Freedom Fighters: Contras y Talibanes

RT

2 de febrero de 1983: los muyahidín (por entonces llamados “freedom fighters” o “luchadores por la libertad”) son recibidos en la misma Casa Blanca por el presidente Ronald Reagan.

Luego de la derrota en Vietnam, el ex secretario de Estado Henry Kissinger y la ex socialista y futura halcón de la derecha del gobierno de Reagan, Jeane Kirkpatrick, manifestaron que, para recuperar el prestigio perdido, Estados Unidos debía inventar alguna guerra que pudiesen ganar. Según Kirkpatrick, Nicaragua era una buena candidata, pero mejor aún era Granada, una isla en el Caribe de apenas cien mil habitantes, cuyo presidente había cometido la osadía de declarar que su país era independiente y soberano y, por lo tanto, podía tener comercio con quien se le antojase. La gloriosa invasión y la liberación de los estudiantes estadounidenses que no querían ser liberados de una tiranía inexistente, tuvo lugar en 1983 y hasta los burócratas que nunca abandonaron sus escritorios en Washington recibieron medallas al valor en la guerra.

La estrategia procede de los primeros años del siglo XIX, cuando Washington quiso anexar Canadá y terminó con la casa de gobierno en llamas (a partir de ahí pintada de blanco, para esconder la infamia del humo), por lo que decidió expandirse hacia el oeste y hacia el sur, tierra de razas inferiores y desarmadas. A finales del mismo siglo, luego de predecir “una explosión” en Cuba y un año antes de inventar el mito del hundimiento del USS Maine, en 1897, apenas nombrado secretario adjunto de la marina por el presidente McKinley, el futuro presidente Theodore Roosevelt le escribió a un amigo: “estoy a favor de casi cualquier guerra, y creo que este país necesita una”. Nada mejor que ser ofendidos a noventa millas de distancia por un imperio que se caía a pedazos como lo era España, armados con barcos de madera para defenderse de navíos metálicos y con tecnología de última generación.

En su tercer película, en 1988, Rambo (Sylvester Stallone) luchará codo a codo con estos valerosos “freedom fighters” de la exótica Afganistán. La misma catarsis de frustración de Vietnam, la misma historia de la superpotencia militar que, por sí sola, sólo podía derrotar pequeñas islas tropicales como Filipinas o Granada y, para peor, en 1961 fue derrotada por una de ellas y sin ayuda, Cuba.

Como tantos otros grupos “rebeldes”, los talibán son una creación, aunque no original, de la CIA. En los años 70 y 80 Washington se propuso derrocar al gobierno socialista del escritor Nur Muhammad Taraki. La secular República Democrática de Afganistán, presidida por una breve lista de intelectuales de izquierda, sobrevivió a duras penas de 1978 a 1992, cuando fue destruida por los talibán. Si Muhammad Taraki y otros que le sucedieron habían luchado por establecer la igualdad de los derechos de las mujeres (como en 1956 otro socialista árabe, Gamal Nasser en Egipto), los talibán irían por el camino contrario. 

Como lo recoge el mismo New York Times en un obituario olvidado, Osama bin Laden había recnocido: “Allí [en Tora Bora] recibí voluntarios que venían del reino saudí y de todos los países árabes y musulmanes. Establecí mi primer campamento donde estos voluntarios fueron entrenados por oficiales paquistaníes y estadounidenses. Las armas fueron proporcionadas por los estadounidenses, el dinero por los saudíes”. El complejo de Tora Bora, donde se escondían los miembros de Qaeda, había sido creado con ayuda de la CIA para funcionar como base para los afganos que luchan contra los soviéticos y contra el gobierno de la época. Aunque los muyahadin y los taliban no fueron un mismo grupo, como Osama Bin Laden y como muchos otros, el fundador de los Talibán, Mohammed Omar, fue un muyahid. 

Un año antes de recibir a los muhayadin en la blanquísima Casa Blanca, el mismo presidente Ronald Reagan había visitado a uno de sus “dictadores amigos”, el genocida guatemalteco Efraín Ríos Montt, y lo había reconocido como un ejemplo para la democracia de la región. Lo mismo habían hecho poderosos pastores, fanáticos como Pat Robertson del Club700. Entre las proezas del dictador Ríos Montt se incluye el haber masacrado a más de 15.000 indígenas a los que se les había ocurrido la mala idea de defender sus tierras, codiciadas por las corporaciones extranjeras y la tradicional oligarquía criolla. Poco después, el presidente Reagan, hoy elevado a la categoría de mito por republicanos y demócratas por algo que no hizo (la desarticulación final de la Unión Soviética), calificará a los Contras de América Central (los militares de la derrotada dictadura de Somoza en Nicaragua), también como “freedom fighters”.

Cuando el Congreso de Estados Unidos prohíba más millones de dólares al grupo terrorista de los Contras, la administración Reagan venderá en secreto armas a Irán a través de Israel; el dinero lavado será depositado en un banco suizo y luego transferido a los Contra en Honduras.

Como los muyahidín, los Contras fueron entrenados y financiados por la CIA y, poco después, se convertirán en las maras que asolan América Central y, en casos, los mismos Estados Unidos.

Cuando los entrenadores vuelvan a su país, Estados Unidos, se dedicarán a “proteger la frontera” de los invasores pobres que vienen en busca de trabajo. De pura nostalgia, muchos de esos pobres serán cazados como si se tratase de
revolucionarios en su propia tierra.

Cuando en agosto de 2021 los Talibán tomen decenas de ciudades y, finalmente Kabul, en apenas una semana, pulularán los análisis de prensa en Estados Unidos, tratando de explicar lo inexplicable, luego de veinte años de guerra, ocupación, cientos de miles de muertos y cientos de billones de dólares. Todos, o casi todos, harán gala de su radicalismo analítico y comenzarán o culminarán con la advertencia: comencemos por el “very beginning” (el principio del principio) de esta historia: los ataques terroristas del 11 de setiembre de 2021.

Como había dicho el mismo Ronald Reagan en la Biblioteca del Congreso, el 24 de marzo de 1983 para celebrar la conquista del Oeste Salvaje: “los estadounidenses no creían del Oeste lo que era verdad sino lo que para ellos debía ser verdad”.

Claro que también hubo estadounidenses dispuestos a decirles a los fanáticos las verdades que son, no las que deberían ser. Claro que muy pocos agradecieron semejante favor. Todo lo contrario.

