Las primeras manifestaciones masivas de estudiantes contra el genocidio en Gaza fueron en Columbia y luego en California University y otros campuses de noviembre de 2023 a julio de 2024.
Para mayo 2024 ya se había desatado una oleada de violencia policial y de leyes represivas contra la libertad de expresión.
Como ayer en la ONU, los perpetuadores del genocidio, sus escuderos y bufones acusaron a los estudiantes múltiples veces de estar dirigidos por “grupos de afuera de las universidades”. Cuando se descubrió que los provocadores que fueron a dar palo eran los únicos de afuera se dejó de hablar, pero cientos de estudiantes fueron detenidos y golpeados por la misma policía.
En algunas universidades estas protestas lograron, como en los 80s contra el Apartheid de Sud África, que se desinvirtiera en las industrias de la guerra. Hoy, el fascismo y la represión interna en EEUU ha avanzado a gran velocidad.
Periodistas amigos me han estado inisitendo por privado y voy a mencionar aquí una parte de la ecuación.
Existen varios indicios preocupantes. El que más es tomado como broma por el Pentágono es el «Pizza Index» (un aumento de las órdenes en las pizzerías cercanas al Pentágono predice un conflicto bélico). Por ejemplo, estas ventas se dispararon antes de los dos conflictos con Irán (2004 y 2025).
A principios de este mes se ha vuelto a disparar. Personalmente lo considero un indicador más, no el más fuerte, pero para nada despreciable, dado su récord histórico. El Pentágono sabe de este Índice y muy probablemente juegue a la distracción o, incluso, a crear tensión pro alguna razón geopolítica.
Sin embargo, a lo largo de la semana pasada tuvimos claras señales de alerta referidas a viajes de generales. La semana próxima se producirá una importante reunión en el Pentágono que el gobierno no ha querido explicar.
Quienes me han preguntado si se trata de Venezuela, bueno, esa es una posibilidad. Sin embargo, no tiene mucho sentido llamar a generales de otros continentes para eso. Claro que eso de «tener sentido» está dicho por alguien que no tiene todos los datos que, obviamente, son ultrasecretos.
También ese mega plan podría cancelarse por alguna razón (ha pasado antes debido a disidencia tácticas internas) y luego se dirá que algunos sufrimos de paranoia.
Recordemos que la Tercera Guerra Mundial no se produjo por el voto negativo de uno de los tres comandantes de un submarino atómico soviético en el Atlántico Norte.
jorge majfud, set 2025
Algo muy grande a nivel militar va a ocurrir en cuestión de meses o semanas y me temo que el mundo no se dará cuenta hasta que sea irreversible. pic.twitter.com/Oy9XGMtVRe
Muchas veces, desde hace un par de años ya, tengo la fuerte impresión de que hemos dejado de escribir para lectores humanos que son una especie casi en extinción y escribimos para las Inteligencias Artificiales, las cuales le resumirán nuestros libros e investigaciones a nuestros estudiantes, demasiado perezosos e incapaces de leer un libro de unas cuatrocientas páginas y, mucho menos, entender un carajo de qué va cosa.
De hecho, ni siquiera es una impresión. La primera semana de este semestre de otoño, un estudiante me quiso rebatir una idea usando el resumen de un libro titulado “Flies in the Spiderweb: History of the Commercialization of Existence—and Its Means”.
Algo muy grande a nivel militar va a ocurrir en cuestión de meses o semanas y me temo que el mundo no se dará cuenta hasta que sea irreversible.
jorge majfud, set 26, 2025
Algo muy grande a nivel militar va a ocurrir en cuestión de meses o semanas y me temo que el mundo no se dará cuenta hasta que sea irreversible. pic.twitter.com/Oy9XGMtVRe
Lo primero que hizo Hitler para seducir a las hordas de la superpotencia arrodillada fue prometer hacer Alemania fuerte de nuevo, “Alemania sobre todo(s)”. Para eso, persiguió y demonizó a intelectuales y periodistas, hasta cerrar escuelas como la célebre Bauhaus, la que él definía como nido de degenerados antipatriotas y comunistas anti alemanes.
En 2020, Donald Trump ya había llamado a imponer una “educación patriótica”, lo que respondimos con “¿Es la verdad antipatriota?” En su segunda presidencia, todo lo que había preparado en la primera se está poniendo en marcha; un Reich Americano, sin disimulos, donde la libertad de expresión y la libertad académica son decoraciones legales; donde la censura y autocensura de profesores y periodistas ha alcanzado niveles que supuestamente solo pertenece a esos países que el discurso popular identifica con dictaduras, para invadirlas o bloquearlas; donde no sólo se cancelan cursos, se echan a comediantes y a profesores, sino también se secuestra en las calles a alguien por escribir un artículo crítico y se la recluye en una prisión militar. Como en la Inquisición, cada tanto queman a uno (por no amar a Dios y a la Iglesia) para que el resto cierre la boca y se ponga a rezar.
En mayo de 2025, el asesor principal del gobierno de Estados Unidos, Stephen Miller, informó, desde el podio de la Casa Blanca, sobre la nueva doctrina del país: “A los jóvenes se les enseñará a amar a su país” (en inglés “children/kids” significa “menores de 18 años” y, con frecuencia, “hijos”, aunque tengan 25 años). ¿Cómo? enseñándoles historia patriótica. Lo dijo el vicepresidente JD Vance: “los profesores son los enemigos” en un evento patriótico titulado “Las universidades son el enemigo”.
Este odio radical, vestido de amor, se confesó en el mismo discurso de Miller, cuando anunció la persecución a todos “aquellos quepromueven ideologías comunistas”. Le faltó el acento germánico. Como nadie puede seducir a las masas diciendo que van a promover el odio contra aquellos que piensen diferente y se atrevan a cumplir con su trabajo académico, y como el fascismo pierde siempre en las universidades del mundo y en la cultura no comercial, entonces hay que “luchar por la libertad” imponiendo a la fuerza lo que no se puede ganar por la libre competencia académica.
¿Por qué la búsqueda de la verdad es antipatriótica y atenta contra la libertad? Cuándo uno ama a alguien, ¿lo elogia cada vez que va a envenenarse o a cometer un crimen? ¿Es la mentira una obligación del amor? Si la búsqueda de la verdad y la justicia fuesen antipatrióticas, ¿de qué lado estarías? ¿O estamos ante “El falso dilema del patriotismo” ?
Como decía la “Canción de una madre patriótica a su hijo” (1849), instando a miles a ir a morir en la guerra de despojo contra México: “ve a la guerra, hijo, que nuestro país siempre tiene razón”. Esta doctrina del fascismo parasita, de a poco, sus cambios de control total de cuerpos y mentes, hasta que los esclavos terminan siendo los más fanáticos defensores de su propia esclavitud.
Es posible analizar la historia desde múltiples puntos de vista, pero, en cualquier caso, si se la practica de forma crítica y honesta, ésta debe tener siempre por objetivo la búsqueda de la verdad de los hechos olvidados. En mi recurrente revisionismo de la historia, nunca pretendo que mi interpretación de los hechos sea la única posible y, mucho menos, la verdad revelada. La verdad es demasiado grande como para tener dueños humanos. El objetivo de una historia revisionista (¿existe una investigación histórica que no sea revisionista?) es revelar hechos, ideas y crímenes silenciados por la historia oficial. La historia oficial es un ejercicio de narcisismo colectivo que se fosiliza a lo largo de las generaciones hasta que el fósil no tiene de la realidad fosilizada nada más que una vaga sombra. Cualquier historia patriótica es burda propaganda.
Aparte, ¿se puede amar a un país? Responderé de una forma que no caerá bien entre amigos y adversarios: no, no es posible. Se trata de un hermoso sustituto del amor, un reflejo fetichista del amor propio.
Nadie puede imponer el amor a una persona y mucho menos el amor a una cosa, a una montaña, a una idea abstracta, a una ficción, por poderosa que sea―porque no existe ese amor. Nadie ama un automóvil, los Apalaches, Arkansas, los Andes o la Antártida. Ni existe un país hoy que sea el mismo que hace doscientos años. El pasado es un país extranjero. ¿Los estadounidenses deben amar los Estados Unidos esclavistas? ¿Los belgas deben amar la Bélgica de Leopoldo II y los franceses la Francia genocida en Argelia?
También los amos decían que amaban a sus esclavos, como un líder fascista puede decir que ama a su pueblo. El amo esclavista no ama ni siquiera a quienes lo adulan. Los odian, porque el amo odia a sus esclavos por lo que son, tanto como los esclavos rebeldes odian a sus amos por lo que hacen. Dos formas de odios radicalmente diferentes, aunque ninguno califica como sustituto del amor.
Claro, hay diferencias semánticas, políticas y hasta morales en este amor por una ficción. El amor patriótico tiene diferentes proyecciones contradictorias, como el deseo supremacista de esclavizar al colonizado, y el deseo del colonizado de liberarse de ese imperio, por los medios que sean. Otra vez: un ideoléxico, dos realidades opuestas.
Cierto, nadie puede decirnos lo que creemos sentir, pero eso no significa que siempre sabemos lo que sentimos. Los psicópatas suelen decir que aman y sienten compasión. Algunos aprenden a llorar y hasta se convencen a sí mismos de que es un llanto verdadero. Es como decir que una pata de conejo es la buena suerte y que por eso protege a quien la lleve. Es una proyección fetichista del sentimiento de (in)seguridad en algo al que se le atribuye poderes especiales. Estamos en nuestro derecho de negar totalmente estos poderes y, por lo tanto, que los sentimientos de seguridad proceden de la pata y no de del individuo que refleja en ese fetiche sus propias necesidades y fantasías.
El patriotismo es uno de los fetiches más fáciles de manipular. Es un sentimiento o una idea tribal, creada y promovida por distintas instituciones, desde el Estado, la educación, los medios y la cultura, por lo general mucho más fuerte que los principios de Verdad, Justicia y Libertad. Pero decir que uno ama un país porque se identifica con él, es decir que también ama a sus asesinos, a sus KKK, a sus Hitler, a sus Pinochet, a sus Epstein… También ellos eran patriotas―a su manera, como todos.
La obligación, la imposición de un grupo, de un Estado a que sus ciudadanos amen un país no es sólo la imposición de un fetiche masivo, sino el instrumento principal del fascismo. Este amor obligatorio, violento, ficticio es, en realidad, odio hacia algún otro grupo de ciudadanos que no comparten sus fetiches―o tienen intereses o una idea diferente de país.
Ese amor es odio a quienes creen en la igualdad de derechos a la vida de cada individuo, por el solo hecho de haber nacido.
El 20 de setiembre, el Chevrolet celeste de Letelier no voló por el aire como estaba previsto. Suárez, Novo y Paz no encontraron palabras para insultar al gringo Townley, para entonces en un vuelo de Iberia a España. El experto no había logrado detonar ni el C4 y ni el TNT. ¿Fue un error premeditado?
―Es un comemielda.
Luego de una breve discusión, decidieron terminar el trabajo por su propia cuenta. Era mejor que perder toda la inversión por un detalle estúpido. Sólo debían asegurarse de que el bip médico estuviese funcionando, algo que Townley presumía haberles enseñado. Por la noche, volvieron a la casa de Bethesda.
Ronni y Michael estaban cenando con Orlando e Isabel. El entusiasmo del joven matrimonio los había contagiado. Los sueños de la juventud son los verdaderos sueños. Todo lo demás son aprendizajes, despertares.
Los niños buscaban algo para ver en los muchos canales a color que los tenían atrapados. Una voz anunció el primer capítulo de la nueva temporada de Rich Man, Poor Man. Luego del asesinato del hermano pobre, Tom Jordache, el hermano rico Peter Haskell, dueño de Tricorp, debe enfrentarse al asesino Falconetti, quien ha quedado en libertad. Italiano o hijo de italianos tenía que ser. “Mañana, 21 de setiembre a las 9:00, por ABC”.
Ronni Karpen tenía 25 años y su breve biografía se resumía a sus años en la Universidad de Maryland y a su activismo contra la Guerra de Vietnam, como Mariana Callejas en Miami. Se había graduado en Educación y enseguida se había dedicado a la creación de Centros de Enseñanza para estudiantes necesitados. En el IPS conoció a Michael.
Cuando los muchachos ya se habían ido a dormir, Orlando se quedó hablando con Michael sobre algo que comenzaba a preocuparle. Le recordó el asesinato del general Carlos Prats y su esposa Sofía, en Buenos Aires. En diez días se cumplirían dos años del atentado. Había otros casos, como el de Bernardo Leighton y su esposa en Roma… Todos los atentados se llevaban a las esposas de sus víctimas también, pero esto debía ser sólo una coincidencia de la crueldad indiferente de los freedom fighters.
Aunque la idea de algún tipo de agresión del gobierno de un país latinoamericano en la capital estadounidense parecía improbable, estaba el caso del profesor de Columbia University, Jesús Galíndez, secuestrado por el régimen de Leónidas Trujillo veinte años atrás, luego torturado y asesinado en República Dominicana. Orlando había sido testigo de las ejecuciones en Chile y sabía que el régimen fascista era capaz de cualquier cosa. En los hechos, poco a poco Letelier se había convertido en el líder de la resistencia chilena al régimen de Pinochet. Sólo un tonto no se daría cuenta que él era el número uno en la lista negra de Pinochet.
―La Dina ya mató a otros exiliados ―dijo Orlando―. No sería raro que intentaran hacerlo de nuevo. Es muy probable que estén espiándome todo el tiempo.
Letelier se puso de pie y se acercó a la ventana. Afuera estaba oscuro como la muerte, por lo cual solo pudo ver el reflejo de su rostro y, más allá, sus propios pensamientos. Luego volvió a donde estaba Michael Moffitt.
Dos horas después, en el momento de regresar, Michael y Ronni se encontraron con que su auto estaba descompuesto. No hubo forma de hacerlo arrancar.
―Lévense el mío―dijo Orlando.
―Oh, no…
―Sin problema ―insistió Orlando―. Sólo que mañana temprano deben estar aquí de vuelta para ir a las oficinas.
Sin alternativa, el joven matrimonio regresó a su casa con el TNT y el C4 amarrado al chasis del Chevrolet de Letelier.
―Shit! ―dijo Suárez.
―¡Mierda! ―confirmó Virgilio Paz.
―Tendremos que levantarnos temprano mañana.
―Qué pareja encantadora ―dijo Isabel, llevando dos copas a la cocina.
Unas horas después, Townley volaba a Miami. Quería encontrarse lo más lejos posible en el momento de la explosión. Luego viajó a Madrid.
La cena con sus asistentes y la conversación sobre seguridad personal le habían removido varios recuerdos. La revista Playboy le había hecho una entrevista que aún no había sido publicada sobre aquella mañana del 11 de setiembre, tres años atrás. Nunca sabrá por qué una revista erótica iba a publicar su tortura en la cárcel más fría del fascismo ni por qué podría interesarles a sus lectores, como si hubiese una relación tenebrosa entre miedo y deseo, entre el dolor ajeno y el placer propio.
Los niños ya se habían ido a dormir. La televisión continuaba vendiendo promesas de felicidad, todas a un precio justo y al alcance del verdadero hombre y la verdadera mujer. Siempre más por menos.
Volvió a recordar la mañana del golpe. Recordó que le había dicho al periodista que ese día temprano había corrido al Ministerio de Defensa.
―Enseguida sentí una pistola en mi espalda. Estaba rodeado de una docena de soldados.
De ahí lo llevaron a una habitación desde donde debió presenciar toda la noche la ejecución de decenas de detenidos en el patio central. A las cinco de la mañana, escuchó que afuera los soldados decían:
―Es el turno del ministro.
Mientras lo llevaban al patio para ser ejecutado, hubo una discusión entre los soldados. Alguien había recibido otra orden. Finalmente, quien lo sostenía, le dijo:
―Tienes suerte, conchatumadre.
Lo transfirieron a una celda fría en la isla Dawson, cerca de la Antártida. El nuevo gobierno no sabía qué hacer con él. Ejecutarlo o dejarlo con vida eran dos opciones con múltiples beneficios y efectos colaterales imposible de calcular.
Un año más tarde, como consecuencia de la presión internacional, lo enviaron a Venezuela. Allí, el Institute for Policy Studies le ofreció el trabajo de investigador. Estaba en la ciudad más segura del mundo, por lo menos políticamente hablando, pero el instituto tenía un claro historial de resistencia contra la Guerra de Vietnam y las políticas exteriores de Washington. La prensa y la televisión no descansaban en alertar a la población del peligro del IPS para la democracia y la libertad. Más cuando, desde el cielo de la Casa Blanca, llovían millones de dólares sobre los periodistas para revertir la creciente resistencia del pueblo contra la Guerra de Vietnam.
―El IPS es un nido de radicales ―había dicho un tal Harvey.
―Sí, muy radicales ―había respondido alguien desde otro escritorio―. Están contra la Guerra de Vietnam y contra las dictaduras que plantamos nosotros por todo el mundo.
