Neomedievalismo. El problema es la libertad ajena

Vamos a comenzar repitiendo algo que tiene décadas: la definición de “pro vida” no sólo es profundamente hipócrita sino que asume que los movimientos pro aborto son “anti vida”. Ni aquellos que se definen como “pro aborto” consideran que un aborto es algo bueno o divertido sino, en circunstancias especiales, un mal menor, resultado de problemas estructurales, sociales, culturales e individuales.

En este sentido, podemos decir que la reciente decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos contra el derecho al aborto en circunstancias especiales (dejado a discreción de los estados) es sólo una parada más en el camino de regreso hacia el Medioevo. No se trata solo de un cambio cultural (muy probablemente, una reacción a un movimiento progresivo de mayor escala histórica, hacia la expansión de la “igual libertad”) sino, como siempre, parte de una estrategia que protege las micro minorías económicas, las que en algún momento serán el centro de conflictos y reivindicaciones de las nuevas generaciones. Ellos lo saben y necesitan distraer el problema creando combos políticos donde sus programas político-económicos vayan de la mano de algún dios popular o de algún fanatismo de moral privada, arraigado en la sociedad. En el mundo anglosajón, protestante, ese elemento debe tener algo de sexual y de puritanismo. Las cruzadas bélicas que dejan millones de muertos en nombre del amor cristiano, están bien.

El año pasado, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, principal aspirante a la Casa Blanca en 2024, ocupó los titulares con la decisión de prohibir libros de historia y de matemática que hicieran referencia a la Teoría crítica de la raza y a cualquier otro cuestionamiento o revelación sobre el racismo endémico de su país en las escuelas primarias y secundarias. De la misma forma, logró que se aprobara la ley conocida como “No digas gay”, según la cual los jóvenes de este país pueden hablar de guerras, drogas y violaciones, pero no de la mera existencia de gente extraña, un poquito diferente a nosotros. Como ellos, los raros, no se meten en nuestras vidas privadas, nosotros nos metemos y legislamos sobre las suyas convirtiéndolos en tabúes que no sólo destroza la psicología de los jóvenes gays, lesbianas y transexuales sino que vuelve a poner a nuestros hijos heterosexuales en la maldita jaula represiva y temida del machismo tóxico que sufrimos nosotros.  

En el mismo sentido y dirección se encuentra la Corte Suprema. Aunque nunca se lo reconozca abiertamente, la Suprema Corte es un organismo altamente político, razón por la cual cada vez que muere o se retira uno de sus nueve miembros comienza una desesperada batalla en el Congreso para nombrar al nuevo juez según su orientación ideológica y en base a disputas sobre su sexualidad o sobre otras distracciones. La mayoría de sus miembros (6 en 9) fueron nominados por presidentes conservadores del Partido Republicano. Cinco de ellos elegidos por los presidentes George W. Bush (2) y Donald Trump (3), ambos llegados a la Casa Blanca luego de haber perdido el voto popular en las elecciones generales y gracias a un sistema electoral que fue diseñado para proteger el sistema esclavista del escasamente poblado (por blancos) pero poderoso sur en el siglo XIX.

Poderoso por su fanatismo. Ese mismo que en junio de 2020 enfrentó con un cuerpo de policía militarizado a una manifestación pacífica de ciudadanos negros que protestaban contra el racismo de la policía y seis meses después, el 6 de enero de 2021 enfrentó con palitos a los neoconfederados blancos, armados hasta los dientes con armas de fuego, otra tradición del temeroso y temido sur esclavista, con el objetivo conocido por el FBI de dar un golpe de Estado asaltando el Congreso e impidiendo la confirmación del nuevo presidente demócrata.

Este poder basado en “derechos especiales” de un grupo que en gran medida está compuesto por los admiradores y auto victimizados confederados y supremacistas blancos, el único grupo que puso en peligro real la existencia de ese mismo país que ahora dicen defender como ningún otro. Los mismos que se llenan la boca con el patriotismo y estratégicamente acusan a los críticos, la esencia de cualquier democracia, de ser “antiamericanos”.

Ese poder especial de una minoría que asume como un dogma ser mayoría, se encontró con una vacante en la Corte Suprema en febrero de 2016, cuando murió el juez liberal (izquierda, en el lenguaje estadounidense) Antonin Scalia. Correspondía al presidente demócrata Barak Obama nominar un reemplazo el que, obviamente, sería de su línea política. Los republicanos bloquearon esta nominación por casi un año hasta que el nuevo presidente republicano, Donald Trump, estuvo en la Casa Blanca y pudo nominar al conservador Neil Gorsuch.

El último miembro ingresado a la Corte Suprema confirma este razonamiento. El 18 de setiembre de 2020, a poco más de un mes de las elecciones generales que ganaría Joe Biden, murió la jueza liberal Ruth Ginsburg. Los republicanos lograron nominar y aprobar en tiempo récord a su candidata conservadora Amy Coney Barrett, el 27 de octubre de 2020, días antes de las elecciones.

Debido a esta decisión de la Corte (grupo altamente político y mayoritariamente compuesto por hombres) el CDC, organismo del gobierno, calcula que las mujeres negras sufrirán un incremento del 33 por ciento de muertes relacionadas a sus embarazos. Para miles de mujeres, un embarazo significará una sentencia de muerte.

¿Qué sigue en este camino hacia el Medioevo? Uno de los miembros de la Corte Suprema, el juez ultraconservador Clarence Thomas, lo dejó claro por escrito: “En casos futuros, debemos reconsiderar todos los precedentes sustantivos del debido proceso de este tribunal, incluidos Griswold [1965, por el uso de anticonceptivos], Lawrence [2003, contra la criminalización de la homosexualidad] y Obergefell [2015, en favor del matrimonio igualitario]”.

En otras palabras, el veterano conservador de la Superma Corte afirmó que los próximos pasos hacia este neomedievalismo será prohibir los matrimonios del mismo sexo, criminalizar las opciones sexuales diferentes y el uso de pastillas anticonceptivas.

Si continuamos por esta línea de regresión histórica, nos encontraremos que el próximo paso sería la prohibición del divorcio y el matrimonio interracial, el cual fue ilegal hasta que la Suprema Corte levantó su prohibición en 1967, cuando el juez Thomas tenía 19 años.

Claro que este objetivo de savonarola converso podría encontrar un obstáculo. El juez, héroe de los conservadores protestantes, católicos y supremacistas blancos, es un hombre negro (o “afroamericano”, aunque en los hechos sea menos afroamericano que el blanco Elon Musk) y está casado, en segundas nupcias, con la activista conservadora Ginni Lamp, una mujer rubia, miembro del Tea Party y fundadora del Liberty Central y del Liberty Consulting.

Ahhh… la palabra liberty es tan bonita. Siempre y cuando no se trate de la libertad ajena, claro.

JM, junio 2022

https://www.pagina12.com.ar/433237-el-problema-es-la-libertad-ajena

https://archive.org/details/jorge-majfud

Mercenarios de los medios

Una practica común (no «un-American»): el columnista del Florida Times-Union de Jacksonville, FL, perseguido por compania que se dedica a difamar, por su posicion contra la corrupción de la eléctrica JEA para privatizarla.

jm, junio 2022

«Nuestra arma principal escupe palabras, no balas»

El experto en propaganda computacional, Samuel Woolley, en 2020 publicó en su libro The Reality Game la historia de Jascha, quien se había instalado en Ucrania en 2013, un año antes del golpe de Estado. Durante este período, “fue testigo de nuevas formas de manipular la opinión pública usando información de muy baja calidad destinada a determinados grupos en el país. Más tarde nos dimos cuenta de que Ucrania era la avanzada de la propaganda computacional en el mundo. Ahora [2020] cuando queremos tener una idea de hacia dónde va el futuro de las fake news y de los bots políticos, simplemente miramos hacia Ucrania usamos Ucrania como caso de estudio”. En Computacional Propaganda, libro en el que reunió en 2019 una decena de expertos, reiteró la idea: la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda computacional ha sido una guerra entre Rusia y Occidente en Ucrania desde los primeros años del siglo XXI.

Aparte de la CIA, desde 1997 la OTAN se aseguró de fundar agencias en Ucrania, para que las milicias cibernéticas aprendan el arte de la guerra moderna, es decir, de la propaganda computacional, con la fundación del “Centro de Información y Documentación (NIDC)”. Según sus declaraciones de principios, se trataba de un mecanismo que apuntaba a “crear conciencia y comprensión sobre los objetivos de la OTAN en Ucrania”, formando por décadas a “periodistas independientes”.

Los diagnósticos de los expertos han sido abundantes y consistentes, pero ninguno ha alcanzado los titulares de los grandes medios occidentales. El 16 de marzo de 2022, Sean McFate, integrante del Atlantic Council, fue directo: “Rusia puede estar ganando la guerra en el campo de batalla, pero Ucrania está ganando la guerra de la información. Esa es la clave para obtener el apoyo y la simpatía de los aliados”. Un oficial del Departamento de Estado señaló que “los ucranianos han dado una clase magistral en guerra de información”. Otro alto funcionario de la OTAN, en calidad de anonimato, le reconoció al Washington Post que el gobierno de Ucrania estaba haciendo un “excelente trabajo de comunicación” y de “operación psicológica” junto con un centenar de compañías publicitarias y medios internacionales. Es probable que esta funcionaria anónima sea Natalia Popovych, presidenta de One Philosophy, poderoso grupo que gestiona la imagen de gigantes como Microsoft, McDonald’s, MasterCard y Opel, financiadas, a su vez por varios gobiernos europeos, por la embajada de Estados Unidos en Ucrania, la USAID y el Institute for Statecraft de Inglaterra.

La guerra de Washington en Vietnam, como en Irak o en Afganistán más recientemente, fue una vergonzosa derrota que los medios dominantes y la industria cultural se empeñaron en presentar como una victoria moral. Más que eso, se vendió como una victoria militar, sobre todo en las películas, al extremo que hasta estudiantes universitarios aún hoy se sorprenden cuando escuchan que su país perdió la mítica guerra de Vietnam, recordada en millones de gorras de baseball que usan los “héroes ancianos” en McDonald o en Walmart para que los dejen pasar primero en la fila de la caja y, de ser posible, se arrodillen y les repitan aquello de “gracias por su servicio”, “gracias por proteger la libertad de nuestra nación”. 

Al igual que la humillación de Bahía Cochinos en 1961, en Vietnam la derrota se basó, en alguna medida, en un defecto de la propaganda, pese al tsunami de millones de dólares inyectados por la administración de Johnson para demonizar a los disidentes más conocidos (Martin Luther King, Mohammed Ali, Noam Chomsky, Edward Said…) y a estudiantes que protestaban contra la guerra, hasta el extremo de reprimirlos a tiros en varias universidades. El resultado fue parcial pero sintomático: los padres de los estudiantes masacrados en universidades como Kent State University justificaron la violencia policial para evitar alguna forma de antipatripitsmo. 

En Cuba se debió a la observación del médico argentino Ernesto Guevara, quien en 1954 se encontraba en Guatemala cuando la CIA destruyó esa democracia manipulando los medios. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, una anomalía histórica en América latina, Guevara aseguró: “Cuba no será otra Guatemala”. Las enigmáticas palabras revelaban mucho para quienes tenían algún conocimiento de la realidad, como el agente de la CIA David Atlee Phillips quien, luego de la vergonzosa derrota, afirmó: “Castro y Guevara aprendieron de la historia; nosotros no”. Una década después, ocurrió algo similar en Vietnam. La millonaria maquinaria propagandística de Washington había regado ese país no sólo con armas de destrucción masiva, como el Agente Naranja, sino también con seis mil millones de panfletos para convencer a la población de su superioridad moral. El resultado fue catastrófico: los vietnamitas usaron los panfletos como papel higiénico.

Tanto en las Guerras Bananeras, como en la Primer Guerra Fría, como en esta Segunda Guerra Fría, las estrategias de la propaganda imperial son las mismas. Una de las consecuencias directas de la guerra psicológica consiste en el objetivo maniqueo que el presidente George W. Bush resumió en su paranoia belicista: “O están con nosotros o están contra nosotros”. Como decía la CIA en los 50s, “nuestra principal arma escupe palabras, no balas”. De esta forma se secuestran los pueblos para que se identifiquen con sus gobiernos que, básicamente, son instrumentos de las multimillonarias corporaciones. Ese “nosotros” apela a lo que hace dos décadas llamamos “La enfermedad moral del patriotismo” (ver también, “Las fronteras mentales del tribalismo”). Nada diferente al lema de la dictadura brasileña: “Brasil, ame-o ou deixe-o”. Por “Brasil” querían decir “nuestra ideología, nuestra oligarquía, los dueños del país”. Bajo este lema expulsaron al pedagogo y teórico Paulo Freire, “por ignorante” y antipatriota. 

Esta estrategia de la propaganda convierte a cualquier crítico en un enemigo, tal como lo definiera la socialista convertida en halcón conservador del gobierno de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick (no hay seres más resentidos que los conversos). Según la consejera y luego embajadora ante las Naciones Unidas, “aquellos que nos definen como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.

Por esta lógica profundamente antidemocrática, gente decente que podría hacerle algún bien real a su propio país y al mundo se convierte con extrema facilidad en ciudadanos dóciles, autocensurados y funcionales a los intereses ajenos—en nombre de sus propios intereses, claro, porque en eso consiste cualquier tipo de propaganda.

Según mi modesto entender, no existe democracia sin dos requisitos fundamentales:

1) Tanto el poder político, económico como mediático deben estar supervisados y controlados por el pueblo (en el caso de las redes sociales, a través de comités internacionales);

2) Una democracia verdadera se mide por su tolerancia a la crítica radical, porque el pueblo también puede equivocarse, aún en un estado ideal donde su opinión no ha sido manipulada por el poder de turno.

