Berlin

Gracias Pia Castro por hacerme conocer el restaurante de David Bowie (y de A. Merkel, según su exótico dueño) en Berlin. Gracias tmb a tu cálido equipo de Deutsche Welle y por hacer que lo complicado parezca simple. Seguimos en el camino un año más…

 

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​¿Por qué los nacionalismos ahora?

Las actuales olas nacionalistas tienen, al menos, dos características: primero, no se trata de los nacionalismos que llevaron a la descolonización de África o a la rebelión en el resto del tercer mundo durante los 50 y 60. En aquellos casos eran nacionalismos de izquierda, casi una contradicción, por otras dos razones (porque estaban inspirados en pensamientos socialistas, internacionalistas, y porque se trataba de revindicar y levantar el espíritu del oprimido, del sirviente deshumanizado). No es casualidad que algunos de los inspiradores de estas corrientes, nacionalistas como instrumento, no como objetivo, fuesen rebeldes como Frantz Fanon (psiquiatra y pensador latinoamericano radicado en Argelia, autor de Pieles negras, máscaras blancas, 1952) o Ernesto Che Guevara, ambos con ideas como “el hombre nuevo”, ese proyecto quijotesco de un ser descolonizado, descosificado y liberado de la ambición que lleva a unos hombres a explotar a otros por dinero. Ambos, no por casualidad, acusados de violentos o inspiradores de la violencia. Por entonces las potencias europeas y estadounidense eran la versión de la madre Teresa militarizada, masacrando millones alrededor del mundo en nombre de la libertad y la democracia. La Unión Soviética hacía más o menos lo mismo en nombre de la igualdad, aunque sus tentáculos globales eran de menor alcance, histórico y geográfico. Sólo en ese sentido se entiende la firma habitual del Che, “Patria o muerte, venceremos”.

Obviamente, este tipo de patriotismo no se debe confundir con el patriotismo de las potencias coloniales: los colonizados saludaban la bandera del opresor como a un dios que les recordaba su propia inferioridad, razón por la cual ocupaban el lugar natural del servidor, del feo, del vicioso, del retardado. Incluso, aún hoy el colonizado suele emocionarse al reconocer esta superioridad del colono haciendo hasta lo imposible por parecerse y asimilarse al poderoso, al vencedor. El colonizado, sea inmigrante o acomodado en su propia patria, se pondrá discursos, camisas y pantalones con la bandera del poderoso y hasta dejará correr una lágrima cuando encuentre una buena razón para defender y justificar la arrogancia del vencedor, cual patético síndrome de Estocolmo. Esa lágrima que se le escapa al desposeído cuando descubre la buena persona que es por defender al poderoso que, tarde o temprano, lo recompensará por el servicio moral.

Pero el nacionalismo del colonizado y el del colonizador son tan diferentes como el feminismo y el machismo. Parecen iguales, pero son lo opuesto en su dimensión ética y política.

En segundo lugar, los actuales nacionalismos, como los del siglo XX, son nacionalismos de derecha y se dan, fundamentalmente, en el mundo rico o desarrollado. Eventualmente se pueden expandir al resto del mundo, como todo lo que surge aquí. También Europa y Estados Unidos fueron los primeros en difundir ideas como el Fin de la historia y el triunfo definitivo del neoliberalismo y las democracias liberales a partir de la disolución final de la parodia soviética. De ahí partió la idea de globalización como la liberación definitiva de los capitales. La idea de la disolución de las fronteras sólo se dio en Europa con la ampliación de la Unión Europea y el establecimiento del Euro, y en América del Norte, con tratados como el NAFTA. Era una globalización de los capitales, del poder, no de los trabajadores, que malinterpretaron las buenas intenciones convirtiéndose en inmigrantes ilegales.

Entonces, ¿cómo es posible que sea justo en esa misma área geomonetaria donde los discursos nacionalistas, proteccionistas y los cuestionamientos a las democracias liberales se están dando con más fuerza?

La respuesta la venimos repitiendo desde hace algunos años: se trata de la percepción, no declarada, del declive. No es que Europa y Estados Unidos se encuentren ya en la pobreza, sino todo lo contrario. Lo que ocurre es que sus habitantes ya perciben el declive relativo de sus privilegios hegemónicos. La próxima etapa es la rebelión de los de abajo en este mundo rico, desdesarrollado.

Este es un componente psicológico, pero existe un modelo histórico anterior de base ideoeconómica. Se trata de la historia del proteccionismo contra la ideología del libre mercado. A principios de la Revolución industrial, Inglaterra era uno de los países que más brutalmente penalizaba el libre mercado de productos en desarrollo, como los manufacturados. Hasta que sus industrias fueron lo suficientemente fuertes como para “competir” con India, América latina e, incluso con los subdesarrollados Estados Unidos del siglo XIX. América Latina adoptó fácilmente este cuento y abrió sus fronteras (la destrucción del Paraguay durante la guerra de la Triple Alianza fue una de sus jugadas maestras). Por el mismo tiempo, Estados Unidos tenía las cosas más claras, como muchas otras veces en lo que se refiere a competencia y beneficios económicos. Los presidentes Cleveland y McKinley lo pusieron más o menos así: nosotros seremos los campeones del libre mercado cuando nuestras industrias sean lo suficientemente fuertes para competir con las británicas. No ahora.

Cuando Estados Unidos desarrolló sus industrias a un nivel que lo alejaba de cualquier competidor, de repente se cumplió la profecía: promovió el libre mercado, por las buenas y por las malas. Práctica, por supuesto, que nunca tuvo mucho de libertad debido a recurrencias como el dumping (aniquilación de la competencia por venta a precios debajo del coste) y las frecuentes intervenciones del ejército y los diplomáticos estadounidenses (algo así como los ad hocs del capitalismo para convertirlo en lo que realmente era: imperialismo revestido de nombres como libertad, justicia y democracia). Por no hablar de la inundación de dólares sobre las dictaduras amigas y luego la manipulación de las tasas de interés por parte de la FED que creó astronómicas deudas externas en el tercer mundo.

Por supuesto que, durante todo ese período, el nacionalismo sólo era un cuento para alentar a los soldados, pero no a los capitalistas, que de nacionalistas no tenían un pelo. El nacionalismo ajeno era tan malo que casi no se promovía el propio para no dar el mal ejemplo.

Ahora que Europa y Estados Unidos han perdido la abrumadora hegemonía (económica) de décadas atrás, surgen las rabietas nacionalistas entre sus habitantes. Estados Unidos reacciona con discursos proteccionistas y egocéntricos, añorando un pasado que fue varias veces más pobre y racista que el presente, pero por entonces dictaba como un dios brutal, bondadoso y temible. Inglaterra, todavía un centro importante de las finanzas, se sabe débil y decadente. Provincias como Cataluña reclaman su pasado y una riqueza que es relativamente mayor al resto de España, la que a su vez responde con su propio nacionalismo en nombre de la unidad, llegando, no en pocos casos, a un revival del falangismo y a una xenofobia que va desde el disimulo a la exaltación del racismo. Y así podíamos seguir con el resto del hasta hace poco eufórico mundo rico que quería disolver las fronteras y globalizar los Derechos Humanos.

Así vemos cómo el efecto de la percepción de ya no ser los referentes económicos y morales produce el renacimiento de sus propios monstruos y la pérdida de sus mejores logros, como los valores humanistas, de la ilustración y hasta de la confianza en las ciencias.

Claro que todo vuelve y todo termina. Lo importante es saber cuánto se destruirá hasta que el más arrogante y ciego nacionalismo vuelva al sótano donde se guardan las vergüenzas de la historia.

 

JM, enero 2018.

 

El lejano Oeste

de El mar estaba sereno (novela, 2018)

 

San Francisco, 24 de diciembre de 2010

Ernest Hatuey se mudó a California con su primo Eduardo en el otoño de 2009. Pero no duró mucho tiempo en la casa de la calle Embarcadero Road, en Palo Alto. Dos meses. Su primo Eduardo terminó desalojándolo como consecuencia de una discusión que terminó mal. Finalmente, Ernest Hatuey había perdido los límites luego de muchos meses de relativo autocontrol.

Todo había comenzado, aparentemente, con una broma. El 25 por la tarde habían estado tomando cerveza en el patio trasero con unos amigos de Eduardo y con Vladimir, un cubano que Ernest había conocido en un Chili’s de San Bruno. Ernest compartía con Vladimir el gusto por las motos de estilo, lo que en Vladimir se evidenciaba por un bordado brillante de las inconfundibles H-D sobre la espalda de su chaqueta negra. Los motoqueros que tanto alardeaban de la libertad y tanto odiaban al gobierno que los acosaba con impuestos y regulaciones, siempre usaban las autopistas y los caminos construidos por el maldito gobierno. Pero como es típico de esta cultura, pensaba Eduardo, sólo se puede ver el objeto, nunca el contexto. Por eso la autopista, el camino, las carreteras no contaban, eran invisibles. Sus héroes sólo podían ver las motos y esos tipos con bigotes largos desafiando al maldito gobierno que les impedía ejercer toda su libertad.

Pero al menos, pensó Eduardo, Hatuey había encontrado un cómplice. Aunque nunca había sido fácil para hacer amigos, esa era prácticamente la única habilidad social que le había quedado después de la guerra, o después del tour por Irak, como curiosamente le llamaban todos: hacer amigos, no conservarlos.

En la parrillada del 25 de diciembre por la tarde, Ernest bromeó sobre el insoportable liberalismo de los californianos, sobre todo de los hippies de San Francisco que todavía vivían en los sesentas, mientras en la televisión una de las hijas de Bush se despachaba con una respuesta irónica que arrancó los aplausos del público. Ernest Hatuey se detuvo un momento para mirar el curioso debate que debía estar teniendo lugar en Texas o en Arizona.

—Este debe ser Jenna —dijo John, tratando de reavivar el fuego—. Yo pensaba que nos estábamos liberados de los Bush. Pero se mira como que ni una barbecue puede uno hacer en paz…

—En algún lugar escuché que San Francisco es la ciudad más antimilitarista de país —dijo Hatuey—. ¿Eso es cierto? A ver, los genios de Stanford y de Berkeley, díganme si me equivoco… Deben haber muchos aquí, ¿cómo es que dicen ustedes? “Sí, hay… muchos estudios sobre el tema…”

En Texas o en Arizona la gente se levanta y sigue aplaudiendo. Desde el patio, se escuchan los aplausos y se ve la pantalla en una pared de la sala de estar, ocupada, por momentos casi completamente, con la cara de Jenna, quien no puede contener una sonrisa de satisfacción que a Eduardo le hace acordar al padre: la boca recortada como un tajo, los ojos pequeños, como los de Barney Rubble, pensó John.

—Puede ser —respondió alguien.

Puede ser —repitió Hatuey—. Puede ser. No hay evidencias… ¿Tú qué crees, Vladimir?

—¿Qué es el nombre en español de Barney Rubble? —preguntó John.

—¿Barney Rubble?—preguntó sorprendido Eduardo— ¿Quién es ese?

—Hombre, aquel carácter famoso de los cartoons de los The Flintstones… Las familias que dormían en camas separadas por no confundir a los niños. En los años sesenta los niños debían pensar que sus verdaderos padres eran pervertidos porque dormían en una misma cama…

—Perdón, ¿me estoy perdiendo de algo?

—El carácter que dice yabba-yabba-dooo

“Usted es más inteligente que su padre —se escuchó que dijo el adversario de la hija de Bush—. Sin embargo también está equivocada. Sus afirmaciones contradicen todos los documentos recientemente desclasificados por el mismo gobierno que usted…”

Los Picapiedras

—Yo no sé…

—Sí, Los Picapiedras. El patriarca era Pedro Picapiedra, casado con Wilma y…

—Fred. Ese debe ser Fred. ¿Y el otro?

—Pablo Mármol.

—Ese. Ese es Barney. Barney. Barney es George Bush.

—Tienes razón. ¡Bush es Pablo Mármol! Cómo no me di cuenta antes. Ya me resultaba familiar ese hombrecito de la Edad de Piedra.

“…Por favor, no pare de contar ahí. Aparte de los soldados muertos, hay muchos otros miles de discapacitados, muchos otros miles de suicidas. Por no contar los cientos de miles de iraquíes, que también son personas, aunque sean un dato irrelevante…”

—Yo digo que no sé porque no leo —dijo Vladimir—. No tengo tiempo para esas cosas. Trabajo ocho y nueve horas en el aeropuerto. No, no. No me pregunten, como todo el mundo, si soy piloto o guardia de seguridad. No. Aunque en Cuba era pediatra, aquí hago el precintado de maletas, es decir, las envuelvo con cintas de seguridad. Pero prefiero esto a aquello otro.

