El emperador está desnudo

(Audio: interpretación libre. El autor no es responsable de las interpretaciones de este audio)

En una contratapa de Página12 de 2007, reflexionábamos sobre el ideoléxico ser de derecha: “Veinte o treinta años atrás en el Cono Sur era suficiente declararse izquierdista para ir a la cárcel o perder la vida en una sesión de tortura (…). Ser de derecha no sólo era políticamente correcto sino, además, una necesidad de sobrevivencia. La valoración de este ideoléxico ha cambiado de forma dramática. Lo demuestra un reciente juicio que tiene lugar en Uruguay. Búsqueda ha entablado juicio contra un senador de la república, José Korzeniak, porque lo definió como ‘de derecha…’”

Los ideoléxicos (y, con ellos, las cristalizaciones ideológicas) parecen mostrar ciclos de 30 años―una generación. Pero estos ciclos, más allá de una posible dinámica social o de una naturaleza psicológica, como “la dinámica de las cuatro generaciones”, también están afectados, distorsionados y hasta determinados por la mirada de los imperios (ver “La lógica de las olas reaccionarias en América Latina”).

Diferente, en el epicentro del Imperio, esta dinámica ideológica tiene ciclos mayores (60 años), porque no dependen de intervenciones exteriores. Dependen del poder relativo de su clase dominante―no de la clase dominante de otro país. En cualquier caso, las leyes son la expresión del poder (plutocracia) o de los poderes (democracia) de una sociedad. En las sociedades capitalistas y, aún de forma más radical, en las plutocracias del capitalismo neoliberal y neofeudal, el poder radica en la concentración del dinero, por lo cual los millonarios compran políticos y sus corporaciones escriben directamente las leyes, como en Estados Unidos, o deciden gobiernos en las repúblicas bananeras.

Como ningún sistema jurídico reconoce el derecho de un país para escribir las leyes de otros países soberanos, los imperios y los gobiernos supremacistas escriben doctrinas, como la Doctrina Monroe y otros tratados para que otros pueblos obedezcan mientras les sirva a los dueños del cañón. Pero estas doctrinas y esta tras-ideologización de las colonias siempre se vistió de alguna excusa sagrada, como Dios, la raza, la libertad, la propiedad privada o la democracia. Algo que, en Estados Unidos, comienza a secarse, dejando al desnudo y sin disimulo las verdaderas razones de su violencia, como lo es el reconocimiento del presidente Trump de invadir Venezuela para “hacer mucho dinero con (nuestro) petróleo”―en su conferencia de prensa tras el secuestro del presidente Maduro, mencionó 23 veces la palabra petróleo y ni una sola vez democracia, lo que se ajusta al Proyecto 2025 y los neo monárquicos como Curtis Yarvin.

El imperialismo norteamericano viene del fanatismo protestante, calvinista y privatizador de cuatro siglos atrás, desde que se inició el despojo de los “salvajes que nos atacaron sin ninguna provocación”. Hoy, su conducta violenta de intervención y despojo se repite con la misma desnudez que al principio, como cuando James Polk le ordenó a un emisario buscar un río dentro de México con el mismo nombre del por entonces límite fronterizo o, si no encontraba, nombrar otro río con el mismo nombre para provocar una “guerra de defensa” contra México y así quitarle la mitad de su territorio. Exactamente lo mismo hizo Trump acusando a Maduro de narcotráfico y luego decretando que el fentanilo era “arma de destrucción masiva”, una decoración usada para la invasión de Irak, el secuestro de Sadam Hussein y la apropiación del petróleo.

Hasta entonces, los emperadores como Bush y Obama mantenían el smoking bastante bien planchado. Con el Tea Party y, luego, con la primera presidencia de Trump, ser fascista, racista y misógino comenzó a ser considerado un orgullo. Allí comenzó “La rebelión de los amos”, peleada, como en las batallas medievales, por los peones sin rostro, sin nombres y sin nada que ganar o perder, excepto la vida.

En sus primeros años en la Casa Blanca, Trump todavía negaba ser machista, racista o imperialista. En su segundo período, continuó siendo el mismo de siempre, pero ya no lo disimuló más. En una conferencia en el Despacho Oval le preguntaron al alcalde electo de Nueva York si todavía pensaba que Trump era un fascista, a lo que Trump le dijo que no había problema: “diles que sí”. Mamdani respondió que sí, para satisfacción del presidente.

Hace unos años propusimos la fórmula P = d.t que relaciona poder (P), tolerancia (t) y diversidad/disidencia (d), según la cual los imperios incontestables tienen una alta tolerancia a la diversidad y a la disidencia cuando su poder (P) es incontestable, y se vuelven intolerantes a la diversidad y a la disidencia cuando su poder comienza a disminuir, relación que mantiene la ecuación en P-d.t = 0 en equilibrio. Actualmente, la creciente intolerancia a la disidencia, a la crítica, a los libros y cursos sobre sobre la historia esclavista e imperial, o a la aceptación de iguales derechos para diferentes etnias, géneros, sexos o clases sociales es un signo inequívoco de la creciente debilidad del Imperio americano.

Las máscaras y el smoking ya no son necesarios. La CIA lanzó su operación de secuestro del presidente Maduro para ser juzgado por narcotráfico tres semanas después de que el presidente Trump ordenase la liberación del expresidente hondureño, Juan Orlando Hernández, condenado a 40 años de prisión por un jurado federal del mismo Estado, por narcotráfico, y 24 horas después de reuniese con Benjamín Netanyahu, requerido por la Corte Penal Internacional por crímenes de Guerra y de lesa humanidad en Palestina.

Ante el acoso y luego bombardeo de Venezuela (que ya costó la vida de decenas de personas y que, con el tiempo, producirá más violencia), la ONU y varios presidentes han manifestado lo mismo: sentidas declaraciones de cancillerías sobre que “el ataque militar estadounidense sienta un precedente peligroso”.

¿No hace más de 200 años que estamos sentando precedentes peligrosos? ¿Qué está ocurriendo que no haya ocurrido antes? (1) Invasión imperial por avaricia de los recursos naturales, solo que ahora las excusas no son importantes; (2) cipayismo criollo, cobarde y entreguista; (3) timidez de los líderes izquierdistas de la región; (4) ausencia de consenso ante las más graves violaciones al derecho internacional…

¿Algo nuevo? Seguimos avanzando hacia la “Rebelión de los amos” a través de la “Palestinización del mundo” como un conductor que se duerme lentamente sobre el volante. Esto es sólo un capítulo más de un proceso que se radicalizará.

El secuestro de líderes desobedientes es una vieja práctica imperial. Los imperios siempre violaron las leyes ajenas, pero se cuidaron de hacerlo dentro de sus propios feudos (razón por la cual la cárcel de Guantánamo está en Cuba y no en Illinois), pero también esto ha cambiado. Ahora, los enmascarados del ICE y la Guardia Nacional han extendido la palestinización del mundo dentro de las fronteras de Estados Unidos, acostumbrando a su población a la brutalidad, al miedo y a la violación de los Derechos Humanos.

Los conflictos reaccionarios de los supremacistas y decadentes imperios occidentales continuarán sumando intervenciones al viejo estilo; invasiones, golpes de Estado, revueltas y guerras civiles inoculadas por las agencias secretas (CIA-MI6-Mossad). Seguiremos viendo un escenario de creciente violencia de Estados Unidos y Europa-Israel en sus patios traseros―América latina, África y Oriente Medio.

El objetivo es aplastar el surgimiento de China y del Sur Global, pero esta lucha desangrará más a Medio Oriente, África y América Latina que a China, hasta que ésta no tenga otra opción que intervenir en un conflicto bélico masivo.

Por el momento, a Rusia le importa Ucrania y a China, Taiwán. Por eso, sus reacciones ante la re-colonización supremacista del Sur Global son apenas simbólicas.

El sur global está solo.

Jorge Majfud, 3 de enero de 2025

https://www.pagina12.com.ar/2026/01/04/el-emperador-esta-desnudo/

Rémoras de Roma

Mercenarios del Imperio

La creación del personaje MCM (María Corina Machado) no es muy diferente al resto de los líderes promovidos por Washington y la CIA por generaciones. No es muy diferente a los personajes creados con el mismo propósito solo en Venezuela, desde Pérez Jiménez hasta Juan Guaidó, por años referido por los países imperiales como “el presidente de Venezuela”, exactamente como es anunciada Machado ahora. El perfil clásico es: un mártir de la libertad siendo perseguido por un dictador desobediente en un país con importantes recursos naturales.

Luego de apoyar el golpe de Estado de 2002 contra un presidente democráticamente electo, luego de promover y solicitar por décadas intervenciones extranjeras de todo tipo en su país… ¿cuántos días estuvo presa la pobre Corina Machado? Menos que el mismo presidente Chávez en 2002. Ni un día, de hecho. Por menos de eso, en Estados Unidos habría sido detenida por los enmascarados o por algún agente federal y le habrían puesto una rodilla en la cabeza contra el suelo. Todo en nombre de la libertad y de la seguridad nacional.

Pero Corina Machado ha estado tan vigilada por el régimen, que pudo dar entrevistas y participar de conferencias internacionales en Miami llamando a una invasión a su país. ¿El régimen no interceptaba sus comunicaciones? En las dictaduras fascistas, planeadas por la CIA y sostenidas por los miles de millones de Washington hasta no hace mucho, por el solo hecho de tener un libro prohibido en su cocina, a Machado la hubiesen secuestrado, violado y torturado según las técnicas de la School of the Americas. Luego hubiese terminado en el fondo del mar o diluida en cal viva. Esas mismas dictaduras fascistas que ahora despiertan la nostalgia de los seguidores latinoamericanos de su klan, el Conservative Political Action Conference, CPAC. Por no recordar el centro de tortura en Guantánamo, las decenas de cárceles secretas de la CIA alrededor del mundo o las violaciones en las cárceles israelíes de miles de palestinos, muchos de ellos menores, que la Nobel de la Paz venera.

Como buena empresaria de elite, sus amigos van desde billonarios hasta los políticos más poderosos. El 17 de octubre de 2025, Reuters tituló: “Israel afirma que la presidenta venezolana, Machado, expresó su apoyo a Netanyahu”. El mismo día, desde Twitter, Machado le agradeció a Netanyahu por su “lucha por la libertad” en medio del peor genocidio en lo que va del siglo. La Oficina del primer ministro precisó: “María Corina Machado llamó al primer ministro Benjamín Netanyahu” con motivo de la obtención del Premio Nobel de la Paz. No la llamó él para felicitarla. Lo llamó ella para agradecerle.

Para la ceremonia de entrega del premio en Oslo, tenía que llegar un día tarde y saltar una barrera metálica para las fotos. El New York Times (el mismo que apoyó la invasión a Irak y luego el golpe de Estado contra Chávez, 21 días después), anunciaron la espectacular huida de la galardonada, quien “lucha contra la dictadura de su país desde hace 25 años”.

El récord de injerencias es prolífico. En 2024, la Associated Press reportó sobre un memorando interno de la DEA, filtrado accidentalmente por fiscales federales. El documento, de 2018, estuvo unas horas accesible en internet y detallaba una operación encubierta de la DEA en Venezuela iniciada en 2013, con agentes secretos que espiaban a altos funcionarios venezolanos con el propósito de reunir cualquier hecho que los vinculase con el narcotráfico. El grupo cibernético israelí Team Jorge, que se jactó de haber manipulado 33 elecciones alrededor del mundo, también intervino en las elecciones de Venezuela en 2012. Por entonces, se acusó al gobierno de “elecciones oscuras”, pese a la opinión del expresidente estadounidense Jimmy Carter de que “Venezuela cuenta con el mejor sistema electoral en el mundo” y pese a que Team Jorge intervino de forma más que oscura para favorecer a la oposición.

Todos saben que Venezuela posee la mayor reserva mundial de petróleo del mundo. Es menos conocido que Estados Unidos (el mayor consumidor y productor del mundo debido al fracking) ha llegado a su techo de producción y se prevé un inevitable declive a partir de 2027.

Desde hace más de una década, el bloqueo económico y financiero a Venezuela ha sido criminal (sobre todo en pandemia), pero no ha tenido el efecto deseado de remover al chavismo del gobierno. Como la excusa de la democracia (eso que brilla por su ausencia en Estados Unidos) no fue suficiente, se pasó a la lucha contra el narcotráfico y a las ejecuciones sumarias de un centenar de personas en el Caribe, cerca de las costas de Venezuela, con el propósito de provocar una reacción militar (el clásico “fuimos atacados primero”, “nunca lo olvidaremos” que se remonta a la época del despojo de los nativos), tampoco funcionó. Así que se pasó al secuestro de un petrolero con un millón de barriles de petróleo que serán decomisados por violar el bloqueo impuesto por Estados Unidos.

Algunos senadores, como Chris Van Hollen, han acusado a Trump de fabricar excusas para una guerra, lo que recuerda al congresista Abraham Lincoln contra la guerra en México. Trump, como su odiado George Bush, intenta saltearse cualquier voto en el congreso para lanzar un operativo militar más directo sobre Venezuela, lo que provocaría una guerra civil. El discurso del gobierno de Bush para invadir Irak y el de Trump para invadir Venezuela (con el mismo objetivo, el petróleo) resultan burdas copias. Siempre confían en la desmemoria popular―y en el entreguismo.

Según la encuesta de CBS y YouGov, el 70 por ciento de la población de Estados Unidos está en contra de cualquier intervención en Venezuela, pero la opinión en América Latina está dividida… O peor. Según el medio financiado por el Gobierno de Estados Unidos, Voz de América, solo el 34 por ciento de los latinoamericanos se opone a una invasión. Aunque parece el mundo del revés, la historia del cipayismo y la manipulación de la propaganda colonial siempre fue más efectiva en las repúblicas bananeras que en los mismos centros imperiales. Desde Madrid, el opositor venezolano Leopoldo López reconoció que presionaron y negociaron con Estados Unidos un despliegue militar en Venezuela.

¿Qué gobierno podría legitimarse, con o sin elecciones, de esta forma? Yo sugiero una solución más heroica: que López, Guaidó y Machado se alquilen un Granma y desembarquen en secreto en el Orinoco. Desde ahí pueden convencer al pueblo para derrocar a la dictadura.

Fue lo que hicieron Fidel Castro, el Che Guevara y diez más que sobrevivieron al llegar a la costa. Los doce enfrentaron, sin ayuda de ningún imperio, a un poderoso ejército armado y apoyado por Estados Unidos y responsable de la matanza de decenas de miles de cubanos, según la misma CIA, y aun así lo derrotaron.

No estoy a favor de la violencia, pero ya que promueven el bombardeo de su propio país por parte de una superpotencia extranjera, al menos pónganles el pecho a las balas. ¿O no les importa que corra sangre por las calles de Caracas? No se escondan detrás de las superpotencias imperiales.

Jorge Majfud, diciembre 2025

PDF para descargar. Clase de Histroia.

Siempre en setiembre: atentado terrorista en Washington. Letelier 49 años después

Siempre en setiembre: atentado terrorista en Washington. Letelier 49 años después.

    Capítulos de https://www.amazon.com/1976-exilio-del-terror-Spanish/dp/1956760954/ref=

    Letelier. Primer intento

    El 20 de setiembre, el Chevrolet celeste de Letelier no voló por el aire como estaba previsto. Suárez, Novo y Paz no encontraron palabras para insultar al gringo Townley, para entonces en un vuelo de Iberia a España. El experto no había logrado detonar ni el C4 y ni el TNT. ¿Fue un error premeditado?

    ―Es un comemielda.

    Luego de una breve discusión, decidieron terminar el trabajo por su propia cuenta. Era mejor que perder toda la inversión por un detalle estúpido. Sólo debían asegurarse de que el bip médico estuviese funcionando, algo que Townley presumía haberles enseñado. Por la noche, volvieron a la casa de Bethesda.

    Ronni y Michael estaban cenando con Orlando e Isabel. El entusiasmo del joven matrimonio los había contagiado. Los sueños de la juventud son los verdaderos sueños. Todo lo demás son aprendizajes, despertares.

    Los niños buscaban algo para ver en los muchos canales a color que los tenían atrapados. Una voz anunció el primer capítulo de la nueva temporada de Rich Man, Poor Man. Luego del asesinato del hermano pobre, Tom Jordache, el hermano rico Peter Haskell, dueño de Tricorp, debe enfrentarse al asesino Falconetti, quien ha quedado en libertad. Italiano o hijo de italianos tenía que ser. “Mañana, 21 de setiembre a las 9:00, por ABC”.

    Ronni Karpen tenía 25 años y su breve biografía se resumía a sus años en la Universidad de Maryland y a su activismo contra la Guerra de Vietnam, como Mariana Callejas en Miami. Se había graduado en Educación y enseguida se había dedicado a la creación de Centros de Enseñanza para estudiantes necesitados. En el IPS conoció a Michael.

    Cuando los muchachos ya se habían ido a dormir, Orlando se quedó hablando con Michael sobre algo que comenzaba a preocuparle. Le recordó el asesinato del general Carlos Prats y su esposa Sofía, en Buenos Aires. En diez días se cumplirían dos años del atentado. Había otros casos, como el de Bernardo Leighton y su esposa en Roma… Todos los atentados se llevaban a las esposas de sus víctimas también, pero esto debía ser sólo una coincidencia de la crueldad indiferente de los freedom fighters.

    Aunque la idea de algún tipo de agresión del gobierno de un país latinoamericano en la capital estadounidense parecía improbable, estaba el caso del profesor de Columbia University, Jesús Galíndez, secuestrado por el régimen de Leónidas Trujillo veinte años atrás, luego torturado y asesinado en República Dominicana. Orlando había sido testigo de las ejecuciones en Chile y sabía que el régimen fascista era capaz de cualquier cosa. En los hechos, poco a poco Letelier se había convertido en el líder de la resistencia chilena al régimen de Pinochet. Sólo un tonto no se daría cuenta que él era el número uno en la lista negra de Pinochet.

    ―La Dina ya mató a otros exiliados ―dijo Orlando―. No sería raro que intentaran hacerlo de nuevo. Es muy probable que estén espiándome todo el tiempo.

    Letelier se puso de pie y se acercó a la ventana. Afuera estaba oscuro como la muerte, por lo cual solo pudo ver el reflejo de su rostro y, más allá, sus propios pensamientos. Luego volvió a donde estaba Michael Moffitt.

    Dos horas después, en el momento de regresar, Michael y Ronni se encontraron con que su auto estaba descompuesto. No hubo forma de hacerlo arrancar.

    ―Lévense el mío―dijo Orlando.

    ―Oh, no…

    ―Sin problema ―insistió Orlando―. Sólo que mañana temprano deben estar aquí de vuelta para ir a las oficinas.

    Sin alternativa, el joven matrimonio regresó a su casa con el TNT y el C4 amarrado al chasis del Chevrolet de Letelier.

    Shit! ―dijo Suárez.

    ―¡Mierda! ―confirmó Virgilio Paz.

    ―Tendremos que levantarnos temprano mañana.

    ―Qué pareja encantadora ―dijo Isabel, llevando dos copas a la cocina.

    Unas horas después, Townley volaba a Miami. Quería encontrarse lo más lejos posible en el momento de la explosión. Luego viajó a Madrid.

    Última entrevista

    La cena con sus asistentes y la conversación sobre seguridad personal le habían removido varios recuerdos. La revista Playboy le había hecho una entrevista que aún no había sido publicada sobre aquella mañana del 11 de setiembre, tres años atrás. Nunca sabrá por qué una revista erótica iba a publicar su tortura en la cárcel más fría del fascismo ni por qué podría interesarles a sus lectores, como si hubiese una relación tenebrosa entre miedo y deseo, entre el dolor ajeno y el placer propio.

    Los niños ya se habían ido a dormir. La televisión continuaba vendiendo promesas de felicidad, todas a un precio justo y al alcance del verdadero hombre y la verdadera mujer. Siempre más por menos.

    Volvió a recordar la mañana del golpe. Recordó que le había dicho al periodista que ese día temprano había corrido al Ministerio de Defensa.

    ―Enseguida sentí una pistola en mi espalda. Estaba rodeado de una docena de soldados.

    De ahí lo llevaron a una habitación desde donde debió presenciar toda la noche la ejecución de decenas de detenidos en el patio central. A las cinco de la mañana, escuchó que afuera los soldados decían:

    ―Es el turno del ministro.

    Mientras lo llevaban al patio para ser ejecutado, hubo una discusión entre los soldados. Alguien había recibido otra orden. Finalmente, quien lo sostenía, le dijo:

    ―Tienes suerte, conchatumadre.

    Lo transfirieron a una celda fría en la isla Dawson, cerca de la Antártida. El nuevo gobierno no sabía qué hacer con él. Ejecutarlo o dejarlo con vida eran dos opciones con múltiples beneficios y efectos colaterales imposible de calcular.

    Un año más tarde, como consecuencia de la presión internacional, lo enviaron a Venezuela. Allí, el Institute for Policy Studies le ofreció el trabajo de investigador. Estaba en la ciudad más segura del mundo, por lo menos políticamente hablando, pero el instituto tenía un claro historial de resistencia contra la Guerra de Vietnam y las políticas exteriores de Washington. La prensa y la televisión no descansaban en alertar a la población del peligro del IPS para la democracia y la libertad. Más cuando, desde el cielo de la Casa Blanca, llovían millones de dólares sobre los periodistas para revertir la creciente resistencia del pueblo contra la Guerra de Vietnam.

    ―El IPS es un nido de radicales ―había dicho un tal Harvey.

    ―Sí, muy radicales ―había respondido alguien desde otro escritorio―. Están contra la Guerra de Vietnam y contra las dictaduras que plantamos nosotros por todo el mundo.

    Orlando apagó el televisor y se fue a dormir. En realidad, desde hacía algún tiempo, sólo simulaba que dormía.

    Esta vez no puede fallar

    A la mañana siguiente, Michael y Ronni volvieron a la casa de Orlando para ir a las oficinas de IPS. A las ocho, Orlando, tarde y sin haber dormido bien, se vistió de prisa mientras le decía a Isabel que fuera a almorzar con ellos.

    ―No creo que pueda, tengo demasiado trabajo ―contestó Isabel.

    ―Te va a gustar la sorpresa―insistió él.

    Llamó por teléfono a su asistente Juan Gabriel Valdés para decirle que iba a pasar por él de camino a las oficinas. Juan Gabriel le dijo que no podía a esa hora, que su esposa iba a hacer unas compras y él se iba a quedar cuidando a los niños, que lo veía un poco más tarde.

    Salieron los tres de prisa de la casa. Orlando encendió un cigarrillo y se acomodó el cuello de la camisa.

    ―¿Quiere que maneje? ―dijo Michael.

    ―No hay problema ―murmuró Orlando, con el cigarro entre los labios.

    Michael se adelantó y le abrió la puerta del acompañante a Ronni y se sentó detrás.

    En quince minutos, el Chevrolet Chevelle Malibu celeste había dejado Bethesda y entró en la avenida Massachusetts.

    Detrás iba el Ford gris. José Suárez comentaba detalles de la bomba que el pasado jueves 16 había logrado detonar con Omega 7, en el barco soviético Ivan Shepetkov, en el puerto de Nueva Jersey.[i] Como Fidel, el maldito no se hundió. Quedó con un enorme agujero de un costado, pero no se hundió.

    ―Poco después del mediodía, llamamos para revindicar el atentado. No íbamos a hacer todo ese trabajo sin recibir los créditos. Qué coño importa si se hundió o no se hundió el muy maldito.

    ―No murió nadie esta vez.

    Por lo cual la noticia no le dio vuelta al mundo y las donaciones no se dispararon como otras veces.

    A las 9:30, el Malibu celeste pasó por la antigua residencia de Letelier. El embajador Manuel Trucco salía de su cama en ese momento.

    En medio del fuego estarás junto a mí

    Poco después de las nueve de la mañana, Jorge Luis Borges caminaba por la avenida Diego Portales de Santiago. En unas horas más, asistiría a una ceremonia en su honor, con la presencia del general Pinochet y la literata Mariana Callejas en tercera fila.

    ―Sí, Neruda era un mal poeta. No conocía el soneto ni los misterios de la métrica. Le sobraron sílabas, como a Cien años de soledad le sobraron por lo menos cincuenta años…

    Borges coincidía con la crítica literaria de la CIA, no con el criterio de la academia sueca. Mucho menos con la opinión de los obreros que compraban sus libros en los quioscos.

    ―Sus libros también se venden en los quioscos ―le informó Antonio Carrizo.

    ―¿En los quioscos? ―preguntó Borges, sorprendido―. ¿Mis libros en los quioscos?

    En Washington, el Chevy Chevalle tomó la avenida Massachusetts antes de entrar en el DC. A las 9:33 pasó frente a su antigua residencia, ahora ocupada por la familia del embajador de Pinochet y, segundos después, entró en la rotonda de Sheridan, a tres minutos de las oficinas del IPS, en la calle Q 1901.

    En ese momento, a pocas cuadras de allí, se realizaba una reunión de Lasa, la Asociación de Estudios Latinoamericanos, para preparar el congreso que ese año sería en Atlanta. Letelier había enviado Juan Raúl Ferreira para informar sobre la dictadura uruguaya.

    A las 9: 34, en el Ford que seguía al Chevy celeste, Virgilio Paz apretó los dos botoncitos del control remoto. Era uno de los dispositivos que Townley había adaptado y probado él mismo en el viaje a México, uno de esos que usan los médicos para llamados de emergencia. El bip activó el C4 colocado en el chasis del Chevy, justo debajo del asiento del conductor.

    Michael escuchó un sonido eléctrico y un flash detrás de la cabeza de Ronni. Luego de una fracción de segundo, el Chevy voló por el aire y sus pedazos se esparcieron hasta veinticinco metros. Al caer, se incrustó contra un Volkswagen naranja que estaba estacionado. Ronni salió despedida del auto y cayó sobre el césped. Descalzo y sentir las piernas, asfixiado por el humo, Michael logró salir por una ventana y vio a Ronni de pie, como si nada le hubiese pasado.

    El único gravemente herido parecía ser Orlando. Estaba recostado de espaldas sobre el volante del conductor. Michael le palmeó la cara:

    ―Orlando ―dijo―. ¿Me puede escuchar?

    Orlando no contestó. Intentó poner una mano sobre Michael, pero no pudo. Sus ojos se movían lentamente y las lágrimas le recorrían las mejillas. Estuvo a punto de decir algo, pero se apagó en segundos.

    ―¡Fue la Dina! ―gritó Michael―. Malditos fascistas.

    Letelier murió en minutos después.

    Ronni no estaba bien. La explosión le había cortado la garganta, pero Michael no lo había notado porque ella se alejaba caminando. Hasta que cayó en el piso.

    Dana Peterson, una médica que corrió a auxiliarla, no pudo evitar que Ronni se ahogara en su propia sangre mientras intentaba sacarse de encima a Michael. Minutos después, llegó la ambulancia. Luego de una breve discusión, Michael logró subirse para acompañarla al hospital.

    En la reunión de Lasa, Juan Raúl Ferreira todavía respondía preguntas sobre las dictaduras del Cono Sur. Cerca del mediodía, se interrumpió la reunión con una conmoción sorda. Juan Raúl no alcanzaba a entender la información fragmentada que corría en inglés de un lado para el otro. Tomó a una joven de un brazo y le preguntó qué estaba pasando.

    ―¡Mataron a Letelier! ―dijo.

    Juan Raúl corrió al IPS.

    ―También mataron a Ronni ―dijo alguien que acababa de entrar al antiguo edificio de la calle Q.

    Entonces, Juan Raúl miró al escritorio que estaba frente al suyo. Era el escritorio de Ronni.[ii]

    Había comenzado a lloviznar. En el hospital, Michael Moffitt luchaba por deshacerse del acoso de la policía. Recordó los versos de Pablo Neruda que le había leído el día de su boda. Ella, todavía de blanco, sonreía radiante y con una alegría que no cabía en su pequeño cuerpo:

    Levántate conmigo

    y salgamos reunidos

    a luchar cuerpo a cuerpo

    contra las telarañas del malvado…

    En medio del fuego estarás

    junto a mí…

    ―¿Por qué dice que Neruda no es un gran poeta? ―le preguntó el periodista.

    ―¿Usted recuerda algún verso de Neruda? ―repreguntó Borges, lapidario, sonriendo a una cámara de televisión que lo apuntaba desde la eternidad.

    ―Bueno ―titubeó Carrizo―, me parece que de Neruda se puede citar alguno…

    ―A ver, ¿cuál?

    ―No, no me tome examen…

    ―Yo no recuerdo ninguno memorable ―dijo Borges, muriéndose de a poco, con una vana sonrisa.

    ―Borges, ¿usted le tiene miedo a la muerte?

    ―No, para nada. Sólo quiero que me olviden.

    El misterioso laberinto de la infamia

    La bomba estaba programada para explotar el lunes. Townley compró los diarios, escuchó las radios y no encontró ninguna información que lo confirmara. Cuando finalmente detonó la mañana del martes 21, ya se encontraba en Miami. De ahí se fue a cenar con sus padres en Boca Ratón.

    En Union City dos hombres conversaban frente a dos vasos casi vacíos de ron y con dos espesos habanos entre los dedos.

    ―Oye chico. Todavía me sigue dando vueltas en la cabeza algo que…

    Por la Bergenline Avenue caminaban la ultimas minifaldas del año, mientras el cielo no se decidía a enviar lluvia, llovizna o la primera nevada del año.

    ―Pues dime.

    ―¿Y si el americano preparó el detonador para que fallase a propósito, sabiendo que nosotros lo íbamos a reparar?

    ―Eso nunca lo sabremos…

    ―Lo vi un poco reticente a participar en la operación. Ahora, después de todo, resulta que fuimos nosotros quienes pusimos el C4 y luego lo detonamos. ¿No era eso lo que los chilenos querían?

    ―Nosotros también queríamos los créditos, ¿o no?

    ―¡Claro, chico! Pero otra cosa es la traición. No soporto la sola idea de que nos pudieron haber usado.

    A esa misma hora, Jorge Luis Borges caminaba por segunda vez la avenida Diego Portales de Santiago. Iba a recibir un doctorado honoris causa de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica, la misma que había dado a Chile y al Universo la orgullosa infamia anglosajona de los Chicago Boys. Borges era ateo, pero no lo impresionaban los misteriosos designios de la mano que figura y prefigura los avatares de las piezas del ajedrez que a un mismo tiempo entretuvieron las elucubraciones del moro y del judío en el laberinto de una civilización ya olvidada por las ficciones de la historia.

    María Callejas supo con tiempo de esta visita histórica y movió todos sus contactos para que la incluyeran en la cena con el escritor argentino. En una de las tertulias semanales de Lo Curro, un invitado había dicho:

    ―Dicen que Borges es un analfabeto político.

    ―Muy sabio.

    ―No le importaba mucho.

    ―Es que una metáfora o una paradoja son universales. El ganador de unas elecciones es como el campeón de fútbol que levanta un trofeo. Ambos son productos del azar, de una conjunción de las arbitrariedades del destino que borrarán las arenas del reloj persa en los barcos del inspirado anglosajón sobre las ondulantes superficies de los cálidos y nunca del todo reales mares del sur.

    ―Como sea. En las elecciones de 1973, Borges le dijo a la madre que no iba a votar. Seguro que daba por descontado una victoria del peronismo. Leonor, su madre, por entonces con 96 años y postrada en la cama, se enojó. Leonor Borges odiaba a Perón, casi tanto como a Evita. “Si quiere voy y voto por usted”, le dijo Georgie. El mismo Borges reconoció que Leonor le había dado el sobre con el voto que Borges puso en la urna. Él nunca vio la boleta que su madre puso en el sobre. Por pudor político, aunque era demasiado obvio, dijo que no había querido ni saber lo que contenía aquel sobre.

    ―Es decir, nunca quiso saber lo que votaba…

    ―De eso se tratan las democracias, ¿no? ―dijo alguien y sumó otra carcajada unánime.

    ―¿Es cierto que todavía está dolido por haber perdido el Premio Nóbel con Pablo Neruda?

    ―No le importa. Estocolmo está lleno de comunistas.

    ―Mucha razón tiene cuando dice que ni Neruda debía recordar sus propios poemas, porque nadie puede recordarlos. Es decir, no son memorables. Si alguien se los leyera y se salteara un verso, Neruda no se daría cuenta.

    ―También dijo que Neruda era un discípulo de Lorca, pero mucho peor que Lorca.

    El patriota empresario

    Días después de la explosión en Sheridan Circle, el empresario Edwin Wilson se contactó con tres cubanos de Miami, quienes habían viajado a Washington tres días antes, para negociar la venta de explosivos y lápices cronometrados al gobierno de Libia, por un valor de cien mil dólares. En principio, el acuerdo con Muamar el Gadafi consistía en la compra de equipamiento de detección de explosivos, para limpiar los caminos de minas personales, pero algunas fuentes habían informado de la posibilidad de que el negocio pudiese ser extendido a la exportación de C4 para eliminar disidentes. Wilson (al igual que uno de los cubanos contactados, había sido agente de la CIA hasta semanas atrás) tenía un negocio de armas y explosivos, Consultants International, en el 1425 de la calle K, a diez minutos de Sheridan Circle.

    Bob Woodward, el periodista elevado a categoría de celebridad por el caso Watergate, reportó que, aparte de tecnología para detectar explosivos, “la propia literatura promocional de la empresa Consultants International deja claro que puede armar a un ejército con lanchas patrulleras, paracaídas, accesorios aerotransportados y vehículos blindados”. La misma empresa aseguraba en sus folletos: “Podemos diseñar paquetes de armamentos para satisfacer las necesidades de cada cliente”.

    Por alguna razón, el acuerdo programado entre Wilson y los cubanos en una reunión en Génova, no prosperó.

    ―Sabemos que el gobierno de Libia ha hecho, de muchas maneras, cosas que podrían haber estimulado el terrorismo ―dijo el presidente Ford, en una conferencia de prensa. [iii]

    El intento de relacionar al gobierno de Libia con el asesinato de Letelier tampoco prosperó. Su mayor debilidad era su falta de sentido común.

    Wilson será detenido en Nueva York, apenas arribado de República Dominicana, seis años y catorce millones de dólares más tarde, acusado de tráfico ilegal de explosivos. La prensa dirá que, a los largo de dos décadas de vida clandestina al servicio de la CIA y de los marines, Wilson había “cambiado patriotismo por negocios”. Desde 1955 hasta 1976, había sido agente de la CIA, había participado de la fallida invasión a Bahía Cochinos, de múltiples ataques contra Cuba y de la creación de varias compañías falsas con el propósito de continuar en privado lo que había sido un plan del gobierno.[iv]

    Los privados no lo hacen mejor, pero no se les ve la ideología. Sólo las ganancias.

    La Embajada de Chile comunica a la población

    El 21 de septiembre de 1976, el embajador de Chile en Washington, Manuel Trucco Gaete, emitió una declaración:

    Mi gobierno rotundamente repudia el ultrajante acto de terrorismo que ha costado las vidas de un anterior Embajador de Chile en los Estados Unidos y de uno de sus colaboradores.

