Urbanismo, partidos políticos y clases sociales

En todos los países existen divisiones políticas según regiones. Pero cuando en una misma ciudad las divisiones políticas son consistentes, las diferencias de clases sociales son evidentes, ya que son el resultado de la oferta y la demanda inmobiliaria. Y de los guetos sociales.  En otras palabras, la vieja lucha de clases que los de arriba no quieren ni oír hablar en nombre de la Unión, Dios y la Patria.

Santiago de Chile, 1988, 2020
Ciudad de México, 2021
Montevideo, referendum de 2022

¿Quiénes están atrapados en la Guerra fría?

Le Monde, 27 de marzo de 2022

Le Monde publicó un amplio alegato contra los “intelectuales de izquierda” que no aprobamos la invasión de Putin pero responsabilizamos a la OTAN de provocar el conflicto. Paco Ignacio Taibo II fue acusado de denunciar “la nueva censura a las editoriales rusas por parte de la Feria Internacional del Libro” de Guadalajara, lo cual tampoco significa que apruebe la censura de Rusia a los medios occidentales.

En lo que a mí me toca, el medio francés se despachó con una muestra de interpretaciones ligeras como: “En una serie de artículos de opinión publicados en el diario argentino Página 12, el intelectual uruguayo Jorge Majfud lleva la voz de esta izquierda que se mantiene muy discreta sobre el tema, y ​​explica ‘por qué buena parte de la izquierda mundial apoya a Putin [quien] es demasiado listo para los líderes de Occidente’, dice, tirando del hilo de la postura anti-OTAN y anti-Estados Unidos con la idea de que ‘El único argumento que entienden las potencias hegemónicas es el de las bombas atómicas”.

En subtítulo, repite y destaca: “La guerra rusa, ‘tristemente simple, es una reacción a la acción ejercida en gran medida por Washington’, escribe el intelectual uruguayo…” Etc.

Ni voz de la izquierda ni discreta y menos tímida. Díganselos a quienes nos amenazan y acusan de radicales, solo por no alinearnos ni al radicalismo belicista de los buenos ni a la doble moral que lleva a personajes nefastos como Condoleezza Rice a afirmar que la invasión “viola las leyes internacionales”. O a un más nefasto George Bush, quien condenó a Putin por lanzar una guerra “sin provocación y sin justificación”. O al presidente Joe Biden, declarando que Putin es “un criminal de guerra”, título que nunca aceptaría para ningún ex presidente de su país.

Por no seguir con la clásica doble moral de los racistas maquillados que, mágicamente, abrieron las fronteras de Europa para recibir a los refugiados ucranianos, política del todo correcta de no ser porque esas mismas fronteras fueron cerradas para quienes huían del caos de África y Medio Oriente, caos producido por invasiones, saqueos, masacres y guerras de las potencias Noroccidentales desde hace un par de siglos. Por no seguir con la mágica apertura de fronteras de Washington para recibir 100.000 refugiados ucranianos, o los reportes de las facilidades que encuentran los ucranianos para cruzar la frontera con México, esa misma que siempre estuvo cerrada a los refugiados del sur; niños y mujeres, refugiados del caos creado por Washington en América central, en el Caribe y más allá, con sus dictaduras y matanzas desde antes de la Guerra fría, durante y después. Como es el caso de Haití, bloqueada y arruinada desde que se convirtió en el primer país libre de las Américas en 1804 y desangrada hasta ayer no más, por Francia, por las dictaduras de los Duvalier, por el terror de los paramilitares de la CIA, los golpes de estado contra Aristide o la imposición neoliberal que arruinó al país, por citar solo un ejemplo. Cuando esta gente huyó del caos, fueron perseguidos como criminales. En 2021 fuimos testigos de la caza de haitianos en la frontera, a caballo, como se cazaba esclavos en el siglo XIX.

Más directos fueron los periodistas de las cadenas occidentales que reportaron la tragedia de los ucranianos como algo inadmisible, tratándose de “cristianos blancos”, de “gente civilizada”, de “rubios de ojos celestes”. O políticos, como el diputado oficialista de Polonia, Dominik Tarczyński, quienes confirmaron, orgullosos, que estaban abiertos a la inmigración ucraniana porque eran “gente pacífica” pero no recibirían ni a un solo musulmán refugiado. Cero”. De violentos lideres nazis como Artiom Bonov, refugiados en su país, silencio.

Como ejemplo a seguir, Le Monde elogió a “el joven presidente chileno, Gabriel Boric” quien “condenó sin rodeos la invasión de Ucrania, la violación de su soberanía y el uso ilegítimo de la fuerza”. En otras palabras, si no se entiende que la realidad es un partido de fútbol y que hay que estar cien por ciento de un lado sin criticar el otro, es porque se está de un lado sin criticar el otro.

No por casualidad, los poderes imperiales desde hace generaciones no aceptan que se los nombre de esa forma. Para ellos no es momento de mencionar el imperialismo occidental. Nunca es un buen momento de hablar de imperialismo, excepto si a otra potencia militar se le ocurre hacer lo mismo.

Le Monde matiza cuando me cita de nuevo sobre algo que venimos repitiendo desde meses antes de la guerra: “Que consideremos que la OTAN es la principal responsable del conflicto en Ucrania no significa que apoyemos a Putin, ni a ninguna guerra…” Pero en su línea de pensamiento, esto es apenas un detalle irrelevante. La tesis es otra: la crítica contra la OTAN se debe a que “El antiamericanismo sigue arraigado en el subcontinente”. Como el viejo e infantil argumento de que (en el Sub) “nos odian porque somos ricos y libres”.

Recientemente, el profesor de la Universidad de Chicago y experto en la región, John Mearsheimer, en The Economist y en The New Yorker culpó a Estados Unidos de la guerra en Ucrania. Hace pocos días Noam Chomsky me recordaba que no sólo él había advertido años atrás del peligro de una guerra por no mantener la neutralidad de Ucrania, sino también “George Kennan, Henry Kissinger, el jefe de la CIA y prácticamente todo el cuerpo diplomático superior que sabía algo sobre la región eran de la misma opinión. Es de locos”.

De locos, pero tiene explicación: la avaricia sin límites de los mercaderes de la muerte, esa que el mismo presidente y general Eisenhower en su discurso de despedida había advertido como un peligro mayor para la democracia y las políticas de Estados Unidos. 

Ahora, que coincidimos con Kissinger y la misma CIA en las causas del conflicto, no significa que coincidamos en los objetivos. Un ejemplo que he señalado en La frontera salvaje lo resume todo: la CIA inoculó en la población latinoamericana la idea de que las dictaduras fascistas en América Latina fueron para combatir el comunismo y que, por ejemplo, Salvador Allende iba a convertir a Chile en una nueva Cuba al mismo tiempo que sus agentes y analistas reportaban lo contrario: si no hubiesen hecho nada, lo más probable hubiese sido que, debido a la política de Washington de arruinar la economía chilena, Allende habría perdido las próximas elecciones. Pero el objetivo era hacer un laboratorio neoliberal tutelado por una dictadura, como tantas otras veces. La CIA promovía en la gran prensa latinoamericana y hasta en las calles con volantes y afiches un discurso en el que no creía y del cual hasta se reía. Aun hoy, la inexistente “amenaza comunista” es repetida con fanatismo por sus mayordomos, desde los políticos pro oligárquicos hasta la prensa y sus periodistas honorarios y mercenarios.