“Cierto, murieron cinco mil soldados. Yo no los critico ni los desprecio. Al fin y al cabo eran muchachos que ni siquiera tenían edad legal para consumir alcohol. ¿Qué podían saber esos niños con cuerpos de hombres? Mataron y volvieron hechos pedazos, reclamando su premio moral, exigiendo que todos les digan “gracias por luchar por nuestra libertad; porque la libertad no es gratis” y todo ese discurso que les repiten siempre para que vaya a arriesgar sus vidas, con fanático orgullo y sin pensarlo demasiado. No los culpo por esa necesidad. Si a uno le falta un apierna y medio rostro, al menos necesita pensar que todo ese sacrificio fue por algo y no por nada, por una mentira que no valía un centavo. Crítico y desprecio a todos aquellos que pasaban los fines de semana en sus mansiones y los mandaron a una guerra hecha en base a mentiras. Pero todos saben que la justicia humana nunca los alcanzará porque son los dueños de las armas y de la opinión pública…”

—Qué bien…

—No, qué bien. Después de tres horas de hacer esto, así, con la mano, ya no quieres más y lo único que reclamas es que se termine el día… Pero después viene el otro y el otro y siempre hay que resolver. Claro que no tuve la misma suerte de algunos otros que se escaparon del Régimen mucho antes. Ni la suerte de muchos que ni siquiera son ciudadanos y hasta son pilotos. ¿Se imaginan ustedes? Ni siquiera son ciudadanos americanos y ya son pilotos de un Boeing 777.

—¿Tú eres ciudadano?

—Sí. Llegué en el 2002 en una de esas balsitas que ustedes conocen, una balsita hecha de gomas y bancos de plaza, que me costó una fortuna, chico, para lo que son los salarios allá. Pero apenas me planté aquí me recibieron con los brazos abiertos. En el 2004 me dieron la residencia.

—Habla más abajo —decía John, que hacía un gran esfuerzo por seguir el debate desde la parrilla—. No necesita gritar.

—Bueno, sí que tuviste mucha suerte de nacer en Cuba —dijo alguien abriendo una lata de cerveza—. Yo llegué de Republica Dominicana con una beca para estudiar en Berkeley, hace diez años, y después de graduarme todavía estoy esperando que a alguien se le ocurra que puedo quedarme o rime al carajo.

El adversario de la hija de Bush había terminado su argumento. Los abucheos habían cesado pero no habían sido reemplazados por aplausos. Se hizo un silencio profundo, momento en que el señor de lentes se dirigió al público y dijo:

“Sure, silence. Sólo silencio, esa reacción tan normal, tan previsible, tan humana ante la verdad”.

—Por eso yo me aseguré —dijo Vladimir— y no esperé a que me coman los gusanos y después de la residencia me puse a estudiar para el examen y me hice ciudadano americano. Tuve suerte que me tomara el examen un cubano, porque el inglés y la historia no son lo mío. Por eso yo estoy muy agradecido a este país, que me sacó del hambre y de la persecución.

—¿Pero algo malo debe tener, no? —preguntó Eduardo, poniendo un CD de música, apenas dieron por finalizado el programa en Texas. John repitió: “No applause. Just silence, silence, that predictable reaction to the truth…”

—¿Este país? No algo. Muchas. Este país tiene muchas cosas malas. Como toda esa escoria que llega rompiendo la ley y luego se dedica a criticar al país que les mató el hambre.

Norberto, el mexicano que hasta entonces se había mantenido en silencio, concentrado en los tacos con aguacate, tosió, como única respuesta.

So… bye, bye Miss American Pie 

Drove my Chevy to the levee, but the levee was dry…

—A ver… — dijo Alejandro, con su acento malagueño. Eduardo iba a decir que no se metiera, pero Alejando igual no se contuvo:

—El país que les mató el hambre —dijo— también se aprovecha de todos esos millones de pobres que vienen a trabajar como bestias. Muchos tuvieron que abandonar países llenos de violencia, diezmados por golpes militares o por las guerras civiles que el país que les iba a matar el hambre apoyó con tanto cariño.

We were singing, bye, bye Miss American Pie 

Drove my Chevy to the levee, but the levee was dry 

Them good ol’ boys were drinking whiskey and rye, singing… 

—Si…, ya veo. Ahora me va a salir con todas esas teorías conspiratorias…

—Son teorías conspiratorias acerca de prácticas conspiratorias. Cuando tenga tiempo le muestro los documentos de la misma CIA, del señor Kissinger y de todos los demás conspiradores, honorables líderes de su séquito. Se lo menciono porque como sé que usted no va a creer en las víctimas, tal vez sí pueda creerle a gente seria y responsable.

This’ll be the day that I die 

This’ll be the day that I die 

—Bueno, bueno —dijo Ernest—, ya veo que seguiremos por lo del imperialismo y la criminal guerra en Iraq, a la cual fuimos algunos pocos para defender a unos cuantos que se quedaron aquí tomando cerveza.

On a dark desert highway, cool wind in my hair

Warm smell of colitas, rising up through the air

—Por lo pronto —dijo Alejandro—, todo lo que hicieron en Irak no lo hicieron en mi nombre ni por mi seguridad. Y no voy a discutir eso contigo porque bien sé que apenas fuiste una víctima de las mismas mentiras de siempre. Que primero había que invadir Irak porque Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva. Que luego porque no se encontró ni rastro de lo que el mismo gobierno de Ronald Reagan apoyó y promovió en los ochenta, entonces fue que estaban allí para promover la democracia y el amor fraterno… Pero en fin. Como te digo, no voy a entrar en eso, ya que conozco muchos soldados como tú que apenas fueron víctimas de toda esa locura, víctimas que lógicamente necesitan pensar que esa pierna y aquellos amigos que perdieron tenían algún sentido, que aquella medallita tenía algún valor y no era sólo plomo recubierto de plata, que todo aquello no fue un crimen sino un acto heroico… pero victimas al fin.

Welcome to the Hotel California

Such a lovely place (Such a lovely place)

—No me considero una víctima —dijo Ernest—. Eso me llevó años entender de mi terapeuta. Si me considero una víctima por mi post traumatic stress disorder nunca voy a liberarme de los demonios…

Such a lovely face

Plenty of room at the Hotel California

—Sí, ese otro ejército de psiquiatras que vienen a ser como una aspirina para calmar el dolor de una amputación. El día que las víctimas sean capaces de reconocer que fueron víctimas y dejen de consumir tanta propaganda pseudocientífica, no sólo tendrán una curación más duradera sino que el país se embarcará menos a menudo en crímenes masivos como los de Hiroshima o los de Viet Nam.

Any time of year (Any time of year)

You can find it here

—¿Alguno de ustedes me puede responder a una pregunta? —dijo Vladimir, con una sonrisa anticipada.

—Claro —contestó Alejandro.

—A ver… ¿qué tiene usted para aportarte a este gran país para que salga adelante?

—Crítica…

—Ahora sí, ¡bingo! —dijo Vladimir.

—No veo por qué la risa —continuó Alejandro—. Por lo menos un poco de crítica, señor, ya que de autocritica se ha quedado bastante corto y los recién llegados han confundido la lealtad a un país con la sumisión a un gobierno y a un ejército. Luego pretenden ser los campeones de la democracia. Claro, crítica. Nueva sangre sumisa, ya tiene. Viejos y nuevos fanáticos agitando la banderita mientras otros marchan a alguna guerra estúpida y criminal, hay de sobra y nunca falta. Así que si pudiese aportarle algo de la crítica que le falta a este país (que de alguna forma, seguramente de una forma diferente a la suya, aprendí a querer y a admirar), entonces creo que estaría aportándole algo. Por lo menos algo de verdad y no prefabricado. Por lo menos estaría respondiendo al llamado patriótico de sus padres fundadores. A propósito, soy un gran admirador de gente como Francklyn, Paine y Jefferson. ¿Conoce usted algo de esta gente?

—Lo dicho —dijo Vladimir, levantándose de su silla y dirigiéndose a Ernest, en un gesto de despedida—. Lo que yo no entiendo es por qué hay gente que critica tanto a este país y en lugar de armar sus maletas y tomarse el primer avión para el país de donde salieron insisten en fastidiar aquí adentro. Nunca he visto a nadie tan antiamericano como aquellos que critican y se quedan en sus grandes puestos donde ganan lo que ninguno de nosotros vamos a ganar en nuestras vidas.

—Amigo —continuó Alejandro—, me parece que hay cosas que todavía no ha entendido después que salió de la isla. Como, por ejemplo, que no hay nada más antiamericano, por lo menos en el sentido original de la palabra, que afirmar que para vivir en Estados Unidos o en cualquier otro país y ser un ciudadano honesto como condición hay que callarse la boca o dedicarse a la apología de una nación, que en el fondo no es más que la apología ciega a sus gobiernos. Como si una nación fuese una religión o un ejército. ¡Vaya absurdo tan popular! Vaya tantos pueblos embrutecidos que se dejan secuestrar de esta forma tan infantil. Es lo que pretenden siempre los que confunden a una nación con su iglesia o con su partido político. Nada más antiamericano, no para los macartistas pero al menos para aquellas primeras generaciones de ilustrados que fundaron un país, más bien rarísimo, por no decir utópico. De ser por aquel otro tipo de patriotismo infantil que los secuestradores fueron inventando con el tiempo, la Revolución americana hubiese sido apenas una revuelta. Igual que tantas. Pero créame, amigo, que no hay nada más antiamericano, en el sentido original de la palabra, pero sobre todo nada más antidemocrático, que pensar que una democracia se defiende con el servilismo de los esclavos que se callan o los adulones que viven cantando loas. Extraña forma de defender la democracia y la libertad. Permítame, que ya término. Si por algo ha avanzado la democracia en los últimos mil años, no le quepa duda, que ha sido gracias a los críticos, no a los apologistas del establishment de turno. Pero, claro, la historia no importa. Por eso luego, impunemente, vienen a darnos lecciones de lo que es ser americano y, peor, de qué significa la libertad y la democracia.

Strumming my pain with his fingers

Singing my life with his words

Killing me softly with his song

Vladimir le dio la mano a Ernest y, antes de irse, le dijo:

—Lo siento mucho por ti, hermano. Por estos traidores derramaste tu sangre en Irak. Un verdadero desperdicio, chico. Que te vaya bien. No me vuelvas a invitar a ninguna reunión de intelectuales porque te pego un tiro yo mismo. Por lo menos hubieras avisado.

Killing me softly with his song

Telling my whole life with his words

Killing me softly with his song…

 

Lucía Cordero de Caballero

de El mar estaba sereno (novela, 2018)

 

Montevideo, 24 de febrero de 1962

Una carta de su hermana Clarita, fechada en Madrid el 22 de enero de 1962, le informó que su madre había muerto el pasado 16 del corriente.

Clarita se había casado con un funcionario del régimen, de nombre Alberto y de apellido desconocido para Jordi, y desde entonces sus cartas se fueron espaciando hasta la última, que escribió más por obligación que por sentimiento y para evitar decirle a la mucama que no se encontraba en la casa cada vez que su hermano llamaba de América. Como es la regla, Clarita se había convertido a las convicciones de su esposo, es decir, en este caso, al franquismo, poco antes de su casamiento. Como en tiempos de sus abuelas, pensó Jordi, cuando las mujeres se convertían a la religión del esposo, en caso más bien raro de que por entonces hubiese todavía algún hereje que perteneciera a alguna religión diferente, o a ninguna.

Por ese tiempo y por mucho tiempo más, Jordi había fluctuado entre la sospecha de su padre republicano y la defensa del general Franco a cualquier precio, como si a la distancia un país fuese su gobierno. Con vehemencia había enfrentado las críticas de los seguidores de Emilio Frugoni y había concebido la idea de fundar un periódico leyendo las calumnias marxistas del semanario Marcha. El acento, el recuerdo borroso pero persistente de la patria, el sobrenombre de gallego, no le dejaban demasiado margen de maniobra.

Quizás Clarita hubiese tenido una mejor imagen de su hermano exiliado si hubiese sabido de alguna de estas discusiones que en América le costaron al joven Jordi el mote de facho o de falangista en las mesas del café Sorocabana, nido de poetas e intelectualoides afrancesados. Y tanto lo acusaron de falangista que por algún tiempo él mismo se lo creyó. Hasta que encontró una solución intermedia a sus conflictos ideológicos y personales declarando, y haciéndose creer él mismo, que no le importaba la política sino el dinero, que una eran palabras cuando no muerte y encarcelados, y la otra era sólo progreso o, por lo menos, bienestar.

Esta confusión había surgido mucho antes, con su madre Lucía, que desde la desaparición de su esposo se había dedicado a instruir a sus hijos, sobre todo al mayorcito, a repetir repudios contra los republicanos, los rojos, los salvajes ateos que habían querido destruir España. A Jordi le costó mucho tempo, de hecho le constó toda la vida, entender algo del dolor de aquella mujer que había tenido que maldecir todas sus creencias, sus supersticiones juveniles sobre el voto de las mujeres, sobre la educación de los críos de los campesinos, sobre la inexistencia del infierno o sobre un infierno hecho por los hombres aquí en la tierra, y había tenido que instruir ella misma a sus hijos sobre las virtudes de los asesinos de su padre, para evitar perderlos a ellos también, como una mora o una judía en tiempos de Fernando e Isabel. Como una bruja en cualquier tiempo de barbarie.

Al parecer, Lucía había muerto en circunstancias extrañas. No la había secuestrado el régimen, porque el régimen nunca haría eso. No había muerto de pena porque, al parecer, según Clarita, lo tenía todo. Aparentemente, había decidido recluirse en el apartamentito que el esposo de Clarita le había mandado construir al fondo de su propiedad, con el dinero de la casita de Bonavista. Había sido su decisión. En los últimos dos años se había recluido en su minúsculo apartamento y sólo salía viernes y sábados con destino desconocido.

