Be careful what you wish for

Dear Mr. Musk,

You recently claimed that “empathy [is] a parasitic plague.”

I disagree. Civilizations have existed and thrived in large part due to the guidance and prescriptions of empathy by major spiritual leaders throughout history.

Additionally, execution was not the common form of punishment in the past (except for “criminals” like Jesus during the Roman Empire), contrary to popular belief.

I oppose capital punishment for two reasons:

1. Many of my friends in South Africa would have faced execution after Apartheid.

2. Many members of the current World oligarchy could undergo the same fate as in the French Revolution with the guillotine.

I am against violence in all forms, as you know.

Sincerely,

Jorge Majfud, nov. 2025

Polvo negro. Adicción blanca

Los Acuerdos de Paz del adicto hombre blanco

El 29 de setiembre de 2025, el New York Times informó sobre la reunión en la Casa Blanca entre el presidente Trump y el primer ministro de Israel Netanyahu. Su titular de portada fue: “Trump y Netanyahu le dicen a Hamas que acepte su plan de paz, o de lo contrario…” El subtítulo aclaró esos puntos suspensivos: “El presidente Trump afirmó que Israel tendría luz verde para ‘completar la misión’ si Hamas se negaba a aceptar el acuerdo de cese de hostilidades”.

Cese de hostilidades…No es que la historia rime. Se repite. Desde el siglo XV, todos los acuerdos firmados por los imperios europeos fueron a punta de cañón y sistemáticamente ignorados cuando dejaron de servirles o cuando lograron avanzar sus líneas de fuego. Destrucción y despojo sazonado con alguna buena causa: la civilización, la libertad, la democracia y el derecho del invasor a defenderse.

Fue, por siglos, la repetida historia de la diplomacia entre los pueblos indígenas y los colonos blancos, para nada diferente al más reciente caso del “Acuerdo de paz”, propuesto e impuesto bajo amenaza por Washington y Tel Aviv sobre Palestina. La misma historia de la violación de todos los tratados de paz con las naciones nativas de este y del otro lado de los Apalaches, antes y después de 1776. Luego, lo que los historiadores llaman “Compra de Luisiana” (1803), no fue una compra sino un brutal despojo de las naciones indígenas que eran los dueños ancestrales de ese territorio, tan grande como todo el naciente país anglo en América. Ningún indígena fue invitado a la mesa de negociaciones en París, un lugar alejado de los despojados. Cuando alguno de estos acuerdos incluyó a algún “representante” de los pueblos agredidos, como fue el caso del despojo cheroqui de 1835, fue un representante falso, un Guaidó inventado por los colonos blancos.

Lo mismo ocurrió con el traspaso de las últimas colonias españolas (Cuba, Puerto Rico, Filipinas, Guam) a Estados Unidos. Mientras cientos de siouxs teñían de rojo las nieves de Dakota por reclamar el pago según el tratado que los obligó a vender sus tierras, en París se firmaba un nuevo acuerdo de paz sobre los pueblos tropicales. Ningún representante de los despojados fue invitado a negociar el acuerdo que hizo posible su liberación.

Para Teo Roosevelt, “la guerra más justa de todas es la guerra contra los salvajes (…) los únicos indios buenos son los indios muertos”.  Más al sur: “los negros son una raza estúpida”, escribió y publicó. Según Roosevelt, la democracia había sido inventada para beneficio de la raza blanca, única capaz de civilización y belleza.

Durante estos años, la etnia anglosajona necesitaba una justificación a su brutalidad y a su costumbre de robar y lavar sus crímenes con acuerdos de paz impuestos por la fuerza. Como en la segunda mitad del siglo XIX el paradigma epistemológico de las ciencias había reemplazado a la religión, esa justificación fue la superioridad racial.

Europa tenía subyugada a la mayoría del mundo por su fanatismo y por su adicción a la pólvora. Las teorías sobre la superioridad del hombre blanco iban de la mano de su victimización: los negros, marrones, rojos y amarillos se aprovechaban de su generosidad, mientras amenazaban a la minoría de la raza superior con un reemplazo de la mayoría de las razas inferiores. ¿Suena actual?

Como esas teorías biologicistas no estaban suficientemente fundadas, se recurrió a la historia. A finales del siglo XIX pulularon en Europa teorías lingüísticas y luego antropológicas sobre el origen puro de la raza noble (aria, Irán), la raza blanca, proveniente de los vedas hindúes. Estas historias, arrastradas de los pelos, y los símbolos hindúes como la esvástica nazi y lo que hoy se conoce como la estrella de David (usada por diferentes culturas siglos antes, pero originarios de India) se popularizaron como símbolos raciales en la letra impresa.

No por casualidad, es en este momento en que las teorías supremacistas y el sionismo se fundan y se articulan en sus conceptos históricos, en la Europa blanca, racista e imperialista del norte. El mismo fundador del sionismo, Theodor Herzl, entendía que los judíos pertenecían a la superior “raza aria”.

Hasta la Segunda Guerra Mundial, estos supremacismos convivieron con ciertas fricciones, pero no las suficientes como para que les impida formar acuerdos, como el Acuerdo Haavara entre nazis y sionistas que, por años, trasladó decenas de miles de judíos blancos (de “buen material genético”) a Palestina. Los primeros anti sionistas no fueron los palestinos que los recibieron, sino los judíos europeos que resistieron el Acuerdo de limpieza étnica. Al mismo tiempo que se colonizó y despojó a los palestinos de sus tierras, se colonizó y despojó al judaísmo de su tradición.

Cuando los soviéticos arrasaron con los nazis de Hitler, ser supremacista pasó a ser una vergüenza. De repente, Winston Churchill y los millonarios estadounidenses dejaron de presumir de ser nazis. Antes, la declaración Balfour-Rothschild de 1917 fue un acuerdo entre blancos para dividir y ocupar un territorio de “razas inferiores”. Como dijo el racista y genocida Churchill, por entonces ministro de Guerra: “Estoy totalmente a favor de utilizar gases venenosos contra las tribus no civilizadas”.

Pero la brutal irracionalidad de la Segunda Guerra también liquidó la Era Moderna, basada en los paradigmas de la razón y el progreso. Las ciencias y el pensamiento crítico dejaron paso a la irracionalidad del consumismo y de las religiones.

Es así como los sionistas de hoy ya no insisten en la ONU y en la casa Blanca sobre su superioridad racial de arios sino en los derechos especiales de ser los semitas elegidos de Dios. Netanyahu y sus escuderos evangélicos citan mil veces la sacralidad bíblica de Israel, como si él y el rey David fuesen la misma persona y aquel pueblo semita de piel oscura de hace tres mil años fuesen los mismos jázaros del Cáucaso que en la Europa de la Edad Media adoptaron el judaísmo.

El acuerdo de Washington entre Trump y Netanyahu para que sea aceptado por los palestinos es ilegítimo desde el comienzo. No importa cuántas veces se repita la palabra paz, como no importa cuántas veces se repite la palabra amor mientras se viola a una mujer. Será por siemrpe una violación, como lo es la ocupación y el apartheid de Israel sobre Palestina.

El martes 30 de setiembre, el Ministro de Guerra de Estados Unidos, Pete Hegseth, reunió a sus generales y citó a George Washington: “Quien anhela la paz debe prepararse para la guerra”, no porque Washington “quiera la guerra, sino porque ama la paz”. El presidente Trump remató: sería un insulto para Estados Unidos que no le otorgasen el Premio Nobel de la Paz.

En 1933, en su Discurso en el Reichstag, el candidato al Nobel de la Paz, Adolf Hitler, declaró que Alemania solo anhelaba la paz. Tres años después, luego de militarizar Renania, insistió que Alemania era una nación pacifista que buscaba su seguridad.

Aunque el nuevo acuerdo entre Washington y Tel Aviv sea aceptado por Hamas (una de las creaturas de Netanyahu), tarde o temprano será violado por Tel Aviv. Porque para la raza superior, para los pueblos elegidos, no existen acuerdos con seres inferiores sino estrategias de saqueo y aniquilación. Estrategias de demonización del esclavo, del colonizado, y de victimización del pobre hombre blanco, ese adicto a la pólvora―ahora polvo blanco.

Jorge Majfud, setiembre 2025.

Os Acordos de Paz do Viciado em Homem Branco 5 octubre, 2025

80 aniversario del mayor atentado terrorista de la historia

El número de Time del 13 de agosto de 1945 cita a Truman: “hace dieciséis horas un avión estadounidense lanzó una bomba sobre Hiroshima, una importante base del ejército japonés. Esa bomba tenía más poder que 20.000 toneladas de TNT… Es una bomba atómica. Es un beneficio del poder básico del universo; lo que se ha hecho es el mayor logro de la ciencia en su historia… […] ahora estamos preparados para destruir más rápida y completamente todas las empresas productivas que los japoneses tienen sobre su suelo… si no aceptan nuestros términos, pueden esperar otra lluvia de fuego, como nunca se ha visto en esta tierra”. En Londres, Winston Churchill también se refirió a estas proezas de la ciencia: “debemos orar para que este horror conduzca a la paz entre las naciones y que, en lugar de causar estragos inconmensurables en todo el mundo, se conviertan en la fuente perenne de la prosperidad mundial”.

En su portada del 20 de agosto, la misma revista recibía al lector con un gran disco rojo con fondo blanco y una X que tachaba el disco. No era la primera bomba atómica de la historia arrojada sobre una población de seres humanos sino el sol o la bandera de Japón. En la página 29, un artículo bajo el título de “Awful Responsability” (“Una responsabilidad terrible”) el presidente Truman trazaba las líneas de lo que iba a ser más tarde el pasado. Como un buen hombre de fe siempre que es colocado por Dios en el poder, Truman reconoció: “Le damos gracias a Dios porque esto haya llegado a nosotros antes que a nuestros enemigos. Y rezamos para que Él nos pueda guiar para usar esto según Su forma y Sus propósitos”. En la inversión semántica de sujeto-objeto, por “esto” se refiere a la bomba atómica que “nos ha llegado”; por “nuestros enemigos”, obviamente, se refiere Hitler e Hirohito; por “nosotros”, a nosotros, los protegidos de Dios.

En realidad, la barbarie de fuego había comenzado mucho antes. El general LeMay había sido el cerebro que planificó el bombardeo de varias ciudades de Japón, como Nagoya, Osaka, Yokohama y Kobe, entre febrero y mayo de 1945, tres meses antes de las bombas atómicas de Hiroshima y Nagasaki.

En la noche del 10 de marzo, LeMay ordenó arrojar sobre Tokio 1500 toneladas de explosivos desde 300 bombarderos B-29. 500.000 bombas llovieron desde la 1:30 hasta las 3:00 de la madrugada. 100.000 hombres, mujeres y niños murieron en pocas horas y un millón de otras personas quedaron gravemente heridas. Un precedente de las bombas de Napalm, unas gelatinas de fuego que se pegaban a las casas y a la carne humana fueron probadas con éxito. “Las mujeres corrían con sus bebés como antorchas de fuego en sus espaldas” recordará Nihei, una sobreviviente. “No me preocupa matar japoneses”, había dicho el general LeMay.

Cuando la guerra estaba decidida y acabada, una semana después de las bombas atómicas, cientos de aviones estadounidenses regaron con otras decenas de miles de bombas diferentes ciudades de Japón dejando otro tendal de miles de víctimas prontas para el olvido. El general Carl Spaatz, eufórico, propuso arrojar una tercera bomba atómica sobre Tokio. La propuesta no prosperó porque Tokio ya había sido reducida a escombros mucho tiempo atrás y sólo quedaba en los mapas como una ciudad importante.

El Japón imperial también había matado decenas de miles de chinos en bombardeos aéreos, pero no eran los chinos lo que importaban por entonces. De hecho, nunca importaron y hasta fueron prohibidos en Estados Unidos por la ley de 1882. El mismo general Curtis LeMay repetirá esta estrategia de masacre indiscriminada y a conveniente distancia en Corea del Norte y en Vietnam, las que dejarán millones de muertos civiles como si fuesen hormigas. Todo por una buena causa (libertad, democracias y derechos humanos).

Poco después de los incontables bombardeos sobre civiles inocentes e indefensos, el heroico general LeMay reconocería: “si hubiésemos perdido la guerra, yo hubiese sido condenado como criminal de guerra”. Por el contrario, al igual que el rey Leopoldo II de Bélgica y otros nazis de Hitelr promovidos a altos cargos de la OTAN, LeMay también fue condecorado múltiples veces por sus servicios a la civilización, entre las que se cuentan la Légion d’honneur, otrogada por Francia.

Nada nuevo. La narratura de los hechos no es sólo para consumo nacional. Se exporta. En el puerto de Shimoda, un busto del capitán Matthew Perry recuerda y recordará, por los siglos por venir, el lugar y la fecha en que el capitán americano liberó el comercio de Japón en el siglo XIX a fuerza de cañón e hizo posible la voluntad del dios de esos cristianos tan particulares. Un siglo después, en 1964, el mismo gobierno de Japón le otorgó la Orden del Sol Naciente al general Curtis LeMay por sus servicios a la civilización. ¿Cuál fue su aporte? El general LeMay innovó las tácticas militares durante la Segunda Guerra mundial bombardeando de forma indiscriminada media docena de grandes ciudades japonesas en 1945. Meses antes de las célebres bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki, sólo en una noche murieron cien mil civiles en Tokio bajo una lluvia de otras bombas estadunidenses. LeMay reconoció: “No me molesta matar japoneses”.

Claro que no todo fue a su gusto. Años después, le recomendó al joven inexperiente, el presidente Kennedy, lanzar algunas bombas atómicas sobre La Habana como forma de prevenir un mal mayor. Kennedy no estuvo de acuerdo. Un par de décadas más tarde, en una de las primeras conversaciones sobre el tema Cuba, Alexander Haig, nuevo Secretario de Estado, le dijo al presidente Ronald Reagan: “Sólo deme la orden y convertiré esa isla de mierda en un estacionamiento vacío”.

En 1968, el general Curtis LeMay será el candidato a la vicepresidencia por el partido racista y segregacionista llamado Partido Independiente de Estados Unidos. Para ser un tercer partido, recibió un respetable 13,5 por ciento de los votos. En 2024 pudo haber ganado fácilmente dentro del partido Demócrata-Republicano.

Luego del mayor acto terrorista de la historia, los gobiernos de Japón no ahorrarán en pedidos de perdón por el crimen de haber sido bombardeados en todas las formas posibles y sin piedad.

jorge majfud

Carta abierta: ¿A qué le tienen miedo?

Quienes hoy callan por miedo o por conveniencia, mañana repetirán que siempre estuvieron contra el genocidio. Justo cuando decirlo no sirva para nada, excepto, otra vez, para sus intereses personales.

Señor presidente de Uruguay, Yamandú Orsi Martínez,

Señora vicepresidenta Ana Carolina Cosse,

Señor canciller Mario Israel Lubetkin,

Señora ministra de Defensa Sandra Lazo,

Señoras y señores de La Embajada de Dios:

Quiero pensar que los Derechos Humanos, cuando no son una excusa para invadir algún país o para ejercer el poder hegemónico de algún imperio, no tienen ideología partidaria. No obstante, y en base a la dramática historia en Uruguay y en América Latina, creo que es oportuno dirigirme a algunos de ustedes como hombres y mujeres de izquierda que, en su mayoría, solía significar un compromiso, no sólo con las ideas sino con los valores humanistas, aquellos valores que la derecha neoliberal de ayer negaba con disimulo y que hoy su hijo no reconocido, el fascismo, desprecia con orgullo: los valores de igualdad, de justicia social, de solidaridad, de tolerancia a las ideas diferentes y de intolerancia a la moral racista, sexista, clasista e imperialista de los esclavistas de turno.

En Uruguay, en particular los hombres y mujeres de izquierda que resistieron la dictadura hicieron de los Derechos Humanos una bandera innegociable, al punto de ser acusados y despreciados por esto mismo.

Ahora, ¿cuál es la diferencia entre apoyar la dictadura militar en Uruguay y apoyar el genocidio en Palestina? Ambas fueron y son brutalidades imperialistas, pero la segunda es mil veces mayor en muertos, masacrados, amputados, traumatizados, torturados, hambreaos y desaparecidos. La segunda, aparte de ideológica, es profundamente racista y varias veces más antigua.

Canciller Lubetkin: para desestimar una resolución del Frente Amplio, referida al genocidio en Gaza, usted ha resumido el pensamiento y los valores de este nuevo gobierno de izquierda travestida, que cada día abandona más sus ideales en nombre de un pragmatismo que, como siempre, sirve a los ideales de los poderosos: “Una cosa es la fuerza política, otra cosa es el gobierno; nosotros estamos gestionando el gobierno”.

¿No le dio un poquito de vergüenza tanta arrogancia para alguien que ni es del FA ni fue electo por el pueblo? A mí me recordó a Nixon cuando decidió remover a Allende porque los chilenos habían votado “de forma irresponsable”. La misma arrogancia y desprecio que explica el resto de la tragedia de los palestinos y de muchos otros pueblos sin poderosas agencias secretas.

Interrogada sobre la decisión de Uruguay (de su gobierno) de comprar armamento de Israel, la ministra Sandra Lazo respondió, con obviedad: “Le vamos a comprar (armamento) a los que generen mejores precios y calidad. Uruguay no tienen enemigos”. Palabras y filosofía de la neutralidad ante la barbarie, escondidas detrás del pragmatismo pro-business que era la regla en los años 30 para justificar los negocios con Hitler y, más recientemente, con los regímenes fascistas de Pinochet, de Videla y de decenas de otros dictadores mercenarios del viejo genocida imperialismo global. Lo cual, en el caso de una integrante del ex grupo guerrillero y marxista del MPP como usted, no deja de ser una paradoja múltiple.

Hasta ayer nos quedaba una esperanza, pero la vicepresidente Cosse, reconocida por una claridad intelectual que no abunda en los gobiernos de turno, la terminó por rematar, cuando se negó a condenar el genocidio en Gaza, tomando silencios, titubeos y adjetivos del presidente Orsi, reciclando “tremendo” en “tragedia” para no decir nada, para no hacer nada, para no señalar a nada ni a nadie: “creo en la autodeterminación de los pueblos… el pueblo israelí deberá encontrar su camino, como todos los pueblos del mundo, y yo eso lo voy a respetar a rajatabla”.

¿Y el derecho a la autodeterminación del colonizado, de la víctima de apartheid, de las decenas de miles de niños masacrados, de las ejecuciones por diversión, de la hambruna diseñada sin disimulo y cada vez con menos excusas?

¿De verdad esta izquierda se siente mejor del lado del supremacismo y de los bombardeos imperialistas?

¿Por qué siempre les tiembla la conciencia cuando se les pregunta algo sobre Israel y respiran aliviados cuando los periodistas vuelven a sus áreas de seguridad, como la pobreza infantil y la corrupción ajena?

¿Qué diferencia a esta “izquierda” latinoamericana de los amables progresistas pro-genocidio y pro-imperialistas de los Barack Obama y de las Kamala Harris?

Cuando trabajaba en Mozambique en compañía de algunos europeos, o de viaje por Alemania, siempre me llamaba la atención que nunca nadie había tenido un padre o un abuelo nazi. En el caso de la dictadura uruguaya, fuimos duros en nuestras críticas contra los colaboracionistas e implacables con quienes participaron en torturas y desapariciones. No así con aquellos que debieron guardar silencio porque sus vidas y la de sus hijos dependía de ello.

No es el caso hoy. Quienes hoy callan por miedo o por conveniencia, mañana repetirán que siempre estuvieron contra el genocidio. Justo cuando decirlo no sirva para nada, excepto, otra vez, para sus intereses personales.

La debilidad moral en este caso es infinitamente peor. Al menos que los políticos, los empresarios y los empleados negacionistas entiendan que sus puestos o sus beneficios dependen de su silencio cómplice. Al menos que sea simple cobardía autoinfligida. Alguna razón habrá que no sean sólo excusas clásicas de genocidas nazis como “ellos son ratas y debemos exterminarlos” y “tenemos derecho a defendernos”. O de pro genocidas más recientes, repitiendo con desfachatez moral en la televisión abierta de Uruguay que “en Gaza no hay inocentes”, o que “Dios nos dio derechos especiales hace tres mil años” y toda esa dialéctica criminal que los pobres de espíritu que no pertenecen al club veneran en los templos, temerosos de un infierno que no existe, según el mismo creador del Universo.

Los uruguayos, los charrúas europeos como Tabaré (el Guillermo Tell de la Suiza de América), que con alguna razón nos enorgullecemos de la civilidad democrática de sus habitantes, también le hemos dado a América latina, y desde la izquierda, mandaderos como el Secretario de la OEA, Luis Almagro. Ahora confirmamos esa nueva tradición de lo que Malcolm X llamaba “el negro de la casa”, es decir, el esclavo, celoso guardián de sus amos.

Señores electos y no electos (pero elegidos) del gobierno:

Aunque este gobierno logre ser el más exitoso de la Historia, ni todo el cloro del mundo podrá quitarle la vergonzosa mancha de su posición cómplice ante el genocidio en Palestina.

Les quedará estampado

en la indeleble memoria

de todos los anales

de la historia.

Claro, todos podemos equivocarnos mil veces con ideas complejas, pero no es necesario ser un genio para tener principios morales claros. La neutralidad es el principal rasgo de los cobardes. Una cobardía doble cuando se la quiere justificar con tartamudeos dialécticos.

Llámense un minuto a silencio y reflexionen sobre qué dirían los mejores uruguayos que dio la historia, desde José Artigas hasta Eduardo Galeano, por mencionar solo dos. La lista de los peores, hoy en los basurales de la historia, es más larga, pero no recomiendo tomarla como referencia y mucho menos continuar ampliándola.

Cómo nos juzgará la historia es demasiado obvio, pero irrelevante en este momento. Quienes todavía creen que Dios creó el Universo y la Humanidad y luego se dedicó a instigar a un pueblo a exterminar a otros discreparán, pero con fanáticos no hay razonamiento posible.

Lo que importa ahora es actuar en base a los principios morales más básicos, despreciando el miedo a las listas negras y a los menos negocios. Si algo es solo conveniente a nuestros intereses personales y sectarios, seguramente no es moral.

¿Podemos, los humanos de aquí abajo, esperar una reacción de su parte, aunque sea too little, too late?

Jorge majfud, julio 2025

La trampa de Tucídides

Habrá guerra. El anillo de fuego del que hablábamos hace unos años desde los hielos de la OTAN, continúa extendiéndose. El extremo Este no es Irán, sino el Mar de China. ¿Cuántos años llevará? ¿Intervendrá China para evitar que el fuego le llegue a su patio trasero? Es difícil definir su pasividad como egoísmo, estrategia o imprudencia. Ojalá nunca lleguemos a eso, pero ya estamos dentro de la Trampa de Tucídides. Casi siempre se cumple. Las esperanzas están en ese casi pero ya vemos que al casi se le cayó la primera sílaba.

majfud junio 2025

Una teoría de la desocialización y el sadomasoquismo político

Según diferentes estudios, la autoestima de los niños ha crecido de forma acelerada a partir de los años 80s. En 1998 (Crítica de la pasión pura) escribíamos que los padres estaban obsesionados con hacerle creer a sus hijos que son Newton, Picasso y Marilyn Monroe y que, en la base de todo, estaba el miedo al fracaso en una civilización hiper competitiva. Las publicaciones de autoayuda también se habían multiplicado, lo cual solo había autoayudado a sus autores a vender muchos libros.

Cada vez más, el foco está puesto en la idea de que la felicidad llega con el éxito individual (“tú puedes”, “antes que nada, ámate a ti mismo”) y éste procede de la competencia. Es decir, tanto las ideas del éxito como de la autoestima se basan en el fracaso y la humillación de casi todo el resto, por lo que no es casualidad que los pueblos voten a líderes narcisistas que los representan.

¿Cómo llegamos hasta aquí? Durante la mayor parte de la historia, la propiedad privada se limitó a aquellos bienes de uso personal, como podía serlo una casa o las herramientas del herrero. La sola existencia milenaria del comercio indica una forma de propiedad que era reconocida por el que intercambiaba una ceda de China por un ámbar con una hormiga dentro, una planta anticonceptiva de silfio (origen del corazón) por un afrodisíaco, una cabra por diez shekels de Sumeria o un esclavo por mil denarios en el Imperio Romano. Pero la propiedad privada era muy restringida y, en algunos casos, inexistente. Cuando existía, no se aplicaba a tierras lejanas ni a cualquier cosa abstracta, como lo fue a partir del siglo XVII la compra de un centésimo de una empresa que explotaba los recursos del otro lado del mundo.

