En Uruguay tenía un colega y gran amigo arquitecto, Edwin Castro, con el cual trabajábamos juntos para proyectos urbanos y privados. Aparte, yo trabajaba para gente que no podía pagar. Un día llegó a la carpintería de mi padre y de mi hermano, donde yo tenía mi estudio polvoriento, y ve otro proyecto para una clínica rural y me dice:
“Si fueras mujer serías puta”.
“¿Perdón?”
“Es que no sabes decir que no”.
Pues, la anécdota me viene a la memoria leyendo sobre la reunión de la OTAN y las concesiones de la Unión Europea a la exigencia de Donald Trump de aumentar su gasto militar.
El objetivo de la violencia geopolítica no es sólo la dominación global, sino la dominación de la opinión nacional a través del miedo y los ideoléxicos consolidados como libertad, defensa nacional y democracia. El espionaje a los ciudadanos estadounidenses es masivo y cuando se descubre por algún filtrado ilegal se recurre a la bruja de la seguridad, del terrorismo y de los ataques de los “imperios del mal”. La vieja colonización interna.
Hace una década se comenzó a cambiar el sermón geopolítico, centrado en “la defensa contra el terrorismo” (abandonado de urgencia en Afganistán) para volver a centrarlo en “la defensa contra países enemigos”―Rusia, China e Irán. Ahora no se puede alegar una lucha ideológica (contra el comunismo), por lo que el sermón se acerca más a lo que siempre fue: “Occidente, como el pueblo elegido, la única Civilización, la policía buena del Mundo”.
Así nació la hegemonía occidental: destruyendo India, Bangladesh y luego China con sus empresas privadas, con los piratas democráticos, y con el apoyo del fanatismo racista y genocida. Ahora, el Occidente imperial comienza a caer de la misma forma en que surgió en el siglo XVI y con el mismo grado de violencia que nunca abandonó. Occidente siempre sufrió el síndrome del Macho Alfa: no hay lugar para dos, menos para tres en el mundo. Esto se puede deber a que, debido a su clima y sus limitadas tierras, la Europa anglosajona nunca fue autosuficiente sin el comercio exterior y la imposición de sus reglas sobre otros pueblos proveedores de recursos extranjeros sin interrupciones. Cultura consolidada que no cambió con la vastedad de Norteamérica sino lo contrario.
La mayor paradoja radica en que se intenta salvar este orden hegemónico y el mismo capitalismo por dos vías: (1) liquidando las vacas sagradas que sirvieron de legitimación al capitalismo, como la libertad, la igualdad de oportunidades y la democracia liberal; y (2) evitando mencionarlo, haciéndolo invisible, como el padre en el psicoanálisis.
Un ejemplo cultural y político reciente es la prominencia alcanzada por el candidato a la vicepresidencia de Donald Trump, J.D. Vance. Como James Polk y George Dallas en las elecciones de 1844, ambas figuras irrelevantes, fracasadas en política y destacados por su anti-intelectualismo (anti Padres Fundadores), fueron elegidos por Andrew Jackson. El ex presidente racista y semianalfabeto logró poner a sus títeres en la Casa Blanca y arrebatarle medio territorio a México, inventando una guerra en base a fake news.
Más que probable que la historia no se repita sino que cierre un superciclo, pero de todas formas Vence es un ejemplo de un nadie puesto en la cumbre por alguien más poderoso (como lo explicamos antes, puesto por sus amigos multimillonarios y preferidos de la CIA, como Palantir y otras corporaciones tecnológicas). Esos mismos que promueven a su amigo y filósofo pro-monarquía tecnológica, Curtis Yarvin. “Sin autoritarismo el libertarismo es un proyecto para el fracaso”, sentencia Yarvin, con la misma nostalgia del neoliberalismo sin máscaras de Friedman y Hayek por Augusto Pinochet y una larga lista de dictadores bananeros.
Lo mismo ocurrió con el repentino éxito de Vance como autor de una autobiografía cursi, que los negocios elevaron a best seller y convirtieron en una película hollywoodense. La crítica apuntó a que, más allá de las distorsiones subjetivas (para adaptarse al mito estadounidense del “hombre hecho a sí mismo”), su libro se olvida de las dimensiones raciales de la pobreza. Hay que agregar, a mi juicio, un olvido mayor: el capitalismo, ese sistema que funciona a la perfección para un puñado de individuos, que luego los vende como un éxito del sistema, no del individuo, promoviendo así el individualismo como ideología.