Hasta que un día la encontraron sin respuestas, tendida en su cama y rodeada de revistas viejas, de anillos y de guantes que alguna vez fueron blancos y que si los hubiese arrojado a la basura a tiempo otra hubiese sido la historia, terminaba la carta de Clarita.

Jordi dobló la carta tres veces, como era la costumbre en esa época. Las palabras, entre tristes e indiferentes de su hermana, quedaron repartidas al azar en ocho rectángulos que sólo volvieron a ver la luz una vez más, una tarde calurosa y extremadamente desolada de enero de 2010.

Había visto a su madre por última vez la tarde del sábado 3 de octubre de 1959 en el puerto de Barcelona. “El verano que viene estoy aquí, vieja”, le dijo, pero ella apenas se sonrió. Jordi conocía ese gesto triste de los que no creen o han dejado de creer. Sus labios recordaron por siempre aquella mejilla suave de mujer mayor, el perfume de lavanda que nunca había abandonado y que tal vez era una especie de código secreto, de última complicidad con los años treinta, con su padre. La vio de lejos hasta que se convirtió en una llamita rosada con la luz del atardecer y luego en una sombrita inmóvil que se resistía a dejar la dársena o intentaba apropiarse hasta el último minuto de lo que la suerte le había dejado de su hijo.

Cada vez los separaban más cosas. Jordi se iba al verano y ella entraba en los días largos del invierno. Ella que no se cansaba de preguntarle por su vida en Uruguay y él que no se atrevía a preguntarle por su padre. El futuro era la gran distracción de los dos.

La llamaba por teléfono cada dos meses, luego dos veces por año. Cada vez, iba a preguntarle por su padre, pero el pacto de secreto que de alguna forma habían establecido los dos, quién sabe cuándo, aparecía siempre como un muro de hielo, transparente pero inquebrantable. Una vez, Lucía se adelantó a cualquier pregunta diciendo que bueno, que había muchas cosas que conversar un día con un tecito, cara a cara, no a tantos miles de quilómetros y por un tubo de plástico.

—Que sea un café, niña hermosa— quiso confirmar él, con esa necesidad que tiene la gente de trivializar algo de su vida cuando sospecha que es de gran importancia.

Lucía hizo una pausa. Jordi la imaginó apretando los labios con dos dedos, porque ese era uno de sus gestos más comunes cuando pensaba en algo y luego se callaba.

A pesar de esta promesa (o por esto mismo), Jordi fue postergando el próximo verano en España. Tal vez era cierto que los negocios se habían ido complicando en la medida en que iban creciendo. Por entonces se vendían más libros y más revistas que nunca en Montevideo y Buenos Aires, lo que lo había obligado a abrir su propia imprenta primero y la importación y distribución de impresoras offset después. Una distracción por aquella época hubiese sido fatídica, el fin de todos sus esfuerzos desde 1953.

La llamó por teléfono el 24 de diciembre de 1961. Ésa fue la última vez que había hablado con ella. No parecía triste. No parecía enferma. Pero todas aquellas dulces trivialidades de siempre en el fondo significaban la misma tragedia, como si cada acto humano llevase oculto el germen de la Gran Verdad: cada una de aquellas palabras, recordó Jordi, habían sido las últimas que escuchaba de la boca de su madre mientras él se reía y ella también.

El 31 de diciembre no pudo comunicarse. Las líneas estaban saturadas o él no andaba con suficiente ánimo como para insistir más de cuatro o cinco veces.

Uno de los domingos de enero estuvo a punto de llamarla. Levantó el tubo y, por alguna razón, se le escapó de las manos como si estuviese hecho de plomo.

A fines de febrero, comenzó a perseguirlo el número 54, la edad de Lucía, como lo había hecho el 39 por mucho tiempo. Los autos que se frenaban delante de él tenían alguna patente que terminaba en 54. Los números de lotería que compraba siempre terminaban en 54, pero la comunicación nunca se dio, excepto por una modestísima suma por una aproximación, casi una devolución. 254 era el número de la casa que alquilaba todos los veranos en Punta del Este, aunque él se juraba que había descubierto la numeración cuando puso la llave por primera vez en la puerta. Cuando cumplió 54, sus empleados de la joven Metasoft le hicieron, por primera y última vez, un recibimiento sorpresa en la empresa, con una torta roja y amarilla y el número expuesto como una lápida. Jordi se los agradeció y les ordenó que no volvieran a hacerlo. El 54 y el 39 siguieron repitiéndose en las circunstancias más inesperadas hasta principios del 2001.

En el invierno de 1988, mientras leía el diario, por casi dos segundos (probablemente no más que eso, como suele suceder con las cosas importantes), don Jordi tuvo la sospecha que había dedicado su juventud a que su madre lo quisiera y lo admirase como quizás había querido y admirado a su padre, el desaparecido. Como su padre, había seguido el camino más indirecto de la desaparición y, de igual forma que el destino quiso que ella tuviese que hablar mal de su esposo delante de sus propios hijos y contra sus propias convicciones, lo único que podían decir los diarios de Uruguay del exitoso empresario español era sobre su avaricia y sus simpatías por el deleznable régimen franquista.

Había demasiados españoles en Uruguay, se dijo.

La segunda muerte de Jordi Caballero

de El mar estaba sereno (novela, 2018)

Sí, quisiera volver a repetir lo de siempre, que lo que importa es el futuro, que todo se dirige hacia mañana. Pero la única verdad es que nuestro futuro último es el pasado. Hacia allá vamos, inexorablemente. Hasta que se apague la luz, esa misteriosa luz.

 

Punta del Este, febrero de 1968

Su padre volvió a morir cuando Jordi cumplió treinta y cinco años. Tenía esa edad cuando lo vio por última vez en Barcelona, aquel jueves 9 de febrero de 1939.

Hasta entonces podía mirarse en el espejo y ver el rostro de su padre, la mirada ansiosa por una esperanza repentina o cansada por un nuevo fracaso. Todas sus intimidades habían sido también las de su padre. Todas las veces que sus ojos se dirigían al trasero de una mujer que pasaba por la ventana de un bar donde leía el diario al lado de un café humeante, era el gesto de su padre en la Barcelona de los años treinta o en la Madrid de los veinte. Al menos eso era lo que él creía. Creía que uno repite más o menos los sueños y las frustraciones de sus antepasados en diferentes escenarios. Entonces, cerraba los ojos y veía al abuelo que nunca conoció, el abuelo Caballero (se llamaba Jordi, igual que él, igual que su padre, por esa manía que tenía la gente de antes que no se conformaba con pasar sólo el apellido a sus hijos, acomplejados o acosados por un ansia inútil de eternidad) subiendo un camino de piedra al lado de la montaña, protegiéndose de la nieve, arrastrando un carro con una mula flaca, tratando de hacer arrancar una vieja Ford en Oviedo con su hijo que miraba ansioso desde adentro del auto descompuesto. Y veía a su padre descubriendo el mundo en Madrid, en una mesita solitaria en un rincón de un bar de obreros, con una vieja pluma, y era él mismo en el bar de Canelones y Ciudadela con un teléfono celular en la mano.

No podría imaginar en sus detalles a ninguno de aquellas otras personas que antecedieron a su abuelo, que salvaron sus vidas de milagro para que sin querer él, Jordi (Jordi tercero, Jordi cuarto), estuviese allí mirando el cuadrito de Renoir. Pero en definitiva todos esos eran detalles que no cambian lo que realmente importa en la experiencia humana: el amor, los celos, el dolor de la injusticia y la violencia moral, el insulto, la amenaza de un desconocido o de un vecino desencajado, la muerte del abuelo, de un tío, la culpa por haber hecho lo correcto o por haberse equivocado sin remedio. Todo eso es la realidad. Mejor dicho, la realidad más profunda de la realidad. Lo demás son escenarios. Como si en cada época, en cada generación, en cada siglo se pusiera en escena la misma obra. Romeo y Julieta en Verona. Romeo y Julieta en la París de la Segunda Guerra. Romeo y Julieta en la Nueva York de John Lennon o en la Buenos Aires de Tinelli. Romeo y Julieta caminando por las calles polvorientas de un pueblo en China. Romeo y Julieta muriendo en la frontera de Gaza.

Hasta que don Jordi cumplió los treinta y cinco, todas aquellas imágenes de aquel lejano padre comprensivo y a veces ausente fueron adquiriendo cuerpo. El bigote de su padre disimulando una dentadura imperfecta. Sus palabras bondadosas que abrazaban a aquel niño que era don Jordi, como las suyas propias cuando trataba de consolar y, sobre todo, proteger con consejos a su pequeña niña de brazos delgadísimos, más que para aliviar sus miedos y frustraciones para evitar otros dolores en la mujer que él imaginaba iba a ser Lucía.

Le faltaba, sin embargo (se decía don Jordi, recurriendo a esas secretaras formas de autoflagelaciones que encuentra siempre una persona acosada por un oculto sentimiento de culpa), todo el idealismo de su padre. Aquel idealismo político, republicano por las circunstancias, que por mucho tiempo miró con displicencia y que sólo al aproximarse a los treinta y cinco años pudo sentir, al menos en parte, cuando en un arranque de locura romántica le regaló una pequeña chacrita en San José a la familia que había tomado para que cuidase los árboles frutales. Cada tanto se daba una vuelta por allí y los cinco hijos del casal lo salían a recibir como si fuese el padre fundador de una microrepública. El padre, al que los vecinos llamaban el Negro Silva, había colgado a la entrada un cartel que decía “Granja Caballero”.

Otra vez se metió en un fraude innecesario, allá por los setenta, en plena dictadura. Había logrado evadir el treinta por ciento de los impuestos de ese año. Una jugada que no era digna de don Jordi, se dijo a sí mismo, no por lo deshonesta, si realmente tiene algo de deshonesto no pagar impuestos, sino por lo rudimentario de la maniobra. Alguien lo advirtió y elevó la denuncia. Por unas semanas sintió ese vértigo de ser un perseguido. Podía haberse involucrado con alguno de los bandos, con algún grupo de disidentes en el exilio, con los artistas de la cárcel de Libertad que pintaban palomas abstractas y mariposas que lloraban, o con alguna de esas sectas o logias que cada tanto armaban los militares para sentirse importantes. Podía haber intentado algo más elegante que una burda evasión, pensó cuando pasó la tormenta que le costó un desembolso considerable para salvarse de la cárcel y mantener su nombre lejos de los diarios. Al menos hubiese sido más honroso.

Pero le faltaban algunos ingredientes que hicieron a su padre, pensaba. Le faltaba coraje. Le faltaba ese idealismo estúpido que hizo y deshizo a su padre y a su madre. Al menos eso quiso pensar, ya que la posibilidad de que su padre hubiese sido en realidad bastante más parecido a él de lo que podía pensar, lo aterrorizaba. No quería ensuciar algunos recuerdos. Hubiese sido como demoler los pilares centrales de su existencia. Tal vez prefirió no saber la verdad completamente. O tal vez no tuvo la suficiente sabiduría para entender que también los héroes defecan y participan con algunas acciones en el mercado de las miserias humanas.

Pero cuando cumplió treinta y cinco comprendió que ya no podía seguir descubriendo a su padre en sus propios miedos, en sus alegrías, en sus obsesiones, en sus tics, en sus tristezas injustificadas, en una copa de más. Desde entonces tuvo que seguir caminando solo. Cuando alcanzó la edad que tenía su padre cuando desapareció, cuando se murió o lo asesinaron, supo que todo lo nuevo que podía sentir y experimentar en esta vida le había sido ajeno a aquel otro Jordi Caballero: las depresiones de los cuarenta; las erecciones menos frecuentes; las preocupaciones de criar a un adolescente; el pragmatismo a veces arrogante; la ausencia absoluta de miedo al hablar en público; la incapacidad de emocionarse con el olor a lavanda o con la presencia del mar desnudo; las creciente escasez de mujeres hermosas que se dignaban a mirarlo a los ojos; el cada vez más frecuente odio de los más jóvenes que no encontraban caminos de llegar donde él estaba encumbrado, como un dictador usurpando un espacio público y privado por un tiempo excesivamente prolongado; la sospecha de que las personas comenzaban a ver su muerte con creciente indiferencia; la conciencia de estar en un barco que se aleja de la costa, que se aleja del mundo de los jóvenes que comienzan a ocupar las ciudades y a reescribir la historia de ellos y de sus viejos.

Sabía que nada de esos paisajes interiores había formado parte del mundo de su padre, muerto tan joven. Todo eso era ahora su mundo y él tenía que descubrirlo solo. A partir de aquellos treinta y cinco años tuvo que empezar a vivir solo. Su padre había muerto por segunda vez y, aún así, sabía que tampoco ésta era una muerte definitiva.

 

La paradoja de las clases sociales

Aunque las sociedades están compuestas de una gran diversidad de grupos y de intereses, todavía podemos abstraer su estructura en su clásica pirámide tripartita. De la historia observamos algunas persistencias críticas que podemos formular así para entender el presente y reflexionar sobre el futuro:

Postulado 1: Mientras las clases alta y baja tienden a ser conservadoras, la clase media es más liberal o progresista.

Postulado 2: La clase media le teme más a la clase baja que a la clase alta.

Corolario: La clase media es más propensa a renunciar en cuotas a sus derechos y beneficios durante un largo período que a arriesgar a perder sus privilegios remanentes en una revuelta abrupta.

