Un atardecer de otoño de 1993, o de 1994, fui a una charla de Mario Benedetti en Montevideo, lo suficientemente cerca de mi cuarto de pensión en la Ciudad Vieja como para ir caminando. Era un instituto alemán, tal vez el Goethe, pero mi memoria no coincide con ninguna foto de ningún edificio que actualmente lleva esos nombres en Montevideo.
Era una casona antigua, típica de la Ciudad Vieja o del Centro, y los asistentes debíamos ser veinte o treinta admiradores del poeta que solíamos buscar sus libros a las once de la noche en las librerías de la vuelta. Varias veces debí elegir entre comprar uno de esos libros o comer al día siguiente. Mi récord, en 1994, fueron cinco días con dos dientes de ajo, la punta de una baguette y mucha agua.
Entre muchas cosas que dijo sobre la poesía y la política, recuerdo una frase que no he logrado encontrar en Internet aun, pero tal vez esté en algún rincón. La memoria digital es muy frágil, aunque presume de salvar documentos, como los milenarios papiros del antiguo Egipto.
Esa tarde noche, Mario dijo: “El mayor arma de los palestinos son los vientres de sus mujeres”.
Esta frase no me impresionó. No tomé nota. Nada. Sólo que nunca pude olvidarla.
Jorge Majfud, mayo 2, 2024.

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