Para tener una idea de que esa manipulación mediática continúa, basta con considerar que las agencias secretas occidentales poseen presupuestos varias veces superiores al que tenían en 1950 o 1990 y no los usan solo para entrenar milicias neonazis en Ucrania, las que llamaban, como en tantos otros países, “autodefensas”. Autodefensas que no sirvieron para evitar una invasión rusa ni eso mismo que ahora el presidente Zelenski quiere negociar, el primer reclamo de Rusia: la neutralidad de Ucrania.

Entonces ¿son los críticos de izquierda quienes están atrapados en la Guerra fría o los mercenarios del gran capital, la OTAN y las múltiples intervenciones imperialistas?

JM, marzo 2022

Por Javier Mireles

https://www.alainet.org/es/articulo/215222

Qui est piégé dans la guerre froide ?
Réponse à un article du Monde sur la « gauche latina pro-Poutine »

Jorge Majfud, 29/3/2022
Traduit par Fausto Giudice, Tlaxcala

Le quotidien Le Monde a publié le 27 mars un vaste réquisitoire contre les « intellectuels de gauche » latino-américains, selon lequel nous n’approuvons pas l’invasion de Poutine mais rejetons sur l’OTAN la responsabilité d’avoir provoqué le conflit. Ignacio Paco Taibo II a été accusé d’avoir dénoncé « la nouvelle censure des éditeurs russes par la Foire internationale du Livre de Guadalajara », ce qui ne signifie pas non plus qu’il approuve la censure russe des médias occidentaux.

En ce qui me concerne, le journal français offre un échantillon d’interprétations légères du genre: 

« Dans une série de tribunes publiées dans le quotidien argentin Pagina 12, l’intellectuel uruguayen Jorge Majfud porte la voix de cette gauche qui reste très discrète sur le sujet, et expose « pourquoi une bonne partie de la gauche mondiale soutient Poutine »« Poutine est trop intelligent pour les leaders d’Occident », lance-t-il, tirant le fil de la posture anti-OTAN et anti-Etats-Unis avec ceci : « L’unique argument que les pouvoirs hégémoniques comprennent est celui des bombes atomiques. »

Et le journal d’enfoncer le clou :

« La guerre russe, « c’est tristement simple », est une « réaction » à une « action largement exercée par Washington », écrit-il encore.

Je ne suis ni la voix de la gauche, ni discrète et encore moins timide. Dites-le à ceux qui nous menacent et nous accusent d’être des radicaux, simplement parce que nous ne nous alignons pas sur le radicalisme belliciste des gentils ou le deux poids deux mesures qui conduit des personnages infâmes comme Condoleezza Rice à affirmer que l’invasion « viole les lois internationales ». Ou un George Bush encore plus néfaste, qui a condamné Poutine pour avoir lancé une guerre “sans provocation et sans justification.» Ou le président Joe Biden, déclarant que Poutine est “un criminel de guerre”, un titre qu’il n’accepterait jamais pour aucun ancien président de son pays.

Sans compter les doubles standards classiques des racistes camouflés qui ont magiquement ouvert les frontières de l’Europe pour accueillir les réfugiés ukrainiens, une politique qui aurait été tout à fait correcte si ces mêmes frontières n’avaient pas été fermées à ceux qui fuyaient le chaos de l’Afrique et du Moyen-Orient, chaos produit par les invasions, les pillages, les massacres et les guerres des puissances nord-occidentales pendant deux siècles. Sans parler de l’ouverture magique des frontières par Washington pour accueillir 100 000 réfugiés ukrainiens, ou des rapports sur les facilités que les Ukrainiens trouvent pour traverser la frontière avec le Mexique, cette même frontière qui a toujours été fermée aux réfugiés du sud, enfants et femmes, réfugiés du chaos créé par Washington en Amérique centrale, dans les Caraïbes et au-delà, avec ses dictatures et ses massacres depuis avant, pendant et après la guerre froide. C’est le cas d’Haïti, bloqué et ruiné depuis qu’il est devenu le premier pays libre des Amériques en 1804 et saigné à blanc jusqu’à hier, par la France, par les dictatures des Duvalier, par la terreur des paramilitaires de la CIA, les coups d’État contre Aristide ou l’imposition néolibérale qui ont ruiné le pays, pour ne citer qu’un exemple. Lorsque ces personnes ont fui le chaos, elles ont été pourchassées comme des criminels. En 2021, nous avons assisté à la chasse aux Haïtiens à la frontière, à cheval, comme on chassait les esclaves au XIXe siècle.

Les journalistes des chaînes occidentales ont été encore plus directs, qui ont rapporté la tragédie des Ukrainiens comme quelque chose d’inadmissible, vu que ce sont des «chrétiens blancs», des «gens civilisés», des «blond·es aux yeux bleus». Ou des hommes politiques, comme le député polonais du parti au pouvoir Dominik Tarczyński, qui a fièrement confirmé qu’ils étaient ouverts à l’immigration ukrainienne parce qu’ils étaient des «gens pacifiques», mais qu’ils n’accueilleraient pas un seul réfugié musulman. Zéro. Sur des chefs nazis violents comme Artiom Bonov, réfugiés dans son pays, silence radio.

Comme exemple à suivre, Le Monde a salué «le jeune président chilien, Gabriel Boric» qui a « condamné sans ambages « l’invasion de l’Ukraine, la violation de sa souveraineté et l’usage illégitime de la force » »En d’autres termes, si vous ne comprenez pas que la réalité est un match de football et que vous devez être à cent pour cent dans un camp sans critiquer l’autre, c’est parce que vous êtes dans un camp sans critiquer l’autre.

Ce n’est pas un hasard si, depuis des générations, les puissances impériales n’ont pas accepté d’être appelées par ce nom. Pour elles, ce n’est pas le moment de mentionner l’impérialisme occidental. Ce n’est jamais le bon moment pour parler d’impérialisme, à moins qu’une autre puissance militaire ne songe à faire de même.

Le Monde nuance lorsqu’il me cite à nouveau sur un point que nous répétons depuis des mois avant la guerre : « Que l’on considère que l’OTAN est le premier responsable du conflit en Ukraine ne signifie pas que l’on soutient Poutine, ni aucune guerre… ». Mais dans sa façon de penser, ce n’est là qu’un détail sans importance. La thèse est autre : la critique de l’OTAN est due au fait que « l’anti-américanisme reste ancré dans le sous-continent ». Comme le vieil argument enfantin selon lequel « ils nous détestent parce que nous sommes riches et libres ».

Récemment, John Mearsheimer, professeur à l’université de Chicago et expert de la région, a accusé les USA d’être responsables de la guerre en Ukraine dans The Economist et The New Yorker. Il y a quelques jours, Noam Chomsky m’a rappelé que non seulement il avait mis en garde, il y a des années, contre le danger d’une guerre si on ne maintenait pas la neutralité de l’Ukraine, mais aussi que « George Kennan, Henry Kissinger, le chef de la CIA et pratiquement tout le haut corps diplomatique qui connaissait un tant soit peu la région étaient du même avis. C’est fou ».

C’est fou, mais il y a une explication : la cupidité sans limite des marchands de mort, contre lesqujels le président et général Eisenhower lui-même avait mis en garde dans son discours d’adieu comme étant un danger majeur pour la démocratie et les politiques des USA.

