Reparaciones y distracciones

Estados Unidos está embarcado en una discusión por una posible “reparación” a los descendientes de esclavos propuesta por la izquierda 170 años después de la Guerra Civil. No se menciona los linchamientos que siguieron después y no es necesario ser un genio para saber cómo terminará esta discusión nacional ahora de moda.

Sin embargo, si vamos a discutir reparaciones por los brutales crímenes racistas cometidos contra un sector de la sociedad más de un siglo atrás, bien se podría empezar por hacer algo para reducir el rampante racismo actual.

Bien se podría comenzar por reparar a las víctimas de los numerosos y sangrientos golpes de Estados en diversas partes del mundo (en África y, sobre todo, en América Latina), crímenes internacionales que sus gobiernos perpetuaron, promovieron o apoyaron. Todos crímenes reconocidos por sus propios documentos desclasificados.

Para no entrar a hablar de guerras criminales como la más reciente de Irak o los cientos de prisioneros que fueron torturados en Guantánamo por una década antes de ser declarados inocentes y sin compensación alguna.

Muchas de estas víctimas y muchos de sus hijos todavía están vivos, porque toda esa barbarie no fue cometida hace un siglo sino más bien ayer, en términos históricos.

Entonces, señores, si de verdad queremos ser justos y buenos, recordemos que aquellos que no son ciudadanos estadounidenses también son seres humanos.

Claro que no daría ninguna fortuna para compensar una mínima fracción de tantas víctimas y lo mejor es siempre distraer la atención planteando imposibles.

 

JM, abril 2019.

 

Reparations and distractions

The United States is embarking on a discussion for a possible “reparation” to the descendants of slaves proposed by the left 170 years after the Civil War. There is no mention of the lynchings that followed, and it is not necessary to be a genius to know how this current national discussion will end.

However, if we are going to discuss reparations for the brutal racist crimes committed against a sector of society more than one century ago, we could begin by doing something to reduce the current rampant racism.

We could begin by repairing the victims of the numerous and bloody coup d’états to place brutal military dictatorships in numerous parts of the world (in Africa and, above all, in Latin America), international crimes that American governments perpetuated, promoted or supported. All crimes recognized by their own declassified documents.

Not to talk about criminal wars like the most recent in Iraq (“based on wrong information”) or the hundreds of prisoners who were tortured in Guantanamo for a decade before being declared innocent and without compensation.

Many of these victims and many of their children are still alive, because all that barbarism was not committed a century ago but rather yesterday, in historical terms.

So, Ladies and Gentlemen, if we really want to be fair and right, remember that those who are not US citizens are also human beings.

Of course, no country’s fortune would be enough to compensate a fraction of so many victims, and the best thing is always to distract people’s attention proposing some impossible nice idea.

 

JM, April 2019.

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Corrupción ilegal vs. corrupción legalizada

Ilegal: corrupto

Luego de las conocidas mega crisis de la última etapa del ciclo neoliberal latinoamericano de los 90s, entre 2003 y 2014 el PIB de Brasil pasó de 558 mil millones a casi 2,5 billones de dólares, por encima del Reino Unido. Durante este boom de la economía brasileña y de una notoria mejoría en los estándares sociales de las clases más bajas, advertimos varias veces que su talón de Aquiles sería la corrupción, la cual es una tradición no solo en Brasil sino en todo país que no se ha desligado completamente de la mentalidad colonial, que es la que más generó corrupción en los países pobres de África y de América latina, enseñando a los de arriba a corromperse por ambición patológica y a los de abajo por necesidad ante un sistema de leyes que, como decía un caporal, se respetaban pero nunca se cumplían.

En 2016, la presidenta Dilma Rousseff fue condenada por corrupción por un congreso repleto de corruptos y debió abandonar su puesto de presidenta, acusada de maquillar los números presupuestales. Hasta el momento no se han aportado prueba alguna de su implicación en la corrupción de Petrobras, que fue la razón que inició la súbita fiebre anticorrupción, amplificada desde el 2011 por las redes sociales y el tradicional odio oligárquico (racista, sexista y clasista) inoculado hasta en el más pobre.

Más recientemente, el expresidente Lula (odiado por haber sacado a treinta millones de brasileños de la pobreza, siendo que no tenía otro título que el de trabajador metalúrgico) fue condenado por aceptar, a cambio de favores empresariales, reparaciones gratis en un costoso apartamento de su propiedad a nueve años de prisión (más que cualquier genocida latinoamericano) y por lavado de dinero a 12 años.

Cuando Lula fue enviado a prisión era el candidato a la presidencia favorito en las encuestas. El juez que lo condenó, Sergio Moro, nuevo héroe de la ética y la “lucha contra la corrupción”, aceptó el Ministerio de Justicia (cargo político) ofrecido por el recientemente electo presidente Jair Bolsonaro, principal adversario y enemigo de Lula. Siendo senador, Bolsonaro votó por el impeachment de la presidenta Rousseff al tiempo que daba vivas a la pasada dictadura militar.

Este tipo clásico de corrupción latinoamericana, tragicómica, carnavalesca, es de una alta ingenuidad. Siempre existió y en períodos de dictadura militar se multiplicó bajo el silencio de la censura, lo que le confería esa ilusión de paz, honor y rectitud que las oligarquías suelen repetir para justificar sus crímenes y abusos históricos.

Este tipo de corrupción es condenable porque es ilegal. Razón por la cual desde Europa y desde Estados Unidos se considera siempre que esos países nunca se desarrollan porque son demasiado corruptos. “América latina, droga y corrupción”, es la representación que tienen de nosotros. Por supuesto que del masivo consumo de drogas en el Primer Mundo que hace posible la alta criminalidad en los países del Sur, no se habla. Colombia ha sido, por generaciones, el país sudamericano con más bases militares de Estados Unidos y sigue siendo, por lejos, el mayor productor de cocaína del mundo (por casualidad, Estados Unidos es el mayor consumidor). Pero los narcoestados son los otros. La criminalidad en México se disparó en la primera década de este siglo como consecuencia de la llamada Guerra contra las drogas, lo que demuestra la persistencia de la ingenuidad de pretender que la militarización de las sociedades es la respuesta a la violencia creada por la brutal desigualdad económica y la ilegalidad de las drogas.

De la corrupción de los negocios del actual presidente de Estados Unidos se podrían escribir libros. Bastaría con recordar la insistencia de negarse a mostrar sus declaraciones de impuesto.

It’s legal, dude

Pero vayamos a la madre de todas las corrupciones: la corrupción legal. Podríamos empezar por cualquier parte, por ejemplo por la genocida corrupción belga en el Congo, que dejo millones de asesinados a total impunidad. Antes de la dictadura del títere Mobutu, que siguió al magnicidio de Lumumba y otros frustrados presidentes, el país fue por un siglo una empresa privada y casi todos los abusos cometidos allí eran legales, precisamente porque los criminales y corruptos hacían las leyes. Podríamos continuar por horas y días analizando casos similares.

En noviembre de 2018, Miriam Adelson, una mega donante del entonces candidato Donald Trump, esposa del billonario de los casinos Sheldon Adelson, recibió la Medalla de la Libertad de manos del presidente Donald Trump. Cuando se lo comenté a Noam Chomsky en relación a la “corrupción latinoamericana”, dijo: “comparada con la corrupción aquí en Estados Unidos, la latinoamericana es un juego de amateurs”. Imposible resumirlo mejor.

El 13 de abril de 2019, el USA Today (un diario al que no se puede sospechar de comunista, de subversivo o de alguna de esos versos aprendidos de memoria por los reaccionarios latinoamericanos), junto con el The Arizona Republic and the Center for Public Integrity, publicaron una investigación confirmando lo que habíamos escrito desde hace muchos años. El título lleva toda la ironía que merece: “Copy, paste, legislate”.

Según esta investigación, en los últimos ocho años en los 50 Estados de la Unión se aprobaron leyes para beneficiar “intereses especiales” de grandes compañías. Según el informe, cada vez que los legisladores escriben una ley, tanto las grandes corporaciones como los lobbies llenan los espacios vacíos que son necesarios para beneficiarlos.

En solo este periodo analizado, 10.163 proyectos de ley fueron propuestos en los congresos estatales, todos copias de los modelos escritos directamente por grupos de intereses especiales. Si los legisladores usaran los software que se usan en las universidades estadounidenses para detectar plagio, sus autores hubiesen sido expulsados de sus puestos a la primera de cambio, como son expulsados, muchas veces sin piedad, jóvenes estudiantes de 22 o 25 años por plagiar un párrafo en un modesto paper.

Aunque las grandes empresas ya usan inteligencia artificial para detectar lo que no detectan los análisis de palabras, esta investigación no incluyó aquellas leyes que fueron reescritas de cero y que pudieron incluir las mismas ideas y propósitos. Estos miles de casos analizados eran los más obvios de “copia y pega”.

2.100 de esos proyectos se convirtieron en leyes. La gran mayoría de estas leyes beneficiaron a las grandes industrias y a las ideologías conservadoras. Irónicamente, todos estos modelos comienzan con las palabras “libertad” y “derecho”, y mencionan los principios y las leyes anteriores en las cuales se ampara y justifica el nuevo proyecto de ley.

Esta investigación confirma los resultados de otra más antigua realizada por Princeton University que afirmaba que las chances de que un proyecto de ley con la aprobación de la población tenía un 30 por ciento de probabilidades de ser aprobado, mientras que aquellos proyectos ampliamente impopulares tenían, también, un 30 por ciento de probabilidades de ser aprobados.

En otras palabras, la opinión del pueblo no vale una hamburguesa de McDonald’s. Tal vez sí una Cajita Feliz.

Es esta la madre de todas las corrupciones que no se llama corrupción.

JM, 13 de abril de 2019

 

Últimos documentos declasificados en EE.UU.

Resumen:

  1. Los nuevos documentos desclasificados en Estados Unidos (fecha 26 de octubre de 1975) hoy demuestran que Marcos Osatisky fue secuestrado por la policía de Córdoba. El informe de EE.UU de entonces confirma que Osatisky fue torturado por los servicios de la policía del gobierno de Lacabanne, lo que lo condujo a la muerte. El cuerpo no fue trasladado de Córdoba a Tucumán por el grupo Montoneros, como lo informó la prensa, sino por la misma seguridad de Lacabanne. Según el reciente documento de los servicios secretos de Estados Unidos en Argentina en la década de los 70s, el propósito del traslado fue evitar que alguien pudiese realizar una autopsia que probase la muerte por torturas.
  2. Otro documento del 24 de julio de 1976 informa que el propósito del Plan Condor era “eliminar los líderes terroristas de América Latina”.
  3. Otro documento secreto del 13 de agosto de 1976, afirma que por petición del Departamento de Estado para discutir la “Operación cóndor”, el señor Ryan afirmó en esa reunión que las implicaciones de esta operación (OP), aunque beneficiarían los intereses del país, podrían tener implicaciones condenables sobre el plan de asesinar líderes sociales en America latina. El documento también menciona sobre el peligro de los efectos negativos en posibles pedidos de presamos financieros por parte del gobierno de Argentina si se dieran a conocer estos informes de asesinatos.
  4. El documento fechado el 28 de setiembre de 19776 reconoce que la Operación Cóndor (que incluye a Brasil, Uruguay, Argentina, Chile, Bolivia y Paraguay)  “tiene su centro en Chile” y su objetivo es combatir el “terrorismo marxista” (obviamente, con toda la fuerza del terrorismo de Estado).
  5. El documento menciona la posibilidad de establecer células en Europa y especula sobre la posibilidad de que el atentado (terrorista) del coche bomba que asesinó a Orlando Letelier en 1976, y su secretaria en Washington haya sido planeado por los miembros de la Operación Cóndor. (Hoy sabemos que fue realizado por esta mafia de generales latinoamericanos en colaboración con varios conocidos miembros del exilio cubano en Miami, alguno de ellos procesados más de diez años después, en los 90s, y enviados a la cárcel en Estados Unidos por esta y otros atentados terroristas).
  6. El documento fechado el 9 de marzo de 1976, confirma que los funcionarios de la embajada cubana Jesús Cejas Arias y Crensecio Galanena Hernández fueron secuestrados por fuerzas de la seguridad argentina, asesinados y arrojados al rio Lujan con barriles de cemento. Los cuerpos fueron recuperados por miembros voluntarios de los bomberos, pero no pudieron ser identificados, al igual que otras victimas de la SIDE.
  7. Un cable del 3 de diciembre de 1976 informa sobre el malestar de los generales argentinos ante las critica sobre la estrategia “blanda” de su actuación. El general Suarez Mason criticó también estas políticas demasiado débiles para luchar contra el terrorismo.
  8. 16 de febrero de 1977. Los países participantes de Operación Cóndor se ponen de acuerdo para actuar en Francia para eliminar disidentes, cuya operación se llamó “Teseo”. Luego de un período de entrenamiento, un equipo de elite fue enviado a Francia, aunque la CIA no tenía información verificable si este equipo había sido enviado a Francia o no.
  9. 15 de mayo de 1977: Los generales argentinos se quejan de no recibir igual trato por parte del nuevo Departamento de Estado en su informe al Congreso de Estados Unidos, notando que el gobierno de Israel ejercía la misma violencia contra los “terroristas árabes” que la usada por los militares argentinos durante la dictadura.
  10. 8 de setiembre de 1977: Secuestro y asesinato del embajador de Argentina en Venezuela Héctor Hidalgo Sola a manos de un grupo de la SIDE. El único propósito de este secuestro fue demandar dinero de la familia de Sola.
  11. 7 de abril de 1978: La CIA, los servicios secretos de Francia y de Inglaterra discuten planes para establecer otra organización similar al Plan Condor luego de visitar una de sus oficinas en Buenos Aires en setiembre de 1977.
  12. 12 de abril de 1979: confirmación de la ejecución del líder montonero Norberto Habegger.
  13. 21 de mayo de 1983: Ejecución de “nueve subversivos”.
  14. 27 de julio de 1985: desaparición de dos miembros de la embajada de Cuba (Jesús Cejas, Cresencencio Galamena, etc.) en 1976. Aníbal Gordon, “un miembro de la extrema derecha argentina” estuvo en el interrogatorio de las víctimas en “El Jardín” (Automotores Orletti).

