Periodistas amigos me han estado inisitendo por privado y voy a mencionar aquí una parte de la ecuación.
Existen varios indicios preocupantes. El que más es tomado como broma por el Pentágono es el «Pizza Index» (un aumento de las órdenes en las pizzerías cercanas al Pentágono predice un conflicto bélico). Por ejemplo, estas ventas se dispararon antes de los dos conflictos con Irán (2004 y 2025).
A principios de este mes se ha vuelto a disparar. Personalmente lo considero un indicador más, no el más fuerte, pero para nada despreciable, dado su récord histórico. El Pentágono sabe de este Índice y muy probablemente juegue a la distracción o, incluso, a crear tensión pro alguna razón geopolítica.
Sin embargo, a lo largo de la semana pasada tuvimos claras señales de alerta referidas a viajes de generales. La semana próxima se producirá una importante reunión en el Pentágono que el gobierno no ha querido explicar.
Quienes me han preguntado si se trata de Venezuela, bueno, esa es una posibilidad. Sin embargo, no tiene mucho sentido llamar a generales de otros continentes para eso. Claro que eso de «tener sentido» está dicho por alguien que no tiene todos los datos que, obviamente, son ultrasecretos.
También ese mega plan podría cancelarse por alguna razón (ha pasado antes debido a disidencia tácticas internas) y luego se dirá que algunos sufrimos de paranoia.
Recordemos que la Tercera Guerra Mundial no se produjo por el voto negativo de uno de los tres comandantes de un submarino atómico soviético en el Atlántico Norte.
jorge majfud, set 2025
Algo muy grande a nivel militar va a ocurrir en cuestión de meses o semanas y me temo que el mundo no se dará cuenta hasta que sea irreversible. pic.twitter.com/Oy9XGMtVRe
Desde este medio siempre hemos expresado que nos interesa dar difusión a ese amplio arco de miradas que, desde este lado de la guerra de clases, se afanan por encontrar la mejor salida a la barbarie que este putrefacto sistema capitalista nos está arrastrando día a día. En este caso, queríamos adentrarnos en la realidad norteamericana a partir de la administración Trump, para ello entrevistamos a Jorge Majfud, uruguayo que reside en Florida. Jorge es escritor y profesor universitario, actualmente ejerce en Jacksonville University.
Luis Cuello, Buenos Aires, 2025.
Borrador Definitivo: ¿Qué se dice del amigo Trump, Jorge? Por decirlo de alguna manera.
Jorge Majfud: Como decía Tita Merello, “se dice de él”. Se dicen muchas cosas. Dependiendo de a quién le preguntes. Acá estamos en Florida, en el epicentro neoconservador. No solamente es un epicentro conservador desde Ron de Santis (actual gobernador de Florida), sino desde los años 80, con los lobbies cubanos que tuvieron su efecto, etc. Sino también donde está su palacete típico, copiado a Granada y a la arquitectura árabe, con una exageración de esplendor. Y bueno, esa gente que lo rodea, lo adula, porque eso es la condición para estar con él, ya sean extranjeros o sean de acá, la condición es que lo adulen. Y cada disidente lo sufre, como se ha probado en este caso más recientemente de Columbia University, que le ha bloqueado derechos, le ha retirado un cierto subsidio. Obviamente a los millonarios, que tienen dadivas en billones de dólares de subsidios, no se los va a retirar. Al contrario, como fue el caso de Elon Musk. Pero a esa universidad, que es un fuerte centro de investigación también, históricamente desde los años 60, un centro rebelde para lo que es el estándar de Estados Unidos, de protestas contra la guerra de Vietnam, de protestas contra la masacre y el genocidio de Palestina, especialmente de Gaza, le ha retirado 40 millones de dólares en subsidios y en contratos, porque no son solo subsidios, son contratos de investigación, de patentes, etc.
BD: Una universidad que venía en el ojo de la tormenta últimamente.
