Podemos conjeturar que uno de los conflictos teológicos de Santa Teresa consistió en no poseer la doctrina de la predestinación de los reformadores protestantes y, al mismo tiempo, negar el valor salvador de la libertad y del pensamiento. Por el contrario, el acto insumiso de pensar antes de seguir la Ley o la religión oficial sólo podía llevar a resultados desastrosos para la eternidad. Sin embargo, para el misticismo, la relación del “yo” con Dios o con el éxtasis es una relación profundamente personal. No es raro que la palabra mística tome forma en un género deliberadamente ambiguo, subjetivo, como la poesía, ya que la precisión es imposible o, al menos improbable. Diferente, el dogma se basa en revelaciones, en la Ley, es decir, en aquellos elementos que pueden ser colectivizados independientemente de la experiencia única y personal de la tradición oriental. El poderoso y desafiante “yo” de la poeta mística, luego de la liberación, se inclina sobre el arrepentimiento. Aunque el tema principal de Santa Teresa de Jesús es ella misma, su reivindicación es la obediencia, que a su vez es la negación de todo “yo”. En los escritos de Santa Teresa casi no encontramos citas bíblicas. Es una constante problematización ética y metafísica que sólo encuentra sosiego transitorio en la obediencia permanente, en la gozosa mortificación y en el martirio voluntario. Pero obediencia ciega significa adoración de la autoridad y, por ende, autoritarismo. Lo cual deja claro en las rígidas y opresivas reglas cuando redacta las constituciones de los conventos que fundara, apelando a la persuasión poética, a la estrategia psicológica o, directamente, a la tortura física.
“Morir y padecer han de ser nuestros deseos”
“Mas la obediencia todo lo puede, y ansí haré lo que vuestra señoría manda, bien u mal”
“Aprended de mí, que soy […] humilde”
Santa Teresa de Jesús.
Éxtasis y martirio : La Ley y el “yo” místico
Podríamos decir que Santa Teresa sublimó un profundo conflicto psicológico en una forma particular de teología, de literatura y de un obsesivo trabajo social e institucional. Si nos aproximásemos a este personaje desde este punto de vista psicoanalítico, sin duda encontraríamos inagotables pruebas de este prolífico rasgo neurótico y, por momentos, esquizofrénico. En sus “Relaciones Espirituales” podemos leer, por ejemplo, sus estados cambiantes de ánimo que van desde la depresión al éxtasis repentino. No obstante, una lectura psicoanalítica no invalidaría otra puramente religiosa. En este breve ensayo bosquejaremos una síntesis de estas dos posibles lecturas desde un punto de vista literario.
Desde un punto de vista teológico, podemos ver que uno de los mayores conflictos de Santa Teresa consiste en no poseer la doctrina de la predestinación de los reformadores protestantes y, al mismo tiempo, en negar el valor salvador de la libertad y del pensamiento. Por el contrario, el acto insumiso de pensar antes de seguir la Ley sólo puede llevar a resultados desastrosos para la eternidad. “Qué haré —se pregunta— para que [yo misma] no deshaga las grandezas que Vos hacéis conmigo?” (Obras, 1958, 683) Y, en otro momento, exclama: “¡Oh libre albedrío, tan esclavo de tu libertad si no vives enclavado con el temor y amor de quien te crió” (700). Pero Santa Teresa desprecia la libertad porque niega la capacidad última del entendimiento: no se puede comprender una experiencia mística sino vivirla. Su única posible transmisión, su residuo, es la metáfora poética. Su único consuelo, luego de la consumación del intransferible placer, es la obediencia ciega, la eliminación de la duda y del cuestionamiento, la aceptación de la Revelación (cuando la hay), la negación de la serpiente del Génesis, “pues no puede el entendimiento en tan grandes grandezas alcanzar quién es su Dios, y deseándole gozar no ve cómo, puesta en cárcel tan penosa como esta mortalidad” (683). Y en otras páginas: “Oh amor, que me amas más de lo que yo me puedo amar, ni entiendo!” (697).
Para el misticismo, la relación del “yo” con Dios o con el éxtasis es una relación profundamente personal. No es raro que la palabra mística tome forma en un género deliberadamente ambiguo como la poesía, ya que la precisión es imposible o, al menos improbable. Diferente, el dogma y la religión judeocristiana se basan en revelaciones, en la Ley, es decir, en aquellos elementos que pueden ser colectivizados independientemente de la experiencia única y personal de la tradición oriental. Pero para Santa Teresa la misma experiencia es salvación y perdición. Una y otra vez nos encontraremos con este conflicto de dualidades. Su poesía pretende dar testimonio de la posesión divina, pero es un monólogo interior, un diálogo con el otro yo, es la expresión dramática de un yo aspirando a su propia negación, a la aniquilación de su propia libertad. “No me castiguéis —le escribe a Dios— en darme lo que yo quiero o deseo si vuestro amor (que en mí viva siempre) no lo deseare. Muera ya este yo, para que yo le pueda servir […] Él reine, y sea yo su cautiva, que no quiere mi alma otra libertad” (700).
Santa Teresa no leía latín y la prohibición de muchos libros en lengua “vulgar” le privó de una de sus mayores aficiones: la lectura. No obstante, supo compensar esa pérdida con sus propios experimentos literarios. Menéndez Pidal observó que, insatisfecha por lo que había leído de algunos “libros espirituales”, “se ve llevada a regiones extrañas de la literatura existente, para satisfacer su afán de ahondar en el análisis de los propios estados psíquicos.” (Obras, 1958, XXIX)
Libertad y sumisión
En los escritos de Santa Teresa casi no encontramos citas bíblicas. El tema principal de Santa Teresa de Jesús es ella misma. Y su “yo” es la expresión del conflicto —psicológico y semántico—. Una de las expresiones que más se repiten en la poesía de Santa Teresa es el oxímoron. Pero no es sólo un oxímoron sintáctico sino también conceptual —y existencial. En su literatura (especialmente en su poesía) abundan frases antitéticas como: “Vivo sin vivir en mí” (Obras, 1958, 936). “¿Oh muerte, muerte, ¡no sé quién te teme, pues está en ti la vida” (688). “Que muero porque no muero” (933). “Vela con cuidado, que todo pasa con brevedad, aunque tu deseo hace lo cierto dudoso, y el tiempo breve, largo” (697). “¡Oh mi dios y mi Criador! […] matáis, dejando con más vida […] Pues un gusano tan despreciado, mi Dios, ¿queréis sufra estas contrariedades?” (688). “Qué mayor ni más miserable cautiverio que estar el alma suelta en el alma de su criador” (700). “Que pesar y placer, si no es en cosas de oración, todo va templado, que parezco boba, y como tal ando algunos días” (313). O el aforismo siguiente, que podríamos tomarlo con humor: “Aprended de mí, que soy manso y humilde” (929). Quizás no con tanta gracia leeremos otras declaraciones más propias de la ética de la mortificación y el martirio voluntario: “Morir y padecer han de ser nuestros deseos” (929).
En su vasta mayoría son sólo reflexiones y cuestionamientos que intentan acallarse a sí mismos. Es una constante problematización ética y metafísica que sólo encuentra sosiego transitorio en la obediencia permanente. Sin embargo, no encuentra Ley para sus propias inquietudes. En su poesía el “yo” es el protagonista indiscutido. Aunque se refiera y justifique en Dios, toda su realización está alejada de la Ley y del dogma. El poderoso y desafiante “yo” de la poeta mística, luego de la liberación, se inclina sobre el arrepentimiento. Su reivindicación es la obediencia, que a su vez es la negación de todo “yo”. “Pues, para entender Vos mi pena ¿qué necesidad tengo de hablar, pues claramente veo que estáis dentro de mí?” (683).
Para Santa Teresa la libertad no sólo es negativa por lo que tiene de amenaza a la tradición y a la interpretación canónica, sino por lo que no tiene de seguridad metafísica: “Mas ¡ay Dios mío! ¿Cómo podré yo saber cierto que no estoy apartada de Vos? ¡Oh vida mía, que has de vivir con tan poca seguridad de cosa tan importante” (683). Esa seguridad que no encuentra en el entendimiento, en sí misma (interior), la buscará en la autoridad, en el dogma, en la institución católica (exterior).
Lo práctico de la institución
La teología de Santa Teresa no se aparta del dogma de la Iglesia Católica. A diferencia de su poesía —anárquica, irreverente, sensual o extática, por momentos ególatra— su pensamiento es un pensamiento que se origina dentro de la institución y construye su propia sumisión. Los reformadores germánicos, aunque cristianos, son responsables de la perdición de las almas europeas, antes bajo la protección religiosa de Roma. Su mayor pecado no es al libre albedrío sino la insumisión institucional, el cuestionamiento a la tradición. Y santa Teresa siente la exaltación de los poseedores de la verdad. “En cosas de la fe me hallo, a mi parecer con mayor fortaleza. Paréceme a mí que contra todos los luteranos me pondría yo sola a hacerles entender su yerro. Siento mucho la perdición de tantas almas” (Obras, 1958, 314). La perdición está en la desobediencia, sea a Dios o a la Iglesia Católica (que para la santa eran la misma cosa):
Por experiencia he visto, ajando lo que en muchas partes he leído, el gran bien que es para un alma, no salir de obediencia. Aquí se halla la quietud, que tan preciada es en las almas que desean contentar á Dios; porque si de verdad se han resignado a esta santa obediencia, y rendido el entendimiento á ella, no queriendo tener otro parecer del que su confesor, y si son religiosos, el de su prelado (Obras, 1847, 1).
Varias fundaciones más adelante, Santa Teresa reflexiona sobre el dolor y la locura. No duda sobre la virtud de la obediencia e identifica (o confunde) la sumisión a Dios con la obediencia la las autoridades terrenales: “Yo conozco algunas personas, que no les falta casi nada para del todo perder el juicio, más tienen almas humildes, y tan temerosas de ofender a Dios, que aunque se estan deshaciendo en lágrimas ente sí mesmas, no hacen más de lo que se les manda” (44). Para esto, los métodos son varios y Teresa de Ávila hecha mano a todos: el castigo físico, la norma constitucional, el temor religioso y político, y la misma poesía:
Al voto de la obediencia
Vamos, no haya resistencia
Que es nuestro blanco y consuelo
Monjas del Carmelo.
Desde un punto de vista pragmático, político, la autoridad de las jerarquías de la institución se apoya principalmente es el temor del súbdito:
No creo que hay cosa en el mundo, que tanto dañe a un perlado, como no ser temido, y que piensen los súbditos que puedan tratar con él, como con igual, en especial para mujeres, que si una vez entiende que hay en el perlado tanta blandura […] será dificultoso el gobernarlas. (Obras, 1847, 239).
El súbdito debe temer para obedecer. Especialmente aquel que es más débil a las tentaciones del pecado, como las mujeres, ya que “la flaqueza es natural y es muy flaca, en especial en las mujeres” (49). La concepción de la obediencia es de un modo tan central en Santa Teresa, que no distingue tipos ni circunstancias que la justifiquen. Los hombres y las mujeres deben ser obedientes a las autoridades como Jesús lo fue ante los jueces que lo condenaron a muerte. Sin entrar a discutir la nobleza o la perversión de aquellos jueces y de las autoridades eclesiásticas que tanto se venera como representantes de Dios. “Mas la obediencia todo lo puede, y ansí haré lo que vuestra señoría manda, bien u mal” (Obras, 1962, 1095).
Autoritarismo en Santa Teresa
Pero si Santa Teresa era obediente y sumisa también poseía los rasgos del autoritarismo. Lo cual es comprensible, ya que ambos son dos partes de un mismo sistema social y de un mismo carácter personal. Llorca y Villoslada, en su Historia de la Iglesia Católica, nos recuerda, aún desde una perspectiva favorable a la religiosa, que “Santa Teresa reforma la Orden de las Carmelitas imponiendo el uso de andar descalzas y de vivir de las limosnas” (872). Esta imposición, como cualquiera, “encontró resistencia por parte de las monjas, pero fue apoyada por teólogos y autoridades de la época y [así] pudo crear el convento de San José, en Ávila, en marzo de 1563”. (873)
En contraste con estos argumentos, podríamos observar que tanto Teresa de Ávila como San Juan de la Cruz, ambos amigos, fueron encarcelados en Toledo. Sin embargo, este hecho no se motivó en una persecución ideológica o en una marginalidad política e institucional sino que tuvo razones personales. (En esa oportunidad, Teresa de Ávila escribió sus Fundaciones, por mandato de su confesor) Sólo en este hecho vemos reproducido una actitud común del pueblo español hacia la autoridad de esa época: el ilegítimo, el usurpador, el injusto, el corrupto era aquel superior intermediario entre la autoridad máxima —el rey— y su pueblo. El rey o el papa nunca son cuestionados, mientras las demás autoridades de la rígida estructura vertical de la sociedad española y de la iglesia católica son el objeto repetido de toda queja. En contraste con esta “injusticia” del poder temporal, el rey Felipe II y el papa Gregorio XIII, en 1580, concedieron a Santa Teresa la “facultad de formar con sus fundaciones una provincia” (Llorca, 874).
Ni Santa Teresa de Jesús ni San Juan de la Cruz fueron nunca molestados por la Inquisición. Lo que sucedió a Santa Teresa de Jesús fue que la princesa de Eboli, para vengarse de ella por lo que consideraba un agravio personal, entregó la autobiografía de la santa a los inquisidores, los cuales la detuvieron algún tiempo, si bien al final la aprobaron sin ninguna corrección. (Llorca, 974)
Pero Santa Teresa no es una mártir del poder, sino todo lo contrario: se sirve de él y lo preserva con celo. La obediencia a Dios y a las autoridades es una. La mujer sensible, la poeta mística, fuera de ese estado de excepción es una mujer dura, precisamente lo contrario de lo que se podría esperar después de leer sus poemas: si en su poesía advertimos a la rebelde, la anarquista espiritual, en su vida fuera de transe vemos una mujer dura, consigo y con los demás. “Por grandísimos trabajos que he tenido en esta vida, no me acuerdo haberlas dicho, que no soy nada mujer en estas cosas, que tengo recio el corazón” (Obras, 1958, 314). La concepción de la obediencia en Santa Teresa la lleva a la prescripción y a la práctica misma de la violencia física contra el desobediente o contra el alma enferma. “Parece sin justicia, que (si no puede más) castiguen á la enferma como á la sana: luego también lo sería atar á los locos, y azotarlos, sino dejarlos matar á todos.” A pesar de ser consciente de la dudosa práctica, la justifica: “créanme, que lo he probado, y que (a mi parecer) intentando hartos remedios, y que no hallo otros.” Para evitar males mayores, “y porque no maten los locos, los atan, y castigan, y es bien, aunque parece hace gran piedad (pues ellos no pueden más) ¿cuánto más se ha de mirar que no hagan daño á las almas con sus libertades?” (Obras, 1847, 44). La desobediencia, la insumisión deja de ser una cuestión de “humores” —es decir, de enfermedad— y cobra una dimensión ético-teológica que confirma la conveniencia y justicia de los castigos:
Yo he miedo, que el demonio debajo de color deste humor, como he dicho, quiere ganar muchas almas. Porque ahora se usa más que suele, y es que toda la propia voluntad, y libertad llaman ya melancolía; y es ansí, que he pensado que en estas casas, y en todas las de religión, no se debía tomar este nombre en la boca (porque parece que trae consigo libertad) sino que se llame enfermedad grave (y cuanto lo es) y que se cure como tal […]” (45).
En el penúltimo capítulo de Fundaciones, bajo el título de “Modo de visitar los conventos de religiosas”, Teresa de Ávila describe con detalle las formas de dominación que las autoridades de cada convento deben ejercitar contra cualquier tipo de libertad que pueda surgir por parte de las súbditas. Según su rígido entendimiento, las correcciones se debían efectuar haciendo uso del castigo directo o a través de la palabra insistente. Las normas deberían evitar la sola consideración de cualquier posible cambio en los órdenes impuestos e, incluso, debían dejar en claro la imposibilidad de que alguna de las religiosas pudiese salirse o mudarse a otro convento por problemas internos. En otro libro, el que se refiere a las Constituciones de las Carmelitas Descalzas, Santa Teresa legisla como delito de “gravísima culpa” la desobediencia, la negación a sufrir la penitencia, “salirse fuera de los límites del convento.” “Y gravísima culpa es si alguna fuere inobediente, o por manifiesta rebelión no obedeciese al mandamiento del prelado, o suprior” Y gravísima culpa es también “si alguna fuera propietaria, o lo confesase ser, y siendo hallada en ellos en muerte, no se le de eclesiástica sepultura” (Obras, 1958, 908). Los castigos establecidos iban desde la cárcel —por razón de sensualidad— o comer y tomar agua de la tierra —por mentir. (909)
Para Teresa de Ávila, el principal objetivo del demonio es la pérdida de almas, la disminución de los habitantes del cielo; sus instrumentos son la libertad, el libre albedrío y, por ende, la desobediencia —a Dios y a los hombres: “que no entiendan que han de salir con lo que quieren, ni salgan, puesto en término de que hayan de obedecer, que en sentir que tienen esta libertad está el daño.” La profilaxis es evitar aquello que la misma Santa ha ejercitado más en su poesía. Los locos, los enfermos, los desobedientes “han de advertir, que el mayor remedio que tienen, es ocuparlas mucho en oficios, para que no tengan lugar de estar imaginando, que aquí está todo su mal” (Obras, 1847, 45).
La imaginación, el delirio propio es el éxtasis de la divinidad; lo mismo en los otros es locura, alineación de la libertad y del demonio. Cuando esto mismo piensan los otros, se equivocan:
Parece hace espanto á algunas personas solo el oir nombrar visiones, ó revelaciones: no entiendo la causa por que tienen por camino tan peligroso el llevar Dios un alma por aquí, ni de dónde ha procedido ese pasmo” (47).
Pero esta incomprensión a la experiencia ajena no era propia de Santa Teresa sino parte de una cultura obsesionada con la pureza religiosa. Según Menéndez Pidal, Santa teresa fue acusada de iguales confusiones por el padre Jerónimo Gracián (el mismo que le ordena la escritura de Las Moradas) por “llamar unión a la éxtasis, teología mística al rapto, y cosas semejantes” (Obras, 1958, XV) Por su parte, fray Luis de León retoma esta doble posibilidad de las alucinaciones, atribuyendo a Santa teresa la gracia de Dios y a las otras la intermediación del demonio:
ansí como es cierto que el demonio se transfigura algunas veces en ángel de luz, ansí también es cosa sin duda y de fe que el Espíritu Santo habla con los suyos y se les muestra por diferentes maneras para su provecho y para el ajeno. Y como las revelaciones primeras no se han de escribir ni curar porque son ilusiones, ansí estas segundas merecen ser sabidas y escritas” (Obras, 1958, 17).
Pragmatismo institucional
En el prólogo a Fundaciones, se justifica el haber escrito este libro por orden de sus confesores, es decir, por la gracia de la obediencia. Sin embargo, es obediencia a una tradición y rebeldía contra un presente (corrompido por la libertad). También su acción práctica, que fue inagotable, se inscribe dentro del dogma tradicional, la cual podemos entenderla como una actitud reaccionaria a cualquier cambio: contra los protestantes y contra la moral “libertina” de su época, aquella que no se basaba en el martirio físico y en la abnegación, aquella que no practicaba con rigor la más absoluta sumisión. Si leemos las “Constituciones que la madre Teresa de Jesús dio a las Carmelitas Descalzas”, podremos ver traducida esta espesa legislación que no deja un centímetro de espacio para la improvisación y la libertad de las monjas. Allí se dice qué se debe hacer a cada hora y cómo; la forma de rezar y el tono de voz. “Su ganancia no sea en labor curiosa, sino hilar o coser, o en cosas que no sean tan primas que ocupen el pensamiento para no le tener Nuestro Señor” (Obras, 1958, 895). Y aun sin saber latín la misma redactora de estas Constituciones, estableció se usara esta lengua en algunos casos específicos, como en el capítulo dedicado a las “culpas graves” (903).
De su pragmatismo católico deriva su gran obra institucional de las Carmelitas Descalzas y las casas descritas en sus Fundaciones. La preocupan sus méritos. “Veisme aquí, Señor; si es necesario vivir para haceros algún servicio, no rehúso todos cuantos trabajos en la tierra me puedan venir, como decía vuestro amador San Martín. Mas ¡ay dolor! ¡ay dolor de mí, Señor mío, que él tenía obras, y yo tengo solas palabras, que no valgo para más!” (697).
No obstante, sus palabras fueron abundantes, pero sus obras también. En Carta a Lorenzo de Cepeda (23 de diciembre de 1561), describe un proyecto de monasterio donde sólo podrán estar quince monjas enclaustradas:
[…] hacer un monasterio, donde ha de haber sólo quince [religiosas], sin poder crecer de número, con grandísimo encerramiento, así de nunca salir, como de no ver si no han velo delante del rostro, fundadas en oración y en mortificación… (985).
Esta concepción encontrará su teología opuesta en un movimiento surgido dentro mismo de la misma iglesia católica, en América Latina: para los Teólogos de la Liberación, la elección del claustro, la ignorancia de las injusticias sociales no es virtud sino egoísmo, es decir, “pecado social” Sobre todo cuando leemos revelaciones de la propia santa que asumen y confirman una práctica socialmente aceptada: “Su Majestad nos enviaba allí [a San Josef] lo necesario sin pedirlo” (Obras, 1847, 5). Y en sus “Relaciones Espirituales” lo confirma: “Paréceme a mí que estar donde estoy cierto que no me ha de faltar de comer y de vestir, que no se cumple con tanta perfección el voto y el consejo de Cristo […] (Obras, 1958, 311). Es decir, el pueblo plebeyo pagaba sus impuestos para que otros salvaran sus almas (no sin, al mismo tiempo, ser despreciados por su ignorancia de la meditación y la santa improductividad): los meditativos enclaustrados y las generosas autoridades.
Fromm, Erich. El miedo a la libertad, México: Piados Studio, 1984
Jesús, Santa Teresa de. Obras Completas de Santa Teresa. Trascripción, introducciones y notas de los padres Efrén de la Madre de Dios y Otger Steggink. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1962.
____. Obras Completas. Madrid: Editorial Plenitud, 1958.
____. Obras de Santa Teresa de Jesús. Barcelona: Juan Olivares, 1847.
Llorca, B, R. García Villoslada, J. Montalbán, Historia de la Iglesia Católica (Vol. III) “Edad Nueva”. Madrid: Biblioteca de Autores Cristianos, 1967.
Ribera, Ricardo. “Romero y Ellacuría: el santo y el sabio” Pinceladas para un cuadro de transición. San Salvador: Ediciones para el debate, 1997.
Es probable que Sarduy haya logrado, al menos en parte, la hazaña posmoderna o neobarroca de un lenguaje que vale por sí mismo; un lenguaje donde el referente no existe o, al menos, no tiene más importancia que el lenguaje mismo. Pero ese nuevo referente se confunde con su propia ausencia. ¿Cómo sabemos que no hay que buscar “nada más allá del texto”? Fácil: porque lo hemos leído en la inagotable literatura de la crítica y la filosofía francesa de los últimos cuarenta años. Pero como la ausencia de referente nos permite (y nos recomienda) cualquier lectura, los herejes son, a su vez, la negación (necesaria) que confirma la regla asumida por el autor deDaiquiri y sus amigos teóricos, como Roland Barthes. Curiosamente, esta polisemia dramáticamente contradictoria la completan sus mismos detractores, ya que los teóricos de esta corriente de arte y de pensamiento sólo se ocupan de definir con extrema precisión unos conceptos específicos que no aceptan contradicción ni el mismo juego lúdico de significados que elogian de la “literatura sin referente.” El “significante libre” (Barthes) es una especie de oxímoron, ya que si realmente fuera “libre”, el significante no sería tal: su valor procede, precisamente, de algún tipo de limitación que hace sobre la arbitrariedad caótica de cualquier significado, de cualquier referente. Aunque Barthes nos dice que “no hay nada que ver tras el lenguaje”, una de esas lecturas consiste en entender la obra de Sarduy como parte de un proceso histórico y social. Es decir, en nuestro caso, el capitalismo de fines del siglo XX, su componente “consumista” y su paralelo semiótico del juego autoreferencial: al capital, los números financieros, valen por sus propias reglas, por sí mismos. Hedonismo o consumismo. También podemos preguntarnos, si “más allá de las palabras no hay nada”, ¿por qué se han traducido estos textos a otros idiomas? ¿Por qué no es lo mismo leer un poema en un idioma propio que leerlo en otro idioma desconocido? Lo referido cobra aún mayor protagonismo. Su presencia no puede ser negada, pero se la oculta debajo del velo de la deliberada polisemia. Cuanto más ocultolo referido —por el uso ambiguo de la imagen, del silogismo o de la metáfora— más intensa será su búsqueda, más protagonismo cobrará el acto mismo de descubrimiento, de (re)velación, más obsesivo o, al menos más atento será el ejercicio hermenéutico.
LA TRADICIóN LITERARIA (“de occidente”) asume que leer, interpretar, es encontrar elreferente implícito en el texto, ese algo más que no es el texto. Como el signo, el texto, el lenguaje, vale por algo que no es él mismo. Es probable que leamos Daiquiribuscando este Referente. Y es probable que Sarduy haya logrado, al menos en parte, la hazaña posmoderna o neobarroca de un lenguaje que vale por sí mismo. Es decir, un lenguaje donde el referente no existe o, al menos, no tiene más importancia que el lenguaje mismo. Quizás esta sea una de las características principales del barroco español o, más precisamente, del barroco gongoriano. Un referente-excusa, indiferentemente indefinido, deliberadamente inestable, provocadoramente mutante. Al hacerlo así, es probable que encontremos la lectura incómoda, sin sentido, debido a esa misma voluntad —del texto, del autor— de destruir cualquier referente en honor al lenguaje, como si el lenguaje fuese mejor considerado sin ese viejo compañero que es, a su vez, su propio meta-lenguaje, es decir, otro lenguaje (o, ¿por qué no?, una parte misma del lenguaje que se pretende amputar en nombre del lenguaje).
Sin embargo, luego podemos descubrir que el referente de Daiquiri existe, aunque es diferente —o pretende serlo. Pero ese nuevo referente se confunde con su propia ausencia. ¿Cómo lo sabemos? ¿Cómo sabemos que en Daiquiri y, por extensión, en el resto de la literatura de Severo Sarduy no existe el referente, que las palabras poseen la voluntad de un juego, un acto lúdico, hedonista? ¿Cómo sabemos que no hay que buscar “nada más allá del texto”? Fácil: porque lo hemos leído en la inagotable literatura de la crítica y la filosofía —especialmente francesa— de los últimos treinta años; en casos, como veremos, de forma explícita, referida a la literatura de Severo Sarduy. Asumimos, entonces, que no debemos buscar un referente en la literatura de Severo Sarduy. Sin la crítica y sin su propia autocrítica, no podríamos leer Daiquiri de la misma forma que lo leemos luego de ese extenso y a veces agotador ejercicio “metapoético” —referencial.
Momento significativo: ahora el ejercicio de leer comienza a cobrar un sentido tradicional. El juego tiene sus reglas; el cadáver está vivo. Y la vida, el referente, el nuevo dios, surge de esa vasta colección de meta-textos. Sólo que esos meta-textos, ese sentido trascendente al texto pretenden lo contrario: no hay meta-texto, no hay sentido más allá de las palabras , etcétera. Quien no lo asuma así será un lector hereje. Pero como la ausencia de referente nos permite (y nos recomienda) cualquier tipo de herejía, cualquier libertad de lectura, los herejes somos la negación (necesaria) que confirma la regla asumida por el autor de Daiquiri y sus amigos teóricos, como Roland Barthes. Podemos afirmar, confirmar y negar, todo al mismo tiempo. En ello está lo lúdico, la muerte del referente. Curiosamente, esta polisemia dramáticamente contradictoria la completan sus mismos detractores, ya que los teóricos de esta corriente de arte y de pensamiento sólo se ocupan de definir con extrema precisión unos conceptos específicos que no aceptan contradicción ni el mismo juego lúdico de significados que elogian de la “literatura sin referente.” Su pretensión y su metodología intelectual no difieren un ápice de la más tradicional. Difieren los enunciados.
En resumen, como todos sabemos (o creemos saber) una cosa es lo que pretende hacer un autor con su texto y otra muy distinta es lo que logra (en sus lectores). O, peor aún, lo que pretenden hacer otros con el mismo texto. En vano puede reclamar un autor la fijación de un significado y mucho menos aquellos tipos de autores que están suscritos a las teorías de la muerte del referente, de la pluralidad de los textos y de la vida propia de un texto (sin importar si consideran que su propio texto nació vacío). Porque además de vano es contradictorio. Dentro de esa pluralidad de significados caben muchas lecturas y significados (tal como lo entendió el autor) e, incluso (mal que le pese), aquellos significados y aquellas lecturas que niegan la poética o la ideología antes proclamada. Se podría decir que esto es una prueba de la tesis de la ausencia de referente —curiosa prueba que surge de las contradicciones de la propia tesis—. Pero, por eso mismo, ¿cómo negar la antítesis si la misma tesis la contiene como posibilidad necesaria?
Roland Barthes, el filósofo francés que se ocupó de la obra del cubano Severo Sarduy, era de la idea que la cultura europea y, particularmente la francesa, “siempre ha concedido un privilegio muy exagerado a las ‘ideas’ o, para hablar de una manera más neutra, al contenido de los mensajes” (Barthes, 109). No fue sino hasta Mallarmé cuando la literatura francesa llegó a “concebir un significante libre, sobre el cual ya no pesara la censura del falso significado e intentar la experiencia de una escritura libre por fin de la represión histórica en que la mantenía los privilegios del ‘pensamiento’.” (109) (El subrayado es nuestro.)
El pensamiento de Roland Barthes sobre Sarduy, en el cual encuentra su valor en la “intrascendencia” del signo y en el vacío de “ideas” o de “referentes” sólo se puede construir en base a algunas negaciones (el referente, el contenido, etc). Entiendo que “significante libre” es una especie de oxímoron, ya que si realmente fuera “libre”, el significante no sería tal: su valor procede, precisamente, de algún tipo de limitación que hace sobre la arbitrariedad caótica de cualquier significado, de cualquier referente. Un significante puede tener un millón de significados, de referentes —debilitándose de esta forma, no fortaleciéndose—, pero no puede tenercualquier significado, producto de una ilusoria “libertad.” No se puede afirmar y negar al mismo tiempo de una forma absoluta. Si se acepta una cosa se ha de negaralguna otra, de forma artesanal o de forma automática, inmediata. Podríamos decir que el significante es libre de la voluntad significante del autor, pero no es libre para el lector ni el lector es libre del significado. Al leer atribuimos un significado, pero esta atribución nunca es libre: depende de reglas, de conocimientos previos, nunca de la arbitrariedad del lector o de autor. Si así fuese, dejaría de ser un lenguaje, un código que vale como nexo comunicativo entre diferentes subjetividades. Incluso dejaría de ser un instrumento del juego poético.
el pensamiento es ilusión: templando
viene despacio la que no se nombra. (Daiquiri, 7)
La expresión “el pensamiento es ilusión” es, en sí misma y de forma paradójica, un pensamiento que vale por su propia definición de no ser o de ser ilusión. La expresión “la que no se nombra” no son sólo cinco palabras que valen por sí mismo: aunque de forma irónica, aunque con un mero valor lúdico, presentimos “algo más allá” de las mismas. De hecho podemos decir —con el derecho absoluto del lector— que el verso está aludiendo a la muerte. Para que ello no ocurra no es necesario el exceso —como dirá Barthes— sino simplemente un lector que no hable ni lea español. Sin embargo, se puede conjeturar que estos poemas no sólo están escritos en español sino que la mayoría de sus lectores son españoles. También podríamos preguntarnos si “más allá de las palabras no hay nada”, ¿por qué se han traducido estos textos a otros idiomas? ¿Por qué no es lo mismo leer un poema en un idioma propio que leerlo en otro idioma desconocido? Barthes parece tranzar y, luego de hablar de “nada” pasa a hablar de “algo”:
Severo Sarduy relata bien “algo” que nos empuja hacia su fin y se encamina hacia la muerte de la escritura, pero ese algo es libremente desplazado “seducido” por esa soberanía del lenguaje, que ya Platón pretendía condenar en Gorgias, inaugurando así esa represión de la escritura que caracteriza a nuestra cultura occidental (Barthes, 111).
Así, escritores como Sarduy serían aquellos que lograron acabar con una tradición de dos mil quinientos años (no sabemos por qué no más), al lograr la proeza del gesto puro, del signo y de su sociedad —el lenguaje— como juego sin más referencia o valor que sí mismo. Claro que esto, sobretodo entendido como juego erótico-lingüístico en Daiquiri se llama hedonismo y no es algo tan novedoso como se puede entender en la cita anterior. Y, al menos en el arte, es tan lícito y productivo como cualquier otra propuesta filosófica, errada o no. Por si caben dudas, Roland Barthes lo declara de forma explícita (olvidemos, por un momento imaginario, que esta misma declaración es la exposición de una idea, de un referente):
En De donde son los cantantes, texto hedonista y por ello mismo revolucionario, vemos entonces desplegarse el gran tema propio del significante […] no hay nada que ver tras el lenguaje […] (111).
No obstante, podemos encontrar un fuerte referente en la escritura de Sarduy que, por si fuese poco, es consecuente con su autor, con su obra y con sus amigos teóricos: una obra y un lenguaje que declara la muerte del referente y, además, se empecina en practicarlo como juego y como demostración es, paradójicamente, contenido, referente, etc.
Por si fuese poco (la idea de la ausencia del referente como referente principal), también podemos hacer otras lecturas donde los referentes que “dan un sentido” a los textos de Sarduy son su componente social, histórico, ideológico. Si al autor negara estas lecturas estaría destruyendo la misma apertura de significados de su texto libre. “The ludic deconstruction of binaries is, of course, a postmodern reproduction of the ethos of democratic pluralism that is ideological underpinning of stateless corporate capitalism” (Zavarzaeh, 34).
Una de esas lecturas consiste en entender la obra de Sarduy como parte de un proceso histórico y social. Es decir, en nuestro caso, el capitalismo de fines del siglo XX, su componente “consumista” y su paralelo semiótico del juego autoreferencial: al capital, los números financieros, valen por sus propias reglas; no por un valor trascendentes a sí mismos. Un sistema de valores que vale y se refiere a sí mismo, independientemente de la condición humana (el valor del trabajo, su implicación moral, etc.) es un sistema deshumanizado en el más amplio sentido de la palabra. Curiosamente, Roland Barthes parece intuirlo cuando advierte que ya no hay nada “detrás del lenguaje” “Sin embargo, los humanistas pueden estar tranquilos, por lo menos en parte” (111). Varios años antes, había escrito, en Le Gradé Zéro de l’Écriture que,
Elle [la Littérature] aussi doit signaler qualque chose, différent de son contenu et de sa forme individuelle, et qui est sa propre clôture, ce par quoi précisément elle s’impose comme Littérature. (9)
Es decir, reconocemos un objeto o un sistema de signos como “literatura” por algo más que sí misma. De hecho, como el mismo Barthes lo ha señalado antes, toda escritura —toda forma literaria— expresa la conciencia social de un momento. Lo cual no es otra cosa que decir que la lectura depende de una colección infinitamente mayor que el “texto” mismo. El pensamiento de Barthes es paradójico. Aquí entiende que la “escritura blanca” es aquella que niega, que destruye, que es “ausencia”, una literatura “que tiende desde hace un siglo a transmutar su superficie en una forma sin herencia, sólo encontrará la pureza en la ausencia del signo.” (13) Sin embargo, todo esto tiene un significado “le déchirement de la conscience bourgouse.” (12). Lo mismo podríamos decir de la escritura de Sarduy, más allá de la voluntad de “no significar” o de dejar “nada” para más allá de su propia escritura.