Hillbilly Elegy es una serie de anécdotas personales de resentimiento entre pobres (los que reciben ayuda del Estado para comer y los que no) y sobre los valores morales superiores de su familia (como el amor, la ética del trabajo y la responsabilidad, excluida la madre drogadicta y el padre ausente), lo que explicaría el happy ending de la meteórica fortuna de su hijo. Jared Sexton observó el simplismo de las moralejas de Vance que ignoran el racismo estructural de la pobreza. Su libro, catapultado a las ventas por medios conservadores, además de ser una celebración de sí mismo, se hizo eco de la retórica de auto victimización de los “blancos sacrificados”, otro viejo y renacido mito poetizado por Rudyard Kipling en el siglo XIX.
La conciencia de clase en Estados Unidos ha sido estratégicamente eclipsada por la discusión étnica, algo que procede de la prehistoria del país cuando los gobernadores reconocían la necesidad de inocular el odio entre blancos pobres, negros e indios para evitar rebeliones comuneras. Algo que la izquierda no adoptó como única banderea hasta mediados del siglo XX y hoy se trasformó en una inocua “política de las identidades”. A lo que se debe agregar la infantilización de las sociedades, perfectas consumidoras de culebrones como Hillbilly Elegy.
―Tu madre estará bien, be happy… ―dice la abuela (Glenn Close)― Debes decidir. Ser alguien o no. ¡Sé alguien!
En la televisión se ve el robot Arnold Schwarzenegger antes de descargar una ráfaga de disparos:
―Hasta la vista baby.
―La he visto cien veces ―dice la abuela, festejando la escena―. Hay tres tipos de personas. Los buenos Terminators, los malos Terminators, y los neutrales”.
El niño Vance comenta:
―Yo quiero ser un buen Terminator.
Una mezcla de Charles Bukowski barato y de la real decadencia de la “clase trabajadora blanca” sumergida en la droga y en “La rabia y el orgullo”.
Según Jeff Sharlet “La Nueva Derecha intelectual es un proyecto de supremacía blanca diseñado para cultivar el apoyo de los no blancos”.
Según Yarvin, el verdadero poder político en Estados Unidos está en La Catedral, la que dominan las universidades y la prensa. Según James Pogue, La Catedral promueve la igualdad y la justicia social, dos ataques contra el orden social. Haciéndose eco de estos nuevos dogmas, Vance (graduado de una universidad de elite, como todos sus amigos de Silicon Valley) denunció a las universidades como enemigas del pueblo estadounidense, por lo que se debe desfinanciarlas y confiscarles sus fondos de reserva. Todo lo que se alinea con el ataque a la educación, la prohibición de libros y de temas que tienen su epicentro en Florida y su repetidora en la Argentina de Javier Milei.
A los años de rebeliones que la izquierda llamó liberación, la derecha identificó el problema como “un exceso de democracia”. Así lo definió el profesor y mogul de la derecha, Samuel Huntington en 1975. Huntington alertó, en una conferencia, que había una tendencia mundial hacia una extensión general de la democracia, con resultados catastróficos. La experiencia de Allende en Chile, dijo Huntington, fue “un exceso de democracia que condujo a un golpe de Estado que ha restaurado la estabilidad política”.
Para el capitalismo agonizante y desenmascarado, las democracias no sólo son un peligro para las sociedades sino un estorbo para la eficiencia. En una entrevista, Yarvin sacó un teléfono Apple y lo mostró como prueba de la eficiencia del autoritarismo de las compañías privadas.
Olvidó que ese teléfono es el resultado de generaciones de inversiones estatales e invenciones de asalariados, la mayoría universitarios, no capitalistas.
Olvidó la estrecha relación entre el éxito de esas compañías-dictaduras y la dictadura estatal de las agencias secretas como la NSA y la CIA, Estados paralelos y por encima de la ley desde hace ochenta años.
Olvidó que el capitalismo no crea ni inventa ni innova y ni siquiera acelera el progreso científico y tecnológico sino lo contrario. Las corporaciones capitalistas no sólo roban el progreso de la Humanidad sino que, cuando invierten en investigación, succionan los recursos a las áreas que generan ganancias, quitándoselas a aquellas donde solo los Estados hacen inversiones de alto riesgo, investigación de todo tipo que requiere grandes inversiones sin retorno inmediato.
Olvidó que la misma competencia entre mega compañías (telefónicas, de retiro, de salud) encarecen los servicios y evitan que se compartan ideas e innovaciones entre ellas. Eso cuando no son sectas monopólicas con apariencia de competencia.