JM, junio 2022

https://archive.org/details/jorge-majfud

Radio Centenario-1250 AM Montevideo
En Mañanas de Radio recibimos al escritor, docente, investigador y arquitecto Jorge Majfud, radicado actualmente en EEUU, quien compartió sus experiencias en varios países. Majfud, oriundo de Tacuarembó actualmente dicta calases en la Universidad de Georgia en EEUU, luego de ejercer como arquitecto en Mozambique o España entre otros países. Su último trabajo editorial “La frontera Salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina”, es un recorrido por los eventos más importantes de los últimos doscientos años que marcaron la expansión de las Trece colonias sobre las naciones indígenas y sobre ese vasto territorio que hoy llamamos América Latina sino también la revelación de la lógica de sus guerras infinitas, de su expansión y de sus sistemáticas intervenciones, directas o secretas en los diversos pueblos del sur.▶️
https://rebelion.org/nuestra-arma-principal-escupe-palabras-no-balas/

El mercado de las innovaciones (micro)

Durante la Edad Media, todo lo nuevo era atribuído al Demonio. Desde hace pocos siglos, lo Nuevo es estimado como algo valioso (el arte, la poesía, la ciencia, la tencología).

Hasta ahi estoy de acuerdo.

Lo que fastidia es el mercado de la innovación tecnológica que nos obliga cada año a hacer todo diferente para continuar haciendo lo mismo.

jm, junio 2022

La doble vara de la propaganda occidental

Sin defender la censura en distintos países de Oriente y del Sur colonizado (todo lo contrario, pero a veces hay que aclararlo para algunos niños de escuela), agreguemos un ejemplo más de cómo opera la propaganda de las potencias occidentales, siempre tan orgullosas de su libertad cada vez que se miran en el espejo de Narciso.

Voice of America (VOA), que junto con TV Martí y otros canales (en sus nombres incluyen términos como Free o Liberty) es una rama de la Agencia estadounidense para los Medios Globales financiada por el gobierno de Estados Unidos. Fue fundada en 1941, en principio con el noble objetivo de contrarrestar la propaganda nazi, hija directa de la propaganda estadounidense, de la misma forma que Joseph Goebbels se inspiró en Edward Bernays y Hitler en Madison Grant.

Desde entonces, VOA no ha dejado de operar en decenas de países, especialmente durante la Guerra Fría y después, “para promover los valores democráticos”. Más allá de los eslóganes, VOA es un conocido conglomerado de medios de propaganda que en el pasado sirvió para preparar golpes de Estado duros, con invasiones o intervenciones militares directas. Hoy en día su presupuesto, procedente del gobierno de Estados Unidos, es de cientos de millones de dólares y opera en diferentes países creando opinión pública.

También ha sido una de las extensiones mediáticas de la CIA. Como la Agencia, VOA es un organismo permanente y, en teoría, no está pensada para actuar en territorio estadounidense sino en el resto del mundo. Pertenece a lo que se clasifica como “white propaganda”, es decir, propaganda no secreta, pero de tal forma que no parezca propaganda. Ejemplos de “black propaganda” usado y abusado por la Agencia y las corporaciones privadas del Primer mundo abundan en la historia reciente del erróneamente llamado Tercer mundo.

Al igual que los medios financiados por gobiernos extranjeros, VOA se define a sí misma como “independiente del gobierno” de Estados Unidos que la financia. Nadie esperaría lo contrario de un medio que se presenta como campeón de la verdad, la libertad e independiente de toda ideología o poder político. Claro que, como en cualquier otro caso, es razonable asumir que en algún momento algún periodista ha ejercido su libertad en contra de la ideología dominante. Pero, como los op-eds de los grandes medios, sólo se trata de un impuesto moral que las corporaciones no democráticas deben pagar para considerarse democráticas o, al menos, tolerar y acomodarse a una sociedad compleja, contradictoria y relativamente abierta como todavía lo son algunas sociedades occidentales, fundamentalmente gracias a sus disidentes, aquellos que no se resignan a la idea de que los países tienen dueños, son ejércitos, tribus o sectas.

Basta con realizar un micro experimento compartiendo en las redes sociales cualquiera de las noticias de VOA. Los creadores masivos de opinión colectiva como Twitter no advierten, como en los otros casos de medios financiados por gobiernos no alineados (TeleSur de Venezuela, RT de Rusia o de algún medio público de China), que “este medio está financiado por el gobierno de…”

Es lo que se llama Prensa libre, la que, aparte de medios financiados por Washington, incluye otros conglomerados privados y más poderosos, libres de toda sospecha de poseer intereses especiales, como CNN, Fox News, y una larga lista de mercenarios creadores de la Libre Opinión del Pueblo–sea el pueblo que sea.

jm, junio 2022.

https://www.pagina12.com.ar/428845-la-doble-vara-de-la-propaganda-occidental

jm, junio 2022.

 

El fanatismo de las armas y el racismo fundacional

El versículo sagrado de los conservadores en Estados Unidos es la Segunda enmienda aprobada en 1789. Como cualquier versículo de cualquier libro sagrado, es breve y abierto a diferentes interpretaciones. Como en cualquier religión, son interpretaciones teológicas, es decir, políticas. 

Una interpretación verdaderamente conservadora nos lleva a conclusiones poco deseadas por los conservadores. Thomas Jefferson (sus libros fueron prohibidos por ateo) era de la idea poco dogmática de que todas las leyes deben ser cambiadas según las necesidades de cada generación. Pero tanto Jefferson como el resto de los “padres fundadores” eran racistas, detalle que no es reconocido ni siquiera por los racistas de hoy.

El versículo de la enmienda reza:

A well-regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed” (Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.)

Cinco palabras son las claves para entender qué significa la enmienda: 1. Militia, 2., 3. free State, 4. people y 5. Arms. Empecemos por esta última. 

5. Arms. De la misma forma que la palabra “car (carro)” significaba en el siglo XVII algo bastante diferente a lo que hoy significa “car (auto)” y de ahí las nuevas leyes de tránsito, lo mismo la palabra “arms” significaba una flintlock o un rifle musket. En cualquier caso, para que una persona pudiese matar a otra debía estar a una distancia de pocos metros y, luego de disparar, debía realizar un trabajo artesanal para recargar. Desde hace algunas décadas, la gente y los jueces entienden que con la palabra “armas”, en 1789 los (sagrados) padres fundadores se referían también a una AR-15 y a otros rifles de asalto capaces de matar, a mucho mayor distancia, a varias decenas de personas antes que cualquiera atine a correr o a defenderse. 

4. People. Desde la misma constitución de 1787, la palabra “people” en “We the people” significaba “hombre blanco, esclavista y propietario”. De ninguna manera negros, indios o blancos pobres. Pero una palabra es un ideoléxico, es decir, un saco que sirve para cargar diferentes mercancías.

 3., 2. Free State. La idea de los “estados libres” opuestos a los “estados esclavistas” pertenece a un avanzado siglo XIX que se debatía en abolir la esclavitud, mucho después de expandirla sobre territorios indios y mexicanos donde la esclavitud no existía o era ilegal. En 1789 y por unas generaciones más, “el estado libre” era el estado esclavista de los blancos. De hecho, en todas las cartas, trascripciones del Congreso y artículos periodísticos se asume como algo obvio que “la raza libre” era la raza blanca, ya que las otras eran incapaces de entender la libertad. La esclavitud se expandió en nombre de la Ley, el Orden y la Libertad. La tercera estrofa del himno nacional escrita en 1814 por Francis Scott Key proclama:

Ningún refugio puede salvar al asalariado y al esclavo

del terror de la huida, de la sombra de la tumba”.

La canción de este abogado fue motivada por la quema de los británicos de la Casa de gobierno en Washington, luego pintada de blanco por los esclavos para ocultar la memoria del fuego. Inglaterra quiso castigar un ataque similar de los estadounidenses a Canadá, cuando querían ese territorio como el estado catorce. Muchos negros esclavos se pusieron a favor del invasor, por obvias razones, y el patriota Scott Key, esclavista de ley, descargó su furia poética en la famosa canción, ahora Himno nacional.

1. Militia. Como cualquiera en su sano juicio puede darse cuenta, la expresión “una Milicia bien regulada” no significa individuos actuando por cuenta propia. Pero eso no es todo. Tanto en el siglo XVII como en el XIX estas milicias fueron la policía de los esclavistas. ¿Cómo un puñado de amos blancos podía someter a una mayoría de negros esclavos? No por el látigo sino por las armas de fuego. Pero como los amos formaban una confederación en cada estado y entre los estados esclavistas, las milicias armadas eran de vital importancia para salvaguardar la vida de los amos blancos y el sistema mismo, el cual produjo los hombres más ricos del país, el capitalismo esclavista del siglo XIX, incluso cuando el norte ya era un antiguo polo de desarrollo comercial e industrial. 

Todo derecho está regulado y toda interpretación depende de los intereses políticos del momento. Veamos un ejemplo radical y absurdo referido a la Primera enmienda, de la cual me cuento como radical defensor.

En 2010, la Suprema Corte (con una amplia mayoría de jueces elegidos por presidentes conservadores) falló en favor de Citizens United, una organización “sin fines de lucro” a favor de los derechos de las grandes corporaciones. Su fundador, Floyd Brown, la definió así: “Somos gente a las que no les importa la política; gente que desea que el gobierno los deje en paz; pero si nuestro país nos llama a luchar en el extranjero, lo haremos con gusto”. Para este viejo fanatismo anglosajón, las brutales intervenciones en otros países no son políticas ni son sobre intereses económicos, sino puro patriotismo, Dios y la moral.

En la demanda y en el fallo final, cinco miembros en nueve de la Corte Suprema entendieron que la limitación de donaciones de un grupo cualquiera a un candidato constituía una “violación a la libertad de expresión”. Además, pasaron a tener el derecho de hacerlo de forma anónima, lo que entre los académicos se conoce como “dark money” (“dinero oscuro”). Claro, otra vez, en “El país de las leyes” se hace todo legal. La corrupción es cosa de latinoamericanos y de negros pobres en África.

Como suele ocurrir en una democracia como la de Estados Unidos, secuestrada por las corporaciones, los ciudadanos tenían otra opinión. A principios de 2010 una encuesta de ABC y The Washington Post había revelado que el 80 por ciento de los estadounidenses se oponía a la eliminación de trabas y límites en las donaciones a los políticos propuesta por Citizens United.

Las interpretaciones (políticas) contra las regulaciones favorecen siempre a quien tiene el poder. Nadie dice que en cada aeropuerto de Estados Unidos se viola la Constitución porque no se permite el porte de armas. La edad para comprar libremente rifles de asalto es 18 años, pero si fuese por los fanáticos de las armas, sería seis años, cuando la víctima entra a una escuela y no se siente libre y segura. Pero el límite de 18 años no deja de ser una regulación. ¿Dónde se lee eso en la Segunda enmienda?

Mientras tanto, 40.000 personas mueren cada año en este país por violencia de armas. No por casualidad las matanzas suelen tener una motivación racial contra “las raza inferiores”, ya que esa obsesión está en el ADN de la historia de este país. Los negros, los asiáticos o los “hispanos” no masacran blancos por odio. El problema de la criminalidad en los barrios negros se debe a esta misma historia de discriminación: cuando se convirtieron en ciudadanos, fueron segregados de inmediato a punta de revolver y por diversas políticas como el trazado de autopistas o la criminalización de ciertas drogas introducidas por la misma CIA al país y usadas por Nixon, de forma deliberada, para criminalizar negros y latinos.

Este es el concepto de libertad de quienes sufren de una paranoia que no los deja ser libres. Y se la imponen a los demás en nombre de la libertad—como en tiempos de la esclavitud legal, defendida hasta por los “esclavos felices”.

JM, junio 3, 2022.

https://elpais.bo/opinion/20220605_el-fanatismo-de-las-armas-y-el-racismo-fundacional.html

1847. Texas. El sueño de un revólver super potente

Huamantla, Tlaxcala. 31 de agosto de 1847—A cinco días de haber arribado a México, Samuel H. Walker, héroe de las guerras contra los indios en Norteamérica e inventor, junto con Samuel Colt, de los célebres revólveres Colt Walker, es enviado a Santa Fé para rescatar un pequeño grupo de americanos que había sido atacado por rancheros mexicanos. Los valientes rangers de Texas capturan a varios hombres y los ejecutan sin más protocolo. Excepto uno, el que fue enviado con una nota del Capitán Walker a la banda de criminales con una advertencia: “si sabemos de cualquier otro acto de robo o asesinato, todos los responsables serán ahorcados y todas sus propiedades serán destruidas”.

El martes 31, el capitán Walker recibe noticias de la reciente batalla de Puebla. El sargento George W. Myers escribe en su diario: “Uno de los valerosos soldados americanos recibió un disparo justo debajo de la oreja, el que alcanzó a penetrar hasta su boca. El soldado mordió la bala con sus dientes y disparó al mexicano agresor, el que murió al instante”. El sábado 9 de octubre, otra bala atraviesa la espalda del capitán Samuel Walker. Según reportes posteriores, mientras es asistido por sus compañeros, pronuncia sus últimas palabras: “Me estoy muriendo. No pierdan tiempo conmigo. Díganle al capitán Lewis que no se rinda jamás. Luchen mientras quede un hombre respirando”. Llorando, el capitán Burst dice: “daría seis años de mi vida por haber podido hablar con el capitán Walker antes de morir”.

Los mexicanos, escribe el sargento Myers, “le ponen pimienta roja a todo lo que comen y nos temen más que el Diablo al agua bendita, aunque ellos nos llaman los diablos del capitán Walker”. El representante de Texas en el Congreso asegura que el último deseo del capitán Walker era descansar a la sombra del heroico The Alamo. Un oficial de Pensilvania escribió en su honor: “el capitán Samuel H. Walker tenía más sentimiento y compasión por los pobres de México que ningún otro oficial que he conocido en mi vida. El capitán nunca permitió que se cometiera ninguna injusticia contra ese pueblo”. Ulysses Grant, en cambio, el 20 de octubre, desde Monterrey, le había escrito a Julia: “la prensa ahí lo exagera todo; ¡ahora resulta que han hecho del capitán Samuel Walker un héroe de las mil batallas!”.

Samuel Walker fue enterrado a una milla de El Álamo, cerca de San Antonio, más precisamente en Huamantla (que en náhuatl cuahuitl significa “abundancia de maní”, que en inglés significa “abundance of peanuts” o “abundancia de cosas sin valor”). Walker ha muerto el mismo año en que su sueño de un revólver super potente se hace realidad con el invento y marca registrada Colt-Walker. Alguien, probablemente una mujer, le había disparado desde un balcón con una escopeta obsoleta.

