El destino de un millón de jóvenes a subasta. DACA o los 25 mil dólares por cabeza

Hoy, 19 de enero de 2019, el presidente Donald Trump ha propuesto negociar las vidas de miles de jóvenes amparados por DACA (medida ejecutiva del gobierno de Barack Obama de 2012 y ampliada en 2014, cuyos beneficiarios son conocidos como “dreamers/soñadores”, un eufemismo o una ternura por demás idiota pero que, al menos, los beneficiaba temporalmente por períodos de dos años), por unos 5.7 billones de dólares, solución que pondría fin al cierre más largo de la historia del gobierno de Estados Unidos. Claro que cualquiera con un poco de memoria histórica sabe que, cuando un político o una super empresa privada dice que realizará una obra por 5.7 billones de dólares (5,7 mil millones, en castellano) es porque de antemano sabe que antes de terminarla comunicará al gobierno de turno que necesitará más tiempo y mucho más dinero para finalizar la obra, confiando que dicho gobierno no tendrá otra opción que facilitar los recursos para completar la obra. En este caso, un monumento a la inutilidad, el despropósito y el ego.

Hace exactamente un año publicamos el artículo “El destino de un millón de jóvenes a subasta. DACA o los 25 mil dólares por cabeza”, por lo cual me abstengo de repetir los mismos razonamientos de entonces. Si a alguien le interesa, puede leerlo en https://majfud.org/2018/01/30/el-destino-de-un-millon-de-jovenes-a-subasta/ o en algún otro sitio. 

jorge

19 de enero de 2019.

 

Más allá de la migración

 

Prólogo del libro De un infierno al otro, de Leonor Taiano Campoverde

University of Notre Dame

por Ana Cristina dos Santos

Universidade do Estado do Rio de Janeiro

taiano

En los días de hoy, estar en el mundo es convivir con la existencia de innúmeros desplazamientos territoriales, como la migración, la diáspora, el exilio y con las consecuencias que el cruce de fronteras provoca en el sujeto y en la propia sociedad. Debemos observar que esos tránsitos no son una característica específica del momento actual, sino una parte intrínseca de la historia del Occidente, ya que no podemos pensar las sociedades y las literaturas occidentales sin los diversos dislocamientos que las formaron.

Sin embargo en la contemporaneidad, dichos tránsitos se intensificaron. La globalización, la unión de los países en grandes bloques políticos y económicos y los desplazamientos espaciales mucho más rápidos nos dan la impresión de que las fronteras territoriales se diluyeron y que vivimos en una sociedad en constante dislocamiento. En la concepción de Castells (1999), podemos incluso pensar en las sociedades actuales en términos de desterritorializaciones y reterritorializaciones, movilidades urbanas, de no lugares intercambiables, de ciudades globales que privilegian lo que se mueve, se desplaza y fluye. No nos faltan datos para sostener esa visión, ya que muchos países latinoamericanos, como México, Uruguay y Ecuador, poseen del 15% al 20% de su población en el extranjero (GARCÍA CANCLINI, 2009, p. 3). Esas cifras hacen que la idea de nación ultrapase las fronteras geográficas de los países y, consecuentemente, amplíen el concepto de identidad y de lo “nacional”.

Son varios los motivos que llevan a uno a dejar su país, pero podemos resumirlos en dos: deseo y necesidad. Los desplazamientos por deseo son provocados por causas diversas que abarcan desde la salida del país para hacer turismo hasta la elección de trabajar o de estudiar en el exterior. Con todo, en los últimos años, son los desplazamientos por necesidad los que provocan el éxodo de un sinnúmero de personas en búsqueda de otros países para vivir y que suelen desestabilizar las relaciones políticas y económicas entre el país de salida y el país de llegada. La razón para dejar familia, casa y todo un pasado hacia atrás pasan por los altos índices de violencia criminal, los estragos causados por los carteles de la droga, los regímenes políticos dictatoriales, las guerras civiles o la falta de perspectivas socioeconómica como ocurren en muchos países latinoamericanos y africanos.

