creer y pensar

Si los profesores corrompen o adoctrinan adultos, con una conciencia previamente formada, las iglesias siempre llevan la ventaja de hacer lo mismo pero con menores y por mucho más tiempo.

Inquisition torture chamber

Inquisition torture chamber (Photo credit: Wikipedia)

 

Corruptores

 

Así como una democracia nunca se ha definido ni se ha probado ni ha avanzado por el nacionalismo de un pueblo sino por sus críticos, de igual forma todo lo que hoy llamamos “progreso de la historia” (con todo lo relativo que tiene esa expresión), como los múltiples derechos de las minorías, como la superación de muchas formas de explotación y esclavitud, nunca han sido producto de mentalidades conservadoras sino de aquella otra tradición que redescubrieron los humanistas al final del Edad Media y que incluyó a seculares y religiosos de extensa cultura.

Ese movimiento de una larga y lenta revolución en defensa de las libertades colectivas e individuales tuvo su raíz principalmente en aquellos profesores que huyeron de Grecia a la caída de Constantinopla y en aquellos otros (menos reconocidos) que en Córdoba y otras ciudades del sur de lo que hoy es España traducían textos científicos mientras discutían filosofía y religión en latín, hebreo, árabe y otras lenguas parecidas al castellano.

Como bien criticó el gran Ernesto Sábato a mediados del siglo pasado, el movimiento liberador del Renacimiento condujo a varias paradojas, como la de haber sido un movimiento humanista que en el siglo XX acabó en la deshumanización, un movimiento que se preocupó por la naturaleza y terminó en la máquina, un movimiento secular que terminó en una nueva religión: el fetichismo de la razón y las ciencias, donde sus paradójicos sacerdotes no eran los grandes científicos sino los cientificistas y sus rebaños estaban compuestos de tecnólatras.

Ahora, superado los paradigmas de la Era Moderna, y como bien lo había adelantado Umberto Eco hace varias décadas, volvemos a la Edad Media. Si en la Era Moderna convivían los racionalistas con los románticos, en nuestra nueva Edad Media conviven los fanáticos religiosos con el barroquismo de la publicidad, del consumismo y la hiperfragmentación del Homo Digital.

En Estados Unidos, como en muchos otros países, uno de los blancos preferidos de los neo inquisidores son los profesores y, por extensión, todos aquellos que se dedican a alguna disciplina humanística o, como se conoce en Estados Unidos, a alguna “liberal arts”. A los conservadores más radicales no sólo los irrita el adjetivo, “liberal” (que convierten en sustantivo para lanzarlo como una piedra), y la posibilidad de que exista la duda como recurso, sino los mismos fundamentos declarados de las “liberal arts”, entre los cuales está la promoción del pensamiento crítico antes que el pensamiento profesional. (Recientemente, participamos de un largo y duro debate en las asambleas de profesores que gobierna mi universidad, entre Economía y Negocios; la primera, una clásica “liberal art”; la segunda, una disciplina profesional que, por ende, se restringe mucho más a los cómo que a los por qué de la primera).

Desde los candidatos presidenciales que apelan a sus religiones como armas políticas (cada vez se parecen más a sus enemigos, los islamistas; no a aquellos medievales que apreciaban la diversidad sino a los fanáticos más contemporáneos) hasta los arengadores de los medios audiovisuales, el rebaño ha ido creciendo no sólo en número sino en su agresividad proselitista y moralizadora. No se conforman con ser los elegidos de Dios y sus voceros oficiales; además necesitan mandar al infierno al resto de infieles.

Como hiciera Anito y sus demagogos que en la democrática Atenas lograron la condena del viejo Sócrates, la fobia antiintelectual acusa a los profesores de hoy de las mismas dos cosas que hace dos mil quinientos años: (1) son demasiado incrédulos y (2) corrompen a la juventud haciéndoles demasiadas preguntas y sugiriéndoles que tal vez hay otras formas de ver un mismo problema.

Los líderes de esos poderosos grupos, orgullosamente definidos como religiosos y conservadores, en su mayoría ha realizado un pasaje fugaz por alguna universidad, más bien como ese necesario trámite administrativo que exige una sociedad contradictoria. Probablemente habrá sido para ellos una pérdida de tiempo, si no se dedicaron a algo práctico como los negocios. Junto con los lobbies secretos, estos grupos poseen una reserva incalculable de poder político y social.

Por norma y por lógica se definen como conservadores, aunque todas sus religiones y sus tradiciones han sido fundadas por revolucionarios que sucesivamente fueron torturados, crucificados o condenados de diversas formas y por diversos grupos conservadores de su tiempo.

Por supuesto que entre los malos profesores el proselitismo (típica tradición cristiano-musulmana que heredó el pensamiento ideológico en la Era Moderna, como cierto marxismo panfletario) tampoco es raro. No obstante, por definición, el pensamiento crítico no promueve la creencia ni la sumisión intelectual a la autoridad sino todo lo contrario. Los profesores no son predicadores, ni pastores ni políticos, y nada ganan con fastidiar las conciencias jóvenes.  La mejor tradición académica sigue basándose en el ejercicio de la duda y el escepticismo sobre las obviedades. En la academia también hay trabajo clerical (como en una iglesia pueden haber grandes espíritus críticos), ya que un investigador suele ser un intelectual profesional, con todos los riesgos y ventajas que esto implica, pero el clericalismo no es el ideal por el cual se define la profesión académica.

Es comprensible que en las universidades, donde normalmente se investiga, también se ejercite la duda y el cuestionamiento con alguna frecuencia. Tan comprensible como que en las iglesias de todo tipo estén casi monopolizadas por personas que en su vida nunca se les ocurriría cuestionar algo de sus propias convicciones sin considerarlo inmoral o diabólico.

Sin embargo, el caso sobre corrupción de la sociedad que llevó a Sócrates a la muerte y a Jesús al martirio, no es tan grave como se declara. Si bien es cierto que un porcentaje de estudiantes que entran a una universidad salen con ideas diferentes, con habilidades y traumas diferentes, no es menos cierto que de igual forma se podría acusar a las iglesias. Con el agravante de que si los profesores corrompen o adoctrinan adultos, con una conciencia previamente formada, las iglesias siempre llevan la ventaja de hacer lo mismo pero con menores y por mucho más tiempo. Ese es su trabajo: convencer o adoctrinar niños inocentes, incapaces de responder y sin siquiera recibir una buena nota por dudar de la verdad revelada, como suele ocurrir en las universidades. Las iglesias inyectan sus verdades (verdaderas o no, eso es materia de discusión, como los religiosos bien saben cuando se refieren a religiones ajenas, las falsas) en la más temprana edad y continúan haciéndolo por el resto de la vida de los feligreses. La mayoría de los universitarios pasa en un campus académico apenas cuatro o seis años. Cuatro o seis años felices, dicen luego, pero un tiempo casi insignificante desde el punto de vista de la adoctrinación de un individuo, que ya venía formado desde la cuna.

Entonces, señores elegidos de Dios, portavoces del Señor, miembros permanentes del Paraíso, sería bueno que, antes de criminalizar a los “liberal professors” de este país y de muchos otros, procedieran con las mismas reglas y las mismas oportunidades. Dejen de adoctrinar, dejen de lavar el cerebro de los niños y nosotros dejaremos de enseñar a los jóvenes que dudar es bueno. Aunque a partir de entonces ustedes dejarán de beneficiarse de todos los inventos que los investigadores y los espíritus críticos producen y nosotros no podamos beneficiarnos de la salvación de ustedes, sino lo contrario, como hasta ahora.

 

Jorge Majfud

Jacksonville University

majfud.org

Marzo 2012.