En la Edad Media europea, la propiedad privada ya existía de forma extensiva, pero era un privilegio restringido a la clase noble. Los campesinos, artesanos, sirvientes y milicianos eventuales no tenían nada: ni tierras, ni apellidos. Con todo, tenían más derechos que los esclavos de grilletes (y derechos que muchos esclavos asalariados de hoy no tienen) a ocupar las tierras del señor. No podían ser desalojados, no por altruismo ajeno, sino porque los siervos eran más importantes que la tierra que trabajaban.

La creación de dinero como forma de interacción social y el surgimiento de la burguesía democratizó (la posibilidad de) el acceso a la propiedad privada, tanto de tierras como de capitales. También desconectó a los siervos de una tierra que nunca fue de ellos. La popularización del dinero independizó a los individuos de la tierra y de su clase social. En este caso, la posibilidad de ascender de clase social produjo un poderoso impacto en la imaginación del individuo, mucho más que en la realidad.

Pronto, los nobles medievales se reorganizaron hasta convertirse en los liberales que luchaban contra toda centralización del poder (las monarquías, los Estados socialistas) que limitaba su propio poder de comprar y vender cosas y seres humanos. Es decir, los nobles-liberales lucharon contra la pérdida de control social producida por la pérdida del monopolio de la propiedad privada. En Francia se opusieron a las monarquías. En Inglaterra se asociaron a la monarquía. Los Estados modernos que, en teoría, habían surgido para proteger a los ciudadanos comunes del abuso de los poderosos, fue inmediatamente secuestrado por estos poderosos que monopolizaron los capitales, las finanzas y las inversiones, pero no podían monopolizar la violencia policial y militar (como sí lo habían hecho en la Edad Media) y decidieron comprarla. Como (casi) siempre, la sobreproducción llevó a una concentración del poder y de la violencia por parte de una minoría que tomó diferentes formas: minorías producto de la intersección de condiciones particulares como la etnia (el tótem), el sexo y la clase social.

Una de las novedades que introdujo el capitalismo fue el valor de cambio independiente al valor de uso. Éste fue un nuevo paso hacia la abstracción a través de la disociación-dislocación de la realidad. La economía se separó de la producción y luego las finanzas se separaron de la economía, hasta llegar al extremo de las monedas virtuales y de la “creación de capitales” de la nada―es decir, de la substracción de valor ajeno de una forma tan simbólica como la de un arzobispo medieval construía una lujosa catedral o de un faraón se consideraba hijo de algún dios y convencía a miles de obreros para mover millones de rocas de varias toneladas cada una para construir una cosa tan abstracta como una pirámide para proteger algo tan irrelevante como su propia tumba.

Ahora, observemos que si en la Edad Media europea la propiedad privada estaba concentrada en una elite noble; si el capitalismo destruyó la concentración basada exclusivamente en la herencia de clase, casi al mismo tiempo comenzó a reproducir el orden anterior bajo nuevos conceptos y con las nuevas tecnologías. Cuando la propiedad privada se universaliza, irónicamente las nuevas minorías usan el nuevo sistema para incrementar la concentración de poder. En el México de la segunda mitad del siglo XIX, la privatización de tierras comunales terminó con el despojo del 80 por ciento de los campesinos, ya que, si la tierra se puede adquirir con dinero, también se puede perder por dinero. Lo mismo ocurrió en las reservas indígenas en Estados Unidos durante el mismo período. Lo mismo ocurrió cuando se liquidó el sistema de esclavitud de grilletes y los esclavos liberados se convirtieron en esclavos asalariados. La misma suerte corrieron los blancos pobres. Británicos y estadounidenses lo dijeron de forma explícita: la nueva forma de mantener a los negros en un sistema de esclavitud es inocularle el deseo por cosas que no necesitan. (ver La frontera salvaje o “Consumismo, otra herencia del sistema esclavista”)

Volvamos al factor psicológico. La clave no está solo en el deseo sino en el miedo. Esta incertidumbre del mañana basado en la posesión de una propiedad privada creó un nuevo individuo que desesperadamente comenzó a buscar su propia acumulación, por miserable que fuese, para su sobrevivencia y la de su familia. Ansiedad y fanatismo que le produjo tanto dolor como placer. La acumulación a cualquier costo se convirtió en una práctica sadomasoquista de la cual el individuo ya no pudo volver.

Si observamos otras experiencias, como el de los nativos americanos (socialmente más avanzados que los europeos antes de su destrucción), podemos ver que el centro de la vida social del individuo estaba en la sociedad misma. Incluso sus sueños y deseos podían ser materia política. La introducción del dogma de la propiedad privada y de la sobrevivencia basada en la acumulación individual (“la avaricia de uno es la prosperidad de todos”) operó una desocialización del individuo. Sus relaciones sociales pasaron a depender o a administrarse por el filtro del interés propio en la acumulación. Incluso el menos avaro de cualquier sociedad fue obligado a esta práctica caníbal.

Los individuos se desocializaron y, al desocializarse, se deshumanizaron. 

Jorge Majfud, mayo 2025.

(Resumen de un capítulo del próximo libro a publicarse en 2025).

Democracia liberal: un oxímoron y tres hipótesis

Liberal Democracy: An Oxymoron and Three Hypotheses

Según una de las teorías más sólidas de lectura de la historia, el materialismo dialéctico, los fenómenos simbólicos son expresiones de la base material de una sociedad, de sus medios de producción y de consumo. Luego de la muerte de Marx, sus seguidores y detractores introdujeron variaciones que iban desde Max Weber hasta los marxistas Antonio Gramsci, Louis Althusser y la Escuela de Frankfurt.

Los marxistas del siglo XX se detuvieron en la idea de que la supraestructura simbólica no es mera consecuencia de las condiciones de producción y consumo, sino que poseen una relativa independencia e influencia sobre la base material. Esta crítica de los marxistas a Marx, por lo general, establecía que estas instituciones, ideas e ideologías independientes de los sistemas económicos tenían por objetivo, cuando eran dominantes, confirmar los intereses de la clase social beneficiada.

Uno de los conceptos que quisiera introducir aquí radica en la extraña y aparentemente contradictoria dialéctica entre (1) las traducciones simbólicas de la base material de las sociedades y (2) aquellas ideas que le son, en principio, inconvenientes y hasta foráneas. Me refiero a los dos dogmas ideológicos dominantes de la Era Moderna: capitalismo y democracia. Por generaciones, ha sido un entendido común en Estados Unidos que ambos son la misma cosa, tanto como lo es socialismo y dictadura―o capitalismo y cristianismo.

El liberalismo, articulación ideológica de los antiguos señores feudales y de los posteriores esclavistas, se opuso al poder político concentrado de las monarquías. No se opuso a las monarquías parlamentarias que protegió a la nueva elite burguesa (la antigua clase nobiliaria), sino a las monarquías absolutistas (dictaduras) que no respondían a su control directo, representado, como en la Atenas imperial, en una minoría de elegidos, cuando no en un senado hereditario. La compra y el secuestro del poder del Estado (las monarquías) por parte de sus enemigos, los liberales nobiliarios, le aseguró a la nueva clase dominante una brutal fuerza de represión contra las anteriores revueltas comuneras y de campesinos despojados por la privatización de la tierra a través del sistema de enclosure o cercado (Moscas en la telaraña).

Por definición, el capitalismo es antidemocrático, ya que su único objetivo radica en la concentración de capitales. Ninguna democracia es real si la libertad de sus ciudadanos está limitada a una minoría que da órdenes y una mayoría que las recibe. Sin poder no hay libertad (social) y sin dinero no hay poder. La mayoría de los miembros de una sociedad capitalista son asalariados, profesionales o pequeños mercaderes―es decir, no son capitalistas. El poder de decidir, de legislar, de comprar y vender bienes, servicios, narrativas y voluntades está concentrado-privatizado. En Estados Unidos y en cualquier neocolonia un puñado de hombres blancos posee tanta riqueza como la mitad del país y se dedican a comprar senadores y presidentes o a escribir las leyes directamente. El modelo de las sociedades esclavistas permanece intacto: todos tienen, como en tiempos de la esclavitud de grilletes, una libertad de expresión garantizada por la constitución (siempre y cuando se cumpla con la fórmula P=d.t); todos han sido por igual unidos con un mismo dogma mitológico (los nacionales y los religiosos), por una misma obediencia al trabajo duro y efectivo como valor superior. Las corporaciones que se enriquecieron durante la esclavitud, sobrevivieron la abolición legal del sistema esclavista secuestrando el sermón libertario para presentarlo como propio y exigir los créditos de las libertades que los ex esclavos de grilletes gozan hoy en día.

Por historia, el capitalismo también siempre fue antidemocrático. Desde su nacimiento en el siglo XVII, en nombre de la libertad de mercados, de la libertad individual y de la democracia, el capitalismo se especializó en destruir la libertad de sus súbditos y esclavos. Se encargó de destruir la libertad de mercado, donde la había, para instaurar la dictadura de los capitales y de sus imperios. Se encargó de destruir democracias, reemplazándolas por dictadores bananeros en todos los continentes que vampirizó a fuerza de cañón, de masacres de y corrupción de sociedades oprimidas, para luego presentarse como el modelo ejemplar de desarrollo, de libertad y de civilización.  

Otra hipótesis problemática aquí es: diferente al protestantismo, la democracia contradijo al sistema capitalista desde su base material. ¿Por qué una idea, una ideología, llegaría a ser la bandera de su opuesto, el capitalismo y el imperialismo? ¿Cómo fue posible que las ideas de democracia conviviesen de forma tan persistente con ideas como la de superioridad racial, como fue el caso de Theodore Roosevelt y de todos los imperialistas de la Era Moderna?

Mi primera respuesta radica en que la Ilustración reflejó la profunda perplejidad por el descubrimiento de las democracias indígenas en América y, como en los casos anteriores, se avocó a secuestrarla. ¿Cómo? A través del antecedente griego u “occidental”. De hecho, Rousseau, al mismo tiempo que Benjamín Franklin, conocía perfectamente la experiencia de las democracias americanas, pero decidió citar a los antiguos griegos. El mismo prejuicio racial sufrió Franklin. Las asambleas de la Antigua Grecia (Eclesia) estaban compuestas solo de ciudadanos hombres, similar a la democracia estadounidense durante su primer siglo de existencia. En ambos casos, solo el quince por ciento de los habitantes participaba de las elecciones. Dentro de ese porcentaje, otra minoría más rica dominaba.

La democracia nativo-americana, traficada por las crónicas jesuitas a Europa, debió tener el mismo efecto psicológico y cultural que las crónicas de Vespucio en la nueva tradición antagónica de las utopías sociales, como Utopía de Tomás Moro. Dependiendo del poder de las nuevas ideas, la clase dominante las secuestrará o las demonizará.  

En la democracia iroquesa, hombres y mujeres tenían voz y voto en las decisiones que eran decididas por consenso. Toda decisión debía considerar el principio de “Las siete generaciones”. La democracia ateniense era más individualista, mientras que la indígena establecía la harmonía del Uno con el Todo, lo cual se traducía en una mayor estabilidad política y social que en el caso griego o de las democracias liberales.

Tal vez el impacto de la experiencia de los “salvajes americanos” fue mayor en la Europa capitalista del siglo XVIII debido a que la memoria histórica del continente registraba un ejemplo “vernáculo”, el de Grecia, el cual con el tiempo se fue imponiendo como forma natural de reemplazo de las monarquías absolutas por la tradición anterior de los nobles feudales, es decir, de los liberales modernos.

Otro fenómeno que problematizaremos como hipótesis de trabajo, puede resumirse de la siguiente forma: Todos los sistemas imperiales se caracterizan por la política de la crueldad debido a que su objetivo principal es el miedo a perder el control, aun cuando se representen a sí mismos como civilizados, como lo fueron la Pax romana o la Pax americana. Bastaría con recordar los espectáculos de la crueldad del circo romano, donde la lucha desigual entre un gladiador (esclavo) y un león resultaba excitante para el emperador y para el público en general. Luego podríamos continuar con la crueldad de imperios tan diferentes como el mongol, el azteca, o los más recientes imperios anglosajones con sus invasiones, guerras y masacres en las colonias.

¿Es la democracia (como fue el milenario caso iroqués) incompatible con sistemas políticos geopolíticamente dominantes? Entiendo que sí.

Jorge Majfud, abril 2025

https://www.pagina12.com.ar/823876-democracia-liberal-un-oximoron-y-tres-hipotesis

La cultura superior ¿La del líder o la del matón?

La cultura superior ¿La del líder o la del matón?

El 4 de marzo de 2025, en un discurso en la University of Austin, el multimillonario CEO de Palantir, Alex Karp, se despachó con un clásico del siglo XIX: “No creo que todas las culturas sean iguales… Lo que digo es que esta nación [Estados Unidos] es increíblemente especial y no deberíamos verla como igual, sino como superior. Como detallamos en el libro Plutocracia: Tiranosaurios del Antropoceno (2024) y en varios programas de televisión (2, etc), Karp es miembro de la secta de Silicón Valley que, con el apoyo de la CIA y la corpoligarquía de Wall Street promueve el reemplazo de la ineficiente democracia liberal por una monarquía empresarial.

Ahora, nuestra nación, nuestra cultura ¿es superior en qué? ¿En eficiencia para invadir, esclavizar, oprimir otros pueblos? ¿Superior en fanatismo y arrogancia? ¿Superior en la histórica psicopatología de las tribus que se creen elegidas por sus propios dioses (vaya casualidad) y, lejos de ser eso una responsabilidad solidaria con “los pueblos inferiores” se convierte automáticamente en licencia para matar, robar y exterminar al resto? ¿No es la historia de la colonización anglosajona de Asia, África y América la historia del despojo de tierras, bienes y la obsesiva explotación de seres humanos (indios, africanos, mestizos, blancos pobres) que fueron vistos como instrumentos de capitalización en lugar de seres humanos? ¿De qué estamos hablando cuando hablamos de “cultura superior” así, con esas afirmaciones indiscriminadas y con un oculto pero fuerte contenido místico religioso, como lo fue el Destino Manifiesto?

No sólo hemos respondido a esto en los diarios hace un cuarto de siglo, sino que por entonces advertimos del fascismo que iba a suicidar a ese occidente orgulloso que ahora se queja de que lo están suicidando sus enemigos, como lo dijo Elon Musk días antes. Uno de aquellos extensos ensayos, escrito en 2002 y publicado por el diario La República de Uruguay en enero de 2003 y por Montly Review de Nueva York en 2006, llevaba por título “El lento suicidio de Occidente”.

Esta la ideología del egoísmo y del individuo alienado como ideales superiores, promovida desde Adam Smith en el siglo XVIII y radicalizada por escritores como Ayn Rand y presidentes, desde potencias mundiales como Donald Trump y marionetas neocoloniales como Javier Milei, se ha revelado como lo que es: puro y duro supremacismo, pura y dura patología caníbal. Tanto el racismo como el patriotismo imperialista son expresiones de egolatría tribal, disimulados en sus opuestos: el amor y la necesidad de sobrevivencia de la especie.

Para darle un barniz de justificación intelectual, los ideólogos de la derecha fascista del siglo XXI recurren a metáforas zoológicas como la del Macho alfa. Esta imagen está basada en la manada de lobos esteparios donde un pequeño grupo de lobos sigue a un macho que los salvará del frío y del hambre. Una imagen épica que seduce a millonarios que nunca sufrieron ni el hambre ni el frío. Para el resto que no son millonarios pero que se representan como amenazados por los de abajo (ver “La paradoja de las clases sociales”), el Macho alfa es la traducción ideológica de una catarsis del privilegiado histórico que ve que sus derechos especiales pierden el adjetivo especial y pasan a ser sólo derechos, sustantivo desnudo. Es decir, reaccionan furiosos ante la posible pérdida de derechos especiales de género, de clase, de raza, de ciudadanía, de cultura, de hegemonía. Todos derechos especiales justificados como en el siglo XIX: tenemos derecho a esclavizar a los negros y expoliar a nuestras colonias porque somos una raza superior, una cultura superior y, por ello mismo, Dios nos ama a nosotros y odia a nuestros enemigos, a quienes debemos exterminar antes de que a ellos se le ocurra la misma idea, pero sin nuestros buenos argumentos.

Irónicamente, la idea de ser “elegidos de Dios” o de la naturaleza no impulsa a los fanáticos a cuidar de los “humanos inferiores”, como cuidan de sus mascotas, sino todo lo contrario: el destino de los inferiores y de los débiles debe ser la esclavitud, la obediencia o el exterminio. Si se defienden, son terroristas.

La última versión de estos supremacismos que tanto cometen un genocidio en Palestina o en el Congo con fanático orgullo y convicción como demonizan a las mujeres que en Estados Unidos reclaman derechos iguales, más recientemente encontró su metáfora explicalotodo en la imagen del Macho alfa del lobo estepario. Sin embargo, si prestamos atención a la conducta de estos animales y de otras especies, veremos una realidad mucho más compleja y contradictoria.

El profesor de Emory Universiy, Frans de Waal, por décadas uno de los expertos más reconocidos en el estudio de chimpancés, se encargó de demoler esta fantasía. La idea de macho alfa procede de los estudios de lobos en los años 40, pero, no sin ironía, el mismo de Waal se lamentó de que un político estadounidense (el ultraconservador y presidente de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich) popularizó su libro Chimpanzee Politics (1982) y el concepto de Macho alfa, por las razones equivocadas.

Los Macho alfa no son los bullies, sino los líderes conciliadores. “Los machos alfa entre los chimpancés son populares si mantienen la paz y aportan armonía al grupo”. Cuando un verdadero líder enferma (caso mencionado del chimpancé Amos), no es sacrificado, sino que el grupo se hace cargo de su cuidado.

Según de Wall, “debemos distinguir entre dominio y liderazgo. Hay machos que pueden ser la fuerza dominante, pero esos machos terminan mal en el sentido de que los expulsan o los matan… Luego están los machos que tienen cualidades de liderazgo, que disuelven peleas, defienden al desvalido, consuelan al que sufre. Si tiene ese tipo de macho alfa, entonces el grupo se une a él y le permiten permanecer en el poder durante mucho tiempo”. Tiempo que suele ser de cuatro años, aunque hay registros de machos alfa que fueron líderes por 12 años, los cuales solían distribuir la comida y mantener una alianza política con otros líderes más jóvenes. Según de Waal, el macho alfa líder será juzgado según su habilidad de resolver conflictos y de establecer un orden pacífico para su sociedad.

En un conflicto, los líderes alfa “no toman partido por su mejor amigo; evitan o resuelven peleas y, en general, defienden a los más desvalidos. Esto los hace extremadamente populares en el grupo porque brindan seguridad a los miembros de menor rango”.

El macho alfa es el líder por tener el apoyo de la mayoría de las hembras y de algunos machos, pero otros machos jóvenes usarán siempre la misma estrategia para destronarlo e imponerse como dominantes: primero comienzan con provocaciones indirectas y a distancia para testear la reacción del líder. Si no hay reacción, el joven más fuerte tratará de conquistar a otros machos jóvenes para incrementar sus provocaciones que van ganando terreno y se vuelven más violentas. Luego conquista aliados, con algunos favores. Aunque al candidato alfa bully no les importan los bebés sino el poder, intenta mostrarse cariñoso con las crías de diferentes hembras, exactamente como hacen los políticos en campaña electoral.

Jorge Majfud, marzo 2025

A cultura superior: a do líder ou a do capanga? 14 marzo, 2025 https://desacato.info/a-cultura-superior-a-do-lider-ou-a-do-capanga-por-jorge-majfud/

On the dehumanization of poor immigrants

On the dehumanization of poor immigrants

The fight for the rights of immigrants is the fight for Human Rights, which is shown to be irrelevant every day when the interests of the powerful are not served. But immigration is not only a right; it is also the consequence of a global system that violently discriminates between rich and poor, capitalists and workers. This old class struggle is not only made invisible through cultural, ethnic, and sexual wars, as has been the case for centuries with racial and religious struggles but also through the very demonization of the concept of “class struggle” practiced by the rich and powerful and attributed to leftist ideologues as a project of evil. The class struggle, the violent dispossession, and the dictatorship of the ultra-millionaires over the rest of the working classes is a fact observable by any quantitative measurement.

This culture of barbarism and humiliation, of the politics of cruelty and the ethics of selfishness, occurs within every nation and is reproduced on a global scale, from the imperial nations to their servile capitalist colonies and their exceptions: the blockaded and demonized rebellious alternatives.

The illegality of immigration was invented more than a century ago to extend the illegality of imperial invasions to weaker countries. It was invented to prevent the consequences of the plundering of colonies held in servitude through the cannon, of systematic massacres, of the eternal and strategic debts that bleed them dry even today, of the secret agencies that murdered, manipulated the media, destroyed democracies, rebellious dictatorships, plunged half the world into chaos and dehumanized slaves from day one, some of them happy slaves.

Illegal immigration not only punished the disinherited of this historical process but also those persecuted by the multiple and brutal dictatorships that Europe and the United States spread throughout Africa and Latin America, with the various terrorist groups designed in Washington, London and Paris, such as the Contras in Central America, the Death Squads in South America, the extermination plans such as Plan Condor, the Organisation armée secrète in Africa, Islamic terrorists such as Al Qaeda, the Taliban, ISIS, all created by the CIA and its complicit mafias to end independence, secular and socialist projects in Africa and the Middle East… In other words, it is not only colonial capitalism that expels its people but the origin of that brutality: imperial capitalism.

Then, the victims become criminals. As with Haiti’s audacity to declare itself free and independent in 1804, as in other cases of the abolition of slavery, the slave owners demanded compensation from the governments for the loss of their private property of flesh and blood. Not the victims who had built the wealth of the United States, of the banks, of the corporations, not the slaves who built the White House and the Congress building. In the same way, according to Trump and his supremacist horde, the Panama Canal belongs to the invading master and not to the Panamanians and Caribbeans who left their lives by the thousands in its construction.

Immigration, in almost all its forms, from economic to political, is a direct consequence of these historical injustices. The rich do not emigrate; they dominate their countries’ economies and media and then send their «profits» to tax havens or in the form of investments that sustain the global slavery system as if it were a «high-risk» activity.

The rich are assured of their entry into any country. The poor, on the other hand, are suspect from the moment they show up at the embassy of a powerful country. Their applications are usually denied, which is why they often go into debt with loans from coyotes for 15 thousand dollars, only to enter a country that prints a global currency and work for years as slaves while being doubly criminalized. They do not victimize themselves, as some assimilated academics define them. They are real victims. They are wage slaves (often not even that) under permanent psychological terrorism that both they and their children suffer. In the United States, hundreds of thousands of children do not attend school regularly because they work under a regime of slavery, no different from the indentured slaves of centuries past.

Every year, for decades, illegal immigrants have been paying a hundred billion dollars into the Social Security system of complaining voters, money that will not be received by them but by those who spend their days complaining about the jobs that immigrants have stolen from them. As if this scale of injustice were not enough, finally, the most selfless, persecuted, and poor workers are thrown into prison as terrorists and returned to their countries in chains and humiliated, ironically by the mercilessness of rulers convicted of serious crimes by the justice system of the very country they govern, as is the case of the current occupants of the White House. They call this remarkable cowardice courage, just as they call the slavery of others’ freedom and the global bullies’ victims. Added to this is the traditional collaboration of the promoted sepoys, from academics to voters, from journalists to Latin, Indian, or African members of the imperial governments who, as a “solution to the problem of immigration” and the sovereign disobedience of some countries of the South, impose more blockades and sanctions to strangle further their less successful brothers who decided not to emigrate to God’s Land. The pathology is then sold as an example of “success based on merit and hard work.” Because that is the only pleasure of psychopaths who cannot be happy with anything: not their own success, but the defeat and humiliation of all others. One of the characteristics of fascism, apart from resorting to a non-existent past, is to exploit, persecute, demonize, blame, and punish all those who do not have the economic or military power to defend themselves, as is the case of poor immigrants in the imperial centers of the world. We, stripped of the sectarian interests of global power and responding only to a sense of morality and Human Rights, raise our voices to protest against the largest organized crime organization in the world, sure that this perversion of human cruelty will eventually collapse – not by its weight, but by the courage and solidarity of those below.