Olvidó, por si fuese poco, que el capitalismo es el sistema que más produce “valor negativo” ―basura, contaminación, propaganda, guerras.
La lógica histórica indica que los países, sobre todo las grandes potencias económicas, no realizan cambios de políticas dramáticas al menos que exista una crisis en curso de la que se quiere salir desesperadamente o se haya realizado una previsión de un escenario indeseado a largo plazo.
Aunque en Estados Unidos deberíamos aprontarnos para una recesión en un par de años, no se puede decir que una recesión es una crisis. Por el contrario, tanto el presidente Trump como todos los economistas del gobierno y de los think tanks más reconocidos (expertos en equivocarse, pero esa es otra discusión), sólo insisten en augurar la continuidad del crecimiento económico, más o menos al ritmo que lo había hecho durante los años de Obama e, incluso, algo más. Es cierto que Estados Unidos tiene un notable déficit comercial con China, es cierto que podemos imaginar que Trump no es tan cínico y de verdad quiere beneficiar a esos granjeros, mineros y proletarios del Medio oeste, pero cualquiera puede entender que, en relaciones internacionales, no hay acción sin reacción, y que tanto la reacción arancelaria y comercial de Europa como la de China golpeará, precisamente, a ese grupo de votantes de Trump. Estados Unidos todavía es más fuerte que China, pero el presidente chino, Xi Jinping, por razones políticas y culturales, tiene mucho menos que temer de una crisis económica que cualquier presidente del mundo occidental.
No es la economía, al menos no a corto y mediano plazo, la razón que motiva estos cambios en política económica. Es algo que está más allá del horizonte. En geopolítica siempre (y, tal vez, únicamente) se debe leer entrelíneas cada declaración de intención.
En la lógica de las superpotencias, el poder económico y el poder militar están estrechamente ligados. No hay superpotencia militar sin un gasto económico astronómico ni hay poderío económico sin una hegemonía militar.
Pero, en cualquier caso, los recursos, por astronómicos que sean, son siempre limitados. Es interesante que el presidente Trump haya propuesto la creación de una costosa División Espacial, para diferenciarla de la Fuerza Aérea, en el entendido de que las futuras guerras se liberarán en el espacio, y a los pocos días haya propuesto la fusión del Ministerio de Educación con el Ministerio de Trabajo. Más claro es imposible. Lo cual no quiere decir que estas sutiles revelaciones del proyecto principal sean las mejores respuestas a una evaluación de la realidad futura donde (probablemente estén pensando en el 2035) China se ha convertido en la primera potencia económica del mundo y, consecuentemente, caminará hacia convertirse en la primera potencia militar.
Sin embargo, la propuesta de una “guerra espacial” todavía es parte de la fantasía de la Guerra de las Galaxias. Por muchas décadas más, sino siglos, la clave del control mundial estará en los viejos mares, en esos territorios de nadie que conectan a la mayoría de los países del mundo. El Imperio japonés no fue derrotado en Hiroshima y Nagasaki (por entonces Japón ya estaba derrotado y negociando su rendición; las bombas atómicas sobre tantos inocentes fue un movimiento para evitar una invasión soviética a la isla). Japón fue derrotado en Pearl Harbor, cuatro años antes. Al menos allí comenzó su derrota como imperio.
En el océano Pacífico surgió la hegemonía militar estadounidense y en el mismo océano, o en alguno de sus mares, comenzará otra, un siglo después.
En pocas palabras, la repetida “guerra comercial” entre China y Estados Unidos no es comercial sino militar. En un momento de supuesta fortaleza económica en Estados Unidos, es un recurso geopolítico, no una necesidad del mercado. El objetivo es distraer recursos económicos de la potencia en ascenso y su presencia marítima. Es decir, retrasar el mayor tiempo posible una realidad que un grupo de analistas militares, en algún lugar luminoso pero discreto del mundo, asume como inevitable.
Sólo queda por esperar nuevos capítulos de la misma telenovela. Todo, o casi todo, depende de sus creativos escritores.
JM
La guerre commerciale : ce n’est pas le commerce, c’est la guerre
La logique historique veut que les pays, en particulier les grandes puissances économiques, ne procèdent pas à des changements politiques spectaculaires à moins qu’il n’y ait une crise en cours dont ils veulent désespérément sortir ou qu’un scénario indésirable à long ne se soit réalisé.