La nueva dinámica del texto es la dinámica del capitalismo: es productor de significado; el capitalismo no tiene contenido, sólo forma. En su ensayo Severo Sarduy and the Religion of the Text, Roland Perez cita una idea de Felix Guattari, en “Meaning and Power”:
The text… is purely activity […]: the cosmology of capitalist production […] Capitalism has never been concerned with content, only with form […] What’s essential is that one exchange one sign for another in the infinite system of signifiers” (15-16)
La ideología —o ideopráctica— del capitalismo de fines de siglo ha perdido el referente mínimo de lo humano (el trabajo) para crear su propios códigos de autoreferencia. Pero necesita de los humanos para reproducirse. De humanos deshumanizados, claro, al entender a éstos como piezas de consumo. Al mismo tiempo, debe convencernos de lo contrario. Lo mismo se entiende del juego neobarroco de Sarduy, lo cual cuestionaría el carácter “revolucionario” y crítico que le atribuyó el mismo Barthes más arriba:
La alternancia es la de dos placeres en estado de exceso. El otro margen es la felicidad: ¡más, más y más! Un apalabra más, una fiesta más. […] Es el desafío de una alegría continua, el momento en que por su exceso el placer verbal sucumbe y cae en el gozo (113).
En una entrevista con Jean-Michel Fossey, Severo Sarduy expresa que para él “nuestro cuerpo es una máquina de deseo.” (Perez, 20). Hedonismo y consumismo se emparentan. La diferencia es sólo histórica. Los griegos no hablaban de consumismo (probablemente porque lo consideraban una etapa primitiva de la humanidad, propia de los animales inferiores), sino de hedoné, del placer por el placer mismo. Pero el consumismo es una búsqueda desesperada del placer por otros medios que han sido creados por el capitalismo, a manera de necesidad. Es parte de la construcción del “individuo libre.” Por el contrario, para Zavarzaeh, el arte es un acto político y como tal es más que una simple experiencia de placer —aunque también sea eso (16).
The dominant ideology preserves the notion of the free person who can enter into transactions with other free person in the free market but who is at the same time obedient to the law of the free market that legitimate the dominant social order (Zavarzaeh, 14).
Sin embargo, Roland Barthes prefiere ver sólo la otra cara de la moneda:
¿Cómo un texto, que es lenguaje, puede estar fuera de los lenguajes? ¿Cómo puede el texto escapar de la guerra de las ficciones, de los sociolectores? Por medio de un trabajo progresivo de extenuación. Primero el texto liquida todo meta-lenguaje, y es por eso que es texto:Detrás de lo que dice no hay ninguna voz (Ciencia, Causa, Institución) (114).
Detrás del consumo no hay otro objetivo que el consumo mismo, el juego, el placer, la intrascendencia. Sin embargo, este es un juego producido o al menos conveniente a un sistema mayor: el capitalismo. Con el exceso, con el “¡más, más y más!” , por la extenuación, no sólo se destruiría (según Barthes) cualquier meta-lenguaje, cualquier referencia trascendente, cualquier sentido más allá de la contingencia, sino la misma percepción del sistema (capitalista) que lo produce y se sirve de él.
Daiquiri comienza de una forma incomprensible si no hemos tenido la experiencia de la lectura de alguna de sus otras obras, si no sabemos quién es Sarduy y si ni siquiera sabemos que Daiquiri fue escrito por Sarduy. Fuera de contexto, fuera de tiempo y de espacio, sin el amplio marco del nombre de su autor y de los nombres de sus famosos críticos, Daiquiri sería un libro de poemas más, probablemente de los más intrascendentes y confusos, proyecto de algún poeta adolescente. Eso, claro, desde el punto de vista de un lector “inculto”, podemos agregar. No obstante, la clave es esa: los lectores de Sarduy, no por casualidad, son personas cultas. Y es esta “cultura” (pesada cultura, a veces) la condición necesaria para un paradójico “vaciamiento” de un “contenido”, de un “referente”, de un “significado más o menos comprensible.” Todo eso se lo da el lector culto. Es decir,Daiquiri necesita no de uno sino de una colección de meta-textos y de inter-textos y todos van en la ayuda no de un nuevo juego incomprensible, dadaísta en su estado más (idealmente) puro, sino de un juego totalmente inteligible, un juego con más o menos reglas claras.
Se podría objetar que ello (la incapacidad de leer sin buscar lo referido) se debe a la carga de “prejuicios” y de “preconceptos” que el lector “corrompido” de nuestro tiempo arrastra como maldición o incapacidad. Pero a este argumento podemos contestar con una pregunta: ¿acaso existe un lector “puro”, sin una experiencia textual previa?
El mismo poema comienza con una fuerte declaración filosófica, con unapoética propia, en este mismo sentido y, al mismo tiempo, con un lenguaje erótico (omisión-sentido-sensualidad):
Omítemela más, que lo omitido
cuando alcanza y define su aporía
enciende en el reverso de su día
un planeta en la noche del sentido. (5)
O, aún de forma más explícita:
El émbolo brillante y engrasado
embiste jubiloso la ranura
y derrama su blanca quemadura (7)
El erotismo es protagonista en Daiquiri, pero la idea no está ausente.
Desde un punto de vista puramente formal, podemos decir que no sólo la estructura del poema es estrictamente tradicional sino que su estilo es fácil de identificar: es del barroco del siglo XVII (con versos en 4-4-3-3 líneas), ese período histórico que tanto atraía a Severo Sarduy por “razones” que varias veces dejó claras, definiendo sus propios “referentes”, sus propias ideas.
Apenas al abrir el libro vemos las líneas, las frases que no ocupan de margen a margen, el orden particular de lo que llamamos “poema” o “poesía.” Rigurosamente (sería una casualidad casi infinita, si no) once sílabas en cada línea. Rima a-b, a-b, etc. Sabemos que no estudiaremos aquí el teorema de Pitágoras ni las últimas investigaciones sobre la fertilidad de los campos de Nueva Zelanda. O, al menos, esos son nuestros prejuicios al iniciar la lectura y que se verán confirmados desde la primera o segunda línea.
Como vimos antes, el hedonismo y la sensualidad tampoco son casualidad o un capricho propio de las palabras. No sólo por su referencia histórico-social, sino por la propia construcción de su referente. Hablamos de sexo y para ello usamos metáforas muy visuales, recurso antiguo en la larga historia de la poesía. Estas “imágenes” no son las palabras; son algo que siempre está “más allá.”
A pulso no: que no disfruta herido,
por flecha berniniana o por manía
de brusquedad, el templo humedecido
(de Venus, el segundo). Ya algún día
lubricantes o medios naturales
pondrás entre los bordes con taimada
prudencia, o con cautela ensalivada (5)
Entiendo que aquí el recurso no es el vaciamiento de cualquier “referido” sino el ocultamiento del mismo, debajo de una espesa pátina de barniz barroco, del barroco que Góngora llevó a su cumbre en Soledades. Es el arte del oscurecimiento de del erotismo verbal. El juego gongoriano del doble sentido o del sentido menos esperado, aquí no está desprovisto de humor:
que atenúen la quema de tu entrada
pues de amor y de ardor en los anales
de la historia la nupcia está cifrada (5)
De esta forma, lo referido cobra aún mayor protagonismo. Su presencia no puede ser negada, pero se la oculta debajo del velo de la deliberada polisemia. Desvelar es el acto de la lectura, de la interpretación. Cuanto más oculto lo referido —por el uso ambiguo de la imagen, del silogismo o de la metáfora— más intensa será su búsqueda, más protagonismo cobrará el acto mismo de descubrimiento, de (re)velación, más obsesivo o, al menos más atento será el ejercicio hermenéutico. En este proceso, entiendo, está el protagonismo del lenguaje: en la revelación gnóstica, en la mitificación y en el ocultamiento de lo referido más que en su ausencia. En el caso del barroco y del neobarroco queda aún una particularidad más: lo referido no es lo más importante. El descubrimiento no vale más que el acto de decubrir. A diferencia de lo referido en un texto religioso —digamos, para un místico gnóstico del siglo III—, para el espíritu barroco lo trascendente en el texto es lo intrascendente del texto —y de la vida. El medio es el fin y el fin apenas un medio.
Los oprimidos deben preocuparse más por su propia sobrevivencia que por su libertad. Deben pesar en el próximo día y en la próxima semana y en el próximo mes antes que en cualquier forma de liberación. Pero cuando los oprimidos decidan enderezar sus espaldas, habrán reuniones y manifestaciones en cada ciudad grande de Estados Unidos. Estos encuentros masivos serán el indicio de que la lucha por la libertad ha comenzado otra vez, con nuevos bríos, y nuevas posibilidades se desatarán. Entonces el pueblo del Señor estará listo para subir a bordo. Estoy hablando de estar preparados, porque se viene. Es lo que el gran Curtis Mayfield decía en su canción People Get Ready. El tren de la libertad está por pasar!
* * *
Pero cómo cambiar radicalmente un sistema mientras se trabaja dentro de él. Dada la fragmentación de la fuerza laboral donde, debido a la automatización y la globalización, los trabajadores han sido entrenados para adquirir unas habilidades y para perder otras, ¿quién podría convertirse en el agente principal del cambio social? ¿Quién podría hacernos libres?
* * *
Los jóvenes quieren una libertad total y la quieren rápido y fácil. De muchas formas, lo que hacen es reflejar lo que ven en su propia sociedad, en Wall Street. Les resulta muy difícil tomar en serio ya no sólo un compromiso con el que puedan cumplir con sacrificio sino que últimamente también les resulta difícil tomar en serio la misma vida humana. Las ganancias y los beneficios se han vuelto más importantes que la vida humana. Lo que estamos viendo es un civilismo frío a lo largo de todas estas comunidades. Esto es una clara expresión de nuestra cultura y de nuestra civilización.
La alegría subversiva es la habilidad de trasformar lágrimas en risas, una risa que nos permita comprender lo difícil que es el camino, que nos permita disfrutar de nuestro propio sentido de humanidad, de cierto humor en medio de una lucha que es en serio. Esta es la verdadera libertad de espíritu.
Podemos pensar y sentir, reír y llorar, y con la fe y la capacidad de la gente común podemos luchar. Luchar con una sonrisa en nuestros rostros y con lágrimas en los ojos. Podemos descubrir todo tipo de privaciones y aún así sostener una bandera que ha sido manchada de sangre y seguir sosteniéndola con una esperanza basada en una genuina comprensión de lo que nos rodea. Podemos identificar y denunciar la hipocresía y mantener vivo un sentido de viabilidad para nosotros mismos y para nuestros hijos, y de esa forma cumpliremos con nuestra misión sagrada en este mundo. Las aventuras de Huck Finn [de Mark Twin], capítulo 31, es uno de los momentos más sublimes de la literatura norteamericana. (1) [Ante el deber civil de entregar a su amigo esclavo] Huck tomó una decisión cuando agarró la carta [que lo denunciaba] y la hizo pedazos. “Está bien, entonces iré al infierno”, dijo. Sabía que su alma iría al infierno pero de todas formas él iba a resistir contra la civilización. Iba a resistir todo tipo de castigos por parte de su tía. Pero se decidió por salvar su integridad y su conciencia. Esto no llega a ser aún un acto político. Es simplemente un acto moral que dio forma a su alma. Es un intento por madurar.
Huck prefería ir al infierno que negar la humanidad del negro Jim, ya que había comprendido que la negrización era una mentira.
Sin duda es un descubrimiento increíble para un blanco. Es un progreso. Este Jim, quien había sido negrizado, es un ser humano. Me alegra su humanidad. Lo necesito tanto como él me necesita como co-participante en la reformulación de lo que debe ser América y lo que significa una democracia.
Este es un gran momento. Este es Samuel Clemens [Mark Twain].
* * *
Muchas veces he sido acusado de ser antiamericano. Simplemente digo que así como Platón intentó hacer del mundo un lugar seguro para Sócrates, así trato yo de hacer el mundo un lugar seguro para el legado de Martin Luther King. King fue lo mejor de Estados Unidos.
(1) Nota del traductor: Según Ernest Hemingway, la literatura norteamericana moderna surge a partir de esta novela de Mark Twin, publicada en 1884. El tema central radica en la lucha de la conciencia formada en los valores de una sociedad esclavistas contra la sensibilidad del protagonista, un joven blanco, Huck, que realiza con un negro esclavo llamado Jim una fuga en balsa por el Mississippi.
La traducción de Dr. Jorge Majfud que publicamos pertenece a su más reciente libro Hope on a Tightrope (2008) y fue autorizada por el autor y por la editorial Smiley Books.
Martin Luther King dijo una vez que un hombre no puede saltar por encima de uno al menos que uno esté agachado. Sin embargo, no es fácil enderezar la espalda; hay que pagar un precio para ello. ¿Cuáles son las condiciones por las cuales los negros van a enderezar sus espaldas? ¿Cómo los negros podrían sacudirse su propia negrización?
Cuando examinamos los orígenes de esta negrización debemos darnos cuenta de la forma en que las prácticas de supremacía blanca se volvieron progresivamente sistemáticas y dominantes. Estoy hablando del miedo, del odio y de la codicia del blanco que se extendió hasta el extremo de traumatizar profundamente a los negros hasta hacerlos sentir desprotegidos y sin esperanzas. Se nos negó la facultad de amar y de ejercitar la autoestima. Por resistir o por organizarnos contra ese tipo de opresión pusimos nuestras vidas en peligro. Aún hoy en día lo hacemos.
La negrización de los negros procuró convertir su amor en un crimen, su historia en una materia universitaria, sus esperanzas en una broma y su libertad en una quimera.
¿Por qué llamamos “grande” a Alejandro? Alejandro dominó más gente en su tiempo que ningún otro. ¿Por qué llamamos “grande” a Napoleón? Porque sus conquistas y sus matanzas fueron históricas. ¿Qué ocurriría si nuestros criterios sobre la grandeza no dependieran de las conquistas y las matanzas? ¿Qué pasaría si nuestros criterios fuesen el amor, el servicio y la justicia social?
Occidente llama grande a Churchill. Él creía que los negros eran subhumanos y estaba con Mussolini. Fue grande resistiendo el nazismo para el imperio británico. Puedo reconocérselo. Si vamos a definir la grandeza de esa forma, bueno, sí, fue un gran hombre. Pero nadie puede pensar que sólo porque su sufrimiento está en el centro de su propia discusión, sólo por eso puede pasar por encima el sufrimiento de los demás.
¿El ministro Louis Farrakhan es grande por su homofobia? No. ¿Tal vez por su posición sobre el patriarcado? No. ¿Es grande por haberse preocupado por la humanidad de los hermanos judíos? No. ¿Es grade por haber luchado contra la supremacía blanca? Sí. Louis Farrakhan dedicó toda su vida a perseguir y denunciar la supremacía blanca, sus efectos y consecuencias tal como él los entendía. Se dedicó a vivir y morir para poner de pié al pueblo negro.
* * *
La cultura norteamericana parece carecer de al menos dos elementos que son esenciales para la justicia racial: un profundo sentido de la tragedia y del real alcance que tuvo el odio vertido sobre la sociedad norteamericana; una negación crónica de muchos norteamericanos a reconocer el absurdo por el cual un descendiente de africanos debe enfrentar en su propio país, como el permanente asalto contra la inteligencia, la belleza y carácter de los negros. No se trata sólo de defender los privilegios de quienes poseen piel blanca. Además demuestra una resistencia a mirar directamente la brutalidad y la tragedia del pasado y el presente de su propio país.
Esta persistente y difícil mirada podría pinchar la burbuja en la que viven muchos norteamericanos, si comprendieran que esta nación que ama la libertad, esta tierra de indudables oportunidades también ha cometido innombrables crímenes contra otros seres humanos, especialmente contra los negros.
* * *
El reverendo Jeremiah Wright es un querido hermano. Hace poco, ha sido bautizado por los medios de comunicación como la última encarnación del típico “negro malo”. Sea en la esclavitud o en las comunidades bajo Jim Crow, los malos negros son aquellos que están “fuera de control”. Jeremiah Wright dice lo que piensa. No olvidemos que todos somos cálices rotos. Como cualquiera, Wright no se salva de merecer críticas —por ejemplo, sus afirmaciones sobre el Sida y el VIH son erróneas—, pero deben ser críticas justificadas.
Tuve la oportunidad de hablar en su iglesia muchas veces y me alegra cada vez que sus palabras y sus ideas completas son reproducidas por los medios porque toda verdadera plegaria hacia Dios condena la injusticia. Cuando Wright dice que Dios condena a Estados Unidos por matar a inocentes, por tratar a sus propios ciudadanos como si fuesen algo menos que seres humanos, es verdad. Es verdad para cualquier nación. No podemos nunca poner la cruz por debajo de ninguna bandera.
Wright es un profeta cristiano y por lo tanto cualquier bandera está por debajo de la cruz. Si uno cree que Estados Unidos nunca ha asesinado a inocentes, entonces Dios nunca lo va a condenar. Para nosotros Dios condena la esclavitud, a Jim y a Jane Cow, condena el odio a los gays y a las lesbianas, el antisemitismo y la tendencia antiárabe a identificarlos con el terrorismo. Dios es un Dios de justicia y amor.
Lo que Wright está señalando es el grado de injusticia que todavía existe en Estados Unidos. Nunca debemos confundir esta crítica con el antiamericanismo. Cualquier resistencia a la injusticia, sea en Estados Unidos, en Egipto, en Cuba o en Arabia Saudí es una acción dirigida por Dios, ya que toda indignación contra el trato cruel de cualquier grupo humano es un eco de la voz de Dios para todos aquellos que tomamos la cruz en serio.
La traducción de Jorge Majfud que publicamos pertenece a su más reciente libro Hope on a Tightrope (2008) y fue autorizada por el autor y por la editorial Smiley Books.
Un rebelde ilustrado contra la soldadesca hispanista
Dos atributos conspiran siempre contra la verdad: la cobardía y la pereza intelectual. Si la primera suele ser el aliado más activo del poder, la segunda es un beneficio gratuito que cada uno otorga a su statu quo.
Por esta razón, el revisionismo es siempre uno de los principios irrenunciables de cualquier investigador serio. Todo debe ser puesto en duda. Solo lo que permanece en pié después de un terremoto merece respeto intelectual.
Esta actitud de revisionista radical ha caracterizado el trabajo crítico y literario del filósofo español y profesor de New York University, Eduardo Subirats. Y si bien no se puede decir que Subirats ha descubierto la pólvora en los estudios hispánicos, sí debemos aceptar su coraje intelectual para avanzar con lucidez y fundamento una postura crítica del mismo sistema, de las instituciones y de las vacas sagradas del hispanismo que hunden sus raíces en los primeros siglos del Renacimiento.
En la primera parte de Las poéticas colonizadas de América Latina, a partir de una observación puntual sobre la lista de lecturas obligatorias del departamento de Spanish and Portuguese de New York University, Subirats arremete contra la tradición establecida por el racismo, la limpieza étnica y cultural realizada a lo largo de los siglos en España. Esta tradición que se centró en el imposible concepto depureza: una raza, una religión, una lengua.
Parte de esta colonización de la poética latinoamericana es “el secuestro de la intencionalidad intelectual, la domesticación y neutralización del compromiso histórico y político de la teoría” (25). En contrapartida, Subirats pone el acento en el valor mítico y oral de las poéticas de la resistencia latinoamericana (29) y se opone a la neutralización academicista. “A favor de esa piadosa conversión del arte en acción comunicativa se arguye que, al fin y al cabo, todo son representaciones, lo mismo la guerra contra el mal que los videoclips de Madonna” (35).
Hace muchos años, en un barco de madera en el océano Índico, el escritor y profesor Joseph Hanlon me detalló sus investigaciones sobre algunos sistemas dictatoriales y me dio su definición mas sintética de un sistema fascista: el fascismo recurre siempre a la fragmentación de saberes para no perder el control de la real totalidad. Sin hacer referencia a este extremo, también Subirats insiste en denunciar la fragmentación de los saberes especializados (37) que aniquilan o controlan las humanidades. Hay una carencia de “un proyecto intelectual en el sentido en que lo llevó a cabo el humanismo y la Ilustración de Erasmo o de Wilhelm von Humbolt y de Emerson a Dewey” (40). Por otro lado, son frecuentes las conferencias sobre los derechos humanos en la Nueva España de 1521 pero en general los especialistas se han vuelto “incapaces de articular una reflexión socialmente responsable sobre los genocidios en tiempo real y a la vuelta de la esquina” (40).
En sus “Siete tesis contra el hispanismo” Subirats recuerda el carácter simplificador y represor de la diversidad original, lingüística y cultural, con la cual en España se configuró un carácter nacionalcatólico por exclusión de moros y judíos, se negó el humanismo, el iluminismo y las reformas sociales, religiosas e ideológicas y se liquidó el liberalismo. El hispanismo resultante es el reflejo de esa violencia de exclusiones documentadas en un canon donde sobresalen los Unamuno y los Ortega y Gasset. Violencia del fascismo ibérico que se continuó en América con la represión de las culturas indígenas y la negación de la modernidad europea y la “combinación de crueldad autoritaria y mesianismo cristiano” (49).
En su tercera tesis Subirats entiende que “las culturas y memorias ibéricas y latinoamericanas deben revisarse y redefinirse a partir de sus centros espirituales, no de sus fronteras” (51). Uno de estos centros debería ser los espacios y símbolos sagrados compartidos por una tradición estratégicamente olvidada: la judía-cristiano-musulmana y, en América, las antiguas concepciones cosmológicas. “Estas tradiciones y conocimientos se extienden desde códices y obras de arte hasta las tradiciones orales y artísticas milenarias sobrevivientes en el día de hoy” (52). Y más adelante: “Pero el descubrimiento y la colonización de América tampoco pueden comprenderse como proceso civilizatorio sino es a partir de la continuidad que recorre sus mitos teológicos de la culpabilidad originaria de los pueblos americanos y su redención por la conversión bajo la cruz, por una parte, y los discursos y violencias de la salvación político-económica bajo los nombres empírico críticos, positivistas, marxistas-leninistas o neoliberales del progreso” (57).
Según Subirats, otras líneas comunes dibujan la historia espiritual del continente, desde Simón Rodríguez hasta Américo Castro, como lo es la frustración, “un mismo límite interno, y del fracaso intelectual y político que definen la idiosincrasia cultural y social del mundo cultural hispano y latinoamericano” (61).
Como subscribimos antes, también para Subirats el verdadero Siglo de Oro español no es el siglo del oro de América sino el Medioevo de la cultura hispanojudía e hispanoislámica que la violencia del nacionalismo católico se encargó de reprimir en la Reconquista al igual que lo hará más tarde en América con la Conquista. Por esta razón, los siglos XI, XII y XIII deberían entenderse como la primera Ilustración europea. Bastaría con considerar al filósofo árabe Averroes, “el primer y último ilustrado en el mundo ibérico” (113), que en el siglo XII “por primera vez en la historia europea establece epistemológicamente la separación entre fe y razón […] el real punto de partida islámico de la Ilustración europea” (74) y que luego la cultura imperial se encargó de destruir a sangre y fuego (77) mientras que varios siglos después se les da título de “ilustrados” a escritores canonizados como Feijoo, Jovellanos, Cadalso y Maynáns. Todo lo cual es parte de una tradición de “exclusiones radicales” propia de la conservadora cultura hispánica (85). Luego de este renacimiento, no hubo vanguardia intelectual en España que pudiera superarla (70). Es más, “fue la fuga hacia Italia y Centroeuropa de libros, instrumentos científicos y exiliadas tradiciones hispanoárabes e hispanojudías las que posibilitaron el Renacimiento humanista y científico europeo” (72) y no tanto la recurrida fuga de los intelectuales griegos de Constantinopla.
En síntesis, en Las poéticas colonizadas de América latina Subirats, después de cuestionar la tradición y los cánones del Hispanismo y los Cultural Studies, después de denunciar la propensión a la fe y al prestigio de la tradición en detrimento de la razón crítica, propone una revisión de la práctica académica basada en categorías históricas, estéticas y filosóficas y no meramente geográficas; rehabilitar el mundo cultural negado de España, desde Maimónides, Ibn Arabi o Ramón Llull; reconocer la centralidad de proyectos culturales como los de Simón Rodríguez y Blanco White; y rechazar el posmodernismo hibridista y deconstructivista de excesivo relativismo y neutralidad que reflejan pereza intelectual por proyectos radicales.
Podemos esperar que este tipo de crítica revisionista no sólo haga justicia histórica a aquellas tradiciones reprimidas por la violencia y la pobreza intelectual, sino que además estimulen el desafío de proyectos culturales e intelectuales que superen el espíritu lúdico y neutral de todos los posmodernismos que han nacido como cadáveres estériles. Estériles, por su cómplice neutralidad; cadáveres, por su orden de museo y de catálogos, por su paralizante halo de muerte indiferente ante la muerte.
Escandalizado por la miseria que había encontrado en las clases bajas de la poderosa Francia, Thomas Jefferson le escribió a Madison que ésta era producto de la “unequal division of property” (“división desigual de la propiedad”). La riqueza de Francia, pensaba Jefferson, estaba concentrada en muy pocas manos, lo que provocaba que las masas vivieran desempleadas y mendigando. También reconoció que “la igual distribución de la propiedad es impracticable”, pero las grandes diferencias producen miseria. Si se quería preservar el proyecto utópico de la libertad en América, ya no solo por justicia, era urgente asegurar que las leyes dividiesen las propiedades obtenidas por herencia para ser equitativamente distribuida a los descendientes (Bailyn 2003, 57). Por esta razón, en 1776 Jefferson abolió en su estado las leyes que privilegiaban herederos y estableció que toda persona adulta que no poseyera 50 acres (20 hectáreas) de tierra, las recibiera del Estado, ya que “la tierra pertenece a los vivos, no a los muertos” (58).
Alguna vez Jefferson sostuvo que si tuviese que elegir entre un gobierno sin periódicos y los periódicos sin gobierno, elegía esto último. Como la mayoría de sus pares fundadores, fue famoso por otras ideas libertarias, por su anarquismo moderado y por una colección de otras contradicciones.
Quizás hoy en día Ron Paul sea una especie de encarnación posmoderna de aquel presidente y filósofo ilustrado. Quizás por eso mismo haya sido desplazado por Sarah Palin en la definición de lo que es ser un buen conservador. Además de médico, representante texano y uno de los líderes históricos del movimiento Libertario, probablemente Paul sea el verdadero fundador del inexistente Partido del Té (Tea Party).
Si algo ha diferenciado en las últimas décadas a los republicanos neoconservadores de los demócratas liberales, es su fuerte intervencionismo internacional con reminiscencias mesiánicas o sus tendencias a legislar contra el matrimonio homosexual. Por el contrario, si algo ha caracterizado la fuerte crítica y la práctica legislativa de Ron Paul ha sido su propuesta de eliminar el banco central de EE.UU, su oposición a la intromisión del Estado en la definición de lo que es o debe ser un matrimonio y su oposición a todo tipo de intervencionismo en los asuntos de otros países.
Un momento ilustrativo fue el debate del partido Republicano en Miami, en diciembre de 2007. Mientras el resto de los candidatos se dedicaron a repetir frases prefabricadas que levantaron los aplausos y el entusiasmo del público hispano de Miami, Ron Paul no perdió la oportunidad para repetir sus incómodas convicciones.
Ante la pregunta de María Elena Salinas sobre cómo tratar con el presidente de Venezuela, Ron Paul simplemente contestó a favor de dialogar con Chávez y con Cuba. Obviamente los abucheos resonaron en toda la sala. Sin esperar a que la tribuna se calmara, contraatacó: “Pero déjenme decirles por qué, por qué tenemos problemas en Centro América y en América del Sur: porque hemos estado metidos en sus asuntos internos desde hace mucho tiempo, nos hemos metido en sus negocios. Nosotros creamos a los Chávez de este mundo, hemos creado a los Castro de este mundo, interfiriendo y creando caos en sus países y ellos han respondido sacando a sus líderes constituidos…”.
Los abucheos terminaron con la línea argumentativa del tejano, hasta que le preguntaron de nuevo sobre la guerra en Irak: “no tuvimos razones para meternos ahí, no declaramos la guerra […] Tengo un punto de vista diferente porque respeto la Constitución y escucho a los padres fundadores que nos dicen: quédense afuera de los asuntos internos de otras naciones.”
En política interna, el movimiento Libertario comparte varios puntos con los neoconservadores. Por ejemplo la idea de que las desigualdades son producto de la libertad entre diferentes individuos con habilidades e intereses diferentes. De ahí que la idea de “distribución de la riqueza” sea entendida por los seguidores de Ron Paul como un acto arbitrario, de injusticia social. Para otros neocons, es simplemente un producto del adoctrinamiento ideológico de los socialistas como Obama. Acto seguido, no pierden oportunidad de señalar todos los libros de Karl Marx que Obama estudió, aparentemente con pasión, en Columbia University y todas las reuniones de los “Socialist Scholars Conference” a las que acudió (Radical-in-Chief: Barack Obama and the Untold Story of American Socialism, Stanley Kurtz). No obstante, según la perspectiva de los libertarios, todo esto caería dentro de los derechos de cualquiera, como fumar marihuana, siempre y cuando no intente imponérselo a los demás. Cosa que en un presidente sería por lo menos difícil.
La vaca sagrada de los neoconservadores norteamericanos es la libertad (ya que para ellos el liberalismo es una mala palabra) como si se tratase de una escancia independiente de la realidad. Para lograrla, basta con eliminar o reducir todo lo que se llame Estado y Gobierno. Menos el ejército. De ahí la afición de algunos por las armas en manos de los individuos: para ser usadas contra el poder intruso de los gobiernos, sean propios o ajenos.
Los fanáticos de la libertad absoluta no consideran o le restan importancia al hecho de que para ser libres se necesita una determinada cuota de poder. Para Jefferson y para el Che, el dinero era solo un mal necesario, producto de la corrupción de la civilización y frecuente instrumento robo. Pero en nuestro tiempo (ya lo sabían los griegos de Pericles) el poder radica en el dinero. Basta, entonces, tener más dinero para ser, en términos sociales (no existenciales) más libre que un obrero que no puede disponer del mismo grado de libertad para educar a sus hijos o para tener tiempo libre que estimule su desarrollo humano y su creatividad intelectual.
En el otro extremo, en gran parte de América latina, hoy en día la vaca sagrada es la “distribución de la riqueza”, Estado mediante. Con frecuencia no se considera o se le resta importancia al hecho de que también la producción puede estar mal distribuida. Aquí los parámetros culturales son cruciales: hay individuos y grupos que crean y trabajan por el resto que luego clama por la injusticia de no obtener los beneficios que se merecerían si existiera la justicia social. Lo que es como si un mentiroso se escondiese detrás de una verdad para salvar y perpetuar sus vicios. Para esta posición, cualquier mérito es sólo el resultado de un sistema opresivo que, incluso, no permite a los perezosos salir de su pereza. Así, la pereza y el robo se explican por la estructura económica y la cultura de la opresión que mantiene a grupos enteros en la ignorancia. Lo cual no deja de ser cierto hasta cierto punto pero no es suficiente para demostrar la inexistencia de eternos haraganes y otros escasamente dotados para el trabajo físico o intelectual. En todo caso no debería haber redistribución de la riqueza si primero no hay redistribución de la producción. Lo que en parte sería también una redistribución de las ganas de estudiar, de trabajar y de hacerse responsable de algo.
En la actualidad los Estados son males necesarios para proteger la igual-libertad. Pero al mismo tiempo son el principal instrumento, como creían aquellos revolucionarios americanos, para proteger los privilegios de los más poderosos y alimentar el vicio moral de los más débiles.
¿Hasta cuándo resistirá la Humanidad que se la asesine todos los días? Podemos ser irracionales la mayor parte de nutras vidas, pero nunca podemos permitirnos ese lujo o debilidad cuando estamos juzgando a otro y mucho menos cuando su vida depende de ese juicio. El silencio nos convertirá en el árbol que sostenga a los inocentes asesinados por la Ley
En otras oportunidades hemos recordado algunas de las interminables contradicciones de las ortodoxias y de las ortopraxias —ambas son, por lo menos, incompatibles. En nuestras propias culturas y sociedades, en nuestras propias historias y en nuestros presentes descubrimos caudales inagotables de crueldad y de hipocresía. No hay diálogo sin el Otro, y en el otro también descubrimos —era inevitable— tantas virtudes como abominables defectos, tanta incomprensión ajena como la hay en nosotros. Y lo que es peor: sordera. La Globalización no ha mitigado ese desconocimiento sino que lo ha agravado en muchos aspectos, porque la comprensión y el conocimiento no llegan necesariamente con los medios de comunicación sino con la comunicación entre los pueblos y entre los individuos. Cuando en África sonó el primer tambor para comunicar intenciones ajenas, éste facilitó la información a distancia, pero también la traición y la guerra: la destrucción del otro(1). Y esa comprensión del otro hoy está más amenazada, como puede estarlo el grito de un niño en un estadio de fútbol: se le ha otorgado el derecho de gritar sus verdades y sus angustias, pero ya nadie puede escucharlo en medio del griterío.
En rigor, no podemos conocer algo que previamente deformamos en el proceso de conocimiento. Esto sucede en la ciencia que se ocupa de las escalas infinitesimales, pero a escala humana no es inevitable. Por suerte, en nuestra escala humana todo, o casi todo, se puede cambiar, y esa es la gran tarea cuando nos enfrentamos a nuestras propias contradicciones y a las ajenas también.
También en el otro descubrimos brutales arbitrariedades. O lo que es peor: defectuosas virtudes, verdaderos monstruos celestiales. Como, por ejemplo, alguna vez recordamos y escribimos algunas líneas sobre la negativa del ayatolá Jomeini de mirar por la ventanilla del auto que lo llevaba desde el aeropuerto de París a su casa en el exilio, para evitar contaminarse con el corrupto Occidente que en ese mismo instante lo protegía de su propio gobierno. O su posterior condena a muerte al autor de un libro que nunca había leído, por supuesto, ya que ofendía a Dios. Siguiendo con ejemplos islámicos (Occidente los tiene también, y a montones) habíamos recordado que la frase de Mahoma que los mahometanos radicales más gustan olvidar es aquella que previene que “la tinta del sabio es más valiosa que la sangre del mártir”. Este deliberado olvido se hizo trágico en Argelia, cuando los más radicales islamistas advirtieron que “todo aquel que viva de la pluma morirá por la espada”. Y también pasaron de la letra a la acción. Esto, en rigor, es teología clásica; como no se pueden cambiar las escrituras, se interpreta: allí donde dice “blanco”, en realidad quiere decir “negro”. Con esta nueva interpretación, los fundamentalistas lograron destruir lo que sus antecesores habían construido en sus años de apogeo económico, religioso y cultural.
Para no quedarse atrás en este extraño proceso de santificación, recientemente y con motivo del concurso de Miss Mundo que se debía celebrar en Nigeria, la periodista Isioma Daniel fue condenada a muerte por un artículo en el cual expresaba que Mahoma hubiese elegido una de sus esposas entre las concursantes. No es necesario detenernos a probar que la posibilidad es alta. Esto no hace al centro del problema. Lo que no podemos dejar de contar son los doscientos muertos que dejaron los incidentes y, quizá más importante aún, la condena arbitraria de una persona por sus opiniones. ¿No fue el propio Mahoma, como Jesús, un perseguido por sus expresiones?
Por desgracia, del pasado imperio islámico, tolerante y humanista, conservador y renovador de las artes y las ciencias en los tiempos de la fanática Edad Media europea, apenas quedan escombros, y todos sirven para ser arrojados contra el pasado y contra el futuro por igual. Lo cual es, a todas luces, más una reacción contra Occidente –un Occidente que también tiene las manos teñidas de sangre– que una construcción propia. En Nigeria, por ejemplo, la “Shari’a” se impuso recién en el año 1999, en algunos estados del norte. Según este riguroso conjunto de leyes religiosas, el adulterio se paga con la lapidación y la opinión, aparentemente, con la “fatwa” de muerte. En esta situación se encuentran aún varios hombres y mujeres, entre las cuales la más conocida de los últimos meses fue el caso de Amira Lawal. Amira fue condenada a morir bajo una lluvia de piedras luego de dar el pecho a su hijo, prueba, inocente e irrefutable, del delito imputado a su madre divorciada. Por suerte, Amnistía Internacional logró presentar, ante el gobierno de Nigeria, una carta en oposición a tan salvaje condena, firmada por más de un millón de personas de todo el mundo, lo que persuadió a las autoridades para suspender lo que no se puede llamar ajusticiamiento, sino tortura primitiva o sadismo refinado en nombre de Dios. Sin embargo, este Código Sexual seguirá vigente. Como Amira, muchos hombres y muchas mujeres serán condenadas a morir bajo una lluvia de piedras, no arrojadas desde el cielo sino desde las manos de verdugos, cada uno de los cuales se considerará a sí mismo extensión de la mano de la justicia divina. Y todo por alguno de esos “delitos” sexuales que deberían ser jurisdicción exclusiva de Dios o de la privacidad del individuo. Claro, se podrá decir que también un hombre que mata a su mujer por celos (o viceversa) está cometiendo un crimen. De acuerdo. Pero, en todo caso, su acto es pasional e ilegal, y su drama afectará a su entorno, no mucho más. Sin embargo, cuando se ejecuta a una persona bajo una lógica del absurdo, rica en arbitrariedades y en contradicciones institucionalizadas, no sólo se está asesinando a una persona concreta sino a toda la dignidad humana y, por lo tanto, estamos ante la presencia de un crimen universal.