Milenio (Mexico)

Milenio II (Mexico)

Diario Dominicano (RD)

La Republica (Uruguay)

 

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Costa Gavras: Missing (1982) and State of Siege (1972)

Missing is a 1982 American drama film directed by Costa Gavras, and starring Jack Lemmon, Sissy Spacek, Melanie Mayron, John Shea and Charles Cioffi. It is based on the true story of American journalist Charles Horman, who disappeared in the bloody aftermath of the US-backed Chilean coup of 1973 that deposed the democratically elected socialist President Salvador Allende.
Music by Vangelis

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Missing

The new York Times (1982)

‘MISSING’ BY COSTA-GAVRAS

By VINCENT CANBY
Published: February 12, 1982

IN addition to making movies that galvanize the emotions in ways that can be simultaneously fascinating and infuriating, Costa-Gavras, the Greek-born, French film maker (”Z,” ”The Confession”), also has a knack for stirring up publicity from the most unlikely sources.

In 1973 his ”State of Siege,” which accused an official of the United States Agency for International Development of teaching torture methods to repressive right-wing regimes in Latin America, was booked into the Kennedy Center for the Performing Arts in Washington, for a gala showing by the American Film Institute. At the last minute the showing was canceled when someone decided that it might not be an especially appropriate film for presentation under such auspices.

Now ”Missing,” Mr. Costa-Gavras’s latest film, which is about the 1973 kidnap and murder in Chile of Charles Horman, a young, Harvard-educated, counterculture journalist, is opening today at the Beekman Theater, two days after the release of a most unusual statement by the State Department. The department takes issue with a number of facts in the film and just about all of its conclusions.

It is the belief of Mr. Costa-Gavras, as well as of Thomas Hauser, the lawyer who wrote the book on which the film is based, that young Mr. Horman was executed by Chilean authorities, probably with the tacit approval of some United States representatives on the scene, because he had knowledge of United States involvement in the military coup that had overthrown the Marxist government of Dr. Salvador Allende Gossens, the Chilean Presi dent.

About the only fact not in dispute is that Mr. Horman, immediately after the coup, somehow became one of the victims of the roundup and execution of hundreds of Chilean left-wing activists and sympathizers.

Mr. Costa-Gavras seems to ask for such controversy. The film opens with a statement to the effect that ”Missing” is ”a true story” and that all of ”the incidents and facts are documented.” If all of the incidents and facts are really documented, then it should follow that the conclusions drawn cannot be open to too much question. This is something that I think even Mr. Costa-Gavras would not say, though by the end of the film, there is certainly no doubt about what he thinks.

Further complicating these questions is that ”Missing” is Mr. Costa-Gavras’s most beautifully achieved political melodrama to date, a suspense-thriller of real cinematic style, acted with immense authority by Jack Lemmon, as Charles Horman’s father, Ed Horman, and Sissy Spacek as Charles’s wife, Beth. The screenplay, by Mr. Costa-Gavras and Donald Stewart, is a model of its kind, in which Ed and Beth’s search for Charles is developed in a series of scenes that seamlessly join past and present actions into a nonstop, forwardmoving narrative.

The center of the film is the political awakening of Ed Horman, who comes to Chile to help Beth, though he suspects that Charles has gone under cover for some reason that is beyond his comprehension. ”If he had stayed home,” says Ed, who is well-to-do and politically conservative, as well as a practicing Christian Scientist, ”this wouldn’t have happened.”

Ed calls Charles ”almost deliberately naive” for his identification with underdogs. Says the beleagured Beth, ”We’re just two normal, slightly confused people trying to connect with the entire enchilada.”

Charles, played with modest simplicity by John Shea, comes to life in the flashbacks. He’s a dedicated, somewhat guilt-ridden heir to a privileged America, a young man who reads ”The Little Prince” for literary inspiration and whose optimism is unshakable. If not deliberately naive, he’s the kind of unsophisticated saint one always wants to believe in.

Ed and Beth’s search for Charles involves a succession of chilling encounters with politely patronizing United States embassy and consular officials, as well as with members of the Chilean Government. The major villains are vaguely identified United States military people, especially a Capt. Ray Tower (Charles Cioffi), who befriends Charles, and a young American woman named Terry Simon (Melanie Mayron), when the two are marooned in the resort town of Vina del Mar during the coup, unable to return to Santiago.

If ”Missing” were only an inventory of the details of Charles’s life and disappearance, it wouldn’t have the terrific emotional impact that it has. Mr. Lemmon and Miss Spacek are superb, however, and their increasing respect and fondness for each other as the story unfolds gives ”Missing” an agonizing reality.

Mr. Costa-Gavras also knows Chile, where he filmed ”State of Siege” during the Allende regime – ”Missing” was shot in Mexico – and he is particularly successful in evoking the looks, sounds and feelings of a society in upheaval.

There’s a stunning sequence in Santiago when Beth, unable to get home before curfew, spends an endless night hiding in an alley, hearing in the distance gunfire and other sounds not easily identified. At one point a terrified white horse goes galloping down an otherwise deserted street, pursued by soldiers firing random shots from a speeding jeep. In this sequence as elsewhere, the camera work by Ricardo Aronovich is very fine indeed.

Whether or not its facts are verifiable, ”Missing” documents, in a most moving way, the raising of the political consciousness of Ed Horman who has, until this devastating experience, always believed in the sanctity of his government and accepted its actions and policies without question. Among other things ”Missing” does is to convince you that, next time, you’re not going to waste your vote. The passive citizen is the citizen-victim.

In view of the film’s opening contention of being a true story, the care that Mr. Costa-Gavras takes not ever to identify Chile by name is a bit disingenuous. The cities are clearly named and identified. Also a bit disingenuous is the way the film never bothers to give a good answer to the question of why the Chilean – and possibly the American – authorities found it necessary to liquidate Charles Horman while allowing the safe departure from Chile of Terry Simon. Terry, after all, is privy to all the supposedly damaging information Charles gathered in Vina del Mar.

These are valid questions to raise about a film that is so fine that one wants it to be above reproach.

”Missing,” which has been rated PG (”parental guidance suggested”), contains several harrowing scenes of violence, as well as a s equence in a Santiago morgue that could inspire nightmares in adults as easily as in the very young.

A Parade of Why’s

MISSING, directed by Costa-Gavras; screenplay by Mr. Costa-Gavras an d Donald Stewart; director of photography, Ricardo Aronovich; f ilm editor, Fran,coise Bonnot; music by Vangelis; produced by Edward Lewis and Mildred Lewis; released by Universal Pictures. At the Beek- man, 65th Street and Second Avenue. Running time: 122 minutes. This film is rated PG.

Ed Horman . . . . . Jack Lemmon

Beth Horman . . . . . Sissy Spacek

Terry Simon . . . . . Melanie Mayron

Charles Horman . . . . . John Shea

Capt. Ray Tower . . . . . Charles Cioffi

Consul Phil Putnam . . . . . David Clennon

United States Ambassador . . . . . Richard Venture

Col. Sean Patrick . . . . . Jerry Hardin

Carter Babcock . . . . . Richard Bradford

Frank Teruggi . . . . . Joe Regalbuto

David Holloway . . . . . Keith Szarabajka

David McGeary . . . . . John Doolittle

Kate Newman . . . . . Janice Rule

Congressman . . . . . Ward Costello

Maria . . . . . Tina Romero

Statesman . . . . . Richard Whiting

Photo: photo of Jack Lemmon in ”Missing”

State of Siege (French title: État de Siège)
is a 1972 French film directed by Costa Gavras starring Yves Montand and Renato Salvatori.

It’s the culture, stupid

“52% Of Mississippi GOP Voters Say Obama Is Muslim” h
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Obama’s Religion Still A Campaign Issue: Many Alabama, Mississippi Voters Believe President Is Muslim

The Huffington Post  |  By Chris Gentilviso Posted: 03/12/2012 11:12 am Updated: 03/12/2012 4:44 pm

US President Barack Obama speaks during a campaign event at Minute Maid Park in Houston, Texas, on March 9, 2012. (JEWEL SAMAD/AFP/Getty Images)

Ask President Barack Obama about his religious affiliation, and he’s a Christian. Ask Mississippi or Alabama voters, and you might find a different answer.