Maintenant, que nous soyons d’accord avec Kissinger et la CIA elle-même sur les causes du conflit ne signifie pas que nous soyons d’accord sur les objectifs. Un exemple que j’ai signalé dans mon livre La Frontière sauvage résume tout : la CIA a inoculé à la population latino-américaine l’idée que les dictatures fascistes d’Amérique latine devaient combattre le communisme et que, par exemple, Salvador Allende allait faire du Chili un nouveau Cuba, alors que ses agents et analystes rapportaient le contraire : s’ils n’avaient rien fait, il est fort probable qu’en raison de la politique de ruine de l’économie chilienne menée par Washington, Allende aurait perdu les élections suivantes. Mais l’objectif était de créer un laboratoire néolibéral sous la tutelle d’une dictature, comme si souvent auparavant. La CIA a promu dans la presse latino-américaine et même dans les rues avec des tracts et des affiches un discours auquel elle ne croyait pas et dont elle se moquait même. Aujourd’hui encore, la « menace communiste » inexistante est répétée avec fanatisme par ses majordomes, des politiciens pro-oligarchie à la presse et ses journalistes honoraires et mercenaires.

Pour se faire une idée de la poursuite de cette manipulation médiatique, il suffit de considérer que les agences secrètes occidentales disposent de budgets plusieurs fois supérieurs à ceux qu’elles avaient en 1950 ou 1990 et qu’elles ne les utilisent pas uniquement pour former des milices néonazies en Ukraine, ce qu’elles ont appelé, comme dans tant d’autres pays, « autodéfense ». Des forces d’autodéfense qui n’ont pas servi à empêcher une invasion russe ou la chose même que le président Zelenski veut maintenant négocier, la première exigence de la Russie : la neutralité de l’Ukraine.

Alors, est-ce que ce sont les critiques de gauche qui sont piégés dans la guerre froide ou les mercenaires des grandes entreprises, de l’OTAN et des multiples interventions impérialistes ?

Cliquer pour lire l’article du Monde

Los uruguayos en el exterior son uruguayos

Disculpen la molestia, pero en este referéndum del 27 de marzo quisiera recordarle a mis amigos que somos medio millón de uruguayos en el exterior que no podemos votar en ninguna elección desde el exterior. No es sólo que muchos pagamos impuestos ahí, sino que no dejamos de ser uruguayos por vivir en otro país o estar de viaje. Con los criterios de auto victimización que usan algunos, a José Artigas nunca se le hubiese permitido votar por haberse autoexiliado treinta años en Paraguay.

Los descendientes de europeos en Uruguay, en cambio, votan en algunas elecciones europeas sin haber vivido en Europa. 112 países permiten el voto consular o por correo. Uruguay es el único país de toda América del Sur que no permite este derecho.

JM, marzo 2022

Más lágrimas de cocodrilo

De repente, pese a los obstáculos legales impuestos para no permitir refugiados de «países de mierda», Washington acaba de saltarse todas las trabas y recibirá 100.000 refugiados de Ucrania (según medios estadounidenses y europeos, «gente pacífica», «civilizada», «cristianos como nosotros», «rubios y de ojos celestes», etc.

Compasión y solidaridad selectiva han sido una larga tradición en el «Mundo civilizado»

jm, march 2022

​Carta abierta de Bernie Sanders sobre la oligarquía

Traducción de Jorge Majfud

Mirando los medios corporativos, a menudo escuchamos la palabra “oligarca” precedida por el adjetivo “ruso”. Pero los oligarcas no son solo un fenómeno ruso ni son un concepto extranjero. Claro que no. Estados Unidos tiene su propia oligarquía.

Hoy, en los Estados Unidos, las dos personas más ricas poseen más riqueza que el 42 por ciento inferior de nuestra población (es decir, más de 130 millones de estadounidenses) mientras que el uno por ciento más rico ya posee más capital que el 92 por ciento de la población. Durante los últimos 50 años hubo una transferencia masiva de riqueza en nuestro país, pero en la dirección equivocada. La clase media se está reduciendo, mientras que a los de arriba le está yendo mejor que nunca.

Además, en términos de la economía global, no hay duda de que estamos viendo un aumento enorme y destructivo en la desigualdad de ingresos y de acumulación de riqueza. Mientras que las personas muy, muy ricas se vuelven mucho más ricas, la gente común tiene dificultades para subsistir y los más desfavorecidos se mueren de hambre.

Si bien existían niveles masivos de desigualdad antes del surgimiento de COVID, esta situación ha empeorado mucho en los dos últimos años.

Hoy, en todo el mundo, los diez hombres más ricos poseen más riqueza que 3.100 millones de personas, casi el 40 por ciento de la población mundial. Increíblemente, la riqueza de estos diez multimillonarios se ha duplicado durante la pandemia, mientras que los ingresos del 99 por ciento de la población mundial han disminuido. Los oligarcas gastan enormes cantidades de dinero en lujosos yates, mansiones y obras de arte, mientras que 160 millones de personas en todo el mundo se han hundido en la miseria. Según Oxfam (“Comité de Oxford contra la hambruna”), la desigualdad global de ingresos y riqueza causa la muerte de más de 21.000 personas por día en todo el mundo como resultado del hambre y la falta de acceso a la atención médica. Sin embargo, los 2.755 multimillonarios del mundo vieron aumentar su riqueza en 5 billones de dólares (5 trillones en inglés) desde marzo de 2021, pasando de 8,6 billones a 13,8 billones de dólares.

Pero no se trata solo del aumento de la brecha de ingresos y riqueza entre los muy ricos y el resto del mundo. Es una creciente concentración de la propiedad y el poder económico y político. Algo de lo que no se habla mucho, ni en los medios ni en los círculos políticos, es la realidad de que un puñado de firmas de Wall Street, Black Rock, Vanguard y State Street, ahora controlan más de $21 billones en activos, suma equivalente a todo el PIB de los Estados Unidos. Esto le da a un pequeño número de directores ejecutivos un enorme poder sobre cientos de empresas y sobe la vida de millones de trabajadores. Como resultado,  en los últimos años hemos visto a los ultrarricos aumentar significativamente su influencia sobre los medios, la banca, la atención médica, la vivienda y muchas otras partes de nuestra economía. De hecho, nunca antes tan pocos poseyeron y controlaron tanto.

Todo esto no es otra cosa que una fuerte tendencia hacia la oligarquía en nuestro país y en el mundo, donde un pequeño número de multimillonarios ejercen un enorme poder político y económico.

Entonces, en medio de esta realidad, ¿hacia dónde debemos dirigirnos?

Claramente, mientras enfrentamos la oligarquía, el COVID, los ataques a la democracia, el cambio climático, la horrible guerra en Ucrania y otros desafíos, es fácil comprender por qué muchos caen en el cinismo y la desesperanza. Sin embargo, este es un estado mental que debemos superar, no solo por nosotros mismos, sino también por nuestros hijos y las generaciones futuras. Hay demasiado en juego y la desesperación no es una opción. Debemos unirnos y luchar.

Lo que la historia siempre nos ha enseñado es que el cambio real nunca ocurre de arriba hacia abajo, sino de abajo hacia arriba. Esa es la historia del movimiento laboral, de la lucha por los derechos civiles, por los derechos de la mujer, de los gays y por la protección del ambiente. Esa es la historia de cada esfuerzo que ha producido un cambio transformador en nuestra sociedad.

Esa es la lucha que debemos librar hoy.

Debemos unir a la gente en torno a una agenda progresista. Debemos educar, organizar y construir un movimiento popular que ayude a crear un tipo de nación y un mundo basado en los principios de justicia y solidaridad, no en la codicia y la oligarquía.

