Neomedievalismo. El problema es la libertad ajena

Vamos a comenzar repitiendo algo que tiene décadas: la definición de “pro vida” no sólo es profundamente hipócrita sino que asume que los movimientos pro aborto son “anti vida”. Ni aquellos que se definen como “pro aborto” consideran que un aborto es algo bueno o divertido sino, en circunstancias especiales, un mal menor, resultado de problemas estructurales, sociales, culturales e individuales.

En este sentido, podemos decir que la reciente decisión de la Corte Suprema de Estados Unidos contra el derecho al aborto en circunstancias especiales (dejado a discreción de los estados) es sólo una parada más en el camino de regreso hacia el Medioevo. No se trata solo de un cambio cultural (muy probablemente, una reacción a un movimiento progresivo de mayor escala histórica, hacia la expansión de la “igual libertad”) sino, como siempre, parte de una estrategia que protege las micro minorías económicas, las que en algún momento serán el centro de conflictos y reivindicaciones de las nuevas generaciones. Ellos lo saben y necesitan distraer el problema creando combos políticos donde sus programas político-económicos vayan de la mano de algún dios popular o de algún fanatismo de moral privada, arraigado en la sociedad. En el mundo anglosajón, protestante, ese elemento debe tener algo de sexual y de puritanismo. Las cruzadas bélicas que dejan millones de muertos en nombre del amor cristiano, están bien.

El año pasado, el gobernador de Florida, Ron DeSantis, principal aspirante a la Casa Blanca en 2024, ocupó los titulares con la decisión de prohibir libros de historia y de matemática que hicieran referencia a la Teoría crítica de la raza y a cualquier otro cuestionamiento o revelación sobre el racismo endémico de su país en las escuelas primarias y secundarias. De la misma forma, logró que se aprobara la ley conocida como “No digas gay”, según la cual los jóvenes de este país pueden hablar de guerras, drogas y violaciones, pero no de la mera existencia de gente extraña, un poquito diferente a nosotros. Como ellos, los raros, no se meten en nuestras vidas privadas, nosotros nos metemos y legislamos sobre las suyas convirtiéndolos en tabúes que no sólo destroza la psicología de los jóvenes gays, lesbianas y transexuales sino que vuelve a poner a nuestros hijos heterosexuales en la maldita jaula represiva y temida del machismo tóxico que sufrimos nosotros.  

En el mismo sentido y dirección se encuentra la Corte Suprema. Aunque nunca se lo reconozca abiertamente, la Suprema Corte es un organismo altamente político, razón por la cual cada vez que muere o se retira uno de sus nueve miembros comienza una desesperada batalla en el Congreso para nombrar al nuevo juez según su orientación ideológica y en base a disputas sobre su sexualidad o sobre otras distracciones. La mayoría de sus miembros (6 en 9) fueron nominados por presidentes conservadores del Partido Republicano. Cinco de ellos elegidos por los presidentes George W. Bush (2) y Donald Trump (3), ambos llegados a la Casa Blanca luego de haber perdido el voto popular en las elecciones generales y gracias a un sistema electoral que fue diseñado para proteger el sistema esclavista del escasamente poblado (por blancos) pero poderoso sur en el siglo XIX.

Poderoso por su fanatismo. Ese mismo que en junio de 2020 enfrentó con un cuerpo de policía militarizado a una manifestación pacífica de ciudadanos negros que protestaban contra el racismo de la policía y seis meses después, el 6 de enero de 2021 enfrentó con palitos a los neoconfederados blancos, armados hasta los dientes con armas de fuego, otra tradición del temeroso y temido sur esclavista, con el objetivo conocido por el FBI de dar un golpe de Estado asaltando el Congreso e impidiendo la confirmación del nuevo presidente demócrata.

Este poder basado en “derechos especiales” de un grupo que en gran medida está compuesto por los admiradores y auto victimizados confederados y supremacistas blancos, el único grupo que puso en peligro real la existencia de ese mismo país que ahora dicen defender como ningún otro. Los mismos que se llenan la boca con el patriotismo y estratégicamente acusan a los críticos, la esencia de cualquier democracia, de ser “antiamericanos”.