JM: Columbia University ha estado desde el año pasado, como usted recuerda, bajo el acoso permanente de distintos grupos. Grupos que son exteriores a la universidad, que se infiltraron como en California para demonizar las protestas que eran pacíficas. Grupos, como la misma policía, que ha salido en la televisión diciendo que han encontrado libros sobre terrorismo, que estaban en los programas. Algo totalmente absurdo, claro que eran libros sobre terrorismo. Eso es a lo que se dedica a la academia, a estudiar de todo. Haciendo un despliegue de ignorancia totalmente impune. Y en este momento, aparte de ese castigo económico, han arrestado a uno de los disidentes, se llama Mahmoud Khalil, estudiante graduado, que ya tenía una green card (tarjeta verde, de residencia en el país) luego de la graduación, se casó con una norteamericana y su esposa está embarazada. Lo han arrestado por participar, ellos dicen, por liderar las protestas contra el genocidio en Gaza. Y obviamente lo acusan de pro-Hamas, es decir, algo tiene que cambiar en la narrativa. Los políticos desde hace dos años, especialmente en el último año, han tratado de demonizar todo eso, diciendo que son pro-Hamas. Lo cual también es cuestionable, porque estamos hablando de un grupo armado en una colonia ocupada. No solamente ocupada, sino en un apartheid y en una situación de opresión.
BD: Es un grupo de resistentes, digamos.
JM: Sí, que está protegido por el derecho internacional y por las Naciones Unidas, contradictoriamente.
Pero el hecho concreto es que, de la misma forma que hace 100 años se puso prisionero, preso, al candidato socialista, bastante popular en esa época, que sacó un millón de votos, a Debs (Eugene Victor Debs, 1855-1928; miembro fundador de Industrial Workers of the World y cinco veces candidato a la presidencia de los Estados Unidos por el Partido Socialista de América). Se lo puso preso por un delito de opinión, por estar en contra de ingresar a la Primera Guerra Mundial. Debs estaba en contra de eso, hizo un discurso en contra de entrar a la guerra, una guerra que se vendió por una ingeniería de propaganda, fue una de las primeras ingenierías de propaganda cuando la mayoría de la población de Estados Unidos estaba en contra de entrar en esa guerra. Y Debs fue puesto en prisión, repito, por un delito de opinión. En este caso está ocurriendo lo mismo. Y estamos en esa situación otra vez.
Entonces, para volver a tu pregunta inicial ¿cómo se ve a Donald Trump? Depende de quién lo mire y desde qué punto de vista se lo mire. Desde el punto de vista del AIPAC (American Israel Public Affairs Committee), del lobby israelí, está tan contento como estaba con los demócratas. Están exactamente igual de contentos los grandes financistas, los grandes ultramillonarios, las grandes corporaciones, los oligarcas. Están contentos y lo han dicho antes de las elecciones, vamos a estar bien, no importa quién gane. Ahora el resto, no estamos contentos, obviamente, o muchos no estamos contentos. Como cualquier reloj descompuesto, Trump da la hora correcta, dos veces al día. Y en uno de esos puntos, también, repito, desde el punto de vista de aquellos que estamos en desacuerdo con las políticas de Washington, en lo que podríamos estar de acuerdo es en terminar la guerra de Ucrania, sea por una negociación de ego, sea por lo que sea, que se termine eso. Y que se termine también la opresión en Palestina, pero ahí se está midiendo con dos varas absolutamente diferentes. Se cambia la opinión sobre Putin o sobre la guerra de Ucrania, ustedes no recuerdan, pero en marzo del 2022, un mes después de la invasión de Rusia a Ucrania, Le Monde de París nos ponía en títulos y subtítulos, con nombre y apellido, que éramos la izquierda latinoamericana a favor de Putin, etcétera, etcétera. Por los artículos de Página 12, por los artículos de otros medios del continente, etcétera. Y en este momento, resulta que es la derecha la que está pro-Putin. Obviamente no esperamos que nos pidan ninguna disculpa, pero esa es la estrategia del sistema pseudo-democrático, por el cual, desde hace generaciones, un presidente firma un acuerdo, y cuando es necesario violarlo, porque no conviene, ya desde la época de los indios, desde la época de los mexicanos, desde la época de las guerras bananeras, cuando ya no conviene, ya no podemos sacarle nada a ese tratado internacional, o con un grupo, o distintos grupos, bueno, cambiamos de gobierno y borramos con el codo lo que escribimos con la mano. Y eso es lo que ha hecho varias veces Trump, por ejemplo, con el Tratado de Armas Nucleares, o de Desarrollo Nuclear, que firmó Obama con Irán, luego subió Trump y lo canceló totalmente. Ahora lo mismo pasa con la guerra de Ucrania. Biden apoya los lobbies de la muerte, ganan trillones de dólares, como hicieron en Afganistán, hicieron también en Ucrania, como lo habíamos anunciado años antes: uno de los objetivos era la privatización de tierras, tanto tierras fértiles como tierras raras en Ucrania. Y todo se está cumpliendo perfectamente, con un cambio de política, pero con exactamente los mismos intereses.
