¿Y si López, Guaidó y Machado intentan alquilarse un Granma y desembarcar en el Orinoco y desde ahí derrocan a la dictadura?
No olviden que Castro, el Che Guevara y el resto de los sobrevivientes eran apenas un puñado y enfrentaron, sin ayuda de ningún imperio colonialista, a un poderoso ejército por tierra, por aire y por mar, armado y apoyado por Estados Unidos y responsable de la matanza de decenas de miles de cubanos, según la CIA, y aun así lo derrotaron.
No estoy a favor de la violencia, pero ya que promueven el bombardeo de su propio país y el acoso de la CIA, del Masad y la invasión militar del mayor imperio global, al menos pónganle el pecho a las balas. No sean cobardes.
Corina, give it a try. No te escondas detrás de la superpotencias imperiales.
Wikileaks: Embajada de EE. UU. solicita financiación para grupos antichavistas Las últimas publicaciones de Wikileaks incluyen cables enviados desde la Embajada de EE. UU. en Caracas al Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Consejo de Seguridad Nacional y otras entidades estadounidenses, que indican solicitudes de financiación adicional del gobierno estadounidense para grupos de la oposición en Venezuela.
Las últimas publicaciones de Wikileaks incluyen cables enviados desde la Embajada de Estados Unidos en Caracas al Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Consejo de Seguridad Nacional y otras entidades estadounidenses, que indican solicitudes de financiación adicional del gobierno estadounidense para grupos de la oposición en Venezuela. Los cables corroboran documentos obtenidos previamente bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) de Estados Unidos que evidencian la financiación continua de Estados Unidos para apoyar a grupos y partidos políticos antichavistas en Venezuela que trabajan activamente para desestabilizar y derrocar al gobierno sudamericano.
Un documento fechado en marzo de 2009, escrito por el Encargado de Negocios John Caulfield, revela 10 millones de dólares en financiación, a través de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, a gobiernos estatales y municipales de la oposición, así como a varias ONG, grupos juveniles y campañas políticas para contrarrestar al gobierno de Chávez. Curiosamente, en el cable confidencial, Caulfield solicita 3 millones de dólares adicionales (además de los 7 millones ya aprobados) debido a un «cambio» en el «mapa político» de Venezuela.
Dado que las elecciones de noviembre de 2008 y el referéndum de febrero de 2009 crearon un nuevo mapa político para Venezuela, la Embajada solicita USD 3 millones adicionales para intensificar las iniciativas de acercamiento a los gobiernos estatales y municipales recién elegidos, así como para continuar con los programas de fortalecimiento de la sociedad civil y prepararnos para la próxima ronda electoral de 2010.
Caulfield añade: «…es necesario redoblar nuestros esfuerzos para contrarrestar el creciente autoritarismo del gobierno de Chávez», lo que indica una clara intención política para justificar la financiación.
El diplomático estadounidense se refería a las elecciones regionales de 2008, en las que los partidos de la oposición ganaron en 6 de los 23 estados y en docenas de municipios. Al parecer, la Embajada estaba interesada en brindar ayuda inmediata a esas regiones para reforzar sus esfuerzos.
INTERVENCIÓN ILEGAL
La Convención de Viena sobre Asuntos Diplomáticos y Consulares prohíbe a las embajadas, consulados y diplomáticos intervenir en la política y los asuntos internos de un país anfitrión. La financiación de gobiernos extranjeros a grupos y campañas políticas también está prohibida e ilegal en Venezuela, al igual que en Estados Unidos. Sin embargo, Caulfield no oculta sus intenciones cuando escribe: «…nuestro esfuerzo es necesario para contrarrestar… al gobierno de Chávez».
Caulfield también admite que la financiación del gobierno estadounidense ayudó a crear muchas de las organizaciones en Venezuela que reciben la ayuda y que esos mismos grupos probablemente no existirían ni sobrevivirían sin el apoyo estadounidense. «Sin nuestra asistencia continua, es posible que las organizaciones que ayudamos a crear… se vean obligadas a cerrar… Nuestra financiación les proporcionará a esas organizaciones un salvavidas muy necesario».
La mayoría de los grupos venezolanos que reciben financiación estadounidense se crearon después de 2002, cuando el Departamento de Estado estableció su Oficina de Iniciativas de Transición (OTI), una rama política de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en Caracas, sin autorización. Ese mismo año, se llevó a cabo un golpe de estado contra el gobierno de Chávez, derrocando brevemente al presidente venezolano. Posteriormente, fue rescatado en 48 horas por fuerzas armadas leales y millones de venezolanos. Los implicados en el golpe recibían financiación y apoyo del gobierno estadounidense a través de la Embajada y de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), una agencia financiada por el Congreso estadounidense. La OTI, que ha financiado y apoyado estratégicamente de forma constante a decenas de partidos políticos y ONG venezolanas con millones de dólares estadounidenses al año, cerró abruptamente a principios de 2011 tras ser expuesta y denunciada por sus actividades de intromisión ilegal en Venezuela.
Sin embargo, el presidente Obama ya solicitó 5 millones de dólares adicionales para financiar a grupos de la oposición en Venezuela en su presupuesto de 2012. Se espera que esta cantidad aumente con fondos de otras agencias estadounidenses en preparación para las elecciones presidenciales y regionales de Venezuela del próximo año.
Los 10 millones de dólares que la Embajada de Estados Unidos destinó a gobiernos locales de la oposición y grupos de la sociedad civil estaban destinados a apoyar a las ONG locales para que actuaran como organismos de control en temas clave para el desarrollo democrático, es decir, contra el gobierno elegido democráticamente. Cinco millones de dólares se destinaron a apoyar a partidos políticos y gobiernos locales para ayudar a los gobiernos de oposición recién elegidos a cumplir las promesas hechas al pueblo durante las campañas políticas de noviembre de 2008. ¿Es realmente aquí donde debería destinarse el dinero de los contribuyentes estadounidenses?
Otros 4 millones de dólares se destinaron a partidos políticos interesados, para desarrollar jóvenes líderes y ampliar el alcance del movimiento juvenil venezolano. Un objetivo particular de la financiación estadounidense, los movimientos estudiantiles y juveniles antichavistas, han surgido en los últimos tres años, recibiendo una cobertura mediática sobrevalorada y atención internacional.
Otro millón de estos fondos se destinó a preparar el terreno para las campañas legislativas de 2010. Sin embargo, durante 2010, se proporcionaron 57 millones de dólares adicionales a la oposición venezolana, provenientes de agencias estadounidenses y europeas.
DINERO E INTERVENCIÓN
Otro cable de la Embajada de Estados Unidos de septiembre de 2009, enviado por el entonces embajador estadounidense en Venezuela, Patrick Duddy, relata una reunión entre el diplomático estadounidense y tres representantes del pequeño partido opositor Podemos. Durante la reunión, Ismael García, legislador y líder de Podemos, solicitó específicamente más fondos e intervención del gobierno estadounidense para contrarrestar al presidente Chávez.
Como lo ha hecho repetidamente en el pasado, García preguntó con insistencia qué podía hacer Estados Unidos, a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) u otros canales del gobierno estadounidense, para ayudar a Podemos. Molina y García sugirieron que el apoyo estadounidense podría utilizarse para que Podemos construyera una red de comunicaciones basada en internet o televisión por cable… El embajador enfatizó que Estados Unidos no está interviniendo en Venezuela, a lo que García respondió: «Sí, pero ahora es el momento de empezar».
Lo que estos documentos evidencian, además de la intromisión ilegal y la hipocresía del gobierno estadounidense, es la continua relación de dependencia entre la oposición venezolana y Washington. Los esfuerzos de Estados Unidos para socavar al gobierno de Chávez han dependido en gran medida de la capacidad de la oposición para desestabilizar el país y contrarrestar a Chávez. Tras años de inversiones multimillonarias en estos grupos, que ahora dependen de la financiación del gobierno estadounidense, se han logrado pocos avances. Este escenario podría explicar las recientes medidas agresivas que el gobierno de Obama está tomando contra Venezuela, imponiendo sanciones e intentando vincular falsa y maliciosamente al gobierno de Chávez con el terrorismo y presentarlo. lo califica de “estado fallido”.
En agosto de 2004, el Embajador describió la estrategia de 5 puntos del equipo de país para guiar las actividades de la embajada en Venezuela durante el período 2004-2006 (específicamente, desde el referéndum hasta las elecciones presidenciales de 2006). Los enfoques de la estrategia son: 1) Fortalecer las instituciones democráticas, 2) Penetrar la base política de Chávez, 3) Dividir el chavismo, 4) Proteger empresas estadounidenses vitales y 5) Aislar a Chávez internacionalmente.
(S) A continuación, se presenta una breve descripción de las actividades de USAID/OTI durante el período mencionado en apoyo a la estrategia:
(S) Este objetivo estratégico representa la mayor parte del trabajo de USAID/OTI en Venezuela. La sociedad civil organizada es un pilar cada vez más importante de la democracia, un pilar sobre el que el presidente Chávez aún no ha podido ejercer un control total.
(S) La OTI (*) ha apoyado a más de 300 organizaciones de la sociedad civil venezolana brindándoles asistencia técnica, desarrollo de capacidades, conectándolas entre sí y con movimientos internacionales, y con un apoyo financiero superior a los 15 millones de dólares. De estas, 39 organizaciones dedicadas a la incidencia política se han formado desde la llegada de la OTI; muchas de estas organizaciones son resultado directo de sus programas y financiación.
(S) Derechos Humanos: La OTI apoya el programa «Derecho a Defender los Derechos Humanos» de Freedom House (FH) con 1,1 millones de dólares. Simultáneamente, a través de Development Alternatives Inc. (DAI), la OTI también ha otorgado 22 subvenciones a organizaciones de derechos humanos, por un total de 726.000 dólares. FH brinda capacitación y asistencia técnica a 15 organizaciones de derechos humanos, pequeñas y regionales, sobre cómo investigar, documentar y presentar casos en situaciones de impunidad judicial mediante un software especializado y técnicas probadas. A continuación, se presentan algunos logros específicos de este proyecto, que han permitido una mejor comprensión a nivel internacional del deterioro de la situación de los derechos humanos en el país:
Observatorio Penitenciario Venezolano: Desde que comenzó a trabajar con la OTI, el OVP ha llevado un caso con éxito ante el sistema interamericano, logrando una sentencia que exige medidas especiales de protección a la BRV para la cárcel «La Pica». Asimismo, del 7 al 12 de noviembre lanzarán el Observatorio Penitenciario Latinoamericano, consolidando su trabajo con una red regional. El OVP recibe apoyo técnico de FH, así como apoyo económico de la Fundación Panamericana para el Desarrollo (FUPAD). Debido al éxito del OVP en visibilizar el problema, la BRV ha ejercido presión sobre ellos mediante declaraciones públicas, anunciando investigaciones y acusándolos de presuntos delitos, así como amenazas de muerte.
Centro de Derechos Humanos de la Universidad Central de Venezuela: Este centro se creó a partir del programa FH y una subvención de DAI. Han logrado visibilizar la Ley de Cooperación Internacional y la situación de los derechos humanos en Venezuela, y han servido como portavoz a nivel nacional e internacional.
Red de Abogados de Derechos Humanos del Estado Bolívar: Este grupo se creó a partir del programa FH y una subvención del programa de pequeñas subvenciones de DAI. Actualmente apoyan a las víctimas de la masacre de 12 mineros en el Estado Bolívar, presuntamente perpetrada por el Ejército venezolano. El propio Chávez se vio obligado a admitir que los militares hicieron un uso excesivo de la fuerza en este caso. Presentarán su caso ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos en febrero de 2007.
(S) PROCATIA: La OTI se ha asociado con un grupo que la población del gran barrio de Caracas percibe como opositor. Debido a la incompetencia de los líderes electos locales, el problema de la basura en Catia es un asunto complejo para todos los habitantes. Este grupo ha organizado brigadas para recolectar y reciclar basura, presionando al gobierno para que proporcione servicios básicos y reposicionándolo como un aliado respetado del barrio.
(S) Finalmente, mediante el apoyo a una campaña de impacto social positivo en cooperación con PAS, la OTI financió 54 proyectos sociales en todo el país, con más de 1,2 millones de dólares, lo que permitió al Embajador visitar zonas pobres de Venezuela y demostrar la preocupación de Estados Unidos por el pueblo venezolano. Este programa fomenta la confusión en las filas bolivarianas y contrarresta el intento de Chávez de utilizar a Estados Unidos como «enemigo unificador».
Aislar a Chávez
14. (S) An important component of the OTI program is providing information internationally regarding the true revolutionary state of affairs. OTI,s support for human rights organizations has provided ample opportunity to do so. The FH exchanges allowed Venezuelan human rights organizations to visit Mexico, Guatemala, Peru, Chile, Argentina, Costa Rica, and Washington DC to educate their peers regarding the human rights situation. Also, DAI has brought dozens of international leaders to Venezuela, university professors, NGO members, and political leaders to participate in workshops and seminars, who then return to their countries with a better understanding of the Venezuelan reality and as stronger advocates for the Venezuelan opposition. 15. (S) More recently, OTI has taken advantage of the draft law of International Cooperation to send NGO representatives to international NGO conferences where they are able to voice their concerns in terms that global civil society understands. So far, OTI has sent Venezuelan NGO leaders to Turkey, Scotland, Mexico, Dominican Republic, Chile, Uruguay, Washington and Argentina (twice) to talk about the law. Upcoming visits are planned to Brazil, Mexico, and Colombia. CARACAS 00003356 004.2 OF 004 OTI has also brought 4 recognized experts in NGO law from abroad to Venezuela to show solidarity for their Venezuelan counterparts. PADF supported visits by 4 key human rights defenders to the Inter-American Human Rights Commission meetings in Washington in October of 2006. These have led to various successes: Civicus, a world alliance of NGOs, has put the Venezuela issue on their Civil Society Watch short list of countries of concern. Gente de Soluciones, a Venezuelan NGO presented their «Project Society» to the OAS General Assembly. While there, they met with many of the Ambassadors and Foreign Ministers of OAS member states to express concern about the law. Uruguayan parliamentarians met with NGOs at a special session of the Foreign Affairs commission, and have promised to help where they can. The Human Rights Commission of the OAS has made several public statements and sent private letters to the National Assembly expressing concern with the law. The most prestigious law faculty in Buenos Aires, Argentina has committed to hosting an event to deal with the draft law. The Democratic Observatory of MERCOSUR plans to hold an event early next year to discuss the draft law. So far the Venezuelan National Assembly has received many letters and emails of opposition to the law from groups all over the world. A private meeting between 4 Venezuelan human rights defenders and Secretary General Jose Miguel Inzulsa during the October 2006 Inter-American Commission on Human Rights (please protect). The press, both local and international, has been made aware of the proposed law and it has received wide play in the US as well as in Latin America 16. (S) OTI has also created a web site which has been sent to thousands of people all over the world with details of the law in an interactive format. ——- Comment ——- 17. (S) Through carrying out positive activities, working in a non-partisan way across the ideological landscape, OTI has been able to achieve levels of success in carrying out the country team strategy in Venezuela. These successes have come with increasing opposition by different sectors of Venezuelan society and the Venezuelan government. Should Chavez win the December 3rd presidential elections, OTI expects the atmosphere for our work in Venezuela to become more complicated.
BROWNFIELD
(*) OTI, Office of Transition Initiatives, una división de USAID
In The Narrative of the Invisible, Jorge Majfud proposes a systematic reading of the cultural, political, and symbolic processes that structure what societies take for granted. Based on his own theory of semantic fields, the author examines how collective meanings are formed, how their roots are hidden, and how the narratives that define identities, hierarchies, and conflicts operate, especially in Latin America. His central hypothesis is that what is “visible” in social life is always the partial effect of a deeper conceptual architecture that has been historically constructed and, to a large extent, naturalized.
The Narrative of the Invisible is a theoretical proposal developed by Jorge Majfud to explain how societies produce, distribute, and dispute meanings. This study on the struggle for semantic fields in social narrative was originally published as a thesis by the University of Georgia in 2005. Since then, political and social events and new technologies, such as social media and artificial intelligence, have confirmed the political and historical relevance of the semantic struggle (even over the ever-present weight of production and consumption systems) exposed in this book. No changes have been made to the original study in this new edition. With its successes and errors, the author has decided to deliver this new edition of A Political Theory of Semantic Fields as it was presented in 2005, without revisions and with the intention of maintaining the immediate historical context.
The starting point is the assertion that social reality is not presented directly, but mediated by narrative structures that precede events and condition their interpretation. This mediation, the author points out, is twofold: on the one hand, it is formed by a historical set of concepts, values, and imaginaries; on the other, it is actualized in concrete discourses that reinforce, correct, or challenge those structures. The invisibility alluded to in the title refers to that deep level of cultural assumptions that orders what can be said and thought.
