Psicopatriotismo

Por una ley de 1994 (Holocaust Education Bill), en las escuelas públicas de Florida hay una materia llamada “Holocausto”, por la cual se estudian las atrocidades racistas ocurridas en Europa contra el pueblo judío. En 2020, el gobernador Ron DeSantis promulgó otra ley que exige que todas las escuelas primarias y secundarias certifiquen que están enseñando a las nuevas generaciones sobre el Holocausto. Por entonces, los senadores de la comunidad afro lograron que también se incluya en los programas la mención a la Masacre de Ocoee, donde 30 personas negras fueron asesinadas en 1920, lo que, para entender el racismo endémico y las injusticias sociales, viene a ser como explicar el cuerpo humano por su sombra.

Por ley, también, desde el año 2022, en esas mismas escuelas secundarias de Florida, está prohibido discutir la historia racista de Estados Unidos. La razón radica, según el gobernador Ron DeSantis, en que “no se debe instruir a nadie para que se sienta como si no fuera igual o avergonzado por su raza. En Florida, no permitiremos que la agenda de la extrema izquierda se apodere de nuestras escuelas y lugares de trabajo. No hay lugar para el adoctrinamiento o la discriminación en Florida”.

Si de eso no se habla, eso no existe. De este lado del Atlántico, el racismo no existe y nunca existió.

Los mismos esclavistas que definían como “propiedad privada” a millones de esclavos (la base de la prosperidad del país) en base a su color de piel, llamaron a ese sistema “bendición de la esclavitud”, la que querían “expandir por todo el mundo” para “luchar por la libertad”, al tiempo que a su sistema de gobierno llamaban “democracia” (Brown, 1858).

Los mismos que robaron y exterminaron a pueblos nativos mucho más democráticos y civilizados que la nueva nación de la fiebre del oro antes de la fiebre del oro, lo llamaron “defensa propia” ante “ataques no provocados” de los salvajes (Jackson, 1833; Wayne, 1972).

Los mismos que inventaron la independencia de Texas para reinstaurar la esclavitud y luego la guerra contra México para apropiarse de la mitad de su territorio, los mismos que mataron y violaron a mujeres frente a hijos y esposos, lo hicieron por el designio divino del “destino manifiesto” de Dios (Scott , 1846).

Los mismos que practicaban el deporte de matar negros en Filipinas lo hicieron para cumplir con “la pesada carga del hombre blanco” de civilizar el mundo (Kipling, 1899).

Los mismos que invadieron, corrompieron y plagaron América latina de repúblicas bananeras, destruyeron democracias y plantaron decenas y decenas de dictaduras sangrientas, lo hicieron para luchar por la libertad y la democracia (Beveridge, 1900; Washington Post, 1920; CIA, XXX).

Los mismos que regaron Asia con bombas atómicas, millones de bombas más benéficas sin un año de tregua, agentes químicos sobre millones de seres humanos y dejaron millares de muertos por donde pasaron, llamaron a ese ejercicio extremo de racismo “heroica victoria”, aun cuando fueron humillantes derrotas (Johnson, 1964; Bush, 2003).

Pero de eso no se puede hablar porque puede ofender a alguien de piel blanca que se sienta identificado con todos esos campeones de la libertad, la democracia y la justicia divina.

Como decía una canción popular para reclutar voluntarios para la guerra inventada contra México:

La justicia es el lema de nuestro país

el que siempre tiene razón (Pratt, 1847).

No por casualidad, cada vez que esos grupos de fanáticos sintieron que sus privilegios estaban amenazados por la nunca aceptada igualdad, inventaron teorías de auto victimización, como la teoría del “exterminio blanco”, articulada en el siglo XIX para justificar el colonialismo y la opresión de pueblos no caucásicos (Pearson, 1893) y ahora ha renacido como una novedad como la “Teoría del reemplazo” que criminaliza a los inmigrantes de países no europeos como “peligrosos invasores” (Camus, 2010).

No por casualidad, Adolf Hitler se inspiró en el por entonces institucionalizado racismo de la extrema derecha estadounidense que adoctrinó a millones de personas a sentirse superior por su color de piel y a otros millones a aceptar su inferioridad por la misma razón (Grant, 1916).

No por casualidad, Hitler condecoró a los grandes hombres de negocios de Estados Unidos y prohibió que en la educación pública se enseñe “cosas de izquierdistas”. Antes de perseguir y matar judíos, en 1933 cerró la célebre escuela Bauhaus por estar lleno de “anti-alemanes” y ser un “refugio de izquierdistas” que querían cuestionar y cambiar la historia.

En Florida y en todo el país, los sistemas de educación deberían empezar por una materia llamada “Hipocresía patriótica” para desarrollar en algo la capacidad intelectual de enfrentar la realidad histórica sin edulcorantes y sin las fantasías de Hollywood, de Disney World y del Ku Klux Klan.

No somos responsable de los crímenes de nuestros antepasados, pero somos responsables de adoptarlos como propios al negarlos o justificarlos. Somos responsables de los crímenes y de las injusticias que se cometen hoy gracias al negacionismo de la realidad que, no sin fanatismo, llamamos patriotismo. Un negacionismo criminal y racista, ya que, otra vez, niega justicia y el básico derecho a la verdad de las víctimas para no incomodar la sensibilidad de los demás, el grupo dominante desde hace más de dos siglos, el que insiste en la estrategia de la autocomplacencia y la auto victimización como forma de calmar sus frustraciones y su odio fundacional. Peor aun cuando ese derecho a la verdad se ha cercenado por leyes y una cultura llena de tabúes, todo en nombre de una democracia que les estorba y usan, como a los demagogos de la antigua Atenas la usaron para demonizar y luego ejecutar a Sócrates por andar cuestionando demasiado. Todo de forma legal, está de más decir, hasta que las leyes son escritas  por otros.

¿Qué mayor adoctrinación que el negacionismo o la prohibición de revisar la historia? ¿Qué más adoctrinación que imponer el silencio cómplice o una “historia patriótica” en las escuelas, recargada de mitos creados post factum y sin sustento documental?

jm, agosto 2022

https://www.pagina12.com.ar/476737-psicopatriotismo

Psychopatriotisme yankee

Jorge Majfud, 21/8/2022
Traduit par Fausto Giudice, Tlaxcala

En vertu d’une loi de 1994 (Holocaust Education Bill), les écoles publiques de Floride ont une matière appelée “Holocauste”, dans laquelle sont étudiées les atrocités racistes commises en Europe contre les juifs. En 2020, le gouverneur Ron DeSantis a promulgué une autre loi exigeant que toutes les écoles primaires et secondaires certifient qu’elles enseignent l’Holocauste aux nouvelles générations. Dans le même temps, les sénateurs de la communauté afro ont réussi à faire inclure dans le programme la mention du massacre d’Ocoee, où au moins 30 Noirs ont été tués en 1920, ce qui, pour comprendre le racisme endémique et les injustices sociales, revient à expliquer le corps humain par son ombre.

Par la loi également, à partir de 2022, dans ces mêmes lycées de Floride, il est interdit de discuter de l’histoire raciste usaméricaine. La raison, selon le gouverneur Ron DeSantis, est que « personne ne devrait apprendre à se sentir inégal ou à avoir honte de sa race. En Floride, nous ne laisserons pas l’agenda de l’extrême-gauche prendre le contrôle de nos écoles et de nos lieux de travail. Il n’y a pas de place pour l’endoctrinement ou la discrimination en Floride ».

Si on n’en parle pas, ça n’existe pas. De ce côté-ci de l’Atlantique, le racisme n’existe pas et n’a jamais existé.

Les mêmes esclavagistes qui définissaient des millions d’esclaves (la base de la prospérité du pays) comme “propriété privée” sur la base de leur couleur de peau, appelaient ce système une “bénédiction de l’esclavage”, qu’ils voulaient “répandre dans le monde entier” pour “lutter pour la liberté” tout en appelant leur système de gouvernement “démocratie” (Brown, 1858).

Les mêmes personnes qui ont volé et exterminé des peuples autochtones bien plus démocratiques et civilisés que la nouvelle nation de la ruée vers l’or avant la ruée vers l’or, ont appelé cela de la “légitime défense” contre des “attaques non provoquées” de sauvages (Jackson, 1833 ; Wayne, 1972).

Les mêmes personnes qui ont inventé l’indépendance du Texas pour rétablir l’esclavage, puis la guerre contre le Mexique pour s’approprier la moitié de son territoire, les mêmes personnes qui ont tué et violé des femmes devant leurs fils et leurs maris, l’ont fait selon le dessein divin de la “destinée manifeste” de Dieu (Scott, 1846).

Ceux qui pratiquaient le sport de tuer les Noirs aux Philippines le faisaient pour assumer “le lourd fardeau de l’homme blanc” de civiliser le monde (Kipling, 1899).

Ceux-là mêmes qui ont envahi, corrompu et affligé l’Amérique latine de républiques bananières, détruit des démocraties et implanté des dizaines et des dizaines de dictatures sanglantes, l’ont fait pour lutter pour la liberté et la démocratie (Beveridge, 1900 ; Washington Post, 1920 ; CIA, XXX).

Les mêmes personnes qui ont arrosé l’Asie de bombes atomiques, de millions d’autres bombes bénéfiques sans trêve, d’agents chimiques sur des millions d’êtres humains et qui ont laissé des milliers de morts partout où ils sont passés, ont qualifié cet exercice extrême du racisme de “victoire héroïque”, même s’il s’agissait de défaites humiliantes (Johnson, 1964 ; Bush, 2003).

Mais nous ne pouvons pas en parler car cela pourrait offenser une personne à la peau blanche qui s’identifie à tous ces champions de la liberté, de la démocratie et de la justice divine.

Comme le disait une chanson populaire utilisée pour recruter des volontaires pour la guerre inventée contre le Mexique :

La justice est la devise de notre pays
Celui qui a toujours raison (Pratt, 1847).

Ce n’est pas un hasard si, chaque fois que ces groupes de fanatiques ont senti que leurs privilèges étaient menacés par l’égalité jamais acceptée, ils ont inventé des théories d’auto-victimisation, comme la théorie de “l’extermination des Blancs”, formulée au XIXe siècle pour justifier le colonialisme et l’oppression des peuples non caucasiens (Pearson, 1893) et qui renaît aujourd’hui sous la forme d’une nouveauté, la “théorie du grand remplacement”, qui criminalise les immigrants des pays non européens en les qualifiant de “dangereux envahisseurs” (Camus, 2010).

Ce n’est pas une hasard si Adolf Hitler a été inspiré par le racisme institutionnalisé de l’extrême droite usaméricaine qui a endoctriné des millions de personnes à se sentir supérieures en raison de la couleur de leur peau et des millions d’autres à accepter leur infériorité pour la même raison (Grant, 1916).

Ce n’est pas un hasard si Hitler a décoré les grands hommes d’affaires usaméricains et a interdit l’enseignement des “choses de gauche” dans l’éducation publique. Avant de persécuter et de tuer les Juifs, il a fermé en 1933 la célèbre école du Bauhaus parce qu’elle était remplie d’“anti-allemands” et qu’elle était un “repaire de gauchistes” qui voulaient remettre en question et changer l’histoire.

En Floride et dans tout le pays, les systèmes éducatifs devraient commencer par une matière appelée “Hypocrisie patriotique” pour développer une certaine capacité intellectuelle à faire face à la réalité historique sans les édulcorants et les fantasmes d’Hollywood, de Disney World et du Ku Klux Klan.

Nous ne sommes pas responsables des crimes de nos ancêtres, mais nous sommes responsables de les faire nôtres en les niant ou en les justifiant. Nous sommes responsables des crimes et des injustices qui sont commis aujourd’hui grâce au déni de la réalité que, non sans fanatisme, nous appelons patriotisme. Un négationnisme criminel et raciste, car, une fois de plus, il nie la justice et le droit fondamental à la vérité des victimes pour ne pas froisser la sensibilité des autres, le groupe dominant depuis plus de deux siècles, celui qui insiste sur la stratégie de l’auto-indulgence et de l’auto-victimisation pour calmer ses frustrations et sa haine fondatrice. Pire encore lorsque ce droit à la vérité a été restreint par des lois et une culture pleine de tabous, tout cela au nom d’une démocratie qui les entrave et qu’ils utilisent, comme les démagogues de l’Athènes antique l’ont fait pour diaboliser puis exécuter Socrate pour avoir posé trop de questions. Tout cela est légal, cela va sans dire, jusqu’à ce que les lois soient écrites par d’autres.

Quel plus grand endoctrinement que le négationnisme ou l’interdiction de réviser l’histoire ? Quel plus grand endoctrinement que d’imposer un silence complice ou une “histoire patriotique” dans les écoles, surchargée de mythes créés post factum et sans support documentaire ?

¿Quiénes están atrapados en la Guerra fría?

Le Monde, 27 de marzo de 2022

Le Monde publicó un amplio alegato contra los “intelectuales de izquierda” que no aprobamos la invasión de Putin pero responsabilizamos a la OTAN de provocar el conflicto. Paco Ignacio Taibo II fue acusado de denunciar “la nueva censura a las editoriales rusas por parte de la Feria Internacional del Libro” de Guadalajara, lo cual tampoco significa que apruebe la censura de Rusia a los medios occidentales.

En lo que a mí me toca, el medio francés se despachó con una muestra de interpretaciones ligeras como: “En una serie de artículos de opinión publicados en el diario argentino Página 12, el intelectual uruguayo Jorge Majfud lleva la voz de esta izquierda que se mantiene muy discreta sobre el tema, y ​​explica ‘por qué buena parte de la izquierda mundial apoya a Putin [quien] es demasiado listo para los líderes de Occidente’, dice, tirando del hilo de la postura anti-OTAN y anti-Estados Unidos con la idea de que ‘El único argumento que entienden las potencias hegemónicas es el de las bombas atómicas”.

En subtítulo, repite y destaca: “La guerra rusa, ‘tristemente simple, es una reacción a la acción ejercida en gran medida por Washington’, escribe el intelectual uruguayo…” Etc.

Ni voz de la izquierda ni discreta y menos tímida. Díganselos a quienes nos amenazan y acusan de radicales, solo por no alinearnos ni al radicalismo belicista de los buenos ni a la doble moral que lleva a personajes nefastos como Condoleezza Rice a afirmar que la invasión “viola las leyes internacionales”. O a un más nefasto George Bush, quien condenó a Putin por lanzar una guerra “sin provocación y sin justificación”. O al presidente Joe Biden, declarando que Putin es “un criminal de guerra”, título que nunca aceptaría para ningún ex presidente de su país.

Por no seguir con la clásica doble moral de los racistas maquillados que, mágicamente, abrieron las fronteras de Europa para recibir a los refugiados ucranianos, política del todo correcta de no ser porque esas mismas fronteras fueron cerradas para quienes huían del caos de África y Medio Oriente, caos producido por invasiones, saqueos, masacres y guerras de las potencias Noroccidentales desde hace un par de siglos. Por no seguir con la mágica apertura de fronteras de Washington para recibir 100.000 refugiados ucranianos, o los reportes de las facilidades que encuentran los ucranianos para cruzar la frontera con México, esa misma que siempre estuvo cerrada a los refugiados del sur; niños y mujeres, refugiados del caos creado por Washington en América central, en el Caribe y más allá, con sus dictaduras y matanzas desde antes de la Guerra fría, durante y después. Como es el caso de Haití, bloqueada y arruinada desde que se convirtió en el primer país libre de las Américas en 1804 y desangrada hasta ayer no más, por Francia, por las dictaduras de los Duvalier, por el terror de los paramilitares de la CIA, los golpes de estado contra Aristide o la imposición neoliberal que arruinó al país, por citar solo un ejemplo. Cuando esta gente huyó del caos, fueron perseguidos como criminales. En 2021 fuimos testigos de la caza de haitianos en la frontera, a caballo, como se cazaba esclavos en el siglo XIX.

Más directos fueron los periodistas de las cadenas occidentales que reportaron la tragedia de los ucranianos como algo inadmisible, tratándose de “cristianos blancos”, de “gente civilizada”, de “rubios de ojos celestes”. O políticos, como el diputado oficialista de Polonia, Dominik Tarczyński, quienes confirmaron, orgullosos, que estaban abiertos a la inmigración ucraniana porque eran “gente pacífica” pero no recibirían ni a un solo musulmán refugiado. Cero”. De violentos lideres nazis como Artiom Bonov, refugiados en su país, silencio.

Como ejemplo a seguir, Le Monde elogió a “el joven presidente chileno, Gabriel Boric” quien “condenó sin rodeos la invasión de Ucrania, la violación de su soberanía y el uso ilegítimo de la fuerza”. En otras palabras, si no se entiende que la realidad es un partido de fútbol y que hay que estar cien por ciento de un lado sin criticar el otro, es porque se está de un lado sin criticar el otro.

No por casualidad, los poderes imperiales desde hace generaciones no aceptan que se los nombre de esa forma. Para ellos no es momento de mencionar el imperialismo occidental. Nunca es un buen momento de hablar de imperialismo, excepto si a otra potencia militar se le ocurre hacer lo mismo.

Le Monde matiza cuando me cita de nuevo sobre algo que venimos repitiendo desde meses antes de la guerra: “Que consideremos que la OTAN es la principal responsable del conflicto en Ucrania no significa que apoyemos a Putin, ni a ninguna guerra…” Pero en su línea de pensamiento, esto es apenas un detalle irrelevante. La tesis es otra: la crítica contra la OTAN se debe a que “El antiamericanismo sigue arraigado en el subcontinente”. Como el viejo e infantil argumento de que (en el Sub) “nos odian porque somos ricos y libres”.

Recientemente, el profesor de la Universidad de Chicago y experto en la región, John Mearsheimer, en The Economist y en The New Yorker culpó a Estados Unidos de la guerra en Ucrania. Hace pocos días Noam Chomsky me recordaba que no sólo él había advertido años atrás del peligro de una guerra por no mantener la neutralidad de Ucrania, sino también “George Kennan, Henry Kissinger, el jefe de la CIA y prácticamente todo el cuerpo diplomático superior que sabía algo sobre la región eran de la misma opinión. Es de locos”.

De locos, pero tiene explicación: la avaricia sin límites de los mercaderes de la muerte, esa que el mismo presidente y general Eisenhower en su discurso de despedida había advertido como un peligro mayor para la democracia y las políticas de Estados Unidos. 

Ahora, que coincidimos con Kissinger y la misma CIA en las causas del conflicto, no significa que coincidamos en los objetivos. Un ejemplo que he señalado en La frontera salvaje lo resume todo: la CIA inoculó en la población latinoamericana la idea de que las dictaduras fascistas en América Latina fueron para combatir el comunismo y que, por ejemplo, Salvador Allende iba a convertir a Chile en una nueva Cuba al mismo tiempo que sus agentes y analistas reportaban lo contrario: si no hubiesen hecho nada, lo más probable hubiese sido que, debido a la política de Washington de arruinar la economía chilena, Allende habría perdido las próximas elecciones. Pero el objetivo era hacer un laboratorio neoliberal tutelado por una dictadura, como tantas otras veces. La CIA promovía en la gran prensa latinoamericana y hasta en las calles con volantes y afiches un discurso en el que no creía y del cual hasta se reía. Aun hoy, la inexistente “amenaza comunista” es repetida con fanatismo por sus mayordomos, desde los políticos pro oligárquicos hasta la prensa y sus periodistas honorarios y mercenarios.

Para tener una idea de que esa manipulación mediática continúa, basta con considerar que las agencias secretas occidentales poseen presupuestos varias veces superiores al que tenían en 1950 o 1990 y no los usan solo para entrenar milicias neonazis en Ucrania, las que llamaban, como en tantos otros países, “autodefensas”. Autodefensas que no sirvieron para evitar una invasión rusa ni eso mismo que ahora el presidente Zelenski quiere negociar, el primer reclamo de Rusia: la neutralidad de Ucrania.

Entonces ¿son los críticos de izquierda quienes están atrapados en la Guerra fría o los mercenarios del gran capital, la OTAN y las múltiples intervenciones imperialistas?

JM, marzo 2022

Por Javier Mireles

https://www.alainet.org/es/articulo/215222

Qui est piégé dans la guerre froide ?
Réponse à un article du Monde sur la « gauche latina pro-Poutine »

Jorge Majfud, 29/3/2022
Traduit par Fausto Giudice, Tlaxcala

Le quotidien Le Monde a publié le 27 mars un vaste réquisitoire contre les « intellectuels de gauche » latino-américains, selon lequel nous n’approuvons pas l’invasion de Poutine mais rejetons sur l’OTAN la responsabilité d’avoir provoqué le conflit. Ignacio Paco Taibo II a été accusé d’avoir dénoncé « la nouvelle censure des éditeurs russes par la Foire internationale du Livre de Guadalajara », ce qui ne signifie pas non plus qu’il approuve la censure russe des médias occidentaux.

En ce qui me concerne, le journal français offre un échantillon d’interprétations légères du genre: 

« Dans une série de tribunes publiées dans le quotidien argentin Pagina 12, l’intellectuel uruguayen Jorge Majfud porte la voix de cette gauche qui reste très discrète sur le sujet, et expose « pourquoi une bonne partie de la gauche mondiale soutient Poutine »« Poutine est trop intelligent pour les leaders d’Occident », lance-t-il, tirant le fil de la posture anti-OTAN et anti-Etats-Unis avec ceci : « L’unique argument que les pouvoirs hégémoniques comprennent est celui des bombes atomiques. »

Et le journal d’enfoncer le clou :

« La guerre russe, « c’est tristement simple », est une « réaction » à une « action largement exercée par Washington », écrit-il encore.

Je ne suis ni la voix de la gauche, ni discrète et encore moins timide. Dites-le à ceux qui nous menacent et nous accusent d’être des radicaux, simplement parce que nous ne nous alignons pas sur le radicalisme belliciste des gentils ou le deux poids deux mesures qui conduit des personnages infâmes comme Condoleezza Rice à affirmer que l’invasion « viole les lois internationales ». Ou un George Bush encore plus néfaste, qui a condamné Poutine pour avoir lancé une guerre “sans provocation et sans justification.» Ou le président Joe Biden, déclarant que Poutine est “un criminel de guerre”, un titre qu’il n’accepterait jamais pour aucun ancien président de son pays.

