La narrativa aglutinante de un imperio (I)*

La narrativa aglutinante de un imperio (I)

Uno de los escritores y críticos más relevantes de la historia de Estados Unidos, Mark Twain, no sólo fue prolífico en sus denuncias contra el imperialismo de su país, sino que, junto con otros destacados intelectuales de la época, en 1898 fundó la Liga Antiimperialista, la que tuvo sede en una decena de estados hasta los años veinte, cuando comenzó la caza de antiamericanos, según la definición de los fanáticos y mayordomos que siempre se amontonan del lado del poder político, económico y social. Para estos secuestradores de países, antiamericano es todo aquel que busca verdades inconvenientes, enterradas con sus víctimas, y se atreve a decirlas. Hasta el día de hoy han existido estadounidenses y extranjeros de probada preparación intelectual y valor moral que han continuado esa tradición de resistencia a la arbitrariedad, a la brutalidad de la fuerza y a la narrativa del más fuerte, a pesar de los peligros que siempre acarrea decir la verdad sin edulcorantes. Este fanatismo ha llegado a la desfachatez de algunos inmigrantes nacionalizados que acusan a aquellos ciudadanos nacidos en el país de no ser lo suficientemente americanos, como supuestamente son ellos cuando van a la playa con pantalones cortos estampados con la bandera de su nuevo país, el símbolo de los ganadores.

Pero si la gente de la cultura, del arte y de las ciencias está de un lado, es necesario mirar al lado opuesto para saber dónde está el poder y sus mayordomos. En noviembre de 1979, la futura asesora de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick, promotora de la asistencia a las dictaduras militares, los Contras y los escuadrones de la muerte en América Latina, había publicado en la revista Commentary Magazine una idea enraizada en el subconsciente colectivo: “Si los líderes revolucionarios describen a los Estados Unidos como el flagelo del siglo XX, como el enemigo de los amantes de la libertad, como una fuerza imperialista, racista, colonialista, genocida y guerrera, entonces no son auténticos demócratas, no son amigos; se definen como enemigos y deben ser tratados como enemigos”.

Este es el concepto de democracia de la mentalidad imperialista y de sus servidores que detestan que los llamen imperialistas y que tiene, por lo menos, 245 años. ¿Cómo se explica esta contradicción histórica? No es muy difícil. Estados Unidos posee una doble personalidad, representada en el héroe enmascarado y con dos identidades, omnipresente en su cultura popular (Superman, Batman, Hulk, etc.). Es la creación de dos realidades radicalmente opuestas.

Por un lado, están los ideales de los llamados Padres Fundadores, los cuales imaginaron una nueva nación basada en las ideas y lecturas de moda de la elite intelectual de la época, las ideas del humanismo y la Ilustración que también explotaron en Francia en 1789, el mismo año en que entró en vigor la constitución de Estados Unidos: liberté, égalité, fraternité. La mayoría de los fundadores, como Benjamín Franklin, era francófila. Diferente al resto de la población anglosajona, Washington solo iba a la iglesia por obligación social y política. El más radical del grupo, el inglés rebelde Thomas Paine, el principal instigador de la Revolución americana contra el rey George III, la monarquía y la aristocracia europea, era un racionalista y látigo de las religiones establecidas. El padre intelectual de la democracia estadounidense, Thomas Jefferson, había aceptado la ciudadanía francesa antes de convertirse en el tercer presidente y sus libros fueron prohibidos por ateo. No era ateo, pero era un intelectual francófilo, secularista y progresista en muchos aspectos. Pero también era un hijo de la realidad opuesta: al tiempo que promovía ideas como que todos los seres humanos nacemos iguales y tenemos los mismos derechos, Jefferson y todos los demás Padres Fundadores eran profundamente racistas y tenían esclavos que nunca liberaron, incluidas las madres de sus hijos.

Aquí la otra personalidad de Estados Unidos, la que necesita de la máscara para convertirse en el superhéroe: se formó con los primeros peregrinos, los primeros esclavistas y continúa hoy, pasando por cada una de las olas expansionistas: una mentalidad anti iluminista, conservadora, ultra religiosa, practicante de la auto victimización (justificación de toda violencia expansionista) y, sobre todo, moldeada en la idea de superioridad racial, religiosa y cultural que confiere a sus sujetos derechos especiales sobre los otros pueblos que deben ser controlados por el bien de un pueblo excepcional y con un destino manifiesto, para el cual cualquier mezcla será atribuida al demonio o a la corrupción evolutiva, al mismo tiempo que celebra “el crisol de razas”, la libertad y la democracia.

Estados Unidos es el gigante producto de esta contradicción traumática, la que conservará siempre desde su fundación y los sufrirán “los otros”, desde los indios que salvaron del hambre a los primeros peregrinos y los que fueron exterminados para expandir la libertad del hombre blanco, hasta las más recientes democracias destrozadas en nombre de la libertad. Todo lo cual ha llevado a que, como ningún otro país del mundo moderno, Estados Unidos nunca haya conocido un lustro sin guerras desde su fundación. Todo por culpa de los demás, de los otros que nos tienen envidia y nos quieren atacar, con el resultado estimado de millones de muertos debidos a esta tradición de guerras perpetuas “de defensa” en suelo extranjero.