    El deplorable hecho solo enfatiza la necesidad de combatir el terrorismo en cada uno de sus aspectos porque es indicativo de la extensión hasta la cual los elementos hostiles llegaran para obtener sus inconfesables objetivos.

    En nombre de mi gobierno urgentemente solicito que una completa y rigurosa investigación sea iniciada de manera que todas las facetas y circunstancias pertinentes a este acto brutal sean investigadas y los culpables procesados.

    El terrorismo y la violencia deben ser detenidos antes que haya más víctimas inocentes.

    Consultado por más detalles, el embajador agregó:

    ―Letelier no significaba ningún peligro para mí. El hombre vivía en una isla de marxistas, sin ninguna trascendencia en Estados Unidos.

    Setiembre, amor

    En Washington, el asesor de Letelier, Juan Gabriel Valdés, había invitado al uruguayo Juan Raúl Ferreira para colaborar con el instituto de investigaciones latinoamericanas IPS.

    ―El 11 de setiembre era el aniversario del Golpe ―dijo Juan Raúl―. El 18, la Fiesta nacional dieciochera.

    Pinochet siempre lo conmemoraba con algún acto memorable. En setiembre de 1974, mataron a su antecesor, el general Prats, exiliado en Argentina. El 5 de octubre, de 1975, Townley y sus socios de Miami balearon a Bernardo Leighton y a su esposa en Roma, dejándolos paralíticos. 1976 no podía ser la excepción.

    Ariel Dorfman supo del atentado contra Letelier, esa misma tarde. Estaba en las oficinas del Transnacional Institute de Ámsterdam, el instituto que había fundado el mismo Orlando Letelier. Sus compañeros de trabajo murmuraban en distintos idiomas o sostenían silencios incrédulos.

    Ariel recordó la última vez que lo había visto. Había sido justo tres años atrás, en una reunión en la Peña de los Parra, en Santiago, donde solían cantar Violeta Parra y Víctor Jara.

    ―El encuentro ―me dijo Ariel― había sido organizado por Fernando Flores en memoria del General Prats. Trabajábamos juntos en La Moneda. También estaban Orlando, José Tohá y sus esposas. Todos los hombres presentes habían sido ministros de defensa de Allende. Conocían de cerca a Pinochet, podrían testimoniar de su traición a Allende y de su pequeñez emocional y mental. A los tres los mató Pinochet.

    En cierto momento, comenzó a sonar un tango y algunos invitados salieron a bailar. Ariel se mantuvo en su silla. Sabía que era pésimo bailando tango. Su esposa Angélica, en cambio, era una maravilla, pero casi siempre se solidarizaba con la torpeza y la timidez de Ariel y se quedaba en su mismo rol de espectadora.

    ―Tampoco iba a interrumpir a esas tres parejas que se habían robado el momento ―recordó Ariel.

    Orlando Letelier bailó con Sofía, la esposa del general Carlos Prats, Isabel con José Tohá y Prats con Moy, la esposa de Tohá. La alegría de esa noche fue como la calma que precede a un huracán.

    ―En ese momento ―recordó Ariel―, no podía darme cuenta de que los tres hombres que bailaban estaban unidos por un mismo destino fatal: los tres habían sido ministros de defensa de Allende. Los tres habían sido figuras muy próximas de los militares. Los tres fueron traicionados. Los tres sabían demasiado. Los tres fueron asesinados por Pinochet.

    Una apuesta más ambiciosa

    Mientras el presidente Andrés Pérez negaba cualquier conexión con el asesinato del exministro chileno, el gobernador de Caracas, Diego Arria, volvía a interceder por Orlando Letelier, esta vez para que su cuerpo sea enviado a Venezuela. Isabel estuvo de acuerdo en enviar lo que quedaba de su esposo en Caracas. El 29 de setiembre, Letelier fue enterrado en un costado de un cerro con vista a la ciudad. Andrés Pérez abrazó a la viuda y dio un discurso que ya nadie recuerda.

    Una semana antes, el jueves 23, Orlando Bosch había arribado a Caracas con otro pasaporte falso, pero en Inmigración todos sabían quién era el cubano. Pocos días después, se realizó una fiesta de beneficencia con carácter de discreción en una casa de La Castellana o, más probablemente, en La Lagunita Country Club, una urbanización similar a Lo Curro en Santiago, iniciada por el general Marcos Pérez Jiménez para los militares y que en poco tiempo se convirtió en un barrio exclusivo. El coctel se había anunciado para recaudar fondos para el combatiente refugiado cuyo nombre no se mencionaba en las invitaciones pero todos conocían o querían conocer.

    En un informe del 18 de octubre al Secretario de Estado Henry Kissinger, la CIA aseguró que Bosch le había ofrecido a los funcionarios venezolanos renunciar a actos de violencia en Estados Unidos durante la visita del presidente Carlos Andrés Pérez a la ONU, en noviembre, a cambio de “una contribución sustancial en efectivo a la organización” de Bosch. El mismo informe reportó que Bosch declaró:

    ―Ahora que nuestra organización ha quedado muy bien con el trabajo realizado en Washington contra Letelier, vamos a intentar algo más.

     Según los documentos clasificados de la CIA, la reunión se realizó en la residencia del cirujano cubano Hildo Folgar entre el 22 de setiembre y el 5 de octubre (la fecha más probable es el sábado 25 de setiembre). El precio del plato ascendió a 5.000 bolívares por asistente (1.118 dólares de la época; seis mil dólares cincuenta años después.) Otras fuentes reportaron casi un centenar de asistentes.

    Lo recaudado esa noche superaba claramente los dos mil dólares que costaba pagar un mercenario de Honduras o de El Salvador a Cuba o a Estados Unidos con todos los gastos incluidos. Según el mismo documento clasificado de la CIA con fecha del 14 de octubre, “en la cena, Bosch se le aproximó junto con García a un funcionario del Ministerio de Relaciones Interiores y le propuso que el gobierno de Venezuela haga una contribución económica importante a su causa; a cambio, Bosch se comprometería que los cubanos en Estados Unidos no realizarían ninguna protesta contra la visita de Carlos Andrés Pérez a las Naciones Unidas, programada parta noviembre, lo cual el funcionario venezolano aceptó”.

    ―Ahora que nuestra organización ha logrado realizar concluir exitosamente la Operación Letelier en ―dijo Bosch en la reunión, y sus palabras fueron recogidas por el informante de la CIA―, vamos a intentar algo más.[v]

    Orlando Bosch y El Mono Ricardo Morales vivieron por un tiempo en el hotel Caracas Hilton, cerca del parque Los Caobos. Al igual que Hernán Ricardo Lozano, Morales había comenzado a trabajar para la policía secreta venezolana gracias a las gestiones de sus jefes de la CIA. Todos eran especialistas en explosivos, pero ninguno detonó uno en su vida. Como decía Posada Carriles, en la CIA enseñaban de todo, desde patriotismo a cómo armar y detonar una bomba, pero eso no los hacía terroristas, como no eran terroristas los soldados que recibían cursos de cómo matar personas. El conocimiento estaba ahí por las dudas, pero nunca hicieron uso de él. El único que confesará la autoría de algunas bombas será El Mono Morales. Bosch y Posada Carriles también confesaron en diferentes momentos, pero luego lo negaron en su momento, sobre todo en los pocos juicios que debieron enfrentar.

    ―Vamos a golpear un vuelo de Cubana ―dijo Posada Carriles, según el informante de la CIA en Caracas― y Orlando tiene los detalles.

    Ningún documento desclasificado revelará que la CIA hizo algún intento por evitar el atentado terrorista de sus empleados.

    Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano, los dos venezolanos contratados por Posada Carriles para su nueva empresa de detectives privados, fueron los únicos que presenciaron el accidente. ¿Era necesario ese espectáculo, como si se tratase de fuegos artificiales o de un partido de beisbol? Por la misma razón habían sido detenidos en el primer intento de volar otro avión de Cubana, dos meses antes. Pero esta vez el plan fue un éxito. Lugo y Ricardo tomaron el siguiente vuelo de regreso a Trinidad. Allí la policía los arrestó.

    Confesaron. En Venezuela, la policía arrestó a Bosch y Luis Posada Carriles, jefe de la división de explosivos de la Disip. Los dos negaron todas las acusaciones. Como en las malas traducciones de sus series de televisión favoritas:

    ―No sé de qué habla ―dijeron.

    No sabían nada de nada. Aunque no condenaban los hechos publicados en la prensa, tampoco eran capaces de perpetuar un acto tan abominable. Bosch, Posada Carriles, El Mono Navarrete y casi todos los demás colaboradores estaban de acuerdo en algo: Cubana 455 era un avión de combate y las 73 víctimas de Cubana no eran víctimas. Eran combatientes, como todos quienes no pensaban y sentían como ellos.

    Fue la DINA

    En minutos, la calle se llenó con ambulancias y autos de la policía. Poco después, llegó el agente Carter Cornick. Cuando vio a Michael quemado y gritando como loco “fue la Dina”, pensó que estaba hablando de una mujer. El agente del FBI no tenía idea de lo que pasaba fuera de fronteras.

    Michael alcanzó un teléfono público y dudó. Luego llamó a la secretaria de IPS para que llame a Isabel. El agente Cornick quería hablar con él.

    ―Le dices que estamos en el Hospital George Washington, que hubo un accidente…

    El FBI le llevó un perro a Michael para olfatearlo de pies a cabeza. Cuando Isabel atendió el teléfono, presintió lo peor. En los últimos años se había acostumbrado a lo peor. Recordó lo que Orlando le había dicho horas antes: “Ven a almorzar con nosotros. Tengo una noticia que te va a gustar”.

    Llamó a las escuelas donde estaban sus cuatro hijos, para que los dejaran salir antes de tiempo. Temblando, abrió su vestidor y tomó una chaqueta negra. Luego la volvió a colgar y se decidió por un vestido colorido.

    Cuando llegó al hospital, vio una muchedumbre a la entrada. Pensó, o quiso pensar, que se trataba de otra cosa.

    ―Es ella; es la viuda ―escuchó o creyó entender.

    Debían estar hablando de otra persona. Tal vez no entendió bien el inglés apurado. Cuando logró subir al piso donde estaba Orlando, se encontró con Michael, como si volviese de un incendio. Lo abrazó. Michel murmuró:

    ―Se llevaron a mi bebé también…

    Isabel no alcanza a comprender con claridad qué ha pasado y pide ver a Orlando.

    ―Su esposo está muerto ―le informa una de las enfermeras.

    Isabel insiste en verlo, pero las mujeres de la salud se amparan en el reglamento y dicen que no es posible. El señor Letelier ha muerto en una explosión y su cuerpo está en muy malas condiciones.

    ―Quiero verlo ―insiste Isabel―. Quiero despedirme de él, aunque sea de una mano.

    ―Lo siento, pero no es posible.

    Isabel no deja de repetir lo mismo hasta que una enfermera accede.

    Cuando Isabel descubre el rostro de Orlando, ve su expresión de dolor, o de tristeza. Ella conoce ese gesto mejor que nadie. Orlando supo lo que había pasado antes de morir y de ahí esa expresión. Supo que Pinochet lo había hecho de nuevo.

    En la radio del auto que lleva a sus hijos Juan Pablo y Francisco al hospital, escuchan algo sobre un coche bomba, pero saben que están en la ciudad más segura del mundo y que su padre estará bien. A 480 kilómetros, en la Universidad de Carolina del Sur, el hermano mayor, Cristian, debe salir de una clase de Política Mundial donde se discutía la política del Détente de la Guerra Fría.

    Para entonces, en el IPS, los empleados se habían encerrado con llave, esperando un nuevo ataque a las oficinas. A las 2:00 de la tarde, cuando los agentes del FBI, armados y con perros que no paraban de ladrar los convencen de abrir, comenzó el interrogatorio.

    Landau y su equipo requisó todo el material de la oficina de Orlando Letelier.

    ―No responderemos nada hasta que no esté presente nuestro abogado.

    Por los espionajes anteriores a IPS y a otros grupos antibélicos, reconocidos por el FBI ante el Congreso, los investigadores de IPS miden sus respuestas y desconfían hasta de sus sombras.

    ―Tranquilo, muchachos ―dice un agente―. Estamos aquí para ayudarlos.

    Media hora más tarde, otro agente inicia el interrogatorio:

    ―Si me permiten, procederé con la primera pregunta. ¿Quién creen que hizo este atentado?

    ―La Dina.

    ―¿Pueden deletrear su nombre?

    ―D-I-N-A.

    ―¿El apellido de Dina? ―preguntó el agente Carter Cornick.

    En el hospital, el detective Walter Johnson sabe que Ronni está muerta y presiona a Michael para que aporte alguna información de valor antes que el trauma del atentado silencie detalles que podrían ser relevantes solo para él. La noche ha caído hace horas sobre Washington. Michael es liberado del interrogatorio y sale por un pasillo como si arrastrase su propio cuerpo. En una habitación, un paciente mira Hombre Rico, hombre pobre. En la habitación contigua, otro paciente entretiene su insomnio con Mash, la serie favorita de Orlando Bosh, luego de Mission Impossible.

    Por la noche, Michael, aún con los restos de la explosión en su ropa y en su pelo, con la memoria del humo y del perro del FBI olfateándolo impregnada en todo lo que veía y sentía, volvió a la casa de Potomac, a donde Ronni ya no volverá. Allí los investigadores buscarán hasta el último rincón algún rastro de explosivos. Los senadores y todo tipo de desconocidos irán a acompañarlo, como si eso pudiese menguar en algo su dolor. Cuando, finalmente, lo dejan en paz, se dará un ducha y se emborrachará hasta caerse dormido. No por muchas horas. Despertó varias veces hasta que terminó por levantarse en la madrugada del 22 de septiembre.

    Una de las peores pesadillas de una persona es despertarse a la misma pesadilla del día anterior. Allí estaban la ropa, los libros, las cacerolas de Ronni. Michael no movió nada por meses. Tampoco cortó el pasto ni lavó la cocina. Por meses, por años, abusó del alcohol.


    [i] Metropolitan Briefs. “Jury Selection Starts on Bronfman Kidnapping Gimbel’s Strike Settled Soviet Ship Damaged Strike Halts Tramway 2 Admit Faking Accidents Retail Sales Increase”. The New York Times. 17 de setiemrbe de 1976, p. 26.

    [ii] Conversación del autor con Juan Raúl Ferreira. Con su autorización.

    [iii] Bob Woodward y Ben Weiser. “Ex-CIA Aide, 3 Cuban Exiles Focus of Letelier Inquiry.” Washington Post, 12 de abril de 1977. http://www.washingtonpost.com/archive/politics/1977/04/12/ex-cia-aide-3-cuban-exiles-focus-of-letelier-inquiry/e92eb95a-71f5-4ab1-a650-ed3fccd399f9/.

    [iv] “Ex agent nabbed in arm case”. The Akron Beacon Journal. 16 de junio de 1982, p. 2.

    [v] National Security Archive. GMU. CIA, 26 de noviembre de 1976. nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB157/19761209.pdf

    Jorge Majfud

    Narcoestados

    En una clase esta semana se salieron del tema y me preguntaron por el cartel de drogas de Venezuela…

    Hace casi treinta años que venimos con el mismo tema: si quieren eliminar el narcotráfico, inviertan en prevención, salud y reducción del consumo. ¿No era que la ley de la oferta y la demanda lo explica todo? Aparte, basta con mirar la experiencia de la Ley Seca. Como la Libertad, la democracia y los Derechos Humanos, la “lucha contra la droga” ha sido siempre una vieja excusa intervencioncita de los imperios―sobre todo de Washington. La criminalización fue también interna, contra negros y latinos, como en el caso de Nixon.

    “El Cartel de los Solos no existe ―todavía”, contesté, como para cortar por lo sano. “Lo que existe allí es la mayor reserva de petróleo del mundo y más de un siglo de la misma historia”.

    Pues, por si fuese poco, ahora el venezolano antichavista Capriles sale a decir lo mismo y, para rematarla, Larry Johnso, ex agente de la CIA, lo confirma.

    jorge majfud agosto 2025

    ​Los reyes de la droga. Santos Narcotraficantes en el Caribe

    ​Los reyes de la droga. Santos Narcotraficantes en el Caribe. @majfud

    Santo Trafficante Jr. y Meyer Lansky (Maier Suchowljansky) fueron dos de los más notables criminales en Cuba y Estados Unidos durante medio siglo, hasta que la Revolución cubana les arruinó el negocio de los casinos, los prostíbulos y el mayor tráfico de drogas del hemisferio. Los historiadores los conocen como los jefes de la Cosa Nostra y de la Mafia Kosher. Luego de la Revolución, continuaron sus negocios ilícitos en Estados Unidos, donde prosperaron desde Miami hasta Las Vegas. Muchos testimonios vinculan a estas mafias y al exilio cubano en Florida con el asesinato de F. Kennedy. Otro poderoso narcotraficante fue el cubano Rolando Masferrer, poderoso empresario y senador antes de la Revolución. Otros eran mandaderos, pero con las mismas aspiraciones de convertirse en millonarios.

    Fue el caso de José Miguel Battle. Había sido un policía de Fulgencio Batista, ascendido a la policía secreta, la SIM, que se dedicaba a perseguir y asesinar disidentes. Al mismo tiempo, fue empleado y testaferro para los sobornos de Meyer Lansky. La Revolución no sólo arruinó el negocio de los casinos, la prostitución y el narcotráfico, sino también los sueños de sus empleados más modestos, como Battle, de convertirse en ricos y respetados de la noche a la mañana. Como Martín Fox, un modesto emprendedor en el rubro de juegos La bolita en Matanzas que, en pocos años, terminó convirtiéndose en el propietario del famoso club nocturno Tropicana de La Habana.

    En Miami, Battle fue rápidamente reclutado por la CIA y promovido a subteniente en el ejército de Estados Unidos. Meses después se le encomendó uno de los grupos que invadieron por aire Bahía Cochinos. Luego del fracaso y de haberse convertido en un prisionero de guerra en Cuba por más de un año (junto con otros mil camaradas, todos héroes y presos políticos del régimen comunista, para el exilio de Miami) fue liberado. En Union City, New Jersey, el modesto policía cubano convertido en militar y agente de la CIA, fundó el grupo mafioso La Corporación.

    En 1977 fue condenado a treinta años por juego ilegal, narcotráfico y asesinato en Estados Unidos, negocios que le proveían de 45 millones de dólares por año. Se declaró culpable de asesinato y, como era de prever, fue perdonado dos años después. En Miami, El Padrino se convirtió en el hombre más rico de Florida y uno de los principales donantes de campañas políticas. En 2004 fue acusado otra vez de asesinato y narcotráfico, negocio que le dejó al modesto policía más de 1.500.000 millones de dólares.

    Otro personaje célebre de la larga lista de narcos y terroristas protegidos por Washington, El Mono Ricardo Morales Navarrete, había sido un agente secreto de la G-2 en Cuba hasta 1960 y miembro de “Commandos L” de Miami en 1963. Fue reclutado un año después por la CIA “para actividades paramilitares” en Florida. El Mono se convertirá en una figura central del exilio cubano. Será agente de la CIA en las masacres aéreas del Congo y Angola (a 350 dólares por mes); luego será uno de los jefes de la policía secreta de Venezuela en los 70s; informante protegido del FBI contra sus propios camaradas (a 700 dólares por mes), todo pese a haber admitido en 1972 un asesinato en Florida. Finalmente, se dedicará al narcotráfico, hasta su ejecución, en un bar de Miami, en 1982.

    Una serie de documentos desclasificados del FBI (con la aprobación de la CIA) registran múltiples actividades ilegales de dos de los cubanos más admirados en Miami: el empresario gastronómico Mas Canosa (el equipo de fútbol Inter de Miami de Lionel Messi fue fundado por sus herederos) y el terrorista Luis Posada Carriles. Los documentos registran desde una intensa actividad de narcotráfico internacional hasta la creación de campos de entrenamiento paramilitares en Florida; el tráfico continuado de armas desde Venezuela; la colocación de bombas en México y en América Central, y (según otro informe secreto de la CIA del 26 de julio de 1965) el intento de derrocamiento de otro presidente de Guatemala, esta vez el coronel Alfredo Peralta Azurdia, a pedido de otro residente de Miami Beach, el millonario empresario Roberto Alejos Arzú.

    Posada Carriles había logrado ascender en los escalafones de la policía secreta de Venezuela al tiempo que complementaba sus ingresos con el tráfico de cocaína colombiana para Miami. Desde hacía muchos años, era un policía destacado y temido en la inteligencia de Caracas.

    El rol de Posada Carriles en Venezuela fue similar al de Dan Mitrione en otros países del continente, como Uruguay. En junio de 1967, la CIA terminó su relación laboral con él, aduciendo problemas impositivos y actividades independientes, no reportadas a la Central. En agosto ya estaba trabajando para la Digepol, en Caracas.Mientras fue jefe de la policía secreta de Venezuela, fue conocido como el Comisario Basilio. No sólo se dedicó a supervisar la tortura y desaparición de disidentes venezolanos sometidos a técnicas especiales de interrogación, sino que también facilitó el tráfico de drogas desde Colombia con destino a Miami, como consta en memorándums del FBI de marzo de 1973. Un mes más tarde, la CIA confirmó la conexión de Posada Carriles con el narcotráfico, siendo reportado en compañía de “poderosos jefes del narco”. Los investigadores federales prefirieron no formalizar acusaciones, para mantenerlo como fuente de información. En mayo de 1973, se lo encontró “culpable solo de tener amigos equivocados”. Para marzo de 1976, la DEA continuaba detrás de su esposa, Nieves Elina González, sospechosa de participar en el tráfico de droga de Colombia a Miami a través de Venezuela.

    Por décadas, lo que el FBI llamaba “La capital del terrorismo” (Miami) fue el perfecto caos que nadie lograba controlar y menos entender, pero siempre estaban Washington y la CIA detrás. En 1976, el fiscal Jerry Sanford se excusó ante el agente Robert Propper por andar armado.

    “Es el primer fiscal que veo armado”, dijo Propper.

    “Es que soy el único abogado de la Fiscalía que trabaja en terrorismo cubano” explicó Sanford. “Sólo en los últimos dos años y medio, una docena de importantes líderes cubanos han sido asesinados. Los asesinatos relacionados con el narco suman entre dos y tres muertos por día. No pocas veces son acribillados con metralletas. Unos se han apropiado del tráfico de cocaína y otros se han rebelado contra la CIA y contra cualquier otro exiliado cubano que ellos consideren “anticomunistas demasiado moderados”. El caos es tal que es casi imposible distinguir un asesinato por causas políticas o por un mero ajuste de cuentas relacionado al narco. Es algo muy difícil de resolver cada uno de estos casos…”

    “¿Por qué?”

    “Los terroristas tienen un gran apoyo de la comunidad” explicó Sanford, “aparte de una gran disposición de dinero que procede del narco y de sus conexiones con grandes negocios. Montañas de dólares van a parar a sus abogados o para corromper a la policía y, probablemente, a algunos jueces también. No es diferente a la mafia de Al Capone en Chicago. ¿Entiende ahora por qué ando armado?”

    Los federales no solo habían identificado la ola de atentados terroristas de los exiliados cubanos, sino sus fuentes de financiación, que iban de las donaciones de las grandes (exitosas) empresas hasta el narcotráfico, sobre todo durante el auge de los contrarrevolucionarios somocistas de Nicaragua, reagrupados bajo el nombre de Contras, y el renovado apoyo de la CIA y de la Casa Blanca. En 1981, el investigador T.D. Alleman reportó que la policía federal estimó que el 70 por ciento de toda la cocaína que entraba a Estados Unidos lo hacía por Miami.

    “La morgue de Miami” dijo Alleman, “está tan llena de cadáveres del narco, que los municipales deben almacenar cuerpos en camiones con refrigeradoras. 

     Años después, un memorándum de la CIA registraba que el 6 de septiembre de 1973 la DEA había solicitado información sobre uno de sus colaboradores, Orlando García Vásquez, y otros cuatro cubanos, debido a su participación en el narcotráfico desde Venezuela. García era identificado como amigo cercano de los mayores jefes del narco de la región. La vinculación de la DEA (el departamento de lucha contra el narcotráfico de Washington) y el narcotráfico son históricas por muchas razones. No es solo el dinero, sino sus excusas también.

     Las conexiones de Washington con el narco internacional van más allá de la imaginación. Por ejemplo, el agente cubano de la CIA que se atribuye el asesinato de El Che Guevara en Bolivia, Félix Rodríguez, años después fue socio de Luis Posada Carriles en el apoyo que la CIA otorgó a los Contras de Nicaragua, en el financiamiento a través de armas vendidas en secreto a Irán, en los negocios con el narcotráfico de Pablo Escobar en Colombia y, luego, con el Cartel de Guadalajara en México.

    Aparte de participar en vendettas internas que terminaron con el asesinato del agente de la DEA Enrique Camarena Salazar (quien había descubierto los vínculos de la CIA con el narcotráfico del Patio Trasero) Félix Rodríguez se convertirá en 2005 en presidente de la junta directiva del Museo de Bahía de Cochinos en La Pequeña Habana de Miami.

     Uno de las múltiples marionetas psicópatas de Washington, Manuel Noriega, era un fiel colaborador a sueldo de la CIA desde los años 50, cuando fue reclutado en la Escuela Militar de Chorrillos de Perú. El joven bajito y de la cara picada tenía el perfil apetecido por la CIA: ambicioso, sin escrúpulos, con problemas psicológicos pero consistentes y predecibles, es decir, con una baja probabilidad de traicionar a sus altos mandos. Por entonces, Noriega tenía un salario registrado en la CIA de más de cien mil dólares anuales, los que complementaba con el narcotráfico, sabido y aprobado por la CIA. Tampoco era un empleado desconocido para el director de la Agencia en 1976, George H. Bush, quien se reunió con Noriega en Washington en 1976 y en 1989, como presidente de Estados Unidos, lo secuestró de Panamá, dejando cientos de muertos en una invasión llamada Causa Justa. Durante los debates presidenciales de 1988 contra Michael Dukakis, el vicepresidente y candidato a la presidencia negará varias veces conocer a su amigo y colaborador de la cara picada y las mujeres bonitas. Es más, lo acusará ante el pueblo estadounidense de ser un narcotraficante. Latino y narco.

    En 2018, luego de que el presidente Maduro de Venezuela fuese reelegido, la Agencia Antidrogas de Estados Unidos (DEA), envió a agentes encubiertos a Venezuela inventar casos contra el gobierno de Nicolás Maduro por narcotráfico. Según el memorándum filtrado en 2023, para la operación, la oficina de la DEA de Miami reclutó a un mafioso internacional acusado de estafar 800 millones de dólares del sistema cambiario de Venezuela.

    Tres años después de ser secuestrado en el golpe de Estado de 2002, Hugo Chávez expulsó a la DEA de Venezuela, bajo la acusación de espionaje.

    Más que espionaje, siempre fue sabotaje. Sabotaje internacional y sabotaje de la opinión mundial.

    Jorge Majfud, agosto 2025.

    Orlando Letelier debe ser neutralizado

    El 6 de agosto de 1976, la embajada de China en Asunción dio una recepción a la que asistieron oficiales y diplomáticos de diferentes países. Entre ellos, el jefe de inteligencia de Alfredo Stroessner, coronel Benito Guanes, y el embajador de Estados Unidos, George Landau.

    El coronel Guanes estaba al tanto del viaje del director de la CIA, Vernon Walters. En un momento, el embajador Landau tomó de un brazo a Guanes y lo condujo con discreción a un rincón de la sala.

    ―Recibí un llamado del general Walters ―dijo el embajador―. Parece que surgió un problema con los pasaportes de los dos chilenos que van a viajar a Washington. El Departamento de Estado ha decidido suspender sus visas. Así que van a tener que usar sus pasaportes chilenos.

    El martes 24, el embajador cenó con el general Enrique Morel, agregado militar de Santiago en Washington. Uno de los asistentes, cuyo nombre aparecerá tachado en los documentos desclasificados, informó que se había reunido con Contreras el pasado mes de julio. El jefe del Servicio Nacional de Información, el coronel brasileño Joao Batista Figueiredo, le mencionó por escrito que Orlando Letelier y Juscelino Kubitschek debían ser neutralizados porque apoyaban la candidatura de Jimmy Carter, considerado un peligro para la seguridad de América del Sur.

    Lo primero que hizo el estadounidense que trabajaba para la Dina, Michael Townley, fue ponerse en contacto con cinco cubanos de su lista personal: Guillermo Novo, Ignacio Novo, Virgilio Paz Romero, Dionisio Suárez y Alvin Ross Díaz. Los cinco aceptaron.

    Poco antes, Townley había participado con uno de ellos en una operación que había sumado un nuevo éxito. El 9 de agosto, la CIA lo envió a Buenos Aires junto con el cubano Guillermo Novo. Aunque Novo se encontraba bajo libertad condicional por el atentado contra una embarcación cubana en Canadá, pudo acompañarlo a Buenos Aires para interrogar a dos diplomáticos cubanos que habían sido secuestrados por grupos paramilitares argentinos. Luego del interrogatorio, Crescencio Galañega Hernández de 26 años, y Jesús Cejas Arias de 22 años, desaparecieron para siempre. Según un testigo que no reveló su nombre, sus cuerpos fueron arrojados en los cimientos de un edificio en construcción de Buenos Aires.

    Como muchos miembros de la Operación Cóndor, el 23 de agosto Townley se hizo de un pasaporte falso en Paraguay a nombre de Juan Williams Rose. Cuando fueron por las visas, el embajador George Landau puso reparos. Pero Landau recibió una visita de la mano derecha del dictador paraguayo, quien le informó que las visas fueron solicitadas por Pinochet para “una reunión especial” con el subdirector de la CIA, Vernon Waters, en Washington. Poco después las visas fueron asignadas a los pasaportes falsos. El embajador copió los pasaportes y los envió a Vernon Waters para su autenticación, quien respondió que no sabía quiénes eran estos agentes chilenos.

    El 3 de agosto de 1976, el Subsecretario de Estado, Harry Shlaudeman, le informó a Henry Kissinger sobre posibles asesinatos de figuras internacionales. En el Departamento de Estado, los funcionarios discutieron cómo debería proceder el gobierno de Estados Unidos y varios de los principales asesores recomendaron una respuesta directa y contundente a Chile contra cualquier magnicidio que pudiera desatar un escándalo internacional.

    El 23 de agosto, Kissinger firmó un cable dirigido a las embajadas de Uruguay, Paraguay y Chile. Los embajadores fueron informados de los informes de la CIA sobre asesinatos planeados y dirigidos dentro y fuera del territorio de los miembros de la Operación Cóndor con instrucciones de colaborar con los colaboradores. Washington estaba al tanto de los asesinatos planeados de “figuras prominentes” y continuaba preocupado por el impacto en la opinión internacional.

    Al día siguiente, el embajador de Estados Unidos en Chile, David Popper, se opuso a participar en el pedido de pasaportes de Pinochet. Popper sabía que Pinochet tomaría la medida cautelar como un insulto y que minaría la colaboración con su régimen, pero no tenía muchas alternativas. El embajador de Estados Unidos en Uruguay también dudó. Consideró que pasar en alto tal advertencia pondría en peligro su vida.

    El 30 de agosto, el Subsecretario para Asuntos Interamericanos, Harry Shlaudeman, le envió un memorando a Kissinger solicitando permiso para permitir que el embajador de Estados Unidos en Uruguay, Ernest Siracusa, se reuniese con altos funcionarios de Operación Cóndor: “Debemos evitar una serie de asesinatos internacionales que podrían causar graves daños a la reputación de nuestros países”.

    Pero Kissinger y la CIA no tenían ese tipo de preocupaciones.

    El 28 de agosto The Nation publicó el artículo de Orlando Letelier titulado “Los Chicago Boys en Chile”. En la página 137, sus asistentes en el Institute for Policy Studies en Washington, Ronnie y Michael Moffitt, reconocieron la voz de Orlando en la letra impresa:

    Las políticas económicas están condicionadas por la situación social y política en la que se ponen en práctica y, al mismo tiempo, las modifican. Por lo tanto, las políticas económicas se introducen siempre para alterar las estructuras sociales.

    Es curioso que el hombre que escribió un libro titulado Capitalismo y libertad [Milton Friedman] afirmando que sólo el liberalismo económico clásico puede sustentar una democracia política, pueda ahora divorciar tan fácilmente la economía de la política cuando las teorías económicas que defiende coinciden con una restricción absoluta de todos los derechos y de todas las libertades democráticas. Sería de esperar que si quienes restringen la empresa privada son considerados responsables de los efectos de sus medidas en la esfera política, quienes imponen una “libertad económica” sin restricciones también deberían ser considerados responsables, sobre todo cuando la imposición de esta política va inevitablemente acompañada de una represión masiva, hambre, desempleo y la permanencia de un estado policial brutal… La represión para las mayorías y la ‘libertad económica’ para pequeños grupos privilegiados son dos caras de la misma moneda”.

    ―Orlando es el candidato ideal para ser el próximo presidente de Chile ―dijo Ronni.

    ―Eso mismo me preocupa ―insistió Michael.

    Su antiguo asistente, el general Augusto Pinochet, debía pensar lo mismo. La estatura política e intelectual de Letelier crecía de forma acelerada. Trabajaba en el IPS, daba clases en la Amercian University y había logrado que el gobierno de Holanda retuviera una importante inversión del grupo minero Stevin en Chile. Acababa de recibir una oferta por un libro con un anticipo de derechos igual a lo que ganaba en un año en IPS. No existía en el exilio una figura con más reconocimiento y aceptación. También tenía el apoyo de muchos senadores en Washington; solía almorzar con Ted Kennedy, Hubert Humphrey y George McGovern. La activista feminista Angela Yvonne Davis y otras figuras de los movimientos sociales solían visitarlo en su casa de Bethesda.

    Pero Letelier y los exiliados de las dictaduras fascistas de América Latina tenían una debilidad notoria: escribían artículos, daban conferencias. No ponían bombas en las embajadas, en los teatros ni en los aviones.

    View Post

    La Dina también tomó nota de este peligro. Orlando Letelier en Washington, Juscelino Kubitschek en Rio de Janeiro y João Goulart en Corrientes fueron neutralizados antes de que terminase el año 1976. Entre muchos otros.

    Jorge Majfud. Capítulo adaptado de 1976. El exilio del terror.

    https://www.facebook.com/javier.mirelesortiz/videos/3656126324640378

    La opinión pública es un producto de consumo

    Washington DC. 15 de agosto de 1953El presidente Dwight Eisenhower firma la autorización para la Operación PBSuccess con la cual la CIA ha decidido derrocar al presidente de Guatemala, Jacobo Árbenz, inventando la historia de la amenaza comunista. En palabras del nieto de Theodore Roosevelt, Kermit Roosevelt Jr, quien un año antes había participado con éxito en el derrocamiento de otro presidente democráticamente electo, Mohamed Mossadegh, “Guatemala será otro Irán”. En Guatemala, sólo cuatro de los 61 congresistas electos son comunistas y su influencia en el ejército, como en cualquier otro ejército latinoamericano, es cero. No sin ironía, son los comunistas quienes aconsejan al presidente la opción de una reforma capitalista, es decir, que las tierras a expropiar no pasen a manos del gobierno sino a las manos de los agricultores guatemaltecos.