Sans compter les doubles standards classiques des racistes camouflés qui ont magiquement ouvert les frontières de l’Europe pour accueillir les réfugiés ukrainiens, une politique qui aurait été tout à fait correcte si ces mêmes frontières n’avaient pas été fermées à ceux qui fuyaient le chaos de l’Afrique et du Moyen-Orient, chaos produit par les invasions, les pillages, les massacres et les guerres des puissances nord-occidentales pendant deux siècles. Sans parler de l’ouverture magique des frontières par Washington pour accueillir 100 000 réfugiés ukrainiens, ou des rapports sur les facilités que les Ukrainiens trouvent pour traverser la frontière avec le Mexique, cette même frontière qui a toujours été fermée aux réfugiés du sud, enfants et femmes, réfugiés du chaos créé par Washington en Amérique centrale, dans les Caraïbes et au-delà, avec ses dictatures et ses massacres depuis avant, pendant et après la guerre froide. C’est le cas d’Haïti, bloqué et ruiné depuis qu’il est devenu le premier pays libre des Amériques en 1804 et saigné à blanc jusqu’à hier, par la France, par les dictatures des Duvalier, par la terreur des paramilitaires de la CIA, les coups d’État contre Aristide ou l’imposition néolibérale qui ont ruiné le pays, pour ne citer qu’un exemple. Lorsque ces personnes ont fui le chaos, elles ont été pourchassées comme des criminels. En 2021, nous avons assisté à la chasse aux Haïtiens à la frontière, à cheval, comme on chassait les esclaves au XIXe siècle.

Les journalistes des chaînes occidentales ont été encore plus directs, qui ont rapporté la tragédie des Ukrainiens comme quelque chose d’inadmissible, vu que ce sont des «chrétiens blancs», des «gens civilisés», des «blond·es aux yeux bleus». Ou des hommes politiques, comme le député polonais du parti au pouvoir Dominik Tarczyński, qui a fièrement confirmé qu’ils étaient ouverts à l’immigration ukrainienne parce qu’ils étaient des «gens pacifiques», mais qu’ils n’accueilleraient pas un seul réfugié musulman. Zéro. Sur des chefs nazis violents comme Artiom Bonov, réfugiés dans son pays, silence radio.

Comme exemple à suivre, Le Monde a salué «le jeune président chilien, Gabriel Boric» qui a « condamné sans ambages « l’invasion de l’Ukraine, la violation de sa souveraineté et l’usage illégitime de la force » »En d’autres termes, si vous ne comprenez pas que la réalité est un match de football et que vous devez être à cent pour cent dans un camp sans critiquer l’autre, c’est parce que vous êtes dans un camp sans critiquer l’autre.

Ce n’est pas un hasard si, depuis des générations, les puissances impériales n’ont pas accepté d’être appelées par ce nom. Pour elles, ce n’est pas le moment de mentionner l’impérialisme occidental. Ce n’est jamais le bon moment pour parler d’impérialisme, à moins qu’une autre puissance militaire ne songe à faire de même.

Le Monde nuance lorsqu’il me cite à nouveau sur un point que nous répétons depuis des mois avant la guerre : « Que l’on considère que l’OTAN est le premier responsable du conflit en Ukraine ne signifie pas que l’on soutient Poutine, ni aucune guerre… ». Mais dans sa façon de penser, ce n’est là qu’un détail sans importance. La thèse est autre : la critique de l’OTAN est due au fait que « l’anti-américanisme reste ancré dans le sous-continent ». Comme le vieil argument enfantin selon lequel « ils nous détestent parce que nous sommes riches et libres ».

Récemment, John Mearsheimer, professeur à l’université de Chicago et expert de la région, a accusé les USA d’être responsables de la guerre en Ukraine dans The Economist et The New Yorker. Il y a quelques jours, Noam Chomsky m’a rappelé que non seulement il avait mis en garde, il y a des années, contre le danger d’une guerre si on ne maintenait pas la neutralité de l’Ukraine, mais aussi que « George Kennan, Henry Kissinger, le chef de la CIA et pratiquement tout le haut corps diplomatique qui connaissait un tant soit peu la région étaient du même avis. C’est fou ».

C’est fou, mais il y a une explication : la cupidité sans limite des marchands de mort, contre lesqujels le président et général Eisenhower lui-même avait mis en garde dans son discours d’adieu comme étant un danger majeur pour la démocratie et les politiques des USA.

Maintenant, que nous soyons d’accord avec Kissinger et la CIA elle-même sur les causes du conflit ne signifie pas que nous soyons d’accord sur les objectifs. Un exemple que j’ai signalé dans mon livre La Frontière sauvage résume tout : la CIA a inoculé à la population latino-américaine l’idée que les dictatures fascistes d’Amérique latine devaient combattre le communisme et que, par exemple, Salvador Allende allait faire du Chili un nouveau Cuba, alors que ses agents et analystes rapportaient le contraire : s’ils n’avaient rien fait, il est fort probable qu’en raison de la politique de ruine de l’économie chilienne menée par Washington, Allende aurait perdu les élections suivantes. Mais l’objectif était de créer un laboratoire néolibéral sous la tutelle d’une dictature, comme si souvent auparavant. La CIA a promu dans la presse latino-américaine et même dans les rues avec des tracts et des affiches un discours auquel elle ne croyait pas et dont elle se moquait même. Aujourd’hui encore, la « menace communiste » inexistante est répétée avec fanatisme par ses majordomes, des politiciens pro-oligarchie à la presse et ses journalistes honoraires et mercenaires.

Pour se faire une idée de la poursuite de cette manipulation médiatique, il suffit de considérer que les agences secrètes occidentales disposent de budgets plusieurs fois supérieurs à ceux qu’elles avaient en 1950 ou 1990 et qu’elles ne les utilisent pas uniquement pour former des milices néonazies en Ukraine, ce qu’elles ont appelé, comme dans tant d’autres pays, « autodéfense ». Des forces d’autodéfense qui n’ont pas servi à empêcher une invasion russe ou la chose même que le président Zelenski veut maintenant négocier, la première exigence de la Russie : la neutralité de l’Ukraine.

Alors, est-ce que ce sont les critiques de gauche qui sont piégés dans la guerre froide ou les mercenaires des grandes entreprises, de l’OTAN et des multiples interventions impérialistes ?

Cliquer pour lire l’article du Monde

La guerre au cochon et la politique tribale

par Jorge Majfud

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي


Pour détourner l’attention de l’assaut mondial du 0,1 % de la population mondiale, nous avons une guerre au cochon  croissante (
Journal de la guerre au cochon , roman de Bioy Casares de 1969) mais étendue aux extrêmes les plus divers que le romancier argentin ait jamais imaginé : les jeunes contre les vieux, les blancs contre les noirs, les Latinos contre les Anglos, les gros contre les maigres, les camionneurs et les mineurs contre les étudiants, les buveurs de bière contre les abstinents, les vegans contre les végétariens et les végétariens contre les carnivores, les féministes de première vague contre les féministes Instagram contre les hommes, les machinistes contre les féministes, les hommes contre les femmes, les lesbiennes contre les hétérosexuels et les hétérosexuels contre les gays, les conducteurs de Ford contre les conducteurs de Chevrolet, les barbus Harley-Davidson contre les professeurs imberbes, les immigrés de la troisième génération contre les ceux de la première génération, les amoureux des armes et les adeptes de Saturne contre les adeptes d’ Uranus. Les bons haïsseurs contre les mauvais haïsseurs («haïsseurs», haters en anglais, un autre mot intraduisible déféqué dans le centre du monde pour consommation dans  la périphérie).

Au début de ce siècle (avec encore une certaine foi optimiste  en une nouvelle forme de démocratie radicale, directe, d’une «société désobéissante» libérée de ses grands dirigeants et des manipulations de l’aristocratie financière), nous avons commencé à publier sur le retour des «Frontières mentales du tribalisme» (2004, tribal, au sens européen du terme, parce que les «tribus sauvages» que j’ai rencontrées en Afrique étaient la chose ce que j’ai connu de plus civilisé et de plus pacifique dans ma vie), sur la nouvelle «Culture de la haine» (2006) et sur le retour possible des monstres occidentaux («Le lent suicide de l’Occident», 2002) comme le fascisme, l’arrogance et l’intolérance envers «l’autre». L’article le plus récent «L’opinion propre et autres banalités» (2015), lu alors comme une satire, est désormais une réalité : les machines peuvent facilement se faire une opinion sur chaque individu en fonction de ses habitudes de consommation ou de sa position sociale, raciale, etc.

Mais on peut encore spéculer sur le fait que toute cette mentalité médiévale qui s’est installée dans le monde n’est peut-être qu’une réaction à un grand mouvement historique, approfondi dans les années soixante ou, dans le pire des cas, à un cycle historique en soi qui est venu pour rester pendant de nombreuses années (je ne crois pas beaucoup à cette dernière hypothèse. Il est fort probable que dans quelques décennies, nous parlerons d’une réaction de ceux d’en bas. Nous n’avons pas encore franchi la ligne de fracture inévitable et ce ne sera agréable pour personne).

Les nouveaux médias interactifs n’ont pas beaucoup aidé à mieux connaître l’autre (l’autre individu, l’autre culture) mais, probablement, le contraire.

Pourquoi ? Que s’est-il passé ?

Il y a de nombreuses années, avec un point de vue extérieur de l’intérieur de la grande puissance, nous avons été surpris qu’aux USA, on puisse deviner l’affiliation politique d’une personne simplement en regardant son visage, en la voyant marcher, sans qu’elle ait besoin de dire un mot. Cette absurdité apparente est actuellement la tendance à la mode dans le monde.

Nous n’avions pas prévu que l’un des monstres refoulés auxquels nous avions fait référence auparavant et qui nous définissent comme des êtres humains, opposés à l’altruisme, à la recherche de la justice et de la coexistence, serait renforcé par les mêmes médias interactifs. Je fais référence à l’ego aveugle, au besoin de se sentir à tout prix supérieur aux autres, au «syndrome de Trump» chez chaque individu comme une source illusoire de plaisir (et non de bonheur) qui ne fait que provoquer plus d’anxiété et de frustration.

En d’autres termes, c’est la politique des tribus susmentionnées (les nationalismes) et des microtribus (les bulles sociales). Souvent, des bulles préfabriquées par la culture de la consommation.

De cette atomisation de la politique et de la société en tribus, en microbulles, notre culture globale est devenue de plus en plus toxique, et la haine mutuelle est devenue un des facteurs communs qui l’organisent. La haine et l’inévitable frustration exacerbée par la lutte pour la reconnaissance sociale, pour la gloire de cinq minutes, pour le désir de devenir viral grâce à une quelconque frivolité, pour le besoin de «visibilité», un vieux mot et une vieille obsession de la culture yankee avant d’être adoptés comme siens et naturel par le reste du monde. (Il y a quelques mois, une députée uruguayenne du nom de Graciela Bianchi, pas une née avec le siècle mais déjà âgée, s’est défendue contre les questionnements d’un journaliste argentin sur le fondement de ses propos en affirmant qu’elle avait «beaucoup de visibilité» dans son pays.)

Mais comme tous les individus ne peuvent pas être célèbres,  des «influenceurs» (encore moins lorsque l’individu n’existe plus, lorsqu’il s’agit d’une entité plate, standard, répétée avec des variations minimales que chacun considère comme fondamentales), le besoin de reconnaissance individuelle se projette dans un groupe plus large, dans la tribu, dans les sentiments nationalistes ou raciaux irrationnels où la furie pour un drapeau de pays ou pour un drapeau de club de foot ne varie guère sinon en ampleur. Ainsi, si même un individu nommé Donald Trump, un millionnaire qui est devenu président du pays le plus puissant du monde, a besoin d’humilier et de dégrader les autres pour se sentir supérieur, il n’est pas difficile d’imaginer ce qui passe par le muscle gris de millions d’autres personnes moins fortunées qui ne boivent pas.

L’idée humaniste de l’égalité-dans-la-diversité, le paradigme qui a récemment défini l’ère moderne (en dehors de la raison et de la laïcité) et qui était une nouveauté absurde jusqu’au XVIIIe siècle, a soudainement perdu beaucoup de son prestige.

Même si cela peut paraître absurde, les gens en ont assez de la paix, de la justice, de la solidarité. C’est pourquoi ils ont besoin, de temps en temps, d’un grand conflit, d’une catastrophe, pour mettre de côté «la rage et l’orgueil » fallaciens [d’Oriana Fallaci, NdT], cette toxine de l’individu, de la race, de la tribu, du groupe en fonction d’un ennemi et se soucier à nouveau des valeurs de justice et de survie collective.

Pour cette raison, certaines périodes de paix et de solidarité mondiales sont possibles, mais l’humanité elle-même est condamnée à l’autodestruction, tôt ou tard. La nature humaine ne se contente pas de déployer ses énergies les plus primitives dans les stades de football, lors des élections présidentielles, mais doit humilier, violer et tuer. Si d’autres le font en son nom et avec un beau drapeau, tant mieux.

L’histoire continuera à s’écrire dans l’éternelle lutte du pouvoir contre la justice, mais l’arrogance morale, l’égoïsme, individuel ou collectif, auront toujours l’épée de Damoclès dans leurs mains. Le roman La Cité de la Lune, publié tardivement en 2009, était une métaphore claire du monde qui a suivi ce nouveau médiévisme dans lequel nous sombrons lentement comme Calataid sombre dans les sables du désert tandis que ses membres se haïssent mutuellement dans des sectes qui se considèrent la réserve morale du monde.

Non, rien de ce que nous voyons maintenant n’était une surprise dans l’histoire.

 

Le faux dilemme du patriotisme

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

Au cours de mes années comme professeur dans diverses universités aux USA, j’ai eu des étudiants dans mes classes qui poursuivaient des carrières militaires. Marines, aviateurs et toutes sortes de futurs membres de l’élite de l’armée US. Ce groupe est minoritaire dans les universités non militaires (généralement pas plus de quatre pour cent). En tant que professeur conseiller, on m’a parfois affecté  des ex-combattants des guerres d’Afghanistan et d’Irak (celle-la même que, depuis janvier 2003, depuis l’Espagne, nous dénonçions dans différents médias comme un crime international et à l’origine de la future crise usaméricaine). Ces jeunes, dont beaucoup souffrent du SSPT (Syndrome de stress post-traumatique), m’ont confié leurs expériences, leurs frustrations et même leurs fanatismes, dont certains se retrouvent dans mes romans, sous d’ autres noms et dans d’autres histoires.

Dans mes cours sur l’Amérique latine, j’essaie de ne pas manquer les événements les plus importants de l’histoire des Amériques, largement ignorés par le grand public et même par les étudiants universitaires eux-mêmes. Des événements où le rôle joué par les USA a souvent été, comme toute personne modérément informée le sait, pathétique : la dépossession des territoires indiens ET Mexicains, les interventions sanglantes dans les pays des Caraïbes et d’Amérique centrale pour défendre les grandes entreprises internationales, l’arrogance et le racisme explicite, l’installation ou le soutien à des dictatures sanglantes partout, la répression des mouvements populaires, la destruction de démocraties comme au Guatemala et au Chili, le soutien au terrorisme d’État ou aux terroristes renversés, comme les Contras du Nicaragua (les fameux  «Combattants de la liberté» de Reagan), les assassinats de religieux, d’ouvriers, de paysans, de syndicalistes, de journalistes et d’intellectuels sous différents prétextes par des mafiosi formés dans des institutions comme l’École des Amériques ou par leurs soldats, qui ont obéi à l’ordre de nettoyer les toilettes de leurs supérieurs et d’assassiner un village de suspects. Et un long, long etcetera.

Malgré les récits populaires que chaque pays répète jusqu’à la nausée, de l’endoctrinement toujours sous-jacent du Nous-sommes-les-bons-les-autres-sont-les-méchants, ces jeunes, chaque fois qu’ils ont été confrontés à la dure réalité documentée et prouvée des faits historiques, ont toujours été respectueux. Du moins en classe. Respectueux d’une manière que l’on trouve rarement chez les Latino-Américains des élites dirigeantes traditionnelles des différentes républiques bananières du Sud ou des classes subalternes qui ont soutenu toutes sortes d’atrocités contre leurs propres peuples, toujours au nom de quelque prétexte, selon le moment historique : Nègres marrons, Indiens saouls, pauvres feignants, ouvriers parasites, domestiques putes, prêtres communistes, intellectuels marxistes, and so on.

Une fois, un de ces ex-combattants de l’armée US m’a proposé d’écrire un essai sur Ernesto Che Guevara. Je lui ai donné le feu vert, comme il ne pouvait en être autrement face à la demande d’un étudiant intéressé à faire des recherches, mais il ne s’est jamais présenté à mon bureau pour discuter du projet. Lorsque le délai a expiré, il est apparu et m’a dit, avec le ton de quelqu’un qui parle très sérieusement :

« Bien que cela n’ait aucune importance académique, je dois vous dire que je suis anticommuniste et que je n’ai jamais aimé Ernesto Guevara. Mes amis à Miami disent que c’était un assassin. Mais si j’avais été guatémaltèque ou bolivien dans les années 1960, je n’ai aucun doute que j’aurais rejoint la guérilla du Che ».

Il a laissé sa dissertation sur la table et il est parti.

Il serait presque impossible pour un Latino-américain d’être capable d’une telle ouverture. Les Latino-Américains ont tendance à être plus fanatiques. Parce que le colonisateur n’a pas besoin d’être un fanatique pour défendre ses intérêts. Le colonisé, quelqu’un qui défend sa propre oppression jusqu’à la mort, oui.

Ici, aux USA, j’ai rencontré de nombreux Latino-Américains (heureusement pas la majorité) prétendant avoir échappé à une dictature communiste (qui, dans l’histoire de l’Amérique latine, sont de rares exceptions par rapport à la riche et séculaire tradition des dictatures capitalistes) où ils ne pouvaient s’exprimer librement. Dès que vous dites quelque chose qui ne leur plait pas, ils vous invitent à quitter le pays de la Liberté et à vous installer au Venezuela. Une mentalité intolérante et autoritaire qui en dit long sur la réalité qu’ils sont censés avoir laissé derrière eux. Comme cette autre étudiante qui n’a pas aimé quand j’ai dit que le FBI considérait Posada Carriles comme un terroriste dangereux, parce que son grand-père cubain avait aussi travaillé pour la CIA et vivait aussi à Miami (en fait, le grand-père suivait mes cours sur son téléphone, comme l’étudiante elle-même me l’avait avoué).

Une fois, un de mes étudiants latino-américains m’a lancé une de ces questions typiques qui sont comme des petits chevaux de Troie.

« D’après ce que j’ai compris, dit-il, vous êtes un citoyen uruguayen et un citoyen américain. Vous avez la double nationalité. Ma question est : en cas de guerre entre l’Uruguay et les USA, quel pays défendriez-vous ? »

La question était révélatrice. Elle révélait un ensemble bien connu de préceptes idéologiques qui sont souvent manipulés à la perfection par les politiciens et tous ceux qui croient qu’un pays est un monolithe idéologique, une secte, une armée, une équipe de football. J’ai entendu des questions semblables dans d’autres pays, assénées comme un marteau, sur les Juifs, les musulmans et tous ceux qui sont perçus comme binationaux.

Mon élève, que j’apprécie en tant que personne, dans son uniforme kaki des Marines, cet après-midi-là, a souri, comme s’il venait de faire échec et mat.

Je me suis limité à lui répondre qu’il était très facile de répondre à la question, même si on y répondait toujours mal quand on y répondait.

« En tant que citoyen des deux pays, ce dilemme ne produit aucun conflit en moi. Dans un cas hypothétique (et absurde) de guerre entre l’Uruguay et les USA, je n’hésiterais pas à me mettre du côté de la vérité et de la justice, c’est-à-dire de ceux qui, à mon avis, ont raison. Je défendrais qui a raison dans la dispute. De cette façon, je leur rendrais un service à tous les deux, même s’il serait modeste et sûrement non pertinent. À l’un pour avoir défendu sa raison et son droit, et à l’autre pour avoir résisté à son erreur ».

Le garçon a dit qu’il comprenait. Qui sait ? Je ne suis pas si optimiste à propos d’autres personnes qui ont déjà fossilisé des convictions comme celle du «patriotisme» et d’autres prestigieuses fictions lacrymogènes. Des citoyens honnêtes et d’autres, qui ont été endoctrinés depuis l’âge préscolaire à donner plus d’importance à un chiffon coloré qu’à la vérité et à la justice.

 

Le racisme n’a pas besoin des racistes

Notre sélection
Le racisme n’a pas besoin des racistes

« La nouvelle carte du monde »
© Rafat Alkhateeb / Cartoon Movement

Le débat sur ce qu’on appelle la crise migratoire a une composante raciale qui se répète constamment dans différentes lois, discours et pratiques depuis des siècles,  selon l’écrivain uruguayen-américain Jorge Majfud. Après un détour par l’histoire, riche en enseignements, il rappelle à quel point le million et demi d’immigrants blancs qui vivent illégalement aux États-Unis ou au Mexique sont absents de ce débat houleux.

Jorge Majfud

Dans mes cours, je distingue toujours clairement les faits des opinions, c’est un principe, un exercice intellectuel très simple auquel nous contraint l’ère actuelle de refus des Lumières. Cette évidence a commencé à m’obséder en 2005, quand j’ai découvert que certains de mes étudiants affirmaient qu’« une chose est vraie parce que j’y crois », et ils ne disaient pas cela pour rire. Depuis, je me suis demandé si ce conditionnement intellectuel, cette confusion entre physique et métaphysique, dissipée il y a près de 1 000 ans par Averroès, et qui s’impose chaque année davantage ‒ la foi comme valeur suprême, contre toute réalité ‒ ne trouvait pas sa source dans les imposantes églises du sud des États-Unis.

Mais la pensée critique est bien plus complexe que la distinction des opinions et des faits.  Qu’on se contente d’essayer de définir un fait. La notion même d’objectivité, paradoxalement, procède d’une seule perspective, d’un seul objectif ; or chacun sait qu’avec l’objectif d’un appareil photo ou d’une caméra on n’obtient qu’une partie de la réalité, laquelle, bien souvent, est subjective ou utilisée pour déformer la réalité en prétendant à l’objectivité.

Pour une raison ou pour une autre, les étudiants s’intéressent donc plutôt aux opinions qu’aux faits. Peut-être à cause de la croyance superstitieuse qu’une opinion informée est une synthèse de milliers de faits. Idée périlleuse. Pourtant nous sommes bien obligés de donner notre opinion quand on nous la demande. La seule chose que nous pouvons – et devons – faire dans ce cas est de rappeler qu’une opinion, même éclairée, reste une opinion, qu’il faudra prouver ou réfuter.

Une opinion

L’autre jour, les étudiants discutaient de la caravane des 5 000 ressortissants d’Amérique centrale (dont au moins un millier d’enfants) en marche vers la frontière des États-Unis, fuyant la violence de leurs pays. Le président Donald Trump avait ordonné la fermeture des frontières, qualifiant d’« envahisseurs » ces immigrants pauvres en quête d’asile. Il s’indignait dans un tweet du 29 octobre 2018 : « C’est une invasion de notre pays et notre armée vous attend ! » L’envoi de militaires aux frontières a coûté aux États-Unis la bagatelle de 200 millions de dollars.