JM, agosto 2021

https://debateplural.com/inicio/2021/08/21/contras-y-talibanes/



“Freedom Fighters”: Contras und Taliban

Präsident Reagan mit Vertretern der afghanischen Mudjahedin am 2. Februar 1983 im Weißen Haus

QUELLE:MICHAEL EVANS LIZENZ:PUBLIC DOMAIN

Jorge Majfud

Nach der Niederlage in Vietnam sagten der frühere Außenminister Henry Kissinger und die ehemalige Sozialistin und spätere Ultrarechte in der Regierung von Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick, dass die USA einen Krieg erfinden müssten, den sie gewinnen könnten, um verlorenes Prestige zurückzugewinnen.

Kirkpatrick zufolge war Nicaragua ein guter Kandidat, aber noch besser war Granada, eine Karibikinsel mit kaum 100.000 Einwohnern, deren Präsident so unverschämt war zu erklären, dass sein Land unabhängig und souverän ist und daher mit jedem Handel treiben könne, mit dem es Lust hatte.

Die glorreiche Invasion und Befreiung US-amerikanischer Studenten, die sich nicht von einer nicht existierenden Tyrannei befreien lassen wollten, fand 1983 statt, und selbst die Bürokraten, die ihren Schreibtisch in Washington nie verließen, erhielten Medaillen für Tapferkeit im Krieg.

Die Strategie stammt aus dem frühen 19. Jahrhundert, als Washington Kanada annektieren wollte und damit endete, dass der Amts- und offizielle Regierungssitz des Präsidenten der Vereinigten Staaten in Flammen aufging (danach wurde er weiß gestrichen, um die Schande des Brandes zu verbergen), so dass er beschloss, nach Westen und Süden zu expandieren, in Gebiete von “minderwertigen und unbewaffneten Rassen”.

Am Ende desselben Jahrhunderts, nachdem er “eine Explosion” in Kuba voraussagte und ein Jahr vor der Erfindung des Mythos vom Untergang der USS Maine im Jahr 1897, schrieb der gerade zum stellvertretenden Marineminister von Präsident Willian McKinley ernannte und zukünftige Präsident Theodore Roosevelt an einen Freund: “Ich bin für fast jeden Krieg, und ich denke, dieses Land braucht einen”.

Es gibt nichts Besseres, als neunzig Meilen entfernt von einem auseinanderbrechenden Imperium wie Spanien angegriffen zu werden, mit Holzschiffen bewaffnet, um sich gegen Metallschiffe und modernste Technologie zu verteidigen.

In seinem dritten Film, 1988, wird Rambo (Sylvester Stallone) Seite an Seite mit diesen tapferen “freedom fighters” (Freiheitskämpfern) des exotischen Afghanistan kämpfen. Dieselbe Katharsis der Frustration von Vietnam, dieselbe Geschichte der militärischen Supermacht, die im Alleingang nur kleine tropische Inseln wie Grenada besiegen konnte und zu allem Überfluss 1961 von einer dieser Inseln, nämlich Kuba, ohne Hilfe besiegt wurde.

Wie so viele andere “Rebellen”-Gruppen sind auch die Taliban eine Schöpfung der CIA, wenn auch keine originäre. In den 1970er und 1980er Jahren versuchte Washington, die sozialistische Regierung des Schriftstellers Nur Muhammad Taraki zu stürzen. Die säkulare Demokratische Republik Afghanistan, die von einer kleinen Gruppe linker Intellektueller geführt wurde, überlebte nur knapp von 1978 bis 1992, als sie von den Taliban zerstört wurde.

Wie die New York Times selbst in einem vergessenen Nachruf berichtet, hatte Osama bin Laden eingestanden: “Dort [in Tora Bora] habe ich Freiwillige empfangen, die aus dem saudischen Königreich und aus allen arabischen und muslimischen Ländern kamen. Ich richtete mein erstes Lager ein, in dem diese Freiwilligen von pakistanischen und US-amerikanischen Offizieren ausgebildet wurden. Die Waffen wurden von den Amerikanern geliefert, das Geld von den Saudis”.

Das Tora Bora-Gebiet, in dem sich Qaida-Mitglieder versteckten, war mit Hilfe der CIA als Stützpunkt für die Afghanen eingerichtet worden, die gegen die Sowjets und die damalige Regierung kämpften. Obwohl die Mudjahedin und die Taliban nicht ein und dieselbe Gruppe waren, war der Gründer der Taliban, Mohammed Omar, ein Mudjahedin wie Osama Bin Laden und viele andere.

Ein Jahr bevor er die Mudjahedin im Weißen Haus empfing, hatte Präsident Ronald Reagan persönlich einen seiner “Diktatorenfreunde”, den völkermordenden Guatemalteken Efraín Ríos Montt, besucht und ihn als ein Beispiel für die Demokratie in der Region anerkannt. Das Gleiche taten mächtige Pastoren, Fanatiker wie Pat Robertson vom The 700 Club.

Zu den Heldentaten des Diktators Ríos Montt gehörte das Massaker an mehr als 15.000 Indigenen, die auf die schlechte Idee kamen, ihr Land zu verteidigen, das von ausländischen Konzernen und der traditionellen kreolischen Oligarchie begehrt wurde.

Kurz darauf stellte Präsident Reagan, der heute von Republikanern und Demokraten für etwas, das er nicht getan hat (die endgültige Zerschlagung der Sowjetunion), zum Mythos erhoben wird, die Contras in Mittelamerika (Soldaten der gestürzten Somoza-Diktatur in Nicaragua) ebenfalls als “Freiheitskämpfer” dar.

Als der US-Kongress weitere Millionen Dollar für die terroristischen Contras untersagte, wird die Reagan-Regierung heimlich über Israel Waffen an den Iran verkaufen; das gewaschene Geld wird in einer Schweizer Bank deponiert und dann an die Contras in Honduras überwiesen werden.

Wie die Mudjahedin wurden auch die Contras von der CIA ausgebildet und finanziert und werden bald darauf zu den Maras, die Mittelamerika und in einigen Fällen auch die USA selbst heimsuchen.

Wenn die Ausbilder in ihr Heimatland, die USA, zurückkehren, werden sie “die Grenze” vor den armen Eindringlingen schützen, die auf der Suche nach Arbeit kommen. Aus reiner Nostalgie werden viele dieser armen Menschen eingemeindet, als wären sie in ihrem eigenen Land Revolutionäre.