(continúa)

*Fragmento de la introducción del libro La frontera salvaje. 200 años de fanatismo anglosajón en América Latina a publicarse este año.

La narrativa aglutinante de un imperio (I)

https://rebelion.org/la-narrativa-aglutinante-de-un-imperio-i/

JM enero 2021

Lectura de Inés Lopez Volpe

https://www.pagina12.com.ar/325207-la-narrativa-aglutinante-de-un-imperio

Le récit qui fait le lien d’un empire

par Jorge Majfud *

L’un des écrivains et critiques les plus importants de l’histoire des États-Unis, Mark Twain, a non seulement été prolifique dans ses dénonciations contre l’impérialisme de son pays, mais, avec d’autres intellectuels de l’époque, il a fondé en 1898 la Ligue Anti impérialiste, qui était présente dans une douzaine d’États jusqu’aux années 1920, lorsque la chasse aux anti-américains a commencé, selon la définition des fanatiques et des laquais qui s’agglutinent toujours du côté du pouvoir politique, économique et social.

Pour ces ravisseurs de pays, l’anti-américain est quiconque qui cherche des vérités qui dérangent, enterrées avec leurs victimes et ose les dire. À ce jour, il y a eu des Américains et des étrangers dotés d’une préparation intellectuelle éprouvée et d’un courage moral qui ont continué cette tradition de résistance à l’arbitraire, à la brutalité de la force et au récit du plus fort, malgré les dangers que comporte toujours le fait de dire la vérité sans édulcorants. Ce fanatisme a conduit à l’impudence de certains immigrés nationalisés qui accusent ces citoyens nés dans le pays de ne pas être assez américains, comme ils le sont supposément quand ils vont à la plage en short imprimé du drapeau de leur nouveau pays.

Mais si les gens de la culture, de l’art et de la science sont d’un côté, il faut regarder du côté opposé pour savoir où se trouvent le pouvoir et ses laquais. En novembre 1979, la future conseillère de Ronald Reagan, Jeane Kirkpatrick, promotrice de l’aide aux dictatures militaires, aux Contras et aux escadrons de la mort en Amérique latine, avait publié dans Commentary Magazine une idée enracinée dans l’inconscient collectif :« Si les dirigeants révolutionnaires décrivent les États-Unis d’Amérique comme le fléau du XXe siècle, comme l’ennemi des amoureux de la liberté, comme une force impérialiste, raciste, colonialiste, génocidaire et guerrière, alors ce ne sont pas de vrais démocrates, ce ne sont pas des amis ; ils se définissent comme des ennemis et doivent être traités comme des ennemis ».

Tel est le concept de démocratie dans la mentalité impérialiste et pour ses serviteurs qui détestent être appelés impérialistes et qui a au moins 245 ans. Comment s’explique cette contradiction historique ? Ce n’est pas difficile. Les États-Unis ont une double personnalité, représentée dans le héros masqué et avec deux identités, omniprésentes dans sa culture populaire (Superman, Batman, Hulk, etc.). C’est la création de deux réalités radicalement opposées.

D’une part, il y a les idéaux des soi-disant Pères Fondateurs, qui ont imaginé une nouvelle nation basée sur les idées et les lectures à la mode de l’élite intellectuelle de l’époque, les idées d’humanisme et des Lumières qui ont également explosé en France en 1789, la même année de l’entrée en vigueur de la Constitution des États-Unis : liberté, égalité, fraternité. La plupart des fondateurs, comme Benjamin Franklin, étaient des francophiles. Contrairement au reste de la population anglo-saxonne, Washington n’allait à l’église que par obligation sociale et politique. Le plus radical du groupe, l’Anglais rebelle Thomas Paine, principal instigateur de la Révolution américaine contre le roi George III, la monarchie et l’aristocratie européennes, était un rationaliste et le fouet des religions établies.

Le père intellectuel de la démocratie américaine, Thomas Jefferson, avait accepté la citoyenneté française avant de devenir le troisième président et ses livres ont été interdits en tant qu’athée. Il n’était pas athée, mais c’était un intellectuel francophile, laïc et progressiste à bien des égards. Mais il était aussi un enfant de la réalité opposée : tout en promouvant des idées telles que tous les êtres humains naissent égaux et ont les mêmes droits, Jefferson et tous les autres pères fondateurs étaient profondément racistes et avaient des esclaves qu’ils n’ont jamais libérés, y compris les mères de leurs enfants.

