Somos tan buenos

En Estados Unidos, la mayor festividad anual, Thanskiging o Acción de gracias, conmemora y celebra la hermandad entre los nuevos colonos anglos y los nativos indígenas que los salvaron del frío y del hambre, un invierno allá a principios del siglo XVII. Los indígenas le dieron la bienvenida a los intrusos europeos y pocos años después los intrusos masacraron a los mismos nativos porque eran salvajes.

La historia de masacres sin fin de salvajes en nombre de la civilización y de la libertad se repetirá por siglos, al mismo tiempo que la tierna tradición de Acción de gracias se consolidará año trás año por los siglos por venir. Cada año, en Estados Unidos los cristianos se sirven suculentas cenas para dar gracias por ser tan buena gente.

Por generaciones, durante esta festividad se sacrificarán más de cuarenta millones de pavos, razón  por la cual en la Casa Blanca el presidente de Estados Unidos deberá perdonar a uno de ellos, un representante de la minoría paviana, un pavo blanco, para demostrar la bondad del poder.

Algo así como el famoso fair play de los ingleses, según el cual sólo los civilizados y desarrollados veneran el respeto por las reglas y así dan lecciones contra la corrupción de los salvajes. No por casualidad, un invento del imperio que más países invadió y que más reglas violó alrededor del mundo por algunos pocos siglos.

JM, noviembre 2020

https://www.huffingtonpost.es/entry/somos-tan-buenos_es_5fc4e416c5b6e4b1ea4d035c?utm_hp_ref=es-internacional

We are so good

In America, the biggest annual holiday, Thanksgiving o Thanksgiving, commemorates and celebrates the brotherhood between the new Anglo settlers and the indigenous natives who saved them from cold and hunger, one winter back in the early seventeenth century. The indigenous people welcomed the European intruders and a few years later the intruders massacred the natives themselves because they were savages.

The story of endless slaughter of savages in the name of civilization and freedom will repeat itself for centuries, as the tender tradition of Thanksgiving will be consolidated year after year for centuries to come. Every year in the United States, Christians serve each other succulent dinners to give thanks for being such good people.

For generations, during this holiday more than forty million turkeys will be sacrificed, which is why in the White House the president of the United States will have to forgive one of them, a representative of the Pavian minority, a white turkey, to show kindness power.

Something like the famous fair play of the English, according to which the civilized and developed revere respect for the rules. Not by chance, an invention of the empire that invaded more countries and violated more rules around the world for centuries.

https://tekdeeps.com/we-are-so-good/

Silicona 5.0

Silicona 5.0

Un día, recuperándose de un infarto en su apartamento de Daytona Beach, Facundo Walsh Ocampo descubre que le han robado la identidad y decide cruzar la frontera de México para encontrarse con su substituto. En la búsqueda del falsificador, descubrirá una falsificación mayor, la suya propia. La despiadada competencia por el éxito económico han convertido al protagonista en un robot altamente efectivo, sin memoria y sin identidad propia. De la misma forma, las robots provistas de inteligencia artificial que él mismo vende en Asia sustituyen no solo el sexo sino también el amor y la comprensión de su dueño en un mundo corrompido por la fiebre del consumo y la destrucción del adversario.

Con Silicona 5.0 el autor de Crisis vuelve con un contrapunto entre el presente colectivo y la memoria individual, entre la identidad y sus sustitutos, entre la excitación del consumo y la pérdida del factor humano, entre la muerte del presente y el renacimiento del pasado como forma de rescate y redención.

Editorial Baile del Sol, España.

https://www.latiendadebailedelsol.org/home/575-majfud-jorge-silicona-50.html

Editorial Olinyoli, México

http://olinyoli.com/#!/~/search/keyword=majfud

¿Nos dirigimos al totalitarismo? ¿No estábamos ya ahí?

¿Nos dirigimos al totalitarismo? ¿No estábamos ya ahí? @majfud

El 11 de marzo de 1889, el ahora olvidado ex presidente de Estados Unidos Rutherford Hayes escribió en su diario: “En el Congreso nacional y en las legislaturas estatales se aprueban cientos de leyes dictadas por el interés de las grandes compañías y en contra de los intereses de los trabajadores… Este no es el gobierno del pueblo, por el pueblo y para el pueblo. Es el gobierno de las corporaciones, por las corporaciones y para las corporaciones”. Tres años después estallaría la mayor crisis económica del siglo XIX y cuarenta años más tarde, por las mismas razones, la mayor crisis económica del siglo XX, la cual sería mitigada por las políticas sociales del presidente F. D. Roosevelt. Treinta años más y el neoliberalismo de los Milton Friedman contraatacaría para revertir estas “políticas socialistas” (según las acusaciones de la época) que habían salvado a millones de trabajadores del hambre y a Estados Unidos de la desintegración. 

El 18 de julio de 2019, el USA Toda​​y publicó una investigación sobre la dinámica de la democracia estadounidense. Solo en un período de ocho años, los congresos estatales de los cincuenta estados de la nación habían recibido 10.163 proyectos de leyes escritos por las grandes corporaciones, de los cuales más de 2.100 fueron aprobados. En muchos casos se trató de un simple copia-y-pega con mínimas variaciones. Nada nuevo y, mucho menos, obsoleto. Secuestrar el progreso de la humanidad ha sido siempre una especialidad de las todopoderosas compañías privadas que luego reclaman todo el crédito del bienestar ajeno y del bien moral propio. 

