En julio de 2026, el senador uruguayo Pedro Bordaberry publicó el libro ¡Al trabajo y adelante!, una biografía de Benito Nardone. Desde entonces, se realizaron múltiples presentaciones y actos de promoción de su libro, donde se reivindica el papel de Nardone como dirigente ruralista y figura política influyente del siglo XX. En 1971, en elecciones teñidas por acusaciones de fraude y por el intervencionismo de Washington, que temía un triunfo de la nueva coalición de izquierda, Frente Amplio, ganó el padre de Pedro, Juan María Bordaberry. La Junta militar facilitó el golpe de Estado cívico-militar en Uruguay de 1973. Luego reconoció que nunca había creído en la democracia.
Del libro Crítica de la pasión pura (1997)
295, PILATOS. No deja de ser curioso y sospechoso el hecho de que, en el pasado, la Iglesia y hasta los protestantes hayan considerado, o simplemente enseñado, que el poder de los gobernantes posee un origen divino, cuando los Evangelios insisten precisamente en lo contrario. Sobre todo en el Apocalipsis, el poder significa el Mal, el engaño de la fuerza que gobierna al mundo. Ubicarse a la izquierda del poder es la forma más auténticamente cristiana de relacionarse con él. Sin embargo, esta aparente contradicción es una forma tradicional de coherencia teológica. —En un reciente y extenso libro de veinticuatro páginas, el ex-presidente uruguayo Juan María Bordaberry expuso todo su pensamiento vivo sobre la democracia. Para Bordaberry, este sistema que lo llevó al poder en 1972 es el culpable de todos los vicios inmorales de nuestras sociedades. Por lo pronto, lo único concreto que podemos contar es que el mayor defecto del sistema que este señor critica está en que es capaz de otorgar el poder para su propia destrucción, como ocurrió en 1973. Según este político y extenso pensador, debemos “reconocer la soberanía divina como origen del poder”. —Desde los antiguos faraones hasta Juan María Bordaberry, pasando por todos los reyes y déspotas de la historia, las creaturas que ostentaron el poder siempre lo han creído de naturaleza divina. Y por eso, todos los que creemos en el valor democrático del alma individual, debemos mantenemos herejes e irrespetuosos. Y si somos demócratas y prevenidos, cuando logremos llevar a un partido al gobierno, debemos volvernos a la oposición. Porque el poder no es divino sino perverso por vocación y por eso siempre hay que criticarlo.



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