JM.

de La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

https://www.pagina12.com.ar/424623-masacre-en-texas-a-los-18-un-chico-no-puede-comprar-alcohol-
https://radiocut.fm/audiocut/jorge-majfud-en-estados-unidos-armas-son-una-religion/#

Jorge Majfud «En Estados Unidos las armas son una religión» Felicitas Bonavitta. AM 530 – Somos Radio

Social Media Is Right-Wing

In Critique of Pure Passion (1998) and later in newspaper articles, I enthusiastically wrote various theories about the wonderful world of previous centuries that I had lived in Africa and about the almost as interesting world to come. Oh, youth, divine treasure…

In Mozambique, at the Pemba Naval Shipyard, I discovered and collaborated (as a young architect from the Americas, mistakenly called “master” by hundreds of kind workers) in the construction of huge British and Portuguese ships of the 19th century. For the shipyard (the wonderful umbila trees were raw material) and to support a program of technical schools in the most populated cities, I used to travel for long hours to the jungle (Ibo, Quisanga, Montepuez, Mueda, Macimboa, Matemo), to tribes far removed from the white man’s privilege of which I was a part. At the shipyard, I also had contact with the racist Boers of South Africa, the British American and anti-apartheid writer Joseph Hanlon, and the son of Mozambican hero Samora Machel and later stepson of Nelson Mandela, Ntuane Machel.

Also, with the first computer, I touched in my life. In Pemba, there was no internet or television (handwritten mail took weeks to reach Uruguay, thanks to which I ended up marrying a former architecture classmate), but the encyclopedias on disk, like Encarta, already suggested to us what the world was going to be like in the century to come. Since then, Windows hasn’t made any innovations apart from annoying updates.

In this new world, I thought, each individual, from any corner, would be able to access the most important libraries in the world and people would be able to decide in referendums, monthly or weekly, what to do with each project, with each proposal for their country and for the world. We were not wrong about the libraries.

It is true that we also publish on a dark suspicion: the idea of ​​radical democracy, of an advance of freedom as “equal-freedom” and not as the “freedom-of-some-to-enslave-others,” could be suspended in favor of its opposite: the progression of a tribal, nationalistic mentality, as a natural reaction.

Let’s jump twenty years. Let’s take a look, for example, at the logic of the development and growth of social media, a result of a heritage of the centenary technological progress of Humanity, kidnapped, once again, by the powerful of the day. Its logic is the logic of business, of profit at almost any price.

How are these benefits generated?

Capturing attention, often to the extreme of the alienation of the individual who becomes an addicted user who thinks he is free.

How do they capture the consumer’s attention?

Not because of great ideas but through simple and powerful emotions.

What are those simple and powerful emotions?

According to all studies (from Beihang in China to MIT) negative emotions, such as anger, rage, and hatred.

What do those emotions produce?

Viral explosions. The virality of an event indicates the success of any interaction on social media and is highly valued by honorary consumers and by its ultimate beneficiaries, investors.

What are viral phenomena for?

Increase in users and kidnapping of consumers’ attention. That is economic benefits. But economic power and political power have sex every day.

What is the political effect?

In a complex and diverse world, this effect can benefit any ideology, whether from the right or from the left, but the logic of the process and the statistics indicate that the right is the first beneficiary.

Why?

First, all the big social media are products of mega-companies. Every private company is a dictatorship (in democracies and dictatorships). Neither the “virtual community” nor the consumers nor the citizens have a say in how they are managed. They don’t vote. Much less in its algorithms and its economic benefits. Every big business exudes its own ideology. Its ideology, necessarily, is conservative, from the right, from the most primitive capitalism to neoliberalism, libertarianism, and all the well-known pro-capitalist fascisms. In the same way that the left developed in the culture of books, the right reigned in more massive media such as radio (Germany), television (United States), and now, social media.

Second?

The proven fact that hate and anger reign supreme on these platforms which benefits the far right more than the far left.

Is there no hate on the left?

Yes, of course, as there is love on the right. But here what matters is to consider the general weather. A leftist group, say a revolutionary group that takes up arms, like the black slaves in Haiti during the 1804 revolution, can use hate as an instrument of motivation and strength. But hate is not usually the ideological foundation of the left whose main banners are “equal freedom”, that is, the vindication of groups that consider themselves oppressed or marginalized by power. The hatred of the class struggle is a tradition of the right; Marxism only made it conscious. Fighting for equal rights for blacks, women, gays or the poor is not the same as opposing this fight as an epidermal reaction to the loss of privileges based on race, gender, social class or hegemonic nations, in the name of freedom, patriotism, civilization, order, and progress. That is hatred as a foundation, not as an instrument.

Is there a difference between different hates?

Hate is only one, it is a disease, but its causes are multiple. The hatred of slaves for their masters, of those exploited by their bosses, of those persecuted by their governments, is not the same as the hatred radiated and spread by abusive power. The slave hates his master for his actions and the master hates his slaves for what they are (an inferior race, for example). In the same way that no one with a minimum culture could confuse machismo with feminism, in the same way, the patriotism of the revolutionary who fights against the colonizer and the patriotism of the colonizer who fights to exploit the corrupted people cannot be confused. In one, it is patriotism used for vindication, liberation, equal rights, independence, and equal freedom. On the other, it is a claim for special rights based on their nationality, their race, their religion, or any other particularity of their intellectual provincialism.

What are the consequences of this virtual business?

Social media express the desire for war without the risks of war. Until the real war breaks out. This need for confrontation, for channeling frustrations through rhetoric and aggressive body language (the leader disheveled, proudly obscene, calculatedly ridiculous to provoke a more negative reaction) is typical of the extreme right of the media. Different, the more formal manners of neoliberalism (economic neocons, radical businessmen) preferred the labels of the aristocracy. Once all its policies, economic plans, and social promises have failed, the circus of the extreme right has resorted to clown-like body language rather than the serene dialectical dispute.

The culture of books, where the traditional left was educated since the Enlightenment, is replaced by the culture of right-wing social media, where immediacy, and epidermal reaction reigns and dominates. Aggression, anger, and rage as an expression of mass individualism (not of the individual) become uncontrollable and, as if that were not enough, they become effective in the struggle to colonize the semantic fields, the truth, and the political power of the moment.

Jorge Majfud, May 2022

Pemba, Mozambuique, 1997

Las redes sociales son de derecha

En Crítica de la pasión pura (1998) y luego en artículos publicados en diarios, escribí, con entusiasmo, teorías varias sobre el maravilloso mundo de siglos anteriores que había vivido en África y sobre el casi tan interesante mundo por venir. Juventud, divino tesoro…

En Mozambique, en el Astillero Naval de Pemba, descubrí y colaboré (como joven arquitecto llegado de América, a quien cientos de amables obreros llamaban, equivocadamente, “maestro”) en la construcción de grandes barcos británicos y portugueses del siglo XIX. Por el astillero (los maravillosos árboles de umbila eran materia prima) y para apoyar un programa de escuelas técnicas en las ciudades más pobladas, solía viajar por largas horas al “mato” (Ibo, Quisanga, Montepuez, Mueda, Macimboa, Matemo), a las tribus alejadas del privilegio del hombre blanco del cual yo formaba parte. En el astillero, también tuve contacto con los boers racistas de Sud Africa, con el escritor británico estadounidense y antiapartheid Joseph Hanlon y con el hijo del héroe mozambicano Samora Machel y luego hijastro de Nelson Mandela, Ntuane Machel.

También con la primera computadora que toqué en mi vida. En Pemba no había internet ni televisión (el correo escrito a mano tardaba semanas en llegar a Uruguay, gracias al cual termine casándome con una ex compañera de arquitectura), pero las enciclopedias en discos ya nos sugerían lo que iba a ser el mundo en el siglo por venir. Desde entonces Windows no ha hecho ninguna innovación, aparte de molestas actualizaciones.

En ese nuevo mundo, pensaba, cada individuo, desde cualquier rincón, iba a poder acceder a las bibliotecas más importantes del mundo y la gente iba a poder decidir en referéndums, mensuales o semanales, qué hacer con cada proyecto, con cada propuesta para su país y para el mundo. No nos equivocamos con lo de las bibliotecas.

Es verdad que también publicamos sobre una sospecha oscura: la idea de una democracia radical, de un avance de la libertad como igual-libertad y no como la libertad-de-unos-para-esclavizar-a-otros, podía suspenderse a favor de su contrario: la progresión de una mentalidad tribal, nacionalista, como reacción natural.

Saltemos veinte años. Echemos una mirada, por ejemplo, a la lógica del desarrollo y crecimiento de las redes sociales, herencia del centenario progreso tecnológico de la Humanidad, secuestrada, una vez más, por los poderosos de turno. Su lógica es la lógica de los negocios, de los beneficios a casi cualquier precio.

¿Cómo se generan estos beneficios?

Capturando la atención, con frecuencia al extremo de la alienación del individuo que se convierte en un consumidor adicto que se cree libre.

¿Cómo se captura la atención del consumidor?

No por las grandes ideas sino a través de emociones simples y potentes.

¿Cuáles son esas emociones simples y potentes?

Según todos los estudios (desde Beihang en China hasta Harvard) las emociones negativas, como la ira, la rabia y el odio.

¿Qué producen esas emociones?

Explosiones virales. La viralidad de un acontecimiento indica el éxito de cualquier interacción en las redes sociales y es altamente estimada por los consumidores honorarios y por sus últimos beneficiarios, los inversores.

¿Para qué sirven los fenómenos virales?

Aumento de usuarios y secuestro de la atención del consumidor. Es decir, beneficios económicos. Pero el poder económico y el poder político tienen sexo todos los días.

¿Cuál es el efecto político?

En un mundo complejo y diverso, este efecto puede beneficiar a cualquier ideología, sea de derecha o de izquierda, pero la lógica del proceso y las estadísticas indican que la derecha es la primera beneficiaria.

¿Por qué?

Primero, porque todas las grandes redes sociales son productos de megaempresas. Toda empresa privada es una dictadura (en democracias y en dictaduras). Ni la “comunidad virtual” ni los consumidores ni los ciudadanos tienen voz ni voto en cómo se administran. Mucho menos en sus algoritmos y sus ganancias económicas. Todo gran negocio transpira su propia ideología. Su ideología, necesariamente, es conservadora, de derecha, desde el capitalismo más primitivo hasta el neoliberalismo, el libertarianismo y todos los fascismos procapitalsitas. De la misma forma que la izquierda se desarrolló en la cultura de los libros, la derecha reinó en medios más masivos como la radio (Alemania), la televisión (Estados Unidos) y, ahora, las redes sociales.

¿Segundo?

El hecho comprobado de que el odio y la ira reinan en estas plataformas, beneficia más a la extrema derecha que a la extrema izquierda.

¿No hay odio en la izquierda?

Sí, claro, como hay amor en la derecha. Pero aquí lo que importa es considerar el estado del clima general. Un grupo de izquierda, supongamos un grupo revolucionario que toma las armas, como los negros esclavos en Haití durante la revolución de 1804, puede usar el odio como instrumento de motivación y fuerza. Pero el odio no suele ser el fundamento ideológico de la izquierda cuyas principales banderas son la “igual libertad”, es decir, la reivindicación de grupos que se consideran oprimidos o marginados por el poder. El odio de la lucha de clases es una tradición de la derecha; el marxismo sólo lo hizo consciente. No es lo mismo luchar por la igualdad de derechos de negros, mujeres, gays o pobres que oponerse a esta lucha como reacción epidérmica ante la pérdida de privilegios de raza, de género, de clase social o de naciones hegemónicas, en nombre de la libertad, la patria, la civilización, el orden y el progreso. Eso es odio como fundamento, no como instrumento.

¿Hay diferencia entre diferentes odios?

El odio es uno solo, es una enfermedad, pero sus causas son múltiples. No es lo mismo el odio de los esclavos por sus amos, de los explotados por sus patrones, de los perseguidos por sus gobiernos, que el odio que irradia y contagia el poder abusivo. El esclavo odia a su amo por sus acciones y el amo odia a sus esclavos por lo que son (una raza inferior). De la misma forma que nadie con un mínimo de cultura podría confundir el machismo con el feminismo, de la misma forma no se puede confundir el patriotismo del revolucionario que lucha contra el colono y el patriotismo del colono que lucha por explotar al pueblo corrompido. En uno, el patriotismo es reivindicación y búsqueda de igualdad de derechos, de independencia, de igual libertad. En el otro es reivindicación de derechos especiales basados en su nacionalidad, en su raza, en su religión o en cualquier otra particularidad de su provincianismo intelectual.

¿Cuáles son las consecuencias de este negocio electrónico?

Las redes sociales expresan el deseo de guerra sin los riesgos de una guerra. Hasta que la guerra real se hace presente. Esta necesidad de confrontación, de canalización de las frustraciones a través de la retórica y un agresivo lenguaje corporal (el líder despeinado, orgullosamente obsceno, calculadamente ridículo para provocar más reacción negativa) es propia de la extrema derecha de las redes. Diferente, la derecha más formal del neoliberalismo prefería las etiquetas de la aristocracia. Una vez fracasadas todas sus políticas, planes económicos y promesas sociales, se recurre al circo de la extrema derecha, al lenguaje corporal antes que la serena disputa dialéctica. Se reemplaza la cultura de los libros, donde se educó la izquierda tradicional desde la Ilustración, a la cultura de las redes sociales de la derecha, donde la inmediatez, la reacción epidérmica reina y domina. La agresión, el enfado, la rabia como expresión del individualismo masivo (no del individuo) se vuelven incontrolables y, por si fuese poco, se vuelven efectivos en la lucha por colonizar los campos semánticos, la verdad y el poder político del momento.

JM, mayo 2022

Pemba, Mozambuique, 1997

Social Media Is Right-Wing

In Critique of Pure Passion (1998) and later in newspaper articles, I enthusiastically wrote various theories about the wonderful world of previous centuries that I had lived in Africa and about the almost as interesting world to come. Oh, youth, divine treasure…

In Mozambique, at the Pemba Naval Shipyard, I discovered and collaborated (as a young architect from the Americas, mistakenly called “master” by hundreds of kind workers) in the construction of huge British and Portuguese ships of the 19th century. For the shipyard (the wonderful umbila trees were raw material) and to support a program of technical schools in the most populated cities, I used to travel for long hours to the jungle (Ibo, Quisanga, Montepuez, Mueda, Macimboa, Matemo), to tribes far removed from the white man’s privilege of which I was a part. At the shipyard, I also had contact with the racist Boers of South Africa, the British American and anti-apartheid writer Joseph Hanlon, and the son of Mozambican hero Samora Machel and later stepson of Nelson Mandela, Ntuane Machel.