Voici l’autre personnalité des États-Unis, celle qui a besoin du masque pour devenir le super-héros : il s’est formé avec les premiers pèlerins, les premiers esclavagistes et continue aujourd’hui, passant par chacune des vagues expansionnistes : une mentalité anti-Lumières, conservatrice, ultra-religieuse, pratiquant l’auto-victimisation (justification de toute violence expansionniste) et, surtout, modelée dans l’idée de supériorité raciale, religieuse et culturelle qui donne à ses sujets des droits spéciaux sur les autres peuples qui doivent être contrôlés pour le bien d’un peuple d’exception au destin manifeste, pour qui tout mélange sera attribué au diable ou à la corruption évolutive, tout en célébrant le « melting pot », la liberté et la démocratie.

Les États-Unis sont le produit géant de cette contradiction traumatique, qu’ils conserveront toujours depuis leur fondation et que subiront « les autres », depuis les Indiens qui ont sauvé les premiers pèlerins de la faim et de ceux qui ont été exterminés pour étendre la liberté de l’homme blanc, jusqu’ aux démocraties les plus récentes détruites au nom de la liberté. Tout cela a conduit au fait que, comme aucun autre pays du monde moderne, les États-Unis n’ont jamais connu une période de cinq ans sans guerres depuis leur fondation. Tout cela à cause des autres, de ces autres qui nous envient et veulent nous attaquer, avec le résultat estimé à des millions de morts dus à cette tradition de guerres de « défense » perpétuelles sur le sol étranger.

Jorge Majfud* pour Página 12* Extrait de l’introduction du livre « La frontera salvaje. 200 ans de fanatisme anglo-saxon en Amérique Latine », par Jorge Majfud, à paraître cette année.

L’extrême droite et le droit extrême.

Synthèse pour comprendre les événements aux États-Unis depuis leurs racines

par Jorge Majfud *

La extrema derecha y el derecho extremo 13 enero, 2021

Toutes les versions de cet article : [Español

L’une des spécialités d’une puissance dominante est sa capacité à détourner les acquis et les mérites des autres, du progrès matériel au progrès social. Ainsi, le capitalisme, le néolibéralisme et la nouvelle idéologie radicale des affaires (selon laquelle même les petits hommes d’affaires et entrepreneurs, qui souffrent depuis longtemps, se croient membres du même syndicat qu’Elon Musk, la famille Walton et Donald Trump) ont convaincu le monde que nous devons tous les progrès économique, technologique, scientifique et le pain que nous mangeons à son ordre bienfaiteur. Cette absurdité, facilement réfutée mais fossilisée dans la superstition populaire, est aussi absurde que l’idée selon laquelle le capitalisme et la démocratie vont de pair, quand l’histoire montre que, dans l’écrasante majorité des cas, ce fut le le contraire. Les grandes entreprises et les corporations ont promu de multiples guerres et dictatures, à l’exception de ce pays d’où venaient ce pouvoir et l’intérêt de l’ordre et du bon exemple. L’un de ces problèmes (un seul mais d’importance vitale) a été remarqué et dénoncé sur la chaîne de télévision par le même président et général Dwight Eisenhower en 1961, au moment de dire adieu à la présidence : l’alliance obscène dans son pays entre le pouvoir militaire et les grancdes entreprises. Le président Rutherford Hayes avait fait de même en 1886 : « Ce n’est pas un gouvernement du peuple, par le peuple et pour le peuple ; c’est un gouvernement de grandes entreprises, par elles et pour elles sociétés.

La démocratie est un autre exemple de kidnapping parfait, tout comme l’étaient les religions officielles, où même Jésus finit par être le protecteur du capitalisme, le porte-parole de l’ambition débridée des milliardaires , bénissant les guerres et les dictatures de toutes sortes. Lorsque les démocraties étaient inévitables dans plusieurs pays, elles ont été colonisées à travers la grande presse et les nouveaux médias de masse tels que la radio et le cinéma.

Aux États-Unis, à la fin du XIXe siècle, les blancs d’esclavagistes, vaincus pendant la guerre civile, se sont rebellés contre les nouveaux droits des Noirs. Ils ont créé le plus ancien groupe terroriste qui existe, le Ku Klux Klan (KKK), et les soulèvements, les lynchages et même les tentatives directes de coups d’État, à la manière d’une république bananière, sont devenus populaires. Certains ont réussi. Le 9 novembre 1898, une foule s’empara de la Cour de Wilmington, la plus grande ville de Caroline du Nord, et déclara « l’ indépendance de la race blanche » basée sur la « supériorité de l’homme blanc » et la constitution du pays, qui « n’a pas été écrit pour inclure les ignorants d’origine africaine  ». Les noirs, la majorité dans cette ville, avaient réussi à participer aux dernières élections, en élisant quelques représentants. Le lendemain, deux mille blancs armés ont pris d’assaut les rues, détruit et incendié des commerces et le seul journal de la ville dirigé par des noirs. Sans surprise, la rumeur s’est répandue que certains noirs ont ouvert le feu sur les vandales blancs, ce pourquoi l’ordre a été donné de « tuer tout noir sanglant qui se montre ». Pour ramener l’ordre, le gouverneur a ordonné aux soldats qui étaient revenus de Cuba (où avait été confisquée leur propre révolution à d’autres Noirs) de prendre la ville. En conséquence, quelques centaines de Noirs ont été exécutés et des milliers ont dû quitter leurs maisons. Le gouvernement et ses représentants noirs, élus dans les urnes, ont été remplacés par une dictature qui ne sera jamais qualifiée de dictature, mais le gouvernement de citoyens responsables et pacifiques qui avait rétabli « l’ordre public » et la volonté de Dieu. Cela ressemble à quelque chose de récent ?

