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Los fiscales anticorrupción brasileños no tenían pruebas contra Lula . Conspiraron para impedir la vuelta del PT al poder

qué más pruebas hacen falta para que los grandes medios digan que Lula, el líder más pupular de Brasil según las encuestas antes de las ultimas elecciones, es un preso político? qué hace falta para reconcer que en un par de años en Brasil hubo dos golpes de Estado?

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Descuento para mayoristas

Hay un conocido dicho que dice: “Si le debes 100 dólares al banco, ese es tu problema. Si le debes 100 millones, ese es el problema del banco”.

Ahora, reemplacemos “si le debes” por “si asesinas”, dólares por gente y banco por justicia, y tendremos la lógica de lo que ha pasado historicamente en el mundo.

jm

Necesitamos un muro: más estadounidenses emigran a México que mexicanos a EE.UU.

More people are moving from the US to Mexico than the other way around

  • Data indicates that more immigrants are moving from the United States to Mexico than are moving from Mexico to the US.
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A construction crew works on the US side of the US-Mexico border fence as seen from Tijuana, Mexico, in April.
 Getty Images/Guillermo Arias
  • Data indicates that more immigrants are moving from the United States to Mexico than are moving from Mexico to the US.
  • From 2009 to 2014, 1 million Mexicans, including their American-born children, left the US for Mexico, according to the 2014 Mexican National Survey of Demographic Dynamics, cited by the Pew Research Center.
  • The trend is an increasingly significant phenomenon that has started to affect Mexico’s economy and culture.
  • Visit Business Insider’s homepage for more stories.

In a twist to the decades-long trend of Mexican immigrants journeying to the United States, data indicates that in recent years, more people have done the opposite, moving from the US to its southern neighbor in droves.

From 2009 to 2014, 1 million Mexicans, including their American-born children, left the US for Mexico, according to the 2014 Mexican National Survey of Demographic Dynamics, cited by the Pew Research Center.

US census data also shows that in that same period, 870,000 Mexicans migrated to the United States, Pew said.

In May, Mexico’s statistics institute estimated that there were at least 799,000 US-born people living in Mexico — that’s four times as many as in 1990 and probably an underestimate, according to The Washington Post.

Why Mexicans are returning home and why Americans are going with them

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A man walking on the Mexican side of the US-Mexico border.
 Getty Images/Mario Tama

There are a couple of reasons that more people are returning to Mexico than are migrating to the United States, but the main one is the US economy’s slow recovery from the 2008 financial crisis, according to Pew.

Read more: The Trump administration’s tough border policies could be worsening a thriving black market of smugglers that’s only growing more sophisticated, experts say

Beyond that, Mexicans have an increasingly optimistic view of their lives south of the US-Mexico border.

A 2015 Pew survey found that 48% of Mexican adults said they believe life is better in the US, and 33% said they believe it is neither better nor worse than life in Mexico — 10 percentage points higher than in a 2007 survey.

The migration trend has affected life in Mexico, with American immigrants helping to boost local Mexican economies and transform neighborhoods and schools, The Post reported.

“It’s beginning to become a very important cultural phenomenon,” the Mexican foreign minister, Marcelo Ebrard, told The Post. “Like the Mexican community in the United States.”

Most Americans living in Mexico are unauthorized immigrants

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Mexico City.
 Anton_Ivanov/Shutterstock

2015 study from Mexico’s National Institute of Statistics and Geography found that the vast majority of Americans living in Mexico were unauthorized immigrants or had errors with their paperwork.

But unlike the Trump administration, which has vowed to crack down on illegal immigration and deport those who don’t have valid visas or green cards, the Mexican government has largely shrugged off the issue.

“We have never pressured them to have their documents in order,” Ebrard told The Post.

El asalto perfecto y la nueva crisis por venir

Permítanme comenzar por una obviedad (no reconocida por la mayoría): el masivo recorte de impuestos aprobados por el Congreso de Estados Unidos en 2017 benefició principalmente a la elite económica y financiera. Según todas las estadísticas, esta elite viene beneficiándose de forma aún más acelerada desde hace medio siglo, fundamentalmente desde que las políticas neoliberales comenzaron a ser impuestas por los gobiernos de los países ricos y pobres. Como es sabido, la teoría, el dogma y el sentimiento inoculado radica en que son los superricos quienes crean trabajo y bienestar (ellos inventaron el cero, los algoritmos, la circulación de la sangre, la democracia y los derechos humanos), por lo cual cuanto mejor estén, puede que algo de toda esa riqueza gotee a los de abajo, a los trabajadores. En la Biblia una cananea convence a Jesús de ayudar a un no judío diciendo que “también los perros comen de las migajas que caen de la mesa de sus amos”, por lo cual los neoliberales debieron retocar la metáfora inventando eso de las copas (con champagne) y le dieron el elegante nombre de Trickle-down theory. Los superricos nunca reconocerán que su principal interés es su único interés, por lo cual deben ficcionar con distracciones y atraer a los votantes con anzuelos y zanahorias (aquí la religión juega un papel inestimable) o amenazarlos amablemente como hacen en Halloween esos niños tan simpáticos e inocentes ofreciendo a sus vecinos trick or treat (trato o truco).

En el caso específico de los masivos recortes de 2017, los de abajo recibieron un dulce para niños: se ahorraron aproximadamente un 2% en los impuestos anuales. Los impuestos no son buenos ni son malos. Todo depende de cómo un gobierno los invierte. Si bien es cierto que en algunas actividades los privados “lo hacen mejor y más barato”, también es cierto que toda empresa privada no solo cobra por su trabajo sino que además son “for profit”, es decir, que el consumidor no solo paga por el producto o el servicio sino también paga por el beneficio de la compañía, que suele explicar los desorbitantes costos de la salud en Estados Unidos. Alguien que no puede pagar un seguro médico, debe pagar mil dólares por mes en cualquier medicina con receta médica.

Muchos jornaleros y pequeños empresarios festejaron este dulce impositivo como un logro del presidente Trump. Por supuesto que el mayor beneficio fue para la elite de multimillonarios como él, al tiempo que se amplió el déficit y la deuda (1.500 billones extra) que irán a pagar los hijos y nietos de esos trabajadores. Si la pagan, porque siempre queda la vieja opción de imprimir más dólares aquí, respaldados en la fe, y succionar valor de los ahorros de los fieles allá, en la Argentina y en la Cochinchina.

A eso hay que agregarle la euforia siempre renovada y desmemoriada de los votantes: la economía creció 3.2 % el último trimestre, el desempleo está en 3.6 %, su mínimo de los últimos cincuenta años. Por supuesto que durante el periodo anterior de Obama la economía nunca dejó de crecer y el desempleo nunca dejó de bajar. Obama recibió una crisis masiva mientras Trump recibió una economía estable, según el estándar clásico.

Ahora, este estado de euforia económica procede de no mirar toda la foto sino un solo detalle. Por todas partes escuchamos todo tipo de gente hablar de que, diferente al período anterior, “los fundamentos de la economía son sólidos”. Exactamente lo mismo que decía George Bush un año antes de la Gran recesión de 2008.

Aunque se puede decir que hoy hay más trabajo y la economía continua creciendo, es un pecado de miopía. Si miramos más allá, tanto hacia el pasado como hacia el futuro, veremos signos preocupantes. Cada vez que ha habido crisis económicas se han revertido todas las ganancias de los trabajadores al tiempo que se han multiplicado los beneficios de los superricos. En tiempos de crisis se les pedirá a la clase media más sacrificios (menos servicios o más impuestos) y más paciencia (más años para recuperar lo perdido de la “bonanza”), mientras los dueños del dinero y de la política incrementarán sus fortunas comprando acciones y propiedades al precio miserable de la necesidad ajena.

Esa es una lógica que ha ocurrido siempre y que volverá a ocurrir. No por mera casualidad, desde los años 80s la clase trabajadora en Estados Unidos apenas ha hecho algún progreso salarial, alrededor de un 5%, mientras el 5% de la población (que ya acumula el 65% de todas las riquezas de este país) ha multiplicado varias veces sus fortunas. (La criminalización de los trabajadores en este país construido por una fuerte tradición de trabajadores y de organizaciones laborales, comenzó a principios del siglo XX, pero ese es tema de otro capítulo.)

En el caso de Estados Unidos, la posibilidad de imprimir dólares (por ahora) sin generar inflación desorbitante y el hecho de poseer cientos de bases militares alrededor del mundo para presionar países e imponer sus intereses es claramente diferente al de cualquier otro país dependiente o marginal. Sin embargo, en todos los casos el modelo neoliberal ha funcionado de la siguiente forma (en su dimensión doméstica; ya analizamos su dinámica internacional en otro capítulo):

1) El nuevo presidente recorta los impuestos (sobre todo a quienes pueden pagarlo) para impulsar la economía, como prometió antes de ganar las elecciones. Nadie ama los impuestos, ni siquiera aquellos que reciben grandes beneficios del Estado.

2) Los más beneficiados por estos recortes son los más ricos, quienes se supone que cran trabajo y benefician al resto, no al revés.

3) Como hay menos recaudación, los servicios públicos no funcionan como se espera, por lo cual se debe privatizar la mayor cantidad posible de servicios ofrecidos por el Estado.

4) En sus números globales, la economía crece y se generan empleos por un breve tiempo, lo que produce euforia en los de abajo.

5) Cuando los efectos narcóticos del recorte de impuestos y el efectivo derivado de la venta de activos pasa, la economía vuelve a su estado anterior. Pero esta vez el Estado posee menos recursos (el rey está desnudo) para enfrentar una crisis económica y social.

6) La crisis ya está instalada. La clase media vuelve a ceder terreno, se endeuda o malvende lo que tiene.

7) Los dueños del gran capital se capitalizan más comprando a precio de liquidación. El pueblo se queja y se prepara para sepultar su memoria bajo toneladas de nuevas esperanzas.

