Stalin le propuso a Occidente una alianza antinazi antes de la Segunda Guerra

«Stalin planeaba enviar un millón de soldados para detener a Hitler si Gran Bretaña y Francia aceptaban un pacto»

Stalin estaba «dispuesto a desplazar a más de un millón de soldados soviéticos a la frontera alemana para disuadir la agresión de Hitler justo antes de la Segunda Guerra Mundial»

Por Nick Holdsworth en Moscú 18 de octubre de 2008

Documentos que se mantuvieron en secreto durante casi 70 años revelan que la Unión Soviética propuso enviar una poderosa fuerza militar en un intento por atraer a Gran Bretaña y Francia a una alianza antinazi.

Tal acuerdo podría haber cambiado el curso de la historia del siglo XX, impidiendo el pacto de Hitler con Stalin que le dio vía libre para entrar en guerra con los demás vecinos de Alemania.

La oferta de una fuerza militar para ayudar a contener a Hitler fue realizada por una delegación militar soviética de alto rango en una reunión en el Kremlin con oficiales de alto rango británicos y franceses, dos semanas antes de que estallara la guerra en 1939.

Los nuevos documentos, cuyas copias ha podido ver The Sunday Telegraph, muestran el gran número de fuerzas de infantería, artillería y aerotransportadas que, según los generales de Stalin, podrían enviarse, siempre y cuando se superaran primero las objeciones de Polonia al paso del Ejército Rojo por su territorio.

Pero la parte británica y francesa —a la que sus gobiernos habían dado instrucciones para negociar, pero sin autorización para comprometerse en acuerdos vinculantes— no respondió a la oferta soviética, realizada el 15 de agosto de 1939. En cambio, Stalin se volvió hacia Alemania y firmó el infame tratado de no agresión con Hitler apenas una semana después.

El Pacto Molotov-Ribbentrop, que lleva el nombre de los ministros de Relaciones Exteriores de ambos países, se firmó el 23 de agosto —apenas una semana antes de que la Alemania nazi atacara a Polonia, lo que desencadenó el estallido de la guerra—. Pero esto nunca habría sucedido si se hubiera aceptado la oferta de Stalin de una alianza occidental, según el general de división retirado del servicio de inteligencia exterior ruso Lev Sotskov, quien clasificó las 700 páginas de documentos desclasificados.

«Esta fue la última oportunidad para acabar con el lobo, incluso después de que [el primer ministro conservador británico Neville] Chamberlain y los franceses hubieran entregado Checoslovaquia a la agresión alemana el año anterior en el Acuerdo de Múnich», afirmó el general Sotskov, de 75 años.

La oferta soviética —realizada por el ministro de Guerra, el mariscal Klementi Voroshilov, y el jefe del Estado Mayor del Ejército Rojo, Boris Shaposhnikov— habría desplegado hasta 120 divisiones de infantería (cada una con unos 19 000 soldados), 16 divisiones de caballería, 5.000 piezas de artillería pesada, 9.500 tanques y hasta 5.500 aviones de combate y bombarderos en las fronteras de Alemania en caso de una guerra en el oeste, según muestran las actas desclasificadas de la reunión.

Sin embargo, el almirante Sir Reginald Drax, quien encabezaba la delegación británica, les dijo a sus homólogos soviéticos que solo estaba autorizado a dialogar, no a cerrar acuerdos.

«Si los británicos, los franceses y su aliado europeo, Polonia, hubieran tomado en serio esta oferta, juntos hubiéramos podido desplegar unas 300 divisiones o más en dos frentes contra Alemania —el doble de las que tenía Hitler en ese momento—», afirmó el general Sotskov, quien se unió al servicio de inteligencia soviético en 1956. «Esta fue una oportunidad para salvar al mundo o, al menos, detener al lobo en seco».

Cuando se le preguntó qué fuerzas podría desplegar la propia Gran Bretaña en el oeste contra una posible agresión nazi, el almirante Drax respondió que solo había 16 divisiones listas para el combate, lo que dejó a los soviéticos desconcertados ante la falta de preparación de Gran Bretaña para el conflicto que se avecinaba.

Es bien conocido el intento soviético de asegurar una alianza antinazi que incluyera a británicos y franceses. Pero nunca antes se había revelado hasta qué punto estaba dispuesta a llegar Moscú.

