Franz Kafka, 1912

English: 3:4 Portrait crop of Franz Kafka

1912, viaje al año del ‘big bang’ de Kafka

Hace un siglo el escritor vivió una eclosión creativa que cambiaría el rumbo de la literatura

El atormentado literato facturó ‘Contemplación’, ‘La condena’ y ‘La metamorfosis’

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

1912 es un año decisivo en la vida y obra de Kafka. Tanto que, en su devenir, ni la una ni la otra, inextricablemente unidas, resultan comprensibles sin atender a ese tiempo eje. Varias son las razones que validan semejante argumento. En primer lugar, el 13 de agosto de aquel año Kafka conoce a Felice Bauer en casa de los padres de Max Brod. De todas las mujeres que articulan la vida emocional de Kafka, ninguna como Felice retrata no sólo lo que Kafka llegará a ser, sino sobre todo lo que nunca será: esposo, padre, un hombre con raíces. La relación con Felice, su vértigo de compromisos una y otra vez aplazados o rotos, dibuja con singular empeño esa infernal soltería, esa incapacidad (y, a la vez, ese terrible anhelo) para una vida doméstica al uso, que Kafka elevó a rango de inolvidable literatura.

Pero no solo la vida sentimental de Kafka queda marcada para siempre en 1912. También su vocación como escritor, su pasión y condena literaria, se cincelan aquel año. Tres datos bastan para confirmar dicha idea. A finales de 1912, Kafka ve publicado su primer libro: las prosas de Betrachtung, conocidas entre nosotros como Contemplación, un título sin duda menor pero no por ello menos crucial para la historia íntima de la literatura. Con todo, esta publicación no es lo más importante en el terreno creativo del año del que hablamos. Porque dos sucesos de hondísima significación marcan su trabajo en esas fechas.

De un lado, la revelación del “lugar natural” de la escritura de Kafka: la noche, el insomnio, las tinieblas en las que el autor de Praga desarrollará la parte del león de su trabajo. La noche del 22 al 23 de septiembre de 1912, a lo largo de ocho horas ininterrumpidas de escritura, Kafka factura La condena, uno de los textos capitales para comprender la visión del mundo del narrador checo. Y lo hace en un estado casi mediúmnico, acaso sólo comparable al que embargará a Pessoa una noche de marzo de 1914 al pergeñar cincuenta poemas deEl cuidador de rebaños. Poseído por un dios feroz y a la vez dadivoso, Kafka descubre aquella noche cuál será a partir de entonces su relación con la literatura. Mientras los demás duerman el sueño de los justos, descansando de sus afanes y miserias, él volcará su inquietante universo en interminables veladas que, como un motivo opaco, dibujan una de las telas mayores de la literatura de todos los tiempos.

Su vocación como escritor, su pasión y condena literaria, se cincelan aquel año

El último eslabón literario para contemplar 1912 como año de gracia en la vida de Kafka es el más conocido. Entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912, en apenas tres semanas, Kafka escribe uno de los textos decisivos de la sensibilidad occidental del siglo veinte, y con pocas dudas el fragmento que con mayor hondura ha reflejado el angstdel sujeto contemporáneo: durante veinte fecundas noches, en la Niklasstrasse de Praga, nuestro hombre redacta, para asombro de las generaciones futuras, La metamorfosis.

En puridad, no se puede prescindir de Kafka para entender en qué se ha convertido la literatura durante el pasado siglo. En 1964, en un ensayo justamente célebre, La locura, la ausencia de obra, Foucault asegura que “es tiempo ya de comprender que el lenguaje de la literatura no se define por lo que dice, ni tampoco por las estructuras que lo hacen significante, sino que tiene un ser y que es este ser lo que hay que interrogar”. La conclusión de Foucault al respecto de este problema es rotunda: “El ser de la literatura, tal como se manifiesta desde Mallarmé y llega hasta nosotros, alcanza la región donde, desde Freud, tiene lugar la experiencia de la locura”. Así, el demiurgo de la literatura dialoga con esa instancia que dice todo lo que nuestra vida reglamentada, formalista, constreñida por la prevención y las costumbres, calla. La intuición foucaultiana tiene notables adeptos: “En este siglo”, escribe DeLillo en Los nombres, “el escritor ha sostenido una conversación con la locura. Casi podríamos decir que el escritor del siglo veinte aspira a la locura. Para un escritor, la locura es la destilación última de sí mismo, una versión final. Equivale a apagar el sonido de las voces falsas”.