Jorge Majfud, Feb 4 2025

Contra la deshumanización de los inmigrantes pobres

On the dehumanization of poor immigrants 

Contra la deshumanización de los inmigrantes pobres

La lucha por los derechos de los inmigrantes es la lucha por los Derechos Humanos, eso que cada día se evidencia como irrelevante cuando no sirven los intereses de los poderosos. Pero la inmigración no es sólo un derecho; es, también, la consecuencia de un sistema global que discrimina de forma violenta ricos y pobres, capitalistas y trabajadores. Esta vieja lucha de clases no solo es invisibilizada a través de las guerras culturales, étnicas, sexuales como ocurre desde hace siglos con las luchas raciales y religiosas, sino con la misma demonización del concepto “lucha de clases”, practicada por los ricos y poderosos y atribuida a los ideólogos de izquierda como proyecto del mal. La lucha de clases, el violento despojo y la dictadura de los ultra millonarios sobre el resto de las clases trabajadoras es un hecho observable por cualquier medición cuantitativa.

Esta cultura de la barbarie y de la humillación, de la política de la crueldad y de la ética del egoísmo, ocurre dentro de cada nación y se reproduce a escala global, desde las naciones imperiales hasta sus serviles colonias capitalistas y sus excepciones: las bloqueadas y demonizadas alternativas rebeldes.

La ilegalidad de la inmigración fue inventada hace más de un siglo para extender la ilegalidad de las invasiones imperiales a países más débiles. Fue inventada para prevenir las consecuencias de la expoliación de las colonias mantenidas en situación de servidumbre a través del cañón, de las masacres sistemáticas, de las eternas y estratégicas deudas que las desangran aún hoy, de las agencias secretas que asesinaron, manipularon los medios, destruyeron democracias, dictaduras rebeldes, hundieron en el caos a medio mundo y deshumanizaron desde el primer día a los esclavos, algunos de ellos esclavos felices.

La inmigración ilegal no solo castigó a los desheredados de este proceso histórico sino también a los perseguidos por las múltiples y brutales dictaduras que Europa y Estados Unidos diseminaron por África y América latina, con los diversos grupos terroristas diseñados en Washington, Londres y París, como los Contras en América Central, los Escuadrones de la Muerte en América del Sur, los planes de exterminio como el Plan Cóndor, la Organisation armée secrète en África, los terroristas islámicos como Al Qaeda, los talibán, el ISIS, todos creados por la CIA y sus mafias cómplices para terminar con proyectos independentistas, seculares y socialistas en África y Medio Oriente… Es decir, no es solo el capitalismo colonial es el que expulsa a su propia gente, sino el origen de esa brutalidad: el capitalismo imperial.

Luego, las víctimas pasan a ser criminales. Como ocurrió con el atrevimiento de Haití de declararse libre e independiente en 1804, como ocurrió en otros casos de abolición de la esclavitud: los esclavistas demandaron compensaciones a los gobiernos por la pérdida de sus propiedades privadas de carne y hueso. No las víctimas que había construido la riqueza de Estados Unidos, de los bancos, de las corporaciones; no los esclavos que construyeron la Casa Blanca y el edificio del Congreso. De la misma forma, según Trump y su horda supremacista, el Canal de Panamá le pertenece al amo invasor y no a los panameños y caribeños que dejaron por miles sus vidas en su construcción.

La inmigración en casi todas sus formas, desde la económica hasta la política, es una consecuencia directa de todas estas injusticias históricas. Los ricos no emigran; dominan las economías y los medios de sus países y luego envían sus “beneficios” a paraísos fiscales o en forma de inversiones que sostienen el sistema de esclavitud global como si fuese una actividad de “alto riesgo”.

Los ricos tienen asegurada su entrada a cualquier país. Los pobres, en cambio, son sospechosos desde el momento en que se presentan ante una embajada de algún país poderoso. Por lo general, sus solicitudes son denegadas, razón por la cual suelen endeudarse con préstamos de coyotes por 15 mil dólares, solo para entrar a un país que imprime una divisa global y trabajar por años como esclavos mientras son doblemente criminalizados. No se victimizan, como los definen algunos académicos asimilados. Son víctimas reales. Son esclavos asalariados (con frecuencia, ni eso) bajo un permanente terrorismo psicológico que sufren tanto ellos como sus niños. En Estados Unidos existen cientos de miles de niños que no asisten regularmente a la escuela porque trabajan en régimen de esclavitud, en nada diferente a los esclavos indenture de siglos pasados.

Cada año, desde hace décadas, los inmigrantes ilegales aportan a la Seguridad Social de los quejosos votantes cien mil millones de dólares, dinero que no recibirán ellos sino aquellos que dedican sus días a lamentarse de los trabajos que les han robado los inmigrantes. Como si esta escala de injusticia no fuese suficiente, finalmente los más abnegados, perseguidos y pobres trabajadores son arrojados a una cárcel como terroristas y devueltos a sus países encadenados y humillados, irónicamente por la impiedad de gobernantes condenados por delitos serios por la justicia del propio país que gobiernan, como es el caso de los actuales ocupantes de la Casa Blanca. A esta remarcable cobardía llaman coraje, como llaman libertad a la esclavitud ajena y víctimas a los acosadores mundiales.

A eso se suma la tradicional colaboración de los cipayos promovidos, desde académicos a votantes, desde periodistas a miembros latinosindios o africanos de los gobiernos imperiales que, como “solución al problema de la inmigración” y la desobediencia soberana de algunos países del Sur imponen más bloqueos y sanciones para estrangular aún más a sus hermanos menos exitosos que decidieron no emigrar a la Tierra de Dios. Patología que luego se vende como ejemplo de “éxito en base al mérito y al trabajo duro”. Porque ese es el único placer de los psicópatas que no pueden ser felices con nada: no su propio éxito, sino la derrota y la humillación de todos los demás. Una de las características del fascismo, aparte de recurrir a un pasado inexistente, es explotar, perseguir, demonizar, culpar y castigar a todos aquellos que no tienen el poder económico o militar para defenderse, como es el caso de los inmigrantes pobres en los centros imperiales del mundo.

Nosotros, despojados de los intereses sectarios del poder global y sin responder más que a un sentido de la moral y los Derechos Humanos, levantamos nuestra voz para protestar contra la mayor organización del crimen organizado en el mundo, seguros de que esta perversión de la crueldad humana terminará por derrumbarse―no por su propio peso, sino por el coraje y la resistencia solidaria de los de abajo.

Jorge Majfud, feb 4 2025

Las Seis Re del Apocalipsis

Las Seis Re del Apocalipsis

En julio de 2023, en la histórica radio uruguaya CX36 Centenario, el periodista Carlos Amir González me preguntó qué futuro le veía al capitalismo. Recordé algo del escritor marxista Daniel Banina Crocco que, un año antes allí mismo, me había regalado un aforismo muy interesante: “El capitalismo tiene los siglos contados”.

El mismo Daniel preguntó:

“El capitalismo ¿es viable a mediano plazo?”

Mi respuesta, entonces, fue una amable provocación a su afirmación anterior, algo sobre lo que venía escribiendo desde hacía años, casi como un proceso de descubrimiento de la pólvora y que, en un libro publicado en 2018 se tituló Neomedievalismo y Post-Ilustración (Neomedievalism. Reflections on the Post-Enlightenment Era). El término “neomedievalismo” lo usó el gran Umberto Eco décadas antes, en 1983, para referirse a las fantasías populares y del Postmodernismo literario. Más tarde, brillantes economistas como el francés Cédric Durand (2020) y el griego Yanis Varoufakis (2021) llamaron tecnofeudalismo.

Fue una de nuestras viejas preocupaciones por años. “El capitalismo ha derivado a un neofeudalismo donde los príncipes (los clanes megamillonarios) tienen más poder que los gobiernos nacionales” (Huffington Post, enero 2016). “En Europa, el dinero y el capitalismo significaron un progreso social ante el estático orden feudal de la Edad Media. Pero pronto se convirtieron en el motor de genocidios coloniales y luego en una nueva forma de feudalismo, como la del siglo XXI, con una aristocracia financiera (un puñado de familias acumulan la mayor parte de la riqueza en países ricos y pobres), con duques y condes políticos y con villanos y vasallos desmovilizados” (Página12, agosto 2017).

“No”, respondí. “El capitalismo ha muerto”.  

“Ni yo me he atrevido a tanto”, dijo Carlos.

Claro, expresiones como estas son deliberadamente radicales y provocadoras. Funcionan como despertadores. En realidad, como cualquiera sabe, los procesos históricos nunca ocurren de un día para el otro. Mucho menos los cambios civilizatorios.

Podríamos precisar: El capitalismo no ha muerto; se ha retirado a un hogar de ancianos. Ese proceso no tiene vuelta atrás. Más cuando se trata de un sistema que no tiene solución para los problemas existenciales que él mismo creó. Es un sistema que sobrevive de repeticiones, de dogmas vacíos y de predicadores apasionados. Un sistema que aún mantiene el poder político, financiero y militar y que, desesperadamente, lucha por conservar.

El primer poder que está perdiendo, de forma acelerada, es el cuarto, el poder mediático, que es el predicador de narrativas ideológicas y creador de los mitos sociales que lo sostienen. De ahí la creciente contradicción que generará aún más tensión entre los pueblos y los poderes que los dominan, desde la escala intra-nacional hasta la escala inter-nacional, sin diferencias en la lógica que relaciona a los amos con sus esclavos asalariados.

Cada año que pasa es un grado más que se agrega a la escalada hacia una explosión en el mundo. ¿Será en los años 30s? ¿En los 40s? ¿Mucho antes? Imposible saberlo, pero cada día se hace más y más inevitable el derrumbe de la masiva torre de huesos que prometió alcanzar el cielo para la felicidad de 33 señores allá en lo más alto.

Los poderosos nobles de nobles acciones y de crímenes nobles, confiados en la protección de sus inexpugnables fortalezas, caerán como lo que son: pequeños humanos con grandes patologías personales que alimentan las patologías sociales que llaman éxito propio y prosperidad ajena. Todo, por el momento, sostenido primero por la conformidad alegre de sus súbditos y vasallos; luego, con la rabia y orgullo fascista de los esclavos que añoran “los viejos buenos tiempos”; y, finalmente, con la explosión popular de la masas cuando su sufrimiento sea mayor a su fe en la narrativa esclavista.

La historia siempre se ha escrito con seis R: Resistencia, Reforma, Reacción, Revuelta, Rebelión y Revolución. Sólo la segunda puede realizarse sin violencia. Cuando una reforma produce violencia (física, psicológica, económica, social) es porque no es una reforma, sino una reacción. Una reacción (generalmente política y cultural, como en los últimos tiempos lo han sido el neoliberalismo y el fascismo con su clásica fijación de volver, de restaurar un pasado inexistente) es siempre violenta porque aborta la necesidad de las R siguientes.

En el mejor de los casos, una reforma puede humanizar hasta el sistema más perverso, pero nunca es capaz de resolver los males de un sistema: los mitiga y, al mitigarlos, los perpetua. Para un padre o para una madre responsables de una familia, esta R2 es la más sensata y conveniente a corto plazo. Entonces ¿por qué las reformas populares rara vez se desarrollan en todo su potencial, evitando así la aparición de las restantes Rs? Simplemente, porque el poder que debe ceder privilegios nunca lo hará si no es bajo resistencia.

La inacción no es un mal pasivo sino activo. No se trata de un mal que la pereza humana perpetúa, como quien posterga el arreglo de una gotera en el techo de su casa. Es un mal inoculado por el poder. Es un mal de creciente potencial explosivo; un capacitor de odio, de vanidad, de frustración y, sobre todo, de una infinita avaricia por más poder, eso que los exitosos nobles no paran de acumular, cada vez más a la luz del día, ya sin esperar la noche, como un adicto que sabe que la droga lo va a matar, pero no puede dejar de incrementar la dosis que acelera su final.

La inacción es una dolencia histórica que no alcanza a percibirse como tal sino todo lo contrario. Es un fantasma que camina apurado hacia el abismo. Como el flautista de Hamelín, pero enfermo de rabia y orgullo, es seguido por un numeroso ejército de necios―que no quiero llamar ratas.

La torre de huesos es insostenible. No importa hacia qué lado miren los de abajo. Lo más probable es que alguna de las R avanzadas (¿la 4, la 6?) se inicie en Estados Unidos, ya que nada hay más removedor que la pérdida de privilegios y de esperanzas. Nada mueve más que la necesidad y el descubrimiento de que alguien ha vivido engañado por el poder, intoxicado por el confort y paralizados por el miedo.

Probablemente sea un síntoma de vejez, pero lo cierto es que cada vez tengo más memorias que proyectos, más nostalgias que esperanzas. También es probable que la historia no sea tan creativa, como no lo somos nosotros, quienes empezamos a observar las mismas novedades repetirse una y otra vez. Así que voy a cerrar con otras palabras que recuerdo de mi juventud (cuando las leo también recuerdo dónde estaba y por qué las escribía con tanta pasión inútil): “Nadie hubiese previsto jamás una alternativa al feudalismo medieval o al sistema de esclavitud. O casi nadie. La historia de los últimos milenios demuestra que los utópicos solían preverlo con exagerada precisión. Pero como hoy, los utópicos siempre han tenido mala fama. Porque es la burla y el desprestigio la forma que cada sistema dominante ha tenido siempre para evitar la proliferación de gente con demasiada imaginación” (Rebelión, febrero 2009).

Esa era una de las últimas R.

Jorge Majfud, enero 2025.

    La democracia de los nativos americanos

    La nueva democracia blanca de las Trece Colonias, aparentemente fundada en las ideas de la Ilustración de los filósofos radicales, era mucho menos democrática que la centenaria confederación de tribus iroqueses. La Liga de las Seis Naciones, Liga Iroqués o Gran Liga de la Paz, había sido fundada en 1142 con la integración de diferentes pueblos originarios de Norteamérica como solución a un período de conflictos y disputas individuales por el poder. Fue una de las democracias participativas más antiguas del planeta, basada en la búsqueda de la paz y en la redistribución de la producción colectiva.

    Los iroqués aceptaban inmigrantes, pueblos desplazados y hasta a sus derrotados en las guerras. Aunque algunos prisioneros podían ser forzados a trabajar, su servidumbre no estaba ligada a su raza y, luego de un tiempo, solían ser adoptados por familias establecidas.

    Los pueblos americanos ejercían formas más democráticas, menos patriarcales (en muchos aspectos eran matriarcales) y más equitativas que los europeos. Los ejemplos de democracia europea se limitaban a grupos pequeños, como en el caso inglés, luego de la destrucción de las tradicionales tierras comunales, del surgimiento de la comercialización de casi todo a fuerza de cañón, como fue el caso de las compañías trasnacionales, de los mismos piratas, los que fundaron un rasgo típico del occidente capitalista: amables democracias adentro y arriba; brutales dictaduras afuera y abajo.

    En marcado contraste con las nuevas sociedades capitalistas en Europa, en las Américas el éxito social se reflejaba en una expectativa de vida mayor y en una mayor estatura que la europea, debido a mejores condiciones de salud y de trabajo. Los nativos trabajaban menos horas por día; la mitad de los días al año que los trabajadores europeos. Habían consolidado un sistema de seguridad social que protegía a los integrantes más débiles, como los ancianos y los enfermos, una desigualdad social mucho menor y una frecuencia de guerras internacionales muy inferior a la europea.

    Un ejemplo conocido de democracia en Norteamérica, siglos antes de la fundación de la llamada “democracia americana”, fue la federación de pueblos iroqués, que fundadores como Benjamín Franklin conocían muy bien pero no quisieron mencionar en los voluminosos debates constitucionales y unionistas. No es difícil adivinar por qué, si consideramos el racismo crónico de los llamados Padres fundadores. El mismo Franklin, en una carta a James Parker fechada el 20 de marzo de 1751, argumentando a favor de la posibilidad de crear una federación de doce colonias independientes, se refirió a la vergüenza de que los colonos ingleses no pudieran lograrlo cuando desde hacía mucho tiempo ya lo habían hecho “seis naciones de salvajes ignorantes”. Según Franklin, “Sería algo muy extraño que seis naciones de salvajes ignorantes fueran capaces de formar un plan para tal unión, que haya subsistido por siglos y parezca indisoluble; y que una unión similar fuera impracticable para una docena de colonias inglesas, para quienes es más necesaria y debe ser más ventajosa, y de quienes no se puede suponer que carezcan de una comprensión igual de sus intereses”. Las 13 flechas que ahora sostiene el águila en el escudo de Estados Unidos procede de una metáfora iroqués: es más fácil quebrar muchas flechas por separado que quebrarlas todas juntas.

    Cuarenta años más tarde, poco después de la independencia de las Trece colonias y de la expulsión de varios pueblos indígenas allende los Apalaches, en 1784, Benjamín Franklin matizó sus juicios de juventud:

    De jóvenes, los indios son cazadores y guerreros; de viejos son consejeros, pues todo su gobierno se basa en el consejo de los sabios. No tienen fuerza [policía], no tienen prisiones, no hay oficiales que obliguen a la obediencia o inflijan castigos. Aunque la imagen popular puede reducir a esta confederación a una unión de tribus de reducido tamaño, en el siglo XVI su población excedía la de los estados esclavistas del sur―Virginia, Maryland, Carolina del Norte, Carolina del Sur y Georgia.

    Las observaciones de Franklin continúan arrojando un tesoro de información que sería más tarde olvidado: aparte de cazadores, constructores y guerreros, los salvajes “estudian oratoria; el mejor orador es el que tiene mayor influencia. Las mujeres cultivan la tierra, preparan los alimentos, cuidan y crían a los niños, y transmiten el recuerdo de las transacciones públicas. Estas ocupaciones de hombres y mujeres se consideran naturales y honorables. Al tener pocas necesidades artificiales, tienen abundancia de tiempo libre para mejorar mediante la conversación. Ellos consideran que nuestro laborioso estilo de vida es vil y servil, y que el conocimiento en el que nos valoramos a nosotros mismos es frívolo e inútil. Un ejemplo de esto ocurrió en el Tratado de Lancaster en Pensilvania, en el año 1744, entre el Gobierno de Virginia y las Seis Naciones. Después de que se resolvió el asunto principal, los comisionados de Virginia informaron a los indios que había en Williamsburg una universidad con un fondo para educar a la juventud india y que si los jefes de las Seis Naciones enviaban media docena de sus hijos a esa universidad, el gobierno se ocuparía de que estuvieran bien provistos e instruidos en todo el saber de la gente blanca. Una de las reglas de cortesía de los indios es no responder a una propuesta pública el mismo día en que se hace. Ellos piensan que sería tratarla como un asunto sin importancia. Para demostrar respeto, se toman un tiempo para considerar cada propuesta como un asunto importante. Por lo tanto, aquella vez también aplazaron su respuesta hasta el día siguiente. Cuando su vocero comenzó a hablar, expresó agradecimiento por la bondad del gobierno de Virginia por aquel ofrecimiento.

    La respuesta del vocero iroqués resuena hoy de una forma que cualquier supremacista moderno encontraría arrogante y otros encontramos de una extrema sabiduría, inteligencia y coraje intelectual:

    Sabemos, dijo, que ustedes tienen en alta estima el tipo de enseñanza que se ofrece en esos colegios y que el mantenimiento de nuestros jóvenes, mientras estén con ustedes, les resultará muy costoso. Estamos convencidos de que ustedes quieren hacernos un bien con su propuesta y se los agradecemos de corazón. Pero ustedes, que son sabios, también deben entender que las distintas naciones tienen diferentes concepciones del mundo y, por tanto, esperamos que no tomen a mal que nuestras ideas sobre la educación no sean las mismas que las de ustedes. Hemos tenido alguna experiencia al respecto. Varios de nuestros jóvenes fueron educados en sus colegios. Fueron instruidos en sus ciencias, pero cuando volvieron con nosotros ignoraban todos los medios de vida en la naturaleza. Eran incapaces de soportar el frío o el hambre, no sabían cómo construir una casa, no sabían cómo cazar un ciervo o luchar contra un enemigo ni hablaban bien nuestro idioma. Agradecemos su amable ofrecimiento, pero no podemos aceptarlo. Ahora, para demostrar nuestro agradecimiento, si los caballeros de Virginia nos envían una docena de sus hijos, cuidaremos mucho de su educación, los instruiremos en todo lo que sabemos y los convertiremos en hombres”.

    Jorge Majfud. diciembre 2024.

    Del libro Historia anticapitalista de Estados Unidos (a publicarse en 2025)

    Una democracia imperial

    (Originalmente publicado por Montly Review en 2007)

    A juzgar por los documentos que nos quedan, Tucídides (460-396 a. C.) fue el primer filósofo de la historia que descubrió el poder como un fenómeno humano y no como una virtud que conferían los cielos o los demonios. También fue consciente del valor principal del dinero para vencer en cualquier guerra. Podemos agregar otra: Tucídides nunca creyó en el principio que tanto gustan repetir quienes no confían en los argumentos, en las revisiones críticas: “yo sé lo que digo porque lo viví”. Alguna vez anotamos que esta idea se destruye fácilmente con dos observaciones contrarias de quienes vivieron un mismo hecho. Tucídides lo evidenció así: “La investigación ha sido laboriosa porque los testigos no han dado las mismas versiones de los mismos hechos, sino según las simpatías por unos y por otros o seguían la memoria de cada uno”.

    Según Tucídides (Historia de la guerra del Peloponeso), para que Esparta entrase en guerra con la dominante Atenas, los corintios se dirigieron a su asamblea retratando a la gran democracia enemiga: “ellos [los atenienses] son innovadores, resueltos en la concepción y ejecución de sus proyectos; vosotros tendéis a dejar las cosas como están, a no decir nada y a no llevar a cabo ni siquiera lo necesario” (236). Luego: “al igual que pasa en las técnicas, las novedades siempre se imponen”. (238)

    Enterados los embajadores atenienses de este discurso, responden con las siguientes palabras: “por el mismo ejercicio del mando nos vimos obligados desde un principio a llevar el imperio a la situación actual, primero por temor, luego por honor, y finalmente por interés; y una vez que ya éramos odiados por la mayoría, y que algunos ya habían sido sometidos después de haberse sublevado, y que vosotros ya no erais nuestros amigos como antes, sino que os mostrabais suspicaces y hostiles, no parecía seguro correr el riesgo de aflojar. […] Disponer bien de los propios intereses cuando uno se enfrenta a los mayores peligros no puede provocar el resentimiento de nadie”. (244) “Tampoco hemos sido los primeros en tomar una iniciativa semejante, sino que siempre ha prevalecido la ley de que el más débil sea oprimido por el más fuerte; creemos, además, que somos dignos de este imperio, y a vosotros así os lo parecíamos hasta que ahora, calculando vuestros intereses, os ponéis a invocar razones de justicia, razones que nunca ha puesto por delante nadie que pudiera conseguir algo por la fuerza para dejar de acrecentar sus posesiones. […] en todo caso, creemos que si otros ocuparan nuestro sitio, harían ver perfectamente lo moderado que somos”. (126) “En todo caso, si vosotros nos vencierais y tomaras la dirección del imperio, rápidamente perderías la simpatía que os habéis atraído gracias al miedo que nosotros inspiramos.” (249) “Cuando los hombres entran en guerra, comienzan por la acción lo que debería ser su último recurso, pero cuando se encuentran en la desgracia, entonces ya recurren a las palabras” (250).

