando los ricos y poderosos bombardearon sociedades violentas

en nombre de la seguridad del mundo

y masacraron otra vez y otra vez olvidaron

los caporales aplaudieron

 

Cuando algunos pobres y marginados fueron a los países ricos por las migajas

los llamaron sinvergüenzas

críticos de cafés

interesados

hipócritas.

 

Porque el dinero compra muchas cosas

compra el cuerpo del pobre

la conciencia del esclavo

y la moral de los caporales

 

Pero el dinero no lo compra todo

y esa pequeña derrota no deja vivir

ni a los ricos y poderosos

ni a los caporales

 

JM, noviembre 2017

O Caçador de Histórias

Do último livro de Eduardo GaleanoO Caçador de Histórias, publicado após a sua morte a 13 de abril de 2015, retirei estas pequenas histórias.

 

ESTRANGEIRO

Num jornal do bairro do Raval, em Barcelona, uma mão anónima escreveu:

O teu deus é judeu, a tua música é negra, o teu carro é japonês, a tua pizza é italiana, o teu gás é argelino, a tua democracia é grega, os teus números são árabes, as tuas letras são latinas.

Eu sou teu vizinho. E ainda me chamas estrangeiro?

 

 

OS LIVRES

De dia, guia-os o sol. À noite, as estrelas.

Não pagam bilhete, e viajam sem passaporte e sem preencher impressos da alfândega nem dos serviços de emigração.

Os pássaros, os únicos que são livres neste mundo habitado por prisioneiros, voam sem combustível de um polo ao outro, tomando o rumo que lhes apetecer e à hora que quiserem, sem pedir licença aos governos que se julgam donos do céu.

 

 

OS NÁUFRAGOS

O mundo viaja.

Há mais náufragos que navegantes.

Em cada viagem, há milhares de desesperados que morrem sem contemplar a travessia para o paraíso prometido onde até os pobres são ricos e todos vivem em Hollywood.

Não duram muito as ilusões dos poucos que conseguem chegar.

 

 

COSTUMES BÁRBAROS

Os conquistadores britânicos ficaram com os olhos esbugalhados de assombro.

Eles provinham de uma nação civilizada, onde as mulheres eram propriedade dos maridos e lhes deviam obediência, como a Bíblia mandava, mas na América foram encontrar um mundo às avessas.

As índias iroquesas e outras revelavam-se suspeitas de libertinagem. Os maridos nem sequer tinham o direito de castigar as mulheres que lhes pertenciam. Elas tinham opiniões próprias e bens próprios, direito ao divórcio e direito de voto nas decisões da comunidade.

Os brancos invasores já não conseguiam dormir em paz: os costumes das selvagens pagãs podiam contagiar-lhes as mulheres.

 

 

O PRAZER, UM PRIVILÉGIO MASCULINO

O que é esse rolinho de carne que espreita por entre as pernas das mulheres? Para que serve?

A ciência não achava resposta, até que se impôs a certeza de que o clítoris era um erro da anatomia feminina. Em 1857, o cientista inglês William Acton sentenciou:

– A mulher recatada não procura o prazer no sexo. Ela só procura comprazer o marido e dar-lhe filhos.

E por essa altura já se tinha demonstrado que o orgasmo feminino era imaginário e desnecessário para o sagrado exercício da maternidade.

 

 

A GARRA CHARRUA

No ano de 1832 os poucos índios charrua que haviam sobrevivido à derrota de Artigas foram convidados para assinar a paz, e o presidente do Uruguai, Fructuoso Rivera, prometeu-lhes que iam receber terras.

Quando os charruas estavam bem comidos, bem bebidos e bem adormecidos, os soldados avançaram. Os índios foram esfolados à faca, para não se gastarem balas, e para não se perder tempo em enterros foram lançados ao ribeiro Salsipuedes.

Foi uma cilada. A história oficial chamou-lhe batalha. E de cada vez que nós uruguaianos vencemos um troféu de futebol, celebramos o triunfo da garra charrua.

 

 

REPITA A ORDEM, SE FAZ FAVOR

Nos nossos dias, a ditadura universal do mercado dita ordens bem contraditórias:

Temos de apertar o cinto e temos de baixar as calças.

Os mandatos que vêm de lá de cima do alto do céu não são muito mais coerentes, verdade seja dita. Na Bíblia (Êxodo 20), Deus ordena:

Não matarás.

E no capítulo seguinte (Êxodo 21), o mesmo Deus manda matar por cinco motivos diferentes.

 

 

 BREVÍSSIMA SÍNTESE DA HISTÓRIA CONTEMPORÂNEA

Há já uns séculos que os súbditos se disfarçaram de cidadãos e que as monarquias se preferem chamar repúblicas.

As ditaduras locais, que se dizem democracias, abrem as portas à entrada avassaladora do mercado universal. Neste mundo, reino dos livres, somos todos um só. Mas somos um ou somos nenhum? Compradores ou comprados? Vendedores ou vendidos? Espiões ou espiados?

Vivemos presos entre garras invisíveis, atraiçoados pelas máquinas que simulam obediência e mentem, com cibernética impunidade, ao serviço dos seus patrões.

As máquinas mandam nas casas, nas fábricas, nos escritórios, nos seus escritórios, nas plantações agrícolas, nas minas e nas ruas das cidades, onde nós peões somos incómodos que perturbam o trânsito. E as máquinas mandam também nas guerras, onde matam tanto ou mais que os guerreiros fardados.

 

 

 O DIREITO AO SAQUE

No ano de 2003, Samir, um veterano jornalista do Iraque, andava a visitar alguns museus da Europa. Museu após museu, descobria maravilhas escritas na Babilónia, heróis e deuses talhados nas colinas de Nínive, leões que tinham voado desde a Assíria.

Alguém se aproximou, oferecendo ajuda:

Quer que chame um médico?

Engolindo as lágrimas, balbuciou:

Não, por favor. Estou bem.

E depois explicou:

Magoa-me simplesmente ver quanto roubaram e quanto roubarão.

Dois meses depois, as tropas norte-americanas lançaram a sua invasão. O Museu Nacional de Bagdade foi saqueado. Perderam-se

cento e setenta mil obras.

 

 

SAGRADA FAMÍLIA

Pai castigador, mãe abnegada, filha submissa, esposa muda.

Como Deus manda, a tradição ensina e a lei obriga:

O filho golpeado pelo pai que foi golpeado pelo avô que golpeou a avó nascida para obedecer,

Porque ontem é o destino de hoje e tudo o que foi continuará a ser.

Mas numa qualquer parede, algures, alguém rabiscará:

Eu não quero sobreviver.

Eu quero viver.

 

 

CASTIGOS

Em 1953, a Câmara Municipal de Lisboa publicou a sua Portaria nº69035:

Verificando-se o aumento de actos atentatórios à moral e aos bons costumes, que dia a dia se vêm verificando nos logradouros públicos e jardins, determina-se à Polícia e à Guarda Florestal uma permanente vigilância das pessoas que procurem frondosas vegetações para a prática de actos que atentem contra a moral e os bons costumes, e estabeleçam-se as seguintes multas:

1º Mão na mão: 2$50

2º Mão naquilo: 15$00

3º Aquilo na mão: 30$00

4º Aquilo naquilo: 50$00

5º Aquilo atrás daquilo: 100$00

Parágrafo único: Com a língua naquilo, 150$00 de multa, preso e fotografado.

 

 

A PERIGOSA

Em novembro de 1976, a ditadura militar argentina crivou de balas a casa de Clara Anahí Mariani e assassinou os seus pais.

Dela nunca mais se soube nada, embora desde então figure na Direção de Investigação da Polícia da Província de Bueno Aires, na secção reservada aos delinquentes subversivos.

A sua ficha diz:

Extremista.

Ela tinha três meses de idade quando foi catalogada assim.

 

 

SE ESTÁ NO LAROUSE…

Em 1885, Joseph Firmin, negro, haitiano, publicou em Paris um livro de mais de seiscentas páginas, intitulado Sobre a Igualdade das Raças Humanas.

A obra não teve difusão, nem repercussão. Só encontrou o silêncio. Naquele tempo, ainda era palavra santa o dicionário Larousse, que explicava assim o assunto:

Na espécie negra, o cérebro está menos desenvolvido do que na espécie branca.

 

 

 ASSIM NASCEU LAS VEGAS

Lá por volta de 1950 e picos, Las Vegas era pouco mais do que nada. A sua maior atração eram os cogumelos atómicos que os militares ensaiavam por ali perto e que davam espetáculo à assistência, exclusivamente branca, que podia contemplá-lo do alto dos terraços. E também atraíam o público, exclusivamente branco, os artistas negros que eram as grandes estrelas da canção.

Louis Armstrong, Ella Fitzgerald e Nat King Cole eram bem pagos, mas só podiam entrar e sair pela porta de serviço. E quando Sammy Davis Jr. mergulhou na piscina, o diretor do hotel mandou mudar a água toda.

 E assim foi até que em 1955 um milionário estreou em Las Vegas aquilo a que chamou o primeiro hotel casino inter-racial dos Estados Unidos. Joe Louis, o lendário pugilista, dava as boas vindas aos hóspedes que já eram brancos e negros; e assim Las Vegas começou a ser Las Vegas. Os donos da aldeia que se transformou no mais famoso paraíso de plástico continuaram a ser racistas, mas tinham descoberto que o racismo não era um bom negócio. Ao fim e ao cabo, os dólares de um negro rico são tão verdes como os outros.

 

PEQUENO DITADOR INVENCÍVEL

Matar era um prazer, e pouco importava se o finado era veado, pato ou republicano. Mas as perdizes eram a especialidade das caçadas de Francisco Franco.

Num dia de outubro d 1959, o Generalíssimo matou quatro mil e seiscentas perdizes, e assim superou o seu próprio recorde.

Os fotógrafos imortalizaram esta jornada vitoriosa. Aos pés do vencedor jaziam os seus troféus, que cobriam os solos do mundo.

 

 

ESSA PERGUNTA

A família Majfud tinha siso afrontada pela ditadura militar uruguaiana, sofrera no cárcere torturas e humilhações, e fora despojada de tudo o que tinha.

Uma manhã, os meninos estavam a brincar num velho carrinho de mão quando se ouviu um tiro. Eles estavam longe. Mas o tiro atravessou os campos de Tacuarembo e então souberam, quem sabe como, quem sabe porquê, que o estampido viera da cama da tia Marta, a mais querida.

