Jesús no era apolítico

El expresidente y candidato a la presidencia de Estados Unidos, Donald Trump, se encuentra en serios problemas económicos debido a los juicios en su contra. Su último movimiento ha sido vender Biblias a 59,99 dólares. En su promoción, asegura que es una Biblia especial porque “tiene su aprobación”. La Biblia Patriota tiene una bandera estampada en la tapa e incluye la constitución de Estados Unidos. En su promoción, aseguró que deben comprar muchas, que él mismo tiene muchas en su casa.

Un estudiante me dijo que le parecía bien, ya que la Constitución estaba basada en la Biblia. Cuando le pedí algún ejemplo, me mencionó valores que ya estaban en muchas culturas antiguas, como las que se desarrollaron en China y en África. Ni la Constitución ni la Carta de Derechos mencionan una sola vez a Dios, excepto una vez para especificar la fecha de la firma, lo cual era una formalidad de la época. Es más, los escritos de sus redactores, los llamados Padres Fundadores, especificaban que el objetivo era separar la religión de los asuntos del gobierno. Washington reconoció que el nuevo gobierno no era un gobierno cristiano y Jefferson insistió tanto en crear una enorme muralla para separar la religión del Estado que sus libros fueron prohibidos en las bibliotecas por ateo.

Poco después publicamos un momento en que el representante por Texas James Talarico hablaba en una iglesia desde una perspectiva del cristianismo original, es decir, en las antípodas del cristianismo actual: “Si esta fuera una nación cristiana, trataríamos con amor a todos nuestros vecinos LGBTQ. Si esta fuera una nación cristiana, nos aseguraríamos de que cada niño en este estado y en este país tuviese una casa, alimento, educación y salud. Si esta fuera una nación cristiana, nunca crearíamos una nación cristiana, porque sabemos que nuestra amistad está abierta a todos, incluidos a nuestros vecinos budistas, hindúes, musulmanes judíos, sij, ateos, hindúes y musulmanes. Jesús pudo haber iniciado una teocracia cristiana, pero el amor nunca haría eso. Lo más cercano que tenemos al Reino de los Cielos es una democracia multirracial y multicultural donde el poder es verdaderamente compartido entre todas las personas. Algo que aún no existe en la historia de la Humanidad”.

En Twitter, alguien respondió:

Interpretar la biblia con valores actuales es muy tonto se tu parte. En ese tiempo solo se regia solamente las monarquías y no existía el concepto democracia. Jesus era apolitico, las obras realizadas era en pos de predicar ya que lo material no valía nada para el”.

Eso de que “Jesús era apolítico” es un viejo dogma eclesiástico que contradice las mismas escrituras. Un dogma profundamente político. En el siglo XX, la santidad del claustro fue cuestionada como mero egoísmo por los teólogos de la liberación, quienes propusieron un compromiso con los problemas del resto de la sociedad y no la búsqueda de la santidad pura alejándose del mundo pecaminoso que proporcionaba los recursos para que otros salvaran sus almas. Varios sacerdotes fueron asesinados por estas ideas, acusados de socialistas.

La neutralidad política de cualquier institución es un oxímoron. No hay nada más político que la pretensión de neutralidad política. Se hace política por acción o por omisión. La idea de un Jesús apolítico es tan engañosa y conveniente al poder de turno como la pretensión de que las iglesias son neutrales. Lo que se puede decir es que Jesús no pertenece ni “es pertenecido” por ningún partido político, como presumen los fanáticos de extrema derecha que lo han privatizado desde el año 325.

Si nos referimos sólo a los cuatro evangelios que quedaron luego de que ese año los obispos de Constantino arrasaron con otros sesenta evangelios inconvenientes para el imperio, aun así podemos decir que sus historias están llenas de política (a las que se oponen sus fanáticos per-seguidores), lo cual no es nada raro para el hijo de Dios que tomó un cuerpo humano y todas sus necesidades físicas y sociales hasta sufrir la tortura y morir en agonía.

En 2007 contestábamos en “El Jesús que secuestraron los emperadores” y otros ensayos al escándalo provocado por un presidente que dijo que Jesús era socialista. Por supuesto que ni la idea ni el lenguaje de hoy son los mismos que hace dos mil años, pero los cristianos más fanáticos viven la ideología capitalista y nacionalista como una forma de consistencia con las enseñanzas de Jesús, cuando hasta un niño puede ver las contradicciones flagrantes y, sobre todo, hipócritas. ¿Qué vemos en los evangelios que quedaron?