 

JM, Abril 12, 2019.

 

 

 

 

Dodecalogue of Success

This formula has been tested and implemented from the origins of international politics to our times. 

1) Call any non-aligned government “regime”.

2) Hack and lock it.

3) Destroy its economy.

4) Contribute to social chaos as much as you can.

5) Repeat that failure is proof that there are no alternatives.

6) Finance the “freedom fighters.”

7) Replace their irresponsible governments with friendly regimes.

8) Call it “Restoration of Democracy”.

9) Suspend harassment and economic blockade.

10) Send ships full of capital with “Assistance for progress”.

11) Ensure “free competition” for your business.

12) Repeat.

 

JM, April 4, 2019.

Dodecálogo del éxito

[English]

Esta fórmula ha sido probada e implementada desde los orígenes de la política internacional hasta nuestros tiempos. Su vigencia es de absoluta actualidad.

 

1) Llama “régimen” a todo gobierno no alineado.

2) Acósalo y bloquéalo.

3) Destruye su economía.

4) Contribuye al caos social tanto como puedas.

5) Repite que el fracaso es prueba de que no existen alternativas.

6) Financia a los “luchadores por la libertad”.

7) Reemplaza sus gobiernos irresponsables por regímenes amigos.

8) Llámalo “restauración de la democracia”.

9) Suspende el acoso y el bloqueo económico.

10) Envía barcos llenos de capitales con “ayuda para el progreso”.

11) Asegura la “libre competencia” para tus negocios.

12) Repite.

 

JM, abril 4, 2019.

 

¿Ayuda humanitaria?

Hay muchas formas de donar para los más necesitados en Venezuela.
Por ejemplo, desde el pasado mes de agosto, UNICEF ha provisto de 130 toneladas de medicinas y nutrientes para los niños en ese país acosado de afuera, de adentro, de arriba y de abajo. Una de las organizaciones que he usado por años para este tipo de donaciones, como para otros casos de países en guerra es, por ejemplo, UNICEF-USA, UNHCR, etc. 
Hay muchas otras formas muy simples, verdaderamente pacíficas y efectiva de donar, de ayudar de verdad cuando se quiere y cuando se puede. Yo lo hago todos los meses con diferentes grupos o directamente usando PayPal donate
De verdad, no es necesario intentar introducir a la fuerza camiones con ayuda humanitaria a ese país.
Basta un minuto y unos cuantos clics.  
JM, abril 3, 2019

Sindicato de millonarios, huelga de capitales

Es mil veces más fácil y más efectivo creer que los pueblos le deben la justicia social y el progreso material a un puñado de multimillonarios que creer que el calentamiento global y la desaparición de los insectos le deben algo a los humanos.

Es mil veces más fácil y más efectivo organizar una huelga de capitales que una huelga de trabajadores. Es mil veces más fácil organizar un sindicato de millonarios para presionar, a su antojo, a los pueblos y a sus gobiernos, que un sindicato de maestros, de obreros, de empleados de un supermercado o de peones rurales. Cuando a un trabajador no le gusta su trabajo o su salario tiene la libertad de irse sin su trabajo y sin su salario a otra parte. Cuando a un inversor no le gusta el trabajo ajeno o los salarios ajenos, tiene la libertad de irse con su dinero a otra parte.

En los países donde es al revés, es porque la huelga de capitales ya ha ocurrido de una forma masiva y el país se encuentra quebrado o acosado por quienes gobiernan el sistema económico que nos gobierna a todos los demás.

En los países donde es al revés, las inundaciones son responsables de la lluvia y los trabajadores son responsables de la miseria y de las crisis sociales.

Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general, la solidaridad social de programas de educación, de salud o de desarrollo equitativo puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no deja claro que reconoce la sacralidad de las transnacionales y sus escribas.

Ningún gobierno del mundo que promueva el interés general puede tener alguna chance de continuidad y de crecimiento económico si antes no se inclina ante aquellos inversores que juegan con miles de millones (de dólares y de personas) con la misma responsabilidad con la que beben whisky y le tocan el culo a una empleada de hotel.

Ningún gobierno que reconozca que todo el progreso social y económico del mundo presente no es el producto de un puñado de exitosos millonarios sino de siglos de luchas sociales y de miles de contribuciones de pensadores y de modestos genios de las ciencias y la tecnología, casi siempre asalariados, tiene posibilidades de continuidad.

Todos los gobiernos del mundo, sean de derecha o de izquierda, de arriba o de abajo, deben proteger, como perros rabiosos, la libertad absoluta de los capitales para aterrizar en sus países y para volar a sus paraísos seguros (safe havens) cuando se les plazca, que es siempre cuando a las sociedades se les ocurre realizar algún reclamo sobre su contribución a la riqueza. Es ahí cuando las sociedades quiebran y los pueblos entienden que con las limosnas vivían mejor.

Es decir, a los grandes capitales no solo se los debe adular, en la práctica y en los cuentos de hadas, sino que también se les debe garantizar el derecho privado a la extorción universal.

Está de más decir que este sistema, organizado y gobernado por un puñado de multimillonarios, padres fundadores y protectores de todo el progreso de cada país (desarrollado o subdesarrollado, exitoso o arruinado), padres sacrificados e incomprendidos protectores de la humanidad, de una humanidad irresponsable, no tiene un ápice de democrático.

Razón por la cual la Libertad y la Democracia son sus banderas, esas mismas que ondean como péndulos ante los ojos de los pueblos que luego irán a linchar a quienes no están de acuerdo con este estado de hipnosis colectiva.

 

JM, marzo 2019.

Cándido y el Elogio de la locura

(La Cultura Pooph II, diez años después)

En el pasado, equivocados o no, por lo general quienes opinaban sobre política italiana o congoleña se habían leído la historia de Italia, del imperio romano, tenían alguna idea sobre la belga, sabían algo de la vida y obra de Leopold II y qué había pasado con Lumumba. Ahora el mundo está lleno de genios que opinan primero y luego intentan informarse. Si alguien se atreve a criticar el optimismo en curso, es etiquetado y desautorizado como un viejo que no entiende el presente. Como si los adultos no fuesen parte del presente. Como si los más jóvenes entendieran mejor algo del pasado, ese tiempo que, de alguna forma, produjo este presente. Como si las nuevas generaciones no pudiesen ser radicalmente reaccionarias. 

Antes no era necesario ser un estudiante universitario para poseer este tipo de cultura amplia y profunda. Ahora ni siquiera los estudiantes universitarios alcanzan un mínimo de aquel conocimiento que servía a la libertad de conciencia y no únicamente a los propósitos del dinero, el consumo y el confort de “un mundo más eficiente”.

Es verdad, aquella “gente culta” solía ser (aun suelen serlo), gente por los de abajo. No se trata de una simple cuestión gramciana, como gustan apuntar desde el otro lado. Se trata de una reacción natural ante el poder social. De la misma forma que las universidades en todo el mundo, desde Argentina hasta Japón, desde Mozambique hasta Estados Unidos eran y siguen siendo bastiones progresistas, el resto de las grandes instituciones que dominan el poder social están dominados por conservadores elitistas y reaccionarios: empresas transnacionales, inversionistas, medios de comunicación dominantes, ejércitos, iglesias de todo tipo.

De la misma forma que la cultura solía ser (y aún lo es, en términos generales) el reducto de la izquierda, las redes sociales lo son ahora de la derecha. Lo primero ya lo explicamos. ¿Cómo se explica lo segundo? Creo que se explica de la misma forma que se explica la antigua practica de esclavos negros castigando con latigazos a sus hermanos esclavos, a los negros, a los indios más rebeldes. A los malos negros, a los malos indios. Es decir, por la falsa conciencia, por la moral parasitaria, aquella moral adoptada para beneficiar los intereses ajenos. 

Tal vez en unas pocas décadas, como siempre cuando la verdad ya no interese o sea inofensiva, descubriremos cómo funcionan de verdad los algoritmos de las redes sociales, así como descubrimos, décadas después cómo la propaganda inaugurada por Edward Bernays en Estados Unidos y continuada brevemente por los nazis en Europa y por muchas más décadas por el estalinismo, manipuló la opinión y la realidad del mundo durante el siglo XX de una forma más científica de lo que lo había hecho en los siglos anteriores, desde los más pequeños hábitos consumistas a las mayores tragedias de la gran política, como las guerras y los golpes de Estado en África y en América Latina.

Por entonces, los gobiernos del mundo y las elites financieras tomaron una amplia ventaja de los nuevos medios de comunicación masivos e inmediatos (la radio, el cine y la televisión) como en el siglo XIX lo habían hecho con la prensa escrita, mientras los libros quedaron en manos de intelectuales del otro lado del espectro del poder. Nótese cómo la misma palabra “intelectual” fue desprestigiada y desmoralizada por la propaganda, hasta el extremo de que hoy se precia y se paga más la estupidez que la cultura. Nadie se hace viral por genial sino por idiota, y tanto Youtube como las otras mega aldeas dominadas por un puñado de manipuladores (otra vez, en nombre de la liberad y la democracia), recompensa esta idiotez con miles de dólares, lo cual para ellos no llega a ser ni siquiera una propina. Si antes, apenas unas pocas décadas atrás era necesario ser Roberta Flack cantando Killing Me Softly With His Song para llamar la atención del mundo, hoy vale más una pobre mujer sentada en el inodoro y cantando sin armonía alguna “Sitting in tha Toilet” para hacerse una celebridad global, para recaudar una fortuna e inspirar a cientos de millones de jóvenes a lograr la misma hazaña.

 Algunos de estos prestigiosos modelos de conducta social, paradigmas del antiintelctualismo, son llamados, en múltiples idiomas pero con la misma gracia y la misma palabra del inglés, “influencers”. Claro, eso sin contar los millones de pobres aspirantes que cada día trabajan gratis para estas megacorporciones tirándose de una escalera, rompiéndose la nariz, filmándose en el baño sin llegar siquiera a rescatar cincuenta centavos con los nuevos subscribers, pero aportando definitivamente a esa cultura de la estupidez, del odio neo tribal y otras naturales frustraciones individuales y colectivas.