Ese poder especial de una minoría que asume como un dogma ser mayoría, se encontró con una vacante en la Corte Suprema en febrero de 2016, cuando murió el juez liberal (izquierda, en el lenguaje estadounidense) Antonin Scalia. Correspondía al presidente demócrata Barak Obama nominar un reemplazo el que, obviamente, sería de su línea política. Los republicanos bloquearon esta nominación por casi un año hasta que el nuevo presidente republicano, Donald Trump, estuvo en la Casa Blanca y pudo nominar al conservador Neil Gorsuch.

El último miembro ingresado a la Corte Suprema confirma este razonamiento. El 18 de setiembre de 2020, a poco más de un mes de las elecciones generales que ganaría Joe Biden, murió la jueza liberal Ruth Ginsburg. Los republicanos lograron nominar y aprobar en tiempo récord a su candidata conservadora Amy Coney Barrett, el 27 de octubre de 2020, días antes de las elecciones.

Debido a esta decisión de la Corte (grupo altamente político y mayoritariamente compuesto por hombres) el CDC, organismo del gobierno, calcula que las mujeres negras sufrirán un incremento del 33 por ciento de muertes relacionadas a sus embarazos. Para miles de mujeres, un embarazo significará una sentencia de muerte.

¿Qué sigue en este camino hacia el Medioevo? Uno de los miembros de la Corte Suprema, el juez ultraconservador Clarence Thomas, lo dejó claro por escrito: “En casos futuros, debemos reconsiderar todos los precedentes sustantivos del debido proceso de este tribunal, incluidos Griswold [1965, por el uso de anticonceptivos], Lawrence [2003, contra la criminalización de la homosexualidad] y Obergefell [2015, en favor del matrimonio igualitario]”.

En otras palabras, el veterano conservador de la Superma Corte afirmó que los próximos pasos hacia este neomedievalismo será prohibir los matrimonios del mismo sexo, criminalizar las opciones sexuales diferentes y el uso de pastillas anticonceptivas.

Si continuamos por esta línea de regresión histórica, nos encontraremos que el próximo paso sería la prohibición del divorcio y el matrimonio interracial, el cual fue ilegal hasta que la Suprema Corte levantó su prohibición en 1967, cuando el juez Thomas tenía 19 años.

Claro que este objetivo de savonarola converso podría encontrar un obstáculo. El juez, héroe de los conservadores protestantes, católicos y supremacistas blancos, es un hombre negro (o “afroamericano”, aunque en los hechos sea menos afroamericano que el blanco Elon Musk) y está casado, en segundas nupcias, con la activista conservadora Ginni Lamp, una mujer rubia, miembro del Tea Party y fundadora del Liberty Central y del Liberty Consulting.

Ahhh… la palabra liberty es tan bonita. Siempre y cuando no se trate de la libertad ajena, claro.

JM, junio 2022

https://www.pagina12.com.ar/433237-el-problema-es-la-libertad-ajena

https://archive.org/details/jorge-majfud

Mercenarios de los medios

Una practica común (no «un-American»): el columnista del Florida Times-Union de Jacksonville, FL, perseguido por compania que se dedica a difamar, por su posicion contra la corrupción de la eléctrica JEA para privatizarla.

jm, junio 2022

«Nuestra arma principal escupe palabras, no balas»

El experto en propaganda computacional, Samuel Woolley, en 2020 publicó en su libro The Reality Game la historia de Jascha, quien se había instalado en Ucrania en 2013, un año antes del golpe de Estado. Durante este período, “fue testigo de nuevas formas de manipular la opinión pública usando información de muy baja calidad destinada a determinados grupos en el país. Más tarde nos dimos cuenta de que Ucrania era la avanzada de la propaganda computacional en el mundo. Ahora [2020] cuando queremos tener una idea de hacia dónde va el futuro de las fake news y de los bots políticos, simplemente miramos hacia Ucrania usamos Ucrania como caso de estudio”. En Computacional Propaganda, libro en el que reunió en 2019 una decena de expertos, reiteró la idea: la manipulación de la opinión pública a través de la propaganda computacional ha sido una guerra entre Rusia y Occidente en Ucrania desde los primeros años del siglo XXI.