Als die Taliban im August 2021 in kaum einer Woche Dutzende Städte und schließlich Kabul einnehmen, sprießen in den USA die Presseanalysen nur so und versuchen, das Unerklärliche zu erklären, nach 20 Jahren Krieg, Besatzung, Hunderttausenden von Toten und Hunderten von Milliarden Dollar. Alle, oder fast alle, zeigen ihre analytische Radikalität und beginnen oder enden mit der Warnung: Beginnen wir mit dem “very beginning” (dem Anfang vom Anfang) dieser Geschichte, den Terroranschlägen vom 11. September 2021.

Wie Ronald Reagan selbst am 24. März 1983 in der Library of Congress anlässlich der Eroberung des Wilden Westens sagte: “Die Amerikaner glaubten vom Westen nicht, was wahr war, sondern was für sie wahr sein sollte”.

Natürlich gab es auch US-Amerikaner, die bereit waren, den Fanatikern die Wahrheiten zu sagen, die sind, nicht die, die sein sollten. Natürlich waren nur sehr wenige für einen solchen Gefallen dankbar. Ganz im Gegenteil.

https://amerika21.de/analyse/253667/kabul-game-over

La confesión de Bin Laden (nota al margen)

“El complejo de Tora Bora donde se escondían los miembros de Qaeda había sido creado con la ayuda de la C.I.A. como base para los afganos que luchan contra los soviéticos.

“El propio Bin Laden describió la lucha en Afganistán de esta manera: ‘Allí recibí voluntarios que venían del reino saudí y de todos los países árabes y musulmanes. Establecí mi primer campamento donde estos voluntarios fueron entrenados por oficiales paquistaníes y estadounidenses. Las armas fueron proporcionadas por los estadounidenses, el dinero por los saudíes “.

The New York Times, May 2, 2011

L’intelligence du Tyrannosaurus : la logique myope du business

JorgeMajfud, 13/8/2021
Traduit par Fausto Giudice

Le 25 février 2021, le président Joe Biden a ordonné une frappe militaire à la frontière syrienne avec l’Irak (du côté syrien, bien sûr, afin de ne pas perturber les autorités et les médias du protectorat irakien), en représailles aux attaques d’une milice pro-iranienne depuis la ville irakienne d’Erbil. Bien entendu, cette action n’a fait la une d’aucun grand média occidental, le tout à l’enseigne du dix-neuvièmiste « nous avons été attaqués sans raison et avons dû nous défendre »

Vieille histoire. Nous n’allons pas revenir sur le génocide des autochtones sur ce continent, jamais appelé par son nom. Pour rappeler un cas récent, le 22 août 2008, sous la présidence Obama, après le bombardement d’Azizabad en Afghanistan, les responsables militaires usaméricains (dont Oliver North, condamné et gracié pour avoir menti au Congrès dans le cadre du scandale Iran-Contra dans les années 1980) ont déclaré que tout s’était parfaitement déroulé, que le village les avait accueillis par des applaudissements, qu’un chef taliban avait été tué et que les dommages collatéraux avaient été minimes. Minimes. C’est le sens de la valeur de la vie d’autrui. Il n’a pas été signalé à l’époque que des dizaines de personnes avaient été tuées, dont 60 enfants.

Dans un article mineur pour les futurs historiens, le New York Times du 25 février cite le gouvernement usaméricain qui déclare à propos du nouveau bombardement que « cette réponse militaire a été proportionnelle et a été menée sur la base de mesures diplomatiques appropriées ». Comme depuis le XIXe siècle, le gouvernement anglo-saxon s’arroge, sans ledire, des droits spéciaux d’intervention dans le monde pour rétablir l’ordre de Dieu et des bonnes affaires. Comme le publiait la United States Democratic Review de New York en 1858, dans son article “The Fate of Mexico”, « les gens de cette espèce ne savent pas comment être libres et ne le sauront jamais tant qu’ils n’auront pas été éduqués par la démocratie américaine, par laquelle le maître les dominera jusqu’à ce qu’ils apprennent un jour à se gouverner eux-mêmes… La Providence nous oblige à prendre possession de ce pays… Nous ne prendrons pas le Mexique pour notre propre intérêt, ce qui serait une plaisanterie impossible à croire. Non, nous allons prendre le Mexique pour son propre bénéfice, pour aider les huit millions de pauvres Mexicains qui souffrent du despotisme, de l’anarchie et de la barbarie ».

Neuf ans plus tôt, le journal Springfield de Chicago analysait l’offense des Mexicains pouravoir donné des terres libres d’impôts aux citoyens usaméricains au Texas, mais les avoir forcés par des lois barbares à libérer leurs esclaves : « Nos compatriotes avaient le droit de se rendre au Mexique sur la base du droit sacré du commerce ». La liberté des maîtres de la terre à la liberté dumarché et du droit sacré à la propriété. Rien n’a changé, sauf les scénarios et le paysage technologique, du fait simple et inévitable du progrès millénaire de l’humanité.

Or, ni le New York Times ni l’administration Biden ne mentionnent que dans les attaques des sauvages miliciens pro-iraniens, un seul USAméricain a été tué et que dans cette riposte sobre et proportionnée, 17 indigènes innocents ont dû mourir sous les décombres. En vertu de la glorieuse constitution usaméricaine de 1787, un Noir valait les trois cinquièmes d’un Blanc (bien entendu, les Blancs n’étaient pas à vendre ; cela ne concernait que le calcul électoral dans lequel les Noirs ne votaient pas). Dans les attentats les plus récents, le ratio est fixé à 1/17. Quelqu’un connaît-il le nom des victimes ? Que se serait-il passé si l’armée mexicaine ou chinoise avait tué 17 USAméricains sur le sol américain ? Cette arrogance raciste, couverte par d’innombrables couches de maquillage linguistique, par la lassitude et l’anesthésie de l’habitude, reste aussi vive qu’aux temps de l’esclavage et du colonialisme sauvage.Rien de différent ne s’est produit et ne se produit en Afghanistan. Oui, les Talibans sont une calamité. Mais avant d’expliquer la méchanceté du monde par l’existence des “méchants” (cette simplification de la mentalité simplifiée usaméricaine), il faut se demander pourquoi les méchants existent. Ne seraient-ils pas une création des “gentils” ? Les “gentils” ne seraient-ils pas aussi méchants que les méchants mais blancs, riches et prospères ?