Nunca debemos perder nuestro sentido de indignación cuando tan pocos tienen tanto y tantos tienen tan poco.

No debemos permitir que nos dividan por el color de nuestra piel, por el lugar donde nacimos, por nuestra religión o por nuestra orientación sexual.

La mayor amenaza de la clase multimillonaria no es simplemente su riqueza y su poder ilimitados, sino su capacidad para crear una cultura que nos hace sentir débiles y desesperanzados y así disminuir la fuerza de la solidaridad humana.

Ahora, como resultado de la horrible invasión rusa de Ucrania y del extraordinario valor y solidaridad del pueblo ucraniano, los países de todo el mundo se están dando cuenta de que se está produciendo una lucha mundial entre la autocracia y la democracia, entre el autoritarismo y el derecho de las personas a expresar libremente sus opiniones.

Ahora es el momento de construir un nuevo orden global progresista que reconozca que cada persona en este planeta comparte una humanidad común y que todos nosotros, sin importar dónde vivamos o el idioma que hablemos, queremos que nuestros hijos crezcan sanos, tengan una vida digna, una educación y puedan respirar aire puro y vivir en paz.

Lo que estamos viendo ahora no es solo la increíble valentía de la gente en Ucrania, sino miles de rusos que han salido a las calles para exigir el fin de la guerra de Putin en Ucrania, sabiendo que es ilegal hacerlo y que probablemente serán arrestados por ello.

También hemos visto el coraje de los trabajadores aquí en nuestro país que se unen para enfrentarse a la avaricia empresarial y organizarse por mejores salarios, beneficios y condiciones de trabajo.

Hermanas y hermanos, en este momento estamos en una lucha entre un movimiento progresista que se moviliza en torno a una visión compartida de prosperidad, seguridad y dignidad para todas las personas, contra uno que defiende la oligarquía y la desigualdad mundial masiva de ingresos y riqueza.

Es una lucha que no podemos perder; es una lucha que podemos ganar, siempre y cuando estemos unidos.

En solidaridad,

Bernie Sanders

Bernie Sanders open letter on the oligarchy

Jorge:

If you watch the corporate media, you’ll often hear the word ‘oligarch’ preceded by the word ‘Russian.’ But oligarchs aren’t uniquely a Russian phenomenon or a foreign concept. No. The United States has its own oligarchy.

Today, in the United States, the two wealthiest people own more wealth than the bottom 42 percent of our population – more than 130 million Americans. And the top one percent now owns more wealth than the bottom 92 percent. During the last 50 years there has been a massive transfer of wealth in our country, but it’s going in the wrong direction. The middle class is shrinking while the people on top are doing better than ever.

Further, in terms of the global economy, there is no question that we are seeing a huge and destructive increase in income and wealth inequality. While the very, very richest people become much wealthier, ordinary people struggle and the most desperate starve.

While massive levels of inequality existed before the rise of COVID, that situation has become much worse over the past two years.

Today, around the world, the wealthiest 10 multi-billionaires now own more wealth than the bottom 3.1 billion – almost 40 percent of the world’s population. Unbelievably, the wealth of these ten multi-billionaires has doubled during the pandemic, while the income of 99 percent of the world’s population has declined. The oligarchs spend huge amounts of money buying fancy yachts, mansions and great paintings while 160 million people throughout the world have slipped into poverty. According to Oxfam, global income and wealth inequality has led to the deaths of more than 21,000 people each and every day throughout the world as a result of hunger and the lack of access to healthcare. Yet the world’s 2,755 billionaires saw their wealth go up by $5 trillion since March 2021 – increasing from $8.6 trillion to $13.8 trillion.

But it’s not just the increased income and wealth gap between the very rich and everyone else. It’s a growing concentration of ownership and brute economic and political power. Something which is not talked about much, either in the media or political circles, is the reality that a handful of Wall Street firms, Black Rock, Vanguard and State Street, now control over $21 trillion in assets – roughly the GDP of the United States. This gives a tiny number of CEOs enormous power over hundreds of companies and the lives of millions of workers. The result: in recent years we have seen the ultra-wealthy significantly increase their influence over media, banking, health care, housing and many other parts of our economy. In fact, never before have so few owned and controlled so much.

Add it all together and what you see is a nation and world trending very strongly toward oligarchy – where a small number of multi-billionaires exercise enormous economic and political power.

So, in the midst of all of this, where do we go from here?

Clearly, while we face oligarchy, COVID, attacks on democracy, climate change, the horrific war in Ukraine and other challenges it is easy to understand why many may fall into cynicism and hopelessness. This is a state of mind, however, that we must overcome – not only for ourselves, but for our kids and future generations. The stakes are just too high, and despair is not an option. We must come together and fight back.

What history has always taught us is that real change never takes place from the top on down. It always occurs from the bottom on up. That is the history of the labor movement, the civil rights movement, the women’s movement, the environmental movement and the gay rights movement. That is the history of every effort that has brought about transformational change in our society.

That is the struggle we must intensify today.

We must bring people together around a progressive agenda. We must educate, organize and build an unstoppable grassroots movement that helps create the kind of nation and world we know we can become. One that is based on the principles of justice and compassion, not greed and oligarchy.

We must never lose our sense of outrage when so few have so much and so many have so little.

We must not allow ourselves to be divided up based on the color of our skin, where we were born, our religion or our sexual orientation.

The greatest threat of the billionaire class is not simply their unlimited wealth and power. It is their ability to create a culture that makes us feel weak and hopeless and diminishes the strength of human solidarity.

Yet, as a result of the horrific Russian invasion of Ukraine, and the extraordinary courage and solidarity of the Ukrainian people, countries throughout the world are waking up to the fact that there is a global struggle taking place between autocracy and democracy, between authoritarianism and the right of people to freely express their views.

Now is the time to build a new progressive global order that recognizes every person on this planet shares a common humanity and that all of us – no matter where we live or the language we speak – want our children to grow up healthy, have a good education, breathe clean air and live in peace.

What we are seeing now is not just the incredible bravery of the people in Ukraine, but thousands of Russians who have taken to the streets to demand an end to Putin’s war in Ukraine, knowing that it’s illegal to do so and that they will likely be arrested and punished.

We have seen the courage of working people here in our country who are coming together to take on corporate greed and organize for better wages, benefits and working conditions.

Sisters and brothers, right now we are in a struggle between a progressive movement that mobilizes around a shared vision of prosperity, security and dignity for all people, against one that defends oligarchy and massive global income and wealth inequality.

It is a struggle we cannot lose. And it is one that we can overcome, as long as we stand together.

In solidarity,

Bernie Sanders

El secuestro de las democracias, II

Como lo demuestra la historia, la democracia no solo ha sido un obstáculo para dictadores sino para toda forma de acumulación de poder, en nuestro tiempo y desde hace unos siglos, el capital. Para el Capitalismo, su mayor adversario ha sido siempre la democracia, porque significa que la gente sin capital puede ser un obstáculo. No lo es cuando los sincapitales defienden a los capitalistas y a la Libertad de Empresa confundiéndola, no por casualidad, con la Libertad.

En América latina, el Capitalismo floreció siempre bajo dictaduras. Incluso hoy en la China comunista, el capitalismo se siente como en casa. No hay sindicatos ni organizaciones sociales que se le planten por delante o retrasen sus grandes proyectos con discusiones vanas.