Como se puede ver, al principio del proceso los más ricos se benefician de recortes de impuestos y de la compra de empresas estatales y, al final, se vuelven a beneficiar comprando por nada lo que quedaba en mano de los pequeños privados.

Este modelo se reprodujo múltiples veces. Podríamos mencionar los últimos y más conocidos, todos dibujando una curva de campana que se repetirá después de un tiempo, cuando el olvido popular complete el trabajo, como en la Argentina de Saúl Menem en los 90s, los Estados Unidos de George Bush en los 2000s, la Argentina de Mauricio Macri en los 10s y, muy probablemente, los Estados Unidos de Trump en los 20s.

 

 

JM, mayo 2019

La vraie fraude financière

La logique circulaire de l’impérialisme judiciaire

par Jorge Majfud *

Le premier décembre 2018 Meng Wanzhou, dirigeante de l’entreprise chinoise de télécommunications Huawei et fille de son fondateur, a été arrêtée au Canada tandis qu’elle était en transit vers le Mexique par des agents étasuniens sous l’accusation d’avoir fait des affaires avec l’Iran (et ensuite pour fraude financière) ce pour quoi elle pourrait encourir une peine de prison de plus de dix ans sans avoir violé aucune loi ni Canadienne ni des Etats-Unis d’Amerique.

Avant que les États-Unis se retirent de façon unilatérale de l’accord signé avec l’Iran, faire des affaires avec ce pays n’était pas illégal. Bien entendu quand nous parlons d’une légalité nous nous référons aux lois d’un seul pays, non aux lois internationales, qui ont été systématiquement violées par le même pays. Les États-Unis dictent non seulement les lois mais ils peuvent de façon abrupte les changer selon leur intérêt et selon l’état d’humeur du nouveau président, ce qui transforme la salutaire « alternance du pouvoir » en joker de jeu de cartes. L’accord qu’un président signe de sa main le suivant le gomme avec le coude.

Mais rien de cela n’est capricieux mais fait partie d’une logique d’intérêts financiers et économiques, organisés par la propagande et la guerre idéologique. Le Venezuela et Cuba sont bloqués d’une forme on ne peut plus brutale au nom de la démocratie et des droits de l’homme pour démontrer que le « socialisme ne fonctionne pas » (et au passage sans parler des cas où oui il a fonctionné) tandis qu’ils protègent les dictatures absolutistes comme l’Arabie Saoudite pour la simple raison qu’elle pourvoit l’Occident en pétrole et est l’un des principaux acheteurs d’ armes de la puissante industrie militaire. À d’autres dictatures puissantes, comme la Chine , ils ne leur demande jamais des comptes sur les Droits de l’homme mais en revanche pour quelque tarif (les champions de la démocratie ne critiquent jamais ni poursuivent les dictatures qui protègent les grands capitaux, qu’elles soient de gauche ou de droite).

Ce comportement extraterritorial (qui est colonialiste et illégitime en soi parce que jamais réciproque) est justifié par la « lutte contre la corruption ». Dans de nombreux cas ponctuels et connus il est en ainsi, comme quand des juges des Etats-Unis ont condamné à des amendes plusieurs banques européennes pour faciliter le blanchiment d’argent, par exemple, du trafic de stupéfiants. Laissons de côté la participation des États-Unis dans le trafic de drogues et d’armes, mais voyons que cette extraterritorialité est non seulement illégitime mais de plus tient par la simple force de la corruption légalisée du pouvoir financier. Comment ? Les exécutifs de banques et des grandes multinationales non étasuniennes craignent ce type de sanctions multimillionnaires. Nombre d’entreprises ont fait faillite ou ont du être liquidées ou vendues. Non par le simple hasard le pôle Énergie d’Alstom de la France a été vendu au groupe affaibli Général Electric après avoir été accusé par des juges étasuniens de payer des pots de vin en Indonésie, Égypte, Taiwan et d’autres pays, malgré le décret émis le gouvernement français un an auparavant. Plus récemment, avec l’allemande Siemens l’Union Européenne a mis son veto à l’association avec Alstom. Une récente investigation de The Economist a signalé que : les juges étasuniens réduisent les peines des « entreprises corrompues » quand elles promettent de se vendre à une autre entreprise des Etats-Unis.

Comme cela a été expliqué, il suffit que deux personnes partout dans le monde s’envoient un courriel par Gmail (ou par presque tous autres médias électroniques) pour qu’un juge aux États-Unis considère que le cas traité se trouve sous sa juridiction, puisque Google est un groupe basé en Californie.

Mais l’extraterritorialité d’un pays est non seulement illégitime mais fait partie de la corruption même qu’elle dit combattre. Rappelons que les juges, en dehors de leurs propres critères pour appliquer les lois (de là les luttes politiques ouvertes pour nommer les représentants de la Cour Suprême), doivent aussi appliquer les lois approuvées. Pour approuver une loi, il faut d’abord l’écrire. Qui écrit les lois ? Supposons, dans le meilleur des cas d’ingénuité démocratique, que le peuple des Etats-Unis d’Amérique les écrive. Cependant cela devraient être des lois applicables seulement au territoire US. Mais il faut être très ingénu pour croire que les lois des États-Unis sont écrites par le peuple. De plus, les parlementaires ne l’écrivent même pas. Les parlementaires les votent, souvent et malgré la propagande massive médiatique, contre l’opinion du peuple des Etats-Unis, comme différentes études l’ont déjà démontré, dont celle de Princeton University. Mais comme ceci n’est pas suffisant, les lois sont rédigées par les comités composés d’hommes politiques et de représentants de grandes compagnies privées, qui sont normalement leurs plus grands donateurs (d’où le fait qu’ils donnent de l’argent à deux candidats opposés qui se disputent un siège au sénat). Les grands investisseurs n’ont d’idéologie ou de principes moraux que ceux de leurs intérêts privés — au nom de l’intérêt général, bien sûr.

L’existence de ces cas de corruption légale, qui font de la corruption illégale un dérivé presque insignifiant, voire inutile pour poursuivre la concurrence, ont été toujours niés par ceux qui considèrent que critiquer un gouvernement ou un pays est une forme de trahison patriotique et non un service rendu à la vérité et à la justice. Diaboliser les critiques fait partie de la logique tandis que les requins continuent leur chemin heureux. Récemment, USA Today a démontré, dans une grande enquête détaillée, qu’au cours des dernières années tous les congrès de l’union [US] ont passé des milliers de lois (au moins 2100) et toutes ont été de grossiers « copié-collé » dictés par les représentants des grandes compagnies privées. Les parlementaires des états et de la nation sont noyés dans cette logique et ce trafic (légal) d’influences, relevant presque tous des dits « intérêts spéciaux » et de lobbies financiers puissants (les syndicats pourraient être considérés comme les lobbies de ceux d’en bas, mais ce n’est pas un hasard qu’ils aient été affaiblis depuis les années 80 jusqu’à devenir quasi insignifiant). Tout ceci explique que 40 % de la population US n’est pas même propriétaire d’un pour cent de toute la richesse, mais défend fanatiquement l’idée que cinq pour cent possède plus de 60% de tout, parce qu’il l’a obtenu « par son propre mérite » et non par une corruption légale mondialisée et systématique. Bien que, bien sûr, convaincre un peuple qui est attaqué par son propre intérêt ne cesse d’être un mérite.

Ainsi, les heureux propriétaires du grand capital écrivent les lois aux États-Unis pour leur propre bien, lois qu’ensuite les juges appliqueront de façon extraterritoriale pour lutter contre la corruption, lois qu’ensuite le puissant Exécutif national imposera au niveau mondial sous la pression et le harcèlement (narratif, économique, et militaire).

Bien entendu ce n’est pas mon intérêt, même pas de loin, de défendre quelque entreprise, ni aucun multimillionnaire chinois, ni le gouvernement chinois, ni celui d’Iran ni personne d’autre mais, tout simplement, la vérité. Surtout cette vérité ne se laisse pas apercevoir derrière tant de drapeaux que les fanatiques médiévaux agitent au bénéfice de l’ inaccessible aristocratie financière.

Jorge Majfud, mai 2019.

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la Diaspora par  : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo de la Diaspora. Paris, le 26 mai 2019

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El verdadero fraude financiero

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La lógica circular del imperialismo judicial

 

El primero de diciembre de 2018 Meng Wanzhou, ejecutiva de la empresa china de telecomunicaciones Huawei e hija de su fundador, fue detenida en Canadá en tránsito hacia México por agentes estadounidenses bajo la acusación de haber hecho negocios con Irán (y luego por fraude financiero) por lo cual podría enfrentar una pena de cárcel por más de una década sin haber violado ninguna ley ni canadiense ni estadounidense.

Antes que Estados Unidos rompiera de forma unilateral el acuerdo firmado con Irán, hacer negocios con aquel país no era ilegal. Por supuesto que cuando hablamos de legalidad nos referimos a las leyes de un solo país, no a las leyes internacionales, que han sido sistemáticamente violadas por ese mismo país. Estados Unidos no solo dicta las leyes sino que las puede cambiar abruptamente según su conveniencia y según el estado de humor del nuevo presidente, lo que convierte la saludable “alternancia en el poder” en el comodín (joker) de un juego de naipes. El acuerdo que firma un presidente con la mano lo borra el próximo con el codo.

Pero nada de esto es caprichoso sino parte de una lógica de intereses financieros y económicos, organizados por la propaganda y la guerra ideológica. A Venezuela y a Cuba se los bloquea de las formas más brutales en nombre de la democracia y los derechos humanos para demostrar que el “socialismo no funciona” (y de paso no hablar de los casos donde sí ha funcionado) mientras a dictaduras absolutas como Arabia Saudita se las protege por la simple razón de proveer a Occidente con petróleo y ser uno de los principales consumidores de armamentos de la poderosa industria militar. A otras dictaduras poderosas como China nunca se les reclama por los Derechos Humanos sino por alguna que otra tarifa (los campeones de la democracia nunca critican ni acosan a las dictaduras que protegen los grandes capitales, sean de izquierda o de derecha).

