Venezuela: La causa del problema nunca será la solución

Lo que hoy ocurre en Venezuela no es una anomalía ni una desviación inesperada del orden internacional. Tampoco puede leerse como una reacción coyuntural ante un gobierno específico ni como un episodio aislado de tensión diplomática. Es, una vez más, la reaparición de una lógica histórica que América Latina conoce con dolorosa precisión: la de ser tratada como frontera salvaje, ese territorio donde las reglas que rigen para el “mundo civilizado” se suspenden sin escándalo y la violencia se ejerce como si fuera un derecho natural.

Bloqueos económicos totales, confiscación de bienes, operaciones militares encubiertas, amenazas explícitas de intervención y secuestros presentados bajo una nueva versión de las doctrinas Monroe y de la Seguridad nacional que, más bien, se parecen al mito de “el espacio vital” esgrimido por el Tercer Reich hace un siglo.  No son desvíos del sistema internacional: son parte de su funcionamiento histórico cuando se trata del Sur Global y de América Latina en particular.

Lo ocurrido el 3 de enero marca, sin embargo, un umbral nuevo. No se trató solo de la reiteración de prácticas conocidas, sino de una demostración obscena de impunidad ante cualquier ley y una confirmación de la actual “palestinización del mundo”. La violación de la soberanía venezolana, ejecutada sin declaración de guerra y presentada públicamente como demostración de poder, no suspendió el orden internacional: lo declaró prescindible. Allí donde antes operaban eufemismos diplomáticos, ambigüedades jurídicas o coartadas humanitarias, apareció la afirmación directa de que la fuerza basta por sí misma para legitimarse. Lo que se mostró no fue un exceso, sino una pedagogía del dominio dirigida al mundo entero. Cambian los nombres de los gobiernos, se actualizan los ideoléxicos, se reciclan las excusas morales, pero el guion permanece intacto. América Latina vuelve a aparecer como espacio disponible para el castigo ejemplar, la experimentación política y la pedagogía del miedo.

La historia regional es demasiado clara como para fingir sorpresa. Invasiones militares, ocupaciones prolongadas, golpes de Estado, guerras por delegación, bloqueos económicos, sabotajes, secuestros y campañas sistemáticas de demonización mediática han acompañado, durante doscientos años cada intento de autonomía política, redistribución social o control soberano de los recursos. No se trató nunca de errores aislados ni de excesos corregibles, sino de una política persistente, sostenida por una concepción jerárquica del mundo que reserva para algunos pueblos elegidos por un Destino manifiesto la plenitud del derecho y para otros la excepción permanente.

Pensar América Latina como frontera salvaje no implica aceptar una identidad impuesta, sino denunciar la mirada imperial que la construyó como tal. Esa mirada imperial no solo construye territorios disponibles: también produce jerarquías humanas. Decide qué vidas merecen duelo, qué violencias escándalo y cuáles pueden administrarse como daño colateral. El orden internacional no se limita a regular conflictos: distribuye sensibilidad, legítima indiferencias y organiza silencios. Por eso, la agresión no comienza con los misiles, sino con la normalización de un lenguaje que vuelve aceptable lo inaceptable y vuelve invisible a quienes quedan fuera del reparto del derecho. Una mirada que naturaliza la violencia hacia el sur global con la complicidad de sus rémoras criollas, que racializa los conflictos y que suspende, sin pudor, los principios del derecho internacional cuando estos obstaculizan intereses estratégicos. Lo que en otros territorios sería considerado crimen, acto de guerra o violación flagrante de la soberanía, aquí se vuelve “medida”, “presión”, “operación preventiva” o “asistencia para la estabilidad”. En cierto grado, la brutalidad se ha sincerado y la antigua excusa de la democracia ya ha perdido uso y atractivo. Queda la defensa de la libertad, la libertad de los amos y mercaderes, el miedo y la moral de los esclavos.

En este sentido, Venezuela no es una excepción sino un ensayo general. Cuando una potencia actúa de ese modo y no enfrenta sanción efectiva alguna, el mensaje es inequívoco: la excepción se convierte en regla. Lo que hoy se tolera como caso singular se incorpora mañana como antecedente operativo. El derecho internacional no cae de golpe; se vacía por acumulación de silencios. Un escenario donde se pone a prueba hasta dónde puede avanzarse sin generar una reacción significativa de la comunidad internacional. Lo que hoy se tolera como caso singular, mañana se invocará como precedente.

Nada de esto implica desconocer los conflictos internos, las discusiones, las profundas concepciones sobre qué es o debe ser una democracia ni las deudas sociales, mal endémico de los países latinoamericanos. No podemos negar esto como no podemos aceptar que esas tensiones habilitan una agresión externa―de hecho, la historia muestra de forma repetitiva que estas agresiones e intervenciones imperiales han sido el mayor combustible de los conflictos sociales y del subdesarrollo de estos países. Ninguna crítica interna justifica una invasión. Ningún desacuerdo político legitima el castigo colectivo de un pueblo. La soberanía no es un premio a la virtud ni una certificación moral otorgada desde afuera: es el umbral mínimo para que las sociedades decidan su destino sin un arma apoyada sobre una mesa de negociación.

Frente a esta escalada, la respuesta de buena parte de la comunidad internacional ha sido el silencio, la ambigüedad, la tibieza diplomática y la ausencia de medidas concretas. Un lenguaje que no busca detener la violencia, sino administrarla. Palabras que nunca nombran al agresor, que diluyen responsabilidades y que colocan en un mismo plano a quien acosa y a quien resiste. La historia latinoamericana enseña que las grandes tragedias no comenzaron con bombardeos, sino con palabras y excusas que las volvieron tolerables. Cuando la agresión se normaliza, la violencia avanza sin resistencia.

Defender hoy la soberanía de Venezuela no equivale a defender a un gobierno ni a clausurar el debate interno. Equivale a rechazar una lógica que vuelve a instalar la guerra como instrumento legítimo de orden internacional basado en los intereses del más fuerte. Equivale a afirmar que América Latina no es patio trasero ni delantero de nadie; no es zona de sacrificio, ni frontera salvaje de nadie. Y equivale, también, a asumir una responsabilidad intelectual básica: romper la amnesia histórica antes de que vuelva a escribirse, una vez más, con sangre ajena.

Porque callar ante una agresión nunca fue neutral. La historia, cuando finalmente habla, no suele ser indulgente con quienes miraron hacia otro lado. Para muchos, esto no tiene importancia. Para nosotros sí.

Firman:

Abel Prieto, Cuba
Adolfo Pérez Esquivel, Argentina
Andrés Stagnaro, Uruguay
Atilio Borón, Argentina
Aviva Chomsky, Estados Unidos
Boaventura de Sousa Santos, Portugal
Carolina Corcho, Colombia
Débora Infante, Argentina
Eduardo Larbanois, Uruguay
Emilio Cafassi, Argentina
Federeico Fasano, Uruguay
Felicitas Bonavitta, Argentina
Gustavo Petro, Colombia
Jeffrey Sachs, Estados Unidos
Jill Stein, Estados Unidos
Jorge Majfud, Estados Unidos
Mario Carrero, Uruguay
Óscar Andrade, Uruguay.
Pablo Bohorquez, España
Pepe Vázquez, Uruguay
Ramón Grosfoguel, Estados Unidos
Raquel Daruech, Uruguay
Stella Calloni, Argentina
Víctor Hugo Morales, Argentina
Walter Goobar, Argentina

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Trump se hunde en Venezuela

Trump cometió un terrible error (como tantos otros) al secuestrar a Maduro. Tendrá un show pero complicado en los tribunales de NY y Venezuela se va a fortalecer en su contra, ya que, como repetimos mil veces, invadir y descabezar a un líder extranjero es fácil para las fuerzas de elite de EEUU, pero luego la ocupación se hace terriblemente difícil. Por eso no puso a Corina Machado, no solo porque dijo que no era respetada, sino porque necesita extorsionar en lo posible a una estructura de poder que quedó intacta.

El objetivo, más que comprarle petróleo a Maduro es asegurarse su monopolio para que se pueda volver a atacar a Irán. Una crisis petrolera en el estrecho de Ormuz y en todo Oriente Medio dejaría intacto a Estados Unidos, golpearía a China y le daría pase libre a Israel para destruir el gobierno iraní (el único escollo sobreviviente de Irael) y continuar su expansión.

Pero este plan bien puede no ser perfecto. Todo lo contrario. A largo plazo, la invasión a Venezuela se revelará como otro espectáculo hollywoodense de Washington, otra intervención en un país extranjero y otro fiasco en la realidad. Venezuela no dependía de Maduro como muchos creen. No era Sadam Hussein. Aun así, Irak desarrolló su propio caos resistente, como muchos otros casos. Venezuela podría ser aún más descentralizado y una desagradable sorpresa para Washington. 

Esto lo hemos detallado en varios análisis. Lo último que recuerdo rápido fue una conversación con un canal de Caracas, a mediados diciembre :

Jorge Mjafud, enero 5, 2025

Nota de ayer en Pagina12: https://www.pagina12.com.ar/2026/01/04/el-emperador-esta-desnudo/

The emperor has no clothes

In a 2007 back cover of Página12, we reflected on the ideolexical concept of being right-wing: «Twenty or thirty years ago in the Southern Cone, it was enough to declare yourself a leftist to go to prison or lose your life in a torture session (…). Being right-wing was not only politically correct but also a necessity for survival. The assessment of this ideolexical concept has changed dramatically. This is demonstrated by a recent trial taking place in Uruguay. Búsqueda has filed a lawsuit against a senator of the republic, José Korzeniak, because it defined him as ‘right-wing…’»

Ideolexics (and, with them, ideological crystallizations) seem to show cycles of 30 years—a generation. But these cycles, beyond a possible social dynamic or psychological nature, such as “the dynamics of the four generations,” are also affected, distorted, and even determined by the gaze of empires (see “The logic of reactionary waves in Latin America”).

Differently, at the epicenter of the Empire, this ideological dynamic has longer cycles (60 years), because they do not depend on external interventions. They depend on the relative power of their ruling class—not on the ruling class of another country. In any case, laws are the expression of the power (plutocracy) or powers (democracy) of a society. In capitalist societies and, even more radically, in the plutocracies of neoliberal and neo-feudal capitalism, power lies in the concentration of money, which is why millionaires buy politicians and their corporations directly write the laws, as in the United States, or decide governments in banana republics.

Since no legal system recognizes the right of one country to write the laws of other sovereign countries, empires and supremacist governments write doctrines, such as the Monroe Doctrine and other treaties, for other peoples to obey as long as it serves the owners of the gun. But these doctrines and this re-ideologization of the colonies have always been dressed up in some sacred excuse, such as God, race, freedom, private property, or democracy. Something that, in the United States, is beginning to dry up, leaving the true reasons for its violence bare and undisguised, such as President Trump’s acknowledgment of invading Venezuela to «make a lot of money with (our) oil«―in his press conference after the kidnapping of President Maduro, he mentioned the word oil 23 times and not once democracy, which is in line with Project 2025 and neo-monarchists like Curtis Yarvin.

American imperialism stems from the Protestant, Calvinist, and privatizing fanaticism of four centuries ago, since the plundering of the “savages who attacked us without provocation” began. Today, its violent behavior of intervention and dispossession is repeated with the same nakedness as in the beginning, as when James Polk ordered an emissary to find a river in Mexico with the same name as the then border, or, if he could not find one, to name another river with the same name in order to provoke a “war of defense” against Mexico and thus take half of its territory. Trump did exactly the same thing by accusing Maduro of drug trafficking and then decreeing that fentanyl was a “weapon of mass destruction,” a decoration used for the invasion of Iraq, the kidnapping of Saddam Hussein, and the appropriation of oil.

Until then, emperors like Bush and Obama kept their tuxedos fairly well ironed. With the Tea Party and then Trump’s first presidency, being fascist, racist, and misogynistic began to be considered a source of pride. That was the beginning of “the rebellion of the masters,” fought, as in medieval battles, by faceless, nameless pawns with nothing to gain or lose except their lives.

In his early years in the White House, Trump still denied being sexist, racist, or imperialist. In his second term, he remained the same as always, but no longer hid it. At a conference in the Oval Office, the mayor-elect of New York was asked if he still thought Trump was a fascist, to which Trump said it was okay: “Tell them yes.”

Mamdani replied yes, to the president’s satisfaction.

A few years ago, we proposed the formula P = d.t, which relates power (P), tolerance (t), and diversity/dissent (d), according to which unchallenged empires have a high tolerance for diversity and dissent when their power (P) is unchallenged, and become intolerant of diversity and dissent when their power begins to decline, a relationship that keeps the equation P-d.t = 0 in equilibrium. Currently, the growing intolerance of dissent, criticism, books and courses on slave and imperial history, or the acceptance of equal rights for different ethnicities, genders, sexes, or social classes is an unmistakable sign of the growing weakness of the American Empire.

Masks and tuxedos are no longer necessary. The CIA launched its operation to kidnap President Maduro to be tried for drug trafficking three weeks after President Trump ordered the release of former Honduran President Juan Orlando Hernández, sentenced to 40 years in prison by a federal jury in the same state for drug trafficking, and 24 hours after meeting with Benjamin Netanyahu, wanted by the International Criminal Court for war crimes and crimes against humanity in Palestine.

In response to the harassment and then bombing of Venezuela (which has already cost the lives of dozens of people and will, over time, lead to more violence), the UN and several presidents have said the same thing: heartfelt statements from foreign ministries that “the US military attack sets a dangerous precedent.”

Haven’t we been setting dangerous precedents for more than 200 years? What is happening that has not happened before? (1) Imperial invasion out of greed for natural resources, only now the excuses are not important; (2) cowardly and submissive local servility; (3) timidity of the region’s leftist leaders; (4) lack of consensus in the face of the most serious violations of international law…

Is this something new? We continue to move toward the “Rebellion of the Masters” through the “Palestinization of the world” like a driver who slowly falls asleep at the wheel. This is just another chapter in a process that will become more radical.

The kidnapping of disobedient leaders is an old imperial practice. Empires have always violated the laws of others, but they were careful to do so within their own fiefdoms (which is why the Guantanamo prison is in Cuba and not in Illinois), but this too has changed. Now, the masked ICE and National Guard agents have extended the Palestinianization of the world within the borders of the United States, accustoming its population to brutality, fear, and the violation of human rights.

The reactionary conflicts of the supremacist and decadent Western empires will continue to add to the old-style interventions: invasions, coups d’état, revolts, and civil wars instigated by secret agencies (CIA-MI6-Mossad). We will continue to see a scenario of growing violence by the United States and Europe-Israel in their backyards—Latin America, Africa, and the Middle East.

The goal is to crush the rise of China and the Global South, but this struggle will bleed the Middle East, Africa, and Latin America more than China, until China has no choice but to intervene in a massive war.

For now, Russia cares about Ukraine and China cares about Taiwan. That is why their reactions to the supremacist re-colonization of the Global South are merely symbolic.

The Global South is alone.

Jorge Majfud, January 3, 2026

El emperador está desnudo

(Audio: interpretación libre. El autor no es responsable de las interpretaciones de este audio)

En una contratapa de Página12 de 2007, reflexionábamos sobre el ideoléxico ser de derecha: “Veinte o treinta años atrás en el Cono Sur era suficiente declararse izquierdista para ir a la cárcel o perder la vida en una sesión de tortura (…). Ser de derecha no sólo era políticamente correcto sino, además, una necesidad de sobrevivencia. La valoración de este ideoléxico ha cambiado de forma dramática. Lo demuestra un reciente juicio que tiene lugar en Uruguay. Búsqueda ha entablado juicio contra un senador de la república, José Korzeniak, porque lo definió como ‘de derecha…’”

Los ideoléxicos (y, con ellos, las cristalizaciones ideológicas) parecen mostrar ciclos de 30 años―una generación. Pero estos ciclos, más allá de una posible dinámica social o de una naturaleza psicológica, como “la dinámica de las cuatro generaciones”, también están afectados, distorsionados y hasta determinados por la mirada de los imperios (ver “La lógica de las olas reaccionarias en América Latina”).

Diferente, en el epicentro del Imperio, esta dinámica ideológica tiene ciclos mayores (60 años), porque no dependen de intervenciones exteriores. Dependen del poder relativo de su clase dominante―no de la clase dominante de otro país. En cualquier caso, las leyes son la expresión del poder (plutocracia) o de los poderes (democracia) de una sociedad. En las sociedades capitalistas y, aún de forma más radical, en las plutocracias del capitalismo neoliberal y neofeudal, el poder radica en la concentración del dinero, por lo cual los millonarios compran políticos y sus corporaciones escriben directamente las leyes, como en Estados Unidos, o deciden gobiernos en las repúblicas bananeras.

Como ningún sistema jurídico reconoce el derecho de un país para escribir las leyes de otros países soberanos, los imperios y los gobiernos supremacistas escriben doctrinas, como la Doctrina Monroe y otros tratados para que otros pueblos obedezcan mientras les sirva a los dueños del cañón. Pero estas doctrinas y esta tras-ideologización de las colonias siempre se vistió de alguna excusa sagrada, como Dios, la raza, la libertad, la propiedad privada o la democracia. Algo que, en Estados Unidos, comienza a secarse, dejando al desnudo y sin disimulo las verdaderas razones de su violencia, como lo es el reconocimiento del presidente Trump de invadir Venezuela para “hacer mucho dinero con (nuestro) petróleo”―en su conferencia de prensa tras el secuestro del presidente Maduro, mencionó 23 veces la palabra petróleo y ni una sola vez democracia, lo que se ajusta al Proyecto 2025 y los neo monárquicos como Curtis Yarvin.