Orlando apagó el televisor y se fue a dormir. En realidad, desde hacía algún tiempo, sólo simulaba que dormía.
A la mañana siguiente, Michael y Ronni volvieron a la casa de Orlando para ir a las oficinas de IPS. A las ocho, Orlando, tarde y sin haber dormido bien, se vistió de prisa mientras le decía a Isabel que fuera a almorzar con ellos.
―No creo que pueda, tengo demasiado trabajo ―contestó Isabel.
―Te va a gustar la sorpresa―insistió él.
Llamó por teléfono a su asistente Juan Gabriel Valdés para decirle que iba a pasar por él de camino a las oficinas. Juan Gabriel le dijo que no podía a esa hora, que su esposa iba a hacer unas compras y él se iba a quedar cuidando a los niños, que lo veía un poco más tarde.
Salieron los tres de prisa de la casa. Orlando encendió un cigarrillo y se acomodó el cuello de la camisa.
―¿Quiere que maneje? ―dijo Michael.
―No hay problema ―murmuró Orlando, con el cigarro entre los labios.
Michael se adelantó y le abrió la puerta del acompañante a Ronni y se sentó detrás.
En quince minutos, el Chevrolet Chevelle Malibu celeste había dejado Bethesda y entró en la avenida Massachusetts.
Detrás iba el Ford gris. José Suárez comentaba detalles de la bomba que el pasado jueves 16 había logrado detonar con Omega 7, en el barco soviético Ivan Shepetkov, en el puerto de Nueva Jersey.[i] Como Fidel, el maldito no se hundió. Quedó con un enorme agujero de un costado, pero no se hundió.
―Poco después del mediodía, llamamos para revindicar el atentado. No íbamos a hacer todo ese trabajo sin recibir los créditos. Qué coño importa si se hundió o no se hundió el muy maldito.
―No murió nadie esta vez.
Por lo cual la noticia no le dio vuelta al mundo y las donaciones no se dispararon como otras veces.
A las 9:30, el Malibu celeste pasó por la antigua residencia de Letelier. El embajador Manuel Trucco salía de su cama en ese momento.
Poco después de las nueve de la mañana, Jorge Luis Borges caminaba por la avenida Diego Portales de Santiago. En unas horas más, asistiría a una ceremonia en su honor, con la presencia del general Pinochet y la literata Mariana Callejas en tercera fila.
―Sí, Neruda era un mal poeta. No conocía el soneto ni los misterios de la métrica. Le sobraron sílabas, como a Cien años de soledad le sobraron por lo menos cincuenta años…
Borges coincidía con la crítica literaria de la CIA, no con el criterio de la academia sueca. Mucho menos con la opinión de los obreros que compraban sus libros en los quioscos.
―Sus libros también se venden en los quioscos ―le informó Antonio Carrizo.
―¿En los quioscos? ―preguntó Borges, sorprendido―. ¿Mis libros en los quioscos?
En Washington, el Chevy Chevalle tomó la avenida Massachusetts antes de entrar en el DC. A las 9:33 pasó frente a su antigua residencia, ahora ocupada por la familia del embajador de Pinochet y, segundos después, entró en la rotonda de Sheridan, a tres minutos de las oficinas del IPS, en la calle Q 1901.
En ese momento, a pocas cuadras de allí, se realizaba una reunión de Lasa, la Asociación de Estudios Latinoamericanos, para preparar el congreso que ese año sería en Atlanta. Letelier había enviado Juan Raúl Ferreira para informar sobre la dictadura uruguaya.
A las 9: 34, en el Ford que seguía al Chevy celeste, Virgilio Paz apretó los dos botoncitos del control remoto. Era uno de los dispositivos que Townley había adaptado y probado él mismo en el viaje a México, uno de esos que usan los médicos para llamados de emergencia. El bip activó el C4 colocado en el chasis del Chevy, justo debajo del asiento del conductor.
Michael escuchó un sonido eléctrico y un flash detrás de la cabeza de Ronni. Luego de una fracción de segundo, el Chevy voló por el aire y sus pedazos se esparcieron hasta veinticinco metros. Al caer, se incrustó contra un Volkswagen naranja que estaba estacionado. Ronni salió despedida del auto y cayó sobre el césped. Descalzo y sentir las piernas, asfixiado por el humo, Michael logró salir por una ventana y vio a Ronni de pie, como si nada le hubiese pasado.
El único gravemente herido parecía ser Orlando. Estaba recostado de espaldas sobre el volante del conductor. Michael le palmeó la cara:
―Orlando ―dijo―. ¿Me puede escuchar?
Orlando no contestó. Intentó poner una mano sobre Michael, pero no pudo. Sus ojos se movían lentamente y las lágrimas le recorrían las mejillas. Estuvo a punto de decir algo, pero se apagó en segundos.
―¡Fue la Dina! ―gritó Michael―. Malditos fascistas.
Letelier murió en minutos después.
Ronni no estaba bien. La explosión le había cortado la garganta, pero Michael no lo había notado porque ella se alejaba caminando. Hasta que cayó en el piso.
Dana Peterson, una médica que corrió a auxiliarla, no pudo evitar que Ronni se ahogara en su propia sangre mientras intentaba sacarse de encima a Michael. Minutos después, llegó la ambulancia. Luego de una breve discusión, Michael logró subirse para acompañarla al hospital.
En la reunión de Lasa, Juan Raúl Ferreira todavía respondía preguntas sobre las dictaduras del Cono Sur. Cerca del mediodía, se interrumpió la reunión con una conmoción sorda. Juan Raúl no alcanzaba a entender la información fragmentada que corría en inglés de un lado para el otro. Tomó a una joven de un brazo y le preguntó qué estaba pasando.
―¡Mataron a Letelier! ―dijo.
Juan Raúl corrió al IPS.
―También mataron a Ronni ―dijo alguien que acababa de entrar al antiguo edificio de la calle Q.
Entonces, Juan Raúl miró al escritorio que estaba frente al suyo. Era el escritorio de Ronni.[ii]
Había comenzado a lloviznar. En el hospital, Michael Moffitt luchaba por deshacerse del acoso de la policía. Recordó los versos de Pablo Neruda que le había leído el día de su boda. Ella, todavía de blanco, sonreía radiante y con una alegría que no cabía en su pequeño cuerpo:
Levántate conmigo
y salgamos reunidos
a luchar cuerpo a cuerpo
contra las telarañas del malvado…
En medio del fuego estarás
junto a mí…
―¿Por qué dice que Neruda no es un gran poeta? ―le preguntó el periodista.
―¿Usted recuerda algún verso de Neruda? ―repreguntó Borges, lapidario, sonriendo a una cámara de televisión que lo apuntaba desde la eternidad.
―Bueno ―titubeó Carrizo―, me parece que de Neruda se puede citar alguno…
―A ver, ¿cuál?
―No, no me tome examen…
―Yo no recuerdo ninguno memorable ―dijo Borges, muriéndose de a poco, con una vana sonrisa.
La bomba estaba programada para explotar el lunes. Townley compró los diarios, escuchó las radios y no encontró ninguna información que lo confirmara. Cuando finalmente detonó la mañana del martes 21, ya se encontraba en Miami. De ahí se fue a cenar con sus padres en Boca Ratón.
En Union City dos hombres conversaban frente a dos vasos casi vacíos de ron y con dos espesos habanos entre los dedos.
―Oye chico. Todavía me sigue dando vueltas en la cabeza algo que…
Por la Bergenline Avenue caminaban la ultimas minifaldas del año, mientras el cielo no se decidía a enviar lluvia, llovizna o la primera nevada del año.
―Pues dime.
―¿Y si el americano preparó el detonador para que fallase a propósito, sabiendo que nosotros lo íbamos a reparar?
―Eso nunca lo sabremos…
―Lo vi un poco reticente a participar en la operación. Ahora, después de todo, resulta que fuimos nosotros quienes pusimos el C4 y luego lo detonamos. ¿No era eso lo que los chilenos querían?
―Nosotros también queríamos los créditos, ¿o no?
―¡Claro, chico! Pero otra cosa es la traición. No soporto la sola idea de que nos pudieron haber usado.
A esa misma hora, Jorge Luis Borges caminaba por segunda vez la avenida Diego Portales de Santiago. Iba a recibir un doctorado honoris causa de la facultad de Filosofía y Letras de la Universidad Católica, la misma que había dado a Chile y al Universo la orgullosa infamia anglosajona de los Chicago Boys. Borges era ateo, pero no lo impresionaban los misteriosos designios de la mano que figura y prefigura los avatares de las piezas del ajedrez que a un mismo tiempo entretuvieron las elucubraciones del moro y del judío en el laberinto de una civilización ya olvidada por las ficciones de la historia.
María Callejas supo con tiempo de esta visita histórica y movió todos sus contactos para que la incluyeran en la cena con el escritor argentino. En una de las tertulias semanales de Lo Curro, un invitado había dicho:
―Dicen que Borges es un analfabeto político.
―Muy sabio.
―No le importaba mucho.
―Es que una metáfora o una paradoja son universales. El ganador de unas elecciones es como el campeón de fútbol que levanta un trofeo. Ambos son productos del azar, de una conjunción de las arbitrariedades del destino que borrarán las arenas del reloj persa en los barcos del inspirado anglosajón sobre las ondulantes superficies de los cálidos y nunca del todo reales mares del sur.
―Como sea. En las elecciones de 1973, Borges le dijo a la madre que no iba a votar. Seguro que daba por descontado una victoria del peronismo. Leonor, su madre, por entonces con 96 años y postrada en la cama, se enojó. Leonor Borges odiaba a Perón, casi tanto como a Evita. “Si quiere voy y voto por usted”, le dijo Georgie. El mismo Borges reconoció que Leonor le había dado el sobre con el voto que Borges puso en la urna. Él nunca vio la boleta que su madre puso en el sobre. Por pudor político, aunque era demasiado obvio, dijo que no había querido ni saber lo que contenía aquel sobre.
―Es decir, nunca quiso saber lo que votaba…
―De eso se tratan las democracias, ¿no? ―dijo alguien y sumó otra carcajada unánime.
―¿Es cierto que todavía está dolido por haber perdido el Premio Nóbel con Pablo Neruda?
―No le importa. Estocolmo está lleno de comunistas.
―Mucha razón tiene cuando dice que ni Neruda debía recordar sus propios poemas, porque nadie puede recordarlos. Es decir, no son memorables. Si alguien se los leyera y se salteara un verso, Neruda no se daría cuenta.
―También dijo que Neruda era un discípulo de Lorca, pero mucho peor que Lorca.
Días después de la explosión en Sheridan Circle, el empresario Edwin Wilson se contactó con tres cubanos de Miami, quienes habían viajado a Washington tres días antes, para negociar la venta de explosivos y lápices cronometrados al gobierno de Libia, por un valor de cien mil dólares. En principio, el acuerdo con Muamar el Gadafi consistía en la compra de equipamiento de detección de explosivos, para limpiar los caminos de minas personales, pero algunas fuentes habían informado de la posibilidad de que el negocio pudiese ser extendido a la exportación de C4 para eliminar disidentes. Wilson (al igual que uno de los cubanos contactados, había sido agente de la CIA hasta semanas atrás) tenía un negocio de armas y explosivos, Consultants International, en el 1425 de la calle K, a diez minutos de Sheridan Circle.
Bob Woodward, el periodista elevado a categoría de celebridad por el caso Watergate, reportó que, aparte de tecnología para detectar explosivos, “la propia literatura promocional de la empresa Consultants International deja claro que puede armar a un ejército con lanchas patrulleras, paracaídas, accesorios aerotransportados y vehículos blindados”. La misma empresa aseguraba en sus folletos: “Podemos diseñar paquetes de armamentos para satisfacer las necesidades de cada cliente”.
Por alguna razón, el acuerdo programado entre Wilson y los cubanos en una reunión en Génova, no prosperó.
―Sabemos que el gobierno de Libia ha hecho, de muchas maneras, cosas que podrían haber estimulado el terrorismo ―dijo el presidente Ford, en una conferencia de prensa. [iii]
El intento de relacionar al gobierno de Libia con el asesinato de Letelier tampoco prosperó. Su mayor debilidad era su falta de sentido común.
Wilson será detenido en Nueva York, apenas arribado de República Dominicana, seis años y catorce millones de dólares más tarde, acusado de tráfico ilegal de explosivos. La prensa dirá que, a los largo de dos décadas de vida clandestina al servicio de la CIA y de los marines, Wilson había “cambiado patriotismo por negocios”. Desde 1955 hasta 1976, había sido agente de la CIA, había participado de la fallida invasión a Bahía Cochinos, de múltiples ataques contra Cuba y de la creación de varias compañías falsas con el propósito de continuar en privado lo que había sido un plan del gobierno.[iv]
Los privados no lo hacen mejor, pero no se les ve la ideología. Sólo las ganancias.
El 21 de septiembre de 1976, el embajador de Chile en Washington, Manuel Trucco Gaete, emitió una declaración:
“Mi gobierno rotundamente repudia el ultrajante acto de terrorismo que ha costado las vidas de un anterior Embajador de Chile en los Estados Unidos y de uno de sus colaboradores.
El deplorable hecho solo enfatiza la necesidad de combatir el terrorismo en cada uno de sus aspectos porque es indicativo de la extensión hasta la cual los elementos hostiles llegaran para obtener sus inconfesables objetivos.
En nombre de mi gobierno urgentemente solicito que una completa y rigurosa investigación sea iniciada de manera que todas las facetas y circunstancias pertinentes a este acto brutal sean investigadas y los culpables procesados.
El terrorismo y la violencia deben ser detenidos antes que haya más víctimas inocentes.
Consultado por más detalles, el embajador agregó:
―Letelier no significaba ningún peligro para mí. El hombre vivía en una isla de marxistas, sin ninguna trascendencia en Estados Unidos.
En Washington, el asesor de Letelier, Juan Gabriel Valdés, había invitado al uruguayo Juan Raúl Ferreira para colaborar con el instituto de investigaciones latinoamericanas IPS.
―El 11 de setiembre era el aniversario del Golpe ―dijo Juan Raúl―. El 18, la Fiesta nacional dieciochera.
Pinochet siempre lo conmemoraba con algún acto memorable. En setiembre de 1974, mataron a su antecesor, el general Prats, exiliado en Argentina. El 5 de octubre, de 1975, Townley y sus socios de Miami balearon a Bernardo Leighton y a su esposa en Roma, dejándolos paralíticos. 1976 no podía ser la excepción.
Ariel Dorfman supo del atentado contra Letelier, esa misma tarde. Estaba en las oficinas del Transnacional Institute de Ámsterdam, el instituto que había fundado el mismo Orlando Letelier. Sus compañeros de trabajo murmuraban en distintos idiomas o sostenían silencios incrédulos.
Ariel recordó la última vez que lo había visto. Había sido justo tres años atrás, en una reunión en la Peña de los Parra, en Santiago, donde solían cantar Violeta Parra y Víctor Jara.
―El encuentro ―me dijo Ariel― había sido organizado por Fernando Flores en memoria del General Prats. Trabajábamos juntos en La Moneda. También estaban Orlando, José Tohá y sus esposas. Todos los hombres presentes habían sido ministros de defensa de Allende. Conocían de cerca a Pinochet, podrían testimoniar de su traición a Allende y de su pequeñez emocional y mental. A los tres los mató Pinochet.
En cierto momento, comenzó a sonar un tango y algunos invitados salieron a bailar. Ariel se mantuvo en su silla. Sabía que era pésimo bailando tango. Su esposa Angélica, en cambio, era una maravilla, pero casi siempre se solidarizaba con la torpeza y la timidez de Ariel y se quedaba en su mismo rol de espectadora.
―Tampoco iba a interrumpir a esas tres parejas que se habían robado el momento ―recordó Ariel.
Orlando Letelier bailó con Sofía, la esposa del general Carlos Prats, Isabel con José Tohá y Prats con Moy, la esposa de Tohá. La alegría de esa noche fue como la calma que precede a un huracán.
―En ese momento ―recordó Ariel―, no podía darme cuenta de que los tres hombres que bailaban estaban unidos por un mismo destino fatal: los tres habían sido ministros de defensa de Allende. Los tres habían sido figuras muy próximas de los militares. Los tres fueron traicionados. Los tres sabían demasiado. Los tres fueron asesinados por Pinochet.
Mientras el presidente Andrés Pérez negaba cualquier conexión con el asesinato del exministro chileno, el gobernador de Caracas, Diego Arria, volvía a interceder por Orlando Letelier, esta vez para que su cuerpo sea enviado a Venezuela. Isabel estuvo de acuerdo en enviar lo que quedaba de su esposo en Caracas. El 29 de setiembre, Letelier fue enterrado en un costado de un cerro con vista a la ciudad. Andrés Pérez abrazó a la viuda y dio un discurso que ya nadie recuerda.