Même les féministes, combattantes pour le vote féminin comme Rebecca Latimer Felton, recommanderont de lyncher les Noirs qui ont remporté les élections de 1898 en Caroline du Nord, car plus ils sont éduqués et plus ils participent à la politique, plus ils représentent une grande menace pour la virginité des sans défense. Les femmes blanches. Le lynchage était (est) une institution établie par la race supérieure qui, non sans ironie, craint la supériorité physique et sexuelle des races inférieures. Rebecca Latimer Felton, championne de la modernisation de l’éducation, n’a cessé d’insister sur le fait que plus on investit d’argent dans l’éducation des Noirs, plus ils commettent de crimes. Pendant des années, elle a soutenu que donner aux Noirs le droit de vote entraînerait le viol de femmes blanches.Bien que depuis des générations immémoriales des viols aient généralement été commis par des hommes blancs contre des femmes noires, le fantasme pornographique du pouvoir ne s’est jamais reposé et Felton a recommandé mille lynchages par semaine pour diminuer les appétits sexuels de ces hommes sombres et ignorants qu’elle considèrait comme des gorilles. En 1922, pendant 24 heures, la féministe raciste Felton est devenue le premier sénateur américain de Géorgie. La deuxième femme a été Kelly Loeffler, également de Géorgie, qui, en janvier 2021, a perdu face au candidat [pasteur] noir Raphael Warnock. Le même jour, des milliers de fanatiques blancs ont pris d’assaut le Congrès à Washington, où le collège électoral devait confirmer leur défaite.

Au XXe siècle, pour éviter la catastrophe de la race blanche annoncée par Charles Henry Pearson, le mot race a été remplacé par le communisme. Le roque sémantique est si efficace qu’il survivra à des générations de critiques inadaptés, de critiques antipatriotiques et de toutes sortes d’extrémistes de gauche radicaux. En Amérique Latine, l’extrême gauche plus radicale était aussi un effet collatéral inévitable de la puissance impériale. Plus récemment, ni Cuba, ni le Venezuela, ni aucune autre expérience indépendantiste n’auraient été ce qu’ils furent et ce qu’ils sont sans l’intervention persistante et profonde de Washington et des mégacorporations du nord. L’extrême droite, depuis les dictatures militaires jusqu’ aux démocraties sous tutelle, justifiées dans la réaction contre la réaction. Theodore Roosevelt l’avait mis par écrit en 1897 : « La démocratie de ce siècle n’a pas besoin de plus de justification pour son existence que le simple fait qu’elle ait été organisée pour que la race blanche conserve les meilleures terres du Nouveau Monde ». Des blancs riches, pour être plus précis.

Désormais aux États-Unis, les événements présents et à venir déplaceront un peu le spectre politique vers la gauche, lequel, en raison du changement de génération, allait déjà dans cette direction avant la réaction conservatrice menée par Trump. Trump ne gagnera pas le soutien du Pentagone en raison d’une différence fonctionnelle entre les armées US et latinoaméricaine. Elles ont toujours été complémentaires : celle des Etats-Unis est en charge du niveau international et celles du Tiers Monde des affaires intérieures, ne livrant aucune guerre avec d’autres armées mais réprimant les revendications populaires dans leurs pays.

Aux États-Unis, les mouvements populaires et progressistes ont joué un rôle central dans les changements sociaux les plus profonds, de l’abolition de l’esclavage, la lutte pour les droits des travailleurs, le vote des femmes, jusqu’à la lutte pour les droits civiques des années 60 et 70 (comme nous l’avons rappelé plus haut, ces mouvements ont également été fréquemment détournés par la réaction de la puissance blessée). L’extrême droite, au contraire, est la réaction permanente en faveur des maîtres, de ceux d’en haut, presque toujours dirigée par les mêmes esclaves et contremaîtres d’en bas. Or, aux États-Unis, comme en Europe et en Amérique Latine, l’extrême droite est une manifestation collatérale du pouvoir social et politique qui, avec la frustration de ses membres impuissants, crée une instabilité sociale qui devient une menace pour les intérêts du pouvoir qu’ils servent . Soudain, Wall Street et les entreprises dominantes réclament le « rétablissement de l’ordre ». L’imprévisibilité est le deuxième ennemi des investisseurs.

Jorge Majfud, 12 janvier 2021.

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la Diaspora par : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo de la Diaspora. Paris, 17 janvier 2020.

