¿Quiénes están atrapados en la Guerra fría?

Le Monde, 27 de marzo de 2022

Le Monde publicó un amplio alegato contra los “intelectuales de izquierda” que no aprobamos la invasión de Putin pero responsabilizamos a la OTAN de provocar el conflicto. Paco Ignacio Taibo II fue acusado de denunciar “la nueva censura a las editoriales rusas por parte de la Feria Internacional del Libro” de Guadalajara, lo cual tampoco significa que apruebe la censura de Rusia a los medios occidentales.

En lo que a mí me toca, el medio francés se despachó con una muestra de interpretaciones ligeras como: “En una serie de artículos de opinión publicados en el diario argentino Página 12, el intelectual uruguayo Jorge Majfud lleva la voz de esta izquierda que se mantiene muy discreta sobre el tema, y ​​explica ‘por qué buena parte de la izquierda mundial apoya a Putin [quien] es demasiado listo para los líderes de Occidente’, dice, tirando del hilo de la postura anti-OTAN y anti-Estados Unidos con la idea de que ‘El único argumento que entienden las potencias hegemónicas es el de las bombas atómicas”.

En subtítulo, repite y destaca: “La guerra rusa, ‘tristemente simple, es una reacción a la acción ejercida en gran medida por Washington’, escribe el intelectual uruguayo…” Etc.

Ni voz de la izquierda ni discreta y menos tímida. Díganselos a quienes nos amenazan y acusan de radicales, solo por no alinearnos ni al radicalismo belicista de los buenos ni a la doble moral que lleva a personajes nefastos como Condoleezza Rice a afirmar que la invasión “viola las leyes internacionales”. O a un más nefasto George Bush, quien condenó a Putin por lanzar una guerra “sin provocación y sin justificación”. O al presidente Joe Biden, declarando que Putin es “un criminal de guerra”, título que nunca aceptaría para ningún ex presidente de su país.

Por no seguir con la clásica doble moral de los racistas maquillados que, mágicamente, abrieron las fronteras de Europa para recibir a los refugiados ucranianos, política del todo correcta de no ser porque esas mismas fronteras fueron cerradas para quienes huían del caos de África y Medio Oriente, caos producido por invasiones, saqueos, masacres y guerras de las potencias Noroccidentales desde hace un par de siglos. Por no seguir con la mágica apertura de fronteras de Washington para recibir 100.000 refugiados ucranianos, o los reportes de las facilidades que encuentran los ucranianos para cruzar la frontera con México, esa misma que siempre estuvo cerrada a los refugiados del sur; niños y mujeres, refugiados del caos creado por Washington en América central, en el Caribe y más allá, con sus dictaduras y matanzas desde antes de la Guerra fría, durante y después. Como es el caso de Haití, bloqueada y arruinada desde que se convirtió en el primer país libre de las Américas en 1804 y desangrada hasta ayer no más, por Francia, por las dictaduras de los Duvalier, por el terror de los paramilitares de la CIA, los golpes de estado contra Aristide o la imposición neoliberal que arruinó al país, por citar solo un ejemplo. Cuando esta gente huyó del caos, fueron perseguidos como criminales. En 2021 fuimos testigos de la caza de haitianos en la frontera, a caballo, como se cazaba esclavos en el siglo XIX.

Más directos fueron los periodistas de las cadenas occidentales que reportaron la tragedia de los ucranianos como algo inadmisible, tratándose de “cristianos blancos”, de “gente civilizada”, de “rubios de ojos celestes”. O políticos, como el diputado oficialista de Polonia, Dominik Tarczyński, quienes confirmaron, orgullosos, que estaban abiertos a la inmigración ucraniana porque eran “gente pacífica” pero no recibirían ni a un solo musulmán refugiado. Cero”. De violentos lideres nazis como Artiom Bonov, refugiados en su país, silencio.

Como ejemplo a seguir, Le Monde elogió a “el joven presidente chileno, Gabriel Boric” quien “condenó sin rodeos la invasión de Ucrania, la violación de su soberanía y el uso ilegítimo de la fuerza”. En otras palabras, si no se entiende que la realidad es un partido de fútbol y que hay que estar cien por ciento de un lado sin criticar el otro, es porque se está de un lado sin criticar el otro.

