Algunos españoles olvidan que no solo nacieron como país pluricultural (y lo fueron por un mileno antes de su fundación y del mediocre y criminal fanatismo etno-regilioso) sino que, además, son un país de emigrantes.
De emigrantes huyendo del fascismo y del hambre.
Muchos de nosotros, sino casi todos, hemos crecido en América latina rodeados de españoles (gallegos, vascos, castellanos, catalanes, andaluces) a quienes nunca se los expulsó de nuestros países por su condición cultural ni se los amenazó con algún tipo de deportación sin causa criminal.
Una vez, de niño, estaba con mi padre compartiendo un asado en un rancho de campo y uno de sus amigos españoles se quejó de que el asado estaba duro. El otro le respondió:
“Cállate, José, que con Franco comíamos ratas”.
Cuando fui a estudiar arquitectura a Montevideo, estuve años comiendo en los bares de los gallegos y, más allá de algún chiste de mal gusto de alguno de los parroquianos que hasta los gallegos respondían con humor, nunca escuché algo como “Vuélvete a España”.
Claro que siempre se pueden encontrar excepciones, pero han sido eso, excepciones. No un partido político. No una cultura o subcultura racista. Por el contrario, eran percibidos y auto percibidos tan uruguayos como cualquiera de nosotros, por lo cual los conflictos podían ser políticos o deportivos, pero no raciales, religiosos, étnicos o lingüísticos.
Ignorar los millones de españoles que emigraron por el fascismo y la desesperación es la peor forma de ser españoles. La ignorancia es muy atrevida. Olvidar la milenaria regla de oro (“No le hagas a los demás lo que no quieres que los demás hagan contigo”) es la peor forma de ser humano.
jorge Majfud, abril 2026

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