Se me podrá decir que en Estados Unidos y en China también existe la pena de muerte, y lo sé. Pero no distraigamos la discusión. También yo estoy totalmente en contra de la pena de muerte, ya sea en una silla eléctrica o bajo una lluvia de piedras. Mi razonamiento es simple: primero están los principios, y al final también. Y el primero de los principios será siempre la protección de la vida, o dejaremos de discutir cuando ya no haya humanidad. Luego, en apoyo a los principios elementales, existe una serie de principios más complejos y, por lo tanto, más difíciles de advertir. Por ejemplo, existe un principio elemental que es el principio de no-contradicción. Podemos ser irracionales la mayor parte de nutras vidas, pero nunca podemos permitirnos ese lujo o debilidad cuando estamos juzgando a otro y mucho menos cuando su vida depende de ese juicio.
Ahora, ¿por qué en este artículo me ocupo de Amira y de Isioma, cuando cada día mueren miles de niños de hambre o bajo el aséptico bombardeo de algún gobierno de turno? Porque de “los nuestros” nos ocupamos con frecuencia; porque no sólo estas mujeres aún no han muerto, no sólo porque aún se las piensa matar, sino también porque en este proceso se violan los principios más elementales sobre los cuales se construye cualquier forma de humanidad. Y, sobre todo, porque los crímenes de unos no justifican ni mitigan los crímenes de los otros. En esa trágica escalera de deducciones y contradicciones, se termina por negar y destruir lo que al comienzo era el objeto y el propósito de toda Ley. Así, se fabrican armas para proteger la Paz, se asesina para proteger la Vida, se persigue, se encarcela y se tortura para proteger la Libertad, se insulta a la razón y se impone la arbitrariedad religiosa para alcanzar la Justicia Humana… Uno de estos principios, tal vez uno de los más tímidos y vulnerables, dice que para llevar a cabo un acto de tamaño significado, como lo es el enjuiciamiento de un ser humano, se debe proceder con un mínimo de racionalidad. Y muchos saben que no soy un racional empedernido ni pongo a mi cultura ni a mis costumbres por encima de las otras que me son ajenas. Todo lo contrario. Entonces, ¿de qué “razón” estoy hablando?
Por lo general, las Sagradas Escrituras son arbitrarias. Y esta arbitrariedad no las descalifica cuando procede de una divinidad superior a la razón humana. Sin embargo, un juez o un teólogo que se arrogase la misma arbitrariedad en sus procedimientos estaría cometiendo, por lo menos, blasfemia o usurpación del poder divino. La única posibilidad que le queda es el camino de la racionalidad, aunque parta de principios arbitrarios, de la misma forma que un jugador de ajedrez procede con un razonamiento racional sin quebrantar las reglas de juego que, desde su fundación, son arbitrarias. Ahora, ¿a dónde quiero llegar?
Sabemos que para cualquier musulmán, Cristo es uno de los principales profetas, y que el Nuevo Testamento es uno de sus principales libros sagrados, que pueden estar después que el Corán en importancia pero que lo preceden y le dan sustento histórico y religioso. Sin embargo, de la misma forma que el cristianismo se basó siempre en las palabras de Cristo y en los Libros Sagrados para hacer precisamente todo lo contrario, en cada “fatwa” se repite la misma trágica historia. Me refiero a aquel momento superior de las Escrituras, cuando los maestros de ley y los fariseos arrastraron hasta Jesús a una mujer condenada a muerte. (San Juan 8, 3-11). Interrogados por el motivo, los judíos de la época argumentaron que aquella mujer había cometido adulterio y que, por lo tanto, debía morir bajo una lluvia de piedras, según las leyes dictadas por Moisés. Fue entonces cuando Jesús profirió esa frase que a diario se la usa casi vacía de significado: “el que esté libre de culpa que arroje la primera piedra”. Obviamente, todos se retiraron, ya que alguien que afirmara estar limpio de culpas estaría cometiendo una falta doble: la mentira y la soberbia. Cuando Jesús estuvo solo con la mujer adúltera, le preguntó: “Mujer, ¿dónde están los hombres que te trajeron? Ninguno te ha condenado. Yo tampoco te condeno”.
Está claro que no necesito explicar la metáfora. El que tenga ojos que la lea; el que tenga cabeza que la use. Es más; ni siquiera es necesario tomarla como metáfora. Probablemente, haya sido un hecho real y aleccionador para el resto de la humanidad, hasta el final de sus días sobre la faz de la Tierra. En el caso de Nigeria ni siquiera es necesario cambiar la palabra “piedra” por otra cosa, ni “mujer adúltera” por otra persona. No es necesario cambiar nada. Lo único que se necesita es un poco más de respeto por la humanidad toda. Lo único que necesitamos es poner a Dios en el cielo y a los hombres en la tierra y no confundir los roles que luego producen seres híbridos, deformaciones monstruosas, con barba o pulcramente afeitados, con túnicas o con uniformes, con corbatas o con polleras, como dioses mezquinos o como hombres que se creen dioses. Sin duda, la lección del nazareno es doble: ante la mujer condenada a muerte, Jesús no sólo recuerda la imperfección del resto de los hombres, sino -y aquí radica lo más importante- también deja en claro que la racionalidad debe ser el agente que revise y cambie las leyes preestablecidas, aunque éstas posean un origen divino.
Compañeros de viaje: aunque el absurdo y la injusticia nos abrumen, no debemos rendirnos. Denunciemos estas trágicas contradicciones y juicios arbitrarios, provengan de donde provengan, ya sea desde el Este o desde el Oeste, desde el Norte o desde el Sur, desde Arriba o desde Abajo. O nuestra existencia no tendrá mejor significado que el de un árbol que otros usan para ahorcar a un inocente.
¿Por qué el feminismo y los movimientos por los derechos de la mujer surgieron en Occidente? Creo que la respuesta es bastante sencilla: los derechos de la mujer devienen como problemática consciente luego de la declaración de los derechos del hombre, lo que podríamos fechar (sólo por comodidad intelectual) en los años de la Revolución Francesa. Sin embargo, nada de esto hubiese sido posible sin la previa revolución humanista y la revolución del Renacimiento la que, paradójicamente, aunque deliberadamente se eche al olvido, fue una consecuencia del comercio con la cultura islámica anterior. Estos derechos y libertades, establecidos explícitamente en Francia hace dos siglos, fueron confirmados en la Declaración Universal de los Derechos Humanos. Tanto en 1948 como en 1979 (año de la Convención Internacional sobre la Abolición de todas las formas de discriminación contra la Mujer) quedó explícito e insoslayable que la mitad de la población del mundo había sido, hasta entonces, relegada en sus derechos como si se tratase de una especie animal diferente a la del hombre.
En el mundo islámico —para no entrar a complicar el análisis considerando esa gigantesca región humana que es el Este Asiático e, incluso, la mitad sur de África— no existió algo parecido. ¿Pero, por qué? Si bien en la Edad Media el mundo musulmán se encontraba más inclinado hacia un humanismo que era fanáticamente negado por la Iglesia en Europa, luego del Renacimiento el hombre comenzó a tomar un lugar central. Al mismo tiempo que la astronomía, la física, la biología y, finalmente, la psicología lo sacaba del centro material, al mejor modelo ptolemaico, la filosofía (en su camino hacia la epistemología y hacia la ética humanista) lo puso en el centro de todos los objetivos terrenales y metafísicos. Mientras tanto y del otro lado del Mar Mediterráneo, el mundo islámico giraba en otra dirección, volviendo más a las raíces religiosas que le habían sido propias al cristianismo europeo en su apogeo. De esa forma, la máxima mahometana que más gustan olvidar los fanáticos, “la tinta del sabio es más valiosa que la sangre del mártir” se convirtió en la más moderna, fanática y retrógrada —“el que viva de la pluma morirá por la espada”, la que he leído hace pocos años en el informe de una agencia de información internacional, llegada de Argelia, si mal no recuerdo. La historia es así: trágico-paradógica.
En el mundo islámico no existió nada parecido a la subversión del hombre a la autoridad divina, como sí ocurrió en la Europa del humanismo. No ha surgido dentro del seno de su cultura la reivindicación de los Derechos de la Mujer porque tampoco existió una reivindicación de los Derechos del Hombre. Esto, que puede parecer extraño a primera vista no lo es, ya que si bien las sociedades islámicas son predominantemente masculinas en su organización, el hombre no es el centro del derecho ni de la reflexión crítica de su propio destino, sino que está sometido a la fatalidad de la divinidad.
El feminismo tuvo, a mi entender, desde el siglo XIX un período heroico donde su lucha fue por el relamo de un reconocimiento de los derechos igualitarios de las mujeres. Ya pasados la mitad del siglo siguiente, se podría decir que ese reconocimiento fue logrado. Actualmente, aceptar públicamente la igualdad de los derechos de la mujer es una posición “políticamente correcta” —lo que, dicho sea de paso, no deja de ser una amenaza a la lucidez crítica de estas reivindicaciones—, tanto que es sostenida casi unánimemente, incluso en el seno de las sociedades más machistas de Occidente.
Sin embargo, ahora la lucha de las mujeres se orienta en otra sentido: lograr que ese reconocimiento se materialice (se da la paradoja que en el mundo islámico han existido muchas mujeres presidentes, pero ninguna en Norteamérica ni en la mayoría de los países occidentales). Para ello, existen multiplicidad de organizaciones estatales, privadas, ONGs, etc. que se están encargando del trabajo. Las estrategias son varias y los resultados dispares. Podemos reconocer algunas corrientes: 1) el clásico feminismo conbativo, otrora fructífero pero que, al haber obtenido su primer objetivo (el reconocimiento) se ha vuelto más bien inoperante y panfletario; 2) una corriente autocomplaciente en la cual se procura afirmar que las mujeres no sólo son víctimas de un tirano llamado, indiscriminadamente, Hombre, sino que además son buenas, sacrificadas, solidarias, inteligentes y bonitas. Esta ideología simplista tiene un campo fértil en Intrnet, en la televisión y hasta en simposiums y congresos muy bien organizados. Recientemente, en uno de éstos se llegó a la siguiente conclusión: “Hay que montar redes de mujeres ‘triunfadoras’ que pueda establecer una relación solidaria hacia el resto de mujeres que quieran ‘triunfar’.(…) Ser solidariaas. Hay que evitar decir «La culpa es de las mujeres» y evitar criticarnos entre nosotras” Todo esto acompañado por novelas proselitistas donde no se indaga en la condición humana (o mujereana) ni se incomoda con cuestionamientos o reflexiones molestas, sino todo lo contrario: se dice lo que las mujeres quieren oír decir de sí mismas lo que, por otro lado, le viene como anillo al dedo al siempre expansivo mercado de consumo; 3) una corriente que ve en el hombre no sólo al objeto de sus frustraciones personales sino su enemigo y rival con el cual es necesario competir: cuando exista igual número de científicas, de políticas, de conductoras de camiones, de ajedrecistas y de hombres que menstrúen y den a luz se habrá logrado el próximo objetivo; para esta corriente, está demás decir, o la naturaleza es injusta o el ciclo de reproducción de la mujer es una imposición cultural del macho que nunca quiso darle el pecho a sus críos; 4) un grupo que ha entendido que las mujeres deberían tener los mismos derechos que los hombres, pero éstos no se materializan porque existe una pesada herencia social, económica y cultural que estructura los símbolos y hasta los espacios físicos en función de un poder masculino. Dentro de este grupo, incluso, podemos encontrar mujeres que alcanzan a comprender que la herencia cultural del machismo también somete a los hombres, aunque de una forma menos evidente: el mayor acceso de las mujeres a las universidades también significa la presión laboral y exitista de la sociedad hacia los hombres; la sociedad tolera menos un hombre que estudia y es mantenido por su esposa que trabaja que la situación inversa, por no hablar de las presiones sexuales a la que están sometidos los adolescentes varones por parte de la sociedad y de sus propias madres.
De mi paso por la Universidad de la República del Uruguay siempre he rescatado muchas cosas. Una de ellas, por ejemplo, fue la total ausencia de discriminación de género entre nuestros compañeros de aula, hecho que ha sido reconocido en una pasada discusión con otros excompañeros. Si bien es cierto que las estadísticas pueden decir que hay más mujeres alumnas y menos académicas que hombres (es una realidad mundial, incluso en los países más desarrollados), es probable que el número de los dos grupos cambien y se equilibren en un futuro próximo. Sin embargo, creo que es valioso destacar que los varones estudiantes (y luego profesores) nunca nos sentimos disminuidos por tener a nuestro lado una compañera con un mejor rendimiento curricular que el nuestro, ni por tener a una académica grado cinco como jefa de cátedra, sino todo lo contrario: la mayor discriminación siempre estuvo en base a los méritos morales e intelectuales de cada uno, independientemente del sexo. Entiendo que esto sólo puedo referirlo, a título personal y que, sin duda, habrá testimonios contrarios. Sin embargo, rescato que exista el hecho en sí, el cual me gustaría ver ampliado a una escala más universal, a riesgo de estar cometiendo una nueva falta de orgullo o vanidad.
Como todo movimiento de resistencia, la lucha de las mujeres históricamente ha tenido un sustento sólido, justo y humano. Con el tiempo ha logrado importantes avances para la humanidad en general, con lógicos tropiezos y otros argumentos pobres que sólo han logrado confundir sus objetivos más nobles. Es de esperar que su lucha —crítica y autocrítica— siga siendo apoyada, no sólo por los hombres más inteligentes sino, también, por mujeres inteligentes. Tampoco ellas son perfectas.
En la academia todavía tenemos la manía de andar pensando cosas raras sin un propósito definido de antemano. Es una vieja tradición, con algunos casos célebres. Hay gente que se pasa la vida tratando de descubrir por qué las polillas se posan en un ángulo alfa en los meses de setiembre y marzo; o por qué decimos “aquí” en lugar de “acá”, and so on. Muchos fracasan, pero por cada uno que logra responder ese tipo de preguntas bizarras luego resulta que medio pueblo se salva de una catástrofe o termina masacrado por algún hombre práctico que no pierde su tiempo en descubrir “por qué” pero está seguro en “cómo” aplicarlo a la realidad. ¿Qué se imaginaba Einstein que sus especulaciones de 1905 sobre la relatividad del tiempo terminarían en la bomba atómica?
Tiempo atrás estuvimos trabajando en un interesante programa que llamamos IT (Identificador de Texto). La idea se me había ocurrido hace varios años y es muy simple: toda existencia deja trazas. En el caso de la expresión de la escritura, la historia es conocida. La caligrafía tradicional se centra principalmente en el trazo del autor. Cada persona dibuja o da un énfasis particular a cada letra, a cada palabra. De hecho cualquiera puede distinguir, más o menos, el manuscrito de un hombre del de una mujer (y sus variaciones) o el manuscrito de un tímido del de un extrovertido, con sólo echar una mirada a la caligrafía. Algo parecido ocurría también en la era de las maquinas de escribir. Cada máquina tenía un golpe de letra particular, por lo cual no resultaba difícil identificar al autor de un texto anónimo si se localizaba la maquina. Para evitar esta identificación del anónimo, se inventó luego la misiva hecha de letras y palabras recortadas de los diarios.
En el mundo electrónico el anonimato pareció triunfar finalmente. Muchos lectores de diarios aprovechan esta creencia del anonimato inventándose seudónimos y descargando sus frustraciones ocultas en el travestismo de su identidad propia. Obviamente que cada vez que alguien pone un comentario anónimo en cualquier sitio graba su IP, el cual es expuesto al administrador de dicha página digital. Ni que hablar de un correo electrónico.
Pero aún así queda la posibilidad de que el anónimo use una computadora pública o se conecte en el wireless del parque más cercano o de la librería donde toma café. En países como Estados Unidos, resulta bastante difícil no encontrar un servicio gratuito de Internet o una computadora libre en algún restaurante o en alguna universidad. En Asia, África y en América Latina son más comunes los cyber cafes. A los efectos es lo mismo: el receptor muchas veces puede saber de dónde procede un mensaje X o el comentario de un lector registrado o sin registrar en un diario, por ejemplo, pero muchas veces no puede detectar directamente quién es el autor.
En el mundo digital no tenemos la caligrafía del escritor ni el golpe de tecla de la máquina de escribir, pero tenemos un rastro inequívoco, si se lo analiza a gran escala: la sintaxis y la gramática que, desde un punto de vista radical, es como las huellas dactilares de cada persona.
Como el tono de voz y como cualquier expresión humana, la gramática profunda de cada individuo es casi tan particular como su ADN. No hay en el mundo dos personas que escriban exactamente igual. Por supuesto que en el proceso de investigación y prueba, también consideramos y valoramos la autodeformación deliberada: faltas ortográficas realizadas a posteriori o intencionalmente, desplazamientos forzados de adjetivos o de sustantivos, una duplicación pronominal donde no la había, una variación en el dativo, un complemento indirecto redundante, una voz pasiva en lugar de la activa, eliminación de artículos o abuso de gerundios, de leísmos o de tiempos verbales como el pasado perfecto (más propio de España que de Chile, por ejemplo), adopción de estilos de clases sociales que le son ajenas al autor, etc.
No obstante, al igual que aquellos que escribían a mano intentaban deformar su propia letra para crear el anonimato, esta deformación es prácticamente imposible ante los ojos de un experto calígrafo. En el mundo digital no tenemos la ventaja del trazo de la mano en el papel pero, en cambio, poseemos un número de ocurrencias que multiplican varias veces las cartas a mano. Por otro lado, con el uso de una computadora especializada de poder mediano, es posible realizar millones de combinaciones sintácticas y gramaticales. Es aquí que, a partir de un determinado número de textos, la identidad se reconoce con una precisión que no deja dudas. Esta idea puede resultar extraña o compleja, pero es fácil de comprender si recurrimos a una metáfora: si una persona se saca una cantidad X de fotografías y en cada una cubre una parte diferente de su rostro haciendo irreconocible su identidad en cada una de las fotografías, evidentemente basta un numero específico de fotos “enmascaradas” para tener el retrato exacto, desenmascarado, del hombre de las múltiples caras. Un experimento semejante se podría hacer con los diferentes personajes representados por un mismo actor. La combinación no arrojaría ninguno de sus personajes particulares sino el retrato del actor.
Este proyecto lingüístico tenía virtudes y defectos. La contra era que en cierta medida hubiese podido incrementar una práctica de “gran hermano”, de la cual somos todos victimas hasta cierto punto. La ventaja era que ayudaba a desenmascarar desde criminales hasta pequeños insultantes. Hubo un caso, por ejemplo, el de un texto firmado por un seudónimo que luego de testeado arrojó la identidad de un político algo conocido, sin mucha trascendencia.
Finalmente abandonamos el proyecto. Había más dudas que certezas sobre sus posibles aplicaciones. No obstante sabemos que no pasará mucho tiempo antes que alguien más se le ocurra la misma idea y, por supuesto, haga mucho dinero en el proceso. Porque uno de los fenómenos más interesantes de nuestro tiempo es ver cómo alguien o un pequeño grupo, en uso y abuso de su propio ingenio, logra que millones de personas trabajen gratuitamente para ellos. En casos, además, quienes trabajan gratuitamente lo hacen con pasión y alegría, ya que se sienten protagonistas y participes de alguna forma de poder o de liberación prefabricada.
Escribió un breve artículo justificando los hechos de la semana que comenzaba a quedar atrás y lo envió al director de La Santa Alfaguara. Años antes, cuando ingresó a la alcaldía, había comenzado colaborando en la diagramación y redacción de La Aldaba, hasta que el alcalde lo clausuró en 1977, para crear La Alfaguara de Calataid, inspirada en la fuente que había en el patio central de la alcaldía y en concordancia con el perfil más espiritual que pretendía imprimirle al nuevo periódico. La Aldaba, fundada por su propio padre en 1952, en tiempo de los Medina, salía una vez por semana, sin colores y casi sin fotos. Con la muerte del doctor y la renuncia de alguno de sus frecuentes colaboradores, La Aldaba comenzó a cambiar de estilo y, por momentos, aumentó sus lectores. La letra impresa impresionaba mucho a la gente que sólo conocía la letra manuscrita de sus vecinos, casi siempre dibujada en una libreta de almacén. Por aquel tiempo, Basílides logró convencer al anterior director de La Aldaba, un viejito ciego y casi sordo, de incluir una página de predicciones astrológicas, como las que todavía se veían en las revistas de moda que llegaron antes de 1962. ¿Y quién mejor que él mismo para ello, que tenía en casa un telescopio y sabía algo de cálculos astronómicos? Nunca nadie se preguntó de dónde salían tales predicciones, y el director olvidó pronto que el autor era el nuevo empleado de tesorería. Aunque, después de todo, su método era razonable, o por lo menos consecuente con la teoría de los cuatro elementos: si es cierto que los nacidos bajo un mismo signo heredan de los astros las mismas características psicológicas y hasta la misma suerte, entonces basta con estudiar a una sola persona por signo para saber cómo es el resto de la humanidad y qué posibilidades tiene cada uno en un futuro inmediato. Por ejemplo, Basílides sabía que la nana era de Virgo. Así que, cuando la veía deprimida o ansiosa, escribía, para esa semana: «Virgo, cuide su ansiedad.» Y luego agregaba algún acontecimiento concreto: «recibirá una buena noticia en el campo laboral,» porque sabía que determinado mes su madre le iba a aumentar el sueldo. También sabía que la mujer de don Ferrando era de Escorpio, y cuando la veía un poco más provocativa que de costumbre escribía en Escorpio: «En el amor, necesidad de cambio…» Por supuesto que nunca creyó en la astrología, pero al menos era honesto, aunque un honesto incrédulo: si todos los hombres y mujeres de Virgo no estuvieran deprimidos esa semana y por recibir un aumento de sueldo, si todos los hombres y mujeres de Escorpio no tuvieran la misma mala suerte en el amor, entonces el horóscopo no servía para lo que dice que servía. Y la culpa no era suya. Además, nunca cayó en la gracia de recomendar un número distinto de lotería para cada signo, ni en la costumbre de identificar a un signo con las habilidades artísticas y otro con las habilidades científicas, pues había notado ya, en las enciclopedias, que los nacimientos de artistas y de científicos estaban desparramados indiferentemente por todo el año. Lo cierto es que desde entonces se vendieron casi cien ejemplares más, y nunca nadie quedó desconforme con las predicciones de La Aldaba, incluso cuando leían un signo ajeno como propio o cuando Basílides se equivocaba en el orden. De paso, agregaba fragmentos imprescindibles de Heidegger que sacaba de la alacena de su padre, que asustaban tanto a la nana y le privaron del saludo de sus compañeros de trabajo.
«Al principio de su historia, el saber absoluto debe ser otro que al final. Ciertamente, pero esa alteridad no quiere decir que en el comienzo [era la luz y] el saber en modo alguno todavía no fuese saber absoluto. Bien al contrario, justamente en el inicio ya es saber absoluto, pero saber absoluto que aún no ha llegado a sí mismo, que todavía no ha devenido otro [o el mismo], sino que sólo es lo otro. Lo otro: él, el absoluto, es otro, es decir, es no absoluto, es relativo. El no-absoluto no es todavía absoluto. Pero este todavía-no es el todavía-no del absoluto, es decir, lo no-absoluto no es de alguna manera y a pesar de ello sino precisamente porque es absoluto, porque es[tá] no-absoluto: este no, en razón del cual lo absoluto puede ser relativo, pertenece al absoluto mismo, no es diferente de él, es decir, no se acuesta a su lado, extinto y muerto. La palabra “no” en “no-absoluto” en modo alguno expresa algo que siendo presente para sí yaciese al lado del absoluto, sino que el no alude a un modo del absoluto.
»(Martín Heidegger: Fenomenología del Espíritu. Curso del semestre de invierno, Friburgo, 1930-31. Edición de Der Mann ohne Eigenschaften, 1953. Traducción, introducción y notas: Heidi und seine brüder, Heide und Heger.)»
Por esos días Agadir tuvo un encuentro, en principio intrascendente y casi rutinario, que lo hizo pensar sobre el escabroso ejercicio de olvidar. Fue una tardenoche mientras caminaba por la Empedrada, cerca de la puerta del camposanto. El viento había apurado y sacudía la copa de las palmeras. La arena se levantaba hasta las rodillas, borrando las piedras de la avenida en esa parte casi olvidada de la ciudad, anunciando otra tormenta y un nuevo desborde de la duna mayor sobre la muralla sur que protegía la ciudad. No obstante, la gente hacía las compras diarias y barría las veredas como si hubiese en ello algún resultado.
Doblando por San Jorge, Agadir vio acercarse una marcha de fieles, vestidos de negro desteñido y portando estandartes y banderas rojas con inscripciones doradas. Intentó leerlas pero casi no podía abrir los ojos. Tomaron por Empedrada y pasaron por delante de Agadir como si no existiera. Llevaban la mirada inmutable, marchaban como si fueran un ejército indiferente a la fuerza del viento. Aunque intentó mirar varias veces, apenas pudo ver sus rostros. No pudo reconocer a nadie; una oleada de arena le golpeó en la cara.
Entró por San Jorge y luego por Carmelita. En un callejón donde se cobijaba un burro, descubrió uno de los pocos autos de la segunda guerra que habían llegado a Amarabad, abandonado desde los tiempos de la independencia, ahora medio sumergido en la arena y casi irreconocible. Poco después, al pasar un estrecho arco de piedra, se cruzó con una mujer. Al principio reconoció una una joven hermosa, por su figura esbelta envuelta en paños y tratando de escapar de la fuerza del viento. La miró a los ojos y descubrió una mujer vieja o envejecida, sorprendida por el interés del hombre que avanzaba hacia ella.
Ella se detuvo y le dijo:
—Tú, buen mozo, cargas con una gran tristeza.
—Qué talento —dijo Agadir, procurando alejarse.
—Es un talento que me dio el Señor. Venga, hombre —insistió ella, siguiéndolo, con ese tono que era propio de los gitanos de extramuros— que te adivino la suerte.
—Mi suerte ya la conozco —dijo Agadir—. Si tienes un poco de la buena para darme, estaré agradecido.
—Te voy a adivinar el futuro por veinte dinas.
—No estoy interesado. Dame suerte de la buena y te doy diez dinas.
—Alé, buen hombre, que todo el mundo quiere saber su futuro.
—No todo el mundo.
—Dame veinte y te lo digo todo, todito. Venga, hombre. A ver…
Le tomó la mano derecha. Tenía la cara cruzada de arrugas, del tipo de arrugas abundantes y bien dibujadas de la gente que ha vivido gran parte de su vida extramuros. La arena se le pegaba en la boca y en los ojos, pero ella miraba como si nada.
—Vas a morir —dijo tajante.
—¿No diga? —dijo él—. Mujer. Todos sabemos eso. Unos pocos saben cuándo pero nadie sabe dónde.
—Dios sabe dónde y las adivinas sabemos cuándo. Vengan veinte dinas y te lo digo todo.
Tomó el dinero y estudió más de cerca la mano que se lo había dado, como si lo anterior hubiese estado anunciado en titulares y los detalles estuvieran en letra chica:
— A ver, buen hombre, te nos vas muy pronto. Este año, más tardar en la Navidad. Vas a morir en un sueño. De un sueño pal otro, que es lo mejor.
—¿Todo eso se ve acá? Mire que aún no me lavé las manos. ¿No puede ser que hay una basurita? Digo, tal vez una pequeña manchita que se pueda confundir con la muerte…
—Aquí veo todo y con claridad.
—Morir, y morir pronto, está dentro de lo realizable. No soy un ángel. Claro que eso de morir soñando es algo que no había pensado.
—Si te lo dice una adivina, no es sólo probable. Es seguro. Además, llevo cincuenta años en esto trabajo, y sé lo que digo: te vas morir.
—Al menos que vendas un poco de tu buena suerte —dijo Agadir, un poco nervioso, incomprensiblemente nervioso, como si el sol y la temperatura hubiesen caído de golpe y una ráfaga de aire frío comenzara a soplar. Una hora antes habría dicho que la muerte era el alivio tan largamente esperado. Pero uno se pone viejo y nostálgico y comienza a añorar el presente, todo eso que ve por última vez, como un viajero que abandona una casa querida, una ciudad, un país y sabe que no volverá del exilio. Miró hacia el centro: la gente caminaba inclinada hacia delante, con la cabeza envuelta en paños blancos que la arena y el viento se empeñaban en desenvolver. Era tiempo de buscar refugio, no de ponerse a conversar en la Empedrada sobre las consecuencias de no hacerlo.
—No puedo, buen hombre —dijo la gitana—. Suerte es lo que no puedo vender ni regalar. Ya no me queda de eso y tú puedes observarlo. Pero puedo hacer otra cosa. Si das veinte dinas más, puedo hacer que te olvides de lo que te dije. La gente no gusta de saber cuándo se va morir. Es una de las ignorancias más valiosas que las mantienen con vida y siempre empeñadas en grandes empresas. Esta noche y las que están por venir, vas querer olvidar lo que te dije, que si no lo hubiese visto en esta mano tuya no te hubiese dicho nada.
Un negocio redondo, dijo Agadir. Pero, de alguna forma, la adivina le había dicho la verdad sin saber que lo hacía. Pensó que era como cuando uno conserva la inquietante preocupación por un deber que ha olvidado realizar. Olvido algo importante, y no sé qué es. Como cuando uno conserva la inquietud, el temor, el miedo por un sueño que lo ha perturbado en la noche pero que ya no puede recordar a la mañana siguiente, por lo menos no en detalle, y pero persiste de una forma mucho peor, porque ahora es un secreto al que dejamos de tener acceso.
—De seguro unas cuadras más arriba —dijo Agadir—, hoy mismo, ayer o la semana anterior, otra adivina hizo su mismo trabajo, las dos cosas juntas, la revelación y el olvido, porque hace días ya que camino muy triste, por esta misma calle, y no sé por qué. Todo lo peor ya me ocurrió hace mucho tiempo. La música no es lo que era, las mujeres ya no me agitan el corazón. Como y bebo bien todos los días, mejor que antes. He dejado de buscar la felicidad. Si me haces olvidar lo que me has dicho, no me liberarás de mi tristeza, tendré veinte dinas menos y no sabré por qué estoy tan triste. Ahora, si sé que voy a morir, mi tristeza al menos está justificada.
La adivina balbuceó una maldición indescifrable y se perdió entre las nubes de arena.
Agadir había dejado de buscar la felicidad. Entonces sonrió contra el destino, y la tristeza y la muerte no tuvieron más que reconocer su derrota. Dicen que eso era la alegría.
Con creciente nerviosismo hacía figuras triangulares doblando el papelito donde decía 22-A. Trataba de pensar en las ventajas de la A o de la K sobre las letras intermedias. Estaba seguro que iba a pronunciar la palabra apenas se enfrentase con la mujer de la puerta H.
Esta certeza absurda lo había asustado tanto que sin mirar a ningún lado dio un paso y se salió de la fila. Fingió un malestar. Tomó su maleta y se dirigió al baño. Hizo varios movimientos sospechosos: tomó por un pasillo lleno de gente que se dirigía en dirección contraria; debió forcejear con diez o veinte personas que no advirtieron que alguien iba a contramano. Todos olían a perfume, a limpio. Los hombres llevaban trajes negros y azules. Hasta los homofóbicos llevaban medias y corbatas rosas, porque estaban de moda. Predominaban los perfumes dulces. Alguno, incluso, olía a sandía, pero sin el pegote que produce el azúcar de la sandía secada en la mano. Al menos cinco mujeres llevaban joyas auténticas, con predominancia del oro blanco. Todas se parecían. Todas debían ser hermosas, según los enormes anuncios de belleza de las vidrieras de los free shops. Labios carnosos de una boca que podría abrirse y tragar a una persona. Ojos gigantes de párpados sin arrugas.
Aunque había nacido allí, aunque había vivido cuarenta años allí, 22-A se sentía extranjero, o algo le llamaba la atención. Estaba perturbado por ofender la rigurosa rutina; ultimamente no había cumplido con los servicios habituales de los domingos; una reciente experiencia en la montaña —estuvo una semana sin conexión, alejado por un accidente climático de todos los índices que más ama— lo había mantenido bajo una leve pero sospechosa fiebre. Su nuevo estado se revelaba con enigmáticas freses, quizás pensamientos. “Un día para Dios —le decía a un amigo de la bolsa—; seis días para el Dinero”.
Tomó por otro pasillo sólo por salvarse de la corriente que lo arrastraba en un esfuerzo comprometedor. Aunque no sabía hacia dónde estaba la batería de baños que había usado media hora antes, caminó simulando seguridad. Después de varios cambios de dirección que debieron percibir las cámaras ocultas en oscuras esferas de navidad, dio con unos baños.
Entró en un gabinete arrastrando el carrito de su maleta y se forzó a orinar. Pero no tenía nada para hacer y temió que del ducto de aire lo estuviesen vigilando. Un agujero negro no revelaba la presencia de ningún ojo de vidrio. Ni su ausencia tampoco.
Los diálogos obscenos de los años sesenta que durante años fueron borrados por la rigurosa higiene moral en curso, comenzaban a regresar de una forma más digna. Con letras impresas de impecable color rojo, la empresa W quería recordarle al feliz orinante que el mundo estaba en peligro y necesitaba de su colaboración. Enfrente, en la puerta, otra leyenda prevenía al defecnate de turno de los engaños de toda forma de alivio y de la necesidad de una permanente alerta máxima.
Guardó el pene con pudor y salió, absurdamente nervioso. ¿Qué diría si alguien lo detenía y lo interrogaba? ¿Por qué estaba nervioso? Si no tuviese nada para ocultar no tendría motivos para esa palidez en el rostro, para ese sudor revelador en las manos.
Mientras se lavaba las manos pudo verlo. Esta vez sí, había una pequeña cámara. O fingía ser una cámara, no importa. Como esas semiesferas que cuelgan en las grandes tiendas. De diez, tal vez una tenga una cámara que vigila. Lo importante no es que exista o no, sino que nadie pueda afirmar con certeza si existe o no. Una especie de agnosticismo de la mirada ajena era el mejor freno a los instintos más bajos. Vigilancia que nadie podría acusar como violación de privacidad, porque todos aquellos eran lugares públicos, incluido el sector del baño donde la gente se lava las manos. Las cámaras (o la sospecha de las cámaras) estaban ahí para seguridad de la misma gente. De hecho nadie estaba en contra de este sistema, sino todo lo contrario. Habría que imaginar qué terrible sería si no existiesen esos puntos de control. Quienes de vez en cuando se atrevían a imaginarlo se horrorizaban o escribían voluminosas novelas que se vendían como pan caliente.
Por alguna razón, 22A comprendió que ir al baño y no poder orinar no podría ser nada extraordinario. Menos sospechoso. Esta idea lo calmó. Tocándose el estómago, luego la cabeza, tratando de pensar qué podía haberle hecho mal, salió de nuevo en dirección a la puerta H.
—El monstruo debe morir. ¿Qué opina usted?
—¿Cuál monstruo?
—¿Cuál más? Barbasucia.
—Oh, cierto, Barbasucia, el monstruo…
—Duda de que es un monstruo?
—¿Yo? No, no dudo. Es un monstruo.
—Entonces, ¿por qué pregunta cuál monstruo? ¿Estaba pensando en Barbavieja?
—Bueno, no. No precisamente.
—Qué otro monstruo podría merecer ser juzgado en un tribunal como el que juzgó a Barbasucia? ¿Puede explicárselo a la audiencia de Tú Noticias Show?
—Bueno, no sé…
—Pero duda.
—Sí, claro, dudo. Dudo firmemente.
—Increíble. ¿En quién está pensando?
—No puedo decirlo.
—¿Cómo que no puede? ¿No vivimos en un mundo libre, acaso?
—Yes, Sir. Vivimos en un mundo libre.
—Entonces diga lo que está pensando.
—No puedo.
—¿Acaso no es libre de decir que Barbasucia y Barbavieja son dos monstruos?
—Sí, señor, soy libre de decirlo y de repetirlo.
—¿Entonces?
—¿Soy libre de decir todo lo que pienso?
—Por supuesto. ¿Por qué lo duda?
