Carta abierta a la Oficina en Washington para Asuntos Latinoamericanos (WOLA):

Los abajo firmantes manifestamos nuestra preocupación por la dirección que WOLA ha tomado con respecto a un posible conflicto bélico en América Latina. Esta carta es un intento de hacer reflexionar a WOLA sobre su apoyo a varias medidas e intentos por parte de la administración Trump para derrocar al gobierno de Venezuela.

Creemos que las acciones de la administración Trump para lograr un cambio de régimen político en Venezuela posee varias carencias de tipo moral, legal y político. Trump y sus principales funcionarios han amenazado, repetidamente, con iniciar una intervención bélica, acciones que tendrían un alto riesgo en términos de pérdida de vidas humanas, aparte de otras consecuencias imprevistas, como ocurre siempre con las guerras y la violencia política.

Por estas razones y por muchas otras más, WOLA debería oponerse a este esfuerzo intervencionista de manera inequívoca, al igual que los progresistas de todo el mundo se opusieron a la Guerra de Irak de 2003. Pero no lo ha hecho. Más bien, ha respaldado gran parte de estas medidas. Podemos tener diferentes opiniones sobre la política interna de Venezuela o sobre cómo los venezolanos pueden resolver sus diferencias. Pero no hay duda de que la operación ilegal de cambio de régimen de la administración Trump está empeorando enormemente esta situación y debe ser rechazada por todos los que se preocupan de verdad por la vida humana y por el derecho internacional.

Más peligrosa es aún la oposición de WOLA a las ofertas de mediación del Papa Francisco, así como a los gobiernos neutrales de México y Uruguay. WOLA se ha referido a estas ofertas, llamadas el Plan de Montevideo, como ineficientes. En su lugar, WOLA ha preferido el Grupo de Contacto Europeo, que está dominado por Washington y por los gobiernos aliados a sus esfuerzos ilegales de cambio de régimen y sanciones, como el único lugar legítimo para llevar a cabo cualquier negociación.

Como la administración Trump claramente no tiene ningún deseo de negociar, y lo ha declarado abiertamente, la decisión de WOLA implica que no habrá negociaciones reales hasta que los otros gobiernos del grupo (tanto europeos como latinoamericanos) estén dispuestos a romper con Washington. Esto no es imposible, pero es improbable por el momento. La elección de WOLA de un grupo negociador dominado por Trump, por lo tanto, ayuda a Trump y su equipo de extremistas (John Bolton, Marco Rubio y Elliott Abrams) a rechazar cualquier diálogo o la negociación.

WOLA rechaza, incluso, la participación de la ONU en las negociaciones, cuyo secretario general, Antonio Guterres, ha ofrecido, reconociendo que su papel debería limitarse a supervisar una transición. La ONU es el organismo internacional que más ha acumulado experiencia y conocimiento en la mediación de crisis domesticas e internacionales. Esto incluye la exitosa mediación en el fin de guerras civiles, aparentemente fueras de control, como, por ejemplo, fue el caso de El Salvador en la década de 1990. Esta experiencia, junto con la autoridad moral que tiene la ONU como el organismo internacional más representativo, significa que un proceso de mediación supervisado por ellos tendría mucha más legitimidad que uno liderado por el gobierno de Donald Trump y sus aliados políticos.

WOLA ha sido ambigua respecto a su respaldo o no de Juan Guaidó como “presidente interino de Venezuela”, una medida que automáticamente crea un embargo comercial, además del actual embargo financiero que ya sufre ese país. Esto se debe a que casi todas las divisas del país provienen de las exportaciones de petróleo, de las cuales alrededor del 75 por ciento de las se destinan a países que se han unido al reconocimiento de Trump de un gobierno paralelo y, por lo tanto, no es de esperar que le paguen al gobierno actual por sus compras de petróleo. (*)

Estas medidas privarán a la economía venezolana de miles de millones de dólares en divisas, lo cual acelerará el aumento de la tragedia que vive ese país (incluida la mortalidad infantil) por la falta de medicamentos y atención médica, así como el empeoramiento de la escasez de alimentos, un impacto que es ampliamente reconocido por todos. Esto es profundamente inmoral. También infringe el derecho internacional, incluido el Artículo 19 de la Carta de la OEA, la Carta de las Naciones Unidas y muchos otros tratados internacionales que los Estados Unidos han firmado.