A lo largo de la historia, con frecuencia las pandemias han cambiado formas de ver el mundo y han derrumbado verdades incuestionables. Aunque todo depende de la gravedad y del tiempo que dure la que nos ocupa ahora, si no derriba el muro neoliberal al menos dejará su huella en las políticas sociales, en la forma de gestionar las necesidades humanas que no pueden ser resueltas ni por la mano invisible del mercado ni por la visible miopía del interés propio. También ayudará a confirmar la conciencia de que nadie se puede defender de un virus ni con las armas ni con los ejércitos más poderosos del mundo, por lo cual pronto una nueva mayoría en países belicosos, como Estados Unidos, tal vez comiencen a cuestionarse el sentido de los gastos astronómicos para unos y el desprecio tradicional hacia los otros. 

Una consecuencia indeseada, según la advertencia de diversos críticos y analistas, sería el incremento de los Estados autoritarios. Esta probabilidad, aparte de real, es también una antigua expresión de otro autoritarismo que domina las narrativas y los miedos desde hace muchas generaciones y que, por ello mismo, no se reconoce como autoritarismo. Este miedo y esta advertencia no son altruistas ni son inocentes. Son una herencia que proviene del modelo capitalista en sus variadas formas, que necesita demonizar todo lo que está en las manos de los gobiernos, de los sindicatos, de las organizaciones sociales y hasta de las pequeñas empresas familiares o comunitarias, y diviniza la dictadura de las mega corporaciones privadas. 

Las tendencias autoritarias no son patrimonio de quienes están a favor del protagonismo de los Estados (todo depende de qué Estado estamos hablando) ni nació con la pandemia. La actual ola neofacista y autoritaria precede la misma aparición de Covid 19. Pero ambos son la consecuencia de una realidad destructiva basada en la acumulación infinita de los poderes financieros y de las sectas corporativas, de su insaciable sed de beneficios, de poder y de una cultura consumista que, al igual que un individuo enfermo, ha ido cambiando de forma progresiva el placer de una adicción por la depresión y el suicidio. En las clases excluidas (es decir, en la mayoría del pueblo), la respuesta emocional y errática de los grupos fragmentados intenta llenar este vaciamiento de sentido social, individual y existencial, con los colores de una bandera o de una secta, con el repetido efecto de desprecio y hasta odio por todo lo demás que no cae dentro de su pequeñísimo círculo (los otros excluidos), el que confunden con una verdad universal a la cual, se supone, solo ellos tienen acceso de forma mágica, secreta y excluyente. La distracción perfecta. 

Esta nueva crisis ha probado no solo la crónica ineficacia de los modelos neoliberales para enfrentar un problema global y hasta nacional, no solo ha revelado la superstición inoculada en los pueblos (“los privados lo hacen todo mejor”, “libre empresa y libertad son la misma cosa”) sino que, además, son la misma causa del problema. La pandemia no puede ser desvinculada de su marco general: el consumismo y la crisis ecológica.

Si bien en sus orígenes el capitalismo significó una democratización de la vieja y rígida sociedad feudalista (el dinero aumentó la movilidad de los comunes), pronto se convirtió en un sistema neofeudal donde las sectas financieras y empresariales de unas pocas familias terminaron por concentrar y monopolizar las riquezas de las naciones, dominando la política de los países a través de sus sistemas democráticos e, incluso, prescindiendo totalmente de esta formalidad. 

¿Quiénes votan a los dueños de los capitales, a los gerentes de los bancos nacionales e internacionales, a las transnacionales que se arrogaban y se arrogan el derecho de acosar o derribar gobiernos y movimientos populares en países lejanos? A esa larga historia de autoritarismo ahora hay que agregar la dictadura más amable y más sexy de gigantes como Google, Facebook, Twitter y otros medios en los cuales vive, se informa y piensa la mayoría del mundo. ¿Qué pueblo los votó? ¿Por qué los gobiernos democráticos tienen tan poca decisión en su decisiones que afectan a miles de millones de personas? ¿A qué intereses responden, aparte de su propia clase ultra millonaria en nombre de la democratización de la información? ¿Hay algo más demagógico que esto? ¿Cómo hacen para adivinar lo que dos amigos conversaron la tarde anterior, escalando una montaña o caminando por una playa sin usar ningún instrumento electrónico? Adivinan (ideas, deseos) lo que ellos mismos indujeron. Esas dos personas solo recorrían un camino establecido o previsto por las corporaciones que conocen hasta lo que pensará un individuo en un mes, en un año, como si fuesen dioses. 

El dominio es de tal grado que los pueblos que están por debajo, confinados al consumo pasivo y sin ningún poder de decisión sobre los algoritmos, las políticas sociales y la ideología que rige sus deseos, son los primeros en defender con fanatismo la idea de la “libertad individual” y de los beneficios que proceden de estos dioses omnipresentes.

Es decir, el temor de que nos dirigirnos a un totalitarismo estatal procede, en gran medida, del interés contrario: el temor del autoritarismo corporativo de que los Estados puedan, de alguna forma, llegar a regular sus tradicionales y altruistas abusos de poder. 