—Cualquier cosa que diga podría ser usado en mi contra. Es mejor ser una buena persona.
—Claro, libertad y libertinaje no son lo mismo.
—Yes, Sir.
—¿Me va a decir lo que estaba pensando?
—Yes, sir.
—¿Estaba pensando que gracias a Dios los dictadores son juzgados por la justicia?
—Sí, señor. Siempre he pensado que todos los dictadores deberían ser juzgados. Me apena un poco que algunos se escapen siempre.
—Excelente. El problema es que no vivimos en un mundo perfecto. Pero sus palabras son muy valientes. Claro que semejante acto de rebeldía no hubiera sido posible bajo una dictadura monstruosa como la de Barbasucia o la de Barbavieja.
—Sí, señor.
—¿Se da cuenta que puede decirlo libremente?
—Sí, señor.
—¿Alguien lo está torturando para decir lo que no quiere decir?
—Señor, no señor.
—Comprende, entonces, el valor de la libertad?
—Sí, señor.
—Excelente. Volvemos a estudios y seguimos con Tú Noticias Show, donde Tú eres la estrella protagónica. ¿Me escucha Rene? ¿Aló me escuchan?
Pero no se puso en la fila que estaba esperando para ingresar. Quiso saber si estaba seguro de sí mismo. Por un instante se sintió mejor, ya no tenía los síntomas del pánico. Pero todavía no había alcanzado la certeza de que aunque lo obligaran, no iba a pronunciar la palabra. Sabía que bastaban fracciones de segundo para pronunciarla. Fracciones que habían sido fatales para mucha gente que, ignorantes del peligro, ignorantes de las consecuencias de sus actos, se habían atrevido a usarla en broma. Sabía del caso de un senador extranjero que había entrado en una tienda para comprar una pluma. Cuando pasó por la caja la empleada le preguntó qué era aquello. ¿Para qué diablos preguntó eso? ¿No sabía que una pluma se usa habitualmente para escribir? Aún si la pluma tenía otras funciones, por ejemplo sexuales o para servirse el pan en el desayuno, ¿qué le importaba a ella para qué quería ese objeto diminuto que se vendía en su propio negocio? Es decir, en el negocio de alguien que ella no conocía pero para el cual trabajaba día tras día bajo de aquellas luces que no permitían saber si era de día o de noche, como en los gallineros industrializados donde las buenas ponedoras no ven nunca la luz variable del sol.
Una pluma señorita. Eso debió responder el senador. Pero no, el muy torpe dijo la palabra, como si la ironía fuese reconocida por la ley. Qué tonto; la ironía sólo es reconocida por la inteligencia. Si aquello fuese aquello el senador no lo hubiese dicho. Lo dijo porque aquello no era aquello y decirlo debía ser gracioso, como cuando los surrealistas ponían en un museo una pipa y de título Esto no es una pipa.
El senador tuvo suerte porque era senador. Su país pagó una fortuna y lo dejaron libre después de varios días de cárcel. Un pobre diablo quién sabe qué. Un pobre diablo tiene que cuidarse mucho de no decir la mala palabra y, además, no parecer que está a punto de decirla.
Apenas llegó a este punto se dio cuenta que decirla era cuestión de una leve distracción. De una leve traición, de esas que un hombre o una mujer enferma suele ejercer contra su misma integridad física, arrojándose de un balcón sin razones o estampándole un beso a la mujer más puritana del continente, que al mismo tiempo es la jefa de quien depende el trabajo y la vida de un pobre diablo, un diablo enfermo.
Se puso de pié casi con rebeldía. Se puso de pié sin pensarlo. De repente se descubrió de pié, rodeado de gente que sin detener su marcha apurada lo miraba como si estuviese rayado. Comenzaba a parecer sospechoso, ahora ya no solo sospechoso para sí mismo sino para el resto de la gente. Se dio cuenta de que lejos de favorecerlo la prórroga y la meditación le estaban haciendo mal. En malas, en pésimas condiciones llegaría a la mujer de la puerta H. Se enfrentaría a la menos linda de todas las funcionarias y le diría la palabra. Cuanto más pensara más probabilidades tendría. ¿No había estado pensando en ir a la puerta H cuando de repente se vio a sí mismo parado, de un salto, al lado de su maleta gris y de las demás personas que lo veían pasar?
De repente, sin recordar los pasos anteriores, se encontró frente a la mujer de la puerta H que le preguntaba:
—¿Algo para declarar?
A lo que respondió con un silencio que sospechosamente se iba alargando.
La mujer de la puerta H lo miró y miró al guardia. El guardia se acercó sacando un transmisor de la cintura. Enseguida aparecieron dos más.
La mujer repitió la pregunta anterior.
—Algo para declarar?
—Paz —dijo.
Los guardias lo tomaron de los brazos. Sintió que unas pinzas hidráulicas le cortaban los músculos y finalmente le partían los huesos.
—Paz! —gritó esta vez— un poco de Paz, sí, eso es, Paz! ¡Paz, carajo! ¡Paz, la concha de tu madre!
Los guardias lo inmovilizaron con una dosis eléctrica de alto amperaje.
Fue acusado ante tribunales de atentar contra la seguridad pública y más tarde condenado por haber ocultado a tiempo la palabra con la palabra Paz, que también es peligrosa en estos tiempos especiales. La defensa apeló el fallo recurriendo a alteraciones psiquiátricas, producto de su traumática experiencia reciente en la montaña.
بقلق متزايد، كان يرسم أشكالاً مثلثة بثني الورقة الصغيرة التي كتب عليها 22-A. كان يحاول التفكير في مزايا الحرف A أو K على الحروف الوسطى. كان متأكداً من أنه سيقول الكلمة بمجرد أن يواجه المرأة عند الباب H.
هذه اليقين السخيف أخافه لدرجة أنه دون أن ينظر إلى أي مكان، خطا خطوة وخرج من الطابور. تظاهر بالمرض. أخذ حقيبته وتوجه إلى الحمام. قام بعدة حركات مشبوهة: سلك ممرًا مزدحمًا بالناس الذين يتجهون في الاتجاه المعاكس؛ واضطر إلى الصراع مع عشرة أو عشرين شخصًا لم يلاحظوا أن هناك شخصًا يسير في الاتجاه المعاكس. كان الجميع يفوح منهم رائحة العطر والنظافة. كان الرجال يرتدون بدلات سوداء وزرقاء. حتى المثليون كانوا يرتدون جوارب وربطات عنق وردية، لأنها كانت موضة. كانت العطور الحلوة هي السائدة. كان بعضها يفوح برائحة البطيخ، ولكن دون اللزوجة التي يسببها سكر البطيخ المجفف في اليد. كانت خمس نساء على الأقل يرتدين مجوهرات أصلية، مع غلبة الذهب الأبيض. كانت جميعهن متشابهات. كان من المفترض أن تكون جميعهن جميلات، وفقًا للإعلانات الضخمة عن الجمال في واجهات المتاجر الحرة. شفاه ممتلئة لفم يمكن أن يفتح ويبتلع شخصًا. عيون عملاقة بجفون خالية من التجاعيد.
على الرغم من أنه ولد هناك، وعلى الرغم من أنه عاش هناك أربعين عامًا، إلا أن 22-A كان يشعر بأنه غريب، أو أن هناك شيئًا ما يلفت انتباهه. كان منزعجًا من إخلاله بالروتين الصارم؛ ففي الآونة الأخيرة لم يقم بخدماته المعتادة أيام الأحد؛ وتجربة حديثة في الجبل —قضى أسبوعًا دون اتصال، بعيدًا عن كل المؤشرات التي يحبها بسبب حادث مناخي— أبقته تحت حمى خفيفة ولكنها مشبوهة. كان حالته الجديدة تتجلى في عبارات غامضة، ربما أفكار. ”يوم لله“، قال لصديق له في البورصة؛ ”ستة أيام للمال“.
اتخذ ممرًا آخر فقط لينجو من التيار الذي كان يجره في جهد محفوف بالمخاطر. على الرغم من أنه لم يكن يعرف أين توجد مجموعة الحمامات التي استخدمها قبل نصف ساعة، إلا أنه مشى متظاهرًا بالثقة. بعد عدة تغييرات في الاتجاه لا بد أن الكاميرات الخفية في كرات عيد الميلاد المظلمة قد التقطتها، عثر على الحمامات.
دخل إلى أحد المراحيض وهو يجر عربة حقيبته وأجبر نفسه على التبول. لكن لم يكن لديه ما يفعله وخشي أن يكونوا يراقبونه من خلال مجرى الهواء. لم يكشف ثقب أسود عن وجود أي عين زجاجية. ولا عن عدم وجودها أيضًا.
الحوارات الفاحشة في الستينيات، التي تم محوها لسنوات بسبب النظافة الأخلاقية الصارمة السائدة، بدأت تعود بشكل أكثر كرامة. بحروف مطبوعة باللون الأحمر النقي، أرادت شركة W أن تذكر المتبول السعيد بأن العالم في خطر ويحتاج إلى تعاونه. أمامه، على الباب، حذرت عبارة أخرى المتبول من خداع كل أشكال الراحة ومن ضرورة البقاء في حالة تأهب قصوى دائمة.
أخفى قضيبه بحياء وخرج، وهو يشعر بتوتر غير معقول. ماذا سيقول إذا أوقفه أحدهم واستجوبه؟ لماذا كان متوتراً؟ إذا لم يكن لديه ما يخفيه، فلن يكون هناك سبب لتلك الشحوب على وجهه، ولذلك العرق الكاشف على يديه.
بينما كان يغسل يديه، تمكن من رؤيتها. هذه المرة، كانت هناك كاميرا صغيرة. أو كانت تتظاهر بأنها كاميرا، لا يهم. مثل تلك الكرات نصف الكروية التي تتدلى في المتاجر الكبيرة. من بين عشرة، ربما تحتوي واحدة على كاميرا مراقبة. المهم ليس وجودها أو عدم وجودها، بل أن لا أحد يستطيع أن يؤكد بثقة ما إذا كانت موجودة أم لا. كان نوع من عدم اليقين بشأن نظرات الآخرين هو أفضل رادع للغرائز الدنيا. مراقبة لا يمكن لأحد أن يتهمها بانتهاك الخصوصية، لأن كل تلك الأماكن كانت أماكن عامة، بما في ذلك منطقة الحمام حيث يغسل الناس أيديهم. كانت الكاميرات (أو الشك في وجود الكاميرات) موجودة من أجل أمن الناس أنفسهم. في الواقع، لم يكن أحد يعارض هذا النظام، بل على العكس تمامًا. كان من الصعب تخيل مدى فظاعة الوضع لو لم تكن هناك نقاط مراقبة. أولئك الذين تجرأوا من حين لآخر على تخيل ذلك كانوا يشعرون بالرعب أو يكتبون روايات ضخمة كانت تباع كالخبز الساخن.
لسبب ما، أدرك 22A أن الذهاب إلى الحمام وعدم القدرة على التبول قد لا يكون أمراً غير عادي. أقل إثارة للريبة. هدأته هذه الفكرة. لمس بطنه، ثم رأسه، محاولاً التفكير في ما قد يكون أضر به، وخرج مرة أخرى متجهاً نحو الباب H.
—يجب أن يموت الوحش. ما رأيك؟
—أي وحش؟
—أي وحش آخر؟ بارباسويسيا.
—أوه، صحيح، بارباسويسيا، الوحش…
—هل تشك في أنه وحش؟
—أنا؟ لا، لا أشك. إنه وحش.
—إذن، لماذا تسأل أي وحش؟ هل كنت تفكر في باربافيجا؟
—حسنًا، لا. ليس بالضبط.
—أي وحش آخر يستحق أن يُحاكم في محكمة مثل تلك التي حاكمت بارباسوسيا؟ هل يمكنك أن تشرح ذلك لجمهور Tú Noticias Show؟
—حسناً، لا أعرف…
—لكنك تشك.
—نعم، بالطبع، أشك. أشك بشدة.
—لا يصدق. في من تفكر؟
—لا أستطيع أن أقول.
—كيف لا تستطيع؟ ألا نعيش في عالم حر؟
—نعم، سيدي. نحن نعيش في عالم حر.
—إذن قل ما تفكر فيه.
—لا أستطيع.
—ألا تحرر أن تقول إن بارباسوكيا وباربافيجا هما وحشان؟
—نعم، سيدي، أنا حر في أن أقول ذلك وأكرره.
—إذن؟
—هل أنا حر في قول كل ما أفكر فيه؟
—بالطبع. لماذا تشك في ذلك؟
—أي شيء أقوله يمكن أن يستخدم ضدي. من الأفضل أن أكون شخصًا صالحًا.
—بالطبع، الحرية والانحراف ليسا نفس الشيء.
—نعم، سيدي.
—هل ستخبرني بما كنت تفكر فيه؟
—نعم، سيدي.
—كنت أفكر أنه لحسن الحظ يتم محاكمة الديكتاتوريين أمام العدالة؟
—نعم، سيدي. لطالما اعتقدت أن جميع الديكتاتوريين يجب أن يحاكموا. يؤسفني قليلاً أن بعضهم يفلتون دائماً من العقاب.
—ممتاز. المشكلة هي أننا لا نعيش في عالم مثالي. لكن كلماتك شجاعة جداً. بالطبع، لم يكن مثل هذا العمل التمردي ممكنًا في ظل دكتاتورية وحشية مثل دكتاتورية بارباسوكيا أو باربافيجا.
—نعم، سيدي.
—هل تدرك أنه يمكنك قول ذلك بحرية؟
—نعم، سيدي.
—هل هناك من يعذبك لتقول ما لا تريد قوله؟
—لا، سيدي.
—هل تفهم إذن قيمة الحرية؟
—نعم، سيدي.
—ممتاز. نعود إلى الاستوديو ونواصل برنامج Tú Noticias Show، حيث أنت النجم الرئيسي. هل تسمعني يا رينيه؟ هل تسمعونني؟
لكنه لم يقف في الطابور الذي كان ينتظره للدخول. أراد أن يعرف ما إذا كان واثقاً من نفسه. للحظة شعر بتحسن، ولم يعد يعاني من أعراض الذعر. لكنه لم يصل بعد إلى اليقين بأنه حتى لو أُجبر على ذلك، فلن ينطق الكلمة. كان يعلم أن أجزاء من الثانية كافية لينطقها. أجزاء كانت قاتلة لكثير من الناس الذين، جاهلين بالخطر، جاهلين بعواقب أفعالهم، تجرأوا على استخدامها على سبيل المزاح. كان يعلم بحالة سيناتور أجنبي دخل متجرًا لشراء قلم. عندما مر على الكاشير، سألته الموظفة ما هو ذلك الشيء. لماذا سألت ذلك بحق الجحيم؟ ألم تكن تعلم أن القلم يستخدم عادة للكتابة؟ حتى لو كان للقلم وظائف أخرى، مثل الاستخدام الجنسي أو لتقديم الخبز في وجبة الإفطار، ما الذي يهمها في الغرض من هذا الشيء الصغير الذي تباعه في متجرها؟ أي في متجر شخص لا تعرفه ولكنها تعمل فيه يومًا بعد يوم تحت تلك الأضواء التي لا تسمح بمعرفة ما إذا كان النهار أو الليل، كما هو الحال في حظائر الدجاج الصناعية حيث لا ترى الدجاجات الجيدات أبدًا ضوء الشمس المتغير.
قلم يا آنسة. كان يجب أن يجيب السيناتور بذلك. ولكن لا، قال الكلمة الغبية، كما لو أن السخرية معترف بها قانونًا. يا له من أحمق؛ السخرية لا يعترف بها إلا الذكاء. لو كان ذلك ذلك لما قاله السناتور. قاله لأن ذلك لم يكن ذلك وكان من المفترض أن يكون قول ذلك مضحكاً، كما عندما وضع السرياليون غليوناً في متحف وعنونوه هذا ليس غليوناً.
كان السناتور محظوظاً لأنه كان سناتوراً. دفعت بلاده ثروة طائلة وأطلقوا سراحه بعد عدة أيام في السجن. مسكين، من يدري ماذا. على المسكين أن يحذر كثيراً من أن يقول الكلمة البذيئة، وأيضاً ألا يبدو أنه على وشك أن يقولها.
بمجرد وصوله إلى هذه النقطة، أدرك أن قولها كان مسألة إلهاء بسيط. خيانة بسيطة، من تلك التي يمارسها رجل أو امرأة مريضة ضد سلامتهما الجسدية، بالقفز من شرفة دون سبب أو بتقبيل المرأة الأكثر تحفظًا في القارة، والتي هي في الوقت نفسه رئيسة العمل والحياة لرجل مسكين، رجل مريض.
وقف على قدميه بتحدٍ تقريبًا. وقف على قدميه دون أن يفكر. فجأة وجد نفسه واقفًا، محاطًا بأشخاص ينظرون إليه وكأنه مجنون دون أن يتوقفوا عن مسيرتهم السريعة. بدأ يبدو مريبًا، ليس فقط بالنسبة لنفسه بل بالنسبة للآخرين أيضًا. أدرك أن التمديد والتأمل، بدلاً من أن يكونا في صالحه، كانا يضرانه. سيصل إلى المرأة عند الباب H في حالة سيئة، بل في حالة مزرية. سيواجه أقل الموظفات جمالاً ويقول لها الكلمة. كلما فكر أكثر، زادت فرصته. ألم يكن يفكر في الذهاب إلى البوابة H عندما وجد نفسه فجأة واقفاً، قافزاً، بجانب حقيبته الرمادية والأشخاص الآخرين الذين رأوه يمر؟
فجأة، دون أن يتذكر الخطوات السابقة، وجد نفسه أمام المرأة عند البوابة H التي سألته:
—هل لديك شيء تصرح به؟
فأجاب بصمت طويل بشكل مريب.
نظرت إليه المرأة عند البوابة H ثم نظرت إلى الحارس. اقترب الحارس وهو يخرج جهاز إرسال من حزامه. سرعان ما ظهر اثنان آخران.
كررت المرأة السؤال السابق.
”هل لديك ما تصرح به؟“
”السلام“ قال.
أمسكه الحراس من ذراعيه. شعر وكأن ملقطًا هيدروليكيًا يقطع عضلاته ويكسر عظامه في النهاية.
”سلام!“ صرخ هذه المرة، ”قليل من السلام، نعم، هذا هو، السلام! السلام، اللعنة! السلام، اللعنة عليك!“
أوقف الحراس حركته بجرعة كهربائية عالية الأمبير.
تم اتهامه أمام المحكمة بمخالفة الأمن العام، ثم أدين لاحقًا لإخفائه الكلمة بكلمة ”سلام“، التي تعتبر أيضًا خطيرة في هذه الأوقات الخاصة. استأنفت الدفاع الحكم باللجوء إلى الاضطرابات النفسية، الناتجة عن تجربته الصادمة الأخيرة في الجبل.
خورخي ماجفود، جامعة جورجيا، 2006
Слово
С нарастающим волнением он складывал бумажку, на которой было написано «22-A», в треугольные фигуры. Он пытался подумать о преимуществах буквы «A» или «K» перед промежуточными буквами. Он был уверен, что произнесет это слово, как только столкнется с женщиной у двери «H».
Эта абсурдная уверенность настолько испугала его, что, не глядя ни на кого, он сделал шаг и вышел из очереди. Он притворился, что ему плохо. Взял чемодан и направился в туалет. Сделал несколько подозрительных движений: пошел по коридору, полному людей, идущих в противоположном направлении; ему пришлось проталкиваться через десять или двадцать человек, которые не заметили, что кто-то идет в противоположном направлении. Все пахли духами, чистотой. Мужчины были одеты в черные и синие костюмы. Даже гомофобы носили розовые носки и галстуки, потому что это было модно. Преобладали сладкие духи. Некоторые даже пахли арбузом, но без липкости, которую оставляет на руках сахар из сушеного арбуза. По крайней мере пять женщин носили настоящие драгоценности, преимущественно из белого золота. Все они были похожи друг на друга. Все они должны были быть красивыми, судя по огромным рекламным плакатам в витринах магазинов беспошлинной торговли. Пухлые губы рта, который мог бы открыться и проглотить человека. Огромные глаза без морщин на веках.
Хотя он родился там, хотя прожил там сорок лет, 22-A чувствовал себя чужим, или что-то привлекало его внимание. Его беспокоило нарушение строгой рутины; в последнее время он не выполнял обычные воскресные обязанности; недавний опыт в горах — он пробыл неделю без связи, удаленный из-за погодного происшествия от всех индексов, которые он больше всего любит, — держал его в состоянии легкой, но подозрительной лихорадки. Его новое состояние проявлялось в загадочных фразах, возможно, мыслях. «Один день для Бога, — говорил он своему другу с биржи, — шесть дней для денег».
Он пошел по другому коридору, только чтобы спастись от потока, который увлекал его в компрометирующее усилие. Хотя он не знал, где находился туалет, которым он пользовался полчаса назад, он шел, делая вид, что уверен в себе. После нескольких изменений направления, которые, должно быть, зафиксировали скрытые камеры в темных рождественских шарах, он нашел туалеты.
Он вошел в кабинку, таща за собой чемодан на колесиках, и заставил себя помочиться. Но ему нечего было делать, и он боялся, что за ним наблюдают из вентиляционного канала. Черная дыра не выдавала присутствия каких-либо стеклянных глаз. Но и их отсутствие тоже.
Непристойные диалоги шестидесятых годов, которые в течение многих лет были стерты строгой моральной гигиеной, начали возвращаться в более достойной форме. Безупречным красным шрифтом компания W хотела напомнить счастливому мочащемуся, что мир в опасности и нуждается в его помощи. Напротив, на двери, другая надпись предупреждала деффектанта о ложности любой формы облегчения и о необходимости постоянной максимальной бдительности.
Он скромно спрятал пенис и вышел, бессмысленно нервничая. Что он скажет, если его остановят и допросят? Почему он нервничает? Если ему нечего скрывать, у него нет причин для такой бледности лица, для такого выдающего пота на руках.
Пока он мыл руки, он смог это увидеть. На этот раз да, там была маленькая камера. Или она притворялась камерой, неважно. Как те полусферы, которые висят в больших магазинах. Из десяти, может быть, одна имеет камеру наблюдения. Важно не то, есть она или нет, а то, что никто не может с уверенностью сказать, есть она или нет. Своего рода агностицизм постороннего взгляда был лучшим сдерживающим фактором для низменных инстинктов. Наблюдение, которое никто не мог бы обвинить в нарушении частной жизни, потому что все эти места были общественными, включая зону туалета, где люди моют руки. Камеры (или подозрение о наличии камер) были там для безопасности самих людей. На самом деле никто не был против этой системы, а наоборот. Можно только представить, как было бы ужасно, если бы этих контрольных точек не было. Те, кто время от времени осмеливался это представить, приходят в ужас или пишут объемные романы, которые расходятся как горячие пирожки.
По какой-то причине 22А понял, что пойти в туалет и не смочь помочиться не может быть чем-то необычным. Менее подозрительным. Эта мысль его успокоила. Потрогав живот, затем голову, пытаясь понять, что могло ему навредить, он снова вышел в направлении двери H.
—Чудовище должно умереть. Что вы об этом думаете?
—Какое чудовище?
— А какой еще? Бородач.
— Ах да, Бородач, монстр…
— Вы сомневаетесь, что он монстр?
— Я? Нет, не сомневаюсь. Он монстр.
— Тогда почему вы спрашиваете, какой монстр? Вы думали о Старухе?
— Ну, нет. Не совсем.
—Какое еще чудовище заслуживает суда, подобного тому, который был над Бородачом? Можете ли вы объяснить это зрителям Tú Noticias Show?
—Ну, я не знаю…
—Но вы сомневаетесь.
—Да, конечно, я сомневаюсь. Я твердо в этом уверен.
—Невероятно. О ком вы думаете?
—Я не могу сказать.
—Как это не можете? Разве мы не живем в свободном мире?
—Да, сэр. Мы живем в свободном мире.
—Тогда скажите, о чем вы думаете.
—Я не могу.
—Разве вы не свободны сказать, что Барбасусия и Барбавеха — два монстра?
—Да, сэр, я свободен сказать это и повторить.
—Тогда?
—Я свободен говорить все, что думаю?
—Конечно. Почему вы сомневаетесь?
—Все, что я скажу, может быть использовано против меня. Лучше быть хорошим человеком.
—Конечно, свобода и разврат — не одно и то же.
—Да, сэр.
—Вы скажете мне, о чем вы думали?
—Да, сэр.
—Я думал о том, что, слава Богу, диктаторы привлекаются к ответственности?
—Да, сэр. Я всегда считал, что все диктаторы должны быть привлечены к ответственности. Мне немного жаль, что некоторые из них всегда уходят от наказания.
—Отлично. Проблема в том, что мы не живем в идеальном мире. Но ваши слова очень смелые. Конечно, такой акт неповиновения был бы невозможен при чудовищной диктатуре, как диктатура Барбасучи или Барбавехи.
—Да, сэр.
—Вы понимаете, что можете говорить это свободно?
—Да, сэр.
—Кто-то пытает вас, чтобы вы сказали то, чего не хотите?
—Нет, сэр.
—Вы понимаете, значит, ценность свободы?
—Да, сэр.
—Отлично. Возвращаемся в студию и продолжаем Tú Noticias Show, где Tú — главная звезда. Ты меня слышишь, Рене? Алло, вы меня слышите?
Но он не встал в очередь, которая ждала, чтобы войти. Он хотел узнать, уверен ли он в себе. На мгновение он почувствовал себя лучше, симптомы паники исчезли. Но он все еще не был уверен, что даже если его заставили, он не произнес бы это слово. Он знал, что для его произнесения достаточно долей секунды. Долей, которые стали фатальными для многих людей, которые, не зная об опасности, не зная о последствиях своих действий, осмелились использовать его в шутку. Он знал о случае с иностранным сенатором, который зашел в магазин, чтобы купить ручку. Когда он подошел к кассе, продавщица спросила его, что это такое. Зачем, черт возьми, она спросила об этом? Разве она не знала, что ручка обычно используется для письма? Даже если у ручки были другие функции, например, сексуальные или для подачи хлеба на завтрак, какое ей дело, для чего ей нужен этот крошечный предмет, который продавался в ее собственном магазине? То есть в магазине человека, которого она не знала, но для которого работала день за днем под светом ламп, не позволяющих понять, день сейчас или ночь, как в промышленных курятниках, где хорошие несушки никогда не видят меняющегося света солнца.
Ручка, мисс. Так должен был ответить сенатор. Но нет, этот неуклюжий человек произнес это слово, как будто ирония признавалась законом. Какой глупец! Ирония признается только интеллектом. Если бы это было это, сенатор не сказал бы этого. Он сказал это, потому что это не было это, и сказать это должно было быть забавным, как когда сюрреалисты помещали в музей трубку с названием Это не трубка.
Сенатору повезло, потому что он был сенатором. Его страна заплатила целое состояние, и его освободили после нескольких дней тюрьмы. Бедный черт, кто знает что. Бедный черт должен очень осторожно следить за тем, чтобы не сказать плохое слово и, кроме того, не показать, что он собирается его сказать.
Как только он дошел до этого, он понял, что сказать это было делом легкого отвлечения. Легкого предательства, такого, которое больной мужчина или женщина обычно совершают против своей физической целостности, бросаясь с балкона без причины или целуя самую пуританскую женщину на континенте, которая в то же время является начальницей, от которой зависит работа и жизнь бедного черта, больного черта.
Он встал почти с бунтарством. Он встал, не задумываясь. Внезапно он обнаружил, что стоит, окруженный людьми, которые, не останавливаясь в своей спешке, смотрели на него, как на сумасшедшего. Он начинал казаться подозрительным, теперь уже не только для себя, но и для остальных людей. Он понял, что отсрочка и размышления не только не помогали ему, но и вредили. В плохом, в ужасном состоянии он подойдет к женщине у выхода H. Он столкнется с самой некрасивой из всех служащих и скажет ей слово. Чем больше он думал, тем больше у него было шансов. Разве он не думал о том, чтобы пойти к двери H, когда вдруг обнаружил, что стоит, вскочив, рядом со своим серым чемоданом и другими людьми, которые видели, как он проходит?
Внезапно, не помня предыдущих шагов, он оказался перед женщиной у двери H, которая спросила его:
—Есть что-то, что вы хотите заявить?
На что он ответил подозрительно затягивающимся молчанием.
Женщина у выхода H посмотрела на него, а затем на охранника. Охранник подошел, вынув из-за пояса передатчик. Сразу же появились еще двое.
Женщина повторила предыдущий вопрос.
—Есть что заявить?
—Мир, — сказал он.
Охранники схватили его за руки. Он почувствовал, как гидравлические клещи перерезают ему мышцы и, наконец, ломают кости.
«Мир!» — закричал он на этот раз. «Немного мира, да, вот именно, мира! Мир, черт возьми! Мир, мать твою!
Охранники обездвижили его с помощью высоковольтного электрического тока.
Он был обвинен в суде в покушении на общественную безопасность, а позже осужден за то, что вовремя скрыл слово словом «мир», которое в эти особые времена также является опасным. Защита обжаловала приговор, сославшись на психические расстройства, вызванные его недавним травматическим опытом в горах.
Sospechó, de golpe, lo que todos llegan a comprender, más tarde o más temprano: que era el único hombre vivo en un mundo ocupado por fantasmas, que la comunicación era imposible y ni siquiera deseable, que tanto daba la lástima como el odio, que un tolerante hastío, una participación dividida entre el respeto y la sensualidad eran lo único que podía ser exigido y convenía dar.
Juan Carlos Onetti, El astillero, 1961.
A la hora en que el día aún no ha perdido el calor exiguo de los últimos días del verano, cuando la gente termina de salir por fin de sus oficinas y los embotellamientos en las afueras de Manhattan comienzan a disolverse lentamente, a esa hora en que los comercios del downtown cierran sus puertas y bajan sus cortinas de acero hasta las casas de mascotas, adelantándose, con precaución y estrépito, a la oscuridad precoz de los atardeceres de un invierno que todavía no llega, un hombre ligero y sin prisa camina hacia el sur, escondido detrás de una barba blanca, casi amarilla por un misterioso efecto del atardecer, con la mirada fija en sus próximos dos pasos, tal vez pensativo o simplemente cansado, con una bolsa de tela gris en la espalda que deja adivinar el cuerpo ahora frío y tímido de un saxo. Luego se detiene. Deja de murmurar pensamientos largos e indescifrables, pensamientos que arrastran reflexiones poco claras sobre los efectos del atardecer en el ánimo melancólico de alguien que se narra a sí mismo su propia vida, y entra en un viejo edificio del Midtown, reciclado y extremadamente pulcro en su interior, alfombrado contra los pasos indiscretos, iluminado estratégicamente para que sus salas y pasillos dejen ver los pies y los cuerpos que entran y salen, disimulando con imprecisión los rostros que los acompañan. Un olor agradable de velas frutales llena cada recinto, mientras diferentes pantallas informan al cliente sobre los servicios accesibles esa noche.
El hombre de la barba blanca, ahora azul, se acerca a una de las máquinas y lee con cuidado. Con un dedo, también azul, elige una opción en la pantalla y la máquina le extiende un ticket que dice F. y, sin querer o sin pensarlo, como un hombre cansado que se sumerge distraídamente en un sueño profundo, continúa reflexionando sobre las cosas que lo envuelven y se introducen en esa repentina nostalgia, como un huracán mudo e invisible se introduce en una casa y extrae de ella los muebles, los pedazos de puertas, los cuadros que colgaron allí por años y los va desparramando por la ciudad. Diferentes pasillos lo conducen, como en un aeropuerto, a una pequeña puerta que vuelve a repetir F. Entra y deja el bulto en una pequeña mesita. Se sienta al lado y espera. Mira: la cámara F es pequeña y familiar, apenas más grande que un cuarto de baño y desprovista de los aparatos que se pueden encontrar en uno de esos.
Una de las paredes mayores es de vidrio y comunica visualmente con la otra cámara gemela, tan parecida a la anterior que cualquiera confundiría el cristal transparente con un espejo, si no fuera por el detalle de que del otro lado no se encuentra el que mira.
Espera que se encienda la luz violeta. Generalmente no demora más de tres o cuatro minutos, pero hay que considerar que a esta altura del año la gente está más concentrada en su trabajo. No tardará; de todas formas, no tardará en encenderse la luz y el tiempo sólo comenzará a correr desde entonces: cinco minutos. Y mientras repite “no tardará”, saca el saxo de la bolsa y comienza a tocar algunas notas sin demasiado orden. Sospecha del correcto funcionamiento de uno de los botones. El temor de que el instrumento se descomponga le recuerda los días de su juventud. Hasta que por fin se enciende la luz y aparece alguien.
Alguien. Como era de esperar, es una mujer. Más precisamente, una mujer joven, con uniforme de colegio, aunque nunca es posible determinar si lo que la persona lleva se corresponde realmente con alguna de sus actividades diarias o ha sido elegida para la ocasión. Casi siempre es así. Como la máscara de calavera que lleva puesta. Mucha gente opta por las máscaras, porque si bien Nueva York es infinita, siempre queda la posibilidad de que uno reconozca en la calle a alguien que pudo haber visto en un Confesionario, deformado por la luz azul pero en ocasiones reconocible por la fuerza de sus ojos.
[Por otra parte, todavía hay gente que siente timidez al desnudarse, ya sea en un lugar público o en su propia casa. Todos saben que en cada momento están siendo filmados o escuchados (por el gobierno o por uno de esos imperios privados que se han arrogado el derecho de decidir por los demás), aunque nadie advierta la presencia de alguna cámara o de algún micrófono oculto. Sin embargo, no todos se han acostumbrado a ese conocimiento con la suficiente naturalidad. Podría ocurrir que el funcionario de turno reconociera a la persona que, en su propia casa, se desnuda o se apresta a defecar en ese momento; o que no resistiera la tentación de publicar esas imágenes en la Red Global. Y si bien esto último es delito federal, nada garantiza que mañana o pasado aparezca el video de un cura católico masturbándose en algún rincón de Nueva Guinea o de la hija de un pobre profesor explorando su cuerpo virgen en su cuarto de San Pablo. Al fin y al cabo, el crimen también es delito federal y no por ello ni por todas estas medidas de seguridad ha disminuido. Tal vez ahora se pueda prevenirlo. Poco tiempo atrás, estudios neurológicos de laboratorio descubrieron que no sólo los sueños producen ondas energéticas en el cerebro sino también el pensamiento hablado. A partir de entonces resultó relativamente sencillo darse cuenta que cada palabra posee un nivel de energía y una frecuencia de onda particular, dependiendo de las lógicas variaciones de los dialectos y de la emotividad diferente que cada palabra tiene en distintas regiones de un mismo país. Y así como en la antigua informática una letra o un número eran la combinación de dos impulsos diferentes, lo que luego se transforma en palabras, en sonidos y en imágenes, se terminó por inventar un sistema decodificador del pensamiento hablado. Como en el pasado, esto tuvo importantes aplicaciones militares, casi exclusivamente. De la red de espionaje Echelon se pasó a espiar el pensamiento de cada individuo. Con el nuevo sistema, se procesaron nueve millones de pensamientos por segundo en todo el mundo. Dependiendo de determinados parámetros de pensamiento, el sistema seleccionaba aquellos que pudieran ser de interés del Gobierno, de la empresa financiadora de la Red o de algún funcionario de turno, motivado más por el azar y el aburrimiento que por intereses de Seguridad Nacional. Así que no sólo se espió a terroristas, a artistas, a posibles filósofos y a inventores de nuevas estrategias comerciales, sino también a conocidas estrellas del cine y de la vida diaria, creándose de esa forma un verdadero tráfico ilegal de fantasías eróticas, casi siempre producidas por mujeres, como solía ocurrir en el pasado con las imágenes de Internet. Sólo unos pocos advirtieron esta actividad secreta y omnipresente de la Inteligencia Militar—que terminaba por cumplir la profecía bíblica del Génesis—y la denunciaron diez minutos antes de ser detenidos por las Fuerzas del Orden. Los que la recibieron por la Red Global de Resistencia la callaron mientras pudieron. De este grupo, una minoría no fue enviada a manicomios, porque tuvieron la rara habilidad—esa habilidad tan particular de los seres humanos y que consiste en romper todas las reglas previsibles a fuerza de genialidad—de crear nuevas formas de pensamiento codificado. Como se comprenderá, no es posible describir qué tipo de forma pudieron ser esas, ya que ningún sistema de lectura pudo compararla con parámetros de pensamiento conocidos hasta el momento de la programación de dicho Dios-máquina. Pero todo ha sido advertido por los resultados: muchas personas en el mundo dejaron de pensar, por lo menos eso registran los sistemas de lectura de pensamientos más avanzados. O de hecho nunca pudieron hacerlo. Y es por esa misma falta de acostumbramiento al progreso de la Sociedad Global, que muchas personas pasaron de los lentes oscuros al uso de máscaras, del pensamiento libre a la distracción y el divertimento. Como el velo trae malos recuerdos a algunas personas, han proliferado otras formas de ocultamiento: hay máscaras para ir al baño, máscaras para dormir en días de calor o para hacer el amor de forma ilícita. Hay una máscara para cada cosa y ninguna deja traslucir algún aspecto de la personalidad de quién la lleva, lo que ha llevado a una perfección en el arte de borrar lo distinto. Porque si no es posible ocultarse del Gran Dios-máquina, por lo menos es posible que nuestros semejantes no nos reconozcan con facilidad, en caso de producirse el milagro de la fama. Sin embargo, en este proceso de abstracción del ser humano, siempre queda algún detalle insignificante que, a la larga, termina por convertirse en un elemento de máxima significación. A veces es un lunar en una nalga, otras veces cierto perfil de un muslo o de los hombros. Todo esto provocaba en la gente un sentimiento de tristeza e insatisfacción que se confundía con la felicidad. Sin embargo, nada de esto era inevitable. Como solía ocurrir antiguamente, tal vez se hubiese sido suficiente el sólo cuestionamiento del actual estado de cosas, de no ser porque Alguien lo había previsto transformándolo en una empresa por lo menos improbable, ya que los críticos y los filósofos habían sido exterminados, condenados al olvido o enterrados bajo una lápida con la misma e irrefutable inscripción: IDIOTA. Por el contrario, es posible que se continúe perfeccionando la solución inicial: no pasará mucho tiempo para que se vean por las calles personas ataviadas de pies a cabeza, sino por un denso paño negro como en Oriente, tal vez por sucesivas manipulaciones de la apariencia personal.]