Al considerar ese panorama social y cultural, percibimos que no es casual el hecho de que la literatura y la crítica contemporánea privilegien las narrativas que mapean las diversas formas de movimientos territoriales y que evidencien sujetos en tránsito y sus experiencias. Tampoco es casual que específicamente la literatura latinoamericana haga hincapié en el tema del dislocamiento más permanente y regular que efectúan los latinos desde mediados del siglo XX y que se intensificó en el XXI: la migración del eje Sur-Norte del continente americano. En otras palabras, el cruce por la frontera mexicana de los ciudadanos de México y de los países de América Central y del Sur hacia los Estados Unidos en búsqueda de mejores condiciones de vida. El tema de la migración, generalmente ilegal al territorio estadunidense, la difícil vida que llevan esos migrantes en el país que les excluye socialmente y el pertenecer a dos culturas como los descendientes de la segunda o tercera generación es, quizás, el tema más constate en las narrativas de los escritores latinoamericanos contemporáneos que viven o vivieron en los Estados Unidos.

El teórico Silviano Santiago (2016) llama a ese sujeto que migra por necesidad — el pobre urbano — de “cosmopolita pobre”. Añade que generalmente son latinoamericanos o africanos que llegan a las megalópolis modernas y desarrolladas económicamente, expulsados por la miseria de sus países, con ilusiones de mejores oportunidades de vida en el mundo de abundancia y riqueza de los Estados Unidos o Europa. Tienen la ilusión de llegar al país elegido, trabajar, tener una buena vida (que no tenían en sus países), ahorrar y algunos, incluso, piensan en después volver al país natal y vivir, ahí, una vida mejor. Se transforman muchas veces en proveedores de los miembros de la familia que dejaron en el país de origen, enviándoles parte del dinero que ahorran.

            Al llegar al país extranjero, el cosmopolita pobre acepta trabajar en actividades que los ciudadanos norteamericanos o europeos no desean realizar ya que las consideran subempleo. Así los servicios de limpieza y cuidados del hogar, los servicios de lavandería y peluquería y los trabajos en la agricultura son ejecutados en su mayoría por los migrantes. La indocumentación y la falta de permiso de trabajo de la mayoría de los migrantes les conducen a la ilegalidad en el país. Por tal motivo, aceptan trabajar por cualquier dinero, aun en cambio de comida. No poseen ninguna garantía social y tampoco laboral. Son invisibles socialmente, pero, el sueño de una vida mejor los mantiene ahí, en el territorio que los oprime y a la vez los despersonaliza. Constantemente tienen miedo de ser deportados y alejados de la familia con que vive en el país de llegada. Muchas veces, el retorno al país natal ocurre tan solo en un ataúd.

            De un infierno a otro: el migrante latino en Crisis de Jorge Majfud se ocupa del análisis de estos temas. La investigación detallada y profunda de los personajes que ejemplifican el cosmopolita pobre (los diversos personajes Ernesto y Guadalupe), de sus descendientes (los diversos personajes Tony) y del contexto socio-político y cultural que forma parte de sus vidas hace del libro de Leonor Taiano un ejemplar impar para la comprensión de la novela Crisis (2012). El análisis de Taiano nos acerca de una literatura que indaga y reflexiona sobre el papel del migrante de origen latina en la sociedad estadunidense y su exclusión como persona social que lo convierte en antihéroe en la sociedad estadounidense. Sus discusiones permiten comprender la dura crítica que hace Jorge Majfud – escritor uruguayo que actualmente vive en los EEUU – a la realidad socio-política contemporánea “marcada por la crisis del post-heroísmo, en la que los héroes del pasado han sido reemplazados por entes mecanizados” (TAIANO, p. 70).

El propio título de la obra – De un infierno a otro – ya hace el lector reflejar sobre la falta de perspectivas que conduce al migrante a un callejón sin salida tanto en su país natal como en los Estados Unidos. El migrante sale de un infierno y llega a otro, mostrando que no hay cualquier expectativa de que encuentre una vida mejor. Las situaciones vividas por los personajes en Crisis comprueban el infierno presente en el título del texto de Taiano. Ellos tienen miedo, sufren de ansiedad, depresión severa, estrés, porque en cualquier momento las rendadas pueden ir a sacarlos de su casa o de su sitio de trabajo, pues ser un indocumentado es vivir en el limbo, con un pie en los Estados Unidos y otro en el país de origen.