Ad Hoc: La motivación de un hecho sociopolítico, intencional o no, debe ser atribuible al grupo que se beneficia de él.

 

Postulado 1.

Este principio ha sido aún más claro durante los últimos siglos de la Era Moderna. Con abrumadora frecuencia, los esclavos, los desposeídos de la tierra, los campesinos y obreros deshumanizados por su pobreza, por su etnia o por su lenguaje, tardaron décadas y generaciones (apenas interrumpidas por algunas revueltas) hasta que fueron mal o bien conducidos por individuos de la clase media, generalmente gente culta o educada (Gandhi, Guevara, Lumumba, Martin Luther King), a romper con un determinado orden. En la era contemporánea, en la Era de las Post revoluciones, sus votantes se inclinaron, con más frecuencia, por los políticos conservadores que por los progresistas o reformadores. Por otra parte, el recurrente “cambio” propuesto por la clase dominante siempre significó status quo o vuelta atrás.

Postulado 2.

Entre otros periodos y regiones, este fenómeno se observó durante las dictaduras latinoamericanas a lo largo de más de un siglo. Los pequeños comerciantes, empleados y burócratas toleraron y hasta apoyaron de forma activa o pasiva los regímenes militares hasta el extremo de justificar la violencia estatal como respuesta necesaria a la rebelión o subversión de grupos “radicales”. Quienes no lo hicieron de forma voluntaria fueron suprimidos por el aparato represor. En la Era contemporánea, este factor se expresa en la forma de votar a grupos políticos que le ofrecen a la clase media sacrificio a cambio de estabilidad, beneficios inmediatos para las clases altas a cambio de una promesa de prosperidad general a (muy) largo plazo, generalmente bautizada con los ideoléxicos “responsabilidad” y “seguridad”.

 

Corolario

La traducción política de esta dinámica es similar a la psicología de los seguros. Los conductores más responsables pagan por los menos responsables; los no fumadores por los costos médicos de los fumadores; los países austeros (pobres) pagan por los excesos del consumismo del primer mundo. Si no existieran los segundos, los primeros pagarían mucho menos en cada póliza, porque los costos de las aseguradoras serían menores.

Hay una diferencia. En el caso político, el miedo de quien compra un antivirus es el negocio de quien lo produce, por lo cual, aplicando el ad hoc mencionado arriba, podemos sospechar que policías y ladrones mantienen una relación simbiótica de “antagónico necesario”.

En otras palabras. La brecha económica y social que separa el uno por ciento del restante 99 por ciento siempre tiende a crecer. Un motivo es la dinámica política y económica: cuanto más capital un grupo tiene, más posibilidades tiene de dominar las narrativas sociales a través de los principales medios de prensa. Cuanto más dominio de la narrativa y poder de donación o financiación de campañas políticas, más acceso tiene al congreso, al gobierno y a otros poderes del Estado de su país. Cuanto más poder político en el congreso y en el gobierno, más leyes que protejan sus propios intereses pueden pasar. Hoy en día, el 66 por ciento de los representantes en el Congreso de Estados Unido son millonarios. Es decir, una minoría con dinero representa los intereses de una mayoría sin dinero. La excusa de que esa minoría debe gobernar porque es exitosa reduce no solo el concepto de éxito a la mera acumulación de dinero, sino que no deja posibilidades de igual poder político a aquellos otros que no están interesados en ser millonarios, pero tampoco en ceder derechos democráticos a una plutocracia.

 

Ad hoc analítico

En 2017 el gobierno de Estados Unidos acusó al gobierno cubano por un extraño ruido que estaba causando problemas de salud en los funcionarios de la embajada estadounidense en La Habana. Todavía no conocemos las razones del fenómeno, pero la primera pregunta de análisis debe ser: ¿a quién beneficia el incidente? Asumimos que el gobierno de Cuba está interesado en avanzar con los acuerdos realizados con el gobierno estadounidense anterior, para recuperar un poderoso mercado, bloqueado desde los años 60. El nuevo presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha insistido en su intención de revertir también este “logro” de su predecesor. La pregunta crítica nos deja mirando hacia un solo lado.

Lo mismo debe considerarse en cualquier acción de “bandera falsa” y con respecto a grandes procesos. Cuando cada vez menos familias (ahora son 60) poseen lo mismo que la mitad más pobre del mundo, cuando en las sociedades observamos que las diferencias económicas van aumentando desde hace décadas, debemos hacer la pregunta inicial: ¿a quién beneficia el sistema económico mundial? ¿A quién benefician las leyes? ¿A quién benefician las nuevas tecnologías? Una respuesta funcional (según la premisa del Postulado 2 y el Corolario) salta automáticamente: “si el mundo fuse de otra forma nos hundiríamos en la catástrofe”. “De otra forma, el 99 por ciento no disfrutaría de los beneficios del progreso que disfruta hoy”. Etc.

Pero veamos que el progreso no se debe al uno por ciento sino al 99 por ciento. En todo caso, “de otra forma” el uno por ciento no disfrutaría de ser los dueños del mundo.

Por otra parte, la aparente estabilidad (olvidémonos de quienes en este mundo feliz pasan hambre, de los que no tienen trabajo y de quienes sí lo tienen y trabajan como esclavos para sobrevivir) es una estabilidad inestable. Excepto las crisis económicas controlables (esas que sirven para que quienes tienen grandes capitales lo multiplican comprando por nada las propiedades y valores de quienes apenas trabajan para sobrevivir) la lógica que sostiene la Paradoja tarde o temprano se rompe en una crisis mayor que no beneficia ni al uno ni al restante 99 por ciento.

Si en ciencias esto se llama, como lo definió T.S. Kuhn, un “Cambio de paradigma”, en términos de sociedad y civilización se llama suicidio colectivo.

JM

 

 

Le paradoxe des classes sociales

par Jorge Majfud *

 

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Bien que les sociétés soient composées d’une grande diversité de groupes et d’intérêts, nous pouvons encore isoler leur structure dans une pyramide classique divisée en trois. A partir de l’histoire nous observons quelques persistances critiques que nous pouvons formuler ainsi pour comprendre le présent et réfléchir à l’avenir :

  • Postulat 1 : Tandis que les classes élevées et basses tendent à être conservatrices, la classe moyenne est plus libérale ou progressiste.
  • Postulat 2 : La classe moyenne craint davantage la classe basse que la classe élevée.
  • Corollaire : La classe moyenne a davantage tendance à renoncer en partie à ses droits et bénéfices pendant une longue période que de risquer de perdre ses privilèges rémanents dans une révolte brutale.
  • Ad Hoc : La motivation d’un fait politico-social, intentionnel ou non, doit être attribuable au groupe qui en bénéficie.

Postulado 1.

Ce principe fut encore plus clair pendant les siècles derniers de l’Ère Moderne. Avec une écrasante fréquence, les esclaves, les dépossédés de la terre, les paysans et les ouvriers déshumanisés par leur pauvreté, par leur ethnie ou par leur langage, ont mis des décennies et des générations (à peine interrompues par quelques révoltes) jusqu’à ce qu’ils fussent mal ou bien conduits par des individus de la classe moyenne, en général des gens cultivés ou éduqués (Gandhi, Guevara, Lumumba, Martin Luther King), à rompre avec un ordre déterminé. Dans l’ère contemporaine, dans l’Ère des Post révolutions, leurs électeurs ont plus souvent penché pour des hommes politiques conservateurs que pour des progressistes ou des réformateurs. D’autre part, le « changement » récurrent, proposé par la classe dominante a toujours signifié un statut quo social ou un retour en arrière.

Postulat 2.

Dans d’autres périodes et régions, ce phénomène a été observé pendant les dictatures latinoaméricaines durant plus d’un siècle. Les petits commerçants, le personnel et les bureaucrates ont toléré et ont même appuyé de forme active ou passive les régimes militaires jusqu’à l’extrémité de justifier la violence étatique comme réponse nécessaire à la rébellion ou à la subversion de groupes « radicaux ». Ceux qui ne l’ont pas fait de façon volontaire ont été supprimés par l’appareil répresseur. Pendant l’Ère contemporaine, ce facteur s’exprime par la façon de voter pour des groupes politiques qui demandent à la classe moyenne un sacrifice en échange de stabilité, des bénéfices immédiats pour les classes privilégiées en échange d’une promesse de prospérité générale à (très) long terme, généralement baptisée avec des concepts de « responsabilité » et « sécurité ».

Corollaire

La traduction politique de cette dynamique est similaire à la psychologie des sécurités. Les conducteurs les plus responsables paient pour les moins responsables ; les non fumeurs pour les coûts médicaux des fumeurs ; les pays austères (pauvres) paient pour les excès de la surconsommation du premier monde. Si les deuxièmes n’existaient pas, les premiers paieraient beaucoup moins dans chaque police, parce que les coûts des assureurs seraient moindres.

Il y a une différence. Dans le cas politique, la peur de celui qui achète un antivirus est le business de celui qui le produit, à partir de là en appliquant l’ad hoc précité, nous pouvons soupçonner que des policiers et les voleurs maintiennent une relation symbiotique « d’antagonique nécessaire ».

En d’autres mots. La brèche économique et sociale qui sépare le un pour cent du 99 %restant tend toujours à augmenter. Un motif est la dynamique politique et économique : plus un groupe possède de capital, plus il a les moyens de dominer les narrations sociales à travers des principaux médias de presse. Plus il domine la narration et le pouvoir de donation ou de financement des campagnes politiques, plus il a accès au congrès, au gouvernement et aux autres pouvoirs de l’État de son pays. Plus il a du pouvoir politique au congrès et au gouvernement, plus les lois qui protègent ses propres intérêts peuvent passer. Aujourd’hui, 66 % des représentants au Congrès des États-Unis sont millionnaires. C’est-à-dire une minorité ayant de l’argent représente les intérêts d’une majorité sans argent. L’excuse selon laquelle cette minorité doit gouverner parce qu’elle réussit, non seulement réduit le concept de succès à la simple accumulation d’argent, mais il ne laisse pas les possibilités d’un pouvoir politique égal à ceux qui ne sont pas intéressés par être millionnaires, mais non plus à céder les droits démocratiques à une ploutocratie.

Ad hoc analytique

En 2017 le gouvernement des États-Unis a accusé le gouvernement cubain d’un bruit étrange qui causait des problèmes de santé chez les fonctionnaires de l’ambassade US à La Havane. Nous ne connaissons pas encore les raisons du phénomène, mais la première question de l’analyse doit être : à qui bénéficiait l’incident ? Nous remarquons que le gouvernement de Cuba est intéressé à avancer avec les accords réalisés avec le gouvernement précédent des Etats-Unis, pour récupérer un marché puissant, bloqué depuis les années 60. Le nouveau président des États-Unis, Donald Trump, a insisté sur son intention de revenir aussi sur cette « réussite » de son prédécesseur. La question critique nous laisse regarder vers un seul côté.

La même chose doit être considérée dans toute action « de faux drapeau » et à l’égard des grands processus. Quand de moins en moins de familles (maintenant elles sont 60) possèdent la même chose que la moitié la plus pauvre du monde, quand dans les sociétés nous observons que les différences économiques augmentent depuis des décennies, nous devons poser la question initiale : à qui bénéficie le système économique mondial ? À qui bénéficient les lois ? À qui bénéficient les nouvelles technologies ? Une réponse fonctionnelle (selon la prémisse du Postulat 2 et le Corollaire) arrive automatiquement : « si le monde était d’une autre façon nous coulerions dans la catastrophe ». « Autrement dit, les 99 % ne jouiraient pas des bénéfices du progrès dont ils profitent aujourd’hui ». Etc.

Mais nous voyons que le progrès ne découle pas du 1 pour cent mais des 99%. En tout cas, « d’une autre façon, » le un pour cent ne profiterait pas d’être les propriétaires du monde.

Par ailleurs, l’apparente stabilité (oublions ceux qui dans ce monde heureux soufrent de faim, ceux qui n’ont pas de travail et ceux qui oui en ont et travaillent comme des esclaves pour survivre), est une stabilité instable. Excepté les crises économiques contrôlables (celles qui servent à ceux qui ont d’importants capitaux et les multiplient en achetant pour rien les propriétés et les valeurs de ceux qui travaillent pour survivre) la logique qui soutient le Paradoxe tôt ou tard se brise dans une crise majeur qui ne bénéficie ni au 1 %, ni au 99 % restant.

Si en sciences cela s’appelle, comme T.S. Kuhn l’a défini, un « Changement de paradigme », dans des termes de société et de civilisation cela s’appelle suicide collectif.

Jorge Majfud* pour El Correo de la Diaspora

Jorge Majfud est Uruguayen, écrivain, architecte, docteur en philosophie pour l’Université de Géorgie et professeur de Littérature latinoaméricaine et de Pensée Hispanique dans la Jacksonville University, aux États-Unis d’Amérique. College of Arts and Sciences, Division of Humanities. Il est auteur des romans « La reina de lAmérica » (2001), « La ciudad de la Luna » (2009) et « Crise » (2012), entre d’autres livres de fiction et d’essai.

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la Diaspora par : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo de la Diaspora. Paris, le 14 décembre 2017.

