Esos neutrales y apolíticos que esperan a la vuelta de la esquina

Creo que, a esta altura de la historia, cualquiera sabe, o puede comprender, que basta con vivir en una sociedad, por primitiva y pequeña, por anónima y desarrollada que sea, para dejar de ser neutrales en la administración del poder. Sin embargo, aun en un mismo individuo hay momentos de compromiso y momentos de renuncia. Es humano. Nadie puede ser un gladiador todo el tiempo. Por salud mental, a veces es necesario retirarse; a veces es legítimo concentrar la mirada en una taza de café y cambiar por un momento los versos del Neruda que le cantaba a los mineros explotados por los del Neruda que le cantaba al amor romántico. Eso en el mejor de los casos, porque no pocas veces, en uno de esos ataques imaginarios de irresponsabilidad, más de uno desearíamos mudarnos a una isla en el Pacífico y no escuchar más del mundo.

Pero existe una actitud que podríamos aceptar bajo la clasificación precaria de “neutral”, y dentro de ésta existen los neutrales indiferentes y los neutrales dedicados a tiempo completo. Nunca nadie verá en los medios ni en las redes sociales a un conspirador profesional discutiendo sobre política, uno de esos mercenarios pagados por agencias secretas que no saben qué hacer con presupuestos de once cifras pero sí saben qué hacer con aquellos que se atreven a pensar diferente. Por el contrario, desde una arrogancia insuperable, se muestran posando alegres en una playa, recomiendan dietas para perder peso o participan en alguna disputa sobre deporte, sobre los dichos de alguna actriz o sobre el sexo de los ángeles. ¿Cómo distinguir a estos “neutrales diseñados” de los verdaderos indiferentes, de los cansados, de los hastiados o de los honestos ignorantes? ¿Por su bella sonrisa? ¿Por la nada que dicen? No, imposible. 

Pero, como bien saben los investigadores de la academia, cuanto mayor sea la muestra más claro y confiable será el patrón que rige un fenómeno. Procedamos según el método. Consideremos alguna de esas instituciones fuertemente politizadas pero obsesionadas con su propia neutralidad política, como las autoridades eclesiásticas de alguna gran religión o de otras fuerzas represivas como, por ejemplo, los generales de los tradicionales ejércitos latinoamericanos. Es decir, no consideremos en la muestra ni a los jefes globales (dueños de bancos y transnacionales, directores de agencias secretas, secretarios de Estado de grandes potencias) ni a los vasallos honorarios (soldados, asalariados felices solo cuando su equipo mete un gol, amables y abnegadas amas de casa). Consideremos sólo poderosos generales, es decir, mandos medios. 

Una lista rápida, resumida e incompleta de este patrón histórico no deja lugar a dudas sobre la naturaleza de la neutralidad y de su preferencia por los traidores (por una mera razón geográfica, dejemos de lado casos como el del dictador Francisco Franco, ascendido a general por la democracia republicana de España meses antes de comenzar a destruirla):

Antes de convertirse en el dictador más importante de la historia de México, el general Porfirio Díaz había sido perdonado por Lerdo de Tejada por su intento de golpe de Estado contra Benito Juárez. Poco después, el presidente Tejada sería exiliado por su salvador.

En Bolivia, el general René Barrientos había sido promovido por el presidente Víctor Paz Estenssoro (todavía con algún resto de sus convicciones revolucionarias) unos años antes de que lo sacara del gobierno con un golpe de Estado. 

En un viejo y amplio plan de conspiraciones de la CIA contra Allende y de asesinatos de militares en favor del orden constitucional, el presidente chileno había ascendido al general Augusto Pinochet, sustituto del general Carlos Prats (a su vez sustituto de otro constitucionalista asesinado por la CIA, el general René Schneider) por su neutralidad política. 

En Argentina, un católico que no se perdía misa los domingos, el dictador y genocida general Rafael Videla había sido promovido por la presidente Isabel Perón, debido a su reconocida neutralidad y desinterés por la política.

En Panamá, el general Manuel Noriega había sido promovido por Omar Torrijos, quien poco después moriría en un accidente aéreo, a meses de la muerte de otro presidente rebelde, el ecuatoriano Jaime Roldós, en otro accidente aéreo. Noriega, empleado de la CIA y uno de los mayores narcotraficantes de la región, perseguirá a los seguidores de Torrijos.

En Uruguay, un caso más reciente y menos trágico, pero que cumple con el mismo patrón, es el del general Manini Ríos, promovido por el presidente socialsita Tabaré Vázquez como Comandante en jefe del Ejército Nacional. Manini Rios se convertirá en uno de los más férreos opositores al gobierno de Vásquez y fundará un nuevo partido donde los viejos y los nuevos fascistas y apologistas de la dictadura de ese país encontrarán consuelo y una plataforma de acción. 

Poco después, en Bolivia, el general Williams Kaliman Romero, miembro ad hoc de la larga tradición nazi en Bolivia, también será promovido por el presidente Evo Morales, antes de que lo obligue a renunciar a la presidencia. 