Una semana antes, el jueves 23, Orlando Bosch había arribado a Caracas con otro pasaporte falso, pero en Inmigración todos sabían quién era el cubano. Pocos días después, se realizó una fiesta de beneficencia con carácter de discreción en una casa de La Castellana o, más probablemente, en La Lagunita Country Club, una urbanización similar a Lo Curro en Santiago, iniciada por el general Marcos Pérez Jiménez para los militares y que en poco tiempo se convirtió en un barrio exclusivo. El coctel se había anunciado para recaudar fondos para el combatiente refugiado cuyo nombre no se mencionaba en las invitaciones pero todos conocían o querían conocer.
En un informe del 18 de octubre al Secretario de Estado Henry Kissinger, la CIA aseguró que Bosch le había ofrecido a los funcionarios venezolanos renunciar a actos de violencia en Estados Unidos durante la visita del presidente Carlos Andrés Pérez a la ONU, en noviembre, a cambio de “una contribución sustancial en efectivo a la organización” de Bosch. El mismo informe reportó que Bosch declaró:
―Ahora que nuestra organización ha quedado muy bien con el trabajo realizado en Washington contra Letelier, vamos a intentar algo más.
Según los documentos clasificados de la CIA, la reunión se realizó en la residencia del cirujano cubano Hildo Folgar entre el 22 de setiembre y el 5 de octubre (la fecha más probable es el sábado 25 de setiembre). El precio del plato ascendió a 5.000 bolívares por asistente (1.118 dólares de la época; seis mil dólares cincuenta años después.) Otras fuentes reportaron casi un centenar de asistentes.
Lo recaudado esa noche superaba claramente los dos mil dólares que costaba pagar un mercenario de Honduras o de El Salvador a Cuba o a Estados Unidos con todos los gastos incluidos. Según el mismo documento clasificado de la CIA con fecha del 14 de octubre, “en la cena, Bosch se le aproximó junto con García a un funcionario del Ministerio de Relaciones Interiores y le propuso que el gobierno de Venezuela haga una contribución económica importante a su causa; a cambio, Bosch se comprometería que los cubanos en Estados Unidos no realizarían ninguna protesta contra la visita de Carlos Andrés Pérez a las Naciones Unidas, programada parta noviembre, lo cual el funcionario venezolano aceptó”.
―Ahora que nuestra organización ha logrado realizar concluir exitosamente la Operación Letelier en ―dijo Bosch en la reunión, y sus palabras fueron recogidas por el informante de la CIA―, vamos a intentar algo más.[v]
Orlando Bosch y El Mono Ricardo Morales vivieron por un tiempo en el hotel Caracas Hilton, cerca del parque Los Caobos. Al igual que Hernán Ricardo Lozano, Morales había comenzado a trabajar para la policía secreta venezolana gracias a las gestiones de sus jefes de la CIA. Todos eran especialistas en explosivos, pero ninguno detonó uno en su vida. Como decía Posada Carriles, en la CIA enseñaban de todo, desde patriotismo a cómo armar y detonar una bomba, pero eso no los hacía terroristas, como no eran terroristas los soldados que recibían cursos de cómo matar personas. El conocimiento estaba ahí por las dudas, pero nunca hicieron uso de él. El único que confesará la autoría de algunas bombas será El Mono Morales. Bosch y Posada Carriles también confesaron en diferentes momentos, pero luego lo negaron en su momento, sobre todo en los pocos juicios que debieron enfrentar.
―Vamos a golpear un vuelo de Cubana ―dijo Posada Carriles, según el informante de la CIA en Caracas― y Orlando tiene los detalles.
Ningún documento desclasificado revelará que la CIA hizo algún intento por evitar el atentado terrorista de sus empleados.
Freddy Lugo y Hernán Ricardo Lozano, los dos venezolanos contratados por Posada Carriles para su nueva empresa de detectives privados, fueron los únicos que presenciaron el accidente. ¿Era necesario ese espectáculo, como si se tratase de fuegos artificiales o de un partido de beisbol? Por la misma razón habían sido detenidos en el primer intento de volar otro avión de Cubana, dos meses antes. Pero esta vez el plan fue un éxito. Lugo y Ricardo tomaron el siguiente vuelo de regreso a Trinidad. Allí la policía los arrestó.
Confesaron. En Venezuela, la policía arrestó a Bosch y Luis Posada Carriles, jefe de la división de explosivos de la Disip. Los dos negaron todas las acusaciones. Como en las malas traducciones de sus series de televisión favoritas:
―No sé de qué habla ―dijeron.
No sabían nada de nada. Aunque no condenaban los hechos publicados en la prensa, tampoco eran capaces de perpetuar un acto tan abominable. Bosch, Posada Carriles, El Mono Navarrete y casi todos los demás colaboradores estaban de acuerdo en algo: Cubana 455 era un avión de combate y las 73 víctimas de Cubana no eran víctimas. Eran combatientes, como todos quienes no pensaban y sentían como ellos.
En minutos, la calle se llenó con ambulancias y autos de la policía. Poco después, llegó el agente Carter Cornick. Cuando vio a Michael quemado y gritando como loco “fue la Dina”, pensó que estaba hablando de una mujer. El agente del FBI no tenía idea de lo que pasaba fuera de fronteras.
Michael alcanzó un teléfono público y dudó. Luego llamó a la secretaria de IPS para que llame a Isabel. El agente Cornick quería hablar con él.
―Le dices que estamos en el Hospital George Washington, que hubo un accidente…
El FBI le llevó un perro a Michael para olfatearlo de pies a cabeza. Cuando Isabel atendió el teléfono, presintió lo peor. En los últimos años se había acostumbrado a lo peor. Recordó lo que Orlando le había dicho horas antes: “Ven a almorzar con nosotros. Tengo una noticia que te va a gustar”.
Llamó a las escuelas donde estaban sus cuatro hijos, para que los dejaran salir antes de tiempo. Temblando, abrió su vestidor y tomó una chaqueta negra. Luego la volvió a colgar y se decidió por un vestido colorido.
Cuando llegó al hospital, vio una muchedumbre a la entrada. Pensó, o quiso pensar, que se trataba de otra cosa.
―Es ella; es la viuda ―escuchó o creyó entender.
Debían estar hablando de otra persona. Tal vez no entendió bien el inglés apurado. Cuando logró subir al piso donde estaba Orlando, se encontró con Michael, como si volviese de un incendio. Lo abrazó. Michel murmuró:
―Se llevaron a mi bebé también…
Isabel no alcanza a comprender con claridad qué ha pasado y pide ver a Orlando.
―Su esposo está muerto ―le informa una de las enfermeras.
Isabel insiste en verlo, pero las mujeres de la salud se amparan en el reglamento y dicen que no es posible. El señor Letelier ha muerto en una explosión y su cuerpo está en muy malas condiciones.
―Quiero verlo ―insiste Isabel―. Quiero despedirme de él, aunque sea de una mano.
―Lo siento, pero no es posible.
Isabel no deja de repetir lo mismo hasta que una enfermera accede.
Cuando Isabel descubre el rostro de Orlando, ve su expresión de dolor, o de tristeza. Ella conoce ese gesto mejor que nadie. Orlando supo lo que había pasado antes de morir y de ahí esa expresión. Supo que Pinochet lo había hecho de nuevo.
En la radio del auto que lleva a sus hijos Juan Pablo y Francisco al hospital, escuchan algo sobre un coche bomba, pero saben que están en la ciudad más segura del mundo y que su padre estará bien. A 480 kilómetros, en la Universidad de Carolina del Sur, el hermano mayor, Cristian, debe salir de una clase de Política Mundial donde se discutía la política del Détente de la Guerra Fría.
Para entonces, en el IPS, los empleados se habían encerrado con llave, esperando un nuevo ataque a las oficinas. A las 2:00 de la tarde, cuando los agentes del FBI, armados y con perros que no paraban de ladrar los convencen de abrir, comenzó el interrogatorio.
Landau y su equipo requisó todo el material de la oficina de Orlando Letelier.
―No responderemos nada hasta que no esté presente nuestro abogado.
Por los espionajes anteriores a IPS y a otros grupos antibélicos, reconocidos por el FBI ante el Congreso, los investigadores de IPS miden sus respuestas y desconfían hasta de sus sombras.
―Tranquilo, muchachos ―dice un agente―. Estamos aquí para ayudarlos.
Media hora más tarde, otro agente inicia el interrogatorio:
―Si me permiten, procederé con la primera pregunta. ¿Quién creen que hizo este atentado?
―La Dina.
―¿Pueden deletrear su nombre?
―D-I-N-A.
―¿El apellido de Dina? ―preguntó el agente Carter Cornick.
En el hospital, el detective Walter Johnson sabe que Ronni está muerta y presiona a Michael para que aporte alguna información de valor antes que el trauma del atentado silencie detalles que podrían ser relevantes solo para él. La noche ha caído hace horas sobre Washington. Michael es liberado del interrogatorio y sale por un pasillo como si arrastrase su propio cuerpo. En una habitación, un paciente mira Hombre Rico, hombre pobre. En la habitación contigua, otro paciente entretiene su insomnio con Mash, la serie favorita de Orlando Bosh, luego de Mission Impossible.
Por la noche, Michael, aún con los restos de la explosión en su ropa y en su pelo, con la memoria del humo y del perro del FBI olfateándolo impregnada en todo lo que veía y sentía, volvió a la casa de Potomac, a donde Ronni ya no volverá. Allí los investigadores buscarán hasta el último rincón algún rastro de explosivos. Los senadores y todo tipo de desconocidos irán a acompañarlo, como si eso pudiese menguar en algo su dolor. Cuando, finalmente, lo dejan en paz, se dará un ducha y se emborrachará hasta caerse dormido. No por muchas horas. Despertó varias veces hasta que terminó por levantarse en la madrugada del 22 de septiembre.
Una de las peores pesadillas de una persona es despertarse a la misma pesadilla del día anterior. Allí estaban la ropa, los libros, las cacerolas de Ronni. Michael no movió nada por meses. Tampoco cortó el pasto ni lavó la cocina. Por meses, por años, abusó del alcohol.
[i] Metropolitan Briefs. “Jury Selection Starts on Bronfman Kidnapping Gimbel’s Strike Settled Soviet Ship Damaged Strike Halts Tramway 2 Admit Faking Accidents Retail Sales Increase”. The New York Times. 17 de setiemrbe de 1976, p. 26.
[ii] Conversación del autor con Juan Raúl Ferreira. Con su autorización.
Vaya casualidad que por enésima vez Milei repite las mismas frases que salen de Washington y Tel Aviv de forma simultánea, como aquello de “En Gaza no hay inocentes”, etc.
Esta semana tuvimos “La cultura hebrea es la base de la moral y de la civilización occidental” (idea absurda que ignora el 99 por ciento de la historia global para crear esa ficción a la carté llamada “Occidente”), repetida de forma simultánea en destientos podios de distintos continentes. Todos podios de la extrema derecha, está de más decir.
No es que sean las mismas ideas. Son las mismas palabras y, por si fuese poco, están siemrpe cronometradas.
En Argentina, lo leyó Milei (Milei siempre lee sus discursos) y en Tel Aviv, salió de boca del embajador estadounidense Mike Huckabee, esta vez en un acto adulatorio a Netanyahu.
El patrón se repite año tras año de forma descarada. Claro, confían en el Amén interminable de sus esclavos privilegiados.
La misma vestimenta, los mismos colores, los mismos clichés–píldoras fáciles de consumir.
Los mismos crímenes.
Tal vez sea hora de fundar una religión basada en El Quijote. Además, dejaríamos de pagar impuestos, que no es poca cosa, sobre todo considerando que sirven para proteger a los ricos y para financiar guerras. Sería una religión irracional, como cualquier otra, pero al menos estaría llena de humanismo, solidaridad y compasión por los humanos. Claro, eso mientras no surja un idiota fanático, privatizador de la verdad, con su propia interpretación para justificar otras masacres.
No soy un hombre religioso. No creo que Dios (el Creador del Universo) de existir, sea tan narcisista como para condenar al infiero a humanos que dudan o no se arrodillan ante su Ego en una cueva construida por homo sapiens.
Sí admiro gente que se apoya en su fé para resistir las peores masaceres.
De la misma forma que detesto a los asesinos que han sembrado la historia con interminables matanzas y ficciones eróticas sobre su raza elegida–con sus penes y vaginas elegidas, tan hediondas como la de cualquier otro mamífero.
El 10 de setiembre de 2025, en un evento llamado “The American Comeback Tour” (“Gira por el Regreso de Estados Unidos”) en la Utah Valley University, un estudiante le preguntó a Charlie Kirk:
“¿Sabes cuántos tiroteos en masa ha habido en los últimos diez años?”
“¿Contando la violencia de pandillas?” respondió Kirk, irónico.
Kirk era un arengador profesional de la derecha, reconocido por el presidente Trump por haberlo ayudado a ganar las elecciones. Tiempo atrás, había afirmado que algunos muertos por violencia de armas (40.000 anuales) eran un precio razonable para mantener la sagrada Segunda enmienda. Según la Asociación del Rifle, que dio vuelta la interpretación de la Suprema Corte, esta enmienda protege el derecho de los individuos a portar rifles AR-15. La letra impresa de 1791 no habla de individuos sino de “milicias bien reguladas”. Por armas se refería a unos mosquetes que no mataban un conejo a cien metros. Por “the people” ni soñando se refería a negros, mulatos, indios o mestizos.
Antes que pudiese articular una respuesta completa, Kirk recibió un poderoso disparo en la garganta desde un edificio ubicado a 140 metros. De paso, por casualidad o no, sus enemigos de la misma derecha, como Ben Shapiro y, tal vez Tel Aviv, se sacaron de encima a un traidor que había cuestionado el 7 de Octubre de 2023 ―como lo hicimos nosotros en Página 12, el 8 de octubre.
Los medios y las redes sociales explotaron culpando a “la izquierda”, pese a que, solo en los últimos cincuenta años, las matanzas de la derecha suman el 80 por ciento de los muertos y los de la izquierda apenas cinco por ciento.
Pero ¿a quién le importa la realidad, si el verbo creó el mundo? Desde Europa hasta el Cono Sur, quienes escucharon por primera vez el nombre de Kirk organizaron emotivas ceremonias por el nuevo mártir de la “violencia de los zurdos” y no ahorraron elogios a su “profunda influencia” que “marcó un camino” para la gente de bien.
Dos días después, el gobernador del estado mormón de Utah, Spencer Cox, dio a conocer la identidad del asesino. Casi llorando, reconoció que “había rezado 33 horas para que el asesino fuese alguien de afuera, de otro estado o de otro país”, pero Dios no lo escuchó. Dos días más tarde volvió a los medios más aliviado: el asesino, aunque conservador, amante de las armas, votante del presidente Donald Trump, había sido influenciado por las “ideas de izquierda” de su pareja, un joven transexual.
Los religiosos capitalistas no creen en el pecado colectivo sino en el pecado individual, pero siempre están buscando un pecador dentro de un grupo ajeno para para criminalizar al grupo entero. Cuando Cox reconoció: “Durante 33 horas recé para que el asesino fuera alguien de otro país… Lamentablemente, esa oración no fue escuchada”. No se le ocurrió pensar que “nosotros, que lideramos las donaciones en todo el país”, podíamos ser criminales, pecadores. Si cerramos los ojos para decirle a Dios lo que debe hacer, no podemos ser malos.
Ahora, ¿cuál es la lógica (sino la ingeniería) social en todo esto? Pongámoslo con una metáfora que atraviesa tres continentes y más de mil años de historia: el ajedrez.
Como las matemáticas modernas, las ciencias fácticas y los mecanos, en el siglo IX los árabes introdujeron el ajedrez indio a Al-Andalus (hoy España). Europa lo adoptó y adaptó. El sistema feudal europeo concentraba todo el prestigio social en la tenencia de tierras y en el honor de las guerras. Como hoy, los nobles inventaban guerras en las cuales sus súbditos iban a morir en nombre de Dios, mientras ellos recogían el botín y el honor. Los peones, esa línea de piezas sin rostros y sin nombres, son los soldados modernos y, más recientemente, los civiles que sólo sirven de carne de cañón.
¿Dónde está el truco? En geopolítica, los dos bandos representan dos bloques o alianzas de países. Igual, los de abajo son los primeros en morir. Si sobrevive un peón hasta el final de la partida, es porque se arrimó al rey para protegerlo.
A nivel nacional, representa una guerra civil, pero éstas suelen ser raras; son la última instancia de una guerra más prolongada que la precede. Cuando vemos estas piezas en acción, vemos las blancas contra las negras. Vemos una “guerra cultural”. Una guerra que hoy no es, porque, si realmente fuese una guerra cultural, la libertad de expresión estaría garantizada, algo que, en Estados Unidos y bajo el gobierno libertario de Trump-Rubio, ha ido muriendo cada día.
Es decir, la guerra cultural nos impide ver la verdadera guerra que precipita el conflicto: la guerra de clases. En la línea de fuego tenemos a los peones. Más atrás, la aristocracia, los ricos. Finalmente, los verdaderos dueños del combate: todos luchan y mueren por defender a un rey (¿BlackRock?) quien, sin sacrificio, se lo lleva todo.