Desde essa manhã, Nolo, o mais pequeno da família, pergunta e pergunta-se:

Porque nascemos, se temos de morrer?

Jorge, o irmão mais velho, tenta ajudá-lo.

Procura uma resposta.

Os anos vão passando, como passam as árvores diante da janela do comboio; e Jorge continua à procura da resposta.

 

http://otempoemquevivemosotempoemquevivemos.blogs.sapo.pt/137-dos-indignos-e-dos-indignados-36830

The fault is of the poor

In 1758, the Governor of South Carolina, James Glen, acknowledged in a letter to his successor: “It has always been the policy of this government to create an aversion in them to Indians to Negroes.”  

In previous generations, racism had not reached a sufficient level of hatred to prevent Indians, blacks, and poor whites from joining together for work, intimacy and, above all, to rebel against the power of the powerful.

The fault of violence was of the poor.

Today, two of the world’s most lucrative businesses are drug trafficking and arms sales.

Because drug production is in poor countries and consumption in rich countries, the blame for violence is on the producers, that is, on the poor.

Because the production of weapons is in rich countries and consumption in poor countries, the fault of the violence is on consumers, that is, the poor.

When the economy in rich countries thrives, the poor are the only ones to blame for their own poverty, as if the world were flat and everyone had the same opportunities.

When the economy in rich countries stagnates or recedes, then the poor are to blame for the fact that others do not have jobs. Especially if they are poor immigrants.

The fault is always of the poor.

The Statue of Liberty of New York received millions of immigrants (Europeans), without visas or passports, with the verses:

“Give me your tired, your poor,

Your huddled masses yearning to breathe free,

The wretched refuse of your teeming shore.

Send these, the homeless, tempest-tossed to me”

However, now, according to the laws in rich countries, if someone is rich, a visa or a permanent residence is almost guaranteed. If someone is poor and his flag is work, he or she will be automatically blocked from entering rich countries.

In fact, the single word “working” at any consulate in the world is the first key that turns on all the alarms and closes the doors to an honest worker.

Because a world obsessed with growth, where capital produces more capital, does not believe that labor can produce more labor.

Because money is freer than human beings and a human being without money is not free but a slave.

To justify this global apartheid, we no longer resort to the concept of race but that of nations, and we confuse legality with legitimacy, as if the laws were not the expression of the conveniences of the power of the day, as if the laws were not often elegant ways to legalize the corruption of power.

Even the best laws are often unfair, especially with those who are not in power. As an example, the French novelist Anatole France made a remark a hundred years ago: “In its majestic equality, the law forbids rich and poor alike to sleep under bridges, beg in the streets and steal loaves of bread.”

Because the fault is always of the poor.

La culpa es de los intelectuales

French >>

El País de Montevideo en su editorial de hoy 7 de noviembre de 2017, hace tua culpa de Eduardo Galeano, Mario Benedetti y Daniel Viglietti por apoyar la violencia, acusándolos de “corresponsables de los trágicos desvíos de un sector de la juventud uruguaya.” La sola palabra “desvíos” recuerda a la dictadura uruguaya y a muchas otras, como las palabras de aquel ministro argentino de Bienestar Social que se quejaba que el problema de los estudiantes era que tenían demasiado tiempo para pensar y “el exceso de pensamiento produce desviaciones”.

De la violencia crónica que apoyó El País, antes, durante y después de la dictadura, nada. Así resulta que, en un continente plagado de brutales dictaduras, asesinatos en masa, racistas y de clase, desde un siglo antes que la Guerra Fría sirviese como excusa para más opresión y matanzas, los intelectuales fueron los promotores de la violencia.

No los generales que ordenaban desapariciones de disidentes, violaban y torturaban a gusto, muchos de ellos asesorados por nazis (como Klaus Barbie) protegidos de las potencias “del mundo libre”.

No los grandes empresarios que telefoneaban al gobierno estadounidense para apoyar un golpecito aquí y otro allá.

No algún que otro latifundista que disponía de sus peones y de sus hijos como de su ganado.

No de los comisarios que aprendían técnicas de tortura en escuelas internacionales.

No de aquellos que ponían millones de dólares para comprar armas o comprar opiniones en los medios.

No de los dueños de los grandes medios que manipulaban la opinión pública o simplemente ocultaban la realidad con mucho humo para perpetuar el estado semifeudal.

Oh, no, todos ellos eran responsables y moderados hombres, honorables ciudadanos dispuestos a sacrificarse por la Patria. Todos repetían que habían servido a la patria por no decir que la patria les había servido a ellos.

No, claro, los peligrosos radicales eran esos intelectuales que usaban ideas y palabras radicales. Esos peligrosos radicales por los cuales América Latina estaba como estaba y si no estaba peor era por las dictaduras que sirvieron a una minúscula clase exportadora y explotadora por más de un siglo, apoyados por sus ejércitos, sus escuelas, sus iglesias y sus grandes miedos de comunicación.

Cierto, Uruguay no fue el peor caso de América Latina. Tal vez fue casi una excepción, precisamente, por su precoz nivel de educación y sus figuras críticas. Pero esos malditos intelectuales a los que apunta el dedo acusador de El País no limitaron su crítica a su propio país, que las merecía (¿o no?) sino principalmente a la mil veces brutal realidad latinoamericana y a sus implicaciones lógicas con el imperialismo internacional (algo que, obviamente, no existía para El País y muchos de sus lectores).

 

Jorge majfud

Historian And Activist Aviva Chomsky To Speak On Immigration Nov. 2

In a timely lecture, celebrated historian, activist and Latin America specialist Aviva Chomsky will give a talk on immigration issues at 6:30 p.m. Thursday, Nov. 2, in Gooding Auditorium.

Chomsky, professor of history and coordinator of Latin American studies at Salem State University in Massachusetts, will speak on “Criminalization, Immigration and Citizenship in the 21st Century.” The event is hosted by the JU College of Arts and Sciences‘ Division of Humanities and is free to the public.

Chomsky’s most recent book is Undocumented: How Immigration Became Illegal (Beacon Press). Her scholarly work has its origins in the mid-‘70s, when she worked for the United Farm Workers union, piquing her interest in the Spanish language, migrant workers, labor history and social movements, and in how people collectively organize for social change.

“Thematically, I incorporate the issues of colonialism, economic development, migration, race, labor, environment and global inequality,” she says in her Salem State bio.

“In a post-truth era mistakenly taken for ‘appealing and angry political incorrectness,’ it is very important to have a real politically incorrect, intellectual challenger figure such as Aviva Chomsky, a world-respected scholar who presents the complex reality of facts — particularly those conveniently forgotten by socially fabricated narratives — in a way that anyone can understand,” said Dr. Jorge Majfud, associate professor of Spanish, who is co-organizing the event.

Chomsky is the author of numerous additional books, including They Take Our Jobs! And 20 Other Myths About Immigration (Beacon Press), and writes regularly for The Nation and the venerated essayist site TomDispatch.com, including articles such as “Clinton and Obama Laid the Groundwork for Donald Trump’s War on Immigrants,” “America Wanted to Keep Immigrants Out Long Before Donald Trump Was Even Born,” and “The Criminalization of Immigrants From Clinton to Trump.”

In its review of Undocumented, Publisher’s Weekly states: “Chomsky reminds readers that, contrary to the freedom with which American citizens travel, for many, ‘freedom to travel is a distant dream.’ Professional in her scholarship, Chomsky has written a book that will be relevant to those who do not share her position as well as to those who do.”

Prior to her lecture in English at 6:30 p.m., Chomsky will record an interview in Spanish with Dr. Douglas Hazzard, associate professor of Spanish, and Dr. Majfud for European and Latin American audiences.

For more information on the lecture, visit www.ju.edu/spanish/latinoture/international-studies/aviva-chomsky.php or contact Dr. Jorge Majfud, jmajfud@ju.edu, (904) 256-7929.

 

 

https://www.ju.edu/spanish/latinoture/events/aviva-chomsky-2017.php

¿Son neutrales las redes sociales?

En una conferencia dada en 1981, Ayn Rand, la autora de cabecera del actual presidente de la cámara de representantes de Estados Unidos, Paul Ryan, y de los conservadores cristianos, leyó: “Ningún poder externo puede destruir al capitalismo y sus empresarios. Solo un poder interno: la moral. Más concretamente, el poder de una idea depravada, aceptada como principio moral: el altruismo. Esa teoría moral según la cual un hombre debe sacrificarse por otros. El altruismo es una teoría de profundo odio, contra el hombre, contra el éxito. El altruismo es enemigo del capitalismo”.

La idea del egoísmo como el motor de los negocios es razonable, pero no es, como la ideología capitalista quiso establecerlo, necesariamente el motor del bienestar de las sociedades. Los mismos economistas capitalistas han estudiado desde hace décadas los efectos de las “externalidades” por el cual un excelente negocio puede ser realizado no solo en detrimento del resto sino de los mismos beneficiados a largo plazo.

Para bien y para mal, el beneficio propio sigue siendo el corazón ideológico y práctico de los dueños de mega compañías como Google, Facebook, etc. Con una diferencia: ya no se trata de mentir para vender Coca Cola o McDonald’s sino de formas más extendidas y profundas de pensar y de sentir.

Las tecnologías digitales, que pueden servir para democratizar la información (Wikipedia es un ejemplo), para denunciar injusticias o hacerle la tarea difícil a un dictador al viejo estilo del siglo XX, también sirven para lo contrario: para manipular, todo debajo del manto de la pretendida neutralidad tecnológica.

El caso de las redes sociales es uno de esos ejemplos, probablemente el más significativo. No basta con demostrar que el gobierno ruso manipuló la opinión de los votantes estadounidenses valiéndose de estos instrumentos. Es necesario preguntarse, además, ¿cuál es la razón existencial de los dueños y administradores de esas mega sociedades en cuyas redes vive, literalmente, la mitad de la población mundial.

Es uno, básicamente: las ganancias. Es un negocio y funciona como tal.

Pero ¿no son los negocios una actividad pragmática, sin ideología? Tal vez los negocios sí, pero no los mega negocios.

Cuando uno habla con individuos que formaron parte de grandes compañías trasnacionales y conoce sus familias, no queda otra posibilidad que reconocer que son buenos padres, buenos esposos, buenos hijos, donantes regulares para causas nobles. Los individuos suelen ser muy buenos, pero cuando son gerentes de poderosas compañías de sodas, de tabaco, o de fast foods, cumplen una función, y su primer objetivo es que dicha compañía no quiebre. Es más: el objetivo es que el volumen de ganancias crezca sin parar, más allá de si el tabaco, el azúcar y las grasas recicladas matan a cientos de miles de personas por año. La moral individual casi no importa; los individuos no explican la realidad. Es el sistema para el cual trabajan.