Majfud articulates his proposal based on what he calls “semantic field theory,” an analytical tool through which he studies not only explicit meanings, but also their negations, associations, exclusions, and effects of meaning. In this perspective, an idea is never defined solely by its direct formulation, but by the network of relationships it maintains with a broader set of socially shared notions. The notion of “field” points precisely to this network of links that determines the reading of a word, a conflict, or an identity. The “semantic” dimension is not limited to language, but encompasses practices, institutions, and representations that shape the social world.
On this theoretical basis, the author examines a series of cultural and political debates, with a special emphasis on Latin America, where he identifies the way in which certain diagnoses are repeated, consolidated, and acquire the force of self-evident truths. One of the cases he analyzes—present in various passages of the book—is that of “Latin American failure,” a recurring topic in both critical and conservative discourses. For Majfud, this category is a paradigmatic example of how a concept laden with history is transformed into an apparently objective fact. The idea of “failure” thus acquires a descriptive status that obscures the conditions of its production, from its colonial roots to contemporary geopolitical relations.
The author also reviews the ways in which different Latin American thinkers have interpreted this diagnosis. He focuses on the explanations of Eduardo Galeano and Carlos Alberto Montaner, two opposing ideological visions that nevertheless share the same starting point: the acceptance of a failed destiny. Majfud shows how both discourses reorganize the semantic field of the continent, one emphasizing colonial heritage and the violence of empires, the other emphasizing cultural and political traditions that would be incapable of articulating a sustained modernizing project. What is relevant for the author is not the empirical validity of each argument, but the mechanism by which the category of “failure” operates as a conceptual core that orders and limits possible interpretations of the past and the future.
A discourse is defined not only by what it affirms, but also—and often more powerfully—by what it discards, minimizes, or renders irrelevant.
This reading introduces one of the central themes of the book: the idea that societies construct their interpretations based on “fundamental negations.” A discourse is defined not only by what it affirms, but also—and often more powerfully—by what it discards, minimizes, or renders irrelevant. Majfud shows, for example, how certain historical explanations support their arguments by rendering invisible external factors such as geopolitical constraints, international financial pressures, or structural inequalities in the global system. Conversely, other narratives emphasize these elements but omit internal components, such as local political disputes or cultural tensions. The author’s analysis highlights this interplay of absences and presences that shapes the common sense of an era.
Another of the book’s core themes is the examination of the “narrative devices that consolidate social identities.” Majfud explores how the figures of “the other,” “the enemy,” “the people,” or “the nation” are constructed, and how these concepts function as organizing axes of the collective imagination. The author observes that these figures do not operate as fixed categories, but are reconfigured according to political circumstances, changing their content without losing their structuring function. The idea of “national identity,” for example, can articulate progressive or conservative, inclusive or exclusive discourses, depending on how the semantic fields that sustain it are rearranged.
The book also focuses on the relationship between “language and power,” pointing out that the dispute over meanings is one of the main ways in which political conflicts manifest themselves.
The book also focuses on the relationship between “language and power,” pointing out that the dispute over meanings is one of the main ways in which political conflicts manifest themselves. For Majfud, the struggle to impose a particular reading of reality is inseparable from the struggle to transform or preserve social structures. This political dimension of language is not limited to explicit public debates, but manifests itself in the way institutions, the media, educational systems, and even everyday life reproduce particular meanings and discourage others. The author emphasizes that the stability of a social order depends largely on the stability of the narratives that legitimize it.
Within this conceptual architecture, Majfud also introduces the notion of “ideolexicon,” understood as the set of ideological discourses that operate under the guise of positive, open, or neutral categories. The author identifies forms of implicit violence that manifest themselves in narratives that naturalize hierarchies or inequalities, such as 19th-century social Darwinism, certain libertarian currents of the 20th century, or the languages of contemporary neoliberalism. In his approach, the “ideolexico” does not act as an explicitly political statement, but as a semantic device that structures social interpretation by presenting ideological postulates as rational or inevitable evidence. This dimension is integrated into his theory of semantic fields and reinforces the idea that the dispute over meanings also includes discourses that are perceived as non-ideological.
Within his conceptual architecture, Majfud also introduces the notion of ideolexico, understood as the set of ideological discourses that operate under the guise of positive, open, or neutral categories.
Within this reflection, Majfud gives central importance to the role of “historical memory.” He asserts that a society does not only remember the events of the past, but also the interpretations it has inherited about them. These interpretations, he points out, function as filters that organize our understanding of the present. The author examines historical episodes in Latin America to show how different narratives can make certain elements visible and hide others, structuring a selective perception that conditions expectations, fears, and collective projects.
A notable aspect of the book is the way it combines historical analysis, philosophical reflection, and cultural criticism. The “invisibility” that the author seeks to narrate is not metaphysical, but social: it is the everyday mechanisms that define what is considered normal, inevitable, or natural. For Majfud, this naturalization is one of the most persistent and difficult elements to question in social life, because it is rooted in unconscious practices, cultural habits, and institutional devices that are rarely problematized.
Majfud argues that understanding the mechanisms of meaning production is a fundamental step in questioning the apparent inevitability of certain social orders.
The text progresses in an argumentative and cumulative manner, using historical examples, intellectual references, and critical readings of public discourses. In several chapters, Majfud compares modes of thought and explanatory models, showing how societies create interpretive frameworks that then function as seemingly neutral criteria for evaluating their own trajectory. The author emphasizes that this circularity—the way in which a diagnosis becomes both cause and consequence at the same time—is one of the main challenges for critical thinking.
In the final section of the book, Majfud returns to the political dimension of his theoretical proposal. He argues that understanding the mechanisms of meaning production is a fundamental step in questioning the apparent inevitability of certain social orders. Although the text does not prescribe solutions or promote ideological programs, it emphasizes the importance of denaturalizing established categories. For the author, the critical task consists of examining the “semantic fields” that sustain our beliefs, detecting their omissions, and exploring alternatives that allow us to imagine other ways of organizing collective life.
Overall, La narración de lo invisible offers a systematic reflection on how the meanings that structure social experience are produced, disputed, and transformed. Its main contribution lies in showing that visible reality is sustained by a broader conceptual framework that is historically constituted and, to a large extent, imperceptible. Through the articulation of theory and case analysis, Majfud develops a perspective that allows us to understand how discourses influence our perception of the world and how that perception, in turn, conditions political and cultural action. The result is a study that proposes a rethinking of the relationship between language, power, and memory from a perspective that privileges the complexity of symbolic processes and the historicity of social narratives.
Publicaciones de archivo: Documentos de la Casa Blanca sobre los esfuerzos de la administración Ford para bloquear las revelaciones de operaciones encubiertas de la CIA en Chile
Washington, D.C., 4 de diciembre de 2025 – Hace cincuenta años, el senador Frank Church convocó la primera audiencia pública del Congreso jamás celebrada sobre operaciones encubiertas de la CIA para derrocar a un gobierno extranjero, centrándose en el caso de Chile. Su Comité Selecto del Senado tomó esta “medida inusual”, explicó Church, “porque el comité cree que el pueblo estadounidense debe saber y poder juzgar lo que llevó a cabo su gobierno en Chile. La naturaleza y el alcance del papel de Estados Unidos en el derrocamiento de un gobierno chileno elegido democráticamente”, señaló el demócrata de Idaho, “son asuntos de profunda y continua preocupación pública. Este historial debe aclararse”. Simultáneamente, el Comité Selecto del Senado de Church para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales con Respecto a las Actividades de Inteligencia publicó su innovador y aún vigente informe, “Acción Encubierta en Chile, 1963-1973”. Basado en el acceso a registros operativos ultrasecretos de la CIA, este estudio de caso sin precedentes de 62 páginas reveló que “la participación encubierta de Estados Unidos en Chile durante la década de 1963 a 1973 fue extensa y continua”, con la intención de impedir que el líder socialista Salvador Allende fuera elegido presidente y, tras su elección, desestabilizar su capacidad de gobierno. Al considerar futuras directrices para operaciones encubiertas, el informe concluyó que “dados los costos de la acción encubierta, solo debería recurrirse a ella para contrarrestar amenazas graves a la seguridad nacional de Estados Unidos. No está nada claro que ese fuera el caso en Chile”. La publicación del informe durante la audiencia sin precedentes de dos días sobre operaciones encubiertas en Chile “marcó un hito histórico en los esfuerzos del Congreso para exigir a la CIA que rinda cuentas ante los principios y valores del pueblo estadounidense”, según el analista del Archivo, Peter Kornbluh.
En el 50.º aniversario de la audiencia y la publicación del informe, el Archivo de Seguridad Nacional publica una selección de documentos previamente desclasificados que documentan los esfuerzos de la administración Ford para obstruir la investigación del Comité Church e impedir una audiencia pública sobre el papel de la CIA en el derrocamiento del gobierno de Allende. Las iniciativas del Congreso de hace 50 años generaron un amplio debate sobre la pertinencia de los intentos clandestinos de cambio de régimen, y las recomendaciones del comité de restringir estrictamente dichas actividades siguen vigentes hoy en día, dado que el presidente Trump ha autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas en Venezuela con el objetivo de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.
Documentos
Washington D. C., 4 de diciembre de 2025 – Hace cincuenta años, el senador Frank Church convocó la primera audiencia pública del Congreso sobre las operaciones encubiertas de la CIA para derrocar a un gobierno extranjero, centrándose en el caso de Chile. Su Comité Selecto del Senado tomó esta «medida inusual», explicó Church, «porque el comité cree que el pueblo estadounidense debe conocer y poder juzgar lo que llevó a cabo su gobierno en Chile. La naturaleza y el alcance del papel de Estados Unidos en el derrocamiento de un gobierno chileno elegido democráticamente», señaló el demócrata de Idaho, «son asuntos de profunda y continua preocupación pública. Este historial debe aclararse».
Simultáneamente, el Comité Selecto del Senado de Church para el Estudio de las Operaciones Gubernamentales con Respecto a las Actividades de Inteligencia publicó su innovador y aún relevante informe, «Acción Encubierta en Chile, 1963-1973″. Basado en el acceso a registros operativos ultrasecretos de la CIA, el estudio de caso sin precedentes de 62 páginas reveló que «la intervención encubierta de Estados Unidos en Chile durante la década de 1963 a 1973 fue extensa y continua», con la intención de impedir que el líder socialista Salvador Allende fuera elegido presidente y, tras su elección, desestabilizar su capacidad de gobierno. Al considerar futuras directrices para operaciones encubiertas, el informe concluyó que «dados los costos de la acción encubierta, solo debería recurrirse a ella para contrarrestar amenazas graves a la seguridad nacional de Estados Unidos. No está nada claro que ese fuera el caso en Chile».
En el 50.º aniversario de la audiencia y la publicación del informe, el Archivo de Seguridad Nacional publica una selección de documentos previamente desclasificados que registran los esfuerzos de la administración Ford para obstruir la investigación del Comité Church e impedir una audiencia pública sobre el papel de la CIA en el derrocamiento del gobierno de Allende. Las gestiones del Congreso hace 50 años propiciaron un debate a fondo sobre la pertinencia de los intentos clandestinos de cambio de régimen, y las recomendaciones del Comité de restringir estrictamente dichas actividades siguen vigentes hoy en día, dado que el presidente Trump ha autorizado a la CIA a realizar operaciones encubiertas en Venezuela con el objetivo de derrocar al gobierno de Nicolás Maduro.
Obstáculos al Comité Los documentos publicados hoy reflejan la estrategia de la administración Ford de obstruir al comité del Senado, así como a un comité especial de la Cámara de Representantes liderado por el congresista Otis Pike (demócrata por Nueva York). Cuando los investigadores del Congreso solicitaron cables del Departamento de Estado que datan de entre 1964 y 1970, Kissinger ordenó a sus asesores que dijeran «No», según una transcripción secreta de una reunión de personal del 14 de julio de 1975. «Transfiéranlo a la Casa Blanca y que la Casa Blanca lo rechace, y yo me encargaré de que la Casa Blanca lo rechace», ordenó. Durante meses, la Casa Blanca, la CIA y el Departamento de Estado retrasaron su respuesta a múltiples solicitudes del Comité Church, alegando falta de personal. En realidad, como admitió posteriormente el director de la CIA, William Colby, «la Casa Blanca nos dijo que no cooperáramos. Simplemente no querían entregar documentos».
Finalmente, la CIA llegó a un acuerdo con el Comité Church para permitir a los investigadores revisar documentos ultrasecretos de la CIA, a cambio de acceso anticipado a los informes del Comité. Sin embargo, la Casa Blanca siguió acogiéndose al «privilegio ejecutivo» sobre memorandos y resúmenes de reuniones cruciales del Consejo de Seguridad Nacional (NSC) y de la Casa Blanca. Se ocultaron documentos reveladores relacionados con una reunión crucial del NSC el 6 de noviembre de 1970, tres días después de la investidura de Salvador Allende, incluyendo las notas manuscritas de la reunión del director de la CIA, Richard Helms, quien registró la declaración del presidente Nixon durante la reunión del NSC («Si hay una manera de derrocar a Allende, deberíamos hacerlo») y la explicación detallada de Henry Kissinger al presidente Nixon sobre por qué Estados Unidos necesitaba socavar al presidente chileno. Kissinger también ocultó al Comité la existencia de sus «telcons»: transcripciones de sus numerosas conversaciones telefónicas con Helms, Nixon y otros funcionarios estadounidenses, que habrían revelado su papel como principal artífice de los esfuerzos estadounidenses para impedir que Allende asumiera el cargo y gobernara con éxito. La CIA ocultó al Comité registros clave que habrían revelado pagos de 35.000 dólares para silenciar a los asesinos del general René Schneider, comandante constitucional de las Fuerzas Armadas chilenas, para ayudarlos a huir del país tras el asesinato y asegurar el encubrimiento del papel de la CIA en el impactante crimen político.
Para Inderfurth, la evidencia descubierta en la innovadora investigación del Comité Church sigue siendo relevante para las operaciones encubiertas de la CIA que el presidente Trump ha autorizado en Venezuela. «Antes de proceder», recomienda, «el presidente y sus asesores deberían revisar el informe del Comité Church sobre ‘Acciones Encubiertas en Chile’. Las cosas no salieron bien, sobre todo para los chilenos que vivieron bajo la brutal dictadura del general Pinochet durante casi dos décadas. Pero también para la reputación de Estados Unidos como ‘modelo de democracia'».
As the Senate Select Committee led by Senator Frank Church moves to release its initial reports on CIA covert operations, the Ford White House gears up to oppose the Committee’s efforts. As President Ford considers his options, his counselor, Jack Marsh, advises him on various opinions of top U.S. officials, including Attorney General Edward Levi who “is of the view that you should weigh carefully a decision of this type where your position can be attacked by partisans as cover-up.” Marsh provides Ford with initial details about how the administration would attempt to impede the Church Committee plans for a public hearing on covert operations in Chile, including by preventing former CIA officials from testifying on classified operations in an open hearing. Marsh recommends “that you not agree to the participation of Administration witnesses in an open hearing.”
In this “issue for decision” memo, drawn almost word-for-word from a memo from CIA Director William Colby for President Ford, his White House legal counsel Jack Marsh advises him on the pros and cons of opposing the first open hearing on CIA covert regime change efforts. “1. It would establish a precedent that would be seized on by the Congress in the future to hold additional open hearings on covert action. 2. It would have a shattering effect on the willingness of foreign political parties and individuals to cooperate with the U.S. in the future on such operations.” Marsh notes that Chilean political leaders assisted by the CIA over the years might be identified, such as former President Eduardo Frei, “whose election in 1964 we contributed to and whose tacit participation in coup plotting in 1970 may be divulged.” If, however, the White House and CIA cooperated with the Church Committee on the hearings, the White House could seek to protect its sources and assets in Chile and “avoid further charges of ‘cover-up’.” Ford checks the option to “oppose open hearings.”
This draft memo to President Ford elaborates on the dangers to CIA operations in Chile and elsewhere in the world if the Church Committee publishes its report on “Covert Action in Chile.” The staff study “is a detailed revelation with specifics,” Ford is advised. “It exposes intelligence sources and methods… It identifies political parties, government entities, media, private organizations and individuals with whom the United States collaborated in a clandestine, confidential relationship. It cites the amounts of money authorized, the recipients, the purposes and the results.” The memo concludes that to “allow the Committee to carry out its intentions to publish and to hold public hearings on covert actions in Chile is unthinkable.”
