Washington no puede bombardear Nueva York

El viernes 31 de octubre de 2025, en su residencia arábiga de Florida, el presidente Trump organizó una fiesta de millonarios al estilo del Great Gatsby―antes del Great Crash de 1929. Mientras 42 millones de personas no sabían qué iban a comer debido al cierre del gobierno (el socialismo siempre reparando lo que el capitalismo nunca pudo solucionar), papi Trump servía el espectáculo de una jovencita en bikini dentro de una enorme copa de champagne.

El martes de la semana siguiente hubo elecciones para la gobernación de dos estados y una elección trascendente en California, la que tendrá un impacto en la cámara baja en Washington para las elecciones de 2026. Las tres elecciones fueron triunfo demócrata. En Nueva Jersey y en Virginia, ganaron dos mujeres, para la furia de la Casa Blanca. Como narcisista patológico que es, ante la derrota Trump declaró:

“El cierre del Gobierno y el hecho de que yo no estaba en las papeletas fueron las dos razones por las que los republicanos perdieron las elecciones”.

Sin embargo, el triunfo más importante fue el de la alcaldía de Nueva York. Que un candidato demócrata gane en las elecciones de Nueva York por más del cincuenta por ciento de los votos no sería nada significativo si el ganador no fuese Zohran Mamdani.

Estas elecciones tuvieron la mayor participación en una elección de alcaldía desde 2001. Mamdani ganó a pesar de que las corporaciones inundaron las arcas de su rival demócrata, Andrew Cuomo, derrotado meses antes por el mismo Mamdani en las elecciones internas. El exgobernador fue apoyado por Trump y Elon Musk.

Musk se había burlado del socialismo del musulmán, quien había propuesto que los autobuses de la ciudad no cobrasen pasaje. Mamdani no sólo le recordó que Cuomo le había regalado cientos de millones a Musk en recortes impositivos, más de lo que costaría un transporte público gratuito para los trabajadores, ahogados por los bajos salarios y los alquileres de tres mil dólares.

Más que significativo, la importancia simbólica (psicológica e ideológica) del triunfo de Mamdani supera cualquier hecho concreto. Desde el marco de la política de las identidades que, en Estados Unidos, domina el circo político desde al menos fines de los años 90s, muchos han señalado con aprecio y desprecio su condición de joven de 34 años, de inmigrante de Uganda, de musulmán y de hijo de un profesor y una productora de cine de India.

En la arena ideológica, Mamdani se identificó sin disimulos con el socialismo y sin tartamudeos con los derechos humanos en Palestina y contra el genocidio en Gaza. A pesar de estar en campaña electoral, dijo que, si Netanyahu pisaba Nueva York y él era el alcalde, ordenaría su detención. El poderoso lobby sionista abrió sus arcas, pero una gran proporción de judíos de Nueva York (39 por ciento) que consideran que Israel ha cometido un genocidio en Gaza, apoyaron la candidatura de Mamdani.

El “peligro del mal ejemplo” (es decir, el ejemplo de cualquier opción diferente al capitalismo ortodoxo) ha sido, por muchas generaciones, central en la obsesión de los responsables de las políticas exteriores de Estados Unidos basadas en la demonización y bloqueo de cualquier posible alternativa en el Sur Global, desde Lumumba en el Congo y Allende en Chile hasta Muamar el Gadafi en Libia.

Si algo no tiene Mamdani es timidez política, vergüenza ideológica, cobardía moral. Se ha enfrentado al hombre más temido por propios y ajenos, el presidente Trump, con un desparpajo que sentará el ejemplo tan temido de cómo la izquierda debe enfrentar el avance cleptocrático de los privatizadores neoliberales: sin hacer buena letra, sin pedir permiso, de frente y sin maquillaje.

“Si alguien puede mostrar a Donald Trump derrotado ―dijo Mamdani en la TV―, es la ciudad que lo vio nacer… Así que, Donald, ya que sé que estás viendo esto, te digo: sube el volumen y escucha”.

Mamdani rompió el tablero. Bernie Sanders lo apoyó cuando ya no necesitaba apoyo moral. Días antes de las elecciones, Obama―quien por años gambeteó todos los ataques de Trump a fuerza de bromas y silencios―lo llamó para ofrecerse como su consejero, si ganaba el gobierno de NYC.

Las propuestas de Mamdani son concretas y chocan de frente con el dogma: regreso a los impuestos para los millonarios (ahora multibillonarios) para financiar obras y servicios básicos de los cuales Nueva York necesita de forma urgente; regulación de alquileres; construcción de viviendas estatales; crear supermercados públicos en cada barrio; crear guarderías públicas para niños; subir el salario mínimo de los trabajadores; proteger los derechos laborales y sindicales; entre otras medidas, para las cuales necesitará aliados en el City Council y en el Congreso del Estado.

No sólo Trump, sino el mismo sistema se siente obligado a bloquear el corazón del poder financiero capitalista. Lo prometió Trump, pero le resultará más difícil que hacerlo con una colonia o con una república bananera. 

La diferencia siempre estuvo en que todas estas amenazas contra el “mal ejemplo” fueron aplastadas sin ninguna restricción ética, moral o legal. Ahora, que ese ejemplo proceda desde dentro mismo del corazón del capitalismo, residencia de Wall Street, se convierte en un problema mayor y difícil de tratar.

