Un ciudadano común

Reflexiones sobre el libro Un ciudadano común en dictadura de Víctor Hugo Morales y otros documentos.

Jorge Majfud

Una hipótesis

En Un ciudadano común el autor reconstruye sus memorias de las dictaduras del Río de la Plata a partir de fragmentos de documentos parcialmente desclasificados en Uruguay en 2012 y, en un número mayor, diez años después. Si hacemos un esfuerzo de destilación de la caótica masa de información disponible para identificar y comprender el centro gravitatorio de lo que podríamos llamar “El caso Víctor Hugo”, entiendo que radica en el fenómeno comunicacional centrado en su persona. No en sus ideas. No en teorías. No en su militancia. No en el poder de algún cargo político en el Senado, en algún ministro o como director de algún poderoso organismo estatal, como el Ente Nacional de Comunicaciones.

Víctor Hugo Morales no es Noam Chomsky. No es Rodolfo Walsh. No es Maradona. Menos es la montonera Patricia Bullrich, hoy escudera de la represión neoliberal y rémora perenne del poder de turno. No es uno de los miles de obreros, periodistas, profesores y sindicalistas torturados y desaparecidos durante las dictaduras del Rio de la Plata, hoy hundidos en el estratégico y conveniente olvido.

La dictadura uruguaya estaba convencida de que Víctor Hugo tenía aspiraciones políticas, a pesar de no ser un militante. Por años intentaron resolver un acertijo y no pudieron. Luego, en democracia, Morales rechazó ofrecimientos de los presidentes Tabaré Vázquez de Uruguay y Néstor Kirchner de Argentina.

Entonces, ¿por qué esa obsesión en diferentes tiempos históricos con alguien que no era ni político, ni militante, ni un filósofo peligroso para el sistema nacional e internacional? Entiendo que hay algo, un fenómeno no estudiado en la personalidad que, por razones o misterios, radica en la preocupación del poder (del verdadero poder, no apenas del poder político) por una personalidad magnética que sólo con su voz y talento convertía en éxito popular lo que tocaba. Peor aún: alguien sin la fuerza de la promoción de los grandes capitales que, de esa forma, no sólo dominan y controlan el cosmos narrativo, sino que, además, tiene una explicación fácil: el dinero de la oligarquía criolla y de los centros financieros del centro noroccidental. Es decir, algo, alguien fuera de control, escudado en un repetido éxito que, para peor, no se podía explicar de una forma simple―¿qué más simple que la fuerza del dinero ilimitado y descontrolado?

Célebre desde el margen ideológico significa peligroso. De ahí la repetida recomendación de que todos los críticos se vayan a vivir a una isla en el Pacífico o que se hundan en la pobreza para “no caer en contradicción con su ideología”. Esa clásica narrativa barométrica que abona los hongos en los rincones oscuros y fracasados de la historia.

Nadie mejor que quienes diseñan el mapa del mundo desde el poder hegemónico han entendido que la realidad simbólica (desde mitos hasta dogmas) es mucho más poderosa que la realidad material, que es su objetivo final. Simbólico es el dinero y sus ideologías; simbólico son las ideas de libertad de los esclavistas. Simbólicos son los ejemplos de otras formas de ser, que el poder imperial siempre se ha encargado de destrozar a través de intervenciones liberadoras (invasiones, guerras, golpes de Estados, deudas parasitarias, acoso mediático) antes de que se conviertan en “mal ejemplo”. La crucifixión, ejecución o desmoralización del individuo molesto (sin éxito no hay molestia) ha sido siempre otra y la misma estrategia aplicada a países y a “regímenes” no alineados.

Para un sistema socioeconómico y para la cultura del monopolio de la narrativa dominante en la Post Guerra Fría (el Modelo Único: “sólo existe un modelo de éxito social”, en palabras de Condoleezza Rice, entre otros) y, más recientemente, en la crisis de la hegemonía occidental postcapitalista, que un individuo sin poder político, sin cargos oficiales, sea el repetido centro del descrédito de los escuderos del sistema es por demás significativo.

La particularidad e ironía del título de este libro, Un ciudadano común en dictadura, radica en que los problemas del autor con la dictadura consistían en que, a juzgar por sus propios informes, los militares de entonces no lo consideraban un ciudadano común. Probablemente algunos no lo consideraban ni siquiera un ciudadano. Como fue el caso de muchas víctimas de la brutalidad “Salvadora de la Civilización Judeocristiana Occidental” (como preferían llamarlo los generales, repitiendo el manual escrito en Virginia; el fascismo siempre ha sufrido de megalomanía histórica) como el del chileno Orlando Letelier o del uruguayo Wilson Ferreira Aldunate, bien pudo haber sido considerado para ser despojado de ese derecho civil.

El sustituto a perder la ciudadanía fue, para miles en el destierro, el exilio. El exilio obligado o el “exilio voluntario”―un oxímoron existencial, si los hay.

La frontera del Rio de la Plata

Como millones de uruguayos y argentinos, tengo con el autor historias en común. No son historias mínimas. Como tal vez pocos, luego de publicar múltiples artículos y algunos libros relacionados con esos tiempos oscuros, yo también leí mi nombre, fechas y datos personales en los mismos archivos de la dictadura cuando se desclasificaron en 2023. Hasta ahora, ninguna nueva revelación oficial ha contradicho nuestras memorias personales y familiares, sino todo lo contrario.

Nos separaba una generación. En la cárcel de presos políticos de Libertad en San José, Uruguay, introduje mensajes prohibidos desde los siete hasta los nueve años. En Colonia, y a media madrugada de distancia, yo pasaba con mi hermano mayor los meses de verano en la granja de mis abuelos. Allí, alrededor de un farol de mantilla escuchamos las historias de visitantes sobre los vuelos de la muerte, más de una década antes de las confesiones del capitán Adolfo Scilingo. Por entonces, pensé que la gente hace el bien por necesidad y el mal por placer. Desde entonces, he intentado refutarme esta observación, con relativo fracaso.

Mientras arriábamos las vacas, plantábamos papas o recogíamos tomates, escuchábamos las radios de Montevideo y Buenos Aires en una Spika. Aunque mis abuelos tenían un pequeño televisor blanco y negro que sólo agarraba canales de Buenos Aires y que funcionaba con una batería que durante el día cargaba el viento, la radio solía ser más libre que la televisión. Un ejemplo era Radio Colonia, “la radio más a la izquierda del dial”, como se anunciaba mientras emitía para Argentina más que para Uruguay. Buenos Aires estaba tan cerca que en días claros se podía ver el perfil alto de los edificios.

No procedemos de familias futboleras, pero la voz de Víctor Hugo siempre fue una marca misteriosa en el dial. Si en algún momento te cruzabas con ella escaneando el dial, allí te quedabas.

Los hechos

En su libro Un ciudadano común…, el autor recuerda que en 1980 estuvo preso 27 días por un incidente menor y por demás común: una escaramuza en una cancha de futbol de barrio, en Montevideo. Los hechos y los indicios que siguieron dejan poco margen para la duda: concluir que no se trató de una provocación para criminalizarlo es forzar la lógica de los hechos y apostar todo por una coincidencia cósmica, por una alineación de planetas.

Este hecho, aparentemente trivial, terminaría por revelarse como uno de los pivotes de la historia. Más que eso, revela el funcionamiento de una dictadura a la uruguaya: números de desaparecidos que no compiten con los desaparecidos en Argentina, Chile o las dictaduras en América Central, pero no de sus efectos devastadores en los sobrevivientes. La dictadura a la uruguaya fue un terror omnipresente, como todas las demás, pero con ese toque onettiano de la vana y persistente llovizna gris.

El mayor problema de la dictadura no era tanto que el periodista estuviese involucrado con a la izquierda militante del momento, más allá de algunos amigos, como el político comunista Germán Araujo (a quien vistió cuando realizaba su huelga de hambre en Montevideo y luego entrevistó en Buenos Aires), sino por ejercer un arte que se hizo conocido en varias disciplinas: decir con símbolos y metáforas lo que, de otra forma, sería castigado con la censura directa.