NSC officials respond to an advance draft of the Church Committee report on Chile. “We have reviewed the Church Committee Staff Report on Covert Action in Chile 1963-1973 and concur most strongly in the CIA position that this material should not be published and should not be discussed in public session,” the memo, drafted by NSC aide Rob Roy Ratliff, advises. Public debate over the wisdom of covert operations in Chile and elsewhere, the NSC argues, would provide adversaries with ammunition “to destroy for all practical purposes any U.S. capability to conduct covert operations…” The memo concludes that “if we are going to fight against release of classified information which would damage our foreign policy and national security interests, this is the time.”
The CIA’s special counsel, Mitchell Rogovin, drafts a memo for the White House outlining a possible compromise with the Church Committee which CIA Director William Colby has worked out during “an informal dinner hosted by the DCI” on November 5 with Senators Frank Church and Charles Mathias (R-MD). Among other points, the Committee would agree to work with the CIA to delete names of CIA agents, foreign officials and organizations, and agree that, besides Chile, “no other covert action would be made the subject of a public hearing or public report.” The proposed compromise, Rogovin asserts, “limits the exposure of covert action to one country,” Chile. Indeed, four other Church Committee case histories—on Congo, Indonesia, Laos and [add country]—remain secret, a half century after they were written.
In this letter, Senator Church advises the CIA director that the Select Committee will hold a two-day hearing on covert operations in Chile on December 4 and 5, 1975. Colby is invited to testify and presents his argument for why the hearing is important: “The Committee is of the view that it is necessary to set the records straight and educate the public on vital questions concerning the use of covert action in a democratic society,” Church writes. “In all frankness, I must say that it is my view that it would be a disservice to the public and perhaps to the Central Intelligence Agency itself if you should forgo this opportunity to speak to these issues.” But Colby declines to participate in hearing.
In this short note to White House counselor Jack Marsh, the CIA writes, “We believe that no CIA participation in open hearings on covert action should be our position.”
Con motivo del 60.º cumpleaños del general Augusto Pinochet, el 25 de noviembre de 1975, cuatro delegaciones de jefes de la policía secreta del Cono Sur se reunieron en Santiago de Chile, por invitación de la DINA, el servicio de inteligencia chileno. Su reunión, celebrada en la Escuela de Guerra de la Alameda, la céntrica avenida de Santiago, fue convocada, según la agenda confidencial, «para establecer algo similar a INTERPOL», «pero dedicado a la subversión». Durante la reunión de tres días, los oficiales militares de Argentina, Bolivia, Chile, Paraguay y Uruguay acordaron formar un sistema de colaboración para identificar, rastrear, capturar y eliminar a los opositores izquierdistas de sus regímenes. Al concluir la conferencia el 28 de noviembre, un miembro de la delegación uruguaya se levantó para brindar por la convocatoria de la reunión y propuso que la nueva organización llevara el nombre del cóndor, el ave nacional del país anfitrión. Según las actas secretas de la reunión, hubo una «aprobación unánime». Los registros chilenos se refieren a Cóndor como «Sistema Cóndor». Los informes de inteligencia de la CIA lo denominaron Operación Cóndor. Fue, como escribe John Dinges en su exhaustiva historia, «Los Años del Cóndor», una agencia de «represión transfronteriza, cuyos equipos trascendieron las fronteras de los países miembros para lanzar misiones de asesinato y otras operaciones criminales en Estados Unidos, México y Europa». Su investigación documentó 654 víctimas de secuestro, tortura y desaparición durante el período operativo activo de Cóndor en el Cono Sur, entre 1976 y 1980. Una subdivisión de Cóndor, con el nombre en clave «Teseo» (por Teseo, el heroico rey guerrero de la mitología griega), estableció una unidad internacional de escuadrones de la muerte con sede en Buenos Aires que lanzó 21 operaciones en Europa y otros lugares contra opositores a los regímenes militares.
En el 50.º aniversario del inicio secreto de la Operación Cóndor, el Archivo de Seguridad Nacional publica una selección de documentos que registran la oscura historia de la represión transnacional bajo el sistema Cóndor. Los registros seleccionados incluyen:
El único documento conocido de la DINA sobre la reunión inaugural —la “Declaración de Clausura de la Primera Reunión Interamericana de Inteligencia Nacional”—, que resumía el acuerdo entre las cinco naciones originales del Cóndor.
El primer documento desclasificado de la CIA que menciona “CÓNDOR” como un “acuerdo de cooperación” contra la subversión. Este documento de la CIA, fuertemente censurado y fechado el 25 de junio de 1976, proporciona información inicial sobre la Segunda Reunión Cóndor, celebrada del 31 de mayo al 2 de junio en Santiago. Fue el primero de una oleada de cables de inteligencia de la CIA en el verano de 1976 sobre la evolución de Cóndor, de una colaboración para compartir inteligencia a un sistema transnacional de desaparición y asesinato. “Los temas abordados en la [segunda] reunión”, señalaba este informe de la CIA, “fueron más amplios que el simple intercambio de información sobre terrorismo y subversión”.
Una traducción de la CIA del acuerdo “Teseo”, un documento extraordinario que registra burocráticamente los procedimientos, presupuestos, horarios de trabajo y normas operativas para la selección, organización y envío de escuadrones de la muerte con el fin de eliminar a los enemigos específicos de los regímenes del Cono Sur. La base de operaciones “Teseo” estaría ubicada en Cóndor 1 (Argentina). Se esperaba que cada país miembro donara 10.000 dólares para cubrir los costos operativos, y se pagarían cuotas de 200 dólares “antes del 30 de cada mes” para gastos de mantenimiento del centro de operaciones. Los gastos de los agentes en misiones de asesinato en el extranjero se estimaron en 3.500 dólares por persona durante diez días, “con 1.000 dólares adicionales la primera vez para ropa”.
Un informe de la CIA sobre cómo la unidad Teseo seleccionará objetivos para “liquidar” en Europa y quiénes estarán al tanto de estas misiones. La fuente de inteligencia de la CIA sugiere que, en Chile, por ejemplo, Juan Manuel Contreras Sepúlveda, jefe de la Dirección de Inteligencia Nacional (DINA), quien ideó el concepto Cóndor y fue el catalizador de su concreción, coordinará detalles y listas de objetivos con el presidente chileno Augusto Pinochet Ugarte.
El primer informe para el secretario de Estado Henry Kissinger, alertándolo sobre la existencia de la Operación Cóndor y sus implicaciones políticas para Estados Unidos, fue publicado el 3 de agosto de 1973. En un extenso informe de su adjunto, Harry Shlaudeman, Kissinger fue informado de que las fuerzas de seguridad del Cono Sur habían establecido la Operación Cóndor para encontrar y eliminar terroristas en sus propios países y en Europa. Brasil está cooperando, aunque no se trata de operaciones de asesinato.
Juan Manuel mencionó memorandos de la CIA, escritos por el jefe de la división del Hemisferio Occidental, Ray Warren, que alertan sobre las misiones planeadas de Condor en Europa y expresan preocupación por la posibilidad de que la CIA sea culpada por los asesinatos de Condor en el extranjero. Un memorando indica que la CIA ha tomado medidas para anticiparse a las misiones, alertando a sus homólogos franceses de que agentes de Condor planeaban asesinar a individuos específicos que vivían allí.
El pasado 26 de noviembre de 2025, el presidente de Uruguay, Yamandú Orsi, se expuso nuevamente a responder preguntas. Esta vez en un formato dialogado, relajado y con tiempo para la reflexión. El programa, “Desayunos Búsqueda” comenzó a las 9:30 de la mañana, por lo que no se puede alegar cansancio. Casi al final, se produjo el siguiente diálogo:
Presidente: “La seguridad es un tema del que hay que hablar… Y yo creo que el ejemplo es Bukele. Es El Salvador… El ejemplo de un proceso”.
Periodista: “¿Lo estás poniendo como ejemplo positivo o negativo…?
Presidente: “Ejemplo para analizar. Estuve con alguien, mano derecha de Bukele, el otro día en La Paz, Bolivia… Son procesos raros ¿no? que tienen esos países… Países que han sufrido guerras… Les pregunté cuántos muertos en la guerra… 80 mil muertos, y no me acuerdo cuantos tantos desaparecidos… Otro tanto en Guatemala. Procesos terribles…”
¿Guerras? Bueno, dejemos ese capítulo de lado. Quienes lo criticamos fuimos acusados de tergiversar sus palabras. “El presidente sólo habló de un ejemplo para el análisis”…
La primera expresión no tiene nada de ambigua. Bukele y El Salvador son “el ejemplo” para discutir la seguridad. ¿Necesitamos un teólogo para interpretar esto? Si hubiese dicho “en materia de seguridad, Cuba es el ejemplo” no habría quedado duda. ¿Por qué no decirlo? Cuba ha tenido una tasa de criminalidad históricamente muy baja. O Chile, cuya tasa de homicidios es la mitad de la de Uruguay. ¿Por qué El Salvador? Más que El Salvador, ¿por qué “el ejemplo es Bukele”, a pesar de que la dramática reducción de los homicidios se produjo en el gobierno de Sánchez Cerén y sin recurrir a los campos de concentración ―su pecado fue desafiar a las corporaciones. Pero, no sin ironía, Bukele ofrece otro ejemplo de la palestinización del mundo que estamos viendo, incluso en Estados Unidos: brutalidad sin ley, cárceles coloniales y datos a la medida del consumidor, como reportar asesinatos como suicidios o accidentes.
Cuando el periodista intenta confirmar, Orsi se sale de la rotonda, una vez más, con una anécdota banal. Como decían los GPS veinte años atrás, cuando uno erraba una salida: recalculating… Al día siguiente, el presidente debió llamar a una radio para aclarar sus oscuridades habituales. La misma ambigüedad gesticular aplicada a “lo tremendo” de la “guerra en Gaza”.
Peor fueron las justificaciones de muchos de sus votantes, las que expresan una desesperada necesidad de confundir deseo con realidad. Algunos de ellos se enojaron con nuestra crítica, diciendo de que hay una “izquierda insaciable” y que “todo debe ser hecho como ellos quien”. No han entendido nada.
Primero: está claro que no hay humanos perfectos y, mucho menos, un político, alguien que cada día debe embarrarse con las contradicciones de la realidad.
Segundo: no por esto, aquellos que no tienen poder político o económico, deben ser condescendientes con quienes fueron elegidos para cargos públicos. Si no resisten las críticas sin azúcar, que renuncien. El resto no les debemos nada. Son ellos quienes se deben a sus votantes y demás ciudadanos. Es algo que ya lo dejó claro el gran José Artigas, hace dos siglos y que, aparte de la adulación vana, pocas veces se lo practicó.
Tercero: lo de Orsi ya no son fallas circunstanciales de cualquier administrador, de cualquier líder que debe negociar ante una pluralidad de intereses. Es (1) una consistencia en su debilidad de análisis y, peor que eso, (2) una consistencia en su alineamiento con los intereses económicos e ideológicos de la misma minoría dominante, no solo a nivel nacional sino imperial, que es la que dicta el bien y el mal en las colonias, inoculando la moral del cipayo, de lo que Malcolm X llamaba “el negro de la casa”.
Orsi es una versión desmejorada de José Mujica. A pesar de su “como te digo una cosa te digo otra”, Mujica no sólo tenía una cultura y una lucidez que hoy es rara avis, sino que, además, era un viejo zorro de la creación de su propio personaje. Vivía como quería y no tenía ni hijos ni nietos por quienes angustiarse en un despiadado mundo capitalista. Le faltó algo propio de un líder, que es la capacidad de dejar seguidores a su altura.
Lo peor que le puede pasar a una democracia es dejar a la política en manos de los políticos. A los líderes hay que apoyarlos, pero no seguirlos como al flautista de Hamelin. Menos cuando solo se es un presidente, no un líder. Lo primero puede ser un accidente; lo segundo es otra cosa.
Otra contra crítica (válida, como toda crítica) nos acusó: “Sigan criticando, que le están haciendo el juego a la derecha”. Otra: “¿Qué están buscando, que tengamos un Milei en Uruguay?”.
Una de las condenas de nuestras pseudodemocracias (plutocracias neofeudales) es que siempre estamos eligiendo el mal menor. Un ejemplo claro es Estados Unidos. En América latina cada vez se reducen más las opciones reales debido a esta lógica. Así, los ciudadanos pasan de “Detesto a este candidato, pero el otro es mucho peor” a mimetizarse con el personaje y con sus ideas (que son las ideas del “mucho peor” pero azuladas) sin exigirles nada.
El resultado no es que nos estanquemos en un statu quo, sino que la resignación y el apoyo acrítico al “menos malo” poco a poco va entrenando el pensamiento y la sensibilidad de aquellos que entendían que era necesario un posicionamiento por la expansión de los derechos de las mayorías, hacia un apoyo a sus propios verdugos, a la poderosa minoría de los de arriba. Así es como trabajadores precarizados y hambreados terminan apoyando con fanatismo a presidentes como Javier Milei, quienes los han convencido de que hay que huir hacia la extrema derecha y defender a los amos para evitar que los antiesclavistas, condenados por Dios y las buenas costumbres, terminen por destruir la libertad y la “civilización judeocristiana”.
A principios del siglo XX, Uruguay era uno de los ejemplos para muchos países latinoamericanos, desde la salud y la educación universal, la audacia de sus leyes progresistas (voto femenino, divorcio) y la distribución razonable para el brutal estándar de desigualdad en el continente colonizado por las corporaciones imperiales. Su condición de país sin grandes riquezas naturales, apetecidas por los imperios, y su ubicación lejana a estos centros de depredación y depravación, lo mantuvieron con relativa independencia para dedicarse a sus propios problemas. Este proceso fue interrumpido con la Guerra fría en los 50s, la dictadura militar supervisada por la CIA en los 70s y la consecuente imposición del neoliberalismo de la Escuela de Chicago. En las últimas décadas, se recuperó algo de aquella tradición progresista con políticas como la universalización de las laptops para niños, pero luego comenzó un remedo vacío, autocomplaciente, un tic sin épica.
Luego de medio siglo de existencia, el Frente Amplio también se está sumergiendo en una silenciosa crisis. El parteaguas fue Gaza. No comenzó con una razón ideológica, sino moral, pero este terremoto obligó a cientos de millones a estudiar historia, lo que dejó al descubierto otras razones imperiales. Este terremoto tiene un mismo epicentro en los sistemas de poder representados por las ideologías de derecha, desde el sionismo, el fascismo, el evangelismo misionero de corbata y pobres temblando en el piso de los templos, no por misterio divino promovido por la CIA décadas atrás.
Todo de forma simultánea al neoliberalismo que ahora agoniza en un postcapitalismo violento, desesperado y sin ideas.
El presiente de Uruguay Yamandú Orsi mencionó que Bukele en El Salvador era un ejemplo. Luego llamó a una radio para decir que quiso decir que era un caso de estudio, ya que era inaceptable para Uruguay.
Mejor que ya no aclare más que oscurece. Es inaceptable en Uruguay y en El Salvador. En la gráfica de arriba repito lo dicho antes en otros medios, pero en forma visual. Salvador Sánchez Cerén había derrumbado los homicidios en pocos años, sin esos campos de concentración y sin convertir a su país en una cárcel estadounidense. Pero Bukele se vendió mucho mejor y, de paso, sedujo a otros países a adoptar las ideas fascistas de que la represión por arriba de los DDHH del resto es la solución para todo. Vale que lo aclare, aunque no es la primera ni será la última vez que salga a apagar su propio fuego. El Salvador como otros países del triángulo del Norte son el resultado de Estados ausentes en los servicios sociales y omnipresentes en la represión sin ley de las “dictaduras amigas”.
(Audio: Interpretación dialogada del texto original)
La práctica de la privatización de tierras como reconversión del sistema feudal y, luego, el dogma de la propiedad privada, probablemente sea la invención más dramática del mundo en el último milenio. Este proceso de despojo se inició con el robo legalizado de tierras comunales en Inglaterra (enclosure) y continuó con una larga serie de robos y matanzas en otros continentes que el sermón y la prensa lavarán y presentarán como modelo de moral y de prosperidad, de la misma forma que antes el terrorismo de las Cruzadas se presentó como una lucha contra el mal.
La idea del derecho a la propiedad especulativa, desarrollada por John Locke a finales del siglo XVII, se convirtió luego en el dogma simplificado de Lalibertad―de empresa. Libertad que se refería a la sagrada libertad de los nobles, luego de los nuevos ricos (burgueses) y, más tarde, de los poderosos e influyentes esclavistas. Hoy, este dogma del capitalismo moribundo se ha convertido en un viejo rosario repetido por incels. (El 29 de octubre de 2025, un libertario argentino, Marco Palazzo, afirmó que un embrión tiene “derecho a la vida, la propiedad y la libertad”.)