Esta actuación extraterritorial (que es colonialista e ilegítima de por sí porque nunca es recíproca) es justificada por la “lucha contra la corrupción”. En muchos casos puntuales y publicitados es así, como cuando jueces estadounidenses han multado a diferentes bancos europeos por permitir el lavado de dinero de, por ejemplo, el narcotráfico. Dejemos de lado la participación de Estados Unidos en el tráfico de drogas y de armas, pero veamos que esta extraterritorialidad no solo es ilegítima sino que además se sostiene por la mera fuerza de la corrupción legalizada del poder financiero. ¿Cómo? Los ejecutivos de bancos y de grandes transnacionales no estadounidenses temen este tipo de sanciones multimillonarias. Muchas empresas han quebrado o han tenido que ser liquidadas o venidas. No por mera casualidad la división de Energía de Alstom de Francia fue venida a la alicaída General Electric luego de ser acusada por jueces estadounidenses de pagar coimas en Indonesia, Egipto, Taiwán y otros países, pese al decreto en contra que había emitido el gobierno francés un año antes. Más recientemente, la asociación de Alstom con la alemana Siemens fue vetada por la Unión Europea. Una reciente investigación de The Economist ha señalado un patrón curioso: los jueces estadounidenses reducen las penas de las “compañías corruptas” cuando prometen vendérselas a alguna otra compañía estadounidense.

Como alguien ha notado, basta que dos personas en cualquier parte del mundo se envíen un correo por Gmail (o por casi cualquier otro medio electrónico) para que un juez en Estados Unidos considere el caso tratado bajo su jurisdicción, ya que Google es una compañía con base en California.

Pero la extraterritorialidad de un país no solo es ilegítima sino parte de la corrupción misma que dice combatir. Recordemos que los jueces, aparte de su propios criterios para aplicar las leyes (por algo las abiertas luchas políticas para nominar a los representantes de la Suprema Corte), también deben aplicar las leyes aprobadas. Para aprobar una ley primero hay que escribirla. ¿Quiénes escriben las leyes? Supongamos, en el mejor caso de ingenuidad democrática, que la escribe el pueblo estadounidense. Aun así deberían ser leyes aplicables solo al territorio estadounidense. Pero es necesario ser muy ingenuo para creer que las leyes en Estados Unidos las escribe el pueblo. Es más, ni siquiera la escriben los legisladores. Los legisladores votan, muchas veces y a pesar de la masiva propaganda mediática, contra la opinión del pueblo estadounidense, como ya lo han demostrado diferentes estudios, entre ellos el de Princeton University. Pero como esto no es suficiente, las leyes las redactan comités integrados por políticos y por representantes de grandes compañías privadas, las que normalmente son sus mayores donantes (de ahí que donen dinero a dos candidatos opuestos que se disputan una banca en el senado). Los grandes inversores no tienen más ideología ni principios morales que las de sus intereses privados –en nombre del interés general, claro.

La existencia de estos casos de corrupción legal, que hacen de la corrupción ilegal un derivado casi irrelevante, cuando no útil para perseguir a la competencia, han sido siempre negados por aquellos que consideran que criticar un gobierno o un país es una forma de traición patriótica y no un servicio a la verdad y la justicia. El patriotismo es la distracción de quienes han perdio la patria que habitan. Demonizar a los críticos es parte de la lógica mientras los tiburones continúan su exitoso camino. Recientemente, el USA Today demostró, en una extensa y detallada investigación, que en los últimos años todos los congresos de la unión pasaron miles de leyes (por lo menos 2100) y todas fueron burdas “copia y pega” digitadas por los representantes de las grandes compañías privadas. Tanto los legisladores estatales como los nacionales están sumergidos en esta lógica y tráfico (legal) de influencias, casi todos procedentes de los llamados “intereses especiales” y de poderosos lobbies financieros (los sindicatos podrían ser considerados los lobbies de los de abajo, pero no por casualidad desde los 80s han sido debilitados hasta su casi irrelevancia). Todo lo cual explica que el 40 por ciento de la población estadounidense no sea dueña ni del uno por ciento de toda su riqueza, pero fanáticamente defiende la idea de que el cinco por ciento posea más del 60 por ciento de todo, porque lo ha logrado “por mérito propio” y no por una sistemática y globalizada corrupción legal. Aunque, claro, convencer a un pueblo que es asaltado por su propio interés no deja de ser un mérito.

Así, los exitosos dueños del gran capital escriben las leyes en Estados Unidos en su beneficio propio, las que luego irán a aplicar los jueces de forma extraterritorial para luchar contra la corrupción, las que luego el poderoso Ejecutivo nacional impondrá a nivel global bajo presión y acoso (narrativo, económico, y militar).

Por supuesto que no es mi interés, ni por lejos, defender ninguna empresa, ningún multimillonario chino, ni al gobierno chino, ni al de Irán ni a nadie sino, lisa y llanamente, la verdad. Sobre todo esa verdad que no se deja ver debajo de tantas banderas que flamean los fanáticos medievales en beneficio de la ya inalcanzable aristocracia financiera.

 

 JM, mayo 2019.

 

Ideología reversa

La cultura de las máscaras III

Ideología reversa

Cada vez que los líderes del tercer mundo se propusieron nacionalizar los recursos naturales de sus países, se los acusó de “vende patrias” y de pretender “introducir ideas foráneas”, como si existiese alguna idea que no tuviese algo de foráneo.

Las dos acusaciones han sido, por generaciones, dos clásicos de la cultura popular cuyos orígenes no son difíciles de rastrear siguiendo los rastros del interés económico internacional. Cuatro casos archiconocidos fueron cuatro presidentes electos democráticamente y depuestos por similares golpes militares precedidos por similares estrategias de desestabilización y seguidos de similares dictaduras: Jacobo Arbenz, cuando intentó nacionalizar una pequeña fracción de tierras en Guatemala en manos de la United Fruit Company; Mohammad Mossadegh, cuando intentó cumplir su promesa electoral de nacionalizar el petróleo en manos de British Petroleum en Irán; Patrice Lumumba, cuando intentó conservar los recursos minerales de Katanga en el Congo en manos de las empresas belgas; y Salvador Allende, cuando intentó nacionalizar el cobre y la banca en Chile en manos de empresas estadounidenses (alguno de estas terribles políticas, como la redistribución de tierras, ya habían comenzado con el presidente anterior, el conservador moderado y rival de Allende, Eduardo Frei Montalva).

Otros ejemplos abundan, pero casi todos hundidos en el generoso olvido de los pueblos. Todos fueron acusados, por las potencias coloniales de su momento, de querer entregar sus países al poder extranjero y de promover ideas extranjeras. Como solución a sus planes de nacionalización, primero la propaganda y luego las armas lograron devolver los recursos nacionales a manos de empresas privadas extranjeras con la obvia asistencia de gobiernos extranjeros que en todos los casos, y de forma documentada, actuaron como extensión de los negocios privados en nombre del interés general.

Esta operación de subasta de países se llevó a cabo o se consolidó con la imposición de “ideas extranjeras”, para nada espontaneas ni producto de ningún debate democrático, sino como parte de un plan deliberado por parte de las potencias extranjeras.

Por ejemplo, cuando en los años 50s se hizo evidente el sostenido crecimiento de la izquierda en Chile, se comenzó el envío de estudiantes de economía de la Pontificia Universidad Católica de Chile a/y desde la Universidad de Chicago. No a cualquier departamento sino a estudiar bajo el directo tutelaje de Milton Friedman y Arnold Harberger, los ideólogos de la reacción contra la corriente iniciada por el cuatro veces presidente de Estados Unidos, Franklin D. Roosevelt, por la cual la superpotencia volvió, por unas décadas, a políticas sociales (New Deal, Nuevo Acuerdo). En 1958 Jorge Alessandri le había ganado a Allende por una mínima diferencia de votos y en 1964 la CIA financió exitosamente la campaña electoral de Frei contra Allende. En 1970 el dinero no fue tan efectivo y Allende terminó ganándole a Jorge Alessandri, por lo cual la MIMO (Mafia Internacional de Millonarios Organizados) recurrió al mismo Plan B de todos los casos anteriores: golpe de Estado y dictadura militar para “salvar al país” de alguna amenaza de moda contra la libertad.

Gracias a esta dictadura y a otras en América Latina, los Chicago Boys, los economistas entrenados en la ideología de Friedman, tuvieron carta libre para actuar en Chile y en otros países. Este grupo, sus ideólogos y sus apologistas, centraron y centran hoy sus elogios en la idea de que son ellos quienes han promovido el “libre mercado” y las “libertades individuales”.

Ambos, libre mercado y libertades individuales son ideas muy nobles y positivas. Si no fuese por la hipocresía con la que se las ha aplicado sistemáticamente. No hubo y nunca habrá libre mercado bajo el tutelaje neocolonial y neo imperialista sino lo contrario. Mucho menos hubo libertades individuales, ya que estas políticas necesitaron múltiples dictaduras militares primero y más tarde dictaduras bancarias sobre países arruinados y endeudados por las dictaduras anteriores. El libre mercado y las libertades individuales significaron, bajo estas políticas, libertad de algunos mercados para imponer sus condiciones e intereses sobre otros, y libertad de algunos, de unos pocos individuos para decidir sobre otros individuos, sin excepciones una abrumadora mayoría. Este discurso, esta efectiva manipulación ideoléxica, es semejante al mito que celebra la independencia de Texas de México aduciendo que fue para gozar de “mayores libertades políticas” sin aclarar que se trataba de “mayores libertades de unos a esclavizar a otros”, ya que el gobierno mexicano había regalado tierra a los inmigrantes anglosajones sin haber legalizado la esclavitud, verdadera fuente del “milagro económico” del sur estadounidense.

