A los incansables e innumerables comentarios anónimos juzgando en sus reposteos o en correos como “cobardía, cerrar los comentarios” en esta red…
Señores, no es cobardía, es indiferencia. No me interesa lo que tengan para decir sujetos que no tienen nada para aportar y viven del robo de tiempo ajeno. Hace unos días un joven me preguntó si había leído un libro en lo que iba del año. Luego se vanaglorió repetidas veces de haberme callado con un argumento que no me “atreví a contestar”, por lo cual yo lo habría bloqueado “cuando me demostró que estaba equivocado”. Pibe, el argumento no sólo demostraba ignorancia sino que no valía diez segundos del tiempo de nadie. Así de simple. Pero, como decía Demócrates, “el que amonesta a un hombre que se cree inteligente trabaja en vano”.
Por supuesto que, como todo ser humano, todos somos expertos en equivocarnos. Por supuesto que discrepamos con el Papa en teología, pero cuando alguien le recomienda estudiar teología, ya lo está diciendo todo sobre sí mismo. La ignorancia es atrevida.
Todo lo que pienso lo digo y lo público: en mis clases, en los medios, en libros, en charlas públicas, siempre con firma y poniendo la cara. Siempre. ¿No les parece demasiado atrevimiento acusar a los demás de cobardía y un abuso de robo del tiempo ajeno exigir respuestas a sus “genialidades”? Claro que no les debe parecer. De otra forma no insistirían.
Ya lo expliqué: no le abro la puerta de mi casa a cualquiera. También bloqueo sin tomarme diez segundos para responder a gente que te da cátedra y en la primera frase demuestra que no es ningún experto en el área. (Si lo hago ahora aquí es como reflexión general.) Bastante tengo con mi obligación de que responder a 300 estudiantes por correo o en mi oficina, pero a ellos no puedo bloquearlos, además de reconocer que, pese a que el 90 por ciento tiene una visión del mundo radicalmetne opuesta a la mía, por lo general son gente respetuosa. Soy un trabajador asalariado y debo cumplir con mi trabajo. Hoy domingo estoy corrigiendo exámenes, por lo que cada una o dos horas me tomo un descanso de cinco minutos y me doy una vuelta por aquí para leer diarios, a los amigos y a gente interesante, muchos de ellos anónimos, pero probadamente cultos y respetuosos.
La vida es muy corta para quemarla atendiendo a miles de desconocidos. Es natural que entre miles de desconocidos que nos cruzamos aquí, como en la calle, no falten psicópatas, frustrados, degenerados de todo tipo, criminales, abusadores o simplemente pobres diablos a la búsqueda de un hombro sobre el que vomitar.
¿Por qué habríamos de perder treinta segundos con esta gente? Lean más libros y tengan más sexo. Hagan algo para ser más felices. Enfréntense a los poderosos. Si aun así se sienten frustrados, cómprense una vida, aunque sea una de plástico.
como siemrpe, va firmado: jorge majfud

Deja un comentario