¿Por qué Trump quiere quedarse con Canadá, Groenlandia y Panamá? https://x.com/majfud/status/1877152054759878819
imperialismo
¿Silencio ante un genocidio? Solo muerto
Naturalmente, he comenzado el año recibiendo amenazas por los mismos temas y los mismos cobardes de siempre, escondidos detrás del anonimato. Pierden el tiempo. ¿Silencio ante un genocidio? Solo muerto.
En el último video, se muestra el momento en que Israel bombardeó hoy las tiendas de campaña del campo de refugiados de Deir al-Balah, en el centro de Gaza, con una bomba de media tonelada de explosivos. Un avión F-35 de 100 millones de dólares arroja una bomba GDU de 200.000 dólares sobre refugiados que viven en la miseria con 100 gramos de pan al día en una tienda de campaña.
Ya van 45.000 palestinos masacrados, registrados en el último año. Se estiman 300.000 muertos considerando aquellos que, por obvias razones, no se pueden identificar con nombre y apellido ni con su fecha de nacimiento.
Por si fuese poco, el mismo imperialista y miserable Occidente no se cansa de justificar con su literatura de terror, esa especialidad del occidente bonito y civilizado.
Jorge Majfud, 3 de enero de 2025.
https://radiocut.fm/audiocut/vivimos-en-fracasada-civilizacion-del-exito-jorge-majfud/ «Vivimos en la fracasada civilización del éxito»
https://ar.radiocut.fm/audiocut/vivimos-en-fracasada-civilizacion-del-exito-jorge-majfud/
La libertad de los de arriba
En 2017 el diplomático e intelectual indobritánico Shashi Tharoor participó en un panel en Australia. Un asistente cuestionó su posición recordándole la historia oficial: “según usted, Gran Bretaña dejó a India en peores condiciones de las que la había encontrado…¿qué hay de las habilidades en ingeniería, la infraestructura y, sobre todo, la educación que los indios adquirieron gracias a Inglaterra?” La respuesta de Tharoor puede resumirse en pocas frases: “los británicos llegaron a uno de los países más ricos del mundo, cuyo PIB alcanzaba el 27 por ciento de la riqueza global en el siglo XVIII, 23 por ciento en el siglo XIX, y luego de 200 años de saqueos y destrucción, India fue reducida a un país pobre. Cuando los británicos abandonaron India en 1947, el país apenas representaba un tres por ciento del PIB del mundo, con el 90 por ciento de la población bajo el nivel de pobreza, un índice de alfabetización del 17 por ciento y una expectativa de vida de 27 años. Los institutos de tecnología hoy existentes fueron inaugurados en India luego de su independencia (…) India fue el mayor productor de textiles del mundo por dos mil años… La excusa clásica es: ‘oh, no es nuestra culpa que ustedes perdieron el tren de la Revolución Industrial’. Claro que perdimos el tren; fue porque ustedes no tiraron debajo de las ruedas. En el nombre del ‘libre mercado’, los británicos destruyeron a punta de cañón el libre mercado que ya existía en India”.[i]
En 2022, los profesores Jason Hickel y Dylan Sullivan publicaron un detallado análisis titulado “Capitalism and extreme poverty” donde calculan el impacto de las políticas imperiales del capitalismo. Sólo en India, en apenas cuarenta años, el colonialismo británico causó más de 100 millones de muertes y robó al menos 45 billones de dólares en bienes, es decir, más de diez veces la actual economía de todo el Reino Unido. Analizando tres factores cuantitativos básicos (salarios reales, estatura física y mortalidad) los investigadores demolieron la idea de que antes del reinado del capitalismo el 90 por ciento de la población vivía en extrema pobreza y que fue, precisamente el capitalismo, el sistema que creó riqueza global. El prejuicio popular sólo se podría aplicar a los países imperialistas, no al resto del mundo. “El surgimiento del capitalismo provocó un deterioro dramático del bienestar humano. En todas las regiones estudiadas, la incorporación al sistema mundial capitalista se asoció con una disminución de los salarios por debajo del mínimo de subsistencia, un deterioro de la estatura humana y un repunte de la mortalidad prematura. En partes del sur de Asia, África subsahariana y América Latina, los niveles de bienestar aún no se han recuperado. Donde ha habido progreso, mejoras significativas en el bienestar humano comenzaron varios siglos después del surgimiento del capitalismo. En las regiones centrales del noroeste de Europa, el progreso comenzó en la década de 1880, mientras que en la periferia comenzó a mediados del siglo XX, un período caracterizado por el surgimiento de movimientos políticos socialistas y anticoloniales que redistribuyeron los ingresos y establecieron sistemas de abastecimiento público”.[ii] En un artículo publicado en New Internationalist, los mismos autores resumen su estudio anterior de la siguiente forma: en el siglo XX, “la cantidad de alimentos que se podía comprar en América Latina y gran parte del África subsahariana con el salario de un trabajador promedio disminuyó notablemente, alcanzando niveles inferiores a los de los siglos XVII y XVIII”. En referencia a los últimos 50 años, concluyen que, a partir de la reacción contra los movimientos sociales y progresistas en el Norte Global “la política neoliberal fue implementada por gobiernos alineados con las corporaciones, más notoriamente los de Margaret Thatcher y Ronald Reagan. En el Sur Global, a menudo se hizo a través de golpes y otras intervenciones imperialistas violentas por parte de EE. UU. y sus aliados, incluso en países como Indonesia (1965), Chile (1973), Burkina Faso (1987) e Irak (2003). El FMI y el Banco Mundial impusieron la ideología neoliberal a los países que no estaban sujetos a invasiones y golpes de estado en forma de ‘Programas de Ajuste Estructural’ (SAPs), que requerían que los gobiernos privatizaran los recursos nacionales y los bienes públicos, recortaran las protecciones laborales y medio ambientales, restringir los servicios públicos y, lo que es más importante, eliminaran los programas que buscaban garantizar el acceso universal a los alimentos u otros bienes esenciales. Entre 1981 y 2004, 123 países (el 82 por ciento de la población mundial), se vieron obligados a implementar las SAPs. La política económica para la mayoría de la humanidad llegó a ser determinada por banqueros y tecnócratas en Washington”.[iii] No sobra aclarar de que el llamado “Sur global”, a pesar de que en el mapa mundial aparece dominado por los océanos, en realidad no es sólo el área al sur de la línea ecuatorial, sino que se extiende desde América latina, África y Asia muy al norte hasta representar, por lejos, la mayoría de la población mundial. Pero los bancos internacionales funcionan como cualquier corporación. En el FMI, el 85 por ciento de la población mundial posee solo el 45 por ciento de los votos; como en cualquier directorio de una corporación, cuanto más dinero más votos. En realidad, como cualquier democracia secuestrada. La democracia estadounidense, por ejemplo, también surgió bajo los mismos criterios, condicionada a que las personas comunes (no blancas y sin grandes propiedades) pudiesen tener un real poder de decisión.
Este tipo de análisis factual y documentado de la historia siempre pasa por exagerada, por radical e, incluso, es condenada y hasta prohibida. Sin embargo, aparte de valiente es correcta. Como ya lo explicó Karl Marx en El Capital, riqueza y capital no son lo mismo, aunque ambos tienden a la acumulación. El capitalismo (el sistema y la cultura entorno al capital) exigía la reinversión de la plusvalía y la maximización de la mano de obra, desprendida (alienada) del objeto producido y, como fue el caso inicial de Inglaterra, desposeída de su tierra para que sus hijos se convirtiesen en trabajadores asalariados. “La separación del trabajo de su producto, la separación de la fuerza del trabajo subjetivo de su condición objetiva, fue el fundamento real y el punto de partida de la producción capitalista. […] El trabajador, por tanto, produce constantemente riqueza material —objetiva— pero bajo la forma de capital, es decir, de un poder ajeno que lo domina y lo explota”.[iv] Más de cien páginas después: “Hoy, la supremacía industrial implica la supremacía comercial. […] La creación de plusvalía se ha convertido en el único objetivo de la humanidad”. Más adelante, como una ironía que resuena hoy en día, Marx observa que “la única parte de la llamada riqueza nacional que realmente forma parte de las posesiones colectivas de los ciudadanos modernos es su deuda nacional”.[v]
Este frenético proceso europeo interrumpió el desarrollo económico y civilizatorio en otras partes del mundo, desde las Américas hasta Asia. Cabe preguntarse si esta imposición de la nueva cultura luego del feudalismo hubiese sido exitosa sin un fuerte grado de fanatismo. Creo que no, como en cualquier otro momento de la historia. El fanatismo (colectivo) es un componente fundamental de todo éxito geopolítico e histórico, sean las guerras feudales, las guerras imperiales del capitalismo o del comunismo del siglo XX. El vencedor impondrá sus intereses, sus valores, y creará una nueva visión del mundo, es decir, una nueva normalidad, por la cual hasta sus víctimas defenderán con pasión y convicción.
A mediados del siglo XIX, Marx observaba: “El sistema colonial, con sus deudas públicas, sus pesados impuestos, su proteccionismo y sus guerras comerciales, son el resultado de la revolución manufacturera. Todo lo cual aumenta de forma gigantesca durante la infancia de la industria moderna. Como consecuencia tenemos una gran matanza de inocentes”. Más adelante complementa: “La Guerra Civil estadounidense trajo consigo una deuda nacional colosal y, con ella, una gran presión de impuestos y el ascenso de la vil aristocracia financiera […] En resumen, una concentración más rápida del capital. En otras palabras, la gran república americana, ha dejado de ser la tierra prometida para los trabajadores emigrantes”.[vi]
jorge majfud. Del libro Moscas en la telaraña (2023).
[i] Farris, H. (2017). “Shashi Tharoor argues why British Rule destroyed India, North Korea & Liberalism”. http://www.youtube.com/watch?v=jaNotcGak3Y
[ii] Sullivan, D., & Hickel, J. (2023). Capitalism and extreme poverty: A global analysis of real wages, human height, and mortality since the long 16th century. World Development, 161, 106026. https://doi.org/10.1016/j.worlddev.2022.106026
[iii] “16 million and counting: the collateral damage of capital”. (2022, December 22. New Internationalist: https://newint.org/features/2022/12/05/neoliberalism-16-million-and-counting-collateral-damage-capital
[iv] Marx, Karl. Capital: a critical analysis of capitalist production. Tr. from the 3d German ed., by Samuel Moore and Edward Aveling, and ed. by Frederick Engels. New York: Humboldt pub., 1890, p. 359.
[v] Marx, Karl. Capital: a critical analysis of capitalist production. New York: Humboldt pub., 1890. 481.
[vi] Marx, Karl. Capital: a critical analysis of capitalist production. New York: Humboldt pub., 1890, p. 483-494.
¿Fue Ernesto Che Guevara un asesino o un héroe?
Luego de años, de décadas, continúo recibiendo cuestionamientos sobre si yo considero a «El Che Guevara un asesino o un héroe». Ya lo he dejado más que claro años atrás, múltiples de veces como en https://rebelion.org/el-peligro-de-un-nombre/.
Por supuesto que El Che no fue un asesino. Fue un revolucionario antimperialista. Si quieren buscar asesinos en masa busquen en los archivos de la CIA. Sus mismos detractores del exilio cubano (detallado en mi último libro 1976 https://www.amazon.com/1976-exilio-del-terror-Spanish/dp/1956760938/ref=) nunca, jamás fueron al frente como fue el Che en Cuba, en África (por la descolonización y contra el Apartheid), en Bolivia (ganándole batallas al ejército y perdiendo por hambre y falta de municiones) contra la traición y el apoyo multimillonario de la CIA, sino que esos mismos cobardes fueron reclutados por la CIA para bombardear Cuba y Angola y terminaron bombardeando a su misma gente en EEUU (por lo que el FBI llamó Miami «la capital del terrorismo») Cobardes por cualquier lado que se los mire. Siempre desde tiando bombas y gérmenes desde aviones, desde lejos, como cualquier cobarde, nunca de frente, como El Che. ¿Más prueba de qué es un terrorista, un cobarde asesino? Por favor, busquen entres sus papitos y abuelitos. Pues, entonces, no me jodan más. Ni se les ocurra que puedo tener mie4do de su cásica cobardía terrorista.
Jorge Majfud, octibre 2024
La (irrelevante) violencia de los de abajo
«Vayan a trabajar, vagos» La frase favorita del esclavo con complejo de amo.
Como siempre, los de arriba (Argentina, América Latina, Estados Unidos, Europa) desangran las clases trabajadoras de sus países y luego resulta que cualquier reacción callejera es la única violencia.
Para invisibilizar esta realidad, una de las estrategias más burdas es negar que todavía existen las clases trabajadoras, como que no existe el imperialismo–incluso abonado por progresistas entreguistas, saboteadores acomodados de las luchas populares.
jorge majfud, octubre 2024
Democracias imperiales, dictadura solidarias
La historia no deja mucho lugar a las excepciones: al grito de democracia se practicó el despojo de otras naciones; al grito de libertad se esclavizó y se expandió las formas más brutales e industriales de imperialismo. Todo esto, casi siempre fue perpetuado por democracias, no por dictaduras. No por casualidad, Theodore Roosevelt escribió que “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo”.[i]
Por lo general, las dictaduras coloniales y poscoloniales (casi todas dictaduras funcionales y casi por excepción dictaduras resistentes) fueron la consecuencia lógica de estos imperios democráticos. Todo bajo una vieja lógica. En la antigua Grecia, Atenas era una democracia muy similar a las democracias de los últimos siglos: tenía esclavos temporales, toleraba cierta diversidad y se vanagloriaba de aceptar inmigrantes de otros pueblos; unos pocos votaban y su imposición sobre otros pueblos griegos, como Esparta, se basaba en la fuerza de su dinero. Dos mil años después, los imperios modernos siempre se dieron el lujo de presumir democracia, tolerancia a la diversidad y a las opiniones diferentes en sus calles… Claro, mientras su poder no tenga competencia y mientras se siga imponiendo y practicando lo opuesto en las colonias (donde la crítica era más peligrosa) para beneficio económico de la civilizada metrópoli.
La historia moderna de las llamadas democracias como sistemas-de-poder-compartido-de-la-clase-dominante, cohesionado por sus capitales y oligopolios, fueron más dictatoriales, imperialistas y brutales con otras naciones que las mismas dictaduras. Tal vez porque se sentían impulsadas por la misma arrogancia de considerarse benévolos. Tal vez porque casi todos esos imperios fueron capitalistas. Así ocurrió (por ambas razones) con los brutales imperios británicos, holandeses, franceses y estadounidenses. Así continúa ocurriendo con el belicismo de la OTAN, compuesta de países con sistemas de democracia liberal―todas secuestradas por la elite financiera, como antes lo estaban por los capitales industriales. Un poco más en la periferia, por ejemplo, uno de los argumentos más recurrentes que justifican el largo y brutal apartheid de los gobiernos israelíes consiste en que ese país “es la única democracia en Oriente Medio”. Aunque fuese una democracia plena y no limitada, esto no la autoriza ni justifica a su gobierno para disponer de otra nación, la palestina, a su antojo y por la fuerza de sus armas―negando en los hechos la existencia política a todo un pueblo bajo la excusa de que algunos en su resistencia independentista no reconocen su existencia.
¿Por qué las mayores dictaduras globales fueron democracias nacionales, cuando aún dictduras como la cubana o la libia, por el contrario, se solidarizaron con las colonias y los oprimidos del mundo? ¿A qué se debe esta (aparente) paradoja? ¿Tal vez los dictadores fueron más precavidos por temor a perder el poder? ¿Tal vez porque esas dictaduras nacieron de la lucha contra la brutalidad genocida de los imperialismos? ¿Tal vez eso que llamamos democracia no es la democracia de los nativos americanos (como la Confederación Iroquesa antes que la destruyeran los civilizados colonos), sino algo muy distinto: la democracia según la entendieron y fosilizaron los anglosajones, basada en el despojo, el desplazamiento del otro y la defensa de nuestra propiedad privada?