Como nos apunta acertadamente Leonor Taiano, Crisis es una novela mosaico, en la que el autor reúne “una serie de historias sobre latinoamericanos que migran a Estados Unidos y estadounidenses de origen latinoamericano” (p. 19). Historias ficcionales pero, a la vez, son el retrato de la época contemporánea en que las discusiones políticas se centran en la cuestión de la migración y específicamente, en los EEUU, en torno al debate político sobre la migración de los latinos. Aunque Crisis haya sido publicado en el año 2012, el tema sigue actual en 2018, con el endurecimiento de las políticas migratorias del actual presidente estadunidense en contra la entrada de los latinos en territorio estadunidense. El presidente estadunidense, incluso, sugiere la construcción de un muro entre México y Estados Unidos para detener la migración irregular.

El flujo migratorio constante e ininterrupto de los latinos a los EEUU hace que ese grupo sea la minoría étnica más grande en territorio estadunidense. Taiano incluso nos recuerda que el compromiso literario de Crisis es enseñar “la estrecha conexión que existe entre la política exterior estadounidense y la diáspora latinoamericana” (p. 105). De modo que la autora no aleja de su análisis literario, el análisis político y económico de las sociedades latinoamericanas y estadunidense, ya que ésas forman parte de la crítica majfudiana presente en Crisis.  

Las historias de los personajes diversos de Majfud permiten a Taiano discutir las tensiones que emergen de la migración de los latinoamericanos a las ciudades estadounidenses —“el dorado” contemporáneo. De un lado hay las diversas crisis personales y socioeconómicas ocasionadas por la fuga hacia la búsqueda estereotipada por el american dream, la esperanza sinfín de una vida mejor y el miedo constante de no ser deportado. De otro, las crisis personales y sociopolíticas que ocasionan la “americanización” y la “deshispanización” de los descendientes que, aun siendo americanos jus soli, son considerados ciudadanos de segunda clase —“los otros” — y no logran integrarse y vivir en las mismas condiciones que la sociedad americana blanca, anglosajona y protestante.

            De un infierno a otro demuestra que los personajes latinos majfudianos consideran el cruce de fronteras al territorio estadunidense como la única alternativa que les resta para tener una vida mejor y huir de la miseria y la violencia que asolan sus países. En las historias narradas, Jorge Majfud asocia los personajes migrantes hispanoamericanos a la pobreza y constata que las actividades laborales ejercidas se centran, principalmente, en el sector de servicios y en los trabajos brazales. Para Taiano, esa labor contribuye para mantener la sumisión de los latinos a la cultura y a la economía estadunidense, restringiéndoles el espacio social. Así, la cultura estadunidense invisibiliza al migrante y le niega cualquier posibilidad de una vida digna en los EEUU.

En Crisis, los personajes y sus historias nos dan testimonio de cómo las crisis sociales, políticas y económicas enfrentadas por los países hispanoamericanos y también por los Estados Unidos (específicamente la crisis financiera en 2008) afectaron y afectan directamente la vida de los migrantes de origen latina y de sus descendientes. Jorge Majfud critica explícitamente la realidad socio-política estadunidense (como también la de los países hispanoamericanos) que lleva a los migrantes — legales e ilegales — y a los naturalizados a ser considerados parias sociales y utilizados como grey disciplinada y sumisa.

Por todas esas cuestiones, para comprender la novela, el lector de Crisis necesita ir mucho más allá del tema de la migración de los hispanoamericanos al territorio estadunidense y comprender también los aspectos filosóficos, políticos, económicos y sociales presentes en las entrelíneas de las historias narradas. Aquí reside el valor de la publicación del libro De un infierno a otro que nos brinda la ensayista Leonor Taiano: permitir una lectura de la migración latina desde un sistema marcado por la globalización, por las crisis y por políticas hegemónicas paradójicas. A partir de esa lectura, la autora desvela el retrato existencial del migrante latinoamericano contemporáneo y demuestra que la intención de Jorge Majfud con la publicación de la novela Crisis es “ir más allá de la dimensión literaria del tópico del éxodo, adaptándolo perfectamente a la realidad histórica del mundo globalizado en el que está ocurriendo la diáspora latinoamericana” (p.112).