La lista de estos ejemplos históricos y neuróticos, profundamente relevantes para los pueblos y significativos para las matemáticas estadísticas, es más larga, pero estoy seguro de que aburriría a los lectores, ofendería a los “patriotas amantes de la libertad”, del honor y del helado de vainilla, y superaría el límite de palabras que hasta los medios más honestos no pueden rebasar. 

JM, junio 2021

Ultimo libro: La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en Amérioca latina.

Fútbol rebelde

São Paulo, Brasil. 4 de diciembre de 2011—A las 4: 10 de la madrugada, a los 57 años, muere Sócrates de Souza Vieira de Oliveira, conocido como Sócrates, uno de los mejores futbolistas de la historia e integrante de la mejor selección de Brasil que, por cosas del fútbol, no pudo ser campeona del mundo en 1982.

Hijo de un padre aficionado a la literatura, Sócrates no fue un jugador profesional hasta muy tarde, luego que, a los 24 años, se graduó de médico. En 1982, junto al sociólogo Adílson Monteiro Alves, rescató al club Corinthians de una temporada que lo había hundido hasta el fondo de la tabla de posiciones. Con Adílson, Wladimir y Walter Casagrande, fundó la Democracia Corinthiana, un experimento anarquista donde los jugadores y los entrenadores tomaban las decisiones más importantes por votación. La idea, ridiculizada por muchos, no fue un fracaso. Luego de veinte años sin ganar nada, el Corinthians salió campeón de la liga paulista dos veces, en 1982 y en 1983. Por si fuese poco, los irresponsables autogestionados lograron pagar las deudas del club y obtuvieron un superávit de tres millones de dólares.

El equipo fue el primero en salir a la cancha con anuncios estampados en su camiseta sin colores como las páginas de un libro, pero no eran anuncios comerciales sino mensajes políticos como “Democracia” o “Diretas Já (Elecciones ya)”. La osadía causó una profunda molestia entre los militares y entre los amantes del deporte-por-el-deporte, pero una aún más profunda admiración y complicidad de los hinchas hizo imposible detener a los jugadores.

En 1983 se propuso la Enmienda Constitucional Dante de Oliveira para llamar a elecciones nacionales. Sócrates advirtió que, si la propuesta no era aprobada, dejaría el país. El 2 de marzo, la enmienda fue rechazada y Sócrates marchó a Italia. El movimiento iniciado bajo el nombre Diretas Já no se detuvo y, junto a la crisis económica agravada en América Latina por la suba de las tasas de interés de la FED y la multiplicación de la deuda de las dictaduras amigas, terminó por derribar al régimen militar. En el mundial de México 86, en momentos en que América Central se desangraba con las dictaduras de Washington y el paramilitarismo de los Contras, Sócrates se puso una vincha blanca con la leyenda “Reagan asesino”. En 2002 reconoció: “Siempre supe que estábamos haciendo política. El fútbol es el único medio que puede acelerar el proceso de transformación de nuestra sociedad porque es nuestra mayor identidad cultural. Todos entienden de fútbol; de política, nada”.

Pero en una entrevista para The Guardian de 2010, Sócrates reveló su mayor debilidad: “ser sensible no siempre es lo mejor que te puede pasar”. Ahora, derrotado por su alcoholismo, Sócrates, el jugador más elegante, el capitán de la selección nacional del mejor equipo de la historia, el doctor rebelde que demostró que las cosas pueden ser de otra forma, el pintor, el escritor, el bohemio, acaba de morir esta madrugada. Hoy es domingo. En una entrevista de 1983 había dicho que quería morir un domingo, un día en que el Corinthians salga campeón.

Por la tarde, el Corinthians se consagra campeón de Brasil. Multitudes de futbolistas campeones del mundo serán olvidados. Sócrates no.

Gavazzo en el aniversario del Golpe (nota al margen)

A propósito del programa Zero Hour de Richard Eskow

En momentos de desaliento, me da mucha alegría cuando un camionero que va por una autopista en la noche de Nueva York o de Arizona me envía un mensaje de agradecimiento.  

De mi experiencia en EE.UU. he conocido estadounidenses de probado coraje intelectual como para denunciar no solo el racismo endémico de su país sino también el imperialismo centenario y mutante de Washington y sus megacorporaciones. Casi tantos como latinoamericanos que se ofenden ante cualquier crítica radical (que es la única crítica con alguna importancia) a las brutales intervenciones de Washington. Incluso, he conocido algunos “marines” a la vuelta de las trágicas guerras a las que fueron enviados en sus juventud, quienes son férreos críticos de esas mismas guerras, mientras los integrantes de las clases acomodadas (con sus medios dominantes y sus sirvientes dominados) en esos países colonizados y embrutecidos reaccionan furiosos cada vez que escuchan alguna crítica a esos poderes que sostienen el orden global que les otorga sus miserables privilegios de clase—todo en nombre de la libertad, como era el caso de los esclavistas del siglo XIX.