La extrema derecha y el derecho extremo 13 enero, 2021

https://actualidad.rt.com/video/384862-recrudecer-campana-control-discurso-racial-eeuu

La extrema derecha y el derecho extremo

Síntesis para comprender los eventos en Estados Unidos desde su raíz

La extrema derecha y el derecho extremo

Una de las especialidades de un poder dominante es su capacidad para secuestrar logros y méritos ajenos, desde los progresos materiales hasta los progresos sociales. Así, el capitalismo, el neoliberalismo y la nueva ideología radical de los negocios (por la cual hasta los pequeños y sufridos empresarios y emprendedores se creen miembros del mismo gremio que integran Elon Musk, la familia Walton y Donald Trump) ha convencido al mundo que le debemos todos los progresos económicos, tecnológicos, científicos y el pan que comemos a su orden benefactor. Este absurdo, fácil de refutar pero fosilizado en la superstición popular, es tan absurdo como la idea de que el capitalismo y la democracia van juntos, cuando la historia demuestra que, en la abrumadora mayoría de los casos, ha significado lo contrario. Los grandes negocios y las corporaciones han promovido múltiples guerras y dictaduras, con la excepción de aquel país de donde procedía ese poder y el interés de orden y buen ejemplo. Uno de estos problemas (solo uno pero de vital importancia) lo advirtió y denunció por cadena de televisión el mismo presidente y general Dwight Eisenhower en 1961, al momento de despedirse de la presidencia: la obscena alianza en su país entre el poder militar y las corporaciones. Lo mismo había hecho el presidente Rutherford Hayes en 1886: “este no es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo; es un gobierno de las corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones”.

La democracia es otro ejemplo de secuestro perfecto, tal como lo fueron las religiones oficiales, por la cual hasta Jesús termina siendo el protector del capitalismo, el portavoz de la ambición desenfrenada de los multimillonarios y bendice guerras y dictaduras de todo tipo. Cuando las democracias fueron inevitables en múltiples países, se las colonizó a través de la gran prensa y de los nuevos medios de comunicación masivos como la radio y el cine. 

En Estados Unidos, a fines del siglo XIX los blancos esclavistas, derrotados en la Guerra civil, se rebelaron contra los nuevos derechos de los negros. Crearon el grupo terrorista más antiguo que existe, el KKK, y se popularizaron los alzamientos, linchamientos y hasta intentos directos de golpes de Estado, estilo banana republic. Alguno tuvo éxito. El 9 de noviembre de 1898, una turba tomó la corte de Wilmington, la mayor ciudad de Carolina del Norte, y declaró la “Independencia de la Raza Blanca” en base a la “superioridad del hombre blanco” y la constitución del país, que “no había sido escrita para incluir a gente ignorante de origen africano”. Los negros, la mayoría de esta ciudad, habían logrado participar en las últimas elecciones, eligiendo a algunos representantes. Al día siguiente, dos mil blancos armados tomaron por asalto las calles, destruyeron y quemaron negocios y el único diario de la ciudad administrado por la raza inferior. Como era de esperar, se corrió la voz de que algunos negros habían abierto fuego contra los vándalos blancos, por lo cual se ordenó “matar a cualquier maldito negro que se deje ver”. Para poner orden, el gobernador ordenó a los soldados que habían regresado de Cuba (donde le secuestraron a otros negros su propia revolución) tomar la ciudad. Como resultado, algunos cientos de negros fueron ejecutados y miles debieron abandonar sus casas. El gobierno y sus representantes, elegidos en las urnas, fueron reemplazados por una dictadura que nunca se llamará dictadura, sino el gobierno de ciudadanos responsables y pacíficos que habían restaurado “la ley y el orden” y la voluntad de Dios. ¿Suena como algo reciente?

Incluso feministas, luchadoras por el voto femenino como Rebecca Latimer Felton, recomendará linchar a los negros que ganaron las elecciones de 1898 en Carolina del Norte, ya que cuanto más educados y cuanto más participan en política, mayor amenaza suponen a la virginidad de las indefensas mujeres blancas. El linchamiento fue (es) una institución establecida por la raza superior que, no sin ironía, le teme a la superioridad física y sexual de las razas inferiores. Felton, campeona de la modernización de la educación, no dejaba de insistir que, cuanto más dinero se invierte en la educación de los negros, más crímenes comenten. Por años, argumentó que otorgarle el derecho al voto conduciría a la violación de las mujeres blancas. Aunque desde inmemoriales generaciones las violaciones generalmente eran cometidas por hombres blancos contra jóvenes negras, la fantasía pornográfica del poder nunca descansó y Felton recomendó mil linchamientos por semana para menguar el apetito sexual de estos hombres oscuros e ignorantes que ella considera gorilas. En 1922, por 24 horas, la feminista racista se convirtió en la primera senadora de Estados Unidos por Georgia. La segunda mujer fue Kelly Loeffler, también por Georgia, quien, en enero de 2021, perdió con el candidato negro Raphael Warnock. Ese mismo día, miles de fanáticos blancos asaltaron el Congreso en Washington, donde el colegio electoral iba a confirmar su derrota.