JM, noviembre 2020

https://www.huffingtonpost.es/entry/nos-dirigimos-al-totalitarismo-no-estabamos-ya-ahi_es_5fb1a97bc5b6a37e7e3305b4

https://www.pagina12.com.ar/307883-nos-dirigimos-al-totalitarismo-no-estabamos-ya-ahi

Radio Uruguay. 7 de enero de 2021. El asalto al Capitolio de Estados Unidos.

Are We Heading towards Totalitarianism? Weren’t We already there?

By Jorge Majfud on November 16, 2020

On March 11, 1889, the now-forgotten former U.S. President Rutherford Hayes wrote in his diary, “In the national Congress and in the state legislatures, hundreds of laws are passed in the interest of big business and against the interests of the workers…” This is not the government of the people, by the people, and for the people. This is the government of the corporations, by the corporations and for the corporations. Three years later the greatest economic crisis of the 19th century would break out and forty years later, for the same reasons, the greatest economic crisis of the 20th century, which would be mitigated by the social policies of President F. D. Roosevelt. Thirty more years and the neoliberalism of the Milton Friedmans would strike back to reverse these “socialist policies” (according to the accusations of the time) that had saved millions of workers from hunger and the United States from disintegration.

On July 18, 2019, USA Today published a research on the dynamics of American democracy. In a period of eight years alone, the state legislatures of the nation’s fifty states had received 10,163 bills written by major corporations, of which more than 2,100 were passed. In many cases it was a simple copy-and-paste with minimal variations. Nothing new, and much less obsolete. Kidnapping the progress of humanity has always been a specialty of the all-powerful private companies that then claim all the credit for the well-being of others and for their own moral good.

Throughout history, pandemics have often changed ways of seeing the world and have shattered unquestionable truths. Although it all depends on how serious and how long the one we are dealing with now lasts, if it does not break down the neoliberal wall, at least it will leave its mark on social policies, on the way human needs are managed that cannot be solved either by the invisible hand of the market or by the visible myopia of self-interest. It will also help to confirm the awareness that no one can defend themselves from a virus with either weapons or the world’s most powerful armies, which is why soon a new majority in warring countries, such as the United States, may begin to question the meaning of astronomical spending for some and traditional contempt for others.

An unwanted consequence, according to the warning of various critics and analysts, would be the increase of authoritarian states. This probability, apart from being real, is also an ancient expression of another authoritarianism that has dominated narratives and fears for many generations and is therefore not recognized as authoritarianism. This fear and warning is not altruistic or innocent. They are a legacy that comes from the capitalist model in its various forms, which needs to demonize everything that is in the hands of governments, unions, social organizations and even small family or community businesses, and idolize the dictatorship of the mega private corporations.

Authoritarian tendencies are not the heritage of those who are in favor of the protagonism of States (everything depends on which State we are talking about) nor was it born with the pandemic. The current neo-fascist and authoritarian wave precedes the very appearance of Covid 19. But both are the consequence of a destructive reality based on the infinite accumulation of financial powers and corporate sects, their insatiable thirst for profit, power and a consumerist culture that, like a sick individual, has progressively changed the pleasure of an addiction to depression and suicide. In the excluded classes (that is, in the majority of the people), the emotional and erratic response of the fragmented groups tries to fill this emptying of social, individual and existential sense, with the colors of a flag or a sect, with the repeated effect of contempt and even hatred for everything else that does not fall within their very small circle (the other excluded), which they confuse with a universal truth to which, it is assumed, only they have access to in a magical, secret and exclusive way. The perfect distraction.

This new crisis has proven not only the chronic ineffectiveness of the neoliberal models to confront a global and even national problem, it has not only revealed the superstition inoculated in the people (“private people do everything better”, “free enterprise and freedom are the same thing”) but, in addition, they are the same cause of the problem. The pandemic cannot be dissociated from its general framework: consumerism and the ecological crisis.

Although in its origins capitalism meant a democratization of the old and rigid feudalist society (money increased the mobility of the common people), it soon became a neo-feudal system where the financial and business sects of a few families ended up concentrating and monopolizing the wealth of the nations, dominating the politics of the countries through their democratic systems and even dispensing with this formality altogether.

Who votes for the owners of capital, for the managers of national and international banks, for the transnationals that arrogate to themselves and to themselves the right to harass or overthrow governments and popular movements in distant countries? To that long history of authoritarianism we must now add the kinder and sexier dictatorship of giants like Google, Facebook, Twitter and other media in which the majority of the world lives, informs and thinks. What people voted for them? Why do democratic governments have so little say in their decisions that affect billions of people? What interests do they respond to, apart from their own ultra-million class in the name of democratizing information? Is there anything more demagogic than this? How do you guess what two friends talked about the previous afternoon, climbing a mountain or walking on a beach without using any electronic instruments? They guess (ideas, desires) what they themselves induced. These two people were only walking a path established or planned by the corporations they know to what an individual will think in a month, in a year, as if they were gods.

The dominance is such that the peoples below, confined to passive consumption and without any power of decision over the algorithms, social policies and ideology that govern their desires, are the first to defend with fanaticism the idea of “individual freedom” and the benefits that come from these omnipresent gods.

In other words, the fear that we are heading towards state totalitarianism comes, to a large extent, from the opposite interest: the fear of corporate authoritarianism that states may, in some way, come to regulate their traditional and altruistic abuses of power.