En 1973, en plena dictadura militar brasileña, Chico Buarque y Gilberto Gil compusieron Cálice (“Pai, afasta de mim esse cálice / de vinho tinto de sangue” (“Padre, aparta de mí este cáliz / de vino tinto, de sangre” o “de un vino teñido de sangre”) con un coro que repetía el sustantivo cálice, el cual en portugués tiene la misma fonética que el imperativo cale-se (cállese). Nuestro amigo Eduardo Galeano recordó alguna vez que los dibujos de pájaros estaban prohibidos en el Penal de Libertad, por lo cual una niña le dibujó a su padre un árbol lleno de ojos―de ojos de pájaros escondidos. Para el referéndum de 1980, la publicidad a favor del No estaba prohibida, por lo que la gente conducía con los limpiaparabrisas en movimiento los días de sol, significando dos dedos en signo de negación. O como el mismo Morales menciona, se acentuaba el no en frases como “No… jugará Rampla”. O, cuando transmitió el partido entre Bolivia y Venezuela (en Venezuela los exiliados le pedían dejar el micrófono de ambiente abierto, algo que molestaba a los militares) y el resultado dejó a Uruguay afuera “del mundial que no podía estar ausente” (1978), Víctor Hugo cerró con “Buenas tardes… País del dolor”.

En el caso de Víctor Hugo se dio una paradoja que se explica por la paranoia propia de los fascistas. El periodista Jorge Crossa recuerda que los militares grababan cada uno de sus programas, buscando frases con contenido oculto, lo cual llevaba a lo que Umberto Eco llamaría sobreinterpretaciones. Según Crossa, “las frases que se le ocurrían a VH, en pleno relato, que no tenían nada que ver con la represión” eran interpretadas como mensajes ocultos. Un ejemplo claro es mencionado durante el Mundialito organizado en 1980 entre las selecciones campeonas del mundo y que Uruguay ganó con la música no oficial promovida por Víctor Hugo y sus compañeros de Radio Oriental. Me refiero a la expresión popular (sobre todo rural) de “no tiene gollete” (no tiene sentido), que los militares la interpretaron como una alusión al dictador Goyo Álvarez (en el Río de la plata la ll y la y tienen el mismo sonido fricativo /ʃ/). La paradoja era doble, y explica ese arte del camuflaje político y poético que el mismo Crossa menciona en otra página: “pero cuando [Víctor Hugo] decía algo fuerte, tipo mensaje, no se percataban”.

Es un arte que se remonta a los tiempos de Nerón, cuando los escritores de los Evangelios usaron el número 666 para nombrar a la bestia del emperador. En el Uruguay de entonces, un político y académico que practicó esa disciplina fue Enrique Tarigo. Morales recuerda haber leído uno de sus artículos en El Dia, donde Tarigo acuño la expresión “ciudadanos de primera y de segunda”. Morales usó esa misma expresión en el relato de uno de los partidos del mundial juvenil de Tokio, en 1979. En el único debate televisado sobre el plebiscito de 1980 que definiría la perpetuidad de la dictadura militar, junto con el colorado Enrique Tarigo en favor del No, estuvo el blanco Eduardo Pons Etcheverry, quien plantó la metáfora de “siempre hay rinocerontes” (conformistas o colaboradores por conveniencia), aludiendo a la obra del rumano Eugene Ionesco―sutileza uruguaya que hoy, debido al derrumbe de la educación ilustrada, hubiese pasado desapercibido. 

En 1976, por primera vez en la historia del fútbol uruguayo, un equipo chico, Defensor, salió campeón de la liga nacional. El técnico era el profesor José Ricardo de León, un entrenador politizado, como fue más tarde el caso del doctor Sócrates en Brasil, el jugador de la mejor selección brasileña de la historia (1982) y líder del experimento “Democracia corinthiana” (los jugadores votaban sobre las decisiones más importantes del técnico) que se enfrentó a la dictadura militar y a la improbabilidad de salir campeón sin la tradicional estructura política.

Según el futbolista Julio Filippini, Morales fue el único periodista en seguir y transmitir los partidos de Defensor hasta el final. Para peor, en 1976, en lugar de censurar un saludo de Filippini a su hermano y a sus compañeros presos en el Penal de Libertad, Morales le agradeció. Lo detuvieron y, en un cuartel del Prado, le hicieron escuchar su propia grabación al “comunista incorregible”, como era conocido entre los uniformados. Luego del interrogatorio de más de tres horas, lo clasificaron, como solía hacer la dictadura, en este caso con una ironía: “tiene tarjeta amarilla”. A los investigadores de La Estanzuela los clasificaban por niveles de fidelidad al régimen con A, B y C, con lo cual forzaron inminencias como el ingeniero José Lavalleja Castro a irse del país.

En 1980, de regreso de Holanda, fue detenido en el avión que acababa de aterrizar en Montevideo. El cargo, la famosa trifulca del partido de barrio, no guardaba ninguna proporción con el procedimiento de arresto. Tres décadas después, algunos periodistas ejercitarán lo que en inglés se conoce como “cherry picking” (recolección de cerezas), la selección parcial de hechos y de datos convenientes para probar una tesis que se quiere probar sin considerar el contexto del momento. Esa cereza fue la relación de Víctor Hugo Morales con el mayor Grosso.

Cuando su hermano José Pedro Morales estuvo desaparecido por tres días, Víctor Hugo lo buscó por cuarteles y hospitales. En esta búsqueda colaboró el mayor Juan Carlos Grosso, poco después enviado a India. Finalmente, Víctor Hugo encontró a su hermano en una celda de la Jefatura Central y allí quedó preso él también por un mes. Una vez liberado, la dictadura militar le prohibió la entrada a cualquier estadio de futbol.

El hecho de considerarse “un hombre de izquierda” aunque (¿o por eso mismo?) sin aspiraciones políticas; el hecho de tratarse de una voz joven y de creciente popularidad, cerraba en la ecuación de individuos peligrosos.

Algo parecido ocurrió años después cuando el mismo entrenador de la selección argentina, campeona del mundo por obligación en 1978, César Luis Menotti, denunció a la dictadura de su país en Radio Colonia. Aparte de este momento escuchado y comentado en la granja de mis abuelos en Colonia en los 80s, no he encontrado grabación de este momento. Nunca pude olvidar a mi abuelo, quien había sido torturado por la dictadura y detestaba el fútbol por el Mundial del 78, aplaudiendo a Menotti con una lentitud reflexiva en la soledad de la cocina. Más tarde, no pocos escribas de los medios acusaron a Menotti de contradictorio y de colaborar con la dictadura, siempre desde una posición de seguridad personal.

El mismo caso fue el de Jorge Bergolio. Cuando en el 2013 se lo eligió Papa, recibí un correo de buenos amigos, académicos argentinos, solicitándome firmar una carta de protesta por el rol en la dictadura del nuevo Papa, les pedí que me dieran un par de días para estudiar los documentos disponibles. Yo sabía que tenía una predisposición negativa contra la cúpula de la iglesia en España, en África y en América Latina, cómplice de las dictaduras militares y socios de la oligarquía de cada país, por una razón de conciencia de clase―dominante. Por las mismas razones, tenía una predisposición negativa contra El Vaticano, luego de que el Papa Juan Pablo II y su cardenal estrella en los 80s y luego Papa él también, Joseph Ratzinger, habían perseguido a los teólogos de la liberación por meter a la política dentro de la iglesia y distraer así a los pobres de su verdadero objetivo, la salvación de sus almas, mientras ellos mismos, el Papa y su cardenal escudero, no disimulaban su activismo anticomunista en Europa y condonaban las dictaduras fascistas y colonialistas en el Sur Global. Muchos de aquellos “curas rojos” fueron asesinados y no hubo lágrimas ni santificaciones que los revindicara.

Consciente de mi bias personal, me tomé un tiempo para hurgar entre los documentos disponibles. Sí, había algunas trascripciones donde los sacerdotes parecían tener un diálogo amable con algunos militares, pero mi respuesta definitiva fue no. “No firmaré y les recomiendo que no publiquen esa misiva”. ¿Por qué? Bastaba con poner los documentos en su época y recordar lo que vivimos nosotros mismos como niños, quienes debíamos mentir en la escuela para proteger a nuestros familiares. Si se leía entre líneas esos documentos, se podía entender la misma tensión disimulada de sonrisas amables (algo que traduje en algunas de mis novelas, como El mismo fuego). No sólo la tensión, sino la necesidad de aquellos religiosos de mantener una puerta abierta para reclamar por algunos desaparecidos.