El imperialismo norteamericano viene del fanatismo protestante, calvinista y privatizador de cuatro siglos atrás, desde que se inició el despojo de los “salvajes que nos atacaron sin ninguna provocación”. Hoy, su conducta violenta de intervención y despojo se repite con la misma desnudez que al principio, como cuando James Polk le ordenó a un emisario buscar un río dentro de México con el mismo nombre del por entonces límite fronterizo o, si no encontraba, nombrar otro río con el mismo nombre para provocar una “guerra de defensa” contra México y así quitarle la mitad de su territorio. Exactamente lo mismo hizo Trump acusando a Maduro de narcotráfico y luego decretando que el fentanilo era “arma de destrucción masiva”, una decoración usada para la invasión de Irak, el secuestro de Sadam Hussein y la apropiación del petróleo.

Hasta entonces, los emperadores como Bush y Obama mantenían el smoking bastante bien planchado. Con el Tea Party y, luego, con la primera presidencia de Trump, ser fascista, racista y misógino comenzó a ser considerado un orgullo. Allí comenzó “La rebelión de los amos”, peleada, como en las batallas medievales, por los peones sin rostro, sin nombres y sin nada que ganar o perder, excepto la vida.

En sus primeros años en la Casa Blanca, Trump todavía negaba ser machista, racista o imperialista. En su segundo período, continuó siendo el mismo de siempre, pero ya no lo disimuló más. En una conferencia en el Despacho Oval le preguntaron al alcalde electo de Nueva York si todavía pensaba que Trump era un fascista, a lo que Trump le dijo que no había problema: “diles que sí”. Mamdani respondió que sí, para satisfacción del presidente.

Hace unos años propusimos la fórmula P = d.t que relaciona poder (P), tolerancia (t) y diversidad/disidencia (d), según la cual los imperios incontestables tienen una alta tolerancia a la diversidad y a la disidencia cuando su poder (P) es incontestable, y se vuelven intolerantes a la diversidad y a la disidencia cuando su poder comienza a disminuir, relación que mantiene la ecuación en P-d.t = 0 en equilibrio. Actualmente, la creciente intolerancia a la disidencia, a la crítica, a los libros y cursos sobre sobre la historia esclavista e imperial, o a la aceptación de iguales derechos para diferentes etnias, géneros, sexos o clases sociales es un signo inequívoco de la creciente debilidad del Imperio americano.

Las máscaras y el smoking ya no son necesarios. La CIA lanzó su operación de secuestro del presidente Maduro para ser juzgado por narcotráfico tres semanas después de que el presidente Trump ordenase la liberación del expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, condenado a 40 años de prisión por un jurado federal del mismo Estado, por narcotráfico, y 24 horas después de reuniese con Benjamín Netanyahu, requerido por la Corte Penal Internacional por crímenes de Guerra y de lesa humanidad en Palestina.

Ante el acoso y luego bombardeo de Venezuela (que ya costó la vida de decenas de personas y que, con el tiempo, producirá más violencia), la ONU y varios presidentes han manifestado lo mismo: sentidas declaraciones de cancillerías sobre que “el ataque militar estadounidense sienta un precedente peligroso”.

¿No hace más de 200 años que estamos sentando precedentes peligrosos? ¿Qué está ocurriendo que no haya ocurrido antes? (1) Invasión imperial por avaricia de los recursos naturales, solo que ahora las excusas no son importantes; (2) cipayismo criollo, cobarde y entreguista; (3) timidez de los líderes izquierdistas de la región; (4) ausencia de consenso ante las más graves violaciones al derecho internacional…

¿Algo nuevo? Seguimos avanzando hacia la “Rebelión de los amos” a través de la “Palestinización del mundo” como un conductor que se duerme lentamente sobre el volante. Esto es sólo un capítulo más de un proceso que se radicalizará.

El secuestro de líderes desobedientes es una vieja práctica imperial. Los imperios siempre violaron las leyes ajenas, pero se cuidaron de hacerlo dentro de sus propios feudos (razón por la cual la cárcel de Guantánamo está en Cuba y no en Illinois), pero también esto ha cambiado. Ahora, los enmascarados del ICE y la Guardia Nacional han extendido la palestinización del mundo dentro de las fronteras de Estados Unidos, acostumbrando a su población a la brutalidad, al miedo y a la violación de los Derechos Humanos.

Los conflictos reaccionarios de los supremacistas y decadentes imperios occidentales continuarán sumando intervenciones al viejo estilo; invasiones, golpes de Estado, revueltas y guerras civiles inoculadas por las agencias secretas (CIA-MI6-Mossad). Seguiremos viendo un escenario de creciente violencia de Estados Unidos y Europa-Israel en sus patios traseros―América latina, África y Oriente Medio.

El objetivo es aplastar el surgimiento de China y del Sur Global, pero esta lucha desangrará más a Medio Oriente, África y América Latina que a China, hasta que ésta no tenga otra opción que intervenir en un conflicto bélico masivo.

Por el momento, a Rusia le importa Ucrania y a China, Taiwán. Por eso, sus reacciones ante la re-colonización supremacista del Sur Global son apenas simbólicas.

El sur global está solo.

Jorge Majfud, 3 de enero de 2025

https://www.pagina12.com.ar/2026/01/04/el-emperador-esta-desnudo/

Rémoras de Roma

Mercenarios del Imperio

La creación del personaje MCM (María Corina Machado) no es muy diferente al resto de los líderes promovidos por Washington y la CIA por generaciones. No es muy diferente a los personajes creados con el mismo propósito solo en Venezuela, desde Pérez Jiménez hasta Juan Guaidó, por años referido por los países imperiales como “el presidente de Venezuela”, exactamente como es anunciada Machado ahora. El perfil clásico es: un mártir de la libertad siendo perseguido por un dictador desobediente en un país con importantes recursos naturales.

Luego de apoyar el golpe de Estado de 2002 contra un presidente democráticamente electo, luego de promover y solicitar por décadas intervenciones extranjeras de todo tipo en su país… ¿cuántos días estuvo presa la pobre Corina Machado? Menos que el mismo presidente Chávez en 2002. Ni un día, de hecho. Por menos de eso, en Estados Unidos habría sido detenida por los enmascarados o por algún agente federal y le habrían puesto una rodilla en la cabeza contra el suelo. Todo en nombre de la libertad y de la seguridad nacional.

Pero Corina Machado ha estado tan vigilada por el régimen, que pudo dar entrevistas y participar de conferencias internacionales en Miami llamando a una invasión a su país. ¿El régimen no interceptaba sus comunicaciones? En las dictaduras fascistas, planeadas por la CIA y sostenidas por los miles de millones de Washington hasta no hace mucho, por el solo hecho de tener un libro prohibido en su cocina, a Machado la hubiesen secuestrado, violado y torturado según las técnicas de la School of the Americas. Luego hubiese terminado en el fondo del mar o diluida en cal viva. Esas mismas dictaduras fascistas que ahora despiertan la nostalgia de los seguidores latinoamericanos de su klan, el Conservative Political Action Conference, CPAC. Por no recordar el centro de tortura en Guantánamo, las decenas de cárceles secretas de la CIA alrededor del mundo o las violaciones en las cárceles israelíes de miles de palestinos, muchos de ellos menores, que la Nobel de la Paz venera.

Como buena empresaria de elite, sus amigos van desde billonarios hasta los políticos más poderosos. El 17 de octubre de 2025, Reuters tituló: “Israel afirma que la presidenta venezolana, Machado, expresó su apoyo a Netanyahu”. El mismo día, desde Twitter, Machado le agradeció a Netanyahu por su “lucha por la libertad” en medio del peor genocidio en lo que va del siglo. La Oficina del primer ministro precisó: “María Corina Machado llamó al primer ministro Benjamín Netanyahu” con motivo de la obtención del Premio Nobel de la Paz. No la llamó él para felicitarla. Lo llamó ella para agradecerle.

Para la ceremonia de entrega del premio en Oslo, tenía que llegar un día tarde y saltar una barrera metálica para las fotos. El New York Times (el mismo que apoyó la invasión a Irak y luego el golpe de Estado contra Chávez, 21 días después), anunciaron la espectacular huida de la galardonada, quien “lucha contra la dictadura de su país desde hace 25 años”.

El récord de injerencias es prolífico. En 2024, la Associated Press reportó sobre un memorando interno de la DEA, filtrado accidentalmente por fiscales federales. El documento, de 2018, estuvo unas horas accesible en internet y detallaba una operación encubierta de la DEA en Venezuela iniciada en 2013, con agentes secretos que espiaban a altos funcionarios venezolanos con el propósito de reunir cualquier hecho que los vinculase con el narcotráfico. El grupo cibernético israelí Team Jorge, que se jactó de haber manipulado 33 elecciones alrededor del mundo, también intervino en las elecciones de Venezuela en 2012. Por entonces, se acusó al gobierno de “elecciones oscuras”, pese a la opinión del expresidente estadounidense Jimmy Carter de que “Venezuela cuenta con el mejor sistema electoral en el mundo” y pese a que Team Jorge intervino de forma más que oscura para favorecer a la oposición.

Todos saben que Venezuela posee la mayor reserva mundial de petróleo del mundo. Es menos conocido que Estados Unidos (el mayor consumidor y productor del mundo debido al fracking) ha llegado a su techo de producción y se prevé un inevitable declive a partir de 2027.

Desde hace más de una década, el bloqueo económico y financiero a Venezuela ha sido criminal (sobre todo en pandemia), pero no ha tenido el efecto deseado de remover al chavismo del gobierno. Como la excusa de la democracia (eso que brilla por su ausencia en Estados Unidos) no fue suficiente, se pasó a la lucha contra el narcotráfico y a las ejecuciones sumarias de un centenar de personas en el Caribe, cerca de las costas de Venezuela, con el propósito de provocar una reacción militar (el clásico “fuimos atacados primero”, “nunca lo olvidaremos” que se remonta a la época del despojo de los nativos), tampoco funcionó. Así que se pasó al secuestro de un petrolero con un millón de barriles de petróleo que serán decomisados por violar el bloqueo impuesto por Estados Unidos.

Algunos senadores, como Chris Van Hollen, han acusado a Trump de fabricar excusas para una guerra, lo que recuerda al congresista Abraham Lincoln contra la guerra en México. Trump, como su odiado George Bush, intenta saltearse cualquier voto en el congreso para lanzar un operativo militar más directo sobre Venezuela, lo que provocaría una guerra civil. El discurso del gobierno de Bush para invadir Irak y el de Trump para invadir Venezuela (con el mismo objetivo, el petróleo) resultan burdas copias. Siempre confían en la desmemoria popular―y en el entreguismo.

Según la encuesta de CBS y YouGov, el 70 por ciento de la población de Estados Unidos está en contra de cualquier intervención en Venezuela, pero la opinión en América Latina está dividida… O peor. Según el medio financiado por el Gobierno de Estados Unidos, Voz de América, solo el 34 por ciento de los latinoamericanos se opone a una invasión. Aunque parece el mundo del revés, la historia del cipayismo y la manipulación de la propaganda colonial siempre fue más efectiva en las repúblicas bananeras que en los mismos centros imperiales. Desde Madrid, el opositor venezolano Leopoldo López reconoció que presionaron y negociaron con Estados Unidos un despliegue militar en Venezuela.

¿Qué gobierno podría legitimarse, con o sin elecciones, de esta forma? Yo sugiero una solución más heroica: que López, Guaidó y Machado se alquilen un Granma y desembarquen en secreto en el Orinoco. Desde ahí pueden convencer al pueblo para derrocar a la dictadura.

Fue lo que hicieron Fidel Castro, el Che Guevara y diez más que sobrevivieron al llegar a la costa. Los doce enfrentaron, sin ayuda de ningún imperio, a un poderoso ejército armado y apoyado por Estados Unidos y responsable de la matanza de decenas de miles de cubanos, según la misma CIA, y aun así lo derrotaron.

No estoy a favor de la violencia, pero ya que promueven el bombardeo de su propio país por parte de una superpotencia extranjera, al menos pónganles el pecho a las balas. ¿O no les importa que corra sangre por las calles de Caracas? No se escondan detrás de las superpotencias imperiales.

Jorge Majfud, diciembre 2025

PDF para descargar. Clase de Histroia.

Epstein: “Yo soy el único capaz de acabar con él” (2018).

Epstein refuta la versión de Trump sobre Mar-a-Lago

En un correo electrónico dirigido al escritor Michael Wolff, quien entrevistó a Epstein en numerosas ocasiones para un libro que estaba escribiendo sobre Trump, Epstein negó la versión de Trump sobre haberle retirado su membresía en el club Mar-a-Lago por “ser un tipo repugnante”.

“Trump dijo que me pidió que renunciara; nunca fui miembro”, escribió Epstein.

“Por supuesto que sabía de las chicas, ya que le pidió a Ghislaine que parara”, continuaba el correo, refiriéndose a su exnovia y cómplice Ghislaine Maxwell, quien reclutó al menos a una de las víctimas de Epstein, Virginia Giuffre, en el club.

En otro correo electrónico enviado a Wolff, Epstein afirmó que una mujer, cuyo nombre fue censurado, “trabajaba en Mar-a-Lago. Trump lo sabía y vino a mi casa muchas veces durante ese período. El testimonio del mayordomo John Alessi lo confirmó. Nunca recibió un masaje”.

En un correo electrónico enviado a Maxwell en 2011, Epstein afirmó que Trump “pasó horas” con quien el comité considera una víctima. Maxwell, condenada por tráfico sexual, cumple actualmente una condena de 20 años de prisión por cargos que incluían conspiración para el tráfico sexual de menores en conexión con Epstein.

“Quiero que te des cuenta de que ese perro que no ha ladrado es Trump… [La víctima] pasó horas en mi casa con él… y nunca se le ha mencionado”, escribió Epstein.

“He estado pensando en eso…”, respondió Maxwell.

La Casa Blanca y los republicanos del Comité de Supervisión de la Cámara de Representantes declararon el miércoles que el nombre de Giuffre era el que se había tachado en esos correos electrónicos. Giuffre, quien se suicidó este año, no acusó a Trump de ningún delito.

Epstein critica las prácticas comerciales “turbias” de Trump

En los correos electrónicos, Epstein criticó duramente las prácticas comerciales de Trump y lo calificó de “turbio”. Después de que la abogada y exasesora de la Casa Blanca de Obama, Kathy Ruemmler, le enviara a Epstein un enlace a un artículo de opinión del New York Times que mencionaba al exabogado de Trump, Michael Cohen, Epstein respondió: “Ya ves, sé lo corrupto que es Donald. Supongo que la gente de negocios de Nueva York que no es abogada no tiene ni idea de lo que significa que tu abogado se vuelva contra ti”.

En otro correo electrónico, Epstein acusó a Trump de usar artimañas financieras para ganarle la puja por una propiedad.

“No tenía dinero cuando compró la casa”, escribió en un correo electrónico de febrero de 2019 a Wolff.

Su modelo de negocio consiste en poner su nombre en un proyecto inmobiliario y cobrar una comisión por usar su nombre. El negocio hotelero es simplemente eso”, escribió Epstein. Trump le puso su nombre y se lleva una comisión del 2% y quizá una parte de las ganancias, si las hay, de la venta. Promociona el proyecto como “suyo”… igual que en sus estados financieros actuales, archivados como presidente, donde declara sus “ingresos” como los ingresos BRUTOS de los clubes, sin gastos, no sus ingresos personales; es decir, el club de golf Doral pierde dinero cada año. Gasta más de lo que ingresa, pero él declara esos ingresos como suyos. ¡INCREÍBLE!

Epstein dice que Trump culpa a otros “por los malos resultados”.

En un intercambio de mensajes con Epstein en febrero de 2017, Ruemmler calificó a Trump de “repugnante”.

“Peor en persona y de cerca”, respondió Epstein.

En otro intercambio de mensajes de 2017 con una persona no identificada, Epstein dijo de Trump: “El mundo no entiende lo tonto que es en realidad. Culpa a todos a su alrededor por los malos resultados”.

Epstein menciona a Trump y la cárcel

Mark Epstein, hermano del fallecido financiero, le preguntó en un correo electrónico de 2018: “¿Qué anda haciendo tu chico Donald ahora?”.

Epstein respondió que estaba “con Bannon ahora”, refiriéndose aparentemente al exasesor de la Casa Blanca, Steve Bannon. Mark Epstein sugirió que su hermano preguntara si el presidente ruso, Vladimir Putin, tenía fotos comprometedoras de Trump y Clinton juntos.

“Tú y tu chico Donnie podrían hacer una nueva versión de la película ‘Duro de Matar’”, propuso Mark Epstein, haciendo referencia a la comedia con Kevin Hart y Will Ferrell donde el personaje de Hart intenta preparar al de Ferrell para la cárcel. “Te refieres a Donnie T.”, respondió Epstein.

Mark Epstein confirmó a NBC News que el correo electrónico que se le atribuía era auténtico. Se negó a comentar sobre la publicación general porque no había visto todos los correos electrónicos. Epstein dijo sobre Trump en 2018: “Yo soy el único capaz de acabar con él”.

En un intercambio de mensajes de texto de diciembre de 2018 con Epstein, alguien cuyo nombre fue censurado en los documentos escribió: “¡Todo esto pasará! ¡Solo intentan acabar con Trump y están haciendo todo lo posible para lograrlo!”.

“Sí, gracias. Es increíble. Porque yo soy el único capaz de acabar con él”, respondió Epstein.

Si bien el intercambio no proporciona contexto, tuvo lugar durante el primer mandato de Trump como presidente y aproximadamente seis meses antes de que agentes del FBI arrestaran a Epstein en Nueva Jersey por cargos federales de tráfico sexual.

Epstein niega que Clinton haya ido a su isla privada.

En diferentes intercambios de correos electrónicos, Epstein negó las acusaciones de que Clinton hubiera estado en su isla privada, donde ocurrieron algunos de sus abusos. En un intercambio de correos electrónicos de 2015 con Landon Thomas Jr., ahora exreportero del New York Times, Epstein se refirió a las afirmaciones sobre la presencia de Clinton en la isla, hechas por una víctima cuyo nombre ha sido censurado, como inventadas, incluyendo “detalles minuciosos de una cena que tuvo con él en la isla”.

“Clinton NUNCA estuvo allí, jamás”, escribió Epstein.

