«Promover la democracia» 2

Wikileaks: Embajada de EE. UU. solicita financiación para grupos antichavistas
Las últimas publicaciones de Wikileaks incluyen cables enviados desde la Embajada de EE. UU. en Caracas al Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Consejo de Seguridad Nacional y otras entidades estadounidenses, que indican solicitudes de financiación adicional del gobierno estadounidense para grupos de la oposición en Venezuela.

Eva Golinger Junio 30, 2011

Las últimas publicaciones de Wikileaks incluyen cables enviados desde la Embajada de Estados Unidos en Caracas al Departamento de Estado, la Agencia Central de Inteligencia (CIA), el Consejo de Seguridad Nacional y otras entidades estadounidenses, que indican solicitudes de financiación adicional del gobierno estadounidense para grupos de la oposición en Venezuela. Los cables corroboran documentos obtenidos previamente bajo la Ley de Libertad de Información (FOIA) de Estados Unidos que evidencian la financiación continua de Estados Unidos para apoyar a grupos y partidos políticos antichavistas en Venezuela que trabajan activamente para desestabilizar y derrocar al gobierno sudamericano.

Un documento fechado en marzo de 2009, escrito por el Encargado de Negocios John Caulfield, revela 10 millones de dólares en financiación, a través de la Embajada de Estados Unidos en Caracas, a gobiernos estatales y municipales de la oposición, así como a varias ONG, grupos juveniles y campañas políticas para contrarrestar al gobierno de Chávez. Curiosamente, en el cable confidencial, Caulfield solicita 3 millones de dólares adicionales (además de los 7 millones ya aprobados) debido a un «cambio» en el «mapa político» de Venezuela.

Dado que las elecciones de noviembre de 2008 y el referéndum de febrero de 2009 crearon un nuevo mapa político para Venezuela, la Embajada solicita USD 3 millones adicionales para intensificar las iniciativas de acercamiento a los gobiernos estatales y municipales recién elegidos, así como para continuar con los programas de fortalecimiento de la sociedad civil y prepararnos para la próxima ronda electoral de 2010.

Caulfield añade: «…es necesario redoblar nuestros esfuerzos para contrarrestar el creciente autoritarismo del gobierno de Chávez», lo que indica una clara intención política para justificar la financiación.

El diplomático estadounidense se refería a las elecciones regionales de 2008, en las que los partidos de la oposición ganaron en 6 de los 23 estados y en docenas de municipios. Al parecer, la Embajada estaba interesada en brindar ayuda inmediata a esas regiones para reforzar sus esfuerzos.

INTERVENCIÓN ILEGAL

La Convención de Viena sobre Asuntos Diplomáticos y Consulares prohíbe a las embajadas, consulados y diplomáticos intervenir en la política y los asuntos internos de un país anfitrión. La financiación de gobiernos extranjeros a grupos y campañas políticas también está prohibida e ilegal en Venezuela, al igual que en Estados Unidos. Sin embargo, Caulfield no oculta sus intenciones cuando escribe: «…nuestro esfuerzo es necesario para contrarrestar… al gobierno de Chávez».

Caulfield también admite que la financiación del gobierno estadounidense ayudó a crear muchas de las organizaciones en Venezuela que reciben la ayuda y que esos mismos grupos probablemente no existirían ni sobrevivirían sin el apoyo estadounidense. «Sin nuestra asistencia continua, es posible que las organizaciones que ayudamos a crear… se vean obligadas a cerrar… Nuestra financiación les proporcionará a esas organizaciones un salvavidas muy necesario».