Source: America Latina en Movimiento, translation Resumen Latinoamericano, North America bureau

Caminhamos para o totalitarismo? Já não estávamos nele?

“As tendências autoritárias não são patrimônio daqueles que são a favor do protagonismo dos Estados (tudo depende de que Estado estamos falando), nem nasceu com a pandemia. A atual onda neofascista e autoritária precede o próprio surgimento da Covid19. Mas ambos são a consequência de uma realidade destrutiva baseada na acumulação infinita dos poderes financeiros e das seitas corporativas”, escreve Jorge Majfud, escritor uruguaio e professor na Jacksonville University, em artigo publicado por Página/12, 25-11-2020. A tradução é do Cepat.

Eis o artigo.

No dia 11 de março de 1889, o agora esquecido ex-presidente dos Estados Unidos, Rutherford Hayes, escreveu em seu diário: “No Congresso Nacional e nos parlamentos estaduais, são aprovadas centenas de leis ditadas pelo interesse das grandes empresas e contra os interesses dos trabalhadores… Este não é o governo do povo, pelo povo e para o povo. É o governo das corporações, pelas corporações e para as corporações”.

Três anos depois, explodiria a maior crise econômica do século XIX e quarenta anos mais tarde, pelas mesmas razões, a maior crise do século XX, que seria mitigada pelas políticas sociais do presidente FDRoosevelt.

Trinta anos a mais e o neoliberalismo dos Milton Friedman✎ EditSign contra-atacaria para reverter estas “políticassocialistas” (segundo as acusações da época) que tinham salvado milhões de trabalhadores da fome e os Estados Unidos da desintegração.

No dia 18 de julho de 2019, o USA Today publicou uma pesquisa sobre a dinâmica da democracia estadunidense. Só em um período de oito anos, os congressos estaduais dos 50 estados da nação tinham recebido 10.163 projetos de leis escritos pelas grandes corporações, dos quais mais de 2.100 foram aprovados.

Em muitos casos, tratou-se de um simples copia-e-cola com pouquíssimas alterações. Nada novo e, muito menos, obsoleto. Sequestrar o progresso da humanidade sempre foi uma especialidade das todopoderosas companhias privadas que depois reivindicam todo o crédito do bem-estar alheio e do bem moral próprio.

Ao longo da história, frequentemente, as pandemias mudam formas de ver o mundo e derrubam verdades inquestionáveis. Embora tudo dependa da gravidade e do tempo que durar o que nos ocupa agora, caso não derrube o muro neoliberal, ao menos deixará sua pegada nas políticas sociais, na forma de gerir as necessidades humanas, que não podem ser resolvidas pela mão invisível do mercado, nem pela visível miopia do interesse próprio.

Também ajudará a confirmar a consciência de que ninguém pode se defender de um vírus com as armas, nem com os exércitos mais poderosos do mundo, razão pela qual logo uma nova maioria em países belicosos, como Estados Unidos, talvez comece a questionar o sentido dos gastos astronômicos com alguns e o desprezo tradicional com outros.

Uma consequência indesejada, segundo a advertência de diversos críticos e analistas, seria o aumento dos Estados autoritários. Esta probabilidade, além de real, é também uma antiga expressão de outro autoritarismo que domina as narrativas e os medos há muitas gerações e que, por isso mesmo, não se reconhece como autoritarismo.

Este medo e esta advertência não são altruístas, nem inocentes. São uma herança que provém do modelo capitalista em suas variadas formas, que precisa demonizar tudo o que está nas mãos dos governos, dos sindicatos, das organizações sociais e até das pequenas empresas familiares ou comunitárias, e diviniza a ditadura das megacorporações privadas.

As tendências autoritárias não são patrimônio daqueles que são a favor do protagonismo dos Estados (tudo depende de que Estado estamos falando), nem nasceu com a pandemia. A atual onda neofascista e autoritária precede o próprio surgimento da Covid19. Mas ambos são a consequência de uma realidade destrutiva baseada na acumulação infinita dos poderes financeiros e das seitas corporativas, de sua insaciável sede de lucros, de poder e de uma cultura consumista que, assim como um indivíduo doente, foi mudando de forma progressiva o prazer de um vício pela depressão e o suicídio.

Nas classes excluídas (ou seja, na maioria do povo), a resposta emocional e errática dos grupos fragmentados tenta preencher este esvaziamento de sentido social, individual e existencial com as cores de uma bandeira ou de uma seita, com o repetido efeito de desprezo e até de ódio por todas as outras coisas que não estão dentro de seu pequeniníssimo círculo (os outros excluídos), que confundem com uma verdade universal que, supõem, só eles têm acesso de forma mágica, secreta e excludente. A distração perfeita.

Esta nova crise provou não só a crônica ineficácia dos modelos neoliberais para enfrentar um problema global e até nacional, não só revelou a superstição inoculada nos povos (“o setor privado faz tudo melhor”, “livre empresa e liberdade são a mesma coisa”), mas também é a própria causa do problema. A pandemia não pode ser desvinculada de seu marco geral: o consumismo e a crise ecológica.

Embora em suas origens o capitalismo significou uma democratização da velha e rígida sociedade feudalista (o dinheiro aumentou a mobilidade dos comuns), logo se tornou um sistema neofeudal em que as seitas financeiras e empresariais, formadas por poucas famílias, acabaram concentrando e monopolizando as riquezas das nações, dominando a política dos países por meio de seus sistemas democráticos e, inclusive, prescindindo totalmente desta formalidade.