Simon Sebag Montefiore, autor de los éxitos de ventas *El joven Stalin* y *Stalin: La corte del zar rojo*, señaló que era evidente que había detalles en los documentos desclasificados que los historiadores occidentales desconocían.

«Los detalles de la oferta de Stalin subrayan lo que ya se sabe: que los británicos y los franceses pudieron haber perdido una oportunidad colosal en 1939 para impedir la agresión alemana que desencadenó la Segunda Guerra Mundial. Esto demuestra que Stalin pudo haber estado más decidido de lo que pensábamos al ofrecer esta alianza».

El profesor Donald Cameron Watt, autor de How War Came —ampliamente considerado como el relato definitivo de los últimos 12 meses antes del inicio de la guerra—, señaló que los detalles eran nuevos, pero se mostró escéptico respecto a la afirmación de que se hubieran expuesto con detalle durante las reuniones.

«No hubo ninguna mención de esto en ninguno de los tres diarios de la época, dos británicos y uno francés, incluido el de Drax», afirmó. «Personalmente, no creo que los rusos hablaran en serio».

Los archivos desclasificados —que abarcan el período desde principios de 1938 hasta el estallido de la guerra en septiembre de 1939— revelan que el Kremlin estaba al tanto de la presión sin precedentes que Gran Bretaña y Francia ejercieron sobre Checoslovaquia para apaciguar a Hitler mediante la entrega de la región de los Sudetes, de etnia alemana, en 1938.

«En cada etapa del proceso de apaciguamiento, desde las primeras reuniones de alto secreto entre británicos y franceses, entendimos exactamente y en detalle lo que estaba sucediendo», dijo el general Sotskov.

«Estaba claro que el apaciguamiento no se detendría con la entrega de los Sudetes por parte de Checoslovaquia y que ni los británicos ni los franceses moverían un dedo cuando Hitler desmemblara el resto del país».

Las fuentes de Stalin, según el general Sotskov, eran agentes de inteligencia exterior soviéticos en Europa, pero no en Londres. «Los documentos no revelan precisamente quiénes eran los agentes, pero probablemente se encontraban en París o en Roma».

Poco antes del infame Acuerdo de Múnich de 1938 —en el que Neville Chamberlain, el primer ministro británico, le dio de hecho luz verde a Hitler para anexar los Sudetes—, se le dijo al presidente de Checoslovaquia, Eduard Beneš, sin lugar a dudas que no invocara el tratado militar de su país con la Unión Soviética ante una nueva agresión alemana.

«Chamberlain sabía que Checoslovaquia ya se había dado por perdida el día que regresó de Múnich en septiembre de 1938, ondeando un pedazo de papel con la firma de Hitler», dijo el general Sotksov.

Las conversaciones de alto secreto entre la delegación militar anglo-francesa y los soviéticos en agosto de 1939 —cinco meses después de que los nazis invadieran Checoslovaquia— sugieren tanto la desesperación como la impotencia de las potencias occidentales ante la agresión nazi.

Polonia, cuyo territorio habría tenido que atravesar el vasto ejército ruso para enfrentarse a Alemania, se oponía firmemente a tal alianza. Gran Bretaña tenía dudas sobre la eficacia de las fuerzas soviéticas, ya que apenas un año antes, Stalin había purgado a miles de altos mandos del Ejército Rojo.

Los documentos serán utilizados por historiadores rusos para ayudar a explicar y justificar el polémico pacto de Stalin con Hitler, que sigue siendo tristemente famoso como ejemplo de oportunismo diplomático.

«Estaba claro que la Unión Soviética se encontraba sola y tenía que recurrir a Alemania y firmar un pacto de no agresión para ganar algo de tiempo y prepararnos para el conflicto que, sin duda, se avecinaba», afirmó el general Sotskov.

Un intento desesperado de los franceses el 21 de agosto por reactivar las negociaciones fue rechazado, ya que las conversaciones secretas entre soviéticos y nazis ya se encontraban muy avanzadas.

No fue sino hasta dos años después, tras el ataque de la Blitzkrieg de Hitler contra Rusia en junio de 1941, que finalmente se concretó la alianza con Occidente que Stalin había buscado; para entonces, Francia, Polonia y gran parte del resto de Europa ya se encontraban bajo ocupación alemana.


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