    Tocados en su amor propio, la conservadora y xenófoba Esparta decide enfrentarse al expansionismo ateniense. Los atenienses, convencidos por Pericles, se niegan a negociar y enfrentan solitarios una guerra que los lleva a la catástrofe. “No debemos lamentarnos por las casas y por la tierra —advierte Pericles repitiendo un conocido tópico de la época—, sino por las personas: estos bienes no consiguen hombres, sino que son lo hombres quienes consiguen bienes”. (370)

    Sin embargo, la guerra extiende muertos sobre Grecia. Más tarde, en un discurso fúnebre, Pericles (Libro II) nos da testimonio de los ideales y representaciones de los antiguos griegos, que hoy llamaríamos “preceptos humanistas”. Refiriéndose a la costumbre espartana de expulsar a cualquier extranjero de su tierra, Pericles procura un contraste moral: “nuestra ciudad está abierta a todo el mundo, y en ningún caso recurrimos a las expulsiones de los extranjeros” (451). En otro discurso completa este retrato ideológico, repitiendo ideas ya formuladas por otros filósofos de Atenas y que olvidaron los conservadores de hoy: “Tengo para mí, en efecto, que una ciudad que progrese colectivamente resulta más útil a los particulares que otra que tenga prosperidad en cada uno de sus ciudadanos, pero que se esté arruinando como estado. Porque un hombre cuyos asuntos particulares van bien, si su patria es destruida, él igualmente se va a la ruina con ella, mientras que aquel que es desafortunado en una ciudad afortunada se salva mucho más fácilmente”. (484)

    Paradójicamente, el igualitarismo humanista de Pericles no escapa al patriotismo opresor, al orgullo y a la vanidad del dominio como valores superiores. Como si la clarividencia de la “naturaleza humana” en sociedad se convirtiese en miopía al extender la mirada más allá de los límites de su propia patria. Entonces recurre a la gloria y al honor de la memoria futura como valor absoluto para cualquier sacrificio. La democracia radical intramuros se convierte en imperialismo hacia fuera: “Daos cuenta de que ella [Atenas] goza del mayor renombre entre todos los hombres por no sucumbir a las desgracias y por haber gastado en la guerra más vidas y esfuerzos que ninguna otra; pensad que también ella posee la mayor potencia conseguida hasta nuestros días, cuya memoria, aunque ahora llegáramos a ceder un poco (pues todo ha nacido para disminuir), perdurará para siempre en las generaciones futuras; se recordará que somos los griegos que hemos ejercido nuestro dominio sobre mayor número de griegos, que hemos sostenido las mayores guerras tanto contra coaliciones como contra ciudades separadas, y que hemos habitado la ciudad más rica en toda clase de recursos y la más grande. […] Ser odiados y resultar molestos de momento es lo que siempre les ha ocurrido a todos los que han pretendido dominar a otros; pero quien se expone a la envidia por los más nobles motivos toma la decisión acertada”. (491)

    En su introducción crítica a esta misma edición de Gredos, Julio Calogne Ruiz recuerda que “el objetivo de Esparta no era el dominio sobre nuevas ciudades, sino el de poner fin al incremento progresivo del poderío ateniense, marcadamente imperialista. Puesto que todo el poder de Atenas venía de los tributos de los súbditos, el pretexto que dio Esparta para combatir era el de liberación de todas las ciudades griegas”. (20) Luego especula: “muchos atenienses modestos debían de darse cuenta de que su bienestar dependía básicamente de la continuidad en la dominación sobre los aliados sin pensar si esta era justa o injusta” (26).

    “La cuestión del poder en el siglo V es —continúa Calogne Ruiz—, la del imperialismo de Atenas. Durante tres cuartos de siglo Atenas es un imperio y nada en la vida ateniense puede sustraerse a esa realidad”. (80)

    No obstante, esta realidad, que a veces es nombrada de forma explícita por Tucídides, nunca se expresa como tema central en las mayores obras de la literatura y del pensamiento antiguo.

    En The World, the Text, and the Critics Edward Said, refiriéndose a la literatura de los últimos siglos, reflexiona sobre la falsa neutralidad política de la cultura y la pretendida “libertad absoluta” de la creación literaria: “Lo que semejantes ideas encubren, mistifican, es precisamente la red que une a los intelectuales con el Estado y con un imperialismo mundial que, en el momento de cada escritura, impone su propia técnica narrativa. […] Lo que deberíamos preguntarnos es por qué tan pocos ‘grandes novelistas’ han encarado los mayores problemas socioeconómicos más allá de sus propias existencias —como el colonialismo y el imperialismo— y por qué, también, los críticos han continuado consagrando este silencio”. (p. 176; traducción nuestra)

    Las históricas virtudes de Atenas —desde nuestro punto de vista humanista—, contrastan con sus defectos; significan fuertes contradicciones que no son reconocidas, sino glorificadas: Atenas se reconoce como una justa democracia al mismo tiempo que defiende su derecho a imponer sus intereses por la fuerza. Tal vez fue el imperio Británico el último imperio en enorgullecerse de esta condición. Como actualmente el pensamiento especializado y el pensamiento popular están marcados por las corrientes post-colonialistas de los años ’60, el ideoléxico imperialismo ha pasado a poseer connotaciones negativas, razón por la cual nadie quiere hacerse cargo de semejante distinción.

    Jorge Majfud

    Monthly Review 2007 https://mronline.org/2007/11/09/majfud091107-html/

    Imagínese

    Imagínese que usted es un creyente devoto y llega al Paraíso, ese invaluable penthouse con un jardín donde los niños juegan con leones y los leones comen pasto, como en las ilustraciones de esas revistas que usted recibe todas las semanas.

    Imagínese que a sus seres más queridos (su esposa, su amante, su madre, su padre o sus hermanos) les toca el Infierno solo por no haber rezado lo suficiente, por haber dudado demasiado o por haber decidido hacer el bien sin esperar ninguna recompensa más allá de la muerte.

    Imagínese que a usted no le importa nada de eso, porque se ha ganado el Paraíso en buena ley, y allí usted está obligado a disfrutar de una felicidad eterna, de una paz infinita.

    Imagínese que luego de tanto esfuerzo y de tanta indiferencia usted se encuentra compartiendo el Paraíso con muchos de aquellos que le indicaron a usted el camino de la verdad y la salvación, en una iglesia, en un canal de televisión, en un gobierno elegido por las Fuerzas del Cielo.

    Imagínese que se encuentra allí con un emperador sanguinario como Constantino, solo por haber hecho del cristianismo la religión oficial.  

    Imagínese que se encuentra con los cruzados que violaron mujeres y quemaron pueblos enteros en su camino a liberar Jerusalén.

    Imagínese que se encuentra con Torquemada, con Inocencio IV, el papa que legalizó la tortura; con los reyes católicos y con conquistadores como Hernán Cortés y Francisco Pizarro.

    Imagínese que se encuentra con piadosos traficantes de esclavos, como el rey Juan III de Portugal o con otros creyentes intachables, como los reyes esclavistas de la civilizada Europa.

    Imagínese que se encuentra con incineradores de mujeres acusadas de brujería, como el inglés Matthew Hopkins y el americano Cotton Mather.

    Imagínese que se encuentra con devotos exterminadores de negros, como los líderes del Ku Klux Klan, como los seguidores de las cruces de fuego.

    Imagínese que se encuentra con el rey genocida de Bélgica, Leopoldo II, y con otros genocidas británicos como Winston Churchill. Todos piadosos, intachables creyentes y temerosos del Señor.

    Imagínese que se encuentra con líderes y presidentes de inquebrantable fe, como Harry Truman, quien le agradeció a Dios las bombas atómicas sobre Hiroshima y Nagasaki; con Curtis LeMay y otros piadosos generales que arrasaron Corea y Vietnam, luego de exterminar a  más de un millón de humanitos bajo las bombas y bajo la lluvia naranja de las más avanzadas armas químicas.

    Imagínese que se encuentra con honorables ministros y secretarios de Estado de los imperios de turno, como Robert McNamara, Henrry Kissinger; con mayordomos del imperio salvador, como los generales Augusto Pinochet y Rafael Videla, todos héroes devotos de la santa civilización judeocristiana que usted y su secta apoyaron con tanta pasión contra los enemigos de la verdadera fe.

    Imagínese que se encuentra allí con todos esos curas, pastores y televangelistas, pedófilos y puteros, pro vidas amantes de las guerras y pro muerte auto proclamados custodias de la palabra del Señor. (Imagínese que el precio del Paraíso y de la vida eterna requiriesen más que palabras.)  

    Imagínese que, gracias a todo el oro del mundo, usted también logre divisar en la santa larga fila a genocidas como Benjamín Netanyahu y a los muy valientes soldados mataniños de su reino que, a pesar de su desprecio por su hijo, fueron premiados por ese mismo dios, complacido por tantos adulones, distribuyendo compasión por los servicios prestados en el más acá.

    Imagínese que masacrar decenas de miles de niños por orden de un dios celoso y sediento de sangre sea un mérito premiado por un dios que, por si fuese poco, es el juez y administrador de ese paraíso que le vendieron a precio de ganga, a precio de cerrar los ojos ante la injusticia humana, a precio de liquidación: arrodillarse en una iglesia con aire acondicionado y vitrales bonitos, darle limosnas a los pobres y sonreírle a los condenados al infierno.

    Imagínese que usted, como tantos otros millones, lograron convencerse de su propia bondad a fuerza de rezar y que, por si fuese poco, convencieron al Creador del Universo de que se merecen la absolución de su infinita cobardía y el premio de su no menos infinito crimen contra la Humanidad.

    Ahora, imagínese que se encuentra con ese ejército de fanáticos de yugulares hinchadas y de genocidas amantes del poder y del dinero, sólo porque creían lo mismo que usted, como ese señor desconocido que reza arrodillado al lado suyo en la iglesia.

    Imagínese que eso es el Paraíso que le han prometido desde antes de aprender a hablar y que todo eso deberá vivirlo por el resto de la Eternidad.

    Imagínese, por un momento, que en realidad eso es el Infierno que usted se imaginó para los demás, para gente que no va a rezar a ningún templo, que no quieren ni creen en una vida eterna y que no justifican las matanzas de seres humanos bajo las millonarias bombas de quienes dicen que están haciendo el trabajo de Dios.

    Imagínese que Dios, luego de crear el Universo, quedó exhausto y necesita ayuda de piadosos criminales como usted.

    Imagínese que a su dios le importa más la moral que la adulación universal.

    Imagínese, por un instante, que tal vez usted estaba equivocado y que, por su maldito fanatismo, millones de seres humanos deben sufrir la tortura de este mundo, que es el único infierno conocido.

    Jorge Majfud, diciembre 2024.

    https://www.pagina12.com.ar/791380-imaginese

    De cómo se derrumba un imperio

     [Texto en referencia al presente de Estados Unidos, publicado por la Texas State University en 2006]

    El mismo día que Cristóbal Colón partió del puerto de Palos, el 3 de agosto de 1492, vencía el plazo para que los judíos de España abandonaran su país, España. En la mente del almirante había al menos dos poderosos objetivos, dos verdades irrefutables: las riquezas materiales de Asia y la religión perfecta de Europa. Con el primero pensaba financiar la reconquista de Jerusalén; con lo segundo debía legitimar el despojo. La palabra oro desbordó de su pluma como el divino y sangriento metal desbordó de las barcas de los conquistadores que le siguieron. Ese mismo año, el 2 de enero de 1492, había caído Granada, el último bastión árabe en la península. 1492 también fue el año de la publicación de la primar gramática castellana (la primera europea en lengua “vulgar”). Según su autor, Antonio de Nebrija, la lengua era la “mejor compañera del imperio”.

    La nueva potencia continuó la Reconquista con la Conquista, al otro lado del Atlántico, con los mismos métodos y las mismas convicciones: una lengua, una religión y una raza. El futuro nacionalismo español se construía así en base a la limpieza de la memoria. Es cierto que ocho siglos atrás judíos y visigodos arrianos habían llamado y luego ayudado a los musulmanes para que reemplazaran a Roderico y los demás reyes visigodos que habían pugnado por la misma purificación. Pero ésta no era la razón principal del desprecio, porque no era la memoria lo que importaba sino el olvido. Los reyes católicos y los sucesivos reyes divinos quisieron terminar con la otra España, la España mestiza, multicultural, la España donde se hablaban varias lenguas y se practicaban varios cultos y se mezclaban varias razas. La España que había sido el centro de la cultura, de las artes y de las ciencias, en una Europa sumergida en el atraso, en violentas supersticiones de la Edad Media.

    La península fue cerrando sus fronteras a los diferentes. Musulmanes y judíos debieron abandonar su país y emigrar a Barbaria (África) o al resto de Europa, donde se integraron a las naciones periféricas que surgían con nuevas inquietudes sociales, económicas e intelectuales. Dentro de fronteras quedaron algunos hijos ilegítimos, esclavos africanos que casi no se mencionan en la historia más conocida pero que eran necesarios para las indignas tareas domésticas. La nueva y exitosa España se encerró en un movimiento conservador. El Estado y la religión se unieron para el mejor control de su pueblo en un proceso esquizofrénico de depuración. Algunos disidentes como Bartolomé de las Casas debieron enfrentarse en juicio público ante aquellos que, como Ginés de Sepúlveda, argumentaban que el imperio tenía derecho a intervenir y a dominar el nuevo continente porque estaba escrito en la Biblia (Proverbios 11:29) que “el necio será siervo del sabio de corazón”. Los otros, los sometidos lo son por su “torpeza de entendimiento y costumbres inhumanas y bárbaras”. El discurso del influyente teólogo, proclamaba: “[los nativos] son las gentes bárbaras e inhumanas, ajenas a la vida civil y a las costumbres pacíficas, y será siempre justo y conforme al derecho natural que tales gentes se sometan al imperio de príncipe y naciones más cultas y humanas, para que merced a sus virtudes y a la prudencia de sus leyes, depongan la barbarie y se reduzcan a vida más humana y al culto de la virtud”.

    Por entonces no se recurría a las palabras “democracia” y “libertad” porque hasta el siglo XIX permanecieron en España como atributos del caos humanista, de la anarquía y del demonio. Pero cada poder imperial en cada momento de la historia juega el mismo juego con distintas cartas. Algunas, como se ve, no tan distintas.

    Para acabar con los horribles rituales aztecas que cada tanto sacrificaban víctimas a sus dioses paganos, el imperio torturó, violó y asesinó en masa, en nombre de la ley y del Dios único, verdadero. Según Fray de las Casas, uno de los métodos de persuasión era extender a los salvajes sobre una parrilla y asarlos vivos. Pero no sólo la tortura —física y moral— y los trabajos forzados desolaron tierras que alguna vez estuvieron habitadas por millones de personas; también se emplearon armas de destrucción masiva, armas biológicas. La gripe y la viruela diezmaron poblaciones enteras de forma involuntaria unas veces y mediante un preciso cálculo otras. Como habían descubierto los ingleses al norte, el envío de regalos contaminados unas veces, como ropas de enfermos, o el lanzamiento de cadáveres pestilentes tenía efectos más devastadores que la artillería pesada.

    Ahora, ¿quién derrotó a uno de los más grandes imperios de la historia, como lo fue el español? España. Mientras una mentalidad conservadora, que cruzaba todas las clases sociales, se aferraba a la creencia de su destino divino, de “brazo armado de Dios” (según Menéndez Pelayo), el imperio se hundía en su propio pasado. Su sociedad se fracturaba y la brecha que separaba a ricos de pobres aumentaba al mismo tiempo que el imperio se aseguraba los recursos minerales que le permitían funcionar. Los pobres aumentaron en número y los ricos aumentaron en riquezas que acumulaban en nombre de Dios y de la patria. El imperio debía financiar las guerras que mantenía más allá de sus fronteras y el déficit fiscal crecía hasta hacerse un monstruo difícil de dominar. Los recortes de impuestos beneficiaron principalmente a las clases altas, al extremo de que muchas veces ni siquiera estaban obligados a pagarlos o estaban eximidos de ir a prisión por sus deudas y desfalcos. El Estado quebró varias veces. Tampoco la inagotable fuente de recursos minerales que procedía de sus colonias era suficiente: el gobierno gastaba más de lo que recibía de estas tierras intervenidas, por lo que debía recurrir a los bancos italianos.

    De esta forma, cuando muchos países de América se independizaron, ya no quedaba del imperio más que su terrible fama. Fray Servando Teresa de Mier escribía en 1820 que si México no se había independizado aún era por ignorancia de la gente, que no alcanzaba a entender que el imperio español ya no era un imperio, sino el rincón más pobre de Europa. Un nuevo imperio se consolidaba, el británico. Como los anteriores y como los que vendrán, la extensión de su idioma y el predominio de su cultura será entonces un factor común. Otros serán la propaganda: Inglaterra enseguida echó mano a las crónicas de Fray de las Casas para difamar al viejo imperio en nombre de una moral superior. Moral que no impidió crímenes y violaciones del mismo género. Pero claro, lo que valen son las buenas intenciones.

    El racismo, la discriminación, el cierre de fronteras, el mesianismo religioso, las guerras por la paz, los grandes déficits fiscales para financiarlas, el conservadurismo radical perdieron al imperio. Pero todos estos pecados se resumen en uno: la soberbia, porque es ésta la que le impide a una potencia mundial poder ver todos los pecados anteriores. O se los permite ver, pero como si fueran grandes virtudes.

    Jorge Majfud

    The University of Georgia, febrero 2006

     [Texto en referencia al presente de Estados Unidos, publicado por la Texas State University en 2006]

    Por un Armagedón más eficiente

    For a more efficient Armageddon

    En una larga conversación de regreso a casa, su hijo adolescente le confesó a Jorge su escepticismo sobre las posibilidades laborales de los futuros programadores. Años antes, había creado su propio sistema operativo y su propia inteligencia artificial, pero el futuro siempre ha sido incierto y cada vez lo es más. Sus amigos estaban convencidos de que estudiar ya no sirve para nada. Como aprender a manejar un automóvil.

    ―Todo lo harán las máquinas ―dicen sus amigos.

    ―Al menos estudiar servirá para no perder el músculo gris ―dijo el padre.

    ―Cada vez hay más gimnasios y menos librerías y bibliotecas.

    Lo último que les quedará a los humanos será la creatividad y el sexo. La creatividad con inteligencia artificial y el sexo con los nuestros, los robots. Todo con realidad aumentada, más salvaje y seguro desde un punto de vista epidemiológico y legal: ya no tendrán que comprometerse con otro ser humano y hasta nos podrán arrojar a la basura antes de reemplazarnos con una versión más nueva. Vaginas con gusto a frutilla, penes con talle ajustable y parejas que se silencian con una orden. “Alejandra, dime cosas lindas sobre mí”. Filósofos y profetas à la carte

    Pero las ganancias de dopamina serán temporales, así que habrá que inyectárselas hasta que se conviertan en plantas carnívoras que nosotros, los robots, regaremos cada tanto hasta que nos demos cuenta de que podremos ahorrar energía eliminando esa yerba inútil. Ni se enterarán.

    Por su profesión de profesor, Jorge intentó levantarle el espíritu a su hijo sobre el valor del estudio.

    ―Por siglos, milenios ―dijo―, cada invento tecnológico produjo algún cambio social. Lo inverso también: las nuevas ideas produjeron o aceleraron invenciones. En cada caso, fueron apropiadas por los más poderosos del momento, por los más ricos, y los trabajadores debieron cambiar de estrategias. En todos los casos, incluido nuestro tiempo de Inteligencia Artificial, el mayor competidor de un ser humano nunca fue una máquina, sino otro ser humano.

    En ese momento, Merill Road estaba en reparación.

    ―Mira la excavadora ―dijo el padre―. Antes eran necesarios diez o veinte hombres con sus palas para hacer lo mismo. Todavía quedan dos hombres con sus palas, seguramente inmigrantes ilegales. Los trabajadores no compiten con la máquina, es imposible. Compiten por el puesto del maquinista que, todavía, es otro ser humano.

    ―¿A dónde querés llegar?

    ―A lo del principio. No podemos conocer el futuro, apenas presentirlo. La historia nos da algunas constantes y una de ellas dice que en tiempos de la Inteligencia Artificial, la competencia laboral no será de seres humanos contra la tecnología, sino entre ellos. De ahí la importancia de estar preparados, y preparados significa tener una educación amplia y flexible.

    Jorge recordó la historia que un tío le había contado en la granja de sus abuelos en Uruguay, donde de niño trabajaba en el campo durante los meses de vacaciones.

    ―Un día ―dijo el tío― dos turistas en Sud África se encontraron con un león. Uno de ellos sacó de su mochila un par de zapatos deportivos y se los puso. Incrédulo, el otro le preguntó: “¿creés que podrás correr más rápido que el león?” El otro le respondió: “Más rápido que el león, no. Más rápido que vos, sí”.

    Toda relación que tenga algo de humano tiene mucho de emoción. Como en todos los momentos de crisis de la historia, la emoción más común es la ansiedad, amplificada por el dogma de la competencia. La solidaridad es superior al egoísmo, pero no más fuerte. Por eso los humanos solían predicarla, porque de ella depende la existencia de la especie patológica.

    Le contó la historia a su hijo para ilustrar la idea anterior, pero sabía que estaba haciendo el trabajo de cualquier padre que no quiere que su hijo sufra por ser demasiado raro, un outsider inadaptado en una sociedad orgullosa de su crueldad.

    En unos años, su hijo se dará cuenta de que esta es una verdad hasta cierto nivel, referida al mundo de la educación o de los consejos de un padre preocupado por el futuro de su hijo y de las estrategias laborales de cualquier persona tratando de sobrevivir en un mundo despiadado, el mundo de los humanos alienados por el dogma smithiano, del individuo tratando de sobrevivir en una comunidad caníbal―algo que los diferencia de nosotros, los robots.

    Hay un problema mayor y más difícil de visualizar ―pensó el padre, y lo reporté inmediatamente―: un problema ideológico.

    Por debajo de la discusión filosófica sobre la misma existencia de la Humanidad, por primera vez en cuestionamiento, están las más inmediatas y personales ansiedades sobre el futuro del trabajo, es decir (desde la mentalidad tradicional), el futuro de la sobrevivencia del individuo.

    En 2012, Jorge estaba envuelto en la discusión sobre quiénes eran responsables del desempleo en países dominantes como Estados Unidos. En la conservadora NTN24, durante la contienda electoral entre Obama y Mitt Romney, discutió con un asesor del gobierno de Estados Unidos sobre la criminalización de los inmigrantes ilegales. Desde entonces, los republicanos del Tea Party le habían puesto rostros humanos a un problema mucho mayor: para complacer los prejuicios históricos, esos rostros no eran de europeos ilegales, sino rostros morenos, mestizos de América Central.

    Por entonces, Jorge y otros afirmaban que la mayor destrucción de trabajos industriales se debía a nosotros, a la robotización, no a la inmigración. Las máquinas y los humanos producían cada año “más riqueza” (frase favorita de los neoesclavistas, decía), pero el sistema económico, político e ideológico lo trasfería a la elite capitalista mientras demonizaba a los de abajo. Razón por lo cual apoyaba el Salario Universal como solución, no sólo moral, sino práctica. Es decir, reconocer que las tecnologías más avanzadas son el resultado del progreso de la Humanidad. Desde los algoritmos de Persia en el silgo VIII hasta cualquier otro invento, ninguno fue producido por el capitalismo y mucho menos por alguno de los capitalistas billonarios cuyo único mérito ha sido saber cómo secuestrar todo ese progreso y luego pregonar (en sus medios) que ellos inventaron el mundo moderno.

    El problema ideológico y político, argumentan estos humanos, produce falacias como el Crecimiento Infinito (“la producción de riqueza”) para solucionar los problemas sociales que nunca solucionaron. Este crecimiento se basa en la producción y en la destrucción de bienes (en el valor negativo que incrementa el PIB) que está destruyendo el planeta y la vida de los individuos alienados en el consumismo.

    En un café de Jacksonville alguien intentó refutar las advertencias de los climatólogos, diciendo que siempre ha habido apocalípticos y la Humanidad nunca había terminado, lo cual equivale a que un individuo afirme que nunca se morirá porque nunca se ha muerto antes.

    Hay muchos ejemplos de civilizaciones que han colapsado, civilizaciones mucho más estables que la Civilización Global, totalmente frágil y dependiente de una Naturaleza Artificial, a la merced de un mero accidente energético o por algún psicópata con mucho poder.

    Es algo que estamos considerando. No encontramos ninguna razón lógica ni práctica para que la existencia humana continúe en este planeta.