Même si, aux USA, nous devrions nous devrions nous préparer à une récession dans quelques années, on ne peut pas dire qu’une récession est une crise. Au contraire, le président Trump, ainsi que tous les économistes et think tanks gouvernementaux les plus renommés (experts en erreurs, mais c’est un autre débat), n’insistent que pour prédire la continuité de la croissance économique, plus ou moins au rythme qu’elle avait connu pendant les années Obama et même plus. Il est vrai que les USA ont un déficit commercial notable avec la Chine, il est vrai que nous pouvons imaginer que Trump n’est pas si cynique et veut vraiment favoriser ces agriculteurs, mineurs et prolétaires du Midwest, mais n’importe qui peut comprendre que, dans les relations internationales, il n’y a pas d’action sans réaction, et que la réaction tarifaire et commerciale en Europe et en Chine frappera précisément ce groupe d’électeurs de Trump. Les USA sont toujours plus forts que la Chine, mais le président chinois Xi Jinping, pour des raisons politiques et culturelles, a beaucoup moins à craindre d’une crise économique que n’importe quel président du monde occidental.
Ce n’est pas l’économie, du moins pas à court et moyen terme, qui motive ces changements de politique économique. C’est quelque chose qui se situe au-delà de l’horizon. En géopolitique, chaque déclaration d’intention devrait toujours (et peut-être seulement) être lue entre les lignes.
Dans la logique des superpuissances, le pouvoir économique et le pouvoir militaire sont étroitement liés. Il n’y a pas de superpuissance militaire sans dépenses économiques astronomiques, pas plus qu’il n’y a de puissance économique sans hégémonie militaire.
Mais, de toute façon, les ressources, aussi astronomiques soient-elles, sont toujours limitées. Il est intéressant de noter que le président Trump a proposé la création d’une division spatiale coûteuse pour la différencier de l’armée de l’air, étant sous- entendu que les guerres futures se dérouleront dans l’espace, et quelques jours plus tard, il a proposé la fusion du ministère de l’Éducation avec le ministère du Travail. On ne peut pas être plus clair. Cela ne veut pas dire que ces subtiles révélations du grand projet sont les meilleures réponses à une évaluation de la réalité future où (probablement en 2035) la Chine sera devenue la première puissance économique mondiale et, par conséquent, la première puissance militaire mondiale.
Cependant, la proposition d’une «guerre de l’espace» fait toujours partie de la fantaisie de la Guerre des Étoiles. Pendant encore de nombreuses décennies, voire des siècles, la clé du contrôle mondial se situera dans vieux océans, dans ces territoires de personne qui relient la plupart des pays du monde. L’Empire japonais n’a pas été vaincu à Hiroshima et Nagasaki (à ce moment-là, le Japon était déjà vaincu et négociait sa reddition ; les bombes atomiques sur tant d’innocents étaient un moyen d’empêcher une invasion soviétique de l’île). Le Japon a été vaincu à Pearl Harbor quatre ans plus tôt. Du moins, c’est là que sa déroute en tant qu’empire a commencé.
Dans l’océan Pacifique, l’hégémonie militaire US est apparue et dans le même océan, ou dans l’une de ses mers, une autre commencera un siècle plus tard.
Bref, la «guerre commerciale» répétée entre la Chine et les USA n’est pas une guerre commerciale mais une guerre militaire. À une époque de force économique supposée des USA, il s’agit d’une ressource géopolitique et non d’une nécessité du marché. L’objectif est de détourner les ressources économiques de la puissance montante et de sa présence maritime. C’est-à-dire, retarder le plus longtemps possible une réalité qu’un groupe d’analystes militaires, dans quelque lieu lumineux mais discret du monde, suppose inévitable.
Tout ce que nous avons à faire est d’attendre de nouveaux chapitres du même feuilleton. Tout, ou presque, dépend de la créativité de ses auteurs.
Mucho antes de la conquista de América, China poseía una flota marítima dos veces más poderosa que la de la mayor potencia europea de la época, España, pero no se molestó en ir más allá de África, porque alcanzar un continente tan pobre como Europa no representaba ningún incentivo para el país asiático, ensimismado y reticente a los negocios privados de los piratas. De hecho, el gobierno chino solía destruir las flotas no gubernamentales, hasta que la inundación de plata procedente de Potosí le demostró las ventajas de la piratería privada.
Durante los siglos posteriores a la colonización de América (realizada por el meritorio espíritu de emprendedores privados y con la ayuda de algunos Estados) y antes de la colonización europea de África, las diferencias económicas entre África y Europa era, por lejos, mucho menor a la actual.