Lo mismo compañías como Facebook, Twitter o Instagram. Zuckerberg es un buen muchacho, realiza donaciones millonarias (que en muchos casos es como si un obrero donase diez dólares a los afectados por un huracán). No obstante, su equipo de ingenieros y psicólogos trabaja día y noche para maximizar las ganancias maximizando el número de los nuevos clientes sin importar que para ello deban desarrollar estrategias de dependencia psicológica, sin importar que varios estudios insistan que Facebook produce depresión, sin importar que varias investigaciones hayan mostrado el carácter adictivo de esta actividad. Como la nicotina o el azúcar, las que fueron camufladas por las tabacaleras y todavía lo son por las gaseosas carbonatadas. Como el alcohol, el consumidor compulsivo satisface una necesidad creada mientras niega el problema y presume de su libertad.

Como en la economía actual, la clave del éxito de las megaempresas no radica, como se repite hasta el hastío, en satisfacer una demanda existente sino en crearla, ya que las demandas suelen no existir antes del producto.

Miles de millones de usuarios de las redes sociales han sido atrapados por unos muchachos de California, también por otra razón. Desde vendedores de lapiceras hasta actrices y vendedores de libros casi nadie puede prescindir de ellas porque es allí a donde se han mudado los consumidores. Un diario que no tenga una página en FB o en Twitter para distribuir sus noticias y artículos prácticamente no existe o existe a medias. Es decir, para los amantes de las redes y para quienes las detestan, son imprescindibles. Incluso para hacer conocer un artículo crítico de ellas mismas, como lo puede ser este. Por no entrar a hablar de las infraestructuras, como los cableados internacionales, que dependen cada vez más de estas paraestatales.

Las redes sociales son un medio y una tecnología que no tienen nada de neutral. Poseen su propia lógica, sus propios valores y su propia ideología.

Deberíamos preguntarnos, cómo y cuáles son los posibles efectos de estas súper concentradas redes y negocios en la realidad social y psicológica. Aparte de la adicción y las depresiones individuales, podemos sospechar efectos sociales. Cuando en los 90s veíamos a Internet como el principal instrumento para una Democracia directa en algún futuro por venir, no previmos los efectos negativos. ¿Son la creación de burbujas sociales uno de esos efectos? Los usuarios (¿individuos?) suelen eliminar con un solo click un “amigo” molesto. Esto, que parce muchas veces lo mejor, tiene un efecto acumulativo: hace que los individuos se rodeen de gente que piensa como ellos. Así se crean sectas, burbujas, mientras el individuo se vuelve intolerante ante la discrepancia o la opinión ajena. El producto, el nuevo pseudo-individuo, no sabe debatir. El insulto y el odio afloran a la velocidad de la luz. Así, las redes se convierten en fábricas de odio y de seudo amistades. La probabilidad de que viejos amigos terminen por insultarse por meras cuestiones de opinión es muy alta a medida que progresa cualquier conversación y degenera en discusión. El dialogo, antes probable cuando se estaba cara a cara con un café mediante, desaparece y aflora el amor propio, el Ego herido por cualquier punto y coma de más.

Claro que el odio y el egoísmo es tan antiguo como andar a pie, pero es probable que esté potenciado hoy con las redes antisociales. A partir de estas coordenadas mentales, quizás podríamos comprender mejor la ola fascista en los países donde surgieron y predominan estas redes y no reducirlo todo a una reacción contra la antigua inmigración. Tal vez no es casualidad que el surgimiento del nazismo en la Alemania de los ‘30 coincida con la explosión de la radio y la propaganda en los cines.

Las actuales redes antisociales, instrumentos democráticos (de solidaridad y altruismo) son hoy los transmisores favoritos del odio. Que estén gobernadas por mega sectas multibillonarias, cuyo objetivo central son las ganancias económicas, no debe ser casualidad.

Hay que tomarse en serio la confesión de Ayn Rand.

Che, el demonio según los demonios

Las ideas prefabricadas son interesantes por al menos dos razones: primero, porque son lógicas dentro de su microcosmos y radicalmente contradictorias en su propio contexto; segundo, son de fácil consumo.

Una idea prefabricada típica de los detractores de Ernesto Che Guevara sostiene que fue un revolucionario criminal, un radical desalmado. Los dos sustantivos son correctos: fue revolucionario y radical; los adjetivos son juicios apriorísticos que olvidan completamente el contexto de todas las cosas.

Las almas puras y compasivas que lo definen así no se atreven jamás a reconocer que, si el Che fue radical y violento, lo fue mil veces menos que la CIA, que el gobierno estadounidense de la época y que toda una larga tradición de dictadores criollos que brutalizaron, robaron, torturaron y masacraron poblaciones enteras durante varias generaciones. Todo, obviamente, en nombre de Dios, la Patria, la Familia y la Libertad. El dios de ellos, la patria de ellos, la familia de ellos.

No se detienen un instante a considerar las viejas dictaduras promovidas por Estados Unidos desde tiempos de Porfirio Díaz en el siglo XIX, mucho antes de encontrar la perfecta excusa de la amenaza comunista sesenta años después, después de 33 intervenciones violentas en América Latina.

Después, también, se olvidan o no quien saber nada del bombardeo a Guatemala y la destrucción de una de las pocas democracias en América Central en 1954. Cuando el gobierno democráticamente electo de Jacobo Arbenz fue destruido por la CIA y la United Fruit Company, un joven médico llamado Ernesto Guevara de la Serna se encontraba en la capital. Guevara y Arbenz debieron abandonar el país hacia México. En un país de campesinos sin tierra y con un exceso de tierra improductiva (donde el gobierno de Estados Unidos inoculaba con sífilis gente inferior para experimentos médicos), Arbenz había propuesto compensar a la compañía por la expropiación, pagándole el valor que la compañía había declarado en sus impuestos. Como ocurrió con la división de Colombia y la creación de Panamá, el país civilizado del momento no podía permitir que una república bananera pudiese interferir en el valor supremo de las ganancias que en los medios se llama libertad. El nuevo gobierno de Castillo Armas, un títere de la CIA, impuso una dictadura que derivó en décadas de persecuciones y matanzas que dejaron cientos de miles de muertos.

Aún hoy en día, según sus partidarios criollos, la vieja clase dirigente, con su cultura fraudulenta y su orgullo metafísico que le confiere derechos eternos sobre un país y sus esclavos, todo esto no fue ni radical ni criminal: apenas un acto de moderación y responsabilidad de los dueños del país y del mundo.

Ese fue el momento en que Ernesto Guevara se convirtió en El Che, antes de recibir el apodo de los cubanos exiliados que encontró, no por casualidad, en México.

Cuando triunfó la Revolución cubana, Ernesto Che Guevara lo dijo de forma clara: “Cuba no será otra Guatemala” ¿A qué se refería? Cuba no podía darse el lujo de ser una democracia abierta como Guatemala. La frustrada invasión de Playa Girón en 1961 le dio la razón: por primera vez Estados Unidos, la mayor fuerza militar de la historia, que desde 1812 siempre ha preferido enfrentarse a pequeños y empobrecidos países en nombre de su propia seguridad, fue derrotado por un pequeño y empobrecido país.

Nada de esto justifica que la Revolución cubana se haya convertido en un sistema rígido y conservador, pero explica perfectamente muchas cosas. Nada de esto justifica que Guevara haya tomado parte de las ejecuciones sumarias poco después del triunfo de la Revolución, donde quizás medio millar de supuestos colaboradores del régimen de Batista fueron ejecutados. Pero explica muchas cosas.

Por entonces, si los pueblos latinoamericanos votaban libremente a un candidato conservador, las democracias funcionaban a pleno. Pero bastaba que tuviesen la mala idea de elegir a un presidente algo inclinado hacia la izquierda para que los ejércitos, siempre funcionales a las oligarquías nacionales, resolvieran el error popular con un golpe de Estado. De esta forma se salvaba la libertad y la democracia imponiendo dictaduras, censurando, persiguiendo disidentes, torturando y asesinando en masa.

Guevara consideraba que Uruguay era una excepción, que no necesitaba una revolución porque su democracia, imperfecta, funcionaba. Obviamente que tenía en mente las medievales condiciones de vida de casi todo el resto de los países del continente. Fue así que pocos años antes de ser asesinado por la CIA y los militares bolivianos, afirmó que llegaría el día en que un pueblo latinoamericano eligiese a un presidente socialista y un golpe de Estado lo depusiera con violencia.

Hoy sabemos, por la plétora de documentos desclasificados por Estados Unidos durante los años 90, que ese fue el caso de Chile en 1973. El 11 de setiembre de ese año, Henry Kissinger declaró a los medios de prensa que ellos no habían tenido nada que ver con el golpe en Chile. Los documentos y las transcripciones prueban claramente que esta era otra típica mentira criminal. Su nombre aparece en varias reuniones, como la del Comité 40, donde se lee que años antes del triunfo de Salvador Allende los salvadores de la libertad estaban planificando un golpe de Estado en Chile. Hasta el gerente de la Pepsi Cola, como en Guatemala hizo la United Fruit Company, solicitó este favor especial.

Aún así, el Che dijo que el pueblo estadounidense nunca sería el enemigo, que el enemigo eran los gobiernos imperialistas que todo lo brutalizan.  

No por casualidad aquellos que llaman asesino criminal a Ernesto Che Guevara consideran un héroe a alguien que puso una bomba en un avión de Cubana de Aviación matando a 73 pasajeros, y que ha reincidido años después con otras bombas en hoteles de la isla. Tal vez las víctimas no eran humanos de verdad. A pesar de que el FBI considera hoy a Posadas Carriles un peligroso terrorista, la justicia de este país no permitió su extradición por temor a que el gobierno venezolano pudiese torturarlo. Por esa misma razón Posada Carriles vive libre en Miami y no fue enviado a Guantánamo, donde fueron recluidos casi un millar de individuos acusados de terrorismo, casi todos liberados sin indemnización luego de probarse sus inocencias. Todos, sin excepción, torturados en una base militar en la que, al ser propiedad arrendada por la fuerza a Cuba desde 1904, no se aplica las generosas leyes nacionales que protegen a los individuos de cualquier tipo tradicional de tortura.