Por un momento, el músico abandona sus pensamientos melancólicos y vuelve a la salita del confesionario. Mira a la joven con cuidado. A juzgar por sus piernas, se podría decir que aún no ha terminado la secundaria. Hay otros detalles que lo confirman: su timidez, por ejemplo. Ha pasado un minuto y aún se mantiene de pie, explorando con su máscara de muerte la cámara, como si fuese la primera vez que entra a una, mirando a través del cristal como si quisiera reconocer al hombre de barba blanca, sentado en una silla, contra la otra pared, con un saxo sobre las rodillas y con la mirada triste, fija en ninguna parte. Por un instante piensa que el hombre es ciego, pero es sólo una impresión pasajera. Sería absurdo y, además, acaba de mover los ojos hacia sus pies. Es decir, la está mirando. Eso le recuerda que el tiempo se va y hay que comenzar. Entonces tantea con una mano la solidez del cristal, como un movimiento instintivo y que sólo sirve para perder más tiempo. Sabe que tiene tres centímetros de espesor y que es antibalas, pero igual tantea con disimulada fuerza. Hubiese preferido que en su primera vez hubiese un hombre joven, aunque tiene sus ventajas: le da más asco y menos miedo. Luego verifica que ha cerrado la puerta con llave y comienza a desnudarse. Sin duda, es una joven vergonzosa. Sus caderas aún no se han destacado del resto del cuerpo: predomina su altura, cierto parecido con algún personaje de El Greco que ha visto la semana anterior en el MOMA, acentuado por esa luz fría del confesionario, a un paso de ser confirmada o descartada por un sentimiento trágico que amenaza con instalarse del otro lado del cristal. Podría ser su padre, su abuelo. Pero así es esto. “Deseas lo que condenas”, le había dicho la amiga. “Necesitas abrir una válvula de escape, y el sexo es la válvula de la moral” Pero la moral estaba ahí, para aumentar la tensión y el deseo, como ese vidrio que la protegía. La máscara no es lo más apropiado, piensa el músico. Una vez un hombre se suicidó en un confesionario. Pero es preferible no recordar esas cosas ahora; bastante tiempo le ha llevado limar las aristas filosas de algunos recuerdos. De acuerdo, el olvido es un arte de moda, aunque es mal practicado: los médicos nos obligan a recordar lo más desagradable de nuestra existencia, aquello que la sensibilidad echó a los sótanos de la memoria, al tiempo que la estupidez mediática se divierte destruyendo lo que queda en el salón principal.
Bien, no ha terminado de desnudarse completamente, pero se detiene. Observa otra vez a través del cristal. El viejo que le ha tocado en la gemela no se ha movido desde que ella entró. No está ciego. Tampoco está muerto. Podrían haberla engañado poniendo un maniquí, uno de esos hologramas animados que alguna vez estuvieron de moda, antes que volvieran los hombres de carne y hueso. Pero no; está tan vivo como triste. Su tristeza se contagia a través del vidrio. Es como la pobreza: salpica. Una amiga le había contado que los hombres, apenas las ven entrar, se pegan contra el cristal, casi siempre exponiendo lo suyo, y tarde o temprano terminaban por ensuciarlo. Incluso, una vez le había tocado una mujer que mordía el cristal como si estuviese rabiosa, allí mismo donde otros hombres habían hecho sus necesidades esparciendo su semen idiota. De esta historia le había quedado en la retina la imagen casi imposible de una mujer mordiendo un vidrio por el lado plano, hasta que en la casa de otra amiga descubrió a una perra haciendo lo mismo para pedirle a su dueña que le abriese la puerta del fondo.
Eso le habían contado de los hombres. No era el caso de este viejo. Así que se sintió segura del todo, y terminó por desnudarse. Se paró cerca del cristal y dio media vuelta, con la punta de los pies resistiéndose al giro. Luego se quedó mirándolo un instante. No había de qué temer, porque así como la seguridad de aquellos recintos era rigurosa, también lo era la higiene: un minuto después de desocupada la sala, se llenaba automáticamente con radiación desinfectante, por lo cual no había posibilidades de contagio alguno. De hecho, no se conocía ningún caso de contagio, por lo cual el Ministerio de Salud certificaba cada año la seguridad de los Confesionarios. Por otro o por el mismo lado, el Gobierno Central invirtió casi la mitad de su presupuesto anual en una campaña moralizadora que ya se ha integrado al consciente colectivo, y que consistió en promover la práctica de la masturbación. Sin duda, todos los estudios científicos habían demostrado las ventajas higiénicas de esta costumbre, a lo que hubo que agregar los beneficios de la clonación y de la reproducción asistida, más tarde llamada “reproducción controlada”. Una vez removida la vergüenza de ser filmado en un acto masturbatorio, gracias a la campaña remoralizadora del gobierno y de las instituciones privadas sobre Relaciones Sexuales, la pornografía adquirió un lugar predominante es la sociedad y en la psicología del ciudadano medio. Todo lo que significó un avance en la natural necesidad de libertad que existe en cada ser humano. No disminuyó el interés por el sexo sino todo lo contrario; sólo se produjo una verdadera revolución en la práctica sexual, con la curiosa eliminación del coito en la clase educada.
Él también la miraba, aunque ahora sus ojos demostraban sorpresa, más sorpresa que desinterés. Ella insistió y fue mucho más allá: con el corazón agitado, se sacó la máscara y lo miró a los ojos. Una sonrisa viva ocurrió en él, un segundo antes que sonara la chicharra. Excederse un minuto del tiempo límite significaría el pago de un ticket nuevo, por lo que la joven tomó apresuradamente la ropa que estaba en el suelo, se vistió y salió sin volver a mirar hacia atrás.
El músico salió sin la misma prisa, notando que la joven había olvidado su máscara en el piso. Imaginó que en ese preciso instante ella estaría saliendo por la Quinta, mientras su camino lo conducía lentamente a la Sexta. En la Quinta tal vez tomaría un taxi y se perdería entre los diez millones de anónimos que habitan la ciudad. No volvería a ver esa sonrisa que había esperado ver (eso lo pensaba ahora) durante años, desde que se inventaron los confesionarios. Durante años había visto mujeres de todo tipo, hombres a veces, ensayando y repitiendo esas poses que debían ser consideradas obscenas, esperando furiosas que él reaccionara intentando romper el cristal irrompible, o algo así, como si les hiciera falta algo del peligro que se evitaban en los confesionarios.
Para ser más exactos, había estado esperando esa sonrisa desde que llegó a Nueva York, cuarenta y tantos años atrás. Era la sonrisa, incluso diría que era la mirada, el gesto, la presencia fantasmal de aquella joven que amó cuarenta y tantos años atrás. Es decir que tal vez nunca había entrado nadie a la cámara gemela del confesionario, la última vez, sino su atormentada imaginación, afiebrada por el primer resfrío del invierno del año 2055, que casi lo mató, impidiéndole trabajar en el Central Park y, lo que era peor, sumergiéndolo en una profunda y comprensible nostalgia de viejo.
He suddenly suspected what everyone comes to understand sooner or later: that he was the only man alive in a world occupied by ghosts, that communication was impossible and not even desirable, that pity and hatred were equally irrelevant, that a tolerant weariness, a participation divided between respect and sensuality, was the only thing that could be demanded and should be given.
Juan Carlos Onetti, El astillero, 1961.
At a time when the day has not yet lost the meager warmth of the last days of summer, when people are finally leaving their offices and the traffic jams on the outskirts of Manhattan are slowly beginning to dissipate, at that hour when downtown shops close their doors and lower their steel curtains, all the way to the pet stores, cautiously and noisily anticipating the early darkness of the sunsets of a winter that has not yet arrived, a light and unhurried man walks south, hidden behind a white beard, almost yellow from a mysterious effect of the sunset, his gaze fixed on his next two steps, perhaps pensive or simply tired, with a gray cloth bag on his back that hints at the now cold and shy body of a saxophone. Then he stops. He stops murmuring long and indecipherable thoughts, thoughts that drag along unclear reflections on the effects of sunset on the melancholic mood of someone who narrates his own life to himself, and enters an old Midtown building, recycled and extremely neat inside, carpeted against indiscreet footsteps, strategically lit so that its rooms and corridors reveal the feet and bodies that enter and leave, vaguely concealing the faces that accompany them. A pleasant scent of fruity candles fills each room, while different screens inform the customer about the services available that night.
The man with the white beard, now blue, approaches one of the machines and reads carefully. With a finger, also blue, he chooses an option on the screen and the machine issues him a ticket that says F. And, without meaning to or thinking about it, like a tired man who drifts distractedly into a deep sleep, he continues to reflect on the things that surround him and enter into that sudden nostalgia, like a silent and invisible hurricane entering a house and removing the furniture, the pieces of doors, the paintings that hung there for years, and scatters them throughout the city. Different corridors lead him, as in an airport, to a small door that repeats F. He enters and leaves the package on a small table. He sits down next to it and waits. Look: the F chamber is small and familiar, barely larger than a bathroom and devoid of the fixtures found in one.
One of the larger walls is made of glass and visually connects to the other twin chamber, so similar to the previous one that anyone would mistake the transparent glass for a mirror, were it not for the detail that the viewer is not on the other side.
He waits for the violet light to come on. It usually takes no more than three or four minutes, but you have to consider that at this time of year people are more focused on their work. It won’t be long; in any case, it won’t be long before the light comes on and the time will only start running from then: five minutes. And as he repeats “it won’t be long,” he takes the saxophone out of its bag and begins to play a few notes without much order. He suspects that one of the buttons is not working properly. The fear that the instrument will break down reminds him of his younger days. Until finally the light comes on and someone appears.
Someone. As expected, it is a woman. More precisely, a young woman in a school uniform, although it is never possible to determine whether what the person is wearing actually corresponds to one of her daily activities or has been chosen for the occasion. It is almost always the case. Like the skull mask she is wearing. Many people opt for masks, because although New York is infinite, there is always the possibility that you will recognize someone on the street who you may have seen in a Confessional, distorted by the blue light but sometimes recognizable by the strength of their eyes.
[On the other hand, there are still people who feel shy about undressing, whether in a public place or in their own home. Everyone knows that they are being filmed or listened to at all times (by the government or by one of those private empires that have arrogated to themselves the right to decide for others), even if no one notices the presence of a hidden camera or microphone. However, not everyone has become accustomed to this knowledge with sufficient ease. It could happen that the official on duty recognizes the person who, in their own home, is undressing or preparing to defecate at that moment; or that they cannot resist the temptation to publish those images on the Global Network. And while the latter is a federal crime, there is no guarantee that tomorrow or the day after, a video will appear of a Catholic priest masturbating in some corner of New Guinea or the daughter of a poor teacher exploring her virgin body in her room in São Paulo. After all, crime is also a federal offense, and yet it has not decreased despite all these security measures. Perhaps now it can be prevented. Not long ago, neurological laboratory studies discovered that not only dreams produce energy waves in the brain, but so do spoken thoughts. From then on, it was relatively easy to realize that each word has a particular energy level and wave frequency, depending on the logical variations in dialects and the different emotionality that each word has in different regions of the same country. And just as in early computing, a letter or number was a combination of two different impulses, which were then transformed into words, sounds, and images, a system for decoding spoken thought was eventually invented. As in the past, this had important military applications, almost exclusively. The Echelon espionage network moved on to spying on the thoughts of each individual. With the new system, nine million thoughts per second were processed worldwide. Depending on certain thought parameters, the system selected those that might be of interest to the government, the company financing the network, or some official on duty, motivated more by chance and boredom than by national security interests. So not only were terrorists, artists, potential philosophers, and inventors of new business strategies spied on, but also well-known movie stars and everyday people, thus creating a veritable illegal trade in erotic fantasies, almost always produced by women, as was often the case in the past with images on the Internet. Only a few noticed this secret and omnipresent activity of Military Intelligence—which ended up fulfilling the biblical prophecy of Genesis—and denounced it ten minutes before being arrested by the Forces of Law and Order. Those who received it through the Global Resistance Network kept it quiet as long as they could. Of this group, a minority was not sent to mental hospitals because they had the rare ability—that ability so particular to human beings and which consists of breaking all predictable rules by force of genius—to create new forms of coded thinking. As you can understand, it is not possible to describe what kind of forms these might be, since no reading system could compare them with parameters of thought known at the time of the programming of said God-machine. But everything has been revealed by the results: many people in the world stopped thinking, at least according to the most advanced thought-reading systems. Or in fact, they were never able to do so. And it is because of this very lack of familiarity with the progress of Global Society that many people went from wearing dark glasses to wearing masks, from free thinking to distraction and entertainment. As the veil brings back bad memories for some people, other forms of concealment have proliferated: there are masks for going to the bathroom, masks for sleeping on hot days, or for making love illicitly. There is a mask for everything, and none of them reveal any aspect of the personality of the wearer, which has led to perfection in the art of erasing difference. Because if it is not possible to hide from the Great Machine God, at least it is possible that our fellow human beings will not easily recognize us, in the event of the miracle of fame. However, in this process of abstraction of the human being, there is always some insignificant detail that, in the long run, ends up becoming an element of utmost significance. Sometimes it is a mole on a buttock, other times a certain profile of a thigh or shoulders. All this caused people to feel a sense of sadness and dissatisfaction that was confused with happiness. However, none of this was inevitable. As was often the case in the past, perhaps it would have been enough to simply question the current state of affairs, had it not been for the fact that Someone had foreseen this, turning it into an unlikely undertaking, since critics and philosophers had been exterminated, condemned to oblivion, or buried under a tombstone with the same irrefutable inscription: IDIOT. On the contrary, it is possible that the initial solution will continue to be perfected: it will not be long before people are seen on the streets dressed from head to toe in thick black cloth, as in the East, perhaps due to successive manipulations of personal appearance.
For a moment, the musician abandons his melancholic thoughts and returns to the confessional room. He looks at the young woman carefully. Judging by her legs, one could say that she has not yet finished high school. There are other details that confirm this: her shyness, for example. A minute has passed and she is still standing, exploring the chamber with her death mask, as if it were her first time in one, looking through the glass as if she wanted to recognize the white-bearded man sitting in a chair against the other wall, with a saxophone on his knees and a sad look on his face, staring into space. For a moment, she thinks the man is blind, but it is only a passing impression. It would be absurd, and besides, he has just moved his eyes to her feet. In other words, he is looking at her. That reminds her that time is running out and she has to start. So she tests the solidity of the glass with one hand, as if by instinct, which only serves to waste more time. She knows it is three centimeters thick and bulletproof, but she still probes it with concealed force. She would have preferred a young man for her first time, although this has its advantages: it disgusts her more and frightens her less. Then she checks that she has locked the door and begins to undress. She is undoubtedly a shy young woman. Her hips have not yet stood out from the rest of her body: her height predominates, a certain resemblance to a character by El Greco she saw the week before at MOMA, accentuated by the cold light of the confessional, one step away from being confirmed or dismissed by a tragic feeling that threatens to settle on the other side of the glass. It could be her father, her grandfather. But that’s how it is. “You desire what you condemn,” her friend had told her. “You need to open an escape valve, and sex is the valve of morality.” But morality was there, to increase tension and desire, like the glass that protected her. The mask is not the most appropriate thing, thinks the musician. Once a man committed suicide in a confessional. But it’s better not to remember those things now; it has taken him long enough to smooth out the sharp edges of some memories. Okay, forgetting is a fashionable art, although it is poorly practiced: doctors force us to remember the most unpleasant aspects of our existence, those that sensitivity has relegated to the basements of memory, while media stupidity amuses itself by destroying what remains in the main hall.
Well, she hasn’t finished undressing completely, but she stops. She looks through the glass again. The old man she’s been paired with hasn’t moved since she came in. He’s not blind. Nor is he dead. They could have fooled her by putting in a mannequin, one of those animated holograms that were once fashionable, before flesh-and-blood men came back. But no; he is as alive as he is sad. His sadness is contagious through the glass. It’s like poverty: it splatters. A friend had told her that as soon as the men see them come in, they press themselves against the glass, almost always exposing themselves, and sooner or later they end up dirtying it. Once, she had even encountered a woman who bit the glass as if she were rabid, right where other men had relieved themselves, spreading their idiotic semen. This story had left her with the almost impossible image of a woman biting the flat side of the glass, until, at another friend’s house, she discovered a dog doing the same thing to ask its owner to open the back door.
That’s what they had told her about men. That wasn’t the case with this old man. So she felt completely safe and ended up undressing. She stood near the glass and turned around, her toes resisting the turn. Then she stood there looking at it for a moment. There was nothing to fear, because just as the security of those rooms was rigorous, so was the hygiene: a minute after the room was vacated, it was automatically filled with disinfectant radiation, so there was no possibility of contagion. In fact, there were no known cases of contagion, which is why the Ministry of Health certified the safety of the confessionals every year. On the other hand, or perhaps on the same side, the Central Government invested almost half of its annual budget in a moralizing campaign that has already become part of the collective consciousness, which consisted of promoting the practice of masturbation. Undoubtedly, all scientific studies had demonstrated the hygienic advantages of this habit, to which must be added the benefits of cloning and assisted reproduction, later called “controlled reproduction.” Once the shame of being filmed in a masturbatory act was removed, thanks to the moralizing campaign of the government and private institutions on sexual relations, pornography acquired a predominant place in society and in the psychology of the average citizen. All of this represented a step forward in the natural need for freedom that exists in every human being. Interest in sex did not diminish, quite the contrary; there was only a real revolution in sexual practice, with the curious elimination of intercourse in the educated class.
He was also looking at her, although now his eyes showed surprise, more surprise than disinterest. She insisted and went much further: with her heart racing, she took off her mask and looked him in the eyes. A lively smile appeared on his face, a second before the buzzer sounded. Exceeding the time limit by one minute would mean paying for a new ticket, so the young woman hurriedly picked up the clothes on the floor, got dressed, and left without looking back.
The musician left without the same haste, noticing that the young woman had forgotten her mask on the floor. He imagined that at that very moment she would be leaving via Fifth Avenue, while his path slowly led him to Sixth Avenue. On Fifth Avenue, she would probably take a taxi and disappear among the ten million anonymous people who inhabit the city. He would never see that smile again that he had hoped to see (he thought that now) for years, ever since confessionals were invented. For years he had seen women of all kinds, sometimes men, rehearsing and repeating those poses that must have been considered obscene, waiting furiously for him to react, trying to break the unbreakable glass, or something like that, as if they needed something of the danger they avoided in the confessionals.
To be more precise, he had been waiting for that smile since he arrived in New York, forty-odd years ago. It was the smile, I would even say the look, the gesture, the ghostly presence of that young woman he loved forty-odd years ago. In other words, perhaps no one had ever entered the twin chamber of the confessional the last time, except his tormented imagination, feverish from the first cold of the winter of 2055, which almost killed him, preventing him from working in Central Park and, worse still, plunging him into a deep and understandable old man’s nostalgia.
شك فجأة في ما سيتفهمه الجميع عاجلاً أم آجلاً: أنه كان الرجل الوحيد الحي في عالم محتل من قبل الأشباح، وأن التواصل كان مستحيلاً بل وغير مرغوب فيه، وأن الشفقة والكراهية لا فرق بينهما، وأن التسامح الممل، والمشاركة المقسمة بين الاحترام والجنس، كانا الشيء الوحيد الذي يمكن المطالبة به والمناسب تقديمه.
خوان كارلوس أونتي، El astillero، 1961.
في الوقت الذي لم يفقد فيه النهار بعد الحرارة الضئيلة لأيام الصيف الأخيرة، عندما ينتهي الناس أخيرًا من الخروج من مكاتبهم وتبدأ الاختناقات المرورية في ضواحي مانهاتن في التلاشي ببطء، في ذلك الوقت الذي تغلق فيه المتاجر في وسط المدينة أبوابها وتخفض ستائرها الفولاذية حتى متاجر الحيوانات الأليفة، متقدمة بحذر وضجيج على الظلام المبكر لغروب الشمس في شتاء لم يصل بعد، يمشي رجل خفيف وبدون عجلة نحو الجنوب، مختبئًا وراء لحية بيضاء، تكاد تكون صفراء بسبب تأثير غامض لغروب الشمس، ونظره ثابت على خطويه التاليتين، ربما متأملاً أو ببساطة متعباً، وحقيبة قماشية رمادية على ظهره توحي بجسد بارد وخجول لآلة ساكسفون. ثم يتوقف. يتوقف عن تمتمات أفكار طويلة وغير مفهومة، أفكار تجر تأملات غير واضحة حول تأثيرات الغروب على المزاج الميلانكولي لشخص يروي لنفسه قصة حياته، ويدخل مبنى قديمًا في ميدتاون، تم تجديده وأصبح أنيقًا للغاية من الداخل، ومغطى بالسجاد لمنع الأقدام من إحداث ضوضاء، ومضاء بشكل استراتيجي بحيث تسمح غرفه وممراته برؤية الأقدام والأجساد التي تدخل وتخرج، مع إخفاء الوجوه التي ترافقها بشكل غير دقيق. رائحة لطيفة من الشموع الفاكهية تملأ كل مكان، بينما تبلغ شاشات مختلفة العميل بالخدمات المتاحة في تلك الليلة.
الرجل ذو اللحية البيضاء، التي أصبحت زرقاء الآن، يقترب من إحدى الآلات ويقرأ بعناية. بإصبعه، الأزرق أيضًا، يختار خيارًا على الشاشة وتصدر الآلة تذكرة مكتوب عليها F. ودون قصد أو تفكير، كرجل متعب يغرق في نوم عميق دون انتباه، يواصل التفكير في الأشياء التي تحيط به وتدخل في تلك الحنين المفاجئ، مثل إعصار صامت وغير مرئي يدخل منزلًا ويخرج منه الأثاث وأجزاء الأبواب، واللوحات التي كانت معلقة هناك لسنوات، وتبعثرها في أنحاء المدينة. تقوده ممرات مختلفة، كما في المطار، إلى باب صغير يكرر حرف F. يدخل ويترك الحقيبة على طاولة صغيرة. يجلس بجانبها وينتظر. انظر: الغرفة F صغيرة ومألوفة، أكبر بقليل من الحمام وخالية من الأجهزة التي يمكن العثور عليها في أحدها.
أحد الجدران الكبيرة زجاجي ويتصل بصريًا بالغرفة التوأم الأخرى، المشابهة جدًا للأولى لدرجة أن أي شخص قد يخلط بين الزجاج الشفاف والمرآة، لولا أن الجانب الآخر لا يوجد فيه من ينظر.
ينتظر أن تضيء الضوء البنفسجي. عادة لا يستغرق الأمر أكثر من ثلاث أو أربع دقائق، ولكن يجب أن نأخذ في الاعتبار أن الناس في هذا الوقت من العام يكونون أكثر تركيزًا على عملهم. لن يستغرق الأمر وقتًا طويلاً؛ على أي حال، لن يستغرق الأمر وقتًا طويلاً حتى يضيء الضوء، ولن يبدأ الوقت في العد التنازلي إلا من ذلك الحين: خمس دقائق. وبينما يكرر ”لن يستغرق الأمر وقتًا طويلاً“، يخرج الساكسفون من الحقيبة ويبدأ في العزف على بعض النوتات دون ترتيب معين. يشك في أن أحد الأزرار يعمل بشكل صحيح. يخشى أن يتعطل الآلة الموسيقية، مما يذكره بأيام شبابه. حتى يضيء الضوء أخيرًا ويظهر شخص ما.
شخص ما. كما كان متوقعًا، إنها امرأة. بتعبير أدق، امرأة شابة، ترتدي زيًا مدرسيًا، على الرغم من أنه من المستحيل تحديد ما إذا كان ما ترتديه هذه المرأة يتوافق حقًا مع أي من أنشطتها اليومية أم أنه تم اختياره لهذه المناسبة. غالبًا ما يكون الأمر كذلك. مثل قناع الجمجمة الذي ترتديه. يختار الكثير من الناس الأقنعة، لأنه على الرغم من أن نيويورك لا حدود لها، إلا أن هناك دائمًا احتمال أن يتعرف المرء في الشارع على شخص قد يكون رآه في غرفة الاعتراف، مشوهًا بالضوء الأزرق ولكن يمكن التعرف عليه أحيانًا من قوة عينيه.
[من ناحية أخرى، لا يزال هناك أشخاص يشعرون بالخجل من التعري، سواء في مكان عام أو في منازلهم. الجميع يعلمون أنهم يتم تصويرهم أو التنصت عليهم في كل لحظة (من قبل الحكومة أو من قبل أحد تلك الإمبراطوريات الخاصة التي نسبت لنفسها الحق في اتخاذ القرارات نيابة عن الآخرين)، على الرغم من عدم وجود أي كاميرا أو ميكروفون مخفي. ومع ذلك، لم يعتد الجميع على هذا الأمر بشكل طبيعي. قد يتعرف الموظف المناوب على الشخص الذي يتعرى في منزله أو يستعد للتبرز في ذلك الوقت؛ أو قد لا يقاوم إغراء نشر تلك الصور على شبكة الإنترنت العالمية. وعلى الرغم من أن هذا الأخير يعد جريمة فيدرالية، فلا شيء يضمن ألا يظهر غدًا أو بعد غد فيديو لراهب كاثوليكي يستمني في زاوية ما في غينيا الجديدة أو لابنة أستاذ فقير تستكشف جسدها البكر في غرفتها في سان باولو. في النهاية، الجريمة هي أيضًا جريمة فيدرالية، ولم تنخفض بسبب ذلك أو بسبب كل هذه الإجراءات الأمنية. ربما يمكن الآن منعها. قبل وقت قصير، اكتشفت دراسات عصبية معملية أن الأحلام ليست وحدها التي تنتج موجات طاقة في الدماغ، بل الأفكار المنطوقة أيضاً. ومنذ ذلك الحين، أصبح من السهل نسبياً إدراك أن كل كلمة لها مستوى طاقة وتردد موجة معين، اعتماداً على الاختلافات المنطقية في اللهجات والعاطفة المختلفة التي تحملها كل كلمة في مناطق مختلفة من نفس البلد. وكما كان الحرف أو الرقم في الحوسبة القديمة عبارة عن مزيج من نبضتين مختلفتين، والتي تتحول بعد ذلك إلى كلمات وأصوات وصور، تم في النهاية اختراع نظام لفك تشفير الأفكار المنطوقة. كما في الماضي، كان لهذا تطبيقات عسكرية مهمة، بشكل حصري تقريبًا. انتقلت شبكة التجسس Echelon إلى تجسس على أفكار كل فرد. باستخدام النظام الجديد، تمت معالجة تسعة ملايين فكرة في الثانية في جميع أنحاء العالم. اعتمادًا على معايير معينة للتفكير، كان النظام يختار تلك الأفكار التي قد تهم الحكومة أو الشركة الممولة للشبكة أو أي موظف مناوب، مدفوعًا بالصدفة والملل أكثر من اهتمامات الأمن القومي. لذلك لم يتم التجسس فقط على الإرهابيين والفنانين والفلاسفة المحتملين ومخترعي الاستراتيجيات التجارية الجديدة، بل أيضًا على نجوم السينما والمشاهير في الحياة اليومية، مما أدى إلى خلق تجارة غير قانونية حقيقية للأوهام الجنسية، التي غالبًا ما تنتجها النساء، كما كان يحدث في الماضي مع الصور على الإنترنت. لم يلاحظ سوى قلة قليلة هذه النشاط السري والواسع الانتشار الذي تقوم به المخابرات العسكرية – والذي انتهى بتحقيق نبوءة سفر التكوين في الكتاب المقدس – وبلغوا عنه قبل عشر دقائق من اعتقالهم من قبل قوات الأمن. أما أولئك الذين تلقوها عبر شبكة المقاومة العالمية فقد صمتوا عنها قدر استطاعتهم. ومن بين هذه المجموعة، لم يتم إرسال أقلية إلى مصحات الأمراض العقلية، لأنهم كانوا يتمتعون بمهارة نادرة — تلك المهارة الخاصة بالبشر والتي تتمثل في كسر جميع القواعد المتوقعة بقوة العبقرية — وهي خلق أشكال جديدة من التفكير المشفر. وكما هو مفهوم، لا يمكن وصف شكل هذه الأشكال، لأن أي نظام قراءة لم يتمكن من مقارنتها بمعايير التفكير المعروفة حتى وقت برمجة آلة الإله المذكورة. لكن النتائج أظهرت كل شيء: توقف الكثير من الناس في العالم عن التفكير، على الأقل هذا ما سجلته أنظمة قراءة الأفكار الأكثر تقدمًا. أو في الواقع لم يتمكنوا من القيام بذلك أبدًا. وبسبب هذا الافتقار إلى التعود على تقدم المجتمع العالمي، انتقل الكثير من الناس من النظارات الشمسية إلى استخدام الأقنعة، ومن التفكير الحر إلى التسلية والترفيه. ونظرًا لأن الحجاب يثير ذكريات سيئة لدى بعض الناس، فقد انتشرت أشكال أخرى من الإخفاء: هناك أقنعة للذهاب إلى الحمام، وأقنعة للنوم في الأيام الحارة أو لممارسة الحب بشكل غير مشروع. هناك قناع لكل شيء ولا يكشف أي قناع عن أي جانب من جوانب شخصية من يرتديه، مما أدى إلى إتقان فن محو الاختلاف. لأنه إذا لم يكن من الممكن الاختباء من الإله-الآلة العظيم، فمن الممكن على الأقل ألا يتعرف علينا أقراننا بسهولة، في حالة حدوث معجزة الشهرة. ومع ذلك، في عملية تجريد الإنسان هذه، يبقى دائمًا بعض التفاصيل غير المهمة التي، على المدى الطويل، تصبح في نهاية المطاف عنصرًا ذا أهمية قصوى. أحيانًا تكون شامة على الأرداف، وأحيانًا أخرى شكل معين للفخذ أو الكتفين. كل هذا كان يثير في الناس شعورًا بالحزن وعدم الرضا الذي كان يختلط بالسعادة. ومع ذلك، لم يكن أي من هذا حتمياً. كما كان يحدث في الماضي، ربما كان يكفي مجرد التشكيك في الوضع الحالي، لولا أن شخصاً ما قد توقع ذلك وحوله إلى مهمة مستحيلة على الأقل، حيث تم إبادة النقاد والفلاسفة، أو الحكم عليهم بالنسيان أو دفنهم تحت شاهد قبر عليه نفس النقش الذي لا يقبل الجدل: أحمق. على العكس من ذلك، من الممكن أن يستمر تحسين الحل الأولي: لن يمر وقت طويل حتى نرى في الشوارع أشخاصاً يرتدون ملابس من الرأس إلى القدمين، ولكن من قماش أسود كثيف كما في الشرق، ربما بسبب التلاعب المتكرر بالمظهر الشخصي.
للحظة، يتخلى الموسيقي عن أفكاره الحزينة ويعود إلى غرفة الاعتراف. ينظر إلى الشابة بعناية. بناءً على ساقيها، يمكن القول إنها لم تنتهِ من الدراسة الثانوية بعد. هناك تفاصيل أخرى تؤكد ذلك: خجلها، على سبيل المثال. لقد مر دقيقة وهي لا تزال واقفة، تستكشف الكاميرا بوجهها المقنع، كما لو كانت تدخلها لأول مرة، تنظر من خلال الزجاج كما لو كانت تريد التعرف على الرجل ذي اللحية البيضاء، الجالس على كرسي، مقابل الجدار الآخر، مع ساكسفون على ركبتيه ونظرة حزينة، تحدق في الفراغ. للحظة، يعتقد أن الرجل أعمى، لكنها مجرد انطباع عابر. سيكون ذلك سخيفًا، علاوة على أنه قد حرك عينيه للتو نحو قدميه. أي أنه ينظر إليها. هذا يذكره بأن الوقت يمر ويجب أن يبدأ. ثم يتحسس بيده صلابة الزجاج، كحركة غريزية لا تؤدي إلا إلى إضاعة المزيد من الوقت. تعرف أن سمكه ثلاثة سنتيمترات وأنه مضاد للرصاص، لكنها تتحسسه بقوة خفية. كانت تفضل أن يكون أول رجل تراه شاباً، لكن هذا الوضع له مزاياه: فهو يثير اشمئزازها أكثر ويخيفها أقل. ثم تتأكد من أنها أغلقت الباب بالمفتاح وتبدأ في خلع ملابسها. لا شك أنها فتاة خجولة. لم تبرز وركاها بعد عن بقية جسدها: يغلب عليها طولها، وتشبه إلى حد ما إحدى شخصيات إل غريكو التي رأت الأسبوع الماضي في متحف موما، ويؤكد ذلك ضوء الغرفة البارد، على بعد خطوة من أن يتم تأكيده أو نفيه بواسطة شعور مأساوي يهدد بالاستقرار على الجانب الآخر من الزجاج. قد يكون والدها أو جدها. لكن هكذا هي الأمور. ”تريدين ما تدينين به“، قالت لها صديقتها. ”تحتاجين إلى فتح صمام تنفيس، والجنس هو صمام الأخلاق“. لكن الأخلاق كانت موجودة، لتزيد من التوتر والرغبة، مثل ذلك الزجاج الذي يحميها. القناع ليس هو الأنسب، يعتقد الموسيقي. ذات مرة انتحر رجل في غرفة الاعتراف. لكن من الأفضل عدم تذكر هذه الأشياء الآن؛ فقد استغرقه وقت طويل لتنعيم حواف بعض الذكريات الحادة. حسناً، النسيان فن عصري، وإن كان يُمارس بشكل خاطئ: الأطباء يجبروننا على تذكر أكثر ما في وجودنا كراهية، ما دفعته حساسيتنا إلى أقبية الذاكرة، بينما تستمتع غباء وسائل الإعلام بتدمير ما تبقى في الصالة الرئيسية.
حسنًا، لم تنتهِ من خلع ملابسها تمامًا، لكنها توقفت. تنظر مرة أخرى من خلال الزجاج. العجوز الذي وقع عليه الاختيار في التوأم لم يتحرك منذ دخلت. إنه ليس أعمى. كما أنه ليس ميتًا. كان بإمكانهم خداعها بوضع دمية، واحدة من تلك الهولوغرامات المتحركة التي كانت رائجة في يوم من الأيام، قبل عودة الرجال من لحم ودم. لكن لا؛ إنه حي بقدر ما هو حزين. حزنه ينتقل عبر الزجاج. إنه مثل الفقر: ينتشر. أخبرتها صديقة أن الرجال، بمجرد أن يرونهن يدخلن، يلتصقون بالزجاج، ويكشفون عوراتهم في أغلب الأحيان، وينتهي بهم الأمر بتلويثه عاجلاً أم آجلاً. حتى أنه في إحدى المرات، صادفت امرأة كانت تعض الزجاج كما لو كانت مسعورة، في المكان نفسه الذي أفرغ فيه رجال آخرون حاجاتهم ونثروا منيهم الغبي. من هذه القصة، بقيت في ذاكرتها صورة شبه مستحيلة لامرأة تعض زجاجاً من الجانب المسطح، إلى أن اكتشفت في منزل صديقة أخرى كلبة تفعل الشيء نفسه لتطلب من مالكتها أن تفتح لها الباب الخلفي.
