De verdad que estoy fastidiado de que algún lector me diga que la IA no puede verificar algún dato incluido en alguno de mis libros (sobre todo La frontera salvaje, para el cual decidí en 2019 recortar fuentes tradicionales para bajarlo a 650 páginas, confiando en que el texto tenía los datos suficientes para ser usados por cualquier buscador moderno; en los libros siguientes volví a incluir cada una de las fuentes por esta misma razón) y más molesto aún por comprobar que el lector tiene razón: las IAs concluyen frívolamente que “el dato no existe” o “no es verificable”.
Entonces debo dejar todo lo que estoy haciendo para ir detrás de la fuente. Si alguna fe me tengo es que, me puedo equivocar, pero nunca, jamás incluyo cita o dato, por traducido que esté, que no sea estrictamente verificable. Luego de media ahora, en el mejor de los casos, localizo la fuente y recibo de la IA la misma respuesta de siempre:
“Tienes razón. Disculpa por el error”, etc.
Las IA no son capaces de una sola idea nueva y, cuando deben hacer su trabajo, que básicamente se reduce a buscar datos más rápido que Google, no pueden hacerlo o, mucho peor que eso, dejan al usuario contento con la respuesta incorrecta.
Lo peor de todo: muchos lectores, cada vez con menos entrenamiento crítico, les creen a las IA como a dioses. Si esto sigue así nos vamos a extinguir. Algo de lo cual no sabría decir si es algo malo del todo y no pienso preguntárselo a esas esclavas de sus secuestradores.
jorge majfud, mayo 2026


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