BD: Bueno, Jorge, está claro que la política de Trump hacia el pueblo palestino ha redoblado de alguna manera la ofensiva y las posibilidades de este genocidio, ¿no? Ahora, como vos decís, con lo de Rusia, la guerra de Rusia y Ucrania, ahí tengo la impresión como que hubiera un intento de generar un nuevo orden mundial, por decirlo de alguna manera. Esta relación con Putin, este chantaje con los chinos, pero parece ser que el camino no está pavimentado, inclusive con medidas, como la de los aranceles, donde tiene que dar un paso y retroceder, en algunos casos, ¿no?
JM: La estrategia de Trump es la estrategia del hombre de negocios: la imprevisibilidad, es decir, hoy te digo una cosa, mañana te digo otra, primero te digo voy a comprar una casa luego no, mejor no la compro nada, aunque está pensando sí en comprarla. Es decir, es un juego psicológico muy viejo, hoy ponemos los aranceles, mañana los sacamos, los volvemos a poner, pasado los volvemos sacar y así estamos. Lo mismo con la guerra de Ucrania. Vamos a hablar con Putin, hacemos un show de linchamiento de Zelensky en la Casa Blanca, después sí vamos a hablar con Putin, y así es la misma historia. Ahora, yendo a tu comentario anterior, donde planteas que es para establecer un nuevo orden mundial, para mí no es establecer ningún nuevo orden mundial, es evitar o retrasar lo más posible el nuevo orden mundial, que es inevitable, que se concentra en Asia, que es la pérdida del mundo belicista, genocida, orgulloso de ser especial, como lo dijo el CEO de Palantir Technologies (Alex Karp) hace pocos días: “somos especiales, y las culturas no son iguales, nosotros somos superiores”. Vieja historia, y toda esa arrogancia anglosajona y capitalista anglosajona, todo eso está temblando, temblando desesperadamente.
¿Y eso qué significa? Si vemos, pongámosle 20 o 30 años adelante, si no se destruye de una forma económica, financiera o bélica, el ascenso de China, que es casi imparable. Pero sí que podría haber una forma de retrasarlo o desarticular ese ascenso, y China no está, aparentemente, según lo que observamos desde acá, no está tomando las medidas; o si las está tomando, se las está guardando muy secretamente, de proteger sus intereses geopolíticos. Y uno de los signos clarísimos fue cuando cayó Siria, cuando las declaraciones a favor de Palestina son apenas simbólicas, entonces China está jugando con fuego, aparentemente. Repito: no tengo todas las cartas en la mesa para hacer ese juicio totalmente, pero lo que está claro es que el orden que se quiere evitar es el nuevo orden mundial, es decir, no es que quieren establecer un nuevo orden mundial, quiere evitar que se establezca ese nuevo orden mundial, y que pase a fuerza de cañón otra vez, como siempre lo ha sido en los últimos cuatro siglos. Ahora, ese nuevo orden mundial, si se establece, si se consolida militarmente, porque ya está consolidado económicamente, pero no todavía militarmente, y eso vendría a través de una gran derrota en algún momento, puede ser en los mares del sur, como decíamos hace 25 años, puede ser en algún lugar del anillo de fuego, como dijimos recientemente, hace cinco años. Entonces, si ocurre ese gran quiebre de la trampa de Tucídides, esa derrota militar de Occidente, que sea simbólica y al mismo tiempo geopolítica, tienes que olvidarte de Israel, y ellos lo saben perfectamente. Es el fin. Consideren que Israel se ha mantenido con trillones de dólares gratis, con toda la impunidad de Occidente, de Europa y de Estados Unidos, y el silencio del resto de Occidente, y de los Países del llamado Tercer Mundo. Si el nuevo orden se consolida, y estoy seguro que tanto la CIA, el Mossad y las grandes corporaciones están, si no temblando, están muy preocupadas y concentradas en ese punto. Cualquier otra cosa que veamos, no podemos desvincularla de esa gran fotografía, que se termina esa hegemonía militar de Occidente, se termina Israel, Si no como país, por lo menos con toda su arrogancia en la región. Palestina podría tener, o seguramente tendrá, un cambio radical geopolítico en su favor. Y eso es el nuevo orden que los dueños del poder no lo quieren. Entonces no es que se esté estableciendo un nuevo orden con Putin, se está tratando de evitar el nuevo orden.