Colaborar es otra cosa: es beneficiarse del dolor ajeno, no ensuciarse con el barro de la realidad para aliviar el sufrimiento propio y ajeno. Incluso de joven, siempre tuve por alta estima a aquellos que sufrieron tortura y no dijeron ni una sola palabra, pero más tarde reflexioné que los otros que sí se quebraron ante el tormento (conocí y escuché muchos de estos testimonios de hombres y mujeres) no podían ser juzgados de ninguna forma. Mucho menos por aquellos que no tuvieron que pasar por situaciones similares de terror, ni a miles de kilómetros de distancia. Tampoco juzgo a quienes no tienen poder y aún hoy deben callarse para sobrevivir, pero si tengo que ser duro en un juicio prefiero serlo con aquellos que, luego de pasado el Terrorismo de Estado, continúan hoy justificándolo. A aquellos como mi querido padre, que justificó la dictadura como “un mal necesario” cuando todavía no acababa pero que años después reconoció que, “sí, fue terrorismo de Estado”. A esos les reservo un abrazo y mi solidaridad―no a quienes, teniendo toda la información y el conocimiento de los hechos hoy continúan justificando la muerte, la opresión ajena y el colaboracionismo mayor, madre de todas las desgracias del Sur Global, como lo es el cipayismo funcional al imperialismo que continúa vivo y no ha perdido sus prácticas criminales.

No sin otra magnífica ironía, para parafrasear a Jorge Luis Borges, César Luis Menotti, el DT de la selección que ganó el mundial del 78, estuvo contra la dictadura. Por su parte, al regreso del Estado de Derecho, Carlos Bilardo, el DT campeón del mundial del 86, mantuvo una posición más bien ausente ante el pasado y luego del juicio a los violadores de los Derechos Humanos. Tanto como para que el presidente libertario Javier Milei se declare “orgulloso bilardista”. No sin ironía, también, Menotti dejó a Maradona fuera del mundial de 1978, de lo cual luego se arrepintió, y Bilardo fue campeón probablemente porque tuvo a la mejor versión del mejor futbolista―el único futbolista mágico que tuvo la historia registrada por las cámaras de televisión.

Décadas después llegarán las críticas contra Víctor Hugo Morales por celebrar la victoria de Argentina en el mundial. En una carta a Clarisa, asistente de Estela de Carloto, con una humildad moral que se echa de menos en sus jóvenes críticos, Morales reconoció: “Cuando escucho las historias de cómo las víctimas de los militares celebraban el paso victorioso de la selección argentina, siento algo de alivio. Con respecto a aquella cerrazón en medio de la cual seguíamos los episodios de entonces… Me hubiera gustado ser mejor, y en eso estoy ahora”.

Pero hay que crucificar a quien, perseguido y desencajado en el nuevo contexto, echó mano a los conocidos que tenía para ubicar a su hermano o para que no le prohibieran seguir trabajando. Como si trabajar para sobrevivir en una dictadura fuese un acto colaboracionista. Todos aquellos que sufrimos la dictadura de primera mano sabemos qué significa esto. Quienes no, pueden darse el lujo de posar como la Madre Teresa y las Carmelitas descalzas. Me explicaré con otro ejemplo personal―por lo general, conocemos nuestras propias vidas un poco mejor que las vidas ajenas.

Una noche de 1977 o 1978 mi madre llegó a la casa y se puso a llorar. Por entonces lloraba con frecuencia. Más allá de sus problemas de depresión, tenía razones de sobra que incluso hoy hubiesen hecho un diagnóstico preciso algo imposible. El acoso y castigo de los militares fue al mismo tiempo sutil y brutal. Pese a tener tíos militares, los soldados destruyeron el dormitorio que compartía de niño con mi hermano y jugaron a fútbol con la cabeza de una de las esculturas de mi madre. Por no seguir con la tortura a su padre y a su hermano, hechos que he narrado en otro lugar. Pero el momento que ilustra mis observaciones anteriores sobre el vicio de juzgar a los demás sin ver la viga en el ojo propio, se refiere a uno de sus trabajos para las escuelas públicas. Ella había terminado un busto de Artigas y debió inaugurarlo rodeada de militares. No podía negarse. En una foto que sobrevive, se la puede ver mirando hacia el suelo, con un gesto pensativo que contrasta con los rostros sonrientes de los oficiales. En ese momento tenía un hermano a cientos de kilómetros, peso en el Penal de Libertad. Casi toda su familia había sufrido la tortura, la cárcel o el exilio sin haber disparado un solo tiro. Ella odiaba profundamente a los torturadores de su padre y de su hermano que, aparte del célebre psicópata capitán Nino Gavazzo, eran nuestros vecinos. Yo mismo debí practicar ese arte de la mentira civil cuando, en la escuela primaria, las maestras nos sacaron a la calle para que aplaudiésemos al dictador Gregorio Álvarez que visitaba el pueblo y nos regalaba el honor de pasar por aquella pobre y polvorienta avenida. Aunque tenía nueve años, el mío no era un aplauso inocente. Luego de pasar varios mensajes prohibidos a la Cárcel de Libertad, sabía perfectamente que aquello de “el país de la paz y la libertad” era una farsa dolorosa y, sobre todo, que la versión oficial de la realidad no es confiable. La única vez que se me escapó “eso es lo que dicen los diarios” (irónicamente, yo era el único niño que recibía y leía un diario cada día, el diario de la dictadura El País; el resto de mis compañeros era, por lejos, más pobres que yo, el hijo del carpintero), la maestra me puso en penitencia mirando la pared blanqueada de cal por el resto del día. Nunca le guardé rencor a la maestra Griselda. De hecho, le tenía estima. Siempre imaginé que también ella era otra víctima del mismo terrorismo.

Cuando alguien gritó que el presidente estaba por pasar, aplaudí por obligación. Poco antes, un hombre había intentado tirarse frente al tren que pasaba por allí todas las mañanas. Lo detuvo la policía que esperaba al presidente y los niños festejaron porque habían salvado al loco de suicidarse. Aún recuerdo su rostro resignado, algo parecido al de mi madre, con la mirada perdida, sin decir nada más que reconocer la derrota.

Luego, en un país en que la mitad demostró su cobardía al ratificar la renuncia a enjuiciar a los militares torturadores en el referéndum de 1989, que se salte arriba de aquellos que debieron navegar y sobrevivir a la tormenta de la dictadura, me parece una cobardía doble o una demostración de que nunca entendieron nada―ni les importa.

Es en este contexto que leo la historia de Víctor Hugo y la arremetida más reciente de sus críticos. Uno de los episodios más debatidos consiste en lo que el periodismo amarillista en Uruguay tituló hace una década como “Discurso de Víctor Hugo Morales en el Batallón Florida”. A partir de 2009 se insiste en desmentir que “la figura incómoda” hubiese sido perseguido por la dictadura uruguaya. Una forma de inicio del actual negacionismo en el Cono Sur.

Los documentos desclasificados años después prueban que sí hubo persecución y, algo común en la época, acoso, varias detenciones y hasta un mes de cárcel. El intento de desenmascarar a un colega terminó probándose como el desenmascaramiento de los bajos instintos de los periodistas respaldados o promovidos por grupos de interés como el Grupo Clarín. Sin embargo, lejos de algún reconocimiento de error o, al menos, un silencio terapéutico, se redobló la apuesta.

La acusación de ambigüedad ideológica también ignora la contingencia de la época y hasta la insistente ambigüedad política que rodeaba a gran pare de la población: Wilson Ferreira Aldunate era la figura del Partido Blanco (tradicionalmente, el partido conservador, el partido de la CIA en los 50s) y fue perseguido y exiliado por la dictadura. Muchos militantes de la izquierda en Uruguay dudaron, por mucho tiempo, si los militares uruguayos que removieron al artífice de la estocada final contra la democracia, el presidente Juan María Bordaberry, eran fascistas o una versión de la izquierda independentista del dictador y reformista peruano Juan Velasco Alvarado.

Luego de la vuelta manca, chueca y tuerta de la democracia en 1985 con elecciones limitadas meses antes y la permanencia del Consejo de Seguridad Nacional (COSENA) dentro del “gobierno democrático”, los militares continuaron usando el aparato de inteligencia de la dictadura para espiar a cualquiera de los ciudadanos con ideologías que no coincidieran con la “seguridad nacional”, escrita y donada por la CIA y al Escuela de las Américas a finales de los años cincuenta y poco antes de plantar a su candidato, Benito Nardone, en la presidencia de Uruguay.

En todos los informes y reportes de la dictadura uruguaya, Morales continuó apareciendo como un zurdo peligroso, algo que ni el mismo afectado negaba, sino todo lo contrario. Algo que molesta hasta hoy―no que haya sido y sea, como cualquiera de nosotros, un ser humano sobreviviendo en un mundo de contradicciones propias y ajenas.

Cuando conocidas figuras del periodismo argentino fueron a buscarlo a Montevideo, no sólo la inteligencia uruguaya, sino también la argentina, tomó nota. La identificación tanto con el comunismo como con los tupamaros (hoy en veredas opuestas en Uruguay) ni siquiera se aproximaban a describir al periodista que había nacido con una estrella y que todos querían, por diferentes razones y en diferentes generaciones, bajarla.