Aparte de la CIA, desde 1997 la OTAN se aseguró de fundar agencias en Ucrania, para que las milicias cibernéticas aprendan el arte de la guerra moderna, es decir, de la propaganda computacional, con la fundación del “Centro de Información y Documentación (NIDC)”. Según sus declaraciones de principios, se trataba de un mecanismo que apuntaba a “crear conciencia y comprensión sobre los objetivos de la OTAN en Ucrania”, formando por décadas a “periodistas independientes”.

Los diagnósticos de los expertos han sido abundantes y consistentes, pero ninguno ha alcanzado los titulares de los grandes medios occidentales. El 16 de marzo de 2022, Sean McFate, integrante del Atlantic Council, fue directo: “Rusia puede estar ganando la guerra en el campo de batalla, pero Ucrania está ganando la guerra de la información. Esa es la clave para obtener el apoyo y la simpatía de los aliados”. Un oficial del Departamento de Estado señaló que “los ucranianos han dado una clase magistral en guerra de información”. Otro alto funcionario de la OTAN, en calidad de anonimato, le reconoció al Washington Post que el gobierno de Ucrania estaba haciendo un “excelente trabajo de comunicación” y de “operación psicológica” junto con un centenar de compañías publicitarias y medios internacionales. Es probable que esta funcionaria anónima sea Natalia Popovych, presidenta de One Philosophy, poderoso grupo que gestiona la imagen de gigantes como Microsoft, McDonald’s, MasterCard y Opel, financiadas, a su vez por varios gobiernos europeos, por la embajada de Estados Unidos en Ucrania, la USAID y el Institute for Statecraft de Inglaterra.

La guerra de Washington en Vietnam, como en Irak o en Afganistán más recientemente, fue una vergonzosa derrota que los medios dominantes y la industria cultural se empeñaron en presentar como una victoria moral. Más que eso, se vendió como una victoria militar, sobre todo en las películas, al extremo que hasta estudiantes universitarios aún hoy se sorprenden cuando escuchan que su país perdió la mítica guerra de Vietnam, recordada en millones de gorras de baseball que usan los “héroes ancianos” en McDonald o en Walmart para que los dejen pasar primero en la fila de la caja y, de ser posible, se arrodillen y les repitan aquello de “gracias por su servicio”, “gracias por proteger la libertad de nuestra nación”. 

Al igual que la humillación de Bahía Cochinos en 1961, en Vietnam la derrota se basó, en alguna medida, en un defecto de la propaganda, pese al tsunami de millones de dólares inyectados por la administración de Johnson para demonizar a los disidentes más conocidos (Martin Luther King, Mohammed Ali, Noam Chomsky, Edward Said…) y a estudiantes que protestaban contra la guerra, hasta el extremo de reprimirlos a tiros en varias universidades. El resultado fue parcial pero sintomático: los padres de los estudiantes masacrados en universidades como Kent State University justificaron la violencia policial para evitar alguna forma de antipatripitsmo. 

En Cuba se debió a la observación del médico argentino Ernesto Guevara, quien en 1954 se encontraba en Guatemala cuando la CIA destruyó esa democracia manipulando los medios. Cuando la Revolución cubana triunfó en 1959, una anomalía histórica en América latina, Guevara aseguró: “Cuba no será otra Guatemala”. Las enigmáticas palabras revelaban mucho para quienes tenían algún conocimiento de la realidad, como el agente de la CIA David Atlee Phillips quien, luego de la vergonzosa derrota, afirmó: “Castro y Guevara aprendieron de la historia; nosotros no”. Una década después, ocurrió algo similar en Vietnam. La millonaria maquinaria propagandística de Washington había regado ese país no sólo con armas de destrucción masiva, como el Agente Naranja, sino también con seis mil millones de panfletos para convencer a la población de su superioridad moral. El resultado fue catastrófico: los vietnamitas usaron los panfletos como papel higiénico.