Combattante du bataillon féminin de la milice populaire durant la révolution de Saur (27 avril 1978) menée par les communistes afghans. Photo Viktor Khabarov

Dans le cas des Talibans, ils sont une création de Londres, de Washington et de la CIA, lorsqu’ils ont entrepris, dans les années 1970 et 1980, de renverser le gouvernement socialiste de l’écrivain Nur Muhammad Taraki. La République démocratique séculaire d’Afghanistan, présidée par une courte liste d’intellectuels de gauche, a survécu à grand-peine de 1978 à 1992, date à  laquelle elle a été détruite par les Talibans. Si Muhammad Taraki et d’autres qui lui ont succédé s’étaient battus pour instaurer l’égalité des droits pour les femmes (comme l’a fait en 1956 un autre socialiste arabe, Gamal Nasser, en Égypte), les Talibans prendraient un autre chemin, comme  une marche arrière d’un millier d’années.

La même vieille histoire que celle de plusieurs autres États laïques du Moyen-Orient. Pour rappeler l’un des exemples les plus traumatisants, en 1953, la CIA a détruit la démocratie laïque en Iran et imposé la dictature du Shah pour sauver les intérêts pétroliers de British Petroleum et des entreprises usaméricaines, ce qui s’est terminé par la révolution islamique de 1979 et des millions de dollars et des années de récit médiatique pour combattre le régime des ayatollahs.

Un an après avoir renversé Mohammed Mossadegh, Washington et la CIA ont fait de même au Guatemala. En fait, le plan était de « faire du Guatemala un autre Iran ». Le président démocratiquement élu, Jacobo Árbenz, a dû se réfugier à l’ambassade du Mexique, puis (comme le médecin Ernesto Guevara) fuir de ce pays, qui allait ensuite subir quarante ans de massacres pour un coût total de 200 000 Guatémaltèques morts. Dans les années 1980, en Afghanistan, la CIA a organisé et soutenu les moudjahidine rebelles contre le gouvernement socialiste. Les moudjahidines sont devenus les Taliban et certains ont fait partie d’Al Qaïda.

L’intelligence la plus puissante du monde s’est distinguée par tout sauf l’intelligence. Des milliards de dollars pour chacune de ses interventions secrètes ont été suivis de milliards de dollars pour combattre les démons créés par ces patriotes.

Maintenant que Washington a retiré ses troupes d’Afghanistan, plusieurs villes tombent comme des dominos aux mains des talibans. Après vingt ans et 85 milliards de dollars investis dans l’armée de ce pays, ils sont incapables d’arrêter l’avancée d’un groupe de fanatiques médiévaux. Comme toujours, les seigneurs de la guerre usaméricains pensent qu’ils peuvent tout résoudre avec des bombes et des millions de dollars. Comme toujours, ils ont tort. Ou bien ils n’ont pas tort et ce n’est que le business de la guerre que le président Eisenhower a dénoncé en 1961.

Pendant ce temps, les fanatiques de ce côté continuent de ressasser cette « « utte pour la liberté et la démocratie”, exactement la même lutte et les mêmes mots utilisés par les promoteurs anglo-saxons de la bénédiction de l’esclavage au 19ème siècle.

Majfud 13/8/2021

Inteligencia Tyrannosaurus: la lógica miope de los negocios

El 25 de febrero de 2021 el presidente Joe Biden ordenó un ataque militar en la frontera de Siria con Irak (naturalmente, sobre el lado sirio, para no molestar ni a las autoridades ni a los medios del protectorado iraquí), como represalia por los ataques de una milicia proiraní desde la ciudad iraquí de Erbil. Por supuesto, esta acción no alcanzó los titulares de ningún gran medio de Occidente, todo bajo el lema decimonónico de “fuimos atacados sin razón y tuvimos que defendernos”.

Vieja historia. Ahora no vamos a volver sobre el genocidio indígena en este continente, nunca llamado por su nombre. Sólo por recordar un caso reciente del 22 de agosto de 2008, durante la presidencia de Obama, luego del bombardeo de Azizabad en Afganistán los oficiales del ejército estadounidense (incluido Oliver North, convicto y perdonado por mentirle al Congreso en el escándalo Irán-Contras en los 80) informaron que todo había salido a la perfección, que la aldea los había recibido con aplausos, que se había matado a un líder talibán y que los daños colaterales habían sido mínimos. Mínimos. Ese es el sentido del valor de la vida ajena. Por entonces no se informó que habían muerto decenas de personas, entre ellos 60 niños. 

En un artículo menor para los futuros historiadores, el New York Times del 25 de febrero recogió las palabras del gobierno de Estados Unidos sobre el nuevo bombardeo, según el cual “esta respuesta militar ha sido proporcional y ha sido llevada a cabo en base a las correspondientes medidas diplomáticas”. Como desde el siglo XIX, el gobierno anglosajón asume, ahora sin mencionarlo, derechos especiales de intervención en el mundo para restablecer el orden de Dios y de los buenos negocios. Como lo publicó en 1858 el United States Democratic Review de Nueva York, en su artículo “El destino de México”, “gente de este tipo no sabe cómo ser libre y nunca lo sabrá hasta que sea educada por la Democracia americana, por la cual el amo gobernará sobre ellos hasta que un día aprendan cómo gobernarse solos… la Providencia nos obliga a tomar posesión de ese país… No vamos a tomar México por nuestro propio interés, lo cual sería una broma imposible de creer. No, vamos a tomar México por su propio beneficio, para ayudar a los ocho millones de pobres mexicanos que sufren por el despotismo, la anarquía y la barbarie”.

Nueve años antes, el diario Springfield de Chicago analizaba la ofensa de los mexicanos por haberles regalado tierras, libres de impuestos, a los ciudadanos estadounidenses en Texas, pero los habían obligado por leyes bárbaras a liberar a sus esclavos: “Nuestros compatriotas tenían derecho a visitar México en base al sagrado derecho del comercio”.  La libertad de los amos de la tierra a la libertad del mercado y del sagrado derecho a la propiedad. Nada ha cambiado, excepto los escenarios y el paisaje tecnológico, por una cuestión simple e inevitable del milenario progreso de la humanidad.  

Ahora ni el New York Times ni el gobierno de Biden mencionan que en los ataques milicianos de los salvajes pro iraníes solo un estadounidense resultó muerto y que en esta represalia, aleccionadora y proporcionada, 17 nativos inocentes debieron morir bajo los escombros. Para la gloriosa constitución estadounidense de 1787, un negro valía tres quintos de un blanco (claro, los blancos no estaban en venta; esto era solo para el cálculo electoral en el cual los negros no votaban). En los bombardeos más recientes, la proporción se establece en 1/17. ¿Alguien sabe los nombres de las víctimas? ¿Qué hubiese ocurrido si el ejército mexicano o el chino hubiesen matado 17 estadounidenses en suelo estadounidense? Esta arrogancia racista, cubierta por incontables capas de maquillaje lingüístico, por el cansancio y la anestesia de la costumbre, continúa tan viva como durante los tiempos de la esclavitud y del colonialismo salvaje.

