La iglesia del Reverendo Dollar

Jesus Saves Peter from Drowning

Image by 【KSD Photography】 via Flickr

Jesús va en Rolls-Royce

a la iglesia del Reverendo Dollar

En un movimiento político algo inusual, el senador republicano por Iowa, Charles Grassley, ha iniciado una investigación sobre posibles malas prácticas económicas de los mayores televangelistas de Estados Unidos. De ahí se ha derivado al cuestionamiento sobre una práctica común en la mayoría de los países del continente: las iglesias están eximidas de pagar impuestos, mientras sus líderes, pastores y empresarios se vuelven cada día más ricos. Esta práctica de privilegio para las iglesias se ampara, en Estados Unidos y en América Latina, bajo el aceptado principio de libertad de religión. No está claro, sin embargo, por qué el pago de impuestos por parte de una iglesia podría significar un ataque a la libertad de culto. La prescripción de dar al César lo que es del César y a Dios lo que es de Dios no corre en estos casos. Ni siquiera cuando el César es el pueblo mismo que debe trabajar para mantener estas fabulosas estructuras lucrativas.

En una reciente entrevista en vivo por CNN (7 de noviembre), Kyra Phillips y Don Lemon cuestionaron a nuestro vecino de College Park de Georgia, el multimillonario reverendo Creflo Dollar, por poseer dos Rolls-Royces, jets privados, casas y apartamentos de varios millones de dólares cada uno además de una iglesia multimillonaria enriquecida por las donaciones de ricos y pobres, muchos de ellos con serias dificultades económicas.

Estos ministerios califican como iglesias y no están obligados a llenar declaraciones de impuestos como sí deben hacerlo otras “non-profit organizations” (organizaciones sin fines de lucro). La tradición de justificar las riquezas materiales mientras se predica el desprendimiento de lo mundano para la salvación del alma es muy antigua. La Iglesia católica —con excepciones, como los teólogos de la liberación y otros “curas de barrio”— ha sido, desde hace mucho tiempo, especialista en la materia. En el caso de las megaiglesias protestantes, además de una práctica empresarial, la tradición está apoyada por la ética calvinista: la riqueza no es un obstáculo para entrar al Paraíso sino una prueba de las preferencias de Dios que ha resuelto castigar a los pobres por su pobreza. Este aspecto teológico es muy semejante al karma hindú y sus resultados sociales también: la moral de la casta alta es consumida, principalmente, por las castas más bajas. En todo caso, los pobres sirven para que los ricos ejerzan su compasión pagando periódicamente impuestos morales que más tarde servirán para financiar su retiro en el Paraíso.

Uno de los periodistas de Atlanta le recordó al reverendo Sólar la recomendación que hiciera Jesús al joven rico que fue a pedirle consejo, de desprenderse de sus bienes materiales para entrar al Reino de los cielos. Recomendación que terminó con la tristeza del hombre rico y la observación del Maestro sobre la dificultad que podía tener para entrar al Cielo, como la de un camello que quisiera pasar por el ojo de una aguja. No obstante, el reverendo Dólar razonó que si eso fuese exactamente así, ningún rico podría entrar al Paraíso. De este razonamiento se deduce que el Mesías debía estar bromeando o tal vez exageraba un poco. Está bien que el Hijo de Dios haya bajado a la tierra con un montón de utopías subversivas, pero tampoco era para tanto. Con la realidad no se puede.

Citando artículo y versículo correspondiente, el reverendo el reverendo recordó que, en realidad, Jesús había dicho que por cada cosa que uno se desprenda iba a recibir un premio multiplicado varias veces. Algunos pensamos que Jesús se refería aun premio moral o al Reino de los Cielos; no al Reino del Dinero. Pero siempre es tiempo de aprender. Por esta nueva razón teológica, según el Evangelio del Dinero, la riqueza de un hombre con fe —con fe en el Señor— significa que ha sido premiado por el Cielo por su hábito de desprenderse generosamente de una parte de sus posesiones. No otra es la lógica de la Bolsa de valores: quien invierte, se desprende de algo para multiplicarlo. Ningún empresario razonable espera invertir un dólar en Wall Street, en Amsterdam o en Shanghai y recibir un beso o el ascenso espiritual del que hablaba el Buda. Se espera recibir más de lo mismo: dinero, capitales, beneficios financieros. Aquí, los valores no son valores morales ni un bien es lo que se opone al mal.