Washington no puede bombardear Nueva York. A Trump le quedan opciones clásicas: antes de las elecciones (como en Argentina) amenazó con un bloqueo de los recursos federales―a pesar de que Nueva York, como California, subsidian los estados conservadores del Sur―, la vieja política hacia países como Cuba y Venezuela.

La segunda opción es una invasión militar, estilo repúblicas bananeras antes de la Segunda Guerra Mundial o tipo República Dominicana (1965), Granada (1983) o Panamá (1990). Aunque esta opción parezca impensable, siempre hay atajos. No debemos olvidar que la militarización de Chicago y Los Ángeles fue solo un ensayo y, sobre todo, el intento de proceder por la vieja estrategia de acostumbrar a una población a través de dosis graduales de algo que, de realizarse de forma abrupta, no sería tolerado―Creeping normality.

La tercera opción que tampoco debe estar fuera de la mesa de los estrategas, es la clásica opción de la Guerra Fría: desestabilización de un gobierno democrático y remoción del líder por un golpe de Estado.

Mamdani no puede ser candidato a la presidencia por su nacimiento. Pero va quedando claro que las dos figuras jóvenes más importantes de los partidos dominantes, J.D. Vance y Mamdani representan dos extremos nunca vistos desde hace más de un siglo. Es probable que la elección de Mamdani sea ese punto de inflexión que muchos estuvimos esperando en los últimos dos años.

La historia podría seguir de la siguiente forma: en noviembre de 2026, los demócratas recuperan las dos cámaras del Congreso. Los cálculos indican que es improbable que los demócratas logren la mayoría en el Senado en 2026. Si este milagro se produjese (un evento que aliene a algunos republicanos, como ya se vio en el caso de Palestina), en 2027 podrían someter a impeachment a un presidente ya sin sus facultades físicas e intelectuales. Improbable porque, para destituir al presidente, sería necesario dos tercios del senado. Improbable, no imposible.

Si la improbabilidad se diese (algo común en la historia) ese mismo año seríamos testigos de dos posibles resultados opuestos: la destitución y una reacción militarista o dictatorial más directa de la Casa Blanca, seguida de un conflicto mayor.

jorge majfud, noviembre 5, 2025

Washington cannot bomb New York 7 noviembre, 2025

https://www.pagina12.com.ar/871560-washington-no-puede-bombardear-nueva-york

https://actualidad.rt.com/programas/zoom/571875-eeuu-imperio-decadencia

https://www.ihu.unisinos.br/659587-washington-nao-pode-bombardear-nova-york-artigo-de-jorge-majfud

Historiadores de Estados Unidos condenan el escolasticidio en Gaza

Los miembros de la American Historical Association (la sociedad científica más antigua de los Estados Unidos) que asistieron a la conferencia anual en Nueva York votaron el domingo 5 de enero de 2025 por 428 a favor y 88 en contra para aprobar una resolución que se opone al “escolasticidio” en Gaza y a la financiación de la guerra de Israel por parte del gobierno de Estados Unidos.

La medida convierte a la Asociación Histórica Estadounidense en el último grupo académico que expresa una postura sobre la guerra en Gaza, a pesar de las críticas conservadoras, que llegan hasta el presidente electo, de la defensa de los derechos de los palestinos en el ámbito académico.

El escolasticidio significa la erradicación intencional de un sistema educativo. La resolución, que dice que la campaña militar de Israel “ha destruido efectivamente el sistema educativo de Gaza”, pide un alto el fuego permanente y que la asociación forme un comité para ayudar a reconstruir “la infraestructura educativa de Gaza”.
La resolución se aprobó después de una bulliciosa reunión de una hora en la que no cabían más personas de pie en el salón de un hotel que estaba tan lleno que algunos asistentes no cabían dentro. Antes de que los miembros votaran, escucharon un debate estructurado sobre la resolución que incluyó a cinco personas que hablaron a favor de la resolución y cinco personas en contra. Durante todo el debate hubo aplausos, vítores y ovaciones de pie para los oradores que defendieron la resolución y más aplausos apagados para los oponentes.

Antes de que comenzara el debate, un miembro, el profesor asociado de la Universidad Rice Abdel Razzaq Takriti, se paró al frente de la sala y acusó al director ejecutivo de la asociación, Jim Grossman, de haber hecho «una declaración política» contra la resolución en su informe con el que se inició la reunión. (Grossman había dicho «no somos una organización política», pero luego dijo que solo estaba dando su informe).

Cuando llegó el momento de votar, algunos miembros criticaron el método de simplemente escribir sí o no en tarjetas de notas; a los asistentes se les habían proporcionado varias tarjetas. Después del debate, pero antes de que se revelara el resultado, un miembro señaló a otro y lo acusó de grabar la reunión en contra de las reglas, lo que llevó a Grossman a buscar en su teléfono y concluir que eso no sucedió.
Cuando se anunció el total de votos, la abrumadora mayoría fue recibida con cánticos de «¡Libertad, libertad para Palestina!» Pero la votación del domingo no es el final del proceso.

La resolución pasará ahora al consejo electo de la asociación, que puede aceptarla, vetarla o negarse a aprobarla. Esa última opción enviaría la resolución a los aproximadamente 10.450 miembros de la asociación para su votación. Grossman dijo que entonces se necesitaría una mayoría simple de los votantes para aprobarla.