En La narración de lo invisible (2004) propusimos una tesis sobre la lucha política de los campos semánticos: quien lograba definir y limitar el significado del ideoléxico (luego “guerra cultural”), marcaba la dirección de la historia. Esto sin negar que la principal fuerza de conflicto radica en la lucha de clases, que las clases en el poder (y sus amanuenses) niegan siempre o se la atribuyen, como intención perversa, a los críticos marxistas, conspiradores del mal.
Hoy podemos ver cómo esta lucha de clases, ejercida por las elites financieras, no ha cesado de promocionar una guerra cultural como distracción perfecta. Negras contra blancas, cristianos contra musulmanes, machistas contra feministas, elegidos de Dios contra creaciones defectuosas de Dios…
Esta oligarquía, que no para de secuestrar y concentrar la riqueza de las sociedades, se ha dado cuenta de dos problemas: (1) La brecha entre quienes lo tienen todo y quien no tienen nada se ha incrementado de forma logarítmica ―ergo, peligrosa. (2) La vampirización de las colonias que proveían a los imperios del capitalismo blanco se está secando y los pueblos, que apenas se beneficiaron de este genocidio histórico que dejó cientos de millones de muertos, ya no sienten el privilegio de ese sistema internacional. Están empobrecidos, endeudados, destruidos por las drogas duras y por las drogas de la argumentación apasionada e inútil de las redes de entretenimiento, productoras del odio sectario, nacionalista y tribal.
La droga principal de las elites es el dinero y el poder. Necesitan siempre más para mantener un mínimo de satisfacción, pero saben que esta situación, tanto nacional como internacional, no es sostenible. A nivel nacional, es la fórmula perfecta para una sangrienta rebelión. A nivel internacional, significa el derrumbe de un poder dictatorial que en el siglo XIX se llamó “democracia blanca”.
Adentro, para evitar o postergar esta rebelión, necesitan promover el odio entre los de abajo y la militarización como solución. Afuera, el objetivo es el genocidio, la aniquilación de cualquier potencia emergente o la tercera guerra mundial.
Palestina es el laboratorio perfecto donde se decide cómo alcanzar una brutalidad a pesar de la oposición de un mundo sin poder. La propaganda les está fallando, así que aceleran el recurso sordo de la violencia bélica, cuyo objetivo es la limpieza de humanos incómodos a fuerza de bombardeos masivos, interminables, impunes.
Since the beginning of this century, we’ve argued—in conferences and in print—that the most reasonable way to reduce the drug business in a capitalist system is by heeding the law of supply and demand. No mafia can sell something illegal that no one wants to buy. Since Nixon, over a trillion dollars spent by Washington on a war that only multiplied deaths south of the border never solved the problem. The law of supply and demand is simple: if consumption is reduced in the United States, the cartels are defunded.
How? By investing in public health, education, culture (not consumer culture), housing for the homeless, and restoring social programs dismantled by neoliberalism in the 1990s. This would reduce trafficking radically, without firing a shot. Why isn’t this rational approach pursued? Perhaps because eliminating drug trafficking was never the intention.
The U.S. illegal drug market generates up to $600 billion annually—about the combined economies of Chile and Iran. To move that much cash to Latin American cartels would take 5,000 armored trucks and 60,000 boats like the one you ordered sunk in the Caribbean, killing eleven people. And yet, with the most powerful police, the most advanced technology, and the most expensive military in human history, none of these trucks or boats are ever intercepted. Meanwhile, illegal arms flow daily across the border into Mexico.
Could it be that the money doesn’t return in cash, but is laundered through banks? Why can’t the world’s most powerful intelligence agencies, which claim to know our personal habits and preferences, discover which banks are laundering $500 or $600 billion?
The CIA and other agencies have long been implicated in drug trafficking—the same ones that, according to the official story, were blindsided by a handful of students on September 11, 2001, or, as George Bush later admitted, “mistaken” about Saddam Hussein. They’re either incompetent or pretending, well-paid either way. Detecting one truck, one boat, or one bank cannot be Mission Impossible. Why then do agencies siphon off $70 billion in taxes while preoccupying themselves with dissidents’ private lives or organizing plots abroad, yet remain clueless when truly needed?
Marco, why do you know so well how drugs enter the United States, but have no idea how the dollars to pay for them leave? Why are no traffickers detained by ICE? Why are the American distributors of illegal drugs across the country almost never caught? Or are we to believe drugs fall like rain and dollars evaporate?
Meanwhile, we’ve seen masked men kidnapping people even for publishing an article. Poor workers of non-Caucasian appearance are treated as the greatest criminals, while now immigrants are even offered visas to persecute immigrants. Billions are spent repressing production, yet undocumented Europeans, Canadians, and Australians—over half a million—are not arrested, beaten, or thrown to the ground.
Why blame gun users for violence but never the producers? Why blame drug producers for addiction but not the users? Why murder eleven people in the Caribbean without knowing who they were, without due process to bring them to justice?
You repeat your boss’s words, that killing some with a missile will deter others—just as lynching a free Black person once warned Black slaves against disobedience. A practice that continues, with other justifications. For decades, Miami Cubans spread terror across the U.S. and the Caribbean with bombs and assassinations, protected by the CIA. Posada Carriles, Bosh, Morales, Ross Díaz, Arocena, Novo Sampol, Battle, Suárez, Masferrer—they killed with impunity because “a bomb always makes headlines.”
Following this old example, why didn’t U.S. police throw a grenade into a New York apartment where traffickers were supposedly hiding? Why didn’t they launch a missile at Epstein’s Lolita Express? Would that have been too cruel? Yet Cuban terrorists in Miami did exactly that with Cubana 455, killing 73 people—mostly young athletes—49 years ago. No one went to jail. How many child rapes and wars might have been prevented by a missile on Epstein’s plane?
Colombia produces a quarter of the cocaine entering the U.S., yet despite a leftist government still hosts six to ten U.S. military bases. Venezuela, with the world’s largest oil reserves, has none. Ninety-eight percent of fentanyl comes from China—why not shoot down a Chinese ship? In Ecuador, trafficking multiplied under Noboa, an American born in Miami. Why can’t they stop methamphetamine, LSD, and other synthetics produced on U.S. farms? Why not bomb planes from Canada, Belgium, or the Netherlands to stop ecstasy? Are those traffickers too white or too rich to mistreat?
After the last terrorist act in the Caribbean—a return to 19th-century gunboat diplomacy—you said: “I don’t care what the United Nations says.” Cuban exiles once said the same. On Miami television in 1981, Ricardo “El Mono” Morales admitted to bombing Cubana 455: “I don’t regret anything. If I had to kill 273 instead of 73, I would do it again.”
But when has Washington ever cared what the world thinks? On Cuba, Iraq, Palestine—the U.N. vote is always overridden by the U.S. veto. Why even bother to announce indifference, when the record is so clear?
In fewer words, Marco: if Washington decides who lives and dies, what use is the rest of the planet? Still, don’t believe that humanity and its colonies will remain docile and stupid forever.
«Race mixing is communism» (1958). Cohabitation multiethnique c’est propagande déculturée et sans projet (2004).
2000 ans d’Historie qui nous ont civilisés
Hace un tiempo, en un ensayo anterior, critiqué la valoración ética del patriotismo. Un lector francés que leyó una traducción de este artículo hecha por el escritor Pierre Trottier —La maladie morale du patriotismo[1]— Escribió un largo alegato a favor de las fronteras nacionales. Su fundamentación giró en torno a la siguiente idea: Los países tienen distintas culturas, cada uno concibe diferente la «libertad» y, por lo tanto, no es posible considerar el mundo como una «tabla rasa», ignorando las diferencias culturales. De las diferencias culturales se concluye en la necesidad de las fronteras y, más aun, de los valores «patrióticos».
[…] c’est à que servent les frontières: à defender des espaces de liberté dont la valeur diffère d’un côté et de l’autre. L’abolition des frontières viendra quand l’humanité se sera dissoute dans le même moule culturel universel, unique, et total (Oulala/Le Monde, 29 de agosto de 2004).
Sin negarle el derecho voltaireano, entiendo que este lector no comprendió que mi crítica al «patriotismo» —tal como es entendido hoy y creo ha sido bandera nacionalista en toda la Era Moderna— no ignoraba las diferencias culturales sino, precisamente, las tenía en cuenta. Cosa que no hace el autor de estas palabras en su respuesta, cuando dice que no todas las libertades valen igual, lo cual es bien sabido en los países con conflictos étnicos y culturales, menos por «nous, pauvres français idéalistes décérébrés par la propagande de la cohabitation multiethnique et culturallment diverse, festive et altermondiste, métisse et deculturée, déracinée et sans projet».
En otro lugar hemos analizado cómo la retórica ideológica procura identificar unos símbolos con otros, unas ideas con otras sin una relación causal o necesaria entre ellas, de forma que se logra una valoración negativa del adversario identificándolo con un concepto negativo. Es el ejemplo de las pancartas que en los años cincuenta, en el sur de Estados Unidos, podían leerse en contra de la integración racial: «Race mixing is communism» (es decir, literalmente, «integración racial es comunismo»).
Aquí estamos ante al mismo método, el cual se podría resumir de esta forma, aunque esta vez en francés: «cohabitation multiethnique» es (1) «propagande», (2) «déculturé», (3) «et sans project».
Por si la asociación arbitraria con el objetivo de identificar al adversario —o, en el mejor caso, a la idea adversaria—, no hubiese sido suficiente, el método ideológico cierra su retórica con una frase que, sin nombrarlo, alude a una expresión acuñada por el nazi Hermann Wilhelm Goering hace sesenta años: «Peut-être avez-vouz envie de sortir votre revolver quand vous entendez le mot ‘Culture’?» (En español, la intolerante frase traducida del alemán sería: «cuando oigo la palabra ‘cultura’ saco el revólver»)
No obstante, luego de haber atacado el mismo concepto de diversidad cultural, al final mi lector francés pretende identificarse a sí mismo con los defensores de la ‘Culture’, en general, cuando en su caso omitió, deliberadamente, escribir el adjetivo «française» al lado del sustantivo en singular. (El criminal Goering sólo podía concebir «Cultura», con mayúscula y en singular; mientras que nosotros preferimos el plural «culturas»; la diferencia no es simplemente gramatical, sino de vida o muerte, tal como lo demuestra la historia.) De acuerdo con el conjunto de su artículo, lo único que ha demostrado defender, antes que nada, es su propia cultura, en el entendido que los demás harán lo mismo porque el mundo es «un combat que je suis prêt à embrasser face à la menace du totalitarisme intellectuel, celui qui joue au révisionnisme des 2000 ans d’Historie qui nous ont civilisés».
Mi tribu es el centro del mundo
No me voy a detener recordando estos arbitrarios y simplificados «dos mil años de historia» europea, cruzados por una multitud de culturas «impuras» —de Oriente y de Occidente, del Norte y del Sur—, de intolerancia religiosa, de totalitarismo francés —dentro y fuera de fronteras— y de libertad y derechos humanos, también franceses.
Ahora demos un paso más allá. Observemos que la «otredad» no tendría mucho sentido si el «otro» fuera un reflejo especular de nosotros mismos. El desafío y la virtud de nuestro mundo consiste, entonces, no en enfrentarnos con otras culturas y otras sensibilidades éticas sino en aprender a dialogar con las mismas. Ninguna de ellas podría fundamentar un derecho superior o natural sobre la otra, tal como lo sostienen explícitamente algunos intelectuales del centro, como Oriana Fallaci. Sólo la fuerza es capaz de establecer esta diferencia jerárquica, pero recordemos que en un mundo que se ha cerrado en su geografía, la fuerza puede lograr victorias económicas y militares, pero no la justicia necesaria para la paz y el progreso sostenido de la humanidad. Para no hablar sólo de justicia como fin en sí misma.
Por supuesto que en esta diversidad cultural —a la cual no estamos tan acostumbrados como presumimos; aún nos pesa la sensibilidad moderna de «mi tribu como centro del mundo»— es posible siempre y cuando unos y otros sen capaces de compartir ciertos presupuestos morales. Para entenderme con un chino, con un norteamericano o con un mozambiqueño no necesito exigirle que se vista como yo, que acepte mi preferencia de Sartre sobre Hegel, o de Buda sobre John Lennon o que modifique su política impositiva. Incluso no debería ser necesario, para reconocer al «otro», que el otro comparta mis tendencias sexuales, mi heterosexualidad, por ejemplo. Sí es rigurosamente necesario que ambos, el otro y yo, compartamos algunos axiomas morales como alguno de aquellos que se encuentran resumidos en la Segunda tabla del Decálogo de Moisés: «no matarás; no robarás; no calumniarás…»
Pero observemos que estos preceptos —que también son prejuicios que podemos llamar positivos o fundamentales, ya que no necesitan ser confirmados por un análisis o pensamiento— no son propios únicamente de la tradición judeo-cristiano-musulmana. Muchas otras religiones, en muchas otras civilizaciones que se desconocían mucho antes de Moisés, ya observaban estos mismos mandamientos. Si bien el psicoanálisis nos advierte que «se prohíbe aquello que se desea»[2] también es cierto que podemos reconocer una «cultura común» que ha ido consolidado normas interiorizadas que se reflejan en una determinada conducta individual y social que nos pone a salvo de la incomunicación y la destrucción. Además, que la tendencia a la conservación de la vida es mayor que la tendencia humana a la destrucción y al genocidio se demuestra con la misma existencia de la raza humana. Sería inimaginable concebir una ciudad de diez millones de habitantes, por «monstruosa que parezca» controlada por el miedo y una fuerza represiva infinita. Es decir, sería inimaginable concebir apenas una avenida en Nueva Delhi, en Estambul, en París o en Nueva York sin una «conciencia ética» fuerte y compleja que facilitara la vida y la convivencia, mejor que cualquier sistema de tránsito facilita el flujo vertiginoso de los vehículos por una red compleja de autopistas.
Las culturas no necesitan fronteras
Ahora, si estos argumentos no fueran suficientes para contestar a las observaciones de mi lector francés, procuraría expresarme con un ejemplo tomado, precisamente, de una gran ciudad cualquiera. Pongamos una que suele ser paradigmática por su cosmopolitismo: mi admirada Nueva York. Para este análisis, dejemos de lado por el momento consideraciones geopolíticas —de las cuales ya nos hemos ocupado varias veces y nos seguiremos ocupando en otros ensayos—. Observemos sin prejuicios ideológicos esta región del mundo, como un laboratorio, como un experimento posible de ser extendido a una posible sociedad global sin fronteras nacionales. No hablo aquí de exportar una ideología —¡sálveme Dios!— sino de advertir una situación humana posible, que no se diferencia mucho de otros ejemplos como la Bagdad de las Mil y una noches o la Alejandría egipcia que albergó la biblioteca más grande del mundo antiguo, además de africanos, romanos, griegos, semitas, judíos y comerciantes de todo el mundo —hasta que las masacres de algunos césares, que nunca faltan, terminaron con la población y con su ejemplo.
En Nueva York podremos reconocer una gran variedad de culturas conviviendo en un área relativamente pequeña, donde se hablan más de una docena de idiomas, donde hay más restaurantes italianos que en Venecia o más restaurantes chinos que en Xi’an, sin contar sinagogas, mezquitas, e iglesias de todo tipo. En un artículo anterior anoté que muchas veces esta convivencia no resulta en un conocimiento del «otro», pero creo que sigue siendo un valioso progreso el hecho de que sean capaces de convivir sin agredirse por sus diferencias.
Ahora ¿qué rescato de esta metáfora llamada Nueva York? Muchas cosas. Pero para estas reflexiones, entiendo que resulta un ejemplo en que una gran diversidad cultural —política, económica, ética, religiosa, filosófica o artística— es totalmente posible en un área tan pequeña como Manhattan. Y, no obstante, ni el barrio chino, ni el italiano ni el irlandés necesitan de ningún sentimiento patriótico para sobrevivir como comunidad barrial ni para salvaguardar la existencia pacífica de la ciudad entera. Lo único que necesitan es compartir unos pocos principios morales, muy básicos, como aquellos que anotamos más arriba. Principios que, por supuesto, no compartían quienes estrellaron los aviones en el World Trade Center en el 2001[3] ni aquellos higiénicos jefes y soldados que violaron prisioneros en Irak o suprimieron aldeas en Viet Nam «porque molestaban demasiado». Pero observemos que una confusión también criminal se produce cuando el mundo musulmán es identificado con este tipo de mentalidad intolerante, «terrorista». De esa forma, identificamos al enemigo en el otro, en la otra cultura y, por lo tanto, justificamos nuestro pulcro, higiénico y estúpidamente orgulloso patriotismo, echando de esa forma más basura sobre la humanidad.
Por supuesto que el mundo no es Nueva York, y muchos lo festejarán. No obstante, con este ejemplo no me refiero a ciertos «valores nacionalistas» que deberían ser extendidos por el mundo sino todo lo contrario: la superación de estos valores arbitrariamente sectarios, tribales que amenazan a la «otredad» y, con ello, a la raza humana.