    El 3 de diciembre de 1953, la CIA aprueba un presupuesto de tres millones de dólares para esta operación, al que luego agregará otros cuatro millones y medio.[1] En apoyo, John Foster Dulles nombra embajador de Guatemala a John Peurifoy, un estudiante fracasado de West Point que quería ser presidente de Estados Unidos y que, con ese objetivo, había logrado el puesto de ascensorista en el Capitolio a través de un favor especial de un congresista conocido. Dulles huele que el ex ascensorista tiene lo que él necesita: una paranoia confiable sobre “el peligro rojo”. En diciembre, poco después de la llegada del nuevo embajador Peurifoy, el subjefe de la embajada de Estados Unidos en Guatemala y diplomático sobreviviente, William L. Krieg, completa su informe y afirma que las fuerzas reaccionarias y oligárquicas son “vagabundos de primer orden… parásitos que sólo piensan en el dinero”, mientras que los comunistas “trabajaban duro, tienen ideas y son conscientes del propósito de su trabajo”, aparte de ser “honestos y comprometidos”. La tragedia, agrega Bill Krieg, es que “las únicas personas que están comprometidas con el trabajo duro son aquellas que, por definición, son nuestros enemigos”.

    Por esas cosas del destino, casi todos los involucrados en la planificación del golpe de Estado contra Árbenz son inversores de la United Fruit Company: el Secretario de Estado, John Foster Dulles; el director de la CIA, Allen Dulles; el asistente del Secretario de Estado de Asuntos Interamericanos y hermano del ex director de la United Fruit Company, John Moors Cabot; el senador y embajador ante la ONU, Henry Cabot Lodge; la secretaria del presidente Eisenhower, Ann Whitman, esposa de Edmund Whitman, director de prensa de la CIA; Walter Bedell Smith, Subsecretario de Estado, quien será parte de la junta directiva de la United Fruit Company.

    Las razones económicas son profundas y extensas, pero fáciles de comprender. En 1936, el actual Secretario de Estado, John Foster Dulles, como abogado de la firma Sullivan & Cromwell había madurado en Wall Street el monopolio bananero de la United Fruit Company para Guatemala, todo con la invalorable asistencia y ayuda del dictador de turno, el general Jorge Ubico.[2] Desde entonces, John también había sido el representante de Railways of Central America y de Electric Bond & Share. Ahora, junto con su hermano, el director de la CIA Allen Dulles, echa mano al poderoso aparato del Estado de la mayor potencia mundial para evitar que los pobres en algún lugar remoto del mundo se hagan con un trozo minúsculo de tierra de su propio país para producir alimentos básicos y amenazar la autoridad de los exitosos del Norte. La fiesta de la UFCo en Guatemala había acabado en 1944 cuando el profesor de filosofía Juan José Arévalo y su “Socialismo espiritual” inspirado en Franklin Roosevelt ganó las primeras elecciones libres de ese país. Con la desconocida democracia se inició un raro período de reformas que le pusieron límite a los regalos de tierras y a las exoneraciones impositivas que beneficiaron a El Pulpo durante la dictadura de Jorge Ubico. Recurriendo a su clásico método de hacer decir a otros lo que él quería que el pueblo repitiera, de la misma forma que antes les había puesto un cigarrillo en la boca de las cantantes de ópera, el propagandista mercenario Edward Bernays le pone una banana en las manos a las estrellas de Hollywood y comienza el maquillaje de El Pulpo. Como siempre, la campaña propagandística de Bernays es todo un éxito.

    No sólo se trata de reducir costos de producción a fuerza de subsidios y de salarios de hambre. La ideología de los negocios necesita de una psicología y de una ética a su servicio. La casi absoluta dependencia de los trabajadores a compañías como la UFCo evitaban que los pobres se pudiesen retirar a sus propias tierras, dejando de ser trabajadores asalariados y consumidores desesperados. Mucho antes de sus matanzas en América latina, la UFCo supo que debía inocular el deseo por las cosas materiales en sus asalariados del sur. Esta no era una idea nueva, para nada. Un siglo antes, para decretar la abolición de la esclavitud tradicional en sus posesiones del Caribe, los ingleses habían diseñado un tipo de esclavitud deseada por los nuevos esclavos. El 10 de junio de 1833, un miembro del Parliament Rigby Watson lo había puesto en términos muy claros: “Para hacerlos trabajar y crearles el gusto por los lujos y las comodidades, primero se les debe enseñar, poco a poco, a desear aquellos objetos que pueden alcanzarse mediante el trabajo. Existe un progreso que va desde la posesión de lo necesario hasta el deseo de los lujos; una vez alcanzados estos lujos, se volverán necesidades en todas las clases sociales. Este es el tipo de progreso por el que deben pasar los negros, y este es el tipo de educación al que deben estar sujetos”. La UFCo tomó nota y lo puso en práctica. En 1929, su periodista más promocionado (y amigo de Henry Ford), Samuel Crowther, informó que en América Central “la gente trabaja sólo cuando se les obligaba. No están acostumbrados, porque la tierra les da lo poco que necesitan… Pero el deseo por las cosas materiales es algo que debe cultivarse… Nuestra publicidad tiene el mismo efecto que en Estados Unidos y está llegando a la gente común, porque cuando aquí se desecha una revista, la gente las recoge y sus páginas publicitarias aparecen como decoración en las paredes de las chozas de paja. He visto los interiores de las cabañas completamente cubiertos de páginas de revistas estadounidenses… Todo esto está teniendo su efecto en despertar el deseo de consumo en la gente”. Samuel Crowther consideraba al Caribe como el lago del Imperio americano, el cual protegía y dirigía el destino de sus países para gloria y desarrollo de todos.

    Pero el desarrollo no llega, sino todo lo contrario. Tampoco el deseo por el consumo de cosas materiales llega con la fuerza que llega el deseo por la libertad y la democracia que recorre América latina y, a este punto, ya ha derribado varias dictaduras. Con la elección de Jacobo Árbenz, un capitán de la clase alta pero con esa manía de algunos de mirar hacia abajo, las reformas del profesor Arévalo se continuaron sin llegar a radicalizarse. Durante su gobierno se habían formado cientos de comités de campesinos pobres para discutir y administrar las nuevas tierras, lo que entonces fue visto como un signo inequívoco de comunismo o de algo igualmente peligroso. Cuando Árbenz asumió la presidencia, el 70 por ciento de la población era analfabeta, índice que ascendía hasta el 90 por ciento entre la población indígena, es decir, más del 60 por ciento de los guatemaltecos que eran sometidos a trabajos forzados con una remuneración inexistente por tradición y una expectativa de vida de 38 años. Entre la UFCo y la oligarquía criolla, el dos por ciento de la población era dueña del 72 por ciento de las tierras, en un país cuya economía casi exclusivamente se basaba en la agricultura.

    La tensión y el conflicto de intereses creado por el período democrático de 1944-1954 alcanzó a cobrarse la vida de dos terratenientes, pero esto no alcanzó a detener el proceso de democratización del país. En 1950, Árbenz había comenzado un plan de reforma agraria que afectó el 1,3 por ciento de la superficie disponible para la agricultura. La reforma incluyó la expropiación de una fracción menor de tierras improductivas en manos de la UFCo, tierras que la compañía había recibido de las dictaduras anteriores a Arévalo.[3] El Pulpo no aceptó que se le pagase el valor que él mismo había declarado en sus impuestos (2,98 dólares por acre) y reclamó la suma de 75 dólares por acre.

    Derrocado el presidente democrático y reemplazado por el general Castillo Armas, uno de los tantos títeres que nunca son difíciles de encontrar, Edward Bernays, la CIA y el gobierno de Eisenhower continuarán el esfuerzo de lavar la imagen del dictadorcillo nervioso. Antes del exitoso golpe de Estado, el general de bigotes estilo Hitler era conocido de Washington. En 1946 había completado un curso de entrenamiento en Fort Leavenworth, Kansas y en 1950 había fracasado en su intento de golpe de Estado contra Arévalo. En 1953 la CIA lo había localizarlo en Honduras y lo había llevado a una sesión de entrenamiento en Opa-Locka, en Florida. Luego le había pagado 3.000 dólares mensuales (29,000 dólares al valor de 2020) más provisiones para sus 140 hombres. Cada acción en la que participaron Castillo Armas y sus hombres terminaron en derrota y con varios muertos. A la CIA nunca le importó porque este grupo no era operativo; sólo representaba la segunda excusa principal para mantener a la prensa ocupada.

    Ahora el vicepresidente Richard Nixon lo invitará a Washington para hablar en la televisión sobre el gobierno comunista de Árbenz, derribado por el pueblo guatemalteco que nunca aceptó la mentira y la intervención extranjera (la escenografía de fondo mostrará una cruz como lanza de San Jorge sobre la hoz y el martillo). El general nervioso le dice a Nixon: “Dígame lo que quiere que yo haga y lo haré de inmediato”. En los años y en las décadas por venir, las sucesivas dictaduras de Guatemala no podrán disimular los cientos de miles de masacrados que seguirán como consecuencia de los salvadores planes de Washington. Uno sólo de estos, el dictador Efraín Ríos Mont, ordenará la masacre de 18.000 indígenas en 1982. Poco después, en su visita al infierno tropical, el presidente Ronald Reagan elogiará al genocida como ejemplo de la lucha por la libertad en Guatemala y contra “el régimen” sandinista de sus vecinos nicaragüenses. Las iglesias más poderosas de Estados Unidos, como el Club700, también apoyarán al hermano evangélico hasta su muerte en 2018.

    Pese a la brutal campaña, la CIA reconoce que, tanto en Guatemala como en América latina, los comunistas son una fuerza menor. El mismo diagnóstico hará la Agencia y algunos ejércitos latinoamericanos, como el argentino, antes de lanzarse a la aventura de salvar a sus países con más golpes de Estado. En 1954, de los 61 legisladores guatemaltecos, sólo cuatro son comunistas. Excepto en los sindicatos de trabajadores donde, por razones obvias, tienen algún protagonismo. Como desde hace un siglo, el problema central no es el comunismo sino la desobediencia que convenientemente es calificada como comunismo. Antes de que Árbenz fuera electo presidente, la embajada de Estados Unidos le había enviado una lista al presidente Juan José Arévalo con nombres que debían ser removidos de su gobierno, pero el presidente, con una actitud insólita, había ignorado la petición. Amenazar los beneficios de una empresa estadounidense con la excusa de una ley aprobada por algún congreso bananero era otra clara demostración de insubordinación. El mismo investigador del Departamento de historia de la CIA, el profesor Nicholas Cullather, concluirá décadas después que la United Fruit Company acostumbraba a reportar ganancias y valores muy inferiores a las reales para evadir impuestos, pero Edward Bernays convenció al Congreso de Estados Unidos y a la opinión pública de lo contrario: “no se trataba de bananas sino de comunismo”. Desde el arranque, la idea era muy convincente. “Donde vean que se habla o se critica a la United Fruit Company, deben sustituir el nombre de la empresa por el del país, Estados Unidos”. Algunos reportes califican a Jacobo Árbenz como un político conservador. Los militares estadounidenses en Guatemala tampoco ven ningún “peligro comunista”, pero, como en la invasión de México 110 años antes, proceden contra sus propias opiniones en nombre de la eficacia, el deber y el honor. Hasta que décadas después a algunos se les revuelva la conciencia y comiencen a decir lo que piensan.

    En este momento, Edward Bernays es el asesor de la empresa en cuestión (la United Fruit Company), el propagandista más importante del siglo e inventor de las Relaciones Públicas modernas. Él mismo elige a los periodistas que considera menos informados del Times, Newsweek, The New York Times y del Chicago Tribune y los envía a Guatemala con todo pago por la United Fruit Company para “reportar sobre actividades comunistas” en América Central. En el viaje a Guatemala, entre habanos y mucho whisky, los organizadores se encargan de cristalizar el dogma entre los periodistas: todos iban a cubrir los eventos de un país que había sido tomado por una dictadura marxista. Los rusos prefieren el vodka. Luego de inoculados, al llegar al país real la visión de los reporteros se adapta al dogma, no a la realidad, y rápidamente se traducen en titulares en la prensa estadounidense y en la Opinión Pública del País Libre.

    El único periodista que se atreverá a mencionar la razonable reforma agraria del presidente Jacobo Árbenz y el malestar de la población con la transnacional estadounidense es Sydney Gruson, del New York Times. Poco después, el director de negocios del New York Times recibirá la visita de su amigo, el director de la CIA, Allen Dulles, y Sydney Gruson será retirado del tema América Central.

    Sin haber puesto nunca un pie en Guatemala, Bernays sabe de qué se trata todo. Ese es su oficio: no sólo saber lo que otros ignoran sino hacerles creer lo que sus clientes quieren que otros crean. Bernays es un viejo mercenario y es tan bueno que su salario anual (cien mil dólares, sin contar las extras) es superior al de cualquier presidente de Estados Unidos. Sobrino de Sigmund Freud, su interés no es tanto el estudio de la mente ajena sino el dinero que se deriva de su manipulación. En 1924 había convencido al presidente Calvin Coolidge de cocinar panqueques para sus seguidores durante su campaña de reelección, tradición populista que sobrevivirá como un dogma hasta el siglo XXI. En 1927, con su campaña “Antorchas de la libertad” había logrado que las mujeres se pusieran a fumar para aumentar las ganancias de los cigarrillos Lucky Strike. Hasta las feministas desprevenidas cayeron en su trampa. El gran Bernays es también el responsable de que los estadounidenses desayunen huevos con tocino, lo cual logró para aumentar las ventas de tocino de su cliente, la Beech-Nut Packing Company de Nueva York. Es también una de las mentes maestras en la venta de guerras y golpes de Estado, como este en Guatemala. No solo Adolf Hitler había leído con admiración el libro The Passing of the Great Race (La derrota de la raza superior) del estadounidense Madison Grant, a quien escribió agradeciendo por haberle provisto de su biblia política, sino que también su futuro ministro de propaganda, Joseph Goebbels, tenía los libros de Edward Bernays en un lugar accesible de su biblioteca (sí, Goebbels también tenía amigos judíos). En los años cuarenta, Bernays había sido contratado por la United Fruit Company, conocida por sus tentáculos como El Pulpo, transnacional que regía sobre el Caribe y América Central desde el siglo XIX con presupuestos mayores que los de cualquiera de las repúblicas bananeras en las cuales operaba libremente.

    Ahora, la estrategia es clara: es necesario sacudir el fantasma del comunismo una vez más. Medios no faltan y no se desestima ninguno. Es muy fácil ser un genio cuando sobra el dinero. El poderoso agente de la CIA Howard Hunt Jr. visita a los obispos católicos de Estados Unidos y los convence sobre el peligro guatemalteco, por lo que los obispos no se demoran en condenar el comunismo del presidente Árbenz. El 9 de abril de 1954, una carta pastoral llega a manos del arzobispo Mariano Rossell y Arellano y luego, otras más elaboradas, a los obispos de Guatemala alertando de las peligrosas fuerzas “enemigas de Dios y la Patria”. Rossell y Arellano será decisivo en la destrucción de la democracia y el Estado de derecho en su país y dejará su cargo de arzobispo, como suele ocurrir, cuando se muera en 1964. Poco antes del golpe de Estado, el 4 de abril de 1954, ordenará tallar un Jesús de madera, luego reproducido en bronce, el que será bautizado como el Cristo de Esquipulas. Así, Jesús, quien en vida detestaba las armas tanto como prefería a los pobres y marginados, será usado como “Comandante en jefe” de las fuerzas fascistas del Movimiento de Liberación Nacional contra el gobierno de Árbenz y en favor del imperio estadounidense, sin considerar que Jesús fue ejecutado por el imperio de turno como un simple criminal, junto con otros dos y por razones políticas, no religiosas. La declaración del arzobispo reza: “alzamos nuestras voces para alertar a los católicos que la peor doctrina atea de todos los tiempos (el comunismo anticristiano) continúa su avance descarado en nuestro país, disfrazándose de movimiento de reforma social para las clases más necesitadas… Todo católico debe luchar contra el comunismo por su misma condición de católico… Son gente sin nación, escoria de la tierra, que han recompensado la generosa hospitalidad de Guatemala predicando el odio entre clases con el fin de saquear y destruir nuestro país por completo”. Los talking points funcionan a la perfección en castellano. El fanatismo católico se parece mucho a su viejo enemigo, el fanatismo protestante.

    Menos poderosos, los principales sindicatos de Guatemala todavía apoyan al presidente. Aunque Árbenz no fuese comunista, aunque como en cualquier país de América Latina los comunistas fuesen una minoría muy menor, convencer a la gente en Estados Unidos y en Guatemala que sí lo era, no significa ningún problema.[4] El derecho de otros pueblos a ser lo que se les antoje ser, incluso comunistas, ni siquiera está sobre la mesa. Sin la más mínima prueba, las radios y los principales diarios comienzan a publicar la novela de Washington: “Estamos convencidos de los lazos entre Guatemala y Moscú”. Más que suficiente. Al fin y al cabo, un país con una agencia ultrasecreta como la CIA siempre sabe más que el resto de los mortales y se reserva el derecho a proveer pruebas “por razones de seguridad”.

    En la OEA, el representante de Guatemala, Guillermo Toriello Garrido, protesta contra la resolución del organismo acerca del derecho de otras naciones a intervenir en caso de que se constate la influencia del comunismo. La resolución es presentada a instancias del director de la CIA, Allen Dulles, quien en la misma reunión de Caracas califica de ejemplar la dictadura venezolana de Marcos Pérez Jiménez. En medio del ruido internacional, Toriello alcanzaba a ver con claridad lo que millones no pueden ni podrán: “es muy penoso que cualquier movimiento nacionalista o independiente deba ser calificado así [de comunista], como también cualquier acción antiimperialista o antimonopólica… Y lo más crítico de todo es que aquellos que califican de tal manera la democracia, lo hacen a fin de destruir esa misma democracia”.

    México, Argentina y Uruguay son los únicos que apoyan los argumentos de Toriello, critican todo tipo de intervencionismo y se oponen a la “Declaración de Caracas”. Pero se abstienen de votar. Guatemala queda sola. La resolución 93 impulsada por Washington es contundente y se propone “adoptar las medidas necesarias para proteger la independencia política [de los países americanos] contra la intervención del comunismo internacional, que actúa por los intereses del despotismo foráneo, y reitera la fe del pueblo de América en el efectivo ejercicio de la democracia representativa”. La literatura política del poder, conocida como Realismo o Realpolitik, está dotada de una infinita libertad de imaginación patriótica.

    Mientras tanto, en Opa-Locka, Florida, la campaña ficticia de Radio Liberación continúa preparando a la opinión pública para la etapa final, mientras finge ser una radio rebelde que opera desde la selva guatemalteca. Como complemento, y como será una larga tradición en el continente, la CIA y la USIA plantan, a fuerza de dólares, al menos 200 artículos en distintos diarios latinoamericanos denunciando el peligro comunista en Guatemala.[5] Es solo una parte del plan. Aunque los oficiales estadounidenses consideran que las políticas de Árbenz son “democráticas y conservadoras”, Guatemala ni siquiera logra los créditos del Banco Mundial para llevar a cabo su reforma agraria. Algunos hacendados guatemaltecos están furiosos y solicitan el auxilio del dictador nicaragüense Anastasio Somoza quien, durante su visita al presidente Truman en la Casa Blanca en abril del año pasado, le había informado, en su buen inglés: “sólo envíenme las armas y limpiaré Guatemala para ustedes de un plumazo”.

    Desde el triunfo de Árbenz en las elecciones de 1950, Washington se ha abstenido de vender armas al nuevo gobierno. Un sacrificio terrible pero por una buena causa. En 1953 había bloqueado la compra de material defensivo de Canadá y Alemania, pero ahora le entrega las mejores armas al exilio guatemalteco en Honduras y Nicaragua. El 9 de febrero, en colaboración con el FBI, la CIA concreta su Operación Washtub, por la cual planta armas soviéticas en la costa de Nicaragua para que sean descubiertas por los pescadores y la dictadura de Somoza pueda acusar a Guatemala de planes comunistas en la región.

    Sin más opciones, el presidente Árbenz (como hará Patrice Lumumba en el Congo, siete años más tarde) recurrirá a Checoslovaquia. El 5 de mayo de 1954, el MS Alfhem escandinavo llegará a puerto Barrios con un cargamento de armas que resultarán obsoletas y una nueva excusa para la intervención de Washington. En junio, la CIA bombardeará con Napalm el barco británico Springfjord en puerto San José, el que resultará ser un cargamento de algodón y café de la compañía estadounidense Grace Line, razón por la cual será uno de los pocos errores por los cuales la CIA será demandada. El 27 de mayo de 1954, el dictador amigo Anastasio Somoza informa a la prensa que, aparte de las armas encontradas, se disponen de fotografías del submarino soviético que las cargaba, con destino a Guatemala.

    En 1987, el mayor John R Stockwell, oficial de la CIA involucrado en la operación, reconocerá que “la matanza de 85.000 guatemaltecos a manos de gobiernos apoyados por Estados Unidos no ha hecho nuevos amigos para este país, se los puedo asegurar… Al final, la UFCo quebró y su presidente se suicidó”. Otro agente de la CIA, miembro activo de la operación en Guatemala, el coronel de la marina Philip Clay Roettinger, es el encargado de entrenar a los soldados en Honduras y llevar al general Castillo Armas, “ese hombrecillo nervioso”, a la presidencia. En 1986, Roettinger reconocerá que “nadie en el gobierno pensaba que Guatemala podría ser alguna amenaza para Estados Unidos… la única amenaza que el gobierno guatemalteco podía suponer era para los intereses de la United Fruit Company; esa era la única razón”. Años después del golpe, Roettinger lo abandonará todo y se mudará a Guanajuato, México.[6]

    Las cosas tampoco resultaron muy bien para el nuevo dictador, el general Castillo Armas. Antes de ser asesinado en 1957, el general del bigote estilo Hitler será honrado por la Universidad de Columbia con un doctorado honorario por su “lucha por la democracia” (razón por la cual Rómulo Gallego devolverá su título conferido por la misma institución). Castillo Armas visitará Washington y participará en un programa televisivo con el vicepresidente Richard Nixon. Con la escenografía de una hoz y un martillo atravesados por la lanza implacable de la cruz, Nixon dirá: “la de Guatemala ha sido una rebelión del pueblo contra un régimen comunista… en otras palabras, el régimen de Jacobo Árbenz no era un gobierno de Guatemala sino uno controlado por fuerzas extranjeras”. El general y máximo dictador de Guatemala, Castillo Armas, responde a todo que “yes, yes”. No entiende inglés ni entiende nada de lo demás. Sólo sabe que su fuerza de represión procede de los miembros del régimen de Jorge Ubico (un nazi sin disimulos en un país de indios), que su régimen ha prohibido al escritor ruso Fiódor Dostoyevski, por subversivo, y que hace pocos años atrás alguien le dijo que, tal vez, Estados Unidos podía ayudarlo a ser presidente después de perder las elecciones con el maldito Jacobo Árbenz.

    El 29 de diciembre de 1996 la ONU auspiciará un acuerdo de Paz en Guatemala. Para entonces, el dos por ciento de la población será dueña de la mitad de la tierra cultivable en Guatemala. 200.000 personas habrán sido asesinadas bajo sucesivas dictaduras militares, 93 por ciento de ellos ejecutados o masacrados por los Soldados de la patria. En 1999, el presidente Bill Clinton visitará el país y reconocerá la responsabilidad de su país en la destrucción de la democracia en 1954 y las sucesivas ayudas a los militares genocidas. “El apoyo de Estados Unidos al ejército de Guatemala y a la inteligencia involucrada en la violencia en Guatemala fue un error que no debe volver a repetirse”, dice. Las mismas lágrimas caerán en 2010 cuando la Secretaria de Estado, Hillary Clinton, reconozca la barbaridad cometida por Washington al realizar experimentos con sífilis y gonorrea en los pobres de Guatemala en los años cuarenta. Como siempre, todo, cuando ya no le importe a nadie ni tenga ninguna consecuencia para las víctimas. Ni para el poder.

    O casi.

    Joge Majfud


    [1] En total, 73 millones de dólares al valor de 2020.

    [2] Las compañías estadounidenses dominaban la política y la economía de la región desde el siglo pasado. A mediados del siglo XX, Samuel Zemurray, fundador de Cuyamel Fruit Company, autor del golpe de Estado de Honduras en 1911 y más tarde director de UFCo, había reconocido que “en Honduras un legislador vale menos que una mula”.

    [3] El gobierno había propuesto nacionalizar 95.000 hectáreas regaladas por el dictador Jorge Ubico a la UFCo, apenas el doble del área del rancho que del presidente estadounidense Lyndon Johnson en Chihuahua en los años 70, contra la ley y la constitución mexicana.

    [4] Como en la mayoría de los países latinoamericanos de la época, la Unión Soviética no tenía una embajada y su presencia era, en comparación a la omnipresente presencia (legal e ilegal, gubernamental y privada) de Estados Unidos, insignificante e irrelevante. Al igual que Patrice Lumumba en el Congo y otros líderes del Tercer mundo que fueron arrinconados por las políticas exteriores de Europa y Estados Unidos, Árbenz echará mano a la ayuda checoeslovaca, cuando sea demasiado tarde.

    [5] Plantar artículos de opinión en los grandes medios latinoamericanos no será la única práctica recurrente de la CIA. Otra costumbre que será descubierta por los investigadores muchas décadas después incluirá la introducción de armas en grupos amigos o enemigos para que sean descubiertas por la desprevenida prensa local.

    [6] Según consta en los archivos de la CIA en una “Copia desinfestada” en 2011 de un artículo del 16 de marzo de 1986, el coronel Roettinger escribirá que Árbenz era más capitalista que socialista, un presidente que pretendía cambiar el capitalismo dependiente por un “Estado capitalista moderno”, es decir, demasiado independiente. En “For a CIA Man, It’s 1954 Again” Roettinger se lamentará, “nuestro éxito condujo a 31 años de dictadura militar y a 100.000 personas asesinadas, aparte de destruir las necesarias reformas económicas y sociales en ese país… ahora el presidente Ronald Reagan nos dice lo mismo que nos dijo en Florida el director de la CIA de entonces, Allan Dulles, que nuestra lucha es contra el comunismo…

    Jorge Majfud. La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

    Fidel and Malcolm X

    “Well, you have to understand the moment,” Hunter said. “We are talking about the Cold War. The United States could not allow a Soviet stronghold in its hemisphere.”

    Its hemisphere?” I asked.

    “Well, I understand that the Monroe Doctrine It’s not very nice, but…”

    “Superman fighting for justice against the villains who want to take over the world. Don’t the villains realize that the world already has an owner? Or they do not respect private property. Even so, at that time Cuba was not even a Soviet stronghold. Just a dangerous and arrogant attempt to be independent. How do these blacks and those white islanders think of doing without us? Is it that they didn’t learn anything with Guatemala? That was the problem. They learned too much from Guatemala.”

    “Shyness was never a very effective strategy.”

    Exactly. But, beyond the nationalizations and the claims of autonomy of the New Cuba, the Revolution did not have in mind to cut relations with its largest trading partner. Moreover, when Fidel Castro visited the United States on April 7, 1959, hired a U.S. agency specializing in public relations, Bernard Relin & Associates Inc. According to the magazine Time on July 8 of that year, the firm charged the Cuban government $72,000, an insignificant figure, considering Fulgencio Batista’s personal business dealings with U.S. companies, which amounted to almost 46 million dollars.[i] Apart from some interesting facts revealed by the Bernard Relin company, Castro did not take very seriously its recommendations, such as shaving his beard and changing his olive green uniform for a businessman’s suit.[ii] On the contrary, he gave his own instructions to the delegation: he forbade them to talk about money. Not even by accident.

    “We are not beggars,” he said.[iii]

    Secretary of State Christian Herter, met with the young revolutionary in Washington. Herter reported to Eisenhower: “It’s a pity that you didn’t meet with Fidel Castro. He is a more than interesting character… In many ways, it’s like a child.”[iv]

    At lunch, he was introduced to William Wieland.

    “Who is the lord?”

    “Mr. Wieland,” Wieland’s assistant said, “is the director of the Bureau of Mexican and Caribbean Affairs and currently the official State Department official for Cuban Affairs.”

    “Gee,” Castro said, “I thought that the person in charge of Cuban affairs was me.[v]

    After a long conversation in a New York hotel, the CIA agent Gerry Droller (by then Frank Bender) concluded:

    “Castro is not only not a communist, but he is a convinced anti-communist.

    Vice President Richard Nixon reached the same conclusion, when he met for two and a half hours in his office on Capitol Hill with the Cuban, twelve days later.

    None of these diagnoses stopped the plan to invade the island, on the desks of the CIA weeks before that first visit of the new revolutionary leader. The original sin was not to be or not to be, but to dispute Washington, the sugar companies and the casino mafia for control of the Pearl of the Caribbean. And, but that, setting a terrible precedent. Once again, as in 1898, the problem was the independentists, the unacceptable bad example of a Republic of free blacks, no longer cutting off the heads of their masters, as in Haiti, but by nationalizing lands and businesses, as President Árbenz tried to do in Guatemala.

    Months before leaving the government, Eisenhower decided to postpone the invasion to leave it to the new, John Kennedy. By the end of 1960, Havana had already discovered CIA training camps in Guatemala. The CIA must have circulated the rumor in the press that it was a group of communist guerrillas and, to preserve the surprise factor, changed the landing in Trinidad to Bay of Pigs, an area closer to Havana, but less populated.

    In the midst of the Cold War, letting a friendly dictator fall without Washington’s permission and, to make matters worse, dare to speak of national sovereignty in the face of the companies that lead the freedom of the Developed World could establish a terrible precedent in the banana republics of the South. For the CIA and for the White House, the quickest and cheapest solution was the same one that solved the problem in Guatemala: media war, invasion and regime change in the name of the fight against communism. Piece of cake.

    Pigs?” David Atlee Phillips, the CIA agent who was fluent in Spanish due to his sabotage work in Chile since the end of World War II, protested. “How do you think Cubans are going to support an invasion with that name?”

    Perhaps for the same reason, Ernesto Che Guevara preferred to call Playa Girón to the most important defeat of US imperialism so far this century. Of course, it wasn’t just a matter of names. At that time, the polls showed that the Revolution had the support of ninety percent of the population. The revelation of clandestine cemeteries all over the island, full of Batista’s disappeared, only increased the repudiation of U.S. support and the Cuban mafia, now exiled in Miami.

    “It is very difficult to find a Cuban who does not have a family member murdered by the Batista regime” said Ruby Hart Phillips, the journalist of the New York Times based in Cuba.[vi]

    On August 17, 1961, a few months after the Bay of Pigs fiasco and seven thousand kilometers to the south, Che gave a speech in the auditorium of the University of the Republic of Uruguay. That afternoon, at his side, the senator and former candidate for the presidency of Chile listened attentively, Salvador Allende. At the exit of the crowd, someone shot and killed history teacher Arbelio Ramírez. Apparently, the bullet was destined for El Che. It was the first unsolved murder of the Cold War in that country, as befits cases planned by secret agencies that play in the First League. In his speech, El Che had observed that Uruguay did not need any revolution, because its democratic system worked. He didn’t know that, at the time, the powerful Howard Hunt was stationed in Montevideo, the same one that had successfully promoted its candidate for the presidency of that country, Benito Nardone. The same one who had hijacked the means to destroy democracy in Guatemala, had used them again to place his candidate in the presidency, this time without so much scandal. Democracy continued to work very well, for some, for the same as always. But, as was tradition, inconvenient influences had to be removed, as far as possible without violating freedom of expression. The example of Cuba’s independence, the anti-imperialist discourse of Che, fell into that category of undesirables.

    Surely not by chance, the Cuban CIA agent Orlando Bosch was in the crowd that afternoon in Montevideo, when Professor Arbelio Ramírez was killed. Surely, he had not gone there to listen to Che’s speech.

    Plans to assassinate Castro and reinstall a less arrogant dictator in Havana had begun the same night Batista fled to the Dominican Republic on a plane loaded with several suitcases of money. Washington, the CIA and the casino mafia did not hesitate for a moment. Fidel Castro knew this, but he needed the US market and believed that a new agreement with the northern giant would be possible. So, on September 18, 1960, he landed again on Long Island, this time to participate in the annual United Nations Assembly, four days later.

    The arrival of the delegation was hailed by the American left and received with threats from The White Rose, a pro-Batista group that later, due to the discrediting of El General Mulato, would operate alongside other Miami groups as anti-Castro exiles.

    This time, the Cuban plane that carried Fidel Castro to New York was forced to return to Cuba, as the delegation was driven to the Shelburne Hotel, located at Lexington Avenue and 37th Street. The hotel demanded an exorbitant deposit of twenty thousand dollars. The State Department decreed that the delegation could not leave Manhattan, but no other hotel in the area dared to receive them. Castro quipped that if New York was unable to provide accommodation for a diplomatic delegation from another country, then the UN should be moved to another city, such as Havana.

    It was a rainy day, and the Cuban delegation piled their suitcases at the main door without having a confirmed hotel. Minutes later, a man entered the lobby of the Shelburne and asked to speak with the Cuban prime minister. When the bearded man appeared, the stranger said to him:

    “Mr. Malcolm X has booked a hotel for his delegation.”

    “That’s great, chico. Where is it?”

    “It’s the Theresa Hotel. It’s an hour from here in Harlem.”

    Castro didn’t know it, but the Hotel Theresa, by far less expensive than the Shelburne, had received black celebrities who were not accepted in midtown Manhattan, such as Duke Ellington, Louis Armstrong and Nat King Cole.

    “Right there we go,” Castro said.

    The Harlem newspaper, the New York Citizen-Call, noting that the official delegation of Cuba was composed of whites and blacks, published:

    Some 2,000 brown New Yorkers stood in the rain Monday night waiting for Cuba’s Premier Fidel Castro to arrive at Harlem’s famous old Hotel Theresa. From the conversations among this rain-soaked mass of humanity, the idea began to build that Castro would come here to stay because he had found out, as most Negroes found out, the nasty ways the underdog was treated downtown. To Harlem’s oppressed ghetto dwellers, Castro was that bearded revolutionary who had thrown the nation’s rascals out and who had told white America to go to hell.”[vii]

    A smaller group of Cuban Batista supporters also came to protest the Revolution.