El debate que se viene puede reflejar lo que se escuchó el domingo: discusiones sobre cuándo las asociaciones académicas deberían pronunciarse y, si lo hacen, qué deberían decir.

El Consejo Ejecutivo de la Asociación de Lenguas Modernas, cuya reunión anual se celebrará a finales de esta semana, ha sido criticado por no permitir a los miembros de esa organización ni siquiera votar sobre una resolución que también acusaría a Israel de escolasticidio. La resolución de la MLA habría ido más allá que la de la Asociación Histórica Estadounidense al respaldar también el movimiento de boicot, desinversión y sanciones contra Israel.

La resolución de la Asociación Histórica Estadounidense cita a un grupo de expertos independientes de las Naciones Unidas que, según un comunicado de prensa anterior de la ONU, dijeron: «Puede ser razonable preguntar si existe un esfuerzo intencional para destruir por completo el sistema educativo palestino».

Ese comunicado de prensa era de abril, apenas seis meses después del inicio de la guerra entre Israel y Hamás. El comunicado de la ONU decía que, para entonces, la última universidad de Gaza ya había sido destruida y «más de 5.479 estudiantes, 261 profesores y 95 profesores universitarios han muerto en Gaza, y más de 7.819 estudiantes y 756 profesores han resultado heridos».

Historiadores por la Paz y la Democracia escribieron la resolución. Van Gosse, copresidente de la organización y profesor emérito de historia en el Franklin & Marshall College, dijo que él y otros fundaron el grupo hace 20 años para oponerse a la guerra de Irak.

Horas antes de la votación el domingo por la noche, otro grupo llamado Historiadores por Palestina realizó una manifestación frente al hotel de la conferencia cerca de Times Square. Unas 75 personas escucharon a los oradores, incluido Takriti, que manejaba un megáfono, de pie junto a personas que sostenían una pancarta que decía “¡Alto el fuego ahora!”.

“Hay negacionistas que niegan la realidad y, lo que es importante para nosotros los historiadores, utilizan la falsificación histórica para promoverla”, dijo Takriti, profesor asociado de historia árabe moderna, ante los gritos de “¡Vergüenza!” de la audiencia. Dijo que la resolución del domingo era solo un comienzo.

“Hoy en día, algunas de estas personas leerán reconocimientos de tierras aquí en este espacio colonizado, pero no quieren decir lo que leen”, dijo Takriti. “No han interiorizado lo que están diciendo. Para ellos, son sólo palabras sin sentido, y Gaza lo demuestra. Porque si tuvieran algún entendimiento, si tuvieran algún sentimiento por los demás, si no estuvieran incurriendo en un comportamiento puramente narcisista (y violento), habrían emitido resoluciones mucho más enérgicas que la que se está proponiendo desde el principio de este genocidio”.

La asociación ya se ha pronunciado sobre los acontecimientos actuales. En febrero de 2022, publicó una declaración en la que condenaba “en los términos más enérgicos posibles la reciente invasión rusa de Ucrania. Este acto de agresión militar abierta viola la soberanía de una Ucrania independiente y amenaza la estabilidad en la región en general y en todo el mundo”. Además, decía: “Apoyamos vigorosamente a la nación ucraniana y a su pueblo en su resistencia a la agresión militar rusa y a la retorcida mitología que el presidente Putin ha inventado para justificar su violación de las normas internacionales”.

https://www.insidehighered.com/news/faculty-issues/academic-freedom/2025/01/05/aha-convention-attendees-oppose-scholasticide-gaza

El Trotsky del Bronx

En 1916, el buque ruso Askold amarró en el puerto de Marsella. Poco después, un motín a bordo terminó con el asesinato de un oficial, lo que obligó a las autoridades francesas a intervenir. En la inspección, se encontraron algunos ejemplares del periódico ruso Nashe Slovo (Nuestra Palabra), publicado por Trotsky y considerado literatura antirrusa por el régimen de Nicolás II. Interrogado por las autoridades francesas, Trotsky argumentó que los ejemplares habían sido plantados por los oficiales rusos.

En octubre, sin explicación alguna, las autoridades francesas entraron a su apartamento del 31 de la calle Pompe de Paris y se lo llevaron, dejando a su esposa Natalya y a sus dos hijos librados a su propia suerte. El detenido era sospechoso de estar contra la guerra. Lo llevaron a la frontera española y lo dejaron del otro lado, en el País Vasco. En San Sebastián fue detenido, otra vez sin una razón legal, y llevado a Madrid, donde pocos días después luego de una visita al Museo del Prado fue encarcelado y luego trasladado a Cádiz con el propósito de enviarlo a Cuba.

Para Trotsky no había dudas: las autoridades españolas respondían a las órdenes de las autoridades francesas que respondían a las órdenes de las autoridades rusas que respondían órdenes de los bancos franceses que ya habían invertido demasiado en la dictadura de Nicolás II. En la cárcel, comenzó a estudiar inglés, a la espera de las gestiones de sus amigos (entre republicanos españoles y socialistas estadounidenses) que no veían otra solución a su carrera de exilios que el Nuevo Mundo. Finalmente, las gestiones dieron resultado y las autoridades aprobaron su viaje a Estados Unidos.

