Alfonso el Sabio: Primera crónica general de España

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Folleto de un manuscrito de la Estoria de Espa...

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Libros: regreso a las fuentes

Alfonso el Sabio: Primera crónica general de España

Alfonso X el Sabio: Primera crónica general de España que mandó componer Alfonso el Sabio y se continuaba bajo Sancho IV en 1289. Edición de Ramón Menéndez Pidal. Madrid: Gredos, 1955.

En menos de mil páginas, estos volúmenes narran desde la historia romana hasta la peninsular de reyes godos, árabes, y visigodos. Los hechos no se fundan en pruebas, documentos o especulaciones históricas sino en una variada tradición literaria y probablemente oral también. Obviamente, estos textos con ocho siglos de antigüedad, en su gramática casi original, son una fuente inagotable de datos y curiosidades lingüísticas y ortográficas, como el uso de “cuedaron” (quedaron), “quando” (cuando), de “e” en lugar de “y” y de “y” en lugar de “ahí” o las clásicas “Espanna”, “danno”, “señor” o “anno”. Es de sospechar que la “ñ” surgió para evitar la doble ene que tomaba mucho espacio en el valioso papel de las imprentas posteriores. Pero también abundan en otras curiosidades menos formales.

En una mezcla de ficción y realidad mucho más evidente para un lector contemporáneo que las crónicas de nuestro tiempo, los historiadores de Alfonso recorren, como si rescataran, historias de luchas entre persas y moros, de los árabes que conquistaron tierras africanas para su “secta” (278), de luchas entre moros y romanos, sobre la expulsión de los judíos por parte de los godos (folio 176, 284), sobre Gunderigo, el primer rey vándalo que reinó Galicia y Asturias y pobló Lugo (295) y sobre los “bárbaros de Affrica” (308). Con realismo extremo, se relata la entrada luminosa de un grupo de santos a una iglesia, hasta que el obispo se desmayó. Eran “San Pedro et San Paulo” (279).

En esta narración oficial, los godos se distinguen por su valor contra los vándalos, lo que los lleva a conquistar brevemente África y Asia. Como todos los pueblos, los godos fueron valientes porque vencieron, hasta que fueron vencidos (287).

Poco a poco y a través de las tinieblas de mil años, vamos descubriendo detalles sobre virtudes, infortunios y traiciones de reyes y obispos. Por entonces no se usaban los modernos números arábigos de hoy; los años de cada Era se indicaban escribiendo el nombre del número, “seyscientos et quarenta et quatro”. No obstante cada “estoria”, es vaga, sin datos ni fuentes, como si los escribientes del rey tocaran de oído. Por momentos, los mismos redactores encuentran ciertos períodos más bien aburridos y reconocen que “non fallamos ninguna cosa que de contar sea que a la estoria pertenezca”(282).

No hay ideas explícitas ni complejas sino un catálogo de personajes que en su momento no necesitaron presentaciones, como el obispo de Çaragoça o “Sant Alfonso boca doro”, sobrenombre de un arzobispo de Toledo muerto en 674 (283). En una época de épicas tampoco abunda la acción narrativa. Como si el propósito original hubiese sido rescatar hechos aislados o fundar los hechos futuros y no convertirse en un fenómeno de ventas como las cartas del conquistador Hernán Cortés en el siglo XVI o del aprendiz de brujo Harry Potter en el siglo XXI.

Pero si afinamos la lectura vamos descubriendo el realismo de la época, según el cual, en tiempos de Theodisto, natural de Grecia y políglota, “no se encontraba en toda España un hombre malo ni descreído.” Theodisto, no obstante, tenía maneras amables y corazón de lobo: sacó las cosas “verdaderas” de los libros y puso las “falsas” haciendo traducir del griego al árabe libros de ciencia (278). Sólo este dato es evidencia de un rasgo que caracterizará la revolución humanista más tarde, aunque con un objstivo diferente: el autor no es la autoridad; leer no es necesariamente descifrar la verdad univoca que baja del autor, el creador, confundido con Dios. La palabra humana, tanto vela como devela, tanto cubre como descubre.

Por supuesto, las referencias a las Sanctas Escripturas y a la religión son permanentes. La imagen de los hombres buenos en abundancia es idílica. Hasta que en algún momento comenzaron a aparecer algunos hombres malos en España, entre ellos dos herejes, Eluidio y Pelayo, quienes especularon sobre la virginidad de María, enseñando “errores”. Todavía no eran tiempos de Calvino, Torquemada o del General Francisco Franco por lo que los herejes no eran quemados ni ejecutados. Fueron “corridos de Espanna” (281).

A lo largo de estas antiguas páginas también vemos el poco prestigio que tenían unos cuantos reyes. La queja sobre la autoridad parece ser un tópico antiguo, aunque en la Era moderna los españoles y los americanos colonizados la descargarán casi toda en los mandos medios, exculpando pudorosa o estratégicamente al mismo rey.

Aunque Paulo se alzó contra los moros, era un mal rey que el noble pueblo godo no mereció. Su reinado se caracterizó por el caos, donde sus mismos hombres luchan y se matan entre sí hasta que es derrotado y encarcelado junto con sus seguidores. Ante el clamor de su gente, el arzobispo intercede y ruega el perdón del rey Bamba. El simulacro de tropas francesas que debían ir al rescate del rey cristiano es descubierto por Bamba. El rescate fracasa, Bamba perdona la vida de Paulo pero lo encierra. A los franceses y alemanes los perdona y a las dos semanas los extradita a sus tierras.

El rey Bamba expulsa también a los judíos y es representado como sabio y pacificador, a pesar de que dos leguas antes de llegar a Toledo, hace cortar las barbas y sacar los “oios” de Paulo y sus seguidores. Bamba entra triunfante en Toledo y mejora la vida de sus habitantes. En el “anno 717”, ordena poner a la entrada de la ciudad inscripciones de mármol en latín: Vamba… Deo rex. (294). Algo así como el recurrente “Rey por la gracia de Dios” del que echó mano el mismo generalísimo Franco en el siglo XX.

Por varias páginas, los escribas del rey Alfonso detallan los nombres de los arzobispados y los obispos que le han de obedecer a Bamba, a partir de un Concilio hecho por el mismo interesado. La abundancia de nombres, como si fuese un escrito administrativo, demuestra el valor político y administrativo de la Iglesia de la época.

Luego de nueve años de reinado, en el año 722, envenenan al rey Bamba con una yerba en el vino. Como consecuencia el rey pierde la memoria, por lo cual es retirado a un monasterio donde vive siete años más.

Varios datos nos pintan la moral de la época. Por ejemplo, los escribas mencionan a Julian, un arzobispo de Toledo que era de origen iudio. Por su piedad “salió de entre los judíos como sale la roza de entre las espinas” (301). Mencionan también al famoso rey Vitzia. Famoso por licencioso y muy bien reconocido por sus vicios: en el año 740 ordenó que los obispos podrían tener tantas mujeres como quisieran. A juzgar por esta historia oficial, era común mandar sacar los ojos de los enemigos. Lo mismo que hizo Bamba con sus derrotados, hace Vitzia con otros. Otro “pecado” que se le atribuye es haber dejado volver a los judíos y darle más privilegios que a la iglesia (306).

Jorge Majfud

Milenio (México)

 

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La irrelevancia de la razón “¿Cómo Dios pudo permitir que sucediera esto?”

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La irrelevancia de la razón

“¿Cómo Dios pudo permitir que sucediera esto?”

En 1974 Jorge Luis Borges le comentó a Ernesto Sábato que a su juicio bastaba con un dolor de muelas para negar la existencia de un Dios todopoderoso. Esta observación sería rigurosamente cierta si consideramos que el Todopoderoso es, al mismo tiempo, Todobondadoso. Si Dios permite que ocurra en el mundo un solo gramo de mal es porque quiere que ocurra o no puede evitarlo. Si de verdad existe una lucha del Bien contra el Mal, entonces Dios aún no domina su propia creación o no quiere hacerlo. O es, como dice Isaías (45-6): “Fuera de mí no hay ningún otro. Yo modelo la luz y creo la tiniebla, Yo creo la dicha y la desgracia. Yo soy Yahve, el que hago todo”. También Pedro Abelardo, después de justificar la traición de Judas con las propias Escrituras, escribió, no sin fisuras: “¿quién ignora que el mismo diablo no hace más de lo que Dios le permite? […] El poder lo recibe de Dios; la voluntad, en cambio, le viene de sí mismo”.

La idea de un dios todopoderoso y desprovisto de un solo gramo de maldad es imposible para la lógica. Pero no demuestra su inexistencia, ya que un ser perfecto debe ser in-inteligible para los mortales. Por otra parte, Dios no es una proposición científicamente refutable, al decir de Karl Popper.

De cualquier forma, una discusión teológica es como una partida de ajedrez: sus conexiones con el mundo exterior son irrelevantes. La religión es lo contrario: es una forma de acción, muchas veces política, pocas veces metafísica, aunque con frecuencia se sirve de las interminables e inconducentes discusiones teológicas.

Es extraño que algunos consideren que el ateísmo es una posición científica y no una postura religiosa como cualquier otra. Pero no es menos extraño que los religiosos, que reniegan de cualquier teoría que prescinde de alguna intervención supranatural, no descansan en su absurda obsesión por demostrar la verdad contenida en las Sagradas Escrituras. No aceptan que cualquier página considerada sagrada en cualquier religión deja de ser un objeto de fe en el preciso momento en que se convierte en un hecho científicamente demostrado. Si algo es, o parece absurdo (como poner a todas las especies del planeta en un barco y luego negar siquiera la posibilidad de que los millones de especies que hoy lo habitan fueron consecuencia de alguna evolución) y usted literalmente cree en ello, ¿qué mejor prueba de su santidad?

Más consecuentes son quienes consideran o reconocen que uno no puede comprender (completamente) los designios de Dios.

No obstante, cada vez que en el mundo ocurre una catástrofe, como el terremoto en Japón o el huracán Katrina en Nueva Orléans, se reavivan las discusiones teológicas. En algunos países como Estados Unidos, una poderosa minoría ha secuestrado el discurso social con sus amenazas patoteológicas. En el mejor de los casos, los más civilizados, apenas conocen a alguien preguntan “¿a qué iglesia va usted los domingos?”; no si uno va a alguna iglesia.

Cuando no estoy cansado respondo, “no voy a ninguna iglesia, señora, Dios me libre”. Lo cual no es del todo cierto, porque cuando paso por algún templo que me inspira, entro con permiso.

“¿Entonces, no cree usted en Dios?”.

“Creo que sí, aunque nunca le pido prosperidad ni me persigno para que mi equipo de fútbol gane. Lo único que le pido siempre a Dios es que exista”.

“¿Cómo es posible creer en Dios y no tener iglesia?”, más de una vez me han preguntado en este país, con los ojos más abiertos de lo necesario.

Con frecuencia se cita el momento que en el programa de televisión The Early Show de Nueva York, la periodista Jane Clayson le preguntó a la hija del célebre telepastor Billy Graham sobre los atentados del 11 de setiembre de 2001 en Nueva York:

“¿Cómo pudo Dios permitir que sucediera esto?”, inquirió, lo que recuerda el conocido cuestionamiento sobre Auschwitz.

La hija del pastor respondió:

“Al igual que nosotros, creo que Dios está profundamente triste por este suceso, pero durante años hemos estado diciéndole que salga de nuestras escuelas, que salga de nuestro gobierno y que salga de nuestras vidas. Y siendo el caballero que es, creo que Dios ha resuelto retirarse. ¿Cómo podemos esperar que Dios nos dé Su bendición y Su protección cuando le hemos exigido que nos deje solos?”

En todo el mundo se repitió, no sin emoción y lágrimas, este momento como “una respuesta profunda y sabia que dejó muda a Jane Clayson”.

Sin duda que hay que tener una fe muy profunda para creer que el creador del Universo actúa como un niño resentido unas veces o como un amante celoso otras. Pero esto es una cuestión de opinión. Lo que no es materia de discusión es el hecho de que los terroristas que perpetraron los atentados del 11 de setiembre tenían la misma opinión de Virginia Graham Foreman. Sobre todo, odiaban el tipo de decadencia humanista y secular que por mucho tiempo caracterizó el experimento histórico de este país, que las teocracias odiaron y que las nuevas republicas iberoamericanas intentaron copiar en el siglo XIX. Sus “padres fundadores” no fueron religiosos conservadores como cree la mayoría de los norteamericanos (¿cómo un conservador puede hacer algo revolucionario como fundar un país diferente o una nueva religión?) sino una elite de políticos humanistas que había diseñado y logrado, por primera vez, un gobierno y un Estado separado, por ley y en sus prácticas, de todo tipo de injerencia religiosa. Y por primera vez, un Estado que se fundase, al menos en teoría, en la igualdad como paradigma. No porque odiaran a Dios sino porque creían en el derecho a la libertad de los individuos (antes de excluir a los esclavos) y en un tipo radical, para la época, de democracia moderna como alternativa a las teocracias y las monarquías absolutistas.

Salvo algunos teólogos, los predicadores no necesitan ser racionales. Les basta con un par de aforismos para niños porque saben que los respalda la fe ciega de quienes lo siguen. Más que el Amor los protege el Miedo. Así logran confundir a Dios con sus propias religiones y las opiniones de sus pastores y sacerdotes con la opinión más reciente de Dios.

También Torquemada fue llamado “luz de España y el salvador del país” por enviar a la hoguera a los herejes. También Francisco Franco acuñó monedas que rezaban “Caudillo de España por la gracia de Dios” por el mismo mérito. Lo que prueba que hay amores que matan.

Pero no juzguemos a Dios por sus seguidores.

Claro que el racionalismo de los últimos tres siglos se convirtió en otra forma de fanatismo; también religioso, si se quiere. Pero tampoco fue culpa de la Razón sino de una reacción ciega que terminó negando todo lo irracional y espiritual que también forman parte de la condición humana.

En los países occidentales de hoy, la mayoría con gobiernos e instituciones públicas basadas en las ideas humanistas de libertad y laicidad, ya no se pueden quemar individuos por razones de opinión. Al menos no sin una buena excusa. Esto no fue un logro de ninguna religión sino a pesar de casi todas las religiones del momento. Fue un logro de los humanistas que lentamente liquidaron las teocracias y el fanatismo religioso que poco o nada tenían que ver con Dios.

Jorge Majfud

marzo 2011

Jacksonville University

majfud.org

Milenio (México)


Estudiar idiomas rejuvenece el cerebro (entre otras cosas)

Old stories

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2 languages make your brain buff

If you had any doubts about exposing your child – or yourself – to a foreign language, there’s more evidence than ever that being bilingual has enormous benefits for your brain.

Scientists presented their research supporting this idea Friday at the American Association for the Advancement of Science annual meeting in Washington, D.C.

As the human body begins its natural decline in old age, bilinguals seem to maintain better cognitive function, said Ellen Bialystok of York University in Toronto, Ontario. This is the case even for people with dementia. Bialystok and colleagues have studied many Alzheimer’s patients, both monolinguals and bilinguals. They found that bilinguals were on average four to five years older than monolinguals at comparable points of neurological impairment.

Once Alzheimer’s disease begins to compromise the brain, it appears that bilinguals can continue to function even though there’s damaged tissue, she said.

So what’s going on? One theory is that language learning is an example of «cognitive reserve.» It something that keeps the mind active in the same way as puzzles and games do, and works toward compensating for the build-up of dementia-causing pathology in the brain, Bialystok said.

In terms of starting language learning in middle or old age, the likelihood of becoming truly fluent in a new tongue is low, but it seems that every little bit helps in preventing cognitive decline, she said. And proficiency may be more important than age of acquisition, said Judith Kroll, researcher at Pennsylvania State University, before the conference.

Bilinguals are also better than monolinguals at multitasking, Kroll said. Juggling their languages helps bilinguals ignore irrelevant information and prioritize tasks better than those who only can only speak on tongue, she has found in her research. That makes sense considering that when a bilingual person speaks one language, the other language is still potentially active. That means that speakers of two languages are constantly inhibiting one language in favor of another, which perhaps enhances their overall attentional skills.

Why is it so hard for adults to learn a new language, compared with kids? The answer might not lie entirely in the brain. The social, educational, and other circumstantial conditions are different when an adult gets exposure to language, Bialystok said. As a child, learning a language is pretty much all you do. Adults can’t devote as much time or attention to the experience of picking up a new tongue.

«It’s a change we can deal with as adults if there’s sufficient time and opportunity,» she said.

Are there any downsides to being bilingual? Babies exposed to two languages throughout pregnancy, or who hear two languages in their first days of life, don’t confuse their languages, said Janet Weker of the University of California, Santa Barbara. The scientific evidence suggests bilingual and monolingual kids have similar language development milestones; it appears that children learning two languages do not experience delays in this regard generally.

There is, however, some research suggesting that the competition that’s produced by this mental juggling may introduce a delay in processing. But it’s so small that it’s not something that would be noticeable consciously, Kroll said. It appears that the benefits of being bilingual outweigh the costs.

What are you waiting for? Check out these resources for learning a new language online.

CNN.com (Feb. 22, 2011)


What good is literature, anyway?

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American Author Ernest Hemingway aboard his Ya...

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¿Para qué sirve la literatura? (I) (Spanish)

À quoi sert la littérature ? (Spanish)

What good is literature, anyway?

I am sure that you have heard many times this loaded query: «Well, what good is literature, anyway?» almost always from a pragmatic businessman or, at worst, from a Goering of the day, one of those pseudo-demigods that are always hunched down in a corner of history, waiting for the worst moments of weakness in order to «save» the country and humankind by burning books and teaching men how to be «real» men. And, if one is a freethinking writer during such times, one gets a beating, because nothing is worse for a domineering man with an inferiority complex than being close to somebody who writes. Because if it is true that our financial times have turned most literature into a hateful contest with the leisure industry, the collective unconscious still retains the idea that a writer is an apprentice sorcerer going around touching sore spots, saying inconvenient truths, being a naughty child at naptime. And if his/her work has some value, in fact he/she is all that. Perhaps the deeper mission of literature during the last five centuries has been precisely those things. Not to mention the ancient Greeks, now unreachable for a contemporary human spirit that, as a running dog, has finally gotten exhausted and simply hangs by its neck behind its owner’s moving car.

However, literature is still there; being troublesome from the beginning, because to say its own truths it only needs a modest pen and a piece of paper. Its greatest value will continue to be the same: not to resign itself to the complacency of the people nor to the temptation of barbarism. Politics and television are for that.

Then, yes, we can say literature is good for many things. But, because we know that our inquisitors of the day are most interested in profits and benefits, we should remind them that a narrow spirit can hardly shelter a great intelligence. A great intelligence trapped within a narrow spirit sooner or later chokes. Or it becomes spiteful and vicious. But, of course, a great intelligence, spiteful and vicious, can hardly understand this. Much less, then, when it is not even a great intelligence.

© Jorge Majfud

The Colonization of Patriotisms

Juan Carlos Onetti

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La colonización intra-nacional de los patriotismos (Spanish)

The Intra-national Colonization of Patriotisms

 

Jorge Majfud

 

Once, in a high school class, we asked the teacher why she never talked about Juan Carlos Onetti.  The answer was blunt: that gentleman had received everything from Uruguay (education, fame) and “he had left” for Spain to speak ill of his own country.  That is, an entire country was identified with a government and an ideology, excluding and demoralizing everything else.

Implicitly, it is assumed that there exists a unique – true, honorable – form for the nation and of being Uruguayan (Chinese, Argentine, North American, French).  If one is against that particular idea of country, of fatherland (patria), then one is anti-patriotic, one is a traitor.

A fundamental requirement for the construction of a tradition is memory.  But never all memory, because there is no tradition without forgetting.  Forgetting – always more vast – is indispensable for the adequation of a determined memory to the present-day powers that need to legitimate themselves through a tradition.  If we assume that national symbols and myths are not imposed by God, we are left with no other remedy than to suspect earthly powers.  Which is to say, a tradition is not simple and innocent memory but convenient memory.  The latter tends to be crystalized in symbols and sacred cows, and there is nothing less objective than symbols and cows.

In the Spain of Isabel and Fernando, exclusion was the basis for a previously non-existent fatherland.  The Iberian peninsula was, at the time, the most culturally diverse corner of Europe and comprised of as many countries as the rest of Europe.  Being Spanish became for many, after the Reconquest, an exercise in purification:  one sole language, one sole religion, one sole race.  Almost five hundred years later, Francisco Franco imposed the same idea of nation based at least on the first two categories of purity.  Camilo José Cela recognized it thusly: “Not one single Spaniard is free to see Jewish or Moorish blood run through his veins” (A vueltas con España, 1973); like they say, “nobody is perfect.”  For centuries the intellectuals sought out, obsessively, the “Spanish character,” as if the absence of a concrete character ran the risk of losing the country.  Américo Castro in Los españoles…(1959) observed: “one will not find anything similar to the Spanish fantasy of imagining Spaniards before they existed.”  He then criticized the patriotic writings that praised what was Spanish about Luis Vives, who, even abroad “never forgot Valencia”: he could not forget Valencia because his family, of Jewish origin, had been persecuted and both his parents burned by the Inquisition.  The celebrated priest Manuel García Morente believed that “for the Spanish there is no difference, there is no duality between fatherland and religion” (Idea de la hispanidad, 1947); “there exists no dualism between Caesar and God.”  “Spain is made of Christian faith and Iberian blood.”  “In Spain, Catholic religion constitutes the purpose of a nationality…”  The ultraconservative taste for essences led him to repeated tautologies of this kind: “the patriotic duty” is to be “faithful to the essence of the fatherland.”  Another Spaniard, Julio Caro Baroja (El mito del carácter nacional, 1970), questioned these functional ideas of power: “I consider that everything that speaks of “national character” is a mystical activity.”  “National characters are meant to be established as collective and hereditary.  Thus, at times, one recurs to expressions like ‘bad Spaniard,’ ‘renegade son,’ traitor to the ‘legacy of the fathers’ in order to attack an enemy.”

This strategy of forgetting and exclusion is universal.  We Chileans, Argentines and Uruguayans constructed a tradition to the measure of our own euro-centric and not infrequently racist and genocidal prejudices.  The authors of various ethnic cleansings (Roca, Rivera) are honored even today in the schools and in the names of streets and cities.  Indigenous people were not only expoliated and exterminated; we also ended up whitewashing the memory of the indomitable savages.  Another Spaniard, Américo Castro, reminds us: “When the people are more believers than thinkers […] it becomes unpleasant to doubt.”

Thus, The fatherland is turned into an idea of nation that tends to exclude all other ideas of nation.  For this reason it usually becomes a weapon of negative domination based on the positive sentiments of belonging and familiarity.  In order to consolidate that arbitrariness of traditional power, other semantic instruments are made use of.  Like honor, for example.

Honor is the symbolic tribute that a society imposes, by way of ideological and moral violence, on those individuals who must exercise physical violence in order to defend the sectarian interests of those others who will never risk their own life to do so.  For this reason, a composite and contradictory ideolexicon like “the honor of weapons” has survived for centuries.  There exists no other way to predispose an individual to death for reasons he is in no position to understand or, if he understands them, he is in no position to accept them as his own reasons.  If it is a matter of a soldier (the most common case) the salary will never be sufficient reason to die.  It is necessary to cultivate a motivation beyond death.  In the case of the religious martyr, this function is fulfilled by Paradise; in the case of a secular society that organizes an army through a secular State, there is no alternative but the retribution of an exemplary death: honor, fulfillment of one’s duty, love of country, etc.  All ideolexicons based on positive, unquestionable meanings.

One honors individuals (paradoxically anonymously) because one cannot honor the war that produces seas of nameless dead, nor can one honor the financial and political reasons, the sectarian interests in power.  This is demonstrated when, each day that fallen soldiers are remembered, the motives that led the now heroes to die are never remembered.  One abstracts and decontexualizes in order to consolidate the symbol and confer upon it an absolutely natural character.  It may be that just wars exist (like an action of defense or of liberation), but even so it remains impossible to think that all wars are just or holy.  Then, why is this perturbing element abstracted from the collective conscience?  Any questioning is (must be) interpreted as an affront to the “fallen heroes.”  In this way, the benefit is quadruple: 1) society washes its sins and its bad conscience; 2) the victims of the absurd receive a moral gratification and meaning for their own disgrace; 3) any radical questioning of the sense of past wars is prevented; and 4) a loan is secured against stock for wars yet to come – for a few but in the name of all.

 

Translated by Bruce Campbell

 

Crisis (IV)

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Crisis IV (Spanish)

Crisis (IV)

 

 

 

Saturday September 20.  Dow Jones: 11,388

San Francisco, California. 5:30 AM

 

We were feeling really laid back at Lilian’s party when he arrived with his usual two little friends, Patrick and the other guy whose name I don’t remember.  I asked Lilian if she had invited them and she just laughed, which in this case meant no, or that she had no choice but to invite them.  I had never had problems with Nacho before so don’t come at me with that stuff about animosity or predisposition, much less premeditation.

It wasn’t premeditated.  Nacho Washington Sánchez had come to the party with a gift for the young girl who was turning fifteen two days later.  Her parents had moved the celebration up so that it would fall on Saturday the 14th, and as a reward for her good grades.

Nacho Sánchez, Santa Clara, 19, had gone back to school at the age of almost twenty, after spending a time in a Georgia chicken factory.  And this time he had come back with enough maturity and motivation to carry him to the second best grades in his class.

According to his friends’ statements to the police, Nacho didn’t go to the party because of Lilian but because of Claudia Knickerbacker, the Chilean friend of the birthday girl.  And if he said goodbye to miss Wright with a hug and a kiss on the cheek, that didn’t mean anything.  Or it didn’t mean, like George Ramírez yelled at him, sexual harassment.

—The thing is that George speaks less and less Spanish all the time and he forgot or acts like he forgets that we Latinos hug and kiss more often than Yankees do.  The other stuff is inside the head of one of those repressed people who see sex everywhere and try to surgically remove it with a pair of hot tongs.  It’s true that before heading for the bus stop Nacho turned around and told him that George wasn’t a Mexican-American anymore because in Calabazas North the “Mexican” part had fallen off of him.  It wasn’t necessary, but it was after tolerating like a prince the insults that George had thrown at him since he left the Wrights’ house.

—What insults?  Do you remember any of them?

—He said to him that Nacho was a child abuser, that Lilian was still only fourteen years old and that he was going to report him to the police and he followed him around threatening him with the telephone in his hand.  Without turning around Nacho told him, sure, call 911.  The others were coming up behind.

—How many were they?

—Five or six, I don’t remember exactly.  It was dark and I was really scared that there would be a fight and we would all get pulled in.  We were about a hundred yeards from the bus stop and the bus was waiting for the light to change a block away and George decided to yell at him that he wasn’t going to call 911, but the Migra instead.  Everybody knew that Nacho’s parents were illegals and hadn’t gotten papers for as long as Nacho could remember, which was why, even though he was a citizen, he always avoided run-ins with the police, as if they would deport him or put him in jail for being the child of illegals, which he knew perfectly well was absurd but was something that was stronger than him. When his wallet got stolen in the metro to the airport he didn’t report it and chose to go back home and he missed his flight to Atlanta.  And that’s why you could say the worst to him and Nacho always kept his cool, biting back his anger but never lifting a hand, and he was strong enough to knock out a mule if he wanted to.  Not him, of course, he wasn’t illegal and the others must have known it.  But the ones coming from farther back, including John, Lilian’s older brother, who heard the part about “the Migra” and the part about “sexual harassment,” and he caught up with George who stood out because of his size and his white shirt…

—Do you want them to bring you some water?

—I started walking faster, saying that the bus was going to leave without us and I got on it.  After that I don’t know what happened.  I just saw through the window, from a distance, that they had rushed at Nacho and Barrett was trying hopelessly to rescue him from the mob.  But Barrett is smaller than me.  Then all I saw were the streetlights on Guerrero and Cesar Chavez, and I sat in the last seat with my cell phone in my hand until I got home.  But Nacho never answered any of the messages I left him asking him to call me back.  Nacho said good-bye the way he did because he was happy.  She had invited him so he would have a chance to ask the Knickerbacker girl out, and in the kitchen while they were cutting the tres leches cake Knickerbacker hadn’t told him no.  She told him that  they could go out next Saturday and that left Nacho feeling really happy.  He had such a complex because of his prematurely thinning hair at 19 years old, which he thought was sufficient reason for any pretty girl to reject him.  It’s not like the Chilean girl was a model or anything, but Nacho was blindly in love since starting back to school.

—And you?

—I don’t think that such a warm good-bye was because he was happy.  They always come across that way, they don’t respect your personal space.  They say Latinos are like that, but if they come to this country they should behave according to the rules of this country.  Here we just shake hands.  We’re not in Russia where men go around kissing each other. Much less kiss a child like that in front of her parents and all of her friends.  You’re right, her parents didn’t complain, but they also didn’t say anything when George and his friends decided to go out and teach those intruders a lesson. The Wrights are polite and when they saw that Nacho left without causing trouble they decided not to intervene.  But I’m sure they spoke with Lilian afterward, because they looked worn out.  It was because of a moral issue. A matter of principles, of values.  We couldn’t allow some nobody to come and upset the peace at the party and abuse one of the little girls. No, I don’t regret it.  I did what I had to do to defend the morality of the family.  No, it wasn’t my home, but it sort of was.  I’ve been Johnny’s friend since middle school.  No, we didn’t want to kill him, but he was asking for it.  What worse crime is there than abusing a little girl?  He didn’t fondle her, but that’s how they all start.  Them, you know who I’m talking about.  Them!  Don’t coerce my statement, I know my rights.  They don’t know how to respect personal distance and then they lose control.  No, my partents were Mexicans but they entered the country legally and they graduated from the University of San Diego. No, no, no… I’m an American, sir, make no mistake.

(from the novel Crisis)

Jorge Majfud

Translated by Bruce Campbell

 

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Ortega y Gasset: Crisis y restauración de la Modernidad

Ortega y Gasset en un fotografía tomada por la...

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Ortega y Gasset:

Crisis y restauración de la Modernidad

Jorge Majfud

The University of Gorgia, 2004

Resumen

La relectura de Ortega y Gasset sobre el Renacimiento y su visión negativa del racionalismo moderno podemos verla reflejada en gran parte en el pensamiento de Ernesto Sábato y del postmodernismo posterior. Deudor, a su vez de filósofos como Nietzsche, más que de Unamuno, Ortega resume en su propia vida las crisis ideológicas y existenciales que afectaron al escritor argentino. De un socialismo entusiasta y combativo, de una inicial aunque no inmadura fe en “el pueblo”, su pensamiento cambiará dramáticamente a  una crítica antimoderna. Su pensamiento, como es característico en los pensadores españoles más destacados desde el nacimiento del castellano, es antimaterialista: el orden de las cosas, de la cultura y de la sociedad, dependen de un “estado espiritual”, de la fuerza del pensamiento puro. Su humanismo es radical: el hombre es el que hace la historia y nunca al revés. Su crítica a las ciencias (al cientificismo) se convierte en la observación precoz de su fracaso como paradigma social y epistemológico. La circunstancia orteguiana es muy semejante a la posterior “contingencia” de Jean-Paul Sartre. La rebelión de las masas no es algo diferente: es la moderna rebelión del individuo, pero en su versión aristocrática. Ortega no considera que ese “individuo” es, al mismo tiempo, un producto-productor de su cultura; no un espíritu puro que se puede independizar de ella, como el alma de un cuerpo al morir o al elevarse en una experiencia mística.

Palabras claves: Ortega y Gasset – Edad Moderna – posmodernismo – razón -ciencia – democracia – progreso – historia – individuo – rebelión de las masas -pueblo.

Abstract

The re-interpretation of Ortega y Gasset on the Renaissance and his negative view of modern rationalism can be seen reflected to a large degree in the thought of Ernesto Sábato and in late postmodernism. A debtor, on the other hand, to philosophers like Nietzsche, more than Unamuno, Ortega embodies in his own life some existential and ideological crises that took its toll on the Argentine writer. From an aggressive and keenly enthusiastic socialism, from an intial albeit not an immature faith in “el pueblo,”his thought would change dramatically into an anti-modern critique. His thought, as it is characteristic of the most highly regarded Spanish thinkers from the birth of the Castilian language itself, is anti-materialist: the order of things, in culture and society depend upon a “spiritual state,” from the power of sheer thought. His humanism is radical: Man is he who makes history, and never the other way around. His critique on the sciences (on scientifism) turns into a precocious observation of its epistemological failure as well as a social paradigm. The Ortegian circumstance is very similar to the further “contingency” of Jean-Paul Sartre. The Revolt of the Masses is not any different: it is the modern revolt of the individual but in its aristocratic version. Ortega does not consider that the “individual” is at the same time a producer-product of one’s culture, not a pure spirit that detaches itself from it like the soul of a body at death nor rising from the body in a mystical experience.

Keywords: Ortega y Gasset – Modern Age – postmodernism – reason – science -democracy – progress – history – individual -Revolt of the Masses – people.

El contexto español

Durante la mayor parte del siglo XIX, los intelectuales españoles coincidieron al menos en un único punto: en España no hay filosofía o el pensamiento era incapaz de alguna novedad. En todo caso, lo que había era de lamentar. Así lo creía Sanz del Río y uno de sus detractores, Menéndez Pelayo, sólo coincidía en la descalificación. [I]  De algo parecido se quejaba Francisco Pi i Margall: “Pero me extralimito sin sentirlo. El triste estado de la ciencia en España me obliga, tanto como la ignorancia de muchos revolucionarios, a usar este lenguaje […] No hay entre nosotros escuela, no hay crítica, no hay lucha”. [1] En su libro La reacción y la revolución, de 1854, se propuso “despertar […] una nueva creencia, y más aún que una creencia, una actividad filosófica de que por desgracia carecemos en España”. [2] Antonio Heredia Soriano, en El krausismo español (1975) hace su propia colección de expresiones de malestar sobre el estado del pensamiento y la cultura en España en esta época: Juan Valera, M. J. Narganes, Donoso Cortés, Balmes, López de Uribe, Borrego, Gil de Zárate, Francisco de Paula Canalejas, Manuel de la Revilla, Menéndez Pelayo. Cada uno desde su perspectiva ideológica particular coincidía en el mismo pesimismo [II] . Guillermo Fraile, en Historia de la filosofía española desde la Ilustración (Madrid, 1972), coincide con esta percepción y hace su propia lista de decepcionados, incluyendo a Pi i Margall, Juan Valera, María Fabié, Laureano Figuerola, Francisco de Paula Canalejas, etc [3] .

Esos juicios, como cualquier juicio, estaban hechos en relación a otra realidad. En el caso de España, esa otra realidad era el pensamiento centroeuropeo y la filosofía clásica, y su punto de vista se ubicaba en un plano de inferioridad. España no había creado un nuevo orden social cuando el antiguo ya se había derrumbado. Quedaban los conservadores católicos aferrados a la nostalgia y a sus amenazados privilegios y una nueva burguesía liberal, en una gran proporción intelectuales, promoviendo una revolución sin más fundamentos que el ejemplo de Francia o, mejor dicho, de sus escritores. Cuando revolucionarios como Francisco Pi i Margall o reformistas como Nicolás Salmerón tuvieron la oportunidad de construir la primera República (1872), fracasaron por unanimidad.

Iniciado el nuevo siglo, la percepción de la realidad no era muy distinta. En una conferencia leída en la Sociedad el Sitio, de Bilbao, el 12 de marzo de 1910, el mismo Ortega se lamentaba: “el número de hombres dotados de plena madurez espiritual es en nuestra raza tan escaso, que se agota fácilmente” [4] . Esa inmadurez espiritual, claro, se reflejaba en su clase dirigente. Con ácida ironía, dijo ante el público ese mismo día: “nada hay tan fácil como matar una idea: basta con ponerla en un medio inadecuado, tal vez en el cerebro de un político español” [5] . A todo esto había que sumar otros defectos –que debieron enardecer a los nacionalistas [III] – como el de la soberbia. “La soberbia es nuestra pasión nacional, nuestro pecado capital”, escribió en 1923, comparándolo con los defectos de otros países europeos. El pueblo español “es soberbio, infinitamente soberbio” [6] .

Todo lo cual no representaba un panorama propenso al optimismo. Más considerando que, años antes, en 1909, Ortega había advertido que “tras una generación inepta no puede venir una generación potente, tras una generación de distraídos, sólo es posible una generación de vanidosos […] nuestros padres nos han dado ya muertas algunas partes de nuestras almas y no lograremos galvanizarlas” [7] . Para concluir: “Hemos perdido las arcaicas virtudes y aún no hemos llegado a los gustos modernos” [8] . En convivencia con estas declaraciones encontraremos, no en menor grado, las opuestas. Para Rodríguezy García Loredo –ya en 1961– uno de los méritos de Menéndez Pelayo consistió en “recordar a los españoles cómo la clave de su grandeza reside en la ardiente y común profesión de la fe católica, que hizo a España ‘una nación de teólogos armados’ y un segundo ‘pueblo escogido para ser la espada y el brazo de Dios’” [9] .

En el siglo XX, la tragedia de España consistió en su capacidad de heredar estos conflictos, contradicciones sociales, odios y resentimientos y en su incapacidad por ingresar a una Modernidad tardía. Más aún: antes que el espíritu Moderno conquistara España fue percibido en su derrumbe por uno de sus mayores intelectuales, José Ortega y Gasset. Es decir, no por un “teólogo armado, espada y brazo de Dios”, sino por un socialista, un liberal y un reformador desilusionado.

La misma producción intelectual de Ortega, que nunca fue breve, revela un cambio alrededor de la primera Guerra Europea. De un entusiasmo liberal y protosocialista pasa a un liberalismo aristocrático en la década del veinte. En este momento, a contracorriente de todas las tendencias políticas del mundo, Ortega toma una postura que podríamos calificar de “reaccionaria”, en el término político de la palabra, pero que en un sentido más profundo significa una crítica a las consecuencias finales de la Modernidad. En el siglo XIX imperaba lo político –pensaba en 1914–, y esta dimensión humana, que antes estaba reservada a ministros y minorías dirigentes, se extendió hasta la misma muchedumbre; “lo otro, la vida individual, quedó relegada, como si fuera cuestión poco seria e intrascendente” [10] . Más adelante veremos que, en este sentido, podemos ver en el filósofo español una de las primeras conciencias posmodernas pero sin las simplificaciones complacientes que trajo este período iniciado después de la Segunda Guerra Europea –o Primera Guerra Mundial– a finales de los años cuarenta. Por lo que sería mejor llamar la posición de Ortega,antimoderna.

No podemos decir que Ortega y Gasset fue el primero que entrevió este derrumbe, porque dentro de las vanguardias artísticas de los primeros años del siglo, entre futuristas y entusiastas cantores a la máquina y al progreso surgieron, de forma simultánea, corrientes como el dadaísmo. Tampoco podemos olvidarnos de la crítica de F. Nietzsche, que el mismo Ortega admiraba. Pero pocos pensadores como Ortega lo formularon en un pensamiento explícito y extenso, en una crítica a una realidad social y cultural concreta. Su relectura del Renacimiento y su visión negativa del racionalismo moderno podemos verla reflejada en Hombres y engranajes (1951) de Ernesto Sábato.

Etapa socialista

La historia enciclopédica suele recordar a Ortega y Gasset como un filósofo liberal –en el sentido conservador de la palabra–, el autor que en La rebelión de las masas abogaba por una aristocratización del pensamiento y de las sociedades. Esto, que no sólo es una simplificación también es una contradicción: resulta, finalmente, en una re-politización de un pensamiento que pretendía denunciar esta “vulgarización”. Por otra parte, según Ortega, el pensamiento y la civilización no deben ser aristocráticos, sino que, de hecho, lo son. Cuando lo son verdaderamente, adverbio que deja un espacio a la crítica y al proselitismo [IV] . Sin embargo, debemos mostrar brevemente al otro Ortega. Que existan varios Ortegas a lo lago de una vida no invalida, de por sí, ninguno de sus pensamientos. En su caso concreto lo confirman, ya que, como él mismo decía, la vida es un gerundio. Pero, por esta misma razón, mostrar este “estar siendo” nos ayuda a calibrar los cambios, las contradicciones, la relatividad de cada afirmación categórica, tan comunes en Ortega y Gasset como en los filósofos españoles de su época.

En varias cartas escritas por Ortega y Gasset a Miguel de Unamuno se revela un socialista apasionado, un hombre preocupado tanto por la acción como por el pensamiento. En una de éstas, fechada el 27 de enero de 1907, confesó: “Los señores en cuya casa vivo –un director de Gimnasio– ha llegado a odiarme porque soy socialista. Son los mismos odios bestiales e irrazonados de las señoras españolas contra lo que ellas llaman positivistas, ateos, etc.” [11] .

En el primer número de Faro [V] , de 1908, Ortega escribió: “Los partidos liberales son partidos fronterizos de la revolución o no son nada” [12] . Más adelante, de forma menos ambigua, anota: “el liberalismo de hoy, si no quiere seguir siendo un entremés para la Historia, tiene que confesarse y declararse inequívocamente ‘sistema de la revolución’ […] ¿Qué prefieren: un sistema de revolución o revolucionarios sin sistema?”. [13] En defensa del idealismo y de un universalismo humanista, Ortega define qué es para él liberalismo: “Llamo liberalismo a aquel pensamiento político que antepone la realización del idea moral a cuanto exija la utilidad de una porción humana, sea esa una casta, una clase o una nación” [14] .