In the midst of tight GOP primaries in both states, Public Policy Polling (PPP) hasreleased information showing that a majority of likely GOP primary voters in the Deep South do not see Obama as a Christian. PPP’s Alabama survey of 600 likely GOP primary voters found that only 14 percent consider Obama a Christian, while 45 percent said he is a Muslim and 41 percent answered that they were not sure.

A similar picture surfaced in Mississippi. Of 656 likely GOP primary voters surveyed, 12 percent said Obama was a Christian, 52 percent classified him as a Muslim, and 36 percent fell in the “not sure” category.

The survey emerges on the heels of a recent stream of public questioning regarding Obama’s religion. Back on Feb. 18, Rick Santorum took aim at the president’s beliefs, charging that his White House decisions are driven by a “different theology.”

“It’s not about your quality of life,” Santorum told supporters at a Tea Party rally in Columbus, Ohio. “It’s not about your jobs. It’s about some phony ideal. Some phony theology. Oh, not a theology based on the Bible.”

Three days later, evangelist Franklin Graham joined the chorus, leaning toward the same opinion of those unsure Southern voters. Obama “has said he’s a Christian, so I just have to assume that he is,” Graham said on MSNBC’s “Morning Joe.”

Facing criticism from prominent black religious leaders, Graham later apologized for his remarks.

“I regret any comments I have ever made which may have cast any doubt on the personal faith of our president, Mr. Obama,” he said in a statement.

Religion rumors are nothing new for Obama. Back in August 2010, a poll showed that almost one-fifth of all Americans believed he is a Muslim. Obama responded in an interview with “NBC Nightly News” saying that “the facts are the facts” regarding his Christian faith.

[Source : http://www.huffingtonpost.com ]

Foreign language speakers in Utah is the state’s secret economic weapon

On Utah’s ‘Silicon Slopes,’ Tech Jobs Get A Lift

by STEVE HENN

 

Audio for this story from All Things Considered will be available at approx. 7:00 p.m. ET

 

Douglas C. Pizac/APMore and more technology companies are setting up shop in Utah, where the slopes, climbing, mountain-biking and trail-running are bringing executives in all the way from Silicon Valley.
 
March 12, 2012

Last year, Utah created jobs at a faster pace than any other state in the country — with the single exception of North Dakota. While the boom in North Dakota is being driven by oil and gas, the hot job market in Utah is being powered by technology companies.

Computer-system design jobs in Utah shot up nearly 12 percent in 2011. Scientific and technical jobs jumped 9.7 percent. With job opportunities expanding, the state is having little trouble attracting new residents.

For Jill Layfield, the decision to move here from Silicon Valley was not a tough call.


Courtesy of BackcountryAs a rock climber, Backcountry CEO Jill Layfield says moving from a Silicon Valley tech company to one in Utah was a no-brainer.

“Not difficult at all,” she said, laughing. “I’m a big fan of climbing, mountain-biking, skiing and trail running — the idea of being able to come work for a tech company and live in a ski resort was a very easy decision.”

Indeed, Utah’s boosters are calling the state’s booming tech scene the Silicon Slopes.

Jeremy Andrus moved to Utah from San Francisco.

“We’ve got a powder rule — six inches of fresh powder in the morning we expect you to go carve some turns,” he said.

While these two might sound like ski bums — don’t be fooled: They are both chief executive officers.

Layfield runs Backcountry.com — an online retailer in Park City, Utah, that did nearly $300 million in sales last year. And she’s hiring this year.

“We are hiring people in marketing and merchandizing — we are always looking for great gear heads,” she said.

Layfield needs programmers, product managers and engineers. And it’s not just techies who need apply.

“It doesn’t matter. If somebody great comes through the door we’ll find a position for them,” she said. “If you are smart and you are passionate about the consumer Internet and building great products. If you want to have fun at work and be around great people, we want to hear from you.”

Since 2007, Backcountry.com has more than tripled its Utah workforce. It now has roughly 1,000 employees. All through the recession Backcountry was hiring.

Jeremy Andrus might be able to pass as a ski bum but he’s a Harvard Business School graduate. He runs a Park City company called Skullcandy, which makes designer headphones for snowboarders, skaters and surfers.

Skullcandy recently went public and is now worth about $400 million. Andrus is hiring too.

Skullcandy executive Jeremy Andrus says the company’s mountainside location in Park City, Utah, is a defining part of its culture.

Park City is a defining part of the company’s culture.

“We buy a season’s pass to the Canyons [a local ski resort] for all of our employees,” Andrus said. “People value that [when] you come in in the wintertime you are going to see wet snowboards hanging from the wall. You come in during the summer and you are going to see dirty mountain bikes in there.”

Andrus says offering this kind of affordable outdoor work life makes hiring talented young employees easy. And thousands of Utah tech companies are taking advantage.

“There are 6,600 companies — tech companies — right here within an hour of where we are at,” said Josh James, the chief executive of a Utah startup called Domo and a serial entrepreneur.

But Utah’s tech economy is taking off for more reasons than just the great outdoors. The state is managing to create a miniature version of Silicon Valley. Hundreds of communities around the world have attempted this trick — few have truly succeeded.

The Silicon Valley formula is no secret. Take a great research university, work with scientists and engineers there to commercialize their best ideas, add money in the form of venture capitalists, throw in some entrepreneurs and stir.

Recruiting Researchers

Utah was starting with a big disadvantage. It doesn’t have research institutions that truly rival Stanford and Berkley or Harvard and MIT. But officials at the University of Utah and the state government recognized that weakness and took steps to address it head on.

Utah Tech Sector Jobs

Includes professional, scientific and technical services jobs.

Utah Tech Sector Jobs

In 2006 the state launched the Utah Science and Technology Research Initiative or USTAR. The program invested more than $100 million in the state’s universities. The goal was to recruit top researchers in key economic areas from around the world. By all accounts the program is working — the researchers Utah recruited to the state are creating real economic value.

“Absolutely,” University of Utah President David Pershing said. “We have certainly had faculty that have come in the USTAR program and have now started up small companies.” The program created even more jobs than Utah officials expected. Some of the academics the state recruited brought existing companies with them.

At the same time, the University of Utah took steps to help make it easier to turn cutting edge research into a business. It reformed its technology licensing system. It created a new vice president in charge of technology transfer and helped introduce business students to the engineers and scientists doing the research.

Pershing said that just a few years ago, the school was spinning off new companies at a rate of about three a year, which was typical for a school of its size. “But that was not enough to have a real economic impact,” he said.

Now the U, as it’s known, is spinning off roughly 25 new companies a year.

“That’s exciting,” Pershing said. “Now they are not all going to grow to be great big companies — and we know that. But some are growing very nicely.”

Venture Capitalists Take Note

Utah has had big tech companies for 30 years — WordPerfect was founded here. So was Novell. But Josh James says a decade ago, landing funding for a startup in this state was tough. To get funding for a business in the state entrepreneurs often had to fly to California and make their pitches.

“I remember early in my career I’m talking to a guy — a venture capitalist — and he was really interested in my business,” James recalled. “I’m at Silicon Valley at a cocktail reception. Then all of a sudden he says, ‘Wait, wait, wait — where are you at?’ and I said Utah and he turns around and walks away — doesn’t say no thanks — doesn’t say not interested.”


Derek SmithJosh James co-founded the Web analytics site Omniture in 1996, then sold it to Adobe for $1.8 billion in 2009. Domo is James’ latest startup.

It ticked him off. In fact, James still remembers that investor’s name.

“I’m like OK — we are going to show you. And we are going to show everyone else,” James said.

He did.

The business James was pitching was called Omniture. Eventually he took it public, then sold it to Adobe for $1.8 billion. Venture capitalists — or VCs — have taken notice of successes like that.

“There were 110 VC investments last year in the state,” James said. “Every VC that comes and visits me always asks are there two or three other companies that we can visit while we are there. So there is definitely capital flowing.”

Last year, venture capital investment in Utah shot up 54 percent. And James, along with other successful Utah entrepreneurs, are re-investing their profits in the state’s technology scene.

“I’ve invested in probably 30 deals here in Utah, where I have put in 50 grand to half a million dollars,” he said.