En el siglo XVI invertir en indulgencias significaba que por unos cuantos florines de oro un violador podía obtener el perdón del Vaticano y, consecuentemente, el perdón de Dios. Más antiguo, y todavía en curso, es el lavado de la conciencia con el buen uso de la limosna. La institución de la limosna es fundamental, porque el desprendimiento debe ser voluntario y sin comprometer las ganancias. Como dicen muchos conservadores religiosos por televisión, con su eterna ansiedad proselitista, sólo así, por un acto de voluntad, se prueba la bondad del donante. Si la bondad pasa por el Estado, mediante el compulsivo cobro de impuestos a los ricos, esos elegidos de Dios, se comete un sacrilegio. Dios no puede distinguir quiénes pagan impuestos de buena gana y quiénes lo hacen con rencor. Tampoco puede Dios recibir en el Paraíso a toda la Humanidad. Así no se vale. El Paraíso es un resort VIP con acceso limitado, no un derecho democrático. Algunas iglesias, incluso, han definido el número exacto de miembros posibles. Como si en el día de la creación de la Humanidad, Dios se hubiese divertido imaginando un Infierno eterno donde arderían sus pequeñas creaciones, para regocijo de sus pocos preferidos que contemplarían desde las alturas semejante espectáculo de tortura colectiva o, peor, dando vuelta la cara al horrible destino de sus hermanos. No vamos a decir que necesitamos un Dios más humanista, porque se supone que hay Uno solo. No vamos a decirle a Dios lo que tiene que hacer. En todo caso, no haría mal una lectura más humanista de las Sagradas Escrituras para dejar de atribuirle conductas tan sectarias, materialistas y llenas de odio al creador de Todo.

El mexicano José Vasconcelos, fervoroso opositor de la hegemonía norteamericana, recordó en La raza cósmica (1925) una fiesta diplomática en Brasil: “Contrastó visiblemente la pobreza de la recepción americana con el lujo de otras recepciones; pero en honor a la verdad, a mí me parece admirable y digno de imitación el proceder yanqui, pues no tienen los Gobiernos el derecho de hacer derroches con el dinero del pueblo”. Sin embargo, así como Estados Unidos había sido fundado por revolucionarios que se oponían a la tradición monárquica y religiosa de Europa y ahora se identifica con los valores opuestos del conservadurismo ortodoxo, así también el original espíritu “republicano” que fue sinónimo de austeridad y democracia hoy representa la ostentación y el elitismo. Así también el cristianismo primitivo fue todo lo contrario al hoy triunfante cristianismo del emperador (San) Constantino.

Casi al final de la entrevista, el periodista le preguntó si pensaba que Jesús hubiese andado en un Rolls Royce, a lo que el reverendo Dólar contestó, con calma, algo así como: “Pienso que sí. ¿Por qué no? El Señor anduvo en un burro en el que ningún otro hombre antes había andado”.

Dejo al lector que descubra la lógica de este reverendo razonamiento teológico.

Jorge Majfud

The University of Georgia

November 2007

Jesus vai em um Rolls-Royce

à igreja do Reverendo Dollar

Jorge Majfud

Traduzido por  Omar L. de Barros Filho

Em um movimento político pouco usual, o senador republicano por Iowa, Charles Grassley, iniciou uma investigação sobre possíveis práticas econômicas irregulares dos maiores telepastores dos Estados Unidos. Daí derivou-se o questionamento sobre um costume comum na maioria dos países do continente: as igrejas estão isentas de pagar impostos, enquanto seus líderes, pastores e empresários ficam cada dia mais ricos.

Este privilégio para as igrejas está ampardo, nos Estados Unidos e na América Latina, sob o aceito princípio de liberdade de religião. Não está claro, entretanto, porque o pagamento de impostos por uma igreja poderia significar um ataque à liberdade de culto. A prescrição de dar a César o que é de César e a Deus o que é de Deus não ocorre nesses casos. Nem sequer quando o César é o próprio povo que deve trabalhar para manter essas fabulosas estruturas lucrativas.

Em uma recente entrevista ao vivo por CNN (7 de novembro), Kyra Phillips e Don Lemon questionaram nosso vizinho de College Park, da Georgia, o multimilionário reverendo Creflo Dollar, por possuir dois Rolls-Royces, jatos privados, casas e apartamentos de vários milhões de dólares cada um, além de uma igreja multimilionária enriquecida pelas doações de ricos e pobres, muitos deles com sérias dificuldades econômicas.

Esses ministérios são qualificados como igrejas, e não estão obrigados a preencher declarações de impostos como sim devem fazê-lo outras non-profit organizations (organizações sem fins lucrativos). A tradição de justificar as riquezas materiais enquanto se predica o desprendimento do mundano para a salvação da alma é muito antiga. A Igreja católica tem sido — com exceções, como os teólogos da libertação e outros “padres de periferia”— há muito tempo, especialista na matéria.

No caso das mega-igrejas protestantes, além de uma prática empresarial, a tradição está apoiada pela ética calvinista: a riqueza não é um obstáculo para entrar no Paraíso, mas uma prova das preferências de Deus, que resolveu castigar os pobres por sua pobreza. Este aspecto teológico é muito semelhante ao karma hindu, e seus resultados sociais também: a moral da alta casta é consumida, principalmente, pelas castas mais baixas. Em todo o caso, os pobres servem para que os ricos exerçam sua compaixão pagando periodicamente impostos morais que, mais tarde, servirão para financiar seu descanso no Paraíso.