Tanto en las Guerras Bananeras, como en la Primer Guerra Fría, como en esta Segunda Guerra Fría, las estrategias de la propaganda imperial son las mismas. Una de las consecuencias directas de la guerra psicológica consiste en el objetivo maniqueo que el presidente George W. Bush resumió en su paranoia belicista: “O están con nosotros o están contra nosotros”. Como decía la CIA en los 50s, “nuestra principal arma escupe palabras, no balas”. De esta forma se secuestran los pueblos para que se identifiquen con sus gobiernos que, básicamente, son instrumentos de las multimillonarias corporaciones. Ese “nosotros” apela a lo que hace dos décadas llamamos “La enfermedad moral del patriotismo” (ver también, “Las fronteras mentales del tribalismo”). Nada diferente al lema de la dictadura brasileña: “Brasil, ame-o ou deixe-o”. Por “Brasil” querían decir “nuestra ideología, nuestra oligarquía, los dueños del país”. Bajo este lema expulsaron al pedagogo y teórico Paulo Freire, “por ignorante” y antipatriota. 

Esta estrategia de la propaganda convierte a cualquier crítico en un enemigo, tal como lo definiera la socialista convertida en halcón conservador del gobierno de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick (no hay seres más resentidos que los conversos). Según la consejera y luego embajadora ante las Naciones Unidas, “aquellos que nos definen como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.

Por esta lógica profundamente antidemocrática, gente decente que podría hacerle algún bien real a su propio país y al mundo se convierte con extrema facilidad en ciudadanos dóciles, autocensurados y funcionales a los intereses ajenos—en nombre de sus propios intereses, claro, porque en eso consiste cualquier tipo de propaganda.

Según mi modesto entender, no existe democracia sin dos requisitos fundamentales:

1) Tanto el poder político, económico como mediático deben estar supervisados y controlados por el pueblo (en el caso de las redes sociales, a través de comités internacionales);

2) Una democracia verdadera se mide por su tolerancia a la crítica radical, porque el pueblo también puede equivocarse, aún en un estado ideal donde su opinión no ha sido manipulada por el poder de turno.

JM, junio 2022

https://archive.org/details/jorge-majfud

Radio Centenario-1250 AM Montevideo
En Mañanas de Radio recibimos al escritor, docente, investigador y arquitecto Jorge Majfud, radicado actualmente en EEUU, quien compartió sus experiencias en varios países. Majfud, oriundo de Tacuarembó actualmente dicta calases en la Universidad de Georgia en EEUU, luego de ejercer como arquitecto en Mozambique o España entre otros países. Su último trabajo editorial “La frontera Salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina”, es un recorrido por los eventos más importantes de los últimos doscientos años que marcaron la expansión de las Trece colonias sobre las naciones indígenas y sobre ese vasto territorio que hoy llamamos América Latina sino también la revelación de la lógica de sus guerras infinitas, de su expansión y de sus sistemáticas intervenciones, directas o secretas en los diversos pueblos del sur.▶️
https://rebelion.org/nuestra-arma-principal-escupe-palabras-no-balas/

El mercado de las innovaciones (micro)

Durante la Edad Media, todo lo nuevo era atribuído al Demonio. Desde hace pocos siglos, lo Nuevo es estimado como algo valioso (el arte, la poesía, la ciencia, la tencología).

Hasta ahi estoy de acuerdo.

Lo que fastidia es el mercado de la innovación tecnológica que nos obliga cada año a hacer todo diferente para continuar haciendo lo mismo.

jm, junio 2022

Gun fanaticism, foundational racism 

The holy verse of conservatives in America is the Second Amendment passed in 1789. Like any verse in any holy book, it is brief and open to different interpretations. As in any religion, they are theological interpretations, that is, political. 

