¿Qué dirá la historia de las rémoras?

El comité del Premio Nobel d ela Paz acaba de publicar el siguiente texto, acompañado de una fotografía de la última galardonada, la empresaria venezolana María Corina Machado:

Cuando se escriba la historia de nuestro tiempo, no serán los nombres de los gobernantes autoritarios los que destaquen, sino los de quienes se atrevieron a resistir. La Premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado, es la última incorporación a una lista de personas que han defendido la democracia, entre ellas Carl von Ossietzky, Andrei Sájarov y Nelson Mandela. Aquí, analiza los retratos de algunos de los Premios Nobel de la Paz que la precedieron”.

“Cuando se escriba la historia de nuestro tiempo” se dirá que el minúsculo comité de políticos (cinco legisladores, cuatro de derecha) que deciden el Nobel de la Paz se superó cada año en su ridiculez–casi tan ridículo como la telenovela lacrimógena de la hija de Machado, recibiendo el premio en su nombre.

Dirá que fue otro signo de la decadencia de un mundo que se moría y, con él, enterraba todo su prestigio, meritoriamente construido a fuerza de arrogancia, racismo e imperialismo.

Señores del honorable Comité. ¿Es que han perdido el sentido de la decencia? Comparar a María Corina Machado con Nelson Mandela, un luchador contra el racismo y el imperialismo, encarcelado 30 años y definido como terrorista por el mismo imperio intervencionista que promueve a una Rémora que nunca estuvo presa por sus ideas y por su apoyo a golpes de Estado  y mendiga que bombardeen su propio país, es un poco demasiado, ¿o no?

jorge majfud, diciembre 2025

¿Identidad o conciencia?

(audio: el diálogo es una interpretación independiente del aríticulo publciado aquí)

El Memorial de América Latina, fundación cultural de São Paulo dedicada a la valorización de la diversidad y la integración de los pueblos latinoamericanos, me invitó a contestar en un breve video la pregunta “¿Qué significa ser latino?” Pocas cosas más estimulantes que las preguntas y pocas preguntas más difíciles de contestar que las más simples.

Empezaré por la conclusión: hay que cambiar el concepto de identidad por el de conciencia. Ninguna de las dos palabras tiene ni tendrá una resolución epistemológica definitiva, pero sí un significado social e histórico (y, sobre todo, político) bastante claro.

Esta conciencia no es un realidad metafísica, abstracta y universal, sino específica, concreta y múltiple. Me refiero a la conciencia de situación, de pertenencia y de ser, como la conciencia de clase, la conciencia de género, la conciencia de ser colonia, la conciencia de ser un trabajador asalariado, la conciencia de ser latino, la conciencia de identificarse con una etiqueta impuesta desde el poder… 

Por décadas, la búsqueda y confirmación de una identidad fue la Lámpara de Aladino que abriría la liberación de cada colectivo social y de cada individuo en particular. Pero la identidad, como el patriotismo, son emociones colectivas y, por lo tanto, ideales para la manipulación de cualquier poder. Más cuando se trata de una dinámica de la fragmentación. Para sus enemigos y promotores, un proyecto de la distracción.

Los poderes dominantes manipulan las emociones mejor que las ideas. Cuando estas ideas se liberan del ruido de las pasiones y se reflejan en sus propios espejos, no en los espejos del poder que no tienen, comienzan a aproximarse a una conciencia concreta.

La más reciente obsesión por una identidad étnica (y, por extensión, de diferentes grupos marginados o subalternos al poder) fue precedida hace más de un siglo por la obsesión de la identidad nacional. En América latina fue el producto del romanticismo europeo. Sus intelectuales, crearon en el papel (desde las constituciones hasta el periodismo y la literatura) las naciones latinoamericanas. Como la diversidad de repúblicas aparecía caótica y arbitraria, con países creados de la nada a través de divisiones, no de uniones, fue necesaria una idea unificadora. Las religiones y los conceptos raciales no eran tan fuertes como para explicar por qué una región se independizaba de la otra, por lo que la cultura debió crear esos seres artificialmente uniformes. Incluso más tarde, cuando en 1898 el Imperio español terminó su larga decadencia con la pérdida de sus últimas colonias tropicales a manos de Estados Unidos, el país (o, mejor dicho, su intelectualidad) se hundió en la introspección. Los discursos y las publicaciones sobre la identidad de la nación, sobre qué era ser español distrajeron el dolor por la herida abierta. Algo similar a lo que ocurre con Europa hoy, pero sin intelectuales capaces de procesar y crear algo nuevo.

Más allá de la desesperada búsqueda o confirmación de una identidad (como un creyente asiste cada semana a su templo para confirmar algo que, se supone, no está en peligro de perderse), las identidades suelen ser la imposición de un poder externo y, en ocasiones, la reivindicación de quienes lo resisten. África no se llamaba a sí mismo África hasta que los romanos la bautizaron con ese nombre y pusieron en esa cajita a un universo de naciones, culturas, idiomas y filosofías diferentes. Lo mismo Asia: hoy, los chinos, los indios y los árabes separados por océanos, por desiertos y por las montañas más altas del mundo son definidos como asiáticos, mientras los rusos blancos del Este son europeos y los rusos menos caucásicos del centro son asiáticos, sin que los separe un gran accidente geográfico y, menos, una cultura radicalmente diferente. Para los hititas Assuwa era el Oeste de la actual Turquía, pero para los griegos era el diverso y desconocido universo humano al Este de Europa. Lo mismo América, como todo saben.

Por lo general, la identidad es un reflejo de la mirada ajena y ésta, cuando es determinante, procede de la mirada del poder. Más recientemente, el significado de hispano y latino en Estados Unidos (y, por extensión, en el resto del mundo) son inventos de Washington, no sólo como forma de clasificar burocráticamente esa diversa otredad, sino como reacción epidérmica de su propia cultura fundadora: clasificando colores humanos; dividiendo en nombre de la unidad; visibilizando ficciones para ocultar la realidad. Una tradición con una clara funcionalidad política, desde siglos antes.

La política de las identidades tuvo un relativo éxito por dos razones opuestas: expresó las frustraciones de quienes se sentían marginados y atacados―y que, de hecho, lo eran―y, por el otro, fue una antigua estrategia que, de forma consciente, practicaron los gobernadores y esclavistas blancos en las Trece Colonias: promover las divisiones y las fricciones de los grupos sociales sin poder a través del odio mutuo. 

Aunque una creación cultural, una creación de la ficción colectiva, la identidad es una realidad, como puede serlo el patriotismo o la afición fanática por una religión o un equipo de fútbol. Una realidad estratégicamente sobreestimada.

Por lo antes anotado, sería preferible volver a hablar de conciencias, como solíamos hacerlo algunas décadas atrás, antes de que nos colonizara la superficialidad. Conciencia de inmigrante, conciencia de perseguidos, conciencia de estereotipados, conciencia de racializados, conciencia de sexualizados, conciencia de colonizados, conciencia de clase, conciencia de esclavo, conciencia de ignorantes―aunque esta última parezca un oxímoron, de joven conocí gente humilde y sabia, quienes habían alcanzado esta conciencia y actuaban y hablaban con una prudencia que no se ve hoy entre aquellos que viven de fiesta en el pico de la gráfica de Dunning-Kruger.

La conciencia de una situación particular no es divisiva ni sectaria, de la misma forma que la diversidad no se opone a la igualdad, sino lo contrario. Es el oro y la pólvora de una sociedad en su camino a cualquier forma de liberación. La identidad, en cambio, es mucho más fácil de ser manipulada. Vale más trabajar por aclarar y elevar la conciencia colectiva e individual, que simplemente adoptar una identidad, como un sentimiento tribal, sectario, por encima de cualquier conciencia colectiva, humana. Claro que lograr una conciencia requiere un trabajo moral e intelectual, a veces complejo y contra eso que en psicología se llama “intolerancia a la ambigüedad”―en 1957, León Festinger lo llamó “disonancia cognitiva”.

Diferente, para adoptar una identidad, basta con descansarse en colores, en banderas, en tatuajes, en símbolos, en juramentos, y en tradiciones adaptadas para el consumidor, superfluas o inventadas por alguien más que terminará por beneficiarse de toda esa división y frustración ajena.

La identidad es una realidad simbólica, estratégicamente sobreestimada. Como el patriotismo, como un dogma religioso o ideológico, una vez fosilizada, es mucho más susceptible de la manipulación ajena. Entonces, se convierte en un saco de fuerza―conservador, ya que impide o limita la creatividad derivada de una conciencia crítica y libre.

Trabajar y alcanzar una conciencia de esa manipulación requiere un esfuerzo mayor. Requiere del control de los instintos más primitivos y destructivos como, por ejemplo, el ego desenfrenado o el odio de un esclavo por sus hermanos y la admiración por sus amos―la afiebrada moral del colonizado.

Jorge Majfud, octubre 2025.

Vuelvan a nuestra mesa de negociaciones

2019. Nosotros mentimos, engañamos y robamos

College Station, Texas. 15 de abril de 2019—Reclinado en una silla de cuero sobre el escenario del auditorio de la universidad A&M de Texas, un estudiante le pide que explique las políticas de sanciones a algunos países y concesiones a otros regímenes como el de Arabia Saudí. El secretario de Estado Mike Pompeo comienza a hablar de lo duro que es el mundo allá afuera como forma de encontrar la respuesta. No la encuentra, pero a su mente viene una ocurrencia que le parece divertida. Con una incontrolable risa interior que sacude sus trescientas libras corporales, pregunta: “¿Cuál es el lema de los cadetes en la academia militar de West Point? ‘No mentirás, no engañarás, no robarás ni permitirás que otros lo hagan’. Pues, yo he sido director de la CIA y les puedo asegurar que nosotros mentimos, engañamos y robamos. Tenemos cursos enteros de entrenamiento para eso. Lo que nos recuerda la grandeza del experimento americano”. El resto del público lo premia con risas y aplausos.

Las fake news fueron populares desde antes de la independencia de Texas en 1836 y se multiplicaron durante la guerra contra México a partir de 1844. Para finales del siglo XIX, con la invención del periodismo amarillo en Nueva York, se convirtieron en una estrategia masiva y más refinada para aumentar las ventas inventando la guerra contra España en 1898. A principios del siglo XX, las fake news fueron sistematizadas por Edward Bernays, lo cual sirvió para vender la intervención de Estados Unidos en la Primera Guerra mundial y golpes de Estado como en Guatemala en 1954. La CIA usó la manipulación de la opinión pública como primera arma y lo hizo de formas diversas, plantando editoriales en diarios importantes de la región poco antes de alguna intervención militar o para lograr la condena, el bloqueo o el acoso de algún presidente no alineado a las políticas de Washington y los intereses de las transnacionales.

Las organizaciones, fundaciones y agencias creadas con este objetivo han sido múltiples y diversas, aunque con ciertas características comunes. En los años ochenta, con la aprobación del presidente Ronald Reagan, el cubano Otto Reich creó la Office of Public Diplomacy for Latin America, la que debió ser clausurada en 1989 cuando sus prácticas de manipulación de la opinión pública a través de fondos del Pentágono y la CIA se filtraron a la opinión pública. La Office colaboraba con el departamento de Operaciones psicológicas de la CIA y reportaba directamente a la Casa Blanca a través del coronel Oliver North. Una de sus estrategias era plantar op-eds en los grandes medios de prensa y fingir filtraciones de inteligencia para impactar en la población, creando pánico o temor hacia grupos como los sandinistas en Nicaragua y presentando a los Contras como heroicos “luchadores por la libertad”.[1] Reich había inventado que aviones soviéticos habían arribado a Nicaragua, que el régimen ya poseía armas químicas y que estaba involucrado en el narcotráfico, con tanto éxito que en el Congreso comenzaron a escucharse voces en favor de un ataque aéreo a Managua. A los periodistas más serios les tomaría unos años descubrir que la información que recibían de “fuentes confiables” era una burda manipulación.

