La incoherencia de los otros

No siempre pero, por lo general, las discusiones políticas no conducen a nada. Cada vez menos, porque la cultura del disenso civilizado se ha perdido casi completamente (probable efecto de sustituir las tertulias de café, cara a cara, por el barbarismo semianonimo y a distancia de las redes sociales) y la política se ha convertido en una pasión de fútbol, en un acto de fe religioso contra cualquier evidencia. En el hemisferio norte se ha deteriorado aún más rápido que en el sur y ya desde hace tiempo campea el tribalismo. Como todo, o casi todo, aquí siempre ocurre primero y se realiza más rápido. Pera peor, algunos andan a la búsqueda de (¿cómo decirlo?) un “tenis dialéctico” y no sé cómo hacen pero logran meterte en su juego.

Más o menos la cosa fue así:

—¿Vio que Daniel Martínez, el candidato socialista a la presidencia de Uruguay, tiene una hija estudiando aquí en Estados Unidos? —me dijo un visitante de Uruguay.

—No sabía. Pero muchos chinos son comunistas y tienen cientos de miles de hijos estudiando aquí. También nuestros estudiantes estadounidenses van a estudiar a Cuba, aunque el gobierno de aquí no les permite mucho tiempo. Por no hablar de los votantes de Trump que pasan sus vacaciones en Cancún o se jubilan y se van a vivir a Ajijic en México.

—Incoherencias. Como ese Rafael Correa, el expresidente de Ecuador. ¿Lo conoce? Se recibió de economista aquí en Estados Unidos… ¿Sabía?

—Sí, una buena parte de los yanquis dicen lo mismo: las universidades están infestadas de progresistas. Hace años, tal vez dos décadas, copié el artículo “¿Por qué el socialismo?” de Einstein, de cuando daba clases en Princeton University, y lo publiqué en un foro con otro nombre. El texto recibió una lluvia de insultos. “Idiota” y “Retardado mental” fue de lo más amable que escribieron los genios. Tal vez el hombre estaba equivocado, pero retardado mental… Las universidades se caracterizan por reclutar tontos de todas partes del mundo. Hice lo mismo con otro texto del Dr. Martin Luther King, sobre su socialismo y contra la guerra de Vietnam. “Traidor” y “antipatriota” fueron de las acusaciones favoritas…

—¿Es usted socialista?

—Nunca supe qué soy, exactamente, y no creo que sea importante. Cuando era niño los militares me arrastraron de un brazo por no obedecer órdenes y un par de profesores en la secundaria me expulsaron de clase por preguntar qué entendían ellos por democracia y derechos humanos. Pero Rebelde sería un título muy grande. Inconformista, tal vez. Sí, suena menos pretencioso y no llega a ser un insulto.

—Yo no me avergüenzo de decir que yo sí siempre supe quién soy y sé quién es quién cuando lo escucho hablar.

—Bueno, prefiero que no me lo diga. Para eso están los vómitos y comentarios a pie de página. Ahora, si le sirve de consuelo, en Estados Unidos hay más zurdos que en la mayoría de los países del Sur.

—A mí lo que me jode es la inconsistencia. Le repito, esa de Martínez…

—¿No es usted capitalista y neoliberal y vive en Uruguay, “gobernado por quince años por socialistas y tupamaros”, como dice usted mismo? A mí no me parece que eso sea una incoherencia. Sería sospechoso si todos pensaran como Mujica o como Tabaré Vázquez. Más que sospechoso, sería una secta de tres millones de individuos.

—No todos somos…

—Aquí tampoco somos todos… Mucho menos una secta de trescientos millones, aunque es lo que quisieran los autoproclamados patriotas, nacidos aquí o recién llegados, que se creen dueños de todo un país. ¿O también van a proponer una limpieza ideológica, país por país y comarca por comarca?

—Pero si se dicen socialistas deberían por lo menos vivir como Mujica, en una cueva. Al viejo tupamaro no lo trago, pero al menos vive en una cueva.

—Es lo que quisieran, que todos los que piensan diferente vivan en una cueva. Pero de verad no creo que el objetivo del socialismo sea la pobreza sino todo lo contrario. El hombre vive como quiere vivir no porque sea socialista sino porque es un poco hippie, medio Thoreau. Igual eso no lo salva de los insultos. En julio estuve en Uruguay y una señora, que hablaba igualito a Mujica, me quería convencer de “todo lo que se había robado Mujica”. Le faltó decir que por eso vive en un palacio.

—Socialistas ricos como Maradona hay muchos.

—No me interesa la vida privada de Maradona ni la ningún otro ejemplo particular, pero si es una incoherencia ser un socialista rico también lo es, y peor, ser un capitalista pobre, y de éstos no hay solo ejemplos y excepciones. Son la norma.

—Dele todas las vueltas que quiere darle al asunto. Pero al pan, pan y al vino, vino. Si uno es socialista no debería estudiar en Estados Unidos.

—Y todos deberían comer solo McDonald’s, mirar “beisbol” e ir a la iglesia los domingos por la mañana a lavar los trapos sucios…

—No caricaturice.