هذا ما أخبره الرجال. لم يكن هذا هو الحال مع هذا العجوز. لذا شعرت بالأمان التام، وانتهت بتعريتها. وقفت بالقرب من الزجاج واستدارت، مع مقاومة أطراف أصابع قدميها للدوران. ثم وقفت تنظر إليه للحظة. لم يكن هناك ما تخاف منه، لأن الأمن في تلك الأماكن كان صارماً، وكذلك النظافة: بعد دقيقة واحدة من إخلاء الغرفة، كانت تملأ تلقائياً بالإشعاع المطهر، لذلك لم تكن هناك أي احتمالات للعدوى. في الواقع، لم تكن هناك أي حالات عدوى معروفة، لذلك كانت وزارة الصحة تشهد كل عام على سلامة غرف الاعتراف. من ناحية أخرى، استثمرت الحكومة المركزية ما يقرب من نصف ميزانيتها السنوية في حملة توعوية أصبحت جزءًا من الوعي الجماعي، وتتمثل في تشجيع ممارسة العادة السرية. لا شك أن جميع الدراسات العلمية قد أثبتت المزايا الصحية لهذه العادة، إلى جانب فوائد الاستنساخ والتكاثر المساعد، الذي سمي لاحقًا «التكاثر المتحكم فيه». وبمجرد إزالة الحرج من التصوير أثناء ممارسة العادة السرية، بفضل الحملة الأخلاقية التي شنتها الحكومة والمؤسسات الخاصة حول العلاقات الجنسية، اكتسبت المواد الإباحية مكانة بارزة في المجتمع وفي نفسية المواطن العادي. كل ذلك كان بمثابة تقدم في الحاجة الطبيعية للحرية الموجودة في كل إنسان. لم ينخفض الاهتمام بالجنس بل على العكس تمامًا؛ حدثت فقط ثورة حقيقية في الممارسة الجنسية، مع القضاء الغريب على الجماع في الطبقة المتعلمة.
كان هو أيضًا ينظر إليها، على الرغم من أن عينيه الآن تظهران الدهشة، دهشة أكثر من عدم الاهتمام. أصرت هي وذهبت إلى أبعد من ذلك: بقلب متوتر، خلعت القناع ونظرت في عينيه. ابتسم ابتسامة حية، قبل ثانية من سماع صوت الجرس. تجاوز الوقت المحدد بدقيقة واحدة يعني دفع غرامة جديدة، لذلك التقطت الشابة بسرعة الملابس التي كانت على الأرض، وارتدتها وخرجت دون أن تنظر إلى الوراء.
خرج الموسيقي دون نفس السرعة، ولاحظ أن الشابة نسيت قناعها على الأرض. تخيل أنها في تلك اللحظة بالذات كانت تخرج من الشارع الخامس، بينما كان طريقه يقوده ببطء إلى الشارع السادس. في الشارع الخامس ربما ستستقل سيارة أجرة وتضيع بين العشرة ملايين من المجهولين الذين يسكنون المدينة. لن يرى مرة أخرى تلك الابتسامة التي كان ينتظر رؤيتها (كان يفكر في ذلك الآن) لسنوات، منذ اختراع غرف الاعتراف. لسنوات، كان يرى نساء من كل الأنواع، وأحيانًا رجالًا، يتدربون ويكررون تلك المواقف التي يمكن اعتبارها فاحشة، وينتظرون بغضب أن يرد عليهم محاولين كسر الزجاج غير القابل للكسر، أو شيء من هذا القبيل، كما لو كانوا بحاجة إلى شيء من الخطر الذي يتجنبونه في غرف الاعتراف.
لأكون أكثر دقة، كان ينتظر تلك الابتسامة منذ وصوله إلى نيويورك، قبل أربعين عامًا. كانت الابتسامة، بل أقول النظرة، الإيماءة، الحضور الشبحي لتلك الشابة التي أحبها قبل أربعين عامًا. أي أنه ربما لم يدخل أحد الغرفة المزدوجة لغرفة الاعتراف، في المرة الأخيرة، سوى خياله المعذب، المحموم بسبب أول نزلة برد في شتاء عام 2055، التي كادت تقتله، مما منعه من العمل في سنترال بارك، والأسوأ من ذلك، غمرته بحنين عميق ومفهوم للشيخوخة.
خورخي ماجفود
مونتيفيديو، 2000
Пуп мира, 2055
Он внезапно понял то, что рано или поздно понимают все: что он был единственным живым человеком в мире, занятом призраками, что общение было невозможно и даже нежелательно, что жалость и ненависть не имели значения, что терпимое безразличие, разделенное между уважением и чувственностью, было единственным, что можно было требовать и что следовало давать.
Хуан Карлос Онетти, «Верфь», 1961.
В то время, когда день еще не утратил скудного тепла последних дней лета, когда люди наконец выходят из своих офисов, а пробки на окраинах Манхэттена начинают медленно рассасываться, в это время, когда магазины в центре города закрывают свои двери и опускают стальные занавеси, вплоть до домов с домашними животными, осторожно и шумно опережая раннюю темноту закатов еще не наступившей зимы, легкий и неторопливый мужчина идет на юг, скрытый за белой бородой, почти желтой от таинственного эффекта заката, с пристальным взглядом, устремленным на два следующих шага, возможно, задумчивый или просто уставший, с серой тканевой сумкой на спине, которая позволяет догадаться о холодном и скромном теле саксофона. Затем он останавливается. Перестает бормотать длинные и неразборчивые мысли, мысли, которые вызывают неясные размышления о влиянии заката на меланхоличное настроение человека, рассказывающего себе о своей жизни, и входит в старое здание в Мидтауне, переоборудованное и чрезвычайно аккуратное внутри, с ковровым покрытием, защищающим от нежелательных шагов, стратегически освещенное так, чтобы в его залах и коридорах были видны ноги и тела входящих и выходящих, нечетко скрывая лица, которые их сопровождают. Приятный запах фруктовых свечей наполняет каждое помещение, а различные экраны информируют клиента об услугах, доступных в эту ночь.
Мужчина с белой бородой, теперь синей, подходит к одному из автоматов и внимательно читает. Своим пальцем, тоже синим, он выбирает опцию на экране, и автомат выдает ему билет с буквой F. И, не желая и не задумываясь, как уставший человек, который рассеянно погружается в глубокий сон, он продолжает размышлять о вещах, которые его окружают и проникают в эту внезапную ностальгию, как беззвучный и невидимый ураган проникает в дом и выносит из него мебель, куски дверей, картины, которые висели там годами, и разбрасывает их по городу. Различные коридоры ведут его, как в аэропорту, к маленькой двери, на которой снова написано F. Он входит и оставляет сумку на маленьком столике. Садится рядом и ждет. Смотрите: камера F маленькая и уютная, чуть больше ванной комнаты и без приборов, которые можно найти в такой комнате.
Одна из больших стен стеклянная и визуально соединяется с другой камерой-близнецом, настолько похожей на предыдущую, что любой мог бы спутать прозрачное стекло с зеркалом, если бы не тот факт, что на другой стороне нет того, кто смотрит.
Он ждет, пока загорится фиолетовый свет. Обычно это занимает не более трех-четырех минут, но нужно учитывать, что в это время года люди более сосредоточены на своей работе. Это не займет много времени; в любом случае, свет загорится вскоре, и время начнет отсчитываться только с этого момента: пять минут. И пока он повторяет «не задержится», он достает саксофон из сумки и начинает играть несколько нот без особого порядка. Он подозревает, что одна из кнопок не работает. Страх, что инструмент сломается, напоминает ему о днях его молодости. Наконец загорается свет и появляется кто-то.
Кто-то. Как и следовало ожидать, это женщина. Точнее, молодая женщина в школьной форме, хотя никогда нельзя определить, действительно ли то, что на ней надето, соответствует какой-то из ее повседневных занятий или было выбрано специально для этого случая. Так бывает почти всегда. Как и маска черепа, которую она носит. Многие люди выбирают маски, потому что, хотя Нью-Йорк бесконечен, всегда есть вероятность, что на улице можно узнать кого-то, кого видели в «Исповедальне», деформированного синим светом, но иногда узнаваемого по силе его глаз.
[С другой стороны, все еще есть люди, которые стесняются раздеваться, будь то в общественном месте или у себя дома. Все знают, что в любой момент их могут снимать на камеру или прослушивать (правительство или одна из тех частных империй, которые присвоили себе право решать за других), хотя никто не замечает наличия камеры или скрытого микрофона. Однако не все привыкли к этому достаточно естественно. Может случиться так, что дежурный чиновник узнает человека, который в своем собственном доме раздевается или готовится к дефекации в этот момент; или не устоит перед соблазном опубликовать эти изображения в глобальной сети. И хотя последнее является федеральным преступлением, ничто не гарантирует, что завтра или послезавтра не появится видео, на котором католический священник мастурбирует в каком-нибудь уголке Новой Гвинеи, или дочь бедного учителя исследует свое девственное тело в своей комнате в Сан-Паулу. В конце концов, преступность также является федеральным преступлением, и ни это, ни все эти меры безопасности не привели к ее снижению. Возможно, теперь ее можно предотвратить. Некоторое время назад лабораторные неврологические исследования обнаружили, что не только сны производят энергетические волны в мозге, но и произнесенные мысли. С тех пор стало относительно легко понять, что каждое слово имеет свой уровень энергии и частоту волны, в зависимости от логических вариаций диалектов и различной эмоциональности, которую каждое слово имеет в разных регионах одной и той же страны. И так же, как в старой информатике буква или цифра были комбинацией двух разных импульсов, которые затем преобразовывались в слова, звуки и образы, в конце концов была изобретена система декодирования произнесенных мыслей. Как и в прошлом, это имело важные военные применения, почти исключительно. От шпионской сети Echelon перешли к шпионажу за мыслями каждого человека. С помощью новой системы по всему миру обрабатывалось девять миллионов мыслей в секунду. В зависимости от определенных параметров мышления система отбирала те мысли, которые могли представлять интерес для правительства, компании, финансирующей сеть, или какого-либо дежурного чиновника, движимого скорее случайностью и скукой, чем интересами национальной безопасности. Таким образом, шпионили не только за террористами, артистами, потенциальными философами и изобретателями новых коммерческих стратегий, но и за известными звездами кино и повседневной жизни, создавая таким образом настоящий незаконный трафик эротических фантазий, почти всегда создаваемых женщинами, как это часто происходило в прошлом с изображениями в Интернете. Лишь немногие заметили эту тайную и повсеместную деятельность военной разведки, которая в конечном итоге выполнила библейское пророчество из Книги Бытия, и сообщили о ней за десять минут до того, как были арестованы силами правопорядка. Те, кто получил ее через Глобальную сеть сопротивления, молчали, пока могли. Из этой группы меньшинство не было отправлено в психиатрические лечебницы, потому что они обладали редкой способностью — той способностью, которая так присуща людям и заключается в нарушении всех предсказуемых правил силой гениальности — создавать новые формы кодированного мышления. Как можно понять, невозможно описать, какими могли быть эти формы, поскольку ни одна система чтения не могла сравнить их с параметрами мышления, известными на момент программирования этой Бога-машины. Но все было замечено по результатам: многие люди в мире перестали думать, по крайней мере, так регистрируют самые передовые системы чтения мыслей. Или, по сути, никогда не могли этого делать. И именно из-за этой непривычки к прогрессу Глобального общества многие люди перешли от темных очков к маскам, от свободного мышления к развлечениям и развлечениям. Поскольку вуаль вызывает у некоторых людей неприятные воспоминания, появились другие формы сокрытия: есть маски для похода в туалет, маски для сна в жаркие дни или для незаконного занятия любовью. Для всего есть своя маска, и ни одна из них не пропускает ни одного аспекта личности того, кто ее носит, что привело к совершенству в искусстве стирания различий. Ведь если и невозможно скрыться от Великого Бога-машины, то, по крайней мере, можно сделать так, чтобы наши ближние не могли легко нас узнать, если произойдет чудо славы. Однако в этом процессе абстрагирования человека всегда остается какая-то незначительная деталь, которая в конечном итоге становится элементом максимальной значимости. Иногда это родинка на ягодице, иногда определенный профиль бедра или плеч. Все это вызывало у людей чувство печали и неудовлетворенности, которое смешивалось со счастьем. Однако ничто из этого не было неизбежным. Как это часто бывало в древности, возможно, было бы достаточно просто поставить под сомнение текущее положение вещей, если бы не то, что Кто-то предвидел это, превратив его в дело, по крайней мере, маловероятное, поскольку критики и философы были истреблены, обречены на забвение или похоронены под надгробной плитой с одной и той же неопровержимой надписью: ИДИОТ. Напротив, возможно, первоначальное решение будет продолжать совершенствоваться: не пройдет много времени, как на улицах появятся люди, одетые с ног до головы в плотную черную ткань, как на Востоке, возможно, в результате последовательных манипуляций с внешностью.
На мгновение музыкант отрывается от своих меланхоличных размышлений и возвращается в комнату исповедальной. Он осторожно смотрит на девушку. Судя по ее ногам, можно сказать, что она еще не закончила среднюю школу. Есть и другие детали, которые это подтверждают: ее застенчивость, например. Прошла минута, а она все еще стоит, исследуя камеру своей маской смерти, как будто впервые входит в нее, глядя через стекло, как будто хочет узнать человека с белой бородой, сидящего на стуле у другой стены, с саксофоном на коленях и грустным взглядом, устремленным в никуда. На мгновение она думает, что этот человек слеп, но это только мимолетное впечатление. Это было бы абсурдно, к тому же он только что перевел взгляд на ее ноги. То есть он смотрит на нее. Это напоминает ей, что время уходит и нужно начинать. Тогда она прощупывает рукой прочность стекла, как инстинктивное движение, которое только служит для потери времени. Она знает, что оно толщиной три сантиметра и пуленепробиваемое, но все равно прощупывает его с скрытой силой. Она бы предпочла, чтобы в первый раз это был молодой мужчина, хотя у этого есть свои преимущества: он вызывает у нее больше отвращения и меньше страха. Затем она проверяет, закрыла ли дверь на ключ, и начинает раздеваться. Без сомнения, она стеснительная девушка. Ее бедра еще не выделяются на фоне остальной части тела: преобладает ее рост, некоторое сходство с персонажем Эль Греко, которого она видела на прошлой неделе в МОМА, подчеркнутое холодным светом исповедальной, в шаге от того, чтобы быть подтвержденным или опровергнутым трагическим чувством, которое угрожает поселиться по ту сторону стекла. Это мог бы быть ее отец, ее дед. Но так и есть. «Ты желаешь то, что осуждаешь», — сказала ей подруга. «Тебе нужно открыть клапан, и секс — это клапан морали». Но мораль была там, чтобы усилить напряжение и желание, как то стекло, которое ее защищало. Маска — не самое подходящее, думает музыкант. Однажды мужчина покончил с собой в исповедальне. Но сейчас лучше не вспоминать об этом; ему потребовалось достаточно много времени, чтобы сгладить острые углы некоторых воспоминаний. Да, забвение — это модное искусство, хотя и плохо практикуемое: врачи заставляют нас вспоминать самое неприятное в нашей жизни, то, что чувствительность забросила в подвалы памяти, в то время как глупость СМИ развлекается, разрушая то, что осталось в главном зале.
Хорошо, она еще не закончила полностью раздеваться, но останавливается. Снова смотрит через стекло. Старик, который оказался ее соседом по каюте, не шевелился с тех пор, как она вошла. Он не слеп. И не мертв. Ее могли бы обмануть, поставив манекен, один из тех анимированных голограмм, которые когда-то были в моде, до того как вернулись люди из плоти и крови. Но нет, он так же жив, как и печален. Его печаль передается через стекло. Это как бедность: она брызгает. Одна подруга рассказала ей, что мужчины, как только видят их входящими, прижимаются к стеклу, почти всегда обнажая свои части тела, и рано или поздно загрязняют его. Однажды она даже встретила женщину, которая грызла стекло, как будто была в ярости, там же, где другие мужчины делали свои нужды, разбрызгивая свою идиотскую сперму. Из этой истории в ее памяти остался почти невозможный образ женщины, грызущей стекло с плоской стороны, пока в доме другой подруги она не обнаружила суку, делающую то же самое, чтобы попросить свою хозяйку открыть ей заднюю дверь.
Об этом ему рассказали мужчины. Но это не относилось к этому старику. Поэтому она почувствовала себя в полной безопасности и в конце концов разделась. Она встала рядом со стеклом и повернулась, с трудом поворачиваясь на носках. Затем она посмотрела на него на мгновение. Бояться было нечего, потому что так же, как и безопасность этих помещений, строгая была и гигиена: через минуту после того, как комната освобождалась, она автоматически заполнялась дезинфицирующим излучением, поэтому никакой возможности заражения не было. Фактически, не было известно ни одного случая заражения, поэтому Министерство здравоохранения ежегодно подтверждало безопасность исповедален. С другой стороны, центральное правительство инвестировало почти половину своего годового бюджета в морализаторскую кампанию, которая уже вошла в коллективное сознание и заключалась в поощрении практики мастурбации. Несомненно, все научные исследования доказали гигиенические преимущества этой привычки, к которым нужно было добавить преимущества клонирования и вспомогательной репродукции, позже названной «контролируемой репродукцией». После того как благодаря кампании по моральному возрождению, проводимой правительством и частными учреждениями по вопросам сексуальных отношений, было устранено чувство стыда за то, что тебя снимают на камеру во время мастурбации, порнография заняла доминирующее место в обществе и в психологии среднестатистического гражданина. Все это означало прогресс в естественной потребности в свободе, которая существует в каждом человеке. Интерес к сексу не уменьшился, а наоборот, произошла настоящая революция в сексуальной практике, с любопытным исчезновением полового акта в образованном классе.
Он тоже смотрел на нее, хотя теперь в его глазах было удивление, больше удивление, чем безразличие. Она настаивала и пошла еще дальше: с трепещущим сердцем она сняла маску и посмотрела ему в глаза. На его лице появилась живая улыбка за секунду до того, как прозвучал сигнал. Превышение лимита времени на одну минуту означало бы оплату нового билета, поэтому девушка поспешно подняла с пола свою одежду, оделась и вышла, не оглядываясь.
Музыкант вышел без такой спешки, заметив, что девушка забыла свою маску на полу. Он представил, что в этот самый момент она выходит на Пятую авеню, а его путь медленно ведет к Шестой. На Пятой она, возможно, возьмет такси и потеряется среди десяти миллионов анонимных жителей города. Он больше не увидит той улыбки, которую ждал увидеть (так он думал сейчас) в течение многих лет, с тех пор, как были изобретены исповедальни. В течение многих лет он видел женщин всех типов, иногда мужчин, репетирующих и повторяющих те позы, которые должны были считаться непристойными, с нетерпением ожидающих его реакции, пытаясь разбить небьющееся стекло или что-то в этом роде, как будто им не хватало той опасности, которой они избегали в исповедальнях.
Точнее говоря, он ждал этой улыбки с тех пор, как приехал в Нью-Йорк, сорок с лишним лет назад. Это была улыбка, я бы даже сказал, что это был взгляд, жест, призрачное присутствие той молодой женщины, которую он любил сорок с лишним лет назад. То есть, возможно, в последний раз в соседнюю камеру исповедальни никто не входил, кроме его мучимого воображения, лихорадочного от первой простуды зимы 2055 года, которая едва не убила его, не давая работать в Центральном парке и, что еще хуже, погрузив его в глубокую и понятную старостную ностальгию.
En el año de Barbaria se comenzaron los viajes anuales al año treinta y tres. Se eligió ese año porque, según las encuestas, la crucifixión de Cristo llamaba la atención de más gente en Occidente, y se pensó en este sector social por razones económicas, ya que los viajes al pasado no habían sido dirigidos ni mucho menos financiados por el gobierno de ningún país, como alguna vez ocurrió con los primeros viajes al espacio, sino por una empresa privada. El grupo financiero que hizo posible la maravilla de viajar por el tiempo fue Axa, a instancias de el Ordenador mayor de Tecnologías Blue, que sugirió infinitas ganancias por prestación de “servicios turísticos”, como en su momento se llamó. Desde entonces, varios grupos de treinta personas han viajado al año treinta y tres para presenciar la muerte del Nazareno, como antiguamente hacían los turistas comunes cuando en cada equinoccio se concentraban al pie de la pirámide de Chitchen-Itzá, para presenciar la formación de la serpiente con las sombras que la pirámide arrojaba sobre sí misma.
El mayor inconveniente que encontró Axa fue el reducido número de turistas que podían asistir al evento por vez, lo que generaba ganancias que no estaban acordes con las expectativas millonarias de la inversión, por lo que de a poco se fue llevando ese número hasta la cifra de cuarenta y cinco, a riesgo de llamar la atención de los antiguos pobladores de Jerusalén. Luego la cifra fue conservada sin alteraciones, a instancia de uno de los principales accionistas de la empresa que arguyó, razonablemente, que la conservación de ese hecho histórico en estado original era la base que justificaba los viajes, y que si cada grupo producía alteraciones en los hechos, ello repercutiría en un abandono del interés general por realizar ese tipo de viajes.
Con el tiempo se comprobó que cada alteración histórica de los hechos, por mínima que fuera, era casi imposible de reparar. Lo que ocurría cuando alguno de los viajantes no respetaba las reglas de juego y pretendía llevarse algún recuerdo del lugar. Como fue el caso más conocido de Adam Parcker que, con increíble destreza, logró recortar un trozo triangular de la túnica roja del Nazareno, probablemente en el momento en que éste cae rendido por el cansancio. El hurto no significó alguna alteración en las Sagradas Escrituras, pero le sirvió a Parcker para hacerse rico y famoso, ya que el diminuto trozo de lienzo pasó a costar una fortuna y no pocos de los viajeros que se tomaron la molestia y el gasto de retroceder miles de años lo hicieron para ver dónde le falta al Nazareno el “Triángulo de Parcker”.
Algunos pocos han puesto objeciones a este tipo de viajes que, aseguran, terminarán por destruir la historia sin que podamos advertirlo. En efecto, es así: por cada cambio que se introduce en un día cualquiera, infinitos cambios se derivan de él, siglo tras siglo, diluyéndose de a poco o multiplicándose en sus efectos. Para advertir un mínimo cambio en el año treinta y tres sería inútil recurrir a las Sagradas Escrituras, porque todas las ediciones, por igual, acusarían el golpe olvidando completamente el hecho original. Cabría una posibilidad de rastrear cada cambio proyectando otros viajes a años anteriores al año de Barbaria, pero a nadie le importaría un proyecto semejante y no habría forma alguna de financiarlo.
Tampoco importa ya la discusión sobre si la historia debe quedar como está o es lícito modificarla. Pero esto último es, en todo caso, peligroso, ya que es imposible prever los cambios resultantes que produciría cualquier alteración. Sabemos que cualquier cambio podría no ser catastrófico para la especie humana, pero sería catastrófico para los individuos: no seriamos nosotros los que estaríamos vivos ahora, sino cualquier otro.
En una posición contraria se encuentran los grupos religiosos más radicales. Los servicios de información de Barbaria han descubierto recientemente que un grupo de evangelistas, pertenecientes a la Iglesia Verdadera de Dios, de Sao Pablo, hará el viaje al año treinta y tres. Gracias a la limosna de sus fieles, el grupo ha logrado reunir la suma varias veces millonaria que cobra Axa por el ticket. Lo que aún no se ha podido confirmar son las intenciones del grupo. Se dice que pretenden hacer volar el Gólgota e incendiar Jerusalén en el momento de la Crucifixión, para que de esa forma lleguemos al tan ansiado Fin de los tiempos. Toda la historia desaparecería; todo el mundo, incluidos los judíos, reconocerían el error, se volverían al cristianismo en el año treinta y tres y el mundo entero viviría bajo el Reino de Dios, tal como estaba descrito en los Evangelios. Lo cual es discutido por otra gente.
Otros no se explican cómo los viajantes pueden presenciar la crucifixión sin tratar de evitarla. La respuesta teológica es obvia, por lo cual los menos interesados en evitar el martirio del Mesías son sus propios seguidores. Pero para los demás, que son la mayoría, Axa ha decretado sus propias reglas éticas: “De la misma forma que no evitamos la muerte de un siervo entre las garras de un león, cuando viajamos al África, tampoco debemos evitar las aparentes injusticias que se comenten con el Nazareno. Nuestro deber moral es conservar la naturaleza y la historia como están”. La crucifixión es patrimonio de la Humanidad, pero, sobre todo, sus derechos han sido adquiridos totalmente por Axa.
De hecho, los cambios serán cada vez más inevitables. Después de seis años de viajes al año treinta y tres, se pueden ver, a los pies de la cruz, tapas de refrescos y escrituras con lápiz químico en el palo mayor, algunas de las cuales rezan: “tengo fe en mi señor”, y otras sólo se limitan a poner el nombre de quien estuvo por allí, junto con la fecha de partida, para que las futuras generaciones de viajantes lo recuerden. Por supuesto, también la empresa comienza a ceder ante la presión de los clientes insatisfechos, apuntando a un mejoramiento radical en los servicios. Por ejemplo, Barbaria acaba de enviar un representante técnico al año veintiséis para que logre la producción de cinco mil metros cúbicos de asfalto y negocie con Pilatos la construcción de un corredor más confortable para vía Dolorosa, lo que hará menos fatigosa la recorrida de los viajantes y, además, sería un gesto misericordioso con el Nazareno que más de una vez se rompió los pies con las piedras que no veía en su camino. Se ha calculado que la mejora no significará cambios en las Sagradas Escrituras, ya que allí no se demuestra preocupación especial por el urbanismo de la ciudad.
Con estas medidas, Axa pretende ponerse a salvo de la lluvia de reclamos que viene sufriendo por supuestas insuficiencias del servicio, teniendo que enfrentar últimamente juicios muy costosos de clientes que han gastado una fortuna y no han regresado complacidos. El motivo de los reclamos no siempre es causado por el fuerte calor de Jerusalén, o por la congestión en la que se encuentra atrapada la ciudad el día de la crucifixión. Sobre todo se debe a las expectativas no satisfechas de los viajantes. La empresa se defiende diciendo que las Sagradas Escrituras no fueron escritas bajo su control de calidad, sino que son solo documentos históricos y, por lo tanto, exagerados. Allí donde muere el Nazareno, en lugar de haber una noche profunda y estremecedora apenas se oscurece el cielo por una concentración excesiva de nubes, y nada más. Los católicos han declarado que este hecho, como todos los referidos en los Evangelios, debe tomarse en su valor simbólico y no meramente descriptivo. Pero a la mayor parte de la gente no satisfizo la respuesta de Axa ni la del Papa Juan XXV, que salió en defensa de la multinacional, gracias a la cual la gente ahora puede estar más cerca de Dios.
في عام باربريا، بدأت الرحلات السنوية في العام الثالث والثلاثين. تم اختيار هذا العام لأنه، وفقًا للاستطلاعات، كان صلب المسيح يلفت انتباه المزيد من الناس في الغرب، وتم التفكير في هذا القطاع الاجتماعي لأسباب اقتصادية، حيث أن الرحلات إلى الماضي لم تكن مدارة أو ممولة من قبل حكومة أي بلد، كما حدث في بعض الأحيان مع الرحلات الأولى إلى الفضاء، بل من قبل شركة خاصة. المجموعة المالية التي جعلت من روعة السفر عبر الزمن أمرًا ممكنًا كانت Axa، بناءً على طلب كبير مهندسي التكنولوجيا في Blue، الذي اقترح أرباحًا لا حصر لها من تقديم ”الخدمات السياحية“، كما كانت تسمى في ذلك الوقت. منذ ذلك الحين، سافرت عدة مجموعات مكونة من ثلاثين شخصًا إلى عام 33 لمشاهدة موت الناصري، كما كان يفعل السياح العاديون في الماضي عندما كانوا يتجمعون عند كل اعتدال عند سفح هرم تشيتشن إيتزا لمشاهدة تشكيل الثعبان بظلال الهرم التي تلقيها على نفسها.
أكبر عائق واجهته شركة أكسا كان العدد المحدود من السياح الذين يمكنهم حضور الحدث في كل مرة، مما أدى إلى أرباح لم تكن متوافقة مع التوقعات المليونية للاستثمار، لذلك تم زيادة هذا العدد تدريجياً إلى خمسة وأربعين شخصاً، على الرغم من خطر لفت انتباه سكان القدس القدامى. ثم تم الحفاظ على هذا الرقم دون تغيير، بناءً على طلب أحد المساهمين الرئيسيين في الشركة الذي جادل، بشكل معقول، بأن الحفاظ على هذا الحدث التاريخي في حالته الأصلية هو الأساس الذي يبرر الرحلات، وأنه إذا تسبب كل مجموعة في تغييرات في الأحداث، فإن ذلك سيؤدي إلى تراجع الاهتمام العام بالقيام بهذا النوع من الرحلات.
مع مرور الوقت، ثبت أن أي تغيير تاريخي في الأحداث، مهما كان ضئيلاً، يكاد يكون من المستحيل إصلاحه. كان هذا يحدث عندما لا يحترم أحد المسافرين قواعد اللعبة ويحاول أخذ تذكار من المكان. كما كان الحال في القضية الأكثر شهرة لأدم باركر الذي تمكن، بمهارة مذهلة، من قص قطعة مثلثة من رداء الناصري الأحمر، ربما في اللحظة التي سقط فيها منهكًا من التعب. لم يؤد السرقة إلى أي تغيير في الكتاب المقدس، ولكنها ساعدت باركر على أن يصبح ثريًا ومشهورًا، حيث أصبح قطعة القماش الصغيرة تساوي ثروة، وقام العديد من المسافرين الذين تكبدوا عناء ونفقات العودة آلاف السنين إلى الوراء ليروا المكان الذي فقد فيه الناصري ”مثلث باركر“.
اعترض القليلون على هذا النوع من الرحلات التي، كما يؤكدون، ستؤدي في النهاية إلى تدمير التاريخ دون أن ندرك ذلك. في الواقع، هذا صحيح: فلكل تغيير يتم إدخاله في أي يوم، تنشأ عنه تغييرات لا حصر لها، قرنًا بعد قرن، تتلاشى تدريجيًا أو تتضاعف آثارها. للحصول على أدنى تغيير في عام 33، سيكون من العبث اللجوء إلى الكتب المقدسة، لأن جميع الطبعات، على حد سواء، ستتأثر بالضربة وتنسى تمامًا الحقيقة الأصلية. قد يكون من الممكن تتبع كل تغيير من خلال التخطيط لرحلات أخرى إلى سنوات سابقة لعام بارباريا، ولكن لن يهتم أحد بمشروع من هذا القبيل ولن يكون هناك أي وسيلة لتمويله.
كما أن الجدل حول ما إذا كان يجب أن تظل التاريخ كما هو أم أنه من المشروع تعديله لم يعد مهمًا. لكن هذا الأخير خطير في كل الأحوال، لأنه من المستحيل التنبؤ بالتغييرات الناتجة عن أي تعديل. نحن نعلم أن أي تغيير قد لا يكون كارثيًا للجنس البشري، لكنه سيكون كارثيًا للأفراد: لن نكون نحن من نعيش الآن، بل أي شخص آخر.
في الموقف المعاكس، توجد الجماعات الدينية الأكثر تطرفًا. اكتشفت أجهزة الاستخبارات في بارباريا مؤخرًا أن مجموعة من المبشرين، ينتمون إلى كنيسة الله الحقيقية في ساو باولو، ستقوم برحلة إلى عام 33. بفضل تبرعات أتباعها، تمكنت المجموعة من جمع الملايين التي تتقاضاها شركة أكسا مقابل التذكرة. ما لم يتم تأكيده بعد هو نوايا المجموعة. يقال إنهم يعتزمون تفجير الجلجثة وإحراق القدس في لحظة الصلب، حتى نصل إلى نهاية الزمان التي طال انتظارها. ستختفي كل التاريخ؛ سيقر الجميع، بما في ذلك اليهود، بالخطأ، وسيتحولون إلى المسيحية في عام 33، وسيعيش العالم بأسره تحت ملكوت الله، كما هو موصوف في الأناجيل. وهو ما يثير جدلاً بين آخرين.
لا يستطيع آخرون تفسير كيف يمكن للمسافرين أن يشهدوا الصلب دون محاولة منعه. الجواب اللاهوتي واضح، وهو أن أقل من يهتمون بتجنب استشهاد المسيح هم أتباعه أنفسهم. لكن بالنسبة للآخرين، الذين يشكلون الأغلبية، فقد فرضت أكسا قواعدها الأخلاقية الخاصة: «بالطريقة نفسها التي لا نمنع بها موت خادم بين مخالب أسد، عندما نسافر إلى إفريقيا، لا يجب أن نمنع الظلم الظاهر الذي يرتكب ضد الناصري. واجبنا الأخلاقي هو الحفاظ على الطبيعة والتاريخ كما هما». الصلب هو تراث للبشرية، ولكن، قبل كل شيء، حقوقه قد اكتسبتها أكسا بالكامل.
في الواقع، ستصبح التغييرات أكثر فأكثر حتمية. بعد ست سنوات من السفر إلى عام 33، يمكن رؤية أغطية المشروبات الغازية وكتابات بالقلم الكيميائي على العمود الرئيسي للصليب، بعضها يقول: ”أؤمن بربي“، والبعض الآخر يقتصر على كتابة اسم من كان هناك، مع تاريخ المغادرة، حتى يتذكره المسافرون في الأجيال القادمة. وبالطبع، بدأت الشركة أيضًا في الاستسلام لضغط العملاء غير الراضين، وتسعى إلى تحسين جذري في الخدمات. على سبيل المثال، أرسلت Barbaria للتو ممثلًا فنيًا إلى العام السادس والعشرين لإنتاج خمسة آلاف متر مكعب من الإسفلت والتفاوض مع بيلاطس على بناء ممر أكثر راحة لطريق Dolorosa، مما سيجعل رحلة المسافرين أقل إرهاقًا، بالإضافة إلى أنه سيكون لفتة رحيمة تجاه الناصري الذي كسر قدميه أكثر من مرة بسبب الحجارة التي لم يرها في طريقه. وقد تم حساب أن التحسين لن يعني تغييرات في الكتاب المقدس، حيث لا يظهر فيه اهتمام خاص بتخطيط المدينة.
من خلال هذه الإجراءات، تسعى شركة Axa إلى حماية نفسها من سيل الشكاوى التي تتعرض لها بسبب ما يُزعم أنه قصور في الخدمة، حيث تضطر مؤخراً إلى مواجهة دعاوى قضائية مكلفة للغاية من عملاء أنفقوا ثروة ولم يعودوا راضين. لا يكون سبب الشكاوى دائماً هو الحرارة الشديدة في القدس، أو الازدحام الذي تعاني منه المدينة في يوم الصلب. بل إن السبب الرئيسي هو توقعات المسافرين غير الملباة. وتدافع الشركة عن نفسها بالقول إن الكتب المقدسة لم تكتب تحت رقابة جودة الشركة، بل هي مجرد وثائق تاريخية، وبالتالي فهي مبالغ فيها. ففي المكان الذي مات فيه الناصري، بدلاً من أن تكون ليلة عميقة ومروعة، لا يحدث سوى أن السماء تصبح مظلمة بسبب تجمع مفرط للغيوم، ولا شيء أكثر من ذلك. أعلن الكاثوليك أن هذا الحدث، مثل جميع الأحداث المذكورة في الأناجيل، يجب أن يؤخذ بقيمته الرمزية وليس مجرد وصفية. لكن معظم الناس لم يرضوا عن رد شركة أكسا ولا عن رد البابا يوحنا الخامس والعشرين، الذي دافع عن الشركة متعددة الجنسيات، بفضلها أصبح الناس الآن أقرب إلى الله.
