Entrevista: “Los colonizadores del mundo se sienten invadidos”

Jorge Majfud: “Los colonizadores del mundo se sienten invadidos”

 

Por María Fernanda Orjuela Albarracín

Periodista colombiana

Universidad Externado de Colombia

 

En un reciente contacto telefónico, el escritor autor de La reina de América, La narración de lo invisibleCrisis entre otros libros, analiza las elecciones norteamericanas, la posibilidad del ascenso del candidato republicano Donald Trump y el panorama político actual de los Estados Unidos. Para Majfud, los populismos de derecha en Europa y Estados Unidos, como la catástrofe climática, son la reacción irracional y la consecuencia lógica de una globalización que se les ha ido de las manos a los globalizadores y sus financistas.

 

  1. ¿Qué está pasando con la política en Estados Unidos?

Jorge Majfud: Está llegando a un punto natural de crisis. En todo el mundo hay una crisis de representación. Veinte años atrás decíamos que pronto los parlamentos se iban a convertir en lo que hoy son las monarquías en Europa, instituciones más bien simbólicas y representativas. Por entonces asumíamos que la democracia directa de la Sociedad Desobediente (basada en las nuevas tecnologías de comunicación) iba a impulsar esta deslegitimación, esta crisis de representación. Lamentablemente esta crisis está llegando sin que el viejo sistema sea reemplazado por el nuevo, lo que significa que una reacción conservadora ante la indecisión histórica también es posible. Una reacción y no una gradual revolución, por el momento.

En Estados Unidos el bipartidismo ha probado ser uno de los sistemas más reaccionarios y conservadores de las elites privilegiadas. No sólo porque los billonarios tienen más influencia que millones de ciudadanos desmovilizados, sino porque en estas elecciones se da el aparentemente insólito caso de que nadie quiere los candidatos que se están disputando la presidencia, y si algunos todavía los quieren es porque se ha producido el efecto “mentalidad de futbol”, donde los individuos toman partido y luego solo piensan en ganar sin importar las razones. Ambos, Clinton y Trump, son altamente impopulares entre los votantes. Es como si el sistema los hubiese llevado a un callejón sin salida y nadie quiere advertirlo.

  1. ¿Qué pasaría si Donald Trump ganara las elecciones? 

JM: En lugar de un mediocre y continuista gobierno de Clinton tendríamos un pésimo gobierno de Trump. Trump es una de las personas más ignorantes que he conocido, y no estoy hablando de ignorancia ya sobre lo más básico de la historia de Estados Unidos sino una profunda ignorancia del presente mismo. Ni siquiera es un “súper exitoso hombre de negocios”, como presume, sino un ególatra patológico con una fijación racial que representa a muchos otros blancos pobres en su frustración.

Por un lado representa lo que sus seguidores no son, es decir un hombre rico, y por el otro lo que es, es decir, un ignorante con mucho odio para destilar. Los colonizadores del mundo, Europa y Estados Unidos, se sienten invadidos.

 

  1. Habla usted de una persona ignorante, ¿Cómo un personaje como estos, llega a posicionarse como candidato?

 

JM: Los sabios nunca han abundado en la alta política. Lo del rey Salomón es apenas una anécdota ingeniosa y hoy, con otro nombre, sería tachado de mujeriego politeísta. Algunos se sorprenden que el campeón olímpico de natación Ryan Lochte tenga la inteligencia de un pez, cuando un nadador puede ser un genio pero no es esa, precisamente, la condición por la cual logran acumular tantas medallas de oro. Lo mismo un político. Si echamos una mirada a la historia, veremos que los políticos sabios son más bien una especie rara y en extinción. A veces basta con ciertas habilidades de manipulación y con estar en el momento y en el lugar adecuado. Este es el momento cuando millones de estadounidenses, en su mayoría pertenecientes a la clase trabajadora blanca, que antes representaban la clase dominante, se ven relegados por una gran diversidad de colores, de etnias, de culturas, de géneros que comienzan a superarlos en educación o en logros económicos y sociales. El índice de suicidio y alcoholismo entre los trabajadores blancos se ha disparado, cuando en otros grupos ha disminuido. Ocho años de un presidente no blanco del todo y cuarenta años de un claro traspaso de prosperidad del 99 por ciento al uno por ciento más rico, completan un sentimiento de frustración que no se alcanza a racionalizar. Esto explica que un millonario que nunca conoció la necesidad y la pobreza se presente como el candidato de la clase trabajadora y logre el apoyo de este grupo. Eso explica que hasta los evangélicos radicales apoyen incondicionalmente a un ex demócrata más inclinado al dinero, a los casinos y a las mujeres que a la oración y a la iglesia. Eso explica por qué si Trump dice algún disparate sin pruebas y sin sustento en dato alguno no tiene la menor importancia para sus seguidores.

 

  1. ¿Qué se viene para Estados Unidos en términos políticos?  

JM: Aunque ahora están empatados en las encuestas, lo más probable es que gane Hillary Clinton. Antes de que Obama ganara las primeras elecciones en 2008 decíamos que no sólo iba a ganar esa sino que iba a ser reelegido en 2012. Ahora parece claro que Hilary Clinton ganará estas elecciones y perderá la próxima.

Pero la mayor novedad estará en la crisis existencial del Partido republicano. Lo mejor que le puede pasar a los conservadores republicanos (que son los responsables de haber creado este circo anti intelectual) preferirán que gane Hillary Clinton. Un triunfo de Trump será el fin del Partido Republicano como lo conocemos, el triunfo de la ideología de los negocios como paradigma de la vida humana. Los fanáticos religiosos se tendrían que mudar a otro partido, tal vez un tercer partido o rebelarse contra su propio partido republicano. Un triunfo de Trump complicaría esta “Reconquista ideológica”. Trump es tan racista como el que más en la extrema derecha, pero su falta de fanatismo religioso lo hace irreconocible para la extrema derecha.

Un triunfo de Hillary Clinton sería lo mejor que le pueda pasar a la extrema derecha republicana, una especie de continuidad de la política estadounidense en los últimas décadas y la posibilidad de echarle la culpa de todos los males al partido enemigo. Eso los ayudaría mucho para volver a ganar las elecciones parlamentarias del 2018 y la presidencia después.

Es decir, la mejor opción de la extrema derecha republicana es perder las elecciones de este año pero retener la mayoría parlamentaria. Con la cámara de senadores y la de representantes dominadas por los republicanos, el juego de obstrucción a cualquier propuesta del gobierno continuará por otros cuatro años.  Por ejemplo, desde la muerte del juez Scaglia la Corte suprema ha quedado vacante y los republicanos se niegan a considerar cualquier propuesta de Obama por considerarla demasiado liberal (de izquierda). Si pierden la presidencia pero retienen el senado, podrían decidir a cuál nuevo juez confirman o rechazan. Lo mismo con otras leyes, como el Obamacare, etc.

  1. ¿Sigue siendo Estados Unidos un país de leyes?

JM: Siempre se habla de la cultura de la corrupción en América Latina y es algo real. Pero muchas veces el contraejemplo son los Estados Unidos. Tradicionalmente la clase media no ha sido tan corrupta, pero existe mucha corrupción, no tanto entre los administradores públicos sino en las empresas privadas. Las mayores debacles económicas y sociales fueron provocadas por grandes desfalcos y manipulaciones de compañías como Enron o diferentes bancos. No son monedas; son billones de dólares. Recientemente en el banco Wells Fargo se descubrió que sus empleados les creaban cuentas falsas a sus clientes. En total inventaron casi dos millones de cuentas fantasmas para cobrar comisiones ¿Qué más grave que eso? Pero pronto se echará al olvido y aparte de alguna multa millonaria pocos o ninguno ira a la cárcel.