Utah’s Secret Economic Weapon

It’s not just startups that are expanding here. eBay has had a presence in Utah since the 1990s. It runs a big call center.

“We have moved about 350 jobs from the Philippines back over here to Salt Lake city,” says Scott Murray, eBay’s vice president in charge the company’s Utah operations.

Fastest Growing State Job Markets

Rate of growth from December 2010 to December 2011, not including farm payrolls.

Fastest Growing State Job Markets

Source: Bureau of Labor Statistics

Credit: Stephanie d’Otreppe

Why?

“The key for us is that 20 percent of our transactions are cross-border trade,” Murray said. And Utah happens to have the highest percentage of foreign language speakers in the country. It’s the state’s secret economic weapon.

Every year, thousands of Mormon missionaries come back to Utah after spending two years abroad, learning a foreign language, foreign customs and intricacies of a foreign culture.

Andrus, Skullcandy’s CEO, learned Italian on a mission; James learned Japanese.

So at eBay, if a buyer from Brazil has a problem with a seller from Slovakia — there’s a good chance the folks here can handle it.

“In my department we had a Russian speaker, a Brazilian who spoke Portuguese. We had a Filipinos who spoke Tagalog. I think we had one other person who spoke Chinese as well,” said Michael Bobo, an eBay employee in the Utah call center who mastered French on a mission.

But it’s not only eBay that’s interested in foreign language fluency. The National Security Agency recently decided to build a $1.2 billion data center here.

The NSA is circumspect about what brought the agency to the state, but economic development officials here are convinced foreign language skills were a big draw.

“That’s very definitely linked to the linguistic talent that’s here,” said Jeff Edwards, president of the Economic Development Corporation of Utah.

Sobre La ciudad de la Luna

Jorge Majfud’s books at Amazon>>

“Ciudad lunar”

 

ENTREVISTA de  María José de Acuña

El escritor a contraluz. [Montevideo>>]

“Se refiere más a un mundo esquizofrénico, orgulloso de sus miopías”, asegura Jorge Majfud, escrito uruguayo radicado en EEUU, acerca de su última novela. “La ciudad de la Luna”. Entrevistado en España. Majfud asegura escribir ” porque sufro y me apasiona la complejidad del mundo que me rodea”.

Jorge Majfud, tacuaremboense nacido en 1969 reside e imparte docencia en Georgia, Estados Unidos. Colaborador habitual de medios de prensa en Uruguay, México y España, tuvo su debut como novelista con” Hacia qué patrias del silencio” en 1996. Entrevistado en Marid por la periodista María José de Acuña, Majfud acerca de literatura, política y otros ingredientes de la realidad actual.
Intelectual comprometido, apasionado por el conocimiento desde un agudo sentido crítico, controvertido e incansable pensador con vocación de filósofo, estimulador de conciencias, contrario a la mercantilización de la cultura por lo inevitable de la banalización de la literatura, todas las características apuntadas definen a Jorge Majfud. Autor de numerosos ensayos con los que ejercita al lector en inusuales reflexiones acerca de la historia, del hombre y la mujer -de sus traumáticas incertidumbres y contradicciones, de sus cuestionables paradigmas y de lo que para él son sin duda falsos ídolos, – de los síntomas autistas de nuestras sociedades., tras Hacia qué patrias del silencio (memorias de un desaparecido) y La reina de América acaba de publicar su tercera novela con Baile del Sol. En La ciudad de la Luna, recrea una ciudad perdida en el desierto de Argelia, Calataid. 

A través de la ficción de un espacio cerrado, Majfud se refiere a problemas más globales recurriendo a esta metáfora “para hablar de una enfermedad histórica que se presenta como una virtud de nuestro tiempo -asegura-. Como en cada tiempo, los pueblos han tendido a considerarse los elegidos de Dios, la reserva moral del mundo, los poseedores de la única lengua que se entiende. Eso es algo que encontramos día a día tanto en Oriente como en Occidente. Sobre la mesa -y debajo también- están los resultados”.

MA. Como latinoamericano comprometido, uno de los temas que más parecen preocuparle es la realidad de América Latina y todo lo que ello significa, especialmente en los ensayos que se publican cada semana en muchos países. Si pudiera hacer una extrapolación de escenarios, ¿cuántas ciudades-sociedades similares a Calataid podría imaginar en su área geográfica de origen?
JM. Muchas. El Cono Sur de Stroessner, Videla y Pinochet. La Cuba después de aquella revolución que pareció realizar los mejores sueños de un “hombre nuevo”, libre de la locura de la avaricia del capitalismo, pero que también cayó en otra forma de orgullo cerrado que casi no deja lugar a la autocrítica. La España de Franco. En fin, la lista es larga. 

A pesar que el protagonista quería fugarse a Nueva York, Calataid es también -quizás, sobre todo- el arrogante Estados Unidos de los Bush y de toda esa ola conservadora que se radicalizó, especialmente, con Reagan y que no terminará con Obama. Y es también el Afganistán de los talibán. La España imperial rodeándose de muros para salvar su pureza de religión y de sangre, es el Estados Unidos conservador e imperial rodeándose de muros para salvar la pureza de su mentada “particularidad histórica”, de su Dios privatizado, de su libertad que en el discurso de los fanáticos se vuelve una momia sin vida, excusa para otras opresiones. 

Calataid es el ejemplo descarnado del patriotismo que se opone al humanismo oprimiendo a sus individuos concretos y a la vez se ufana de su democracia y su libertad. Bueno, como La ciudad de la luna no es una novela de misterio puedo adelantar el final, ¿no? El protagonista es sentenciado a ajusticiar en público, con un hacha, a un supuesto criminal en la plaza Matriz. Luego de resistirse a semejante bestialidad, la masa termina empujándolo a “cumplir con su deber”. Cuando la víctima está agonizando, ya sin movimientos, el protagonista le descubre el rostro y descubre a su hermana, la poeta sin piernas que escribía sus versos incendiarios en flechas de papel. Este acto, con sus variaciones, ocurrió en el Afganistán de los talibán en los ’90. Recuerdo la foto como una pesadilla. 

MA. Usted dejó la arquitectura para dedicarse a la docencia y a escribir. Hace unos meses escribió un artículo que tituló “¿Por qué escribimos?” y, entre otras reflexiones, manifestaba lo siguiente: “escribo porque sufro y me apasiona la complejidad del mundo que me rodea. Escribo porque quiero batalla con este mundo que no me conforma y escribo porque a veces quisiera refugiarme en algo que no está aquí y ahora, algo que está libre de la contingencia del momento, algo que se parece a un más allá humano o sobrehumano. Pero todo lo que escribo surge a partir de aquí y ahora, de mi inconformidad con el mundo”. ¿Se siente heredero de aquellas voces que padecieron la férrea censura de la dictadura vivida por su país de origen durante más de una década? 
JM. Tal vez “heredero” es una palabra muy amplia para el caso. Crecí en la dictadura y en la conciencia de la contradicción que existe entre el discurso público y los hechos a la luz de una segunda mirada crítica. Escuché esas voces muchas veces, pero no puedo saber si hay algo de ellas en mi voz literaria o simplemente toda la historia pesa en mí como pesa en cualquiera y cada uno la procesa según su conciencia, sus posibilidades y habilidades. 

MA. En la actualidad y, desde hace algunos años, vive, trabaja y crea (si las tres cosas pudieran considerarse compartimentos estancos) en Estados Unidos. ¿Cómo de cerca se siente de la literatura uruguaya de hoy “que se mira a sí mismo, de forma autocrítica y nada complaciente”, según palabras de Gustavo Esmoris en un reciente análisis sobre su obra?
JM. Muchos conocen mi rechazo a los patriotismos de juramentos y escarapelas. También mi profundo amor por la tierra donde pasé quizás las vidas más importantes de mi vida. Hasta que me muera, una parte seguirá viviendo en mi infancia, en mi adolescencia y juventud. Es como el lenguaje. No importa cuán correctamente escriba en inglés; nunca podré publicar algo si no siento el ritmo del texto, el color, el sabor de la palabra, de la idea, del compás discursivo. 