Y luego resulta que El Che Guevara, aquel que no enviaba los ejércitos más poderosos del mundo a invadir pequeños países, sino que iba de cuerpo y alma a enfrentarse a la mayor potencia mundial, es un cobarde, un criminal y un asesino impiadoso.

JM, octubre 2017

Pensamiento crítico

Cuando di por terminada la clase, Steven (su verdadero nombre era otro) se me acercó preocupado y me dijo que, luego de una hora y media de cuestionar a Tirios y Troyanos, tenía las cosas más confusas que al principio, que lo que se llamaba “pensamiento crítico” era una teoría ​y, de existir, no veía cómo podía significarle algún beneficio.

Lo miré a los ojos. Lo conocía de antes. Era un muchacho de buenas intenciones, asustado (aterrorizado es un adjetivo más justo) por sus convicciones religiosas (su mayor miedo eran los demonios; en su iglesia, desde que tenía uso de razón, o de fe, había sido cuidadosamente informado sobre la existencia de estos terribles seres, imposible de desvincular de la creencia de Dios, según me dijo) y aterrorizado por la menor posibilidad de dudar de sus convicciones patrióticas (la posibilidad de que Vietnam e Iraq no fuesen lo que se suponía que fueron, era algo que combatía cada día con estoicismo).

Cuando regresó maltrecho de la guerra, el equipo de psicólogos y psiquiatras que lo trató por meses lo convenció de que él no había sido una víctima. Negar la posibilidad de considerarse una víctima era la única forma de curación de todos los insoportables traumas que había traído de tan lejos, según los especialistas. Se habla muy poco, pero en Estados Unidos se suicidan más soldados al regresar a su país que los que mueren en combate.

Aquella vez tuve la cuestionable idea de preguntarle si acaso pensaba que en una guerra no había víctimas, que en la gran política no existía la mentira, que si no le parecía que con semejantes maquillajes no estábamos condenados a repetir la tragedia de la historia, indefinidamente. No es que no tuviese compasión por aquel muchacho que finalmente terminó abandonando mi curso y la universidad; simplemente nunca creí ni en el valor ni en la posibilidad de curación alguna arrojando la verdad en la papelera de reciclaje. Curiosamente, el mismo psicoanálisis y hasta la confesión cristiana nace en base a ese principio tan simple: sin verdad no hay curación ni redención.

Unos meses atrás, Steven se había referido a la teoría de la evolución como eso, una teoría más, algo con una relación muy discutible con la verdad. Recordé que en otro estado, en Georgia, un senador quiso obligar a las universidades a enseñar hechos, no teorías. Lo cual hubiese prescripto todo el pensamiento humano y hasta la definición de los hechos mismos. Toda la ciencia está construida en base a teorías, y todas son discutibles por necesidad. Si a alguien teme un investigador serio es a la opinión de otros investigadores serios, no a las opiniones contundentes de los aficionados.

Las religiones también pueden entenderse como un conjunto de premisas y teorías, con la diferencia que las teorías religiosas no necesitan ningún compromiso con ningún hecho verificable. Lo cual, en su ámbito, como diría Averroes, está bien. Son cuestiones de fe y ahí no hay nada para discutir o para probar sino para repetir.

La teoría de la evolución es una de las preferidas por los indicios y las evidencias materiales, cosa que no se puede decir sobre la multimillonaria arca de Noé que levantaron en Kentucky y ni siquiera puede flotar; mucho menos albergar a representantes de la fauna del planeta. Y mi ironía no es con Dios sino con su club de fanáticos.

Steven confiaba y estimaba las convicciones sólidas, y poner la historia patas arribas no estaba en sus planes. Ni en la de sus terapeutas.

Si el pensamiento crítico es una teoría, le dije, es una teoría muy práctica y necesaria, si es que todavía tenemos alguna estima por la verdad, la cual no siempre coincide con nuestras “sólidas convicciones”. De una forma o de otra, vivimos en alguna burbuja. Ahí dentro están las respuestas a cada problema. Ahí dentro están nuestras sólidas convicciones, ahí dentro nos sentimos cómodos, protegidos, seguros, arrogantes.

Esa es la realidad que conocemos. La nuestra. Eso es lo que llamamos Realidad, a secas, con mayúscula o acompañado por su artículo único, La realidad.

No podemos ver la burbuja desde adentro, no importa el color de su cristal. Si es azul, todas las demás burbujas se verán azules. Si es roja, todo lo demás será rojo y serán los demás los incapaces de ver que son rojos o son azules.

Mucho menos podemos ver la burbuja que contiene a todas las burbujas. Si la vemos desde dentro.

Pero si tuviésemos un espejo por fuera de nuestra burbuja, podríamos vernos atrapados y sonriendo, como vemos a los demás que nos miran desde sus propias burbujas.

Si tuviésemos un espejo por fuera de la burbuja que contiene a todas las burbujas, podríamos vernos en nuestras propias burbujas y podríamos ver a los demás en sus burbujas, todos juntos en una burbuja mayor.

Es decir, no podemos ver ninguna de las burbujas que nos contienen, pero podemos ver en el espejo nuestro reflejo.

El espejo puede ser turbio o puede deformar las imágenes, si es que una imagen curva es menos real que una plana, si es que una imagen turbia es menos real que una imagen nítida. Pero, al menos, al vernos en el espejo tenemos cierta idea, ya no solo de que estamos incluidos y atrapados en nuestras propias burbujas, sino que el espejo que refleja, nuestra reflexión, también tiene su propia naturaleza y sus propios límites. Aunque revela algo nuevo, a veces distorsiona la realidad o nos dice que la realidad es múltiple, aunque nosotros queremos que sea una sola, como se quiere cuando se quiere intensamente.

Pero al menos ahora sabemos que hay algo más. Ahora ya no tenemos las respuestas tan claras. Ahora sabemos que no sabíamos tanto, que lo que creíamos saber eran sólo distracciones, convicciones sólidas, pero arbitrarias; ruido, confort, mera arrogancia de creer.

Al menos ahora fuimos capaces, aunque más no sea por un tiempo breve, de salir de nuestras burbujas sin salir de ninguna.

Este acto requiere de coraje intelectual, no sólo para desafiar nuestras propias convicciones sino para sobrevivir a las convicciones ajenas que, con particular frecuencia, son las convicciones del poder de turno.

Eso es el pensamiento crítico.

​JM​, octubre 2017

Qu’est-ce qu’une pensée critique ?

Pensamiento crítico 

 

Quand j’ai terminé mon cours, Steven (son vrai prénom était un autre) m’a approché inquiet et m’a dit que, après une heure et demie d’un cours relatif à la question troyenne et au cheval de Troie, les choses sont devenues plus confuses pour lui, que ce qui est appelé « pensée critique » était une théorie et, le cas échéant, ce qui signifie que vous ne pouviez pas voir que les avantages.

Je l’ai regardé dans ses yeux. Je l’ai connu autrefois. C’était un garçon de bonnes intentions, effrayé ( terrifié est un adjectif plus juste) en raison de ses convictions religieuses (sa plus grande peur était les démons, dans son église, puisqu’il avait la foi, il avait été soigneusement informé de l’existence de ces êtres horribles, impossible de les dissocier de la croyance de Dieu, m’a-t-il dit) et terrifié par la moindre possibilité de douter de ses convictions patriotiques (la possibilité que le Vietnam et l’Irak ne soient pas ce qu’ils étaient censés être, était quelque chose qu’il combattait tous les jours avec stoïcisme).

Quand il est retourné battu de la guerre, l’équipe de psychologues et de psychiatres qui l’ont traité pendant des mois l’a convaincu qu’il n’avait pas été une victime. Refuser la possibilité d’être considérée comme une victime était la seule façon de guérir tous les traumatismes insupportables qu’il avait supportés jusqu’ici, selon les spécialistes. Il y a très peu de discussions sur le sujet, mais aux États-Unis, le nombre de soldats qui se suicident lorsqu’ils retournent dans leur pays est plus important que celui de ceux qui meurent au combat.

Cette fois-ci, j’ai eu l’idée, assez incertaine, de lui demander s’il pensait qu’en une guerre il n’y avait pas de victimes, que dans la grande politique il n’y avait pas de mensonge, que s’il ne lui semblait pas qu’avec un tel maquillage, nous n’étions pas voués à répéter la tragédie de l’histoire indéfiniment. Non pas que je n’eusse aucune compassion pour ce garçon qui a fini par abandonner mon cours et mon université; mais parce que je n’avais jamais cru en la valeur ou en la possibilité d’une guérison en jetant la vérité dans la poubelle de recyclage.

Fait intéressant, même la psychanalyse ainsi que la confession chrétienne sont nées sur la base de ce principe simple: sans vérité, il n’y a ni guérison ni rédemption.

Il y a quelques mois, Steven avait parlé de la théorie de l’évolution comme telle, une autre théorie, quelque chose qui avait une relation très discutable avec la vérité. Je me suis rappelé que dans un autre État, en Géorgie, un sénateur voulait obliger les universités à enseigner les faits, pas les théories. Ce qui aurait prescrit toute la pensée humaine et même la définition des faits eux-mêmes. Toute la science repose sur les théories, et toutes sont discutables par nécessité. Si quelqu’un craint un enquêteur sérieux cela ne remet pas en question l’opinion d’autres enquêteurs sérieux, l’opinion n’est pas une affaire de fans.

Les religions peuvent également être comprises comme un ensemble de prémisses et de théories, à la différence que les théories religieuses n’ont besoin d’aucun engagement envers un fait vérifiable. Ce qui, dans son étendue, comme l’affirme Averroes, va bien. Ce sont des questions de foi et il n’y a rien à discuter ou à essayer mais à répéter.

La théorie de l’évolution est l’une de celles qui sont favorisées par des preuves et des preuves matérielles, ce qui ne peut pas être dit de l’arche multimillénnaire de Noé qu’il a construite au Kentucky et qui ne peut même pas flotter; encore moins accueillir les représentants de la faune de la planète. Et mon ironie n’est pas orientée vers Dieu mais vers son fan-club.

Steven m’a confié qu’il appréciait les convictions solides, et que mettre l’histoire sur le dos n’était pas dans ses plans. Ni dans celui de ses thérapeutes.