Ocurrió con la antigua democracia ateniense y con las democracias noroccidentales de la Era Modera. Las víctimas siempre son culpables de amenazar a sus amos quienes, ante cualquier cambio, son compensados por sus pérdidas económicas, como cada vez que se abolió la esclavitud o alguna colonia logró su independencia. Así, los invadidos son los invasores. Los masacrados son los violentos. Los corrompidos son los corruptos. Los asaltados, hambreados y exterminados por siglos en beneficio de los países desarrollados, son los únicos responsables de su pobreza.
jorge majfud, del libro Moscas en la telaraña (2023)
[i] Roosevelt, Theodore. “National Life and Character.” (1894) Teaching American History: teachingamericanhistory.org/document/national-life-and-character/
La Anti-Ilustración para el siglo XXI (I)
El Proyecto 2025
El Proyecto 2025, asociado a las promesas programáticas e ideológicas de Donald Trump en caso de ganar las elecciones de 2024, es una de las puntas del iceberg político y geopolítico actual de Occidente. Fue una invención de The Heritage Foundation, uno de los think tanks más poderosos del mundo, fundado en 1973 como reacción a la ola popular de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, de la descolonización en África y de los múltiples movimientos de liberación en América Latina, como la Teología de la Liberación, todos opuestos a la Guerra de Vietnam y a la cultura consumista, entre otras reivindicaciones existenciales.
La Fundación Heritage se define como un “business activist movement” (movimiento de activismo pro-negocios). Por negocios se entiende libertad, en el sentido literal que se entendía en el siglo XIX: la libertad de los amos a esclavizar al resto por el bien del resto. Luego del fiasco de la gira de Nixon por América del Sur en 1958, el presidente Eisenhower observó que, por alguna razón, en aquellos países donde Washington había sostenido dictaduras como la de Pérez Jiménez en Venezuela, la palabra capitalismo estaba asociada a imperialismo, por lo cual ordenó reemplazarla por “libertad de empresa”. Luego se simplificó el lema a una sola palabra, libertad, para hacerla más universal y efectiva. Había más rabajadores que empresarios y nadie podía oponerse a algo tan deseado como la libertad. A los años de rebeliones que la izquierda llamó liberación, la derecha identificó el problema como “un exceso de democracia”. Así lo definió el profesor y mogul de la derecha, Samuel P. Huntington en 1975. Huntington alertó en una conferencia que había una tendencia mundial hacia una extensión general de la democracia, con resultados catastróficos. La experiencia de Allende en Chile, declaró Huntington, fue “un exceso de democracia que condujo a un golpe de Estado que ha restaurado la estabilidad política”. No por casualidad los primeros think tanks aparecieron en Europa hace un siglo, para corregir los excesos de democracia y promover la agenda fascista que logró imponerse años después.
El Proyecto 2025 tiene varios objetivos declarados. Algunos son espadas de doble filo. (1) Expandir los poderes del presidente, sustituyendo leyes por decretos, órdenes ejecutivas e interpretación de leyes. (2) Darle al presidente más autonomía para administrar la economía y la política internacional. (3) Reducir las injustas políticas de protección ambiental contra la contaminación de los combustibles fósiles. (4) Recortar fondos para los planes públicos de salud, como Medicaid y Medicare. (5) Eliminar el Departamento de Educación. (6) Eliminar los programas en favor de la diversidad, lo que llaman Woke o “racismo anti-blanco”. (7) Erradicar a la izquierda de la educación, limitando la libertad de cátedra e imponiendo su comercialización a través de la privatización subsidiada por el gobierno.
Una acusación falsa, pero que nunca falla en la lógica del “menú político”, declara que este Proyecto también se propone (8) “luchar contra el antisemitismo de las universidades de Estados Unidos”. Más adelante, algo que la izquierda también apoyaría con gusto, y que se contradice con gran parte de las propuestas anteriores: (9) “luchar contra el Deep State”, es decir, contra los poderes oscuros y permanentes del gobierno de Estados Unidos. Como, por ejemplo, la CIA. Claro que la historia dice otra cosa: la CIA fue siempre (siempre) la mano invisible del mercado y del imperialismo capitalista. En fin, es parte del menú.
Otras de las prioridades del Proyecto es (10) promover “leyes más estrictas contra la inmigración ilegal”, lo cual es consistente no sólo con la preocupación del mito decimonónico del reemplazo racial y del “genocidio blanco” (mientras fueron inmigrantes anglosajones nunca hubo problema) y con la obsesión de políticos, teóricos y millonarios como Elon Musk por (11) promover la producción de hijos conservadores (básicamente, blancos), a través de cheques del gobierno (oops!) y (12) derechos especiales, como el de un padre a votar por cada hijo menor, mientras (13) se elimina el derecho post Guerra Civil a la ciudadanía por nacimiento (es decir, de padres inmigrantes). Para todo eso, es necesario (14) sustituir a la policía por militares combatientes, algo hasta ahora ilegal. (15) Proteccionismo económico, tarifas de importación y guerra comercial contra China―exactamente como ocurrió en los siglos anteriores cuando el Imperio Británico liquidó el libre mercado, primero con tarifas contra la importación de deseados productos asiáticos y luego con la fuerza de sus cañones libertarios contra la industria ajena.
Ahora, no por casualidad, billonarios como Elon Musk son la punta de lanza ideológica. Musk se ha dedicado a criminalizar a los inmigrantes pobres y mestizos del Sur en su poderosa red X. Como siempre, los pueblos están a la merced de la infancia de los poderosos. Como Milei en Argentina, Elon no se pudo liberar del pasado abusivo de su padre, Errol Musk, un millonario blanco en la Sud África del Apartheid, padre de muchos hijos, uno de los cuales fue con su hijastra. Otro convencido del poder del pene blanco. “Lo único para lo que estamos en la Tierra es para reproducirnos”, era su lema, algo que resuena en los pensamientos recientes de su hijo renegado Elon, quien también tuvo seis hijos con su primera esposa canadiense. Elon se había ido de Sud África en 1989 para evitar el servicio militar obligatorio, esas cosas de patriotas pobres. Luego de vender X.com, en 2004 compró la compañía Tesla. Siempre fue bueno vendiendo y comprando. Igual había hecho Jeff Bezos de Amazon, multimillonario y megalómano como él, quien también invirtió en la industria contaminante de los cuetes al espacio.
Ahora, para consumo del pueblo, el corazón ideológico de Proyecto 2025 es el (16) Nacionalismo cristiano. Su objetivo es (17) debilitar el gobierno federal erosionando la independencia de poderes y confirmar el poder de los Estados regionales, todo lo cual nos recuerda a un Neomedievalismo que lleva a la recuperación del poder de los señores feudales contra la limitación de los Estados centrales e, incluso, al esclavismo sureño en Estados Unidos, algo que ya explicamos en Moscas en la telaraña.
A este poder corporativo de los de arriba, los de abajo responderán básicamente de dos formas opuestas: un poder nacional y centralizado (neo-bolchevique) o gremios de base internacionales en contra de un poder centralizado, como en la Edad Media (neo-trotskismo, neo-anarquismo). Las actuales corporaciones de negocios son una herencia directa de las corporaciones colonialistas (companies) y de las asociaciones esclavistas durante la esclavitud de grilletes. De la misma forma que ahora la derecha triunfa en el poder concentrado (pero descentralizado) de los negocios y los lobbies, la izquierda resistirá a través de la militancia (re)organizada.
Cien días antes de las elecciones, el candidato Donald Trump les aseguró a sus “votantes cristianos” que las próximas elecciones eran de vital importancia y que luego “ya no necesitarían volver a votar”. Como lo propusimos meses antes en algunas conferencias y en un brevísimo libro, se cumple la fórmula P = d.t sobre el derrumbe de una democracia liberal hegemónica en una verticalidad fascista o bananera.
Jorge Majfud. Julio 2024.
No es seceto para los expertos en seguridad del ciberespacio. Estos libros, como las entrevistas y toda actividad que realizamos aquí, han sido «baneadas» (silenciadas, cencusradas) por los algoritmos de las mafias capitalistas. No nos importa. Siempre seguiremos publciando lo que al Poder más osucro le molesta. Una parte de todo eso está en los libros que mencionamos aquí abajo. Hagan como quieran. No se trata de una cuestión comercial, proque no vivimos de esto, sino de una razón profundamente moral. Nunca nos pudieron quitar la dignidad y no soportan esa derrota absoluta:
Las máscaras del racismo
Todo evento histórico se expresa en situaciones concretas, nunca abstractas, lo que produce la ilusión de la especificidad de las fuerzas que lo generan. Nadie ama y odia en abstracto, aunque el objeto de ese amor (una bandera, un símbolo) y de ese odio (otra bandera, otro símbolo) sea el resultado de la afiebrada imaginación tribal y el resultado de una lucha social por los “campos semánticos” y sus valoraciones éticas. Esto ya lo analizamos en el libro La narración de lo invisible, 2004.
El odio produce odio y lo distribuye convenientemente hasta lograr confundir a un racista con un indignado. Nadie odia en abstracto. Nadie mata en abstracto. No hay odio sin una víctima concreta. Incluso los pilotos que ven la realidad como un videojuego o los operadores de drones a miles de kilómetros de distancia matan seres humanos concretos y sus perpetuadores son seres humanos concretos que luego se ocultan en mentiras concretas, más allá del guion escrito, como lo hemos visto desde hace por lo menos tres décadas.
Sin embargo, si echamos una mirada lo más amplia posible a la historia y tratamos de abstraer esas fuerzas, esos factores comunes en nuestro tiempo y en tiempos de Poncio Pilatos, veremos algo más que lo eventual y específico. Esta idea platónica (la verdad es esa constante que está más allá del caos de las apariencias visibles) no deja de ser la base de cualquier reflexión científica. No otra cosa ha sido la filosofía, de las ciencias y protociencias, desde la caótica economía hasta la física cuántica. Como decía un personaje de Ernesto Sábato, la gracia está en entender que una piedra que cae y la luna que no cae son el mismo fenómeno.
Contrario a las apariencias, no existe el racismo contra un grupo específico. No existe el racismo específico e inclusivo. Los racistas no odian sólo a una raza, a una etnia o a un pueblo. Esta confusión es otra de las clásicas confusiones estratégicas que le sirven al racista para lograr alianzas temporales en favor de su causa. Puede existir el racismo blanco y el racismo negro, el racismo semita y el racismo antisemita, pero un racista es un enfermo de cuerpo y alma y odia a todo aquel que no pertenece a su raza o a su etnia, esas cosas imaginarias que, como todo lo imaginario suele ser más poderoso que la realidad. Un racista odia de forma democrática e indiscriminada, aunque cada tanto se concentre, distraiga y finalmente logre descargar todo su odio en otra etnia específica. Un nazi no odia sólo a los judíos. Un supremacista del Ku Klux Klan no odia solo a los negros. Un antisemita no odia solo a los semitas. Un sionista supremacista no odia solo a los palestinos. Esto no es solo una observación teórica o una definición lingüística. Es algo observable en la historia y en el presente. Si alguien defiende al grupo objeto de su odio, pasa a ser un enemigo y objeto de su odio sin ninguna reserva. Recientemente, el New York Times y CNN identificaron a los promotores de la violencia contra los manifestantes pro-palestinos en las universidades de Estados Unidos. Junto con las turbas pro-sionistas había activistas de la extrema derecha antijudía y al menos un conocido antisemita identificado, repartiendo palo a los estudiantes contra la masacre en Palestina, entre ellos estudiantes y profesores judíos. Ejemplos similares sobran. No tengo aquí el espacio para mencionar ni una mínima fracción de esa larga lista.
No, un racista no odia sólo a un grupo específico, aunque la confusión estratégica insista en presentarlo de esa forma. Si el grupo que representa el odio del racista desapareciera de la faz de la Tierra, en cuestión de horas pasaría a descargar su enfermedad sobre otro grupo. A nadie le viene diarrea súbita por pasar por un determinado baño. Cualquier baño le sirve para descargar su incontinencia.
El racismo es, probablemente, una patología evolutiva (tal vez, con algún componente genético individual no estudiado como tal, como la psicopatía) que se potencia y se enquista en una cultura con elaboraciones, justificaciones y racionalizaciones. En el siglo XIX esas racionalizaciones supremacistas fueron teorías raciales pseudocientíficas (genética colectiva), para justificar el colonialismo, el expolio y las masacres globales de las pulcras democracias noroccidentales. En el siglo XXI, como hace cinco mil años, se trata de una justificación religiosa, articulada por la fantasía mesiánica de cada grupo y liderada por sus miembros más patológicos, que son quienes el sistema político suele seleccionar, casi siempre de forma democrática—aunque nunca libre.
Pero la historia también muestra que, si bien el racismo es una maldición universal, no todos los pueblos lo han ejercido en la misma escala ni con la misma pasión. Aunque no libre de terribles masacres promovidas o justificadas por el racismo, África también provee de muchos ejemplos históricos donde la raza era un detalle irrelevante. Lo mismo podemos decir de varios pueblos nativos americanos. Todos salvajes y subdesarrollados… Nada comparable con el supremacismo genocida que los imperios noroccidentales practicaron a escala industrial. Hubo culturas, hay culturas más enfermas que otras y todas, religiosas o no, son antihumanistas.
Otro capítulo es a quién beneficia el racismo. No es difícil observar, también en la historia y en el presente, que el racismo, como las religiones, son instrumentos de poder de las clases, de las elites en el poder. Es más difícil esclavizar al resto de la sociedad, de la humanidad, si primero no nos convencemos de que somos superiores por nacimiento, que tenemos derechos especiales (a la tierra, a los capitales, a la vida) y que, por lo tanto, exterminar o esclavizar al otro es una “defensa legítima” de ese derecho. Es más difícil esclavizar al resto de la sociedad, de la humanidad si, además, el resto de la humanidad no acepta, de forma explícita o implícita, la superioridad del colono, del opresor, de la clase superior: los poderosos, los impunes, son más inteligentes, más hermosos, más buenos y, a la larga, se sacrifican por nuestra prosperidad, como bien lo definió el poema de Rudyard Kipling, “La pesada carga del hombre blanco” que promovió Theodore Roosevelt y se la creyeron casi todos los colonizados. Casi todos, menos los peligrosos rebeldes que fueron perseguidos y crucificados por los soldados de la oligarquía criolla colonial.
Una última. Otra funcionalidad del racismo, como del sexismo, es que, a pesar de ser un instrumento imperial de dominación, tiene la virtud de distraer a sus detractores con reivindicaciones legítimas. La “guerra cultural” (La narración de lo invisible) ha silenciado el cuestionamiento al mismo orden al que sirve el racismo. Esto ha sido probado en Estados Unidos primero y luego en otros países: en el siglo XXI, las marchas y protestas contra la violencia racial acallaron la conciencia de los años sesenta: la mayor expresión de racismo es el imperialismo, que es la mayor expresión del sistema global de dominación a través del dios más abstracto que existe, el dinero, cuya religión es el capitalismo.
Jorge Majfud, mayo 2024.
IRKÇILIĞIN FARKLI GÖRÜNÜMLERİ VE DEMİRTAŞ’IN SAVUNMASI-M.Taş
25 Mayıs 2024
Her tarihsel olay, onu oluşturan güçlerin yarattığı yanılsamalarla soyut olmayan somut durumlarda kendini ifade eder. Hiç kimse soyut olarak sevmez ya da nefret etmez. Sevginin veya nefretin nesnesi bir bayrak veya kimlik de olabilir her zaman somuttur.
Irkçıların yaydığı nefret karşı nefreti üretir. Soyut olarak kimse kimseden nefret etmediği gibi soyut olarak kimse kimseyi öldürmez. “Somut bir kurban olmadan nefret olmaz.” (J.M) Gerçekliği bir video oyunu olarak gören pilotlar veya binlerce kilometre ötedeki insansız hava aracı operatörleri bile somut insanları öldürür ve onların failleri, yaklaşık otuz yıldır gördüğümüz gibi, CİA ve Pentagon patentli yazılı senaryolarda belirtildiği gibi somut yalanların arkasına saklanan somut insanlardır.
Bildiklerimizin aksine, belirli bir gruba karşı ırkçılık diye bir şey yoktur. Irkçılar sadece bir ırktan, bir etnik kökenden veya bir halktan nefret etmezler. Onurlu yaşam davası savunmasında Demirtaş’ın “Türksen Övün değilsen itaat et” (S.D) ırkçı sloganında ırkçılığın bu görünümünü gözler önüne seriyor. Irkçılıkla eğitilmiş özel timin sadece Kürtlerden değil diğer azınlıklardan nefret ettiğini ve hangi kimlikten olursa olsun sorgusuz öldürebileceğini belirtiyor.