خورخي ماجفود
القدس، 1995
Эпоха Варварии
В год Варварии начались ежегодные путешествия в тридцать третий год. Этот год был выбран потому, что, согласно опросам, распятие Христа привлекало внимание большего числа людей на Западе, и этот социальный сектор был выбран по экономическим причинам, поскольку путешествия в прошлое не были организованы и тем более не финансировались правительством какой-либо страны, как это когда-то было с первыми космическими полетами, а частной компанией. Финансовой группой, которая сделала возможным чудо путешествий во времени, была Axa, по инициативе главного компьютера Blue Technologies, который предложил бесконечные прибыли от предоставления «туристических услуг», как это тогда называли. С тех пор несколько групп по тридцать человек в год путешествуют в тридцать третий год, чтобы увидеть смерть Назарянина, как раньше делали обычные туристы, когда в каждое равноденствие собирались у подножия пирамиды Чичен-Ица, чтобы увидеть образование змеи из теней, которые пирамида отбрасывала на себя.
Самым большим неудобством, с которым столкнулась Axa, было небольшое количество туристов, которые могли посетить мероприятие за раз, что приносило доход, не соответствующий миллионным ожиданиям от инвестиций, поэтому постепенно это число было доведено до сорока пяти, рискуя привлечь внимание старых жителей Иерусалима. Затем это число было сохранено без изменений по просьбе одного из основных акционеров компании, который обоснованно утверждал, что сохранение этого исторического факта в первоначальном виде было основой, оправдывающей поездки, и что если каждая группа будет вносить изменения в факты, это приведет к утрате общего интереса к такого рода поездкам.
Со временем выяснилось, что любое изменение исторических фактов, даже самое незначительное, было практически невозможно исправить. Это происходило, когда кто-то из путешественников не соблюдал правила игры и пытался увезти с собой какой-нибудь сувенир из этого места. Как в случае с самым известным Адамом Паркером, который с невероятной ловкостью сумел отрезать треугольный кусок красной туники Назарянина, вероятно, в тот момент, когда тот падал от усталости. Кража не повлияла на Священное Писание, но помогла Паркеру стать богатым и знаменитым, поскольку крошечный кусочек ткани стал стоить целое состояние, и многие путешественники, которые потрудились и потратили деньги, чтобы вернуться на тысячи лет назад, сделали это, чтобы увидеть, где у Назарянина отсутствует «треугольник Паркера».
Некоторые высказали возражения против такого рода путешествий, которые, по их утверждению, в конечном итоге разрушат историю, не давая нам этого заметить. Действительно, так и есть: каждое изменение, внесенное в любой день, приводит к бесконечным изменениям, век за веком, постепенно ослабляя или умножая свои последствия. Чтобы заметить минимальное изменение в тридцать третьем году, бесполезно обращаться к Священному Писанию, потому что все издания одинаково отреагируют на удар, полностью забыв о первоначальном факте. Была бы возможность отследить каждое изменение, планируя другие путешествия в годы, предшествующие году Варварии, но никому не было бы интересно такое предприятие, и не было бы никакой возможности его финансировать.
Уже не имеет значения и дискуссия о том, должна ли история оставаться такой, как есть, или ее можно изменять. Но последнее в любом случае опасно, поскольку невозможно предвидеть изменения, которые вызовет любое изменение. Мы знаем, что любое изменение может не быть катастрофическим для человеческого рода, но оно будет катастрофическим для отдельных людей: мы не будем теми, кто живет сейчас, а кем-то другим.
На противоположной позиции находятся наиболее радикальные религиозные группы. Разведывательные службы Барбарии недавно обнаружили, что группа евангелистов, принадлежащих к Истинной Церкви Бога в Сан-Паулу, отправится в путешествие в 33 год. Благодаря пожертвованиям своих верующих, группа смогла собрать многомиллионную сумму, которую Axa взимает за билет. Пока не удалось подтвердить намерения группы. Говорят, что они намерены взорвать Голгофу и поджечь Иерусалим в момент распятия, чтобы таким образом мы достигли столь желанного Конца времен. Вся история исчезнет; все, включая евреев, признают свою ошибку, обратятся в христианство в 33 году, и весь мир будет жить под властью Бога, как описано в Евангелиях. Что оспаривается другими людьми.
Другие не могут понять, как путешественники могут присутствовать при распятии, не пытаясь его предотвратить. Теологический ответ очевиден: те, кто меньше всего заинтересован в предотвращении мученической смерти Мессии, — это его собственные последователи. Но для остальных, которые составляют большинство, Акса установила свои собственные этические правила: «Так же, как мы не предотвращаем смерть слуги в лапах льва, когда путешествуем по Африке, мы не должны предотвращать кажущиеся несправедливости, совершаемые по отношению к Назарянину. Наш моральный долг — сохранить природу и историю в их нынешнем виде». Распятие является наследием человечества, но, прежде всего, его права были полностью приобретены Axa.
Фактически, изменения будут становиться все более неизбежными. После шести лет путешествий в тридцать третьем году у подножия креста можно увидеть крышки от напитков и надписи химическим карандашом на главном столбе, некоторые из которых гласят: «Я верю в своего Господа», а другие просто указывают имя того, кто был там, вместе с датой отправления, чтобы будущие поколения путешественников помнили об этом. Конечно, компания также начинает уступать давлению недовольных клиентов, стремясь к радикальному улучшению услуг. Например, Barbaria только что отправила технического представителя в 26 год, чтобы он обеспечил производство пяти тысяч кубометров асфальта и договорился с Пилатом о строительстве более удобного коридора для Via Dolorosa, что сделает путешествие паломников менее утомительным, а также будет милосердным жестом по отношению к Назарянину, который не раз ломал ноги о камни, которые не видел на своем пути. Было подсчитано, что это улучшение не повлечет за собой изменений в Священном Писании, поскольку там не проявляется особой заботы об урбанистике города.
Этими мерами Axa намеревается уберечься от потока жалоб, которые она получает из-за предполагаемых недостатков обслуживания, в последнее время сталкиваясь с очень дорогостоящими судебными разбирательствами со стороны клиентов, которые потратили целое состояние и не вернулись довольными. Причина жалоб не всегда заключается в сильной жаре Иерусалима или в пробках, в которых оказывается застрявшая город в день распятия. В основном это связано с неудовлетворенными ожиданиями путешественников. Компания защищается, заявляя, что Священное Писание не было написано под ее контролем качества, а является лишь историческими документами и, следовательно, преувеличенными. Там, где умирает Назарянин, вместо глубокой и тревожной ночи небо лишь слегка темнеет из-за чрезмерной концентрации облаков, и ничего больше. Католики заявили, что этот факт, как и все упомянутые в Евангелиях, следует рассматривать в его символическом, а не просто описательном значении. Но большинство людей не удовлетворили ни ответ Axa, ни ответ Папы Иоанна XXV, который выступил в защиту транснациональной корпорации, благодаря которой люди теперь могут быть ближе к Богу.
En la mañana del 27 de julio, los diarios y la televisión dieron la noticia de un raro crimen cometido en Sayago. Dos indigentes habían dado muerte a un tercero, posiblemente en la noche del día anterior. Aunque sin llegar a inquietar, a muchos sorprendió la noticia. Lo razonable, y lo que más se acostumbra, es matar por dinero, por orgullo o por alguna pasión familiar. Y nada de estas cosas podía tener un semihombre que vivía en los basurales de la ciudad.
Nunca se supo exactamente el motivo de la golpiza; y ya nadie quiso saber más cuando el juez dio a los asesinos diez años de prisión. Pero yo, el juez, nunca olvidé del todo el caso y algunos años después visité a los reos en la cárcel. Lo hice casi en secreto, como todo, porque la gente gustaba decir que yo tenía preferencia por los criminales y no por las víctimas. Ahora, si debiera dictar sentencia de nuevo, les daría otros diez años de cárcel; no por justicia, sino por compasión. Creo que podré explicarme.
El indigente muerto era el doctor Enríquez, el que había llevado esa vida sin casa durante los últimos seis meses. Eusebio Enríquez era médico cirujano y había perdido a su hija mayor en una sala de operaciones, el 24 de enero, donde él mismo pretendía aliviarla de una enfermedad incurable. El cirujano no tenía razones para culparse de la muerte de su hija, pero las razones de nada importaron porque, súbitamente, enloqueció y una noche se fue de su casa. Atravesó la ciudad bajo una lluvia de enero y se abandonó al costado de las vías del ferrocarril, en Sayago. Se dejó crecer la barba, ensució y destiñó la ropa; adelgazó rápidamente y su rostro se fue haciendo más oscuro y más hundido, lo que le dio una apariencia desconocida de sannyasin hindú. Se hizo tan al margen de la sociedad que dejó de existir para el gobierno y para la sociedad; y por eso nunca pudieron encontrarlo. Al poco tiempo conoció a Facundo y Barbarroja, los dos hombres que más tarde le darían muerte a golpes de fierro.
Ni Facundo ni Barbarroja eran criminales, pero la gente les tenía miedo o, mejor dicho, huía de ellos, como si la pobreza fuera contagiosa. Mientras hubo gente que creía en Dios o en el Infierno hubo limosnas. Pero, de a poco, la buena conciencia y el impuesto a la mala fueron decreciendo y estos miserables pasaron a integrar el inconsciente nacional, la vergüenza disimulada de una economía próspera o pretenciosa.
Los dos hombres llevaban una vida casi nómada. Habitaban todos o cualquiera de los rincones de la antigua estación de ferrocarril, evitando siempre que el guardia los descubriese durmiendo en algún vagón abandonado o en el depósito de fierros donde se refugiaban los días de lluvia. «Este lugar es triste —se decía Enríquez—; lo bueno es que ellos no lo saben».
Pero, repito, ninguno de los dos era capaz de matar un pájaro. También es verdad que durante esos seis meses de convivencia Enríquez les dirigió la palabra una sola vez. Con todo, los mendigos no le guardaron rencor. Sabían que era un pobre loco que alguna vez había vivido como la gente común, que habría tenido una casa y un auto y hasta una familia, porque lo habían visto huir de una mujer elegante y con ropa limpia. Habían aprendido a convivir con él como una familia que tiene un integrante mudo o minusválido. Alguna vez, cuando el frío fue intolerable y las mandíbulas comenzaron a temblar, le arrimaron una lata con yuyos hirviendo. Y él no la rechazó.
Pero ese invierno fue de los peores que recordaran los mendigos. Las temperaturas caían por debajo del cero; los charcos amanecían congelados y el pasto blanco con la escarcha. Era cada vez más difícil, sino imposible, conseguir botellas de vidrio y mucho menos venderlas. Porque la gente se alejaba de aquellos hombres que cada año empeoraban sus barbas y sus ropas. Y así, de a poco, fueron perdiendo el poco contacto oral que los unía al mundo.
Barbarroja enfermó de hambre y Facundo comenzó a quejarse toda la noche del reuma o de alguna otra cosa indescifrable. Las enfermedades y los sufrimientos se fueron sumando hasta confundirse en un único infierno. Sin embargo, los dos mendigos seguían esperando la primavera y el calor del verano que cada día parecía más lejano. Enríquez lo sabía. Sabía que ese podía ser el último invierno de sus acompañantes: tenían los pies hinchados y de color morado, las caras pálidas y hundidas, las manos inútiles. Sólo los ayudaba un optimismo deprimente, según él.
Una mañana Enríquez abrió su boca para leerles la sentencia de muerte. Ese día fue la única vez que hablaron los tres y hablaron durante horas. Facundo y Barbarroja se enteraron de quién era el loco y casi confirmaron lo que habían imaginado. En realidad el loco era o había sido un hombre rico. Un pequeño burgués, para sus conocidos, pero un hombre rico para aquellos marginados.
La conversación terminó por una propuesta del loco.
—Vendrá más frío —les dijo— y ustedes morirán. Ya no tienen defensas y sus cuerpos agonizan. El sufrimiento les durará hasta setiembre. O en el peor de los casos hasta octubre. Pero morirán. Y si tienen suerte de sobrevivir este año, morirán el año próximo, después de haber sufrido el doble de lo que sufrirán este invierno. Pero ustedes son tan pobres que ni siquiera tienen ideas. No sabrán cómo salir de este infierno. Ni siquiera de la forma más fácil. Ustedes son tan pobres que ni siquiera han pensado en ir a la cárcel donde los reos disfrutan de una cama con cobijas y con techo y donde comen casi todos los días. Ustedes son tan pobres que ni siquiera tendrán fuerzas para robar un mercado, porque si lo intentan los sacarán a las patadas y terminarán con la frente sangrando contra el pavimento. Y si los encarcelan por hurto los devolverán a la calle a los dos días, porque las cárceles están llenas y porque hasta el juez se compadecerá de dos miserables con hambre. Pero como yo soy médico, les voy a decir qué deben hacer para salvarse.
Los mendigos se miraron en consulta. No sabían bien qué pensar. Hasta comenzaban a dudar de la historia que les había contado al principio, de su familia y su vida anterior.
—Para ir a la cárcel, por muchos años, tienen que matarme. No me miren así como idiotas. Disimulen esa estupidez honesta que llevan hediendo en sus ropas.
Facundo y Barbarroja supieron o imaginaron que ese día el loco estaba peor que nunca. Pero seguía insistiendo, con fanático realismo, sobre la conveniencia de sacrificar a uno de los tres.
—Dios nos castigará —dijo Barbarroja.
—Dios ya los ha castigado. ¿Acaso imaginan un Infierno peor que éste? ¿Ven lo que les digo? Ustedes son tan pobres que no tienen ideas. Ya no razonan. ¿Tengo que venir yo para decirles lo que deben hacer? Además, ¿por qué habría Dios de castigar a alguien que mata a un asesino? La Biblia dice «ojo por ojo y diente por diente». Yo maté a una niña, a mi propia hija. ¿Tienen compasión de mí?
Los mendigos se levantaron y se retiraron temerosos. El loco comenzaba a asustarlos de verdad. Pasó un tiempo, una semana o dos, y no volvieron a hablar. Ni siquiera se le acercaban y hasta evitaban mirarlo. El día 24 llovió intensamente. Facundo y Barbarroja se mudaron al galpón abandonado de la estación. Como dije antes, sólo iban allí los días de lluvia, porque el guardia los fastidiaba si los encontraba adentro. Por otra parte, creo que preferían el vagón sin techo, porque era más discreto y no los molestaba el vacío negro de la altura de aquel depósito. (A pesar de que vivían en la calle, descubrí que ambos sufrían de una forma rara de agorafobia).
Ese día el loco no entró al galpón. Permaneció bajo la lluvia toda la noche, como un fantasma con las manos en los bolsillos y mirando a veces al cielo que lo dibujaba con sus relámpagos y lo borraba con la lluvia oscura.
El día 25, el loco, agotado por el hambre, por el frío y por las pocas ganas de vivir, cayó inconsciente. El día 26 los mendigos se decidieron a llevarle una lata con yuyos hervidos, pero ya no reaccionaba. Su mirada estaba perdida y apenas podía mover los párpados. La piel estaba blanca y fría, no había reacción ni sensibilidad de ningún tipo. Facundo apoyó su oído en el pecho del loco y comprobó que casi no latía. Durante toda la noche de ese día, los dos hombres estuvieron controlando en silencio los casi imperceptibles golpes que daba el corazón del loco. Lo esperaron o lo cuidaron con miedo y ansiedad. Barbarroja comenzó a temblar como nunca antes, encogido de hombros y sin poder controlar los labios que parecían recitar un discurso sin voz.
El día 27 el corazón del loco ya no se oía, y por la noche lo creyeron muerto. Pero no lo estaba. Por lo tanto, la conclusión del forense fue correcta: Eusebio Enríquez no murió de frío ni de hambre; fue asesinado a golpes por dos mendigos que reconocieron el delito y se salvaron de un seguro linchamiento a la salida del juzgado, porque la policía los arrastró hasta una camioneta donde fueron depositados como basura.
Jorge Majfud
Montevideo, 1998
Tout le poids de la loi
Dans la matinée du 27 juillet, les journaux et la télévision donnèrent la nouvelle d’un rare crime commis à Sayago. Deux indigents avaient donné la mort à un troisième, possiblement dans la nuit du jour précédent. Quoique sans arriver à inquiéter, la nouvelle en a surpris plusieurs. Ce qui est raisonnable et, ce qui est plus habituel, c’est de tuer pour de l’argent, par orgueil ou pour quelque passion familiale. Et rien de cela ne pouvait avoir un pygmée vivant dans les décharges de la ville.
Jamais on ne sut exactement le motif de l’agression; et alors personne ne voulût en savoir plus lorsque le juge donna aux assassins dix années de prison. Mais moi, le juge, jamais je n’oublierai le cas et, quelques années plus tard, je visitai les prisonniers dans leur cellule. Je le fis en secret, comme d’habitude, parce que les gens se plaisent à dire que j’avais une préférence pour les criminels plutôt que pour les victimes. Maintenant si je devais dicter une sentence de nouveau, je leurs donnerais dix autres années supplémentaires; non par justice, mais par compassion. Je crois que je peux m’expliquer.
L’indigent assassiné était le docteur Enriquez, celui qui avait porté cette vie sans toit pendant les derniers six mois. Eusebio Enriquez était un chirurgien et avait perdu sa fille aînée dans une salle d’opération le 24 janvier, où lui–même prétendait la soulager d’une maladie incurable. Le chirurgien n’avait aucune raison de se sentir coupable, mais peu importe les raisons parce que, subitement, il devint fou et s’en fût de sa maison. Il traversa la ville sous une pluie de janvier et s’abandonna du côté des voies ferrées, à Sayago. Il se laissa pousser la barbe, devint sale et négligea ses vêtements; il maigrit rapidement et son visage se fit plus obscur et creusé, ce qui lui donna une apparence méconnaissable de sannyasin hindou. Il se rendit si en marge de la société qu’il cessa d’exister pour le gouvernement et pour le monde, et pour cette raison personne ne put le retrouver. Peu de temps après, il rencontra Facundo et Barbarroja, les deux hommes qui plus tard le tueraient à coup de barre de fer. Ni Facundo ni Barbarroja n’étaient des criminels, mais les gens en avaient peur ou, pour mieux dire, les fuyaient, comme si la pauvreté était contagieuse. Tandis qu’il y avait des gens qui croyaient en Dieu ou à l’Enfer et qui leurs donnaient des aumônes. Mais, peu à peu, la bonne conscience et les subsides décrûrent, et ces misérables en vinrent à intégrer l’inconscient national, la honte dissimulée d’une économie prospère ou prétentieuse.
Les deux hommes traînaient une vie presque nomade. Ils habitaient tous ou certains des recoins de la vieille station de chemin de fer, évitaient toujours que le gardien les découvre dormant dans quelque wagon abandonné, ou dans le dépôt de fer où ils se réfugiaient par temps de pluie. “Cet endroit est triste» se disait Enriquez, “tant mieux s’ils ne s’en rendent pas compte.”
Mais, je le répète, aucun des deux n’était capable de tuer un oiseau. Aussi il est vrai que pendant les six mois que dura cette convivialité, Enriquez ne leurs adressa la parole qu’une seule fois. Malgré tout, les mendiants ne lui gardèrent aucune rancœur. Ils savaient qu’il était un pauvre fou qui, autrefois, avait vécu comme les gens ordinaires, qu’il avait eu une maison et une auto et, jusqu’à une famille, parce qu’ils l’avaient vu fuir une femme élégante portant une robe propre. Ils avaient appris à cohabiter avec lui comme en famille, et paraissait muet ou handicapé. Certaines fois, lorsque le froid devenait intolérable et que ses mâchoires commençaient à trembler, ils lui donnaient une boîte de conserve replie d’herbes bouillantes. Et lui ne la repoussait pas.
Mais cet hiver fut l’un des pires dont se souviendront les mendiants. Les températures tombaient en dessous de zéro; les mares commençaient à geler et les pâturages devenaient blancs. Il était chaque fois plus difficile sinon impossible de se procurer des bouteilles de verre et encore plus de les vendre. Parce que les gens s’éloignaient de ces hommes qui, chaque année, dépérissaient toujours plus, négligeant leur barbe et leurs vêtements. Et ainsi, peu à peu, ils perdirent le peu de contact oral qui les réunissait au monde.
Barbarroja tomba malade de faim et Facundo commença à se plaindre toute la nuit de rhumatisme ou de quelqu’autre chose d’indéchiffrable. Les maladies et les souffrances crûrent jusqu’à se confondre en un unique enfer. Cependant, les deux mendiants continuaient d’espérer le printemps et la chaleur de l’été qui chaque jour paraissaient plus lointain.
Enriquez le savait. Il savait que cela pouvait être le dernier hiver de ses compagnons. Ils avaient les pieds gonflés et violets, leurs visages étaient pâles et renfoncés, leurs mains inutilisables. Seul les aidait un optimisme déprimant, selon lui.
Un matin, Enriquez ouvrit la bouche pour leurs dire la sentence de leur mort. Ce jour fut l’unique fois qu’ils parlèrent tous les trois et ils parlèrent durant des heures. Facundo et Barbarroja s’informèrent de qui était le fou et cela confirma presque tout ce qu’ils avaient imaginé. En réalité, le fou était ou avait été un homme riche. Un petit bourgeois, pour ses connaissances, mais un homme riche pour ces marginalisés.
La conversation se termina par un proposition du fou. “Il viendra plus de froid” leur dit-il, et “vous-mêmes mourrez. Déjà vous n’avez plus de défenses et vos corps agonisent. Ils endureront la souffrance jusqu’en septembre. Ou, dans le pire des cas, jusqu’en octobre. Mais vous mourrez. Et si vous avez la chance de survivre cette année, vous mourrez l’année prochaine, à la suite d’avoir souffert le double de ce que vous souffrirez cet hiver. Mais vous être si pauvre que vous n’avez ni même d’idées. Vous ne saurez pas comment sortir de cet enfer. Ni même de la façon la plus facile. Vous êtes si pauvre que vous n’avez même pas pensé à aller en prison où les gens jouissent d’un lit avec des couvertures et un toit, où ils mangent presque tous les jours. Vous êtes si pauvres que vous n’avez même pas les forces suffisantes pour voler dans un marché, parce que si vous l’essayeriez, ils vous sortiraient à coup de pommes de terre et vous en termineriez sur le pavé avec le front ensanglanté. Et s’ils vous emprisonnaient pour vol, ils vous remettraient à la rue au bout de deux jours parce que les prisons sont pleines, et parce que même le juge aurait pitié de deux misérables affamés. Mais, comme je suis médecin, je vais vous dire quoi faire pour vous en sortir.”
Les mendiants se regardèrent pour se consulter. Ils ne savaient guère quoi en penser. Ils commençaient même à douter de l’histoire qu’il leurs avait racontée au début, au sujet de sa famille et de sa vie antérieure.
“Pour aller en prison, pour plusieurs années, vous devez me tuer. Ne me regardez pas ainsi comme des idiots. Dissimulez cette stupidité honnête qui vous fait puer dans vos vêtements.”
Facundo et Barbarroja surent ou imaginèrent qu’en ce jour le fou était pire que jamais. Mais il continuait d’insister, avec un réalisme fanatique, sur la convenance de sacrifier un des trois.
– “Dieu nous punira” dit Barbarroja. – “Dieu déjà vous a punis. Peut-être imaginez-vous un Enfer pire que celui-ci ? Voyez–vous ce que je vous dit ? Vous êtes si pauvres que vous n’avez pas d’idées. Déjà vous ne raisonnez plus. Dois-je venir pour vous dire ce que vous avez à faire ? De plus, pourquoi Dieu aurait-il à punir quelqu’un qui tue un assassin ? La Bible ne dit-elle pas « œil pour œil, dent pour dent » ? J’ai tué une enfant, ma propre fille. Auriez-vous de la compassion pour moi ?”
Les mendiants se levèrent et se retirèrent craintifs. Le fou commençait à leur faire peur pour de vrai. Le temps passa, une semaine ou deux, et ils n’en reparlèrent plus. Ni même ne l’approchaient et allaient jusqu’à éviter de le regarder. La journée du 24, il plût intensément. Facundo et Barbarroja emménagèrent dans le hangar de la station. Comme je l’ai dit auparavant, ils allaient là seulement les jours de pluie, parce que cela ennuierait le gardien de les trouver là. D’autre part, je crois qu’ils préféraient le wagon sans toit, parce qu’il était plus discret et que le vide noir de la hauteur de ce dépôt ne les dérangeait pas. (Malgré qu’ils vivent dans la rue et que je découvris qu’ils souffraient d’une forme rare d’agoraphobie).
Durant ce jour, le fou n’entra pas dans le hangar. Il demeurait sous la pluie toute la nuit comme un fantôme les mains dans les poches et regardait souvent dans le ciel les éclairs que la pluie obscure effaçait.
La journée du 25, le fou, épuisé par la faim et le peu d’envie de vivre, tomba inconscient. La journée du 26, les mendiants se décidèrent à lui apporter une tisane d’herbes bouillies. Mais il ne réagissait déjà plus. Son regard était perdu et à peine pouvait-il bouger les paupières. La peau était blanche et froide, il n’avait ni réaction ni sensibilité d’aucun type. Facundo appuya son oreille sur la poitrine du fou et constata qu’elle ne remuait presque plus. Pendant toute la nuit les deux hommes contrôlèrent en silence les quasis imperceptibles coups que rendait le cœur du fou. Ils attendirent et en prirent soin avec crainte et anxiété. Barbarroja commença à trembler comme jamais auparavant, les épaules contractées et sans pouvoir contrôler les lèvres qui paraissaient réciter un discours sans voix.
La journée du 27, le cœur du fou maintenant ne s’entendait plus et, à la nuit, ils le crurent mort. Mais il ne l’était pas. Par conséquent, la conclusion du médecin légiste était correcte : Eusebio Enriquez n’était pas mort de froid ni de faim, il fut assassiné de coups donnés par deux délinquants qui reconnurent le délit et qui se sauvèrent d’un lynchage certain à la sortie du procès, parce que la police les entraîna jusqu’à une camionnette où ils furent déposés comme déchets.
Jorge Majfud Uruguay, 1998
Traduit de l’espagnol par: Pierre Trottier, mai 2006 Trois–Rivières, Québec, Canada
Cada vez que regreso a Uruguay me impacta lo previsible. No descubro novedades pero mi capacidad de asombro se renueva. Siempre he considerado que la sensibilidad es la mejor aliada de la razón: es aquello que nos sorprende lo que nos obliga a reflexionar. Es la intuición la que guía a la razón y no a la inversa, como se presume siempre. Sin las emociones el análisis se pierde, como un forense buscando el origen de la vida en una morgue. Y es eso, precisamente, en lo que se está convirtiendo nuestro querido país, pequeña región geográfica y humana con un pasado brillante: en una morgue donde sus directores discuten sobre el número de muertos, sobre las causas de cada fallecimiento, sobre cómo evitar el olor nauseabundo que se incrementa día a día sin dar suficiente tiempo de recuperación a las narices que se anestesian junto con los ojos que todavía miran pero ya no ven. De vez en cuando alguno de los directores de la morgue se queja de los cadáveres: hemos diseñado todo tipo de planes sociales, les hemos inyectado suero, el aire acondicionado ha mejorado, pero ellos se niegan a levantarse. Hay gente que prefiere seguir tirada en la calle a vivir como la gente.
Hace unos días murió un niño de hambre y otro de diarrea. Poco después los gusanos comieron vivo a un pequeño de trece meses. No es necesario entrar en detalles descriptivos. Bastará con apuntarlo y no dejarlo pasar como un fenómeno climático sino de verdadera injusticia social. Al mismo tiempo que todo esto ocurre, nuestro vicepresidente continúa su heroica batalla por demostrar que los criterios para medir la pobreza son erróneos y, por lo tanto, deberíamos considerar una cifra un poco más baja de la que publican los técnicos de la salud.
Pero estos niños muertos son niños de la periferia. Marginados. Son efectos colaterales. No duelen.
En este momento me interesa entrar en el pantano. Está en juego la relación con el otro y las instituciones en general, porque cada vez que un niño muere de hambre el Estado pierde su razón de ser. Y en esto hay que decir que el Estado ha perdido la razón reiteradamente. Si la mayor Institución que se ha dado la sociedad es capaz de reparar un semáforo cada vez que se descompone, ¿cómo no es capaz de evitar que un niño se muera de hambre? He escuchado muchas veces que un gran porcentaje de los seres humanos que duermen en las calles, con la cabeza apoyada en la vereda a cero grado centígrado, bajo la violencia del clima y bajo la violencia moral de ser vistos en esa degradación, se niegan a concurrir a un local donde tienen comida y colchones. Ergo esos individuos son responsables de su desgraciada condición. En inglés hasta suena distinguido: son homeless. Pero cuántos de nosotros no nos volveríamos dementes en situaciones de violencia semejantes y reiteradas como lo están esas personas?
Pero como los pobres son “responsables” de su pobreza, así como los alcohólicos y los drogadictos son responsables de su vicio, podemos dejarlos tirados y el mundo seguirá andando. Ahora, si un hombre amenaza con tirarse de un décimo piso, ¿qué hace el Estado? En teoría, ese hombre está en su derecho de hacer con su existencia lo que quiera. Sin embargo, a nadie se le ocurriría dejarlo ejercer su derecho. ¿Por qué? Siempre argüiremos que esa persona no está bien de la cabeza y, por lo tanto, debemos ayudarla a desistir de su intento. Entonces enviamos bomberos, policías y psicólogos para “persuadirlo” de su intento, no vaya a ser que ensucie la calle y cunda el mal ejemplo. ¿Está bien esto? Más allá de una discusión filosófica sobre el derecho, la intuición nos grita que sí. Entonces, ¿por qué dejamos a un hombre tirado en la calle? ¿Por qué la mayor organización de la sociedad, el Estado, no se hace responsable por cada niño que muere de hambre, en lugar de echarle la culpa a una madre que vive en un basurero y ya ha dejado de pensar?
Mal, esto es el árbol de hojas secas. Ahora tratemos le ver el bosque.
Durante décadas, el Río de la Plata fue un río de inmigrantes. Millones de hombres y mujeres bajaron de los barcos a esta tierra desconocida para plantar su raza y sus costumbres. En su gran mayoría eran europeos, representantes orgullosos de una cultura avanzada, de una historia llena de grandes imperios y ominosas dominaciones, que muchas veces se confundió con una raza inexistente: la raza blanca. Sin embargo, aquellos abuelos nuestros que bajaron de los barcos en su mayoría eran analfabetos, víctimas de las más obscenas persecuciones o delincuentes comunes. Por lo general, gente que no tenía muchas razones para sentirse orgullosa. No porque fueran pobres y analfabetos, sino porque venían de una Europa enferma, guerrera y puritana, la mayoría de las veces arrastrando profundos prejuicios, inútiles rigurosidades morales que se parecían más a la inhumanidad y a la mentira que a la sabiduría.
Un minúsculo hecho acontecido en el puerto de Buenos Aires retrata con perfecta economía algunos de aquellos conquistadores, que no carecieron de virtudes pero que por regla general hicieron todo lo posible por olvidar sus defectos, esos mismos que la antropología intentó disimular en los libros. El milagro me lo transmitió mi tío Caíto Albernaz, un campesino sin universidad pero con muchos libros al lado del arado y una inteligencia ética demasiado fina para ser escuchada sin fastidio, destruido hace ya muchos años por la dictadura militar. Yo era un niño aún y le escuché contar, con la misma brevedad, mientras escuchábamos el canto o la queja de un ave nocturna, inubicable en el extenso horizonte del atardecer: “Todavía con las valijas en las manos, un grupo de inmigrantes se cruzó con otro grupo de otra nacionalidad, probablemente de algún país periférico de Europa. Entonces, uno le dijo a otro: Nuestra lengua es mejor porque se entiende.”
Con el tiempo, esta iluminación de la ignorancia se fue ocultando bajo una espesa capa de cultura. Sin embargo, en lo más profundo de nuestro corazón occidental, aún sobrevive la actitud primitiva que considera nuestra propia lengua la mejor lengua, nuestra moral la mejor moral y, aunque nos duela, nuestros muertos las únicas víctimas. Y para darse cuenta de esto no es necesario una universidad sino la sensibilidad de aquel campesino que sabía escuchar a los pájaros.
Durante todo el siglo XX, uno de los principios éticos que justificó cada genocidio y cada matanza, en masa o a pequeña escala, fue aquel en el cual se establecía que “el fin justifica los medios”. Como era de esperar, los nobles fines nunca llegaron y, por ende, los medios terminaron por perpetuarse, es decir, los medios se impusieron como fines. (Así suele ocurrir con las Causas cuando se transforman en ideologías, o con la Fe cuando se transforma en dogma.) Lo cual es doblemente lógico, ya que si uno pretende defender la vida con la muerte, el uso de este último recurso hace imposible el logro perseguido. Al menos que el logro sea la resurrección indiscriminada.
Con el transcurso del tiempo, las retóricas y las ideologías han ido cambiando. Sólo cambiando; no han desaparecido en ningún momento. De hecho, el precepto de que “el fin justifica los medios” se encuentra tan vigente hoy como pudo estarlo en tiempos de Stalin o de Nerón. Ahora, de una forma más técnica y menos filosófica, se entiende el mismo concepto con la expresión “efectos colaterales”
Veámoslo un poco más de cerca. En los últimos cincuenta años se han venido realizando intervenciones militares, por parte de las mayores potencias mundiales, con el objetivo de mantener el Orden, la Paz, la Libertad y la Democracia. No vamos a ponerlo en duda —esto complicaría el análisis ya desde el comienzo—. En cada una de estas intervenciones en defensa de la vida ha habido muertos, por supuesto. A diferencia de las antiguas guerras, los muertos escasamente son militares (lo que hace de este oficio uno de los más seguros del mundo, más seguro que el oficio de periodista, de médico o de obrero de la construcción) y nunca son los promotores de tan arriesgadas empresas. Por regla común, los nuevos muertos son siempre civiles, algún viejo que no pudo correr a tiempo, algún joven inconsulto, sin voz ni voto, alguna mujer embarazada, algún feto abortado.
Miremos por un momento estos muertos que no nos tocan ni nos salpican. ¿Son muertos imprevistos? Creo que no. A nadie puede sorprender que en un ataque militar haya muertos. Los muertos y las guerras poseen lazos históricos, así como las guerras y los intereses corporativos. Tan previsibles son estos muertos que han sido definidos, en bloque, como “efectos colaterales”. No es cierto que las “bombas inteligentes” sean tontas; hasta un genio se equivoca, eso lo sabemos todos. Ahora, el problema ético surge cuando se acepta sin cuestionamientos que estos “efectos colaterales” son, de cualquier manera, inevitables y no detienen nunca la acción que los produce. ¿Por qué? Porque hay cosas más importantes que los “efectos colaterales”, es decir, hay cosas más importantes que la vida humana. O por lo menos de cierto tipo de vida humana.
Y aquí está el segundo problema ético. Aceptar que en un bombardeo la muerte de centenares de inocentes, hombres, niños y mujeres, puedan ser definidos como “efectos colaterales” es aceptar que existen vidas humanas de “valor colateral”. Ahora, si existen vidas humanas de valor colateral, ¿por qué se inicia una acción de este tipo en defensa de la vida? La razón y la intuición nos dice que el precepto lleva implícita la idea, no cuestionada, de que existen vidas humanas de “valor capital”.
Un momento. Ante tan grotesca conclusión, debemos preguntarnos si no hemos errado en nuestro razonamiento. Para ello, debemos hacer un ejercicio mental de verificación. Hagamos el experimento. Preguntémonos ¿qué hubiese ocurrido si por cada cinco niños negros o amarillos destrozados por un “efecto colateral” hubiesen muerto uno o dos niños blancos, con nombres y apellidos, con una residencia legible, con un pasado y una cultura común a la de aquellos pilotos que lanzaron las bombas? ¿Qué hubiese ocurrido si por cada inevitable “efecto colateral” hubiesen muerto vecinos nuestros? ¿Qué hubiese ocurrido si para “liberar” a un país lejano hubiésemos tenido que sacrificar cien niños en nuestra propia ciudad, como un inevitable “efecto colateral”? ¿Hubiese sido distinto? Pero cómo, ¿cómo puede ser distinta la muerte de una niña, lejana y desconocida, inocente y de cara sucia, a la muerte de un niño que vive cerca nuestro y habla nuestra misma lengua? Pero ¿cuál muerte es más horrible? ¿Cuál muerte es más justa y cuál es más injusta? ¿Cuál de los dos inocentes merecía más vivir?