Also, with the first computer, I touched in my life. In Pemba, there was no internet or television (handwritten mail took weeks to reach Uruguay, thanks to which I ended up marrying a former architecture classmate), but the encyclopedias on disk, like Encarta, already suggested to us what the world was going to be like in the century to come. Since then, Windows hasn’t made any innovations apart from annoying updates.

In this new world, I thought, each individual, from any corner, would be able to access the most important libraries in the world and people would be able to decide in referendums, monthly or weekly, what to do with each project, with each proposal for their country and for the world. We were not wrong about the libraries.

It is true that we also publish on a dark suspicion: the idea of ​​radical democracy, of an advance of freedom as “equal-freedom” and not as the “freedom-of-some-to-enslave-others,” could be suspended in favor of its opposite: the progression of a tribal, nationalistic mentality, as a natural reaction.

Let’s jump twenty years. Let’s take a look, for example, at the logic of the development and growth of social media, a result of a heritage of the centenary technological progress of Humanity, kidnapped, once again, by the powerful of the day. Its logic is the logic of business, of profit at almost any price.

How are these benefits generated?

Capturing attention, often to the extreme of the alienation of the individual who becomes an addicted user who thinks he is free.

How do they capture the consumer’s attention?

Not because of great ideas but through simple and powerful emotions.

What are those simple and powerful emotions?

According to all studies (from Beihang in China to MIT) negative emotions, such as anger, rage, and hatred.

What do those emotions produce?

Viral explosions. The virality of an event indicates the success of any interaction on social media and is highly valued by honorary consumers and by its ultimate beneficiaries, investors.

What are viral phenomena for?

Increase in users and kidnapping of consumers’ attention. That is economic benefits. But economic power and political power have sex every day.

What is the political effect?

In a complex and diverse world, this effect can benefit any ideology, whether from the right or from the left, but the logic of the process and the statistics indicate that the right is the first beneficiary.

Why?

First, all the big social media are products of mega-companies. Every private company is a dictatorship (in democracies and dictatorships). Neither the “virtual community” nor the consumers nor the citizens have a say in how they are managed. They don’t vote. Much less in its algorithms and its economic benefits. Every big business exudes its own ideology. Its ideology, necessarily, is conservative, from the right, from the most primitive capitalism to neoliberalism, libertarianism, and all the well-known pro-capitalist fascisms. In the same way that the left developed in the culture of books, the right reigned in more massive media such as radio (Germany), television (United States), and now, social media.

Second?

The proven fact that hate and anger reign supreme on these platforms which benefits the far right more than the far left.

Is there no hate on the left?

Yes, of course, as there is love on the right. But here what matters is to consider the general weather. A leftist group, say a revolutionary group that takes up arms, like the black slaves in Haiti during the 1804 revolution, can use hate as an instrument of motivation and strength. But hate is not usually the ideological foundation of the left whose main banners are “equal freedom”, that is, the vindication of groups that consider themselves oppressed or marginalized by power. The hatred of the class struggle is a tradition of the right; Marxism only made it conscious. Fighting for equal rights for blacks, women, gays or the poor is not the same as opposing this fight as an epidermal reaction to the loss of privileges based on race, gender, social class or hegemonic nations, in the name of freedom, patriotism, civilization, order, and progress. That is hatred as a foundation, not as an instrument.

Is there a difference between different hates?

Hate is only one, it is a disease, but its causes are multiple. The hatred of slaves for their masters, of those exploited by their bosses, of those persecuted by their governments, is not the same as the hatred radiated and spread by abusive power. The slave hates his master for his actions and the master hates his slaves for what they are (an inferior race, for example). In the same way that no one with a minimum culture could confuse machismo with feminism, in the same way, the patriotism of the revolutionary who fights against the colonizer and the patriotism of the colonizer who fights to exploit the corrupted people cannot be confused. In one, it is patriotism used for vindication, liberation, equal rights, independence, and equal freedom. On the other, it is a claim for special rights based on their nationality, their race, their religion, or any other particularity of their intellectual provincialism.

What are the consequences of this virtual business?

Social media express the desire for war without the risks of war. Until the real war breaks out. This need for confrontation, for channeling frustrations through rhetoric and aggressive body language (the leader disheveled, proudly obscene, calculatedly ridiculous to provoke a more negative reaction) is typical of the extreme right of the media. Different, the more formal manners of neoliberalism (economic neocons, radical businessmen) preferred the labels of the aristocracy. Once all its policies, economic plans, and social promises have failed, the circus of the extreme right has resorted to clown-like body language rather than the serene dialectical dispute.

The culture of books, where the traditional left was educated since the Enlightenment, is replaced by the culture of right-wing social media, where immediacy, and epidermal reaction reigns and dominates. Aggression, anger, and rage as an expression of mass individualism (not of the individual) become uncontrollable and, as if that were not enough, they become effective in the struggle to colonize the semantic fields, the truth, and the political power of the moment.

Jorge Majfud, May 2022

https://www.pagina12.com.ar/424623-masacre-en-texas-a-los-18-un-chico-no-puede-comprar-alcohol-

Las redes sociales son de derecha

https://infonativa.com/nota/view/las-redes-sociales-son-derecha

Washington, let’s talk about reparations

President Joe Biden has announced his intention to exclude Cuba and Venezuela from the Summit of the Americas scheduled for June 22. Under Secretary of State, Brian Nichols explained that non-democratic countries should not be invited.

Deciding which countries can attend a regional summit is not considered authoritarian by a country that is historically responsible for thousands of military interventions in the region alone, for several dozen dictatorships, coups, destruction of democracies, and massacres of all kinds and colors since the nineteenth century until yesterday, under the authoritarian exercise of imposing its own laws on other countries and violating all agreements with inferior races that ceased to benefit it.

Washington and the big corporations it serves have not only been the promoters of the bloody capitalist dictatorships in the region since the 19th century, but also the main promoters of the much talked about communism and of the current social, political, and economic reality of Cuba, Nicaragua, and Venezuela. Now that Governor Florida has signed a law to teach about the evils of communism in schools, it would be refreshing if teachers aren’t limited to the McDonald’s menu.

All those crimes and robberies at gunpoint have gone unpunished without exception. In 2010, the Obama administration apologized for the syphilis experiments in Guatemala, but nothing more than a tear. Impunity, the mother of all corruption, has been reinforced by a kind of Hiroshima Syndrome, for which every year the Japanese apologize to Washington for the atomic bombs they dropped on their own cities full of innocents.

A large part of Latin America has suffered and is suffering from the Hiroshima Syndrome for which not only are reparations not demanded for two hundred years of crimes against humanity, but the victim feels guilty of a cultural corruption inoculated by this same brutality. A few days ago, a lady received her brother at the Miami airport wrapped in an American flag while she yelled at him in Spanish: “Welcome to the land of freedom!” It is the morality of the slave, by which, for centuries, the oppressed tried to be “good blacks”, “good Indians”, “good Hispanics”, “good women”, “good poor” … That is, obedient exploited.

All this is framed within the economic interests of an empire (“God put our resources in other countries”). Still, the racial factor was essential in the fanaticism of the white enslaver and the black slave, the rich businessman and the poor worker. Currently, anti-racism movements in the United States have yielded to a convenient divorce whereby global thought and sensibility, macro politics, is annulled to make room for the micro-politics of atomized claims. One of them, the heroic and justified fight against racism loses perspective when it is forgotten that imperialism is not only an exercise in racism but that historically it was fueled by this moral calamity.

Before the emergence of the excuse of “the fight against communism,” the open justification was “to put an order in the republics of blacks”, because “blacks do not know how to govern themselves” or exploit their own resources. Once the cold war ended, racism was resorted to disguised as a “clash of civilizations” (Samuel Huntington) or financial interventions in regions with “sick cultures”, such as Latin America, or in lands with terrorists of other religions such as the Middle East, where, in Iraq alone, they left more than a million dead, without a name and without a well-defined figure, as tradition establishes.

This slave morality was and is a common practice. In 2021, for example, the conservative’s favorite California gubernatorial candidate, Larry Elder, argued that it is reasonable for whites to demand compensation for the abolition of slavery since blacks were their property. “Like it or not, slavery was legal,” Elder said. “Their legal property was taken away from them after the Civil War, so you could make an argument that the people that are owed reparations are not only just Black people but also the people whose ‘property’ was taken away after the end of the Civil War.”

Elder is a black lawyer through his mother, father, grandparents, and great-great-grandparents. That is, a descendant of private property. By the same logic, Haiti paid this compensation to France for more than a century.

The California candidate’s proposal responded to movements calling for compensation for descendants of slaves. An argument against it is that we do not inherit the sufferings of our ancestors (something science has begun to question) and each one is responsible for their own destiny. Something very much of the Protestant ethic and world view: one is lost or saved alone. The Protestant doesn’t care if his brother or his daughter goes to hell if he deserves Paradise. Who is not happy in Paradise?

But the past is not only alive in culture. It is alive in our institutions and in how class privileges are organized. It would suffice to mention the electoral system of the United States, a direct legacy of the slave system, by which rural and white states have more representation than more diverse states and with ten times their approval. Through this system, in 2016 Trump became president with almost three million fewer votes than Clinton.

Post-slavery segregation is also alive today, with black, Chinese, and Latino ghettos crowded into large cities as an inheritance of the freedom won in 1865, but without economic support. In order not to continue with the policies of urban segregation with the layout of highways or the criminalization of certain drugs, all with the declared intention of keeping some ethnic groups in a state of perpetual servitude and demoralization. For not continuing with the fortunes amassed in the past that were transmitted to groups and families as in the Middle Ages, titles of nobility were transmitted.

I believe that Latin Americans are, at least, a few centuries behind in terms of economic reparation for destroyed democracies and dictatorships imposed at gunpoint. From the dispossession of half of the Mexican territory to reinstate slavery to the dictatorships in the protectorates, the banana wars at the beginning of the 20th century, the multiple massacres of workers, the destruction of democracies with the sole objective of eliminating popular protests and protecting the interests of large companies such as UFCo., ITT, Standard Oil Co., PepsiCo, or Anaconda Mining Co., all crimes officially recognized by Washington and the CIA, would be more than enough arguments to demand compensation.

However, as the logic of banks and investors indicates, reparation is always required from the victims. The same could be said of Europe that, for centuries, enriched itself with hundreds of tons of gold and thousands of tons of silver from Latin America, or massacred tens of millions of Africans while stealing astronomical fortunes that prove “the way success” according to Vargas Llosa.

Washington is not in a position to moralize, neither inside nor outside its borders. But his arrogance stems from his historical ignorance or, more likely, from his faith in popular forgetfulness. Of course, since we are here to contribute, we remind him of his long history of killings and sermons. We remind you that there are a few pending accounts.

Of course, I can understand that the solutions, although possible and fair, are “too utopian”. That is why I would like to suggest, as my grandmother used to say on her farm in Uruguay: “gentlemen, You look prettier with your mouth shut”.

JM, May 8, 2022

Hugo Godoy. Ecuador. Diagnóstico Social – La frontera salvaje 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina. Mayo 3, 2022

Washington, hablemos de reparaciones

El presidente Joe Biden ha anunciado su intención de excluir a Cuba y Venezuela de la Cumbre de las Américas programada para el 22 de junio. El subsecretario de Estado, Brian Nichols, explicó que no se puede invitar a países no democráticos.

Decidir qué países pueden asistir a una cumbre regional no es considerado autoritario por un país que es el responsable histórico de miles de intervenciones militares sólo en la región, de varias decenas de dictaduras, golpes de Estado, destrucción de democracias y matanzas de todo tipo y color desde el siglo XIX hasta ayer, bajo el ejercicio autoritario de imponer a los demás países sus propias leyes y violar todos los acuerdos con las razas inferiores que dejaron de beneficiarlo.

Washington y las Corporaciones a las que sirve no sólo han sido los promotores de las sangrientas dictaduras capitalistas en la región desde el siglo XIX, sino también los principales promotores del tan mentado comunismo y de la realidad social, política y económica actual de Cuba y Venezuela. Ahora que el gobernador Florida ha firmado una ley para enseñar sobre los males del comunismo en las escuelas, sería estimulante que los maestros no se limitaran al menú de McDonald’s.

Todos esos crímenes y robos a punta de cañón han quedado impunes sin excepción. En 2010, el gobierno de Obama pidió perdón por los experimentos con sífilis en Guatemala, pero nada más que una lágrima. La impunidad, madre de todas las corrupciones, ha sido reforzada por una especie de Síndrome de Hiroshima, por el cual todos los años los japoneses le piden perdón a Washington por las bombas atómicas que le arrojaron sobre ciudades llenas de inocentes.

Gran parte de América latina ha sufrido y sufre el Síndrome de Hiroshima por el cual no sólo no se exigen reparaciones por doscientos años de crímenes de lesa humanidad, sino que la víctima se siente culpable de una corrupción cultural inoculada por esta misma brutalidad. Hace unos días una señora recibía a su hermano en el aeropuerto de Miami envuelta en una bandera estadounidense mientras le gritaba en castellano: “¡Bienvenido a la tierra de la libertad!”. Es la moral del esclavo, por el cual, durante siglos, los oprimidos se esforzaron en ser “buenos negros”, “buenos indios”, “buenos hispanos”, “buenas mujeres”, “buenos pobres”. Es decir, obedientes explotados.

Todo esto se enmarca dentro de los intereses económicos de un imperio (“Dios puso nuestros recursos en otros países”) pero el factor racial fue fundamental en el fanatismo del amo blanco y del esclavo negro, del empresario rico y del trabajador pobre. Actualmente, los movimientos contra el racismo en Estados Unidos han cedido a un divorcio conveniente por el cual el pensamiento y la sensibilidad global, macro política, se anula para dejar lugar a la micropolítica de las reivindicaciones atomizadas. Una de ellas, la heroica y justificada lucha contra el racismo pierde perspectiva cuando se olvida que el imperialismo no sólo es un ejercicio racista, sino que históricamente fue alimentado por esta calamidad moral.

