Super PACs, super influencers

Como observamos al principio, para conocer las raíces de los fenómenos políticos y sociales en América latina y en otros continentes, debemos estudiar lo que ocurrió o está ocurriendo en Estados Unidos. Aquí veremos uno de los muchos ejemplos (aunque no referidos a diseños de agencias secretas ni a traspiraciones ideológicas de grandes compañías), un hecho judicial específico. En otras palabras, el destino del mundo en manos de un puñado de individuos con sus propias opiniones sobre la Humanidad.

Actualmente, según la Ley Federal de Campañas Electorales, las contribuciones están sujetas a ciertos límites. Por ejemplo, un ciudadano común no puede donar más de 3.300 dólares por elección.[i] Pero, una vez limitada la generosidad de gente común, la ley muestra sus debilidades por los lobbies. Uno de los actores de peso en la administración del poder social son los Political Action Committees (PACs) los cuales, como las iglesias, están exentos de pagar impuestos, pese a que su accionar gira entorno al gran capital. Exentos de pagar impuestos y exentos de revelar sus fuentes de ingresos.

Exentos de gravámenes y libres para acosar a las instituciones. En 2010, la Corte Suprema de Estados Unidos (como en las últimas décadas, con una amplia mayoría de jueces elegidos por presidentes conservadores) falló en favor de Citizens United, otra “organización sin fines de lucro” a favor de los derechos de las grandes corporaciones. Su fundador, masón y admirador de Ronald Reagan, Floyd Brown, lo definió de forma sintomática: “Somos gente a la que no les importa la política; gente que desea que el gobierno los deje en paz; pero si su país los llama a luchar en el extranjero, lo hará con gusto”. Para este fanatismo anglosajón, las brutales intervenciones en otros países no son políticas ni son sobre intereses económicos, sino puro patriotismo, Dios, la moral y el teorema de Pitágoras.

Como toda organización conservadora y funcional a una elite aristocrática, su lema incluye la palabra “restaurar” y “volver a los buenos viejos tiempos”, todo en nombre del “we the people”: debemos “devolver el gobierno de Estados Unidos a los ciudadanos”, junto con la clásica narrativa que se chorrea hacia el sur desde hace un par de siglos: “reafirmar los tradicionales valores estadounidenses de un gobierno mínimo, de la defensa de la libertad de empresa, por una familia fuerte y por la soberanía y seguridad nacional”. En menos palabras: por la libertad irrestricta de los amos. Lo que en 1776 significaba “we the people”, ahora significa “nosotros los ciudadanos”. Es decir, un Club VIP de propietarios con poder económico y político.

En 2009, esta poderosa organización privada inició una demanda contra la Comisión de Elecciones Federales. En la demanda y en el fallo final de la Corte Suprema, se entendió que la limitación de donaciones de un grupo cualquiera a un partido político constituía una violación a la Primera enmienda de la constitución. Cinco votos en nueve entendieron que “si la Primera Enmienda tiene alguna fuerza, debe prohibir al Congreso cualquier multa o encarcelamiento de ciudadanos o de asociaciones de ciudadanos, simplemente por participar en discursos políticos”. Según esta interpretación, las megacorporaciones son ciudadanos y asociaciones de ciudadanos “participando en discursos políticos…”[1] Es decir, que una corporación multimillonaria o un señor multimillonario no pudiesen donar unos cientos de millones de dólares a un candidato al senado o a la presidencia iba contra la “libertad de expresión”. La decisión liberó múltiples restricciones y mantuvo una sola: los ultra millonarios no pueden donar sumas obscenas a los candidatos, si no es a través de fundaciones fachadas, conocidas como “sin fines de lucro” y diferenciadas de los PAC por el superlativo “super”: los Super PACs no tienen limitación de donación a grupso que promueven una determinada candidatura. Además, pasan a tener el derecho de hacerlo de forma anónima, lo que entre los académicos y analistas de todo tipo pasó a llamarse dark money (“dinero oscuro”).