Türk ırkçılık, beyaz ırkçılık ve siyah ırkçılık, Sami ırkçılığı ve anti-Semitik ırkçılık olabilir, ancak “bir ırkçı bedenen ve ruhen hastadır ve ırkına veya etnik kökenine ait olmayan herkesten nefret eder, hayali her şey gibi, genellikle gerçeklikten daha güçlü olan bu hayali şeyler.” Bir ırkçı, zaman zaman konsantre olsa, dikkatini dağıtsa ve sonunda tüm nefretini başka bir etnik kökene salıvermeyi başarsa bile, insanlığından çıkar ve ayrım gözetmeksizin nefret eder.
Bir ülkücü sadece Kürtlerden, bir Nazi sadece Yahudilerden nefret etmez. Bir Ku Klux Klan sadece siyah insanlardan nefret etmez. Bir antisemitist sadece Musevilerden veya üstünlükçü bir Siyonist sadece Filistinlilerden nefret etmez. Bu sadece politik bir gözlem ya da dilbilimsel bir tanım değildir. Tarihte ve günümüzde gözlemlenebilir bir şeydir. “Birisi nefretinin nesnesi olan grubu savunabilir veya hiç çekinmeden nefretinin nesnesi haline gelebilir.”
Demirtaş savunmasında ırkçılığın farklı maskelerini Cizre’de Sur’da bir evin dış duvarına yazılan yukardaki sloganı yorumlarken “yazan Kürt’ü de bin defa lanetleriz. Buradaki yazan Kürt mü Türk mü bilmiyorum, elinde Türk bayrağı var, kurt işareti yapmış, ondan dolayı Türk diyorum. Etnik olarak belki Kürt’tür, fark etmez ama zihniyet olarak Türk resmi ideolojisini temsil ediyor”. İster asker ister polis olsun isterse sivil bir vatandaş olsun Kürt düşmanı bir ırkçı Arapları ve Ermenileri öldürüp “Reis gereği yapıldı” diyerek işlediği vahşeti devlet büyüklerine sadakatle üstünü örter.
Jorge makalesinde belirttiği gibi “Irkçılık muhtemelen, çeşitli gerekçe ve rasyonalizasyonlarla bir kültürde yerleşik hale getirilen evrimsel bir patolojidir.” On dokuzuncu yüzyılda, bu üstünlükçü rasyonalizasyonlar, sömürgeciliği, yağmayı ve küresel katliamları haklı çıkarmak için sözde bilimsel kolektif genetik, ırk teorileriyle temellendirildi. Yirmi birinci yüzyılda, Netanyahu’nun Filistinlilere, Türkiye’de Kürtlere Latin Amerika’da yerli halka, Avrupa’da etnik azınlıklara, göçmenlere karşı azgınlaşan nefret güncellenmiş ırkçılığın değişik varyosları, değişik görünümleridir.
Ancak tarih, ırkçılığın evrensel bir lanet olduğunu göstermesine rağmen, tüm halkların bunu aynı ölçekte veya aynı tutkuyla kullanmadığını da gösteriyor. Afrika, ırkçılık tarafından teşvik edilen ve meşrulaştırılan korkunç katliamlardan arınmış olmasa da, ırkın alakasız bir ayrıntı olduğu birçok tarihsel örnek de sunuyor. Aynı şey birkaç Kızılderili halk için de söylenebilir. Hepsi vahşi ve gelişmemiş… Kuzeyin emperyalist devletleri uyguladığı soykırımcı ırkçılıkları başkalarıyla karşılaştırılamaz. Hastalıklı ırkçılığı taşıyan tüm kültürler dindar olsun ya da olmasın hepsi anti-hümanisttir.
George Monbiot y los crímenes olvidados del Imperio Británico
Elon Musk y la dictadura de la libertad feudal
Desde finales del siglo pasado, en ocasiones he repetido cinco o seis ejercicios muy simples en salones de clase de distintos países con estudiantes de distintas culturas, edades y clases sociales―con el mismo resultado.
Uno (inspirado en África) se refiere a la clasificación de figuras geométricas, donde siempre vemos las diferencias y nunca lo que tienen en común.
En otro, en Estados Unidos, les dibujo un cubo en la pizarra y, al preguntar qué ven, por unanimidad afirman que se trata de un cubo. Obviamente, no es un cubo, sino tres rombos juntos.
A la pregunta de qué colores son el cielo y el sol, las respuestas también han sido unánimes, por años. Pero la respuesta repetitiva es una pregunta: “¿Profesor, también nos va a decir que el cielo no es celeste y el sol no es amarillo?” Al fin y al cabo, así son en las banderas, en los dibujos infantiles y en cualquier otra representación que no sea arte moderno―eso que le hacía hervir la sangre a Hitler. Algo que no ha cambiado mucho hoy.
Está de más decir que no siempre el cielo es celeste y que el Sol nunca es amarillo. No sólo es blanco, sino que los colores dominantes son el azul y el violeta. En cualquier caso, los ejemplos demuestran que no podemos ver el mundo objetivo sin pasarlo por el lente de nuestra comprensión, el cual está teñido por los prejuicios de una sociedad, de una civilización. Un caso más biológico radica en la percepción del inexistente color amarillo en las pantallas de televisión, pero aún así es una ilusión.
La pregunta “¿por qué el Sol es amarillo?” inocula al interlocutor con un hecho falso, distrayéndolo con la búsqueda de la respuesta correcta. Lo mismo ocurre ante la pregunta “¿por qué murió el socialismo?” Aún más decisivo que en la física cuántica y relativista, en el mundo humano el observador cambia la realidad que observa. Más cuando usa un lenguaje plagado de ideoléxicos.
Hoy, un estudiante me preguntó: “¿Por qué Brasil está al borde de una dictadura?” ¿Por qué no Argentina o Ecuador? ¿Por qué el Sol es amarillo? Recordé los repetidos ataques de Elon Musk al presidente Lula de Brasil por su osadía de cuestionar los efectos medioambientales de la empresa tiracuetes del magnate.
Esta discusión escaló con la investigación y orden de un fiscal brasileño de bloquear algunas cuentas en X (Twitter), por considerarlas “milicias digitales”. Como comandante en jefe de las milicias digitales, Elon Musk solicitó la renuncia del ministro del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Alexandre de Moraes, y volvió a repetir el discurso sobre La libertad―carajo.
No voy a volver sobre los mercenarios que deciden elecciones desde principios de siglo y cuya avanzada en 2010 estuvo en Ucrania, según advirtieron los especialistas antes de la guerra de 2022. Sí, quiero repetir que no hay democracia con una concentración extrema de capitales y sin trasparencia de los medios, por lo cual propusimos comités internacionales de expertos para monitorear algoritmos, etc.
“Soy un absolutista de la libertad de expresión”, repitió Musk. ¿La prueba? En sus redes, un humilde maestro de Angola tiene la misma posibilidad de publicar que él. Nada dice sobre lo más obvio: cada vez que él promociona su ideología mercantilista en X, la red más política del mundo, automáticamente es consumida por millones de personas. Es el mismo concepto de libertad de los esclavistas: por libertad se referían a su libertad, que es la que garantizaba el bienestar universal.
El mismo día, Musk publicó una gráfica donde se ve la caída de audiencia de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos, festejando que la única cadena no comercial de Estados Unidos que sobrevive, se esté muriendo, gracias a los recortes de los sucesivos gobiernos.
NPR es la única que todavía tiene programas periodísticos con contenido y de investigación, más allá de que discrepemos con muchos de sus criterios al exponer algunos temas. En sus inicios, y luego de décadas de desarrollo, la mayoría de las estaciones de radio en Estados Unidos eran públicas o estaciones universitarias, no comerciales. A pesar de que la mayoría de la población se oponía, un lobby agresivo logró privatizarlas en los años 30 y luego creó una nueva mayoría a su favor. Clásico.
Cerremos con una reflexión sintética. El modelo ideológico y cultural de la derecha es el modelo económico en el cual la prosperidad no es un juego de suma cero. La prosperidad de un grupo dominante podría significar una prosperidad menor de otros grupos. La idea es razonable: en una plantación próspera del siglo XVIII o XIX los esclavos eran mejor alimentados que en otra mal administrada o menos cruel. Pero en ambos casos eran esclavos, y la libertad de expresión estaba protegida por la Constitución. Incluso la constitución de la Confederación esclavista incluía la protección de esta libertad, porque era bienvenida siempre y cuando fuese una decoración democrática y no una amenaza real al poder dominante. Cuando los escritos antiesclavistas se convirtieron en una amenaza, los esclavistas le pusieron precio a las cabezas de los escritores y cerraron sus periódicos. Lo mismo hacen los libertarios del siglo XXI. En Estados Unidos llevan prohibiendo más de 4.000 libros incómodos, porque sus ideas comenzaron a ser aceptadas por demasiada gente.
Diferente, en una democracia real no funciona ese modelo, por lo cual las dictaduras han sido los sistemas preferidos del capitalismo, excepto cuando podía controlar las democracias, como fue el caso de imperios vampirescos de Noroccidente.
Una democracia real es un juego de suma cero. Cuanto más poder tiene un grupo, ese poder es en desmedro del poder de los demás. La libertad depende del poder que un grupo o un individuo tienen en una sociedad. Desde la Era Moderna, el poder depende del dinero virtual. Cuanto más dinero, más poder. Cuanto más poder, más libertad propia y menos libertad ajena. De ahí la incomodidad de la igual-libertad, porque ésta exige distribución del poder (político, económico y social).
A la Era Progresista en Estados Unidos siguió una orgía privatizadora y cleptocrática de los millonarios en los 20, la que terminó con la Gran Depresión y el fascismo en Europa. Luego otra ola de izquierda socialdemócrata para salir del caos, desde el F. D. Roosevelt de la preguerra, los Estados de bienestar en la Europa de posguerra y la rebelión de los marginados y colonizados del mundo en los 50. Hasta que se logró detener los peligrosos años 60 e imponer la dictadura de “la libertad conservadora” de los años 80. La libertad del esclavista, del dueño de los medios y de los fines que vivimos hoy.
Pero, cuidado. Todo eso también tiene fecha de vencimiento. El fin de la cleptocracia de los Jeff Bezos, Elon Musk y BlackRock tiene los días contados. Si es por las buenas mejor. Si no, será por las malas, como nos enseña la historia que los profetas del poder se encargan siempre de negar.
Jorge Majfud, abril 2024.
https://www.pagina12.com.ar/738909-elon-musk-y-la-dictadura-de-la-libertad-feudal
La dictadura de nuestras orgullosas democracias
“Milei insta a Maduro a realizar elecciones libres en Venezuela” rezan los titulares del continente. Para redondear el efecto propagandístico, les ofreció refugio a los opositores, como si sus vidas corriesen peligro, como sí era el caso de sus admiradas dictaduras liberales, como la de Pinochet, admirada por sus admirados Milton Friedman y Friedrich von Hayek quien, en Chile, 1981, lo dejó más que claro: “Prefiero una dictadura liberal a una democracia que no respete el liberalismo”.
No voy a defender aquí la proscripción de políticos a las elecciones de ningún país, pero recordemos que la empresaria María Corina Machado, por su conocido historial golpista y entreguista, también hubiese sido proscrita de las elecciones en muchos países como en Estados Unidos. Vayamos más allá de la adoctrinación histórica y sistemática de los medios hegemónicos y del discurso cristalizado por siglos de tradición imperial (Entre los ideoléxicos secuestrados y de mayor efectividad están “libertad” y “adoctrinación” y que urge rescatar sin timideces).
Observemos que tampoco las elecciones son libres cuando las corporaciones compran políticos con miles de millones de dólares en donaciones, les escriben las leyes, llevan de vacaciones a los jueces de la Suprema Corte, dominan los medios creadores de realidades paralelas y son los primeros en contratar mercenarios tipo Team Jorge que manipulan a los electores al mejor postor―que, no por casualidad, suelen compartir la misma ideología de los grandes negocios, todo en nombre de “freedom, freedom” (“la libertad, carajo”) y contra la “adoctrinación de niños inocentes”.
La hipócrita invocación a “nosotros somos una democracia” ha servido desde el siglo XIX para que los imperios occidentales impongan su brutalidad genocida en las colonias a las que vampirizaban y exterminaban, con un récord de cientos de millones de muertos. Historia que continúa hoy con los niños esclavos en África y en gran parte de las naciones estratégicamente endeudadas, fanatizadas y adoctrinadas del Sur Global. El mismo argumento que usa el Estado de Israel y los cristianos sionistas para justificar las históricas violaciones a los derechos humanos de los palestinos desde hace un siglo. Les cuesta entender la confusión estratégica creada por la maquinaria propagandística imperial. Algo tan simple como el hecho de que yo pueda poner un maldito voto en mi país no me legitima para imponer mi voluntad a otros países, sean o no democracias liberales. Mucho menos a bombardearlos y masacrarlos en nombre de la democracia y la libertad.
Al menos en algo estoy de acuerdo con Vargas Llosa, quien aseguró que todas las dictaduras son malas. Claro, así, en abstracto. Pero no todas las dictaduras son iguales. No estoy de acuerdo en decir que la dictadura de Pinochet o de Castro fueron la misma cosa. Hay diferencias radicales y no se trata de “la prosperidad”, porque una fue creada y financiada por El imperio del momento; la otra fue acosada, invadida, bloqueada, demonizada, hambreada y saboteada por décadas con bombas, armas biológicas y atentados terroristas de todo tipo―ampliaré en mi próximo libro a publicarse este año, aunque me han dicho que no alcanzaré a verlo.
Las múltiples dictaduras del Sur desde el siglo XIX fueron dictaduras coloniales y bananeras, apoyadas por los imperios del Atlántico Norte. En América Latina, todas fueron hijas de Washington y sus jefes, las transnacionales. Como ya explicamos varias veces, la Revolución cubana no sólo fue una revolución independentista contra la dictadura pro-mafia y pro-Washington de Batista, sino también contra un historial de humillantes intervenciones, apropiaciones y privatizaciones de la isla. Como bien lo advirtió Ernesto Che Guevara, si permitían una democracia abierta iban a ser destruidos como lo fue la democracia de Árbenz en Guatemala, por lo que la solución era prevenir la manipulación de los medios por parte de los “campeones de la libertad”. El fiasco de Bahía Cochinos le dio la razón, invasión y bloqueo que derivó en la asociación con la Unión Soviética.
La misma historia del golpe de Estado contra Hugo Chávez en 2002, del cual participaron empresarios como Corina Machado y fueron apoyados por la prensa nacional e internacional, como el New York Times, razón por la cual Chávez fue contra estos lobbies y conglomerados cleptofascistas que evangelizan todos los días en nombre de la libertad, paradoja similar a los terroristas como los Contra o los del Batallón Atlácatl que eran definidos por Reagan como “freedom fighters”.
Como ya dijimos, las peores dictaduras racistas, genocidas e imperialistas fueron orgullosas democracias. ¿Estoy contra las democracias? Por el contrario, estoy a favor de la democratización de las democracias, en contra de ese discurso y ritual vacío creado por sus medios hegemónicos.
Hace pocos días, un carguero derrumbó el puente sobre la bahía de Baltimore matando a seis personas. A la prensa le tomó varios días decir que todos eran trabajadores que estaban reparando el puente durante la noche. Le costó más tiempo decir que eran de Guatemala, El Salvador, Honduras y México. Nunca mencionó que algunos de ellos eran indocumentados. Pero basta con que un solo indocumentado en algún lugar del país cometa un crimen para aparecer en todos los medios. Luego las masas repiten el evangelio según el capitalismo que criminaliza sus propios Desechos Humanos (los trabajadores), sobre todo los más pobres que ni pueden votar.
Ayer, una amiga venezolana había ido a un gimnasio y escuchó que dos hombres hacían músculos mientras miraban Fox News. Uno dijo:
―Los venezolanos que vienen están todos en la lista del FBI.
Obviamente, si ese fuese el caso, no iban a ser tan tontos de venir aquí. Excepto si, como fue por décadas el caso de la mafia cubana (Bosch, Posada Carriles, Ricardo Morales y cientos más) trabajaron para la CIA.