Antes de la aparición de la excusa de “la lucha contra el comunismo” la justificación abierta era “poner orden en las repúblicas de negros”, porque “los negros no saben gobernarse” ni explotar sus propios recursos. Una vez terminada la guerra fría se recurrió al racismo disfrazado de “choque de civilizaciones” (Samuel Huntington) o las intervenciones financieras en regiones con “culturas enfermas”, como América latina, o en tierras con terroristas de otras religiones como en Medio Oriente, donde, sólo en Irak, dejaron más de un millón de muertos, sin nombre y sin una cifra bien definida, como lo establece la tradición.

Esta moral del esclavo fue y es una práctica común. En 2021, por ejemplo, el candidato favorito de los conservadores a la gobernación de California, Larry Elder, afirmó que es razonable que los blancos exijan una reparación por la abolición de la esclavitud, ya que los negros eran de su propiedad. “Guste o no, la esclavitud era legal”, dijo Elder. “La abolición de la esclavitud les arrebató a los amos blancos su propiedad”. Elder es un abogado negro por parte de madre, padre, abuelos y tatarabuelos. Es decir, descendiente de propiedad privada. Por la misma lógica, Haití pagó esta compensación a Francia por más de un siglo.

La propuesta del candidato de California fue una respuesta a los movimientos que reclaman una compensación para los descendientes de esclavos. Un argumento en contra es que no heredamos los sufrimientos de nuestros antepasados y cada uno es responsable de su propio destino. Algo muy de la ética y la visión del mundo protestante: uno se pierde o se salva solo. Al protestante no le importa si su hermano o su hija se van al infierno si él se merece el Paraíso. ¿Quién no es feliz en el Paraíso?

Pero el pasado no solo está vivo en la cultura. Está vivo en nuestras instituciones y en cómo se organizan los privilegios de clase. Bastaría con mencionar el sistema electoral de Estados Unidos, una herencia directa del sistema esclavista, por el cual estados rurales y blancos poseen más representación que estados más diversos y con diez veces su aprobación. Por este sistema, en 2016 Trump se convirtió en presidente con casi tres millones de votos menos que Clinton.

También la segregación post esclavista está viva hoy, con guetos de negros, chinos y latinos hacinados en las grandes urbes como una herencia de la libertad ganada en 1865, pero sin sustento económico. Para no seguir con las políticas de segregación urbana con el trazado de autopistas o la criminalización de ciertas drogas, todo con la declarada intención de mantener a unos grupos étnicos en estado de servidumbre y desmoralización. Por no seguir con las fortunas amasadas en el pasado que se trasmitieron a grupos y familias como en la Edad Media se transmitían los títulos de nobleza.

Creo que los latinoamericanos están, por lo menos, unos siglos atrasados en cuanto a una reparación económica por las democracias destruidas y por las dictaduras impuestas a punta de cañón. Desde el despojo de la mitad del territorio mexicano para reinstalar la esclavitud hasta las dictaduras en los protectorados, las guerras bananeras a principios del siglo XX, las múltiples matanzas de obreros, la destrucción de democracias con el único objetivo de eliminar protestas populares y proteger los intereses de grandes compañías como UFCo., ITT, Standard Oil Co., PepsiCo, o Anaconda Mining Co., todos crímenes reconocidos oficialmente por Washington y la CIA, serían argumentos más que suficientes para exigir una reparación.

Sin embargo, como lo indica la lógica de bancos e inversores, la reparación es siempre exigida a las víctimas. Lo mismo se podría decir de la Europa que, por siglos, se enriqueció con cientos de toneladas de oro y miles de toneladas de plata de América latina, o masacrando decenas de millones de africanos al tiempo que les robaban fortunas astronómicas que prueban “el camino correcto del éxito” según Vargas Llosa.

Washington no está en condiciones de moralizar, ni dentro ni fuera de fronteras. Pero su arrogancia procede de su ignorancia histórica o, más probable, de su fe en la desmemoria popular. Claro que, como estamos aquí para aportar, le recordamos su larga historia de matanzas y sermones. Le recordamos que hay unas cuantas cuentas pendientes.

Claro, puedo entender que las soluciones, aunque posibles y justas, son “demaiado utópicas”. Por eso quisiera sugerirle, como decía mi abuelita en el campo, “señores, calladitos se ven más bonitos”.

JM, 5 de mayo 2022.

Eternal return of the Nazis

Like a century ago, the Nazis continue to gain ground based on their own frustrations. Frustrations, not only for realizing, alarmed, that they are not a superior race but only pathologies of evolution. Frustrations, not to notice but to feel the inevitable decline in well-being that arises from the loss of vampiric power, that power enjoyed by all empires that call themselves civilized, developed, clean, orderly, peaceful, while they export their crimes and miseries to other corners of the planet in the name of civilization, progress, peace, and freedom.

We still don’t know if it will take another total war, like World War II, for all that human scum to go back where they belong, that is, to their private sewers, for another hundred years.

Nazism is not just an ideological issue. It is a deep and chronic moral illness with different names and with the ability to seduce even its own victims before sending them to concentration camps or before dropping two atomic bombs on them for being disobedient.

Fascism is like that. It has always been this way, and it will never, ever change. It doesn’t matter how pretty he looks, with his blue eyes and his phobia of personal hygiene.

JM. May 2022

El eterno retorno de los nazis

 

Como hace un siglo, los nazis continúan ganando terreno en base a sus propias frustraciones. Frustraciones, no sólo por advertir, alarmados, que no son una raza superior sino apenas patologías de la evolución. Frustraciones, no por advertir sino por sentir la inevitable decadencia de bienestar que surge de la pérdida de poder vampírico, ese poder que gozan todos los imperios que se llaman a sí mismo civilizados, desarrollados, limpios, ordenados, pacíficos, mientras exportan sus crímenes y miserias a otros confines del planeta en nombre de la civilización, del progreso, la paz y la libertad.

Todavía no sabemos si será necesaria otra guerra total, como la Segunda Guerra Mundial, para que toda esa escoria humana regrese a donde pertenece, es decir, a sus cloacas privadas, por otros cien años.

El nazismo no es solo una cuestión ideológica. Es una profunda y crónica enfermedad moral con diferentes nombres y con la capacidad de seducir hasta a sus propias víctimas antes de enviarlas a los campos de concentración o antes de arrojarles dos bombas atómicas por desobedientes.

El fascismo es así. Siempre ha sido así, y nunca, jamás, va a cambiar. No importa que bonito se vea, con sus ojos celestes y su fobia a la higiene personal. 

JM, mayo 2022.

English: https://majfud.org/2022/05/17/eternal-return-of-the-nazis/#respond

 

La lucha (política) por el campo semántico

En 1986 volví a mi infancia, a la pasión por Leonardo da Vinci, las esculturas de mi madre y las matemáticas. Pero luego de dos años de caos e irresponsabilidad, mi disciplina académica estaba destruida. Me costó otros dos años de desorientación para volver a entrenarme hasta entrar en la universidad para estudiar arquitectura. Pero los dos años anteriores de “Orientación científica”, según el sistema uruguayo, me habían dejado varias experiencias de fracasos y de repentinos éxitos al final. Como en otros momentos de mi vida, sentí que podía despertar en pocos segundos (me sorpendí cuando, de repente, con cinco años pude entender lo que decía un diario; con 19 descubrí que las ecuaciones integrales no eran chino sino lenguaje claro y simple como el idioma materno; con 20, descubrí que los cincuenta estudiantes que iban a escuchar mi explicación sobre la flexión de una viga no iban a asesinarme o algo por el estilo).

Para el propósito de este libro, debo decir que esa intensa experiencia a una edad tan joven, me dejó una huella epistemológica: la idea de que lo que llamamos verdad o un pensamiento válido requiere de algunas condiciones previas, principios claros, como un axioma, unas premisas, una hipótesis, un teorema, una demostración y un corolario. Por poner un ejemplo simple: la propiedad transitiva (si A es mayor que B y B mayor que C, ergo A es mayor que C) es un ejercicio deductivo irrefutable. De dos observaciones se derivan, por simple lógica, un tercer hecho que no se encuentra presente ni observable. Años más tarde, en diferentes obras de construcción y ya como profesional, pude verificar esta contradicción entre práctica y teoría. La teoría siemrpe estaba en lo cierto. Lo que la gente llamaba práctica no era otra cosa que teorías oscuras que intentaban justificar resultados específicos y modestos, nunca generales.

Sin embargo, una vez abandonada la arquitectura (sobre todo, el cálculo de estructura y algunas clases de matemáticas en el preuniversitario público para complementar mi magro salario) por las humanidades, lo primero que me llamó la atención no fue solo la obviedad de que la realidad humana es más dramática y compleja que la abstracción científica, sino que el método de análisis es más simple y menos confiable. A mayor variables menor rigor deductivo. Esto no significa una renuncia del pensamiento racional sino la necesidad de otros instrumentos intelectuales, como una partida de ajedrez puede ser ganada por una supercomputadora basada en el cálculo puro de probabilidades, pero un ser humano, en última instancia, debe recurrir a su intuición profesional. En general, observé, con muda obsesión, que los ensayos se reducían a A = A. En Crítica de la pasión pura (1998) anoté que, al final de toda especulación matemática pura, también todo se reduce a A = A (solo que la segunda A está llena de variantes, está llena de otras realidades representadas en símbolos). Pero en la reflexión y el análisis humanístico, ensayístico, esa fórmula se reducía a A es A. Usando muestras de la realidad, el autor debía convencer, más que demostrar, que A es K y K no es N (C+ y C- en La narración de lo invisible).

Este “es” es evidente y repetitivo en autores como el poeta y premio Nobel mexicano, Octavio Paz. Otros, como el escritor argentino Ernesto Sábato, tal vez por haber sido doctor en física nuclear, usaba más el “por lo que” o “razón por la cual”. Claro que en el ensayo el método más usado es la inducción, mientras que la ficción ya escapa a estos límites racionales: su verdad, definitivamente, no tiene nada que ver con la lógica sino con la empatía y la conmoción interior. La reflexión en una novela, en un cuento, en un poema tienen muy poco de racional y mucho de la reflexión emocional, así como lo que vemos en un espejo es una reflexión sensible, no deductiva, de nuestro rostro y, muy frecuentemente, de nuestro propio interior.

Aquí lo que más nos importa ahora: en la narrativa social, por lo general “narrativa ideológica” o “relato político”, el “es”, el equivalente matemático “=”, es dominante y se reduce a unos pocos eslóganes o clichés. Si a eso agregamos la hiper fragmentación el pensamiento posmoderno y neo medieval de las redes sociales, las partes no tienen por qué estar relacionadas (“Una Ford es erección”, “el amor es odio”, “la patria es Dios”, etc.). La relación procede de la misma operación micro narrativa, es decir, del dictado. (“¿Qué hora es, soldado?”. “La que usted diga, mi general”.)

 A principios de 2005 defendí mi tesis de maestría en la Universidad de Georgia La Narración de lo invisible: Una teoría política de los campos semánticos. Básicamente, el estudio se refería a la lucha social por la narrativa, por el control de la verdad a través del control del lenguaje (en particular los ideoléxicos, neologismo agregado un año después) y como resultado de diversos éxitos y derrotas entre el poder y los grupos sociales que se le oponen. Como ejemplo y metáfora inicial usé una fotografía que me había impresionado mucho en mi primer año en Estados Unidos: en 1959, un grupo de manifestantes en Little Rock, Arkansas, marchó con carteles afirmando “Governor Fabus, Save Our Christina America” (“Gobernador Fabus, salve nuestra América cristiana”) y “Race Mixing Is Communism” (“La integración racial es comunismo”). No me llamó la atención la afirmación del segundo cartel sino la naturaleza dialéctica, su propósito y sus efectos sociales e históricos. No por ser una rareza, sino por lo contrario.

Aquí aparecía el referido “es” (is) como conector a una supuesta “prueba” de una verdad, que en realidad reflejaba una actitud de “revelación” propia de los grupos cuyo intelecto ha sido entrenado desde niños en una iglesia. No había inducción, no había abducción, y menos había deducción. Sólo un dictado, una revelación, de la misma categoría epistemológica que cualquier revelación religiosa. Una revelación que ni siquiera tenía una escritura sagrada que la conectara (religare), como si la religión se hubiese liberado de su propio dios para cumplir los propósitos políticos, para defender los intereses sociales de forma más directa.

Para resumirlo brevemente, en mi tesis de 2004 traté de analizar y contrastar, desde este punto de vista semántico, diferentes discursos epistemológicos, desde clásicos de la izquierda, como Las venas abiertas de América Latina de Eduardo Galeano hasta respuestas de la derecha política como Las rices torcidas de América Latina de Alberto Montaner pasando por otros textos europeos (Unamuno/Ortega y Gasset) y latinoamericanos (Sarmiento/Alberdi). El resultado era claro: como en el ajedrez, en la narrativa social había (hay) una lucha de dos oponentes por el centro del tablero. Un campo semántico positivo (C+) que debe ser definido en sus límites con la mayor claridad posible (lo que es) y un campo semántico negativo (C-, lo que no es). “Justicia social es W, no Z”.  “Libertad es X, pero no Y”.

Ahora, para lograr el éxito en esta lucha semántica, es necesario otro nivel dialectico: la valoración. Es decir, “X es bueno; Y es malo”. ¿Cómo ganar la batalla de la valoración positiva y negativa sobre los ampos positivos y negativos? Asociando. En el caso de “Race Mixing Is Communism” se trata de dos campos semánticos definidos en el momento, pero con dos valoraciones opuestas. El primer término (integración racial) es el termino en disputa. El segundo (comunismo) ya ha sido definido y confirmado en su valoración social (es negativo). Por lo tanto, es necesario asociar el término en disputa con el término consolidado para que el segundo confiera la negatividad al primero a través del equivalente vinculante “es”. (“Social Distance = Communism”, 2020).