El modelo del Capitalismo financiero es una herencia del sistema esclavista del siglo XIX y la gran Empresa del siglo XXI. No por casualidad los millonarios más poderosos estaban en el Sur esclavista de Estados Unidos, no en el Norte industrial. Así como los amos expandían la esclavitud en nombre de la libertad, el orden y la civilización, así lo hicieron sus herederos, los poderosos CEOs. Así como los esclavistas demonizaron a los esclavos como peligrosos sujetos, así el Capitalismo demonizó a los trabajadores en la prensa y en la cultura popular. En Estados Unidos se evitó celebrar un Día de los Trabajadores, y hasta se los hizo invisibles o se los representó como criminales en las historias de Disney y de Hollywood. Hasta se los acusó de provocar una lucha o una division de clases, precisamente para ocultar los verdaderos creadores del abuso y de la división radical de clases.

Toda gran empresa es una dictadura limitada por alguna forma exterior de democracia. Razón por lo cual, cuando no pueden poner a ningun dictador títere en alguna republica bananera, deben secuestrar ese sistema que los de abajo mantienen más o menos vivo, salvándolo del ataque persistente de los poderes concentrados en la punta de la pirámide social.

La democracia practicante siemrpe fue un problema para el Capitalismo. Cuando no pudo destruirla la secuestró. Como un lobo se viste de cordero, convenció a las ovejas que era el verdadero representante de la democracia y la libertad.

Y la gran prensa fue la continuación de su propaganda por otros medios.

JM, marzo 2022

El secuestro de las democracias, I

En todo conflicto hay, por definición, dos lados. Uno puede y debe tomar partido por uno, si es necesario y justo, pero cuando la gran prensa internacional, los multimillonarios lobbies de medios solo presentan la realidad desde un lado y acusan al otro de censura informativa, es suficiente para desconfiar. (Los «op-eds» no cuentan, ya que son apenas el impuesto moral que la propaganda paga para no ser considerada propaganda.)

Al fin y al cabo, aunque no son los dueños del poder sino sus servidores, son ellos los principales creadores de opinión, es decir, los principales secuestradores de democracias.

JM, marzo 2022

Blanca y orgullosa ignorancia

«En Polonia acogimos dos millones de ucranianos, pero no recibiremos ni un solo musulmán refugiado. Cero. Llámenos racistas, nacionalistas… no me importa»

Nazis de Ucrania, como Artiom Bonov, alto cargo de la policia en Kievhan, se encuentran como refugiados en Polonia, mientras el diputado oficialista Dominik Tarczyński, del partido Ley y Justicia, está orgulloso de su política «cero musulmán» (refugiado o «ilegal»), lo cual sería la causa de por qué no hay atentados terroristas en Polonia.

Ley: Los racistas siemrpe se esconden detrás de «la lucha contra los ilegales» y «la Ley y el Orden». Leyes y ordenes escritos e impuestos a su propia conveniencia.

Orden: según el diputado polaco, los ucranianos son pacíficos. Le faltó agregar «rubios y de ojos celestes», como se ha escuchado en las últimas semanas. Invadir y destrozar países de negros es parte de su lucha por establecer el Orden. 

Naturalmente, la blanca Europa y su hijo pródigo, Estados Unidos, bastiones de la civilización y «La pesada carga del hombre blanco» vienen exportando desde hace siglos y sin tregua, la violencia a África, Medio Oriente y América latina mientras consumen su orgullosa ignorancia. 

JM, marzo 2022

Fragmento de una entrevista realizada por la periodista británica Cathy Newman en el Canal 4 del Reino Unido al diputado polaco Dominik Tarczyński, del partido Ley y Justicia, en relación a la política de Polonia sobre los inmigrantes ilegales de religión musulmana.

Mal. Paint it Black.

Mal Putin, bombardeando edificios civiles.

Mal Zelenskyy, un criminal posando de héroe.

Mal la OTAN, haciendo el negocio que quería hacer.

Mal la prensa mercenaria.

Mal las lágrimas de cocodrilo racista.

(Y mal todos nosotros—digo, por adelantarme al ruido que sigue a toda aliteración)

JM, marzo 2022.

Wrong. Paint it Black


Wrong Putin, bombing civilian buildings.

Wrong Zelenskyy, a criminal posing as a hero.

Wrong NATO, doing the business he wanted to do.

Wrong the mercenary press.

Wrong, the racist crocodile tears.

And wrong all of us—I say it, just to anticipate the noise that follows every alliteration)

JM, March 2022.

Ahogados, por no mojarse los pies

A las 12: 20, a esa hora en que los estudiantes salen de sus clases y se vuelcan a los parques del campus para el primer alivio del día, me dirigía de un edificio a otro para recluirme en mi oficina. En un recodo de árboles y plantas donde algunos suelen descansar de sus obligaciones menos creativas, alguien me hizo señal con una mano para que me acercase. Dos colegas tomaban café en una pequeña mesa y parecían haber estado en medio de una discusión. Eran dos colegas y amigos que quiero mucho, a quienes, a los efectos de estas notas y para evitar cualquier invasión a la privacidad ajena, llamaré Albert y Marie. Ambos son brillantes científicos, autores de reconocidas investigaciones en sus áreas.

No les costó mucho informarme del tema que los ocupaba. Está en todos los medios nacionales, después de la guerra en Ucrania. Solo en el último año, varios congresos en Estados Unidos han aprobado leyes para evitar que en la educación pública se continúe estudiando la historia que menciona de forma crítica el racismo (Critical Race Theory) y para que no se mencione siquiera la existencia de gays y lesbianas. Las excusas son para niños, pero funcionan a la perfección, ya que el rol central de los grandes medios es infantilizar a los votantes: “algunos muchachos blancos se pueden sentir incómodos cuando se habla de la esclavitud y la discriminación racial” y “hay que evitar que los jóvenes sean sexualizados” cuando se reconoce que, además del amor entre hombres y mujeres, hay otra gente rara que ama por igual, pero a la persona equivocada.

Albert y Marie estaban indignados y no encontraban explicación a semejante retroceso. Las nuevas leyes aprobadas por el congreso de Florida estaban listas para ser firmadas por el gobernador DeSantis, guardián de la moral del pueblo bendecido por Dios. Sobre las nuevas políticas macartistas contra periodistas, profesores y librepensadores, ya nos detuvimos en otro recodo, hace unas semanas. 

—A nosotros no nos afecta porque estamos en una universidad —dijo Albert— y el gobierno no puede escribirnos los programas de estudio. Pero ¿hasta dónde vamos a llegar con este absurdo? 

—Más o menos no nos afecta —agregué—. Por ahora. El hecho de que no seamos profesores de secundaria, ni gays, ni mujeres, ni nos consideren negros o amarillos es irrelevante. ¿Quién puede ser realmente libre bajo la pesada carga de la injusticia ajena? Unos cuantos, me dirán. Yo no. La injusticia está por todas partes y la mayoría de las veces no se ve o no se quiere ver. Aquí mismo, por ejemplo.

—¿A qué te refieres?

—En la última asamblea de profesores nos informaron que vamos a recibir estudiantes de Ucrania, exonerados de pagar matrícula.

—Ah, sí. Eso de preguntar si le íbamos a otorgar el mismo beneficio a los jóvenes de Yemen, Siria o Palestina estuvo muy duro.

—Volví a insistir en Twitter, por si se decidían a contestar.

—¿Contestaron?

—“Te hemos escuchado” y esas cosas. 

—Bueno, es que tú puedes hacer esos cuestionamientos. 