La Office será clausurada por difundir propaganda encubierta e información falsa usando fondos del Departamento de Estado sin aprobación del Congreso. Su delito no fue manipular la opinión pública con noticias falsas sino usar un dinero que no le correspondía. El 7 de setiembre de 1988, el Departamento de Estado, en un documento secreto, registra que el plan de “este grupo de individuos” es influenciar la opinión pública a través de la prensa y lograr una votación en el Congreso de Estados Unidos favorable a sus intereses. Este grupo mantendrá cuentas bancarias en las Islas Caimán y en bancos de Suiza (usados para lavar el dinero de la venta de armas a Irán a través de Israel) con la colaboración del coronel Oliver North. Otto Juan Reich continuará trabajando como asesor de los presidentes Bush padre y Bush hijo y en 2012 recibirá el premio Walter Judd a la libertad.[2]

El arma de manipular de la opinión pública nunca será abandonada por ninguna revelación en su contra. Entre otras poderosas organizaciones, Rendon Group continuará con esta tradición. El Pentágono le pagará a Rendon para propagar información falsa como arma de guerra. La estrategia se parece a la practicada por Edward Bernays durante el siglo pasado: hacer que alguien con cierto prestigio y no vinculado a nosotros (médicos, líderes religiosos, medios de prensa consolidados) diga lo que ellos quieren que la gente crea y, de esa forma, defender la libertad y la democracia. Rendon logra filtrar y plantar información que será publicada por “periodistas independientes”, alguno de ellos en la nómina salarial del Pentágono. John Rendon, contratado para manipular la opinión pública sobre la guerra en Irak, se jactará: “yo puedo decirle a usted lo que será una primicia en los diarios de mañana en cualquier país del mundo”. En su nómina tiene 195 diarios en 43 países del mundo que reproducen sus ocurrencias.

Cualquiera de los fundadores de Association for Responsible Dissent (ARDIS; sus miembros fueron exmarines, ex agentes de la CIA y del FBI, entre otros), hubiese agregado que el secretario Pompeo se olvidó de mencionar que no sólo “mentimos, engañamos y robamos” sino también matamos. En 1987, el ARDIS estimó que “al menos seis millones de personas murieron como consecuencia de las operaciones encubiertas de Estados Unidos desde la Segunda Guerra Mundialgente que ni siquiera estaba en guerra contra Estados Unidos” mientras todo fue hecho “en nombre del pueblo estadounidense”. También el grupo denunció el reclutamiento de candidatos en los campos universitarios por parte de la CIA, práctica que se continúa hoy en día, más o menos en secreto.


[1] Entre los medios que publicaron las invenciones de La Oficina estaban el Miami Herald, Newsweek, el Wall Street Journal, el Washington Post, el New York Times y varias cadenas de televisión como NBC. La información favorable al gobierno de Nicaragua será descalificada como “propaganda sandinista”. Otto Reich y diferentes filtraciones desde su Oficina explican que esta distorsión de la información se debía a que los periodistas estadounidenses recibían favores sexuales del gobierno nicaragüense, mujeres cuando los periodistas eran heterosexuales y gays cuando eran gays.

[2] Aunque el exilio cubano representa una ínfima parte de toda la población hispana en Estados Unidos (cuatro por ciento de la población hispana si se consideran a todos los cubanos en este país), su representación y poder político es casi absoluto en la CIA y en los diversos organismos de comercio, y mayoritario en los medios, en la política y en el Congreso estadounidense.

Capítulo del libro La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina, Jorge Majfud.

De cómo responder a un bully y ser independiente de una vez por todas

Canal de Panamá: Cómo responder a un agresor y ser independiente de una vez por todas. Entrevista a Jorge Majfud

“Como siempre, la solución fue intervenir en un país extranjero, inventar un nuevo país y luego hacer que los “rebeldes” panameños firmaran un tratado apuntándoles con una pistola al cuello, como era y es costumbre”.

DESACATO, Brasil: Desde el momento en que asumió su segundo mandato como líder de la Casa Blanca, Donald Trump ha demostrado sus nuevas credenciales como agresor global. Así ha sido, entre otros, con los países fronterizos, México y Canadá. También con China, con el pueblo palestino y con el Istmo de Panamá, robado a Colombia para construir un país al servicio de los intereses imperialistas.

Trump se ha quejado de que China es el mayor beneficiario del Canal; exige que Estados Unidos pague menos por el tránsito de sus buques e incluso que vuelva a administrar el canal como lo hacía antes de que el pacto Torrijos-Carter entrase en vigor.

Pero ¿hay algo legítimo o legal en los reclamos de Trump? ¿Cuál es la verdadera historia del canal y del istmo panameño? ¿Es Panamá un país plenamente soberano? ¿Cómo afecta la situación a otros países de la región?

Este tema fue abordado por el periodista y presentador Raúl Fitipaldi en una conversación exclusiva con Jorge Majfud*, escritor, novelista y profesor de la Universidad de Jacksonville, para Portal Desacato, que transcribimos a continuación:

Raúl Fitipaldi: ¿Estados Unidos tiene algún reclamo que sea legítimo con relación a la administración del Canal de Panamá?

Jorge Majfud. Ninguno. Todo lo contrario. Están obligados a pagar una multimillonaria compensación por los crímenes cometidos en ese país, desde Theodore Roosevelt hasta George H. Bush y más acá. Claro que es una obligación moral, es decir, irrelevante.

El Canal nunca fue de Estados Unidos ni fueron los estadounidenses quienes lo construyeron. Roosevelt inventó una revolución en esa provincia de Colombia cuando su congreso rechazó la oferta de continuar la obra que se había iniciado bajo la dirección de los franceses porque renunciaba a su soberanía por una suma irrisoria (nos detuvimos en esto en La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina, 2021). Como de costumbre, la solución fue intervenir en un país extranjero, inventar un país nuevo y luego hacer firmar a los panameños “rebeldes” un tratado con la pistola en la nuca, como fue y es costumbre.

El Canal fue construido por 50.000 trabajadores caribeños que no salieron en la foto, en un régimen de esclavitud. Seis mil de ellos murieron en la construcción mientras Roosevelt los llamaba perezosos y negros estúpidos.

Washington no pagará ninguna compensación como no pagará por todas las dictaduras y masacres que llevó a cabo en América Latina y en el resto del mundo. Por el contrario, continúa matoneando y haciéndose la víctima. El típico amo de lo que entonces se llamaba “la raza libre” (blancos), ladrón y violador que acusaba a los negros y mestizos de ser ladrones y violadores. Igual que cuando Haití se liberó de Francia y de la esclavitud y debió pagar onerosas compensaciones a los esclavistas imperiales por más de un siglo. Igual que los amos blancos en Estados Unidos, quienes recibieron compensaciones por perder su “propiedad privada”, no los esclavos.

RF. ¿Panamá tiene la soberanía necesaria para defender el Pacto Carter-Torrijos que le devolvió el Canal?

JM. No. En relaciones internacionales, los imperios firman tratados hasta que les dejan de servir. Podemos verlo muchas veces con los tratados que Washington firmó con los pueblos originarios, con los mexicanos, con los caribeños, desde el siglo XVIII hasta hoy, cuando en 2015 Obama firmó el tratado con Irán para la limitación de tecnología nuclear y, al otro día (dos años después), Trump lo desconoció.

Ahora, con México, Panamá, Canadá, Colombia o Europa debemos recordar la máxima de Henry Kissinger, uno de sus criminales más célebres: “Ser enemigo de Estados Unidos es peligroso, pero ser su amigo es letal”.

Panamá tiene solo dos opciones: (1) arrestarse como una de las prostitutas de Trump para recibir algo a cambio o (2) establecer una política de Estado en base a acuerdos y uniones con países más confiables, aquellos que comparten sus mismos problemas de seguridad ante la eterna aplicación de la Doctrina Monroe. Es decir, tratados comerciales y de unión estratégica con sus hermanos latinoamericanos y con otros países, sean europeos, africanos o asiáticos.

Esta idea del valor de la unión procede de los nativos norteamericanos: puedes quebrar una lanza con facilidad, pero si intentas quebrar varias juntas no podrás. Los colonos anglosajones escucharon y aprendieron tan rápido que no les dejaron tiempo a las naciones nativas a unirse de forma efectiva. Hoy es un símbolo irónico en el escudo de Estados Unidos.

RF. ¿Tienen fundamento las acusaciones que Donald Trump le hace a China de usar para sí el canal?

JM: Es falso y contradictorio. La presencia china en Panamá es insignificante. El problema es que China no deja de hacer las cosas bien y, como cualquier potencia industrial y comercial tiene derecho a usar el canal de Panamá y cualquier otro puerto si no emplea la violencia como es tradicional en Estados Unidos y en los imperios anglosajones.

Lo que más molesta de China es que ha recuperado su estatus de superpotencia mundial sin invadir ni destrozar ningún país. Los “comunistas empobrecedores” no sólo se han despegado del resto en materia de desarrollo, sino que los exitosos capitalistas le deben fortunas.

Si Estados Unidos fuese una nación medianamente inteligente, razonable en lugar de fanática, administraría sus terribles problemas económicos, financieros y sociales y su propio declive como imperio en una transición negociada con China para asegurarse una colaboración estratégica. Pero, por el contrario, Washington está pidiendo, desesperadamente, un final violento a su hegemonía.

En Estados Unidos tenemos todo para ser una país desarrollado y más feliz, pero somos todo lo contario, a pesar de que todavía somos una superpotencia mundial y todavía podemos crear la divisa global apretando ceros en un teclado. ¿Qué se supone que ocurrirá cuando no tengamos esos privilegios y, encima, tengamos que enfrentar un mundo que no nos va a perdonar haber sido tan hijos de puta por tanto tiempo?

RF. ¿Cómo deberían reaccionar los países afectados, directa e indirectamente en América Latina, tengan sus costas en el Pacífico o en el Atlántico?

JM. Una respuesta razonable, a corto plazo, sería “negociar con Trump”. Es más o menos lo que acaba de hacer México para suspender las tarifas por un mes. En parte podemos entender a Claudia Sheinbaum: primero están sus ciudadanos y ella no quiere una recesión que golpee a los más pobres, por breve que sea.

La respuesta más estratégica a largo plazo es, simplemente, no negociar con un extorsionador. Ni siquiera es necesario enredarse en una disputa dialéctica, mediática y diplomática. Silencio e indiferencia son la única forma efectiva para lidiar con un bully.

Si Trump le impone 25 por ciento de aranceles, México debe imponer un 30 por ciento. Claro que esto debe ser hecho en coordinación con el resto de los afectados, como Canadá, China y Europa, y con el resto de las futuras víctimas de nuevas agresiones del Macho Alfa.

México debe buscar poner sus productos en otros mercados. No sólo será una lección de lo que ocurre cuando un país no respeta a otro, sino una estrategia para asegurar una mayor estabilidad en el futuro.

México es el principal socio comercial de Estados Unidos y viceversa, pero ¿cuándo Estados Unidos trató a México como un igual o, al menos, con respeto? No lo ve quien no quiere ver.

Trump cree que revertirá el declive de su imperio acosando a economías más pequeñas, pero seguirle el juego es alimentar la bestia. Es un mal para el mundo y es un mal para nosotros aquí en Estados Unidos, que debemos prolongar la agonía de una mentalidad psicótica que no puede ser feliz ni con todo el oro del mundo.

San Pablo, Brasil, 3 de febrero de 2025.

