ONU lamentó el fracaso de Uruguay en anular la ley de Caducidad

Uruguay - Montevideo 03

Image by GustavoBuriola via Flickr

“Esa ley fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Uruguay”, dijo la alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay

La alta comisionada de la ONU para los Derechos Humanos, Navi Pillay, lamentó este lunes la negativa de la Cámara de Diputados de Uruguay a anular la Ley de Caducidad, que impide procesar a los militares implicados en violaciones de los derechos humanos durante la dictadura.

“Se sigue haciendo cuesta arriba abordar el legado de muchos años de abusos sistemáticos por parte del Estado, como muestra el reciente rechazo por parte de la cámara baja del Parlamento de Uruguay a derogar (NdeR: lo tratado en el Parlamento fue para anular la ley)  finalmente la Ley de Caducidad de 1986, que blinda a los autores de crímenes internacionales cometidos durante la dictadura militar ante un procesamiento”, señaló Pillay.

“Esa ley fue declarada inconstitucional por la Corte Suprema de Uruguay”, recordó.

La responsable de la ONU intervenía ante el Consejo de Derechos Humanos de la ONU, que este lunes inauguró una nueva sesión, y se refería a que “las transiciones democráticas son incompletas si no pueden concluir las reformas institucionales apropiadas, incluidos los procesos de justicia transicional”.

“El fracaso en fortalecer las nuevas instituciones lleva no solo a la impunidad de pasadas violaciones de los derechos humanos, sino a nuevas violaciones, corrupción y crimen organizado”, afirmó la alta comisionada.

Pillay puso como ejemplo a Latinoamérica, donde -dijo- “se tomaron tales decisiones en algunos países hace décadas, durante difíciles periodos de transición”.

El pasado 20 de mayo, la Cámara de Diputados de Uruguay rechazó anular la Ley de Caducidad de 1986 que impide procesar a los militares acusados de violaciones de los derechos humanos durante la dictadura (1973-1985), y que había sido invalidada unas semanas antes por el Senado.

[fuente>>]

La mala conciencia

La cattiva coscienza. (Italian)

 

 

Uruguay: La mala conciencia. El país de la cola de paja


Que en unas elecciones gane un partido o el otro es parte del juego democrático. Una opción puede ser mejor, mucho mejor o aun peor que la otra. La dignidad de un pueblo no se mide por opciones ideológicas sino por decisiones morales. Lamento que la oportunidad de mostrar y demostrar que la justicia no negocia ni anda mendigando a los poderes que amenazan en nombre de la paz, esa, ha sido repetidamente defraudada. Y si los pueblos no se avergüenzan con más frecuencia de las que deberían es simplemente por su mala conciencia que no les permite imponerse a si mismo lo que le reclaman a otros ni otorgan a otros los derechos de los que gozan quienes tiene el poder de decidir.

En 1989 el pueblo uruguayo confirmó la ley de Caducidad, por la cual se perdonaba a los autores de secuestros, torturas, desapariciones y muertes organizadas desde el Estado. Casi una generación después, en el referéndum de 2009, aunque por estrecho margen, se  confirma la misma ignominia.

Desde que nuestros países del sur nacieron como republicas independientes que desesperadamente querían inventarse como naciones, tuvieron virtudes y errores. El primero de todos los errores, el error que ha persistido a lo largo de todas sus historias ha sido el de la impunidad. La única forma que han encontrado a este error que por repetido y por histórico no merece llamarse error sino debilidad del carácter, ha sido mirar para otro lado o quejarse. Quejarse, siempre quejarse y nunca mirar la realidad de frente y la conciencia de los crímenes propios directamente a los ojos. Nunca se puede renunciar a la justicia. Renunciar a la justicia es un acto de cobardía.

Cuando se renuncia a la justicia en nombre de la paz se está legitimando la impunidad de la fuerza. Cuando después de una generación esa fuerza ya es un saco de podredumbres, la renuncia es la herencia de una tara histórica, porque a veces los golpes enseñan y cuando son demasiado fuertes dejan incapacidades de por vida. Cuando quien renuncia no es la victima que clama por verdad y justicia, sino otros compatriotas que descansan satisfechos confortables en sus casas, entonces no sólo es un acto de cobardía sino, peor, un profundo acto de egoísmo aromatizado con la podredumbre de todas las justificaciones y las pseudo autorizaciones morales.

Si perdonar es divino, dejemos que Dios perdone. Si perdonar también es una virtud humana, perdonemos a quienes se han arrepentido y han colaborado con la justicia. No es posible perdonar a quien nunca ha sido juzgado ni condenado y a quienes hay que rogar infructuosamente que digan dónde están los huesitos de la hija o de la madre de algún desaparecido.

Cuando ni siquiera se ha juzgado a los violadores, perdonar es solo el premio que unavictima masoquista entrega al sadismo y a la impunidad y un crédito a largo plazo para nuevos abusos y nuevas humillaciones. Digo todas estas palabras duras, sin edulcorantes ni demagógicas complacencias no porque me crea mejor que nadie sino porque alguien debe atreverse a decirlo de una vez por todas: querido pueblo, no tienes vergüenza. Lo digo aun sabiendo que muchos de mis queridos familiares y amigos han sido participes de este error histórico. Asumo que lo han hechocon la mejor intención. Pero también lo han hecho con la peor conciencia histórica, esa vieja tradición que nació con nuestros países, ya desde los celebrados genocidios indígenas. Por no entrar en otros desagradables detalles a la hora del té.