            Al abarcar estudios aun tan cercanos a nuestra realidad y sobre una obra recién publicada, el texto de Leonor Taiano contribuye para la comprensión de nuestro momento actual y seguramente servirá como punto de partida para futuras investigaciones sobre la obra majfudiana y sobre el tema de la migración de los latinos a Estados Unidos. Su texto no solo se evidencia como una referencia bibliográfica para los estudiosos de la obra majfudiana y del tema de la migración latina a los EEUU, como también aporta una amplia y actualizada bibliografía sobre los temas discutidos.

            Esperamos que las reflexiones suscitadas por la lectura del texto de Leonor Taiano sean provechosamente discutidas y que contribuyan para mostrar que la literatura de Jorge Majfud va más allá de la ficción al trazar un retrato fiel de la realidad histórica del migrante latinoamericano en la sociedad globalizada contemporánea.

De este modo, podemos afirmar que la publicación De un infierno a otro: el migrante latino en Crisis de Jorge Majfud abre caminos de descubiertas y posibles inquietudes para nuevas investigaciones y estudios sobre las obras del autor uruguayo.

Disfruten de la lectura agradable y placerosa de ese libro.

 

Referencias:

CASTELLS, Manuel. A sociedade em rede. São Paulo: Paz e Terra, 1999.

 

GARCÍA CANCLINI, Néstor. Introducción. Los muchos modos de ser extranjero. In: ____. (org). Extranjeros en la tecnología y en la cultura. Buenos Aires: Ariel, 2009. p. 1-12.

 

SANTIAGO, Silviano. Deslocamentos reais e paisagens imaginárias. O cosmopolita pobre. CHIARELLI, Stefania; OLIVEIRA NETO, Godofredo de (orgs.). Falando com estranhos: o estrangeiro e a literatura brasileira. Rio de Janeiro: 7Letras, 2016. p. 15-32.

 


Profª Drª Ana Cristina dos Santos

Profesora Asociada del Doctorado y del Máster en Teoría de la Literatura y Literatura Comparada y del Departamento de Letras Neolatinas (Portugués/Español)

Universidade do Estado do Rio de Janeiro – Brasil

 

Professora Associada de Literaturas Hispânicas (UERJ)

Professora do Programa de Pós-graduação em Letras (UERJ)

GT Vertentes do Insólito Ficcional (ANPOLL)

 

Teología del Dinero

Teología del Dinero

Antes un vasallo estaba unido a su señor por un juramento. Una infracción a las reglas de juego podía significar un palo en la cabeza del campesino. Para el desdichado, lo simbólico no era el palo, sino el Rey o el Señor que emitía su deseo en forma de orden. El Señor significaba la protección y el castigo. Con todo, la injusta relación social todavía era de hombre a hombre: el campesino podía llegar a ver al Señor; e incluso, podía llegar a matarlo, con un palo igual de consistente que el anterior.

La relación que en nuestro tiempo nos une con el Dinero es del todo abstracta. En eso se parece nuestra sociedad a la del Medioevo: tememos a un ente simbólico e invisible, como hace mil años los hombres temían a Dios. Los valores de las bolsas cambian sin nuestra participación. Entre los valores y nosotros existe una teología del dinero llamada “economía” que, por lo general, se encarga de explicar racionalmente algo que no tiene más razón que poder simbólico.

Nuestras sociedades, como en todos los tiempos, están estructuradas según una relación de poder. Como en todos los tiempos, el poder está mal repartido, pero en el nuestro procede del Dinero. Gracias al dinero, todos somos accionistas del Poder que gobierna al mundo, aunque nuestras acciones representan una fracción infinitesimal. Conocemos las cifras que se acumulan en los principales depósitos del mundo: son varias veces superiores al esfuerzo conjunto de decenas de países del tercer mundo —y del mundo intermedio también. Esto, tan simple, quiere decir que el Derecho y la Libertad están especialmente acumulados en determinadas capitales financieras.

Veamos un poco esto de la libertad. En la secundaria se nos enseñaba que también un recluso era un ser libre. Esto es rigurosamente cierto, desde un punto de vista existencial, y un recurso canalla desde un punto de vista ideológico, sobre todo teniendo en cuanta que cuando se nos enseñaba este tipo de verdades, se encarcelaba a los hombres que eran libres. Hoy también vivimos en una forma de dictadura, aunque sutil y planetaria. Nuestros gobiernos no se cansan de repetir que este nuevo Orden es Inevitable. Cuestionarlo es sólo demorar su arribo triunfal. Y, que yo sepa, lo Inevitable no es producto de la libertad.