Para mí el inglés es sólo una herramienta; nunca será como el español, mi casa. Por otro lado, desde un punto de vista filosófico y literario, siento que los localismos se van aburriendo y desvaneciendo. Hoy en día casi no tengo contacto con lo nuevo que se escribe y publica en Uruguay. Es algo que siempre lo tengo como una materia pendiente. Me da la impresión de que nuestra generación latinoamericana, nuestros temas, nuestras preocupaciones ya no se definen por fronteras geográficas, ya no está atada a los regionalismos del siglo pasado, los pueblos Macondo en la América tropical, los dictadorcillos en sus islas, los Dostoyevsky en los bares de Montevideo y Buenos Aires. En fin, tal vez la nueva generación sea más cosmopolita y transnacional. O tal vez me equivoco, como tantas veces, por hablar sin pensarlo dos veces.

MA. Ante la pérdida de Mario Benedetti usted manifestó sentir una “mezcla de tristeza y alegría que agradece lo vivido y lo leído” y dolor o nostalgia “como si una parte del Uruguay se hubiese hundido en el mar, estando tan lejos, y la perdí para siempre”. ¿Qué ha representado en su vida y en su obra una personalidad como la del célebre escritor que se nos fue?
JM. A Mario le debemos el ejemplo de amor a la literatura y el compromiso con su tiempo. Benedetti fue la antítesis de Borges. Creo que el exagerado volumen de su obra incluye muchas páginas que tal vez no eran necesarias. Pero lo bueno que ha dejado es tanto que se le perdona todo eso. En lo personal, es como si el Uruguay de mis primeras vidas hubiese cerrado un capítulo, como la muerte de mi abuelo. 

�Majfud con Euardo Galeano en Filadelfia, EEUU

 
Cada paso que damos nos acercamos a la muerte. Es algo obvio, pero de sólo pensarlo al caminar da melancolía y agradecimiento por los pasos dados, por los que damos, por los pasos que todavía vamos a dar sin miedo. Eduardo Galeano suele decir que narrar es postergar la muerte. Él es un amante de Scheherazade. No puedo estar más de acuerdo en este punto. Podríamos agregar también aquello de “Stat rosa pristina nomine; nomina nuda tenemus”. “La rosa ya es sólo un nombre; sólo nombres nos quedan”. Eso es lo trágico, pero también hay una esperanza: “¿Dónde está tu gloria, Babilonia? ¿Y Darío? ¿Y Ciro? 

Ernesto Sábato lo dijo de otra forma, en su última novela, Abaddon: “un día todo será pasado y olvidado y borrado. Hasta los formidables muros y la fosa que rodea la inexpugnable fortaleza.” O algo así.

MA. ¿Cómo vivió las últimas elecciones en Estados Unidos?
JM. ¿A propósito de la inexpugnable fortaleza.? Con intensidad y en detalle.

MA. Cree que pese a la crisis, la ilusión del pueblo norteamericano por Obama permanece intacta como al día siguiente de su victoria?
JM. Bueno, recuerde lo de Heráclito. Con todo, su popularidad es muy alta y no es pese a la crisis sino, en parte, por la crisis misma. Aunque ya lo habíamos adelantado en el 2006: había un recambio generacional que traería sorpresas. Y esto se manifestaba mucho antes de la crisis financiera del 2008. Claro, ya vendrán tiempos peores para su popularidad y mejores para la economía, pero se defiende muy bien. Ha impulsado cambios que son positivos. Vamos a ver si puede hacer más. Por lo que leo entrelineas de sus actos y discursos, creo que en su mente hay más claridad de lo que puede demostrar según las limitaciones que puede tener cualquier persona en su lugar.

MA. ¿Ha notado algún cambio de rumbo respecto de la relación con América Latina desde que asumió el poder la nueva Administración? 
JM. No. Todavía no. América Latina no importa mucho en este momento. El levantamiento de la exclusión de Cuba en la OEA, lo dijimos varias veces en las radios que nos consultaron sobre esto mismo, no tiene gran importancia más allá de los discursos hechos para consumo interno. Hay demasiados actos simbólicos, demasiados encuentros y cumbres de mandatarios y nunca pasa nada. Es para la prensa. En el caso de Estados Unidos el gran cambio se viene con la creciente influencia de los hispanos. Actualmente hay 45 millones, más de la cuarta parte indocumentados. Estados Unidos es uno de los países más populosos de Hispanoamérica, casi como España. Y esta proporción va en crecimiento, como una marea silenciosa pero inevitable. En una década o antes comenzarán a aparecer a la luz sus hijos, una generación mejor educada y con más poder económico, político y cultural. 

MA. Volviendo a La ciudad de la Luna, como lectores nos enfrentamos a una prosa un tanto experimental: en una misma frase pueden confluir diferentes narradores o un mismo narrador desde otras perspectivas y planos narrativos distintos, incluso mediante el uso de un castellano antiguo. Es como caminar por las dunas del desierto que retrata en la novela: desde cada una de las montañas de arena se observa una perspectiva diferente y todas son igual de verdaderas y válidas. ¿Qué ha pretendido con esta experimentación técnica en la narración?
JM. Claro, por momentos el castellano coloquial de Calataid es un tipo de castellano antiguo con sus particularidades. Una de las teorías sobre la fundación de Calataid sostiene que fue realizada por un ejército perdido de la reconquista cristiana de la península ibérica. Parte de la variación gramatical y sintáctica procede de algunos estudios que hice sobre textos originales del siglo XII y XIII e, incluso del siglo XVI, con la aparición de las estructuras lingüísticas que corresponden al “vos” que sobrevive hoy en el Río de la Plata y en regiones del norte de Sudamérica y de América Central, en lugar del más moderno “tú” que hoy usan ustedes en España. Luego algunos pronombres como “ello”, etc., son producto de una intuición personal puesta en practica sobre el origen de los modernos pronombres personales de objeto directo e indirecto. 

Aparte de esa particularidad lingüística, está la experiencia de la forma literaria que podríamos llamar, por momentos, una especie de “cubismo”, aunque no me gusta el término aplicado a literatura. Con todo tuve cuidado de no abusar del método para que la forma no interfiera con la historia en lugar de confirmarla. Hay una lectura en mi adolescencia que tal vez sirva como referencia. Jean Paul Sartre hizo un experimento semejante en Los caminos de la libertad (1945). Esa novela me fascinó. Allí Sartre mezclaba diferentes espacios, casi simultáneos, en un mismo párrafo. Lo único que yo he agregado es la pluralidad de voces narrativas -primera, segunda, tercera and so on- en un mismo párrafo y a veces en una misma frase. La intención era darle protagonismo a la ciudad: una idea, un prejuicio no pertenece a una persona sino que es una creación colectiva. 

MA. La ciudad de la Luna está ambientada al sur de Argelia y la historia transcurre en una época convulsa, políticamente hablando. En el pasado mes de abril el país celebró elecciones presidenciales y en zonas como la Cabilia, salvando las distancias, seguramente se podrían recrear los escenarios de ficción imaginados por usted para Calataid: Tizi Uzu, su capital, era una ciudad cubierta por el barro provocado por la lluvia que cayó durante la mañana. Como celoso observador de la actualidad internacional, ¿qué futuro más o menos próximo presume para un país como Argelia?
JM. El norte de África vivirá un renacimiento en este siglo pero tendrá que luchar contra sus Calataids. La ciudad de la Luna se terminó de escribir hace algunos años. Desde entonces y aún antes ocurrieron muchos hechos puntuales que ya comenté en el epílogo de la novela y que parecen predichos por la ficción. Quizás haya muchos más. Unos pueden ser casualidades, no sé, pero porque considero que la ficción es el resultado de la realidad, de las realidades que no aceptan ser llamadas ficciones, aún cuando son producto de la fantasía y el delirio de algunos personajes siniestros, no puede ser casualidad que realidad y ficción se confundan. Porque son las dos caras de una misma moneda y conociendo una se adivina la otra, como pueden serlo los sueños y la vigilia. 

