La historia no deja mucho lugar a las excepciones: al grito de democracia se practicó el despojo de otras naciones; al grito de libertad se esclavizó y se expandió las formas más brutales e industriales de imperialismo. Todo esto, casi siempre fue perpetuado por democracias, no por dictaduras. No por casualidad, Theodore Roosevelt escribió que “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo”.[i]
Por lo general, las dictaduras coloniales y poscoloniales (casi todas dictaduras funcionales y casi por excepción dictaduras resistentes) fueron la consecuencia lógica de estos imperios democráticos. Todo bajo una vieja lógica. En la antigua Grecia, Atenas era una democracia muy similar a las democracias de los últimos siglos: tenía esclavos temporales, toleraba cierta diversidad y se vanagloriaba de aceptar inmigrantes de otros pueblos; unos pocos votaban y su imposición sobre otros pueblos griegos, como Esparta, se basaba en la fuerza de su dinero. Dos mil años después, los imperios modernos siempre se dieron el lujo de presumir democracia, tolerancia a la diversidad y a las opiniones diferentes en sus calles… Claro, mientras su poder no tenga competencia y mientras se siga imponiendo y practicando lo opuesto en las colonias (donde la crítica era más peligrosa) para beneficio económico de la civilizada metrópoli.
La historia moderna de las llamadas democracias como sistemas-de-poder-compartido-de-la-clase-dominante, cohesionado por sus capitales y oligopolios, fueron más dictatoriales, imperialistas y brutales con otras naciones que las mismas dictaduras. Tal vez porque se sentían impulsadas por la misma arrogancia de considerarse benévolos. Tal vez porque casi todos esos imperios fueron capitalistas. Así ocurrió (por ambas razones) con los brutales imperios británicos, holandeses, franceses y estadounidenses. Así continúa ocurriendo con el belicismo de la OTAN, compuesta de países con sistemas de democracia liberal―todas secuestradas por la elite financiera, como antes lo estaban por los capitales industriales. Un poco más en la periferia, por ejemplo, uno de los argumentos más recurrentes que justifican el largo y brutal apartheid de los gobiernos israelíes consiste en que ese país “es la única democracia en Oriente Medio”. Aunque fuese una democracia plena y no limitada, esto no la autoriza ni justifica a su gobierno para disponer de otra nación, la palestina, a su antojo y por la fuerza de sus armas―negando en los hechos la existencia política a todo un pueblo bajo la excusa de que algunos en su resistencia independentista no reconocen su existencia.
¿Por qué las mayores dictaduras globales fueron democracias nacionales, cuando aún dictduras como la cubana o la libia, por el contrario, se solidarizaron con las colonias y los oprimidos del mundo? ¿A qué se debe esta (aparente) paradoja? ¿Tal vez los dictadores fueron más precavidos por temor a perder el poder? ¿Tal vez porque esas dictaduras nacieron de la lucha contra la brutalidad genocida de los imperialismos? ¿Tal vez eso que llamamos democracia no es la democracia de los nativos americanos (como la Confederación Iroquesa antes que la destruyeran los civilizados colonos), sino algo muy distinto: la democracia según la entendieron y fosilizaron los anglosajones, basada en el despojo, el desplazamiento del otro y la defensa de nuestra propiedad privada?
Ocurrió con la antigua democracia ateniense y con las democracias noroccidentales de la Era Modera. Las víctimas siempre son culpables de amenazar a sus amos quienes, ante cualquier cambio, son compensados por sus pérdidas económicas, como cada vez que se abolió la esclavitud o alguna colonia logró su independencia. Así, los invadidos son los invasores. Los masacrados son los violentos. Los corrompidos son los corruptos. Los asaltados, hambreados y exterminados por siglos en beneficio de los países desarrollados, son los únicos responsables de su pobreza.
jorge majfud, del libro Moscas en la telaraña (2023)
[i] Roosevelt, Theodore. “National Life and Character.” (1894) Teaching American History: teachingamericanhistory.org/document/national-life-and-character/

Comentarios
One response to “Democracias imperiales, dictadura solidarias”
Respecto a Israel vs Palestina me atrevo a recordar a Isaac Rabin,asesinado por sionistas ultras al reconocer la validez de dos estados como mandataba la ONU Pero que los palestinos NUNCA hayan aceptado al estado judío es reprobable y los descalifica como actores políticos Hubo un resto de Judíos que nunca se fue de Jerusalén después de la destruccion del templo por Tito y logró constituirse nuevamente en estado casi dos milenios después al precio del holocausto que selló la definición universal de los derechos humanos.Ademas los métodos terroristas que emplean deben ser enérgicamente condenados