En el siglo XX, como forma de evitar la catástrofe de la raza blanca anunciada por Charles Pearson, se sustituirá la palabra raza por comunismo. El enroque semántico es tan efectivo que sobrevivirá a varias generaciones de críticos inadaptados, antipatriotas y todo tipo de radicales extremistas de izquierda. En América latina, la extrema izquierda más radical también fue un inevitable efecto colateral del poder imperial. Ni Cuba ni Venezuela ni ninguna otra experiencia independentista hubiesen sido lo que fueron y lo que son sin la persistente y profunda intervención de Washington y las megacorporaciones del norte. La extrema derecha, desde las dictaduras militares hasta las democracias tuteladas, justificadas en la reacción contra la reacción, también. Theodore Roosevelt lo había puesto por escrito en 1897: “la democracia de este siglo no necesita más justificación para su existencia que el simple hecho de que ha sido organizada para que la raza blanca se quede con las mejores tierras del Nuevo mundo”. Los blancos ricos, para ser más precisos.

Ahora en Estados Unidos, los hechos presentes y por venir moverán el espectro político un poco hacia la izquierda, el cual, debido al recambio generacional, ya iba en esa dirección antes de la reacción conservadora liderada por Trump. Trump no logrará el apoyo del Pentágono por una diferencia funcional entre los ejércitos de EE.UU. y los de América latina. Siempre han sido complementarios: el de Estados Unidos se encarga del nivel internacional y los del Tercer mundo del asunto doméstico, no peleando ninguna guerra con otros ejércitos sino reprimiendo los reclamos populares en el interior de sus países.

En Estados Unidos, los movimientos populares y progresistas fueron centrales en sus cambios sociales más profundos, desde la abolición de la esclavitud, la lucha por los derechos laborales, el voto femenino, hasta la lucha por los derechos civiles de los años sesenta y setenta (como recordamos más arriba, con frecuencia estos movimientos también fueron secuestrados  por la reacción del poder herido). La extrema derecha, en cambio, es la permanente reacción en favor de los amos, de los de arriba, casi siempre liderada por los mismos esclavos y capataces de abajo. Ahora, en Estados Unidos, como en Europa y en América Latina, la extrema derecha es una manifestación colateral del poder social y político que, con la frustración de sus miembros sin poder, crean una inestabilidad social que se convierte en una amenaza a los mismos intereses del poder a los que sirven. De repente, Wall Street y las corporaciones dominantes claman por la “restauración del orden”. La impredictibilidad es el segundo mayor enemigo de los inversionistas. 

JM, 12 de enero de 2021

https://www.pagina12.com.ar/324318-la-extrema-derecha-y-el-derecho-extremo

https://www.nuevatribuna.es/articulo/global/extrema-derecha-derecho-extremo/20210117112426183478.html

https://mundo.sputniknews.com/radio_telescopio/202101121094091104-asalto-al-capitolio-toda-violencia-que-no-se-exporta-se-consume-en-el-mercado-interno/

https://mundo.sputniknews.com/radio_gps_internacional/202101131094094342-eeuu-como-impactaran-en-la-democracia-norteamericana-los-episodios-en-el-capitolio/

Radio 750 AM, Argentina

Jorge Majfud: “El terrorismo de extrema derecha está muy arraigado en la sociedad estadounidense”

https://actualidad.rt.com/video/384862-recrudecer-campana-control-discurso-racial-eeuu



https://www.youtube.com/watch?reload=9&reload=9&v=KSdYAlcWTX0&feature=emb_logo



http://radiouruguay.uy/wp-content/uploads/2021/01/PUNTOS_210121_majfud_jorge.mp3?_=1

L’extrême droite et le droit extrême.

Synthèse pour comprendre les événements aux États-Unis depuis leurs racines

par Jorge Majfud *

La extrema derecha y el derecho extremo 13 enero, 2021

Toutes les versions de cet article : [Español

L’une des spécialités d’une puissance dominante est sa capacité à détourner les acquis et les mérites des autres, du progrès matériel au progrès social. Ainsi, le capitalisme, le néolibéralisme et la nouvelle idéologie radicale des affaires (selon laquelle même les petits hommes d’affaires et entrepreneurs, qui souffrent depuis longtemps, se croient membres du même syndicat qu’Elon Musk, la famille Walton et Donald Trump) ont convaincu le monde que nous devons tous les progrès économique, technologique, scientifique et le pain que nous mangeons à son ordre bienfaiteur. Cette absurdité, facilement réfutée mais fossilisée dans la superstition populaire, est aussi absurde que l’idée selon laquelle le capitalisme et la démocratie vont de pair, quand l’histoire montre que, dans l’écrasante majorité des cas, ce fut le le contraire. Les grandes entreprises et les corporations ont promu de multiples guerres et dictatures, à l’exception de ce pays d’où venaient ce pouvoir et l’intérêt de l’ordre et du bon exemple. L’un de ces problèmes (un seul mais d’importance vitale) a été remarqué et dénoncé sur la chaîne de télévision par le même président et général Dwight Eisenhower en 1961, au moment de dire adieu à la présidence : l’alliance obscène dans son pays entre le pouvoir militaire et les grancdes entreprises. Le président Rutherford Hayes avait fait de même en 1886 : « Ce n’est pas un gouvernement du peuple, par le peuple et pour le peuple ; c’est un gouvernement de grandes entreprises, par elles et pour elles sociétés.