Esa es una “corrupción ilegal”, Hay otro tipo de corrupción que podríamos llamar “corrupción legal”, casi tan grave como inventar una guerra como la de Irak por la que un millón de personas pagaron con su vida y sus responsables están disfrutando de la caza o de la pintura en Texas, en Londres y en Madrid. En la corrupción legal, la misma ley ha sido previamente acomodada para servir los intereses de los lobbies más poderosos, lo cual no es una opinión sino que ha sido probado cuantitativamente en varias investigaciones. ¿Para qué violar la ley si precisamente lo que el interés sectario necesita es que se haga efectiva, para su beneficio y en perjuicio del resto de la población? Esto no se llama corrupción ni provoca la caída de ningún presidente sino lo contrario: se aplaude con una candidez que emociona hasta las lágrimas. 

 

 

Lettre ouverte à Donald Trump

Spanish, English

Par Jorge Majfud

Traduit par Hortense Djomeda

Monsieur Trump:

Quand vous avez présenté votre candidature pour le Parti Républicain au milieu de l’année passée, avec l’intuition propre à un entrepreneur prospère, vous saviez déjà quel produit vendre. Vous avec eu le grand mérite de transformer la politique (qui depuis la génération fondatrice n’ a pas connu beaucoup d’intellectuels) en une parfaite campagne de marketing commercial dont le slogan principal n’a pas été non plus très sophistiqué. Les mexicains qui arrivent sont des violeurs, des criminels, des envahisseurs.

Rien de neuf et rien de plus loin de la réalité. Vous vous rendrez compte que, dans les prisons de ce pays, les migrants, légaux ou illégaux, sont minoritaires, repésentants un quart des détenus par rapport à la population carcérale américaine. Au cas où vous ne le comprenez pas, selon les statistiques, les épaules mouillées ont quatre ou cinq fois moins de possiblité de comettre un crime que vos charmants enfants, monsieur Trump. Là où l’immigration prédomine, les préjugés et le racisme augmentent et la criminalité chute.

Voyez vous, monsieur Donald, bien avant que vos grands-parents n’arrivent d’Allemagne et ne réussissent dans le business de l’hôtellerie et des maisons closes à New York, bien avant que votre mère n’arrive d’Ecosse, les mexicains  avaient déjà leurs familles ici et avaient déjà baptisé les Etats de l’Ouest, les rivières, les vallées, les montagnes et les villes. L’architecture californienne et le cowboy texan, symboles de l’américain authentique ne sont rien d’autre que le résultat de l’hybridité, comme partout, entre la nouvelle culture anglosaxonne et la culture mexicaine si longtemps établie. Vous imaginez vous l’un des pères fondateurs se retrouvant nez à nez avec un cowboy sur son chemin?

Quand votre mère est arrivée dans ce pays dans les années 30, un demi-million de mexicains-américains furent expulsés. Ils étaient majoritairement des citoyens américains mais la malchance fit que la frustration nationale due à la Grande Dépression, qu’ils n’avaient pas inventée, trouva qu’ils avaient des têtes d’étrangers.

L’assimilation c’est de la violence. Dans beaucoup de sociétés c’est une exigence ; toutes les sociétés où le fascisme survit d’une façon ou d’une autre.

Ces gens ont des têtes d’étrangers et de violeurs (et vous n’êtes pas le premier à le savoir) depuis que les Etats-Unis prirent possession (disons-le ainsi pour n’offenser personne) de la moitié du territoire mexicain au milieu du 19ème siècle. Et, comme ces gens qui y vivaient déjà ne cessaient de parler une langue barbare comme l’espagnol et refusaient de changer leur couleur de peau, ils furent poursuivis, expulsés ou assassinés tout simplement, accusés d’être des bandits, des violeurs et des étrangers envahisseurs. Le vrai Zorro était brun et ne luttait pas contre le despotisme mexicain (contrairement à ce que Johnston McCulley a écrit pour pouvoir vendre son histoire à Hollywood), mais plutôt contre les anglosaxons envahisseurs qui avaient pris leurs terres. Il était brun et rebelle comme Jésus, bien que dans les peintures sacrées vous voyez le Nazaréen toujours blond, les yeux bleus et plutôt soumis. Le pouvoir hégémonique de l’ époque qui l’a crucifié avait des raisons politiques évidentes pour le faire. Et il a continué à le  crucifier quand, trois siècles plus tard, les chrétiens cessèrent d’être des migrants illégaux poursuivis qui se cachaient dans les catacombes et se transformèrent en persécuteurs officiels du pouvoir en place.

Heureusement, les migrants européens comme votre père et votre épouse actuelle, n’avaient pas des têtes d’étrangers. Bien sûr que si votre mère était arrivée quarante ans plus tôt, peut-être qu’on l’aurait confondue avec des irlandais. Ces derniers avaient l’air d’envahisseurs. En plus ils étaient catholiques, avaient les cheveux comme les vôtres, cuivrés ou jaunâtres, quelque chose qui ne plaisait pas aux blancs assimilés, c’est-à-dire des blancs qui avaient été une fois discriminés à cause de leur accent polonais, russe ou italien. Mais, heureusement, les migrants apprennent vite.

Bien sûr que c’est ce que vous ainsi que d’autres exigez : les migrants doivent s’assimiler à « cette culture ». Quelle culture? Dans une société réellement ouverte et démocratique, nul ne devrait oublier qui il est pour être accepté, raison pour laquelle, à mon avis, la vertu devrait être l’intégration et non l’assimilation. L’assimilation c’est de la violence. Dans beaucoup de sociétés c’est une exigence; toutes les sociétés où le fascisme survit d’une façon ou d’une autre.

Monsieur Trump, la créativité des hommes et femmes de ce pays est admirable, bien qu’on exagère son importance tout en oubliant ses aspects négatifs.

Ce ne furent pas les hommes d’affaires qui en Amérique Latine promurent la démocratie, bien au contraire. Beaucoup d’entreprises americaines prospères ont promu des coups d’Etat sanglants et ont soutenu une longue liste de dictatures.

Ce furent des hommes d’affaires qui, comme Henry Ford, firent des contributions intéressantes à l’industrie, mais on oublie que, comme beaucoup d’autres hommes d’affaires, Ford fut un antisémite qui collabora avec Hitler. Alors même que l’on refusait l’asile aux juifs persécutés en Allemagne, de la même façon qu’aujourd’hui on le refuse aux musulmans pour la même raison, ALCOA et Texaco collaboraient avec les régimes fascistes de l’époque.

Ce ne furent pas les hommes d’affaires qui ont développé les nouvelles technologies et les sciences, mais plutôt les inventeurs amateurs ou des professionnels salariés qui, depuis la fondation de ce pays jusqu’à l’invention d’Internet, en passant par Einstein et l’arrivée de l’homme sur la Lune. Sans parler des bases de la science, fondées par ces arabes horribles et primitifs il y a des siècles, depuis les chiffres que nous utilisons jusqu’à l’algèbre, les algorytmes, ainsi que beaucoup d’autres sciences et philosophies qui de nos jours font partie de l’Occident, en passant par les européens depuis le 17ème siècle. Bien sûr que parmi eux il n’y a aucun homme d’affaires.

Ce ne furent pas des hommes d’affaires qui ont obtenu, par leur action de résistance et de lutte populaire, presque tous les progrès en droits civils que ce pays connait aujourd’hui, alors qu’à leur époque ils étaient diabolisés, considérés comme des agitateurs dangereux et antiméricains.

Monsieur Trump, je sais que vous ne le savez pas, raison pour laquelle je vous le dit: un pays n’est pas une entreprise. En tant qu’entrepreneur, vous pouvez embaucher ou licencier autant d’employés que vous voulez pour la simple raison qu’avant il y a eu un Etat qui a donné une éducation à ces personnes et qu’il y aura un Etat qui les prendra en charge quand ils seront licenciés, avec des aides sociales ou avec la police, dans le pire des cas. Un homme d’affaires n’est obligé de résoudre aucun de ces aspects externes, il ne s’ocupe que de son propre succès, qu’il confond après aux mérites de toute une nation et les vend de cette manière là, parce que c’est ce qu’un homme d’affaires sait faire le mieux : vendre. N’importe quoi.