Otros explican que “los venezolanos vienen huyendo de la dictadura de Maduro”. No dicen que Washington promovió esa inmigración cortando la década de crecimiento económico y reducción de la pobreza de Hugo Chávez con sucesivos bloqueos comerciales, restricción de créditos que hicieron explotar la inflación y se cobraron la vida de decenas de miles durante la pandemia debido a la prohibición de Washington de permitirle a Venezuela el retiro de treinta toneladas de su propio oro de los bancos de Londres.
Similar historia de la ley “Pies secos, pies descalzos” que garantizaba que los cubanos no fuesen a tramitar visas legales al consulado estadounidense en La Habana, sino que arriesgaran sus vidas en el mar emigrando de forma ilegal, porque al llegar a Florida tenían residencia automática y Miami tenía propaganda segura.
“Los socialistas tienen una doble vara”, remató el presidente argentino. “Si los dictadores son de ellos está todo bien”. Al presidente se le cayó su propia doble vara. Podría recordar la máxima de Jesús, aquello de la paja en el ojo ajeno, pero tal vez no la recuerda. Milei no se cansa de mencionar a Moisés (a pesar de que no era un liberal, sino un dictador que distribuyó a dedo tierra ajena, jamás en régimen de propiedad privada), pero no cita a Jesús porque es demasiado comunista para su gusto.
jorge majfud, marzo 2024
https://rebelion.org/la-dictadura-de-nuestras-orgullosas-democracias
Libertad de expresión en tiempos de la esclavitud (I y II)
Freedom of speech ends where true power begins
El primero de enero de 1831 apareció en Massachusetts The Liberator, el primer periódico abolicionista del país y, más tarde, defensor del sufragio femenino. Por entonces, los esclavistas de Georgia ofrecieron una recompensa de 5.000 dólares (más de 160.000 dólares al valor de 2023) por la captura de su fundador, William Lloyd Garrison. Naturalmente, así es como reacciona el poder a la libertad y la lucha por los derechos ajenos, pero este intento de censura violenta no era por entonces la norma legal. La libertad de expresión establecida por la Primera Enmienda se aplicaba a los hombres blancos y nadie quería violar la ley a plena luz del día. Para corregir esos errores siempre estuvo la mafia, el paramilitarismo y, más tarde, las agencias seretas que están más allá de la ley―cuando no el acoso legal bajo otras excusas.
En su primer artículo, Garrison ya revela el tono de una disputa que se anuncia como algo de larga data: “Soy consciente de que muchos se oponen a la dureza de mi lenguaje; pero ¿no hay motivo, acaso? Seré tan duro como la verdad y tan intransigente como la justicia. Sobre este tema, no quiero pensar, ni hablar, ni escribir con moderación. ¡No! Dígale a un hombre cuya casa está en llamas que dé una alarma moderada, que rescate moderadamente a su esposa de las manos del violador, que rescate gradualmente a su hijo del fuego…”[i]
The Liberator, ejerciendo su derecho a la libertad de prensa, comenzó a enviar ejemplares a los estados del sur. La respuesta de los gobiernos sureños y de los esclavistas no fue prohibir la publicación, ya que iba contra la ley―una ley que fue hecha para que unos hombres blancos y ricos se protegieran de otros hombres blancos y ricos que nunca se imaginaron que esta libertad podía amenazar de alguna forma la existencia del poder político de todos los hombres blancos y ricos.
En lugar de violar la ley se recurrió a un viejo método. No es necesario romper las reglas cuando se pueden cambiarlas. Es así como funciona una democracia. Claro que no todos tenían, ni tienen, las mismas posibilidades de operar semejante milagro democrático. Quienes no pueden cambiar las leyes suelen romperlas y por eso son criminales. Quienes pueden cambiarlas son los primeros interesados en que se cumplan. Excepto cuando la urgencia de sus propios intereses no admite demora burocrática o, por alguna razón, se ha establecido una mayoría inconveniente, a la que aquellos en el poder acusan de irresponsable, infantil o peligrosa.
En principio, como no se podía abolir directamente la Primera enmienda, se limitó las pérdidas. Carolina del Norte aprobó leyes prohibiendo la alfabetización de los esclavos.[1] Las prohibiciones continuaron y se extendieron por los años 1830s a otros estados esclavistas, casi siempre justificándose en los desórdenes, protestas y hasta disturbios violentos que habían inoculado los abolicionistas entre los negros con literatura subversiva.
La propaganda esclavista no se hizo esperar y se distribuyeron posters y panfletos advirtiendo de elementos subversivos entre la gente decente del Sur y de los peligros de las pocas conferencias sobre el tema tabú. El acoso a la libertad de expresión, sin llegar a su prohibición, también se daba en las mayores ciudades del Norte. Uno de los panfletos proesclavistas fechado el 27 de febrero de 1837 (un año después de que Texas fuese arrancada a México para reestablecer la esclavitud) invitaba a la población a reunirse frente a una iglesia de la calle Cannon en Nueva York, donde un abolicionista iba a dar una charla a las siete de la noche. El anuncio llamaba a “silenciar este instrumento diabólico y fanático; defendamos el derecho de los Estados y la constitución del país”.[ii]
Las publicaciones y las conferencias abolicionistas no se detuvieron. Por un tiempo, la forma de contrarrestarlas no fue la prohibición de la libertad de expresión sino el incremento de la propaganda esclavista y la demonización de los antiesclavistas como peligrosos subversivos. Más tarde, cuando el recurso de la propaganda no fue suficiente, todos los estados del Sur comenzaron a adoptar leyes que limitaban la libertad de expresión de ideas revisionistas. Solo cuando la libertad de expresión (libertad de los blancos disidentes) se salió de control, recurrieron a leyes más agresivas, esta vez limitando la libertad de expresión con prohibiciones selectivas o con impuestos a los abolicionistas. Por ejemplo, en 1837, Missouri prohibió las publicaciones que iban contra el discurso dominante, es decir, contra la esclavitud. Rara vez se llegó al oprobio de encarcelar a los disidentes. Se los desacreditaba, se los censuraba o se los linchaba bajo alguna buena razón como la defensa propia o la defensa de Dios, la civilización y la libertad.
Luego de estallar la Guerra Civil, el Sur esclavista escribió su propia constitución. Como lo hicieran los tejanos anglosajones apenas separados de México y por las mismas razones, la constitución de la Confederación estableció la protección de la “Institución peculiar” (la esclavitud) al mismo tiempo que incluyó una cláusula en favor de la libertad de expresión. Esta cláusula no impidió leyes que la limitaban para un lado ni que el paramilitarismo de las milicias esclavistas (origen de la policía sureña) actuaran a su antojo. Como en el “We the people” de la Constitución de 1789, como originalmente la Primera enmienda de 1791, esta “libertad de expresión” no incluía a gente que ni era “the people” ni eran humanos completos y responsables. Se refería a la raza libre. De hecho, la constitución del nuevo país esclavista establecía, en su inciso 12, casi como una copia de la enmienda original de 1791: “El Congreso no hará ninguna ley con respecto al establecimiento de una religión, o que prohíba el libre ejercicio de la misma; o coartando la libertad de expresión, o de prensa; o el derecho del pueblo a reunirse pacíficamente y solicitar al Gobierno la reparación de agravios”.[iii] Más justo, equitativo y democrático, imposible… El secreto estaba en que, otra vez, como casi un siglo antes, eso de “el pueblo” no incluía a la mayoría de la población. Si alguien lo hubiese observado entonces, sería acusado de loco, de antipatriota o de peligroso subversivo. Es decir, algo que, en su raíz, no ha cambiado mucho en el siglo XXI.[2]
Para cuando el sistema esclavista fue legalmente ilegalizado en 1865, gracias a las circunstancias de una guerra que estuvo a punto de perderse, The Liberator ya había publicado 1820 números. Aparte de apoyar la causa abolicionista, también apoyó el movimiento por los derechos iguales de las mujeres. La primera candidata mujer a la presidencia (aunque no reconocida por ley), Victoria Woodhull, fue arrestada días antes de las elecciones de 1872 bajo el cargo de haber publicado un artículo calificado como obsceno―opiniones contra las buenas costumbres, como el derecho de las mujeres a decidir sobre su sexualidad. Como ha sido por siglos la norma en el Mundo libre, Woodhull no fue arrestada por ejercer su libertad de expresión en un país libre, sino bajo excusas de infringir otras leyes.
Con todo, esta no es una característica exclusiva del Sur esclavista ni de Estados Unidos en su totalidad. El Imperio británico procedió siempre de igual forma, no muy diferente a la “democracia ateniense”, veinticinco siglos atrás: “somos civilizados porque toleramos las opiniones diferentes y protegemos la diversidad y la libertad de expresión”. Claro, siempre y cuando no crucen determinados límites. Siempre y cuando no se conviertan en un verdadero peligro para nuestro poder incontestable.
En este sentido, recordemos sólo un ejemplo para no hacer de este libro una experiencia voluminosamente imposible e impublicable. En 1902, el economista John Atkinson Hobson publicó su ya clásico Imperialism: A Study donde explicó la naturaleza vampiresca de Gran Bretaña sobre sus colonias. Hobson fue marginado por la crítica, desacreditado por la academia y la gran prensa de la época. No fue detenido ni encarcelado. Mientras el imperio que él mismo denunciaba continuaba matando a millones de seres humanos en Asia y en África, ni el gobierno ni la corona británica se tomaban la molestia de censurar directamente al economista. No pocos, como ocurre hoy en día, lo señalaban como ejemplo de las virtudes de la democracia británica. Algo similar a lo que ocurre hoy en día con aquellos críticos del imperialismo estadunidense, más si viven en Estados Unidos: “miren, critica al país en el que vive; si viviese en Cuba no podría criticar al gobierno”. En otras palabras, si alguien señala los crímenes de lesa humanidad en las múltiples guerras imperiales y lo hace en el país que permite la libertad de expresión, eso es una prueba de las bondades democráticas del país que masacra a millones de personas y tolera que alguien se atreva a mencionarlo.
¿Cómo se explica todas esas aparentes contradicciones? No es tan complicado. Un poder imperial, dominante, sin respuesta, sin temor a la pérdida real de sus privilegios, no necesita la censura directa. Es más, la aceptación de la crítica marginal probaría sus bondades. Se la tolera, siempre y cuando no crucen el límite del verdadero cuestionamiento. Siempre y cuando el dominio hegemónico no esté decadencia y en peligro de ser reemplazado por otra cosa.
Ahora veamos esos contraejemplos del poder hegemónico y de sus mayordomos. ¿Por qué no te cas a Cuba donde la gente no tiene libertad de expresión, donde no existe la pluralidad de partidos políticos?
Para comenzar, sería necesario que señalar que todos los sistemas políticos son excluyentes. En Cuba no permiten a partidos liberales participar de sus elecciones, las cuales son tachadas de farsa por las democracias liberales. En los países con sistemas de democracia liberal, como Estados Unidos, las elecciones básicamente son elecciones de un partido único llamado Demócrata-Republicano. No existe ninguna posibilidad de que un tercer partido pueda desafiar seriamente a Partido Único porque éste es el partido de las corporaciones, que son la elite que tiene el poder real del país. Por otro lado, si, por ejemplo, en un país como chile gana las elecciones un marxista como el actual presidente Gabriel Boric, a nadie se le ocurre siquiera imaginar que ese presidente va a salirse del marco constitucional, el cual prohíbe la instauración de un sistema comunista en el país. Lo mismo ocurre en Cuba, pero hay que decir que no es lo mismo.
Ahora, volvamos a la lógica de la libertad de expresión en distintos sistemas de poder global. Para resumirlo, creo que es necesario decir que la libertad de expresión es un lujo que, históricamente, no se han podido dar aquellas colonias o repúblicas que luchaban por independizarse de la libertad de los imperios. Bastaría con recordar el ejemplo de la democracia guatemalteca, destruida por la Gran Democracia de Estados Unidos en 1954 porque su gobierno, democráticamente electo decidió aplicar las leyes soberanas de su propio país, las que no convenían a la megacorporación United Fruit Company. La Gran Democracia no dudó en instalar otra dictadura, la que dejó cientos de miles de muertos a lo largo de décadas.
¿Cuál fue el problema principal de la democracia de Guatemala en los 50s? Fue su libertad de prensa, su libertad de expresión. Por ésta, el imperio del Norte y la UFCo lograron manipular la opinión pública de ese país través de una campaña de propaganda deliberadamente planeada y reconocida por sus propios perpetuadores―no por sus mayordomos criollos, está de más decir.
Cuando esto ocurre, el joven médico argentino, Ernesto Guevara, se encontraba en Guatemala y debió huir al exilio en México, donde se encontró con otros exiliados, los cubanos Fidel y Raúl Castro. Cuando la Revolución cubana triunfa, Ernesto Guevara, para entonces El Che, lo resumió notablemente: “Cuba no será otra Guatemala” ¿Qué quería decir con esto? Cuba no se dejará inocular como Guatemala a través de la “prensa libre”. La historia le dio la razón: Cuando en 1961 Washington invade Cuba en base al plan de la CIA que aseguraba que “Cuba será otra Guatemala”, fracasa estrepitosamente. ¿Por qué? Porque su población no se sumó a la “invasión libertadora”, ya que no pudo ser inoculada por la propaganda masiva que permite la “prensa libre”. Kennedy lo supo y se lo reprochó a la CIA, la cual amenazó con disolver y terminó disuelto.
La libertad de expresión es propia de aquellos sistemas que no pueden ser amenazados por la libertad de expresión, sino todo lo contrario: cuando la opinión popular ha sido cristalizada, por una tradición o por la propaganda masiva, la opinión de la mayoría es la mejor forma de legitimación. Razón por la cual esos sistemas, siempre dominante, siempre imperiales, no le permiten a sus colonias el mismo derecho que les otorgan a sus ciudadanos.
Cuando Estados Unidos se encontraba en su infancia y luchando por su sobrevivencia, su gobierno no dudó en aprobar una ley que prohibía cualquier critica al gobierno bajo la excusa de propagar ideas e información falsa―siete años después de aprobar la famosa Primera Enmienda, que no surgió de la tradición religiosa sino de la ilustración antirreligiosa europea. Naturalmente, esa ley de 1798 se llamó Sedition Act.
Estos recursos del campeón de la libertad de expresión se repitió otras veces a lo largo de su historia, siempre cuando las decisiones y los intereses de un gobierno dominado por las corporaciones de turno sintió sus intereses amenazados seriamente. Fue el caso de otra ley también llamada Sedition Act, la de 1918, cuando hubo una resistencia popular contra la propaganda organizada por maestros como Edward Bernays en favor de intervenir en la Primera Guerra Mundial―y así asegurarse el cobro de las deudas europeas. Hasta pocos años antes, las duras críticas antimperialistas de escritores y activistas como Mark Twain fueron demonizadas, pero no hubo necesidad de manchar la reputación de sociedad libre poniendo en la cárcel a un reconocido intelectual, como en 1846 habían hecho con David Thoreau por su crítica a la agresión y despojo de México para expandir la esclavitud, bajo la perfecta excusa de no pagar impuestos. Ni Twain ni la mayoría de los críticos públicos lograron cambiar ninguna política ni revertir ninguna agresión imperialista en Occidente, ya que eran leídos por una minoría fuera del poder económico y financiero. En ese aspecto, la propaganda moderna no tenía competencia, por lo tanto la censura directa a esos críticos hubiese entorpecido sus esfuerzos de vender agresiones en nombre de la libertad y la democracia. Por el contrario, los críticos servían para apoyar esa idea, por la cual los mayores y más brutales imperios de la Era Moderna fueron orgullosas democracias, no desprestigiadas dictaduras.
Sólo cuando la opinión pública estuvo dudando demasiado, como durante la Guerra fría, surgió el macartismo con sus persecuciones directas y más tarde el asesinato (indirecto) de líderes por los derechos civiles y la represión violenta con presos y muertos en universidades cuando la crítica contra la Guerra de Vietnam amenazó con traducirse en un efectivo cambio político―de hecho, el congreso de los 70s fue el más progresista de la historia, haciendo posible la investigación de la comisión Pike-Church contra el régimen de asesinatos y propaganda de la CIA. Cuando dos décadas más tarde se produce la invasión de Afganistán e Irak, la crítica y las manifestaciones públicas se habían convertido en intrascendentes y autocomplacientes, pero la nueva magnitud de la agresión imperial a partir de 2001 hacían necesario tomar nuevas medidas legales, como en 1798.