En su crítica a los conservadores, toma en uso el paradigma de progreso indefinido de la humanidad que más tarde criticará como utópico y eternamente provisorio, como una de las mayores carencias de la modernidad racionalista:

Cree el liberalismo que ningún régimen social es definitivamente justo: siempre la norma o la idea de justicia reclama un más allá, un derecho humano aún no reconocido y que, por tanto, trasciende, rebosa de la constitución escrita. […] El derecho a transformar las constituciones es un derecho sobreconstitucional, no es un derecho escrito. […] a ese derecho sobreconstitucional que es a su vez un sagrado deber, llamo revolución” [15] .

En 1910, si bien no aceptaba que el marxismo y los partidos obreros fuesen “los únicos partidos altamente éticos”, Ortega y Gasset estaba convencido de que era una “verdad científica adquirida para in aeternum que el único estado social moralmente admisible es el estado socialista” [16] . La denuncia marxista a la alineación del trabajador se refleja cuando Ortega compara la “pasiva cooperación” de los esclavos de las pirámides de Egipto con los trabajadores modernos. Para evitar este engaño del esclavo asalariado, el obrero “necesita tener conciencia viva del sentido de su labor”. De lo contrario, es una tarea alienadora, inhumana. Con palabras que prefiguran a Paulo Freire [17] , y siguen a Platón [18] , Ortega propone una “pedagogía social: si todo individuo social ha de ser trabajador en la cultura, todo trabajador tiene derecho a que se le dote de la conciencia cultural”[19] . Luego, consecuente con una crítica socialista, observa que, tanto en Europa como en España, hay una educación para pobres y otra para ricos, por lo cual los pobres también son pobres de espíritu. Todo lo cual deriva en la refutación de los tradicionales principios humanistas: “El signo de la inmoralidad es el rompimiento de la unidad humana” [20] . Esa unidad, ese humanismo son ideales y su instrumento principal de acción social es otro ideal: la democracia. “Un partido conservador –escribía Ortega en 1910– aún puede vivir sin ideas, porque representa intereses reales, porque es realismo. La democracia no, porque es idealismo, es destrucción de lo mal construido y construcción de lo bien ideado. La democracia es sólo una idea, un ideal, y, por consiguiente, hay que tomarse el trabajo de pensarla” [21] .

En 1914, siendo profesor de la Universidad de Madrid, encontramos a un Ortega combativo, organizando la desobediencia civil (o tratando de manipularla). En carta enviada al mismo Unamuno, el 12 de noviembre de 1914, escribió dando instrucciones, como cualquier comandante:

1º lo primero que hay que hacer es una campaña de guerrillas –artículos impersonales– para ir levantando presión en toda España. El mensaje y demás actos deben reservarse para cuando se haya encendido a la gente. 2º Creo que usted debe –después del artículo de hoy en Nuevo Mundo– callar. Todo lo que sea volver usted a aparecer en persona es, por el momento, antiestratégico[22] .

Si bien podemos advertir un cambio ideológico en Ortega en la formulación de sus ideas, también entrevemos de forma constante un su temperamento filosófico, que en los años treinta se consolidará en una defensa al “derecho de continuidad”. En las mismas páginas de Faro, bajo el título “La reforma liberal”, Ortega había advertido: “Tampoco la realización del ideal necesita de la destrucción de la realidad: cambiarla es suficiente” [23] .

Pero hay en la vida del pensamiento de Ortega un momento de inflexión. Probablemente el pesimismo de Ortega –y de la mayoría de los intelectuales de su época– está, más que estimulado, legitimado intelectualmente por la Primera Guerra Mundial. Fechemos esta inflexión, de forma provisoria, en

1916. Este año, Ortega recibió una carta de uno de sus lectores que, refiriéndose a El Espectador, diario donde escribía, decía con ecos de la imperativa marxista a los pensadores: “siento que se dedique usted exclusivamente a ser espectador”. Ortega responde con un largo análisis de la etimología y el sentido de ser “espectador”. Una breve reflexión confirma una inflexión en el discurso anterior: “Desde hace medio siglo en España y fuera de España, la política –es decir, la supeditación de la teoría a la utilidad– ha invadido por completo el espíritu” [24] . Esta posición se prolongará en el resto del pensamiento orteguiano con diferentes resultados. De esta forma, también se alejará de uno de los corolarios de la Modernidad: la politización del pensamiento que llega hasta nuestros días [VI] .

El hombre masa

El Ortega y Gasset de los años veinte ha perdido la fe en el pueblo o ha descubierto que nunca la tuvo. Pero sobre todo ha perdido la fe en los pilares fundamentales de la Modernidad: progreso, racionalidad, democracia, libertad. La trágica paradoja que conllevan estos elementos es que cuando se convierte en moneda común se simplifican y, por lo tanto, se traicionan. Entonces, la Modernidad se nutre de mitos. Se podría objetar que si La rebelión de las masas se asienta sobre la verdad, no se asienta sobre el derecho. Y ésta es otra de las contradicciones que hubiese anotado el mismo Ortega, revindicando la contradicción como componente propio de la realidad, de la historia y del pensamiento mismo.

Para el antiguo liberal, para quien fuera un socialista convencido in aeternum, para el idealista republicano y antimonárquico, “la masa en rebeldía ha perdido toda capacidad de religión y de conocimiento. No puede tener dentro más que política, una política desorbitada, frenética, fura de sí, puesto que pretende suplantar al conocimiento, a la religión” [25] . Por momentos, deberemos atravesar un bosque lleno de juicios a priori que nos recordarán las acusaciones que en el siglo XIX se hacían los intelectuales, unos a otros, como método dialéctico: “Claro está que en las [clases de hombres] superiores, cuando llegan a serlo, y mientras lo fueron de verdad, hay más verosimilitud de hallar hombres que adopten el “gran vehículo”, mientras las inferiores estánnormalmente constituidas por individuos sin calidad” [26] . (Los énfasis son nuestros). La reivindicación del pasado se corresponde más con Hesíodo que con el Ortega combativo de años anteriores. La adjetivación como método es una tradición del siglo XIX español:

Por ejemplo: ciertos placeres de carácter artístico y lujoso, o bien las funciones de gobierno y de juicio político sobre los asuntos públicos. Antes eran ejercidas estas actividades especiales por minorías calificadas–calificadas, por lo menos en pretensión–. La masa no pretendía cintervenir en ellas: se daba cuenta de que si quería intervenir tendría, congruentemente, que adquirir esas dotes especiales y dejar de ser masa. Conocía su papel en una saludable dinámica social [27] .

Este perfil aristocrático y reaccionario –en el sentido progresista de la palabra– ya estaba dibujado en 1916, cuando en las páginas de El Espectador había escrito: “El hombre del pueblo […] cuando veía pasar una duquesa en su carroza se extasiaba, y le era grato cavar la tierra de un planeta donde se ven, por veces, tan lindos espectáculos transeúntes”. Recurriendo a las lecturas de Nietzsche sobre el resentimiento –ressentiment, como aquel que niega las cualidades de las que carece–, Ortega concluye con un romanticismo pastoril: antes, “el hombre de pueblo no se despreciaba a sí mismo: se sabía distinto y menor que la clase noble; pero no mordía su pecho el venenoso ‘resentimiento’”28 [28] .

Su definición de “liberal” cambia. Del liberalismo socialista pasa a un liberalismo aristocrático: “al amparo del principio liberal y de la norma jurídica [antes] podían actuar y vivir las minorías” [29] . “Si ‘pueblo’ es espontaneidad y abandono, aristocracia es disciplina y régimen. Ahora bien, una nación es un pueblo organizado por una aristocracia” [30] . Es cierto que Ortega reprocha a las masas la falta de un “sistema”, que, incluso, reclamó al tiempo que promovía una revolución, primero y una reforma después[VII] . “Una pésima estructura es mejor que ninguna” [31] . Pero no es menos cierto que las sociedades –y concretamente la española– de los años veinte no tenían un grado de caos superior a las del siglo anterior [VIII] . De hecho, el siglo XIX español, si por algo se caracterizó, fue por la inestabilidad, las revoluciones y las restauraciones, lo cual había llevado a Francisco Pi i Margall a escribir en La reacción y la revolución: “Nuestro pueblo, es cierto, se ha insurreccionado cien veces en lo que va del siglo [IX] ; mas se ha insurreccionado, examinadlo bien, por falta de libertad, no por la libertad de que ha gozado” [32] . Por otra parte, los totalitarismos que siguieron en Europa a La rebelión de las masas pueden darle la razón a Ortega en su crítica a la modernidad, pero no le dan la razón en su idealización de un orden aristocrático, ya que los totalitarismos nazi y fascista e, incluso, la llamada “dictadura del proletariado” fueron precisamente eso: la renuncia del poder de los pueblos en beneficio de “minorías calificadas”[33] . No obstante, Ortega ve “el triunfo de una hiperdemocracia en que la masa actúa directamente sin ley, por medio de materiales presiones, imponiendo sus aspiraciones y sus gustos”. Antes la masa “presumía que, al fin y al cabo, con todos sus defectos y lacras, las minorías de los políticos entendían un poco más de los problemas políticos que ella. Ahora, en cambio, cree la masa que tiene derecho a imponer y dar vigor de ley a sus tópicos de café” [34] . Curiosamente, en 1948 el mismo Ortega criticará a Arnold Joseph Toynbee –al definir “civilización” como aquellas sociedades que se bastan a sí mismas, que son autárquicas y suficientes y desde sí mismas se explican (211)– por postular “la idea menos empírica que existe en le mundo: la idea aristotélica de substancia, la idea metafísica por excelencia” [35] . Sin embargo, en La rebelión de las masas el mismo Ortega se permitió licencias de este género: “Yo no he dicho nunca que la sociedad deba ser aristocrática, sino mucho más que eso. He dicho, y sigo creyendo, cada día con más enérgica convicción, que la sociedad humana es aristocrática siempre, quiera o no, por su esencia misma” [36] .

Lo que en un momento fue una aspiración de la Modernidad –y del mismo Ortega– es ahora visto como una catástrofe: “En nuestro tiempo, el ingrediente terrible lo pone la arrolladora y violenta sublevación moral de las masas, imponente, indominable y equívoca como todo destino” [37] . Más adelante repetirá la misma observación y el mismo juicio: “las masas se han hecho indóciles a las minorías; no las obedecen, no las siguen, no las respetan, sino que, por el contrario las dan de lado y las suplantan”[38] . Llamado a la obediencia que sólo podríamos entender en Santa Teresa de Jesús [39] –cuando en el siglo XVI definía ésta como la mayor de las virtudes y la libertad el mayor de los pecados–, pero no en un filósofo que había luchado toda su vida contra la carencia de ideas de los políticos y gobernantes españoles, reflejos de su propia cultura.

Para Ortega y Gasset, el hombre-masa no sólo maneja la tecnología, antes reservada a especialistas, sino lo que parecería ser más inquietante: el hombre masa también maneja las técnicas jurídicas. Es decir, lo que podían ser datos alentadores para el joven Ortega ahora son pruebas de la decadencia de los tiempos. “La soberanía del individuo no cualificado, del individuo humano genérico y como tal, ha pasado, de idea o ideal jurídico que era, a ser un estado psicológico constitutivo del hombre medio” [40] . Con el agravante de que “el hombre masa es el hombre cuya vida carece de proyectos y va a la deriva. Por eso no construye nada, aunque sus posibilidades y poderes sean enormes” [41] . El gran poder que tiene hoy la masa no le sirve para otra cosa que no sea su propia perdición y la perdición de la humanidad (entendiendo que las masas y la humanidad son dos cosas diferentes). “Es ilusorio pensar que el hombre medio vigente […] va a poder regir por sí mismo el proceso de la civilización” [42] . Los medios de prensa, fenómenos de masificación por excelencia, no deben ser un foro de debates, sino simplemente un instrumento de las minorías calificadas. Como las ideas del pueblo no son auténticamente ideas, ni su cultura es auténticamente cultura, los periódicos deben estar “encargados de dar a la idea carne de emoción para que se expanda y se haga emotiva, no les toca elaborar afirmaciones o negaciones, esto queda para el sabio, para el estadista” [43] . Lo que recuerda a viejas fórmulas ideológicas: activo-pasivo, intelecto-emoción, masculino-femenino, conquistador-conquistado, europeo-indígena, etc.

Ahora, ¿es el surgimiento del pueblo –de la gente, del hombre anónimo– un logro de la humanidad? ¿No era imperativo “la realización del ideal moral” que eliminara “la utilidad de una porción humana, sea esa una casta, una clase o una nación?” [44] .  No, ahora no: “esta costumbre de hablar de la humanidad, que es la forma más sublime y, por lo tanto, más despreciable de la democracia, fue adoptada hacia 1750 por intelectuales descarriados, ignorantes de sus propios límites” [45] . Pero el derecho de cambiar hasta las mismas constituciones, “centro de energía ética de la Historia”, ¿no es acaso “un derecho humano aún no reconocido y que, por tanto, trasciende, rebosa de la constitución escrita?” [46]  La misma ley escrita, ¿acaso no tenía sus límites, no estaba limitada por un derecho sobreconstitucional? ¿No es más ese “derecho sobreconstitucional, que es a su vez un sagrado deber, [que] llamo revolución?” [47] ¿No es que “el signo de la inmoralidad es el rompimiento de la unidad humana?” [48] Si la vida del hombre masa “va a la deriva”, ¿es la solución exigirle que sea obediente súbdito según el saber de las minorías calificadas? ¿No era que había que educarlos, según una “pedagogía social”? No. El mismo Ortega, cuando se pregunta si acaso “¿no representa un progreso enorme que las masas tengan ‘ideas’, es decir, que sean cultas?”, inmediatamente responde: no. “En manera alguna. Las ‘ideas’ de este hombre medio no son auténticamente ideas, ni su posesión es cultura” [49] . Pero, ¿cómo? ¿No era que “si todo individuo social ha de ser trabajador en la cultura, todo trabajador tiene derecho a que se le dote de la conciencia cultural?” [50]

Ortega parece contestar a estos cuestionamientos con una rectificación de sus ideas anteriores: “Mi tesis es ésta: la perfección misma con que el siglo XIX ha dado una organización a ciertos órdenes de la vida es origen de que las masas beneficiarias no la consideren como organización, sino como naturaleza” [51] . Es decir, lo que antes era “el signo de la inmoralidad” ahora es laperfección que no se había advertido. Si antes un obrero pasaba treinta años en un rincón, y eso era injusto [52] , ahora aparecía como parte de la perfección de una organización social, heredada del siglo XIX. En 1910, cuando aún creía en la democracia como instrumento de progreso social, Ortega ya concebía este oxímoron aristo-democrático: a diferencia de la conservación, que es un instinto, la democracia es un idealismo progresivo y constructivo [X] ; sin embargo, “el pueblo, los muchos sin los pocos, sin la minoría cultural, no puede cumplir ninguna labor histórica que merezca la pena” [53] [XI] .

El hombre-masa de ninguna manera alcanza a ser virtuoso ante los ojos de Ortega y Gasset, sino todo lo contrario. Sólo podría justificarse su existencia como requisito previo a algo superior, algo que no es él. Pero como la historia no está determinada, según la concepción orteguiana, siempre estamos ante un cruce de caminos. “La rebelión de las masas puede, en efecto, ser tránsito a una nueva y sin par organización de la humanidad; pero también puede ser una catástrofe en el destino humano”. [54] Que es como decir que mañana puede llover o puede que no llueva. Al menos que rescatemos un significado menos explícito: el cruce es una crisis, en su sentido más profundo: no hay posibilidad de continuidad sino de consecuencias radicalmente opuestas; el caos o la excelencia. En advertirlo está la diferencia.

La dinámica histórica

Ya en 1916, Ortega reconoce una escasa influencia de la plebe y una gran influencia de los nuevos códigos jurídicos en la progresiva disminución de las castas y los órdenes de privilegio [55] . Como veremos confirmado años más tarde, en La rebelión de las masas, su pensamiento es antimaterialista en un sentido dialéctico: el orden de las cosas, de la cultura y de la sociedad, dependen de un “estado espiritual”, de la fuerza del pensamiento puro. Esta idea radical, de que una sociedad, una civilización sólo avanza con el motor de sus “minorías calificadas”, de sus pensadores, gracias a aquellos que tienen conciencia de la historia y un sentido de orientación clara hacia el porvenir, lo lleva a preocuparse por la sobrevivencia de esa misma civilización sin cabeza, ahora en manos de la masa sin ideas, sin rumbo. Es el extremo opuesto al determinismo en la historia y lo opuesto al marxismo –al positivismo, en general– en su análisis.

Aunque en otros momentos lo contradice, su concepción general está más de acuerdo en que la historia no hace al hombre; es el hombre quien hace la historia. “El saber histórico es –dice– una técnica de primer orden para conservar y continuar [lo que] una civilización proyecta” [56] . Según Ortega, el hombre medio hoy usa la civilización –la cultura, la técnica– como si fuera naturaleza, algo autosostenible. El hombre-masa disfruta de la nueva civilización de forma inconsciente; ignora, no le importa, los principios de ese aparato artificial que necesita de hombres (calificados) para funcionar. Como si el mundo corriese el peligro de desaparecer si quien lo sueña despertase por una creciente incomodidad. Tal como muchos pueden intuirlo, con temor, “cuanto mayor sea el progreso más en peligro está” [57] . Así, la naturaleza y la cultura no sólo están separadas por definición –por una definición que no procede de la naturaleza sino de la cultura– sino que además no comparten ningún aspecto fundamental. Biología es naturaleza e historia es cultura. Pero, según esta concepción, biología e historia no tienen nada en común más que alguna relación metafórica. No es necesario conocer y controlar el proceso de gestación para procrear un hijo. Eso pertenece a la naturaleza. No obstante, ¿es necesario conocer la dinámica de la historia para hacer historia? Según el orteguismo, sí. Ortega no aceptaría la idea de que la civilización –considerémosla en singular, por el momento– es parte de una naturaleza, una prolongación –fatal– de la naturaleza original. O, dicho de otra forma, una nueva naturaleza, producto de una historia. Para exterminarla sería necesario exterminar una gran parte de la humanidad. Pero igual es posible exterminar la Amazonia o los lagos de Canadá. La naturaleza parece autosustentable, pero no está a salvo de catástrofes ni de la acción humana. La civilización humana no parece autosustentable, pero difícilmente desaparezca si desaparecen sus elites técnicas y políticas. Sin duda la civilización necesita de hombres como las selvas necesitan de árboles. Pero creer que todos estos hombres deben ser conscientes de su propia producción, a cada instante, y que en consecuencia obren con un plan, es algo improbable. Por el contrario, podemos definir a la civilización como un proyecto que trasciende al individuo, a cualquier grupo de humanos concretos. Una civilización podría, en caso extremo, ser destruida por un grupo de hombres, pero ninguna civilización es la creación deliberada y consciente de un grupo concreto. Podría un grupo, como los redactores de la constitución de Estados Unidos, ser una pieza importante en el mecanismo de la historia, una célula en su desarrollo. Pero de ninguna manera la idea de “padres” significa una creación absoluta, porque detrás de ellos estaba una civilización –la europea– y delante otra cultura, que era la continuación diferente de esa misma cultura que abandonaban. De igual forma, no podemos decir que el padre de un niño es el creador de un pueblo; en todo caso es su instrumento. Ninguna civilización existe o se sostiene artificialmente, gracias al cuidado consciente de un grupo de hombres iluminados; cada civilización es, en cada momento, síntesis de su historia y de su porvenir, idea ya advertida por el mismo Ortega en España invertebrada. Por lo tanto, la dinámica de la historia, lejos de depender de la pluma de una minoría, consiste en la dialéctica entre los principios y las necesidades –los imperativos éticos y las conveniencias económicas– de cada civilización en cada momento de su historia. El mismo Ortega, en 1949, parece reconocerlo aunque de manera implícita: “no olvidemos lo esencial según el filósofo anglosajón [A. J. Toynbee]. Y lo esencial es que la única diferencia positiva entre el inglés y el chino es que el inglés puede hoy matar al chino con más facilidad que el chino al inglés” [58] .

Como ya anotamos, según Ortega los logros de la democracia no se debieron al pueblo, sino a sus ideólogos. Precisamente, pordefinición, “la masa es lo que no actúa por sí misma” [59] . Una concepción semejante de la historia –y, por ende, de la justicia y del imperativo ideológico– es sostenida hoy en día, con menos rigor filosófico, por escritores como Carlos Alberto Montaner. Según Montaner, el fin de la esclavitud se debió al buen corazón de algunos políticos ingleses [XII] . Esta teoría fue, en 2001, una respuesta a la afirmación contraria de Eduardo Galeano, según el cual el fin de la esclavitud se debió a intereses económicos y de producción de la industrializada Gran Bretaña y, por las mismas razones, por las colonias del norte de Estados Unidos [XIII] . Desde este último punto de vista, podemos entender que la afirmación de Ortega no considera los cambios históricos por sus necesidades nfraestructurales, como ya lo había explicado mucho antes el marxismo. Si no hubiese existido un interés estratégico de otorgar un beneficio a un oprimido –en este caso, el sistema democrático– que crecía en rebeldía y en número, este cambio no se hubiese producido.

Lo que Ortega y Gasset advierte es el resultado: una de las características de los nuevos tiempos es la visibilidad de la muchedumbre. Es más, la muchedumbre “se ha instalado en los lugares preferentes de la sociedad” [60] . Pero no explica elproceso de semejante observación, si descartamos que apelar a “una mentalidad equivocada” pueda ser una explicación. Si lo fuese, aun así, quedaría en falta la explicación de cómo se llega a ese error, a esa debilidad de la aristocracia que, supuestamente, fue quien organizó y diseñó dicho orden. Por el contrario, Ortega se queda en la denuncia del mal –en el caso de convencernos de que el ascenso del plebeyo es el “mal”– y, a lo sumo, prescribe soluciones: un regreso al orden anterior. Pero, ¿anterior a qué? Si consideramos que este mal se inicia en 1750 por “intelectuales descarriados” [61] , debemos pensar que Ortega se está refiriendo a la Edad Media, donde el campesino se extasiaba al ver a una duquesa y, en consecuencia, labraba la tierra con alegría, reconociendo su inferioridad, sin rencor [62] .

Diez años antes, en 1916, ya lo había advertido: “el plebeyismo, triunfante en todo el mundo, tiraniza en España” [63] . Directamente pasamos de la observación al juicio, o a la creación de un hecho observable:

tenemos que agradecer el advenimiento de tan enojosa monarquía al triunfo de la democracia. Al amparo de esta noble idea se ha deslizado en la conciencia pública la perversa afirmación de todo lo bajo y ruin.

Pero la democracia exasperada y fuera de sí, la democracia en religión y en arte, la democracia en el pensamiento y en el gesto, la democracia en el corazón y en la costumbre es el más peligroso morbo que puede padecer una sociedad [64] .

La indicación “se ha deslizado” es un concepto propio de la física (aplicado a una piedra) y de la metafísica (aplicado a un demonio perverso), pero difícilmente sirva para crear una dialéctica histórica consecuente.

Por un lado, vemos cómo Ortega, celoso defensor de las precisiones de las ideas y del lenguaje –al menos así se definía a sí mismo– apunta hacia la manzana con un cañón. De esa forma, términos como el de “democracia” terminan recibiendo un impacto demoledor, por lo que luego Ortega necesita ir reparando aquí y allá, sin lograr una total compostura. Por otro lado, podemos distinguir una crítica más concreta. Por ejemplo, cuando critica a quien dice “ante todo soy demócrata”, porque ese “ante todo” pone en primer plano un hecho político, y la política es “adjetival”, no está en primer plano de la experiencia humana. La política puede ser un elemento al que le dediquemos todas nuestras energías en algún momento, pero no puede ser eso un estado normal, según Ortega [65] . Ésta es una precisión que revela un aspecto novedoso –o, mejor, olvidado, si no consideramos a los lectores de Nietzsche– de la crítica filosófica y que podemos verlo presente en toda la obra de Ortega. Lo cual no deja de ser, también, una nueva contradicción de su pensamiento –o, mejor dicho, no una contradicción de su pensamiento sino una contradicción de la realidad misma, como decía el mismo filósofo–: al negar el valor o el derecho de ser “ante todo” x o y, está negando un derecho de “perspectiva”.

Ortega escribió mares de páginas; en consecuencia, hasta La rebelión de las masas tiene divagaciones insostenibles, innecesarias, que bien pueden ser los comentarios del cantinero o de algún plebeyo bebedor de café, que tanto le disgustaba. Otras veces, sólo hay comentarios personales, subjetivos. “En el orden de los hábitos, puedo decir que mi vida ha coincidido con el proceso de conquista de las clases superiores por los modales chulescos. Lo cual indica que no ha elegido uno la mejor época para nacer”[66] . Sin embargo, en otro momento construye aforismos que merecen alguna atención y revelan –o justifican– su pensamiento sobre la democracia: “El nervio saludable de la democracia es, pues, la nivelación de privilegios, no propiamente de derechos”[67] . Y luego: “quien se irrita al ver tratados desigualmente a los iguales, pero no se inmuta al ver tratados igualmente a los desiguales, no es demócrata, es plebeyo” [68] .

El otoño de la Modernidad

Podemos pensar que el humanismo, al revindicar la libertad del individuo y, como consecuencia la igualdad de éstos, abre las puertas al relativismo epistemológico –y a la Reforma protestante–. En todos los sentidos, es un proceso de desobediencia que llega hasta nuestros tiempos. Dejemos de nismo”. Refirámonos sólo a la tradición intelectual que tanto preocupaba a Ortega.

La nueva ciencia de Copérnico y Galileo son deudoras del prejuicio estético del neoplatonismo [69] , pero nunca hubiesen alcanzado su punto culminante sin el paradigma de la razón. Si bien la tradición socrática se impone, con Descartes, siglos más tarde la situación insostenible de la razón como único instrumento de conocimiento deja lugar a los adversarios de Sócrates: los sofistas –los postestructuralistas–, aquellos que señalaban el lenguaje como instrumento de uso (y de abuso) en sustitución de una verdad trascendente, representada por la caverna de Platón. La posmodernidad será una sustitución de esta metáfora por otra semejante: la caverna de Montesinos, de don Quijote: allí las apariencias ya no son el reflejo de una realidad sino la realidad misma, la verdad múltiple [70] . Aunque Albert Einstein nunca dijo que todo es relativo –era un determinista, y por ello se negó a aceptar que Dios jugaba los dados–, este equívoco legitimó, o estimuló, el cuestionamiento de la existencia de una verdad absoluta, definida en un centro indiferente al observador, accesible por la puerta del análisis y de la razón, por la experimentación positivista o por algún nuevo método, siempre ubicado en el futuro. Al decir de Jorge Luis Borges, si el Universo es un laberinto, entonces hay un centro y un sistema (Modernidad); pero si es un caos o si está compuesto de múltiples laberintos, entonces no hay salida (Posmodernidad). Pero la idea de una verdad existente y alcanzable por el ser humano –a través de la razón y el análisis– sólo podría sobrevivr por una profunda fe en sí mismo y no por alguna evidencia positiva. Era predecible que, tarde o temprano, esta fe se agotaría y la Modernidad se quedaría sin uno de sus pilares fundamentales.

El siglo XX iba a introducir un paradigma en las ciencias y en el pensamiento: conocer es también descubrir la imposibilidad de conocer. Es decir, reconocer sus límites. Si bien estos límites eran componentes comunes en las matemáticas (por ejemplo, una ecuación indeterminada), el “no es posible” como principio epistemológico se opone radicalmente al espíritu moderno y deriva, aunque a través de la ciencia positiva, a una percepción escéptica de las posibilidades humanas. Si bien Einstein inauguró el siglo con un “no es posible” (su primer principio del movimiento relativo), luego negará otros que surgirán de la física cuántica, como el principio de indeterminación, por ejemplo.

Pero tanto el relativismo como el escepticismo de alguna forma estaban presentes desde la Edad Media. Sin embargo, “más hondamente fluye desde el Renacimiento por los senos del alma europea la tendencia antagónica [al relativismo]: el racionalismo. Siguiendo un procedimiento inverso, el racionalismo, para salvar la verdad, renuncia a la vida” [71] . Ortega y Gasset también se opuso a todo relativismo, “una de las más típicas emanaciones del siglo XIX”. No se resignará a la renuncia de los absolutos porque “en primer lugar, si no existe la verdad, no puede el relativismo tomarse a sí mismo en serio. En segundo lugar, la fe en la verdad es un hecho radical en la vida humana” [72] . Relativismo y racionalismo ya eran moneda común en su tiempo, pero no tomará partido por ninguno de los dos, sino que exigirá una síntesis o una integración de dos realidades innegables en la condición humana. Ese es El tema de nuestro tiempo (1923). “No entendemos cómo puede hablarse de una vida humana a quien se ha amputado el órgano de la verdad, ni de una verdad que para existir necesita previamente [73] desalojar la fluencia vital”. Y más adelante: “El pensamiento es una función vital, como la digestión o la circulación de la sangre. […] El médico que asiste a un enfermo no encuentra menos inmediatamente ante sí el fenómeno del pensamiento que el de la respiración” [74] .

Diez años más tarde, en 1933, en En torno a Galileo, Ortega confirma su concepción antimaterialista: “La cultura no es sino la interpretación que el hombre da a su vida” [75] . Esta formulación posee una doble dimensión: no sólo en su declaración definitoria, sino en su corolario implícito. Si la cultura es la interpretación que el hombre da a su propia vida, ¿cómo entendemos que la mayor parte de nuestra cultura la heredamos de nuestros antepasados? La respuesta que se infiere es que nuestra interpretación individual depende –y en casos puede ser cautiva– de una condicionante histórica. No somos absolutamente libres de interpretar, aunque tampoco estamos determinados por una tradición, porque de lo contrario eso no sería cultura, sino piezas de museo. Esta posición se aproxima a lo que será posteriormente el existencialismo de Sartre, en oposición al psicoanálisis de Freud y al marxismo de Marx.

Ortega reflexiona que la generación que crea está en contacto con los problemas radicales de su vida; la que recibe simplemente se conforma y no se cuestiona. En este sentido, también se puede inferir que la cultura puede llegar a ser liberadora o, por el contrario, opresora –aunque sea “cultura inauténtica”–, un impedimento para el cambio. En este sentido, Ortega entendía al hombre “salvaje” –que crea– como el verdadero productor de cultura, en oposición al hombre-masa, que recibe, hereda. “El acto específicamente cultural es el creador, aquel en que extraemos el logos de algo que todavía era insignificante (i-lógico)” [76] .

Pero por desgracia, según Ortega y Gasset, el hombre-masa ha tomado el timón de la civilización, sin “verdadera cultura”, sin saber hacia dónde se dirige. Este poder no se debe tanto a su propia capacidad –numérica– sino a la debilidad o inexistencia de una minoría dirigente. “Es una abstracción hablar de la fuerza de un ejército. La fuerza de un ejército depende de la del otro, y uno de sus ingredientes es la debilidad del enemigo” [77] . De este razonamiento incontestable, pasa a identificar al hombre masa con el fascismo: “La dificultad que hallamos [al comprender el éxito de Julio César] es idéntica a la que sentimos ante el fascismo. Más que triunfar César sobre los demás, nos parece que son los demás que dejan triunfar a César” [78] . Observación que, naturalmente, es siempre actual.

Este “dejar triunfar” los valores fundamentales de la Modernidad es la raíz del engaño, del desconcierto y de la pérdida de sentido civilizatorio, todo representado en el perfil del hombre-masa. Es decir, la Modernidad está muerta porque ha alcanzado su objetivo.

Crisis de la Abstracción

En la Rebelión de las masas todavía no se habla de pérdida de fe en la ciencia sino lo contrario: la ciencia es imprescindible para la sobrevivencia del número actual de hombres [79] . No obstante, la ciencia moderna avanza gracias al trabajo (mecánico) de hombres mediocres. El especialista no es sabio ni es ignorante [80] .

En 1935 Ortega ya lo dice de forma explícita en Historia como sistema: a pesar de que la ciencia sigue siendo objeto de admiración “ha pasado de ser fe viva social a ser casi despreciada por la colectividad” [81] . “Resulta que sobre los grandes cambios humanos, la ciencia propiamente tal no tiene nada preciso que decir” [82] . La ciencia no ha fracasado cuando se la restringe al ámbito biológico y físico-matemático, a la naturaleza. Pero la naturaleza, dice Ortega, es sólo un aspecto de la vida humana, y por esto la sociedad comienza a darle la espalda.

Quizás Ortega sea uno de los primeros que advierte contra el “terrorismo de los laboratorios” –mencionado en El tema de nuestro tiempo, antes que Husserl hiciera una observación semejante– y contra la creencia de que la ciencia resolverá los problemas morales de la humanidad [83] [84] . “El progresismo que colocaba la verdad en un vago mañana ha sido el opio enternecedor de la humanidad”. Pero lo que es un fracaso para el racionalismo –para la Modernidad– no lo es para el ser humano, sino todo lo contrario: “el fracaso de la razón física deja la vía libre para la razón vital e histórica” [85] .

Aún antes de estas críticas directas al racionalismo moderno, Ortega y Gasset había enunciado, en 1914, uno de los principios fundamentales de su pensamiento, convertido en bandera demasiado sintética de una obra voluminosa: “Yo soy yo y mi circunstancia, y si no la salvo a ella no me salvo a mí” [86] . Esta observación sigue a un breve análisis de la “politización” de la sociedad en Meditaciones del Quijote. “Creo muy seriamente que uno de los cambios más hondos del siglo actual con respecto al XIX va a consentir en la mutación de nuestra sensibilidad para las circunstancias” [87] . La circunstancia orteguiana es muy semejante a la posterior “contingencia” de Jean-Paul Sartre.

También lo es su concepción de la dinámica de la historia, de la historia social y de la historia individual: la historia no está determinada; hay un “titubeo metafísico” a cada instante [88] . Lo que en otras palabras podemos entender como la “nada” sartreana, la condena a la libertad del individuo [XIV] .

Paradójicamente, el lema “yo y mi circunstancia”, se deriva de observaciones sobre la biología. El mismo Ortega había observado unas líneas antes que “la ciencia biológica más reciente estudia el organismo vivo como una unidad compuesta del cuerpo y su medio particular: de modo que el proceso vital no consiste solo en una adaptación del cuerpo a su medio, sino también una adaptación del medio a su cuerpo” [89] . Con lo cual podríamos afirmar una idea que anotamos más arriba, que no oponía naturaleza a civilización –como lo proponía Ortega, advirtiendo sobre el peligro de una civilización sin una minoría cualificada, consciente de su dirección– sino que hacía de ésta, la civilización, una continuación de la primera.

La predominancia de la circunstancia es un rasgo diferente al moderno, cuyo destino estaba en un tiempo siempre futuro, utópico, naturalmente inalcanzable, al mismo tiempo que predecible e inevitable. La filosofía de la circunstancia es un nuevo regreso a la filosofía existencial. Y La rebelión de las masas no es algo diferente: es la moderna rebelión del individuo.

Conclusión

Si decimos que una civilización se construye por la dirección de su elite, de su aristocracia, y aclaramos que no nos referimos a un grupo social definido sino que por “aristocracia” entendemos todo aquel grupo humano que se eleva y crea, que tiene un proyecto y una conciencia histórica, estamos siendo redundantes o tautológicos. Porque es decir que esa aristocracia intelectual está formada por todo aquel que, como T. A. Edison, F. Nietzsche, A. Einstein o J. Joyce, ha creado algo nuevo e importante y que es, por lo tanto, la aristocracia la que crea algo nuevo e importante. Pero, si bien toda la narración de Ortega apunta a hacer coincidir esta “aristocracia orteguiena” con una clase social determinada, se pretende afirmar lo contrario, ya que obviamente ni Edison ni Einstein pertenecían a la “aristocracia tradicional”. Es más, todos procedían de una clase y de una familia que Ortega podría llamar una familia compuesta por hombres-masa. El análisis de Ortega falla en este punto: no explica por qué había más Edisons y más Einsteins en una sociedad de hombres-masa –como la europea y la norteamericana– que en otras sociedades donde la rebelión de las masas no había llegado, donde aún, como en China, como en África o como en gran parte de América Latina, preexistía un orden rigurosamente vertical, feudal o semifeudal; ese mismo orden que Ortega echa de menos en la modernidad europea, con labriegos rebeldes arrojando piedras a la duquesa en lugar de mirar extasiado por la belleza de la clase que lo oprimía. Luego, refutando a Oswald Spengler, Ortega afirma con vehemencia que Europa no está en decadencia sino todo lo contrario. Pero, observemos que si Europa no estaba en decadencia se debía a esa “aristocracia orteguiana” que era, paradójicamente, producto de una sociedad donde había surgido por casi todas partes la rebelión de las masas, es decir, la posibilidad de que los genios también nacieran de hijos de obreros y campesinos.

A su favor, anotemos, quedará siempre la crítica existencial, la reivindicación del individuo y el combate a la politización del pensamiento. Es decir, aunque en principio parezca el suyo un discurso aburguesado, es todo lo contrario: es el desafío a la complacencia de la retórica política, demagógica, característica casi exclusiva del pensamiento de nuestro tiempo, donde aun los mejores intencionados están tan ocupados por liberar al hombre-masa que no tienen tiempo de ocuparse de él.

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[2] Op. cit., pág. 292.

[3] Guillermo Fraile. Historia de la filosofía española desde la Ilustración. Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 1972, pág. 68-70.

[4] José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 84.

[5] Op. cit., pág. 73.

[6] José Ortega y Gasset. Notas de andar y ver. Madrid: Alianza Editorial, 1988, pág. 124-126.

[7] José Ortega y Gasset. Antología. Edición de Pedro Cerezo Galán. Barcelona: Península, 1991, pág. 50.

[8] Op. cit., pág. 51.

[9] Op. cit., 218.

[10] José Ortega y Gasset. Antología. Edición de Pedro Cerezo Galán. Barcelona: Península, 1991, pág. 104.

[11] José Ortega y Gasset. Epistolario. Introducción de Paulino Garagorri. Madrid: Revista de Occidente, 1974, pág. 76.

[12] José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 23.

[13] Op. cit., pág. 24.

[14] Idem.

[15] Op. cit., pág. 25.

[16] Op. cit., pág. 104.

[17] Paulo Freire. Pedagogía del oprimido. Buenos Aires: Siglo XXI Editores, 2001. Aunque el concepto de «concientização» está en conflicto con la idea de «dotación», es discutible hasta qué grado esta liberación a través de la conciencia no es una «dotación» por parte de los nuevos pedagogos. Lo cual sólo sería un reconocimiento de los límites de una «pedagogía liberadora» pero no su refutación práctica e ideológica.

[18] “La pedagogía de Patón parte de la idea de que hay que educar a la ciudad para educar al individuo. Su pedagogía es pedagogía social” José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 100.

[19] José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 105.

[20] Op. cit., pág. 105.

[21] Op. cit., pág, 67. Esta idea coincide estrictamente con los artículos de Péres Galdóz, en el último tercio del siglo XIX.

[22] Op. cit., pág. 90.

[23] Op. cit., pág. 29.

[24] José Ortega y Gasset. El Espectador (Antología). Selección y prólogo de Paulino Garragorri. Madrid: Alianza Editorial, 1980, pág. 11.

[25] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 25.

[26] Op. cit., pág. 38.

[27] Op. cit., pág. 39.

[28] José Ortega y Gasset. El Espectador (Antología). Selección y prólogo de Paulino Garragorri. Madrid: Alianza Editorial, 1980, pág. 35.

[29] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 41.

[30] José Ortega y Gasset. Obras completas de José Ortega y Gasset. Tomo XI. Escritos políticos (1922-1933). Madrid: Revista de Occidente, 1969, pág. 13.

[31] José Ortega y Gasset. El Espectador (Antología). Selección y prólogo de Paulino Garragorri. Madrid: Alianza Editorial, 1980. pág. 34.

[32] Op. Cit., pág. 273.

[33] En este sentido, ver Erich Fromm. El miedo a la libertad [1941]. Buenos Aires: Editorial Piados, 1984.

[34] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 41.

[35] José Ortega y Gasset. Obras completas de José ortega y Gasset. Tomo IX. (1960-1962). Madrid: Revista de Occidente, 1962, pág. 211.

[36] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 41.

[37] Op. cit., pág. 42.

[38] Idem.

[39] Según Santa Teresa, las autoridades debían ser temidas por los súbditos, para que éstos “no salgan de su estado de obediencia”, porque no hay peor pecado que la libertad” (985). Santa Teresa de Jesús. Obras Completas. Madrid: Editorial Plenitud, 1958. También se puede consultar Obras Completas de Santa Teresa. Trascripción, introducciones y notas de los padres Efrén de la Madre de Dios y Otger Steggink. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1962; Obras de Santa Teresa de Jesús. Barcelona: Juan Olivares, 1847.

[40] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 43.

[41] Op. cit., pág. 60.

[42] Op. cit., pág. 71.

[43] José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pag. 21.

[44] Op. cit., pág. 24.

[45] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 11.

[46] José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 25.

[47] Op. cit., pág. 25.

[48] Op. cit., pág. 105.

[49] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 73. Este tipo de lógica recuerda la refutación nazi la Teoría de la Relatividad: “no puede ser cierta, porque es la obra de un judío”.

[50] José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 105.

[51] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 66

[52] “Me parece inhumano retener a un hombre durante treinta años en el rincón de un taller sin que se le proporcione una visión de las cosas que de una noble significación a su faena”. José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 105.

[53] Op. Cit., pág. 67.

[54] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 78.

[55] José Ortega y Gasset. El Espectador (Antología). Selección y prólogo de Paulino Garragorri. Madrid: Alianza Editorial, 1980, pág. 33.

[56] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 86.

[57] Op. cit., pág. 86.