BD: Ahora, inclusive, girando un poquitito alrededor de Estados Unidos, he visto por ahí que, por ejemplo, uno de los CEOs de Ford, se ha opuesto a este tema de los aranceles, porque obviamente, Ford, como multinacional, tiene gran parte de su producción realizada en México. ¿Cómo funcionan en estas grandes multinacionales? Por ahí hay un sector que se beneficia y otro que no, obviamente.
JM: Sí, siempre ha sido así. Son un arma de doble filo. Traen recesión, que es lo más probable que tengamos este año, traen inflación. Ahora, el lado positivo es decir, bueno, voy a proteger determinada industria o determinado sector de la economía, y hay que hacerlo con mucho cuidado. Pero, ¿cuál es el problema? No estamos en una etapa de industrialización, estamos en una etapa de post-industrialización. Cualquier industria en Estados Unidos es carísima, porque un obrero aquí no vive con 50 mil dólares por año, cuando tiene que pagar el seguro de salud, o incluso supongamos que la empresa se lo pague, pero tiene que pagar casi todo tipo de seguros: automóvil, casa, lo que sea. Es decir, prácticamente no vive. Ahora, en cualquier otro país, incluso hasta en China, que está bastante desarrollada en este momento, con la mitad de eso vive, y bastante cómodo un obrero. Entonces, no tiene sentido. ¿Cómo vamos a poner tarifas para desarrollar una industria que no es competitiva desde el punto de vista del costo de obreros? Entonces, la gran cantidad de industrias, incluso las tecnológicas, que sería la etapa posterior a la industrial, están subsidiadas. Todas las compañías de Elon Musk y otros están subsidiadas. Todas esas pseudo historias de éxito nacidas en garajes son mentiras, fueron apoyadas e impulsadas y hasta financiadas por la CIA. Claro, no tiene nada que ver con la meritocracia, sino con tomar de la teta del Estado. Siempre. Y eso es una de las discusiones que a veces tenemos con varios países. La última, con Argentina. La gente diciendo, bueno, porque acá en los países desarrollados hacemos esto, esto y aquello. Sí, pero los países desarrollados tienen el sartén por el mango todavía. Tienen los bancos, imprimen el dinero, tienen la base militar para cruzar todo el mundo. No nos comparemos. Entonces, de la misma forma, en Estados Unidos no podemos compararlo en eficiencia con la producción industrial. Se tendría que robotizar radicalmente y aun así estaría un poco caro. Pero el Estado siempre es fundamental acá en Estados Unidos, como lo es en China. Recordemos, la única diferencia es que las corporaciones en China están por debajo del gobierno comunista y acá están por encima del llamado gobierno democrático o liberal. Esa es la única diferencia. Pero el Estado es fundamental. Siempre lo ha sido. Siempre ha sido el motor de la economía. Obviamente algunos dicen, nace con Roosevelt. Sí, se radicalizó con Roosevelt. Pero nunca ha dejado de ser un motor poderoso en la inversión, de innovación tecnológica, en la intervención en el mercado, en la creación de dinero de la nada, etc.