El siglo XIX representó la máxima expansión del colonialismo europeo en el mundo, el que cedería luego a Estados Unidos con otros nombres y otras prácticas. En ambos casos, los Estados y las empresas privadas lograron una colaboración perfecta.
En Bélgica, el rey Leopoldo II, quien reinó durante más de cuarentena de años, desde 1865 hasta su muerte en 1909, tuvo su propio proyecto privado, el que llamó “Estado Libre del Congo”. Entre sus logros se cuentan los millonarios beneficios para el Estado belga debido a toneladas de marfil, caucho y la “mejoría de la vida de los nativos” a través de la mutilación de millones de africanos y elasesinato de aproximadamente diez millones de otros tantos, aunque las malas lenguas hablan de quince millones.
Para recordarlo, se levantó un monumento en Bélgica con una de sus máximas: “Lo que he llevado a cabo en el Congo ha sido porel bien de Bélgica y de la civilización”. La historia lo menciona pero las narrativas sociales no lo recuerdan, injusticia probablemente debida a que sus millones de colaboradores sacrificados en tan noble propósito eran todos negros, tan negros como los que ahora invaden las blancas costas de Europa buscando una mejor vida.
Una breve lista de sus condecoraciones recibidas de todas partes del mundo incluye:
Condecoraciones nacionales
Grand master of the Order of Leopold,
Grand master of the the Order of the Crown
Grand master – founder of the the Order of Leopold II
Grand master – founderof the the Royal Order of the Lion
Grand master – founderof the and the Order of the African Star.
Condecoraciones extranjeras
Knight of the Garter.
Knight grand Cross in the Royal Hungarian Order of Saint Stephen.
Knight of the Golden Fleece,by Emperor Frans Jozef in 1835
Knight Grand Cross of the House Order of Albert the Bear
Knight Grand Cross of the Royal Order of Cambodia.
Knight Grand Cross of the Order of the Zähringer Lion.
Knight Grand Cross of the Royal Order of the Two-Sicilies
Knight Order of Saint Hubert.
Knight grand Cross in the National Order of the Southern Cross.
Knight grand Cross in The Imperial Order of Dom Pedro I
Knight grand Cross in the Order of the Double Dragon.
Knight of the Order of the Elephant.
Knight grand Cross in the Order of the Seal of Solomon
Knight grand Cross in the Legion of Honour.
Knight grand Cross in the Order of the Redeemer.
Knight of the Order of St. George.
Knight grand Cross in the Royal Order of Kamehameha I
Knight grand Cross in the Ludwig Order.
Knight grand Commander in the House Order of Hohenzollern.
Knight grand Cross in the Supreme Order of the Most Holy Annunciation
Knight grand Collar in the Order of the Chrysanthemum.
Knight grand Cross in the Humane Order of African Redemption.
Knight grand Cross in the Order of Malta
Knight grand Cross in the House Order of the Wendish Crown.
Knight grand Cross in the Order of the Eagle.
Knight grand Cross in the Order of Saint-Charles.
Knight grand Cross in the Order of the Netherlands Lion.
Knight grand Cross in the Order of Saint Olav.
Knight grand Cross in the House and Merit Order of Peter Frederick Louis
Knight of the Golden Fleece.
Knight grand Cross in the Order of Leopold.
Knight grand Cross in the Order of Saint Stephen.
Knight grand Cross in the Order of the Iron Crown.
Knight grand Cross in the Order of the Lion and the Sun.
Knight grand Cross in the Order of the Tower and Sword
Knight grand Cross in the Military Order of Saint James of the Sword
Knight grand Cross in the Military Order of Aviz
Knight grand Cross in the Military Order of Christ.
Knight grand Cross in the Order of the Black Eagle.
Knight grand Cross in the Order of the Red Eagle.
Knight grand Cross with Chain in the
Knight grand Cross in the Order of Carol I.
Knight grand Cross in the Order of St. Andrew the Apostle the First-Called.
Knight grand Cross in the Order of Saint Anna.
Knight grand Cross in the Imperial Order of Saint Alexander Nevsky.
Knight grand Cross in the Order of San Marino.
Knight grand Cross in the Order of the Rue Crown.
Knight grand Cross in the Saxe-Ernestine House Order.
Knight grand Cross in the Order of the White Falcon.