[58] José Ortega y Gasset. Notas de andar y ver. Madrid: Alianza Editorial, 1988, pág. 124.

[59] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 101.

[60] Op. cit., pág. 37.

[61] Op. cit., pág.11.

[62] José Ortega y Gasset. El Espectador (Antología). Selección y prólogo de Paulino Garragorri. Madrid: Alianza Editorial, 1980, pág. 35.

[63] Op. cit., pág. 31.

[64] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 31.

[65] Op. cit., págs. 12-13.

[66] Op. cit., pág. 33.

[67] Op. cit., pág. 34.

[68] Op. cit., pág. 35.

[69] Ver, por ejemplo, Richard Tarnas. The Passion of Western Mind. London: Pimlico, 1996.

[70] Lo mismo podemos decir de la discusión que sostiene Don Quijote sobre la “yalmobacía”. Aquí, de forma más radical, la realidad del objeto depende del lenguaje que lo define. El lenguaje es la realidad. (Miguel de Cervantes. El Quijote de la Mancha, I. Madrid: Ediciones Escolares, 2000, pág. 196.)

[71] José Ortega y Gasset. Antología. Edición de Pedro Cerezo Galán. Barcelona: Península, 1991, pág. 91.

[72] Idem.

[73] Op. cit., pág. 78.

[74] Op. cit., pág. 79.

[75] Op. cit., pág. 83.

[76] Op. cit., pág. 105.

[77] José Ortega y Gasset. El Espectador (Antología). Selección y prólogo de Paulino Garragorri. Madrid: Alianza Editorial, 1980, pág. 108.

[78] Op. cit., pág. 110.

[79] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 83.

[80] Op. cit., pág. 99.

[81] José Ortega y Gasset. Antología. Edición de Pedro Cerezo Galán. Barcelona: Península, 1991, pág. 95.

[82] Op. cit., pág. 65.

[83] Op. cit., pág. 96.

[84] Éstos son unos de los pilares fundamentales del pensamiento de Ernesto Sábato, aunque el argentino tomará una posición más radical.

[85] Op. cit., pág. 97.

[86] Op. cit., pág. 106.

[87] Op. cit., pág. 104.

[88] José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 79.

[89] José Ortega y Gasset. Antología. Edición de Pedro Cerezo Galán. Barcelona: Península, 1991, pág. 106.

[I] Descalificación que, por otra parte, era el estilo público y literario de su época y abarcó a Ortega y Gasset en su momento. En el mar de escritos que se publicaron por estos años, una de los rasgos más comunes es la definición sobre la base de adjetivos gratuitos y metáforas más o menos visuales.Rodríguez García Laredo, en su voluminoso libro El “esfuerzo medular” del Kraussimo frente a la obra gigante de Menéndez Pelayo, censura el siguiente párrafo de Ortega y Gasset: “Por los años 70 quisieron los krausistas, único esfuerzo medular que ha gozado España en el último silgo, someter el intelecto y el corazón de sus compatriotas a la disciplina germánica. Mas el engaño no fructificó [gracias a “nuestro catolicismo”] (pág. 19). Y más adelante: “Puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que el más rudo golpe y la mayor ruptura inferidos a nuestro sublime ideal católico, a nuestra gloriosa tradición científica y a la unidad nacional de España provienen del krausismo y la “Institución libre de enseñanza” (27). Para Rodríguez García Laredo, el sistema krausista era un “panteísmo psicológico, irracional y absurdo” (28). “¡Qué enorme atraso mental demuestra este pobre hombre!” (28). [Sanz del Río]. Mientras que uno de los méritos de Marcelino Menéndez Pelayo consistió en “recordar a los españoles cómo la clave de su grandeza reside en la ardiente y común profesión de la fe católica, que hizo a España “una nación de teólogos armados” y un segundo “pueblo escogido para ser la espada y el brazo de Dios” (218). Más adelante encontramos de forma explícita su posición política e ideológica Clave ideológica: “Casi huelga decir que esos vaticinios de Menéndez Pelayo –sobre el seguimiento de España en el orden religioso, científico, etc.–comenzaron a cumplirse en el año 1936, año en que también se inició la liberadora Cruzada contra los enemigos de nuestra Religión, de nuestra historia, de nuestra ciencia, de nuestro ideario político, social, etc., etc.” (pág. 221).

[II] Según Heredia, la crisis de 1833 –desencadenada por la muerte de Fernando VII– sólo deja paso a dos novedades: la democracia y el krausismo. La primera promovida como una idea del todo revolucionaria y vulgar a los ojos de sectores conservadores; la segunda como “versión original del nuevo cristianismo ilustrado” (Heredia, Ensayo).

[III] A esta reacción “nacionalista” Ortega respondería, como lo hizo en otra parte, al definir el papel social del intelectual. Refiriéndose a un pasaje bíblico, donde Amós dice: “‘Y Jehová me tomó detrás del rebaño y me dijo: ve y profetiza contra mi pueblo, Israel’. Pero Israel, el pueblo de Jehová, es el pueblo mismo de Amós. ¿Es, señores, que todo auténtico profeta tiene que ser profeta contra? ¿Contra qué? ¿Contra quién? La palabra bíblica es precisa: contra el pueblo, mas ¿qué significa esta paradoja?” (146). Luego explicará las traducciones que no entendieron la idea y en lugar de contra escribieron a o sobre. Finalmente, después de advertido el problema por el propio Ortega ante un especialista en hebreo, en Lisboa, los traductores corrigen esta “corrección” y traducen usando la palabra “contra”. La interpretación de Ortega y Gasset, sin saber hebreo, se fundamentaba en un principio: el valor positivo de un intelectual que profetiza contra su propio pueblo. (Obras completas de José Ortega y Gasset. Tomo IX. (1960-1962). Madrid: Revista de Occidente, 1962, pág. 147).

[IV] Ortega hizo varias ediciones “populares” de La rebelión de las masas a partir de los años treinta. La edición Austral de 1958 que usaremos es, quizás, la más económica que se pueda encontrar. La aristocracia orteguiana no se refiere, de forma explícita, a un orden de clase social; por el contrario, la “aristocrcia hereditaria” será uno de sus blancos. No obstante, cuando hablamos de masificación de la cultura del “hombre masa” estamos hablando, en primer término, de un factor económico.

[V] La prensa en la que escribió Ortega y Gasset no se distinguía por sus nombres de la mayoría de la prensa escrita de su época. Todas aluden a la luz, cuando no a la razón: Faro, El Sol, El Espectador, La Razón, etc.

[VI] Actualmente, las divisiones persisten. Por un lado están aquellos que insisten en desinteresarse de la política, en que sus actos pueden ser “neutrales”, no políticos, y por el otro aquellos que no pueden ver otra realidad humana que no esté filtrada por el lente de la política. Para estos últimos, hablar de una realidad humana trascendente a la política es una de las peores formas de “traición a la causa”.

[VII] “Un sistema es una idea: sistema de la revolución significa, pues, idea de la revolución o revolución ideal”. De ahí que el sistema de Copérnico, revolucionario, sea admirable, porque con ello trajo un orden donde antes había caos, “trova de divinidades anárquicas” (José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918). Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág. 24). En otro momento, escribe: “Vivir es, esencialmente, y antes que toda otra cosa estructura: una pésima estructura es mejor que ninguna”. (Op. cit. pág. 34). Este elemento en Ortega está ya presente en su carácter filosófico: En Renan, 1908, rechaza la subjetividad y afirma la objetividad (clásica) donde hay ley, hay orden y hay valores “universales”, como en El Quijote (1991, 66). Cita a Goethe, “tan propenso a afirmarse a sí mismo, censura, no obstante, con gran acritud el anarquismo espiritual: Vivir según capricho es de plebeyo / el noble aspira a la ordenación y a la ley” (1991, 65).

[VIII] Incluso las dos grandes guerras no fueron promovidas por los pueblos o por las masas obreras, sino por el desarrollo económico y militar de las naciones europeas, dirigidas por príncipes y “minorías cualificadas”, revirtiendo así el proceso democratizador que llevaba almenos un siglo de desarrollo.

[IX] Para comprender la dinámica de las rebeliones en este momento, es necesario tener en cuenta que la constitución de 1845 establecía una clase “económicamente apta” para el disfrute de los derechos políticos. Esta aptitud estaba estratégicamente definida por “aquellos que tenían algo que perder” y que, por lo tanto, estaban “interesados en el mantenimiento del orden público”. Es decir, un sector privilegiado de propietarios. Según esta definición de ciudadanos, los que estaban aptos para intervenir en la vida política era un 1,02% (en 1858) y un 2,67% (en 1865). El número de artesanos, sirvientes y jornaleros era de algo más del 20%. Según algunos autores, ésta era una de las explicaciones para la débil base del liberalismo español que pretendía universalizar los derechos del ciudadano. (Casimiro Martí. “Afianzamiento y despliegue del sistema liberal”, enRevolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1932). Ed. dirigida por Manuel Tuñón de Lara, Tomo VIII. Barcelona: Editorial Labor, 1981. Pág. 187-188).

[X] Algo semejante había dicho años antes, pero referido al liberalismo: “La conservación es un instinto, el instinto más radical: por eso hay siempre conservadores, porque es natural. Liberalismo es, por el contrario, superación de todos los instintos sociales, domesticación de la naturaleza: por eso, en el pleno sentido de la palabra, hay tan pocos liberales en España, porque el liberalismo es cultural” (1973, 68).

[XI] Ortega no deja posibilidades de réplica, o al menos eso pretende en La Rebelión de las masas. Si el lector no está de acuerdo con su exposición, peor para él; eso mismo demuestra que está equivocado. “Ya sé que muchos de los que me lean no piensen lo mismo que yo. También esto es naturalísimo y confirma el teorema. Pues aunque resulte en definitiva errónea mi opinión, siempre quedaría el hecho de que muchos de esos lectores discrepantes no han pensado cinco minutos sobre tan compleja materia. ¿Cómo van a pensar lo mismo que yo? Pero al creerse con derecho a tener una opinión sobre el asunto, sin previo esfuerzo para fatigársela, manifiestan su ejemplar pertenencia al modo absurdo de ser el hombre que he llamado “masa rebelde” (José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág. 72. Claro, tal vez usted, lector, es también, como Ortega, un conferencista, un intelectual. Pero no importa. Igual está excluido al derecho de réplica, porque seguramente no se ajusta a la verdad, y éste es un rasgo del hombre masa, del hombre bárbaro. “Si alguien en una discusión con nosotros se desinteresa de ajustarse a la verdad, si no tiene la voluntad de ser verídico, es, intelectualmente, un bárbaro. De hecho, ésa es la posición del hombre-masa cuando habla, da conferencias, o escribe (74). En los años treinta, Ortega publica “ediciones populares” de La rebelión de las masas. Vaya uno a saber con qué propósito.

[XII] Carlos Alberto Montaner se preguntaba, en Las raíces torcidas de América latina (2001): “¿Actuó Inglaterra por razones económicas, como sostienen los más cínicos –ya se había puesto en marcha la revolución industrial–, o la principal motivación fue de índole moral?” El autor da una respuesta contundente, sólo sostenida por la buena fe en el prójimo que, repentinamente, pasó de esclavista a antiesclavista: “Parece que esto último [la motivación moral] fue lo que más influyó en el cambio de política inglesa. […] Durante décadas fue creciendo el clamor de los abolicionistas, hasta que lograron conquistar el corazón de algunos políticos importantes” (pág. 67).

[XIII] Eduardo Galeano. Las venas abiertas de América Latina. Montevideo: Ediciones del Chanchito, 1999. La interpretación de Galeano sobre el fin de la esclavitud no es una formulación original; es propia de un análisis del materialismo dialéctico y que Montaner no alcanzaa refutar desde una posición ideológica opuesta y haciendo uso de una concepción histórica más propia de Ortega y Gasset, según la cual la historia se construye principalmente con ideas y creencias y no por necesidades productivas. EnLas venas abiertas…, la teoría económica del antiesclavismo sólo es usada como parte de la narración de Galeano de una historia particular de América Latina.

[XIV] Ortega menciona a Jean Paul Sartre en 1948 como talentoso y autor de “insulseces, los más aguzados tópicos que andan hoy por la calle” (Obras completas de José Ortega y Gasset.Tomo IX. (1960-1962). Madrid: Revista de Occidente, 1962, pág. 216). Sin embargo, no pasa de calificar su pensamiento de erróneo, superficial, carente de profundidad, etc. “He aquí como el existencialismo [toma] la cosa en formas y zonas secundarias y superficiales en vez de verla en la profundidad de su valor contractivo y trascendente” (216). Y se queda ahí.

Jorge Majfud

The University of Gorgia, 2004

 

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Severo Sarduy y el arte de la paradoja

Body/Language: Barthes-Foucault vs. Gater’s Taboo

Severo Sarduy y el arte de la paradoja

Resumen

Es probable que Sarduy haya logrado, al menos en parte, la hazaña posmoderna o neobarroca de un lenguaje que vale por sí mismo; un lenguaje donde el referente no existe o, al menos, no tiene más importancia que el lenguaje mismo. Pero ese nuevo referente se confunde con su propia ausencia. ¿Cómo sabemos que no hay que buscar “nada más allá del texto”? Fácil: porque lo hemos leído en la inagotable literatura de la crítica y la filosofía francesa de los últimos cuarenta años. Pero como la ausencia de referente nos permite (y nos recomienda) cualquier lectura, los herejes son, a su vez, la negación (necesaria) que confirma la regla asumida por el autor deDaiquiri y sus amigos teóricos, como Roland Barthes. Curiosamente, esta polisemia dramáticamente contradictoria la completan sus mismos detractores, ya que los teóricos de esta corriente de arte y de pensamiento sólo se ocupan de definir con extrema precisión unos conceptos específicos que no aceptan contradicción ni el mismo juego lúdico de significados que elogian de la “literatura sin referente.” El “significante libre” (Barthes) es una especie de oxímoron, ya que si realmente fuera “libre”, el significante no sería tal: su valor procede, precisamente, de algún tipo de limitación que hace sobre la arbitrariedad caótica de cualquier significado, de cualquier referente. Aunque Barthes nos dice que “no hay nada que ver tras el lenguaje”, una de esas lecturas consiste en entender la obra de Sarduy como parte de un proceso histórico y social. Es decir, en nuestro caso, el capitalismo de fines del siglo XX, su componente “consumista” y su paralelo semiótico del juego autoreferencial: al capital, los números financieros, valen por sus propias reglas, por sí mismos. Hedonismo o consumismo. También podemos preguntarnos, si “más allá de las palabras no hay nada”, ¿por qué se han traducido estos textos a otros idiomas? ¿Por qué no es lo mismo leer un poema en un idioma propio que leerlo en otro idioma desconocido? Lo referido cobra aún mayor protagonismo. Su presencia no puede ser negada, pero se la oculta debajo del velo de la deliberada polisemia. Cuanto más ocultolo referido —por el uso ambiguo de la imagen, del silogismo o de la metáfora— más intensa será su búsqueda, más protagonismo cobrará el acto mismo de descubrimiento, de (re)velación, más obsesivo o, al menos más atento será el ejercicio hermenéutico.

LA TRADICIóN LITERARIA (“de occidente”) asume que leer, interpretar, es encontrar elreferente  implícito en el texto, ese algo más que no es el texto. Como el signo, el texto, el lenguaje, vale por algo que no es él mismo. Es probable que leamos Daiquiribuscando este Referente. Y es probable que Sarduy haya logrado, al menos en parte, la hazaña posmoderna o neobarroca de un lenguaje que vale por sí mismo. Es decir, un lenguaje donde el referente no existe o, al menos, no tiene más importancia que el lenguaje mismo. Quizás esta sea una de las características principales del barroco español o, más precisamente, del barroco gongoriano. Un referente-excusa, indiferentemente indefinido, deliberadamente inestable, provocadoramente mutante. Al hacerlo así, es probable que encontremos la lectura incómoda, sin sentido, debido a esa misma voluntad —del texto, del autor— de destruir cualquier referente en honor al lenguaje, como si el lenguaje fuese mejor considerado sin ese viejo compañero que es, a su vez, su propio meta-lenguaje, es decir, otro lenguaje (o, ¿por qué no?, una parte misma del lenguaje que se pretende amputar en nombre del lenguaje).

Sin embargo, luego podemos descubrir que el referente de Daiquiri existe, aunque es diferente —o pretende serlo. Pero ese nuevo referente se confunde con su propia ausencia. ¿Cómo lo sabemos? ¿Cómo sabemos que en Daiquiri y, por extensión, en el resto de la literatura de Severo Sarduy no existe el referente, que las palabras poseen la voluntad de un juego, un acto lúdico, hedonista? ¿Cómo sabemos que no hay que buscar “nada más allá del texto”? Fácil: porque lo hemos leído en la inagotable literatura de la crítica y la filosofía —especialmente francesa— de los últimos treinta años; en casos, como veremos, de forma explícita, referida a la literatura de Severo Sarduy. Asumimos, entonces, que no debemos buscar un referente en la literatura de Severo Sarduy. Sin la crítica y sin su propia autocrítica, no podríamos leer Daiquiri de la misma forma que lo leemos luego de ese extenso y a veces agotador ejercicio “metapoético” —referencial.

Momento significativo: ahora el ejercicio de leer comienza a cobrar un sentido tradicional. El juego tiene sus reglas; el cadáver está vivo. Y la vida, el referente, el nuevo dios, surge de esa vasta colección de meta-textos. Sólo que esos meta-textos, ese sentido trascendente al texto pretenden lo contrario: no hay meta-texto, no hay sentido más allá de las palabras , etcétera. Quien no lo asuma así será un lector hereje. Pero como la ausencia de referente nos permite (y nos recomienda) cualquier tipo de herejía, cualquier libertad de lectura, los herejes somos la negación (necesaria) que confirma la regla asumida por el autor de Daiquiri y sus amigos teóricos, como Roland Barthes. Podemos afirmar, confirmar y negar, todo al mismo tiempo. En ello está lo lúdico, la muerte del referente. Curiosamente, esta polisemia dramáticamente contradictoria la completan sus mismos detractores, ya que los teóricos de esta corriente de arte y de pensamiento sólo se ocupan de definir con extrema precisión unos conceptos específicos que no aceptan contradicción ni el mismo juego lúdico de significados que elogian de la “literatura sin referente.” Su pretensión y su metodología intelectual no difieren un ápice de la más tradicional. Difieren los enunciados.

En resumen, como todos sabemos (o creemos saber) una cosa es lo que pretende hacer un autor con su texto y otra muy distinta es lo que logra (en sus lectores). O, peor aún, lo que pretenden hacer otros con el mismo texto. En vano puede reclamar un autor la fijación de un significado y mucho menos aquellos tipos de autores que están suscritos a las teorías de la muerte del referente, de la pluralidad de los textos y de la vida propia de un texto (sin importar si consideran que su propio texto nació vacío). Porque además de vano es contradictorio. Dentro de esa pluralidad de significados caben muchas lecturas y significados (tal como lo entendió el autor) e, incluso (mal que le pese), aquellos significados y aquellas lecturas que niegan la poética o la ideología antes proclamada. Se podría decir que esto es una prueba de la tesis de la ausencia de referente —curiosa prueba que surge de las contradicciones de la propia tesis—. Pero, por eso mismo, ¿cómo negar la antítesis si la misma tesis la contiene como posibilidad necesaria?

Roland Barthes, el filósofo francés que se ocupó de la obra del cubano Severo Sarduy, era de la idea que la cultura europea y, particularmente la francesa, “siempre ha concedido un privilegio muy exagerado a las ‘ideas’ o, para hablar de una manera más neutra, al contenido de los mensajes” (Barthes, 109). No fue sino hasta Mallarmé cuando la literatura francesa llegó a “concebir un significante libre, sobre el cual ya no pesara la censura del falso significado e intentar la experiencia de una escritura libre por fin de la represión histórica en que la mantenía los privilegios del ‘pensamiento’.” (109) (El subrayado es nuestro.)

El pensamiento de Roland Barthes sobre Sarduy, en el cual encuentra su valor en la “intrascendencia” del signo y en el vacío de “ideas” o de “referentes” sólo se puede construir en base a algunas negaciones (el referente, el contenido, etc). Entiendo que “significante libre” es una especie de oxímoron, ya que si realmente fuera “libre”, el significante no sería tal: su valor procede, precisamente, de algún tipo de limitación que hace sobre la arbitrariedad caótica de cualquier significado, de cualquier referente. Un significante puede tener un millón de significados, de referentes —debilitándose de esta forma, no fortaleciéndose—, pero no puede tenercualquier significado, producto de una ilusoria “libertad.” No se puede afirmar y negar al mismo tiempo de una forma absoluta. Si se acepta una cosa se ha de negaralguna otra, de forma artesanal o de forma automática, inmediata. Podríamos decir que el significante es libre de la voluntad significante del autor, pero no es libre para el lector ni el lector es libre del significado. Al leer atribuimos un significado, pero esta atribución nunca es libre: depende de reglas, de conocimientos previos, nunca de la arbitrariedad del lector o de autor. Si así fuese, dejaría de ser un lenguaje, un código que vale como nexo comunicativo entre diferentes subjetividades. Incluso dejaría de ser un instrumento del juego poético.

el pensamiento es ilusión: templando

viene despacio la que no se nombra. (Daiquiri, 7)

La expresión “el pensamiento es ilusión” es, en sí misma y de forma paradójica, un pensamiento que vale por su propia definición de no ser o de ser ilusión. La expresión “la que no se nombra” no son sólo cinco palabras que valen por sí mismo: aunque de forma irónica, aunque con un mero valor lúdico, presentimos “algo más allá” de las mismas. De hecho podemos decir —con el derecho absoluto del lector— que el verso está aludiendo a la muerte. Para que ello no ocurra no es necesario el exceso —como dirá Barthes— sino simplemente un lector que no hable ni lea español. Sin embargo, se puede conjeturar que estos poemas no sólo están escritos en español sino que la mayoría de sus lectores son españoles. También podríamos preguntarnos si “más allá de las palabras no hay nada”, ¿por qué se han traducido estos textos a otros idiomas? ¿Por qué no es lo mismo leer un poema en un idioma propio que leerlo en otro idioma desconocido? Barthes parece tranzar y, luego de hablar de “nada” pasa a hablar de “algo”:

Severo Sarduy relata bien “algo” que nos empuja hacia su fin y se encamina hacia la muerte de la escritura, pero ese algo es libremente desplazado “seducido” por esa soberanía del lenguaje, que ya Platón pretendía condenar en Gorgias, inaugurando así esa represión de la escritura que caracteriza a nuestra cultura occidental  (Barthes, 111).

Así, escritores como Sarduy serían aquellos que lograron acabar con una tradición de dos mil quinientos años (no sabemos por qué no más), al lograr la proeza del gesto puro, del signo y de su sociedad —el lenguaje— como juego sin más referencia o valor que sí mismo. Claro que esto, sobretodo entendido como juego erótico-lingüístico en Daiquiri se llama hedonismo y no es algo tan novedoso como se puede entender en la cita anterior. Y, al menos en el arte, es tan lícito y productivo como cualquier otra propuesta filosófica, errada o no. Por si caben dudas, Roland Barthes lo declara de forma explícita (olvidemos, por un momento imaginario, que esta misma declaración es la exposición de una idea, de un referente):

En De donde son los cantantes, texto hedonista y por ello mismo revolucionario, vemos entonces desplegarse el gran tema propio del significante […] no hay nada que ver tras el lenguaje […] (111).

No obstante, podemos encontrar un fuerte referente en la escritura de Sarduy que, por si fuese poco, es consecuente con su autor, con su obra y con sus amigos teóricos: una obra y un lenguaje que declara la muerte del referente y, además, se empecina en practicarlo como juego y como demostración es, paradójicamente, contenido, referente, etc.

Por si fuese poco (la idea de la ausencia del referente como referente principal), también podemos hacer otras lecturas donde los referentes que “dan un sentido” a los textos de Sarduy son su componente social, histórico, ideológico. Si al autor negara estas lecturas estaría destruyendo la misma apertura de significados de su texto libre. “The ludic deconstruction of binaries is, of course, a postmodern reproduction of the ethos of democratic pluralism that is ideological underpinning of stateless corporate capitalism” (Zavarzaeh, 34).

Una de esas lecturas consiste en entender la obra de Sarduy como parte de un proceso histórico y social. Es decir, en nuestro caso, el capitalismo de fines del siglo XX, su componente “consumista” y su paralelo semiótico del juego autoreferencial: al capital, los números financieros, valen por sus propias reglas; no por un valor trascendentes a sí mismos. Un sistema de valores que vale y se refiere a sí mismo, independientemente de la condición humana (el valor del trabajo, su implicación moral, etc.) es un sistema deshumanizado en el más amplio sentido de la palabra. Curiosamente, Roland Barthes parece intuirlo cuando advierte que ya no hay nada “detrás del lenguaje” “Sin embargo, los humanistas pueden estar tranquilos, por lo menos en parte” (111). Varios años antes, había escrito, en Le Gradé Zéro de l’Écriture que,

Elle [la Littérature] aussi doit signaler qualque chose, différent de son contenu et de sa forme individuelle, et qui est sa propre clôture, ce par quoi précisément elle s’impose comme Littérature. (9)

Es decir, reconocemos un objeto o un sistema de signos como “literatura” por algo más que sí misma. De hecho, como el mismo Barthes lo ha señalado antes, toda escritura —toda forma literaria— expresa la conciencia social de un momento. Lo cual no es otra cosa que decir que la lectura depende de una colección infinitamente mayor que el “texto” mismo. El pensamiento de Barthes es paradójico. Aquí entiende que la “escritura blanca” es aquella que niega, que destruye, que es “ausencia”, una literatura “que tiende desde hace un siglo a transmutar su superficie en una forma sin herencia, sólo encontrará la pureza en la ausencia del signo.” (13) Sin embargo, todo esto tiene un significado “le déchirement de la conscience bourgouse.” (12). Lo mismo podríamos decir de la escritura de Sarduy, más allá de la voluntad de “no significar” o de dejar “nada” para más allá de su propia escritura.

La nueva dinámica del texto es la dinámica del capitalismo: es productor de significado; el capitalismo no tiene contenido, sólo forma. En su ensayo Severo Sarduy and the Religion of the Text, Roland Perez cita una idea de Felix Guattari, en “Meaning and Power”:

The text… is purely activity […]: the cosmology of capitalist production […] Capitalism has never been concerned with content, only with form […] What’s essential is that one exchange one sign for another in the infinite system of signifiers” (15-16)

La ideología —o ideopráctica— del capitalismo de fines de siglo ha perdido el referente mínimo de lo humano (el trabajo) para crear su propios códigos de autoreferencia. Pero necesita de los humanos para reproducirse. De humanos deshumanizados, claro, al entender a éstos como piezas de consumo. Al mismo tiempo, debe convencernos de lo contrario. Lo mismo se entiende del juego neobarroco de Sarduy, lo cual cuestionaría el carácter “revolucionario” y crítico que le atribuyó el mismo Barthes más arriba:

La alternancia es la de dos placeres en estado de exceso. El otro margen es la felicidad: ¡más, más y más! Un apalabra más, una fiesta más. […] Es el desafío de una alegría continua, el momento en que por su exceso el placer verbal sucumbe y cae en el gozo (113).

En una entrevista con Jean-Michel Fossey, Severo Sarduy expresa que para él “nuestro cuerpo es una máquina de deseo.” (Perez, 20). Hedonismo y consumismo se emparentan. La diferencia es sólo histórica. Los griegos no hablaban de consumismo (probablemente porque lo consideraban una etapa primitiva de la humanidad, propia de los animales inferiores), sino de hedoné, del placer por el placer mismo. Pero el consumismo es una búsqueda desesperada del placer por otros medios que han sido creados por el capitalismo, a manera de necesidad. Es parte de la construcción del “individuo libre.” Por el contrario, para Zavarzaeh, el arte es un acto político y como tal es más que una simple experiencia de placer —aunque también sea eso (16).

The dominant ideology preserves the notion of the free person who can enter into transactions with other free person in the free market but who is at the same time obedient to the law of the free market that legitimate the dominant social order (Zavarzaeh, 14).

Sin embargo, Roland Barthes prefiere ver sólo la otra cara de la moneda:

¿Cómo un texto, que es lenguaje, puede estar fuera de los lenguajes? ¿Cómo puede el texto escapar de la guerra de las ficciones, de los sociolectores? Por medio de un trabajo progresivo de extenuación. Primero el texto liquida todo meta-lenguaje, y es por eso que es texto:Detrás de lo que dice no hay ninguna voz (Ciencia, Causa, Institución) (114).

Detrás del consumo no hay otro objetivo que el consumo mismo, el juego, el placer, la intrascendencia. Sin embargo, este es un juego producido o al menos conveniente a un sistema mayor: el capitalismo. Con el exceso, con el “¡más, más y más!” , por la extenuación, no sólo se destruiría (según Barthes) cualquier meta-lenguaje, cualquier referencia trascendente, cualquier sentido más allá de la contingencia, sino la misma percepción del sistema (capitalista) que lo produce y se sirve de él.

Daiquiri comienza de una forma incomprensible si no hemos tenido la experiencia de la lectura de alguna de sus otras obras, si no sabemos quién es Sarduy y si ni siquiera sabemos que Daiquiri fue escrito por Sarduy. Fuera de contexto, fuera de tiempo y de espacio, sin el amplio marco del nombre de su autor y de los nombres de sus famosos críticos, Daiquiri sería un libro de poemas más, probablemente de los más intrascendentes y confusos, proyecto de algún poeta adolescente. Eso, claro, desde el punto de vista de un lector “inculto”, podemos agregar. No obstante, la clave es esa: los lectores de Sarduy, no por casualidad, son personas cultas. Y es esta “cultura” (pesada cultura, a veces) la condición necesaria para un paradójico “vaciamiento” de un “contenido”, de un “referente”, de un “significado más o menos comprensible.” Todo eso se lo da el lector culto. Es decir,Daiquiri necesita no de uno sino de una colección de meta-textos y de inter-textos y todos van en la ayuda no de un nuevo juego incomprensible, dadaísta en su estado más (idealmente) puro, sino de un juego totalmente inteligible, un juego con más o menos reglas claras.

Se podría objetar que ello (la incapacidad de leer sin buscar lo referido) se debe a la carga de “prejuicios” y de “preconceptos” que el lector “corrompido” de nuestro tiempo arrastra como maldición o incapacidad. Pero a este argumento podemos contestar con una pregunta: ¿acaso existe un lector “puro”, sin una experiencia textual previa?

El mismo poema comienza con una fuerte declaración filosófica, con unapoética propia, en este mismo sentido y, al mismo tiempo, con un lenguaje erótico (omisión-sentido-sensualidad):

Omítemela más, que lo omitido

cuando alcanza y define su aporía

enciende en el reverso de su día

un planeta en la noche del sentido. (5)

O, aún de forma más explícita:

El émbolo brillante y engrasado

embiste jubiloso la ranura

y derrama su blanca quemadura (7)

El erotismo es protagonista en Daiquiri, pero la idea no está ausente.

Desde un punto de vista puramente formal, podemos decir que no sólo la estructura del poema es estrictamente tradicional sino que su estilo es fácil de identificar: es del barroco del siglo XVII (con versos en 4-4-3-3 líneas), ese período histórico que tanto atraía a Severo Sarduy por “razones” que varias veces dejó claras, definiendo sus propios “referentes”, sus propias ideas.

Apenas al abrir el libro vemos las líneas, las frases que no ocupan de margen a margen, el orden particular de lo que llamamos “poema” o “poesía.” Rigurosamente (sería una casualidad casi infinita, si no) once sílabas en cada línea. Rima a-b, a-b, etc. Sabemos que no estudiaremos aquí el teorema de Pitágoras ni las últimas investigaciones sobre la fertilidad de los campos de Nueva Zelanda. O, al menos, esos son nuestros prejuicios al iniciar la lectura y que se verán confirmados desde la primera o segunda línea.

Como vimos antes, el hedonismo y la sensualidad tampoco son casualidad o un capricho propio de las palabras. No sólo por su referencia histórico-social, sino por la propia construcción de su referente. Hablamos de sexo y para ello usamos metáforas muy visuales, recurso antiguo en la larga historia de la poesía. Estas “imágenes” no son las palabras; son algo que siempre está “más allá.”

A pulso no: que no disfruta herido,

por flecha berniniana o por manía

de brusquedad, el templo humedecido

(de Venus, el segundo). Ya algún día

lubricantes o medios naturales

pondrás entre los bordes con taimada

prudencia, o con cautela ensalivada (5)

Entiendo que aquí el recurso no es el vaciamiento de cualquier “referido” sino el ocultamiento del mismo, debajo de una espesa pátina de barniz barroco, del barroco que Góngora llevó a su cumbre en Soledades. Es el arte del oscurecimiento de del erotismo verbal. El juego gongoriano del doble sentido o del sentido menos esperado, aquí no está desprovisto de humor:

que atenúen la quema de tu entrada

pues de amor y de ardor en los anales

de la historia la nupcia está cifrada (5)

De esta forma, lo referido cobra aún mayor protagonismo. Su presencia no puede ser negada, pero se la oculta debajo del velo de la deliberada polisemia. Desvelar es el acto de la lectura, de la interpretación. Cuanto más oculto lo referido —por el uso ambiguo de la imagen, del silogismo o de la metáfora— más intensa será su búsqueda, más protagonismo cobrará el acto mismo de descubrimiento, de (re)velación, más obsesivo o, al menos más atento será el ejercicio hermenéutico. En este proceso, entiendo, está el protagonismo del lenguaje: en la revelación gnóstica, en la mitificación y en el ocultamiento de lo referido más que en su ausencia. En el caso del barroco y del neobarroco queda aún una particularidad más: lo referido no es lo más importante. El descubrimiento no vale más que el acto de decubrir. A diferencia de lo referido en un texto religioso —digamos, para un místico gnóstico del siglo III—, para el espíritu barroco lo trascendente en el texto es lo intrascendente del texto —y de la vida. El medio es el fin y el fin apenas un medio.

© Jorge Majfud

Lincoln University

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Bibliografía

Barthes, Roland. Le Gradé Zéro de l’Écriture. Paris: Éditions Gonthier1, 1964

____. “Sarduy: la faz barroca.” Severo Sarduy. Selección: Julián Ríos. Madrid: Editorial Fundamentos, 1976.

Perez, Rolando. Severo Sarduy and the religion of the text. Lanham: University Press of America, 1988.

Sarduy, Severo. Daiquiri. Tenerife: Poéticas, 1980.

Sarduy, Severo. El cristo de la rue Jacob. Barcelona: Ediciones del Mall, 1987.

Winfried Nöth, Semiotics. Bloomington: Indiana University Press, 1990.

Zavarzaeh, Mas’ud. Seeing Films Politically. New York: State University of New York. Press. 1991.

Pi i Margall y la voluntad de síntesis del krausismo

Drawing of Francisco Pi y Margall, Spanish sta...

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Pi i Margall y la voluntad de síntesis del krausismo

ÍNDICE:

INTRODUCCIóN

LA GENERACIóN EN DISPUTA

RAZóN, CONCIENCIA Y LIBERTAD

LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

LA FATALIDAD DE LA HISTORIA Y LA VIOLENCIA DE SU NEGACIóN

EL CUESTIONAMIENTO DE LA TRADICIóN

EL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD

EL PROGRESO DE LA HISTORIA Y LOS CAMBIOS DE PARADIGMAS

FUNDAMENTO COSMOLóGICO: EL PANTEíSMO

BIBLIOGRAFíA

CONCLUSIONES

“Es ley de nuestra raza que se anticipen las reformas políticas a las sociales”

Nicolás Salmerón, Obras de don Nicolás Salmerón, 1881.

“Caudillo de España por la gracia de Dios”

Leyenda en las monedas con la imagen de Francisco Franco, 1957.

1. INTRODUCCIóN

De la misma forma que las ideas de Karl Christian Krause —progresión de la historia, surgimiento del pueblo, sentido “metafísico” del destino humano, etc.— están en consonancia con las ideas emergentes a mediados del siglo XVIII, de igual forma el krausismo español también es el resultado de esta tradición filosófica y de un contexto social concreto. Esto último implica un siglo de inestabilidad, de reclamos y de reacciones, de una lucha entre monárquicos y republicanos, entre católicos y liberales, entre conservadores y revolucionarios. Un libro resume este estado de la sociedad, aunque desde una perspectiva radical: La reacción y la revolución, de Francisco Pi i Margall. Publicado en 1854, en medio de las convulsiones políticas que describe y anuncia, tendrá su antítesis teórica casi ochenta años más tarde, en La rebelión de las masa (1930) escrito por otro liberal. La reacción y la revolución resume la actitud cultural e ideológica de la Modernidad, radicalmente rechazada por Ortega y Gasset. Para Pi, la revolución no es el elemento generador de la violencia; es la expresión natural de la dinámica de la historia en progreso. Su tesis central es muy simple: “la revolución es la paz y la reacción la guerra”. La cual no sólo refleja una idea sino una actitud, del todo moderna: la provocativa resemantización —ética e ideológica— de las palabras, sobre todo de aquellas que se han instaurado como mitos sociales por una tradición que se pretende cuestionar.

Si recurrimos a la fórmula más célebre de la historia de la filosofía surgida, precisamente, de la pluma de Hegel, podemos identificar aquí a la monarquía y a los conservadores españoles con (x) la tesis a la cual revolucionarios liberales como Pi i Margall se opondrán invirtiendo los significados de “revolución” y “reacción”: (y) laantítesis. Situados en este contexto, podemos ver al movimiento krausista no tanto como una corriente “revolucionaria” sino todo lo contrario: el krausismo español representó la voluntad de (z) síntesis, no sólo como propuesta teórica, sino también como necesidad práctica, es decir, política: la (S) reforma antes que la (At) revolucióny después de la (T) reacción.

En el presente ensayo, procuraremos, por un lado, (I) verificar esta fórmula sintética (T + At = S) a través del análisis de las síntesis propias de cada uno de los términos (T, At y S) en un orden cronológico concreto. Es decir, no partiremos delanálisis inductivo sino, a la inversa, de la síntesis —de la hipótesis— para identificar las partes. Por el otro, (II) veremos dos lecturas opuestas: una, predominantemente fatalista y con ambas cuotas de materialismo e idealismo, en el caso de Pi i Margall; la otra que toma los elementos supraestructurales (culturales y metafísicos) como punto de partida de la dinámica social e histórica, en el caso del krausismo.

2. LA GENERACIóN EN DISPUTA

Casi todos los intelectuales españoles en el siglo XIX —si no todos— entendían que la inexistencia de un pensamiento maduro en su país justificaba la importación de un pensamiento “europeo” o, por lo menos, de ideas y modelos que se imponían en Francia y Alemania o la vuelta radical a una tradición idealizada. Sanz del Rio entendía que en España no había pensamiento y uno de sus detractores, Menéndez Pelayo, sólo coincidía en la descalificación: “en España hemos sido krausistas por casualidad, gracias a la lobreguez y a la pereza intelectual de Sanz del Rio”. Para Menéndez Pelayo, Sanz del Rio no era más que un charlatán, pero el resto de la sociedad no era mejor: “Sólo aquí —se lamentaba— donde todo se extrema y acaba por convertirse en mojiganga, son posibles tales cenáculos”. “En estudiar nadie pensaba… La enseñanza era pura farsa, un convenio tácito entre maestros y discípulos, fundado en la mutua ignorancia […] Olvidadas las ciencias experimentales, aprendíase física sin ver una máquina”. De algo parecido se quejaba Pi i Margall, al tiempo que se justificaba por el uso de un lenguaje con excesos de exabruptos: “Pero me extralimito sin sentirlo. El triste estado de la ciencia en España me obliga, tanto como la ignorancia de muchos revolucionarios, a usar este lenguaje […] No hay entre nosotros escuela, no hay crítica, no hay lucha”. En su libro La reacción y la revolución (1854) se propuso “despertar […] una nueva creencia, y más aún que una creencia, una actividad filosófica de que por desgracia carecemos en España”. Antonio Heredia Soriano, en El krausismo español (1975) hace su propia colección de expresiones de malestar sobre el estado del pensamiento y la cultura en España en esta época: Juan Valera, M. J. Narganes, Donoso Cortés, Balmes, López de Uribe, Borrego, Gil de Zárate, Francisco de Paula Canalejas, Manuel de la Revilla, Menéndez Pelayo, cada uno desde su perspectiva ideológica particular coincidía en el mismo pesimismo. Según Heredia, la crisis de 1833 —desencadenada por la muerte de Fernando VII— sólo deja paso a dos novedades: la democracia y el krausismo. La primera promovida por la izquierda como una idea del todo revolucionaria y vulgar a los ojos de sectores conservadores; la segunda como “versión original del nuevo cristianismo ilustrado”. Guillermo Fraile, en Historia de la filosofía española desde la Ilustración (Madrid, 1972) coincide con esta percepción y hace su propia lista de “decepcionados”, incluyendo a Pi i Margall, a Juan Valera, María Fabié, Laureano Figuerola, Francisco de Paula Canalejas, etc.