A conservative interpretation leads us to conclusions unwelcome by conservatives. Thomas Jefferson (his books were banned for being an “atheist”) was of the undogmatic idea that all laws should be changed according to the needs of each generation. But both Jefferson and the rest of the “founding fathers” were racists, a detail that is not recognized even by today’s racists. 

The verse of the amendment reads: “A well-regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed.” 

Five words are the keys to understanding what the amendment means: Militia, free State, people, and Arms. Let’s start with the last one. 

5. Arms. In the same way that the word “car” then meant something quite different from what “car” means today and hence the new traffic laws, the same occurs with the word which meant “arms” meant a flintlock or a musket rifle. In any case, for a person to be able to kill another, he had to be at a distance of a few yards, and, after shooting, he had to do some craft work to reload. For some decades, “the people” and the judges understand that with the word “weapons”, in 1789 the founding fathers also referred to an AR-15 and other assault rifles capable of killing, at a much greater distance, several dozens of people. 

4. People. From the same constitution of 1787, the word “people” in “We the people” meant “white man, a slaver, and owner”. By no means black, Indian, or poor white. But a word is an ideolexicon, that is, a bag used to load different ideological meanings. 

 3.,2. Free State. The idea of “free states” as opposed to “slave states” belongs to an advanced nineteenth century that was struggling to abolish slavery, long after expanding it over Indian and Mexican territories where slavery did not exist or was illegal. In 1789 and for a few generations thereafter, “the free state” was the slave state of whites. In fact, in all the letters, congressional transcripts, and newspaper articles it is assumed that “the free race” was the white race, since the others were incapable of understanding freedom. Slavery expanded in the name of Law, Order, and Freedom. The third stanza of the national anthem written in 1814 by Francis Scott Key, proclaims: 

No refuge could save the hireling and slave

From the terror of flight, or the gloom of the grave”. 

The song was prompted by the British burning of the government house in Washington, later painted white by the slaves to hide the memory of the fire. England punished a similar attack by the Americans on Canada, when they wanted that territory as the fourteenth state. Many black slaves sided with the invader, for obvious reasons, and the patriot Scott Key, a slaveholder by law, unleashed his poetic fury in the famous song, now the National Anthem. 

1. Militia. As anyone in their right mind can see, the expression “a well-regulated militia” does not mean individuals acting on their own. But that is not all. In both the 18th and 19th centuries these militias were the slavers’ police. How could a handful of white masters subdue a majority of black slaves? Not by the whip but by firearms. But since the masters formed a confederation in each state and among the slave states, the armed militias were of vital importance to safeguard the lives of the white masters and the system itself, which produced the richest men in the country, the slave capitalism of the 19th century, even when the north was already an old pole of commercial and industrial development. 

Every right is regulated, and all interpretation depends on the political interests of the moment. Let’s see an absurd example referred to the First Amendment, of which I count myself as a radical defender. 

In 2010, the Supreme Court ruled in favor of Citizens United, a “non-profit” organization in favor of the rights of large corporations. Its founder, Floyd Brown, defined it as follows: “We’re just old-fashioned, blue-collar social conservatives. These are people who couldn’t care less about politics, want to be left alone by government, but if their country calls for them to fight abroad, will”. For this type of old Anglo-Saxon fanaticism, the brutal interventions in other countries are not political nor are they about racism and economic interests. 

In the lawsuit and in the final ruling, five members out of nine of the Court understood that the limitation of donations from any group to a candidate constituted a “violation of freedom of expression.” In addition, they began to have the right to do so anonymously, which is known as “dark money”. Of course, again, in the “Nation of Laws” everything is legal. Corruption is a thing of Latin Americans and poor blacks in Africa. 

As is often the case in a democracy hijacked by corporations, the citizens had a different opinion. In 2010, a survey by ABC and The Washington Post had revealed that 80 percent of Americans were opposed to the elimination of barriers and limits on donations to politicians proposed by Citizens United.