La historia rimó de nuevo en 2003, sólo que en lugar de Sedition Act se llamó Patriot Act, y no sólo estableció una censura directa sino otra mucho peor: la censura indirecta y frecuentemente invisible de la autocensura. Más recientemente, cuando la crítica al racismo, a la historia patriótica y a los demasiados derechos a las minorías sexuales comenzaron a expandirse más allá de lo controlable, se volvió al recurso de la prohibición por ley. Caso de las últimas leyes de Florida, promovidas por el gobernador Ron DeSantis directamente prohibiendo libros revisionistas y regulando el lenguaje en las escuelas y universidades públicas―como para empezar. La creación de un demonio llamado woke para sustituir la pérdida del demonio anterior llamado musulmanes.
Mientras tanto, los mayordomos, sobre todo los cipayos de las colonias, continúan repitiendo clichés creados generaciones antes: “cómo es que vives en Estados Unidos y críticas a ese país, deberías mudarte a Cuba, que es donde no se respeta la libertad de expresión”. Luego de sus clichés se sienten tan felices y tan patriotas que da pena incomodarlos con la realidad.
El 5 de mayo de 2023, se realizó la ceremonia de coronación del rey Carlos III de Inglaterra. El periodista Julián Assange, prisionero por más de una década por el delito de haber publicado una parte menor de las atrocidades cometidas por Washington en Irak, le escribió una carta al nuevo rey invitándolo a visitar la deprimente prisión de Belmarsh, en Londres, donde agonizan cientos de presos, algunos de los cuales fueron reconocidos disidentes. A Assange se le permitió el sagrado derecho de la libertad de expresión generosamente otorgado por el Mundo libre. Su carta fue publicada por distintos medios occidentales, lo que prueba las bondades de Occidente y las infantiles contradicciones de quienes critican al Mundo libre desde el Mundo libre. Pero Assange sigue funcionando como ejemplo de linchamiento. También durante la esclavitud se linchaban a unos pocos negros en público. La idea era mostrar un ejemplo de lo que le puede pasar a una sociedad verdaderamente libre, no destruir el mismo orden opresor eliminando a todos los esclavos.
[1] Las leyes no prohibieron explícitamente que los esclavos aprendieran a leer y escribir. Prohibieron que quienes sabían hacerlo les enseñaran a leer y escribir a los esclavos. De la misma forma, hoy en día no hay leyes que prohíban la educación de nadie, sino todo lo contrario. Pero diversas políticas hacen que la educación sea inaccesible para quienes, por ejemplo, no pueden pagarla, al mismo tiempo que se estimula el comercio del entretenimiento, de la distracción, es decir, del ejercicio opuesto a la educación.
[2] Esta interpretación quedaba grabada a fuego por la misma constitución de 1861 que, al mismo tiempo que consolidaba el derecho a la esclavitud, trataba de erradicar el mal ejemplo de “negros libertos” que podían ser introducidos desde el norte y a los cuales, en gran medida, se los exportó a Haití y a África, donde fundaron Liberia. La sección 9 establecía: “Queda prohibida la importación de negros de raza africana de cualquier país extranjero que no sean los Estados o Territorios esclavistas de los Estados Unidos de América; el Congreso está obligado a aprobar leyes que impidan efectivamente esta posibilidad”.
[i] William Lloyd Garrison’s The Liberator. 11 de setiembre de 2015. http://www.accessible-archives.com/collections/the-liberator/
[ii] Abolitionists and Free Speech. (2021). Mtsu.edu. http://www.mtsu.edu/first-amendment/article/2/abolitionists-and-free-speech
[iii] Avalon Project. Constitution of the Confederate States; March 11, 1861. Yale University. avalon.law.yale.edu/19th_century/csa_csa.asp
La libertà di parola finisce dove inizia il vero potere
https://www.acro-polis.it/2024/04/29/la-liberta-di-parola-finisce-dove-inizia-il-vero-potere/
Moscas en la telaraña: https://www.amazon.com/dp/195676030X?ref_=ast_author_dp
Índice de La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina
«La frontera salvaje es un libro monumental». Frederico Füllgraf
«Simplemente, poderoso». Noam Chosmky
«La frontera salvaje es un libro escrito con coraje y deslumbrante lucidez. De lo mejor que he leído en mi vida«. Víctor Hugo Morales
«A los cincuenta años de la publicación de Para leer al Pato Donald, me alegra leer un libro como La frontera salvaje que explora detalladamente las formas menos sutiles en que Estados Unidos, durante doscientos años, ha buscado influir y torcer el destino de nuestra América Latina«. Ariel Dorfman
The book La frontera salvaje by Jorge Majfud explores the history of the expansion of the Thirteen Colonies over indigenous nations and Latin America, shedding light on the imperialism of the United States over the past two hundred years. The author delves into the deep-seated issues of racism, religious fanaticism, and economic interests that have shaped US interventionism in the region and beyond. By tracing the roots of these actions, the book not only explains the past but also predicts the future actions of the world’s most powerful economic and military force. Through a critical analysis of historical events and contemporary narratives, the book reveals the underlying logic behind US wars, expansionism, and interventionist practices. It serves as a powerful critique of US imperialism and sheds light on the ongoing impact of past actions on present and future global relations.
Índice
Justificación. 15
Introducción. 17
Por tierra
1820-1880
1822. El sueño americano. 45
1823. Carta de Alabama, Señor 48
1824. Con sus negros y otras propiedades. 49
1825. Los esclavistas se preocupan por la libertad de conciencia. 50
1826. Todos los hombres nacen iguales. 52
1826. ¿Dónde está el derecho, la ley y el orden?. 53
1826. La libertad de unos para esclavizar a otros. 55
1827. La esclavitud, una razón humanitaria. 56
1830. Pobres doncellas, blancas e indefensas. 57
1835. Nos atacaron primero. 58
1836. Al fin, libres del yugo mexicano. 60
1837. En realidad, fuimos atacados primero. 62
1837. Si no estás de acuerdo, vete a otro país. 65
1844. La esclavitud es la base de la paz y el progreso. 67
1844. Fundación del partido xenófobo No sé nada. 70
1844. Cambia el lenguaje y cambiarás el mundo. 71
1845. Conflicto de hombres, la misma historia. 74
1845. Que nuestra diplomacia fracase de la mejor forma posible. 75
1845. Siempre habrá patriotas dispuestos a repeler a los invadidos. 77
1845. Destino manifiesto. 79
1845. No es por avaricia sino por la felicidad de otras naciones. 80
1846. Por fin fuimos atacados. 83
1846. Dios nos ha dado esta tierra. 85
1846. La guerra política y la guerra cultural 88
1846. Los que llegan son criminales, son violadores. 92
1847. Nuestro país siempre tiene razón. 94
1847. El sueño de un revólver super potente. 96
1847. Pobres mexicanos, no quieren saber nada de la guerra. 97
1847. Como contra los indios, esta también es una guerra justa. 99
1848. Washington, descubrimos oro en California. 100
1848. ¿Por qué no tomar todo México?. 104
1848. El nuestro es el gobierno de la raza blanca y libre. 106
1852. El principio de la nueva política internacional 112
1853. Mil Murietas, un solo Zorro. 114
1854. Dios depositó nuestros recursos naturales en otros países. 117
1854. Fuimos ofendidos por un pescador 119
1855. William Walker se nombra presidente de Nicaragua. 121
1858. Quiero expandir la bendición de la esclavitud al mundo. 124
1861. Las excepciones justifican la regla. 125
1862. Cinco de mayo. 127
1862. La primera frontera continúa molestando. 129
1876. La invasión pacífica. 131
1877. El gobierno de las corporaciones y para las corporaciones. 135
1886. Los trabajadores son peligrosos para la libertad. 136
Por mar
1880-1950
1883. Quien domine los mares dominará el mundo. 139
1890. Una masacre con mucha consideración y justicia. 141
1891. Curso acelerado de racismo. 145
1893. La democracia, instrumento de dominio de la raza blanca. 148
1895. La prensa carroña es bautizada Amarilla. 151
1898. Nos atacan otra vez. Nunca olvidaremos al Maine. 153
1898. Los liberados no participan en los tratados de liberación. 158
1898. Los incapaces de gobierno no se dejan gobernar 162
1898. Militarismo y darwinismo de Dios. 164
1899. La pesada carga del Hombre blanco. 165
1899. Fuimos atacados, esta vez por negros pacíficos. 167
1899. Quema esas cartas. 169
1899. Las razas inferiores mueren más fácilmente. 170
1900. Dios nos ha elegido para regenerar el mundo. 171
1900. No más negros, please. 173
1900. Incapaces de entender la libertad anglosajona. 177
1901. El imperialismo es cosa de machos. 180
1901. La constitución no sigue a la bandera. 181
1902. La frontera con México desaparece. 184
1902. No, hasta que la raza mejore. 184
1903. Aunque no es lo que queremos, debemos intervenir 188
1903. Dadme los pobres (blancos) del mundo. 192
1909. Todo será nuestro porque nuestra raza es superior 194
1909. Elimina ese capitalista independiente. 195
1911. La revolución de Sam Banana. 197
1912. Los Angeles Mining Company. 201
1914. Sí, hemos sido ofendidos otra vez. 201
1914. Les voy a enseñar a elegir gobiernos decentes. 206
1915. El derecho al linchamiento. 207
1915. Rebeldes crucificados, héroes condecorados. 210
1916. Se suponía que estábamos luchando por la democracia. 213
1916. Hitler no tenía ideas radicales. 216
1921. Ensayo de bombardeo contra una raza inferior 219
1921. Corrupción latina. 221
1924. Make America Great Again. 223
1926. El rey blanco de los zombis negros. 224
1927. El primer bombardeo aéreo de la historia militar 227
1928. Otro Ejército Patriota and Company. 231
1931. Deportados de su propio país, otra vez. 232
1932. Otra matanza de radicales. 235
1933. El buen vecino del patio de atrás. 237
1933. Otro servidor se jubila en Miami 241
1933. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera. 243
1937. Cuando los de abajo se odian. 246
1942. Trabajadores, esos seres tan horribles. 248
1943. La vieja ofensa de vestirse diferente. 250
1945. Nuevos valores, los mismos intereses. 251
1945. Dios envía al embajador Braden a la Argentina. 255
1945. El color de los huesos. 259
1948. Sífilis y gonorrea gratis. 261
1948. No más ejércitos, no más dictaduras. 263
Por aire
1950-2020
1949. El diablo en los detalles. 267
1950. La homosexualidad es comunismo. 269
1953. La opinión pública es un producto de consumo. 271
1954. Quien no sabe engañar no sabe gobernar 281
1954. Nuestra principal arma no escupe balas sino palabras. 285
1956. El largo brazo de los generalísimos. 290
1957. Redistribución de la riqueza en Haití 291
1957. Bombardear ciudades no es un crimen. 293
1958. La democracia no les hace bien a los pueblos inmaduros. 295
1959. El agente de la CIA que admiraba al Che Guevara. 302
1959. Fidel Castro visita la Casa Blanca. 303
1959. El camarada yanqui 306
1959. La integración racial es comunismo. 307
1960. El sueño de controlar la mente (ajena) 310
1960. Peter Pan: otro rumor casi perfecto. 315
1960. Terroristas amigos. 317
1961. Cuba no será otra Guatemala. 322
1963. A presidente arrepentido, presidente depuesto. 326
1962. La verdadera función de los ejércitos latinoamericanos. 330
1963. Las inversiones continúan dando resultados. 339
1964. Negros, indios y pobres no deben portar armas. 341
1964. Num país tropical 345
1964. Si el golpe blando funciona, mucho mejor 351
1964. OEA, todos para uno y uno para todos. 354
1965. El marine rebelde. 357
1965. Cambio de estrategia. 358
1965. La academia infiltrada. 362
1966. Mentes cortas, bastones largos. 366
1967. Apunta bien; solo vas a matar un hombre. 373
1968. Pero no podrás matar el mito. 375
1969. No se permiten rubios aquí 377
1970. Nixon decide que los chilenos votaron mal 378
1971. El peligro de una Asamblea popular en Bolivia. 385
1971. 638 intentos de asesinar a un desalineado. 388
1971. Vas a encontrar más comunistas en Texas. 389
1972. Machetes y motosierras por la libertad. 396
1973. Papá, ¿por qué los grandes medios son de derecha?. 399
1973. Si no es por las buenas, será por las malas. 403
1973. Los yanquis también desaparecen. 409
1975. La ideología sin ideología. 412
1976: Escritores, libros, editoriales, reseñas mercenarias. 417
1976. Los cubanos de Miami llevan el plan Cóndor a Washington. 424
1976. Un par de borrachos charlatanes. 427
1977. Dios está ocupado con otros asuntos. 429
1977. Los Derechos Humanos descubren a Jimmy Carter 434
1977. Bulbocapnina, pentathol, desoxyn y la libertad. 438
1979. Mentir es nuestra profesión. 440
1980. Los arios de Bolivia. 442
1980. Ecuador es integrado al terrorismo del Plan Condor 445
1981. El enemigo es numeroso y está armado con niños y mujeres. 447
1982. Si no puedes pescar el pez, seca el mar 451
1983. El heroico Día D en Granada. 459
1985. Contras, el equivalente moral de los Padres fundadores. 463
1985. ¿Qué hace uno con un perro rabioso?. 468
1986. No son comunistas, pero son negros. 471
1987. Las maras vienen del norte. 475
1989. El Caracazo, otra masacre irrelevante. 478
1989. La guerra contra las drogas. 482
1989. Señor Noriega, está usted despedido. 486
1989. Se tomaron demasiado en serio eso de Jesús. 490
1990. Las elecciones son legítimas cuando ganamos nosotros. 492
1992. ¿Noriega? No lo conozco. 494
1994. NAFTA y el Efecto Tequila. 496
1995. Castra más mujeres pobres y reducirás la pobreza. 501
1996. Pies secos, pies mojados. 503
1998. Matar es una obligación para cualquier cristiano. 508
1998. Los ganadores se sienten inseguros. 512
2002. La mitad de las riquezas del país están en esta sala. 515
2002. El golpe de un respetado hombre de negocios. 517
2004. Again, los negros no saben gobernarse. 523
2007. Terroristas por la libertad. 531
2007. Chiquita bananas, grandota injusticia. 533
2007. Un debate para la arqueología política. 537
2009. En Cuba se tortura y se violan los Derechos Humanos. 541
2009. Señor presidente ¿por qué no obedece usted las órdenes?. 544
2010. Nuestras leyes no te protegen de nosotros. 551
2010. Washington se preocupa por los indígenas. 554
2011. Fútbol rebelde. 556
2014. Dejen que los niños vengan a mí 557
2015. El imperialismo y la opresión nunca existieron. 565
2016. La creatividad de los golpistas. 566
2017. Narcoestado, el de los otros. 570
2018. Corruptos contra la corrupción. 578
2018. Los pobres nos quieren invadir de nuevo. 581
2019. Otra fortaleza sitiada. 584
2019. Nicaragua, otro desalineado. 595
2019. Nosotros mentimos, engañamos y robamos. 599
2019. Invasores de esos países de mierda. 601
2020. Nota final: No son servicios de espionaje, son gobiernos paralelos. 617
2019. Fuera indios de Bolivia. 606
Fuentes. 621
Índice temático. 629
https://www.barnesandnoble.com/w/la-frontera-salvaje-jorge-majfud/1139378646?ean=9781737171003
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La narrativa aglutinante de un imperio (I)*
La narrativa aglutinante de un imperio (I)
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Uno de los escritores y críticos más relevantes de la historia de Estados Unidos, Mark Twain, no sólo fue prolífico en sus denuncias contra el imperialismo de su país, sino que, junto con otros destacados intelectuales de la época, en 1898 fundó la Liga Antiimperialista, la que tuvo sede en una decena de estados hasta los años veinte, cuando comenzó la caza de antiamericanos, según la definición de los fanáticos y mayordomos que siempre se amontonan del lado del poder político, económico y social. Para estos secuestradores de países, antiamericano es todo aquel que busca verdades inconvenientes, enterradas con sus víctimas, y se atreve a decirlas. Hasta el día de hoy han existido estadounidenses y extranjeros de probada preparación intelectual y valor moral que han continuado esa tradición de resistencia a la arbitrariedad, a la brutalidad de la fuerza y a la narrativa del más fuerte, a pesar de los peligros que siempre acarrea decir la verdad sin edulcorantes. Este fanatismo ha llegado a la desfachatez de algunos inmigrantes nacionalizados que acusan a aquellos ciudadanos nacidos en el país de no ser lo suficientemente americanos, como supuestamente son ellos cuando van a la playa con pantalones cortos estampados con la bandera de su nuevo país, el símbolo de los ganadores.