Monsieur Trump, la démocratie a son Talon d’Achille. Contrairement à ce que l’on pense normalement dans toute société fasciste, ce ne sont pas les critiques mais plutôt les démagogues qui se gonflent de nationalisme pour abuser du pouvoir de leurs propres nations. 

Vous vous vantez toujours d’être immensément riche. Je vous admire pour votre courage. Mais si nous prenons en considération ce que vous avez fait avec ce que vous avez reçu de vos parents et de vos grands-parents, on peut dire que presque n’importe quel homme d’affaires, n’importe quel travailleur de ce pays qui a demarré avec presque rien, et dans beaucoup de cas avec d’énormes dettes, dues au finacement de ses études, a plus de succès que vous.

Le turc Hamdi Ulukaya était un migrant pauvre quand il créa il y a quelques années la marque de yaourts Chobani, dont la valeur aujourd’hui est estimée à deux milliards de dollars. Sans aucun doute, quelque chose de très probable dans un pays comme celui-ci. Mais, cet homme d’affaires créatif, a eu la décence de reconnaitre que tout le mérite ne lui revient pas, que cela n’aurait pas été possible sans un pays ouvert ni sans ses employés. Il y a de cela quelques jours, il a fait don de dix pour cent de ses actions à ses employés.

Au Mexique, il y a des exemples similaires au vôtre. Même meilleurs. Le plus connu est Carlos Slim, un fils de Libanais qui, profitant des crisis économiques d’alors, comme n’importe quel homme qui a de l’argent, s’est fait une fortune qui aujourd’hui est dix fois supérieure à la vôtre, monsieur Trump.

Monsieur Trump, la démocratie a son Talon d’Achille. Contrairement à ce que l’on pense normalement dans toute société fasciste, ce ne sont pas les critiques mais plutôt les démagogues qui se gonflent de nationalisme pour abuser du pouvoir de leurs propres nations. 

Athènes, considérée comme la première démocratie au monde, s’enorgueillissait de recevoir des étrangers; ce ne fut pas sa faiblesse, ni politique, ni morale. Il y avait des esclaves à Athènes, comme il y en eu dans votre pays pendant deux siècles et d’une certaine manière il y en a encore: les travailleurs sans-papiers. Athènes avait ses démagogues: Anytos par exemple, était un homme d’affaires prospère qui a convaincu de façon très démocratique le reste de la société pour qu’elle condamne à mort la tête pensante de l’époque, Socrate car il posait trop de questions, il croyait très peu aux dieux d’Athènes, car il corrompait la jeunesse avec des questionnements.

Bien sûr qu’aujourd’hui presque personne ne se souvient d’Anytos et il en sera de même pour vous sauf si vous doublez la mise et vous devenez une des figures qui, en Europe, passèrent dans l’histoire du 19ème siècle à cause de leur nationalisme exacerbé et leur haine envers tout ce semblait étranger même sans l’être. Vous trouverez toujours des partisans car cela aussi fait partie du jeu démocratique et, pour l’instant nous n’en avons pas d’autre système  meilleur.

 

An Open Letter to Donald Trump

Not rapists: just abused*

EnglishFrench

An Open Letter to Donald Trump

 

Mr. President Trump:

Throughout the centuries, long before your mother arrived from Scotland, long before your grandparents arrived from Germany and had a lot of success in the hotel and brothel business in New York, the Mexicans had their families here and they had already named all of the Western states, rivers, valleys, mountains, and cities. The Californian architecture and the Texan cowboy, symbols of the “authentic American” are nothing more than the result of the hybridity—like everything else—of the new Anglo-Saxon culture with the long since established Mexican one. Can you imagine one of the founding fathers coming face-to-face with a cowboy?

When your mother arrived to this country in the 1930s, half a million Mexicans were deported. The majority of them were American citizens but they were very unlucky when the frustration nationwide, because of the Great Depression, got them speaking Chicano. They were blamed for the Depression since their faces looked as foreign as they could be.

Your idea that the Mexicans that come here are rapists, criminals, and invaders it’s nothing new and it couldn’t be farther from the truth. In this country’s prisons, you will find that immigrants—both legal and illegal—are underrepresented. Immigrants in American prisons make up only one-fourth of what would be the total percentage of the immigrant population in the United States.  In case you still don’t understand: the statistics say that “wetbacks” are four or five times less likely to commit a crime than your own beautiful children are, Mr. Trump. Where immigration dominates, the crime rate drops and prejudice and racism increase.

These people were seen as foreigners and rapists (you aren’t the first person to know this) since the United States took possession (it’s best to say it this way so we don’t offend anyone) of half the Mexican territory in the middle of the 19th century. And as those people that were already there didn’t stop speaking such an uncivilized language such as Spanish and refused to change their skin color, were persecuted, deported or simply murdered, accused of being bandits, rapists, and foreign invaders. The real Zorro was dark skinned and didn’t fight against any Mexican despotism (as Johnston McCully depicted the story in order to be able to sell it to Hollywood) but instead he fought against the Anglo-Saxon invaders who took his land. Dark skinned and rebellious like Jesus, even though you see this Nazarene man always depicted as blonde haired with blue eyes and rather docile in the holy paintings. The hegemonic powers of that age that crucified him had obvious political reasons for doing so. And they continued crucifying him three centuries later when the Christians stopped being illegal immigrants and were persecuted so much that they hid in the catacombs. Eventually, they became the official persecutors when they took power.

Fortunately, Mr. Donald, the European immigrants, like your parents and wife, didn’t look like foreigners. Of course, if your mother had arrived forty years before, then maybe she would have been confused with an Irishwoman. Those people certainly did look like invaders. Besides being Catholics, they had hair just like yours, red and curly, something that offended the local white people, and by white people I mean those that, at one time, had been discriminated against by their Polish, Russian or Italian accents. But fortunately, immigrants learn quickly. As González Prada wrote more than a century ago, when an individual rises above the level of his social group he usually becomes its worst enemy.

This is what you and many other people demand, of course: that the immigrants should assimilate to this culture, instead of just integrate into it. But, which culture is that exactly?

In a truly open and democratic society, no one ought to forget who is to be accepted or, as I understand it, the virtuous thing to do must involve integration and not assimilation. Assimilation is violence. In many societies, it’s a requirement, especially in all of the societies where fascism survives in one way or another. 

Mr. President, the creativity that you see among the businessmen and women in this country is admirable even though its importance is exaggerated and many negative aspects are forgotten: It wasn’t businessmen who promoted democracy in Latin American but rather, they did just the opposite. Various successful American businesses promoted bloody Coups d’état and supported a long list of bloody dictators.

It was businessmen like Henry Ford, who made interesting contributions to the industry, but it’s often forgotten that, like many other businessmen, Ford was an Anti-Semitist who collaborated with Hitler. While the US denied refuge to persecuted Jews in Germany—as they now deny it to Muslims today for almost the same reasons—Alcoa and Texaco worked together with the fascist regimes of that time period.

It wasn’t businessmen who developed new technology and science but amateur inventors or salaried professors instead; from the foundation of this country to the invention of the Internet, continuing with Einstein and finally, the arrival of the first man on the moon. Not to mention, the basis of the sciences—which were shaped by those horrible and uncivilized Arabs centuries before—from the numbers that we use to Algebra to algorithms and many other sciences and philosophies that are part of Western civilization today, continuing with the Europeans in the 17th century. None of these men were businessmen, of course.

