Nunca pude superar el desagrado de ver mi rostro en una entrevista o en una foto pública. No sin ironía, las editoriales de libros o los medios de entrevistas han insistido mil veces en producir fotos más actualizadas, como si fuese una herencia anacrónica de siglos pasados. No sin ironía, he tenido múltiples estudiantes, algunos artistas declarados (músicos, pintores o actores de Hollywood como Tatiana Zappardino, con Sylvester Stallone, etc) que me han hecho ese tipo de mal favor, por lo cual en mi oficina conservo algunas pinturas entre el piso y las paredes.
Cada vez más valoro esos gestos, sobre todo en tiempos de la superficial IA.
Hace unos pocos días, una estudiante se me acercó al final de una clase y me dio este dibujo, como si se disculpara. Le dije, palabras más o menos, que había sido demasiado generosa, porque soy mucho más feo que eso.
Lo guardé y lo dejé en uno de los cajones de mi oficina.
Ahora pienso que, tal vez, soy (y siempre he sido) demasiado rudo con gente que se merece algo mejor. Tal vez he sido excesivamente formal con la gente que sí es sensible, humanos de verdad (no malditos bots), sea por la razón que sea, justo eso que siempre reclamo como una pérdida de humanidad.
Así que, antes de dedicarle días o años a reflexionar sobre eso, subo aquí lo que mi estudiante vio o no vio en su libreta de notas.
¿Se distrajo por un momento del tema de la clase? No importa. Es su arte y yo soy solo una piedra que pasó por ahí como un meteorito, pensando que estaba analizando algo importante y, tal vez, muy probablemente, me equivocaba…
majfud, setiembre 2026.


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