Canal do Panamá: Como responder a um agressor e ser independente de vez. Entrevista com Jorge Majfud

Como sempre, a solução foi intervir num país estrangeiro, inventar um novo país e depois fazer com que os “rebeldes” panamenhos assinassem um tratado com uma arma apontada para a nuca, como era e é costume

Redação.- Desde a primeira hora em que assumiu seu segundo mandato à frente da Casa Branca, Donald Trump apresentou suas novas credenciais de agressor global. Assim tem sido, dentre outros, com seus estados fronteiriços, México e o Canadá, com a China, com o povo palestino e com o istmo do Panamá, roubado da Colômbia e negociado entre a França, para construir um país a serviço dos interesses imperialistas.

Trump tem reclamado que a China é o  maior beneficiário do Canal; reivindica que os Estados Unidos paguem menos pelo trânsito das suas embarcações, e até mesmo que sejam os Estados Unidos que voltem a administrar o canal como antes do pacto Torrijos-Carter.

Mas, tem algo legítimo ou legal que reclamar Trump? Qual é a história verdadeira com relação ao canal e ao istmo panamenho (ou melhor, historicamente colombiano)? Panamá é um país completamente soberano? Como afeta a situação aos demais países da região?

Esse assunto foi tratado pelo jornalista e apresentador, Raul Fitipaldi, em diálogo exclusivo com Jorgem Majfud*, escritor, romancista e professor da Jacksonville University, para o Portal Desacato, que transcrevemos a seguir:

O Canal foi construído por milhares de escravos que Roosevelt chamava de “preguiçosos e negros estúpidos”

R.F. Os Estados Unidos têm alguma reivindicação legítima em relação à administração do Canal do Panamá?

JM. Nenhuma. Muito pelo contrário. São obrigados a pagar compensações multimilionárias pelos crimes cometidos naquele país, desde Theodore Roosevelt até George H. Bush e mais além. Claro que é uma obrigação moral, ou seja, irrelevante.

O Canal nunca pertenceu aos Estados Unidos nem foram os estadunidenses que o construíram. Roosevelt inventou uma revolução naquela província da Colômbia quando, o seu congresso, rejeitou a oferta de continuar o trabalho que tinha começado sob a direcção dos franceses porque renunciaram à sua soberania por uma soma ridícula (falamos disto em The Wild Frontier. 200 Years of Anglo-Saxon Fanaticism in Latin America, 2021). Como sempre, a solução foi intervir num país estrangeiro, inventar um novo país e depois fazer com que os “rebeldes” panamenhos assinassem um tratado com uma arma apontada para a nuca, como era e é costume.

O Canal foi construído por 50 mil trabalhadores caribenhos que não estavam na foto, em regime de escravidão. Seis mil deles morreram na construção, enquanto Roosevelt os chamava de ‘negros preguiçosos e estúpidos’.

 Washington não pagará qualquer compensação, tal como não pagará por todas as ditaduras e massacres perpetrados na América Latina e no resto do mundo. Pelo contrário, ele continua a intimidar e a se fazer de vítima. O típico mestre do que então se chamava “raça livre” (brancos), um ladrão e estuprador que acusava negros e mestiços de serem ladrões e estupradores. Tal como quando o Haiti se libertou da França e da escravatura e teve de pagar onerosas compensações aos traficantes de escravos imperiais durante mais de um século. Tal como os senhores brancos nos Estados Unidos, que receberam uma compensação pela perda da sua “propriedade privada”, e não os escravos.

A frágil soberania panamenha

RF. O Panamá tem a soberania necessária para defender o Pacto Carter-Torrijos que lhe devolveu o Canal?

JM. Não. Nas relações internacionais, os impérios assinam tratados até deixarem de servi-los. Podemos ver isso muitas vezes nos tratados que Washington assinou com os povos indígenas, com os mexicanos, com os caribenhos, desde o século XVIII até hoje, quando em 2015 Obama assinou o tratado com o Irã para limitar a tecnologia nuclear e, no dia seguinte (dois anos depois), Trump o ignorou.

Agora, com o México, o Panamá, o Canadá, a Colômbia ou a Europa, devemos recordar a máxima de Henry Kissinger, um dos seus criminosos mais famosos: “Ser inimigo dos Estados Unidos é perigoso, mas ser seu amigo é letal”.

O Panamá só tem duas opções: (1) prender-se como uma das prostitutas de Trump para receber algo em troca ou (2) estabelecer uma política de Estado baseada em acordos e uniões com países mais confiáveis, aqueles que partilham os mesmos problemas de segurança face à eterna aplicação da Doutrina Monroe. Ou seja, tratados comerciais e de união estratégica com os seus irmãos latino-americanos e com outros países, sejam europeus, africanos ou asiáticos.

Essa ideia do valor da união vem dos nativos americanos: você pode quebrar uma lança facilmente, mas se tentar quebrar várias juntas não conseguirá. Os colonos anglo-americanos ouviram e aprenderam tão rapidamente que não deixaram tempo para que as nações nativas se unissem de forma eficaz. Hoje é um símbolo irônico no brasão dos Estados Unidos.

Na briga com a China, Estados Unidos precipita um final violento para sua hegemonia

RF. As acusações de Donald Trump contra a China de usar o canal para si têm fundamento?

JM: É falso e contraditório. A presença chinesa no Panamá é insignificante. O problema é que a China não para de fazer bem as coisas e, como qualquer potência industrial e comercial, tem o direito de usar o Canal do Panamá e qualquer outro porto se não usar a violência como é tradicional nos Estados Unidos e nos impérios anglo-saxónicos.

O que mais irrita da China é que recuperou o seu estatuto de superpotência mundial sem invadir ou destruir qualquer país. Os “comunistas empobrecedores” não só se separaram do resto em termos de desenvolvimento, mas os capitalistas bem-sucedidos devem-lhes fortunas.

Se os Estados Unidos fossem uma nação moderadamente inteligente, razoável e não fanática, geririam os seus terríveis problemas económicos, financeiros e sociais e o seu próprio declínio como império numa transição negociada com a China para garantir a colaboração estratégica. Mas, pelo contrário, Washington apela desesperadamente ao fim violento da sua hegemonia.

Temos tudo para ser um país desenvolvido e mais feliz, mas somos totalmente o oposto. Imagine que isso seja um fato enquanto ainda somos uma superpotência mundial e ainda podemos criar a moeda global digitando zeros num teclado. O que deve acontecer quando não temos esses privilégios e, ainda por cima, temos que enfrentar um mundo que não nos perdoa por sermos filhos da puta (sic) por tanto tempo?

Como responder a um agressor e ser independente de vez

RF. Como deveriam reagir os países afetados, direta e indiretamente, na América Latina, quer tenham as suas costas no Pacífico ou no Atlântico?

JM. Uma resposta razoável a curto prazo seria “negociar com Trump”. Foi mais ou menos isso que o México acabou de fazer ao suspender as taxas por um mês. Em parte podemos compreender Claudia Sheinbaum: os seus cidadãos estão em primeiro lugar e ela não quer uma recessão que atinja os mais pobres, por mais breve que seja.

A resposta mais estratégica a longo prazo é, simplesmente, não negociar com um chantagista. Nem é preciso se envolver numa disputa dialética, midiática e diplomática. O silêncio e a indiferença são a única maneira eficaz de lidar com um agressor.

Se Trump impor tarifas de 25 por cento, o México deverá impor 30 por cento. É claro que isto deve ser feito em coordenação com o resto dos afectados, como o Canadá, a China e a Europa, e com o resto das futuras vítimas de novas agressões do Macho Alfa. O México deve procurar colocar os seus produtos noutros mercados. Não será apenas uma lição sobre o que acontece quando um país não respeita outro, mas também uma estratégia para garantir maior estabilidade no futuro.

O México é o principal parceiro comercial dos Estados Unidos e vice-versa, mas quando é que os Estados Unidos trataram o México como igual ou, pelo menos, com respeito? Quem não quer ver não vê.

Trump acredita que irá reverter o declínio do seu império intimidando as economias mais pequenas, mas seguir em frente é alimentar a fera. É um mal para o mundo e é um mal para nós aqui, que tenhamos de prolongar a agonia de uma mentalidade psicótica que não consegue ser feliz nem com todo o ouro do mundo.

Panama Canal: How to respond to an aggressor and be independent once and for all. Interview with Jorge Majfud

“As always, the solution was to intervene in a foreign country, invent a new country and then have the Panamanian “rebels” sign a treaty by pointing a gun at their necks, as was and is customary.”

DESACATO, Brazil: Since he assumed his second term as leader of the White House, Donald Trump has demonstrated his new credentials as a global aggressor. This has been the case, among others, with the bordering countries, Mexico and Canada. Also with China, with the Palestinian people and with the Isthmus of Panama, stolen from Colombia to build a country at the service of imperialist interests.
Trump has complained that China is the biggest beneficiary of the Canal; he demands that the United States pay less for the transit of its ships and even that it returns to managing the canal as it did before the Torrijos-Carter pact came into force.
But is there anything legitimate or legal in Trump’s claims? What is the true history of the Panama Canal and the isthmus? Is Panama a fully sovereign country? How does the situation affect other countries in the region?
This topic was addressed by journalist and presenter Raúl Fitipaldi in an exclusive conversation with Jorge Majfud*, writer, novelist and professor at Jacksonville University, for Portal Desacato, which we transcribe below:

Raúl Fitipaldi: Does the United States have any legitimate claim regarding the administration of the Panama Canal?

Jorge Majfud. None. Quite the contrary. They are obliged to pay multimillion-dollar compensation for the crimes committed in that country, from Theodore Roosevelt to George H. Bush and beyond. Of course it is a moral obligation, that is, irrelevant.
The Canal never belonged to the United States, nor were it the Americans who built it. Roosevelt invented a revolution in that province of Colombia when its congress rejected the offer to continue the work that had been started under the direction of the French because it gave up its sovereignty for a paltry sum (we stopped at this in The Savage Frontier. 200 Years of Anglo-Saxon Fanaticism in Latin America, 2021). As usual, the solution was to intervene in a foreign country, invent a new country and then make the “rebellious” Panamanians sign a treaty with a gun to their necks, as was and is customary.
The Canal was built by 50,000 Caribbean workers who were not in the photo, in a regime of slavery. Six thousand of them died in the construction while Roosevelt called them lazy and stupid blacks.
Washington will not pay any compensation as it will not pay for all the dictatorships and massacres it carried out in Latin America and the rest of the world. On the contrary, it continues to bully and play the victim. The typical master of what was then called “the free race” (whites), a thief and rapist who accused blacks and mestizos of being thieves and rapists. Just like when Haiti freed itself from France and slavery and had to pay onerous compensations to the imperial slavers for more than a century. Just like the white masters in the United States, who received compensation for losing their “private property,” not the slaves.

RF. Does Panama have the necessary sovereignty to defend the Carter-Torrijos Pact that returned the Canal to it?

JM. No. In international relations, empires sign treaties until they stop serving them. We can see this many times with the treaties that Washington signed with the indigenous peoples, with the Mexicans, with the Caribbeans, from the 18th century until today, when in 2015 Obama signed the treaty with Iran for the limitation of nuclear technology and, the next day (two years later), Trump disavowed it.
Now, with Mexico, Panama, Canada, Colombia or Europe, we must remember the maxim of Henry Kissinger, one of its most famous criminals: “Being an enemy of the United States is dangerous, but being its friend is lethal.”
Panama has only two options: (1) arrest itself like one of Trump’s prostitutes to receive something in return or (2) establish a State policy based on agreements and unions with more reliable countries, those that share its same security problems in the face of the eternal application of the Monroe Doctrine. That is, trade treaties and strategic union with its Latin American brothers and with other countries, be they European, African or Asian.
This idea of the value of unity comes from the North American natives: you can break a spear easily, but if you try to break several together you won’t be able to. The Anglo-Saxon settlers listened and learned so quickly that they didn’t leave the native nations time to unite effectively. Today it is an ironic symbol on the United States shield.