En el interrogatorio de rigor antes de abordar, respondió que no era anarquista, ni polígamo ni alcohólico ni retardado mental y que nunca había vivido en una casa de beneficencia. Condiciones necesarias, aparte de ser blanco, para las autoridades de inmigración de la época. Incluso mintió al decir que nunca había estado preso. Trotsky había estado en prisión muchas veces en la Rusia zarista, por escribir, por organizar sindicatos de obreros y por organizar la protesta contra la masacre de mil manifestantes en San Petersburgo en 1905.

También Natalya le mintió al oficial de inmigración: había estado presa por haber participado en una reunión de obreros en San Petersburgo para conmemorar el Primero de Mayo, la masacre de trabajadores en Chicago. Por entonces, las brutal dictadura del zar Nicolás II (emperador de Rusia, Rey de Polonia y duque de Finlandia) no sólo había perseguido todo tipo de disidentes sino que había dejado casi medio millón de muertos en la hambruna de 1891-92. Nicolás II, reconocido nacionalista y antisemita como sus antecesores, hubiese sido el principal aliado de Hitler, de no ser destronado por la Revolución de Octubre―o de Noviembre, según el calendario que se use. Probablemente fue este factor histórico lo que contradijo el pronóstico de Karl Marx: no sería una sociedad industrializada la que vería la toma del poder del proletariado sino una sociedad agrícola y medieval, como la rusa. El padre de Nicholas II había ejecutado en la horca al hermano mayor de Lenin y la Revolución de Octubre, liderada por Lenin, ejecutó a Nicolás II. Un siglo más tarde el zar y su familia serían canonizados por la Iglesia Ortodoxa de Rusia como santos mártires.

Trotsky había adoptado ese nombre de su carcelero en Siberia, en 1902, pero en 1917 logró viajar a Nueva York con su apellido original, Bronstein. Luego de 17 días de viaje, el vapor anunció la llegada a Nueva York a las 3:00 de la madrugada. Se detuvo en Ellis Island, parada obligada donde, bajo la mirada de la Estatua de la Libertad, los inmigrantes debían demostrar que eran sanos, que no disfrutaban del alcohol y, de ser posible, que eran blancos. Si además viajaban en primera clase, ni siquiera debían bajar a la isla porque los oficiales subían a sus camarotes. Fue el caso de la familia Trotsky. Aparte de Inmigración, la familia fue bien recibida por varios editores y miembros del Partido Socialista. El abogado del partido y teórico marxista, Louis Boudin, los llevó a cenar.

Mientras, Lenin seguía su exilio en los periódicos desde el suyo propio, en Suiza. Trotsky se había separado de Lenin en 1902 por razones ideológicas y personales. Según Trotsky, Lenin era un “terrible egocéntrico”. Según Lenin, Trotsky era un “judas”, un “tramposo evasivo”. Para Lenin no podía haber una revolución proletaria sin una vanguardia revolucionaria y un Estado centralizado que liderase una profunda reforma de la sociedad antes de ascender a niveles superiores de justicia social. Trotsky, menos pragmático, se aproximaba más a los anarquistas, rechazando una estructura vertical en favor de organizaciones populares de base, como los sindicatos y las asambleas populares―los soviets. Para Trotsky, la idea de Lenin sobre una “dictadura del proletariado y de los campesinos” más bien se trataba de una “dictadura sobre el proletariado y los campesinos”.

La idea o el principio que los unía era simple: las guerras son productos de las burguesías nacionales (como en la Edad Media eran productos de la nobleza, no de los campesinos, los peones del ajedrez) y son promovidas por los nacionalismos, como antes lo eran por otro elemento aglutinante: la religión. Por entonces, muchos socialistas y anarquistas entendían que la unión de los obreros del mundo anularía la principal causa de las mayores injusticias y tragedias del mundo donde los trabajadores y sus hijos marchaban para matar a otros trabajadores en nombre de una nación y en beneficio de las clases dominantes. La Primera Guerra solo fue una comprobación de esta tesis: los obreros de unos países se unieron contra los obreros de sus países vecinos gracias a un fanatismo nacionalista que no les produjo ningún beneficio sino muerte, destrucción y pobreza.

En 1917, Nueva York todavía era una especie de República anarquista. Se publicaban diarios y libros en decenas de idiomas, desde el español hasta el ruso. Las obras de teatro eran representadas con actores de varios países y para diferentes comunidades. El Novy Mir (Mundo Nuevo), semanario publicado en ruso en un modesto taller de 77 Saint Marks Place en Staten Island, era al mismo tiempo bolchevique y menchevique. Lenin solía leer el Novy Mir en su exilio de Suiza, por lo que supo del recibimiento de Trotsky en América. “De haber sido el rey de Inglaterra no me habrían tratado mejor”, comentó Trotsky.

Diferentes diarios anunciaron su llegada a Nueva York a bordo del Monserrat. La familia Trotsky había sido expulsada de Rusia, Austria, Alemania, Francia y, finalmente, de España a pedido de la red diplomática rusa y los diarios tomaron este dato anecdótico como titular. “Expulsado de cuatro países”, tituló el New York Times el 15 de enero en su segunda página. Por su prédica antibelicista y antinacionalista, el mayor diario del país lo definió como socialista, marxista y “pacifista ruso” arribado con su esposa y sus dos hijos, Leon de 11 y Serge de 9 años. En la misma página, el New York Times informaba de una limpieza de progresistas en el gobierno ruso del zar, reemplazados por partidarios de la extrema derecha. El diario socialista publicado en idish, The Jewish Daily Forward, con un tiraje de más de 200 mil ejemplares por día, anunció a Trotsky en la portada del martes 16 de enero.