Pero si la gente de la cultura, del arte y de las ciencias está de un lado, es necesario mirar al lado opuesto para saber dónde está el poder y sus mayordomos. En noviembre de 1979, la futura asesora de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick, promotora de la asistencia a las dictaduras militares, los Contras y los escuadrones de la muerte en América Latina, había publicado en la revista Commentary Magazine una idea enraizada en el subconsciente colectivo: “Si los líderes revolucionarios describen a los Estados Unidos como el flagelo del siglo XX, como el enemigo de los amantes de la libertad, como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, entonces no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.
Este es el concepto de democracia de la mentalidad imperialista y de sus servidores que detestan que los llamen imperialistas y que tiene, por lo menos, 245 años. ¿Cómo se explica esta contradicción histórica? No es muy difícil. Estados Unidos posee una doble personalidad, representada en el héroe enmascarado y con dos identidades, omnipresente en su cultura popular (Superman, Batman, Hulk, etc.). Es la creación de dos realidades radicalmente opuestas.
Por un lado, están los ideales de los llamados Padres Fundadores, los cuales imaginaron una nueva nación basada en las ideas y lecturas de moda de la elite intelectual de la época, las ideas del humanismo y la Ilustración que también explotaron en Francia en 1789, el mismo año en que entró en vigor la constitución de Estados Unidos: liberté, égalité, fraternité. La mayoría de los fundadores, como Benjamín Franklin, era francófila. Diferente al resto de la población anglosajona, Washington solo iba a la iglesia por obligación social y política. El más radical del grupo, el inglés rebelde Thomas Paine, el principal instigador de la Revolución americana contra el rey George III, la monarquía y la aristocracia europea, era un racionalista y látigo de las religiones establecidas. El padre intelectual de la democracia estadounidense, Thomas Jefferson, había aceptado la ciudadanía francesa antes de convertirse en el tercer presidente y sus libros fueron prohibidos por ateo. No era ateo, pero era un intelectual francófilo, secularista y progresista en muchos aspectos. Pero también era un hijo de la realidad opuesta: al tiempo que promovía ideas como que todos los seres humanos nacemos iguales y tenemos los mismos derechos, Jefferson y todos los demás Padres Fundadores eran profundamente racistas y tenían esclavos que nunca liberaron, incluidas las madres de sus hijos.
Aquí la otra personalidad de Estados Unidos, la que necesita de la máscara para convertirse en el superhéroe: se formó con los primeros peregrinos, los primeros esclavistas y continúa hoy, pasando por cada una de las olas expansionistas: una mentalidad anti iluminista, conservadora, ultra religiosa, practicante de la auto victimización (justificación de toda violencia expansionista) y, sobre todo, moldeada en la idea de superioridad racial, religiosa y cultural que confiere a sus sujetos derechos especiales sobre los otros pueblos que deben ser controlados por el bien de un pueblo excepcional y con un destino manifiesto, para el cual cualquier mezcla será atribuida al demonio o a la corrupción evolutiva, al mismo tiempo que celebra “el crisol de razas”, la libertad y la democracia.
Estados Unidos es el gigante producto de esta contradicción traumática, la que conservará siempre desde su fundación y los sufrirán “los otros”, desde los indios que salvaron del hambre a los primeros peregrinos y los que fueron exterminados para expandir la libertad del hombre blanco, hasta las más recientes democracias destrozadas en nombre de la libertad. Todo lo cual ha llevado a que, como ningún otro país del mundo moderno, Estados Unidos nunca haya conocido un lustro sin guerras desde su fundación. Todo por culpa de los demás, de los otros que nos tienen envidia y nos quieren atacar, con el resultado estimado de millones de muertos debidos a esta tradición de guerras perpetuas “de defensa” en suelo extranjero.
(continúa)
*Fragmento de la introducción del libro La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina a publicarse este año.
La narrativa aglutinante de un imperio (I)
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https://rebelion.org/la-narrativa-aglutinante-de-un-imperio-i/
JM enero 2021
https://www.pagina12.com.ar/325207-la-narrativa-aglutinante-de-un-imperio
Le récit qui fait le lien d’un empire
par Jorge Majfud *
L’un des écrivains et critiques les plus importants de l’histoire des États-Unis, Mark Twain, a non seulement été prolifique dans ses dénonciations contre l’impérialisme de son pays, mais, avec d’autres intellectuels de l’époque, il a fondé en 1898 la Ligue Anti impérialiste, qui était présente dans une douzaine d’États jusqu’aux années 1920, lorsque la chasse aux anti-américains a commencé, selon la définition des fanatiques et des laquais qui s’agglutinent toujours du côté du pouvoir politique, économique et social.
Pour ces ravisseurs de pays, l’anti-américain est quiconque qui cherche des vérités qui dérangent, enterrées avec leurs victimes et ose les dire. À ce jour, il y a eu des Américains et des étrangers dotés d’une préparation intellectuelle éprouvée et d’un courage moral qui ont continué cette tradition de résistance à l’arbitraire, à la brutalité de la force et au récit du plus fort, malgré les dangers que comporte toujours le fait de dire la vérité sans édulcorants. Ce fanatisme a conduit à l’impudence de certains immigrés nationalisés qui accusent ces citoyens nés dans le pays de ne pas être assez américains, comme ils le sont supposément quand ils vont à la plage en short imprimé du drapeau de leur nouveau pays.
Mais si les gens de la culture, de l’art et de la science sont d’un côté, il faut regarder du côté opposé pour savoir où se trouvent le pouvoir et ses laquais. En novembre 1979, la future conseillère de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick, promotrice de l’aide aux dictatures militaires, aux Contras et aux escadrons de la mort en Amérique latine, avait publié dans Commentary Magazine une idée enracinée dans l’inconscient collectif :« Si les dirigeants révolutionnaires décrivent les États-Unis d’Amérique comme le fléau du XXe siècle, comme l’ennemi des amoureux de la liberté, comme une force impérialiste, raciste, colonialiste, génocidaire et guerrière, alors ce ne sont pas de vrais démocrates, ce ne sont pas des amis ; ils se définissent comme des ennemis et doivent être traités comme des ennemis ».
Tel est le concept de démocratie dans la mentalité impérialiste et pour ses serviteurs qui détestent être appelés impérialistes et qui a au moins 245 ans. Comment s’explique cette contradiction historique ? Ce n’est pas difficile. Les États-Unis ont une double personnalité, représentée dans le héros masqué et avec deux identités, omniprésentes dans sa culture populaire (Superman, Batman, Hulk, etc.). C’est la création de deux réalités radicalement opposées.
D’une part, il y a les idéaux des soi-disant Pères Fondateurs, qui ont imaginé une nouvelle nation basée sur les idées et les lectures à la mode de l’élite intellectuelle de l’époque, les idées d’humanisme et des Lumières qui ont également explosé en France en 1789, la même année de l’entrée en vigueur de la Constitution des États-Unis : liberté, égalité, fraternité. La plupart des fondateurs, comme Benjamin Franklin, étaient des francophiles. Contrairement au reste de la population anglo-saxonne, Washington n’allait à l’église que par obligation sociale et politique. Le plus radical du groupe, l’Anglais rebelle Thomas Paine, principal instigateur de la Révolution américaine contre le roi George III, la monarchie et l’aristocratie européennes, était un rationaliste et le fouet des religions établies.
Le père intellectuel de la démocratie américaine, Thomas Jefferson, avait accepté la citoyenneté française avant de devenir le troisième président et ses livres ont été interdits en tant qu’athée. Il n’était pas athée, mais c’était un intellectuel francophile, laïc et progressiste à bien des égards. Mais il était aussi un enfant de la réalité opposée : tout en promouvant des idées telles que tous les êtres humains naissent égaux et ont les mêmes droits, Jefferson et tous les autres pères fondateurs étaient profondément racistes et avaient des esclaves qu’ils n’ont jamais libérés, y compris les mères de leurs enfants.
Voici l’autre personnalité des États-Unis, celle qui a besoin du masque pour devenir le super-héros : il s’est formé avec les premiers pèlerins, les premiers esclavagistes et continue aujourd’hui, passant par chacune des vagues expansionnistes : une mentalité anti-Lumières, conservatrice, ultra-religieuse, pratiquant l’auto-victimisation (justification de toute violence expansionniste) et, surtout, modelée dans l’idée de supériorité raciale, religieuse et culturelle qui donne à ses sujets des droits spéciaux sur les autres peuples qui doivent être contrôlés pour le bien d’un peuple d’exception au destin manifeste, pour qui tout mélange sera attribué au diable ou à la corruption évolutive, tout en célébrant le « melting pot », la liberté et la démocratie.
Les États-Unis sont le produit géant de cette contradiction traumatique, qu’ils conserveront toujours depuis leur fondation et que subiront « les autres », depuis les Indiens qui ont sauvé les premiers pèlerins de la faim et de ceux qui ont été exterminés pour étendre la liberté de l’homme blanc, jusqu’ aux démocraties les plus récentes détruites au nom de la liberté. Tout cela a conduit au fait que, comme aucun autre pays du monde moderne, les États-Unis n’ont jamais connu une période de cinq ans sans guerres depuis leur fondation. Tout cela à cause des autres, de ces autres qui nous envient et veulent nous attaquer, avec le résultat estimé à des millions de morts dus à cette tradition de guerres de « défense » perpétuelles sur le sol étranger.
Jorge Majfud* pour Página 12* Extrait de l’introduction du livre « La frontera salvaje. 200 ans de fanatisme anglo-saxon en Amérique Latine », par Jorge Majfud, à paraître cette année.
Carta abierta a Luis Almagro
Sr. Luis Almagro, Secretario de la Organización de Estados Americanos:
Considerando sus repetidos fracasos y sus aún más insistentes abusos de funciones como «Secretario» de los Estados, le solicitamos tenga a bien y por el poco honor que le resta, renunciar a su cargo posibilitando que alguien más apto pueda continuar con la conocida y fundacional misión de la OEA de seguir los intereses de Washington, al menos de forma más disimulada (excluimos aquí al pueblo estadounidense que suele brillar por su radical ignorancia de lo que ocurre en el mundo).
Seguramente no será un detalle para usted dejar de hacer el ridículo histórico y mucho menos para los de abajo tener que sufrir su criminal indiferencia y desprecio. Usted ha honrado la antigua regla de que “el hábito hace al monje” cada vez que ocupó un cargo público, desde el gobierno de izquierda en Uruguay hasta el gobierno de derecha de la OEA.
Amablemente, le pedimos la renuncia, porque sabemos que usted no será derrocado por ningún golpe de Estado ya que la OEA no cuenta con un ejército propio.
Saluda a Ud. atentamente,
Jorge Majfud
16 de noviembre de 2019.
https://www.jornada.com.mx/2019/11/17/politica/010n2pol
Jorge Majfud exige que Luis Almagro renuncie a la OEA, por sus “insistentes abusos de funciones”

Open letter to Luis Almagro
translated by Bruce Campbell
Mr. Luis Almagro, Secretary General of the Organization of American States (OAS):
In light of your repeated failures and continued abuse of the functions of «secretary» of the States, we request that you, for the sake of the little honor that remains to you, resign your position and thereby allow someone more fitting to continue, at least in a more disguised fashion, with the OAS’s well-known and fundamental mission of pursuing the interests of Washington (not to say the interests of the U.S. public, which tends to shine in its radical ignorance of what is happening in the world).
Surely it will be no great effort for you to cease your history of making a fool of yourself, and even less so from the perspective of those at the bottom of the social order who have to suffer your criminal indifference and disdain. You have honored the old rule that the cowl makes the monk in every public charge you have occupied, from the left-wing administration of Uruguay to the right-wing administration of the OAS.
We kindly ask for your resignation, because we know that you will not be brought down by any coup d’etat, since the OAS does not have an army of its own.
Attentively yours,
Jorge Majfud
Translated by Bruce Campblell
Open letter to Luis Almagro
Translated by Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي
Mr. Luis Almagro, Secretary of the Organization of American States:
Considering Your repeated failures and Your even more insistent abuses of functions as «Secretary» of the States, we ask You to do well and for the little honour that You have left, to resign Your position, making it possible for someone more able to continue with the well-known and foundational mission of the OAS to follow Washington’s interests, at least in a more disguised way (we exclude here the USAmerican people who usually shines with a radical ignorance of what is happening in the world).
Surely it will not be a detail for you to stop making a fool of yourself in front of History and much less for those below to have to suffer Your criminal indifference and contempt. You have honoured the old rule that «the habit makes the monk» every time you held public office, from the left-wing government in Uruguay to the right-wing government of the OAS.
We kindly ask you to resign, because we know that you will not be overthrown by any coup d’état since the OAS does not have a traditional army.
Yours sincerely,
Jorge Majfud
November 15, 2019
Courtesy of Tlaxcala
Source: http://tlaxcala-int.org/article.asp?reference=27468
Publication date of original article: 15/11/2019
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=27469
Lettre ouverte à Luis Almagro
Translated by Fausto Giudice Фаусто Джудиче فاوستو جيوديشي
M. Luis Almagro, Secrétaire de l’Organisation des États américains,
Considérant vos échecs répétés et vos abus encore plus insistants des fonctions de » Secrétaire » des États, nous vous demandons de bien faire et de sauver le peu d’honneur qui vous reste, en démissionnant de votre poste, afin de permettre à quelqu’un de plus apte à poursuivre la mission connue et fondamentale de l’OEA – suivre les intérêts de Washington-, au moins d’une manière plus masquée (nous excluons ici le peuple usaméricain qui brille généralement par son ignorance totale de ce qui se passe dans le monde).
Ce ne sera certainement pas un détail pour vous d’arrêter de vous ridiculiser face à l’histoire et encore moins pour ceux d’en bas d’avoir à subir votre indifférence criminelle et votre mépris. Vous avez respecté la vieille règle selon laquelle » l’habit fait le moine » chaque fois que vous avez occupé une charge publique, du gouvernement de gauche en Uruguay au gouvernement de droite de l’OEA.
Nous vous demandons de bien vouloir démissionner, car nous savons que vous ne serez pas renversé par un coup d’État puisque l’OEA n’a pas d’armée traditionnelle.
Sincèrement vôtre,
Jorge Majfud
15 novembre 2019
Courtesy of Tlaxcala
Source: http://tlaxcala-int.org/article.asp?reference=27468
Publication date of original article: 15/11/2019
URL of this page : http://www.tlaxcala-int.org/article.asp?reference=27469
Lettera aperta a Luis Almagro
Translated by Alba Canelli
Considerando i suoi ripetuti fallimenti e i suoi ancora più insistenti abusi delle funzioni di «Segretario» degli Stati, le chiediamo di fare la cosa giusta e salvare il poco onore che le rimane, dimettendovi dalla vostra posizione, rendendo possibile a qualcuno più capace di continuare con la nota e fondamentale missione dell’OSA – seguire gli interessi di Washington – almeno in modo più mascherato (escludiamo qui il popolo americano che tende ad essere radicalmente ignorante di quanto sta accadendo nel mondo).Sig. Luis Almagro, segretario dell’Organizzazione degli Stati Americani:
Sicuramente non sarà un dettaglio per voi smettere di rendervi ridicolo di fronte alla storia e ancor meno per coloro che sono sotto di voi ner dover sopportare di dover subire la vostra indifferenza criminale e il vostro disprezzo. Lei ha rispettato la vecchia regola che «l’abito fa il monaco» ogni volta che ha ricoperto cariche pubbliche, dal governo di sinistra in Uruguay al governo di destra dell’OSA.