Si la pensée critique est une théorie, je vous l’ai dit, c’est une théorie très pratique et nécessaire, si nous avons encore une estime pour la vérité, ce qui ne coïncide pas toujours avec nos «fortes convictions». D’une manière ou d’une autre, nous vivons dans une bulle où résident les réponses à chaque problème. Ce sont nos convictions solides, à l’intérieur, nous nous sentons à l’aise, protégés, sûrs, arrogants.

C’est la réalité que nous connaissons. La nôtre. C’est ce que nous appelons Réalité, sèche, la réalité.

Nous ne pouvons pas voir la bulle de l’intérieur, peu importe la couleur de son cristal. Si elle est bleue, toutes les autres bulles seront bleues. Si elle est rouge, tout le reste sera rouge et d’autres seront incapables de voir qu’ils sont rouges ou bleus.

Il est plus difficile de voir la bulle qui contient toutes les bulles. Si on la voit de l’intérieur.

Mais si nous avions un miroir à l’extérieur de notre bulle, nous pourrions être pris au piège et sourire, car nous voyons les autres nous regarder de leurs propres bulles.

Si nous avions un miroir hors de la bulle qui contient toutes les bulles, nous pouvons nous voir dans nos propres bulles et nous pouvons voir les autres dans leurs bulles, tous ensemble dans une bulle plus grande.

Autrement dit, nous ne pouvons voir aucune des bulles qui nous contiennent, mais nous pouvons voir dans le miroir notre réflexion.

Le miroir peut être opaque ou il peut déformer des images, si une image courbe est moins réelle qu’une image plate, si une image trouble est moins réelle qu’une image claire. Mais au moins, se voyant dans le miroir, nous savons que non seulement nous sommes inclus et pris au piège dans nos propres bulles, mais que le miroir qui reflète notre réflexion a sa propre nature et ses propres limites. Bien qu’il révèle quelque chose de nouveau, parfois il déforme la réalité ou nous dit que la réalité est multiple, même si nous voulons qu’elle soit une, comme vous le souhaitez, lorsque vous le souhaitez intensément.

Mais au moins maintenant, nous savons qu’il y a autre chose. Maintenant, nous n’avons pas les réponses si claires. Maintenant, nous savons que nous ne savions pas tellement que ce que nous pensions que nous savions n’était que des distractions, des convictions solides mais arbitraires; le bruit, le confort, la simple arrogance de croire.

Au moins maintenant, nous pouvions, ne serait-ce que pour un peu de temps, sortir de nos bulles sans vraiment les quitter.

Cette loi exige un courage intellectuel, non seulement pour contester nos propres convictions, mais aussi pour survivre aux convictions des autres, qui sont en particulier les convictions du pouvoir de l’époque.

Cela est une pensée critique.

           

Par Jorge Majfud

 

lesemeurs

Pensamiento crítico

Qu’est-ce qu’une pensée critique ?

 

Cuando di por terminada la clase, Steven (su verdadero nombre era otro) se me acercó preocupado y me dijo que, luego de una hora y media de cuestionar a Tirios y Troyanos, tenía las cosas más confusas que al principio, que lo que se llamaba “pensamiento crítico” era una teoría ​y, de existir, no veía cómo podía significarle algún beneficio.

Lo miré a los ojos. Lo conocía de antes. Era un muchacho de buenas intenciones, asustado (aterrorizado es un adjetivo más justo) por sus convicciones religiosas (su mayor miedo eran los demonios; en su iglesia, desde que tenía uso de razón, o de fe, había sido cuidadosamente informado sobre la existencia de estos terribles seres, imposible de desvincular de la creencia de Dios, según me dijo) y aterrorizado por la menor posibilidad de dudar de sus convicciones patrióticas (la posibilidad de que Vietnam e Iraq no fuesen lo que se suponía que fueron, era algo que combatía cada día con estoicismo).

Cuando regresó maltrecho de la guerra, el equipo de psicólogos y psiquiatras que lo trató por meses lo convenció de que él no había sido una víctima. Negar la posibilidad de considerarse una víctima era la única forma de curación de todos los insoportables traumas que había traído de tan lejos, según los especialistas. Se habla muy poco, pero en Estados Unidos se suicidan más soldados al regresar a su país que los que mueren en combate.

Aquella vez tuve la cuestionable idea de preguntarle si acaso pensaba que en una guerra no había víctimas, que en la gran política no existía la mentira, que si no le parecía que con semejantes maquillajes no estábamos condenados a repetir la tragedia de la historia, indefinidamente. No es que no tuviese compasión por aquel muchacho que finalmente terminó abandonando mi curso y la universidad; simplemente nunca creí ni en el valor ni en la posibilidad de curación alguna arrojando la verdad en la papelera de reciclaje. Curiosamente, el mismo psicoanálisis y hasta la confesión cristiana nace en base a ese principio tan simple: sin verdad no hay curación ni redención.

Unos meses atrás, Steven se había referido a la teoría de la evolución como eso, una teoría más, algo con una relación muy discutible con la verdad. Recordé que en otro estado, en Georgia, un senador quiso obligar a las universidades a enseñar hechos, no teorías. Lo cual hubiese prescripto todo el pensamiento humano y hasta la definición de los hechos mismos. Toda la ciencia está construida en base a teorías, y todas son discutibles por necesidad. Si a alguien teme un investigador serio es a la opinión de otros investigadores serios, no a las opiniones contundentes de los aficionados.

Las religiones también pueden entenderse como un conjunto de premisas y teorías, con la diferencia que las teorías religiosas no necesitan ningún compromiso con ningún hecho verificable. Lo cual, en su ámbito, como diría Averroes, está bien. Son cuestiones de fe y ahí no hay nada para discutir o para probar sino para repetir.

La teoría de la evolución es una de las preferidas por los indicios y las evidencias materiales, cosa que no se puede decir sobre la multimillonaria arca de Noé que levantaron en Kentucky y ni siquiera puede flotar; mucho menos albergar a representantes de la fauna del planeta. Y mi ironía no es con Dios sino con su club de fanáticos.

Steven confiaba y estimaba las convicciones sólidas, y poner la historia patas arribas no estaba en sus planes. Ni en la de sus terapeutas.

Si el pensamiento crítico es una teoría, le dije, es una teoría muy práctica y necesaria, si es que todavía tenemos alguna estima por la verdad, la cual no siempre coincide con nuestras “sólidas convicciones”. De una forma o de otra, vivimos en alguna burbuja. Ahí dentro están las respuestas a cada problema. Ahí dentro están nuestras sólidas convicciones, ahí dentro nos sentimos cómodos, protegidos, seguros, arrogantes.

Esa es la realidad que conocemos. La nuestra. Eso es lo que llamamos Realidad, a secas, con mayúscula o acompañado por su artículo único, La realidad.

No podemos ver la burbuja desde adentro, no importa el color de su cristal. Si es azul, todas las demás burbujas se verán azules. Si es roja, todo lo demás será rojo y serán los demás los incapaces de ver que son rojos o son azules.

Mucho menos podemos ver la burbuja que contiene a todas las burbujas. Si la vemos desde dentro.

Pero si tuviésemos un espejo por fuera de nuestra burbuja, podríamos vernos atrapados y sonriendo, como vemos a los demás que nos miran desde sus propias burbujas.

Si tuviésemos un espejo por fuera de la burbuja que contiene a todas las burbujas, podríamos vernos en nuestras propias burbujas y podríamos ver a los demás en sus burbujas, todos juntos en una burbuja mayor.

Es decir, no podemos ver ninguna de las burbujas que nos contienen, pero podemos ver en el espejo nuestro reflejo.

El espejo puede ser turbio o puede deformar las imágenes, si es que una imagen curva es menos real que una plana, si es que una imagen turbia es menos real que una imagen nítida. Pero, al menos, al vernos en el espejo tenemos cierta idea, ya no solo de que estamos incluidos y atrapados en nuestras propias burbujas, sino que el espejo que refleja, nuestra reflexión, también tiene su propia naturaleza y sus propios límites. Aunque revela algo nuevo, a veces distorsiona la realidad o nos dice que la realidad es múltiple, aunque nosotros queremos que sea una sola, como se quiere cuando se quiere intensamente.

Pero al menos ahora sabemos que hay algo más. Ahora ya no tenemos las respuestas tan claras. Ahora sabemos que no sabíamos tanto, que lo que creíamos saber eran sólo distracciones, convicciones sólidas, pero arbitrarias; ruido, confort, mera arrogancia de creer.

Al menos ahora fuimos capaces, aunque más no sea por un tiempo breve, de salir de nuestras burbujas sin salir de ninguna.

Este acto requiere de coraje intelectual, no sólo para desafiar nuestras propias convicciones sino para sobrevivir a las convicciones ajenas que, con particular frecuencia, son las convicciones del poder de turno.

Eso es el pensamiento crítico.

 

JM

Setiembre 2017

La culpa es de los pobres

En 1758 el gobernador de Carolina del Sur, James Glen, reconoció en una carta a su sucesor: “ha sido desde siempre una política de nuestro gobierno alentar el odio de los indios hacia los negros”. En las generaciones previas, el racismo no había alcanzado el nivel de odio suficiente como para evitar que indios, negros y blancos pobres se unieran para el trabajo, la intimidad y, sobre todo, para rebelarse contra el poder de los poderosos.

Aunque el dinero y el poder en principios son abstracciones incapaces de emociones humanas como el odio y el amor, las emociones, como todo lo demás, forman parte de su mecánica. Los instrumentos se convierten en sujetos y los sujetos en instrumentos. Así, el racismo y los intereses de clases han estado relacionados desde los tiempos del antiguo Egipto.

Hoy en día esa relación se justifica de otras formas, a veces de formas tan mitológicas y sagradas como “la mano invisible del mercado” (que por lo general es solo la mano invisible de los poderosos), “el consumo y el nivel de vida”, “la eficiencia y la productividad” y hasta “la patria y la libertad”.

Dos de los negocios más importantes y más lucrativos del mundo son el tráfico de drogas y la venta de armas. Según la ONU, el negocio de las drogas significa unos 300 billones de dólares por año. La producción y comercio de armas supera el trillón de dólares anuales. Solo por casualidad, 9 de las 10 compañías que más dinero hacen en este mercado son estadounidenses.

Porque la producción de droga está en los países pobres y el consumo en los países ricos, la culpa de la violencia es de los productores, es decir, de los pobres.

Porque la producción de armas está en los países ricos y el consumo en los países pobres, la culpa de la violencia es de los consumidores, es decir, de los pobres.