Claro, otra vez, en el país de las leyes se hace todo legal. La corrupción es cosa de latinoamericanos y de negros pobres en África. Otra prueba irrefutable de la observación que hiciera a fines del siglo XIX el escritor francés Anatole France: “La Ley, en su magnífica ecuanimidad, prohíbe, tanto al rico como al pobre, dormir bajo los puentes, mendigar por las calles y robar pan”. Como suele ocurrir en una democracia como la de Estados Unidos, secuestrada por las corporaciones, los verdaderos ciudadanos tenían otra opinión. A principios de 2010 una encuesta de ABC y The Washington Post reveló que el 80 por ciento de los estadounidenses se oponía a la eliminación de trabas y límites en las donaciones a los políticos propuesta por Citizens United.[ii] Obviamente, nada de eso importa ni tiene algún efecto legal. Obviamente, la ley se argumentó con un barniz de igualdad, ya que los sindicatos de obreros, que no sólo obtienen recursos de sus trabajadores afiliados sino que han sido arrinconados en su institucionalidad por décadas, tendrían el mismo derecho de apoyar candidatos con “cifras ilimitadas de dinero”. El mismo derecho que las corporaciones privadas que manejan más dinero que países enteros.[2]

Cinco votos en nueve decidieron el destino de 320 millones de estadounidenses y, por extensión cultural e ideológica, de gran parte del resto del mundo. Sobre todo, de América latina, el todavía Patio trasero de la mayor potencia económica, militar e ideológica del mundo. Desde entonces, hubo varios intentos para, si no limitar, al menos revelar la identidad de los super donantes. Uno de los más recientes, por ejemplo, fue una ley aprobada por el estado de California, la que pretendía obligar a revelar el nombre de los donantes multimillonarios a causas políticas. La demanda contra la ley fue impulsada por la fundación Americans for Prosperity, otra “organización sin fines de lucro” exenta de impuestos y fundada por el multimillonario Charles Koch y su hermano David Koch, y por el grupo conservador Thomas More Law Center.[iii] Naturalmente, el 0,01 por ciento de los de arriba saben cómo hacerlo. La Suprema Corte determinó que la ley violaba el derecho de los supermillonarios, establecido en el fallo de 2010.

Estas prácticas son conocidas desde el siglo XIX, pero a partir del nuevo fallo de la corte Suprema en 2010, el negocio de la política se multiplicó. Veamos, por ejemplo, un caso entre cientos de empresas dedicadas a crear opinión pública, ahora con más impunidad que antes. Berman and Company, fundada por el lobbyist Richard Berman, es uno de los mayores conglomerados dedicados a la creación de opinión a través de la demonización o el enchastre de los adversarios de sus clientes.[3] Aunque es una empresa privada con ganancias de decenas de millones de dólares, posee decenas de “organizaciones sin fines de lucro” que actúan como fachada, no sólo para su acción en el mundo mediático sino para la recepción de donaciones y pagos. ¿Por qué? Porque, según las leyes que lograron aprobar estos mismos grupos de intereses especiales, las donaciones a los grupos “sin fines de lucros” se realizan en total y completo secreto. La ley protege la anonimidad de los donantes. Todo realizado como es la costumbre del extremismo capitalista en nombre de la libertad. Rick Berman, abogado especializado en relaciones laborales, fundó “Enterprise Freedom Action Committee (Comité de Acción por la Libertad Empresarial)” (EFAC), una organización de derecha, dedicada al astroturf (v(ver capítulo “Relaciones sociales y astroturfing” en Moscas en la telaraña)), es decir, a crear movimientos falsamente populares desde arriba para servir los intereses de los de arriba.[4]

El 30 de octubre de 2014, el New York Times publicó una confesión del poderoso señor Berman, aparentemente debido a un micrófono abierto: “La gente siempre me pregunta: ¿Cómo sé que no seré descubierto, que lo que hago tiene una intencionalidad política? Es que todo lo que hacemos lo hacemos a través de organizaciones sin fines de lucro, las que están protegidas de cualquier obligación de revelar quiénes son sus donantes. Existe un anonimato total. La gente no sabe quién nos apoya”. El mismo experimentado Berman también dejó escapar algunos consejos para manipular la opinión pública: “Se debe usar el humor para desacreditar o marginar a nuestros adversarios. Como sabemos que el humor ya casi no existe en las redes sociales, a lo que seguramente se refería el nuevo Bernays era a la ridiculización del adversario.“Algunos dicen que somos helicópteros negros… En parte tienen razón. Nuestro trabajo es atacar la capacidad de operación de nuestros adversarios”, reconoció Berman.[iv]

La libertad de presión se llama libertad de expresión y no incluye el derecho a saber.