Vi chiediamo gentilmente di dimettervi, perché sappiamo che non sarete rovesciato da nessun colpo di Stato, poiché l’OSA non ha un esercito tradizionale.
Sinceramente suo,
Jorge Majfud
15 novembre 2019
Cómo (no) desafiar la violencia racista
«Los manifestantes se apresuran a desplegar una energía extraordinaria denunciando el racismo de pequeña escala, pero ¿qué pasa con el racismo a gran escala?»
Por Aviva Chomsky
Traducción de Jorge Majfud
Mientras el “nacionalismo blanco” y el llamado «alt-Right» han ganado prominencia en la era Trump, una reacción bipartidaria se ha unido para desafiar estas ideologías. Pero gran parte de esta coalición se centra en las movilizaciones y en la retórica individual, extremista y llena de odio, más que en la violencia profunda, diplomática y, aparentemente, más políticamente correcta que impregna la política exterior y doméstica de Estados Unidos en el siglo XXI.
Todo el mundo, desde los republicanos más convencionales hasta la izquierda «antifa» [antifascista] pasando por los diversos demócratas y los ejecutivos de corporaciones, se muestran ansiosos y orgullosos por denunciar en voz alta e, incluso, enfrentándose físicamente a los neonazis y a los supremacistas blancos. Sin embargo, los extremistas en las calles de Charlottesville, o aquellos que hacen el saludo nazi del Reichstag, están involucrados sólo en una política simbólica e individual.
Incluso el asesinato de una contra-manifestante fue un acto individual, uno de los 40 asesinatos al día que ocurren en Estados Unidos, la gran mayoría por armas de fuego (el doble muere todos los días por los automóviles en eso que llamamos «accidentes», pero que evidentemente también tienen una causa). Los manifestantes se apresuran a desplegar una energía extraordinaria denunciando el racismo de pequeña escala, pero ¿qué pasa con el racismo a gran escala? No ha habido ninguna movilización semejante, ni siquiera ha habido alguna en absoluto, contra lo que Martin Luther King llamó “el mayor proveedor de violencia en el mundo de hoy”. Solo en 2016, el gobierno de Estados Unidos arrojó 72 bombas diarias, sobre todo en Irak y en Siria, pero también en Afganistán, en Libia, en Yemen, en Somalia y en Pakistán, produciendo cada día un 9/11 en esos países.
Históricamente, los individuos y las organizaciones que luchan por cambiar la sociedad y la política de Estados Unidos han utilizado la acción directa, los boicots y las protestas callejeras como estrategias para presionar a los grandes poderes para que cambien sus leyes, instituciones, políticas o acciones. Por ejemplo, durante los sesenta y setenta, el sindicato United Farm Workers les pidió a los consumidores que boicotearan las uvas para, de esa forma, presionar a los grandes productores para que se sentaran a negociar. Los manifestantes contra la guerra en Vietnam marcharon en Washington o presionaron a sus representantes en el Congreso. Más tarde, también tomaron medidas directas: registraron votantes, protestaron contra la proliferación de armas nucleares, realizaron sentadas frente a trenes que llevaban armas a Centroamérica.
Todo este tipo de tácticas siguen siendo opciones válidas hoy en día. Sin embargo, ha habido un cambio desconcertante que nos alejó de los objetivos reales, desviando la atención y usando las mismas tácticas para simplemente mostrar nuestra solidaridad y expresar cierta indignación moral y poco más. Recuerdo la primera vez que, allá por los setenta, en Berkeley, participé en la marcha contra la violencia de género que se llamó “Recuperemos la noche”. Mientras hombres y las mujeres marchábamos por el campus sosteniendo velas, me preguntaba si alguno pensaba que los violadores cambiarían de opinión por el hecho de que grandes sectores del público desaprobaban la violación.
Con los años he llegado a ver, creo que cada vez con más claridad, lo que Adolph Reed llama “Posing as Politics” (Simulando política). En lugar de organizarse para el cambio, los individuos buscan realizar una declaración sobre lo que creen justo. Pueden boicotear ciertos productos, negarse a comer ciertos alimentos; pueden concurrir a marchas o en manifestaciones cuyo único propósito es demostrar la superioridad moral de los participantes. Los blancos pueden decir en voz alta que reconocen la injusticia de sus privilegios o se pueden declarar aliados de los negros o de cualquier otro grupo marginado. Las personas pueden manifestarse en sus comunidades afirmando que en ellas “no hay lugar para el odio”. Pueden, también, participar en contra-marchas para levantarse contra los supremacistas blancos, contra los neonazis. No obstante, este tipo de activismo solo enfatiza y revindica una auto confirmación del individuo en lugar de buscar un cambio concreto en la sociedad o en la política. Son profunda y deliberadamente apolíticos en el sentido de que no tratan de abordar cuestiones de poder, recursos, toma de decisiones ni de cómo lograr un cambio concreto.
Curiosamente, estos activistas que han reivindicado la responsabilidad por la justicia racial parecen estar comprometidos con una visión individual y apolítica de lo qué es el problema racial. La industria de la diversidad se ha convertido en un gran negocio, tanto para las universidades como para las empresas que buscan el sello de inclusividad. Las oficinas para la diversidad de los campus canalizan la protesta de los estudiantes en una especie de alianza con la administración y los conducen a pensar en las partes en lugar de ver el conjunto. Aunque son expertos en la terminología del poder, como la diversidad, la inclusión, la marginación, la injusticia y la equidad, evitan cuidadosamente temas más escabrosos como el colonialismo, el capitalismo, la explotación, la liberación, la revolución, la invasión y otros análisis concretos sobre temas nacionales y mundiales. Así, la masa es movilizada a través de una lista cada vez mayor de identidades marginadas, permitiendo que la historia y las realidades raciales sean neutralizadas por la Teoría de la diversidad, como si fuesen bolas de billar rodando entre las diferentes identidades, todas despojadas de su historicidad. Rodando por una superficie plana y, en ocasiones, chocando unas contra otras.
Pero no nos confundamos. Los blancos nacionalistas que marcharon en Charlottesville enfermos de odio, tan repugnantes como pueden serlo sus mismos propósitos, no son los responsables de las guerras de Estados Unidos en Irak, en Siria y en Yemen.
No son ellos los responsables de que nuestro sistema de escuelas públicas se haya convertido en una red de corporaciones privadas.
No son ellos los responsables de que nuestro sistema de salud sea inequitativo y discriminatorio hacia aquellos que no son blancos, dejándoles servicios precarios y condenándolos a una muerte prematura.
No son ellos los que excluyen y desalojan a la gente de color de sus casas.
No son ellos los autores del capitalismo neoliberal con sus devastadores efectos sobre los pobres de todo el planeta.
No son ellos los que militarizan las fronteras para hacer cumplir el apartheid mundial.
No son ellos quienes están detrás de la explotación y quema de combustibles fósiles que está destruyendo el planeta, siendo los pobres y las personas de color los primeros en perder sus hogares y sus medios de subsistencia.
Entonces, si realmente queremos desafiar el racismo, la opresión y la desigualdad, debemos dejar de mirar a esos pocos cientos de manifestantes en Charlottesville y poner de una vez por todas el ojo en las verdaderas causas y en los verdaderos gestores de nuestro injusto orden mundial.
Ni unos ni otros son difíciles de encontrar.
Aviva Chomsky es profesora de historia y coordinadora de Estudios Latinoamericanos en la Universidad Estatal de Salem, en Massachusetts. Su último libro es Undocumented: How Immigration Became Illegal (Indocumentados: cómo la inmigración se convirtió en ilegal. Beacon Press, 2014)
La antigua estrategia de la desmoralización (II)
No hacía muchas horas que Colón había pisado el Nuevo Mundo cuando se encontró con sus primeros habitantes. En sus diarios de viaje anotó lo primero que le llamó la atención: aquellas personas eran pacíficas e ingenuas, desconocían el arte de la guerra y sus instrumentos de violencia eran ridículamente primitivos. “No traen armas ni la conocen —anotó el almirante—, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia”. Este momento no debió ser muy diferente al que ilustró Walt Disney en el personaje de Rico McPato: sus ojos centellaron con un símbolo de dinero ante una tribu de ingenuos primitivos que desconocían el correcto uso de lo que poseían. Si para recibir la verdadera religión esta ingenuidad valía oro, para desprenderse del prometido oro también. Tan ingenuos eran aquellos americanos, que se creyeron la historia de que los españoles comían oro, y de ahí el inexplicable hambre por ese metal. Más tarde, en tiempos de la Conquista, la “idiotez” de los nativos sirvió de justificación de los insaciables conquistadores. El teólogo Ginés de Sepúlveda no fue el único que justificó la esclavitud basándose en una Biblia que parecía condenar a los idiotas. Según E. Hostos (1873), fue “una guerra de exterminio hecha por los bárbaros de la civilización a los bárbaros de la naturaleza” en nombre de la paz y el derecho.
Actualmente la acusación de “idiota” no sólo se ha popularizado en la tesis central de libros como Manual del perfecto idiota (1996) o El regreso del perfecto idiota latinoamericano (2007), sino además ya es costumbre de un mismo discurso repetido en talks shows y best sellers: es el regreso del método medieval donde el caballero probaba su verdad atacando al adversario y acrecentando su honor mediante la brutalidad. “Stupid liberal (progresista)” en Estados Unidos, “gilipollas” o “progresista maricón” en España, etc. Todo dicho a viva voz y con gran excitación, como si la antigua persuasión ensayística se redujera ahora al contagio del telepastor. No en vano nuestra época está marcada por el triunfo de los sofistas sobre los socráticos: el lenguaje, los símbolos son la realidad y todo lo demás es ficción (incluido el hambre, la tortura y la muerte).
Tan exitoso comienza a ser este antiguo método que intelectuales como el premio Nóbel José Saramago han decidido usarlo en público. En una reciente conferencia, para expresar su disconformidad o impotencia con el estado actual de cosas, nuestro respetado amigo declaró: “Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda”. Lo único que nos puede quedar claro es que esta facultad mental no es propiedad de ninguna tendencia ideológica sino del agotamiento de la energía intelectual en un mundo huracanado que busca desesperadamente un indicio de su nueva era.
En varios escritos, tanto Hostos como González Prada observaron, hace más de un siglo, la estratégica actitud científica de Europa al definir a los habitantes hispanoamericanos como una raza enferma. Incluso más acá del continente idiota: “crímenes y vicios de ingleses o norteamericanos son cosas inherentes a la especie humana y no denuncian la decadencia de un pueblo; en cambio, crímenes y vicios de franceses o italianos son anomalías y acusan degeneración de raza”. (G. Prada, Nuestros indios, 1908),
No hace mucho, el Diccionario de psiquiatría de Antoine Porot (1977) definió una enfermedad como “psicopatología de los negros” referida a las incapacidades intelectuales de los indígenas de África. Después de enumerar diferentes síndromes, que yo imaginaba cualidades culturales (como el onirismo), “soma-psicosomáticos” (como la depresión, el alcoholismo) y económicos (como el parasitismo intestinal y la sífilis), el especialista recomendó la repatriación de los negros enfermos. Todo a pesar de que años antes, en su célebre Peau noire, masques blancs (1952) el doctor Frantz Fanon había desenmascarado esa vieja estrategia de definir razas y esencias ajenas en lugar de considerar la dinámica psico-ideológica del colonizado y del colonizador. En pocas palabras lo resumió así: “el blanco [colonizador] me niega todo valor, toda originalidad, me dice que soy un parásito del mundo.” Aunque el negro se convierta en blanco para que su humanidad sea reconocida, le dirán: “tu no puedes, porque existe en lo profundo de tu ser un complejo de dependencia —le ‘complexe de Prospéro’—. [Por el contrario] el blanco obedece a un complejo de autoridad, a un complejo de jefe” (traducción nuestra) Establecido este orden, “tut le monde est satisfait”.
En la misma dirección, otro hito del pensamiento mundial lo marcó Orientalism (1978) del palestino-americano Edward Said. Allí, Said hizo un “inventario de trazas” sobre el sujeto representado (el oriental, el otro), en la cual los intereses del colonizador se revelan como la fuerza primaria de la representación del otro y ésta, como un instrumento de la misma colonización política y cultural. Por ejemplo, nos recuerda que, para Renan, “un semita era un rabioso monoteísta incapaz de producir mitología, arte, comercio, civilización […] todo lo cual representa una combinación inferior de la naturaleza humana’”. Y luego: “Ya en 1810 teníamos europeos como Cromer que afirmaban que los orientales necesitaban ser conquistados, y que esta conquista no era para dominar sino para liberar”. (traducción nuestra)
Si aún asumiésemos que todos estos críticos estaban equivocados —por no decir que eran “idiotas”, como lo afirman los autores del Manual para idiotas—, les queda la virtud incontestable de haber abierto brechas en la muralla del status quo, desafiado la violencia de las arbitrariedades de todo tipo: morales, políticas, culturales; la violencia de los mismos perfectos de siempre, de los exitosos, de los césares de turno y de los bufones del rey. Les queda la virtud de haber dinamizado el pensamiento y desafiado la historia, actitud siempre inconveniente a los principales intereses del poder bruto del momento, ese que no sólo ha colonizado el mundo sino que también pretende colonizar la crítica haciéndonos reconocer que le debemos el pan, la vida y todo lo que somos a un sistema del cual no podemos escapar sin caer en la marginalidad. ¿Por qué deberían irse los críticos a una isla en el Pacífico y no los dueños del mundo, con sus clérigos y bufones?
Si echamos una mirada a los horrores de la historia, podemos pensar que el capitalismo no es el peor de los sistemas que ha producido la humanidad. Lo peor que ha producido —después de la violencia de la explotación ajena— es la justificación de sus propios crímenes como necesarios y hasta como virtudes humanas. O como virtudes bíblicas: “El egoísmo capitalista resulta, pues, tan solidario que parece el que predica la Biblia” (Manual… Mendoza, Montaner y Vargas Llosa Jr.) Ni siquiera han podido aportar una sola idea nueva a la historia. Aunque su recurso principal es burlarse de los grandes del pensamiento, no hay una sola línea en tan extensos libros donde aparezca otra cosa que pálidos reciclajes (como cualquier junk food) de las repetidas y anacrónicas supersticiones del siglo XIX. Y eso que son tres, además de papá D’Artagnan que sólo aporta la fama de su nombre.
Jorge Majfud
The University of Georgia
Junio 2007
¿Cómo definimos la idiotez ideológica y quiénes pueden hacerlo?
1. La importancia de llamarse idiota
Hace unos días un señor me recomendaba leer un nuevo libro sobre la idiotez. Creo que se llamaba El regreso del idiota, Regresa el idiota, o algo así. Le dije que había leído un libro semejante hace diez años, titulado Manual del perfecto idiota latinoamericano.
—Qué le pareció? —me preguntó el hombre entrecerrando los ojos, como escrutando mi reacción, como midiendo el tiempo que tardaba en responder. Siempre me tomo unos segundos para responder. Me gusta también observar las cosas que me rodean, tomar saludable distancia, manejar la tentación de ejercer mi libertad y, amablemente, irme al carajo.
—¿Qué me pareció? Divertido. Un famoso escritor que usa los puños contra sus colegas como principal arma dialéctica cuando los tiene a su alcance, dijo que era un libro con mucho humor, edificante… Yo no diría tanto. Divertido es suficiente. Claro que hay mejores.
—Sí, ese fue el padre de uno de los autores, el Nóbel Vargas Llosa.
—Mario, todavía se llama Mario.
—Bueno, pero ¿qué le pareció el libro? —insistió con ansiedad.
Tal vez no le importaba mi opinión sino la suya.
—Alguien me hizo la misma pregunta hace diez años —recordé—. Me pareció que merecía ser un best seller.
—Eso, es lo que yo decía. Y lo fue, lo fue; efectivamente, fue un best seller. Usted se dio cuenta bien rápido, como yo.
—No era tan difícil. En primer lugar, estaba escrito por especialistas en el tema.
—Sin duda —interrumpió, con contagioso entusiasmo.
—¿Quiénes más indicados para escribir sobre la idiotez, si no? Segundo, los autores son acérrimos defensores del mercado, por sobre cualquier otra cosa. Vendo, consumo, ergo soy. ¿Qué otro mérito pueden tener sino convertir un libro en un éxito de ventas? Si fuese un excelente libro con pocas ventas sería una contradicción. Supongo que para la editorial tampoco es una contradicción que se hayan vendido tantos libros en el Continente Idiota, no? En los países inteligentes y exitosos no tuvo la misma recepción.