Pinochet no solo no fue acosado económicamente por Nixon, como lo fuera Allende, sino que además recibió todos los beneficios posibles (morales, ideológicos, militares y económicos) de la superpotencia. Pese a todo, la pobreza y el desempleo no solo continuó creciendo en el llamado “Milagro económico chileno” (mito propagado y diseminado por la poderosa ultraconservadora Heritage Foundation, fundada por Paul Weyrich, Edwin Feulner y Joseph Coors) sino que además, en los 80s, el país se sumergió en una dolorosa crisis económica que ocurrió simultáneamente en otras dictaduras menos exitosas del continente.

Quienes entregaron al país y sus recursos naturales tan codiciados por las exitosas compañías occidentales a fuerza de una dictadura sangrienta, no se los llamó “vende patrias” sino “salvadores de la libertad”. Las ideas indoctrinadas como un dogma incuestionable (cuestionado en todas las universidades de Estados Unidos, menos en el departamento de Friedman) por una simple decisión estratégica de las agencias de Estados Unidos, no se las llamó “ideas extranjeras”.

Fue una operación perfecta, o casi perfecta. Otro típico caso de “ideología reversa”. La mafia neoliberal (a través de sus voceros más pobres, es decir fanáticos) se encargó siempre de acusar a cualquier grupo universitario o de activistas sociales o de intelectuales críticos de practicar las ideas del teórico marxista italiano Antonio Gramsci. Sin embargo, si bien la izquierda tradicional fue gramsciana por su análisis de la realidad y por su natural resistencia crítica al poder (que se expresa y consolida por el sentido común prefabricado), la derecha internacional fue siempre gramsciana en la aplicación del poder a través de las ideas colonizadas.

Se puede ocupar un país, se puede imponerle un gobierno títere por un tiempo limitado, pero si el objetivo es permanecer, la única forma posible es colonizar las ideas de un pueblo hasta inocularlas con un interés parasitario que con el tiempo terminarán adoptando como propias. Tan propias que cualquier cosa que suene diferente, como la recuperación soberana de sus recursos, será aplastada con calificativos como “ideas foráneas” –y sus propulsores “vende patrias”.

Pero a toda esta ingeniería de las ideas que define nuestro mundo hay que sumarle un aliado fundamental: ese miedo que es parte de la condición humana, ese miedo de un mendigo que es capaz de matar y morir por conservar las pocas pero sonantes monedas que le tiró un buen señor a la salida de la iglesia y que le costó todo el día ganar.

El 19 de mayo de 2019, en Morehouse College de Atlanta, el multimillonario invitado a dar el típico discurso moralizador de graduados, Robert F. Smith prometió pagar la deuda de los estudiantes por haber estudiado. La audiencia estalló en llanto. Un gesto noble, sin dudas. Con sus viejas trampas, por lo expuesto desde hace veinte años…

 

JM, mayo 2019

 

Miénteme suavemente

Una señora participante por videoconferencia (le había prometido a su esposo hacer esta valiente pregunta):

–¿Por qué usted está siempre criticando todo?

–Porque siempre nos están mintiendo.

–Uno no puede vivir así todo el tiempo. Va a terminar enfermo y nos va a enfermar a todos.

–Si usted quiere le miento. Seguro que me cree. No me curaría yo pero sin duda sería un alivio para usted.

–Usted viviría mejor.

–Sí, sin duda, es el camino más seguro.

El Ecce Homo uruguayo

Ahora Uruguay tiene su “Ecce Homo”. En nuestros tiempos donde se premia el esperpento, no es un mérito menor. En mi época de arquitecto, cualquier estudiante hubiese sido excomulgado de la universidad por semejante despropósito. Debe dar miedo sentarse siquiera, por lo funerario, por el abismo a las espaldas, y por lo descontextualizado. Del dinero gastado ni hablar, aunque, considerando la cultura pooph actual, puede ser una fuente de recursos turísticos. 
Por otro lado, cuando miro a otras partes, pienso que ojalá todos los países del mundo estuviesen ocupados con este tipo de debates y sus problemas fuesen tan terribles como estos.

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Somos nuestros abuelos

“Mis dos hijas son mellizas”, me dijo una señora de Colombia, “y son el día y la noche; una es tranquila y la otra un manojo de nervios; una no puede con las matemáticas y la otra es una luz; una es sociable por demás y la otra no tiene amigos”. Sin embargo, durante el embarazo la madre comió lo mismo y sufrió el mismo estrés para ambas, nacieron el mismo día (no perdamos el tiempo con especulaciones astrológicas), tuvieron los mismos padres y la misma educación.

En el siglo XIX se hicieron populares las tesis raciales sobre el carácter de los individuos y de los pueblos. Estas teorías surgieron en Europa, no por casualidad. Siglos antes, las explicaciones dominantes sobre la creación de la Humanidad y su diversidad procedían de las teorías religiosas (también llamadas Fe o Evidencia de los textos sagrados) según las cuales María, Jesús y los angelitos eran todos rubios y los africanos habían sido teñidos de negro por el pecado de ser negros. El pecado de Adán y Eva los expulsó del Edén pero les permitió prosperar, cosa que no se veía en los bárbaros africanos, sobre todo después de la colonización europea.

En el siglo XIX las teorías religiosas sobre la creación debieron convivir con las teorías científicas, como la teoría de la Evolución. Otra vez, estas visiones del mundo surgidas en Europa explicaban cómo los blancos eran el resultado de una larga evolución detrás de la cual habían quedado los africanos y un poco más atrás los monos. Bien, Darwin nunca escribió esto, ni su teoría apoya semejante interpretación, pero las ideas más populares sobre la Evolución humana justificaban no sólo la superioridad de la raza blanca sino su brutal explotación del resto del mundo que los racistas de antes llamaban “proceso civilizatorio” y los de ahora llaman “progreso y prosperidad”.

Estas teorías cayeron en desgracia gracias al desgaste analítico de algunos escritores, como lo fueron en América Latina el cubano José Martí y el peruano González Prada a finales del siglo XIX y principios del XX.

A principios del siglo XX las teorías psicoanalíticas se expandieron para reemplazar el fisiologismo (un mal sueño era solo la consecuencia de una mala digestión) por la creencia en las experiencias psicológicas (de la infancia) y verbales (de la adultez) como creadoras de toda la realidad humana. Gracias a este abuso, a finales del siglo XX ya no quedaban hijos sin culpar a los padres de sus propios fracasos ni padres sin sentimiento de culpa por los fracasos ajenos.

A principios del siglo XXI los avances de la genética y la neurología volvieron a poner el foco en el factor biológico, pero esta vez liberados de la ficción arbitraria de las razas (irónicamente, este camino lo inauguró el genetista y racista James Watson en los 50s).

Si en la Edad Antigua características como la depresión o la homosexualidad eran atribuidos a los “humores”, si en la Edad Madia a los demonios, si en el siglo XX, el sigo del psicoanálisis, se los atribuía a los traumas de la niñez, en el siglo XXI las explicaciones se desplazaron sobre el material genético heredado de los padres (lo cual es casi, casi una absolución).

De forma paralela a las investigaciones sobre los individuos, la investigación de los problemas psicológicos se extendió sobre los grupos y sobre los pueblos. Paradójicamente, las teorías sobre el “carácter de las naciones” tan populares entre los ensayistas de principios de siglo XX y superadas por sus colegas de las generaciones posteriores, han vuelto con una vestimenta diferente.

Múltiples estudios recientes (sería imposible incluir una bibliografía mínima en este espacio) han analizado, utilizando métodos cuantitativos y de big data los efectos en las olas migratorias de los últimos siglos. Algunos, por ejemplo, han demostrado que los inmigrantes con TDAH (Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad) de un determinado pueblo (judíos) emigraron a países más lejanos que el resto. Otros, analizando los nombres comunes en oposición a los nombres raros (más que causas de sus nombres, consecuencias de sus padres), descubrieron que los segundos emigraron más y los primeros se quedaron (Escandinavia), produciendo tendencias políticas claras, generaciones después: los descendientes de quienes se quedaron hoy apoyan más sistemas de salud universal y los que se fueron, más individualistas, menos. Otros estudios apuntan a la dinámica de la “auto selección” de los inmigrantes: quienes emigran (Europa, América latina) son aquellos dispuestos a tomar riesgos, lo cual en países como Estados Unidos habría producido una sociedad de emprendedores. Etc. Así, los inmigrantes pasarían el material genético a su descendencia, es decir, a los futuros pobladores de ese país.

A partir de aquí solo podemos comenzar a especular. Por ejemplo, eso explicaría el grado de ansiedad y competencia de una parte fundamental de la población estadounidense, con un exceso de testosterona y, por ende, su necesidad de ganar sobre el impulso de solidaridad.

Otra región poblada en su mayoría por inmigrantes, como Uruguay y Argentina, posee sus propias características que podríamos sospechar desde esta perspectiva. Por ejemplo, el carácter melancólico, la pérdida o la ausencia representados en las letras de tango. Estas características son culturales (como la impronta igualitaria trazada por José Artigas y ciertas costumbres charrúas) y no necesitan recurrir a la genética para explicarse, pero tampoco pueden excluir la posibilidad, como ya no podemos decir que la depresión, la bipolaridad, la euforia y casi todas las condicionantes más importantes de un individuo no tienen una base genética. Las historias de decisiones intempestivas por las cuales nuestros abuelos decidieron emigrar no son raras. Es decir, no se trata sólo del traspaso de las características culturales de cada país sino de la selección de individuos por sus características genéticas.

Tal vez podríamos agregar el impulso amplificado de una condición humana que puede ser universal pero que en países como Uruguay y Argentina es un deporte nacional, que se expresa por todas partes aunque de formas muy subterráneas: la necesidad de descargar culpas en otros, aunque sean nuestros afectos; de aliviar frustraciones propias por el sentimiento de culpa ajeno. ¿Se trata de una herencia cultural, genética o de ambas?

Claro que, pese a estos nuevos descubrimientos, la cultura y la educación siguen siendo los instrumentos decisivos para cambiar lo que somos. Es decir, para la libertad de los individuos y de los pueblos y para su propia opresión también.