It wasn’t businessmen who achieved, through resistance and popular activism, almost all the progress with the civil rights that are now known today in this country, when at the time they were demonized as dangerous revolutionists and anti-Americans.

Mr. President Trump, I know you have been all your life too busy making money, so you don’t know this simple evidence: a country is not a business, it’s not a company. As an employer, you can hire and fire as many employees as you wish, for the simple reason that there was a State that gave an education to those people before and there will be a State later on that will be responsible for them when they are fired, with social welfare services —or with the police, as a worst case scenario.

An employer doesn’t know how to resolve any of these externalities. He’s only concerned about his own success that he will later confuse it with the success of the whole country and sell it in that same way because that is what a businessman does best: selling. Call it what you want.

You always boast about being immensely rich. I admire you for your bravery. But, if we consider what you have done starting with what you received from your parents and grandparents—money aside—it could be said that almost any businessman, any worker in this country that has started from nothing—and in many cases incurring enormous amounts of debt from his educational costs—is much more successful than you.

The Turk Hamdi Ulukaya was a poor immigrant when he founded the yogurt company Chobani a few years ago, which is now valued at two billion dollars. That type of story is very common in a country as great as this one, without a doubt. But this creative businessman had the decency to recognize that he didn’t do all of this by himself. That it would have been impossible without his employees and having been in as free of a country as this one. And actually, recently, he donated 10 percent of the company’s stocks to his employees.

In Mexico, there are similar examples to yours. But better ones. The most well-known example is Carlos Slim, the son of Lebanese immigrants, who took advantage of the economic crisis at the time—as any man with money would—now has eleven times your fortune.

Mr. President Trump, democracy has its own Achilles tendons. It’s not the critics, as any fascist society normally considers them—it’s the demagogues. The ones that beat their nationalistic breast in order to abuse the power of their own nations.

Twenty-five centuries ago, the first democratic example, Athens, took pride in welcoming foreigners; this wasn’t her weakness—nor political or moral. Athens had slaves just like your country had for a couple of democratic centuries, and in a way it continued this disgrace with undocumented workers. Athens had its demagogues too: for example, Anytus, a successful businessman who convinced the rest of society, very democratically, so that they would put the thinking mind of their age to death. Socrates’ downfall was questioning everything too much, for believing too little in the gods of Athens and for ruining its youth with doubts.

Of course, almost no one remembers Anytus today and the same thing will happen to you. At least you can double your bet and turn into one of the figures just like we’ve seen in European history of the 20th century with your exacerbated nationalism and your hatred for those people who looked like foreigners without even being so. You will always find followers—because that is also part of the political game—and right now, we don’t have a better system.

 

Jorge Majfud

http://www.huffingtonpost.com/entry/57dc39fee4b0d5920b5b2aac?timestamp=1474051083758

 

 

 

 

Cuando los de abajo se odian

La lógica del racismo

El dinero de un blanco vale lo mismo que el dinero de un negro, el de un traficante de drogas vale lo mismo que el de una viuda que se prostituye para criar a sus hijos. Sólo esa lógica podría probar que el capital es amoral y no se le podría atribuir la promoción de, por ejemplo, el racismo. ¿Por qué, entonces, las sociedades capitalistas más avanzadas han sido, a lo largo de los siglos, brutalmente racistas?

Desde mucho antes de la fundación de Estados Unidos, los colonos ingleses en América del Norte administraban las relaciones sexuales entre los negros esclavos. Por lo general, no les convenía una esclava embarazada como hoy no le conviene a las empresas la misma ocurrencia entre sus empleadas mujeres. Cuandolos esclavos tenían hijos, con frecuencia eran separados de sus familias. Las emociones humanas nunca fueron productivas hasta la Era de la propaganda y el consumo en el siglo XX.

Para la gente de bien de la época (los propietarios, gente con responsabilidades, las únicas que luego podrán votar y ser elegidas) la promiscuidad de la gente bruta era un pecado inaceptable: los nativos americanos no estaban obsesionados con la virginidad femenina y el sexo no sólo era un acontecimiento frecuente entre losnegros sino también entre los negros y los blancos pobres, entre los blancos y los negros y los indígenas que recibían a los fugados del otro lado de los Apalaches. Entre los pobres de la época y entre parte de la clase media, el racismo no era un principio fundamental ni era todavía una recomendación patriótica de Dios.

Para solucionar el problema se establecieron leyes prohibiendo el matrimonio y hasta el ocasional contacto interracial entre los pobres. Pero como las leyes nunca son suficientes, se implementaron políticas que terminaron por reforzar una cultura que, con el tiempo, se convirtió en parte de “la naturaleza humana”.

A principios del siglo XVIII, los gobernantes de las colonias promovieron el odio entre los colores (las diferencias más superficiales pero más visibles) para evitar que el descontento del abuso de clases uniera a blancos pobres, negros esclavos e indios despojados en una revuelta mayor a las que se habían producido con anterioridad, exitosamente abortadas por la fuerza de las armas. En 1758, el gobernador de Carolina del Sur, James Glen, reconoció (o más bien se vanaglorió) que siempre había sido una de sus políticas “crear en los indios una fuerte aversión hacia los negros” («It has always been the policy of this government to create an aversion in them [Indians] to Negroes«). Una de esas formas fue enviando milicias de esclavos para combatir a los indios. Algunos negros desertaron y se refugiaron en entre los indios, se casaron y tuvieron hijos. Pero los astutos gobernantes encontraron la forma de amenazar o corromper a algunos indios ofreciéndoles beneficios a cambio de la entrega de los fugados. Como en América latina, la corrupción fue por siglos una expresión del poder desequilibrado: los poderosos se corrompían por ambición y los despojados se corrompían por necesidad. Esa dinámica persiste hoy atrapada en la simplificación estratégica del lenguaje que pone, en una eterna relación de simbiosis a abusadores y a abusados bajo una misma etiqueta: corruptos.

El sexo entre una blanca y un negro era un pecado mayor (por la misma razón y dinámica entre lo deseado y lo prohibido, entre el poder que domina y se rompe simbólicamente para renovarse, actualmente es un negocio de la pornografía). Cuando un blanco tenía un hijo con una negra, el castigo consistía en enviar al vástago híbrido con el resto de los negros, de forma que la pureza blanca siempre se mantuvo en grados deseables, razón por la cual actualmente cualquier estudio genético revela que los negros estadounidenses tienen una gran proporción de genes europeos, en algunos casos un treinta o cuarenta por ciento, mientras que losblancos prácticamente no muestran trazas de genes africanos. Menos comunes fueron casos como el de loshijos que Thomas Jefferson tuvo con su joven esclava, una mulata de nombre Sally (“tres cuartas partes europea”, hija de otra escava con John Wayles, el suegro de Jefferson), que recibieron la libertad siendo cada uno “siete de ocho partes blancos”. Conceptos similares de fracciones humanas habían sido recogidos por la constitución, cuando se reconoció que un negro valía tres quintos de un blanco en términos electorales; aunque, obviamente, no votaban, más esclavos conferían más poder democrático a sus amos por la lógica de la propiedad privada.

Un siglo antes de que Estados Unidos lograra la independencia, en muchas colonias los indios y losnegros superaban en número a los blancos, por lo cual los gobernantes debieron aprobar leyes para controlar esta peligrosa desproporción. Inglaterra no sólo enviaba sus reos a Australia sino a América también, los cuales en muchos casos participaron en revueltas junto con los negros y con la misma frecuencia fueron indultados por el color de su piel. Algunos se convirtieron en supervisores de esclavos, cuando se les exigió a las plantaciones tener al menos un blanco por cada seis trabajadores negros para evitar más desórdenes que amenazaran la paz y el progreso de aquella sociedad tan próspera.  