RF: Are there any grounds for Donald Trump’s accusations that China is using the canal for its own purposes?
JM: It is false and contradictory. The Chinese presence in Panama is insignificant. The problem is that China does not stop doing things well and, like any industrial and commercial power, it has the right to use the Panama Canal and any other port if it does not use violence as is traditional in the United States and in the Anglo-Saxon empires.
What is most annoying about China is that it has recovered its status as a world superpower without invading or destroying any country. The “impoverishing communists” have not only separated themselves from the rest in terms of development, but the successful capitalists owe them fortunes.
If the United States were a moderately intelligent nation, reasonable rather than fanatic, it would manage its terrible economic, financial and social problems and its own decline as an empire in a negotiated transition with China to ensure a strategic collaboration. But, on the contrary, Washington is desperately asking for a violent end to its hegemony.
In the United States we have everything to be a developed and happier country, but we are the opposite, even though we are still a world superpower and we can still create the global currency by pressing zeros on a keyboard. What is supposed to happen when we do not have those privileges and, on top of that, we have to face a world that will not forgive us for having been such bastards for so long?

RF. How should the affected countries react, directly and indirectly in Latin America, whether they have their coasts on the Pacific or the Atlantic?

JM. A reasonable response, in the short term, would be to “negotiate with Trump.” It is more or less what Mexico just did to suspend tariffs for a month. In part we can understand Claudia Sheinbaum: her citizens come first and she does not want a recession that hits the poorest, however brief it may be.
The most strategic response in the long term is, simply, not to negotiate with an extortionist. It is not even necessary to get entangled in a dialectical, media and diplomatic dispute. Silence and indifference are the only effective way to deal with a bully.
If Trump imposes 25 percent tariffs, Mexico must impose 30 percent. Of course, this must be done in coordination with the rest of those affected, such as Canada, China and Europe, and with the rest of the future victims of new aggressions from the Alpha Male.
Mexico must seek to put its products in other markets. It will not only be a lesson of what happens when one country does not respect another, but a strategy to ensure greater stability in the future.
Mexico is the main commercial partner of the United States and vice versa, but when has the United States treated Mexico as an equal or, at least, with respect? Those who do not want to see do not see it.
Trump believes that he will reverse the decline of his empire by harassing smaller economies, but playing along is feeding the beast. It is bad for the world and it is bad for us here in the United States, who must prolong the agony of a psychotic mentality that cannot be happy even with all the gold in the world.

Sao Paulo, Brazil, February 3, 2025.

Elon Musk y la dictadura de la libertad feudal

Desde finales del siglo pasado, en ocasiones he repetido cinco o seis ejercicios muy simples en salones de clase de distintos países con estudiantes de distintas culturas, edades y clases sociales―con el mismo resultado.

Uno (inspirado en África) se refiere a la clasificación de figuras geométricas, donde siempre vemos las diferencias y nunca lo que tienen en común.

En otro, en Estados Unidos, les dibujo un cubo en la pizarra y, al preguntar qué ven, por unanimidad afirman que se trata de un cubo. Obviamente, no es un cubo, sino tres rombos juntos.

A la pregunta de qué colores son el cielo y el sol, las respuestas también han sido unánimes, por años. Pero la respuesta repetitiva es una pregunta: “¿Profesor, también nos va a decir que el cielo no es celeste y el sol no es amarillo?” Al fin y al cabo, así son en las banderas, en los dibujos infantiles y en cualquier otra representación que no sea arte moderno―eso que le hacía hervir la sangre a Hitler. Algo que no ha cambiado mucho hoy.

Está de más decir que no siempre el cielo es celeste y que el Sol nunca es amarillo. No sólo es blanco, sino que los colores dominantes son el azul y el violeta. En cualquier caso, los ejemplos demuestran que no podemos ver el mundo objetivo sin pasarlo por el lente de nuestra comprensión, el cual está teñido por los prejuicios de una sociedad, de una civilización. Un caso más biológico radica en la percepción del inexistente color amarillo en las pantallas de televisión, pero aún así es una ilusión.

La pregunta “¿por qué el Sol es amarillo?” inocula al interlocutor con un hecho falso, distrayéndolo con la búsqueda de la respuesta correcta. Lo mismo ocurre ante la pregunta “¿por qué murió el socialismo?” Aún más decisivo que en la física cuántica y relativista, en el mundo humano el observador cambia la realidad que observa. Más cuando usa un lenguaje plagado de ideoléxicos.

Hoy, un estudiante me preguntó: “¿Por qué Brasil está al borde de una dictadura?” ¿Por qué no Argentina o Ecuador? ¿Por qué el Sol es amarillo? Recordé los repetidos ataques de Elon Musk al presidente Lula de Brasil por su osadía de cuestionar los efectos medioambientales de la empresa tiracuetes del magnate.

Esta discusión escaló con la investigación y orden de un fiscal brasileño de bloquear algunas cuentas en X (Twitter), por considerarlas “milicias digitales”. Como comandante en jefe de las milicias digitales, Elon Musk solicitó la renuncia del ministro del Supremo Tribunal Federal de Brasil, Alexandre de Moraes, y volvió a repetir el discurso sobre La libertad―carajo.

No voy a volver sobre los mercenarios que deciden elecciones desde principios de siglo y cuya avanzada en 2010 estuvo en Ucrania, según advirtieron los especialistas antes de la guerra de 2022. Sí, quiero repetir que no hay democracia con una concentración extrema de capitales y sin trasparencia de los medios, por lo cual propusimos comités internacionales de expertos para monitorear algoritmos, etc.

“Soy un absolutista de la libertad de expresión”, repitió Musk. ¿La prueba? En sus redes, un humilde maestro de Angola tiene la misma posibilidad de publicar que él. Nada dice sobre lo más obvio: cada vez que él promociona su ideología mercantilista en X, la red más política del mundo, automáticamente es consumida por millones de personas. Es el mismo concepto de libertad de los esclavistas: por libertad se referían a su libertad, que es la que garantizaba el bienestar universal.

El mismo día, Musk publicó una gráfica donde se ve la caída de audiencia de la Radio Pública Nacional de Estados Unidos, festejando que la única cadena no comercial de Estados Unidos que sobrevive, se esté muriendo, gracias a los recortes de los sucesivos gobiernos.

NPR es la única que todavía tiene programas periodísticos con contenido y de investigación, más allá de que discrepemos con muchos de sus criterios al exponer algunos temas. En sus inicios, y luego de décadas de desarrollo, la mayoría de las estaciones de radio en Estados Unidos eran públicas o estaciones universitarias, no comerciales. A pesar de que la mayoría de la población se oponía, un lobby agresivo logró privatizarlas en los años 30 y luego creó una nueva mayoría a su favor. Clásico.  

Cerremos con una reflexión sintética. El modelo ideológico y cultural de la derecha es el modelo económico en el cual la prosperidad no es un juego de suma cero. La prosperidad de un grupo dominante podría significar una prosperidad menor de otros grupos. La idea es razonable: en una plantación próspera del siglo XVIII o XIX los esclavos eran mejor alimentados que en otra mal administrada o menos cruel. Pero en ambos casos eran esclavos, y la libertad de expresión estaba protegida por la Constitución. Incluso la constitución de la Confederación esclavista incluía la protección de esta libertad, porque era bienvenida siempre y cuando fuese una decoración democrática y no una amenaza real al poder dominante. Cuando los escritos antiesclavistas se convirtieron en una amenaza, los esclavistas le pusieron precio a las cabezas de los escritores y cerraron sus periódicos. Lo mismo hacen los libertarios del siglo XXI. En Estados Unidos llevan prohibiendo más de 4.000 libros incómodos, porque sus ideas comenzaron a ser aceptadas por demasiada gente.

Diferente, en una democracia real no funciona ese modelo, por lo cual las dictaduras han sido los sistemas preferidos del capitalismo, excepto cuando podía controlar las democracias, como fue el caso de imperios vampirescos de Noroccidente.

Una democracia real es un juego de suma cero. Cuanto más poder tiene un grupo, ese poder es en desmedro del poder de los demás. La libertad depende del poder que un grupo o un individuo tienen en una sociedad. Desde la Era Moderna, el poder depende del dinero virtual. Cuanto más dinero, más poder. Cuanto más poder, más libertad propia y menos libertad ajena. De ahí la incomodidad de la igual-libertad, porque ésta exige distribución del poder (político, económico y social).

A la Era Progresista en Estados Unidos siguió una orgía privatizadora y cleptocrática de los millonarios en los 20, la que terminó con la Gran Depresión y el fascismo en Europa. Luego otra ola de izquierda socialdemócrata para salir del caos, desde el F. D. Roosevelt de la preguerra, los Estados de bienestar en la Europa de posguerra y la rebelión de los marginados y colonizados del mundo en los 50. Hasta que se logró detener los peligrosos años 60 e imponer la dictadura de “la libertad conservadora” de los años 80. La libertad del esclavista, del dueño de los medios y de los fines que vivimos hoy.

Pero, cuidado. Todo eso también tiene fecha de vencimiento. El fin de la cleptocracia de los Jeff Bezos, Elon Musk y BlackRock tiene los días contados. Si es por las buenas mejor. Si no, será por las malas, como nos enseña la historia que los profetas del poder se encargan siempre de negar.

Jorge Majfud, abril 2024.

https://www.pagina12.com.ar/738909-elon-musk-y-la-dictadura-de-la-libertad-feudal

Índice de La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

«La frontera salvaje es un libro monumental». Frederico Füllgraf
«Simplemente, poderoso». Noam Chosmky
«La frontera salvaje es un libro escrito con coraje y deslumbrante lucidez. De lo mejor que he leído en mi vida«. Víctor Hugo Morales
«A los cincuenta años de la publicación de Para leer al Pato Donald, me alegra leer un libro como La frontera salvaje que explora detalladamente las formas menos sutiles en que Estados Unidos, durante doscientos años, ha buscado influir y torcer el destino de nuestra América Latina«. Ariel Dorfman

The book La frontera salvaje by Jorge Majfud explores the history of the expansion of the Thirteen Colonies over indigenous nations and Latin America, shedding light on the imperialism of the United States over the past two hundred years. The author delves into the deep-seated issues of racism, religious fanaticism, and economic interests that have shaped US interventionism in the region and beyond. By tracing the roots of these actions, the book not only explains the past but also predicts the future actions of the world’s most powerful economic and military force. Through a critical analysis of historical events and contemporary narratives, the book reveals the underlying logic behind US wars, expansionism, and interventionist practices. It serves as a powerful critique of US imperialism and sheds light on the ongoing impact of past actions on present and future global relations.