En un correo electrónico de enero de 2015 a Wolff, Epstein dijo que tenía una exnovia que podía corroborar que Clinton nunca estuvo allí, y también podía refutar las afirmaciones de que el ex primer ministro israelí Ehud Barak había estado en la isla.

Un miembro de la alta sociedad neoyorquina le dijo a Epstein en 2019: “Te dije que Barr protegería a Trump”.

El miembro de la alta sociedad neoyorquina Jonathan Farkas, cuya familia era propietaria de los grandes almacenes Alexander’s de Nueva York, escribió en un correo electrónico a Epstein en abril de 2019: “Te dije que Barr protegería a Trump; lo conozco desde hace 50 años”. La esposa de Farkas, Somers Farkas, fue confirmada como embajadora de Estados Unidos en Malta durante el segundo mandato de Trump.

El correo electrónico a Epstein sobre Barr se envió el mismo día en que Barr, entonces fiscal general de Trump, publicó el informe del fiscal especial Robert Mueller, que resumía la investigación de casi dos años sobre la injerencia rusa en las elecciones presidenciales de 2016.

Ese día, Barr anunció que hubo diez posibles “episodios” de obstrucción por parte de Trump, pero que el presidente no había cometido ningún delito. Barr también enfatizó que el informe demostraba que no había evidencia de colusión entre la campaña de Trump de 2016 y el gobierno ruso.

Barr no respondió de inmediato a una solicitud de comentarios sobre el correo electrónico que lo mencionaba.

Epstein y “El Duque” hablan sobre Virginia Giuffre.

Los documentos también incluyen intercambios de correos electrónicos entre Epstein y una persona identificada como “El Duque”. La persona en cuestión parece ser Andrew Mountbatten-Windsor, a quien recientemente le fueron retirados sus títulos de príncipe y duque de York por su relación con Epstein.

Una de las acusaciones contra el expríncipe era que había mantenido relaciones sexuales con Giuffre cuando ella era menor de edad, una acusación que él ha negado.

En 2011, Epstein reenvió un correo electrónico al “duque” que le habían enviado sobre un reportaje en el que el Mail on Sunday estaba trabajando, en el que Giuffre hacía públicas sus acusaciones contra el príncipe.

“¿Qué? No sé nada de esto. ¿Cómo vas a responder?”, dijo Epstein, quien afirmó haber recibido la solicitud de comentarios y haber pedido a sus abogados que enviaran una carta. “No sé cómo responder; la única persona con la que no tuvo relaciones sexuales fue Elvis”, dijo Epstein refiriéndose a Giuffre. “El Duque” respondió entonces: “Por favor, asegúrese de que cada declaración o carta legal indique claramente que NO estoy involucrado y que NO sabía ni sé NADA sobre ninguna de estas acusaciones. No puedo soportar más esto”.

“El Duque” se puso en contacto con Maxwell, quien le reenvió el correo electrónico que él le había enviado. “¡Hola! ¿Qué es todo esto? ¡No sé nada de esto! Por favor, dilo claramente. Esto NO tiene NADA que ver conmigo. No puedo soportar más esto”, escribió.

En un correo electrónico de 2015, Epstein también le dijo a Thomas, el exreportero del Times, que las afirmaciones sobre la supuesta presencia de Clinton en la isla deberían demostrar que el relato de Giuffre sobre Andrés es “delirante”.

Thomas le dijo que uno de los problemas era que el príncipe estaba “manteniendo viva la historia”.

“Creo que el problema principal es que te desvincules de Andrew”, escribió Thomas. “Es decir, al final, tuvo relaciones sexuales consentidas con (información confidencial). Y (información confidencial) trabajaba para ti. Lo demás es pura apariencia. ¡Ya lo superaste! La gente no lo sabe y no puede aceptarlo a menos que tú lo digas”.

En otro correo electrónico a un publicista en 2011, Epstein dijo: “También se puede demostrar fácilmente que la chica que acusó al príncipe Andrew es una mentirosa. Creo que al Palacio de Buckingham le encantaría. Deberías encargarle a alguien que investigue a la chica, Virginia Roberts”, el apellido de soltera de Giuffre.

NBC News se ha puesto en contacto con la oficina de Mountbatten-Windsor para obtener comentarios.

Epstein dice que Trump se estrelló contra una puerta de cristal.

El reportero financiero del New York Times, Landon Thomas Jr., escribió en un correo electrónico a Epstein en diciembre de 2015 que la gente “me consulta pensando que tengo información jugosa sobre ti y Trump”.

En respuesta, Epstein escribió: “Que le pregunten a mi mayordomo sobre cómo Donald casi se estrella contra la puerta, dejando la huella de su nariz en el cristal, mientras unas jóvenes nadaban en la piscina. Estaba tan concentrado que se dio de bruces contra la puerta”.

Epstein no aportó más detalles, incluyendo dónde y cuándo ocurrió.

Epstein dice que Andrés es “muy divertido”.

El inmunólogo Boris Nikolić le escribió a Epstein en un correo electrónico: “Me reuní con tu amigo Bill Clinton ayer” y “conocí a tu amigo el príncipe Andrés, ya que tiene algunas preguntas sobre Microsoft”.

Epstein le dijo a Nikolić, quien trabajó para el cofundador de Microsoft, Bill Gates: “Dile a Andrés que somos amigos”.

Nikolić le respondió a Epstein: “No necesito nada de él”.

“Sí que lo necesitas, necesitas reírte y divertirte, y él es bueno en eso”, respondió Epstein. “Es muy divertido”.

La empresa de Nikolić no respondió de inmediato a la solicitud de comentarios.

Fuente: https://www.nbcnews.com/politics/donald-trump/epstein-emails-trump-bill-clinton-prince-andrew-what-documents-say-rcna243526

Serviles bufones del rey

Trump intenta acostumbrar a los estadounidenses y al mundo a la idea de una intervención en Venezuela que costaría una guerra civil y un baño de sangre sumado al ya largo crimen de la guerra comercial, financiera y mediática.

Mientras tanto, desde Miami, la Premio Nobel de la Paz le promete a la oligarquía mundial el oro y el moro a cambio de que la pongan de presidenta en lugar del “dictador ilegítimo” en Miraflores.

Para eso, no duda en insistir y llama a su presidente, rey del mundo, a una guerra que no peleará ella ni sus hijos ni ningún empresario que hoy se frota las manos.

No, señora Machado. Usted nunca, jamás será la presidenta legítima que sueña ser en sus delirios de poder psicópata.

Ningún cipayo entreguista y cobarde podrá nunca ser legítimo en nada. No existe ni existirá nunca un gobernador de colonia legítimo. Menos aquel que asume el poder derramando sangre de su propio pueblo vendido por treinta piezas de plata y con las siempre infinitas bombas de un imperio insaciable.

jorge majfud november 15, 2025

Washington no puede bombardear Nueva York

El viernes 31 de octubre de 2025, en su residencia arábiga de Florida, el presidente Trump organizó una fiesta de millonarios al estilo del Great Gatsby―antes del Great Crash de 1929. Mientras 42 millones de personas no sabían qué iban a comer debido al cierre del gobierno (el socialismo siempre reparando lo que el capitalismo nunca pudo solucionar), papi Trump servía el espectáculo de una jovencita en bikini dentro de una enorme copa de champagne.

El martes de la semana siguiente hubo elecciones para la gobernación de dos estados y una elección trascendente en California, la que tendrá un impacto en la cámara baja en Washington para las elecciones de 2026. Las tres elecciones fueron triunfo demócrata. En Nueva Jersey y en Virginia, ganaron dos mujeres, para la furia de la Casa Blanca. Como narcisista patológico que es, ante la derrota Trump declaró:

“El cierre del Gobierno y el hecho de que yo no estaba en las papeletas fueron las dos razones por las que los republicanos perdieron las elecciones”.

Sin embargo, el triunfo más importante fue el de la alcaldía de Nueva York. Que un candidato demócrata gane en las elecciones de Nueva York por más del cincuenta por ciento de los votos no sería nada significativo si el ganador no fuese Zohran Mamdani.

Estas elecciones tuvieron la mayor participación en una elección de alcaldía desde 2001. Mamdani ganó a pesar de que las corporaciones inundaron las arcas de su rival demócrata, Andrew Cuomo, derrotado meses antes por el mismo Mamdani en las elecciones internas. El exgobernador fue apoyado por Trump y Elon Musk.

Musk se había burlado del socialismo del musulmán, quien había propuesto que los autobuses de la ciudad no cobrasen pasaje. Mamdani no sólo le recordó que Cuomo le había regalado cientos de millones a Musk en recortes impositivos, más de lo que costaría un transporte público gratuito para los trabajadores, ahogados por los bajos salarios y los alquileres de tres mil dólares.

Más que significativo, la importancia simbólica (psicológica e ideológica) del triunfo de Mamdani supera cualquier hecho concreto. Desde el marco de la política de las identidades que, en Estados Unidos, domina el circo político desde al menos fines de los años 90s, muchos han señalado con aprecio y desprecio su condición de joven de 34 años, de inmigrante de Uganda, de musulmán y de hijo de un profesor y una productora de cine de India.

En la arena ideológica, Mamdani se identificó sin disimulos con el socialismo y sin tartamudeos con los derechos humanos en Palestina y contra el genocidio en Gaza. A pesar de estar en campaña electoral, dijo que, si Netanyahu pisaba Nueva York y él era el alcalde, ordenaría su detención. El poderoso lobby sionista abrió sus arcas, pero una gran proporción de judíos de Nueva York (39 por ciento) que consideran que Israel ha cometido un genocidio en Gaza, apoyaron la candidatura de Mamdani.

El “peligro del mal ejemplo” (es decir, el ejemplo de cualquier opción diferente al capitalismo ortodoxo) ha sido, por muchas generaciones, central en la obsesión de los responsables de las políticas exteriores de Estados Unidos basadas en la demonización y bloqueo de cualquier posible alternativa en el Sur Global, desde Lumumba en el Congo y Allende en Chile hasta Muamar el Gadafi en Libia.

Si algo no tiene Mamdani es timidez política, vergüenza ideológica, cobardía moral. Se ha enfrentado al hombre más temido por propios y ajenos, el presidente Trump, con un desparpajo que sentará el ejemplo tan temido de cómo la izquierda debe enfrentar el avance cleptocrático de los privatizadores neoliberales: sin hacer buena letra, sin pedir permiso, de frente y sin maquillaje.

“Si alguien puede mostrar a Donald Trump derrotado ―dijo Mamdani en la TV―, es la ciudad que lo vio nacer… Así que, Donald, ya que sé que estás viendo esto, te digo: sube el volumen y escucha”.

Mamdani rompió el tablero. Bernie Sanders lo apoyó cuando ya no necesitaba apoyo moral. Días antes de las elecciones, Obama―quien por años gambeteó todos los ataques de Trump a fuerza de bromas y silencios―lo llamó para ofrecerse como su consejero, si ganaba el gobierno de NYC.

Las propuestas de Mamdani son concretas y chocan de frente con el dogma: regreso a los impuestos para los millonarios (ahora multibillonarios) para financiar obras y servicios básicos de los cuales Nueva York necesita de forma urgente; regulación de alquileres; construcción de viviendas estatales; crear supermercados públicos en cada barrio; crear guarderías públicas para niños; subir el salario mínimo de los trabajadores; proteger los derechos laborales y sindicales; entre otras medidas, para las cuales necesitará aliados en el City Council y en el Congreso del Estado.

No sólo Trump, sino el mismo sistema se siente obligado a bloquear el corazón del poder financiero capitalista. Lo prometió Trump, pero le resultará más difícil que hacerlo con una colonia o con una república bananera. 

La diferencia siempre estuvo en que todas estas amenazas contra el “mal ejemplo” fueron aplastadas sin ninguna restricción ética, moral o legal. Ahora, que ese ejemplo proceda desde dentro mismo del corazón del capitalismo, residencia de Wall Street, se convierte en un problema mayor y difícil de tratar.

Washington no puede bombardear Nueva York. A Trump le quedan opciones clásicas: antes de las elecciones (como en Argentina) amenazó con un bloqueo de los recursos federales―a pesar de que Nueva York, como California, subsidian los estados conservadores del Sur―, la vieja política hacia países como Cuba y Venezuela.

La segunda opción es una invasión militar, estilo repúblicas bananeras antes de la Segunda Guerra Mundial o tipo República Dominicana (1965), Granada (1983) o Panamá (1990). Aunque esta opción parezca impensable, siempre hay atajos. No debemos olvidar que la militarización de Chicago y Los Ángeles fue solo un ensayo y, sobre todo, el intento de proceder por la vieja estrategia de acostumbrar a una población a través de dosis graduales de algo que, de realizarse de forma abrupta, no sería tolerado―Creeping normality.

La tercera opción que tampoco debe estar fuera de la mesa de los estrategas, es la clásica opción de la Guerra Fría: desestabilización de un gobierno democrático y remoción del líder por un golpe de Estado.

Mamdani no puede ser candidato a la presidencia por su nacimiento. Pero va quedando claro que las dos figuras jóvenes más importantes de los partidos dominantes, J.D. Vance y Mamdani representan dos extremos nunca vistos desde hace más de un siglo. Es probable que la elección de Mamdani sea ese punto de inflexión que muchos estuvimos esperando en los últimos dos años.

La historia podría seguir de la siguiente forma: en noviembre de 2026, los demócratas recuperan las dos cámaras del Congreso. Los cálculos indican que es improbable que los demócratas logren la mayoría en el Senado en 2026. Si este milagro se produjese (un evento que aliene a algunos republicanos, como ya se vio en el caso de Palestina), en 2027 podrían someter a impeachment a un presidente ya sin sus facultades físicas e intelectuales. Improbable porque, para destituir al presidente, sería necesario dos tercios del senado. Improbable, no imposible.

Si la improbabilidad se diese (algo común en la historia) ese mismo año seríamos testigos de dos posibles resultados opuestos: la destitución y una reacción militarista o dictatorial más directa de la Casa Blanca, seguida de un conflicto mayor.

jorge majfud, noviembre 5, 2025

Washington cannot bomb New York 7 noviembre, 2025

https://www.pagina12.com.ar/871560-washington-no-puede-bombardear-nueva-york

https://actualidad.rt.com/programas/zoom/571875-eeuu-imperio-decadencia

https://www.ihu.unisinos.br/659587-washington-nao-pode-bombardear-nova-york-artigo-de-jorge-majfud

¿Guerra cultural o Lucha de clases?

El 10 de setiembre de 2025, en un evento llamado “The American Comeback Tour” (“Gira por el Regreso de Estados Unidos”) en la Utah Valley University, un estudiante le preguntó a Charlie Kirk:

“¿Sabes cuántos tiroteos en masa ha habido en los últimos diez años?”

“¿Contando la violencia de pandillas?” respondió Kirk, irónico.

Kirk era un arengador profesional de la derecha, reconocido por el presidente Trump por haberlo ayudado a ganar las elecciones. Tiempo atrás, había afirmado que algunos muertos por violencia de armas (40.000 anuales) eran un precio razonable para mantener la sagrada Segunda enmienda. Según la Asociación del Rifle, que dio vuelta la interpretación de la Suprema Corte, esta enmienda protege el derecho de los individuos a portar rifles AR-15. La letra impresa de 1791 no habla de individuos sino de “milicias bien reguladas”. Por armas se refería a unos mosquetes que no mataban un conejo a cien metros. Por “the people” ni soñando se refería a negros, mulatos, indios o mestizos.

Antes que pudiese articular una respuesta completa, Kirk recibió un poderoso disparo en la garganta desde un edificio ubicado a 140 metros. De paso, por casualidad o no, sus enemigos de la misma derecha, como Ben Shapiro y, tal vez Tel Aviv, se sacaron de encima a un traidor que había cuestionado el 7 de Octubre de 2023 ―como lo hicimos nosotros en Página 12, el 8 de octubre.

Los medios y las redes sociales explotaron culpando a “la izquierda”, pese a que, solo en los últimos cincuenta años, las matanzas de la derecha suman el 80 por ciento de los muertos y los de la izquierda apenas cinco por ciento.

Pero ¿a quién le importa la realidad, si el verbo creó el mundo? Desde Europa hasta el Cono Sur, quienes escucharon por primera vez el nombre de Kirk organizaron emotivas ceremonias por el nuevo mártir de la “violencia de los zurdos” y no ahorraron elogios a su “profunda influencia” que “marcó un camino” para la gente de bien.

Dos días después, el gobernador del estado mormón de Utah, Spencer Cox, dio a conocer la identidad del asesino. Casi llorando, reconoció que “había rezado 33 horas para que el asesino fuese alguien de afuera, de otro estado o de otro país”, pero Dios no lo escuchó. Dos días más tarde volvió a los medios más aliviado: el asesino, aunque conservador, amante de las armas, votante del presidente Donald Trump, había sido influenciado por las “ideas de izquierda” de su pareja, un joven transexual.

Los religiosos capitalistas no creen en el pecado colectivo sino en el pecado individual, pero siempre están buscando un pecador dentro de un grupo ajeno para para criminalizar al grupo entero. Cuando Cox reconoció: “Durante 33 horas recé para que el asesino fuera alguien de otro país… Lamentablemente, esa oración no fue escuchada”. No se le ocurrió pensar que “nosotros, que lideramos las donaciones en todo el país”, podíamos ser criminales, pecadores. Si cerramos los ojos para decirle a Dios lo que debe hacer, no podemos ser malos.

Ahora, ¿cuál es la lógica (sino la ingeniería) social en todo esto? Pongámoslo con una metáfora que atraviesa tres continentes y más de mil años de historia: el ajedrez.

Como las matemáticas modernas, las ciencias fácticas y los mecanos, en el siglo IX los árabes introdujeron el ajedrez indio a Al-Andalus (hoy España). Europa lo adoptó y adaptó. El sistema feudal europeo concentraba todo el prestigio social en la tenencia de tierras y en el honor de las guerras. Como hoy, los nobles inventaban guerras en las cuales sus súbditos iban a morir en nombre de Dios, mientras ellos recogían el botín y el honor. Los peones, esa línea de piezas sin rostros y sin nombres, son los soldados modernos y, más recientemente, los civiles que sólo sirven de carne de cañón.