Nada diferente ocurrió y ocurre en Afganistán. Sí, los talibán son una desgracia. Pero antes de explicar el mal del mundo por la existencia de “los chicos malos” (esa simplificación de la simplificada mentalidad estadounidense) hay que preguntarse por qué existen los chicos malos. ¿No será que son una creación de “los chicos buenos”? ¿No será que “los buenos” son tan malos como los malos pero blancos, ricos y exitosos?

En el caso de los talibán son una creación de Londres, de Washington y de la CIA, cuando en los años 70 y 80 se propusieron derrocar al gobierno socialista del escritor Nur Muhammad Taraki. La secular República Democrática de Afganistán, presidida por una breve lista de intelectuales de izquierda, sobrevivió a duras penas de 1978 a 1992, cuando fue destruida por los talibán. Si Muhammad Taraki y otros que le sucedieron habían luchado por establecer la igualdad de los derechos de las mujeres (como en 1956 otro socialista árabe, Gamal Nasser en Egipto), los talibán irían por otro camino, como mil años en reversa. 

La misma vieja historia de varios otros estados seculares de Medio Oriente. Por recordar uno de los ejemplos más traumáticos, en 1953 la CIA destruyó la democracia secular en Irán e impuso la dictadura del Shah para salvar los intereses petroleros de la Biritish Petroleoum y de las compañías estadounidenses, lo que terminó con la revolución islámica de 1979 y más millones de dólares y años de narrativa mediática para combatir el régimen de los ayatolás.

Un año después de derrocar a Mohammed Mossadegh, Washington y la CIA hicieron lo mismo en Guatemala. De hecho, el plan fue “haremos de Guatemala otra Irán”. El presidente democráticamente electo, Jacobo Árbenz, debió refugiarse en la embajada de México y luego (al igual que el médico Ernesto Guevara) huir a ese país, que a partir de entonces sufriría cuarenta años de masacres a un precio total de 200.000 guatemaltecos muertos. En los años 80s en Afganistán, la CIA organizó y apoyó los rebeldes muhyadin contra el gobierno socialista. Los muhyadin se convirtieron en los Talibán y algunos formaron parte de Al Qaeda.

La Inteligencia más poderosa del mundo se ha destacado por cualquier cosa menos por inteligente. A los billones de dólares que costaron cada una de sus intervenciones secretas, siguieron aún muchos más billones de dólares para combatir los demonios creados por estos patriotas.

Ahora que Washington ha retirado sus tropas de Afganistán, varias ciudades han ido cayendo como un dominó en las manos de los talibán. Luego de veinte años y de 85 mil millones de dólares invertidos en el ejército de ese país, no son capaces de detener el avance de un grupo de fanáticos medievales. Como siempre, los señores de la Guerra en Estados Unidos creen que puede resolverlo todo a fuerza de bombas y de millones de dólares. Como siempre, se equivocan. O no se equivocan y solo se trata del negocio de la guerra que denunciara el presidente Eisenhower en 1961.

Mientras tanto, los fanáticos de este lado continúan repitiendo eso de “la lucha por la libertad y la democracia”, exactamente la misma lucha y las mismas palabra usadas por los promotores anglosajones de la bendición de los esclavitud en el siglo XIX.

JM, agosto 2021

Último libro La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.



L’intelligence du Tyrannosaurus : la logique myope du business

JorgeMajfud, 13/8/2021
Traduit par Fausto Giudice

Le 25 février 2021, le président Joe Biden a ordonné une frappe militaire à la frontière syrienne avec l’Irak (du côté syrien, bien sûr, afin de ne pas perturber les autorités et les médias du protectorat irakien), en représailles aux attaques d’une milice pro-iranienne depuis la ville irakienne d’Erbil. Bien entendu, cette action n’a fait la une d’aucun grand média occidental, le tout à l’enseigne du dix-neuvièmiste « nous avons été attaqués sans raison et avons dû nous défendre »

Vieille histoire. Nous n’allons pas revenir sur le génocide des autochtones sur ce continent, jamais appelé par son nom. Pour rappeler un cas récent, le 22 août 2008, sous la présidence Obama, après le bombardement d’Azizabad en Afghanistan, les responsables militaires usaméricains (dont Oliver North, condamné et gracié pour avoir menti au Congrès dans le cadre du scandale Iran-Contra dans les années 1980) ont déclaré que tout s’était parfaitement déroulé, que le village les avait accueillis par des applaudissements, qu’un chef taliban avait été tué et que les dommages collatéraux avaient été minimes. Minimes. C’est le sens de la valeur de la vie d’autrui. Il n’a pas été signalé à l’époque que des dizaines de personnes avaient été tuées, dont 60 enfants.

Dans un article mineur pour les futurs historiens, le New York Times du 25 février cite le gouvernement usaméricain qui déclare à propos du nouveau bombardement que « cette réponse militaire a été proportionnelle et a été menée sur la base de mesures diplomatiques appropriées ». Comme depuis le XIXe siècle, le gouvernement anglo-saxon s’arroge, sans ledire, des droits spéciaux d’intervention dans le monde pour rétablir l’ordre de Dieu et des bonnes affaires. Comme le publiait la United States Democratic Review de New York en 1858, dans son article “The Fate of Mexico”, « les gens de cette espèce ne savent pas comment être libres et ne le sauront jamais tant qu’ils n’auront pas été éduqués par la démocratie américaine, par laquelle le maître les dominera jusqu’à ce qu’ils apprennent un jour à se gouverner eux-mêmes… La Providence nous oblige à prendre possession de ce pays… Nous ne prendrons pas le Mexique pour notre propre intérêt, ce qui serait une plaisanterie impossible à croire. Non, nous allons prendre le Mexique pour son propre bénéfice, pour aider les huit millions de pauvres Mexicains qui souffrent du despotisme, de l’anarchie et de la barbarie ».

Neuf ans plus tôt, le journal Springfield de Chicago analysait l’offense des Mexicains pouravoir donné des terres libres d’impôts aux citoyens usaméricains au Texas, mais les avoir forcés par des lois barbares à libérer leurs esclaves : « Nos compatriotes avaient le droit de se rendre au Mexique sur la base du droit sacré du commerce ». La liberté des maîtres de la terre à la liberté dumarché et du droit sacré à la propriété. Rien n’a changé, sauf les scénarios et le paysage technologique, du fait simple et inévitable du progrès millénaire de l’humanité.