Cuando la economía en los países ricos prospera, los pobres son los únicos culpables de su propia pobreza, como si el mundo fuese plano y todos tuviesen las mismas oportunidades.

Cuando la economía en los países ricos se estanca o retrocede, entonces los pobres son los culpables de que los demás no tengan trabajo. Sobre todo, si son pobres migrantes.

La culpa es siempre de los pobres.

Hace dos mil años, un profeta rebelde fue crucificado, junto con otros dos criminales, por desafiar al imperio de la época pregonando la no violencia, rodeándose de marginados y asustando a los poderosos con frases como “es más fácil para un camello pasar por el ojo de una aguja que para un rico subir al cielo” o “ustedes han menospreciado al pobre. ¿No son los ricos quienes los oprimen y personalmente los arrastran a los tribunales?”.

Por los siguientes tres siglos, los primeros cristianos fueron inmigrantes pobres, ilegales y perseguidos. Hasta ser oficializados por otro emperador, Constantino, y de perseguidos se convirtieron en persecutores, olvidando la advertencia de los antiguos Proverbios: “Aun por su vecino es odiado el pobre, pero son muchos los que aman al rico”; “La riqueza añade muchos amigos, pero el pobre es separado de los suyos”; “El rico domina a los pobres, y el deudor es esclavo del acreedor”; “La fortuna del rico es su ciudad fortificada, con altas murallas en su imaginación”.

Incluso la estatua de la Libertad de Nueva York, recibió a millones de inmigrantes (europeos), sin visas ni pasaportes, con la frase “Denme los pobres y los cansados (…) denme los que no tienen techo”.

Sin embargo, ahora, según las leyes en los países ricos, si alguien es rico tiene garantizada una visa o la residencia. Si alguien es pobre y su bandera es el trabajo, se les impedirá el ingreso a los países ricos de forma automática. De hecho, la sola palabra trabajo en cualquier consulado del mundo es la primera clave que enciende todas las alarmas y le cierra las puertas a un trabajador honesto. Porque un mundo obsesionado con el crecimiento, donde el capital produce más capital, no cree que el trabajo pueda producir más trabajo. Porque el dinero es más libre que los seres humanos y un ser humano sin dinero no es libre sino esclavo.

Para justificar este apartheid global, ya no se recurre al concepto de raza sino el de naciones y se confunde legalidad con legitimidad, como si las leyes no fuesen la expresión de las conveniencias del poder de turno, como si las leyes no fuesen, con frecuencia, elegantes formas de legalizar la corrupción del poder.

Incluso, hasta las mejores leyes suelen ser injustas, especialmente con aquellos que no están en el poder. Como ejemplo bastaría con la observación que hiciera hace cien años el novelista francés Anatole France: “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”.

El mar estaba sereno (Julio Castro)

El mar estaba sereno, de Jorge Majfud

Nuestro pasado es la historia que enlaza vidas

 

Julio Castro – La República Cultural

 

Elige un punto en común en el que los avatares de todos los personajes habrán de sujetar el ancla que los comunique y, a partir de ahí, Jorge Majfud comienza a desenvolver los fragmentos de vida que ha capturado, donde cada uno de aquellos jugará su papel. Sus protagonistas son siempre gente sencilla, podría ser cualquiera del barrio, de cualquier barrio, no busca una élite especial, ni siquiera entre aquellos que destacarán más socialmente, porque cuando alguno integra ese personaje algo destacado, achata el comportamiento hasta vulgarizar su realidad: nos habla desde una mediocre burguesía, un proletariado poco avezado y unos entornos de cualquier tiempo.

Un texto construido con su andamiaje

Me interesan mucho las construcciones de personajes, de realidades, de historias, que hace el autor pero, además, me encuentro con espacios muy interesantes que le comunican con la escritura oculta de otros autores latinoamericanos hoy reconocidos, a partir de cuyo análisis parece haber comprendido el trasfondo en el que residían sus narrativas. Soy capaz de encontrar las pinceladas humildes (que no simples) de Galeano; los trazos amables y brutales de los duros relatos de Benedetti (y también de sus desgarrados amores); los mundos circunstanciales del Macondo de García Márquez (los mágicos y los terrenales). Todos ellos puestos al servicio de un estilo diferente e integrador, que no me atrevo a tildar de nuevo, porque parece querer afirmarse precisamente en algo contemporáneamente clásico.

Quiero denominarla novela, pero veo mayor interés en encuadrarla en un nudo transitorio de relatos humanos, porque la integridad del conjunto se la dan las circunstancias de sus personajes, o más bien lo que se deriva de la comprensión de aquello que les une, que de un argumento común al uso. Se da la circunstancia de que he podido acceder antes a los relatos de Majfud, donde juega con elementos comunes entre aquellos y que agrupa dentro de cada volumen, pero soy plenamente consciente de la manera en que casi cada relato recogido en otros libros es precursor de posibles sucesivas novelas. Así puede ocurrir en algún caso, pero en esta ocasión el autor hace un camino inverso: arrancar del núcleo novelístico para desarrollar el encuentro de relatos divergentes, o que pasan por un mismo lugar.

Contenidos e implicaciones

Las acciones principales se vinculan a Uruguay, al del propio autor, pero las necesidades nacen de fuera. En el trayecto encontramos a un exiliado descendiente de un español republicano, al hijo secuestrado por los militares uruguayos y entregado a otra familia en la infancia, a un huido de Argentina que trata de reencontrar el pasado de su abuelo ruso y, quizá el más conciso, un puertorriqueño metido a militar yanqui en la guerra de Irak. En el centro, un barco en medio de la calma chicha, como en tierra de nadie, donde las hormigas sirven de experimento al ojo mayor que las dirige, condiciona o estudia.

Es preciso recordar que el propio autor vivió la guerra sucia de la dictadura de su país, el encarcelamiento de familiares por su ideología y, creo, la implicación que en la infancia marcaría una parte de su manera de observar el destino de América. Desde ahí, en los diferentes textos que he podido leer del autor, hace su análisis del mundo a través del individuo, integrado en cualquier medio, pero siempre condicionado por él. En su presentación en Madrid de esta última novela publicada en España, rechaza la idea de la ficción en sus contenidos, al menos, no más allá de lo que supone recrear relatos y situaciones, porque dice nutrirse de las realidades que conoce directamente o a través de quienes le narran su historia.

Así pues, tampoco es ajeno al compromiso, sino que se zambulle en la necesidad de ofrecer al público lector la opción de descubrir los trazos de esos mundos que cita. En este sentido, podemos ignorar desde nuestro lado la dictadura de Uruguay, o la idea de las raíces argentinas y sus inmigrantes, como también desde otras geografías o generaciones, se puede hacer caso omiso de la represión fascista al final de la guerra civil española, o de las consecuencias de recientes guerras como la de Irak. Ello no impedirá la lectura de estos mundos como la traslación de distopías recogidas en cruces de caminos narrativos. Sin embargo, la intención del autor queda impresa de forma patente en las líneas y en la elección de las historias.

El pasado y la necesidad de la historia

La guerra y la tragedia parece encontrarse al final de cualquier línea de investigación de nuestros antecedentes o nuestros predecesores, y es por eso que Majfud aplica la necesidad de conocer el pasado a los textos que nos presenta. Sabedor de que la propia historia conduce a la necesidad de conocer el entorno en el que se desarrolla, provoca a sus lectores para que no permanezcan ajenos al pasado, a sus orígenes, a los errores o a los aciertos. En un momento dado evita activamente la aplicación de la venganza, una venganza totalmente comprensible, pero seguramente poco ética frente al opresor, en la que convertiría a uno de sus personajes en el mismo fascista que le oprime, pero le condena a vivir sabiendo que él también sabe, que ya no hay historias ocultas, que tampoco hay perdón, sólo conmutación de pena.

Me parece especialmente interesante ese personaje, el de Santiago, no solamente porque en su diseño seguramente está tratando mucho de lo personal del propio autor, sino porque se vuelca en la realidad de su proximidad histórica sin disimulos, porque habla de la represión en Uruguay, y porque probablemente ofrece un espacio para cierta paz al resto de personajes y narraciones de la novela. Pero no deja de ser interesante el contrapunto que ofrece a la joven Lucía Caballero, para mostrar un muro escalable, aunque sólo desde la convicción de quien accede a él. Lucía es un desafío a su contraparte, no sólo en el deseo de conquista, sino en la mirada hacia la vida. Probablemente es el detonante de las decisiones.

El autor y la creación de personajes

El autor genera a los personajes en acción, no los extenúa en su descriptiva, sino que propone a quien lee la posibilidad o la necesidad de interpretarlos y desarrollarlos a partir de sus diálogos. Así que, aunque más breves los diálogos que la narrativa, es en ellos en los que se conocerá el carácter de cada integrante de la novela. Este es un juego al que siempre somete a su público en los textos, dejando retazos inacabados en las “presentaciones” de sus entradas, para crear una lectura esforzada. Como ya decía hace unos años en una entrevista que tuve ocasión de hacerle, no es un autor conforme con la realidad social, y no se detiene a ver lo que ocurre, sino que interviene y da su opinión, estableciendo marcos ideológicos amplios, donde hacer reflexionar sobre la evidencia de las cosas, y su narrativa también es una duda, también deja un gran espacio para que cada lector lo rellene con sus propias realidades y se enriquezca en la experiencia.

Han pasado ya unos años desde que leí otros textos suyos como Perdona nuestros pecados (2008), La ciudad de la Luna (2009), Crisis (2012) o Algo salió mal (2015), y sigue siendo un escritor que se me debate entre la profundidad de su intención y la incógnita del alcance de su pensamiento. Además de sus textos narrativos recomiendo encarecidamente sus artículos de opinión y ensayos políticos (con los que también colabora a veces en nuestra revista), porque no es habitual encontrar la claridad de ideas, análisis y propuestas con las que sintetiza sus contenidos. Y si alguien tiene la ocasión de mantener una charla de profundidad, verá claramente que sus textos nunca son espacios vacíos, sino que con una breve sentencia es capaz de abrir ideas nuevas.

28 de agosto de 2017

 

DATOS RELACIONADOS

Título: El mar estaba sereno

Autor: Jorge Majfud

Formato: encuadernación rústica, 430 pág.

Editorial: Izana editores (2017)

ISBN: 9788494456787

Amazon.es

Cadena SER

 

Cómo (no) desafiar la violencia racista

“Los manifestantes se apresuran a desplegar una energía extraordinaria denunciando el racismo de pequeña escala, pero ¿qué pasa con el racismo a gran escala?”