    On September 21, The New York Times headlined: “Castro Is Seeking Negroes’ Support.” In his column, journalist Wyne Phillips highlighted Dr. Castro’s strategy: pretending there is no racial segrega-tion in Cuba, when a year earlier he had forcibly removed a Cuban leader, Fulgencio Batista, who was half-Black. Despite all this, Phillips himself must admit that various testimonies from Black Americans visiting Havana acknowledged feeling like human beings, just like any white person walking the streets.

    With the ink still fresh from the newspapers the day after his expulsion from the Shelburne Hotel and his impromptu entrance at the Harlem hotel, the most luxurious hotels in Manhattan offered the Cuban delegation free accommodation. But Castro decided to turn the initial humiliation into another moral blow to the giant’s arrogance. He turned down the offers and the delegation stayed in Harlem.

    The History of the Theresa Hotel became a headache for Washington and an offense to a country that was suffering from a strong segregationist backlash, where the most moderate racists supported the solution of the interpretive law of the constitution, known as Equal, but separate. To add insult to injury, the Cuban delegation received a visit from the president of Egypt, Gamal Abdel Nasser, right there, part of the soviet premier Nikita Khrushchev by the Prime Minister of India, Minister Jawaharlal Nehru and renowned intellectuals such as Langston Hughes, Allen Ginsberg and the professor at Columbia University Wright Mills, author of The Power Elite, a book where he exposed the existing conflict of interest between the military corporate power and politicians. Several researchers will recognize this book as the inspiration, unacknowledged, of President Eisenhower’s famous farewell speech on the dangers of the power of the Military Industrial Complex, for which he will be accused of being a communist.

     Malcolm X visited Castro in his room. On the way out, questioned by journalists about his sympathies with Castro and Che Guevara, he proclaimed:

    “Please don’t tell us who should be our friends, and who should be our enemies.”[viii]

    Sidney Gottlieb, the chemical genius in charge of Project MK-Ultra of the CIA, proposed to make a fool of the dangerous leader in front of the eyes of the whole world. For the CBS interview, which for the purpose had to reach the largest number of people in the world, he proposed contaminating Castro’s shoes with thallium. This would cause him to over-secrete salivary while talking. At the same time, he would expose him to LSD to make him look drunk. It was not a new idea of propaganda sabotage (Howard Hunt had used similar resources in Mexico, against the painter Diego Rivera), but that time it did not work with the interviewee.

    President Eisenhower and Vice President Nixon did not hide their frustration. The FBI took note. One of its agents managed to enter the Hotel Theresa and spy on a meeting between Castro and Malcolm X. The CIA, lacking territorial jurisdiction, employed the mercenary firm founded by one of its former agents, Robert Maheu, to plan the first of 600 attempts to assassinate Castro. The private agency, Maheu, was the same one that, in the service of dictator Rafael Trujillo, had caused the disappearance of Professor Jesús Galíndez in New York four years earlier. The same one that served as the basis for one of the most popular series in the history of television: Mission: Impossible. The same series that several of the Batisteros fans of the failed Bay of Pigs invasion, like Orlando Bosch, were fans of.

    At the Plaza Hotel, Bob Maheu met with the CIA agent Jim O’Connell and with John Roselli, one of the leaders of the Italian-American mafia, owner of cabarets, brothels, and casinos in Cuba, protected by Batista and longed for by generations of Cubans nostalgic in the United States as The golden age in which all the Cuban people lived dancing salsa, drinking rum and making a lot of money from legal corruption.

    These mafias had been displaced by the 1959 Revolution, so the CIA understood that it shared the same objective with them. To assassinate the bad dictator, who had been in power for a few months, Mr. Roselli put Maheu in contact with other mobsters in Tampa, Florida. Two of them were Sam Giancana and Santo Trafficante Jr., both donors to Kennedy’s presidential campaign and then collaborators in the conspiracy for his assassination. Although, for some very good reason, the documents that end up proving this last information have not been declassified by Washington, the indications and testimonies that insist on pointing to the participation of the CIA and the Cuban mafia have been accumulating over the years as fertilizer in chicken coops.

    Giancana was assassinated in Chicago in 1975, just before he testified before the Church Commission of the U.S. Senate, which investigated the CIA’s systematic assassination plans. Predictably, CIA Director William Colby, said: “We had nothing to do with it.”[ix]

    Fidel Castro would have been an easy target in a black hotel that couldn’t even control the hot water in the bathrooms. But Maheu and the CIA knew that the assassination of a foreign leader on US soil would only worsen Washington’s reputation, so they decided to take the big moment to Havana. Upon his return, Castro gave a predictable speech from the balcony of Government House, which was interrupted by a bomb. A few minutes later, a second one exploded, and a few hours later, a third. It would have been a piece of cake to claim that the assassination was the work of the heroic Cuban dissidents and that “we had nothing to do with it.” That was one of 638 failed attempts to assassinate the only dictator that Washington, the CIA, and the mainstream media could see in the Caribbean, Latin America, and the rest of the world.

    Other poisoning attempts followed, which several Cuban mercenaries, such as Juan Orta and other infiltrators made large amounts in dollars, but none achieved their objective. Nor did the plans for gas in interviews or weapons hidden in press microphones, such as the one organized from Bolivia, work, with the support of Cuban Antonio Veciana, when Castro visited Chile in 1971.

    In his speech at the UN on Thursday 22, Castro responded to accusations from the mainstream press that Cubans had chosen a brothel to stay in:

    “For some gentlemen” Castro said, “a humble hotel in the Harlem neighborhood, a black neighborhood of the United States, must be a brothel.”[x]

    Years later, in the face of the provocation of a journalist, Malcolm X answered:

    “The only white I liked was Fidel Castro.”

    The CIA failed to assassinate the bearded Caribbean man, but the FBI managed to get Malcolm X assassinated in 1965, as always, as if it were someone else’s thing, lone wolves. The same strategy of indirect solutions had been practiced with Martin Luther King. The FBI pursued him for years to document his weakness for women. They knew he was suffering from depression and, as a young man, had attempted suicide. The idea was to expose any possible infidelity, destroy his marriage and push him to suicide. When this did not work, a murder at the hands of a lonely patient was facilitated, which came in 1968, at the Lorraine Motel, when the black leader was preparing to support a strike by health workers in Tennessee. In the collective memory only these two murders, attributed to lone wolves, will remain, not the FBI’s plan fine-tuned and executed for two decades, later known as Cointelpro (Counter Intelligence Program) with which the FBI infiltrated the black and Latino communities; they infiltrated unions, feminist and anti-imperial war groups to monitor and discredit them with provocateurs; to demoralize them and demobilize their resistance organizations. An FBI memorandum sealed on March 3, 1968, reported that “Martin Luther King, Jr. was attacked because (among other things) he might abandon his supposed obedience to white liberal doctrines (of nonviolence) and embrace black nationalism.” Eight years later, in April 1976, a Senate inquiry headed by Senator Frank Church concluded that this psychological warfare led to moral harassment under false reports and rumors planted in the media. “Many of the techniques used would be intolerable in a democratic society, even if all the targets had been involved in violent activities, but Conteilpro went much further. The main unstated premise of the programs was that a law enforcement agency has a duty to do whatever is necessary to combat perceived threats to the existing social and political order.”[xi]

    In 1967, the CIA had more success with its plan to assassinate Che Guevara in Bolivia. Che Guevara, accused for decades by the Miami media of being a cruel murderer, had returned to his habit of going to the front lines of his battles, a habit that the heroes of Batistero’s exile, such as Orlando Bosch and Luis Posada Carriles, were not very fond of. Nor was it a characteristic of the many mercenaries who, according to the FBI, turned Miami into “The Terrorist Capital of the United States.”.[xii] Also The Monkey Morales Navarrete, José Dionisio Suárez, Virgilio Paz and the Novo brothers Sampol were more fond of dynamite and C4 plastic explosives of the CIA, always at a distance, than to smuggled cigars.

    Weeks after the Theresa Hotel scandal, on October 12, 1960, the young Senator John F. Kennedy planted his stall in front of the hotel and gave a speech against racial discrimination and against the socialist ideas of the Cuban Revolution. Nothing better than hijacking the struggle of those from below and, at once, limit it to a specific area, the national one, just as firefighters burn a forest border to stop a larger fire. A couple of years earlier, in Congress, Senator Kennedy had recommended continuing to fund Latin American armies to keep Washington’s political influence in those countries.

    “I don’t think giving this aid to South America is to strengthen them against the Soviet Union,” the young senator had said in 1958.  “The armies are the most important units, and it is important for us to have a liaison in the number of countries involved, it is worth 67 million, which is down the drain in a military sense, but in the political sense we hope they make effective use of it.”

    Chapter from the book 1976: The Exile of Terror


    [i] “Cuba: Red Setback.” Time, 8 de junio de 1959.

    [ii] LeoGrande, William M., and Kornbluh, Peter. Back Channel to Cuba: The Hidden History of Negotiations Between Washington and Havana. United States, University of North Carolina Press, 2015, p. 15.

    [iii] Idem, p. 18.

    [iv] Idem, p. 7.

    [v] Idem, p. 7.

    [vi] Idem, p. 12.

    [vii] Ralph Matthews, “Going Upstairs. Malcolm X Greets Fidel,” New York Citizen-Call, September 24, 1960, p. 48-49.

    [viii] Markle, Seth M. “Brother Malcolm, Comrade Babu: Black Internationalism and the Politics of Friendship.” Biography, vol. 36, no. 3, 2013, pp. 540-67. JStor. http://www.jstor.org/stable/24570209.

    [ix] “The mafia: The Demise of a Don”. Time Magazine, 30 de junio de 1975. content.time.com/time/subscriber/article/0,33009,917569,00.html

    [x] “Discurso pronunciado por el Comandante Fidel Castro en la Sede de las Naciones Unidas el 26 de setiembre de 1960”. Cuba.cu. http://www.cuba.cu/gobierno/discursos/1960/esp/f260960e.html

    [xi] “U.S. Senate Select Committee on Intelligence”. http://www.intelligence.senate.gov/sites/default/files/94755_III.pdf

    [xii] Montes, Rafael Miguel. Generational Traumas in Contemporary Cuban-American Literature: Making Places. United States, Edwin Mellen Press, 2006., p. 115.

    Nuevos documentos desclasificados de la CIA sobre América latina

    Las nuevas revelaciones procedentes de los miles de documentos desclasificados en febrero de 2025 confirman y agregan detalles a la historia expuesta en La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina (2021) y 1976: El exilio del terror (2023).

    A continuación incluimos un resumen de estos datos más significativos de National Security Archive (April 7, 2025).

    Seis meses antes del golpe militar de 1964 que derrocó al gobierno de João Goulart en Brasil, el subdirector de la CIA para Planes, Richard Helms, informó a la Junta Asesora de Inteligencia Extranjera del Presidente (PFIAB) sobre las operaciones clandestinas de la CIA en el país más grande de Sudamérica. «[La CIA] está llevando a cabo acciones encubiertas en el movimiento obrero y cree que el control comunista puede debilitarse«, informó a los miembros de la junta que supervisaron las operaciones de inteligencia en nombre del presidente Kennedy, según un resumen completamente desclasificado del informe de alto secreto del 10 de septiembre de 1963, publicado el 7 de abril de 2025 por el Archivo de Seguridad Nacional.

    Helms y sus adjuntos también informaron a la PFIAB sobre el estado de las acciones encubiertas y las operaciones de cambio de régimen en otros países objetivo. En Cuba, la CIA estaba cambiando de incursiones externas a operaciones de sabotaje interno, realizando diez operaciones clandestinas al mes y atacando a elementos cubanos disidentes, entre ellos oficiales militares cubanos. En la Guayana Británica, la CIA financió en secreto una huelga general de 79 días para desestabilizar al gobierno electo de Cheddi Jagan, canalizando fondos para los huelguistas a través de la AFL-CIO. Los planes de la CIA para organizar una fuerza en el exilio contra el dictador haitiano François «Papa Doc» Duvalier se vieron frustrados cuando Juan Bosch, presidente de la República Dominicana, se negó a permitir que la agencia utilizara su país como base de operaciones.

    El memorando ultrasecreto de la Casa Blanca, titulado «Panel de la Junta sobre Operaciones de Acción Encubierta«, fue desclasificado sin censura como parte de las 80.000 páginas de registros del asesinato de Kennedy, publicados en marzo. Numerosos otros registros de la PFIAB se incluyeron en la publicación, junto con las actas sin editar del «Grupo Especial», el comité interinstitucional de élite que investigó y aprobó las operaciones encubiertas estadounidenses en todo el mundo. El Archivo de Seguridad Nacional publica hoy una selección especial de estos registros únicos.

    Nuevos Detalles y Revelaciones

    Sin editar, los documentos aportan considerable detalle a la historia de los programas encubiertos previamente reportados, incluyendo fuentes y métodos de inteligencia, gastos específicos, identidades de los agentes y los nombres de países colaboradores, agencias de inteligencia y funcionarios extranjeros. En algunos casos, los documentos desclasificados revelan operaciones que se desconocían previamente. Entre los detalles y revelaciones clave contenidos en los documentos:

    ** En Cuba, la CIA registró 108 agentes y activos encubiertos en la isla en 1963, incluyendo personal diplomático amigo en embajadas extranjeras en La Habana. Sesenta agentes atacaron buques cubanos y se produjeron 31 intrusiones en instalaciones cubanas en el extranjero, según un informe a la PFIAB. El personal de la CIA en Washington y Miami dedicado al derrocamiento del gobierno de Castro ascendía a 384 personas. Entre los demás activos se encontraban 83 contratistas, 525 extranjeros (la mayoría exiliados cubanos), 45 agentes en puestos en el extranjero y 12 analistas de la división de inteligencia de la Agencia que trabajaban en Cuba.

    ** En cuanto a la Guayana Británica, los documentos confirman la colaboración de la CIA con el servicio de inteligencia británico, el MI6, para financiar y mantener el malestar laboral y una prolongada huelga general para socavar al gobierno electo del primer ministro Cheddi Jagan. Las actas de una reunión del Grupo Especial del 25 de abril de 1963 indicaban que «se ordenó a la CIA investigar el asunto y, junto con el MI6, tomar las medidas que se consideraran convenientes para garantizar la continuación de la huelga». En una reunión de la PFIAB en la Casa Blanca tras el fin de la huelga, el subdirector de Planes de la CIA, Richard Helms, informó que la Agencia había «elaborado con George Meany [líder sindical de la AFL-CIO] un programa de apoyo financiero de la CIA (435.000 dólares) para la huelga, amparándose en las «contribuciones de la AFL-CIO»» y que «un representante encubierto de la CIA dirigía el programa de la huelga». Los documentos también infieren firmemente que el director de la CIA, John McCone, se reunió con James Fulton, funcionario del MI6, en París para discutir esta operación conjunta para derrocar al gobierno de Jagan.

    ** En Chile, la CIA proporcionó al candidato demócrata cristiano Eduardo Frei 750.000 dólares en marzo de 1964 y otros 1,25 millones de dólares en mayo de 1964 para financiar su campaña presidencial. En una reunión del PFIAB celebrada el 5 de junio de 1964 en la Casa Blanca, el subdirector de Planes, Richard Helms, advirtió a la junta que “las próximas elecciones presidenciales del 13 de septiembre se ven con gran preocupación”, dadas las perspectivas de victoria del candidato socialista Salvador Allende. Helms enfatizó que era esencial actuar; si Allende ganaba, advirtió, “los chilenos, de mentalidad constitucional, aceptarían como presidente a un comunista elegido regularmente y no emprenderían un golpe de Estado para destituirlo”.

    ** En cuanto al Congo, las actas de la reunión del Grupo Especial añaden nuevos detalles sobre el papel de la CIA en el derrocamiento de Patrice Lumumba. Cinco meses antes del asesinato de Lumumba, el oficial de la CIA Thomas A. Parrott informó al Grupo Especial que la agencia había desarrollado “en líneas generales, tres (o, como el Sr. [DCI Allen] Dulles las describió posteriormente, ‘dos líneas operativas y media’) que estamos siguiendo para montar una campaña contra Lumumba en el Congo”. Estas incluían: operaciones a través del asesor principal de los Sindicatos Cristianos; el intento planeado de un político socialista de organizar una moción de censura contra Lumumba; “y un nuevo contacto con un supuesto líder de ciertos grupos laborales independientes” —esto último probablemente una referencia a Cyrille Adoula, el candidato elegido por la CIA para reemplazar a Lumumba una vez que este fuera destituido.

    ** En Haití, las actas de la reunión del Grupo Especial revelan que los planes de la CIA para derrocar al dictador François “Papa Doc” Duvalier, cuyo régimen dinástico impulsaba el ascenso de la izquierda, se vieron comprometidos por la resistencia del nuevo presidente de la República Dominicana, Juan Bosch. La CIA había estado formando una fuerza de exiliados para invadir Haití desde la República Dominicana, pero Bosch, según un documento de mediados de 1963, «ha decidido que no está dispuesto a permitir que dicha fuerza [haitiana] de exiliados utilice su país como base para operaciones militares contra Duvalier». El jefe de operaciones de la CIA para el Hemisferio Occidental, coronel J.C. King, informó entonces a los miembros del Grupo Especial que «todos los involucrados en el proyecto coinciden en que Duvalier debe ser destituido de una forma u otra», pero que el plan actual es «impracticable». (Bosch se convirtió posteriormente en el blanco de la decisión de Lyndon Johnson, en abril de 1965, de invadir la República Dominicana e instaurar un régimen dócil mediante la fuerza militar estadounidense).

    La selección de documentos publicados hoy también incluye una serie de interesantes recomendaciones y propuestas de la PFIAB, entre ellas:

    Que la CIA considere la propuesta (presentada a la PFIAB por representantes del Servicio de Inteligencia y Seguridad de Israel) de “ampliar la coordinación de las actividades de inteligencia entre la CIA e Israel en Latinoamérica, África, Oriente Medio y otros lugares”.

    Que la CIA explore la viabilidad en Japón de “intensificar las acciones encubiertas contra la considerable y efectiva influencia de los comunistas entre los intelectuales, educadores y estudiantes japoneses”.

    Que la Agencia de Seguridad Nacional realice una revisión técnica in situ de las actividades encubiertas de recopilación de inteligencia de comunicaciones y electrónica de la CIA en Behshahr, Irán, para garantizar el máximo aprovechamiento técnico de esta actividad estratégicamente posicionada contra los misiles y las operaciones satelitales soviéticas.

    La Junta de Asesores de Inteligencia Extranjera (PFIAB) y el Grupo Especial

    Entre los documentos publicados hoy se encuentra una extensa recopilación cronológica de memorandos y actas de las reuniones de la PFIAB durante los 1000 días de mandato del presidente Kennedy, que incluye una breve historia de la Junta Especial de Asesores de Inteligencia de la Casa Blanca. El impulso para la creación de la junta fue una recomendación de la Comisión Hoover sobre la Organización del Poder Ejecutivo para crear un «Comité de Vigilancia» en materia de inteligencia, integrado por miembros del Congreso y ciudadanos comprometidos. Para evitar la creación de un comité supervisor externo, en febrero de 1956, el presidente Dwight D. Eisenhower emitió una Orden Ejecutiva que creaba la Junta Presidencial de Consultores sobre Actividades de Inteligencia Extranjera. Tras el fiasco de Bahía de Cochinos, el presidente Kennedy emitió una nueva directiva que designaba al comité como la Junta Presidencial de Inteligencia Exterior y le otorgaba la facultad de asesorar al presidente «con respecto a los objetivos y la conducta» de acciones encubiertas, incluyendo «operaciones encubiertas altamente sensibles relacionadas con la acción política, la propaganda, la guerra económica, el sabotaje, la fuga y la evasión, la subversión contra estados o grupos hostiles y el apoyo a elementos indígenas y anticomunistas en países amenazados del mundo libre», según un informe de alto secreto del 1 de diciembre de 1963 sobre la génesis de la PFIAB, preparado para Lyndon Johnson tras el asesinato de Kennedy.

    Entre las funciones de la PFIAB estaba supervisar las actividades del «Grupo Especial», un comité interinstitucional de alto nivel integrado por representantes de las agencias de seguridad nacional estadounidenses que actuaba como alto mando de la política exterior secreta de las administraciones de Eisenhower, Kennedy y Johnson. Entre enero de 1961 y el otoño de 1962, el Grupo Especial —también conocido como el Comité 5412 por el número de sala donde se reunía— aprobó aproximadamente 550 operaciones encubiertas, la mayoría de las cuales se compartieron con la PFIAB con cierto detalle. Tras la debacle de Bahía de Cochinos, el presidente Kennedy nombró a su hermano, el fiscal general Robert Kennedy, para presidir un «alto mando» de operaciones encubiertas aún más selecto: el Grupo Especial (Aumentado), que determinaba los principales programas encubiertos, entre ellos la Operación Mangosta, dirigida a Cuba. Según Arturo Jiménez-Bacardi, profesor asociado de instrucción en asuntos internacionales en la Universidad del Sur de la Florida e investigador del Archivo de Seguridad Nacional, las actas de la PFIAB y del Grupo Especial brindan una historia distintiva y única de las operaciones encubiertas: “Estos documentos arrojan luz sobre el funcionamiento interno del alto mando de acciones encubiertas del gobierno de los EE. UU.: sus motivaciones, prioridades, frustraciones y determinación de emplear la violencia política, el sabotaje económico y grandes sumas de dinero para intervenir en los asuntos internos de países de todo el mundo”.

    Bahía Cochinos y el Golpe de 1976 en Argentina

    Del libro 1976: El exilio del terror

    Raymond Molina en Buenos Aires

    El 15 de marzo, el agregado legal de la Embajada de Estados Unidos en Argentina, Robert Scherrer, le envió un cable secreto al director del FBI sobre una reunión mantenida por uno de sus informantes con el general argentino Dalla Tea en la casa del hijo del financista Jorge Antonio. Por entonces, y por unos pocos años desde 1970, debido a la frustración del presidente Nixon con la CIA, el FBI había recuperado alguna jurisdicción internacional, perdida cuando su principal rival fue creado en 1947.

    De esa reunión quedó claro que los generales argentinos querían asegurarse la colaboración de Washington con el inminente golpe de Estado. Dos de las promesas mencionadas consistían en una liberalización de la economía bajo un régimen dictatorial como el chileno y, en consecuencia, un aumento de la represión contra los sindicatos y las organizaciones sociales.

    Otro documento secreto del FBI, fechado un día después, informó que Raymond Molina, miembro de la Brigada 2506 que participó en la invasión fallida a Bahía Cochinos de 1961, se había entrevistado en Buenos Aires con el general Carlos Dalla Tea dos días antes, el domingo 14. A pedido de un tercero, Molina había sido contactado por el embajador en Argentina, Robert C. Hill. Otro documento, esta vez de la CIA, registró que los congresistas estadounidenses Strom Thurmond y Jesse Helms habían viajado a Buenos Aires con el ex subdirector de la CIA Daniel Graham y el exiliado cubano Raymond Molina, el viernes 12.

    Más allá de alguna mínima inconsistencia entre datos menores, lo que quedó claro fue que en esta reunión el general Dalla Tea le reveló a Molina los planes del ejército argentino de realizar un golpe de Estado entre el 17 y el 18 de marzo. Entre los temas discutidos estuvieron la forma en que la prensa en Estados Unidos iba a informar sobre el golpe para facilitar su reconocimiento.

    ―Para eso, es necesario que nos ocupemos de algunos sindicatos que han expandido demasiado su poder ―dijo el general Dalla Tea―; el gobierno actual de Isabel ha tomado el control de demasiadas industrias privadas y deben volver al control privado para alentar la inversión.[i]

    La presidenta no era sospechosa de alguna tendencia izquierdista, sino todo lo contrario, pero era mejor remover a la intermediaria. Sobre todo considerando la posibilidad de un crecimiento importante del ala izquierda del peronismo, de los seguidores de Cámpora.

    El martes 16 de marzo al mediodía, por orden del general Della Tea, el hijo del empresario Jorge Antonio se reunió con el mismo cubano en el Hotel Sheraton, para discutir un plan mediático en favor del golpe que encabezaría el general Jorge Rafael Videla. La idea era informar al compañero de Molina, el general y lugarteniente de la CIA Daniel Graham. Para entonces, Graham ya había regresado a Washington. No quería encontrarse en el país durante los acontecimientos informados. Según el mismo documento del FBI, el general Rafael Videla insistió en que Mr. Graham sea contactado desde un tercer país para ser consultado sobre el aspecto mediático del golpe.[ii]

    El informante confirmó que los militares argentinos habían descuidado totalmente las relaciones públicas de su inminente golpe, más allá de los contactos y las instrucciones en varias embajadas argentinas.

    ―Es absolutamente necesario ―les aclaró Raymond Molina, futuro candidato a la alcaldía de Miami― que se lleve a cabo un programa de relaciones públicas bien preparado en Estados Unidos para contrarrestar la reacción desfavorable que produciría un golpe de estado militar contra un gobierno constitucionalmente electo.[iii]

    Un cable secreto de la Intelligence Division del 15 de marzo confirmó estas reuniones y agregó: “Luego del golpe, la junta establecería contacto con la ITT para tomar control de la telefónica argentina”.[iv] La International Telephone & Telegraph Corporation (como la IBM y otras megacorporaciones estadounidenses) había sido colaboracionista del régimen de Hitler y activo participante en los golpes de Estado contra João Goulart en Brasil y contra el presidente Salvador Allende en Chile.

    Poco después, en junio, el embajador Hill intentó neutralizar las declaraciones de Henry Kissinger en Santiago, sobre el apoyo de Washington a la nueva Junta en Argentina. Las declaraciones de Kissinger habían sido hechas en el Hotel Carrera, un hotel de lujo donde, como en otros hoteles de la misma categoría, cientos de niños recién nacidos de padres prisioneros y desaparecidos esperaban para ser exportados al mercado europeo y estadounidense. 700 niños fueron registrados como nacidos en los hoteles más caros de Santiago (nacidos en ausencia de sus padres) como el Hotel Montecarlo, El Conquistador, el Sheraton y el Carlton House. El mercado de humanos chiquitos alcanzó la cantidad de veinte mil niños secuestrados.

    ―Kissinger acabará con tu carrera diplomática ―le advirtieron los asistentes de Kissinger al embajador―. Tal vez un grupo de la guerrilla de izquierda asesine a algún miembro de tu familia.

    Otro documento urgente con la misma fecha del 16 de marzo (clasificado secreto “porque revelaría el interés del FBI en un asunto internacional”), informaba que el general Daniel O. Graham, quien había viajado a Argentina con el senador Jesse Helms, luego de reunirse con el cubano Raymond Molina, había podido verificar la existencia de un plan de golpe de Estado en Argentina, programado para la semana siguiente, información que había trasladado al embajador Hill.

    Raymond Molina se había presentado como candidato a representante por el estado de Florida en 1968, pero no fue elegido. Como miembro del Batallón 2506 organizado, financiado y entrenado por la CIA, había participado de la fracasada invasión a Bahía Cochinos siete años antes. Había sido capturado por el gobierno revolucionario y liberado dos años después. Un informe secreto del 3 de diciembre de 1968 lo vinculó a la sociedad de extrema derecha John Birch y al contrabando de armas y whisky desde Colombia y otros países de América latina a través de su propia compañía de Miami, Americana Sales.[v]

    Como la mayoría de los grupos organizados de Miami y Union City, Molina luchó contra la dictadura de Fidel Castro apoyando cualquier otro tipo de dictadura en el continente que protegía el derecho a la propiedad privada por encima de cualquier otro derecho, incluido el derecho a la vida. No en pocos casos, participando directamente en complots y atentados contra inocentes que eran siempre calificados como combatientes. La lista de notables es larga.

    Las promesas se cumplieron. Durante la dictadura argentina, un tercio de los desaparecidos fueron obreros de fábricas organizados en sindicatos, en gran medida obreros del norte industrial de Buenos Aires, donde se ubicaban las grandes empresas transnacionales. Varios sectores de la economía fueron privatizados, al tiempo que, para compensar, las deudas privadas fueron nacionalizadas.

    Dos décadas después, en el verano de 1997, a pesar de varias acusaciones y juicios por sobornos, Raymond Molina anunció su candidatura a alcalde de Miami en el Restaurante Versailles. El más famoso restaurante de la Calle Ocho, fundado por el cubano Felipe Valls, se convirtió en una parada obligada de cualquiera que quisiera ganar alguna elección. El Versailles fue lugar de bautismo político de la dinastía Bush, de Bill Clinton, John McCain, Ron DeSantis y Donald Trump. Todos almorzaron allí para asegurarse los mismos votos. Todos elogiaron la colada, los churros y la ropa vieja.

    Pocos meses después, Molina se refugió en Panamá, donde permaneció por algún tiempo. En Estados Unidos lo acusaron de haber supervisado la compra de votos y de no pagar el alquiler de sus oficinas.

    ―Me importa un carajo la Fiscalía del Estado ―se defendió―. ¡Todos son pura mierda!

    En octubre de 2008, Molina golpeó al ex gobernador de Puerto Rico, Carlos Romero Barcelo, por atreverse a criticar al presidente George W. Bush. Romero terminó con un trozo de sus lentes incrustado en un ojo. Un juez condenó a Molina a terapia para aprender a controlar sus impulsos y el abuso de alcohol.[vi]

    En 2020, Molina marcó “no-hispano” en su tarjeta de votación.[vii] Perdió las elecciones internas por el Partido Republicano para representar a Miami en el Congreso. Su rival, María Elvira Salazar, le ganó por un margen de 69 por ciento.

    ―El examen de ciudadanía para los inmigrantes en Estados Unidos ―me interrumpió Hunter― cuenta con cien preguntas. Naturalmente, no son preguntas muy complicadas. Aun así, millones de personas que heredaron la ciudadana por el hecho de haber nacido en este país no lo pasarían.

    ―Tal vez, habría que requerir un examen similar para obtener el registro de votación. Esto no sería la solución a los graves problemas del país, pero seguramente reduciría en algo el poder político de los ignorantes más fanáticos.

    ―Pero, bueno, sigue.

    Elvira Salazar, también hija de cubanos exiliados de la primera ola, nunca se distinguió de su rival, Molina, por sus ideas. El 2 de febrero de 2023, reaccionó contra la decisión del gobierno de Argentina de considerar la compra de aviones JF-17 de China. Incluso, como fue el caso de los aviones Pulqui luego del derrocamiento de Perón en 1955, la congresista advirtió contra la posibilidad de que Argentina fabrique sus propios aviones:

    ―Están haciendo un pacto con el Diablo que puede tener consecuencias de proporciones bíblicas ―dijo en dos idiomas, desde su banca en el Congreso―. Estados Unidos no se va a quedar de brazos cruzados, porque no se puede tener un aliado que fabrica y exporta aviones militares chinos y los vende a sus vecinos… Hay dos mundos, el mundo libre y el mundo de los esclavos. ¡Ojalá los argentinos se queden en el mundo libre![viii]

    Meses después, el 30 de noviembre de 2023, Salazar presentó un proyecto de ley para conmemorar los doscientos años de la Doctrina Monroe.

     ―Los imperios malvados como Rusia, China e Irán están invadiendo nuestro territorio. Así que nosotros tenemos que despertar y entender que este es nuestro territorio y que ningún otro país va a tratar a América Latina mejor que Estados Unidos… Somos el país, la superpotencia más generosa del mundo… Este país ha sido una influencia beneficiosa en el hemisferio occidental desde que la corona española fue expulsada en 1810 y debemos seguir por ese camino.[ix]

    Un día después de las elecciones argentinas que consagraron al candidato de la extrema derecha, Javier Milei, Salazar felicitó a su candidato y elogió al país. Argentina lo tiene lo tiene todo, incluso “una sola cultura, una sola religión y una sola raza, completamente homogénea”.[x]

    ―Me recuerda a aquello de que los chinos y los negros son todos iguales ―me dijo Hunter―. Al menos Milei es un liberal, y el liberalismo es, por definición, lo opuesto al fascismo. Uno está por el control absoluto del Estado y el otro por la destrucción de este control.

    ―Cierto ―le dije―. Son ideológicamente opuestos, pero la historia demuestra, hasta el hastío, que detrás de todo gran liberal hay un fascista reprimido esperando llegar al poder. ¿O es mera casualidad que todos los liberales de hoy son quienes apoyaron las dictaduras militares de ayer? Es que su concepto de libertad se parece mucho al de los esclavistas. Es la libertad de empresa, y ¿qué hay más dictatorial que una gran empresa?


    [i] The National Security Archive. Geroge Washington University. nsarchive.gwu.edu/sites/default/files/media_mentions/2021-03-24_comisionporlamemoria.org-los_informes_sobre_la_preparacion_del_golpe_militar_que_anunciaban_una_represion_sin_precedentes.pdf

    [ii] Idem. nsarchive.gwu.edu/sites/default/files/documents/20519378/09.pdf

    [iii] Idem. nsarchive.gwu.edu/sites/default/files/media_mentions/2021-03-24_comisionporlamemoria.org-los_informes_sobre_la_preparacion_del_golpe_militar_que_anunciaban_una_represion_sin_precedentes.pdf

    [iv] National Archives. División de Inteligencia. Doc. 15 de marzo de 1976. http://www.archives.gov/files/argentina/data/docid-33004374.pdf

    [v] “The President John F. Kennedy Assassination Records Collection”. The National Security Archive. Geroge Washington University. Archives.gov, http://www.archives.gov/files/research/jfk/releases/104-10074-10043.pdf

    [vi] “Counseling ordered for man who hit ex-PR governor”, The Associated Press. 15 de enero de 2009. San Diego Union-Tribune; http://www.sandiegouniontribune.com/sdut-cb-puerto-rico-ex-governor-punched-011509-2009jan15-story.html

    [vii] Florida Residents Directory, http://www.floridaresidentsdirectory.com/person/108941627/molina-joseph

    [viii] Davis, E. “‘A pact with the devil’: US congresswoman lets rip at Argentina, CFK over China ties. Buenos Aires Times, 2 de marzo de 2023, http://www.batimes.com.ar/news/world/a-pact-with-the-devil-us-congresswoman-criticised-argentinas-military-cooperation-with-china.phtml

    [ix] Wallace, Danielle. “Republican warns China, Russia, Iran ‘trying to invade’ Western Hemisphere 200 years since Monroe Doctrine”. Fox News, 30 de noviembre de 2023. http://www.foxnews.com/politics/republican-warns-china-russia-iran-trying-invade-western-hemisphere-200-years-since-monroe-doctrine

    [x] “La representante republicana por Florida María Elvira Salazar elogia que Argentina tenga ‘Una sola raza.’” Telemundo, 22 de noviembre de 2023, http://www.telemundo.com/noticias/noticias-telemundo/estados-unidos/la-representante-republicana-por-florida-maria-elvira-salazar-elogia-q-rcna126307.