Uruguay : Haro sur les intellos

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Le quotidien El País* de Montevideo (Uruguay),  dans son éditorial du 7 Novembre 2017, crie haro sur les écrivains Eduardo Galeano et Mario Benedetti et l’auteur-compositeur-interprète Daniel Viglietti (disparu le 30 octobre) pour avoir appuyé la violence, les accusant d’avoir été « coresponsables des déviations tragiques d’un secteur de la jeunesse uruguayenne».  Le simple mot « déviations » rappelle la dictature uruguayenne et bien d’autres, comme la junte argentine,  dont le ministre des Affaires sociales se plaignait que le problème des étudiants était qu’ils avaient trop de temps pour penser et que la « l’excès de pensée produit des déviations ».

Pas un mot sur  la violence chronique qu’El País a soutenue, avant, pendant et après la dictature, rien. Ainsi donc, dans un continent en proie à des dictatures brutales, des assassinats de masse, racistes et de classe, un siècle avant que la Guerre froide serve de prétexte à plus d’oppression et de tueries, les intellectuels auraient été les promoteurs de la violence.

Pas les généraux qui ont ordonné la disparition des dissidents, qui violaient et torturaient à volonté, beaucoup d’entre eux conseillés par des nazis (comme Klaus Barbie) protégés des puissances “du monde libre”.

Pas les grands patrons qui téléphonaient au gouvernement usaméricain pour soutenir un petit putsch par-ci, un petit putsch par-là.

Pas les grands propriétaires fonciers qui disposaient de leurs péons et de leurs enfants comme de leur bétail.

Pas des commissaires qui ont appris les techniques de torture dans des écoles internationales.

Pas de ceux qui dépensaient des millions de dollars pour acheter des armes ou des opinions dans les médias.

Pas les propriétaires des grands médias qui ont manipulé l’opinion publique ou simplement caché la réalité avec beaucoup de fumée pour perpétuer l’état semi-féodal.

Oh, non, ils étaient tous des hommes responsables et modérés, des citoyens honorables prêts à se sacrifier pour la Patrie. Tous répétaient qu’ils avaient servi le pays pour ne pas dire que le pays les avait servis.

Non, bien sûr, les radicaux dangereux étaient ces intellectuels qui utilisaient des idées et des mots radicaux. Ces radicaux dangereux à cause  desquels l’Amérique latine était comme elle était et si elle n’était pas pire, c’était grâce aux dictatures qui ont servi à une minuscule classe d’ exportateurs et  d’exploiteurs pendant plus d’un siècle, soutenue par ses  armées, ses écoles, ses églises et ses grands médias.

Certes, l’Uruguay n’a pas été le pire cas en Amérique latine. C’était peut-être presque une exception, précisément à cause de son niveau d’éducation précoce et de ses figures critiques. Mais ces putains d’intellos pointés du doigt par El País ne limitaient pas leurs critiques à leur propre pays, qui les méritait (ou non ?), mais surtout ils l’étendaient à la réalité mille fois plus brutale de l’Amérique latine et à ses implications logiques avec l’impérialisme international ( quelque chose qui, de toute évidence, n’existait pas pour El País et beaucoup de ses lecteurs).

 

NdT:

Principal quotidien uruguayen, El País, fondé en 1918, a toujours été lié aux « Blancs », les conservateurs issus des grands propriétaires fonciers et grands éleveurs, opposés aux « Rouges », réformistes et progressistes. Il a apporté un soutien inconditionnel à la dictature (1973-1985), censée avoir sauvé la nation du « chaos », de la « ruine » et de la menace du « totalitarisme marxiste ». Ci-dessous un exemple de Une, du 28 juin 1975. Le journal annonce la capture de 20 « factieux » (des guérilléros urbains du MLN-Tupamaros) au cours d’une opération où 3 « meneurs » ont été abattus. Comble du scandale : les « terroristes » avaient un arsenal contenant des « grenades argentines ».

 

 

U.S.A. ¿Confía Dios en nosotros?

 

U.S.A. ¿Confía Dios en nosotros?

 

Autor : Majfud, Jorge
ISBN : 978-84-9134-224-3
Colección : N/D
Edición : rústica
Tipo : PUV
Páginas : 304
Idioma : castellà
PVP : 17,50€

Selecció d’assaigs crítics sobre la realitat econòmica, cultural i política d’Estats Units i les seues vastes implicacions internacionals. Entre els temes centrals sobre els quals l’autor ha reflexionat en les últimes dues dècades es troben la cultura de les màscares en l’art popular i en l’inconscient nacional, la hiperfragmentació de l’individu, la construcció de la realitat a través de narratives socials, el dictat narratiu dels majors poders socials, com són els diners i les castes socials que ens han portat progressivament a una nova forma de feudalisme, ja no assentat en la propietat de la terra sinó del capital i les finances. En tots els assaigs es pot veure la urgència de respondre al moment històric, als seus esdeveniments particulars amb un esforç permanent per contextualitzar-los en un marc històric major, entenent que l’oblit és una de les principals armes de la violència moral, social i, finalment, militar.Selección de ensayos críticos sobre la realidad económica, cultural y política de Estados Unidos y sus vastas implicaciones internacionales. Entre los temas centrales sobre los cuales el autor ha reflexionado en las últimas dos décadas se cuentan la cultura de las máscaras en el arte popular y en el inconsciente nacional, la hiperfragmentación del individuo, la construcción de la realidad a través de narrativas sociales, el dictado narrativo de los mayores poderes sociales, como lo son el dinero y las castas sociales que nos han llevado progresivamente a una nueva forma de feudalismo, ya no asentado en la propiedad de la tierra sino del capital y las finanzas. En todos los ensayos se puede ver la urgencia de responder al momento histórico, a sus eventos particulares con un permanente esfuerzo por contextualizarlos en un marco histórico mayor, entendiendo que el olvido es una de las principales armas de la violencia moral, social y, finalmente, militar.

http://www.lallibreria-uv.es/USA-Confia-Dios-en-nosotros-Isbn-978-84-9134-224-3-Codigo-BJC,000148

 

 

https://www.ju.edu/spanish/latinoture/libros/USA.php

 

 

 

 

The Routledge History of Latin American Culture

The Routledge History of Latin American Culture (Hardback) book cover

Edited by Carlos Manuel Salomon

© 2018 – Routledge

380 pages

Purchasing Options:$ = USD
Hardback9781138902565
pub: 2017-12-27

Table of Contents

 

 

Introduction: Cultura en Llamas – Carlos Manuel Salomon

1. Indigenous Cosmology and Spanish Conquest – Jorge Majfud

2. Andean Identity and Historical Agency – Javier F. Marion

3. The Trajectory of the African Michelina: Identities, Slavery, and Post-Abolition at the Parish of Nossa Senhora do Pilar, Rio de Janeiro, Brazil – Nielson Rosa Bezerra

4. Caste, Race, and the Formation of Latin American Cultural Imaginaries – Laura Ines Catelli

5. African Flavor in Latin American Music – Umi Vaughan

6. The Politics of Enunciation: Indigenista and Contemporary Indigenous Literatures – Gloria E. Chacón

7. Resistances in Caribbean Literature (the 1930s to the Present) – Yolanda Martínez-San Miguel

8. Art, Revolution, and Indigenous Subjects – Tatiana Flores

9. Chicano/a Latino/a Studies in Mexico (History and Evolution) Academy, Literature, Art, Theater, and Cultural Practices – María del Socorro Gutiérrez Magallanes

10. New Latin American Revolutionary Cinema – Silvia Alvarez Olarra

11. Amerindian Foodways of the Other Borderlands – Enrique Salmon

12. Popular and Rural Schooling in Modern Latin America – G. Antonio Espinoza and Andrae Marak

13. Political Cultures of Social Movements – Magalí Rabasa

14. The Mapuche and “El Compañero Allende”: A Legacy of Social Justice, Historical Contradictions, and Cultural Debates – Rosamel Millaman

15. Catholic Social Movements Face Modernity – Miranda Lida

16. The Energetic Body: Machines, Organisms, and Social Thermodynamics in Colombia’s Path to Modernity – Stefan Pohl-Valero

17. Feminism in the Southern Cone: The Periodical Press for and by Women – Claudia Montero

18. Feminisms, Gender, and Indigenous Women in Latin America – Astrid Ulloa

19. The Feminist Debate in Mexico – Gabriela Cano

20. Cultural Identity in Latin America: Toward a Cooperative Understanding of our Past – Carlos Manuel Salomon, with Laura Inés Catelli, Jorge Majfud, Paloma Martínez Cruz, Magali Rabasa, Enrique Salmon, Umi Vaughan, and Gloria E. Chacón

21. Migrant Transnational Engagements 2000–2015 – Xóchitl Bada

22. Ancestral Wells of Love and Belonging: For Breath to Return to Love – Ana Clarissa Rosada Durado

23. The Intimate Life of the Pocha: A Genealogy of the Self-Ironic Turn in Chican@ Culture – Paloma Martínez Cruz

24. Queen of las Fiestas Patrias and Other Stories: Oral History, Memory, and Latinx Culture – Carlos Manuel Salomon

Caporales

a mis amigos indocumentados

 

Cuando los ricos y poderosos invadieron el mundo

en nombre de la civilización

y saquearon y masacraron por siglos

los caporales aplaudieron

 

Cuando los ricos y poderosos descendieron sus capitales en sociedades enfermas

en nombre del progreso, no del interés propio

y corrompieron y apoyaron golpes de Estado

los caporales aplaudieron

 

Cuando los ricos y poderosos bombardearon sociedades violentas

en nombre de la seguridad del mundo

y masacraron otra vez y otra vez olvidaron

los caporales aplaudieron

 

Cuando algunos pobres y marginados fueron a los países ricos por las migajas

los llamaron sinvergüenzas

críticos de cafés

interesados

hipócritas.

 

Porque el dinero compra muchas cosas

compra el cuerpo del pobre

la conciencia del esclavo

y la moral de los caporales

 

Pero el dinero no lo compra todo

y esa pequeña derrota no deja vivir

ni a los ricos y poderosos

ni a los caporales

 

JM, noviembre 2017

O Caçador de Histórias

Do último livro de Eduardo GaleanoO Caçador de Histórias, publicado após a sua morte a 13 de abril de 2015, retirei estas pequenas histórias.

 

ESTRANGEIRO

Num jornal do bairro do Raval, em Barcelona, uma mão anónima escreveu:

O teu deus é judeu, a tua música é negra, o teu carro é japonês, a tua pizza é italiana, o teu gás é argelino, a tua democracia é grega, os teus números são árabes, as tuas letras são latinas.

Eu sou teu vizinho. E ainda me chamas estrangeiro?

 

 

OS LIVRES

De dia, guia-os o sol. À noite, as estrelas.

Não pagam bilhete, e viajam sem passaporte e sem preencher impressos da alfândega nem dos serviços de emigração.

Os pássaros, os únicos que são livres neste mundo habitado por prisioneiros, voam sem combustível de um polo ao outro, tomando o rumo que lhes apetecer e à hora que quiserem, sem pedir licença aos governos que se julgam donos do céu.

 

 

OS NÁUFRAGOS

O mundo viaja.

Há mais náufragos que navegantes.

Em cada viagem, há milhares de desesperados que morrem sem contemplar a travessia para o paraíso prometido onde até os pobres são ricos e todos vivem em Hollywood.

Não duram muito as ilusões dos poucos que conseguem chegar.

 

 

COSTUMES BÁRBAROS

Os conquistadores britânicos ficaram com os olhos esbugalhados de assombro.

Eles provinham de uma nação civilizada, onde as mulheres eram propriedade dos maridos e lhes deviam obediência, como a Bíblia mandava, mas na América foram encontrar um mundo às avessas.

As índias iroquesas e outras revelavam-se suspeitas de libertinagem. Os maridos nem sequer tinham o direito de castigar as mulheres que lhes pertenciam. Elas tinham opiniões próprias e bens próprios, direito ao divórcio e direito de voto nas decisões da comunidade.

Os brancos invasores já não conseguiam dormir em paz: os costumes das selvagens pagãs podiam contagiar-lhes as mulheres.

 

 

O PRAZER, UM PRIVILÉGIO MASCULINO

O que é esse rolinho de carne que espreita por entre as pernas das mulheres? Para que serve?

A ciência não achava resposta, até que se impôs a certeza de que o clítoris era um erro da anatomia feminina. Em 1857, o cientista inglês William Acton sentenciou:

– A mulher recatada não procura o prazer no sexo. Ela só procura comprazer o marido e dar-lhe filhos.

E por essa altura já se tinha demonstrado que o orgasmo feminino era imaginário e desnecessário para o sagrado exercício da maternidade.

 

 

A GARRA CHARRUA

No ano de 1832 os poucos índios charrua que haviam sobrevivido à derrota de Artigas foram convidados para assinar a paz, e o presidente do Uruguai, Fructuoso Rivera, prometeu-lhes que iam receber terras.

Quando os charruas estavam bem comidos, bem bebidos e bem adormecidos, os soldados avançaram. Os índios foram esfolados à faca, para não se gastarem balas, e para não se perder tempo em enterros foram lançados ao ribeiro Salsipuedes.

Foi uma cilada. A história oficial chamou-lhe batalha. E de cada vez que nós uruguaianos vencemos um troféu de futebol, celebramos o triunfo da garra charrua.

 

 

REPITA A ORDEM, SE FAZ FAVOR

Nos nossos dias, a ditadura universal do mercado dita ordens bem contraditórias:

Temos de apertar o cinto e temos de baixar as calças.