No por casualidad, los poderes imperiales desde hace generaciones no aceptan que se los nombre de esa forma. Para ellos no es momento de mencionar el imperialismo occidental. Nunca es un buen momento de hablar de imperialismo, excepto si a otra potencia militar se le ocurre hacer lo mismo.

Le Monde matiza cuando me cita de nuevo sobre algo que venimos repitiendo desde meses antes de la guerra: “Que consideremos que la OTAN es la principal responsable del conflicto en Ucrania no significa que apoyemos a Putin, ni a ninguna guerra…” Pero en su línea de pensamiento, esto es apenas un detalle irrelevante. La tesis es otra: la crítica contra la OTAN se debe a que “El antiamericanismo sigue arraigado en el subcontinente”. Como el viejo e infantil argumento de que (en el Sub) “nos odian porque somos ricos y libres”.

Recientemente, el profesor de la Universidad de Chicago y experto en la región, John Mearsheimer, en The Economist y en The New Yorker culpó a Estados Unidos de la guerra en Ucrania. Hace pocos días Noam Chomsky me recordaba que no sólo él había advertido años atrás del peligro de una guerra por no mantener la neutralidad de Ucrania, sino también “George Kennan, Henry Kissinger, el jefe de la CIA y prácticamente todo el cuerpo diplomático superior que sabía algo sobre la región eran de la misma opinión. Es de locos”.

De locos, pero tiene explicación: la avaricia sin límites de los mercaderes de la muerte, esa que el mismo presidente y general Eisenhower en su discurso de despedida había advertido como un peligro mayor para la democracia y las políticas de Estados Unidos. 

Ahora, que coincidimos con Kissinger y la misma CIA en las causas del conflicto, no significa que coincidamos en los objetivos. Un ejemplo que he señalado en La frontera salvaje lo resume todo: la CIA inoculó en la población latinoamericana la idea de que las dictaduras fascistas en América Latina fueron para combatir el comunismo y que, por ejemplo, Salvador Allende iba a convertir a Chile en una nueva Cuba al mismo tiempo que sus agentes y analistas reportaban lo contrario: si no hubiesen hecho nada, lo más probable hubiese sido que, debido a la política de Washington de arruinar la economía chilena, Allende habría perdido las próximas elecciones. Pero el objetivo era hacer un laboratorio neoliberal tutelado por una dictadura, como tantas otras veces. La CIA promovía en la gran prensa latinoamericana y hasta en las calles con volantes y afiches un discurso en el que no creía y del cual hasta se reía. Aun hoy, la inexistente “amenaza comunista” es repetida con fanatismo por sus mayordomos, desde los políticos pro oligárquicos hasta la prensa y sus periodistas honorarios y mercenarios.

Para tener una idea de que esa manipulación mediática continúa, basta con considerar que las agencias secretas occidentales poseen presupuestos varias veces superiores al que tenían en 1950 o 1990 y no los usan solo para entrenar milicias neonazis en Ucrania, las que llamaban, como en tantos otros países, “autodefensas”. Autodefensas que no sirvieron para evitar una invasión rusa ni eso mismo que ahora el presidente Zelenski quiere negociar, el primer reclamo de Rusia: la neutralidad de Ucrania.

Entonces ¿son los críticos de izquierda quienes están atrapados en la Guerra fría o los mercenarios del gran capital, la OTAN y las múltiples intervenciones imperialistas?

JM, marzo 2022

Por Javier Mireles

https://www.alainet.org/es/articulo/215222

Qui est piégé dans la guerre froide ?
Réponse à un article du Monde sur la « gauche latina pro-Poutine »

Jorge Majfud, 29/3/2022
Traduit par Fausto Giudice, Tlaxcala

Le quotidien Le Monde a publié le 27 mars un vaste réquisitoire contre les « intellectuels de gauche » latino-américains, selon lequel nous n’approuvons pas l’invasion de Poutine mais rejetons sur l’OTAN la responsabilité d’avoir provoqué le conflit. Ignacio Paco Taibo II a été accusé d’avoir dénoncé « la nouvelle censure des éditeurs russes par la Foire internationale du Livre de Guadalajara », ce qui ne signifie pas non plus qu’il approuve la censure russe des médias occidentaux.