—¿Usted es capitalista y recurre al maldito Estado dos por tres? ¿Dónde está la coherencia, entonces?

—¿Yo? Yo pago mis impuestos. Es el Estado el que vive de mí.

—Pues muy bien, con toda esa plata que le paga de impuestos al Estado, intente pagar la policía que cuida de sus propiedades; las escuelas, la salud y la jubilación de sus hijos o de sus empleados; las ayuda a los más pobres para que no afeen la ciudad ni el frente de su casa ni las puertas de las iglesias; intente rescatar las grandes empresas capitalistas, generalmente insaciables, que cuando se hunden le van a llorar al gobierno de turno para que las salve… Haga cuentas y luego me dice si le alcanza.

—Si los privados invirtiésemos el dinero de los impuestos en fondos de inversión y nos organizáramos, podríamos hacer todo eso.

—Pues, justamente eso se llama Estado.  

 

JM, setiembre 2019

 

 

 

 

 

 

La entrevista sobre Venezuela que nunca se publicó

 

“Secretario” de la OEA Luis Almagro: más fácil que recaudar 100 millones de dólares de “ayuda humanitaria” para Venezuela, es no castigarla con 10.000 millones de dólares de sanciones económicas.

La siguiente entrevista nunca fué publicada por el periodista que la requirió. Para salvar las respuestas del significativo silencio, el entrevistado ha reescrito las preguntas conservando el orden y la intención original.

Entrevista sobre Venezuela que nunca se publicó

P: ¿Cómo evalúa la grave situación que está viviendo Venezuela hoy?

JM: Como grave.

P: ¿Puede haber una mayor demostración de crueldad que la quema de ayuda humanitaria por parte del régimen de Nicolás Maduro?

JM: Eso es lo que han dicho los medios y los políticos de la derecha estadounidense y latinoamericana. Hay versiones encontradas sobre ese hecho. Todavía es necesaria una investigación. Mire, en lugar de consumir los cuentos de Disney del senador Merco Rubio, no sería mala idea escuchar lo que tiene para decir otro político, republicano pero mucho más inteligente y mejor informado, como lo es Ron Paul. (*)

P: Pero usted estará de acuerdo que el régimen chavista es una calamidad que ha hundido a Venezuela en la miseria.

JM: El problema de Venezuela no es solo Nicolás Maduro. Si los muchachos de Miami finalmente lograsen asesinarlo y la oposición tomase el gobierno, Venezuela seguiría con serios problemas, aunque Estados Unidos y la gran prensa le daría un gran alivio económico. Otro problema que impedirá una solución razonable en el mediano plazo es el odio político que permea a gran parte de la población. Si Maduro es autoritario, la oposición ha dado repetidas muestras de intolerancia desde el golpe de Estado de 2002.

P: Ha sido el régimen chavista el que destruyó el país, no la oposición.

JM: Chávez no llegó al poder por un golpe de Estado, aunque lo intentó en 1992, sino por “la situación del país”, sobre todo del país de los de abajo. Más allá de que en lo personal nunca me gustaron los líderes personalistas como Perón o como Chávez, la insistencia mediática de llamarlos “dictadores” no tiene sustento: ambos fueron presidentes por voto popular y sufrieron golpes militares de la oligarquía enquistada en el verdadero poder social. Cuando defienden los intereses del gran capital, los dictadores no son llamados dictadores por la gran prensa y los dueños del mundo. Durante casi todo el siglo XX Venezuela vivió sobre el petróleo y bajo dictaduras o con democracias formales, pero con terribles crisis sociales, como la que terminó con el Caracazo, la matanza de cientos de venezolanos en 1989, una década después del boom del petróleo. Por entonces el gobierno de Estados Unidos salió a rescatar a uno de sus presidentes favoritos, Carlos Andrés Pérez, con otra lluvia de dólares, no con sanciones económicas ni apoyando a la oposición que participó en las protestas.

P: Los políticos de izquierda siempre se han perpetuado en el poder.

JM: Aquí en Florida existe la risible pero comprensible creencia universal de que América Latina ha sido un mar de dictaduras comunistas. Los presidentes de izquierda han sido una ínfima minoría en la larga tradición latinoamericana de déspotas de derecha, de dictaduras de corte nazi y agresivamente pro capitalistas. Claro, cuando los pocos líderes de izquierda llegaron al poder, muchas veces continuaron esa cultura enferma del continente (que no inventaron ellos) que ha potenciado la corrupción en beneficio de las mismas elites de siempre. Es el lado negativo que le veo a Evo Morales y a Daniel Ortega. Claro, en los 80 a Nicaragua se la acosó con grupos terroristas llamados “luchadores por la libertad” y financiados por Washington con dinero sucio de Irán, por intermediación de Israel. Pregúntele al ahora encargado de la estrategia para Venezuela, Elliott Abrams, que de ese tema sabe mucho porque es un ex convicto. En el caso de Bolivia hoy nadie habla del permanente crecimiento del cuatro por ciento anual de su economía. Y si Franklin Roosevelt fue presidente de Estados Unidos por cuatro períodos y lo mismo Merkel en Alemania o Netanyahu en Israel, está bien. A esos no se los puede criticar…

P: Los bolivianos que vienen de allá, que conocen la realidad de sus países, saben que Evo es un dictador.