¿Por qué? Creo que la respuesta es bastante obvia: la mentalidad del colonizado es más fuerte en América Latina que en los propios Estados Unidos. Aquí, en Estados Unidos, pueden ser fanáticos mesiánicos, pero los colonizados son los otros, aquellos que sirven al orden hegemónico en otras tierras. Incluso cuando la presencia y la injerencia de Washington ha disminuido hasta mínimos históricos en algunos rincones de América latina, la moralidad del colonizado persiste con el fanatismo del colonizador que se ha retirado.

Para mí es un honor haber estado, hace un par de noches, en el programa de Richard “RJ” Eskow, Zero Hour, con su millón de televidentes y radio escuchas (perdón por dos expresiones que suenan tan feo).

En momentos de desaliento, me da mucha alegría cuando un camionero que va por una autopista en la noche de Nueva York o de Arizona me envía un mensaje de agradecimiento.  

48 aniversario del golpe de Estado en Uruguay. La complicidad de los grandes medios

27 de junio de 1973—Con la oposición de la marina, el presidente electo Juan María Bordaberry y otro ejército latinoamericano deciden salvar la libertad, la democracia, la patria y el honor contra la influencia extranjera. Para eso debe suprimir las libertades individuales, el parlamento, los derechos humanos y permitir que el plan de Washington se lleve a cabo al mismo tiempo que se culpa a alguien más (en este caso, los Tupamaros) de la necesaria dictadura. Como otros casos en América latina, la campaña electoral de Bordaberry había sido en parte financiada por la dictadura brasileña, otra hija de la desestabilización programada del gobierno de Washington que terminó con el gobierno progresista de João Goulart en 1964,  la instalación de otra dictadura militar y la creación de los Escuadrones de la muerte.

 El agente de la CIA asignado a Uruguay en 1964, Philip Franklin Agee, se encuentra en Londres escribiendo sus memorias, de donde será expulsado, no por sus operaciones encubiertas sino por sus revelaciones. Durante la década anterior, escribe Agee, los grandes medios en Uruguay, como en otros países latinoamericanos, estaban inoculados. Con un presupuesto de un millón de dólares anuales (equivalente a más de ocho millones para el año 2021) y siguiendo los lineamientos de Mockingbird Operation (Operación Sinsonte) cada día se plantaban “dos o tres artículos de propaganda” en diarios como El País, La Mañana y El Día. Los artículos eran pasados como editoriales sin firmas, lo cual aumentaba la idea de realidad objetiva y luego eran, previsiblemente, citados por otros medios. En abril de 1964, recuerda Agee, la CIA había plantado un artículo de media página en el diario colorado La Mañana firmado por Hada Rosete, representante del Consejo revolucionario cubano, en el cual había hecho circular la idea de la presencia de armas rusas y cubanas en el hemisferio para apoyar a grupos subversivos en Venezuela, Honduras, Perú, Colombia, Argentina, Panamá y Bolivia, operación supuestamente dirigida a muy larga distancia por las embajadas soviéticas y cubanas en México, Buenos Aires y Montevideo, las tres únicas embajadas soviéticas existentes en el continente durante los años cincuenta. El artículo había sido escrito por los agentes Gerald O’Grady y Brooks Reed. Otros artículos publicados en los principales diarios del país habían sido escritos en Nueva York por el cubano Guillermo Martínez Márquez, editor de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Estas son prácticas comunes en el continente y más allá. En 1976 la Comisión Otis Pike de la Cámara baja y la comisión Church del Senado de Estados Unidos reproducirán uno de los informes de la CIA fechado en octubre de 1970 sobre su actividad sistemática de plantar editoriales y proveer información falsa o conveniente en los medios locales para influir o preparar una intervención. En sus propias conclusiones, la comisión Church revelará el “uso sistemático de la prensa, de las radios, del cine, de panfletos, de posters, de correo directo” por parte de la CIA. En el caso del programado golpe de Estado en Chile, a semanas de la asunción de Salvador Allende: “San Pablo, Tegucigalpa, Lima, Montevideo, Bogotá, Ciudad de México reportan que se continúa reproduciendo el material sobre el tema Chile. Incluso algunas partes se han reproducido en el New York Times y en el Washington Post. Los esfuerzos de propaganda continúan dando resultados satisfactorios en la cobertura de noticias según nuestros lineamientos…” Las memorias de agentes de la CIA, como las de Howard Hunt publicadas en 2007, reconocerán estas prácticas y sumarán otras, puestas en duda por la misma comisión Church del senado que lo investigó treinta años antes. El 26 de diciembre de 1977 el New York Times publicará una investigación con otros nombres de medios involucrados en esta operación millonaria de desinformación, entre ellos Avance, El Mundo, Prensa Libre, Bohemia, El Diario de las Américas y The Caracas Daily Journal, aparte de múltiples programas de radio por toda la región y agencias de noticias como EPS y Agenda Orbe Latino American. Diversos agentes de la CIA también operan encubiertos o con permiso en agencias de noticias como Reuters, The Associated Press y United Press International. En algunos casos, como Combate, ni siquiera sus editores sabían del origen de la financiación. Nueve años atrás, un desconocido profesor de Harvard llamado Henry Kissinger, sobreviviente de la persecución nazi en Alemania, había resumido toda la filosofía imperialista con su clásico cinismo: “Existen dos tipos de realistas: aquellos que manipulan los hechos y aquellos que los crean; Occidente necesita hombres capaces de crear su propia realidad”.