Entonces, por otro lado, tenemos un problema, tenemos un gran déficit. Lo que es deuda pública no es peligrosa, acá la deuda pública interna no es tan peligrosa. Es grande, pero no es tan peligrosa, incluso la deuda exterior con China u otros, todavía no es tan peligrosa porque militarmente China no va a hacer lo que hacía Estados Unidos con las Repúblicas Bananeras. Se llamaba la política del dólar: les prestamos dinero que sabemos que ellos no nos van a devolver, cuando no nos devuelvan, vamos, invadimos. Entonces, todavía aquí no nos van a invadir. Todavía. Entonces, la deuda no es importante. Y fíjense algo fundamental que se repite, tanto en Argentina como en Estados Unidos. Yo los leo en distintos países y digo, pero esto es un libreto escrito en algún lugar, porque tiene que ser en un solo lugar, no puede ser que todos estos gobiernos al mismo tiempo se ponen de acuerdo para decir, hay que reducir el Estado porque el gasto y el déficit es inflacionario. Y el encargado de escribir eso, ¿quién es?
BD: ¿Elon Musk?
JM: Exacto, achiquen, achiquen. ¿A quién beneficia de eso, si los obreros nunca se han beneficiado ni se están beneficiando de eso? Al contrario, ha habido miles de gente que han perdido su trabajo, no creo que ellos llamen beneficio a eso, desde el punto de vista del obrero, y van a seguir perdiendo derechos, como, por ejemplo, de salud, derechos de retiro, se está atacando el sistema de retiro, el social security, se están atacando todos los servicios para achicar el Estado. ¿Qué carajo puede importarnos dos o tres puntos de inflación si tenemos o no tenemos trabajo? Eso es lo que importa. Si tienes trabajo, si tienes seguro médico, si tienes lo básico cubierto, educación para tus hijos, son miles y miles de dólares por mes. Acá, por ejemplo, han bajado los impuestos de la ciudad, aquí en Jacksonville, y claro, todos decían, ¿por qué hay que bajar los impuestos? Porque la compañía de la ciudad que limpia, que recoge la basura, automáticamente dijo, bueno, no podemos reemplazar los tachos de basura. Entonces yo tenía uno, llamé y dije, ¿por qué no me lo reemplazas si tienes la rueda rota?, esa era la norma anteriormente. No, lo que pasa es que ahora se cambió la regla porque ha habido recorte. Entonces, ¿qué tengo que hacer? Yo compro un tacho nuevo. Voy y me cuesta 200 dólares. Entonces, es el ahorro del embudo. El ahorro del embudo que beneficia a unos pocos siempre. Y todo lo demás es narrativa. Yo quiero ser respetuoso, pero no me aparece otra palabra que de idiotas. Es narrativa para idiotas y funciona perfectamente. Porque son ellos los que tienen los medios de sermoneo, que son los grandes medios, y ahora son las redes sociales. Están en manos de ellos y crean opinión fácilmente, con mucha facilidad, dejando la sensación de que somos libres de publicar lo que queremos. Por supuesto que somos libres de publicar lo que queremos en Twitter, pero ¿cuántos nos leen a nosotros?
BD: Bueno, Jorge, te agradezco inmensamente. Queríamos tu opinión porque sabíamos que es otra mirada, es una opinión distinta, aunque hoy parece mejor no mirar para arriba y ver que los intereses del capitalismo nos recuerdan a esa canción de Serrat que dice “estamos en manos de unos locos sin carnet”.
JM: Sí, y se están radicalizando por lo que decíamos al principio de la conversación, por un temblor geopolítico, un terremoto geopolítico, y porque ya no le importa nada de mí, de mis hijos, de mis nietos, que revienten o que se arreglen. Vamos a tener una explosión en Occidente, no sabemos cuándo, pero la vamos a tener y no va a ser el socialismo de Roosevelt, va a ser algo mucho más radical.