The (political) interpretations against regulations always favor those who are in power. Nobody says that in every airport in the United States the Constitution is violated because the carrying of weapons is not allowed. The age to buy assault rifles is 18 years, but if it were up to the fans, it would be six years, when the victim enters school and does not feel free and safe. Now, is the 18-year limit not a regulation? It is not in the Second Amendment.

Meanwhile, 40,000 people die each year in this country from gun violence. Not accidentally, the killings are often racially motivated against “inferior races,” since that obsession is in the DNA of this country’s history. Blacks, Asians, or Hispanics do not slaughter whites out of hatred. The problem of crime in black neighborhoods is due to this same history of discrimination: when they became citizens, they were immediately segregated at gunpoint and by various policies such as the layout of highways or the criminalization of certain drugs introduced by the same CIA to the country and used by Nixon, deliberately, to criminalize blacks and Latinos. 

This is the concept of freedom of those who suffer from a paranoia that does not let them be free. And they impose it on others in the name of freedom—and, as in times of legal slavery, are defended even by the “happy slaves”. 

Jorge Majfud, June 2022. 

La doble vara de la propaganda occidental

Sin defender la censura en distintos países de Oriente y del Sur colonizado (todo lo contrario, pero a veces hay que aclararlo para algunos niños de escuela), agreguemos un ejemplo más de cómo opera la propaganda de las potencias occidentales, siempre tan orgullosas de su libertad cada vez que se miran en el espejo de Narciso.

Voice of America (VOA), que junto con TV Martí y otros canales (en sus nombres incluyen términos como Free o Liberty) es una rama de la Agencia estadounidense para los Medios Globales financiada por el gobierno de Estados Unidos. Fue fundada en 1941, en principio con el noble objetivo de contrarrestar la propaganda nazi, hija directa de la propaganda estadounidense, de la misma forma que Joseph Goebbels se inspiró en Edward Bernays y Hitler en Madison Grant.

Desde entonces, VOA no ha dejado de operar en decenas de países, especialmente durante la Guerra Fría y después, “para promover los valores democráticos”. Más allá de los eslóganes, VOA es un conocido conglomerado de medios de propaganda que en el pasado sirvió para preparar golpes de Estado duros, con invasiones o intervenciones militares directas. Hoy en día su presupuesto, procedente del gobierno de Estados Unidos, es de cientos de millones de dólares y opera en diferentes países creando opinión pública.

También ha sido una de las extensiones mediáticas de la CIA. Como la Agencia, VOA es un organismo permanente y, en teoría, no está pensada para actuar en territorio estadounidense sino en el resto del mundo. Pertenece a lo que se clasifica como “white propaganda”, es decir, propaganda no secreta, pero de tal forma que no parezca propaganda. Ejemplos de “black propaganda” usado y abusado por la Agencia y las corporaciones privadas del Primer mundo abundan en la historia reciente del erróneamente llamado Tercer mundo.

Al igual que los medios financiados por gobiernos extranjeros, VOA se define a sí misma como “independiente del gobierno” de Estados Unidos que la financia. Nadie esperaría lo contrario de un medio que se presenta como campeón de la verdad, la libertad e independiente de toda ideología o poder político. Claro que, como en cualquier otro caso, es razonable asumir que en algún momento algún periodista ha ejercido su libertad en contra de la ideología dominante. Pero, como los op-eds de los grandes medios, sólo se trata de un impuesto moral que las corporaciones no democráticas deben pagar para considerarse democráticas o, al menos, tolerar y acomodarse a una sociedad compleja, contradictoria y relativamente abierta como todavía lo son algunas sociedades occidentales, fundamentalmente gracias a sus disidentes, aquellos que no se resignan a la idea de que los países tienen dueños, son ejércitos, tribus o sectas.