Bueno, creo que en mis novelas he hecho un trabajo algo más decente que estas brevísimas notas a un costado del camino, pero la idea central es simplemente esa: de formas diferentes revivimos las vidas de nuestros antepasados creyendo que hacemos algo fundamentalmente nuevo.

Ellos pensaban igual.

 

JM, Profesor uruguayo estadounidense. Tequila y El mismo fuego son sus dos últimas novelas; también este año ha publicado el libro de ensayos The Autumn of the West.

 

El mismo fuego 5

Sumergidos y Emergentes

La economía y la sociedad argentina se sumergen en una larga crisis y Morgan Stanley Capital International la califica, oficialmente, como “mercado emergente”. Otra prueba de que para los dueños del capital y del mundo no importan ni la economía ni los habitantes de un país tanto como la “libertad de los capitales” (En 2009, con una economía harto más estable, se le había quitado a Argentina ese mismo status, por la mala idea de ejercer su soberanía imponiéndole a los capitales extranjeros un límites de tiempo para entrar, extorsionar y fugarse cuando se les de la gana).

Claro que bastará esta resemantización de la realidad para darle el alivio que los amigos se merecen por tanta obediencia.

 

JM, mayo 2019

 

 

 

El mismo fuego (2019)

El mismo fuego 5

Contratapa:

El mismo fuego es una novela y es una autobiografía existencial basada en las experiencias del autor durante la pasada dictadura militar en su país. Los hechos reales, los nombres,el país y la posterior evolución de diferentes tragedias han sido alterados para proteger la verdad. Con una estructura sintáctica que carece del pronombre relativo que, la novela expresa en el lenguaje las mismas ausencias funcionales que existen en la memoria absoluta de su protagonista, el niño José Gabriel, sin por ello impedirle representar un mundo que su exagerada memoria registra en detalle pero su comprensión no puede abarcar en su totalidad. “Una mañana, los niños jugaban en una vieja carreta cuando sonó un balazo. ¿Por qué nacemos, si tenemos que morir? Los años van pasando, como pasan los árboles ante la ventana del tren; y Jorge sigue buscando la respuesta”. Eduardo Galeano.

El mismo fuego 2

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Ediciones papel de tapa blanda:

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Mexico (eBook)

 

 

“EXCLUSIVO: EMPEZÁ A LEER EL MISMO FUEGO, DE MAJFUD”, MDZ WWW.MDZOL.COM

 

Venezuela enferma: soluciones (im)posibles

En distintos ensayos hemos analizado la recurrencia del patrón histórico de acoso a toda opción política no alineada con las superpotencias hegemónicas (no hay que ser muy despierto; las pruebas y evidencias están por todas partes): el caos diseñado en múltiples países en los últimos cien años, el financiamiento de grupos armados o desestabilizadores con nombres bonitos como Freedom fighters (“Luchadores por la libertad”), la promoción y financiación de golpes de Estado y el posterior apoyo ideológico, mediático, militar y económico a los regímenes amigos que luego se llaman “restauración de la democracia” y no “libertad para mis negocios”.

Sin embargo, nada de esto debería significar (vamos a repetirlo una vez más) un apoyo al actual gobierno de Nicolás Maduro. No debería, pero así es la dinámica de la pasión política desde hace siglos: como en el ajedrez, los peones son los primeros en morir luchando por una pasión (una religión, una ideología, unos valores morales) mientras detrás la aristocracia sobrevive para llevarse los beneficios (las tierras en el Feudalismo, el oro, la plata y el cobre en la Era de las conquistas, el petróleo en nuestro tiempo). Como si se tratase de un partido de futbol donde los fanáticos se aman y se odian según la banderita que los cubre mientras alguien más se lleva los millones a sus cuentas bancarias.

En el caso venezolano ocurre un fenómeno que podíamos llamar “mazo de naipes”. Tenemos dos grupos de cartas: uno ideológico y otro humanitario. Mezclamos los naipes y repartimos a dos jugadores que resultan uno “a derecha” y el otro “a izquierda”. Vemos los jugadores, pero no vemos los naipes y nos posicionamos de un lado o del otro como si no hubiese otras posibilidades.

En lo personal y desde el punto de vista ideológico, para mí el gobierno de Maduro está lejos de lo que podría aspirar como una sociedad sin las obscenas diferencias sociales entre ricos y pobres, entre inversionistas y trabajadores, entre beneficiados y beneficiarios. Pero también hay que recordar que desde los primeros años de la experiencia de su predecesor, Hugo Chávez, el propósito golpista y el bloqueo ideológico estuvo siempre presente por razones obvias y tradicionales que no vamos a enumerar ahora.

Aunque esto pone furioso a muchos, voy a repetirlo: la oposición es Nicolás Maduro con otros intereses y en otro rol. A Maduro le quedó grande el rol de presidente y a la derecha (herederos de los Pérez Jiménez y los Andrés Pérez) le quedó chico el rol de oposición.

Como sea, y como dijo el congresista y candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos, Ron Paul: “déjenme decirles por qué tenemos problemas en América Central y en América del Sur: porque hemos estado metidos en sus asuntos internos hace tanto tiempo, nos hemos metido en sus negocios y así creamos a los Chávez, hemos creado a los Castros de este mundo, interfiriendo y llevando caos en sus países y ellos han respondido sacando a sus líderes constituidos”. El público de Miami lo hizo callar con sus abucheos. Porque no hay peores inquisidores que los conversos.

 Ahora, dejando de lado las raíces del problema, es lícito considerar los frutos, casi todos amargos. Uno de esos frutos, del cual han participado Tirios y Troyanos, es la crisis humanitaria creada dentro y fuera de Venezuela.

Adentro está la grave escasez de los productos más elementales, como lo son los alimentos y las medicinas (no es necesario intentar introducir camiones por la fuerza cuando, desde mucho antes, hemos estado donando toneladas de medicamentos a través de Unicef USA y muchos otros medios más pacíficos y menos propagandísticos). Tampoco debemos minimizar la excesiva represión del gobierno, aunque algunos la considerarán una consecuencia legitima, no una causa del problema. Cierto, muchos disidentes, como el autoproclamado presidente (más allá de los 30 días constitucionales) Juan Guaido, hablan y organizan actos públicos llamando a la rebelión en las calles sin ser detenidos ni torturados ni desaparecidos. Desaparecer era la norma en las decenas de dictaduras militares que la oligarquía criolla, aliada a Estados Unidos, diseñó y apoyó en América Latina por más de un siglo. Todavía es la norma en países incuestionados por Occidente, como lo son los “regímenes aliados” de Arabia Saudí, Israel, China y tantos otros. Incluso en muchos países considerados “democráticos” por mucho menos muchos fueron enviados a la cárcel.

Pero aun así (sobre todo aquellos que sufrimos dictaduras de otros signos) no podemos ignorar que en Venezuela existen denuncias y testimonios de abusos a los derechos humanos que deben ser tomados en serio y que, considerando la situación anómala, no me extrañaría que pudiesen ser de mayor gravedad.

Para completar, también tenemos la masiva emigración de venezolanos desesperados que, como casi todos los emigrantes sin privilegios, no sólo deben sufrir el desgarro de dejar su tierra sino las dificultades de adaptarse cultural, laboral y socialmente a un nuevo país que no siempre los recibe con la solidaridad humana (no ideológica) que se merecen.

Una solución, para nada radical, apenas moderada, sería que el presidente Nicolás Maduro renuncie y deje su cargo (¿hay alguien indispensable?), no en manos de la oposición sino del segundo o del cuarto en línea de su partido hasta que se normalice el proceso electoral y legislativo. Claro, algo bastante improbable, pero podría estar en la mesa de negociación si hubiese una mesa de negociación.

La otra solución, para nada radical, apenas moderada, sería que la oposición renuncie a sus contactos en Estados Unidos y Colombia y se concentre en la Asamblea Nacional y en cualquier elección. Por más limitada que sean las “garantías del gobierno”, si se puede llamar a la rebelión y al levantamiento armado del ejército en múltiples actos callejeros (o flirteando con una invasión estadounidense, una más de cien, solución que sólo llevaría a un golpe de Estado que deslegitime cualquier pretensión de cambio), también podría ocupar el lugar para el cual fueron elegidos en elecciones. Claro, algo bastante improbable, pero podría estar en la mesa de negociación si hubiese una mesa de negociación.

Como siempre, me dirán que no puedo opinar porque no vivo en Venezuela. La respuesta es la misma que venimos repitiendo desde hace treinta años: si vivir en un lugar y en un tiempo fuesen suficiente para tener las cosas claras, no habría ninguna razón para que la gente de ese país se odiase ni tuviese lecturas tan radicalmente diferentes de los mismos hechos. Venir de o vivir en un lugar no significa que alguien sepa lo que ocurre en cada una de sus instituciones (nacionales o extranjeras) que deciden su suerte. De hecho, rara vez alguien sabe lo que está ocurriendo en su propia casa mientras lanzan esa genialidad de “yo sé lo que digo porque vivo allí”.

De hecho, resulta doblemente paradójico recibir este tipo de acusaciones (cuando no amenazas) de gente que, como solución, promueve intervenciones militares y económicas de otros países, como si el gobierno de Estados Unidos pudiese intervenir cuando quiera, pero sus ciudadanos no pudiesen pensar fuera del dogma porque “no viven la realidad”.

 

JM, 5 de mayo de 2019

 

El mismo fuego

 

TapaTequilaEl mismo fuego 5

 

 

 

 

 

 

 

La ideología sin ideología (II)

Poco después de la caída del muro de Berlín, tuvimos que soportar una avalancha de discursos, políticas neoliberales y muletillas como El fin de la historia (un verdadero poema épico) y El choque de las civilizaciones (nueva poesía llamando a nuevas hazañas). No era muy difícil ver que lo que tendríamos sería más bien un choque de intereses y que mientras haya algo por construir y por destruir habría historia, que es como decir mientras haya que respirar para seguir viviendo.