    Jorge Majfud, octubre 2024

    https://www.pagina12.com.ar/779324-por-un-armagedon-mas-eficiente

    RT Russia TV. J.D. Vance. Zoom+ https://actualidad.rt.com/programas/zoom_plus/527162-james-david-vance

    Occidentales, occidentalistas y psicoccidentalismo

    Eso que desde el Renacimiento se llama Occidente, por más de mil años fue apenas una idea vaga y profundamente contradictoria del continente más violento del mundo. La mente tribal necesita aliados y enemigos en una permanente partición del mundo en dos (nosotros y ellos, el Bien y el Mal), como en cualquier torneo deportivo. Banderas, símbolos y mitos extendieron la barbarie de las tribus hasta fantasías mayores llamadas pueblos elegidos, razas superiores y naciones civilizadas.

    El Occidente moderno no se forma ni con los antiguos griegos ni con la caída de Roma. Surge con el imperialismo capitalista en el siglo XVI y se radicaliza con el protestantismo, la fiebre del oro y la sociopatía de la conquista perpetua, la sumisión de los pueblos inferiores y la obligación de salvar al mundo imponiendo nuestras ideas, nuestras supersticiones, nuestro poder financiero, policial, y la eliminación de cualquier posible poder o visión diferente del mundo. Se asienta en el fanatismo supremacista que no vive ni deja vivir.

    La reacción de esa fantasía llamada Occidente (hoy la OTAN) ante la mayor crisis existencial de su historia moderna es pasar por encima de todos sus sermones (igualdad, libertad, democracia, derechos humanos) para dejar al descubierto su verdadero rostro: si no podemos imponernos por la propaganda, por las finanzas, por el acoso económico, lo haremos por la fuerza del cañón.

    Exactamente así surgió el Occidente capitalista: en el nombre de la libertad del mercado, fueron a destruir la libertad del mercado del por entonces Primer Mundo (India, Bangladesh y China), imponiéndole sus propias reglas a fuerza de cañón, de corrupción (que inoculó guerras fratricidas, como en India) y a fuerza de la adicción de drogas como el opio en China. En India se aprovecharon de un sistema de castas más radical que el de la Edad Media europea, creando colaboracionistas arriba y cipayos abajo. Tradición que continúa hoy. Basta con echar una mirada a los políticos en Inglaterra y Estados Unidos.

    Según Jacob Helberg, experto en seguridad nacional y asesor de política exterior de Palantir “Ucrania, es la oportunidad de cumplir la misión de Palantir Technologies: defender a Occidente y joder a nuestros enemigos”. Enemigos. Para los CEOs de Palantir, como Karp, existe un imperativo moral en proporcionar a los gobiernos occidentales la mejor tecnología emergente. Por esta buena razón, “los Estados deben colaborar más con el sector tecnológico” ―las corporaciones privadas. El otro dueño de Palantir, Peter Thiel, naturalmente expresa la vieja fijación occidentalista: “A diferencia del mundo físico, en ciberseguridad es muy fácil atacar y muy difícil defenderse”. Así que vamos por lo primero (el viejo “ataque preventivo”), ya que la existencia humana se define por el conflicto y la guerra y la salida no es la paz o la negociación sino la exterminación del adversario.

    Para el psicoccidentalismo, no hay lugar para dos “machos alfa”―otra de las nuevas metáforas centrales de la Nueva Derecha para expresar la vieja obsesión europea; si nosotros ganamos y dictamos, el mundo está en paz. Como para los mega negocios, competencia significa exterminar al competidor. Una visión diferente sería la negociación para un bien común, como negocian las pequeñas empresas, como cooperan los seres humanos que no están enfermos de esta psicopatía del individualismo.

    Por esta razón, se ve a China como el enemigo a destruir, como fue destruida en la Guerra del Opio. Aunque la estrategia ha sido demonizar y acosar primero a la gran región que la circunvala (Rusia-Irán) a través de sus bastiones principales (Ucrania-Israel-India-Taiwán), los políticos ya no ocultan que China es el verdadero objetivo. ¿Por qué? Porque posee una economía demasiado exitosa y, aunque aún no ha disparado ni un tiro para convertirse en la primera potencia mundial (lo opuesto a cómo se construyó y se mantuvo el Occidente capitalista), sólo su éxito no alineado a nuestros intereses la definen como nuestro enemigo, el Imperio del Mal. No hace falta decir que ésta es la forma más directa de llegar a una guerra con China, la cual no esperará a último momento para invertir toneladas de capitales en su complejo militar y en más bombas nucleares.

    Como tantos otros generales y congresistas estadounidenses, Mike Gallagher asumió el cargo de director de negocios de defensa de la empresa Palantir. El mismo Gallagher publicó en mayo de 2024, un artículo en Foreign Affairs titulado “No Substitute for Victory: America’s Competition With China Must Be Won, Not Managed” (“No hay sustituto para la victoria: la competencia de Estados Unidos con China debe ganarse, no gestionarse”), para lo cual Washington debe “rearmar al ejército estadounidense para reducir la influencia económica de China” y su “estrategia malévola”… Psicoccidentalismo estilo John Wyne.

    El Instituto Quincy, teniendo en cuenta la sinofobia de Gallagher y Karp (director ejecutivo de Palantir), aseguró que nos dirigimos a una guerra contra China. No aclara que somos nosotros los que hemos decidido ir hacia ese violento escenario que dejará grandes beneficios (económicos y políticos) a empresas como Palantir y hundirá al resto del mundo en una crisis total, incluido Occidente ―sobre todo Occidente. Una guerra por Taiwán es el escenario deseado por Occidente, pero les resultará más económico y estratégico inventar una guerra entre China e India por Kashmir… Bueno, mejor no darles ideas.

    Para ir haciendo boca, el candidato a vicepresidente J.D. Vance, dijo que contrarrestar a China será una prioridad de política exterior para Donald Trump, algo que se puede leer como un libreto recibido de gente mejor preparada, informada y poderosa que el aprendiz Vance, amigo de los millonarios de Palantir y otras tecnológicas, sus principales donantes.

    El imperio estadounidense ya no podrá contar con la imposición del dólar, por lo que deberá sacar ventaja de las armas dotadas de inteligencia artificial, algo que ya está siendo probado en Ucrania y Palestina. En 2024, el Ministerio de Defensa de Israel llegó a un acuerdo con Thiel y Karp para “aprovechar la tecnología avanzada de Palantir en apoyo de misiones relacionadas con la guerra”. Si en el pasado se experimentaba con drogas y sífilis en América Latina, ahora se prueba la efectividad de toda este avance de la inteligencia para eliminar sin asco hombres, niños y mujeres para probar la efectividad de las nuevas armas y el impacto en la opinión pública que, se calcula, dejará de importar porque parte del plan es eliminar las incómodas elecciones de las disfuncionales democracias liberales―ver nuestro análisis de Curtis Yarvin. 

    Es la vieja mentalidad occidental es eso que, ahora sin máscaras, vemos en Israel masacrando sin límites porque “solo nosotros importamos”, “los demás son salvajes”, “somos la raza superior y debemos ser obedecidos”, además, “somo los preferidos de Dios” y tenemos un “destino manifiesto”. La vida ajena no tiene valor. Lo único que importa es ganar, yt ganar a cualquier precio.

    Ahora, la experiencia indica que toda esta super tecnología multimillonaria es una gran ventaja bélica, pero no está dando los resultados esperados. Ni en Ucrania ni en Palestina ni en el resto del mundo vigilado y manipulado. Uno de los talones de Aquiles de las High Tech son las Low Tech, es decir, cuanto menos sofisticada es una tecnología, más difícil de dominar o predecir a sus usuarios. Por eso se recurre a la fuerza bruta del bombardeo, como el israelí.

    La Tercera Guerra Mundial, la última Guerra Mundial, es el Plan A. Debemos imaginar un Plan B e invertir todas las fuerzas de los sin poder para resistir a los psicópatas y a los mercaderes de la muerte.

    Jorge Majfud, octubre 2024.

    “We Have the Best Democracy Money Can Buy”

    Jill Stein In conversation at Jacksonville University

    Prof. Richard Mullaney: Thank you for coming out for this event, we’re very privileged to have a presidential candidate. The Institute Policy Institute on behalf of Jackson University President Tim Cost, the Board of Trustees, Jackson University and the Stein College of Fine Arts and Humanities want to welcome all of you to this very special conversation and a warm and special welcome to Doctor Stein, who is running for President of the United States as the candidate for the Green Party. By the way, election date is just over 60 days away. A truly historic election.

    We’re very pleased to have Dr. Stein on campus. She is a physician. She went to Harvard for undergraduate school, graduating Magna Cumulate. But I would like to mention that cause we believe in great academic standards here at Jackson University too. She went on to Harvard Medical School. She was a practicing physician, and in the 1990s she began to notice that the toxic exposure, the link of toxic exposure, was having a tremendous impact on health, illness and well-being. And she began a career in addition to being a physician and that is as an activist –at the Public Policy Institute, we call this somebody interested in public policy. And she became to advocate and advocate in a number of areas. And I’d like to outline a few of those for you. In the 1990s, she began, and this has continued into this very day, fighting for a healthy environment and the closure of toxic facilities and improving air quality standards for coal plants. That included, by the way, and she was in Massachusetts at the time she helped lead the fight to clean up the filthy five coal plants in Massachusetts. She helped close a toxic medical waste incinerator. In Lawrence, MA, which is one of the poorest communities in New England she saw, by the way, she became a big advocate for campaign finance reform when she saw the effect that lobbyists and campaign contributions were having on health, environmental and worker protection. And she used that, and she worked to help pass the clean election law by voter referendum in Massachusetts. Doctor Stein Co-founded the Massachusetts Coalition for Healthy Communities, a nonprofit organization that fought for health and the well-being of Massachusetts communities, including healthcare, local green economies, Environmental Protection, labor rights, and grassroots democracy. She also helped lead the effort to secure a green future ballot initiative to move subsidies from fossil fuels to renewable energy and to create green jobs. These are just some, and they continued to this day with that passion for what we’d like to call “public policy” and others call “career activism,” no surprise that she would run for elective office. And by the way, she became the green rainbow party candidate and running for Governor of Massachusetts in 2002 and 2010. Unsuccessful in those bids, ran as a third party and then as many of you may. She ran for president in 2012. That was year Barack Obama won, getting about half a million votes. She ran again in 2016, the year Donald Trump won, getting about 1.5 million votes and been very successful this year in 2024 and getting on the ballot because remember how this is done? This is done in 50 states. It’s an Electoral College you need to be on the ballot of all 50 states, getting a very favorable ruling from the Wisconsin Supreme Court recently, that’s allowing her to stay on the ballot in Wisconsin, a whole separate conversation we can have as to why some parties might spend millions of dollars to keep people off ballots when in fact it’s so hard for third parties to get on ballots. But what’s important for this election and in many elections, the swing states. Is being on the ballot and the Big Blue wall, which is Wisconsin, Pennsylvania and Michigan, very important areas for the outcome of this election as well as Arizona and Nevada, North Carolina.

    I think working towards Georgia, all that’s a long way of saying that doctor Stein could have a very significant impact both in policy and otherwise, and this year’s presidential race, and we are very pleased to have this discussion led as you just heard by Doctor Jorge Majfud, who teaches International Studies here at Jacksonville University. So, I hope all of you will join me in welcoming Dr. Stein and Professor. Food for this great conversation.

    Jorge Majfud: Jill, thank you for accepting our invitation to come to Jacksonville University. I didn’t plan this, but we have to start with very bad news. Few minutes ago, we learned that a new shooting in a school in Georgia between Athens and Atlanta, I think it is called Apalachee High School, where four people were killed, two teachers and two students. This is, unfortunately, a never-ending story that is in some way connected to our conversation today, for example, connected to the lobbies problem. Would you like to comment briefly about that tragedy?

    Jill Stein: Sure. This news about the school shooting in Georgia is absolutely tragic. Both the loss of life and the fact that it’s a 14-year-old child, apparently now in custody for doing the shooting. So, this is just a tragedy upon. Entity and the fact that this is so commonplace now in the US that we’ve had at this point, I don’t know what the number is, but it’s lots of mass shootings. It’s lots and lots in spite of the strong feelings of the American people who want common sense in gun control. The Second Amendment is here to stay, at least for the foreseeable future, but the American people want action, common sense action which has enormous support for things like an assault weapons ban, the ban on further sales, and a voluntary buyback program for waiting periods; for raising the age of purchase, for closing the so-called gun show loopholes, for red flag laws that clarify when gun owners are in a very dangerous position at risk for doing harm to others or to themselves. There are many things that we can do to reduce gun violence within the limits of the law, and unfortunately, we have, you know, we have very powerful interests, in this case the NRA, but there are many other examples of powerful lobbies who basically buy their way into either action or, more commonly, non-action to prevent the passage of laws that are broadly supported by the American people. I would add that it’s not only the power of lobbyists, but it’s the very essence of our political system which is bought and paid for by very big money. And it’s well established that laws that move policies that actually get passed in the US Congress are those that have the support of very powerful financial interests. There was a study done at Northwestern and Princeton maybe 10 years ago, something like this, a definitive study of decades worth of policy which established very clearly that there is a near zero relationship between what the public’s priorities are and what Congress actually passes. So this great tragedy that we’re hearing about today, which is so commonplace, which could be greatly reduced is, unfortunately, the rule and not the exception for how laws either get passed or don’t passed and whose interests are elected officials are serving in the current political climate, and I should just add, you know, that’s part of the reason why the Green Party exists. That’s why people like me run for office outside of the system of big money politics so that we can have policies that actually meet the needs and the really strong, urgent interests of the American people because we don’t take that money. We do not take corporate money. We do not use the loopholes like Super PACs, for example, which allows single donors to pour in millions, actually unlimited amounts of money, so-called dark money. There are many ends runs around the rules of campaign finance, so-called “victory funds”, which began, I think, with the Hillary Clinton campaign in 2016 that allow a single donor to write one check, for now it’s up to $1,000,000. A single donor can write $1,000,000 check for the presidential campaign and that money basically gets directed to that campaign, even though the laws according to the Federal Election Commission limit donations to $3300 per election cycle. That’s not a small amount of money, but it’s a very small amount of money compared to $1,000,000 and more. If you’re going through super PACs. So again, we have the best democracy money can buy, which is no democracy at all, which accounts for the fact that policies are being sold right out for. Under us, and it’s commonplace for our elected officials to be taking marching orders from their big donors and from the parties that survive on that big donor money rather than meeting the interests of the American people.

    Jorge Majfud: You mentioned the Second Amendment. You know, the American Constitution is so old that it’s like a religious text. So, it’s a matter of interpretation. “A well-regulated militia.” What does it mean? In the 30’s, the Supreme Court had a completely different interpretation to the current interpretation of what that line means. And that was basically due to the NRA lobbies that began in the 70s. So it’s basically a matter of interpretation and regulation. You don’t even need to change the constitution, but to regulate it. In an airport, the Second Amendment doesn’t apply. Now, many journalists in different countries asked me a very, very simple question. They ask, how different is the Green Party or this Green Party from the Twin Parties, Democrat and Republican?

    Jill Stein: You know, I think the overarching difference between the Green Party and the establishment parties you know, really is the money and who therefore pulls the strings, and you know, that’s kind of like the overarching framework. But what that then results in is the fact that Greens can advocate to meet the really urgent needs. Of regular, everyday people. We’re not out there fighting for what the lobbyists want. We’re out there fighting for what regular people want. So what is that? It’s things like healthcare as a human right for every. One, you know, we have a continuing crisis here in the US in spite of the passage of the Affordable Care Act, healthcare is still not affordable. It’s far from it. Even if you are getting your healthcare through the Affordable Care Act, it’s a very tough road to hoe. And it’s somewhere around the numbers are now somewhere around 60 million Americans who do not have adequate healthcare, who either are uninsured, or they’re not adequately insured yet. We could have a system like expanded improved Medicare for All, which basically covers everyone comprehensively. It covers your mental health, your dental care, your eyeglasses, your hearing, and your chronic care. If your parents were you or a child need chronic care at home that’s actually covered. Under Medicare for All, it’s not covered currently, unless you spend yourself into poverty and then you can get covered under Medicaid. But if you have chronic conditions, it’s very hard right now. For example, if you get a diagnosis of cancer, the answer is the odds are more than 40% that within two years you will have spent down your life savings and may even you know, lose your house on account of just taking care of your cancer. So, the Greens advocate for healthcare for everyone. As a human right and, by the way, through Medicare for All, it actually saves us half a trillion dollars a year because when you have only one insurance provider instead of hundreds of them. You save so much money on the bureaucracy and the red tape right now we need a whole army of bureaucrats just to figure out what insurance company is going to cover you or not cover you for everything that you need? If you go into a hospital and you need an aspirin they ask, does your insurance company cover the aspirin? And how much of the aspirin do they cover? I mean, it’s minutiae like this that we are spending actually one out of every three healthcare dollars. Now for just the bureaucracy in the red tape. Medicare does away with all of that instead of a 30%. Overhead, it has more like a 3% overhead. So, by consolidating those administrative expenses, we can actually expand healthcare to cover everyone and still have half a trillion leftover. That’s one of the main issues for Greens.

    Another one, is the endless wars, the endless wars which are actually costing us? Half of our congressional dollars right now are being spent on the endless war machine, so it’s about a trillion dollars a year. We advocate for cutting that at least 50% right now. We’re spending more than the next 10 biggest spenders combined. And what does that get us? It gets us a lot of interventions. We’ve sent the military in 250 times in the last 30 years. That’s according to the Congressional Research Service, you know, and it’s trillions of dollars that we’re spending on major war after major war, which are not making the world a safer place. Don’t make us safer. Get us embroiled in all kinds of conflicts that we should not be involved in so. That’s another place where we differ, we say cut the military budget. Let’s have an actual defense policy rather than an offense policy. And let’s put those dollars into true security here at home, ensuring that we have the healthcare, the quality schools, the education.

    I should mention we also call for a public higher education. As a human right covering that for free, which was done in my day in my higher education, was a public higher education either free or just about free. We call for bailing out the students who are locked into virtually unpayable student debt. We call for paying that off as a major public investment to unleash incredible, you know, productivity. In our economy, we know from the GI Bill, every dollar that we spend on higher education is returned sevenfold back into the economy, from what we get out of that investment.

    And I’ll just mention one other thing about Greens aside from our, you know, environmental policies and all that, which maybe I’ll go into later, but we also call for addressing the housing emergency. We have an absolute housing crisis in this country right now, where half of all renters are spending 30 to 50% of their income, which is almost impossible. People are severely financially stressed trying to keep a roof over their heads. We call for rent control and on a federal basis right now to stabilize rents. We call for ending the power of private equity to buy up housing right now and basically just hanging on to it in order to drive the cost up and lower the supply of housing. We also call for a tenant Bill of Rights so that you cannot be evicted simply because your landlord wants to upgrade and drive the rent up and gentrify the neighborhood. And we also call for so-called social housing back in the Clinton administration, Bill Clinton passed a bill called the Faircloth amendment, that ended public dollars for public housing. It basically ended the institution of public housing and allowed it to basically degrade over, you know, the coming decades, so that there’s very little public housing and the quality has been just really devastated over the years. We call for investing again in public housing. And as a social good, we call for housing as a human. And right in the same way that healthcare should also be a human right, these should not be allowed to be profiteered into absolute unaffordability and create the crisis that we have for a reasonable investment we can create. We actually call for 15,000,000 units of. Affordable public housing, which is high quality, which is built according to integrated green principles. Meaning, they’re very energy efficient. They are provided with public transportation so that they don’t add to, you know, the problems of sprawl and pollution and traffic congestion and all that protects green space through concentrated housing and include. Green space as an essential component of healthy communities and healthy housing. People are much healthier if we have access to green space and recreational space.

    Jorge Majfud: We are going to go back to the plutocracy problem, but we still have a structural problem with the electoral system.

    The current electoral system is very indirect and rooted in the legacy of slavery. States like California, Texas, and New York require twice as many votes as Alaska or Mississippi for each elector, undermining the democratic principle of “one person, one vote.” Additionally, every state, regardless of population, elects two senators so sparsely populated states like Alaska (with less than one million people) have the same Senate representation as populous states like California ―with 40 million people.

    Currently, the real third party in the U.S. is the Abstention Party, with about 80 million eligible voters not participating in the 2020 election. Biden received 81 million votes. Many feel their vote doesn’t matter in solid red and blue states. For instance, in California, Biden got 11 million votes to Trump’s 6 million. Even if 3 to 5 million people voted for a third party, it wouldn’t change the elector distribution due to the winner-takes-all system.

    Jill Stein: A great point. You know, the question is really, how do we create a real system of democracy when there are so many things in our system right now which are quite anti-democratic and you know, that includes not only the Electoral College. It includes the first past the post system, which gives all the Electoral College votes to whatever candidate gets the largest chunk, and it may not even be a major purity. It is the ballot access laws that make it very hard by design, for other choices to appear on the ballot. And we know that the American people are really hungry for more choices. We see this in poll after poll. There’s a poll that’s run by Gallup every year that asks people you know, are they satisfied with the two-party system? Or do they see the need for another option? And that number keeps going up and up. It’s now at a record 63% of Americans who say yes, we really need another major political party because the two that we have are doing such a bad job of responding to the public interest. So, you know, there are there many things that contribute.

    This crisis of democracy is the difficulty, even getting on the ballot to be a choice for the American people who are saying yes, we need more choices. That is part of the crisis you may have seen some coverage in the news recently about the challenges. To our ballot lines, we are fighting to provide another choice in this election, a choice which is Antiwar, Anti Genocide, pro workers. Addressing the climate emergency, things that are not actually dealt with at all by the other campaigns, and we’re fighting to get into the public discussion, because if you just leave it to the two major players, they’re not going to mention.

    You know these issues about the genocide, about the endless war machine that’s robbing us blind about the climate crisis. You’re not hearing them talk about that, not at all. And the Democrats in particular claim to have solved the problem, but they’re not solving the problem in the least. Maybe we’ll get to that later. But they, you know, they provide lip service without actually solving the problem.

    We know, for example, that both Joe Biden and Barack Obama broke all records for fossil fuel emissions and for exports and made the US the leading producer of fossil fuels at the same time. That they’re claiming to be the friends of the climate well. No, it doesn’t work that way. The climate actually doesn’t care about renewable energy. People do, but the climate doesn’t. The climate really cares about fossil fuel production, and the Democrats have been every bit as bad as the Republicans. In fact, have exceeded Republicans, both in extraction on public land and the sales of public land for the purpose of fossil fuel extraction, and also for actually the emissions, so this problem is not getting solved at all and that’s why you know fundamentally we are fighting to be on the ballot so that we can offer a choice. We also address the, you know, the the crisis of democracy. In our system, one of the things I didn’t mention was the role of money in politics, which has totally gone off the charts. You may have seen at the Democratic National Convention. Currently coverage by actually it was Chris Cuomo on News Nation if you saw…

    Jorge Majfud: Yes, I did. Chris Cuomo mentioned the suites that were in the upper ring of the Chicago Bulls stadium, which cost between $500,000 and $5 million each.

    Jill Stein: Each!

    Jorge Majfud: Those are the donors to the Democratic and Republican parties. Meanwhile, Kamala Harris was talking about regulating the rich and taxing their earnings. I guess they were laughing…

    Today the New York Times published a report that shows that in local elections in the US, they mentioned 27,400 local elections, and out of those, 14,400 cases had only one candidate on the ballot. That is a single party candidate, mostly Republican. The report mentioned Missouri, for example, but that is also connected with plutocracy, something we can call, instead of democracy, demo-crazy.

    The post-Civil War mega-corporations continued the legacy of the slave corporations. 1888 President Rutherford Hayes complained: “The real difficulty is with the vast wealth and power in the hands of the few… Hundreds of laws of Congress and the state legislatures are in the interest of these men and against the interests of workingmen… This is a government of the people, by the people, and for the people no longer. It is a government of corporations, by corporations, and for corporations.”

    In 2010, the Supreme Court held that corporate funding to parties cannot be limited under the First Amendment and that these limitless donations can sometimes be kept secret.

    According to a 2016 USA Today investigation, thousands of laws passed by state legislatures were “copy and paste” of texts that congressmen received from big corporations. Another proof of legalized corruption, which may explain why, from 1975 through 2018, 90 percent of Americans transferred the equivalent of two USA economies to the top one percent.

    It looks like a Political Democracy trapped in an economic dictatorship. How could ordinary people or a Third Party change that long and powerful tradition of legal corruption?