En las colonias del sur, los blancos representaban un quinto de la población y entre ellos la mayoría eran pobres o esclavos que la pobreza en Europa había obligado a venderse por cinco o nueve años, aunque la mayoría no alcanzaban a pagar por su libertad porque morían enfermos o se suicidaban antes. El actual presidente de Estados Unidos, Barack Hussein Obama es descendientes de esclavos, no por su padre negro (que conoció a la madre de Obama cuando en Estados Unidos la unión interracial era ilegal en la mayoría de losestados y se consideraba cosa de comunistas), sino por parte de su madre blanca. Obama es considerado el primer presidente negro de este país, consecuente con una historia de siglos, a pesar que a juzgar por sus familias es tan blanco como negro.

Si miramos a nuestro alrededor nos daremos cuenta que estamos hechos de siglos de historia, nos guste o no, lo sepamos o no. Pero siempre es mejor saberlo. Como es tradición, desde las guerras religiosas de la Edad Media hasta las guerras del último siglo, los pueblos viven las pasiones y otros muchos menos viven losbeneficios. Como en el fútbol, pero menos divertido y mucho más trágico.

El dinero es una abstracción sin moral, pero deja de ser neutral apenas representa al poder de turno. El odio tiene sus beneficios económicos, porque es un instrumento infalible de una de las necesidades básicas del poder: la división de otro, la fragmentación. El poder sabe que en una democracia decente será dividido y dividido, razón por la cual, para evitar su propia división, se encarga a su vez de dividir, de deshumanizar.

Cuando los problemas provocados por las brutales desigualdades sociales (hoy en Estados Unidos 0,2 por ciento de la población posee lo mismo que el 90 por ciento) se llevan a todos sus extremos, nada mejor como ocultarlas y fortalecerlas recurriendo al racismo, una vieja y siempre latente tradición. Cuando los de debajo se pelean por un pedazo de pan, los de arriba festejan con caviar y se prearan para sus caritativas donaciones.

Cada tanto esta lógica se expresa en todas sus formas en personajes caricaturescos como Donald Trump.

2016

Cuando los de abajo se odian: La lógica del racismo

Perros sí, negros no

Carta abierta a Donald Trump

English, French

Señor Trump:

Cuando usted lanzó su candidatura presidencial por el partido republicano a mediados del año pasado, con la intuición propia un empresario exitoso, ya sabía qué producto vender. Usted ha tenido el enorme mérito de convertir la política (que después de la generación fundadora nunca abundó en intelectuales) en una perfecta campaña de marketing comercial donde su eslogan principal tampoco ha sido muy sofisticado: Los mexicanos que llegan son violadores, criminales, invasores.

Nada nuevo, nada más lejos de la realidad. En las cárceles de este país usted encontrará que los inmigrantes, legales o ilegales, están subrepresentados con un cuarto de los convictos que les corresponderían en proporción a la población estadounidense. Por si no lo entiende: las estadísticas dicen que “los espaldas mojadas” tienen cuatro o cinco veces menos posibilidades de cometer un delito que sus encantadores hijos, señor Trump. Allí donde la inmigración es dominante el prejuicio y el racismo se incrementa y la criminalidad se desploma.

Verá usted, don Donald, que por siglos, mucho antes que sus abuelos llegaran de Alemania y tuviesen un gran éxito en el negocio de los hoteles y los prostíbulos en Nueva York, mucho antes que su madre llegara de Escocia, los mexicanos tenían aquí sus familias y ya habían dado nombre a todos los estados del Oeste, ríos, valles, montañas y ciudades. La arquitectura californiana y el cowboy texano, símbolo del “auténtico americano” no son otra cosa que el resultado de la hibridez, como todo, de la nueva cultura anglosajona con la largamente establecida cultura mexicana. ¿Se imagina usted a uno de los padres fundadores encontrándose un cowboy en el camino?

Cuando su madre llegó a este país en los años 30, medio millón de mexicoamericanos fueron expulsados, la mayoría de ellos eran ciudadanos estadounidenses pero habían tenido la mala suerte de que la frustración nacional por la Gran Depresión, que ellos no inventaron, los encontrase con caras de extranjeros.

Esa gente había tenido cara de extranjeros y de violadores (usted no fue el primero que lo supo) desde que Estados Unidos tomó posesión (digámoslo así, para no ofender a nadie) de la mitad del territorio mexicano a mediados del siglo XIX. Y como esa gente, que ya estaba ahí, no dejaba de hablar un idioma bárbaro como el español y se negaba a cambiar de color de piel, fueron perseguidos, expulsados o simplemente asesinados, acusados de ser bandidos, violadores y extranjeros invasores. El verdadero Zorro era moreno y no luchaba contra el despotismo mexicano (como lo puso Johnston McCulley para poder vender la historia a Hollywood) sino contra los anglosajones invasores que tomaron sus tierras. Moreno y rebelde como Jesús, aunque en las sagradas pinturas usted vea al Nazareno siempre rubio, de ojos celestes y más bien sumiso. El poder hegemónico de la época que lo crucificó tenía obvias razones políticas para hacerlo. Y lo siguió crucificando cuando tres siglos más tarde los cristianos dejaron de ser inmigrantes ilegales, perseguidos que se escondían en las catacumbas, y se convirtieron en perseguidores oficiales del poder de turno.

Afortunadamente, los inmigrantes europeos, como sus padres y su actual esposa, no venían con caras de extranjeros. Claro que si su madre hubiese llegado cuarenta años antes tal vez hubiese sido confundida con irlandeses. Esos sí tenían cara de invasores. Además de católicos, tenían el pelo como el suyo, cobrizo o anaranjado, algo que disgustaba a los blancos asimilados, es decir, blancos que alguna vez habían sido discriminados por su acento polaco, ruso o italiano. Pero afortunadamente los inmigrantes aprenden rápido.

Claro que eso es lo que usted y otros exigen: los inmigrantes deben asimilarse a “esta cultura”. ¿Cuál cultura? En un una sociedad verdaderamente abierta y democrática, nadie debería olvidar quién es para ser aceptado, por lo cual, entiendo, la virtud debería ser la integración, no la asimilación. Asimilación es violencia. En muchas sociedades es un requisito, todas sociedades donde el fascismo sobrevive de una forma u otra.

Señor Trump, la creatividad de los hombres y mujeres de negocios de este país es admirable, aunque se exagera su importancia y se olvidan sus aspectos negativos:

No fueron hombres de negocios quienes en América Latina promovieron la democracia sino lo contrario. Varias exitosas empresas estadounidenses promovieron sangrientos golpes de Estado y apoyaron una larga lista de dictaduras.

Fueron hombres de negocios quienes, como Henry Ford, hicieron interesantes aportes a la industria, pero se olvida que, como muchos otros hombres de negocio, Ford fue un antisemita que colaboró con Hitler. Mientras se negaba refugio a los judíos perseguidos en Alemania, como hoy se los niegan a los musulmanes casi por las mismas razones, ALCOA y Texaco colaboraban con los regímenes fascistas de la época.

No fueron hombres de negocios los que desarrollaron las nuevas tecnologías y las ciencias sino inventores amateurs o profesores asalariados, desde la fundación de este país hasta la invención de Internet, pasando por Einstein y la llegada del hombre a la Luna. Por no hablar de la base de las ciencias, fundadas por esos horribles y primitivos árabes siglos atrás, desde los números que usamos hasta el álgebra, los algoritmos, y muchas otros ciencias y filosofías que hoy forman parte de Occidente, pasando por los europeos desde el siglo XVII, ninguno de ellos hombres de negocios, claro.

No fueron hombres de negocios los que lograron, por su acción de resistencia y lucha popular, casi todo el progreso en derechos civiles que conoce hoy este país, cuando en su época eran demonizados como peligrosos revoltosos y antiamericanos.