Por entonces, a pesar de los múltiples ejemplos de recientes dictaduras capitalistas en América Latina, el dogma triunfante era la eucaristía entre el capitalismo y las democracias liberales a un punto que se confundía una con otra de la misma forma que se confundía socialismo con dictadura. Ambas confusiones que cualquiera puede detectar hoy en día en cierta clase de estadounidenses (o desesperados candidatos a serlo) anestesiados en los medios cada día, en los bares los sábados de noche y en las iglesias donde van a lavar los trapos sucios los domingos por la mañana.

Los heraldos de ese orden neoliberal y de pensamiento único nunca se imaginaron que unas décadas después estaríamos viviendo en un nuevo casamiento promiscuo entre la última forma de capitalismo y las nuevas variaciones de democracias antiliberales y, en casos, entre capitalismo y comunismo, como es el caso de China. El capitalismo ha sido un habilidoso promiscuo, capaz de mantener relaciones carnales con sus más impensados antagónicos, como lo fueron el cristianismo, las democracias liberales y el comunismo. No es casualidad ni es un fenómeno extraño. Si por algo se caracterizan los fanáticos de cualquier religión es por contradecir sus propias raíces para servir a sus propios intereses. Hoy en día, por ejemplo, son los cristianos conservadores quienes más obsesionados están en demonizar a los de abajo. Todos los grupos sociales siempre temen más a los de abajo que a los de arriba que los gobiernan y explotan. Pero en el cristianismo capitalista llega a la patología de demonizar a los más débiles de una sociedad (los pobres, los inmigrantes) y a arrodillarse indulgentes ante los más ricos y poderosos que hacen y deshacen el gobierno y el país a su antojo. Una paradoja vergonzosa para los seguidores de un rebelde que vivió rodeado de todo tipo de marginales y finalmente fue ejecutado por el poder imperial del momento. Todo lo cual no sólo es una contradicción sino una cobardía radical de quienes se asumen, como suelen repetir en el himno nacional, individuos “en la tierra de los libres y en la casa de los valientes”.

Tampoco esto es casualidad. Toda “narratura” es una máscara de una realidad que conviene invisibilizar o travestir. Uno de los pilares básicos de la narrativa neoliberal consistía en confirmar la “muerte de las ideologías”, como si la suya fuese una expresión de las ciencias o de la naturaleza y no una ideología en sí misma, una de primer grado. Claro que una de las fortalezas del neoliberalismo y de su padre, el capitalismo, consiste en la simpleza casi primitiva de sus fundamentos: creer que la libertad es una lluvia que cae sobre todos por igual o adoptar mitos como el que afirma que si ayudamos a los ricos a ser más ricos, algo de toda esa riqueza se derramará algún día a los de abajo. Basta con un simple acto de fe y cierto entrenamiento pornográfico para adoptar semejante fantasía.

Los otros pilares son también contradictorios: el nacionalismo apela a un sentido de la neutralidad ideológica. Esa bandera, que representa a España o a Brasil o a EE.UU., es la misma siempre y, al representar a todos los ciudadanos, debe ser neutral. Por supuesto, su uso y abuso narrativo no lo es.

Estas supersticiones no difieren de aquella que afirma que las iglesias son políticamente neutrales, que su objetivo y acción es la salvación de las almas y no de los cuerpos. No hay nada más político que la pretensión de neutralidad política. Si hubo un hombre político, en el sentido profundo de la palabra, ese fue Jesús, razón por la cual fue ejecutado.

El dogma, la ideología (neo)neoliberal a partir de los 70s, se podría resumir en los siguientes mandamientos:

  • Privatiza. Los privados siempre lo hacen mejor que el gobierno.
  • Reduce el maldito gobierno. Un momento. Reduce solo aquellos programas que beneficien a las mayorías sociales, como salud, educación, retiros, seguros de desempleo, canastas de alimentación, etc.
  • Austeridad ante todo (¿Han observado que quiénes más recomiendan austeridad son los superricos?)
  • Militariza. No todo el gobierno es malo. Aumenta el poder del ejército y la policía, que deben quedar en manos del gobierno porque le asegura a los más ricos (especialmente desde el siglo XIX en América Latina hasta hoy) estabilidad social ante las crisis que crean las políticas de libertad desigual. (Desde los tiempos de la colonia, todos los alzamientos sociales fueron provocados por las diferencias sociales del continente más desigual del mundo).
  • Desregula, el trabajo de los de abajo y los límites de inversión y desinversión de los de arriba. Los trabajadores serán libres de irse sin sus trabajos y los inversores serán libres de irse con su dinero.
  • Deja hacer. Elimina toda interferencia del gobierno en la economía, excepto cuando éste debe acudir al salvataje de sus sabios operadores del mercado. Los grandes inversores deben arriesgar seguro: cuando aciertan, se llevan las ganancias por mérito propio; cuando se equivocan, los gobiernos los salvan por vergüenza ajena.
  • Libera el mercado. Cuando las democracias neoliberales no puedan contener el descontento popular, se debe garantizar esta libertad por todos los medios, incluso con dictaduras militares. En realidad no es libertad de mercado sino libertad de los capitales. Pero no lo digas así.
  • Sacraliza y demoniza. Lloverás narraciones dogmáticas que incluyan la demonización de toda alternativa y la prevención de cualquier ejemplo alternativo. A los desastres sociales y económicos, como en el Chile de Pinochet, llámalos Milagro.
  • Predica con el ejemplo. Las potencias occidentales se encargarán de invadir y aplastar “malos ejemplos” que pudiesen desafiar el dogma neoliberal, mientras los ejércitos vernáculos, como los de Medio Oriente, África y América Latina se especializarán en reprimir a sus propios pueblos, ya que prácticamente desconocen la guerra con otros ejércitos nacionales. Para eso están los ejércitos centrales de Europa, Estados Unidos y, pronto, China.

Todos estos preceptos son altamente ideológicos por lo cual la pastilla no está completa sin su cápsula, sin sus elementos ideoléxicos que consisten siempre en sustituir una realidad por su símbolo opuesto.

Por ejemplo, como anotamos al principio, para vaciar de elementos progresistas o independentistas de bloques como el Mercosur se recurre (Macri, Bolsonaro, etc.) al discurso de la desideologización, de la despolitización y la neutralidad de los mercados. Nada de eso se aplica cuando se bloquean económicamente países menores o más débiles como Cuba, Venezuela, Irán y cualquier país que no se alinea a los intereses y a la ideología del interesado. Nada de este rol de policía del mundo es cuestionado ni se sospecha de tener algo que ver con alguna ideología o con alguna dictadura capitalista como China o Arabia Saudí.

 

JM, abril 2019.

Más en Las narraturas del capitalismo (2019) y The Autumn of the West (2019)

 

 

 

 

Servidores y serviles

Mientras los servidores y esclavos de Roma, mercenarios y serviles voluntarios, continúan perdiendo su tiempo insultando y amenazando, sigo trabajando y diciendo lo que entiendo es la verdad, lo que parece ser una verdad del todo inconveniente y, por lo mismo, una verdad necesaria. (Sí, mi correo es ese mismo).

 

JM

La ideología sin ideología (I)

 

Para el dogma hegemónico, limpiar de ideologías (independentistas o progresistas) en las relaciones económicas de bloques como el Mercosur significa “aplicar las reglas neutrales del libre mercado”. Bloquear y acosar por generaciones economías de países menores que intentan explorar cominos no alineados a las superpotencias, no tiene nada de ideológico sino más de la misma neutralidad ideológica” de los mercados.

 

A principios de 2019 varios diarios occidentales repetían que los nuevos presidentes de Argentina y Brasil se habían propuesto “vaciar de política el Mercosur”, como antes habían prometido “desideologizar la educación” y el resto de la vida social. El 19 de abril, El País de Madrid tituló “El Mercosur vuelve al origen” y subtituló: “Macri y Bolsonaro avanzan sobre la idea de que el bloque está ideologizado y debe recuperar el espíritu comercial que estuvo en el punto de partida”. Al igual que la sugerencia del presidente de Brasil de grabar e intimidar a profesores con lecturas revisionistas de la historia, “profesores víctimas” de las ideologías de izquierda, se asume que no se trata de liquidar la libertad de cátedra sino de una simple “limpieza ideológica”.

Cuando un presidente habla de limpieza, lo que parece una escoba en su mano suele ser una ametralladora.

Este tipo de discurso, tan fácil de inocular en la población, no es nuevo. El concepto está basado en la idea de la ausencia de ideología en sus (llamémoslo) “instituciones garantes”, que son los medios de prensa al servicio del poder financiero, la iglesia y el ejército. Sin embargo (y esto no es una paradoja sino parte de la lógica histórica), si hubo y si hay instituciones recargadas de ideología en América Latina y en tantas otras regiones periféricas del mundo desde hace siglos estas han sido y continúan siendo, precisamente, la gran prensa, las iglesias dominantes y los ejércitos.

Otro ingrediente, aunque no institucional sino cultural y presente en cada una de las “instituciones garantes”, con un fuerte contendió ideológico que se pasa siempre como algo neutral, es el patriotismo. ¿Quién diría que la bandera de un país no representa a todos por igual? ¿Quién diría que ese acto ridículo de ponerse la mano en el corazón mientras suena el himno nacional y un niño se muere de hambre no es un gesto sacrosanto, emocionante y lacrimógeno como una telenovela latinoamericana? Eso cuando se trata del himno y del patriotismo de algún país satélite y no del himno y del patriotismo de alguna superpotencia, y los niños no mueren de hambre sino bajo bombas inteligentes y en nombre de la libertad.

Pues no. Aunque bandera hay una sola, la paria no le sirve a todos por igual ni todos dan lo mismo por la patria. Cuanto menos un grupo da por esa fantástica ficción, más patriota es su discurso, razón por la cual cuando un parásito con visibilidad pública se muere, todos dicen que “sirvió a la patria” y nadie dice cuánto “la patria le sirvió a él”.  