Todos saben que, en este caso específico, la lucha por el significado de este grupo que (en el mundo dominado por la ideología capitalista) intentaba asociar la integración racial al comunismo fracasó. Los demoniados grupos por los Derechos civiles de los años 60 lograron una de esas pocas victorias contundentes de los de abajo sobre la ideología y el poder de los de arriba. Parcial y reversible, como todo, es cierto. Pero una victoria al fin.

No debo extenderme más sobre este punto, pero creo que es necesario entenderlo para entender el resto de este libro, referido a la propaganda y la dominación narrativa de las sociedades. Está de más decir que esta batalla semántica reproduce la histórica batalla entre el poder y la justicia, es decir, en nuestro tiempo entre quienes acumulan dinero y poder político y quienes se organizan desde abajo.

Desde un punto de vista dialéctico, este análisis es antimarxista en el sentido de que no relaciona directamente las condiciones materiales de producción (y consumo) con los valores y significados de una sociedad. Sin embargo, ya que veo (“la narración de lo invisible”) una realidad consistente en esta teoría de los campos semánticos y la importancia de la Guerra lingüística y, al mismo tiempo no puedo refutar la lectura marxista (la base como definidora de la supraestructura), entiendo que ambas visiones son o deben ser complementarias. Pero para intentar buscar una Teoría general que integre a ambas, estoy demasiado viejo.

JM, mayo 2022


https://www.ju.edu/spanish/latinoture/teoria-politica-de-los-campos-semanticos.php

Washington, hablemos de reparaciones

El presidente Joe Biden ha anunciado su intención de excluir a Cuba y Venezuela de la Cumbre de las Américas programada para el 22 de junio. El subsecretario de Estado, Brian Nichols, explicó que no se puede invitar a países no democráticos.

Decidir qué países pueden asistir a una cumbre regional no es considerado autoritario por un país que es el responsable histórico de miles de intervenciones militares sólo en la región, de varias decenas de dictaduras, golpes de Estado, destrucción de democracias y matanzas de todo tipo y color desde el siglo XIX hasta ayer, bajo el ejercicio autoritario de imponer a los demás países sus propias leyes y violar todos los acuerdos con las razas inferiores que dejaron de beneficiarlo.

Washington y las Corporaciones a las que sirve no sólo han sido los promotores de las sangrientas dictaduras capitalistas en la región desde el siglo XIX, sino también los principales promotores del tan mentado comunismo y de la realidad social, política y económica actual de Cuba y Venezuela. Ahora que el gobernador Florida ha firmado una ley para enseñar sobre los males del comunismo en las escuelas, sería estimulante que los maestros no se limitaran al menú de McDonald’s.

Todos esos crímenes y robos a punta de cañón han quedado impunes sin excepción. En 2010, el gobierno de Obama pidió perdón por los experimentos con sífilis en Guatemala, pero nada más que una lágrima. La impunidad, madre de todas las corrupciones, ha sido reforzada por una especie de Síndrome de Hiroshima, por el cual todos los años los japoneses le piden perdón a Washington por las bombas atómicas que le arrojaron sobre ciudades llenas de inocentes.

Gran parte de América latina ha sufrido y sufre el Síndrome de Hiroshima por el cual no sólo no se exigen reparaciones por doscientos años de crímenes de lesa humanidad, sino que la víctima se siente culpable de una corrupción cultural inoculada por esta misma brutalidad. Hace unos días una señora recibía a su hermano en el aeropuerto de Miami envuelta en una bandera estadounidense mientras le gritaba en castellano: “¡Bienvenido a la tierra de la libertad!”. Es la moral del esclavo, por el cual, durante siglos, los oprimidos se esforzaron en ser “buenos negros”, “buenos indios”, “buenos hispanos”, “buenas mujeres”, “buenos pobres”. Es decir, obedientes explotados.

Todo esto se enmarca dentro de los intereses económicos de un imperio (“Dios puso nuestros recursos en otros países”) pero el factor racial fue fundamental en el fanatismo del amo blanco y del esclavo negro, del empresario rico y del trabajador pobre. Actualmente, los movimientos contra el racismo en Estados Unidos han cedido a un divorcio conveniente por el cual el pensamiento y la sensibilidad global, macro política, se anula para dejar lugar a la micropolítica de las reivindicaciones atomizadas. Una de ellas, la heroica y justificada lucha contra el racismo pierde perspectiva cuando se olvida que el imperialismo no sólo es un ejercicio racista, sino que históricamente fue alimentado por esta calamidad moral.

Antes de la aparición de la excusa de “la lucha contra el comunismo” la justificación abierta era “poner orden en las repúblicas de negros”, porque “los negros no saben gobernarse” ni explotar sus propios recursos. Una vez terminada la guerra fría se recurrió al racismo disfrazado de “choque de civilizaciones” (Samuel Huntington) o las intervenciones financieras en regiones con “culturas enfermas”, como América latina, o en tierras con terroristas de otras religiones como en Medio Oriente, donde, sólo en Irak, dejaron más de un millón de muertos, sin nombre y sin una cifra bien definida, como lo establece la tradición.

Esta moral del esclavo fue y es una práctica común. En 2021, por ejemplo, el candidato favorito de los conservadores a la gobernación de California, Larry Elder, afirmó que es razonable que los blancos exijan una reparación por la abolición de la esclavitud, ya que los negros eran de su propiedad. “Guste o no, la esclavitud era legal”, dijo Elder. “La abolición de la esclavitud les arrebató a los amos blancos su propiedad”. Elder es un abogado negro por parte de madre, padre, abuelos y tatarabuelos. Es decir, descendiente de propiedad privada. Por la misma lógica, Haití pagó esta compensación a Francia por más de un siglo.

La propuesta del candidato de California fue una respuesta a los movimientos que reclaman una compensación para los descendientes de esclavos. Un argumento en contra es que no heredamos los sufrimientos de nuestros antepasados y cada uno es responsable de su propio destino. Algo muy de la ética y la visión del mundo protestante: uno se pierde o se salva solo. Al protestante no le importa si su hermano o su hija se van al infierno si él se merece el Paraíso. ¿Quién no es feliz en el Paraíso?

Pero el pasado no solo está vivo en la cultura. Está vivo en nuestras instituciones y en cómo se organizan los privilegios de clase. Bastaría con mencionar el sistema electoral de Estados Unidos, una herencia directa del sistema esclavista, por el cual estados rurales y blancos poseen más representación que estados más diversos y con diez veces su aprobación. Por este sistema, en 2016 Trump se convirtió en presidente con casi tres millones de votos menos que Clinton.

También la segregación post esclavista está viva hoy, con guetos de negros, chinos y latinos hacinados en las grandes urbes como una herencia de la libertad ganada en 1865, pero sin sustento económico. Para no seguir con las políticas de segregación urbana con el trazado de autopistas o la criminalización de ciertas drogas, todo con la declarada intención de mantener a unos grupos étnicos en estado de servidumbre y desmoralización. Por no seguir con las fortunas amasadas en el pasado que se trasmitieron a grupos y familias como en la Edad Media se transmitían los títulos de nobleza.

Creo que los latinoamericanos están, por lo menos, unos siglos atrasados en cuanto a una reparación económica por las democracias destruidas y por las dictaduras impuestas a punta de cañón. Desde el despojo de la mitad del territorio mexicano para reinstalar la esclavitud hasta las dictaduras en los protectorados, las guerras bananeras a principios del siglo XX, las múltiples matanzas de obreros, la destrucción de democracias con el único objetivo de eliminar protestas populares y proteger los intereses de grandes compañías como UFCo., ITT, Standard Oil Co., PepsiCo, o Anaconda Mining Co., todos crímenes reconocidos oficialmente por Washington y la CIA, serían argumentos más que suficientes para exigir una reparación.

Sin embargo, como lo indica la lógica de bancos e inversores, la reparación es siempre exigida a las víctimas. Lo mismo se podría decir de la Europa que, por siglos, se enriqueció con cientos de toneladas de oro y miles de toneladas de plata de América latina, o masacrando decenas de millones de africanos al tiempo que les robaban fortunas astronómicas que prueban “el camino correcto del éxito” según Vargas Llosa.

Washington no está en condiciones de moralizar, ni dentro ni fuera de fronteras. Pero su arrogancia procede de su ignorancia histórica o, más probable, de su fe en la desmemoria popular. Claro que, como estamos aquí para aportar, le recordamos su larga historia de matanzas y sermones. Le recordamos que hay unas cuantas cuentas pendientes.

Claro, puedo entender que las soluciones, aunque posibles y justas, son “demaiado utópicas”. Por eso quisiera sugerirle, como decía mi abuelita en el campo, “señores, calladitos se ven más bonitos”.

JM, 5 de mayo 2022.

https://english.news.cn/northamerica/20220605/8160612565ab45fdbd497d7c279d163d/c.html

Hugo Godoy. Ecuador. Diagnóstico Social – La frontera salvaje 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina. Mayo 3, 2022

Washington, let’s talk about reparations

President Joe Biden has announced his intention to exclude Cuba and Venezuela from the Summit of the Americas scheduled for June 22. Under Secretary of State, Brian Nichols explained that non-democratic countries should not be invited.

Deciding which countries can attend a regional summit is not considered authoritarian by a country that is historically responsible for thousands of military interventions in the region alone, for several dozen dictatorships, coups, destruction of democracies, and massacres of all kinds and colors since the nineteenth century until yesterday, under the authoritarian exercise of imposing its own laws on other countries and violating all agreements with inferior races that ceased to benefit it.

Washington and the big corporations it serves have not only been the promoters of the bloody capitalist dictatorships in the region since the 19th century, but also the main promoters of the much talked about communism and of the current social, political, and economic reality of Cuba, Nicaragua, and Venezuela. Now that Governor Florida has signed a law to teach about the evils of communism in schools, it would be refreshing if teachers aren’t limited to the McDonald’s menu.

All those crimes and robberies at gunpoint have gone unpunished without exception. In 2010, the Obama administration apologized for the syphilis experiments in Guatemala, but nothing more than a tear. Impunity, the mother of all corruption, has been reinforced by a kind of Hiroshima Syndrome, for which every year the Japanese apologize to Washington for the atomic bombs they dropped on their own cities full of innocents.

A large part of Latin America has suffered and is suffering from the Hiroshima Syndrome for which not only are reparations not demanded for two hundred years of crimes against humanity, but the victim feels guilty of a cultural corruption inoculated by this same brutality. A few days ago, a lady received her brother at the Miami airport wrapped in an American flag while she yelled at him in Spanish: “Welcome to the land of freedom!” It is the morality of the slave, by which, for centuries, the oppressed tried to be “good blacks”, “good Indians”, “good Hispanics”, “good women”, “good poor” … That is, obedient exploited.

All this is framed within the economic interests of an empire (“God put our resources in other countries”). Still, the racial factor was essential in the fanaticism of the white enslaver and the black slave, the rich businessman and the poor worker. Currently, anti-racism movements in the United States have yielded to a convenient divorce whereby global thought and sensibility, macro politics, is annulled to make room for the micro-politics of atomized claims. One of them, the heroic and justified fight against racism loses perspective when it is forgotten that imperialism is not only an exercise in racism but that historically it was fueled by this moral calamity.

Before the emergence of the excuse of “the fight against communism,” the open justification was “to put an order in the republics of blacks”, because “blacks do not know how to govern themselves” or exploit their own resources. Once the cold war ended, racism was resorted to disguised as a “clash of civilizations” (Samuel Huntington) or financial interventions in regions with “sick cultures”, such as Latin America, or in lands with terrorists of other religions such as the Middle East, where, in Iraq alone, they left more than a million dead, without a name and without a well-defined figure, as tradition establishes.

This slave morality was and is a common practice. In 2021, for example, the conservative’s favorite California gubernatorial candidate, Larry Elder, argued that it is reasonable for whites to demand compensation for the abolition of slavery since blacks were their property. “Like it or not, slavery was legal,” Elder said. “Their legal property was taken away from them after the Civil War, so you could make an argument that the people that are owed reparations are not only just Black people but also the people whose ‘property’ was taken away after the end of the Civil War.”

Elder is a black lawyer through his mother, father, grandparents, and great-great-grandparents. That is, a descendant of private property. By the same logic, Haiti paid this compensation to France for more than a century.

The California candidate’s proposal responded to movements calling for compensation for descendants of slaves. An argument against it is that we do not inherit the sufferings of our ancestors (something science has begun to question) and each one is responsible for their own destiny. Something very much of the Protestant ethic and world view: one is lost or saved alone. The Protestant doesn’t care if his brother or his daughter goes to hell if he deserves Paradise. Who is not happy in Paradise?

But the past is not only alive in culture. It is alive in our institutions and in how class privileges are organized. It would suffice to mention the electoral system of the United States, a direct legacy of the slave system, by which rural and white states have more representation than more diverse states and with ten times their approval. Through this system, in 2016 Trump became president with almost three million fewer votes than Clinton.

Post-slavery segregation is also alive today, with black, Chinese, and Latino ghettos crowded into large cities as an inheritance of the freedom won in 1865, but without economic support. In order not to continue with the policies of urban segregation with the layout of highways or the criminalization of certain drugs, all with the declared intention of keeping some ethnic groups in a state of perpetual servitude and demoralization. For not continuing with the fortunes amassed in the past that were transmitted to groups and families as in the Middle Ages, titles of nobility were transmitted.

I believe that Latin Americans are, at least, a few centuries behind in terms of economic reparation for destroyed democracies and dictatorships imposed at gunpoint. From the dispossession of half of the Mexican territory to reinstate slavery to the dictatorships in the protectorates, the banana wars at the beginning of the 20th century, the multiple massacres of workers, the destruction of democracies with the sole objective of eliminating popular protests and protecting the interests of large companies such as UFCo., ITT, Standard Oil Co., PepsiCo, or Anaconda Mining Co., all crimes officially recognized by Washington and the CIA, would be more than enough arguments to demand compensation.

However, as the logic of banks and investors indicates, reparation is always required from the victims. The same could be said of Europe that, for centuries, enriched itself with hundreds of tons of gold and thousands of tons of silver from Latin America, or massacred tens of millions of Africans while stealing astronomical fortunes that prove “the way success” according to Vargas Llosa.