 

Por Aviva Chomsky

Traducción de Jorge Majfud

 

Mientras el “nacionalismo blanco” y el llamado “alt-Right” han ganado prominencia en la era Trump, una reacción bipartidaria se ha unido para desafiar estas ideologías. Pero gran parte de esta coalición se centra en las movilizaciones y en la retórica individual, extremista y llena de odio, más que en la violencia profunda, diplomática y, aparentemente, más políticamente correcta que impregna la política exterior y doméstica de Estados Unidos en el siglo XXI.

Todo el mundo, desde los republicanos más convencionales hasta la izquierda “antifa” [antifascista] pasando por los diversos demócratas y los ejecutivos de corporaciones, se muestran ansiosos y orgullosos por denunciar en voz alta e, incluso, enfrentándose físicamente a los neonazis y a los supremacistas blancos. Sin embargo, los extremistas en las calles de Charlottesville, o aquellos que hacen el saludo nazi del Reichstag, están involucrados sólo en una política simbólica e individual.

Incluso el asesinato de una contra-manifestante fue un acto individual, uno de los 40 asesinatos al día que ocurren en Estados Unidos, la gran mayoría por armas de fuego (el doble muere todos los días por los automóviles en eso que llamamos “accidentes”, pero que evidentemente también tienen una causa). Los manifestantes se apresuran a desplegar una energía extraordinaria denunciando el racismo de pequeña escala, pero ¿qué pasa con el racismo a gran escala? No ha habido ninguna movilización semejante, ni siquiera ha habido alguna en absoluto, contra lo que Martin Luther King llamó “el mayor proveedor de violencia en el mundo de hoy”. Solo en 2016, el gobierno de Estados Unidos arrojó 72 bombas diarias, sobre todo en Irak y en Siria, pero también en Afganistán, en Libia, en Yemen, en Somalia y en Pakistán, produciendo cada día un 9/11 en esos países.

Históricamente, los individuos y las organizaciones que luchan por cambiar la sociedad y la política de Estados Unidos han utilizado la acción directa, los boicots y las protestas callejeras como estrategias para presionar a los grandes poderes para que cambien sus leyes, instituciones, políticas o acciones. Por ejemplo, durante los sesenta y setenta, el sindicato United Farm Workers les pidió a los consumidores que boicotearan las uvas para, de esa forma, presionar a los grandes productores para que se sentaran a negociar. Los manifestantes contra la guerra en Vietnam marcharon en Washington o presionaron a sus representantes en el Congreso. Más tarde, también tomaron medidas directas: registraron votantes, protestaron contra la proliferación de armas nucleares, realizaron sentadas frente a trenes que llevaban armas a Centroamérica.

Todo este tipo de tácticas siguen siendo opciones válidas hoy en día. Sin embargo, ha habido un cambio desconcertante que nos alejó de los objetivos reales, desviando la atención y usando las mismas tácticas para simplemente mostrar nuestra solidaridad y expresar cierta indignación moral y poco más. Recuerdo la primera vez que, allá por los setenta, en Berkeley, participé en la marcha contra la violencia de género que se llamó “Recuperemos la noche”. Mientras hombres y las mujeres marchábamos por el campus sosteniendo velas, me preguntaba si alguno pensaba que los violadores cambiarían de opinión por el hecho de que grandes sectores del público desaprobaban la violación.

Con los años he llegado a ver, creo que cada vez con más claridad, lo que Adolph Reed llama “Posing as Politics” (Simulando política). En lugar de organizarse para el cambio, los individuos buscan realizar una declaración sobre lo que creen justo. Pueden boicotear ciertos productos, negarse a comer ciertos alimentos; pueden concurrir a marchas o en manifestaciones cuyo único propósito es demostrar la superioridad moral de los participantes. Los blancos pueden decir en voz alta que reconocen la injusticia de sus privilegios o se pueden declarar aliados de los negros o de cualquier otro grupo marginado. Las personas pueden manifestarse en sus comunidades afirmando que en ellas “no hay lugar para el odio”. Pueden, también, participar en contra-marchas para levantarse contra los supremacistas blancos, contra los neonazis. No obstante, este tipo de activismo solo enfatiza y revindica una auto confirmación del individuo en lugar de buscar un cambio concreto en la sociedad o en la política. Son profunda y deliberadamente apolíticos en el sentido de que no tratan de abordar cuestiones de poder, recursos, toma de decisiones ni de cómo lograr un cambio concreto.

Curiosamente, estos activistas que han reivindicado la responsabilidad por la justicia racial parecen estar comprometidos con una visión individual y apolítica de lo qué es el problema racial. La industria de la diversidad se ha convertido en un gran negocio, tanto para las universidades como para las empresas que buscan el sello de inclusividad. Las oficinas para la diversidad de los campus canalizan la protesta de los estudiantes en una especie de alianza con la administración y los conducen a pensar en las partes en lugar de ver el conjunto. Aunque son expertos en la terminología del poder, como la diversidad, la inclusión, la marginación, la injusticia y la equidad, evitan cuidadosamente temas más escabrosos como el colonialismo, el capitalismo, la explotación, la liberación, la revolución, la invasión y otros análisis concretos sobre temas nacionales y mundiales. Así, la masa es movilizada a través de una lista cada vez mayor de identidades marginadas, permitiendo que la historia y las realidades raciales sean neutralizadas por la Teoría de la diversidad, como si fuesen bolas de billar rodando entre las diferentes identidades, todas despojadas de su historicidad. Rodando por una superficie plana y, en ocasiones, chocando unas contra otras.

Pero no nos confundamos. Los blancos nacionalistas que marcharon en Charlottesville enfermos de odio, tan repugnantes como pueden serlo sus mismos propósitos, no son los responsables de las guerras de Estados Unidos en Irak, en Siria y en Yemen.

No son ellos los responsables de que nuestro sistema de escuelas públicas se haya convertido en una red de corporaciones privadas.

No son ellos los responsables de que nuestro sistema de salud sea inequitativo y discriminatorio hacia aquellos que no son blancos, dejándoles servicios precarios y condenándolos a una muerte prematura.

No son ellos los que excluyen y desalojan a la gente de color de sus casas.

No son ellos los autores del capitalismo neoliberal con sus devastadores efectos sobre los pobres de todo el planeta.

No son ellos los que militarizan las fronteras para hacer cumplir el apartheid mundial.

No son ellos quienes están detrás de la explotación y quema de combustibles fósiles que está destruyendo el planeta, siendo los pobres y las personas de color los primeros en perder sus hogares y sus medios de subsistencia.

Entonces, si realmente queremos desafiar el racismo, la opresión y la desigualdad, debemos dejar de mirar a esos pocos cientos de manifestantes en Charlottesville y poner de una vez por todas el ojo en las verdaderas causas y en los verdaderos gestores de nuestro injusto orden mundial.

Ni unos ni otros son difíciles de encontrar.

 

Aviva Chomsky es profesora de historia y coordinadora de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Estatal de Salem, en Massachusetts. Su último libro es Undocumented: How Immigration Became Illegal (Indocumentados: cómo la inmigración se convirtió en ilegal. Beacon Press, 2014)

Charlottesville: Cuando la historia se anuncia en una pequeña aldea

A finales de 2015, cuando el precandidato republicano Donald Trump dominaba las encuestas dentro de su partido, un amigo que vive en Buenos Aires me escribió entusiasmado con el posible triunfo del millonario. “Muchas cosas van a cambiar –dijo–, entre ellas las tonterías de lo políticamente correcto”. El desafío a lo políticamente correcto ha sido un ejercicio permanente en la academia (aunque no en la mayoría de los académicos) por décadas, sino por siglos. Eso no lo inventó Trump. Pero a veces lo políticamente correcto (como el respeto de los derechos y libertades de todos por igual, sean negros, mujeres u homosexuales) es, simplemente, lo correcto.

Mi amigo es judío y, a mi forma de ver, es uno de los que confunde el judaísmo y a los judíos con el gobierno de Israel. Aunque es una persona culta, su visión a corto plazo solo le permitió ver que Trump tiene un yerno judío y una hija convertida al judaísmo y que su retórica pro Israel y anti islámica no era menor que la del resto de los candidatos. Sin embargo, observé, no es casualidad que la gran mayoría de los judíos en Estados Unidos que no pertenecen a la minúscula clase de los millonarios han votado tradicionalmente por la izquierda, como no es casualidad que los mexicanos sean culturalmente conservadores y políticamente liberales, mientras los cubanos de Miami son culturalmente liberales y políticamente conservadores. Eso no es difícil explicar, pero ahora es harina de otro costal.

“Tal vez cambies de opinión –le escribí– cuando Trump llegue a la presidencia y comencemos a ver banderas nazis desfilando por las calles”.

No sé si mi amigo habrá cambiado de opinión. Según las estadísticas, quienes apoyan a Trump están convencidos que jamás dejarán de hacerlo, más allá de las circunstancias. Lo cual revela un componente irracional y religioso. Como hemos insistido antes, sólo la economía podrá poner los valores morales del presidente en cuestión. En otros casos, ni eso.

Hay un detalle aún más significativo: quienes ondean banderas nazis y confederadas, quienes revindican al KKK, ya no lo hacen cubriéndose los rostros. Este es un sutil signo de que las cosas se pondrán aún peores, no porque no les reconozca derecho a la libertad de expresión, sino por todo lo demás.

En el país existen cientos de grupos racistas y violentos. La ley no los puede tipificar como terroristas (la expresión “terrorismo doméstico” es solo una expresión sin categoría legal) porque no existen los terroristas estadounidenses si masacran a mil personas en nombre de alguna organización doméstica. Para ser considerado terrorista, un terrorista debe ser ciudadano de otro país o trabajar para algún grupo extranjero. Esos “consorcios domésticos” todavía no se han sincronizado en una red mayor, pero ya han cruzado la línea que separa el odio íntimo de la ideología articulada del odio. En consecuencia, ya no usan mascaras.

Veamos un hecho puntual y reciente. En una conferencia de prensa, el presidente Donald Trump ha defendido la permanencia de los monumentos que celebran los ideales de la Confederación, argumentando que también George Washington y Thomas Jefferson tuvieron esclavos. Exactamente las mismas palabras que un manifestante pro nazi dijo en un video que circuló en las redes sociales dos días antes, otra muestra de que el presidente representa a la nueva generación: no lee ni se contiene para insultar en los foros a pie de página.

