Mantener la opinión pública dentro de ciertos márgenes es conveniente pero no una condición necesaria. Si la opinión de la gente contradice los intereses de las corporaciones, los políticos, deudores de fortunas en donaciones, favorecen a sus donantes. Luego la prensa se encargará de sermonear a la ciudadanía y convencerla de que fue por su propio bien. O simplemente la distraerá con alguna guerra, con alguna disputa sobre sexo y familia ajena o con programas de entretenimiento que aseguren una amnesia segura hasta las próximas elecciones.
En 2014, los profesores Martin Gilens de Princeton University y Benjamin I. Page de la University of Northwestern analizaron datos de más de 20 años de procesos legislativos para responder una pregunta muy simple: “¿El gobierno representa a la gente?” [i] En su exhaustivo estudio, encontraron que las leyes aprobadas en el Congreso de Estados Unidos ignoraban o iban en contra de la voluntad de la población ubicada en el 90 por ciento inferior en la escala de ingresos. En otras palabras, si en un tema político la gente fuera del diez por ciento más rico estaba a favor de una opción, los legisladores aprobaban la ley que iba en contra de esta opinión. El mismo estudio identificó los sectores más influyentes y sus donaciones: Farmacéuticas 2,16 mil millones de dólares; Energía, 2,93; Defensa 1,26; Finanzas 3,29; Agronegocios 1,21; Comunicaciones 3,50… “Solo en los últimos cinco años, las 200 empresas políticamente más activas de Estados Unidos gastaron 5,8 mil millones de dólares para influir en nuestro gobierno mediante contactos y a través de donaciones a las campañas de los políticos. Esas mismas empresas obtuvieron 4,4 billones de los impuestos, lo que significa un retorno de 750 veces su inversión. Ellos invierten miles de millones para influir en el gobierno de Estados Unidos y a cambio nosotros les damos billones”.[ii] El resto de las donaciones por parte de millonarios y corporaciones se destina a propaganda para consumo del pueblo y para lavar sus túnicas de ángeles de la guardia. Sturbucks, por ejemplo, realizó donaciones caritativas a los pobres en Kenia mientras era acusada de pagar salarios de miseria a los cultivadores de café. Lo mismo hizo Coca-Cola en Guatemala resistiendo los sindicatos azucareros. En un tweet del 23 de abril de 2023, Elon Musk presumió ante el escritor Stephen King: “He donado 100 millones de dólares a Ucrania, ¿cuánto has donado tú?” [iii]
Esta lógica no nace en Estados Unidos pero es aquí donde se desarrolla y se proyecta al resto del mundo. Bastará con considerar un solo ejemplo entre cientos. Al mismo tiempo que Washington endurecía el embargo y el discurso contra Cuba, los directivos de Disney enviaban a Henrry Kissinger a China para convencer al gobierno de darles un pase libre a su gigantesco mercado. Finalmente se llegó a un consenso: Disney iba a maximizar sus beneficios en China al tiempo que se comprometía a no producir algo que incomodase al gobierno comunista.[iv]
En la historia casi nada desaparece de un día para el otro, ni siquiera por una fulminante guerra mundial como la Segunda Guerra mundial o la conquista de las Américas contra las culturas y civilizaciones precolombinas. No por casualidad el auge de las corporaciones privadas surge al mismo tiempo que el sistema esclavista es abolido en las leyes. El 11 de marzo de 1889, el expresidente Rutherford Hayes ya denunciaba que el gobierno de Estados Unidos se había convertido en un instrumento de los millonarios y de las grandes corporaciones: “El dinero es poder. Es poder en el Congreso, en los Estados, en los ayuntamientos, en los tribunales, en las convenciones políticas, en la prensa, en las iglesias, en la educación—y la influencia del dinero es cada vez mayor (…) El problema radica en la gran riqueza y el poder en manos de unos pocos inescrupulosos que controlan los capitales. En el Congreso nacional y en las legislaturas estatales se aprueban cientos de leyes dictadas por el interés de estos hombres y en contra de los intereses de los trabajadores… Este no es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es un gobierno de las corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones”. Luego advirtió:“La riqueza excesiva en manos de unos pocos significa pobreza extrema, ignorancia, vicio y miseria de unos muchos… Si el pueblo estuviese debidamente informado, si pudiese entender cuál es el problema, seguramente buscaría la solución… Una solución sería, por ejemplo, poder aprobar leyes que regulen el poder de las corporaciones, de sus propiedades… de los impuestos que pagan”.[v]
Siguiendo la tradición de liberalismo económico-conservadurismo social, a fines del siglo XIX el sistema esclavista se continuó por el primer liberalismo y a pesar del segundo. Antes que cambiaran roles nuevamente en el próximo siglo, no fueron los liberales (económicos) sino los conservadores quienes se opusieron inicialmente al crecimiento y dominación de las corporaciones privadas, a lo que llamaron “retorno al feudalismo”. En su libro Rogue States Noam Chomsky lo resumió de la siguiente forma: “La crítica conservadora (y) John Dewey, el principal filósofo social de Estados Unidos, sostuvo que las formas democráticas tienen poca sustancia cuando ‘la vida del país’ (producción, comercio, medios) está gobernada por tiranías privadas en un sistema que llamó ‘feudalismo industrial’, en el que los trabajadores están subordinados al control gerencial, y la política se convierte en ‘la sombra proyectada por las grandes empresas sobre la sociedad’”. En realidad Dewey“estaba articulando ideas que eran moneda corriente entre los trabajadores desde hacía muchos. Lo mismo su llamamiento a la sustitución del feudalismo industrial por una democracia industrial autogestionada”.[vi]
Poco a poco las corporaciones comenzaron un proceso de metástasis de su ideología y su dogma al resto del poder político primero y de las creencias populares después. A principios del siglo XX, durante el período que los historiadores llaman La era progresista (1896 a 1917, sobre todo por los nuevos movimientos sociales y antiimperialistas) no fueron los políticos progresistas sino los conservadores quienes se opusieron a la decisión de la Crote Suprema de reconocer a las corporaciones como personas de derecho. Casi al mismo tiempo se creaba uno de sus brazos públicos, la Reserva Federal, sin el control del pueblo.
Algunos conservadores consideraron este paso como una vuelta al feudalismo medieval. En realidad, no sólo estaban en lo cierto en sus efectos sino en sus orígenes: la misma palabra corpus deriva del latín cuerpo y, durante la Edad Media, varias asociaciones de intereses eran reconocidas como personas con derechos. Entre ellas la iglesia. Pero las nuevas corporaciones imperiales, como la británica East Indian Company, se convirtieron en empresas privadas con personería jurídica.
[i] Gilens, M., & Page, B. I. (2014). “Testing theories of American politics: Elites, interest groups, and average citizens”. Perspectives on Politics, 12 (03), 564–581. doi.org/10.1017/s1537592714001595
[ii] Study: Congress literally doesn’t care what you think. (2014). Retrieved November 5, 2022, from Represent.Us website: https://act.represent.us/sign/problempoll-fba/
[iii] Twitter. 23 de abril de 2023. twitter.com/elonmusk/status/1650008972865224704
[iv] “At the Movies; Disney Hires Kissinger” (Published 1997). The New York Times. http://www.nytimes.com/1997/10/10/movies/at-the-movies-disney-hires-kissinger.html
[v] Nowlan, Robert A. The American Presidents From Polk to Hayes: What They Did, What They Said & What Was Said About Them. Outskirts P, 2016, p. 599.
[vi] Chomsky, Noam. Rogue States: The Rule of Force in World Affairs. United Kingdom, South End Press, 2000, p. 208.

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