Radios como La Voz de la Liberación fueron creadas de la nada para el golpe de Estado en Guatemala en 1954, pero la práctica más común por sus costos y, sobre todo, por su credibilidad fue la inoculación de medios establecidos y con algún prestigio. La televisión y algunas radios de Uruguay también habían caído en esta red, pero se prefería a los diarios porque eran el espacio ideal para introducir ideas e información política que luego sería repetida por los otros medios. En el tranquilo país del extremo Sur, la CIA, que también había trabajado con funcionarios, policías y políticos, había encontrado dificultades en la universidad y en las organizaciones populares. Diferente a su anterior experiencia en otros países del continente, había reconocido el agente Agee, Uruguay era más difícil de corromper con dinero debido a su alto desarrollo social y económico y a una fuerte educación que procedía de los tiempos de José Batlle y Ordóñez a principios de siglo. Por esta razón, en lugar de infiltrar grupos de izquierda y organizaciones universitarias como la FEUU, habían decidido trabajar más a nivel de la educación secundaria, esperanzados de que estos estudiantes más jóvenes un día serían universitarios.[1] También habían invertido en la promoción de “sindicatos libres” alternativos y en políticos mediáticos y ruralistas como Benito “Chicotazo” Nardone (luego presidente por un año) los cuales también eran canales para la narrativa y las políticas de la CIA.[2] Durante la Guerra Fría la estrategia era subsidiar los grandes medios de prensa latinoamericanos con dinero secreto o a través del pago de publicidad. Durante la Era de Internet la estrategia será posicionarlos en las autopistas más transitadas de Internet, en manos de las compañías estadounidenses con frecuentes conexiones con Washington. Como lo demostrarán diversos estudios de instituciones como la American Institute for Behavioral Research and Technology, para 2015 las grandes compañías habrán invertido 20 mil millones de dólares anuales sólo en forzar la búsqueda de información para privilegiar una opción política sobre otra.

El plan resultó según lo previsto. No sólo se estableció una dictadura por once años en uno de los países más democráticos de América Latina, sino que, además, como en cualquier otro país al sur del río Grande, se inoculó la idea de que la barbarie militarista no era un ataque sino una defensa contra las injerencias extranjeras. Por las generaciones por venir, una considerable proporción de la población y de los políticos continuará justificando la dictadura militar y culpando de sus violaciones de los derechos humanos a un grupo guerrillero llamado Tupamaros, surgido en los años sesenta y desarmado mucho antes del golpe de Estado. El argumento de que un país puede suprimir los derechos humanos para luchar contra quienes desean destruir los derechos humanos seguirá siendo un éxito casi absoluto de la propaganda organizada en Washington desde el siglo XIX. La idea de que los grandes medios de prensa y los ejércitos latinoamericanos defienden el honor y las injerencias extranjeras, también.

Los negacionistas funcionales (muchos de ellos educados en estos grandes medios de manipulación) se encargarán de descalificar a Agee por haber desertado de la CIA y no mencionarán que sus revelaciones no fueron negadas por otros agentes y directores de esa agencia, sino lo contrario. Diferentes confesiones de agentes que se mantuvieron fieles a su misión hasta sus últimos días reconocerán y confirmarán estas prácticas sin ninguna comezón de conciencia.

La CIA opera en cada país desde dentro de compañías aéreas, mineras y de servicios de limpieza (en mucha de las cuales es accionista) hasta sindicatos y centros de educación. Pero los medios de información y entretenimiento siempre han sido un área de extrema sensibilidad y utilidad. Los medios son los principales creadores de opinión y de sensibilidades y, como lo reconoció Edward Bernays mucho antes de que se inventara la CIA, la mejor forma de administrar una democracia es decirle a la gente lo que deben pensar. Como lo practicó innumerables veces el mismo Bernays cuando fue contratado por Washington para vender un golpe de Estado o por una empresa privada para vender tocino, la Opinión pública es un producto, algo que se fabrica y se vende como cualquier otro producto. Sólo hay que hacer que otros digan y repitan lo que nosotros queremos que se diga y se repita sin que nunca se sepa su verdadero origen. “Sobre todo cuando la gente no tiene ni idea de dónde procede realmente una mentira”.

Por las décadas y por las generaciones por venir, los grandes medios de prensa dominantes y creadores de opinión pública en casi todo el mundo serán conservadores, de derecha. Como parte de la misma lógica, serán acusados de ser liberales, de izquierda.

En sus manuales, la CIA y del National Security Council (“A Plan for National Psychological Warfare” del 10 de julio de 1950) compartían un consenso que les habían robado al propagandista Edward Bernays: la forma más efectiva de propaganda “es aquella en la cual el sujeto se mueve en la dirección deseada por las razones que él cree que proceden de su propia libertad”.