Trotsky se alojó dos meses en un apartamento de Wise Avenue, en el Bronx. El 4 de noviembre, cuando ya había retornado a Rusia, The Sun de Baltimore, describía a Trotsky como anarcosocialista y la segunda figura más importante de la Revolución rusa, después de Lenin. Unos meses después, en setiembre, el Bronx Home News titulará: “Un hombre del Bronx lidera la Revolución rusa”.

En Nueva York, las tertulias eran el refugio de socialistas y anarquistas expulsados de Europa y, no pocas veces, juzgados y condenados en América. Por alguna razón, la derecha racista del Ku Klux Klan y de los poderosos empresarios de entonces (pocos años más tarde, nazis y fascistas; pocas décadas después, neoliberales; un siglo más tarde, libertarios) eran rara avis en estos ambientes de gente culta. La raza, la patria y el dinero fueron siempre bastiones de la derecha. La cultura y el pensamiento no comercial no. De ahí su tradicional obsesión con demonizar o eliminar las artes, las humanidades, las ciencias y las universidades sin fines de lucro.

Theodore Roosevelt fue de la creencia de que los anarquistas (extranjeros) estaban tomando el poder del país, o quiso que se creyera en esta teoría como clásica estrategia electoral, por lo cual ordenó un control cercano de todo sospechoso de ser anarquista. En 1908 se creó el Bureau of Investigation con el disimulado propósito de ser una policía ideológica antes que una policía federal de investigación del crimen. En 1924, Edgard Hoover se convirtió en el director del Bureau of Investigation, el que nueve años después se convertirá en el FBI. Hoover no dejará su puesto ni la obsesión de perseguir a todo tipo de individuos con ideas o sentimientos fuera del dogma nacional (socialistas y lesbianas por igual) hasta su muerte en 1972, casi medio siglo después.

En Nueva York, Trotsky descubrió su popularidad del otro lado del Atlántico. El diario socialista publicado en alemán desde 1878, el New Yorker Volkszeitung, recogió expresiones de Trotsky como: “Soy un apátrida y me alegro de haber encontrado un país que me ha aceptado dentro de sus fronteras”. De hecho, se sorprendió de encontrar un ambiente político e intelectual abierto, sin censura y sin persecución. Es decir, las antípodas de lo que sería Estados Unidos unas décadas más tarde, colonizado por el fanatismo religioso y la obsesión protestante sobre la fe, la que se traduciría en el macartismo en los años 50s y en todo tipo de persecución ideológica por parte de los medios, del FBI de Edgard Hoover, de la CIA de Allen W. Dulles y otros, perfectos representantes de la policía ideológica de Estados Unidos.

La Revolución rusa no hizo algo muy diferente con la libertad de presa. El mismo Trotsky que había reconocido este tipo de libertad en Nueva York, unos meses después fue el segundo líder más importante de la nueva URSS, después de Lenin. Fue Ministro de Asuntos Exteriores de un gobierno que prohibió periódicos no sólo conservadores sino, incluso, socialistas.

Siempre habrá excusas para limitar la libertad de expresión, pero la historia demuestra que es un lujo de los regímenes dominantes, aquellos contra la cual la crítica no tiene ninguna posibilidad de cambios efectivos, como fue el caso de los imperios británico y estadounidense, y como lo prueba su protección constitucional aún durante la esclavitud y la crítica antiimperialista dentro de estos imperios, como John Hobson en Inglaterra y Mark Twain en Estados Unidos, por citar solo dos (ver P=d.t).

Jorge Majfud, diciembre 2024. (Notas para un capítulo del libro Historia de la izquierda estadounidense)

https://www.pagina12.com.ar/789652-el-trotsky-del-bronx

https://rebelion.org/el-trotsky-del-bronx/

Antología de Nueva York

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«Edición de súper-lujo, que no sólo tiene a escritoras de primerísima línea como Francis Scott Fitzgerald, Chester Himes. O. Henry, Edgar Allan Poe, Ambrose Bierce y Henry James, sino que cuenta además con escritores actuales de primerísima línea como Lourdes Ortiz, María Zaragoza, Joaquín Leguina José Luis Alonso de Santos, Andrés Trapiello y los mejores escritores actuales de España e Hispanoamérica.

MAR Ed.

De las respectivas obras:© María Zaragoza, Lourdes Ortiz, José Luis Ordóñez, Juan Vivancos
Antón, Jesús Yébenes, Nelson Verástegui, José Luis García Rodríguez, Andrés Fornells, Juan
Serrano, José G. Cordonié, Carlos Augusto Casas, José M. Fernández Argüelles, Andrés Trapiello, Cristina Ruberte París, José Vázquez Romero, Joaquín Leguina, Elena Marqués, Juan Martini, Manuel Gómez Gemas, Fabricio de Potestad, Jorge Majfud, Joseba Iturrate, Vizconde de Saint-Luc, Álvaro Díaz Escobedo, Isaac Belmar, Miguel Angel de Rus, José Luis Alonso de Santos, Tomás Pérez Sánchez, Mar Cueto, Francisco Legaz, Pedro Amorós, Anunciada Fernández de Córdova y Chester Himes con autorización de Himes Literary Estate & Trust.
De las traducciones: © José Luis Gª (inglés)
De la edición: © M.A.R. Editor
Edición y prólogo de Miguel Angel de Rus
Mayo de 2012
http://www.mareditor.com
ISBN: 978-84-939322-5-1
Depósito legal:
Diseño de la colección: Absurda Fabula
Imprime: Publidisa
Impreso en España.