Quem vota nos donos dos capitais, nos gerentes dos bancos nacionais e internacionais, nas transnacionais que se arrogavam e se arrogam o direito de perseguir ou derrubar governos e movimentos populares em países distantes? A essa longa história de autoritarismo, agora é preciso acrescentar a ditadura mais amável e mais sexy de gigantes como GoogleFacebookTwitter e outros meios com os quais a maioria no mundo vive, se informa e pensa.

Que povo votou neles? Por que os governos democráticos têm tão pouca decisão em escolhas que afetam milhares de milhões de pessoas? A que interesses servem, além de sua própria classe ultramilionária em nome da democratização da informação? Existe algo mais demagógico do que isto?

Como fazem para adivinhar o que dois amigos conversaram na tarde anterior, escalando uma montanha ou caminhando por uma praia sem usar nenhum instrumento eletrônico? Adivinham (ideias, desejos) o que eles próprios induziram. Essas duas pessoas apenas percorriam um caminho estabelecido ou previsto pelas corporações que conhecem até o que um indivíduo pensará em um mês, em um ano, como se fossem deuses.

O domínio é de tal grau que os povos de baixo, presos no consumo passivo e sem nenhum poder de decisão sobre os algoritmos, as políticas sociais e a ideologia que regem seus desejos, são os primeiros a defender com fanatismo a ideia de “liberdade individual” e dos benefícios que procedem destes deuses onipresentes.

Ou seja, o medo de que caminhamos para um totalitarismo estatal procede, em grande medida, do interesse contrário: o medo do autoritarismo corporativo de que os Estados possam, de alguma forma, vir a regulamentar seus tradicionais e altruístas abusos de poder.

Pandora

Siempre que se sube a la Bestia se tropieza con la maleta. Alguna vez llegué a pensar que lo hace a propósito, sólo por fastidiarme, pero no tiene mucho sentido porque apenas sabe que existo. Después de tres años a su servicio, aún no recuerda mi nombre. A veces me llama Ernest y a veces Robert, no sé por qué, pero me han dicho que odia a Robert de Niro. Tal vez lo hace por torpeza, como casi todo lo que hace. Por torpeza y por otras necesidades ocultas que nunca nadie ha podido revelar, porque el señor presidente es como un tótem de madera que no mira ni escucha, pero exige ser escuchado y admirado.

Estos años en la Casa Blanca no le han hecho bien a él tampoco. La gente cree que llegar a la cima del poder del mundo es un honor que no tiene equivalente y que no lo quita nada ni nadie, pero estoy seguro que la primera dama ya no cree lo mismo después de su breve estadía. De todas formas, sin importar lo que piense la primera dama, ella es el ejemplo vivo de una inmigrante que debió sacrificarse en los trabajos más difíciles al llegar al nuevo país huyendo de su pasado comunista y no sólo llegó a casarse con uno de los hombres más ricos de la nación sino que se convirtió en la Primera dama de este país, aunque los sarcásticos que nunca faltan podrían agregar que es otra prueba de que los inmigrantes hacen el trabajo sucio que los ciudadanos no quieren hacer.

Tampoco el presidente es feliz. Esto no es ninguna revelación, pero este año, debido a las pestes que asolan la nación, su trato se ha vuelto imposible. Para aliviar sus frustraciones de abstemio empedernido y, ahora también, de mujeriego castrado, cada día necesita despedir a alguien de su trabajo en la Casa Blanca, por lo que es un verdadero milagro que yo siga en esta monótona responsabilidad de llevar la maleta que encierra el destino del Planeta.

Ahora me llama Bob, por lo que pienso que me confunde con Robert Kennedy. Creo que ya he declarado que su humor y su estabilidad emocional han ido en declive. Muchas cosas se podrían explicar si no fuese abstemio, como esos tweets llenos de rabia y de errores ortográficos luego de las 7: 30 de la noche, pero es probable que esté sufriendo de otro tipo de privaciones. Sin ser un profesional en la materia, sospecho que un narcisista no sólo sufre de su propio ego sino de un fuerte deseo sexual de conquista. En este sentido, vivir en la Casa Blanca y ser   seguido día y noche por la seguridad y por las cámaras de los medios privados debe ser como para un alcohólico vivir en un país musulmán o en un hospital de rehabilitación. Antes, por lo menos, sus citas clandestinas se resolvían con un cheque de su abogado. Antes podía sentar a las jovencitas en sus rodillas sin muchas precauciones porque, como bien decía, cuando alguien es rico y famoso puede hacer lo que quiera, incluso arrastrar a las mujeres por donde orinan y paren. La que se negaba terminaba su carrera allí mismo.

Pero no hay felicidad completa. La muerte de un negro a manos de la policía desató otra ola de protestas que están incendiando el país. Parece que el hombre había perdido su trabajo de guardia porque se contagió del virus. Como pasa con esta gente siempre, tomó una mala decisión y trató de comprar cigarrillos con un billete falso de veinte dólares. Sin comentarios, porque todo lo que diga podría ser usado en mi contra. El policía lo asfixió con su rodilla. La peste no deja respirar a los enfermos, la policía no deja respirar a los negros, los negros no dejan respirar al presidente. Sí, ese mismo que llegó hasta aquí prometiendo levantar un muro para protegernos de los mexicanos y ahora en la Casa Blanca estamos rodeado por una valla similar a la de la frontera para protegernos de los indeseables.