No podemos decir que Francisco Pi i Margall fuera un autor original, porque, como casi todos, estaba precedido por las novedades políticas e intelectuales que habían tenido lugar en el resto de Europa unas décadas antes. Aunque por entonces Hegel comenzaba a ser cuestionado y sus fervientes seguidores ya no eran fervientes, Pi i Margall sostuvo un principio básico de su dialéctica histórica: “¿Concebios algo? Vemos primero su tesis, su lado positivo; más tarde su antítesis, su lado negativo, y sólo después de otro tiempo dado su síntesis; síntesis que da a su vez lugar  a otra afirmación y a otra negación; et sic de cœteris”. La misma dialéctica de inversión vuelve a usar para contestar a sus adversarios, con geométrica claridad: “Nuestro pueblo, es cierto, se ha insurreccionado cien veces en lo que va del siglo; mas se ha insurreccionado, examinadlo bien, por falta de libertad, no por la libertad de que ha gozado” Y poco más adelante concluye: “El pueblo cuanto más rudo es menos libre […] pero observad, en cambio, que la libertad, proclamada por la revolución, tiende principalmente a contrarrestar los efectos de la rudeza en ese mismo pueblo”. Esta observación lleva implícita la idea de la libertad como condición necesaria para una reformulación de la educación social; el krausismo insistirá en un proceso inverso: la educación precede al cambio, a la superación y, por ende, precede a la libertad. En este sentido, si el pensamiento de Pi era materialista —en el sentido marxista de la palabra—, el pensamiento krausista procedía de forma inversa.

Muchas de las ideas de Pi i Margall coinciden en temas, en forma y en formulaciones con aquellas que caracterizaron el pensamiento krausista en España.La reacción y la revolución, de 1854, contiene ya gran parte de las ideas políticas, sociales y teológicas que formularía Sanz del Rio en Cuestión de la filosofía novísima(1856), Discurso pronunciado en la Universidad Central (1857) y en Ideal de la Humanidad para la vida (1860). No obstante, no encontramos pruebas contundentes para sugerir siquiera que Sanz del Rio había leído con interés La reacción y la revolución. Por el contrario, un silencio casi hermético —y por ello significativo— cubre el nombre de Pi i Margall en los escritos de Sanz del Rio, hecho que no deja de ser desconcertante cuando el destino juntó a Pi y Salmerón en el fracaso de la I República, cuando escritores fuertemente influenciados por el krausismo, como Pérez Galdós, se refirieron a Pi como político y como filósofo. Pío Baroja comparó a Pi i Margall con uno de los más conocidos krausistas, lo que revela una coincidencia de contextos e ideales: “Pi i Margall no se parecía en nada a Salmerón. No era como éste, retórico y palabrero”. Pero esta escasez de referencias directas sólo confirma la idea de Ortega y Gasset sobre las generaciones, según la cual en un mismo espacio y en un mismo tiempo vital, una generación comparte creencias, ideas y esperanzas que permean cada uno de sus individuos. El propio Pi i Margall lo había dicho mucho antes con diferentes palabras: “hay pensamientos puramente sociales, verdades sociales, que en vano pretenderíamos atribuir a ningún hombre”.

Sin embargo, krausistas, revolucionarios y liberales comparten un origen en común: el pensamiento alemán de principios del siglo XIX. Al igual que Sanz del Rio, Pi i Margall se enfrentó con la aparente paradoja de (a) la historia como un proceso progresivo e inevitable y (b) la libertad humana como consecuencia de su razón. Con este propósito, dedicará el subtítulo: “Teoría de la libertad y la fatalidad, explicada por la historia general y la contemporánea española”. Al igual que los krausistas que le seguirán a La reacción y la revolución,  las preocupaciones teológicas también lo ocuparon, como fundamento insoslayable de sus convicciones sobre la historia y la humanidad: el panteísmo —panenteísmo en Sanz del Rio, una reformulación más compleja de la primera—, como respuesta al dogma católico que había perdido su destino histórico de universalidad para identificarse con un dogma estático y nacionalista.

La actitud dialéctica del joven Pi i Margall —en 1854 tenía treinta años— se parecerá mucho al “antimoralismo” que practicará Nietzsche años después: la voluntad de una antítesis radical. “Tomo la pluma para demostrar —dice, y lo repetirá varias veces a lo largo de su primer libro—  que la revolución es la paz y la reacción la guerra”. Si sus argumentos no son lógicos para probar su antítesis, al menos resultan suficientes o convincentes para inquietar la tesis conservadora, instalada en la sociedad y en la historia española. Como ejemplo puntual, se refiere a su momento, entendiendo que los conflictos entre sindicatos y patrones que se les hecha en culpa a la revolución no pueden ser resueltos por la reacción.

Su tesis fundamental está basada en el principio de “progreso histórico”. Si el progreso y la evolución de las sociedades humanas, de la historia, de la especie en sí misma es inevitable, pretender detenerla implica necesariamente violencia. Por lo tanto, con violencia debe superar el obstáculo: es la revolución necesaria, la revolución permanente. Este concepto de revolución es propio de la modernidad, pero será sustituido por los krausistas por la reforma, permanente y progresiva. De esta forma, se sintetizan las ideas de “progreso necesario” y de “instinto de conservación” —por entonces en dramático conflicto— en el concepto krausista dearmonía, como medio y como fin. Al tomarse este precepto de “armonía” como constitucional del pensamiento krausista, se deberá llevarlo a los mismos ámbitos de discusión que ya había recorrido el mismo Pi i Margall: a la política, a la historia y a la metafísica —o religión, como problemática abarcadora de todas las demás.

3. RAZóN, CONCIENCIA Y LIBERTAD

Esta preocupación por la “dinámica natural” de la historia —que equivale a decir, por  “lo inevitable”, o por la “fatalidad”—, como ya dijimos, había encontrado en Pi i Margall y en los liberales de su tiempo una salida en la revolución necesaria. “La libertad —escribió—, permítaseme la expresión, es la verdadera válvula del vapor revolucionario”. Mucho antes había advertido:

[No cortaremos el paso al progreso de la historia] cuando, adquirida ya por nuestra razón la completa conciencia de sus propias leyes [y] verificada la grande ecuación entre la libertad individual y la fatalidad de las cosas sociales, la humanidad puede dirigirse sin vacilar al cumplimiento de su objetivo.

Julián Sanz del Rio parece haber estado de acuerdo con esta idea, cuando en los mismos tiempos de la revolución de 1854 escribió, en su diario personal: “¡Oh, julio de 1854! Has de ser una Restauración liberal pura para liberarte de tus excesos”.

Una vez establecida la libertad como paradigma —como motor del proceso dialéctico de la historia y como objetivo de la humanidad en sí misma—, las consecuencias políticas son inevitables: “Un ser que lo reúne todo en sí es indudablemente soberano. El hombre, pues, todos los hombres son ingobernables. Todo poder es un absurdo. Todo hombre que extiende la mano sobre otro hombre es un tirano. Es más: es un sacrílego”. Y más adelante: “Entre dos soberanos no caben más que pactos. Autoridad y soberanía son contradictorios. A la base social autoridad debe, por lo tanto, sustituirse la base social contrato. Lo manda así la lógica”.

Ahora, este concepto nos lleva a un problema clásico que no fue resuelto en la larga historia de ideologías activistas del siglo XX, ni por su pensamiento filosófico: ¿de qué tipo de libertad estamos hablando? En primer lugar, de la libertad individual. Bien. No obstante, la persecución de esta libertad implicaba un “desequilibrio” social. Es decir, no es suficiente establecer que la libertad —el derecho— de uno termina donde comienza la libertad del otro, porque esto no sólo es tautológico sino que no define dónde está marcado ese límite. De hecho, esas fronteras suelen ser arbitrarias y dependen del poder de cada uno para extender o contraer el área de su propia libertad. Si esta libertad no está basada únicamente en el derecho que establece la igualdad de todo individuo ante la ley sino que, además —y quizás sobre todo— está basada en otro derecho, el de la propiedad, rápidamente tenderemos una desigualdad de “libertades”. ¿Es igualmente libre el que ordena que el que obedece? ¿Es igualmente libre el que vende su mano de obra que aquel que puede comprarla? ¿Es igualmente libre el que debe que el acreedor? Etcétera.

Esta contradicción se prendió resolver con otra contradicción, no menos paradójica. Durante casi todo el siglo XX, muchos intelectuales —Jean-Paul Sartre, por citar uno— creyeron afirmar la libertad individual, de una forma radical, proponiendo un Estado omnipresente que pusiera a salvo a la sociedad de relaciones feudales de poder, basadas en el siglo XX ya no en la posesión de la tierra sino en la posesión del capital, de los medios de producción (materiales) y de reproducción (ideológicos). Cien años antes Pi i Margall entendía lo contrario, aunque no contestaba a los críticos revolucionarios y progresistas sino a sus opuestos, los conservadores: “Se espera generalmente mucho de gobiernos fuertes; se debe esperar muy poco. […] Todo poder, he dicho, es tiranía y toda tiranía engendra pobreza”.

Claro que las prácticas y experimentos radicales de algunos absolutismos del siglo XX nacieron en el siglo anterior, en el siglo de las utopías. A este efecto, Pi i Margall pone como ejemplo la instauración del modelo comunista de Owens en Inglaterra, sin que esto hubiese provocado la insurrección armada. Y, de forma casi indistinta, otro experimento racialmente diferente:

Fijad ahora la vista, siquiera por un momento, en esa gran república [Estados Unidos]. Es hoy el asilo de todos los proscriptos. Cada religión levanta allí su templo […] el furierista en el falansterio, el comunista en el seno de Icaria. Nada se rechaza por utópico […] Sólo la libertad corrige allí la libertad, y ved con todo ¡qué orden! ¿qué progreso! En setenta años ha pasado aquella gran nación de tributaria a vencedora.

Este entusiasmo, claro, no deja de tener el perfil de los mismo utópicos que le precedieron. La presunción de “derechos preexistentes”, como los “derechos naturales” son, sin duda, un avance histórico. Necesarios pero no suficientes. La contradicción, el conflicto entre libertad individual y el poder social que lo limita y a veces lo restringe hasta obstruirlo —el poder del Estado o del capital— no se resuelven con la sola declaración. Pero se hace consciente al debate al formularlo de manera explícita:

¿Cómo puede ser pues el capital base y motivos de derechos que son inherentes a la calidad del hombre, que nacen en el hombre mismo? Todo hombre que tiene uso de razón es, por ser tal elector y elegible […] Puede pensar libremente, escribir libremente, enseñar libremente, hablar libremente de lo humano y lo divino, reunirse libremente […]

4. LA UNIDAD EN LA DIVERSIDAD

El fin del último reinado absolutista de Fernando VII significó también el fin de una era. No obstante, la inercia cultural retardaba la aceptación de las nuevas ideas que hacían de otros países europeos sociedades más dinámicas y económicamente más desarrolladas. No hubo, por lo tanto, lugar a una evolución más fluida en la sociedad española de mediados de siglo, sino una lucha y tensión entre una estructura tradicionalista —y reaccionaria— y otra nueva que comenzaba a ser consciente de sus posibilidades y derechos. Pi i Margall, en 1854, resumió su momento histórico de esta forma: “Cincuenta años atrás —dicen— no existía entre nosotros esta peste abominable [de los partidos políticos]; a la voz de Dios doblaban todos los españoles la rodilla, a la del rey ceñían o desceñían sus espaldas. […] La libertad nos ha traído la discordia”. La opción revolucionaria era, por lo tanto, combatir el poder —aquí de una forma casi abstracta—: “Dividiré y subdividiré el poder, lo movilizaré, y lo iré de seguro destruyendo”. Pero el poder debía ser atomizado no sólo como estrategia para su derrota, sino porque el nuevo depositario del poder era, ahora, lo que sería en el futuro uno de los problemas más difíciles de resolver: la libertad del pueblo y del individuo. “En un solo hombre se manifiesta cada una de las infinitas evoluciones del espíritu”. La idea de Humanidad y, por lo tanto, de Universalidad, cala fuerte en pensadores como Pi i Margall, por un lado, y de los krausistas por el otro. Uno verá esta reinvención francesa del cristianismo primitivo (humanidad, fraternidad, universalidad) desde un punto de vista político; los otros desde una perspectiva religiosa, casi mística, aunque sin desdeñar el compromiso social sino todo lo contrario: como para los teólogos de la liberación, cien años después, la humanidad, la sociedad, es un elemento inseparable de la salvación del individuo. La virtud dejará de ser el enclaustramiento para convertirse en la acción social, en la conciencia del individuo en la sociedad y ésta en la humanidad. Pero esta unidad en la humanidad es, al mismo tiempo, el reconocimiento y el respeto a la individualidad. El humanismo y el universalismo terminan en los derechos del hombre —y, consecuentemente, más tarde en los “derechos de la mujer”—, en el reconocimiento de la igualdad de los hombres. De igual forma, nacerá la búsqueda de la identidad nacional y regional, por lo cual podemos entender el universalismo humanista (internacionalismo) y el regionalismo (nacionalismo) como dos partes de un mismo proceso, tal como lo es el colectivismo y el individualismo, aparentemente incompatibles. Ya no serán problemas matrimoniales de reyes desconocidos, los depositarios de la voluntad de Dios, sino que la identidad del pueblo recaerá en su propia cultura. Los pueblos, los países —como los nuevos individuos— reclamarán de forma creciente ser considerados en un mismo nivel de igualdad, en su misma diversidad, y esto conducirá a los conflictos por las autonomías. “Continuad empeñándoos en sujetarlas todas [las provincias de España] a un solo tipo, y dejáis en pié otro motivo de discordia. Aumentáis el antagonismo queriendo disminuirlo. Comprimís el ingenio del vuelo nacional, cuyas manifestaciones son tanto más provechosas cuánto más diversas”. Y de forma más explícita aún:

La revolución salva también estos escollos. Ama la unidad y hasta aspira a ver realizada la de la gran familia humana; mas quiere la unidad en la variedad, rechaza esa uniformidad absurda, por la que tanto reclaman los que piden la abolición de los fueros vascongados. […] Nuestra especie es una y mil las razas a que pertenecemos; una la verdad y la belleza, y mil las formas bajo que se presentan a la inteligencia y a los sentidos.

Consecuentemente, la autonomía de las regiones en España encontraba un equivalente en América en sus independencias. Al mismo tiempo que en esta independencia de naciones había una ganancia para las partes que debían unirse en un orden mayor. Pi i Margall propone alianzas con las colonias de España e incluso con Portugal (en un sistema de república federal) Advierte que los norteamericanos amenazan a la Antillas y propone convertirlas en provincias en lugar de colonias. “[Las Antillas] hoy gime bajo el arbitrario poder de codiciosos generales, y mañana viviría bajo sus propias leyes; hoy es esclava y mañana sería libre. ¿Favorecería mañana, como hoy, los intentos de la república de Washington? ¿Nos expondría como hoy a una guerra en que, a no contar con el apoyo de otras naciones, tenemos todas las posibilidades de salir vencidos?”.

Esta unidad [la de los imperios] ha concentrado casi siempre la vida en la metrópolis, ha absorbido la de las colonias, las ha muerto. Ha apagado mil focos de actividad, ha destruido mil elementos de progreso. No ha dado al vencedor ni súbitos ni aliados; no le ha dado sino esclavos, que al verle en peligro han trabajado para hundirle más pronto en el sepulcro. Ha empobrecido y degenerado a las comarcas subyugadas, ha asesinado a la nación dominadora con las mismas riquezas arrebatadas por los soldados y los sátrapas.

Incluso, Pi i Margall va más allá de lo que se podía esperar en una España marcada por la Reconquista: elogia la diversidad en tiempos de la presencia árabe en España, cuando “las más tenían convertidas su corte en morada de las ciencias y la poesía; en todas o casi en todas se desenvolvían las artes y el comercio, las instituciones políticas, la instrucción, las leyes. El genio peninsular se desarrollaba a la sazón en todo y en todas partes”.

De la tradición francesa los progresistas y liberales españoles toman las ideas; de los países anglosajones el ejemplo. La Inglaterra, la Bélgica y “la república de Washington” se erigen como los nuevos paradigmas de la libertad. Pi se quejaba de esa falta de libertad en España desde muchos puntos de vista, como por ejemplo el religioso: “Sucede poco más o menos con nuestro monarquismo lo que con nuestras creencias religiosas. No ha habido en la cámara un solo hombre que haya tenido el suficiente valor para decir: ‘No soy católico, soy protestante o judío o musulmán o ateo’”. Pero la concepción de “unidad” en los tradicionalistas no era la misma que la de los progresistas:

La unidad religiosa, han dicho todos, ¿cómo no hemos de quererla? Que la España es toda esencialmente católica ¿quién lo niega? ¡Miserables! Da vergüenza vivir en un país donde en el siglo XIX no hay aún valor para decir lo que todos los ojos ven y todos los oídos oyen. La voz de los obispos les intimida a esos hombres que se atreven a llamarse revolucionarios.

También Sanz del Rio, en El Ideal de la vida para la humanidad participa de la idea universalista de la humanidad que trasciende los límites nacionales:

las particulares y antipáticas nacionalidades, los pueblos y las Uniones de los pueblos, separados unos de otros con límite históricos y geográficos, reconozcan entonces en esta su limitación la tendencia progresiva de la humanidad a abrazar más y más en sí su personas interiores, venciendo con laboriosos ensayos un límite tras de otro”.

En este punto Sanz del Rio coincide con Pi i Margall: “En la esfera política [es posible que] en los estados existentes en Europa pueda venir en un tiempo, y mediante los mismos, una unión superior política, p. ej., un Estado y reino europeo, en que los estados nacionales sean, aunque libres en su esfera, particulares y subordinados, no definitivos, absolutos, como lo son hoy”. Y de ahí a una unión mayor, probablemente mundial. Pero el mismo Sanz da un indicio de que esta idea ya estaba en circulación en su época: “se cree que estos Estados mayores políticos anularían la soberanía interior de los pueblos y Estados, hoy absolutos […]”. Al fin y al cabo, por un lado estaban los ejemplos de los reyes (que procedían de un país y gobernaban en otros) y, por el otro, existía el ejemplo norteamericano.

5. LA FATALIDAD DE LA HISTORIA Y LA VIOLENCIA DE SU NEGACIóN

Pi i Margall reconoce que la revolución ha acabado con la paz de las generaciones anteriores. Pero, por otra parte, es un proceso inevitable. La historia posee su propio mecanismo, su propio proyecto más allá de los individuos y de los grupos sociales. “La revolución no la hemos ido a buscar; nos la han traído los sucesos, y nos la han traído porque era necesaria”. Y más adelante, formula la misma idea con otras palabras: “Es inútil empeñarse en detener el progreso. La guerra misma difunde las ideas”.

¿Por qué pues, repito, condenáis la revolución, si esta revolución es necesaria, es decir, nos viene impuesta por la fatalidad social de nuestra misma especie? ¿Por qué acusáis a la revolución de habernos traído la desunión y las luchas de partido, si estas no son sino el resultado de nuestra libertad mal dirigida?

¿Por qué España podía prolongar su reacción? Por su propio atraso que evitaba condiciones de violencia inmediatas. El joven Pi i Margall, inmerso en las convulsiones de su propio tiempo, era consciente de una tesis que será sostenida a finales del siglo XX:

Conviene, por otra parte, observar que nuestra situación no es aún desesperada como la de Inglaterra y Francia. El pauperismo existe entre nosotros; las causas que lo producen obran aquí como en aquellos países; mas, gracias a nuestro mismo atraso y a lo poco extendida que está la industria manufacturera, la miseria no ha invadido sino un corto número de clases […] La decreciente progresión de los salarios dista mucho de haber llegado a término funesto; las perturbaciones debidas a los adelantos de las máquinas no son continuas ni aún frecuentes.

Lo cual, unida esta idea a las anteriores, produce la siguiente síntesis: “La guerra social en este país, ya que no es evitable, es aplazable”.

La diferencia teórica e ideológica entre los krausistas y los progresistas como Pi, estaba en que este último sólo veía a las revoluciones como parte del mecanismo de “ajuste” de la fatalidad de la historia; los krauisitas, en cambio, concebían laprogresión de este cambio, lo cual era afirmado por su concepto central de “armonía”. Esto, llevado de un plano teológico y místico a un plano social, simplemente significa eludir la fatalidad de las crisis —presupuesto marxista— como estado normal de las sociedades (capitalistas) en evolución. Sin embargo, Pi no hace un análisis propio del cásico materialismo dialéctico, aunque no deja de considerar que un orden social (como la misma libertad del pueblo) tienen como consecuencia un orden cultural (su mayor educación, etc.) Por el contrario, el idealismo alemán se deja ver por varias aristas de su discurso: el motor de esos cambios sociales procede de una fatalidad, de un espíritu de la historia, de su propia “naturaleza”. Luego de producido estos cambios socioeconómicos, sí, seguirán los cambios en la conciencia social, en su cultura, en sus leyes, etc. El krausismo, por el contrario veía una dinámica inversa, más propia de aquella que retomará Ortega y Gaset en el mediodía de su producción filosófica: es la cultura —la filosofía, la educación, la religión—  la que define un orden social concreto. Ambos comparten, en cambio, la idea de progreso y la necesidad de impulsarlo, antes que reaccionar contra éste.

Si diferentes son los diagnósticos, diferentes serán los pronósticos y las prescripciones. Nicolás Salmerón, un cuarto de siglo más tarde, pasada la experiencia de la I República, dirá que “es ley de nuestra raza que se anticipen las reformas políticas a las sociales”. Pero para evitar volver a caer nuevamente en “esa triste serie de reacciones y de revoluciones que son el patrimonio casi exclusivo de las razas latinas, obligados estáis a preparar la evolución económica y social que debe constituir el fondo de las instituciones democráticas, de la organización republicana”. Lo cual nos pone en perspectiva las ideas de su colega Pi i Margall —La reacción y la revolución como antítesis— y la pretendida síntesis formulada y expuesta por el krausismo: evolución sin revolución; reforma sin reacción. Así, leeremos en los escritos de Sanz del Rio frecuentes expresiones como “transformación gradual de las instituciones públicas”; “movimiento naturalprogresivo de la inteligencia”; “la noble y progresiva moral”; “educación libre, gradual,progresiva de la sociedad”, “la marcha progresiva de las sociedades humanas”, etc. El siguiente párrafo no deja dudas:

Así, aunque sus convicciones [las del hombre político ejemplar] puedan no concertar con la legislación dominante, no le niega la obediencia práctica; sus particulares ideas, sus planes de reforma social, política o administrativa procura manifestarlos y realizarlos por medios legítimos y conformes a la constitución y a las circunstancias históricas, cooperando desde su lugar por medios pacíficos para el cumplimiento de todo derecho y progreso en su pueblo.

6. EL CUESTIONAMIENTO DE LA TRADICIóN

Citando a Seco, en Gaceta oficial Carlista, de 1836, Casimiro Martí recuerda una percepción común para la época que hoy nos parece fantástica:

Desde que la revolución, para poner en movimiento las masas populares y hacerlas el fatal instrumento de sus designios, afectó destruir la sencilla y virtuosa ignorancia de las gentes, ignorancia saludable que les hiciera vivir contentas sin ambicionar destinos de superior jerarquía, desencadenándose cierto género de pasiones que hasta entonces tenía subyugadas […] ¡Cuánto más conveniente hubiera sido continuar bajo el pretendido oscurantismo y dejarse el pueblo conducir por la voluntad de los reyes!

No obstante, Joaquín Francisco Pacheco decía que la mitad del electorado sería para los carlistas si existiese el voto universal. Lo cual nos sugiere que el autoritarismo que caía sobre el pueblo no se debía tanto a la violencia estatal sino a una ideología social.

No habían sido puestos en duda ni la naturaleza de Dios ni la legitimidad de los reyes. La aristocracia, el clero, la plebe se reunían todavía bajo una misma bóveda para legislar sobre los intereses de los pueblos […] Los más ardientes revolucionarios no aspiraban, como los demócratas de hoy, a las libertades absolutas; los proletarios no exigían, como los de hoy, las reformas de las leyes sociales para ver aliviados sus padecimientos.

Mª Victoria Alberola Fioravanti, en La revolución de 1869 y la prensa Francesa, observa —al igual que Ortega y Gasset— que el siglo XIX es el siglo de la “opinión pública”. Los individuos se hicieron consciente de su emancipación, de las posibilidades de un pensamiento propio y, sobre todo, de sus derechos y deberes sobre la participación de la vida pública. Las “masas” descubren que pueden influir y determinar su propio destino.

¿Qué traía consigo la realización de esa nueva idea [de la revolución]? Traía consigo nada menos que la negación del derecho divino de los reyes, la entronización del principio de soberanía de los pueblos […] la decadencia del principio de autoridad, la intervención completa de los poderes públicos.

Pi i Margall promueve una conciencia diferente a la construida por la tradición eclesiástica, monárquica y feudal: “El pueblo no debe agradecer nada a nadie. El pueblo se lo merece todo a sí mismo”. Por su parte, Sanz del Rio advierte sobre la inmovilidad del dogma (religioso): la religión no debe estar “impuesta por estatutos históricos”; por el contrario, debe “poder ser examinada, rectificada, mejorada”Aquí hay un progresismo antidogmático, aunque no es más racional que declarativo. Cien años después, no obstante, circulaban en España monedas con la imagen del general Francisco Franco y una leyenda faraónica que lo coronaba: “Caudillo de España por la gracia de Dios”.

7. EL INDIVIDUO Y LA SOCIEDAD

Como anotamos antes, una de los problemas más graves de la Modernidad ha sido la conciliación entre (1) la nueva reivindicación de la libertad individual, de los derechos del hombre, por un lado, y (2) la aparente necesidad de un Estado omnipresente que pudiera garantizar esas libertades, es decir, que pudiera evitar un regreso a un orden feudal, por el otro. Esta paradoja nunca fue resuelta —hoy en día está vigente—, pero en el siglo XIX liberales, anarquistas y socialistas aún mantienen intactas sus esperanzas de realizar la “liberación del pueblo”. Pi i Margall entiende que “hay pensamientos puramente sociales, verdades sociales, que en vano pretenderíamos atribuir a ningún hombre”. Lo cual, formulado como un “paradigma” o “zeitgeist” no implica grandes conflictos al entendimiento. Sin embargo, diferente a los pensadores krausistas, Pi también entiende que no hay progreso en el individuo, sino en la historia. Por otra parte, anota una observación que podría tomarse como una contradicción en esta relación individuo-sociedad: “Todo progreso, es un hecho irrecusable, empieza y ha de empezar forzosamente por la negación individual de un pensamiento colectivo”. Pi recuerda una idea común de algunos reformadores de su época —entre los cuales podemos identificar luego a los krausistas— que entendían que “sólo en la soberanía individual descansa la soberanía colectiva”, pero discrepa; luego se pregunta: “admitida la soberanía individual, ¿cómo admitir la colectiva?”.

La tesis anarquista conlleva una contradicción interna; sueña con la realización de la libertad del individuo de los otros individuos (que tradicionalmente se organizaron en instituciones de poder). Para ello promueve la eliminación de cualquier tipo de gobierno, de autoridad:

[La tradición] ha sentado sobre las ruinas de la soberanía y de la libertad de todos, las de uno, las de muchos, la de las mayorías parlamentarias, las de las mayorías populares; las sientan todavía. Su forma no ha alterado esencialmente su principio, y por esto condeno aún como tiránicos y absurdos todos los sistemas de gobierno, o lo que es igual, todas las sociedades, tales como están actualmente constituidas.

Incluso, Pi i Margall declaró que al mismo sistema republicano sólo podía aceptarlo “como una forma pasajera”. Para él, una relación “justa” entre los individuos, entre los pueblos, entre las naciones no era una relación vertical —religiosa— que ordena súbditos y autoridades; una verdadera relación de “sociedad” sólo puede basarse en un pacto social, es decir, en leyes, en normas: en el derecho.  La sociedad “es en virtud de mi consentimiento”. “El derecho, por lo tanto, lo mismo que el saber, o no existe o existe dentro de mí”. Podemos entender que la autoridad no tiene existencia propia; existe porque hay una sociedad de la cual se sirve, haciéndole creer de su preexistencia y preeminencia: “La sociedad y la autoridad, es decir, la fuerza, no puede nada sino en nuestros cuerpos, sujetos, como todo organismo, a la ley de una necesidad inevitable”. En otro momento, Pi profundiza esta deconstrucción precoz de la relación del poder y del cuerpo: “El derecho de penar, simple atributo del poder, es tan místico y tan inconsistente como el poder mismo. La ciencia no lo explica, el principio de soberanía individual lo niega”. Heredero de los ilustrados, Pi confirma la vocación de “despersonalizar” las relaciones sociales de organización, representadas anteriormente por las monarquías absolutistas —“L’État, c’est moi”, según Luis XIV—: “[Pueblo,] tus demás garantías son, no las personas, sino las instituciones”. (448)

8. EL PROGRESO DE LA HISTORIA Y LOS CAMBIOS DE PARADIGMAS

Casimiro Martí entiende que el proceso que lleva a la aceptación del pensamiento krausista se debe fundamentalmente a las condiciones sociales de un momento determinado de España:

La fatiga de la guerra civil, y la endeblez de las bases teóricas del liberalismo, dan lugar a que la corriente liberal se manifieste en España con las características del eclecticismo. Las palabras claves de la vida política durante los últimos años de la lucha civil entre carlistas y liberales, y los inmediatos que la siguieron, son «coalición, conciliación, transacción», exponente no sólo de eclecticismo, sino de manifiesta ambigüedad. [El subrayado es nuestro.]

Diferente, Pi i Margall no veía tanto el contexto concreto, la particularidad dictando sus propias reglas, escribiendo su propia historia —la circunstanciaorteguiena, la contingencia sartreana—, sino una dinámica histórica, universal, con sus leyes generales y sus reclamos inevitables. El ahora antiguo aforismo era, para él, la primera ley: lo único que permanece es el cambio. Toda idea “verdaderamente social” se transforma y se depura, inevitablemente. La historia es un ser vivo que rejuvenece sin cesar. “¿La veis degenerada?  Es que toca ya al fin de una de sus evoluciones naturales. La oís protestando con poderosa voz contra viejos abusos cometidos en su nombre?  Es que ha entrado ya en otro cuadrante de su vida”. Y enseguida una observación que demuestra su conciencia de la problemática de los significados, de los propios instrumentos de definición de las ideas y, por ende, de la historia misma: “Justicia, libertad, propiedad, gobierno, ¿qué conservan ya de la significación que en otros períodos históricos tuvieron? Cada una de estas palabras encierra en sí una historia, y hoy ya son casi la antítesis de lo que en tiempos muy antiguos fueron”.

Semejante y diferente, Sanz del Rio declaraba, tres años después, en su discurso pronunciado en la Universidad Central (1857): “miramos la tradición como una fuente de enseñanzas para las generaciones presentes, no como una norma […] que deba detener la marcha progresiva de las sociedades humanas”. No desprecia la historia, pero tampoco la acepta como regla y medida. En estas palabras vemos una voluntad conciliadora y de síntesis que caracterizó al krausismo español. Voluntad que no fue patrimonio exclusivo de éstos.

Casimiro Martí observa que también “en el interior del partido democrático, la eliminación de los resabios utópicos socializantes significó la sustitución de la influencia francesa por la alemana, que se manifestó sobre todo a través de los krausistas”. Más adelante, el mismo autor confirma la idea del krausismo en su voluntad reformista (que se opone a la idea de la “revolución necesaria” como un estado permanente del progreso de la historia): “La filosofía de los krausistas españoles, en lo que toca a la realidad social y política, es portadora de una concepción racionalista, liberal (pero no individualista sino organicista), reformistas por la vía de la evolución, y sobre todo por vías de influencia pedagógica”. Según Elías Díaz —citado por Martí—, esta inclinación del krausismo es consecuente con los intereses de la burguesía española del momento, la cual no podía estar a gusto con ninguno de los extremos: el despotismo monárquico, inmovilizador de la dinámica burguesa, y el “desorden” popular basado en las reformas abruptas.

Para Elías Díaz, las principales razones de la prevalencia de la filosofía krausista en España radican en su concordancia con la concepción del mundo y los intereses de todo tipo, propios de la burguesía liberal progresista española de la segunda mitad del siglo pasado. Entre estas concordancias, Elías Díaz destaca particularmente el afán de libertad del orden político y el intento de hacer compatible esa libertad con la defensa del orden socioeconómico basado en la propiedad privada.

9. FUNDAMENTO COSMOLóGICO: EL PANTEíSMO

El discurso de Sanz del Rio es esencialmente teológico, tradicional; no por sus ideas sobre Dios, sino por su método discursivo. Cada una de las ideas, cada una de las frases, no se deducen ni se relaciona a las anteriores ni a las posteriores sino por una profesión de fe. “Nosotros, digo otra vez, no vemos esto con nuestros ojos, pero lo sentimos más cerca, en nuestro corazón […]”. Un eclecticismo metodológico se puede observar en una especie extraña de “deducción mística”, expresada en afirmaciones de este tipo:

Aquí no se supone jamás; no se afirma más de lo que se ve directa, inmediatamente, desde la primera verdad de intuición inmediata, yo, hasta la última verdad, la intuición del ser, en la cual y por la cual existe y es posible la intuición del yo. El orden de progresión es tan circunspecto, tan rigurosamente gradual, que no es posible negar el asentimiento a cada afirmación sucesiva.

A mediados del siglo XIX, el panteísmo y sus variaciones había ganado terreno entre los  intelectuales en España. Entre estos, podría incluirse krausistas como Sanz del Rio y a otros filósofos como José Álvarez Guerra (autor de una teoría panteísta, semejante a la krausista, llamada Unidad simbólica y destino del Hombre en la Tierra, o Filosofía de la Razón, Madrid, 1837), Bonosio Piferrer (autor de El Ser y la nada, 1852) y Miguel López Martínez quien, según Guillermo Fraile, también procuró “armonizar el panteísmo con el catolicismo” en su libro Armonía del mundo racional en sus tres fases: la Humanidad, La Sociedad y la Civilización (Madrid, 1851). En el caso de Sanz del Rio, Gullermo Fraile entiende que el krausismo fue sólo una excusa —la más próxima, la que se le cruzó en el camino— en la expresión de sus ideas y sentimientos religiosos: “a los efectos religiosos probablemente hubieran sido iguales si hubiese elegido el kantismo, el hegelismo o cualquier otro”. Esta expresión, de ser acertada, estaría afirmando que más importante que la doctrina en sí fue la necesidad de recambio filosófico de la época.  Es decir, la progresiva sustitución del idealismo alemán por el positivismo francés. No obstante debemos repetir la importancia de un contexto concreto, insoslayable: la agitación entre conservadores católicos y liberales de todo tipo —republicanos, socialistas, anarquistas, etc.

También Pi i Margall se encargará de definir este aspecto religioso-metafísico en La Reacción y la Revolución. De forma explícita: “el panteísmo; es mi sistema”. Y en otro momento: “perdona, lector, si tal vez a pesar tuyo te he conducido por ese espinoso terreno metafísico. Quisiera despertar en ti una nueva creencia, y más aún que una creencia, una actividad filosófica de que por desgracia carecemos en España”. Pi i Margall no sólo suscribe el principio cartesiano de cogito ergo sum, sino que entiende que tanto el derecho como el conocimiento se realizan dentro del individuo. También la idea de Dios.

No se advierte que lo finito y lo infinito, lejos de ser contradictorios, se implican y se contienen mutuamente. No se advierte que, como lo infinito tiende necesariamente a limitarse, tiende lo finito a universalizarse y a absorberse en lo infinito […] El hombre está en Dios, Dios en el hombre.

Pero, ¿por qué esa necesidad de definir su cosmogonía, una metafísica en medio de formulaciones sociales y políticas? Simplemente porque en este momento, especialmente en España, no era posible separar política de religión. Y una cosa es fundamento y lleva a la otra. Así, irá más lejos en su crítica y en la provocación al orden social de mediados del siglo XIX: “si todo está, por consiguiente en mí, soy, repito, soberano”. Está claro que si el dogma católico es el instrumento ideológico del poder monárquico, vertical, el panteísmo —ya que no podía serlo el ateísmo— era la legitimación del individuo anárquico, que se reservaba el derecho de hablar con Dios sin intermediarios.

Al igual que lo harán los krausistas unos años después, Pi relacionará su concepción panteísta a una relación “armónica” entre el individuo y el todo (Dios): “si a algo me siento aquí obligado, es a poner en armonía la libertad con el panteísmo”. (El subrayado es nuestro.) Julián Sanz del Rio, a poco de instalado en su cátedra de la universidad en Madrid, dejó en su diario reflexiones sobre la revolución de junio de 1854, la que llamó “Restauración”. Diferente al ánimo de Pi pero bajo los mismos principios metodológicos, Sanz del Rio anotó: “el pueblo que sabe creer y no pensar, no puede sistematizar su libertad”. La creencia, llevada a la esfera social, es un reconocimiento sumiso de la revelación, de la Ley, del orden monárquico y vertical de la iglesia católica; el pensar, en cambio, exige una participación activa del individuo, obediente sólo a las reglas de un sistema racional, universal, pero nunca particular, partidario, relativo y personal. Este sistematizar será, en gran parte para el krausismo, tener la capacidad de poner en “armonía” en un todo los valores y las verdades relativas.

El panteísmo de Pi formulado en la frase —y en uso de las mismas palabras de Sanz del Rio— “como lo infinito tiende necesariamente a limitarse, tiende lo finito a universalizarse y a absorberse en lo infinito” encuentra su traducción (geo)política en la unión de las naciones soberanas, independientes. Para Pi i Margall, los individuos y las naciones se identifican bajo una misma ley humanista: “entre dos soberanos no caben más que pactos. Autoridad y soberanía son contradictorios. A la base social autoridad debe, por lo tanto, sustituirse la base social contrato. Lo manda así la lógica”. Semejantes, serán las ideas de los krausistas y las de Sanz del Rio: “Únete a Portugal —escribió éste en su diario— como un hermano a otro hermano; como los dos brazos de un pueblo que fueron separados por Alfonso VI y Felipe IV”.

En El krausismo español desde dentro, Martín Buezas transcribe las siguientes palabras del diario de Sanz del Rio, las cuales adelantan uno de los principios de los teólogos de la liberación:

En la Edad Media, en el silencio del mundo, el hombre gozaba de Dios […] Dios quiere ser hallado por el hombre en el Mundo y en las relaciones simples y dobles del mundo; pero no permite ser gozado inmediatamente con un corazón egoísta y relativamente inútil.

Y más adelante, apunta: “Vida del Clero: ociosidad; riqueza sin proporción al trabajo: influencia fácil sobre le pueblo creyente”.

Como ya anotamos, la formulación metafísica y la elección del panteísmo —cuando no el panenteísmo— serán, por un lado, un requisito de la época y, por otro, una necesidad de reforma. De forma paradójica, el credo cristiano y el credo humanista, que alguna vez estuvieron en armonía y fueron separados por la tradición eclesiástica, vuelven a encontrarse en la Modernidad para provocar una profunda crisis. De esta confrontación surgirá el conflicto armado o la síntesis armónica. El “racionalismo armónico” de Sanz del Rio es otra muestra de esta voluntad de síntesis: el racionalismo es aquí una forma del gnosticismo: se opone a la revelación, a la autoridad; es un perpetuo camino de ascenso, de perfección. Es la razón de la Ilustración sin sus pretensiones autárticas, idolátricas, laicas o ateas. “La verdad no se prueba por el número, ni se prueba por la tradición, ni se prueba por la autoridad”.

El racionalismo armónico [no lleva] al materialismo, como la negación del espíritu; ni al idealismo, como la negación del mundo exterior; ni al fatalismo, como negación de la libertad; ni al ateísmo, como la negación de Dios. El racionalismo armónico no es exclusivo, ni negativo, ni opositivo; sino que primeramente es uno, y ajo la unidad es interiormente relativo. Reconoce todos los principios constitutivos del hombre y del mundo.

Luego de definir las bases del “racionalismo armónico” y sus implicaciones metafísicas, Sanz del Rio derivará —en orden inverso al expuesto por Pi i Margall— al hecho político. Una consecuencia de estos principios será la “patria universal […] la libertad de pensamiento, de prensa, de enseñanza, de asociación”. Lo que nos recuerda a los principios revindicados por el catalán en 1854, pero a través de una “transformación gradual de las instituciones políticas”. En lo que atañe a las instituciones sociales ambos, Sanz y Pi, llegan a las mismas conclusiones aunque por caminos diferentes. También los krausistas declaran “injusta e invasora la pretensión del Estado de sujetar a su competencia e intervención toda la actividad social: la centralización como sistema de gobierno daña a la educación libre”. También en lo que tocaba a derecho natural ambas corrientes estarían de acuerdo: “todo hombre tiene derechos absolutos, imprescindibles, que derivan de su propia naturaleza, y no de la voluntad, el interés o la convención de sus semejantes”.

Aunque, en el fondo, todo pensamiento es ecléctico —como toda raza es mestiza, etc.— podemos considerar al krausismo como un movimiento ecléctico, en el sentido tradicional de la palabra. No obstante los krausistas no prefirieron este término sino otro más elegante: armónico. Su fórmula sería, según Krause, “unir sin confundir y distinguir sin separar”. Fórmula asentada en un antiguo precepto —desde Heráclito hasta Platón— que Ramón de Campoamor define como la “substancia única: lo vario es siempre aparente; lo real es invariablemente siempre uno”.

10. CONCLUSIONES

Como hemos visto en este ensayo, el krausismo no fue un movimiento revolucionario ni portador de ideas novedosas. Su vocación, desde el inicio, fue pedagógica: sustituir el sermón por la didáctica, la tradición estática por la progresión, la fragmentación por la unidad, la reacción y la revolución por el consenso. Su lectura de la realidad, su concepción cosmológica compartía con el pensamiento de Pi i Marall el idealismo alemán; ambos diferían en su lectura de esta dinámica cósmica: para los primeros la cultura era el motor de los cambios sociales y se debía actuar sobre ellos para evitar el conflicto y promover un proceso “natural” de la historia; para los otros, para Pi, los cambios infraestructurales precedían los demás cambios; la cultura, la tradición, en todo caso, significaban más un obstáculo que un beneficio para el pueblo. El espíritu krausista tendrá un continuador, en cierta forma, en la actitud de Ortega y Gasset quien hará una defensa al “derecho de continuidad”. En las mismas páginas de Faro, bajo el título “La reforma liberal”, Ortega advertirá: “Tampoco la realización del ideal necesita de la destrucción de la realidad: cambiarla es suficiente”. La voluntad del krausismo fue, en cada momento, la voluntad de síntesis debida más que a un quehacer filosófico tradicional a las condicionantes sociales de la España del siglo XIX. Es decir, a lacircunstancia orteguiana. Su fracaso fue como todo fracaso humano: relativo. Su éxito, también.