Basta con realizar un micro experimento compartiendo en las redes sociales cualquiera de las noticias de VOA. Los creadores masivos de opinión colectiva como Twitter no advierten, como en los otros casos de medios financiados por gobiernos no alineados (TeleSur de Venezuela, RT de Rusia o de algún medio público de China), que “este medio está financiado por el gobierno de…”

Es lo que se llama Prensa libre, la que, aparte de medios financiados por Washington, incluye otros conglomerados privados y más poderosos, libres de toda sospecha de poseer intereses especiales, como CNN, Fox News, y una larga lista de mercenarios creadores de la Libre Opinión del Pueblo–sea el pueblo que sea.

jm, junio 2022.

https://www.pagina12.com.ar/428845-la-doble-vara-de-la-propaganda-occidental

jm, junio 2022.

 

El fanatismo de las armas y el racismo fundacional

El versículo sagrado de los conservadores en Estados Unidos es la Segunda enmienda aprobada en 1789. Como cualquier versículo de cualquier libro sagrado, es breve y abierto a diferentes interpretaciones. Como en cualquier religión, son interpretaciones teológicas, es decir, políticas. 

Una interpretación verdaderamente conservadora nos lleva a conclusiones poco deseadas por los conservadores. Thomas Jefferson (sus libros fueron prohibidos por ateo) era de la idea poco dogmática de que todas las leyes deben ser cambiadas según las necesidades de cada generación. Pero tanto Jefferson como el resto de los “padres fundadores” eran racistas, detalle que no es reconocido ni siquiera por los racistas de hoy.

El versículo de la enmienda reza:

A well-regulated Militia, being necessary to the security of a free State, the right of the people to keep and bear Arms, shall not be infringed” (Siendo necesaria una milicia bien regulada para la seguridad de un Estado libre, no se violará el derecho del pueblo a poseer y portar armas.)

Cinco palabras son las claves para entender qué significa la enmienda: 1. Militia, 2., 3. free State, 4. people y 5. Arms. Empecemos por esta última. 

5. Arms. De la misma forma que la palabra “car (carro)” significaba en el siglo XVII algo bastante diferente a lo que hoy significa “car (auto)” y de ahí las nuevas leyes de tránsito, lo mismo la palabra “arms” significaba una flintlock o un rifle musket. En cualquier caso, para que una persona pudiese matar a otra debía estar a una distancia de pocos metros y, luego de disparar, debía realizar un trabajo artesanal para recargar. Desde hace algunas décadas, la gente y los jueces entienden que con la palabra “armas”, en 1789 los (sagrados) padres fundadores se referían también a una AR-15 y a otros rifles de asalto capaces de matar, a mucho mayor distancia, a varias decenas de personas antes que cualquiera atine a correr o a defenderse. 

4. People. Desde la misma constitución de 1787, la palabra “people” en “We the people” significaba “hombre blanco, esclavista y propietario”. De ninguna manera negros, indios o blancos pobres. Pero una palabra es un ideoléxico, es decir, un saco que sirve para cargar diferentes mercancías.

 3., 2. Free State. La idea de los “estados libres” opuestos a los “estados esclavistas” pertenece a un avanzado siglo XIX que se debatía en abolir la esclavitud, mucho después de expandirla sobre territorios indios y mexicanos donde la esclavitud no existía o era ilegal. En 1789 y por unas generaciones más, “el estado libre” era el estado esclavista de los blancos. De hecho, en todas las cartas, trascripciones del Congreso y artículos periodísticos se asume como algo obvio que “la raza libre” era la raza blanca, ya que las otras eran incapaces de entender la libertad. La esclavitud se expandió en nombre de la Ley, el Orden y la Libertad. La tercera estrofa del himno nacional escrita en 1814 por Francis Scott Key proclama:

Ningún refugio puede salvar al asalariado y al esclavo

del terror de la huida, de la sombra de la tumba”.

La canción de este abogado fue motivada por la quema de los británicos de la Casa de gobierno en Washington, luego pintada de blanco por los esclavos para ocultar la memoria del fuego. Inglaterra quiso castigar un ataque similar de los estadounidenses a Canadá, cuando querían ese territorio como el estado catorce. Muchos negros esclavos se pusieron a favor del invasor, por obvias razones, y el patriota Scott Key, esclavista de ley, descargó su furia poética en la famosa canción, ahora Himno nacional.