Un des étudiants ayant insisté pour que je donne mon avis, j’ai attaqué par le côté le plus controversé : ce pays, les États-Unis, est fondé sur la peur d’une invasion, et une poignée de personnes ont toujours su exploiter cette faiblesse, avec des conséquences tragiques. Peut-être cette paranoïa est-elle née lors de l’invasion anglaise de 1812, mais l’histoire nous dit pourtant que le territoire américain est toujours resté inviolé (si l’on excepte les attentats du 11 septembre 2001, l’attaque de Pearl Harbor en 1941 ‒ une base militaire à Hawaï, territoire étranger à l’époque ‒ et avant cela, au tout début du XXe siècle, la brève incursion d’un Mexicain à cheval nommé Pancho Villa). En revanche, le pays s’est spécialisé dans l’invasion depuis sa fondation : conquête des terres indiennes, puis de la moitié du territoire mexicain depuis le Texas, pour rétablir l’esclavage, jusqu’en Californie ; intervention directe dans les affaires intérieures de l’Amérique latine, en réprimant les mouvements populaires et en appuyant des dictatures sanglantes, tout cela au nom de la défense et de la sécurité. Avec, toujours, des conséquences tragiques.

Par conséquent, l’idée que quelques milliers de marcheurs pauvres vont envahir le pays le plus puissant du monde n’est qu’une plaisanterie de mauvais goût. Comme est de mauvais goût le fait qu’une poignée de Mexicains de l’autre côté de la frontière adoptent ce discours xénophobe, infligeant à d’autres les violences qu’ils ont eux-mêmes subies.

Vision critique

Dans le courant de la conversation, j’ai mentionné, en passant, qu’outre une paranoïa injustifiée, ce débat contenait une composante raciale.

« You don’t need to be a racist to defend the borders », a rétorqué un étudiant. Certes, ai-je répondu. Nul besoin d’être raciste pour défendre les frontières ou les lois. À première vue, l’énoncé semble irréfutable. Mais si on considère l’histoire et le contexte actuel au sens large, un schéma ouvertement raciste saute aussitôt aux yeux.

À la fin du XIXe siècle, le romancier français Anatole France écrivit : « La loi, dans un grand souci d’égalité, interdit aux riches comme aux pauvres de coucher sous les ponts, de mendier dans les rues et de voler du pain ». Nul besoin d’être élitiste pour défendre une culture de classe. Nul besoin d’être sexiste pour reproduire le sexisme le plus abject. La plupart du temps, il suffit de perpétuer, sans aucun sens critique, certaines pratiques culturelles, ou de défendre une loi quelconque.

J’ai dessiné au tableau une figure géométrique et je leur ai demandé ce qu’ils voyaient. Tous ont répondu : un cube, une boîte… Même les réponses les plus créatives ne sortaient pas de l’idée de tridimensionnalité, alors que je n’avais dessiné que trois losanges réunis en hexagone. Certaines tribus australiennes n’auraient perçu cette même image qu’en 2D. Nous voyons ce que nous pensons et appelons cela l’objectivité.

Deux poids, deux mesures

En sortant victorieux de la guerre de Sécession (1861-1865), le président Abraham Lincoln a mis fin à une dictature centenaire qu’on continue d’appeler « démocratie ». Au XVIIIe siècle, les esclaves noirs représentaient plus de la moitié de la population dans des États comme la Caroline du Sud, mais ils n’étaient pas considérés comme des citoyens américains, ni comme des êtres humains pouvant jouir d’un minimum de droits. Bien avant Lincoln, des racistes et des antiracistes ont proposé de résoudre le « problème des Noirs » en les « renvoyant » en Haïti ou en Afrique, où beaucoup d’entre eux ont fini par fonder le Libéria, d’où est originaire la famille d’Adja, une de mes étudiantes. Les Anglais ont procédé de la même façon pour « nettoyer » l’Angleterre de ses Noirs. Or sous Lincoln, les Noirs sont devenus des citoyens, et une façon de les réduire à une minorité a été non seulement de les empêcher d’aller voter (par exemple en leur imposant une taxe), mais aussi d’ouvrir les frontières à l’immigration.

La Statue de la Liberté, don des Français à l’occasion du centenaire de la Déclaration d’indépendance américaine de 1776, continue de proclamer de ses lèvres closes : « Donne-moi tes pauvres, tes exténués, tes masses innombrables aspirant à vivre libres… » En effet, les États-Unis ont accueilli des vagues d’immigrants pauvres. Bien entendu, des pauvres blancs, dans leur écrasante majorité. Beaucoup se sont opposés à l’arrivée des Italiens et des Irlandais parce qu’ils étaient roux et catholiques. Mais ils valaient quand même mieux que les Noirs. Les Noirs ne pouvaient pas émigrer d’Afrique, non seulement parce qu’ils étaient plus éloignés des côtes américaines que les Européens, mais surtout parce qu’ils étaient bien plus pauvres que ces derniers et qu’il n’y avait quasiment pas de voies maritimes les reliant à New York. Les Chinois étaient mieux placés pour atteindre la côte ouest, et c’est sans doute pour cette raison qu’une loi a été votée en 1882, pour leur interdire l’entrée du simple fait qu’ils étaient Chinois.

C’est ainsi, selon moi, qu’on a, avec beaucoup de subtilité et d’efficacité, remodelé la démographie, autrement dit la composition politique, sociale et raciale des États-Unis. La nervosité provoquée actuellement par une modification de ces proportions ne fait que suivre la même logique. Sinon, quel mal y aurait-il à appartenir à une minorité, à être différent des autres ?

Nul besoin d’être raciste…

Bien sûr, si vous êtes un homme de bien et que vous êtes favorable à ce que les lois s’appliquent comme prévu, ce n’est pas cela qui fait de vous un raciste. Nul besoin d’être raciste quand les lois et la culture le sont déjà. Aux États-Unis, personne ne proteste contrhttps://news.un.org/fr/story/2018/12/1031001(link is external)e les immigrants canadiens ou européens. C’est la même chose en Europe, et même dans le Cône Sud [région la plus australe de l’Amérique latine, peuplée majoritairement par des descendants d’Européens]. Mais tous s’inquiètent des Noirs et des métisses du Sud. Parce qu’ils ne sont pas blancs, et donc « bons », mais pauvres, et donc « mauvais ». Il y a actuellement près d’un demi-million d’immigrants européens illégaux aux États-Unis. Personne n’en parle, comme personne ne mentionne le million d’Américains vivant au Mexique, pour la plupart illégalement.

L’excuse du communisme n’ayant plus cours (aucun de ces États chroniquement défaillants d’où proviennent les migrants n’étant communiste), il ne nous reste plus que les excuses raciales et culturelles d’avant la Guerre froide. Dans tout travailleur à la peau sombre, on voit un criminel, non une possibilité de développement mutuel. Les lois sur l’immigration sont prises de panique à la vue de travailleurs pauvres.

C’est vrai, nul besoin d’être raciste pour défendre les lois et exiger le renforcement des frontières. Nul besoin d’être raciste pour reproduire et consolider le vieux modèle raciste et de classe, tout en ayant la bouche pleine de compassion et de défense de la liberté et de la dignité humaine.

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Conférence de Marrakech : pour des migrations plus sûres et plus dignes

Conférence sur les migrations : l’ONU souligne la vulnérabilité des jeunes en mouvement(link is external) (Marrakech, Maroc, 10-11 décembre 2018)

États-Unis : un enfant migrant ne doit pas être séparé de sa famille(link is external), selon le Bureau des droits de l’homme de l’ONU

Coalition des villes américaines contre le racisme et la discrimination

Jorge Majfud

Professeur de littérature latino-américaine et d’études internationales à l’université de Jacksonville, aux États-Unis, Jorge Majfud est un écrivain uruguayen-américain de renom, à qui nous devons notamment les romans La reina de América (La reine d’Amérique), Crisis et Tequila, ainsi que des essais comme Una teoría política de los campos semánticos (Une théorie politique des champs sémantiques). Il collabore régulièrement avec différents médias internationaux.

Psychopolitique de l’épouvantail

Jorge Majfud 

Translated by  Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي

 

Le président Donald Trump vient d’annoncer qu’en réponse à la liste interminable de livres qui le critiquent (en particulier les livres écrits par ses anciens amis et hommes de confiance, qui sont désormais presque tous dans ce cas), la Maison Blanche va publier «un vrai livre », « a real book ». Évidemment, il ne l’écrira pas, même si, à notre époque, il ne serait pas absurde qu’une personne qui ne lit jamais de livres en publie un.

Ce n’est pas non plus une coïncidence si son compte Twitter (qui est le principal média où le président de la plus grande puissance mondiale annonce les décisions qui affecteront le reste du monde et où il exprime son humeur selon l’heure du jour) est @realDonaldTrump, tout en répétant de manière obsessive que le reste du monde est faux. Le monde est faux, sauf moi, qui suis réel.

Le schéma psychologique est cohérent et révèle un sombre sentiment inverse, semblable à celui de l’homophobie de certains hommes qui s’excitent en regardant des images d’hommes (selon des tests de laboratoire), semblable à la consommation, par une majorité de femmes, de pornographie où la violence est exercée contre les femmes (selon la dernière analyse Big Data), ou le célibat public strict et puritain de prêtres violeurs.

Ce n’est pas non plus un hasard si, dans son étymologie et dans certains de ses usages archaïques, le mot trump signifie fake, faux, invention, le bruit produit par l’éléphant (n’oublions pas que l’éléphant est le symbole du parti républicain) avec sa trompe, une sorte de bruit de pet ou de trompette sans contenu, ou un acte enfantin. Bien sûr, cette dernière pourrait être une surinterprétation, puisqu’il s’agit d’un individu et non d’une tradition linguistique entière où les schémas laissent peu de place au doute. À moins que le jeune Donald n’ait eu quelques informations sur son merveilleux nom de famille, ainsi que de ses propres lectures d’ enfant.

Ce n’est pas non plus un hasard si son plus jeune fils s’appelle Baron Trump, exactement comme le personnage des romans pour enfants qu’Ingersoll Lockwood a écrits à la fin du 19e siècle sur un personnage allemand (son père était un immigrant illégal allemand) appelé Baron Trump. Le personnage, en plus d’initier ses aventures en Russie, d’être un bagarreur et d’aimer insulter chaque individu qui a croisé son chemin, se vante de sa propre intelligence.

Trop de coïncidences, comme gagner au loto quatre fois.

Ce n’est pas non plus une coïncidence si c’est Trump qui a mis le terme «fausses nouvelles» à la mode. Par l’action ou l’omission, les grands médias ont toujours manipulé la réalité, du moins depuis le XIXe siècle (nous nous sommes déjà penchés sur le cas d’Edward Bernays et de bien d’autres), mais le pouvoir trouve toujours le moyen de dissiper les doutes en se moquant de ses propres méthodes quand elles atteignent un niveau de suspicion maximal. En 1996, lle narrateur de mon premier roman disait une chose avec laquelle je suis d’accord : « Il n’y a pas de meilleure stratégie contre une vraie rumeur que d’inventer une fausse rumeur qui prétend la confirmer ». La logique de la distraction conçue est la même (bien que, dans ce cas, je comprenne qu’elle n’est pas intentionnelle mais qu’elle fait partie de la nature darwinienne inévitable du pouvoir) : elle invente un ennemi visible du pouvoir, qui ressemble au vrai pouvoir et qui est tel que même les critiques du pouvoir défendent les moyens du pouvoir. En d’autres termes : concevoir un bon épouvantail, distraire, appeler le faux vrai et le vrai faux.

Cette logique est tragiquement confirmée aujourd’hui : les médias de masse ont toujours été réels dans leurs informations et faux dans la réalité créée. Par la forme et par la sélection des faits réels, ils ont toujours manipulé et continuent de manipuler la réalité, même s’ils semblent maintenant être les champions du peuple, des peuples, de la vérité et de la justice. Mais qu’un faux président le dise soudain, un ridicule comme un épouvantail, quelqu’un qui est devenu président du pays le plus puissant du monde avec moins de voix que son adversaire, grâce à un système électoral hérité des temps de l’esclavage, avec un discours médiéval, fait que des gens décents et raisonnables prennent parti au contraire, c’est-à-dire en défendant les moyens traditionnels du pouvoir réel, aujourd’hui «attaqués», ceux-là mêmes qui, jusqu’il n’y a pas si longtemps, défendaient, soutenaient ou, du moins, ne critiquaient jamais des actes criminels comme la guerre en Irak ou comme tant d’autres envahissements et complots secrets partout. Avec des exceptions honorables et courageuses, cela va sans dire, car dans chaque troupeau il y a des brebis galeuses.

Le pouvoir n’a même pas besoin de penser pour être génial. Ça fait partie de sa nature.

Quand quelqu’un se dit obsessionnellement «réel» et tout le reste «faux», c’est parce qu’il essaie obsessivement de cacher un sentiment douloureusement contraire : une conscience refoulée de ne pas être «réel», d’être «faux», d’être Trump. Sinon, il n’est pas nécessaire d’avoir une habitude obsessionnelle constante. Mais Trump n’est qu’un épouvantail de pouvoir. Pathétique, un dangereux amplificateur de peurs et de traumatismes populaires, oui, mais pas beaucoup plus que ça.

Pour les pouvoirs traditionnels (ceux qui contrôlent les capitaux décisifs, les finances, les affaires de guerre et de paix des cimetières, l’exploitation physique et morale de ceux d’en bas), toute cette confusion, toute cette inversion parfaite des rôles sied comme un gant. Comme s’il y avait une logique darwinienne dans la mise en scène et la narration du pouvoir qui s’adapte en permanence pour survivre. Y compris en mettant un épouvantail au pouvoir de la plus grande puissance du monde pour que les corbeaux et les mouettes restent en état de stress face à un artefact qui insiste sur le fait qu’il est le seul truc real dans un monde fake.

 
Courtesy of Tlaxcala
Source: https://majfud.org/2018/09/11/la-psicopolitica-del-espantapajaros/
Publication date of original article: 11/09/2018
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=24056

Devons-nous vraiment la modernité au capitalisme ?

La “narrature” du capitalisme

par Jorge Majfud *

L’une des affirmations les plus répétées et les moins remises en cause des apologistes du capitalisme consiste à dire que celui-ci a été le système qui a crée dans l’histoire le plus de richesse et de progrès. Nous lui devons Internet, les avions, YouTube, les ordinateurs sur lesquels nous écrivons et toute l’avancée médicale et la liberté sociale et individuelle que nous pouvons trouver aujourd’hui.

Le capitalisme n’est ni le plus et ni le moins criminel des systèmes qui ont existé, mais cetteinterprétation arrogante est, en outre, une confiscation historique commise par l’ignorance.

En termes absolus, le capitalisme est la période (non le système) qui a produit le plus de richesse dans l’histoire. Cette vérité serait suffisante si nous ne considérions pas qu’elle est aussi trompeuse que ce ministre uruguayen qui, dans les années 90, s’était vanté de ce que, durant son gouvernement, il s’était vendus plus de téléphones portables que dans toutel’histoire du pays.

L’arrivée de l’homme sur la Lune n’a pas été une simple conséquence du capitalisme. Pour commencer, ni les universités publiques, ni les privées ne sont, dans leurs fondements, des entreprises capitalistes (exceptés quelques rares exemples, comme le fiasco de la Trump University). La NASA non plus n’a jamais été une entreprise privée mais publique et, de plus, elle s’est développée grâce à l’engagement préalable de plus de mille ingénieurs allemands, dont Wernher von Braun, qui avaient expérimenté et perfectionné la technologie des fusées dans les laboratoires de Hitler, qui a investi des fortunes (certes, avec une certaine aide économique et morale des grandes entreprises US). Tout, l’argent et la planification a été étatique. L’Union soviétique, surtout sous les ordres d’un dictateur comme Staline, a gagné la course spatiale après avoir mis en orbite pour la première fois de l’histoire le premier satellite, la première chienne et jusqu’au premier homme, douze ans avant Apollo 11 et à peine quarante ans après la révolution qui a transformé un pays arriéré et rural, comme la Russie, en puissance militaire et industrielle en quelques décennies. Rien de cela ne s’avère être du capitalisme.

Certes, le système soviétique a été responsable de beaucoup de fautes morales. De crimes. Mais ce ne sont pas les déficiences morales qui distinguaient le communisme bureaucratique du capitalisme. Le capitalisme s’associe seulement avec la démocratie et les Droits de l’homme par la narration, répétitive et accablante (théorisée par les Friedman [Chicago Boys] et pratiquée par les Pinochet), mais l’histoire démontre qu’il peut parfaitement cohabiter avec une démocratie libérale, avec les dictatures génocidaires latino-américaines qui invoquaient l’excuse de la guerre contre le communisme,  avec des gouvernements communistes comme la Chine ou le Viêt-Nam, avec des systèmes racistes comme l’Afrique du Sud,  avec des empires destructeurs de démocratie et de millions d’habitants en Asie, en Afrique et Amérique Latine, comme aux XIXe et XXe siècles le furent l’Angleterre, la Belgique, les USA,  la France etc.

Le débarquement sur la Lune comme la création d’Internet et les ordinateurs qui sont attribués au capitalisme ont été à la base (et, parfois, uniquement) des projets de gouvernements, non d’entreprises comme Apple ou Microsoft. Aucun des hommes de science qui ont travaillé dans ces programmes technologiques révolutionnaires ne l’a fait comme entrepreneur ou en cherchant à devenir riches. En fait, plusieurs d’entre eux étaient idéologiquement anticapitalistes, comme Einstein, etc. La majorité étaient des professeurs salariés, non les entrepreneurs vénérés d’aujourd’hui.

À cette réalité il faut ajouter d’autres faits et un concept basique : rien de cela n’a surgi de zéro au XIXe siècle ou au XXe siècle. L’énergie atomique et les bombes sont des filles directes des spéculations et les expériences imaginaires d’Albert Einstein, suivi d’autres génies salariés. L’arrivée de l’homme sur la Lune aurait été impossible sans des concepts basiques comme la Troisième loi de Newton. Ni Einstein ni Newton n’auraient développé leurs merveilleuses mathématiques supérieures (aucune d’elles due au capitalisme) sans une pléthore de découvertes mathématiques introduites par d’autres cultures bien des siècles auparavant. Quelqu’un imagine-t-il le calcul infinitésimal sans le concept du zéro, sans les nombres arabes et sans l’algèbre (de l’arabe al-jabr ), pour n’en citer que quelques-uns ?

Première page du livre fondateur de l’algèbre, le Kitāb al-mukhtaṣar fī ḥisāb al-jabr wa-l-muqābala (Abrégé du calcul par la restauration et la comparaison) de Mohammed Ibn Mūsā al-Khuwārizmī, dont le nom est à l’origine du terme algorithme

Les algorithmes qu’ utilisent les ordinateurs et les systèmes d’Internet n’ont pas été créés ni par un capitaliste ni dans aucune période capitaliste, mais des siècles auparavant. Il a été conceptuellement développé à Bagdad, la capitale des sciences, par un mathématicien musulman d’origine persane au IXe siècle appelé Al-Khwârizmî , précisément. Selon Oriana Fallaci, cette culture n’a rien donné aux sciences (ironiquement, le capitalisme naît dans le monde musulman et c’est le monde chrétien le développe).

Ni l’alphabet phénicien, ni le commerce, ni les républiques, ni la démocratie n’ont surgi pendant la période capitaliste mais des dizaines de siècles avant. Ni même l’imprimerie dans ses différentes versions, allemande ou chinoise, invention plus révolutionnaire que Google, ne l’a été grâce au capitalisme. Ni La poudre, ni l’argent, ni les chèques, ni la liberté d’expression.

Bien que Marx et Edison soient la conséquence du capitalisme, aucune grande révolution scientifique de la Renaissance et de l’Ère Moderne (Averroès, Copernic, Kepler, Galilée, Pascal, Newton, Einstein, Turing, Hawking) n’est due à ce système. Le capitalisme sauvage a produit beaucoup de capital et plusieurs Donald Trump, mais très peu de génies.

Pour ne pas parler des découvertes plus pratiques, comme le levier, la vis ou l’hydrostatique d’Archimède, découvertes faites il y a 2 300 ans. Ou la boussole du IXe siècle, l’une des découvertes les plus importantes dans l’histoire de l’humanité, de loin plus importante que tout téléphone intelligent. Ou la roue, qui s’utilise en Orient depuis six mille ans et qui n’a pas encore passé de mode.

Bien sûr, entre l’invention de la roue et l’invention de la boussole quelques siècles ont passé. Mais le « vertigineux progrès » de la période capitaliste n’est d’aucune nouveauté. Sauf des périodes de catastrophe comme le fut la peste noire au XIVe siècle, l’humanité a accélère l’apparition de nouvelles technologies et de ressources disponibles pour une partie croissante de la population, comme par exemple le furent les différentes révolutions agricoles. Il n’est pas nécessaire d’être un génie pour remarquer que cette accélération découle de l’accumulation de connaissances et de la liberté intellectuelle.

En Europe, l’argent et le capitalisme ont signifié un progrès social devant l’ordre statique féodal du Moyen Âge. Mais bientôt, ils sont devenus le moteur de génocides coloniaux et ensuite une nouvelle forme de féodalisme, comme celle du XXIe siècle, avec une aristocratie financière (une poignée de familles accumulent la plupart de richesse dans les pays riches et pauvres), avec des ducs et des comtes politiques et avec des roturiers et des vassaux démobilisés.

Le capitalisme a capitalisé (et les capitalistes ont confisqué) des siècles de progrès social, scientifique et technologique. Pour cette raison, et étant  le système global dominant, il a été capable de produire plus de richesse que les systèmes précédents.

Le capitalisme n’est pas le système de quelques pays. C’est le système hégémonique du monde. Ses problèmes peuvent être atténués, ses mythes peuvent être démantelés, mais on ne peut pas l’éliminer jusqu’à ce qu’il entre dans sa crise ou pente descendante comme le féodalisme. Jusqu’à qu’il soit remplacé par un autre système. Cela au cas où il reste encore une planète ou une humanité. Parce qu’aussi le capitalisme est l’unique système qui a mis l’espèce humaine au bord de la catastrophe planétaire.

 

Jorge Majfud * pour El Correo de la Diaspora.

 

* Jorge Majfud est Uruguayen, écrivain, architecte, docteur en philosophie pour l’Université de Géorgie et professeur de Littérature latinoaméricaine et de Pensée Hispanique dans la Jacksonville University, aux États-Unis d’Amérique. College of Arts and Sciences, Division of Humanities. Il est auteur des romans « La reina de lAmérica » (2001), « La ciudad de la Luna » (2009) et « Crise » (2012), entre d’autres livres de fiction et d’essai.

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la Diaspora par : Estelle et Carlos Debiasi.

Paris, le 4 août 2017.