Or, ni le New York Times ni l’administration Biden ne mentionnent que dans les attaques des sauvages miliciens pro-iraniens, un seul USAméricain a été tué et que dans cette riposte sobre et proportionnée, 17 indigènes innocents ont dû mourir sous les décombres. En vertu de la glorieuse constitution usaméricaine de 1787, un Noir valait les trois cinquièmes d’un Blanc (bien entendu, les Blancs n’étaient pas à vendre ; cela ne concernait que le calcul électoral dans lequel les Noirs ne votaient pas). Dans les attentats les plus récents, le ratio est fixé à 1/17. Quelqu’un connaît-il le nom des victimes ? Que se serait-il passé si l’armée mexicaine ou chinoise avait tué 17 USAméricains sur le sol américain ? Cette arrogance raciste, couverte par d’innombrables couches de maquillage linguistique, par la lassitude et l’anesthésie de l’habitude, reste aussi vive qu’aux temps de l’esclavage et du colonialisme sauvage.Rien de différent ne s’est produit et ne se produit en Afghanistan. Oui, les Talibans sont une calamité. Mais avant d’expliquer la méchanceté du monde par l’existence des “méchants” (cette simplification de la mentalité simplifiée usaméricaine), il faut se demander pourquoi les méchants existent. Ne seraient-ils pas une création des “gentils” ? Les “gentils” ne seraient-ils pas aussi méchants que les méchants mais blancs, riches et prospères ?

Combattante du bataillon féminin de la milice populaire durant la révolution de Saur (27 avril 1978) menée par les communistes afghans. Photo Viktor Khabarov

Dans le cas des Talibans, ils sont une création de Londres, de Washington et de la CIA, lorsqu’ils ont entrepris, dans les années 1970 et 1980, de renverser le gouvernement socialiste de l’écrivain Nur Muhammad Taraki. La République démocratique séculaire d’Afghanistan, présidée par une courte liste d’intellectuels de gauche, a survécu à grand-peine de 1978 à 1992, date à  laquelle elle a été détruite par les Talibans. Si Muhammad Taraki et d’autres qui lui ont succédé s’étaient battus pour instaurer l’égalité des droits pour les femmes (comme l’a fait en 1956 un autre socialiste arabe, Gamal Nasser, en Égypte), les Talibans prendraient un autre chemin, comme  une marche arrière d’un millier d’années.

La même vieille histoire que celle de plusieurs autres États laïques du Moyen-Orient. Pour rappeler l’un des exemples les plus traumatisants, en 1953, la CIA a détruit la démocratie laïque en Iran et imposé la dictature du Shah pour sauver les intérêts pétroliers de British Petroleum et des entreprises usaméricaines, ce qui s’est terminé par la révolution islamique de 1979 et des millions de dollars et des années de récit médiatique pour combattre le régime des ayatollahs.

Un an après avoir renversé Mohammed Mossadegh, Washington et la CIA ont fait de même au Guatemala. En fait, le plan était de « faire du Guatemala un autre Iran ». Le président démocratiquement élu, Jacobo Árbenz, a dû se réfugier à l’ambassade du Mexique, puis (comme le médecin Ernesto Guevara) fuir de ce pays, qui allait ensuite subir quarante ans de massacres pour un coût total de 200 000 Guatémaltèques morts. Dans les années 1980, en Afghanistan, la CIA a organisé et soutenu les moudjahidine rebelles contre le gouvernement socialiste. Les moudjahidines sont devenus les Taliban et certains ont fait partie d’Al Qaïda.

L’intelligence la plus puissante du monde s’est distinguée par tout sauf l’intelligence. Des milliards de dollars pour chacune de ses interventions secrètes ont été suivis de milliards de dollars pour combattre les démons créés par ces patriotes.

Maintenant que Washington a retiré ses troupes d’Afghanistan, plusieurs villes tombent comme des dominos aux mains des talibans. Après vingt ans et 85 milliards de dollars investis dans l’armée de ce pays, ils sont incapables d’arrêter l’avancée d’un groupe de fanatiques médiévaux. Comme toujours, les seigneurs de la guerre usaméricains pensent qu’ils peuvent tout résoudre avec des bombes et des millions de dollars. Comme toujours, ils ont tort. Ou bien ils n’ont pas tort et ce n’est que le business de la guerre que le président Eisenhower a dénoncé en 1961.

Pendant ce temps, les fanatiques de ce côté continuent de ressasser cette « « utte pour la liberté et la démocratie”, exactement la même lutte et les mêmes mots utilisés par les promoteurs anglo-saxons de la bénédiction de l’esclavage au 19ème siècle.

T-Rex intelligence: the myopic logic of business

Jorge Majfud, 13/8/2021
Translated by Andy Barton, Tlaxcala

On 25th February 2021, USAmerican President Joe Biden ordered a military strike along the border between Syria and Iraq (on the Syrian side, of course, to not anger the authorities or media from the Iraqi protectorate) in retaliation to the attacks by a pro-Irani militia in the Iraqi city of Erbil. As expected, this action did not make the front pages of any big Western media outlet, all under the 19th-century slogan of “we were attacked for no reason, and we had to defend ourselves”.

 
A story as old as time itself. Now is not the time to review the indigenous genocide on this continent, a genocide never called by its name. We will just pick out a recent incident from 22nd August 2008, during the Barack Obama presidency. After the bombing of Azizabad in Afghanistan, USAmerican military officials (including Oliver North, convicted and pardoned for lying to Congress during the Iran-Contra affair in the ‘80s) reported that everything had gone according to plan, that the village had greeted them with applause, that a Taliban leader had been killed and that the collateral damage was minimal. Minimal. This is the sense of value of other’s lives. What they did not report at the time is that tens of people had died, including 60 children.

In a less-publicised article for future historians, on 25th February, the New York Times reported the words of the USAmerican government regarding its latest bombing campaign, according to whom “this proportionate military response was conducted together with diplomatic measures, including consultation with coalition partners”. Just like since the 19th century, the Anglo-Saxon government assumes, now without mentioning it, special global intervention rights to re-establish God’s order and profitable business. As the United States Democratic Review from New York published in 1858, in its article “Mexico’s destiny”, “this type of people does not know how to be free, and they will never know under they are educated by American democracy. For this reason, the master will govern them until, one day, they learn how to govern themselves… Providence obliges us to take control of that country… We are not going to take control of Mexico out of our own self-interest; this would be a joke that would be impossible to believe. No, we are going to take control Mexico for its own benefit, to help the eight million poor Mexicans who suffer due to despotism, anarchy and barbarism”.