¿Dónde está el truco? En geopolítica, los dos bandos representan dos bloques o alianzas de países. Igual, los de abajo son los primeros en morir. Si sobrevive un peón hasta el final de la partida, es porque se arrimó al rey para protegerlo.

A nivel nacional, representa una guerra civil, pero éstas suelen ser raras; son la última instancia de una guerra más prolongada que la precede. Cuando vemos estas piezas en acción, vemos las blancas contra las negras. Vemos una “guerra cultural”. Una guerra que hoy no es, porque, si realmente fuese una guerra cultural, la libertad de expresión estaría garantizada, algo que, en Estados Unidos y bajo el gobierno libertario de Trump-Rubio, ha ido muriendo cada día.

Es decir, la guerra cultural nos impide ver la verdadera guerra que precipita el conflicto: la guerra de clases. En la línea de fuego tenemos a los peones. Más atrás, la aristocracia, los ricos. Finalmente, los verdaderos dueños del combate: todos luchan y mueren por defender a un rey (¿BlackRock?) quien, sin sacrificio, se lo lleva todo.

En La narración de lo invisible (2004) propusimos una tesis sobre la lucha política de los campos semánticos: quien lograba definir y limitar el significado del ideoléxico (luego “guerra cultural”), marcaba la dirección de la historia. Esto sin negar que la principal fuerza de conflicto radica en la lucha de clases, que las clases en el poder (y sus amanuenses) niegan siempre o se la atribuyen, como intención perversa, a los críticos marxistas, conspiradores del mal.

Hoy podemos ver cómo esta lucha de clases, ejercida por las elites financieras, no ha cesado de promocionar una guerra cultural como distracción perfecta. Negras contra blancas, cristianos contra musulmanes, machistas contra feministas, elegidos de Dios contra creaciones defectuosas de Dios…

Esta oligarquía, que no para de secuestrar y concentrar la riqueza de las sociedades, se ha dado cuenta de dos problemas: (1) La brecha entre quienes lo tienen todo y quien no tienen nada se ha incrementado de forma logarítmica ―ergo, peligrosa. (2) La vampirización de las colonias que proveían a los imperios del capitalismo blanco se está secando y los pueblos, que apenas se beneficiaron de este genocidio histórico que dejó cientos de millones de muertos, ya no sienten el privilegio de ese sistema internacional. Están empobrecidos, endeudados, destruidos por las drogas duras y por las drogas de la argumentación apasionada e inútil de las redes de entretenimiento, productoras del odio sectario, nacionalista y tribal.

La droga principal de las elites es el dinero y el poder. Necesitan siempre más para mantener un mínimo de satisfacción, pero saben que esta situación, tanto nacional como internacional, no es sostenible. A nivel nacional, es la fórmula perfecta para una sangrienta rebelión. A nivel internacional, significa el derrumbe de un poder dictatorial que en el siglo XIX se llamó “democracia blanca”.

Adentro, para evitar o postergar esta rebelión, necesitan promover el odio entre los de abajo y la militarización como solución. Afuera, el objetivo es el genocidio, la aniquilación de cualquier potencia emergente o la tercera guerra mundial.

Palestina es el laboratorio perfecto donde se decide cómo alcanzar una brutalidad a pesar de la oposición de un mundo sin poder. La propaganda les está fallando, así que aceleran el recurso sordo de la violencia bélica, cuyo objetivo es la limpieza de humanos incómodos a fuerza de bombardeos masivos, interminables, impunes.

Todo para agradar a un dios extraño.

Jorge Majfud, Setiembre 14, 2025.

https://www.pagina12.com.ar/861287-guerra-cultural-o-lucha-de-clases

https://www.telesurtv.net/opinion/guerra-cultural-o-lucha-de-clases/

Un consejo, Mr. Trump

La Política del Bully no va a funcionar. Tal vez usted no lo vea, pero sus hijos sí.

A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, esa misma doctrina se conoció como Política del Garrote, por aquello de Teo Roosevelt: “Habla sueve mientras cargas un garrote”. Por entonces, Estados Unidos era un imperio ascendente y con posibilidades ilimitadas.

El problema hoy es que Washington ya no es el dueño del único garrote en el barrio. Peor aun cuando, quienes han sufrido su matoneo por generaciones, son unos cuantos, cada uno con su garrote.

Mi consejo es simple, por el bien de ese pueblo que usted dice amar más que su dinero y por el bien del resto del mundo, aunque esta última no es una mención que lo vaya a conmover demasiado:

Cuando tu poder está en la decadencia senil, no entres a la Trampa de Tucídides. Habla sueve y abre la puerta de las negociaciones.

Algo vas a perder, pero no todo.

Jorge Majfud, 5 de setiembre de 2025.

A piece of advice, Mr. Trump

The Bully Policy isn’t going to work. You may not see it, but your children will.
In the late 19th and early 20th centuries, that same doctrine was known as the Big Stick Policy, after Theo Roosevelt’s saying: “Speak softly while carrying a big stick.” Back then, the United States was a rising empire with unlimited possibilities.

The problem today is that Washington no longer owns the only big stick in the neighborhood. Even worse is that those who have suffered its bullying for generations are a few, each with a big stick.

My advice is simple, for the sake of those people you claim to love more than your money and for the sake of the rest of the world, although this last one isn’t a statement that will move you too much:

When your power is in senile decay, don’t enter the Thucydides Trap. Speak softly and open the door to negotiations.

You will lose something, but not everything.

Jorge Majfud, September 5, 2025.

Narcoestados

En una clase esta semana se salieron del tema y me preguntaron por el cartel de drogas de Venezuela…

Hace casi treinta años que venimos con el mismo tema: si quieren eliminar el narcotráfico, inviertan en prevención, salud y reducción del consumo. ¿No era que la ley de la oferta y la demanda lo explica todo? Aparte, basta con mirar la experiencia de la Ley Seca. Como la Libertad, la democracia y los Derechos Humanos, la “lucha contra la droga” ha sido siempre una vieja excusa intervencioncita de los imperios―sobre todo de Washington. La criminalización fue también interna, contra negros y latinos, como en el caso de Nixon.

“El Cartel de los Solos no existe ―todavía”, contesté, como para cortar por lo sano. “Lo que existe allí es la mayor reserva de petróleo del mundo y más de un siglo de la misma historia”.

Pues, por si fuese poco, ahora el venezolano antichavista Capriles sale a decir lo mismo y, para rematarla, Larry Johnso, ex agente de la CIA, lo confirma.

jorge majfud agosto 2025

“¿Qué traumas habrán vivido estas pobres criaturas?”

El presidente Javier Milei y su hermana Karina Milei

“¿Qué traumas vivieron estas pobres criaturas?”

Una de las preguntas más recurrentes de los argentinos al ver la foto del presidente Javier Milei y su hermana Karina cuando niños es “¿Qué traumas vivieron estas pobres criaturas?” Angelicales rubiecitos, como en las pinturas medievales y renacentistas. Al decir de Pamela David en 2016, “Macri tiene una familia blanca, hermosa y pura” que sacó a “toda la mugre”, es decir morochas como Cristina y ella misma. Claro que, como hizo la CIA después de Hitler, en todos los discursos había que reemplazar la acusación de negro por la de comunista. Ideas que coinciden con las del morocho Sarmiento, quien detestaba a los indios, sentía “simpatía para la raza de ojos azules” y quería “mejorar la raza” (típica expresión del colonizado, como la del vicepresidente y mulato brasileño Hamilton Mourão) importando europeos blancos para parecerse a Estados Unidos. Ideas que coinciden con la reconocida inspiración de Hitler, el estadounidense Madison Grant, el cual el New York Times reseñó en 1916: “Si eres rubio, perteneces a la mejor gente de este mundo. Pero todo se terminará contigo. Tus antepasados han cometido el pecado de mezclarse con las razas inferiores del sur. Como resultado, las mejores cualidades de los rubios, pertenecientes a la raza creadora de la mejor cultura, se ha ido corrompiendo…”

Veamos el factor freudiano antes de volver a los genes. La “psicología Disney” que criticábamos a principio de siglo, no sólo obligaba a los padres a evitarle cualquier frustración a sus hijos, al tiempo que los convencían de que eran Al-Juarismi, Leonardo da Vinci, Arthur Miller y Marilyn Monroe en uno, sino que, además, creó un ilimitado sentimiento de culpa en los padres que se tradujo en una permisividad tóxica.

Dejando de lado el posible sarcasmo de “¿Qué traumas vivieron estas pobres criaturas?”el mismo Milei dio varias entrevistas justificándose porque sus padres lo castigaban de chico, algo que casi todos en nuestra generación vivimos en diferentes grados y no justifica que alguien descargue todas sus frustraciones emocionales sobre el resto de la humanidad.

Aquí vuelvo a uno de los temas sobre la violencia moral en La reina de América (2001): un trauma es la fosilización de un significado autodestructivo. Siempre existe la posibilidad de resignificar nuestras memorias a través de la reflexión, la racionalización, la catarsis griega o de su des-cubrimiento en caso de un trauma reprimido, como diría el psicoanálisis freudiano. Por ejemplo, el sexo amoroso, el sexo comercial y una violación son exactamente el mismo acto físico, pero los tres se distinguen por su significado; y todo significado depende de una tensión entre el individuo, la sociedad y la historia.

En la novela Crisis (2012), volví sobre el significado de otras formas de violencia. Por ejemplo, sobre una asistente social (que el gobierno de Delaware ofrecía a toda familia con un recién nacido) que se escandalizaba cuando uno de los personajes le contaba que había visto cómo sus tíos y los trabajadores rurales de su abuelo (por entonces, peones) mataban los cerdos; su padre tuvo que sacarle el cuero a una vaca muerta para recuperar parte de su inversión. El personaje reflexionaba que ninguna de esas experiencias lo llevó a sentir placer o indiferencia por el dolor ajeno. El significado de aquellos hechos no era traumático; era claro y explicable: no se trataba del placer de matar un cerdo, sino de la necesidad de sobrevivencia de gente de campo―significado que un día podrá cambiar.

Luego el personaje comparó: “todos los soldados, generales, políticos y pastores que han participado y apoyado la última guerra en Irak fueron educados de niños según esos ‘métodos de no violencia’. ¿Cómo es que niños tan alejados de palabras fuertes, del rigor de los padres, son capaces de bombardear mercados y ciudades llenas de niños?”

Matar un hombre es una experiencia traumática, pero no es la misma experiencia si comprendemos que fue un accidente o en defensa propia. La homosexualidad era una condena de muerte hasta que la sociedad la resignificó; como alguien que sueña que mató a alguien y, al despertar, entiende que el significado y la angustia del hecho cambió con el cambio de estado de conciencia. De ahí que despertar es una liberación del significado que nos oprime.

Las naciones indígenas solían excluir la violencia en la educación de los niños. No la europea, hasta no hace mucho; pero muchos niños que sufrieron brutales palizas se convirtieron en padres cariñosos. Claro, no todos los individuos responden de igual forma, pero creo que en la representación autoindulgente del presidente argentino se omiten elementos que la ciencia neurológica ya ha probado irrefutables. No todo se explica por traumas infantiles. Existe una plétora de casos de criminales que se deben a condiciones genéticas. Suele ocurrir que las experiencias traumáticas de la infancia no son la causa de, por ejemplo, la psicopatía ni de casos mucho menos serios, sino la consecuencia. Especialmente cuando los padres no saben resolver la situación y, por falta de experiencia (es decir, el caso de casi todos los padres) recurren a alguna forma de violencia.

Es un mito que los niños siempre reflejan la educación de la casa. Hoy sabemos que la mayoría de sus particularidades neurológicas tienen más que ver con natura que con nurtura. La educación puede ayudar o empeorar los resultados. La injusticia social también. Por ejemplo (escribimos sobre esto hace una década), en Estados Unidos y en la mayoría de los países, los niños con desarrollo conflictivo o solo por confundir la C con la S, son derivados a un ejército de profesionales. Un aspecto negativo es la (auto) estigmatización de los jóvenes (lo veo en mis estudiantes) que se imponen límites porque han sido diagnosticados con X o Y. Cuando yo era joven, no existían esos diagnósticos. Ni maestros ni profesores ni nuestros padres nos preguntaban si podíamos hacer algo; simplemente nos mandaban a la guerra con un tenedor.

Sin embargo, que un niño o un adolescente pueda recibir la medicación o la terapia indicada para manejar un problema mientras su cerebro se estabiliza (algo que no llega hasta los 25 años en los varones) es mil veces mejor a que el joven resuelva sus problemas con alcohol, drogas o violencia. La injusticia social radica en que los pobres o muchos jóvenes de la clase media no tienen la misma oportunidad de disfrutar de los avances de las ciencias y, en lugar de un psicólogo, un psiquiatra y unas medicinas que, sin seguro, puede costar mil dólares por mes, terminan siendo expulsados de sus escuelas, internados en un juvenile detention center y, finalmente, arruinan vidas en el crimen o en la miseria. Probable caso de los hermanos Milei en un futuro no muy lejano.

Todos alguna vez nos cruzamos o nos cruzaremos con uno o varios psicópatas sin saber que lo son. Por ser grandes manipuladores, se representan como víctimas y salvadores mesiánicos. Suelen parecer angelicales o campeones de la efectividad. Suelen ser exitosos en profesiones de poder, como los grandes negocios o CEOs de grandes empresas.

Algunos, son elegidos por una mayoría o una gran minoría, como Netanyahu, Trump y Milei.

jorge Majfud Agosto 2025

https://www.pagina12.com.ar/852085-que-traumas-vivieron-estas-pobres-criaturas

«What traumas did these poor children go through?»

One of the most common questions Argentines ask when they see the photo of President Javier Milei and his sister Karina as children is, «What traumas did these poor children go through?» Angelic little blonds, like in medieval and Renaissance paintings. As Pamela David said in 2016, «Macri has a white, beautiful, and pure family» that removed «all the filth,» meaning brunettes like Cristina and herself. Of course, as the CIA did after Hitler, in every speech, the accusation of «black» had to be replaced with that of «communist.» These ideas coincide with those of the dark-skinned Sarmiento, who detested Native Americans, felt «sympathy for the blue-eyed race,» and wanted to «improve the race» (a typical expression of the colonized, like that of the Brazilian mulatto vice president Hamilton Mourão) by importing white Europeans to resemble the United States. Ideas that coincide with Hitler’s acknowledged inspiration, the American Madison Grant, whom the New York Times reported in 1916: «If you are blond, you belong to the best people in this world. But it will all end with you. Your ancestors have committed the sin of intermingling with the inferior races of the South. As a result, the best qualities of blonds, belonging to the race that created the best culture, have been corrupted…»
Let’s look at the Freudian factor before returning to genes. The «Disney psychology» we criticized at the beginning of the century not only forced parents to avoid any frustration in their children, while convincing them they were Al-Khwariism, Leonardo da Vinci, Arthur Miller, and Marilyn Monroe rolled into one, but it also created an unlimited sense of guilt in parents that translated into toxic permissiveness.
Leaving aside the possible sarcasm of «What traumas did these poor creatures go through?» Milei himself gave several interviews justifying his parents’ punishment as a child, something that almost everyone in our generation experienced to varying degrees and that doesn’t justify someone taking out all their emotional frustrations on the rest of humanity.
Here I return to one of the themes about moral violence in The Queen of America (2001): trauma is the fossilization of a self-destructive meaning. There is always the possibility of redefining our memories through reflection, rationalization, Greek catharsis, or its discovery in the case of repressed trauma, as Freudian psychoanalysis would say. For example, amorous sex, commercial sex, and rape are exactly the same physical act, but the three are distinguished by their meaning; and all meaning depends on a tension between the individual, society, and history.
In the novel Crisis (2012), I returned to the meaning of other forms of violence. For example, about a social worker (whom the Delaware government offered to every family with a newborn) who was shocked when one of the characters told her he had seen his uncles and his grandfather’s farm workers (then farmhands) slaughter pigs; his father had to hide a dead cow to recoup part of his investment. The character reflected that none of those experiences led him to feel pleasure or indifference to the pain of others. The meaning of those events wasn’t traumatic; it was clear and explainable: it wasn’t about the pleasure of killing a pig, but about the need for survival of rural people—a meaning that may one day change.

The character then compared: “All the soldiers, generals, politicians, and pastors who participated in and supported the last war in Iraq were raised as children according to those ‘methods of nonviolence.’ How is it that children so far removed from strong words and the strictures of their parents are capable of bombing markets and cities full of children?”
Killing a man is a traumatic experience, but it’s not the same experience if we understand that it was an accident or self-defense. Homosexuality was a death sentence until society redefined it; like someone who dreams they’ve killed someone and, upon awakening, understands that the meaning and anguish of the act changed with their changed state of consciousness. Hence, awakening is a liberation from the meaning that oppresses us.
Indigenous nations used to exclude violence from children’s education. Not so long ago, European ones; but many children who suffered brutal beatings grew up to be loving parents. Of course, not all individuals respond the same way, but I believe the Argentine president’s self-indulgent portrayal omits elements that neurological science has already irrefutably proven. Not everything can be explained by childhood trauma. There are a plethora of cases of criminals due to genetic conditions. It often happens that traumatic childhood experiences are not the cause of, for example, psychopathy or much less serious cases, but rather the consequence. Especially when parents don’t know how to resolve the situation and, due to lack of experience (which is the case with almost all parents), resort to some form of violence.
It’s a myth that children always reflect their upbringing at home. Today we know that most of their neurological peculiarities have more to do with nature than nurture. Education can help or worsen outcomes. So can social injustice. For example (we wrote about this a decade ago), in the United States and in most other countries, children with developmental difficulties, or simply because they confuse their C with their S, are referred to an army of professionals. One negative aspect is the (self-)stigmatization of young people (I see it in my students) who impose limits on themselves because they’ve been diagnosed with X or Y. When I was young, these diagnoses didn’t exist. Neither teachers nor professors nor our parents asked us if we could do anything; they simply sent us to war with a fork. However, the fact that a child or adolescent can receive the appropriate medication or therapy to manage a problem while their brain stabilizes (something that doesn’t happen until age 25 in men) is a thousand times better than the young person solving their problems with alcohol, drugs, or violence. The social injustice lies in the fact that many poor or middle-class young people don’t have the same opportunity to enjoy the advances of science, and instead of a psychologist, a psychiatrist, and medication that, without insurance, can cost a thousand dollars a month, they end up being expelled from their schools, placed in a juvenile detention center, and ultimately ruin lives in crime or misery. A likely case of the Milei brothers in the not-too-distant future.
We all come across or will come across one or more psychopaths at some point without knowing it. Because they are great manipulators, they portray themselves as victims and messianic saviors. They often appear angelic or champions of effectiveness. They are usually successful in powerful professions, such as big business or CEOs of large companies.
Some are elected by a majority or a large minority, like Netanyahu, Trump, and Milei.