Pagina/12

Les U.S.A.

par Jorge Majfud *

Le pays industrialisé ayant les plus grands problèmes raciaux envers les noirs, est le pays qui a porté un noir à la Présidence et toute une famille de noirs à la Maison Blanche.

Le pays, comme peu d’autres, qui a discriminé les noirs tout au long de son histoire, est le pays où on ne peut pas prononcer le mot noir sans le risque d’offenser les noirs.

Le pays où les droits et les possibilités de travail pour les femmes ont atteint des niveaux historiques, est le pays qui n’a jamais eu une présidente ou une vice-présidente.

Le pays qui a inventé des villes de gratte-ciel définit son style de vie par ses maisons individuelles entourées d’arbres et de larges savanes, tandis que les descendants des africains qui habitaient les forêts chaudes de l’Afrique se concentrent maintenant dans les centres les plus urbains de villes froides à gratte-ciel.

Le pays dont la culture africaine, comme le blues ou le rap, se distingue par sa tristesse ou par sa rébellion triviale, provient de cultures africaines qui en Afrique et aux Caraïbes se distinguent par leur joie. La douleur distinctive de cette culture et la violence qui ne libère pas, comme la religion, la langue, l’idéologie et tout ce qui ne se réfère pas à la biologie des noirs des États-Unis d’Amérique provient de l’Europe. Raison pour laquelle les afro-américains devraient s’appeler euro-américains, si nous ne prenions pas en considération quelque chose d’aussi superficielle que la couleur de la peau.

Le pays qui a l’une des villes ayant le plus de problèmes de violence par armes à feu qui s’appelle Philadelphie, ce qui signifie amour fraternel.

Le pays où ses patriotes les plus conservateurs ont imposé l’idée que leur pays est fondamentalement chrétien et conservateur a été fondé par une poignée d’hommes politiques et de philosophes cultivés, anarchistes, révolutionnaires et pour le moins laïques, séculiers ou agnostiques.

Le premier pays du monde qui est fondé sur la base du sécularisme, de la séparation de l’État et de la religion, est le pays d’Occident où la religion est la plus omniprésente et décisive dans la société, dans la politique et au sein du gouvernement.

Le pays où la loi s’applique avec le plus de rigueur, où l’autorité est la plus respectée, où les citoyens communs sont les plus respectueux des règles, des normes et des droits d’autrui, est l’un des pays qui a violé le plus fréquemment et le plus gravement les lois internationales.

Le pays où on déteste le plus avoir un gouvernement qui se mêle de la vie privée des citoyens, est le premier pays où a été mis en pratique l’espionnage panoptique de la vie privée de ses citoyens et où les citoyens réclament du gouvernement un contrôle plus strict des personnes suspectes, qui s’avèrent être toutes celles qui sont d’accord pour ce type de gouvernement.

Dans les états les plus industrialisés du pays le plus industrialisé du monde, vivent les Amish, qui circulent sur les autoroutes avec leurs carrioles tirées par des chevaux. Tout pour ne pas être contaminé par les contradictions du monde industrialisé.

Le pays qui a l’intellectuel vivant le plus cité au monde, et seulement moins cité que Marx parmi les morts, Noam Chomsky, est systématiquement critiqué par son intellectuel le plus reconnu et cité dans le monde.

Le pays qui a l’habitude de rafler les prix Nobel, le pays qui monopolise les rankings des meilleures universités au monde, le pays qui a le plus contribué par ses inventions, découvertes et théories fondamentales pendant plus d’un siècle, est le pays qui a la population la plus ignorante en géographie, en histoire, en mathématiques, en philosophie, en physique et en tout ce qui a un lien avec une connaissance sophistiquée.

Le pays qui a plus de médailles olympiques de l’histoire, qui a accumulé le plus de records aux jeux d’hiver et d’été, est le pays où les gens circulent le plus et marchent le moins, c’est le pays du monde ayant le plus de problèmes d’obésité.

C’est aussi le pays où les pauvres souffrent d’obésité et les riches et les éduqués semblent affamés.

C’est le pays où un hamburger avec des frites et un Coca-Cola coûte 5,99 dollars, et sans Coca-Cola, la même chose coûte 6,35.

C’est le pays dont les états plus libéraux, ceux du nord-est, sont des états catholiques et dont les états plus conservateurs, ceux du sud, sont des états protestants.

C’est le pays où ses religieux les plus conservateurs et qui enseignent le plus la religion de l’amour de Christ et tendre l’autre joue pour la non violence, sont ceux qui avec le plus de véhémence défendent le droit à porter des armes, ont des clubs de chasse, des puissantes associations de tirs, sont les seuls à justifier les bombes de Hiroshima et de Nagasaki et les premiers à promouvoir des interventions militaires dans d’autres parties du monde, et n’ont pas compris en quoi consiste l’amour.

C’est le pays avec la plus grande influence politique du monde et dont les habitants et votants s’intéressent le moins à la politique séculière.

Le pays qui est le plus intervenu dans des gouvernements étrangers au siècle dernier, est celui où ses habitants ignorent le plus des concepts basiques d’histoire et de géographie, que ce soit du monde ou de leur propre pays ; c’est le pays où (peut-être n’est-ce pas un hasard) la matière appelée géographie n’existe même pas dans ses écoles secondaires.

Le pays grâce auquel le monde entier fête le plus universel jour férié des travailleurs, ne fête ni ne commémore ce jour si ce n’est un jour plus abstrait et impersonnel, le jour du travail, autre jour pour ne pas mentionner les innombrables.

Le pays qui est vénéré pour sa culture du travail, ne fête pas ses travailleurs, mais se souvient deux fois par an des soldats tombés durant les guerres. Parce que les guerres et la destruction sont plus importantes que le travail et la construction pour défendre la liberté. La liberté des gens qui n’ont pas besoin de travailler.

C’est le pays qui a globalisé la contradiction radicale du narcissisme voyeuriste, principale caractéristique de la génération virtuelle.

C’est le pays qui a réussi à remplacer la politique et l’idéologie par l’économie, ce qui signifie un triomphe absolu politique et idéologique à une échelle mondiale.

Ce pays est, aussi, le pays le plus critiqué du monde, par ses propres citoyens et par autrui, et c’est, en même temps, le pays le plus imité. Surtout, par les pays émergents, selon la définition de submergés développée par le pays émergé.

 

Jorge Majfud *

 

* Jorge Majfud est Uruguayen, écrivain, architecte, docteur en philosophie pour l’Université de Géorgie et professeur de Littérature latinoaméricaine et de Pensée Hispanique dans la Jacksonville University, aux États-Unis d’Amérique. College of Arts and Sciences, Division of Humanities. Il est auteur des romans « La reina de lAmérica » (2001), « La ciudad de la Luna » (2009) et « Crise » (2012), entre d’autres livres de fiction et d’essai.

Lettre ouverte à Donald Trump

Spanish, English

Par Jorge Majfud

Traduit par Hortense Djomeda

Monsieur Trump:

Quand vous avez présenté votre candidature pour le Parti Républicain au milieu de l’année passée, avec l’intuition propre à un entrepreneur prospère, vous saviez déjà quel produit vendre. Vous avec eu le grand mérite de transformer la politique (qui depuis la génération fondatrice n’ a pas connu beaucoup d’intellectuels) en une parfaite campagne de marketing commercial dont le slogan principal n’a pas été non plus très sophistiqué. Les mexicains qui arrivent sont des violeurs, des criminels, des envahisseurs.

Rien de neuf et rien de plus loin de la réalité. Vous vous rendrez compte que, dans les prisons de ce pays, les migrants, légaux ou illégaux, sont minoritaires, repésentants un quart des détenus par rapport à la population carcérale américaine. Au cas où vous ne le comprenez pas, selon les statistiques, les épaules mouillées ont quatre ou cinq fois moins de possiblité de comettre un crime que vos charmants enfants, monsieur Trump. Là où l’immigration prédomine, les préjugés et le racisme augmentent et la criminalité chute.

Voyez vous, monsieur Donald, bien avant que vos grands-parents n’arrivent d’Allemagne et ne réussissent dans le business de l’hôtellerie et des maisons closes à New York, bien avant que votre mère n’arrive d’Ecosse, les mexicains  avaient déjà leurs familles ici et avaient déjà baptisé les Etats de l’Ouest, les rivières, les vallées, les montagnes et les villes. L’architecture californienne et le cowboy texan, symboles de l’américain authentique ne sont rien d’autre que le résultat de l’hybridité, comme partout, entre la nouvelle culture anglosaxonne et la culture mexicaine si longtemps établie. Vous imaginez vous l’un des pères fondateurs se retrouvant nez à nez avec un cowboy sur son chemin?

Quand votre mère est arrivée dans ce pays dans les années 30, un demi-million de mexicains-américains furent expulsés. Ils étaient majoritairement des citoyens américains mais la malchance fit que la frustration nationale due à la Grande Dépression, qu’ils n’avaient pas inventée, trouva qu’ils avaient des têtes d’étrangers.

L’assimilation c’est de la violence. Dans beaucoup de sociétés c’est une exigence ; toutes les sociétés où le fascisme survit d’une façon ou d’une autre.

Ces gens ont des têtes d’étrangers et de violeurs (et vous n’êtes pas le premier à le savoir) depuis que les Etats-Unis prirent possession (disons-le ainsi pour n’offenser personne) de la moitié du territoire mexicain au milieu du 19ème siècle. Et, comme ces gens qui y vivaient déjà ne cessaient de parler une langue barbare comme l’espagnol et refusaient de changer leur couleur de peau, ils furent poursuivis, expulsés ou assassinés tout simplement, accusés d’être des bandits, des violeurs et des étrangers envahisseurs. Le vrai Zorro était brun et ne luttait pas contre le despotisme mexicain (contrairement à ce que Johnston McCulley a écrit pour pouvoir vendre son histoire à Hollywood), mais plutôt contre les anglosaxons envahisseurs qui avaient pris leurs terres. Il était brun et rebelle comme Jésus, bien que dans les peintures sacrées vous voyez le Nazaréen toujours blond, les yeux bleus et plutôt soumis. Le pouvoir hégémonique de l’ époque qui l’a crucifié avait des raisons politiques évidentes pour le faire. Et il a continué à le  crucifier quand, trois siècles plus tard, les chrétiens cessèrent d’être des migrants illégaux poursuivis qui se cachaient dans les catacombes et se transformèrent en persécuteurs officiels du pouvoir en place.

Heureusement, les migrants européens comme votre père et votre épouse actuelle, n’avaient pas des têtes d’étrangers. Bien sûr que si votre mère était arrivée quarante ans plus tôt, peut-être qu’on l’aurait confondue avec des irlandais. Ces derniers avaient l’air d’envahisseurs. En plus ils étaient catholiques, avaient les cheveux comme les vôtres, cuivrés ou jaunâtres, quelque chose qui ne plaisait pas aux blancs assimilés, c’est-à-dire des blancs qui avaient été une fois discriminés à cause de leur accent polonais, russe ou italien. Mais, heureusement, les migrants apprennent vite.

Bien sûr que c’est ce que vous ainsi que d’autres exigez : les migrants doivent s’assimiler à « cette culture ». Quelle culture? Dans une société réellement ouverte et démocratique, nul ne devrait oublier qui il est pour être accepté, raison pour laquelle, à mon avis, la vertu devrait être l’intégration et non l’assimilation. L’assimilation c’est de la violence. Dans beaucoup de sociétés c’est une exigence; toutes les sociétés où le fascisme survit d’une façon ou d’une autre.

Monsieur Trump, la créativité des hommes et femmes de ce pays est admirable, bien qu’on exagère son importance tout en oubliant ses aspects négatifs.

Ce ne furent pas les hommes d’affaires qui en Amérique Latine promurent la démocratie, bien au contraire. Beaucoup d’entreprises americaines prospères ont promu des coups d’Etat sanglants et ont soutenu une longue liste de dictatures.

Ce furent des hommes d’affaires qui, comme Henry Ford, firent des contributions intéressantes à l’industrie, mais on oublie que, comme beaucoup d’autres hommes d’affaires, Ford fut un antisémite qui collabora avec Hitler. Alors même que l’on refusait l’asile aux juifs persécutés en Allemagne, de la même façon qu’aujourd’hui on le refuse aux musulmans pour la même raison, ALCOA et Texaco collaboraient avec les régimes fascistes de l’époque.

Ce ne furent pas les hommes d’affaires qui ont développé les nouvelles technologies et les sciences, mais plutôt les inventeurs amateurs ou des professionnels salariés qui, depuis la fondation de ce pays jusqu’à l’invention d’Internet, en passant par Einstein et l’arrivée de l’homme sur la Lune. Sans parler des bases de la science, fondées par ces arabes horribles et primitifs il y a des siècles, depuis les chiffres que nous utilisons jusqu’à l’algèbre, les algorytmes, ainsi que beaucoup d’autres sciences et philosophies qui de nos jours font partie de l’Occident, en passant par les européens depuis le 17ème siècle. Bien sûr que parmi eux il n’y a aucun homme d’affaires.

Ce ne furent pas des hommes d’affaires qui ont obtenu, par leur action de résistance et de lutte populaire, presque tous les progrès en droits civils que ce pays connait aujourd’hui, alors qu’à leur époque ils étaient diabolisés, considérés comme des agitateurs dangereux et antiméricains.

Monsieur Trump, je sais que vous ne le savez pas, raison pour laquelle je vous le dit: un pays n’est pas une entreprise. En tant qu’entrepreneur, vous pouvez embaucher ou licencier autant d’employés que vous voulez pour la simple raison qu’avant il y a eu un Etat qui a donné une éducation à ces personnes et qu’il y aura un Etat qui les prendra en charge quand ils seront licenciés, avec des aides sociales ou avec la police, dans le pire des cas. Un homme d’affaires n’est obligé de résoudre aucun de ces aspects externes, il ne s’ocupe que de son propre succès, qu’il confond après aux mérites de toute une nation et les vend de cette manière là, parce que c’est ce qu’un homme d’affaires sait faire le mieux : vendre. N’importe quoi.

Monsieur Trump, la démocratie a son Talon d’Achille. Contrairement à ce que l’on pense normalement dans toute société fasciste, ce ne sont pas les critiques mais plutôt les démagogues qui se gonflent de nationalisme pour abuser du pouvoir de leurs propres nations. 

Vous vous vantez toujours d’être immensément riche. Je vous admire pour votre courage. Mais si nous prenons en considération ce que vous avez fait avec ce que vous avez reçu de vos parents et de vos grands-parents, on peut dire que presque n’importe quel homme d’affaires, n’importe quel travailleur de ce pays qui a demarré avec presque rien, et dans beaucoup de cas avec d’énormes dettes, dues au finacement de ses études, a plus de succès que vous.

Le turc Hamdi Ulukaya était un migrant pauvre quand il créa il y a quelques années la marque de yaourts Chobani, dont la valeur aujourd’hui est estimée à deux milliards de dollars. Sans aucun doute, quelque chose de très probable dans un pays comme celui-ci. Mais, cet homme d’affaires créatif, a eu la décence de reconnaitre que tout le mérite ne lui revient pas, que cela n’aurait pas été possible sans un pays ouvert ni sans ses employés. Il y a de cela quelques jours, il a fait don de dix pour cent de ses actions à ses employés.

Au Mexique, il y a des exemples similaires au vôtre. Même meilleurs. Le plus connu est Carlos Slim, un fils de Libanais qui, profitant des crisis économiques d’alors, comme n’importe quel homme qui a de l’argent, s’est fait une fortune qui aujourd’hui est dix fois supérieure à la vôtre, monsieur Trump.

Monsieur Trump, la démocratie a son Talon d’Achille. Contrairement à ce que l’on pense normalement dans toute société fasciste, ce ne sont pas les critiques mais plutôt les démagogues qui se gonflent de nationalisme pour abuser du pouvoir de leurs propres nations. 

Athènes, considérée comme la première démocratie au monde, s’enorgueillissait de recevoir des étrangers; ce ne fut pas sa faiblesse, ni politique, ni morale. Il y avait des esclaves à Athènes, comme il y en eu dans votre pays pendant deux siècles et d’une certaine manière il y en a encore: les travailleurs sans-papiers. Athènes avait ses démagogues: Anytos par exemple, était un homme d’affaires prospère qui a convaincu de façon très démocratique le reste de la société pour qu’elle condamne à mort la tête pensante de l’époque, Socrate car il posait trop de questions, il croyait très peu aux dieux d’Athènes, car il corrompait la jeunesse avec des questionnements.

Bien sûr qu’aujourd’hui presque personne ne se souvient d’Anytos et il en sera de même pour vous sauf si vous doublez la mise et vous devenez une des figures qui, en Europe, passèrent dans l’histoire du 19ème siècle à cause de leur nationalisme exacerbé et leur haine envers tout ce semblait étranger même sans l’être. Vous trouverez toujours des partisans car cela aussi fait partie du jeu démocratique et, pour l’instant nous n’en avons pas d’autre système  meilleur.

 

Les narrations politiques et l’invention de la réalité

par Jorge Majfud

 

Au milieu de la dernière décennie aux États-Unis, chaque fois que je me trouvais dans une de mes classes à discuter ouvertement de sujets comme le féminisme ou le mariage égalitaire je ne recueillais qu’une grande résistance, surtout de la part des étudiantes. Les rares qui osaient parler considéraient l’un, le féminisme, comme une dégénérescence propre au marxisme et l’autre comme une dégénérescence propre de l’humanité. Quant à leur tour les étudiants demandaient mon opinion, invariablement je leur répondait : « Il est possible de retarder l’histoire, mais personne ne pourra jamais l’arrêter. Maintenant la seule idée de reconnaître le mariage égalitaire comme un droit vous semble inacceptable et jusqu’à être une offense contre Dieu, mais dans dix ou quinze ans, plus d’un parmi vous se manifestera en faveur, au nom du même Dieu ».

Aujourd’hui, dans n’importe quelle classe et en dehors de celle stratégiquement appelée « bulle de l’université » (comme si le reste de la société n’était pas composé par d’autres bulles, fréquemment moins créatrices) où on aborde le même sujet, une majorité hétérosexuelle et définie comme conservatrice défend les droits des homosexuels, y compris le droit au mariage. La même chose a eu lieu avec la contraception dans les années soixante et avec le mariage interracial dans les cinquante, qui était illégal dans beaucoup d’états à l’époque où est né l’actuel président Barack Hussein Obama.

Avant que les post modernistes nient toute direction et sens des processus humains, les révolutionnaires de l’Ère moderne croyaient qu’il était possible d’accélérer l’histoire en provoquant la chute du fruit mûr, que l’histoire ne progressait pas de façon harmonieuse mais par des sauts abrupts (les révolutions). D’une certaine façon ils avaient raison : presque aucun progrès social n’a été fait sans un type de lutte, de résistance, d’action et de réaction. Chaque fois qu’on essaie d’arrêter ou de dévier le chemin de l’histoire, la violence éclate.

Le présent tyrannise notre vision du passé et de ce qui va se passer. Les gens pensent, par exemple, que parce que dans l’histoire récente les garçons s’identifient avec le bleu ciel et les petites filles avec le rose, il en a toujours été ainsi, et que cela le sera toujours, sans considérer qu’il y a à peine un siècle tous les enfants étaient habillés en blanc jusqu’à ce que les magasins des Etats-Unis inventent « les couleurs traditionnelles ». L’idée récurrente et tyrannique que « les choses sont ainsi depuis que le monde est monde » s’écroulerait rien qu’ en jetant un regard au portrait de Louis XIV, XV ou XVI avec perruques, chausses, jupes et talons hauts, montrant une jambe style Marilyn Monroe, tous symboles de masculinité de l’époque.

Peu nombreuses sont les encyclopédies qui définissent la Révolution américaine par l’oxymore de « révolution conservatrice », quand pendant des siècles et en considérant le monde de l’époque , on n’a pas vu une expérience plus radicalement réformiste et révolutionnaire. La seule omission de Dieu dans la Constitution, et l’obligation de ne mettre aucune religion dans les affaires de l’État, depuis le premier amendement et toute la Déclaration de droits , est remise en question de manière permanente par une population éduquée par la démagogie politique et prédicatrice, qui insiste sur le fait que ce pays fut fondé sur la base du christianisme et des philosophies séculières de l’époque. La légende « In God We Trust » a été introduite des générations plus tard. En fait, le serment de loyauté des États-Unis a été inventé et poussé par un chrétien socialiste qui, à la fin du XIXe siècle et en cohérence avec la Constitution, a évité le mot le Dieu, jusqu’à ce que la paranoïa maccartiste des années cinquante introduise la mention de Dieu comme façon de prévenir du communisme, ou plutôt, comme la façon d’imposer un statu quo qui se voyait gravement menacé par les mouvements sociaux qui ont héroïquement résisté au racisme et au sexisme d’idées populaires comme « l’intégration raciale c’est du communisme ».

En politique, comme en littérature, le temps est le meilleur critique. Surtout quand la vérité n’importe déjà plus.

Il est clair que Dieu n’a jamais été le problème, au moins de mon point de vue ; le problème habituel est ceux qui s’érigent en ses porte-paroles pour étendre leurs intérêts et leur contrôle social en son nom, passant au-dessus de toute évidence historique et créant un passé à leur goût.

Alors, imaginer un président socialiste aux États-Unis semble une utopie lointaine sinon impossible. Elle l’est, bien qu’en politique l’impensable finit par être adopté par les nouvelles générations. Je ne vais pas dire que le socialisme est meilleur que le capitalisme dans une société comme la société Usaméricaine. Je ne crois pas à l’importation de recettes politiques et sociales dans aucun pays. Mais je ne crois pas non plus que ce qui s’appelle vaguement socialisme soit quelque chose de nouveau dans ce pays (il suffirait de jeter un regard à son histoire et à ses programmes sociaux actuels, beaucoup plus socialistes qu’en Chine). Ce n’est pas un hasard si Karl Marx lui-même avait une opinion plus favorable de la démocratie US que des gouvernements européens de l’époque. D’un autre côté, ce qui s’appelle aussi vaguement le capitalisme ne se ressemble même par hasard à quelque chose de semblable à ce que les conservateurs identifient avec les idées des pères fondateurs. Jefferson, l’artisan de la démocratie US, n’avait aucune estime ni opinion favorable envers le pouvoir déchainé des banques. Sans commencer à considérer que Jésus, porte drapeau des capitalistes conservateurs, n’avait rien de capitaliste et qu’ils ne l’ont pas crucifié en tant conservateur, mais comme tout le contraire.

Voici le paradoxe actuel : le capitalisme a été un net progrès vers la liberté individuelle des agonîmes quand en Europe l’aristocratie héréditaire a commencé à perdre ses privilèges et son pouvoir grâce au nouveau pouvoir sans nom ni titre d’argent. Cependant, le capitalisme a dérivé vers un néo-féodalisme où les princes (les clans mega-millionnaires) ont plus de pouvoir que les gouvernements nationaux. Il suffirait de rappeler que les 62 personnes les plus riches ont autant d’argent que la moitié la plus pauvre du monde et que seulement 1 % accumule la même chose que tout le reste. Ensuite, pas nécessaire d’être un génie pour se rendre compte de comment et pour qui est organisé ce monde.