Os mandatos que vêm de lá de cima do alto do céu não são muito mais coerentes, verdade seja dita. Na Bíblia (Êxodo 20), Deus ordena:

Não matarás.

E no capítulo seguinte (Êxodo 21), o mesmo Deus manda matar por cinco motivos diferentes.

 

 

 BREVÍSSIMA SÍNTESE DA HISTÓRIA CONTEMPORÂNEA

Há já uns séculos que os súbditos se disfarçaram de cidadãos e que as monarquias se preferem chamar repúblicas.

As ditaduras locais, que se dizem democracias, abrem as portas à entrada avassaladora do mercado universal. Neste mundo, reino dos livres, somos todos um só. Mas somos um ou somos nenhum? Compradores ou comprados? Vendedores ou vendidos? Espiões ou espiados?

Vivemos presos entre garras invisíveis, atraiçoados pelas máquinas que simulam obediência e mentem, com cibernética impunidade, ao serviço dos seus patrões.

As máquinas mandam nas casas, nas fábricas, nos escritórios, nos seus escritórios, nas plantações agrícolas, nas minas e nas ruas das cidades, onde nós peões somos incómodos que perturbam o trânsito. E as máquinas mandam também nas guerras, onde matam tanto ou mais que os guerreiros fardados.

 

 

 O DIREITO AO SAQUE

No ano de 2003, Samir, um veterano jornalista do Iraque, andava a visitar alguns museus da Europa. Museu após museu, descobria maravilhas escritas na Babilónia, heróis e deuses talhados nas colinas de Nínive, leões que tinham voado desde a Assíria.

Alguém se aproximou, oferecendo ajuda:

Quer que chame um médico?

Engolindo as lágrimas, balbuciou:

Não, por favor. Estou bem.

E depois explicou:

Magoa-me simplesmente ver quanto roubaram e quanto roubarão.

Dois meses depois, as tropas norte-americanas lançaram a sua invasão. O Museu Nacional de Bagdade foi saqueado. Perderam-se

cento e setenta mil obras.

 

 

SAGRADA FAMÍLIA

Pai castigador, mãe abnegada, filha submissa, esposa muda.

Como Deus manda, a tradição ensina e a lei obriga:

O filho golpeado pelo pai que foi golpeado pelo avô que golpeou a avó nascida para obedecer,

Porque ontem é o destino de hoje e tudo o que foi continuará a ser.

Mas numa qualquer parede, algures, alguém rabiscará:

Eu não quero sobreviver.

Eu quero viver.

 

 

CASTIGOS

Em 1953, a Câmara Municipal de Lisboa publicou a sua Portaria nº69035:

Verificando-se o aumento de actos atentatórios à moral e aos bons costumes, que dia a dia se vêm verificando nos logradouros públicos e jardins, determina-se à Polícia e à Guarda Florestal uma permanente vigilância das pessoas que procurem frondosas vegetações para a prática de actos que atentem contra a moral e os bons costumes, e estabeleçam-se as seguintes multas:

1º Mão na mão: 2$50

2º Mão naquilo: 15$00

3º Aquilo na mão: 30$00

4º Aquilo naquilo: 50$00

5º Aquilo atrás daquilo: 100$00

Parágrafo único: Com a língua naquilo, 150$00 de multa, preso e fotografado.

 

 

A PERIGOSA

Em novembro de 1976, a ditadura militar argentina crivou de balas a casa de Clara Anahí Mariani e assassinou os seus pais.

Dela nunca mais se soube nada, embora desde então figure na Direção de Investigação da Polícia da Província de Bueno Aires, na secção reservada aos delinquentes subversivos.

A sua ficha diz:

Extremista.

Ela tinha três meses de idade quando foi catalogada assim.

 

 

SE ESTÁ NO LAROUSE…

Em 1885, Joseph Firmin, negro, haitiano, publicou em Paris um livro de mais de seiscentas páginas, intitulado Sobre a Igualdade das Raças Humanas.

A obra não teve difusão, nem repercussão. Só encontrou o silêncio. Naquele tempo, ainda era palavra santa o dicionário Larousse, que explicava assim o assunto:

Na espécie negra, o cérebro está menos desenvolvido do que na espécie branca.

 

 

 ASSIM NASCEU LAS VEGAS

Lá por volta de 1950 e picos, Las Vegas era pouco mais do que nada. A sua maior atração eram os cogumelos atómicos que os militares ensaiavam por ali perto e que davam espetáculo à assistência, exclusivamente branca, que podia contemplá-lo do alto dos terraços. E também atraíam o público, exclusivamente branco, os artistas negros que eram as grandes estrelas da canção.

Louis Armstrong, Ella Fitzgerald e Nat King Cole eram bem pagos, mas só podiam entrar e sair pela porta de serviço. E quando Sammy Davis Jr. mergulhou na piscina, o diretor do hotel mandou mudar a água toda.

 E assim foi até que em 1955 um milionário estreou em Las Vegas aquilo a que chamou o primeiro hotel casino inter-racial dos Estados Unidos. Joe Louis, o lendário pugilista, dava as boas vindas aos hóspedes que já eram brancos e negros; e assim Las Vegas começou a ser Las Vegas. Os donos da aldeia que se transformou no mais famoso paraíso de plástico continuaram a ser racistas, mas tinham descoberto que o racismo não era um bom negócio. Ao fim e ao cabo, os dólares de um negro rico são tão verdes como os outros.

 

PEQUENO DITADOR INVENCÍVEL

Matar era um prazer, e pouco importava se o finado era veado, pato ou republicano. Mas as perdizes eram a especialidade das caçadas de Francisco Franco.

Num dia de outubro d 1959, o Generalíssimo matou quatro mil e seiscentas perdizes, e assim superou o seu próprio recorde.

Os fotógrafos imortalizaram esta jornada vitoriosa. Aos pés do vencedor jaziam os seus troféus, que cobriam os solos do mundo.

 

 

ESSA PERGUNTA

A família Majfud tinha siso afrontada pela ditadura militar uruguaiana, sofrera no cárcere torturas e humilhações, e fora despojada de tudo o que tinha.

Uma manhã, os meninos estavam a brincar num velho carrinho de mão quando se ouviu um tiro. Eles estavam longe. Mas o tiro atravessou os campos de Tacuarembo e então souberam, quem sabe como, quem sabe porquê, que o estampido viera da cama da tia Marta, a mais querida.

Desde essa manhã, Nolo, o mais pequeno da família, pergunta e pergunta-se:

Porque nascemos, se temos de morrer?

Jorge, o irmão mais velho, tenta ajudá-lo.

Procura uma resposta.

Os anos vão passando, como passam as árvores diante da janela do comboio; e Jorge continua à procura da resposta.

 

http://otempoemquevivemosotempoemquevivemos.blogs.sapo.pt/137-dos-indignos-e-dos-indignados-36830

The fault is of the poor

In 1758, the Governor of South Carolina, James Glen, acknowledged in a letter to his successor: “It has always been the policy of this government to create an aversion in them to Indians to Negroes.”  

In previous generations, racism had not reached a sufficient level of hatred to prevent Indians, blacks, and poor whites from joining together for work, intimacy and, above all, to rebel against the power of the powerful.

The fault of violence was of the poor.

Today, two of the world’s most lucrative businesses are drug trafficking and arms sales.

Because drug production is in poor countries and consumption in rich countries, the blame for violence is on the producers, that is, on the poor.

Because the production of weapons is in rich countries and consumption in poor countries, the fault of the violence is on consumers, that is, the poor.

When the economy in rich countries thrives, the poor are the only ones to blame for their own poverty, as if the world were flat and everyone had the same opportunities.

When the economy in rich countries stagnates or recedes, then the poor are to blame for the fact that others do not have jobs. Especially if they are poor immigrants.

The fault is always of the poor.

The Statue of Liberty of New York received millions of immigrants (Europeans), without visas or passports, with the verses:

“Give me your tired, your poor,

Your huddled masses yearning to breathe free,

The wretched refuse of your teeming shore.

Send these, the homeless, tempest-tossed to me”

However, now, according to the laws in rich countries, if someone is rich, a visa or a permanent residence is almost guaranteed. If someone is poor and his flag is work, he or she will be automatically blocked from entering rich countries.

In fact, the single word “working” at any consulate in the world is the first key that turns on all the alarms and closes the doors to an honest worker.

Because a world obsessed with growth, where capital produces more capital, does not believe that labor can produce more labor.

Because money is freer than human beings and a human being without money is not free but a slave.

To justify this global apartheid, we no longer resort to the concept of race but that of nations, and we confuse legality with legitimacy, as if the laws were not the expression of the conveniences of the power of the day, as if the laws were not often elegant ways to legalize the corruption of power.

Even the best laws are often unfair, especially with those who are not in power. As an example, the French novelist Anatole France made a remark a hundred years ago: “In its majestic equality, the law forbids rich and poor alike to sleep under bridges, beg in the streets and steal loaves of bread.”

Because the fault is always of the poor.

La culpa es de los intelectuales

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El País de Montevideo en su editorial de hoy 7 de noviembre de 2017, hace tua culpa de Eduardo Galeano, Mario Benedetti y Daniel Viglietti por apoyar la violencia, acusándolos de “corresponsables de los trágicos desvíos de un sector de la juventud uruguaya.” La sola palabra “desvíos” recuerda a la dictadura uruguaya y a muchas otras, como las palabras de aquel ministro argentino de Bienestar Social que se quejaba que el problema de los estudiantes era que tenían demasiado tiempo para pensar y “el exceso de pensamiento produce desviaciones”.

De la violencia crónica que apoyó El País, antes, durante y después de la dictadura, nada. Así resulta que, en un continente plagado de brutales dictaduras, asesinatos en masa, racistas y de clase, desde un siglo antes que la Guerra Fría sirviese como excusa para más opresión y matanzas, los intelectuales fueron los promotores de la violencia.

No los generales que ordenaban desapariciones de disidentes, violaban y torturaban a gusto, muchos de ellos asesorados por nazis (como Klaus Barbie) protegidos de las potencias “del mundo libre”.

No los grandes empresarios que telefoneaban al gobierno estadounidense para apoyar un golpecito aquí y otro allá.

No algún que otro latifundista que disponía de sus peones y de sus hijos como de su ganado.

No de los comisarios que aprendían técnicas de tortura en escuelas internacionales.

No de aquellos que ponían millones de dólares para comprar armas o comprar opiniones en los medios.

No de los dueños de los grandes medios que manipulaban la opinión pública o simplemente ocultaban la realidad con mucho humo para perpetuar el estado semifeudal.

Oh, no, todos ellos eran responsables y moderados hombres, honorables ciudadanos dispuestos a sacrificarse por la Patria. Todos repetían que habían servido a la patria por no decir que la patria les había servido a ellos.

No, claro, los peligrosos radicales eran esos intelectuales que usaban ideas y palabras radicales. Esos peligrosos radicales por los cuales América Latina estaba como estaba y si no estaba peor era por las dictaduras que sirvieron a una minúscula clase exportadora y explotadora por más de un siglo, apoyados por sus ejércitos, sus escuelas, sus iglesias y sus grandes miedos de comunicación.

Cierto, Uruguay no fue el peor caso de América Latina. Tal vez fue casi una excepción, precisamente, por su precoz nivel de educación y sus figuras críticas. Pero esos malditos intelectuales a los que apunta el dedo acusador de El País no limitaron su crítica a su propio país, que las merecía (¿o no?) sino principalmente a la mil veces brutal realidad latinoamericana y a sus implicaciones lógicas con el imperialismo internacional (algo que, obviamente, no existía para El País y muchos de sus lectores).

 

Jorge majfud

Historian And Activist Aviva Chomsky To Speak On Immigration Nov. 2

In a timely lecture, celebrated historian, activist and Latin America specialist Aviva Chomsky will give a talk on immigration issues at 6:30 p.m. Thursday, Nov. 2, in Gooding Auditorium.

Chomsky, professor of history and coordinator of Latin American studies at Salem State University in Massachusetts, will speak on “Criminalization, Immigration and Citizenship in the 21st Century.” The event is hosted by the JU College of Arts and Sciences‘ Division of Humanities and is free to the public.

Chomsky’s most recent book is Undocumented: How Immigration Became Illegal (Beacon Press). Her scholarly work has its origins in the mid-‘70s, when she worked for the United Farm Workers union, piquing her interest in the Spanish language, migrant workers, labor history and social movements, and in how people collectively organize for social change.

“Thematically, I incorporate the issues of colonialism, economic development, migration, race, labor, environment and global inequality,” she says in her Salem State bio.

“In a post-truth era mistakenly taken for ‘appealing and angry political incorrectness,’ it is very important to have a real politically incorrect, intellectual challenger figure such as Aviva Chomsky, a world-respected scholar who presents the complex reality of facts — particularly those conveniently forgotten by socially fabricated narratives — in a way that anyone can understand,” said Dr. Jorge Majfud, associate professor of Spanish, who is co-organizing the event.

Chomsky is the author of numerous additional books, including They Take Our Jobs! And 20 Other Myths About Immigration (Beacon Press), and writes regularly for The Nation and the venerated essayist site TomDispatch.com, including articles such as “Clinton and Obama Laid the Groundwork for Donald Trump’s War on Immigrants,” “America Wanted to Keep Immigrants Out Long Before Donald Trump Was Even Born,” and “The Criminalization of Immigrants From Clinton to Trump.”