Estos despojos legalizados a finales del siglo XVI fueron globalizados por las nuevas compañías privadas (primas de los piratas, privateers), financiadas por las bolsas de valores de la nueva Europa―el epicentro de este invento bursátil estuvo en Ámsterdam, aunque no fue Holanda la que creó el capitalismo y, mucho menos, el libre mercado. Los prósperos mercaderes holandeses le aportaron un componente básico: la aniquilación del libre mercado, imponiendo a los productores de otras regiones qué producir, en lugar de la más milenaria práctica del comercio libre. Inglaterra iría más allá estableciendo leyes proteccionistas en la isla y la libertad de los cañones para abrir los mercados en Asia, poco antes de venderle a las colonias la fantasía de su “libre mercado” como motor de la prosperidad.
Como esta prosperidad sólo era visible en Europa, en el siglo XIX se promovió una rareza histórica: somos prósperos porque pertenecemos a una “raza superior”―llegada sin contaminación de India, junto con la cruz esvástica y la estrella de los dos triángulos. Por milenios, diferentes imperios tuvieron esclavos por razones de conflictos bélicos o de deudas (como hoy), pero no en base a una raza. Se podían tener odios étnicos, pero no los movía la convicción del supremacismo racial. Es muy difícil encontrar en los imperios persa, griego, romano o islámico (menos entre los nativos americanos) esta obsesión.
En Asia, compañías como la West India (holandesa) y la East India Company (inglesa, inspiración de la bandera de Estados Unidos) destruirán y esclavizarán a las sociedades más prósperas del siglo XVII, comenzando por India y Bengala y continuando con China, África y Medio Oriente. En América del Norte, otras, como la Virginia Company o la Bay Company de Boston, privatizarán las tierras indígenas y ya no pararán. Un proceso interminable, impulsado por el fanatismo racial-religioso de los colonos, por sus pestes, sus cañones y su desesperada búsqueda de beneficios derivados del negocio de bienes raíces.
En África, se comercializó (privatizó) a sus habitantes, secuestrando, mutilando y desarraigándolos de sus tierras al otro lado del océano―lo cual hizo cualquier rebelión más difícil y su desmoralización como mercancía más fácil. Las naciones indígenas resistieron mejor debido a su conexión con su tierra y su cultura, hasta que en el siglo XIX Andrew Jackson aplicó la misma fórmula del desplazamiento y desarraigo de pueblos enteros, confinándolos a reservas lejanas.
En la América tropical y subtropical, la esclavitud, la corrupción moral y material estuvo en parte a cargo de los católicos, los hermanos mayores de los protestantes, pero sirvieron de combustible a un modelo económico que les era difícil de comprender: la plata, el oro, los fertilizantes, el algodón y todo tipo de materias primas hicieron posible que los despojados de las tierras comunales en Inglaterra pudieran sobrevivir hacinados en las grandes ciudades (Londres, Manchester…) donde hicieron posible su Revolución industrial como mano de obra barata, alimentada por una producción que las exhaustas tierras de Europa nunca hubiesen podido satisfacer. Robo, saqueo, secuestro, persecución, masacres, genocidios, esclavitud y sermoneo fundaron y desarrollaron el capitalismo para orgullo de los fanáticos de la propiedad privada.
La práctica de la privatización de tierras como reconversión del sistema feudal y, luego, el dogma de la propiedad privada, probablemente sea la invención más dramática del mundo en el último milenio. Este proceso de despojo se inició con el robo legalizado de tierras comunales en Inglaterra (enclosure) y continuó con una larga serie de robos y matanzas en otros continentes que el sermón y la prensa lavarán y presentarán como modelo de moral y de prosperidad, de la misma forma que antes el terrorismo de las Cruzadas se presentó como una lucha contra el mal.
Entre los siglos XVI y XVII, un millón de nativos fueron esclavizados en la costa del Atlántico Norte, cifra que excedía el tráfico de africanos. Nueve de cada diez murieron en las primeras décadas de la colonización. La catástrofe en América fue aún mayor que la sufrida por Europa durante las oleadas de peste negra, con la diferencia de que, en la empobrecida, antihigiénica, fanática Europa, acosada por los índices más alto de homicidios del mundo, no se las esclavizó ni se les impuso el olvido de sus raíces.
Entre las sobrevivencias, está la influencia de los nativos americanos que se cruzaron con el imperialismo naciente de Europa. Esta influencia fue deliberadamente negada, desde Rousseau y Benjamín Franklin hasta los académicos de hoy, con la excepción de una minoría que no deja de revindicar el factor indígena en la creación de la democracia moderna―muy inferior a la nativa original.
Aquí es importante entender un elemento central: entre los practicantes de la democracia real nativa no existía la propiedad privada más allá del uso directo, como fue el caso de la especulación anglosajona de la propiedad como valor de cambio. No existe democracia real basada en este principio económico. Sólo una farsa, esa que se llamaría “democracia liberal” (democracia feudal). No hago referencia a ninguna utopía, sino a la experiencia de siglos y alianzas pacíficas entre diferentes pueblos nativos y la comprobación capitalista de que toda libertad económica lleva en sí el germen de su propia destrucción.
Aunque como ciudadanos de segunda, los indígenas colonizados por los ibéricos fueron integrados a la sociedad criolla más que los indígenas del norte a la sociedad anglosajona. La sociedad hispanoamericana estaba plagada de clasismo, racismo y explotación, pero su racismo básicamente fue cultural y económico―no ideológico, como será el racismo anglosajón. Este racismo militante y fanático, consciente, reivindicativo, más tarde derivaría en las teorías supremacistas del siglo XIX y luego en el nazismo del siglo XX.
La paradoja consiste en que las ideas nativas reprimidas en el mundo hispanoamericano nunca alcanzaron la preminencia de dogma civilizatorio. Aunque con un sincretismo imposible de disimular (como el catolicismo de la Virgen María), las ideas de comunidad y democracia de los “pueblos salvajes” nunca alcanzó la península en Europa, ni por el Atlántico ni desde los Pirineos luego de que Francia adoptara el concepto de democracia de los nativos del norte, porque España se sentía un imperio ganador que no necesitaba las “nuevas ideas de Europa”.
El nuevo concepto de propiedad (el valor de cambio de la existencia natural y humana) cruza toda esta historia. Aunque ahora vivimos en una forma de postcapitalismo neofeudal, la nueva civilización no llegará hasta que esa forma de propiedad no sea abolida o, al menos reducida a los márgenes del planeta.
This study on the struggle over semantic fields in social narrative was originally published as a thesis by the University of Georgia in 2005. Since then, political and social events and new technologies, such as social media and Artificial Intelligence, have confirmed the political and historical relevance of the semantic struggle (even under the ever-present influence of production and consumption systems) presented in this book. No significant changes have been made to the overall study in this new edition. Despite its successes and failures, the author has decided to present this new English edition of The Narration of the Invisible. A Political Theory of Semantic Fields as it was presented in Spanish in 2005, without revisions and with the intention of maintaining the immediate historical context.
Este estudio sobre la lucha por los campos semánticos en la narrativa social fue publicado originalmente como tesis por la Universidad de Georgia en el año 2005. Desde entonces, los acontecimientos políticos y sociales y las nuevas tecnologías, como las redes sociales y la Inteligencia Artificial, han ido confirmando la relevancia política e histórica de la lucha semántica (aún sobre el siempre presente peso de los sistemas de producción y consumo) expuesta en este libro. En esta nueva edición no se han introducido cambios al estudio original. Con sus aciertos y errores, el autor ha decidido entregar esta nueva edición de Una teoría política de los campos semánticos tal como fue presentada en 2005, sin revisiones y con la intención de mantener el contexto histórico inmediato. The University of Georgia, 2005 / Humanus 2024.
La congresista María Elvira Salazar, vieja conocida de la mafia de Miami y ahora aliada de Maria Corina Machado por las mismas treinta monedas, le “explica a los estadounidenses que no quieren una intervención en Venezuela”.
El viejo terrorismo de Miami, ahora convertido en terrorismo político, sediento de dinero, sangre y petróleo ajeno, te lo cuenta sin maquillaje, con el descaro de los imperialistas asesinos y genocidas que hoy están aquí y mañana allá, hoy en Palestina y mañana en Venezuela. La sonrisa de la maldad explicando cuánto vale la sangre de no-personas allá lejos. Todo a parir de una simple proyección del terrorismo propio en alguien a quién se quiere remover del poder de un país lejano. La maldad hecha carne y podredumbre, pero con mucho maquillaje.
La mayoría de los estadounidenses que conozco, de distintas profesiones (desde académicos, empleados de tiendas, dueños de pequeños negocios, soldados veteranos de guerras perdidas), ya no quieren seguir con ese maldito juego imperialista de las invasiones y de los cambios de régimen de gobiernos ajenos bajo excusas hipócritas.
Pero nunca faltan (de hecho, sobran) los cipayos latinos y de las mafias patriotas de los «inmigrantes que llegan buscando la libertad» que desean desesperadamente el sufrimiento de sus hermanos allá en el sur. Como decían los más célebres terroristas tirabombas de Miami, “que sufran, cuánto más sufran mejor”.
Por estos lobbies (el lobby cubano en Washington fue creado en los 80s a imagen y semejanza del lobby israelí, ver «1976. El exilio del terror») América latina y el mundo continúan desangrándose sin pausa―Pero es más fácil echarle la culpa a un régimen desalineado aquí o allá.
La historia les tiene reservado un rincón cloacal.
Jorge Majfud, noviembre 2025.
La congresista María Elvira Salazar, vieja conocida de la mafia de Miami y ahora aliada de Maria Corina Machado por las mismas treinta monedas, le "explica a los estadounidenses que no quieren una intervención en Venezuela". El viejo terrorismo de Miami, ahora convertido en… pic.twitter.com/4lwQfMdabw
The same day that Christopher Columbus left the port of Palos, the third of August of 1492, was the deadline for the Jews of Spain to leave their country, Spain. In the admiral’s mind there were at least two powerful goals, two irrefutable truths: the material riches of Asia and the perfect religion of Europe. With the former he intended to finance the reconquest of Jerusalem; with the latter he would legitimate the looting. The word “oro,” Spanish for “gold,” spilled from his pen in the same way the divine and bloody metal spilled from the ships of the conquistadors who followed him. That same year, the second of January of 1492, Granada had fallen, the last Arab bastion on the Iberian Peninsula. 1492 was also the year of the publication of the first Castilian grammar (the first European grammar in a “vulgar” language). According to its author, Antonio de Nebrija, language was the “companion to empire.” Immediately, the new power continued the Reconquest with the Conquest, on the other side of the Atlantic, using the same methods and the same convictions, confirming the globalizing vocation of all empires.
At the center of power there had to be a language, a religion and a race. Future Spanish nationalism would be built on the foundation of a cleansing of memory. It is true that eight centuries before Jews and Aryan Visigoths had called for and later helped Muslims replace Roderick and the rest of the Visigoth kings who had fought for the same purification. But this was not the principal reason for despising the Jews, because it was not memory that was important but forgetting. The Catholic monarchs and successive divine royalty finished off (or wanted to) the other Spain, multicultural and mestizo Spain, the Spain where several languages were spoken and several religions were practiced and several races mixed. The Spain that had been the center of culture, the arts and the sciences, in a Europe submerged in backwardness, in the violent superstitions and provincialism of the Middle Ages. More and more, the Iberian Peninsula began closing its borders to difference. Moors and Jews had to abandon their country and emigrate to Barbaria (Africa) or to the rest of Europe, where they integrated to peripheral nations that emerged with new economic, social and intellectual restlessness.1 Within the borders were left some illegitimate children, African slaves who go almost unmentioned in the better known version of history but who were necessary for undignified domestic tasks. The new and successful Spain enclosed itself in a conservative movement (if one will permit me the oxymoron). The state and religion were strategically united for better control of Spain’s people during a schizophrenic process of purification. Some dissidents like Bartolomé de las Casas had to face, in public court, those who, like Ginés de Supúlveda, argued that the empire had the right to invade and dominate the new continent because it was written in the Bible (Proverbs 11:29) that “the foolish shall be servant to the wise of heart.” The others, the subjugated, are such because of their “inferior intellect and inhumane and barbarous customs.” The speech of the famous and influential theologian, sensible like all official discourse, proclaimed: “[the natives] are barbarous and inhumane peoples, are foreign to civil life and peaceful customs, and it will be just and in keeping with natural law that such peoples submit to the empire of more cultured and humane nations and princes, so that due to their virtues and the prudence of their laws such peoples might throw off their barbarism and reduce themselves to a more humane life and worship of virtue.” And in another moment: “one must subjugate by force of arms, if by other means is not possible, those who by their natural condition must obey others but refuse to submit.” At the time one did not recur to words like “democracy” and “freedom” because until the 19th century these remained in Spain attributes of humanist chaos, anarchy and the devil. But each imperial power in each moment of history plays the same game with different cards. Some, as one can see, not so different.
Despite an initially favorable reaction from King Carlos V and the New Laws that prohibited enslavement of native Americans (Africans were not considered subject to rights), the empire, through its propertied class, continued enslaving and exterminating those peoples considered “foreign to civil life and peaceful customs” in the name of salvation and humanization. In order to put an end to the horrible Aztec rituals that periodically sacrificed an innocent victim to their pagan gods, the empire tortured, raped and murdered en masse, in the name of the law and of the one, true God. According to Bartolomé de las Casas, one of the methods of persuasion was to stretch the savages over a grill and roast them alive. But it was not only torture – physical and moral – and forced labor that depopulated lands that at one time had been inhabited by thousands of people; weapons of mass destruction were also employed, biological weapons to be more specific. Smallpox and the flu decimated entire populations unintentionally at times, and according to precise calculation on other occasions. As the English had discovered to the north, sometimes the delivery of contaminated gifts, like the clothing of infected people, or the dumping of pestilent cadavers, had more devastating effects than heavy artillery.
Now, who defeated one of the greatest empires in history, the Spanish Empire? Spain. As a conservative mentality, cutting across all social classes, clung to a belief in its divine destiny, as the “armed hand of God” (according to Menéndez Pelayo), the empire sank into its own past. The society of empire fractured and the gap separating the rich from the poor grew at the same time that the empire guaranteed the mineral resources (precious metals in this case) allowing it to function. The poor increased in number and the rich increased the wealth they accumulated in the name of God and country. The empire had to finance the wars that it maintained beyond its borders and the fiscal deficit grew until it became a monster out of control. Tax cuts mainly benefited the upper classes, to such an extent that they often were not even required to pay them or were exempted from going to prison for debt or embezzlement. The state went bankrupt several times. Nor was the endless flow of mineral resources coming from its colonies, beneficiaries of the enlightenment of the Gospel, sufficient: the government spent more than what it received from these invaded lands, requiring it to turn to the Italian banks.
This is how, when many countries of America (what is now called Latin America) became independent, there was no longer anything left of the empire but its terrible reputation. Fray Servando Teresa de Mier wrote in 1820 that if Mexico had not yet become independent it was because of the ignorance of the people, who did not yet understand that the Spanish Empire was no longer an empire, but the poorest corner of Europe. A new empire was consolidating power, the British Empire. Like previous empires, and like those that would follow, the extension of its language and the dominance of its culture would be common factors. Another would be publicity: England did not delay in using the chronicles of Bartolomé de las Casas to defame the old empire in the name of a superior morality. A morality that nonetheless did not preclude the same kind of rape and criminality. But clearly, what matters most are the good intentions: well-being, peace, freedom, progress – and God, whose omnipresence is demonstrated by His presence in all official discourse.
Racism, discrimination, the closing of borders, messianic religious belief, wars for peace, huge fiscal deficits to finance these wars, and radical conservatism lost the empire. But all of these sins are summed up in one: arrogance, because this is the one that keeps a world power from seeing all the other ones. Or it allows them to be seen, but in distorted fashion, as if they were grand virtues.