No lo sabemos todavía, no tenemos pruebas (más allá de la lectura de los patrones históricos que se parecen a la tabla periódica de Mendeleev con vacíos significativos), porque así es como funciona, según reconoció el mismo Bernays en los años noventa, al final de su vida: esa es la naturaleza del poder, estar en otro lado, no allí donde se supone que está, protegido por el anonimato y la ignorancia de quienes lo sufren o lo defienden.

La evidencia, el incontestable hecho de que el 0,01 por ciento de la población mundial ha secuestrado casi todos los progresos de la humanidad hasta el día de hoy, no se ve o no importa. Porque para eso, no por casualidad, está la nueva cultura. Y los esclavos continúan peleándose y odiándose entre sí, repitiendo las narrativas funcionales del poder y adoptando fervorosamente sus valores, elogiando las cadenas que los protegen contra el frío.

JM, marzo 2019

 

That Question

true friends cannot be forgotten ever

by Eduardo Galeano

 

The Uruguayan dictatorship had the Majfud family cornered. They suffered prison and torture and humiliations, and were dispossessed of everything they had.

One morning the children were playing in an old cart when a gunshot rang out. They were some distance away, but the sound traveled across the fields of Tacuarembó and they knew, who knows how or why, that the report came from the bed of their most beloved aunt, Marta.

Ever since that morning, Nolo, the youngest in the family, has wondered out loud: “Why be born, if we have to die?”

Jorge, his older brother, tries to help him.

He searches for an answer.

The years flow on, the way trees slides past the windows of a train, and Jorge is still searching for the answer.

 

From Hunter of Stories, by Eduardo Galeano.

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La entrevista sobre Venezuela que nunca se publicó

 

“Secretario” de la OEA Luis Almagro: más fácil que recaudar 100 millones de dólares de “ayuda humanitaria” para Venezuela, es no castigarla con 10.000 millones de dólares de sanciones económicas.

La siguiente entrevista nunca fué publicada por el periodista que la requirió. Para salvar las respuestas del significativo silencio, el entrevistado ha reescrito las preguntas conservando el orden y la intención original.

Entrevista sobre Venezuela que nunca se publicó

P: ¿Cómo evalúa la grave situación que está viviendo Venezuela hoy?

JM: Como grave.

P: ¿Puede haber una mayor demostración de crueldad que la quema de ayuda humanitaria por parte del régimen de Nicolás Maduro?

JM: Eso es lo que han dicho los medios y los políticos de la derecha estadounidense y latinoamericana. Hay versiones encontradas sobre ese hecho. Todavía es necesaria una investigación. Mire, en lugar de consumir los cuentos de Disney del senador Merco Rubio, no sería mala idea escuchar lo que tiene para decir otro político, republicano pero mucho más inteligente y mejor informado, como lo es Ron Paul. (*)

P: Pero usted estará de acuerdo que el régimen chavista es una calamidad que ha hundido a Venezuela en la miseria.

JM: El problema de Venezuela no es solo Nicolás Maduro. Si los muchachos de Miami finalmente lograsen asesinarlo y la oposición tomase el gobierno, Venezuela seguiría con serios problemas, aunque Estados Unidos y la gran prensa le daría un gran alivio económico. Otro problema que impedirá una solución razonable en el mediano plazo es el odio político que permea a gran parte de la población. Si Maduro es autoritario, la oposición ha dado repetidas muestras de intolerancia desde el golpe de Estado de 2002.

P: Ha sido el régimen chavista el que destruyó el país, no la oposición.

JM: Chávez no llegó al poder por un golpe de Estado, aunque lo intentó en 1992, sino por “la situación del país”, sobre todo del país de los de abajo. Más allá de que en lo personal nunca me gustaron los líderes personalistas como Perón o como Chávez, la insistencia mediática de llamarlos “dictadores” no tiene sustento: ambos fueron presidentes por voto popular y sufrieron golpes militares de la oligarquía enquistada en el verdadero poder social. Cuando defienden los intereses del gran capital, los dictadores no son llamados dictadores por la gran prensa y los dueños del mundo. Durante casi todo el siglo XX Venezuela vivió sobre el petróleo y bajo dictaduras o con democracias formales, pero con terribles crisis sociales, como la que terminó con el Caracazo, la matanza de cientos de venezolanos en 1989, una década después del boom del petróleo. Por entonces el gobierno de Estados Unidos salió a rescatar a uno de sus presidentes favoritos, Carlos Andrés Pérez, con otra lluvia de dólares, no con sanciones económicas ni apoyando a la oposición que participó en las protestas.

P: Los políticos de izquierda siempre se han perpetuado en el poder.

JM: Aquí en Florida existe la risible pero comprensible creencia universal de que América Latina ha sido un mar de dictaduras comunistas. Los presidentes de izquierda han sido una ínfima minoría en la larga tradición latinoamericana de déspotas de derecha, de dictaduras de corte nazi y agresivamente pro capitalistas. Claro, cuando los pocos líderes de izquierda llegaron al poder, muchas veces continuaron esa cultura enferma del continente (que no inventaron ellos) que ha potenciado la corrupción en beneficio de las mismas elites de siempre. Es el lado negativo que le veo a Evo Morales y a Daniel Ortega. Claro, en los 80 a Nicaragua se la acosó con grupos terroristas llamados “luchadores por la libertad” y financiados por Washington con dinero sucio de Irán, por intermediación de Israel. Pregúntele al ahora encargado de la estrategia para Venezuela, Elliott Abrams, que de ese tema sabe mucho porque es un ex convicto. En el caso de Bolivia hoy nadie habla del permanente crecimiento del cuatro por ciento anual de su economía. Y si Franklin Roosevelt fue presidente de Estados Unidos por cuatro períodos y lo mismo Merkel en Alemania o Netanyahu en Israel, está bien. A esos no se los puede criticar…

P: Los bolivianos que vienen de allá, que conocen la realidad de sus países, saben que Evo es un dictador.

JM: “…los que vienen de allá”. Ningún estadounidense viajaría por el mundo diciendo que sabe lo que dice de su presidente Trump “porque vive en Estados Unidos”. Esos son argumentos que revelan inmediatamente el nivel intelectual de la discusión. Cada latinoamericano que viaja por el mundo se cree autorizado a “hablar de la realidad” de sus países con ese típico e ingenuo argumento de “yo sé lo que digo porque lo viví”, como si no hubiese millones que vivieron y viven los mismos hechos y piensan radicalmente diferente. Como decía un funcionario estadounidense de la embajada de República Dominicana en tiempos del dictador Trujillo: todos nuestros informes sobre este país están basados en lo que dicen los dominicanos que visten trajes y hablan inglés. Así ha sido siempre. No son pocos los “campeones de la democracia” que se van de sus países porque no les permiten expresarse libremente, llegan aquí y apenas escuchan una opinión diferente a la de ellos, te dicen que te vayas de este país para mantener la coherencia. Nunca han entendido qué es eso de la “democracia”.

P: ¿Por qué culpar siempre a Estados Unidos? ¿No hay suficientes pruebas de que el socialismo nunca funcionó en ninguna parte?

JM: Independientemente de su ideología, si un país no está alineado a la voluntad de la superpotencia, va a fracasar siempre, al menos en su economía. Nadie dice que China o Vietnam son pruebas de que el comunismo no funciona. China tiene un pésimo record en derechos humanos, pero su régimen comunista protege los capitales y eso es suficiente para no intentar destruir su economía con un bloqueo estilo Cuba. Lo mismo regímenes terribles como Arabia Saudita. Ahora hasta Corea del Norte tiene “relaciones amorosas” con el gobierno de Estados Unidos ¿Se imagina usted una manifestación pública de algún opositor en alguno de esos países amigos? No, pero a Venezuela se le impone sanciones económicas, se le bloquea la venta de su principal recurso, el petróleo, y se le prohíbe retirar sus propios ahorros de un banco de Londres. Solo en los últimos tres años estas sanciones le han quitado a ese país, no a Maduro, 8.000 millones al tiempo que se intenta introducir “ayuda humanitaria” a la fuerza por unas decenas de millones. Ese tipo de hipocresía es una vieja tradición. Todos los presidentes democráticamente electos como Mosaddegh en Iran, Arbenz en Guatemala, Lumumba en el Congo o Allende en Chile han sido económicamente estrangulados para generar desesperación en sus pueblos (esto no es una mera opinión; ha sido confirmado por los documentos desclasificados de las superpotencias). Todos fueron derrotados y reemplazados por crueles dictaduras militares que protegieron los recursos que las grandes compañías internacionales explotaban en esos países. ¿Quiere más detalles? Todas esas y otras decenas de brutales “dictaduras amigas” que secuestraron, violaron y asesinaron a cientos de miles de personas recibieron como premio multimillonarias ayudas del gobierno estadounidense. Así cualquiera demuestra que “el socialismo no funciona”. Pero a pesar de las ayudas financieras, narrativas y geopolíticas, la mayoría de esos “modelos” de países capitalistas fracasaron estrepitosamente. Recientemente Argentina volvió a implementar un modelo de capitalismo salvaje y volvió a fracasar como en la gran crisis del 2001. Pero el FMI ha salido al rescate del gobierno de Macri con 30 mil millones de dólares y el exitoso modelo sigue fracasando. ¿Por qué tantos países centroamericanos, más capitalistas que Estados Unidos, también son modelos de fracaso económico y social? ¿Qué hay del racismo y la violencia brutal en Brasil? ¿Qué hay de los cientos de líderes sociales ejecutados en Colombia en los últimos años? ¿Qué hay de las grandes empresas, entre ellas estadounidenses, que financiaron grupos terroristas en ese país y como castigo le pagaron una compensación económica al gobierno de Estados Unidos, no a las víctimas? ¿Por qué Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo, es el país con más bases militares del mayor consumidor de droga del mundo, pero se acusa a los vecinos de “narcoestados”? ¿Por qué no hay tantos artículos y entrevistas sobre la calamidad en Haití…? Pues, sí, claro que Estados Unidos tiene una cuota gigantesca en la destrucción de la economía venezolana como de la cubana. Es parte de una vieja estrategia que los pueblos olvidan fácilmente o simplemente ignoran. Es necesario tomar en serio e investigar más las denuncias de tortura y ejecuciones por parte de la policía venezolana, las que pueden ser más graves de lo que se sabe hoy. En lo personal, quisiera ver a Maduro irse del poder. Ahora ¿harían lo mismo los dueños del mundo? Una pregunta retórica que no necesita respuesta, lamentablemente.

 

JM, febrero 2019

 

(*) Una reciente investigación del New York Times probó que la quema de camiones con ayuda humanitaria se debió a una bomba molotov de los manifestantes del lado colombiano.

 

 

 

 

 

 

 

 

 

El mundo de nuestros padres

Siempre me ha llamado la atención la delgadez de los actores en las películas estadounidenses hasta los 70s. En este video de Mocedades compitiendo en Eurovision 1973, no es diferente. La cantante principal debía considerarse pasada de peso al lado de sus compañeros que parecen más cabeza que cuerpo –quisiera pensar que eran tan felices como parecen, pero eso ya es otra historia.

(A pesar de haber salido segunda en el certamen Euroisión de 1973, en 2004 fue elegida por votación popular en Holanda como el mejor tema de la historia de Eurovisión. El tiempo es el mejor juez, y es implacable.)

 

 

 

¿Son comunistas los militares del ejército estadounidense?

En la barra, una joven con acento mexicano se quejó de un nuevo recorte a la educación pública, propuesta por el presidente Donald Trump. Seguir sacándole dinero a los servicios sociales para dárselos al ejército, dijo, se parecía mucho a los recortes de impuestos que beneficiaban a los super ricos y dejaban limosnas a los trabajadores, aparte de una deuda impagable.

A su lado, con gorra de beisbol, un joven delgado con acento caribeño le preguntó, como si viese al mismo diablo: “¿Eres comunista?” Esa debió ser la única palabra que entendió un señor, tipo Homero Simpson pero con pelos y bigotes, que reflexionaba sobre un enorme vaso de cerveza, porque se giró para mirar a los jóvenes que, a partir de ahí, comenzaron una acalorada discusión.

“Te están lavando la cabeza”, confirmó el muchacho, “es por eso que nuestro presidente les va a recortar fondos”.