En Argentina, la decepción de los peronistas por el nuevo peronismo de derecha y la actividad subversiva (nacida bajo la dictadura de Onganía en los 60) habían alcanzado niveles de nerviosismo nacional y sirvieron para una nueva excusa de las fuerzas de represión. Pocos meses antes de las elecciones de 1976, con una violencia paramilitar de la extrema derecha actuando a su antojo, los militares decidirán dar un nuevo golpe de Estado y evitar el triunfo del ala izquierda del peronismo, representado por Héctor Cámpora, candidato favorito para esas elecciones. 

En Uruguay, el golpe de Estado de 1973 tampoco tuvo como objetivo derrotar a los tupamaros que ya habían sido derrotados. Había que eliminar la amenaza de una opción popular por la fuerza de los votos. En Chile, el golpe de Estado no fue posible antes del triunfo de Allende, sino después. Esta fue la diferencia. 

Años después, las elites en el poder político y social no se cansarán de repetir que, de no haber sido por los grupos rebeldes de izquierda como los Tupamaros, las dictaduras militares nunca hubiesen existido. Esta fabricación se convertirá en un dogma. Como los traumas de las dictaduras, sobrevivirá en las generaciones por venir. 


[1] El agente Gerald O’Grady estaba a cargo de financiar estos grupos.

[2] Benito Nardone había sido reclutado por el jefe de la CIA en Uruguay, Everette Howard Hunt, uno de los autores intelectuales del golpe de Estado en Guatemala contra Jacobo Árbenz en 1954, participante de la invasión de Bahía Cochinos en Cuba en 1961 y futuro cómplice del presidente Richard Nixon en la eliminación de las grabaciones que, finalmente, lo llevarían a renunciar a la presidencia de Estados Unidos. Cuando Herrera y Nardone ganen las elecciones, el lunes 1ro. de diciembre de 1958 el diario El País titulará a lo ancho de toda su portada “Venció el pueblo”. El 9 de noviembre de 1960, la CIA informará del discurso del presidente Nardone denunciando “las actividades cubanas en Uruguay”. Dos meses después, el 10 de enero, Nardone expulsará a los embajadores de Cuba y de la Unión Soviética por intromisiones en los asuntos nacionales.

El imperialismo es cosa de machos

Minneapolis, Minnesota. 2 de setiembre de 1901—Cuatro días antes del atentado que le costará la vida al presidente William McKinley, su vicepresidente, Theodore Roosevelt, da un discurso en Minnesota sin mencionar ni una sola vez la palabra de moda, imperialismo. En su lugar, defiende “la energía expansiva” de los hombres que, con hacha en mano, hicieron a Estados Unidos gracias a “la hombría esencial del carácter estadounidense”. Los discursos que equiparan la masculinidad al imperialismo abundan y resuenan en los rincones más débiles de la psicología de los votantes. ¿Y qué mejor que la guerra para probar a un hombre?

En 1897, apenas nombrado secretario adjunto de la marina por el presidente McKinley, Roosevelt le escribió a un amigo: “estoy a favor de casi cualquier guerra, y creo que este país necesita una”. Roosevelt es otro aristócrata que nunca superó el trauma de que sus padres hayan pagado a otro para que fuese a la Guerra Civil en su lugar. En sus años de Harvard se dedicó al boxeo, pero no fue suficiente para calmar sus complejos de macho blanco. Antes de llegar a la Casa Blanca como presidente, solía posar disfrazado de Daniel Boone en los estudios de Nueva York y repetía, día por medio, que quienes no se atrevían a ir a la guerra en tierras lejanas no eran hombres ni le hacían honor a la raza teutónica.

En 1898, como consecuencia de la invasión a Cuba y Filipinas, la mujer más reconocida de Estados Unidos, Jane Addams, había ingresado a Liga antiimperialista. Las historietas a favor de Roosevelt comenzaron a representar a los antiimperialistas vestidos de mujer. Las historietas en contra de la nueva fiebre (como la de Grant Hamilton) representan a Roosevelt como un imperialista con sombrero tejano y una espada entre las piernas que se parece más a un pene erecto que a cualquier espada conocida. Como otros antiimperialistas de la época, Addams luchará también por los derechos de las clases trabajadoras de Estados Unidos y por la igualdad de derechos de las mujeres.

También las minorías habían tomado partido contra el imperialismo. En 1898, en un discurso multitudinario en Ashfield, Massachusetts, el maestro y líder negro más influyente de la época, Booker Taliaferro Washington, se había negado a aceptar las nuevas aventuras colonialistas bajo una feroz conciencia que será pronto olvidada: “Fuimos a las Islas Sándwich (Hawái) con una biblia en la mano para ganarnos el alma de los nativos y terminamos quedándonos con su país sin otorgarles el derecho de decir si estaban de acuerdo o no”.