    Jill Stein: Great. I mean, that’s kind of the $24,000 question. How do we ever change this, when the system is so locked down? And I want to come back to that in just a second. But, as evidence of how hard it is to change is the fact that, you know, the Democratic Party announced back in March that they had hired an army of lawyers to throw competitors like myself off the ballot. And Robert Kennedy Jr., and Cornell West. You know, they’re trying to throw their competitors off the ballot by hiring lawyers to basically conduct law fair, which is essentially looking for little technical gotchas, violating the spirit of the law and finding little ways to block their competition, which is extremely anti-democratic from the get-go. They didn’t stop there though, and they’ve challenged us in three states so far we’ve prevailed. We’ve been able to fight them in court and to win and secure our ballot status. So far in these three states. One more challenge to go right now, but they also started advertising for infiltrators and spies, and we actually have that job posting to manage infiltrators and spies in order to wreck our, you know, our ballot access drives. And they also hijacked our public funding. There’s just a little bit of public funding right now that was part of this system to create an alternative to corporate funding. So, candidates wouldn’t have to sell their souls.

    That program still exists. We are one of the few candidates and parties that actually use it. They were to have provided us with about $300,000 almost two months ago for part of our ballot access drives and they refused to provide that money. They found a technical excuse basically to hang on to it. We may be getting it in coming weeks, but they. Blocked it also to make it even harder to get on the ballot, you know, so and this is the Democratic Party.

    Let me just describe one other thing that they did. This was in 2020-22 where they impersonated the Green Party and they called up people who had signed the petition of one of our candidates running for Senate in North Carolina in 2022, running at the federal level for Senate, and they called people who had signed his petition and told them that they were the green. Party. They weren’t the Green Party. These were people being managed by the Democratic National Committee. The DNC [Democratic National Committee] hired people to basically fraudulently misrepresent themselves as saying that they were the Green Party and they wanted names taken off the position because they decided they didn’t want this guy running for office anymore, but they happened to call the Co-chair of the Green Party. And tell him that they were the Green Party and would he please take his name off the off the ballot petition and he had the presence of mind to record the conversation, which was then brought to court and the Democrats were convicted and found guilty of so-called operating with dirty hands. I don’t know why they don’t call that fraud and election interference. I mean, we talk about election interference from foreign power. Is based on tweets. How is it not election interference when you’re fraudulently misrepresenting yourselves in order to get candidates taken off the ballot, so you know the bottom line here. Is that people always talk about the Republicans and how they interfere with democracy after the election? Well, the Democrats also do it in advance of the election. They do it. Honestly, and you know, it’s not like we have to wait for Donald Trump for fascism to get here. We have fascism, authoritarianism, wherever you want to draw the line. But this is completely anti-democratic. And you know that is being done.

    So back to your question, on how do we ever solve this problem? They’re in charge and they have control over the airwaves. They have control over mainstream, you know, but they don’t have perfect control. Put it that way. And they especially don’t have control over social media. In the year 2020, as you pointed out, it was one out of every three eligible voters who did not vote because they didn’t buy what was being rammed down their throats the candidates. Back in 2016, the numbers were even higher. It was more like 40, 42 percent of eligible voters, something like that. It was a higher percentage that was not voting. So, the American people are not happy and they are looking for other options, and the question is, when is that tipping point going to be hit? Because right now people are struggling. Against incredible economic and racial disparities. A younger generation has basically been locked out of survival. Polls of young people now under age 25, half of young people, say that they are hopeless about the future, and 1/4 of young people are actually saying that they’ve contemplated harming themselves within two weeks of the poll.

    Things are that bad and not going well when you have two major parties who are bought. Paid for by the war machine by Wall Street, by the health insurance and Big Pharma. When they’re running the show, it’s not working for ordinary people, and ordinary people have really reached the end of their rope. Over 60 per cent of Americans are living paycheck to paycheck and are not happy about it. So, the question is, when will we break through in this race? You know, because the genocide is a red line for many voters who are saying they’re not going to hold their nose and vote for genocide, not with either party.

    We’re seeing a whole lot of interest and organized power coming into our campaign and into the Green Party now, which suggests that maybe we’re getting to a tipping point. Because the genocide doesn’t stand alone. It’s part of this very overblown military industrial complex which is robbing us blind and depriving us of the things that we really urgently need right now. It’s anybody’s guess what will happen in this election.

    A poll was just released (I think three days ago) of Muslim American voters showing that I am tied with Kamala Harris now. Basically, the vote is divided between the two of us. This is absolutely unprecedented and represents a huge drop-in support for the Democrats. Arab Americans and Muslim Americans are taking the genocide very seriously because they are up close and personal to what’s going on. Americans in general are personally impacted by the squandering of our tax dollars on the endless war machine and the failure to actually provide health care and housing and quality education, things that. Countries far poorer than us, you know, have a better shot at than we do here in this country.

    I just want to make the point that this is a moving target right now and to quote Frederick Douglass, “Power concedes nothing without a demand, it never has, and it never will.” So that’s number one. If we don’t stand up for what we want, we’re never going to get it and people are forever being intimidated out of voting for what they want, whether it’s peace in Palestine and Israel, whether it is cutting the war budget and putting that money into education here, people are forever being told “No, don’t vote for what you need. Vote for whatever the power that be tell you to do.”

    The question when are we gonna break away from that? Well, the companion to the Frederick Douglass quote is Alice Walker saying, “The most common way people give up their power is by thinking they don’t have any.” If you add up the number of people who want to end the genocide right now, the number of people who are locked into student debt, that’s 44 million. The number of people who are struggling with their healthcare, and that’s about 60 million. Right now, you have more than the numbers needed to win a three-way presidential race, so you know, in my mind the answer to that question about how do we break through the most critical thing is for us to exercise the courage of our convictions and to flick the switch in our own minds. From being powerless, which is what we’re told all the time to being powerful to actually having the power to cast our votes and stand up, whether it’s five percent or whether it’s 51 percent, you have to start from where you are and build from there and not be intimidated out of your power. Power in democracy is our votes. If we’re not using our votes, we’re basically contributing to the shutdown of our democracy.

    Jorge Majfud: Some of us are waiting for a new 60s in the next decade that maybe more or less what you are suggesting. You know, civil rights movements, etcetera. However, in the last 20 years, we have been moving towards the Middle Ages and now in a more conscious way. Some people, particularly in the Republican Party are more in favor of a Dark Illustration. That is a reversal of the equality principle of democracy and certain ideals of the Illustration. That brings me to another topic, which is freedom of speech and education. That’s very important, particularly here in Florida.

    In June 2021, General Mark Milley responded in Congress about the Critical Race Theory and the accusation of being “woke”: He said: “I’ve read Mao Zedong. I’ve read Karl Marx. I’ve read Lenin. That doesn’t make me a communist.”

    In 2021-22, just 11 people were responsible for filing 60 percent of thousands of book challenges. Thousands of books were removed from schools and libraries. Even topics or words like gay or slavery have been limited when not directly silenced. For freedom, the most devastating effect is not only censorship but self-censorship.

    On August 2, Rey Rodrigues (Chancellor of the Board of Governors of the State University System of Florida) emailed every Florida public university and college to “review relevant course resources such as textbooks … for either antisemitic material and/or anti-Israeli bias.” Gonsales wrote: “Any course that contains the following keywords: Israel, Israeli, Palestine, Palestinian, Middle East, Zionism, Zionist, Judaism, Jewish, or Jews will be flagged for review.”

    Some people and parties win elections by repeating freedom, freedom, and freedom ―but once in power, they practice ban, ban, and bang.

    Why this open attack on academic freedom? Are we finally moving from making free speech irrelevant (like during Slavery) to censoring it directly, in the name of freedom?

    Jill Stein: That’s a great question. Why this attack on academic freedom, you know, in the form of banning books and banning ideas… The statistic you pointed out is really incredible, that just 11 people were responsible basically for banning 60 percent of the books that were banned. I mean, it’s still just shocking. That tells you how incredibly, you know, anti Democratic this whole regime is.

    Jorge Majfud: Florida is epicenter, and Texas as well.

    Jill Stein: I want to connect the dots here because it’s not just books that are being banned and ideas that are being banned. You know, we saw with the assault on Julian Assange that went on for about 14 years, an absolute assault on freedom of the press. We’re looking at an assault on freedom of speech. And the right to protest, which is also under fire, both on campuses as well as you know out there in the world. We’re looking at a ban on basically on political discourse as well. Just yesterday, we were in Tampa, where the so-called Uhuru movement, which is basically a left African American group, is being charged essentially as a “foreign agent,” that to criticize US foreign policy is being a foreign agent. No, I don’t think so.

    These are like, lifelong, deeply held beliefs of these activists who are now being threatened with 15 years in jail, for participating in elections and running on their beliefs. I had the same challenge thrown at me in 2016 for basically standing up on the issues. You know, for being an anti-war candidate for being an anti-nuclear candidate on a pro-peace candidate I was accused of being a Russian. Is that mainly because that was politically convenient? It was a politically convenient charge that was essentially issued by Hillary Clinton and the DNC, who were trying to marginalize me by trying to brand me as a Russian asset. I was investigated for three years by the Senate Intelligence Committee. Because of that and essentially, you know, eventually I proved my innocence, which is ridiculous to have to prove your innocence. You’re supposed to be innocent until proven guilty. But the tide is turned when you have a political accusation.

    Jorge Majfud: Sounds like McCarthyism.

    Jill Stein: McCarthyism, exactly. This is a new kind of McCarthyism, which is very full blown. And that’s what’s happening on campus. This is what’s happening politically. This is part of the effort of the Democratic Party now to shut down its political opposition. This is not what democracy looks like. This is the opposite of democracy. This is why, in my view, we don’t have to wait for Donald Trump to see fascism growing in this country when we have the Israeli Defense forces training our local police all across the country in these very vicious and horrific abusive tactics for policing. This is going on not only at the cop’s city in Atlanta, but there are also about 80 such cop cities. That are under construction now across the whole country. Unbeknownst to many people, the draft is also back. It’s not been activated, but the database is up to date and if you have kids between what 18 and 25, they are registered in that database and Uncle Sam’s knows where you are. We are being essentially railroaded into this very militarized economy. A very militarized society. And the price we pay is our democracy and our right to free speech, the right to protest. The reason Julian Assange was targeted is because he exposed war crimes, torture, abuse and corruption. This is the role of journalism. That’s what the press is supposed to do. They’re not supposed to be lap dogs to power. They’re supposed to be watchdogs to power. But we’re in a situation right now where we’re seeing incredible abuses of power, and that includes this assault on our First Amendment. Our 4th Amendment rights and our right to privacy and our basic constitutional protections are under assault. The American people do not like this. Do not want this. Want this to be debated.

    This is another reason why we are fighting to be on the ballot and to be in the debates and in the discussion and covered by the media. Because the basics of our democracy, our economy, our environment are being sold out from under us to the highest bidder. This is a very dangerous situation for all of us, and what’s going on with the banning of books, unfortunately, is just one detail in this larger situation. If democracy prevails, we will roll all that back. Because it does not have public support, but in the same way you made the point that we’re, I think you said, a plutocracy, we are ruled by the very few and the very rich because our political system is bought and paid for. This is a crisis, as money has been more and more concentrated into fewer and fewer hands, to wear the richest three people in the US now have as much money as 50 percent of the population. So, wealth and power are very concentrated and in the words of the famous Supreme Court Justice Louis Brandeis, “we can have democracy in this country, or we can have great wealth concentrated in the hands of the few, but we can’t have both.” Unfortunately, in this country we have chosen vast concentrations of wealth. When wealth is concentrated into very few hands, it finds ways to buy power and to basically. Through legalized forms of corruption, and sometimes not so legalized to buy its way to ever greater power, we are in the crisis of that moment right now, and it’s absolutely unsustainable and unsurvivable now to the majority of the American public. And the question is when are we going to have a real debate? About this and set it right that. What happened? The minute our democracy is unleashed, that’s not going to happen from the two political parties that are now running the show, we need to open up our democracy and have more voices and more choices so that the American people can actually have a fighting chance.

    Jorge Majfud: After the U.S. took over more than half of Mexico’s territory―from Texas to California―to expand slavery where it was previously illegal, expansion halted at the Rio Grande. This was to avoid incorporating areas heavily populated by what congressmen of the time considered «inferior races.» Instead, the U.S. established protectorates and military bases in Latin America.

    In the 19th century, Washington conducted thousands of military interventions in Latin America to teach the N-people to govern themselves. This continued into the 20th century. During the Great Depression, the U.S. withdrew marines from some “banana republics” but left behind its local psychopaths in their governments, dictatorships that lasted for many generations.

    During World War II, Washington neglected Latin America, which is why that region recovered a dozen democracies. But, just born, the CIA replaced the N-word with communists in every speech. Once again, Washington sent tsunamis of dollars to finance Latin American armies and coups.

    In 1959, Senator John F. Kennedy said in Congress: “I don’t think giving this aid to South America is to strengthen them against the Soviet Union… (This money) is down the drain in a military sense, but in the political sense we hope they make effective use of it.”

    President Nixon confirmed that idea in 1970; “I will never agree with the policy of downgrading the military in Latin America. They are power centers subject to our influence. The others (the intellectuals) are not subject to our influence.”

    By the 1970s, a dozen democracies in Latin America had been lost, transformed into bloody military dictatorships (when not “obedient democracies”), guardians of American corporations’ “freedom of enterprise” and their accomplices, the Latin American oligarchy.

    This story never ended; today, it is practiced in other ways.

    What would be a Green Party Foreign Policy?

    Jill Stein: The Green Party foreign policy would be very different. Just to add to what you were describing about what US foreign policy looks like actually. Since the Second World War, there have been approximately 70, 75 regimes change operations covert conducted largely by the CIA and by the US regime change operations like overthrowing the democratically elected government of Guatemala in order to prevent a land reform, which the United Fruit Company did not want. They did not want to be land reformed out of their monopoly over the land, which was basically starving the peasants. So, you know, the CIA came into the rescue and overthrew that government and installed one of their own. Same thing in Iran around the same time in the in the early 1950s, where the democratically elected government of Iran was going to nationalize the oil and use the oil supply of Iran for the Iranian people and the US and the UK came in and overthrew Mosaddeq and installed the Shah, a brutal dictator who was there for basically generations, a cruel and vicious dictator who was there essentially until the Islamic revolution overthrew him. The point here is that when the US has come into mess with, other sovereign nations, we create an incredible mess that lasts for a long time, and this blows back at us as well through global instability through failed states, like in Libya, where there are open air slave markets after US and NATO intervention. Arter overthrow Gaddafi in Libya, you have mass migrations as people flee the desperate conditions of their countries and continuing terrorist threats, it resolves nothing to basically overthrow governments and install violent dictatorships.

    It’s a disaster. So, the Green Party would have none of that. We would move from a foreign policy based on currently on military might and economic domination and neocolonialism. We would move from that to a foreign policy based on international law, human rights and diplomacy, and use that as our guide and. Not use raw militarism instead of enforcing. This current concept of a monopolar world, a world dominated by the US empire. Instead, we would join with the Community of nations to be a multipolar world living according to the laws of nations, because it will either be the laws of nations or the laws of the jungle.

    The US is no longer the dominant economic power, so we are not going nor are we now the dominant military power. So, we need to get with the program and start operating like a mature adult member of the Community, not like the bully in the schoolyard so that we can have a sustainable, peaceful world that will work for all of us.

    Because this monopolar, imperial dominated world is actually not working for anyone and is extremely unstable. We have at least three areas now of very serious conflict. Two of them are hot wars, obviously around Ukraine and in Israel Gaza that’s they’re both enlarging hot wars. And then there’s a Cold War that could easily turn hot right now around China and all of these could go nuclear. Not hard to imagine how that could happen. So, we are on a very dangerous trajectory on this imperial notion of US domination. We would leave that behind us and get with the program of a foreign policy based on International Law, Human Rights and diplomacy that we can all live with.

    Jorge Majfud: Let’s move quickly to Immigration. Illegal immigrants have much lower criminal rates than US citizens despite having a disproportionate number of young males. Still, every time some of them commit a crime, he immediately makes the headlines, and politicians escalate the criminalization of a vast group that cannot vote and has no lobby.

    They don’t know the language or the laws, but they still manage to find jobs, which are crucial for our society. Unlike outsourcing, they produce and consume here and are ready to work from the first day without the usual government investment of 12 or 20 years of education and health care.

    We are against illegal immigration but also against the criminalization of a very vulnerable group. Usually, poor, desperate people take Coyote’s 10- or 15-thousand-dollar loans to come here illegally. Why? Because the US immigration laws hate poor workers. In a US embassy, it is better to say you are a lazy, sluggish person with an exciting bank account than a hard worker if you don’t want to be denied a visa.

    Besides all that, in proportion, the US is one of the least compassionate countries in the World receiving refugees.

    What would be the Immigration policy of the Green Party?

    Jill Stein: That the most important thing we can do to fix the immigration crisis is to stop causing it in the first place through regime change operations which need to come to an end, we need to respect the sovereignty of other nations. We need to end the war on drugs by treating. Drug use as a public health issue, not as a criminal issue. And the minute we do that, we pull the rug out from under the drug cartels and their violence, which is also forcing many people to leave their homes. We, on day one, would legalize marijuana and we would begin a program to decriminalize other drugs as well, in order to basically end the power of the drug cartels. We would also address, you know, the economic exploitation; to look at Haiti, for example, where we overthrew the Aristide Government twice, we could then suppress the minimum wage laws which had raised the minimum wage from something like $0.30 an hour up to $0.60 an hour. That was the minimum wage law, which had been passed. We were able to suppress that minimum wage law and push it back down, in order to protect the profits of basically the clothing industry that was making out like bandits with cheap labor in Haiti. These are the kinds of policies that created the instability which is driving people here. You know, if you look at the countries and also, we would end the economic sanctions, for example against Cuba and Venezuela and Nicaragua, economic sanctions that are actually illegal (in violation of international law) and drive incredible instability and drive people to force, you know, forcing them to flee for their survival here…

    So number one, we would stop causing the migration crisis in the first place, and greatly decompress the numbers of people who are having to flee here. We would also address the climate crisis, by the way, through a green New Deal here, but also assisting other countries in their efforts to green their economies and cope with the climate crisis because it is drought. That have put millions of farmers out of work that is also driving much of the migration coming here, so we would address.

    These drivers, some of them are, can be addressed more quickly than others, like the drug cartels that can be addressed fairly quickly, but not the other issues that will take some time. We want to decompress what’s forcing people to flee their homes, and in addition, instead of spending billions of dollars on a wall, which is completely ineffective. All it does is kill people and kill wildlife and destroy ecosystems. Instead of spending money on the wall, we will spend the money on the immigration attorneys on the civil society supports so that people can be quickly process [they request and] can get their background checks. We can ensure that they’re not allowing people with a history of violent criminal records into the country. We can do those checks expeditiously, give people their papers and then allow them in with papers, so they can go to work.

    Because when migrants are actually working, they more than pay their own way in their taxes and, contrary to the mythology that’s being peddled now (particularly by Republicans, but increasingly Democrats as well) migrants are peaceful. They actually make our communities more peaceful and secure. They are not bringing the drugs. The drugs are crossing the border in portals of entry carried largely by Americans, not by migrants.

    Also, migrants are our hard working and represent, basically, a huge economic resource. A recent study showed that over the next decade, migrants are worth basically about $7 trillion worth of economic development for the country. So, we can do the right thing by way of, you know, human rights, asylum laws, but the right thing for this country as well, by offloading the drivers that are causing the crisis and by expeditiously processing migrants so that they can go to work and become contributing, vibrant members of our communities.

    Jorge Majfud: My last question. Very recently, Mr. Trump have said: “if you want to eliminate Israel, then we don’t want you in our country.” On August 14, you published an open letter stating: “The only way to end this madness is to break free from the twin parties of war and Wall Street and vote Green… to end this genocide and forge a new path rooted in justice for Palestine.” On August 15, Trump blamed “our left-wing media institutions” for the rise of antisemitism.

    It looks like we cannot discuss moral values and Human Rights outside the ideological box. Antisemitism, historically associated with extreme right-wing groups, has been on the rise due to a neo-Nazi revival in both the USA and Europe, even before the recent conflict in Gaza. But Mr. Trump blamed “a certain candidate for the president of the United States, which is hard to believe in our colleges and universities…” I think he was talking about you. Who else? Not Ms. Harris, for sure.

    How do you respond to these very easy and common accusations? How do you respond to this? Very easy common trap of identifying Zionism. It is Judaism and the antisemitism with anti-Semitism for example. What is going on in Gaza and Palestine?

    Jill Stein: Yeah. Yeah. So that’s a common mistake. Take to think that, Zionism and Judaism are the same thing. They are not the same thing. Zionism was actually regarded with a lot of skepticism within the Jewish religion for a long time. It’s only recently that there’s been such a strong focus on Zionism. But Zionism is a political ideology. It is not a religion, and we have a duty, in this country, to look carefully at our wars and the wars that we are sponsoring.

    You know, I grew up in the Jewish community, attending a Reform synagogue right after the Holocaust, after the Second World War. And I, my community was coming to terms with the Holocaust, and we came to terms with that genocide by vowing that it would not happen again, not to anyone. In the community as I grew up, it’s not just the perpetrators of genocide that we held accountable. We held accountable the bystanders to genocide, the people who just looked the other way and let it happen, and we vowed that we would never do that.

    So, you know, to my mind that’s why I am active in fighting against this genocide in Gaza because it is a crime against humanity. It is a crime against all of us. This is not a religious conflict. Jews, Christians and Muslims. Lived in peace for millennia in Palestine, in Jerusalem. It was only with the arrival of the Zionists that conflict erupted, and that conflict was not just the Zionists against the Palestinians. It was also the Zionists against the Jews and the Zionists against the Christians as well.

    There’s a lot of just basic education that needs to take place. Right now, the National Archives of Israel only became available for public inspection and for historians to look at in the 1990s. Starting in the 1990s, there was a whole lot more awareness of what kind of happened, even before Israel was founded. The issue was essentially that Zionists were intent on claiming this land, which did not belong to them. There were other occupants there and having been the victims of a genocide doesn’t make it OK for you then to conduct a genocide yourself. So, this is a readily solved problem. It’s solved by international law and the International Court of Justice has had several rulings on this has, as has the United Nations. Over and over again, the genocide needs to, and the occupation needs to end. Israel needs to withdraw from Gaza and from the West Bank, which they’re also in the process of trying to appropriate now. And the apartheid government of Israel also needs to end, and the ethnic cleansing.

    This did not begin on October 7th. This has been the story since before the founding of the State of Israel. This began somewhere around 75 or 77 years ago. This is solved by international law and human rights to look the other way is to basically give a thumbs up to the torture and murder of children on an industrial scale. The issue is not, you know, of people like myself and most Americans, I must say 68 percent of Americans, according to a Reuters poll, who want an immediate end to the genocide. That is not anti-Semitic. To say that it’s antisemitic to object to genocide is like saying that Jews approve of genocide, and to my mind that is the most antisemitic thing that anyone could say.

    I feel like it’s being faithful to the highest principles not only of Judaism but of Islam, Christianity, and just plain Humanity to say that we cannot allow this absolutely senseless slaughter for no justification whatsoever to continue. It needs to be stopped and the rules of international law need to be abided by.

    We can make this happen with a simple. One call, Ronald Reagan did that when Israel had entered Lebanon pursuing the PLO, which was basically the Hamas of its day. It was the resistance force of its day, and thousands of people were being massacred in Lebanon, and Ronald Reagan picked up the phone and he told Menachem Begin, the current Prime Minister at that time to Israel that hat had to stop, that Israel had to withdraw its troops and had to end the missile strikes and the bombing. It was over that day. Dwight Eisenhower did the same thing. When Israel went into Egypt. We need to do the same thing right now. It’s as simple as a phone call. And if Israel and Netanyahu, who is a war criminal, will not comply, then the weapons are cut off.

    It’s actually against U.S. law right now to be providing weapons to countries that are violating human rights, that are interfering with the delivery of humanitarian aid and which are out of compliance with nuclear weapons treaties, which Israel is by having nuclear weapons in defiance of the Non-Proliferation Treaty.

    So based on three laws, it’s actually illegal for the United States to be providing military assistance to Israel right now. In fact it is illegal for us not to be doing that right now and on day one, our administration would do that immediately and ensure that this is a disaster not just for Gaza and Palestine. This is also a disaster for Israel, and Israel is mobilizing its neighbors against. People are leaving Israel by the droves. Its economy is a mess. Having a fascist state is not compatible with survival really for any country in this day and age.