PRÓLOGO
Al hacer una antología sobre Nueva York se puede caer
en la fascinación o en la denuncia, en la descripción alucinada del ambiente turístico o en lo más sórdido de las calles desconocidas en las que duermen a la intemperie los homeless, en el drama-espectáculo de las Torres Gemelas o en el Nueva York de los dulces años en que parecía que el mundo sólo podía ir a mejor y que la ciudad era una fiesta continua. Por ello, en M.A.R. Editor hemos procurado mantener un equilibro entre todas las posturas y entre los autores clásicos, los clásicos vivos, y los autores que se abren camino y que aportan una visión fresca y distinta de una ciudad que fascina o que repele, principal destino turístico del planeta. Por ello se han buscado autores que nos han sido contemporáneos, como el gran Chester Himes, para mostrar el N.Y. más duro; clásicos de los años del gran desarrollo neoyorquino
como O. Henry, Francis Scott Fitzgerald, Edgar Allan Poe, Ambrose Bierce o Henry James; destacados autores actuales
que resultan muy familiares a los buenos lectores, como Lourdes Ortiz, María Zaragoza, Andrés Trapiello, José Luis Alonso de Santos y Joaquín Leguina, y autores de España e Hispanomérica cuya gran calidad no está en relación con la fama, y que nos presentan obras de verdadero interés, como José Luis Ordóñez, Juan Vivancos Antón, Jesús Yébenes, Nelson Verástegui, José Luis Gª Rodríguez, Andrés Fornells, Juan Serrano, José G. Cordonié, Carlos Augusto Casas, José M. Fernández Argüelles, Cristina Ruberte París, José Vázquez Romero, Elena Marqués, Juan Martini, Manuel Gómez Gemas, Fabricio de Potestad, Jorge Majfud, Joseba Iturrate, Vizconde de Saint-Luc, Álvaro Díaz Escobedo, Isaac Belmar, Tomás Pérez Sánchez, Mar Cueto, Francisco Legaz, Pedro Amorós y Anunciada Fernández de Córdova, que cierra este libro de relatos con un curioso poema a los taxis de Nueva York, uno de los iconos culturales del tiempo presente (para bien o para mal), como sabe cualquier amante del cine.

 

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el horror al anonimato

Horror vacui o El nacimiento del bebé X

 

Marni Kotak, una artista norteamericana conocida por sus representaciones escénicas de “arte conceptual”, se expuso a sí misma y a su hijo por nacer y ya nacido en una galería de Nueva York. El título de la muestra, “The Birth of Baby X”, es significativo. Su bebé, el que nació hoy 27 de octubre, es eso llamado X y es parte de algo que pretende ser una obra maestra del arte contemporáneo.

En los ’60 Umberto Eco bien observaba que una pieza de automóvil recogida de la calle se podría convertir en arte al ponerla en un museo. Es claro que en este caso, común en los museos de la posguerra que dejó desperdicios por todas partes, hay una re-semantización del objeto debido a su contexto.

Ahora, dar a luz en un museo como forma de arte no es llevar un acto sagrado como un nacimiento a un museo sino el acto de involucrar a un inocente en el proceso de arrastrar el narcisismo de un artista a un museo. Fuera del museo y del exhibicionismo, ese ego se siente disminuido en su rol de madre. Sin embargo, después de todo, ese no-arte, como defecar, orinar, hacer el amor y morir en publico, tiene algo de artístico: expresa de forma dramática el verdadero espíritu de su tiempo, de nuestro tiempo, desacralizado y vulgarizado por el “horror al anonimato”, lo cual nos acerca espiritualmente a un neobarroco, no retorcido por las sombras sino por las luces y la sobreexposición.

La obra «The Birth of Baby X», no es excepcional por (des)dramatizar un nacimiento, porque todas las personas hemos nacido alguna vez; ni por la rareza del lugar, porque las crónicas policiales registran muchos otros lugares insólitos de nacimientos apurados o planificados. La obra es excepcional por la magistral obsesión por una dudosa originalidad y por una clara necesidad de visibilidad sin necesidad de contenidos conceptuales. Que la acción del artista se llame “arte conceptual” no es una contradicción sino el necesario complemento a la vacuidad.

Nunca la palabra “exposición” fue más justa, por lo cual la muestra debió llamarse “La muerte de la privacidad” o “By the way, no sólo he dado a luz; también nació mi hijo”.

Jorge Majfud

Octubre 2011.

Milenio , II (Mexico)

Revoluciones, nuevas tecnologías y el factor etario

Heridos en Egipto

Revoluciones, nuevas tecnologías y el factor etario

El común acuerdo en nuestros días es que la reciente revolución árabe se debe principalmente a las nuevas tecnologías. Sin embargo, revoluciones sociales han existido a lo largo de toda la Era Moderna (de hecho es uno de sus pilares fundamentales) mucho antes de Internet o las redes sociales.