La mayoría de los grupos venezolanos que reciben financiación estadounidense se crearon después de 2002, cuando el Departamento de Estado estableció su Oficina de Iniciativas de Transición (OTI), una rama política de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) en Caracas, sin autorización. Ese mismo año, se llevó a cabo un golpe de estado contra el gobierno de Chávez, derrocando brevemente al presidente venezolano. Posteriormente, fue rescatado en 48 horas por fuerzas armadas leales y millones de venezolanos. Los implicados en el golpe recibían financiación y apoyo del gobierno estadounidense a través de la Embajada y de la Fundación Nacional para la Democracia (NED), una agencia financiada por el Congreso estadounidense. La OTI, que ha financiado y apoyado estratégicamente de forma constante a decenas de partidos políticos y ONG venezolanas con millones de dólares estadounidenses al año, cerró abruptamente a principios de 2011 tras ser expuesta y denunciada por sus actividades de intromisión ilegal en Venezuela.

Sin embargo, el presidente Obama ya solicitó 5 millones de dólares adicionales para financiar a grupos de la oposición en Venezuela en su presupuesto de 2012. Se espera que esta cantidad aumente con fondos de otras agencias estadounidenses en preparación para las elecciones presidenciales y regionales de Venezuela del próximo año.

Los 10 millones de dólares que la Embajada de Estados Unidos destinó a gobiernos locales de la oposición y grupos de la sociedad civil estaban destinados a apoyar a las ONG locales para que actuaran como organismos de control en temas clave para el desarrollo democrático, es decir, contra el gobierno elegido democráticamente. Cinco millones de dólares se destinaron a apoyar a partidos políticos y gobiernos locales para ayudar a los gobiernos de oposición recién elegidos a cumplir las promesas hechas al pueblo durante las campañas políticas de noviembre de 2008. ¿Es realmente aquí donde debería destinarse el dinero de los contribuyentes estadounidenses?

Otros 4 millones de dólares se destinaron a partidos políticos interesados, para desarrollar jóvenes líderes y ampliar el alcance del movimiento juvenil venezolano. Un objetivo particular de la financiación estadounidense, los movimientos estudiantiles y juveniles antichavistas, han surgido en los últimos tres años, recibiendo una cobertura mediática sobrevalorada y atención internacional.

Otro millón de estos fondos se destinó a preparar el terreno para las campañas legislativas de 2010. Sin embargo, durante 2010, se proporcionaron 57 millones de dólares adicionales a la oposición venezolana, provenientes de agencias estadounidenses y europeas.

DINERO E INTERVENCIÓN

Otro cable de la Embajada de Estados Unidos de septiembre de 2009, enviado por el entonces embajador estadounidense en Venezuela, Patrick Duddy, relata una reunión entre el diplomático estadounidense y tres representantes del pequeño partido opositor Podemos. Durante la reunión, Ismael García, legislador y líder de Podemos, solicitó específicamente más fondos e intervención del gobierno estadounidense para contrarrestar al presidente Chávez.

Como lo ha hecho repetidamente en el pasado, García preguntó con insistencia qué podía hacer Estados Unidos, a través de la Fundación Nacional para la Democracia (NED) u otros canales del gobierno estadounidense, para ayudar a Podemos. Molina y García sugirieron que el apoyo estadounidense podría utilizarse para que Podemos construyera una red de comunicaciones basada en internet o televisión por cable… El embajador enfatizó que Estados Unidos no está interviniendo en Venezuela, a lo que García respondió: «Sí, pero ahora es el momento de empezar».

Lo que estos documentos evidencian, además de la intromisión ilegal y la hipocresía del gobierno estadounidense, es la continua relación de dependencia entre la oposición venezolana y Washington. Los esfuerzos de Estados Unidos para socavar al gobierno de Chávez han dependido en gran medida de la capacidad de la oposición para desestabilizar el país y contrarrestar a Chávez. Tras años de inversiones multimillonarias en estos grupos, que ahora dependen de la financiación del gobierno estadounidense, se han logrado pocos avances. Este escenario podría explicar las recientes medidas agresivas que el gobierno de Obama está tomando contra Venezuela, imponiendo sanciones e intentando vincular falsa y maliciosamente al gobierno de Chávez con el terrorismo y presentarlo. lo califica de “estado fallido”.