Cuando pasaron al tema Venezuela, como si se tratase de un algoritmo inevitable, me di cuenta de que aquella incipiente amistad no iba a cicatrizar fácilmente. Las sofisticaciones argumentales de la Guerra fría dejaron una marca indeleble en muchos patriotas, sobre todo en América Latina.

La mañana siguiente, mientras esperaba que se disipara un atasco en la autopista debido a un conductor apurado que le arrancó el farol trasero a otro, escuché en la radio pública una entrevista al almirante retirado James Stavridis sobre el mismo presupuesto que la joven mexicana había comentado la noche anterior.

El presupuesto que el presidente Donald Trump envió al Congreso para el 2019/2020 incluyó recortes multi millonarios para todo tipo de servicios sociales, desde la salud hasta el cuidado de preescolares (diversos estudios cuantitativos ya han probado que los millonarios no sienten lo mismo que el resto cuando ven a un ser humano caminando por la calle).

Los recortes han sido masivos, con una sola excepción: el nuevo presupuesto incluye un notable aumento en el gasto militar de treinta mil millones de dólares, el cual irá a aumentar un déficit récord alimentado por los recortes de impuestos del año pasado, como forma tradicional de burlarse de las promesas electorales que llevaron al presidente de turno al poder. Who cares, right?

 Según el almirante retirado James Stavridis y otros catorce comandantes de operaciones alrededor del mundo, el nuevo presupuesto de Trump no tiene sentido, y lo han puesto claro en una reciente carta abierta y en entrevistas: no necesitamos todo ese dinero. “Sabemos que nadie puede mantener la seguridad de un país sólo con la fuerza militar”. Pero el presidente Trump ha recortado fondos para el desarrollo y los ha transferido al ejército.

En la entrevista a la radio pública, NPR, Stavridis insistió que en lugar de seguir inyectando millones de dólares en las fuerzas armadas se debería invertir más en el cuerpo diplomático. Invertir en fuerza militar, dijo, es como realizar una cirugía: es doloroso y altamente riesgoso. Siempre es mejor llevar las cosas por el camino diplomático y, mejor aún, invertir en cooperación y desarrollo como forma de prevenir problemas mayores. Como ejemplo concreto, mencionó el hecho que todos saben: Estados Unidos tiene más gente en uno solo de los 12 portaviones que navegan por el mundo que en todo su cuerpo diplomático. Hasta el ministro de defensa, Robert Gates, lo ha reconocido. Incluso el anterior ministro, Jim Mattis, reconoció lo obvio: “Podemos gastar fortunas en operaciones militares, pero si no invertimos en desarrollo y diplomacia vamos a tener que comprar cada vez más municiones”. Hasta los halcones tienen un momento de racionalidad o de simples lapsus.

Más allá de las naturales suspicacias basadas en hechos históricos sobre la labor de los diplomáticos de las grandes potencias, no deja de ser un progreso que los mismos altos militares de la superpotencia se atrevan a reconocer los trágicos errores de las decisiones políticas en el abuso de la fuerza bruta.

 Stavridis concluyó: “Sin duda alguna, los navíos más importantes que dirigí fueron aquellos que llevaron ayuda hospitalaria al Caribe y a otras partes de América Latina. Estos barcos participaron en miles de tratamientos y puedo decirle que el impacto sobre la seguridad de Estados Unidos, a largo plazo, ha sido muy superior al resto de operaciones militares. […] Apostando a la fuerza, lo único que logras es perjudicarte a ti mismo”, reconoció.

Desde hace décadas, diversos ex agentes de la CIA, como el marine y paramilitar John Stockwell, luego de una experiencia de treinta años en América Central, África y Asia, reconoció que la arrogancia de querer imponer “nuestros intereses” en otros pueblos no produjo ningún progreso sino que les llevó muerte y miseria y “no nos creó ningún amigo, se los puedo asegurar”. Más o menos el mismo caso de otros marines, ex agentes de la CIA que participaron en engañar al pueblo centroamericano con historia fabricadas sobre el comunismo para mantener la antigua presencia económica y militar estadounidense, como Philip Roettinger, quien terminó retirándose en México para dedicarse a su familia y a la pintura.

No por casualidad, diversos generales latinoamericanos planearon asesinatos al estilo Orlando Letelier en Estados Unidos cuando la administración Carter comenzó a recortar la tradicional “ayuda militar” a las dictaduras amigas del sur. No solo el gigantesco, peligroso y criminal lobby de la industria armamentística mundial (en el cual las empresas estadounidenses han sido accionistas mayores) tenía intereses en “la seguridad” de esos países sino también sus servidores, que nunca lo reconocieron y, de hecho, hasta hoy se golpean el pecho llenos de argullo por sus crímenes, sus excusas infantiles y un honor que no vale el cobre de las medallas que se cuelgan ellos mismos.

Después de diversos conflictos nacionales, Costa Rica abolió su ejército en 1948. Desde entonces nunca tuvo una dictadura militar como sus vecinos. Tal vez por eso las grandes potencias mundiales no aterrizaron en ese pequeño país como lo hicieron en casi todos los otros países de la región donde contaban con un aparato represivo local. Tal vez por eso hoy no existe una crisis de migrantes costarricenses a Estados Unidos, como es el caso de los demás países de la región que sufrieron continuas intervenciones militares y “dictaduras amigas”. 

Tal vez por eso ni los militares estadounidenses se creen el discurso que en el pasado exportaron sus políticos y estrategas. Tal vez por eso ni ellos mismos confían en la fuerza bruta de sus propios super ejércitos como forma de asegurar la paz en su propio país.

 

JM, marzo 2019.

Mártires de cartón

A lo largo de los últimos años, el Comandante del Ejército de Uruguay, Manini Ríos, ha insistido en acumular méritos para ser destituido por el presidente de la República. Hasta un ciegosordomudo podía ver y escuchar sus ruegos en tal sentido, lo que podía presentarlo como un mártir de cartón del “régimen uruguayo”. Una mezcla de militar de alto ranguito de las antiguas repúblicas bananeras y las nuevas arrogancias autoritarias al estilo Jair Bolsonaro que tanto seduce a los neonazis latinoamericanos. Las ambiciones políticas de este general eran por demás obvias y siempre estuvieron protegidas por esa conocida y popular sensación de impunidad que ha cubierto a nuestros países desde las dictaduras miliares hasta hoy.

Desde Francisco Franco, pasando por Augusto Pinochet y tantos otros, existe una larga, asquerosa, obscena y cobarde historia de generales nombrados por gobiernos democráticos que les pica la comezón golpista y se vuelven contra sus legítimos y democráticos presidentes bajo excusas que no difieren demasiado a pesar del gastado río de la historia. Algunos lo logran.

 

JM, marzo 2019.

Hipocresía internacional

Según Forbes, Argentina está a un paso del colapso. Para muchos, el colapso ya está instalado: la pobreza se disparó a niveles no vistos desde la gran crisis del 2001, lo mismo la inflación, el dólar, la desocupación, el déficit, la dependencia financiera y la verguenza (si es que esto último vale de algo en un mundo prostibulario).

Todo a pesar de que no es un país bloqueado, boicoteado y no hace un año recibió 50 billones de dólares de apoyo solidario del FMI.

Ese hermoso país es otro ejemplo de la flagrante, histórica, previsible, criminal hipocrecía internacional.

 

marzo 2019

An Open Letter to the Washington Office on Latin America About Its Stance on US Effort to Overthrow Venezuelan Government

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We believe that the Trump administration’s regime change effort in Venezuela is wrong in every way: morally, legally, and politically.

U.S. Vice President of United States Mike Pence and Venezuelan opposition leader and declared acting president by the National Assembly Juan Guaidó meet during the Lima Group Summit on February 25, 2019 in Bogota, Colombia. The meeting occurs after Nicolás Maduro blocked humanitarian aid in the border with Colombia in Cúcuta. (Photo: Luis Ramirez/Vizzor Image/Getty Images)

 

The following open letter, signed by 124 academics from around the globe, is addressed to the Washington Office on Latin America and voices serious concerns over WOLA’s support for various components of the Trump administration’s policy towards Venezuela.

We write out of concern for the direction that WOLA has taken with regard to a matter of life and death, and possibly war and peace, in Latin America. This letter is an attempt to engage with WOLA about your support for various components of the Trump administration’s efforts to topple the government of Venezuela.

We believe that the Trump administration’s regime change effort in Venezuela is wrong in every way: morally, legally, and politically. Since war has been openly threatened repeatedly by Trump himself and his top officials, this effort also runs a high risk in terms of the loss of human life and limb, and other unforeseen consequences of war and political violence.

For these reasons and more, WOLA should oppose this regime change effort unequivocally, just as progressives throughout the world opposed the Iraq War of 2003. But it has not done so. Rather, it has endorsed much of it. People may have differing personal opinions regarding the internal politics of Venezuela or how Venezuelans might best resolve their differences. But there is no doubt that the Trump administration’s illegal regime change operation is greatly worsening the situation and should be opposed by all who care about human life and international law.

“WOLA should oppose this regime change effort unequivocally, just as progressives throughout the world opposed the Iraq War of 2003.”

Most dangerous is WOLA’s opposition to the offers of mediation by Pope Francis as well as the neutral governments of Mexico and Uruguay. WOLA has referred to these offers ― which have been called the Montevideo mechanism ― as a “non-starter.” Instead, WOLA has chosen the European Contact Group, which is dominated by Washington and governments allied with its illegal sanctions and regime change effort, as the only legitimate place for negotiations to take place.

Since the Trump administration clearly has no desire to negotiate, and has openly stated this, WOLA’s choice implies that there will be no real negotiations until the other (European and Latin American) governments in the group are willing to make a clean break with Washington. This is not impossible, but it is unlikely in the foreseeable future. WOLA’s choice of a Trump-dominated negotiating group therefore aids Trump and his team of extremists (John Bolton, Marco Rubio, and Elliott Abrams), in their rejection of dialogue or negotiation.

WOLA even rejects the involvement of the UN in negotiations, which the UN Secretary-General Antonio Guterres has proposed, claiming that their role should be limited to overseeing a transition. The UN is the international body that has accumulated the most experience and knowledge in mediating inter- and intra-national crises. This includes successfully mediating the end to even seemingly intractable civil wars, such as in El Salvador in the 1990s. This expertise, alongside the moral authority the UN has as the most representative international body, means that a mediation process overseen by them would carry much more legitimacy than one led by the Trump administration and its political allies.

WOLA has been ambiguous about whether it supports the recognition of Juan Guaidó as “interim president,” a move that automatically creates a trade embargo on top of the current financial embargo. This is because the source of almost all of the country’s foreign exchange is from oil exports, about three-quarters of which goes to countries that have joined the Trump recognition of a parallel government, and therefore will not be expected to pay the current government of Venezuela for its oil.[1] 

This will deprive the economy of billions of dollars of foreign exchange, thus accelerating the increase in mortality (including infant and child mortality) from lack of medicines and health care, as well as worsening shortages of food ― an impact that is widely acknowledged. This is profoundly immoral. It also breaches international law, including Article 19 of the OAS Charter, the UN charter, and many other international treaties that the US has signed.

WOLA has also taken an ambivalent position on the August 2017 Trump sanctions, offering some criticisms but also offering suggestions for improvement. These sanctions imposed an illegal (for the same reasons as above) financial embargo that has been devastating, crippling oil production and thereby depriving the economy of billions of dollars for foreign exchange needed for vital imports. It also prevented any debt restructuring, as well as most other measures that would be necessary to exit from the country’s depression and hyperinflation.

WOLA defended these sanctions by arguing that “they complicate the Maduro government’s finances in such a way that they will not have an immediate impact on the population (although in the longer term, they likely would).” This is false, as anyone familiar with the sanctions and the Venezuelan economy knows. The Venezuelan economy ― not just the government ― depends on oil exports for almost the entirety of its foreign exchange. That is what pays for imports of medicine, food, and other vital necessities ― whether from government or the private sector.

“It is good that WOLA has distinguished itself from these people by opposing US military intervention and the manipulation of humanitarian aid for political purposes. But that is not enough.”