© Jorge Majfud

Lincoln University

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11. BIBLIOGRAFíA CITADA

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12. BIBLIOGRAFíA SUGERIDA

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Notas

El mismo año aparece la traducción de Sanz del Rio, del alemán, Compendio de Historia Universal, del Dr. Jorge Weber. Según Guillermo Fraile, en Historia de la filosofía española desde la Ilustración. Madrid: Biblioteca de autores cristianos, 1972, el libro de Pi i Margall “aprovecha la libertad de imprenta [y] desahoga a su gusto su sectarismo anticristiano”. (pág., 79) Éste es el estilo predominante en la literatura crítica editada en España hasta el franquismo.

José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución [1854], pág., 65.

Descalificación que, por otra parte, era el estilo público y literario de su época y que abarcó a Ortega y Gasset a su momento, cuando éste escribió elogiosamente sobre el krausismo español. Rodríguez García Loredo, en su voluminoso libro El “esfuerzo medular” del Kraussimo frente a la obra gigante de Menéndez Pelayo, censura el siguiente párrafo de Ortega y Gasset:  “Por los años 70 quisieron los krausistas, único esfuerzo medular que ha gozado España en el último silgo, someter el intelecto y el corazón de sus compatriotas a la disciplina germánica. Mas el engaño no fructificó [gracias  a “nuestro catolicismo”] (pág., 19) Y más adelante: “Puedo afirmar, sin miedo a equivocarme, que el más rudo golpe y la mayor ruptura inferidos a nuestro sublime ideal católico, a nuestra gloriosa tradición científica y a la unidad nacional de España provienen del krausismo y la “Institución libre de enseñanza”. (pág., 27) Para Rodríguez García Loredo el sistema krausista era un “panteísmo psicológico, irracional y absurdo”. (pág., 28) “¡Qué enorme atraso mental demuestra este pobre hombre!”. (pág., 28) [Sanz del Rio] Mientras que uno de los méritos de Marcelino Menéndez Pelayo consistió en “recordar a los españoles cómo la clave de su grandeza reside en la ardiente y común profesión de la fé católica, que hizo a España “una nación de teólogos armados” y un segundo “pueblo escogido para ser la espada y el brazo de Dios”. (pág., 218) Más adelante encontramos de forma explícita su posición política e ideológica: “Casi huelga decir que esos vaticinios de Menéndez Pelayo —sobre el seguimiento de España en el orden religioso, científico, etc.— comenzaron a cumplirse en el año 1936, año en que también se inició la liberadora Cruzada contra los enemigos de nuestra Religión, de nuestra historia, de nuestra ciencia, de nuestro ideario político, social, etc., etc.” (pág., 221)

Marcelino Menéndez-Pelayo. “El krausismo”. [1882] Proyecto Ensayo Hispánico, http://www.ensayistas.org

Guillermo Fraile. Historia de la filosofía española desde la Ilustración, pág., 129.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución [1854], pág., 145.

Op. cit. pág., 292.

Antonio Heredia Soriano. “El krausismo español”. Proyecto Ensayo Hispánico, http://www.ensayistas.org

Guillermo Fraile, Historia de la filosofía española desde la Ilustración pág., 68-70. A comienzos del siglo XX el panorama no era percibido de otra forma. En 1909, Ortega y Gasset había advertido que “tras una generación inepta no puede venir una generación potente, tras una generación de distraídos, sólo es posible una generación de vanidosos […] nuestro padres nos han dado ya muertas algunas partes de nuestras almas y no lograremos galvanizarlas”. (José Ortega y Gasset. Antología. Edición de Pedro Cerezo Galán. Barcelona: Península, 1991, pág. 50) Para concluir: “Hemos perdido la arcaicas virtudes y aún no hemos llegado a los gustos modernos”. (pág., 51) Pasado la mitad del siglo, en pleno Franquismo se publicará lo inverso, pero desde fuera de la perspectiva de la Modernidad, recurriendo a un discurso medieval de la época de la Reconquista. Para Rodríguez y García Loredo (El “esfuerzo medular” del Kraussimo frente a la obra gigante de Menéndez Pelayo. Oviedo, España: La Cruz, 1961, pág., 218).

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 126.

Op. cit. pág., 273. Para comprender la dinámica de las rebeliones en este momento, es necesario tener en cuenta que la constitución de 1845 establecía una clase “económicamente apta” para el disfrute de los derechos políticos. Esta aptitud estaba estratégicamente definida por “aquellos que tenían algo que perder” y que, por lo tanto, estaban “interesados en el mantenimiento del orden público”. Es decir, un sector privilegiado de propietarios. Según esta definición de ciudadanos, los que estaban aptos para intervenir en la vida política era un 1,02% (en 1858) y un 2,67% (en 1865) El número de artesanos, sirvientes y jornaleros era de algo más del 20%. Según algunos autores, ésta era una de las explicaciones para la débil base del liberalismo español que pretendía universalizar los derechos del ciudadano. (Casimiro Martí. “Afianzamiento y despliegue del sistema liberal” Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1932) Ed. Dirigida pro Manuel Tuñón de Lara, Tomo VIII. Barcelona: Editorial Labor, 1981. pág., 187-188.)

Op. cit. pág., 273.

Este partir de lo supraestructural como motor de la dinámica social e histórica, será una característica radical en el pensamiento de Ortega y Gasset quien, precisamente, escribió elogiosamente sobre el krausismo como una de las pocas fuerzas intelectuales rescatables de la España pasada. No obstante, al igual que la paradoja de igualdad y/o libertad de los individuos en sociedad, al igual que la antigua disputa entre cultura y/o infraestructura, aquí es muy difícil negar ambas o ninguna; por el contrario, parecería necesaria una nueva síntesis que reconociera una relación simbiótica entre ambas dimensiones.

Ver Benito Pérez Galdós. Los artículos políticos en la Revista de España, 1871-1872, pág., 108-109.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 13.

Las convicciones propias tienen vigencia individual. Pero las “ideas del tiempo” (Zeitgeist) pertenecen a un “sujeto anónimo”, a la sociedad, con las que debo contar; gran parte de mis propias convicciones proceden de la sociedad. En un solo momento conviven al menos tres generaciones: gracias a este “desequilibrio” la historia cambia, se mueve. («Idea de las generaciones», El tema de nuestro tiempo [1923] http://www.ensayistas.)

Op. cit. pág., 120.

Op. cit. pág., 115.

Op. cit. pág., 65.

Op. cit. pág., 271.

El primer Ortega y Gasset lo formuló así: “La conservación es un instinto, el instinto más radical: por eso hay siempre conservadores, porque es natural. Liberalismo es, por el contrario, superación de todos los instintos sociales, domesticación de la naturaleza: por eso, en el pleno sentido de la palabra, hay tan pocos liberales en España, porque el liberalismo es cultural”. José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918) Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973, pág., 68.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 274.

Op. cit. pág., 127.

Buezas, Fernando Marín. El krausismo español desde dentro. Madrid: editorial Tecnos, 1978, pág., 161.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 246.

Idem.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 273. Paradójicamente, veinte años más tarde, cuando Pi i Margall alcance la presidencia de la I República, Pérez Galdós lo acusará de autoritario. “Parece que hasta los más alborotados inclinan la frente ante el dictador, lo cual prueba que los partidos que llevan al último límite la representación, son los primeros que abdican toda iniciativa en manos de una autoridad personal”. (Benito Pérez Galdós. Los artículos políticos en la Revista de España, 1871-1872. Lexinton, KY: Dendle y Schraibman, 1982, pág., 108) El artículo original fue publicado en Revista Política, Tomo XXVI, 13 de mayo de 1872, número 101, págs. 136-146.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 274.

Op. cit. pág., 275.

Ortega y Gasset, a principios del siglo XX, ejemplificaba este punto de la siguiente forma y (todavía) desde un punto de vista “revolucionario-liberal”, semejante al de Pi y que perderá más tarde: “Cree el liberalismo que ningún régimen social es definitivamente justo: siempre la norma o la idea de justicia reclama un más allá, un derecho humano aún no reconocido y que, por tanto, trasciende, rebosa de la constitución escrita. […] El derecho a transformar las constituciones es un derecho sobreconstitucional, no es un derecho escrito. […] a ese derecho sobreconstitucional que es a su vez un sagrado deber, llamo revolución”. (José Ortega y Gasset.Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918) Madrid: Ediciones de la Revista de Occidente, 1973. pág., 25)

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 447.

Op. cit. pág., 115.

Op. cit pág., 249.

Op. cit. pág., 251.

Ver ensayo de Ribera, Ricardo. Proyecto Ensayo Hispánico, “Romero y Ellacuría:
el santo y el sabio” http://www.ensayistas.org.

Op. cot. pág., 267.

Idem.

Una problematización de este punto se puede encontrar en Josep Conangla i Fontanilles.Cuba y Pi y Margall. La Habana 1947.

Ver Antoni Juglar. Pi i Margall y el federalismo español. Madrid: Tesaurus, 1975 e Isidre Moles. Ideario de Pi y Margall. Madrid: Península, 1996.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 270.

Idem.

Op. cit. pág., 167.

Op. cit. pág., 268.

Op. cit. pág., 274.

Op. cit. pág., 279.

Op. cit pág., 280.

Julián Sanz del Rio. Ideal de la humanidad para la vida. [1860] Proyecto Ensayo Hispánico, http://www.ensayistas.org

Julián Sanz del Rio. Ideal de la humanidad para la vida. http://www.ensayistas.org

Idem.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 115.

Op. cit. pág., 116.

Op. cit. pág., 121.

Op. cit. pág., 127.

Para una ampliación documentada de la situación socioeconómica de este momento, verHistoria de España. Dirigida por el profesor Manuel Tuñón de Lara. Tomo VIII. Barcelona: Editorial Labor, 1981.

Op. cit. pág., 273.

Idem.

Antonio Heredia Soriano. “El krausismo español”. http://www.ensayistas.org

Ver C.A.M Hennessy. The Federal Republic in Spain; Pi y Margall and The Federal Republican movement, 1868-74. Oxford: Charleston Press, 1962.

Julián Sanz del Rio. Ideal de la humanidad para la vida. [1860] Proyecto Ensayo Hispánico, http://www.ensayistas.org

Casimiro Martí. “Afianzamiento y despliegue del sistema liberal”. Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1932) Ed. Dirigida pro Manuel Tuñón de Lara, Tomo VIII. Barcelona: Editorial Labor, 1981. pág., 177. Años después, Ortega y Gasset pasará por sus propias revoluciones y reacciones personales. En La rebelión de las masas escribirá pensamientos o impresiones de este tipo: “[Antes] ciertos placeres de carácter artístico y lujoso, o bien las funciones de gobierno y de juicio político sobre los asuntos públicos […] eran ejercidas estas actividades especiales por minorías calificadas —calificadas, por lo menos en pretensión—. La masa no pretendía intervenir en ellas: se daba cuenta de que si quería intervenir tendría, congruentemente, que adquirir esas dotes especiales y dejar de ser masa. Conocía su papel en una saludable dinámica social.”. (José Ortega y Gasset. La rebelión de las masas. Madrid: Colección Austral, 1958, pág., 39) Más de diez años antes, en 1916, en las páginas de El Espectador el mismo Ortega, después de abandonar sus pretensiones socialistas y revolucionarias, había escrito, con nostalgia: “[Antes] el hombre del pueblo […] cuando veía pasar una duquesa en su carroza se extasiaba, y le era grato cavar la tierra de un planeta donde se ven, por veces, tan lindos espectáculos transeúntes”. Recurriendo a las lecturas de Nietzsche sobre el resentimiento —ressentiment, como aquel que niega las cualidades de las que carece—, Ortega concluye con un romanticismo pastoril: antes, “el hombre de pueblo no se despreciaba a sí mismo: se sabía distinto y menor que la clase noble; pero no mordía su pecho el venenoso ‘resentimiento’”. (José Ortega y Gasset. El Espectador (Antología). Selección y prólogo de Paulino Garragorri. Madrid: Alianza Editorial, 1980, pág., 35.) Los subrayados son nuestros.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 116.

Mª Victoria Alberola Fioravanti. La revolución de 1869 y la prensa Francesa. Madrid: Editora Nacional, 1973, pág., 15.

Op. cit. pág., 127. No obstante, Fioravanti cuestiona que aquello que se consideraba “libertad de conciencia”, por entonces, no era más que “libertad de imprenta”. (pág., 146)

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 450.

Julián Sanz del Rio. “Discurso pronunciado en la Universidad Central. Inauguración del año académico de 1857 a 1858” [1857]. http://www.ensayistas.org

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 120.

Op. cit. pág., 252. Aquí podemos entender “pensamiento colectivo” como “tradición”.

Idem.

Op. cit. pág., 248.

Op. cit pág., 273.

Sin definir este término —¿qué es justicia?— se mantiene indefinida toda la teoría que se sirve de él. La teoría usa este concepto preestablecido en parte por una tradición determinada y, al mismo tiempo, la redefine (De este problema ya nos ocupamos en nuestro bosquejo de una teoría de los Campos Semánticos) Es decir, el corolario usa un axioma como base y punto de partida de una teoría —aquí estoy usando el modelo de los teoremas matemáticos—, pero no tiene otra opción que modificarlo en su propia formulación. Ninguna teoría humanística puede escapar alguna vez a este círculo relativo.

Op. cit. pág., 148.

Op. cit. pág., 250.

Como el valor del dinero, es simbólico; no depende más del acreedor que del deudor que reconoce este valor, esta relación.

Op. cit. pág., 251.

Op. cit. pág., 260.

Op. cit pág., 448.

Casimiro Martí. Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1932), pág., 204.

“En un solo hombre se manifiesta cada una de las infinitas evoluciones del espíritu”. (pág., 251)

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 122. Estos son otros ejemplos que Ortega y Gasset reformulará y presentará como propios: (1) cada generación es como una caravana. Dentro de una carreta va el hombre prisionero pero secretamente voluntario y satisfecho. De vez en cuando se ve cruzar otra caravana de perfil extranjero, enloquecida: es otra generación: (2) por otra parte, la observación de Pi sobre el lenguaje y las palabras también coinciden con las presentadas por Ortega en la misma conferencia de 1933: la ventaja del lenguaje consiste en ofrecer un soporte material al pensamiento; pero, al mismo tiempo, lleva con ello una desventaja: tiende a suplantarlo. (Generación, Ensayo)

Julián Sanz del Rio. “Discurso pronunciado en la Universidad Central” [1857]. http://www.ensayistas.org

Casimiro Martí. Revolución burguesa, oligarquía y constitucionalismo (1834-1932), pág., 205.

Op. cit. pág., 205.

Idem.

Guillermo Fraile. Historia de la filosofía española desde la Ilustración, pág., 131.

Guillermo Fraile. Historia de la filosofía española desde la Ilustración, pág., 83.

Op. cit. pág., 129.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 283.

Op. cit. pág., 292.

Op. cit. pág., 290.

Op. cit. pág., 251.

Op. cit. pág., 292.

Fernando Marín Buezas. El krausismo español desde dentro, pág., 160.

Guillermo Fraile. Historia de la filosofía española desde la Ilustración, pág., 132.

Franciso Pi i Margall. Reacción y revolución, pág., 146.

Fernando Marín Buezas. El krausismo español desde dentro, pág., 161.

Op. cit. pág., 125.

Op. cit. pág., 135.

Campoamor llamaba a los krausistas “los caballeros de la lenteja” (Revista Europea, Nº 62, 9 de mayo de 1875 y nº 65, del 23 de mayo; Nº 73, del 18 de julio), en referencia a la metáfora usada por Sanz del Rio para explicar la idea del panenteísmo, según la cual la humanidad era la síntesis perfecta entre la naturaleza y el espíritu. Según Campoamor, los krausistas han hecho retroceder cien años por lo menos la educación filosófica de España” (Fraile, 123). Lo cual, visto desde la perspectiva franquista es estrictamente cierto.

Julián Sanz del Rio. “Racionalismo armónico, definición y principios” [1860] http://www.ensayistas.org

Idem.

No es extraño que aún los socialistas del siglo XIX simpatizaran más con los anarquistas y liberales que con una “dictadura del proletariado”: el Estado era la representación de la opresión; y en la propuesta que se materializaría en el siglo XX esta alternativa no sería más liberadora que opresora.

Idem.

José Luis Gómez-Martínez. “Panenteísmo”. Proyecto Ensayo Hispánico. http://www.ensayistas.org

José Ortega y Gasset. Vieja y nueva política. Escritos políticos, I (1908/1918), pág. 29.

Fatwa, Shari’a y la guerra de los sordos

Benin city in the 17th century.¿Hasta cuándo resistirá la Humanidad que se la asesine todos los días? Podemos ser irracionales la mayor parte de nutras vidas, pero nunca podemos permitirnos ese lujo o debilidad cuando estamos juzgando a otro y mucho menos cuando su vida depende de ese juicio. El silencio nos convertirá en el árbol que sostenga a los inocentes asesinados por la Ley

En otras oportunidades hemos recordado algunas de las interminables contradicciones de las ortodoxias y de las ortopraxias —ambas son, por lo menos, incompatibles. En nuestras propias culturas y sociedades, en nuestras propias historias y en nuestros presentes descubrimos caudales inagotables de crueldad y de hipocresía. No hay diálogo sin el Otro, y en el otro también descubrimos —era inevitable— tantas virtudes como abominables defectos, tanta incomprensión ajena como la hay en nosotros. Y lo que es peor: sordera. La Globalización no ha mitigado ese desconocimiento sino que lo ha agravado en muchos aspectos, porque la comprensión y el conocimiento no llegan necesariamente con los medios de comunicación sino con la comunicación entre los pueblos y entre los individuos. Cuando en África sonó el primer tambor para comunicar intenciones ajenas, éste facilitó la información a distancia, pero también la traición y la guerra: la destrucción del otro(1). Y esa comprensión del otro hoy está más amenazada, como puede estarlo el grito de un niño en un estadio de fútbol: se le ha otorgado el derecho de gritar sus verdades y sus angustias, pero ya nadie puede escucharlo en medio del griterío.

En rigor, no podemos conocer algo que previamente deformamos en el proceso de conocimiento. Esto sucede en la ciencia que se ocupa de las escalas infinitesimales, pero a escala humana no es inevitable. Por suerte, en nuestra escala humana todo, o casi todo, se puede cambiar, y esa es la gran tarea cuando nos enfrentamos a nuestras propias contradicciones y a las ajenas también.

También en el otro descubrimos brutales arbitrariedades. O lo que es peor: defectuosas virtudes, verdaderos monstruos celestiales. Como, por ejemplo, alguna vez recordamos y escribimos algunas líneas sobre la negativa del ayatolá Jomeini de mirar por la ventanilla del auto que lo llevaba desde el aeropuerto de París a su casa en el exilio, para evitar contaminarse con el corrupto Occidente que en ese mismo instante lo protegía de su propio gobierno. O su posterior condena a muerte al autor de un libro que nunca había leído, por supuesto, ya que ofendía a Dios. Siguiendo con ejemplos islámicos (Occidente los tiene también, y a montones) habíamos recordado que la frase de Mahoma que los mahometanos radicales más gustan olvidar es aquella que previene que “la tinta del sabio es más valiosa que la sangre del mártir”. Este deliberado olvido se hizo trágico en Argelia, cuando los más radicales islamistas advirtieron que “todo aquel que viva de la pluma morirá por la espada”. Y también pasaron de la letra a la acción. Esto, en rigor, es teología clásica; como no se pueden cambiar las escrituras, se interpreta: allí donde dice “blanco”, en realidad quiere decir “negro”. Con esta nueva interpretación, los fundamentalistas lograron destruir lo que sus antecesores habían construido en sus años de apogeo económico, religioso y cultural.

Para no quedarse atrás en este extraño proceso de santificación, recientemente y con motivo del concurso de Miss Mundo que se debía celebrar en Nigeria, la periodista Isioma Daniel fue condenada a muerte por un artículo en el cual expresaba que Mahoma hubiese elegido una de sus esposas entre las concursantes. No es necesario detenernos a probar que la posibilidad es alta. Esto no hace al centro del problema. Lo que no podemos dejar de contar son los doscientos muertos que dejaron los incidentes y, quizá más importante aún, la condena arbitraria de una persona por sus opiniones. ¿No fue el propio Mahoma, como Jesús, un perseguido por sus expresiones?

Por desgracia, del pasado imperio islámico, tolerante y humanista, conservador y renovador de las artes y las ciencias en los tiempos de la fanática Edad Media europea, apenas quedan escombros, y todos sirven para ser arrojados contra el pasado y contra el futuro por igual. Lo cual es, a todas luces, más una reacción contra Occidente –un Occidente que también tiene las manos teñidas de sangre– que una construcción propia. En Nigeria, por ejemplo, la “Shari’a” se impuso recién en el año 1999, en algunos estados del norte. Según este riguroso conjunto de leyes religiosas, el adulterio se paga con la lapidación y la opinión, aparentemente, con la “fatwa” de muerte. En esta situación se encuentran aún varios hombres y mujeres, entre las cuales la más conocida de los últimos meses fue el caso de Amira Lawal. Amira fue condenada a morir bajo una lluvia de piedras luego de dar el pecho a su hijo, prueba, inocente e irrefutable, del delito imputado a su madre divorciada. Por suerte, Amnistía Internacional logró presentar, ante el gobierno de Nigeria, una carta en oposición a tan salvaje condena, firmada por más de un millón de personas de todo el mundo, lo que persuadió a las autoridades para suspender lo que no se puede llamar ajusticiamiento, sino tortura primitiva o sadismo refinado en nombre de Dios. Sin embargo, este Código Sexual seguirá vigente. Como Amira, muchos hombres y muchas mujeres serán condenadas a morir bajo una lluvia de piedras, no arrojadas desde el cielo sino desde las manos de verdugos, cada uno de los cuales se considerará a sí mismo extensión de la mano de la justicia divina. Y todo por alguno de esos “delitos” sexuales que deberían ser jurisdicción exclusiva de Dios o de la privacidad del individuo. Claro, se podrá decir que también un hombre que mata a su mujer por celos (o viceversa) está cometiendo un crimen. De acuerdo. Pero, en todo caso, su acto es pasional e ilegal, y su drama afectará a su entorno, no mucho más. Sin embargo, cuando se ejecuta a una persona bajo una lógica del absurdo, rica en arbitrariedades y en contradicciones institucionalizadas, no sólo se está asesinando a una persona concreta sino a toda la dignidad humana y, por lo tanto, estamos ante la presencia de un crimen universal.

Se me podrá decir que en Estados Unidos y en China también existe la pena de muerte, y lo sé. Pero no distraigamos la discusión. También yo estoy totalmente en contra de la pena de muerte, ya sea en una silla eléctrica o bajo una lluvia de piedras. Mi razonamiento es simple: primero están los principios, y al final también. Y el primero de los principios será siempre la protección de la vida, o dejaremos de discutir cuando ya no haya humanidad. Luego, en apoyo a los principios elementales, existe una serie de principios más complejos y, por lo tanto, más difíciles de advertir. Por ejemplo, existe un principio elemental que es el principio de no-contradicción. Podemos ser irracionales la mayor parte de nutras vidas, pero nunca podemos permitirnos ese lujo o debilidad cuando estamos juzgando a otro y mucho menos cuando su vida depende de ese juicio.

Ahora, ¿por qué en este artículo me ocupo de Amira y de Isioma, cuando cada día mueren miles de niños de hambre o bajo el aséptico bombardeo de algún gobierno de turno? Porque de “los nuestros” nos ocupamos con frecuencia; porque no sólo estas mujeres aún no han muerto, no sólo porque aún se las piensa matar, sino también porque en este proceso se violan los principios más elementales sobre los cuales se construye cualquier forma de humanidad. Y, sobre todo, porque los crímenes de unos no justifican ni mitigan los crímenes de los otros. En esa trágica escalera de deducciones y contradicciones, se termina por negar y destruir lo que al comienzo era el objeto y el propósito de toda Ley. Así, se fabrican armas para proteger la Paz, se asesina para proteger la Vida, se persigue, se encarcela y se tortura para proteger la Libertad, se insulta a la razón y se impone la arbitrariedad religiosa para alcanzar la Justicia Humana… Uno de estos principios, tal vez uno de los más tímidos y vulnerables, dice que para llevar a cabo un acto de tamaño significado, como lo es el enjuiciamiento de un ser humano, se debe proceder con un mínimo de racionalidad. Y muchos saben que no soy un racional empedernido ni pongo a mi cultura ni a mis costumbres por encima de las otras que me son ajenas. Todo lo contrario. Entonces, ¿de qué “razón” estoy hablando?

Por lo general, las Sagradas Escrituras son arbitrarias. Y esta arbitrariedad no las descalifica cuando procede de una divinidad superior a la razón humana. Sin embargo, un juez o un teólogo que se arrogase la misma arbitrariedad en sus procedimientos estaría cometiendo, por lo menos, blasfemia o usurpación del poder divino. La única posibilidad que le queda es el camino de la racionalidad, aunque parta de principios arbitrarios, de la misma forma que un jugador de ajedrez procede con un razonamiento racional sin quebrantar las reglas de juego que, desde su fundación, son arbitrarias. Ahora, ¿a dónde quiero llegar?

Sabemos que para cualquier musulmán, Cristo es uno de los principales profetas, y que el Nuevo Testamento es uno de sus principales libros sagrados, que pueden estar después que el Corán en importancia pero que lo preceden y le dan sustento histórico y religioso. Sin embargo, de la misma forma que el cristianismo se basó siempre en las palabras de Cristo y en los Libros Sagrados para hacer precisamente todo lo contrario, en cada “fatwa” se repite la misma trágica historia. Me refiero a aquel momento superior de las Escrituras, cuando los maestros de ley y los fariseos arrastraron hasta Jesús a una mujer condenada a muerte. (San Juan 8, 3-11). Interrogados por el motivo, los judíos de la época argumentaron que aquella mujer había cometido adulterio y que, por lo tanto, debía morir bajo una lluvia de piedras, según las leyes dictadas por Moisés. Fue entonces cuando Jesús profirió esa frase que a diario se la usa casi vacía de significado: “el que esté libre de culpa que arroje la primera piedra”. Obviamente, todos se retiraron, ya que alguien que afirmara estar limpio de culpas estaría cometiendo una falta doble: la mentira y la soberbia. Cuando Jesús estuvo solo con la mujer adúltera, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los hombres que te trajeron? Ninguno te ha condenado. Yo tampoco te condeno”.

Está claro que no necesito explicar la metáfora. El que tenga ojos que la lea; el que tenga cabeza que la use. Es más; ni siquiera es necesario tomarla como metáfora. Probablemente, haya sido un hecho real y aleccionador para el resto de la humanidad, hasta el final de sus días sobre la faz de la Tierra. En el caso de Nigeria ni siquiera es necesario cambiar la palabra “piedra” por otra cosa, ni “mujer adúltera” por otra persona. No es necesario cambiar nada. Lo único que se necesita es un poco más de respeto por la humanidad toda. Lo único que necesitamos es poner a Dios en el cielo y a los hombres en la tierra y no confundir los roles que luego producen seres híbridos, deformaciones monstruosas, con barba o pulcramente afeitados, con túnicas o con uniformes, con corbatas o con polleras, como dioses mezquinos o como hombres que se creen dioses. Sin duda, la lección del nazareno es doble: ante la mujer condenada a muerte, Jesús no sólo recuerda la imperfección del resto de los hombres, sino -y aquí radica lo más importante- también deja en claro que la racionalidad debe ser el agente que revise y cambie las leyes preestablecidas, aunque éstas posean un origen divino.

Compañeros de viaje: aunque el absurdo y la injusticia nos abrumen, no debemos rendirnos. Denunciemos estas trágicas contradicciones y juicios arbitrarios, provengan de donde provengan, ya sea desde el Este o desde el Oeste, desde el Norte o desde el Sur, desde Arriba o desde Abajo. O nuestra existencia no tendrá mejor significado que el de un árbol que otros usan para ahorcar a un inocente.

Montevideo

4 de diciembre de 2002

Bitácora / La República (Uruguay)

Ο δεκάλογος κατά του ανθρωπισμού

Painting "Humanism and the Technology"

Image via Wikipedia

Diez azotes contra el humanismo (Spanish)

Monthly Review
MR II

Ο δεκάλογος κατά του ανθρωπισμού

Translated by Eleni Alexopoulou

του ΧΟΡΧΕ ΜΑΧΦΟΥΝΤ*
Χόρχε Μαχφούντ
Τεύχος Νο 30
Αρχική Δημοσίευση: MRZine, 6 Μαρτίου 2007

Μετάφραση: Νίκος Παπαπολύζος

Μια δευτερεύουσα παράδοση στη συντηρητική σκέψη είναι ο ορισμός του διαλεκτικού αντιπάλου ως πνευματικά ανεπαρκούς και ηθικά επιλήψιμου. Καθώς αυτό ποτέ δεν συγκροτεί επιχείρημα, το ξέσπασμα συγκαλύπτεται από κάποια ανακόλουθη και ταυτολογική συλλογιστική, ίδιον της μεταμοντέρνας σκέψης στην πολιτική προπαγάνδα. Δεν είναι τυχαίο που στη Λατινική Αμερική άλλοι συγγραφείς αναπαράγουν το παράδειγμα των ΗΠΑ με βιβλία όπως το Manual del perfecto idiota latinoamericano [Εγχειρίδιο για τον τέλειο Λατινοαμερικανό ηλίθιο] (1996) ή καταρτίζοντας λίστες σχετικά με τους «Los diez estúpidos más estúpidos de América Latina» [Οι δέκα πιο βλάκες από τους βλάκες της Λατινικής Αμερικής]. Λίστες που συνήθως έχουν στην κορυφή τον φίλο μας, τον φοίνικα Εντουάρδο Γκαλεάνο, ο οποίος απαντά με αβρή αδιαφορία• τον έχουν σκοτώσει τόσες πολλές φορές που έχει συνηθίσει να ξαναγεννιέται.

Κατά κανόνα, οι λίστες των δέκα βλακωδέστερων ανθρώπων στις Ηνωμένες Πολιτείες τείνουν να φιλοξενούν στην κορυφή διανοούμενους. Η εξήγηση για αυτή την ιδιοτυπία δόθηκε κάμποσο καιρό πριν από έναν αξιωματικό του στρατού της τελευταίας αργεντινής δικτατορίας (1976–1983), ο οποίος παραπονέθηκε στις τηλεοπτικές κάμερες για τους διαδηλωτές που έκαναν πορεία στους δρόμους του Μπουένος Άιρες: «Δεν υποπτεύομαι τους εργαζόμενους, γιατί είναι πάντα απασχολημένοι με τη δουλειά τους. Υποπτεύομαι τους φοιτητές γιατί, έχοντας τόσο πολύ ελεύθερο χρόνο, τον καταναλώνουν στη σκέψη. Και όπως γνωρίζετε, κε δημοσιογράφε, η υπερβολική σκέψη είναι επικίνδυνη». Κάτι που ήταν συνεπές προς το προηγούμενο εγχείρημα του στρατηγού Ονγκανία[1] (1966–1970): την εκδίωξη όλων των διανοουμένων ώστε να λυθούν τα προβλήματα της Αργεντινής.

Σχετικά πρόσφατα, ο Νταγκ Χάγκιν, στο διάσημο τηλεοπτικό πρόγραμμα Dave’s Top Ten, παρασκεύασε τη δική του λίστα των Δέκα Πιο Βλακωδών Αριστερών Ιδεωδών. Αν προσπαθήσουμε να δούμε το πρόβλημα χωρίς την απλούστευση που προσφέρει η πολιτική ετικέτα, θα αντιληφθούμε ότι κάθε κατηγορία ενάντια στους λεγόμενους αριστερούς των ΗΠΑ στην πραγματικότητα αποτελεί επίθεση σε διάφορες ανθρωπιστικές αρχές.

10. Περιβαλλοντισμός.

Σύμφωνα με τον συγγραφέα, οι αριστεροί δεν σταματούν σε ένα λογικό επίπεδο προστασίας του περιβάλλοντος.

Προφανώς ο ορισμός του τι είναι ή δεν είναι λογικό εξαρτάται από τα οικονομικά συμφέροντα της στιγμής. Όπως κάθε συντηρητικός, ασπάζεται την ιδέα ότι η θεωρία της παγκόσμιας υπερθέρμανσης είναι μόνο μια θεωρία, όπως η θεωρία της εξέλιξης: δεν υπάρχουν αποδείξεις ότι ο Θεός δεν δημιούργησε τους σκελετούς των δεινοσαύρων και των άλλων ειδών και μετά τους σκόρπισε τριγύρω, απλά για να συγχύσει τους επιστήμονες και να δοκιμάσει την πίστη τους. Η συντηρητική νοοτροπία, ηρωικά αμετακίνητη, αδυνατεί να φανταστεί ότι οι ωκεανοί μπορεί να υπόκεινται στην εξέλιξη, πέρα από ένα λογικό επίπεδο.

9. Για να μεγαλώσεις ένα παιδί χρειάζεσαι μια κοινότητα.

Ο συγγραφέας το αρνείται: το πρόβλημα είναι ότι οι αριστεροί πάντοτε σκέφτονταν συλλογικά. Εφόσον δεν πιστεύουν στον ατομικισμό, θεωρούν ότι η εκπαίδευση των παιδιών πρέπει να λαμβάνει χώρα μέσα στην κοινωνία.

Αντιθέτως, η αντιδραστική σκέψη πιστεύει περισσότερο στη μονάδα, στον κοινωνικό αυτισμό, παρά στον ύποπτο ανθρωπισμό. Κατά το σκεπτικό μεσαιωνικού αριστοκράτη, ένας πλούσιος άνθρωπος μπορεί να είναι πλούσιος εν μέσω εξαθλίωσης, ένα παιδί μπορεί να γίνει ηθικός άνθρωπος και να εισέλθει στον παράδεισο χωρίς να μολυνθεί από τις αμαρτίες της κοινωνίας. Η κοινωνία, οι μάζες, χρησιμεύουν μόνο για να επιτρέψουν στον ηθικό άνθρωπο να επιδείξει τη συμπόνια του δωρίζοντας στους έχοντες ανάγκη αυτά που του περίσσεψαν – αφαιρώντας τα από τους φόρους του.

8. Τα παιδιά δεν μπορούν να χειριστούν το στρες. Εξού και δεν πρέπει να τα διορθώνουν οι δάσκαλοι με κόκκινο μελάνι, ή δεν πρέπει να έρχονται αντιμέτωπα με τις ωμότητες της ιστορίας.

Ο συγγραφέας σωστά παρατηρεί ότι το να δουν κάτι δυσάρεστο ως νήπια προετοιμάζει τα παιδιά για ένα κόσμο που δεν είναι ευχάριστος. Παρ’ όλα αυτά, κάποιοι συμπονετικοί συντηρητικοί υπερβάλλουν λίγο όταν ντύνουν τα παιδιά τους με στρατιωτικές στολές και τους δίνουν παιχνίδια που, αν και ρίχνουν μόνο ακτίνες λέιζερ, μοιάζουν πάρα πολύ με όπλα ακτίνων λέιζερ που ρίχνουν άλλου είδους βλήματα σε παρόμοιους στόχους (και σε μαύρους ανθρώπους).
7. Ο ανταγωνισμός είναι κακός.

Για τον συγγραφέα, όχι: το γεγονός ότι κάποιοι κερδίζουν σημαίνει ότι άλλοι χάνουν, όμως αυτή η δυναμική μάς οδηγεί στη μεγαλοσύνη.

Δεν εξηγεί κατά πόσο υφίσταται εδώ το «λογικό όριο» για το οποίο μίλησε πριν, ή κατά πόσο αναφέρεται στη μισητή ιστορία της εξέλιξης, που θέλει τον ισχυρότερο να επιβιώνει στον πρωτόγονο κόσμο. Ούτε και ξεκαθαρίζει σε ποια μεγαλοσύνη αναφέρεται – σε αυτή του σκλάβου στην ευημερούσα βαμβακοφυτεία ή στο μέγεθος της φυτείας; Δεν λαμβάνει υπόψη, φυσικά, κανένα είδος κοινωνίας που να βασίζεται στην αλληλεγγύη, να έχει απελευθερωθεί από τη νεύρωση του ανταγωνισμού.

6. Η υγεία είναι δικαίωμα του πολίτη.

Όχι για τον συγγραφέα: η υγεία αποτελεί προσωπική ευθύνη.

Σε αυτό το επιχείρημα αρέσκονται όσοι αρνούνται την ανάγκη για καθολικό σύστημα υγείας, αλλά την ίδια στιγμή δεν προτείνουν ιδιωτικοποίηση της αστυνομίας και ακόμη περισσότερο του στρατού. Κανείς δεν πληρώνει την αστυνομία μόλις καλέσει το 100, κάτι που είναι λογικό. Αν κάποιος μας επιτεθεί και μας πυροβολήσει στο κεφάλι, δεν θα πληρώσουμε τίποτα για τη σύλληψή του, όμως αν είμαστε φτωχοί, και θέλουμε οι γιατροί να μας σώσουν τη ζωή, θα καταλήξουμε χρεοκοπημένοι. Συμπεραίνει κανείς ότι, σύμφωνα με αυτή τη λογική, ένας κλέφτης που ληστεύει ένα σπίτι αντιπροσωπεύει μια κοινωνική ασθένεια, αλλά μια επιδημία δεν είναι τίποτα περισσότερο από ένα μάτσο ανεύθυνα άτομα που δεν επηρεάζουν την υπόλοιπη κοινωνία. Ποτέ βεβαίως δεν λαμβάνεται υπόψη ότι η συλλογική αλληλεγγύη είναι μια από τις υψηλότερες μορφές ατομικής ευθύνης.

5. Ο πλούτος είναι βδέλυγμα.

Σύμφωνα με τον συγγραφέα, οι αριστεροί θέλουν να ποινικοποιήσουν την επιτυχία των πλουσίων και να τους επιβάλουν φόρους, ούτως ώστε να δώσουν τον πλούτο τους στην ομοσπονδιακή κυβέρνηση για να τον χρησιμοποιήσει ανεύθυνα, βοηθώντας αυτούς που δεν είναι τόσο επιτυχημένοι.

Με άλλα λόγια, οι εργαζόμενοι οφείλουν το καθημερινό ψωμί τους στους πλούσιους. Το να κερδίζεις τα προς το ζην με τον ιδρώτα του προσώπου σου είναι η τιμωρία σου από αυτούς τους επιτυχημένους ανθρώπους που δεν έχουν ανάγκη να εργαστούν. Υπάρχει λόγος που η σωματική ομορφιά έχει ιστορικά συσχετιστεί με τις μεταβαλλόμενες, αλλά πάντοτε νωχελικές, συνήθειες της αριστοκρατίας. Υπάρχει λόγος που στον ευτυχισμένο κόσμο του Ουώλτ Ντίσνεϋ δεν υπάρχουν εργαζόμενοι. Η ευτυχία είναι κρυμμένη σε κάποιο σεντούκι με χρυσά νομίσματα. Για τον ίδιο λόγο, είναι αναγκαίο να μην χαραμίζονται λεφτά από φόρους στην εκπαίδευση και την υγεία. Τα εκατομμύρια που ξοδεύονται σε στρατούς ανά τον κόσμο δεν μας προβληματίζουν επειδή αποτελούν μέρος των επενδύσεων που τα κράτη κάνουν με υπευθυνότητα, για να διατηρήσουν την επιτυχία των πλουσίων και το όνειρο των φτωχών για δόξα.

4. Υπάρχει αχαλίνωτος ρατσισμός που θα διορθωθεί μόνο με την ανεκτικότητα.

Όχι: οι αριστεροί βλέπουν τις φυλετικές σχέσεις μέσα από το πρίσμα του πεσιμισμού. Όμως το θέμα της φυλής δεν απασχολεί τους περισσότερους από εμάς, απασχολεί μόνον εκείνους.

Σαν να λέμε δηλαδή, όπως με το εφεύρημα της παγκόσμιας υπερθέρμανσης, ότι αν ένας συντηρητικός δεν έχει στο μυαλό του κάτι ή κάποιον, αυτό το κάτι ή ο κάποιος δεν υπάρχουν. Οι Δε Λας Κάσας, Λίνκολν και Μάρτιν Λούθερ Κινγκ πολέμησαν ενάντια στο ρατσισμό γιατί ήταν αδαείς. Αν οι ανθρωπιστές σταματούσαν να σκέφτονται τον κόσμο θα ήμασταν ευτυχέστεροι, επειδή ο πόνος των άλλων δεν θα υπήρχε, ούτε θα υπήρχαν άκαρδοι ληστές που κλέβουν από τους συμπονετικούς πλούσιους.

3. Έκτρωση.

Για να αποφύγουν την προσωπική ευθύνη, οι αριστεροί υποστηρίζουν την ιδέα της φόνευσης του αγέννητου.