Jorge Majfud. Del libro Moscas en la telaraña.


[1] En la campaña electoral de 2011, el candidato republicano Mitt Romney lo había dicho en una conferencia para empresarios “Corporations are people, my friend (Mi amigo, las corporaciones son personas también”).

[2] La misma lógica legal de facilitar la inmigración a Estados Unidos cuando en el siglo XIX los negros se convirtieron en ciudadanos con derecho a voto y quienes podían inmigrar eran europeos pobres. Otra vez, se aplica la observación de Anatole France sobre la igualdad de las leyes para prohibir algo a pobres y ricos por igual.

[3] En castellano, Lobby se puede traducir como “grupo de presión política”, pero no existe una traducción satisfactoria para lobbyist. Una traducción muy aproximada, aunque incómoda por su verdad implícita, sería “corruptor de políticos” o, más incómoda por su extensión, pero no por su precisión, “mercenario de la clase dirigente en los congresos del pueblo”. El músico David Berman, miembro del grupo Los judíos de plata, se había distanciado de su padre, Rick Berman, por diferencias éticas e ideológicas.

[4] Las “fundaciones populares y sin fines de lucro” de Berman incluyen “Center for Consumer Freedom” (para “ganar mal o perder bien (win ugly or lose pretty)”, “American Beverage Institute” (en favor del consumo de alcohol), “Employment Policy Institute Foundation” (para beneficiar a los obreros), “Center for Union Facts” (para educar a los trabajadores sobre los males antidemocráticos de los sindicatos), entre otras organizaciones gremiales y proletarias.


[i] “Contribution Limits.” FEC.gov, 2021, http://www.fec.gov/help-candidates-and-committees/candidate-taking-receipts/contribution-limits/.

[ii] “Poll: Large Majority Opposes Supreme Court’s Decision on Campaign Financing.” Washingtonpost.com, 17 Feb. 2010, http://www.washingtonpost.com/wp-dyn/content/article/2010/02/17/AR2010021701151.html.

[iii] “The Supreme Court Throws out a State Law Requiring Nonprofits to Name Rich Donors.” NPR.org, July 2021, http://www.npr.org/2021/07/01/1004062322/the-supreme-court-guts-a-state-law-requiring-nonprofits-to-name-their-rich-donor.

[iv] “Hard-Nosed Advice from Veteran Lobbyist: ‘Win Ugly or Lose Pretty’ (Published 2014).” The New York Times, 2022, http://www.nytimes.com/2014/10/31/us/politics/pr-executives-western-energy-alliance-speech-taped.html.

https://www.pagina12.com.ar/718276-super-pacs-super-influencers

Fondos buitres, jueces carroña

El 13 de setiembre de 2023, la representante por Nueva York, Alexandra Ocasio-Cortez inquirió en el Congreso a la profesora Kathleen Clark. Según esta experta en ética, no quedan dudas: el juez Samuel Alito no debió intervenir en el caso de los fondos buitres contra Argentina por un conflicto de intereses. El escándalo de los regalos recibidos por los jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos comienza a anestesiar la sensibilidad ética de la población pro dos razones: Una, porque ya no son novedad; otra porque queda claro que la ley es igual para todos pero no se aplica de la misma forma. Incluso, se aplica diferente para un juez de tribunales inferiores que para aquellos en las alturas. Y, como todo lo que está en las alturas del poder, los amigos suelen ser más que multimillonarios y estar dotados de superpoderes estilo Superman o el Hombre Araña.

En 2014, el tribunal acordó resolver una cuestión clave en una batalla de una década entre el fondo de cobertura del multimillonario Paul Singer y la Argentina. Singer ha sido definido por la revista Fortune como “uno de los inversores más listos e impiadosos de la industria de los fondos de cobertura (fondos buitres)”. Un especialista en volar en búsqueda de países quebrados por el mismo juego que Singer sabe jugar muy bien.