Um dos jornalistas de Atlanta recordou ao reverendo Dollar a recomendação que fez Jesus ao jovem rico que foi lhe pedir conselho, de se desprender de seus bens materiais para entrar no Reino dos Céus. Recomendação que terminou com a tristeza do homem rico e a observação do Mestre sobre a dificuldade que poderia ter para entrar no Céu, como a de um camelo que quisesse passar pelo buraco de uma agulha. Não obstante, o reverendo Dollar argumentou que se isso fosse exatamente assim, nenhum rico poderia entrar no Paraíso. Deste raciocínio se deduz que o Messias devia estar brincando ou talvez exagerasse um pouco. Está correto que o Filho de Deus baixou à terra com um montão de utopias subversivas, mas tampouco era para tanto. Com a realidade não se pode.

Citando artigo e versículo correspondente, o reverendo recordou que, na realidade, Jesus havia dito que para cada coisa que a pessoa se desprendesse receberia um prêmio multiplicado várias vezes. Alguns pensamos que Jesus se referia ainda a um prêmio moral ou ao Reino dos Céus; não ao Reino do Dinheiro. Mas sempre é tempo de aprender. Por essa nova razão teológica, segundo o Evangelho do Dinheiro, a riqueza de um homem com fé — com fé no Senhor — significa que foi premiado por seu hábito de se desprender generosamente de uma parte de suas posses. Não outra é a lógica da Bolsa de Valores: quem investe, separa-se de algo para multiplicá-lo. Nenhum empresário razoável espera investir um dólar em Wall Street, em Amsterdã ou em Xangai para receber um beijo ou a ascensão espiritual de que falava o Buda. Espera-se receber mais do mesmo: dinheiro, capitais, lucros financeiros. Aqui, os valores não são valores morais, nem um bem é o que se opõe ao mal.

No século XVI, investir em indulgências significava que por alguns florins de ouro um violador podia obter o perdão do Vaticano e, conseqüentemente, o perdão de Deus. Mais antigo, e em curso, é a lavagem da consciência com o bom uso da esmola. A instituição da esmola é fundamental, porque o desprendimento deve ser voluntário e sem comprometer os ganhos. Como dizem muitos conservadores religiosos pela televisão, com sua eterna ansiedade proselitista, só assim, por um ato de vontade, prova-se a bondade do doador. Se a bondade passa pelo Estado, mediante a compulsiva cobrança de impostos aos ricos, estes eleitos de Deus, comete-se um sacrilégio. Deus não pode distinguir quem paga impostos de boa vontade e quem o faz com rancor. Tampouco Deus pode receber no Paraíso toda a Humanidade. Assim não vale.

O Paraíso é um resort VIP com acesso limitado, não um direito democrático. Algumas igrejas, inclusive, definiram o número exato de membros possíveis. Como se no dia da criação da Humanidade, Deus houvesse se divertido imaginando um Inferno eterno onde arderiam suas pequenas criações, para regozijo de seus poucos preferidos, que contemplariam das alturas semelhante espetáculo de tortura coletiva, ou pior, virando a face ao horrível destino de seus irmãos.

Não vamos dizer que necessitamos um Deus mais humanista, porque se supõe que existe Um só. Não vamos dizer a Deus o que tem de fazer. Em todo caso, não faria mal uma leitura mais humanista das Sagradas Escrituras para deixar de lhe atribuir condutas tão sectárias, materialistas e cheias de ódio ao criador de Tudo.

O mexicano José Vasconcelos, fervoroso opositor da hegemonia norte-americana, recordou em “La raza cósmica”(1925) uma  festa diplomática no Brasil: “Contrastou visivelmente a pobreza da recepção americana com o luxo de outras recepções; mas em honra da verdade, a mim parece admirável e digno de imitação o proceder ianque, pois os governos não têm o direito de fazer esbanjamentos com o dinheiro do povo”. Entretanto, assim como os Estados Unidos haviam sido fundados por revolucionários que se opunham à tradição monárquica e religiosa da Europa, e agora se identificam com os valores opostos do conservadorismo ortodoxo, assim também o original espírito “republicano”, que foi sinônimo de austeridade e democracia, hoje representa a ostentação e o elitismo. Assim também o cristianismo primitivo era todo ao contrário em comparação ao hoje triunfante cristianismo do imperador (São) Constantino.

Quase ao final da entrevista, o jornalista lhe perguntou se pensava que Jesus teria passeado em um Rolls Royce, ao que o reverendo Dollar respondeu, com calma, algo assim como: “Penso que sim. Por que não? O Senhor andava em um burro no qual nenhum outro homem antes havia montado”.

Deixo ao leitor que descubra a lógica deste reverendo raciocínio teológico.

Dr. Jorge Majfud

Traduzido por  Omar L. de Barros Filho

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