El ensayo en cuestión —La enfermedad moral del patriotismo— ha sido reproducido en muchos medios y ha sido recibido de muchas formas. Con elogios y con insultos, con comprensión y con «rabia y orgullo». Mientras tanto, procuro repetir sobre el teclado lo que fue capaz de hacer el francés Philippe Petit, aquel francés que, con cierto aire delicado, caminando sobre el vacío, de una torre a la otra nos dejó una lección para la posteridad: el equilibrio y el miedo, la serenidad y el vértigo desesperado, todo, está en la mente humana. De ella depende dejarnos caer en el imponente vacío o sonreírle a los pájaros.
Jorge Majfud
The University of Georgia, agosto de 2004
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[1] Centre des medias alternatifs du Québec, julio 2004
[2] Sigmund Freud, Tótem y Tabú, La interpretación de los sueños; C. G. Jung, Man and His Symbols, etc.
[3] Precisamente allí donde en los ’70 el francés Philippe Petit realizó, a mi entender, una de las más perfectas metáforas del espíritu humano: cruzar de una torre a la otra, caminando por una cuerda, recostándose sobre la misma, sobre el absorbente vacío, para mirar el cielo y los pájaros con una sonrisa en los labios.
« Race mixing is communism » (1958). Cohabitation multiethnique
c’est propagande déculturée et sans projet (2004).
2000 ans d’Histoire qui nous ont civilisés.
Il y a quelque temps, dans un essai antérieur, je critiquai l’évaluation éthique du patriotisme. Un lecteur français qui lut une traduction de cet article faite par l’écrivain Pierre Trottier – La maladie morale du patriotisme[1] – écrivit un long plaidoyer en faveur des frontières nationales. Ses fondements tournaient autour de l’idée suivante : les pays possèdent différentes cultures, chacune d’entre-elles conçoit la « liberté » et, pour le moment, il n’est pas possible de considérer le monde comme une « table rase », ignorant les différences culturelles. Des différences culturelles, on conclue dans la nécessité des frontières et, plus encore, des valeurs « patriotiques ».
[ …] c’est à ce que servent les frontières : à défendre des espaces
de liberté dont la valeur diffère d’un côté et de l’autre. L’abolition
des frontières viendra quand l’humanité se sera dissoute dans le
même moule culturel universel, unique, et total ( Oulala/ Le
Monde, 29 août 2004 ).
Sans nier le droit voltairien, je comprends que ce lecteur n’a pas compris que ma critique du « patriotisme » – tel qu’on l’entend aujourd’hui, et dont je crois qu’il a été la bannière nationaliste dans toute l’Ère Moderne – n’ignorait pas les différences culturelles mais, précisément, les prenait en compte. Chose que ne fait pas l’auteur de ces paroles dans sa réponse, lorsqu’il dit que ce ne sont pas toutes les libertés qui sont égales, ce qui est bien connu dans les pays vivant des conflits ethniques et culturels, moins pour « nous, pauvres français idéalistes décérébrés par la propagande de la cohabitation multiethnique et culturellement diverse, festive et altermondiste, métissée et déculturée, déracinée et sans projet ».
En une autre occasion, nous avons analysé comment la rhétorique parvient à identifier des symboles avec d’autres, des idées avec d’autres, sans une relation causale ou nécessaire entre elles, de façon qu’on obtient une évaluation négative de l’adversaire, l’identifiant par un concept négatif. C’est l’exemple des pancartes sur lesquelles, dans les années cinquante dans le sud des États-Unis, on pouvait lire le refus de l’intégration racial : « Race mixing is communism » ( c’est-à-dire, littéralement « l’intégration raciale est du communisme » ). Dans le contexte où se produisaient ces manifestations, « communisme » avait une connotation avec le mal et, à ce moment, on établissait un lien entre les significations consolidées d’une idée – le communisme – et les significations instables d’une autre idée en discussion – l’intégration raciale -. Cependant, dans un autre contexte ou pour d’autres personnes, ce qui devait représenter une offense « l’intégration raciale et le communisme » avait une évaluation opposée : pour un marxiste, le communisme était inconcevable sans une intégration raciale, pour lequel l’accusation pouvait – devait – se comprendre comme la révélation d’une vertu de son idéologie. La même simplification porta, du temps de la Guerre Froide, à ce que quelconque soldat puisse justifier une mort ou un massacre d’un dissident avec la fabrication d’un texte marxiste, quoique aucun d’eux n’eut lu un seul paragraphe de Marx ou connu l’un de ses proches. C’est donc dire que la pire politique se prévalait de ses méthodes simplificatrices afin de commettre et justifier les pires crimes contre l’humanité.
Ici nous sommes devant la même méthode, laquelle se pourrait résumer de cette façon, quoique cette fois en français : « cohabitation multiethnique » est (1) propagande, (2) déculturée, (3) et sans projet.
Par cela, l’association arbitraire avec l’objectif d’identifier l’adversaire – ou, dans le meilleur des cas, l’idée adversaire -, n’eut pas été suffisante, la méthode idéologique boucle sa rhétorique par une phrase qui, sans la nommer, fait allusion à une expression rendue célèbre par le nazi Hermann Wilhelm Goering il y a soixante ans : « Peut-être avez-vous envie de sortir votre révolver quand vous entendez le mot ‘’ Culture ‘’ ? » ( En espagnol, la phrase intolérante traduite de l’allemand serait : « cuando oigo la palabra ‘’ Cultura ‘’ saco el revolver » ).
Cependant, à la suite d’avoir attaqué le même concept de diversité culturelle, en finissant mon lecteur français prétend s’identifier lui-même avec les défenseurs de la ‘’ Culture ‘’, en général, lorsque dans son cas il omit délibérément d’écrire l’adjectif « française » à côté du substantif au singulier ( le criminel Goering pouvait concevoir seulement la « Culture » avec une majuscule et au singulier; pendant que nous, nous préférons le pluriel « cultures »; la différence n’est pas simplement grammaticale, mais de vie ou de mort, telle que le démontre l’histoire). En accord avec l’ensemble de son article, ce qu’il nous semble défendre uniquement, avant tout, est sa propre culture, sous-entendant que les autres feront la même chose parce que le monde est « un combat que je suis prêt à embrasser face à la menace du totalitarisme intellectuel, celui qui joue au révisionnisme des 2000 ans d’Histoire qui nous ont civilisés ».
Ma tribu est le centre du monde
Je ne vais pas m’arrêter à rappeler ces arbitraires et simplifiés « deux mille ans d’histoire » européenne, traversées par une multitude de cultures « impures » -d’Orient et d’Occident, du Nord et du Sud, – d’intolérance religieuse, de totalitarisme français – à l’intérieur comme hors des frontières – et de liberté et de droits humains, aussi français.
Mais, faisons un pas de plus. Nous observons que « l’autreté » n’aurait pas beaucoup de sens si « l’autre » n’était un reflet spéculaire de nous-mêmes. Le défi et la vertu de notre monde consiste alors, non à nous affronter à d’autres cultures et d’autres sensibilités éthiques, mais d’apprendre à dialoguer avec ces mêmes. Aucune d’entre-elles pourrait fonder un droit supérieur ou naturel sur l’autre, tel que le soutiennent quelques intellectuels du centre, comme Oriana Fallaci. Seule la force est capable d’établir cette différence hiérarchique, mais rappelons que dans un monde qui s’est formé par sa géographie, la force peut obtenir des victoires économiques et militaires, mais non pas la justice nécessaire afin d’obtenir la paix et le progrès soutenu pour l’humanité. Pour ne pas parler seulement de justice comme fin en soi.
Bien sûr que cette diversité culturelle – à laquelle nous ne sommes pas aussi accoutumés que nous le présumons, encore que la sensibilité moderne de « ma tribu comme centre du monde » nous pèse – est toujours possible lorsque les uns et les autres sont capables de partager certains présupposés moraux. Pour m’entendre avec un chinois, avec un nord-américain ou avec un mozambiquien, je n’ai pas besoin de lui exiger que sa vision soit comme la mienne, qu’il accepte ma préférence de Sartre sur Hegel, ou de Bouddha sur John Lennon, ou qu’il modifie sa politique d’imposition fiscale. Même, il ne devrait pas être nécessaire, afin de reconnaître « l’autre », que l’autre partage mes tendances sexuelles, mon hétérosexualité, par exemple. Il est nécessaire que tous deux, l’autre et moi, partagions quelques axiomes moraux comme certains de ceux que l’on trouve résumés dans la Seconde table du Décalogue de Moïse : « tu ne tueras point; tu ne voleras point; tu ne calomnieras point…».
Mais, remarquons que ces préceptes – qui aussi sont préjugés que nous pouvons les appeler positifs ou fondamentaux, qui n’ont même pas besoin d’être confirmés par une analyse ou une réflexion – ne sont pas uniquement le propre de la tradition judéo-christiano-musulmane. Beaucoup d’autres religions, dans beaucoup d’autres civilisations qui ne se connaissaient pas, bien avant Moïse, déjà observaient ces commandements. Si bien que le psychanaliste nous avertit « qu’on interdit celui qui se désire »[2] de telle sorte qu’il est certain que nous pouvons reconnaître une « culture commune » qui a été consolidée par des normes intériorisées qui se reflètent dans une conduite individuelle et sociale déterminée, et qui nous préserve de l’incommunication et de la destruction. De plus, que la tendance à la conservation de la vie est plus grande que la destruction et le génocide, se démontre par l’existence même de la race humaine. Il serait inimaginable de concevoir une ville de dix millions d’habitants, aussi monstrueuse qu’elle paraisse, contrôlée par la peur et une force répressive infinie. C’est dire, il serait inimaginable de concevoir une personne à New Delhi, à Istanbul, à Paris ou à New York sans une « conscience éthique » forte et complexe, qui faciliterait la vie et la cohabitation, plus grande que quelconque système de circulation facilitant le flux vertigineux des véhicules sur un réseau complexe d’autoroutes.
Les cultures ne nécessitent pas de frontières
Maintenant, si ces arguments n’ont pas été suffisants pour répondre aux observations de mon lecteur français, j’essayerai de m’exprimer par un exemple pris, précisément, dans une grande ville quelconque. Prenons-en une qui a l’habitude d’être paradigmatique par son cosmopolitisme : mon admirée New York. Pour cette analyse, laissons de côté, pour le moment, les considérations géopolitiques – desquelles déjà nous nous sommes occupées souvent et dont nous continuerons à nous occuper dans d’autres essais -. Observons sans préjugés idéologiques cette région du monde comme un laboratoire, comme une expérience susceptible d’être étendue à une éventuelle société globale, sans frontières nationales. Je ne parle pas ici d’exporter une idéologie – Dieu m’en préserve! – mais de faire remarquer une situation humaine possible, qui ne se différencie pas beaucoup de d’autres exemples, telle la Bagdad des Mille et une nuits ou de l’Alexandrie égyptienne qui abrita la bibliothèque la plus grande du monde antique, en plus des africains, des romains, des grecs, des sémites, des juifs et des commerçants de tout le monde – jusqu’à ce que les massacres des quelques césars, qui jamais ne manquent, en terminent avec la population et avec leur exemple.
Dans New York, nous pourrons reconnaître une grande variété de cultures vivant en commun dans une aire relativement petite, où l’on parle plus d’une douzaine de langues, où il y a plus de restaurants italiens qu’à Venise ou plus de restaurants chinois qu’à Xi’an, sans compter les synagogues, les mosquées et les églises de tout type. Dans un article antérieur, je notai que souvent cette cohabitation ne résultait pas en une connaissance de « l’autre », mais je crois que cela continue d’être un progrès précieux du fait qu’ils soient capables de convivre sans s’agresser pour leurs différences.
Maintenant, que tirer de cette métaphore de New York? Plusieurs choses. Mais, pour ces réflexions, j’entends que cet exemple de grande diversité culturelle -politique, économique, éthique philosophique ou artistique – est totalement possible dans un espace aussi petit que Manhattan. Et cependant, ni le quartier chinois, ni l’italien, ni l’irlandais n’ont besoin d’aucun sentiment patriotique afin de survivre comme communauté de quartier, ni afin de sauvegarder l’existence pacifique de la cité entière. Ce qu’ils ont besoin est de partager quelques rares principes moraux, très basaux, comme ceux que nous avons évoqués plus haut. Principes, bien sûr, que ne partageaient pas ceux qui lancèrent leurs avions sur les Tours Jumelles en 2001[3], ni ces hygiéniques chefs et soldats qui violèrent les prisonniers en Irak ou supprimèrent des villages au Vietnam « parce qu’ils dérangeaient trop ». Mais nous observons qu’une grande confusion aussi criminelle se produit lorsque le monde musulman est identifié à ce type de mentalité intolérante, « terroriste ». De cette façon, nous identifions l’ennemi dans l’autre, dans l’autre culture et, à ce moment, nous justifions notre propre, hygiénique et stupide orgueil patriotique, déversant de cette façon plus d’ordures sur l’humanité.
Bien sûr que le monde n’est pas New York, et beaucoup s’en réjouissent. Cependant, par cet exemple, je ne me réfère pas à certaines « valeurs nationalistes » qui devraient être étendues de par le monde mais, au contraire : au dépassement de ces valeurs arbitrairement sectaires, tribales, qui menacent « l’autreté » et, avec cela, la race humaine.
L’essai en question – La maladie morale du patriotisme – a été reproduit dans plusieurs médias et a été reçu de plusieurs façons. Avec des éloges et des insultes, avec compréhension et avec « rage et orgueil ». Entre-temps, je vais tâcher de reproduire sur le clavier ce que fut capable de faire le français Philippe Petit, ce français qui, avec un certain air délicat, cheminant sur le vide, d’une tour à l’autre, nous laissa une leçon pour le postérité : l’équilibre et la peur, la sérénité et le vertige désespéré, tout, est dans l’esprit humain. De cela dépend de nous laisser tomber dans l’imposant vide ou de sourire aux oiseaux.
[1] Centre des Médias Alternatifs du Québec, juillet 2004
[2] Sigmund Freud, Totem et Tabou, L’interprétation des rêves; C.G. Jung, L’Homme et ses symboles, etc.
[3] Précisément là où, dans les années 70, le français Philippe Petit réalisa, selon moi, une des plus parfaite métaphore de l’esprit humain : traverser d’une tour à l’autre, cheminant par une corde, se renversant sur le dos, sur l’absorbant vide, regarder le ciel et les oiseaux avec un sourire sur les lèvres.
En nuestro contacto internacional, desde EEUU recibimos al profesor e investigador Jorge Majfud, que en esta oportunidad se refirió al asesinato de Charlie Kirk, activista de ultraderecha y aliado de Donald Trump, en un evento público “lo que demuestra que se quería que esto trascendiera”.
Dijo que cada vez que hay un hecho que “uno sospecha que es organizado políticamente”, que no es una matanza epidémica como la que ocurre en escuelas, “organizado de una forma que tenga un impacto social y político”, muy bien organizado y financiado, uno puede pensar que los expertos en complots son las agencias secretas, ya sea la CIA o el Mossad o la que fuera.
Señaló que esas agencias “de izquierda no tienen nada”, por lo tanto cuando se hace una lectura general es una regla de oro preguntarse a quién beneficia.
El poeta y escritor Antonio Gala no fue el único en entrever nuestro presente (Carl Sagan o el músico Frank Zappa en 1986 en Estados Unidos fueron otros ejemplos), pero es significativo que a pocos o a nadie les importó. Aquí un momento de 1991, con el inimitable periodista Jesús Quintero:
La Política del Bully no va a funcionar. Tal vez usted no lo vea, pero sus hijos sí.
A finales del siglo XIX y principios del siglo XX, esa misma doctrina se conoció como Política del Garrote, por aquello de Teo Roosevelt: “Habla sueve mientras cargas un garrote”. Por entonces, Estados Unidos era un imperio ascendente y con posibilidades ilimitadas.
El problema hoy es que Washington ya no es el dueño del único garrote en el barrio. Peor aun cuando, quienes han sufrido su matoneo por generaciones, son unos cuantos, cada uno con su garrote.
Mi consejo es simple, por el bien de ese pueblo que usted dice amar más que su dinero y por el bien del resto del mundo, aunque esta última no es una mención que lo vaya a conmover demasiado:
Cuando tu poder está en la decadencia senil, no entres a la Trampa de Tucídides. Habla sueve y abre la puerta de las negociaciones.
Algo vas a perder, pero no todo.
Jorge Majfud, 5 de setiembre de 2025.
A piece of advice, Mr. Trump
The Bully Policy isn’t going to work. You may not see it, but your children will. In the late 19th and early 20th centuries, that same doctrine was known as the Big Stick Policy, after Theo Roosevelt’s saying: “Speak softly while carrying a big stick.” Back then, the United States was a rising empire with unlimited possibilities.
The problem today is that Washington no longer owns the only big stick in the neighborhood. Even worse is that those who have suffered its bullying for generations are a few, each with a big stick.