JM: “…los que vienen de allá”. Ningún estadounidense viajaría por el mundo diciendo que sabe lo que dice de su presidente Trump “porque vive en Estados Unidos”. Esos son argumentos que revelan inmediatamente el nivel intelectual de la discusión. Cada latinoamericano que viaja por el mundo se cree autorizado a “hablar de la realidad” de sus países con ese típico e ingenuo argumento de “yo sé lo que digo porque lo viví”, como si no hubiese millones que vivieron y viven los mismos hechos y piensan radicalmente diferente. Como decía un funcionario estadounidense de la embajada de República Dominicana en tiempos del dictador Trujillo: todos nuestros informes sobre este país están basados en lo que dicen los dominicanos que visten trajes y hablan inglés. Así ha sido siempre. No son pocos los “campeones de la democracia” que se van de sus países porque no les permiten expresarse libremente, llegan aquí y apenas escuchan una opinión diferente a la de ellos, te dicen que te vayas de este país para mantener la coherencia. Nunca han entendido qué es eso de la “democracia”.

P: ¿Por qué culpar siempre a Estados Unidos? ¿No hay suficientes pruebas de que el socialismo nunca funcionó en ninguna parte?

JM: Independientemente de su ideología, si un país no está alineado a la voluntad de la superpotencia, va a fracasar siempre, al menos en su economía. Nadie dice que China o Vietnam son pruebas de que el comunismo no funciona. China tiene un pésimo record en derechos humanos, pero su régimen comunista protege los capitales y eso es suficiente para no intentar destruir su economía con un bloqueo estilo Cuba. Lo mismo regímenes terribles como Arabia Saudita. Ahora hasta Corea del Norte tiene “relaciones amorosas” con el gobierno de Estados Unidos ¿Se imagina usted una manifestación pública de algún opositor en alguno de esos países amigos? No, pero a Venezuela se le impone sanciones económicas, se le bloquea la venta de su principal recurso, el petróleo, y se le prohíbe retirar sus propios ahorros de un banco de Londres. Solo en los últimos tres años estas sanciones le han quitado a ese país, no a Maduro, 8.000 millones al tiempo que se intenta introducir “ayuda humanitaria” a la fuerza por unas decenas de millones. Ese tipo de hipocresía es una vieja tradición. Todos los presidentes democráticamente electos como Mosaddegh en Iran, Arbenz en Guatemala, Lumumba en el Congo o Allende en Chile han sido económicamente estrangulados para generar desesperación en sus pueblos (esto no es una mera opinión; ha sido confirmado por los documentos desclasificados de las superpotencias). Todos fueron derrotados y reemplazados por crueles dictaduras militares que protegieron los recursos que las grandes compañías internacionales explotaban en esos países. ¿Quiere más detalles? Todas esas y otras decenas de brutales “dictaduras amigas” que secuestraron, violaron y asesinaron a cientos de miles de personas recibieron como premio multimillonarias ayudas del gobierno estadounidense. Así cualquiera demuestra que “el socialismo no funciona”. Pero a pesar de las ayudas financieras, narrativas y geopolíticas, la mayoría de esos “modelos” de países capitalistas fracasaron estrepitosamente. Recientemente Argentina volvió a implementar un modelo de capitalismo salvaje y volvió a fracasar como en la gran crisis del 2001. Pero el FMI ha salido al rescate del gobierno de Macri con 30 mil millones de dólares y el exitoso modelo sigue fracasando. ¿Por qué tantos países centroamericanos, más capitalistas que Estados Unidos, también son modelos de fracaso económico y social? ¿Qué hay del racismo y la violencia brutal en Brasil? ¿Qué hay de los cientos de líderes sociales ejecutados en Colombia en los últimos años? ¿Qué hay de las grandes empresas, entre ellas estadounidenses, que financiaron grupos terroristas en ese país y como castigo le pagaron una compensación económica al gobierno de Estados Unidos, no a las víctimas? ¿Por qué Colombia, el mayor productor de cocaína del mundo, es el país con más bases militares del mayor consumidor de droga del mundo, pero se acusa a los vecinos de “narcoestados”? ¿Por qué no hay tantos artículos y entrevistas sobre la calamidad en Haití…? Pues, sí, claro que Estados Unidos tiene una cuota gigantesca en la destrucción de la economía venezolana como de la cubana. Es parte de una vieja estrategia que los pueblos olvidan fácilmente o simplemente ignoran. Es necesario tomar en serio e investigar más las denuncias de tortura y ejecuciones por parte de la policía venezolana, las que pueden ser más graves de lo que se sabe hoy. En lo personal, quisiera ver a Maduro irse del poder. Ahora ¿harían lo mismo los dueños del mundo? Una pregunta retórica que no necesita respuesta, lamentablemente.

 

JM, febrero 2019

 

(*) Una reciente investigación del New York Times probó que la quema de camiones con ayuda humanitaria se debió a una bomba molotov de los manifestantes del lado colombiano.