WOLA también ha tomado una posición ambigua sobre las sanciones de Trump de agosto de 2017, ofreciendo algunas críticas pero también sugerencias para mejorarlas. Estas sanciones impusieron un embargo financiero ilegal (por las mismas razones mencionadas anteriormente) que ha sido devastador, paralizando la producción de petróleo y, por lo tanto, privando a la economía de miles de millones de dólares en divisas necesarias para importaciones vitales. También impidió cualquier reestructuración de la deuda, así como la mayoría de las otras medidas que serían necesarias para salir de la depresión e hiperinflación que actualmente sufre el país.

WOLA defendió estas sanciones argumentando que “complican las finanzas del gobierno de Maduro de tal manera que no tendrán un impacto inmediato en la población (aunque probablemente sí lo tenga a largo plazo)”. Lo cual es falso, como cualquiera que esté familiarizado con las sanciones y la economía venezolana saben. La economía venezolana, no solo el gobierno, depende de las exportaciones de petróleo para casi la totalidad de sus divisas. Son estas isas las que pagan las importaciones de medicamentos, alimentos y otras necesidades vitales, tanto en el sector público como en el sector privado.

Estas posiciones no son defendibles desde un punto de vista humano, y tampoco lo es el objetivo de la administración Trump de un cambio de régimen fuera del marco legal. ¿Por qué el gobierno de Trump rechaza la negociación? Porque no les interesa una solución basada en el compromiso necesario para que las fuerzas políticas en un país polarizado puedan coexistir. No están preocupados por los costos humanos de una solución en que el ganador se lleva todo; de hecho, es posible que para personas como Elliott Abrams y John Bolton la violencia sea vista como una parte integral de su estrategia para vencer al chavismo y sus seguidores, u obtener el control que tanto Trump como Bolton han declarado que quieren tener sobre las mayores reservas de petróleo del mundo.

No deja de ser positivo que WOLA se haya distinguido de estas personas al oponerse a la intervención militar estadounidense y la manipulación de la ayuda humanitaria con fines políticos. Pero eso no es suficiente. Debería oponerse, de forma explícita, a toda la operación de cambio de régimen, a las violaciones al derecho internacional y las sanciones ilegales que están causando tanto sufrimiento.

WOLA no debe asumir que toda esta operación de cambio de régimen liderada por extremistas propensos a la violencia es, en realidad, un esfuerzo legítimo de la “comunidad internacional” para ayudar a resolver la crisis política y económica de Venezuela.

Más importante aún: WOLA debería abandonar la inverosímil afirmación de que el único proceso de negociación viable es el que está controlado por la administración Trump y sus aliados, es decir, el Grupo de Contacto Europeo.

 

(*) Más tarde, la administración Trump estableció algunas excepciones provisorias para algunas compañías petroleras.

 

 

Firman esta declaración:

Greg Grandin, Professor of History, New York University

Noam Chomsky, Emeritus Professor, MIT

Marisol de la Cadena, Professor of Anthropology, University of California-Davis

Steve Ellner, Associate Managing Editor of Latin American Perspectives

Sinclair S. Thomson, Associate Professor of History, New York University

Brad Simpson, Associate Professor of History, University of Connecticut

Thomas C. Field Jr., Associate Professor, Embry-Riddle College of Security and Intelligence

Marc Becker, Professor of History, Truman State University

Forrest Hylton, Associate Professor of History, Universidad Nacional de Colombia-Medellín

Sujatha Fernandes, Professor of Political Economy and Sociology, University of Sydney

Rosaura Sanchez, Professor of Literature, UCSD

Suyapa Portillo, Associate Professor, Pitzer College

Jocelyn Olcott, Professor, History, International Comparative Studies, Gender, Sexuality & Feminist Studies, Duke University

Jorge Majfud, Associate Professor of International studies, Jacksonville University.

Jodie Evans, CODEPINK


1611 Connecticut Ave., NW
Suite 400
Washington, DC 20009
(202) 293-5380

cepr.net

 

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