My advice is simple, for the sake of those people you claim to love more than your money and for the sake of the rest of the world, although this last one isn’t a statement that will move you too much:
When your power is in senile decay, don’t enter the Thucydides Trap. Speak softly and open the door to negotiations.
Desde principios de este siglo venimos denunciando, en conferencias y en la letra impresa, que la forma más razonable de reducir el exitoso negocio de las drogas en un sistema capitalista es atendiendo a la ley de la oferta y la demanda. No existen mafias intentando vender algo ilegal que nadie quiere comprar. Desde Nixon, todos esos billones de dólares que Washington invirtió en una guerra que sólo ha multiplicado los muertos al sur de la frontera, nunca solucionó el problema. La ley de la oferta y la demanda es clara y simple: si se reduce el consumo (en Estados Unidos) los carteles se desfinanciarían. ¿Cómo? Invirtiendo en salud pública, en educación, en cultura (no en cultura consumista), en casas para los sintecho, recuperando programas sociales destrozados por el neoliberalismo de los 90s. La reducción del narcotráfico sería radical y sin disparar un solo tiro.
¿Por qué no se procede de esta forma racional? Tal vez no se quiere eliminar el narco. Nunca se quiso.
El mercado de las drogas ilegales en Estados Unidos produce un beneficio de hasta 600 mil millones de dólares por año, toda la economía de Chile y de Irán sumadas. Si se intentase enviar todo ese dinero a los carteles de las drogas de América Latina, se necesitarían cada año 5.000 camiones blindados y 60.000 lanchas como la que ordenaste hundir en el Caribe, asesinado a once personas.
¿Por qué, con la policía más poderosa, con la tecnología más avanzada, con el ejército más caro de la historia de la Humanidad no son capaces de interceptar ninguno de estos camiones, ninguna de estas lanchas? Eso sin contar el brutal tráfico de armas ilegales que cada día cruza la frontera sur hacia México.
¿No será que el dinero del narco de Estados Unidos no regresa en efectivo, sino que se lava en el sistema bancario?
¿Por qué las agencias secretas más poderosas del mundo, esas que saben qué marca de vino preferiremos los críticos de aquí y del otro lado del mundo, no pueden averiguar en qué bancos se lavan 500 o 600 mil millones de dólares?
La CIA y otras agencias siempre estuvieron implicadas en al narco. Las mismas que (según la historia oficial) fueron burladas por un puñado de estudiantes extranjeros el 11 de setiembre de 2001. Las mismas que, al decir de George Bush, se equivocaron con Sadam Hussein. O son idiotas o se hacen, para cobrarla bien.
Como sea, detectar alguno de estos camiones, alguna de estas lanchas llenas de dólares, alguno de los bancos que lavan capitales del narco, no puede ser Misión Imposible. ¿O sí? ¿Para qué las agencias secretas succionan tantos millones de dólares de los impuestos (70 mil millones en 2025) si se dedican a chusmear en la vida privada de los disidentes y a organizar complots en otros países, y ni siquiera pueden acertar una cuando se los necesitan de verdad?
¿Incompetencia o conveniencia?
Marco, ¿por qué tienes tan claro cómo llega la droga a Estados Unidos, pero ni puta idea de cómo salen los dólares para pagarla?
¿Por qué no hay narcotraficantes detenidos por ICE? ¿Por qué nunca, o casi nunca, capturan a los narcos (estadounidenses) que distribuyen las drogas ilegales en todo el vasto territorio nacional? ¿O es que, luego de cruzar la frontera, la droga se distribuye por precipitación pluvial y los dólares suben a las nubes por evaporación?
Hemos visto hombres enmascarados y sin identificación secuestrando gente hasta por publicar un artículo. Van detrás de trabajadores pobres de aspecto no caucásico, como si fuesen los criminales más peligrosos del mundo. Ahora están ofreciendo visa y residencia a inmigrantes para perseguir a inmigrantes. Interesante eso de invertir miles de millones para reprimir la producción.
¿Por qué no detienen, golpean y arrojan al piso a los europeos, canadienses y australianos que son indocumentados? Pasan el medio millón. Igual sería repugnante, pero queda la pregunta.
¿Por qué culpan a los consumidores de armas de la violencia y nunca a los productores?
¿Por qué culpan a los productores de droga de la adicción y nunca a los consumidores?
¿Por qué asesinaste a once personas en el Caribe sin saber quiénes eran y sin el debido proceso para llevarlas ante la justicia de cualquier país?
¿Por qué repites las palabras de tu jefe, de que matando a algunos con un misil servirá de ejemplo a otros criminales, como antes se linchaba a un negro libre para prevenir la desobediencia entre los negros esclavos? Práctica que continúa, bajo otras formas y otras excusas.
Poner una bomba o tirar un misil fue, por décadas, el método de los cubanos de Miami que sembraron de ejecuciones Estados Unidos y el Caribe. ¿Los conoces? Narcos y terroristas protegidos como Posada Carriles, Bosh, Morales, Ross Díaz, Arocena, Novo Sampol, Battle, Suárez, Masferrer… Mataban de forma impune, con explosivos de la CIA, el C4, porque “una bomba siempre es titular”.
Siguiendo este viejo ejemplo, Marco ¿por qué la policía de Estados Unidos no tira una granada en un apartamento de Nueva York donde se supone que se esconden narcotraficantes, sólo para darle un buen susto a los narcotraficantes?
¿Por qué no lanzaron un misil para derribar el Lolita Express de Epstein? ¿Sería muy cruel? Bueno, eso hicieron los terroristas cubanos de Miami con el avión de Cubana 455, matando a 73 personas, casi todos jóvenes atletas cubanos, hará, en un mes, 49 años. Como entonces, tampoco nadie iría preso. ¿Te imaginas cuántas violaciones de menores y cuántas guerras se habría ahorrado la humanidad con un misil en el Lolita Express?
Colombia produce la cocaína que entra en Estados Unidos (un cuarto de todas las drogas), pero, a pesar de que ahora tiene un gobierno de izquierda, todavía mantiene entre 6 y 10 bases militares estadounidenses. Claro, no posee la principal reserva de petróleo del mundo, como Venezuela. ¿Sabías, Marco?
El 98 por ciento del fentanilo procede de China, ¿por qué no derribas con un misil un avión o un bote de pescadores chinos? O de Ecuador, donde el narco se multiplicó bajo la presidencia de Noboa, un estadounidense nacido en Miami.
¿Por qué no pueden detener la producción de metanfetamina, psicodélicos, LSD y otras drogas sintéticas en las granjas de Estados Unidos?
¿Por qué no se bombardea algún avión de Canadá, de Bélgica o de Holanda para detener el ingreso de éxtasis al país? ¿Demasiados blancos para tanta crueldad? ¿Demasiado ricos para no tratarlos bien?
Luego del último acto terrorista en el Caribe (regreso al Gunboat diplomacy del siglo XIX), dijiste: “No me importa lo que digan las Naciones Unidas”. Lo mismo dijeron los cubanos del exilio, como confesó El Mono Ricardo Morales en la televisión de Miami, en 1981, sobre las bombas en el avión de Cubana 455: “No me arrepiento de nada. Si tuviese que matar 273 de lugar de 73, lo volvía a hacer”.
¿Por qué aclaras algo tan obvio? ¿Cuándo a vos, Marco, o al lobby de Washington, les importó lo que diga el mundo? ¿Cuándo se hizo lo que el mundo había votado por unanimidad por alguna causa (Cuba, Irak, Palestina)? Siempre bastó con el voto o el veto del embajador de Estados Unidos.
En menos palabras, ¿por qué te molestas en aclarar que te importa una mierda lo que pueda pensar el planeta entero, si quien decide sobre la vida y la muerte de los humanos no es Dios, sino Washington?
Todavía, claro. No vayas a pensar que la Humanidad y las colonias van a ser dóciles y estúpidas forever and ever.
Operación de la CIA de 1968 obtuvo información sobre “toda la cúpula clandestina” del Partido Comunista y las FARC.
Una operación de apoyo de la CIA introdujo información sobre un agente soviético en la prensa colombiana.
Un desertor cubano de alto rango, veterano de Bahía de Cochinos, operaba un puesto de escucha de la CIA en Bogotá.
La CIA financió secretamente a un grupo civil anticomunista en Colombia.
Nuevas revelaciones de los registros del asesinato de JFK.
Washington, D.C., 3 de septiembre de 2025 – La vigilancia encubierta de la CIA a un agente soviético bajo cobertura diplomática en Ciudad de México en 1968 condujo a la adquisición de inteligencia sobre la «plena cúpula clandestina» del Partido Comunista Colombiano y el naciente grupo insurgente de las FARC, según registros desclasificados de los documentos del asesinato de John F. Kennedy, publicados a principios de este año. Las operaciones del gobierno colombiano basadas en dicha inteligencia condujeron al desmantelamiento de la «imprenta clandestina» del Partido Comunista, utilizada para falsificar pasaportes y otros documentos, según una selección de cables de la CIA de los documentos de JFK publicados hoy aquí por el Archivo de Seguridad Nacional. (Documentos 5-13)
Otro grupo de registros cuenta la historia de un desertor de alto rango de la Cuba de Castro que durante varios años dirigió un puesto de escucha encubierto de la CIA en Bogotá, cuyo objetivo era la oficina de Novosti, la agencia de noticias soviética estrechamente vinculada al KGB. La operación de espionaje fue dirigida por el exmilitar cubano Manuel Villafana Martínez, quien años antes había estado entre los exiliados cubanos involucrados en la fallida invasión de Bahía de Cochinos en abril de 1961. Villafana colaboró con otro expatriado cubano, Manuel Machado Llosa, extesorero del Movimiento 26 de Julio, un partido revolucionario de Castro, quien dirigía una imprenta en Colombia que encubrió la operación de inteligencia de Villafana contra Novosti. (Documentos 14-20)
Los miles de registros de JFK publicados a principios de este año, incluyendo casi todos los documentos que permanecieron clasificados total o parcialmente, no han producido ninguna revelación impactante sobre el asesinato del presidente Kennedy ni han cambiado el consenso general de que Lee Harvey Oswald actuó solo en el asesinato de JFK. En cambio, los documentos más interesantes, con diferencia, son los miles de cables, memorandos, expedientes y otros registros de la CIA que describen operaciones encubiertas hasta ahora no reveladas y agentes de inteligencia encubiertos que se creía que tenían alguna posible conexión, aunque tangencial, con el asesinato de Kennedy. Entre ellos se encuentran decenas de nuevos y fascinantes documentos sobre las operaciones de la CIA en Colombia y el resto de Latinoamérica, cuyo objetivo era monitorear y contrarrestar las operaciones de inteligencia soviéticas y cubanas, así como el apoyo a grupos de izquierda. Aunque los medios de comunicación colombianos han informado sobre algunos de los documentos de asesinato recientemente publicados, y algunos documentos absolutamente extraños encontrados en la base de datos CREST de la CIA, este libro informativo electrónico destaca algunos nuevos detalles desclasificados intrigantes de la colección JFK sobre las operaciones de espionaje de la Guerra Fría en Colombia durante los años 1960 y 1970 que otras organizaciones de noticias pueden haber pasado por alto.
Un grupo de registros detalla los esfuerzos de Estados Unidos para rastrear la “subversión” cubana en Colombia durante 1963, menos de un año después de la Crisis de los Misiles de Cuba de octubre de 1962. A principios de febrero de 1963, por ejemplo, la CIA tenía un informe de una fuente oficial alemana “bastante confiable” de que un alto funcionario de inteligencia militar cubana llamado Máximo Gruber había “sido designado líder técnico de las guerrillas comunistas en Sumapaz, Colombia”, un bastión temprano clave de las guerrillas de las FARC. (Documento 1) Un memorando del FBI de octubre de 1963 encontrado en la colección describe cómo la interceptación de comunicaciones de correo y radio por parte de la CIA en Colombia llevó a un analista de la CIA a determinar que el legendario jefe de inteligencia cubana Manuel Pinerio estaba en contacto con un agente encubierto conocido como “Roberto” que vivía en Colombia cerca de la frontera con Venezuela. (Documento 4)
La CIA monitoreó continuamente los viajes de ciudadanos colombianos (y de otros países latinoamericanos) hacia y desde Cuba durante este período, rastreó la financiación soviética y cubana a grupos izquierdistas colombianos, recopiló la escasa evidencia que vinculaba a Cuba con grupos insurgentes colombianos y colaboró en secreto con grupos civiles anticomunistas. Un informe de 1963, preparado para el Estado Mayor Conjunto por el Subcomité sobre la Subversión Cubana, afirmaba que las pistas obtenidas por un repatriado de Cuba habían llevado a la estación de Bogotá a investigar a miembros del Congreso colombiano y del gobierno municipal de Bogotá. En otra operación, la CIA había subvencionado y dirigido las actividades de un Grupo de Acción Cívica Colombiano, integrado por influyentes empresarios locales, que había establecido una unidad de propaganda anticastrista y que recopilaba activamente evidencia de la subversión cubana en Colombia para apoyar su campaña de propaganda. (Documento 3)
Otros registros muestran que la CIA también libró la Guerra Fría en los medios colombianos mediante operaciones de propaganda encubierta para infiltrar información en la prensa. Una maniobra de propaganda de la CIA descrita en los documentos de JFK tenía como objetivo exponer los esfuerzos secretos de la Unión Soviética para apoyar a partidos comunistas y grupos revolucionarios en Latinoamérica, justo cuando Colombia restablecía relaciones con la Unión Soviética tras 20 años sin representación diplomática formal.
La operación comenzó a gestarse en abril de 1968, después de que la estación de la CIA en Ciudad de México observara al legendario mensajero de la KGB en Latinoamérica, Nikolay Leonov, pasando dinero a la figura revolucionaria colombiana Feliciano Pachón y a un socio. La vigilancia de Leonov por parte de la Agencia condujo a la detención inmediata de los dos mensajeros a su regreso a Bogotá, la incautación de 100.000 dólares en efectivo y una mina de oro de inteligencia sobre la cúpula clandestina de las FARC y el Partido Comunista Colombiano.
Al mes siguiente, un cable de la estación de Bogotá describió el esfuerzo de la CIA por influir secretamente en los informes periodísticos colombianos para vincular las detenciones y el posterior arresto de la cúpula del Partido Comunista con una iniciativa soviética más amplia de apoyo a los revolucionarios comunistas en Latinoamérica. La serie inicial de artículos «distorsionados, confusos y contradictorios» incluía la «inserción» de información sobre el «descubrimiento de una vasta red subversiva» en la región, apoyada por los soviéticos. Un nuevo artículo publicado ese día en El Tiempo, y extraído del cable, incluía nuevos detalles importantes, basados en «fuentes dignas de todo crédito», que indicaban que Pachón había recibido el dinero «en México de manos de un funcionario de la Embajada Soviética en Cuba», un hecho probablemente desconocido fuera de un grupo relativamente pequeño de funcionarios de la CIA. El Tiempo también informó que el dinero estaba destinado al hermano de Pachón, alias «Rapidol», comandante de un frente de las FARC en Caquetá. En un mensaje con el criptónimo «MHSPAWN» para propaganda encubierta, la emisora de Bogotá afirmó tener «munición más que suficiente para mantener viva la propaganda en este caso, prueba contundente de que los soviéticos no solo no han cambiado su forma de actuar, sino que no tienen intención de hacerlo». (Documento 7)
Sin embargo, la emisora de Bogotá también reconoció que la operación de propaganda creó una situación potencialmente embarazosa para el gobierno colombiano del presidente Carlos Lleras Restrepo, quien recientemente había restablecido relaciones con Moscú. El cable advirtió “contra atacar o acusar personalmente al presidente Lleras” y solicitó “que las personalidades colombianas se mantengan alejadas de cualquier maniobra de apoyo, ya que la situación actual inevitablemente le presentará a Lleras una píldora política extremadamente difícil y embarazosa de tragar”. (La sensibilidad de la agencia respecto al presidente Lleras reviste especial interés desde la publicación de informes a principios de este año, también basados en registros recientemente desclasificados del asesinato de JFK, que indican que su primo, el expresidente Alberto Lleras Camargo, había recibido la «Aprobación Operacional» de la CIA el 24 de febrero de 1958, aunque, según informes, no había habido «ningún interés operativo en él» desde su elección como presidente en mayo de 1958).