1. Militia. Como cualquiera en su sano juicio puede darse cuenta, la expresión “una Milicia bien regulada” no significa individuos actuando por cuenta propia. Pero eso no es todo. Tanto en el siglo XVII como en el XIX estas milicias fueron la policía de los esclavistas. ¿Cómo un puñado de amos blancos podía someter a una mayoría de negros esclavos? No por el látigo sino por las armas de fuego. Pero como los amos formaban una confederación en cada estado y entre los estados esclavistas, las milicias armadas eran de vital importancia para salvaguardar la vida de los amos blancos y el sistema mismo, el cual produjo los hombres más ricos del país, el capitalismo esclavista del siglo XIX, incluso cuando el norte ya era un antiguo polo de desarrollo comercial e industrial. 

Todo derecho está regulado y toda interpretación depende de los intereses políticos del momento. Veamos un ejemplo radical y absurdo referido a la Primera enmienda, de la cual me cuento como radical defensor.

En 2010, la Suprema Corte (con una amplia mayoría de jueces elegidos por presidentes conservadores) falló en favor de Citizens United, una organización “sin fines de lucro” a favor de los derechos de las grandes corporaciones. Su fundador, Floyd Brown, la definió así: “Somos gente a las que no les importa la política; gente que desea que el gobierno los deje en paz; pero si nuestro país nos llama a luchar en el extranjero, lo haremos con gusto”. Para este viejo fanatismo anglosajón, las brutales intervenciones en otros países no son políticas ni son sobre intereses económicos, sino puro patriotismo, Dios y la moral.

En la demanda y en el fallo final, cinco miembros en nueve de la Corte Suprema entendieron que la limitación de donaciones de un grupo cualquiera a un candidato constituía una “violación a la libertad de expresión”. Además, pasaron a tener el derecho de hacerlo de forma anónima, lo que entre los académicos se conoce como “dark money” (“dinero oscuro”). Claro, otra vez, en “El país de las leyes” se hace todo legal. La corrupción es cosa de latinoamericanos y de negros pobres en África.

Como suele ocurrir en una democracia como la de Estados Unidos, secuestrada por las corporaciones, los ciudadanos tenían otra opinión. A principios de 2010 una encuesta de ABC y The Washington Post había revelado que el 80 por ciento de los estadounidenses se oponía a la eliminación de trabas y límites en las donaciones a los políticos propuesta por Citizens United.

Las interpretaciones (políticas) contra las regulaciones favorecen siempre a quien tiene el poder. Nadie dice que en cada aeropuerto de Estados Unidos se viola la Constitución porque no se permite el porte de armas. La edad para comprar libremente rifles de asalto es 18 años, pero si fuese por los fanáticos de las armas, sería seis años, cuando la víctima entra a una escuela y no se siente libre y segura. Pero el límite de 18 años no deja de ser una regulación. ¿Dónde se lee eso en la Segunda enmienda?

Mientras tanto, 40.000 personas mueren cada año en este país por violencia de armas. No por casualidad las matanzas suelen tener una motivación racial contra “las raza inferiores”, ya que esa obsesión está en el ADN de la historia de este país. Los negros, los asiáticos o los “hispanos” no masacran blancos por odio. El problema de la criminalidad en los barrios negros se debe a esta misma historia de discriminación: cuando se convirtieron en ciudadanos, fueron segregados de inmediato a punta de revolver y por diversas políticas como el trazado de autopistas o la criminalización de ciertas drogas introducidas por la misma CIA al país y usadas por Nixon, de forma deliberada, para criminalizar negros y latinos.

Este es el concepto de libertad de quienes sufren de una paranoia que no los deja ser libres. Y se la imponen a los demás en nombre de la libertad—como en tiempos de la esclavitud legal, defendida hasta por los “esclavos felices”.

JM, junio 3, 2022.

https://elpais.bo/opinion/20220605_el-fanatismo-de-las-armas-y-el-racismo-fundacional.html