Me voy un domingo a mi oficina para recoger unos documentos que me olvidé antes del receso de invierno y me encuentro con una colega en un pasillo que volvía de la sala de impresiones.
Nos saludamos al pasar.
“Hi, Emily” le digo (el nombre no es el real).
Ella se detiene un momento y piensa. Por alguna razón, en Estados Unidos, los colegas que se cruzan en sus caminos apurados siempre buscan en sus memorias algo que no se ha dicho por email.
Me responde con una sonrisa triste.
“Tu Jill Stein sacó menos de un millón de votos”, me dice. “Mi esposo la detestaba porque nos iba hacer perder contra Trump. Ahora que Trump arrasó nadie puede culparla a ella. Sólo nos queda lamentarnos de que todo va de mal en peor”.
“Ya te dije que los Demócratas habían cometido suicidio electoral en Gaza…”
“Pero éste es un psicópata, un convicto premiado…”
“Harris no iba a ser mucho mejor”, le digo, como consolándola.
Me mira aún más triste y me dice:
“You are lucky… Qué suerte tienes. Siempre estás peleando varias batallas al mismo tiempo…”
“No entiendo” le digo, “¿dónde está la surte?”.
“Es que tienes otros países donde invertir tus esperanzas”, me dice.
Entonces pensé: cierto, hoy se vota en el ballotage en Uruguay y tengo muchas esperanzas allí.
Jorge Majfud. 14/11/2024

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