Al igual que la imprenta de piezas móviles en el siglo XV o los periódicos en el siglo XVIII, las nuevas tecnologías de la información y de la difusión cultural han sido siempre factores de precipitación de un fenómeno, pero rara vez su primera causa. Por el contrario, la imprenta surge después de la maduración de la revolución humanista, iniciada un siglo antes. La reforma de Lutero (paradójicamente consecuencia de la revolución humanista y más tarde paradigma de los conservadores antihumanistas más radicales) y la no menos violenta contrarreforma, hicieron de casi todo el siglo XVI un siglo reaccionario en términos sociales.  Pero luego de este inmenso paréntesis reaccionario, en el siglo XVIII los ilustrados y los filósofos iluministas, fundadores de nuestro mundo moderno y posmoderno, retomaron el legado humanista, le pusieron un énfasis a la razón critica (aunque no al racionalismo) y agregaron el anticlericalismo que no estaba presente en los anteriores humanistas. Básicamente, los ilustrados o el iluminismo provocan una de las revoluciones más trascendentes de la historia mundial que tiene como consecuencia práctica y teórica la Revolución americana primero y la francesa después (aunque esta última sin continuidad política), modelos de las subsiguientes revoluciones políticas, sociales y hasta artísticas en todo el mundo.

La difusión de periódicos se hace común entre las clases educadas de Europa, sobre todo en la Francia del siglo XVIII, cuando estos filósofos ilustrados ya habían comenzado su propia revolución. Revolución que necesitaba de estos nuevos medios ya que, como todas las revoluciones modernas, estaba afectada por el mismo espíritu proselitista de cristianos y musulmanes.

Se acusa también que el nazismo se convirtió en un fenómeno social e histórico gracias a los nuevos medios de difusión, como la radio y el cine, y las nuevas teorías y prácticas de propaganda, lo cual es cierto pero insuficiente. Muchos otros países contaban con los mismos medios. Por otra parte, el nazismo tuvo sus raíces en décadas anteriores (los nazis cuentan milenios) y en razones que van mas allá de la mera innovación tecnológica y la necesidad histórica.

Los actuales levantamientos en el mundo árabe no son siquiera revoluciones. Son rebeliones. En algunos casos ni eso, apenas revueltas. Podemos aceptar que han sido estimuladas por los nuevos medios de comunicación, es cierto, pero no creo que éste sea el factor central. También podríamos especular que todo ha sido producto de una manipulación sociológica por parte de alguna central de inteligencia que tomó ventaja de las “inocentes” redes sociales, pero al menos en el momento no disponemos de datos suficientes.

Para comprender una revolución es necesario mirar a la historia previa de las ideas. Para comprender una rebelión basta con mirar la pirámide etaria y el grado de status quo del poder político y social de turno.

Las revoluciones latinoamericanas se caracterizaron, entre otras cosas, por su juventud. El mismo Ernesto Che Guevara observó un día, en la facultad de arquitectura, con la poca ortodoxia marxista que lo caracterizó los últimos años: “había olvidado yo que hay algo más importante que la clase social a la que pertenece el individuo: la juventud, la frescura de ideales, la cultura que en el momento en que se sale de la adolescencia se pone al servicio de los ideales más puros” (Obra, 1967, 194).

Al igual que las revueltas de fines de los ’60 en Europa y América, las revueltas árabes de hoy en día tienen un efecto dominó y se explican principalmente por el gran porcentaje de de su población juvenil. El Mayo francés, las revueltas de Praga y Tlatelolco, de Chicago y Nueva York son, sobre todo, revueltas juveniles. La proporción de jóvenes en América y en Europa era mayor en los ‘60 que poco después de la Segunda Guerra, que dejó poblaciones más envejecidas y estimuló el conformismo suburbano de los ‘50.

Uno podría pensar que aun un bajo porcentaje de jóvenes representan millones en cualquier país, y basta con unos miles para tener una revuelta con alguna consecuencia concreta. Pero es posible que el un porcentaje X de adultos y viejos funcione como contenedor de las energías juveniles.

A fines del siglo XX decíamos, respondiendo a Francis Fukuyama y a Samuel Huntington, que el problema geopolítico de la única potencia mundial del momento, Estados Unidos, no eran tanto los conflictos de intereses con el mundo islámico (entonces presentados como conflictos culturales) sino el conflicto de intereses con China, que hoy se califican como colaboración estratégica. Entonces fechábamos en 2015 como un probable año en que esos conflictos comenzarían a hacerse críticos o al menos evidente. Luego señalamos una aceleración del declive de la influencia mundial de la primera potencia con el inicio de la guerra de Irak.

A Estados Unidos todavía lo salva no sólo cierta cultura de la innovación, el riesgo y la practicidad, sino también el hecho de ser todavía el único país industrializado (antigua denominación moderna) con una tasa de nacimientos aceptable en términos económicos y una población que dista mucho de ser tan vieja como la europea o la japonesa.

Más tarde, cuando todo esto pasó a formar parte del consenso general, estuvimos de lado de quienes advertían ciertas contradicciones en la imparable maquinaria China. Más allá de que su régimen político dista mucho de ser una inspiración procedente de la tradición humanista e iluminista, su ventaja es que todavía no es el imperio que alguna vez fue y que siempre quiso ser. Su próximo posicionamiento como primera potencia económica del mundo es inevitable, al menos por un par de décadas, antes que India le dispute ese obsesivo y absurdo privilegio que no dice mucho sobre el desarrollo de un país o de una sociedad.