Seguramente casi todos estarán de acuerdo en que ambos inocentes tenían el mismo derecho a la vida. Ni más ni menos. Entonces, ¿por qué unos inocentes muertos son “efectos colaterales” y los otros podrían cambiar cualquier plan militar y, sobre todo, cualquier resultado electoral?
Si bien parece del todo lícito que, ante una agresión, un país inicie acciones militares de defensa, ¿acaso es igualmente lícito matar a inocentes ajenos en defensa de los inocentes propios, aún bajo la lógica de los “efectos colaterales”? ¿Es lícito, acaso, condenar el asesinato de inocentes propios y promover, al mismo tiempo, una acción que termine con la vida de inocentes ajenos, en nombre de algo mejor y más noble?
Un poco más acá, ¿qué hubiese ocurrido si los gusanos dejaran de comer niños pobres y comenzaran a comer niños ricos? ¿Qué ocurriría si por una negligencia administrativa comenzaran a morir niños de nuestra heroica e imprescindible well to do class?
Una “limpieza ética” debería comenzar por una limpieza semántica: deberíamos tachar el adjetivo “colateral” y subrayar el sustantivo “efecto”. Porque los inocentes destrozados por la violencia económica o armada son el más puro y directo Efecto de la acción, así, sin atenuantes eufemísticos. Le duela a quien le duela. Todo lo demás es discutible.
Esta actitud ciega de la Sociedad del Conocimiento se parece en todo a la orgullosa consideración de que “nuestra lengua es mejor porque se entiende”. Sólo que con una intensidad del todo trágica, que se podría traducir así: nuestros muertos son verdaderos porque duelen.
Desde hace unos años tengo por costumbre no leer escritos o comentarios anónimos. Cierta vez, en el foro digital de un importante diario, pegué de forma anónima un texto sobre algunas virtudes del socialismo. No se trataba de un texto especialmente brillante, pero me interesó el experimento.
Una lluvia de respuestas y comentarios insultaron al autor del texto. Abundaban calificaciones como “retardado mental”, “analfaveto”, “idiota” y “pobre frustrado”.
El texto era de un señor llamado Albert Einstein, aquel humilde doctor en física que vivía ahí en frente, en la calle Mercer 112, entre los tupidos bosques de Princeton University.
Las malas lenguas dicen que no era buen esposo, pero nunca nadie confirmó algún tipo de retardo mental, de idiotismo o de frustración personal. Excepto los retardados mentales que a principios del siglo XX demostraron que la teoría de la relatividad era falsa porque se le había ocurrido a un judío.
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El recurrente y sistemático compromiso en las redes sociales son los compromisos menos comprometidos de la historia. Hacer un clic perezoso para mostrar nuestro apoyo o nuestra condena hacia una causa sirve más de alimento a nuestros egos que a la causa. En el mejor de los casos sirve para un lavado clorhídrico de conciencia, para mostrar a los demás y demostrarnos a nosotros mismos todo lo bueno y políticamente correcto que somos o podemos ser.
Pero sin sacrificio no hay compromiso y por eso la sociedad virtual es incapaz de cualquier compromiso más allá del esnobismo, del voyeurismo y, ante todo, de ese narcisismo vacío como una cáscara de huevo llena de emociones prefabricadas que caben en el microscópico jeroglífico de dos puntos y un paréntesis.
Tal vez lo único real de una sociedad virtual es su propia frustración cuando, amparada en el anonimato, afloran las emociones reprimidas en sus formas más autenticas.
En las sociedades virtuales las virtudes son simbólicas, como los individuos, como su democracia y su libertad.
La insistencia sobre la libertad y la autenticidad, el valor prefabricado de ser-uno-mismo del nuevo individuo se parece a la publicidad de un auto pequeño que insiste sobre las virtudes de su gran espacio interior.
Y pese a tanto desencanto, todavía creo que alguna vez el juguete se convertirá en herramienta de acción y liberación.
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Una buen aparte de la generación de la televisión se acostumbró a la propaganda fragmentada. Una buena parte de la generación de la era digital ya no puede vivir sin la microfisura, sin un permanente coitus interruptus.
El habitante de estos luminosos cementerios no puede bucear una hora en un mismo concepto, no puede leer doscientas páginas o cincuenta mil palabras, no puede retener conceptos abstractos. No se siente cómodo si no interrumpe lo que está haciendo con algún clic, algún update.
Sin embargo, el hombre microfragmentado posee un ego de hierro. Famoso por diez segundos, genio por tres palabras y un clic, su dialéctica es el insulto anónimo y los argumentos desarticulados en unos pocos párrafos. Porque solo su ego es más grande que su infinita pereza.
Me incluyo entre las dos generaciones; comparto, sufro y cada día lucho contra esos males que son los míos también. Porque la red luminosa es como un gran agujero negro que chupa todo lo que anda a su alrededor. La naturaleza sustituta comienza chupando el cerebro, luego el cuerpo y finalmente chupa al orgulloso individuo que ha dejado de ser un individuo.
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Los conservadores más reaccionarios siempre estigmatiza todo lo intelectual y a todo intelectual que cuestione su concepto de realidad. Uno de sus placeres principales consiste en pensar y declarar sobre la inferioridad intelectual de los intelectuales. En muchos países suelen encabezar la lista de los diez idiotas más idiotas.
A los reaccionarios que confunden la realidad con lo que ven y lo que ven con lo que piensan que ven los obsesiona la necesidad de poseer una idea realista del universo, casi tan realista como la perspectiva que tienen los caballos y las vacas en el campo.
Como si el concepto de realidad de estos reaccionarios fuese la realidad misma y no una ilusión petrificada que en cerebros calcinados adquiere aspecto de una realidad incuestionable. Incuestionables como la planicie de la Tierra, las inmensas tortugas que sostenían el mundo, las brujas que producían mal tiempo y por lo cual en la vieja Europa se solían torturar hasta la muerte o simplemente quemarlas en la hoguera en nombre de la verdad y en defensa de la realidad.
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Los arengadores radiales, portavoces e incitadores de la derecha norteamericana, se burlan del tono y del estilo de voz de Bill Clinton y de Noam Chomsky. Se ríen y se burlan con el tono y el estilo de voz de los pastores protestantes en plena faena.
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Hace por lo menos diez mil años los mercados eran el centro de la vida de los pueblos. Allí se juntaban los colores y los olores de la experiencia humana, las ideas y las pasiones, el dinero y la plegaria al Supremo, la duda y la certeza.
Hace por lo menos diez mil años las artes y las religiones, las ciencias y las ideas, los idiomas y las historias se traficaban con las alfombras y los dátiles, las pieles y las perlas, la sal y el azúcar, los cuchillos y los espejos.
Ahora los mercados son historia silenciosa o ruidoso recurso de los turistas. Algo queda de lo que fue. Aunque sea una sombra colorida, un rumor bullicioso.
Ahora los mercados bursátiles son el centro donde van a morir las ideas y las pasiones, el dinero y la plegaria al Supremo, los idiomas y las historias, la experiencia humana y su memoria, la duda y la certeza.
Ahora los pueblos, si se pueden llamar pueblos, ahora los individuos, si se pueden llamar individuos, están ligados, enlazados a sus conexiones.
Ahora las redes sociales son los nuevos cementerios de la sociedad.
Sí, de vez en cuando es bueno visitar los cementerios, recordar familiares que ya no están, amigos que ya no son o no son lo que fueron.
Lo triste es quedarse a vivir allí en el cementerio, sin la experiencia humana, sin la vida de carne y hueso de las antiguas ciudades.
***
La historia, los pueblos, las masas, la propaganda masiva ha glorificado la guerra, ha honrado a sus soldados, ha venerado a sus héroes, ha premiado a sus administradores, ha agradecido a sus inventores, ha disculpado, ha protegido, ha perdonado a los promotores de crímenes en masa cuando no han tenido éxito ni han sido derrotados del todo, ha endiosado el pragmatismo de los estadistas que tuvieron éxito en perpetuar los peores crímenes contra la humanidad en nombre de alguna causa noble como Dios, la patria, la libertad o el derecho a la defensa propia luego que los enemigos se atrevieron a ejercer su derecho a la defensa propia.
Pero habrá que decirlo de forma más directa y objetiva. La guerra es una perfecta mierda. Y perdón por la palabra. La mierda no se merece semejante comparación. La mierda abona los huertos y las praderas y así produce y reproduce la vida. La guerra, en cambio, solo produce y reproduce muerte y más muerte.
En abril de 2010 un reconocido filósofo español convocó a una reunión cerrada en una universidad de Nueva York para discutir una posible reforma del hispanismo. En el amplio penthouse de la biblioteca principal nos reunimos en un círculo una decena de profesores de diversos estados invitados especialmente para la ocasión. En cada oportunidad se la nombró como “mesa redonda”. Estaban las sillas, la forma circular y la idea de un debate equitativo sobre el rancio espíritu conservador de la tradición hispanista que había impuesto un corpus arbitrario de textos consagrados. Todos coincidimos en el rechazo a gran parte de esa tradición, sobre todo a los valores impuestos por la cultura hegemónica que había surgido después del siglo XV, en detrimento de una modernidad ilustrada más rica y más diversa que le había precedido. Uno de los panelistas insistió en la necesidad de definir “lo que era” la ilustración y no lo que “no había sido”.
En la referida mesa redonda faltaba la mesa redonda. El ejemplo ilustraba mi posición expuesta en el libro Evolución y revolución de los signos. En la sala de discusión faltaba la mesa, pero el elemento ausente estructuraba el espacio y la idea. La fuerza del ausente era tal que aún presente en el mismo nombre, “la mesa redonda”, pasaba perfectamente inadvertido ante los ojos de una decena de especialistas en cultura y lenguaje.
Entiendo que de la misma forma los elementos ausentes pueden y suelen estructurar, inducir y controlar prácticas y pensamientos a un grado que se subestima a favor de una supuesta conciencia histórica, colectiva o individual. En el libro antes referido —acabado como tesis doctoral hace varios años y en prensa en el 2010— el elemento invisible como clave de búsqueda es el elemento reprimido por la conquista y las sucesivas colonizaciones territoriales y, sobre todo, morales y culturales. Es decir, ese océano casi desconocido del mundo equívocamente llamado “pre-hispánico”, que tradicionalmente se refiere a una cultura indígena que terminó con la llegada de los europeos al continente de los pájaros. Por ejemplo, ¿por qué se ha estudiado hasta el hastío las lecturas de Sor Juana Inés de la Cruz, sus influencias provenientes del Siglo de Oro español, y no se ha estudiado las relaciones de la niña Juana Inés con sus criadas indias? ¿Cómo explicar el feminismo de la monja rebelde recurriendo al misoginismo de los escritores españoles del siglo XVI y XVII? Incluida a la misma Santa Teresa, defensora de la sumisión femenina al poder masculino citada por la misma Sor Juana, más por conveniencia política que por convicción ideológica. ¿Por qué desestimar que la llamada cultura machista de México no era tal o era mucho menos machista y misógina que la Europa de la Edad Media y del Renacimiento?
Sin embargo, el espíritu amerindio sobrevivió, no a pesar de la violencia sino, quizás, por la violencia misma de una forma muchas veces subterránea, camuflada y travestida pero fortalecida, más allá del reconocimiento artesanal y de una tradición pintoresca, fácil de consumir por el turismo y la mentalidad museística y voyerista contemporánea. Una historia que en cierta medida fue la historia de los cristianos primitivos hasta la crisis mayor de su oficialización en el siglo IV, por razones imperiales, y la historia de moros y judíos conversos en el sur de España a partir del siglo XVI.
Una de las hipótesis que he manejado en el libro anterior considera que un elemento siempre presente en la cultura y la militancia del siglo XX procede de los primeros tiempos de esa región que hoy se conoce imprecisamente como América Latina; ni todo ni tanto de l’intellectuel engagé representado por Zola o Sartre. Esta actitud, esta práctica y concepción del compromiso y la militancia del intelectual latinoamericano hunde sus raíces en la conciencia traumática de la Conquista en el siglo XVI y los siglos de brutal colonización que le siguieron.
La experiencia de la violencia y de la ilegitimidad de todo orden social está presente desde las primeras crónicas de los conquistadores y se acentúa a medida que los nativos, criollos e indígenas se abocan a la tarea de autonarración y de reflexión sobre su identidad. Pero también hay una cosmogonía que no es europea.
Como si no se tratase solo de un producto de la Conquista sino de un rasgo peninsular, la atribución de queja e insatisfacción del pensamiento popular latinoamericano se puede rastrear sin dificultades desde los Diarios de Colón hasta las crónicas de los conquistadores. Queja e insatisfacción por las magras recompensas obtenidas del saqueo, según la injusta distribución que administraba la autoridad en Europa. Queja e insatisfacción por el saqueo y la corrupción de los mandos medios, nunca del rey.
Igual, del lado de los nativos americanos la queja y la desconfianza al poder será una tradición justificada por una permanente violencia física, moral y estructural que a su vez será contestada periódicamente con la violencia de la rebelión, de la revuelta y, en casos más excepcionales, articulados por el pensamiento moderno o ilustrado, de la revolución.
Esta represión por la fuerza de la violencia militar y eclesiástica, por la fuerza de la ideología de la esclavitud, del racismo y del clasismo de sociedades estamentales, se prolongó por más de tres siglos, más allá de las revoluciones o revueltas que dieron las independencias políticas a las nuevas repúblicas a principios del siglo XIX.
Las sociedades amerindias continuaron siendo fundamentalmente agrícolas, conservaron y adaptaron sus idiomas, sus mitos, sus prácticas de producción y reproducción y sus formas particulares de sentir y de pensar no europeos hasta bien entrado el siglo XX y, en muchos casos, hasta hoy en día. Pero también debieron adoptar, de forma ortopédica, una ideología y un corpus de valores hegemónicos que servían a su propia explotación, desde elaboradas teorías sobre la inferioridad racial de los colonizados hasta una sensibilidad estética que moldeó la percepción de la superioridad blanco-europea pasando por un corpus diverso de disquisiciones teológicas producidas en la metrópoli y de aleccionadores sermones de pueblo. Parte de esta ideología procuraba, precisamente, la desvalorización de aquello que lo distinguía del colonizador o de la posterior clase criolla dirigente.
Esa clase minoritaria que fundó las repúblicas de papel lo hizo basada en la cultura ilustrada de Europa mientras una población mayoritaria en vastas regiones de Perú, México y de las republicas centroamericanas hasta el siglo XX ni siquiera hablaban el español como primera lengua ni estaban enteradas del Siglo de las Luces, de la Libertad del Mercado o de la Dictadura del Proletariado más allá de las consecuencias bélicas en las que debían participar. Razón por la cual las democracias liberales por mucho tiempo y a lo largo de muchos pueblos apenas significó la legitimación de estados autoritarios al servicio de minorías dirigentes.
Es decir, aunque un estado presente de la sociedad y una forma de pensar no están rígidamente determinados por el pasado, como pueden estarlo las órbitas de los planetas, el presente tampoco es indiferente a su influencia. Cada paradigma, por radical que sea, es el resultado de una larga historia al mismo tiempo que sus individuos ejercemos parte de esa libertad a la que aspiran todas las liberaciones propuestas por la tradición humanista. Querámoslo o no, siempre partimos de una base preestablecida sobre la cual pensamos y sentimos. No inventamos ningún lenguaje; apenas nos valemos de él para conservarlo o para cambiarlo pero no podemos actuar libremente fuera de él, fuera de los parámetros mentales en los que vinimos al mundo. Apenas si podemos ver por el ojo de la cerradura en un intento de reflexión y autoanálisis.
Por si fuesen pocas limitaciones, uno de los mayores obstáculos en las academias radica en considerar una disciplina como un feudo limitado que promueve el estudio de todo lo que caiga dentro de los límites semánticos previamente establecidos por una tradición y se niega o rechaza a lidiar con todo lo que caiga o proceda más allá de sus muros. Esta concepción de las disciplinas académicas se agravó, especialmente en el campo literario, con el auge de las corrientes posmodernas —Barthes, Derrida, Lyotard— que consideraron a un texto como un cuerpo muerto, autorreferencial, un juego lingüístico o de signos sin trascendencia epistemológica ni existencial. Básicamente significa que si uno vuelve a su casa y la encuentra hecha cenizas, no debe relacionar las cenizas con un posible incendio y menos éste con las amenazas incendiarias del vecino, ya que las cenizas son lo que son y no hay nada detrás del fenómeno.
Ya desde el humanismo renacentista el autor dejó de ser la autoridad, Dios, para ser un medio de la razón y de la historia y, en última instancia, una opinión más sobre su propio texto, junto con la del lector. En el siglo XX simplemente se lo desautorizó hasta proclamar su muerte, ya que representaba —al menos algo representaba algo— un estorbo a la libertad del lector. Una vez muerto el autor, parte fundamental del contexto, sólo quedaba negar el contexto metaliterario primero —la realidad— y el mismo contexto literario después. Hasta llegar a la idea cadavérica de que un texto no tiene ningún referente y si lo tiene, es un simple esclavo de la idea.
El juego lingüístico y autoreferencial de un texto fue simultáneo a la lógica del consumo de símbolos y bienes del capitalismo americano y de la misma tecnología digital más tarde, donde la realidad no virtual y la lógica deductiva ha sido reemplazada por la dinámica de las inducciones que surgen de una segunda naturaleza construida por el programador en forma de reglas de juego, de convenciones, desde las operaciones de software hasta las mismas operaciones matemáticas de una planilla Excel. Ya no se trata de comprender una naturaleza unitaria sino las reglas fraccionadas de un juego dado. Comprender un sistema X no significa comprender un sistema Z porque al tratarse de un lenguaje (chino y bantú), de un juego (fútbol y beisbol), ambos sistemas pueden ser semejantes o incompatibles. La idea sobre el universo unitario donde “una piedra que cae y la Luna que no cae son un mismo fenómeno” ya no se aplica al mundo virtual, que es el nuevo mundo humano.
Por el contrario, no creo que una disciplina académica sea o deba ser un rodeo cerrado de especialistas, un juego o un idioma único, sino un punto de encuentro de todas las especialidades que le son ajenas. Un espacio de cruce, de choques y múltiples derivaciones. No un espacio cerrado, estático, autorreferencial. Por otra parte, también creo necesaria la rehabilitación de todo lo metaliterario como fuente principal de lo literario y lo literario como un espacio de cruce de la realidad múltiple. Esto significa una reivindicación del autor, del contexto y, sobre todo, del referente de cada texto, sea escrito, oral o visual, como el elemento que da origen y sentido final al texto.
De la misma forma, la historia en general y la historia latinoamericana en particular no debe ser vista simplemente como el resultado de lo que se desprende de los textos escritos con pretensiones de documentos. La historia latinoamericana es la historia de una tradición ilustrada sin ilustración. Es decir, basada en el uso y abuso del texto como reflejo único de la realidad que no reflejaba la realidad sino que la ocultaba, que continuaba reprimiendo la libertad y la diversidad humana en beneficio de la autoridad europea.
Por lo tanto, el estudio textual debe hacerse con un rigor hermenéutico y una forma de facilitar esta labor consiste en partir de hipótesis. Una hipótesis o clave de lectura fundamental es la irrelevancia cuando no la ausencia del componente indígena en toda la cultura, el pensamiento, la mentalidad y el “modus operandi” del continente.
De la misma forma que un idioma no se cambia en unas pocas generaciones, tampoco se cambia una forma de sentir y de pensar. Aún cuando un idioma se impone, como el español en América o el inglés en India, los pueblos multitudinarios siempre conservarán más o menos ideas y sobre todo valores, acciones y creencias que proceden de sus milenarias raíces históricas, siempre travestidas por una modernidad que ante todo es visible y casi por regla general es lo más superficial de una civilización. Para completar la paradoja y el ocultamiento de estas raíces, la misma cultura contemporánea reproduce en el área visual de su consumo lo más superficial de la cultura vernácula, como esas artesanías indígenas que se venden en Perú o en México y que son fabricadas en serie en China.
No deja de ser una paradoja que la historia siempre ha estudiado y representado la historia de la humanidad como una sucesión de hechos, casi siempre militares, casi siempre superficiales ara la historia profunda de los pueblos. Así también la historia del pensamiento se ha representado a sí misma como una sucesión de ideas que cambian, se transmiten o reaparecen cada tanto, casi siempre si no siempre, a través del hilo conductor de sus autores y lectores. Casi siempre influenciando pueblos enteros. Casi nunca a través de las subterráneas potencias de los pueblos, de las civilizaciones con sus formas de hacer y de sentir que definen o condicionan una idea, una corriente de pensamiento.
Igual las tecnologías: se considera que la imprenta en el siglo XV, la máquina a vapor del siglo XIX o Internet en el siglo XX provocaron revoluciones en las formas de sentir y de pensar de las sociedades pero no se considera por qué dichos inventos aparecieron en determinado momento y no antes cuando fueron posibles. Y si no fueron posibles por un estado x de la tecnología del momento, por qué la humanidad o un grupo representante de esa humanidad en determinado momento se obsesionó con dar una solución a un problema del que no dependía la sobrevivencia inmediata de la humanidad.
A partir de estas claves hermenéuticas de lecturas pueden releerse los textos que inventaron nuestras repúblicas y nuestras realidades, nuestros sueños y nuestros crímenes, desde el ensayo hasta la poesía y la ficción, desde Domingo Sarmiento hasta José Martí. En esta relectura deberemos tener como marco la idea de una ausencia —el texto no escrito— que, de una forma o de otra, se explicará y se revelará en la misma violencia suave de los textos escritos, como las iglesias construidas sobre los templos indígenas. Así los documentos históricos se evidencian aún más en su carácter literario, ficticio, como creadores de una realidad más real que la realidad. Como he sugerido anteriormente, es posible sospechar, sino descubrir, las huellas de Quetzalcóatl, Viracocha, de los mitos y de antiguas formas en los mismos escritos de los escritores comprometidos del siglo XX, desde Roque Dalton y Ernesto Guevara hasta Ernesto Cardenal y Eduardo Galeano.
El país industrializado con mayores problemas raciales contra los negros es el país que primero puso a un negro en la Presidencia y a toda una familia de negros en la Casa Blanca.
El país que, como pocos, ha discriminado a los negros a lo largo de su historia, es el país donde no se puede pronunciar la palabra negro sin riesgo de ofender a los negros.
El país donde los derechos y las oportunidades laborales de las mujeres han alcanzado niveles históricos, es el país que nunca ha tenido una presidenta o vicepresidenta mujer.
El país que inventó las ciudades de rascacielos define su estilo de vida por sus casas rodeadas de árboles y extensas sábanas de césped, mientras que los descendientes de los africanos que habitaban las calientes selvas de África ahora se concentran en los centros más urbanos de las frías ciudades de los rascacielos.
El país cuya cultura afro, como el blues o el rap, se distingue por su tristeza o por su rebeldía intrascendente, procede de las culturas africanas que en África y en el Caribe se distinguen por su alegría. El dolor distintivo de esta cultura y la violencia que no libera, como la religión, la lengua, la ideología y todo lo que no se refiera a la biología de los negros norteamericanos procede de Europa. Razón por la cual los afroamericanos deberían llamarse euroamericanos, si no considerásemos algo tan superficial como el color de la piel.
El país que tiene una de las ciudades con más problemas de violencia por armas de fuego se llama Filadelfia, que significa amor fraternal.
El país donde sus patriotas más conservadores han impuesto la idea de que su país es fundamentalmente cristiano y conservador fue fundado por un puñado de políticos y filósofos ilustrados, anarquistas, revolucionarios y por lo menos laicos, seculares o agnósticos.
El primer país del mundo que se funda en base al secularismo, a la separación del Estado y la religión, es el país de Occidente donde la religión es más omnipresente y decisiva en la sociedad, en la política y en el gobierno.
El país donde con más rigor se cumple la ley, donde la autoridad se respeta más, donde los ciudadanos comunes son más respetuosos de las reglas, las normas y los derechos ajenos es uno de los países que con más frecuencia y con mayor gravedad ha violado las leyes internacionales.
En el país donde más odian tener algún tipo de gobierno que se meta en la vida privada de los ciudadanos es el país donde primero se puso en práctica el espionaje panóptico en la vida privada de sus ciudadanos y donde los ciudadanos más reclaman del gobierno un control estricto de las personas sospechosas, que vienen a ser todas aquellas que están de acuerdo con tener algún tipo de gobierno.
En los estados más industrializados del país más industrializado del mundo viven los Amish, quienes andan en algunas autopistas con sus carritos tirados por caballos. Todo para no contaminarse de las contradicciones del mundo industrializado.
El país que tiene al intelectual vivo más citado del mundo y sólo menos citado que Marx entre los muertos, Noam Chomsky, es sistemáticamente criticado por su intelectual más reconocido y citado en el mundo.
El país que suele arrasar con los premios Nobel, el país que monopoliza los rankings de las mejores universidades del mundo, el país que más ha contribuido con inventos, descubrimientos y teorías madres en más de un siglo, es el país que tiene la población más ignorante en geografía, historia, matemáticas, filosofía, física y todo lo que tenga que ver con algún conocimiento sofisticado.
El país que tiene más medallas olímpicas de la historia, que más ha acumulado récords en los juegos de invierno y de verano, es el país donde la gente más anda y menos camina, es el país con los mayores problemas de obesidad en el mundo.
Es también el país donde los pobres sufren de obesidad y los ricos y educados parecen hambrientos.
Es el país donde una hamburguesa con papas fritas y Coca-Cola cuesta 5,99 dólares y sin Coca-Cola cuesta 6,35.
Es el país cuyos estados más liberales, los del noreste, son estados católicos y cuyos estados más conservadores, los del sur, son estados protestantes.
Es el país donde sus religiosos más conservadores y que más profesan la religión del amor de Cristo y la otra mejilla por la no violencia, son aquellos que con más vehemencia defienden el derecho a portar armas, tienen clubes de caza, poderosas asociaciones de rifles, son los únicos en justificar las bombas de Hiroshima y Nagasaki y los primeros en promover intervenciones militares en otras partes del mundo que no han entendido en qué consiste el amor.
Es el país con la mayor influencia política del mundo y cuyos habitantes y votantes menos se interesn por la política secular.
El país que más ha intervenido en los gobiernos ajenos en el último siglo, es donde sus habitantes más ignoran conceptos básicos de historia y geografía, sea del mundo o de su propio país; es el país donde (quizás no sea casualidad) ni siquiera existe una materia llamada geografía en sus escuelas secundarias.
El país por el cual el mundo entero celebra con el feriado más universal el día de los trabajadores, no celebra ni recuerda ese día sino un día más abstracto e impersonal, el día del trabajo, otro día, para no mencionar a los innombrables.
El país que es venerado por su cultura del trabajo, no celebra a sus trabajadores, pero recuerda dos veces al año a los soldados caídos en las guerras. Porque las guerras y la destrucción son más importantes que el trabajo y la construcción para defender la libertad. La libertad de la gente que no necesita trabajar.
Es el país que ha globalizado la contradicción radical del narcisismo voyerista, principal característica de la generación virtual.
Es el país que ha logrado reemplazar la política y la ideología por la economía, lo que significa un radical triunfo político e ideológico a escala mundial.
Ese país es, también, el país más criticado del mundo, por propios y por ajenos, y es, al mismo tiempo, el país más imitado. Sobre todo, por los países emergentes, según la definición de sumergidos desarrollada por el país emergido.
A principios de marzo de 2010, en medio de la visita a Israel del vicepresidente de Estados Unidos, Joe Biden, el gobierno israelí anunció nuevos planes de construcción en los territorios ocupados de Palestina en Jerusalén este.
El anuncio, que no fue el primero ni el último, provocó la reacción de Estados Unidos. El 13 de marzo la secretaria de estado, Hillary Clinton, calificó el anuncio expansionista como un insulto.
En respuesta, Hagai Ben-Artzi, el cuñado del Primer Ministro Benjamín Netanyahu, reaccionó en defensa propia, declarando desde la radio del ejército que el presidente estadounidense era “antisemita, anti-israelí y anti-judío” y le pidió a su suegro que diga “no” a las interferencias estadounidenses. Sobre todo las injerencias del doctor Obama, a quien “no sólo no le gusta el primer ministro, sino que tampoco le gusta la gente de Israel”.
El Primer Ministro Netanyahu rectificó los dichos de su cuñado en un comunicado oficial: “Tengo una profunda gratitud por el compromiso del presidente Obama con la seguridad de Israel, el cual ha expresado muchas veces”.
Sin embargo, Ben-Artzi se vio obligado a hacer lo mismo, aunque extraoficialmente, afirmando que él sí “conoce las opiniones sobre Obama” de su cuñado, el Primer Ministro, pero no puede divulgar lo que “dice en conversaciones privadas”.
Días después de lo que las agencias noticiosas calificaron como la peor crisis en décadas entre Estados Unidos e Israel, el Primer Ministro israelí viajó a Estados Unidos para entrevistarse con el presidente Obama. En medio de esta entrevista sin cámaras ni grabadores extraoficiales, la noticia de un nuevo plan de construcción en otra área en disputa en Jerusalén sorprendió al presidente norteamericano y al mismo ministro israelí.
El presidente se molestó con la noticia del plan y el ministro se molestó con la noticia. Acusó a la izquierda israelí de haberla filtrado y de no poner los intereses de Israel ante cualquier cosa.
Poco más tarde, el 22 de marzo, en un discurso ante uno de los lobbies más poderosos del mundo, el Comité de Asuntos israelí-estadounidense, el Primer Ministro Netanyahu fue muy claro: “La paz no se puede imponer desde afuera. Solo es posible a través de negociaciones directas en las cuales creamos un ambiente de confianza mutua” (“Peace cannot be imposed from the outside. It can only come through direct negotiations in which we develop mutual trust.”)
Lo que demuestra que el problema palestino es un asunto interno de Israel.
Según los autores de The Israel Lobby and U.S. Foreign Policy (2007), los profesores John Mearsheimer (University of Chicago) y Stephen Walt (Harvard University), el Comité de Asuntos israelí-estadounidense es uno de los lobbies de mayor poder en Washington. “El lobby no desea un debate abierto porque éste podría llevar al pueblo americano a cuestionar el nivel de apoyo que le ofrece [al gobierno de Israel]. Consecuentemente, las organizaciones pro-israelíes trabajan duro para influir en las instituciones que se encargan de dar forma a la opinión pública […]. La mayor dificultad que ha encontrado el lobby ha sido al tratar de sofocar el debate en los campus universitarios […] Lo que más preocupa son los esfuerzos que han hecho los grupos judíos para presionar al Congreso para que establezca mecanismos de monitoreo sobre los dichos de los profesores”. [1]
John Mearsheimer y Stephen Walt concluyen que, “ninguna discusión sobre este lobby estaría completa sin un análisis de una de sus principales armas: la acusación de antisemitismo”.[2]
Claro que es posible que este estudio haya sido escrito por la influencia del antisemitismo.
El gobierno de Israel ejerce el legítimo derecho a su autodefensa, especialmente contra aquellos palestinos que en sus discursos niegan la existencia de Israel. Uno de los mecanismos de esta autodefensa consiste en aceptar en los discursos la existencia de Palestina y negarla de hecho en la práctica.
Sin duda Israel un día permitirá que el pueblo palestino tenga su propio país, su propio Estado, su propia ley. Pero eso será, quizás, cuando el Estado de Israel no se sienta amenazado.
En su discurso Americano, el Primer Ministro Netanyahu expresó que “de la misma forma que los palestinos esperan que Israel reconozca un Estado palestino, nosotros esperamos que los palestinos reconozcan un Estado judío” (“just as the Palestinians expect Israel to recognize a Palestinian state, we expect the Palestinians to recognize the Jewish state.”)
Todo lo que demuestra que el correcto uso del lenguaje es más importante que cualquier incorrección práctica, como lo es la colonización por la fuerza para crear un ambiente de confianza, o la suspensión de derechos humanos de pueblos que son hostiles a las buenas intenciones de los primeros ministros.
También es posible que estos últimos sean argumentos de fanáticos violentos, de jóvenes palestinos que arrojan piedras, de viudas terroristas que ponen bombas, de milicias armadas que tiran cohetes contra campesinos israelíes amenazando la existencia del Estado israelí y que desde enero de 2009 ya han matado a un campesino tailandés.
Y lo que es peor y menos conveniente que las piedras, tal vez estos sean argumentos de intelectuales, muchos de ellos judíos, que están influenciados por las malas ideologías y de vez en cuando se atreven a criticar las acciones del gobierno de Israel, que es la expresión de la opinión de su pueblo en primera instancia y de la voluntad de Dios en última.
La única verdad es que, como ha dicho el Primer Ministro Benjamin Netanyahu, el pueblo judío construyó Jerusalén hace tres mil años. Los indicios o evidencias arqueológicas que afirman una edad anterior a este poblado no son tenidos en cuenta, no solo porque no proceden de las escrituras sagradas sino porque además el relato científico no se refiere a una ciudad sagrada sino a un asentamiento cananeo.
Algunos cambios se han hecho desde entonces, como en México D.F. luego que Dios entregó Tenochtitlán a Hernán Cortes y al catolicismo.
Algunos templos no existen más en Jerusalén. Otros se han construido en su lugar o encima. También se han agregado algunas viviendas, algunas torres, se han asfaltado algunas calles, se han agregado algunos semáforos. En fin, se han hecho algunos arreglos en los últimos dos mil años en que Palestina y Jerusalén estuvieron ilegalmente en manos de persas, griegos, romanos y árabes.
Claro que estos últimos pueblos no cuentan. Lo que cuenta es quien estuvo primero. Exceptuando aquellos infieles cananeos que habitaban Palestina antes que el pueblo de Moisés arribara y tomara posesión por mandato divino.
En su discurso ante el Comité israelita, el Primer Ministro Benjamín Netanyahu informó: “Mi primer nombre es Benjamin. Este nombre tiene mil años de antigüedad. Benjamin se llamaba el hijo de Jacob. Uno de los hermanos de Benjamin se llamaba Shimon, el que viene a ser el mismo nombre de mi buen amigo, Shimon Peres, el Presidente de Israel. Hace aproximadamente cuatro mil años Benjamin, Shimon y sus diez hermanos recorrieron esas colinas de Jerusalén. El pueblo judío construyó Jerusalén hace tres mil años y ahora lo está construyendo de nuevo”.[3](traducción del autor)
Todo lo cual, tal vez, está en concordancia con el Antiguo Testamento:
“Entonces Jehová dijo a Moisés: No le tengas miedo, porque en tu mano lo he entregado, a él y a todo su pueblo, y a su tierra; y harás de él como hiciste de Sehón rey de los amorreos, que habitaba en Hesbón. E hirieron a él y a sus hijos, y a toda su gente, sin que le quedara uno, y se apoderaron de su tierra”. (Números, 21:34, 35)
[1] The Lobby doesn’t want an open debate, of course, because that might lead Americans to question the level of support they provide. Accordingly, pro-Israel organisations work hard to influence the institutions that do most to shape popular opinion. […] Where the Lobby has had the most difficulty is in stifling debate on university campuses. […] Perhaps the most disturbing aspect of all this is the efforts Jewish groups have made to push Congress into establishing mechanisms to monitor what professors say.”
[2] “No discussion of the Lobby would be complete without an examination of one of its most powerful weapons: the charge of anti-semitism.”
[3] “My first name, Benjamin, dates back 1,000 years earlier to Benjamin, the son of Jacob. One of Benjamin’s brothers was named Shimon, which also happens to be the first name of my good friend, Shimon Peres, the President of Israel. Nearly 4,000 years ago, Benjamin, Shimon and their ten brothers roamed the hills of Judea. The Jewish people were building Jerusalem 3,000 year ago and the Jewish people are building Jerusalem today”.
[1] The Lobby doesn’t want an open debate, of course, because that might lead Americans to question the level of support they provide. Accordingly, pro-Israel organisations work hard to influence the institutions that do most to shape popular opinion. […] Where the Lobby has had the most difficulty is in stifling debate on university campuses. […] Perhaps the most disturbing aspect of all this is the efforts Jewish groups have made to push Congress into establishing mechanisms to monitor what professors say.”
[2] “No discussion of the Lobby would be complete without an examination of one of its most powerful weapons: the charge of anti-semitism.”
[3] “My first name, Benjamin, dates back 1,000 years earlier to Benjamin, the son of Jacob. One of Benjamin’s brothers was named Shimon, which also happens to be the first name of my good friend, Shimon Peres, the President of Israel. Nearly 4,000 years ago, Benjamin, Shimon and their ten brothers roamed the hills of Judea. The Jewish people were building Jerusalem 3,000 year ago and the Jewish people are building Jerusalem today”.
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