Washington is not in a position to moralize, neither inside nor outside its borders. But his arrogance stems from his historical ignorance or, more likely, from his faith in popular forgetfulness. Of course, since we are here to contribute, we remind him of his long history of killings and sermons. We remind you that there are a few pending accounts.

Of course, I can understand that the solutions, although possible and fair, are “too utopian”. That is why I would like to suggest, as my grandmother used to say on her farm in Uruguay: “gentlemen, You look prettier with your mouth shut”.

JM, May 9, 2022.

Sacrificios humanos

Según la antigua mitología azteca, los dioses requerían sacrificios de su pueblo y de pueblos ajenos para que el mundo pudiese seguir andando. El mayor terror de los mexicas de entonces no era el infierno sino que el mundo dejase de andar. Por eso sacrificaban algunas víctimas, ofrecían su trabajo y hasta su propia sangre para contentar al Cosmos y a sus insaciables dioses.

Desde entonces, nada ha cambiado. Sólo algunas fechas, algunos nombres de países, algunas banderas y las noches, que son más iluminadas.

Gracias al sacrificio de los pueblos, a los ríos de sudor, sangre y lágrimas que exigen siempre los insaciables dioses de turno, el mundo no se ha detenido ni se ha hundido en la terrible y largamene anunciada catástrofe.

jm, mayo 2, 2022

La creatividad de los golpistas

Dilma y Lula (del libro La frontera salvaje, 2021)

Brasília, Brasil. 17 de abril de 2016—En el Congreso Nacional se realiza un carnaval llamado impeachment. A los gritos, el diputado y capitán Jair Messias Bolsonaro vota por la condena a la presidenta “contra el comunismo, por la libertad, por la memoria del coronel Carlos Alberto Brilhante Ustra, el terror de Dilma Rousseff, por el ejército de Caxias, por las Fuerzas Armadas, por Brasil por encima de todo… y por Dios por encima de todo…” Lo mismo o más fuerte grita su hijo en la Cámara para justificar su voto, invocando a Dios y a los “militares del 64”. Su apasionado discurso concluye con una profecía a medias y una declaración de intenciones sin ambigüedades: “¡Dilma y Lula a la cárcel!”.

Eduardo Bolsonaro es oficial de policía de San Pablo y también es diputado. Como varios otros miembros de la familia, será acusado de lavado de dinero del narcotráfico y de apoyar a la mafia paramilitar (esquadrões da morte), la que se inicia con la dictadura promovida por Washington en 1964. Cuando su padre se convierta en presidente, tres años más tarde, será designado embajador en Estados Unidos.

El coronel Brilhante Ustra fue responsable de decenas de asesinatos y de torturas a cientos de personas durante la dictadura, entre ellas la actual presidenta. Por no hablar de una dictadura que renovó el terror impune y los votos de obediencia de millones de brasileños. Las ideas del capitán Bolsonaro son simples como un sonajero y consistentes con la cultura militarista del continente. En 1999, en una entrevista en la cadena de televisión Bandeirantes de Río de Janeiro, había afirmado que “los problemas de Brasil van a mejorar cuando marchemos hacia una guerra civil, haciendo lo que los militares no hicieron, matando a 30.000 personas, comenzando con el presidente Fernando Henrique Cardoso; no expulsándolos del país, no, matándolos; van a morir inocentes, pero en todas las guerras mueren inocentes”. Un representante prototípico de los oficiales de las fuerzas armadas latinoamericanas. A la corta lista de ideas se suman: los indios son una especie de vagabundos casi humanos; a los hijos homosexuales hay que corregirlos a fuerza de garrote; Dios está de acuerdo con nosotros y por eso nos ama y odia a los revoltosos.

Cuando sea electo presidente en 2018, Bolsonaro no se cansará de alabar el golpe de Estado de 1964 contra un presidente constitucional y demasiado progresista, João Goulart; no se cansará de alabar a los dictadores que le siguieron, como Castelo Branco y Ernesto Geisel. La insistente referencia a la pasada dictadura tiene múltiples significados. Castelo Branco y sus sucesores no sólo habían removido en 1964 al presidente legítimo con la ayuda de Washington y de los terratenientes más poderosos de Brasil, no sólo habían asesinado a disidentes y habían organizado escuadrones de la muerte (idea promovida por el enviado de John Kennedy, el general William Yarborough), también habían secuestrado, torturado y recluido por años a Dilma Rousseff, la primera vez cuando era una estudiante de 22 años. La militarización de la sociedad brasileña impulsada por Washington y la clase alta de São Paulo, la perseverante evangelización de los misioneros anglosajones y la más antigua feudalización de la política del “Café con leche” enquistadas en el subconsciente brasileño, renacen como la gripe en invierno. No por casualidad, Brasil, una copia del sistema económico, social e ideológico del Sur de Estados Unidos, fue el último país de las Américas en abolir la esclavitud en 1888; y no por casualidad, muchos derrotados confederados de la Guerra Civil de Estados Unidos emigraron a Brasil a finales del siglo XIX. Esclavizar o morir.

Ahora, “el terror de Dilma” y el de muchos otros líderes sociales regresa como un espectro para montar el mayor carnaval de la historia de Brasil, para inaugurar una nueva generación de golpes de Estado (esta vez con el Poder Judicial como protagonista central, legitimado por su función, pero igual de corrupto que los anteriores golpes) y para poner en la cárcel al ex presidente Lula da Silva, la figura política más popular y el candidato favorito en las elecciones de 2018, según todas las encuestas.

El día anterior a la votación del impeachment a la presidenta, el New York Times había recordado que el sesenta por ciento de los congresistas que discursan sobre moral y corrupción tiene cuentas pendientes con la justicia de su país por corrupción: “El 60 por ciento de los 595 miembros del Congreso brasileño enfrenta serios cargos ante la justicia por corrupción, coimas, fraude electoral, deforestación ilegal, secuestro y homicidio”. Éder Mauro, por ejemplo, es uno de los acusados de extorsión y tortura cuando era oficial de policía en Belém. Otro congresista, Beto Mansur ha sido acusado de mantener a 46 trabajadores en condiciones de esclavitud en sus plantaciones de soja de Goiás. Paulo Maluf, uno de los congresistas que más ha criticado la corrupción del gobierno, conocido como “rouba, mas faz (roba pero hace)”, tiene varias cuentas pendientes ante la justicia brasileña y es acusado en Estados Unidos no por hacer sino por robar 11,6 mil millones de dólares. Maluf había sido condenado a prisión por lavado de dinero, por evasión de impuestos y, por si fuera poco, había sido requerido por la Interpol. Será condenado este mismo año en Francia por lavado de dinero y en 2017 en su país, pero se acogerá a la ley que permite que ancianos criminales mayores de 70 años puedan cumplir sus condenas en sus casas. Diferente, el expresidente Lula de Silva, condenado de urgencia por el juez Sérgio Moro, no podrá presentarse como candidato a las elecciones presidenciales de 2018 (para las cuales las encuestas lo daban como claro favorito) y deberá permanecer en prisión pese a que, para entonces, tendrá 73 años. Nada de esto escandaliza ni a la gran prensa brasileña, tradicional portavoz de la clase dirigente en nombre del pueblo, ni a millones de brasileños que sólo tienen tiempo de leer la prensa dominante.

Por su parte, el procurador general José Eduardo Cardozo, ante el carnaval en Brasilia, reconoce su confusión: “estamos ante un proceso kafkiano en el cual la acusada no sabe de qué se la acusa”. El New York Times agrega: “Mrs. Rousseff es un caso raro entre los políticos importantes del país: no es acusada de robar para enriquecerse”. En cambio, como lo resume The Atlantic el 2 de mayo de 2016, “Muchos de los legisladores que han votado por el impeachment, incluido el presidente de la Cámara de diputados, quien lidera la campaña en contra de la presidenta, han sido implicados en el multimillonario escándalo de la petrolera estatal Petrobras”.[1]

Durante la segunda presidencia de Rousseff se había producido una caída de la economía brasileña. Para entonces, los brasileños se habían acostumbrado al optimismo, a una peligrosa euforia de la izquierda y al bombardeo narrativo de los políticos del Café con leche de la derecha. Luego de las conocidas mega crisis de la última etapa del ciclo neoliberal latinoamericano de los 90s, entre 2003 y 2014 el PIB de Brasil había pasado de 558 mil millones a casi 2,5 billones de dólares hasta sobrepasar el PIB del Reino Unido. Brasilia había logrado organizar el Mundial de fútbol de 2014 y las olimpíadas de 2016 y el antiguo sueño de “Brasil, el país del futuro” parecía a un paso de realizarse.

En 2010, en plena Década dorada en varios países de América latina, uno de sus líderes más reconocidos, el presidente “Lula” da Silva, había propuesto la creación de una nueva divisa mundial y de un nuevo banco internacional. Aunque el BRIC era una comunidad fantasma (por la diversidad y la desconexión de sus miembros) sus propuestas eran justas y altamente peligrosas para la hegemonía mundial de Washington. El presidente Obama había elogiado a Lula cada vez que pudo, pero el viejo Washington parecía estar en otro capítulo, en su capítulo preferido.

En su monumental libro The Great Leveler, el profesor de Stanford University, Walter Scheidel, no sólo explicó la dinámica de las crecientes desigualdades sociales seguidas de mortales crisis a lo largo de milenios, sino que confirmó que el estancamiento de América Latina se debió a la carencia de una profunda revolución que destrozara su tradición colonialista. El mismo Scheidel observará que hubo momentos en la historia en que esta vuelta al equilibrio social se logró a través de cambios graduales y no tan violentos. La misma oportunidad había tenido América Latina con los nuevos gobiernos progresistas: “Aunque la reducción de la brecha social en América Latina a partir de la primera década del siglo XXI convierte a esa región en el principal candidato para reducir la brecha social de forma pacífica, lo cierto es que estos cambios no han sido del todo suficientes y su sobrevivencia es más bien incierta”. Aparte del crecimiento económico (con la excepción de Honduras, Costa Rica y Guatemala) “por primera vez en la historia de los registros, la desigualdad se redujo… en 14 de 17 países considerados” según el índice GINI. Incierta no; como era de esperar, esta revolución democrática, moderada y pacífica fue destruida.

Ahora, el impeachment y la euforia de la derecha que asegura poder solucionar todos los problemas sociales a fuerza de palo en nombre de Dios y de la patria, es sólo un capítulo previsible. A Washington y a la clase monárquica brasileña les había tomado algunos años pero, como en el golpe de 1964, había logrado remover a la presidenta del Partido de los Trabajadores, Dilma Rousseff. Un año antes del carnaval del impeachment y tres días después de la última visita de Rousseff a la Casa Blanca, el ex empleado de la Agencia Nacional de Seguridad (NSA) de Estados Unidos Edward Snowden había revelado una de las puntas del iceberg: la presidenta brasileña y otros treinta funcionarios de su gobierno habían sido espiados por la NSA a través de conversaciones telefónicas, práctica que, por mucho menos, en Estados Unidos le costó el cargo a Richard Nixon y que en Brasil le costará el cargo a la víctima. El presidente Obama reconoció la grabación ilegal a la presidenta Dilma Rousseff, pero este acto simbólico no tuvo ninguna consecuencia. Por el contrario, en tono conciliador, el portavoz del Gobierno brasileño Edinho Silva aseguró que “el Gobierno estadounidense reconoció sus errores”. Los poderosos cometen errores; los débiles son responsables por sus crímenes.

El error de la presidenta Dilma Rousseff fue actuar como casi siempre actúa un presidente demócrata en América latina, es decir, no abusando de su autoridad sino dejando pasar un abuso en su contra como moneda conciliatoria. Este tipo de buena conducta ha sido letal en muchos casos y en muchos países de la región, sobre todo desde el inicio de la Guerra fría con el golpe de Estado a Jacobo Árbenz en Guatemala. Poco después de la remoción de la presidenta brasileña, se propondrá sin éxito la privatización de Petrobras, la compañía más importante de Brasil creada en 1953 por otra víctima del complot internacional, el presidente Getúlio Vargas. Organismos reformadores como el Instituto Nacional de Colonización y Reforma Agraria serán acosados con duros recortes presupuestales. En nombre de los sagrados beneficios, la selva Amazónica sufrirá una aceleración de su destrucción como nunca antes. Como en Colombia, los activistas por los derechos humanos de los de abajo volverán a ser perseguidos y asesinados. Por defender sus tierras o por sus protestas contra la catástrofe ecológica, decenas de activistas indígenas serán asesinados. Esta situación empeorará con la llegada de Bolsonaro al Planalto. Muchos crímenes, sobre todo en áreas aisladas, no serán reportados ni investigados, por lo que las víctimas anónimas no sumarán a las estadísticas oficiales.Los crímenes for profit contra el ecosistema y contra sus pobladores por parte de las compañías transnacionales serán múltiples, desde Monsanto hasta las petroleras más poderosas del mundo.[2] Otros casos serán más conocidos, como el asesinato de la activista contra la violencia policial, Marielle Franco, el 14 de marzo de 2019 a manos del paramilitarismo. Los paramilitares serán protegidos por el clan Bolsonaro y las investigaciones sobre la muerte de la activista derivarán en la detención de dos policías pertenecientes a las milicias de Río. Uno de los asesinos acusados, Élcio Queiroz, es conocido amigo del presidente Jair Bolsonaro y el otro, Ronnie Lessa es un antiguo vecino y padre de la novia de uno de los hijos del futuro presidente. Lessa también es miembro del grupo de mercenarios “Escritório do Crime” el que, aparte, complementa sus ingresos ofreciendo protección a los comercios de Río contra ellos mismos y contribuyendo a las trágicas estadísticas de la criminalidad brasileña.


[1] En los años por venir, diferentes congresistas que votaron contra la presidenta Dilma Rouseff en el proceso de impeachment, serán condenados por corrupción. Pocos tomarán nota.

[2] Aparte de financiar a los paramilitares en Colombia, en Costa Rica la heredera de la United Fruit Company, Chiquita Banana, recientemente expuso a sus trabajadores de Coyol a pesticidas altamente tóxicos durante años mientras apoyaba grupos privados armados para intimidar a los trabajadores descontentos.

Del libro La frontera salvaje, febrero de 2021.