La peste no es racista, pero prefiere matar más a los negros y a los mestizos, sobre todo si son pobres. Claro que a nadie se le ocurre hacer marchas e incendiar edificios federales por este hecho incontestable de la naturaleza o del Señor. Aparentemente tampoco es una peste con preferencias políticas, pero los partidarios del presidente han decidido negarla o se han negado a seguir las recomendaciones del médico de la corte y de los curanderos de la villa. Cuando surgió el Sida hace unas décadas atrás, se atribuyó el mal que mataba a más homosexuales como un castigo de Dios. Lo mismo se había dicho del Huracán Katrina porque había arrasado New Orleans, una ciudad de negros y con algunas fiestas de Mardi Gras. Por alguna razón ahora se prefiere negar la pandemia y atribuírsele a una conspiración internacional. Los pastores que rezaban con sus manos en la espalda del presidente no han vuelto por la Casa Blanca, como si el Señor se hubiese cansado de escucharlos o hubiese decidido abandonarlos. Algunos no pueden venir, sobre todo aquellos que dijeron que Dios es más grande que el virus, lo cual es obvio, y celebraron misas sin cuidarse de los contagios y Dios decidió llevárselos para alguna parte.

Hasta principios de este año las cosas no iban tan mal. No puedo decir que iban bien, porque para una persona que ni los miles de millones de dólares de su fortuna ni las adulaciones multitudinarias de ser el presidente del país más poderoso del mundo han logrado darle alguna vez alguna satisfacción duradera. Menos un momento de felicidad o dos horas de paz interior. Pero al menos antes de la peste el presidente estaba más eufórico. Según los reportes del Producto Bruto Interno y de los ciudadanos sin empleo, la economía iba bien, sin novedades, siempre creciendo, como si fuese un estado de la naturaleza. Los de abajo no se dejaban sentir tanto como ahora. Pero todo comenzó a venirse abajo con la peste. La peste no sólo hundió los negocios sino las posibilidades de reelección del presidente. La peste tiene la culpa de que los negros se hayan acordado de que son negros y por uno solo que se murió a manos, o bajo las rodillas de un policía que sólo cumplía con la ley, miles salieron a romper vidrios y robarse lo que no es de ellos… Pero mejor dejo esto aquí, porque lo mío no es la política sino cargar la maleta que contiene el destino del Planeta.

Ayer, el presidente se sentó a mi lado y me preguntó si yo saldría a romper vidrios si un policía matase a un hombre pelirrojo. Fue la primera vez que me di cuenta de que mi pelo se parece al del presidente y mi hija tiene algo de su hija. Le dije que no, que por supuesto no, que naturalmente eso sería absurdo, un acto injustificado. Me dijo que yo era un hombre decente y razonable, que ciertamente había actos criminales injustificados y que por algo yo cargaba la maleta con el código atómico y no otro, que, si yo fuese alguno de esos negros que andan protestando y rompiendo vidrios, la Humanidad ya habría dejado de existir, y que por algo cada tanto el Señor mandaba alguna peste para corregir el rumbo del mundo.

En este momento, el presidente se interrumpió como si de repente se le hubiese atravesado un pensamiento, como se le cruzó a Joe Kamberra (José Cabrera), el chofer, un camión que casi nos lleva por delante, la tarde cuando no íbamos con escolta policial. Inmediatamente el presidente se bajó de la Bestia y, poco después, la policía limpió el área y lo vimos caminando hacia la iglesia que está frente a la Casa Blanca donde se tomó la famosa foto sosteniendo una Biblia.

Yo lo entiendo y me preocupa su estado de salud. Él no lo sabe, pero lo entiendo. Para evitar que toda la economía se viniera al suelo debido a la peste enviada por el Señor, alguien propuso que los hombres más ricos del país abrieran sus arcas y dejaran gotear algo de lo que se había acumulado en las copas más altas durante los incontables años de la euforia. Pero ni el presidente ni los hombres más poderosos estuvieron de acuerdo y, con manifiesta valentía, acusaron a sus proponentes y a la peste misma de brujería.

La solución era algo muy distinto que parecía algo muy igual: repetir el mismo recurso usado cuando la economía se hundió doce años atrás. Pero esta vez ni siquiera fue necesario imprimir dinero en forma de papel para distribuirlo entre los bancos y la población. Bastó con agregar unos cuantos ceros en el sistema electrónico y enviar cheques a los de abajo. Estoy seguro de que el papel de los cheques, el papel de los sobres y el servicio de distribución del correo costó más que los millones de millones inventados en la Reserva Federal golpeando seis o nueve veces la tecla del cero. 000.000.000.000. Muchos se alegraron y dieron vivas al presidente, cuya firma fue estampada en cada uno de los cheques, como si se tratase de su propio dinero. El truco lo pagarán los hijos de quienes lo usen para comprar alimentos para sus hijos y todos aquellos que alrededor del mundo tengan alguna cuenta de banco en dólares. ¿De dónde saldría tanto valor creado de la nada si no es de todas esas cuentas que, a partir de entonces, valen un poquito menos?