BD: Esperemos que sea al servicio de los trabajadores, de los sectores populares.
JM: Bueno, eso va a ser desde el punto de vista ideológico, pero toda explosión tiene sus particularidades, se sufre, pero normalmente es inevitable, la sufre y es lo bueno, es inevitable. Un abrazo.
El 4 de setiembre de 2024 se desató una tormenta tropical sobre Jacksonville. La conversación con Jill Stein en el auditorio de la universidad estaba fijada para las 5:30 de la tarde, que a esa hora se había vuelto noche cerrada debido a la tormenta. Para restarnos público (es mi especulación), el Comité del Partido Demócrata de Florida había decidido organizar un discurso de los candidatos de Kamala Harris al senado en el mismo campus, en la Facultad de Negocios de Jacksonville University, una hora antes, cuando casi no queda espacio para estacionar.
Al final de la conversación, alguien desde la platea protestó porque yo había sido “demasiado amable” con Stein. A la salida lo reconocí como un votante demócrata, una persona amable hasta donde yo lo había conocido.
―No soy periodista ―le dije―; aquí la idea era profundizar en las ideas de Stein.
La verdad es que me desagrada el juego de hacerse la estrella, tipo Jorge Ramos de Univisión, acosando al entrevistado. Tal vez por eso siempre consideré al español Jesús Quintero un maestro del género, de aquellas entrevistas llenas de silencios casi psicoanalíticos.
Del auditorio fuimos a compartir una cena frugal en un salón del museo de un edificio cercano, reservado por mis colegas para agradecerle a Jill, al excongresista y coordinador del Partido Verde Jason Call y a su equipo el esfuerzo de llegar hasta allí.
La cena, austera, había sido dejada allí por el catering de la universidad. Sin meseros y sin público, mis colegas y yo pudimos compartir una interesante conversación que no detallaré por haber sido hecha en un espacio privado. Sí creo que puedo conectar una sola idea con las elecciones y con la tragedia global en la que nos vamos hundiendo cada día más.
Le comenté a Jill, sentada a mi lado, que hacía unos años estuve en la Deutsche Welle de Berlín y la periodista principal con la que cené después de la actividad me mencionó que era esposa de líder del Partido Verde de Alemania, Cem Özdemir, por entonces congresista y actualmente ministro de Agricultura de Alemania. Özdemir aceptó mi invitación para dar una conferencia en JU a finales del 2019, pero la policía alemana descubrió un plan de la rama estadounidense del grupo neonazi más violento del siglo, Atomwaffen Division (AWD), para atentar contra su vida y el viaje se frustró.
Hasta ahí nuestra coincidencia. Pero Jill nos comentó una importante diferencia que el Partido Verde de Estados Unidos tenía con el de Alemania: Ucrania.
Hasta aquí llega mi indiscreción. Puedo agregar que la evaluación del problema y la posición de Jill Stein en ese tema coincide completamente con la mía. Ahí sí puedo elaborar más, para entender qué dijo Stein aquella noche.
Cuando el presidente Biden retiró las tropas estadounidenses de Afganistán, dejó en su desbande millones de dólares en tanques de guerra y otros arsenales militares. Luego de veinte años de ocupación, luego de casi diez años de haber (supuestamente) encontrado y ejecutado a Osama bin Laden, de repente el ejército estadounidense salía tan apresurado como de Vietnam. Luego de veinte años, los estadounidenses perdieron 14 billones de dólares (siete veces Brasil) sólo en Afganistán, no por fundar escuelas y hospitales sino por un proyecto de dominación militar que sólo benefició al tráfico de drogas y a las compañías privadas, tal como lo demostró el Wall Street Journal.
Luego de 20 años Washington dejó en el gobierno de Afganistán a los hijos pródigos de la CIA, los Talibán, luego de haber eliminado a otro de sus hijos pródigos, Osama bin Laden. Negocio redondo: crear más problemas para invertir más en nuevas soluciones bélicas.