Ahora, con respecto a Argelia. Creo que la novela se ambienta allí porque lo dictó la lógica de la ficción. Fue un proceso natural; y hoy que puedo identificar una docena de calles, rincones, edificios, arcos, sótanos, murallas y callejones con sus espacios, sus formas y sus personajes ya no podría moverla a otra parte. Es verosímil soñar, imaginar una ciudad encerrada por espesos muros, por su propia cultura y por un vasto desierto en esa región. En lugar de Argelia pudo ser Libia. No lo sé. Como ya dije antes, la historia se refiere más a un mundo esquizofrénico, orgulloso de sus miopías. Un mundo que funciona a la inversa del precepto “think globally, act locally” y, por el contrario, piensa provincianamente y actúa globalmente. Y esto, lamentablemente, es universal.

MA. Para finalizar, una curiosidad: ¿existe, o ha existido, Salvador Uriburu?
JM. Sí, existe. Es uno de los personajes de la novela. Fuera de ella, he conocido a algunos personajes como él. 

MA. ¿Es el mismo que aparece en The Walled Society publicada el año pasado en The Humanist?
JM. Sí. Ese título, La ciudad amurallada, fue uno de los títulos de la novela y esos relatos en inglés -cuidadosa traducción de Bruce Campbell- son capítulos de la novela que publica ahora Baile del Sol en español. 

 [Montevideo>>]

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Franz Kafka, 1912

English: 3:4 Portrait crop of Franz Kafka

1912, viaje al año del ‘big bang’ de Kafka

Hace un siglo el escritor vivió una eclosión creativa que cambiaría el rumbo de la literatura

El atormentado literato facturó ‘Contemplación’, ‘La condena’ y ‘La metamorfosis’

RICARDO MENÉNDEZ SALMÓN

1912 es un año decisivo en la vida y obra de Kafka. Tanto que, en su devenir, ni la una ni la otra, inextricablemente unidas, resultan comprensibles sin atender a ese tiempo eje. Varias son las razones que validan semejante argumento. En primer lugar, el 13 de agosto de aquel año Kafka conoce a Felice Bauer en casa de los padres de Max Brod. De todas las mujeres que articulan la vida emocional de Kafka, ninguna como Felice retrata no sólo lo que Kafka llegará a ser, sino sobre todo lo que nunca será: esposo, padre, un hombre con raíces. La relación con Felice, su vértigo de compromisos una y otra vez aplazados o rotos, dibuja con singular empeño esa infernal soltería, esa incapacidad (y, a la vez, ese terrible anhelo) para una vida doméstica al uso, que Kafka elevó a rango de inolvidable literatura.

Pero no solo la vida sentimental de Kafka queda marcada para siempre en 1912. También su vocación como escritor, su pasión y condena literaria, se cincelan aquel año. Tres datos bastan para confirmar dicha idea. A finales de 1912, Kafka ve publicado su primer libro: las prosas de Betrachtung, conocidas entre nosotros como Contemplación, un título sin duda menor pero no por ello menos crucial para la historia íntima de la literatura. Con todo, esta publicación no es lo más importante en el terreno creativo del año del que hablamos. Porque dos sucesos de hondísima significación marcan su trabajo en esas fechas.

De un lado, la revelación del “lugar natural” de la escritura de Kafka: la noche, el insomnio, las tinieblas en las que el autor de Praga desarrollará la parte del león de su trabajo. La noche del 22 al 23 de septiembre de 1912, a lo largo de ocho horas ininterrumpidas de escritura, Kafka factura La condena, uno de los textos capitales para comprender la visión del mundo del narrador checo. Y lo hace en un estado casi mediúmnico, acaso sólo comparable al que embargará a Pessoa una noche de marzo de 1914 al pergeñar cincuenta poemas deEl cuidador de rebaños. Poseído por un dios feroz y a la vez dadivoso, Kafka descubre aquella noche cuál será a partir de entonces su relación con la literatura. Mientras los demás duerman el sueño de los justos, descansando de sus afanes y miserias, él volcará su inquietante universo en interminables veladas que, como un motivo opaco, dibujan una de las telas mayores de la literatura de todos los tiempos.

Su vocación como escritor, su pasión y condena literaria, se cincelan aquel año

El último eslabón literario para contemplar 1912 como año de gracia en la vida de Kafka es el más conocido. Entre el 17 de noviembre y el 7 de diciembre de 1912, en apenas tres semanas, Kafka escribe uno de los textos decisivos de la sensibilidad occidental del siglo veinte, y con pocas dudas el fragmento que con mayor hondura ha reflejado el angstdel sujeto contemporáneo: durante veinte fecundas noches, en la Niklasstrasse de Praga, nuestro hombre redacta, para asombro de las generaciones futuras, La metamorfosis.

En puridad, no se puede prescindir de Kafka para entender en qué se ha convertido la literatura durante el pasado siglo. En 1964, en un ensayo justamente célebre, La locura, la ausencia de obra, Foucault asegura que “es tiempo ya de comprender que el lenguaje de la literatura no se define por lo que dice, ni tampoco por las estructuras que lo hacen significante, sino que tiene un ser y que es este ser lo que hay que interrogar”. La conclusión de Foucault al respecto de este problema es rotunda: “El ser de la literatura, tal como se manifiesta desde Mallarmé y llega hasta nosotros, alcanza la región donde, desde Freud, tiene lugar la experiencia de la locura”. Así, el demiurgo de la literatura dialoga con esa instancia que dice todo lo que nuestra vida reglamentada, formalista, constreñida por la prevención y las costumbres, calla. La intuición foucaultiana tiene notables adeptos: “En este siglo”, escribe DeLillo en Los nombres, “el escritor ha sostenido una conversación con la locura. Casi podríamos decir que el escritor del siglo veinte aspira a la locura. Para un escritor, la locura es la destilación última de sí mismo, una versión final. Equivale a apagar el sonido de las voces falsas”.

Como ese espejo deformante y audaz en que se refleja el escritor, Kafka resulta inagotable e ineludible. No sólo su apellido ha pasado a las lenguas cultas del mundo para definir una situación determinada (lo kafkiano), sino que su personalidad y su obra han legitimado el nacimiento de lo que, a falta de un nombre mejor, se denominakafkología. La nómina de intelectuales que han prestado su talento a desentrañar las circunstancias de esta ciencia de lo kafkiano, de este logos interminable, es abrumadora. Sin ánimo exhaustivo, basta recordar los nombres de Theodor Adorno, Walter Benjamin, Elias Canetti, Milan Kundera, Robert Musil, Marthe Robert, Jean Starobinski e incluso David Foster Wallace, quien en 1999 dedicó al humor en Kafka un brevísimo ensayo, el iluminador Algunos comentarios sobre lo gracioso que es Kafka, de los cuales probablemente no he quitado bastante, recogido en Hablemos de langostas.

Su obra, cien años después, nos sigue interrogando, conmoviendo y desconcertando

Los compromisos emocionales, el carácter sagrado de la escritura, la perspectiva de la locura y, en resumidas cuentas, todo el elenco avasallador del pathos de Kafka nos interrogan con fuerza en el último estudio sobre el autor vertido a nuestra lengua, el ensayo de Pietro Citati concisamente titulado Kafka, que publicado por Acantilado recoge la edición italiana de Adelphi de 2007, a la que el erudito florentino añade nuevas consideraciones y material inédito respecto al original de 1986. Contempla aquí Citati a Kafka a través de su relación con las mujeres (Felice, por descontado, pero también Milena y su última compañera, la jovencísima Dora Diamant), a través de su vínculo con la escritura en su doble dimensión de don y de fatalidad, y a través de un puñado de obras mayúsculas: sus tres novelas (El desaparecidoEl proceso y El castillo), algunos relatos extraordinarios (Durante la construcción de la muralla chinaLa madriguera e Investigaciones de un perro) y los fascinantes Aforismos de Zürau, sublimación del genio y el padecimiento kafkianos.