In its review of Undocumented, Publisher’s Weekly states: “Chomsky reminds readers that, contrary to the freedom with which American citizens travel, for many, ‘freedom to travel is a distant dream.’ Professional in her scholarship, Chomsky has written a book that will be relevant to those who do not share her position as well as to those who do.”

Prior to her lecture in English at 6:30 p.m., Chomsky will record an interview in Spanish with Dr. Douglas Hazzard, associate professor of Spanish, and Dr. Majfud for European and Latin American audiences.

For more information on the lecture, visit www.ju.edu/spanish/latinoture/international-studies/aviva-chomsky.php or contact Dr. Jorge Majfud, jmajfud@ju.edu, (904) 256-7929.

 

 

https://www.ju.edu/spanish/latinoture/events/aviva-chomsky-2017.php

¿Son neutrales las redes sociales?

En una conferencia dada en 1981, Ayn Rand, la autora de cabecera del actual presidente de la cámara de representantes de Estados Unidos, Paul Ryan, y de los conservadores cristianos, leyó: “Ningún poder externo puede destruir al capitalismo y sus empresarios. Solo un poder interno: la moral. Más concretamente, el poder de una idea depravada, aceptada como principio moral: el altruismo. Esa teoría moral según la cual un hombre debe sacrificarse por otros. El altruismo es una teoría de profundo odio, contra el hombre, contra el éxito. El altruismo es enemigo del capitalismo”.

La idea del egoísmo como el motor de los negocios es razonable, pero no es, como la ideología capitalista quiso establecerlo, necesariamente el motor del bienestar de las sociedades. Los mismos economistas capitalistas han estudiado desde hace décadas los efectos de las “externalidades” por el cual un excelente negocio puede ser realizado no solo en detrimento del resto sino de los mismos beneficiados a largo plazo.

Para bien y para mal, el beneficio propio sigue siendo el corazón ideológico y práctico de los dueños de mega compañías como Google, Facebook, etc. Con una diferencia: ya no se trata de mentir para vender Coca Cola o McDonald’s sino de formas más extendidas y profundas de pensar y de sentir.

Las tecnologías digitales, que pueden servir para democratizar la información (Wikipedia es un ejemplo), para denunciar injusticias o hacerle la tarea difícil a un dictador al viejo estilo del siglo XX, también sirven para lo contrario: para manipular, todo debajo del manto de la pretendida neutralidad tecnológica.

El caso de las redes sociales es uno de esos ejemplos, probablemente el más significativo. No basta con demostrar que el gobierno ruso manipuló la opinión de los votantes estadounidenses valiéndose de estos instrumentos. Es necesario preguntarse, además, ¿cuál es la razón existencial de los dueños y administradores de esas mega sociedades en cuyas redes vive, literalmente, la mitad de la población mundial.

Es uno, básicamente: las ganancias. Es un negocio y funciona como tal.

Pero ¿no son los negocios una actividad pragmática, sin ideología? Tal vez los negocios sí, pero no los mega negocios.

Cuando uno habla con individuos que formaron parte de grandes compañías trasnacionales y conoce sus familias, no queda otra posibilidad que reconocer que son buenos padres, buenos esposos, buenos hijos, donantes regulares para causas nobles. Los individuos suelen ser muy buenos, pero cuando son gerentes de poderosas compañías de sodas, de tabaco, o de fast foods, cumplen una función, y su primer objetivo es que dicha compañía no quiebre. Es más: el objetivo es que el volumen de ganancias crezca sin parar, más allá de si el tabaco, el azúcar y las grasas recicladas matan a cientos de miles de personas por año. La moral individual casi no importa; los individuos no explican la realidad. Es el sistema para el cual trabajan.

Lo mismo compañías como Facebook, Twitter o Instagram. Zuckerberg es un buen muchacho, realiza donaciones millonarias (que en muchos casos es como si un obrero donase diez dólares a los afectados por un huracán). No obstante, su equipo de ingenieros y psicólogos trabaja día y noche para maximizar las ganancias maximizando el número de los nuevos clientes sin importar que para ello deban desarrollar estrategias de dependencia psicológica, sin importar que varios estudios insistan que Facebook produce depresión, sin importar que varias investigaciones hayan mostrado el carácter adictivo de esta actividad. Como la nicotina o el azúcar, las que fueron camufladas por las tabacaleras y todavía lo son por las gaseosas carbonatadas. Como el alcohol, el consumidor compulsivo satisface una necesidad creada mientras niega el problema y presume de su libertad.

Como en la economía actual, la clave del éxito de las megaempresas no radica, como se repite hasta el hastío, en satisfacer una demanda existente sino en crearla, ya que las demandas suelen no existir antes del producto.

Miles de millones de usuarios de las redes sociales han sido atrapados por unos muchachos de California, también por otra razón. Desde vendedores de lapiceras hasta actrices y vendedores de libros casi nadie puede prescindir de ellas porque es allí a donde se han mudado los consumidores. Un diario que no tenga una página en FB o en Twitter para distribuir sus noticias y artículos prácticamente no existe o existe a medias. Es decir, para los amantes de las redes y para quienes las detestan, son imprescindibles. Incluso para hacer conocer un artículo crítico de ellas mismas, como lo puede ser este. Por no entrar a hablar de las infraestructuras, como los cableados internacionales, que dependen cada vez más de estas paraestatales.

Las redes sociales son un medio y una tecnología que no tienen nada de neutral. Poseen su propia lógica, sus propios valores y su propia ideología.

Deberíamos preguntarnos, cómo y cuáles son los posibles efectos de estas súper concentradas redes y negocios en la realidad social y psicológica. Aparte de la adicción y las depresiones individuales, podemos sospechar efectos sociales. Cuando en los 90s veíamos a Internet como el principal instrumento para una Democracia directa en algún futuro por venir, no previmos los efectos negativos. ¿Son la creación de burbujas sociales uno de esos efectos? Los usuarios (¿individuos?) suelen eliminar con un solo click un “amigo” molesto. Esto, que parce muchas veces lo mejor, tiene un efecto acumulativo: hace que los individuos se rodeen de gente que piensa como ellos. Así se crean sectas, burbujas, mientras el individuo se vuelve intolerante ante la discrepancia o la opinión ajena. El producto, el nuevo pseudo-individuo, no sabe debatir. El insulto y el odio afloran a la velocidad de la luz. Así, las redes se convierten en fábricas de odio y de seudo amistades. La probabilidad de que viejos amigos terminen por insultarse por meras cuestiones de opinión es muy alta a medida que progresa cualquier conversación y degenera en discusión. El dialogo, antes probable cuando se estaba cara a cara con un café mediante, desaparece y aflora el amor propio, el Ego herido por cualquier punto y coma de más.

Claro que el odio y el egoísmo es tan antiguo como andar a pie, pero es probable que esté potenciado hoy con las redes antisociales. A partir de estas coordenadas mentales, quizás podríamos comprender mejor la ola fascista en los países donde surgieron y predominan estas redes y no reducirlo todo a una reacción contra la antigua inmigración. Tal vez no es casualidad que el surgimiento del nazismo en la Alemania de los ‘30 coincida con la explosión de la radio y la propaganda en los cines.

Las actuales redes antisociales, instrumentos democráticos (de solidaridad y altruismo) son hoy los transmisores favoritos del odio. Que estén gobernadas por mega sectas multibillonarias, cuyo objetivo central son las ganancias económicas, no debe ser casualidad.

Hay que tomarse en serio la confesión de Ayn Rand.

Che, el demonio según los demonios

Las ideas prefabricadas son interesantes por al menos dos razones: primero, porque son lógicas dentro de su microcosmos y radicalmente contradictorias en su propio contexto; segundo, son de fácil consumo.

Una idea prefabricada típica de los detractores de Ernesto Che Guevara sostiene que fue un revolucionario criminal, un radical desalmado. Los dos sustantivos son correctos: fue revolucionario y radical; los adjetivos son juicios apriorísticos que olvidan completamente el contexto de todas las cosas.

Las almas puras y compasivas que lo definen así no se atreven jamás a reconocer que, si el Che fue radical y violento, lo fue mil veces menos que la CIA, que el gobierno estadounidense de la época y que toda una larga tradición de dictadores criollos que brutalizaron, robaron, torturaron y masacraron poblaciones enteras durante varias generaciones. Todo, obviamente, en nombre de Dios, la Patria, la Familia y la Libertad. El dios de ellos, la patria de ellos, la familia de ellos.

No se detienen un instante a considerar las viejas dictaduras promovidas por Estados Unidos desde tiempos de Porfirio Díaz en el siglo XIX, mucho antes de encontrar la perfecta excusa de la amenaza comunista sesenta años después, después de 33 intervenciones violentas en América Latina.

Después, también, se olvidan o no quien saber nada del bombardeo a Guatemala y la destrucción de una de las pocas democracias en América Central en 1954. Cuando el gobierno democráticamente electo de Jacobo Arbenz fue destruido por la CIA y la United Fruit Company, un joven médico llamado Ernesto Guevara de la Serna se encontraba en la capital. Guevara y Arbenz debieron abandonar el país hacia México. En un país de campesinos sin tierra y con un exceso de tierra improductiva (donde el gobierno de Estados Unidos inoculaba con sífilis gente inferior para experimentos médicos), Arbenz había propuesto compensar a la compañía por la expropiación, pagándole el valor que la compañía había declarado en sus impuestos. Como ocurrió con la división de Colombia y la creación de Panamá, el país civilizado del momento no podía permitir que una república bananera pudiese interferir en el valor supremo de las ganancias que en los medios se llama libertad. El nuevo gobierno de Castillo Armas, un títere de la CIA, impuso una dictadura que derivó en décadas de persecuciones y matanzas que dejaron cientos de miles de muertos.

Aún hoy en día, según sus partidarios criollos, la vieja clase dirigente, con su cultura fraudulenta y su orgullo metafísico que le confiere derechos eternos sobre un país y sus esclavos, todo esto no fue ni radical ni criminal: apenas un acto de moderación y responsabilidad de los dueños del país y del mundo.

Ese fue el momento en que Ernesto Guevara se convirtió en El Che, antes de recibir el apodo de los cubanos exiliados que encontró, no por casualidad, en México.

Cuando triunfó la Revolución cubana, Ernesto Che Guevara lo dijo de forma clara: “Cuba no será otra Guatemala” ¿A qué se refería? Cuba no podía darse el lujo de ser una democracia abierta como Guatemala. La frustrada invasión de Playa Girón en 1961 le dio la razón: por primera vez Estados Unidos, la mayor fuerza militar de la historia, que desde 1812 siempre ha preferido enfrentarse a pequeños y empobrecidos países en nombre de su propia seguridad, fue derrotado por un pequeño y empobrecido país.

Nada de esto justifica que la Revolución cubana se haya convertido en un sistema rígido y conservador, pero explica perfectamente muchas cosas. Nada de esto justifica que Guevara haya tomado parte de las ejecuciones sumarias poco después del triunfo de la Revolución, donde quizás medio millar de supuestos colaboradores del régimen de Batista fueron ejecutados. Pero explica muchas cosas.

Por entonces, si los pueblos latinoamericanos votaban libremente a un candidato conservador, las democracias funcionaban a pleno. Pero bastaba que tuviesen la mala idea de elegir a un presidente algo inclinado hacia la izquierda para que los ejércitos, siempre funcionales a las oligarquías nacionales, resolvieran el error popular con un golpe de Estado. De esta forma se salvaba la libertad y la democracia imponiendo dictaduras, censurando, persiguiendo disidentes, torturando y asesinando en masa.

Guevara consideraba que Uruguay era una excepción, que no necesitaba una revolución porque su democracia, imperfecta, funcionaba. Obviamente que tenía en mente las medievales condiciones de vida de casi todo el resto de los países del continente. Fue así que pocos años antes de ser asesinado por la CIA y los militares bolivianos, afirmó que llegaría el día en que un pueblo latinoamericano eligiese a un presidente socialista y un golpe de Estado lo depusiera con violencia.

Hoy sabemos, por la plétora de documentos desclasificados por Estados Unidos durante los años 90, que ese fue el caso de Chile en 1973. El 11 de setiembre de ese año, Henry Kissinger declaró a los medios de prensa que ellos no habían tenido nada que ver con el golpe en Chile. Los documentos y las transcripciones prueban claramente que esta era otra típica mentira criminal. Su nombre aparece en varias reuniones, como la del Comité 40, donde se lee que años antes del triunfo de Salvador Allende los salvadores de la libertad estaban planificando un golpe de Estado en Chile. Hasta el gerente de la Pepsi Cola, como en Guatemala hizo la United Fruit Company, solicitó este favor especial.

Aún así, el Che dijo que el pueblo estadounidense nunca sería el enemigo, que el enemigo eran los gobiernos imperialistas que todo lo brutalizan.  

No por casualidad aquellos que llaman asesino criminal a Ernesto Che Guevara consideran un héroe a alguien que puso una bomba en un avión de Cubana de Aviación matando a 73 pasajeros, y que ha reincidido años después con otras bombas en hoteles de la isla. Tal vez las víctimas no eran humanos de verdad. A pesar de que el FBI considera hoy a Posadas Carriles un peligroso terrorista, la justicia de este país no permitió su extradición por temor a que el gobierno venezolano pudiese torturarlo. Por esa misma razón Posada Carriles vive libre en Miami y no fue enviado a Guantánamo, donde fueron recluidos casi un millar de individuos acusados de terrorismo, casi todos liberados sin indemnización luego de probarse sus inocencias. Todos, sin excepción, torturados en una base militar en la que, al ser propiedad arrendada por la fuerza a Cuba desde 1904, no se aplica las generosas leyes nacionales que protegen a los individuos de cualquier tipo tradicional de tortura.