Jorge Majfud August 2025

Críticos o adulones

La senil cúpula occidental (apoyada por su base infantil) disfruta de los últimos minutos (en términos históricos) de la fantasía de su vieja arrogancia iniciada en el siglo XVII con el dogma del individualismo y la superioridad racial. A los muchachos que solo odian porque no pueden articular una crítica histórica y creen que una crítica es odio, les repito que los enemigos de (ese mito llamado Occidente) no son sus críticos, sino sus adulones. Sólo de muestra les recuerdo un artículo con 25 años ya: https://mronline.org/2006/11/14/majfud141106-html/

majfud junio 2025

On the dehumanization of poor immigrants

On the dehumanization of poor immigrants

The fight for the rights of immigrants is the fight for Human Rights, which is shown to be irrelevant every day when the interests of the powerful are not served. But immigration is not only a right; it is also the consequence of a global system that violently discriminates between rich and poor, capitalists and workers. This old class struggle is not only made invisible through cultural, ethnic, and sexual wars, as has been the case for centuries with racial and religious struggles but also through the very demonization of the concept of “class struggle” practiced by the rich and powerful and attributed to leftist ideologues as a project of evil. The class struggle, the violent dispossession, and the dictatorship of the ultra-millionaires over the rest of the working classes is a fact observable by any quantitative measurement.

This culture of barbarism and humiliation, of the politics of cruelty and the ethics of selfishness, occurs within every nation and is reproduced on a global scale, from the imperial nations to their servile capitalist colonies and their exceptions: the blockaded and demonized rebellious alternatives.

The illegality of immigration was invented more than a century ago to extend the illegality of imperial invasions to weaker countries. It was invented to prevent the consequences of the plundering of colonies held in servitude through the cannon, of systematic massacres, of the eternal and strategic debts that bleed them dry even today, of the secret agencies that murdered, manipulated the media, destroyed democracies, rebellious dictatorships, plunged half the world into chaos and dehumanized slaves from day one, some of them happy slaves.

Illegal immigration not only punished the disinherited of this historical process but also those persecuted by the multiple and brutal dictatorships that Europe and the United States spread throughout Africa and Latin America, with the various terrorist groups designed in Washington, London and Paris, such as the Contras in Central America, the Death Squads in South America, the extermination plans such as Plan Condor, the Organisation armée secrète in Africa, Islamic terrorists such as Al Qaeda, the Taliban, ISIS, all created by the CIA and its complicit mafias to end independence, secular and socialist projects in Africa and the Middle East… In other words, it is not only colonial capitalism that expels its people but the origin of that brutality: imperial capitalism.

Then, the victims become criminals. As with Haiti’s audacity to declare itself free and independent in 1804, as in other cases of the abolition of slavery, the slave owners demanded compensation from the governments for the loss of their private property of flesh and blood. Not the victims who had built the wealth of the United States, of the banks, of the corporations, not the slaves who built the White House and the Congress building. In the same way, according to Trump and his supremacist horde, the Panama Canal belongs to the invading master and not to the Panamanians and Caribbeans who left their lives by the thousands in its construction.

Immigration, in almost all its forms, from economic to political, is a direct consequence of these historical injustices. The rich do not emigrate; they dominate their countries’ economies and media and then send their «profits» to tax havens or in the form of investments that sustain the global slavery system as if it were a «high-risk» activity.

The rich are assured of their entry into any country. The poor, on the other hand, are suspect from the moment they show up at the embassy of a powerful country. Their applications are usually denied, which is why they often go into debt with loans from coyotes for 15 thousand dollars, only to enter a country that prints a global currency and work for years as slaves while being doubly criminalized. They do not victimize themselves, as some assimilated academics define them. They are real victims. They are wage slaves (often not even that) under permanent psychological terrorism that both they and their children suffer. In the United States, hundreds of thousands of children do not attend school regularly because they work under a regime of slavery, no different from the indentured slaves of centuries past.

Every year, for decades, illegal immigrants have been paying a hundred billion dollars into the Social Security system of complaining voters, money that will not be received by them but by those who spend their days complaining about the jobs that immigrants have stolen from them. As if this scale of injustice were not enough, finally, the most selfless, persecuted, and poor workers are thrown into prison as terrorists and returned to their countries in chains and humiliated, ironically by the mercilessness of rulers convicted of serious crimes by the justice system of the very country they govern, as is the case of the current occupants of the White House. They call this remarkable cowardice courage, just as they call the slavery of others’ freedom and the global bullies’ victims. Added to this is the traditional collaboration of the promoted sepoys, from academics to voters, from journalists to Latin, Indian, or African members of the imperial governments who, as a “solution to the problem of immigration” and the sovereign disobedience of some countries of the South, impose more blockades and sanctions to strangle further their less successful brothers who decided not to emigrate to God’s Land. The pathology is then sold as an example of “success based on merit and hard work.” Because that is the only pleasure of psychopaths who cannot be happy with anything: not their own success, but the defeat and humiliation of all others. One of the characteristics of fascism, apart from resorting to a non-existent past, is to exploit, persecute, demonize, blame, and punish all those who do not have the economic or military power to defend themselves, as is the case of poor immigrants in the imperial centers of the world. We, stripped of the sectarian interests of global power and responding only to a sense of morality and Human Rights, raise our voices to protest against the largest organized crime organization in the world, sure that this perversion of human cruelty will eventually collapse – not by its weight, but by the courage and solidarity of those below.

Jorge Majfud, Feb 4 2025

De cómo responder a un bully y ser independiente de una vez por todas

Canal de Panamá: Cómo responder a un agresor y ser independiente de una vez por todas. Entrevista a Jorge Majfud

“Como siempre, la solución fue intervenir en un país extranjero, inventar un nuevo país y luego hacer que los “rebeldes” panameños firmaran un tratado apuntándoles con una pistola al cuello, como era y es costumbre”.

DESACATO, Brasil: Desde el momento en que asumió su segundo mandato como líder de la Casa Blanca, Donald Trump ha demostrado sus nuevas credenciales como agresor global. Así ha sido, entre otros, con los países fronterizos, México y Canadá. También con China, con el pueblo palestino y con el Istmo de Panamá, robado a Colombia para construir un país al servicio de los intereses imperialistas.

Trump se ha quejado de que China es el mayor beneficiario del Canal; exige que Estados Unidos pague menos por el tránsito de sus buques e incluso que vuelva a administrar el canal como lo hacía antes de que el pacto Torrijos-Carter entrase en vigor.

Pero ¿hay algo legítimo o legal en los reclamos de Trump? ¿Cuál es la verdadera historia del canal y del istmo panameño? ¿Es Panamá un país plenamente soberano? ¿Cómo afecta la situación a otros países de la región?

Este tema fue abordado por el periodista y presentador Raúl Fitipaldi en una conversación exclusiva con Jorge Majfud*, escritor, novelista y profesor de la Universidad de Jacksonville, para Portal Desacato, que transcribimos a continuación:

Raúl Fitipaldi: ¿Estados Unidos tiene algún reclamo que sea legítimo con relación a la administración del Canal de Panamá?

Jorge Majfud. Ninguno. Todo lo contrario. Están obligados a pagar una multimillonaria compensación por los crímenes cometidos en ese país, desde Theodore Roosevelt hasta George H. Bush y más acá. Claro que es una obligación moral, es decir, irrelevante.

El Canal nunca fue de Estados Unidos ni fueron los estadounidenses quienes lo construyeron. Roosevelt inventó una revolución en esa provincia de Colombia cuando su congreso rechazó la oferta de continuar la obra que se había iniciado bajo la dirección de los franceses porque renunciaba a su soberanía por una suma irrisoria (nos detuvimos en esto en La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina, 2021). Como de costumbre, la solución fue intervenir en un país extranjero, inventar un país nuevo y luego hacer firmar a los panameños “rebeldes” un tratado con la pistola en la nuca, como fue y es costumbre.

El Canal fue construido por 50.000 trabajadores caribeños que no salieron en la foto, en un régimen de esclavitud. Seis mil de ellos murieron en la construcción mientras Roosevelt los llamaba perezosos y negros estúpidos.

Washington no pagará ninguna compensación como no pagará por todas las dictaduras y masacres que llevó a cabo en América Latina y en el resto del mundo. Por el contrario, continúa matoneando y haciéndose la víctima. El típico amo de lo que entonces se llamaba “la raza libre” (blancos), ladrón y violador que acusaba a los negros y mestizos de ser ladrones y violadores. Igual que cuando Haití se liberó de Francia y de la esclavitud y debió pagar onerosas compensaciones a los esclavistas imperiales por más de un siglo. Igual que los amos blancos en Estados Unidos, quienes recibieron compensaciones por perder su “propiedad privada”, no los esclavos.

RF. ¿Panamá tiene la soberanía necesaria para defender el Pacto Carter-Torrijos que le devolvió el Canal?

JM. No. En relaciones internacionales, los imperios firman tratados hasta que les dejan de servir. Podemos verlo muchas veces con los tratados que Washington firmó con los pueblos originarios, con los mexicanos, con los caribeños, desde el siglo XVIII hasta hoy, cuando en 2015 Obama firmó el tratado con Irán para la limitación de tecnología nuclear y, al otro día (dos años después), Trump lo desconoció.

Ahora, con México, Panamá, Canadá, Colombia o Europa debemos recordar la máxima de Henry Kissinger, uno de sus criminales más célebres: “Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser su amigo es letal”.

Panamá tiene solo dos opciones: (1) arrestarse como una de las prostitutas de Trump para recibir algo a cambio o (2) establecer una política de Estado en base a acuerdos y uniones con países más confiables, aquellos que comparten sus mismos problemas de seguridad ante la eterna aplicación de la Doctrina Monroe. Es decir, tratados comerciales y de unión estratégica con sus hermanos latinoamericanos y con otros países, sean europeos, africanos o asiáticos.

Esta idea del valor de la unión procede de los nativos norteamericanos: puedes quebrar una lanza con facilidad, pero si intentas quebrar varias juntas no podrás. Los colonos anglosajones escucharon y aprendieron tan rápido que no les dejaron tiempo a las naciones nativas a unirse de forma efectiva. Hoy es un símbolo irónico en el escudo de Estados Unidos.

RF. ¿Tienen fundamento las acusaciones que Donald Trump le hace a China de usar para sí el canal?

JM: Es falso y contradictorio. La presencia china en Panamá es insignificante. El problema es que China no deja de hacer las cosas bien y, como cualquier potencia industrial y comercial tiene derecho a usar el canal de Panamá y cualquier otro puerto si no emplea la violencia como es tradicional en Estados Unidos y en los imperios anglosajones.

Lo que más molesta de China es que ha recuperado su estatus de superpotencia mundial sin invadir ni destrozar ningún país. Los “comunistas empobrecedores” no sólo se han despegado del resto en materia de desarrollo, sino que los exitosos capitalistas le deben fortunas.

Si Estados Unidos fuese una nación medianamente inteligente, razonable en lugar de fanática, administraría sus terribles problemas económicos, financieros y sociales y su propio declive como imperio en una transición negociada con China para asegurarse una colaboración estratégica. Pero, por el contrario, Washington está pidiendo, desesperadamente, un final violento a su hegemonía.

En Estados Unidos tenemos todo para ser una país desarrollado y más feliz, pero somos todo lo contario, a pesar de que todavía somos una superpotencia mundial y todavía podemos crear la divisa global apretando ceros en un teclado. ¿Qué se supone que ocurrirá cuando no tengamos esos privilegios y, encima, tengamos que enfrentar un mundo que no nos va a perdonar haber sido tan hijos de puta por tanto tiempo?

RF. ¿Cómo deberían reaccionar los países afectados, directa e indirectamente en América Latina, tengan sus costas en el Pacífico o en el Atlántico?

JM. Una respuesta razonable, a corto plazo, sería “negociar con Trump”. Es más o menos lo que acaba de hacer México para suspender las tarifas por un mes. En parte podemos entender a Claudia Sheinbaum: primero están sus ciudadanos y ella no quiere una recesión que golpee a los más pobres, por breve que sea.

La respuesta más estratégica a largo plazo es, simplemente, no negociar con un extorsionador. Ni siquiera es necesario enredarse en una disputa dialéctica, mediática y diplomática. Silencio e indiferencia son la única forma efectiva para lidiar con un bully.

Si Trump le impone 25 por ciento de aranceles, México debe imponer un 30 por ciento. Claro que esto debe ser hecho en coordinación con el resto de los afectados, como Canadá, China y Europa, y con el resto de las futuras víctimas de nuevas agresiones del Macho Alfa.

México debe buscar poner sus productos en otros mercados. No sólo será una lección de lo que ocurre cuando un país no respeta a otro, sino una estrategia para asegurar una mayor estabilidad en el futuro.

México es el principal socio comercial de Estados Unidos y viceversa, pero ¿cuándo Estados Unidos trató a México como un igual o, al menos, con respeto? No lo ve quien no quiere ver.

Trump cree que revertirá el declive de su imperio acosando a economías más pequeñas, pero seguirle el juego es alimentar la bestia. Es un mal para el mundo y es un mal para nosotros aquí en Estados Unidos, que debemos prolongar la agonía de una mentalidad psicótica que no puede ser feliz ni con todo el oro del mundo.

San Pablo, Brasil, 3 de febrero de 2025.

Canal do Panamá: Como responder a um agressor e ser independente de vez. Entrevista com Jorge Majfud

Como sempre, a solução foi intervir num país estrangeiro, inventar um novo país e depois fazer com que os “rebeldes” panamenhos assinassem um tratado com uma arma apontada para a nuca, como era e é costume

Redação.- Desde a primeira hora em que assumiu seu segundo mandato à frente da Casa Branca, Donald Trump apresentou suas novas credenciais de agressor global. Assim tem sido, dentre outros, com seus estados fronteiriços, México e o Canadá, com a China, com o povo palestino e com o istmo do Panamá, roubado da Colômbia e negociado entre a França, para construir um país a serviço dos interesses imperialistas.

Trump tem reclamado que a China é o  maior beneficiário do Canal; reivindica que os Estados Unidos paguem menos pelo trânsito das suas embarcações, e até mesmo que sejam os Estados Unidos que voltem a administrar o canal como antes do pacto Torrijos-Carter.

Mas, tem algo legítimo ou legal que reclamar Trump? Qual é a história verdadeira com relação ao canal e ao istmo panamenho (ou melhor, historicamente colombiano)? Panamá é um país completamente soberano? Como afeta a situação aos demais países da região?

Esse assunto foi tratado pelo jornalista e apresentador, Raul Fitipaldi, em diálogo exclusivo com Jorgem Majfud*, escritor, romancista e professor da Jacksonville University, para o Portal Desacato, que transcrevemos a seguir:

O Canal foi construído por milhares de escravos que Roosevelt chamava de “preguiçosos e negros estúpidos”

R.F. Os Estados Unidos têm alguma reivindicação legítima em relação à administração do Canal do Panamá?

JM. Nenhuma. Muito pelo contrário. São obrigados a pagar compensações multimilionárias pelos crimes cometidos naquele país, desde Theodore Roosevelt até George H. Bush e mais além. Claro que é uma obrigação moral, ou seja, irrelevante.

O Canal nunca pertenceu aos Estados Unidos nem foram os estadunidenses que o construíram. Roosevelt inventou uma revolução naquela província da Colômbia quando, o seu congresso, rejeitou a oferta de continuar o trabalho que tinha começado sob a direcção dos franceses porque renunciaram à sua soberania por uma soma ridícula (falamos disto em The Wild Frontier. 200 Years of Anglo-Saxon Fanaticism in Latin America, 2021). Como sempre, a solução foi intervir num país estrangeiro, inventar um novo país e depois fazer com que os “rebeldes” panamenhos assinassem um tratado com uma arma apontada para a nuca, como era e é costume.

O Canal foi construído por 50 mil trabalhadores caribenhos que não estavam na foto, em regime de escravidão. Seis mil deles morreram na construção, enquanto Roosevelt os chamava de ‘negros preguiçosos e estúpidos’.

 Washington não pagará qualquer compensação, tal como não pagará por todas as ditaduras e massacres perpetrados na América Latina e no resto do mundo. Pelo contrário, ele continua a intimidar e a se fazer de vítima. O típico mestre do que então se chamava “raça livre” (brancos), um ladrão e estuprador que acusava negros e mestiços de serem ladrões e estupradores. Tal como quando o Haiti se libertou da França e da escravatura e teve de pagar onerosas compensações aos traficantes de escravos imperiais durante mais de um século. Tal como os senhores brancos nos Estados Unidos, que receberam uma compensação pela perda da sua “propriedade privada”, e não os escravos.

A frágil soberania panamenha

RF. O Panamá tem a soberania necessária para defender o Pacto Carter-Torrijos que lhe devolveu o Canal?