El resultado, discutible en ocasiones (la lectura abiertamente “teológica” que Citati propone de Kafka parece a menudo forzada), memorable en otras (la conversión de Kafka en personaje casi novelesco es notabilísima), redunda en todo caso en la convicción expresada por Adorno en sus Apuntes sobre Kafka: “El momento de la respuesta, al que todo apunta en Kafka, es aquel en que los hombres se dan cuenta de que no son sino cosas”. Y es que, siempre moderno, irreductible a un único punto de vista, enigmático en definitiva como todo gran creador, Kafka amaneció a la eternidad de la literatura hace ahora un siglo. Su obra, cien años después, nos sigue interrogando, conmoviendo y desconcertando con la enormidad de lo imperecedero.

*Ricardo Menéndez Salmón es autor de novelas como La ofensa y La luz es más antigua que el amor (ambas en Seix Barral)

[Fuente: diario El Pais de Madrid]

La venganza y la justicia

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La venganza y la justicia

Pocas cosas hay más estimulantes que las preguntas. Siempre les digo a mis estudiantes que cuando no tengan preguntas pueden considerar que están intelectualmente muertos. Con cierta frecuencia recibo colecciones de preguntas de otros estudiantes, casi todos, vaya a saber por qué, de universidades de Europa. Hoy, por ejemplo, me dispuse a contestar una larga lista de una estudiante de una conocida universidad de Francia, que está haciendo un posgrado en literatura y su trabajo final consiste en un análisis de La reina de América.

Cada vez que respondo este tipo de preguntas y comentarios, viejos fantasmas de la dictadura de mi país resurgen y, como si los lectores más lejanos fuesen mis mejores psicoanalistas, sin querer me revelan o me proveen de indicios sobre esas verdades que gritan en códigos de sueños pero que ni el mismo autor es capaz de comprender plenamente cuando se deja llevar por las emociones de una historia, por las pasiones de sus personajes. Al menos no de forma racional.

En La reina de América abunda la crueldad, es decir, la violencia moral. He dicho muchas veces que me parece que hay pocas violencias más terribles como la violencia moral, porque uno puede recuperarse de un golpe en la cara pero difícilmente pueda recuperarse de un golpe moral. Las dictaduras uruguaya y argentina fueron especialmente especialistas en este tipo de violencia que abunda en esa novela y en algunas otras, no por casualidad. Muchos presos políticos y muchos policías y militares de aquella época me confesaron historias de una innecesaria y cruel creatividad. Por alguna razón, no difícil de analizar, muchas de ellas tienen alguna relación con el sexo. Algunas, ya las he mencionado en novelas y artículos y este no es el momento de volver a ellas.

Pero no sólo las dictaduras practicaron la crueldad. Las post dictaduras ejercitaron este tipo de violencia moral de formas diferentes, si no por abuso de poder, por carecer de él. El miedo tiene la universal facultad de destrozar individuos y sociedades por igual. La impunidad fue una de esas formas y, quizás, por esta razón, varios personajes de la novela mencionada optaron por diferentes formas de venganza.

Por supuesto que yo, como autor, soy incapaz de matar un gato ahogado en una fuente, pero mis personajes han ejercido esta locura de forma reiterada. Una de las protagonistas y la narradora principal de La reina de América, Consuelo, la hija de la inmigrante prostituta, no sólo ahoga un gato en una fuente sino que venga su propia violación con la violación de su violador, haciendo uso de una especie de sicario que sodomiza a su violador en un galpón de la Aguada, ante su propia presencia, tiempo después de haber heredado las propiedades de su tío. El dinero la inviste del poder necesario para ejercitar, por su parte, más violencia moral. Pero también uno de los protagonistas, que debe presenciar las fotografías de su amada siendo abusada por los militares que lo investigan, termina haciendo justicia por cuenta propia en un parque de Buenos Aires.

Una obra de ficción es un testimonio de un momento histórico, como un sueño revela una insatisfacción real. En este caso, creo, es el producto de una injusticia largamente institucionalizada en el Cono Sur, aunque con algunas enmiendas. La ficción es, como los sueños, la realización de actos que nuestra moral condena en su conciencia; es la revelación de frustraciones individuales y colectivas, como bien lo articulara Ernesto Sábato décadas atrás.

Ahora, por otro lado, en un plano más racional y analítico, también podemos enfocar un momento nuestra atención en las trágicas diferencias entre justicia y venganza.

Es políticamente correcto pedir justicia y condenar la venganza. Al menos en el discurso público, todos se cuidan de rechazar cualquier proximidad con esta práctica y deseo que todos condenamos a la luz del día. Sin embargo, creo que en lo más profundo, aunque son practicas distintas, no son dos categorías ontológicas ni morales tan diferentes. Porque la justicia es una venganza institucionalizada, y la venganza una justicia personalizada.

Claro que la primera es superior, ya que su propósito es conducir a una sociedad por un camino conveniente y justo, mientras que la segunda pone el énfasis en las emociones personales, que con frecuencia pueden producir injusticias. El problema es que cuando una sociedad falla grave y sistemáticamente garantizando la justicia más básica, como ocurrió en Uruguay con leyes que dieron inmunidad a los violadores de los Derechos Humanos, los sentimientos que afloran pueden estar my relacionados con los deseos de venganza. Como ocurre en La reina de América, el contexto social no garantiza esa justicia básica, razón por la cual los personajes con frecuencia recurren a la venganza.

En lo personal no estoy a favor de la venganza. No porque la considere de una categoría radicalmente diferente a la justicia, sino porque la considero peligrosa como práctica social e individual. Pero la ficción es un sueño colectivo, y por lo tanto es la expresión de frustraciones (colectivas y personales) con soluciones o desenlaces semejantes a los sueños, donde en ocasiones cometemos actos repudiables y en ocasiones realizamos deseos frustrados.

La justicia tiene la función de evitar agresiones y el quebrantamiento de la regla de oro (“no hagas a los demás lo que no quieres que te hagan a ti”); pero la venganza también. Al fin y al cabo, la justicia es, aparte de un sentimiento antiguo muy relacionado con la venganza, una institución socialmente sofisticada, con reglas y leyes impersonales que exigen la sumisión de las pasiones. Pero cuando la justicia falla como institución y como práctica del poder, los individuos vuelven su mirada a su antepasado más primitivo, la venganza, precisamente, en búsqueda de esa justicia que no llega. Si en nuestro mundo contemporáneo las víctimas normalmente se contienen, es debido a un entrenamiento psicológico y moral que han recibido de una educación, de una cultura civilizada y, frecuentemente, por la esperanza de que el viejo refrán sea cierto: “la justicia tarda pero llega”.

Este refrán, probablemente, es, como muchos, aleccionador, moralizante. Es decir, es una moraleja, tipo medieval, que pretende prevenir determinadas conductas indeseables. No es necesariamente la verdad porque, en el fondo, toda justicia que tarda no llega. Bastaría con considerar la excarcelación de un inocente al final de su vida que es compensado con una suma abultada de dinero. ¿Qué tiene eso de justicia? El único refrán verdadero en este caso es “peor es nada”, pero nunca “la justicia tarda pero llega”, porque “justicia que tarda” es, en sí mismo, un oxímoron cuando se aplica a seres mortales. La justicia sólo es justicia cuando se realiza a tiempo. Lo cual, casi nunca es materialmente posible, pero al menos en un Estado de Derecho se compensa con la inmediata protección de la víctima, con su reparación moral, que incluye el castigo al victimario, y con el ejemplo social.

En un Estado donde no reina el derecho, a la víctima le queda otra forma de justicia que todos condenamos por conveniencia propia. Por ello, rara vez, sino nunca, la víctima procede como procedería la justicia si el derecho y el poder estuviesen distribuidos entre todos por igual.

