El 16 de diciembre de 2025, en su búsqueda para remover al presidente de Venezuela, Nicolás Maduro, el presidente Donald Trump firmó un decreto determinando que el fentanilo es una “arma de destrucción masiva”. El mismo objetivo del presidente George Bush para remover a Sadam Hussein de Irak, el petróleo. La misma excusa, las Armas de Destrucción Masiva. La misma solución de James Pol para robarle Texas y el resto de los estados de Oeste a México: simplemente cambia el lenguaje, cierra los ojos y cree. La realidad tendrá que adaptarse a nuestra fantasía.
Al día siguiente de la inesperada derrota de Martin Van Buren a manos de James Polk en la interna del partido Demócrata, el 6 de junio de 1944, el Congreso estadounidense desestimó la anexión de Texas por 16 votos a favor y 36 en contra. “Ha vencido la sensatez”, se dijo en los pasillos. La prensa aseguró que el candidato del partido Whig, Henry Clay, más ambiguo con el tema de Texas y la esclavitud, “sólo tiene que caminar hacia la Casa Blanca”.
Pero James Polk olió una estrategia que dará vuelta todos los debates sobre Texas y la esclavitud que dominan la política ese año. En lugar de seguir discutiendo sobre la anexión,comienza a hablar de re-anexión de Texas. Polk no es un hombre religioso, pero su esposa Sarah lo ha obligado a presentarse como devoto. Más importante que eso: Polk es parte de una cultura de la fe donde más importante que la evidencia es lo que uno cree, y si lo que uno cree contradice la evidencia más clara, más mérito tiene el que cree. ¿Un río no se puede parir en dos? Pues, solo se parte para quienes cierran los ojos y creen que se puede partir a fuerza de creer. La palabra religiosa no tiene ningún compromiso con la realidad y también en política valen más que los hechos, por lo cual la batalla más importante es la batalla dialéctica. Las palabras crean el pasado y fuerzan el futuro. Las palabras crean la realidad como Dios creó el mundo a partir del verbo. A pesar de su desinterés por Dios, aparte de sus propias ambiciones y su escasa preparación, estos son todos los instrumentos intelectuales desde los cuales el presidente Polk y sus gobernados ven la realidad.
La idea de comenzar a hablar de re-anexión de Texas, como siempre, no es suya, sino del senador de Mississippi Robert J. Walker. Según el senador, Texas ya estaba incluida en la compra de Luisiana. Luisiana había sido comprada al imperio francés porque el gigante territorio poblado de millones de indios no valía un cobre comparado con la pequeña colonia de Haití. Como siempre, las naciones indígenas no fueron invitadas a la negociación de Luisiana, pero tampoco el imperio español, por lo que difícilmente Texas hubiese estado incluido en el contrato de venta con los franceses. De hecho, luego de cerrado el negocio con Napoleón Bonaparte en 1804, los límites de estos territorios habían sido definidos y pactados con extrema claridad por el tratado Adams-Onís, firmado por el presidente John Quincy Adams y el representante del imperio español en 1819. Este tratado definía el río Sabine, futuro límite entre los estados de Luisiana y Texas, como el límite de los territorios adquiridos a Francia. Por entonces, España se había demorado en firmar el tratado, por lo cual el 14 de mayo de 1820 Thomas Jefferson le escribió al presidente James Monroe: “no puedo lamentarme de que España no haya firmado el acuerdo, ya que creo que un día Texas será uno de los estados más ricos de nuestra Unión”. El padre intelectual de la democracia estadounidense, Thomas Jefferson, morirá el 4 de julio de 1826, lamentándose que su mayor enemigo personal, el también expresidente John Adams, iba a vivir más que él. John Adams murió lamentándose de lo mismo, el mismo 4 de julio de 1826 mientras se celebraba el Día de la Independencia. La paranoia del poder es así de vana y ridícula.
Dos años después, España y Estados Unidos firmaron el acuerdo que fijaba el río Sabine como límite entre ambos imperios. En Washington decidieron aceptar los límites “por el momento”, ya que consideraban que Texas y Cuba debían ser anexados a la Unión. El 12 de enero de 1828, en la ciudad de México, México y Estados Unidos ratificaron por escrito los acuerdos limítrofes del tratado Adams-Onís. El 5 de abril de 1932, en Washington, los mismos países firmaron esta ratificación. El artículo segundo establecía en detalle los límites y sus coordenadas entre ambas naciones. Entre otros ríos, se mencionan el río Sabine, el río Roxo (Rojo) y el río Arkansas. Por si todos esto no fuese suficiente, se mencionó el mapa publicado en Filadelfia en 1818 como referencia.
Cuando Andrew Jackson se convirtió en presidente en 1829, instruyó a su secretario de Estado, Van Buren, para negociar la compra de Texas o, en caso contrario, correr la frontera reconocida por el tratado de 1819 llamando río Sabina al río Nueces. Ahora su discípulo y heredero, el presidente Polk, va más allá y confunde el río Nueces con el río Grande y olvida tratados firmados recientemente, como un pastor interpreta mandamientos bíblicos con mucha imaginación y en honor a la libertad. Todo por una causa altruista. Polk y sus promotores anuncian que ha llegado el momento de “expandir la libertad a otros territorios”. En la mira también están California, Oregón, Canadá, Cuba…
La guerra dialéctica entre esclavistas y antiesclavistas se intensifica en las elecciones más importantes de la historia de Estados Unidos. En la convención del partido Demócrata, los expansionistas observan que, si bien los cheroquis eran cristianos que sabían leer y escribir y algunos hasta habían aprendido a mantener algunos esclavos negros, era su raza lo que los hacía salvajes. Los diarios se burlan de su candidato a la presidencia. Se burlan también de su vice, Dallas. El New York Herald dice que nunca en la historia del país hubo un candidato más ridículo, falto de toda preparación y habilidad para el máximo cargo, que el señor James Polk. “¿Acaso los demócratas se han vuelto locos?” se preguntan, y aseguran que el triunfo de Henry Clay está por lo menos asegurado.
Por supuesto, la imaginación del poderoso pasará, una vez más, por encima de cualquier ley o cualquier acuerdo. El tratado Adams-Onís no valdrá el papel en el que está escrito y Texas será anexada en base a mejores interpretaciones. Medio siglo más tarde, el mismo tratado renacerá en una Corte para defender a sus violadores. En 1896, Texas, para entonces otro estado de la Unión, litigará en la Suprema Corte contra Oklahoma por la posesión del condado de Greer. Su defensa se centrará en el reconocimiento del tratado Adams-Onís firmado por Washington y Madrid en 1821 y ratificado con México en 1832, pocos años antes de haber sido ignorado para correr la frontera nacional desde el río Sabines al rio Nueces, primero, y hasta el río Grande después. Como Texas es un estado del país de las leyes, citará palabra por palabra el mismo tratado que medio siglo atrás Austin, Houston, Polk y el resto de Washington habían violado por medios diplomáticos, primero, y por la guerra después.
Jorge Majfud, diciembre 2025


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