Nuevos documentos desclasificados de la CIA sobre América latina

Las nuevas revelaciones procedentes de los miles de documentos desclasificados en febrero de 2025 confirman y agregan detalles a la historia expuesta en La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina (2021) y 1976: El exilio del terror (2023).

A continuación incluimos un resumen de estos datos más significativos de National Security Archive (April 7, 2025).

Seis meses antes del golpe militar de 1964 que derrocó al gobierno de João Goulart en Brasil, el subdirector de la CIA para Planes, Richard Helms, informó a la Junta Asesora de Inteligencia Extranjera del Presidente (PFIAB) sobre las operaciones clandestinas de la CIA en el país más grande de Sudamérica. «[La CIA] está llevando a cabo acciones encubiertas en el movimiento obrero y cree que el control comunista puede debilitarse«, informó a los miembros de la junta que supervisaron las operaciones de inteligencia en nombre del presidente Kennedy, según un resumen completamente desclasificado del informe de alto secreto del 10 de septiembre de 1963, publicado el 7 de abril de 2025 por el Archivo de Seguridad Nacional.

Helms y sus adjuntos también informaron a la PFIAB sobre el estado de las acciones encubiertas y las operaciones de cambio de régimen en otros países objetivo. En Cuba, la CIA estaba cambiando de incursiones externas a operaciones de sabotaje interno, realizando diez operaciones clandestinas al mes y atacando a elementos cubanos disidentes, entre ellos oficiales militares cubanos. En la Guayana Británica, la CIA financió en secreto una huelga general de 79 días para desestabilizar al gobierno electo de Cheddi Jagan, canalizando fondos para los huelguistas a través de la AFL-CIO. Los planes de la CIA para organizar una fuerza en el exilio contra el dictador haitiano François «Papa Doc» Duvalier se vieron frustrados cuando Juan Bosch, presidente de la República Dominicana, se negó a permitir que la agencia utilizara su país como base de operaciones.

El memorando ultrasecreto de la Casa Blanca, titulado «Panel de la Junta sobre Operaciones de Acción Encubierta«, fue desclasificado sin censura como parte de las 80.000 páginas de registros del asesinato de Kennedy, publicados en marzo. Numerosos otros registros de la PFIAB se incluyeron en la publicación, junto con las actas sin editar del «Grupo Especial», el comité interinstitucional de élite que investigó y aprobó las operaciones encubiertas estadounidenses en todo el mundo. El Archivo de Seguridad Nacional publica hoy una selección especial de estos registros únicos.

Nuevos Detalles y Revelaciones

Sin editar, los documentos aportan considerable detalle a la historia de los programas encubiertos previamente reportados, incluyendo fuentes y métodos de inteligencia, gastos específicos, identidades de los agentes y los nombres de países colaboradores, agencias de inteligencia y funcionarios extranjeros. En algunos casos, los documentos desclasificados revelan operaciones que se desconocían previamente. Entre los detalles y revelaciones clave contenidos en los documentos:

** En Cuba, la CIA registró 108 agentes y activos encubiertos en la isla en 1963, incluyendo personal diplomático amigo en embajadas extranjeras en La Habana. Sesenta agentes atacaron buques cubanos y se produjeron 31 intrusiones en instalaciones cubanas en el extranjero, según un informe a la PFIAB. El personal de la CIA en Washington y Miami dedicado al derrocamiento del gobierno de Castro ascendía a 384 personas. Entre los demás activos se encontraban 83 contratistas, 525 extranjeros (la mayoría exiliados cubanos), 45 agentes en puestos en el extranjero y 12 analistas de la división de inteligencia de la Agencia que trabajaban en Cuba.