JM. Não. Nas relações internacionais, os impérios assinam tratados até deixarem de servi-los. Podemos ver isso muitas vezes nos tratados que Washington assinou com os povos indígenas, com os mexicanos, com os caribenhos, desde o século XVIII até hoje, quando em 2015 Obama assinou o tratado com o Irã para limitar a tecnologia nuclear e, no dia seguinte (dois anos depois), Trump o ignorou.

Agora, com o México, o Panamá, o Canadá, a Colômbia ou a Europa, devemos recordar a máxima de Henry Kissinger, um dos seus criminosos mais famosos: “Ser inimigo dos Estados Unidos é perigoso, mas ser seu amigo é letal”.

O Panamá só tem duas opções: (1) prender-se como uma das prostitutas de Trump para receber algo em troca ou (2) estabelecer uma política de Estado baseada em acordos e uniões com países mais confiáveis, aqueles que partilham os mesmos problemas de segurança face à eterna aplicação da Doutrina Monroe. Ou seja, tratados comerciais e de união estratégica com os seus irmãos latino-americanos e com outros países, sejam europeus, africanos ou asiáticos.

Essa ideia do valor da união vem dos nativos americanos: você pode quebrar uma lança facilmente, mas se tentar quebrar várias juntas não conseguirá. Os colonos anglo-americanos ouviram e aprenderam tão rapidamente que não deixaram tempo para que as nações nativas se unissem de forma eficaz. Hoje é um símbolo irônico no brasão dos Estados Unidos.

Na briga com a China, Estados Unidos precipita um final violento para sua hegemonia

RF. As acusações de Donald Trump contra a China de usar o canal para si têm fundamento?

JM: É falso e contraditório. A presença chinesa no Panamá é insignificante. O problema é que a China não para de fazer bem as coisas e, como qualquer potência industrial e comercial, tem o direito de usar o Canal do Panamá e qualquer outro porto se não usar a violência como é tradicional nos Estados Unidos e nos impérios anglo-saxónicos.

O que mais irrita da China é que recuperou o seu estatuto de superpotência mundial sem invadir ou destruir qualquer país. Os “comunistas empobrecedores” não só se separaram do resto em termos de desenvolvimento, mas os capitalistas bem-sucedidos devem-lhes fortunas.

Se os Estados Unidos fossem uma nação moderadamente inteligente, razoável e não fanática, geririam os seus terríveis problemas económicos, financeiros e sociais e o seu próprio declínio como império numa transição negociada com a China para garantir a colaboração estratégica. Mas, pelo contrário, Washington apela desesperadamente ao fim violento da sua hegemonia.

Temos tudo para ser um país desenvolvido e mais feliz, mas somos totalmente o oposto. Imagine que isso seja um fato enquanto ainda somos uma superpotência mundial e ainda podemos criar a moeda global digitando zeros num teclado. O que deve acontecer quando não temos esses privilégios e, ainda por cima, temos que enfrentar um mundo que não nos perdoa por sermos filhos da puta (sic) por tanto tempo?

Como responder a um agressor e ser independente de vez

RF. Como deveriam reagir os países afetados, direta e indiretamente, na América Latina, quer tenham as suas costas no Pacífico ou no Atlântico?

JM. Uma resposta razoável a curto prazo seria “negociar com Trump”. Foi mais ou menos isso que o México acabou de fazer ao suspender as taxas por um mês. Em parte podemos compreender Claudia Sheinbaum: os seus cidadãos estão em primeiro lugar e ela não quer uma recessão que atinja os mais pobres, por mais breve que seja.

A resposta mais estratégica a longo prazo é, simplesmente, não negociar com um chantagista. Nem é preciso se envolver numa disputa dialética, midiática e diplomática. O silêncio e a indiferença são a única maneira eficaz de lidar com um agressor.

Se Trump impor tarifas de 25 por cento, o México deverá impor 30 por cento. É claro que isto deve ser feito em coordenação com o resto dos afectados, como o Canadá, a China e a Europa, e com o resto das futuras vítimas de novas agressões do Macho Alfa. O México deve procurar colocar os seus produtos noutros mercados. Não será apenas uma lição sobre o que acontece quando um país não respeita outro, mas também uma estratégia para garantir maior estabilidade no futuro.

O México é o principal parceiro comercial dos Estados Unidos e vice-versa, mas quando é que os Estados Unidos trataram o México como igual ou, pelo menos, com respeito? Quem não quer ver não vê.

Trump acredita que irá reverter o declínio do seu império intimidando as economias mais pequenas, mas seguir em frente é alimentar a fera. É um mal para o mundo e é um mal para nós aqui, que tenhamos de prolongar a agonia de uma mentalidade psicótica que não consegue ser feliz nem com todo o ouro do mundo.

Panama Canal: How to respond to an aggressor and be independent once and for all. Interview with Jorge Majfud

“As always, the solution was to intervene in a foreign country, invent a new country and then have the Panamanian “rebels” sign a treaty by pointing a gun at their necks, as was and is customary.”

DESACATO, Brazil: Since he assumed his second term as leader of the White House, Donald Trump has demonstrated his new credentials as a global aggressor. This has been the case, among others, with the bordering countries, Mexico and Canada. Also with China, with the Palestinian people and with the Isthmus of Panama, stolen from Colombia to build a country at the service of imperialist interests.
Trump has complained that China is the biggest beneficiary of the Canal; he demands that the United States pay less for the transit of its ships and even that it returns to managing the canal as it did before the Torrijos-Carter pact came into force.
But is there anything legitimate or legal in Trump’s claims? What is the true history of the Panama Canal and the isthmus? Is Panama a fully sovereign country? How does the situation affect other countries in the region?
This topic was addressed by journalist and presenter Raúl Fitipaldi in an exclusive conversation with Jorge Majfud*, writer, novelist and professor at Jacksonville University, for Portal Desacato, which we transcribe below:

Raúl Fitipaldi: Does the United States have any legitimate claim regarding the administration of the Panama Canal?

Jorge Majfud. None. Quite the contrary. They are obliged to pay multimillion-dollar compensation for the crimes committed in that country, from Theodore Roosevelt to George H. Bush and beyond. Of course it is a moral obligation, that is, irrelevant.
The Canal never belonged to the United States, nor were it the Americans who built it. Roosevelt invented a revolution in that province of Colombia when its congress rejected the offer to continue the work that had been started under the direction of the French because it gave up its sovereignty for a paltry sum (we stopped at this in The Savage Frontier. 200 Years of Anglo-Saxon Fanaticism in Latin America, 2021). As usual, the solution was to intervene in a foreign country, invent a new country and then make the “rebellious” Panamanians sign a treaty with a gun to their necks, as was and is customary.
The Canal was built by 50,000 Caribbean workers who were not in the photo, in a regime of slavery. Six thousand of them died in the construction while Roosevelt called them lazy and stupid blacks.
Washington will not pay any compensation as it will not pay for all the dictatorships and massacres it carried out in Latin America and the rest of the world. On the contrary, it continues to bully and play the victim. The typical master of what was then called “the free race” (whites), a thief and rapist who accused blacks and mestizos of being thieves and rapists. Just like when Haiti freed itself from France and slavery and had to pay onerous compensations to the imperial slavers for more than a century. Just like the white masters in the United States, who received compensation for losing their “private property,” not the slaves.

RF. Does Panama have the necessary sovereignty to defend the Carter-Torrijos Pact that returned the Canal to it?

JM. No. In international relations, empires sign treaties until they stop serving them. We can see this many times with the treaties that Washington signed with the indigenous peoples, with the Mexicans, with the Caribbeans, from the 18th century until today, when in 2015 Obama signed the treaty with Iran for the limitation of nuclear technology and, the next day (two years later), Trump disavowed it.
Now, with Mexico, Panama, Canada, Colombia or Europe, we must remember the maxim of Henry Kissinger, one of its most famous criminals: “Being an enemy of the United States is dangerous, but being its friend is lethal.”
Panama has only two options: (1) arrest itself like one of Trump’s prostitutes to receive something in return or (2) establish a State policy based on agreements and unions with more reliable countries, those that share its same security problems in the face of the eternal application of the Monroe Doctrine. That is, trade treaties and strategic union with its Latin American brothers and with other countries, be they European, African or Asian.
This idea of the value of unity comes from the North American natives: you can break a spear easily, but if you try to break several together you won’t be able to. The Anglo-Saxon settlers listened and learned so quickly that they didn’t leave the native nations time to unite effectively. Today it is an ironic symbol on the United States shield.

RF: Are there any grounds for Donald Trump’s accusations that China is using the canal for its own purposes?
JM: It is false and contradictory. The Chinese presence in Panama is insignificant. The problem is that China does not stop doing things well and, like any industrial and commercial power, it has the right to use the Panama Canal and any other port if it does not use violence as is traditional in the United States and in the Anglo-Saxon empires.
What is most annoying about China is that it has recovered its status as a world superpower without invading or destroying any country. The “impoverishing communists” have not only separated themselves from the rest in terms of development, but the successful capitalists owe them fortunes.
If the United States were a moderately intelligent nation, reasonable rather than fanatic, it would manage its terrible economic, financial and social problems and its own decline as an empire in a negotiated transition with China to ensure a strategic collaboration. But, on the contrary, Washington is desperately asking for a violent end to its hegemony.
In the United States we have everything to be a developed and happier country, but we are the opposite, even though we are still a world superpower and we can still create the global currency by pressing zeros on a keyboard. What is supposed to happen when we do not have those privileges and, on top of that, we have to face a world that will not forgive us for having been such bastards for so long?

RF. How should the affected countries react, directly and indirectly in Latin America, whether they have their coasts on the Pacific or the Atlantic?

JM. A reasonable response, in the short term, would be to “negotiate with Trump.” It is more or less what Mexico just did to suspend tariffs for a month. In part we can understand Claudia Sheinbaum: her citizens come first and she does not want a recession that hits the poorest, however brief it may be.
The most strategic response in the long term is, simply, not to negotiate with an extortionist. It is not even necessary to get entangled in a dialectical, media and diplomatic dispute. Silence and indifference are the only effective way to deal with a bully.
If Trump imposes 25 percent tariffs, Mexico must impose 30 percent. Of course, this must be done in coordination with the rest of those affected, such as Canada, China and Europe, and with the rest of the future victims of new aggressions from the Alpha Male.
Mexico must seek to put its products in other markets. It will not only be a lesson of what happens when one country does not respect another, but a strategy to ensure greater stability in the future.
Mexico is the main commercial partner of the United States and vice versa, but when has the United States treated Mexico as an equal or, at least, with respect? Those who do not want to see do not see it.
Trump believes that he will reverse the decline of his empire by harassing smaller economies, but playing along is feeding the beast. It is bad for the world and it is bad for us here in the United States, who must prolong the agony of a psychotic mentality that cannot be happy even with all the gold in the world.

Sao Paulo, Brazil, February 3, 2025.

Augusto Trump

Augustus Augustulus Trump 21 enero, 2025

Una generación antes de Cristo, Augusto liquidó la República romana apelando a la religión, presentándose como el preferido de Apolo, poniendo al senado bajo su autoridad y convirtiéndose en el primer emperador romano. Promovió la natalidad en las clases altas, el moralismo tradicionalista y la literatura patriótica, como la Eneida de Virgilio, escrita por encargo, un clásico de la propaganda política basada en hechos inexistentes sobre la pasada grandeza de Roma.

Augusto capitalizó la inestabilidad social del momento con un carismático, demagógico y estratégico discurso de hacer Roma grande de nuevo bajo el símbolo del Águila dorada. Medio milenio más tarde, Augústulo fue el último emperador del Imperio de Occidente, derrotado por los barbaros germanos.

El Imperio americano, el más poderoso de la historia de la humanidad, probablemente sea también el más breve. Ha sustentado ese título por un décimo del tiempo que duró el Imperio romano en Europa y por un centésimo de lo que duró el Imperio de Oriente.

Por su parte, China terminará con esa rara excepción histórica llamada el “Siglo de la humillación” y volverá a ser la mayor potencia económica, como lo ha sido por milenios. Esperamos que lo aprendido por China de esos cien años no la convierta en un imperio tipo franco-anglosajón y continúe su más antigua tradición de no someter pueblos del otro lado del planeta.

Es probable que Trump sea Augusto y Augústulo al mismo tiempo. Podríamos desear que el reemplazo de hegemonías no cumpla con la violenta Trampa de Tucídides, como no lo cumplió el reemplazo de Gran Bretaña por Estados Unidos, pero en ese caso había una continuidad estratégica del capitalismo anglosajón. La hegemonía pasó de un aliado al otro.

Ahora las diferencias son sustanciales y, sobre todo, la obsesión anglosajona por no permitir ninguna competencia global nos promete un conflicto mayor. Noroccidente se encuentra enfrentando no solo a un nuevo ejemplo de éxito, el de China comunista, sino también a su propia pobreza nacional y a su derrumbe internacional. Ya no solo exporta violencia, como lo ha hecho históricamente, sino que la consume en su mercado interno. Como solución, apela a la narrativa de estilo religioso de siempre, negadora de cualquier evidencia en contra.

Uno de sus sermones más recientes ha sido justificar el éxito del socialismo chino con el capitalismo de Estado norteamericano, a pesar de que las corporaciones chinas están por debajo del gobierno comunista, mientras en Occidente están por encima y a pesar de que la economía china está planificada por el gobierno, no por las corporaciones. China posee una economía de mercado (algo que el capitalismo no inventó, sino que limitó) pero no es un país capitalista. Es un país comunista en un mundo todavía capitalista.

Más allá de su poder material, lo que a Noroccidente le preocupa es lo que lo ha movido por generaciones: la necesitad de abortar ejemplos de éxito que no sea “El único modelo posible”: el capitalismo corporativo. El éxito anglosajón no se basó en el capitalismo, sino en el imperialismo ultramarino. Los países capitalistas que cumplieron la función de proveedores coloniales a precio de miseria, fueron más capitalistas que Estados Unidos.

Ahora el ejemplo del éxito anglo-capitalista comienza a degradarse por la pérdida de poder global y por sus graves contradicciones internas, propias del capitalismo, y afloran de forma cruda: casi un millón de personas viviendo en las calles de Estados Unidos; epidemias de adicción y muertes por sobredosis; masacres periódicas; odio étnico para disimular una despiadada lucha de clase; estudiantes endeudados hasta convertirse en esclavos indenture; diferencias sociales en aumento; criminalidad que no puede ser reducida; fascismo en ascenso y reconocimiento, hasta hace pocos años impensable, de que la democracia liberal (el circo político de la plutocracia) ya no sirve; reconocimiento (ahora desde la derecha pobre y de los capitalistas ricos) de que la democracia no funciona y nunca funcionó; de que los oligarcas han tomado Washington, ahora sin máscaras, para terminar de secuestrar eso que se llamaba democracia y multiplicar sus arcas invirtiendo en las guerras del fin del mundo…

Ahora, si por un lado la política del ejemplo exitoso (la derecha, por ponerlo de una forma simplificada) y las narrativas sobre la democracia y la libertad han entrado en estado de pánico y catarsis de confesión, por el otro (la izquierda), algunos tabúes y tótems se han quebrado para siempre. Por ejemplo, de repente millones de estadounidenses comienzan a considerar obviedades, como:

1. El patriotismo es otra forma de silenciar la verdad y mantener la justicia con los ojos vendados.

2. El problema no es la democracia, sino su substituto: el secuestro de todo un país y del mundo por parte de la oligarquía tecno-financiera anglosajona.

3. El fracaso del dogma neoliberal de que las corporaciones privadas lo hacen mejor y más barato.

4. La criminalidad y corrupción descontrolada de los gobiernos paralelos, como la NSA, la CIA, Wall Street y Silicon Valley.

5. El quiebre del consenso sobre el rol bondadoso del Imperio. Antes de la confirmación de Merco Rubio como Secretario de Estado, mientras era esposado en el Capitolio, un activista gritó lo que piensan millones: “Rubio es un sediento de sangre… sólo quiere mantenernos en un estado de guerra perpetua; liberen a Cuba de las sanciones que matan gente. Libertad para Palestina”. Otros excombatientes fueron arrestados por gritarle a Blinken: “Necesitamos dinero aquí, no para bombardear niños en Gaza”.

6. La compra de políticos, senadores y representantes por parte de los mayores lobbies en Washington. En enero de 2025, el senador Bernie Sanders, refiriéndose a Netanyahu y el lobby israelí AIPAC, dijo: “la mayoría de los estadounidenses no quiere que apoyemos un gobierno que mata niños; pero si lo dices, te vas a enfrentar al AIPAC y otros millonarios y vas a perder las elecciones… Muchos senadores me dicen ‘Dios, lo que está haciendo Netanyahu es monstruoso, pero no puedo votar en contra porque van a destruir mi carrera política’. Saben que si no se complace a las corporaciones, perderán las elecciones…”

Ninguna de estas críticas e ideas son nuevas. Muchos venimos escribiendo sobre esto desde los años 90. No desde antes porque no habíamos nacido. Lo nuevo es que, al mismo tiempo que la política fascista de los superricos toma el poder en la Casa Blanca, apoyados por una mayoría de la población consumidora de sus productos, una nueva y creciente minoría ha salido del closet con una mayor conciencia de la de fato lucha de clases.

El lunes 20 asume otra vez Donald Trump. Solo su rosto adusto dice mucho. Ni sus seguidores están esperanzados. Como diría Jorge Luis Borges, no los une el amor, sino el espanto. Como escribió la italiana Oriana Fallaci en 2001 y criticamos como el inicio de una Era peligrosa (“El lento suicidio de Occidente” 2002), los une “la rabia y el orgullo”.

Ahora, tampoco debemos perder de vista que cuanto más progresa la derecha nacionalista,  fascista y feudocapitalista, más se hace evidente un quiebre que recurra a la izquierda, como siempre―y, como nunca desde hace un siglo, de una forma radical.