De cualquier forma, este virus nos ha jodido a todos. Aunque, en proporción ha matado a más negros y latinos que americanos, de todas formas nos ha arruinado la economía y los negocios se han ido al carajo, por lo cual no podemos atribuirlo a un castigo del Señor como solemos hacerlo con los huracanes que devastan ciudades como Nueva Orleans. El Señor no sería tan tonto como para incendiar un palacio para matar a tres ratones. El Señor no sería capaz de esa desconsideración con su pueblo elegido. En Dios confiamos, así que Dios debe confiar en nosotros. Pero el virus no tiene raza, ni religión, ni ideología ni se puede ver para acabarlo con cien mil toneladas de bombas en algún país de mierda, como bien dice el presidente.

Creo que ya hemos pasado los cien mil muertos, pese a la genial idea del presidente de beber cloro. Sí, yo sé que los zurdos se han burlado de esta idea, pero incluso ellos saben que este producto es muy efectivo contra el virus. La idea todavía está en etapa de experimentación, aunque la población en situación desfavorable no se decide a un sacrificio patriótico, por lo cual deberemos esperar. Claro que tal vez la idea no prospere debido a la deshonesta campaña en su contra y en contra de todo lo que salga del cerebro privilegiado del presidente. La prensa se ha encargado de esto inventando que muchos ciudadanos han muerto por ingesta de cloro, pero aún si esta información fuese verdadera, no se puede atribuir las muertes al presidente, ya que este es el país de los libres y cada uno es responsable de lo que hace.

Lo mismo el jabón. Jabón en lugar de jamón es algo que todavía deberá probarse, al igual que las inmersiones en baños turcos, ya que es sabido que el virus no resiste los cincuenta grados centígrados. Apenas tenga la oportunidad de hablar con el presidente, le propondré otra idea que puede revolucionar la medicina y salvarnos del virus y salvar trillones de dólares en negocios: cuando alguien tenga fiebre, en lugar de bajarla con ibuprofeno o con una aspirina, lo mejor será aumentar la fiebre hasta los cincuenta grados, por uno o dos minutos, hasta que el virus se muera. Ni en Harvard ni en Emory ni el MIT se les ha ocurrido, porque ellos están encerrados en su burbuja, lejos de la realidad…

Ahora se tropieza con la maleta negra una vez más y la pone a su lado mientras yo busco el momento adecuado para comunicarle mi idea. El presidente acaricia la maleta como si fuese una mascota. “¿Y si aquí estuviera la fórmula que matarse al virus?” me dice, porque no es una pregunta.

Yo intento decirle que tengo la solución, pero no me salen las palabras. Sólo una especie de tic ansioso que no me deja hablar, como cuando era niño y soñaba que me ahogaba en un río y no me salían ni siquiera las palabras para pedir ayuda a una multitud que en la orilla disfrutaba de una fiesta de fin de año. Para consolarme, mi madre me decía que “era solo un sueño”. Con los años, como ahora, mientras aprieto la maleta con el código de oro, me doy cuenta de que todo es mentira, menos los sueños.

Como excusa a mi incapacidad de transmitir lo que pienso, pienso que mi trabajo es cargar con esa maleta que guarda los códigos de oro, como Sísifo cargaba con el mundo, y tenerla siempre al alcance de la mano del presidente de turno. Alguna vez le pregunté por qué no usaba máscara para protegerse del virus y, como si no me hubiese escuchado, me preguntó por qué una maleta que guarda códigos es tan grande y tan pesada. Yo fingí no saber la respuesta. Él tiene el mundo en sus manos, pero yo tengo el mío en las mías. Es mentira, pero la vida está hecha de mentiras. El secreto es saber mentirse a uno mismo para luego poder mentirle a los demás. Eso es la realidad. Eso es la verdad.

El presidente me dijo algo como que lo que yo cargaba siempre como si fuera parte de mi cuerpo, en realidad era la caja de Pandora que cargaba muchas plagas, esas cosas que cada tanto el Señor decide liberar haciendo uso de una mano elegida. Reconozco mis debilidades. No pude contener un temblor al escuchar eso de la mano elegida. Tal vez el presidente ni lo advirtió. Simplemente continuó con sus pensamientos en voz alta: “Porque si Dios envía una peste, ¿quiénes somos nosotros para contradecirlo? Tal vez se trata de un mensaje y la peste no es un castigo sino una señal, una bendición. Tal vez lo que Dios quiere decir es que yo debo abrir la maleta que guarda el código de oro con la solución a todos los problemas de la humanidad”.

Más o menos eso fue lo que me dijo o eso es lo que recuerdo ahora. El presidente nunca habla de Dios, pero últimamente se nota cierta espiritualidad. Desde entonces, no dejo de pensar que algún día, por lo menos antes de dejar el cargo, no podrá resistir la tentación o la orden divina de abrirla. De abrirla, en el mejor de los casos. Cuando el presidente me la pida no preguntaré para qué ni por qué. No es mi trabajo cuestionar ni controlar ni vigilar al presidente y mucho menos negarme a poner en sus manos el código que activa el arsenal atómico que podría hundir el planeta en una nueva Era de hielo.

Ayer mismo me armé de valor y decidí tocar el tema del virus para comunicarle mi idea. Yo sabía que él la repetiría ante los micrófonos de los medios como si fuese su idea, sin siquiera mencionar mi nombre, el que nunca aprendió, pero a mí nada de eso importaba. Yo sólo quería salvar a la humanidad y que el Señor lo viese. ¿A quién podría importarle la fama cuando lo espera la Paraíso eterno?