These positions are not defensible from a human point of view, and neither is the Trump administration’s apparent goal of extra-legal regime change. Why does the Trump team reject negotiation? Because they do not want a compromise solution which is necessary for the opposing political forces in a polarized country to co-exist. They are not concerned with the human costs of a winner-take-all solution; indeed it is possible that for people like Elliott Abrams and John Bolton, violence may be seen as an integral part of their strategy for vanquishing Chavismo and its followers, or gaining the control that both Trump and Bolton have stated that they want to have over the world’s largest oil reserves.

It is good that WOLA has distinguished itself from these people by opposing US military intervention and the manipulation of humanitarian aid for political purposes. But that is not enough. It should unequivocally oppose the whole sordid regime change operation, the violations of international law, and the illegal sanctions that are causing so much suffering.

WOLA should not pretend that this external regime change operation led by violence-prone extremists is actually a legitimate effort by the “international community” to help resolve Venezuela’s political and economic crisis. And most importantly, WOLA should abandon the implausible assertion that the only viable negotiation process is one that is controlled by the Trump administration and its allies, i.e., the European Contact Group.

 [1] The Trump administration subsequently carved out some temporary exceptions for some oil companies.

Signed (affiliations used for identification purposes only):

  1. Greg Grandin, Professor of History, New York University
  2. Noam Chomsky, Emeritus Professor, MIT
  3. Sujatha Fernandes, Professor of Political Economy and Sociology, University of Sydney
  4. Daniel Hellinger, Professor Emeritus of International Relations, Webster University
  5. John Womack Jr., Robert Woods Bliss Professor of Latin American History and Economics, emeritus, Harvard University
  6. Steve Ellner, Associate Managing Editor of Latin American Perspectives
  7. Richard Falk, Professor of International Law Emeritus, Princeton University
  8. Marisol de la Cadena, Professor of Anthropology, University of California-Davis
  9. Julio Yao, Professor of Public International Law, Agent of Panama to the International Court of Justice and Foreign Policy Advisor of General Omar Torrijos during Canal Negotiations
  10. Emir Simão Sader, Professor of Sociology, University of the State of Rio de Janeiro
  11. Gerardo Renique, Associate Professor, Department of History, City College of the City University of New York
  12. Mark Weisbrot, Co-Director, Center for Economic and Policy Research
  13. Sinclair S. Thomson, Associate Professor of History, New York University
  14. Brad Simpson, Associate Professor of History, University of Connecticut
  15. Thomas C. Field Jr., Associate Professor, Embry-Riddle College of Security and Intelligence
  16. Marc Becker, Professor of History, Truman State University
  17. Fred Rosen, Retired editor and director, NACLA
  18. Forrest Hylton, Associate Professor of History, Universidad Nacional de Colombia-Medellín
  19. Rosaura Sanchez, Professor of Literature, UCSD
  20. Suyapa Portillo, Associate Professor, Pitzer College
  21. Jocelyn Olcott, Professor, History, International Comparative Studies, Gender, Sexuality & Feminist Studies, Duke University
  22. John Mill Ackerman, Law Professor, National Autonomous University of Mexico (UNAM)
  23. Paul Ortiz, Associate Professor of History, University of Florida
  24. Bret Gustafson, Associate Professor of Anthropology, Washington University in St Louis
  25. Alexander Aviña, PhD, Associate Professor of History, Arizona State University
  26. Julie A. Charlip, Professor of History, Whitman College
  27. Richard Stahler-Sholk, Professor of Political Science, Eastern Michigan University
  28. Alex Dupuy, John E. Andrus Professor of Sociology Emeritus, Wesleyan University
  29. José Antonio Lucero, Associate Professor of International Studies, University of Washington
  30. Francine Masiello, Ancker Professor Emerita, UC Berkeley
  31. Elizabeth Monasterios, Professor of Latin American Literatures and Andean Studies and Co-editor, Bolivian Studies Journal, Department of Hispanic Languages and Literatures, University of Pittsburgh
  32. Roxanne Dunbar-Ortiz, Professor Emerita, California State University
  33. Guadalupe Correa-Cabrera, Associate Professor, George Mason University
  34. Christian Parenti, Associate Professor, Economics, John Jay College CUNY
  35. James Krippner, Professor of Latin American History at Haverford College
  36. William I. Robinson, Professor of Sociology and Global and International Studies, University of California-Santa Barbara
  37. James Cohen, University of Paris 3 Sorbonne Nouvelle
  38. Naomi Schiller, Assistant Professor of Anthropology, Brooklyn College, CUNY
  39. Jeb Sprague, University of Virginia
  40. Victor Silverman, Professor, Department of History, Pomona College
  41. Aviva Chomsky, Professor of History and Coordinator of Latin American Studies, Salem State University
  42. Jorge Majfud, Associate Professor of Spanish, Latin American Literature & International Studies, Jacksonville University
  43. Maryclen Stelling, Directora Ejecutiva del Centro de Estudios Latinoamericano, Celarg,  Analista político y de Medios de Comunicación
  44. Jeffrey L. Gould, Rudy Professor of History, Indiana University
  45. Jules Boykoff, Professor of Political Science, Pacific University
  46. Gavin Fridell, Canada Research Chair in International Development Studies, Saint Mary’s University
  47. Margaret Power, Professor of History, Illinois Institute of Technology
  48. Dr. Jerise Fogel, Classics & Humanities Dept, Montclair State University
  49. Clara Irazábal, Professor, University of Missouri— Kansas City
  50. Heather Williams, Associate Professor of Politics, Pomona College
  51. Kevin A. Young, Assistant Professor of History, University of Massachusetts Amherst
  52. Robert Austin, Honorary Associate, Department of History, School of Philosophical & Historical Inquiry , University of Sydney
  53. Bill Bollinger, Latin American Studies, California State University, Los Angeles
  54. Susan Spronk, Associate Professor, University of Ottawa
  55. Gregory S Kealey, CM, FRSC, Professor Emeritus of History, University of New Brunswick
  56. Rosalind Bresnahan, California State University San Bernardino (retired)
  57. Rich Potter, PhD, Assistant Professor, Chair, Department of Media Arts, The American Jewish University
  58. Silvia M. Arrom, Jane’s Professor of Latin American Studies, Emerita, History Dept, Brandeis University
  59. Christopher Helali, Graduate Student, Dartmouth College
  60. Van Gosse, Professor of History, Franklin and Marshall College
  61. Charles Bergquist, Professor Emeritus of History, University of Washington
  62. Bob Buchanan Ph.D., Faculty, Goddard College
  63. Francis Shor, Emeritus Professor, History, Wayne State University
  64. Barbara Weinstein, New York University
  65. Jessica K. Taft, Associate Professor, Latin American and Latino Studies, University of California at Santa Cruz
  66. Renate Bridenthal, emerita Professor of History, Brooklyn College, CUNY
  67. Hannah Gurman, Clinical Associate Professor, Gallatin School, New York University
  68. Pamela S. Murray, Professor, History Department, The University of Alabama at Birmingham
  69. Guillermo Calvo Mahe, Writer and political commentator; former Chair, Political Science, Government and International Relations at the Universidad Autónoma de Manizales
  70. Raymond Craib, Professor of History, Cornell University
  71. Shari Orisich, Ph.D., Assistant Professor, Department of History, Coastal Carolina University
  72. Fernando Leiva, Associate Professor, Department of Latin American and Latino Studies, University of California Santa Cruz
  73. William Smaldone, Professor of History, Willamette University
  74. Robert C. H. Sweeny, Honourary Research Professor, Department of History, Memorial University of Newfoundland
  75. Joan Paluzzi, Ph.D. Medical Anthropologist
  76. Robert Hannigan, Scholar in Residence, History, Suffolk University
  77. Elizabeth Dore, Professor of Latin American Studies, University of Southampton, UK
  78. Sanford Kelson, attorney-at-law and labor arbitrator, past president of Veterans For Peace
  79. Marian Mollin, Ph.D., Associate Professor of History, Virginia Tech
  80. Osamah Khalil, Assoc. Prof., History, Syracuse University, Maxwell School of Citizenship and Public Affairs
  81. Bruce Levine, J.G. Randall Distinguished Professor, Emeritus of History, University of Illinois at Urbana-Champaign
  82. Gabriela F. Arredondo, Associate Professor and Department Chair, Latin American & Latino Studies, University of California at Santa Cruz
  83. Patricia de Santana Pinho, Associate Professor, Department of Latin American & Latino Studies, University of California, Santa Cruz
  84. Lewis Siegelbaum, Jack and Margaret Sweet Professor Emeritus, Department of History, Michigan State University
  85. Sylvanna Falcón, Associate Professor of Latin American & Latino Studies, University of California, Santa Cruz
  86. John Marciano, Professor Emeritus, SUNY Cortland
  87. Shanti Marie Singham, Professor of History and Africana Studies, Williams College
  88. Ronald Grele, Columbia University
  89. Sandi E. Cooper, Professor Emerita, History, City University of New York
  90. Robert Samet, Assistant Professor, Department of Anthropology, Union College
  91. Keith Brooks, UFT, NWU
  92. Enrique Davalos, Chicana/o Studies Professor and Department Chair, San Diego City College
  93. Naoko Shibusawa, Associate Professor of History and American Studies, Brown University
  94. Celia E. Naylor, Associate Professor of Africana Studies and History, Barnard College, Columbia University
  95. Arnold J. Oliver, Ph.D., Emeritus Professor of Political Science, Heidelberg University
  96. Jeff Cooper, Professor of History, Santa Monica College (retired)
  97. John Munro, Associate Professor, St. Mary’s University
  98. Tanalis Padilla, Associate Professor of History, Massachusetts Institute of Technology
  99. Karen Breda, Professor, University of Hartford
  100. Pat Lauderdale, Professor and Honors Faculty, Faculty of Justice and Social Inquiry, SST, Arizona State University
  101. Pennee Bender, Acting Director, American Social History Project/Center for Media and Learning, City University of New York—The Graduate Center
  102. Dale L. Johnson, Professor Emeritus, Sociology, Rutgers University
  103. John Beverley, Emeritus Distinguished Professor of Hispanic Languages and Literatures at the University of Pittsburgh, and a founding member of Democratic Socialists of America
  104. Rachel Elfenbein, Ph.D., author, Engendering Revolution: Women, Unpaid Labor, and Maternalism in Bolivarian Venezuela
  105. Judy Ancel, President, The Cross Border Network
  106. Guy Aronoff, Lecturer at Humboldt State University
  107. Jeffrey Erbig, Assistant Professor of Latin American and Latino Studies, University of California, Santa Cruz
  108. Paul Alexander, English Professor, San Diego City College
  109. Liisa L. North, Professor Emeritus, York University, Toronto
  110. Daniel Kovalik, Adjunct Professor of Law, University of Pittsburgh
  111. Frederick B. Mills, Professor of Philosophy, Bowie State University
  112. Brooke Larson, Professor, Department of History, Affiliated Faculty, Center for Latin American and Caribbean Studies and Associated Faculty, Department of Women, Gender, and Sexuality Studies, Stony Brook University
  113. Howard Brick, Louis Evans Professor of History, University of Michigan
  114. Viviana Ramírez, BA (Hons), Dip. Ed., Senior Teacher of Spanish (retired) Queensland Dept. of Education (1994-2016), Australia
  115. Amy Chazkel, Columbia University
  116. Teishan Latner, Assistant Professor Thomas Jefferson University
  117. Richard Grossman, Instructor, Department of History, Northeastern Illinois University
  118. Chris Carlsson, author, co-director, Shaping San Francisco
  119. Tina Braxton, PhD Candidate in History, Georgetown University
  120. Emilie Vardaman, ESL Instructor, Retired
  121. Rupa Shah MD, FACC
  122. Jodie Evans, CODEPINK
  123. Roger Leisner, Radio Free Maine
  124. Frank Brodhead, Peace activist
  125. Miguel Ramirez, Professor of Economics, Trinity College

El capital político de Uruguay

Carta abierta a los políticos uruguayos

Estimados señores representantes y candidatos políticos:

Para empezar, lo obvio: este ciudadano, como cualquier otro, no está en condiciones de dar ni lecciones morales ni lecciones de vida a nadie. Bastaría con echar una mirada a los problemas familiares de esas micro repúblicas que nunca nadie ha podido resolver para curarnos en humildad. Ni siquiera me siento más autorizando que nadie para dar mi opinión por ser ciudadano uruguayo ni por ver sus problemas desde una perspectiva particular o a través de una experiencia algo diversa. El popular argumento de “yo sé lo que digo porque lo viví” es una muleta que se desarma fácilmente con la opinión opuesta de dos individuos que vivieron los mismos hechos. Por no entrar a recordar la imposibilidad de cada individuo de vivir sobre todo un país y en cada uno de los grupos y las clases sociales que lo componen.