    Jorge Majfud. Del libro 1976: El exilio del terror

    1976: The Exile of Terror 

    1976 could be defined as a “non-fiction novel” that documents and reconstructs the central events of that year with its epicenter in what the FBI called “The capital of terrorism,” Miami. Organized by months, 1976 begins with the background that explains that year: the Cuban mafia of the 1950s, and then focuses on the Miami-Caracas-Santiago axis, which made possible the car bomb attack that ended the lives of Salvador Allende’s minister, Orlando Letelier, and Ronni Moffitt in Washington, a few blocks from the White House, and the attack that brought down Cubana de Aviación plane 455 in Barbados, killing 73 people, most of them young athletes. 1976 details the stories forgotten by the American imagination about the role of the CIA in the harassment of the Cuban Revolution and Latin American dissidents, from the failed invasion of the Bay of Pigs to the successive blockades, sabotage, incendiary flights and the spreading of biological agents over the island. It also exposes the modus operandi of the paramilitary groups in Florida and New Jersey that planted hundreds of bombs in the United States, from Miami to New York, the execution of Cuban exiles accused of moderation, the censorship of their critics, and the role played by the governments of Carlos Andrés Pérez in Venezuela and Augusto Pinochet in Chile in protecting and employing the same Cuban terrorists wanted by the American justice system, such as Orlando Bosch, Luis Posada Carriles, Ricardo Morales, the American Michael Townley among others, today considered heroes of freedom in Miami.

    1976: The Exile of Terror

    Los experimentos de control de conducta de la CIA, foco de una nueva colección académica

    Los capítulos de La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina (2021) sobre los expermientos psicologicos de la CIA, confirmados y ampliados con nuevas desclasificaciones aquí:

    El Archivo de Seguridad Nacional publica registros clave sobre el infame programa MKULTRA

    La agencia buscaba drogas y técnicas de control de conducta para usar en “interrogatorios especiales” y operaciones ofensivas

    Washington, D.C., 23 de diciembre de 2024 – Hoy, el Archivo de Seguridad Nacional y ProQuest (parte de Clarivate) celebran la publicación de una nueva colección de documentos académicos que se ha estado elaborando durante muchos años sobre la impactante historia secreta de los programas de investigación de control mental de la CIA. La nueva colección, CIA and the Behavioral Sciences: Mind Control, Drug Experiments and MKULTRA, reúne más de 1200 registros esenciales sobre uno de los programas más infames y abusivos de la historia de la CIA.

    Bajo nombres clave que incluían MKULTRA, BLUEBIRD y ARTICHOKE, la CIA llevó a cabo experimentos aterradores utilizando drogas, hipnosis, aislamiento, privación sensorial y otras técnicas extremas en sujetos humanos, a menudo ciudadanos estadounidenses, que con frecuencia no tenían idea de lo que se les estaba haciendo o de que eran parte de una prueba de la CIA.

    El anuncio de hoy se produce 50 años después de que una investigación del New York Times realizada por Seymour Hersh desencadenó investigaciones que sacarían a la luz los abusos de MKULTRA. La nueva colección también llega 70 años después de que el gigante farmacéutico estadounidense Eli Lilly & Company desarrollara por primera vez un proceso para agilizar la fabricación de LSD a fines de 1954, convirtiéndose en el principal proveedor de la CIA de la recién descubierta sustancia química psicoactiva, fundamental para muchos de los esfuerzos de control de la conducta de la Agencia.

    Los aspectos más destacados de la nueva colección MKULTRA incluyen:

    Un plan aprobado por el DCI en 1950 para el establecimiento de «equipos de interrogatorio» que «utilizarían el polígrafo, las drogas y el hipnotismo para lograr los mejores resultados en las técnicas de interrogatorio». (Documento 2)
    Un memorando de 1951 que captura una reunión entre la CIA y funcionarios de inteligencia extranjeros sobre la investigación del control mental y su interés compartido en el concepto de control mental individual. (Documento 3)
    Una entrada de 1952 del calendario diario de George White, un agente federal de narcóticos que dirigía una casa de seguridad donde la CIA probaba drogas como el LSD y realizaba otros experimentos con estadounidenses inconscientes. (Documento 5)
    Un informe de 1952 sobre el uso “exitoso” de los métodos de interrogatorio ARTICHOKE que combinaban el uso de “narcosis” e “hipnosis” para inducir regresión y posterior amnesia en “agentes rusos sospechosos de estar duplicados”. (Documento 6)
    Un memorando de 1956 en el que el jefe de MKULTRA, Sidney Gottlieb, firma un proyecto que “evaluaría los efectos de grandes dosis de LSD-25 en voluntarios humanos normales” en prisioneros federales en Atlanta. (Documento 13)
    El informe de 1963 del inspector general de la CIA, que llevó a la dirección de la CIA a reexaminar el uso de estadounidenses inconscientes en su programa encubierto de pruebas de drogas. (Documento 16)
    La declaración en 1983 del jefe de MKULTRA, Sidney Gottlieb, en un caso civil interpuesto por Velma “Val” Orlikow, víctima de proyectos patrocinados por la CIA y dirigidos por el Dr. Ewen Cameron en el Instituto Allan Memorial de Montreal. (Documento 20)
    Los desafíos a los que se enfrentó este proyecto de documentación fueron considerables, ya que el director de la CIA, Richard Helms, y el antiguo jefe de MKULTRA, Sidney Gottlieb, destruyeron la mayoría de los registros originales del proyecto en 1973. Es una historia sobre el secreto, tal vez el encubrimiento más infame en la historia de la Agencia. También es una historia marcada por la impunidad casi total a nivel institucional e individual por innumerables abusos cometidos a lo largo de décadas, no durante interrogatorios de agentes enemigos o en situaciones de guerra, sino durante tratamientos médicos ordinarios, dentro de hospitales penitenciarios, clínicas de adicciones y centros de detención de menores, y en muchos casos dirigidos por figuras importantes en el campo de las ciencias del comportamiento. A pesar de los esfuerzos de la Agencia por borrar esta historia oculta, los documentos que sobrevivieron a esta purga y que se han reunido aquí presentan una narrativa convincente e inquietante de los esfuerzos de décadas de la CIA por descubrir y probar formas de borrar y reprogramar la mente humana.

    La mayor parte de estos registros se extrajeron de los registros recopilados por John Marks, el ex funcionario del Departamento de Estado que presentó las primeras solicitudes de la Ley de Libertad de Información sobre el tema y cuyo libro de 1979, The Search for the “Manchurian Candidate”: The CIA and Mind Control: The Secret History of the Behavioral Sciences (Nueva York, W. W. Norton & Company, 1979) sigue siendo la fuente más importante sobre este episodio. Marks donó más tarde sus documentos de la FOIA y otros trabajos de investigación al Archivo de Seguridad Nacional. Muchas de las redacciones en los documentos se han eliminado de manera efectiva con el paso del tiempo, ya que las investigaciones oficiales, las declaraciones civiles y las historias detalladas han arrojado luz significativa sobre algunos de estos episodios. En muchos casos, las copias de registros desclasificados donados por Marks al Archivo de Seguridad Nacional llevan sus anotaciones escritas a mano.

    El legado de MKULTRA va mucho más allá de los diversos “subproyectos” descritos en estos documentos y que fueron en gran parte clausurados a mediados de los años 1970. Como señala el autor Stephen Kinzer, los programas de investigación de control de conducta de la CIA “contribuyeron decisivamente al desarrollo de técnicas que los estadounidenses y sus aliados utilizaron en los centros de detención de Vietnam, América Latina, Afganistán, Irak, la Bahía de Guantánamo y prisiones secretas de todo el mundo”. Las técnicas de MKULTRA fueron citadas en el manual de interrogatorio KUBARK de la CIA de 1963, que fue la base para los interrogatorios de prisioneros en Vietnam y más tarde en las dictaduras anticomunistas de América Latina.[1]

    Si bien muchos de los proyectos MKULTRA se llevaron a cabo en hospitales, laboratorios u otros entornos institucionales, otros se llevaron a cabo en casas de seguridad clandestinas de la CIA atendidas no por médicos o clínicos sino por duros agentes federales antinarcóticos como George Hunter White. Bajo la dirección de Gottlieb, White adoptó la personalidad de un artista bohemio llamado “Morgan Hall” para atraer a víctimas desprevenidas a su “piso”, donde él y sus colaboradores de la CIA experimentaban en secreto con ellas y grababan su comportamiento. White, un veterano de la OSS que había trabajado en el desarrollo de la “droga de la verdad” para el Ejército durante la Segunda Guerra Mundial, dosificó subrepticiamente a muchas de sus víctimas con LSD, una droga que la CIA tenía en abundancia gracias a Eli Lilly, que había desarrollado la capacidad de producir la droga en “cantidades enormes” y había aceptado convertirse en el proveedor de la Agencia. Gottlieb, su adjunto Robert Lashbrook y el psicólogo de la CIA John Gittinger se encuentran entre los funcionarios de la CIA que visitaban con frecuencia los refugios de White.

    De particular interés es la misteriosa muerte en 1953 de Frank Olson, un químico del Ejército y especialista en aerosoles de la División de Operaciones Especiales (SOD) del Cuerpo Químico del Ejército, el socio militar de la CIA en la investigación del control de la conducta. Oficialmente se consideró que se trató de un suicidio, y la muerte de Olson, que se produjo tras caer desde un piso de diez pisos en la ciudad de Nueva York, se produjo diez días después de que Gottlieb y el personal del TSS le echaran LSD a su cóctel durante un retiro de trabajo de la CIA-SOD en Deep Creek Lake, Maryland. Más tarde se determinó que la droga había contribuido a su muerte, pero muchos, incluidos miembros de su familia, han puesto en duda la conclusión de que Olson (que compartía habitación con Lashbrook esa noche) se arrojó por la ventana del Hotel Statler.

    En el centro de todo estaba Sidney Gottlieb, jefe del Personal de Servicios Técnicos (TSS) de la División Química de la CIA y más tarde director de la División de Servicios Técnicos (TSD). Gottlieb era «el principal fabricante de venenos de la CIA», según Kinzer, cuyo libro, Poisoner in Chief: Sidney Gottlieb and the CIA Search for Mind Control (Nueva York: Henry Holt, 2019), es la obra definitiva sobre el químico voluble. Desde su posición en lo profundo de los pasillos secretos de la CIA, Gottlieb dirigió el esfuerzo de décadas de la Agencia para encontrar formas de usar drogas, hipnosis y otros métodos extremos para controlar el comportamiento humano y, se esperaba, convertirlos en herramientas utilizables para las agencias de inteligencia y los responsables políticos.

    Las historias sobre la participación de la CIA en los intentos fallidos de asesinar al Primer Ministro del Congo Patrice Lumumba y al líder cubano Fidel Castro, entre otros, se encuentran entre los ejemplos más legendarios, si no los más exitosos, de los esfuerzos de la Agencia para poner en práctica los trucos y herramientas reunidos por la unidad de Gottlieb. Menos conocido es su papel en los experimentos con drogas y los programas de «interrogatorio especial» que dejaron a cientos de personas psicológicamente dañadas y a otras «permanentemente destrozadas», según Kinzer. [2]

    Aunque MKULTRA fue aprobado en los niveles más altos, funcionó prácticamente sin supervisión. Como señala Marks, la autorización inicial del presupuesto de MKULTRA “eximió al programa de los controles financieros normales de la CIA” y “permitió a TSS iniciar proyectos de investigación ‘sin la firma de los contratos habituales u otros acuerdos escritos’”. [3] Con poca rendición de cuentas, recursos ilimitados y el respaldo del jefe de operaciones encubiertas de la CIA, Richard Helms, Gottlieb y su personal en TSS desarrollaron una serie de experimentos extraños que creían que mejorarían las operaciones de inteligencia encubierta y, al mismo tiempo, mejorarían las defensas de la Agencia contra el uso de técnicas similares por parte de las fuerzas enemigas.

    Cuando Gottlieb llegó a la CIA en 1952, el Proyecto BLUEBIRD, que exploraba “la posibilidad de controlar a un individuo mediante la aplicación de técnicas especiales de interrogatorio”, ya estaba en marcha. [4] Dirigidos por el jefe de la Oficina de Seguridad, Morse Allen, los primeros experimentos BLUEBIRD fueron realizados por equipos que incluían expertos en polígrafo y psicólogos y se llevaron a cabo en detenidos y sospechosos de ser informantes en instalaciones secretas de interrogatorio de Estados Unidos en Japón y Alemania.

    El ascenso de Allen Dulles a subdirector de la CIA en 1951 dio lugar a una ampliación de los programas BLUEBIRD bajo un nuevo nombre, ARTICHOKE, y bajo la dirección de Gottlieb en el TSS. El nuevo programa debía incluir, entre otros proyectos, el desarrollo de “pistolas de gas” y “venenos”, y experimentos para comprobar si los “sonidos monótonos”, la “conmoción cerebral”, el “electroshock” y el “sueño inducido” podían utilizarse como medios para obtener “control hipnótico de un individuo”.

    Fue bajo ARTICHOKE cuando la Agencia empezó a reclutar de forma más sistemática a los mejores investigadores y a cortejar a las instituciones más prestigiosas para que colaboraran en sus investigaciones sobre el control mental. Uno de los primeros en participar fue el subdirector del Hospital Psicopático de Boston, el Dr. Robert Hyde, que en 1949 fue el primer estadounidense en “viajar” con LSD después de que el hospital adquiriera muestras de la droga del laboratorio Sandoz en Suiza. En 1952, la CIA empezó a financiar la investigación del hospital sobre el LSD, en la que Hyde se utilizó a sí mismo, a sus colegas, a estudiantes voluntarios y a pacientes del hospital como sujetos de estudio. Hyde trabajaría en cuatro subproyectos de MKULTRA durante la década siguiente.

    Poco después de que Dulles se convirtiera en DCI en 1953, autorizó MKULTRA, ampliando la investigación de control de la conducta de la Agencia y reorientándola hacia el desarrollo de “una capacidad para el uso encubierto de materiales biológicos y químicos” en “operaciones clandestinas presentes y futuras”. [6] Muchos de los 149 subproyectos de MKULTRA se llevaron a cabo a través de universidades de prestigio como Cornell, Georgetown, Rutgers, Illinois y Oklahoma. El Dr. Carl Pfeiffer, presidente del Departamento de Farmacología de la Universidad Emory, dirigió cuatro subproyectos de MKULTRA, todos los cuales implicaban el uso de drogas, incluido el LSD, para inducir estados psicóticos. La horrible serie de experimentos dejó a muchos de sus sujetos, incluidos prisioneros de la Penitenciaría Federal de Atlanta y jóvenes alojados en un centro de detención en Bordentown, Nueva Jersey, marcados de por vida.

    Muchos otros subproyectos de MKULTRA se establecieron mediante subvenciones de fundaciones falsas financiadas por la CIA. Una de ellas, el Fondo Geschickter para la Investigación Médica, dirigido por el Dr. Charles Geschickter, profesor de patología en la Universidad de Georgetown, destinó millones de dólares de la CIA a programas de investigación en Georgetown y otras instituciones. Como parte del acuerdo, la CIA obtuvo acceso a un refugio médico seguro en el recién construido Anexo Gorman del Hospital Universitario de Georgetown, junto con un suministro de pacientes y estudiantes para utilizar como sujetos para los experimentos de MKULTRA.

    Otra importante fundación “recortada” de MKULTRA, la Human Ecology Society, estaba dirigida por el neurólogo del Centro Médico Cornell, el Dr. Harold Wolff, quien escribió un estudio temprano sobre las técnicas comunistas de lavado de cerebro para Allen Dulles y más tarde se asoció con la CIA para desarrollar una combinación de drogas y privación sensorial que pudiera usarse para borrar la mente humana. Entre los proyectos MKULTRA más extremos financiados a través del grupo de Wolff estaban los infames experimentos de “desesquematización” realizados por el Dr. D. Ewen Cameron en el Allan Memorial Institute, un hospital psiquiátrico de la Universidad McGill en Montreal, Canadá. Los métodos de Cameron combinaban sueño inducido, electroshocks y “conducción psíquica”, bajo los cuales sujetos drogados eran torturados psicológicamente durante semanas o meses en un esfuerzo por reprogramar sus mentes.

    Estos registros también arrojan luz sobre un período especialmente oscuro en la historia de las ciencias del comportamiento en el que algunos de los mejores médicos en el campo llevaron a cabo investigaciones y experimentos generalmente asociados con los médicos nazis que fueron juzgados en Nuremberg. Mientras que algunos profesionales médicos contratados por la CIA aparentemente luchaban con los problemas éticos que planteaba la realización de pruebas dañinas en sujetos humanos inconscientes, otros estaban ansiosos por participar en un programa en el que, según un memorando de 1953, “ninguna área de la mente humana debe quedar sin explorar”. Así como los psicólogos de la CIA supervisaron más tarde la tortura de prisioneros en la Bahía de Guantánamo y en los “sitios negros” de la CIA, durante las primeras décadas del siglo XXI, muchos de los médicos y clínicos reclutados para el trabajo de MKULTRA eran líderes en el campo, cuya participación impulsó el prestigio del programa y atrajo a otros hacia él. Los académicos e investigadores que analizan la participación de psicólogos y otros profesionales médicos en los horribles programas de detención e interrogatorio de Estados Unidos que han sido expuestos en los últimos años encontrarán paralelos y antecedentes históricos a lo largo de esta colección.

    La colección también es de gran valor para aquellos interesados ​​en aprender más sobre los primeros años de la CIA y algunas de sus principales personalidades, como Allen Dulles, Richard Helms, Richard Bissell, Franks Wisner y otros, quienes imaginaron y crearon una agencia de inteligencia que favorecía la acción audaz, a menudo encubierta, y donde proyectos controvertidos como MKULTRA podían arraigarse y florecer en secreto.

    The Documents

    ebb 880 doc 1

    Document 01

    U.S. Central Intelligence Agency, Interrogation Research Section to Chief, Security Branch, “Establishing of Security Validation Teams,” Classification unknown, September 27, 1949, 2 pp.

    Sep 27, 1949

    Source

    John Marks Collection, Box 1

    After returning from an overseas trip, the CIA’s Morse Allen summarizes his recommendations for the establishment of “security validation teams” in the U.S. and abroad that would combine the use drugs, hypnosis and the polygraph to perform a variety of intelligence functions, including the screening of Agency personnel and informants, the interrogation of suspected enemy agents, the processing of any “loyalty cases” that might arise, and the possible use of “operational hypnosis.” The teams would also gather information about the “interrogation techniques and special operational procedures being utilized by Russia and Russian dominated countries.”

    ebb 880 doc 2

    Document 02

    Chief, Inspection and Security Staff, U.S. Central Intelligence Agency to Director of Central Intelligence, “Project Bluebird,” Top Secret, April 5, 1950, 12 pp.

    Apr 5, 1950

    Source

    John Marks Collection, Box 9

    Sheffield Edwards requests that DCI Roscoe Hillenkoetter approve plans for Project BLUEBIRD, sending it directly to the DCI rather than through the normal approval process due to “the extreme sensitivity of this project and its covert nature.” The memo indicates broad agreement among CIA offices “for the immediate establishment of interrogation teams for the operational support of OSO [Office of Special Operations] and OPC [Office of Policy Coordination] activities,” referring to the groups responsible for managing covert operations. The teams would “utilize the polygraph, drugs, and hypnotism to attain the greatest results in interrogation techniques.” Noting that there is “considerable interest in the field of hypnotism” across CIA offices, the idea of Bluebird would be “to bring all such interests within the purview and control of a single project.”

    The project envisions “interrogation teams … utilizing the cover of polygraph interrogation to determine the bona fides of high potential defectors and agents, and also for the collection of incidental intelligence from such projects.” Each team would consist of a psychiatrist, a polygraph technician and a hypnotist. An office would be established in Washington “to serve as a cover for training, experimentation, and indoctrination” of psychiatrists “in the use of drugs and hypnotism.” When not deployed abroad, the doctors would be used “for defensive training of covert personnel, study, and experimentation in the application of these techniques.”

    A handwritten annotation indicates that Hillenkoetter authorized $65,515 for the project on April 20, 1950.

    ebb 880 doc 3

    Document 03

    “Report of Special Meeting Held in [Deleted] on 1 June 1951,” Classification unknown, June 1, 1951, 6 pp.

    Jun 1, 1951

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    In The Search for the Manchurian Candidate, Marks cites this fascinating account of an “informal get-together” between representatives of the U.S., British and Canadian intelligence services in which “all matters related to the influence or control of the minds of individuals were discussed.” The conversation among the allied intelligence services “ranged from the specific subject of means for extracting information to the broadest aspects of psychological warfare and propaganda.”

    One foreign intelligence official (identified by Marks as the British representative) at first seemed skeptical about the idea of individual mind control and was more interested in programs that would research “the psychological factors causing the human mind to accept certain political beliefs” and “aimed at determining means for combatting communism, “‘selling’ democracy,” and preventing the “penetration of communism into trade unions.” However, “after lengthy discussions he became quite enthusiastic” about research into individual mind control, according to the meeting notes.

    “All present agreed that there has been no conclusive evidence, either from reports on Soviet activities or in Western research, to indicate that new or revolutionary progress has been made in this field,” but “full investigation of the Soviet cases was essential and basic research in the field is most important because of the importance of this matter in connection with cold war operations… Even though no radical discoveries are made, even small gains in knowledge will justify the effort expended.”

    Since the group had only discussed “pure research” and not the offensive use of mind control techniques, the author of the memo recommends that the U.S. strike “a clear separation between the intelligence and the research aspects” of the project when dealing with allied intelligence organizations.

    ebb 880 doc 4

    Document 04

    ARTICHOKE Project Coordinator to Assistant Director, Scientific Intelligence, U.S. Central Intelligence Agency, “Project ARTICHOKE,” Top Secret Eyes Only, April 26, 1952, 9 pp. Apr 26, 1952

    Apr 26, 1952

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    Bureaucratic authority within the CIA for the ARTICHOKE program bounced around during the early 1950s from the Office of Security to the Office of Scientific Intelligence (OSI) before going back to Security and, finally, to the Technical Services Staff (TSS) under Sidney Gottlieb. Less than a month after ARTICHOKE was first transferred from Security to OSI, the new project director, Robert J. Williams, sent this memo to his boss, H. Marshall Chadwell, outlining the program’s major accomplishments and deficiencies and pointing to the need to involve, or even turn the program over to, the CIA Medical Staff since he sees it as “primarily a medical problem.”

    Williams reports that “field tests utilizing special techniques for interrogation” had not occurred as previously planned since the Artichoke project leaders lack confidence “in the techniques presently available” for ARTICHOKE interrogations and have been unable “to come up with any new techniques offering significant advantages” known methods. A “major factor” contributing to these conditions, Williams writes, is “the difficulty in obtaining competent medical support, both for the operational teams and for the research effort.”

    A seven-page attachment describes ARTICHOKE as “a special agency program established for the development and application of special techniques in CIA interrogations and in other CIA covert activities where control of an individual is desired.” In the weeks since taking over the program, “OSI has endeavored to evaluate known techniques and to uncover new ones using consultants, Armed Service contracts and whatever information may be available within CIA or through other CIA channels.” The new team was also working to “evaluate claims that the USSR and/or its satellites may have developed new and significant techniques for this purpose.”

    While no new techniques had been discovered, presently known mind control techniques described in the attachment include the use of LSD and other drugs, hypnosis, the use of the polygraph, neurosurgery, and electric shock treatments. However, field testing of these techniques has been handicapped by the “inability to provide the medical competence for a final evaluation and for such field testing as the evaluation indicates. Repeated efforts to recruit medical personnel have failed and until recently the CIA Medical Staff has not been in a position to assist.”

    ebb 880 doc 5

    Document 05

    George White appointment book entry, June 9, 1952

    Jun 9, 1952

    Source

    George White Papers, M1111, Dept. of Special Collections, Stanford University Libraries, Stanford, Calif.

    In his daily planner entry for June 6, 1952, federal narcotics agent George White notes a morning meeting with the Sidney Gottlieb of the CIA, jotting at the bottom of the page: “Gottlieb proposes I be CIA consultant – I agree.” Using the alias “Morgan Hall,” White would go on to run CIA safehouses in New York and San Francisco where unwitting individuals would be surreptitiously dosed with LSD and other drugs and subjected to other mind control techniques.

    ebb 880 doc 6

    Document 06

    Memorandum for Director of Central Intelligence, “Successful Application of Narco-Hypnotic Interrogation (ARTICHOKE),” Classification unknown, 3 pp.

    Jul 14, 1952

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    In a memo to the DCI, the CIA Security Office reports on the “successful” use of ARTICHOKE interrogation methods on “Russian agents suspected of being doubled.” Using the cover of a “psychiatric-medical” evaluation, officials from the Security Office and the CIA Medical Office combined the use of “narcosis” and “hypnosis” to induce regression and, in one case, “a subsequent total amnesia produced by post-hypnotic suggestion.” In the second case, CIA handlers used “heavy dosages of sodium pentothal,” a barbiturate, “coupled with the stimulant Desoxyn,” a methamphetamine, “with outstanding success.” The officers involved believed “that the ARTICHOKE operations were entirely successful” and “that the tests demonstrated conclusively the effectiveness of the combined chemical-hypnotic technique in such cases.”

    ebb 880 doc 7

    Document 07

    Memorandum from CIA Acting Assistant Director for Scientific Intelligence to Deputy Director for Plans Allen Dulles, “Project ARTICHOKE,” Classification unknown, July 14, 1952, 2 pp.

    Jul 14, 1952

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    This memo to Deputy Director for Plans Allen Dulles records a meeting of CIA office heads at which it was decided to transfer control of the ARTICHOKE project from OSI back to the Inspection and Security Office (I&SO) with the Office of Technical Services (OTS), home of Sidney Gottlieb and the Technical Services Staff (TSS), taking over responsibility for ARTICHOKE-related research and for maintaining contact with the Defense Department.

    Those present at the meeting agreed that “the scope of Project ARTICHOKE is research and testing to arrive at means of control, rather than the more limited concept embodied in ‘special interrogations.’”

    ebb 880 doc 8

    Document 08

    Memorandum for CIA Inspector General Lyman Kirkpatrick, “Use of LSD,” Secret, December 1, 1953, 2 pp.

    Dec 1, 1953

    Source

    Center for National Security Studies (CNSS) FOIA

    Shortly after the death of U.S. Army scientist Frank Olson was linked to a CIA LSD experiment, this memo recounts steps taken by CIA Technical Services Staff (TSS) chief Willis Gibbons to account for LSD handled and distributed by TSS. Gibbons has “impounded all LSD material in CIA Headquarters in a safe adjacent to his desk” and was “stopping any LSD tests which may have been instituted or contemplated under CIA auspices.” CIA field stations in Manila and Atsugi, Japan, also have LSD on site. The CIA has also provided LSD to federal narcotics agent George White, who Gibbons said was “fully cleared.” Asked for any “reports on the use and effects of LSD,” Gibbons said he likely had “a drawer full of papers.”

    Gibbons was not fully clear on how the CIA obtained LSD, but most of it came from the Eli Lilly & Company, according to this memo, which “apparently makes a gift of it to CIA.”

    ebb 880 doc 9

    Document 09

    Statement of Vincent L. Ruwet on Frank Olson death, December 1, 1953

    Dec 1, 1953

    Source

    CNSS FOIA

    Vincent Ruwet, the head of the Special Operations Division of the Army Chemical Corps and Frank Olson’s boss, gives a firsthand account of the last days and hours of Olson’s life, including comments on his state of mind during and in the days following the Deep Creek Lake experiment, in which he and other CIA and Army officials were unwittingly dosed with LSD.

    ebb 880 doc 10

    Document 10

    Memorandum for Director of Security, U.S. Central Intelligence Agency, “ARTICHOKE [redacted] Case #1,” Classification unknown, ca. March 1954, 4 pp.

    Mar 1954

    Source

    John Marks Collection

    An internal memo describes the interrogation of “an important covert operational asset” by an operational unit of the CIA’s ARTICHOKE program. Conducted at an undisclosed safe house, the ARTICHOKE interrogation was meant to “evaluate his part reports; to accept or not accept his past accounts or future budgets; to determine his future potentialities and clearly re-establish his bonafides.” CIA interrogators applied ARTICHOKE techniques including hypnosis and “massive use of chemicals” under cover of medical treatment for a case of influenza. The report says that the subject “was held under ARTICHOKE techniques for approximately twelve hours” and that they were under “direct interrogation” for 90 minutes. Consultants who reviewed the interrogation report agreed that ARTICHOKE officials “took certain (probably calculated) chances in using the massive dosages of chemicals” but that “ultimate results apparently justified the measures taken.”

    ebb 880 doc 11

    Document 11

    Memorandum for Director of Central Intelligence, “Project MKULTRA, Subproject 35,” Top Secret, November 15, 1954, 13 pp.

    Nov 15, 1954

    Source

    George C. Marshall Research Library, James Srodes Collection, Box 8, Folder: “AWD [Allen Welsh Dulles]: Mind Control 1953-1961”

    The CIA’s Technical Services Section (TSS) requests authorization for a project at Georgetown University Hospital that would provide cover for research under the Agency’s “biological and chemical warfare program.” Using a philanthropic organization as a “cut-out,” the CIA would partially fund “a new research wing” of the hospital (the Gorman Annex) and would use one sixth of the new annex to conduct “Agency-sponsored research in these sensitive fields.” MKULTRA, the memo observes, provides research and development funding “for highly sensitive projects in certain fields, including covert biological, chemical and radiological warfare” but does not specifically authorize funds to establish cover for these programs.

    An attachment describes the rationale for the use of a university hospital as cover for conducting such experiments, noting that “competent individuals in the field of physiological, psychiatric and other biological sciences are very reluctant to enter into signed agreements of any sort which would connect them with this activity since such connection might seriously jeopardize their professional reputations.”

    The Agency’s clandestine funding and use of the hospital would be channeled through the Geschickter Fund for Medical Research, named for Dr. Charles Geschickter, a professor of pathology at Georgetown University Hospital who had been secretly working with the CIA since 1951. The Fund was used “both as a cut-out for dealing with contractors in the fields of covert chemical and biological warfare, and as a prime contractor for certain areas of biological research.” In addition to Geschickter, at least two other board members of the Fund were aware that it was being used to conceal the CIA’s “sensitive research projects.”

    Agency sponsorship was “completely deniable since no connection would exist between the University and the Agency.” Three “bio-chemical employees of the Chemical Division of TSS” would be given “excellent professional cover” while “human patients and volunteers for experimental use will be available under excellent clinical conditions” and with hospital supervision.

    The document was found among the papers of James Srodes, author of Allen Dulles: Master of Spies (Washington, D.C.: Regnery, 1999), which are housed at the George C. Marshall Research Library of the Virginia Military Institute.

    ebb 880 doc 12

    Document 12

    U.S. Central Intelligence Agency, Technical Services Section, Chemical Division, [Materials and Methods Under Research and Development at TSS/CD], draft, includes alternate version, May 5, 1955, 7 pp.

    May 5, 1955

    Source

    John Marks Collection; George C. Marshall Research Library, James Srodes Collection, Box 8, Folder: “AWD [Allen Welsh Dulles]: Mind Control 1953-1961”

    This document was apparently drafted by the TSS Chemical Division after a discussion in which DCI Dulles and others had questioned whether the use of Georgetown University Hospital as a “cut-out” for sensitive experiments was worth the considerable cost and had asked TSS “to draw up a handwritten list of advantages which such a place would afford our people.”

    The response from TSS lists 17 “materials and methods” that the Chemical Division was working to develop, including:

    • substances that “promote illogical thinking,”
    • materials that would “render the induction of hypnosis easier” or “enhance its usefulness,”
    • substances that would help individuals to endure “privation, torture and coercion during interrogation” and attempts at ‘brain-washing,’”
    • “materials and physical methods” to “produce amnesia” and “shock and confusion over extended periods of time,”
    • substances that would “produce physical disablement, including paralysis,
    • substances that “alter personality structure” or that “produce ‘pure’ euphoria with no subsequent let-down,”
    • and a “knockout pill” for use in surreptitious druggings and to produce amnesia, among other things.

    TSS notes that private physicians are often quite willing to test new substances for pharmaceutical companies “in order to advance the science of medicine,” but that, “It is difficult and sometimes impossible for TSS/CD to offer such an inducement with respect to its products.” Outside contractors can be used during the “preliminary phases” of many CIA experiments, but “that part which involves human testing at effective dose levels presents security problems which cannot be handled by the ordinary contractor.”

    ebb 880 doc 13

    Document 13

    Memorandum for the Record by Sidney Gottlieb, Chief, Technical Services Section, Chemical Division, “MKULTRA, Subproject 47,” Classification unknown, June 7, 1956, 6 pp.

    Jun 7, 1956

    Source

    John Marks Collection

    In a memorandum for the record, Gottlib authorizes an MKULTRA subproject to be led by Carl Pfeiffer of Emory University, a frequent collaborator who conducted experiments on prisoners at the federal penitentiary in Atlanta, Georgia. Here Gottlieb approves a request to continue Pfeiffer’s experiments, which include the development of “an anti-interrogation drug” and “tests in human volunteers.”

    The attached proposal identifies the name of the study: “The Pharmacological Screening and Evaluation of Chemical Compounds Having Central Nervous System Activities,” summarizing it as the testing of “materials capable of producing alterations in the human central nervous system which are reflected as alterations in human behavior.” Facilities described in the redacted document include “auxilliary [sic] animal testing laboratories,” those used for “preliminary human pharmacological testing,” and additional facilities “for testing in normal human volunteers at [deleted] Penitentiary directed by [deleted].”

    Among the “particular projects” on the agenda for the year to come are: (1) “To evaluate the effects of large doses of LSD-25 in normal human volunteers,” and (2) “To evaluate the threshold dose levels in humans of a particular natural product to be supplied by [deleted],” and (3) “To evaluate in human beings a substance which we now believe has the ability to counteract the inebriating effects of ethyl alcohol.”

    ebb 880 doc 14

    Document 14

    Memorandum for the Record by Sidney Gottlieb, Chief, Technical Services Staff, Chemical Division, “Accountability for Certain Expenditures under Subproject 42 of MKULTRA,” Top Secret, August 17, 1956, 1 p.

    Aug 17, 1956

    Source

    John Marks Collection

    Sidney Gottlieb was shown this one-page document during a 1983 deposition in a lawsuit brought by Velma “Val” Orlikow, a former patient at the Allan Memorial Institute in Montreal, site of some of the most horrific MKULTRA experiments. The memo describes accounting procedures for a CIA safehouse run by federal narcotics agent George White “for conducting experiments involving the covert administration of physiologically active materials to unwitting subjects.” Gottlieb writes that “the highly unorthodox nature of these activities and the considerable risk incurred” by White and his associates make it “impossible to require that they provide a receipt for these payments of that they indicate the precise manner in which the funds were spent.”

    ebb 880 doc 15

    Document 15

    U.S. Central Intelligence Agency, “Fitness Report” of Sidney Gottlieb, Secret, June 16, 1958, 5 pp.