** En cuanto a la Guayana Británica, los documentos confirman la colaboración de la CIA con el servicio de inteligencia británico, el MI6, para financiar y mantener el malestar laboral y una prolongada huelga general para socavar al gobierno electo del primer ministro Cheddi Jagan. Las actas de una reunión del Grupo Especial del 25 de abril de 1963 indicaban que «se ordenó a la CIA investigar el asunto y, junto con el MI6, tomar las medidas que se consideraran convenientes para garantizar la continuación de la huelga». En una reunión de la PFIAB en la Casa Blanca tras el fin de la huelga, el subdirector de Planes de la CIA, Richard Helms, informó que la Agencia había «elaborado con George Meany [líder sindical de la AFL-CIO] un programa de apoyo financiero de la CIA (435.000 dólares) para la huelga, amparándose en las «contribuciones de la AFL-CIO»» y que «un representante encubierto de la CIA dirigía el programa de la huelga». Los documentos también infieren firmemente que el director de la CIA, John McCone, se reunió con James Fulton, funcionario del MI6, en París para discutir esta operación conjunta para derrocar al gobierno de Jagan.

** En Chile, la CIA proporcionó al candidato demócrata cristiano Eduardo Frei 750.000 dólares en marzo de 1964 y otros 1,25 millones de dólares en mayo de 1964 para financiar su campaña presidencial. En una reunión del PFIAB celebrada el 5 de junio de 1964 en la Casa Blanca, el subdirector de Planes, Richard Helms, advirtió a la junta que “las próximas elecciones presidenciales del 13 de septiembre se ven con gran preocupación”, dadas las perspectivas de victoria del candidato socialista Salvador Allende. Helms enfatizó que era esencial actuar; si Allende ganaba, advirtió, “los chilenos, de mentalidad constitucional, aceptarían como presidente a un comunista elegido regularmente y no emprenderían un golpe de Estado para destituirlo”.

** En cuanto al Congo, las actas de la reunión del Grupo Especial añaden nuevos detalles sobre el papel de la CIA en el derrocamiento de Patrice Lumumba. Cinco meses antes del asesinato de Lumumba, el oficial de la CIA Thomas A. Parrott informó al Grupo Especial que la agencia había desarrollado “en líneas generales, tres (o, como el Sr. [DCI Allen] Dulles las describió posteriormente, ‘dos líneas operativas y media’) que estamos siguiendo para montar una campaña contra Lumumba en el Congo”. Estas incluían: operaciones a través del asesor principal de los Sindicatos Cristianos; el intento planeado de un político socialista de organizar una moción de censura contra Lumumba; “y un nuevo contacto con un supuesto líder de ciertos grupos laborales independientes” —esto último probablemente una referencia a Cyrille Adoula, el candidato elegido por la CIA para reemplazar a Lumumba una vez que este fuera destituido.

** En Haití, las actas de la reunión del Grupo Especial revelan que los planes de la CIA para derrocar al dictador François “Papa Doc” Duvalier, cuyo régimen dinástico impulsaba el ascenso de la izquierda, se vieron comprometidos por la resistencia del nuevo presidente de la República Dominicana, Juan Bosch. La CIA había estado formando una fuerza de exiliados para invadir Haití desde la República Dominicana, pero Bosch, según un documento de mediados de 1963, «ha decidido que no está dispuesto a permitir que dicha fuerza [haitiana] de exiliados utilice su país como base para operaciones militares contra Duvalier». El jefe de operaciones de la CIA para el Hemisferio Occidental, coronel J.C. King, informó entonces a los miembros del Grupo Especial que «todos los involucrados en el proyecto coinciden en que Duvalier debe ser destituido de una forma u otra», pero que el plan actual es «impracticable». (Bosch se convirtió posteriormente en el blanco de la decisión de Lyndon Johnson, en abril de 1965, de invadir la República Dominicana e instaurar un régimen dócil mediante la fuerza militar estadounidense).

La selección de documentos publicados hoy también incluye una serie de interesantes recomendaciones y propuestas de la PFIAB, entre ellas:

Que la CIA considere la propuesta (presentada a la PFIAB por representantes del Servicio de Inteligencia y Seguridad de Israel) de “ampliar la coordinación de las actividades de inteligencia entre la CIA e Israel en Latinoamérica, África, Oriente Medio y otros lugares”.