Empecemos por las virtudes. Hasta muy recientemente, Uruguay ha gozado de un capital que escasea, y cada vez más, en la mayor parte del mundo. Me refiero al capital político que siempre tiene traducciones en la forma en que los individuos se relacionan y hasta en la economía. Ese capital político es muy simple, pasa desapercibido o desvalorizado por aquellos que lo viven desde su propia burbuja. No es sexy (como dicen los consumistas hoy) como la guillotina en la Revolución francesa, como el Gran Garrote de Theodore Roosevelt, como los tanques de las tradicionales dictaduras latinoamericanas o como el grito de yugulares hinchadas de los presidentes-pastores-ejecutivos de las nuevas democracias asaltadas por la nueva cultura cowangry.

Ese capital, que se basa en la cultura civil, en la capacidad de convivir con nuestras diferencias ideológicas e identitarias, se erosiona y se pierde fácilmente con las frustraciones individuales y colectivas (en caso que todavía exista lo colectivo).

Cuando en mis primeras elecciones de 1989 voté al partido Verde Ecologista, mi padre era un modesto candidato a edil por el partido Nacional (a esa altura su partido había vuelto a ser el partido conservador que había sido la mayor parte del siglo). El mismo día de las elecciones le dije que no había votado por él. Mi padre me respondió que había hecho lo correcto al seguir mi conciencia. Hasta su último día, nuestras profundas diferencias políticas nunca menguaron el cariño y el respeto que le tenía.

Recientemente, un amigo venezolano que detesta lo que él llama el “régimen chavista” me preguntó, sorprendido, “¿cómo es posible tener amigos en los dos bandos”? Mi respuesta fue que su pregunta explicaba gran parte del “problema venezolano”. Más allá de quién es responsable de esa cultura suicida (ya he escrito bastante, o algo, sobre esto, sobre la historia venezolana y sobre la antigua práctica hipócrita de las potencias hegemónicas, y acepto que otros no vean el problema de la misma forma). Quiero decir, no por eso los considero enemigos o necesariamente mala gente. Depende del caso.

Uno no es bueno ni malo por ser estadounidense. (¿Hay que aclarar algo tan obvio? Sí.) Uno no es ni bueno ni malo por ser uruguayo, francés o mozambiqueño. Nadie es bueno o malo por ser socialista, conservador, cristiano, judío, ateo o astronauta. Para merecer esos títulos primero hay que ser una buena o una mala persona. Razón por la cual puedo jactarme de tener amigos conservadores, católicos, ateos, comunistas, liberales, anarquistas, pro-chavistas, antichavistas… En fin, de todo menos nazis o miembros del KKK, por razones morales básicas. Son mis amigos no por sus ideas políticas sino porque los considero buenas personas. Discrepo con la mayoría de ellos, creo que se equivocan en el diagnóstico y en las soluciones (claro, ese es el orden científico, pero en política, como en religión, el orden es el inverso: primero las supuestas soluciones, las ideas políticas, luego el diagnóstico de la realidad, la crítica).

En la cultura toxica de las redes sociales (el factor global común que nació y se sustenta en el principio de la venta y el beneficio económico, no en el amor fraternal), en las reacciones epidérmicas donde los algoritmos del sistema de renqueo y popularidad siempre premian más al insulto y el agravio que a los ya vanos intentos de dialogo civilizado, mantener el Factor Uruguayo, el Capital Político, el sentido del diálogo ilustrado, es cada día más difícil.

Pero tal vez tomar conciencia de este problema ayude en algo. El capital político no significa que todo vale igual. De algún lado está la verdad o tal vez está en ambos lados y mal repartida. A veces ni siquiera se trata de la verdad sino de simples intereses. En cualquier caso, el ejercicio intelectual de des-cubrimiento, de re-velación a través de la crítica radical seguirá siendo vital para cualquier sociedad civilizada que pretenda vivir en paz y en justicia.

Es decir, seguiremos luchando, con todos los recursos intelectuales y morales por lo que creemos justo y necesario. Seguiremos siendo radicales y agresivos en el análisis y en el combate de las ideas sobre la justicia y la realidad. Seguiremos luchando por destruir las ideas que enmascaran la realidad para sufrimiento de la gran mayoría o para el abuso injusto de una minoría. Seguiremos apoyando organizaciones populares y luchando para limitar el inmenso poder elitista que nunca deja de crecer ni de secuestrar los logros del resto del mundo mientras los venden como méritos propios.

Pero en el proceso, no destruyamos el gran capital político y social, el único y verdadero capital humano (no ese cuyo único objetivo, se supone, es el capital financiero), porque en ese caso todos tendremos mucho para perder. Empezando por la razón y terminando por los recursos materiales más básicos.

Se acercan las elecciones de 2019 en ese pequeño país rodeado de maniqueos. Es natural que, en estos procesos, muchas veces meros circos, se comercie con insultos y otros ataques personales. Aquí en Estados Unidos, una democracia muy imperfecta y limitada, elegantemente corrupta, es una práctica cada vez menos disimulada. Es de esperar que lo que se hace aquí se copie allá, como lo indica la tradición.

Claro que no es algo inevitable. No sería un mal acuerdo procurar minimizar estos daños de campaña electoral, recuperar y potenciar el capital político una vez que pase el carnaval.

En Uruguay los candidatos de los partidos políticos en disputa podrían reunirse en una pizzería a tomar cerveza. Por ridículo o irrelevante que esto pueda parecer, la sola posibilidad indica un capital social que escasea en el mundo, mucho más que cualquiera de las riquezas por las cuales abundan tantas guerras, tanto odio y tanta miseria que solo les sirve a unos pocos, a casi nadie.

 

JM, febrero 2018

 

Carta abierta a la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA):

Los abajo firmantes manifestamos nuestra preocupación por la dirección que WOLA ha tomado con respecto a un posible conflicto bélico en América Latina. Esta carta es un intento de hacer reflexionar a WOLA sobre su apoyo a varias medidas e intentos por parte de la administración Trump para derrocar al gobierno de Venezuela.

Creemos que las acciones de la administración Trump para lograr un cambio de régimen político en Venezuela posee varias carencias de tipo moral, legal y político. Trump y sus principales funcionarios han amenazado, repetidamente, con iniciar una intervención bélica, acciones que tendrían un alto riesgo en términos de pérdida de vidas humanas, aparte de otras consecuencias imprevistas, como ocurre siempre con las guerras y la violencia política.

Por estas razones y por muchas otras más, WOLA debería oponerse a este esfuerzo intervencionista de manera inequívoca, al igual que los progresistas de todo el mundo se opusieron a la Guerra de Irak de 2003. Pero no lo ha hecho. Más bien, ha respaldado gran parte de estas medidas. Podemos tener diferentes opiniones sobre la política interna de Venezuela o sobre cómo los venezolanos pueden resolver sus diferencias. Pero no hay duda de que la operación ilegal de cambio de régimen de la administración Trump está empeorando enormemente esta situación y debe ser rechazada por todos los que se preocupan de verdad por la vida humana y por el derecho internacional.

Más peligrosa es aún la oposición de WOLA a las ofertas de mediación del Papa Francisco, así como a los gobiernos neutrales de México y Uruguay. WOLA se ha referido a estas ofertas, llamadas el Plan de Montevideo, como ineficientes. En su lugar, WOLA ha preferido el Grupo de Contacto Europeo, que está dominado por Washington y por los gobiernos aliados a sus esfuerzos ilegales de cambio de régimen y sanciones, como el único lugar legítimo para llevar a cabo cualquier negociación.

Como la administración Trump claramente no tiene ningún deseo de negociar, y lo ha declarado abiertamente, la decisión de WOLA implica que no habrá negociaciones reales hasta que los otros gobiernos del grupo (tanto europeos como latinoamericanos) estén dispuestos a romper con Washington. Esto no es imposible, pero es improbable por el momento. La elección de WOLA de un grupo negociador dominado por Trump, por lo tanto, ayuda a Trump y su equipo de extremistas (John Bolton, Marco Rubio y Elliott Abrams) a rechazar cualquier diálogo o la negociación.

WOLA rechaza, incluso, la participación de la ONU en las negociaciones, cuyo secretario general, Antonio Guterres, ha ofrecido, reconociendo que su papel debería limitarse a supervisar una transición. La ONU es el organismo internacional que más ha acumulado experiencia y conocimiento en la mediación de crisis domesticas e internacionales. Esto incluye la exitosa mediación en el fin de guerras civiles, aparentemente fueras de control, como, por ejemplo, fue el caso de El Salvador en la década de 1990. Esta experiencia, junto con la autoridad moral que tiene la ONU como el organismo internacional más representativo, significa que un proceso de mediación supervisado por ellos tendría mucha más legitimidad que uno liderado por el gobierno de Donald Trump y sus aliados políticos.

WOLA ha sido ambigua respecto a su respaldo o no de Juan Guaidó como “presidente interino de Venezuela”, una medida que automáticamente crea un embargo comercial, además del actual embargo financiero que ya sufre ese país. Esto se debe a que casi todas las divisas del país provienen de las exportaciones de petróleo, de las cuales alrededor del 75 por ciento de las se destinan a países que se han unido al reconocimiento de Trump de un gobierno paralelo y, por lo tanto, no es de esperar que le paguen al gobierno actual por sus compras de petróleo. (*)

Estas medidas privarán a la economía venezolana de miles de millones de dólares en divisas, lo cual acelerará el aumento de la tragedia que vive ese país (incluida la mortalidad infantil) por la falta de medicamentos y atención médica, así como el empeoramiento de la escasez de alimentos, un impacto que es ampliamente reconocido por todos. Esto es profundamente inmoral. También infringe el derecho internacional, incluido el Artículo 19 de la Carta de la OEA, la Carta de las Naciones Unidas y muchos otros tratados internacionales que los Estados Unidos han firmado.

WOLA también ha tomado una posición ambigua sobre las sanciones de Trump de agosto de 2017, ofreciendo algunas críticas pero también sugerencias para mejorarlas. Estas sanciones impusieron un embargo financiero ilegal (por las mismas razones mencionadas anteriormente) que ha sido devastador, paralizando la producción de petróleo y, por lo tanto, privando a la economía de miles de millones de dólares en divisas necesarias para importaciones vitales. También impidió cualquier reestructuración de la deuda, así como la mayoría de las otras medidas que serían necesarias para salir de la depresión e hiperinflación que actualmente sufre el país.

WOLA defendió estas sanciones argumentando que “complican las finanzas del gobierno de Maduro de tal manera que no tendrán un impacto inmediato en la población (aunque probablemente sí lo tenga a largo plazo)”. Lo cual es falso, como cualquiera que esté familiarizado con las sanciones y la economía venezolana saben. La economía venezolana, no solo el gobierno, depende de las exportaciones de petróleo para casi la totalidad de sus divisas. Son estas isas las que pagan las importaciones de medicamentos, alimentos y otras necesidades vitales, tanto en el sector público como en el sector privado.

Estas posiciones no son defendibles desde un punto de vista humano, y tampoco lo es el objetivo de la administración Trump de un cambio de régimen fuera del marco legal. ¿Por qué el gobierno de Trump rechaza la negociación? Porque no les interesa una solución basada en el compromiso necesario para que las fuerzas políticas en un país polarizado puedan coexistir. No están preocupados por los costos humanos de una solución en que el ganador se lleva todo; de hecho, es posible que para personas como Elliott Abrams y John Bolton la violencia sea vista como una parte integral de su estrategia para vencer al chavismo y sus seguidores, u obtener el control que tanto Trump como Bolton han declarado que quieren tener sobre las mayores reservas de petróleo del mundo.

No deja de ser positivo que WOLA se haya distinguido de estas personas al oponerse a la intervención militar estadounidense y la manipulación de la ayuda humanitaria con fines políticos. Pero eso no es suficiente. Debería oponerse, de forma explícita, a toda la operación de cambio de régimen, a las violaciones al derecho internacional y las sanciones ilegales que están causando tanto sufrimiento.