La démocratie est un autre exemple de kidnapping parfait, tout comme l’étaient les religions officielles, où même Jésus finit par être le protecteur du capitalisme, le porte-parole de l’ambition débridée des milliardaires , bénissant les guerres et les dictatures de toutes sortes. Lorsque les démocraties étaient inévitables dans plusieurs pays, elles ont été colonisées à travers la grande presse et les nouveaux médias de masse tels que la radio et le cinéma.

Aux États-Unis, à la fin du XIXe siècle, les blancs d’esclavagistes, vaincus pendant la guerre civile, se sont rebellés contre les nouveaux droits des Noirs. Ils ont créé le plus ancien groupe terroriste qui existe, le Ku Klux Klan (KKK), et les soulèvements, les lynchages et même les tentatives directes de coups d’État, à la manière d’une république bananière, sont devenus populaires. Certains ont réussi. Le 9 novembre 1898, une foule s’empara de la Cour de Wilmington, la plus grande ville de Caroline du Nord, et déclara « l’ indépendance de la race blanche » basée sur la « supériorité de l’homme blanc » et la constitution du pays, qui « n’a pas été écrit pour inclure les ignorants d’origine africaine  ». Les noirs, la majorité dans cette ville, avaient réussi à participer aux dernières élections, en élisant quelques représentants. Le lendemain, deux mille blancs armés ont pris d’assaut les rues, détruit et incendié des commerces et le seul journal de la ville dirigé par des noirs. Sans surprise, la rumeur s’est répandue que certains noirs ont ouvert le feu sur les vandales blancs, ce pourquoi l’ordre a été donné de « tuer tout noir sanglant qui se montre ». Pour ramener l’ordre, le gouverneur a ordonné aux soldats qui étaient revenus de Cuba (où avait été confisquée leur propre révolution à d’autres Noirs) de prendre la ville. En conséquence, quelques centaines de Noirs ont été exécutés et des milliers ont dû quitter leurs maisons. Le gouvernement et ses représentants noirs, élus dans les urnes, ont été remplacés par une dictature qui ne sera jamais qualifiée de dictature, mais le gouvernement de citoyens responsables et pacifiques qui avait rétabli « l’ordre public » et la volonté de Dieu. Cela ressemble à quelque chose de récent ?

Même les féministes, combattantes pour le vote féminin comme Rebecca Latimer Felton, recommanderont de lyncher les Noirs qui ont remporté les élections de 1898 en Caroline du Nord, car plus ils sont éduqués et plus ils participent à la politique, plus ils représentent une grande menace pour la virginité des sans défense. Les femmes blanches. Le lynchage était (est) une institution établie par la race supérieure qui, non sans ironie, craint la supériorité physique et sexuelle des races inférieures. Rebecca Latimer Felton, championne de la modernisation de l’éducation, n’a cessé d’insister sur le fait que plus on investit d’argent dans l’éducation des Noirs, plus ils commettent de crimes. Pendant des années, elle a soutenu que donner aux Noirs le droit de vote entraînerait le viol de femmes blanches.Bien que depuis des générations immémoriales des viols aient généralement été commis par des hommes blancs contre des femmes noires, le fantasme pornographique du pouvoir ne s’est jamais reposé et Felton a recommandé mille lynchages par semaine pour diminuer les appétits sexuels de ces hommes sombres et ignorants qu’elle considèrait comme des gorilles. En 1922, pendant 24 heures, la féministe raciste Felton est devenue le premier sénateur américain de Géorgie. La deuxième femme a été Kelly Loeffler, également de Géorgie, qui, en janvier 2021, a perdu face au candidat [pasteur] noir Raphael Warnock. Le même jour, des milliers de fanatiques blancs ont pris d’assaut le Congrès à Washington, où le collège électoral devait confirmer leur défaite.

Au XXe siècle, pour éviter la catastrophe de la race blanche annoncée par Charles Henry Pearson, le mot race a été remplacé par le communisme. Le roque sémantique est si efficace qu’il survivra à des générations de critiques inadaptés, de critiques antipatriotiques et de toutes sortes d’extrémistes de gauche radicaux. En Amérique Latine, l’extrême gauche plus radicale était aussi un effet collatéral inévitable de la puissance impériale. Plus récemment, ni Cuba, ni le Venezuela, ni aucune autre expérience indépendantiste n’auraient été ce qu’ils furent et ce qu’ils sont sans l’intervention persistante et profonde de Washington et des mégacorporations du nord. L’extrême droite, depuis les dictatures militaires jusqu’ aux démocraties sous tutelle, justifiées dans la réaction contre la réaction. Theodore Roosevelt l’avait mis par écrit en 1897 : « La démocratie de ce siècle n’a pas besoin de plus de justification pour son existence que le simple fait qu’elle ait été organisée pour que la race blanche conserve les meilleures terres du Nouveau Monde ». Des blancs riches, pour être plus précis.