Existen varios elementos ideológicos en la narración histórica del Inca Garcilazo de la Vega y una concepción de progreso de la historia que se opone a la concepción antigua de Hesíodo y de la Iglesia. En sus Comentarios Reales de los Incas procura una “reivindicación” de su pueblo original, en un contexto español; para “ser aceptado”, se propone no reescribir directamente la historia oficial, pero trastoca los significados de aquellos “hechos” narrados con anterioridad por los españoles en su Perú natal. Al mismo tiempo, realiza un mestizaje cosmológico que servirá como herramienta para confirmar su concepción de la historia y revindicar, al mismo tiempo, sus orígenes étnicos y culturales. Pero, en gran medida, su perspectiva religiosa e intelectual ya pertenece a España. El Inca Gracilazo de la Vega no identifica el panteísmo de los pre-incaicos y lo rechaza desde una perspectiva cristiana que separa al hombre de la naturaleza. Lo que demuestra su concepción europea de la divinidad. Desprecia las culturas preincaicas porque adoraban lo inferior a ellos, mientras que los Incas —como los cristianos— adoraban lo superior y la unidad: el Sol. Más aún, Gracilazo de la Vega identifica, sin nombrarlo, a Pachacámac con el Espíritu Santo. Jesu Christo será la culminación del progreso hacia la perfección de la Trinidad. La consecuencia es una concepción progresista de la historia que incluye a los incas y todos los pueblos (imperfectos) que lo precedieron. Pasa por encima del rito, del dogma y de las formas para encontrar en el pueblo inca un destino común a la civilización cristiana. Con ello también revela un componente humanista de una historia que se desarrolla con un objetivo universal y mestizo. No por casualidad, se nombra “Inca” con un apellido español, de la Vega, y lucha por conciliar ambas tradiciones: es un proyecto histórico, una voluntad de síntesis, y una reivindicación personal.
Los Comentarios Reales del Inca Gracilazo de la Vega son el resultado del esfuerzo de una vida. Su título sugiere que se tratan de “anotaciones al margen” de otro texto mayor. Si consideramos “texto” a aquellos textos escritos que, bajo el título de “relaciones” o “crónicas”, pretendían documentar los “hechos” principales de la conquista del Perú y de un presente histórico concreto, efectivamente estamos ante “comentarios”. No obstante, también los “hechos” son textos y en su relectura nos va la modificación de esos “hechos” e, incluso, su creación. Como observó Anderson Imbert, “la narrativa comenzó en el Nuevo Mundo como había comenzado en el viejo: en la historiografía. Heródoto, padre de la historia y del cuento; y también nuestros cronistas de Indias tuvieron esa doble paternidad.” (117)
Con una fórmula barroca de excesiva modestia,[1] de la Vega se presenta ante sus lectores (principalmente cortesanos españoles) como s-i careciera de estas pretenciones: se tratan de “comentarios”, de alguna que otra precisión lingüística, algún que otro comentario teológico, pero nada más. Sin embargo, el resultado es el contrario. En los Comentarios Reales no se cuestiona la letra escrita de otros historiadores españoles; se cuestionan las interpretaciones de los hechos narrados, la lectura de la letra escrita, su significado “real”[2] Sus fuentes escritas serán el padre Blas Valera y Cieza de León. Es decir, españoles que vivieron en Perú. De la Vega, peruano que vivió y escribió en España, tendrá una perspectiva diferente. Pero la diferencia, la única autoridad que se atribuye sutilmente, es la de haber conocido el objeto de los escritos ajenos: la lengua, la cultura, las creencias de los incas. “Pedro de Cieza, capítulo setenta y dos dice así: ‘El nombre de este demonio quería decir hacedor del mundo, porque Cama quiere decir hacedor y pacha, mundo’, etc. Por ser español no sabía tan bien la lengua como yo, que soy indio Inca” (Vega, Comentarios, 62). Incluso, cuestiona las mismas palabras o “confesiones” que pudieron hacer los incas a los españoles, desde una perspectiva de conocimiento más profunda sobre su propio pueblo.[3] También corrige a Cieza, paradójicamente, para acercar la religión inca y asimilarla a la cristiana, de forma de legitimarla. “En mis niñeces [mi familia, los incas] me contaban sus historias, como se cuentan las fábulas a los niños” (44). “Después, en edad más crecida, me dieron larga noticia de sus leyes y gobierno, cotejando el nuevo gobierno de los españoles con el de los Incas […] Decíanme cómo procedían sus Reyes en paz y en Guerra, de qué manera trataban a sus vasallos y cómo eran servidos por ellos”. Por un lado es un instrumento de la conservación oral de su pueblo: “En suma, digo que me dijeron noticia de todo lo que tuvieron en su república, que, si entonces lo escribiera, fuera más copiosa esta historia”. Por otro lado, confirma el género de crónica o relaciones: “Demás de habérmelo dicho los indios, alcancé y vi por mis ojos mucha parte de aquella idolatría, sus fiestas y supersticiones, que aún en mis tiempos, hasta los doce o trece años de edad, no se habían acabado del todo […] las cuales contaré diciendo que las vi” (45).
Gracilazo de la Vega es consciente del problema irresuelto de distinguir los “hechos” de la “ficción” y resuelve a cuál atribuir vedad y a cual mentira. Los hechos narrados de forma parcial representan una falsificación; la crónica es una forma de atribuirse autoridad, pero también el conocimiento “iniciático” de la cultura que se pretende describir y juzgar. Para de la Vega, sólo puede hacer una crónica válida —completa— aquel que conoce profundamente el objeto de su narración, es decir, su propia cultura. La cita que sigue condensa estos aspectos (los subrayados son nuestros):
[S]e me permitirá decir lo que conviene para la mejor noticia que se pueda dar de los principios, medios y fines de aquella monarquía, que yo protesto decir llanamente la relación que mamé en la leche y la que después acá he habido, pedida a los propios míos, y prometo que la afición de ellos no sea parte para dejar de decir la verdad del hecho, sin quitar de lo malo y añadir a lo bueno que tuvieron, que bien sé que la gentilidad es un mar de errores, y no escribiré novedades que no se hayan oído, sino las mismas cosas que los historiadores españoles han escrito de aquella tierra y los Reyes de ella y alegaré las mismas palabras de ellos donde conviene, para que se vea que no finjo ficciones a favor de mis parientes, sino que digo lo mismo que los españoles dijeron. (Vega, Comentarios, 46) (El subrayado es nuestro)
Por un lado insiste en ser objetivo y no tendencioso a favor de su sangre, de su cultura original, y, por el otro, renuncia a una reescritura de la historia de los conquistadores, cuando el valor de la relación estaría en su particularidad testimonial y en su conocimiento de su propia cultura. Pero Gracilazo sólo puede legitimarse a través de los vencedores, de aquellos que viven ahora con él y poseen el monopolio de la cultura escrita. “Sólo serviré de comento para declarar y ampliar muchas cosas que ellos asomaron a decir y las dijeron imperfectas por haberles faltado relación entera” (46). Pero su proyecto, aunque con aprensión, debe ir justificado con razones sólidas, difíciles de refutar por los posibles adversarios dialécticos: “Que el español que piensa que sabe más de él, ignora de diez partes las nueve por las muchas cosas que un mismo vocablo significa y por las diferentes pronunciaciones que una misma dicción tiene para muy diferentes significaciones” (46). Incluso, por momentos, va más allá de los límites trazados previamente: “Demás de esto, en todo lo que de esta república, antes destruida que conocida…” (46).
Diferente a los cronistas, sus Comentarios Reales muestran varios elementos mestizos. De la Vega se ha integrado a una mentalidad católica española, pero no puede olvidar su origen. Para resolver este conflicto o aparente contradicción, los integra en un proyecto común: la cultura Inca, su concepción teológica, su destino religioso, son un estado previo al cristianismo. Lo predicen y lo hacen posible. Ambos forman parte de un destino; no de un choque de mentalidades, de culturas.
La dimensión personal va fuertemente unida a su cultura y la cultura europea del momento. De la Vega tiene una concepción humanista y progresista de la historia y hace una “reivindicación” de los incas, su raza, en un contexto español ciego a la posibilidad de algo bueno o verdadero fuera del dogma católico[4]. En los últimos siglos, España no había conocido otra moral que la guerra y el combate del “otro”, ya sea moro, judío, protestante o americano. Incluso Santa Teresa de Jesús, De la Vega lo sabía y sabía quién era y dónde estaba parado: además de huérfano nacido en tierra salvaje, era mestizo, impuro americano[5]. En cierta forma, un converso, estatus étnico-religioso de grado delicado y peligroso para el momento histórico de la península. Además escritor, historiador y probable innovador dentro de una sociedad conservadora, muchas veces, reaccionaria. Estos rasgos, a mi entender, son principales en el perfil de los Comentarios Reales del Inca.
Ahora pasemos a aquellos elementos manejados por de la Vega para releer la historia oficial y llevarla por un nuevo curso, más razonable y conveniente a su raza y cultura. En “Idolatría y dioses que adoraban antes de los Incas”, hace un esfuerzo por diferenciar la cultura pre-incaica (dominada por la idolatría) de la cultura Inca[6]. Al mismo tiempo, comparará y encontrará fundamentales similitudes entre esta cultura —centro de su historia— y la cultura cristiana. Principalmente, estas “coincidencias” se basarán en observaciones teológicas y religiosas, como la concepción unitaria de la divinidad en los incas. Es la unidad proto-católica de Espíritu Santo.[7] “Tuvieron al Pachacámac en mayor veneración interior [porque no le hacían templos como al dios Sol, porque no lo habían visto] que al Sol.” (62)
Esta verdad que voy diciendo, que los indios rastrearon con este nombre [Pachacámac] y se lo dieron al verdadero Dios nuestro, la testificó el demonio, mal que le pesó, aunque en su favor como padre de mentiras, diciendo verdad disfrazada de mentira o mentira disfrazada con verdad.”[8] (62)
Gracilazo entiende que tanto Cieza de León como el padre fray Jerónimo Román escribieron sobre Pachacámac narrando “lo cierto”, pero atribuyéndole errores de significado por no conocer el idioma[9] (63). El verdadero equivalente del demonio cristiano debía ser la deidad despreciada por los incas, nunca la venerada. Gracilazo resuelve el celo monolátrico del cristianismo identificando a Pachacámac con Yahvé y a Zúpay con Lucifer, sin atender a las narraciones bíblicas de describen caracteres e historias muy distintas. Zúpay era el verdadero demonio y los incas lo habían comprendido así escupiendo al pronunciar su nombre. Por el contrario, cuando nombraban a Pachacámac mostraban adoración por algo alto, superior a los humanos —a los humanos en general, no sólo a los incas (63). El Dios de Gracilazo es un Dios ya no sólo mestizo, sino en ese ejercicio se ha convertido en una abstracción universal, alejada de la narración bíblica precisa y del rito católico. Un Dios transcultural; en el fondo, un dios más católico —Universal— que el dios de la Iglesia Católica. “Pero, si a mí, que soy indio cristiano católico, por la infinita misericordia, me preguntasen ahora ‘¿cómo se llama Dios en tu lengua?’, diría Pachacámac, porque en aquel lenguaje general del Perú no hay otro nombre para nombrar a Dios sino éste […]” (63). Enseguida, Gracilazo se detiene en explicaciones semánticas, antes que teológicas. No obstante, Gracilazo de la Vega se dirige a un público que presiente y conoce. Debe convencer con ideas más tradicionales. Debe convencer asimilando los ritos y los símbolos de un pueblo con los del otro: “Tenían los Reyes Incas en el Cuzco una cruz de mármol fino, de color blanco y encarnado, que llamaban jaspe cristalino: no saben decir desde qué tiempo la tenían.” (64)
Si bien Gracilazo de la Vega se basa en los escritos anteriores de los españoles, no para “negarlos” —según su declaración inicial— sino para resignificarlos, también hace uso de los mismos cuando éstos coinciden con su proyecto histórico, con su intento de revindicar a su pueblo y su cultura. Podemos leer largas citas sin cuestionamiento tales como la siguiente:
“Los que comían carne humana, que ocuparon todo el Imperio de México y todas las islas y mucha parte de los términos del Perú, guardaron bestialísimamente esta mala costumbre hasta que reinaron los Incas y los españoles” Todo esto es del padre Blas de Valera. (74)
No es casualidad que Gracilazo cite esta autoridad que, precisamente, pone a los incas y a los españoles en concordancia ética. Más adelante, confirma estos escritos con las historias que le escuchó contar a su padre y sus “contemporáneos”, sobre las diferencias entre “México y Perú, hablando en este particular de los sacrificios de hombres y del comer carne humana” que era costumbre entre los primeros y condenado por los segundos. Por el contrario, Gracilazo relata cómo el inca Auquititu mandó perseguir a los sodomitas de un pueblo vencido y que “en pública plaza [los] quemasen vivos […]; así mismo quemasen sus casas”. Y, con un estilo que no escapa al relato bíblico de Sodoma y Gomorra, “pregonasen por ley inviolable que de allí en delante se guardasen en caer en semejante delito, so pena de que por el pecado de uno sería asolado todo su pueblo y quemados sus moradores en general.”[10] (147)
En otros momentos de la evolución histórica de la teología inca, Pachacámac, como el dios judeocristiano, era invisible y omnipresente[11]. Sin embargo, podemos ver que el “modelo” histórico y teológico que se desprende de los Comentarios del Inca de la Vega es la Sagrada Trinidad. Por un lado tenemos el dios único, el Sol y por el otro el “espíritu” universal de Pachacámac: El Padre y el Espíritu Santo. Uno es el anuncio del otro; un orden es la prefiguración de otro superior, perfeccionado. El otro, el orden cosmológico del catolicismo Gracilazo está completo: posee el tercer elemento de la Trinidad, el Hijo. Y es, precisamente, Jesu Christo el signo distintivo de la conquista. En sus escritos, de la Vega nos dice que los incas “tuvéronle en mayor veneración que el Sol; no le ofrecieron sacrificio ni le construyeron templos porque decían que no le conocían, porque no se había dejado ver; empero, que creían que lo había” (67). Al mismo tiempo, la idea de “evolución” se repite en otras expresiones como la siguiente: “Los españoles aplican muchos otros dioses a los incas por no saber dividir los templos y las idolatrías de aquella primera edad y las de la segunda” (67). Si bien el concepto de “edades” es muy antigua,[12] ésta atribuye una progresiva corrupción del mundo. En cambio, con Gracilazo vemos lo contrario: esas edades indican una progresión hacia un estado superior, semejante al cristiano. Ambas ideas que sugieren la síntesis original en Gracilazo entre el humanismo renacentista y la teología cristiana (católica), como resultado o como estrategia de incluir a un nuevo pueblo, a una nueva cultura —la inca.
Ahora, cuando esta “asimilación” del panteón cristiano con el panteón de los indios más antiguos tiene lugar por parte de algunos españoles, Gracilazo corrige de inmediato como una confusión derivada de la interpretación entre dos culturas diferentes. Si hubiese una identificación indiscriminada no habría (a) la idea del pueblo inca como particularidad “proto-cristiana” ni (b) una idea de “progreso” o “evolución” histórica y teológica. Esto podemos verlo cuando Gracilazo niega la confusión de querer identificar la trinidad católica con otras ideas y dioses mexicanos de edades anteriores.
[…] los dioses antiguos que […] adoraron los naturales del Imperio de México […] todos (según ellos mismos lo dicen) perecieron ahogados en el mar, y en lugar de ellos inventaron muchos otros dioses. De donde manifiestamente se descubre ser falsa aquella interpretación de Icona, Bacab y Estruac, que dicen eran el Padre y el Hijo y el Espíritu Santo. (74)
De la misma manera, a la cultura pre-incaica Gracilazo la considera una etapa histórica necesaria en un proceso evolutivo: “Y principiando de sus dioses, decimos que los tuvieron conforme a las demás simplicidades y torpezas que usaron”. No obstante, juzga desde su centro ético-religioso como costumbres ilegítimas las ajenas: sus dioses representaban “la vileza y bajeza de las cosas que adoraban”
Y así vinieron a tener tanta variedad de dioses y tantos que fueron sin número, y porque no supieron, como los gentiles romanos, hacer dioses imaginados como la Esperanza, la Victoria, la Paz y otros semejantes, porque no levantaron los pensamientos a cosas invisibles, adoraban lo que veían (Vega, Comentarios, 27)
La ética humanista va en auxilio de su concepción teológica de la divinidad, acusando a los idólatras pre-incaicos de no tener “respeto de sí propios, para no adorar cosas inferiores a ellos”. Gracilazo, exiliado de esta mentalidad preincaica, no alcanza a reconocer su valor panteísta y ecologista. Parte de ese estado primitivo de adorar lo inferior consistía en adorar a la naturaleza por su todo y por sus partes (inferiores):
Y así adoraban yerbas, plantas, flores, árboles de todas suertes, cerros altos, grandes peñas y los resquicios de ellas, cuevas hondas, guijarros y piedrecitas, las que en los ríos y arroyos hallaban, de diversos colores, como el jaspe […] En fin, no había animal tan vil ni tan sucio que no lo tuvieran por dios. (27) (Subrayado nuestro)
La observación de que “adoraban algunas cosas de las cuales recibían provecho” (28) no es vista como parte del respeto a la naturaleza, proveedora del sustento y de la vida, sino como una forma interesada en lo material en perjuicio de lo sublime. “Otros adoraban la tierra y la llamaban Madre, porque les daba sus frutos; otros el aire, por el respirar, porque decían que mediante él vivían los hombres.” (Vega, Comentarios, 28)
El desprecio cristiano por el panteísmo o por el naturalismo de los indígenas pre-incaicos, con la categórica separación de “lo superior” y “lo inferior”, legitima la explotación de la misma naturaleza desacralizada —el oro y los demás productos de la tierra—, como algo inferior, dado por Dios. Una concepción que se oponía al panteísmo naturalista de los pre-incaicos, luego revindicado en el siglo XX como la “verdadera” (y casi siempre única) tradición indígena.