WOLA no debe asumir que toda esta operación de cambio de régimen liderada por extremistas propensos a la violencia es, en realidad, un esfuerzo legítimo de la “comunidad internacional” para ayudar a resolver la crisis política y económica de Venezuela.

Más importante aún: WOLA debería abandonar la inverosímil afirmación de que el único proceso de negociación viable es el que está controlado por la administración Trump y sus aliados, es decir, el Grupo de Contacto Europeo.

 

(*) Más tarde, la administración Trump estableció algunas excepciones provisorias para algunas compañías petroleras.

 

 

Firman esta declaración:

Greg Grandin, Professor of History, New York University

Noam Chomsky, Emeritus Professor, MIT

Marisol de la Cadena, Professor of Anthropology, University of California-Davis

Steve Ellner, Associate Managing Editor of Latin American Perspectives

Sinclair S. Thomson, Associate Professor of History, New York University

Brad Simpson, Associate Professor of History, University of Connecticut

Thomas C. Field Jr., Associate Professor, Embry-Riddle College of Security and Intelligence

Marc Becker, Professor of History, Truman State University

Forrest Hylton, Associate Professor of History, Universidad Nacional de Colombia-Medellín

Sujatha Fernandes, Professor of Political Economy and Sociology, University of Sydney

Rosaura Sanchez, Professor of Literature, UCSD

Suyapa Portillo, Associate Professor, Pitzer College

Jocelyn Olcott, Professor, History, International Comparative Studies, Gender, Sexuality & Feminist Studies, Duke University

Jorge Majfud, Associate Professor of International studies, Jacksonville University.

Jodie Evans, CODEPINK


1611 Connecticut Ave., NW
Suite 400
Washington, DC 20009
(202) 293-5380

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Les vrais murs de la démocratie étasunienne

par Jorge Majfud *

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Les murs de la démocratie étasunienne sont de deux genres : l’un est culturel et l’autre structurel. Les deux, avec un vieux objectif : maintenir le pouvoir aux mains d’une minorité qui se représente comme majorité.

 

Voyons le mur culturel, d’abord, mais commençons par son côté positif. Les dits « Pères fondateurs » furent une élite d’intellectuels, reflet des nouvelles idées radicales européennes qui ont, plus ou moins, trouvé un espace sur le nouveau continent qu’ils n’avaient pas dans le vieux, de la même manière que le fit le christianisme en Europe et non en Palestine juive. C’est-à-dire un territoire moins convoité par les empires de l’époque et moins poursuivi par la tradition millénaire d’idées fossilisées. Thomas Jefferson était devenu citoyen français avant d’être président des États-Unis et tous les autres avaient, d’une certaine manière, une profonde admiration pour les philosophes de l’illustration, mais directement de la culture française. Les idées de Jefferson, comme celle des autres fondateurs, ne coïncidaient pas beaucoup avec le reste de population, et même ses livres ont été interdits dans beaucoup de bibliothèques sous l’accusation exagérée d’être athée. L’idée de créer un mur épais qui séparait la religion du gouvernement était trop radicale.

Cependant, cette élite fondatrice partageait avec le reste le malheur du racisme et du double bâton de mesure. Le génie de Benjamin Franklin ne voulait pas d’immigration qui ne soit pas blanche et anglo-saxonne. Le savant Thomas Jefferson non seulement avait abusé d’une mineure qu’il a rendue mère plusieurs fois, mais, en plus, il ne l’a jamais libérée pour devenir mulâtre. La belle esclave, Sally Hemings, était la fille illégitime de son beau-père avec une autre esclave. Pour ne pas rentrer dans la longue et persistante histoire des lois racistes qui vont de l’idée sur la non-humanité des noirs au mépris des Latinoaméricains pour leur condition d’hybrides, comme les mules, quelque chose qui, selon les journalistes et des membres du congres du XIXe siècle, ne plaisait pas à Dieu. Le dégoût pour les chinois, pour les irlandais (avant de devenir des blancs assimilés), pour les indiens et pour les Mexicains a complété la carte du mépris et de la spoliation pour tout ce qui n’était pas anglo-saxon et protestant. La belle phrase « We the people » assumait, en fait, qu’avec ce « le peuple » ils ne se référaient ni aux noirs, ni aux indiens, ni à personne qui n’appartenait pas à la « race » des fondateurs.

Mais Jefferson était dans le vrai quand il a dit que « la terre appartient aux vivants, non aux morts ». On a l’habitude de pardonner aux pères Fondateurs (et aux leaders qui les ont suivis) parce qu’ils étaient « des hommes de leur temps » ; on ne peut pas juger quelqu’un qui a vécu il y a deux cents ans avec les valeurs d’aujourd’hui. Cependant, quelques années après que Jefferson ait laissé le gouvernement des États-Unis, un militaire rebelle nommé José Artigas, qui était contre l’abus militaire dans le gouvernement et en faveur d’une démocratie plus directe, à peine avait il pris le contrôle de l’Union des Peuples Libres (ce qui est aujourd’hui l’Uruguay et une partie de l’Argentine) qu’il a distribué des terres à des blancs, des indiens et des noirs sous la devise « les plus malheureux seront les plus privilégiés ». Un principe et une attitude vraiment chrétienne d’un homme non religieux.

Il n’est pas non plus certain que les États-Unis n’aient jamais eu de dictature. En fait, leurs lois ont eu besoin d’un siècle, même après la Guerre civile, pour reconnaître que quelqu’un pouvait être citoyen des Etats Unis indépendamment de sa couleur de peau, bien qu’ensuite ils ont continué de filtrer aussi, par loi, les immigrants qui n’étaient pas suffisamment blancs.

Actuellement, mêmes les blancs les plus blancs sont devenus des noirs. Mais ils ne le savent pas, et c’est pourquoi est re-née la haine des noirs et marrons. Ils se sentent les nouveaux noirs, mais ils ne le reconnaissent pas et alors ils ont besoin de mépriser le reste pour confirmer leur ancienne condition de blancs, c’est-à-dire, de privilégiés.

Pendant ce temps, la démocratie des Etats-Unis d’Amérique reste séquestrée par 0,1 % de sa population, par les multimilliardaires qui financent les campagnes électorales, dînent avec les vainqueurs et envoient leurs scribes s’asseoir dans les comités qui rédigent les lois ensuite approuvées par les législateurs, dont la majorité sont millionnaires.

Maintenant, jetons un regard sur les murs structuraux de la démocratie hégémonique. Ces problèmes plongent aussi leurs racines dans le racisme et l’élitisme social masqué dans un discours opposé.

Voyons cette logique rapportée à l’obsession historique des bulles ethniques. La population latine est sous-représentée à l’extrême parce que, comme d’autres minorités telle que l’afro-américaine et l’asiatique, elles vivent dans les grandes villes et celles-ci sont dans les états les plus peuplés comme la Californie, le Texas, la Floride, New York et l’Illinois. De ces états, seul le Texas est un état avec une majorité conservatrice solide. La Floride est pivotante et les autres sont des bastions traditionnels progressistes (libéraux, dans le langage US).

Cependant, bien que la Californie ait une population de 40 millions, elle dispose seulement de deux sénateurs. Le même nombre que New York, autre état avec 20 millions d’habitants. Le même nombre de sénateurs que chacun des cinquante états, comme l’Alaska, état dont la population n’arrive pas à 800 000 habitants. Le groupe des Etats du centre comme les deux Dakotas, Nebraska, etc. tournent à peine autour d’un million d’habitants (Wyoming arrive à peine au demi million) et chacun dispose de deux sénateurs. Ce qui signifie que le vote d’un fermier dans n’importe lequel de cette douzaine d’états conservateurs et dépeuplés vaut entre 30 et 40 fois plus que le vote de tout étasunien qui vit dans les états peuplés de la Californie, du Texas, de la Floride, de New York ou de l’Illinois.

Certes, ce système d’élection des sénateurs n’est pas unique dans le monde, mais aux États-Unis le déséquilibre de peuplement et politique en faveur des conservateurs ruraux, depuis le XIXe siècle, est remarquable et consistant.

Comme si ce n’était pas assez, il faut considérer que le système d’élections présidentielles non seulement refuse à Puerto Rico, avec presque quatre millions d’habitants (plus que la somme de quelques Etats centraux), la possibilité de choisir le président, mais, de plus, le système électoral en vigueur, héritage du système esclavagiste qui favorisait les Etats du sud avec une faible population blanche, rend possible qu’un président soit choisi en ayant reçu trois millions de votes de moins que le perdant.

Grâce à ce système (l’électorat reproduit non seulement le nombre de représentants mais aussi de sénateurs), des Etats plus peuplés comme la Californie, le Texas, l’Illinois ou New York (qui subventionnent économiquement les plus pauvres états), ont besoin du double ou plus de votes que les Etats dépeuplés du centre pour arriver à placer un électeur. Une autre raison pour comprendre pourquoi les minorités, qui additionnées ne le sont pas, ne sont pas traitées avec la justice électorale qu’une vraie démocratie doit garantir : un citoyen, un vote.

Ce n’est pas par hasard que la population, malgré la vieille manipulation médiatique, a l’habitude d’avoir des opinions très différentes par rapport à ses propres gouvernements. Ce qui importe à peine dans cette démocratie.

Jorge Majfud*

Jorge Majfud est Uruguayen, écrivain, architecte, docteur en philosophie pour l’Université de Géorgie et professeur de Littérature latinoaméricaine et de Pensée Hispanique dans la Jacksonville University, aux États-Unis d’Amérique. College of Arts and Sciences, Division of Humanities. Il est auteur des romans « La reina de lAmérica » (2001), « La ciudad de la Luna » (2009) et « Crise » (2012), entre d’autres livres de fiction et d’essai.

Tequila

SUBURBANO.NET

Un tequila policial

 

La muerte joven se une al crimen y el misterio en Tequila (Sudaquia), novela del escritor Jorge Majfud (Uruguay, 1969). En el verano de 1998 siete hispanos recientemente egresados de la universidad parten de Jacksonville, Florida, en un motor home y un auto alquilado hacia la costa californiana del Pacífico. Cada entrada del diario de Raquel es una invitación para ahondar en ese viaje por las carreteras míticas de Estados Unidos. La música y la marihuana, como corresponde, son otra buena compañía para los jóvenes que saben muy bien que apenas concluya el viaje se acabará la fiesta: la vida adulta solo promete un trabajo, tal vez hijos, y pagar las deudas de los préstamos estudiantiles.

En ese tiempo suspendido de futuro los protagonistas continúan su celebración a la velocidad en que pasan las ciudades –Alabama, New Orleans, El Paso– y los parajes cambian: el vértigo horizontal de la américa profunda.

Tequila es un policial que no sólo propone un enigma que seduce de inmediato –un joven que no falleció cuando todos creían que había muerto– sino que toca temas como el migratorio y las identidades, el valor que realmente tienen, en un tiempo en que nada es lo que parece, fake news de por medio.

Jorge Majfud se graduó en 1996 de arquitecto por la Universidad de la República del Uruguay y publicó su primera novela, Memorias de un desaparecido. Recorrió más de cuarenta países recogiendo material para sus primeros libros mientras trabajaba como calculista de estructuras y como profesor de matemáticas. En el año 2003 abandonó definitivamente esas profesiones para dedicarse a su primera vocación. Máster y doctor en Literatura por la Universidad de Georgia en 2008, dio clases en diferentes universidades de Estados Unidos. Es el autor de varios libros de ensayos y análisis como El eterno retorno de QuetzalcóatlUna teoría de los campos semánticos, y novelas como La reina de AméricaLa ciudad de la Luna Crisis. Es colaborador frecuente de diferentes medios internacionales. Actualmente es profesor de Literatura latinoamericana y Estudios Internacionales en Jacksonville University.

 

¿Por qué elegiste narrar Tequila en forma de diario?