Varios de sus colegas que navegaron la tormenta de los 70s, como Jorge Crossa, afirmaron en sus memorias que los militares “lo consideraban un tipo peligroso”. ¿Por qué? Reconociendo la importancia política y militante de otros que pagaron un precio más alto que el que se le impuso a él, Morales reconoce: “Yo era tan solo un tipo molesto por ser muy conocido”. Entiendo que esa misma molestia que provocó por su fama durante la dictadura, inspiró libros y artículos de algunos colegas, décadas después de la tormenta fascista. Me refiero a aquellos que se tomaron una gran suma de tiempo y esfuerzo para escribir sobre las supuestas tibiezas y contradicciones de Morales, desde una posición de seguridad cívica y personal, cuando era el momento no de crucificar actores que intentaban sobrevivir en un estado de terrorismo permanente, sino de apuntar a aquellos que continuaban y continúan hoy revindicando con pasión el fascismo, la crueldad de los amos, la funcionalidad de cipayos y colonialistas, y la explotación de los despojados.

El 5 de octubre de 1984, participó en una reunión en el Hotel Conquistador que el Partido conservador de Uruguay, el Partido Nacional, recibía a uno de sus líderes más carismáticos de su historia y, a la vez, más asociado con los movimientos progresistas del exilio. Poco después, la dictadura uruguaya lo detuvo en el puerto de Montevideo. En 2024 publiqué 1976. El exilio del terror sobre el terrorismo de Miami y de las dictaduras latinoamericanas. Allí intenté reconstruir el atentado con autobomba que mató a Orlando Letelier en Washington. El hijo de Wilson Ferreira Aldunate, Juan Raúl, me envió sus memorias sobre esa época. Por entonces, su padre estaba en la mira de Operación Cóndor y él trabajaba en el Institute for Policy Studies (IPS) de Washington, con Letelier y otros investigadores de políticas sociales de la época.

Al igual que las dictaduras uruguaya y argentina, ya en democracia (o como se llame), el grupo Clarín, conocido por su mafia legal de las comunicaciones en Argentina, encabezadas por el padrino Héctor Magneto, se encargó de seducir a figuras históricas, para entonces conversos, como Jorge Lanata (uno de los fundadores de Página12) y otros mercenarios para apuntar y tirar contra Víctor Hugo Morales, para desacreditarlo a cualquier precio y por cualquier irrelevante dicho o discurso, en la promesa de algún rating salvador o de algún best seller destinado al olvido, mariposas de siete días. Una nueva campaña contra el zurdo peligroso que no entiende la neutralidad del periodismo servil―para denigrarlo, es decir, para ennegrecerlo, en lenguaje esclavista.

Para concluir, lo del principio. Víctor Hugo Morales fue siempre un hombre de izquierdas (con todas las ambigüedades, contradicciones, discusiones, críticas, negaciones y pasiones de propios y ajenos que conlleva cualquier definición política aplicadas a cualquier individuo e, incluso, a cualquier grupo o partido político), pero nunca fue un teórico de ninguna ideología, ni un militante armado o desarmado de algún grupo revolucionario. Al poder, a sus escuderos, bufones y testaferros siempre les incomodó eso mismo: su inexplicable talento de comunicador (es decir, de traductor de los sentimientos de medio pueblo) que convertía en éxito todo lo que tocaba. Por alguna razón que no vale la pena intentar explicar, solo su voz atraía y continúa atrayendo la atención de millones de personas.

No creo que haya otra explicación para la obsesión política, ideológica y hasta los celos profesionales que ha despertado en diferentes momentos históricos y en diferentes personas, desde la política hasta el periodismo.

Queda una pregunta que nunca será contestada con algo de sinceridad. ¿Nunca les dio un tantito así de vergüenza poner todo un aparato dictatorial de un país, todo el poder comercial de conglomerados mediáticos y todo el entusiasmo de aspirantes a estrellas fugaces contra un solo hombre―y fracasar con disimulado estrépito?

JM, nov 2025

Víctor Hugo Morales and Prof. Jorge Majfud, Caras y Caretas Theater, Buenos Aires, 2023. (Picture: Página12)

La muralla comienza a derrumbarse

Los miembros del consejo de Iowa City aprobaron una resolución para boicotear a empresas, como Boeing y Caterpillar, por ser cómplices del genocidio en Gaza, donde imágenes de niños muriendo de hambre se están transmitiendo en los noticieros nacionales. La resolución se aprobó por unanimidad, tras un gran apoyo público.


Tarde, pero está llegando. Quienes eligieron el lado seguro del presente, cayeron en el lado equivocado de la historia.
En 2024 las protestas universitarias y los reclamos estudiantiles por “desinversión” de las universidades en compañías israelíes fue demonizada como “comunistas”, “inmaduros”, “abusadores de la democracia”, “comprados”, “pro-Hamas”, “antisemitas” y hasta “terroristas”.

Miles fueron castigados con detenciones, cárcel, expulsión, secuestro, deportaciones, y criminalización por su derecho de conciencia y valentía moral. Todo esto puede sonar extraño en “la democracia líder del Mundo Libre” según todos los clichés, pero es estrictamente factual y es necesario ponerlo por escrito para que no haya confusiones.

Esos que estuvieron en la peligrosa vanguardia de los Derechos Humanos y sufrieron todo el castigo de la arrogancia del poder, no serán compensados por el daño que han recibido. Serán minimizados u olvidados, mientras los acomodaticios de siempre volverán a acomodarse con rechazos tardíos y a la corriente de una ola que se llevará muchas cosas más allá de Gaza.

Jorge Majfud, agosto 2025

https://www.pagina12.com.ar/596611-jorge-majfud-sobre-el-ataque-de-hamas-a-israel-los-conflicto

https://x.com/majfud/status/1956301029294719307

ONU: Derecho de los pueblos a la libre determinación. Resolución de la Asamblea General

38/17. Importancia de la realización universal del derecho de los pueblos a la libre determinación y de la pronta concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales para la garantía y observancia efectivas de los derechos humanos.

  • Exhorta a todos los Estados a que apliquen plena y fielmente todas las resoluciones de las Naciones Unidas relativas al ejercicio del derecho a la libre determinación y la independencia de los pueblos sometidos a dominación colonial y extranjera;
  • Reafirma la legitimidad de la lucha de los pueblos por su independencia, integridad territorial, unidad nacional y liberación de la dominación colonial, el apartheid y la ocupación extranjera por todos los medios disponibles, incluida la lucha armada;
  • Reafirma el derecho inalienable del pueblo namibio, el pueblo palestino y todos los pueblos sometidos a dominación extranjera y colonial a la libre determinación, la unidad nacional y la soberanía sin injerencia extranjera;
  • Condena enérgicamente a los gobiernos que no reconocen el derecho a la libre determinación y la independencia de todos los pueblos que aún se encuentran bajo dominación colonial y subyugación extranjera, en particular los pueblos de África y el pueblo palestino […]

La Asamblea General,

Reafirmando su convicción de la importancia de la aplicación de la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales, contenida en su resolución 1514 (XV), de 14 de diciembre de 1960,

Reafirmando la importancia de la realización universal del derecho de los pueblos a la libre determinación, la soberanía nacional y la integridad territorial, y de la pronta concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales, como imperativos para el pleno disfrute de todos los derechos humanos,

Reafirmando la obligación de todos los Estados Miembros de cumplir los principios de la Carta de las Naciones Unidas y las resoluciones de las Naciones Unidas relativas al ejercicio del derecho a la libre determinación por los pueblos bajo dominación colonial y extranjera,

Recordando sus resoluciones 2649 (XXV), de 30 de noviembre de 1970, 2955 (XXVII), de 12 de diciembre de 1972, y 3070 (XXVIII), de 30 de noviembre de 1973, 3246 (XXIX) de 29 de noviembre de 1974, 3382 (XXX) de 10 de noviembre de 1975, 33/24 de 29 de noviembre de 1978, 34/44 de 23 de noviembre de 1979, 35/35 de 14 de noviembre de 1980, 36/9 de 28 de octubre de 1981 y 37/43 de 3 de diciembre de 1982, y las resoluciones del Consejo de Seguridad 418 (1977) de 4 de noviembre de 1977 y 421 (1977) de 9 de diciembre de 1977,