Índice

Justificación. 15

Introducción. 17

Por tierra

1820-1880

1822. El sueño americano. 45

1823. Carta de Alabama, Señor 48

1824. Con sus negros y otras propiedades. 49

1825. Los esclavistas se preocupan por la libertad de conciencia. 50

1826. Todos los hombres nacen iguales. 52

1826. ¿Dónde está el derecho, la ley y el orden?. 53

1826. La libertad de unos para esclavizar a otros. 55

1827. La esclavitud, una razón humanitaria. 56

1830. Pobres doncellas, blancas e indefensas. 57

1835. Nos atacaron primero. 58

1836. Al fin, libres del yugo mexicano. 60

1837. En realidad, fuimos atacados primero. 62

1837. Si no estás de acuerdo, vete a otro país. 65

1844. La esclavitud es la base de la paz y el progreso. 67

1844. Fundación del partido xenófobo No sé nada. 70

1844. Cambia el lenguaje y cambiarás el mundo. 71

1845. Conflicto de hombres, la misma historia. 74

1845. Que nuestra diplomacia fracase de la mejor forma posible. 75

1845. Siempre habrá patriotas dispuestos a repeler a los invadidos. 77

1845. Destino manifiesto. 79

1845. No es por avaricia sino por la felicidad de otras naciones. 80

1846. Por fin fuimos atacados. 83

1846. Dios nos ha dado esta tierra. 85

1846. La guerra política y la guerra cultural 88

1846. Los que llegan son criminales, son violadores. 92

1847. Nuestro país siempre tiene razón. 94

1847. El sueño de un revólver super potente. 96

1847. Pobres mexicanos, no quieren saber nada de la guerra. 97

1847. Como contra los indios, esta también es una guerra justa. 99

1848. Washington, descubrimos oro en California. 100

1848. ¿Por qué no tomar todo México?. 104

1848. El nuestro es el gobierno de la raza blanca y libre. 106

1852. El principio de la nueva política internacional 112

1853. Mil Murietas, un solo Zorro. 114

1854. Dios depositó nuestros recursos naturales en otros países. 117

1854. Fuimos ofendidos por un pescador 119

1855. William Walker se nombra presidente de Nicaragua. 121

1858. Quiero expandir la bendición de la esclavitud al mundo. 124

1861. Las excepciones justifican la regla. 125

1862. Cinco de mayo. 127

1862. La primera frontera continúa molestando. 129

1876. La invasión pacífica. 131

1877. El gobierno de las corporaciones y para las corporaciones. 135

1886. Los trabajadores son peligrosos para la libertad. 136

Por mar

1880-1950

1883. Quien domine los mares dominará el mundo. 139

1890. Una masacre con mucha consideración y justicia. 141

1891. Curso acelerado de racismo. 145

1893. La democracia, instrumento de dominio de la raza blanca. 148

1895. La prensa carroña es bautizada Amarilla. 151

1898. Nos atacan otra vez. Nunca olvidaremos al Maine. 153

1898. Los liberados no participan en los tratados de liberación. 158

1898. Los incapaces de gobierno no se dejan gobernar 162

1898. Militarismo y darwinismo de Dios. 164

1899. La pesada carga del Hombre blanco. 165

1899. Fuimos atacados, esta vez por negros pacíficos. 167

1899. Quema esas cartas. 169

1899. Las razas inferiores mueren más fácilmente. 170

1900. Dios nos ha elegido para regenerar el mundo. 171

1900. No más negros, please. 173

1900. Incapaces de entender la libertad anglosajona. 177

1901. El imperialismo es cosa de machos. 180

1901. La constitución no sigue a la bandera. 181

1902. La frontera con México desaparece. 184

1902. No, hasta que la raza mejore. 184

1903. Aunque no es lo que queremos, debemos intervenir 188

1903. Dadme los pobres (blancos) del mundo. 192

1909. Todo será nuestro porque nuestra raza es superior 194

1909. Elimina ese capitalista independiente. 195

1911. La revolución de Sam Banana. 197

1912. Los Angeles Mining Company. 201

1914. Sí, hemos sido ofendidos otra vez. 201

1914. Les voy a enseñar a elegir gobiernos decentes. 206

1915. El derecho al linchamiento. 207

1915. Rebeldes crucificados, héroes condecorados. 210

1916. Se suponía que estábamos luchando por la democracia. 213

1916. Hitler no tenía ideas radicales. 216

1921. Ensayo de bombardeo contra una raza inferior 219

1921. Corrupción latina. 221

1924. Make America Great Again. 223

1926. El rey blanco de los zombis negros. 224

1927. El primer bombardeo aéreo de la historia militar 227

1928. Otro Ejército Patriota and Company. 231

1931. Deportados de su propio país, otra vez. 232

1932. Otra matanza de radicales. 235

1933. El buen vecino del patio de atrás. 237

1933. Otro servidor se jubila en Miami 241

1933. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera. 243

1937. Cuando los de abajo se odian. 246

1942. Trabajadores, esos seres tan horribles. 248

1943. La vieja ofensa de vestirse diferente. 250

1945. Nuevos valores, los mismos intereses. 251

1945. Dios envía al embajador Braden a la Argentina. 255

1945. El color de los huesos. 259

1948. Sífilis y gonorrea gratis. 261

1948. No más ejércitos, no más dictaduras. 263

Por aire

1950-2020

1949. El diablo en los detalles. 267

1950. La homosexualidad es comunismo. 269

1953. La opinión pública es un producto de consumo. 271

1954. Quien no sabe engañar no sabe gobernar 281

1954. Nuestra principal arma no escupe balas sino palabras. 285

1956. El largo brazo de los generalísimos. 290

1957. Redistribución de la riqueza en Haití 291

1957. Bombardear ciudades no es un crimen. 293

1958. La democracia no les hace bien a los pueblos inmaduros. 295

1959. El agente de la CIA que admiraba al Che Guevara. 302

1959. Fidel Castro visita la Casa Blanca. 303

1959. El camarada yanqui 306

1959. La integración racial es comunismo. 307

1960. El sueño de controlar la mente (ajena) 310

1960. Peter Pan: otro rumor casi perfecto. 315

1960. Terroristas amigos. 317

1961. Cuba no será otra Guatemala. 322

1963. A presidente arrepentido, presidente depuesto. 326

1962. La verdadera función de los ejércitos latinoamericanos. 330

1963. Las inversiones continúan dando resultados. 339

1964. Negros, indios y pobres no deben portar armas. 341

1964. Num país tropical 345

1964. Si el golpe blando funciona, mucho mejor 351

1964. OEA, todos para uno y uno para todos. 354

1965. El marine rebelde. 357

1965. Cambio de estrategia. 358

1965. La academia infiltrada. 362

1966. Mentes cortas, bastones largos. 366

1967. Apunta bien; solo vas a matar un hombre. 373

1968. Pero no podrás matar el mito. 375

1969. No se permiten rubios aquí 377

1970. Nixon decide que los chilenos votaron mal 378

1971. El peligro de una Asamblea popular en Bolivia. 385

1971. 638 intentos de asesinar a un desalineado. 388

1971. Vas a encontrar más comunistas en Texas. 389

1972. Machetes y motosierras por la libertad. 396

1973. Papá, ¿por qué los grandes medios son de derecha?. 399

1973. Si no es por las buenas, será por las malas. 403

1973. Los yanquis también desaparecen. 409

1975. La ideología sin ideología. 412

1976: Escritores, libros, editoriales, reseñas mercenarias. 417

1976. Los cubanos de Miami llevan el plan Cóndor a Washington. 424

1976. Un par de borrachos charlatanes. 427

1977. Dios está ocupado con otros asuntos. 429

1977. Los Derechos Humanos descubren a Jimmy Carter 434

1977. Bulbocapnina, pentathol, desoxyn y la libertad. 438

1979. Mentir es nuestra profesión. 440

1980. Los arios de Bolivia. 442

1980. Ecuador es integrado al terrorismo del Plan Condor 445

1981. El enemigo es numeroso y está armado con niños y mujeres. 447

1982. Si no puedes pescar el pez, seca el mar 451

1983. El heroico Día D en Granada. 459

1985. Contras, el equivalente moral de los Padres fundadores. 463

1985. ¿Qué hace uno con un perro rabioso?. 468

1986. No son comunistas, pero son negros. 471

1987. Las maras vienen del norte. 475

1989. El Caracazo, otra masacre irrelevante. 478

1989. La guerra contra las drogas. 482

1989. Señor Noriega, está usted despedido. 486

1989. Se tomaron demasiado en serio eso de Jesús. 490

1990. Las elecciones son legítimas cuando ganamos nosotros. 492

1992. ¿Noriega? No lo conozco. 494

1994. NAFTA y el Efecto Tequila. 496

1995. Castra más mujeres pobres y reducirás la pobreza. 501

1996. Pies secos, pies mojados. 503

1998. Matar es una obligación para cualquier cristiano. 508

1998. Los ganadores se sienten inseguros. 512

2002. La mitad de las riquezas del país están en esta sala. 515

2002. El golpe de un respetado hombre de negocios. 517

2004. Again, los negros no saben gobernarse. 523

2007. Terroristas por la libertad. 531

2007. Chiquita bananas, grandota injusticia. 533

2007. Un debate para la arqueología política. 537

2009. En Cuba se tortura y se violan los Derechos Humanos. 541

2009. Señor presidente ¿por qué no obedece usted las órdenes?. 544

2010. Nuestras leyes no te protegen de nosotros. 551

2010. Washington se preocupa por los indígenas. 554

2011. Fútbol rebelde. 556

2014. Dejen que los niños vengan a mí 557

2015. El imperialismo y la opresión nunca existieron. 565

2016. La creatividad de los golpistas. 566

2017. Narcoestado, el de los otros. 570

2018. Corruptos contra la corrupción. 578

2018. Los pobres nos quieren invadir de nuevo. 581

2019. Otra fortaleza sitiada. 584

2019. Nicaragua, otro desalineado. 595

2019. Nosotros mentimos, engañamos y robamos. 599

2019. Invasores de esos países de mierda. 601

2020. Nota final: No son servicios de espionaje, son gobiernos paralelos. 617

2019. Fuera indios de Bolivia. 606

Fuentes. 621

Índice temático. 629

https://www.barnesandnoble.com/w/la-frontera-salvaje-jorge-majfud/1139378646?ean=9781737171003

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Think-Lab: www.youtube.com/@think-lab

https://750.am/2021/07/22/las-ideas-de-rutherford-hayes-sobre-la-desigualdad-el-editorial-de-victor-hugo-morales/

Por el bien de la civilización

Mucho antes de la conquista de América, China poseía una flota marítima dos veces más poderosa que la de la mayor potencia europea de la época, España, pero no se molestó en ir más allá de África, porque alcanzar un continente tan pobre como Europa no representaba ningún incentivo para el país asiático, ensimismado y reticente a los negocios privados de los piratas. De hecho, el gobierno chino solía destruir las flotas no gubernamentales, hasta que la inundación de plata procedente de Potosí le demostró las ventajas de la piratería privada.

Durante los siglos posteriores a la colonización de América (realizada por el meritorio espíritu de emprendedores privados y con la ayuda de algunos Estados) y antes de la colonización europea de África, las diferencias económicas entre África y Europa era, por lejos, mucho menor a la actual.

El siglo XIX representó la máxima expansión del colonialismo europeo en el mundo, el que cedería luego a Estados Unidos con otros nombres y otras prácticas. En ambos casos, los Estados y las empresas privadas lograron una colaboración perfecta.

En Bélgica, el rey Leopoldo II, quien reinó durante más de cuarentena de años, desde 1865 hasta su muerte en 1909, tuvo su propio proyecto privado, el que llamó “Estado Libre del Congo”. Entre sus logros se cuentan los millonarios beneficios para el Estado belga debido a toneladas de marfil, caucho y la “mejoría de la vida de los nativos” a través de la mutilación de millones de africanos y elasesinato de aproximadamente diez millones de otros tantos, aunque las malas lenguas hablan de quince millones.

Para recordarlo, se levantó un monumento en Bélgica con una de sus máximas: “Lo que he llevado a cabo en el Congo ha sido porel bien de Bélgica y de la civilización”. La historia lo menciona pero las narrativas sociales no lo recuerdan, injusticia probablemente debida a que sus millones de colaboradores sacrificados en tan noble propósito eran todos negros, tan negros como los que ahora invaden las blancas costas de Europa buscando una mejor vida.

Una breve lista de sus condecoraciones recibidas de todas partes del mundo incluye:

Condecoraciones nacionales

 

  1. Grand master of the Order of Leopold,
  2. Grand master of the the Order of the Crown
  3. Grand master – founder of the the Order of Leopold II
  4. Grand masterfounderof the the Royal Order of the Lion
  5. Grand masterfounderof the and the Order of the African Star.