Nine years earlier, Chicago’s Springfield diary analysed the offence committed by Mexicans of having gifted tax-free land to USAmerican citizens in Texas while ordering them, through ‘barbaric’ laws, to free their slaves: “our compatriots had the right to visit Mexico under the sacred right to trade”. The freedom of the masters of the land to the freedom of the market and the sacred right to private property. Nothing has changed, only the settings and the technological landscape due to the simple and inevitable progression of humanity since the turn of the millennium.Now, neither the New York Times nor the Biden government mention that only one USAmerican was killed in the pro-Irani militia attacks. Similarly, they omit that in the retaliation, exemplary and proportional, 17 innocent natives were left to die under the rubble. In the glorious USAmerican constitution of 1787, a Black person was worth three fifths of a White person (of course, Black people were not for sale; this was merely for the electoral calculations in which the Black population did not vote). In the most recent bombings, the ratio is set at 17:1. Does anyone know the victims’ names? What would have happened if the Mexican or Chinese army had killed 17 USAmericans within the country’s borders? This racist arrogance, masked by infinite layers of linguistic gymnastics, by the fatigue and anaesthesia of regularity, is every bit as alive today as it was during the period of slavery and colonial barbarism.

Nothing different occurred or is occurring in Afghanistan. Yes, the Taliban are a disgrace. However, before trying to explain the world’s ills using the existence of the “bad guys” (this simplification of the USAmerican mentality, itself simplified), we have to ask ourselves why these bad guys exist. Are they not in fact a creation of the “good guys”? Are the “good guys” not every bit as bad as the bad guys, but instead they are White, rich and successful?

In Taliban’s case, they are a creation of London, Washington and the CIA when in the ‘70s and ‘80s they proposed overthrowing the socialist government of the writer Nur Muhammad Taraki. The secular Democratic Republic of Afghanistan, presided over by a short list of left-wing intellectuals, barely survived between 1978 to 1992, when it was destroyed by the Taliban. Where Muhammad Taraki and his successors had fought to establish the equal rights of women (just as another Arab socialist in 1956, Gamal Nasser in Egypt), the Taliban would head down another path, the destination set at 1,000 years in the past.

This is but the same old story of various other secular states in the Middle East. To remember one of the most traumatic examples, in 1953, the CIA destroyed the secular, democratic republic in Iran, imposing the dictatorship of the Shah to preserve British Petroleum and USAmerican oil extraction interests. This would eventually lead to the Islamic Revolution in 1979 and even more millions of dollars and a years-long media narrative to combat the regime of the Ayatollahs.

A year after the overthrow of Mohammed Mossadegh, Washington and the CIA did the same thing in Guatemala. In fact, the plan was “we will turn Guatemala into another Iran”. The democratically elected president, Jacobo Árbenz, was forced to seek refuge in the Mexican embassy and then (just like the doctor Ernesto Guevara) to flee to the country, leaving behind a Guatemala which would go on to suffer 40 years of massacres paid with the price of 200,000 dead Guatemalans. In the ‘80s in Afghanistan, the CIA organised and lent its support to Mujahadeen rebels against the socialist government. The Mujahadeen became the Taliban, while some formed part of Al Qaeda.

The most powerful intelligence agency in the world has stood out for just about everything other than intelligence. After each of the billions of dollars that their secretive inventions cost, further billions promptly followed to combat the demons summoned by these patriots.

Now that Washington has withdrawn its troops from Afghanistan, many cities have begun falling into the hands of the Taliban. After 20 years and 85 billion dollars invested into the country’s army, it is unable to halt the advance of a group of medieval fanatics. As per usual, the men and women of war in the USAmerica think that they can resolve everything with bombs and millions of dollars. Like always, they are wrong. Or perhaps, instead of being wrong, this is just a case of the war economics denounced by President Dwight Eisenhower in 1961.

Meanwhile, the fanatics on the ‘good’ side continue to drone on about “the fight for freedom and democracy”, the very same fight and the very same words used by the pro-slavery Anglo-Saxons during the 19th century.

El mundo civilizadamente correcto

El gobernador de Nueva York, el demócrata Andrew Cuomo, renuncia por acusaciones de haber tocado a mujeres sin permiso y se suma a una larga y aburrida lista de distracciones públicas.

Los poderosos del mundo civilizado caen siempre por algún escándalo sexual o por alguna otra razón de carácter personal. Hasta ahora, ninguno ha tenido que renunciar por alguna de esas guerras que dejan cientos de miles de muertos. Mucho menos ha tenido alguno que enfrentar una corte de justicia, razón por la cual, por ejemplo, en Estados Unidos los presidentes nunca temen dejar el poder como en algún país sujeto de acoso internacional. No necesitan perpetuarse en la presidencia ni le conviene al verdadero poder, que radica en las mega corporaciones que financian partidos políticos y dictan las leyes económicas en los congresos (las leyes morales siempre quedan a cargo de sus votantes o de sus adversarios). 

No porque no haya razones para acusar a alguno de esos presidentes de crímenes de guerra, de crímenes de lesa humanidad, como las matanzas sistemáticas de indios, negros, mestizos del Sur, asiáticos del Este y del Oeste; como las bombas atómicas sobre dos ciudades; como el uso de bombas, químicos y otras armas de destrucción masiva en Corea, en Vietnam; como la destrucción de democracias y la imposición de decenas de dictaduras genocidas en América latina con el único objetivo de continuar haciendo buenos negocios; como mentir descaradamente para inventar otra guerra en Irak dejando millones de muertos para luego disculparse por “el error de inteligencia” y retirarse como un buen abuelo a pintar retratos mediocres en un lujoso rancho de Texas.

Como decía una canción popular durante la guerra de expropiación del territorio mexicano (Horace Pratt “Mira esa bandera”. Canción de una madre patriota a su hijo),

“La justicia es el lema de nuestro país

el que siempre está en lo cierto”.

Cuando en 1847 el senador Abraham Lincoln cuestionó la moral de esta guerra, el representante demócrata de Missouri, John Jamieson, le gritó desde su banca: “un patriota nunca cuestiona a su presidente, menos cuando estamos en guerra; no importa si la guerra es justa o no”.