    Jun 16, 1958

    Source

    Stephen Kinzer donation

    A CIA “Fitness Report” evaluates the first six months of Sidney Gottlieb’s stint as a CIA case officer in Europe. Characterized as “very mature” and “highly intelligent,” the evaluation notes that Gottlieb’s “entire agency career had been technical in nature” before this new assignment, his “first indoctrination to operational activities.” Gottlieb displayed a “keen desire to learn” and a “willingness to undertake all types of operational assignments” despite being “considerably senior in age and grade to other officers at the branch.” Gottlieb’s “only apparent weakness,” according to the evaluation, “is a tendency to let his enthusiasm carry him into more precipitous action than the operational situation will bear.”

    ebb 880 doc 16

    Document 16

    John S. Earman, Inspector General, U.S. Central Intelligence Agency, “Report of Inspection of MKULTRA/TSD,” Top Secret, includes cover memo dated July 26, 1963, includes attachments, incudes annotated extract, 48 pp.

    Jul 26, 1963

    Source

    John Marks Collection

    In a memo forwarding his report on TSD’s management of MKULTRA to the DCI, CIA Inspector General John Earman says that the program’s “structure and operational controls need strengthening”; that the Agency should improve “the administration of research projects”; and that “some of the testing of substances under simulated operational conditions was judged to involve excessive risk to the Agency.”

    The attached report briefly reviews the history of the program and finds that many of the projects initiated during that time “do not appear to have been sufficiently sensitive to warrant waiver of normal Agency procedures for authorization and control,” and that TSD was managing the program without proper documentation and oversight.

    “Over the ten-year life of the program many additional avenues to the control of human behavior have been designated by the TSD management as appropriate to investigation under the MKULTRA charter, including radiation, electro-shock, various fields of psychology, psychiatry, sociology, and anthropology, graphology, harrassment [sic] substances, and paramilitary devices and materials.”

    “TSD has pursued a philosophy of minimum documentation,” according to the report, and the “lack of consistent records precluded use of routine inspection procedures and raised a variety of questions concerning management and fiscal controls.” There were only two people at TSD with “full substantive knowledge of the program,” but these were “highly skilled, highly motivated, professionally competent individuals” who relied on the “‘need to know’ doctrine” to protect “the sensitive nature of the American intelligence capability to manipulate human behavior.”

    Earman’s report looks closely at how each phase in the development of and operationalization of “materials capable of producing behavioral or physiological change in humans” is managed by TSD, including arrangements with physicians and scientists where the Agency “in effect ‘buys a piece’ of the specialist in order to enlist his aid in pursuing the intelligence implications of his research.”

    With respect to human testing, the IG identifies two stages: the first “involves physicians, toxicologists, and other specialists in mental, narcotics, and general hospitals and in prisons, who are provided the products and findings of the basic research projects and proceed with intensive testing on human subjects.” During this phase, “Where health permits, test subjects are voluntary participants in the program.”

    In the “final phase” of MKULTRA drug testing, the substances are given to “unwitting  subjects in normal life settings.” Earman says it is “firm doctrine” at TSD “that testing of materials under accepted scientific procedures fails to disclose the full pattern of reactions and attributions that may occur in operational situations.” Because of this, “TSD initiated a program for covert testing of materials on unwitting U.S. citizens in 1955.”

    The reports focuses on drug experiments conducted at CIA safehouses in the U.S. and directed by Bureau of Narcotics agent George White. Some of the test subjects “have been informers or members of suspect criminal elements,” but unwitting subjects were drawn from all walks of life: “[T]he effectiveness of the substances on individuals at all social levels, high and low, native American and foreign, is of great significance and testing has been performed on a variety of individuals within these categories.”

    Earman nevertheless recommends that the Agency terminate the testing of substances on unwitting U.S. citizens after weighing “possible benefits of such testing against the risk of compromise and of resulting damage to CIA” but is equally clear that such tests can continue to be performed foreign nationals. The Agency’s “deep cover agents overseas” were “more favorably situated than the U.S. narcotics agents” that ran the safehouses in the U.S., and “operational use of the substances clearly serves the testing function.”

    Overall, MKULTRA materials had not been very useful in intelligence operations: “As of 1960 no effective knockout pill, truth serum, aphrodisiac, or recruitment pill was known to exist,” although “real progress has been made in the use of drugs in support of interrogation.” Among other obstacles, Some case officers “have basic moral objections to the concept of MKDELTA,” the program meant to operationalize materials and techniques developed through MKULTRA.

    ebb 880 doc 17

    Document 17

    John S. Earman, Inspector General, U.S. Central Intelligence Agency, Memorandum for the Record, “MKULTRA Program,” Secret, November 29, 1963, incudes cover memo dated August 27, 1975, 3 pp.

    Nov 29, 1963

    Source

    John Marks Collection

    This memo records a meeting held in the office of Deputy Director of Central Intelligence Gen. Marshall Carter to settle the one major point of disagreement among CIA officials over the inspector general’s MKULTRA recommendations: whether to continue with the testing of MKULTRA substances on unwitting U.S. citizens. Others present were Deputy Director for Plans Richard Helms, CIA executive director (and former inspector general) Lyman Kirkpatrick, current CIA inspector general John Earman, and Sidney Gottlieb, head of the CIA’s Technical Services Division (TSD).

    Both Gottlieb and Helms “argued for the continuation of unwitting testing,” while Earman, Carter and Kirkpatrick disagreed. Carter was concerned with the “unwitting aspect,” and a discussion ensued “on the possibility of unwitting test on foreign nationals,” which “had been ruled out” due to opposition from “senior chiefs of stations” as “too dangerous” and who said they lacked “controlled facilities.” Earman finds this “odd,” emphasizing the slipshod nature of some of the safehouses used for unwitting tests in the U.S.

    Concluding the meeting, the participants agree that if the Directorate for Plans determined “that unwitting testing on American citizens must be continued to operationally prove out these drugs, it may become necessary to place this problem before the Director [of Central Intelligence] for a decision.” The attached cover memo from 1975 indicates that the DCI decided to defer a decision on testing U.S. citizens for one year and requested that until then the Agency “please continue the freeze on unwitting testing.” The authors of the cover memo found “no record … that this freeze was ever lifted.”

    ebb 880 doc 18

    Document 18

    Memorandum from Donald F. Chamberlain, Inspector General, U.S. Central Intelligence Agency to Director of Central Intelligence, “Destruction of Records on Drugs and Toxins,” Classification unknown, missing tabs, October 20, 1975, 4 pp.

    Oct 20, 1975

    Source

    John Marks Collection

    In this memo to the DCI, CIA inspector general Douglas Chamberlain describes efforts to recover Agency records on the MKULTRA and MKNAOMI programs, many of which were destroyed in 1973 on the orders of Richard Helms and Sidney Gottlieb.

    ebb 880 doc 19a

    Document 19A

    U.S. Central Intelligence Agency letter to Sidney Gottlieb, Non-classified, April 30, 1979, 3 pp.

    Apr 30, 1979

    Source

    Douglas Valentine donation

    In a letter to the now-retired Sidney Gottlieb, the Agency requests his assistance with a CIA project to “investigate its past involvement with drugs, with emphasis on the use of drugs on unwitting subjects.” The questions mainly have to do with a “secondary” effort of the investigation “to assess the possibility of harm by the specific drugs in the quantities used, and to flesh out the report with enough details of the safehouse operations to lend credence to the report.”

    ebb 880 doc 19b

    Document 19B

    U.S. Central Intelligence Agency Memorandum for the Record, “Telephonic Response of Dr. Gottlieb to Our Letter of 30 April 1979,” Non-classified, 2 pp.

    Apr 30, 1979

    Source

    Douglas Valentine donation

    This document records answers given over the phone by Gottlieb in response to questions posed by the CIA in its letter of April 30, 1979 (Document 19A). Among other things, Gottlieb says that the LSD used by George White in the CIA safehouses was “packaged as a solution in approximately 80 microgram units in plastic ampules” and that follow-up with subjects “was conducted when practical.” Gottlieb estimates that there were approximately 40 tests on unwitting subjects that were “performed to explore the full range of the operational use of LSD,” including for “interrogation” and for “provoking erratic behavior.”

    ebb 880 doc 20

    Document 20

    Deposition of Sidney Gottlieb, PhD, in Civil Action No. 80-3163, Mrs. David Orlikow, et al., Plaintiffs, vs. United States of America, Defendant, May 17, 1983, 174 pp.

    May 17, 1983

    Source

    Stephen Kinzer donation

    This is the second of three depositions of Sidney Gottlieb by attorneys representing Velma «Val» Orlikow, a former patient of the Allan Memorial Institute, where CIA-backed staff performed horrific experiments on psychiatric patients during the 1950s and 60s.

    Asked whether he was involved in “domestic field experimentation” with LSD, Gottlieb said, “If by what you mean ‘field experimentation’, is experiments that involve – that are taking place outside of Washington, D.C., and if by my personal involvement, you mean, was I aware of them or did I have something to do with their instigation, the answer is yes.” When Gottlieb is shown a document indicating that he had personally conducted an interrogation, he claims confusion before admitting that he had indeed been involved in “between one and five” interrogations.

    Gottlieb nevertheless denies that the CIA intended to develop techniques to improve U.S. interrogations. “The primary objective of developing new techniques for interrogation … It has to do with the difference between something I have always objected to, namely, that this whole program wanted to create a Manchurian Candidate. The program never did that. That was a fiction, as far as I am concerned, that Mr. Marks indulged in and this question you are asking has to do with that and this is a sensitive area in my mind.”

    Asked whether the CIA had tried to identify “techniques of producing retrograde amnesia,” Gottlieb said it was something that they “talked about,” but that he could not “remember any specific projects or specific research mounted in response to that question.” Asked if the CIA ever used “psychosurgery research projects,” Gottlieb said his “remembrance is that they did.”

    Gottlieb also describes the role played by the Society for the Investigation of Human Ecology, which he says “was to act in a security sense as a funding mechanism so that the involvement of CIA’s organizational entity would not be apparent in projects that we were funding.” The Geschickter Fund operated much the same way, according to Gottlieb: “It was made as a mechanism to funnel funds for research activities where CIA didn’t want to acknowledge its specific identity as the grantor.”

    Gottlieb evades most of the questions about the most important issue before the court in the Orlikow case: the extreme “psychic driving” and “depatterning” experiments conducted by Dr. Ewen Cameron at the Allan Memorial Institute. Again and again, Gottlieb claims to not remember key events and details about the CIA’s relationship to Cameron’s terrifying experiments.

    Gottlieb is somewhat more forthcoming about his knowledge of MKULTRA projects in the U.S., including experiments conducted by Dr. Harris Isbell of the NIMH Addiction Research Center in Lexington, Kentucky, which Gottlieb said he visited “at least three or four times.” Gottlieb said Isbell did “some of the early and basic work between dose and response of LSD” on prisoners from the Narcotics Division Hospital. Gottlieb also says he was aware that Isbell offered inmates drugs in exchange for their participation in the project. Asked whether reports that Cameron kept some subjects on LSD for 77 consecutive days was “consistent with the research he was conducting,” Gottlieb said it was, noting that Cameron “had some interest in the quantum effects of LSD, repeated ingestion.” Asked about files on the CIA safehouses run by narcotics agent George White, Gottlieb replies, “They were all destroyed. They don’t exist anymore,” adding, “They were specifically destroyed when the files were destroyed in ’72, ’73.” Asked about White’s purported use of “prostitutes to test methods of slipping drugs to unwitting persons,” Gottlieb said, “the involvement of prostitutes in the West Coast activity had to do with the MO, the modus operandi of this whole drug culture.”

    The plaintiffs’ attorneys also ask Gottlieb about the CIA’s work with Dr. Carl Pfeiffer of Emory University, who performed drug experiments on prisoners at the Atlanta federal penitentiary and elsewhere, and Dr. Harold Isbell of the National Institutes for Mental Health, who had conducted drugs tests on patients at the Addiction Research Center in Lexington, Kentucky.

    CIA Behavior Control Experiments Focus of New Scholarly Collection

    National Security Archive Publishes Key Records on Infamous MKULTRA Program

    Agency Sought Drugs and Behavior Control Techniques to Use in “Special Interrogations” and Offensive Operations.

    Sidney Gottlieb’s CIA Personnel File, 1983 Deposition Testimony, Among Newly Available Documents

    Washington, D.C., December 23, 2024 – Today, the National Security Archive and ProQuest (part of Clarivate) celebrate the publication of a new scholarly document collection many years in the making on the shocking secret history of the CIA’s mind control research programs. The new collection, CIA and the Behavioral Sciences: Mind Control, Drug Experiments and MKULTRA, brings together more than 1,200 essential records on one of the most infamous and abusive programs in CIA history.

    Under code names that included MKULTRA, BLUEBIRD and ARTICHOKE, the CIA conducted terrifying experiments using drugs, hypnosis, isolation, sensory deprivation, and other extreme techniques on human subjects, often U.S. citizens, who frequently had no idea what was being done to them or that they were part of a CIA test.

    Today’s announcement comes 50 years after a New York Times investigation by Seymour Hersh touched off probes that would bring MKULTRA abuses to light. The new collection also comes 70 years since U.S. pharmaceutical giant Eli Lilly & Company first developed a process to streamline the manufacture of LSD in late 1954, becoming the CIA’s chief supplier of the newly discovered psychoactive chemical central to many of the Agency’s behavior control efforts.

    Highlights of the new MKULTRA collection include:

    •           A DCI-approved plan in 1950 for the establishment of “interrogation teams” that would “utilize the polygraph, drugs, and hypnotism to attain the greatest results in interrogation techniques.”

    •           A 1951 memo that captures a meeting between CIA and foreign intelligence officials about mind control research and their shared interest in the concept of individual mind control.

    •           A 1952 entry from the daily calendar of George White, a federal narcotics agent who ran a safehouse where the CIA tested drugs like LSD and performed other experiments on unwitting Americans.

    •           A 1952 report on the “successful” use of ARTICHOKE interrogation methods that combined the use of “narcosis” and “hypnosis” to induce regression and later amnesia on “Russian agents suspected of being doubled.”

    •           A 1956 memo in which MKULTRA chief Sidney Gottlieb signs off a project that would “evaluate the effects of large doses of LSD-25” on federal prisoners in Atlanta.

    •           The 1963 report from the CIA’s inspector general which led CIA leadership to reexamine the use of unwitting Americans in their covert drug testing program.

    •           The 1983 deposition of MKULTRA chief Sidney Gottlieb in a civil case brought by Velma “Val” Orlikow, a victim of CIA-sponsored projects conducted by Dr. Ewen Cameron at the Allan Memorial Institute in Montreal.

    Click the link below for a detailed description of this new publication and to read the top 20 documents from this extraordinary and essential collection.

    Washington, D.C., December 23, 2024 – Today, the National Security Archive and ProQuest (part of Clarivate) celebrate the publication of a new scholarly document collection many years in the making on the shocking secret history of the CIA’s mind control research programs. The new collection, CIA and the Behavioral Sciences: Mind Control, Drug Experiments and MKULTRA, brings together more than 1,200 essential records on one of the most infamous and abusive programs in CIA history.

    Under code names that included MKULTRA, BLUEBIRD and ARTICHOKE, the CIA conducted terrifying experiments using drugs, hypnosis, isolation, sensory deprivation, and other extreme techniques on human subjects, often U.S. citizens, who frequently had no idea what was being done to them or that they were part of a CIA test.

    Today’s announcement comes 50 years after a New York Times investigation by Seymour Hersh touched off probes that would bring MKULTRA abuses to light. The new collection also comes 70 years since U.S. pharmaceutical giant Eli Lilly & Company first developed a process to streamline the manufacture of LSD in late 1954, becoming the CIA’s chief supplier of the newly discovered psychoactive chemical central to many of the Agency’s behavior control efforts.

    Highlights of the new MKULTRA collection include:

    • A DCI-approved plan in 1950 for the establishment of “interrogation teams” that would “utilize the polygraph, drugs, and hypnotism to attain the greatest results in interrogation techniques.” (Document 2)
    • A 1951 memo that captures a meeting between CIA and foreign intelligence officials about mind control research and their shared interest in the concept of individual mind control. (Document 3)
    • A 1952 entry from the daily calendar of George White, a federal narcotics agent who ran a safehouse where the CIA tested drugs like LSD and performed other experiments on unwitting Americans. (Document 5)
    • A 1952 report on the “successful” use of ARTICHOKE interrogation methods that combined the use of “narcosis” and “hypnosis” to induce regression and later amnesia on “Russian agents suspected of being doubled.” (Document 6)
    • A 1956 memo in which MKULTRA chief Sidney Gottlieb signs off a project that would “evaluate the effects of large doses of LSD-25 in normal human volunteers” on federal prisoners in Atalanta. (Document 13)
    • The 1963 report from the CIA’s inspector general, which led CIA leadership to reexamine the use of unwitting Americans in their covert drug testing program. (Document 16)
    • The 1983 deposition of MKULTRA chief Sidney Gottlieb in a civil case brought by Velma “Val” Orlikow, a victim of CIA-sponsored projects conducted by Dr. Ewen Cameron at the Allan Memorial Institute in Montreal. (Document 20)

    The challenges facing this documentation project were considerable, as CIA director Richard Helms and longtime MKULTRA chief Sidney Gottlieb destroyed most of the original project records in 1973. It is a story about secrecy—perhaps the most infamous cover-up in the Agency’s history. It is also a history marked by near-total impunity at the institutional and individual levels for countless abuses committed across decades—not during interrogations of enemy agents or in wartime situations, but during ordinary medical treatments, inside prison hospitals, addiction clinics, and juvenile detention facilities, and in many cases led by top figures in the field of the behavioral sciences. Despite the Agency’s efforts to erase this hidden history, the documents that survived this purge and that have been gathered together here present a compelling and unsettling narrative of the CIA’s decades-long effort to discover and test ways to erase and re-program the human mind.

    The bulk of these records were drawn from records compiled by John Marks, the former State Department official who filed the first Freedom of Information Act requests on the subject and whose 1979 book, The Search for the “Manchurian Candidate”: The CIA and Mind Control: The Secret History of the Behavioral Sciences (New York, W. W. Norton & Company, 1979) remains the single most important source on this episode. Marks later donated his FOIA documents and other research papers to the National Security Archive. Many of the redactions in the documents have been effectively removed with the passage of time, as official investigations, civil depositions, and detailed histories have shed significant light on some of these episodes. In many cases, copies of declassified records donated by Marks to the National Security Archive bear his handwritten annotations.

    The legacy of MKULTRA goes far beyond the various “subprojects” described in these documents and that were largely shut down by the mid-1970s. As author Stephen Kinzer points out, the CIA’s behavior control research programs “contributed decisively to the development of techniques that Americans and their allies used at detention centers in Vietnam, Latin America, Afghanistan, Iraq, Guantanamo Bay, and secret prisons around the world.” MKULTRA techniques were cited in the CIA’s 1963 KUBARK interrogation manual that was the basis for prisoner interrogations in Vietnam and later in anti-communist dictatorships in Latin America.[1]

    While many of the MKULTRA projects were conducted in hospitals, laboratories, or other institutional settings, others were carried out in clandestine CIA safehouses staffed not by doctors or clinicians but by hard-nosed federal narcotics agents like George Hunter White. Under the direction of Gottlieb, White adopted the persona of a bohemian artist named “Morgan Hall” to lure unsuspecting victims to his “pad” where he and his CIA collaborators secretly experimented on them and recorded their behavior. An OSS veteran who had worked on “truth drug” development for the Army in World War II, White surreptitiously dosed many of his victims with LSD, a drug that the CIA had in abundance thanks to Eli Lilly, which had developed the capacity to produce the drug in “tonnage quantities” and had agreed to become the Agency’s supplier. Gottlieb, his deputy Robert Lashbrook, and CIA psychologist John Gittinger are among the CIA officials who frequently visited White’s safehouses.

    Of particular interest is the mysterious 1953 death of Frank Olson, an Army chemist and aerosols specialist for the Special Operations Division (SOD) of the Army’s Chemical Corps, the CIA’s military partner in behavior control research. Officially ruled a suicide, Olson’s death from a 10-story fall in New York City came 10 days after Gottlieb and TSS staff spiked his cocktail with LSD during a CIA-SOD work retreat at Deep Creek Lake, Maryland. The drugging was later determined to have contributed to his death, but many, including members of his family, have questioned the conclusion that Olson—who was sharing a room with Lashbrook that night—threw himself out the window of the Statler Hotel.

    At the center of it all was Sidney Gottlieb, the head of the Technical Services Staff (TSS) of the CIA’s Chemical Division and later director of the Technical Services Division (TSD). Gottlieb was “the CIA’s chief poison maker,” according to Kinzer, whose book, Poisoner in Chief: Sidney Gottlieb and the CIA Search for Mind Control (New York: Henry Holt, 2019), is the definitive work on the mercurial chemist. From his position deep inside the CIA’s secret corridors, Gottlieb led the Agency’s decades-long effort to find ways to use drugs, hypnosis, and other extreme methods to control human behavior and, it was hoped, turn them into usable tools for intelligence agencies and policymakers.

    Stories about the CIA’s involvement in unsuccessful efforts to assassinate Prime Minister Patrice Lumumba of Congo and Cuban leader Fidel Castro, among others, are among the most legendary, if not the most successful, examples of the Agency’s efforts to operationalize the tricks and tools assembled by Gottlieb’s unit. Less well known is his role in drug experiments and “special interrogation” programs that left hundreds of people psychologically damaged and others “permanently shattered,” according to Kinzer.[2]

    Although MKULTRA was approved at the highest levels, it operated with virtually no oversight. As Marks notes, the initial MKULTRA budget authorization “exempted the program from the normal CIA financial controls” and “allowed TSS to start up research projects ‘without the signing of the usual contracts or other written agreements.’”[3] With little accountability, boundless resources, and the backing of CIA covert operations chief Richard Helms, Gottlieb and his staff at TSS developed a series of bizarre experiments that they believed would enhance covert intelligence operations while at the same time improving the Agency’s defenses against the use of similar techniques by enemy forces.

    By the time Gottlieb arrived at CIA in 1952, Project BLUEBIRD, which explored “the possibility of control of an individual by application of Special Interrogation techniques,” was already well underway.[4] Led by Office of Security chief Morse Allen, the early BLUEBIRD experiments were performed by teams that included polygraph experts and psychologists and were conducted on detainees and suspected informants at secret U.S. interrogation facilities in Japan and Germany.

    The elevation of Allen Dulles to deputy director of central intelligence in 1951 led to an expansion of BLUEBIRD programs under a new name, ARTICHOKE, and under the direction of Gottlieb at TSS. The new program was to include, among other projects, the development of “gas guns” and “poisons,” and experiments to test whether “monotonous sounds,” “concussion,” “electroshock,” and “induced sleep” could be used as a means to gain “hypnotic control of an individual.”[5]

    It was under ARTICHOKE that the Agency first began to more systematically recruit the top researchers and court the most prestigious institutions to collaborate in its mind control research. One of the first to participate was the deputy director of Boston Psychopathic Hospital, Dr. Robert Hyde, who in 1949 was the first American to “trip” on LSD after the hospital acquired samples of the drug from Sandoz laboratory in Switzerland. In 1952, the CIA began to fund the hospital’s LSD research, under which Hyde used himself, his colleagues, student volunteers, and hospital patients as his subjects. Hyde would work on four MKULTRA subprojects over the next decade.

    Shortly after Dulles became DCI in 1953, he authorized MKULTRA, expanding the Agency’s behavior control research and refocusing it on the development of “a capability in the covert use of biological and chemical materials” in “present and future clandestine operations.”[6] Many of the 149 MKULTRA subprojects were carried out through well-regarded universities like Cornell, Georgetown, Rutgers, Illinois, and Oklahoma. Dr. Carl Pfeiffer, the chairman of the Department of Pharmacology of Emory University, directed four MKULTRA subprojects, all of which involved the use of drugs, including LSD, to induce psychotic states. The horrifying series of experiments left many of his subjects—including prisoners at the Atlanta Federal Penitentiary and juveniles housed at a detention facility in Bordentown, New Jersey—scarred for life.

    Many other MKULTRA subprojects were established through grants from false foundations funded by the CIA. One of these, the Geschickter Fund for Medical Research, run by Dr. Charles Geschickter, a professor of pathology at Georgetown University, steered millions of CIA dollars into research programs at Georgetown and other institutions. As part of the agreement, the CIA gained access to a medical safehouse at the newly constructed Gorman Annex of Georgetown University Hospital along with a ready supply of patients and students to use as subjects for MKULTRA experiments.

    Another prominent MKULTRA “cutout” foundation, the Human Ecology Society, was run by Cornell Medical Center neurologist Dr. Harold Wolff, who wrote an early study of communist brainwashing techniques for Allen Dulles and later partnered with the CIA to develop a combination of drugs and sensory deprivation that could be used to erase the human mind. Among the most extreme MKULTRA projects funded through Wolff’s group were the infamous “depatterning” experiments conducted by Dr. D. Ewen Cameron at the Allan Memorial Institute, a psychiatric hospital at McGill University in Montreal, Canada. Cameron’s methods combined induced sleep, electroshocks, and “psychic driving,” under which drugged subjects were psychologically tortured for weeks or months in an effort to reprogram their minds.

    These records also shed light on an especially dark period in the history of the behavioral sciences in which some of the top physicians in the field conducted research and experiments usually associated with the Nazi doctors who were tried at Nuremberg. While some medical professionals engaged by the CIA apparently struggled with the ethical issues raised by conducting harmful tests on unwitting human subjects, others were eager to participate in a program in which, according to one 1953 memo, “no area of the human mind is to be left unexplored.”[7] Just as CIA psychologists later oversaw the torture of prisoners at Guantanamo Bay and at CIA “black sites,” during the first decades of the 21st century, many of the doctors and clinicians recruited for MKULTRA work were leaders in the field, whose participation boosted the prestige of the program and drew others into it. Scholars and researchers looking at the involvement of psychologists and other medical professionals in the horrific U.S. detention and interrogation programs that have been exposed in recent years will find parallels and historical antecedents throughout this collection.

    The collection is also of great value to those interested in learning more about the early years of the CIA and some of its major personalities, such as Allen Dulles, Richard Helms, Richard Bissell, Franks Wisner, and others, who envisioned and created an intelligence agency that favored bold, often covert, action and where controversial projects like MKULTRA could secretly take root and flourish.

    The Documents

    ebb 880 doc 1

    Document 01

    U.S. Central Intelligence Agency, Interrogation Research Section to Chief, Security Branch, “Establishing of Security Validation Teams,” Classification unknown, September 27, 1949, 2 pp.

    Sep 27, 1949

    Source

    John Marks Collection, Box 1

    After returning from an overseas trip, the CIA’s Morse Allen summarizes his recommendations for the establishment of “security validation teams” in the U.S. and abroad that would combine the use drugs, hypnosis and the polygraph to perform a variety of intelligence functions, including the screening of Agency personnel and informants, the interrogation of suspected enemy agents, the processing of any “loyalty cases” that might arise, and the possible use of “operational hypnosis.” The teams would also gather information about the “interrogation techniques and special operational procedures being utilized by Russia and Russian dominated countries.”

    ebb 880 doc 2

    Document 02

    Chief, Inspection and Security Staff, U.S. Central Intelligence Agency to Director of Central Intelligence, “Project Bluebird,” Top Secret, April 5, 1950, 12 pp.

    Apr 5, 1950

    Source

    John Marks Collection, Box 9

    Sheffield Edwards requests that DCI Roscoe Hillenkoetter approve plans for Project BLUEBIRD, sending it directly to the DCI rather than through the normal approval process due to “the extreme sensitivity of this project and its covert nature.” The memo indicates broad agreement among CIA offices “for the immediate establishment of interrogation teams for the operational support of OSO [Office of Special Operations] and OPC [Office of Policy Coordination] activities,” referring to the groups responsible for managing covert operations. The teams would “utilize the polygraph, drugs, and hypnotism to attain the greatest results in interrogation techniques.” Noting that there is “considerable interest in the field of hypnotism” across CIA offices, the idea of Bluebird would be “to bring all such interests within the purview and control of a single project.”

    The project envisions “interrogation teams … utilizing the cover of polygraph interrogation to determine the bona fides of high potential defectors and agents, and also for the collection of incidental intelligence from such projects.” Each team would consist of a psychiatrist, a polygraph technician and a hypnotist. An office would be established in Washington “to serve as a cover for training, experimentation, and indoctrination” of psychiatrists “in the use of drugs and hypnotism.” When not deployed abroad, the doctors would be used “for defensive training of covert personnel, study, and experimentation in the application of these techniques.”

    A handwritten annotation indicates that Hillenkoetter authorized $65,515 for the project on April 20, 1950.

    ebb 880 doc 3

    Document 03

    “Report of Special Meeting Held in [Deleted] on 1 June 1951,” Classification unknown, June 1, 1951, 6 pp.

    Jun 1, 1951

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    In The Search for the Manchurian Candidate, Marks cites this fascinating account of an “informal get-together” between representatives of the U.S., British and Canadian intelligence services in which “all matters related to the influence or control of the minds of individuals were discussed.” The conversation among the allied intelligence services “ranged from the specific subject of means for extracting information to the broadest aspects of psychological warfare and propaganda.”

    One foreign intelligence official (identified by Marks as the British representative) at first seemed skeptical about the idea of individual mind control and was more interested in programs that would research “the psychological factors causing the human mind to accept certain political beliefs” and “aimed at determining means for combatting communism, “‘selling’ democracy,” and preventing the “penetration of communism into trade unions.” However, “after lengthy discussions he became quite enthusiastic” about research into individual mind control, according to the meeting notes.

    “All present agreed that there has been no conclusive evidence, either from reports on Soviet activities or in Western research, to indicate that new or revolutionary progress has been made in this field,” but “full investigation of the Soviet cases was essential and basic research in the field is most important because of the importance of this matter in connection with cold war operations… Even though no radical discoveries are made, even small gains in knowledge will justify the effort expended.”

    Since the group had only discussed “pure research” and not the offensive use of mind control techniques, the author of the memo recommends that the U.S. strike “a clear separation between the intelligence and the research aspects” of the project when dealing with allied intelligence organizations.

    ebb 880 doc 4

    Document 04

    ARTICHOKE Project Coordinator to Assistant Director, Scientific Intelligence, U.S. Central Intelligence Agency, “Project ARTICHOKE,” Top Secret Eyes Only, April 26, 1952, 9 pp. Apr 26, 1952

    Apr 26, 1952

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    Bureaucratic authority within the CIA for the ARTICHOKE program bounced around during the early 1950s from the Office of Security to the Office of Scientific Intelligence (OSI) before going back to Security and, finally, to the Technical Services Staff (TSS) under Sidney Gottlieb. Less than a month after ARTICHOKE was first transferred from Security to OSI, the new project director, Robert J. Williams, sent this memo to his boss, H. Marshall Chadwell, outlining the program’s major accomplishments and deficiencies and pointing to the need to involve, or even turn the program over to, the CIA Medical Staff since he sees it as “primarily a medical problem.”

    Williams reports that “field tests utilizing special techniques for interrogation” had not occurred as previously planned since the Artichoke project leaders lack confidence “in the techniques presently available” for ARTICHOKE interrogations and have been unable “to come up with any new techniques offering significant advantages” known methods. A “major factor” contributing to these conditions, Williams writes, is “the difficulty in obtaining competent medical support, both for the operational teams and for the research effort.”

    A seven-page attachment describes ARTICHOKE as “a special agency program established for the development and application of special techniques in CIA interrogations and in other CIA covert activities where control of an individual is desired.” In the weeks since taking over the program, “OSI has endeavored to evaluate known techniques and to uncover new ones using consultants, Armed Service contracts and whatever information may be available within CIA or through other CIA channels.” The new team was also working to “evaluate claims that the USSR and/or its satellites may have developed new and significant techniques for this purpose.”

    While no new techniques had been discovered, presently known mind control techniques described in the attachment include the use of LSD and other drugs, hypnosis, the use of the polygraph, neurosurgery, and electric shock treatments. However, field testing of these techniques has been handicapped by the “inability to provide the medical competence for a final evaluation and for such field testing as the evaluation indicates. Repeated efforts to recruit medical personnel have failed and until recently the CIA Medical Staff has not been in a position to assist.”

    ebb 880 doc 5

    Document 05

    George White appointment book entry, June 9, 1952

    Jun 9, 1952

    Source

    George White Papers, M1111, Dept. of Special Collections, Stanford University Libraries, Stanford, Calif.

    In his daily planner entry for June 6, 1952, federal narcotics agent George White notes a morning meeting with the Sidney Gottlieb of the CIA, jotting at the bottom of the page: “Gottlieb proposes I be CIA consultant – I agree.” Using the alias “Morgan Hall,” White would go on to run CIA safehouses in New York and San Francisco where unwitting individuals would be surreptitiously dosed with LSD and other drugs and subjected to other mind control techniques.

    ebb 880 doc 6

    Document 06

    Memorandum for Director of Central Intelligence, “Successful Application of Narco-Hypnotic Interrogation (ARTICHOKE),” Classification unknown, 3 pp.

    Jul 14, 1952

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    In a memo to the DCI, the CIA Security Office reports on the “successful” use of ARTICHOKE interrogation methods on “Russian agents suspected of being doubled.” Using the cover of a “psychiatric-medical” evaluation, officials from the Security Office and the CIA Medical Office combined the use of “narcosis” and “hypnosis” to induce regression and, in one case, “a subsequent total amnesia produced by post-hypnotic suggestion.” In the second case, CIA handlers used “heavy dosages of sodium pentothal,” a barbiturate, “coupled with the stimulant Desoxyn,” a methamphetamine, “with outstanding success.” The officers involved believed “that the ARTICHOKE operations were entirely successful” and “that the tests demonstrated conclusively the effectiveness of the combined chemical-hypnotic technique in such cases.”

    ebb 880 doc 7

    Document 07

    Memorandum from CIA Acting Assistant Director for Scientific Intelligence to Deputy Director for Plans Allen Dulles, “Project ARTICHOKE,” Classification unknown, July 14, 1952, 2 pp.

    Jul 14, 1952

    Source

    John Marks Collection, Box 6

    This memo to Deputy Director for Plans Allen Dulles records a meeting of CIA office heads at which it was decided to transfer control of the ARTICHOKE project from OSI back to the Inspection and Security Office (I&SO) with the Office of Technical Services (OTS), home of Sidney Gottlieb and the Technical Services Staff (TSS), taking over responsibility for ARTICHOKE-related research and for maintaining contact with the Defense Department.

    Those present at the meeting agreed that “the scope of Project ARTICHOKE is research and testing to arrive at means of control, rather than the more limited concept embodied in ‘special interrogations.’”

    ebb 880 doc 8

    Document 08

    Memorandum for CIA Inspector General Lyman Kirkpatrick, “Use of LSD,” Secret, December 1, 1953, 2 pp.