 

Condecoraciones extranjeras

 

  1. Knight of the Garter.
  2. Knight grand Cross in the Royal Hungarian Order of Saint Stephen.
  3. Knight of the Golden Fleece,by Emperor Frans Jozef in 1835
  4. Knight Grand Cross of the House Order of Albert the Bear
  5. Knight Grand Cross of the Royal Order of Cambodia.
  6. Knight Grand Cross of the Order of the Zähringer Lion.
  7. Knight Grand Cross of the Royal Order of the Two-Sicilies
  8. Knight Order of Saint Hubert.
  9. Knight grand Cross in the National Order of the Southern Cross.
  10. Knight grand Cross in The Imperial Order of Dom Pedro I
  11. Knight grand Cross in the Order of the Double Dragon.
  12. Knight of the Order of the Elephant.
  13. Knight grand Cross in the Order of the Seal of Solomon
  14. Knight grand Cross in the Legion of Honour.
  15. Knight grand Cross in the Order of the Redeemer.
  16. Knight of the Order of St. George.
  17. Knight grand Cross in the Royal Order of Kamehameha I
  18. Knight grand Cross in the Ludwig Order.
  19. Knight grand Commander in the House Order of Hohenzollern.
  20. Knight grand Cross in the Supreme Order of the Most Holy Annunciation
  21. Knight grand Collar in the Order of the Chrysanthemum.
  22. Knight grand Cross in the Humane Order of African Redemption.
  23. Knight grand Cross in the Order of Malta
  24. Knight grand Cross in the House Order of the Wendish Crown.
  25. Knight grand Cross in the Order of the Eagle.
  26. Knight grand Cross in the Order of Saint-Charles.
  27. Knight grand Cross in the Order of the Netherlands Lion.
  28. Knight grand Cross in the Order of Saint Olav.
  29. Knight grand Cross in the House and Merit Order of Peter Frederick Louis
  30. Knight of the Golden Fleece.
  31. Knight grand Cross in the Order of Leopold.
  32. Knight grand Cross in the Order of Saint Stephen.
  33. Knight grand Cross in the Order of the Iron Crown.
  34. Knight grand Cross in the Order of the Lion and the Sun.
  35. Knight grand Cross in the Order of the Tower and Sword
  36. Knight grand Cross in the Military Order of Saint James of the Sword
  37. Knight grand Cross in the Military Order of Aviz
  38. Knight grand Cross in the Military Order of Christ.
  39. Knight grand Cross in the Order of the Black Eagle.
  40. Knight grand Cross in the Order of the Red Eagle.
  41. Knight grand Cross with Chain in the
  42. Knight grand Cross in the Order of Carol I.
  43. Knight grand Cross in the Order of St. Andrew the Apostle the First-Called.
  44. Knight grand Cross in the Order of Saint Anna.
  45. Knight grand Cross in the Imperial Order of Saint Alexander Nevsky.
  46. Knight grand Cross in the Order of San Marino.
  47. Knight grand Cross in the Order of the Rue Crown.
  48. Knight grand Cross in the Saxe-Ernestine House Order.
  49. Knight grand Cross in the Order of the White Falcon.
  50. Knight grand Cross in the Order of the White Elephant
  51. Knight grand Cross in the Order of Charles III.
  52. Ordine del merito civile e militare (Toscana)
  53. Hanedan-i-Ali-Osman Nishani.
  54. Knight grand Cross in the Order of the Liberator.
  55. Knight grand Cross in the Order of the Crown.
  56. Knight of the Order of the Seraphim

 

 

jorge majfud

La paja en el ojo ajeno

Stop The War - 09 - George Galloway

Le racisme dans l’autrui (French)

Todos contra Uruguay

El racismo en el ojo ajeno

A propósito de las acusaciones  contra el futbolista uruguayo Luis Suárez en Inglaterra por posibles expresiones racistas hacia un jugador francés, George Galloway, ex diputado inglés, afirmó que “Uruguay es la nación más racista del mundo entero”.

Por supuesto que no voy a decir que en Uruguay no hay racismo. Espero haberme curado hace tiempo de chauvinismo y de patriotismos de escarapelas e hipócritas reverencias. De hecho no puedo señalar un sólo país en el mundo donde no haya racismo. En Estados Unidos ya sabemos el historial que tiene; en los mejores casos de lucha contra el racismo pero muy pocos son capaces de negar las barbaridades históricas contra su población negra que incorrecta e eufemísticamente llaman “afroamericanos”. La palabra “negro” en español suena my semejante a “negroe” o directamente “negro” en inglés y es una de las ofensas mas denigrantes, sin ambigüedades de intención, como en español o portugués, por su carga histórica y por su particularidad semántica. En español es ciertamente ambigua, depende de la intencionalidad del hablante, y va desde la expresión de cariño y amistad hasta el insulto más primitivo.

 En Uruguay mi abuelo a veces me llamaba “negro”, me consta que con cariño, porque mi piel era más mora que la del resto de mis primos. Sin embargo, en Sud África casi me asesinaron a cuchilladas en una calle de Johannesburgo; por ser blanco, como me lo explicó poco después un taxista negro.

En mi querido Mozambique, el primer mes no podía distinguir entre macúas y macondos y ellos se mataban por sus diferencias. Actitud tribal y racista que fue bien aprovechada por ingleses, portugueses, holandeses, hindúes y otros africanos blancos, hasta no hae mucho, según me consta. Ni que hablar de los hutus que en la Rwanda de los ’90 masacraron casi un millón de tutsis por razones étnicas y raciales, que para el caso significa lo mismo.

Pero en los últimos mil años el premio (eso lo sabe cualquier persona de mediana cultura) se lo ha llevado el racismo blanco con sede y origen en los grandes imperios europeos. Cuando no fue en las matanzas que realizaban los cruzados a principios del milenio, al mejor estilo Atila, fue la honorable Reconquista primero y la Conquista española en Nuevo Mundo después, empresa, entre otras cosas, profundamente racista y etnocida, si las hubo; el inconmensurable holocausto judío a mano de los nazis y las sucesivas limpiezas étnicas, como la de los Balcanes. Sin olvidarnos de los diarios actos de racismo que hoy en día sufren, con crueldad o con sutil discriminación, las minorías o las mayorías débiles, desde el mundo desarrollado hasta Medio Oriente, desde algunos hispanos pobres en Estados Unidos hasta los palestinos sin derechos civiles y a veces sin derechos humanos en sus propia tierra.

El señor George Galloway menciona la aniquilación de los charrúas en el siglo XIX, a mano de los criollos blancos. Esto es estrictamente cierto. Muchas veces hemos criticado sin delicadeza el chauvinismo que disimula todo tipo de racismos; en nuestro país; hemos señalado repetidas veces este genocidio como el genocidio indígena en el resto a America y rara vez mencionado en los medios de comunicación. Los indígenas que habían sobrevivido a la colonización europea molestaban las propiedades y las apropiaciones de los hacendados y se los exterminó o se los despojó de sus tierras bajo la excusa de que eran una raza incapaz de civilización, como lo definió en sus múltiples libros el presidente y educador argentino Domingo Faustino Sarmiento. Ni que hablar del racismo contra poblaciones indígenas varias veces superior, como en Paraguay, Bolivia, Perú, Ecuador o Centro America; ni que hablar del racismo contra las poblaciones afrodescendientes en el Caribe y sobre todo en el Brasil.

Cierto, el racismo ha campeado en nuestra América latina. Pero que un inglés venga a declarar que “Uruguay es la nación más racista del mundo entero” (y lo enfatizó en un inglés muy británico, para que lo entendiera el mundo entero, aclarando que “conocía Uruguay” porque “había estado allí”), sería una broma de mal gusto si no fuese una hipocresía tan patética.

No porque un inglés cualquiera no pueda señalar el racismo en otro país. Me explicaré.

El mismo ex diputado y showman George Galloway sabe perfectamente el larguísimo historial del más feroz racismo que conoció el mundo en los últimos siglos, obra del flemático y civilizado imperio británico que sólo se opuso al tráfico de esclavos a America y empezó a hablar de moral cuando el millonario negocio negrero dejó de serle rentable. Un imperio que arrasó pueblos enteros, desde la China hasta América, pasando por India, África o por cualquier otra región marítima donde habitaban algunos animales humanoides de test oscura. Los invadió, los sometió y los humillo sistemáticamente.

Por eso es crítica y necesaria la aclaración. No es que en Uruguay no haya racismo como afirman algunos chauvinistas que viven mirando para otro lado. El problema radica en un par de palabras como “el más” y con el especial agravante de que quien lo dice haya sido un diputado de una potencia político-militar racista por tradición y reincidente por interés. Decir que un pais X «es el más racista del mundo» directamente implica que Inglaterra (junto con una plétora de naciones con igual mérito) lo es en menor grado o no lo es.

Mister George Galloway, como diputado inglés, se opuso a la Guerra de Irak y ha tenido el detalle de firmar varias declaraciones en defensa de la humanidad. Precisamente, por ambas condiciones, la de inglés y la de humanista (o algo parecido), debería estar curado de hipocresía. Pero en detalles como esos, demuestra que en el fondo es otro primermundista colonialista.  Lo cual debería ser igualmente motivo de una acusación ante tribunales internacionales. Con el agravante de que si el futbolista Suárez es un muchacho que pudo haber dicho una estupidez en la calentura de un partido de fútbol, Mister George Galloway es un viejo político, con aura de intelectual, con todo el tiempo del mundo para reflexionar sobre sus propias estupideces y sobre las estupideces criminales de los sucesivos gobiernos que se sucedieron en su país y que ya tienen varios siglos de impune insistencia.

Jorge Majfud

majfud.org

Jacksonville University

La Republica (Uruguay)

La Epoca (Bolivia)

Milenio (Mexico)

Cambio 16 (España)


La antigua estrategia de la desmoralización (II)

No hacía muchas horas que Colón había pisado el Nuevo Mundo cuando se encontró con sus primeros habitantes. En sus diarios de viaje anotó lo primero que le llamó la atención: aquellas personas eran pacíficas e ingenuas, desconocían el arte de la guerra y sus instrumentos de violencia eran ridículamente primitivos. “No traen armas ni la conocen —anotó el almirante—, porque les mostré espadas y las tomaban por el filo y se cortaban con ignorancia”. Este momento no debió ser muy diferente al que ilustró Walt Disney en el personaje de Rico McPato: sus ojos centellaron con un símbolo de dinero ante una tribu de ingenuos primitivos que desconocían el correcto uso de lo que poseían. Si para recibir la verdadera religión esta ingenuidad valía oro, para desprenderse del prometido oro también. Tan ingenuos eran aquellos americanos, que se creyeron la historia de que los españoles comían oro, y de ahí el inexplicable hambre por ese metal. Más tarde, en tiempos de la Conquista, la “idiotez” de los nativos sirvió de justificación de los insaciables conquistadores. El teólogo Ginés de Sepúlveda no fue el único que justificó la esclavitud basándose en una Biblia que parecía condenar a los idiotas. Según E. Hostos (1873), fue “una guerra de exterminio hecha por los bárbaros de la civilización a los bárbaros de la naturaleza” en nombre de la paz y el derecho.

Actualmente la acusación de “idiota” no sólo se ha popularizado en la tesis central de libros como Manual del perfecto idiota (1996) o El regreso del perfecto idiota latinoamericano (2007), sino además ya es costumbre de un mismo discurso repetido en talks shows y best sellers: es el regreso del método medieval donde el caballero probaba su verdad atacando al adversario y acrecentando su honor mediante la brutalidad. “Stupid liberal (progresista)” en Estados Unidos, “gilipollas” o “progresista maricón” en España, etc. Todo dicho a viva voz y con gran excitación, como si la antigua persuasión ensayística se redujera ahora al contagio del telepastor. No en vano nuestra época está marcada por el triunfo de los sofistas sobre los socráticos: el lenguaje, los símbolos son la realidad y todo lo demás es ficción (incluido el hambre, la tortura y la muerte).