Désormais aux États-Unis, les événements présents et à venir déplaceront un peu le spectre politique vers la gauche, lequel, en raison du changement de génération, allait déjà dans cette direction avant la réaction conservatrice menée par Trump. Trump ne gagnera pas le soutien du Pentagone en raison d’une différence fonctionnelle entre les armées US et latinoaméricaine. Elles ont toujours été complémentaires : celle des Etats-Unis est en charge du niveau international et celles du Tiers Monde des affaires intérieures, ne livrant aucune guerre avec d’autres armées mais réprimant les revendications populaires dans leurs pays.

Aux États-Unis, les mouvements populaires et progressistes ont joué un rôle central dans les changements sociaux les plus profonds, de l’abolition de l’esclavage, la lutte pour les droits des travailleurs, le vote des femmes, jusqu’à la lutte pour les droits civiques des années 60 et 70 (comme nous l’avons rappelé plus haut, ces mouvements ont également été fréquemment détournés par la réaction de la puissance blessée). L’extrême droite, au contraire, est la réaction permanente en faveur des maîtres, de ceux d’en haut, presque toujours dirigée par les mêmes esclaves et contremaîtres d’en bas. Or, aux États-Unis, comme en Europe et en Amérique Latine, l’extrême droite est une manifestation collatérale du pouvoir social et politique qui, avec la frustration de ses membres impuissants, crée une instabilité sociale qui devient une menace pour les intérêts du pouvoir qu’ils servent . Soudain, Wall Street et les entreprises dominantes réclament le « rétablissement de l’ordre ». L’imprévisibilité est le deuxième ennemi des investisseurs.

Jorge Majfud, 12 janvier 2021.

Traduit de l’espagnol pour El Correo de la Diaspora par : Estelle et Carlos Debiasi

El Correo de la Diaspora. Paris, 17 janvier 2020.

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El gobierno de las corporaciones y para las corporaciones

Washington DC. 3 de marzo de 1877—Rutherford Hayes jura como nuevo presidente de Estados Unidos. Sus adversarios, los esclavistas demócratas del sur, no reconocen el resultado de las elecciones del año anterior y lo llaman Rutherfraud. El año que viene, luego de la infame Guerra de la Triple Alianza en América del Sur, Hayes arbitrará en la disputa entre Paraguay y Argentina, concediendo a Paraguay más de la mitad de su futuro territorio.

El presidente Hayes no es un tipo fácil. Piensa que el gobierno de Estados Unidos se ha convertido en un instrumento de los millonarios y de las grandes corporaciones. Luego de cumplir con su promesa de no presentarse a la reelección, en 1886 escribirá advirtiendo a las generaciones por venir sobre la absurda desproporción de la riqueza acumulada en tan pocas manos: “El dinero es poder. Es poder en el Congreso, en los estados, en los ayuntamientos, en los tribunales, en las convenciones políticas, en la prensa, en las iglesias, en la educacióny la influencia del dinero es cada vez mayor”.

Frustrado, el 11 de marzo de 1889 escribirá en su diario: “El problema radica en la gran riqueza y el poder en manos de unos pocos inescrupulosos que controlan los capitales. En el Congreso nacional y en las legislaturas estatales se aprueban cientos de leyes dictadas por el interés de estos hombres y en contra de los intereses de los trabajadores… Este no es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es un gobierno de las corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones”. Luego advertirá:“La riqueza excesiva en manos de unos pocos significa pobreza extrema, ignorancia, vicio y miseria de unos muchos… Si el pueblo estuviese debidamente informado, si pudiese entender cuál es el problema, seguramente buscaría la solución… Una solución sería, por ejemplo, poder aprobar leyes que regulen el poder de las corporaciones, de sus propiedades… de los impuestos que pagan”.

El 18 de julio de 2019 el USA Today publicará una investigación sobre la dinámica de la democracia estadounidense. Solo en un período de ocho años, los congresos estatales de los cincuenta estados de la nación recibirán 10.163 proyectos de leyes escritos por las grandes corporaciones, de los cuales más de 2.100 serán aprobados. En muchos casos se tratará de un simple copia-y-pega con mínimas variaciones.

Nada nuevo. Nada que la población recuerde más allá del segundo café de la tarde o de la primera cerveza de la noche.

JM, 11 de enero de 2021

https://mundo.sputniknews.com/radio_telescopio/202101121094091104-asalto-al-capitolio-toda-violencia-que-no-se-exporta-se-consume-en-el-mercado-interno/