Jorge Majfud, enero 17 2025.

https://www.pagina12.com.ar/798147-augusto-augustulo-trump

https://actualidad.rt.com/programas/zoom/538008-trump-dorada-eeuu

El Cuarto y Quinto poder del Poder

A pocas millas de donde pierdo mi vida tratando de entender el absurdo de nuestra especie humana, Donald Trump ha vuelto a acusar a México de abusar de “la bondad de Estados Unidos” y a China de “abusar del canal de Panamá”. Como en el siglo XIX, el presidente también quiere Canadá como un estado, pero de forma más amable. Al fin y al cabo, sus habitantes pertenecen a una raza superior.

El abuso de China sobre el Canal de Panamá se refiere a que está haciendo demasiados negocios con Occidente y, peor aún, con América Latina, nuestro Patio trasero, nuestras repúblicas bananeras donde la gente habla “el idioma de las limpiadoras”. Como dijo el presidente Ulysses Grant en 1873 y lo practicaron siempre los británicos, “cuando hayamos obtenido todo lo que puede ofrecer del proteccionismo, también adoptaremos el libre comercio”―solo que ahora a la inversa.

Claro que más importante que la flexibilidad ideológica del capitalismo es su flexibilidad moral. Los imperios siempre se presentaron como víctimas o con algún derecho divino. Cuando en 1832 Andrew Jackson, en su discurso en el Congreso, justificó la remoción de los pueblos nativos de sus propias tierras, proclamó: “nos agredieron sin que nosotros los provocásemos”. Tuvimos que defendernos. Desde 1763 hasta hoy, la tradición ha sido forzar a los nativos a firmar tratados que luego serían violados por los dueños del cañón cada vez que los tratados limitaban las oportunidades de hacer buenos negocios despojando a “las razas inferiores”. Lo mismo ocurrió con el Tratado de Guadalupe de 1848, el que obligó a ceder la mitad de México a Estados Unidos por una limosna y nunca se cumplió en los acuerdos que protegían los derechos de los mexicanos que quedaron de este lado de la nueva frontera. Como el lamento de “La pesada carga del hombre blanco” acuñado por el poeta británico Rudyard Kipling y difundido por Teo Roosevelt sobre la humanidad de los invasores a tierras de “negros pacíficos”. Esa “perfecta raza estúpida”, según el mismo Roosevelt.

Ahora, ¿cuál es y ha sido siempre el rol de la gran prensa?

El 9 de enero de 2025, días después de rechazar un anuncio pago denunciando el genocidio en Gaza por usar la palabra “genocidio”, el New York Times publicó el artículo de opinión titulado: “Los historiadores condenan el “escolasticidio” de Israel. La pregunta es por qué.” La AHA, asociación de historiadores, había votado por mayoría abrumadora la condena del bombardeo y total erradicación de escuelas y universidades en Gaza, aparte del asesinato de sus profesores y estudiantes bajo toneladas de bombas, y el artículo destacado cuestionó las razones de la condena. Es más, acusó a los historiadores y a las universidades en general de estar politizadas. La desvergüenza moral e histórica se comenta sola.

Días antes, CNN, la cadena supuestamente anti-Trump, reflexionó sobre sus propuestas expansionistas: “Trump, a su manera, está lidiando con cuestiones de seguridad nacional que Estados Unidos debe afrontar en un mundo nuevo moldeado por el ascenso de China (…) Las reflexiones de Trump sobre la terminación del Tratado del Canal de Panamá muestran la preocupación por la invasión de potencias extranjeras en el hemisferio occidental. No se trata de una preocupación nueva: ha sido un tema constante en la historia, desde la Doctrina Monroe de 1823, cuando los colonialistas europeos eran la amenaza. El problema perduró durante los temores comunistas de la Guerra Fría. Los usurpadores de hoy son China, Rusia e Irán…

Invasión, amenaza, usurpadores… O se trata de una profunda ignorancia histórica o, más probablemente, del mismo periodismo hipócrita de siempre; funcional a la barbarie genocida y cleptómana del poder.

Para América Latina, los usurpadores, no en la retórica sino en la práctica, fueron siempre los Estados Unidos. Fue un periodista, John O’Sullivan, quien creó el mito del Destino Manifiesto para justificar el despojo y masacre de todos los pueblos al Oeste y al Sur, como siempre basados en el amor de Dios por una etnia humana en particular―por la etnia más violenta y genocida que conoce la historia moderna. En 1852, O’Sullivan escribió: “Este continente y sus islas adyacentes les pertenece a los blancos; los negros deben permanecer esclavos…”

Si salteamos tres mil intervenciones de Washington en los siguientes cincuenta años, podemos recordar que, según la lógica capitalista, el Canal de Panamá nunca fue de Estados Unidos como el Hudson Yards de Manhattan no le pertenece a Catar, ni el One World Trade Center ni el nuevo Waldorf Astoria en Nueva York o las mega urbanizaciones de Chicago y Los Angeles les pertenecen a China, por nombrar solo unos pocos ejemplos recientes.

Ahora, desde un punto moral y desde la ley Internacional, podríamos recordar que Theodore Roosevelt le robó Panamá a Colombia con una revolución financiada por Washington. El canal, comenzado por los franceses y terminado por Washington fue, de hecho, construido con la sangre de cientos de panameños que el histórico racismo olvidó, como olvidó la construcción de las vías de ferrocarriles por parte de inmigrantes chinos en la costa Oeste o de irlandeses en la costa Este, grupos que sufrieron la persecución y la muerte por pertenecer a “razas inferiores”.

Si Washington pagase una mínima compensación por todas sus invasiones a los países latinoamericanos desde el siglo XIX, por todas sus democracias destruidas, por todas las sangrientas dictaduras impuestas a fuerza de cañón, por la “política del dólar” o por los sabotajes de la CIA durante la Guerra Fría y más acá, no nos darían las reservas de oro del Tesoro para cubrir un porcentaje mínimo. Por no hablar de los crímenes imperiales, muchas veces en colaboración con los imperios europeos (los supuestos enemigos de la Doctrina Monroe) en Asia y África que no solo asesinaron a sus lideres independentistas como Patrice Lumumba sino que dejaron mares de muerte y destrucción, todo en nombre de una democracia y una libertad que nunca llegaron y que nunca les importaron a los señores imperiales del poder.

El sistema esclavista que le arrebató Texas, New Mexico, Colorado, Arizona, Nevada y California a México no desapareció con la Guerra Civil. Simplemente cambió de nombre (a veces, ni siquiera eso) para continuar haciendo lo mismo, como los bancos y las corporaciones esclavistas JP Morgan, Wells Fargo, Bank of America, Aetna, CSX Corporation, entre otros. En 1865 los esclavos de grilletes se convirtieron en esclavos asalariados (en muchos casos ni eso, ya que trabajaban por propinas, como lo siguen haciendo hoy las meseras). De la misma forma que durante la esclavitud, al sistema se lo siguió llamando democracia, mientras que sus constituciones (la de 1789 y la confederada de 1861) protegían la “libertad de expresión”.

Ahora, como lo formulamos en P = d.t, Occidente radicalizará la censura a los críticos por la simple razón de que su poder declina y su tolerancia también: desde la Grecia clásica, la libertad de expresión ha sido un lujo de los imperios que no se sienten amenazados por ninguna crítica, sino todo lo contrario: resulta una decoración a sus pretensiones de liberad y democracia.

Los medios dominantes tienen un pésimo récord de complicidad, siempre en nombre de la libertad. Cuando James Polk logró una excusa para invadir México y robarle más de la mitad de su territorio, lo hizo provocando un ataque de falsa bandera. “Es hora de expandir la libertad a otros territorios”, dijo Polk, refiriéndose al restablecimiento de esclavitud en un país que la había ilegalizado. Sus mismos soldados y generales en campaña, Ulyses Grant, Zachary Tylor y Winfield Scott reconocieron por escrito que no tenían ningún derecho a estar en territorio mexicano. El general Ethan Allen Hitchcock escribió en su diario: “A decir verdad, no tenemos ningún derecho de estar aquí. Más bien parece que el gobierno nos ha enviado con tan pocos hombres para provocar a los mexicanos y de esa forma tener un pretexto para una guerra que nos permita tomar California”.

La nueva prensa masiva de entonces, gracias al invento de la rotativa, fue el principal instrumento de propaganda y de fakes news que lanzó desde la borrachera de la cantinas a miles de voluntarios a invadir México y, como lo reportaron los generales estadounidenses, a matar, robar y “violar a las mujeres delante de sus propios hijos y esposos”. Al parecer, Estados Unidos no estaba enviando sus mejores hombres. Como buen representante de la paranoia imperial anglosajona, Trump fue celebrado cuando, al iniciar su campaña presidencial el 16 de junio de 2015, afirmó, contradiciendo todas las estadísticas del momento: “México no está enviando a los mejores. Está enviando gente que tiene muchos problemas… Son violadores sexuales”.

Cuando en 1846 Polk supo de un incidente menor en territorio mexicano, corrió al Congreso e informó: el invasor “ha derramado sangre estadounidense en territorio estadounidense”. John Quincy Adams lo acusó de haber provocado una excusa para la guerra contra un país que no estaba en condiciones materiales de defenderse. También Abraham Lincoln se opuso a esta guerra (que luego Ulysses Grant llamaría “la guerra perversa”) y tuvo que retirarse de la política por años, ya que nada más efectivo para silenciar la crítica y una falta moral que el patriotismo ciego.

Exactamente lo mismo ocurrió por los siguientes 150 años, como, por ejemplo, el mito inventado de El Maine de 1898 por parte de la prensa amarillista de Nueva York, dirigida por Joseph Pulitzer y por William Hearst, uno de los mogules de los medios y del cine del siglo XX. Hearst defendió a Hitler al tiempo que acusaba a F.D. Roosevelt de comunista. Por entonces, la prensa hegemónica presentó a Hitler como un patriota, como ahora presenta a Netanyahu como un enviado del Dios.

Lo mismo ocurrió con el general estadounidense más condecorado de su generación, Smedley Butler, cuando en 1933 se atrevió a publicar: “La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera. Yo no volvería a la guerra para proteger las inversiones de los banqueros… Nuestras guerras han sido planeadas muy bien por el capitalismo nacionalista. He servido en la Marina por 33 años y, durante todo ese período, he pasado la mayor parte de mi tiempo siendo el músculo de Wall Street y de los grandes negocios… En pocas palabras, he sido un mafioso del capitalismo…

Cuando Butler comenzó a decir lo que pensaba, no se lo puso preso por delito de opinión, como fue el caso del candidato socialista Eugene Debs por oponerse a la Primera Guerra, sino que se echó mano a un recurso más común: se desacreditó al héroe militar como alguien con problemas psicológicos.

Lo mismo continuó ocurriendo por generaciones. Las bombas atómicas sobre Japón, el masivo bombardeo aéreo de Corea, la destrucción de democracias independentistas en África y América latina… Lyndon Johnson y Henry Kissinger invirtieron millones de dólares en la prensa para apoyar la guerra genocida de Vietnam con bombardeos masivos y armas químicas sobre la población civil. Para entonces, la Operación Mockingbird de la CIA ya había inoculado a todos los mayores diarios de América Latina con fake news y editoriales escritas en Miami y Nueva York. Lo mismo hizo con los grandes medios de Estados Unidos, con libros, películas, etc. La policía ideológica (la CIA, la NSA, el FBI) benefició a las grandes compañías, mientras dejaban cientos de miles de masacrados sólo en América Central, todo en nombre de la “seguridad nacional” que produjo una estratégica inseguridad.

Antes de lanzarse la masiva invasión a Irak de 2003, la que dejó un millón de muertos, millones de desplazados y casi todo Medio Oriente en caos, publicamos en los diarios de países marginales sobre la ilógica de la narrativa que la justificaba. Pero la gran prensa hegemónica logró convencer a los estadounidenses de que los tambores de guerra decían la verdad. El New York Times tomó posición a favor de la invasión como un acto patriótico y de “seguridad nacional”. En nombre del patriotismo, se censuró, por ley (Patriot Act) y por acoso social a todos los críticos. Los medios ni siquiera podían mostrar las imágenes de los soldados retornando en ataúdes. Mucho menos los cientos de miles de civiles iraquíes masacrados que nunca importaron en esta cobardía colectiva que solo dejó ganancias a los mismos superricos mercaderes de la muerte de siempre.

Años después, incluso cuando George W. Bush y su marioneta, el presidente español José María Aznar reconocieron que las razones para la invasión eran falsas, que Sadam Hussein no tenía armas de destrucción masiva, aportadas por Alemania y Estados Unidos en los 80s para atacar Irán, ni vínculos con Al Qaeda (como los talibán, hijos independizados de la CIA), la mayoría de los consumidores de Fox News continuaban creyendo en la mentira desmentida por sus propios perpetuadores. Al fin y al cabo, desde niños fueron entrenados para creer contra toda evidencia como si fuese un mérito divino.

En política, narrativa y realidad están más divorciados que en una novela de J. K. Rowling. Al mismo tiempo que los grandes medios se venden a sí mismos como independientes y salvaguardas de la democracia, ni son independientes ni son democráticos. Dependen no solo de un puñado de millonarios anunciantes; los miles de millones de dólares que las corporaciones y lunáticos como Elon Musk donan a los partidos políticos son el negocio perfecto: con cada dólar que arrojan a la masa, se compran, a un mismo tiempo, a los políticos en campaña y a los medios que los promueven. Los medios son parte de esa dictadura plutocrática y su trabajo (que no es diferente al de los sacerdotes que daban sermones en las iglesias y catedrales financiadas por los nobles) consiste en inventar una realidad contraria a los hechos, cómplice con el gran poder del dinero, del imperialismo y del racismo. Todo en nombre de la democracia, de la Ley internacional y de la diversidad.

Ahora, una pregunta por demás simple: ¿Piensan que este país necesita más adulones, o más críticos? Claro, todos responderán en favor de los críticos, pero en los hechos mudos la mayoría apoya lo contrario, sobre todo a través del descredito y de la demonización de los verdaderos críticos del poder―aquellos que no sólo en la academia sino hasta en la misma Biblia se apreciaba como profetas, no por anunciar el futuro sino por tener el coraje de decir lo que el pueblo no quería escuchar. Todos saben que si alguien quiere progresar en la escalera del éxito y del poder, por lejos paga mucho más la adulonería, por barata que sea, como es el caso del rabioso patriotismo de algunos inmigrantes al imperio de turno. No solo inmigrantes pobres, sino también orgullosos académicos serviles que acusan a los críticos de estar politizados o de victimizar a las víctimas del imperialismo.

Estamos en la misma situación del siglo XIX: expansión geopolítica y arrogancia racista. La diferencia es que, por entonces, Estados Unidos era un imperio en acenso y hoy está en descenso. Como lo demuestran los ejemplos europeos desde el español, el británico o el francés, a la larga, y pese a toda la muerte y el despojo ajeno, los imperios siempre han sido muy caros para sus ciudadanos, ya que no existen sin guerras permanentes. En sus apogeos siempre dejaron ganancias económicas, sobre todo para los de arriba. El problema es cuando se trata de un imperio en decadencia. Entonces, la arrogancia es una reacción natural, pero resulta carísima y solo puede acelerar su decadencia, miseria y conflictos, tanto dentro como fuera de sus fronteras.

Saber negociar en un mundo que no nos pertenece, hacer amigos en lugar de enemigos, es la estrategia más económica, más efectiva, más justa y más razonable. El problema es que liderar en paz siempre ha sido más difícil que liderar en una guerra, ese recurso de los mediocres que nunca falla, incluso cuando se arrastra a su propio país a la destrucción.

Cada año que pasa vamos confirmando la historia hacia el fascismo de los imperios decadentes de hace un siglo. Los primeros en caer (por la censura, el silencio, la prisión o la muerte) seremos los críticos. Cuando las cenizas no sean cosas de algún pobre e indefenso país en el otro lado del mundo, sino del corazón mismo del imperio, los sobrevivientes negarán tres veces haber sido partícipes de tanta arrogancia cobarde.

Como siempre, será demasiado tarde, porque si la Humanidad ha tenido la verdad y la justicia como valore supremos, rara vez los ha practicado como un compromiso inquebrantable. Lo normal ha sido lo contrario.

Jorge Majfud, 8 de enero 2025.

Trump II y los años por venir

Trump II and the years to come 27 diciembre, 2024

Entrevista a Jorge Majfud

Por Gerard Yong, periodista, México

Ante una nueva presidencia de Donald Trump, la que parece haberse iniciado antes de volver a entrar al Salón Oval, conversamos con Jorge Majfud para entender cómo llegamos a este momento en Estados Unidos y en el mundo, qué puede esperar América latina y qué podemos esperar de los años por venir.

GY: ¿Podríamos decir que, ante la perspectiva de anexar México y Canadá a Estados Unidos, estaríamos viendo un nuevo modelo económico más consistente en el sistema de anexión, en lugar de una globalización abierta?

JM: Esa sería la etapa final de esta nueva Guerra Fría con China que ya ha cruzado algunos límites de la guerra fría anterior, aunque por entonces Vietnam era lo que hoy son Ucrania y Palestina para Noroccidente, mientras que África y América latina comienzan a coincidir con lo que eran en ese tablero de ajedrez: movimientos independentistas inoculados por caballos de Troya. Los mismos movimientos, la misma estrategia: dominar los casilleros centrales quemando algunos peones antes de proyectarse a un movimiento de jaque.

GY: Pero la fantasía de una invasión siempre está…

JM: Sin la menor duda. No pocos halcones en el senado estadounidense quisieran invadir México, pero no anexarlo. México es un país demasiado habitado por “una raza inferior”, “una raza de híbridos corruptos”. Si cuando Estados Unidos anexó más de la mitad de México no continuó más allá del Rio Grande cuando tenían la capital del país tomada, fue precisamente para no agregar a la Unión millones de seres inferiores. Por la misma razón no tomaron todo el Caribe. No pocos están hablando de Canadá como “El Estado 51”, de la misma forma que cuando se fundó Estados Unidos con las Trece colonias anglosajonas, se intentó anexar Canadá como la colonia número 14. No sólo para escapar a la maldición del número 13, sino porque los canadienses eran europeos blancos. Como fracasaron luego de algunos sabotajes y Gran Bretaña se vengó quemando la Casa Blanca en Washington (que hasta entonces no era blanca, pero debieron pintarla así para cubrir la memoria del oprobio).