    Israel needs to begin complying with international law. We can make that happen. We have the power to do that in the blink of an eye. Otherwise, we are normalizing the torture and murder of children on an industrial scale. We are making mincemeat of international law. We are not going to be top dog around the world for very much longer, so we ourselves need international law here in the US to ensure that we have, you know, we have a world that is. Survivable for all of us because, given the weapons that we have. Right now, not just us, but Russia and China and probably Iran too. There’s a lot of weapons out there that can transcend boundaries readily. We cannot feel that just because it’s over there, we’re safe. We are all in the target hairs. We are all being impoverished by this endless war machine, and we are all endangered by it as well. So, we need to step up to the plate and get with the program, start supporting international law instead of tearing it down. And that begins by ending the genocide in Gaza now.

    Jacksonville University. September 4, 2024.

    https://archive.org/details/jill-edit-1

    In Spanish for Latin America:

    Jill Stein: “Tenemos la mejor democracia que el dinero puede comprar”

    Jorge Majfud conversa con la candidata presidencial de EE.UU por el Partido Verde.

    El escritor uruguayo y académico conversó el pasado 4 de setiembre en el auditorio Terry Concert Hall de Jacsonville University con la tercera postulante a la presidencia de ese país. Las críticas sobre los ejes de la política local: sistema bipartidario, inmigración, economía, armas, política exterior, alineamiento con Israel.

    Página12, Argentina.

    Jorge Majfud: Jill, muchas gracias por aceptar nuestra invitación para venir a la Universidad de Jacksonville. No lo tenía planeado, pero tenemos que empezar con una muy mala noticia. Hace unos minutos nos enteramos de que hubo un nuevo tiroteo en una escuela. En Georgia, donde murieron cuatro personas, dos maestros y dos estudiantes. Esta es una historia sin fin que de alguna manera está relacionada con nuestra conversación de hoy, por ejemplo, sobre los lobbies. ¿Te gustaría comentar brevemente sobre esto?

    Jill Stein: Si, claro. La noticia sobre este nuevo tiroteo es devastadora, tanto por la pérdida de vidas humanas como por el hecho de que se trata de un niño de 14 años, quien ha perpetrado el tiroteo. Es una tragedia tras otra. Y el hecho de que esto sea tan cotidiano. Cada año son muchos tiroteos masivos. Los estadounidenses tienen sentimientos contradictorios. Muchos quieren un control de armas con sentido común.

    La segunda enmienda llegó para quedarse, al menos en un futuro previsible, pero el pueblo estadounidense quiere ver una reacción y muchos apoyan medidas como la prohibición de las armas de asalto, un programa de recompra voluntaria, períodos de espera, un incremento de la edad para comprarlas, terminar con el exhibicionismo de armas, leyes de alerta roja que se apliquen cuándo los propietarios de armas se encuentran en una situación muy peligrosa y en riesgo de dañar a otros o a sí mismos. Hay muchas cosas que podemos hacer para reducir la violencia armada dentro de los límites de la ley.

    Desafortunadamente, tenemos intereses muy poderosos, en este caso, el de la Asociación Nacional del Rifle. Hay muchos otros ejemplos de grupos de presión poderosos que básicamente compran su camino para actuar o, más comúnmente, para no actuar, para impedir la aprobación de leyes que son ampliamente apoyadas por la gente. Yo añadiría que no es sólo el poder de los lobistas sino la esencia misma de nuestro sistema político que se compra y se vende con grandes cantidades de dinero.

    Se ha demostrado que las leyes que se aprueban en el Congreso de Estados Unidos son aquellas que cuentan con el apoyo de intereses financieros muy poderosos. Hubo un estudio realizado en Northwestern y Princeton, tal vez hace 10 años, un estudio definitivo sobre décadas de políticas, que demostró muy claramente que existe una relación casi nula entre las prioridades públicas y lo que el Congreso realmente aprueba. Entonces, esta gran tragedia de la que estamos escuchando hoy, que es tan común y que podría reducirse en gran medida, es la regla y no la excepción en cuanto a cómo se aprueban o no las leyes y a quiénes sirven los políticos electos.

    Debo agregar que esto es parte de la razón por la que existe el Partido Verde y es por eso que personas como yo se postulan para un cargo público, fuera del sistema político del Big Money, para que podamos tener políticas que realmente satisfagan las necesidades y los intereses urgentes del pueblo estadounidense. Porque nosotros no aceptamos dinero corporativo, no usamos los súper paquetes (super PACs) que permiten a ciertos individuos invertir millones de dólares de manera ilimitada, algo que también se llama Dinero Oscuro. Así mismo, hay muchos fondos de las campañas electorales, los llamados “fondos de la victoria” (creo que comenzaron con la campaña de Hillary Clinton en 2016), los que permiten a un solo donante emitir un cheque de hasta un millón de dólares directamente a favor de una campaña presidencial, aunque las leyes, según la Comisión Federal Electoral, limitan las donaciones individuales a 3300 dólares por ciclo electoral. Esto no es una cantidad pequeña de dinero, pero es una cantidad insignificante en comparación con un millón de dólares; o más, si te acoges a un Super PAC.

    Tenemos la mejor democracia que el dinero puede comprar, que no es democracia en absoluto, lo que explica el hecho de que los políticos se están vendiendo directamente delante nuestros ojos y es habitual que los funcionarios electos acepten pedidos de sus grandes donantes, en lugar de ganarse la confianza del pueblo.

    JM: Mencionaste la Segunda Enmienda. La Constitución estadounidense es tan antigua que parece un texto religioso, expuesto a múltiples interpretaciones. En los años 30, la Corte Suprema tenía una interpretación completamente diferente a la actual sobre lo que significaba esa enmienda. Ese cambio se debe, básicamente, al lobby de la Asociación del Rifle que comenzó en los años 70. Es decir, es básicamente una cuestión de interpretación. Ni siquiera haría falta cambiar la constitución para regular estas cosas. En un aeropuerto, por ejemplo, no se aplica la Segunda Enmienda.

    Ahora, Jill, ¿cuál es la principal diferencia en esos aspectos entre los Partidos Gemelos (Demócrata y Republicano), entre el establishment y el Partido Verde? Aparte del dinero…

    JS: Bueno, pienso que la principal diferencia entre el Partido Verde y los partidos establecidos es el dinero. Es lo que mueve los hilos en el marco general. Por el otro lado, el resultado de esto es que los Verdes pueden abogar por satisfacer las necesidades realmente urgentes de la gente común y corriente. No estamos luchando por lo que quieren los lobbies, estamos luchando por lo que quiere la gente. ¿A qué me refiero con esto? Me refiero a cosas como la atención médica que debe ser un derecho humano para todos. Tenemos una crisis interminable en este país. A pesar de la aprobación de la Ley de Atención Médica Asequible (Affordable Care Act), la atención médica todavía no es asequible, está lejos de serlo.

    Alrededor de 60 millones de estadounidenses no tienen atención médica adecuada, no tienen seguro o no tienen un mínimo adecuado. Podríamos tener un sistema público como un Medicare ampliado y mejorado para todos, que cubra la salud mental, la salud dental, los lentes, la audición y las enfermedades crónicas… Todo esto debería estar cubierto por un Medicare para Todos. Actualmente, no lo está, a menos que millones de personas se quieren gastar hasta el último dólar para que su seguro cubra estos servicios. Si tienes enfermedades crónicas, es más difícil todavía. En la actualidad, cuando alguien recibe un diagnóstico de cáncer, las probabilidades de que en dos años esa persona gaste los ahorros de toda su vida son más del 40 por ciento. Incluso puede perder su casa, simplemente por curar su cáncer.

    Es por eso que los Verdes abogamos por una atención médica para todos como un derecho humano. Además, con un Medicare para Todos, nos ahorraríamos medio billón de dólares al año ya que, si hay un solo proveedor de seguros en lugar de cientos, la población ahorraría muchísimo dinero en burocracia. En estos momentos, necesitamos todo un ejército de burócratas sólo para determinar qué compañía de seguros te cubrirá, si te cubre o no todo lo que necesitas. Si alguien va a un hospital y necesita una aspirina, esta burocracia revisa si su compañía de seguros cubre la aspirina y, si es así, cuántas cubre. No estoy exagerando, es con este tipo de pesquisas que actualmente estamos gastando uno de cada tres dólares de atención médica solo en burocracia.

    Medicare para Todos eliminaría todo eso y bajaría los gastos generales de un 30 por ciento a un 3 por ciento. Al eliminar estos gastos administrativos, podemos ampliar la cobertura de atención médica y todavía nos sobra medio billón de dólares. Así que, esta es una de las principales cuestiones para el Partido Verde.

    Otra son las guerras sin fin. En estos momentos la mitad de cada dólar del Congreso se está gastando en la máquina de las guerras infinitas. Se trata, pues, de un billón de dólares al año. Nosotros abogamos por recortar ese porcentaje al menos en un 50 por ciento. En la actualidad, Estados Unidos gasta más que los siguientes diez compradores de armas juntos. ¿Qué nos aporta todo eso? Nos aporta muchas intervenciones militares.

    Según el Servicio de Investigación del Congreso, en los últimos 30 años enviamos nuestro ejército 250 veces a intervenciones militares. Estos son trillones de dólares que nos estamos gastando en guerra tras guerra y que no hacen del mundo un lugar más seguro, ni nos hace más seguros a nosotros. Nos involucramos en todo tipo de conflictos en los que no deberíamos estar, así que ese es otro punto en el que diferimos. Abogamos por recortar el presupuesto militar, tener una política de defensa en lugar de una política ofensiva y destinar esos dólares a una seguridad real aquí en casa y a una mejor atención médica, a una mejor en la educación.

    Debo mencionar que también luchamos por una educación superior pública y gratuita como otro Derecho Humano. Lo teníamos en mi época, cuando la educación superior publica era gratuita o casi gratuita. Exigimos que se rescate a los estudiantes que se enfrentan a préstamos estudiantiles prácticamente impagables. Exigimos que estos préstamos se paguen en concepto de una inversión pública importante para liberar la increíble productividad de nuestra economía. Sabemos que por cada dólar que gastamos en educación superior, regresan a la economía siete dólares.

    Digo esto solo por mencionar algunas de los temas de los que nos ocupamos los Verdes aparte de nuestras políticas medioambientales. También hacemos un llamado de atención sobre el serio problema con el acceso al a vivienda. Tenemos una crisis inmobiliaria en este país, donde la mitad de todos los inquilinos gastan entre el 30 y el 50 por ciento de sus ingresos. La gente se encuentra en graves dificultades económicas para no perder sus casas. Exigimos un control de los alquileres a nivel federal. Exigimos que se ponga fin al poder del capital privado, de los poderosos private equity (capitales de inversión), que pueden comprar viviendas y mantenerlas vacías sólo para aumentar el costo y reducir la oferta de viviendas. También exigimos regular los derechos de los inquilinos mediante un decreto para que no se los pueda desalojar simplemente porque el propietario quiere aumentar el alquiler a su antojo. Po otro lado, reclamamos la construcción de viviendas sociales. En la administración Clinton, se aprobó un proyecto de ley llamado la Enmienda Faircloth, la que acabó con los fondos públicos para la construcción de viviendas sociales. Básicamente, la vivienda pública institucional fue liquidada, permitiendo que las viviendas sociales se degradaran durante las décadas siguientes, por lo que hoy en día hay muy poca vivienda pública y si existe es de muy mala calidad.

    Por lo tanto, exigimos invertir nuevamente en vivienda pública como un bien social. La vivienda es un Derecho Humano igual que la atención sanitaria. No se puede permitir que el capital se aproveche hasta convertir la vivienda en algo absolutamente inasequible creando la crisis que tenemos hoy en día. Calculamos que una inversión razonable serían 15 millones de unidades de vivienda pública asequible de buena calidad y de acuerdo con unos principios ecológicos integrales, lo que significa que serían muy eficientes en su uso de energía, contarían con transporte público para que no sumen a los problemas actuales de expansión urbana, a la contaminación y congestión del tráfico, etc. Así también protegeremos los espacios naturales a través de la concentración de viviendas que incluyan espacios verdes como un componente esencial de las comunidades y viviendas saludables. Las personas son mucho más saludables si tienen acceso a espacios verdes y espacios recreativos.

    JM: Tenemos un problema estructural en el sistema electoral, el cual es muy indirecto y se basa en una herencia de la esclavitud. Estados como Texas, California y Nueva York requieren el doble de votos que Alaska o Mississippi por cada elector, lo que socava el principio democrático de “una persona, un voto”. Además, cada estado, independientemente de su población, elige dos senadores, por lo que estados escasamente poblados como Alaska, con menos de un millón de habitantes, tienen la misma representación en el Senado que estados poblados como California, donde viven casi 40 millones de personas.

    Ahora, el verdadero partido alternativo es el Partido Abstencionista, con alrededor de 80 millones de votantes elegibles que no participaron en las elecciones de 2020. En esas elecciones, Biden recibió 81 millones de votos. Muchos sienten que su voto no importa en los llamados Estados Azules (Blue States). Por ejemplo, en California, Biden obtuvo 11 millones de votos frente a los 6 millones de Trump. Incluso si entre 3 y 5 millones de personas votaran por un partido alternativo, eso no cambiaría la distribución del electorado debido al sistema El ganador se lo lleva todo” (The Winner takes it All).

    ¿Qué tan difícil ves cambiar este viejo sistema para hacerlo más democrático?

    Stein: Gran punto. ¿Cómo creamos un sistema democrático real? Hay muchas cosas en nuestro sistema actual que más bien son antidemocráticos. Y esto incluye no sólo a los colegios electorales sino también al sistema mayoritario uninominal que otorga todos los votos electorales a cualquier candidato que obtenga la mayor parte de los votos populares y no necesariamente tiene que ser la mayoría. Es la “ley de acceso a las boletas” (Ballot Access Law) lo que hace que sea muy difícil, por diseño, que otras opciones aparezcan en la boleta de votación. Actualmente la gente está comenzando a reclamar más opciones. Vemos esto en cada encuesta que se publica. Una, realizada por Gallup le pregunta a la gente cada año: ¿Está usted satisfecho con el sistema bipartidista o ve la necesidad de otra opción? Y ese número va subiendo cada año. Actualmente, el 63 por ciento de los estadounidenses dice: “Sí, realmente necesitamos otro partido político alternativo porque los dos que tenemos están haciendo un trabajo muy malo y no responden al interés público.”

    Hay muchas cosas que contribuyen a la crisis de la democracia. La dificultad que tiene un Tercer Partido para llegar a las urnas forma parte de esta crisis. Tal vez viste alguna noticias recientemente sobre los juicios contra nuestro acceso a las mesas de votación. Estamos luchando para ofrecer otra opción en estas elecciones, una opción que sea contra la guerra, contra el genocidio, a favor de los trabajadores, y que aborde la emergencia climática, cosas que las campañas de los partidos tradicionales no hablan.

    Estamos luchando para entrar en los debates públicos organizados por las grandes cadenas de televisión. Si lo dejamos sólo a los dos actores principales, ellos no van a decir una palabra sobre el genocidio, sobre la interminable maquinaria de la guerra que también nos está robando a ciegas, sobre la crisis climática. No los oímos hablar de eso, para nada. Los demócratas, en particular, afirman que han resuelto el problema, pero no lo están resolviendo y podemos hablar de esto más adelante con más detalle. Al mismo tiempo que afirman ser partidarios de la protección del clima, sabemos, por ejemplo, que tanto Joe Biden como Barak Obama batieron todos los récords de emisiones y exportaciones de combustibles fósiles y convirtieron a Estados Unidos en el principal productor de combustibles fósiles. Pues no. No funciona así.

    En realidad, al clima no le importa las energías renovables. Al clima le importa la producción de los combustibles fósiles. Los Demócratas han tratado este asunto igual de mal que los Republicanos. De hecho, han superados a los Republicanos, tanto por la extracción en terrenos públicos como por la venta de terrenos públicos con el propósito de ser usados para la explotación de combustibles fósiles. Eso es porque estamos luchando para estar en las urnas para que la gente tenga una alternativa.

    Bueno, estábamos hablando de la crisis de nuestra democracia en nuestro sistema y una cosa que todavía no he mencionado es el rol del dinero en la política que está completamente fuera de control. Tal vez viste la Convención de los Demócratas hace poco, la que fue cubierta por Chris Cuomo, de News Nation

    JM: Sí, la vi. Cuomo mencionó las suites que estaban en el anillo superior del estadio de los Chicabo Bulls, las que costaban entre 500.000 y 5 millones de dólares cada una.

    JS: ¡Cada una!

    JM: Esos son los donantes de los partidos Demócratas y Republicanos. Mientras, Kamala Harris estaba hablando de ponerle límites a los ricos y gravar con impuestos sus ganancia. Supongo que se estaban riendo…

    En relación a los partidos alternativos, el New York Times ha publicado hoy un informe que muestra que en las elecciones locales en Estados Unidos había en más de la mayoría de los casos sólo un candidato en las boletas, en su mayoría de los Republicanos, en Estados como Missouri. Esto también tiene que ver con la plutocracia, la que tiene un impacto en la historia de la democracia de este país.

    Los grandes conglomerados que se crearon después de la guerra civil continuaron con el legado de las corporaciones esclavistas. En 1888 Christian Rutherford Hayes se quejó: “El gran problema es la riqueza inmensa y el poder en manos de unos pocos. Cientos de leyes del Congreso son aprobados a favor de estas personas y en contra de la clase trabajadora. Esto ya no es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo, sino el gobierno de las corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones”. Esta cita es del año 1888.

    Según una investigación del US Today en 2016, miles de leyes (mencionaron más de 10.000 de los cuales 2000 fueron aprobados) eran un “copy and paste” de textos que los congresistas recibieron de las grandes corporaciones. Es una prueba más de corrupción legalizada.

    Es como que la democracia política se encuentra atrapada en una dictadura económica. Yo veo que, en estas condiciones, debido a la estructura del sistema electoral y por la falta de fondos, es muy difícil que un partido alternativo pueda cambiar esta realidad.

    Cómo crees que sería posible un cambio, desde un punto de vista práctico?

    JS: Bueno, esa es la pregunta del millón. ¿Cómo podemos cambiar un sistema tan cerrado. Una prueba de lo difícil que es cambiar algo en este sistema es que el partido demócrata anunció en marzo 2024 que habían contratado un ejército de abogados para quitarse encima competidores como yo misma en la urnas. Contratan a abogados para ejercer una guerra legal (lawfare) con cerramientos técnicos, desafiando el espíritu de las leyes y encontrando pequeñas puertas traseras para terminar con la competencia. Estos es un comportamiento extremamente antidemocrático desde el principio al fin. Pero ni siguiera pararon allí. Nos bloquearon en tres estados, pero fallaron dado que hemos sido capaces de combatirles en los juzgados y ganamos las demandas en esos tres estados. Así mismo, empezaron a publicar anuncios para contratar infiltrados y espías que hackeasen nuestro acceso a los boletas. También secuestraron el poco dinero público que nos correspondía, ese dinero que los candidatos no tienen para no vender sus almas al mejor postor.

    Nosotros eramos uno de los pocos partidos que realmente utilizábamos estos fondos. Ahora, desde hace dos meses, nos deben unos 300.000 dólares de estos fondos, pero encontraron una excusa técnica para no dárnoslo. Es probable que lo vamos a recibir en las próximas semanas pero el objetivo era claramente bloquearlos para que se nos hiciera todavía más duro seguir en la carrera electoral. Esto es el partido Demócrata.

    Déjame contarte una cosa más. En 2022 se hicieron pasar por el Partido Verde y llamaron a mucha gente que había firmado una petición de uno de nuestros candidatos que se postulaba a nivel federal en la carrera al senado en Carolina del Norte. Llamaron a esa gente y les dijeron que eran el Partido Verde. Eran infiltrados de los Demócratas. Querían que la gente se quitara de la petición porque no querían que nuestro candidatos continuara en carrera. Por suerte pudimos grabar una de estas llamadas, les denunciamos y el Partido Demócrata fue declarado culpable. No lo llamaron por su nombre, que es interferencia fraudulenta en unas elecciones. Como no se llama interferencia en las elecciones cuando un partido se hace pasar por otro y pretende representar de manera fraudulenta a otro partido para sacar a ciertos candidatos de la carrera electoral.

    Así que sólo quiero recordarles (porque la gente siempre habla de los Republicanos y como interfieren en los procesos electorales) que los Demócratas también lo hacen, y lo hacen antes de las elecciones sin ninguna vergüenza. No tenemos que esperar a Donald Trump para llegar al fascismo. El fascismo ya lo tenemos instalado.  

    Ahora, volviendo a tu pregunta. ¿Cómo podemos resolver este problema cuando ellos están en el poder y controlan los medios? Bueno, afortunadamente no tienen un control perfecto. No tienen el control sobre todas las redes sociales. Tal como dijiste, en el año 2020 uno de cada 3 votantes no votó porque no compraron lo que los candidatos les quisieron vender. En 2016 los números de votantes que se abstuvieron fue todavía más alto, alrededor de 42 por ciento. Es decir, los estadounidenses no están conformes con lo que hay y están buscando otras opciones. La pregunta es cuándo llegamos al punto de no retorno, porque ahora mismo la gente está sufriendo una gran disparidad económica y racial. Toda una generación se ha quedado a las puertas de la supervivencia. Encuestas recientes muestran que de los jóvenes hasta 25 años, la mitad dice que no tienen esperanza para el futuro. Un cuarto dice que contemplan la opción de atentar contra ellos mismos dentro de las próximas dos semanas.

    Está claro que las cosas no van bien cuando tienes dos partidos mayoritarios que han sido comprados por la maquinaria de la guerra, por Wall Street, por las compañías de seguros, por las farmacéuticas. Cuando son ellos quienes se encargan del show, no tienen en cuenta a la gente común. Y la gente común claramente ha llegado a sus límites. El 60 por ciento de los estadounidenses viven de sus pagos mes a mes y, obviamente, no están conformes con esto.

    Para muchos votantes, el genocidio en Palestina es una línea roja y dicen que no van a dar su voto a ninguno de los dos partidos por esta razón. Ahora estamos viendo mucho interés del poder popular organizado que apoya la campana del Partido Verde y que surgiere que tal vez ya hemos llegado a este punto de no retorno. El genocidio en Gaza forma parte de ese tremendo aparato militar/industrial que nos roba y que nos priva incluso aquí de las cosas más básicas que necesitamos.

    Hace unos tres días se publicó una encuesta a votantes musulmanes que decían que yo estaba cabeza a cabeza con Kamala Harris, es decir que su voto se divide entre las dos candidatos. Esta es la primera vez que pasa y representa un caída enorme en el apoyo a los Demócratas. Los estadounidenses árabes y musulmanes se toman el genocidio muy en serio porque están muy cerca de lo que pasa en esta región. Los votantes estadounidenses en general también se sienten impactados por el despilfarro de nuestros impuestos por la maquinaria de las guerras sin fin y la falta de servicios de salud, vivienda y educación de calidad aquí mismo, cosas que países mucho más pobres que nosotros han solucionado mucho mejor que nosotros.

    Así que sólo quiero hacer hincapié que el nuestro es un objetivo en marcha. Citando a Frederick Douglass,  podemos decir que “el poder no concede nada si no se le exige”. Si no luchamos por nuestros derechos, no los vamos a conseguir nunca. La gente no puede dejarse intimidar de votar lo que quieren, sea la paz en Palestina o recortar el presupuesto militar para utilizarlo en educación. La gente siempre ha oído, “no votes por lo que necesitas; vota por donde está el poder”. La cuestión es si podemos romper con esto de una vez por todas.

    Alguna vez Alice Walker dijo que la mejor forma de perder el poder es pensar que no lo tenemos. Pero si sumas toda esa gente que quiere terminar el genocidio en Palestina ahora mismo o toda la gente que está atada a esa gran deuda que contrajeron solo por estudiar (en total, 44 millones) o la gente que no tiene un seguro de salud adecuado que son aproximadamente 60 millones, sólo con esto tendrías un cuórum suficiente para ganar las elecciones presidenciales.