Que la CIA explore la viabilidad en Japón de “intensificar las acciones encubiertas contra la considerable y efectiva influencia de los comunistas entre los intelectuales, educadores y estudiantes japoneses”.

Que la Agencia de Seguridad Nacional realice una revisión técnica in situ de las actividades encubiertas de recopilación de inteligencia de comunicaciones y electrónica de la CIA en Behshahr, Irán, para garantizar el máximo aprovechamiento técnico de esta actividad estratégicamente posicionada contra los misiles y las operaciones satelitales soviéticas.

La Junta de Asesores de Inteligencia Extranjera (PFIAB) y el Grupo Especial

Entre los documentos publicados hoy se encuentra una extensa recopilación cronológica de memorandos y actas de las reuniones de la PFIAB durante los 1000 días de mandato del presidente Kennedy, que incluye una breve historia de la Junta Especial de Asesores de Inteligencia de la Casa Blanca. El impulso para la creación de la junta fue una recomendación de la Comisión Hoover sobre la Organización del Poder Ejecutivo para crear un «Comité de Vigilancia» en materia de inteligencia, integrado por miembros del Congreso y ciudadanos comprometidos. Para evitar la creación de un comité supervisor externo, en febrero de 1956, el presidente Dwight D. Eisenhower emitió una Orden Ejecutiva que creaba la Junta Presidencial de Consultores sobre Actividades de Inteligencia Extranjera. Tras el fiasco de Bahía de Cochinos, el presidente Kennedy emitió una nueva directiva que designaba al comité como la Junta Presidencial de Inteligencia Exterior y le otorgaba la facultad de asesorar al presidente «con respecto a los objetivos y la conducta» de acciones encubiertas, incluyendo «operaciones encubiertas altamente sensibles relacionadas con la acción política, la propaganda, la guerra económica, el sabotaje, la fuga y la evasión, la subversión contra estados o grupos hostiles y el apoyo a elementos indígenas y anticomunistas en países amenazados del mundo libre», según un informe de alto secreto del 1 de diciembre de 1963 sobre la génesis de la PFIAB, preparado para Lyndon Johnson tras el asesinato de Kennedy.

Entre las funciones de la PFIAB estaba supervisar las actividades del «Grupo Especial», un comité interinstitucional de alto nivel integrado por representantes de las agencias de seguridad nacional estadounidenses que actuaba como alto mando de la política exterior secreta de las administraciones de Eisenhower, Kennedy y Johnson. Entre enero de 1961 y el otoño de 1962, el Grupo Especial —también conocido como el Comité 5412 por el número de sala donde se reunía— aprobó aproximadamente 550 operaciones encubiertas, la mayoría de las cuales se compartieron con la PFIAB con cierto detalle. Tras la debacle de Bahía de Cochinos, el presidente Kennedy nombró a su hermano, el fiscal general Robert Kennedy, para presidir un «alto mando» de operaciones encubiertas aún más selecto: el Grupo Especial (Aumentado), que determinaba los principales programas encubiertos, entre ellos la Operación Mangosta, dirigida a Cuba. Según Arturo Jiménez-Bacardi, profesor asociado de instrucción en asuntos internacionales en la Universidad del Sur de la Florida e investigador del Archivo de Seguridad Nacional, las actas de la PFIAB y del Grupo Especial brindan una historia distintiva y única de las operaciones encubiertas: “Estos documentos arrojan luz sobre el funcionamiento interno del alto mando de acciones encubiertas del gobierno de los EE. UU.: sus motivaciones, prioridades, frustraciones y determinación de emplear la violencia política, el sabotaje económico y grandes sumas de dinero para intervenir en los asuntos internos de países de todo el mundo”.