Recordando también sus resoluciones 1514 (XV) de 14 de diciembre de 1960, 2465 (XXIII) de 20 de diciembre de 1968, 2708 (XXV) de 14 de diciembre de 1970, 33/44 de 13 Diciembre de 1978, 35/119, de 11 de diciembre de 1980, 36/68, de 1 de diciembre de 1981, y 37/35, de 23 de noviembre de 1982, relativas a la aplicación de la Declaración sobre la concesión de la independencia a los países y pueblos coloniales,

Recordando además sus resoluciones 3103 (XXVIII), de 12 de diciembre de 1973, y 3314 (XXIX), de 14 de diciembre de 1974, así como las resoluciones del Consejo de Seguridad 405 (1977), de 14 de abril de 1977, 419 (1977), de 24 de noviembre de 1977, 496 (1981), de 15 de diciembre de 1981, y 507 (1982), de 28 de mayo de 1982, en las que las Naciones Unidas condenaron el reclutamiento y la utilización de mercenarios, en particular contra los países en desarrollo y los países de liberación nacional. Movimientos,

Recordando además sus resoluciones sobre la cuestión de Namibia, en particular la resolución ES-8/2, de 14 de septiembre de 1981, y la resolución 532 (1983) del Consejo de Seguridad, de 31 de mayo de 1983,

Acogiendo con beneplácito la celebración de la Conferencia Internacional en Apoyo a la Lucha del Pueblo Namibiano por la Independencia, celebrada en París del 25 al 29 de abril de 1983,1/

Acogiendo con beneplácito también la celebración de la Conferencia Internacional sobre la Alianza entre Sudáfrica e Israel, celebrada en Viena del 11 al 13 de julio de 1983,2/

Recordando las resoluciones AHG/Res.105 sobre Namibia, AHG/Res.111 sobre la política de desestabilización del régimen racista de Sudáfrica y AHG/Res.112 sobre Sudáfrica, aprobadas por el decimonoveno período ordinario de sesiones de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización de la Unidad Africana, celebrado en Addis Abeba del 6 al 12 de junio de 19833/

Recordando además su resolución 37/1, de 1 de octubre de 1982, relativa a su llamamiento de clemencia en favor de los combatientes por la libertad de Sudáfrica, y la resolución 533 (1983) del Consejo de Seguridad, de 7 de junio de 1983, relativa a la condena a muerte por Sudáfrica de los tres patriotas del Congreso Nacional Africano de Sudáfrica,

Reafirmando que el sistema de apartheid impuesto al pueblo sudafricano constituye una violación de los derechos fundamentales de ese pueblo, un crimen de lesa humanidad y una amenaza constante para la paz y la seguridad internacionales,

Gravemente Preocupados por la continuación de la ocupación ilegal de Namibia por Sudáfrica y las continuas violaciones de los derechos humanos de la población del territorio y de otros pueblos que aún se encuentran bajo dominación colonial y subyugación extranjera,

Reconociendo que las llamadas propuestas de reforma constitucional forman parte integral de la política de «bantustanización», incompatible con la auténtica independencia, la unidad nacional y la soberanía, y que tiene el efecto de perpetuar el poder de la minoría blanca y el sistema racista de apartheid en Sudáfrica,

Profundamente preocupados por los continuos actos terroristas de agresión cometidos por el régimen de Pretoria contra Estados africanos independientes de la región, en particular Angola, Botsuana, Lesoto, Mozambique, Seychelles, Suazilandia, Zambia y Zimbabue,

Profundamente indignados por la ocupación de parte del territorio de Angola por las tropas del régimen racista de Sudáfrica,

Recordando las resoluciones del Consejo de Seguridad 527 (1982), de 15 de diciembre de 1982, y 535 (1983), de 29 de junio de 1983 Sobre Lesotho,

Reafirmando la unidad nacional y la integridad territorial de las Comoras,

Recordando la Declaración Política aprobada por la Primera Conferencia de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización de la Unidad Africana y la Liga de los Estados Árabes, celebrada en El Cairo del 7 al 9 de marzo de 19774/

Recordando además sus resoluciones pertinentes sobre la cuestión de Palestina, en particular las resoluciones 3236 (XXIX) y 3237 (XXIX), de 22 de noviembre de 1974, 36/120, de 10 de diciembre de 1981, ES-7/6, de 19 de agosto de 1982, y 37/86, de 10 de diciembre de 1982,

Recordando la Declaración de Ginebra sobre Palestina y el Programa de Acción para el logro de los derechos de los palestinos, aprobados por la Conferencia Internacional sobre la Cuestión de Palestina, celebrada en Ginebra del 29 de agosto al 7 de septiembre de 1983,5/

Considerando que la negación de los derechos inalienables del pueblo palestino a la libre determinación, la soberanía, la independencia y el retorno a Palestina, así como los reiterados actos de agresión de Israel contra el pueblo de la región, constituyen una grave amenaza para la paz y la seguridad internacionales,

Profundamente consternado y alarmado por las deplorables consecuencias de la invasión israelí del Líbano y recordando todas las resoluciones pertinentes del Consejo de Seguridad, en particular las resoluciones 508 (1982), de 5 de junio de 1982, 509 (1982), de 6 de junio de 1982, 520 (1982), de 17 de septiembre de 1982, y 521 (1982), de 19 de septiembre de 1982,