La respuesta de la estación de la CIA en Ciudad de México al informe sobre el «juego de utilería» en curso en Colombia recomendó «encarecidamente» que la estación de Bogotá trabajara con contactos de prensa para «sacar a la luz» información que identificara a Leonov «como el diplomático soviético… que le dio dinero a Pachón en México», caracterizando al agente encubierto de la KGB como «el cerebro del apoyo, la dirección y la financiación clandestina soviética de [los partidos comunistas] en Latinoamérica». (Documento 8) La campaña de propaganda clandestina continuó al año siguiente, cuando la estación de Bogotá informó en mayo de 1969 que había publicado los artículos ‘La República’ y ‘El Siglo’ del 17 de mayo, que identificaban a Nikolay Leonov como diplomático que entregó más de cien mil dólares estadounidenses al colombiano Feliciano Pachón en la Ciudad de México en abril de 1968. (Documento 13)
La documentación sobre la operación de espionaje de Novosti, conocida como GICITRON dentro de la CIA, comienza a principios de 1970 con un cable de la estación de Bogotá que indica que se había abierto una vacante en un edificio objetivo de GICITRON, que debería mejorar la recepción y, por lo tanto, tomaría considerablemente. El puesto de escucha estaría dirigido por Villafaña, un exagregado militar cubano que desertó en los primeros años de la revolución y que anteriormente había trabajado para la estación de la CIA en la Ciudad de México (donde era conocido por el criptónimo de la Agencia «LITAINT-1»). En Colombia, Villafaña usó el seudónimo de «Errol Lythgoe», y la cobertura de GICITRON la proporcionó otro desertor cubano con buenos contactos, Manuel Machado Llosa, extesorero del revolucionario Movimiento 26 de Julio de Castro. Como «GICITRON-4», Machado dirigía la filial colombiana de una imprenta mexicana que se utilizaba como fachada para las operaciones de la CIA.
Para la década de 1970, con el creciente número de países que reconocían a Cuba e invitaban a diplomáticos cubanos a sus capitales, la CIA se mostró reticente a recurrir a exiliados cubanos para operaciones de inteligencia en Latinoamérica. «Sería conveniente comenzar una reducción gradual del uso de cubanos, dados los objetivos que presumimos se les asignarán a medida que comience la labor de contrainteligencia cubana en los distintos países», informó la sede de la CIA en un borrador de memorando hallado entre los documentos de JFK. La reducción del uso de agentes cubanos debería estar «adaptada inicialmente a la presencia oficial cubana».
Aún persisten interrogantes sobre la verdadera identidad de las personas y organizaciones detrás de algunos de los criptonimos de la Agencia que aparecen en estos registros. Si bien se sabe que “GICITRON-4” es Manuel Machado Llosa, no hay más información sobre la identidad de “GICITRON-5”. Si bien “Errol Lythgoe” es el seudónimo conocido de Manuel Villafaña Martínez, no está claro si “Reginald M. Daciek” también es un nombre falso.
Otro misterio persistente es la identidad detrás del criptonimo “GISOY-92”, quien, por el contexto, parece haber sido una fuente de inteligencia de alto rango dentro del gobierno colombiano. Los registros enviados y recibidos por la estación de Bogotá sugieren que existía la preocupación de que las operaciones de la estación pudieran poner en peligro las relaciones de la Agencia con GISOY-92.
En el caso de la «obra de teatro» de finales de la década de 1960, la estación de Bogotá temía que permitir que la información sobre las conexiones de Leonov con grupos revolucionarios colombianos «saliera a la luz con toda su gloria» pudiera llevar al despido de «GISOY-92». Funcionarios de la CIA en Colombia habían «insistido en que GISOY-92 publicara una presentación lo más veraz posible», según un cable, y «la estación podría convertirse en un chivo expiatorio del presidente Lleras y GISOY-92». (Documento 7)
En el caso del espionaje de la CIA a la oficina de Novosti (GICITRON), la sede de la CIA preguntó hasta qué punto se informaría a GISOY-92 sobre la operación de escucha. «Se le ocurrió a la sede central que GISOY-92, al estar al tanto de la operación de GICITRON, probablemente sospecharía que la oficina encubierta propuesta por Lythgoe en el edificio de GICITRON es un nuevo puesto de escucha». ¿Planeaba la estación de Bogotá que GISOY-92 conociera el papel de Lythgoe? Si optaban por no hacerlo, «¿se molestaría si se enterara más tarde?». Finalmente, «¿Qué repercusiones podría tener esto en las relaciones entre la Estación y GISOY?» (Documento 15).
Consulte la lista de documentos a continuación para obtener más detalles sobre el papel de la CIA en Colombia durante este período crítico de la Guerra Fría en Latinoamérica.
A “fairly reliable” intelligence source for the West German government has said that Cuban intelligence (G-2) official Maximo Gruber “has been appointed technical leader of the Communist guerrillas in Sumapaz, Colombia,” according to this CIA Information Report. Gruber is “a Polish Jew” who “carries a Bolivian diplomatic passport identifying him as ‘traveling inspector of the Bolivian Foreign Ministry.’” In Colombia, Gruber is working with insurgent leader Jaime Guerra, also known as “Captain Veneno” and he is linked to the Colombian Communist Party through “Blanca Diaz y Collazo, a lawyer and former member of the Cuban Embassy in Bogota, trained in Prague in 1952.”
This finished intelligence report is the CIA’s effort to summarize what it has learned on Cuba’s efforts to train and equip “subversives” in Latin America just a little more than five months since the resolution of the Cuban Missile Crisis of October 1962 (and nearly two years since the disastrous CIA-led invasion of Cuba at the Bay of Pigs).
A special section on Colombia presents the results of CIA efforts to track the travel of Colombian citizens to Cuba. Of 400 Colombians who went to Cuba in the past year, “37 are reported to have received training in guerrilla warfare, one in counterintelligence,” and another that “attended a staff or cadre school,” according to the CIA report. Most were members of the FUAR or MOEC groups, characterized in the report as “revolutionaries, dissident Communists, and recruits from the ranks of labor, students, and the unemployed lower classes.” The groups are said to be receiving “Cuban financial support” and are “attempting—without appreciable success to date—to coordinate operations with the bandit gangs terrorizing the violence areas of Colombia.”
A U.S. Army report on U.S. government efforts against “Cuban subversion” for spring 1963 includes a short section that describes a range of CIA activities in Colombia. Colombia’s customs chief believed that his agency had “identified a courier operating between Colombia and Cuba” and had “mounted an operation to uncover his Colombian contacts.” The CIA Station in Colombia had one “asset”—a controlled, undercover agent—“in Cuba attending guerrilla warfare training.” Another CIA “asset” was “being debriefed after his recent return from Cuba,” while a third would “depart soon for two months training in Cuba.”
Leads developed by agents sent to Cuba led the CIA station to open investigations on Colombian Congress members and officials from the Bogota city government. Meanwhile, the CIA office in Colombia was funding and directing the activities of a “Colombian Civic Action Group, composed of influential local businessmen,” that had “established an anti-Castro propaganda unit” and that was “actively collecting evidence of Cuban subversion in Colombia to support its propaganda campaign.”
CIA interception of Cuban message traffic in and out of Colombia and elsewhere helped the Agency identify the sender of some of the messages as Manuel Pineiro, a high-ranking Cuban intelligence official whose duties included aiding revolutionary movements in other parts of Latin America. The cable describes how one CIA analyst, identified as “Mrs. Anita Potocki,” had determined that an individual that had been sending messages to Cuban agent in Panama as “Patronio” was actually Pineiro. One of the recipients of the messages was an apparent Cuban agent living in Colombia near the border with Venezeula. An intercepted letter from that agent combined with Cuba’s radioed response (to reprimand the agent for including too much information in the letter) was also intercepted help to identify Pineiro as origin of the messages from Cuba.
James B. Noland, who would the next year become the CIA’s Mexico City station chief, describes how information collected by the Mexico CIty station led to the late-April arrests of senior FARC official Feliciano Pachon and one of his associates after returning to Colombia by air from Mexico City. Noland writes that the tipoff that led to the arrests came from Adelmo Urrea Garcia, a Colombian Communist Party member “whose motives are as yet unclear.”
Noland says that “cryptic notes” were found in Pachon’s suitcase, including the address of Soviet Press Attache Nikolay Leonov, who was “[known] to be a KGB officer, known to have handled CP [probably Communist Party] operations in the past.”
In a memo to a senior FBI official, Sam Papich reports that the CIA’s deputy director of plans has turned over a list of serial numbers from the U.S. currency found in the possession “two individuals in Colombia who clandestinely brought into the country a large sum of U.S. currency slated to be delivered to the Communist Party of Colombia.” Papich indicates that the “Soviet Section” would check to see if the money had gone “through Soviet intelligence channels” and notes that the list had been made available to the Central Investigative Division in case they wanted to see whether it matched “any identified currency utilized by James Earl Ray,” the suspected shooter in the April 4, 1968, assassination of Martin Luther King, Jr.
This fascinating cable from the CIA’s Bogota Station (marked “MHSPAWN,” a cryptonym referring to covert propaganda operations) describes status of a CIA “prop play” (propaganda operation) in Bogota. The purpose of the operation was to secretly influence Colombian and other news organizations to report information identifying Nikolay Leonov, a longtime Soviet intelligence agent operating under diplomatic cover in Mexico, as a key figure behind efforts to fund Communists and revolutionary groups in Colombia. Here, the Bogota station calls attention to a May 24, 1968, article that appeared in El Tiempo, Colombia’s leading newspaper, that followed “two days of distorted, fuzzy, conflicting articles appearing in all Bogota dailies” about the April arrest of Feliciano Pachon Chaconta and an associate at El Dorado Airport in Bogota.
Previous articles in the Colombian media had linked the arrests to the subsequent “roll up” of the Colombian Communist Party leadership, and, the cable notes, included the “insertion” (presumably by the CIA) of information about “the uncovering of vast Latin American subversive net involving Colombia, Bolivia, Mexico [and] Venezuela.” The new article in El Tiempo, apparently based on information planted by CIA, further reported that Pachon had “confessed” to having received the $101,000 (USD) that was seized from him at the Bogota airport from “a functionary of the Soviet Embassy in Cuba” whose mission was to see that the money reached the emerging FARC revolutionary forces in southern Colombia, according to portions of the article quoted (in Spanish) in the CIA cable.
The Bogota station adds that it “has more than enough ammunition to keep prop play boiling along lines this case dramatic proof Soviets have not only not changed their ways but have no intention of doing so.” Colombia and the USSR had renewed their official ties in January 1968 after a 20-year break in diplomatic relations, and “timing most propitious,” according to the CIA station, since the article linked the Soviets to Communist revolutionaries in Colombia on the same day that the new Soviet ambassador, Nicolas Belous, was due to arrive in Bogota, “oozing sweetness and good fellowship” and vowing that the Soviet Union “would never interfere in internal Colombian affairs.” Colombians would the same day learn that the same Soviet government “was secretly pumping in funds, material support, and propaganda materials for subversive use in undermining Colombian government,” according to the cable.
Recognizing the obvious political sensitivities for the Colombian government, which had only recently reestablished relations with Moscow, the Bogota station “cautions against attacking or accusing President Lleras personally … since he reacts unpredictably and sometimes rashly to personal criticism” and further requests “that Colombian personalities be kept out of any prop play since current situation inevitably will present Lleras with extremely difficult and embarrassing political pill to swallow.”
The Bogota station is also concerned that allowing the story to “break in all its glory” without concern for Lleras or other top government figures could lead to the “dismissal” of a CIA-associated entity identified in the message as “GISOY-92.” “Station urged GISOY-92 to release as factual a presentation as possible,” according to the cable, and depending on “whether or not station recommendations had any weight in producing wide-scale publicity, station could well be made scapegoat by Lleras and GISOY-92.” The station says that it is keeping the U.S. Embassy Bogota (“LNPURE”) “closely informed” on the case and that it has “alerted REELFOOT and other station sources with access to the Palace to keep us informed on Lleras’ reactions.”
Regarding the covert propaganda operation referred to in the previous document, the CIA’s Mexico City Station advises that Leonov be identified as the Soviet diplomat who gave the money Feliciano Pachon and whose address was found in his possession when he was arrested upon his April return to Bogota. The Mexico station recommends that the Bogota station “tell press contacts address belongs to Leonov,” who is “a KGB officer who uses the cover of second secretary and press attache of the [Soviet Embassy] in Mexico” and “the mastermind for Soviet clandestine support, direction and financing” of communist revolutionaries in Latin America.
In a memo to Ambassador Charles Freeman, the CIA’s Mexico City station chief provides some details on how its surveillance of Soviet official Nikolay Leonov in Mexico City led to a big intelligence haul against the clandestine leadership of the FARC and the Colombian Communist Party.
Surveillance of Leonov conducted by the station “determined that he had a clandestine meeting with a Latin American male” and that Leonov had “passed a bundle to this individual.” After following the individual to his hotel, agents discovered he was registered under the name Feliciano Pachon Chaconta and that a woman named Librada Moreno Leal was registered to the same room. Both were later determined to be members of the Colombian Communist Party and were arrested upon return to Bogota on April 20, 1968, carrying a total of $100,000 (USD).
Pachon and Moreno are said to have “broke and provided considerable information,” including the identities of “the entire clandestine leadership of the PCC and FARC,” FARC “personnel and plans,” information about previous financial support from the Soviets, including a $200,000 (USD) payment in June 1967, and the “address and identification of the PCC clandestine printing press,” which was used to forge “false documents and passports,” according to the person who ran the installation. The captured couriers said that all of the clandestine Soviet support received by the FARC and PCC came through the Soviet Embassy in Mexico and that Leonov was the “regular contact” on such matters.
The cable from CIA headquarters deals with several aspects of the coordinated “prop play” among various CIA stations to undermine Soviet diplomatic efforts and specifically to plant damaging information about the activities of Nikolay Leonov, a KGB agent under diplomatic cover in Mexico City. Regarding Leonov, stations are advised that any information tying him to the Pachon case should be pegged to the discovery of Leonov’s address in Pachon’s suitcase. Additionally, stations are advised of the importance of “keeping Pres. Lleras’ name out of it.” Attached comments indicated that the Bogota station “will continue to attempt placement of Leonov’s connection in the case in Bogota press.”
A CIA-associated individual or entity known by the cryptonym “GIWREN” has reported to the Agency’s Bogota station that Jose Arizala Posso, chief of the Novosti office in Bogota, has asked the presidential press secretary whether Soviet official Nikolay Leonov can travel to Bogota on way to Lima. The cable notes that Leonov was “once stationed Mexico City as Soviet Embassy press attache and known RIS [Russian Intelligence Service].”
This cable from CIA headquarters suggests that the Lima Station plant stories in the local press connecting Soviet official Nikolay Leonov to Peruvian guerrillas as was done previously in Colombia after the arrest of Feliciano Pachon in April 1968. The cable refers to three previous cables, one of which (Bogota 2114) “outlines prop play being conducted by Station Bogota in connection with recent discovery of an ELN cache.” Another reported the “[a]rrival of Leonov in Lima,” describing him as “a Soviet RIS [Russian Intelligence Service] officer who is under cover of Second Secretary of Soviet Embassy in Mexico City.” A third reported on the “connection between Leonov and Pachon.”
The CIA Station Bogota reports that it “placed articles ‘La Republica’ and ‘El Siglo’ 17 May which identify Nikolay Leonov as diplomat who passed one hundred thousand plus US dollars to Colombian Feliciano Pachon in Mexico City in April 1968.” The articles “tie Leonov to Pachon by revealing that scrap of paper in possession Pachon when captured had notation of ‘Avenida Mazatlan,’” which was Leonov’s address as Soviet press attaché in Mexico City. The cable adds that Leonov transited through Bogota airport April 23 where he met with “several members of clandestine apparat.”
A cable from the CIA station in Bogota sheds considerable light on the Agency’s targeting of Soviet communications in Colombia. Here the station reports that it “has learned of space becoming available” in a “GICITRON target building,” using the Agency cryptonym associated with the Colombia-based communications interception operation. Shifting operations to the new building “should improve reception and therefore take considerably,” according to the station. The station recommends that the new space should be rented and set up by “Errol R. Lythgoe,” the cover name used by Manuel Villafana Martinez, a former Cuban military attaché who defected to the U.S. in 1960 and participated in the Bay of Pigs invasion in April 1961. The cable notes that “Lythgoe” (Villafana) was previously known by the Cryptonym “LITAINT-1” when he was handled by the Mexico City station.
“Lythgoe” told the station that “he had already formed” a front company that could provide cover for the operation “in conjunction with Manuel Machado Llosa,” the “Cuban manager for Colombia of Galas y Cia.,” a printing company based in Mexico. Machado is a “long-time friend of Lythgoe who performed ops tasks for RVROCK [CIA] in Mexico and is aware of Lythgoe’s operational history.” The station requests that “headquarters obtain clearance [on] priority basis” for Machado “to provide cover for Lythgoe’s business and funds.” Machado would “not to be involved directly in operating,” but “it must be expected that, Cubans being Cuans, he will be more than generally aware of what is going on.” Machado would later be assigned the cryptonym “GICITRON-4.”
Referring to the January 20 cable of the same subject (Bogota 3483) which asked the Agency to clear Manuel Machado Llosa for use by the CIA station in Bogota, CIA assigns him the cryptonym “GICITRON-4” and file no. 201-267298. The cable says Machado “was original member of 26th of July Movement,” in Cuba, “but became disillusioned with administrative incompetence of Castro regime” and the “Sovietization of Cuba.” He worked with Cuban counter-revolutionary groups (including on the CIA’s AMWAIL operation), “had excellent contacts in Cuban diplomatic circles and with Cuban United Nations and Mexican police officials,” and “was rated a reliable source by Station Mexico City,” although he had not been a useful contact for Mexico City since 1963.