Sin embargo, de la Vega anotará (aparentemente sutiles) observaciones lingüísticas para apoyar su proyecto integrador. Critica el uso de la palabra española “ídolo” en las traducciones de “cámac” en la cultura Inca. Pero cuando se refiere a los pre-incaicos los llama de “idólatras” Acusa a los traductores españoles de no percibir la unidad dentro de la diversidad inca, pero no demuestra la misma preocupación al enfrentarse a la diversidad pre-incaica. Aquí el Inca construye su propio proyecto mestizo y procura resolver una “síntesis conveniente”, una narración con continuidad que integre a su raíz Inca en el proceso histórico de la España cristiana. Al igual que procedieron los españoles en su legitimación ética de la conquista, Gracilazo deslegitimiza las culturas preincaicas por sus costumbres salvajes, como el sacrificio de animales y de humanos caídos en guerra (Vega, Comentarios, 29). Diferentes, “los Reyes […] Incas rastrearon con lumbre natural al verdadero sumo Dios y Señor Nuestro, que crió le cielo y la tierra […] al cual llamaron Pachacámac.” (61)
En “De algunas leyes que tuvieron los incas en su gobierno”, Gracilazo de la Vega continúa la narración del Imperio Inca, en sus similitudes con el Imperio Español:
[El imperio del Inca tenía] tanta variedad de naciones y lenguas, se gobernaba por unas mismas leyes y ordenanzas, como si no fuera más de sola una casa; valía también mucho para que aquellas leyes las guardasen con amor y respeto, que las tenían por divinas. (Maree, 60)
Pero, de cualquier forma, por compartir un destino común pero en una etapa aún de retraso, entiende que les faltaba conciencia para ver aquello que veían los cristianos españoles:
[E]n su vana creencia tenían a sus reyes por hijos del Sol, y al Sol por su dios, tenían por mandamiento divino cualquiera común mandamiento del rey, cuando más las leyes particulares que hacía para el bien común. Y así decían ellos que el Sol las mandaba a hacer y las revelaba a su hijo el Inca; y de aquí nacía tenerse por sacrílego y anatema el quebrantador de la ley, aunque no supiese su delito; y acaeció muchas veces que los tales delincuentes, acusados de su propia conciencia, venían a publicar ante la justicia sus ocultos pecados; porque de más creer que su ánima se condenaba, creían por muy averiguado que por su causa o por su pecado venían los males a la república […] (60)
En el momento histórico en cuestión, es muy difícil separar las motivaciones religiosas de las políticas. Sin embargo, intentaremos hacer esta distinción a efectos analíticos. Podemos ver —y el Inca Gracilazo se encargará de anotar estas mismas semejanzas— que tanto para los españoles como para los incas, el poder procedía de Dios (único) y no llegaba hasta el pueblo sino a través de intermediarios. La idea de la capacidad de algunos hombres en la cúspide de la pirámide social o eclesiástica de “interceder” para la administración de la justicia divina, es aún común hoy en día en la teología y en la religión católica. Este monocentrismo se reflejaba, como en los antiguos faraones, en el absolutismo de los reyes católicos y de los emperadores incas. Eran éstos quienes administraban la justicia y los recursos económicos. Es decir, casi toda la vida pública. Según Gracilazo, el Inca era el último juez[13] y también tenía la potestad de repartir tierras a sus súbditos. Tal es el caso del Inca Manco Capac. El Inca nombraba a los caciques regionales e instruía en sus enseñanzas. Repartía tierras a los indios (48).La ideología inca valoraba positivamente el dominio y sometimiento de otros pueblos, la construcción de un gran imperio por la razón de la fuerza y de la unidad religiosa. Gracilazo escribe “que así [los súbditos] creían que era hombre divino, venido del cielo” (49). A diferencia de los pre-incas que divinizaban “lo bajo”, los Incas divinización de lo alto. Al igual que los españoles. Es el poder descendiente, característico del imperio español y de la administración de la Corona.
De León, Pedro de Cieza. La Crónica del Perú. Edición de Manuel Ballesteros. Madrid: Historia 16, 1984.
____. Obras Completas. La Crónica de Perú. Las Guerras civiles peruanas. Edición crítica de Carmelo Sáenz de Santa María. Madrid: Clavideño: 1984.
De Munter, Koen. “Five Centuries of Compelling Interculturality: The Indian in Latin-American Consciousness” Culture and Politics. Edited by Rik Pinxten, Ghislain Verstraete and Chia Logman. New York: Berham Books, 2004, p. 89-114.
Gisbert, Teresa. Iconografía y mitos indígenas en el arte. La Paz: Talleres Don Bosco, 1980.
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Pedraza Jiménez, Felipe B. Manual de literatura hispanoamericana. Navarra, España: Cénlit Ediciones, 1991.
Vega, Inca Gracilazo de la. “De algunas leyes que tuvieron los incas en su gobierno”. 500 años del ensayo en Hispanoamérica. Recopilación e introducción de Cathy Maree. Pretoria: University of South Africa, 1993. 59-62
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____. El reino de los Incas del Perú. Edited with vocabulary and notes by James Bardin. Norwood, Mass.: Norwood Press, 1918.
[1] Podemos ver la misma fórmula en Santa Teresa de Ávila y en Sor Juana Inés de la Cruz. Cada vez que el escritor toma la pluma es para agregar algo nuevo al orden social, histórico y cosmológico; sin embargo, por mínimo que fuese, en los siglos XVI y XVII este ejercicio no podía hacerse sin fuertes consideraciones a la autoridad, modelada por el rigor de la Iglesia Católica española.
[2] Recordemos que en el siglo XV la lucha de los cristianos españoles fue, principalmente, contra los moros, es decir, contra el Corán —contra el “otro” libro, el otro texto. La lucha contra los judíos (también españoles) fue una variación de otra búsqueda de pureza textual: los judíos no reconocían una parte del nuevo “texto”, sobre el cual se basaba la religión cristiana —los Evangelios. Sin embargo, desde el siglo XVI (hasta nuestros días), el siglo de la Reforma y de la Contrarreforma, el conflicto social, religioso y teológico nunca se centró en la legitimidad del Libro, del texto bíblico, sino sus lecturas. Católicos y protestantes protagonizaron arduas luchas dialécticas y sangrientas luchas fratricidas —donde mayores horrores que los sacrificios aztecas fueron justificados con sólidos argumentos— a causa de las diferentes interpretaciones del texto indiscutido. En el caso del Inca de la Vega, el ejercicio intelectual es el mismo. Sin embargo, corre con la ventaja de que su objeto de interpretación, su texto primario, no es la Biblia sino textos históricos, otro tipo de crónicas.
[3] “[…] y de estas confesiones públicas entiendo que ha nacido el querer afirmar los españoles historiadores que confesaban los indios del Perú en secreto, como hacemos los cristianos, y que tenían confesores diputados; lo cual es relación falsa de los indios, que lo dicen por adular a los españoles y congraciarse con ellos, respondiendo a las preguntas que les hacen conforme al gusto que sienten en el que les pregunta y no conforme a la verdad. [Pero sólo hubo] las confesiones públicas que hemos dicho, pidiendo castigo ejemplar” (500, 61)
[4] En abril de 2005, el nuevo Papa Benedicto XVI (ex cardenal Joseph Ratzinger) declaró públicamente que “fuera de la Iglesia Católica no hay salvación”.
[5] Según E. Anderson Imbert, “al indio no se lo veía en el siglo XVI: era la abstracción del hombre bueno o del hombre malo. Y para [Gonzalo Fernández de] Oviedo fue el hombre malo: Dios lo castigaba con el brazo del conquistador” (29)
[6] Es importante anotar la elección de Gracilazo de la Vega en escribir “Inca” siempre con mayúscula, aún cuando usa esta palabra como adjetivo o como nombre genérico para su pueblo. El escritor no sólo eligió este nombre como nombre propio por proceder de ese pueblo, sino que, además, pertenecía al linaje de quienes gobernaron y fueron, de alguna manera, “responsables” de las particularidades de una cultura despreciada. Su madre, Isabel Chimpo Ocllo, era una princesa (ñusta) de la corte cuzqueña.
[7] Sigmund Freud, en Tótem y Tabú, define a la religión primitiva hebrea como continuación de la monolatría del reformador Tut-Ankaton (Amenofis IV, Ajnatón, adorador del Sol como única divinidad). Según Freud, Moisés habría sido uno de estos los sacerdotes egipcios expulsados por una especie de contrarreforma, una reacción conservadora y politeísta que con violencia quiso borrar la memoria de este original momento histórico.
[8] No obstante, “Francisco de Xerez, escribió a su cargo la Verdadera relación de la conquista del Perú [1534]” (Imbert, 42). En otros títulos de la época, la idea y la pretensión de narrar la “verdadera verdad” era común en la literatura de crónicas o relaciones.
[9] Algo semejante atribuye al padre Blas Valera cuando hace sus relaciones de México. Gracilazo de la Vega cuestiona el método que los españoles tenían para interpretar la cultura americana. Cita a Valera para ejemplificar estos errores interpretativos (“y por valerme de su autoridad”): “En esta confusión tan grande el sacerdote o seglar que las preguntaba tomaba a su gusto y elección lo que le parecía más semejante y más allegado a lo que deseaba saber., y lo que imaginaba que podía haber respondido el indio. Y así, interpretándola a su imaginación y antojo, escribieron por verdades cosas que los indios no soñaron, porque de las historias verdaderas de ellos no se puede sacar misterio alguno de nuestra religión cristiana” Inca Garcilazo de la Vega. Comentarios Reales. Pág. 73.
[10] Tanto el canibalismo de los pueblos al norte de Perú, como la acusación de sodomía de muchos de ellos, son relatados por Pedro de Cieza de León en La crónica del Perú, capítulos xix, xlix y lxiv. En este último, por ejemplo, Cieza de León dice: “Lo cual yo tengo que era así porque los señores ingas fueron limpios en esto [en el pecado de la sodomía] y también los demás señores naturales”. Sin embargo, en toda la gobernación de Popayán tampoco alcancé que cometiesen este maldito vicio, porque el demonio debía contentarse con que usasen la crueldad que cometían de comerse unos a otros […]” (Cieza, 269)
[11] Yahvé no era totalmente invisible, sino que verlo —como ver directamente al Sol— dañaba los ojos humanos de Moisés. Éxodo (31,18).
[12] El poeta griego Hesíodo (siglo VIII a. C.) entendía la existencia de cinco edades y las asimilaba a cinco metales. La primera era la edad de oro y la última la de hierro. Como se induce de esta metáfora, para Hesíodo cada una edad representaba la decadencia moral. Esta idea estaba en consonancia con la representación de la Iglesia católica y su lectura de las Sagradas Escrituras: todo tiempo pasado fue mejor. En tiempos de Matusalén los hombres vivían casi mil años y muchos de ellos tenían una comunicación directa con Dios. La edad de oro, claro está, fue el Edén. La edad de hierro es el presente. Una idea de “progreso” en la historia, en cambio, podemos encontrarla sugerida en los humanistas del siglo XVI, el siglo de Gracilazo de la Vega.
[13] “[…] daba el Inca la sentencia hecha ley, y cuando no le satisfacía la relación del juez, mandaba se suspendiese el pleito hasta la primera visita que hiciese de aquel distrito […]”(500, 63)
Estimado Sr. Musk: Recientemente usted afirmó que “la empatía es una plaga parasitaria”. No estoy de acuerdo. Las civilizaciones han existido y prosperado en gran parte gracias a la guía y las prescripciones de empatía de los principales líderes sociales y espirituales a lo largo de la historia. Además, la ejecución no era la forma común de castigo en el pasado (excepto para “criminales” como Jesús durante el Imperio Romano), contrariamente a la creencia popular.
Me opongo a la pena capital por dos razones:
Muchos de mis amigos en Sudáfrica habrían sido ejecutados después del apartheid.
Muchos miembros de la oligarquía mundial actual podrían correr la misma suerte que en la Revolución Francesa con la guillotina.
Como usted sabe, estoy en contra de la violencia en todas sus formas.
Atentamente,
jorge majfud, noviembre 2025
Murderers, where there is unequivocal evidence of guilt, should be hanged, as has been the case throughout history https://t.co/9RmojjNh0C
Reflexiones sobre el libro Un ciudadano común en dictadura de Víctor Hugo Morales y otros documentos.
Jorge Majfud
Una hipótesis
En Un ciudadano común el autor reconstruye sus memorias de las dictaduras del Río de la Plata a partir de fragmentos de documentos parcialmente desclasificados en Uruguay en 2012 y, en un número mayor, diez años después. Si hacemos un esfuerzo de destilación de la caótica masa de información disponible para identificar y comprender el centro gravitatorio de lo que podríamos llamar “El caso Víctor Hugo”, entiendo que radica en el fenómeno comunicacional centrado en su persona. No en sus ideas. No en teorías. No en su militancia. No en el poder de algún cargo político en el Senado, en algún ministro o como director de algún poderoso organismo estatal, como el Ente Nacional de Comunicaciones.
Víctor Hugo Morales no es Noam Chomsky. No es Rodolfo Walsh. No es Maradona. Menos es la montonera Patricia Bullrich, hoy escudera de la represión neoliberal y rémora perenne del poder de turno. No es uno de los miles de obreros, periodistas, profesores y sindicalistas torturados y desaparecidos durante las dictaduras del Rio de la Plata, hoy hundidos en el estratégico y conveniente olvido.
La dictadura uruguaya estaba convencida de que Víctor Hugo tenía aspiraciones políticas, a pesar de no ser un militante. Por años intentaron resolver un acertijo y no pudieron. Luego, en democracia, Morales rechazó ofrecimientos de los presidentes Tabaré Vázquez de Uruguay y Néstor Kirchner de Argentina.
Entonces, ¿por qué esa obsesión en diferentes tiempos históricos con alguien que no era ni político, ni militante, ni un filósofo peligroso para el sistema nacional e internacional? Entiendo que hay algo, un fenómeno no estudiado en la personalidad que, por razones o misterios, radica en la preocupación del poder (del verdadero poder, no apenas del poder político) por una personalidad magnética que sólo con su voz y talento convertía en éxito popular lo que tocaba. Peor aún: alguien sin la fuerza de la promoción de los grandes capitales que, de esa forma, no sólo dominan y controlan el cosmos narrativo, sino que, además, tiene una explicación fácil: el dinero de la oligarquía criolla y de los centros financieros del centro noroccidental. Es decir, algo, alguien fuera de control, escudado en un repetido éxito que, para peor, no se podía explicar de una forma simple―¿qué más simple que la fuerza del dinero ilimitado y descontrolado?
Célebre desde el margen ideológico significa peligroso. De ahí la repetida recomendación de que todos los críticos se vayan a vivir a una isla en el Pacífico o que se hundan en la pobreza para “no caer en contradicción con su ideología”. Esa clásica narrativa barométrica que abona los hongos en los rincones oscuros y fracasados de la historia.
Nadie mejor que quienes diseñan el mapa del mundo desde el poder hegemónico han entendido que la realidad simbólica (desde mitos hasta dogmas) es mucho más poderosa que la realidad material, que es su objetivo final. Simbólico es el dinero y sus ideologías; simbólico son las ideas de libertad de los esclavistas. Simbólicos son los ejemplos de otras formas de ser, que el poder imperial siempre se ha encargado de destrozar a través de intervenciones liberadoras (invasiones, guerras, golpes de Estados, deudas parasitarias, acoso mediático) antes de que se conviertan en “mal ejemplo”. La crucifixión, ejecución o desmoralización del individuo molesto (sin éxito no hay molestia) ha sido siempre otra y la misma estrategia aplicada a países y a “regímenes” no alineados.
Para un sistema socioeconómico y para la cultura del monopolio de la narrativa dominante en la Post Guerra Fría (el Modelo Único: “sólo existe un modelo de éxito social”, en palabras de Condoleezza Rice, entre otros) y, más recientemente, en la crisis de la hegemonía occidental postcapitalista, que un individuo sin poder político, sin cargos oficiales, sea el repetido centro del descrédito de los escuderos del sistema es por demás significativo.