Gobernaremos sobre las cenizas, o seremos cenizas

El 4 de setiembre de 2024 se desató una tormenta tropical sobre Jacksonville. La conversación con Jill Stein en el auditorio de la universidad estaba fijada para las 5:30 de la tarde, que a esa hora se había vuelto noche cerrada debido a la tormenta. Para restarnos público (es mi especulación), el Comité del Partido Demócrata de Florida había decidido organizar un discurso de los candidatos de Kamala Harris al senado en el mismo campus, en la Facultad de Negocios de Jacksonville University, una hora antes, cuando casi no queda espacio para estacionar.

Al final de la conversación, alguien desde la platea protestó porque yo había sido “demasiado amable” con Stein. A la salida lo reconocí como un votante demócrata, una persona amable hasta donde yo lo había conocido.

―No soy periodista ―le dije―; aquí la idea era profundizar en las ideas de Stein.

La verdad es que me desagrada el juego de hacerse la estrella, tipo Jorge Ramos de Univisión, acosando al entrevistado. Tal vez por eso siempre consideré al español Jesús Quintero un maestro del género, de aquellas entrevistas llenas de silencios casi psicoanalíticos.

Del auditorio fuimos a compartir una cena frugal en un salón del museo de un edificio cercano, reservado por mis colegas para agradecerle a Jill, al excongresista y coordinador del Partido Verde Jason Call y a su equipo el esfuerzo de llegar hasta allí.

La cena, austera, había sido dejada allí por el catering de la universidad. Sin meseros y sin público, mis colegas y yo pudimos compartir una interesante conversación que no detallaré por haber sido hecha en un espacio privado. Sí creo que puedo conectar una sola idea con las elecciones y con la tragedia global en la que nos vamos hundiendo cada día más.

Le comenté a Jill, sentada a mi lado, que hacía unos años estuve en la Deutsche Welle de Berlín y la periodista principal con la que cené después de la actividad me mencionó que era esposa de líder del Partido Verde de Alemania, Cem Özdemir, por entonces congresista y actualmente ministro de Agricultura de Alemania. Özdemir aceptó mi invitación para dar una conferencia en JU a finales del 2019, pero la policía alemana descubrió un plan de la rama estadounidense del grupo neonazi más violento del siglo, Atomwaffen Division (AWD), para atentar contra su vida y el viaje se frustró.

Hasta ahí nuestra coincidencia. Pero Jill nos comentó una importante diferencia que el Partido Verde de Estados Unidos tenía con el de Alemania: Ucrania.

Hasta aquí llega mi indiscreción. Puedo agregar que la evaluación del problema y la posición de Jill Stein en ese tema coincide completamente con la mía. Ahí sí puedo elaborar más, para entender qué dijo Stein aquella noche.

Cuando el presidente Biden retiró las tropas estadounidenses de Afganistán, dejó en su desbande millones de dólares en tanques de guerra y otros arsenales militares. Luego de veinte años de ocupación, luego de casi diez años de haber (supuestamente) encontrado y ejecutado a Osama bin Laden, de repente el ejército estadounidense salía tan apresurado como de Vietnam. Luego de veinte años, los estadounidenses perdieron 14 billones de dólares (siete veces Brasil) sólo en Afganistán, no por fundar escuelas y hospitales sino por un proyecto de dominación militar que sólo benefició al tráfico de drogas y a las compañías privadas, tal como lo demostró el Wall Street Journal.

Luego de 20 años Washington dejó en el gobierno de Afganistán a los hijos pródigos de la CIA, los Talibán, luego de haber eliminado a otro de sus hijos pródigos, Osama bin Laden. Negocio redondo: crear más problemas para invertir más en nuevas soluciones bélicas.

Como dijimos antes, parte de los históricos fracasos de Estados Unidos en las guerras que no sean meros bombardeos aéreos se debe no sólo a su ineficiencia, sino a que perder guerras es un gran negocio para las corporaciones privadas que domina la política y la narrativa en el país. Por entonces, en un artículo advertimos que sólo había que esperar una nueva guerra, que ese misterioso desbande sólo se explicaba por la urgencia de un nuevo plan en marcha.