Señor Trump, yo sé que usted no lo sabe, por eso se lo digo: un país no es una empresa. Como empresario usted puede emplear o despedir a cuantos trabajadores quiera, por la simple razón de que hubo un Estado antes que dio educación a esas personas y habrá un Estado después que se haga cargo de ellos cuando sean despedidos, con ayudas sociales o con la policía, en el peor de los casos. Un empresario no tiene por qué resolver ninguna de esas externalidades, sólo se ocupa de su propio éxito que luego confunde con los méritos de toda una nación y los vende de esa forma, porque eso es lo que mejor sabe hacer un empresario: vender. Sea lo que sea.

Usted siempre se ufana de ser inmensamente rico. Lo admiro por su coraje. Pero si consideramos lo que usted ha hecho a parir de lo que recibió de sus padres y abuelos, aparte de dinero, se podría decir que casi cualquier hombre de negocios, cualquier trabajador de este país que ha comenzado con casi nada, y en muchos casos con enromes deudas producto de su educación, es mucho más exitoso que usted.

El turco Hamdi Ulukaya era in inmigrante pobre cuando hace pocos años fundó la compañía de yogures Chobani, valuada hoy en dos billones de dólares. Algo más probable en un gran país como este, sin dudas. Pero este creativo hombre de negocios tuvo la decencia de reconocer que él no lo hizo todo, que hubiese sido imposible sin un país abierto y sin sus trabajadores. No hace muchos días atrás donó el diez por ciento de las acciones de su empresa a sus empleados.

En México hay ejemplos similares al suyo. Pero mejores. El más conocido es el hijo de libaneses Carlos Slim que, tomando ventaja de las crisis económicas de su momento, como cualquier hombre con dinero, hoy tiene once veces su fortuna, señor Trump.

Señor Trump, la democracia tiene sus talones de Aquiles. No son los críticos, como normalmente se considera en toda sociedad fascista; son los demagogos, los que se hinchan el pecho de nacionalismo para abusar del poder de sus propias naciones.

La llamada primera democracia, Atenas, se enorgullecía de recibir a extranjeros; ésta no fue su debilidad, ni política ni moral. Atenas tenía esclavos, como la tuvo su país por un par de siglos y de alguna forma la sigue teniendo con los trabajadores indocumentados. Atenas tenía sus demagogos: Ánito, por ejemplo, un exitoso hombre de negocios que convenció muy democráticamente al resto de su sociedad para que condenaran a muerte a la mente pensante de su época, Sócrates, por cuestionar demasiado, por creer demasiado poco en los dioses de Atenas, por corromper a la juventud con cuestionamientos.

Por supuesto que casi nadie recuerda hoy a Ánito y lo mismo pasará con usted, al menos que redoble su apuesta y se convierta en alguna de las figuras que en Europa pasaron a la historia en el siglo XX por su exacerbado nacionalismo y su odio a aquellos que parecían extranjeros sin siquiera serlo. Seguidores siempre va a encontrar, porque eso también es parte del juego democrático y, por el momento, no tenemos un sistema mejor.

Jorge Majfud, mayo 2016

http://www.huffingtonpost.es/jorge-majfud/carta-abierta-a-donald-tr_b_10218246.html

http://www.pagina12.com.ar/diario/contratapa/13-302445-2016-06-23.html

 

 

 

 

 

Donald Trump et le syndrome du petit pharaon

« La politique ne m’intéresse pas » m’a dit, il y a quelques mois, une étudiante. « Je voterai pour un président qui a été un homme d’affaires brillant. C’est ce dont a besoin l’Amérique [USA] pour recommencer à être grande ».

C’est une réponse à la mode aux États-Unis d’Amérique : le seul mot « redevenir » dissipe beaucoup de doutes idéologiques, mais peut-être ce qui nouveau, c’est la présence écrasante de l’idéologie des affaires à tel point qu’elle est parvenue à ce qu’on confonde un pays entier avec une entreprise. Ce n’est pas étonnant, puisque les citoyens d’hier, sont aujourd’hui des employés ou des consommateurs, ce qui revient à être la même chose que ce nous voyons dans un Wal Mart.

Le phénomène Donald Trump dans les enquêtes du parti républicain reproduit en politique la psychologie et la culture de l’un de ses business favoris : Miss USA et Miss Univers. Dans ces parades machistes à la frivolité féminine, les spectateurs consomment un idéal qu’ils ne peuvent pas atteindre : être jeunes, belles et connues en même temps. Il va sans dire qu’ils ne les élisent pas pour leur intelligence, en dehors de l’obscénité de soumettre ces pauvres femmes (à demi vêtues et en équilibre sur des talons aiguilles) à des questions auxquelles même un intellectuel ne répondrait pas élégamment dans les dix secondes imparties.

Les adeptes de Trump partagent quelque chose avec leur candidat, parce que l’empathie est la base de la politique de la consommation : le rudiment intellectuel, la glorification de l’Ego et sa revendication de l’arbitraire, la catharsis collective de l’insulte personnelle et de son refus corrélatif de l’excuse, révèle beaucoup de groupes sociaux, traditionnellement dominants, qui se sentent menacés par une diversité croissante ethnique, culturelle et probablement idéologique. Les dernières recherches montrent que le sécularisme et ceux qui ne s’identifient à aucune église grandissent dans un pays traditionnellement religieux, tandis que dans le reste de monde le processus est l’inverse.

Les adeptes de Trump partagent avec lui et avec le reste de population, la culture de l’individu aliéné qui se croit original en étant une copie. Mais il y a quelque chose, un détail que les adeptes de Trump n’ont pas en commun avec leur candidat : ils ne sont pas millionnaires. Encore moins multimillionnaires, comme Trump.

Si nous considérons que 66% du Sénat US est composé de millionnaires, que le 1% représente les 99% de la population et qu’on appelle cela encore démocratie, nous pourrons facilement voir une contradiction névrotique entre désir et réalité. Aussi comme à Hollywood, la politique vend le désir (d’appartenir un jour au 1%) pour soutenir une réalité opposée (99% ne pourront jamais faire partie de ce 1%).

La politique comme spectacle est un phénomène global, mais Trump a atteint le sommet. Deux choses peuvent arriver : que cet orgasme dure suffisamment pour qu’il batte Bernie Sanders (que la presse étiquette comme « populiste », comme si Hillary, Trump et toute l’industrie de la publicité n’étaient pas des exemples extrêmes du populisme), ou bien que nous sommes près du déclin accéléré de la réaction à une autre réalité imparable : le changement démographique.

Son recours dialectique consiste à dire que tout a empiré dans ce pays et que la solution consiste dans « je le ferai » sans donner la moindre piste de comment il pense le faire. Comme il ne peut pas expliquer comment il pense faire ce qu’il dit qu’il va faire, il fait appel à quelque chose que beaucoup d’Usaméricains font très bien : y croire. Pourquoi les gens doivent –ils croire qu’il saura comment faire ? Parce qu’il est riche. Si quelqu’un a de l’argent, alors c’ est un gagnant, et si c’ est un gagnant, c’est parce qu’il a raison. La même logique s’appliquait au Moyen Âge : quand l’un des concurrents faisait tomber l’autre chevalier lors d’une joute, la force de son bras démontrait qu’il avait raison, puisque Dieu n’allait pas être si injuste en donnant plus de force à celui qui était dans le faux. Avec la même logique, Rocky Marciano aurait démontré qu’Albert Einstein délirait. Pas seulement parce qu’il n’aurait pas résisté au premier coup de poing au visage mais parce que c’était un modeste professeur de Princeton.

L’idée qu’être riche prouve que l’on est dans le vrai, a été confirmée par la théologie calviniste, qui est basiquement celle sur qui s’assoit l’éthique d’une grande partie de la population de ce pays. Si Jésus a dit qu’il était plus probable qu’un chameau passe par le chas d’une aiguille qu’un riche atteigne le royaume des cieux, le protestantisme a démontré le contraire : si tu es riche, c’est parce que tu as été béni par Dieu et l’or ici sur la terre démontre que tu recevras tout l’or du ciel quand tu mourras.