Tan exitoso comienza a ser este antiguo método que intelectuales como el premio Nóbel José Saramago han decidido usarlo en público. En una reciente conferencia, para expresar su disconformidad o impotencia con el estado actual de cosas, nuestro respetado amigo declaró: “Antes nos gustaba decir que la derecha era estúpida, pero hoy día no conozco nada más estúpido que la izquierda”. Lo único que nos puede quedar claro es que esta facultad mental no es propiedad de ninguna tendencia ideológica sino del agotamiento de la energía intelectual en un mundo huracanado que busca desesperadamente un indicio de su nueva era.

En varios escritos, tanto Hostos como González Prada observaron, hace más de un siglo, la estratégica actitud científica de Europa al definir a los habitantes hispanoamericanos como una raza enferma. Incluso más acá del continente idiota: “crímenes y vicios de ingleses o norteamericanos son cosas inherentes a la especie humana y no denuncian la decadencia de un pueblo; en cambio, crímenes y vicios de franceses o italianos son anomalías y acusan degeneración de raza”. (G. Prada, Nuestros indios, 1908),

No hace mucho, el Diccionario de psiquiatría de Antoine Porot (1977) definió una enfermedad como “psicopatología de los negros” referida a las incapacidades intelectuales de los indígenas de África. Después de enumerar diferentes síndromes, que yo imaginaba cualidades culturales (como el onirismo), “soma-psicosomáticos” (como la depresión, el alcoholismo) y económicos (como el parasitismo intestinal y la sífilis), el especialista recomendó la repatriación de los negros enfermos. Todo a pesar de que años antes, en su célebre Peau noire, masques blancs (1952) el doctor Frantz Fanon había desenmascarado esa vieja estrategia de definir razas y esencias ajenas en lugar de considerar la dinámica psico-ideológica del colonizado y del colonizador. En pocas palabras lo resumió así: “el blanco [colonizador] me niega todo valor, toda originalidad, me dice que soy un parásito del mundo.” Aunque el negro se convierta en blanco para que su humanidad sea reconocida, le dirán: “tu no puedes, porque existe en lo profundo de tu ser un complejo de dependencia —le ‘complexe de Prospéro’—. [Por el contrario] el blanco obedece a un complejo de autoridad, a un complejo de jefe” (traducción nuestra) Establecido este orden, “tut le monde est satisfait”.

En la misma dirección, otro hito del pensamiento mundial lo marcó Orientalism (1978) del palestino-americano Edward Said. Allí, Said hizo un “inventario de trazas” sobre el sujeto representado (el oriental, el otro), en la cual los intereses del colonizador se revelan como la fuerza primaria de la representación del otro y ésta, como un instrumento de la misma colonización política y cultural. Por ejemplo, nos recuerda que, para Renan, “un semita era un rabioso monoteísta incapaz de producir mitología, arte, comercio, civilización […] todo lo cual representa una combinación inferior de la naturaleza humana’”. Y luego: “Ya en 1810 teníamos europeos como Cromer que afirmaban que los orientales necesitaban ser conquistados, y que esta conquista no era para dominar sino para liberar”. (traducción nuestra)

Si aún asumiésemos que todos estos críticos estaban equivocados —por no decir que eran “idiotas”, como lo afirman los autores del Manual para idiotas—, les queda la virtud incontestable de haber abierto brechas en la muralla del status quo, desafiado la violencia de las arbitrariedades de todo tipo: morales, políticas, culturales; la violencia de los mismos perfectos de siempre, de los exitosos, de los césares de turno y de los bufones del rey. Les queda la virtud de haber dinamizado el pensamiento y desafiado la historia, actitud siempre inconveniente a los principales intereses del poder bruto del momento, ese que no sólo ha colonizado el mundo sino que también pretende colonizar la crítica haciéndonos reconocer que le debemos el pan, la vida y todo lo que somos a un sistema del cual no podemos escapar sin caer en la marginalidad. ¿Por qué deberían irse los críticos a una isla en el Pacífico y no los dueños del mundo, con sus clérigos y bufones?

Si echamos una mirada a los horrores de la historia, podemos pensar que el capitalismo no es el peor de los sistemas que ha producido la humanidad. Lo peor que ha producido —después de la violencia de la explotación ajena— es la justificación de sus propios crímenes como necesarios y hasta como virtudes humanas. O como virtudes bíblicas: “El egoísmo capitalista resulta, pues, tan solidario que parece el que predica la Biblia” (Manual… Mendoza, Montaner y Vargas Llosa Jr.) Ni siquiera han podido aportar una sola idea nueva a la historia. Aunque su recurso principal es burlarse de los grandes del pensamiento, no hay una sola línea en tan extensos libros donde aparezca otra cosa que pálidos reciclajes (como cualquier junk food) de las repetidas y anacrónicas supersticiones del siglo XIX. Y eso que son tres, además de papá D’Artagnan que sólo aporta la fama de su nombre.

Jorge Majfud

The University of Georgia

Junio 2007

¿Cómo definimos la idiotez ideológica y quiénes pueden hacerlo?

1. La importancia de llamarse idiota

Hace unos días un señor me recomendaba leer un nuevo libro sobre la idiotez. Creo que se llamaba El regreso del idiota, Regresa el idiota, o algo así. Le dije que había leído un libro semejante hace diez años, titulado Manual del perfecto idiota latinoamericano.

—Qué le pareció? —me preguntó el hombre entrecerrando los ojos, como escrutando mi reacción, como midiendo el tiempo que tardaba en responder. Siempre me tomo unos segundos para responder. Me gusta también observar las cosas que me rodean, tomar saludable distancia, manejar la tentación de ejercer mi libertad y, amablemente, irme al carajo.

—¿Qué me pareció? Divertido. Un famoso escritor que usa los puños contra sus colegas como principal arma dialéctica cuando los tiene a su alcance, dijo que era un libro con mucho humor, edificante… Yo no diría tanto. Divertido es suficiente. Claro que hay mejores.

—Sí, ese fue el padre de uno de los autores, el Nóbel Vargas Llosa.

—Mario, todavía se llama Mario.

—Bueno, pero ¿qué le pareció el libro? —insistió con ansiedad.

Tal vez no le importaba mi opinión sino la suya.

—Alguien me hizo la misma pregunta hace diez años —recordé—. Me pareció que merecía ser un best seller.

—Eso, es lo que yo decía. Y lo fue, lo fue; efectivamente, fue un best seller. Usted se dio cuenta bien rápido, como yo.

—No era tan difícil. En primer lugar, estaba escrito por especialistas en el tema.

—Sin duda —interrumpió, con contagioso entusiasmo.

—¿Quiénes más indicados para escribir sobre la idiotez, si no? Segundo, los autores son acérrimos defensores del mercado, por sobre cualquier otra cosa. Vendo, consumo, ergo soy. ¿Qué otro mérito pueden tener sino convertir un libro en un éxito de ventas? Si fuese un excelente libro con pocas ventas sería una contradicción. Supongo que para la editorial tampoco es una contradicción que se hayan vendido tantos libros en el Continente Idiota, no? En los países inteligentes y exitosos no tuvo la misma recepción.

Por alguna razón el hombre de la corbata roja advirtió algunas dudas de mi parte sobre las virtudes de sus libros preferidos. Eso significaba, para él, una declaración de guerra o algo por el estilo. Hice un amague amistoso para despedirme, pero no permitió que apoyara mi mano sobre su hombro.

—Usted debe ser de esos que defiende esas ideas idiotas de las que hablan estos libros. Es increíble que un hombre culto y educado como usted sostenga esas estupideces.

—¿Será que estudiar e investigar demasiado hacen mal? —pregunté.

—No, estudiar no hace mal, claro que no. El problema es que usted está separado de la realidad, no sabe lo que es vivir como obrero de la construcción o gerente de empresa, como nosotros.

—Sin embargo hay obreros de la construcción y gerentes de empresas que piensan radicalmente diferente a usted. ¿No será que hay otro factor? Es decir, por ejemplo, ¿no será que aquellos que tienen ideas como las suyas son más inteligentes?

—Ah, sí, eso debe ser…

Su euforia había alcanzado el climax. Iba a dejarlo con esa pequeña vanidad, pero no me contuve. Pensé en voz alta:

—No deja de ser extraño. La gente inteligente no necesita de idiotas como yo para darse cuenta de esas cosas tan obvias, no?

—Negativo, señor, negativo.

2. El Che ante una democracia imperfecta

Pocos meses atrás, una de las más serias revistas conservadoras a nivel mundial, The Economist (9 de diciembre 2006), reprodujo y amplió un estudio hecho por Latinobarómetro de Chile. Mostrando gráficas precisas, el estudio revela que en América Latina, la población del país que mayor confianza tiene en la democracia es Uruguay; la que menos confianza tiene en este ideal es Paraguay y varios países centroamericanos, a excepción de Costa Rica. Al mismo tiempo, la población que más se define “de izquierda” es Uruguay, mientras que la población que más se define “de derecha” se encuentra en los mismos países que menos confianza tienen en la democracia.

Según estos datos, y si vamos a seguir los criterios de las clásicas listas sobre idiotas latinoamericanos, habría que poner al Uruguay y algún otro país a la cabeza, de donde se deduce que tener confianza en la democracia es propio de retrasados mentales.

Estos retrasados mentales —los uruguayos, por ejemplo— tuvieron a fines del siglo XIX y principios del siglo XX un sistema lleno de injusticias y de imperfecciones, como cualquier sistema social, pero fue uno de los países con menor tasa de analfabetismo del mundo, el país con la legislación más progresista e igualitaria de la historia latinoamericana. Este pueblo concretó gran parte de lo que ahora es maldecido como “Estado de bienestar”; bajo ese estado de deficiencia mental, la mujer ganó varios derechos políticos y legales que le fueron negados en otras países del continente hasta hace pocos años; su economía estaba por encima de la de muchos países de Europa y su ingreso per capita (mayor que el argentino, el doble que el brasileño, seis veces el colombiano o el mexicano) no tenía nada que envidiarle al de Estados Unidos —si es que vamos a medir el nivel de vida por un simple parámetro económico. No fue casualidad, por ejemplo, que durante medio siglo aquel pequeño país casi monopolizara la conquista de los diversos torneos mundiales de fútbol.

Si ese país entró en decadencia (económica y deportiva) a partir de la segunda mitad del siglo XX, no fue por radicalizar su espíritu progresista sino, precisamente, por lo contrario: por quedar atrapado en una nostalgia conservadora, por dejar de ser un país construido por inmigrantes obreros y devolver todo el poder político y social a las viejas y nuevas oligarquías, empapadas de demagogia conservadora y patriotera, de un autoritarismo de derecha que se agravó a fines de los ’60 y se militarizó con la dictadura de los ’70.

El mismo Ernesto Che Guevara, en su momento de mayor radicalización ideológica y después de enfrentarse a lo que él llamaba imperialismo en la reunión de la “Alianza para el Progreso” de Punta del Este, dio un discurso en el paraninfo de la Universidad de la República del Uruguay ante una masa de estudiantes que esperaban oír palabras aún más combativas. En aquel momento (17 de agosto de 1961), Guevara, el Che, dijo:

“nosotros iniciamos [en Cuba] el camino de la lucha armada, un camino muy triste, muy doloroso, que sembró de muertos todo el territorio nacional, cuando no se pudo hacer otra cosa. Tengo las pretensiones personales de decir que conozco a América, y que cada uno de sus países, en alguna forma, los he visitado, y puedo asegurarles que en nuestra América, en las condiciones actuales, no se da un país donde, como en el Uruguay, se permitan las manifestaciones de las ideas. Se tendrá una manera de pensar u otra, y es lógico; y yo sé que los miembros del Gobierno del Uruguay no están de acuerdo con nuestras ideas. Sin embargo, nos permiten la expresión de estas ideas aquí en la Universidad y en el territorio del país que está bajo el gobierno uruguayo. De tal forma que eso es algo que no se logra ni mucho menos, en los países de América”.