La otra fuente de donde brota esta idea de “neutralidad ideológica” es la idea del libre mercado promovida por la ideología neoliberal. El mercado podría ser neutral, pero nunca la forma en que se instrumenta.

No debería ser difícil, entonces, explicar por qué el menú de las extremas derechas es tan diverso como es, al mismo tiempo, variaciones de una misma cosa: “patria, familia y religión”, “intereses especiales”, libertad de los mercados, libertad de los ricos y poderosos, militarismo y pretendida neutralidad ideológica.

Cuando durante la década de 2005-2015 (la maldita década de prosperidad de las economías latinoamericanas) los países latinoamericanos se asociaron en (un exceso de) grupos regionales motivados por proyectos comunes y por ideologías progresistas, se los acusó de actuar por razones ideológicas y no por la gracia de la neutralidad mercantil que una década antes habían terminado en las peores crisis conocidas en un siglo. Desde hace por lo menos un siglo, cada vez que las grandes potencias occidentales impusieron o apoyaron brutales dictaduras en África, en Medio Atiente y en América Latina lo hicieron para proteger la “neutralidad del mercado” y de las empresas. Sus empresas. Cada vez que bloquearon el comercio de aquellas otras experiencias independentistas, no alineadas, y destruyeron exitosamente sus economías para probar que no había alternativa, nunca se dijo que todo eso se hacía por pura ideología sino por las sacrosantas libertad y neutralidad de los mercados.

Para esta narratura y su cadena de repetidoras, bloquear económicamente a una isla comunista del Caribe por medio siglo e inundar con dólares decenas de “dictaduras amigas” no es un acto ideológico sino de pura libertad de los mercados.

Ahora, al final de la segunda década del nuevo siglo, otra vez los “nuevos neutrales” afirman que su cruzada radica en poner las leyes del mercado sobre la ideología. Por esta misma razón pueden comerciar con la comunista China (libertad de capitales, censura de ciudadanos).

Cuba, en cambio (ese bonito ejemplo de que “el socialismo nunca ha funcionado en ninguna parte del mundo”) no puede comerciar sin interferencias ideológicas con la mayor economía del mundo y, por muchas décadas, fue acosada por los satélites del Sur.

Cuando Fidel Castro se reunió con Richard Nixon en Washington, tres meses después de tomar el poder en la isla, Eisenhower se fue a jugar golf. Castro intentó mantener una relación comercial normal, “desideologizada” con Estados Unidos, pero Washington estaba convencido de que lo podía arreglar todo a fuerza de golpes de Estado o de bombas, como había hecho, por ejemplo, en Guatemala, en Irán y en Corea del Norte (y como lo haría en el Congo, en Chile y en tantos otros países), y no iba a permitir un ejemplo desafiante de independencia, de éxito económico o existencial que no fuese el propio.

Lo mismo Venezuela hoy, más allá de los desastres políticos y económicos de Maduro: se la estrangula aún más para demostrar que “el socialismo no funciona” (de Portugal o Noruega hablamos cuando les vaya mal), que existe un “único modelo posible de éxito” (Condolezza Rice) que incluye la “neutralidad desideologizada” de los mercados, de todos los brutales atropellos morales, legales, económicos y militares contra aquellos que insisten en explorar un camino independiente, diferente.

 

JM, abril 2019

 

Más en La narratura del capitalismo

 

                                                                    

L’idéologie sans idéologie (I)

Translated by  Fausto Giudice

 

Pour le dogme hégémonique, purifier des idéologies (indépendantistes ou progressistes) les relations économiques des blocs comme le Mercosur signifie “appliquer les règles neutres du marché libre”. Bloquer et harceler pendant des générations les économies de petits pays qui tentent d’explorer les voies d’un non-alignement sur les superpuissances, n’a rien d’idéologique, ce n’est là que la “neutralité idéologique” des marchés. 

 

Début 2019, plusieurs journaux occidentaux ont répété que les nouveaux présidents de l’Argentine et du Brésil avaient proposé de “vider le Mercosur de la politique”, comme ils avaient promis auparavant de “désidéologiser l’éducation” et le reste de la vie sociale. Le 19 avril, El País de Madrid a titré “Le Mercosur retourne aux origines” ; chapeau : « Macri et Bolsonaro avancent sur l’idée que le bloc est idéologisé et doit retrouver l’esprit commercial qu’il avait au départ ». Comme la suggestion du président brésilien d’enregistrer et d’intimider les enseignants par des lectures révisionnistes de l’histoire, “professeurs victimes” des idéologies de gauche, on suppose qu’il ne s’agit pas de liquider la liberté académique mais d’un simple “nettoyage idéologique”.

Quand un président parle de propreté, ce qui ressemble à un balai dans sa main est généralement une mitrailleuse.

Ce genre de discours, si facile à inoculer dans la population, n’est pas nouveau. Le concept est basé sur l’idée de l’absence d’idéologie dans ses (appelons-les ainsi) ” institutions garantes “, que sont les médias au service du pouvoir financier, l’Eglise et l’armée. Mais (et ce n’est pas un paradoxe mais une partie de la logique historique), s’il y a eu et s’il y a des institutions surchargées d’idéologie en Amérique latine et dans tant d’autres régions périphériques du monde depuis des siècles, ce sont précisément la grande presse, les églises dominantes et les armées qui l’ont été et continuent à l’être.

Un autre ingrédient, non pas institutionnel mais culturel et présent dans chacune des “institutions garantes”, avec une forte connotation idéologique toujours présentée comme quelque chose de neutre, c’est le patriotisme : qui pourrait dire que le drapeau d’un pays ne représente pas tout le monde de manière égale, que cet acte ridicule de mettre sa main au cœur pendant que résonne l’hymne national et qu’un enfant meurt de faim ne constitue-t-il pas un geste sacrosaint, excitant et lacrymogène comme une telenovela latinoaméricaine ? Cela quand il s’agit de l’hymne et du patriotisme d’un pays satellite et non de l’hymne et du patriotisme d’une superpuissance, et que les enfants ne meurent pas de faim mais sous des bombes intelligentes et au nom de la liberté.

Eh bien, ce n’est pas le cas. Bien qu’il n’y ait qu’un seul drapeau, la patrie ne sert pas tout le monde de la même façon, et tout le monde ne donne pas la même chose pour la patrie. Moins un groupe donne pour cette fiction fantastique, plus son discours est patriotique, c’est pourquoi quand un parasite à la visibilité publique meurt, tout le monde dit qu’il a “servi la patrie” et personne ne dit combien “la patrie l’a servi”. 

L’autre source de cette idée de “neutralité idéologique” est l’idée de libre marché promue par l’idéologie néolibérale. Le marché pourrait être neutre, mais jamais la façon dont il est instrumentalisé.

Il ne devrait donc pas être difficile d’expliquer pourquoi le menu de l’extrême droite est aussi diversifié, en autant de variantes de la même chose : “patrie, famille et religion”, “intérêts particuliers”, liberté des marchés, liberté des riches et des puissants, militarisme et prétendue neutralité idéologique.

Lorsqu’au cours de la décennie 2005-2015 (la décennie maudite de la prospérité des économies latino-américaines), les pays d’Amérique latine se sont associés dans (un excès de) groupes régionaux motivés par des projets communs et des idéologies progressistes, ils ont été accusés d’agir pour des raisons idéologiques et non par la grâce de la neutralité du marché qui, une décennie auparavant, s’était terminée par les crises les plus graves connues depuis un siècle. Pendant au moins un siècle, chaque fois que les grandes puissances occidentales ont imposé ou soutenu des dictatures brutales en Afrique, au Moyen-Orient et en Amérique latine, elles l’ont fait pour protéger la “neutralité du marché” et des entreprises. Leurs entreprises. Chaque fois qu’elles ont bloqué le commerce dans ces expériences autres  d’indépendance, non alignées et qu’elles ont réussi à détruire leurs économies pour prouver qu’il n’y avait pas d’alternative, on n’a jamais dit que tout cela n’avait été fait que par pure idéologie, mais pour la sacro-sainte liberté et neutralité des marchés.

Pour cette narration et sa chaîne de répétiteurs, bloquer économiquement une île communiste des Caraïbes pendant un demi-siècle et inonder de dollars des dizaines de “dictatures amies” n’est pas un acte idéologique mais un acte de pure liberté marchande.

Aujourd’hui, à la fin de la deuxième décennie du nouveau siècle, les “nouveaux neutres” prétendent une fois de plus que leur croisade consiste à faire passer les lois du marché avant l’idéologie. C’est précisément pour cette raison qu’ils peuvent commercer avec la Chine communiste (liberté du capital, censure des citoyens).

Cuba, d’autre part (ce bel exemple que “le socialisme n’a jamais fonctionné nulle part dans le monde”) ne peut commercer sans interférences idéologiques avec la plus grande économie du monde et, pendant de nombreuses décennies, elle a été harcelée par les satellites de celle-ci dans le Sud.

Lorsque Fidel Castro a rencontré Richard Nixon à Washington, trois mois après avoir pris le pouvoir sur l’île, Eisenhower était allé jouer au golf. Castro essaya de maintenir une relation commerciale normale, ” désidéologisée ” avec les USA, mais Washington était convaincu qu’il pouvait tout régler par des coups d’Etat ou des bombes, comme il l’avait fait, par exemple, au Guatemala, en Iran et en Corée du Nord (et comme il le ferait au Congo, au Chili et dans de nombreux autres pays), et il ne permettrait pas le défi d’un exemple d’indépendance, de réussite économique ou existentielle autre que la sienne propre.

Il en va de même pour le Venezuela aujourd’hui, au-delà des désastres politiques et économiques de Maduro : on l’étrangle encore plus pour montrer que “le socialisme ne fonctionne pas” (du Portugal ou de la Norvège on en parle quand ça va mal), qu’il existe un ” unique modèle possible de succès” (Condoleezza Rice), qui inclut la “neutralité désidéologisée” des marchés et toutes ces brutalités morales, légales, économiques et militaires contre ceux qui s’acharnent à vouloir emprunter une voie différente et indépendante.