Para distraer al presidente de su mirada pensativa en mi maleta negra, le pregunté si ya tenía alguna idea para combatir el virus. Como siempre, el presidente señaló su cabeza con un dedo y dijo: “Muchas, pero siempre hay una solución final para imponer la ley y el orden”.

Desde entonces no he podido dormir bien y hasta he llegado a jugar con la idea de romper la ley y el orden cambiando los códigos de mi maleta. Al fin y al cabo, es mía, y da lo mismo que la existencia de la humanidad dependa de un hombre que duerme en el ala Oeste de la Casa Blanca que de uno que no duerme en el ala Este.

Pero como ciudadano y servidor de la Nación más grande de la historia, nunca violaré ninguna ley. El Señor no me lo perdonaría y, al fin y al cabo, la vida aquí en la Tierra es breve, transitoria e insignificante.

JM, mayo 2020

https://www.librosprohibidos.es/es/libro/cronicas-del-coronavirus-las_8930130018

Lectura de

Ines Lopez Volpe 

Perros sí, negros no

Las raíces y los frutos del racismo estadounidense

Valencia University Press, 2020

Hace dos décadas, en plena euforia del pensamiento único de las sociedades consumistas, el autor advirtió sobre la nueva cultura del tribalismo en los países desarrollados como reacción primitiva a la uniformización que esas mismas potencias habían impuesto con el nombre de globalización sobre la progresiva pérdida de privilegios imperiales. Este libro, en busca de las causas y las consecuencias históricas de la violencia circular del poder –el clasismo, el racismo y el nacionalismo–, recupera momentos claves, olvidados o distorsionados, del pasado estadounidense y varios episodios de su historia más reciente en los que el racismo y el nacionalismo se expresan con pasión ciega y al servicio de razones ajenas, y lo hace proyectando una mirada exterior desde el interior de una realidad crecientemente conflictiva, de decadencia económica, social e intelectual, pero también de esperanza de cambios hacia una sociedad más justa y humana.

https://puv.uv.es/perros-si-negros-no.html?fbclid=IwAR0L8o6IZ6c2-zzyTVFPaoss8Donpxsp0DvuxNect21fTavmx8gohb-Hwhk

Perros sí, negros no

Las raíces y los frutos del racismo estadounidense

Jorge Majfud

Colección: Biblioteca Javier Coy d’Estudis Nord-Americans, 170

ISBN: 978-84-9134-684-5

Materia: filología

Submaterias: filología anglogermánica

Idioma: castellano

Año ed.: 2020

Encuadernación: rústica

Formato: 17 x 23,5 cm.

Páginas: 208

Medios de propaganda extranjeros/ Elecciones 2020 en Estados Unidos

Medios agentes extranjeros

El doctor Scott Atlas, profesor, neurólogo y consejero de salud del gobierno de Donald Trump, se ha disculpado por una entrevista concedida a Russia TV. En un tweet ha pedido perdón diciendo que: «Recientemente hice una entrevista para RT sin saber que se trata de una agencia extranjera. Lamento haber hecho la entrevista y me disculpo por permitir que se aprovechen de mí. Me disculpo especialmente con la comunidad de seguridad nacional que está trabajando arduamente para defender nuestro país.«

Vaya qué estupidez pedir disculpas por dar una entrevista con RT por ser «un medio de propaganda». ¿Acaso no son medios de propaganda los grandes medios de prensa occidentales?

By the way, tengo agendada una entrevista con RT TV para el 4 de noviembe. ¿Me van a agregar otra ficha?

Hay que tener un poco de dignidad y coraje intelectual. Uno da entrevistas a medios de izquierda, de derecha, de arriba y de abajo. No importa. Lo que importa es lo que uno diga sin vender el alma al diablo, es decir, decir lo que uno piensa y no lo que le conviene.

JM, noviembre 1, 2020

https://actualidad.rt.com/video/372278-experto-trump-provoco-fuerte-polarizacion

Setiembre 2020

Estados Undios, elecciones 2020

Estados Undios, elecciones 2020

Los votos directos favorecen a Trump, por lo que se deberá esperar a contar los votos por correo que favorecen a Biden por amplio margen (la mayoría de los republcianos votará en su districto; la mayoría de los demócratas ya ha votado por correo). Combinación perfecta para que Trump alegue fraude. El 4 de noviembre habrá disputa en Pennsylvaia y Florida, lo que calentará el ambiente. Esos estados decidirán la elección y al menos uno de ellos irá para los demócratas. El más probable es Pennsylvania. Como siemrpe, Florida será la manzana de la disputa.

De cualquier forma, y sin ningún lugar a dudas, los demócratas ganarán el voto popular otra vez. De no ser por el sistema electoral heredado del sistema esclavista, hoy no se estaría contando con la fuerza de los electores de estados despoblados–en su abrumadora mayoría y desde el siglo XIX, conservadores.

Si Trump pierde, el muro de naipes que lo protege se derrumbará. Deberá enfrentar varios juicios, al menos que renuncie y se haga perdonar por su vice, Mike Pence. La opción de huir del país, como el rey de España, es menos probable.

JM, nov. 1, 2020.