Regarding the CIA listening post in Bogota, headquarters agrees “that improvement GICITRON reception could improve product and, hence, worth pursuing,” but there were also some concerns about operational security vis a vis an unknown individual assigned the Agency cryptonym GISOY-92. “Thought occurs to HQS that GISOY-92, being aware GICITRON operation, would probably suspect proposed Lythgoe cover office in GICITRON building in new LP [listening post].” Headquarters asks whether the Bogota station planned “make GISOY-92 witting of Lythgoe role?” If not, “would he be piqued if he later learned of it?” “What repercussions could this have on Station/GISOY relations?”
This short cable indicates that on March 6 “a POA [Provisional Operational Approval] was granted GICITRON-4 (Manuel Machado Llosa) to permit him to form a corporation to provide funding cover for Errol R. Lythgoe.”
In a cable to the CIA station in Bogota, CIA headquarters says it is trying to assess the threat for Cubans employed by the CIA created by the “growing PBRUMEN [Cuban] diplomatic presence in hemisphere.” Agency records list “Errol A. Lythgoe, Reginald M. Daciek, GICITRON-4 and GICITRON-5 in Bogota,” according to the cable. “Pls indicate if station has additional PBRUMEN assets we unaware of, or others whose files should be reviewed.”
In apparent reply to the CIA headquarters cable of August 7 on the recommended reduction in reliance on Cuban agents, this memo describes how the individual known as GICITRON-4, Manuel Machado Llosa, is used by the Bogota Station. Machado provides “cover, status and funds for an operation handled by Errol R. Lithgoe,” the pseudonym of Manuel Villafana, “also a Cuban, who is nominally Subject’s partner in the business enterprise.” Although “he was involved in several clandestine Cuban activities while treasurer of the 26th of July Movement during 1957-58,” the CIA says that Machado “has received no training in clandestine operations” from the CIA. In any case, since Machado “provides cover for LITHGOE, he is not required to utilize any tradecraft,” adding that, “Having his own company provides for adequate cover.”
This strange document—marked both as a “memo draft” and as an “extract” and containing what appear to be pasted-together, non-contiguous sections—notes concerns raised by the Lima chief of station about the security of Agency operations that rely on Cuban assets in countries where Cuba has recently established diplomatic relations. In response, the undisclosed author of the memo asserts that: “[W]e would do well to begin a gradual cut-back in our use of Cubans, given the targetting [sic] that we presume will be made on them as the Cuban CI [counter-intelligence] effort begins in the various countries,” but the reduction in the use of Cuban agents should be “keyed initially to where the official Cuban presence is” and should therefore start with Peru. A seemingly disconnected section indicates that, “GICITRON-4, who has been Treasurer of the 26th July movement in the period 1957-58 provides cover for LITHGOE.”
EE.UU. Membrecía de sindicatos (en rojo) y proporción de los ingresos hacia el 10 % más rico de la sociedad (en azul). En blanco es el fondo de la gráfica.
El problema de la ignorancia radica en que es una enfermedad contagiosa que, si no contagia, mata.
majfud
«El político australiano aintiinmigración Bob Katter amenaza con golpear a un periodista por recordarle que él es de ascendencia libanesa:
«¡No diga eso, me irrita y le he dado puñetazos en la boca a otros tipos por decir eso! ¡No se atreva a decir eso! ¡Mi familia lleva 140 años aquí!».
🚨⚡️El político australiano aintiinmigración Bob Katter amenaza con pegar a un periodista por recordarle que es de ascendencia libanesa:
"¡No diga eso, me irrita y he dado puñetazos en la boca a tipos por decir eso! ¡No se atreva a decir eso! ¡Mi familia lleva 140 años aquí!". pic.twitter.com/JRPajZC22x
En una clase esta semana se salieron del tema y me preguntaron por el cartel de drogas de Venezuela…
Hace casi treinta años que venimos con el mismo tema: si quieren eliminar el narcotráfico, inviertan en prevención, salud y reducción del consumo. ¿No era que la ley de la oferta y la demanda lo explica todo? Aparte, basta con mirar la experiencia de la Ley Seca. Como la Libertad, la democracia y los Derechos Humanos, la “lucha contra la droga” ha sido siempre una vieja excusa intervencioncita de los imperios―sobre todo de Washington. La criminalización fue también interna, contra negros y latinos, como en el caso de Nixon.
“El Cartel de los Solos no existe ―todavía”, contesté, como para cortar por lo sano. “Lo que existe allí es la mayor reserva de petróleo del mundo y más de un siglo de la misma historia”.
Pues, por si fuese poco, ahora el venezolano antichavista Capriles sale a decir lo mismo y, para rematarla, Larry Johnso, ex agente de la CIA, lo confirma.
Una de las preguntas más recurrentes de los argentinos al ver la foto del presidente Javier Milei y su hermana Karina cuando niños es “¿Qué traumas vivieron estas pobres criaturas?” Angelicales rubiecitos, como en las pinturas medievales y renacentistas. Al decir de Pamela David en 2016, “Macri tiene una familia blanca, hermosa y pura” que sacó a “toda la mugre”, es decir morochas como Cristina y ella misma. Claro que, como hizo la CIA después de Hitler, en todos los discursos había que reemplazar la acusación de negro por la de comunista. Ideas que coinciden con las del morocho Sarmiento, quien detestaba a los indios, sentía “simpatía para la raza de ojos azules” y quería “mejorar la raza” (típica expresión del colonizado, como la del vicepresidente y mulato brasileño Hamilton Mourão) importando europeos blancos para parecerse a Estados Unidos. Ideas que coinciden con la reconocida inspiración de Hitler, el estadounidense Madison Grant, el cual el New York Times reseñó en 1916: “Si eres rubio, perteneces a la mejor gente de este mundo. Pero todo se terminará contigo. Tus antepasados han cometido el pecado de mezclarse con las razas inferiores del sur. Como resultado, las mejores cualidades de los rubios, pertenecientes a la raza creadora de la mejor cultura, se ha ido corrompiendo…”
Veamos el factor freudiano antes de volver a los genes. La “psicología Disney” que criticábamos a principio de siglo, no sólo obligaba a los padres a evitarle cualquier frustración a sus hijos, al tiempo que los convencían de que eran Al-Juarismi, Leonardo da Vinci, Arthur Miller y Marilyn Monroe en uno, sino que, además, creó un ilimitado sentimiento de culpa en los padres que se tradujo en una permisividad tóxica.
Dejando de lado el posible sarcasmo de “¿Qué traumas vivieron estas pobres criaturas?”el mismo Milei dio varias entrevistas justificándose porque sus padres lo castigaban de chico, algo que casi todos en nuestra generación vivimos en diferentes grados y no justifica que alguien descargue todas sus frustraciones emocionales sobre el resto de la humanidad.
Aquí vuelvo a uno de los temas sobre la violencia moral en La reina de América (2001): un trauma es la fosilización de un significado autodestructivo. Siempre existe la posibilidad de resignificar nuestras memorias a través de la reflexión, la racionalización, la catarsis griega o de su des-cubrimiento en caso de un trauma reprimido, como diría el psicoanálisis freudiano. Por ejemplo, el sexo amoroso, el sexo comercial y una violación son exactamente el mismo acto físico, pero los tres se distinguen por su significado; y todo significado depende de una tensión entre el individuo, la sociedad y la historia.
En la novela Crisis (2012), volví sobre el significado de otras formas de violencia. Por ejemplo, sobre una asistente social (que el gobierno de Delaware ofrecía a toda familia con un recién nacido) que se escandalizaba cuando uno de los personajes le contaba que había visto cómo sus tíos y los trabajadores rurales de su abuelo (por entonces, peones) mataban los cerdos; su padre tuvo que sacarle el cuero a una vaca muerta para recuperar parte de su inversión. El personaje reflexionaba que ninguna de esas experiencias lo llevó a sentir placer o indiferencia por el dolor ajeno. El significado de aquellos hechos no era traumático; era claro y explicable: no se trataba del placer de matar un cerdo, sino de la necesidad de sobrevivencia de gente de campo―significado que un día podrá cambiar.
Luego el personaje comparó: “todos los soldados, generales, políticos y pastores que han participado y apoyado la última guerra en Irak fueron educados de niños según esos ‘métodos de no violencia’. ¿Cómo es que niños tan alejados de palabras fuertes, del rigor de los padres, son capaces de bombardear mercados y ciudades llenas de niños?”
Matar un hombre es una experiencia traumática, pero no es la misma experiencia si comprendemos que fue un accidente o en defensa propia. La homosexualidad era una condena de muerte hasta que la sociedad la resignificó; como alguien que sueña que mató a alguien y, al despertar, entiende que el significado y la angustia del hecho cambió con el cambio de estado de conciencia. De ahí que despertar es una liberación del significado que nos oprime.
Las naciones indígenas solían excluir la violencia en la educación de los niños. No la europea, hasta no hace mucho; pero muchos niños que sufrieron brutales palizas se convirtieron en padres cariñosos. Claro, no todos los individuos responden de igual forma, pero creo que en la representación autoindulgente del presidente argentino se omiten elementos que la ciencia neurológica ya ha probado irrefutables. No todo se explica por traumas infantiles. Existe una plétora de casos de criminales que se deben a condiciones genéticas. Suele ocurrir que las experiencias traumáticas de la infancia no son la causa de, por ejemplo, la psicopatía ni de casos mucho menos serios, sino la consecuencia. Especialmente cuando los padres no saben resolver la situación y, por falta de experiencia (es decir, el caso de casi todos los padres) recurren a alguna forma de violencia.
Es un mito que los niños siempre reflejan la educación de la casa. Hoy sabemos que la mayoría de sus particularidades neurológicas tienen más que ver con natura que con nurtura. La educación puede ayudar o empeorar los resultados. La injusticia social también. Por ejemplo (escribimos sobre esto hace una década), en Estados Unidos y en la mayoría de los países, los niños con desarrollo conflictivo o solo por confundir la C con la S, son derivados a un ejército de profesionales. Un aspecto negativo es la (auto) estigmatización de los jóvenes (lo veo en mis estudiantes) que se imponen límites porque han sido diagnosticados con X o Y. Cuando yo era joven, no existían esos diagnósticos. Ni maestros ni profesores ni nuestros padres nos preguntaban si podíamos hacer algo; simplemente nos mandaban a la guerra con un tenedor.
Sin embargo, que un niño o un adolescente pueda recibir la medicación o la terapia indicada para manejar un problema mientras su cerebro se estabiliza (algo que no llega hasta los 25 años en los varones) es mil veces mejor a que el joven resuelva sus problemas con alcohol, drogas o violencia. La injusticia social radica en que los pobres o muchos jóvenes de la clase media no tienen la misma oportunidad de disfrutar de los avances de las ciencias y, en lugar de un psicólogo, un psiquiatra y unas medicinas que, sin seguro, puede costar mil dólares por mes, terminan siendo expulsados de sus escuelas, internados en un juvenile detention center y, finalmente, arruinan vidas en el crimen o en la miseria. Probable caso de los hermanos Milei en un futuro no muy lejano.
Todos alguna vez nos cruzamos o nos cruzaremos con uno o varios psicópatas sin saber que lo son. Por ser grandes manipuladores, se representan como víctimas y salvadores mesiánicos. Suelen parecer angelicales o campeones de la efectividad. Suelen ser exitosos en profesiones de poder, como los grandes negocios o CEOs de grandes empresas.
Algunos, son elegidos por una mayoría o una gran minoría, como Netanyahu, Trump y Milei.
«What traumas did these poor children go through?»
One of the most common questions Argentines ask when they see the photo of President Javier Milei and his sister Karina as children is, «What traumas did these poor children go through?» Angelic little blonds, like in medieval and Renaissance paintings. As Pamela David said in 2016, «Macri has a white, beautiful, and pure family» that removed «all the filth,» meaning brunettes like Cristina and herself. Of course, as the CIA did after Hitler, in every speech, the accusation of «black» had to be replaced with that of «communist.» These ideas coincide with those of the dark-skinned Sarmiento, who detested Native Americans, felt «sympathy for the blue-eyed race,» and wanted to «improve the race» (a typical expression of the colonized, like that of the Brazilian mulatto vice president Hamilton Mourão) by importing white Europeans to resemble the United States. Ideas that coincide with Hitler’s acknowledged inspiration, the American Madison Grant, whom the New York Times reported in 1916: «If you are blond, you belong to the best people in this world. But it will all end with you. Your ancestors have committed the sin of intermingling with the inferior races of the South. As a result, the best qualities of blonds, belonging to the race that created the best culture, have been corrupted…» Let’s look at the Freudian factor before returning to genes. The «Disney psychology» we criticized at the beginning of the century not only forced parents to avoid any frustration in their children, while convincing them they were Al-Khwariism, Leonardo da Vinci, Arthur Miller, and Marilyn Monroe rolled into one, but it also created an unlimited sense of guilt in parents that translated into toxic permissiveness. Leaving aside the possible sarcasm of «What traumas did these poor creatures go through?» Milei himself gave several interviews justifying his parents’ punishment as a child, something that almost everyone in our generation experienced to varying degrees and that doesn’t justify someone taking out all their emotional frustrations on the rest of humanity. Here I return to one of the themes about moral violence in The Queen of America (2001): trauma is the fossilization of a self-destructive meaning. There is always the possibility of redefining our memories through reflection, rationalization, Greek catharsis, or its discovery in the case of repressed trauma, as Freudian psychoanalysis would say. For example, amorous sex, commercial sex, and rape are exactly the same physical act, but the three are distinguished by their meaning; and all meaning depends on a tension between the individual, society, and history. In the novel Crisis (2012), I returned to the meaning of other forms of violence. For example, about a social worker (whom the Delaware government offered to every family with a newborn) who was shocked when one of the characters told her he had seen his uncles and his grandfather’s farm workers (then farmhands) slaughter pigs; his father had to hide a dead cow to recoup part of his investment. The character reflected that none of those experiences led him to feel pleasure or indifference to the pain of others. The meaning of those events wasn’t traumatic; it was clear and explainable: it wasn’t about the pleasure of killing a pig, but about the need for survival of rural people—a meaning that may one day change.
The character then compared: “All the soldiers, generals, politicians, and pastors who participated in and supported the last war in Iraq were raised as children according to those ‘methods of nonviolence.’ How is it that children so far removed from strong words and the strictures of their parents are capable of bombing markets and cities full of children?” Killing a man is a traumatic experience, but it’s not the same experience if we understand that it was an accident or self-defense. Homosexuality was a death sentence until society redefined it; like someone who dreams they’ve killed someone and, upon awakening, understands that the meaning and anguish of the act changed with their changed state of consciousness. Hence, awakening is a liberation from the meaning that oppresses us. Indigenous nations used to exclude violence from children’s education. Not so long ago, European ones; but many children who suffered brutal beatings grew up to be loving parents. Of course, not all individuals respond the same way, but I believe the Argentine president’s self-indulgent portrayal omits elements that neurological science has already irrefutably proven. Not everything can be explained by childhood trauma. There are a plethora of cases of criminals due to genetic conditions. It often happens that traumatic childhood experiences are not the cause of, for example, psychopathy or much less serious cases, but rather the consequence. Especially when parents don’t know how to resolve the situation and, due to lack of experience (which is the case with almost all parents), resort to some form of violence. It’s a myth that children always reflect their upbringing at home. Today we know that most of their neurological peculiarities have more to do with nature than nurture. Education can help or worsen outcomes. So can social injustice. For example (we wrote about this a decade ago), in the United States and in most other countries, children with developmental difficulties, or simply because they confuse their C with their S, are referred to an army of professionals. One negative aspect is the (self-)stigmatization of young people (I see it in my students) who impose limits on themselves because they’ve been diagnosed with X or Y. When I was young, these diagnoses didn’t exist. Neither teachers nor professors nor our parents asked us if we could do anything; they simply sent us to war with a fork. However, the fact that a child or adolescent can receive the appropriate medication or therapy to manage a problem while their brain stabilizes (something that doesn’t happen until age 25 in men) is a thousand times better than the young person solving their problems with alcohol, drugs, or violence. The social injustice lies in the fact that many poor or middle-class young people don’t have the same opportunity to enjoy the advances of science, and instead of a psychologist, a psychiatrist, and medication that, without insurance, can cost a thousand dollars a month, they end up being expelled from their schools, placed in a juvenile detention center, and ultimately ruin lives in crime or misery. A likely case of the Milei brothers in the not-too-distant future. We all come across or will come across one or more psychopaths at some point without knowing it. Because they are great manipulators, they portray themselves as victims and messianic saviors. They often appear angelic or champions of effectiveness. They are usually successful in powerful professions, such as big business or CEOs of large companies. Some are elected by a majority or a large minority, like Netanyahu, Trump, and Milei.
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