Como dijimos antes, parte de los históricos fracasos de Estados Unidos en las guerras que no sean meros bombardeos aéreos se debe no sólo a su ineficiencia, sino a que perder guerras es un gran negocio para las corporaciones privadas que domina la política y la narrativa en el país. Por entonces, en un artículo advertimos que sólo había que esperar una nueva guerra, que ese misterioso desbande sólo se explicaba por la urgencia de un nuevo plan en marcha.
Entonces vino la invasión de Rusia a Ucrania. Antes, muchos coincidimos en que se había hecho todo lo posible para que eso ocurriese, logrando que Zelensky (la marioneta de Washington, de profesión payaso) confirmase el proceso de membresía de Ucrania a la OTAN. La OTAN, el sueño de Hitler (dos de sus directores fueron asistentes de Hitler), una vez más se salía con su objetivo de aumentar las tensiones para extender la hegemonía del Macho Alfa, el occidente anglosajón, algo que comenzó apenas terminada la Segunda Guerra y pudo ser resuelto con la propuesta de Stalin de 1952, conocida como “Stalin notes”.
En marzo de 2022, Le Monde de París publicó una página describiéndonos a Paco Ignacio Taibo II y a mí como “intelectuales de izquierda pro Putin”, a pesar de que antes y después de ese informe no perdí oportunidad de dejar claro que no aprobaba la invasión pero me parecía una hipocresía criminal querer escribir la historia a partir de ese día, sin considerar el largo acoso, las matanzas de la población rusa del Donbas y el golpe de Estado contra el presidente democráticamente electo Viktor Yanukovych promovido por Occidente.
No soy “pro-alguien” sino “pro-causas”, como la causa de la No-Injerencia de un país en las políticas de otro, como si se tratase de un problema entre cowboys e indios, donde los agresores siempre se describen como las víctimas de la rección. Los viejos y permanentes intervencionismos, madre de todos los problemas en los países del Sur Global… Básicamente ésta fue la coincidencia, aquella anoche del 4 de setiembre.
El primero de noviembre, un comunicado de los Verdes de Europa instó a Jill Stein a bajarse de las elecciones y apoyar a Kamala Harris para evitar un gobierno fascista de Trump. “Jill Stein y el Partido Verde de Estados Unidos no están afiliado a los Verdes del Mundo… Todos quienes están a favor de los ‘principios verde’ deben votar a Kamala Harris” declaró el congresista finlandés Oras Tynkkynen. Les preocupa el caos que crearon en Ucrania, no el genocidio que crearon en Palestina.
Los demócratas han insistido en culpar a Jill Stein de una posible derrota, pero no han hecho nada para evitar un suicidio electoral, ignorando de forma expresa los reclamos de millones de demócratas que están furiosos con el genocidio en Palestina. Cada vez que Kamala Harris fue interpelada en alguno de sus mítines políticos, ha silenciado estas protestas diciendo “Estoy hablando yo”, para luego continuar como si se tratase de un libreto aprendido de memoria: “cierto, es un tema importante, pero ahora no estoy para hablar de eso sino de otros temas importantes, como el costo de los alimentos en el supermercado”.
Más insensible hipocresía, más arrogancia no es posible. Para rematarla, su esposo anunció feliz que a la entrada de la Casa Blanca colocarían una mezuzah, lo cual no tiene nada de malo en una casa privada si no fuera por el momento y el lugar. Luego Bill Clinton intentó calmar las protestas sobre Gaza diciendo que Israel tiene derechos especiales porque el Rey David había estado allí hace 3.000 años.
Entonces, amables demócratas, dejen de llorar por el fascismo nacional que se viene si son ustedes los primeros responsables del fascismo global.
Jorge Majfud, 2 de noviemrbe de 2024.
Ruling Over Ashes or Becoming Ashes
On September 4, 2024, a tropical storm descended upon Jacksonville. The conversation with Jill Stein at the Jacksonville University auditorium was scheduled for 5:30 PM, a time when darkness had already fallen due to the storm. To deter attendance, the Democratic Party Committee arranged for Kamala Harris, then a Senate candidate, to deliver a speech on the same campus at Jacksonville University’s Business School, just an hour earlier, leaving attendees with few parking options.