Mais, comme nous l’avons vu, ce qui est aujourd’hui inacceptable et inimaginable, sera politiquement correct demain.

Pour voir vers où vont les grands changements historiques, il faut jeter un regard long sur l’histoire, comme la conquête des droits et libertés individuelles commencée à la fin du Moyen Âge, etc. En ce qui concerne les changements politiques de court terme, il est nécessaire d’observer le niveau d’enthousiasme des jeunes. Par exemple : il est possible qu’Hilary Clinton gagne les primaires du Parti Démocrate, mais ce qui est clair c’est l’enthousiasme des adeptes de Bernie Sanders. Même en perdant, chose qui est à voir malgré les 30 % qui le placent en désavantage, il a déjà obtenu un changement inimaginable dans la narration d’une grande partie de la société. Même le triomphe général d’un showman comme Donald Trump, qui base sa campagne sur son propre ego, serait un triomphe de la réaction conservatrice au nouveau phénomène : les clans de mega-millionnaires, comme les Koch (la voix invisible, l’idéologie et morale des médias, des croyants et des hommes politiques usaméricains) malgré leur investissement d’autres milliards de dollars, comme ils planifient de le faire cette année, pourraient perdre quelque chose de plus qu’une élection.

En politique la vérité n’existe pas, mais les intérêts oui. La fiction politique n’est pas la propriété ni de la gauche ni de la droite, mais les meilleurs narrateurs sont les plus vraisemblables : ceux qui peuvent vendre une histoire et une morale (c’est-à-dire, acheter des consommateurs) comme les grandes maisons d’édition peuvent faire de tout roman de qualité moyenne un best seller mondial. En politique, comme en littérature, le temps est le meilleur critique. Surtout quand la vérité n’importe déjà plus.

 

Jorge Majfud

 

Le Courrier de la diaspora. 

Carlos Debiasi <carlosdebiasi@elcorreo.eu.org>

Paris, le 28 janvier 2016. 

Les univers parallèles

Univers parallèles et Utopies par Jorge Majfud

par Jorge Majfud * Los universos paralelos

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Résumé de l’exposé présenté devant les Nations Unies le 26 mai 2015 en hommage à Eduardo Galeano.

Lors du Forum Social de Porto Alegre de 2005 Eduardo Galeano a rappelé la réponse que son ami Fernando Birri a donné une fois à la question : « A quoi sert l’utopie ? » « Je sais qu’elle est là-bas sur l’horizon », a répondus Birri. « Chaque fois que je fais un pas elle s’éloigne d’un pas … : A quoi sert-elle alors ? Elle sert à cela, à marcher ». José Saramago n’était d’accord : « les utopies ne servent à rien ; ce qui a transformé le monde fut la nécessité ».

Cela, je comprends, est une réponse qui essaie d’être pragmatique mais elle reflète, non seulement la frustration des intellectuels de la gauche depuis les années quatre-vingts, mais aussi une pensée très antérieure qui date du XIXe siècle : la pensée marxiste selon laquelle la base matérielle est celle qui dicte ses lois à la superstructure, c’est-à-dire les nécessités matérielles et les systèmes de production sur l’éthique, l’éducation, la religion, l’art, etc. Affirmer que quelque chose comme une idée (une utopie), depuis la superstructure, est capable de changer la réalité matérielle, n’appartient pas au marxisme orthodoxe. De la même manière, Ernesto Che Guevara était marxiste dans la théorie et par inadvertance un antimarxiste dans sa conception la plus profonde : non seulement de par son idée romantique qu’un groupe ou un individu comme Don Quichotte pouvait changer le monde, mais de par son insistance dans la force d’un changement moral comme moteur pour changer une réalité sociale.

L’un des livres fondateurs des utopies modernes c’était, précisément, « L’Utopie » (1516), de Thomas More. Ce qui est aujourd’hui l’Amérique Latine allait jouer dans cette nouvelle tradition un rôle décisif : More s’est inspiré des lettres qu’Amérigo Vespucci a écrites au début de l’ère de la découverte du Nouveau Monde. Vespucci avait rapporté que dans ces terres les natifs étaient des peuples très salutaires et avaient des coutumes étranges : ils n’avaient pas beaucoup d’estime pour les richesses matérielles, ils ignoraient la propriété privée et se baignaient tous les jours. Le machisme, une institution consolidée en Europe et exportée au nouveau monde, n’était pas aussi fort pour estimer la virginité chez la femme ou la maintenir éloignée des sujets publics.

Au-delà de savoir si les lettres de Vespucci (comme celles de Hernán Cortés ou celles de Bartolomé de las Casas) sont exagérées ou non, il est certain qu’elles révèlent une époque : l’Amérique comme Utopie exprimait les rêves et les aspirations d’une Europe qui s’abandonnait à la passion individualiste de la conquête et de l’argent ; l’avarice, cupiditas, cessait d’être un péché pour devenir une vertu. Le christianisme de la Renaissance a désacralisé le monde et a sacralisé le salut individuel : si le monde n’était déjà plus sacré mais matière, c’était bien, de l’exploiter sans condamner l’humanité à la perte. C’est-à-dire que l’utopie a été, depuis de nombreux points de vue un rêve collectif, l’expression symbolique du désir de ce que l’on n’est pas ou que l’on n’a pas, la faute pour ce qui n’a pas été fait ou qui a été fait mal, un rêve qui dans de nombreux cas s’est terminé en cauchemar.

Le temps européen qui, grâce aux premiers humanistes modernes du XIVe siècle, a cessé d’être conçu selon des Eres des métaux comme un processus inévitable de dégradation et de corruption et aux siècles postérieurs s’est mis à devenir une courbe ascendante, où tout temps passé était pire ; le meilleur était devant, vers l’avenir : le progrès et le dépassement de tous les malheurs grâce à la connaissance de l’homme et du monde.

Le capitalisme et le marxisme seront deux versions de la même conception fondatrice : le progrès éthique et matériel existe et derrière se trouvent les temps obscurs, les mythes et le Cosmos enchanté. Le Développement était, et dans de nombreux cas il l’est encore, simplement richesse, industrialisation. Mais si dans des décennies précédentes les hautes cheminées fumantes étaient l’orgueil national et même les poètes chantaient des louanges à la contamination, à notre époque c’est la consommation et les tours en verre qui s’accumulent l’une à côté de l’autre et rivalisent par leur taille sans vestiges de la perte de sacralité du sang et du monde.

Différent, le monde amérindien ne pas séparait pas le sang de l’esprit, les hommes et les femmes de l’univers naturel, ni se fiait à la conception judéo-chrétienne du temps linéaire. Comme dans beaucoup d’autres cultures, c’était un temps circulaire. Le progrès, la vertu, le sens de justice était, et recommence à être plutôt une restauration de l’origine. Ainsi, l’utopie prend fin avec les intellectuels engagés, chez les révolutionnaires, comme elle a commencé au XVIe siècle : inspirée du monde l’Amérindien, par la mise en cause de l’irrationalité de la surconsommation, de l’avarice et de l’individualisme depuis une vision écologique, qui est aussi une revendication indigène et indigéniste.

Certes, les utopies sont aussi antiques que les religions. Le paradis chrétien et musulman vague moksha, la libération du Samsara indien sont de clairs exemples. Mais dans notre temps les grandes utopies sont unanimement comprises et associées à des formes idéales de société. Ce type d’utopies modernes a connu une apogée au XIXe siècle et un déclin dans le postmodernisme. Comme nous l’avons dit précédemment, à la fin du siècle dernier (alors déjà à l’angoisse des catastrophes sociales persistante s’était déjà ajoutée l’angoisse de la catastrophe écologique), dans l’Ère moderne les hommes ont discuté de comment organiser la société parfaite ; dans l’Ère postmoderne ou neo médiévale les hommes (et maintenant les femmes aussi) nous nous inquiétons de savoir comment nous allons sauver le monde de la catastrophe. Depuis la fin de la modernité, tant à l’académie qu’à Hollywood les dystopies ( ou contre-utopies) commeTerminator sont plus populaires et assez plus vraisemblables que les utopies.

Morte l’Ère moderne, ou plutôt discréditée, l’Ère postmoderne a fait le chemin inverse : si la précédente avait sacrifié la sécurité en échange de la nouveauté, la liberté, notre époque a sacrifié la liberté pour la sécurité, depuis les dictatures diverses et innombrables du deuxième et troisième monde jusqu’aux démocraties contemporaines du premier monde, contrôlées par le grand capital privé et l’espionnage étatique de la vie privée.

Mais l’Ere moderne nous a légué deux vieux démons qui sont aujourd’hui dieux : l’égalité et la diversité. Les deux sont la face de la même monnaie, puisque nous sommes égaux, parce que nous sommes différents et on ne peut pas revendiquer l’un sans défendre l’autre. Mais toute différence ne se vaut. Les différences que nous nommons diversité et qui ne contredisent pas l’égalité de droits sont les différences horizontales, qui étaient avant verticales, non seulement dans la pratique mais aussi dans leur légitimité sociale. L’égalité et la diversité ont besoin de la liberté et de la sécurité, mais pas administrées verticalement mais horizontalement. C’est-à-dire la liberté ne s’oppose pas à l’égalité si c’est une liberté égale, si tous ceux que nous sommes différents, nous avons une quotité, à défaut d’être similaire au moins suffisante de liberté. Mais pour que cela arrive, est nécessaire une distribution minimale, raisonnable ou nécessaire, du pouvoir. Ce type d’utopies, qui dans une certaine mesure ont cessé de l’être, nous les appelons progrès, auxquels des critiques comme Eduardo Galeano ont participé d’une manière décisive, non seulement par leur critique des pleins pouvoirs hégémoniques, mais par leur conception existentielle, qui est plus propre du monde amérindien que de la philosophie (marxiste) européenne.

Temps et langage

Il est commun de considérer que le passé est en arrière et l’avenir en avant. C’est une conception, bien qu’unanime, tout à fait arbitraire. Ainsi que le nord n’est pas en haut, l’avenir n’est pas devant. La langue a attrapé l’idée de que notre corps marche en avant et l’a fixé dans notre conception du temps. Beaucoup plus en anglais, où les actions sont davantage récurrentes que les contemplations, où ne se distingue pas être d’être mais où se distinguent différentes formes de faire (to make / to do, sans commencer à considérer le vaste vocabulaire parlé qui se réfère à l’argent ou aux affaires même dans le fait de manger ou simplement de saluer), où les distinctions au temps passé sont moins sophistiquées que dans d’autres langues comme l’espagnol.

Dans des mentalités et des civilisations comme la nôtre, l’action prédomine sur la contemplation de l’existence, et par conséquent l’avenir est en avant. Dans des cultures plus contemplatives comme dans la Grèce antique ou dans les Andes, le temps était une rivière qui coulait depuis notre dos vers ce que nous avons par devant. C’est-à-dire le passé était en avant et l’avenir en arrière. Cette conception, qui en principe peut nous sembler absurde est encore plus logique que notre propre conception du temps : si nous pouvons voir le passé dans des formes de souvenirs et nous ne pouvons pas voir l’avenir incertain, dès lors ce que nous avons devant nous n’est pas ce qui viendra mais ce qui a été c’est-à-dire la mémoire. Dans le monde andin, ce temps est le ñaupa-q, le mot qui survit même dans les régions les plus euroaméricaines comme dans le Cône Sud rural.

Peut-être par nature, nous les humains nous essayons de protéger toujours notre optimisme, quel qu’il soit, en niant la réalité et en niant les conséquences négatives de nos actions au nom du progrès et le bonheur supposé d’être riches, qui se tient surtout par le fait que par une norme générale c’est une aspiration perpétuelle c’est-à-dire une utopie individuelle, de la renaissance.

L’utopie capitaliste et marxiste d’un avenir en avant et vers le haut appelée progrès ne serait pas, pour la mentalité indoamericaine, quelque chose qui est devant nous, mais derrière. L’utopie américaine (dans la version élaborée de Thomas More et dans ses perceptions nativistes), l’utopie d’un nouvel homme et d’une nouvelle société serait, en réalité, un retour à l’origine ou, du moins, la récupération de notre nature humaine corrompue par l’ambition et l’exploitation des hommes et de la nature. Pour prendre la conscience de cette utopie, qui est de résoudre aussi le problème créé par la même humanité, nous devrions regarder vers le passé. C’est-à-dire nous devons regarder vers l’avant avant de prévoir les problèmes que l’avenir nous procure.

Ce n’est pas un hasard, alors, qu’Eduardo Galeano a consacré sa vie, au moins sa vie littéraire, à critiquer le pouvoir tandis que les autres ont consacré leur vie à critiquer Galeano. Ce n’est pas non plus un hasard qu’il ait été l’essayiste qui ait le moins employé le je et la première personne dans sa prose poétique, ni que son arme principale dialectique ait été la récupération de la mémoire et que ses livres furent des variations de son œuvre maîtresse, la trilogie la Mémoire du feu.

Jorge Majfud. Nations Unies, le 26 mai 2015.

* Jorge Majfud est Uruguayen, écrivain, architecte, docteur en philosophie pour l’Université de Géorgie et professeur de Littérature latinoaméricaine et de Pensée Hispanique dans la Jacksonville University, aux États-Unis d’Amérique. Il est auteur des romans « La reina de lAmérica » (2001), « La ciudad de la Luna » (2009) et « Crise » (2012), entre d’autres livres de fiction et d’essai.

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo. Paris, le 19 juin 2015.

Los universos paralelos  (Spanish)

L’ennemi intérieur

Le terrorisme ne se justifie en rien, mais s’explique en tout

Spanish: El enemigo interior

Le plus grand danger qui menace l’Occident se trouve dans l’Occident lui-même : il suffirait de rappeler que si la démocratie, la lutte pour la liberté individuelle et pour les Droits de l’homme sont bien occidentales, non moins occidentales sont la censure, la persécution, la torture, les camps de concentration, la chasse aux sorcières, la colonisation par la force des armes ou du capital, du racisme, etc.
 
Comme nous l’enseigne bien l’histoire, deux ennemis qui se combattent aveuglement et obsessionnellement tôt ou tard finissent par se ressembler l’un à l’autre. Ce fut, plus ou moins, ce qui est survenu pendant la dite Reconquista en Espagne. Sauf qu’à l’époque la tolérance politique et religieuse fut plus grande dans l’Espagne islamique que dans la catholique. L’idée et la pratique selon lesquelles des juifs, des chrétiens et des musulmans ont pu vivre et travailler ensemble durant longtemps se sont avérées inacceptables pour la nouvelle tradition suivie par les rois catholiques. Après l’expulsion des maures et des juifs en 1492, s’en sont suivies des purifications ethniques, linguistiques, religieuses et idéologiques successives.
En revenant au présent, nous voyons qu’une enquête récente montre que 62 % des Allemands non musulmans considère que l’islam est incompatible avec le « Monde occidental », ce qui démontre que l’ignorance n’est pas non plus incompatible avec l’Occident. Il y a moins d’un siècle, une grande majorité pensait la même chose des juifs en Allemagne, et aux États-Unis d’Amérique, on craignait le danger imminent d’une invasion de catholiques fanatiques traversant l’Atlantique vers la terre de la liberté. L’enquête est publiée par le Wall Street Journalsous le titre : « L’Allemagne reconsidère la place de l’islam dans sa société ». Des titres semblables sont légion tous les jours. C’est comme si de par l’existence du Ku Klux Klan, un quotidien publiait à la une : « Les États-Unis d’Amérique reconsidèrent la place du christianisme dans leur société ». C’est ce type d’ignorance qui met vraiment en danger (le meilleur de) l’Occident, ce pourquoi maintenant les leaders du monde se scandalisent (et profitent, une fois encore, d’une occasion parfaite de se faire prendre en photos en défilant à la tête des masses) : la liberté d’expression dans toutes ses formes et la tolérance pour la diversité.
Si nous mesurions objectivement le danger d’actes barbares comme ceux récemment survenus à Paris, en termes mathématiques, nous pourrions clairement voir que les possibilités de n’importe quel citoyen de mourir dans un acte semblable sont infinitésimales en comparaison du danger réel que quelqu’un nous colle une balle parce que notre voiture lui plait, ou parce la façon dont nous habillons, ou dont nous nous exprimons ne lui plait pas. Les massacres quotidiens qui, dans des pays comme les USA ou le Brésil, surviennent tous les jours sont pris de façon si naturelle que chaque matin dans les infos les prévisions météorologiques suivent. Ainsi qu’il pleuve ou qu’il fasse soleil, chaque jour quelques types tirent quelques balles sur quelques autres types. Mais cela n’est pas une info, ni scandalise personne. Premièrement parce que nous sommes habitués ; deuxièmement parce que les groupes au pouvoir ne peuvent pas capitaliser trop sur ce type de violence. Au contraire, c’est une affaire discrète.
Maintenant, si quelqu’un tue cinq ou neuf personnes et le fait drapé dans le drapeau de l’ennemi, alors là, toute une nation, toute la civilisation est un danger. Parce que pour le pouvoir, il n’y a rien de meilleur que ses propres ennemis.
Certes, on pourrait argumenter qu’il s’agit d’un problème de valeurs. Mais aussi, ici, il y a une grossière erreur de jugement. L’idée répétée que l’Islam provoque la violence, en conséquence qu’il est nécessaire de confiner, ou mieux d’exclure ses adeptes, esquive le fait que cette religion a plus d’un milliard de fidèles et qu’une partie infinitésimale d’entre eux commettent des actes barbares, en incluant les fanatiques de l’État Islamique. D’autre part, des lois religieuses comme celle qui ordonne de lapider une femme infidèle, ne sont pas dans le Coran, mais dans la Bible ; dans certains passages, la Bible tolère et même recommande l’esclavage et la soumission et aussi le silence des femmes. Quelqu’un accuserait-il le christianisme d’être une religion raciste, machiste et violente ? Encore une fois : ce n’est pas la religion, c’est la culture.
Mais la narration de la réalité est plus puissante que la réalité. Ceux qui identifient l’islam à la violence, le font pas uniquement par intérêts tribaux, par préjugés raciaux ou culturels ; ils le font aussi parce qu’ils ignorent ou préfèrent ne pas se rappeler que les croisades qui pendant des siècles ont rasé des peuples entiers sur le chemin de l’Europe à Jérusalem, c’est-à-dire du monde barbare vers le centre civilisé de l’époque, n’étaient pas musulmanes mais chrétiennes, aussi chrétiennes que n’importe qui ; que les inquisiteurs qui ont torturé et brûlé vifs des dizaines de milliers de personnes pendant des siècles pour le seul fait de ne pas observer le dogme, étaient chrétiens, non musulmans ; que les hordes les plus récentes du Ku Klux Klan sont chrétiennes, non musulmanes ; que Franco, Hitler et presque tous les dictateurs sanglants qui en Amérique Latine ont séquestré, torturé, violé et tué des innocents ou des coupables de dissidence, avaient l’habitude de participer à la messe tandis que la hiérarchie ecclésiastique de l’époque bénissait leurs armes et leurs actions.
Mais nous serions intellectuellement barbares si, basés sur ce passé proche et présent, nous terminions en jugeant que le christianisme est une religion violente (comme ça, au singulier), une menace potentielle pour la civilisation.
Les actes actuels du terrorisme islamiste ne sont pas seulement la conséquence d’un long développement historique. Évidemment, ils doivent être condamnés, poursuivis et traités avec tout le poids de nos lois. Mais nous serions mortellement ingénus si nous croyions que notre civilisation est en danger à cause d’eux. Si elle est dans un danger, c’est par nos propres déficiences, qui incluent les opportunistes réactionnaires qui attendent les actions de l’ennemi pour élargir leur contrôle idéologique, politique et moral sur le reste de leurs propres sociétés.
Pour ces gens, peu importe que le policier assassiné pour défendre Charlie Hebdo fut un musulman, ni que le fut aussi l’employé du magasin casher qui a sauvé sept juifs en les cachant dans la chambre froide du commerce. Ce qu’importe est de nettoyer leur pays « des autres », de ces « nouveaux venus », comme si les pays avaient des propriétaires.
Le terrorisme ne se justifie en rien, mais il s’explique en tout. Regarder l’histoire, avec plus d’un siècle d’interventionnisme et d’agressions occidentales au Moyen-Orient, n’est pas un détail ; c’est un devoir. Pour deux raisons : d’abord parce que est fondamental pour comprendre le présent ; deuxièmement parce que le passé démontre, sans doute, que la violence n’est la propriété d’aucune religion mais de cultures déterminées à des moments déterminés dans des conditions politiques et sociales déterminées.
(Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi)
– Jorge Majfud, auteur uruguayen et professeur de littérature latino-américaine à l’Université de Géorgie, Etats-Unis d’Amérique.

http://alainet.org/active/80178&lang=es

Jorge Majfud, enero 2015

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La tolérance est le vin des peuples

Español: La tolerancia es el vino de los pueblos

La tolérance est le vin des peuples

par Jorge Majfud *

Toutes les versions de cet article : [Español] [français]

Mon père était le quatrième ou cinquième fils d’une douzaine qu’un mariage d’immigrants libanais, chrétienne elle et probablement lui aussi, a donné à l’Uruguay. Toute son enfance il l’a vécue dans la misère, e grattant les racines du champ pour manger, e mettant les pieds déchaussés dans le fumier des vaches pour amoindrir le froid des aubes givrées, se battant avec d’autres pauvres pour les os que le Frigorífico Tacuarembó rejetait.

Il était un enfant de l’école quand avec ses frères il travaillait déjà en pétrissant de la boue pour faire des briques ou en plantant des légumes qu’il vendait ensuite au village. Quand un frère revenait de l’école, l’autre le retrouvait à la sortie du village pour lui prendre ses chaussures.

Avec le temps, aux alentours des années cinquante, mon père a réussi à partir à la capitale pour étudier la menuiserie et la radiophonie et de retour dans son village il a ouvert son Usine de meubles, comme il la nommait, en plus de commencer diverses affaires et de fonder un Rotary Club et une coopérative bancaire avec une certain réussite. Pendant le jour il travaillait dans sa pharmacie ou cherchait une vache perdue dans un de ses champs et les nuits, pendant trente ans, il a donné des cours à l’école technique. Ses collèges riaient de son habileté à s’en dormir assis ou encore débout.

« si je revenait vivre, je travaillerais moins et jouirais plus », c’était l’une des dernières choses qu’il m’a dite par téléphone, non par amertume mais pour me donner un nouveau conseil, qui s’est trouvé le dernier. Notre dernière conversation fut sur un ton de plaisanteries, parce que on ne sait jamais le signifiant de chaque moment.