    Dec 1, 1953

    Source

    Center for National Security Studies (CNSS) FOIA

    Shortly after the death of U.S. Army scientist Frank Olson was linked to a CIA LSD experiment, this memo recounts steps taken by CIA Technical Services Staff (TSS) chief Willis Gibbons to account for LSD handled and distributed by TSS. Gibbons has “impounded all LSD material in CIA Headquarters in a safe adjacent to his desk” and was “stopping any LSD tests which may have been instituted or contemplated under CIA auspices.” CIA field stations in Manila and Atsugi, Japan, also have LSD on site. The CIA has also provided LSD to federal narcotics agent George White, who Gibbons said was “fully cleared.” Asked for any “reports on the use and effects of LSD,” Gibbons said he likely had “a drawer full of papers.”

    Gibbons was not fully clear on how the CIA obtained LSD, but most of it came from the Eli Lilly & Company, according to this memo, which “apparently makes a gift of it to CIA.”

    ebb 880 doc 9

    Document 09

    Statement of Vincent L. Ruwet on Frank Olson death, December 1, 1953

    Dec 1, 1953

    Source

    CNSS FOIA

    Vincent Ruwet, the head of the Special Operations Division of the Army Chemical Corps and Frank Olson’s boss, gives a firsthand account of the last days and hours of Olson’s life, including comments on his state of mind during and in the days following the Deep Creek Lake experiment, in which he and other CIA and Army officials were unwittingly dosed with LSD.

    ebb 880 doc 10

    Document 10

    Memorandum for Director of Security, U.S. Central Intelligence Agency, “ARTICHOKE [redacted] Case #1,” Classification unknown, ca. March 1954, 4 pp.

    Mar 1954

    Source

    John Marks Collection

    An internal memo describes the interrogation of “an important covert operational asset” by an operational unit of the CIA’s ARTICHOKE program. Conducted at an undisclosed safe house, the ARTICHOKE interrogation was meant to “evaluate his part reports; to accept or not accept his past accounts or future budgets; to determine his future potentialities and clearly re-establish his bonafides.” CIA interrogators applied ARTICHOKE techniques including hypnosis and “massive use of chemicals” under cover of medical treatment for a case of influenza. The report says that the subject “was held under ARTICHOKE techniques for approximately twelve hours” and that they were under “direct interrogation” for 90 minutes. Consultants who reviewed the interrogation report agreed that ARTICHOKE officials “took certain (probably calculated) chances in using the massive dosages of chemicals” but that “ultimate results apparently justified the measures taken.”

    ebb 880 doc 11

    Document 11

    Memorandum for Director of Central Intelligence, “Project MKULTRA, Subproject 35,” Top Secret, November 15, 1954, 13 pp.

    Nov 15, 1954

    Source

    George C. Marshall Research Library, James Srodes Collection, Box 8, Folder: “AWD [Allen Welsh Dulles]: Mind Control 1953-1961”

    The CIA’s Technical Services Section (TSS) requests authorization for a project at Georgetown University Hospital that would provide cover for research under the Agency’s “biological and chemical warfare program.” Using a philanthropic organization as a “cut-out,” the CIA would partially fund “a new research wing” of the hospital (the Gorman Annex) and would use one sixth of the new annex to conduct “Agency-sponsored research in these sensitive fields.” MKULTRA, the memo observes, provides research and development funding “for highly sensitive projects in certain fields, including covert biological, chemical and radiological warfare” but does not specifically authorize funds to establish cover for these programs.

    An attachment describes the rationale for the use of a university hospital as cover for conducting such experiments, noting that “competent individuals in the field of physiological, psychiatric and other biological sciences are very reluctant to enter into signed agreements of any sort which would connect them with this activity since such connection might seriously jeopardize their professional reputations.”

    The Agency’s clandestine funding and use of the hospital would be channeled through the Geschickter Fund for Medical Research, named for Dr. Charles Geschickter, a professor of pathology at Georgetown University Hospital who had been secretly working with the CIA since 1951. The Fund was used “both as a cut-out for dealing with contractors in the fields of covert chemical and biological warfare, and as a prime contractor for certain areas of biological research.” In addition to Geschickter, at least two other board members of the Fund were aware that it was being used to conceal the CIA’s “sensitive research projects.”

    Agency sponsorship was “completely deniable since no connection would exist between the University and the Agency.” Three “bio-chemical employees of the Chemical Division of TSS” would be given “excellent professional cover” while “human patients and volunteers for experimental use will be available under excellent clinical conditions” and with hospital supervision.

    The document was found among the papers of James Srodes, author of Allen Dulles: Master of Spies (Washington, D.C.: Regnery, 1999), which are housed at the George C. Marshall Research Library of the Virginia Military Institute.

    ebb 880 doc 12

    Document 12

    U.S. Central Intelligence Agency, Technical Services Section, Chemical Division, [Materials and Methods Under Research and Development at TSS/CD], draft, includes alternate version, May 5, 1955, 7 pp.

    May 5, 1955

    Source

    John Marks Collection; George C. Marshall Research Library, James Srodes Collection, Box 8, Folder: “AWD [Allen Welsh Dulles]: Mind Control 1953-1961”

    This document was apparently drafted by the TSS Chemical Division after a discussion in which DCI Dulles and others had questioned whether the use of Georgetown University Hospital as a “cut-out” for sensitive experiments was worth the considerable cost and had asked TSS “to draw up a handwritten list of advantages which such a place would afford our people.”

    The response from TSS lists 17 “materials and methods” that the Chemical Division was working to develop, including:

    • substances that “promote illogical thinking,”
    • materials that would “render the induction of hypnosis easier” or “enhance its usefulness,”
    • substances that would help individuals to endure “privation, torture and coercion during interrogation” and attempts at ‘brain-washing,’”
    • “materials and physical methods” to “produce amnesia” and “shock and confusion over extended periods of time,”
    • substances that would “produce physical disablement, including paralysis,
    • substances that “alter personality structure” or that “produce ‘pure’ euphoria with no subsequent let-down,”
    • and a “knockout pill” for use in surreptitious druggings and to produce amnesia, among other things.

    TSS notes that private physicians are often quite willing to test new substances for pharmaceutical companies “in order to advance the science of medicine,” but that, “It is difficult and sometimes impossible for TSS/CD to offer such an inducement with respect to its products.” Outside contractors can be used during the “preliminary phases” of many CIA experiments, but “that part which involves human testing at effective dose levels presents security problems which cannot be handled by the ordinary contractor.”

    ebb 880 doc 13

    Document 13

    Memorandum for the Record by Sidney Gottlieb, Chief, Technical Services Section, Chemical Division, “MKULTRA, Subproject 47,” Classification unknown, June 7, 1956, 6 pp.

    Jun 7, 1956

    Source

    John Marks Collection

    In a memorandum for the record, Gottlib authorizes an MKULTRA subproject to be led by Carl Pfeiffer of Emory University, a frequent collaborator who conducted experiments on prisoners at the federal penitentiary in Atlanta, Georgia. Here Gottlieb approves a request to continue Pfeiffer’s experiments, which include the development of “an anti-interrogation drug” and “tests in human volunteers.”

    The attached proposal identifies the name of the study: “The Pharmacological Screening and Evaluation of Chemical Compounds Having Central Nervous System Activities,” summarizing it as the testing of “materials capable of producing alterations in the human central nervous system which are reflected as alterations in human behavior.” Facilities described in the redacted document include “auxilliary [sic] animal testing laboratories,” those used for “preliminary human pharmacological testing,” and additional facilities “for testing in normal human volunteers at [deleted] Penitentiary directed by [deleted].”

    Among the “particular projects” on the agenda for the year to come are: (1) “To evaluate the effects of large doses of LSD-25 in normal human volunteers,” and (2) “To evaluate the threshold dose levels in humans of a particular natural product to be supplied by [deleted],” and (3) “To evaluate in human beings a substance which we now believe has the ability to counteract the inebriating effects of ethyl alcohol.”

    ebb 880 doc 14

    Document 14

    Memorandum for the Record by Sidney Gottlieb, Chief, Technical Services Staff, Chemical Division, “Accountability for Certain Expenditures under Subproject 42 of MKULTRA,” Top Secret, August 17, 1956, 1 p.

    Aug 17, 1956

    Source

    John Marks Collection

    Sidney Gottlieb was shown this one-page document during a 1983 deposition in a lawsuit brought by Velma “Val” Orlikow, a former patient at the Allan Memorial Institute in Montreal, site of some of the most horrific MKULTRA experiments. The memo describes accounting procedures for a CIA safehouse run by federal narcotics agent George White “for conducting experiments involving the covert administration of physiologically active materials to unwitting subjects.” Gottlieb writes that “the highly unorthodox nature of these activities and the considerable risk incurred” by White and his associates make it “impossible to require that they provide a receipt for these payments of that they indicate the precise manner in which the funds were spent.”

    ebb 880 doc 15

    Document 15

    U.S. Central Intelligence Agency, “Fitness Report” of Sidney Gottlieb, Secret, June 16, 1958, 5 pp.

    Jun 16, 1958

    Source

    Stephen Kinzer donation

    A CIA “Fitness Report” evaluates the first six months of Sidney Gottlieb’s stint as a CIA case officer in Europe. Characterized as “very mature” and “highly intelligent,” the evaluation notes that Gottlieb’s “entire agency career had been technical in nature” before this new assignment, his “first indoctrination to operational activities.” Gottlieb displayed a “keen desire to learn” and a “willingness to undertake all types of operational assignments” despite being “considerably senior in age and grade to other officers at the branch.” Gottlieb’s “only apparent weakness,” according to the evaluation, “is a tendency to let his enthusiasm carry him into more precipitous action than the operational situation will bear.”

    ebb 880 doc 16

    Document 16

    John S. Earman, Inspector General, U.S. Central Intelligence Agency, “Report of Inspection of MKULTRA/TSD,” Top Secret, includes cover memo dated July 26, 1963, includes attachments, incudes annotated extract, 48 pp.

    Jul 26, 1963

    Source

    John Marks Collection

    In a memo forwarding his report on TSD’s management of MKULTRA to the DCI, CIA Inspector General John Earman says that the program’s “structure and operational controls need strengthening”; that the Agency should improve “the administration of research projects”; and that “some of the testing of substances under simulated operational conditions was judged to involve excessive risk to the Agency.”

    The attached report briefly reviews the history of the program and finds that many of the projects initiated during that time “do not appear to have been sufficiently sensitive to warrant waiver of normal Agency procedures for authorization and control,” and that TSD was managing the program without proper documentation and oversight.

    “Over the ten-year life of the program many additional avenues to the control of human behavior have been designated by the TSD management as appropriate to investigation under the MKULTRA charter, including radiation, electro-shock, various fields of psychology, psychiatry, sociology, and anthropology, graphology, harrassment [sic] substances, and paramilitary devices and materials.”

    “TSD has pursued a philosophy of minimum documentation,” according to the report, and the “lack of consistent records precluded use of routine inspection procedures and raised a variety of questions concerning management and fiscal controls.” There were only two people at TSD with “full substantive knowledge of the program,” but these were “highly skilled, highly motivated, professionally competent individuals” who relied on the “‘need to know’ doctrine” to protect “the sensitive nature of the American intelligence capability to manipulate human behavior.”

    Earman’s report looks closely at how each phase in the development of and operationalization of “materials capable of producing behavioral or physiological change in humans” is managed by TSD, including arrangements with physicians and scientists where the Agency “in effect ‘buys a piece’ of the specialist in order to enlist his aid in pursuing the intelligence implications of his research.”

    With respect to human testing, the IG identifies two stages: the first “involves physicians, toxicologists, and other specialists in mental, narcotics, and general hospitals and in prisons, who are provided the products and findings of the basic research projects and proceed with intensive testing on human subjects.” During this phase, “Where health permits, test subjects are voluntary participants in the program.”

    In the “final phase” of MKULTRA drug testing, the substances are given to “unwitting  subjects in normal life settings.” Earman says it is “firm doctrine” at TSD “that testing of materials under accepted scientific procedures fails to disclose the full pattern of reactions and attributions that may occur in operational situations.” Because of this, “TSD initiated a program for covert testing of materials on unwitting U.S. citizens in 1955.”

    The reports focuses on drug experiments conducted at CIA safehouses in the U.S. and directed by Bureau of Narcotics agent George White. Some of the test subjects “have been informers or members of suspect criminal elements,” but unwitting subjects were drawn from all walks of life: “[T]he effectiveness of the substances on individuals at all social levels, high and low, native American and foreign, is of great significance and testing has been performed on a variety of individuals within these categories.”

    Earman nevertheless recommends that the Agency terminate the testing of substances on unwitting U.S. citizens after weighing “possible benefits of such testing against the risk of compromise and of resulting damage to CIA” but is equally clear that such tests can continue to be performed foreign nationals. The Agency’s “deep cover agents overseas” were “more favorably situated than the U.S. narcotics agents” that ran the safehouses in the U.S., and “operational use of the substances clearly serves the testing function.”

    Overall, MKULTRA materials had not been very useful in intelligence operations: “As of 1960 no effective knockout pill, truth serum, aphrodisiac, or recruitment pill was known to exist,” although “real progress has been made in the use of drugs in support of interrogation.” Among other obstacles, Some case officers “have basic moral objections to the concept of MKDELTA,” the program meant to operationalize materials and techniques developed through MKULTRA.

    ebb 880 doc 17

    Document 17

    John S. Earman, Inspector General, U.S. Central Intelligence Agency, Memorandum for the Record, “MKULTRA Program,” Secret, November 29, 1963, incudes cover memo dated August 27, 1975, 3 pp.

    Nov 29, 1963

    Source

    John Marks Collection

    This memo records a meeting held in the office of Deputy Director of Central Intelligence Gen. Marshall Carter to settle the one major point of disagreement among CIA officials over the inspector general’s MKULTRA recommendations: whether to continue with the testing of MKULTRA substances on unwitting U.S. citizens. Others present were Deputy Director for Plans Richard Helms, CIA executive director (and former inspector general) Lyman Kirkpatrick, current CIA inspector general John Earman, and Sidney Gottlieb, head of the CIA’s Technical Services Division (TSD).

    Both Gottlieb and Helms “argued for the continuation of unwitting testing,” while Earman, Carter and Kirkpatrick disagreed. Carter was concerned with the “unwitting aspect,” and a discussion ensued “on the possibility of unwitting test on foreign nationals,” which “had been ruled out” due to opposition from “senior chiefs of stations” as “too dangerous” and who said they lacked “controlled facilities.” Earman finds this “odd,” emphasizing the slipshod nature of some of the safehouses used for unwitting tests in the U.S.

    Concluding the meeting, the participants agree that if the Directorate for Plans determined “that unwitting testing on American citizens must be continued to operationally prove out these drugs, it may become necessary to place this problem before the Director [of Central Intelligence] for a decision.” The attached cover memo from 1975 indicates that the DCI decided to defer a decision on testing U.S. citizens for one year and requested that until then the Agency “please continue the freeze on unwitting testing.” The authors of the cover memo found “no record … that this freeze was ever lifted.”

    ebb 880 doc 18

    Document 18

    Memorandum from Donald F. Chamberlain, Inspector General, U.S. Central Intelligence Agency to Director of Central Intelligence, “Destruction of Records on Drugs and Toxins,” Classification unknown, missing tabs, October 20, 1975, 4 pp.

    Oct 20, 1975

    Source

    John Marks Collection

    In this memo to the DCI, CIA inspector general Douglas Chamberlain describes efforts to recover Agency records on the MKULTRA and MKNAOMI programs, many of which were destroyed in 1973 on the orders of Richard Helms and Sidney Gottlieb.

    ebb 880 doc 19a

    Document 19A

    U.S. Central Intelligence Agency letter to Sidney Gottlieb, Non-classified, April 30, 1979, 3 pp.

    Apr 30, 1979

    Source

    Douglas Valentine donation

    In a letter to the now-retired Sidney Gottlieb, the Agency requests his assistance with a CIA project to “investigate its past involvement with drugs, with emphasis on the use of drugs on unwitting subjects.” The questions mainly have to do with a “secondary” effort of the investigation “to assess the possibility of harm by the specific drugs in the quantities used, and to flesh out the report with enough details of the safehouse operations to lend credence to the report.”

    ebb 880 doc 19b

    Document 19B

    U.S. Central Intelligence Agency Memorandum for the Record, “Telephonic Response of Dr. Gottlieb to Our Letter of 30 April 1979,” Non-classified, 2 pp.

    Apr 30, 1979

    Source

    Douglas Valentine donation

    This document records answers given over the phone by Gottlieb in response to questions posed by the CIA in its letter of April 30, 1979 (Document 19A). Among other things, Gottlieb says that the LSD used by George White in the CIA safehouses was “packaged as a solution in approximately 80 microgram units in plastic ampules” and that follow-up with subjects “was conducted when practical.” Gottlieb estimates that there were approximately 40 tests on unwitting subjects that were “performed to explore the full range of the operational use of LSD,” including for “interrogation” and for “provoking erratic behavior.”

    ebb 880 doc 20

    Document 20

    Deposition of Sideny Gottlieb, PhD, in Civil Action No. 80-3163, Mrs. David Orlikow, et al., Plaintiffs, vs. United States of America, Defendant, May 17, 1983, 174 pp.

    May 17, 1983

    Source

    Stephen Kinzer donation

    This is the second of three depositions of Sidney Gottlieb by attorneys representing Velma «Val» Orlikow, a former patient of the Allan Memorial Institute, where CIA-backed staff performed horrific experiments on psychiatric patients during the 1950s and 60s.

    Asked whether he was involved in “domestic field experimentation” with LSD, Gottlieb said, “If by what you mean ‘field experimentation’, is experiments that involve – that are taking place outside of Washington, D.C., and if by my personal involvement, you mean, was I aware of them or did I have something to do with their instigation, the answer is yes.” When Gottlieb is shown a document indicating that he had personally conducted an interrogation, he claims confusion before admitting that he had indeed been involved in “between one and five” interrogations.

    Gottlieb nevertheless denies that the CIA intended to develop techniques to improve U.S. interrogations. “The primary objective of developing new techniques for interrogation … It has to do with the difference between something I have always objected to, namely, that this whole program wanted to create a Manchurian Candidate. The program never did that. That was a fiction, as far as I am concerned, that Mr. Marks indulged in and this question you are asking has to do with that and this is a sensitive area in my mind.”

    Asked whether the CIA had tried to identify “techniques of producing retrograde amnesia,” Gottlieb said it was something that they “talked about,” but that he could not “remember any specific projects or specific research mounted in response to that question.” Asked if the CIA ever used “psychosurgery research projects,” Gottlieb said his “remembrance is that they did.”

    Gottlieb also describes the role played by the Society for the Investigation of Human Ecology, which he says “was to act in a security sense as a funding mechanism so that the involvement of CIA’s organizational entity would not be apparent in projects that we were funding.” The Geschickter Fund operated much the same way, according to Gottlieb: “It was made as a mechanism to funnel funds for research activities where CIA didn’t want to acknowledge its specific identity as the grantor.”

    Gottlieb evades most of the questions about the most important issue before the court in the Orlikow case: the extreme “psychic driving” and “depatterning” experiments conducted by Dr. Ewen Cameron at the Allan Memorial Institute. Again and again, Gottlieb claims to not remember key events and details about the CIA’s relationship to Cameron’s terrifying experiments.

    Gottlieb is somewhat more forthcoming about his knowledge of MKULTRA projects in the U.S., including experiments conducted by Dr. Harris Isbell of the NIMH Addiction Research Center in Lexington, Kentucky, which Gottlieb said he visited “at least three or four times.” Gottlieb said Isbell did “some of the early and basic work between dose and response of LSD” on prisoners from the Narcotics Division Hospital. Gottlieb also says he was aware that Isbell offered inmates drugs in exchange for their participation in the project. Asked whether reports that Cameron kept some subjects on LSD for 77 consecutive days was “consistent with the research he was conducting,” Gottlieb said it was, noting that Cameron “had some interest in the quantum effects of LSD, repeated ingestion.” Asked about files on the CIA safehouses run by narcotics agent George White, Gottlieb replies, “They were all destroyed. They don’t exist anymore,” adding, “They were specifically destroyed when the files were destroyed in ’72, ’73.” Asked about White’s purported use of “prostitutes to test methods of slipping drugs to unwitting persons,” Gottlieb said, “the involvement of prostitutes in the West Coast activity had to do with the MO, the modus operandi of this whole drug culture.”

    The plaintiffs’ attorneys also ask Gottlieb about the CIA’s work with Dr. Carl Pfeiffer of Emory University, who performed drug experiments on prisoners at the Atlanta federal penitentiary and elsewhere, and Dr. Harold Isbell of the National Institutes for Mental Health, who had conducted drugs tests on patients at the Addiction Research Center in Lexington, Kentucky.

    Notes

    [1] Kinzer, pp. 274-77.

    [2] Stephen Kinzer, Poisoner in Chief: Sidney Gottlieb and the CIA Search for Mind Control (New York: Henry Holt, 2019), p. 2.

    [3] Marks, p. 61.

    [4] Marks, p. 24; Kinzer, pp. 38-39.

    [5] Kinzer, p. 55.

    [6] Marks, pp. 60-61; Kinzer, pp. 69-71.

    [7] U.S. Central Intelligence Agency, Memorandum, “Mushrooms — Narcotic and Poisonous Varieties,” June 26, 1953.

    Related Links

    U.S. Foreign Policy in the Carter Years, 1977-1981
    Dec 14, 2023

    The Secret War for Germany: CIA’s Covert Role in Cold War Berlin Explored through Recently Declassified Documents
    Mat 11, 2022

    New DNSA Collection Documents CIA Covert Operations During The Eisenhower Years
    Dec 1, 2021

    Australian Spies Aided and Abetted CIA in Chile
    Sep 10, 2021

    Understanding the CIA: How Covert (and Overt) Operations Were Proposed and Approved during the Cold War
    Mar 4, 2019

    The CIA Black Sites Program and the Gina Haspel Nomination
    May 9, 2018

    The White House, the CIA and the Pike Committee, 1975
    Jun 2, 2017

    National Security Archive
    Suite 700, Gelman Library
    The George Washington University
    2130 H Street, NW
    Washington, D.C., 20037

    Phone: 202/994-7000
    Fax: 202/994-7005
    Contact by email

    support our work – donate

    The National Security Archive is committed to digital accessibility. If you experience a barrier that affects your ability to access content on this page, let us know via our Contact form

    Contents of this website (c) The National Security Archive, 1985-2023
    For educational or noncommercial 

    El (post)capitalismo y el padre ausente

    El objetivo de la violencia geopolítica no es sólo la dominación global, sino la dominación de la opinión nacional a través del miedo y los ideoléxicos consolidados como libertad, defensa nacional y democracia. El espionaje a los ciudadanos estadounidenses es masivo y cuando se descubre por algún filtrado ilegal se recurre a la bruja de la seguridad, del terrorismo y de los ataques de los “imperios del mal”. La vieja colonización interna. 

    Hace una década se comenzó a cambiar el sermón geopolítico, centrado en “la defensa contra el terrorismo” (abandonado de urgencia en Afganistán) para volver a centrarlo en “la defensa contra países enemigos”―Rusia, China e Irán. Ahora no se puede alegar una lucha ideológica (contra el comunismo), por lo que el sermón se acerca más a lo que siempre fue: “Occidente, como el pueblo elegido, la única Civilización, la policía buena del Mundo”.

    Así nació la hegemonía occidental: destruyendo India, Bangladesh y luego China con sus empresas privadas, con los piratas democráticos, y con el apoyo del fanatismo racista y genocida. Ahora, el Occidente imperial comienza a caer de la misma forma en que surgió en el siglo XVI y con el mismo grado de violencia que nunca abandonó. Occidente siempre sufrió el síndrome del Macho Alfa: no hay lugar para dos, menos para tres en el mundo. Esto se puede deber a que, debido a su clima y sus limitadas tierras, la Europa anglosajona nunca fue autosuficiente sin el comercio exterior y la imposición de sus reglas sobre otros pueblos proveedores de recursos extranjeros sin interrupciones. Cultura consolidada que no cambió con la vastedad de Norteamérica sino lo contrario.

    La mayor paradoja radica en que se intenta salvar este orden hegemónico y el mismo capitalismo por dos vías: (1) liquidando las vacas sagradas que sirvieron de legitimación al capitalismo, como la libertad, la igualdad de oportunidades y la democracia liberal; y (2) evitando mencionarlo, haciéndolo invisible, como el padre en el psicoanálisis.

    Un ejemplo cultural y político reciente es la prominencia alcanzada por el candidato a la vicepresidencia de Donald Trump, J.D. Vance. Como James Polk y George Dallas en las elecciones de 1844, ambas figuras irrelevantes, fracasadas en política y destacados por su anti-intelectualismo (anti Padres Fundadores), fueron elegidos por Andrew Jackson. El ex presidente racista y semianalfabeto logró poner a sus títeres en la Casa Blanca y arrebatarle medio territorio a México, inventando una guerra en base a fake news.

    Más que probable que la historia no se repita sino que cierre un superciclo, pero de todas formas Vence es un ejemplo de un nadie puesto en la cumbre por alguien más poderoso (como lo explicamos antes, puesto por sus amigos multimillonarios y preferidos de la CIA, como Palantir y otras corporaciones tecnológicas). Esos mismos que promueven a su amigo y filósofo pro-monarquía tecnológica, Curtis Yarvin. “Sin autoritarismo el libertarismo es un proyecto para el fracaso”, sentencia Yarvin, con la misma nostalgia del neoliberalismo sin máscaras de Friedman y Hayek por Augusto Pinochet y una larga lista de dictadores bananeros.

    Lo mismo ocurrió con el repentino éxito de Vance como autor de una autobiografía cursi, que los negocios elevaron a best seller y convirtieron en una película hollywoodense. La crítica apuntó a que, más allá de las distorsiones subjetivas (para adaptarse al mito estadounidense del “hombre hecho a sí mismo”), su libro se olvida de las dimensiones raciales de la pobreza. Hay que agregar, a mi juicio, un olvido mayor: el capitalismo, ese sistema que funciona a la perfección para un puñado de individuos, que luego los vende como un éxito del sistema, no del individuo, promoviendo así el individualismo como ideología.

    Hillbilly Elegy es una serie de anécdotas personales de resentimiento entre pobres (los que reciben ayuda del Estado para comer y los que no) y sobre los valores morales superiores de su familia (como el amor, la ética del trabajo y la responsabilidad, excluida la madre drogadicta y el padre ausente), lo que explicaría el happy ending de la meteórica fortuna de su hijo. Jared Sexton observó el simplismo de las moralejas de Vance que ignoran el racismo estructural de la pobreza. Su libro, catapultado a las ventas por medios conservadores, además de ser una celebración de sí mismo, se hizo eco de la retórica de auto victimización de los “blancos sacrificados”, otro viejo y renacido mito poetizado por Rudyard Kipling en el siglo XIX.

    La conciencia de clase en Estados Unidos ha sido estratégicamente eclipsada por la discusión étnica, algo que procede de la prehistoria del país cuando los gobernadores reconocían la necesidad de inocular el odio entre blancos pobres, negros e indios para evitar rebeliones comuneras. Algo que la izquierda no adoptó como única banderea hasta mediados del siglo XX y hoy se trasformó en una inocua “política de las identidades”. A lo que se debe agregar la infantilización de las sociedades, perfectas consumidoras de culebrones como Hillbilly Elegy.

    Tu madre estará bien, be happy… ―dice la abuela (Glenn Close)― Debes decidir. Ser alguien o no. ¡Sé alguien!

    En la televisión se ve el robot Arnold Schwarzenegger antes de descargar una ráfaga de disparos:

    Hasta la vista baby.

    La he visto cien veces ―dice la abuela, festejando la escena―. Hay tres tipos de personas. Los buenos Terminators, los malos Terminators, y los neutrales”.

    El niño Vance comenta:

    Yo quiero ser un buen Terminator.

    Una mezcla de Charles Bukowski barato y de la real decadencia de la “clase trabajadora blanca” sumergida en la droga y en “La rabia y el orgullo”.

    Según Jeff Sharlet “La Nueva Derecha intelectual es un proyecto de supremacía blanca diseñado para cultivar el apoyo de los no blancos”.

    Según Yarvin, el verdadero poder político en Estados Unidos está en La Catedral, la que dominan las universidades y la prensa. Según James Pogue, La Catedral promueve la igualdad y la justicia social, dos ataques contra el orden social. Haciéndose eco de estos nuevos dogmas, Vance (graduado de una universidad de elite, como todos sus amigos de Silicon Valley) denunció a las universidades como enemigas del pueblo estadounidense, por lo que se debe desfinanciarlas y confiscarles sus fondos de reserva. Todo lo que se alinea con el ataque a la educación, la prohibición de libros y de temas que tienen su epicentro en Florida y su repetidora en la Argentina de Javier Milei.

    A los años de rebeliones que la izquierda llamó liberación, la derecha identificó el problema como “un exceso de democracia”. Así lo definió el profesor y mogul de la derecha, Samuel Huntington en 1975. Huntington alertó, en una conferencia, que había una tendencia mundial hacia una extensión general de la democracia, con resultados catastróficos. La experiencia de Allende en Chile, dijo Huntington, fue “un exceso de democracia que condujo a un golpe de Estado que ha restaurado la estabilidad política”.

    Para el capitalismo agonizante y desenmascarado, las democracias no sólo son un peligro para las sociedades sino un estorbo para la eficiencia. En una entrevista, Yarvin sacó un teléfono Apple y lo mostró como prueba de la eficiencia del autoritarismo de las compañías privadas.

    Olvidó que ese teléfono es el resultado de generaciones de inversiones estatales e invenciones de asalariados, la mayoría universitarios, no capitalistas.

    Olvidó la estrecha relación entre el éxito de esas compañías-dictaduras y la dictadura estatal de las agencias secretas como la NSA y la CIA, Estados paralelos y por encima de la ley desde hace ochenta años.

    Olvidó que el capitalismo no crea ni inventa ni innova y ni siquiera acelera el progreso científico y tecnológico sino lo contrario. Las corporaciones capitalistas no sólo roban el progreso de la Humanidad sino que, cuando invierten en investigación, succionan los recursos a las áreas que generan ganancias, quitándoselas a aquellas donde solo los Estados hacen inversiones de alto riesgo, investigación de todo tipo que requiere grandes inversiones sin retorno inmediato.

    Olvidó que la misma competencia entre mega compañías (telefónicas, de retiro, de salud) encarecen los servicios y evitan que se compartan ideas e innovaciones entre ellas. Eso cuando no son sectas monopólicas con apariencia de competencia.

    Olvidó, por si fuese poco, que el capitalismo es el sistema que más produce “valor negativo” ―basura, contaminación, propaganda, guerras.

    Jorge Majfud, octubre 2024

    Del libro Plutocracia. Tiranosaurios del Antropoceno.

    Vicio en Miami: la mayor base de la CIA

    En 1981, el agente del FBI Robert Scherrer escribió que su colega Carter Cornick se encontraba trabajando en Miami, “ya que es allí donde viven los expertos en bombas, junto con narcos y exdictadores latinoamericanos; el legendario mafioso y exsenador cubano, Rolando ‘El Tigre’ Masferrer fue ejecutado allí mismo en 1975… Orlando Bosch todavía continúa recabando fondos en Miami”.[i] Ambos agentes habían sido asignados al caso del carrobomba que mató a Orlando Letelier y Ronni Moffitt y, como otros federales, conocían a Miami como “la capital del terrorismo en Estados Unidos”.

    La ola de atentados terroristas en Florida, Nueva Jersey y Nueva York era el resultado natural de un desarrollo histórico que había comenzado con las organizaciones mafiosas que dominaban la economía cubana aún antes del gobierno de Fulgencio Batista. Más tarde, fue un efecto colateral de los planes de la CIA a partir del golpe de Estado de Guatemala en 1954 y, sobre todo, a partir de la Revolución cubana de 1959.

    En 1961, al sur del campus de la Universidad de Miami, la CIA instaló su mayor estación de operaciones del mundo, con un presupuesto de 50 millones de dólares (equivalente a 500 millones, medio siglo más tarde), lo que se tradujo en una milagrosa bonanza de los pequeños negocios del área, al tiempo que demostraba las virtudes del capitalismo, del libre mercado y de la libertad libre de la tiranía de los gobiernos. Allí comenzaron a trabajar 300 empleados estadounidenses y 6.000 cubanos del exilio, reclutados como colaboradores. Todos, según los registros, ingresaron antes o después en las nóminas de pagos de la CIA. El proyecto fue cerrado en 1968 debido a los persistentes fracasos, entre ellos el más importante, que consistía en el asesinato de Fidel Castro y los más persistentes sabotajes y bombardeos de la isla lo que, lejos de menguar el poder del nuevo régimen, terminó por fortalecerlo.[ii]

    Entre los colaboradores directos estuvieron figuras que más tarde tendrían un gran poder en la política y en los negocios, como el empresario gastronómico y de los medios Jorge Mas Canosa. En la invasión de 1961 a Cuba, Mas Canosa dirigió el grupo Niño Díaz. También fue locutor de Radio Swan y Radio Américas, la am pirata que la CIA instaló en la isla propiedad de la CIA, frente a Honduras, para preparar la invasión de Cuba con su manual de guerra psicológica. La radio fue una copia de la radio de Radio Liberación, la onda corta inventada en 1954 para desestabilizar la democracia de Guatemala, presidida por Jacobo Árbenz, y que por entonces resultó un éxito absoluto. Por entonces se encontraba en Guatemala un joven médico llamado Ernesto Guevara, quien llevará su experiencia a Cuba y será parte de la resistencia al plan de la CIA para convertir a Cuba “en otra Guatemala”.

    En abril de 1965, esta estación de la CIA en Miami incorporó a Luis Posada Carriles. En junio de 1967, Posada fue enviado a Caracas para hacer carrera en la policía secreta de Venezuela (donde se destacó por sus violentas técnicas de interrogación) y abrir el camino a una decena de otros cubanos de Miami, quienes no trabajarían como agentes de segunda ni como sargentos, sino en los altos puestos en la Disip apenas arribados al aeropuerto de Maiquetía. Uno de ellos será el cubano Ricardo Morales Navarrete, incorporado ese mismo año a la estación de la CIA de Miami.

    Conocido como El Mono, Morales había sido un agente secreto de la G-2 en Cuba hasta 1960 y miembro de “Commandos L” de Miami en 1963. Fue reclutado un año después por la CIA “para actividades paramilitares” en Florida. El Mono se convertirá en una figura central del exilio cubano. Será agente de la CIA en las masacres del Congo y Angola (a 350 dólares por mes); uno de los jefes de la policía secreta de Venezuela en los 70; informante protegido del FBI (a 700 dólares por mes) contra sus propios camaradas y pese a haber admitido en 1972 un asesinato en Florida.[iii] Finalmente, se dedicará al narcotráfico, hasta su ejecución, en un bar de Miami, en 1982.