—¿Por qué yo? Siempre que lo hago encuentro poco respaldo de gente como ustedes, que luego resulta que estaban de acuerdo conmigo, pero no dijeron ni a cuando llegó el momento.

—Es que tú puedes hacerlo.

—Sigo sin entender.

—Porque eres conocido en muchas partes y nadie se atrevería a…

—¿…a pedirme la renuncia? ¿Esperan que yo cometa un “error” para hacerlo?

—Nadie quiere un escándalo —insistió Marie.

—Cada tanto veo que algunos estudiantes me filman con sus teléfonos cuando hablo de la responsabilidad de la CIA en la destrucción de las democracias latinoamericanas o sobre la promoción del comunismo en América latina por parte de Washington y de las Corporaciones privadas a través de su larga, centenaria historia de invasiones y dictadores títeres. Claro que si estuviese en América latina los mayordomos de la oligarquía funcional ya me hubiesen desaparecido. Aquí todavía es diferente. Nadie quiere un escándalo de ese tipo en el centro del mundo, ¿no? Lo hizo Trujillo en 1956, secuestrando al profesor Jesús Galíndez de Columbia University y Pinochet en 1976 con el atentado terrorista que mató a Letelier en Washington, pero esas son excepciones.

—El gobernador quiere que los estudiantes nos graben y nos denuncien por tendencias ideológicas.

—En tu caso, Albert, no investigas el calentamiento global. Relájate. En mi área de estudio es más complicado. Una vez tuve que parar la clase y decirles, “Guys, pierden el tiempo: todo lo que estoy diciendo ya lo dije o lo publiqué antes. Lo que ven es lo que es. Yo no soy un cobarde que se esconde en seudónimos o vigila las clases ajenas para luego reportar a sus jefes. No soy un agente mercenario que cobra para arruinarle la vida a nadie. Todo lo que hago lo hago por la verdad, esa que nadie quiere escuchar. Hace treinta años que digo y publico lo mismo, sin importar las consecuencias”. Eso duele, ¿no? 

—¿Nunca te han plantado una actriz de reparto?

—Alguna vez me visitó en mi oficina un agente federal con la excusa de confirmar las referencias laborales que había dado de una estudiante. Le dije que podía hacerlo por teléfono, pero insistió en verme personalmente. Me mostró una placa sin dejarme tiempo a leerla. Fue muy ridículo. Ellos saben que tienen que hacer más méritos si quieren llamarse inteligencia. Y yo sé que tarde o temprano voy a terminar cayendo. 

—¿Cómo?

—¿No han notado que los disidentes suelen morir de cáncer en una proporción significativa? ¿No?

—Edward Said…

—Frank Church…

—O líderes incomodos allá en el Sur. Pues, lo he dicho alguna vez, como una forma de protección. Una vez que te adelantas a sus planes, los obligas a cambiar y ser más creativos. Uno podría pensar que se está volviendo paranoico, pero ¿qué más paranoico que la realidad de los macartistas? Basta con profundizar en la historia para que no quede ninguna duda. No, yo no soy ni conocido ni nada. Vivo a la intemperie, desprotegido. Intelectualmente, soy un homeless. Y cuando se trata de levantar la voz contra una injusticia, no todos quienes están de acuerdo se mojan los pies. Ni en una asamblea de profesores. Como ustedes.

—Bueno, Jorge, debes comprender. No siempre es fácil. Además, el hecho de que haya gente que prefiere no pronunciarse sobre algunos temas, no significa que estén de acuerdo. Están en su derecho. Hoy en día todo está tan politizado que si viene alguien a hablarme del Super Bowl en lugar de la guerra en Ucrania o de las víctimas en Palestina, se lo agradezco. Eso no quiere decir que esté de acuerdo con nada de eso, sino que no puedo con todo. 

—Pues, acabas de responder a tu pregunta inicial. ¿Entiendes ahora por qué estamos inmersos en un Neomedievalismo? La obligación de no discutir el presente y ni siquiera el pasado racista de este país, la prohibición de reconocer o de hablar sobre diferentes tendencias sexuales no aceptadas por el Santo Oficio, no es una lluvia de sapos que cayó ayer. Detrás del gobernador y de los legisladores en el Congreso hay muchos millones que piensan igual: “oh, no, la política es toxica, mejor no me meto en esos temas”, “puedo ser una buena persona y no protestar cuando los derechos humanos de alguien son violados…” 

Total, siempre habrá alguien que ponga el pellejo y cuando las cosas salgan mal nos sumaremos al linchamiento del peligroso sujeto.

JM, marzo 2022


majfud.org

The war we keep inside

Last year we published that, after Washington’s costly defeat in Afghanistan, it was necessary to prepare for a new war; that long before China, it would come to a conflict with Russia. When the new war finally came, we tried to understand it. Apart from the donations that are like aspirins every time a country is invaded, the importance of our dialectical efforts, no matter how important the media in which they are published, is equally irrelevant.

There is a reality that neither Tyrians nor Trojans discuss in the international media: the war that we all carry inside which, to a great extent, explains a part of this new war and all other political wars. You will tell me that this belongs to psychology, that I shouldn’t get involved in these issues. Well, in the more than 530 articles that I have published since the neoliberal catastrophe in Latin America at the end of the 1990s, in all cases I illegally exercised the profession of essayist.

Let’s take a couple of cases out of thousands. As someone said a long time ago, I am going to start by talking about myself, who is the one I am closest to.

At the beginning of 2017, some friends from a Spanish media outlet for which I collaborated for many years asked me to comment on the case of the conflict in Catalonia. I insisted that, apart from being a fan of the culture and tragic history of Spain, I was not and am not an expert on Catalonia and that, from my outsider perspective, the Catalans should be allowed to carry out their referendum on the debated independence, as it was done in Scotland in 2014. A non-binding referendum, like the one Manuel Zelaya wanted to do in Honduras. As a result, as in the case of Honduras, I lost several friends. Let’s call it that, “friends”, although everyone knows those true friends are not lost due to political differences. Thus, in a few hours, I went from being, for years, “the most important intellectual in Latin America” ​​to the category of “idiot.” I think in both cases they exaggerated, although of the latter no one can ever be so sure.

The same has happened with the Ukraine conflict. My position, as in the case of Catalonia, is nothing radical. Again, I assume and acknowledge that I am not an expert on Ukraine issues. I’m just trying to provide an outsider’s perspective, based on my limited historical and global knowledge (what isn’t this conflict but a historical-geopolitical clash?).

On the same day as Putin’s invasion, I published in various newspapers a comparison of Bush’s speech before invading Iraq and Putin’s speech before invading Ukraine. Of course, there are big factual differences, but at the time I understood, and do understand, that Putin was sending a message with the rhetorical parallel. The accusations of Russophobia were immediate. Shortly after, at the request of a couple of editors, I sent other articles, with similar results: I was a “lefty” who was justifying the death of hundreds of Ukrainians by mentioning the responsibility of NATO in its advance on the Russian border, the Ukrainian killings in Donbas, the Nazi paramilitarism of the Azov Battalion, the censorship in the Western media and the different standard to judge other invasions and massacres that are not only history but present, such as Palestine, Iraq, Afghanistan, Libya, Syria, Yemen, Somalia… “This is not the time to talk about Western imperialism because Ukrainian victims are suffering”; “Racism against black refugees from Ukraine?”; “This is not the time to mention the policy of open borders for blonde people and closed borders for those from Africa or the Middle East; you are playing Putin’s game.”

