El Destino Manifiesto

La justificación divina del expansionismo, la esclavitud y la supremacía anglosajona

Este continente y sus islas adyacentes les pertenecen a los blancos; los negros deben permanecer esclavos…”

J. O’Sullivan, “The Cuban Debate” en el Democratic Review, 1852.

Washington DC. Julio de 1845—En la edición de julio de 1845 del Democratic Review, el editor y asistente del presidente James Polk, John O’Sullivan, inventa la idea y el nombre de Destino manifiesto que se hará viral entre aquellos que buscan una justificación superior a las excusas de su presidente para ir a la guerra con un país que no quiere. A pesar de que la razón para la independencia de Texas y para la anexión de otros territorios es que deben ser convertidos en Estados esclavistas, O’Sullivan agrega el siempre necesario condimento religioso: “el destino manifiesto carga el gran experimento de la libertad y debe extenderse por toda la tierra que la Providencia nos ha entregado”. Por los siglos por venir, los teólogos buscarán el contrato de cesión enviado por Dios al político y periodista estadounidense. Los investigadores independientes fracasarán en sus intentos de explicar la expansión de la esclavitud como un “experimento de la libertad” que “debe extenderse por toda la tierra”.

En 1852, el mismo O’Sullivan, para entonces editor del New York Morning News, publicará un artículo titulado “The Cuban Debate” en el Democratic Review con una opinión razonable para su época: “este continente y sus islas adyacentes les pertenece a los blancos; los negros deben permanecer esclavos…” La idea y las palabras se repetirán en Estados Unidos a lo largo y ancho de las generaciones por venir, incluso hasta después de la abolición legal de la esclavitud en 1865.

En mayo de 1858, la revista United States Democratic Review de Nueva York, en su artículo “El destino de México”, explicará las razones de Dios para entregarle a los estadounidenses el resto de ese país horrible: “Muchos países nos acusan de insistir demasiado sobre eso del Destino manifiesto… Nosotros sentimos la mano de Dios sobre nosotros… México comenzó su historia con todo a su favor, excepto una: su gente no era blanca… Tenían una mala mezcla de sangre española, indígena y negra. Gente de este tipo no sabe cómo ser libre y nunca lo sabrá hasta que sea educada por la Democracia estadounidense, por la cual el amo gobernará sobre ellos… No vamos a tomar México por nuestro propio interés, lo cual sería una broma imposible de creer. No, vamos a tomar México por su propio beneficio, para ayudar a los ocho millones de pobres mexicanos que sufren por el despotismo, la anarquía y la barbarie.

En 1872, el artista John Gast entregará al público y a la historia el cuadro más famoso del arte Kitsch: su alegoría “American Progress” (conocida como “El espíritu de la frontera”) se convertirá en un himno visual en el cual una sensual mujer rubia, con una teta a punto de ver la luz, le indica el camino a los pioneros estadounidenses que llevan el arado, el telégrafo y el ferrocarril sobre las tierras que las fieras y los salvajes van abandonando, asustados por el progreso e incapaces de entender la verdadera libertad. Al medio y debajo de la sensual mujer que vuela como un ángel, unos pioneros con sus rifles, listos para defenderse de cualquier ataque invasor.

En 1897, el futuro presidente Theodore Roosevelt publicará en “Sobre National Life and Character” que “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo”.

En 2020, el presidente Donald Trump usará la misma teoría en su Discurso de la Unión y el mismo jefe administrativo de la NASA la explicará ese 4 de febrero, por si el presidente y O’Sullivan no hubiesen sido del todo claros: “El Destino Manifiesto era la creencia de que Estados Unidos estaba destinado a promover la democracia y la libre empresa en América del Norte. Esta noche, el presidente Trump ha dicho en su Discurso de la Unión: ‘El destino manifiesto de Estados Unidos está en las estrellas’. Iremos a la Luna y luego a Marte para compartir esos mismos valores con toda la humanidad.

de La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

jorge majfud


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