
“Presiento cómo será Estados Unidos en la época de mis hijos o de mis nietos: una economía basada en los servicios y la información; donde casi todas las industrias manufactureras se hayan trasladado a otros países; donde un poder tecnológico asombroso esté en manos de unos pocos, y nadie que represente el interés público sea capaz de comprender los problemas; donde la gente haya perdido la capacidad de definir sus propias agendas o de cuestionar con conocimiento de causa a quienes ostentan el poder; donde, aferrándonos a nuestros cristales y consultando nerviosamente nuestros horóscopos, con nuestras facultades críticas en declive, incapaces de distinguir entre lo que nos hace sentir bien y lo que es verdad, nos deslizaremos, casi sin darnos cuenta, de vuelta a la superstición y la oscuridad…”
“El embrutecimiento de Estados Unidos se hace más evidente en la lenta decadencia del contenido sustancial en los medios de comunicación, enormemente influyentes: los fragmentos de audio de 30 segundos (ahora reducidos a 10 segundos o menos), la programación simplista, las presentaciones crédulas sobre pseudociencia y superstición, pero sobre todo, una especie de celebración de la ignorancia.”
Carl Sagan, El mundo y sus demonios (1995)
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