La libertad vigilada de los libertarios

El gobernador Ron DeSantis de Florida ha prohibido 54 libros de matemáticas alegando que incluyen la Teoría crítica de la raza y nuevos métodos pedagógicos que, según él, “no son efectivos” como el Aprendizaje social y emocional (SEL). No explicó ni discutió qué párrafos de las matemáticas pueden ser antirracistas, pero dio una conferencia de prensa con el estilo propio de los políticos de la negación: con furiosa obviedad sobre cómo se creó el universo, la moral y el sexo de los caracoles.

Los medios y las plataformas crean una necesidad psicológica y los políticos de la negación venden a los consumidores la droga que los alivia, droga con todos los ingredientes reaccionarios que se puedan imaginar: seguridad, inmediatez, victimización. Algunas alucinaciones son tan viejas como la Teoría del genocidio blanco, inventada en el siglo XIX cuando los negros se convirtieron en ciudadanos, casi en seres humanos.

Esta política de la negación profundiza y limita la discusión de la política de identidad (como la negación del racismo; la negación de la existencia de gays y lesbianas) silenciando la matrices como la existencia de una lucha de clases y cualquier forma de imperialismo propio. Si de eso no se habla, eso no existe.

Este producto se vende tan bien que, como ha ocurrido desde hace siglos, se ha exportado manufacturado a las colonias del sur. Por ejemplo, solo el nombre “libertarismo”, ahora bandera de figuras ascendentes de la extrema derecha en América latina como el argentino Javier Milei, es una copia literal de los “libertarians” que surgieron en Estados Unidos como reacción a la humillante elección de un mulato como presidente de Estados Unidos en 2008. Como el Tea Party, estos grupos siemrpe se justifican en una tradición que toman de los llamados Padres Fundadores. Incluso en Argentina y Brasil se han usado la bandera amarilla con la serpiente que representaba la unión de las Trece Colonias y que enroscada sobre el lema “No pases sobre mí” más bien parece un emoji de excremento humano. También en Europa, en América latina y hasta en Hong Kong los grupos de derecha han hondeado la bandera racista y esclavista de la Confederación.  

Muchos estadounidenses que flamean esta bandera en sus 4×4 se sorprenden cuando uno les recuerda que es la bandera del único grupo que estuvo cerca de destruir el país que dicen defender (Estados Unidos) con el objetivo de mantener la esclavitud y el privilegio de los blancos. Muchos ni siquiera lo saben porque en este país la historia cruda es uno de los tabúes más consolidados.

No sin paradoja, fue un conservador libertario, el representante por Texas y candidato a la presidencia Ron Paul, quien reconoció y condenó la tradición imperialista de Washington y la responsabilizó de los líderes latinoamericanos como Fidel Castro y Hugo Chávez. “Nosotros no recordamos nada y ellos no se olvidan de nada”, dijo en un debate. Por esta insistencia, fue silenciado por la gran prensa y muchos de sus seguidores (entre ellos algunos de mis ex estudiantes, quienes continúan militando en política) se convirtieron en votantes del socialista Berenie Sanders.

El nuevo mote de “libertario” fue una estrategia conocida en los negocios: cuando una empresa está quebrada por las deudas, se la declara en banca rota, se le cambia el nombre y se continúa con en el mismo negocio. Lo mismo ha ocurrido con el neoliberalismo. Impuesto a la fuerza de las armas en Chile con Pinochet y por la fuerza de los bancos internacionales en decenas de otros países en los 80s y 90s y, más recientemente, con Mauricio Macri en Argentina y Luis Lacalle Pou en Uruguay, siemrpe han terminado en un doloroso fracaso, no sólo económico sino social. Fracaso, naturalmente, no para sus intereses de clase.

Libertario y neoliberal son la misma cosa, pero los libertarios le agregaron la furia de Savonarola y Lutero. Es la misma diferencia que hay entre el sermón pausado de un sacerdote católico y la arenga sudorosa de un pastor protestante. ¿Recuerdan aquellos muchachos tan amables con acento inglés que predicaban barrio por barrio salvando almas (sobre todo las suyas) allá en los 70s y 80s? Bueno, la semilla ha dado frutos.

Contrario a las de los Padres Fundadores estadounidenses que insistían en separar la religión del Estado (herencia de los filósofos de la Ilustración), los libertarios han metido al misionero en los gobiernos. En Brasil organizaron rezos en un congreso; la misma esposa del presidente Bolsonaro es una influyente pastora; en Costa Rica la esposa de un candidato “hablaba en lenguas” para apoyar la campaña electoral; más recientemente el diputado Milei argumentó en la cámara contra los impuestos citando la Biblia: los judíos se fueron de Egipto para escapar de la esclavitud y de los impuestos, como ahora se van los empresarios de Argentina. La lista es larga y significativa.

La política de la negación es la política del exitismo frustrado: “la derecha sabe gobernar pero tiene mala suerte”, por eso fracasa siempre. El sentimiento de frustración fue una razón para que tantos millones de europeos civilizados apoyasen el fascismo y el nazismo hace cien años. Si ya no lo vemos venir, es porque estamos dentro de ese absurdo suicida.

Por si todo este fanatismo fuese poco, el gobernador DeSantis, como ahora sus remedos del Sur, también insiste en que los profesores y los activistas por los derechos civiles adoctrinan a los jóvenes, pero ¿qué adoctrinación es más radical que enseñar a negar la historia en nombre de Dios, la libertad, la patria y la familia?

¿Qué hay más adoctrinador que repetirle a los niños que somos los campeones de la libertad? Que nunca invadimos para defender intereses económicos sino, como decía Roosevelt y los esclavistas, por altruismo, para llevar la libertad a los países de negros que no saben gobernarse. ¿Qué hay más adoctrinador que negar los horrores de una historia de la que no somos responsables pero la adoptamos cuando decimos “nosotros” y acto seguid negamos haber hecho nada malo?

¿Qué más radical que presentar a los tradicionales opresores de clase, de género y de etnias ajenas como víctimas?

¿Qué más radical que el poema de Kipling, “La pesada carga del hombre blanco”, bandera del imperialista feliz que en una mano cargaba la Biblia y en la otra el látigo?

¿Qué más radical y qué peor adoctrinación que la política de la negación que permite que se comentan viejos crímenes colectivos como si fuesen nuevos derechos tribales?

¿Qué más radical, dogmático, doctrinario e hipócrita que llenar tribunas con discursos contra la “cancel culture” (cultura de la cancelación), furiosos discursos sobre la libertad y, apenas llegan al poder se dedican a aprobar una y otra vez leyes prohibiendo decir esto, discutir aquello, hacer lo otro? La misma hipocresía de los esclavistas de Estados Unidos que defendían la expansión de la esclavitud en nombre de la libertad, el orden y la civilización. Nada diferente a los dictadores latinoamericanos promovidos por las Transnacionales, herederas de los poderosos esclavistas sureños.

Esta derecha rancia y rejuvenecida a fuerza de cirugía es tan libertaria que solo prohíbe algo cuando los de abajo amenazan con obtener o conservar algún derecho. Siemrpe en nombre de la Ley y el Orden. Como decía Anatole France, “la Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”.

JM, abril 2022

En la voz de Javier Mireles

https://www.alai.info/la-libertad-vigilada-de-los-libertarios/

Marx lo hizo

En la Universidad de Florida, Estados Unidos, renombraron la sala de estudio Karl Marx. Ahora se llama Sala 299. Al menos por el momento, porque, considerando las nuevas leyes que ahora prohíben discutir en los centros de enseñanza sobre la historia racista de este país, tal vez dentro de tres años inauguren una sala con el nombre Batallón Azov para celebrar los 160 años de la fundación del Ku Klux Klan, inspiración de Adolf Hitler y nunca prohibido en este país, por representar una tradición muy «americana».

Quienes propusieron la remoción del nombre Karl Mark lo hicieron como reacción a la invasión de Rusia a Ucrania. Como Marx había nacido en Prusia, eso les sonó a Rusia, no a Alemania. Además, la Rusia capitalista de hoy debe ser marxista porque es parte de la antigua Unión Soviética. Una periodista de Gainesville apoyó la decisión afirmando que Marx había sido responsable de «millones de personas que murieron como resultado directo de sus ideas». Un cliché clásico (acuñado por los agentes cubanos de la CIA) que también define al Che Guevara como un «un monstruo asesino» y omite los cientos de miles de masacrados como resultado más que directo de los complots de la CIA que crearon al Che en Guatemala.

Ahora, afirmar que Marx es responsable por los muertos de algunos gobiernos comunistas es como afirmar que Jesús es responsable por los muertos del cristianismo (que, por lejos, fueron muchos millones más que los del comunismo), que Adam Smith es responsable por los millones de muertos del capitalismo (que, por lejos, fueron muchos millones más que los del comunismo) y así todo lo demás.

JM, abril 2022

https://www.pagina12.com.ar/353278-estados-unidos-su-lado-agusanado-censura-su-propia-historia

https://www.pagina12.com.ar/417853-marx-lo-hizo

«Si no estás de acuerdo con el gobierno, vete a otro país»

Un regalo de viernes santo. Otro valiente anónimo, directo desde Chile:

Qué patético que vivas en Estados Unidos y critiques ese país. Si viveras en Venezuela o en Moscú ya te hubiesen deportado”.

La respuesta es muy simple, y la voy a resumir aquí, no para quien sufre de frustraciones personales sino para aquellos otros con quienes todavía es posible un diálogo civilizado:

Creo que hace mucho me hubiesen deportado de este país y de cualquier otro si fuese por gente como usted, que se llena la boca con la palabra democracia, pero, al primer indicio de verdadera disidencia, su primera reacción es eliminar, silenciar, estigmatizar o desmoralizar al sujeto. Pero de Estados Unidos no me han deportado porque también hay gente que no se parece en nada a usted. Gente decente que resiste el nuevo y el viejo fascismo. Cuando Washington estaba matando millones de vietnamitas con lluvias de bombas y agentes químicos, esa gente estaba luchando contra la barbarie imperial blanqueada con millones de dólares invertidos en propaganda belicista. Si alguna libertad ganó este país fue por gente demonizada como Mohammed Alí y el socialista Martin Luther King; no por ningún ejército derrotado (“que luchó por nuestra libertad”) ni por fascistas como usted. Esta gente, cuya larga lista de notables luchadores por la democracia y contra las agresiones imperiales, es la que ha hecho posible que la mayor potencia económica y militar del mundo no sea un régimen abiertamente nazi, es decir, una continuación de su tradición esclavista. Bastaría con mencionar al genio de Mark Twain, fundador de la Liga Antiimperialista y azote de fanáticos como usted. Por surte, son muchos los verdaderos demócratas, aunque sean minoría y solo puedan usar ideas y palabras y no armas y capitales. Son ellos quienes le hacen un favor a la libertad de sus sociedades, a la democracia, por poca que sea.

Curiosamente, este tipo de catarsis me llegan casi siempre, sino siempre, de América latina. En Internet no hay secretos.

Alguna vez un señor retirado y militante de un partido militarista de Uruguay me dijo que en lugar de criticar las políticas de Washington debería volverme a mi primer país. Típico de una mentalidad fascista: si uno vive en un país, debe defender a su gobierno. Si uno es un “latino” (cajita inventada por Washington en los 70s) viviendo en Estados Unidos, debe ser doscientos por ciento “americano” para para sentirse “casi americano”. Algo que, naturalmente, nunca hacen ellos cuando los pueblos deciden elegir líderes desagradables para su gusto y no pueden sacarlos con algún complot o algún golpe de Estado.

Sí, ya sé. No debí contestarle tampoco, pero esa vez lo hice (copio y pego):

“Señor, no estoy contra ningún pueblo de este mundo. Soy antimperialista pero no antiestadounidense, sino lo contrario. De hecho, estoy rodeado de gente brillante que me apoya en todas mis intervenciones públicas, en todas mis ideas y posiciones políticas, aunque no siempre estén de acuerdo conmigo. Y no es sólo un apoyo de palabra, sino que cada uno de mis ascensos académicos y profesionales fueron el resultado no de decisiones personales de los de arriba, sino de competencias a nivel nacional y de múltiples votaciones de comités y asambleas compuestas por colegas. Al menos un par de veces el rector de nuestra universidad recibió pedidos escritos en mal inglés para que me despidieran bajo razones que sólo le hicieron sacudir la panza de risa… Volver a Uruguay es mi mayor aspiración, a pesar de ya no ser el joven que vagaba y trabajaba por los continentes de este mundo y, además, tengo una familia a la que cuidar. Quienes no somos capitalistas, sino asalariados, vivimos donde nos reconocen algún mérito y nos pagan un salario, no donde se nos antoja (lo cual, según la Declaración Universal de Derechos Humanos de la ONU y de cualquier persona sensata, sería razón suficiente para vivir en el país que uno decide, así como nadie cuestiona el barrio que usted, por alguna razón, ha elegido para vivir). Quienes dejamos nuestro país en la gran crisis del neoliberalismo hace veinte años, éramos, en su abrumadora mayoría, jóvenes sin capitales y sin acomodos ni políticos ni sociales, y nunca dejamos de aportar al país cuando más lo necesitó, ni económica ni intelectualmente. Ahora, debo reconocer que mi mayor sueño es volver a Uruguay, pero cuando pienso que voy a estar más cerca de fascistas como usted, se me quitan todas las ganas”.

No sin ironía, quienes sufren o gozan de esta mentalidad fascista se erigen como los campeones de la democracia y la libertad de expresión. No pocos son devotos de un pobre carpintero, alguna vez inmigrante, refugiado, llegado a Jerusalén de otras tierras y ejecutado junto con otros dos criminales por el imperio de turno y la complicidad de la oligarquía criolla por cuestionar demasiado, incomodidad que era una tradición desde siglos antes en el Antiguo testamento (ver Amos, por ejemplo). Crímen que llevó a la pseudodemocracia ateniense (gracias a demagogos enriquecidos del partido democrático como Anito, Licón y Meleto) a ejecutar a Sócrates, porque andaba corrompiendo a la juventud con eso de enseñarles a cuestionarlo todo. 

Un último recordatorio: no importa cuánto se envuelva usted con alguna bandera nacional y se rodee de símbolos, tatuajes y discursos sobre el patriotismo: los países no tienen dueños–mucho menos los individuos y sus pueblos.

JM, abril 2022.