En ce qui me concerne, le journal français offre un échantillon d’interprétations légères du genre: 

« Dans une série de tribunes publiées dans le quotidien argentin Pagina 12, l’intellectuel uruguayen Jorge Majfud porte la voix de cette gauche qui reste très discrète sur le sujet, et expose « pourquoi une bonne partie de la gauche mondiale soutient Poutine »« Poutine est trop intelligent pour les leaders d’Occident », lance-t-il, tirant le fil de la posture anti-OTAN et anti-Etats-Unis avec ceci : « L’unique argument que les pouvoirs hégémoniques comprennent est celui des bombes atomiques. »

Et le journal d’enfoncer le clou :

« La guerre russe, « c’est tristement simple », est une « réaction » à une « action largement exercée par Washington », écrit-il encore.

Je ne suis ni la voix de la gauche, ni discrète et encore moins timide. Dites-le à ceux qui nous menacent et nous accusent d’être des radicaux, simplement parce que nous ne nous alignons pas sur le radicalisme belliciste des gentils ou le deux poids deux mesures qui conduit des personnages infâmes comme Condoleezza Rice à affirmer que l’invasion « viole les lois internationales ». Ou un George Bush encore plus néfaste, qui a condamné Poutine pour avoir lancé une guerre “sans provocation et sans justification.» Ou le président Joe Biden, déclarant que Poutine est “un criminel de guerre”, un titre qu’il n’accepterait jamais pour aucun ancien président de son pays.

Sans compter les doubles standards classiques des racistes camouflés qui ont magiquement ouvert les frontières de l’Europe pour accueillir les réfugiés ukrainiens, une politique qui aurait été tout à fait correcte si ces mêmes frontières n’avaient pas été fermées à ceux qui fuyaient le chaos de l’Afrique et du Moyen-Orient, chaos produit par les invasions, les pillages, les massacres et les guerres des puissances nord-occidentales pendant deux siècles. Sans parler de l’ouverture magique des frontières par Washington pour accueillir 100 000 réfugiés ukrainiens, ou des rapports sur les facilités que les Ukrainiens trouvent pour traverser la frontière avec le Mexique, cette même frontière qui a toujours été fermée aux réfugiés du sud, enfants et femmes, réfugiés du chaos créé par Washington en Amérique centrale, dans les Caraïbes et au-delà, avec ses dictatures et ses massacres depuis avant, pendant et après la guerre froide. C’est le cas d’Haïti, bloqué et ruiné depuis qu’il est devenu le premier pays libre des Amériques en 1804 et saigné à blanc jusqu’à hier, par la France, par les dictatures des Duvalier, par la terreur des paramilitaires de la CIA, les coups d’État contre Aristide ou l’imposition néolibérale qui ont ruiné le pays, pour ne citer qu’un exemple. Lorsque ces personnes ont fui le chaos, elles ont été pourchassées comme des criminels. En 2021, nous avons assisté à la chasse aux Haïtiens à la frontière, à cheval, comme on chassait les esclaves au XIXe siècle.

Les journalistes des chaînes occidentales ont été encore plus directs, qui ont rapporté la tragédie des Ukrainiens comme quelque chose d’inadmissible, vu que ce sont des «chrétiens blancs», des «gens civilisés», des «blond·es aux yeux bleus». Ou des hommes politiques, comme le député polonais du parti au pouvoir Dominik Tarczyński, qui a fièrement confirmé qu’ils étaient ouverts à l’immigration ukrainienne parce qu’ils étaient des «gens pacifiques», mais qu’ils n’accueilleraient pas un seul réfugié musulman. Zéro. Sur des chefs nazis violents comme Artiom Bonov, réfugiés dans son pays, silence radio.