Le jour suivant ses obsèques, en marchant par les recoins de la ville de mes vies précédentes, comme si je promenais la tristesse avec l’espoir secret de qu’elle se perde dans un coin de rue, j’ai croisé de nombreuses personnes, trop nombreuses pour le moment, la majorité d’entre elles je ne les connaissais pas ou n’arrivais pas à les reconnaître après tant d’années. L’un d’eux m’a dit :

–La meilleure période de ma vie Je l’ai passé quand je travaillais avec ton père. L’homme savait comment obtenir du travail dans n’importe quelle ville et là-bas nous allions tous.

– J’ai été un élève de ton père – m’a dit un autre monsieur, de qui oui je me souvenais des années en arrière–. J’étais un garçon perdu quand je l’ai connu. Il m’a donné mon premier travail et il m’a appris à devenir quelqu’un. S’il ce n’était pas grâce à lui, aujourd’hui je ne serais pas ce que je suis ni j’aurais la famille que j’ai.

Ma perspective, comme celle de n’importe qui, n’est pas neutre. Pour moi c’était un homme austère, généreux avec les siens et les autres, bien que plusieurs penseraient sûrement le contraire. « Pour les uns je suis un type bien – disait-il – et pour d’autres sûrement un misérable. On ne peut pas être bien avec Dieu et avec le diable. « Il n’était pas difficile de lui trouver des défauts, non parce qu’il se distinguera spécialement dans cette particularité humaine, mais parce qu’il n’est jamais difficile de trouver des défauts chez les autres. Si on dit même qu’il y a déjà eu un type parfait, qui passait tout son temps en prêchant de l’amour démocratique même à ses ennemis et ils l’ont crucifié quand même : qu’est-ce que peut-on attendre de plus ?

Ceci était encore plus évident dans le monde des passions idéologiques. Nous discutions toujours de politique. Lui, enferré dans ses convictions conservatrices et moi, enferré à le réfuter. Nos discussions étaient intenses, mais toujours étaient résolues d’une façon simple :

– Eh bien, je vois déjà que nous n’allons pas nous mettre d’accord – disait-il– ; allons nous prendre un vin, alors.

Certes, quelqu’un dira que la tolérance n’est pas le vin, mais l’opium des peuples. Il n’en est pas moins vrai que son absence est la mort des peuples et, pire, la frustration de chacune des vies concrètes qui façonnent cette abstraction mythologique.

Je l’aimais beaucoup, comme tout bon fils peut aimer un bon père. Mais un fils n’aime jamais autant comme un père. Cela prend toute une vie pour arriver à cette vérité ; même, certains ont besoin de deux pour le comprendre et une de plus pour arriver à l’accepter. Ainsi, on découvre dans les souvenirs anciens d’autres significations, de plus en plus profondes.

Par exemple, lors de plusieurs élections politiques le vieux a composé les listes de son parti. Je n’ai jamais voté pour lui. Je me rappelle que la première fois, à la fin des années 80, j’ai voté pour un naissant parti écologique. Quand je suis arrivé à la maison j’ai dit à mon père que je n’avais pas voté pour lui. Comme toujours, il l’a reçu avec un sourire et il m’a dit que j’avais bien fait.

Maintenant qu’il est mort, je me demande à quoi diable a servi toute cette honnêteté idéaliste dont j’ai bénéficié ce jour d’élections. A quoi a servi toute cette petite cruauté ? A quoi a servi toute cette petite vérité, cette honnêteté suspecte ?

A quoi bon tout cela a servi ? Je me le demande tandis que je regarde un paquet d’une centaine de lettres écrites en arabe que ses parents ont écrit et ont reçu il y a presque un siècle. Je ne sais pas ce qu’ils disent. À peine si je peux soupçonner des histoires des amours et d’indifférence, des rencontres et d’éloignements que mon père , non plus, n’est jamais arrivé à connaître parce que les siens lui ont aussi caché leurs frustrations, comme ils ont caché tous les secrets de la langue qu’ils utilisaient seulement dans le plus profond de leurs deux intimités dévastées dans un habitat en torchis, au milieu d’un champ qui n’était pas à lui et qui donnait à peine de quoi survivre.

A quoi bien a servi tout cela ?, je recommence à me demander.

Alors je regarde mon fils qui regarde à travers la fenêtre, comme j’avais l’habitude de regarder tandis que mon père travaillait dans des choses plus utiles et je me rends compte que je connais la réponse. La réponse, non la vérité. Parce qu’une chose est le devoir, ce qui doit être, et l’autre simplement ce qui est. Pour l’une il n’y a pas de doutes et pour l’autre, sur la vérité, probablement personne ne sait ni même son nom.

Jorge Majfud * para Página 12

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi.

 

 

La generación del silencio

A cuarenta años del golpe.

La generación del silencio

A los tres años subí a la torre de control del cuartel de Rivera, Uruguay, y toqué las alarmas. Al grito de “se escapan los tupas” se desplegaron los militares hasta que me descubrieron y me gritaron “¡Bajate de ahí, hijo de una gran puta!”. Esto lo recuerdo bien. No recuerdo, como decía mi abuela y lo repetían otros, que me bajé enojado y el milico me llevó arrastrando de un brazo.

Eso fue en el año 1973. Antes había conocido la cárcel de Salto y por último la de Libertad, con motivo de las visitas que mi familia le hacía a mi abuelo, Ursino Albernaz, “el León pelado”, el viejo rebelde, la oveja negra de una familia de campesinos conservadores. Según diversos testimonios, el viejo fue detenido por darles de comer en su granja a unos tupamaros prófugos. Desde entonces tuvo que aguantar todo tipo de torturas, encapuchado y golpeado por algunos de sus vecinos de poco rango; con las manos atadas por detrás, tuvo que esquivar los piñazos del ahora célebre capitán Nino Gavazzo, a quien hasta los servicios de inteligencia de Estados Unidos (con un historial vergonzoso en las dictaduras de la época) impidieron su ingreso al país calificándolo de “borracho bocón” cuando se supo de la amenaza contra la vida del congresista estadounidense Edward Koch.

De esos cursos en el infierno, mi abuelo salió con una rodilla reventada y algunos golpes que no fueron tan demoledores como los que debió sufrir su hijo menor, Caíto, muerto antes de ver el final de lo que él llamaba “tiempos oscuros”.

En la cárcel de Libertad (la más famosa cárcel de presos políticos se llamaba así porque estaba en un pueblo del mismo nombre, no por la incurable ironía rioplatense), el tío Caíto le confesó a su madre que había sido allí, en la cárcel, donde se había convertido en aquello por lo cual estaba preso. Siempre hablaban a través de un vidrio. Luego seguíamos los niños por otra puerta y salíamos a un patio tiernamente equipado con juegos infantiles. Allí estaba el tío, con su bigote grueso y su eterna sonrisa. Su incipiente calvicie y sus preguntas infantiles. A mí me elegían siempre para memorizar los largos mensajes que todavía recuerdo, ya que desde entonces perdí la generosa capacidad de olvidar. Entre los niños hamacándose y tirándose de los toboganes, yo me acercaba al tío y le decía, en voz muy baja para que no me escuchara el guardia que caminaba por allí, el mensaje que tenía.

El tío había sido torturado con diferentes técnicas: en Tacuarembó lo habían sumergido repetidas veces en un arroyo, lo habían arrastrado por un campo lleno de espinas. Lo habían encerrado en un calabozo y, mostrándole una riñonera ensangrentada, le habían informado que lo iban a castrar al día siguiente, razón por la cual había pasado aquella noche intentando esconder sus testículos en el vientre hasta reventar. Al día siguiente no lo castraron, pero le dijeron a su esposa que ya lo habían hecho, por lo cual su flamante esposo ya no le iba a servir ni de esposo ni de padre para sus hijos.

La tía Marta volvió al campo de sus suegros y se pegó un tiro en el pecho. Mi hermano y yo estábamos ese día de 1973 en aquella casa del campo, en Tacuarembó, jugando en el patio al lado de una carreta. Cuando oímos el disparo fuimos a ver qué ocurría. La tía Marta estaba tendida en una cama y una mancha cubría su pecho. Luego entraron personas que no puedo identificar a tanta distancia y nos obligaron a salir de allí. Mi hermano mayor tenía seis años y comenzó a preguntarse: “¿Para qué nacemos si tenemos que morir?”. La abuela Joaquina, que era una inquebrantable cristiana a la que nunca vi en iglesia alguna, dijo que la muerte no es algo definitivo, sino sólo un paso al cielo. Excepto para quienes se quitan la vida.

–¿Entonces la tía Marta no irá al cielo?

–Tal vez no –contestaba mi abuela–, aunque eso nadie lo sabe.

El tío Caíto murió poco después de salir de Libertad, en 1983, casi diez años más tarde, cuando tenía 39. Estaba enfermo del corazón. Murió por esta razón o por un inexplicable accidente en su moto, una noche, en un solitario camino de tierra, en medio del campo.

Ninguno fue un desaparecido. Ninguno murió en una sesión de tortura. Como muchos, fueron simplemente destruidos por un sistema y por una cultura de la barbarie.

El resto, aquellos niños que fuimos, seguiremos de alguna forma vinculados con esa barbarie hasta nuestras muertes. Nos queda, sin embargo, la posibilidad de ejercitar nuestra libertad de conciencia y hacer algo con todo ese estiércol, como un agricultor que abona un suelo en procura de algo más bello y productivo.

El 27 de julio de 1973 tuvo lugar el golpe de Estado cívico-militar que duró hasta 1985 y que precedió al golpe en Chile el 11 de setiembre y el de Argentina tres años después.

* Escritor. Jacksonville University.

Pagina/12 (Argentina)

Milenio (Mexico)

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40 ans après le coup d’Etat en Uruguay, la génération du silence.

par Jorge Majfud *

 

Toutes les versions de cet article : [Español] [français]

A trois ans je suis monté sur la tour de contrôle de la caserne Rivera, en Uruguay, et j’ai déclenché les alarmes. Au cri de « les tupas s’échappent », les militaires se sont déployés jusqu’à ce qu’ils m’aient découvert et m’ont crié « Descends de là, fils de grande pute ! ». Ceci je m’en rappelle bien. En revanche je ne me souvient pas , ce que racontait ma grand-mère et d’autres le répétaient, que je suis descendu fâché et que le milico m’a traîné par un bras.

Cela se passait durant l’année 1973. J’avais connu auparavant la prison de Salto et finalement celle de Libertad, à l’occasion des visites que ma famille faisait à mon grand-père, Ursino Albernaz, « le Lion chauve », le vieux rebelle, la brebis galeuse d’une famille de paysans conservateurs. Selon divers témoignages, le vieux a été arrêté pour avoir donné à manger dans sa ferme agricole à des tupamaros en cavale. Dès lors il a dû supporter tout type de tortures, cagoulé et frappé par certains de ses voisins de peu de rang ; avec les mains attachées par derrière, il a dû éviter les pains du désormais célèbre capitaine Nino Gavazzo, que même les services d’intelligence des Etats-Unis d’Amérique (qui ont un historique honteux dans les dictatures de l’époque) ont empêché d’entrer dans le pays en le qualifiant « d’ivrogne parleur » quand on fut au courant de sa menace contre la vie du parlementaire US Edward Koch.

De ces cours dans l’enfer, mon grand-père est sorti avec un genou éclaté et quelques coups qui n’ont pas été aussi démolisseurs que ceux dont a dû souffrir son fils cadet, Caíto, mort avant de voir la fin de ce qu’il appelait des « temps obscurs ».

Dans la prison Libertad (la plus célèbre maison d’arrêt de prisonniers politiques se nommait ainsi parce qu’elle était dans une petite ville du même nom, et non à cause de l’incurable ironie du Rio de la Plata), l’oncle Caíto a confessé à sa mère qu’il avait été là, dans cette prison, où il avait été transformé en ce pourquoi il avait été emprisonné. Ils parlaient toujours à travers une vitre. Ensuite nous les enfants arrivions par une autre porte et sortions dans une cour « gentiment » équipée de jeux pour enfants. Là, se trouvait l’oncle, avec sa moustache lourde et son éternel sourire. Sa calvitie naissante et ses questions puériles. Ils me choisissaient toujours pour mémoriser les messages longs dont je me souviens encore, puisque depuis lors j’ai perdu la généreuse capacité d’oublier. Entre les enfants se balançant et se jetant des toboggans, je m’approchais de l’oncle et lui disait, à voix très basse pour que le garde qui marchait près ne l’écoute pas, le message que j’avais.

L’oncle avait été torturé avec différentes techniques : dans la ville de Tacuarembó ils l’avaient submergé de façon répétée dans un cours d’eau, ils l’avaient traîné par un champ plein d’épines. Ils l’avaient enfermé dans un cachot et, en lui montrant un sac banane ensanglantée, ils l’avaient informé qu’ils allaient le châtrer le jour suivant, raison pour laquelle il avait passé la nuit à essayer de dissimuler ses testicules dans le ventre jusqu’à les éclater. Au jour suivant ils ne l’ont pas châtré, mais ils ont dit à son épouse qu’ils l’avaient fait, et qu’ainsi son conjoint flambant neuf n’allait déjà plus lui servir ni de conjoint, ni de père pour ses enfants.

Tante Marte est retournée au domaine de ses beaux-pères et s’est tiré un coup de feu dans la poitrine. Mon frère et moi, ce jour de 1973 dans cette maison du domaine, à Tacuarembó, jouions dans la cour à côté d’une charrette. Quand nous avons entendu le coup, nous sommes allés voir ce qu’il se passait. Tante Marte était allongée sur un lit et une tache couvrait sa poitrine. Sont ensuite entrées des personnes que je ne peux pas identifier à tant de distance et qui nous ont obligé à nous sortir de là. Mon frère plus grand, il avait six ans a commencé à se demander : « Pourquoi naissions-nous si nous devons mourir ? ». La grand-mère Joaquina, qui était une chrétienne inébranlable que je n’ai jamais vue dans aucune église, a dit que la mort n’est pas quelque chose de définitif, mais seulement un pas vers le ciel. Excepté pour ceux qui se suicident.

– Alors tante Marte n’ira pas au ciel ?

– Peut-être pas –répondait ma grand-mère, bien que cela personne ne le sait.

L’oncle Caíto est mort peu après être sorti de Libertad, en 1983, presque dix ans plus tard, quand il avait 39. Il était malade du cœur. Il est mort pour cette raison ou par un accident inexplicable sur sa moto, une nuit, sur un chemin de terre isolé, au milieu de la campagne.

Aucun n’a été un disparu. Aucun n’est mort lors d’une session de torture. Comme beaucoup, ils ont été simplement détruits par un système et par une culture de la barbarie.

Le reste, ces enfants que nous avons été, nous continueront d’une certaine manière liés à cette barbarie jusqu’à nos morts. Il nous reste, toutefois, la possibilité d’exercer notre liberté de conscience et de faire quelque chose avec tout ce fumier, comme un agriculteur qui abonde un sol dans à la recherche de quelque chose de plus beau et productif.

Le 27 juillet 1973 eut lieu le coup d’État civil-militaire qui a duré jusqu’à 1985 et qui a précédé le coup d’Etat au Chili le 11 septembre et celui de l’Argentine trois ans après.

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo. Paris, le 27 juin 2013.

 

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Tristes memórias da ditadura uruguaia. A geração do silêncio

 

Após narrar fatos vivenciados no contexto da ditadura uruguaia, com marcas profundas em seu ser, o escritor Jorge Majfud reconhece que aquilo que resta dessas terríveis experiências de torturas e de traumas é “a possibilidade de exercitar nossa liberdade de consciência e de fazer algo com todo esse estrume, como um agricultor que aduba um terreno em busca de algo mais belo e produtivo”. O artigo é publicado no jornal Página/12, 27-06-2013. A tradução é do Cepat.

Eis o artigo.

Aos três anos, subi à torre de controle do quartel de Rivera, Uruguai, e disparei os alarmes. Sob o grito de “estão fugindo os tupas” (tupamaros), agitaram-se os militares, até que me descobriram e gritaram: “Desça daí, filho de uma grande puta!”. Recordo-me bem disto. Não me lembro, da forma como dizia minha avó e outros repetiam, que desci irritado e que o milico me arrastou pelo braço.

Esse foi o ano de 1973. Antes, havia conhecido a prisão de Salto e, por último, a de Libertad, em razão das visitas que minha família fazia para meu avô, Ursino Albernaz, “o Leão pelado”, o velho rebelde, a ovelha negra de uma família de camponeses conservadores. Segundo diversos testemunhos, o velho foi detido por ter dado comida, em sua fazenda, para alguns tupamaros fugitivos. Desde então, precisou aguentar todos os tipos de torturas, encapuzado e golpeado por alguns de seus vizinhos de baixa categoria. Com as mãos presas para trás, teve que evitar os golpes do agora célebre capitão Nino Gavazzo, a quem até os serviços de inteligência dos Estados Unidos (com um histórico vergonhoso nas ditaduras da época) impediram de entrar no país, qualificando-o como “bêbado charlatão”, quando se soube da ameaça contra a vida do congressista estadunidense Edward Koch.

Desses momentos no inferno, meu avô saiu com um joelho arrebentado e com alguns golpes que não foram tão demolidores, como aqueles sofridos pelo seu filho mais novo, Caíto, morto antes de ver o final do que ele chamava “tempos obscuros”.

Na prisão de Libertad (a mais famosa prisão de políticos se chamava assim porque ficava num povoado como o mesmo nome, não pela incurável ironia rio-platense), o tio Caíto confessou para sua mãe que havia sido ali, na prisão, que tinha se convertido naquele pelo qual estava preso. Sempre conversavam através de um vidro. Em seguida, nós, as crianças, íamos por outra porta e chegávamos a um pátio ternamente equipado com jogos infantis. Ali estava o tio, com seu bigode grosso e seu eterno sorriso. Com sua incipiente calvície e suas perguntas infantis. Sempre me escolhiam para memorizar as longas mensagens que ainda me lembro, já que, desde então, perdi a generosa capacidade de esquecer. Entre as crianças, nos escorregadores, eu me aproximava do meu tio e dizia-lhe, com a voz muito baixa, para que o guarda que caminhava por ali não me escutasse, a mensagem que tinha.

O tio havia sido torturado com diferentes técnicas. Em Tacuarembó, haviam-lhe afogado repetidas vezes em um córrego, arrastando-lhe por um campo cheio de espinhos. Fecharam-lhe num calabouço e, mostrando-lhe uma bolsa ensanguentada, informaram-lhe que iriam lhe castrar no dia seguinte, razão pela qual passou aquela noite tentando esconder seus testículos no ventre até arrebentar. No dia seguinte, não o castraram, mas disseram para sua esposa que já haviam feito isto, razão pela qual seu flamejante esposo já não lhe serviria como esposo, nem como pai para seus filhos.

A tia Marta voltou para a fazenda de seus sogros e deu um tiro no peito. Nesse dia de 1973, meu irmão e eu estávamos naquela casa de campo, em Tacuarembó, jogando no pátio ao lado de uma carroça. Quando ouvimos o disparo, fomos ver o que aconteceu. A tia Marta estava estendida numa cama e uma mancha cobria seu peito. Em seguida, entraram pessoas, que não posso identificar depois de tanto tempo, e nos obrigaram a sair dali. Meu irmão mais velho tinha seis anos e começou a se perguntar: “Para que nascemos, se temos que morrer?”. A avó Joaquina, que era uma inquebrantável cristã, que nunca vi em Igreja alguma, disse que a morte não é algo definitivo, mas apenas uma passagem para o céu. Exceto para aqueles que tiram a sua própria vida.

– «Então, a tia Marta não irá para o céu?»

– «Talvez, não – respondia minha avó -, apesar de que ninguém sabe».

O tio Caíto morreu pouco depois de sair da prisão Libertad, em 1983, quase dez anos mais tarde, quando tinha 39 anos. Estava doente do coração. Morreu por esta razão ou por um inexplicável acidente em sua moto, uma noite, num solitário caminho de terra, no meio do campo.

Não houve nenhum desaparecido. Nenhum morreu numa sessão de tortura. Assim como muitos, simplesmente foram destruídos por um sistema e por uma cultura da barbárie.

O restante, aquelas crianças que fomos, de alguma forma, continuaremos ligados com essa barbárie até as nossas mortes. No entanto, fica-nos a possibilidade de exercitar nossa liberdade de consciência e de fazer algo com todo esse estrume, como um agricultor que aduba um terreno em busca de algo mais belo e produtivo.

No dia 27 de junho de 1973, ocorreu o golpe de Estado civil-militar que durou até 1985 e que precedeu o golpe no Chile, do dia 11 de setembro, e o da Argentina, três anos depois.

Instituto Humanitas Unisinos (Brasil)

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Les élections en Barbarie

Más sobre la primavera árabe (Spanish)                              

Après le triomphe du parti des Frères musulmans en Egypte, la presse occidentale n’a pas manqué d’exprimer son inquiétude. Quelques articles d’opinion suivis d’une pléthore de commentaires anonymes en bas de page les ont même qualifiés de « terroristes-prêts-à-nous-envahir », ce qui permettrait de justifier probablement quelque nouvelle intervention diplomatique, économique ou militaire dans la zone – de la part des mêmes qui, face aux véritables tragédies humanitaires, prennent leur temps, se cantonnent aux discours ou détournent le regard.

De toute façon, même si nous n’avons pas encore ce type de réponses internationales, la grande presse au moins – la presse bâillonnée qui bâillonne – joue son rôle traditionnel en réveillant les tribalismes ancestraux.

Pour nous qui sommes favorables à un progrès de l’histoire dans la ligne des droits des majorités et des minorités, des libertés individuelles et collectives qui passent avant toute hiérarchie politique et sociale, les réactions des islamistes les plus conservateurs ne représentent aucune promesse d’avancée dans une telle direction mais plutôt le contraire. Encore moins les puristes fanatiques comme les Talibans qui se prennent pour les maîtres de toute la morale de cet univers et se croient autorisés à l’imposer aux autres ; ou encore les dictateurs religieux ou séculiers à l’ancienne comme Al-Assad en Syrie, qui, dès qu’ils sentent leur trône menacé, fusillent des innocents dans leur propre peuple. 
Pour autant, les réactions basées sur n’importe quelle autre tradition religieuse n’en sont pas moins agressives et arbitraires, non tant par leur aspect religieux mais surtout de par leurs intérêts matériels. Comme dans les lettres de Christophe Colomb et dans les chroniques de tous ses successeurs, alors que sur chaque page on peut lire le nom de Dieu répété à l’envi, on observe en même temps de quelle façon leurs actions les conduisent toujours à l’or maudit des peuples sauvages.
Au cours des dernières décennies, l’accusation de terrorisme a facilité non seulement l’abolition de la maxime de Jésus qui préconise de tendre l’autre joue à son agresseur – ce qui peut se comprendre – mais elle a aussi introduit une prescription très audacieuse et créative qui dit : nous devons agresser celui qui pourrait nous agresser un de ces jours. C’est ce qu’on appelle l’autodéfense préventive. N’importe quelle loi de n’importe quel Code civil, ancien ou moderne, la condamnerait en tant que crime absurde ou paranoïaque. Mais pas les lois internationales qui sont restées médiévales et ne reposent pas sur le droit mais sur l’intérêt et la force. Même la plus ancienne des règles morales de l’histoire civilisée, répétée par les sages de la Chine à La Nouvelle Angleterre et en Extrême Occident – « Ne fais pas à autrui ce que tu ne voudrais pas qu’on te fasse » – est violée chaque jour au nom du droit à l’autodéfense.