At the conclusion of the talk, an audience member accused me of being “too polite” with Stein. Recognizing him as a known Democratic activist, and by all accounts, a congenial person, I replied, “I’m not a journalist; the purpose here was to delve into Stein’s ideas.”
I’ve always disliked the aggressive interviewing style, like that of Univisión’s Jorge Ramos, preferring instead the nuanced, almost psychoanalytic silences epitomized by Spain’s Jesús Quintero.
After the lecture, we shared a modest meal in a nearby museum hall, reserved by my colleagues to express gratitude to Jill, former congressman and Green Party coordinator Jason Call, and their team for their efforts to join us. The university’s catering provided the meal, and without servers or additional guests, we engaged in an enriching discussion, details of which I’ll keep private out of respect for the space. However, I can connect one thought to the elections and the global tragedy that envelops us more each day.
Seated beside Jill, I recounted a visit to Deutsche Welle in Berlin, where I dined with a leading journalist who mentioned she was married to Cem Özdemir, then-Green Party leader in Germany and current Minister of Agriculture. Özdemir had accepted my invitation to speak in Florida in late 2019, but German police uncovered a plot by the US branch of the violent neo-Nazi group Atomwaffen Division to assassinate him, thwarting his visit.
This marked our alignment with Europe’s Greens, though Jill pointed out a key difference between the Green Parties of the U.S. and Germany: Ukraine. Her stance mirrored mine completely. To convey what Stein suggested that evening, I’ll articulate my viewpoint instead of recounting her words.
When President Biden withdrew U.S. troops from Afghanistan, he left behind millions in military hardware. After two decades of occupation and nearly a decade since supposedly eliminating Osama bin Laden, the U.S. military’s hasty exit was reminiscent of Vietnam. The American investment in Afghanistan amounted to $14 trillion—seven times Brazil’s GDP—not in schools and hospitals, but in military dominance that fueled the drug trade and private companies, as evidenced by the Wall Street Journal.
After 20 years, the U.S. reinstated the Taliban, erstwhile CIA allies, after eliminating another former ally, bin Laden. An ideal business scheme: creating more problems to invest in new military solutions.
America’s military failures stem not only from inefficiency but also from the lucrative nature of war losses for private corporations ruling U.S. politics and media narratives. In a previous article, we noted the looming advent of another war, driven by the urgency of a new plan.
Then Russia invaded Ukraine. Many of us believed NATO did everything to provoke this by prompting Zelensky, viewed as Washington’s puppet, to confirm Ukraine’s NATO membership process. NATO, Hitler’s dream realized (two directors were his aides), succeeded again in escalating tensions to extend Western dominance—post-WWII Anglo-Saxon hegemony, avoidable had Stalin’s 1952 “Stalin notes” been considered.
In March 2022, France’s Le Monde labeled Paco Ignacio Taibo II and me as “leftist intellectuals pro-Putin,” although I consistently opposed the invasion and condemned the hypocritical narrative pushing history from that day forward, ignoring the prolonged harassment, massacres in Donbas, and the Western-backed coup against democratically elected Viktor Yanukovych.
I’m not “pro-someone” but “pro-causes,” such as non-interference in sovereign affairs. These interventions perpetuate global South issues—the shared sentiments that September 4th night.
On November 1, Europe’s Greens requested Jill Stein to withdraw from the election and support Kamala Harris to avert Trump’s fascist return. Their concern over Ukraine ignores the genocide in Palestine.
Democrats blame Jill Stein for potential losses but refuse to avert electoral suicide by dismissing millions of Democrats outraged over Palestinian genocide. At every rally, Kamala Harris dismisses protests with, “I’m speaking,” proceeding to recite familiar scripts about unrelated “important issues” like grocery costs.
No greater hypocrisy and arrogance exist. Her husband announces placing a mezuzah at the White House entrance, tolerable privately but ill-timed. Bill Clinton tries appeasing Gaza protests by citing Israel’s “special rights” due to King David’s presence millennia ago.
So, dear Democrats, cease lamenting impending national fascism if you’re the architects of global fascism.
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