La particularidad e ironía del título de este libro, Un ciudadano común en dictadura, radica en que los problemas del autor con la dictadura consistían en que, a juzgar por sus propios informes, los militares de entonces no lo consideraban un ciudadano común. Probablemente algunos no lo consideraban ni siquiera un ciudadano. Como fue el caso de muchas víctimas de la brutalidad “Salvadora de la Civilización Judeocristiana Occidental” (como preferían llamarlo los generales, repitiendo el manual escrito en Virginia; el fascismo siempre ha sufrido de megalomanía histórica) como el del chileno Orlando Letelier o del uruguayo Wilson Ferreira Aldunate, bien pudo haber sido considerado para ser despojado de ese derecho civil.
El sustituto a perder la ciudadanía fue, para miles en el destierro, el exilio. El exilio obligado o el “exilio voluntario”―un oxímoron existencial, si los hay.
La frontera del Rio de la Plata
Como millones de uruguayos y argentinos, tengo con el autor historias en común. No son historias mínimas. Como tal vez pocos, luego de publicar múltiples artículos y algunos libros relacionados con esos tiempos oscuros, yo también leí mi nombre, fechas y datos personales en los mismos archivos de la dictadura cuando se desclasificaron en 2023. Hasta ahora, ninguna nueva revelación oficial ha contradicho nuestras memorias personales y familiares, sino todo lo contrario.
Nos separaba una generación. En la cárcel de presos políticos de Libertad en San José, Uruguay, introduje mensajes prohibidos desde los siete hasta los nueve años. En Colonia, y a media madrugada de distancia, yo pasaba con mi hermano mayor los meses de verano en la granja de mis abuelos. Allí, alrededor de un farol de mantilla escuchamos las historias de visitantes sobre los vuelos de la muerte, más de una década antes de las confesiones del capitán Adolfo Scilingo. Por entonces, pensé que la gente hace el bien por necesidad y el mal por placer. Desde entonces, he intentado refutarme esta observación, con relativo fracaso.
Mientras arriábamos las vacas, plantábamos papas o recogíamos tomates, escuchábamos las radios de Montevideo y Buenos Aires en una Spika. Aunque mis abuelos tenían un pequeño televisor blanco y negro que sólo agarraba canales de Buenos Aires y que funcionaba con una batería que durante el día cargaba el viento, la radio solía ser más libre que la televisión. Un ejemplo era Radio Colonia, “la radio más a la izquierda del dial”, como se anunciaba mientras emitía para Argentina más que para Uruguay. Buenos Aires estaba tan cerca que en días claros se podía ver el perfil alto de los edificios.
No procedemos de familias futboleras, pero la voz de Víctor Hugo siempre fue una marca misteriosa en el dial. Si en algún momento te cruzabas con ella escaneando el dial, allí te quedabas.
Los hechos
En su libro Un ciudadano común…, el autor recuerda que en 1980 estuvo preso 27 días por un incidente menor y por demás común: una escaramuza en una cancha de futbol de barrio, en Montevideo. Los hechos y los indicios que siguieron dejan poco margen para la duda: concluir que no se trató de una provocación para criminalizarlo es forzar la lógica de los hechos y apostar todo por una coincidencia cósmica, por una alineación de planetas.
Este hecho, aparentemente trivial, terminaría por revelarse como uno de los pivotes de la historia. Más que eso, revela el funcionamiento de una dictadura a la uruguaya: números de desaparecidos que no compiten con los desaparecidos en Argentina, Chile o las dictaduras en América Central, pero no de sus efectos devastadores en los sobrevivientes. La dictadura a la uruguaya fue un terror omnipresente, como todas las demás, pero con ese toque onettiano de la vana y persistente llovizna gris.
El mayor problema de la dictadura no era tanto que el periodista estuviese involucrado con a la izquierda militante del momento, más allá de algunos amigos, como el político comunista Germán Araujo (a quien vistió cuando realizaba su huelga de hambre en Montevideo y luego entrevistó en Buenos Aires), sino por ejercer un arte que se hizo conocido en varias disciplinas: decir con símbolos y metáforas lo que, de otra forma, sería castigado con la censura directa.
En 1973, en plena dictadura militar brasileña, Chico Buarque y Gilberto Gil compusieron Cálice (“Pai, afasta de mim esse cálice / de vinho tinto de sangue” (“Padre, aparta de mí este cáliz / de vino tinto, de sangre” o “de un vino teñido de sangre”) con un coro que repetía el sustantivo cálice, el cual en portugués tiene la misma fonética que el imperativo cale-se (cállese). Nuestro amigo Eduardo Galeano recordó alguna vez que los dibujos de pájaros estaban prohibidos en el Penal de Libertad, por lo cual una niña le dibujó a su padre un árbol lleno de ojos―de ojos de pájaros escondidos. Para el referéndum de 1980, la publicidad a favor del No estaba prohibida, por lo que la gente conducía con los limpiaparabrisas en movimiento los días de sol, significando dos dedos en signo de negación. O como el mismo Morales menciona, se acentuaba el no en frases como “No… jugará Rampla”. O, cuando transmitió el partido entre Bolivia y Venezuela (en Venezuela los exiliados le pedían dejar el micrófono de ambiente abierto, algo que molestaba a los militares) y el resultado dejó a Uruguay afuera “del mundial que no podía estar ausente” (1978), Víctor Hugo cerró con “Buenas tardes… País del dolor”.
En el caso de Víctor Hugo se dio una paradoja que se explica por la paranoia propia de los fascistas. El periodista Jorge Crossa recuerda que los militares grababan cada uno de sus programas, buscando frases con contenido oculto, lo cual llevaba a lo que Umberto Eco llamaría sobreinterpretaciones. Según Crossa, “las frases que se le ocurrían a VH, en pleno relato, que no tenían nada que ver con la represión” eran interpretadas como mensajes ocultos. Un ejemplo claro es mencionado durante el Mundialito organizado en 1980 entre las selecciones campeonas del mundo y que Uruguay ganó con la música no oficial promovida por Víctor Hugo y sus compañeros de Radio Oriental. Me refiero a la expresión popular (sobre todo rural) de “no tiene gollete” (no tiene sentido), que los militares la interpretaron como una alusión al dictador Goyo Álvarez (en el Río de la plata la ll y la y tienen el mismo sonido fricativo /ʃ/). La paradoja era doble, y explica ese arte del camuflaje político y poético que el mismo Crossa menciona en otra página: “pero cuando [Víctor Hugo] decía algo fuerte, tipo mensaje, no se percataban”.
Es un arte que se remonta a los tiempos de Nerón, cuando los escritores de los Evangelios usaron el número 666 para nombrar a la bestia del emperador. En el Uruguay de entonces, un político y académico que practicó esa disciplina fue Enrique Tarigo. Morales recuerda haber leído uno de sus artículos en El Dia, donde Tarigo acuño la expresión “ciudadanos de primera y de segunda”. Morales usó esa misma expresión en el relato de uno de los partidos del mundial juvenil de Tokio, en 1979. En el único debate televisado sobre el plebiscito de 1980 que definiría la perpetuidad de la dictadura militar, junto con el colorado Enrique Tarigo en favor del No, estuvo el blanco Eduardo Pons Etcheverry, quien plantó la metáfora de “siempre hay rinocerontes” (conformistas o colaboradores por conveniencia), aludiendo a la obra del rumano Eugene Ionesco―sutileza uruguaya que hoy, debido al derrumbe de la educación ilustrada, hubiese pasado desapercibido.
En 1976, por primera vez en la historia del fútbol uruguayo, un equipo chico, Defensor, salió campeón de la liga nacional. El técnico era el profesor José Ricardo de León, un entrenador politizado, como fue más tarde el caso del doctor Sócrates en Brasil, el jugador de la mejor selección brasileña de la historia (1982) y líder del experimento “Democracia corinthiana” (los jugadores votaban sobre las decisiones más importantes del técnico) que se enfrentó a la dictadura militar y a la improbabilidad de salir campeón sin la tradicional estructura política.
Según el futbolista Julio Filippini, Morales fue el único periodista en seguir y transmitir los partidos de Defensor hasta el final. Para peor, en 1976, en lugar de censurar un saludo de Filippini a su hermano y a sus compañeros presos en el Penal de Libertad, Morales le agradeció. Lo detuvieron y, en un cuartel del Prado, le hicieron escuchar su propia grabación al “comunista incorregible”, como era conocido entre los uniformados. Luego del interrogatorio de más de tres horas, lo clasificaron, como solía hacer la dictadura, en este caso con una ironía: “tiene tarjeta amarilla”. A los investigadores de La Estanzuela los clasificaban por niveles de fidelidad al régimen con A, B y C, con lo cual forzaron inminencias como el ingeniero José Lavalleja Castro a irse del país.
En 1980, de regreso de Holanda, fue detenido en el avión que acababa de aterrizar en Montevideo. El cargo, la famosa trifulca del partido de barrio, no guardaba ninguna proporción con el procedimiento de arresto. Tres décadas después, algunos periodistas ejercitarán lo que en inglés se conoce como “cherry picking” (recolección de cerezas), la selección parcial de hechos y de datos convenientes para probar una tesis que se quiere probar sin considerar el contexto del momento. Esa cereza fue la relación de Víctor Hugo Morales con el mayor Grosso.
Cuando su hermano José Pedro Morales estuvo desaparecido por tres días, Víctor Hugo lo buscó por cuarteles y hospitales. En esta búsqueda colaboró el mayor Juan Carlos Grosso, poco después enviado a India. Finalmente, Víctor Hugo encontró a su hermano en una celda de la Jefatura Central y allí quedó preso él también por un mes. Una vez liberado, la dictadura militar le prohibió la entrada a cualquier estadio de futbol.
El hecho de considerarse “un hombre de izquierda” aunque (¿o por eso mismo?) sin aspiraciones políticas; el hecho de tratarse de una voz joven y de creciente popularidad, cerraba en la ecuación de individuos peligrosos.
Algo parecido ocurrió años después cuando el mismo entrenador de la selección argentina, campeona del mundo por obligación en 1978, César Luis Menotti, denunció a la dictadura de su país en Radio Colonia. Aparte de este momento escuchado y comentado en la granja de mis abuelos en Colonia en los 80s, no he encontrado grabación de este momento. Nunca pude olvidar a mi abuelo, quien había sido torturado por la dictadura y detestaba el fútbol por el Mundial del 78, aplaudiendo a Menotti con una lentitud reflexiva en la soledad de la cocina. Más tarde, no pocos escribas de los medios acusaron a Menotti de contradictorio y de colaborar con la dictadura, siempre desde una posición de seguridad personal.
El mismo caso fue el de Jorge Bergolio. Cuando en el 2013 se lo eligió Papa, recibí un correo de buenos amigos, académicos argentinos, solicitándome firmar una carta de protesta por el rol en la dictadura del nuevo Papa, les pedí que me dieran un par de días para estudiar los documentos disponibles. Yo sabía que tenía una predisposición negativa contra la cúpula de la iglesia en España, en África y en América Latina, cómplice de las dictaduras militares y socios de la oligarquía de cada país, por una razón de conciencia de clase―dominante. Por las mismas razones, tenía una predisposición negativa contra El Vaticano, luego de que el Papa Juan Pablo II y su cardenal estrella en los 80s y luego Papa él también, Joseph Ratzinger, habían perseguido a los teólogos de la liberación por meter a la política dentro de la iglesia y distraer así a los pobres de su verdadero objetivo, la salvación de sus almas, mientras ellos mismos, el Papa y su cardenal escudero, no disimulaban su activismo anticomunista en Europa y condonaban las dictaduras fascistas y colonialistas en el Sur Global. Muchos de aquellos “curas rojos” fueron asesinados y no hubo lágrimas ni santificaciones que los revindicara.
Consciente de mi bias personal, me tomé un tiempo para hurgar entre los documentos disponibles. Sí, había algunas trascripciones donde los sacerdotes parecían tener un diálogo amable con algunos militares, pero mi respuesta definitiva fue no. “No firmaré y les recomiendo que no publiquen esa misiva”. ¿Por qué? Bastaba con poner los documentos en su época y recordar lo que vivimos nosotros mismos como niños, quienes debíamos mentir en la escuela para proteger a nuestros familiares. Si se leía entre líneas esos documentos, se podía entender la misma tensión disimulada de sonrisas amables (algo que traduje en algunas de mis novelas, como El mismo fuego). No sólo la tensión, sino la necesidad de aquellos religiosos de mantener una puerta abierta para reclamar por algunos desaparecidos.
Colaborar es otra cosa: es beneficiarse del dolor ajeno, no ensuciarse con el barro de la realidad para aliviar el sufrimiento propio y ajeno. Incluso de joven, siempre tuve por alta estima a aquellos que sufrieron tortura y no dijeron ni una sola palabra, pero más tarde reflexioné que los otros que sí se quebraron ante el tormento (conocí y escuché muchos de estos testimonios de hombres y mujeres) no podían ser juzgados de ninguna forma. Mucho menos por aquellos que no tuvieron que pasar por situaciones similares de terror, ni a miles de kilómetros de distancia. Tampoco juzgo a quienes no tienen poder y aún hoy deben callarse para sobrevivir, pero si tengo que ser duro en un juicio prefiero serlo con aquellos que, luego de pasado el Terrorismo de Estado, continúan hoy justificándolo. A aquellos como mi querido padre, que justificó la dictadura como “un mal necesario” cuando todavía no acababa pero que años después reconoció que, “sí, fue terrorismo de Estado”. A esos les reservo un abrazo y mi solidaridad―no a quienes, teniendo toda la información y el conocimiento de los hechos hoy continúan justificando la muerte, la opresión ajena y el colaboracionismo mayor, madre de todas las desgracias del Sur Global, como lo es el cipayismo funcional al imperialismo que continúa vivo y no ha perdido sus prácticas criminales.
No sin otra magnífica ironía, para parafrasear a Jorge Luis Borges, César Luis Menotti, el DT de la selección que ganó el mundial del 78, estuvo contra la dictadura. Por su parte, al regreso del Estado de Derecho, Carlos Bilardo, el DT campeón del mundial del 86, mantuvo una posición más bien ausente ante el pasado y luego del juicio a los violadores de los Derechos Humanos. Tanto como para que el presidente libertario Javier Milei se declare “orgulloso bilardista”. No sin ironía, también, Menotti dejó a Maradona fuera del mundial de 1978, de lo cual luego se arrepintió, y Bilardo fue campeón probablemente porque tuvo a la mejor versión del mejor futbolista―el único futbolista mágico que tuvo la historia registrada por las cámaras de televisión.
Décadas después llegarán las críticas contra Víctor Hugo Morales por celebrar la victoria de Argentina en el mundial. En una carta a Clarisa, asistente de Estela de Carloto, con una humildad moral que se echa de menos en sus jóvenes críticos, Morales reconoció: “Cuando escucho las historias de cómo las víctimas de los militares celebraban el paso victorioso de la selección argentina, siento algo de alivio. Con respecto a aquella cerrazón en medio de la cual seguíamos los episodios de entonces… Me hubiera gustado ser mejor, y en eso estoy ahora”.
Pero hay que crucificar a quien, perseguido y desencajado en el nuevo contexto, echó mano a los conocidos que tenía para ubicar a su hermano o para que no le prohibieran seguir trabajando. Como si trabajar para sobrevivir en una dictadura fuese un acto colaboracionista. Todos aquellos que sufrimos la dictadura de primera mano sabemos qué significa esto. Quienes no, pueden darse el lujo de posar como la Madre Teresa y las Carmelitas descalzas. Me explicaré con otro ejemplo personal―por lo general, conocemos nuestras propias vidas un poco mejor que las vidas ajenas.