El género de la novela-diario tiene un clásico perfecto en La invención de Morel, de Bioy Casares. Tequila es más bien una confesión (la confesión de un crimen colectivo) en forma de investigación y de memorias de un viaje de graduados realizado quince veranos atrás. La narradora basa gran parte de su relato en sus propias memorias, pero las va ordenando y verificando en los recibos de hoteles, gasolineras, algunas fotos y en las grabaciones secretas de veintidós cassettes de la víctima. Como siempre (al menos en mi caso) la técnica narrativa no es algo que uno decide conscientemente. Bueno, casi nada en una novela que intenta ser una exploración existencial es calculado. Para cálculos están Hollywood y las megas editoriales.

Gran parte de la novela sucede on the road. Pero a esa cualidad le agregas un enigma, se vuelve entonces una novela policial. Al género le das una vuelta de tuerca sumamente interesante…

Eso espero. Que tengo algún interés. Una noche de insomnio me levanté y ya tenía la historia completa. El bosquejo de algo que pasó. Pero la escritura es otra cosa. Para un escritor, escribir es como mirar por un microscopio para un biólogo, o por un telescopio para un astrónomo. Uno va descubriendo detalles, va aclarando aquellas cosas que hasta ese momento eran solo vagas intuiciones. Después de mis últimas novelas de perspectivas múltiples como La ciudad de la LunaCrisis y El mar estaba sereno, sentía la necesidad de un camino simple, lineal. Y qué más simple y lineal que un viaje, que, además, va de costa a costa en una sola ruta. Pero ese camino tiene desvíos y la multiplicidad de perspectivas vuelve con el cruce de personajes momo el mexicano German, que tiene una visión de la muerte (y por lo tanto de la vida) significativamente diferente a la concepción materialista de los estudiantes estadounidenses.

 Sí, la estructura se asemeja a una road-trip story o un road movie y en la temática a una novela policial, pero es lo opuesto a una novela policial. Por lo general, las novelas de detectives y las policiales son producto del positivismo del siglo XIX. Básicamente se centran en la resolución de un problema, pero no un problema social o existencial sino un problema inventado por el autor que es siempre el mismo: la investigación sobre un crimen. En Tequilahay un crimen, pero el centro de la novela no consiste en “resolver el problema”. Aunque sea el objetivo de unos jóvenes desesperados, para la novela, me parece, el problema es la revelación de distintas personalidades, la fragilidad de la vida, el valor de la identidad, el instinto de sobrevivencia que se manifiesta de formas irreconocibles, dependiendo de la posición de cada uno, pero son, en el fondo, la misma cosa. Como cuando los viajeros descubren que German, el nuevo integrante del grupo, afeitado es el doble del muerto, y cuando German descubre el rostro del viajero muerto conservado en Tequila, hay una complicidad colectiva para sustituir uno por el otro. Unos lo hacen para cubrir un crimen, una culpa que nunca se resolverá, y el otro, el inmigrante ilegal, para sobrevivir a una realidad brutal, como la de muchos inmigrantes ilegales. No hay resolución del problema ni hay happy ending como en una novela, como en una película de detectivesPor lo tanto, no es una novela policial. Tal vez podría ser una antinovela policial, en el sentido de que usa su estructura, pero la niega en sus propósitos tradicionales.

Está el enigma que se une al tema de la migración en Estados Unidos, lo que confirma con la lectura de Tequila que la novela policial todavía es un reflejo de la sociedad.

Vos sos un gran lector de Ernesto Sábato, como yo lo fui en mi adolescencia. Junto con Sartre y otros, fue uno de mis maestros. Los lectores y los escritores eligen a sus maestros según ciertas afinidades. Ellos suelen articular nuestras inquietudes y nuestras intuiciones más turbias, más profundas. Para mí una novela, como la vida, tiene muchas dimensiones, muchos niveles. Si no está simplificada por las necesidades y la insensibilidad del gusto McDonald’s del mercado, la novela no puede carecer, entre otros niveles, de los problemas más acuciantes de una sociedad. Incluso La Invención de Morel, por volver a un ejemplo usado antes, que se desarrolla en una isla inexistente y parece un cuadro abstracto, revela la voluntad del autor, de su clase social, de evadirse de la Argentina de los años treinta.

Pero una novela que se precie de no comercial (y lo siento por nuestros editores, que hacen un trabajo titánico para salvar la cultura radical sin hundiese en la bancarrota) tampoco carece de una dimensión ahistórica, es decir, de los problemas universales del individuo: el amor, el odio, la envidia, el ego, la creación, la destrucción, la necesidad de la verdad y la justicia, la debilidad de la mentira y el abuso del poder, etc. Una novela es parte de su tiempo y de su sociedad. No un reflejo, porque más que frecuentemente suele exponer sus tabúes, sus problemas ocultos, todo aquello que la frivolidad diaria de los medios masivos niega de forma pornográfica.

¿Por qué una voz femenina para contar la historia?

Esa pregunta no es simplemente técnica. Es radical, en el mejor sentido de la palabra. En La reina de América, publicada en el 2002 en España, la voz narrativa también es una mujer. Más exactamente, en ambos casos es una mujer joven, tímida, y llena de miedos. Es una perspectiva que me permite explorar y observar el mundo, sobre todo la violencia moral, sin intervenir en él de forma decisiva hasta que se produce la rebelión final. Siempre me he preguntado cómo es el mecanismo de un escritor hombre que toma la voz y la perspectiva de una mujer, o viceversa; hasta dónde es legítimo y por qué me resulta tan natural siendo yo un hombre heterosexual. Pero ese cuestionamiento se derrumba en la práctica narrativa.

Cuando Consuelo en La reina de América o Raquel en Tequila hablan, son ellas y no yo, como cuando soñamos con diferentes personas. Cada personaje de nuestros sueños es producto de nuestra creación espontánea, pero nosotros, el yo despierto, no es ninguno de ellos. Lo mismo ocurre cuando tomamos la voz y la perspectiva de un asesino, de un psicópata, de alguien que dista, radicalmente, de nuestro yo. No se trata de una invención fría, de una fabricación, sino de una empatía de ser humano, más allá del género, del sexo, pero que no es ajeno a estas diferencias.

 

Leyendo la novela me preguntaba hasta qué punto conocemos a las personas que están al lado nuestro.

Ahí ya tenés un cuestionamiento existencial que proviene de la exploración propia de la ficción. Seguramente te la habrás formulado muchas otras veces antes, al menos como intuición. Creo que la respuesta es que nadie conoce completamente a nadie. Ni siquiera nos conocemos completamente nosotros mismos. Si así fuese, nunca hubiese existido la famosa recomendación del oráculo griego, grabado en el templo de Apolo, “conócete a ti mismo”. Hay gente más o menos confiable, conocemos más o menos de una persona, pero nunca, jamás, en su totalidad, por la simple razón de que no somos dioses; ni nosotros que conocemos, ni los individuos que conocemos lo son.

Es en la ficción que estos problemas se ponen sobre el escenario, mucho más desnudos que en eso que llamamos realidad. Por algo “persona” en el antiguo teatro griego significaba “máscara”. Somos actores y representamos diferentes papeles: como profesores, como cocineros, como amantes, como padres. Siempre estamos ajustando nuestros personajes. No existe esa tontería de “yo soy el que soy, alguien natural”. Todos somos lo que podemos ser y lo que queremos ser, es decir, personajes. Claro que, como en el teatro griego, hay personajes que llamamos héroes y otros definitivamente patéticos.

Los protagonistas son jóvenes y viven “en la maravillosa burbuja de la universidad”, como escribes. A diferencia de lo que ocurre en otros países, la vida universitaria en Estados Unidos es campo para todo tipo de experimentaciones. Una vez que se consigue el título, la vida vuelve a su cauce normal. ¿Por qué cree que esto sucede?  

Sí, la universidad es una burbuja maravillosa, pero no es la única. Toda sociedad está formada de burbujas, y la burbuja de la universidad no es la más alejada de eso que llaman “realidad”, que no es otra cosa que otra burbuja ficticia. La burbuja de los camioneros, la burbuja de las modelos, la burbuja de las amas de casa, la burbuja de los CEO, de los gerentes y los grandes hombres de negocios que estúpidamente se creen los inventores del mundo. Etcétera. En nuestro tiempo bastaría con considerar que el progreso tecnológico y económico depende, en buena medida, de esa burbuja, la burbuja de los estudiantes y los malditos profesores asalariados.

 Es cierto lo que dices: las universidades y, especialmente, las universidades estadounidenses son un caldo de cultivo de todo tipo de experimentos. Están llenas de locos, de radicales en el mejor sentido de la palabra, porque no hay otra forma de empujar los límites del conocimiento que estimular el cuestionamiento y no aceptar esa mediocridad llamada “realidad”, “mundo” y otras ficciones. En particular, las universidades estadounidenses suelen atraer miles de intelectos brillantes de todas partes del mundo. No en vano la mayoría de las patentes que se producen en este país tienen a un extranjero como autor o participe, y no en vano cierto sector de la sociedad nos ve como radicales peligrosos. Claro, somos peligrosos, radicales, como mucha otra gente culta que no pertenece a la burbuja universitaria, porque usamos ideas y palabras. Si usáramos armas y millones de dólares para crear opinión pública, si enviásemos a todo un país a una guerra injustificada que deje un millón de muertos, seriamos moderados.

En el caso de los personajes de Tequilatambién hay que considerar el factor etario. En cualquier cultura, en cualquier país la perspectiva existencial que tenemos a los veintidós años no es la misma que la que tenemos a los cuarenta o a los setenta. Si a eso le agregamos que muchos de nuestros estudiantes no saben lo que es pasar hambre o sufrir violencia social, económica y moral, la burbuja se reduce mucho y cualquier espina puede reventarla. Las reacciones de cada uno son reveladoras. Pero después de graduarnos, la vida no sigue “el cauce normal” sino definitivamente uno más mediocre, adaptado a la sobrevivencia y las convenciones sociales según el trabajo que consigamos. Entonces empezamos a pensar y sentir según nuestras conveniencias, no según nuestras más profundas convicciones.

¿Disfrutaste de la escritura de Tequila o sos de los autores que sufren durante el proceso creativo?

Bueno, en eso no puedo decir que tengo la experiencia de Ernesto Sábato. Tal vez sufro un poco con la escritura de ensayo, del articulo urgente que debo escribir, no porque ningún medio me lo imponga sino porque siento que no puedo no responder. Pero para mí la escritura de ficción es catártica. Es superior a cualquier otra forma de escritura. La literatura me salvó, literalmente. No necesité psicólogos. Gracias a la ficción descubrí que el mundo (social) que me rodeaba era, en su mayor parte, una enorme ficción con pretensiones de realidad. Si no es un mero aparato comercial para vender, la ficción nunca miente. Porque la ficción es una exploración interior, una exploración radical, mientras que las otras ficciones sociales (el prestigio, las narrativas políticas) son ficciones que pretenden no serlo. Entre todos los géneros de ficción, la novela es la forma más radical de explorar la interioridad humana. Porque, a diferencia del cuento, que tiene otras virtudes, la escritura de una novela te lleva a convivir con tus personajes por muchos años. Ellos te siguen a dónde vas, te hablan, te confiesan cosas, de hacen ver tus propias debilidades, obsesiones, injusticias. Una novela es un acto radical de exploración interior, de exploración existencial.

Vera

Vera

Hernán Vera Alvarez, a veces simplemente Vera, nació en Buenos Aires en 1977. Es escritor y dibujante. Ha publicado el libro de cuentos Grand Nocturno, Una extraña felicidad (llamada América) y el de comics ¡La gente no puede vivir sin problemas!. Es editor de la antología Viaje One Way, narradores de Miami. Muchos de sus trabajos han aparecido en revistas y diarios de Estados Unidos y América Latina, entre ellos, El Nuevo Herald, Meansheets, Loft Magazine, El Sentinel, Nagari, Sea Latino, TintaFrescaUS, La Nación y Clarín. Ha entrevistado a Adolfo Bioy Casares, Carlos Santana, Ingrid Betancourt, María Antonieta Collins, Gyula Kosice, Sergio Ramirez, Maná, Gustavo Santaolalla, Gustavo Cerati, entre otros. Vivió ocho años como un ilegal en los Estados Unidos donde trabajó en un astillero, en la cocina de un cabaret, en algunas discotecas, en la construcción. Desde el 2012 también es ciudadano americano. A fin de año publicará su libro de ensayos Lit Argentina. Blog: http://www.Matematicasencopacabana.blogspot.com