Si nous étions naïfs, nous trouverions curieux que nous, les démocrates occidentaux, ayons soutenu des dictatures comme celle de Moubarak en Egypte et que lorsque le peuple élit quelqu’un selon le système électoral au nom duquel nous avons envahi plusieurs pays, nous les qualifions de terroristes simplement parce que nous n’aimons pas le vainqueur ou parce qu’il représente la culture et la religion de « l’ennemi ». La démocratie, c’est bon pour nous qui sommes civilisé et qui savons choisir, mais c’est mauvais pour eux parce que ce sont des barbares et qu’ils ne savent pas ce qu’ils veulent. Il en est de même pour notre nationalisme qui est du patriotisme, le bon, le nationalisme des autres   étant un terrorisme dangereux.

C’est étonnant que nous, les Occidentaux, appelions « terroristes-prêts-à-nous-envahir » les Égyptiens ou certains de leurs gouvernements dont nous devons nous protéger- et nous prémunir- quand on sait que l’Egypte comme n’importe quel autre pays périphérique n’a jamais envahi aucun pays occidental. L’Occident par contre possède une longue histoire d’invasions et de destructions de ce pays qui va   des invasions militaires par la France et l’Angleterre jusqu’aux invasions économiques comme par exemple celle en rapport avec l’histoire de son coton. Les puissances occidentales ont pillé et détruit ce pays assez régulièrement. Nous pouvons en voir une petite partie symbolique dans les musées du monde riche nommée par celui-ci « donations généreuses » – donations typiques des pays colonisés ou sous contrôle étranger.

Les Égyptiens n’ont jamais fait la même chose à aucune puissance occidentale non pas qu’ils soient « bons » mais probablement parce qu’ils ne possèdent pas d’armée aussi héroïque. Nous continuons néanmoins à répéter ce que la grande presse – le bras droit des pouvoirs sectaires, une autre forme de poursuite de la politique par d’autres moyens -injecte quotidiennement dans l’esprit et le cœur des démocrates, rationnels et compatissants.

 Auparavant, les cartes européennes désignaient les régions du nord de l’Afrique sous le nom de Barbarie. Aujourd’hui, la grande presse les qualifie de terroristes ou fanatiques qui veulent prendre le contrôle du monde. Ce sont deux façons de perpétuer la peur en Occident   et des agressions en perspective en Orient. Comme la grande presse de l’autre côté n’est pas très différente, au lieu d’un Dialogue des Cultures et des Civilisations, nous sommes face à une guerre des Sourds étendue, qui comme toute guerre sert les intérêts de quelques-uns au nom de tous.

Il est évident qu’un grand nombre de lecteurs intelligents n’adhèrent pas à ce discours. On peut supposer que ceux-ci seront chaque jour plus nombreux et les statistiques   rendent plus nerveux et plus agressifs ceux qui contrôlent le pouvoir dans le monde. Pour le moment, néanmoins, pendant qu’ils planifient quelque nouvelle révolution démocratique, ils continuent d’appliquer la bonne vieille méthode : mentez, faites peur, il en restera toujours quelque chose.

Jorge Majfud

 Tlaxcala 

Translated by  Pascale Cognet

Edited by  Fausto Giudice فاوستو جيوديشي

La double bonne affaire du chômage

El doble negocio de la desocupación (Spanish)

Child laborer in the Mollohan Mills, Newberry,...

La double bonne affaire du chômage

par Jorge Majfud *

Les pauvres chômeurs et improductifs qui vivent de l’aide de l’État ne sont pas en réalité une mauvaise affaire pour les grandes entreprises. Ils aident à maintenir pas seulement les bas salaires, comme c’ était déjà le cas au XVIIIe siècle, mais, de plus, dans notre civilisation matérialialiste, ils sont de parfaits consommateurs. L’aide que ces pauvres chômeurs reçoivent de l’État est entièrement destinée à la consommation de biens de base ou de distraction et dis-track-tion, ce qui signifie qu’ainsi les megaentreprises continuent de faire une bonne affaire avec l’argent des contribuables. Bien sûr, tout connaît une limite.

D’un autre côté, cette réalité sert une critique ou un discours en principe acceptable et enkysté dans la conscience populaire du monde riche, produit par le bombardement médiatique : tandis que les grandes compagnies produisent (dans tous les sens du terme) et génèrent des postes de travail, les paresseux profitent d’elles à travers l’État. Les grandes compagnies sont les vaches sacrées du progrès capitaliste et l’État avec ses paresseux sont les vices qui empêchent l’accélération de l’économie nationale.

En première instance c’est vrai. Ce mécanisme maintient non seulement une culture de la paresse dans les classes sociales les plus basses attendant cette aide de l’État (quand existe un système de sécurité sociale comme aux États-Unis) mais de plus nourrit la haine des classes laborieuses qui doivent se résigner à continuer de payer leurs impôts pour entretenir cette part de chômeurs qui de façon basique représentent une charge et aussi une menace permanente d’une plus grande criminalité et de plus de dépenses en prisons. Ce qui est aussi vrai, puisqu’il est plus probable qu’un chômeur professionnel se consacre à une activité criminelle qu’un travailleur actif.

Cette haine de classes maintient le statut quo et, ainsi, l’argent continue de circuler de la classe travailleuse jusqu’à la classe exécutive, entre d’autres moyens, via les paresseux – chômeurs. Si ces chômeurs étaient dans le circuit du travail, ils consommeraient probablement moins et exigeraient de meilleurs salaires et de l’éducation. Ils seraient mieux organisés, ils n’auraient pas autant de ressentiment pour ceux qui se lèvent tôt pour aller à leu travail, et seraient moins victimes de la démagogie des hommes politiques populistes et des sectes patronales qui sont, en définitive, les propriétaires du capital et, surtout, du know-how social — les know-why et les know-what sont insignifiants.

Pour quelqu’un qui doit vendre un minimum annuel de tonnes de sucre à l’industrie de l’alimentation, pour le dire d’une certaine façon, un travailleur ne sera jamais une meilleure option qu’un chômeur entretenu par l’État. Pour les entrepreneurs de santé, non plus. Quelques études récentes indiquent que la consommation de sucre dans les limonades est aussi préjudiciable pour le foie que la consommation d’alcool, puisque le foie doit de toute façon métaboliser le sucre, donc prendre un soda, en dernier ressort et sans considérer les problèmes de conduite, c’est la même chose que boire du whisky (Nature, Dr. Robert Lustig, Univ. of Californie). Un Coca-Cola n’a même pas le bénéfice qu’a le vin pour la santé. Cependant, durant les dernières années la proportion de sucre dans les boissons et la quantité que chaque individu consomme a augmenté dan le monde entier, au désespoir de notre organisme qui a eu seulement le temps d’évoluer pour tolérer le sucre des fruits, et pour une saison par an. Les spécialistes considèrent que cette augmentation de la consommation est due à la pression politique des compagnies qui sont impliquées dans la commercialisation du sucre. Comme conséquence, aux États-Unis et dans beaucoup d’autres pays nous avons des populations de plus en plus obèses et malades, ce qui soit dit en passant signifie de plus grands gains pour l’industrie de la santé et des laboratoires pharmaceutiques.

Mais ainsi fonctionne la logique du capitalisme tardif, qui est la logique mondiale d’aujourd’hui : s’il n’y a pas de consommation il n’y a pas de production et sans celle-ci, il n’y a pas de profits. Ce serait beaucoup plus salutaire pour les consommateurs si les vendeurs d’aliments à coups de shocks délicieux de sel-sucre, attaquaient chaque consommateur avant d’entrer à un supermarché. Mais ceci, comme l’augmentation d’impôts, est politiquement incorrect et trop facile à visualiser de la part des consommateurs. Mon attention a toujours été attirée par le fait universel que les toxicomanes volent et tuent des personnes honnêtes pour acheter de la drogue et ne volent pas, ni n’attaquent pas les vendeurs de drogues eux mêmes, ce qui serait un chemin plus direct et immédiat pour une personne désespérée. Mais la réponse est évidente : c’ est toujours plus facile d’attaquer un travailleur honnête qu’ un délinquant qui connaît l’histoire. En général, le susdit est presque impossible, au moins pour un consommateur commun.

L’objectif primaire de toute entreprise ce sont les profits et tout le reste ne sont que des discours qui essaient de légitimer quelque chose qui ne peut pas être changé dans la logique purement capitaliste. Quand cette logique fonctionne sans limites, cela s’appelle progrès. Les compagnies progressent et comme conséquence les individus progressent — vers la destruction propre et autre.

Récemment la ville de New York a interdit la vente de bouteilles gigantesques de soda en alléguant qu’ils stimulaient la consommation excessive de sucre. Ce type de mesures ne seraient jamais prises, ni même proposées, par une entreprise privée dont l’objectif est de vendre, à moins qu’elle ne vende de l’eau minérale. Mais dans ce cas l’interdiction explicite d’une entreprise sur l’autre irait contre les lois du marché, raison pour laquelle cette lutte se produit normalement selon les lois de Darwin, où les plus forts dévorent les plus faibles.

Ces limites à la « main invisible du marché » seuls les gouvernements peuvent les établir. La même chose est arrivée avec la lutte contre le tabagisme. Les gouvernements ont l’habitude d’être infestés, contaminés par les lobbies des grandes entreprises et ont l’habitude de répondre à leurs intérêts, mais ils ne sont pas des monolithes et de temps à autres ils se souviennent leur raison d’être selon les préceptes modernes. Alors ils se souviennent qu’ils existent pour la population, et pas le contraire, et agissent en conséquence en remplaçant les profits par la santé collective.

La liberté n’a pas progressé par les groupes d’entreprises et de sociétés financières mais malgré celles-ci. Elles ont progressé au cours de l’histoire par ceux qui se sont opposés aux pleins pouvoirs hégémoniques ou dominants du moment. Il y a plusieurs siècles ces pleins pouvoirs étaient les églises ou les États totalitaires, comme les anciens rois et leurs aristocraties, comme l’Union soviétique et ses satellites. Depuis quelques siècles jusqu’à aujourd’hui, de plus en plus, ces pleins pouvoirs résident dans les entreprises qui sont celles qui possèdent le pouvoir sous forme de capitaux. Toute vérité qui sort des grands médias sera contrôlée de façon directe ou subtile – par exemple, à travers l’autocensure — par ces grandes signatures, qui sont celles qui font vivre les médias à travers la publicité. Les médias ne survivent plus, comme au XIXe siècle et une grande partie du XXe siècle, de la vente des exemplaires. C’est-à-dire les grands médias dépendent chaque fois moins et, par conséquent, chaque fois doivent moins à la classe moyenne et travailleuse. L’Ère digitale pourra un jour inverser ce processus, mais pour le moment les individus isolés se limitent à reproduire les informations et récits sociaux préfabriquées par les grands médias qui ne vivent que de la publicité des grandes entreprises et des multinationales. C’est-à-dire les sur-moi sociaux. Le contrôle est indirect, subtil et implacable. Toute chose qui va contre les intérêts des annonceurs signifiera le retrait de capitaux et, donc, la décadence et la fin de ces médias, qui laisseront leur place à d’autres pour accomplir leur rôle de marionnettes.

A quelques exceptions, ni les pauvres ni les travailleurs ne peuvent faire du lobby au parlement. En temps d’élections, ce sont les multinationales qui mettront des milliards pour faire élire un candidat ou l’autre. Aucun candidats ne mettre à cause la réalité basique qui soutient l’existence de cette logique mais n’importe qui parmi eux qui est choisi et tout de suite élu — ou vice versa — sera hypothéqué dans ses promesses quand il entrera en fonction et devra répondre en conséquence : aucune entreprise, aucun lobby ne met de millions de dollars quelque part sans considérer cela comme un investissement. S’ils les mettent pour combattre la faim en Afrique ce sera un investissement moral, « ce qui ont en trop », comme disait Jésus en se référant aux aumônes des riches. S’ils les mettent sur un candidat présidentiel ce sera, évidemment, un investissement d’un autre type.

Le pouvoir disproportionné de ces organismes, nombreux secrets ou discrets sont le pire attentat à la démocratie dans le monde. Mais peu pourront le dire sans être étiqueté comme idiots. Ou ils apparaîtront dans quelques grands médias porte-parole de l’establishment, parce que tout milieu qui se vante de démocratique devra payer un impôt à son hégémonie en permettant que s’infiltrent quelques opinions vraiment critiques. Cela, clairement, sont exceptions, et entreront en conflit avec un public habitué au sermon quotidien qui soutient le point de vue contraire. C’est-à-dire, ils seront considérés comme des produits infantiles de ceux qui ne savent pas « comment fonctionne le monde » et qui défendent les paresseux chômeurs qui vivent de l’État, tandis que celui-ci vit de et punit les grandes entreprises les plus heureuses. Surtout dans des temps de crise, l’État les punit avec des réductions d’impôts, prêts sans échéance et sauvetages sans limites.

Depuis la dernière grande crise économique de 2008 aux États-Unis, par exemple, les grandes entreprises et les corporations n’ont pas arrêté d’augmenter leurs profits malgré une faible réduction de l’emploi et un cheval de bataille pour l’opposition au gouvernement. Les économistes les plus consultés par les grands médias appellent cela « augmentation de la productivité ». C’est-à-dire avec moins de travailleurs on obtient de plus grands bénéfices. Les travailleurs qui restent en trop, conséquence de l’augmentation de productivité sont dérivés vers la sphère de l’État maudit qui doit assurer que — bien que démoralisés ou comme — ils continuent de consommer avec l’argent de la classe moyenne pour augmenter plus encore les profits des marchands des élites dominantes qui, sans payer les salaires mais sans arrêter de leur vendre le même bibelot et le même soda sucré et les mêmes chips salés, verront augmentés encore plus l’efficacité, la productivité et les profits de leur admirablement heureuses entreprises.

Nous pouvons appeler tout ce mécanisme pervers « la double affaire du chômage » ou « les miracles des crises financières ».

Jorge Majfud, le 4 juin 2012. 
Jacksonville University

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi

 

L’État, un trésor divin

 

Estado, divino tesoro (Spanish)

Cet article a été publié dans plusieurs quotidiens du continent le mois même de la Grande crise, en septembre 2008. Je crois qu’il est nécessaire de le relire maintenant plus encore.

 

L’État, un trésor divin

Reverse of 100 dollars (1914 series)

Par Jorge Majfud


L’État dans des temps normaux

Quand l’abus l’idéologie atteint le maximum de bénéfices pour les classes qui le promeuvent, on recourt au plan B qui consiste à suspendre temporairement l’orthodoxie sans suspendre l’idéologie dominante. Le plan A est le plan typique des feuilletons télévisés et des programmes de charité. Dans le premier cas il y a une femme riche, vieille et mauvaise et de l’autre une jeune femme pauvre et gentille. La solution morale consiste à punir la mauvaise riche et à récompenser les souffrances de la gentille pauvre. C’est-à-dire, comme dans la théologie traditionnelle et comme dans les harangues religieuses les plus modernes, les systèmes, les structures sociales et globales n’existent pas ou n’ont pas d’importance. Il y a seulement des bons et des mauvais individus.

Dans le cas des shows de la télévision, les bons sont ceux qui provoquent la maladie d’un système contradictoire, en reproduisant et en consolant la même contradiction, et les méchants sont les critiques qui ne font rien pour les pauvres sinon de critiquer leurs bienfaiteurs. C’est le cas de programmes comme le mexicain « Le Show des Rêves » que nous consommons aussi aux États-Unis, où différents couples dansent et chantent pour soigner la maladie terrible d’un parent. Si le duo chante faux ou n’émeut pas le jury avec ses pirouettes, le couple est éliminé et avec lui le malade. Ceux qui osent critiquer cette obscénité de notre culture, sont moralement écrasés avec toute la force des caméras et avec le même recours à la sensiblerie collective qui applaudit elle même ce qu’elle condamnait des temps passés : les pauvres moribonds allaient aux portes des églises pour que les riches sains finissent par consoler leur âme en jetant quelques pièces devant le regard agité du public qui savait reconnaître une œuvre de bien. Ceux qui observaient l’hypocrisie – c’est-à-dire la « peu nombreuse –critique » – du mécanisme social de la moralisation qui consolait les deux parties, nantis et malheureux, au moment où cela se reproduisait, étaient accusés de ne rien faire pour les pauvres, dans le meilleur des cas, ou étaient stigmatisés par un vocabulaire négatif comme « subversifs », « démoniaques », « improductifs », « critiqueurs », etc. Ce qui confirme la « quasi-perfection » d’une idéologie dominante quand elle se reproduit elle-même à travers la collaboration émouvante entre élus et condamnés.

Tandis que ce drame médiatique et réel moralise des millions de personnes, l’État applaudit l’initiative privée de ces bons roturiers qui luttent pour survivre et s’occupent à sauvegarder la sécurité de l’initiative privée des hommes nobles de la bourse et de leurs investissements salvateurs qui apportent la prospérité au pays. Tandis que l’un espère que son neveu gagne le concours de danse et ainsi la charité peut sauver la vie ou une fonction vitale, l’État investit une grande partie de ses ressources s’assurant qu’aucun n’interrompt la digestion de quelqu’un qui dîne dans un hôtel de cinq étoiles et organise le destin de milliers d’employés et par hasard pourrait aider un malade incurable à sauver sa vie. Dans certains cas ils arrivent à temps. Dans d’autres, ils sont des producteurs de programmes de télévision dont le noble objectif est d’aider les pauvres et les malades.

Quand l’inquiétude sociale dépasse les limites que la narration officielle peut contenir, on tente de maquiller le système en remplaçant certains individus qui sont en charge de tout le malheur de la nation, qu’ils soient gouvernants ou membres de l’opposition.

L’État face à une crise de ses ennemis

Dans la grande politique, il y a pas seulement deux partis pour alterner entre la faction des bons et les méchants, y compris, comme dans le cas étasunien, on peut accuser un individu – le président en échec – et sauver ainsi non seulement un système mais un parti politique qui est à quelques jours d’une élection nationale.

Comme exemple, ce fut jusqu’à présent le discours du candidat républicain John McCain, selon qui tout sera résolu quand lui, le rebelle solitaire (« The maverick ») et un petit groupe de dissidents conservateurs remplacera les hommes et les femmes qui sont aujourd’hui à la Maison Blanche, tous membres de son propre parti sont maintenant accusés d’incompétents et corrompus. Cette narration n’est pas si difficile à digérer par un public conservateur habitué à la pensée et à la harangue féroce des pasteurs et angoissants présentateurs de radios qui chaque jour nous rappellent que le monde est en danger à cause des mauvais garçons (« bad guys »).

De cette crise financière on se sortira avec le même ressort qui a sorti les États-Unis de la Grande Dépression des années 30 : en suspendant momentanément l’idéologie dominante et en permettant qu’un autre individu et qu’un autre parti fasse le sale travail, en le laissant exercer sa propre cohérence pour un temps déterminé. Ce qui en passant démontre que la démocratie représentative fonctionne. C’est comme dire que l’un ne croit pas en Dieu sauf dans les moments où notre vie est en danger ou qu’une souffrance nous menace.

Cependant, bien que nous revenions aux temps de l’orthodoxie anti étatique, nous trouverons encore une contradiction cynique corrigée chaque jour par la narration dominante. L’intervention de l’État dans les régimes du capitalisme dominant est plus significative que dans beaucoup d’états socialistes dont l’influence géopolitique est marginale. Pour le bien et le mal, c’est encore l’État qui monopolise la violence qui maintient hors de danger un système menacé d’une manière permanente non seulement par ses adversaires idéologiques ou par ses déplacés, mais par sa propre activité où le risque élevé de l’investissement est l’une de ses principales composantes. C’est l’État qui soutient, bouge et provoque les interventions policières et militaires pour garantir la continuité d’un système et d’une idéologie. C’est l’État, l’armée, qui garantit le contrôle de la géopolitique au bénéfice de groupes déterminés et au préjudice d’autres, bien qu’il le fasse toujours au nom de tous. C’est l’État qui garantit les différences et les pleins pouvoirs des élites de différentes de formes. D’abord, en commençant par l’appareil répresseur ou offensif. Deuxièmement, à travers l’appareil idéologique. Troisièmement, à travers la garantie de ses classes fermées, presque des castes, où est garantie la stabilité et la permanence de gérants déterminés qui sont fonctionnels au système, comme aux sociétés financières, etc. C’est l’État capitaliste qui prévient de tout mouvement vers l’anarchie d’une société ou de la société globale, en provoquant non seulement une société incapable d’être administré pour elle même dans une démocratie directe mais en stigmatisant la tendance historique de la Société Désobéissante par le mot « anarchie », associé au chaos, au désordre et à la violence de la rue.

Cela ne fait pas plus de deux siècles que les sociétés organisés par classes dans plusieurs pays de l’Europe appliquaient des lois différentes pour leurs différentes classes sociales. Quant un artisan ne pouvait pas payer ses dettes, il allait prison. Quand un noble aristocrate ne pouvait pas le faire, il rentrait chez lui. Pendant au moins deux ans ceux qui aux États-Unis ne pouvaient pas payer leurs maisons étaient punis par l’expulsion et la mise aux enchères. Quand les millionnaires de Wall Street se sont vus dans la panade, ils ont fait peur au monde entier avec les faillites – dans de nombreux cas cela a seulement signifié un changement de nom, un contrat d’achat d’un lobbysur un autre – et tout le poids de l’État a été mobilisé, non pour punir la mauvaise pratique mais pour leur octroyer une facilité de crédit de 700 milliards de dollars.

Depuis l’Angleterre du XVIIIe siècle a surgi et fut consolidée l’idée de que l’égalité et la liberté étaient incompatibles. Cependant cette conclusion paradigmatique a été silencieusement réfutée par une longue histoire qui commence au moins au XVe siècle. L’accroissement de la liberté à travers « la rébellion des masses » c’est-à-dire à travers la demande et la possession des bénéfices de la civilisation et de l’histoire – à l’éducation, à la culture et au pouvoir politique – n’a pas favorisé les différences sociales de pouvoir mais tout le contraire : elle les a progressivement atténuées. Depuis l’Ère Moderne (1775-1950) et en passant par l’âge des révolutions (1776-1918) les partisans de l’égalité se sont méfiés tant de la liberté des individus comme leurs adversaires, les partisans de la liberté, se sont méfiés de l’égalité. Ainsi surgit l’apogée du pouvoir de l’État moderne, représentatif, comme forme de résolution de conflit : l’égalité était menacée par la liberté démesurée de ses individus.