El hijo de Dios naciendo en un establo de animales. El hijo de Dios trabajando en la modesta carpintería de su padre. El hijo de Dios rodeado de pobres, de mujeres de mala reputación, de enfermos, de seres marginados de todo tipo. El hijo de Dios expulsando a los mercaderes del templo. El hijo de Dios afirmando que más fácil sería para un camello pasar por el ojo de una aguja que un rico subiese al reino de los cielos. El hijo de Dios cuestionando, negando el pretendido nacionalismo de Dios. El hijo de Dios superando leyes antiguas y crueles, como la pena de muerte a pedradas de una mujer adúltera. El hijo de Dios separando los asuntos del César (Estado) de los asuntos de su Padre (religión). El hijo de Dios valorando la moneda de una viuda sobre las clásicas donaciones de ricos y famosos. El hijo de Dios condenando el orgullo religioso, la ostentación económica y moral de los hombres. El hijo de Dios entrando en Jerusalén sobre un humilde burro. El hijo de Dios enfrentándose al poder religioso y político, a los fariseos de la Ley y a los infiernos imperiales del momento. El hijo de Dios difamado y humillado, muriendo bajo tortura militar, rodeado de pocos seguidores, mujeres en su mayoría. El hijo de Dios haciendo una incuestionable opción por los pobres, por los débiles y marginados por el poder, por la universalización de la condición humana, tanto en la tierra como en el cielo…

En algunas iglesias cristianas, como en el Islam, Jesús no es hijo de Dios, sino su más importante profeta. Aparte, recordemos que en el Antiguo Testamento, profeta no significaba lo que significa hoy, en su sentido griego de “ver el futuro”. Eran críticos radicales del presente, profundamente políticos, y solían ir contra los abusos de los ricos y poderosos y en favor de una justicia social equitativa. Como Amos, por ejemplo. En este sentido, Jesús es el perfecto profeta. Todos fueron socialmente estigmatizados por incómodos.

Jesús fue ejecutado por el imperio del momento (a Roma no le importaban los asuntos religiosos de los judíos, sólo la Pax romana) y por sus colaboracionistas locales del momento como un criminal a lado de otros dos criminales, por subversivo. La misma forma de ejecución imperial no deja lugar a dudas. Si volviese hoy, sería ejecutado otra vez por peligroso subversivo y los futuros cristianos tendrían una silla eléctrica en sus altares.

jorge majfud, march 2024

La ideología sin ideología (II)

Poco después de la caída del muro de Berlín, tuvimos que soportar una avalancha de discursos, políticas neoliberales y muletillas como El fin de la historia (un verdadero poema épico) y El choque de las civilizaciones (nueva poesía llamando a nuevas hazañas). No era muy difícil ver que lo que tendríamos sería más bien un choque de intereses y que mientras haya algo por construir y por destruir habría historia, que es como decir mientras haya que respirar para seguir viviendo.

Por entonces, a pesar de los múltiples ejemplos de recientes dictaduras capitalistas en América Latina, el dogma triunfante era la eucaristía entre el capitalismo y las democracias liberales a un punto que se confundía una con otra de la misma forma que se confundía socialismo con dictadura. Ambas confusiones que cualquiera puede detectar hoy en día en cierta clase de estadounidenses (o desesperados candidatos a serlo) anestesiados en los medios cada día, en los bares los sábados de noche y en las iglesias donde van a lavar los trapos sucios los domingos por la mañana.

Los heraldos de ese orden neoliberal y de pensamiento único nunca se imaginaron que unas décadas después estaríamos viviendo en un nuevo casamiento promiscuo entre la última forma de capitalismo y las nuevas variaciones de democracias antiliberales y, en casos, entre capitalismo y comunismo, como es el caso de China. El capitalismo ha sido un habilidoso promiscuo, capaz de mantener relaciones carnales con sus más impensados antagónicos, como lo fueron el cristianismo, las democracias liberales y el comunismo. No es casualidad ni es un fenómeno extraño. Si por algo se caracterizan los fanáticos de cualquier religión es por contradecir sus propias raíces para servir a sus propios intereses. Hoy en día, por ejemplo, son los cristianos conservadores quienes más obsesionados están en demonizar a los de abajo. Todos los grupos sociales siempre temen más a los de abajo que a los de arriba que los gobiernan y explotan. Pero en el cristianismo capitalista llega a la patología de demonizar a los más débiles de una sociedad (los pobres, los inmigrantes) y a arrodillarse indulgentes ante los más ricos y poderosos que hacen y deshacen el gobierno y el país a su antojo. Una paradoja vergonzosa para los seguidores de un rebelde que vivió rodeado de todo tipo de marginales y finalmente fue ejecutado por el poder imperial del momento. Todo lo cual no sólo es una contradicción sino una cobardía radical de quienes se asumen, como suelen repetir en el himno nacional, individuos “en la tierra de los libres y en la casa de los valientes”.