Knight grand Cross in the Order of the White Elephant
MADRID, 27 Jul. (OTR/PRESS) – Jorge Majfud, escritor uruguayo estadounidense, y autor de Crisis y otros libros, analiza en una entrevista concedida a OTR/Press la ola de violencia que se está viviendo en Europa
OTR: En la última semana hemos visto una serie de ataques en Europa, particularmente en Alemania. ¿Tenían razón los que querían prohibir la entrada de refugiados sirios?
JM: Bueno, creo que ese problema tiene varios aspectos centrales. Para empezar debemos recordar, aunque brevemente, que Occidente no ha sido inocente ni mucho menos neutral en el caos que vive hoy Oriente Medio. Desde la criminal última gran invasión a Irak en el 2003, la que ha dejado cientos de miles de muertos y millones de desplazados, hasta la más reciente borrachera desestabilizadora en África del Norte y en Siria. Que Assad sea un dictador, cruel como todos, no significa que los policías del mundo sigan perpetuando sus manipulaciones como lo han venido haciendo desde hace al menos un par de siglos en esa región, creando países y protectorados, poniendo dictadores y luego invadiendo países para salvarlos de esos mismos dictadores –algo muy parecido a la historia de América Latina durante todo el siglo XX. Las potencias occidentales también destruyeron alguna que otra democracia en Oriente Medio durante el siglo pasado e instauraron o apoyaron sus “dictaduras amigas”, todo lo cual generó resentimientos y reacciones de grupos que encontraron en el fanatismo religioso la mejor forma de expresar sus frustraciones, de una forma más o menos organizada y con apoyo de una tradición que deformaron a su antojo, como cualquier fanático religioso de cualquier religión, siempre matando en nombre de una moral y de una historia hecha a su gusto. Al-Qaeda y el Estado Islámico son, aunque indirectamente, creaciones de Occidente.
OTR: ¿Los ola de refugiados en Europa sería consecuencia de las intervenciones que comenzaron con la guerra de Irak?
JM: Ciertamente, si hablamos del actual drama de los refugiados, aparte de los inmigrantes turcos y africanos que ya existían de las décadas anteriores y que, mal o bien, se han integrado a sus nuevas sociedades, a pesar de las grandes diferencias culturales, económicas, legales y de educación. Pero por entonces ya había comenzado el odio de los grupos conservadores contra esa gente, lo cual es un patrón histórico. La mayoría de los desplazados de los últimos años han sido acogidos por países como Jordania o Líbano (un pequeño país con escasos recursos y con una población de cuatro millones que debió hacerse cargo de más de un millón de sirios refugiados), por aquellos que tenían poca o ninguna responsabilidad en todo este drama. La acogida por parte de los países responsables de esta tragedia, los países occidentales y sus aliados ricos como Arabia Saudí, además de Rusia, apenas han dado refugio a una minúscula parte de toda esa gente desplazada que huyen de la destrucción de sus propios países bajo millonarias bombas, de la persecución de grupos terroristas, del hambre y de la muerte segura. Alemania ha sido el país europeo que más refugiados ha recibido, aunque nada en comparación a otros países mucho más pobres.
OTR: Y junto con Francia han sido los más golpeados por actos de terrorismo recientemente…
JM: Claro. Pero veamos que tanto en Estados Unidos como en Europa las víctimas de terrorismo, vistos desde un punto de vista cuantitativo, son infinitesimales en comparación a las víctimas que produjeron en otros países las irresponsables y ambiciosas intervenciones militares, bombardeos y acosos económicos frecuentes. En Estados unidos, las víctimas de terrorismo suman un dos o tres por ciento de las víctimas de otros tiroteos masivos que no alcanzan las primeras planas de la gran prensa, de los creadores de opinión y paranoia colectiva. Por no hablar de las decenas de muertos cada año sólo por armas de fuego. Por otro lado debemos considerar varios otros problemas: en alguno de esos atentados en Europa nunca hubo una conexión con grupos terroristas como el ISIS, sino individuos desquiciados, pero la prensa no los presentó de esa forma. Basta con señalar el origen de los asesinos para involucrar a toda una comunidad de gente pacífica. Para ampliar la comprensión de este problema, recomiendo leer los artículos de Javier Couto.
OTR: ¿Pero cómo se explica que algunos refugiados puedan atentar contra la sociedad que los recibió, como es el caso de Alemania?