Pero el senador Henry Cabot Lodge, el principal aliado de Theodore Roosevelt, descalificó estas críticas por inconsistentes. El 7 de marzo de 1900 tomó la palabra en el Congreso para refrescar la memoria histórica de sus poderosos colegas: “Se ha dicho una y otra vez, hasta el hastío, que hemos hecho mal en apropiarnos de esas islas sin el consentimiento de sus pobladores, ya que el principio de justicia de Estados Unidos no lo permite. ¡El consentimiento de los gobernados!”Un apasionado Lodge le recordó a sus colegas de la Cámara alta que la Declaratoria de Independencia no se realizó con el consentimiento de los gobernados y continuó: “¿Le pedimos opinión a los negros? ¿A las mujeres?” No. Luego, fulminó: “tomamos Luisiana sin consultar a sus habitantes y la gobernamos sin su consentimiento mientras lo consideramos necesario… Luego vino la Guerra contra México y, por el tratado de Guadalupe Hidalgo, nos hicimos de una gran parte del territorio de ese país… Había muchos mexicanos viviendo en esos territorios y nunca le pedimos su consentimiento para gobernarlos… Estados Unidos tiene una gran misión en el mundo. Una misión por el bien y por la libertad. La misión de cumplir con el Destino manifiesto”.

En sus últimos años, Theodore Roosevelt tendrá un ataque de conciencia ideológica y se pasará a las causas de la izquierda. Fundará el Partido Progresista y tanto Booker Washington como Jane Addams apoyarán su candidatura. Naturalmente, esta vez Roosevelt perderá las elecciones de 1912, porque no son los hombres solos, por machos que sean, los que deciden la suerte de una nación y la historia de todas las demás naciones del mundo.

JM, de La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

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El mundo de los otros (nota al margen)

Hace unas décadas que he aprendido a no tomarme los insultos como algo personal.

Hace pocos días, me dió mucha pena por una chica que me destrató por una niñería. Luego me confirmaron que estaba atravesando por serios problemas personales.

El mundo ajeno es siempre más dificil de lo que uno se imagina.

jm

La broma del siglo

Génova, Suiza. 16 de junio de 2021–En la conferencia de prensa en Hotel del Parc des Eaux-Vives, el Senador por casi medio siglo, vicepresidnete por dos períodos y ahora presidente de Estados Unidos, Joe Biden, se despacha con convicción y comodidad:

¿Cómo sería si el resto del mundo considerara que Estados Unidos interfiere directamente en las elecciones de otros países y que todo el mundo lo supiera? ¿Cómo sería si nosotros nos involucrásemos en actividades en las que él [el presidente de Rusia] participa? Eso disminuye la reputación de un país […] No es lo que hago yo; son las acciones que realizan otros países, en este caso Rusia, las que son contrarias a las normas internacionales […] Ellos no pueden dictar lo que sucede en el mundo“.

Fue el prank del siglo. Sin embargo, no hubo risas.

El 24 de marzo de 1983, en la Biblioteca del Congreso, el presidente Ronald Reagan había repetido, no como crítica sino con orgullo, las palabras del historiador Henry Commager: “la creación de los mitos nacionales nunca estuvo libre de conflictos; los estadounidenses no creían del Oeste lo que era verdad sino lo que para ellos debía ser verdad”.

El patrón histórico es claro. No hay nada nuevo bajo el sol.

Veteranos de guerra, engranajes del fanatismo global (nota al margen)

Incluso hoy es un secreto a voces: miles de soldados de regreso de esas guerras de mierda se suicidan por año en EE.UU. Fui “consejero” de algunos estudiantes, ex combatientes de la guerra de Irak en la Universidad de Jacksonville, todos con serios problemas psicológicos. Ver https://majfud.org/…/la-primera-muerte-del-soldado…/ Muchos aplausos a los héroes y mucho más silencio a la basura que votan los hipócritas criminales mientras miran el baseball tomando cerveza.

Uno de ellos, sufriendo de PTSD me dijo que su equpo de psicologos le había dicho que para curarse debía convencerse de que “él no era una víctima”.

Le dije que no estaba de acuerdo. Que para mí, él, cientos de miles de soldados y algunos millones de nativos de paises lejanos y desconocidos eran la perfecta definición de lo que es una víctima de la barbarie global. Que si no se entendía algo tan básico muchos más, incluyendo a sus hijos, iban a sufrir la misma tragedia que tenía que sufrir él en ese momento.

No sé si no le gustó mi curso o si el equipo de expertos psicólogos le recomendó abandonarlo. Tiempo después supe que el muchacho continuaba en su mala costumbre de pelearse en los pubs de Jacksonville por cualqueir cosa. Exactamente como el personaje de El mar estaba sereno.

“Mohammed Ali convence a un suicida, veterano de la Guerra de Vietnam, para bajarse del balcón”.

Intereses personales (nota al margen)

Una vez tuvimos una discusión en clase y una estudiante, con convicción, me preguntó por qué criticaba tanto la situación social si yo no estaba tan mal.