Ce n’est pas étonnant, alors, qu’aujourd’hui presque tout le monde assume que le progrès scientifique, technologique et social dont nous jouissons, découle des riches et d’hommes d’affaires, quand toute liste d’hommes de sciences, inventeurs et des militants sociaux qui ont promu la liberté était interdite et barrée, jusqu’à il n’y a pas si longtemps, par les conservateurs au pouvoir, liste qui n’a rien de riche mais tout le contraire : la majorité a toujours travaillé dans des universités, dans des organismes étatiques comme la NASA ou sont salariés des compagnies privées. Presque tous appartiennent à la classe moyenne et presque aucun ne se consacre aux affaires, ni n’a de temps pour investir à la bourse, ni dans aucun des mégas business de messieurs comme Donald Trump.

Mais comme les narrations sociales proviennent de ceux qui arborent le pouvoir social, et celui-ci réside dans les capitaux financiers, il n’est pas étrange que les fourmis admirent tant le fourmilier et même qu’ils le choisissent, systématiquement, comme sénateur ou comme président.

Bien entendu le commerce a historiquement amélioré les sociétés avant même l’invention de l’écriture. Mais une chose est que les sociétés se servent du commerce, et une autre est que le commerce utilise les sociétés comme comodities. C’est à ce moment qu’il devient une idéologie dominante. On peut le voir dans l’éducation et dans les universités : déjà il ne reste presque aucun espace pour la formation générale de l’individu : ce qui importe est d’étudier une carrière qui apporte de l’argent. Cela s’appelle « retour » et se mesure méticuleusement dans un monde qui quantifie tout. On le voit aussi dans le déplacement des sciences humaines dans les écoles de commerce et dans la même tentative des sciences humaines de prouver qu’elles sont capables de se mettre à former des salariés et des entrepreneurs.

Cependant, Donald Trump a un grand mérite, si grand qu’il se protège lui même contre l’intelligence de son propre électorat. Un slogan qu’il se plaît à marteler : « Je suis riche, immensément riche ». Récemment, lors du premier débat républicain à Cleveland, il s’est vanté de la façon dont il utilise son argent : « J’ai dit à Hilary Clinton qu’elle vienne à mon mariage. Elle n’a pas eu le choix, puisque j’avais mis de l’argent dans sa fondation ».

Jorge Majfud pour El Correo de la diaspora latinoaméricaine

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la diaspora latinoamericaine par : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo de la diaspora latinoaméricaine Paris, 22 septembre 2015

Donald ​Trump y el síndrome del pequeño ​faraón

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“A mí no me interesa la política” me dijo una estudiante hace unos meses. “Votaré por un presidente que haya sido un exitoso hombre de negocios. Eso es lo que necesita América para volver a ser grande”.

Esta es una respuesta de moda en Estados Unidos: la sola palabra “volver” disipa muchas dudas ideológicas, pero tal vez lo nuevo sea la abrumadora presencia de la ideología de los negocios al punto que ha logrado que se confunda a un país entero con una empresa. No es raro, ya que los ciudadanos de ayer hoy son empleados o consumidores, que viene a ser lo mismo que vemos en un Wal Mart.

El fenómeno de Donald Trump en las encuestas del partido republicano reproduce en política la psicología y la cultura de uno de sus negocios favoritos: Miss USA y Miss Universo. En estos alardes machistas a la frivolidad femenina, los espectadores consumen un ideal que no pueden alcanzar: ser jóvenes, hermosas y famosas a un mismo tiempo. Está de más decir que no las eligen por su inteligencia, aparte de la obscenidad de someter a estas pobres mujeres (semidesnudas y haciendo equilibrio sobre tacones alineados) a preguntas que tal vez un intelectual no respondería elegantemente en los diez segundos disponibles.

Los seguidores de Trump comparten algo con su candidato, porque la empatía es la base de la política del consumo: el rudimento intelectual, la glorificación del Ego y su reivindicación de la arbitrariedad, la catarsis colectiva del insulto personal y su correlativa negativa a la disculpa, revela mucho de grupos sociales, tradicionalmente dominantes, que se sienten amenazados por una creciente diversidad étnica, cultural y probablemente ideológica. Las últimas investigaciones muestran que el secularismo y aquellos que no se identifican con ninguna iglesia han ido creciendo en un país tradicionalmente religioso mientras en el resto del mundo el proceso es el inverso.

Los seguidores de Trump comparten con él y con el resto de la población la cultura del individuo alienado que se cree original siendo copia. Pero hay algo, un detalle, que los seguidores de Trump no tienen en común con su candidato: no son millonarios. Menos billonarios, como Trump.

Si consideramos que el 66 por ciento del senado estadounidense está compuesto de millonarios, que el uno por ciento representa al 99 por ciento de la población y a ello todavía se llama democracia, fácilmente podremos ver una contradicción neurótica entre deseo y realidad. Al igual que Hollywood, la política vende deseo (el de pertenecer algún día al uno por ciento) para sostener una realidad opuesta (el 99 por ciento nunca podrá ser parte del ese uno por ciento).

La política como espectáculo es un fenómeno global, pero Trump ha alcanzado la cúspide. Pueden ocurrir dos cosas: que ese orgasmo dure lo suficiente como para que le gane a un Bernie Sanders (a quien la prensa etiqueta como “populista”, como si Hillary, Trump y toda la industria de la publicidad no fueran ejemplos extremos de populismo), o que estemos cerca del declive acelerado de la reacción a otra realidad imparable: el recambio demográfico.

Su recurso dialectico consiste en decir que todo ha empeorado en este país y que la solución consiste en “yo lo haré” sin dar la mínima pista de cómo piensa hacerlo. Como no puede explicar cómo piensa hacer lo que dice que va a hacer recure a algo que muchos estadounidenses hacen muy bien: creer. ¿Por qué debe la gente creer que él sabrá cómo hacerlo? Porque es rico. Si alguien tiene dinero, entonces es un ganador, y si es un ganador es porque tiene razón. La misma lógica se aplicaba en la Edad Media: cuando uno de los contrincantes derribaba al otro caballero en una lidia, la fuerza de su brazo demostraba que tenía razón, ya que Dios no iba a ser tan injusto como para darle más fuerza a quien estaba equivocado. Con esta misma lógica, Rocky Marciano hubiese demostrado que Albert Einstein deliraba. No solo porque no hubiera resistido el primer puñetazo en la cara sino porque era un modesto profesor de Princeton.

La idea de que ser rico prueba que uno está en lo cierto fue confirmada por la teología calvinista, que es básicamente sobre la que se asienta la ética de gran parte de la población de este país. Si Jesús dijo que era más probable que un camello pasase por el ojo de una aguja a que un rico alcanzara el reino de los cielos, el protestantismo demostró lo contrario: si eres rico, es porque has sido bendecido por Dios y el oro aquí en la tierra demuestra que recibirás todo el oro del cielo cuando te mueras.

No es raro, entonces, que casi todo el mundo hoy asuma que el progreso científico, tecnológico y social del que disfrutamos se debe a los ricos y a hombres de negocios, cuando cualquier lista de científicos, inventores y activistas sociales que promovieron libertades que hasta no hace mucho estaban vedadas y resistidas por los conservadores en el poder, no tiene nada de ricos sino todo lo contrario: la mayoría ha trabajado siempre en universidades, en organismos estatales como la NASA o son asalariados de compañías privadas. Casi todos pertenecen a la clase media y casi ninguno se dedica a los negocios ni tiene tiempo para invertirlo en la bolsa de valores ni en ninguno de los mega negocios de señores como Donald Trump.