Una noche de 1977 o 1978 mi madre llegó a la casa y se puso a llorar. Por entonces lloraba con frecuencia. Más allá de sus problemas de depresión, tenía razones de sobra que incluso hoy hubiesen hecho un diagnóstico preciso algo imposible. El acoso y castigo de los militares fue al mismo tiempo sutil y brutal. Pese a tener tíos militares, los soldados destruyeron el dormitorio que compartía de niño con mi hermano y jugaron a fútbol con la cabeza de una de las esculturas de mi madre. Por no seguir con la tortura a su padre y a su hermano, hechos que he narrado en otro lugar. Pero el momento que ilustra mis observaciones anteriores sobre el vicio de juzgar a los demás sin ver la viga en el ojo propio, se refiere a uno de sus trabajos para las escuelas públicas. Ella había terminado un busto de Artigas y debió inaugurarlo rodeada de militares. No podía negarse. En una foto que sobrevive, se la puede ver mirando hacia el suelo, con un gesto pensativo que contrasta con los rostros sonrientes de los oficiales. En ese momento tenía un hermano a cientos de kilómetros, peso en el Penal de Libertad. Casi toda su familia había sufrido la tortura, la cárcel o el exilio sin haber disparado un solo tiro. Ella odiaba profundamente a los torturadores de su padre y de su hermano que, aparte del célebre psicópata capitán Nino Gavazzo, eran nuestros vecinos. Yo mismo debí practicar ese arte de la mentira civil cuando, en la escuela primaria, las maestras nos sacaron a la calle para que aplaudiésemos al dictador Gregorio Álvarez que visitaba el pueblo y nos regalaba el honor de pasar por aquella pobre y polvorienta avenida. Aunque tenía nueve años, el mío no era un aplauso inocente. Luego de pasar varios mensajes prohibidos a la Cárcel de Libertad, sabía perfectamente que aquello de “el país de la paz y la libertad” era una farsa dolorosa y, sobre todo, que la versión oficial de la realidad no es confiable. La única vez que se me escapó “eso es lo que dicen los diarios” (irónicamente, yo era el único niño que recibía y leía un diario cada día, el diario de la dictadura El País; el resto de mis compañeros era, por lejos, más pobres que yo, el hijo del carpintero), la maestra me puso en penitencia mirando la pared blanqueada de cal por el resto del día. Nunca le guardé rencor a la maestra Griselda. De hecho, le tenía estima. Siempre imaginé que también ella era otra víctima del mismo terrorismo.
Cuando alguien gritó que el presidente estaba por pasar, aplaudí por obligación. Poco antes, un hombre había intentado tirarse frente al tren que pasaba por allí todas las mañanas. Lo detuvo la policía que esperaba al presidente y los niños festejaron porque habían salvado al loco de suicidarse. Aún recuerdo su rostro resignado, algo parecido al de mi madre, con la mirada perdida, sin decir nada más que reconocer la derrota.
Luego, en un país en que la mitad demostró su cobardía al ratificar la renuncia a enjuiciar a los militares torturadores en el referéndum de 1989, que se salte arriba de aquellos que debieron navegar y sobrevivir a la tormenta de la dictadura, me parece una cobardía doble o una demostración de que nunca entendieron nada―ni les importa.
Es en este contexto que leo la historia de Víctor Hugo y la arremetida más reciente de sus críticos. Uno de los episodios más debatidos consiste en lo que el periodismo amarillista en Uruguay tituló hace una década como “Discurso de Víctor Hugo Morales en el Batallón Florida”. A partir de 2009 se insiste en desmentir que “la figura incómoda” hubiese sido perseguido por la dictadura uruguaya. Una forma de inicio del actual negacionismo en el Cono Sur.
Los documentos desclasificados años después prueban que sí hubo persecución y, algo común en la época, acoso, varias detenciones y hasta un mes de cárcel. El intento de desenmascarar a un colega terminó probándose como el desenmascaramiento de los bajos instintos de los periodistas respaldados o promovidos por grupos de interés como el Grupo Clarín. Sin embargo, lejos de algún reconocimiento de error o, al menos, un silencio terapéutico, se redobló la apuesta.
La acusación de ambigüedad ideológica también ignora la contingencia de la época y hasta la insistente ambigüedad política que rodeaba a gran pare de la población: Wilson Ferreira Aldunate era la figura del Partido Blanco (tradicionalmente, el partido conservador, el partido de la CIA en los 50s) y fue perseguido y exiliado por la dictadura. Muchos militantes de la izquierda en Uruguay dudaron, por mucho tiempo, si los militares uruguayos que removieron al artífice de la estocada final contra la democracia, el presidente Juan María Bordaberry, eran fascistas o una versión de la izquierda independentista del dictador y reformista peruano Juan Velasco Alvarado.
Luego de la vuelta manca, chueca y tuerta de la democracia en 1985 con elecciones limitadas meses antes y la permanencia del Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) dentro del “gobierno democrático”, los militares continuaron usando el aparato de inteligencia de la dictadura para espiar a cualquiera de los ciudadanos con ideologías que no coincidieran con la “seguridad nacional”, escrita y donada por la CIA y al Escuela de las Américas a finales de los años cincuenta y poco antes de plantar a su candidato, Benito Nardone, en la presidencia de Uruguay.
En todos los informes y reportes de la dictadura uruguaya, Morales continuó apareciendo como un zurdo peligroso, algo que ni el mismo afectado negaba, sino todo lo contrario. Algo que molesta hasta hoy―no que haya sido y sea, como cualquiera de nosotros, un ser humano sobreviviendo en un mundo de contradicciones propias y ajenas.
Cuando conocidas figuras del periodismo argentino fueron a buscarlo a Montevideo, no sólo la inteligencia uruguaya, sino también la argentina, tomó nota. La identificación tanto con el comunismo como con los tupamaros (hoy en veredas opuestas en Uruguay) ni siquiera se aproximaban a describir al periodista que había nacido con una estrella y que todos querían, por diferentes razones y en diferentes generaciones, bajarla.
Varios de sus colegas que navegaron la tormenta de los 70s, como Jorge Crossa, afirmaron en sus memorias que los militares “lo consideraban un tipo peligroso”. ¿Por qué? Reconociendo la importancia política y militante de otros que pagaron un precio más alto que el que se le impuso a él, Morales reconoce: “Yo era tan solo un tipo molesto por ser muy conocido”. Entiendo que esa misma molestia que provocó por su fama durante la dictadura, inspiró libros y artículos de algunos colegas, décadas después de la tormenta fascista. Me refiero a aquellos que se tomaron una gran suma de tiempo y esfuerzo para escribir sobre las supuestas tibiezas y contradicciones de Morales, desde una posición de seguridad cívica y personal, cuando era el momento no de crucificar actores que intentaban sobrevivir en un estado de terrorismo permanente, sino de apuntar a aquellos que continuaban y continúan hoy revindicando con pasión el fascismo, la crueldad de los amos, la funcionalidad de cipayos y colonialistas, y la explotación de los despojados.
El 5 de octubre de 1984, participó en una reunión en el Hotel Conquistador que el Partido conservador de Uruguay, el Partido Nacional, recibía a uno de sus líderes más carismáticos de su historia y, a la vez, más asociado con los movimientos progresistas del exilio. Poco después, la dictadura uruguaya lo detuvo en el puerto de Montevideo. En 2024 publiqué 1976. El exilio del terror sobre el terrorismo de Miami y de las dictaduras latinoamericanas. Allí intenté reconstruir el atentado con autobomba que mató a Orlando Letelier en Washington. El hijo de Wilson Ferreira Aldunate, Juan Raúl, me envió sus memorias sobre esa época. Por entonces, su padre estaba en la mira de Operación Cóndor y él trabajaba en el Institute for Policy Studies (IPS) de Washington, con Letelier y otros investigadores de políticas sociales de la época.
Al igual que las dictaduras uruguaya y argentina, ya en democracia (o como se llame), el grupo Clarín, conocido por su mafia legal de las comunicaciones en Argentina, encabezadas por el padrino Héctor Magneto, se encargó de seducir a figuras históricas, para entonces conversos, como Jorge Lanata (uno de los fundadores de Página12) y otros mercenarios para apuntar y tirar contra Víctor Hugo Morales, para desacreditarlo a cualquier precio y por cualquier irrelevante dicho o discurso, en la promesa de algún rating salvador o de algún best seller destinado al olvido, mariposas de siete días. Una nueva campaña contra el zurdo peligroso que no entiende la neutralidad del periodismo servil―para denigrarlo, es decir, para ennegrecerlo, en lenguaje esclavista.
Para concluir, lo del principio. Víctor Hugo Morales fue siempre un hombre de izquierdas (con todas las ambigüedades, contradicciones, discusiones, críticas, negaciones y pasiones de propios y ajenos que conlleva cualquier definición política aplicadas a cualquier individuo e, incluso, a cualquier grupo o partido político), pero nunca fue un teórico de ninguna ideología, ni un militante armado o desarmado de algún grupo revolucionario. Al poder, a sus escuderos, bufones y testaferros siempre les incomodó eso mismo: su inexplicable talento de comunicador (es decir, de traductor de los sentimientos de medio pueblo) que convertía en éxito todo lo que tocaba. Por alguna razón que no vale la pena intentar explicar, solo su voz atraía y continúa atrayendo la atención de millones de personas.
No creo que haya otra explicación para la obsesión política, ideológica y hasta los celos profesionales que ha despertado en diferentes momentos históricos y en diferentes personas, desde la política hasta el periodismo.
Queda una pregunta que nunca será contestada con algo de sinceridad. ¿Nunca les dio un tantito así de vergüenza poner todo un aparato dictatorial de un país, todo el poder comercial de conglomerados mediáticos y todo el entusiasmo de aspirantes a estrellas fugaces contra un solo hombre―y fracasar con disimulado estrépito?
JM, nov 2025
Víctor Hugo Morales and Prof. Jorge Majfud, Caras y Caretas Theater, Buenos Aires, 2023. (Picture: Página12)
«Moscas en la telaraña es un libro notable, una denuncia contundente y un anuncio de todo lo que estamos viviendo en el mundo de hoy». Boaventura de Sousa Santos
Moscas en la telaraña analiza el secuestro narrativo del mundo moderno desde los orígenes del capitalismo hasta el actual postcapitalismo. En este viaje, el autor revisa el nacimiento de la propiedad privada como un particular y excluyente paradigma civilizatorio y la comercialización de la existencia humana y medioambiental como rasgos dominantes del individuo contemporáneo, pasando por la exportación de un “nuevo hombre” noroccidental hacia el resto del mundo a través del imperialismo noroccidental, de la destrucción del libre mercado, de la esclavitud, de la imposición de la cultura anglosajona, de la deshumanización y las masacres continuas de los pueblos colonizados del Sur Global, para llegar a la narrativa del progreso, la libertad, la democracia y el Mundo libre. El autor desarrolla su análisis desde la perspectiva de una dinámica histórica (Modelo de Progresión Inversa) por la cual las élites de poder se apropian de la expansión de ideas independientes o críticas, como los señores feudales se apropiaron del liberalismo y luego los amos esclavistas se apropiaron de las democracias corporativas hasta imponer las actuales dictaduras económicas, administradas por las corporaciones financieras. Todo bajo la narrativa de la libertad y los derechos humanos, por lo cual los “más brutales imperios de la Era Moderna fueron orgullosas democracias”. Para su funcionamiento, las elites sociales secuestrarán alternativamente modelos feudales y monárquicos a través de la imposición de un dogma narrativo conveniente; especialmente a través de los medios de comunicación y de instituciones fosilizadas como las iglesias, los gobiernos, los parlamentos, los sistemas de justicia, las agencias publicitarias, las agencias secretas, los bancos internacionales, la emisión de la divisa global y todo tipo de instituciones que se encargarán de administrar la interpretación fluctuante del dogma dominante.
«Supply and Demand Is a Scam to Disguise Inhumane Working Conditions. If Congolese slaves are essential in the cobalt trade chain and are essential to the functioning of our digital world, why are their wages below the minimum conditions of survival?»
Decenas de esclavos que trabajan para las megacompañías de electrónicos acaban de morir en este derrumbe hoy.
Hace años sabemos de esta realidad, pero continúa. De nuestra parte sólo podemos denunciarla: "Esclavitud moderna. No es que el sagrado mercado no pueda pagar mejor a… pic.twitter.com/ij0C2aK7gd
Aunque parezca una frivolidad o asuntos de alcoba, en realidad significa más portaviones de guerra en el Caribe y más allá.
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Los extraños archivos de Epstein, que mencionan a Trump, Putin y sexo oral con «Bubba»*, generan controversia en el Congreso.
(*Bill Clinton)
La última tanda de correos electrónicos procedentes del patrimonio del fallecido pedófilo convicto Jeffrey Epstein incluye uno que contiene lo que parecen ser referencias a que el presidente Donald Trump supuestamente le practicó sexo oral, lo que plantea interrogantes que el comité no puede responder hasta que el Departamento de Justicia entregue los documentos que ha retenido, según el representante Robert Garcia, principal demócrata del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes.
Garcia insiste en que la Casa Blanca de Trump está ayudando a bloquearlos.
El mensaje de Donald Trump «haciéndole una felación a Bubba» en los correos electrónicos de Epstein está bajo escrutinio.
Un correo electrónico de los archivos de Jeffrey Epstein que menciona al presidente estadounidense Donald Trump practicando sexo oral a «Bubba» ha generado controversia en las redes sociales.
El miércoles, legisladores estadounidenses publicaron más de 20.000 páginas de documentos relacionados con Epstein, un delincuente sexual convicto que se suicidó en una cárcel de Nueva York en 2019 mientras esperaba ser juzgado por cargos de tráfico sexual.
Algunos de los documentos mencionaban a Trump, incluyendo uno del hermano de Epstein, Mark, que hacía referencia a fotos de Trump practicando sexo oral a «Bubba». «Bubba» es un apodo del expresidente Bill Clinton, pero Mark Epstein declaró a Newsweek que no se trataba de Clinton. No proporcionó más detalles sobre la identidad de «Bubba» ni sobre el significado de los correos electrónicos.
Newsweek se comunicó con la Casa Blanca por correo electrónico para obtener comentarios sobre esta noticia fuera del horario laboral habitual.
Por qué importa
Los archivos relacionados con Epstein siguen causando problemas a la administración Trump, ya que grupos bipartidistas han exigido mayor transparencia en el caso y la publicación de más documentos y pruebas en poder del gobierno.
Trump ha negado sistemáticamente haber cometido delito alguno en relación con Epstein y ha afirmado que su amistad terminó a principios de la década de 2000. Sin embargo, la reciente publicación de miles de documentos ha generado un nuevo escrutinio sobre la relación del presidente con Epstein.
En un correo electrónico enviado en marzo de 2018, Mark Epstein le dijo a Jeffrey Epstein que le preguntara a Steve Bannon, ex estratega jefe de Trump, si el presidente ruso Vladimir Putin tenía «las fotos de Trump practicándole sexo oral a Bubba».
«Tú y tu amigo Donnie pueden hacer una nueva versión de la película ‘Get Hard'», escribió Mark Epstein.
Newsweek también se comunicó con Bannon y el Kremlin por correo electrónico para obtener comentarios sobre esta historia fuera del horario laboral habitual.
Las publicaciones en redes sociales sobre el correo electrónico se han vuelto virales, y la gente se pregunta qué significa.
Un usuario escribió: «¿Quién es Bubba y por qué Trump le practicó sexo oral?».
La cuenta Call to Activism, con más de 1,1 millones de seguidores, escribió: «¿Qué demonios?: En uno de los correos filtrados, Mark Epstein, hermano de Jeffrey Epstein, sugiere preguntarle a Steve Bannon si Putin tiene «la foto de Trump teniendo sexo oral con Bubba», a lo que Epstein respondió: «Y pensé… tenía tsuris», que en yiddish significa problemas».
También se menciona a Trump en otros documentos, incluyendo correos entre Epstein y su asociada Ghislaine Maxwell, en los que Epstein se refería a Trump como «ese perro que no ha ladrado». En un correo al autor Michael Wolff, Epstein afirmó que Trump «sabía de las chicas, ya que le pidió a Ghislaine que parara».
Posteriormente, los demócratas del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes publicaron correos adicionales que supuestamente muestran la correspondencia de Epstein con el exasesor de Trump, Steve Bannon, y el exsecretario del Tesoro, Larry Summers.
El presidente Donald Trump escribió en Truth Social en respuesta a los documentos recientemente publicados: «Los demócratas intentan sacar a relucir el engaño de Jeffrey Epstein porque harán lo que sea para desviar la atención de su pésima gestión del cierre del gobierno y de muchos otros temas. Solo un republicano muy malo, o estúpido, caería en esa trampa.
Los demócratas le costaron a nuestro país 1,5 billones de dólares con sus recientes maniobras para cerrar el país de forma despiadada, poniendo a muchos en riesgo, y deben pagar un precio justo. No debe haber desvíos de atención hacia Epstein ni hacia ningún otro tema, y cualquier republicano involucrado debería centrarse únicamente en reabrir nuestro país y reparar el enorme daño causado por los demócratas».
El congresista Robert Garcia, demócrata de California y miembro de mayor rango del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes, declaró: «Cuanto más intenta Donald Trump encubrir los archivos de Epstein, más descubrimos». Estos últimos correos electrónicos y correspondencia suscitan serias dudas sobre qué más oculta la Casa Blanca y la naturaleza de la relación entre Epstein y el Presidente.
¿Qué sucederá a continuación?
Pronto, la Cámara de Representantes votará si divulga públicamente el conjunto completo de documentos gubernamentales relacionados con Epstein, después de que una petición para forzar la votación superara el miércoles el umbral de 218 firmas necesario.
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