  1. Calls upon all States to implement fully and faithfully all United Nations resolutions relating to the exercise of the right to self-determination and independence of peoples under colonial and foreign domination;
  2. Reaffirms the legitimacy of the peoples’ struggle for independence, territorial integrity, national unity, and liberation from colonial domination, apartheid, and foreign occupation by all available means, including armed struggle;
  3. Reaffirms the inalienable right of the Namibian people, the Palestinian people, and all peoples under foreign and colonial domination to self-determination, national unity, and sovereignty without foreign interference;
  4. Strongly condemns Governments that do not recognize the right to self-determination and independence of all peoples still under colonial domination and foreign subjugation, in particular the peoples of Africa and the Palestinian people;
  5. Endorses the declarations and programmes of action on Namibia and Palestine adopted respectively by the international conferences on these questions and calls for their immediate implementation; 6. Reaffirms its strong condemnation of the illegal occupation of Namibia by South Africa;
  6. Condena la política de «bantustanización» y reitera su apoyo al pueblo oprimido de Sudáfrica en su justa y legítima lucha contra el régimen racista minoritario de Pretoria;
  7. Rechaza las supuestas reformas del régimen sudafricano, en especial la limitada representación parlamentaria de las personas de color y asiáticas, diseñada para socavar la unidad del pueblo oprimido de Sudáfrica y consolidar el sistema de apartheid;
  8. Condena a Sudáfrica por la creciente opresión del pueblo namibio, por la militarización masiva de Namibia y por los ataques armados lanzados contra los Estados de la región para desestabilizarlos políticamente y sabotear y destruir sus economías;
  9. Condena enérgicamente la creación y el uso de grupos terroristas armados por parte de Sudáfrica con el fin de oponerlos a los movimientos de liberación nacional y desestabilizar a los gobiernos legítimos del África austral;
  10. Condena enérgicamente la continua ocupación de partes del sur de Angola y la reciente agresión masiva perpetrada por tropas sudafricanas contra la aldea de Cangamba, en la provincia de Moxico, a 500 kilómetros de la frontera con Namibia, y exige la retirada inmediata e incondicional de las tropas sudafricanas del territorio angoleño;
  11. Reafirma enérgicamente su solidaridad con los países africanos independientes y los movimientos de liberación nacional víctimas de actos asesinos de agresión y desestabilización por parte del régimen racista de Pretoria, y exhorta a la comunidad internacional a que preste mayor asistencia y apoyo a estos países para que puedan fortalecer su capacidad de defensa, defender su soberanía e integridad territorial y reconstruir y desarrollarse pacíficamente;
  12. Condena enérgicamente el reciente bombardeo de Matola, un suburbio de la capital de Mozambique, por parte de Sudáfrica, y los actos de usurpación territorial y espionaje contra Mozambique, así como el ataque del 17 de octubre de 1983 contra la Oficina del Congreso Nacional Africano en Maputo, perpetrado por el régimen racista de Pretoria;
  13. Reafirma que la práctica de utilizar mercenarios contra Estados soberanos y movimientos de liberación nacional constituye un acto criminal y exhorta a los gobiernos de todos los países a que promulguen leyes que declaren como delitos punibles el reclutamiento, la financiación y el entrenamiento de mercenarios en sus territorios, así como su tránsito por ellos, y prohíban a sus nacionales servir como mercenarios, y a que informen sobre dicha legislación al Secretario General;
  14. Condena enérgicamente las continuas violaciones de los derechos humanos de los pueblos que aún se encuentran bajo dominación colonial y subyugación extranjera, la continuación de la ocupación ilegal de Namibia y los intentos de Sudáfrica de desmembrar su territorio, la perpetuación del régimen racista minoritario en el África meridional y la negación al pueblo palestino de sus derechos nacionales inalienables;
  15. Condena además enérgicamente al régimen racista de Pretoria por sus actos de desestabilización, agresión armada y bloqueo económico contra Lesotho e insta encarecidamente a la comunidad internacional a que preste la máxima asistencia a Lesotho para que pueda cumplir con sus obligaciones humanitarias internacionales hacia los refugiados y a que utilice su influencia sobre el régimen racista para que desista de sus actos terroristas contra Lesotho;
  16. Expresa su profunda indignación por el cruel asesinato, el 9 de junio de 1983, de los tres luchadores por la libertad del Congreso Nacional Africano a manos del régimen racista de Sudáfrica, que cometió el crimen con flagrante indiferencia a pesar de los diversos llamamientos de la comunidad internacional, desafiando así la resolución 533 (1983) del Consejo de Seguridad;
  17. Toma nota de la Declaración de la Conferencia Internacional sobre la Alianza entre Sudáfrica e Israel;6/
  18. Condena enérgicamente la política de los países occidentales, Israel y otros países cuyas relaciones políticas, económicas, militares, nucleares, estratégicas, culturales y deportivas con el régimen minoritario racista de Sudáfrica alientan a dicho régimen a persistir en la represión de las aspiraciones de los pueblos a la libre determinación y la independencia;
  19. Exige nuevamente la aplicación inmediata del embargo obligatorio de armas contra Sudáfrica, impuesto en virtud de la resolución 418 (1977) del Consejo de Seguridad, por todos los países, y en particular por aquellos que mantienen cooperación militar y nuclear con el régimen racista de Pretoria y continúan suministrándole material conexo;
  20. Toma nota con satisfacción de la Declaración de París sobre Sanciones contra Sudáfrica, la Declaración Especial sobre Namibia y los informes de las comisiones técnicas y políticas aprobados por la Conferencia Internacional sobre Sanciones contra Sudáfrica, celebrada en París del 20 al 27 de mayo de 19817/ bajo los auspicios de las Naciones Unidas y la Organización de la Unidad Africana;
  21. Exige la aplicación inmediata de su resolución ES-8/2 sobre Namibia;
  22. Insta a todos los Estados, organismos especializados, organizaciones competentes del sistema de las Naciones Unidas y demás organizaciones internacionales a que presten su apoyo al pueblo namibio, a través de su único y legítimo representante, la Organización del Pueblo del África Sudoccidental, en su lucha por lograr su derecho a la libre determinación y la independencia de conformidad con la Carta de las Naciones Unidas;
  23. Reafirma las resoluciones sobre la cuestión del Sáhara Occidental aprobadas en los períodos ordinarios de sesiones de la Asamblea de Jefes de Estado y de Gobierno de la Organización de la Unidad Africana, celebrados en Nairobi del 24 al 27 de junio de 19818/ y en Addis Abeba del 6 al 12 de junio de 19839/, y pide su inmediata aplicación;
  24. Toma nota de los contactos mantenidos entre el Gobierno de las Comoras y el Gobierno de Francia en la búsqueda de una solución justa al problema de la integración de la isla comorana de Mayotte en las Comoras, de conformidad con las resoluciones de la Organización de la Unidad Africana y de las Naciones Unidas sobre esta cuestión; 26. Pide un aumento sustancial de todas las formas de asistencia prestada por todos los Estados, órganos de las Naciones Unidas, organismos especializados y organizaciones no gubernamentales a las víctimas del racismo, la discriminación racial y el apartheid a través de sus movimientos de liberación nacional reconocidos por la Organización de la Unidad Africana;
  25. Condena enérgicamente las masacres cada vez más generalizadas de personas inocentes e indefensas, incluidas mujeres y niños, perpetradas por el régimen racista minoritario de Pretoria en su desesperado intento de frustrar las legítimas demandas del pueblo;
    Exige la liberación inmediata de las mujeres y los niños detenidos en cárceles de Namibia y Sudáfrica;
    Condena enérgicamente las constantes y deliberadas violaciones de los derechos fundamentales del pueblo palestino, así como las actividades expansionistas de Israel en Oriente Medio, que constituyen un obstáculo para el logro de la autodeterminación y la independencia del pueblo palestino y una amenaza para la paz y la estabilidad en la región;
    Condena además enérgicamente la masacre de palestinos y otros civiles en Beirut y la agresión israelí contra el Líbano, que pone en peligro la estabilidad, la paz y la seguridad en la región;
    Exige la liberación inmediata e incondicional de todas las personas detenidas o encarceladas como resultado de su lucha por la libre determinación y la independencia, el pleno respeto de sus derechos individuales fundamentales y el cumplimiento del artículo 5 de la Declaración Universal de Derechos Humanos 10/, según el cual nadie será sometido a torturas ni a tratos crueles, inhumanos o degradantes;
    Insta a todos los Estados, organismos especializados, organizaciones competentes del sistema de las Naciones Unidas y otras organizaciones internacionales a que presten su apoyo al pueblo palestino, a través de su único y legítimo representante, la Organización de Liberación de Palestina, en su lucha por recuperar su derecho a la libre determinación y la independencia de conformidad con la Carta;
    Reitera su satisfacción por la asistencia material y de otro tipo que los pueblos sometidos a regímenes coloniales siguen recibiendo de los gobiernos, las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y las organizaciones intergubernamentales, y pide un aumento sustancial de dicha asistencia;
    Insta a todos los Estados, organismos especializados y demás organizaciones competentes del sistema de las Naciones Unidas a que hagan todo lo posible para asegurar la plena aplicación de la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales y a que intensifiquen sus esfuerzos para apoyar a los pueblos sometidos a dominación colonial, extranjera y racista en su justa lucha por la libre determinación y la independencia;
    Pide al Secretario General que dé la máxima publicidad a la Declaración sobre la Concesión de la Independencia a los Países y Pueblos Coloniales y a la lucha de los pueblos oprimidos por el logro de su libre determinación e independencia nacional, y que informe periódicamente a la Asamblea General sobre sus actividades;
    Decide volver a examinar este tema en su trigésimo noveno período de sesiones, basándose en los informes que se ha solicitado a los gobiernos, las organizaciones del sistema de las Naciones Unidas y las organizaciones intergubernamentales y no gubernamentales sobre el fortalecimiento de la asistencia a los territorios y pueblos coloniales.

    1/ Véase A/CONF.120/13.
    2/ Véase A/AC.115/L.595.
    3/ Véase A/38/312, anexo.
    4/ A/32/61, anexo I.
    5/ Véase A/CONF.114/42, cap. I.
    6/ A/38/311-S/15883, anexo.
    7/ Informe de la Conferencia Internacional sobre Sanciones contra Sudáfrica, París, 20 a 27 de mayo de 1981 (A/CONF.107/8), secc. X y anexos X y XI.
    8/ A/36/534, anexo II, resolución AHG/Res.103 (XVIII).
    9/ A/38/312, anexo, resolución AHG/Res.194 (XIX).
    10/ Resolución 217 A (III).

Fuente: https://docs.un.org/en/A/RES/38/17

Democracia liberal: un oxímoron y tres hipótesis

Liberal Democracy: An Oxymoron and Three Hypotheses

Según una de las teorías más sólidas de lectura de la historia, el materialismo dialéctico, los fenómenos simbólicos son expresiones de la base material de una sociedad, de sus medios de producción y de consumo. Luego de la muerte de Marx, sus seguidores y detractores introdujeron variaciones que iban desde Max Weber hasta los marxistas Antonio Gramsci, Louis Althusser y la Escuela de Frankfurt.

Los marxistas del siglo XX se detuvieron en la idea de que la supraestructura simbólica no es mera consecuencia de las condiciones de producción y consumo, sino que poseen una relativa independencia e influencia sobre la base material. Esta crítica de los marxistas a Marx, por lo general, establecía que estas instituciones, ideas e ideologías independientes de los sistemas económicos tenían por objetivo, cuando eran dominantes, confirmar los intereses de la clase social beneficiada.