Ο μαζικός φόνος των ήδη γεννημένων αποτελεί επίσης μέρος της ατομικής ευθύνης, σύμφωνα με την τηλεοπτικά μεταδιδόμενη δεξιά σκέψη, αν και κάποιες φορές αποκαλείται ηρωισμός και πατριωτισμός. Μόνο όταν ωφελεί το σπίτι μας. Αν κάνουμε λάθος που καταπιέζουμε ένα λαό, αποφεύγουμε την ευθύνη μιλώντας για την έκτρωση. Ένα διπλό ηθικό παζάρι, βασισμένο σε ηθική δύο μέτρων και δύο σταθμών.

2. Τα όπλα είναι φαύλα.

Οι αριστεροί μισούν τα όπλα και μισούν όσους θέλουν να αυτοπροστατευθούν. Σε αντίθεση, οι αριστεροί πιστεύουν ότι αυτή την προστασία θα έπρεπε να την παρέχει το κράτος. Και πάλι, δεν θέλουν να αναλάβουν ευθύνη για τον εαυτό τους.

Σαν να λέμε, οι βιαιοπραγούντες, οι ανήλικοι συμμορίτες, οι μαθητές που πυροβολούν στα λύκεια, οι έμποροι ναρκωτικών και οι λοιποί γκάγκστερ ασκούν το δικαίωμά τους να υπερασπίζονται το συμφέρον τους, το ατομικό και επιχειρηματικό. Κανείς άλλωστε δεν αμφισβητεί το κράτος και δεν πιστεύει στη δική του ευθύνη περισσότερο από αυτούς. Εξυπακούεται λοιπόν ότι οι στρατοί, σύμφωνα με το παραπάνω σκεπτικό, αποτελούν το βασικό στοιχείο της υπεύθυνης άμυνας που διεξάγεται από το ανεύθυνο κράτος.

1. Ο κατευνασμός του κακού εξασφαλίζει την ειρήνη.

Οι αριστεροί πάντοτε θέλησαν να κατευνάσουν τους Ναζί, τους δικτάτορες και τους τρομοκράτες.

Η σοφία του συγγραφέα δεν φτάνει στο σημείο να λάβει υπόψη ότι πολλοί αριστεροί ήταν συνειδητά υπέρ της βίας, και ως παράδειγμα θα αρκούσε να θυμηθούμε τον Ερνέστο Τσε Γκεβάρα – μολονότι αντιπροσωπεύει τη βία του σκλάβου μάλλον, παρά του αφέντη. Είναι αλήθεια, οι συντηρητικοί δεν έχουν κατευνάσει δικτάτορες: στη Λατινική Αμερική τουλάχιστον, τους εξέθρεψαν. Στην τελική, οι δικτάτορες υπήρξαν πάντοτε φίλοι των όπλων και μάλιστα έκλειναν πολύ καλές συμφωνίες στο όνομα της ασφάλειας. Οι Ναζί, οι δικτάτορες και οι τρομοκράτες κάθε είδους, έτσι όπως ρέπουν προς την ιδεολογική υπεραπλούστευση, θα συμφωνούσαν επίσης με το τελευταίο κομμάτι στη συλλογιστική της λίστας: «Οι αριστεροί δεν καταλαβαίνουν ότι κάποιες φορές η βία είναι η μόνη λύση. Το Κακό υπάρχει και πρέπει να εξαρθρωθεί». Και, τέλος: «Θα το σκοτώσουμε [το Κακό], ή αυτό θα σκοτώσει εμάς, είναι τόσο απλό. Θα σκοτώσουμε το Κακό, ή το Κακό θα σκοτώσει εμάς. Το μόνο πράγμα που είναι πιο απλουστευτικό από αυτό είναι η αριστερή σκέψη».

Άμπρα κατάμπρα!

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* Ο Χόρχε Μαχφούντ γεννήθηκε στο Τακουαρεμπό της Ουρουγουάης το 1969. Διδάσκει λατινοαμερικανική λογοτεχνία στο Πανεπιστήμιο της Τζώρτζια. Έχει επισκεφτεί περισσότερες από σαράντα χώρες, και οι ταξιδιωτικές του εντυπώσεις περιλήφθηκαν στα μυθιστορήματα και τα δοκίμιά του. Έχει εκδώσει, μεταξύ άλλων, τα μυθιστορήματα Hacia qué patrias del silencio (memorias de un desaparecido) (1996), La reina de América (2002) και Perdona nuestros pecados (2007), καθώς και τα δοκίμια Crítica de la pasión pura (1998). Έργα του έχουν μεταφραστεί στα αγγλικά και τα πορτογαλικά. Ιστορίες και άρθρα του έχουν κυκλοφορήσει σε διάφορες εφημερίδες και περιοδικά όπως οι El País και La República του Μοντεβιδέο, Página/12 του Μπουένος Άιρες, Milenio του Μεξικού καθώς και τα Rebelión και Hispanic Culture Review του Πανεπιστημίου George Mason. Είναι ιδρυτής και εκδότης του περιοδικού SigloXXI – reflexiones sobre nuestro tiempo, και τακτικός συνεργάτης της εβδομαδιαίας έκδοσης της República, Bitácora.

[1] Στις 29 Ιουλίου 1966, κατόπιν διαταγών του δικτάτορα μόλις από την προηγουμένη Juan Carlos Onganía, η αστυνομία εισέβαλε στο Πανεπιστήμιο του Μπουένος Άιρες, ξυλοκόπησε και συνέλαβε τους ενάντιους στη δικτατορία φοιτητές και καθηγητές, και κατέστρεψε εργαστήρια και βιβλιοθήκες. Η πανεπιστημιακή αυτονομία καταλύθηκε και πάρα πολλοί καθηγητές απολύθηκαν ή αυτοεξορίστηκαν. Το περιστατικό είναι γνωστό ως «νύχτα των κλομπ» (La Noche de los Bastones Largos). (Σ.τ.Ε.)

El identificador de textos

Cambio/16 (España)

Milenio (Mexico)

La Republica (Uruguay)

El identificador de textos

En la academia todavía tenemos la manía de andar pensando cosas raras sin un propósito definido de antemano. Es una vieja tradición, con algunos casos célebres. Hay gente que se pasa la vida tratando de descubrir por qué las polillas se posan en un ángulo alfa en los meses de setiembre y marzo; o por qué decimos “aquí” en lugar de “acá”, and so on.  Muchos fracasan, pero por cada uno que logra responder ese tipo de preguntas bizarras luego resulta que medio pueblo se salva de una catástrofe o termina masacrado por algún hombre práctico que no pierde su tiempo en descubrir “por qué” pero está seguro en “cómo” aplicarlo a la realidad. ¿Qué se imaginaba Einstein que sus especulaciones de 1905 sobre la relatividad del tiempo terminarían en la bomba atómica?

Tiempo atrás estuvimos trabajando en un interesante programa que llamamos IT (Identificador de Texto). La idea se me había ocurrido hace varios años y es muy simple: toda existencia deja trazas. En el caso de la expresión de la escritura, la historia es conocida. La caligrafía tradicional se centra principalmente en el trazo del autor. Cada persona dibuja o da un énfasis particular a cada letra, a cada palabra. De hecho cualquiera puede distinguir, más o menos, el manuscrito de un hombre del de una mujer (y sus variaciones) o el manuscrito de un tímido del de un extrovertido, con sólo echar una mirada a la caligrafía. Algo parecido ocurría también en la era de las maquinas de escribir. Cada máquina tenía un golpe de letra particular, por lo cual no resultaba difícil identificar al autor de un texto anónimo si se localizaba la maquina. Para evitar esta identificación del anónimo, se inventó luego la misiva hecha de letras y palabras recortadas de los diarios.

En el mundo electrónico el anonimato pareció triunfar finalmente. Muchos lectores de diarios aprovechan esta creencia del anonimato inventándose seudónimos y descargando sus frustraciones ocultas en el travestismo de su identidad propia. Obviamente que cada vez que alguien pone un comentario anónimo en cualquier sitio graba su IP, el cual es expuesto al administrador de dicha página digital. Ni que hablar de un correo electrónico.

Pero aún así queda la posibilidad de que el anónimo use una computadora pública o se conecte en el wireless del parque más cercano o de la librería donde toma café. En países como Estados Unidos, resulta bastante difícil no encontrar un servicio gratuito de Internet o una computadora libre en algún restaurante o en alguna universidad. En Asia, África y en América Latina son más comunes los cyber cafes. A los efectos es lo mismo: el receptor muchas veces puede saber de dónde procede un mensaje X o el comentario de un lector registrado o sin registrar en un diario, por ejemplo, pero muchas veces no puede detectar directamente quién es el autor.

En el mundo digital no tenemos la caligrafía del escritor ni el golpe de tecla de la máquina de escribir, pero tenemos un rastro inequívoco, si se lo analiza a gran escala: la sintaxis y la gramática que, desde un punto de vista radical, es como las huellas dactilares de cada persona.

Como el tono de voz y como cualquier expresión humana, la gramática profunda de cada individuo es casi tan particular como su ADN. No hay en el mundo dos personas que escriban exactamente igual. Por supuesto que en el proceso de investigación y prueba, también consideramos y valoramos la autodeformación deliberada: faltas ortográficas realizadas a posteriori o intencionalmente, desplazamientos forzados de adjetivos o de sustantivos, una duplicación pronominal donde no la había, una variación en el dativo, un complemento indirecto redundante, una voz pasiva en lugar de la activa, eliminación de artículos o abuso de gerundios, de leísmos o de tiempos verbales como el pasado perfecto (más propio de España que de Chile, por ejemplo), adopción de estilos de clases sociales que le son ajenas al autor, etc.

No obstante, al igual que aquellos que escribían a mano intentaban deformar su propia letra para crear el anonimato, esta deformación es prácticamente imposible ante los ojos de un experto calígrafo. En el mundo digital no tenemos la ventaja del trazo de la mano en el papel pero, en cambio, poseemos un número de ocurrencias que multiplican varias veces las cartas a mano. Por otro lado, con el uso de una computadora especializada de poder mediano, es posible realizar millones de combinaciones sintácticas y gramaticales. Es aquí que, a partir de un determinado número de textos, la identidad se reconoce con una precisión que no deja dudas. Esta idea puede resultar extraña o compleja, pero es fácil de comprender si recurrimos a una metáfora: si una persona se saca una cantidad X de fotografías y en cada una cubre una parte diferente de su rostro haciendo irreconocible su identidad en cada una de las fotografías, evidentemente basta un numero específico de fotos “enmascaradas” para tener el retrato exacto, desenmascarado, del hombre de las múltiples caras. Un experimento semejante se podría hacer con los diferentes personajes representados por un mismo actor. La combinación no arrojaría ninguno de sus personajes particulares sino el retrato del actor.

Este proyecto lingüístico tenía virtudes y defectos. La contra era que en cierta medida hubiese podido incrementar una práctica de “gran hermano”, de la cual somos todos victimas hasta cierto punto. La ventaja era que ayudaba a desenmascarar desde criminales hasta pequeños insultantes. Hubo un caso, por ejemplo, el de un texto firmado por un seudónimo que luego de testeado arrojó la identidad de un político algo conocido, sin mucha trascendencia.

Finalmente abandonamos el proyecto. Había más dudas que certezas sobre sus posibles aplicaciones. No obstante sabemos que no pasará mucho tiempo antes que alguien más se le ocurra la misma idea y, por supuesto, haga mucho dinero en el proceso. Porque uno de los fenómenos más interesantes de nuestro tiempo es ver cómo alguien o un pequeño grupo, en uso y abuso de su propio ingenio, logra que millones de personas trabajen gratuitamente para ellos. En casos, además, quienes trabajan gratuitamente lo hacen con pasión y alegría, ya que se sienten protagonistas y participes de alguna forma de poder o de liberación prefabricada.

Jorge Majfud

majfud.org

Enero 2011.

El identificador de textos (Milenio)

https://web.archive.org/web/20110210202527/http://impreso.milenio.com/node/8907218

Resistencia de la alegría

Resistencia de la alegría

Por esos días Agadir tuvo un encuentro, en principio intrascendente y casi rutinario, que lo hizo pensar sobre el escabroso ejercicio de olvidar. Fue una tardenoche mientras caminaba por la Empedrada, cerca de la puerta del camposanto. El viento había apurado y sacudía la copa de las palmeras. La arena se levantaba hasta las rodillas, borrando las piedras de la avenida en esa parte casi olvidada de la ciudad, anunciando otra tormenta y un nuevo desborde de la duna mayor sobre la muralla sur que protegía la ciudad. No obstante, la gente hacía las compras diarias y barría las veredas como si hubiese en ello algún resultado.

Doblando por San Jorge, Agadir vio acercarse una marcha de fieles, vestidos de negro desteñido y portando estandartes y banderas rojas con inscripciones doradas. Intentó leerlas pero casi no podía abrir los ojos. Tomaron por Empedrada y pasaron por delante de Agadir como si no existiera. Llevaban la mirada inmutable, marchaban como si fueran un ejército indiferente a la fuerza del viento. Aunque intentó mirar varias veces, apenas pudo ver sus rostros. No pudo reconocer a nadie; una oleada de arena le golpeó en la cara.

Entró por San Jorge y luego por Carmelita. En un callejón donde se cobijaba un burro, descubrió uno de los pocos autos de la segunda guerra que habían llegado a Amarabad, abandonado desde los tiempos de la independencia, ahora medio sumergido en la arena y casi irreconocible. Poco después, al pasar un estrecho arco de piedra, se cruzó con una mujer. Al principio reconoció una una joven hermosa, por su figura esbelta envuelta en paños y tratando de escapar de la fuerza del viento. La miró a los ojos y descubrió una mujer vieja o envejecida, sorprendida por el interés del hombre que avanzaba hacia ella.

Ella se detuvo y le dijo:

—Tú, buen mozo, cargas con una gran tristeza.

—Qué talento —dijo Agadir, procurando alejarse.

—Es un talento que me dio el Señor. Venga, hombre —insistió ella, siguiéndolo, con ese tono que era propio de los gitanos de extramuros— que te adivino la suerte.

—Mi suerte ya la conozco —dijo Agadir—. Si tienes un poco de la buena para darme, estaré agradecido.

—Te voy a adivinar el futuro por veinte dinas.

—No estoy interesado. Dame suerte de la buena y te doy diez dinas.

—Alé, buen hombre, que todo el mundo quiere saber su futuro.

—No todo el mundo.

—Dame veinte y te lo digo todo, todito. Venga, hombre. A ver…

Le tomó la mano derecha. Tenía la cara cruzada de arrugas, del tipo de arrugas abundantes y bien dibujadas de la gente que ha vivido gran parte de su vida extramuros. La arena se le pegaba en la boca y en los ojos, pero ella miraba como si nada.

—Vas a morir  —dijo tajante.

—¿No diga? —dijo él—. Mujer. Todos sabemos eso. Unos pocos saben cuándo pero nadie sabe dónde.

—Dios sabe dónde y las adivinas sabemos cuándo. Vengan veinte dinas y te lo digo todo.

Tomó el dinero y estudió más de cerca la mano que se lo había dado, como si lo anterior hubiese estado anunciado en titulares y los detalles estuvieran en letra chica:

— A ver, buen hombre, te nos vas muy pronto. Este año, más tardar en la Navidad. Vas a morir en un sueño. De un sueño pal otro, que es lo mejor.

—¿Todo eso se ve acá? Mire que aún no me lavé las manos. ¿No puede ser que hay una basurita? Digo, tal vez una pequeña manchita que se pueda confundir con la muerte…

—Aquí veo todo y con claridad.

—Morir, y morir pronto, está dentro de lo realizable. No soy un ángel. Claro que eso de morir soñando es algo que no había pensado.

—Si te lo dice una adivina, no es sólo probable. Es seguro. Además, llevo cincuenta años en esto trabajo, y sé lo que digo: te vas morir.

—Al menos que vendas un poco de tu buena suerte —dijo Agadir, un poco nervioso, incomprensiblemente nervioso, como si el sol y la temperatura hubiesen caído de golpe y una ráfaga de aire frío comenzara a soplar. Una hora antes habría dicho que la muerte era el alivio tan largamente esperado. Pero uno se pone viejo y nostálgico y comienza a añorar el presente, todo eso que ve por última vez, como un viajero que abandona una casa querida, una ciudad, un país y sabe que no volverá del exilio. Miró hacia el centro: la gente caminaba inclinada hacia delante, con la cabeza envuelta en paños blancos que la arena y el viento se empeñaban en desenvolver. Era tiempo de buscar refugio, no de ponerse a conversar en la Empedrada sobre las consecuencias de no hacerlo.

—No puedo, buen hombre —dijo la gitana—. Suerte es lo que no puedo vender ni regalar. Ya no me queda de eso y tú puedes observarlo. Pero puedo hacer otra cosa. Si das veinte dinas más, puedo hacer que te olvides de lo que te dije. La gente no gusta de saber cuándo se va morir. Es una de las ignorancias más valiosas que las mantienen con vida y siempre empeñadas en grandes empresas. Esta noche y las que están por venir, vas querer olvidar lo que te dije, que si no lo hubiese visto en esta mano tuya no te hubiese dicho nada.

Un negocio redondo, dijo Agadir. Pero, de alguna forma, la adivina le había dicho la verdad sin saber que lo hacía. Pensó que era como cuando uno conserva la inquietante preocupación por un deber que ha olvidado realizar. Olvido algo importante, y no sé qué es. Como cuando uno conserva la inquietud, el temor, el miedo por un sueño que lo ha perturbado en la noche pero que ya no puede recordar a la mañana siguiente, por lo menos no en detalle, y pero persiste de una forma mucho peor, porque ahora es un secreto al que dejamos de tener acceso.

—De seguro unas cuadras más arriba —dijo Agadir—, hoy mismo, ayer o la semana anterior, otra adivina hizo su mismo trabajo, las dos cosas juntas, la revelación y el olvido, porque hace días ya que camino muy triste, por esta misma calle, y no sé por qué. Todo lo peor ya me ocurrió hace mucho tiempo. La música no es lo que era, las mujeres ya no me agitan el corazón. Como y bebo bien todos los días, mejor que antes. He dejado de buscar la felicidad. Si me haces olvidar lo que me has dicho, no me liberarás de mi tristeza, tendré veinte dinas menos y no sabré por qué estoy tan triste. Ahora, si sé que voy a morir, mi tristeza al menos está justificada.

La adivina balbuceó una maldición indescifrable y se perdió entre las nubes de arena.

Agadir había dejado de buscar la felicidad. Entonces sonrió contra el destino, y la tristeza y la muerte no tuvieron más que reconocer su derrota. Dicen que eso era la alegría.

Jorge Majfud

La palabra

Con creciente nerviosismo hacía figuras triangulares doblando el papelito donde decía 22-A. Trataba de pensar en las ventajas de la A o de la K sobre las letras intermedias. Estaba seguro que iba a pronunciar la palabra apenas se enfrentase con la mujer de la puerta H.

Esta certeza absurda lo había asustado tanto que sin mirar a ningún lado dio un paso y se salió de la fila. Fingió un malestar. Tomó su maleta y se dirigió al baño. Hizo varios movimientos sospechosos: tomó por un pasillo lleno de gente que se dirigía en dirección contraria; debió forcejear con diez o veinte personas que no advirtieron que alguien iba a contramano. Todos olían a perfume, a limpio. Los hombres llevaban trajes negros y azules. Hasta los homofóbicos llevaban medias y corbatas rosas, porque estaban de moda. Predominaban los perfumes dulces. Alguno, incluso, olía a sandía, pero sin el pegote que produce el azúcar de la sandía secada en la mano. Al menos cinco mujeres llevaban joyas auténticas, con predominancia del oro blanco. Todas se parecían. Todas debían ser hermosas, según los enormes anuncios de belleza de las vidrieras de los free shops. Labios carnosos de una boca que podría abrirse y tragar a una persona. Ojos gigantes de párpados sin arrugas.

Aunque había nacido allí, aunque había vivido cuarenta años allí, 22-A se sentía extranjero, o algo le llamaba la atención. Estaba perturbado por ofender la rigurosa rutina; ultimamente no había cumplido con los servicios habituales de los domingos; una reciente experiencia en la montaña —estuvo una semana sin conexión, alejado por un accidente climático de todos los índices que más ama— lo había mantenido bajo una leve pero sospechosa fiebre. Su nuevo estado se revelaba con enigmáticas freses, quizás pensamientos. “Un día para Dios —le decía a un amigo de la bolsa—; seis días para el Dinero”.

Tomó por otro pasillo sólo por salvarse de la corriente que lo arrastraba en un esfuerzo comprometedor. Aunque no sabía hacia dónde estaba la batería de baños que había usado media hora antes, caminó simulando seguridad. Después de varios cambios de dirección que debieron percibir las cámaras ocultas en oscuras esferas de navidad, dio con unos baños.

Entró en un gabinete arrastrando el carrito de su maleta y se forzó a orinar. Pero no tenía nada para hacer y temió que del ducto de aire lo estuviesen vigilando. Un agujero negro no revelaba la presencia de ningún ojo de vidrio. Ni su ausencia tampoco.

Los diálogos obscenos de los años sesenta que durante años fueron borrados por la rigurosa higiene moral en curso, comenzaban a regresar de una forma más digna. Con letras impresas de impecable color rojo, la empresa W quería recordarle al feliz orinante que el mundo estaba en peligro y necesitaba de su colaboración. Enfrente, en la puerta, otra leyenda prevenía al defecnate de turno de los engaños de toda forma de alivio y de la necesidad de una permanente alerta máxima.

Guardó el pene con pudor y salió, absurdamente nervioso. ¿Qué diría si alguien lo detenía y lo interrogaba? ¿Por qué estaba nervioso? Si no tuviese nada para ocultar no tendría motivos para esa palidez en el rostro, para ese sudor revelador en las manos.

Mientras se lavaba las manos pudo verlo. Esta vez sí, había una pequeña cámara. O fingía ser una cámara, no importa. Como esas semiesferas que cuelgan en las grandes tiendas. De diez, tal vez una tenga una cámara que vigila. Lo importante no es que exista o no, sino que nadie pueda afirmar con certeza si existe o no. Una especie de agnosticismo de la mirada ajena era el mejor freno a los instintos más bajos. Vigilancia que nadie podría acusar como violación de privacidad, porque todos aquellos eran lugares públicos, incluido el sector del baño donde la gente se lava las manos. Las cámaras (o la sospecha de las cámaras) estaban ahí para seguridad de la misma gente. De hecho nadie estaba en contra de este sistema, sino todo lo contrario. Habría que imaginar qué terrible sería si no existiesen esos puntos de control. Quienes de vez en cuando se atrevían a imaginarlo se horrorizaban o escribían voluminosas novelas que se vendían como pan caliente.

Por alguna razón, 22A comprendió que ir al baño y no poder orinar no podría ser nada extraordinario. Menos sospechoso. Esta idea lo calmó. Tocándose el estómago, luego la cabeza, tratando de pensar qué podía haberle hecho mal, salió de nuevo en dirección a la puerta H.

—El monstruo debe morir. ¿Qué opina usted?

—¿Cuál monstruo?

—¿Cuál más? Barbasucia.

—Oh, cierto, Barbasucia, el monstruo…

—Duda de que es un monstruo?

—¿Yo? No, no dudo. Es un monstruo.

—Entonces, ¿por qué pregunta cuál monstruo? ¿Estaba pensando en Barbavieja?

—Bueno, no. No precisamente.

—Qué otro monstruo podría merecer ser juzgado en un tribunal como el que juzgó a Barbasucia? ¿Puede explicárselo a la audiencia de Tú Noticias Show?

—Bueno, no sé…

—Pero duda.

—Sí, claro, dudo. Dudo firmemente.

—Increíble. ¿En quién está pensando?

—No puedo decirlo.

—¿Cómo que no puede? ¿No vivimos en un mundo libre, acaso?

—Yes, Sir. Vivimos en un mundo libre.

—Entonces diga lo que está pensando.

—No puedo.

—¿Acaso no es libre de decir que Barbasucia y Barbavieja son dos monstruos?

—Sí, señor, soy libre de decirlo y de repetirlo.

—¿Entonces?

—¿Soy libre de decir todo lo que pienso?

—Por supuesto. ¿Por qué lo duda?

—Cualquier cosa que diga podría ser usado en mi contra. Es mejor ser una buena persona.

—Claro, libertad y libertinaje no son lo mismo.

—Yes, Sir.

—¿Me va a decir lo que estaba pensando?

—Yes, sir.

—¿Estaba pensando que gracias a Dios los dictadores son juzgados por la justicia?

—Sí, señor. Siempre he pensado que todos los dictadores deberían ser juzgados. Me apena un poco que algunos se escapen siempre.

—Excelente. El problema es que no vivimos en un mundo perfecto. Pero sus palabras son muy valientes. Claro que semejante acto de rebeldía no hubiera sido posible bajo una dictadura monstruosa como la de Barbasucia o la de Barbavieja.

—Sí, señor.

—¿Se da cuenta que puede decirlo libremente?

—Sí, señor.

—¿Alguien lo está torturando para decir lo que no quiere decir?

—Señor, no señor.

—Comprende, entonces, el valor de la libertad?

—Sí, señor.

—Excelente. Volvemos a estudios y seguimos con Tú Noticias Show, donde Tú eres la estrella protagónica. ¿Me escucha Rene? ¿Aló me escuchan?

Pero no se puso en la fila que estaba esperando para ingresar. Quiso saber si estaba seguro de sí mismo. Por un instante se sintió mejor, ya no tenía los síntomas del pánico. Pero todavía no había alcanzado la certeza de que aunque lo obligaran, no iba a pronunciar la palabra. Sabía que bastaban fracciones de segundo para pronunciarla. Fracciones que habían sido fatales para mucha gente que, ignorantes del peligro, ignorantes de las consecuencias de sus actos, se habían atrevido a usarla en broma. Sabía del caso de un senador extranjero que había entrado en una tienda para comprar una pluma. Cuando pasó por la caja la empleada le preguntó qué era aquello. ¿Para qué diablos preguntó eso? ¿No sabía que una pluma se usa habitualmente para escribir? Aún si la pluma tenía otras funciones, por ejemplo sexuales o para servirse el pan en el desayuno, ¿qué le importaba a ella para qué quería ese objeto diminuto que se vendía en su propio negocio? Es decir, en el negocio de alguien que ella no conocía pero para el cual trabajaba día tras día bajo de aquellas luces que no permitían saber si era de día o de noche, como en los gallineros industrializados donde las buenas ponedoras no ven nunca la luz variable del sol.

Una pluma señorita. Eso debió responder el senador. Pero no, el muy torpe dijo la palabra, como si la ironía fuese reconocida por la ley. Qué tonto; la ironía sólo es reconocida por la inteligencia. Si aquello fuese aquello el senador no lo hubiese dicho. Lo dijo porque aquello no era aquello y decirlo debía ser gracioso, como cuando los surrealistas ponían en un museo una pipa y de título Esto no es una pipa.

El senador tuvo suerte porque era senador. Su país pagó una fortuna y lo dejaron libre después de varios días de cárcel. Un pobre diablo quién sabe qué. Un pobre diablo tiene que cuidarse mucho de no decir la mala palabra y, además, no parecer que está a punto de decirla.

Apenas llegó a este punto se dio cuenta que decirla era cuestión de una leve distracción. De una leve traición, de esas que un hombre o una mujer enferma suele ejercer contra su misma integridad física, arrojándose de un balcón sin razones o estampándole un beso a la mujer más puritana del continente, que al mismo tiempo es la jefa de quien depende el trabajo y la vida de un pobre diablo, un diablo enfermo.

Se puso de pié casi con rebeldía. Se puso de pié sin pensarlo. De repente se descubrió de pié, rodeado de gente que sin detener su marcha apurada lo miraba como si estuviese rayado. Comenzaba a parecer sospechoso, ahora ya no solo sospechoso para sí mismo sino para el resto de la gente. Se dio cuenta de que lejos de favorecerlo la prórroga y la meditación le estaban haciendo mal. En malas, en pésimas condiciones llegaría a la mujer de la puerta H. Se enfrentaría a la menos linda de todas las funcionarias y le diría la palabra. Cuanto más pensara más probabilidades tendría. ¿No había estado pensando en ir a la puerta H cuando de repente se vio a sí mismo parado, de un salto, al lado de su maleta gris y de las demás personas que lo veían pasar?

De repente, sin recordar los pasos anteriores, se encontró frente a la mujer de la puerta H que le preguntaba:

—¿Algo para declarar?

A lo que respondió con un silencio que sospechosamente se iba alargando.

La mujer de la puerta H lo miró y miró al guardia. El guardia se acercó sacando un transmisor de la cintura. Enseguida aparecieron dos más.

La mujer repitió la pregunta anterior.

—Algo para declarar?

—Paz —dijo.

Los guardias lo tomaron de los brazos. Sintió que unas pinzas hidráulicas le cortaban los músculos y finalmente le partían los huesos.

—Paz! —gritó esta vez— un poco de Paz, sí, eso es, Paz! ¡Paz, carajo! ¡Paz, la concha de tu madre!

Los guardias lo inmovilizaron con una dosis eléctrica de alto amperaje.

Fue acusado ante tribunales de atentar contra la seguridad pública y más tarde condenado por haber ocultado a tiempo la palabra con la palabra Paz, que también es peligrosa en estos tiempos especiales. La defensa apeló el fallo recurriendo a alteraciones psiquiátricas, producto de su traumática experiencia reciente en la montaña.

Jorge Majfud, University of Georgia, 2006

Milenio (Mexico)

Del libro Perdona nuestros pecados (Montevideo, 2007) y Algo salió mal (Tenerife, 2015)

Alainet 2008 https://www.alainet.org/es/articulo/128197

الكلمة

بقلق متزايد، كان يرسم أشكالاً مثلثة بثني الورقة الصغيرة التي كتب عليها 22-A. كان يحاول التفكير في مزايا الحرف A أو K على الحروف الوسطى. كان متأكداً من أنه سيقول الكلمة بمجرد أن يواجه المرأة عند الباب H.

هذه اليقين السخيف أخافه لدرجة أنه دون أن ينظر إلى أي مكان، خطا خطوة وخرج من الطابور. تظاهر بالمرض. أخذ حقيبته وتوجه إلى الحمام. قام بعدة حركات مشبوهة: سلك ممرًا مزدحمًا بالناس الذين يتجهون في الاتجاه المعاكس؛ واضطر إلى الصراع مع عشرة أو عشرين شخصًا لم يلاحظوا أن هناك شخصًا يسير في الاتجاه المعاكس. كان الجميع يفوح منهم رائحة العطر والنظافة. كان الرجال يرتدون بدلات سوداء وزرقاء. حتى المثليون كانوا يرتدون جوارب وربطات عنق وردية، لأنها كانت موضة. كانت العطور الحلوة هي السائدة. كان بعضها يفوح برائحة البطيخ، ولكن دون اللزوجة التي يسببها سكر البطيخ المجفف في اليد. كانت خمس نساء على الأقل يرتدين مجوهرات أصلية، مع غلبة الذهب الأبيض. كانت جميعهن متشابهات. كان من المفترض أن تكون جميعهن جميلات، وفقًا للإعلانات الضخمة عن الجمال في واجهات المتاجر الحرة. شفاه ممتلئة لفم يمكن أن يفتح ويبتلع شخصًا. عيون عملاقة بجفون خالية من التجاعيد.

على الرغم من أنه ولد هناك، وعلى الرغم من أنه عاش هناك أربعين عامًا، إلا أن 22-A كان يشعر بأنه غريب، أو أن هناك شيئًا ما يلفت انتباهه. كان منزعجًا من إخلاله بالروتين الصارم؛ ففي الآونة الأخيرة لم يقم بخدماته المعتادة أيام الأحد؛ وتجربة حديثة في الجبل —قضى أسبوعًا دون اتصال، بعيدًا عن كل المؤشرات التي يحبها بسبب حادث مناخي— أبقته تحت حمى خفيفة ولكنها مشبوهة. كان حالته الجديدة تتجلى في عبارات غامضة، ربما أفكار. ”يوم لله“، قال لصديق له في البورصة؛ ”ستة أيام للمال“.

اتخذ ممرًا آخر فقط لينجو من التيار الذي كان يجره في جهد محفوف بالمخاطر. على الرغم من أنه لم يكن يعرف أين توجد مجموعة الحمامات التي استخدمها قبل نصف ساعة، إلا أنه مشى متظاهرًا بالثقة. بعد عدة تغييرات في الاتجاه لا بد أن الكاميرات الخفية في كرات عيد الميلاد المظلمة قد التقطتها، عثر على الحمامات.

دخل إلى أحد المراحيض وهو يجر عربة حقيبته وأجبر نفسه على التبول. لكن لم يكن لديه ما يفعله وخشي أن يكونوا يراقبونه من خلال مجرى الهواء. لم يكشف ثقب أسود عن وجود أي عين زجاجية. ولا عن عدم وجودها أيضًا.

الحوارات الفاحشة في الستينيات، التي تم محوها لسنوات بسبب النظافة الأخلاقية الصارمة السائدة، بدأت تعود بشكل أكثر كرامة. بحروف مطبوعة باللون الأحمر النقي، أرادت شركة W أن تذكر المتبول السعيد بأن العالم في خطر ويحتاج إلى تعاونه. أمامه، على الباب، حذرت عبارة أخرى المتبول من خداع كل أشكال الراحة ومن ضرورة البقاء في حالة تأهب قصوى دائمة.

أخفى قضيبه بحياء وخرج، وهو يشعر بتوتر غير معقول. ماذا سيقول إذا أوقفه أحدهم واستجوبه؟ لماذا كان متوتراً؟ إذا لم يكن لديه ما يخفيه، فلن يكون هناك سبب لتلك الشحوب على وجهه، ولذلك العرق الكاشف على يديه.

بينما كان يغسل يديه، تمكن من رؤيتها. هذه المرة، كانت هناك كاميرا صغيرة. أو كانت تتظاهر بأنها كاميرا، لا يهم. مثل تلك الكرات نصف الكروية التي تتدلى في المتاجر الكبيرة. من بين عشرة، ربما تحتوي واحدة على كاميرا مراقبة. المهم ليس وجودها أو عدم وجودها، بل أن لا أحد يستطيع أن يؤكد بثقة ما إذا كانت موجودة أم لا. كان نوع من عدم اليقين بشأن نظرات الآخرين هو أفضل رادع للغرائز الدنيا. مراقبة لا يمكن لأحد أن يتهمها بانتهاك الخصوصية، لأن كل تلك الأماكن كانت أماكن عامة، بما في ذلك منطقة الحمام حيث يغسل الناس أيديهم. كانت الكاميرات (أو الشك في وجود الكاميرات) موجودة من أجل أمن الناس أنفسهم. في الواقع، لم يكن أحد يعارض هذا النظام، بل على العكس تمامًا. كان من الصعب تخيل مدى فظاعة الوضع لو لم تكن هناك نقاط مراقبة. أولئك الذين تجرأوا من حين لآخر على تخيل ذلك كانوا يشعرون بالرعب أو يكتبون روايات ضخمة كانت تباع كالخبز الساخن.

لسبب ما، أدرك 22A أن الذهاب إلى الحمام وعدم القدرة على التبول قد لا يكون أمراً غير عادي. أقل إثارة للريبة. هدأته هذه الفكرة. لمس بطنه، ثم رأسه، محاولاً التفكير في ما قد يكون أضر به، وخرج مرة أخرى متجهاً نحو الباب H.

—يجب أن يموت الوحش. ما رأيك؟

—أي وحش؟

—أي وحش آخر؟ بارباسويسيا.

—أوه، صحيح، بارباسويسيا، الوحش…

—هل تشك في أنه وحش؟

—أنا؟ لا، لا أشك. إنه وحش.

—إذن، لماذا تسأل أي وحش؟ هل كنت تفكر في باربافيجا؟

—حسنًا، لا. ليس بالضبط.

—أي وحش آخر يستحق أن يُحاكم في محكمة مثل تلك التي حاكمت بارباسوسيا؟ هل يمكنك أن تشرح ذلك لجمهور Tú Noticias Show؟

—حسناً، لا أعرف…

—لكنك تشك.

—نعم، بالطبع، أشك. أشك بشدة.

—لا يصدق. في من تفكر؟

—لا أستطيع أن أقول.

—كيف لا تستطيع؟ ألا نعيش في عالم حر؟

—نعم، سيدي. نحن نعيش في عالم حر.

—إذن قل ما تفكر فيه.

—لا أستطيع.

—ألا تحرر أن تقول إن بارباسوكيا وباربافيجا هما وحشان؟

—نعم، سيدي، أنا حر في أن أقول ذلك وأكرره.

—إذن؟

—هل أنا حر في قول كل ما أفكر فيه؟

—بالطبع. لماذا تشك في ذلك؟

—أي شيء أقوله يمكن أن يستخدم ضدي. من الأفضل أن أكون شخصًا صالحًا.

—بالطبع، الحرية والانحراف ليسا نفس الشيء.

—نعم، سيدي.

—هل ستخبرني بما كنت تفكر فيه؟

—نعم، سيدي.

—كنت أفكر أنه لحسن الحظ يتم محاكمة الديكتاتوريين أمام العدالة؟

—نعم، سيدي. لطالما اعتقدت أن جميع الديكتاتوريين يجب أن يحاكموا. يؤسفني قليلاً أن بعضهم يفلتون دائماً من العقاب.

—ممتاز. المشكلة هي أننا لا نعيش في عالم مثالي. لكن كلماتك شجاعة جداً. بالطبع، لم يكن مثل هذا العمل التمردي ممكنًا في ظل دكتاتورية وحشية مثل دكتاتورية بارباسوكيا أو باربافيجا.

—نعم، سيدي.

—هل تدرك أنه يمكنك قول ذلك بحرية؟

—نعم، سيدي.

—هل هناك من يعذبك لتقول ما لا تريد قوله؟

—لا، سيدي.

—هل تفهم إذن قيمة الحرية؟

—نعم، سيدي.

—ممتاز. نعود إلى الاستوديو ونواصل برنامج Tú Noticias Show، حيث أنت النجم الرئيسي. هل تسمعني يا رينيه؟ هل تسمعونني؟

لكنه لم يقف في الطابور الذي كان ينتظره للدخول. أراد أن يعرف ما إذا كان واثقاً من نفسه. للحظة شعر بتحسن، ولم يعد يعاني من أعراض الذعر. لكنه لم يصل بعد إلى اليقين بأنه حتى لو أُجبر على ذلك، فلن ينطق الكلمة. كان يعلم أن أجزاء من الثانية كافية لينطقها. أجزاء كانت قاتلة لكثير من الناس الذين، جاهلين بالخطر، جاهلين بعواقب أفعالهم، تجرأوا على استخدامها على سبيل المزاح. كان يعلم بحالة سيناتور أجنبي دخل متجرًا لشراء قلم. عندما مر على الكاشير، سألته الموظفة ما هو ذلك الشيء. لماذا سألت ذلك بحق الجحيم؟ ألم تكن تعلم أن القلم يستخدم عادة للكتابة؟ حتى لو كان للقلم وظائف أخرى، مثل الاستخدام الجنسي أو لتقديم الخبز في وجبة الإفطار، ما الذي يهمها في الغرض من هذا الشيء الصغير الذي تباعه في متجرها؟ أي في متجر شخص لا تعرفه ولكنها تعمل فيه يومًا بعد يوم تحت تلك الأضواء التي لا تسمح بمعرفة ما إذا كان النهار أو الليل، كما هو الحال في حظائر الدجاج الصناعية حيث لا ترى الدجاجات الجيدات أبدًا ضوء الشمس المتغير.

قلم يا آنسة. كان يجب أن يجيب السيناتور بذلك. ولكن لا، قال الكلمة الغبية، كما لو أن السخرية معترف بها قانونًا. يا له من أحمق؛ السخرية لا يعترف بها إلا الذكاء. لو كان ذلك ذلك لما قاله السناتور. قاله لأن ذلك لم يكن ذلك وكان من المفترض أن يكون قول ذلك مضحكاً، كما عندما وضع السرياليون غليوناً في متحف وعنونوه هذا ليس غليوناً.

كان السناتور محظوظاً لأنه كان سناتوراً. دفعت بلاده ثروة طائلة وأطلقوا سراحه بعد عدة أيام في السجن. مسكين، من يدري ماذا. على المسكين أن يحذر كثيراً من أن يقول الكلمة البذيئة، وأيضاً ألا يبدو أنه على وشك أن يقولها.

بمجرد وصوله إلى هذه النقطة، أدرك أن قولها كان مسألة إلهاء بسيط. خيانة بسيطة، من تلك التي يمارسها رجل أو امرأة مريضة ضد سلامتهما الجسدية، بالقفز من شرفة دون سبب أو بتقبيل المرأة الأكثر تحفظًا في القارة، والتي هي في الوقت نفسه رئيسة العمل والحياة لرجل مسكين، رجل مريض.

وقف على قدميه بتحدٍ تقريبًا. وقف على قدميه دون أن يفكر. فجأة وجد نفسه واقفًا، محاطًا بأشخاص ينظرون إليه وكأنه مجنون دون أن يتوقفوا عن مسيرتهم السريعة. بدأ يبدو مريبًا، ليس فقط بالنسبة لنفسه بل بالنسبة للآخرين أيضًا. أدرك أن التمديد والتأمل، بدلاً من أن يكونا في صالحه، كانا يضرانه. سيصل إلى المرأة عند الباب H في حالة سيئة، بل في حالة مزرية. سيواجه أقل الموظفات جمالاً ويقول لها الكلمة. كلما فكر أكثر، زادت فرصته. ألم يكن يفكر في الذهاب إلى البوابة H عندما وجد نفسه فجأة واقفاً، قافزاً، بجانب حقيبته الرمادية والأشخاص الآخرين الذين رأوه يمر؟

فجأة، دون أن يتذكر الخطوات السابقة، وجد نفسه أمام المرأة عند البوابة H التي سألته:

—هل لديك شيء تصرح به؟

فأجاب بصمت طويل بشكل مريب.