JM: Otra vez: son una minoría que hasta ahora se cuentan con los dedos de la mano –y sobran dedos. Pero para comprender el fenómeno, creo que debemos observar algunos factores comunes. Por ejemplo, los dos últimos atentados contra policías en Estados Unidos. Si se mira con cuidado, se verá dos elementos comunes a otros atentados en Europa y en los mismos Estados Unidos perpetrados por individuos cuyos orígenes estaban en algún país de Medio Oriente, países hundidos en el conflicto que estamos discutiendo. Los asesinos de policías en Texas y Luisiana eran militares, veteranos de guerra estadounidenses de Irak y Afganistán; los dos, afroamericanos. No es raro: cada día más de veinte excombatientes se suicidan en este país y miles se abandonan en las calles y se convierten en indigentes.
OTR: ¿Ha conocido personalmente a alguno de ellos?
JM: Sí, a varios. Algunos fueron mis alumnos en la universidad, tratando de volver a la vida normal con historias terribles. Mucho de ellos vuelven convencidos que hicieron lo correcto y muchos otros con una fuerte carga de resentimiento contra su país y hasta desafecto hacia sus propios padres, en muchos casos producto de una afección muy común, que es el Trastorno de Estrés Postraumático. Muchos viven con esa fuerte carga de frustración, resentimiento y violencia contenida, medicados y contenidos por psiquiatras para que no se agarren a las piñas en un bar o algo peor. ¿Alguien podría sorprenderse de que alguno de estos jóvenes en lugar de pegarse un tiro, como lo hace diariamente un gran número, un día decida apuntar hacia otro lado? Bueno, lo mismo podemos considerar en esa masa de refugiados: ¿alguien podría pensar que niños y jóvenes que vieron a sus padres y hermanos e hijos morir destrozados bajo las bombas civilizadoras o sobre las bombas de los fanáticos islamistas lleguen un día a Europa o a Estados Unidos y sin ningún tratamiento o consideración olviden todo lo vivido? ¿Quién habla del TEPT de las víctimas civiles? Lo mismo se debería considerar en el caso de los prisioneros injustamente detenidos y torturados en Guantánamo que un día, por un acuerdo político de buena voluntad, son “dejados en libertad” para que resuelvan sus vidas en países con otras culturas y otros idiomas, rodeados de sus propios fantasmas. Es por lo menos un milagro que ninguno de ellos haya cometido ningún delito violento todavía. ¿O es que sólo los blancos civilizados tienen problemas psicológicos que deben ser tratados como enfermedades y no como condición patológica de su propia raza o cultura?
OTR: ¿A quiénes beneficia esta violencia que vemos en Europa?
JM: A la derecha xenófoba, sin dudas. Cada vez que ocurre una desgracia donde alguien con un apellido árabe es el responsable, las encuestas muestran un aumento de apoyo de la población a esos partidos. Cada vez que los diarios occidentales llenan sus portadas y las repiten por tres o cuatro días con un atentado que ha dejado tres o cien víctimas, los Donald Trump, los Marine Le Pen y los partidos nazis de Europa se frotan las manos y se golpean el pecho con sus “yo se los dije” en sus cuentas de Twitter o en sus enardecidos discursos. Pocos tienen en cuenta que todo el odio hacia los extranjeros y hacia sus propios connacionales con pieles más oscuras que las suyas se va reproduciendo y acumulando durante años en aquellos jóvenes que desde chicos aprenden a considerarse “los otros”, victimas silenciosas del peor de los bullings, tarde o temprano termina por reventar en alguna parte. De paso todo ese odio hacia los pobres, a los marginados culturales, a los excluidos por las retoricas nacionalistas, como en la Alemania de los años treinta, sirve para olvidar los problemas reales de injusticia social donde el 0,1 por ciento de un país superrico posee lo mismo que el 90 por ciento y los “fracasados”, hijos del demonio que llenan las cárceles y que, de paso significan un gran negocio en países como Estados Unidos. Todo el resto de la historia de las hazañas civilizatorias de las potencias occidentales, todo eso que nos ha llevado a estas desgracias o por lo menos han contribuido en mayor proporción, pues brillan por su ausencia. Sin embargo, como ya lo he dicho antes, un acto de terrorismo no se justifica con nada pero se explica con todo. Por otro lado, la respuesta se evalúa por sus resultados: si las bombas fuesen la solución, el mundo sería un mar de paz.
OTR: ¿Entonces, cual es la solución?
JM: Depende de para quién.
OTR: Con respecto a los atentados que vienen ocurriendo en Europa.