“Cierto”, me ayudó a pensar en voz alta, “cuando miro a mi alrededor veo que yo no estoy tan mal, pero si esa fuese una razón para no ver y reconocer el dolor ajeno, sería un perfecto hijo de puta”.

Todavía estoy de acuerdo con eso de no acomodar las ideas a los intereses personales.

jm.

https://www.barnesandnoble.com/w/la-frontera-salvaje-jorge-majfud/1139378646?ean=9781737171003

The Autumn of the West

on the economic, political, and cultural realities of the first two decades of the century 21st with “an outsider’s view from the center”: the culture of masks of the United States’ cultural industries and national unconscious, the hyper-fragmentation of the contemporary individual, the construction of reality through social narratives, the narrative dictated by the major social powers of money and the social castes who have taken us steadily toward a new form of feudalism, one no longer based on ownership of the land but of finance capital. In all of the essays that comprise this book, one can see the urgency of responding to the historical moment, to the specific events that have occurred over the past two decades, but with an unflinching effort to contextualize events within their greater historical framework. Because, as the author asserts, forgetting is one of the principal weapons of moral, social, and, ultimately, military violence.

https://www.barnesandnoble.com/w/the-autumn-of-the-west-jorge-majfud/1131077183?ean=9781733208116

las robots nos han descubierto (nota al margen)

mientras esribía Silicona 5.0, solía recibir en mi buzón publicidad en papel sobre hospitales y tratamientos de corazón y todo tipo de cosas relacionadas con los personajes. ahora que he invertido algunos años en otros libros, de repente, los robots de Internet no paran de enviarme invitaciones para adoptar una robot con Inteligencia artificial. Se parece mucho a las Silvanna de Silicona 5.0, aunque ésta no se puede tocar y seguramente no asesine a nadie–al menos no de forma literal.



https://letralia.com/recomendamos/2021/02/14/silicona-5-0-de-jorge-majfud/

https://www.olinyoli.com/libros/editorial-baile-del-sol/novela/silicona-50.html

https://www.latiendadebailedelsol.org/home/575-majfud-jorge-silicona-50.html

La imbecilidad de las razas que no entienden la libertad

El 5 de junio de 1845, el New York Herald repite un lugar común: los mexicanos son una raza resultado de todo tipo de mezclas, lo que ha producido “una imbecilidad intelectual característica de su raza… por lo cual son incapaces de gobernarse a sí mismos”. En cambio, “la raza anglosajona siempre ha aborrecido la sola idea de mezclarse con otras razas… Por donde los anglosajones han avanzado, han desplazado a las razas inferiores, desplazando la barbarie por la civilización”. Cualquier tratado de paz con México “deberá garantizar la protección de la inmigración desde Estados Unidos para desplazar poco a poco a la raza imbécil que habita ese país por la enérgica raza anglosajona”.

En el Congreso de Washington se multiplican las afirmaciones sobre la imbecilidad de las razas no anglosajonas y la incapacidad de los mexicanos, como los indios y los negros, para entender el concepto de libertad. A partir de Andrew Jackson, los políticos y los presidentes del país son sureños en un número crítico. No son más racistas pero son más religiosos y menos educados en la cultura de la Ilustración y el humanismo que la generación fundadora.

El secretario de Estado del presidente van Buren, John Calhoun, publica una carta abierta en los diarios asegurando que la anexión de Texas es crucial para la seguridad y la expansión de la “peculiar institución”. La mayoría de los esclavistas demócratas se refieren con ese nombre a la esclavitud, base de casi toda la economía y de toda la prosperidad de los eficientes anglosajones. La esclavitud, ilegalizada décadas atrás en el país bárbaro del sur (dice Calhoun, y todos los terratenientes están de acuerdo) es “un ideal social”.

En el sur esclavista, la sinceridad aflora por la espalda. Frente a las razas inferiores, ante desagradables sujetos que piensan diferetne, son más amables que en el norte; sonríen con más facilidad (dirán en el siglo XXI en Nueva York y en Pensilvania) y, entrenados en la cultura del Amo, saben cómo evitar el conflicto cuando no es necesario y saben cuándo provocarlo cuando la fruta está madura.

El célebre periodista John O’Sullivan inventa aquello del Destino manifiesto, voluntad de Dios quien, según esta visión, odia a la mayoría de su creación humana porque le salió demasiado oscura de piel: “el Destino manifiesto carga el gran experimento de la libertad y debe extenderse por toda la tierra que la Providencia nos ha entregado”.

Treinta años más tarde, en 1865, perderán la Guerra civil contra los unionistas de Lincoln, pero, sin que nadie lo advierta, ganarán la guerra ideológica. Por las generaciones por venir, el capitalismo estadounidense expandirá el espíritu de los confederados por el cual los de abajo, los trabajadores y las razas oscuras son inferiores y deben ser sometidos por las Winchester, por los bombarderos o por los drones inteligentes para expandir la esclavitud en nombre de la libertad.