Comme exemple à suivre, Le Monde a salué «le jeune président chilien, Gabriel Boric» qui a « condamné sans ambages « l’invasion de l’Ukraine, la violation de sa souveraineté et l’usage illégitime de la force » »En d’autres termes, si vous ne comprenez pas que la réalité est un match de football et que vous devez être à cent pour cent dans un camp sans critiquer l’autre, c’est parce que vous êtes dans un camp sans critiquer l’autre.

Ce n’est pas un hasard si, depuis des générations, les puissances impériales n’ont pas accepté d’être appelées par ce nom. Pour elles, ce n’est pas le moment de mentionner l’impérialisme occidental. Ce n’est jamais le bon moment pour parler d’impérialisme, à moins qu’une autre puissance militaire ne songe à faire de même.

Le Monde nuance lorsqu’il me cite à nouveau sur un point que nous répétons depuis des mois avant la guerre : « Que l’on considère que l’OTAN est le premier responsable du conflit en Ukraine ne signifie pas que l’on soutient Poutine, ni aucune guerre… ». Mais dans sa façon de penser, ce n’est là qu’un détail sans importance. La thèse est autre : la critique de l’OTAN est due au fait que « l’anti-américanisme reste ancré dans le sous-continent ». Comme le vieil argument enfantin selon lequel « ils nous détestent parce que nous sommes riches et libres ».

Récemment, John Mearsheimer, professeur à l’université de Chicago et expert de la région, a accusé les USA d’être responsables de la guerre en Ukraine dans The Economist et The New Yorker. Il y a quelques jours, Noam Chomsky m’a rappelé que non seulement il avait mis en garde, il y a des années, contre le danger d’une guerre si on ne maintenait pas la neutralité de l’Ukraine, mais aussi que « George Kennan, Henry Kissinger, le chef de la CIA et pratiquement tout le haut corps diplomatique qui connaissait un tant soit peu la région étaient du même avis. C’est fou ».

C’est fou, mais il y a une explication : la cupidité sans limite des marchands de mort, contre lesqujels le président et général Eisenhower lui-même avait mis en garde dans son discours d’adieu comme étant un danger majeur pour la démocratie et les politiques des USA.

Maintenant, que nous soyons d’accord avec Kissinger et la CIA elle-même sur les causes du conflit ne signifie pas que nous soyons d’accord sur les objectifs. Un exemple que j’ai signalé dans mon livre La Frontière sauvage résume tout : la CIA a inoculé à la population latino-américaine l’idée que les dictatures fascistes d’Amérique latine devaient combattre le communisme et que, par exemple, Salvador Allende allait faire du Chili un nouveau Cuba, alors que ses agents et analystes rapportaient le contraire : s’ils n’avaient rien fait, il est fort probable qu’en raison de la politique de ruine de l’économie chilienne menée par Washington, Allende aurait perdu les élections suivantes. Mais l’objectif était de créer un laboratoire néolibéral sous la tutelle d’une dictature, comme si souvent auparavant. La CIA a promu dans la presse latino-américaine et même dans les rues avec des tracts et des affiches un discours auquel elle ne croyait pas et dont elle se moquait même. Aujourd’hui encore, la « menace communiste » inexistante est répétée avec fanatisme par ses majordomes, des politiciens pro-oligarchie à la presse et ses journalistes honoraires et mercenaires.

Pour se faire une idée de la poursuite de cette manipulation médiatique, il suffit de considérer que les agences secrètes occidentales disposent de budgets plusieurs fois supérieurs à ceux qu’elles avaient en 1950 ou 1990 et qu’elles ne les utilisent pas uniquement pour former des milices néonazies en Ukraine, ce qu’elles ont appelé, comme dans tant d’autres pays, « autodéfense ». Des forces d’autodéfense qui n’ont pas servi à empêcher une invasion russe ou la chose même que le président Zelenski veut maintenant négocier, la première exigence de la Russie : la neutralité de l’Ukraine.

Alors, est-ce que ce sont les critiques de gauche qui sont piégés dans la guerre froide ou les mercenaires des grandes entreprises, de l’OTAN et des multiples interventions impérialistes ?

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