Tampoco esto es casualidad. Toda “narratura” es una máscara de una realidad que conviene invisibilizar o travestir. Uno de los pilares básicos de la narrativa neoliberal consistía en confirmar la “muerte de las ideologías”, como si la suya fuese una expresión de las ciencias o de la naturaleza y no una ideología en sí misma, una de primer grado. Claro que una de las fortalezas del neoliberalismo y de su padre, el capitalismo, consiste en la simpleza casi primitiva de sus fundamentos: creer que la libertad es una lluvia que cae sobre todos por igual o adoptar mitos como el que afirma que si ayudamos a los ricos a ser más ricos, algo de toda esa riqueza se derramará algún día a los de abajo. Basta con un simple acto de fe y cierto entrenamiento pornográfico para adoptar semejante fantasía.

Los otros pilares son también contradictorios: el nacionalismo apela a un sentido de la neutralidad ideológica. Esa bandera, que representa a España o a Brasil o a EE.UU., es la misma siempre y, al representar a todos los ciudadanos, debe ser neutral. Por supuesto, su uso y abuso narrativo no lo es.

Estas supersticiones no difieren de aquella que afirma que las iglesias son políticamente neutrales, que su objetivo y acción es la salvación de las almas y no de los cuerpos. No hay nada más político que la pretensión de neutralidad política. Si hubo un hombre político, en el sentido profundo de la palabra, ese fue Jesús, razón por la cual fue ejecutado.

El dogma, la ideología (neo)neoliberal a partir de los 70s, se podría resumir en los siguientes mandamientos:

  • Privatiza. Los privados siempre lo hacen mejor que el gobierno.
  • Reduce el maldito gobierno. Un momento. Reduce solo aquellos programas que beneficien a las mayorías sociales, como salud, educación, retiros, seguros de desempleo, canastas de alimentación, etc.
  • Austeridad ante todo (¿Han observado que quiénes más recomiendan austeridad son los superricos?)
  • Militariza. No todo el gobierno es malo. Aumenta el poder del ejército y la policía, que deben quedar en manos del gobierno porque le asegura a los más ricos (especialmente desde el siglo XIX en América Latina hasta hoy) estabilidad social ante las crisis que crean las políticas de libertad desigual. (Desde los tiempos de la colonia, todos los alzamientos sociales fueron provocados por las diferencias sociales del continente más desigual del mundo).
  • Desregula, el trabajo de los de abajo y los límites de inversión y desinversión de los de arriba. Los trabajadores serán libres de irse sin sus trabajos y los inversores serán libres de irse con su dinero.
  • Deja hacer. Elimina toda interferencia del gobierno en la economía, excepto cuando éste debe acudir al salvataje de sus sabios operadores del mercado. Los grandes inversores deben arriesgar seguro: cuando aciertan, se llevan las ganancias por mérito propio; cuando se equivocan, los gobiernos los salvan por vergüenza ajena.
  • Libera el mercado. Cuando las democracias neoliberales no puedan contener el descontento popular, se debe garantizar esta libertad por todos los medios, incluso con dictaduras militares. En realidad no es libertad de mercado sino libertad de los capitales. Pero no lo digas así.
  • Sacraliza y demoniza. Lloverás narraciones dogmáticas que incluyan la demonización de toda alternativa y la prevención de cualquier ejemplo alternativo. A los desastres sociales y económicos, como en el Chile de Pinochet, llámalos Milagro.
  • Predica con el ejemplo. Las potencias occidentales se encargarán de invadir y aplastar “malos ejemplos” que pudiesen desafiar el dogma neoliberal, mientras los ejércitos vernáculos, como los de Medio Oriente, África y América Latina se especializarán en reprimir a sus propios pueblos, ya que prácticamente desconocen la guerra con otros ejércitos nacionales. Para eso están los ejércitos centrales de Europa, Estados Unidos y, pronto, China.

Todos estos preceptos son altamente ideológicos por lo cual la pastilla no está completa sin su cápsula, sin sus elementos ideoléxicos que consisten siempre en sustituir una realidad por su símbolo opuesto.

Por ejemplo, como anotamos al principio, para vaciar de elementos progresistas o independentistas de bloques como el Mercosur se recurre (Macri, Bolsonaro, etc.) al discurso de la desideologización, de la despolitización y la neutralidad de los mercados. Nada de eso se aplica cuando se bloquean económicamente países menores o más débiles como Cuba, Venezuela, Irán y cualquier país que no se alinea a los intereses y a la ideología del interesado. Nada de este rol de policía del mundo es cuestionado ni se sospecha de tener algo que ver con alguna ideología o con alguna dictadura capitalista como China o Arabia Saudí.

JM, abril 2019.

Más en Las narraturas del capitalismo (2019) y The Autumn of the West (2019)

https://www.alainet.org/es/articulo/119011?language=es