Como en tiempos de Austin, Houston, Polk, Calhoun, O’Sullivan y tantos otros, quienes se atrevan a pensar diferente (es decir, a pensar) serán acusados de peligrosos enemigos de Dios, la Patria, la Civilización y la Libertad.

En tiempos de Buckley, Reagan, Bush, Limbaugh y Trump, también.

jm, junio 2021

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Edición e tapas duras:

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La imbecilidad de las razas que no entienden la libertad

L’imbécillité des races qui ne comprennent pas la liberté

Traduit par Fausto Giudice

Le 5 juin 1845, le New York Herald répète un lieu commun : les Mexicains sont une race issue de toutes sortes de mélanges, ce qui a produit  « une imbécillité intellectuelle caractéristique de leur race… de sorte qu’ils sont incapables de se gouverner eux-mêmes ». En revanche, « la race anglo-saxonne a toujours eu en horreur l’idée même de se mélanger avec d’autres races… Partout où les Anglo-Saxons ont progressé, ils ont déplacé les races inférieures, remplaçant la barbarie par la civilisation ». Tout traité de paix avec le Mexique « doit garantir la protection de l’immigration en provenance des États-Unis afin de déplacer peu à peu la race imbécile qui habite ce pays par l’énergique race anglo-saxonne ».

Au Congrès de Washington, les déclarations sur l’imbécilité des races non anglo-saxonnes et l’incapacité des Mexicains, comme des Indiens et des Noirs, à comprendre le concept de liberté se multiplient. Depuis Andrew Jackson, les hommes politiques et les présidents du pays sont des Sudistes en nombre critique. Ils ne sont pas plus racistes mais ils sont plus religieux et moins éduqués à la culture des Lumières et à l’humanisme que la génération fondatrice.

Le secrétaire d’État du président van Buren, John Calhoun, publie une lettre ouverte dans les journaux, affirmant que l’annexion du Texas est cruciale pour la sécurité et l’expansion de l’ « institution particulière ». La plupart des esclavagistes démocrates désignent par ce nom l’esclavage, base de l’essentiel de l’économie et de toute la prospérité des efficaces Anglo-saxons. L’esclavage, proscrit depuis des décennies dans le pays barbare du Sud [le Mexique] (dit Calhoun, et tous les propriétaires terriens sont d’accord) est « un idéal social ».

Dans le Sud esclavagiste, la sincérité fait surface par derrière. Face aux races inférieures, face aux sujets désagréables qui pensent différemment, ils sont plus gentils que dans le Nord ; ils sourient plus volontiers (dira-t-on dans le New York et la Pennsylvanie du XXIe  siècle) et, formés à la culture du Maître, ils savent éviter le conflit quand il n’est pas nécessaire et savent le provoquer quand le fruit est mûr.

Le célèbre journaliste John O’Sullivan invente le truc de la Destinée Manifeste, la volonté de Dieu qui, selon cette vision, déteste la plupart de sa création humaine parce qu’ils ont la peau trop foncée : « La Destinée Manifeste porte la grande expérience de la liberté et doit se répandre sur toute la terre que la Providence nous a donnée ».

Trente ans plus tard, en 1865, ils perdront la guerre civile face aux unionistes de Lincoln, mais, à l’insu de tous, ils gagneront la guerre idéologique. Pour les générations à venir, le capitalisme usaméricain développera l’éthique confédérée selon laquelle ceux qui sont en bas de l’échelle, les travailleurs et les races sombres sont inférieurs et doivent être soumis par des Winchester, des bombardiers ou des drones intelligents pour étendre l’esclavage au nom de la liberté.

Comme à l’époque d’Austin, de Houston, de Polk, de Calhoun, d’ O’Sullivan et de tant d’autres, ceux qui osent penser différemment (c’est-à-dire réfléchir) seront accusés d’être de dangereux ennemis de Dieu, du pays, de la civilisation et de la liberté.

À l’époque de Buckley*, Reagan, Bush, Limbaugh** et Trump, aussi.

NdT

* William Frank Buckley Jr. (1925 –2008) : grand intellectuel médiatique ultra-conservateur.

**Rush Limbaugh (1951-2021) : animateur de talk-shows, réactionnaire et très populaire

‘The Wild Frontier’ By Jorge Majfud Shares Tales From The Remarkable Past

Written by the prolific author Jorge Majfud with lucidity and courage, the book ‘The Wild Frontier’ explores in detail the various unsubtle ways in which for over two hundred years the United States has wanted to influence the destiny of Latin America. The book takes the readers through a journey that comprises of the most important events of the past two hundred years during which there was an expansion of the thirteen colonies over the indigenous nations, including the territory that is now called Latin America. It also reveals the logic behind the endless wars, its expansion, and its systematic interventions both direct and secret amongst the various people in the South. The military practices that were based on the economic interest of those above on religious extremism and racism inculcated amongst those who are below, marked the beginning and also the extension of Washington’s imperialism over the rest of the world. The book widely upholds the mysteries that remain engraved in the deep past, explains its present, and intricately predicts the future of the world’s greatest economic and military power.

Glenda Bozeman

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