Superman en Ucrania

En los grandes medios de comunicación de Estados Unidos y de casi el resto del mundo se repiten hasta el hastío las buenas intenciones del presidente estadounidense Biden de proteger a Ucrania de la invasión de un país más grande, Rusia. Estados Unidos y los países miembros de la OTAN han movilizado tierra y cielo (fuerzas militares) en territorio ucraniano y alrededores, mientras Rusia insiste que su objetivo no es anexar Ucrania sino hacer cumplir la promesa, varias veces incumplida, de que la OTAN no se expandiría hacia el Este. Promesa incumplida a piacere al menos cinco veces y, ahora, por los planes de ingreso de Ucrania a la OTAN. Todo bajo la narrativa de que Ucrania tiene derecho a defenderse de su vecino.

Ahora, si Ucrania obtiene este apoyo militar masivo de Occidente sin ser miembro de la OTAN, entonces ¿por qué está provocando a Rusia con unirse y expandir aún más la amenaza de la OTAN a la frontera rusa? ¿El gas a Alemania es solo un detalle? ¿Es que los de la OTAN son los buenos y los otros son los malos? ¿Es que Rusia ya ha invadido y anexado Crimea en 2014? ¿Acaso la historia de Estados Unidos no es la historia de masivas invasiones y anexiones? ¿Acaso en las últimas generaciones no ha invadido, bombardeado con millones de bombas y armas de destrucción masiva, como el Agente Naranja, a naciones más débiles? ¿Es que la memoria de los crímenes contra la humanidad en Irak y el nuevo fiasco en Afganistán (otros dos multibillonarios negocios para las grandes corporaciones de la guerra) ya se ha enfriado y empezamos a sentirnos incómodos sin una guerra en nombre del bien, la libertad y la justicia?

JM, febrero 2022