Although all the criticisms are respectable, in a large proportion the comments not only showed that their authors had not read each article carefully but also fought arguments that were not in them or repeated others that were already there, as of right answers. Sure, much of it may be due to the same shortcomings of each piece. It is not easy to make everything clear when you have only a thousand words.

OK, all this is part of a necessary dynamic for any democracy, for any development of the freedom of the peoples. Thinking differently is in human nature and that is not what we want to correct in ourselves. The problem (case study) arises when political disagreements end years of friendship. This is where we have a global problem and the conflict zone is just a stage for personal anger and frustration. More so when it comes to unforeseen conflicts that reposition many people. When Russia bombed Chechnya and in a couple of years caused the death of 50,000 civilians, hardly anyone’s chest swelled. The Palestinians, Iraqis or Afghans “are all terrorists” and do not “have blue eyes”. Ditto countless other massacres by Western powers. We are used to it; our opinions do not take anyone by surprise.

As in the case of Catalonia, with Ukraine, I lost several friends. I repeat, it is not important, because true friends are not lost due to differences of opinion; nor is it a conflict about which I myself have had finished opinions for years. What matters, I think, is the psychological state in which we are all immersed, which is very similar to the moment when the euphoria of a drunk begins to descend the Gaussian Bell curve and transforms into an urgent need to fight with whoever comes across in front.

Of course, none of this is by chance. Conflicts of opinion always existed, and also in the past, a different interpretation of the sex of the angels was enough to end up with a massacre in civilized countries like Saint Bartholomew’s Night in France. But after some centuries of social progress based on the struggle for Equal-freedom, more recently we have been losing ground. The rise of fascism and Nazism are only symptoms of a greater reality: the kidnapping of Humanity’s progress by the owners of the means (productive means; information means).

Old story. Also, in this, social networks are playing a decisive role: bringing us closer, but not infrequently like someone who, on a highway, approaches other drivers—in a wrong way. Much of this is social engineering. Obviously, a few are capitalizing on all this hate and doing very well. Is it very difficult to guess what the secret agencies invest trillions of dollars in, for example, in mega software like Pegasus, those caves of the true power that have no faces like Biden or Putin and that do everything in the name of Security and Defense? Well, not in anything other than politics, because that is the weapon of the 21st century. The Third World War has already begun in cyberspace and it is much more powerful than any army and that ridiculous out-of-date antics of elite soldiers trained to last five minutes underwater.

The rest of us have an invisible but global problem. This war will pass and others will come, and the culprits will not only be Bush or Saddam, Hussein Obama, Osama, Biden, Putin or Rasputin, but people very similar to them who believe they are better than them only because they do not have the destructive power that they have: us, hating each other, divided, manipulated and fighting the wrong war.

Their wars.

 JM, March 2022.

La guerra que llevamos dentro

El año pasado publicamos que, luego de la costosa derrota de Washington en Afganistán, había que prepararse para una nueva guerra; que mucho antes que China vendría un conflicto con Rusia. Cuando la nueva guerra finalmente llegó, intentamos entenderla. Aparte de las donaciones que son como aspirinas cada vez que un país es invadido, la importancia de nuestros esfuerzos dialécticos, por importante que sea el medio donde se publican, es igualmente irrelevante.

Hay una realidad que no ocupa ni a tirios ni troyanos en los medios internacionales: la guerra que todos llevamos dentro y que, en gran medida, explica una parte de esta guerra y de todas las guerras políticas. Me dirán que eso pertenece a la psicología, que no debo meterme en esos temas. Bueno, en los más de 530 artículos que llevo publicados desde la catástrofe neoliberal en América latina a fines de los años 90, en todos los casos hice ejercicio ilegal de la profesión de ensayista. 

Para resumir, vamos a tomar un par de casos entre miles. Como dijo alguien hace mucho tiempo, voy a empezar hablando de mí mismo que es quien tengo más cerca.  

A principios de 2017, unos amigos de un medio español para el cual colaboré por muchos años, me pidieron que me pronunciara sobre el caso del conflicto en Cataluña. Les insistí que, aparte de aficionado a la cultura y la trágica historia de España, no era ni soy un experto en Cataluña y que, desde mi perspectiva exterior, había que dejar a los catalanes realizar su referéndum sobre la debatida independencia, como lo había hecho Escocia en 2014. Un referéndum no vinculante, como el que quiso hacer Manuel Zelaya en Honduras. Como resultado, al igual que me ocurrió con el caso de Honduras, perdí varios amigos. Llamémoslo así, “amigos”, aunque todos saben que los amigos de verdad no se pierden por diferencias políticas. Así, en unas pocas horas, pasé de ser, por años, “el intelectual más importante de América Latina” a la categoría de “idiota”. En ambos casos exageraban, aunque de lo último nadie nunca puede estar tan seguro.

Estrictamente lo mismo ha ocurrido con el conflicto de Ucrania. Mi posición, como en el caso de Cataluña, nada tiene de radical. Otra vez, asumo y reconozco que no soy un experto en temas de Ucrania. Sólo intento aportar una perspectiva exterior, basada en mis limitados conocimientos históricos y globales (¿qué no es este conflicto sino un choque histórico-geopolítico?). 

El mismo día de la invasión de Putin, publiqué en varios diarios una comparación del discurso de Bush antes de invadir Irak y el de Putin antes de invadir Ucrania. Claro que hay grandes diferencias factuales, pero por entonces entendí, y entiendo, que Putin estaba enviando un mensaje con el paralelo retórico. Las acusaciones de rusofobia no se hicieron esperar. Poco después, a pedido de un par de editores, envié otras notas, con resultados semejantes: era un “zurdo” que estaba justificando la muerte de cientos de ucranianos al mencionar la responsabilidad de la OTAN en su avance sobre la frontera rusa, las matanzas ucranianas en Donbas, el paramilitarismo nazi del Batallón Azov, la censura en los medios occidentales y la diferente vara para juzgar otras invasiones y matanzas que no son solo historia sino presente, como Palestina, Irak, Afganistán, Libia, Siria, Yemen, Somalia… “No es momento de hablar de imperialismo occidental porque víctimas ucranianas están sufriendo”; “¿racismo contra los refugiados negros de Ucrania?”; “no es momento para mencionar la política de fronteras abiertas para gente rubia y fronteras cerradas para los de África o Medio Oriente; le estás haciendo el juego a Putin”.

Aunque todas las críticas son respetables, en una gran proporción los comentarios no sólo demostraban que sus autores no habían leído con cuidado cada artículo (equivocado o no), sino que combatían argumentos que no estaban en ellos o repetían otros que ya estaban, como acusaciones. Claro, en gran parte puede deberse a las mismas carencias de cada artículo. No es fácil ser claro cuando se debe decirlo todo en menos de mil palabras, como si uno fuese Maradona sacándose de encima dos adversarios y tirando un centro de rabona, todo en una baldosa. 

Hasta aquí, bien. Todo esto es parte de una dinámica necesaria para cualquier democracia, para cualquier maduración de la libertad de los pueblos. Pensar diferente está en la naturaleza humana y no es eso lo que deseamos corregir en nosotros. El problema (caso de studio) surge cuando los desacuerdos políticos terminan con amistades de años. Es ahí donde tenemos un problema global y la zona de conflicto es sólo un escenario de las rabias y frustraciones personales. Más cuando se trata de conflictos imprevistos que reposicionan a mucha gente. Cuando Rusia bombardeó Chechenia y en un par de años causó la muerte de 50.000 civiles, no inflamó el pecho de casi nadie. Los palestinos, iraquíes o afganos “son todos terroristas” y no “tienen los ojos celestes”. Lo mismo otras incontables masacres de las potencias occidentales. Estamos acostumbrados; nuestras opiniones no toman a nadie por sorpresa.