Estas nuevas anexiones, siguiendo el estilo imperialista del siglo XIX antes de cambiar por la estrategia de las bases militares por todo el mundo, puede tener un revival que producirá crisis deseadas, pero no es probable que se concreten a mediano plazo. A largo plazo (tal vez en dos o tres generaciones) es más probable lo contrario: que Estados Unidos pierda algunos estados como Texas o California por una secesión o Alaska por alguna anexión china, por ejemplo.

GY: ¿Qué perspectivas consideras que tendrá la política de Donald Trump hacia México, en su segundo mandato?

JM: Luego del brutal despojo de México en otra guerra inventada en 1846 con el viejo método de un ataque de falsa bandera y la victimización del agresor, México quedó con la moral tan baja que sus líderes (con excepciones) se dedicaron a entregar el resto a las compañías estadounidenses. La Revolución Mexicana cambió muchas cosas. Cuando Wilson bombardeó Veracruz, fueron sus pobladores quienes resistieron y repelieron una nueva ocupación a la ciudad que duró meses. Los soldados se retiraron. La Revolución mexicana desangró a México, pero le dejó una experiencia de resistencia armada que (sospecho por otros pocos casos similares en el continente) hizo que Washington no se atreviera a intervenir como lo hacía antes, a punta de cañón y de golpes de Estado estilo República bananera. Es probable que por esta misma razón (y tal vez también por su estratégica ambigüedad con las potencias europeas) Lázaro Cárdenas haya logrado lo impensable: nacionalizar el petróleo mexicano.

Por estas razones históricas no creo que Trump ni sus halcones se atreva a una agresión o intervención directa en México. Sin embargo, creo que debemos esperar una presidencia mucho más agresiva que la anterior por cuatro razones: 1. Trump ya no competirá por una reelección (al menos no según la constitución actual). 2. Como una droga, su ego necesita dejar una marca en la historia (lo que aquí llaman “legado”), cualquiera sea. 3. La nueva derecha ahora es abiertamente antidemocrática, sin más disimulos, y su ideología, aunque elemental y primitiva (la del Macho alfa) los estimula a la agresión―entre individuos, entre naciones. 4. Estados Unidos es un imperio en decadencia económica, social, política y geopolítica, lo cual lo hace aún más agresivo.

México está y ha estado siempre en una posición muy particular que lo diferencia del resto de América latina. Es al mismo tiempo vulnerable y fuerte. Como en tiempos de Cárdenas, debe hacer alianzas económicas con diferentes potencias como China (ya que está lejos de ingresar a los BRICS+) y alianzas regionales como con el resto de América latina. Alianzas y uniones como la única fórmula posible para la independencia, que es una condición ineludible de desarrollo para países que no son microcolonias.

GY: Hay quienes opinan que Trump podría negociar con Rusia, una salida pacífica a la Guerra de Ucrania, tal vez en detrimento de ésta… ¿Qué piensas de esto?

JM: El factor de su ego podría jugar un rol positivo en cuanto a terminar la guerra en Ucrania a través de una negociación. Trump se entiende con hombres fuertes, no porque él lo sea sino porque son sus alter egos. Los grandes líderes no son ególatras, pero quienes aman el poder sí, y Trump (como Musk y otros individuos con la misma patología) se ajustan perfectamente a este tipo psicológico.

Por otro lado, no debemos olvidar que los individuos, los presidentes electos en una democracia liberal no son el poder sino su máscara. El poder está en quienes concentran montañas de dinero (esto no es una metáfora ni una hipérbole) y, como resultado directo e indirecto compran políticos, medios de comunicación, la opinión pública de las mayorías que idolatran a sus esclavistas. Si a eso agregamos que la industria más lucrativa es la industria de la muerte, sólo debemos esperar que de terminarse el gran negocio de la guerra en Ucrania, toda esa inversión de capitales se mueva a otras regiones. Palestina es un caso. Siria es otro. El más dramático sería (y esa es la intención) continuar con Irán hasta llegar a Taiwán, expandiendo así el Anillo de fuego del que ya hablamos durante años.

GY: ¿Nosotros estaríamos lejos de ese Anillo de fuego?

JM: Solo desde un punto de vista geográfico. Para América latina no serán tiempos fáciles. Si bien en la última década el neo intervencionismo imperial ha sido a través del sermón mediático y de las redes sociales (básicamente, todavía en manos de las corporaciones estadounidenses), creo que es razonable prever un agravamiento del conflicto en su fase CIA-Mossad (como durante la Guerra Fría) y luego con dirección a una fase militar (como durante las Guerras bananeras).

La más reciente retórica de Trump sobre su idea de recuperar el Canal de Panamá y de anexar Canadá y Groenlandia son un intento de ir preparando a los habitantes de Estados Unidos para la naturalización de lo que en otro momento causó risa.

YG: ¿Cómo llegamos hasta aquí?

JM: De una forma muy simple. Los nobles feudales cambiaron de máscara una vez más. Primero se convirtieron en los liberales de las compañías piratas, como la East India Company… Fueron esclavistas, fueron demócratas (como eran los piratas) y fueron neoliberales para seguir vampirizando a sus colonias y a los de abajo en sus propios países. Más recientemente, con el suicidio de la Unión Soviética, lograron que la izquierda occidental se convirtiese en vegana, adoptando la ideología económica de la derecha: el neoliberalismo. Como golpe de gracia, la izquierda se olvidó del problema de la lucha de clases y se redujo a una política simplista de la identidad―que también es la política racista y sexista de la derecha, pero invertida; justa, según nosotros, pero insuficiente y una distracción perfecta. Una vez que el neoliberalismo fracasa de forma sistemática en cada una de las décadas, dejando decadencia y endeudamiento por todas partes, en las colonias y hasta en el mismo imperio la derecha pega un salto, se hace llamar libertaria y le promete a las masas frustradas y rabiosas (ante el resultado obsceno de la super acumulación de los capitales que ellos mismos crearon) y vuelven a vender la promesa de la solución mágica. ¿Cómo? Ofreciendo más de lo mismo pero de forma radical, ya no en democracias liberales sino en un fascismo indisimulado que, como hace cien años, promete satisfacer las frustraciones de un pueblo brutalizado ―aumentando la dosis de la droga. Si a eso le agregas el derrumbe interior y exterior de todo un imperio y la simplicidad primitiva, basada en emociones básicas y ancestrales de la extrema derecha (la tribu, el tótem, la raza, el miedo al otro, la rabia y el orgullo), pues, más claro no puede estar. En menos palabras: la derecha ha logrado vender la ilusión de una solución radical a los problemas creado por la derecha mientras la izquierda perdía su mística crítica y revolucionaria, identificándose con la ideología neoliberal de la derecha.

Diciembre 2024

https://www.pagina12.com.ar/794060-trump-2-la-ley-del-revolver-y-la-izquierda-cobarde

https://radiocut.fm/audiocut/vivimos-en-fracasada-civilizacion-del-exito-jorge-majfud/

The Panama Canal and the Mistreated Treaties

On December 22, 2024, the elected president of the United States, Donald Trump, announced that he would demand that Panama “give him back the canal.” Imperialism is a disease that not only kills those who resist it but also does not let those who carry it within live.

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Washington DC. January 22, 1903—Secretary of State John Hay and the Colombian commercial attaché in the United States, Tomás Herrán, signed the treaty that would give the United States the right to resume construction of the Panama Canal that the French had abandoned when they were almost halfway done. Colombia would agree to cede a strip of land on its isthmus to the United States for a hundred years in exchange for ten million in a single payment and 250 thousand dollars per year. A few miles off the coast of Panama, the warship Wisconsin remains stranded to provide moral support for the negotiations.

Congress in Washington immediately approved the treaty, but it was rejected in Bogotá. There were doubts about sovereignty and about the benefits derived from this agreement. Mathematics, also practiced in that country, said that it would take the Colombian people 120 years to receive the same compensation that had been offered to be paid in one lump sum to the New Panama Canal Co.

On April 15, the United States envoy, Mr. Beaupre, sent a telegram to the Secretary of State about the mood of the Colombian people. “There is at least one clear fact. If the treaty were put to the free consideration of the people, it would not be approved.” The Colombian Senate voted unanimously against its ratification.

Without ever having set foot outside his country, on August 27, Theo Roosevelt wrote three letters describing the Colombians as “ignorant,” “greedy,” “despicable little men,” and “corrupting idiots and murderers.” Also, “I could never respect a country full of that kind of people […] Trying to deal with Colombia as one deals with Switzerland, Belgium or Holland is simply absurd.” Days later, he sends some packages with dollars to organize a revolt that will be called Revolution.

Problem solved. On November 18, the Hay-Bunau-Varilla treaty was signed in Washington, by which “the United States guarantees the freedom of Panama” in exchange for Panama ceding authority and all rights over the canal, free of any tax. As usual, the Panamanians were not invited to sign the new treaty. The 250 thousand dollars annually previously offered to Colombia would not be paid until a decade after the canal’s opening. There is nothing like having a powerful navy to do good business. The previous Treaty of Peace and Commerce signed by Colombia and the United States in 1846 was also violated. As in Cuba, as in Puerto Rico, article, now article 136 assured Washington the power to intervene in any inconvenient situation. Still, rebellions are symbolic. Washington has decreed that citizens of that country cannot acquire weapons. Imperial practice is old: treaties are signed so the weak will comply.

In the United States, voices are raised against what several congressmen call dishonesty and imperialism. Senator Edward Carmack protests: “The idea of ​​a revolution in Panama is a crude lie; the only man who took up arms was our president.” Senator George Frisbie Hoar, a member of the commission investigating the war crimes that will go unpunished in the Philippines, rejects the versions about the Revolution in Panama and adds: “I hope not to live long enough to see the day when the interests of my country are put above its honor.”

Of course, this matter of honor can be fixed. The president resorts to the old resource of “we were attacked first.” As James Polk did to justify the invasion of Mexico in 1846 or McKinley to occupy Cuba in 1898, Roosevelt invents a story about threats to the security of certain American citizens in the area. Like Henry Kissinger, when he denied in front of television cameras any involvement in the military coup in Chile in 1973, Roosevelt assured Congress and the public that Washington was not involved in the Revolution in Panama. On December 6, 1904, he gave a speech before Congress on the need to once again expand the Monroe Doctrine “to see our neighbors stable, orderly, and prosperous.” Otherwise, “intervention by a civilized nation will be necessary… The United States must, whether it wants to or not, intervene to solve any serious problem by exercising the power of international police.”

In 1906, Roosevelt visited the construction sites in Panama. He would be the first American president to dare to leave his country. On board, the USS Louisiana, Roosevelt wrote to his son Kermit: “With admirable energy, men, and machines work together; the whites supervise the construction sites and operate the machines while tens of thousands of blacks do the hard work where it is not worth the trouble to use machines.”

Despite the hard work of Panamanians, they are portrayed as lazy. Journalist Richard Harding Davis had already echoed the sentiment of the time: “[Panama] has fertile lands, iron, and gold, but it has been cursed by God with lazy people and corrupt men who govern it… These people are a menace and an insult to civilization.”

In 1909, the Senate Foreign Affairs Committee, based on Roosevelt’s boastful statements to a class at a California university, investigated “the unilateral decision of a former president to take Panama from the Republic of Colombia without consulting Congress.” Considering Colombia’s requests to The Hague, the commission will question different protagonists. On November 6, 1903, three days after the revolution in Panama, the State Department sent a cable to its consul in Colombia informing that “the people of Panama, apparently unanimously, have resolved to dissolve their ties with the Republic of Colombia…”

Congressman Henry Thomas Rainey reads the cable from Washington in Congress. Rainey clarifies: “I do not believe any of this is true… When the Revolution occurred, only ten or twelve rebels knew of the plans, apart from the Panama Railroad and Steamship Co. managers.”

It would be necessary to wait until 1977 when Jimmy Carter’s government signed an agreement that the United States would return the canal to Central American country on the last day of 1999, three years before the mandatory rental period expired. A year earlier, at an event in Texas, the former governor of California and future president, Ronald Reagan, would declare: “It does not matter which ram dictator is in power in Panama. We built it! We paid for the canal! It’s ours, and we’re going to keep it.”

Omar Torrijos will be the dictator Reagan alluded to. Torrijos will claim sovereignty over the Canal and will die, like other rebel leaders from the south, in a plane crash.

Imperialism is a disease that not only kills those who resist it but also does not let those who carry it inside live.

Jorge Majfud (from the book La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina English: https://www.youtube.com/watch?v=d2-ViKbXQ0s )

https://www.commondreams.org/opinion/the-panama-canal

The politics of cruelty and incelity

The empire of denial closes its eyes and believes.

“Professor, “a student told me,” take a chance and say who will win tomorrow.

“Trump.

I had already said it in various media, but I am not interested in partisan politics in my classes.

“According to all the polls, Kamala wins. Why would she lose?

“Because of Gaza. You can’t hide the sun with a finger.
Hours after learning the election results, the major networks, from CNN to Fox News, began to digest Donald Trump’s victory. The most well-known figures seemed to agree that three issues had hit the Democrats: 1. the economy, 2. the migration crisis, and 3. the conflict in the Middle East.
In other words, it is about pocketbooks, racism, and morality. In the three points, we see the fabrication of ideas and sensibilities of the propaganda of those same media:

1. The domestic economy is not doing well, but let’s see that this is not due to a particular government but to a much larger structural problem that goes from the legalized corruption of the corporations that have bought everything (politicians, media) to continue accumulating the wealth (surplus value) that they have been kidnapping from the middle and working class. Since 1975, the working class has transferred 50 billion dollars (twice the GDP of China) to the richest one percent.

The other economic factor is the loss of hegemony and power to dictate by Washington in the rest of the world, which has not only aggravated its natural aggressiveness but has found itself with a competition it does not accept. But if we limit ourselves to the current administrations, we will see that during the period in which Trump was president, the GDP grew less than during the Biden period. True, there was a pandemic, but the same argument applies when praising the lower fuel prices in the previous period due to the drastic reduction in road traffic.

2. There is an immigration problem on the southern border, but not a crisis. That is a media fabrication fueled by politicians who benefit from the demonization of the weakest who do not vote and do not have lobbies to pressure and buy them. As a general rule, illegal immigrants are neither criminals nor do they increase crime, but rather reduce it. They do not live off state services but pay taxes by consuming and collecting their salaries, with the payment of taxes that they never claim but go to Social Security for the benefit of someone else. They do not steal anyone’s job but do the work that citizens do not want to do and, in this way, lubricate the economy so that it continues to function.
According to Trump, “Illegal immigrants are criminals who are entering without control.” He threatened Mexico with high tariffs if it did not stop drug trafficking, without mentioning that his country is the root of the problem, not only in consumption but also in the distribution of drugs and weapons. As documented, criminals, genocidaires, and terrorists live free and legal in Florida and are influential donors to his political party.

3. Although Americans usually vote with their pocketbooks, a portion (although a minority, they number in the millions) vote with a strong moral conviction. This has been the case of the genocide in Gaza that the Democrats have tried to silence in order not to talk about the weapons and tens of thousands of dollars they sent in just one year to Israel to massacre tens of thousands of children under the rhetoric of “Israel has the right to defend itself” or, as Bill Clinton responded, “because King David was there three thousand years ago.” Or candidate Harris, silencing every question about Gaza with the same nasal arrogance: “I’m the one who speaks.” The government has ignored the numerous student protests, violently repressed the mass urban marches, the truck drivers’ marches…
Then, when the punishment vote appeared, the same media that had made the massacre in Gaza invisible wanted to explain the electoral catastrophe by resorting to the same thing: relegating the moral issue to a third position and talking about the “crisis in the Middle East,” avoiding saying Gaza, Palestine, and genocide. Not even massacre.

This genocide is becoming a metastasis in the Middle East, one more stop in the Ring of Fire (Ukraine, Syria, Palestine, Iran, Taiwan) produced by the friction of the Alpha Male of the West who tries to surround the Dragon that has already awakened.
Instead of negotiating and benefiting its people through global cooperation, Alpha Male goes after eliminating the competition. This metaphor comes from the pack led by a male wolf, now by the ideologues of the right. They forget that when the alpha male ages and faces a younger one, it ends in a deadly conflict.

In 2020, Democrats won Wisconsin and Michigan, two states with a solid Arab population. Now, Republicans won both. However, Palestinian-born Rep. Rashida Tlaib (Michigan) retained her seat with 70 percent of the vote and Ilhan Omar (Minnesota) did so with 75 percent.
More than a vote for Trump (who had lost the election four years earlier for some reason) it was a vote against Harris and the Democrats. An indignant and hopeless vote. This electoral system is a legacy of slavery and the political-media system has been bought by the technological and financial corporations, which are the ones that govern this country. Larry Fink, the CEO of BlackRock (a financial company that manages as much money as five times the economy of Russia), made it clear: “It doesn’t matter who wins; Harris or Trump will be good for Wall Street.”

It is a sack of force: money goes from the parties to the media for advertising and promotion. That is to say, the same dollar buys politicians and the media twice. Presidents are in charge of the circus. They are in charge of keeping passions alight, especially racial and gender. There is no better strategy to make social class problems invisible. Racism is the most effective way to make invisible the deep social class problem we have, including its global translation, imperialism.
We will finally have a president convicted of justice (34 cases), who boasted of being smart for not paying taxes. Of course, being smart is not enough. It is necessary to have the people brutalized with identity divisions, with individuals alienated by the same technologies that dominate the economy, politics, and geopolitics.
Something that is not difficult in a people accustomed to believing above the facts. People trained in churches to close their eyes and replace reality with desire until reality changes. Because of the religious mentality, narrative reality matters more than factual reality: “In the beginning was the Word…”.

From there applying the same intellectual skills and convictions when leaving one temple to enter others (banks, stock exchanges, television, political parties) is only a step. Sometimes, not even that.

Jorge Majfud, November 6, 2024.