 

JM.

Reparaciones y distracciones

Estados Unidos está embarcado en una discusión por una posible “reparación” a los descendientes de esclavos propuesta por la izquierda 170 años después de la Guerra Civil. No se menciona los linchamientos que siguieron después y no es necesario ser un genio para saber cómo terminará esta discusión nacional ahora de moda.

Sin embargo, si vamos a discutir reparaciones por los brutales crímenes racistas cometidos contra un sector de la sociedad más de un siglo atrás, bien se podría empezar por hacer algo para reducir el rampante racismo actual.

Bien se podría comenzar por reparar a las víctimas de los numerosos y sangrientos golpes de Estados en diversas partes del mundo (en África y, sobre todo, en América Latina), crímenes internacionales que sus gobiernos perpetuaron, promovieron o apoyaron. Todos crímenes reconocidos por sus propios documentos desclasificados.

Para no entrar a hablar de guerras criminales como la más reciente de Irak o los cientos de prisioneros que fueron torturados en Guantánamo por una década antes de ser declarados inocentes y sin compensación alguna.

Muchas de estas víctimas y muchos de sus hijos todavía están vivos, porque toda esa barbarie no fue cometida hace un siglo sino más bien ayer, en términos históricos.

Entonces, señores, si de verdad queremos ser justos y buenos, recordemos que aquellos que no son ciudadanos estadounidenses también son seres humanos.

Claro que no daría ninguna fortuna para compensar una mínima fracción de tantas víctimas y lo mejor es siempre distraer la atención planteando imposibles.

 

JM, abril 2019.

 

Reparations and distractions

The United States is embarking on a discussion for a possible “reparation” to the descendants of slaves proposed by the left 170 years after the Civil War. There is no mention of the lynchings that followed, and it is not necessary to be a genius to know how this current national discussion will end.

However, if we are going to discuss reparations for the brutal racist crimes committed against a sector of society more than one century ago, we could begin by doing something to reduce the current rampant racism.

We could begin by repairing the victims of the numerous and bloody coup d’états to place brutal military dictatorships in numerous parts of the world (in Africa and, above all, in Latin America), international crimes that American governments perpetuated, promoted or supported. All crimes recognized by their own declassified documents.

Not to talk about criminal wars like the most recent in Iraq (“based on wrong information”) or the hundreds of prisoners who were tortured in Guantanamo for a decade before being declared innocent and without compensation.

Many of these victims and many of their children are still alive, because all that barbarism was not committed a century ago but rather yesterday, in historical terms.

So, Ladies and Gentlemen, if we really want to be fair and right, remember that those who are not US citizens are also human beings.

Of course, no country’s fortune would be enough to compensate a fraction of so many victims, and the best thing is always to distract people’s attention proposing some impossible nice idea.

 

JM, April 2019.

Corrupción ilegal vs. corrupción legalizada

Ilegal: corrupto

Luego de las conocidas mega crisis de la última etapa del ciclo neoliberal latinoamericano de los 90s, entre 2003 y 2014 el PIB de Brasil pasó de 558 mil millones a casi 2,5 billones de dólares, por encima del Reino Unido. Durante este boom de la economía brasileña y de una notoria mejoría en los estándares sociales de las clases más bajas, advertimos varias veces que su talón de Aquiles sería la corrupción, la cual es una tradición no solo en Brasil sino en todo país que no se ha desligado completamente de la mentalidad colonial, que es la que más generó corrupción en los países pobres de África y de América latina, enseñando a los de arriba a corromperse por ambición patológica y a los de abajo por necesidad ante un sistema de leyes que, como decía un caporal, se respetaban pero nunca se cumplían.

En 2016, la presidenta Dilma Rousseff fue condenada por corrupción por un congreso repleto de corruptos y debió abandonar su puesto de presidenta, acusada de maquillar los números presupuestales. Hasta el momento no se han aportado prueba alguna de su implicación en la corrupción de Petrobras, que fue la razón que inició la súbita fiebre anticorrupción, amplificada desde el 2011 por las redes sociales y el tradicional odio oligárquico (racista, sexista y clasista) inoculado hasta en el más pobre.

Más recientemente, el expresidente Lula (odiado por haber sacado a treinta millones de brasileños de la pobreza, siendo que no tenía otro título que el de trabajador metalúrgico) fue condenado por aceptar, a cambio de favores empresariales, reparaciones gratis en un costoso apartamento de su propiedad a nueve años de prisión (más que cualquier genocida latinoamericano) y por lavado de dinero a 12 años.

Cuando Lula fue enviado a prisión era el candidato a la presidencia favorito en las encuestas. El juez que lo condenó, Sergio Moro, nuevo héroe de la ética y la “lucha contra la corrupción”, aceptó el Ministerio de Justicia (cargo político) ofrecido por el recientemente electo presidente Jair Bolsonaro, principal adversario y enemigo de Lula. Siendo senador, Bolsonaro votó por el impeachment de la presidenta Rousseff al tiempo que daba vivas a la pasada dictadura militar.

Este tipo clásico de corrupción latinoamericana, tragicómica, carnavalesca, es de una alta ingenuidad. Siempre existió y en períodos de dictadura militar se multiplicó bajo el silencio de la censura, lo que le confería esa ilusión de paz, honor y rectitud que las oligarquías suelen repetir para justificar sus crímenes y abusos históricos.

Este tipo de corrupción es condenable porque es ilegal. Razón por la cual desde Europa y desde Estados Unidos se considera siempre que esos países nunca se desarrollan porque son demasiado corruptos. “América latina, droga y corrupción”, es la representación que tienen de nosotros. Por supuesto que del masivo consumo de drogas en el Primer Mundo que hace posible la alta criminalidad en los países del Sur, no se habla. Colombia ha sido, por generaciones, el país sudamericano con más bases militares de Estados Unidos y sigue siendo, por lejos, el mayor productor de cocaína del mundo (por casualidad, Estados Unidos es el mayor consumidor). Pero los narcoestados son los otros. La criminalidad en México se disparó en la primera década de este siglo como consecuencia de la llamada Guerra contra las drogas, lo que demuestra la persistencia de la ingenuidad de pretender que la militarización de las sociedades es la respuesta a la violencia creada por la brutal desigualdad económica y la ilegalidad de las drogas.

De la corrupción de los negocios del actual presidente de Estados Unidos se podrían escribir libros. Bastaría con recordar la insistencia de negarse a mostrar sus declaraciones de impuesto.

It’s legal, dude

Pero vayamos a la madre de todas las corrupciones: la corrupción legal. Podríamos empezar por cualquier parte, por ejemplo por la genocida corrupción belga en el Congo, que dejo millones de asesinados a total impunidad. Antes de la dictadura del títere Mobutu, que siguió al magnicidio de Lumumba y otros frustrados presidentes, el país fue por un siglo una empresa privada y casi todos los abusos cometidos allí eran legales, precisamente porque los criminales y corruptos hacían las leyes. Podríamos continuar por horas y días analizando casos similares.

En noviembre de 2018, Miriam Adelson, una mega donante del entonces candidato Donald Trump, esposa del billonario de los casinos Sheldon Adelson, recibió la Medalla de la Libertad de manos del presidente Donald Trump. Cuando se lo comenté a Noam Chomsky en relación a la “corrupción latinoamericana”, dijo: “comparada con la corrupción aquí en Estados Unidos, la latinoamericana es un juego de amateurs”. Imposible resumirlo mejor.

El 13 de abril de 2019, el USA Today (un diario al que no se puede sospechar de comunista, de subversivo o de alguna de esos versos aprendidos de memoria por los reaccionarios latinoamericanos), junto con el The Arizona Republic and the Center for Public Integrity, publicaron una investigación confirmando lo que habíamos escrito desde hace muchos años. El título lleva toda la ironía que merece: “Copy, paste, legislate”.

Según esta investigación, en los últimos ocho años en los 50 Estados de la Unión se aprobaron leyes para beneficiar “intereses especiales” de grandes compañías. Según el informe, cada vez que los legisladores escriben una ley, tanto las grandes corporaciones como los lobbies llenan los espacios vacíos que son necesarios para beneficiarlos.

En solo este periodo analizado, 10.163 proyectos de ley fueron propuestos en los congresos estatales, todos copias de los modelos escritos directamente por grupos de intereses especiales. Si los legisladores usaran los software que se usan en las universidades estadounidenses para detectar plagio, sus autores hubiesen sido expulsados de sus puestos a la primera de cambio, como son expulsados, muchas veces sin piedad, jóvenes estudiantes de 22 o 25 años por plagiar un párrafo en un modesto paper.

Aunque las grandes empresas ya usan inteligencia artificial para detectar lo que no detectan los análisis de palabras, esta investigación no incluyó aquellas leyes que fueron reescritas de cero y que pudieron incluir las mismas ideas y propósitos. Estos miles de casos analizados eran los más obvios de “copia y pega”.

2.100 de esos proyectos se convirtieron en leyes. La gran mayoría de estas leyes beneficiaron a las grandes industrias y a las ideologías conservadoras. Irónicamente, todos estos modelos comienzan con las palabras “libertad” y “derecho”, y mencionan los principios y las leyes anteriores en las cuales se ampara y justifica el nuevo proyecto de ley.

Esta investigación confirma los resultados de otra más antigua realizada por Princeton University que afirmaba que las chances de que un proyecto de ley con la aprobación de la población tenía un 30 por ciento de probabilidades de ser aprobado, mientras que aquellos proyectos ampliamente impopulares tenían, también, un 30 por ciento de probabilidades de ser aprobados.

En otras palabras, la opinión del pueblo no vale una hamburguesa de McDonald’s. Tal vez sí una Cajita Feliz.

Es esta la madre de todas las corrupciones que no se llama corrupción.

JM, 13 de abril de 2019

 

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