Entonces vino la invasión de Rusia a Ucrania. Antes, muchos coincidimos en que se había hecho todo lo posible para que eso ocurriese, logrando que Zelensky (la marioneta de Washington, de profesión payaso) confirmase el proceso de membresía de Ucrania a la OTAN. La OTAN, el sueño de Hitler (dos de sus directores fueron asistentes de Hitler), una vez más se salía con su objetivo de aumentar las tensiones para extender la hegemonía del Macho Alfa, el occidente anglosajón, algo que comenzó apenas terminada la Segunda Guerra y pudo ser resuelto con la propuesta de Stalin de 1952, conocida como “Stalin notes”.

En marzo de 2022, Le Monde de París publicó una página describiéndonos a Paco Ignacio Taibo II y a mí como “intelectuales de izquierda pro Putin”, a pesar de que antes y después de ese informe no perdí oportunidad de dejar claro que no aprobaba la invasión pero me parecía una hipocresía criminal querer escribir la historia a partir de ese día, sin considerar el largo acoso, las matanzas de la población rusa del Donbas y el golpe de Estado contra el presidente democráticamente electo Viktor Yanukovych promovido por Occidente.

No soy “pro-alguien” sino “pro-causas”, como la causa de la No-Injerencia de un país en las políticas de otro, como si se tratase de un problema entre cowboys e indios, donde los agresores siempre se describen como las víctimas de la rección. Los viejos y permanentes intervencionismos, madre de todos los problemas en los países del Sur Global… Básicamente ésta fue la coincidencia, aquella anoche del 4 de setiembre.

El primero de noviembre, un comunicado de los Verdes de Europa instó a Jill Stein a bajarse de las elecciones y apoyar a Kamala Harris para evitar un gobierno fascista de Trump. “Jill Stein y el Partido Verde de Estados Unidos no están afiliado a los Verdes del Mundo… Todos quienes están a favor de los ‘principios verde’ deben votar a Kamala Harris” declaró el congresista finlandés Oras Tynkkynen. Les preocupa el caos que crearon en Ucrania, no el genocidio que crearon en Palestina.

Los demócratas han insistido en culpar a Jill Stein de una posible derrota, pero no han hecho nada para evitar un suicidio electoral, ignorando de forma expresa los reclamos de millones de demócratas que están furiosos con el genocidio en Palestina. Cada vez que Kamala Harris fue interpelada en alguno de sus mítines políticos, ha silenciado estas protestas diciendo “Estoy hablando yo”, para luego continuar como si se tratase de un libreto aprendido de memoria: “cierto, es un tema importante, pero ahora no estoy para hablar de eso sino de otros temas importantes, como el costo de los alimentos en el supermercado”.

Más insensible hipocresía, más arrogancia no es posible. Para rematarla, su esposo anunció feliz que a la entrada de la Casa Blanca colocarían una mezuzah, lo cual no tiene nada de malo en una casa privada si no fuera por el momento y el lugar. Luego Bill Clinton intentó calmar las protestas sobre Gaza diciendo que Israel tiene derechos especiales porque el Rey David había estado allí hace 3.000 años.

Entonces, amables demócratas, dejen de llorar por el fascismo nacional que se viene si son ustedes los primeros responsables del fascismo global.

Jorge Majfud, 2 de noviemrbe de 2024.

Ruling Over Ashes or Becoming Ashes

On September 4, 2024, a tropical storm descended upon Jacksonville. The conversation with Jill Stein at the Jacksonville University auditorium was scheduled for 5:30 PM, a time when darkness had already fallen due to the storm. To deter attendance, the Democratic Party Committee arranged for Kamala Harris, then a Senate candidate, to deliver a speech on the same campus at Jacksonville University’s Business School, just an hour earlier, leaving attendees with few parking options.

At the conclusion of the talk, an audience member accused me of being “too polite” with Stein. Recognizing him as a known Democratic activist, and by all accounts, a congenial person, I replied, “I’m not a journalist; the purpose here was to delve into Stein’s ideas.”