Ninguno, ni un presidente ha temido un solo minuto la posibilidad de enfrentar un tribunal nacional; mucho menos una corte de justicia internacional. Ni siquiera cuando las matanzas ocurrieron entre blancos poderosos, como en la Guerra Civil. Hasta los caídos en desgracia fueron siempre perdonados o librados de cualquier responsabilidad legal. La Constitución mantiene un silencio cómplice ante la posibilidad de que un presidente pueda ser condenado y los expertos se entretienen discutiendo sobre el breve periodo de cinco años en que ese milagro podría ocurrir luego de consumado el crímen, incluso luego de ser removido por un impeachment. En 1977, el mismo Richard Nixon afirmó que “lo que hace un presidente nunca es ilegal” y la historia de los hechos indica que tenía razón.

Ser rico y poderoso no solo permite secuestrar las orgullosas democracias del “mundo libre” sino que, además, confiere inmunidad ante los más perfectos sistemas de justicia, siempre implacables con los de abajo.

Excepto cuando la testosterona no se desborda en los negocios o en las guerras sino en la cama equivocada.

JM, agosto 2021

Quiero expandir la bendición de la esclavitud al mundo

Hazlehurst, Mississippi. 11 de setiembre de 1858El senador y exgobernador de Mississippi, Albert Gallatin Brown, en un aplaudido discurso proclama: “Quiero poner un pie en América Central, por las razones ya repetidas varias veces. Quiero Cuba, y todos saben que, antes o después, será nuestra. Si la comegusanos de España la cede por un precio razonable, mejor. Si no, igual la tomaremos. Quiero Tamaulipas, Potosí, y uno o dos estados más de México… Y los quiero por la misma razón: para que la esclavitud se expanda por todo el continente… Sí, quiero todos esos países para que podamos expandir la esclavitud. Quiero expandir la bendición de la esclavitud a todos los rincones del mundo, como expandimos la religión del Señor… No quisiera imponerles nada, sino convencerlos, como convencemos a los demás de las bendiciones de los Evangelios. Claro que sé que es una tierra de rebeldes y que no van a aceptar ni a recibir nuestra bendición tan fácilmente…

Mientras los estados del Sur continúan expandiendo el sistema eslavista, en mayo la revista United States Democratic Review de Nueva York, en su artículo “El destino de México”, asegura que: “Muchos países nos acusan de insistir demasiado sobre eso del Destino manifiesto. En esto tienen razón. Nosotros sentimos la mano de Dios sobre nosotros… México comenzó su historia con todo a su favor, excepto una: su gente no era blanca, no eran caucásicos… Tenían una mala mezcla de sangre española, indígena y negra. Gente de este tipo no sabe cómo ser libre y nunca lo sabrá hasta que sea educada por la Democracia americana, por la cual el amo gobernará sobre ellos hasta que un día ellos aprendan cómo gobernarse solos… México no se puede gobernar a sí mismo. Pero ha llegado el tiempo por el cual la Providencia nos obliga a tomar posesión de ese país… No vamos a tomar México por nuestro propio interés, lo cual sería una broma imposible de creer. No, vamos a tomar México por su propio beneficio, para ayudar a los ocho millones de pobres mexicanos que sufren por el despotismo, la anarquía y la barbarie”.

El presidente, los senadores y los empresarios saben que Estados Unidos necesita acortar los seis meses de transito que necesita un barco para ir de la costa este a la costa oeste por el estrecho de Magallanes. Por Nicaragua o por Panamá podrían hacerlo en menos de un mes. Pero Inglaterra tiene necesidades similares y amenaza con establecerse en América Central. El senador Albert Brown de Mississippi considera esta presencia inaceptable: “Si queremos América Central, la forma más barata y rápida es ir y tomarla, y si Francia o Inglaterra interfieren, le leeremos la doctrina Monroe y punto”.

No sólo la necesidad de ser ofendidos para luego reclamar un castigo por las ofensas recibidas ha sido un arma psicológica, política y prebélica del nuevo país, del nuevo imperio anglosajón, sino también de Gran Bretaña. Ante la arrogancia de Estados Unidos sobre su derecho a decidir el destino de las Américas, su ministro de relaciones exteriores, Lord Clarendon, cuatro años atrás había dicho que los estadounidenses eran “una nación de piratas”. La historia sería divertida si no fuese trágica. El primer ministro Palmerston, había estado de acuerdo y se había burlado con acento de inglés americano de la pretensión de ser “la nación más grande del mundo”. En un memorándum del 10 de setiembre de 1854, Lord Clarendon había observado que “no habrá ni un solo país que algún día no sea expuesto a la arrogancia de Estados Unidos… y un día volverá a todas las naciones del mundo contra ellos”.

Pero no era solo arrogancia lo que había definido al nuevo imperio sino un profundo fanatismo racial y religioso que lo llevará, como a cualquier pueblo fanático, a lograr grandes cosas mientras, por ser el ganador, será representado por propios y ajenos no como resultado del fanatismo sino del sentido común y pragmático de una raza, primero, y de una cultura superior, después. El representante de Missouri, Thomas L. Anderson, en 1859 se había sumado al debate expansionista sobre el Caribe y América Central. Como la mayoría, no quería ni imaginar la posibilidad de mezclar la superior raza anglosajona con la de idiotas negros y mestizos del sur, pero aun así persistía la necesidad de controlar el área por razones geopolíticas y de tránsito comercial entre el Atlántico y el Pacifico. Aunque más improbable que en el caso de los territorios arrancados a México, todavía quedaba la posibilidad de que “ola tras ola de inmigrantes” mejoren América Central hasta que “sus supersticiones, su ignorancia y su anarquía sea reemplazada por la paz, el conocimiento, el cristianismo y por nuestras instituciones nacidas en el Cielo”.

Del libro La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América latina.

El sinceramiento de la economía (micro)

La palabra “sinceramiento” de la economía para ajustes neoliberales ha sido significativamente usada previo a catástrofes económicas, como la de “el Rodrigazo” de 1975 en Argentina, la debacle más reciente de Mauricio Macri en Argentina, por el presidente Lenin Moreno en Ecuador y ahora por el presidente uruguayo Luis Lacalle Pou. Es de sospechar que el término posee un origen común, tal vez de la escuela de Chicago de Milton Friedman o de alguna agencia de inteligencia como la CIA, con un largo historial de creaciones literarias.

JM, agosto 2021

Hiroshima y Nagasaki, 6 de agosto

Hoy se cumple otro aniversario, el 76, del mayor atentado terrorista de la historia contra civiles inocentes, nunca (jamás, ever) reconocido como tal por la histórica arrogancia de otro imperio, tan brutal como el japonés. Un cuarto de millón de personas (hombres, mujeres, niños, viejos) murieron con un par de bombas atómicas contra un imperio ya derrotado.
La foto personal es en el Ground 0, viaje de estudiantes de arquitectura de Uruguay de 1995

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