Existe una libertad inmanente a todo ser humano, cierto; somos libres desde el primer momento en que dudamos ante un cruce de caminos. Y existe otro tipo de libertad: una libertad social. Esa no es inmanente, sino eventual. En nuestro caso, la libertad social es doblemente limitada: primero, porque, de hecho, el hombre periférico no es libre; segundo, porque se le ha hecho creer que sí lo es. Decir que el hombre globalizado es socialmente libre, es como decir que es libre como un pájaro. Pero un pájaro posee una libertad de pájaro, es decir, una libertad “inhumana”, ya que no puede elegir la dirección ni el momento de su migración. En cambio, un hombre verdaderamente libre debería poder hacerlo.

Bien; la elección de las aves está determinada por el poder de la naturaleza. Pero en algún momento de la historia supusimos que el hombre se había independizado de este poder, gracias a la irreverencia de su espíritu. Y probablemente lo haya hecho en alguna medida. Entonces, ¿a qué poder ha sucumbido ahora, esta increíble creatura…?

Llamémoslo Dinero.

Veamos. El poder del dinero es siempre simbólico: procede del reconocimiento ajeno. Todo el poder concentrado en los bancos proviene de aquellos que son perjudicados por dicho poder; no por los que reciben el beneficio de poseerlo. Poseer es un acto de fe; no-poseer es una condición de fidelidad.

Existen, sin embargo, dos valores que no son meramente simbólicos: el valor de la violencia (pretendido en monopolio por todos los gobiernos) y el valor de la tecnología. En este nuevo siglo, el valor-poder de la tecnología someterá al primero y, a pesar de su posibilidad democrática, será rápidamente absorbido por el valor-poder del dinero. Sin embargo, el Dinero posee una debilidad que esconde en lo más profundo de su ser: el de ser un símbolo abstracto que necesita ser alimentado, constantemente, de significación. Es por esta misma razón que se apresura a dominar el valor-poder de la tecnología. Esta nueva arma será usada, en el siglo que comienza, para una despiadada lucha de intereses: la casta de los productivos contra la casta financiera, los Desplazados contra los Acomodados, los dueños de la Verdad contra quienes la sufren.

El dinero es amoral, eso lo sabemos. Como dijimos, es un poder simbólico, abstracto; vale por lo que no es y es todas las cosas al mismo tiempo. Creemos usarlo y someterlo a nuestra voluntad, pero es Él quien nos somete: casi no podemos prescindir suyo, a no ser por un peligroso acto de herejía. Cada vez podemos prescindir menos.

A las antiguas “necesidades básicas” hemos agregado un conjunto innumerable de “necesidades sociales”. Nacemos y nos desarrollamos en sociedades sofisticadas que nos exigen concentración. Como el ganado, estamos condenados a pastar todo el día, a rumiar y a digerir cuando descansamos. Un descuido significaría caerse del sistema. Una muerte social, la verdadera muerte del hombre postmoderno o posthumano.

En nuestro mundo rezagado la angustia es doble: el cumplimiento con las necesidades sociales (ahora básicas) ocupa casi toda nuestra libertad. Queremos ser libres, pero la libertad es cara. Entonces, miramos hacia donde el dinero no es escaso. Diferente a otros tiempos, ahora no podemos usurpar su lugar. No podemos invadirlos; por lo tanto, la solución es dejarnos invadir. Copiamos. Queremos parecernos a ellos: porque han triunfado en la guerra y en el comercio, porque son ricos y nosotros somos pobres. También es verdad: queremos dejar de ser pobres. Pero seguiremos siéndolo, mientras pensemos que la riqueza se alcanza absorbiendo los valores culturales y morales del vencedor. Porque no es lo mismo integrarse al mundo que dejarse ingerir. También nosotros pertenecemos al mundo, a la mayor parte del mundo, y, aunque sintamos vergüenza de nuestros taparrabos, debemos recordar que la pobreza no es una prueba de nuestros vicios morales. Esa es una idea religiosa del mundo protestante que heredó el Norte y nos vendieron en el Sur.