Uno de los conceptos que quisiera introducir aquí radica en la extraña y aparentemente contradictoria dialéctica entre (1) las traducciones simbólicas de la base material de las sociedades y (2) aquellas ideas que le son, en principio, inconvenientes y hasta foráneas. Me refiero a los dos dogmas ideológicos dominantes de la Era Moderna: capitalismo y democracia. Por generaciones, ha sido un entendido común en Estados Unidos que ambos son la misma cosa, tanto como lo es socialismo y dictadura―o capitalismo y cristianismo.

El liberalismo, articulación ideológica de los antiguos señores feudales y de los posteriores esclavistas, se opuso al poder político concentrado de las monarquías. No se opuso a las monarquías parlamentarias que protegió a la nueva elite burguesa (la antigua clase nobiliaria), sino a las monarquías absolutistas (dictaduras) que no respondían a su control directo, representado, como en la Atenas imperial, en una minoría de elegidos, cuando no en un senado hereditario. La compra y el secuestro del poder del Estado (las monarquías) por parte de sus enemigos, los liberales nobiliarios, le aseguró a la nueva clase dominante una brutal fuerza de represión contra las anteriores revueltas comuneras y de campesinos despojados por la privatización de la tierra a través del sistema de enclosure o cercado (Moscas en la telaraña).

Por definición, el capitalismo es antidemocrático, ya que su único objetivo radica en la concentración de capitales. Ninguna democracia es real si la libertad de sus ciudadanos está limitada a una minoría que da órdenes y una mayoría que las recibe. Sin poder no hay libertad (social) y sin dinero no hay poder. La mayoría de los miembros de una sociedad capitalista son asalariados, profesionales o pequeños mercaderes―es decir, no son capitalistas. El poder de decidir, de legislar, de comprar y vender bienes, servicios, narrativas y voluntades está concentrado-privatizado. En Estados Unidos y en cualquier neocolonia un puñado de hombres blancos posee tanta riqueza como la mitad del país y se dedican a comprar senadores y presidentes o a escribir las leyes directamente. El modelo de las sociedades esclavistas permanece intacto: todos tienen, como en tiempos de la esclavitud de grilletes, una libertad de expresión garantizada por la constitución (siempre y cuando se cumpla con la fórmula P=d.t); todos han sido por igual unidos con un mismo dogma mitológico (los nacionales y los religiosos), por una misma obediencia al trabajo duro y efectivo como valor superior. Las corporaciones que se enriquecieron durante la esclavitud, sobrevivieron la abolición legal del sistema esclavista secuestrando el sermón libertario para presentarlo como propio y exigir los créditos de las libertades que los ex esclavos de grilletes gozan hoy en día.

Por historia, el capitalismo también siempre fue antidemocrático. Desde su nacimiento en el siglo XVII, en nombre de la libertad de mercados, de la libertad individual y de la democracia, el capitalismo se especializó en destruir la libertad de sus súbditos y esclavos. Se encargó de destruir la libertad de mercado, donde la había, para instaurar la dictadura de los capitales y de sus imperios. Se encargó de destruir democracias, reemplazándolas por dictadores bananeros en todos los continentes que vampirizó a fuerza de cañón, de masacres de y corrupción de sociedades oprimidas, para luego presentarse como el modelo ejemplar de desarrollo, de libertad y de civilización.  

Otra hipótesis problemática aquí es: diferente al protestantismo, la democracia contradijo al sistema capitalista desde su base material. ¿Por qué una idea, una ideología, llegaría a ser la bandera de su opuesto, el capitalismo y el imperialismo? ¿Cómo fue posible que las ideas de democracia conviviesen de forma tan persistente con ideas como la de superioridad racial, como fue el caso de Theodore Roosevelt y de todos los imperialistas de la Era Moderna?

Mi primera respuesta radica en que la Ilustración reflejó la profunda perplejidad por el descubrimiento de las democracias indígenas en América y, como en los casos anteriores, se avocó a secuestrarla. ¿Cómo? A través del antecedente griego u “occidental”. De hecho, Rousseau, al mismo tiempo que Benjamín Franklin, conocía perfectamente la experiencia de las democracias americanas, pero decidió citar a los antiguos griegos. El mismo prejuicio racial sufrió Franklin. Las asambleas de la Antigua Grecia (Eclesia) estaban compuestas solo de ciudadanos hombres, similar a la democracia estadounidense durante su primer siglo de existencia. En ambos casos, solo el quince por ciento de los habitantes participaba de las elecciones. Dentro de ese porcentaje, otra minoría más rica dominaba.

La democracia nativo-americana, traficada por las crónicas jesuitas a Europa, debió tener el mismo efecto psicológico y cultural que las crónicas de Vespucio en la nueva tradición antagónica de las utopías sociales, como Utopía de Tomás Moro. Dependiendo del poder de las nuevas ideas, la clase dominante las secuestrará o las demonizará.  

En la democracia iroquesa, hombres y mujeres tenían voz y voto en las decisiones que eran decididas por consenso. Toda decisión debía considerar el principio de “Las siete generaciones”. La democracia ateniense era más individualista, mientras que la indígena establecía la harmonía del Uno con el Todo, lo cual se traducía en una mayor estabilidad política y social que en el caso griego o de las democracias liberales.

Tal vez el impacto de la experiencia de los “salvajes americanos” fue mayor en la Europa capitalista del siglo XVIII debido a que la memoria histórica del continente registraba un ejemplo “vernáculo”, el de Grecia, el cual con el tiempo se fue imponiendo como forma natural de reemplazo de las monarquías absolutas por la tradición anterior de los nobles feudales, es decir, de los liberales modernos.

Otro fenómeno que problematizaremos como hipótesis de trabajo, puede resumirse de la siguiente forma: Todos los sistemas imperiales se caracterizan por la política de la crueldad debido a que su objetivo principal es el miedo a perder el control, aun cuando se representen a sí mismos como civilizados, como lo fueron la Pax romana o la Pax americana. Bastaría con recordar los espectáculos de la crueldad del circo romano, donde la lucha desigual entre un gladiador (esclavo) y un león resultaba excitante para el emperador y para el público en general. Luego podríamos continuar con la crueldad de imperios tan diferentes como el mongol, el azteca, o los más recientes imperios anglosajones con sus invasiones, guerras y masacres en las colonias.

¿Es la democracia (como fue el milenario caso iroqués) incompatible con sistemas políticos geopolíticamente dominantes? Entiendo que sí.

Jorge Majfud, abril 2025

https://www.pagina12.com.ar/823876-democracia-liberal-un-oximoron-y-tres-hipotesis

Biología y valores tradicionales

El 27 de agosto de 2024, el Ministro de Justicia de Argentina, el señor Mariano Cúneo Libarona, en su discurso ante la Comisión de Mujeres de Diputados, justificó el cierre de programas contra la violencia de género decretando, con un tono de voz que recuerda a los mandatarios de las dictaduras militares de unas décadas atrás:

Se acabó solo el género, nuestro valor es la familia. ¿Cuáles son los valores familiares tradicionales? El amor, la unión, el trabajo, el estudio, la solidaridad, la igualdad. La igualdad ante la ley. La igualdad de trato”.

Un ejemplo claro de apropiación lingüística, la misma que vienen operando los esclavistas del siglo XIX, los neoliberales del siglo XX y los libertarios del siglo XXI sobre una de sus mayores víctimas: la palabra (ideoléxico) libertad. ¿Acaso el amor, la unión, el trabajo, el estudio, la solidaridad, la igualdad, la igualdad ante la ley, la igualdad de trato no son valores fundamentales de aquellos que luchan por sus derechos no reconocidos o negados por los fanáticos de “los valores tradicionales de la familia”?

Luego de la apropiación arbitraria y arrogante de estos valores caros para los grupos despreciados, el ministro fue más específico y sincero: “Nosotros rechazamos la diversidad de identidad sexuales [sic], que no se alinea con la biología… Sí”. Aquí fue aplaudido por los diputados de su partido, el partido oficialista.

El ministro no sólo desplegó una muestra de autoritarismo y arbitrariedad, sino de ignorancia también, tres valores tradicionales que están de moda entre los reaccionarios, borrachos de poder mediático y político.

En febrero de 2010, en un artículo titulado “La moral de los perros” y publicado en Milenio de México, respondíamos al arzobispo Antonio Chedraui quien, en la televisión mexicana había declarado que “Lo anormal no puede ser normal”. Luego de la meritoria tautología, lanzó su pregunta retórica:

“¿Usted vio alguna vez un animal, un perro teniendo relaciones sexuales con otro perro del mismo sexo?” dijo, poco antes de que se escuchara un ladrido.

Bueno, la homosexualidad no es rara en la naturaleza (por no mencionar las relaciones sexuales entre diferentes especies). De hecho, es parte de la ventaja evolutiva de las especies, sobre todo entre los humanos.