نظرت إليه المرأة عند البوابة H ثم نظرت إلى الحارس. اقترب الحارس وهو يخرج جهاز إرسال من حزامه. سرعان ما ظهر اثنان آخران.

كررت المرأة السؤال السابق.

”هل لديك ما تصرح به؟“

”السلام“ قال.

أمسكه الحراس من ذراعيه. شعر وكأن ملقطًا هيدروليكيًا يقطع عضلاته ويكسر عظامه في النهاية.

”سلام!“ صرخ هذه المرة، ”قليل من السلام، نعم، هذا هو، السلام! السلام، اللعنة! السلام، اللعنة عليك!“

أوقف الحراس حركته بجرعة كهربائية عالية الأمبير.

تم اتهامه أمام المحكمة بمخالفة الأمن العام، ثم أدين لاحقًا لإخفائه الكلمة بكلمة ”سلام“، التي تعتبر أيضًا خطيرة في هذه الأوقات الخاصة. استأنفت الدفاع الحكم باللجوء إلى الاضطرابات النفسية، الناتجة عن تجربته الصادمة الأخيرة في الجبل.

خورخي ماجفود، جامعة جورجيا، 2006

Слово

С нарастающим волнением он складывал бумажку, на которой было написано «22-A», в треугольные фигуры. Он пытался подумать о преимуществах буквы «A» или «K» перед промежуточными буквами. Он был уверен, что произнесет это слово, как только столкнется с женщиной у двери «H».

Эта абсурдная уверенность настолько испугала его, что, не глядя ни на кого, он сделал шаг и вышел из очереди. Он притворился, что ему плохо. Взял чемодан и направился в туалет. Сделал несколько подозрительных движений: пошел по коридору, полному людей, идущих в противоположном направлении; ему пришлось проталкиваться через десять или двадцать человек, которые не заметили, что кто-то идет в противоположном направлении. Все пахли духами, чистотой. Мужчины были одеты в черные и синие костюмы. Даже гомофобы носили розовые носки и галстуки, потому что это было модно. Преобладали сладкие духи. Некоторые даже пахли арбузом, но без липкости, которую оставляет на руках сахар из сушеного арбуза. По крайней мере пять женщин носили настоящие драгоценности, преимущественно из белого золота. Все они были похожи друг на друга. Все они должны были быть красивыми, судя по огромным рекламным плакатам в витринах магазинов беспошлинной торговли. Пухлые губы рта, который мог бы открыться и проглотить человека. Огромные глаза без морщин на веках.

Хотя он родился там, хотя прожил там сорок лет, 22-A чувствовал себя чужим, или что-то привлекало его внимание. Его беспокоило нарушение строгой рутины; в последнее время он не выполнял обычные воскресные обязанности; недавний опыт в горах — он пробыл неделю без связи, удаленный из-за погодного происшествия от всех индексов, которые он больше всего любит, — держал его в состоянии легкой, но подозрительной лихорадки. Его новое состояние проявлялось в загадочных фразах, возможно, мыслях. «Один день для Бога, — говорил он своему другу с биржи, — шесть дней для денег».

Он пошел по другому коридору, только чтобы спастись от потока, который увлекал его в компрометирующее усилие. Хотя он не знал, где находился туалет, которым он пользовался полчаса назад, он шел, делая вид, что уверен в себе. После нескольких изменений направления, которые, должно быть, зафиксировали скрытые камеры в темных рождественских шарах, он нашел туалеты.

Он вошел в кабинку, таща за собой чемодан на колесиках, и заставил себя помочиться. Но ему нечего было делать, и он боялся, что за ним наблюдают из вентиляционного канала. Черная дыра не выдавала присутствия каких-либо стеклянных глаз. Но и их отсутствие тоже.

Непристойные диалоги шестидесятых годов, которые в течение многих лет были стерты строгой моральной гигиеной, начали возвращаться в более достойной форме. Безупречным красным шрифтом компания W хотела напомнить счастливому мочащемуся, что мир в опасности и нуждается в его помощи. Напротив, на двери, другая надпись предупреждала деффектанта о ложности любой формы облегчения и о необходимости постоянной максимальной бдительности.

Он скромно спрятал пенис и вышел, бессмысленно нервничая. Что он скажет, если его остановят и допросят? Почему он нервничает? Если ему нечего скрывать, у него нет причин для такой бледности лица, для такого выдающего пота на руках.

Пока он мыл руки, он смог это увидеть. На этот раз да, там была маленькая камера. Или она притворялась камерой, неважно. Как те полусферы, которые висят в больших магазинах. Из десяти, может быть, одна имеет камеру наблюдения. Важно не то, есть она или нет, а то, что никто не может с уверенностью сказать, есть она или нет. Своего рода агностицизм постороннего взгляда был лучшим сдерживающим фактором для низменных инстинктов. Наблюдение, которое никто не мог бы обвинить в нарушении частной жизни, потому что все эти места были общественными, включая зону туалета, где люди моют руки. Камеры (или подозрение о наличии камер) были там для безопасности самих людей. На самом деле никто не был против этой системы, а наоборот. Можно только представить, как было бы ужасно, если бы этих контрольных точек не было. Те, кто время от времени осмеливался это представить, приходят в ужас или пишут объемные романы, которые расходятся как горячие пирожки.

По какой-то причине 22А понял, что пойти в туалет и не смочь помочиться не может быть чем-то необычным. Менее подозрительным. Эта мысль его успокоила. Потрогав живот, затем голову, пытаясь понять, что могло ему навредить, он снова вышел в направлении двери H.

—Чудовище должно умереть. Что вы об этом думаете?

—Какое чудовище?

— А какой еще? Бородач.

— Ах да, Бородач, монстр…

— Вы сомневаетесь, что он монстр?

— Я? Нет, не сомневаюсь. Он монстр.

— Тогда почему вы спрашиваете, какой монстр? Вы думали о Старухе?

— Ну, нет. Не совсем.

—Какое еще чудовище заслуживает суда, подобного тому, который был над Бородачом? Можете ли вы объяснить это зрителям Tú Noticias Show?

—Ну, я не знаю…

—Но вы сомневаетесь.

—Да, конечно, я сомневаюсь. Я твердо в этом уверен.

—Невероятно. О ком вы думаете?

—Я не могу сказать.

—Как это не можете? Разве мы не живем в свободном мире?

—Да, сэр. Мы живем в свободном мире.

—Тогда скажите, о чем вы думаете.

—Я не могу.

—Разве вы не свободны сказать, что Барбасусия и Барбавеха — два монстра?

—Да, сэр, я свободен сказать это и повторить.

—Тогда?

—Я свободен говорить все, что думаю?

—Конечно. Почему вы сомневаетесь?

—Все, что я скажу, может быть использовано против меня. Лучше быть хорошим человеком.

—Конечно, свобода и разврат — не одно и то же.

—Да, сэр.

—Вы скажете мне, о чем вы думали?

—Да, сэр.

—Я думал о том, что, слава Богу, диктаторы привлекаются к ответственности?

—Да, сэр. Я всегда считал, что все диктаторы должны быть привлечены к ответственности. Мне немного жаль, что некоторые из них всегда уходят от наказания.

—Отлично. Проблема в том, что мы не живем в идеальном мире. Но ваши слова очень смелые. Конечно, такой акт неповиновения был бы невозможен при чудовищной диктатуре, как диктатура Барбасучи или Барбавехи.

—Да, сэр.

—Вы понимаете, что можете говорить это свободно?

—Да, сэр.

—Кто-то пытает вас, чтобы вы сказали то, чего не хотите?

—Нет, сэр.

—Вы понимаете, значит, ценность свободы?

—Да, сэр.

—Отлично. Возвращаемся в студию и продолжаем Tú Noticias Show, где Tú — главная звезда. Ты меня слышишь, Рене? Алло, вы меня слышите?

Но он не встал в очередь, которая ждала, чтобы войти. Он хотел узнать, уверен ли он в себе. На мгновение он почувствовал себя лучше, симптомы паники исчезли. Но он все еще не был уверен, что даже если его заставили, он не произнес бы это слово. Он знал, что для его произнесения достаточно долей секунды. Долей, которые стали фатальными для многих людей, которые, не зная об опасности, не зная о последствиях своих действий, осмелились использовать его в шутку. Он знал о случае с иностранным сенатором, который зашел в магазин, чтобы купить ручку. Когда он подошел к кассе, продавщица спросила его, что это такое. Зачем, черт возьми, она спросила об этом? Разве она не знала, что ручка обычно используется для письма? Даже если у ручки были другие функции, например, сексуальные или для подачи хлеба на завтрак, какое ей дело, для чего ей нужен этот крошечный предмет, который продавался в ее собственном магазине? То есть в магазине человека, которого она не знала, но для которого работала день за днем под светом ламп, не позволяющих понять, день сейчас или ночь, как в промышленных курятниках, где хорошие несушки никогда не видят меняющегося света солнца.

Ручка, мисс. Так должен был ответить сенатор. Но нет, этот неуклюжий человек произнес это слово, как будто ирония признавалась законом. Какой глупец! Ирония признается только интеллектом. Если бы это было это, сенатор не сказал бы этого. Он сказал это, потому что это не было это, и сказать это должно было быть забавным, как когда сюрреалисты помещали в музей трубку с названием Это не трубка.

Сенатору повезло, потому что он был сенатором. Его страна заплатила целое состояние, и его освободили после нескольких дней тюрьмы. Бедный черт, кто знает что. Бедный черт должен очень осторожно следить за тем, чтобы не сказать плохое слово и, кроме того, не показать, что он собирается его сказать.

Как только он дошел до этого, он понял, что сказать это было делом легкого отвлечения. Легкого предательства, такого, которое больной мужчина или женщина обычно совершают против своей физической целостности, бросаясь с балкона без причины или целуя самую пуританскую женщину на континенте, которая в то же время является начальницей, от которой зависит работа и жизнь бедного черта, больного черта.

Он встал почти с бунтарством. Он встал, не задумываясь. Внезапно он обнаружил, что стоит, окруженный людьми, которые, не останавливаясь в своей спешке, смотрели на него, как на сумасшедшего. Он начинал казаться подозрительным, теперь уже не только для себя, но и для остальных людей. Он понял, что отсрочка и размышления не только не помогали ему, но и вредили. В плохом, в ужасном состоянии он подойдет к женщине у выхода H. Он столкнется с самой некрасивой из всех служащих и скажет ей слово. Чем больше он думал, тем больше у него было шансов. Разве он не думал о том, чтобы пойти к двери H, когда вдруг обнаружил, что стоит, вскочив, рядом со своим серым чемоданом и другими людьми, которые видели, как он проходит?

Внезапно, не помня предыдущих шагов, он оказался перед женщиной у двери H, которая спросила его:

—Есть что-то, что вы хотите заявить?

На что он ответил подозрительно затягивающимся молчанием.

Женщина у выхода H посмотрела на него, а затем на охранника. Охранник подошел, вынув из-за пояса передатчик. Сразу же появились еще двое.

Женщина повторила предыдущий вопрос.

—Есть что заявить?

—Мир, — сказал он.

Охранники схватили его за руки. Он почувствовал, как гидравлические клещи перерезают ему мышцы и, наконец, ломают кости.

«Мир!» — закричал он на этот раз. «Немного мира, да, вот именно, мира! Мир, черт возьми! Мир, мать твою!

Охранники обездвижили его с помощью высоковольтного электрического тока.

Он был обвинен в суде в покушении на общественную безопасность, а позже осужден за то, что вовремя скрыл слово словом «мир», которое в эти особые времена также является опасным. Защита обжаловала приговор, сославшись на психические расстройства, вызванные его недавним травматическим опытом в горах.

Хорхе Маджфуд, Университет Джорджии, 2006 г.

那个词

他越来越紧张,把写着22-A的小纸条折成三角形。他努力思考A或K相对于中间字母的优势。他确信自己一见到H号门的女人就会脱口说出那个词。

这种荒谬的确定感令他惊惶失措,他猛地迈步脱离队伍,假装身体不适。拎起行李走向洗手间时,他做出几处可疑举动:逆着人流穿过拥挤的走廊,与十来个没注意到有人逆向行走的人推搡挤撞。所有人身上都飘着香水味,带着洁净的气息。男士们身着黑蓝西装。就连恐同者都穿着粉色袜子系着粉色领带,只因这是当季潮流。甜腻的香水味弥漫四周,甚至有人身上飘着西瓜香,却没有干西瓜籽在掌心摩擦时留下的黏腻感。至少五位女士佩戴着真品珠宝,以白金首饰为主。她们都长得相似。根据免税店橱窗里巨大的美容广告,她们都该是美人。丰满的双唇仿佛能张开吞噬整个人。巨型眼眸的睫毛毫无皱纹。

尽管生于斯长于斯,尽管在此生活了四十年,22-A却感到自己是异乡人,或者说有什么东西在吸引着他。他因打破严苛的日常规律而心神不宁;最近他未能履行周日的常规服务;一次山间经历——因气候事故断联一周,远离他最珍视的一切指标——使他持续低烧不退,症状轻微却令人不安。他的新状态通过晦涩的短语显露,或许是思绪。“一天献给上帝——他对一位股票经纪朋友说——六天献给金钱。”

他另寻一条通道,只为摆脱那股将他卷入危险漩涡的人流。尽管不记得半小时前使用的洗手间位置,他仍装作镇定地向前走。经过几次转向——暗藏在圣诞球里的摄像头应该捕捉到了这些动作——他终于找到洗手间。

他拖着行李箱推入隔间,强迫自己排尿。但尿意全无,他担心通风管道里有人监视。黑洞般的通风口既未显露监控摄像头的踪迹,也未证明其不存在。

那些被严苛道德规范长期抹去的六十年代淫秽对话,正以更体面的形式卷土重来。W公司用鲜红醒目的字体提醒着欢快排尿的乘客:世界正面临危机,需要你的协助。门对面的告示则警示着排泄者:警惕所有形式的解脱陷阱,时刻保持高度警觉。

他羞怯地收起阴茎,带着莫名的焦虑走了出去。若被人拦下盘问该如何应对?为何如此紧张?若无隐瞒之事,何来这般苍白的脸庞,何来这般出卖心迹的汗湿手掌?

洗手时他终于发现了——这次确实有个小型摄像头。或者说伪装成摄像头的装置,无所谓了。就像大型商场里悬挂的半球形装置。十个摄像头里,或许只有一个在监控。关键不在于它是否存在,而在于无人能确切断言其存在与否。这种对他人视线的不可知论,恰恰是遏制低级本能的最佳制约。这种监控无人能指控为侵犯隐私,因为所有场所都是公共区域——包括人们洗手的卫生间区域。摄像头(或摄像头的存在感)是为保障人们自身安全而设。事实上无人反对这种系统,恰恰相反。试想若没有这些监控点会多么可怕。偶尔敢于想象这种场景的人要么惊骇万分,要么写出畅销如热饼的厚重小说。

不知为何,22A突然意识到:去洗手间却无法排尿,或许并非什么异常现象。至少不那么可疑。这个念头让他平静下来。他摸了摸肚子,又摸了摸脑袋,试图回忆是否吃了什么不干净的东西,然后再次朝H门走去。

“怪物必须死。您怎么看?”

“什么怪物?”

——还能有哪个?胡子怪。

——哦,对,胡子怪,那个怪物……

——您怀疑它是怪物?

——我?不,我不怀疑。它就是怪物。

——那您为何要问哪个怪物?您在想老胡子怪吗?

——不,不是。倒也不是。

——还有哪个怪物配得上像审判胡子怪那样在法庭上受审?你能向《你新闻秀》的观众解释清楚吗?

——这个,我不知道……

——但你在犹豫。

——是的,当然,我在犹豫。我坚定地犹豫着。

——难以置信。你在想谁?

——我不能说。

——怎么不能说?我们难道不生活在自由世界吗?

——是的,先生。我们生活在自由世界。

——那就说出你的想法。

——我不能。

——难道你不能自由地说出胡子怪和老巫婆是两个怪物吗?

——是的,先生,我有权说,也有权重复。

——那呢?

——我有自由说出所有想法吗?

——当然。你为何犹豫?

——任何话语都可能被用来对付我。做个好人更稳妥。

——当然,自由与放纵不可混为一谈。

——是的,先生。

——你打算告诉我你在想什么吗?

——是的,先生。

——我在想,感谢上帝,独裁者终将受到正义审判?

——是的,先生。我始终认为所有独裁者都该接受审判。有些家伙总能逃脱惩罚,这让我有点难过。

——很好。问题在于我们不生活在完美的世界。但你的话很勇敢。当然,在巴巴苏西亚或巴巴维耶哈那样的恐怖独裁统治下,如此叛逆的行为根本不可能实现。

——是的,长官。

——你可曾意识到自己能自由表达观点?

——是的,长官。

——有人在逼你吐露不愿说的话吗?

——长官,没有。

——那么你明白自由的价值了吗?

——是的,先生。

——很好。现在回到演播室,继续《你新闻秀》节目,你就是主角。听见了吗,雷内?喂,你们听见了吗?

但他没有排队等候入场。他想确认自己是否足够自信。刹那间,他感觉好多了,恐慌的症状消失了。但他仍无法确信,即便被迫也要说出那个词。他深知只需千分之一秒就能说出口。正是这千分之一秒,曾夺走许多人的性命——那些无知者,那些不明白自己行为后果的无知者,竟敢开玩笑般使用那个词。他听说过一位外国参议员的案例:那人走进商店想买支钢笔。结账时店员竟问他这东西是做什么用的。她凭什么问这种问题?难道不知道钢笔通常是用来书写的吗?即便钢笔还有其他用途——比如性行为或早餐时夹面包——她又凭什么过问顾客购买自家店铺里这件小物件的用途?说到底,这不过是她日复一日在昏暗灯光下为陌生雇主工作的生意——那灯光让人分不清昼夜,如同工业化养鸡场里那些永远见不到变幻阳光的优秀蛋鸡。

“一支钢笔,小姐。”参议员本该这样回答。但他这个笨蛋却脱口而出那个词,仿佛讽刺能被法律认可似的。多蠢啊!讽刺只有智者才能领会。若那真是,参议员就不会说出口。他之所以说,正因那并非,而说出来本该很有趣——就像超现实主义者把烟斗摆进博物馆,标题写着这不是烟斗

参议员之所以幸运,只因他是参议员。他的国家支付了巨额赎金,使他在监禁数日后重获自由。而一个穷苦人呢?谁知道会怎样。穷苦人必须时刻警惕,既不能说错话,也不能流露出即将说错话的迹象。

刚到这个地步,他就意识到说脏话不过是稍不留神的事。是种轻微的背叛,就像生病的人常对自己身体做的那些事——毫无缘由地从阳台跳下去,或是亲吻大陆上最清教徒式的女人,而这个女人恰恰是那个可怜虫、那个生病的小恶魔的工作和生命的掌权者。

他几乎带着叛逆地站起身。站起身时他并未多想。突然间他发现自己已然站立,周围人群匆匆而过,目光却像看疯子般盯着他。他开始显得可疑,不仅对自己可疑,对其他人也是如此。他意识到,拖延和沉思非但无益,反而害了他。他将以糟糕的、极差的状态抵达H号门。他将面对所有职员中最丑陋的那位,并说出那句话。想得越多,成功的可能性就越大。难道他不是正想着要去H门,却突然发现自己猛地跳到灰色行李箱旁,周围的人都看着他经过吗?

突然间,他完全不记得之前的步骤,就站在H门的女警面前,她问他:

——有什么要申报的吗?

他用越来越长的沉默作答。

H号登机口的女性工作人员望向他,又望向警卫。警卫掏出腰间的通讯器走近。随即又有两名警卫出现。

女性工作人员重复了先前的问题。

“有什么要申报的吗?”

“和平。”他说道。

警卫们拽住他的双臂。他感觉液压钳正在切割他的肌肉,最终碾碎他的骨头。

“和平!”他这次嘶吼着,»一点点Paz,对,就是PazPaz,他妈的!Paz,你妈的!

警卫们用高安培电流将他制服。

他在法庭上被指控危害公共安全,后来又因及时用“和平”这个词掩盖了另一个词而被定罪——在这个特殊时期,“和平”同样危险。辩护律师以他近期在山上的创伤经历导致的精神异常为由,对判决提出上诉。

豪尔赫·马赫福德,佐治亚大学,2006年

Todo el peso de la ley

Tout le poids de la loi (French)

Odpusti Naše Grehe  (Slovenian)

 

Todo el peso de la ley


Jorge Majfud

En la mañana del 27 de julio, los diarios y la televisión dieron la noticia de un raro crimen cometido en Sayago. Dos indigentes habían dado muerte a un tercero, posiblemente en la noche del día anterior. Aunque sin llegar a inquietar, a muchos sorprendió la noticia. Lo razonable, y lo que más se acostumbra, es matar por dinero, por orgullo o por alguna pasión familiar. Y nada de estas cosas podía tener un semihombre que vivía en los basurales de la ciudad.

Nunca se supo exactamente el motivo de la golpiza; y ya nadie quiso saber más cuando el juez dio a los asesinos diez años de prisión. Pero yo, el juez, nunca olvidé del todo el caso y algunos años después visité a los reos en la cárcel. Lo hice casi en secreto, como todo, porque la gente gustaba decir que yo tenía preferencia por los criminales y no por las víctimas. Ahora, si debiera dictar sentencia de nuevo, les daría otros diez años de cárcel; no por justicia, sino por compasión. Creo que podré explicarme.

El indigente muerto era el doctor Enríquez, el que había llevado esa vida sin casa durante los últimos seis meses. Eusebio Enríquez era médico cirujano y había perdido a su hija mayor en una sala de operaciones, el 24 de enero, donde él mismo pretendía aliviarla de una enfermedad incurable. El cirujano no tenía razones para culparse de la muerte de su hija, pero las razones de nada importaron porque, súbitamente, enloqueció y una noche se fue de su casa. Atravesó la ciudad bajo una lluvia de enero y se abandonó al costado de las vías del ferrocarril, en Sayago. Se dejó crecer la barba, ensució y destiñó la ropa; adelgazó rápidamente y su rostro se fue haciendo más oscuro y más hundido, lo que le dio una apariencia desconocida de sannyasin hindú. Se hizo tan al margen de la sociedad que dejó de existir para el gobierno y para la sociedad; y por eso nunca pudieron encontrarlo. Al poco tiempo conoció a Facundo y Barbarroja, los dos hombres que más tarde le darían muerte a golpes de fierro.

Ni Facundo ni Barbarroja eran criminales, pero la gente les tenía miedo o, mejor dicho, huía de ellos, como si la pobreza fuera contagiosa. Mientras hubo gente que creía en Dios o en el Infierno hubo limosnas. Pero, de a poco, la buena conciencia y el impuesto a la mala fueron decreciendo y estos miserables pasaron a integrar el inconsciente nacional, la vergüenza disimulada de una economía próspera o pretenciosa.

Los dos hombres llevaban una vida casi nómada. Habitaban todos o cualquiera de los rincones de la antigua estación de ferrocarril, evitando siempre que el guardia los descubriese durmiendo en algún vagón abandonado o en el depósito de fierros donde se refugiaban los días de lluvia. «Este lugar es triste —se decía Enríquez—; lo bueno es que ellos no lo saben».

Pero, repito, ninguno de los dos era capaz de matar un pájaro. También es verdad que durante esos seis meses de convivencia Enríquez les dirigió la palabra una sola vez. Con todo, los mendigos no le guardaron rencor. Sabían que era un pobre loco que alguna vez había vivido como la gente común, que habría tenido una casa y un auto y hasta una familia, porque lo habían visto huir de una mujer elegante y con ropa limpia. Habían aprendido a convivir con él como una familia que tiene un integrante mudo o minusválido. Alguna vez, cuando el frío fue intolerable y las mandíbulas comenzaron a temblar, le arrimaron una lata con yuyos hirviendo. Y él no la rechazó.

Pero ese invierno fue de los peores que recordaran los mendigos. Las temperaturas caían por debajo del cero; los charcos amanecían congelados y el pasto blanco con la escarcha. Era cada vez más difícil, sino imposible, conseguir botellas de vidrio y mucho menos venderlas. Porque la gente se alejaba de aquellos hombres que cada año empeoraban sus barbas y sus ropas. Y así, de a poco, fueron perdiendo el poco contacto oral que los unía al mundo.

Barbarroja enfermó de hambre y Facundo comenzó a quejarse toda la noche del reuma o de alguna otra cosa indescifrable. Las enfermedades y los sufrimientos se fueron sumando hasta confundirse en un único infierno. Sin embargo, los dos mendigos seguían esperando la primavera y el calor del verano que cada día parecía más lejano. Enríquez lo sabía. Sabía que ese podía ser el último invierno de sus acompañantes: tenían los pies hinchados y de color morado, las caras pálidas y hundidas, las manos inútiles. Sólo los ayudaba un optimismo deprimente, según él.

Una mañana Enríquez abrió su boca para leerles la sentencia de muerte. Ese día fue la única vez que hablaron los tres y hablaron durante horas. Facundo y Barbarroja se enteraron de quién era el loco y casi confirmaron lo que habían imaginado. En realidad el loco era o había sido un hombre rico. Un pequeño burgués, para sus conocidos, pero un hombre rico para aquellos marginados.

La conversación terminó por una propuesta del loco.

—Vendrá más frío —les dijo— y ustedes morirán. Ya no tienen defensas y sus cuerpos agonizan. El sufrimiento les durará hasta setiembre. O en el peor de los casos hasta octubre. Pero morirán. Y si tienen suerte de sobrevivir este año, morirán el año próximo, después de haber sufrido el doble de lo que sufrirán este invierno. Pero ustedes son tan pobres que ni siquiera tienen ideas. No sabrán cómo salir de este infierno. Ni siquiera de la forma más fácil. Ustedes son tan pobres que ni siquiera han pensado en ir a la cárcel donde los reos disfrutan de una cama con cobijas y con techo y donde comen casi todos los días. Ustedes son tan pobres que ni siquiera tendrán fuerzas para robar un mercado, porque si lo intentan los sacarán a las patadas y terminarán con la frente sangrando contra el pavimento. Y si los encarcelan por hurto los devolverán a la calle a los dos días, porque las cárceles están llenas y porque hasta el juez se compadecerá de dos miserables con hambre. Pero como yo soy médico, les voy a decir qué deben hacer para salvarse.

Los mendigos se miraron en consulta. No sabían bien qué pensar. Hasta comenzaban a dudar de la historia que les había contado al principio, de su familia y su vida anterior.

—Para ir a la cárcel, por muchos años, tienen que matarme. No me miren así como idiotas. Disimulen esa estupidez honesta que llevan hediendo en sus ropas.

Facundo y Barbarroja supieron o imaginaron que ese día el loco estaba peor que nunca. Pero seguía insistiendo, con fanático realismo, sobre la conveniencia de sacrificar a uno de los tres.

—Dios nos castigará —dijo Barbarroja.

—Dios ya los ha castigado. ¿Acaso imaginan un Infierno peor que éste? ¿Ven lo que les digo? Ustedes son tan pobres que no tienen ideas. Ya no razonan. ¿Tengo que venir yo para decirles lo que deben hacer? Además, ¿por qué habría Dios de castigar a alguien que mata a un asesino? La Biblia dice «ojo por ojo y diente por diente». Yo maté a una niña, a mi propia hija. ¿Tienen compasión de mí?

Los mendigos se levantaron y se retiraron temerosos. El loco comenzaba a asustarlos de verdad. Pasó un tiempo, una semana o dos, y no volvieron a hablar. Ni siquiera se le acercaban y hasta evitaban mirarlo. El día 24 llovió intensamente. Facundo y Barbarroja se mudaron al galpón abandonado de la estación. Como dije antes, sólo iban allí los días de lluvia, porque el guardia los fastidiaba si los encontraba adentro. Por otra parte, creo que preferían el vagón sin techo, porque era más discreto y no los molestaba el vacío negro de la altura de aquel depósito. (A pesar de que vivían en la calle, descubrí que ambos sufrían de una forma rara de agorafobia).

Ese día el loco no entró al galpón. Permaneció bajo la lluvia toda la noche, como un fantasma con las manos en los bolsillos y mirando a veces al cielo que lo dibujaba con sus relámpagos y lo borraba con la lluvia oscura.

El día 25, el loco, agotado por el hambre, por el frío y por las pocas ganas de vivir, cayó inconsciente. El día 26 los mendigos se decidieron a llevarle una lata con yuyos hervidos, pero ya no reaccionaba. Su mirada estaba perdida y apenas podía mover los párpados. La piel estaba blanca y fría, no había reacción ni sensibilidad de ningún tipo. Facundo apoyó su oído en el pecho del loco y comprobó que casi no latía. Durante toda la noche de ese día, los dos hombres estuvieron controlando en silencio los casi imperceptibles golpes que daba el corazón del loco. Lo esperaron o lo cuidaron con miedo y ansiedad. Barbarroja comenzó a temblar como nunca antes, encogido de hombros y sin poder controlar los labios que parecían recitar un discurso sin voz.

El día 27 el corazón del loco ya no se oía, y por la noche lo creyeron muerto. Pero no lo estaba. Por lo tanto, la conclusión del forense fue correcta: Eusebio Enríquez no murió de frío ni de hambre; fue asesinado a golpes por dos mendigos que reconocieron el delito y se salvaron de un seguro linchamiento a la salida del juzgado, porque la policía los arrastró hasta una camioneta donde fueron depositados como basura.

Jorge Majfud

Montevideo, 1998

Tout le poids de la loi


 

Dans la matinée du 27 juillet, les journaux et la télévision donnèrent la nouvelle d’un rare crime commis à Sayago. Deux indigents avaient donné la mort à un troisième, possiblement dans la nuit du jour précédent. Quoique sans arriver à inquiéter, la nouvelle en a surpris plusieurs. Ce qui est raisonnable et, ce qui est plus habituel, c’est de tuer pour de l’argent, par orgueil ou pour quelque passion familiale. Et rien de cela ne pouvait avoir un pygmée vivant dans les décharges de la ville.

Jamais on ne sut exactement le motif de l’agression; et alors personne ne voulût en savoir plus lorsque le juge donna aux assassins dix années de prison. Mais moi, le juge, jamais je n’oublierai le cas et, quelques années plus tard, je visitai les prisonniers dans leur cellule. Je le fis en secret, comme d’habitude, parce que les gens se plaisent à dire que j’avais une préférence pour les criminels plutôt que pour les victimes. Maintenant si je devais dicter une sentence de nouveau, je leurs donnerais dix autres années supplémentaires; non par justice, mais par compassion. Je crois que je peux m’expliquer.

L’indigent assassiné était le docteur Enriquez, celui qui avait porté cette vie sans toit pendant les derniers six mois. Eusebio Enriquez était un chirurgien et avait perdu sa fille aînée dans une salle d’opération le 24 janvier, où lui–même prétendait la soulager d’une maladie incurable. Le chirurgien n’avait aucune raison de se sentir coupable, mais peu importe les raisons parce que, subitement, il devint fou et s’en fût de sa maison. Il traversa la ville sous une pluie de janvier et s’abandonna du côté des voies ferrées, à Sayago. Il se laissa pousser la barbe, devint sale et négligea ses vêtements; il maigrit rapidement et son visage se fit plus obscur et creusé, ce qui lui donna une apparence méconnaissable de sannyasin hindou. Il se rendit si en marge de la société qu’il cessa d’exister pour le gouvernement et pour le monde, et pour cette raison personne ne put le retrouver. Peu de temps après, il rencontra Facundo et Barbarroja, les deux hommes qui plus tard le tueraient à coup de barre de fer. Ni Facundo ni Barbarroja n’étaient des criminels, mais les gens en avaient peur ou, pour mieux dire, les fuyaient, comme si la pauvreté était contagieuse. Tandis qu’il y avait des gens qui croyaient en Dieu ou à l’Enfer et qui leurs donnaient des aumônes. Mais, peu à peu, la bonne conscience et les subsides décrûrent, et ces misérables en vinrent à intégrer l’inconscient national, la honte dissimulée d’une économie prospère ou prétentieuse.

Les deux hommes traînaient une vie presque nomade. Ils habitaient tous ou certains des recoins de la vieille station de chemin de fer, évitaient toujours que le gardien les découvre dormant dans quelque wagon abandonné, ou dans le dépôt de fer où ils se réfugiaient par temps de pluie. “Cet endroit est triste» se disait Enriquez, “tant mieux s’ils ne s’en rendent pas compte.”

Mais, je le répète, aucun des deux n’était capable de tuer un oiseau. Aussi il est vrai que pendant les six mois que dura cette convivialité, Enriquez ne leurs adressa la parole qu’une seule fois. Malgré tout, les mendiants ne lui gardèrent aucune rancœur. Ils savaient qu’il était un pauvre fou qui, autrefois, avait vécu comme les gens ordinaires, qu’il avait eu une maison et une auto et, jusqu’à une famille, parce qu’ils l’avaient vu fuir une femme élégante portant une robe propre. Ils avaient appris à cohabiter avec lui comme en famille, et paraissait muet ou handicapé. Certaines fois, lorsque le froid devenait intolérable et que ses mâchoires commençaient à trembler, ils lui donnaient une boîte de conserve replie d’herbes bouillantes. Et lui ne la repoussait pas.

Mais cet hiver fut l’un des pires dont se souviendront les mendiants. Les températures tombaient en dessous de zéro; les mares commençaient à geler et les pâturages devenaient blancs. Il était chaque fois plus difficile sinon impossible de se procurer des bouteilles de verre et encore plus de les vendre. Parce que les gens s’éloignaient de ces hommes qui, chaque année, dépérissaient toujours plus, négligeant leur barbe et leurs vêtements. Et ainsi, peu à peu, ils perdirent le peu de contact oral qui les réunissait au monde.

Barbarroja tomba malade de faim et Facundo commença à se plaindre toute la nuit de rhumatisme ou de quelqu’autre chose d’indéchiffrable. Les maladies et les souffrances crûrent jusqu’à se confondre en un unique enfer. Cependant, les deux mendiants continuaient d’espérer le printemps et la chaleur de l’été qui chaque jour paraissaient plus lointain.

Enriquez le savait. Il savait que cela pouvait être le dernier hiver de ses compagnons. Ils avaient les pieds gonflés et violets, leurs visages étaient pâles et renfoncés, leurs mains inutilisables. Seul les aidait un optimisme déprimant, selon lui.

Un matin, Enriquez ouvrit la bouche pour leurs dire la sentence de leur mort. Ce jour fut l’unique fois qu’ils parlèrent tous les trois et ils parlèrent durant des heures. Facundo et Barbarroja s’informèrent de qui était le fou et cela confirma presque tout ce qu’ils avaient imaginé. En réalité, le fou était ou avait été un homme riche. Un petit bourgeois, pour ses connaissances, mais un homme riche pour ces marginalisés.

La conversation se termina par un proposition du fou. “Il viendra plus de froid” leur dit-il, et “vous-mêmes mourrez. Déjà vous n’avez plus de défenses et vos corps agonisent. Ils endureront la souffrance jusqu’en septembre. Ou, dans le pire des cas, jusqu’en octobre. Mais vous mourrez. Et si vous avez la chance de survivre cette année, vous mourrez l’année prochaine, à la suite d’avoir souffert le double de ce que vous souffrirez cet hiver. Mais vous être si pauvre que vous n’avez ni même d’idées. Vous ne saurez pas comment sortir de cet enfer. Ni même de la façon la plus facile. Vous êtes si pauvre que vous n’avez même pas pensé à aller en prison où les gens jouissent d’un lit avec des couvertures et un toit, où ils mangent presque tous les jours. Vous êtes si pauvres que vous n’avez même pas les forces suffisantes pour voler dans un marché, parce que si vous l’essayeriez, ils vous sortiraient à coup de pommes de terre et vous en termineriez sur le pavé avec le front ensanglanté. Et s’ils vous emprisonnaient pour vol, ils vous remettraient à la rue au bout de deux jours parce que les prisons sont pleines, et parce que même le juge aurait pitié de deux misérables affamés. Mais, comme je suis médecin, je vais vous dire quoi faire pour vous en sortir.”

Les mendiants se regardèrent pour se consulter. Ils ne savaient guère quoi en penser. Ils commençaient même à douter de l’histoire qu’il leurs avait racontée au début, au sujet de sa famille et de sa vie antérieure.

“Pour aller en prison, pour plusieurs années, vous devez me tuer. Ne me regardez pas ainsi comme des idiots. Dissimulez cette stupidité honnête qui vous fait puer dans vos vêtements.”

Facundo et Barbarroja surent ou imaginèrent qu’en ce jour le fou était pire que jamais. Mais il continuait d’insister, avec un réalisme fanatique, sur la convenance de sacrifier un des trois.

– “Dieu nous punira” dit Barbarroja.
– “Dieu déjà vous a punis. Peut-être imaginez-vous un Enfer pire que celui-ci ? Voyez–vous ce que je vous dit ? Vous êtes si pauvres que vous n’avez pas d’idées. Déjà vous ne raisonnez plus. Dois-je venir pour vous dire ce que vous avez à faire ? De plus, pourquoi Dieu aurait-il à punir quelqu’un qui tue un assassin ? La Bible ne dit-elle pas « œil pour œil, dent pour dent » ? J’ai tué une enfant, ma propre fille. Auriez-vous de la compassion pour moi ?”

Les mendiants se levèrent et se retirèrent craintifs. Le fou commençait à leur faire peur pour de vrai. Le temps passa, une semaine ou deux, et ils n’en reparlèrent plus. Ni même ne l’approchaient et allaient jusqu’à éviter de le regarder. La journée du 24, il plût intensément. Facundo et Barbarroja emménagèrent dans le hangar de la station. Comme je l’ai dit auparavant, ils allaient là seulement les jours de pluie, parce que cela ennuierait le gardien de les trouver là. D’autre part, je crois qu’ils préféraient le wagon sans toit, parce qu’il était plus discret et que le vide noir de la hauteur de ce dépôt ne les dérangeait pas. (Malgré qu’ils vivent dans la rue et que je découvris qu’ils souffraient d’une forme rare d’agoraphobie).

Durant ce jour, le fou n’entra pas dans le hangar. Il demeurait sous la pluie toute la nuit comme un fantôme les mains dans les poches et regardait souvent dans le ciel les éclairs que la pluie obscure effaçait.

La journée du 25, le fou, épuisé par la faim et le peu d’envie de vivre, tomba inconscient. La journée du 26, les mendiants se décidèrent à lui apporter une tisane d’herbes bouillies. Mais il ne réagissait déjà plus. Son regard était perdu et à peine pouvait-il bouger les paupières. La peau était blanche et froide, il n’avait ni réaction ni sensibilité d’aucun type. Facundo appuya son oreille sur la poitrine du fou et constata qu’elle ne remuait presque plus. Pendant toute la nuit les deux hommes contrôlèrent en silence les quasis imperceptibles coups que rendait le cœur du fou. Ils attendirent et en prirent soin avec crainte et anxiété. Barbarroja commença à trembler comme jamais auparavant, les épaules contractées et sans pouvoir contrôler les lèvres qui paraissaient réciter un discours sans voix.

La journée du 27, le cœur du fou maintenant ne s’entendait plus et, à la nuit, ils le crurent mort. Mais il ne l’était pas. Par conséquent, la conclusion du médecin légiste était correcte : Eusebio Enriquez n’était pas mort de froid ni de faim, il fut assassiné de coups donnés par deux délinquants qui reconnurent le délit et qui se sauvèrent d’un lynchage certain à la sortie du procès, parce que la police les entraîna jusqu’à une camionnette où ils furent déposés comme déchets.

Jorge Majfud
Uruguay, 1998

Traduit de l’espagnol par:
Pierre Trottier, mai 2006
Trois–Rivières, Québec, Canada

Los números no mienten

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Los números no mienten

“No se trata de cuántos kilogramos de carne se come o de cuántas veces por año se pueda ir alguien a pasearse en la playa, ni de cuántas bellezas que vienen del exterior puedan comprarse con los salarios actuales. Se trata, precisamente, de que el individuo se sienta más pleno, con mucha más riqueza interior y con mucha más responsabilidad”.

Ernesto Che Guevara, sobre el Hombre Nuevo.

Amistad

Bill Rodriguez tiene 1457 amigos en Facebook y 299 en Twitter. Luz Graham tiene 1208 amigos en Facebook y 188 en Twitter. Bill Rodríguez es 82,9 por ciento mejor amigo que Luz en Facebook y 62,8 por ciento mejor amigo en Twitter. En promedio, Bill es 72,9 por ciento mejor amigo que Luz. Sin embargo, Luz ha logrado un incremento mensual del 8,5 por ciento mientras que Bill sólo ha alcanzado una tasa de crecimiento del índice de amistad del 6,3, lo que significa que en un tiempo no muy lejano Luz será mejor amiga que Bill. Luz calcula que para el año 2022 será la segunda persona más seguida de Usuahia mientras que Bill descenderá del puesto 3 al puesto 16 de la lista de personas más seguidas de Ciudad Juarez.