Y luego resulta que El Che Guevara, aquel que no enviaba los ejércitos más poderosos del mundo a invadir pequeños países, sino que iba de cuerpo y alma a enfrentarse a la mayor potencia mundial, es un cobarde, un criminal y un asesino impiadoso.

JM, octubre 2017

Pensamiento crítico

Cuando di por terminada la clase, Steven (su verdadero nombre era otro) se me acercó preocupado y me dijo que, luego de una hora y media de cuestionar a Tirios y Troyanos, tenía las cosas más confusas que al principio, que lo que se llamaba “pensamiento crítico” era una teoría ​y, de existir, no veía cómo podía significarle algún beneficio.

Lo miré a los ojos. Lo conocía de antes. Era un muchacho de buenas intenciones, asustado (aterrorizado es un adjetivo más justo) por sus convicciones religiosas (su mayor miedo eran los demonios; en su iglesia, desde que tenía uso de razón, o de fe, había sido cuidadosamente informado sobre la existencia de estos terribles seres, imposible de desvincular de la creencia de Dios, según me dijo) y aterrorizado por la menor posibilidad de dudar de sus convicciones patrióticas (la posibilidad de que Vietnam e Iraq no fuesen lo que se suponía que fueron, era algo que combatía cada día con estoicismo).

Cuando regresó maltrecho de la guerra, el equipo de psicólogos y psiquiatras que lo trató por meses lo convenció de que él no había sido una víctima. Negar la posibilidad de considerarse una víctima era la única forma de curación de todos los insoportables traumas que había traído de tan lejos, según los especialistas. Se habla muy poco, pero en Estados Unidos se suicidan más soldados al regresar a su país que los que mueren en combate.

Aquella vez tuve la cuestionable idea de preguntarle si acaso pensaba que en una guerra no había víctimas, que en la gran política no existía la mentira, que si no le parecía que con semejantes maquillajes no estábamos condenados a repetir la tragedia de la historia, indefinidamente. No es que no tuviese compasión por aquel muchacho que finalmente terminó abandonando mi curso y la universidad; simplemente nunca creí ni en el valor ni en la posibilidad de curación alguna arrojando la verdad en la papelera de reciclaje. Curiosamente, el mismo psicoanálisis y hasta la confesión cristiana nace en base a ese principio tan simple: sin verdad no hay curación ni redención.

Unos meses atrás, Steven se había referido a la teoría de la evolución como eso, una teoría más, algo con una relación muy discutible con la verdad. Recordé que en otro estado, en Georgia, un senador quiso obligar a las universidades a enseñar hechos, no teorías. Lo cual hubiese prescripto todo el pensamiento humano y hasta la definición de los hechos mismos. Toda la ciencia está construida en base a teorías, y todas son discutibles por necesidad. Si a alguien teme un investigador serio es a la opinión de otros investigadores serios, no a las opiniones contundentes de los aficionados.

Las religiones también pueden entenderse como un conjunto de premisas y teorías, con la diferencia que las teorías religiosas no necesitan ningún compromiso con ningún hecho verificable. Lo cual, en su ámbito, como diría Averroes, está bien. Son cuestiones de fe y ahí no hay nada para discutir o para probar sino para repetir.

La teoría de la evolución es una de las preferidas por los indicios y las evidencias materiales, cosa que no se puede decir sobre la multimillonaria arca de Noé que levantaron en Kentucky y ni siquiera puede flotar; mucho menos albergar a representantes de la fauna del planeta. Y mi ironía no es con Dios sino con su club de fanáticos.

Steven confiaba y estimaba las convicciones sólidas, y poner la historia patas arribas no estaba en sus planes. Ni en la de sus terapeutas.

Si el pensamiento crítico es una teoría, le dije, es una teoría muy práctica y necesaria, si es que todavía tenemos alguna estima por la verdad, la cual no siempre coincide con nuestras “sólidas convicciones”. De una forma o de otra, vivimos en alguna burbuja. Ahí dentro están las respuestas a cada problema. Ahí dentro están nuestras sólidas convicciones, ahí dentro nos sentimos cómodos, protegidos, seguros, arrogantes.

Esa es la realidad que conocemos. La nuestra. Eso es lo que llamamos Realidad, a secas, con mayúscula o acompañado por su artículo único, La realidad.

No podemos ver la burbuja desde adentro, no importa el color de su cristal. Si es azul, todas las demás burbujas se verán azules. Si es roja, todo lo demás será rojo y serán los demás los incapaces de ver que son rojos o son azules.

Mucho menos podemos ver la burbuja que contiene a todas las burbujas. Si la vemos desde dentro.

Pero si tuviésemos un espejo por fuera de nuestra burbuja, podríamos vernos atrapados y sonriendo, como vemos a los demás que nos miran desde sus propias burbujas.

Si tuviésemos un espejo por fuera de la burbuja que contiene a todas las burbujas, podríamos vernos en nuestras propias burbujas y podríamos ver a los demás en sus burbujas, todos juntos en una burbuja mayor.

Es decir, no podemos ver ninguna de las burbujas que nos contienen, pero podemos ver en el espejo nuestro reflejo.

El espejo puede ser turbio o puede deformar las imágenes, si es que una imagen curva es menos real que una plana, si es que una imagen turbia es menos real que una imagen nítida. Pero, al menos, al vernos en el espejo tenemos cierta idea, ya no solo de que estamos incluidos y atrapados en nuestras propias burbujas, sino que el espejo que refleja, nuestra reflexión, también tiene su propia naturaleza y sus propios límites. Aunque revela algo nuevo, a veces distorsiona la realidad o nos dice que la realidad es múltiple, aunque nosotros queremos que sea una sola, como se quiere cuando se quiere intensamente.

Pero al menos ahora sabemos que hay algo más. Ahora ya no tenemos las respuestas tan claras. Ahora sabemos que no sabíamos tanto, que lo que creíamos saber eran sólo distracciones, convicciones sólidas, pero arbitrarias; ruido, confort, mera arrogancia de creer.

Al menos ahora fuimos capaces, aunque más no sea por un tiempo breve, de salir de nuestras burbujas sin salir de ninguna.

Este acto requiere de coraje intelectual, no sólo para desafiar nuestras propias convicciones sino para sobrevivir a las convicciones ajenas que, con particular frecuencia, son las convicciones del poder de turno.

Eso es el pensamiento crítico.

​JM​, octubre 2017

Qu’est-ce qu’une pensée critique ?

Pensamiento crítico 

 

Quand j’ai terminé mon cours, Steven (son vrai prénom était un autre) m’a approché inquiet et m’a dit que, après une heure et demie d’un cours relatif à la question troyenne et au cheval de Troie, les choses sont devenues plus confuses pour lui, que ce qui est appelé « pensée critique » était une théorie et, le cas échéant, ce qui signifie que vous ne pouviez pas voir que les avantages.

Je l’ai regardé dans ses yeux. Je l’ai connu autrefois. C’était un garçon de bonnes intentions, effrayé ( terrifié est un adjectif plus juste) en raison de ses convictions religieuses (sa plus grande peur était les démons, dans son église, puisqu’il avait la foi, il avait été soigneusement informé de l’existence de ces êtres horribles, impossible de les dissocier de la croyance de Dieu, m’a-t-il dit) et terrifié par la moindre possibilité de douter de ses convictions patriotiques (la possibilité que le Vietnam et l’Irak ne soient pas ce qu’ils étaient censés être, était quelque chose qu’il combattait tous les jours avec stoïcisme).

Quand il est retourné battu de la guerre, l’équipe de psychologues et de psychiatres qui l’ont traité pendant des mois l’a convaincu qu’il n’avait pas été une victime. Refuser la possibilité d’être considérée comme une victime était la seule façon de guérir tous les traumatismes insupportables qu’il avait supportés jusqu’ici, selon les spécialistes. Il y a très peu de discussions sur le sujet, mais aux États-Unis, le nombre de soldats qui se suicident lorsqu’ils retournent dans leur pays est plus important que celui de ceux qui meurent au combat.

Cette fois-ci, j’ai eu l’idée, assez incertaine, de lui demander s’il pensait qu’en une guerre il n’y avait pas de victimes, que dans la grande politique il n’y avait pas de mensonge, que s’il ne lui semblait pas qu’avec un tel maquillage, nous n’étions pas voués à répéter la tragédie de l’histoire indéfiniment. Non pas que je n’eusse aucune compassion pour ce garçon qui a fini par abandonner mon cours et mon université; mais parce que je n’avais jamais cru en la valeur ou en la possibilité d’une guérison en jetant la vérité dans la poubelle de recyclage.

Fait intéressant, même la psychanalyse ainsi que la confession chrétienne sont nées sur la base de ce principe simple: sans vérité, il n’y a ni guérison ni rédemption.

Il y a quelques mois, Steven avait parlé de la théorie de l’évolution comme telle, une autre théorie, quelque chose qui avait une relation très discutable avec la vérité. Je me suis rappelé que dans un autre État, en Géorgie, un sénateur voulait obliger les universités à enseigner les faits, pas les théories. Ce qui aurait prescrit toute la pensée humaine et même la définition des faits eux-mêmes. Toute la science repose sur les théories, et toutes sont discutables par nécessité. Si quelqu’un craint un enquêteur sérieux cela ne remet pas en question l’opinion d’autres enquêteurs sérieux, l’opinion n’est pas une affaire de fans.

Les religions peuvent également être comprises comme un ensemble de prémisses et de théories, à la différence que les théories religieuses n’ont besoin d’aucun engagement envers un fait vérifiable. Ce qui, dans son étendue, comme l’affirme Averroes, va bien. Ce sont des questions de foi et il n’y a rien à discuter ou à essayer mais à répéter.

La théorie de l’évolution est l’une de celles qui sont favorisées par des preuves et des preuves matérielles, ce qui ne peut pas être dit de l’arche multimillénnaire de Noé qu’il a construite au Kentucky et qui ne peut même pas flotter; encore moins accueillir les représentants de la faune de la planète. Et mon ironie n’est pas orientée vers Dieu mais vers son fan-club.

Steven m’a confié qu’il appréciait les convictions solides, et que mettre l’histoire sur le dos n’était pas dans ses plans. Ni dans celui de ses thérapeutes.

Si la pensée critique est une théorie, je vous l’ai dit, c’est une théorie très pratique et nécessaire, si nous avons encore une estime pour la vérité, ce qui ne coïncide pas toujours avec nos «fortes convictions». D’une manière ou d’une autre, nous vivons dans une bulle où résident les réponses à chaque problème. Ce sont nos convictions solides, à l’intérieur, nous nous sentons à l’aise, protégés, sûrs, arrogants.

C’est la réalité que nous connaissons. La nôtre. C’est ce que nous appelons Réalité, sèche, la réalité.

Nous ne pouvons pas voir la bulle de l’intérieur, peu importe la couleur de son cristal. Si elle est bleue, toutes les autres bulles seront bleues. Si elle est rouge, tout le reste sera rouge et d’autres seront incapables de voir qu’ils sont rouges ou bleus.

Il est plus difficile de voir la bulle qui contient toutes les bulles. Si on la voit de l’intérieur.

Mais si nous avions un miroir à l’extérieur de notre bulle, nous pourrions être pris au piège et sourire, car nous voyons les autres nous regarder de leurs propres bulles.

Si nous avions un miroir hors de la bulle qui contient toutes les bulles, nous pouvons nous voir dans nos propres bulles et nous pouvons voir les autres dans leurs bulles, tous ensemble dans une bulle plus grande.

Autrement dit, nous ne pouvons voir aucune des bulles qui nous contiennent, mais nous pouvons voir dans le miroir notre réflexion.

Le miroir peut être opaque ou il peut déformer des images, si une image courbe est moins réelle qu’une image plate, si une image trouble est moins réelle qu’une image claire. Mais au moins, se voyant dans le miroir, nous savons que non seulement nous sommes inclus et pris au piège dans nos propres bulles, mais que le miroir qui reflète notre réflexion a sa propre nature et ses propres limites. Bien qu’il révèle quelque chose de nouveau, parfois il déforme la réalité ou nous dit que la réalité est multiple, même si nous voulons qu’elle soit une, comme vous le souhaitez, lorsque vous le souhaitez intensément.

Mais au moins maintenant, nous savons qu’il y a autre chose. Maintenant, nous n’avons pas les réponses si claires. Maintenant, nous savons que nous ne savions pas tellement que ce que nous pensions que nous savions n’était que des distractions, des convictions solides mais arbitraires; le bruit, le confort, la simple arrogance de croire.

Au moins maintenant, nous pouvions, ne serait-ce que pour un peu de temps, sortir de nos bulles sans vraiment les quitter.

Cette loi exige un courage intellectuel, non seulement pour contester nos propres convictions, mais aussi pour survivre aux convictions des autres, qui sont en particulier les convictions du pouvoir de l’époque.

Cela est une pensée critique.

           

Par Jorge Majfud

 

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