14 años después volvemos con la misma mediocridad e ignorancia de argumentos, basadas en la inseguridad masculina y en otras fobias personales y colectivas.

Sr. Ministro de Justicia de Argentina:

Si hay algo que no se alinea con la biología es eso que gente como usted llama “valores tradicionales” y son, por ejemplo, el celibato y la monogamia. Además, señor ministro, si usted supiera algo de biología (todos somos ignorantes, pero algunos presumen de ello), se escandalizaría sobre la diversidad sexual de la naturaleza. Es precisamente la diversidad (en gran medida producida por la aparición del sexo en este planeta) lo que permite a una especie sobrevivir y evolucionar, algo que tampoco es ni fue nunca de agrado de los fanáticos de su club.

 La diversidad no solo es crucial en biología, en los ecosistemas, sino en las culturas humanas. Incluso en las ciencias: cualquier académico más o menos decente sabe que la ciencia, incluida la biología, ha avanzado (o evolucionado) a fuerza de no solo tolerar sino promover la diversidad de teorías, puntos de vistas, la crítica radical, para poder filtrar lo verdadero de lo falso, para dejar de perder el tiempo con ignorantes como usted que recuerdan los tiempos de la Santa Inquisición del Santo Oficio (campeones de los valores tradicionales, no hay por qué dudarlo), que no solo censuró a Galileo Galilei por afirmar algo que no estaba en el dogma religioso, sino que persiguió, torturó y quemó miles de personas en la civilizada Europa, sobre todo aquellos que no se alineaban a “los valores tradicionales”.

Incluso las dictaduras militares del continente, como la de su país, repetían su defensa a la libertad, el patriotismo y los valores tradicionales de la familia mientras torturaban con picanas eléctricas aplicadas a los testículos y las vaginas de sus prisioneros maniatados. Esta obsesión sádica de la tortura y la humillación moral, reproducía las prácticas de la misma Santa Inquisición, como por ejemplo el Judas’ chair o la Silla de Judas (dato histórico siempre cuestionado por algunos católicos), que no era otra cosa que una pirámide donde se sentaba a los acusados de herejía hasta que les destrozaban el ano o la vagina muy lentamente.

Todo en nombre de Dios, la civilización, la familia y los valores tradicionales de la familia, está de más decir.

Jorge Majfud, agosto 2024.

Memorándum filtrado del Departamento de Estado: Garantías israelíes “no son ni creíbles ni confiables”

“La filtración del 28 de abril de 2023 debería marcar el fin definitivo de esta impunidad. El presidente Biden está obligado a hacer cumplir plenamente la ley y detener la ayuda a Israel”

Por Jack Johnson, 28 de abril de 2024

Un memorando interno recientemente filtrado muestra que funcionarios de cuatro oficinas del Departamento de Estado de Estados Unidos no creen en las garantías del gobierno israelí de que está utilizando armamento estadounidense en Gaza de conformidad con el derecho internacional y las impugnan por considerarlas “ni creíbles ni confiables”.

El memorando, del que Reuters informó por primera vez el sábado, es un informe conjunto de las oficinas de Democracia, Derechos Humanos y Trabajo del Departamento de Estado; Población, Refugiados y Migración; Justicia Penal Global; y Asuntos de Organizaciones Internacionales.

El documento filtrado plantea una “seria preocupación por el incumplimiento” del derecho internacional, citando específicamente los repetidos ataques del ejército israelí a infraestructura civil, la negativa a investigar o a castigar a los responsables de atrocidades y el asesinato de “trabajadores humanitarios y periodistas a un ritmo sin precedentes”, según Reuters.

El memorándum también señala el rechazo arbitrario de Israel a los camiones de ayuda humanitaria, que ha empeorado la hambruna en la Franja de Gaza. La conclusión de las oficinas coincide con la de los funcionarios de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional.

Los grupos de derechos humanos han estado documentando las atrocidades de Israel y la obstrucción sistemática de la ayuda durante meses, pero la administración Biden ha seguido aprobando la venta de armas para el gobierno de Netanyahu a pesar de las mismas leyes estadounidenses que prohíben las transferencias de armas a países que violan los derechos humanos y bloquean la asistencia humanitaria estadounidense.

Sarah Leah Whitson, directora ejecutiva de Democracy for the Arab World Now (DAWN), dijo el sábado que “la confirmación filtrada del Departamento de Estado de que Israel ha restringido el transporte y la entrega de asistencia humanitaria estadounidense no deja lugar a dudas: la ley estadounidense exige la suspensión de la ayuda militar a Israel.”

“Durante demasiado tiempo, la administración Biden ha violado o ignorado las leyes estadounidenses que exigen la suspensión de la ayuda a un régimen abusivo como Israel, alimentando la beligerancia israelí y recompensando sus atrocidades”, dijo Whitson. “Es hora de consecuencias reales”.

En marzo, el ministro de Defensa israelí, Yoav Gallant, escribió una carta asegurando a la administración Biden que el uso de armamento estadounidense por parte del ejército israelí ha estado en consonancia con el derecho internacional. Posteriormente, un portavoz del Departamento de Estado de Estados Unidos indicó que la administración Biden no ha considerado que Israel “esté violando el derecho internacional humanitario”, lo que provocó la indignación de analistas y miembros del Congreso que dicen que es obvio que Israel está cometiendo crímenes de guerra en Gaza.

Se espera que el Departamento de Estado de Estados Unidos entregue su evaluación final de las garantías de Israel al Congreso a principios de mayo.

Las garantías escritas de Israel fueron requeridas bajo una política de la Casa Blanca conocida como Memorando de Seguridad Nacional 20 (NSM-20), que tiene el objetivo aparente de prevenir “transferencias de armas que corren el riesgo de facilitar o contribuir de otro modo a violaciones de los derechos humanos o del derecho internacional humanitario”.

NSM-20 establece que “para respaldar la Sección 620I de la Ley de Asistencia Exterior de 1961 (22 U.S.C. 2378-1) y el derecho internacional aplicable”, Estados Unidos “obtendrá garantías escritas creíbles y confiables de un representante del país receptor como el Secretario de Estado considere apropiado que, en cualquier zona de conflicto armado donde el país receptor utilice dichos artículos de defensa, de conformidad con el derecho internacional aplicable, el país receptor facilitará y no negará, restringirá o impedirá arbitrariamente, directa o indirectamente, el transporte o entrega de asistencia humanitaria de los Estados Unidos y los esfuerzos internacionales apoyados por el gobierno de los Estados Unidos para brindar asistencia humanitaria”.

Raed Jarrar, director de defensa de DAWN, dijo el sábado que “la Sección 620I ha quedado ineficaz por la inacción del Departamento de Estado y el trato especial dado a Israel”.

“La filtración de hoy debería marcar el fin definitivo de esta impunidad. El presidente Biden no tiene más remedio que hacer cumplir plenamente la ley y detener la ayuda a Israel”, afirmó Jarrar. “Desde el bombardeo de torres residenciales hasta el bloqueo de alimentos y medicinas, la guerra de Israel contra Gaza se ha caracterizado por un total desprecio por la vida civil y el derecho internacional. Suspender la ayuda militar es lo mínimo que Estados Unidos debe hacer para evitar una mayor complicidad en estos abusos. Pero es una primer paso esencial para demostrar que ni siquiera Israel está por encima de la ley”.

Los detalles del memorando interno del Departamento de Estado surgieron pocos días después de que el Congreso diera la aprobación final a un paquete de ayuda exterior que incluye 17 mil millones de dólares en asistencia militar incondicional para el gobierno israelí.

En una declaración conjunta el viernes, decenas de grupos de la sociedad civil advirtieron que la ayuda militar recientemente aprobada corre el riesgo de profundizar la complicidad de Estados Unidos en un ataque que ha matado a más de 34.000 personas y ha puesto a millones en riesgo de morir de hambre.

“Este paquete de ayuda suplementaria no sólo proporciona a Israel miles de millones en armas letales, sino que también proporciona al país privilegios superiores a cualquier cosa que haya recibido jamás, en particular para el almacenamiento de reservas de guerra y la adquisición en el extranjero”, dijeron los grupos. “La aprobación del proyecto de ley suplementario pone en riesgo aún más la complicidad de Estados Unidos en graves crímenes internacionales cometidos por Israel”.

“Instamos a la administración y al Congreso a respetar las leyes y políticas estadounidenses y el derecho internacional reteniendo la transferencia de ayuda militar letal adicional a Israel”, agregaron.

Traducción de Jorge Majfud.