Como ese espejo deformante y audaz en que se refleja el escritor, Kafka resulta inagotable e ineludible. No sólo su apellido ha pasado a las lenguas cultas del mundo para definir una situación determinada (lo kafkiano), sino que su personalidad y su obra han legitimado el nacimiento de lo que, a falta de un nombre mejor, se denominakafkología. La nómina de intelectuales que han prestado su talento a desentrañar las circunstancias de esta ciencia de lo kafkiano, de este logos interminable, es abrumadora. Sin ánimo exhaustivo, basta recordar los nombres de Theodor Adorno, Walter Benjamin, Elias Canetti, Milan Kundera, Robert Musil, Marthe Robert, Jean Starobinski e incluso David Foster Wallace, quien en 1999 dedicó al humor en Kafka un brevísimo ensayo, el iluminador Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka, de los cuales probablemente no he quitado bastante, recogido en Hablemos de langostas.

Su obra, cien años después, nos sigue interrogando, conmoviendo y desconcertando

Los compromisos emocionales, el carácter sagrado de la escritura, la perspectiva de la locura y, en resumidas cuentas, todo el elenco avasallador del pathos de Kafka nos interrogan con fuerza en el último estudio sobre el autor vertido a nuestra lengua, el ensayo de Pietro Citati concisamente titulado Kafka, que publicado por Acantilado recoge la edición italiana de Adelphi de 2007, a la que el erudito florentino añade nuevas consideraciones y material inédito respecto al original de 1986. Contempla aquí Citati a Kafka a través de su relación con las mujeres (Felice, por descontado, pero también Milena y su última compañera, la jovencísima Dora Diamant), a través de su vínculo con la escritura en su doble dimensión de don y de fatalidad, y a través de un puñado de obras mayúsculas: sus tres novelas (El desaparecidoEl proceso y El castillo), algunos relatos extraordinarios (Durante la construcción de la muralla chinaLa madriguera e Investigaciones de un perro) y los fascinantes Aforismos de Zürau, sublimación del genio y el padecimiento kafkianos.

El resultado, discutible en ocasiones (la lectura abiertamente “teológica” que Citati propone de Kafka parece a menudo forzada), memorable en otras (la conversión de Kafka en personaje casi novelesco es notabilísima), redunda en todo caso en la convicción expresada por Adorno en sus Apuntes sobre Kafka: “El momento de la respuesta, al que todo apunta en Kafka, es aquel en que los hombres se dan cuenta de que no son sino cosas”. Y es que, siempre moderno, irreductible a un único punto de vista, enigmático en definitiva como todo gran creador, Kafka amaneció a la eternidad de la literatura hace ahora un siglo. Su obra, cien años después, nos sigue interrogando, conmoviendo y desconcertando con la enormidad de lo imperecedero.

*Ricardo Menéndez Salmón es autor de novelas como La ofensa y La luz es más antigua que el amor (ambas en Seix Barral)

[Fuente: diario El Pais de Madrid]

Los dibujos de Franz Kafka

Con todos ustedes, el dibujante Franz Kafka

Por:Winston Manrique Sabogal04/07/2011

“Mis dibujos no son imágenes, sino una escritura privada”, Franz Kafka.

 Kafka01_Pensador

El pensador(Puedes ver aquí una fotogalería de algunos de los dibujos de Kafka)

Con las palabras-epígrafe de Franz Kafka (1883-1924) que abren este post-retrospectiva sobre sus dibujos, el escritor checo deja claro como veía, concebía y definía sus ilustraciones y su vertiente artística; aquella que lo acompañó desde niño, y por siempre, pero que dejó a un lado en beneficio de la literatura. Dibujos dispersos, algunos más o menos conocidos, pero que nunca habían sido reunidos y vistos uno tras otro, hasta ahora que se publica el libro Franz Kafka. Dibujos, editado en España por Sexto Piso, lo cual permite una apreciación más completa de uno de los autores fundmentales del siglo XX. En Babelia, a través de su blog Papeles perdidos y EL PAÍS.com, ofrecemos un avance en primicia de esta novedad literaria, que llega hoy a las librerías. Una obra que brinda una doble lectura, cada dibujo tiene el texto original que lo acompañaba, es decir donde kafka lo dibujó, o algún pasaje de su obra literaria o personal en el que encaja. El conjunto ilumina aún más el universo del gran autor checo. Más misterio, más enigma, más arte. Una especie de retrospectiva artística de 40 ilustraciones del creador de obras como La metamorfosis El proceso, uno de cuyos pasajes encaja en el siguiente dibujo titulado Dos que esperan:

 Kafka38_Dosqueesperan
El interés y la pasión de Kafka por el dibujo, y el arte en general, fue tal que con 24 años aún no sabía a qué quería dedicarse al crear imágenes como la que abre esta pieza titulada El pensador, y que al igual que sus escritos se prestan a varias interpretaciones, podríamos verla como un autorretrato. Otro registro de su trazo es el deibugo que sigue a continuación, Tres corredores:

Kafka9_3corredores
Aunque en muchos casos se desconoce la técnica empleada, pluma de tinta o lápiz, se trata de un Kafka señalado como expresionista por su amigo y artista Fritz Feigl, o como un escrupuloso realista, según su amigo y albacea literario Max Brod, que siempre quiso publicar algo como este libro y no pudo, y al que debemos muchas de las obras de Kafka pese a su negativa de que vieran la luz. Incluso, el escritor ha sido emparentado con Kandinsky, o relacionado con otros artistas abstractos y algunos más por hacer ilustraciones como esta  Mujer serpiente:

Kafka21_MujerserpienteLo cierto es que Brod siempre creyó en el valor artístico de ese kafka al que le encantaba el arte japonés, fantaseaba con obras de Ingres y le fascinaban artistas como Van Gogh. Además la vinculación de Kafka con el mundo artístico lo llevó a que dos artistas lo invitaran, infructuosamente, a posar como modelo desnudo. Kafka tuvo clases de dibujo en la escuela elemental pero fue en la universidad cuando descubrió el gusto por esta expresión. Sobre todo en los últimos años de la carrera de Derecho (1903-1905) cuando el aburrimiento lo llevaba a garabatear “acertijos” o “pintarrajos”, como los llamaba él, en el margen de sus cuadernos. Esta época es la central de este libro-exposición; aunque también hay  dibujos hechos en postales, cartas, cuadernos o blocs de notas y cuadernos a rayas.

“Observe el lector que no sólo la prosa de Kafka, sino también sus dibujos reciben las mas diversas interpretaciones”, dice el texto de presentación de este libro editado por Sexto Piso.

Kafka era muy crítico con sus dibujos y, según Gustav Janouch, en 1922, dos años antes de su muerte, se refirió a ellos en los siguientes términos: “No son dibujos para mostrar a nadie. Tan solo son jeroglíficos muy personales y, por tanto, ilegibles. (…) Mis figuras carecen de las proporciones espaciales adecuadas. No tienen un verdadero horizonte”… “Los dibujos son rastros de una pasión antigua, anclada muy hondo”.

También se recuerda su mirada más entusiasta y profunda de concepción del arte: “La pasión está en mí. Desearía ser capaz de dibujar. Quiero ver y aferrar lo visto. Esa es mi pasión”.

O su mirada y anhelo de creador: “Intento cercar lo visto de una manera totalmente propia”.

Kafka07_Esgrima
O su mirada más literaria y existencialista cuando se refiere a la serie de hombrecillos (7 dibujos conocidos como “las marionetas negras de hilos invisibles”), la cual se señala como variaciones de la inicial de su apellido, la K: “Vienen de la oscuridad para desvanecerse en la oscuridad”.

O su mirada más filosófica, más platónica: “Todas las cosas del mundo humano son imágenes que han despertado a la vida”.

Son cuarenta dibujos de Franz Kafka, cuarenta piezas con espejos reflectantes en los textos que los acompañan que crean un álbum de doble lectura de uno de los escritores fundamentales del siglo XX. El resultado no es comparable al de su creación literaria, pero es valioso conocer el resultado de un secreto en un hombre como él. El libro se cierra con la ficha-biografía de cada uno de los dibujos y su posible técnica, fecha y aparición. Todo ello gracias a que, como habría dicho el propio Kafka: “Y pese a la mejor de las voluntades… ha de ser la pluma quien, en mi mano, siga por el mal camino”.

 PD. Este sábado 9 de julio, Babelia publicará más dibujos de Kafka acompañados por un artículo de Max, ilustrador y autor de cómic y novela gráfica.

[fuente: El Pais de Madrid]