Fútbol rebelde

São Paulo, Brasil. 4 de diciembre de 2011—A las 4: 10 de la madrugada, a los 57 años, muere Sócrates de Souza Vieira de Oliveira, conocido como Sócrates, uno de los mejores futbolistas de la historia e integrante de la mejor selección de Brasil que, por cosas del fútbol, no pudo ser campeona del mundo en 1982.

Hijo de un padre aficionado a la literatura, Sócrates no fue un jugador profesional hasta muy tarde, luego que, a los 24 años, se graduó de médico. En 1982, junto al sociólogo Adílson Monteiro Alves, rescató al club Corinthians de una temporada que lo había hundido hasta el fondo de la tabla de posiciones. Con Adílson, Wladimir y Walter Casagrande, fundó la Democracia Corinthiana, un experimento anarquista donde los jugadores y los entrenadores tomaban las decisiones más importantes por votación. La idea, ridiculizada por muchos, no fue un fracaso. Luego de veinte años sin ganar nada, el Corinthians salió campeón de la liga paulista dos veces, en 1982 y en 1983. Por si fuese poco, los irresponsables autogestionados lograron pagar las deudas del club y obtuvieron un superávit de tres millones de dólares.

El equipo fue el primero en salir a la cancha con anuncios estampados en su camiseta sin colores como las páginas de un libro, pero no eran anuncios comerciales sino mensajes políticos como “Democracia” o “Diretas Já (Elecciones ya)”. La osadía causó una profunda molestia entre los militares y entre los amantes del deporte-por-el-deporte, pero una aún más profunda admiración y complicidad de los hinchas hizo imposible detener a los jugadores.

En 1983 se propuso la Enmienda Constitucional Dante de Oliveira para llamar a elecciones nacionales. Sócrates advirtió que, si la propuesta no era aprobada, dejaría el país. El 2 de marzo, la enmienda fue rechazada y Sócrates marchó a Italia. El movimiento iniciado bajo el nombre Diretas Já no se detuvo y, junto a la crisis económica agravada en América Latina por la suba de las tasas de interés de la FED y la multiplicación de la deuda de las dictaduras amigas, terminó por derribar al régimen militar. En el mundial de México 86, en momentos en que América Central se desangraba con las dictaduras de Washington y el paramilitarismo de los Contras, Sócrates se puso una vincha blanca con la leyenda “Reagan asesino”. En 2002 reconoció: “Siempre supe que estábamos haciendo política. El fútbol es el único medio que puede acelerar el proceso de transformación de nuestra sociedad porque es nuestra mayor identidad cultural. Todos entienden de fútbol; de política, nada”.

Pero en una entrevista para The Guardian de 2010, Sócrates reveló su mayor debilidad: “ser sensible no siempre es lo mejor que te puede pasar”. Ahora, derrotado por su alcoholismo, Sócrates, el jugador más elegante, el capitán de la selección nacional del mejor equipo de la historia, el doctor rebelde que demostró que las cosas pueden ser de otra forma, el pintor, el escritor, el bohemio, acaba de morir esta madrugada. Hoy es domingo. En una entrevista de 1983 había dicho que quería morir un domingo, un día en que el Corinthians salga campeón.

Por la tarde, el Corinthians se consagra campeón de Brasil. Multitudes de futbolistas campeones del mundo serán olvidados. Sócrates no.

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