Pero como las narrativas sociales proceden de quienes ostentan el poder social, y éste radica en los capitales financieros, no es extraño que las hormigas admiren tanto al oso hormiguero y hasta lo elijan, sistemáticamente, como senador o como presidente.

Por supuesto que el comercio ha mejorado históricamente a las sociedades desde antes de la invención de la escritura. Pero una cosa es que las sociedades se sirvan del comercio y otra es que el comercio use a las sociedades como comodities. Es en este momento cuando se convierte en una ideología dominante. Se lo puede ver en la educación y en las universidades: ya casi no queda espacio para la formación integral del individuo: lo que importa es estudiar una carrera que deje dinero. Esto se llama “retorno” y se mide meticulosamente en un mundo que lo cuantifica todo. Se ve también en el desplazamiento de las humanidades por las facultades de negocios y en el mismo intento de las humanidades por probar que son capaces de formar empleados y empresarios.

No obstante, Donald Trump tiene un mérito enorme, tan grande que se protege solo contra la inteligencia de su propio electorado. Un slogan que le gusta repetir es “Soy rico, inmensamente rico”. Recientemente, en el primer debate republicano en Cleveland se vanaglorió de la forma en que usa su dinero: “Le dije a Hillary Clinton que vaya a mi boda. No tuvo elección, ya que yo había puesto dinero para su fundación”.

Jorge Majfud

21 de setiembre, 2015

http://www.republica.com.uy/el-sindrome-del-faraon/538232/

Una muralla llamada Trump

El 40 por ciento de los inmigrantes ilegales en Estados Unidos llegaron por algún aeropuerto. Donald Trump ha revelado hoy que planea detener la emigración ilegal levantando un muro en la frontera con México y que les hará pagar a los mexicanos por ello. Calculo que el muro será lo suficientemente alto como para evitar el pasaje de vuelos internacionales, pero no me extraña considerando que el candidato se ha hecho billonario haciendo trabajar a otros. Claro que la creación de empleos es un mérito, tanto para un empresario como para un presidente, y como los republicanos contemporáneos confunden a un país con una compañía, todo parecería indicar que una Sarah Palin masculina podría seguir liderando las encuestas por un tiempo más.

JM

La vanidad de los pueblos

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Medalla A. Nobel

La vanidad de los pueblos

Virtuosos por asociación

El chauvinismo se niega a reconocer que todos los pueblos han engendrado ángeles y demonios, genios y necios.

Durante su larga diáspora y especialmente en el siglo XX, el pueblo judío se ha destacado, entre otras cosas, por sus intelectuales. El comercio y el trabajo intelectual, despreciados en la Europa medieval, eran los dos únicos espacios existenciales permitidos a un pueblo sin derecho a la tierra o a títulos de nobleza.

Hoy en día algunos judíos que debaten sobre los derechos de los palestinos a su tierra y a su libertad, echan mano a argumentos que no tienen nada que ver con los derechos de un pueblo o del otro. Es común leer la mención a genios como Albert Einstein seguidos de la pregunta “¿y los árabes que aportaron?”. Este tipo de preguntas retóricas que llevan la respuesta implícita, también llevan una pesada carga de ignorancia histórica. Increíblemente fue usada también por periodistas como Oriana Fallaci en 2002. (Mi respuesta, para quien le interese, se resume en el breve ensayo El lento suicidio de Occidente.)

No obstante, creo que el problema no radica en una competencia de inventos, de Coeficientes Intelectuales o sobre quien la tiene más grande.

Esta actitud, por lo general, implica que quien habla se siente incluido dentro del grupo de los genios sólo por pertenecer a un determinado pueblo, sin considerar que las mentes más brillantes procedentes de dichos pueblos nunca, o rara vez, usaron semejante silogismo chauvinista. Sin considerar que la sola pretensión (más allá de demostrar que quien habla pertenece al grupo de los tontos que cada etnia se reserva para conservar su condición humana) es simple y nunca inocente racismo.

Este tipo de razonamientos es clásico en la historia y sólo prueba que la pobreza mental es funcional a un poder ya establecido. Cuando en 1550 Ginés de Sepúlveda se enfrentó en debate público ante un probable judío converso, Fray Bartolomé de las Casas, hizo orgulloso recurso del método. Sepúlveda argumentó que era correcto, ante el Rey y ante Dios, esclavizar a los indígenas americanos porque, obviamente, éstos poseían menos inteligencia que los blancos europeos. Todo lo cual, afirmó, estaba escrito en el Libro de Proverbios (11: 29) de la Sagrada Biblia.

Por entonces, también árabes y judíos, que durante buena parte de la Edad Media supieron convivir y mantener la filosofía y las ciencias en Europa, estaban incapacitados para cualquier linaje de nobleza. Cualquier incompetente, como el rey Carlos II, se creía superior por pertenecer a la familia más noble de Europa. La superioridad de este rey con agudo e irreversible retardo mental se demostraba por la extensión de su reino y de su poder.

Aun luego, en el apogeo de la cultura centroeuropea, era común entender que los judíos no eran capaces de finezas espirituales como la música sinfónica o la filosofía racional. Y todo esto era funcional no solo al antisemitismo sino al nacionalismo de turno, que pocos se atreven a cuestionar.

Porque todos tienen la mente muy abierta cuando las críticas apuntan a otros pueblos, pero se les cierra con sereno fanatismo apenas sobrevuelan su propio territorio.

 

Los pueblos que colaboraron con la historia

También podríamos decir que el mayor aporte de un pueblo no necesariamente radica en los inventos que dio a la humanidad. Bastaría con que haya sabido vivir en paz con sus vecinos y consigo mismo.

Aún dejando de lado esta virtud de la modestia, no recuerdo pueblo en la historia que no haya aportado algo en filosofía, arte, pensamiento, ciencias o tecnología. Desde el humilde cero de los hindúes, sin el cual la ciencia moderna de los últimos siglos y la informática de los últimos años serían impensables hasta el álgebra de Muhammad ibn Musa al-Khwarizmi, los números arábigos y los innumerables aportes en ciencias y medicina.

Al decir de Eduardo Subirats, Averroes, un árabe, fue el primer filósofo ilustrado de Europa. Pensamiento sin el cual sería imposible la filosofía y la política moderna.

Recientemente otros genios han aportado ideas novedosas, como que toda la ciencia y el pensamiento que nos rodea hoy surgieron por generación espontánea a principios del siglo XX, en Europa o en Estados Unidos. Patrón de pensamiento que se asemeja a la idea de que el mundo nació hace algo menos de diez mil años y que todo lo que lo contradiga son solo teorías y retórica, no hechos.

Cada pueblo dejó algo en un momento determinado de la historia que lo encontró como protagonista. Es inútil hablar de las religiones, porque es allí, en nombre del amor, la justicia y la paz, donde radican los principales odios de la historia y de los tiempos actuales. No por culpa de las religiones y mucho menos de Dios, sino por la soberbia de Sus ministros, la avaricia de Sus administradores y la hipocresía de Sus voceros.

El racismo siempre está vivo y es una misión humanista resistirlo. Superarlo es una utopía, pero quizás la mejor de todas las utopías que ha creado la humanidad, porque de ella derivan otras virtudes, como la igualdad de derechos y, de ésta, deriva una de las más recientes virtudes morales y culturales que, no por casualidad, también están en concordancia con la vital dinámica de la biología: la diversidad.

La historia, entonces, registra innumerables pueblos con sus innumerables aportes. No registra, en cambio, cual fue el primer pueblo que no se consideró elegido por sus propios dioses y procedió como tal. Es curioso, porque solo ese descubrimiento ha sido uno de los aportes más importantes a la historia de la humanidad.

Jorge Majfud

Lincoln University, abril 2010.

Milenio (Mexico)