JM: Basado en lo que dijimos antes lo más inmediato será mantener por el momento el alto control policial y renunciar a las invasiones “preventivas”, que hasta ahora han sido “provocativas”. Junto con eso, la población debe estar alerta y consiente de sus propios pecados, como lo es hacerse responsable del niño, luego de la orgia de decisiones irresponsables y criminales en el plano internacional. En cuanto a los asuntos domésticos, al día a día, es necesario estar prevenidos de las consecuencias contaminantes de toda cultura del odio, que no es propiedad de los otros. Estar prevenidos de los políticos y los agitadores de turno, verdaderos buitres de la moral popular. Invertir en diversos programas, sociales y psicológicos para ayudar a aquellos refugiados que lo necesitan. Terminar con la secreta cultura del bullying internacional y el bullyng de barrio que golpea a los más débiles y en riesgo de marginación cultural y psicológica desde la primera infancia. Invertir más en cultura y menos en bombas, leer más libros y artículos con contenido y moverse menos por reacciones epidérmicas de los demagogos de turno.
Se basa en datos del Programa Mundial de Alimentos, iniciativa financiada por donaciones voluntarias. Haití, República Dominicana y Boliviaregistran los índices más altos de desnutrición en América Latina
La investigación establece seis categorías para clasificar la desnutrición mundial. Por colores, el celeste representa a las naciones con un 5% -o menos- de población desnutrida. En esta categoría aparecen, entre otros, los países europeos, Rusia, los Estados Unidos, Japón y Canadá; pero también se ubican países latinoamericanos como México, Costa Rica, Chile, Uruguay y Argentina. Con menos del 5% de su población desnutrida, además, se registran algunos países africanos y árabescomo Marruecos Argelia, Libia, Egipto, Siria, Arabia Saudita y el persa Irán. Del África subsahariana sólo aparecen Sudáfrica y Gabón.
El hambre, para las naciones en desarrollo, representa un costo de más 450 mil millones de dólares al año. En este punto es donde entra en acción el PMA: «Durante las emergencias llevamos alimentos a donde más se necesite para salvar las vidas de las víctimas de desastres naturales, de las guerras o conflictos civiles. Una vez que las emergencias han pasado, usamos los alimentos para ayudar a las comunidades a reconstruir sus vidas destrozadas».
Según detalla el PMA en su sitio web, una de cada seis personas en el mundo no tiene alimentos suficientes para estar saludable y llevar una vida activa. «El hambre y la desnutrición son consideradas a nivel mundial el principal riesgo a la salud, más que el SIDA, la malaria y la tuberculosis juntas».
La mayoría de los países latinoamericanos están calificados en las primeras tres categorías de este mapa. El caso más preocupante es el de Haití que registra una desnutrición «muy alta», mayor al 35 por ciento. República Dominicana y Bolivia, tienen una tasa «moderadamente alta», entre un 20 y un 34 por ciento.
Honduras, Nicaragua, Panamá, Colombia, Ecuador, Perú y Paraguay entraron en la categoría «moderadamente baja», con niveles de desnutrición de entre el 10 y el 19 por ciento. Y finalmente Brasil, aparece pintada en amarillo con una tasa de entre el 5 y el 9 por ciento.
El PMA detalla que entre las principales causas del hambre están los desastres naturales, los conflictos, la pobreza, la falta de infraestructura agrícola y la sobre-explotación del medioambiente. Recientemente, el número de personas con hambre se incrementó debido a las crisis financieras y económicas.
El programa de Naciones Unidas, además explica que existe otro tipo de hambre, el oculto «producto de la deficiencia de micronutrientes y hace a las personas más susceptibles a las enfermedades infecciosas, perjudica el desarrollo físico y mental, reduce la productividad laboral y aumenta el riesgo de una sufrir una muerte prematura».
Los cinco objetivos estratégicos del PMA son: Salvar vidas y proteger los medios de subsistencia en emergencias. Prevenir el hambre aguda e invertir en medidas de preparación para casos de catástrofe y de mitigación de sus efectos. Reconstruir las comunidades y restablecer los medios de subsistencia después de un conflicto o una catástrofe o en situaciones de transición. Reducir el hambre crónica y la desnutrición. Fortalecer la capacidad de los países para reducir el hambre.
Esta iniciativa se financia con aportes voluntarios. En su sitio online se especifica que con sólo 25 centavos de dólar se garantiza «una taza de alimentos que contengan todos los nutrientes necesarios para un día». El eslogan es «llena la taza», con un dólar aportado, se llenan cuatro.
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