Plenitud sexual

Irma Salas Aberta, 42, se divorció de Edelmo Sanchez, 47, en 2008. Entre el 2001 y el 2005, el promedio de relaciones sexuales contabilizadas dentro del matrimonio alcanzaron una mínima de 3 actos mensuales en noviembre de 2006 y una máxima de 9 eventos en abril de 2007. En 2009 Irma volvió a contraer matrimonio con Pablo Tortorola, 24, desocupado, hincha de Colo Colo, con el cual alcanzó un promedio de 35 relaciones sexuales al mes considerado el período febrero-diciembre de 2009. De esas 35 ocurrencias se verificaron 22 orgasmos probables y 8 fingidos. En el mismo período de 2004 Irma había logrado una ocurrencia máxima de 12 actos sexuales y 3 orgasmos comprobados por lo cual se verifica que durante los primeros 11 meses del año 2009 Irma fue 36,4 por ciento más satisfecha en términos cuantitativos y 7,3 veces más satisfecha en términos cualitativos, si consideramos la calidad de los orgasmos sobre la cantidad de todas las ocurrencias coitales.

En enero de 2010 Irma y Pablo concurrieron a un profesional para realizar terapia de pareja. Ambos están dispuestos a mejorar su relación incrementando la tasa de eventos coitales en un 40 por ciento. Estudios demuestran que hacer el amor1,75 veces al día mejora la comunicación y la calidad orgásmica en términos mensuales.

Liberación

José Ramón de la Piedra, casado con Francisca Ruiz, logró disminuir de 11 eventos extramaritales a sólo 4 durante el término 2008-2009. En el mismo período, Anastasia Flores alcanzó la cifra de 6 eventos extramaritales, 3 más que el mismo lapso de tiempo del período anterior. Las cifras indican que José Ramón alcanzó su objetivo de ser 2,75 veces menos machista mientras que Anastasia Flores mejoró su nivel de liberación femenina en un asombroso 50 por ciento. No obstante, como en dos ocurrencias participaron José Ramón y Anastasia Flores de forma simultánea, en el Motel 8 de la calle 19 de Miami los días 25 y 30 de agosto de 2009, se discute en qué porcentaje las dos ocurrencias extramaritales de José disminuyen el índice de liberación de Anastasia y aumentan el machismo de José, por lo cual los porcentajes podrían variar en una segunda revisión.

La más grande del mundo

Aunque el cuarto trimestre de 2009 ha sido uno de los peores trimestres de la economía china, de cualquier forma su PIB se ha agrandado un 6,8 por ciento. Por el contrario, Estados Unidos ha logrado un 5,7 por ciento de crecimiento y la Unión Europea un 0,1 por ciento en el mismo periodo. Las cifras demuestran que hasta en su peor momento considerado el periodo 2001-2009, el comunismo chino ha mantenido una ventaja de crecimiento relativo de más del 2 por ciento sobre el mayor país capitalista y más del 6 por ciento sobre los países social demócratas. No obstante, las virtudes del comunismo chino, valorado en 4 trillones, todavía no alcanzan un tercio de las virtudes totales del capitalismo americano. Se calcula que en el año 2028 se demostrará que el capitalismo comunista de China tenía razón, cuando la suya sea más grande que la de Estados Unidos.

El único problema será el dramático envejecimiento de la población china, por lo cual no sabemos si podrá usarla con el mismo vigor que la usaba cuando la tenía más pequeña o si cometerá el mismo error del imperio americano de andar presumiendo por todas partes.

Comunicación

Con LingaNet puedes hablar con tus amigos 435 minutos a la semana. Después de los primeros 375 minutos, LingaNet te ofrece 100 minutos más a mitad de precio, para que puedas estar comunicado con la gente que te necesita. Por si fuese poco, si aún necesitas más, LingaNet te regala un móvil totalmente gratis cada vez que traspasas el límite de 600 minutos semanales, para que puedas seguir ejerciendo tu derecho de estar comunicado, con lo cual ahorras un 29 por ciento al mes cada vez que usas tu LingaMovil. Entonces, ¿por qué conformarse con menos si puedes tener más?

El Hombre Nuevo

En Brasil, la fortuna de Eike Fuhrken Batista ha alcanzado la cifra record de 7,5 billones de dólares. Aunque por encima de Batista todavía hay otros 60 billonarios, como el mexicano Carlos Salim con 35 billones y Bill Gates al tope de la lista con 40 billones, el increíble ascenso de Batista y de otros millonarios en la lista de los hombres más ricos del mundo demuestra el éxito de la izquierda de Ignacio Lula da Silva. “De aquí a quince o diez años, este país deberá ser la cuarta, la tercera o, si no tuviéramos suerte, podemos ser la quinta economía”, dijo Lula.

Todo lo que demuestra que el fundador del izquierdista Partido de los Trabajadores tenía razón, aunque para tenerla tuvo que cambiar de idea.

Realismo socialista

En 2006 Ignacio Lula da Silva, presidente de Brasil y antiguo sindicalista marxista dijo, ante el grupo de empresarios más importantes del país: “Las cosas evolucionan de acuerdo con la cantidad de cabellos blancos y la responsabilidad que uno tiene. Si uno conoce a un izquierdista muy viejo es porque debe estar con problemas”.

Un poco tarde, en 2010 el presidente electo de Uruguay, ante un gigantesco banquete de gigantescos empresarios capitalistas, con el mismo tono desafiante que le hablaba a la clase proletaria, exclamó apasionado: “Señores empresarios: les estamos pidiendo que apuesten al Uruguay y jueguen con el Uruguay. No podemos generar riquezas con decisiones legislativas, la riqueza es hija del circuito del trabajo”. Según el ex guerrillero tupamaro y mayor exponente de la combativa izquierda nacional, era hora de “cambiar un desastre histórico”, por lo cual garantizó ante los realistas que “no se va a expropiar ni se doblarán los lomos con impuestos”.

Antes, pedirles a los inversionistas que jueguen con un país no era tan bien visto y doblar el lomo se refería al trabajo de los campesinos, obreros y estudiantes.

Los aplausos fueron fuertes y unánimes. Hay que ver cómo cambian los inversionistas ante el realismo socialista.

Al día siguiente los diarios de la región estuvieron de acuerdo en que Mujica había encandilado a la clase empresarial.

Estoy de acuerdo. Mujica es un hombre sabio, pragmático. Otra prueba que conviene seguir los pasos de los hombres exitosos.

Pero creerles, jamás.

Desesperanza

Alguna vez admiramos tanto a los tres, a Lula, a Obama, a Mujica. Pero el tamaño de toda decepción es el tamaño de toda esperanza arrojada sobre un líder que no ha muerto. No es culpa de ellos; como siempre, la culpa es nuestra. La culpa es de los que admiran, de los que albergan excesivas esperanzas en algo distinto a Dios o a la razón humana.

Jorge Majfud

Febrero 2010

La moral de los perros

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Artist and dog arrive by Melbourne Express (ta...

Image by State Library of New South Wales collection via Flickr

La moral de los perros

El arzobispo Antonio Chedraui se ha hecho célebre en los mass media de México por su posición contra los matrimonios del mismo sexo. En diferentes sermones, discursos y entrevistas ha repetido que no pretende meterse en la vida privada de nadie. Su objetivo, como el de tantos otros, es la defensa de la familia. No aclara a cuál familia o a la familia de quién se está refiriendo, lo que demuestra que la simplificación no es un método exclusivo de los políticos. Por lo pronto podemos inferir que no se trata de defender la familia de Luis y Mario ni la de María y Luisa sino la familia de José María y María José.

El arzobispo y sus seguidores respetan a aquellos que se han desviado del camino. Según ellos, gays y lesbianas pueden practicar sus placeres en la intimidad sin que la Iglesia y los guardianes de la buena moral intenten impedírselo. Finalmente, tienen permiso oficial.

Pero éste no es realmente el punto central. Ni en tiempos de la más cruda inquisición, los guardianes de la moral tenían esta facultad de impedir una relación sexual. Por el contrario, muchos de ellos fueron reconocidos practicantes del sexo ilícito. De vez en cuando encarcelaban o quemaban vivo a algún pecador hereje, pero estos detalles, que servían para controlar la sociedad valiéndose del terrorismo y la tortura, no impidieron nunca el amor equivocado.

El punto en discusión radica en si nosotros, los heterosexuales, vamos a seguir disfrutando de todos los derechos civiles mientras se los negamos por ley a los homosexuales. Si realmente no nos queremos meter en sus vidas privadas, ¿por qué les negamos derechos humanos según sus prácticas sexuales? Incluso, se los negamos aunque de hecho una pareja gay o lesbiana vivan juntos y nunca tengan relaciones sexuales. ¿Acaso no existe el amor sin sexo, ese amor platónico que tanto recomienda el Papa? Según la Iglesia y quienes se oponen a los matrimonios del mismo sexo, no.  Lo niegan con sus mismos actos. ¿Acaso no hay matrimonios heterosexuales que nunca o casi nunca tienen relaciones sexuales? Sí, de otra forma los psicólogos no tendrían tanto trabajo. No practican el sexo pero de cualquier forma son reconocidos por las leyes que los protegen.

Es decir, la oposición al matrimonio del mismo sexo no busca impedir la práctica pecaminosa, porque de hecho no puede. Lo único que procura y de hecho ha logrado siempre es prevenir que algunos seres humanos tengan los mismos derechos civiles que gozan los demás. Esto no es otra cosa que más del castigo divino que los religiosos han pretendido administrar durante siglos. No están dispuestos a perder ese privilegio de ser los policías de Dios. Su método es simple y efectivo: confundir la tradición con la naturaleza.

Ahora, ¿cómo definimos qué es normal y qué no?

El arzobispo Antonio Chedraui tiene la respuesta. El 19 de enero de 2010 porMilenio Televisón dictó cátedra. “Lo anormal no puede ser normal”. Por si no había sido claro y contundente, lo repitió dos veces. La periodista de Milenio —donde publicamos cada domingo desde hace años nuestras perplejidades—, con la modestia propia de un fiel que está ante un santo, le agradeció la claridad.

Motivado, el arzobispo volvió a la carga con uno de sus argumentos preferidos. “¿Usted vio alguna vez un animal, un perro teniendo relaciones sexuales con otro perro del mismo sexo?” dijo, poco antes de que se escuchara un ladrido.

El arzobispo giró su cabeza para ver al pobre animalito, ese fiel amigo recluido entre las altas murallas de su patio privado. Ladró una vez más. El animalito lo debía considerar un dios, por lo que el ladrido debía ser una plegaria.

En realidad el arzobispo no es Dios, sino su vocero en la tierra.

“¿Vio alguna vez un perro teniendo relaciones sexuales con otro perro del mismo sexo?”, insistió.

Entonces pensé que quizás en el Cono Sur los animales son más promiscuos o pervertidos que en México. En mis vacaciones en la granja de mi abuelo muchas veces observé alguna que otra vaca montando otras vacas, algún que otro perrito besando o lamiendo el pene de otro perro, razón por la cual recibió un terrible palazo de mi parte.

Lo que sí no he visto nunca, en ninguna parte del mundo, fue a ningún animalito de Dios practicando el celibato por voluntad propia.

Claro que quizás no puedo hablar con propiedad porque todavía no conozco la Antártida ni el país de los recientemente desaparecidos bo de las islas Andaman.

Claro que los animales no son seres humanos y no podemos comparar. Los humanos son superiores porque practican el celibato, la castración, la persecución de brujas y todo tipo de anormales, siempre en nombre de la buena moral. Cuando no en nombre de Dios.

Jorge Majfud

6 de febrero de 2010

Milenio , II (Mexico)

La Gaceta Mercantil (Argentina)

 

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la cultura pooph

President Barack Obama greets Michaele and Tar...

Image via Wikipedia

El elogio a la banalidad en la cultura pooph:

La insoportable frivolidad del ser


Alguna vez Fedor Dostoyevski observó que cualquiera podía hacerse famoso en cualquier momento. Como no todos podían ser Darwin, Franklin o Fedor Dostoyevski, cualquiera podía pasar a la historia asesinando a un emperador o a un presidente. Si el precio era muy alto, aun quedaban otras opciones. Creo que más famoso, aunque cien años tardío, es la popular idea de Andy Warhol que en los sesenta, en pleno nacimiento de la cultura pop, predijo que en el futuro todos serían famosos por quince minutos, para lo cual bastaba con estar “en el lugar correcto o en el incorrecto, en el momento exacto o en la peor situación posible”.

No es casualidad, si consideramos que Dostoyevski es hijo del siglo del periodismo escrito como Warhol es hijo del siglo del espectáculo mediático de la televisión.

Hace pocos días y no muy lejos, el matrimonio Tareq and Michaele Salahi decidió colarse en la fiesta de recepción que el presidente Obama daba al primer ministro indio Manmohan Singh. Los Salahi se fotografiaron con un gran número de estrellas de la política nacional. El exótico ministro de la segunda nación más grande del mundo no fue considerado en este paseo de la fama.

Pero la consagración de los Salahi llegó cuando fueron descubiertos. Este inconveniente, que dudosamente puede atribuirse a un error de cálculo, puso a la pareja bajo investigación y la envistió con los quince minutos de fama que pretendían para promocionarse. Lo único que se sabe a ciencia cierta es que en la cultura pooph promoción y fama significan dinero.

Nada importa el contenido de lo que uno tenga para ofrecer sino, simplemente, estar o pasar por debajo de las luces y las cámaras que apuntan al centro del mundo. Lo mismo da ser Sarah Palin, Paris Hilton, Michael Phelps, Mussolini o el Che Guevara. Todos merecen el mismo respeto y admiración de los pooph porque son famosos. Los medios son los fines. Los medios confieren divinidad todo lo que tocan. En este momento, el señor y la señora Salahi se encuentran bajo investigación policial mientras venden sus entrevistas a medio millón de dólares cada una.

Hace unas semanas una pareja en Fort Collins, Colorado, denunció que su hijo había salido volando en un globo de helio que su padre, Richard Heene, había construido en el patio de su casa. Como los niños son asunto serio en Estados Unidos, rápidamente movilizaron a la policía y lograron atraer la atención de las cadenas más importantes de televisión. Las horas de persecución aérea del globo terminaron con la aparición del niño en el altillo de la casa. En lo que parecía el clímax del orgasmo mediático, Larry King entrevistó a la familia y al niño, Falcon [halcón] Heene, quien involuntariamente confesó: “we did this for the show” (lo hicimos para el espectáculo).

Los padres del ahora célebre Niño del Globo habían planeado sus quince minutos de fama con la intención de promover un posible reality show. Lo cierto es que montaron un reality show más real y más espectacular que cualquier reality show convencional.

No son la excepción. Nuestra cultura es un inmenso, un inocentemente perverso reality show alimentado por la banalidad, la vana vanidad de la cual quizás somos victimas alguna vez en cuando todos los mortales.

Ahora, si alguien pensó que esta es una locura anglosajona está equivocado. El resto del mundo está en el mismo negocio, con el agravante de que son copias de copias en nombre de la originalidad.

No nos vayamos muy lejos. Recordemos el pasado concurso de talentos Viva el Sueño. El titulo es significativo, si recordamos la obra maestra de Calderón de la Barca, La vida es sueño (1635). Fedro, el participante más elogiado por el jurado, casi nunca criticado, victima del voto nunca suficiente del público machista y homofóbico, canta muy afinado y llora mientras repite lo que el jurado y el mundo repiten: “su propuesta es original”, “su virtud es ser único”, “me propuse mostrar algo diferente”, etc.

Fedro es rechazado por ser gay. Esta es una verdad conveniente. En el fondo todos saben que ser gay es un negocio de moda, como antiguamente en las cortes de los reyes eran populares los enanos. El público consume lo que rechaza, aplaude lo que evita, admira lo que odia, destruye lo que ama, digiere lo que es políticamente correcto mientras el artista remeda originalidad y el jurado y los especialistas repiten las mismas frases que incluyen un menú de elogios orgásmicos e inevitables insultos que pretenden vender como crítica o sinceridad. La fábrica de ídolos es también un picadero de carne humana. Carne humana a muy alto precio.

Fedro, el candidato a ídolo mexicano canta, se viste y se peina y llora como Adam Lambert, el american idol del mismo año. Como Adam, Fedro llegó a la final pero no pudo ser rey, idol o ídolo. Comparten el mismo estilo, la misma opción sexual y posan de victimas de la sociedad. De hecho lo son. Victimas de la sociedad y productos del mercado. Las verdaderas victimas, los discriminados no famosos, son así revindicados, más que representados, por estas originales copias de copias, producto de productores.

Sí, claro, en el mundo hay lugar para todos. Por suerte. Lamentablemente la historia insiste en lo contrario: en la uniformización, en la imposición de “lo que se parece a nosotros” hasta cuando parece diferente. Fedro, Adam, los ídolos de la cultura pooph nunca desafían mientras desafían; nunca salen de lo políticamente correcto mientras escandalizan. Sus transgresiones son variaciones adaptadas a las reglas preestablecidas del éxito, tal como lo entiende el mercado. La referencia de los jueces de “hay un mercado para ti allá afuera”, es explícita y es recibida con algarabía por el rebelde pooph. Sin embargo, estas nuevas y originales propuestas son simples remedos de lo que se encuentra en cada rincón de la nueva cultura dominante, que es la cultura del mercado: la frivolización y el narcisismo.

En un mundo en que todos pueden obtener su fama por quince minutos, la ansiedad que produce carecer de ella es democrática y dominante. Pero si todos son famosos nadie lo es. Razón por la cual esta ansiedad por ser el centro de las miradas del mundo se vuelve una obsesión, como la anorexia o la conexionimia.

La fama ya no es la consecuencia o el medio para promover una propuesta artística, ideológica, religiosa o filosófica. Cualquier camino que conduce a ella es válido. Ya no es necesario ser Edison, la Madre Teresa, Michel Foucault, Noam Chomsky o Eduardo Galeano para ser famoso. Los verdaderos famosos han demostrado que para la cultura pooph la fama no depende del contenido sino del envase. Un envase célebre puede inducirnos a tomar el mejor vino o Coca-Cola, agua mineral o aguas servidas. Ya ni siquiera es necesario recurrir al engaño. El éxito de la cultura de la banalidad es tanto y tan abrumador que cualquier pretensión de algo más allá, algo con contenido, algo con profundidad, algo que quede después del pooph es tomado como el acto más ridículo, objeto de burla a boca partida.

Lo políticamente correcto, lo único que los nuevos cerebros adiestrados en la frivolidad son capaces de soportar es el peso de la banalidad, de la repetición en nombre de la originalidad, de la esclavitud intelectual y espiritual en nombre de la liberación, de las célebres excusas del tipo: “no sé qué es esto pooph que me salió, pero es muy bueno por que me gusta, es lindo, habla de cómo soy yo, yo mismo, yo único…”

Todo en nombre de la genialidad.
La catástrofe ecológica, las toneladas de basura que cada día arrojamos al cielo y a los mares no es un fenómeno aislado. Ni siquiera es una metáfora. Es parte de la erosión y la producción de desechos que la cultura resultante e imperante arroja cada día sobre la humanidad como si se tratase del mejor abono. Porque nada es casual ni gratuito. Todo tiene un precio.

Jorge Majfud

2009

Crisis V

Crisis V

Miércoles 31 de diciembre. Dow Jones: 8.668

El Reno, Oklahoma. 6:15 PM

—Ernesto, algún día tendrás que reconocer que en América Latina la política de izquierda es la continuación de la literatura por otros medios.

—Bueno, che. Aunque no toda, no niego que tengas algo de razón. Ya ves que la gente de derecha como vos también es capaz de producir ideas interesantes.

—Es que la realidad casi nunca es interesante. Ustedes los poetas no quieren aceptarlo y por eso producen más ideas interesantes de las que son posibles o necesarias. Muchas ideas interesantes, pero muy pocas tienen algo que ver con la realidad.

—Lo bueno que tiene la realidad es que siempre se la puede ver desde un punto de vista diferente. Lo cual no quiere decir que no exista una realidad concreta sino precisamente lo contrario. Somos un continente poético. Esa es nuestra realidad, si nos permiten. O lo fuimos. Por algo los países pobres del Caribe encabezan la lista anual de los países más felices del mundo. Entre tanto dolor y tantas injusticias, si no sos un poeta estás frito.

—Pero no por eso dejan de tirarse al agua para buscar el sueño americano.

—Evidentemente, no todos. En casos como el tuyo, no hay misterio. En otros casos, sino en el resto, unas veces es el hambre y otras veces el espíritu de aventura que mueve al latino. No es la aventura del pirata; es la aventura del Quijote en las entrañas de la bestia, como decía Martí. El Che, que llamaba Rocinante a la aventura, estuvo pensando seriamente conseguir una beca en Estados Unidos o en Francia.

—Ahora entiendo por qué Estados Unidos y Franca dan tan buenas becas para estudiar marxismo en sus universidades. El socialismo marxista nació con el nombre de socialismo científico y tuvo su mayor inspiración en el arte latinoamericano. Pero por lo visto el arte es siempre más peligroso.

—Cada uno se inspira en lo que puede.

—Qué no era el Che sino un poeta radical. No era un poeta que se dedicó a otra cosa. Era un poeta que no se dedicó a escribir poemas. Un poeta que se dedicó a hacer poesía, aunque sus versos le dolieran a más de uno en la cabeza. Creció y murió con un libro de Pablo Neruda.  Sus poemas escritos no eran tan buenos. Era mejor teorizando, escribiendo en prosa, poetizando la realidad, realizando la poesía. Pudo llegar a ser uno de los escritores del boom latinoamericano si no se hubiese tomado tan en serio la cosa. Hizo el camino inverso de Cervantes. El mismo camino del Quijote, de las letras a las armas. Y después, cuando tuvo algún éxito, no pudo conformarse con la realidad. Eso de un mundo sin dinero, sin trabajo a desgano, sin egoísmos… Un Hombre Nuevo. Muy bonito.  Y sus discursos, dios mío, eso también era poesía pura. Hasta Salvador Allende le había copiado el tono, que a su vez era una versión mejorada de aquellas exclamaciones tipo olas del Pacifico que era Pablo Neruda recitando. Es el complejo José Martí, otro poeta, como todos los guerrilleros. Hasta un militar como Chávez está obsesionado con la literatura, lo que ya es mucho decir. Esa manía de regalarles libros a sus enemigos pinta a los zurdos de cabo a rabo. O recitando poemas en medio de esos discursos kilométricos, interminables como los de Fidel, tipo Cien años de soledad. Aunque a decir verdad, el único que no tenía sentido para la poesía fue Fidel. Pero era otro maestro de la prosa. Otro hombre de literatura, pero con cierto sentido de la realidad. Por eso pudo seguir.

—Ya veo hacia dónde vas, Ricardito. Ahora, si eres poeta y declaras que el cuadrado de la hipotenusa es igual a la suma del cuadrado de los catetos, eso no quita que sea verdad. Al menos para un espacio euclídeo, es decir, un espacio humano.

Jorge Majfud

El capital intelectual

Logo of General Motors Corporation. Source: 20...

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Intellectual Capital (English)

Capitale intellettuale (Italian)

O capital intelectual (Portuguese)

El capital intelectual


En 1970 la huelga de los obreros de la General Motors redujo el PIB de Estados Unidos en un 4 por ciento y se calcula que fue la razón del pobre 2 por ciento de crecimiento que experimentó el país en los años siguientes.

Hoy la decadencia de todas las industrias automotrices de Estados Unidos apenas incide en un punto porcentual. Casi la totalidad del PIB radica en servicios, en el sector terciario. De este sector, la producción intelectual derivada de la educación es creciente. Sin mencionar que hoy casi nada se produce sin la intervención directa de los inventos informáticos más recientes derivados de la academia, desde la producción agrícola en los países exportadores hasta la industria pesada, mayoritariamente establecida en países llamados emergentes o en vías de desarrollo.

Durante gran parte del siglo XX ciudades como Pittsburg, Pensilvania, florecieron como centros industriales. Ricas y sucias, este tipo de urbes fue una herencia de la revolución industrial. Hoy es una ciudad limpia que vive y es reconocida por sus universidades.

En el último año, el llamado “research corridor” de Michigan (consorcio que forman la University of Michigan y la Michigan State University) aportó 14 billones de dólares al estado solo de los beneficios directos generados por sus inventos, patentes e investigaciones. Estos beneficios han crecido el último año y aun más en proporción en un estado que fue la casa de las grandes automotoras del siglo XX y que hoy se encuentran en decadencia.

Es decir, una parte de los beneficios directos derivados de la producción de “capital intelectual” de una universidad en el puesto 27 y otra en el 71 del ranking nacional de Estados Unidos, en un año suman el mismo capital monetario que todo lo producido por un país como Honduras. Este factor de producción intelectual explica, en gran parte, por qué sólo la economía de la ciudad de Nueva York y su área metropolitana equivale a toda la economía de India (en términos nominales internacionales, no de compra interior), de un país de más de mil millones de habitantes y con un gran crecimiento económico debido a su producción industrial.

Hoy en día el 90 por ciento del PIB de Estados Unidos deriva de bienes “no-manufacturados”. El valor monetario de su Capital Intelectual es de 5 trillones de dólares —casi el 40 por ciento del PIB total— lo que equivale por sí solo a todos los rubros juntos de la dinámica economía de China.

Si el imperio americano, como todos los imperios habidos y por haber, de formas directa o indirectas ha pirateado las materias primas de otros países, no es menos cierto que durante mucho tiempo y sobre todo hoy en día los países emergentes y por emerger piratean gran parte de los derechos de autor de inventos norteamericanos. Por no mencionar que solo la falsificación de marcas norteamericanas le resta a los productos originales 200 billones de dólares anuales, lo que supera por lejos el PIB total de países como Chile.

Si observamos esta realidad, podemos predecir que el mayor riesgo de los países emergentes es dejar descansar su actual desarrollo en la exportación de materias primas; el segundo, confiarse en la prosperidad industrial. Si los países emergentes no se ocupan de invertir con fuerza en la producción intelectual, confirmarán, quizás en una década o dos, la división de trabajo internacional que sostuvo las grandes diferencias económicas durante los siglos XIX y XX.

Ahora está de moda proclamar en los medios de todo el mundo que Estados Unidos está acabado, quebrado, a tres pasos de la desintegración en cuatro países, a dos pasos de la ruina final. Me da la impresión que la metodología de análisis no es del todo precisa porque, como criticaba el mismo Ernesto Che Guevara a quienes elogiaban la efectividad de la producción industrial socialista sobre la capitalista, se confunde deseo con realidad. El mismo Guevara se quejaba que esta pasión impedía una crítica objetiva o impedía ver que su objetivo no era simplemente la mayor producción de cosas.

Cuando se hacen pronósticos sobre el año 2025 o 2050 en gran medida se proyecta el presente sobre el futuro subestimando las innovaciones radicales que hasta un status quo prolongado puede producir. A principios de los años ’70 los analistas y presidentes como el mismo Richard Nixon estaban convencidos que el surgimiento y el éxito final de la Unión Soviética sobre Estados Unidos era inevitable. Los ‘70 fueron años de recensión y derrotas políticas y militares para el imperio americano.

Creo que desde fines del siglo pasado todos estamos de acuerdo en que este será un siglo de mayores equilibrios internacionales. No necesariamente más estable; tal vez lo contrario. Será un bien para el pueblo norteamericano y sobre todo para la humanidad que este país deje de ser la potencia arrogante que ha sido durante gran parte de su historia. Tiene muchos otros meritos a los cuales dedicarse, como también lo muestra la historia: un pueblo de inventores profesionales y amateurs, de premios Nobel, un excelente sistema de universidades y una clase de intelectuales que ha abierto caminos en las más diversas disciplinas, desde las humanidades hasta las ciencias.

El dramático crecimiento del desempleo en Estados Unidos es su mejor oportunidad para acelerar esta reconversión. En todos los rankings internacionales las universidades norteamericanas ocupan la mayoría de los primeros cincuenta puestos. Este monopolio no puede ser eterno, pero es allí donde radica su principal capital.

Jorge Majfud

Lincoln University, Setiembre 2009

Intellectual Capital

In 1970 the General Motors workers’ strike reduced the GDP of the United States by 4 per cent and it has been calculated to be the cause of the poor 2 per cent growth rate experienced by the country in the years that followed.

Today the decline in all of the automotive industries of the United States barely affects one percentage point. Nearly the entire GDP is located in services, in the tertiary sector. Of this sector, intellectual production derived from education is growing. Not to mention that today almost nothing is produced without the direct intervention of informational technologies most recently derived from the academy, from agricultural production in the exporting countries to heavy industry, mostly based in the so-called emerging or developing countries.

During much of the 20th century cities like Pittsburg, Pennsylvania flourished as industrial centers. Wealthy and dirty, this kind of urban center was inherited from the Industrial Revolution. Today it is a clean city that lives from and is recognized for its universities. In the past year, the so-called “research corridor” of Michigan (a consortium formed by the University of Michigan and Michigan State University) contributed 14 billion dollars to the state solely from the direct benefits generated by its inventions, patents and research. These benefits have grown in the last year and even more so proportionately in a state that was the home of the big automotive companies of the 20th century and which now find themselves in decline.

In other words, a portion of the direct benefits derived from the production of the “intellectual capital” of one university ranked 27th and another 71st in the United States, in one year amounts to the same quantity of monetary capital as everything produced by a country like Honduras. This intellectual production factor explains, in great part, why the economy of New York City and its metropolitan area alone equals the entire economy of India (in international nominal terms, or monetary value, not in terms of domestic consumption), of a country with over a billion inhabitants and with a large rate of economic growth due to its industrial production.

Currently 90 per cent of the GDP of the United States is derived from “non-manufactured” goods. The monetary value of its Intellectual Capital is 5 trillion dollars – almost 40 per cent of total GDP – which equals by itself all categories combined of China’s dynamic economy.

If it is true that the American Empire, like all empires past and future, has pirated directly or indirectly the raw materials of other countries, it is no less true that for a long time and more so today emerging countries, and those yet to emerge, have pirated the royalties of North American inventions. It bears mentioning that the falsification of North American trademarks subtracts from the original products 200 billion dollars in annual profits, a sum that far surpasses the total GDP of countries like Chile.

If we observe this reality, we can predict that the greatest risk for the emerging countries is to allow their current development in the export of raw materials to relax; the second greatest risk, to trust in industrial prosperity. If the emerging countries do not set about investing heavily in intellectual production, they will confirm, perhaps in a decade or two, the international division of labor that sustained the great economic differences during the 19th and 20th centuries.

It is currently fashionable to proclaim in the media around the world that the United States is finished, broken, three steps away from disintegrating into four different countries, two steps away from final ruin. My impression is that the methodology of analysis is not entirely precise because, as Ernesto Che Guevara himself criticized, those who lauded socialist industrial production over capitalist production confuse desire with reality. Guevara himself complained that this passion blocked objective criticism or blocked the ability to see that the objective was not simply greater production of things.

When predictions are made for the year 2025 or 2050 in large measure the present is projected onto the future, underestimating the radical innovations that even a prolonged status quo can produce. In the early 1970s, analysts and presidents like Richard Nixon were convinced that the emergence and ultimate success of the Soviet Union over the United States was inevitable. The 1970s were years of recession and political and military defeats for the American Empire.

I believe that since the end of the last century we are all in agreement that the present century will be one of greater international equilibrium. Not necessarily more stable; perhaps the opposite. It will be a good thing for the North American people and above all for humanity for this country to cease to be the arrogant power that it has been for much of its history. It has many other merits to which to dedicate itself, as history also shows: a nation of professional and amateur inventors, of Nobel prize winners, an excellent system of universities and an intellectual class that has been path-breaking in many disciplines, from the humanities to the sciences.

The dramatic growth of unemployment in the United States is its best opportunity to accelerate this economic restructuring. In all of the international rankings, North American universities occupy the majority of the top 50 positions. This monopoly cannot be eternal, but it is there where the country’s main capital is located.

Capitale intellettuale

Jorge Majfud, Lincoln University.

Tradotto da Maria Rubini

Nel 1970 lo sciopero dei lavoratori della General Motors ha ridotto il  PIL entro il 4 per cento e si stima che siano stato questo il motivo della scarsa crescita del 2 per cento che il paese ha  sperimentato negli anni successivi.

Oggi il declino di tutte le industrie automobilistiche USA colpisce un solo punto percentuale. Quasi tutto del PIL è nei servizi, nel settore terziario. In questo settore, la produzione intellettuale derivante dalla formazione è in aumento. Per non parlare che nulla quasi oggi viene prodotto senza l’intervento diretto delle invenzioni più recenti, dal computer del mondo accademico, dalla produzione agricola nei paesi che esportano verso l’industria pesante, soprattutto nei paesi in via di nota come emergenti o in via di sviluppo.

Per la maggior parte le città del ventesimo secolo, come Pittsburgh, Pennsylvania, fiorirono come centri industriali. Riccha e città sporca come è stata l’eredità della rivoluzione industriale. Oggi è una città pulita che vive ed è conosciuta per la sua università.

L’anno scorso, il corridoio “ricerca” del Michigan (Consorzio sono l’Università del Michigan e Michigan State University) ha contribuito per 14 miliardi di dollari allo Stato solo per i benefici diretti generati dalle loro invenzioni, brevetti e ricerca. Questi benefici sono cresciuti nel corso dell’ultimo anno e ancora di più in proporzione in uno stato che era la casa delle grandi auto del XX secolo che oggi sono in declino. Il che è, una parte dei benefici diretti derivanti dalla produzione di “capitale intellettuale” di una università al 27 ° posto e una classifica a livello nazionale in 71 degli Stati Uniti in una somma anno equivalente allo stesso capitale moneta prodotto da un paese come l’Honduras.Questo fattore spiega la produzione intellettuale, in gran parte, perché solo l’economia di New York e la sua area metropolitana è equivalente a tutta l’economia dell’India (in termini nominali internazionale, non di acquisto sul mercato interno) di un paese di oltre un miliardo di abitanti e una forte crescita economica a causa della sua produzione industriale.

Il 90 per cento di oggi del PIL è derivato dalla proprietà “non” prodotto “. Il valore monetario del capitale intellettuale è di 5 miliardi di dollari, quasi il 40 per cento del totale del PIL, il che equivale di per sé a tutti gli elementi insieme dell’economia dinamica cinese.

Se l’impero americano, come tutti gli imperi hanno sostenuto e, direttamente o indirettamente, ha violato le materie prime provenienti da altri paesi, resta il fatto che per lungo tempo e soprattutto oggi i paesi emergenti e grandi emergenti adottano la pirateria e parte dei diritti d’autore delle invenzioni americane.  Per non parlare del marchio solo negli Stati Uniti la contraffazione sottrae dai prodotti originali $ 200 miliardi l’anno, che supera di gran lunga il totale del PIL dei paesi come il Cile.

Guardando a questa realtà, possiamo prevedere che l’aumento del rischio di paesi emergenti è a riposo l’attuale sviluppo delle esportazioni di materie prime, il secondo di fiducia prosperità industriale. Se i paesi emergenti non si occupano di investire massicciamente nella produzione intellettuale forse in un decennio o due, la divisione internazionale del lavoro che hanno sostenuto e che ha generato grandi disparità economiche nei secoli XIX e XX, rimarrà tale in futuro.

Ora è di moda proclamare, per i media di tutto il mondo, che l’America è finita, che è a tre passi dalla disintegrazione in quattro paesi, a due passi dalla rovina.

Ho l’impressione che la metodologia di analisi non è del tutto esatta perché, come criticò l’Ernesto Che Guevara lo stesso che ha elogiato l’efficacia della produzione industriale a capitalismo socialista, hanno confuso il desiderio con la realtà. Guevara si lamentava che la passione alla critica oggettiva impedisce di vedere che il suo obiettivo non era semplicemente l’aumento della produzione di cose.

Quando si effettuano le previsioni per il 2025 o il 2050 è previsto in gran parte in questo futuro, il sottovalutare le innovazioni radicali che anche uno status quo prolungato può produrre. Nei primi anni ‘70 gli analisti e presidenti come Richard Nixon erano convinti che la nascita e il successo finale dell’Unione Sovietica contro gli Stati Uniti sarebbe stato inevitabile. Gli anni ‘70 furono anni di recensione e sconfitte politiche e militari per l’impero americano.

Penso che dalla fine del secolo scorso, eravamo tutti d’accordo che questo sarebbe stato un secolo di grandi equilibri internazionali.  Non necessariamente più stabile, forse il contrario. Sarà un bene per il popolo americano e soprattutto per l’umanità che questo paese smetta di esercitare il potere arrogante che ha esercitato per gran parte della sua storia. Ha molti altri meriti, a cui far riferimento per impegnarsi, come dimostra la storia, è un paese di inventori professionisti e dilettanti, di premi Nobel, di eccellenti sistemi universitarii e di una classe di intellettuali che ha aperto vie in diverse discipline, dalla umanistiche alle scienze.

Il drammatico aumento della disoccupazione in America è la sua migliore occasione per accelerare questa trasformazione. In tutte le classifiche internazionali le università americane occupano la maggior parte dei primi cinquanta posti. Questo monopolio non può essere eterno, a è lì che si trova la sua risorsa principale.

Jorge Majfud, Lincoln University.

Tradotto da Maria Rubini

O capital intelectual

Em 1970, a greve dos operários da General Motors reduziu o PIB dos Estados Unidos em cerca de 4%, e acredita-se que foi esta a razão dos míseros 2% de crescimento experimentados pelo país nos anos seguintes.

Hoje, a decadência de todas as indústrias automotivas dos Estados Unidos apenas incide em um ponto porcentual. A quase totalidade do PIB é representada por serviços, o setor terciário. Neste setor, a produção intelectual derivada da educação é crescente. Sem mencionar que, hoje, quase nada se produz sem a intervenção direta das invenções informáticas mais recentes derivadas da academia, desde a produção agrícola nos países exportadores até a indústria pesada, majoritariamente estabelecida em países chamados de emergentes ou em vias de desenvolvimento.

Durante grande parte do século XX, cidades como Pittsburgh, na Pensilvânia, floresceram como centros industriais. Rica e suja, esse tipo de urbe foi uma herança da revolução industrial. Hoje, é uma cidade limpa que vive e é reconhecida por suas universidades.

No último ano, o chamado research corridor de Michigan (consórcio formado pela University of Michigan e a Michigan State University) aportou 14 bilhões de dólares ao Estado só com os benefícios diretos gerados por suas invenções, patentes e pesquisas. Estes benefícios aumentaram no último ano e ainda mais em proporção em um Estado que foi a casa das grandes montadoras do século XX, hoje em decadência.

Ou seja, uma parte dos benefícios diretos derivados da produção de «capital intelectual» de uma universidade no 27º lugar e outra no 71º do ranking nacional dos Estados Unidos soma, em um ano, o mesmo capital monetário que o produzido por um país como Honduras. Este fator de produção intelectual explica, em grande parte, por que só a economia da cidade de Nova York e sua área metropolitana equivale a toda a economia da Índia (em termos nominais internacionais, não de compra interna), um país com mais de um bilhão de habitantes e um grande crescimento econômico graças a sua produção industrial.

Hoje, 90% do PIB dos EUA derivam de bens não manufaturados. O valor monetário de seu capital intelectual é de 5 trilhões de dólares – quase 40% do PIB total -, o que por si só equivale a todas as áreas juntas da dinâmica economia da China.

Se o império americano, como todos os impérios que surgiram e surgirão, pirateou de formas diretas ou indiretas as matérias-primas de outros países, não é menos certo que durante muito tempo e sobretudo hoje os países emergentes e a emergir pirateiam grande parte dos direitos autorais de invenções norte-americanas. Para não mencionar que só a falsificação de marcas norte-americanas rouba aos produtos originais 200 bilhões de dólares por ano, o que supera de longe o PIB total de países como o Chile.

Observando esta realidade, podemos prever que o maior risco dos países emergentes é apoiar seu atual desenvolvimento na exportação de matérias-primas; e o segundo é confiar na prosperidade industrial. Se os países emergentes não tratarem de investir com força na produção intelectual, confirmarão, talvez em uma década ou duas, a divisão de trabalho internacional que sustentou as grandes diferenças econômicas durante os séculos XIX e XX.

Agora está na moda proclamar na mídia do mundo todo que os Estados Unidos estão acabados, quebrados, a três passos da desintegração em quatro países, a dois passos da ruína final. Tenho a impressão de que a metodologia de análise não é de todo precisa, porque, assim como o próprio Ernesto Che Guevara criticava quem elogiava a eficácia da produção industrial socialista ante a capitalista, confunde-se desejo com realidade. O próprio Guevara reclamava que esta paixão impedia uma crítica objetiva ou impedia a percepção de que seu objetivo não era simplesmente a maior produção de coisas.

Quando se fazem prognósticos sobre o ano 2025 ou 2050, em grande medida projeta-se o presente sobre o futuro subestimando as inovações radicais que até mesmo um status quo prolongado pode produzir. No início dos anos 1970, os analistas e presidentes como o próprio Richard Nixon estavam convencidos de que o surgimento e a vitória final da União Soviética sobre os Estados Unidos eram inevitáveis. Os anos 1970 foram anos de recessão e derrotas políticas e militares para o império americano.

Creio que, desde o fim do século passado, todos concordamos que este será um século de maiores equilíbrios internacionais. Não necessariamente mais estável; talvez o contrário. Será um bem para o povo norte-americano e sobretudo para a humanidade que este país deixe de ser a potência arrogante que foi durante grande parte de sua história. Os EUA têm muitos outros méritos aos quais dedicar-se, como também demonstra a história: um povo de inventores profissionais e amadores, de prêmios Nobel, um excelente sistema de universidades e uma classe de intelectuais que abriu caminhos nas mais diversas disciplinas, das humanidades às ciências.

O dramático crescimento do desemprego nos Estados Unidos é a melhor oportunidade de acelerar esta reconversão. Em todas as classificações internacionais, as universidades norte-americanas ocupam a maior parte dos primeiros 50 lugares. Este monopólio não pode ser eterno, mas é ali que se encontra seu principal capital.

Jorge Majfud, Lincoln University.