I’ve always disliked the aggressive interviewing style, like that of Univisión’s Jorge Ramos, preferring instead the nuanced, almost psychoanalytic silences epitomized by Spain’s Jesús Quintero.

After the lecture, we shared a modest meal in a nearby museum hall, reserved by my colleagues to express gratitude to Jill, former congressman and Green Party coordinator Jason Call, and their team for their efforts to join us. The university’s catering provided the meal, and without servers or additional guests, we engaged in an enriching discussion, details of which I’ll keep private out of respect for the space. However, I can connect one thought to the elections and the global tragedy that envelops us more each day.

Seated beside Jill, I recounted a visit to Deutsche Welle in Berlin, where I dined with a leading journalist who mentioned she was married to Cem Özdemir, then-Green Party leader in Germany and current Minister of Agriculture. Özdemir had accepted my invitation to speak in Florida in late 2019, but German police uncovered a plot by the US branch of the violent neo-Nazi group Atomwaffen Division to assassinate him, thwarting his visit.

This marked our alignment with Europe’s Greens, though Jill pointed out a key difference between the Green Parties of the U.S. and Germany: Ukraine. Her stance mirrored mine completely. To convey what Stein suggested that evening, I’ll articulate my viewpoint instead of recounting her words.

When President Biden withdrew U.S. troops from Afghanistan, he left behind millions in military hardware. After two decades of occupation and nearly a decade since supposedly eliminating Osama bin Laden, the U.S. military’s hasty exit was reminiscent of Vietnam. The American investment in Afghanistan amounted to $14 trillion—seven times Brazil’s GDP—not in schools and hospitals, but in military dominance that fueled the drug trade and private companies, as evidenced by the Wall Street Journal.

After 20 years, the U.S. reinstated the Taliban, erstwhile CIA allies, after eliminating another former ally, bin Laden. An ideal business scheme: creating more problems to invest in new military solutions.

America’s military failures stem not only from inefficiency but also from the lucrative nature of war losses for private corporations ruling U.S. politics and media narratives. In a previous article, we noted the looming advent of another war, driven by the urgency of a new plan.

Then Russia invaded Ukraine. Many of us believed NATO did everything to provoke this by prompting Zelensky, viewed as Washington’s puppet, to confirm Ukraine’s NATO membership process. NATO, Hitler’s dream realized (two directors were his aides), succeeded again in escalating tensions to extend Western dominance—post-WWII Anglo-Saxon hegemony, avoidable had Stalin’s 1952 “Stalin notes” been considered.

In March 2022, France’s Le Monde labeled Paco Ignacio Taibo II and me as “leftist intellectuals pro-Putin,” although I consistently opposed the invasion and condemned the hypocritical narrative pushing history from that day forward, ignoring the prolonged harassment, massacres in Donbas, and the Western-backed coup against democratically elected Viktor Yanukovych.

I’m not “pro-someone” but “pro-causes,” such as non-interference in sovereign affairs. These interventions perpetuate global South issues—the shared sentiments that September 4th night.

On November 1, Europe’s Greens requested Jill Stein to withdraw from the election and support Kamala Harris to avert Trump’s fascist return. Their concern over Ukraine ignores the genocide in Palestine.

Democrats blame Jill Stein for potential losses but refuse to avert electoral suicide by dismissing millions of Democrats outraged over Palestinian genocide. At every rally, Kamala Harris dismisses protests with, “I’m speaking,” proceeding to recite familiar scripts about unrelated “important issues” like grocery costs.

No greater hypocrisy and arrogance exist. Her husband announces placing a mezuzah at the White House entrance, tolerable privately but ill-timed. Bill Clinton tries appeasing Gaza protests by citing Israel’s “special rights” due to King David’s presence millennia ago.

So, dear Democrats, cease lamenting impending national fascism if you’re the architects of global fascism.

Jorge Majfud, November 1st, 2024.