Como en el caso de Cataluña, con Ucrania perdí varios amigos. Repito, no es que sea algo importante, porque los verdaderos amigos no se pierden por diferencias de opiniones; tampoco se trata de un conflicto sobre el cual yo mismo tenga opiniones acabadas desde hace años. Lo que importa, creo, es el estado psicológico en el que estamos sumergidos todos, el que se parece mucho al momento en que la euforia de un borracho comienza a descender la Campana de Gauss y se transforma en imperiosa necesidad de pelea con quien se cruce por delante.

Claro que nada de esto es casualidad. Los conflictos por opiniones siempre existieron, y también en el pasado bastaba una diferente interpretación sobre el sexo de los ángeles para terminar con una masacre en la civilizada París, como La noche de San Bartolomé. Pero luego de algunos siglos de progresos sociales basados en la lucha por la Igual-libertad, más recientemente hemos ido perdiendo terreno. El auge del fascismo y del nazismo son solo síntomas de una realidad mayor: el secuestro del progreso de la Humanidad por los dueños de los medios (medios productivos; medios de información). 

Vieja historia. También en esto, las redes sociales están jugando un papel decisivo: acercándonos, pero no pocas veces como quien, en una autopista, alguien se acerca a los otros conductores–a contramano. En gran parte, se trata de una ingeniería social. Unos pocos están capitalizando todo este odio, y lo hacen muy bien. ¿Es muy difícil adivinar en qué invierten trillones de dólares las agencias secretas con, por ejemplo, mega softwares como Pegasus, esas cuevas del verdadero poder que no tienen rostros como Biden o Putin y que todo lo hacen en nombre de la Seguridad y la Defensa? Pues, no en otra cosa que, en política, porque esa es el arma del siglo XXI. La Tercera Guerra mundial ya comenzó en el ciberespacio y es mucho más poderosa que cualquier ejército y que esas payasadas de soldados de elite entrenados para aguantar cinco minutos bajo el agua.

El resto tenemos un problema invisible, pero global. Esta guerra pasará y vendrán otras, y los culpables no serán sólo Bush o Sadam, Hussein Obama, Osama, Biden, Putin o Rasputín, sino gente muy parecida a ellos que se creen mejores que ellos solo porque no tienen el poder destructivo que tienen ellos: nosotros, odiándonos, divididos, manipulados y peleando una guerra equivocada.

Una guerra ajena.

 JM, marzo 2022.

https://www.pagina12.com.ar/407607-conflicto-rusia-ucrania-la-tercera-guerra-mundial-ya-empezo-

majfud.org

Lectura y comentarios de Jacier Mireles

La dictadura de los medios

Habrá que repetirlo hasta el infinito: que consideremos que la OTAN es la primera responsable del conflicto en Ucrania no significa que apoyemos ni a Putin ni a ninguna guerra.

Tampoco apoyamos la dictadura mediática mundial y sus lágrimas de cocodrilo.

Es parte de una estrategia en la que hasta la gente más honesta cae: si estás contra el imperialismo de la OTAN estás a favor de la guerra de Putin. O no menciones nuestro imperialismo porque están muriendo inocentes en Ucrania. Pues, al imperialismo siemrpe hay que recordarlo, porque es tímido y no quiere que se lo mencionen, porque, aunque no absoluto, es el principal marco político e ideológico del mundo, y mucho más hay que mencionarlo ahora porque posa de defensor altruista de las víctimas ucranianas, siendo que es un directo protagonista en esta tragedia.

En consecuencia, el efecto fútbol funciona a la perfección. Y ésta no es solo una metáfora: la vieja mafia de la FIFA ha suspendido a la selección ruisa de futbol del mundial de Catar de este año, un mundial donde los Derechos Humanos brillan por su ausencia. La FIFA pudo realizar copas mundiales en dictaduras fascistas, como la de Argentina en 1978 o en la Italia fascista de 1934, manipulada en favor del régimen de Mussolini (Il Duce también intervino en Francia 1938). Tres casos que terminaron con la obtención del máximo trofeo, donde no solo los futbolistas fueron víctimas sino que esos eventos sirvieron de legitimación moral a la barbarie. La FIFA también supo mantener la “neutralidad deportiva” durante masacres más recientes. Las grandes cadenas deportivas de televisión nunca habían transmitido con el banner “No a la guerra” hasta ahora. Pero entre mafiosos se defienden.

En la misma línea de pseudo neutralidad ideológica, las principales plataformas mundiales, como las redes sociales (desde siempre pero cada vez de forma más evidente) se han autoproclamado jueces de la verdad mundial y etiquetan a todas las noticias de medios como Russia TV con la advertencia “esta noticia procede de un medio afiliado al gobierno de Rusia”. Incluso, gobiernos bananeros han censurado este canal de noticias, a pesar de que nunca nadie se atrevió a hacer algo similar con CNN y Fox News cuando hicieron posible la desinformación que terminó con la masacre de un millón de personas en Irak y medio continente en un caos sangriento que aún persiste.

Por no ir a la clásica censura de visibilidad y posicionamiento mediático de los buscadores de Internet que mantienen un oligopolio casi absoluto, todos manipulados desde San Francisco.

Nuestra posición en este tema no ha cambiado ahora. Cuando hace unos años Twitter canceló la cuenta de Donald Trump, aunque la considerábamos un resumidero de basura, nos opusimos a eso. La libertad de expresión (en esteroides para los dueños del dinero y limitada por la vulnerabilidad laboral de los de abajo) significa que también quienes piensan radicalmente diferente a nosotros tengan el derecho a decirlo. Son los pueblos quienes deberán madurar y educarse para aprender a digerir la información y, sobre todo, aprender a organizarse para no dejar siempre la mayoría de los medios más poderosos, los creadores de miedo y de opinión, a los dueños del capital. ¿Por qué cuatro o cinco poderosos CEOs de mega empresas, elegidos por nadie aparte de su minúsculo concilio de cardenales, se autoproclaman guardianes de la verdad?

Por supuesto que en todos los demás casos no etiquetan ni mencionan las afiliaciones de los medios occidentales con los gobiernos alineados. Grandes cadenas creadoras de opinión, como Fox News o CNN, responsables de apoyar guerras masivas y ocular sus crímenes de lesa humanidad, no son más independientes por ser privadas, sino todo lo contrario: sus imperios no dependen de los lectores sino de sus millonarios anunciantes y los poderosos intereses de su micro clase social. Sus noticias deberían ser precedidas con la advertencia: “este medio está afiliado o responde a los intereses especiales de lobbies, corporaciones y transnacionales”.

En gran medida, los canales que no ocultan su afiliación a un gobierno, a un sindicato o a una ideología son más honestos que aquellos con una proyección internacional y una influencia devastadora que posan de independientes y de campeones de objetividad informativa.

Es más: la objetividad mediática no existe y la neutralidad es mera cobardía, cuando no cinismo. Lo que existe y debería apreciarse es la honestidad, reconocer de una buena vez a qué visión del mundo apoyamos y si esa visión depende de nuestros intereses personales, de clase, o a algo más amplio llamado humanidad.

JM, 3 de marzo de 2022.

majfud.org

https://www.pagina12.com.ar/405431-conflicto-rusia-ucrania-la-dictadura-de-los-medios