En toda la historia existieron grandes imperios, culturas predominantes; pero nunca los pueblos periféricos (o sometidos) se empecinaron en remedar al vencedor, despreciando con alarmante frivolidad su memoria propia. Por el contrario, en el pasado fueron los pueblos conquistados los que infiltraron su propia cultura en el corazón de los invasores. Ahora no tenemos tanta dignidad; los pueblos conquistados se maquillan para parecerse al conquistador, olvidando y despreciando la profundidad moral de civilizaciones económicamente empobrecidas, a cambio de espejos y pensamiento rápido. Y, sin embargo, el mundo rico necesita tanto del mundo pobre como éstos de aquellos. O más.

Nos informan que vivimos en un mundo “globalizado”, pero los únicos que aún no se han dado cuenta de su significado son ellos, los responsables de la globalización. Como práctica, la “globalización” es casi tan antigua como el cristianismo. Pero ahora vale por sí sola; es una nueva ideología, con la particularidad histórica de que fue precedida por su propia realización. Su interpretación también es particular y siempre contradictoria: integrar significa absorber, conocer significa ignorar, diversidad cultural significa uniformización, informar significa deformar, riqueza significa dinero, etcétera.

Las fronteras siguen siendo las mismas para los pobres, e incluso se han cerrado aún más que antes; sin embargo, han sido borradas de un plumazo para dejar pasar a Dinero, portador de nuevas promesas de riqueza en aquellos países pobres que, vaya a saber uno por qué, han visto aumentar su pobreza. Todo por lo cual se podría decir, sin temor a equivocarnos, que en nuestro mundo globalizado las fronteras han sido sustituidas por filtros.

La cultura y la educación ya no une; separa. Ambas, han sido sometidas al poder del dinero y le sirven a Él para ordenarlo en castas y acumularlo en depósitos invisibles. A las nuevas universidades ya no les importa la sabiduría, la búsqueda de la verdad, sino un único y monótono objetivo: la creación de entes competentes.

El norte representa todo lo que tiene de primitivo el hombre: la necesidad desbordada de poder, la acumulación y el consumo. Todos aquellos valores espirituales que surgieron después del mesolítico comienzan a ser dejados de lado. La reparación no está cerca (sólo los evangelistas ven las cosas eternamente próximas), porque también la histórica rebeldía de la juventud ha sido adoctrinada por la publicidad y por el éxito ajeno.

Estamos de acuerdo en que hay que cambiar. Pero, ¿en qué dirección? ¿En dirección Norte? Una cosa debe quedarnos claro: hay cambios que sólo puede generarlos una sociedad en su conjunto. Por lo tanto, no es válido ese precepto ideológico resumido en la máxima: “al que no le guste, es libre de cambiar de canal” Esta frase, tan querida por los profundos filósofos de la farándula, es contradictoria, ya no sólo con la tan mentada idea de la globalización sino, sobre todo, con la más primitiva idea de sociedad.

Yo, por lo menos, no estoy en contra del Norte ni de una globalización. Por el contrario, la apoyaría con entusiasmo. Eso sí, siempre y cuando Globalización signifique “diálogo” entre culturas, entre pueblos y entre individuos; un verdadero intercambio de símbolos y de bienes materiales, y no la simple imposición de lenguas, ideologías sociales y económicas, no la imposición de costumbres monoculturales que han llevado a la supresión de decenas de idiomas con sus conocimientos propios del cielo y de la tierra, al tiempo que una expoliación de recursos naturales que no sólo atenta contra las comunidades económicamente más débiles, sino contra el planeta entero.

Pero no seamos ingenuos. No olvidemos que Dinero no acepta ningún otro tipo de asociaciones que no sean asociaciones de capitales. Cualquier otra alianza, social o espiritual, será condenada por el Éxito. Recuerden: menos la risa y el sufrimiento todo es una Ilusión Universal: Éxito y Dinero no existen sin el valor que es concedido por aquellos que son perjudicados por el Éxito y por el Dinero.

Jorge Majfud

Montevideo

6 de noviembre de 2002

Bitácora, La República (Uruguay)

 

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