El representante mítico de la revolución armada en América Latina daba la cara ante sus propios admiradores para confirmar y reconocer, sin ambigüedades, algunas radicales virtudes de aquella democracia:

“Ustedes tienen algo que hay que cuidar, que es, precisamente, la posibilidad de expresar sus ideas; la posibilidad de avanzar por cauces democráticos hasta donde se pueda ir; la posibilidad, en fin, de ir creando esas condiciones que todos esperamos algún día se logren en América, para que podamos ser todos hermanos, para que no haya la explotación del hombre por el hombre, ni siga la explotación del hombre por el hombre, lo que no en todos los casos sucederá lo mismo, sin derramar sangre, sin que se produzca nada de lo que se produjo en Cuba, que es que cuando se empieza el primer disparo, nunca se sabe cuándo será el último”.  (Ernesto Guevara. Obra completa. Vol. II. Buenos Aires: Ediciones del plata, 1967, pág. 158)

El mismo Che, en otro discurso señaló que el pueblo norteamericano “también es víctima inocente de la ira de todos los pueblos del mundo, que confunden a veces un sistema social con un pueblo” (Congreso latinoamericano de juventudes, 1960, idem Vol. IV, pág. 74).

Un latinoamericano podría sorprenderse de la existencia de “izquierdistas” (aceptemos provisoriamente esta eterna simplificación) en Estados Unidos, porque la simplificación y la exclusión es requisito de todo nacionalismo. De la misma forma, los británicos vendieron la idea existista del libre mercado cuando ellos mismos se habían consolidado como una de las economías más proteccionistas de la Revolución industrial. La imagen de Estados Unidos como un país (económicamente) exitoso donde sólo existe el pensamiento capitalista es una falacia y fue creada artificialmente por las mismas elites conservadoras que monopolizaron los medios de comunicación y promovieron una agresiva política proselitista. Y, sobre todo en América Latina, por las clases conservadoras, enquistadas en el poder político, económico y moralista de nuestros pueblos desgastados.

Tampoco existe ninguna razón sólida para descartar la fuerza interventora de las superpotencias del mundo en la formación de nuestras realidades. Sí, seguramente América Latina es responsable de sus fracasos, de sus derrotas (no reconocer sus propias virtudes es uno de sus peores fracasos). Pero que nuestros pueblos sean responsables de sus propios errores no quita que además han sido invadidos, pisoteados y humillados repetidas veces. Quizás la primera sea una verdad incontestable, pero los pecados propios no justifican ni lavan los pecados ajenos.

Jorge Majfud

The University of Georgia

Marzo 2007

The Privatization of God

Custom-made for the consumer

In the 17th century, the mathematics genius Blaise Pascal wrote that men never do evil with greater pleasure than when they do it with religious conviction. This idea – from a deeply religious man – has taken a variety of different forms since. During the last century, the greatest crimes against humanity were promoted, with pride and passion, in the name of Progress, of Justice and of Freedom. In the name of Love, Puritans and moralists organized hatred, oppression and humiliation; in the name of Life, leaders and prophets spilled death over vast regions of the planet. Presently, God has come to be the main excuse for excercises in hate and death, hiding political ambitions, earthly and infernal interests behind sacred invocations. In this way, by reducing each tragedy on the planet to the millenarian and simplified tradition of the struggle between Good and Evil, of God against the Devil, hatred, violence and death are legitimated. There is no other way to explain how men and women are inclined to pray with fanatical pride and hypocritical humility, as if they were pure angels, models of morality, all the while hiding gunpowder in their clothing, or a check made out to death. And if the leaders are aware of the fraud, their subjects are no less responsible for being stupid, no less culpable for their criminal metaphysical convictions, in the name of God and Morality – when not in the name of a race, of a culture – and from a long tradition, recently on exhibit, custom-fit to the latest in hatred and ambition.

Empire of the simplifications

Yes, we can believe in the people. We can believe that they are capable of the most astounding creations – as will be one day their own liberation – and also of incommensurable stupidities, these latter always concealed by a complacent and self-interested discourse that manages to nullify criticism and any challenge to bad conscience. But, how did we come to such criminal negligence? Where does so much pride come from in a world where violence grows daily and more and more people claim to have heard the voice of God?

Political history demonstrates that a simplification is more powerful and better received by the vast majority of a society than is a problematization. For a politician or for a spiritual leader, for example, it is a show of weakness to admit that reality is complex. If one’s adversary expunges from a problem all of its contradictions and presents it to the public as a struggle between Good and Evil, the adversary undoubtedly is more likely to triumph. In the final analysis, the primary lesson of our time is grounded in commercial advertising or in permissive submission: we elect and we buy that which solves our problems for us, quickly and cheaply, even though the problem might be created by the solution, and even though the problem might continue to be real while the solution is never more than virtual. Nonetheless, a simplification does not eliminate the complexity of the problem in question, but rather, on the contrary, produces greater problems, and sometimes tragic consequences. Denying a disease does not cure it; it makes it worse.

Why don’t we talk about why?

Let’s try now to problematize some social phenomenon. Undoubtedly, we will not plumb the full depths of its complexity, but we can get an idea of the degree of simplification with which it is treated on a daily basis, and not always innocently.

Let’s start with a brief example. Consider the case of a man who rapes and kills a young girl. I take this example not only because it is, along with torture, one of the most abhorrent crimes imaginable, but because it represents a common criminal practice in all societies, even those that boast of their special moral virtues.

First of all, we have a crime. Beyond the semantics of “crime” and “punishment,” we can evaluate the act on its own merits, without, that is, needing to recur to a genealogy of the criminal and of his victim, or needing to research the origins of the criminal’s conduct. Both the rape and the murder should be punished by the law, and by the rest of society. And period. On this view, there is no room for discussion.

Very well. Now let’s imagine that in a given country the number of rapes and murders doubles in a particular year and then doubles again the year after that. A simplification would be to reduce the new phenomenon to the criminal deed described above. That is to say, a simplification would be to understand that the solution to the problem would be to not let a single one of these crimes go unpunished. Stated in a third way, a simplification would be to not recognize the social realities behind the individual criminal act. A more in-depth analysis of the first case could reveal to us a painful childhood, marked by the sexual abuse of the future abuser, of the future criminal. This observation would not in any way overturn the criminality of the deed itself, just as evaluated above, but it would allow us to begin to see the complexity of a problem that a simplification threatens to perpetuate. Starting from this psychological analysis of the individual, we could certainly continue on to observe other kinds of implications arising from the same criminal’s circumstances, such as, for example, the economic conditions of a specific social underclass, its exploitation and moral stigmatization by the rest of society, the moral violence and humiliation of its misery, its scales of moral value constructed in accordance with an apparatus of production, reproduction and contradictory consumption, by social institutions like a public education system that helps the poor less than it humiliates them, certain religious organizations that have created sin for the poor while using the latter to earn Paradise for themselves, the mass media, advertising, labor contradictions… and so on.

We can understand terrorism in our time in the same way. The criminality of an act of terrorism is not open to discussion (or it shouldn’t be). Killing is always a disgrace, a historical curse. But killing innocents and on a grand scale can have no justification or pardon of any kind. Therefore, to renounce punishment for those who promote terrorism is an act of cowardice and a flagrant concession to impunity.

Nevertheless, we should also remember here our initial caveat. Understanding a social and historical phenomenon as a consequence of the existence of “bad guys” on Earth is an extremely naive simplification or, to the contrary, an ideologically astute simplification that, by avoiding integrated analysis – historical, economic, political – exempts the administrators of the meaning of “bad”: the good guys.

We will not even begin to analyze, in these brief reflections, how one comes to identify one particular group and not others with the qualifier “terrorist.” For that let it suffice to recommend a reading of Roland Barthes – to mention just one classic source. We will assume the restricted meaning of the term, which is the one assumed by the press and the mainstream political narratives.

Even so, if we resort to the idea that terrorism exists because criminals exist in the world, we would have to think that in recent times there has been an especially abundant harvest of wicked people. (An idea explicitly present in the official discourse of all the governments of countries affected by the phenomenon.) But if it were true that in our world today there are more bad people than before, surely it isn’t by the grace of God but via historical developments that such a phenomenon has come to be. No historical circumstance is produced by chance, and therefore, to believe that killing terrorists will eliminate terrorism from the world is not only a foolish simplification but, by denying a historical origin for the problem, by presenting it as ahistorical, as purely a product of Evil, even as a struggle between two theological “essences” removed from any social, economic and political context, provokes a tragic worsening of the situation. It is a way of not confronting the problem, of not attacking its deep roots.

On many occasions violence is unavoidable. For example, if someone attacks us it would seem legitimate to defend ourselves with an equal degree of violence. Certainly a true Christian would offer the other cheek before instigating a violent reaction; however, if he were to respond violently to an act of aggression no one could deny him the right, even though he might be contradicting one of the commandments of Christ. But if a person or a government tells us that violence will be diminished by unleashing violence against the bad guys – affecting the innocent in the process – not only does this deny the search for a cause for the violence, it also will serve to strengthen it, or at least legitimate it, in the eyes of those who suffer the consequences.

Punishing those responsible for the violence is an act of justice. Claiming that violence exists only because violent people exist is an act of ignorance or of ideological manipulation.

If one continues to simplify the problem, insisting that it consists of a conflict produced by the “incompatibility” of two religious views – as if one of them had not been present for centuries – as if it were a matter of a simple kind of war where victory is achieved only with the total defeat of the enemy, one will drag the entire world into an intercontinental war. If one genuinely seeks the social origin and motivation of the problem – the “why” – and acts to eliminate and attenuate it, we will most assuredly witness a relaxing of the tension that is currently escalating. We will not see the end of violence and injustice in the world, but at least misfortune of unimaginable proportions will be avoided.

The analysis of the “origin of violence” would be useless if it were produced and consumed only within a university. It should be a problem for the headlines, a problem to be discussed dispassionately in the bars and in the streets. At the same time, we will have to recognize, once again, that we need a genuine dialogue. Not a return to the diplomatic farce, but a dialogue between peoples who have begun dangerously to see one another as enemies, as threats – a disagreement, really, based on a profound and crushing ignorance of the other and of oneself. What is urgent is a painful but courageous dialogue, where each one of us might recognize our prejudice and our self-centeredness. A dialogue that dispenses with the religious fanaticism – both Muslim and Christian – so in vogue these days, with its messianic and moralizing pretensions. A dialogue, in short, to spite the deaf who refuse to hear.

The True God

According to the true believers and the true religion, there can be only one true God, God. Some claim that the true God is One and he is Three at the same time, but judging by the evidence, God is One and Many more. The true God is unique but with different politics according to the interests of the true believers. Each one is the true God, each one moves the faithful against the faithful of other gods, which are always false gods even though each one is someone’s true God. Each true God organizes the virtue of each virtuous people on the basis of true customs and the true Morality. There is only one Morality based on the true God, but since there is more than one true God there is also more than one true Morality, only one of which is truly true.

But, how do we know which one is the true truth? The proper methods for proof are disputable; what is not disputed is the current practice: scorn, threats, oppression and, when in doubt, death. True death is always the final and inevitable recourse of the true truth, which comes from the true God, in order to save the true Morality and, above all, the true believers.

Yes, at times I have my doubts about what is true, and I know that doubt has been condemned by all religions, by all theologies, and by all political discourses. At times I have my doubts, but it is likely that God does not hold my doubt in contempt. He must be very busy concerning himself with so much certainty, so much pride, so much morality, behind so many ministers who have taken control of his word, holding Him hostage in a building somewhere so as to be able to conduct their business in public without obstacles.

Dr. Jorge Majfud

Translated by Dr. Bruce Campbell.

Jorge Majfud is a Uruguayan writer. His most recent novel is La Reina de América (Baile de Sol, 2002).