Por las limitaciones de su sistema político (obviamente, esto es materia de discusión desde algunas perspectivas ideológicas), uno podría esperar que en cinco o diez años China tuviese alguna revuelta demandando más participación popular en la administración del futuro político y económico de su país y de sus provincias apenas se enfriase el acelerado ritmo de su crecimiento económico o sufriese algún desequilibrio inflacionario. En un país tan populoso donde la mayoría son pobres, el precio de los alimentos es un factor de alta sensibilidad.

No obstante, el creciente envejecimiento de su población por un lado acelera ese enfriamiento económico y por el otro hace pensar que, a pesar de la diversidad y de los números astronómicos de su población, a pesar de las nuevas tecnologías de comunicación e interacción, esta revuelta contra el estatus quo de un gobierno central es más bien improbable.

No imposible, pero es mucho menos predecible que la actual rebelión de las jóvenes sociedades árabes de hoy en día, gobernadas por regímenes faraónicos y por los mismos nombres del siglo pasado.

Claro, un complemento válido sería observar que también las potencias actuales son las mismas que las del siglo pasado y se rigen, al menos en política internacional, con la mentalidad misma del Ancien régime. Pero ese tema merece un espacio propio.

Jorge Majfud

La República (Uruguay)

Milenio (Mexico)

Gara (España)

Panama America (Panama)

Poeta en Nueva York

Federico García Lorca

Image via Wikipedia

EE.UU.: hallan el borrador original de un poema de García Lorca

El manuscrito de «Oficina y denuncia» fue encontrado por casualidad en la biblioteca del Congreso; se creía perdido

 

WASHINGTON (EFE).- El profesor de la Universidad de Boston Christopher Maurer encontró por casualidad en la biblioteca del Congreso de Estados Unidos, en Washington, el primer borrador, escrito y con correcciones a mano, del poema de Federico García Lorca «Oficina y denuncia», incluido en «Poeta en Nueva York».

El manuscrito es toda una «rareza», no sólo porque se creía perdido, sino porque contiene las correcciones a lápiz de García Lorca, explicó el catedrático. En el borrador se pueden ver versos que no aparecieron en la edición final, publicada en el poemario escrito entre 1929 y 1930 durante la estancia de García Lorca en Nueva York y un posterior viaje a Cuba.

«Y me ofrezco a ser devorado por los campesinos españoles», escribió de su puño y letra García Lorca, en un poema que habla de la arrogancia y soberbia de una ciudad, Nueva York, consumida por sus ansias de poner precio y valor a las cosas. Finalmente esta afirmación desapareció de la estrofa: «Me ofrezco a ser comido/ por las vacas estrujadas/ cuando sus gritos llenan el valle/ donde el Hudson se emborracha con aceite».

«Me chocó la riqueza de las variantes», explicó el profesor Maurer en una conversación telefónica desde su oficina en la Universidad de Boston, si bien reconoció que la corrección que había hecho el poeta fue acertada. «Un buen poema crea siempre esta sensación, la de la inevitabilidad», el hecho de que el mejor verso es el que estamos acostumbrados a leer, señaló.

No obstante, no deja de ser reveladora la intención de Lorca de intercalar en el poema la idea de ser «devorado», que refuerza la idea mesiánica del poeta «que se presenta como un salvador, como un mesías».

«Aunque hay que mantener separado el terreno biográfico del literario, en el caso de Lorca todo esto se confunde. Se ha querido leer la vida de Lorca en sus poemas. La verdad es que en ‘Poeta en Nueva York’, Lorca crea un protagonista, un alter ego, que a veces tiene poco que ver con el poeta de carne y hueso», explica el profesor.

En su búsqueda en la biblioteca del Congreso de Estados Unidos vio que aparecía el nombre de García Lorca, curiosamente, en un catálogo sobre música. Cuando viajó a la capital estadounidense para examinarlo, descubrió que era uno de los seis poemas autógrafos de «Poeta en Nueva York» que estaban desaparecidos.

Maurer pasó «meses» intentando reconstruir la historia del recorrido del poema, que se suponía había estado en manos de la familia del poeta canario Jose Maria Millres Sall, aunque la hija de éste le explicó «que no tenía idea de que su padre lo tuviera en algún momento de su vida».

El caso es que el manuscrito fue depositado en la biblioteca por el musicólogo Hans Moldenhauer, que lo compró en una subasta neoyorquina por 230 dólares. La biblioteca del Congreso lo cita por primera vez en un catálogo en 2005.

Esta no es la primera vez que Maurer descubre un texto manuscrito de Lorca, dado que el libro que está preparando junto a Andrew Anderson sobre el viaje de Lorca a la Gran Manzana contiene documentos inéditos.

«Hemos encontrado otros documentos manuscritos. Son cartas relacionadas con su estancia en Nueva York, algunas de las cuales no se conocían. Hay notas suyas manuscritas. Sabemos que Lorca dejó algunos manuscritos en Nueva York, y que amigos suyos conservaron cosas suyas. Eso nos ha llevado mucho trabajo», reconoce.

El libro, que se llamará «Federico en Nueva York y Cuba: Cartas y recuerdos» será presentado probablemente durante los próximos meses en Granada, coincidiendo con la apertura del Centro Lorca en la ciudad.

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