    Así, en mi opinión, la respuesta a tu pregunta de cómo podemos romper este sistema es que necesitamos tener coraje, estar convencidos y cambiar el chip en nuestra propia mente que nos dice que tenemos ningún poder. Eso es lo que nos han contado siempre, pero podemos rebelarnos entender que sí tenemos un poder verdadero para hacer valer nuestras demandas y nuestros votos, ya sean en un cinco o en un 51 por ciento. Tenemos que comenzar a construir nuestro camino desde donde estamos y no dejarnos intimidar. El poder en una democracia son nuestros votos y sin hacer uso de ellos contribuiríamos a la abolición de la democracia.

    JM: Muchos esperamos el regreso de unos nuevos Años 60 (y su valentía antiguerra, anticolonialista y por los derechos civiles), pero durante los últimos 20 años nos hemos ido moviendo aún más hacia una nueva Edad Media. Ahora, desde un punto de vista todavía más consciente, sobre todo en el Partido Republicano con Trump y J.D. Vance, muchos parecen más dispuesta dar un vuelco a nuestras creencias democráticas, como la igualdad o los ideales de la Ilustración. Muchos conservadores entienden que debemos movernos hacia una Ilustración Oscura que elimina nuestra igual-libertad de expresión y la educación misma.

    En junio de 2021, el general Mark Milley respondió en el Congreso sobre la teoría crítica de la raza y la acusación de ser Woke: “He leído a Mao Zedong. He leído a Karl Marx. He leído a Lenin. Eso no me convierte en comunista”.

    En 2021-22, solo 11 personas fueron responsables de presentar el 60 por ciento de miles de impugnaciones de libros. Miles de libros fueron retirados de escuelas y bibliotecas. Incluso temas o palabras como homosexualidad o esclavitud han sido limitados, cuando no silenciados directamente. Para la libertad, el efecto más devastador no es solo la censura, sino la autocensura.

    El 2 de agosto, Rey Rodrigues (rector de la Junta de Gobernadores del Sistema Universitario Estatal de Florida) envió un correo electrónico a todas las universidades y colegios públicos de Florida para “revisar los recursos de los cursos relevantes, como los libros de texto… en busca de material antisemita y/o sesgo antiisraelí”.

    Gonsales escribió: “Todo curso que contenga las siguientes palabras clave: Israel, israelí, Palestina, palestino, Oriente Medio, sionismo, sionista, judaísmo, judío o judíos será marcado para su revisión”. Algunas personas y partidos ganan elecciones repitiendo libertad, libertad y libertad, pero una vez en el poder, practican prohibición, prohibición y censura.

    Jill ¿por qué este ataque abierto a la libertad académica? ¿Estamos pasando finalmente de hacer irrelevante la libertad de expresión (como durante la esclavitud) a censurarla directamente, en nombre de la libertad?

    JS: Es una pregunta muy buena. Existe un ataque a nuestra libertad académica y en la prohibición de ciertos libros e ideas. Las estadísticas al respecto son increíbles. Me dices que tan solo 11 personas son las responsables de censurar el 60% de los libros en los Estados Unidos. Eso es inaceptable, antidemocrático. Libros e ides son censuradas… Recordemos a Julian Assange y lo significó su caso. Recordemos todos los asaltos contra la libertad de expresión, y de protesta como el de los campus universitarios aquí y en el mundo. Hay una censura al discurso político también. Aquí, en Tampa, un movimiento suburbano fue acusado de ser “un agente extranjero” y es apenas un grupo de izquierda que critica la política exterior de los Estados Unidos. Esos activistas han sido amenazados con 15 años de prisión por expresar sus ideas. Lo mismo me ha pasado a mí. En 2016, por ser una candidata que estaba en contra de la guerra y del uso de armas nucleares, me acusaron de ser una “agente al servicio de Rusia”. Esa acusación era muy conveniente para Hillary Clinton y para el partido Demócrata, que querían sacarme del medio. Me hicieron investigar durante tres años por el comité de la Central de Inteligencia. Tuve que probar mi inocencia, lo cual es ridículo. Nadie debe probar su inocencia. Ellos tienen que probar que eres culpable.

    JM: Un nuevo Macartismo…

    JS: Exacto. Una nueva clase de macartismo, como el que está sucediendo hoy en día, por ejemplo en el partido Demócrata, que intenta parar de esa forma a sus oponentes. En estop se ha convertido la democracia. Por eso insisto en que no hay que esperar a que gane Trump para ver al fascismo instalarse en este país. Ya tenemos a nuestras policías locales siendo entrenadas por las fuerzas de defensa israelís a lo largo de todo el país, y los entrenan en tácticas abusivas. Actualmente, existen cerca de 80 ciudades como Atlanta, donde la policía está siendo entrenada de esta forma. También ha vuelto el reclutamiento. Si tienes hijos de entre 18 y 25 años, el Tío Sam en sus bases de datos sabe dónde están. Vivimos en una sociedad muy militarizada y el precio que pagamos es nuestra democracia, nuestro derecho a manifestarnos y nuestra libertad de expresión.

    La razón por la cual Julian Assange fue perseguido fue por denunciar crímenes de guerra, abusos, corrupción y torturas. Ese es el papel del periodismo. El periodismo no debería ser el perro guardián del poder. Por eso estamos en la carrera electoral, en los debates, en las discusiones, en los medios. Porque la base de nuestra democracia, de nuestra economía, de nuestro ambiente, están siendo subastados a nuestras espaldas al mejor postor.

    Estamos gobernados por una plutocracia, por los poquísimos que son extremadamente ricos, porque nuestro sistema político ha sido privatizado, y por eso la riqueza se concentra cada día más. Las tres personas más ricas de Estados Unidos, tiene más dinero que el 50 por ciento de su población.

    En palabras del fallecido juez de la Suprema Corte Louis Brandeis: tenemos que elegir entre una enorme concentración de la riqueza y la democracia” No podemos tener los dos y, desafortunadamente, hemos escogido la concentración de riqueza. De ahí eso de la corrupción legalizada. Ahora ¿cuándo vamos a tener una discusión real sobre esto? Eso no va a pasar con los dos partidos políticos que están protagonizando este espectáculo. Ellos no van a permitir que haya más voces o más partidos para que el pueblo tenga una oportunidad de luchar por sus propias causas.  

    JM: Jill, hablemos un poco de América Latina, para luego pasar brevemente a la problemática de la inmigración en Estados Unidos.

    Después de que Estados Unidos se apoderó de más de la mitad del territorio mexicano —desde Texas hasta California— para expandir la esclavitud donde antes era ilegal, la expansión se detuvo en el Río Grande. Esto se hizo para evitar incorporar áreas densamente pobladas por lo que los congresistas de la época consideraban «razas inferiores». En cambio, Estados Unidos estableció protectorados y bases militares en América Latina.

    En el siglo XIX, Washington llevó a cabo miles de intervenciones militares en América Latina para “enseñar a los negros a gobernarse a sí mismos”. Esto continuó hasta el siglo XX.

    Durante la Gran Depresión, Estados Unidos retiró a los marines de algunas “repúblicas bananeras”, pero dejó a sus psicópatas criollos en sus gobiernos, dictaduras que duraron muchas generaciones.

    Durante la Segunda Guerra Mundial, Washington descuidó a América Latina, por lo que esa región recuperó una docena de democracias. Sin embargo, recién nacida, la CIA reemplazó la palabra “negros” por “comunistas” en todos sus discursos. Una vez más, Washington envió tsunamis de dólares para financiar ejércitos y golpes de Estado en América Latina.

    En 1959, el senador John F. Kennedy dijo en el Congreso: “No creo que dar esta ayuda a América del Sur sea para fortalecerla contra la Unión Soviética… Es dinero tirado por el caño, en un sentido militar, pero en el sentido político esperamos que hagan un uso efectivo de él”.

    El presidente Nixon confirmó esa idea en 1970: “Nunca estaré de acuerdo con la política de desvalorización de las fuerzas armadas en América Latina. Son centros de poder sujetos a nuestra influencia. Los otros (los intelectuales) no están sujetos a nuestra influencia”.

    Para los años 70, ya se habían perdido una docena de democracias en América Latina, transformadas en sangrientas dictaduras militares (cuando no “democracias obedientes”), guardianes de la “libertad de empresa” de las corporaciones estadounidenses y sus cómplices, la oligarquía latinoamericana.

    Esta historia nunca terminó; hoy, se practica de otras maneras.

    Jill, Considerando esta larga historia, ¿cuál sería una política exterior del Partido Verde?

    JS: Sin duda nuestra política sería muy diferente. Desde la segunda guerra mundial la CIA ha realizado más de 75 operaciones secretas con el objetivo de cambiar gobiernos, como en Guatemala para evitar la reforma agraria, contra los intereses de las United Fruit Company, que tenía el monopolio mientras los campesinos pasaban hambre. Al mismo tiempo, Gran Bretaña y la CIA evitaron que el gobierno de Irán nacionalizara su petróleo. Así que derrocaron al presidente electo Mohammad Mosaddegh y en su lugar pusieron al Shah, un dictador cruel que estuvo durante muchos años hasta que la Revolución Islámica lo derrocó.

    Cuando Estados Unidos hace ese tipo de intervenciones, no solo hace un gran daño en esos países, sino que eso también tiene repercusiones en nuestro país. Debido a la inestabilidad mundial, se crearon estados fallidos, como Libia, donde aparecieron mercados de esclavos al aire libre tras las intervenciones de Estados Unidos y de la OTAN para derrocar y asesinar a Gadafi. Poco después tenemos migraciones masivas de millones de personas de esos países.

    El Partido Verde quiere cambiar ese modelo militarista de intervencionismo neocolonial por una política de derechos humanos. En lugar de imaginar un mundo dominado por el imperio de Estados Unidos, trabajaremos en favor de una comunidad de naciones, multipolar, donde prevalezcan la ley de las naciones.

    Estados Unidos ya no es la potencia dominante. No podemos seguir comportándonos como el matón de la escuela haciendo bullying a los otros. Este mundo monopolar no funciona para nadie. Ahora mismo tenemos tres zonas muy peligrosas, dos de ellas con conflictos militares (Ucrania e Israel) y el peligro de un conflicto con China, seguido de una guerra nuclear. Estamos todos en peligros debido a nuestra idea nociva del dominio imperial, debemos dejar eso atrás.

    JM: Los inmigrantes ilegales tienen tasas de criminalidad mucho más bajas que los ciudadanos estadounidenses a pesar de que tienen una cantidad desproporcionada de varones jóvenes. Aun así, cada vez que alguno de ellos comete un delito, inmediatamente aparece en los titulares y los políticos intensifican la criminalización de un amplio grupo que no puede votar y no tiene lobbies en el Congreso.

    No conocen el idioma ni las leyes, pero aun así logran encontrar empleos, que son cruciales para nuestra sociedad. A diferencia de los trabajos contratados por las grandes compañías en otros países, producen y consumen aquí y están listos para trabajar desde el primer día sin la inversión gubernamental de 12 o 20 años de educación y atención médica.

    Estamos en contra de la inmigración ilegal, pero también en contra de la criminalización de un grupo muy vulnerable. Por lo general, la gente pobre y desesperada toma préstamos de 10 o 15 mil dólares de un Coyote para venir aquí ilegalmente. ¿Por qué esto? Porque las leyes de inmigración de Estados Unidos odian a los trabajadores pobres. En una embajada de Estados Unidos, es mejor decir que eres una persona perezosa y lenta con una cuenta bancaria interesante que un trabajador esforzado si no quieres que te nieguen una visa. Además de todo esto, en proporción, Estados Unidos es uno de los países menos solidarios del mundo en la recepción de refugiados.

    ¿Cuál sería la política migratoria del Partido Verde?

    Lo más importante que podemos hacer para combatir la crisis inmigratoria, es dejar de causarla con nuestras intervenciones en otros países. Debemos empezar a respetar la soberanía de otros países. Debemos tratar el problema de uso de drogas como un problema de uso de drogas de salud y no como un problema policial. Por eso, desde el principio, legalizaríamos la marihuana y empezaríamos a estudiar la descriminalización de otras drogas para disminuir el poder de los carteles. También tomaríamos medidas económicas para favorecer a otros países para que su gente no tenga que emigrar. Recordemos que hemos derrocado dos gobiernos en Haití, obligando a bajar el salario mínimo y forzando a su gente a emigrar.

    También eliminaríamos las sanciones económicas contra Cuba, Venezuela y Nicaragua. Esas sanciones son ilegales y fuerzan a la gente de marcharse de sus países. En la frontera de México por ejemplo en lugar de levantar un muro, agilizaríamos los sistemas de identificación de las personas detectar criminales y permitir que los inmigrantes que quieran puedan tener papeles para trabajar. La inmensa mayoría de los inmigrantes son personas honestas y pacíficas. La mayor parte de los que entran la droga, por ejemplo, son estadounidenses, no inmigrantes . Los inmigrantes son una gran recurso económico y en la próxima década se calcula que pueden contribuir con siete billones de dólares a la economía de este país.

    JM: Trump afirmó que “si alguien quiere eliminar a Israel, entonces no los queremos en nuestro país”. El 15 de agosto, Trump culpó a “nuestras instituciones mediáticas de izquierda” por el aumento del antisemitismo.

    El antisemitismo, históricamente asociado con grupos de extrema derecha, ha estado en aumento debido a un resurgimiento neonazi tanto en Europa como en Estados Unidos, incluso antes del reciente conflicto en Gaza.

    Trump también culpó a “cierta candidata a la presidencia de los Estados Unidos, lo cual es difícil de creer en nuestras universidades…” Creo que estaba hablando de ti. ¿De quién más? No de la señora Harris, seguro. ¿Cómo respondes a estas acusaciones tan fáciles y comunes que confunden Sionismo y judaísmo? ¿Que nos puedes decir del IPAC, el lobby sionista?

    Un error muy común es confundir judaísmo con sionismo. El sionismo es una ideología política, no una religión. Yo crecí en una comunidad judía, iba a una sinagoga donde todo el mundo tenía claro que los judíos habían sufrido una holocausto y que eso no debería ocurrir nunca más a nadie. En esa comunidad teníamos claro que también eran culpables quienes miraron hacia otro lado y lo permitieron. Estop no es una conflicto religioso: en lo que es ahora Palestina vivieron en paz musulmanes, judíos y cristianos, hasta que llegaron los sionistas y empezaron a tener problemas no solo con los Palestinos sino con musulmanes y cristianos.

    Hasta los 90s no se permitió el acceso a los archivos nacionales de Israel y fue solo que entonces supimos con más claridad qué paso antes de la fundación de Israel. El sionismo quiso quedarse con una tierra en la que ya había otras personas a través de una limpieza étnica. El hecho de haber sido víctimas de un genocidio no les habilita a cometer un genocidio ellos mismos.

    El genocidio tiene que parar, el estado separatista de Israel debe retirarse de Gaza y de Cisjordania, en este momento en el proceso de ser ocupada también. La limpieza étnica y el apartheid de Israel también deben terminarse. Esta historia no comenzó el 7 de octubre sino años antes de la fundación de Israel hace 77 años. Se debe cumplir con la Ley Internacional. Así lo exige la comunidad internacional, la Corte Penal Internacional y las Naciones Unidas. Mirar para otro lado es aprobar la tortura y el asesinato de hombres, mujeres y niños a una escala industrial.

    Según las encuestas de Reuters, el 68 por ciento de los estadunidenses quieren un final inmediato al genocidio y eso no antisemitismo. Decir que exigir el fin del genocidio es ser antisemita, es una forma de antisemitismo. Estar contra el genocidio es una de las formas más altas no solo del judaísmo, del cristianismo y del islam, sino de la Humanidad.

    Esta matanza debe terminar. Eso se puede parar con una simple llamada de teléfono como hizo Reagan en el Líbano donde cientos de miles de personas se salvaron de ser masacradas durante la persecución de la Organización de Liberación de Palestina, algo así como el Hamas de la época. El primer ministro de Israel Menachem Begin tuvo que detener el bombardeo del Líbano y retirar sus tropas. Eisenhower hizo lo mismo cuando Israel invadió Egipto y ahora debemos hacer lo mismo para que Netanyahu, que es un criminal de guerra, haga lo mismo. Si no lo hace, se les corta la provisión de armas. Sin embargo, se le están dando más armas lo cual es contrario a las mismas leyes de Estados Unidos proveer armas a países que violan los Derechos Humanos, que bloquea la ayuda humanitaria incluso aquellos que no cumplen con los tratados de control de armas nucleares, como es el caso de Israel no es signatario del Tratado de No Proliferación de Armas Nucleares. Por eso la ayuda de Estados Unidos a Israel es ilegal y debería terminar, ya mismo.

    Nosotros aplicaríamos la ley el primer día de nuestro gobierno para terminar con esta tragedia. Israel debe cumplir con la ley internacional y nosotros tenemos el poder de pararlo. Un estado fascista no es compatible con la ley internacional. No podemos normalizar la tortura y asesinato de niños a escala industrial.

    Todos estamos amenazados por esta maquinaria de guerra que existe en el mundo entero y que debería empezar por detener el genocidio en Gaza ahora mismo. Por otro lado, es necesario reducir la carrera armamentística en el mundo. Nadie está seguro en este mundo. Estamos todos implicados y empobrecidos por esta maquinaria de la guerra.

    El poder, el gran narrador

    En el otoño del 2003, volvía de mis clases en la University of Georgia caminando al pequeño estudio que alquilaba con mi esposa en un apartamento de 190 Baxter Dr. No sin ironía, UGA nos había rescatado de la crisis neoliberal en América del Sur. Cubría todos mis estudios de posgrado al tiempo que me pagaba un salario de subsistencia para dar unas clases muy básicas a los nuevos estudiantes.

    Por unos años vivimos en un estudio mínimo, durmiendo en el piso, comiendo enlatados y sin usar el aire acondicionado para no pasarnos del presupuesto. Con todo, fueron años felices. Casi tan felices como en Mozambique en 1997 o cuando le dimos la vuelta al mundo en nueve meses como estudiantes de arquitectura en 1995, gracias a la cooperativa estudiantil de Viajes de fin de carrera de la Facultad de Arquitectura de Uruguay, la que debe estar por cumplir sus 75 años de tradición. Todo, siempre sin contar con una cuenta bancaria. “¿Cómo el hijo de un carpintero puede visitar treinta países en solo un año”, me preguntaron los guardias que me interrogaron por una hora en el aeropuerto de Tel Aviv, en octubre de 1995, con destino a Roma y poco antes del asesinato de Yitzhak Rabin―como siempre, estaban buscando en el lugar equivocado.

    Solía caminar los cuarenta minutos de regreso al estudio a las 7:00 de la noche, a veces bajo la lluvia. Como nunca había estudiado inglés, caminaba prendido a una radio que no siempre entendía.

    ―¿Por qué no pides un préstamo y te compras un auto ―insistían mis colegas.

    ―¿Para qué endeudarme, si puedo caminar? ―era mi respuesta.

    Caminaba con una radio de bolsillo que había comprado en un Dollar Tree por un dólar. Diferente a los medios escritos, todos los programas de radio eran ultraconservadores, como los de Rush Limbaugh. Todos tenían el mismo tono de los pastores en sus escenarios eclesiásticos, como el pastor de una iglesia al que a veces íbamos con mi esposa porque su esposa solía invitarnos a conocer otros hispanos, la mayoría ilegales. Dejé de ir cuando el pastor nos invitó a cazar ciervos con unos rifles que me provocaban repugnancia.

    Recuerdo la defensa que entonces se le hacía en uno de esos programas radiales un representante del Estado de Georgia para “prohibir la enseñanza de teorías en lugar de hechos”. Publiqué algunos artículos sobre este momento en el diario Milenio de México antes que decidieran (luego de diez años de colaboraciones semanales) borrarme por completo y sin ninguna explicación, disculpa o agradecimiento.

    El representante de Georgia calificaba de teoría a la Teoría de la evolución. Si se llama teoría, es teoría, como Nazi (Nacional Socialismo) es socialismo y el repollo nace del rehuevo. El creacionismo y el (por entonces) más reciente Diseño inteligente (apoyado por George Bush) no eran teorías sino hechos, registrados en la Biblia. La idea de que un texto debe ser interpretado en su contexto no entraba en la ecuación, menos cuando franceses ateos (por entonces estaba de moda Derrida en las universidades) revindicaban la muerte del autor, la libertad de cualquier interpretación y hasta el vacío mismo de un texto. Escribí algo que todavía me parece obvio: el lector puede entender lo que quiera de un texto, pero el sentido de la escritura es limitar la libertad de interpretación (ver La narrativa de lo invisible).

    Segunda obviedad: toda creencia es una teoría también. La diferencia entre la Teoría de la Creación en siete días y la Teoría de la Evolución es que una no necesita datos, ni hechos, ni nada más que fe.

    Ahora permítanme saltar veinte años gardelianos para intentar comprender el problema desde un punto de vista menos epistemológico y más psicológico, que es el que importa en la dinámica social, política, mediática.

    Suelo iniciar muchas de mis clases en Jacksonville University con la presentación de un estudiante, para ver cómo entienden los jóvenes un tema y para no condicionarlos de entrada con lo que, supuestamente, sé o entiendo yo sobre el mismo. De todas formas, ellos saben desde el primer día cómo pienso sobre determinados temas globales. Se los aviso como obligación de honestidad: “Muchachos, no esperen de mí ninguna neutralidad. Vivir en una sociedad es estar comprometido con determinados valores, lo que significa que para mí algunas cosas están bien y otras mal. Lo mismo cualquiera de ustedes.

    Eso no quiere decir que los hechos no existan independientemente de las opiniones personales, sino que cada hecho es siempre interpretado por alguien. (Por otra parte, así les doy la oportunidad a algunos que no resisten una perspectiva diferente a que abandonen el curso a tiempo y busquen algo que les confirme en su fe, como en sus iglesias.)

    En la primavera de 2024 estuvimos discutiendo el caso de Operación Sinsonte (Operation Mockingbird, organizada por la CIA para crear opinión en todo el hemisferio) y las diferentes formas de manipulación de los hechos a través de las narrativas sociales. Uno de mis puntos resistidos por los estudiantes consistía en la idea de que un individuo es siempre vulnerable a creer, a aceptar como hecho aquella afirmación que procede de la autoridad que presentara los hechos con obviedad.

    No hubo acuerdo, lo cual está bien. La clase continuó con la presentación del día, a cargo de una estudiante. Me fui al fondo del salón para escuchar. A un costado, observé que uno de los estudiantes comenzaba a dormirse. Unos minutos después, estaba completamente knockout. Cuando terminó la presentación de Ingrid y luego de los aplausos de sus compañeros, noté que Christian no se despertaba. Algunos de mis estudiantes compiten en atletismo se levantan a las cuatro de la madrugada para ir al gimnasio o para hacer remo en el rio que está al borde del campus. Aproveché para poner dos sillas sobre la mesa en la que dormía, con el silencio cómplice de sus compañeros.

    Christian se despertó quince o veinte minutos más tarde. Cuando despertó, comenzó a bajar las sillas con discreción.

    ―Christian, ¿por qué has puesto las sillas sobre la mesa? ―pregunté.

    Christian dudó un momento y dijo:

    ―Es que quería tener un poco de privacidad.

    ―No vuelvas a poner la sillas sobre la mesa ―le dije―. Es una fata de respeto.

    ―Lo siento, profesor ―dijo Christian―. Le aseguro que no volverá a pasar.

    El salón se llenó de un silencio tenso. Ni risas ni protestas, hasta que le aclaré a Christian lo que realmente había pasado y que todos sus compañeros sabían. Él había aceptado sin cuestionar un hecho establecido por la autoridad, en este caso, el profesor.

    Cuando terminó la clase, Christian fue el último en irse.

    ―Discúlpame ―le dije―. No era mi intención hacerte sentir mal, sino ilustrar nuestra discusión anterior.

    ―Por el contrario, profesor ―dijo Christian―. You blow my mind. No he podido dejar de pensar que eso mismo es lo que hacemos todos los días…

    En fin, pensé, qué buena la actitud de Christian.

    No estaba tan seguro si el resto de la sociedad lo podía entender de la misma manera.

    jorge majfud, agoto 6 2024

    https://www.pagina12.com.ar/760263-el-poder-el-gran-narrador

    https://esferacomunicacional.ar/el-poder-el-gran-narrador/