Pero para ser listo, exitoso e impiadoso hay que tener buenos amigos en el poder. Singer es conocido de muchos jueces de varios países, entre ellos los jueces de la Corte Suprema de Estados Unidos, y no en pocas ocasiones ha solicitado a la Corte Suprema que falle a su favor en disputas comerciales de alto riesgo. De lo poco que se puede saber, ahora se sabe que en el año 2008 llevó en su jet privado al juez Alito a Alaska en el verano de 2008 a un costo de 100.000 dólares por viaje, mientras participaba en el caso de alto riesgo entre los fondos buitres de su amigo y el gobierno de Argentina.

Luego de que el gobierno de Argentina propusiera un plan de negociación del restante de su deuda en 2013, el caso finalmente llegó a la Corte Suprema en Washington, y Alito se unió a la decisión contra el país sudamericano. En 2016, el nuevo gobierno argentino llegó a un acuerdo de pago con Paul Singer (quien un par de años antes había forzado al país a un default técnico), aceptando un acuerdo más beneficioso con el pago del 75 por ciento de la deuda.

Según declaró en el Congreso la profesora Kathleen Clark, si el juez de la Corte Suprema, Samuel Alito, estuviera sirviendo en un tribunal inferior, se le habría exigido que se abstuviera de participar en los casos del multimillonario de los fondos buitres Paul Singer. Esta declaración fue realizada el 13 de setiembre en la Cámara de Representantes en una audiencia del Comité de Supervisión sobre litigios de terceros en los tribunales de la nación ante el cuestionamiento de la representante demócrata de Nueva York, Alexandria Ocasio-Cortez.

Pero para los jueces de la Corte Suprema las reglas y leyes que aplican al resto de los jueces son sugerencias para ellos. Según la ley, el juez Alito debió excluirse de un caso que resultó en un fallo que le dio a su amigo Singer 2.400 millones de dólares de las arcas argentinas.

“No se recusó de este caso y, de hecho, usó su puesto en la Corte Suprema después de todo esto para fallar a favor de Singer… Tras la decisión, el fondo de cobertura del señor Singer recibió finalmente 2.400 millones de dólares debido a este fallo” Luego, la congresista Ocasio-Cortez señaló una imagen ampliada del millonario Paul Singer y el juez Samuel Alito pescando y concluyó: “No es un mal retorno de la inversión para un viaje de pesca”.

Cuando Ocasio-Cortez preguntó a la profesora Clark si un juez federal tendría que recusarse si estuviera en el lugar de Alito, la experta confirmó: “Sí, hay un estatuto federal que requiere la recusación tanto de los magistrados como de los jueces bajo ciertas circunstancias”.

El estatuto que citó Clark requiere la recusación cuando el juez sabe que él, como individuo o fiduciario, tiene un interés financiero en el tema en controversia o en una parte del procedimiento que podría afectar de alguna forma la decisión del juez.

También el profesor Abbe Smith estuvo de acuerdo: Alito no debió tomar el caso. Para Virginia Canter, ex abogada de ética gubernamental, un viaje gratis en avión privado no es un aceptable para un juez de la Suprema Corte. Los jueces están obligados a declarar regalos por más de 400 dólares. La excepción sólo cubre comida, alojamiento y hasta entretenimiento, confirmó Canter.

En su defensa, el juez Alito dijo que el albergue de pesca en Alaska era “cómodo pero rústico” y servía “comida casera”. La última noche, uno de los invitados se jactó de que el vino que estaban bebiendo costaba 1.000 dólares la botella, pero el juez declaró no recordar si había bebido vino esa noche. Sí recordaba no haber hablado nunca de negocios con el campeón de los fondos buitres y, casualmente, su taxi, guía turístico y anfitrión, Paul Singer.

Según críticos, quien más créditos tiene en el logro de tribunales federales poblados de jueces conservadores es el activista de los millonarios Leonard Leo. Recientemente recibió 1.600 millones de dólares para promover su loable trabajo y, aparte de ser amigo del juez Alito y del magnate Singer, también fue uno de los invitados a Alaska esos días de 2008, ahora en cuestionamiento.

Todo lo cual serían datos irrelevantes ya que, según el mismo Leonard Leo, “nadie que sea objetivo y esté bien informado de cómo funciona el poder judicial, podría creer honestamente que los jueces deciden casos para ganarse el favor de sus amigos o a cambio de un asiento de avión gratis o de un viaje de pesca.