Durante años, tanto en los periódicos como en mis propias clases, he insistido sobre la doble moral de los Padres fundadores con respecto a los esclavos, cuando la declaratoria de la independencia reconocía “como evidentes estas verdades: que los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad”. O, cuando una década después, en la constitución se hacía celebre la primera frase “Nosotros el pueblo” y en realidad excluía a la mayoría de los habitantes de las trece colonias primero y más tarde de los territorios centrales usurpados a los indios y, finalmente, del resto donado por los mexicanos.

Sin embargo, comparar a Jefferson con el general Robert Lee es una manipulación histórica en base a los intereses racistas y clasistas del momento. Lo que celebramos de Jefferson no es que tenía esclavos y una amante mulata a la que nunca liberó, como sí lo hizo el gran José Artigas con su muy íntimo (relación nunca estudiada en serio) amigo Ansina. Lo que reconocemos de Jefferson es haber impulsado la historia hacia la dirección correcta en base a ciertos valores de la Ilustración.

El general Lee y todos los líderes y símbolos de la Guerra Civil no representan ninguno de esos valores que hoy consideramos cruciales para la justicia y la sobrevivencia de la especie humana sino todo lo contrario: representan las fuerzas reaccionarias, arrogantes, criminales que, por alguna razón de nacimiento, se consideran superiores al resto y con derechos especiales.

Como ya nos detuvimos en otros escritos, un análisis cuidadoso de la historia de Estados Unidos desde la rebelión de Nathaniel Bacon en 1676, exactamente cien años antes de la fundación de este país, muestra claramente que le racismo no era ni por lejos lo que comenzó a ser desde finales del siglo XVII. Si bien el miedo o la desconfianza a los rostros ajenos es ancestral, la cultura y los intereses económicos juegan roles decisivos en el odio hacia los otros. Las políticas deliberadas de los gobernadores y esclavistas de la época fue inocular ese odio entre las “razas” (indios, blancos y negros) para evitar uniones y futuros levantamientos de la mayoría pobre.

El racismo, una vez inoculado en una cultura y en un individuo, es uno de los sentimientos más poderosos y más ciegos. En tiempos de prosperidad económica, los blancos de clase media para arriba culpan a los pobres, sobre todo a los pobres negros, por su propia pobreza. La ética calvinista asume que uno recibe lo que merece, primero por voluntad divina, segundo por mérito propio. Pero cuando la economía no va del todo bien y esos mismos blancos razonables se descubren sin trabajo y sin la prosperidad de sus padres, inmediatamente se convierten en blancos supremacistas o, como mínimo, en blancos xenófobos bajo una amplia variedad de excusas. Entonces, ser pobres ya no es culpa ni de Dios ni de ellos mismos sino de los negros y de los extranjeros que vienen a quitarles sus trabajos.

Para el presidente Trump, en Charlottesville (ciudad fundada por indios y residencia de Jefferson y Madison) hubo dos grupos que chocaron y la responsabilidad es de ambos por igual, unos de izquierda y otros de derecha. Poner las cosas dentro de esta antigua clasificación, izquierda y derecha, hace lucir el problema como algo horizontal, como una cuestión de meras opiniones políticas, ambos igualmente responsables de todo el mal. Como en la teoría de los dos demonios en el Cono Sur, aquí se mide igual la violencia racista que la reacción antirracista. Como durante siglos se trató de justificar la violencia de los amos por la violencia de los esclavos.

Solo cabe esperar algo peor. Nuestro tiempo presenciará la lucha entre la Ilustración y la Edad Media. A largo plazo, no sabemos cuál de las dos fuerzas vencerá.

 

J​orge Majfud​, August 17, 2017.

Ricos de izquierda, pobres de derecha

No hace muchas horas Diego Maradona le envió un mensaje al presidente venezolano para que lo considerase uno de sus soldados. Poco después, Henrique Capriles, el eterno candidato de la oposición venezolana (casi tan eterno como Leopoldo Lopez y su familia de empresarios de la gran prensa conservadora) respondió echando mano a una de las frases prefabricadas que más gustan de usar los reaccionarios latinoamericanos: Maradona, como tantos otros, “son gente que se dice de izquierda y al final viven como millonarios”.

¿De dónde habrán sacado que si uno es de derecha puede vivir como rico y si es de izquierda debe vivir como pobre? Hace poco contestamos al mismo fast food, pero harto popular argumento, de que si uno escribe en una computadora y usa internet no puede criticar al capitalismo, porque todo eso se debe a su creación divina.

Cierto, es muy difícil defender las ocurrencias de Maradona. El hombre, además de haber sido el único futbolista mágico de la historia, se caracteriza por una espontaneidad que va más allá de cualquier lógica. Pero pocos futbolistas exitosos se han atrevido a romper los cánones de la autoridad arbitraria. En eso tiene un mérito que se subestima: el hombre no dice lo que le conviene sino lo que piensa, equivocado o no.

Mucho más difícil es entender y justificar las decisiones del presidente Maduro. No sólo sus opciones económicas (un país dedicado al monocultivo no puede prosperar; es algo que lo hemos venido repitiendo desde hace más de diez años, no solo referido a Venezuela). También sus decisiones políticas (la Asamblea constituyente solo sirve para echar leña al fuego en la narrativa del sistema Global dominante sin ninguna ventaja política para sus opositores, por mencionar uno solo de sus errores catastróficos).

Venezuela se ha erigido hoy en una de las peores pesadillas de los progresistas latinoamericanos. Todo lo cual no significa que la vieja derecha conservadora del continente, al viejo estilo fascista y golpista, tenga algo para elogiar. No son nuevos héroes; son viejos oportunistas que, tarde o temprano, lograrán lo que se proponen. Eso es seguro. Eso de la “libertad” es una bonita excusa que ha sido usada durante todo el siglo XX para camuflar la realidad de los intereses, no solo de las clases acomodadas sino de sus padrinos, las grandes empresas europeas y estadounidenses.

La doble vara ni siquiera se considera. O no importa. Si Donald Trump destituye al jefe del FBI (James Comey) porque lo está investigando, si luego destituye a su fiscal general (Sally Yates) porque no apoyó el bloqueo a inmigrantes de siete países musulmanes (y un largo etcétera), eso es democracia. Si el presidente de una república bananera, Nicolás Maduro, destituye a la fiscal (Luisa Ortega) por pronunciarse en su contra, eso es dictadura para los mayores medios del mundo. Si un helicóptero de la Policía científica de Venezuela ataca a balazos el Tribunal Supremo de Justicia en Caracas, si los militares venezolanos atacan un cuartel en un intento de golpe de Estado, si la oposición acumula bombas en diferentes rincones del país y los arroja a la policía o simplemente queman vivo a otros manifestantes, eso es en “defensa de la libertad” y como “legitima respuesta” de la “represión del gobierno”.

Si mucho menos ocurre en Estados Unidos, en España o en Francia, eso es terrorismo, y se paga como tal. Por no entrar a considerar prisiones, como la que Estados Unidos todavía mantiene en el territorio ocupado de Guantánamo (recordemos que después de diez y doce años de torturas, la mayoría, varios cientos de prisioneros, fue declarada inocente, solo culpable de haber estado “en el lugar erróneo en el momento equivocado”; los liberados nunca recibieron indemnización, ni económica ni moral). No se puede comparar Guantanamo y las cárceles que tiene “la dictadura venezolana”, cuyos prisioneros más notables se van a sus casas y conspiran cada día en la prensa internacional como si fuesen mártires.

Para colmo, Maduro se despacha con esa reforma constitucional, buena para nada. Hasta la reelección indefinida (repito, un mamarracho) ya está en la actual constitución de Venezuela. Otra demostración de que si Maduro es un dictador, nunca podrá ejercer plenamente como tal por falta de facultades plenas, más allá del cierto acoso a la prensa (sobre todo a la vieja prensa golpista, defensora de sus propios intereses de clase y finanzas).

La sagrada (y actual, con enmiendas) constitución de Estados Unidos permitió por ciento cincuenta años la reelección indefinida, gracias a lo cual el presidente (cierto, uno de los mejores que tuvo este país) Franklin Roosevelt pudo ser presidente por cuatro periodos consecutivos. Si un presidente latinoamericano propone lo mismo en América latina (déjenme repetir, a tono personal, que me parece una pésima idea), entonces es considerado propio de las dictaduras latinoamericanas. Todo lo que haga Estados Unidos o Europa estará bien, o casi bien, por la simple razón que son ellos los que administran la narrativa global (ya que, todavía, administran el sistema global que rige el mundo).

Claro que la arrogancia unilateral cada vez es más difícil de sostener. Se resiste, pero las condiciones geopolíticas y económicas indican lo contrario. Todo lo cual es de temer que se cumpla, una vez más, la lógica (o trampa) formulada por Tulcidides miles de años atrás y tengamos un conflicto a gran escala en este mismo siglo, sino en esta misma generación.

Claro, José Mujica es un consecuente. Vive como piensa y piensa como vive. No deja de ser un mérito relativo. ¿Pero quién dijo que el objetivo de los progresistas es la pobreza y no la verdadera libertad, es decir, la igual-libertad? Si consideramos que todos (Mujica, Maradona, Bill Gates, Trump y cualquier otro ser humano que pisa este planeta) vive en un sistema global que no es otro que el capitalismo más obsceno, a mí no me sorprenden ni me escandalizan que haya hombres y mujeres que distan de ser pobres y son de izquierda. La derecha quisiera verlos pobres y anulados o, al menos, sin voz. Incluso hay millonarios con algunas ideas de izquierda, como Warren Buffett, que pedía desesperadamente que le suban los impuestos, a él y a su minúscula, insaciable y patológica clase social que continúa invirtiendo billones en propaganda para promover leyes y narrativas que le permitan aumentar aún más sus ganancias.

En pocas palabras, no encuentro tan contradictorio que haya gente rica que sea de izquierda. Al menos no tan contradictorio como lo contrario. Según las estadísticas, los estudios y los resultados electorales, como los más recientes de las elecciones en Estados Unidos de 2016, según casi todas las elecciones en el último siglo y más en América latina, los conservadores de derecha abundan en las clases más pobres y en las más ricas. Por obvias razones. En casos son mayoría.

Entonces, si es una contradicción ser ricos y de izquierdas, ¿no es una contradicción mayor ser pobres y conservadores de derecha?

JM, 9 de agosto de 2017