Por alguna razón el hombre de la corbata roja advirtió algunas dudas de mi parte sobre las virtudes de sus libros preferidos. Eso significaba, para él, una declaración de guerra o algo por el estilo. Hice un amague amistoso para despedirme, pero no permitió que apoyara mi mano sobre su hombro.
—Usted debe ser de esos que defiende esas ideas idiotas de las que hablan estos libros. Es increíble que un hombre culto y educado como usted sostenga esas estupideces.
—¿Será que estudiar e investigar demasiado hacen mal? —pregunté.
—No, estudiar no hace mal, claro que no. El problema es que usted está separado de la realidad, no sabe lo que es vivir como obrero de la construcción o gerente de empresa, como nosotros.
—Sin embargo hay obreros de la construcción y gerentes de empresas que piensan radicalmente diferente a usted. ¿No será que hay otro factor? Es decir, por ejemplo, ¿no será que aquellos que tienen ideas como las suyas son más inteligentes?
—Ah, sí, eso debe ser…
Su euforia había alcanzado el climax. Iba a dejarlo con esa pequeña vanidad, pero no me contuve. Pensé en voz alta:
—No deja de ser extraño. La gente inteligente no necesita de idiotas como yo para darse cuenta de esas cosas tan obvias, no?
—Negativo, señor, negativo.
2. El Che ante una democracia imperfecta
Pocos meses atrás, una de las más serias revistas conservadoras a nivel mundial, The Economist (9 de diciembre 2006), reprodujo y amplió un estudio hecho por Latinobarómetro de Chile. Mostrando gráficas precisas, el estudio revela que en América Latina, la población del país que mayor confianza tiene en la democracia es Uruguay; la que menos confianza tiene en este ideal es Paraguay y varios países centroamericanos, a excepción de Costa Rica. Al mismo tiempo, la población que más se define “de izquierda” es Uruguay, mientras que la población que más se define “de derecha” se encuentra en los mismos países que menos confianza tienen en la democracia.
Según estos datos, y si vamos a seguir los criterios de las clásicas listas sobre idiotas latinoamericanos, habría que poner al Uruguay y algún otro país a la cabeza, de donde se deduce que tener confianza en la democracia es propio de retrasados mentales.
Estos retrasados mentales —los uruguayos, por ejemplo— tuvieron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX un sistema lleno de injusticias y de imperfecciones, como cualquier sistema social, pero fue uno de los países con menor tasa de analfabetismo del mundo, el país con la legislación más progresista e igualitaria de la historia latinoamericana. Este pueblo concretó gran parte de lo que ahora es maldecido como “Estado de bienestar”; bajo ese estado de deficiencia mental, la mujer ganó varios derechos políticos y legales que le fueron negados en otras países del continente hasta hace pocos años; su economía estaba por encima de la de muchos países de Europa y su ingreso per capita (mayor que el argentino, el doble que el brasileño, seis veces el colombiano o el mexicano) no tenía nada que envidiarle al de Estados Unidos —si es que vamos a medir el nivel de vida por un simple parámetro económico. No fue casualidad, por ejemplo, que durante medio siglo aquel pequeño país casi monopolizara la conquista de los diversos torneos mundiales de fútbol.
Si ese país entró en decadencia (económica y deportiva) a partir de la segunda mitad del siglo XX, no fue por radicalizar su espíritu progresista sino, precisamente, por lo contrario: por quedar atrapado en una nostalgia conservadora, por dejar de ser un país construido por inmigrantes obreros y devolver todo el poder político y social a las viejas y nuevas oligarquías, empapadas de demagogia conservadora y patriotera, de un autoritarismo de derecha que se agravó a fines de los ’60 y se militarizó con la dictadura de los ’70.
El mismo Ernesto Che Guevara, en su momento de mayor radicalización ideológica y después de enfrentarse a lo que él llamaba imperialismo en la reunión de la “Alianza para el Progreso” de Punta del Este, dio un discurso en el paraninfo de la Universidad de la República del Uruguay ante una masa de estudiantes que esperaban oír palabras aún más combativas. En aquel momento (17 de agosto de 1961), Guevara, el Che, dijo:
“nosotros iniciamos [en Cuba] el camino de la lucha armada, un camino muy triste, muy doloroso, que sembró de muertos todo el territorio nacional, cuando no se pudo hacer otra cosa. Tengo las pretensiones personales de decir que conozco a América, y que cada uno de sus países, en alguna forma, los he visitado, y puedo asegurarles que en nuestra América, en las condiciones actuales, no se da un país donde, como en el Uruguay, se permitan las manifestaciones de las ideas. Se tendrá una manera de pensar u otra, y es lógico; y yo sé que los miembros del Gobierno del Uruguay no están de acuerdo con nuestras ideas. Sin embargo, nos permiten la expresión de estas ideas aquí en la Universidad y en el territorio del país que está bajo el gobierno uruguayo. De tal forma que eso es algo que no se logra ni mucho menos, en los países de América”.
El representante mítico de la revolución armada en América Latina daba la cara ante sus propios admiradores para confirmar y reconocer, sin ambigüedades, algunas radicales virtudes de aquella democracia:
“Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es, precisamente, la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre por el hombre, ni siga la explotación del hombre por el hombre, lo que no en todos los casos sucederá lo mismo, sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último”. (Ernesto Guevara. Obra completa. Vol. II. Buenos Aires: Ediciones del plata, 1967, pág. 158)
El mismo Che, en otro discurso señaló que el pueblo norteamericano “también es víctima inocente de la ira de todos los pueblos del mundo, que confunden a veces un sistema social con un pueblo” (Congreso latinoamericano de juventudes, 1960, idem Vol. IV, pág. 74).
Un latinoamericano podría sorprenderse de la existencia de “izquierdistas” (aceptemos provisoriamente esta eterna simplificación) en Estados Unidos, porque la simplificación y la exclusión es requisito de todo nacionalismo. De la misma forma, los británicos vendieron la idea existista del libre mercado cuando ellos mismos se habían consolidado como una de las economías más proteccionistas de la Revolución industrial. La imagen de Estados Unidos como un país (económicamente) exitoso donde sólo existe el pensamiento capitalista es una falacia y fue creada artificialmente por las mismas elites conservadoras que monopolizaron los medios de comunicación y promovieron una agresiva política proselitista. Y, sobre todo en América Latina, por las clases conservadoras, enquistadas en el poder político, económico y moralista de nuestros pueblos desgastados.
Tampoco existe ninguna razón sólida para descartar la fuerza interventora de las superpotencias del mundo en la formación de nuestras realidades. Sí, seguramente América Latina es responsable de sus fracasos, de sus derrotas (no reconocer sus propias virtudes es uno de sus peores fracasos). Pero que nuestros pueblos sean responsables de sus propios errores no quita que además han sido invadidos, pisoteados y humillados repetidas veces. Quizás la primera sea una verdad incontestable, pero los pecados propios no justifican ni lavan los pecados ajenos.
Jorge Majfud
The University of Georgia
Marzo 2007
The Privatization of God
Custom-made for the consumer
In the 17th century, the mathematics genius Blaise Pascal wrote that men never do evil with greater pleasure than when they do it with religious conviction. This idea – from a deeply religious man – has taken a variety of different forms since. During the last century, the greatest crimes against humanity were promoted, with pride and passion, in the name of Progress, of Justice and of Freedom. In the name of Love, Puritans and moralists organized hatred, oppression and humiliation; in the name of Life, leaders and prophets spilled death over vast regions of the planet. Presently, God has come to be the main excuse for excercises in hate and death, hiding political ambitions, earthly and infernal interests behind sacred invocations. In this way, by reducing each tragedy on the planet to the millenarian and simplified tradition of the struggle between Good and Evil, of God against the Devil, hatred, violence and death are legitimated. There is no other way to explain how men and women are inclined to pray with fanatical pride and hypocritical humility, as if they were pure angels, models of morality, all the while hiding gunpowder in their clothing, or a check made out to death. And if the leaders are aware of the fraud, their subjects are no less responsible for being stupid, no less culpable for their criminal metaphysical convictions, in the name of God and Morality – when not in the name of a race, of a culture – and from a long tradition, recently on exhibit, custom-fit to the latest in hatred and ambition.
Empire of the simplifications
Yes, we can believe in the people. We can believe that they are capable of the most astounding creations – as will be one day their own liberation – and also of incommensurable stupidities, these latter always concealed by a complacent and self-interested discourse that manages to nullify criticism and any challenge to bad conscience. But, how did we come to such criminal negligence? Where does so much pride come from in a world where violence grows daily and more and more people claim to have heard the voice of God?
Political history demonstrates that a simplification is more powerful and better received by the vast majority of a society than is a problematization. For a politician or for a spiritual leader, for example, it is a show of weakness to admit that reality is complex. If one’s adversary expunges from a problem all of its contradictions and presents it to the public as a struggle between Good and Evil, the adversary undoubtedly is more likely to triumph. In the final analysis, the primary lesson of our time is grounded in commercial advertising or in permissive submission: we elect and we buy that which solves our problems for us, quickly and cheaply, even though the problem might be created by the solution, and even though the problem might continue to be real while the solution is never more than virtual. Nonetheless, a simplification does not eliminate the complexity of the problem in question, but rather, on the contrary, produces greater problems, and sometimes tragic consequences. Denying a disease does not cure it; it makes it worse.
Why don’t we talk about why?
Let’s try now to problematize some social phenomenon. Undoubtedly, we will not plumb the full depths of its complexity, but we can get an idea of the degree of simplification with which it is treated on a daily basis, and not always innocently.
Let’s start with a brief example. Consider the case of a man who rapes and kills a young girl. I take this example not only because it is, along with torture, one of the most abhorrent crimes imaginable, but because it represents a common criminal practice in all societies, even those that boast of their special moral virtues.
First of all, we have a crime. Beyond the semantics of “crime” and “punishment,” we can evaluate the act on its own merits, without, that is, needing to recur to a genealogy of the criminal and of his victim, or needing to research the origins of the criminal’s conduct. Both the rape and the murder should be punished by the law, and by the rest of society. And period. On this view, there is no room for discussion.
Very well. Now let’s imagine that in a given country the number of rapes and murders doubles in a particular year and then doubles again the year after that. A simplification would be to reduce the new phenomenon to the criminal deed described above. That is to say, a simplification would be to understand that the solution to the problem would be to not let a single one of these crimes go unpunished. Stated in a third way, a simplification would be to not recognize the social realities behind the individual criminal act. A more in-depth analysis of the first case could reveal to us a painful childhood, marked by the sexual abuse of the future abuser, of the future criminal. This observation would not in any way overturn the criminality of the deed itself, just as evaluated above, but it would allow us to begin to see the complexity of a problem that a simplification threatens to perpetuate. Starting from this psychological analysis of the individual, we could certainly continue on to observe other kinds of implications arising from the same criminal’s circumstances, such as, for example, the economic conditions of a specific social underclass, its exploitation and moral stigmatization by the rest of society, the moral violence and humiliation of its misery, its scales of moral value constructed in accordance with an apparatus of production, reproduction and contradictory consumption, by social institutions like a public education system that helps the poor less than it humiliates them, certain religious organizations that have created sin for the poor while using the latter to earn Paradise for themselves, the mass media, advertising, labor contradictions… and so on.
We can understand terrorism in our time in the same way. The criminality of an act of terrorism is not open to discussion (or it shouldn’t be). Killing is always a disgrace, a historical curse. But killing innocents and on a grand scale can have no justification or pardon of any kind. Therefore, to renounce punishment for those who promote terrorism is an act of cowardice and a flagrant concession to impunity.
Nevertheless, we should also remember here our initial caveat. Understanding a social and historical phenomenon as a consequence of the existence of “bad guys” on Earth is an extremely naive simplification or, to the contrary, an ideologically astute simplification that, by avoiding integrated analysis – historical, economic, political – exempts the administrators of the meaning of “bad”: the good guys.
We will not even begin to analyze, in these brief reflections, how one comes to identify one particular group and not others with the qualifier “terrorist.” For that let it suffice to recommend a reading of Roland Barthes – to mention just one classic source. We will assume the restricted meaning of the term, which is the one assumed by the press and the mainstream political narratives.
Even so, if we resort to the idea that terrorism exists because criminals exist in the world, we would have to think that in recent times there has been an especially abundant harvest of wicked people. (An idea explicitly present in the official discourse of all the governments of countries affected by the phenomenon.) But if it were true that in our world today there are more bad people than before, surely it isn’t by the grace of God but via historical developments that such a phenomenon has come to be. No historical circumstance is produced by chance, and therefore, to believe that killing terrorists will eliminate terrorism from the world is not only a foolish simplification but, by denying a historical origin for the problem, by presenting it as ahistorical, as purely a product of Evil, even as a struggle between two theological “essences” removed from any social, economic and political context, provokes a tragic worsening of the situation. It is a way of not confronting the problem, of not attacking its deep roots.
On many occasions violence is unavoidable. For example, if someone attacks us it would seem legitimate to defend ourselves with an equal degree of violence. Certainly a true Christian would offer the other cheek before instigating a violent reaction; however, if he were to respond violently to an act of aggression no one could deny him the right, even though he might be contradicting one of the commandments of Christ. But if a person or a government tells us that violence will be diminished by unleashing violence against the bad guys – affecting the innocent in the process – not only does this deny the search for a cause for the violence, it also will serve to strengthen it, or at least legitimate it, in the eyes of those who suffer the consequences.
Punishing those responsible for the violence is an act of justice. Claiming that violence exists only because violent people exist is an act of ignorance or of ideological manipulation.
If one continues to simplify the problem, insisting that it consists of a conflict produced by the “incompatibility” of two religious views – as if one of them had not been present for centuries – as if it were a matter of a simple kind of war where victory is achieved only with the total defeat of the enemy, one will drag the entire world into an intercontinental war. If one genuinely seeks the social origin and motivation of the problem – the “why” – and acts to eliminate and attenuate it, we will most assuredly witness a relaxing of the tension that is currently escalating. We will not see the end of violence and injustice in the world, but at least misfortune of unimaginable proportions will be avoided.
The analysis of the “origin of violence” would be useless if it were produced and consumed only within a university. It should be a problem for the headlines, a problem to be discussed dispassionately in the bars and in the streets. At the same time, we will have to recognize, once again, that we need a genuine dialogue. Not a return to the diplomatic farce, but a dialogue between peoples who have begun dangerously to see one another as enemies, as threats – a disagreement, really, based on a profound and crushing ignorance of the other and of oneself. What is urgent is a painful but courageous dialogue, where each one of us might recognize our prejudice and our self-centeredness. A dialogue that dispenses with the religious fanaticism – both Muslim and Christian – so in vogue these days, with its messianic and moralizing pretensions. A dialogue, in short, to spite the deaf who refuse to hear.
The True God
According to the true believers and the true religion, there can be only one true God, God. Some claim that the true God is One and he is Three at the same time, but judging by the evidence, God is One and Many more. The true God is unique but with different politics according to the interests of the true believers. Each one is the true God, each one moves the faithful against the faithful of other gods, which are always false gods even though each one is someone’s true God. Each true God organizes the virtue of each virtuous people on the basis of true customs and the true Morality. There is only one Morality based on the true God, but since there is more than one true God there is also more than one true Morality, only one of which is truly true.
But, how do we know which one is the true truth? The proper methods for proof are disputable; what is not disputed is the current practice: scorn, threats, oppression and, when in doubt, death. True death is always the final and inevitable recourse of the true truth, which comes from the true God, in order to save the true Morality and, above all, the true believers.
Yes, at times I have my doubts about what is true, and I know that doubt has been condemned by all religions, by all theologies, and by all political discourses. At times I have my doubts, but it is likely that God does not hold my doubt in contempt. He must be very busy concerning himself with so much certainty, so much pride, so much morality, behind so many ministers who have taken control of his word, holding Him hostage in a building somewhere so as to be able to conduct their business in public without obstacles.
Dr. Jorge Majfud
Translated by Dr. Bruce Campbell.
Jorge Majfud is a Uruguayan writer. His most recent novel is La Reina de América (Baile de Sol, 2002).


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