Cependant, nous pouvons reconnaître un paradoxe : l’État avec plus de fréquences que d’exceptions a favorisé les puissants d’une société parce qu’il a été dominé par ceux-ci. C’est-à-dire l’égalité a été protégée par les États autant qu’a été protégée l’inégalité, et peut-être la protection de l’égalité de la part de l’État fut une excuse pour justifier l’existence d’un État qu’il a systématiquement protégé, et surtout en dernier ressort, l’inégalité.

Jorge Majfud
Lincoln University, Septembre 2008 

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi

  • 1ère publication : El CorreoParis, le 6 Octobre 2008. 
  • 2e publication  : El Correo. Paris, le 23 mai 2012.

 

Le racisme dans l’autrui

Stop The War - 33 - George Galloway

La paja en el ojo ajeno (Spanish)

Le racisme dans l’œil d’autrui


par Jorge Majfud *

À propos des accusations de paroles racistes contre le footballeur uruguayen Luis Suárez en Angleterre, ex-député anglais, a affirmé que « l’Uruguay est la nation la plus raciste du monde entier ».

Bien entendu que je ne vais pas dire qu’en Uruguay il n’y a pas de racisme. J’espère m’être soigné depuis longtemps du chauvinisme et des patriotismes de cocardes et d’hypocrites révérences. En fait je ne peux pas signaler un seul pays dans le monde où il n’y a pas de racisme. Aux États-Unis nous connaissons déjà l’historique qu’il a ; dans les meilleurs cas de lutte contre le racisme mais très peu sont capables de nier les barbaries historiques contre la population noire qu’ils appellent de façon incorrecte et euphémiquement « afro-américains ». Le mot « noir » en espagnol (negro) est très proche de « nègre » ou directement « negro » en anglais et c’est l’une des offenses les plus infamantes, sans ambiguïtés d’intention, comme en espagnol ou en portugais, par sa charge historique et par sa particularité sémantique. En espagnol, c’est certainement ambiguë, selon l’intentionnalité de celui qui parle, et cela va de l’expression d’affection et d’amitié à l’insulte la plus primitive.

En Uruguay mon grand-père parfois m’appelait « negro », avec affection, parce que ma peau était plus foncé que celle du reste de mes cousins. Cependant, en Afrique du Sud, ils m’ont presque assassiné à coups de couteau dans une rue de Johannesburg ; pour être blanc, comme un chauffeur noir de taxi me l’a expliqué peu après.

Dans mon cher Mozambique, le premier mois je ne pouvais pas distinguer les macuas et les macondes [branche différente des macuas] et eux s’entretuaient pour leurs différences. Attitude tribale et raciste dont ont bien profité des Anglais, portugais, Hollandais, hindous et d’autres blancs africains, jusqu’à il n’y a pas longtemps, comme je l’ai constaté. Sans parler des hutus qui, dans le Rwanda des années 90, ont massacré presque un million de tutsis pour des raisons ethniques et raciales, ce qui ici revient au même.

Mais dans les mille dernières années le prix (toute personne de culture moyenne sait cela) l’a emporté le racisme blanc avec son siège et origine dans les grands empires européens. Quand ce ne fut pas lors des massacres commis par les croisés au début du millénaire, dans le meilleur style Atila, ce fut l’honorable Reconquista d’abord et la Conquête espagnole du Nouveau Monde après, une entreprise, entre d’autres choses, profondément raciste et ethnocide, si entreprise il y a eu ; l’incommensurable holocauste juif aux mains des nazis et les purifications ethniques successives, comme celle des Balkans. Sans oublier ces actes quotidiens du racisme dont souffrent aujourd’hui, avec cruauté ou une subtile discrimination, des minorités ou de faibles majorités, du monde développé jusqu’au Moyen-Orient, de quelques latinos pauvres aux États-Unis jusqu’aux palestiniens sans droits civils et parfois sans droits de l’homme sur leur propre terre.

Monsieur George Galloway mentionne l’annihilation des charrúas au XIXe siècle, par la main des Créoles blancs. C’est strictement vrai. Nous avons souvent critiqué sans délicatesse le chauvinisme qui dissimule toute sorte de racisme ; dans notre pays ; nous avons signalé à plusieurs reprises ce génocide comme tous les génocides indigènes dans le reste de l’Amérique et rarement mentionné dans les médias. Les indigènes qui avaient survécu à la colonisation européenne gênaient les propriétés et les appropriations des propriétaires fonciers et ils ont été exterminés ou on les a dépouillés de leurs terres sous l’excuse que c’était une race incapable de civilisation, comme le président et enseignant l’argentin Domingo Faustino Sarmiento l’a défini dans ses multiples livres. Sans parler du racisme contre des populations indigènes souvent fois supérieures, comme au Paraguay, en Bolivie, au Pérou, en Équateur ou en Amérique Centrale ; que dire du racisme contre les populations afro descendantes aux Caraïbes et surtout au Brésil.

Certes, le racisme a pris place dans notre Amérique Latine. Mais qu’un Anglais vienne à déclarer que « l’Uruguay est la nation la plus raciste au monde » (et il l’a lancé dans en anglais très britannique, pour que le monde entier le comprenne, en prenant soin de mettre au clair qu’ « il connaissait l’Uruguay » parce que « il y avait été »), ce serait une plaisanterie de mauvais goût si ce n’était pas une hypocrisie si pathétique.

Non parce qu’un anglais n’importe lequel ne puisse pas signaler le racisme dans un autre pays. Je m’explique.

Le même ex-député et showman George Galloway sait parfaitement le très long historique du racisme le plus féroce qu’a connu le monde durant les derniers siècles, œuvre du civilisé et flegmatique empire britannique qui s’est seulement opposé au trafic d’esclaves en Amérique et a commencé à parler de morale quand le commerce millionnaire négrier a cessé d’être rentable. Un empire qui a rasé des villages entiers, de la Chine à l’Amérique, en passant par l’Inde, l’Afrique ou par toute autre région maritime où habitaient quelques animaux humanoïdes de teint obscure. Il les a envahis, il les a soumis et il les a systématiquement humiliés.

C’est pour cela que la mise au point est critique et nécessaire. Ce n’est pas qu’en Uruguay il n’y a pas de racisme comme l’affirment quelques chauvins qui vivent en regardant ailleurs. Le problème réside en deux mots comme « le plus » et avec la circonstance aggravante spéciale que celui qui le dit fut un député d’une puissance politico-militaire raciste par tradition et récidiviste par intérêt.

Mister George Galloway, comme député anglais, s’est opposé à la Guerre en Irak et il a eu l’élégance de signer plusieurs déclarations en défense de l’humanité. Précisément, pour les deux conditions, celle d’anglais et de celle d’humaniste (ou quelque chose qui ressemble), il devrait être vacciné contre l’hypocrisie. Mais par des détails comme ceux-ci, il démontre qu’au fond c’est un autre premiermondiste colonialiste. Ce qui devrait également être le motif d’une plainte devant des tribunaux internationaux. Avec la circonstance aggravante que si le footballeur Suárez est un garçon qui a pu avoir dit une stupidité dans la fièvre d’un match de football, Monsieur George Galloway est un vieil homme politique, avec une aura d’intellectuel, avec tout le temps du monde pour réfléchir à ses propres stupidités et aux stupidités criminelles des gouvernements successifs qui se sont succédés dans son pays et qui ont déjà quelques siècles d’ insistance impunie.

Jorge Majfud, majfud.org. Jacksonville University.

Traduit de l’espagnol pour El Correo par  : Estelle et Carlos Debiasi

Mythes de base sur l’immigration

A day without immigrants, May 1, 2006. Descrip...

A day without immigrants, May 1, 2006.

Mitos fundamentales sobre la inmigración (Spanish) 

Cinq mythes de base sur l’immigration : déconstruction

Jorge Majfud

Translated by  Alain Caillat-Grenier

Edited by  Fausto Giudice فاوستو جيوديشي

Dans la plupart des pays et à travers différentes époques, les classes les plus conservatrices se sont toujours situées aux extrémités de la pyramide sociale. Aux USA la rhétorique conservatrice s’est employée à capter une partie des couches les plus basses de la société, non pas en diminuant les impôts des riches (pour cela, il y a l’idéologie du «trickle down»*) mais en créant le démon de l’immigrant illégal. Rien de plus efficace pour canaliser les frustrations des populations défavorisées, que de fabriquer  des ennemis tribaux au sein même de leur classe sociale.

Ainsi, en Arizona et en Géorgie, des lois ont été votées qui criminalisent «les sans-papiers», incitant de nombreux travailleurs «illégaux» à fuir d’un État à l’autre. Cela a entraîné chez les petits et moyens entrepreneurs une pénurie de main d’œuvre, notamment dans les secteurs de la construction et surtout de l’agriculture où l’on manque de bras pour les récoltes. Sur la seule côte ouest, plus de cent mille emplois de travailleurs agricoles saisonniers pour les récoltes n’ont pas trouvé preneurs. Bien sûr, il faut travailler sans climatisation !

De nombreuses études (ex. Damian Stanley et Peter Sokol-Hessner, NYU; Mahzarin Banaji, Harvard Univ., etc..) ont démontré que la peur de l’autre est préhistorique et que la présentation d’images de différents faciès provoque des réactions négatives, même chez l’individu le plus pacifique.

 Cependant, ceux d’entre nous qui croient en l’existence d’une certaine évolution chez l’être humain, ne se feront pas les chantres d’un comportement millénaire au seul prétexte qu’il est millénaire. Nous concevons que l’amour, la haine, la peur ou la solidarité sont des émotions irréductibles, non quantifiables par principe ou définition et vraisemblablement immanentes à tous les êtres humains au cours de l’histoire. Mais cette persistance ne devrait en principe pas se retrouver dans les formes sous lesquelles les individus et les sociétés établissent des relations pour se développer et évoluer.

 Si la notion de progrès historique n’est pas forcément intrinsèque à chacun de nous (un Tibétain du Ve siècle pouvait être socialement et moralement plus évolué que certains individus vivant aujourd’hui à Río ou à Philadelphie), nous pouvons en revanche espérer que ce progrès existe dans une société qui se donne la capacité de mettre à profit sa propre expérience historique et celle acquise hors de sa structure sociale. Si le mensonge, l’exploitation, les hiérarchies sociales et politiques se retrouvent chez les primates (Frans de Waal, etc..), ce n’est pas l’indice que ces structures (culturelles) ne peuvent pas être dépassées, mais exactement le contraire, si l’on s’attache à distinguer ce qui différencie les hommes de l’orang-outang.

Dans la problématique de l’immigration, ces éléments primitifs jouent inévitablement, bien que maquillés par des rhétoriques chargées de préceptes idéologiques dépourvus de la moindre rationalité. Par conséquent ce sont des mythes, des croyances indiscutables (donc, des réalités), qui dans des groupes déterminés, font l’objet de  réitérations, surtout médiatiques.

Mythe I : Les immigrés font monter la criminalité

Faux. Diverses études de différentes universités (Robert Sampson, Harvard University; Daniel Mears, Floride State University; ; Public Policy Institute of California , PPIC, etc..) ont clairement démontré qu’une augmentation de l’immigration est suivie d’une baisse de la criminalité. On a également observé que la première génération d’immigrés est moins encline à la violence que la troisième et ce malgré les grandes difficultés économiques auxquelles cette première génération a généralement été exposée. Concernant l’immigration latine, il peut sembler paradoxal que son niveau de violence soit inversement proportionnel à la violence brutale rencontrée dans les sociétés dont sont originaires ces immigrants. Mais cette contradiction apparente est évidemment très facilement explicable.

Mythe II: Les immigrés prennent le travail des nationaux

Faux. Dans tous les pays du monde on a toujours eu recours à une minorité fragilisée pour évacuer  toutes les frustrations engendrées par les crises. Aux USA certains chômeurs peuvent accuser les immigrants illégaux de prendre leur travail; ce comportement démontre une faible capacité d’analyse, si ce n’est de la mauvaise foi : il est en effet préférable de rester chez soi ou d’aller dans un restaurant avec l’argent de l’État, plutôt que de travailler à des tâches ingrates, que seuls les pauvres (les riches n’émigrent pas) immigrants acceptent d’effectuer.

Les immigrés les plus pauvres ne parlent pas anglais (parfois, les Mexicains et les habitants de l’Amérique centrale ne parlent même pas espagnol), ne connaissent pas les lois, n’ont pas de papiers pour travailler, ils sont poursuivis ou vivent en se cachant et malgré cela, ils obtiennent du travail au détriment des «pauvres américains». Comment font-ils ?

Des études sérieuses démontrent a contrario que l’immigration aide à créer de nouveaux emplois (Gianmarco Ottaviano, Università Bocconi, Italie; Giovanni Peri, University of California). Selon une étude du Pew Research Center, l’immigration illégale latino-américaine aux USA a chuté de 22 pour cent dans les trois dernières années, sans que cela entraîne une baisse du taux de chômage. En réalité, les immigrés sans papiers représentent annuellement à eux seuls plus d’un demi-million de consommateurs.

Mythe III. Les immigrants illégaux sont une charge car ils utilisent des services publics qu’ils ne payent pas

Faux. Tout citoyen au chômage ou gagnant moins de 18.000 dollars par an, bénéficie d’un accès gratuit à l’ensemble des services médicaux et à de nombreux autres services publics ou privés, comme le logement et les retraites. Les travailleurs sans papiers ne se présentent dans  un service de santé qu’en dernière instance (The American Journal of Public Health) et souvent ils paient pour les consultations et les traitements. Nombreux sont ceux qui  ne dénoncent même pas les vols et les abus dont ils sont victimes.

Aucun camionneur ne prétendrait réaliser des bénéfices avec son véhicule sans le faire réviser de temps à autre, mais beaucoup de citoyens utilisant les services de travailleurs sans papiers, espèrent que ceux-ci n’auront jamais recours à l’hôpital, alors qu’ils leur confient habituellement les travaux les plus dangereux et insalubres.

Selon l’Académie nationale des sciences des USA, les chiffres montrent que ces immigrants apportent à l’économie nationale plus qu’ils ne lui prennent. D’après l’économiste Benjamin Powell, ces travailleurs rapporteraient 22 milliards de dollars par an et leur légalisation augmenterait facilement ce chiffre.

Le principal facteur donnant l’avantage aux USA sur les autres économies développées (y compris la Chine émergente) réside dans son potentiel toujours important de jeunes travailleurs, lequel se maintient en grande partie grâce au taux élevé de natalité dans la population hispanophone et dans les populations immigrées en général, sans lesquelles des programmes comme le Social Securityseraient insoutenables dans un proche avenir.

Mythe IV. Les sans-papiers ne payent pas d’impôts

Faux. Les sans-papiers paient des impôts directs ou indirects, sous diverses formes. Selon les calculs effectués sur les dernières années, chaque immigrant illégal paie des milliers de dollars en impôts, beaucoup plus que nombre de citoyens inactifs. Au total, la Social Security reçoit plus de 9 milliards de dollars par an de ces contribuables, qui ne réclameront probablement jamais de remboursement sous forme de retraites ou autres avantages. Actuellement, des centaines de milliards de dollars sont fournis par des travailleurs fantômes (Eduardo Porter, New York Times; William Ford, Middle Tennessee State University; Marcelo Suárez-Orozco, New York University).

Mythe V. Les immigrants illégaux peuvent exercer  un pouvoir réel en tant que groupe

Faux. Les immigrants non naturalisés, surtout les illégaux, ne votent dans aucune élection. Dans beaucoup de cas ils ne peuvent même pas voter dans les élections de leurs pays d’origine, bien que les millions représentés par leurs transferts d’argent n’aient jamais été rejetés, ni méprisés.

Le slogan «latinos unidos» est une bonne affaire pour les grandes chaînes de médias hispanophones aux USA, mais cette union est très relative. Bien que les  «non hispaniques», puissent avoir le sentiment de l’existence d’une «hispanité», il ne fait aucun doute que les rivalités, les rancœurs et le chauvinisme sournois resurgissent dès que l’autre «non-hispanique», disparaît de l’horizon tribal. De même, dans certains cas, les statuts légaux et idéologiques sont radicalement inconciliables. Il suffit de constater la différence de statut entre un travailleur mexicain illégal et un balsero (boat people) cubain en protégé par loi.

Note

La théorie du ruissellement (traduction de l’anglais «trickle down theory») est une théorie économique d’inspiration libérale selon laquelle, sauf destruction ou thésaurisation (accumulation de monnaie), les revenus des individus les plus riches sont in fine réinjectés dans l’économie, soit par le biais de leur consommation, soit par celui de l’investissement (notamment via l’épargne), contribuant ainsi, directement ou indirectement, à l’activité économique générale et à l’emploi dans le reste de la société. Cette théorie est notamment avancée pour défendre l’idée que les réduction d’impôt y compris pour les hauts revenus ont un effet bénéfique pour l’économie globale. L’image utilisée est celle des cours d’eau qui ne s’accumulent pas au sommet d’une montagne mais ruissellent vers la base.(wikipedia)


Courtesy of Tlaxcala


Le patriotisme des riches

Donald Trump

Donald Trump

Politique et économie aux États-Unis : Le patriotisme des riches

par Jorge Majfud *

Dans tout le monde, le riches presque ils n’émigrent pas, presque n’entrent pas dans le forces armée qu’ils envoient à ses guerres et qui rassasient tout de suite des honneurs et d’applaudissements, et ils maudissent l’État qui leur suce le sang. Quand les économies vont bien, ils exigent des diminutions d’impôts pour soutenir la prospérité et quand les choses vont mal exigent que le maudit État les sauve de la catastrophe (avec l’argent des impôts, ceci va sans dire).

Depuis la crise financière de 2008, le plus grand souci de la classe moyenne usaméricaine a été le chômage et le déficit, les deux hérités du gouvernement républicain de George Bush. A l’intérieur de ce parti, le « Tea Party » a surgi avec une force qui lui a permis de dominer sa rhétorique mais peut-être ceci sera sa propre ruine dans les proches élections, qui en principe se leur présentent favorables. Son drapeau est l’idéologie Reagan-Thatcher et l’orthodoxie de s’opposer à toute augmentation des impôts. Ils assurent que l’on ne peut pas pénaliser ceux qui triomphent, les riches, avec des impôts, parce qu’ils sont les riches qui créent les postes de travail quand la richesse commence à se répandre depuis là-haut. Dans un débat en 2008, Obama a commenté que les partisans de cette théorie (plutôt, une idéologie) avec la crise avaient découvert que quand on attend que la richesse ruisselle depuis là-haut, la douleur commence à monter depuis en bas.

Les actuelles données (pour ne pas aller loin) contredisent la théorie du « trickle-down » portée à l’extrême par le dernier gouvernement républicain, puisque la capacité d’avarice de « là-haut » est illimitée, pour ne pas dire à l’infinie, et le chômage n’a pas baissé dans ces dernières années, mais le contraire.

Bien que dans le pays 700.000 postes de travail ne soient pas détruits par mois comme a été fait il y a une paire d’années, la création de nouveaux postes continue d’être faible (entre 15.000 et 250.000 par mois ; un rythme salutaire pour descendre 9.2 pour cent de chômage devrait être de 300.000 nouveaux postes par mois).

D’un autre côté, dans la dernière année la productivité a grandi dans des proportions plus grands et, surtout, les bénéfices des grandes compagnies. Chaque semaine on peut lire dans les quotidiens spécialisés les résultats de bénéfices gigantesques, d’un industriel ou des services qui ont augmenté ses gains de 30, 50 ou 60 pour cent, comme quelque chose de normal et routinier. N’importe lequel de ces pourcentages ils signifient quelques milliards de dollars. En incluant les auparavant laisse pour mortes automotrices de Detroit. Sans entrer dans des détails comment la classe moyenne, a travers l’État, a financé le sauvetage de tous ces géants, sans élection et sous la menace dont quelque chose de pire pouvait avoir arriver.

Depuis les années 80, la richesse d’haut continue de s’accumuler et le chômage en bas continue attendre depuis 2009 des niveaux historiques. Des études ont montré que cette différence entre riches et pauvres (Bureau of Economic Analysis), une caractéristique latinomericaine, a grandi sous cette idéologie du trickle-down .

Bien avant la crise de 2008, quand existait encore un excédent hérité de l’administration Clinton, les républicains ont réussi à réduire les impôts pour les couches les plus riches, parmi eux les groupes pétroliers. Cette période de faveur prenait fin cette année et il a été étendu par le propre Obama sous pression républicaine, peu de temps après que les Démocrates perdaient le contrôle de la Chambre basse. Alors, le président Obama a été fort critiqué par son propre parti pour donner plus de concessions aux Républicains que pour exiger de ceux-ci un peu en échange.

Cependant, dans ces dernières semaines les positions se sont polarisées. Dans l’une des dernières réunions avec les républicains, Obama, lui qui ne perd jamais son calme, il s’est s’abruptement levé en menaçant : « ne me prouvez pas ». Devant les négociations pour augmenter le plafond d’endettement (une pratique normale aux États-Unis et dans beaucoup d’autres pays ; seulement dans l’administration Bush la même mesure a été votée sept fois) les républicains continuent d’essayer de suspendre et d’éliminer plusieurs programmes d’aide sociale et en se refusant de monter radicalement les impôts aux plus riches (dans de nombreux cas, des multimillionnaires).

Parleur part, les démocrates et le président Obama se refusent à réduire les services sociaux et dans une contrepartie ils exigent augmenter les impôts aux plus riches. J’ai écouté certains millionnaires en se demandant pourquoi ils ne payaient pas plus impôts quand ce sont eux, précisément, qu’ont plus de possibilités de contribuer quand le pays a besoin. Quand le pays de la moitié vers le bas a besoin de cela, faudrait préciser. Mais ils ne sont pas apparemment ces millionnaires qui font du lobbies en faisant pression dans les congrès des pays.

De toute façon, et malgré tout ce mise-en-scène républicaine, je n’ai pas de doutes de ce qu’avant le 2 août le parlement votera une nouvelle hausse du plafond d’endettement. Pourquoi ? Simplement parce que cella arrange aux dieux investisseurs de Wall Street. Non parce qu’il y a des travailleurs au chômage ou des soldats sans jambes dans l’attente de la charité de l’État qui les a envoyés au front en échange d’un discours et des quelques médailles.

Jorge Majfud
Jacksonville University

Paris, le 20 juillet 2011.

Traduit de l’espagnol pour El Correo par : Estelle et Carlos Debiasi