Como sea, Paul Singer ganó el fallo contra Argentina por miles de millones de dólares en una corte conformada por amigos y solo él se embolsó 2.400 millones de dólares, gracias al fallo del tribunal superior, conformados por jueces independientes que luchan contra la corrupción―legalizándola.

El nuevo escándalo del juez Alito se suma al de su colega de la Corte Suprema, Clarence Thomas, también por recibir regalos de cientos de miles de dólares por parte de amigos millonarios. ¿Es que ya no se puede tener amigos millonarios? Uno de ellos, Leonard Leo lo apoyó en su nominación a la suprema Corte, al igual que hizo con los otros jueces, Roberts, Alito, Gorsuch, Kavanaugh y Barrett.

Kyle Herrig, director del Proyecto de Integridad del Congreso y presidente del organismo de control Accountable.US, dijo que “a medida que la crisis de corrupción de la Corte Suprema crece con otra aparente violación del código de ética de la Corte, no sorprende que Leonard Leo esté justo en el medio. Él es la influencia corruptora responsable de esta podredumbre”.

Jorge Majfud

Setiembre 2023

Leyes en su tinta

La SCJ declara inconstitucional la Ley Interpretativa de la Ley de Caducidad porque no se puede aplicar una ley retroactivamente. ¿Pero qué es una ley que es dictada para proteger delitos cometidos en el pasado?

 

La lógica retroactiva

Español: En Uruguay, manifestantes a favor del...

Español: En Uruguay, manifestantes a favor del Proyecto interpretativo de la Ley de Caducidad fuera del Palacio Legislativo en el marco de la votación en la Cámara de Diputados. (Photo credit: Wikipedia)

 

La Suprema Corte de Justicia de Uruguay acaba de dictaminar la inconstitucionalidad de una ley interpretativa que limitaba la aplicación de la llamada “Ley de Caducidad” (ley 18.831), por lo cual muchos violadores a los derechos humanos de la pasada dictadura quedaron protegidos apenas comenzó el nuevo periodo democrático en los ochenta.

Es curioso que la Suprema Corte de Justicia declare inconstitucional una ley interpretativa sobre otra ley dictada en 1986. El principal argumento de la Suprema Corte de Justicia para declarar inconstitucional una ley que debía enmendar otra ley dictada en 1986, consistió en que una “ley penal no puede aplicarse retroactivamente”. Lo cual es lógico y común en cualquier país. Sin embargo me quedan dos perplejidades:

1) ¿Cómo es posible que un derecho natural (como lo es el derecho a la justicia) que preexiste a toda ley, pueda ser cancelado por una ley aprobada en un parlamento?

2) La ley de 1986 establece la “caducidad de la pretensión punitiva del Estado respecto de los delitos cometidos hasta el 1º de marzo de 1985 por funcionarios militares y policiales, equiparados y asimilados por móviles políticos o en ocasión del cumplimiento de sus funciones y en ocasión de acciones ordenadas por los mandos que actuaron durante el período de facto”.

Es decir que la ley se refiere a hechos y delitos pasados y nada comunes, delitos que ocurrieron antes de la cuestionada ley.

Entonces, ¿cómo es posible que en algunos casos una ley se pueda aplicar retroactivamente? ¿Qué es una ley de indulto sino la aplicación retroactiva de nuevas reglas sobre delitos que fueron cometidos contra las leyes del momento? ¿O el secuestro, la tortura y el asesinato habían sido legalizados formalmente por la dictadura o por el régimen anterior?

A ello hay que sumar el hecho que no estamos hablando de delitos financieros o impositivos sino de violaciones a los derechos humanos, aunque la Corte Suprema los haya declarado “delitos comunes” para evitar esta imprescriptividad.

Ahora, si los crímenes fueron “delitos comunes”, ¿por qué se necesitaba una Ley de Caducidad? ¿Es que algunas personas no son tan comunes para ir a la cárcel aunque cometan delitos comunes? ¿Estamos en una sociedad estamental al viejo estilo, cuando se aplicaban distintas leyes a distintas clases sociales, o simplemente ante los largos tentáculos de una vieja dictadura?

¿O es que las leyes pueden ser aplicadas retroactivamente para perdonar a criminales que violaron los derechos humanos pero no pueden ser aplicadas retroactivamente para condenarlos, como en cualquier sociedad decente y civilizada?

 

Jorge Majfud

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