Jorge Majfud

Jacksonville University, marzo 2012.

majfud.org

Milenio , B (Mexico)

La Republica (Uruguay)

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El mejor Unamuno

Yo, Unamuno, me confieso

Hallado un manuscrito del filósofo que permaneció oculto en una carpeta durante más de un siglo

En el texto, el autor anticipa su lucha interna entre fe y razón

Miguel de Unamuno. / AGUSTIN SCIAMMARELLA

A punto de cumplir 40 años, Miguel de Unamuno (1864-1936) atraviesa una racha accidentada. Fallece su hijo Raimundo, el niño enfermo que le acompañaba mientras escribía. Se descubre una malversación de fondos en la Universidad de Salamanca, cometida por alguien de su confianza, que, además del disgusto, le cuesta 5.000 pesetas de su bolsillo y le asfixia las cuentas.

Por si no bastara con ello, en abril de 1903 se viven en Salamanca escenas que, visto lo ocurrido días atrás en Valencia, se encuentran bien arraigadas en la tradición española. Un enfrentamiento entre guardias y estudiantes que finaliza con el asalto del claustro universitario por parte de la policía a caballo y la muerte de dos jóvenes.

Miguel de Unamuno, el rector salmantino, que había tratado de serenar a sus alumnos diciendo: “Contra la razón de la fuerza, oponed vosotros, muchachos, la fuerza de la razón”, pierde un botón de la chaqueta en la refriega y —mucho menos anecdótico— se gana varias enemistades. Sumadas a las que ya tenía, acrecientan la campaña para expulsarle del rectorado. El periódico El Lábaro le ataca día sí, día también. El obispo de Salamanca le reprocha que quiera “descatolizar” a la juventud —Unamuno repetía que “España necesita que la cristianicen descatolizándola”— y, en una carta al presidente del Gobierno Antonio Maura, exige la cabeza del rector (muy bíblico, por otra parte).

¿Qué hace Unamuno? En primer lugar coquetear con la idea de irse a Argentina, aunque tal vez sea una osadía moderna atribuir a la mente unamuniana el verbo coquetear. Presume que, al otro lado del Atlántico, sus hijos crecerán en un mundo más tolerante (“ya sé que a nadie se tuesta, ya no se hacen autos de fe, pero se hace algo peor: combatir las ideas con la burla”, dirá ante una asamblea de artesanos coruñeses, a la que acudió junto a Emilia Pardo Bazán por aquellas fechas). Y escribe, escribe como siempre en varios proyectos simultáneos, entre ellos un manuscrito sorprendente, que titula Mi confesión y que ha permanecido oculto más de un siglo, despistado entre otros papeles en la Casa-Museo Miguel de Unamuno, de la Universidad de Salamanca.

Es probable que Alicia Villar, catedrática de Filosofía Moderna en la Universidad Pontificia de Comillas, haya sido la primera lectora de estos folios de Unamuno, que ahora han sido publicados por la editorial Sígueme en un libro, que se complementa con el estudio de la experta y algunas cartas de Unamuno escritas entre 1902 y 1904 hasta ahora dispersas, que ayudan a entender las circunstancias adversas que afrontaba el pensador. “He pasado una temporada de disgustos, sinsabores y algo más”, le revela en una misiva a Pedro Jiménez Ilundáin en mayo de 1902.

Como tantas otras veces, fue un hallazgo fortuito. Alicia Villar investigaba la vinculación entre Pascal y el autor Del sentimiento trágico de la vida en la Casa-Museo, cuando encontró una carpeta donde se guardaba el Tratado del amor de Dios y 19 folios numerados, escritos por las dos caras, sobre los que no había oído hablar jamás. “Unamuno tiene tanto escrito que tardé un tiempo en comprobar que no había sido publicado nunca”, explica Villar, especialista en las obras de Pascal, Rousseau y Unamuno.

En Mi confesión se incluyen tres ensayos con algunas de las cuestiones esenciales que acompañarán al intelectual vasco durante el resto de su vida y que dieron lugar a una de sus obras más célebres: Del sentimiento trágico de la vida. Hay incluso párrafos (los relacionados con la inmortalidad), según la comparación de la catedrática Villar, desarrollados en la conocida obra que se anticipan en el manuscrito. “Asimismo coinciden las referencias a Platón, Spinoza, Nietzsche y Kierkegaard”. Y añade: “Hay otros temas recurrentes como el cainismo y la crítica al intelectualismo que ya había planteado en El mal del siglo”.

Un aspecto que aborda inicialmente el manuscrito y que luego perderá fuelle en sus preocupaciones es el afán de perpetuarse eternamente de los escritores, una inclinación que acuña como “erostratismo”, en honor de Eróstrato, que incendió el templo de Éfeso para inmortalizar su nombre. “¡Mi nombre! ¿Y qué importa mi nombre? (…) Siembro las ideas que me vienen a las mientes —sean propias o ajenas— al azar de mi marcha por el mundo, a boleo, y el mismo ahínco pongo en una carta que será trizada no bien leída, que en un escrito público que se archive y empolve mañana en uno de esos cementerios que llamamos bibliotecas”, expone el escritor, que clama contra “la avaricia espiritual” como “raíz de todo decaimiento”.

En Mi confesión se asiste al desgarro de Unamuno, que parecía brotar de una paradoja: un apasionado rehén de la razón, o viceversa: un intelectual en busca de la fe. “No quiero poner paz entre mi corazón y mi cabeza, entre mi fe y mi razón, sino quiero que se peleen y se nieguen recíprocamente, pues su combate es mi vida”, escribe en un adelanto de lo que absorberá su pensamiento en unos años.

Sospechaba de la docencia que se arrodillaba ante los ideales —políticos o económicos— y le atemorizaba la “sequedad intelectual, sin fondo de sentimiento”. Ese alejamiento del sectarismo le condena a cierta soledad. “Tiene dificultades en todos los frentes, muchos intelectuales no entienden sus problemas con la fe y los conservadores le consideran un heterodoxo”, analiza Alicia Villar.

En la pugna y la duda vive cómodo. Nunca fue el autor de La tía Tula un hombre de ideas excluyentes. “Los que lo ven todo claro son espíritus oscuros”, le dijo una tarde el poeta portugués Guerra Junqueiro. Lo suscribió plenamente: “No leo a los escritores agresivos, cortantes, afirmativos, de batalla. Creo que hacen su obra, pero que es obra muy pasajera. Y como no me siento un luchador de avanzada ni un propagandista, me quedo aquí en este retiro”.

Unamuno contado por Unamuno

En una carta al anarquista Federico Urales, fundador de La Revista Blanca, el autor de San Manuel Bueno mártir hace un interesante autorretrato.

  • Niñez. “Fui taciturno y melancólico, con un enorme fondo romántico, y criado en el seno de una familia vascongada de austerísimas costumbres (…) Fui un chico con devoción que pecaba en lo que suelen llamar (mal llamado) misticismo”.
  • Juventud. “Cuando llegué a Madrid a estudiar proseguí en mi empeño de racionalizar mi fe. El dogma se deshizo en mi conciencia (…) Habiendo sido un católico practicante y fervoroso, dejé de serlo poco a poco, en fuerza de intimar y racionalizar mi fe”.
  • Influencias. “Me creo un espíritu bastante complejo; pero podría señalar a Hegel, Spencer, Schopenhauer, Carlyle, Leopardi, Tolstói como mis mejores maestros (…) De españoles desde luego ninguno (…) Mi alma es poco española”.
  • Pensamiento. “A lo que he vuelto es al cristianismo llamado protestantismo liberal (…) Mis lecturas en economía me hicieron socialista, pero pronto comprendí que mi fondo era y es, ante todo, anarquista”.
 [Fuente: El Pais de Madrid]

“Digo lo que se me da la realísima gana, y se acabó”

“Soy odiado por los altos prelados de la Argentina, que me consideran un zurdo, un izquierdista, un comunista. Y los comunistas me consideran un reaccionario, porque hablo de Cristo y porque hablo que la vida es sagrada, y la muerte es misteriosa y también sagrada… Y bueno, yo digo lo que se me da la realísima gana, y se acabó”.

Ernesto Sábato, entrevista oral.