    Debido al célebre fracaso de Bahía Cochinos, el futuro empresario y poderoso financiero de varias operaciones paramilitares desde Miami, Jorge Mas Canosa, fue premiado con un grado de alférez, apenas se enlistó en el ejército de Estados Unidos para dejar de ser un paramilitar. En Fort Benning, estuvo encargado del entrenamiento de cubanos en propaganda y operaciones clandestinas.[iv]

    Fort Benning, en Georgia, se llamó así en honor Henry Lewis Benning, general de las fuerzas proesclavistas de la Confederación, exactamente un siglo antes y, por entonces, sede de la School of the Americas ―la Escuela de Asesinos, según la traducción de Robert Richter. Allí, Mas Canosa conoció y se hizo amigo incondicional de Félix Rodríguez, Luis Posada Carriles y Oliver North. A Oliver North volvió a encontrarlo en la Casa Blanca durante los años de Ronald Reagan. A pesar de insistir que él no era el Jorge Mas Canosa que había mencionado el teniente North durante el escándalo Irán-Contras, las investigaciones posteriores revelarán que las donaciones a North para financiar a los Contras eran del único Mas Canosa conocido en Miami―y usuario de los mismos números telefónicos investigados. El coronel Oliver North hará una carrera entrenando a los Contras en Honduras y Nicaragua. Será condenado por mentirle al Congreso de Estados Unidos sobre el caso Irán-Contras y, poco después, liberado por la Casa Blanca. También será reconocido por otras masacres impunes, como en Afganistán, décadas después.

    Con alguna imprecisión, Rodríguez se atribuyó la ejecución del prisionero Ernesto Che Guevara en la Bolivia de la Standard Oil Company y de nazis enviados por la CIA, como el criminal de guerra Klaus Barbie.

    Posada Carriles fracasó en todos sus intentos de matar a Fidel Castro, pero Mas Canosa lo ayudará varias veces a mantenerse en distintos países y a escapar de situaciones incómodas, como la cárcel de Caracas, luego de ser condenado por volar el avión de Cubana, con 73 pasajeros.

    El más listo de todos parece haber sido Mas Canosa. Para finales de los años 60 ya manejaba negocios de un millón de dólares en Miami y, en su tiempo libre, financiaba grupos paramilitares como Comandos L. Si Orlando Bosch había fracasado en su intento de convertirse en el Che Guevara del capitalismo (la referencia fue explícita en una carta que envió desde Chile), Mas Canosa había fracasado en su obsesión por reproducir el éxito del Granma, cuando en 1956 unos pocos rebeldes sobrevivientes desembarcaron en Cuba y, en tres años, lograron derrocar la dictadura de Fulgencio Batista, una dictadura aún mejor armada que la de Castro y con el apoyo incondicional del gobierno de Estados Unidos y de la poderosa mafia de los casinos y prostíbulos de La Habana. Sus intentos de desembarcar en Cuba en sofisticados yates para derrocar a Fidel Castro fracasaron una y otra vez. Por alguna razón, nada funcionaba, ni por lejos. Por alguna razón, ni Dios confiaba en nosotros, a pesar de que nosotros confiábamos tanto en Dios. Nada funcionará nunca, frustración que fue incrementando el nivel de violencia endogámica.

    A partir de los años 70, como fue el caso de otros exiliados y de la misma CIA a mayor escala, Mas Canosa se relacionó con diferentes narcotraficantes, como Rafael de Arce y Antonio Canaves.[v]

    ―Esta gente visitaba a Jorge una o dos veces por semana ―declaró bajo juramento y ante un juez su hermano, Ricardo Mas Canosa―, hasta que se metieron en líos con la ley, debido a sus negocios con los narcos. Los recuerdo muy bien, porque aparecían en las oficinas en sus lujosos Cadillacs, fumando enormes habanos. Apenas entraban a la oficina de Jorge, cerraban la puerta y me dejaban afuera.[vi]

    Una serie de documentos desclasificados del FBI (con la aprobación de la CIA, que por entonces ya no consideraba importante a estos colaboradores) registran múltiples actividades ilegales de Mas Canosa y Posada Carriles, desde el narcotráfico internacional hasta la creación de campos de entrenamiento paramilitares en Florida; el tráfico continuado de armas desde Venezuela; la colocación de bombas en México y en América Central, y (según otro informe secreto de la CIA del 26 de julio de 1965) el intento de derrocamiento de otro presidente de Guatemala, esta vez el coronel Alfredo Peralta Azurdia, a pedido de otro residente de Miami Beach, el millonario empresario Roberto Alejos Arzú.[vii]

    Según un documento clasificado once años después, con fecha del 26 de noviembre de 1976, Posada Carriles, “experto en demoliciones”, también trabajó con Alejos Arzú en su plan de golpe de Estado en Guatemala.[viii] El plan, cargado de armas y bombonas contra Peralta Azurdia, otro dictador protector de corporaciones bananeras y con algunos amigos de alcobas, fue frustrado por Washington en México. Años después, el coronel y dictador Peralta Azurdia, en cuyo gobierno reinaron los Escuadrones de la muerte, al igual que sus enemigos personales también se jubiló en Miami.

    El rol de Posada Carriles en Venezuela fue muy similar al de Dan Mitrione en otros países del continente, como Uruguay. En junio de 1967, la CIA terminó su relación laboral con Posada Carriles, aduciendo problemas impositivos, actividades independientes, no reportadas a la Central. En agosto ya estaba trabajando para la Digepol, en Caracas.[ix] Mientras fue jefe de la policía secreta de Venezuela, fue conocido como el Comisario Basilio. No sólo se dedicó a supervisar la tortura y desaparición de disidentes venezolanos sometidos a técnicas especiales de interrogación, sino que también facilitó el tráfico de drogas desde Colombia con destino a Miami, como consta en memorándums del FBI de marzo de 1973. Un mes más tarde, la CIA confirmó la conexión de Posada Carriles con el narcotráfico, siendo reportado en compañía de “poderosos jefes del narco”. Los investigadores federales prefirieron no formalizar acusaciones, para mantenerlo como fuente de información. En mayo de 1973, se lo encontró “culpable solo de tener amigos equivocados”. No solo amigos. Para marzo de 1976, la DEA continuaba detrás de su esposa, Nieves Elina González, sospechosa de participar en el tráfico de droga de Colombia a Miami a través de Venezuela.

    Tres meses después, Posada Carriles solicitaba a la CIA una visa especial para pasar sus vacaciones en Estados Unidos.[x]

    Del libro 1976. La capital del terrorismo (2024)


    [i] Idem, p. 177.

    [ii] Alan McPherson. Ghosts of Sheridan Circle. How a Washington Assassination Brought Pinochet‘s Terror State to Justice. University of North Carolina Press, 2018, p. 77.

    [iii] “The President John F. Kennedy Assassination Records Collection”. The National Security Archive. Geroge Washington University. Archives.gov, http://www.archives.gov/files/research/jfk/releases/2018/180-10143-10345.pdf

    [iv] Bardach, Ann Louise. Cuba Confidential: Love and Vengeance in Miami and Havana. United Kingdom, Knopf Doubleday Publishing Group, 2007, p. 136.

    [v] Idem, 138.

    [vi] Idem, 138.

    [vii] “The President John F. Kennedy Assassination Records Collection”. The National Security Archive. Geroge Washington University. Archives.gov. http://www.archives.gov/files/research/jfk/releases/104-10178-10061.pdf

    [viii] The National Security Archive. Geroge Washington University. Archives.gov, nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB157/19761209.pdf

    [ix] The National Security Archive. Geroge Washington University. nsarchive2.gwu.edu/NSAEBB/NSAEBB157/19761209.pdf

    [x] “The President John F. Kennedy Assassination Records Collection”. The National Security Archive. Geroge Washington University. Archives.gov, http://www.archives.gov/files/research/jfk/releases/2023/180-10145-10345.pdf

    La Anti-Ilustración para el siglo XXI (I)

    El Proyecto 2025

    El Proyecto 2025, asociado a las promesas programáticas e ideológicas de Donald Trump en caso de ganar las elecciones de 2024, es una de las puntas del iceberg político y geopolítico actual de Occidente. Fue una invención de The Heritage Foundation, uno de los think tanks más poderosos del mundo, fundado en 1973 como reacción a la ola popular de la lucha por los derechos civiles en Estados Unidos, de la descolonización en África y de los múltiples movimientos de liberación en América Latina, como la Teología de la Liberación, todos opuestos a la Guerra de Vietnam y a la cultura consumista, entre otras reivindicaciones existenciales.

    La Fundación Heritage se define como un “business activist movement” (movimiento de activismo pro-negocios). Por negocios se entiende libertad, en el sentido literal que se entendía en el siglo XIX: la libertad de los amos a esclavizar al resto por el bien del resto. Luego del fiasco de la gira de Nixon por América del Sur en 1958, el presidente Eisenhower observó que, por alguna razón, en aquellos países donde Washington había sostenido dictaduras como la de Pérez Jiménez en Venezuela, la palabra capitalismo estaba asociada a imperialismo, por lo cual ordenó reemplazarla por “libertad de empresa”. Luego se simplificó el lema a una sola palabra, libertad, para hacerla más universal y efectiva. Había más rabajadores que empresarios y nadie podía oponerse a algo tan deseado como la libertad. A los años de rebeliones que la izquierda llamó liberación, la derecha identificó el problema como “un exceso de democracia”. Así lo definió el profesor y mogul de la derecha, Samuel P. Huntington en 1975. Huntington alertó en una conferencia que había una tendencia mundial hacia una extensión general de la democracia, con resultados catastróficos. La experiencia de Allende en Chile, declaró Huntington, fue “un exceso de democracia que condujo a un golpe de Estado que ha restaurado la estabilidad política”. No por casualidad los primeros think tanks aparecieron en Europa hace un siglo, para corregir los excesos de democracia y promover la agenda fascista que logró imponerse años después.

    El Proyecto 2025 tiene varios objetivos declarados. Algunos son espadas de doble filo. (1) Expandir los poderes del presidente, sustituyendo leyes por decretos, órdenes ejecutivas e interpretación de leyes. (2) Darle al presidente más autonomía para administrar la economía y la política internacional. (3) Reducir las injustas políticas de protección ambiental contra la contaminación de los combustibles fósiles. (4) Recortar fondos para los planes públicos de salud, como Medicaid y Medicare. (5) Eliminar el Departamento de Educación. (6) Eliminar los programas en favor de la diversidad, lo que llaman Woke o “racismo anti-blanco”. (7) Erradicar a la izquierda de la educación, limitando la libertad de cátedra e imponiendo su comercialización a través de la privatización subsidiada por el gobierno.

    Una acusación falsa, pero que nunca falla en la lógica del “menú político”, declara que este Proyecto también se propone (8) “luchar contra el antisemitismo de las universidades de Estados Unidos”. Más adelante, algo que la izquierda también apoyaría con gusto, y que se contradice con gran parte de las propuestas anteriores: (9) “luchar contra el Deep State”, es decir, contra los poderes oscuros y permanentes del gobierno de Estados Unidos. Como, por ejemplo, la CIA. Claro que la historia dice otra cosa: la CIA fue siempre (siempre) la mano invisible del mercado y del imperialismo capitalista. En fin, es parte del menú.

    Otras de las prioridades del Proyecto es (10) promover “leyes más estrictas contra la inmigración ilegal”, lo cual es consistente no sólo con la preocupación del mito decimonónico del reemplazo racial y del “genocidio blanco” (mientras fueron inmigrantes anglosajones nunca hubo problema) y con la obsesión de políticos, teóricos y millonarios como Elon Musk por (11) promover la producción de hijos conservadores (básicamente, blancos), a través de cheques del gobierno (oops!) y (12) derechos especiales, como el de un padre a votar por cada hijo menor, mientras (13) se elimina el derecho post Guerra Civil a la ciudadanía por nacimiento (es decir, de padres inmigrantes). Para todo eso, es necesario (14) sustituir a la policía por militares combatientes, algo hasta ahora ilegal. (15) Proteccionismo económico, tarifas de importación y guerra comercial contra China―exactamente como ocurrió en los siglos anteriores cuando el Imperio Británico liquidó el libre mercado, primero con tarifas contra la importación de deseados productos asiáticos y luego con la fuerza de sus cañones libertarios contra la industria ajena.

    Ahora, no por casualidad, billonarios como Elon Musk son la punta de lanza ideológica. Musk se ha dedicado a criminalizar a los inmigrantes pobres y mestizos del Sur en su poderosa red X. Como siempre, los pueblos están a la merced de la infancia de los poderosos. Como Milei en Argentina, Elon no se pudo liberar del pasado abusivo de su padre, Errol Musk, un millonario blanco en la Sud África del Apartheid, padre de muchos hijos, uno de los cuales fue con su hijastra. Otro convencido del poder del pene blanco. “Lo único para lo que estamos en la Tierra es para reproducirnos”, era su lema, algo que resuena en los pensamientos recientes de su hijo renegado Elon, quien también tuvo seis hijos con su primera esposa canadiense. Elon se había ido de Sud África en 1989 para evitar el servicio militar obligatorio, esas cosas de patriotas pobres. Luego de vender X.com, en 2004 compró la compañía Tesla. Siempre fue bueno vendiendo y comprando. Igual había hecho Jeff Bezos de Amazon, multimillonario y megalómano como él, quien también invirtió en la industria contaminante de los cuetes al espacio.

    Ahora, para consumo del pueblo, el corazón ideológico de Proyecto 2025 es el (16) Nacionalismo cristiano. Su objetivo es (17) debilitar el gobierno federal erosionando la independencia de poderes y confirmar el poder de los Estados regionales, todo lo cual nos recuerda a un Neomedievalismo que lleva a la recuperación del poder de los señores feudales contra la limitación de los Estados centrales e, incluso, al esclavismo sureño en Estados Unidos, algo que ya explicamos en Moscas en la telaraña.

    A este poder corporativo de los de arriba, los de abajo responderán básicamente de dos formas opuestas: un poder nacional y centralizado (neo-bolchevique) o gremios de base internacionales en contra de un poder centralizado, como en la Edad Media (neo-trotskismo, neo-anarquismo). Las actuales corporaciones de negocios son una herencia directa de las corporaciones colonialistas (companies) y de las asociaciones esclavistas durante la esclavitud de grilletes. De la misma forma que ahora la derecha triunfa en el poder concentrado (pero descentralizado) de los negocios y los lobbies, la izquierda resistirá a través de la militancia (re)organizada.

    Cien días antes de las elecciones, el candidato Donald Trump les aseguró a sus “votantes cristianos” que las próximas elecciones eran de vital importancia y que luego “ya no necesitarían volver a votar”. Como lo propusimos meses antes en algunas conferencias y en un brevísimo libro, se cumple la fórmula P = d.t sobre el derrumbe de una democracia liberal hegemónica en una verticalidad fascista o bananera.

    Jorge Majfud. Julio 2024.

    No es seceto para los expertos en seguridad del ciberespacio. Estos libros, como las entrevistas y toda actividad que realizamos aquí, han sido «baneadas» (silenciadas, cencusradas) por los algoritmos de las mafias capitalistas. No nos importa. Siempre seguiremos publciando lo que al Poder más osucro le molesta. Una parte de todo eso está en los libros que mencionamos aquí abajo. Hagan como quieran. No se trata de una cuestión comercial, proque no vivimos de esto, sino de una razón profundamente moral. Nunca nos pudieron quitar la dignidad y no soportan esa derrota absoluta:

    Índice de La frontera salvaje: 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

    La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina

    «La frontera salvaje es un libro monumental». Frederico Füllgraf
    «Simplemente, poderoso». Noam Chosmky
    «La frontera salvaje es un libro escrito con coraje y deslumbrante lucidez. De lo mejor que he leído en mi vida«. Víctor Hugo Morales
    «A los cincuenta años de la publicación de Para leer al Pato Donald, me alegra leer un libro como La frontera salvaje que explora detalladamente las formas menos sutiles en que Estados Unidos, durante doscientos años, ha buscado influir y torcer el destino de nuestra América Latina«. Ariel Dorfman

    The book La frontera salvaje by Jorge Majfud explores the history of the expansion of the Thirteen Colonies over indigenous nations and Latin America, shedding light on the imperialism of the United States over the past two hundred years. The author delves into the deep-seated issues of racism, religious fanaticism, and economic interests that have shaped US interventionism in the region and beyond. By tracing the roots of these actions, the book not only explains the past but also predicts the future actions of the world’s most powerful economic and military force. Through a critical analysis of historical events and contemporary narratives, the book reveals the underlying logic behind US wars, expansionism, and interventionist practices. It serves as a powerful critique of US imperialism and sheds light on the ongoing impact of past actions on present and future global relations.

    Índice

    Justificación. 15

    Introducción. 17

    Por tierra

    1820-1880

    1822. El sueño americano. 45

    1823. Carta de Alabama, Señor 48

    1824. Con sus negros y otras propiedades. 49

    1825. Los esclavistas se preocupan por la libertad de conciencia. 50

    1826. Todos los hombres nacen iguales. 52

    1826. ¿Dónde está el derecho, la ley y el orden?. 53

    1826. La libertad de unos para esclavizar a otros. 55

    1827. La esclavitud, una razón humanitaria. 56

    1830. Pobres doncellas, blancas e indefensas. 57

    1835. Nos atacaron primero. 58

    1836. Al fin, libres del yugo mexicano. 60

    1837. En realidad, fuimos atacados primero. 62

    1837. Si no estás de acuerdo, vete a otro país. 65

    1844. La esclavitud es la base de la paz y el progreso. 67

    1844. Fundación del partido xenófobo No sé nada. 70

    1844. Cambia el lenguaje y cambiarás el mundo. 71

    1845. Conflicto de hombres, la misma historia. 74

    1845. Que nuestra diplomacia fracase de la mejor forma posible. 75

    1845. Siempre habrá patriotas dispuestos a repeler a los invadidos. 77

    1845. Destino manifiesto. 79

    1845. No es por avaricia sino por la felicidad de otras naciones. 80

    1846. Por fin fuimos atacados. 83

    1846. Dios nos ha dado esta tierra. 85

    1846. La guerra política y la guerra cultural 88

    1846. Los que llegan son criminales, son violadores. 92

    1847. Nuestro país siempre tiene razón. 94

    1847. El sueño de un revólver super potente. 96

    1847. Pobres mexicanos, no quieren saber nada de la guerra. 97

    1847. Como contra los indios, esta también es una guerra justa. 99

    1848. Washington, descubrimos oro en California. 100

    1848. ¿Por qué no tomar todo México?. 104

    1848. El nuestro es el gobierno de la raza blanca y libre. 106

    1852. El principio de la nueva política internacional 112

    1853. Mil Murietas, un solo Zorro. 114

    1854. Dios depositó nuestros recursos naturales en otros países. 117

    1854. Fuimos ofendidos por un pescador 119

    1855. William Walker se nombra presidente de Nicaragua. 121

    1858. Quiero expandir la bendición de la esclavitud al mundo. 124

    1861. Las excepciones justifican la regla. 125

    1862. Cinco de mayo. 127

    1862. La primera frontera continúa molestando. 129

    1876. La invasión pacífica. 131

    1877. El gobierno de las corporaciones y para las corporaciones. 135

    1886. Los trabajadores son peligrosos para la libertad. 136

    Por mar

    1880-1950

    1883. Quien domine los mares dominará el mundo. 139

    1890. Una masacre con mucha consideración y justicia. 141

    1891. Curso acelerado de racismo. 145

    1893. La democracia, instrumento de dominio de la raza blanca. 148

    1895. La prensa carroña es bautizada Amarilla. 151

    1898. Nos atacan otra vez. Nunca olvidaremos al Maine. 153

    1898. Los liberados no participan en los tratados de liberación. 158

    1898. Los incapaces de gobierno no se dejan gobernar 162

    1898. Militarismo y darwinismo de Dios. 164

    1899. La pesada carga del Hombre blanco. 165

    1899. Fuimos atacados, esta vez por negros pacíficos. 167

    1899. Quema esas cartas. 169

    1899. Las razas inferiores mueren más fácilmente. 170

    1900. Dios nos ha elegido para regenerar el mundo. 171

    1900. No más negros, please. 173

    1900. Incapaces de entender la libertad anglosajona. 177

    1901. El imperialismo es cosa de machos. 180

    1901. La constitución no sigue a la bandera. 181

    1902. La frontera con México desaparece. 184

    1902. No, hasta que la raza mejore. 184

    1903. Aunque no es lo que queremos, debemos intervenir 188

    1903. Dadme los pobres (blancos) del mundo. 192

    1909. Todo será nuestro porque nuestra raza es superior 194

    1909. Elimina ese capitalista independiente. 195

    1911. La revolución de Sam Banana. 197

    1912. Los Angeles Mining Company. 201

    1914. Sí, hemos sido ofendidos otra vez. 201

    1914. Les voy a enseñar a elegir gobiernos decentes. 206

    1915. El derecho al linchamiento. 207

    1915. Rebeldes crucificados, héroes condecorados. 210

    1916. Se suponía que estábamos luchando por la democracia. 213

    1916. Hitler no tenía ideas radicales. 216

    1921. Ensayo de bombardeo contra una raza inferior 219

    1921. Corrupción latina. 221

    1924. Make America Great Again. 223

    1926. El rey blanco de los zombis negros. 224

    1927. El primer bombardeo aéreo de la historia militar 227

    1928. Otro Ejército Patriota and Company. 231

    1931. Deportados de su propio país, otra vez. 232

    1932. Otra matanza de radicales. 235

    1933. El buen vecino del patio de atrás. 237

    1933. Otro servidor se jubila en Miami 241

    1933. La bandera sigue al dólar y los soldados siguen a la bandera. 243

    1937. Cuando los de abajo se odian. 246

    1942. Trabajadores, esos seres tan horribles. 248

    1943. La vieja ofensa de vestirse diferente. 250

    1945. Nuevos valores, los mismos intereses. 251

    1945. Dios envía al embajador Braden a la Argentina. 255

    1945. El color de los huesos. 259

    1948. Sífilis y gonorrea gratis. 261

    1948. No más ejércitos, no más dictaduras. 263

    Por aire

    1950-2020

    1949. El diablo en los detalles. 267

    1950. La homosexualidad es comunismo. 269

    1953. La opinión pública es un producto de consumo. 271

    1954. Quien no sabe engañar no sabe gobernar 281

    1954. Nuestra principal arma no escupe balas sino palabras. 285

    1956. El largo brazo de los generalísimos. 290

    1957. Redistribución de la riqueza en Haití 291

    1957. Bombardear ciudades no es un crimen. 293

    1958. La democracia no les hace bien a los pueblos inmaduros. 295

    1959. El agente de la CIA que admiraba al Che Guevara. 302

    1959. Fidel Castro visita la Casa Blanca. 303

    1959. El camarada yanqui 306

    1959. La integración racial es comunismo. 307

    1960. El sueño de controlar la mente (ajena) 310

    1960. Peter Pan: otro rumor casi perfecto. 315

    1960. Terroristas amigos. 317

    1961. Cuba no será otra Guatemala. 322

    1963. A presidente arrepentido, presidente depuesto. 326

    1962. La verdadera función de los ejércitos latinoamericanos. 330

    1963. Las inversiones continúan dando resultados. 339

    1964. Negros, indios y pobres no deben portar armas. 341

    1964. Num país tropical 345

    1964. Si el golpe blando funciona, mucho mejor 351

    1964. OEA, todos para uno y uno para todos. 354

    1965. El marine rebelde. 357

    1965. Cambio de estrategia. 358

    1965. La academia infiltrada. 362

    1966. Mentes cortas, bastones largos. 366

    1967. Apunta bien; solo vas a matar un hombre. 373

    1968. Pero no podrás matar el mito. 375

    1969. No se permiten rubios aquí 377

    1970. Nixon decide que los chilenos votaron mal 378

    1971. El peligro de una Asamblea popular en Bolivia. 385

    1971. 638 intentos de asesinar a un desalineado. 388

    1971. Vas a encontrar más comunistas en Texas. 389

    1972. Machetes y motosierras por la libertad. 396

    1973. Papá, ¿por qué los grandes medios son de derecha?. 399

    1973. Si no es por las buenas, será por las malas. 403

    1973. Los yanquis también desaparecen. 409

    1975. La ideología sin ideología. 412

    1976: Escritores, libros, editoriales, reseñas mercenarias. 417

    1976. Los cubanos de Miami llevan el plan Cóndor a Washington. 424

    1976. Un par de borrachos charlatanes. 427

    1977. Dios está ocupado con otros asuntos. 429

    1977. Los Derechos Humanos descubren a Jimmy Carter 434

    1977. Bulbocapnina, pentathol, desoxyn y la libertad. 438

    1979. Mentir es nuestra profesión. 440

    1980. Los arios de Bolivia. 442

    1980. Ecuador es integrado al terrorismo del Plan Condor 445

    1981. El enemigo es numeroso y está armado con niños y mujeres. 447

    1982. Si no puedes pescar el pez, seca el mar 451

    1983. El heroico Día D en Granada. 459

    1985. Contras, el equivalente moral de los Padres fundadores. 463

    1985. ¿Qué hace uno con un perro rabioso?. 468

    1986. No son comunistas, pero son negros. 471

    1987. Las maras vienen del norte. 475

    1989. El Caracazo, otra masacre irrelevante. 478

    1989. La guerra contra las drogas. 482

    1989. Señor Noriega, está usted despedido. 486

    1989. Se tomaron demasiado en serio eso de Jesús. 490

    1990. Las elecciones son legítimas cuando ganamos nosotros. 492

    1992. ¿Noriega? No lo conozco. 494

    1994. NAFTA y el Efecto Tequila. 496

    1995. Castra más mujeres pobres y reducirás la pobreza. 501

    1996. Pies secos, pies mojados. 503

    1998. Matar es una obligación para cualquier cristiano. 508

    1998. Los ganadores se sienten inseguros. 512

    2002. La mitad de las riquezas del país están en esta sala. 515

    2002. El golpe de un respetado hombre de negocios. 517

    2004. Again, los negros no saben gobernarse. 523

    2007. Terroristas por la libertad. 531

    2007. Chiquita bananas, grandota injusticia. 533

    2007. Un debate para la arqueología política. 537

    2009. En Cuba se tortura y se violan los Derechos Humanos. 541

    2009. Señor presidente ¿por qué no obedece usted las órdenes?. 544

    2010. Nuestras leyes no te protegen de nosotros. 551

    2010. Washington se preocupa por los indígenas. 554

    2011. Fútbol rebelde. 556

    2014. Dejen que los niños vengan a mí 557

    2015. El imperialismo y la opresión nunca existieron. 565

    2016. La creatividad de los golpistas. 566

    2017. Narcoestado, el de los otros. 570

    2018. Corruptos contra la corrupción. 578

    2018. Los pobres nos quieren invadir de nuevo. 581

    2019. Otra fortaleza sitiada. 584

    2019. Nicaragua, otro desalineado. 595

    2019. Nosotros mentimos, engañamos y robamos. 599

    2019. Invasores de esos países de mierda. 601

    2020. Nota final: No son servicios de espionaje, son gobiernos paralelos. 617

    2019. Fuera indios de Bolivia. 606

    Fuentes. 621

    Índice temático. 629

    https://www.barnesandnoble.com/w/la-frontera-salvaje-jorge-majfud/1139378646?ean=9781737171003

    Tapa blanda:

    https://www.barnesandnoble.com/w/la-frontera-salvaje-jorge-majfud/1139390465?ean=9781737171010

    Amazon paperback:

    Disponible en Amazon, tapa blanda.

    Think-Lab: www.youtube.com/@think-lab

    https://750.am/2021/07/22/las-ideas-de-rutherford-hayes-sobre-la-desigualdad-el-editorial-de-victor-hugo-morales/

    No son servicios de espionaje, son gobiernos paralelos*

    Los documentos clasificados que registran las acciones secretas y los crímenes no tan secretos de cada gobierno suelen ser desclasificados luego de muchos años, cuando la verdad ya no es peligrosa y sólo les importa a los historiadores. En Estados Unidos los investigadores suelen usar la ley FOIA para exigir la desclasificación de algunos documentos que, se entiende, son relevantes para la verdad histórica. Sin embargo, es necesaria una fuerte dosis de ingenuidad para creer que toda la verdad de los servicios secretos de las grandes potencias y que todos los registros de sus acciones algún día saldrán a la luz.

    Ejemplos para el pesimismo sobran. Bastaría recordar un par de casos mencionados en este libro, como el proyecto Mk-Ultra de la CIA que, con el objetivo de controlar la mente humana de forma más inmediata, se experimentó con potentes drogas sin autorización de las víctimas. Cuando esta operación fue descubierta en los años 70, el presidente Nixon y el director de la CIA, Richard Helms, acordaron destruir todos los archivos que mencionaban al diabólico proyecto. Lo que sabemos del proyecto Mk-Ultra se debe a la milagrosa supervivencia de algunos documentos que desencadenaron un breve escándalo y un largo olvido.

    También, entre una lista de cientos de casos, se podría mencionar las manipulaciones financieras del gobierno de Ronald Reagan para financiar a los Contra en Nicaragua con dinero procedente de la venta ilegal de armas al enemigo Irán y contra el propio bloqueo del Congreso en Washington. Por entonces, la secretaria del coronel Oliver North, antes de testificar ante el Congreso, dedicó horas y días a picar documentos secretos que nunca leyó. Hoy existen escáneres avanzados para reconstruir documentos picados en mil pedazos, por lo cual se prefiere quemar aquellos que dicen demasiado. Así, cada día son eliminados documentos secretos que podrían echar mucha luz sobre la verdad de las operaciones de las potencias mundiales, sobre todo de la potencia hegemónica de turno. Las bolsas de papel reciclado donde se depositan estos papelitos comprometedores (similares a las que usa la cadena de supermercado Publix o las licorerías, para que sus clientes oculten el comprometedor licor), se llaman “Burn Bags” (Bolsas para quemar) y se identifican con líneas rojas y blancas que solo los entendidos reconocen. Cada tanto se ven estas bolsitas en alguna fotografía que se escapa a la prensa, pero sin ser advertidas por el público. Gracias a esta práctica de casi perfecto hermetismo, los historiadores deben luchar cada día con el ruido de las teorías conspirativas que probablemente las mismas agencias secretas hacen circular (distracciones semejantes a la práctica de Eyewash reconocida por la misma CIA en 2016 contra sus propios empleados) y con las conspiraciones reales.

    Las prácticas de Washington a través de sus agencias secretas como la CIA (asesinatos selectivos, manipulación de la opinión pública, inversión en la prensa, desestabilización de países y promoción de golpes de Estado) no se han detenido luego de las investigaciones de estos mismos crímenes en los años 70 por parte del Senado de Estados Unidos. Solo se han vuelto más cuidadosas y más secretas. Bastaría con considerar que el presupuesto anual de todas las agencias secretas financiadas por Washington suman aproximadamente 75 mil millones, lo cual equivale al PIB de decenas de países como Uruguay, Venezuela o Guatemala y cientos de veces más de lo que invirtieron en los últimos setenta años las mismas agencias que derrocaron gobiernos independentistas e instalaron decenas de dictaduras militares sólo en América latina.

    Aunque todas estas agencias son organismos públicos, sus presupuestos son secretos hasta para los congresistas de Estados Unidos, con la probable excepción de los senadores que integran la Comisión Selecta del Senado sobre Inteligencia, presidida por el senador de Florida Marco Rubio. Este comité, creado por el senador Frank Church en 1976 para controlar el abuso de la CIA y otras agencias secretas, poco después fue colonizado por los conservadores que más que controlar protegían esas mismas prácticas secretas. No por mera casualidad, en 2013 el senador Marco Rubio votó en contra de la desclasificación de documentos sobre las torturas de detenidos sin juicio en Guantánamo, la abrumadora mayoría inocentes sin derecho a compensaciones, según las mismas autoridades de Washington. En 2015, los senadores Marco Rubio y Ted Cruz (ambos hijos de cubanos inmigrados durante la dictadura de Fulgencio Batista, quienes luego pasaron como víctimas de la Revolución de 1959) apoyaron la práctica de la tortura en territorio cubano como método legítimo “para saber la verdad”. Sí, en Cuba se tortura y se violan los derechos humanos y la cárcel está en Guantánamo. 

    Las estimaciones realizadas por especialistas externos se basan en datos parciales, como la filtración de datos de la misma NSA ocurrida en 1996. Lo que sí es público es el presupuesto nacional dedicado a “defensa” aprobado cada año. En 2019 alcanzó la cifra récord de 1,25 billones de dólares (1.25 trillones, en inglés, equivalente al PIB de México o Australia) de los cuales el Pentágono se lleva la mitad. El resto es cambio invertido a discreción por un ejército inestimable de agentes secretos, funcionarios públicos, propagandistas y subcontratistas privados—aparte de un ejército más numeroso de colaboradores honorarios que cada día trabajan con fanático fervor sin recibir un solo dólar.

    Como en el pasado, la avalancha de dólares es canalizada a través de diferentes fundaciones fachada, algunas culturales, otras con un declarado objetivo humanitario como la NED o la USAID, la cual, en su desesperada decisión de lavar su imagen luego de participar en golpes de Estado como en Venezuela, trabaja con organizaciones sociales con históricas y legítimas reivindicaciones, como pueden ser las organizaciones indígenas, muchas veces organizando protestas contra presidentes desobedientes, como en Bolivia o en Ecuador, hasta que los presidentes desobediente son removidos y los “pobres indios” son abandonados para que se hagan cargo de sus vidas, como debe ser. En los últimos años, el presupuesto anual de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID) para América Latina ha ascendido a casi mil millones de dólares con otros dos mil millones canalizados y usados de forma secreta y a discreción por la CIA, seguramente no para apoyar a los artesanos de Cuzco.

    A finales de 1980 la CIA le había encargado al artista Jim Sanborn una escultura emblemática para sus oficinas centrales de Langley, Virginia, a una pedrada de la Casa Blanca. Luego de años de estudio y consultas con el ex jefe de criptografía de la CIA Edward Scheidt, la obra fue inaugurada el 3 de noviembre de 1990. La escultura, una muralla ondulante de cobre, se tituló Kryptos, porque está grabada con casi dos mil letras en un orden casi imposible de descifrar. Con un nombre que suena a tumba egipcia o isla griega, es vista por cientos de expertos en códigos que cada día entran al edificio. Aunque la apuesta era que en poco tiempo el mensaje oculto sería decodificado en poco tiempo, no ocurrió así. Incluso se creó una comisión que en su tiempo libre tuvo como tarea aclarar un acertijo que parece inventado por el Joker.

    Luego de años, se pudo descifrar el primer mensaje de los cuatro que forman el enigma:

     “Entre la penumbra y la oscuridad, yace la ilusión”

    Una línea digna de un poema de Jorge Luis Borges, pero con un significado del todo trágico. No sólo el mensaje literario revela una profunda verdad de la manipulación de los pueblos, sino que la expresión plástica del conjunto recuerda (por lo menos a quien entreteje estos signos más modestos) los memoriales de las víctimas de los desaparecidos bajo las múltiples excusas de la inteligencia del poder y de la ignorancia de sus servidores.

     *Fragmento del libro de próxima publicación La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina.

    Inés Lopez Volpe
    https://www.youtube.com/watch?v=rC5npz3DgXI